LA PROFECÍA DE DESPUÉS

Persistencia: Entrevista a Estela de Carlotto.

Entrevista: Anne Diestro Reátegui, Isabel D´Amico, Melisa Ortner, Adriana Valetta, Milena Pensado Stoppelman, Cecilia Miano, Gabriela Stoppelman, Víctor Dupont, Fabio Faes.

Edición: Víctor Dupont, Gabriela Stoppelman

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                 Como si anduviera adelante y atrás de su nombre al mismo tiempo, Estela deja huellas mientras habla. Su nombre mismo es una profecía. Estela: la buscadora de indicios, la que va tras el rastro, la que incita a revertir en potencia el dolor de toda marca. Parienta del surco y de la traza, el lenguaje se le hermana. Las palabras se distribuyen entre sus manos y su voz, pero se concentran, sobre todo, en la mirada. Sus ojos anticipan en luz el horizonte de cada una de nuestras preguntas. Mi abuela diría, “te mira y te cala”. Intuye, supone y escucha. Está en la cabecera de la mesa y se despliega por toda la habitación.

     Estela, quien tanto conoce de orfandades, hace familia donde emplaza la palabra. Prima cercanísima de la escritura, descubre en el trazo ese extraño poder profético presente en ciertos textos. No se trata de las profecías de las pitonisas ni de horóscopos. Sí, de una profecía que no adivina el futuro, no es útil para anticipos ni para asegurarse el éxito en el cumplimiento de ningún destino. Por el contrario, el poder de “huella” de la escritura sólo se descubre cuando los hechos ya han sucedido. La tormenta de sorpresa viene, entonces, en la lectura. Algo inquieta los fundamentos, al advertir que aquello alguna vez escrito, después tomó consistencia en lo real. Y la inquietud torna en sismo, cuando el temblor traza un camino en la lectura del texto más difícil, el de nuestros propios días.

      Estela habla de su escritura y deja estelas de lecturas. Se lee mientras dice. Dice que le falla la memoria y, entre todas las demandas que la reclaman, no olvida enviarnos sus poemas escritos en 5to grado. Dice que la suya es una vida “común, normal” y se ocupa en aclarar que ésta y muchas entrevistas que da son para ella un premio.

    Dice, mira y escribe.

    Vamos, entonces, tras la estela de esta Estela luminosa.

   Para refundar el surco, la huella y el trazo, todos los huérfanos que amamos la lectura y la escritura haremos, también, familia con ella.

   Gracias por tu trazo, Estela.

    ¡Qué abuelaza nos hemos ligado!

 DESAFIAR UN RASTRO DE MUJER

En algún lado decías que el emblema intercambiado en la UNESCO mostraba a una señora mayor, sentada en un sillón, acunando a un niño… pero que las Abuelas no eran para nada así, porque las Abuelas no paran. ¿Creés que moverse tanto es una manera de mover el dolor para que no se fije en algún lugar?

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Julia Barinova

Cada abuela tiene su personalidad, su criterio. Somos distintas. Yo puedo hablar por mi persona. Y también por las abuelas que estábamos ahí. El haber tenido este dolor enorme, nos hizo tener una respuesta inmediata ante lo que sabíamos que pasaba. Íbamos sabiendo a través de datos: por ejemplo, mi esposo estuvo 25 días secuestrado, salió torturado y contó todo lo que vivió. Eso ya nos daba una pauta de qué era ese terrorismo de Estado. ¿Por qué nosotros primero fuimos a un cuartel, a una comisaría, a un hospital? Porque pensábamos en la lógica. Si para “ellos”, nuestros hijos habían cometido algún delito, entonces, el lugar del delincuente es una cárcel común o en una comisaría. Nada de eso pasó. La mía fue una respuesta rápida. Y no la di yo sola, sino muchas personas y familias. Otras se quedaron. El miedo. Incluso el rechazo a lo que hacían nuestros hijos. ¡Muchos familiares estaban enojados con los hijos en vez de estar enojadas con los represores! Nuestra respuesta fue lógica y maternal y familiar. El tema es la persistencia, seguir esto. Y esto ya sí resulta algo que elegimos, dándonos cuenta de que debíamos hacer. Pero también hacer es la forma de soportar ese dolor. El aguantar el dolor existe, está presente. Lo disimulábamos y lo dejamos un poco de lado por la actividad. Y una actividad grupal se comparte. Lo peor es la soledad. Si tenés otras compañeras que, habiéndoles pasado lo mismo, dicen “vamos allá, hagamos tal cosa” el asunto se transforma en una fábrica de ideas, de cosas buenas.

¿Qué tiene de particular una reunión de mujeres luchando? Porque hay algo en la historia, desde el aquelarre hasta las judías que se reunían en los baños rituales y ahí encontraban una manera de conspirar y luchar. Son mujeres. No son los abuelos, son las abuelas.

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Estela Andrea Cuadro, “Encuentro desencuentro”

Para las mujeres de nuestra generación fue un desafío. Ya estábamos desafiando la idea de las que se quedan en la casa, esperan al marido… Como nos decían las monjas: ustedes esperen al marido, arregladitas, pintaditas, porque el pobre hombre viene de trabajar cansado. ¿Y yo, qué? Estoy reventada, también trabajaba. Yo salí a trabajar. Mi mamá no trabajó porque mi papá no quiso. Mi mamá quería trabajar.  Antes de casarse, ella había sido diseñadora de moda. Su familia era más extranjera que argentina, los papás de mi mamá eran ingleses y tenían relaciones con familias francesas, alemanas (había una abuela alemana en el medio). Entonces, mamá no trabajó porque mi papá dijo “no, no es necesario”. Más que necesario o no, él era jefe de correo y cómo iba a tener a su mujer trabajando con él. No era moral desde el punto de vista del trabajo. Y tampoco era cómodo. Ella lo aceptó. Yo quise trabajar y a mí nadie me lo impidió. Y también seguía eso que las monjas decían. Nosotras también pusimos en práctica ese desafío generacional. Nos encontramos un grupo de mujeres, donde la mayoría trabajaba. Unas eran profesionales o empleadas o, como yo, docentes. Prácticamente no había amas de casa. Éramos activas fuera del hogar. Pudimos acomodar –y eso fue duro- el rol de madre (nuestros maridos no cambiaban un pañal, no le daban la mamadera al bebé, nada: hoy felizmente está todo puesto en orden); decía, pudimos acomodar el rol de madre con el rol de trabajadora. Y, además, por la educación que habíamos recibido, bordábamos, tejíamos. Yo cosía, hacía la ropa, todos los ajuares de mis hijos, el moisés hecho por mí. ¡Era febril la cosa! (Risas.) También era una forma de decir “puedo” y respetar esa costumbre del marido. Cuando el bebé lloraba a la noche, se levantaba la mamá. El hombre decía “uy, cómo llora”, hasta le molestaba. Pero eran buenos, eh. Lo demostraron en esta lucha. Nos permitieron -aunque si no, de todas maneras no hubiéramos claudicado- dejar todo lo doméstico para dedicarnos a buscar. Así que también fuimos esa generación de desafío a lo establecido por norma. Y está esa frase de “ganarle a la muerte” porque, cuando se habla de los desaparecidos, ¿qué son? ¿Son vivos, muertos?… No se sabe. O, como cuando en mi caso, enterré una hija. Si la hubiéramos olvidado, estaría muerta. Pero no la hemos olvidado. Por eso vencimos a la muerte. Y se vence a la muerte con los nietos. Cuando yo encontré a mi nieto, volvió Laura. Yo cambié el hablar de la muerte por hablar de la vida. Por ejemplo, en los recordatorios del diario ya no la voy a poner más. Me despedí, ahora la tengo y no tengo que recordar el día que la mataron. Porque la mataron y está todos los días muerta. No recuerdo eso, sino que está viva con Guido. Físicamente no, porque no se parecen en nada. Se parece mucho al papá. Él mismo reconoce que su verborragia, su dialéctica, quizá vengan de su mamá.

VERSO EN RESONANCIA

Vos le escribías cartas a Guido cuando aún no lo habías encontrado. ¿Qué poder tiene para vos la escritura en el trabajo con los muertos, con los ausentes, con el dolor? 

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Alessandro Diddi – Hombre empujando

 El trabajo institucional es escribir. Los primeros pasos que dimos consistieron en escribir cartas a los presidentes de los países europeos, a los parlamentos de Francia, España, Italia. También pensábamos en ir a India o a Japón. Y, después, al Papa. Siempre escribir. Por eso nace el recordatorio, una forma de darle visibilidad con la escritura. En lo personal, yo siempre fui de escribir. Tengo un cuaderno con mi letrita del quinto grado haciendo poesías.

 Buenos Aires, 19 de octubre de 2015

Querida Gabriela:

De acuerdo a lo prometido te envío estas poesías que escribí en 5to grado. Me da pudor que salgan de mi “refugio” personal pero “lo prometido es deuda”. Un gran cariño para todas las amigas del grupo.

Abrazos,

Estela

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 Y, a veces, cuando leo esa cosa tan simple dicha por un niño o una niña, veo el camino anunciado. Porque, en la Argentina, entramos en guerra, cuando en el mundo venía el cese de la guerra. A mí me causó una impresión terrible el entrar en la guerra. Se veían las películas y las historietas que ilustraban aquello, a mí se me grababan los chiquitos sin familia, huyendo hacia no se sabe dónde. Esa orfandad… A mí se me grabaron con un dolor tremendo y escribí algo… Esos textos hablaban de los niños de la guerra, que quedaban solos, ¿hacia dónde iban? Le pedía a Dios que no hubiera guerras… Pero, bueno, los primeros poemas míos eran acerca de los próceres, de Belgrano. Yo tenía una maestra poetisa, se llamaba Sara del Carmen Ugazzi, platense, ya no vive. Fue para mí mi mejor maestra, por su carácter: era justiciera. Yo era alumna de 10, pero una vez ella me bajó a 9 por algo que no respondí. Y yo no me ofendí ni me dolió: era justo. Entonces, con los poemas, ella me decía “bien, Estelita, bien”. Y una vez yo le mostré una poesía de amor, de un amor desconocido, inventado… (Yo, en realidad, terminé la escuela primaria tarde, porque se empezaba tarde: comencé la escuela primaria en Liniers, a los 8 años. Yo ya sabía leer y escribir. Entonces, cuando salí de la primaria, tenía 14 años. La poesía de amor fue en quinto grado.) Esa poesía se la mostré igual. (Estela recita.)

                “Tus ojos me conquistan, día a día, / día a día es más triste mi pesar. / Quiero reír y quiero cantar.”

Yo estaba enamorada… ¡de nadie! ¡Del amor! Entonces, cuando le muestro a la maestra, me dice “no, no…Hay que seguir escribiendo estela1sobre los próceres”. Pero volviendo, esos versos y esas cosas por los niños de la guerra, pienso que hoy son vigentes. Los chicos de África, ese chico que apareció muerto en la playa. O sea, la escritura para mí tiene un mérito. No soy escritora, tampoco escribiría sobre mi vida porque es una vida común, normal. Pero me gusta escribir. Entonces, busqué eso de escribirle cartas a mi nieto, en determinadas épocas. Como para que, publicadas, le llegaran, lo incentivaran y si era posible que él dijera: ay, caramba, esto me suena. Siempre con esa intención.

Vos recién decías que esos poemas tempranos fueron como proféticos. Y, cuando le escribías a Guido, también el lenguaje cumplió una función profética. Puntualmente le escribiste que iba a descubrir que su gusto por el jazz….

Claro, pero, ¿de dónde? ¿Por qué no hablé de otra cosa? ¿Por qué no le dije: te va a gustar el fútbol, como a tu abuelo, que jugaba de joven en Estudiantes de La Plata? ¡Pero algo tan puntual! Decirle: te va a gustar la ópera. Y, de alguna manera, él está en la formación de la música clásica… Sí, no sé por qué. Puede ser que la palabra tenga ese poder profético. De hecho, yo no sólo le escribí sobre la ópera y el jazz, que es lo que le gusta. Le hablé de Pappo, de Sui generis, es la música de Laura y también la que a él le gusta.

DAR PISTA: “LO VOY A PENSAR”

Guido dijo del encuentro con vos “vencimos a la muerte poéticamente y la dejamos sin leer ni escribir”. ¿Qué es lo poético para vos?

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Alessandro Diddi

Lo poético es eso que tenemos los seres humanos de dioses. De lo sublime. De lo bueno. Estamos compuestos de una masa positiva y de otra negativa. La masa positiva sale con lo poético de la vida: no es sólo escribir, es la actitud poética. Nosotros somos una generación romántica, de símbolos; no de exponer, sino de suponer. A veces no era lo explícito. Era lo que se suponía de aquello, casi la adivinanza. Porque mucho no se hablaba. Era el disimulo. Les cuento otra historia de vida: yo tenía 14 años y llega al barrio un muchacho, en Tolosa. Yo tenía una barrita éramos amigos y habíamos formado un club, al que le pusimos “Divito”… Y llegó un chico nuevo al barrio. Me dicen a mí: “no tiene novia, y vos tampoco tenés novio”. Es el hijo del panadero. Mi papá tenía panadería. Entonces, el hijo del panadero fue invitado a una fiestita de la primavera, que se hizo en mi casa. Y yo, a mirarlo. Y, cuando lo vi, dije: ese es un hombre. Tenía 24 años, tenía bigotes y era grandote. Yo tenía 16.Resulta que vino a mi casa y conmigo, nada, no me llevó el apunte. Pero después me di cuenta que me había echado el ojo. Entonces, empezó a acompañarme. Chicas, ¡miren lo que les voy a decir! (Risas.)… ¡En el tranvía! Nos lo tomábamos para ir a la escuela. Y ahí me acompañaba. Y, de “usted”, todo. Yo iba de Tolosa a La Plata, a Misericordia. Y él, a la escuela industrial. Empezó a cortejarme, una se daba cuenta… Era la época en que si se te acercaba el chico, vos decías: “retírese que me compromete” ¡Era así! Entonces, me dice:” me gustaría que seas mi novia, pero no me gustaría que me dijeras que lo vas a pensar” Yo dije: lo voy a pensar. Eso fue antes del 12 de octubre. Del 12 de octubre al 21 de septiembre. El 21 de septiembre le dije que sí. No había entonces un lenguaje. Había una actitud tan distinta a ahora: la manito, el dedo, nada. Ese fue mi marido. Fue mi novio, mi compañero, mi amor hasta hoy. Porque hasta ahora lo sueño. Lo extraño. Nos amábamos profundamente. Con muchas cosas propias del crecimiento. Peleítas, cosas. Cuando me casé, tenía 23 años. Y, bueno, la primera hijita la tuve a los 24. Nosotros éramos de un gran romanticismo simbólico: cine, autores románticos. Nos llenábamos la vida y vivíamos así, con películas llenas de romance. ¿Y qué inspiró el nombre de Laura? Una película. Laura, de Gene Tierney. Nosotros íbamos mucho al cine. Veíamos tres películas por semana: cine francés, sueco. La historia de la película “Laura” era muy fuerte. Y empezamos a soñar que, el día en que tuviéramos una hija, se iba a llamar Laura. Y a soñar con Laura. Y hay una melodía, que la pasan todo el tiempo en la película y a mí me llega al alma cuando la escucho de nuevo. Me conmueve mucho porque es la historia de aquel romance

 Laura

Y es la historia de la hija Laura que llegó, con un destino muy triste, pero llegó.

 SUSURROS DEL LENGUAJE

Pero vos tenés como un romance con el lenguaje. Porque, cuando te dijeron que encontraron a Guido, en las declaraciones, te preguntabas no sólo cómo sería, sino cómo hablaría. Estabas muy preocupada por el lenguaje, ¿no?

¡Y qué sorpresa! Yo me preguntaba cómo estará, con quién, qué sentirá, qué vida habrá llevado. Porque tenemos un muestreo de los niños, de los nietos anteriores-, hombres hoy- donde hay matices de todo tipo: mucha maldad, mucha crianza de apropiados, de chicos maltratados, victimizados. Y yo pensaba: no sé si voy a escapar de eso, ¿quién lo tendrá? Entonces, el encontrarme con un chico sano, criado en el campo, es decir, con más contacto con la naturaleza que con el ser humano; con un chico criado por personas que lo trataron bien y que, encima, quiso conocernos. Yo pude hablar con él, con mi familia, con mis tres hijos y con él, durante horas y horas y horas ese primer día. El impacto fue cuando lo vi entrar. Espero no desmayarme, me decía. Yo nunca me había desmayado en mi vida, pero quién sabe. Me dije, ¿cómo me lo imagino ahora, si nunca había podido imaginármelo? Yo no lo había visto.

Pero en la escritura te lo imaginaste un poco…

 Porque mi marido, cuando yo le preguntaba cómo era el papá de Guido, me dijo que era bajo, con cara de bueno. Como del interior, del sur… del sur. ¡Y era del sur! Mi marido, cuando se encontraba clandestinamente con Laura, estaba con ella, no con el pibe. Entonces, cuando se le mostraron fotos, árboles de fotos de los desaparecidos, nunca lo encontró. Yo sólo sabía: Laura era chiquita, el papá también, entonces, Guido debía ser chiquito. Laura llamaba “chiquito” a su novio. Pero yo me lo imaginaba parecido a Laura.

estela2 Al no conocer al padre, me lo imaginaba con los ojos de Laura, con el cabello pesado de Laura. Y resultó, cuando lo vi…ay, cuando lo vi entrando, caminando fue una cosa tan fuerte. Lo esperé adentro, no quise salir a la calle. Tuve miedo. Pensé “voy a flaquear”, y lo esperé adentro. Y, cuando lo vi, era “chiquito”. Y le encajé un abrazo fuerte. Yo no soy muy “agarrera”, tengo esa cosa de mi mamá, que era muy flemática, esa cosa inglesa. Pero lo abracé fuerte y le dije cosas, ¿qué cosas? No sé, que cuánto lo había buscado, que gracias a Dios… y él, “despacito”. Entonces ahí me di cuenta, bueno, che, despacito. Después, hablamos, hablamos y hablamos. Si quieren saber en qué momento descubro su “verborragia”, lo descubrí en su conferencia de prensa, y me admiró. Parecía un cuadro, como si hubiera vivido toda la vida con nosotros. Es más: los malos de este país decían que lo teníamos guardado para favorecer a Cristina en el momento oportuno. Pero, ¿qué pasa? Lo heredado… También él tenía una vida social. Cuando toca en sus recitales, él habla, comenta, hace chistes con la gente. Ahora, cuando llegó y nos sentamos a hablar, él se vino con su regimiento de protección: la compañera divina que tiene y sus amigos. Y estábamos nosotros 3- mis hijos- y yo. Eso fue distinto, una reunión familiar para distenderse, no entramos en temas profundos.

¿Tenías miedo de desilusionarte?

No. Porque yo lo esperaba a él. Fuera como fuere, lo esperaba a él. Yo me imaginé de todo en estos años, él podría haber estado enfermo, haber tenido defectos físicos -me imaginé-, porque las torturas que sufrieron las embarazadas fueron terribles… Pero yo esperaba a mi nieto, fuera como fuere…

Más que desilusionarte superó tus expectativas, ¿no?

Totalmente. Porque es un chico muy bueno, muy sano. Nos estamos conociendo. Los códigos familiares se están aprendiendo. A muchos, ya los comparte. Aparte de eso, él se brinda cuando viene a casa… Por ejemplo, me dice: “no, abuela, no vas a cocinar. Voy a cocinar yo.” Empieza a abrir los muebles, como si viviera allí… No hay distancia. Esa actitud tan linda; y yo, respetuosa. Porque, a ver: hemos hecho un juego de roles en la familia. Están sus primos, sus pares, que tienen más o menos la edad de él. Los tíos y las dos abuelas. Somos eso, abuelas. Entonces, cuando conocí a la abuela del sur vi que ella es “la a-bue-li-ta”, de 93 años, no es como yo que me pinto las pestañas .Y yo digo, ¡ay, mi enemiga! (Carcajadas.) Pero después se me pasó, había sido directora de escuela como yo, una señora preciosa, buenaza   

GUIDO TOCANDO Y CANTANDO

Yo tengo muchas cosas para hablar, pero  no voy a tocar temas sobre los cuales él no quiera saber. Si él me pregunta, va a tener respuestas pero, mientras tanto, soy la abuela que le cocina. Si le gusta la pastafrola, se la hago. Y le compro regalos en todos los viajes, hasta juguetes le compro, es como darle lo que no pude en su infancia. Y no sabía si le iba a gustar. Y él dice, “¡sí, me gustan!”. Por ejemplo, estuve en Oslo y le compré una reproducción hecha en madera de ese barco que hizo una travesía famosa. Ahora, el último regalo que le hice fue un juego de ajedrez, porque él dijo, así, al pasar, “¡no tengo juego de ajedrez!”, no sé si me lo largó a propósito (risas), pero se lo compré.

ESTELAS DE LAURA

Estaba pensando en algo que dijiste antes, respecto de batallar contra la muerte. Qué bueno esto de poner a jugar la infancia contra la supuesta irreversibilidad del tiempo.

Sí, yo eso lo intento, porque él es un niño en el fondo, muy niño, yo lo he visto en su casa en actitudes de un chico, tiene 37 y juega con sus perras, se tira al suelo y todas esas cosas que hacen los chicos. Es como querer compensar todo eso que perdí, pero sin obsesión. Si no, no estaría acá, estaría al lado de él todo el día, sería terrible, ¿no? En cambio, yo sigo porque tengo una meta que es seguir buscando a los nietos que faltan. Si yo tuve esa dicha, quiero que las otras abuelas también la tengan. Además, las otras me ayudaron, muchas que encontraron siguieron viniendo. Por otro lado, Laura, dio la vida y, como me dijo ella, “muchos miles vamos a morir, pero no va a ser en vano nuestra muerte”. Si yo abandono o si hubiera abandonado, hubiera vuelto todo vano.

Otras vez el lenguaje, la frase de Laura que te marcó.

¿Saben, qué? Yo no tengo memoria para todo, pero hay cosas que se me pegaron y esa frase de Laura la repito, para que se vea quiénes fueron estos jóvenes. Con sus errores, sus virtudes, dieron la vida. Además va en el carácter, yo siempre fui activa, nunca fui tranquila.

SEÑALES DE UNA ACTRIZ

¿Saben, qué? Vivíamos en un pueblito, Villa Sauce, metido ahí, cerca de La Pampa. Mi papá era agente de correos y mi mamá un día dijo: “los pongo en tren (a mi hermano de 6 y yo, de 4) y la abuelita los va a esperar a Retiro”. Y yo me senté en el tren con mi hermano. Dicen que fui cantando todo el viaje, todas esas músicas de antes, rancheras y esas melodías, porque siempre me gustó cantar. En la escuela primaria cantaba, bailaba, hacia teatro. En la secundaria, también…Por eso, cuando me subo a un escenario- y ahora, tantas veces lo tengo que hacer, sobre todo si es “Teatro por la identidad”-, yo digo, no se preocupen por mí porque estoy re cómoda, soy una actriz frustrada.

En un momento contaste que fuiste a un casting…

(Risas) Sí, ¡eso fue terrible! Claro, en películas de aquella época, estaba Shirley Temple, Diana Darling. Y yo me decía, cómo me gustaría ser artista. Había una agrupación que se llamaba “La pandilla Marilyn”, un organismo del cine que reclutaba niños, para papeles de chicos. La agrupación vino a La Plata y salió un avisito en el diario: que en tal calle, frente a la Plaza Moreno -la principal de La Plata- se convocaba a chicos a probar suerte. Y yo le dije a mi mamá, yo quiero ir. Mamá decía que no. Y tanto fue que la fastidié que me llevó. El asunto fue en una sala totalmente híbrida, era horrible, unos focos grandes. Y, entonces, me sentaron sobre una silla y el señor me decía, “Qué tal, cómo estás, cómo te llamas”. Y yo, “muy bien”. Y me decía, “ ¿a ver?, poné cara de triste, ahora de asombro, y así” (risas) Y así, hice caras, puras caras, puras caras y me fui contenta. Nunca me llamaron. Pero lo hice, me saqué el gusto, hizo bien mamá en llevarme, porque si no estaría traumatizada hasta hoy. Por eso también esta lucha uno la tiñe con la personalidad,…

Bueno, pero el teatro tiene mucho de poner el cuerpo, del vínculo con lo poético, hay algo en la actuación que está vinculado con esa potencia de la lucha…

Claro, pero la actuación es una cosa preparada. En cambio, lo mío es espontáneo, completamente. Por ejemplo, ayer estuve en el Senado, que es un ámbito serio. Igual estaba alegre con todas las banderas y los jóvenes ahí, estaban todos divinos. Y también estaba parte de los senadores. Y qué sé yo, a mí no me cohíbe eso, porque yo miro a la gente. A mí me encanta mirar a la gente y, después pienso, ¿qué quieren que les diga?, ¿qué esperan? Y, a veces, si en el día doy tres, cuatro charlas y me acompaña gente, me dicen: “en ninguna dijiste lo mismo”. Yo les hablo con franqueza. Incluso, en ciertos ámbitos muy académicos o muy exquisitos, aclaro: miren, yo soy una abuelita (risas), no soy sabia. Entonces, ese contacto con la gente es lo que me ayudó en la escuela, el contacto con los niños; no me cierro.

ECOS DE LA NOCHE

¿Y, cuando Estela a la noche está sola y en silencio, qué pasa?

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Iris Sales Azar, Pasar por el mundo, cantar al Amor, dejar una estela de luz

Mirá, no es que uno se acostumbra a la soledad, porque nunca estoy sola. De repente, en mi casa hay ruiditos, algunos están por ahí. Tampoco soy nostálgica, me acuesto pensando qué tengo que hacer mañana. Lógicamente, ya con 85 años, uno se siente que la vida se va, eso es lo más duro. Por eso yo ayer, en el Senado, donde también estaba el padre Farinello  yo dije que, cuando cumplí 80 años, le pedí Dios no morirme sin abrazar a mi nieto, fuertemente se lo pedí…Y lo del arbolito de Navidad ¿les conté? Resulta que yo, desde que mataron a Laura, nunca más hice arbolito en casa, no tuve voluntad para nada de eso, pero no por religión sino porque era algo tan nuestro y ya no tenía sentido. Entonces, Claudia, mi hija, armó el arbolito en su casa porque tiene hijos. Y,-hace como cuatro o cinco años atrás, dijo: “vamos a ponerle un papelito con un deseo”, y en un papelito cada uno escribió. Ya ni me acuerdo qué escribí, por algún nieto pedí. Y, cuando terminó la Navidad y los papelitos se tiraron, muchísimos de los que habíamos estado ahí dijimos, “se cumplió lo pedido, lo conseguí”…Entonces, en la navidad del año 13, en ese papelito ya habitual en la familia, puse: “encontrar a mi nieto Guido”. Yo no me acordaba…

Otra vez, la escritura…

Otra vez. Tengo el papelito, porque yo me olvidé pero Claudia, desempolvando cosas en la navidad del 14 (ya lo teníamos a Guido, en agosto lo habíamos encontrado), mientras sacaba los adornos, lo encontró. Los demás papelitos se habían tirado, pero ese no. Entonces, Claudia me lo dio y me dijo: “mamá, ¿sabes que encontré, con tu letra: tu pedido?” Y yo me quería morir… ¡se cumplió!
¿Qué le pido a Dios? Que me de mucha vida para seguirlo abrazando. No me quería morir sin abrazarlo. Ahora quiero seguir abrazándolo mucho tiempo más. No sé lo que pondré este año. El otro día había una señora muy religiosa, que va y reza por mí. Me dice: ¿Qué querés que le pida a Dios, a la virgen en el papelito? Nada. Decile: gracias, nada más. Gracias.

 

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PERSISTIR LA ESTELA

¿Nunca dudaste de tu fe religiosa?

Sí. Cuando mataron a Laura. Ahí sí me quebré. Pero he hecho tantas cosas religiosas… Caminar a Luján, a la misa. Puse tanta fe en dios y dije: no puede, Dios no puede hacer esto. Y, después de velar a Laura, yo volví a mi casa y vi el crucifijo. El crucifijo me lo habían regalado mis compañeras de Misericordia cuando me casé, junto a un rosario de madera. Y… ¡ay, qué enojo me dio! ¡Qué enojo! Me enojé con Dios. Entonces, algunos me dicen, ¿y sigue enojada? No. Se me pasó rápido por suerte. Porque me dije: ¡Dios no lo hizo! Lo hicieron los hombres. Dios no lo hizo. Y a los hombres hay que señalarlos, sin rencor y sin odio, pero que la justicia les llegue: es la mejor manera de que las cosas estén en su lugar.

Y de la justicia, ¿nunca dudaste?

La justicia, más que dudar, nos hizo renegar mucho. Nos hizo fastidiar, nos hizo trabajar de más, pero nunca dejamos de confiar en la justicia como justicia. Los hombres de la justicia también son hombres. Por eso, en dictadura y en democracia, seguimos bregando para conseguir plena justicia

Cuando Guido aparece, vos salís y das la conferencia en el balcón. Viste tanta gente y te preguntaste ¿quién soy yo? Ese desconocimiento de uno mismo, ¿alguna vez lo vinculaste con lo poético?

Puede ser… No lo pensé nunca eso. A ver, hay una realidad: cuando leo todo lo que se dice de mí, si acepto todas las cosas que me dicen, entonces, soy sobrehumana, tengo halos. Si me tocan, hago milagros… En el fondo, en mi realidad, digo: no me la creo. Es la imaginación del otro. Yo soy una mujer común. No tengo nada. Bueno sí, buena persona soy.

¿Tenés dimensión de lo que representa Abuelas en el mundo?

Tengo dimensión por los otros, pero no por mí. A veces personalizan, Abuelas de Plaza de Mayo es Estela. Yo digo: somos todas. Sola no hubiese podido hacer nada. Cuando los quiero hacer bajar, les digo: miren que yo barro la vereda, ¿eh?, uso chancletas y me pongo ruleros. Creo que estoy haciendo lo que puedo, lo que quiero y lo que debo. Para mí es una satisfacción, me ayuda a no extrañar tanto a mi marido, a no tener soledad en mi casa, a poder llenar todos esos huequitos, a tener el disfrute de los hijos, de los nietos, a saber comprender al otro. Yo siempre fui así. Desde chiquita, cuando mis compañeritas no entendían un problema, venían a mi casa y yo les hacía de maestra. O sea que siempre fui normal, con defectos. Y todo es día a día. Como “Abuelas”. Cuando los periodistas preguntan, ¿el año que viene qué van a hacer? Ya veremos qué más hacer. Es una rueda de creación permanente esta institución. No soy yo la que hago eso, lo hacemos entre todos.

¿Están los anticuerpos en la sociedad como para que Abuelas siga siendo Abuelas, incluso ante cualquier cambio político? ¿Crees que el apoyo a Abuelas va a continuar?

Sí. Va en crecimiento el apoyo de la sociedad. Y, además, nosotros estamos formando a quienes nos van a relevar cuando ya no estemos. Ellos tienen los mismos conceptos que nosotras. Si ustedes creen que yo tengo un liderazgo, sí lo tengo. ¿Impongo cosas? Puede ser, a mi manera, hablando, no imponiéndome. Hago las cosas desde el amor, sin claudicar, sin negociar, sin venderse, entendiendo que el odio no sirve, que la venganza no sirve. No son consignas, son realidades, son actitudes de vida las que tenemos acá. ¿Qué nos ha puesto en ese lugar de persistentes, de perseverantes, de porfiadas y de buenas en el sentimiento? Alguna vez, me preguntaron: ¿qué haría usted si se encontrara con el que mató a su hija? ¿Qué pensarían que les iba a decir? ¿Qué le arañaría la cara? ¿Lo destrozaría? No. Lo miraré con lástima porque no es hombre, no es ser humano, se deshumanizó. Perdió la humanidad, porque matar a una mujer inerme, tirada en el piso, dándole un tiro en la nuca…a una chica que tenía todo para vivir…. Entonces, esa persona inspira rechazo. Pero odio no conozco, gracias a Dios. A veces me enojo, pero me dura poquito. Enseguida encuentro la vuelta para entender al otro. Cada vez que termino un discurso, los interlocutores lloran, aplauden y me dicen: usted irradia paz. Entonces, yo digo qué bueno, qué suerte, saco del ser humano lo bueno. Abrirse y entender al otro y que cada uno ponga lo suyo. Esto siempre fue abierto: es una institución. ¿Quieren ayudarnos? Qué bueno. Hay premios… Esta reunión es un premio.

Para nosotros lo es.

Para mí también.

(Aplausos.)

 Posdata:

Quien tímidamente se atreve es Milena Pensado Stoppelman, la anartista más chica, 11 años:

Estela, ¿te puedo hacer una pregunta?

Sí, mi amor.

¿Nunca pensaste que esos ruidos que escuchas de noche son de Laura?

Sí lo pensé, claro que lo pensé. Son de Laura, por supuesto.

 

estela y los anartistas
Estela y los Anartistas

 

 

 

 




PALABRAS AL SOL

Persistencia: Entrevista a Víctor Hugo Morales.

Entrevista: Magdalena Mirazo, Lourdes Landeira, Isabel D´Amico, Adriana Valetta, Gabriela Stoppelman, Fabio Faes, Víctor Dupont.

Edición: Lourdes Landeira, Gabriela Stoppelman.

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Acaba de encenderse la luz de la cámara, la palabra “aire” anuncia que se está hablando para dos o para miles de personas –es lo mismo- y el periodista se ha lanzado a la aventura de una idea. De la belleza a la que se atreva, del aprecio por una metáfora, de su sinceridad, del testimonio que ofrezca de sus dichos, del esfuerzo que haya realizado por ser independiente, de lo claro que resulte desde qué vereda del pensamiento está ofreciendo su discurso, del respeto por el destinatario de sus dichos y de la valentía que lo impulse para nombrar lo innombrable, depende su éxito. No en el rating, en lo más profundo de su corazón” (1) Víctor Hugo Morales.

Sobre los mandatos del Faraón, entre los susurros de los esclavos, bajo las conspiraciones de palacio, ante cada ilusión del pueblo, el sol amanecía en Egipto. Lo hacía en forma de escarabajito sabio. Ese sol diminuto y camuflado en su caparazón sabía que, al darle movimiento a los desechos y a la muerte, se podía engendrar vida. Entonces, como un padre que propusiera un juego a sus niños, el escarabajo pateaba heces y larvas y, en ese rodar de los restos, sus crías crecían hacia el mediodía. Para ese momento, el escarabajo se había transformado en el astro brillante que conocemos. La tarde era el envejecer de la luz, hacia un sol con forma de ancianito quien, ya en plena oscuridad, era devorado por la diosa de la noche. La terrible diosa, Nut, lo devolvía por la mañana en otro escarabajo.

Y, así – al sol- se narraba el tiempo en sus múltiples modos. El tiempo que transcurre en el hastío y el tiempo Ícaro, que no soporta respetar el paso normado. El tiempo-Prometeo-, que desafía el secreto de los dioses, aunque intuya que no evitará el castigo y la venganza de los poderosos. El no tiempo de la muerte que des- decimos en verso y en prosa, para narrarnos y cantarnos la porción de eternidad que nos quede, la que nos toque.

Palabras al sol para los hijos del tiempo. Palabras para colgar de la soga, ponerlas a secar después de una ola de tristeza o del sopor en ciertas soledades. Sacarlas a pasear al sol, desentumecer a las palabras de prudencias y recelos. Regresar por la noche y recostarlas sobre la paz nutritiva de algunos silencios. Y, después, gozar del sueño, del caldo donde se prepara el amanecer de la nueva frase.

Palabras chamuscadas de tanto parlotear sin decir nada. Palabras frías, que no descongelan ni ante el dolor ominoso de los otros; palabras resueltas en la central alquímica del astro, donde cada elemento muta en otro, para que los sentidos jamás se fijen.

Buenos Aires, sábado, pasado el mediodía. Un sol amable se cuela por el ventanal del piso 17 donde nos recibe. Nos da tiempo, mucho tiempo y sin reserva.

Yo sigo el juego que ustedes me propongan; hagámoslo, dice ante el montón de páginas con citas de sus libros.

Contra el rayo prepotente de los mandatos, a favor del susurrar de los esclavos, atento al fulgor oportunista de algunas conspiraciones, por cada luz eclipsada en la ilusión del pueblo, habla la palabra de Víctor Hugo Morales.

PRELIMINARES, SIEMPRE AL SOL

EL ORIGEN DEL SOL: LA POESÍA SIN FIRMA

En tus textos, encontramos recurrencias, más allá de lo argumental, elementos cargados de sentido que atraviesan tu obra. Con frecuencia, vos hablas de “lo innombrable”, no en el sentido de lo silenciado y lo tergiversado, ¿qué es lo innombrable para vos?

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Dinamismo de un jugador de fútbol, Umberto Boccioni, 1913

Todo lo que el periodista intuye que se le va a convertir en algo peligroso para el ejercicio de su carrera. Todo lo que no nombra por temores, complicidades, cobardías, por quedar de un lado de la opinión, del lado de la idea que nos construyeron del mundo

 Eso en lo periodístico, ¿y en la vida?

 Lo innombrable son…pocas cosas, ¿no? Salvo la intimidad sexual de las personas y depende en qué contexto, no hay nada sobre lo que no me anime a hablar.

Hablamos de aquello para lo cual las palabras no alcanzan para lo que se quiere decir. Quizás el vacío, las formas del dolor, los abismos. Muchas veces, vos decís que el arte te pone en contacto con el vacío.

 Es que yo me vacío. Yo siento que me salgo de mí y, por un rato, todo lo que encarna en mí- mis sentimientos, mis cargas de angustia o lo que fuere- quedan de lado. Cuando la cosa es importante, trascendente, yo entrego lo mío. Estoy como ausente de mí, me olvido del personaje que soy, no pienso en la obra en función de mis convicciones, ideas, prejuicios. Vacío de mí, estoy, simplemente, llenándome de ese episodio. Y, cuando vuelvo a mí, vuelvo con eso que ha sucedido, que ahora sí viene con todo lo demás. Y hace que todo lo demás sea mejor.  Es decir, si el hecho es muy grande, yo creo que uno sigue habitado para bien y es mejor persona, tiene mejores sentimientos, mejores ideas, consigue decir más fácilmente lo que piensa, siente, desea, se nutre de más fortaleza para sus combates, para resistirlos. En la medida en que un hecho artístico te trasciende, te provoca algo importante y te obliga a que tu persona se eleve.

Y esa conmoción de la que hablas frente a lo artístico, ¿cómo se vincula con lo poético?

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Huevo, Salvador Dalí

Es mi poesía sin firma,  asistir a un hecho y pertenecer de esa forma. Creo que es lo que mejor habla de mí. Por suerte me pasa bastante seguido, porque no en todos los casos las obras de arte son sublimes ni todo te transporta, te traslada, ni te permite  descubrir cosas, incluso, de vos. Pero aquellas obras con un impacto muy fuerte, a mí me elevan como ser humano. Posiblemente, esa es un poco la búsqueda de las cosas, la vida no rutinaria. En la vida común y corriente, yo soy un personaje común y corriente. En la vida artística, yo soy un personaje trascendente, porque completo las obras que tengo delante de mí, con una sensibilidad que  me doy cuenta que tengo. Con aprensión, cuando entiendo, porque a veces puede ocurrir que no entienda, aunque ni siquiera eso importa si la obra me agrada. Por ejemplo, anoche fui a ver una obra que se llama “Viejo, solo y puto”. Para que esa obra agrade, tiene que haber un discurso previo –bueno- de uno mismo. De otra manera, no te puede encantar. Menos a mí, que estoy sordo, no escucho mucho qué dicen,  estoy más intuyendo y pescando algunas cosas y  haciéndome una composición de lugar. En esta obra, la cuestión actoral era no convencional, era muy natural el habla, sin vocalización. Había personajes un poco estrafalarios- travestis, entre otros- y mucho sufrimiento marginal. Yo sé que haberla disfrutado- no rechazarla ni pensar ¿qué estoy mirando?, ¿qué es esto, qué hacen estos tipos acá?, ¿qué me importa, qué me interesa a mí?- tiene que ver con que hay en mí una preparación. Es decir, yo redondeo desde mi condición de espectador un libro o una obra de teatro o una ópera, es como mi bagaje personal.

 Como un ejercicio de la libertad

Pasa que  estoy habilitado para eso y, seguramente, habrá cosas para las que no. Por ejemplo, en el mundo de la música, primero te habilitas para escuchar barroco, después vas bien con lo clásico, después con lo sinfónico, lo operístico. Y un día llega lo de vanguardia, que es inescuchable para cualquier oído no entrenado.  Pero yo ya tengo una predisposición positiva para cosas que hace 30 años eran inimaginables y a  mí me hubiesen parecido imposibles de escuchar. Todo eso es una preparación.

¿Habría entonces una imposibilidad del vacío frente al hecho artístico? ¿O es otra dimensión del vacío?

O es una dimensión en la cual yo dejo de interesarme. No estoy yo con mis cosas, con las cosas del día, con mis sentimientos, con mi bronca, ni tomando datos que me tira la obra para yo pasarlos por el tamiz de mis problemáticas vh lluvia de librosgenerales. Es decir, he salido de mí. Tuve una vez una situación mortificante de mi persona por algo que me hicieron. Yo sabía que iba a pasar. Y es mucho peor cuando sabés que va a pasar que cuando pasa, cuando ves venir el temporal. Estaba en el lugar más emblemático donde yo pudiera estar para ver a Daniel Barenboim, con una ópera de Beethoven: en el Royal Albert Hall de Londres. Y yo estuve sordo. Pero sordo de verdad, porque estaba muy angustiado, muy enfermo. Entonces, la posibilidad de salir de vos no está siempre disponible. Si vos tenés un dolor fuerte- moral, o de lo que fuera-, no hay manera de que  puedas vaciarte porque estás demasiado lleno de angustia, estás tomado por cosas que no te podés quitar. Pero, cuando estoy bien y   empieza la orquesta, me apoyo sobre mi codo, cierro los ojos y me relajo. No hay nada que pueda compararse en placer.

 Buscaba el sonido como quien a ciegas y aterrorizado intenta encender la luz en medio de la noche. Concentraba la fuerza en los puños y en los ojos igual que un creyente que pide la aparición de una virgen. Hasta que, como cuando se viaja en un avión que sube o baja, y con las mandíbulas apretadas se despejan los oídos, pude sintonizar la orquesta. (2)

 ALLEGRO DESDE EL AMANECER

En el patio trasero había un limonero cuyos frutos vendía para ir al cine. En las mañanas, sobre la última pared, el sol rebotaba vertical y tibio en los mediodías de invierno, y no corría aire. Allí estaba la burbuja dorada dentro de la que leía y viajaba como si estuviera contra la ventanilla de un tren. (3)

 En tu modo de escuchar música, de enfrentarte a lo artístico, hay una cuestión física muy involucrada; casi como cuando se juega un partido de fútbol o de tenis: lo único que importa en ese momento es ese partido.

 Así es, bueno, yo he sido- soy,-un tipo con un amor infrecuente hacia lo lúdico. Nada me ha preocupado a mí en la vida más que jugar. Me la he pasado jugando, hasta hace cinco años, cuando tuve que dejar, por la artrosis. Pero yo construí  toda mi vida, en función de tener armado el partido de tenis. Es decir, nada podía superar eso; ni una entrevista con la presidenta, con un ministro, un trabajo, un lo que fuere… Primero organizaba el partido de tenis y después le ponía alrededor los otros asuntos.  Siempre me importó y quise ser el primero en llegar para jugar al fútbol, al básquetbol, era el que cuidaba las cosas, quien llevaba las planillas,  a ese lugar donde yo me sentía pleno.

 Hablamos de la palabra, del sonido, de la música, ¿cómo te relacionas con el silencio?

Absolutamente bien. Piensen que yo soy una persona que viaja mucho. Y no siempre lo hago con mi mujer. Viajar solo conlleva mucho silencio. Mucho silencio para adentro, mucha introspección, mucha mirada desde un lugar en el que las abstracciones son vh2totales, si se quiere. Tengo horas, centenares de horas de lectura en las plazas perdidas del mundo, en lugares como… qué sé yo… a mí, un lugar que me cautivó fue la isla de la ciudad de París. Allí hay una proa con una placita chiquitita, bien sobre el río, como ausente de los ruidos de la ciudad. Un extraordinario ámbito para la lectura, por el sitio y por su luz. Y yo ahí tengo muchas horas: eso es silencio. Esas ganas de quedarte. También diría que -muchas veces-  el silencio es un recurso personal. El avión para mí es silencio, los viajes en avión son silencio (el ruido ahí no importa, no está, no lo oigo, no me interesa), es ese silencio de no hablar, de no verbalizar nada de lo que está pasando por mí.

No pareces alguien que se queda quieto. Paradójicamente, tu espacio de quietud se manifiesta en los viajes.

 Eso es lo que trasciende hacia afuera. Yo ayer no me sentía muy bien, salí de un programa de televisión que grabé, me vine a mi casa y me zambullí en la cama con dos alternativas: o pienso tranquilo, manso, o duermo. Y estuve hasta las cinco y cuarto de la tarde, luego volví a mi actividad. Pero ya había tenido mi rato, absolutamente mío. Y, a las once de la noche, cuando terminé de trabajar, tuve mi rato de teatro que,  de algún modo, es una forma de silencio. Después regresé, leí un poquito, y yo creo que ya está; tampoco tengo necesidad personal de aislarme. También me pasa y me llevo bien con el aislamiento personal que tiene, por ejemplo, un viaje. Viajar es lo que más ha marcado que yo pueda estar muy a solas conmigo. Porque los viajes tienen muchas horas de aburrimiento potencial. Por eso, a veces, se conoce a la gente cuando está de viaje, porque es tomada por asalto por una sensación inhabitual. Vos vas diez minutos a la torre Eiffel o caminás por tal o cual calle y, cuando te querés acordar, en cuatro horas hiciste muchísimas cosas.  ¿Y qué hacés con las otras horas del día? Los viajes son maravillosos como adoctrinamiento en lo que vos me decís del silencio, de la introspección, de mirar con la vista perdida y disfrutar de eso que se presenta en ese momento.

  ¿Te parece, en ese sentido, que silencio, soledad y vacío van unidos?

 Soledad es un sentimiento que incluso puede estar presente cuando estás acompañado.  El apartamiento buscado y deseado es una felicidad, porque es una cosa que vos estás manejando. Pero cuando es soledad y vos no lo podés manejar, eso es otra cosa, es angustia.

INTERLUDIO EN TRES TIEMPOS

Se murió mi mundo mientras la educación estatal que había recibido me recogió en una profesión que me hacía rico, pero rodeado del infortunio y la desesperanza, al esfumarse la responsabilidad de la política en aras de la economía (4)

 El silencio y el dolor son otras dos recurrencias que aparecen en tu obra. ¿Cuál es la relación entre el dolor y la escritura?

En el libro “Un Grito en el Desierto”, hablo de un vh3dolor moral muy fuerte ante la dificultad para convivir con un momento espléndido de mi vida económica y, a la vez, el derrumbe a mi alrededor. El libro lo terminé un domingo a las tres de la tarde, estaba mi hija Paula -pequeñita entonces- esto fue en el ´97. Recuerdo la escena en la mesa: yo lloraba manso y tranquilo, mientras terminaba de escribir. El último capítulo, las últimas vivencias, son muy entrañables y  yo las vivía como propias.  Y fue, al mismo tiempo, un alivio.  En otro libro, “Audiencia con el Diablo” también, hay una catarsis formidable que me hizo muchísimo bien. Yo le recomiendo a la gente escribir, háganlo.

¿Qué tiene de particular la escritura para trabajar el dolor? Vos lo recomendás, ¿por qué?, ¿por qué escribir?

Porque hay una sinceridad y una transparencia que quizá oralmente no se consiguen, parece que la escritura llega a límites mucho más profundos de la persona. Y, en eso, encuentra la forma de catarsis que digo.

¿Sólo de catarsis?

 Cuando una persona escribe una carta, hay siempre un desgarramiento. De muchacho, por ejemplo, escribí cartas de amor.  A mi mujer la maté a cartas. Yo siempre sentía que me hacía bien, escribía porque me hacía bien. En un momento, descarté mis posibilidades literarias, como le sucede a mucha gente, pero, de todas maneras  yo sentía que tenía que vh7escribir y traté de hacerlo. Porque la oralidad, esta oralidad, no me representa. Yo me sentiría mucho mejor si el reportaje pudiera hacerse ida y vuelta escribiendo. El mejor reportaje al que accedí en mi vida fue así, lo puse como condición en ese caso, porque sabía que me querían jorobar y quería ser preciso. Era para la revista “El Gráfico” de aquellos años. Yo dije: vos escribime y yo te contesto, lo hacemos, si querés, pero todo escrito. Bueno, hoy en día, quizá, los tiempos no me lo me permitan. Pero me gustaría muchísimo, para mí es el mejor trabajo que hay. Además tenés tiempo para pensar, está el ida y vuelta. Yo no me tengo por rápido en la oralidad. Extrañamente, yo siento que soy lento. Entonces,  lo mejor lo voy a decir siempre si lo puedo escribir. Y lo voy a decir más bellamente, eso seguro.

  Hay una relación entre la velocidad y los distintos lenguajes. Está la velocidad urgente del relato deportivo, la velocidad lenta de la escritura y la intermedia de dar una noticia. Vos manejás las tres. ¿Qué diferentes vivencias del tiempo te aportan?

 La velocidad del relato  no tiene autocensura, la rapidez no te lo permite y esa es su ventaja. Yo improviso mucho mejor a grandes velocidades y bajo los efectos de una emoción. Tengo el cierre del campeonato del mundo del ´86, por ejemplo. Y algunos clubes guardan lo que yo digo cuando se termina un campeonato y ganan, sobre todo, si son clubes queribles por su vulnerabilidad, por su debilidad. Yo no voy a llenar de elogios el triunfo de quien todo lo tiene. Pero sí el triunfo del que tiene menos hinchada, el triunfo del que lo ganó por esfuerzo propio, del que no lo ganó por el  dinero insolente con el que pueden comprarse todos los jugadores. Todo tiene un componente emocional. Yo, a gran velocidad, eso lo manejo; pero si freno, si paro,vhimágenesa inmediatamente aparece un tipo que está observando qué  digo y cómo lo digo. Entonces, me critica si repito una palabra, si repito un adjetivo, si no he puesto una metáfora, una comparación. De todo eso me voy dando cuenta cuando hablo más lento. O sea, que esa velocidad no es conveniente para la improvisación. Yo, a la mañana, pocas veces consigo improvisar. Tengo que estar bajo el efecto de una emoción, de una bronca. Cuando me acelero un poquito es cuando mejor me salen las cosas. Pero, cuando quiero hablar académicamente, para hacer un análisis político, la mayoría de las veces me siento frustrado. Es más: si no estoy aunque sea bien físicamente, no me lanzo. Es como mirar una pileta y pensar que está electrificada. Y hay cosas que quiero decir y tengo el pájaro azul de lo que quiero decir en mi cabeza y no lo digo. Porque la oralidad,  en el ritmo de la mañana, es mucho más censurada. Además, también yo sé que es más inobjetable lo que  decís a grandes velocidades. Le estás pasando por arriba a la capacidad de discernir  de la gente.

No puede leer tan rápido los subtítulos, tal vez.

Exacto.

¿Tenés escrito lo que decís a la mañana?

No. Pero tengo un ayuda memoria porque quiero ser preciso, que es cuando voy a putear, cuando voy a asumir más riesgos y quiero que la gente lo entienda bien.

Tu manejo de los ritmos en la oralidad y en la escritura, ¿tiene que ver con tu cercanía con la música?

¡Absolutamente! La composición de mis programas y de mi día es musical. Adagio, Allegro, Adagio. O Adagio, Allegro. Creo que eso es perfecto, hasta en el cine se hace. Hasta en las películas malas te ponen un tramo de descanso. Los adagios,  lo que llamamos descansos, distracción, pensar. Hay unos cuántos al cabo del día.  En ciertos casos estoy muy tironeado y no me dejan armar eso. Pero la mayoría de las veces salgo airoso. A veces, ¿sabén qué hago? Estoy en una conferencia, voy al baño y me encierro. Me quedo ahí un ratito largo. La gente no se da cuenta cuando vos te vas al baño. Entonces, me escondo de esa manera.

 EL SOL ATRAVIESA EL HORIZONTE

Cuando dibujé en mi cabeza lo que podía hacer, me sentí inmensamente feliz. (5)

Más allá de la belleza de un ocaso, de una armonía sublime, ¿no pensás que la belleza requiere cierta imperfección?

Por supuesto. Aunque hay cosas, yo he creído ver cosas que son perfectas, en la música y en el teatro. Sin embargo, convivo bien con la imperfección. Ahora, esa búsqueda en el arte,  es lo que hace grande al arte.

 En algún lado vos dijiste que no hay belleza con facilidad. Que toda belleza es difícil.

Si fuera fácil no habría belleza, sería algo común. La belleza es algo que uno consigue sacar de una manera especial. Podés identificar la belleza en el cotejo con lo rutinario. Yo diría: belleza es aquello a lo yo que no podría acceder. Si yo me doy cuenta de que también yo lo podría haber hecho, no es belleza.  Por ejemplo, veo una obra de teatro y pienso que la podría haber escrito mejor, o un libro o una película que creo poder hacerla mejor. Entonces, no hay arte.

 ¿Y por qué te descartaste de la literatura o de la escritura?

Bueno, porque leo. Respecto a los libros, sabés que yo los tengo clasificados. A veces se postergan lecturas. En mi dormitorio, sobre el piso tengo dos columnas, en una están los que tengo inminente deseo de leerlos. Pero los voy cambiando.  Y a veces los mido según las horas de vuelo del viaje al que lo voy a llevar.

 Sin embargo, además de leer, escribís y usas mucho el recurso de la imaginación. Desde el limonero del patio de tus abuelos, los ensayos frente al espejo antes de la audiencia con Magnetto, el relato del mundial que podrías haber trasmitido por la TV Pública. En tus textos se percibe un placer por esa puesta en escena que podría tener que ver con la escritura de la ficción.

vh8Kansas-City-Public-Library-Missouri-Estados-Unidos Si yo, cuando escribo, soy capaz de encontrar un adjetivo, si soy capaz de poner algo que lo sustituya -y me doy cuenta que lo conseguí- soy feliz. Pero esos son golpecitos, son pinceladas que uno puede dar, como en el relato. Yo sé que tengo tanta aspiración a la belleza, que algo debo andar rozando. Tengo entendidos mis límites cuando veo a quienes no los entienden. Una obra de teatro genial, un libro que te impacta; ahí me doy cuenta que nunca hubiera sido capaz de hacerlo, de encontrar esas herramientas.

Quizás cuando te encontrás con ese hecho artístico, con esa belleza, es cuando te encontrás lo innombrable.

Puede ser.

 Entre tus elementos  recurrentes: el sol, la noche, el horizonte, aparecen como los más significativos: “El sol había salido sólo para Boca; la tarde, doradísima; era más profunda la noche y más negra la actuación de River; cuando me quedo distraído con la mirada en el hueco del horizonte donde se termina la carretera, es como que todo cobra otro sentido”.

 Pero eso es una nota periodística. Creo que son rebusques.

 ¿Sólo artificios?

 A mí me parece que he visto tantas veces el sol en los estadios, que hay tantas formas poéticas del sol. La luz, la luz aterradora de un día de verano de mucho sol no es lo mismo que un sol oblicuo, decadente, de las siete de la tarde en el otoño o en la primavera. Y, para colmo, es otoño o primavera. Vos decís: el sol del otoño se inclina detrás de los muros del estadio. Sé que eso lleva a otra cosa.  “Estamos en el atardecer”, eso se le ocurre a cualquiera. Hay un entrenamiento para generar un efecto, como supongo que los escritores lo tendrán.

También hay una carga de sentido cuando se repiten voluntaria e involuntariamente a lo largo de un texto, no sólo en un relato oral. 

Yo he relatado muchas veces de noche y la noche está. He relatado muchas veces con sol y el sol es oblicuo, vertical, está cayéndose, es opaco.

 ¡Pero eso es la poética!

Creo que todas esas cosas tienen una impronta. Pero yo supe que no iba a ser escritor muy tempranamente. Hay un tema musical, Con los plazos vencidos, allí el protagonista supo que no iba a jugar en Boca. La vida te dice.  A los 16 años, había escrito un poema, La lluvia, ya tenía ganas, a lo mejor me gustaba la idea de ser escritor. Leía mucho en el secundario, en Uruguay. Por ejemplo, Los jefes y los cachorros,  del hijo de puta de Vargas Llosa. Yo tendría 18 o 20 años y ya me daba cuenta del  nivel de escritura de esos cuentos. Eso me ubicaba, ya sabía que no iba a jugar en “primera”. Hay cosas que te tienen que pasar para saber cuál es el límite de tus posibilidades. Descubrí ciertos  asuntos en ese libro -que no he vuelto a leer- pero que aún recuerdo; era algo paralizante. Entonces,  supe  que no iba a ser un escritor en los términos en que había soñado serlo. Me gusta escribir y lo que escribí lo hice buscando un caminito, aunque sea, airear una nota de la carga horrible de objetividad que tiene.

 FOGONAZOS AL SOL: LA METÁFORA Y LA IMAGEN

Como las ramas del bosque que quiebra a su paso un animal enfurecido persiguiendo a su presa, está la huella. (6)

El uso de la metáfora es un recurso contante en tu camino, ¿lo reconocés así?

Yo quisiera más metáfora, me gustaría que esté todo el tiempo, sin pasarme de la raya, claro.  “La pelota cobra una altura, parece una vez un pájaro, una vez un árbol, una vez supera la línea del horizonte, otra vez- en las sombras del estadio- el sol toma la pelota y, por un instante, la pelota brilla”, pero después de 6, 7, 8 salidas de la pelota, hay un límite. A mí me gustaría dar  una imagen para cada gesto, vh9para cada impulso del cuerpo, para cada posición del cuerpo, para cada tipo que entra a cabecear. Mostrar si lo hace como espiando algo o si cabecea como si afirmara o si cabecea y se apoya en el aire como si se hubiera apoyado contra un muro. Hay cosas que he dicho y me han gustado, pero saltan demasiadas veces los jugadores a cabecear, como para darle siempre vuelo al relato. Yo, muchas veces, cerraba los ojos durante el partido. Y una vez  un equipo había metido un gol y yo, con los ojos cerrados, estaba diciendo cualquier cosa. Como no me conformaba, le daba otra vuelta y no me convencía el redondeo, como si  hubiera estado buscando varios finales para un cuento y ninguno me hubiese conformado.  De pronto, me codeó el comentarista, abrí los ojos y estaban metiendo un gol que yo no había visto. Porque estaba demasiado concentrado en el personaje que dice cosas especiales,  buscando eso.

¿Para qué es indispensable la metáfora?

La metáfora es indispensable para que se entienda lo que querés decir, es casi mejor que una explicación.  Decir  “un tipo salta tanto que parece que se apoya como un muro, como para espiar al vecino“, no es lo mismo que decir “salta más que todos”.

O ” se puso de perfil griego al arco”

También, pero eso es porque vos tenés inspiraciones previas. Si estás transmitiendo a la Selección contra Grecia,  si has leído La Ilíada, La Odisea-y estás cargado de los personajes griegos y de tu admiración por Grecia, eso te habilita. Si yo transmito en Florencia y Maradona mete el gol que metió una vez, es lógico que te salga: “si se despierta Miguel Ángel, te pinta”.

La imagen, ¿se impone?

No, es una búsqueda, yo puedo decir las cosas de tal manera que ayuden a comprender. La metáfora ayuda a que la persona preste más atención a lo que dijiste. Siempre me habitan dos o tres metáforas de Miyima.  A una, la deformé, y la voy a decir mal: “la memoria era como andar por un túnel con una vela. Vos alumbras aquí y allá…”, la otra: “cómo las aguas borran lo escrito”. Y no me acuerdo a qué se referían, sin embargo, conservo las imágenes. En La Condición Humana, tampoco recuerdo la trama pero sí al tipo que tenía una pastilla de cianuro y, por generosidad, se la dio a otro que tenía miedo de morir quemado. Como lo dijo Malraux, es una imagen de una potencia excepcional, son como fogonazos. Eso está relacionado con el peso que tiene la escritura en mí, yo voy componiendo a través de lo que leo.

¿Crees que el lenguaje periodístico carece de eso?

El lenguaje periodístico, en el deporte sobre todo, es muy pobre. Yo escribía en La Nación y nunca leía lo que escribía y mucho menos lo que decían los foros. Aunque no era una época tan comprometida como la actual. Un día, entré a los  comentarios y uno decía: “para qué tanta cosa para describir un partido de fútbol”. El tipo tenía su razón. Pero, para mí, escribir “Boca le ganó 2 a 1 a River en un partido trabado” no tiene relieve, no me representa. A veces, por cuestiones de tiempo, dicto la nota. Y, cuando la menciono,  aclaro -por amor propio- que es una nota que dicté,  es una nota ramplona. Es la diferencia que, se supone, me coloca en el lugar profesional que tengo.

DAR A LUZ (DE A DOS): UN CIELO, DOS SOLES

 Como acontece con las marcas del cuerpo, algunas siguen siendo visibles toda la vida. (7)

Lo innombrable está en toda tu obra. La escritura parte de una necesidad insoslayable de decir.

 Yo estoy arrepentido de no haberle dado lugar a la ficción. Hace mucho que quiero escribir una novela. Tengo un tema que estimo bueno.

 ¿Cuál es el tema de esa ficción?

La novela se llamaría “Buenos días, Don Ernesto”. Era el último día de clase de mi profesor preferido – la dictadura lo sacó, por ser un tipo inconveniente. Y fue una persona muy gravitante en mi vida. Yo tenía pensado algún pequeño recorrido, pero después no sabía con  qué iba a continuar. El tema era bueno y, posiblemente, si lo  hubiera trabajado sería novela.

 La escritura aparece como  una necesidad profunda.

 Posiblemente, si hubiera tenido más horas, hubiera escrito mucho más.

¿Y la poesía?, muchas veces vos decís que escribís poemas y los rompes

 Te voy a decir un secreto. Un día, caminaba por Venecia y vi un afiche de una película ” Sangue do Meu Sangue”  y me acordé un poema de un tipo, con quien trabajé algunos meses, cuando tenía diecisiete años. Después nunca más lo vi.  Ambos éramos locutores; él, mayor que yo. Terminábamos la transmisión a las tres de la mañana y nos quedábamos hasta las seis en la radio, escuchando a Luis Armstrong, Goyeneche, música; año´ 66. Él escribía poemas; de vez en cuando, los leía, no sé si era bueno, un poco lorquiano. Yo me aprendí un poema de él que decía:” A mis besos de tu boca nadie te los quita, nadie, porque si un día te besaran, mi sangre habrían de quitarte, que eso se han vuelto mis besos, sangre de tu misma sangre”. A mí me quedó, era más largo, pero ahora no lo recuerdo. Cuando vi  “Sangue do Meu Sangue”, me entró una melancolía feroz. Busqué por la radio y, con la ayuda de una persona, encontré a la familia de ese tipo. El tipo murió, el hijo me llamó y, con otros poemas, le publicamos un libro. Pero le pedí que me mandara unos poemas más. Entonces pensé: mirá vos, qué casualidad, la luz es muy inspiradora para hablar de poesía. Pensé, aunque  nunca lo escribí, un poema que en mi cabeza iba por los soles. Entonces dije: la luz, como fuente de partida de poemas. A lo mejor, incluso  estoy a tiempo, me acomodo y tal vez  pueda  escribir diez o quince poemitas y alguna cosa de prosa que pudiese rescatar. Con  eso, completaría a Beto Dione, así se llamaba él. Unos poemitas míos, ayudarían -por curiosidad -a vender el libro. Con un tema:  poemas basados en la idea de la luz , la primera luz del día, la última luz, la luz de la noche, la luz de la luna , del sol, la luz de las estrellas, la luz del horizonte, por supuesto.

EL CANON DE LA PERSISTENCIA: REBELDÍA, BOHEMIA, CRÍTICA

 El mediodía de octubre en que se conoció la ley (y según datos botánicos fue el día en el que mayor cantidad de flores le aparecieron a la primavera, o eso creyeron  ver los que abrieron las ventanas a los jardines y a los parques), marcó el final de una travesía que ahora terminaba con el alivio del estibador que arroja sobre la cubierta del barco la última bolsa de su pesada tarea. (8)

 Antes hablaste de tu lugar en la profesión, ¿cómo es ese lugar?

De mucho laburo, algo tengo que hacer para justificar dónde estoy. Porque es la capacidad de sacrificio lo que la gente ve, un tipo que ama su profesión, que se mata, que está haciendo todo el tiempo lo posible. Sin embargo, yo me reconozco el tipo más ocioso del mundo, el personaje más perezoso. Amo estar al cuete, cruzado de piernas, me fascina la sensación de estar haciendo nada: es un acto de rebeldía contra un mundo que cree que hay que estar haciendo cosas para existir y para ser. Por eso me gustan tanto el deporte, las artes, lo lúdico. He defendido mucho eso. En esta etapa se dio esta discusión respecto a mi persona- a la que naturalmente no soy ajeno- y yo creo que dignifico en ese rol  asignado al ser más laburante de lo que verdaderamente soy.

Como el ateo que, al mismo tiempo que putea a dios, lo homenajea, ¿no sentís que tanta lucha, tanto tiempo con el mismo enemigo, termina homenajeando al diablo?

Yo ahí tengo una ventaja, el tema no es Magnetto. El tema tiene el nombre Magnetto, pero no es él. Te voy a contar una cosa maravillosa que me pasó: salía yo un día de la Ópera y él salía con su familia, caminaba a paso raudo. Era cuando se decía que estaba muy mal con el cáncer. Pero ese tipo desbordaba salud y eso a mí me alegró. Él es un símbolo. Se llame Magneto o Grondona: son los tipos que representan el mundo que a mí me provoca rechazo. Si vos lees un libro mío, El Intruso, es la historia de por qué  a mí me prohíben en Uruguay, es una biografía a mitad de mi vida. Ahí también está la historia de una lucha contra unos personajes del fútbol, que a mí me parecían ladrones y- efectivamente- se ha constatado que corrompían al fútbol. Cambian los nombres, pero la pelea es la misma.

¿Qué otras formas de lucha reconocés en tu historia?

La bohemia, esa era una manera de pelear. Yo viví en la bohemia hasta los 26 años. Con mis dos hermanos comíamos lo que generábamos, nos dividíamos la fuente en tres partes. Era en la casa de una tía, en una pieza modesta de Montevideo. Estaba feliz y no me proponía estar de otro modo. Era un buen profesional, que sólo trabajaba en la radio los fines de semana. El resto era ocio. Era una forma de rebeldía con el mundo.  Entro a ser un tipo conocido como consecuencia de una crítica que hice a un grupo de dirigentes, en el año 74, al volver de un Mundial. Durante tres o cuatro noches,  expresé una crítica por el rechazo que me provocaban y eso trascendió y se convirtió en el leit motiv de una pelea contra todo un entramado de dirigentes del fútbol uruguayo. Cuando vine aquí, hubo una pelea histórica: con Menotti, con la página de deportes de Clarín -antes de que fuera “con Clarín”- ; con los que negaban a los técnicos que encaraban un sentido colectivo del fútbol, por encima de un sentido individual. Lo hacían en nombre de la libertad, de la creación y de la inspiración. Era una discusión muy interesante desde el punto de vista filosófico, que aún subsiste –acotada-. Yo tomé partido por el lado del colectivismo, un poco coherente con mi criterio político también. Esa fue una pelea. Una pelea constante contra una forma de poder. Cuando yo  visualizo un poder, en líneas  generales, si es poder, ya me va a caer mal.

 EL ORIGEN DE LA LUZ Y LOS ÁRBOLES PARLANTES

Lo imaginé como una sombra más, seca y mustia, en ese espacio impersonal y utilitario, en la penumbra de una habitación en la que el poder se recorta como la belleza de un cisne desplumado. (9)

¿Y vos no te sentís poderoso?

No, para nada, si me sintiera poderoso, me detestaría. No hay forma de poder en mi vida. A cada rato mi reflexión es: sos una hojita en el viento. En una semana que no salís al aire, te olvidan.

Pero vos sos un referente, ¿eso te pesa?

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Castillo y sol, Paul Klee

Sí, por lo abrumador que resulta que te quieran más de lo que merecés, que esperen de vos más de lo que podés dar y que estés tan pasible de defraudar por cualquier cosa. Yo, por ejemplo, amo la fiesta taurina: me parece de lo más bello que hay en el mundo. Cada vez que he dicho esto, hubo gente abrumada por la desilusión. Y hay otros conceptos: me gusta el boxeo, y me gusta mucho, aunque descubrí  cosas en los ultimísimos  tiempos que me hicieron pensar: “caramba, ¿será que tengo que darles la razón a quienes lo defenestran?, ¿será que he visto algún castañazo que me dolió en la cabeza del tipo?  Pero se puede defraudar por muchísimas cosas, yo digo que me gustó tal película y un  tipo dice, mirá lo que le gusta a éste. Te tenés que hacer cargo de muchas cosas, la gente te configura, te dibuja, traza tu perfil. Cuando lo traza desde el odio es más cómodo para mí, yo estoy fenómeno con eso porque lo puedo refutar. Pero es irrefutable la construcción desde el amor.

Spinoza plantea la potencia como la capacidad de afectar al otro. ¿No sentís que tu palabra afecta?

Yo me doy cuenta después, cuando me lo dicen, nunca cuando estoy hablando, nunca en mi vida hablo pensando en que lo dicho va a tener un determinado impacto. Cuando yo relato y digo una cosa que me gusta, tomo conciencia más tarde. También es verdad que a veces digo cosas para ayudar a pensar.  Si vos le decís a la gente: cada vez que el consumo baja, los diarios ponen el tema en tapa y, cada vez que sube, no lo ponen, eso es tratar de abrir cabezas. En general, hay mucha indefensión en materia informativa. No todos tienen el bagaje ni el acceso que yo tengo a la información, ni el ejercicio para procesarla que he logrado y he redondeado en estos años. Mi caso antes era el de quien está en un bote y pasa la mano, así, y levanta agua. En esta etapa de mi vida  he querido  meter el brazo y hundirlo dentro del agua para sacar cada vez más. Para mí y por la responsabilidad que tengo frente a los otros.  A veces la gente me dice: “usted me ayudó a pensar, usted me abrió la cabeza, usted es mi alivio” ¡La puta! Pero en el momento de mi discurso yo no estoy hablando desde la idea de que yo cambio “nada”. Gracias a Dios, porque si me pasa, estoy  frito.

Hay otro asunto con la potencia y Spinoza. Tiene que ver con disponer de la potencia que sos y hacer que los demás se pongan en disponibilidad de la potencia que son.  Spinoza llamaba alegría a esa disponibilidad. En ese sentido, ¿no te sentís poderoso?

No, no es la palabra, nunca, nunca, nunca, nada de poder.  Tendrían que hablar con mi mujer, ella es una persona que me vive levantando el ánimo, porque mi discurso para adentro- en la observación de mi persona- es muy agresivo. Si detecto que algo pude haber hecho, me asusta. Eso agrega todavía más responsabilidad. No sabría cómo definirlo esto, sigamos buscando en todo caso. Hasta que encontremos en qué yo pueda estar de acuerdo. No, yo puedo asegurarte que no tengo poder. Yo analizo cosas, alguna vez alguien me preguntó, si yo necesitaba de la popularidad. Tengo doscientos viajes entre Europa y EE UU, con dinero, sin dinero, sólo, acompañado. Todos esos viajes me llevan hacia un mundo donde no soy nadie. Lo cómodo que  estoy con eso es extraordinario.

Pero ahí hay una potencia en dejar de ser, una potencia enorme.

No, yo creo que ese es el personaje, estamos hablando de poder.

Hablamos de poder como potencia, de sentirse intenso, de sentir que uno está a disposición de toda la vitalidad que tiene

No, no.

¿Qué te hace sentir así?

Yo vivo en terrores, no quiero exponerme,  detesto exponerme. Mi mujer lo sabe, pero no tengo problema, es mi vida. Yo he llegado a un programa de televisión, el día del estreno, deseando que el canal se estuviera prendiendo fuego, quería que estuvieran los bomberos, no hacerlo. Si yo me sintiese el personaje que se ve de afuera, nadie podría pensar en este terror. Cuando tuve que hacer estos programas para Telesur, en mi alma, sentía que se trataba del primer reportaje de mi vida, estaba lleno de aprensiones. En el quinto reportaje, ya empecé  a olvidarme, porque fui entrando en la naturalidad. Pero cada vez que tengo que dar una talla, una medida precisa,  para nada me veo desde el lugar que otros me ven. Yo sé que voy a hacer las cosas bien, pero tengo miedo de quedarme en silencio, de equivocarme, de repetirme, de que no me salgan las palabras. Para colmo, la televisión es incluso más paralizante.  Entonces, si tuviera “poder”, mataría al miedo. Una cosa que yo veo de la presidenta es la absoluta pérdida de miedo, lo cual también le deja algunas zonas de riesgo. Porque no estar con la tensión que te provoca el miedo, el miedo a defraudar, el miedo a exagerar, el miedo a cometer una injusticia o lo que fuere, la pone en una actitud que alguna vez la dejó vulnerable con lo que dijo.

Antes te referiste al riesgo y, en una parte de “Audiencia con el Diablo”, contás que te hacés amigo del “Riesgo”, incluso que hablas con él.

Sí, sigamos hablando del riesgo y del poder. ¿Sabés cuándo me siento poderoso? Cuando hago falta. En este sentido, antes de anoche, por el programa de Telesur, me pasé todo el día diciéndome: tengo que entrevistar a Tibisay Lucena, (presidenta del poder electoral de Venezuela), con satélite, con delay, ¿cómo hago para no interrumpirla? Eran las diez y me dije: qué bueno sería si no saliera. Efectivamente, la nota no salió. Pero, en determinado momento, en medio de la devastación que había ocurrido, con los productores discutiendo,  dije: Denme cámara, yo voy a dar una explicación. La explicación fue de una brillantez desmesurada, claro, yo había leído mucho y salvé una situación. En ese momento cualquier cosa que dijera salvaba la situación. Si llego al canal y están los bomberos, puedo hacer el mejor trabajo del mundo. Esto marca que, cuando hay una posibilidad  de ejercer el poder que se me asigna- de tipo capaz en mi profesión-, me asusto, me achico. Ahí  no soy poderoso. Frente a mí, no soy poderoso.

Para retomar el tema de la potencia, con respecto a la audiencia con Magnetto vos dijiste: Ese día de agosto, yo hubiera muerto feliz, hubiera querido morir.

Yo tengo alguna relación con la idea de morirme, que a mi mujer la asusta. Son varias cosas que coinciden con esta idea. Ahora ya no tanto. Pero, hace seis años, yo decía que si me hubiera muerto en ese momento, me les escapaba con el botín. Porque era irme habiéndolo recibido todo, me robé todo lo que de felicidad había.  Todavía estoy para irme bajo una cierta tibieza, todavía me iría con una parte del botín. Una parte ya la dejé acá en padecimientos, en sufrimientos, en bronca. Digamos que ahora estoy un poco más en buenas con todo eso y tengo la sensación de que ya mucho más no hay. Lo que persiste es una cierta cobardía por no querer afrontar las cosas que inexorablemente vienen con la vida. Cada vez que estoy muy feliz, digo: este es un momento para irme. Yo creo en Dios, joder, no quiero morirme, no me voy a suicidar, pero estoy en una relación cordial con la idea de apagarme.

Así planteado, parece que la muerte es un pico de intensidad, ahí está la potencia, está la luz.

 Puede ser, puede ser.

Te voy a decir otra cosa sobre el poder y sobre cómo está construida mi vida. Yo ahora voy a comer, a sestear, a leer, voy a ir al ballet, después tengo una cena con Adrián Paenza. Nunca tengo un encuentro con tipos que manejan poder. Aunque me busquen, me resisto. Si a vos te gusta el poder, te relacionas con el poder. Pienso ahora en el poder de las metáforas. Cada vez que voy a una cancha de fútbol chica, hay árboles. Y yo no puedo dejar de pensar en Arnaldo Calveyra. Nunca más voy a ver árboles en mi vida sin pensar en él, él hacía hablar a los árboles. Mirá la potencia.

“Y de pronto, el cielo de más lejos, ya en confianza, empezaba a llegar, abundante, también él a entrar en otro ritmo, a derivar con un sonido de hojas, más y más leve todavía, las hojas que a toda hora se desprendían de la trama espesa de los eucaliptos de la entrada, despacio, cada vez más, dentro, como si ese bulto en que llegaban a confundirse, empezara a emitir una soledad como no se encuentra en nada, mineral, vegetal, ni humano o sólo cuando ya ningún ritmo solicita y el planeta va entrando en una vía muerta. El total del árbol, la noche, órbita del palomar desertado, unas libélulas criadas para la oscuridad, nacidas ciegas para la ocasión, rápidamente desvanecidas, árbol dispuesto para un juego entre planetas”

Arnaldo Calveyra, “El origen dela luz”

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Víctor Hugo Morales y el equipo del Anartista

 

Referencias:

Todas las citas pertenecen a Víctor Hugo y fueron extraídas de:

  1. Transcripción de una nota para La Nación del 19 de agosto de 2001 en “Audiencia con el Diablo”
  2. “Audiencia con el Diablo”
  3. “Audiencia con el Diablo”
  4. “Un grito en el desierto”
  5. “Audiencia con el diablo”
  6. “Mentime que me gusta”
  7. “Audiencia con el diablo”
  8. “Audiencia con el diablo”
  9. “Audiencia con el diablo”

 

 




ELOGIO DE LO INVISIBLE

Persistencia: Entrevista a Pablo Llonto

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Entrevista: Magdalena Mirazo, Mariana Dosso, Gabriela Stoppelman, Víctor Dupont, Fabio Faes.

Edición: Gabriela Stoppelman.

                                    “Durante cada testimonio uno notaba que los periodistas prestábamos más atención a los aspectos que nos vinculan con anteriores experiencias. Había- y lo hablábamos en los intervalos- quienes alineaban los dolores o las alusiones de un testigo con sentimientos o experiencias del pasado (…) Otras veces, simplemente, aportábamos datos que hacían fiable nuestro susurro. Eran, en mi caso, como periodista que venía del deporte, acotaciones sobre figuras o escenarios deportivos”

                                                               Pablo Llonto, “El Juicio que no se vio”

                           ¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?/En los libros aparecen los nombres de los reyes/ ¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?/Y Babilonia, destruida tantas veces, / ¿quién la volvió siempre a construir?/ ¿En qué casas de la dorada Lima vivían los constructores?/ ¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue terminada la Muralla China?/ La gran Roma está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?/ ¿Sobre quiénes triunfaron los Césares? ¿Es que Bizancio, la tan cantada, sólo tenía palacios para sus habitantes?/ Hasta en la legendaria Atlántida, la noche en que el mar se la tragaba, los que se hundían gritaban llamando a sus esclavos./ El joven Alejandro conquistó la India./ ¿Él solo?/César derrotó a los galos./¿No llevaba siquiera cocinero?/Felipe de España lloró cuando su flota/fue hundida./ ¿No lloró nadie más?/Federico II venció en la Guerra de los Siete Años/¿Quién venció además de él?/Cada página, una victoria./¿Quién cocinó el banquete de la victoria?/ Cada diez años un gran hombre./¿Quién pagó los gastos?/ Tantas historias./Tantas preguntas.

                                        Preguntas de un obrero que lee”, Bertolt Brecht

 

Lo invisible: ni lo velado ni lo escondido. Aquello que el ojo no ve, aquello que la mirada no enfoca, aquello que la atención desestima. Esa materia bien consistente y recortada del relato. El hueco donde las cosas están, cuando las declaramos ausentes. Las ausencias donde se presentan todas las sombras luminosas. Desde ese sitio des-visto-, desde ese tiempo detenido, las sombras piden pista, espacio y bautismo, quieren un lugar en nuestros textos.

Y, a propósito de sombras y  de nombres, es un gusto ver cómo esas dos figuras se diseminan en los libros de Pablo Llonto. De un texto a otro, marcan una insistencia, que roza el argumento sin serlo. Y, en ese rozar, multiplica los sentidos. Las  sombras son un guiño, una complicidad de reojo, para quien quiera leer dentro de ellas “El palacio era el poder en la sombra.” Del lado de afuera le parecía distinguir sombras de un enrejado color naranja. Era su único contacto con el exterior…y pensó que las fiestas estaban cada vez más cerca y que aún no había comprado los regalos para Marcela y Felipe.”

Lo mismo sucede con los nombres, mejor dicho, llonto semilla bucarellicon la necesidad de marcar cómo se difumina la identidad mientras se multiplican los apodos: Los nombres y apodos de Antonio Benito Fioravanti; el Turco Julián, Kung Fú, Juan, Pedro, Cobani (…), Capitán, Alemán recordados por Miguel (D´Agostino) ingresaban vertiginosamente a nuestra libreta de represores”. La Señora, la Dire, la Vieja, la Directora, la Viuda, la Loca, la Piti, la Nobel. Ocho alias para identificarla, pero ninguno de ellos figuró en la ficha que se le abrió en la planta baja de Cavia, aquel 17 de diciembre”.

Y lo invisible se ve también en la ablación, en el olvido. Allí también hay nombres y sombras: El acta de nacimiento de Marcela Noble no tenía ni constancias de maternidad ni de paternidad; tampoco se hacía mención alguna al lugar de nacimiento. Esos espacios estaban en blanco, cuando debían tener, al menos, la inscripción “desconocidos”.

Lo invisible: el punto del tejido donde se nota la flaqueza de los tejedores. O, también, el puro aquí y ahora, el piolín desatado entre la memoria y el deseo.  El corte en sombras.  Y, también, el lugar de un bautismo renovado: “Era importante que los periodistas anotásemos apellidos y apodos. También descripciones de rostros o profesiones, o señales y signo de personas que no conocíamos, pero de cuyas vidas algo escuchábamos. Si teníamos la suerte de que algún editor no malograse las crónicas bajo el argumento de “no hay espacio” (…) el lector o lectora tratarían de develar el enigma de algún familiar o amigo desconocido”.

La escritura de Pablo Llonto es frondosa. Mientras uno la recorre, anochece sobre el bosque. Igual, la lectura prosigue a la luz intermitente de algunas luciérnagas. Aquí y allá, de un libro a otro, titila un llanto anónimo, tiembla una huella perdida, aparecen  siluetas claras entre los últimos fantasmas de la fila. Ninguno llora ni tiembla de tristeza. Al contrario: celebran la recuperación de un nombre.

LA NIÑA BONITA                   

          “Sabe que un filósofo francés, que ha estudiado mucho el tema del antisemitismo, León Poliakov, ha escrito un libro sobre la idea satánica de la realidad y que es necesario nada más que impulsar el temor al mal para envenenarnos a todos. Mire usted en qué se ha convertido la palabra Graiver en este país. Fueron declarados inocentes, su abogado fue asesinado, fueron torturados (…) y, sin embargo, usted dice “Graiver” en cualquier lugar y suena más terrible que Suárez Mason que es un asesino prófugo. Ya ve lo peligrosa que es la información”

                                            Jacobo Timerman, testimonio en el Juicio a las juntas.

  Habrás visto que nosotros anduvimos alrededor de tu escritura.

llonto, semilla bucciarelliEsta bueno, a mí me viene bien. Y siempre tengo una posición muy crítica y autocrítica en relación al tema de cómo escribimos en el periodismo. Y eso, sin duda, tiene que ver con el apuro en todos los libros y en todos los artículos y notas, A veces se nota tanto, que no encuentro forma de resolverlo. Al no haber tiempo, no se resuelve y sigue saliendo mal.

 Pero los libros van con tiempo

  “La noble Ernestina” tuvo más tiempo, pero tuvo poco tiempo. “El mundial 78, la vergüenza de todos” tuvo poco tiempo y “El juicio que nadie vio” tuvo más, pero también escaso.

¿Cómo escribiste “El Juicio que nadie vio” a partir de notas? Porque contás que no pudiste grabar.

 Los testimonios están tomados del acta desgrabada de la audiencia. Con respecto a mis notas, tengo los papeles.

¿Pero hay muchos huecos en la memoria?

Sí, hay huecos en algunos de los capítulos. Tengo cajas llenas de notas. Les ponía el horario en que empezaba a hablar el testigo y después anotaba, rápido y mal. A veces, vos pensabas que un compañero lo tenía textual y no, ninguno de los dos lo tenía textual. Eso se publicaba y después el testigo nos reprochaba. Le pedíamos disculpas porque tomábamos a mano la declaración y no éramos taquígrafos.

¿Alguna vez escribiste ficción?

Sí, esa es una deuda de escritura, estoy escribiendo ficción, pero no publiqué. Ese es el único laburo al que estoy dedicándole tiempo. Pero escribo entrecortado: trabajo un mes, paro seis, continúo un mes. La ficción es el único lugar donde tengo la posibilidad de ordenarme sin apuro. En los otros tres que escribí había urgencias. Uno tiene que ver con mi historia en Clarín, otro, con mi sentimiento de no perdonarme nunca el haber festejado el mundial y el último, con que siempre me dio bronca que nunca se haya reconocido a los testigos del juicio a las juntas. Se reconoció a los jueces, a los fiscales. También ahora estoy con un tema ligado a la cuestión de los juicios, un trabajo entre jurídico y periodístico y quiero que esté para el año que viene.

Vos trabajas con dos lenguajes muy complejos como el jurídico y el periodístico, pero te interesan mucho los recursos de ficción, ¿qué aportan esos recursos?

Formé parte de una corriente del periodismo que, llonto rafael piedehierreo holguerafoto28049en algún momento, se cansó y se planteó salir de lo clásico. Lo nuestro no tiene que ver con lo que se llama “el nuevo periodismo.” Era y es un cuestionamiento político a la forma de hacer periodismo. Se trata de un planteo muy fuerte, en mi caso y en el de mi generación. En los 80, en muchas redacciones había una tendencia a discutir quién escribe mal y quién escribe bien.

 ¿Y cuál era el que escribía bien?

Se supone que era quien tenía vuelo literario, recursos literarios. Ahí aparece no tanto esta cuestión de utilizar recursos de la novela o de la ficción, sino que consistía en hacer el esfuerzo enorme por escribir mejor, en todo sentido.

 ¿Para qué?

Porque suponíamos que la buena escritura queda para la gloria. En periodismo, escribir bien es una parte, la otra cuestión se vincula con el contenido periodístico y con la cuestión política. Yo defiendo el periodismo militante, soy de los pocos que no solo lo reivindica, sino de los que sostiene que todos debemos ser periodistas militantes: tenemos un deber político como periodistas y eso implica tomar posicionamiento No digo que importa el contenido y la denuncia y, si la escribís mal, está bien. Ojalá yo pudiera combinar todo. Pero ese afán que teníamos en los 80 de escribir bonito, que casi relegaba el aspecto informativo, en mi caso- me parece- fue quedando de lado.

¿Se podría hablar de una escritura militante, más allá del género?

Sí, de hecho la ficción que uno escribe también tiene contenido político. Empecé otra cosa que no tenía tanto contenido político pero la relegué por esta ficción que, obviamente, tiene que ver con el terrorismo de Estado.

EL DOLOR O EL ENOJO

                           “El submarino fue algo que me llamó mucho la atención, porque yo escuchaba esos ruidos y no sabía de qué se trataba, yo escuchaba ruido de agua, de que algo era sumergido en el agua y escuchaba después los estertores de una persona como ahogándose.”

                                   Adriana Calvo Laborde, Testimonio en el juicio a las juntas

¿Hay en vos una relación entre la escritura y el dolor?

Sí, pero no siempre. Me río porque, cuando estaba en “El Gráfico”, en el año 2002, cierran la revista, nos echan a casi todos. Hay una lucha sindical, perdemos y, finalmente, se consigue solo la indemnización, no la reincorporación ni la reapertura. Pensamos que era el fin de la revista, pero tres meses después se vio la verdad: era, una reducción brusca de personal, para después poder sacarla mensual. “El Gráfico” era de Torneos y llonto eduardocobramuralCompetencias, de Ávila, no de Clarín. De 100 echan 80. Los 20 restantes pasan a hacer la revista mensual, después de haber salido por 75 años, con frecuencia semanal. ¿A qué viene esto? Pasa una cosa rarísima: en “El Grafico” contratan como director a Mariano Hamilton. Él había sido el primer director de Olé. Mariano era un tipo de izquierda y que TYC lo contratara llamaba mucho la atención. Seguro lo hicieron, guiados por el éxito de Olé. Mariano convoca a unos cuantos periodistas de nuestra barra, que somos de esa generación que en los 80 quería escribir bonito. Ahí llegan Alejandro Caravario- periodista y escritor- Fabián Casas – también escritor- el propio Hamilton y un grupo de gente externa, a la que se le pedía notas bonitas.

¿BONITAS O POTENTES?

Predomina lo bonito. Ligo siempre la cuestión a los deportes, porque la escritura deportiva arrastra esa historia de tipos que tenían una pluma exquisita: Ardizzone, Borocotó, algo de Cortázar. Se ponía un esfuerzo tremendo en la escritura del relato de un partido de fútbol, había que convertir ese partido en no sé qué cosa. No podía haber un comienzo igual al otro, nunca. El final tenía que ser explosivo. Ardizzone era la figura. El otro personaje, que ahora lamentablemente le está haciendo prensa a Macri, era Carlos Ares. Por ejemplo, escribía sobre un partido de Argentinos Juniors sin nombrar a Maradona. Era extraordinario: cada vez que tenía que nombrarlo, ponía “Él”. Ponele que escribía cuatro páginas de un partido de Argentinos Juniors. Entonces, todos teníamos que ser Ares. Cuando Mariano convoca a “El gráfico” es con la idea, de hacerlo distinto, de izquierda y, además, con buena literatura. Después de varios números, Mariano me dice: “dejá de escribir enojado”, “pero si yo no escribo enojado”, “sí, no te das cuenta, pero en todas tus notas estás enojado”. A la semana siguiente le planteo hacer una nota de amor.

Lo competitivo del deporte llevado a la escritura, un asco, disculpame.

Ahora me doy cuenta de la pendejada. Igual, “El Gráfico” tuvo un impacto en el periodismo muy fuerte, no solo en el deportivo. Decenas de periodistas de política lo destacaban a Ardizzone.

Vuelvo un poco atrás con mi pregunta. Cuando me refería al dolor, me refería a la angustia, no a estar enojado.

El que dijo eso del enojo fue Hamilton. Pero sí, la angustia me atraviesa, sí, el dolor y la bronca se notan en la escritura

Sí, el dolor como tema, por ejemplo cuando contás del testigo de 73 años que declara, decís “el dolor de él nos dolía a nosotros”. Pero yo me refería a la relación de tu escritura con el dolor, no a escribir sobre el tema del dolor. Me refería a cómo abordar lo indecible.

Lo que te contaba es la relación histórica, te contaba por qué, en estos libros periodísticos, uno usa recursos de ficción- cuando se puede, en algunos capítulos-. En algunos capítulos de “El juicio que nadie vio” es clarísimo cuando decís, acá me pongo a pensar un poco y a usar recurso, y cuándo hay que sacarlo rápido. llontoPero, lo del dolor está. Y le di la razón a Mariano y escribí la nota de amor. Agarré a un futbolista que, cada vez que hacía un gol, buscaba a su novia, reportera gráfica. Gabriel Amato, se llamaba, jugaba en San Martín de Tucumán. La buscaba y, cuando la encontraba, se levantaba la remera y una vez llevaba inscripciones de amor y otras, políticas. Una vez tenía debajo de la camiseta la remera de HIJOS. Entonces escribí una cosa súper melosa, para que no me dijeran que estaba enojado con la vida. Era una linda historia, porque lo seguí durante varios partidos. Y, aunque en muchos no hizo un gol, descubrí cómo él la buscaba durante el partido, cosa a la que antes no le había prestado atención. A veces, le hacía algún gestito, le tiraba un besito. Salió una buena nota, me gustó mucho y me desenojé.

 El dolor, no el enojo.

Lo que no sé es si está trabajado, no lo sé, me parece que actúa el subconsciente o también la rapidez. Yo sé que trabajo con temas dolorosos. A nosotros, los periodistas, también nos cuesta mucho no hacer humor sobre temas difíciles, los HIJOS nos han enseñado mucho sobre esto. Pero contárselo a los demás cuesta muchísimo, también cuesta muchísimo esto que vos decís, el dolor. No queremos mucho que hacia afuera quede la sensación de “estos tipos que insensibles”. A mí me cuesta, sé que otros han hecho los intentos, pero es una de las cosas que más cuesta.

El humor también tiene que ver el dolor.

Por ejemplo, cuando nos reunimos en asados con Hermanos e Hijos, se hacen muchos chistes, pero queda en el círculo nuestro. Los hijos pasan del dolor al llanto por el mismo chiste que hicieron.

La confianza habilita, Marta Dillon hace chistes con los huesitos.

Son pocos y tal vez están autorizados, el que no fue víctima no se siente autorizado. Tengo unas ganas…, alguna vez… En “El juicio que no se vio” he contado un solo episodio, gracioso, por decirlo de algún modo, el del testigo Ciccone, el portero que se puso un micrófono en el oído.

También está bueno cuando el fiscal le dice a Timerman, “Señor Graiver”, y él le contesta, ¿Ud. también tiene algo contra mí?

llontoxul-solar-fotoO cuando Orgeira, el defensor, le dice al testigo Jorge Watts, “… para que diga el detenido…”, y él le dice, “el detenido es el suyo, yo soy el testigo”. Es un tema donde cuesta reconocerse a uno mismo, a los protagonistas. Hay un libro, “La Princesa Montonera”, de una hija de desaparecidos y nieta de Rosita Roisinblit, vice de Abuelas. Para mí es el mejor de los que se han escrito sobre el tema, aunque no leí todos. Hay otros que apuestan fuerte al humor, “Montonerísima” es un stand up, que hace una HIJA para ganarse la vida. Hay que darle tiempo, hacer chistes sobre Troya hoy, es fácil.

UNA PUTEADORA DE NO FICCIÓN

         “Durante las cenas de los viejos y los nuevos aristócratas, el champagne se amontonó en las copas, las copas se elevaron como espadas tercas y las espadas tercas añoraban tiempos idos”

                                                                   Pablo Llonto, “La noble Ernestina”

 

“Estaba tranquila, era tanto el señorío, tanto el cuarto poder, que los enemigos le temían de verdad”, dice “La noble Ernestina”. Ese omnisciente sustituye tu opinión, la pone en Ernestina. En eso, los recursos de ficción no están para hacerlo bonito. Qué aportan estos recursos en la producción de sentido de un texto. Qué aporta la metáfora, qué aporta el omnisciente, qué aporta la escena teatral, todos recursos que usas mucho.

 Acordate una cosa: del grupo de periodistas de quienes te hablaba, no todos son partidarios de estas cosas. Yo soy muy partidario de que el uso de estos recursos es una buena herramienta. A veces, si lo que se va a decir está comprobado, hay una formidable potenciación de la verdad al usarlos.

¿La no ficción creativa?

Esto de decir: te cuento lo que pasó, pero uso los recursos de la literatura, lo novelo, eso es cada vez más fuerte en el periodismo. En cualquier libro de periodismo que agarres es fácil verificar que tal dato está novelado. No novelás la verdad. Novelas el resto.

¿Ese es tu límite?

Sí, te doy un ejemplo. Cuando yo pongo puteadas en boca de Ernestina es porque los choferes me contaron que era y es una vieja re contra puteadora, muy de puteada berreta. Ahora, yo no tengo la puteada exacta del momento en que carajea al comisario que la vino a detener. Ahí utilizo algún recurso, pero sostenido por esa cuestión de que Ernestina putea. A veces tengo ganas de irme para la ficción. Y ahí empieza mi interna de los reproches: ah, bueno, ¿ves? Acá no estás cumpliendo con lo que prometiste. Dijiste que cada recurso iba a ser usado en función de algo comprobable y acá no.

Pero queda claro. No nos pasó de sentir que, en tus libros, los recursos de ficción tergiversen. Al contrario, dan a ver, complejizan, no complican. El problema de la relación de la verdad con los recursos literarios, ¿para vos esos recursos complican?

Yo estoy cruzado por este tema. Me pregunto si esos llontopavel-filonov-countenances-faces-on-an-iconrecursos ayudan. Por ahí, ayudan a la lectura, pero no a lo que debe tener cierta base de verdad. “La noble Ernestina” es, de mis libros, el que tiene más recursos de ficción y también, el que contaba con más datos aportados por fuentes. Por ejemplo, yo tuve diálogo con 14 choferes de Ernestina, no podía nombrar a ninguno. En el momento de escribir el libro, la mitad estaba dentro de Clarín y la otra mitad ya estaba despedida. Pero varios tenían la expectativa de que los contrataran de nuevo o, simplemente, no querían aparecer. Los choferes para mi fueron una de las fuentes más fuertes de la personalidad de Ernestina, de su alcoholismo, de esto de las puteadas. Después, el comisario que la detuvo me dio once horas de entrevista en off. ¡Era un corrupto! Pero ese me contó mucho de Ernestina presa. Igual, tenía la duda, ¿el tipo me mentía en todo, en parte? Una cosa que me contó la tengo seriamente en duda: dijo que la fiscal le llevó flores a Ernestina- o bombones- no me acuerdo. La que tenía que acusarla le había llevado flores un día. Me quedé con la duda, ahí no había para mí posibilidad de corroborar porque la fiscal no me hablaba. Esto con respecto a las dudas acerca de lo que dice la fuente. Pero volviendo al otro tema de los recursos de ficción, sí, bárbaro, le entrás a un tema duro y se hace más llevadero. Sí, gracias, pero uno lo que quiere es que esté contada la verdad.

¿JURA DECIR LA VERDAD Y NADA MÁS QUE LA VERDAD?

       Una hija mía, de nombre Mónica, fue detenida por las Fuerzas Armadas; desde entonces está desaparecida, y seguramente ha sido vejada, torturada y asesinada; a pesar de ese hecho voy a decir absolutamente la verdad

                             Emilio Mignone, testimonio en el Juicio a las juntas.

 En una entrevista que hiciste en Córdoba, en un congreso comunicacional, hablabas de “la única verdad”. ¿Cómo pensaste eso? Muchas veces la única verdad se asocia a cierto discurso de derecha. Me llamó la atención escucharte decir eso.

Porque me aparece la cuestión judicial. En la justicia no hay posibilidad de dos verdades. Y, si la hay, hay estado de duda. Y si hay estado de duda, hay que absolver. Entonces, la obsesión está en la búsqueda de la verdad y la verdad se supone que está en la sentencia…

Y, cuando las sentencias cambian, ¿cómo releés esta verdad?

Toda esta es una discusión filosófica, no resuelta, del Derecho, desde hace 400 años. Pero, sí, ahí arrastro no sé qué vicio o formación. Yo creo que hay forma de reconstruir la verdad y que la verdad es una.

En el periodismo, ¿también?

Eso me contagia y me lleva al periodismo, los hechos, los hechos, los hechos.

¿En la novela no hay verdad?

No, en la novela no solo no hay verdad, sino que es maravilloso deformarla, torcerla, traerla al revés, darla vuelta.

Hay gente que lee la novela, se mete en la novela e interpreta cualquier cosa que quiere; le preguntás dónde dice tal cosa en la novela y no te sabe decir, es lo que cada quien interprete. Sin embargo, la novela produce sentidos, estos sentidos y no los otros. No hay un hecho real que se documente, pero hay verdades.

No estoy de acuerdo. Hay novelas que quieren crear no solo personajes, sino hasta hechos históricos que nunca ocurrieron: que Hitler ganó la segunda guerra y planteos así.

La verosimilitud tiene su ley y esa es una verdad que rige a un texto. Que algo no haya ocurrido no quiere decir que no produzca verdad, sentidos en la novela.

Sí.

Verdades.

Sí.

La cuestión es como creer que el periodismo, que también es un relato y una construcción, pueda acceder a la “verdad verdad”.

¿Pero por qué pensás que no somos capaces de encontrarla a esa verdad en el periodismo? O, en este tipo de relatos, que usan hasta algún recurso de la ficción, pero para contar la verdad.

llontopavel jironóvSí, yo creo que acá se construye una verdad, acá se construye una Ernestina creíble. En “El juicio que no nadie vio” se construye una mirada sobre el juicio, que es verdadera. Y “En la vergüenza de todos” se construye un relato con una mirada sobre toda la situación del mundial. Una verdad. Admito que es muy difícil pensar que pueda existir ésta y la opuesta.

Te voy a poner un ejemplo de nuestras discusiones. En periodismo, sobre todo en lo referente a determinados personajes del fútbol o del espectáculo, es muy típica esa cosa de ensalzar al personaje. Y, por ejemplo, ponen “un hombre sincero, franco, que siempre responde y…”, ¿de dónde sacaste esto?, ¿de una charla que tuviste con el tipo?, ¿qué sabes? Esa no es ni la verdad, ni tu verdad, ni nada. Andá a verificar si el tipo es esto que decís, que es la sensación que te causó durante dos horas de una entrevista. Son típicos comienzos de gran parte de entrevistas o de libros: “con su franqueza habitual”: ¿cómo, habitual?, ¿cuántas veces hablaste?

Pero esta verificación es un límite muy difuso. ¿Hasta cuándo verificas una fuente, un relato? Digo si, en este libro, contemplás a los hijos, a los amigos de los testigos, tal vez tengas otro libro más de esa verdad. Hay algo de esa verdad que se construye y que es momentánea en algún punto.

Exacto, sí, por eso uno hace todo el esfuerzo en volcar esto y dice que otros continúen. Si esto continúa, tiene que continuar en otro, porque es muy fácil hacer cuatro tomos de Ernestina, cinco historias escritas por uno mismo. Pero, de verdad, el desafío de la comprobación es que la haga otro. Este libro es una de las visiones iniciales sobre Ernestina. Lo bueno es que después aparecieron otras. El último libro de Martín Sivak-son dos tomos-, es un trabajo recontra superior a este. Está escrito casi sin usar recursos literarios, pero ayuda mucho más a la comprobación de la verdad. Sivak entrevistó a 150 testigos. Ha comprobado y ha verificado.

Hay algo de lo jurídico que te marca fuertemente, la verdad como algo comprobable y verificable…

Sí, sí, sí, ahí no hay vuelta.

Estoy pensando que vos te manejás entre tres discursos: el discurso jurídico, el discurso periodístico que se mezcla un poquito con el de ficción y la ficción…

La novela es un hecho que no existió, pero maravilloso. El hecho es absolutamente inexistente, pero tan maravilloso que creo que va a causar, en el pequeñísimo círculo nuestro, alegría, va a causar mucha alegría. Tiene la potencia de una cosa que nunca, pero nunca, puede haber ocurrido.

Me parece que, cuando escribiste esa nota de amor para Hamilton, te pudiste correr de la reivindicación de los derechos humanos.

Mirá, mis primeros siete años en esto son- la verdad- para condenarme a 30 años de prisión. Yo tenía una formación política horrible. Mi padre es peruano; mi mamá, argentina. Nos fuimos a vivir a Perú, del 65 al 75 y allí estudié. Yo viví toda la revolución de Velasco Alvarado. Ahí me formé políticamente en una estructura hermana del PC argentino. Cuando regreso a Argentina, a los 15 años, traigo toda la concepción del PC, que incluía el concepto de que el golpe militar era bueno y que los militares eran buenos. Y estoy atravesado en mi inicio periodístico por esa despolitización. A finales del ’75, ingreso a la facultad y al periodismo. Ingreso a la facultad con quince años porque, en Perú, el secundario eran dos años menos. Ahí me meto en la pavada de la adolescencia argentina de ese momento. En la adolescencia no politizada. Al trotskismo entro después, me capta en la facultad de Derecho. Esos primeros años de periodismo son del peor periodismo, sin compromiso con nada. Pero desde del ’82, ya la cosa cambia y viene ahí el enojo, la politización, el querer meter en todo.

No sé si es tan común la autocrítica en varios militantes. Vos hablas de eso en “El juicio…”, cuando contás que te mandaban a hacer crónicas y, bueno, obedecías.

Y la ruptura, ruptura llegó recién en el ’98, en el Congreso Mundial de periodismo, aquí en la Argentina. Con un grupito de periodistas nos hicimos el planteo de hacer la ruptura con la corporación. Es decir, se terminó: no todos son compañeros, no todas son compañeras. Hay compañeros y compañeras enemigos y a confrontar con ellos. Magdalena es una rata. Entonces, en el ’98, fuimos a boicotear  su intervención en el Congreso Mundial de la Comunicación, a los gritos, con megáfono y todo.

SEGUIR AL ÚLTIMO

                              “(…) somos nuevamente puestos en los autos y, ante el hecho de que mi hermanito más chico, que iba en el otro auto, seguía llorando, se paró de nuevo la comitiva y el jefe…trajo a mi hermanito y le dijo (a mi madre): señora, acá tiene a su hijo que no se lo puede parar de llorar y conste que estamos actuando lo más humanamente posible…”

                                Alfredo Forti, testimonio en el juicio a las juntas.

 Aparece recurrentemente esta idea de hacer visible parte de lo invisible. En “El juicio…”, reivindicar a los testigos. En una entrevista decís: “nadie sabe que a Víctor Hugo, cuando lo llaman a tal o cual lugar, aparte de firmar, se queda y está en la reunión” Esto de hacer visible lo invisible ¿alguna vez lo vinculaste con el hecho poético?

Ehh, sí. En ocasiones. Por ejemplo, uno de los poemas que me cruza en esta segunda etapa de la vida- no en la porquería de aquellos años- es el poema de Brecht, “Preguntas de un obrero que lee”, que dice esta cosa de hagamos visible lo invisible. Quién hizo la muralla china, ¿el emperador o cien mil chinos que jamás serán recordados en la vida? En ese punto, si querés, aunque nunca se pueda del todo, hay que ver cómo transformar eso que Brecht pudo transformar en poesía, ver cómo podés plasmar la escritura de la mejor manera. Sí, lo de lo invisible es y ha sido tema de cargada con muchos compañeros. Por ejemplo, si me mandaban a cubrir la vuelta ciclística a la Argentina, yo proponía seguir al último, siempre, y no al primero como es habitual. mae cubiles, méxicoDurante veintisiete etapas, yo seguí al último. Seguir al que cierra la carrera. Y salió una nota maravillosa. Después me tocó a mí también ser protagonista de eso y también escribí una nota. Corrí una carrera, no daba más, iba último y, encima -en Berazategui era eso- por los altoparlantes iban anunciando: “Bueno, queda un corredor…” Al rato, “el corredor es el periodista…” Yo estaba a diez cuadras. En un momento, viene una chica, una maratonista a buscarme, se me pone al lado y me dice “bajá los brazos”. Yo bajé los brazos e hice así: juiii, empecé a volar…solito, las diez cuadras. Fue bajar los brazos y soltarme hice vuuup y el cuerpo fue solo. Hice una nota sobre eso, una nota berreta. Pero reflejaba bien eso del aliento de la gente que gritaba “dale, Pedro, dale, Gabriel” y yo no era Pedro ni Gabriel. Pensarían que yo era alguien del barrio. Y te ofrecían agua. “Cortá camino”, te decía uno. Es maravilloso lo de la gente con el último.

Y en la pelea con el multimedio, ¿en qué puesto vamos?

Si no vamos en los últimos puestos, estamos cerca. Qué macana, ¿no? Creo que sí hay una gran victoria: en un sector de la sociedad, Clarín ya no es más creíble. Ese sector tiene claro el poderío político y económico de Clarín. Pero, en otro sector, en cierta clase media, todavía Clarín tiene un peso más que importante. Yo, en algún momento creí que se le partía el espinazo. Y que Ernestina iba presa y que Magneto iba preso también.

Vos seguís atrás de este asunto de Clarín, ¿esto lucha un límite, en cuanto a lo que vos vas a hacer? Pienso, tantos años, todo el tiempo, contra el mismo enemigo, ¿no es al final un homenaje, una forma de vivir en función de él, como el ateo que putea a Dios todo el tiempo?

He oído la voz de Hamilton, “dejá de enojarte, dejá de enojarte con Clarín”. No, no, no, no creo que sea posible, lo tengo claro eso. Lo tengo claro y discutido, pero no creo, es más, a veces pienso que me quedo corto y que hay que abrirles más frentes

¿Auto tortura? Lo tengo que hacer. Cargo con otra historia que no voy a poder sacármela de encima nunca más: mi compañera murió. Venganza, no sé si es venganza, porque los dos ya llevábamos años con el tema de Clarín, el tema no empezó con su muerte. Va a ser muy difícil, muy difícil. No, no, no, no creo que pueda. Por ejemplo, el tema de los hijos de Ernestina, a esa cuestión no le digo nunca que no. Ahí tengo una doble cuestión: además de Ernestina y Clarín, hay familias a las que yo les llevo el caso y que podrían tener que ver con de quiénes son hijo Felipe y Marcela.

DEUNAMOR

                                    Ella aparece muy delgada, completamente sucia, y le sacan la venda y nos ponen uno frente al otro; luego nos llevan a la celda juntos, estuvimos juntos un fin de semana, hasta que nuevamente a ella la retiran (…) creo que la técnica era una especie de…como remontar un barrilete, aflojar y tirar.”

               Alcides Antonio Chiesa, testimonio en el Juicio a las juntas.

 Y esta lucha también tiene que ver con tu compañera

Creció mucho, sí, creció mucho desde la muerte de la Negra. Esa cuestión de venganza, ¿eh? Siento que no me puedo correr, que la deshonraría a ella si yo me corro, si digo hasta acá llegamos.

Al leerte, pensábamos en Macedonio, el enamorado eterno, es muy conmovedor, cuando hablás de ella. Macedonio dedica toda su obra a su mujer. Esta es una pregunta que no sabíamos si hacerla. Parecía que toda tu escritura es homenaje a Ana. En nuestras conversaciones, a veces nos preguntamos por qué les escribimos a los muertos…

Sí, sí, es un amor vinculado con la militancia, no sé si eso potenció esto que existe, que existió y va a seguir existiendo. Cuando yo te digo: sentiría que la deshonro a ella, es por esa exigencia de la relación: en la exigencia del amor, estaba la exigencia de la militancia.

Y de la verdad…

Y de la verdad también. La Negra era muy, muy clara con la cuestión de la verdad, Mucho más obsesiva que yo con la verdad. No le importaba tanto la cuestión de la verdad en el periodismo. Sí, en las relaciones personales o colectivas. Pero, en relación a Clarín, de pronto ocurrió algo que tuvo que ver y fue el regreso de ella a la militancia. A ella, sus compañeros la eligen delegada. La eligen, cuando ella tenía muchas dudas. Y ella se embarca. Ella regresa para combatir a Clarín. Entonces, ¿cómo voy yo a abandonar esa pelea? Era un amor militante, no estoy contando nada novedoso. Cuántos cientos de miles de amores militantes.

 ¿Tantos? Yo no conozco tantos.

Hay una que a mí me gusta mucho. La de un periodista, Paoletti, uno de los fundadores del diario “El Independiente” de la Rioja, que después se hizo cooperativo. Era dueño del diario y se enamoró de una chica – después fue su esposa- de Córdoba. La chica fue a La Rioja, pero después volvió a Córdoba y no le da mucha bola a Paoletti. Entonces, él la tenía que conquistar. Entre las cosas que hacía -esto contado por ella- estaba armar el horóscopo todos los días porque sabía que ella lo leía. Por ejemplo, en el horóscopo ponía “Usted debe viajar a La Rioja”. “Vas a conocer a un riojanoo cosas que tenía que ver con él. Hasta que la conquistó. Pero, bueno, la parte militante: ella lo acompañó mucho en el exilio.

Está la historia de Susana Reyes. Ella contó su historia de amor, cuando atestiguó contra las Juntas.

Esa historia fue hermosa. El alegato fue conmovedor. Y de esas, en los centros clandestinos, hay tantas, impresionantes. Este es uno de los temas a los que no les voy a entrar nunca, por la cuestión de la reserva. Son historias maravillosas, pero sos el abogado de muchos implicados…Con cierto cuidado, tal vez se podrían contar. Además de víctimas, muchos fueron amantes parejas, madres, padres, eso ampliaría la verdad también.

Susana no es muy trágica, puede mechar el humor al hablar de estas cosas.

Eso es un punto interesante. Por ejemplo, nosotros éramos un grupito, “Metaprensa” en radio “Las Madres”, lo que ahora es “Radio Madre”, que participó en la puesta en marcha de la radio, en la primera programación. Metaprensa hizo un programa que se llamaba “Nos mean y dicen que llueve”, la idea era cuestionar a la prensa, nada original, el nombre provenía de unos grafitis españoles. Yo propuse, con otra compañera, un programa que se llamaba “Amor Rojo”. La absurda teoría que sosteníamos era: los amores de izquierda son mejores que los amores de no izquierda. Todas las canciones de amor de izquierda eran notoriamente superiores a las otras. Pasabas un temazo de Julio Iglesias, y “Yolanda”, de Pablo Milanés. Y, entonces, yo decía “hablen los oyentes”. Qué iban a decir, en Radio Las Madres, qué carajo iban a votar.

AD EFECTUM NULUS

                         “El Gigante Gargantúa es un famoso personaje de Rabelais. En “Gargantúa y Pantagruel” el gigante bondadoso toma el agua del Eléboro para olvidar todas las enseñanzas en latín e ingresa al mundo del Renacimiento. En el agua del olvido se encontraba la posibilidad de saltar a otra época.”

                                                                Pablo Llonto, “El juicio que no se vio”.

En “El juicio que no se vio” mostrás la incapacidad de los jueces y los fiscales para tratar con una emotividad tan caliente, tan dolida. Incluso censuraban el uso de adjetivos en los testigos.

  Los trataban muy mal a los testigos. Hay un paralelo con las víctimas de violación. Sí, porque, no sólo la soberbia judicial, tampoco fue de destacar el papel de los abogados. Por suerte, algunas nuevas generaciones de abogados están perdiendo ciertas cuestiones. Toda esa cosa de: “Señores, de pie”, esa cuestión disciplinaria y punitiva. Por suerte hoy cada vez hay más testigos que le pierden el respeto a esas normas. Todavía predomina el sector conservador. Vas a los juicios y tenés que decirles: ¿Qué te parás? ¿Dónde está que hay que pararse?

El lenguaje de los abogados, esa cosa de la pura estrategia…

El lenguaje de los abogados… ¿cómo se podrá cambiar eso? Ahí hay una cuestión, que no sé cuántos siglos llevará. Es de locos. No puedo creer que escribamos así. No nos entendemos ni entre abogados. Las leyes están cada vez peor escritas. El código penal, que se supone que es lo que todos deben saber sobre lo que no deben hacer, está tan mal redactado, que es imposible saber qué está permitido y qué está prohibido. Hay que dar vuelta todas las facultades de Derecho. Por ejemplo, no se puede hablar y escribir más en latín ¡Basta! Eso debe ser una ley. En este país no se habla latín, por lo tanto no se puede usar latín. Cómo vas a decir “Ad efectum…” No sé por qué mierda lo hacen. Sólo lo usan porque está el latiguillo y está la forma. No lo hacen ni para quedar bien, no se sabe para qué es. Nadie me lo puede explicar.

Igual yo creo que los abogados no tienen idea de la estructura del lenguaje. Lo usan como una herramienta, no lo paladean, no tienen ningún goce, jamás se han puesto a reflexionar que el lenguaje es un problema que tiene un montón de potencialidades. Y, de esos tipos, depende la libertad de un montón de gente.

Hay que ir a la ruptura ahí. No hay otra. Necesitás de una estructura que inicie esa ruptura. Una facultad que inicie esa ruptura. Nosotros, en Periodismo, en la materia “Periodismo de investigación”, en el tercer año, lo intentamos. Pero es nuestra materia nada más, en el marco de una discusión que todavía hay que dar. Por ejemplo: No podemos hacer un programa de radio a la mañana, sin leer las tapas de los diarios. Vienen los jóvenes con el vicio incorporado de no se sabe dónde, de la secundaria, del papá, de la mamá. Decís, ejercicio, empezamos un programa de radio. Y todos proponen lectura de las tapas de los diarios de la mañana. Cagate en la actualidad. Si no hacés la ruptura, sonaste. Empezá con una noticia internacional de Bolivia, que no está en ningún diario, obviamente ponele interés, expectativas, buscá qué tiene que ver con nosotros.

Cuando vos decís, “los periodistas de Clarín, siempre con excepciones, cada vez escriben peor.” A qué te referís específicamente.

(Se levanta y va a buscar del diario Clarín del día).

Viene el práctico…

Este es un ejemplo. Si vas a un galpón que tengo ahí atrás, hay cientos de miles de ejemplares. En el conflicto del 4 de noviembre del 2000, cuando echan a toda la comisión interna y a 117 compañeros por el tema sindical, echan a toda la sección Corrección. Toda. No hay más correctores. La sección corrección era, para ellos, un foco de rebeldes. Nosotros suponíamos que iban a dejar pasar un tiempo y que luego iban a retomar la corrección. Nunca, no tienen correctores. Escriben mal. No voy al estilo, sino al texto. De lo periodístico: impresentable. Por ejemplo, acá:

2015-10-24_17-16-50_671“Parientes del juez… denuncian persecución”. “Había sido absuelto por delito de lesa humanidad.” En ningún lugar de la nota dice cuándo fue absuelto por delito de lesa humanidad. Además, no es cierto. Después, aparece este entrecomillado. Viene de un punto y seguido. Quién dijo esta frase. Quién carajo dijo esta frase. Nadie.

 

 

 

 

 

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REFORMULAR LAS SOSPECHAS

Por Victor Dupont.

Persistencia: sobre las perplejidades del amor

ADVERTENCIA (Encuentro)

Que se aleje de estas páginas quien entre en busca de certezas. Que se aleje quien pretenda una brújula. Un norte. Sólo verá garabatos de una suma imperfecta. Una resta final. No habrá ningún puerto ni se llegará a tierra firme. Sólo la persistencia de una escritura. Una obsesión y su música. Tal vez, por último y por principio: un rodeo antes del vacío, piruetas previsibles y perfumes de perplejidad.

“Abandona toda esperanza, oh tú, que has entrado”, se lee en el pórtico del infierno.

            Yo digo: sombra terrible del amor, voy a evocarte.

            Mejor: Canta, oh diosa, la cólera de los amantes.

            O peor: hasta que la muerte los separe.

            Y, así, por el estilo.

DE QUÉ LA VA

            Del amor, naturalmente. ¿Y de cuál? Buena pregunta. ¿Del amor universal? ¿Del amor de padres a hijos? ¿Del amor entre hermanos? ¿Del amor que perdura más allá de…?

Hablaremos de la llama. Y la llamaremos amor, a secas. Vulgar, como todo el mundo y como todos muy rapidito la llamamos. El amor.

Según el Diccionario de Autoridades, la llama es “la parte más sutil del fuego, que se eleva y levanta a lo alto en figura piramidal”. El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y éste, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida.” *

IMAGEN 1EL AMOR Y LA ESCRITURA

Le escribí a ella:

Por favor, no me mires así. Ya sé, todo el mundo sabe hacia dónde va. Perdón. Yo, en cambio, abandono mis noches para preguntarme si puede morir un nombre. Soy -seré- claro: estoy loco por vos. También, por los caracoles implacables, las geometrías boscosas y los desórdenes sabios. Sabés, en eso soy literal. No sé hacia dónde voy. No sé hacia dónde vamos. Desde que aprendí a silbar la melodía de la nada, apuesto a pisar las letras de la palabra nunca y a no encontrarme si no en los naufragios. Tu cuerpo es una certeza arbolada o una rabia en la que todo pasa al mismo tiempo: el cielo donde se arde, pie en barro, uña, oreja. ¿Qué más es el amor, decime?”

En la revisión de todas las cartas de amor que he escrito -y conservo-, repito una estructura: melodías encabalgadas, intenciones de conjurar o desatar nubes con palabras y un estribillo. Un estribillo tonto. ¿Qué es el amor? ¿Es esto algo así como eso…? ¿Qué otra cosa sino el amor es…?

Pero, también, casi siempre me encontré en un rodeo alrededor del silencio.

Qué decirte. Igual, te escribo. El joven Werther no dudaba en esta dirección: “¿Por qué he recurrido de nuevo a la escritura? (…) No hace falta, querida, plantear la cuestión tan clara, en verdad, no tengo nada que decirte; tus queridas manos, de todos modos, recibirán esta estela”.

La carta de amor, más que a una cuestión de dichos, responde a ritmo(s). La verdad del pienso en vos es: no pienso en vos. Sin embargo, te escribo. Te hago aparecer. Una carta de amor propone un ritmo que se completará con una respuesta. Nunca escribimos si no para oír la otra música. No sé qué decirte. Te digo. Y necesito que me digas. Aunque sea…

El murmullo del vacío.

Y su rodeo.

Le escribí:

“¿Me vas a decir, otra vez, que el amor es caminar de la mano, contar los meses, marcar el calendario y festejar incondicionalidades perversas? ¿Que el amor madura como la uva y se pudre como los burgueses? Mirá: hay un muro y las estrellas reales titilan detrás de las estrellas. Ahí tenés. Lo único que sé del amor se concentra ahí.”

PUNTEO HISTÓRICO (otra cosa, mariposa)

Para Platón, el amor tiene un vínculo inherente con la belleza. Si debemos sondear una luminosidad cercana a su órbita, la belleza será nuestra pista. Aunque se trate, en este caso, de una transición: del fulgurante cuerpo bello, debemos ir- lentos y laboriosos-hacia lo invisible de la belleza en sí.

Hay un mito, como siempre. Amor era hijo de Poros y Penias.

Astucia y pobreza, abundancia y carencia.

Astucia, porque siempre nos rodea con sus cinturones de niebla.

Pobreza, porque mendiga y pena.

Abundancia, porque en la dicha es pletórico.

Y carencia, por su motor.

Quizá, en los tiempos de Platón, se intuía un teatro amoroso con dos actores principales: el erastés (amante) y el eromenós (amado). En esa dialéctica, el amor era siempre activo: no importaba el eromenós (objeto), sólo la acción del erastés (amante). Lo esencial estaba en el despliegue del sujeto erótico. (Habrá que esperar hasta los tiempos del amor cortés para que la mujer entre en escena).

En sus análisis sobre el libro “El banquete”, Lacan extrae curiosas e interesantes reflexiones. Dice que, en Platón, el amor es un sentimiento cómico. Se basa en el desencuentro permanente de quien da lo que no tiene a quien no es.

El amor, la función más radical, la más misteriosa.

La más misteriosa y la más cómica.

La comedia de un desencuentro puede devenir en signo trágico. Principio del último sacrificio: si, delante del objeto de amor, el sujeto desfallece, la comedia deviene tragedia. Pero, para llegar a semejante estado, también debemos recorrer algunos trayectos históricos. Difícil que un griego o un romano se matara por su corazón contrariado. En cambio, si pensamos en Romeo, en Werther, en Isolda -o en algún amigo de por ahí que no llegó tan lejos, pero casi-, bueno, un tendal de siglos en el medio quizá nos digan algo.

TESTIMONIO DE UN DAMNIFICADO

Pedro. Cincuenta y dos años. Casado.

No hay que preguntarse tanto… Son períodos, pibe. Yo llevo veinticinco años de casado y a veces nos queremos matar. Con la quía, digo. Pero tenemos una familia, ¿viste? Somos como una fortaleza. Y, si no nos organizamos, nos morfan las arañas. ¿Me preguntabas por el amor, no?

IMAGEN 2

ELLA ESCRIBIÓ (Entusiasmo)

Te quiero tanto, que te defendería aunque sea indefendible lo que hayas hecho. No te iba a querer ni pensaba quererte. Delirás, sos gruñón y todo te molesta. Tenés una pared con ladrillos desmoronados. Tenés tantos defectos…y es mentira que, cuando uno quiere, no los ve. Yo los veo todos y no me importan. Ahora me importa que estoy en el subte, llueve y suena una canción de John Lennon. Ni sé cómo puedo escribirte con el movimiento, con el vendedor de chocolates a los gritos, con la vieja que se quiere sentar. No conozco esa canción, pero me hace acordar a vos. No vas a ser el hombre con el que termine. Tenés todos tus caminos elegidos y yo no quiero cambiarte porque así me gustás. Va a ser siempre así… Te voy a decir la verdad: Yo veo lo que tenemos como una poesía. Y nos peleamos y nos amigamos y nos deseamos y nos atacamos y nos insultamos y nos deseamos otra vez. Pero somos animales haciendo poesía. No sé por qué me salió escribirlo así. Sé que el escritor sos vos, pero no me importa. Lo escribo, animales de poesía.”

Y los dioses nos poseyeron.

EXTRACTOS DE UN CUADERNO DE PERPLEJIDADES

Anoto rápido, por si me olvido, un par de cuestiones.

¿Qué tiempo transcurre en el amor…?

¿Qué pasa con la propiedad sexual de quienes amamos? Ah… A ver quién se hace el canchero acá.

¿Y la familia? Sí, los domingos, los cumpleaños, las velitas, los cuñados. ¿Conspiran contra el amor o qué?

¿Cuánto tiempo tu compañero/a puede ser tu amante?

Variables de la soledad. Soledad solita. Soledad en pareja. Aislamiento. Aislamiento matrimonial.

Oh, ¿y el matrimonio?

Para los médicos: ¿es el amor saludable, doctor?

¿Y los amores difíciles, señor Calvino?

Che, ¿y eso de amar a más de uno o de una? ¿Qué me decís?

Levante la mano quién vota por amor oficial.

Ahora, por amor clandestino…

La más obvia: intensidad o duración. ¿Y duración intensa? Mm…

ENTRADA DEL FANTASMA (Alegoría ociosa)

-No te desnudaste todavía.
-¿Estás loco? ¿No me ves?… ¿No te gusto, entonces?

Y sus fantasmas, con las ropas intactas, nos devoraron.

UNA HISTORIA REMOTA: EL LOCO Y LA NOCHE

Es de común acuerdo que la idea del amor, tal como lo conocemos, comienza con el llamado amor cortés, en la siempre elegante Francia -Provenza- y en los años 1100 y 1200.

Sin embargo, yo quisiera contar una historia, un antecedente no europeo del fin´amour. (Para quien tenga inquietudes historiográficas a este respecto, le recomiendo el hermoso ensayo de Octavio Paz, “La doble llama”, texto que inspira esta nota).

Trescientos cincuenta kilómetros al noroeste de Medina, en el desierto de Yemen, existió una tribu originaria de Arabia del sur: los Banu Udhra. Los Udhra, una tribu de beduinos, sólo tardíamente islamizada.

En los años 600 de nuestra era, en los centros iraquíes de Kufa y Bacra, nació nuestro héroe Majnun. Majnun se enamoró de su prima Layla. La leyenda indica que, ni bien la vio, se entregó a ella y ella le correspondió. Se encontraron durante un tiempo a escondidas y Majnun -que literalmente significa “loco”-empezó a escribir poemas para su Layla -que quiere decir “noche”-. (Leila, por ejemplo, comparte una etimología hebrea y árabe. En una interpretación algo más libre, sería la mujer misteriosa, la que se oculta, luz entre sombras. En la antigüedad, este nombre era usado para las niñas que nacían con el pelo extremadamente oscuro o la tez morena. Su popularidad se debe a una de las novelas de Byron, la heroína de “The Giaour”. Las variantes inglesas más usuales son Leilah, Lila y Lela.)

Tenemos, entonces: El loco escribía a la noche.

Pero Majnun no tuvo mejor idea que compartir sus cantos con todos sus amigos y conocidos, antes que con la familia de su pretendida. Así fue que sus poemas cometieron la indiscreción imperdonable. El código de las tribus beduinas castigaba esta imprudencia declaratoria. Los árabes sentían un profundo rechazo por quienes hacían públicos sus sentimientos. El asunto es que prohibieron a Majnun y a Layla su amor. El padre de la muchachita amenazó con matar al “loco”, si éste osaba acercarse al campamento de su enamorada.

Majnun, entonces, dejó a su familia e inició su exilio por los desiertos. Su pelo creció inconcebiblemente y su ropa se hizo harapos. Dejó de comer y de dormir. Cuando lo visitaban los de su tribu, respondía con piedrazos y quejidos. El dolor -como antes el entusiasmo- lo llevó a la letra: el loco, en el desierto, volvió a cantar. Antes, cantó – imprudente- a su amada y la perdió. Después, la perdió y volvió – insensato – a cantarle otra vez.

Se enteró que Layla ya se había casado.

Sus amigos y familiares le exigieron que recapacitase.

Él, sin embargo, cada vez más poético, más sucio. Más cadavérico.

Con su vara, en la arena del exilio, escribió el nombre de la noche.

Layla.

IMAGEN 3Tú me llamas en la noche. Pero, ¿sabes bien qué es la noche? Quien ama la noche, quien la sufre, desaparece y se convierte en nada o, mejor dicho, puede ser a voluntad -por el orden de las sombras- cualquier cosa. Por eso, si yo soy la noche, elige ser lo que quieras, pero desaparece como lo que eres…”

NUEVA CITA PARA EL CUADERNO DE PERPLEJIDADES (Mariposas mortuorias)

Debajo de la pregunta sobre la temporalidad del amor, leo:

“El amor no es la eternidad; tampoco es el tiempo de los calendarios y los relojes, el tiempo sucesivo. El tiempo no es ni grande ni chico: es la percepción instantánea de todos los tiempos en uno solo, de todas las vidas en un instante. No nos libra de la muerte, pero nos hace verle la cara.” *

            Anoto una pregunta: ¿la cara de…?

COSA DE MACHO Y HEMBRA

En la filosofía, existen dos extremos muy reconocibles: los pensadores que postulan que el amor es una experiencia superior y los pensadores que postulan que el amor es una ilusión.

El referente más interesante de esta última familia podría ser Schopenhauer. El hombre sentenció: En el amor,“sólo se trata de que cada macho se aparee con su hembra”. Con lo cual, el fin de toda empresa amorosa es la “combinación de la generación próxima”.

            La universal voluntad de vivir, inherente a todas las especies -la humana, claro, incluida-, en el amor tiende a singularizarse y a materializarse en un nuevo ser. Esta voluntad de vivir tiende una trampa a los amantes: los hace creer en la singularidad de sus pasiones, cuando- en el fondo- opera su razón secreta, su voluntad íntima de seguir reproduciéndose.

TESTIMONIO DE UNA DAMNIFICADA

Anónima. Prefiere no revelar su identidad. Estado civil: separada.

“Estoy en contra del amor. Así como lo decís y escribís, no existe. Ni a ganchos. Y si eso es el amor, yo lo rechazo. A ver. Por un lado, tenés la realidad. Por otro, no sé…ponele el nombre que quieras. ¿Te gusta el nombre de la noche? Okey. La noche es la noche. La realidad, la… ¿me entendés, no? No podés mover tanto los planos, porque la cagás. O tardamos no sé cuántos siglos en llevar el amor a la realidad o no funciona el asunto. Todo eso del entusiasmo es fácil. Después, las máscaras caen. ¿Y el otro? ¿Dónde quedaron las mariposas? ¿Y entonces? Entonces dejate de joder y no te preguntes por el amor. Preguntate si es posible amar y vas a ver que no, con todas las letras, no es posible…”

NO ES SÓLO CUESTIÓN DE NÚMEROS: ESPOSA/O VERSUS COMPAÑERA/O

Más perplejidades imposibles de dilucidar.

¿Cuál es el número de…? ¿Hay más allá de 2? ¿Y el 3? ¿Amor múltiple? ¿Qué hago? (¿Ensayo elaborar un glosario de amor no monogámico? A ver, probemos: “Matrimonio colectivo”… “Pareja abierta”… “Orgía”… “Poliandria”… “Polifidelidad”… “Libertad”…)

Para el filósofo Alain Badiou, el amor empieza, siempre, suspendido en el azar. El éxtasis de un encuentro. Un rastreo por la literatura y por el cine marca el particular interés que los artistas tienen por el fulgor de ese acontecimiento. De Romeo y Julieta a Tristán e Isolda y hasta cualquier novela de la tarde tematizan a la intensidad, a la poesía de lo imprevisto y, finalmente, al entusiasmo romántico. Badiou nos señala que las consecuencias de este pensamiento llevan a la fusión. Al 2 que anhela el 1: consumarse, inefables, en el encuentro. Y morir. Por eso debemos apostar por la construcción contra la intensidad. Badiou, en su cuaderno, anotaría: durar vale más que arder. Construir, más que experimentar. Nada de perplejidades para él. El azar debe fijarse, no se pueden tirar los dados todo el tiempo y dejar que las mariposas revoloteen por siempre. El “Te amo” fija, instala la eternidad, la escena del 2. El amor sería el nacimiento de un nuevo mundo, paradójica diferencia idéntica -¡uf!- del 2.

Entonces, más que hablar de esposo/a, a Badiou podría gustarle el término tan político de compañero/a. Un compañero, una compañera.

¿Una posibilidad?…

 ENTRE MUERTE (Abandono de los dioses)

Y el amor, sin embargo, se muere. Exista o no, muere. No sólo se muere cuando se muere (lo sabemos). La muerte lo cruza, lo acecha, lo ilumina. ¿No experimentamos pequeños accesos de muerte en la pasión? Y el orgasmo, ¿qué es si no? La piel rajada, las exhalaciones, la agonía gozosa, el grito extático, ¡cuánto de fascinación y de cercanía con eso! (Oh, cierto, erotismo y eso, lo olvidaba…).

Y se muere, sin embargo, cuando muere. Pero no siempre nos vamos de un amor muerto. No siempre huimos de ahí como de la peste. A veces no podemos dejar de oler y de tocar el cadáver del amor. Sabemos que ha muerto, pero preferimos la putrefacción. El cadáver infecta todo: los mates, la cama, los chicos (si es que los hubo). Aunque no nos vamos ni queremos entierro ni nada. No hay agonía, no. Sí, seres desollándose. Y que la putrefacción, de ser necesario, desafíe al infinito. El milagro de la eternidad en la finitud, o de la construcción diaria- compañero y compañera, amante y amante, pareja o lo que demonios sea- reducido a los flujos y a las pestilencias de un otro que ya no destila si no dolor. Ahí está la palabra. Dolor. Y ese otro – otra, otra vez – somos nosotros.

Hasta que la muerte los separa. Pero a veces tampoco: los cadáveres pululan por las plazas. La llama doble se apaga. Del 2 al 0.

Los fantasmas nos han abandonado.

ASÍ HABLÓ EL FANTASMA (Primer final)

 Hay un primer abrazo. No es el de los cuerpos. IMAGEN 4

Hay un primer abrazo después de los abrazos: son las sombras enamoradas. Suelen llegar con sus brazos ígneos, más tarde.

Cuando eso sucede, los cuerpos empiezan a abrasarse. Tocarse. Arder.

Las sombras, entonces, fundan el territorio del amor. Los dioses nos poseen. Las cartas se escriben solas. No hay sacrificios ni tentaciones de desierto.

Pero hay un momento….

Las sombras se abrazan, menos. Cada vez, menos. Lentamente: la noche de las almas peligra cuando todo se hace día y claridad, mañana de fiesta a pura aurora.

Los abrazos -los otros- ya no abrasan. 

Y el territorio tiembla.

Y el cuerpo pregunta. Y el cuerpo llora. Y las lágrimas trazan nuevos mapas en las caras.

Y un día las sombras no se abrazan más. Nunca. 

Y no hay vuelta.

Y nosotros queremos abrazarnos. 

Y nosotros nos abrazamos. Una, otra vez. Las sombras ya partieron. Entonces descubrimos, de golpe, que ya no sabemos cuál fue el último abrazo.

Y alguno de los dos -no importa quién- dice adiós.

FALSO TESTIMONIOIMAGEN 5

            Señor Víctor Sampayo. Treinta años. Estado civ…

            “Y, sin embargo, vuelve. Como todo fantasma, pibe. Vuelve y es otro. Porque no hay vuelta: un día ni te acordás, te levantás y fuiste. Sin tanta vuelta ni cháchara, ahí está de nuevo.”

 EL MEJOR AMOR (Comienzo)

… lo conoceremos cuando, a punto de morir, pronunciemos el nombre.

 

 

 

 

 

*Las citas pertenecen a “La doble llama” (1993), de Octavio Paz.

 




EL CUERPO, AL LÍMITE

Por Karina Caputo

Persistencia: crónica de una tarde de entrevista a María Fux.

Mármol, hierro, bronce, madera añeja con estilo. El portero eléctrico, una sutil figura tallada: María Fux. Callao al 200. Al frente, Floreal Gorini la ampara desde la sede del partido comunista, regional capital.(1)

 

Hoteles, edificios de época y bancos. Las palomas espían a los peatones desde sus huecos. Cuatro mujeres se reúnen y suben al segundo piso. La puerta se abre. Todo está listo. Comienza el tiempo de la no entrevista. Pesa el viaje, la distancia recorrida para conocer al mito. La cosa no vendrá sencilla. Hay que atravesar un cerco de secretaria, dilaciones, vacilaciones. Y eso que la entrevista estaba pactada, eh. Desde las cuerdas del ring, se encarna la defensa del trabajo de las compañeras. La persistencia, que durante el trayecto hasta aquí, sobrevolaba la admiración hacia María, ahora se coloca del otro lado. Nos toca a nosotras poner el cuerpo.

(2)“El silencio danza”

Iniciamos el recorrido. Somos invitadas a presenciar una clase. Otra vez: madera, espejos, una barra – dicen que María aún la utiliza todos los días-. Poca luz. La acústica contiene a la música del salón. Hay público y es inexistente.

Coti, Nahir, Mercedes. La tenacidad de los nombres. La resonancia de cada nombre dicho una y mil veces las convoca. Y no es que las convoquen demasiado a espacios como estos. En general, los cuerpos de las chicas con Síndrome de Down no son muy invitados a danzar.

(3)

No hay imperativo para desplegar su tren.”(…) A ver cómo cada uno hace su tren (…)”,” (…) cómo viaja (…)”, “(…) cada tren viaja diferente…” Estas son las frases para que el movimiento se despliegue y hable por ellas.

La escasez de palabra y la exuberancia de los sentidos son su presencia: María está allí, su obra la trasciende.(4)

El recinto es abrazado por sus fotos. Túnicas, colores, movimiento, sutileza, otro lenguaje, de eso se trata su persistencia.

“El cuerpo es el que sabe”

(5)

 

 

 

 

 

 

 

 

 




QUE MI OBRA NO MUERA

Conversación con Mirta Narosky.

Entrevista y edición: Gabriela Ramos.

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 Que mi obra no muera,/ni acaben las de tantos/ que apuestan a los sueños/ y declaman el caos; las de utopías,/las de buenos presagios./Que no mueran ls obras/de los que hoy luchamos/por un mundo con alma,/ sin el hambre de hermanos,/las que desangran muerte,/las que cantan ¡estamos!/ que no muera la obra/ de quienes hoy gritamos/ que se acabe el vacío/ de tanto dicho en vano/y triunfe la poesía/la alegría, hasta el llanto/ la mano de un amigo,/la mirada de un “te amo”./pues si muere mi obra/ y la de otros tantos,/ les quedará la ausencia,/ lo bonito firmado,/se acabarán “Guernicas” / y Goyas desollados;/ la nada en cajas fuertes/ será vuestro legado./ les pido que oigan hoy,/ ruego desesperado,/¡No maten a mi obra,/ni a la de otros tantos!

MIRTA NAROSKY-1998

                                       EL MUSEO VIVO

Me invita a pasar, con gracia y amabilidad. Sus ojos, azul verdosos. Su sonrisa, amable. Lleva un sombrero rojo. Entro a la sala: enormes pinturas, dibujos, muebles artísticos y objetos intervenidos. Un museo vivo. Sus pinturas: escenarios circulares, llenos de personajes: ellos bailan tango, se besan, lloran. Parecieran aferrarse a su propia debilidad, frente a un mundo hostil que los castiga: no se resignan, persisten en la vida.

 

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La persistencia de los personajes se entrecruza con la voz de Mirta. Una voz grave, llena de nudos definitivos que, al abrirse, multiplican sentidos, puntos donde el poder de la belleza se anuncia una y otra vez. Como si ella también llevara su pincel a las palabras, para extenderlas cuando es necesario. Embellecerlas, teñirlas con el color adecuado. La delicadeza en gestos, ternuras en la mirada, ciertas tristezas:

….y es que me da pena lo equivocado que está el Hombre en sus elecciones. ¡Me duele el mundo en que vivimos!

LOS ESPACIOS VIRTUALES: MÁS PREGUNTAS QUE RESPUESTAS

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“Espacios Virtuales” habla de alternativas En sus cuadros pueden verse micro espacios, propios de cada individuo en el mundo, pero estructurados en lo real de todos. Su obra permite, a través de una lente, ver la estructura vital de cada quien. Por ejemplo, en “A donde hay que trepar”, se ve un modo de estar en el mundo que coincide con una forma de estrategia. Para bien o mal, la felicidad es posible en todos, dice Mirta. Entonces, hay una potencia enorme en la realidad que hace posible casi inventarse e inventar la vida para apostar a cierta felicidad con o pese a las circunstancias. En eso parece haber una convicción.

Sinceramente, ¡no podías haberlo dicho de una mejor manera! Calaste muy hondo en el entendimiento de mi mirada del mundo y, en consecuencia, de mis motivaciones en la pintura. ¡Especialmente, en esos tiempos! Por entonces, aún tenía cierta omnipotencia juvenil, me creía capaz de hacer grandes cambios con mi obra. En esta serie utilizo mucho las escaleras como símbolo: pues –como casi todas las cosas- tienen dos formas casi opuestas de ser leídas: como ascenso (espiritual, intelectual, crecimiento, etc.) y como “trepadora” (artilugio antiético de arribo o posicionamiento social, etc.).

En prácticamente todas mis series, trabajo con las dos caras de las cosas, con la relatividad de las certezas, con lo que parece y no es (como la virtualidad de esta serie). Por eso digo, muchas veces, que mi obra plantea más preguntas que respuestas; genera cuestionamientos más que ofrecer certezas. Creo que, por eso, cautiva pero perturba. Incomoda.

Respecto a mi posición existencial que planteabas antes: sí, creo que no hay sentido, nosotros damos el sentido a nuestras vidas. Y si escogemos un camino bello, generoso, altruista, ayudamos al mundo con nuestro tránsito por la vida o con nuestro legado. Y, según creo, esta elección hace más felices a quienes la escogen.

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 Asimismo, en “Cajas virtuales”, está la persistencia de la incertidumbre. Como si en tus primeros trabajos revelaras ciertos espacios y, en esta serie te preguntaras, con una enorme angustia, por tu propia manera de estar en el mundo y por la de los demás. Sería como la consecuencia de tu primera investigación.

Algo así. La diferencia, creo, respecto a lo que decís, es que cada vez me separo más de mi yo. Cada vez mi obra es menos autorreferencial. Aunque, como sabemos, es imposible no ser subjetivo respecto a lo que vemos. Quiero decir que: si veo “Caos ordenado”- como se titula la pieza del medio- o dolor o desacuerdos interiores, las represento. Necesito mostrar lo que veo… pero yo puedo seguir como mi celebración de la vida. Amo la vida, aunque veo lo maltratada que es por la sociedad humana, logro ser feliz. Y, respecto a lo plástico, me encontré con una actitud más expresionista en la factura de la pincelada, un trazo más vehemente, que ayuda a la expresión de lo deseado.

“ESPACIOS CIRCULARES”: SÓLO VEMOS

En la serie “Espacios circulares” vos planteás distintos espacios y una dicotomía entre estos y la “sociedad hombre”: Espacios inestables e indefinidos, compactos o atravesables, etéreos o cual fuentes luminosas… A su alrededor, la sociedad del Hombre; ciudades veloces, tecnológicas, conflictos existenciales del ser. Estos dos mundos parecen ser también respuesta a una enorme incertidumbre como en el caso de “Cajas virtuales”. Vos expresás que “Espacios circulares” es una obra más conceptual: mundo metafísico-iconografía expresionista y viceversa. Y aparece la idea del deber: como modo inevitable de estar en esa estructura, en la que cada uno encontraría su modo de ser en ella.

Puede ser. Aunque no sé si los personajes que habitan esta serie han “elegido”, en un sentido estricto de la palabra. Por ejemplo: la obra del centro abajo, “Demasiada conciencia”. Ella es yo y tantos otros. No sé si elegimos “ver”; sólo vemos. Luego, eso puede lastimarnos, tratar de bloquear lo que vemos o permitirnos hacer algo con ello. Y los hombres agobiados cargan el peso de sus conciencias sobre su columna vertebral, de espaldas, sin querer ver la fuente de luz (que podría ser “la verdad”). Es como les sale obrar. Por miedo, ignorancia, indiferencia…Por otro lado, “Al abismo”, la primera pieza de arriba: en el espacio inestable, inquieta no saber si es más segura la superficie de apoyo o el rojo indeterminado a donde piensa tirarse el protagonista. ¿Es compacto?, la sombra proyectada así lo sugiere. Pero, en realidad, no sabemos si es líquida, sólida, o… como dije antes: más preguntas y pocas respuestas. Y la última “Entre el amor y el horror” es la esperanza. Pues, en medio de las ruinas y el caos, ¡siempre aparece el amor!

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“EXPRESIONISMO”: ROSTROS GRISES EN EL TRANSPORTE PÚBLICO

Tu serie “Expresionismo” habla de un mundo en busca de soluciones colectivas, pero en el cual los individuos no encuentran la felicidad: rostros grises, abrumados, circunspectos deambulan por la ciudad resolviendo su circunstancia. Pareciera que persiste tu inquietud acerca del mundo, de por qué las cosas son así y no de otro modo. Esto es distinto al caso de “Espacios virtuales”, donde cada uno podría encontrar una manera de ser feliz a pesar del mundo y en él.

En esta serie, el planteo es más psicológico. Desde cada individuo, en lo personal. Allá era más social, filosófico. Digámoslo de este modo: extraje a los individuos de su sociedad para entrevistarlos de a uno. ¿Se entiende? En esta serie, muestro que la sociedad se ha construido para que funcione grupalmente: que todos tengamos luz, gas, transporte, calles, lugares de recreación. Para ello hubo que olvidarse del deseo de cada individuo, de su biorritmo y otros asuntos personales. Hay que poner horarios, por ejemplo. Y hay quienes son de tiempos más lentos; hay que poner jornadas de trabajo, pero hay quienes son noctámbulos y deben trabajar por la mañana y no rinden… El resultado es: esos rostros infelices que vemos a diario en los transportes públicos.

Por muchísimas razones justificables o no, la gente vive completamente apartada de su propio deseo… con enormes desacuerdos interiores, se generan una enorme cantidad de seres infelices. ¡Muchas veces bombas de tiempo que pueden detonar en horribles agresiones al prójimo!

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“LAS CARIÁTIDES”: IMPOSIBLE PERMANECER INDIFERENTE

En las “Cariátides”, vemos mujeres que sostienen una pesada estructura. Esta serie está muy cercana a la de “Expresionismo”. Parece ser más una certidumbre que una pregunta. Como la persistencia del absurdo en el mundo. Y en, “Guerra de Irak”, vos agregás que tu único modo de decir es a través de la pintura.

Son generalmente mujeres, pero también tengo cariátides hombres. Te transcribo lo que escribí sobre la serie. Y si tu gran sensibilidad tiene buenos ojos en el alma, es cercana a la citada serie, pues habla de cada individuo. Excelente observación.

Las “cariátides” han sido la obsesión iconográfica de mis últimos trabajos. Estas columnas-mujeres, que en los templos griegos sostienen pesadas estructuras, son extrapoladas por mí a nuestro tiempo. Represento seres humanos que cargan en sus espaldas el peso de la sociedad contemporánea, tan alejada de lo espiritual. La búsqueda de belleza plástica se somete, en esta serie, a mi concepción filosófica del hombre y su contexto, ya que me es imposible permanecer indiferente.

 

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En cuanto a la otra parte de tu pregunta: no. ¡No planteo en “Guerra de Irak” que sólo puedo decir con la pintura! He escrito cientos de poemas sobre la guerra desde pequeña. ¡Es que, ante semejante locura humana, ante la brutalidad, la guerra, la miseria, ante cosas que mi mente y mi alma no llegan a comprender, me hacen falta muchos lenguajes! ¡Y, aunque escriba, pinte, grite de muchas maneras, no logro lo que desearía lograr! No alcanza.

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UN VÓRTEX

En “Vórtices” vos llegás a la abstracción. En tu obra parece haber una persistencia en la inquietud acerca de lo contradictorio y lo existencial. Aquí parece que hubieras llegado a un punto, en tu investigación, completamente diferente.

Es posible. O, tal vez, simplemente siento que no debo ser tan explícita. Y que, al sentir y pensar lo que pienso, se traducirá por los poros de las formas, los colores y las líneas. Y creo que en un punto es así: se percibe la intensidad, la fuerza, el dolor, a través de los elementos plásticos. Pero, por otra parte, también planteo una dicotomía (como en espacios circulares) “Un vórtex” entre realidades, entre planos distintos. Un punto de inflexión.

¡Cuánto placer me produce esta serie que estoy realizando! ¡Cuánto! Después de tantos años, descubro a la abstracción. Jamás creí que sucedería. Lo que me maravilla es la sorpresa. La pintura ha llegado a manejarme y yo me siento su instrumento.        ¿Abstracción? No tanto; al menos no en la forma en que la estudié. Pero no trabajo con tema alguno. Triunfaron la línea y el volumen, el color y el espacio. Los colores conforman construcciones orgánicas a su antojo en el espacio. Vibran, se mueven, se retuercen, generan magia de alusión figurativa, pero sin ella. Los elementos plásticos se le impusieron a mis temas recurrentes; al menos por ahora. O, tal vez, ellos los cuenten con su propio lenguaje.

QUE NO MUERA LA PERSISTENCIA

Como sabrás tengo muchas series más. Pero me pareció interesante lo que extrajiste. Por otra parte, me da esperanzas en la sociedad humana y en la nuestra en particular. ¿Por qué? Porque reinan la frivolidad, el vacío de sentido, la difusión de lo “light”. Y, cada vez que recibo a jóvenes profundos, llenos de curiosidad e intensidad, resistentes a que les cercenen la posibilidad y capacidad de pensar, ¡me da una fe inmensa! ¡Gracias por eso!

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NI MAESTRA NI MONJA NI ÁNGEL

La Persistencia: Entrevista a María Fux

Entrevista: Melisa Ortner, Karina Caputo, Adriana Valetta, Josefina Bravo.

Desgrabación: Adriana Valetta, Josefina Bravo.

Edición: Josefina Bravo

PREFACIO DE UNA ENTREVISTA

MF: ¿Vos sabes cocinar?

EA: Sí.

MF: ¿Qué te gusta hacer?

EA: Me gusta mucho cocinar arroz…

MF: ¿Sabés cuándo está a punto? ¿Quién te avisa?¿El portero o el arroz?

EA: El arroz… y yo.

MF: El arroz te dice cuando está a punto porque lo probás. Esa es la vida. Como el arroz.

AHÍ TENÉS UN LÍMITE

¿Qué es la danzaterapia? ¿Puede definirse tan fácil a través de la palabra? Puede “decirse”, si se quiere, en una clase. El estudio de María Fux está en un segundo piso de un edificio antiguo de Buenos Aires. El piso es de madera, las paredes altas, las ventanas alargadas con balcón francés. Entran algunos haces de luz por la ventana. No está oscuro, pero tampoco muy luminoso. En una esquina, un aparato de música. Y María, de pie, con las manos ajustadas a la barra. Sus movimientos lentos –cuidados- hablan de una prudencia, de un saber de los límites que los 93 años le dan a su cuerpo. Toda ella es pulcritud y prolijidad. El pelo tirante, ajustado al rodete. Sutil, el maquillaje social. Sus ojos azules resaltan por el delineado, su boca se abre en una sonrisa. Ese vestuario algo oriental, de pantalón y túnica. Todo en un mismo color, en una misma unidad. A tono con el espacio que la rodea, a tono con el color del día y con la gente que viene a danzar.

Hoy la clase empieza con la música. Suena un piano y María pide que bailemos con nuestras manos. Luego, suena un vals. ¿Cómo se baila el vals? ¿Un pasito para adelante y otro para atrás? No, el vals se baila como la música que escuchamos antes, dejemos a las manos bailar un vals propio. Hay un ritmo y, con ese ritmo, uno puede moverse de múltiples formas, no sólo con las establecidas. Es posible inventar un modo propio. Si uno se deja llevar por la música, si uno deja que ella le brinde sus ritmos y que entre en el cuerpo, puede –entonces- devolver una forma, devolverle una forma a la música, a cambio del ritmo.

Imagen1“La danzaterapia surgió a partir de mi vida, de la rótula de mi madre, que no se flexionaba. Aprendí que mi madre hacía tantas cosas maravillosas que mucha gente que podía correr y doblar la pierna no hacía. Aprendí que los limites estaban siempre desarrollándose en los sí puedo”. (*)

Y, en la clase, como en la vida, aparecen los límites. Límites físicos, límites sociales, límites racionales… Líneas reales o imaginarias que dicen “hasta acá”. Una línea, un borde marcan un adentro y un afuera, un lado y otro lado. La piel, por ejemplo, podría ser borde, límite entre el adentro y el afuera del cuerpo.

Usted tiene una visión positiva de los límites, de límite como posibilidad creadora. Entonces, mi pregunta es: ¿cuándo un límite se puede correr y cuándo es un obstáculo insalvable?

Cuando podés cambiar. Cuando vos cambiás como persona. Todo tiene que ver con todo.

“Lo único que hago es estimular las potencialidades que todos tienen. Nunca hablo de curar, sino de cambiar. Y cualquiera sea el tipo o gravedad de un problema, siempre habrá algo que se pueda modificar”. (*)

La danzaterapia propone crear con lo que tenemos. “Si alguien se acerca y me dice quiero danzar, yo le digo, ya podés danzar con lo que tenés. Sí, podés.”(*) No importa lo que falta, ni importa si no es posible mover una parte del cuerpo o si no es posible escuchar. Nadie está “completo”. Todas las personas tienen limitaciones, así no sean físicas. Cada cual carga con sus miedos, con sus prejuicios, con sus inseguridades. No hay una persona igual a otra. Entonces, con lo que cada uno tiene, con lo que le tocó en suerte, ¿qué se puede hacer? ¿Se puede bailar? Claro. ¿Qué movimiento puede inventar? Es cuestión de probar, moverse, dejar que fluya de adentro hacia afuera lo que se es, lo que se tiene. Y de a poco: “El cuerpo va diciendo sí puedo. Es un trabajo que sigo tratando de comprender, de dar y sentir que los limites se pueden ir desplazando lentamente.” (*)

 

EL SILENCIO

Usted también habla mucho del silencio…

Imagen2El silencio es lo que tenés dentro como la respiración, como tu corazón, como la vida. Debés escucharlo. El silencio no tiene música, pero sí tiene ritmo.

“La valorización de la danzaterapia por medio del silencio es importantísima, porque podemos escucharnos por dentro”.(*)¿Qué nos impide llegar a ese silencio?

No poder conocernos a nosotros mismos. No nos conocemos, entonces, no podemos llegar a ese silencio. Cuando nos vamos conociendo, vamos pudiendo.

¿Qué es el silencio? ¿La ausencia de ruido? ¿O será, más bien, una calma, con sonidos o ritmos más sutiles, más suaves, que nos acercan a lo más profundo de quienes somos, para poder escucharnos? ¿Será el miedo a escuchar, lo que impide llegar a ese silencio?

Y, a la hora de escribir, ¿cómo funciona el silencio?

Como la vida, igual que la vida.

 Imagen3LA PALABRA Y EL MOVIMIENTO

“Yo me movía antes de nacer, en la panza de mamá. Siempre he querido el movimiento mucho más que hablar, comunicarme conmigo, pero especialmente con los otros, con el cuerpo.” (*)

¿Cuál es su relación con la palabra? ¿Qué sentido puede producir la palabra que no pueda producir el cuerpo?

¿Cómo? La palabra es cuerpo. La palabra se mueve en mi cuerpo. La palabra me da el ritmo, me da el sonido y me da la forma.

O sea que la palabra también tiene una forma, tiene un movimiento…

Es la forma de poder expresarte.

“Si la palabra es movimiento y en mi cuerpo existe el ritmo que no escucho, soy sorda, no sé lo que es el sonido de la palabra, pero sorda como estoy puedo sentir el ritmo infinito de mi cuerpo.”(*)

Cada palabra está cargada de significado, pero también tiene un dibujo y un sonido. Entonces, cuando se dice una palabra, impactan la sonoridad y el significado. Y, cuando se lee, el dibujo, también dice. La palabra puede danzarse por todo lo que tiene y significa y, también, por lo que impacta en cada uno, todo eso que significa.

María habla en la clase, entonces, danzamos los sonidos y los significados de las palabras. Pero si la clase se da en el salón de un colegio y hay palabras en las paredes, esas palabras van a modificar la danza de otra manera. Las palabras dicen, entonces, con su dibujo, con su forma y con su significado. ¿Qué le dice a cada uno la palabra amistad? ¿Cómo se baila? ¿Solo? ¿De a dos?

¿LO QUE SE DESHACE ES LA DANZA O EL TIEMPO?

“Desde hace años tengo la idea obsesiva de dejar algo más que mi danza, ya que ésta se deshace en el aire una vez finalizada. Esta Imagen4necesidad nació del vacío que siento al finalizar los recitales, cuando mi cuerpo ha quedado sin nada en las manos; o al concluir los cursos en distintos países -además del mío- y debo despedirme de los alumnos. O también, cuando una niña o un anciano han logrado sentir junto conmigo la maravilla de conocer su cuerpo para expresarse. Escuchar ese vacío es lo que me ha impulsado a realizar esto que es parte de mi vida, que constituye un maravilloso puente para quienes buscan en el movimiento una posibilidad de respuesta.”(*)

Usted dice que empieza a escribir sus libros, porque cuando termina de danzar siente un vacío…

No es así.

¿Cómo es?

El cuerpo me va diciendo cuándo necesita la palabra y cuándo necesita el silencio. Cuando necesita la palabra, yo trato de que la palabra tenga movimiento.

En uno de sus libros, leemos: “He sentido que todos mis libros están inconclusos. Siempre falta algo más que no he dicho”. ¿También le sucede con la danza?

Todo. Igual. Igual, igual.

Porque uno va cambiando, el aquí y ahora es distinto…

No, porque uno va aprendiendo poco de lo que puede y mucho por lo que puede dar, que no conoce.

“No sirve para nada lo que tengo dentro, si no tengo la posibilidad de dar al otro para encontrar caminos y movimientos”.(*) Y, mientras se danza el espacio, se da el encuentro con otro. Y ese encuentro es maravilloso, porque cambia a las personas y modifica los movimientos que siguen. Uno ofrece su movimiento al otro y recibe lo que el otro le da. Luego, ambos siguen viaje y ya no son los mismos. Han aprendido de ese encuentro, han conocido un movimiento distinto y eso -de alguna manera- influirá en las danzas futuras por el espacio.

Quería saber, ¿cómo se da cuenta de que un movimiento es creativo?

Cuando está unido a tu vida. Cuando tu vida es movimiento. Cuando mentís, se ve.

“Siempre he querido danzar porque siempre vivo en movimiento. El movimiento empieza cuando abro los ojos a la mañana y digo qué hermoso el día que me está esperando, hoy es mi día.” (*)

¿Y qué pasa en la repetición de movimientos? Por ejemplo, en la danza clásica.

Acá, en el estudio, en danzaterapia, en lo que yo estoy creando, no existe repetición, porque en cada instante estás cambiando.

Pero usted habla de que hay una memoria corporal…

Memoria hay, claro. Hay reconocimiento de lo que has hecho.

¿Y el cuerpo también tiene memoria?

Seguro. Lo recibe y lo da.

“Hay espacios dentro y fuera del cuerpo. Esos espacios pueden tener forma y expresión.” La danza, ¿aparece cuando estos dos espacios se tocan?

Los espacios están dentro de lo que no conocés de tu cuerpo y en relación al movimiento. Acá en este lugar, ¿hay espacio? ¿Vos estás sentada en un espacio?

Sí.

Yo también.

En uno de los libros afirma: “confrontándonos podemos atestiguar nuestros propios límites”. ¿Cuál es la importancia de la mirada del otro?

Lo importante es cómo te mirás vos. No te preocupes por cómo te mira el otro. El otro te mira. Es el problema del otro. Lo importante es ver cómo te mirás vos cuando hacés una cosa.

¿Y qué pasa cuando uno se encuentra con el otro?

Feliz. Qué suerte que tenés. ¿Quién es el otro?

EL CUERPO QUIERE SER PERSONA

“Todo nuestro cuerpo es un instrumento, un instrumento que suena, que reconoce el Imagen5espacio, que puede pasar sin tocar el cuerpo del otro”.(*) ¿Qué pasa hoy en la sociedad virtual en la que vivimos? ¿Qué pasa con el cuerpo?

Que no lo conocen. La gente no conoce su propio cuerpo. Está mirando qué hacen, qué dicen de uno y eso tiene poca importancia. Lo que sí quiero saber es cómo soy y eso es cada día y en cada momento de la vida, hasta que te morís. No es que acabe en un período de la vida.

¿Y qué se tendría que hacer para conocer ese cuerpo?

Abrir los ojos y sentirse. ¿El cuerpo es tuyo o mío? ¿Con qué cuerpo estás hablando?

Con el mío…

Entonces averiguá en el tuyo qué pasa. Yo averiguo cada día a ver cómo estoy. Y trato de dar con lo que tengo. No trato de fantasear que yo soy el otro. No. Yo soy lo que estoy aprendiendo. ¿Me entienden lo que digo?

Sí… y, respecto a la sociedad de consumo, ¿qué opina de ese modo, donde el cuerpo termina por ser tratado como un objeto o una mercancía?

Problema de la gente. El cuerpo no dice “yo soy una mercancía”. El cuerpo quiere ser, ser persona. Es la gente que quiere comprarte y venderte. Vos sabés qué tenés que hacer con el tuyo, con tu cuerpo. Vos no tenés que pensar que la sociedad te va a decir lo que tenés que hacer. Vos sabés.

El cuerpo tiene una sabiduría…

El cuerpo sabe. El cuerpo es cada uno de nosotros.

O sea, no hay una dicotomía cuerpo – alma.

No me hables con palabras difíciles. ¿Qué quiere decir dicotomía?

Esa división entre el cuerpo y el alma…

¿Qué alma? ¿Dónde está el alma? El alma está en el cuerpo. ¿Qué es el alma? Es lo que yo hago y lo que siento.

No existe, entonces, esa división…

¿Qué división? ¿Por qué división? El alma es cuerpo. ¿Qué es el alma? Es lo que no sé de mi misma.

Un desconocimiento… El que no conoce su cuerpo, no conoce su alma. ¿Sería algo así?

No conoce su vida. Su vida tiene todo.

Y eso es algo que traemos del catolicismo…

Bueno, ese es problema del catolicismo. Yo no soy cura ni voy a ser monja. ¿Está claro? No soy un ángel.

¿Y qué piensa del pecado?

¿Qué pecado? ¿Y si en vez de comerme un guiso, como un dulce de batata? Cada uno tiene sus leyes y hay que saber realmente quién sos. Esa es la preocupación. Quién soy, para qué vivo y qué quiero hacer con mi vida. Son preguntas que tengo adentro.

EL BIEN Y EL MAL NO TIENEN MOVIMIENTO

Con respecto al tema de los límites. ¿Considera que hay Imagen6límites…?

Todos tenemos límites. ¿Vos no tenés límites?

Iba a decir, límites con respecto a la edad y en relación con la danza.

¿Qué edad? Cuando tenés 3 años, ¿pensás en los límites o vivís lo que hacés? El niño de 3 años tiene más sabiduría que nosotros, porque no está pensando si está bien o está mal. Lo hace. Se cae, se levanta.

Es decir, que pensar si algo está bien o está mal, ¿es ponerse un límite?

Tenés que averiguar qué querés vos, con el bien y el mal. Para unos, el bien es el mal. Para otros, el mal es el bien. Vos preocupate de lo que tu cuerpo necesita, qué quiere, cómo sos, qué querés en la vida, qué buscas. Eso es todo. Y hacé de acuerdo a lo que sos. No esperes que el otro te enseñe qué hacer. Preguntale al niño de 3 años si sabe de la cláusula 27 del inciso 32. ¿Está claro?

En el momento de la danzaterapia, en el contacto que tiene la maestra con el alumno, usted dice que cada uno tiene un tiempo: “Cuando trabajamos con la persona que está imposibilitada y que puede ser estimulada, su tiempo es diferente”. (*) Al igual que sus ritmos. Entonces, ¿qué sucede cuando hay un punto de encuentro entre el ritmo de la maestra y del alumno?

Primeramente, tenés que saber que no enseño, no soy una maestra. Segundo, yo doy mi experiencia, el otro lo toma como puede. Con limitaciones, como las tengo yo. De otra manera, pero es lo mismo. Yo también sé decir “no puedo” o “no sé”. ¿Ustedes creen que yo sé? Yo no sé.

¿Y hay alguna diferencia entre aceptar el límite, decir “yo no sé”- “yo no puedo”- y el obstáculo que uno puede ponerse?

¿Qué obstáculo? ¿Un autobús, un ómnibus?

Alguna limitación física.

Cada uno las tiene. Para cada uno es diferente. A uno comer zapallo con manteca no le gusta, otro quiere pan con leche. Cada uno elige. Se elige a través de la vida quiénes somos. El movimiento ayuda, nada más. No hay ni bien ni mal. ¿Está claro?

Es toda una filosofía…

Lo es. Es la forma en que yo vivo. Esa soy yo. Eso no me lo enseñaron, lo estoy aprendiendo.

En este aprendizaje, ¿cómo pensás la persistencia?

¿Qué persistencia? ¿La persistencia de qué?

El ir todo el tiempo a eso, el ser coherente…

Todos los días cambiamos. Ayer no es igual a hoy. Hoy es otro día y mañana no sé qué será. Acepten naturalmente los cambios. El movimiento es cambiar, cambiar con lo que tengo, no con lo que compro. No se vende eso. Se aprende. Se aprende diciendo “no sé”. Y no pensar que el otro te da una llave para que abras un cajón. ¿Vos sos un cajón?

No.

Yo tampoco. ¿Está claro?

En algún momento dijiste que siempre te guía la intuición. ¿Podés decirnos qué es para vos la intuición? ¿Qué nos puede ayudar a detectarla?

No. Cada uno tiene su Intuición. Aprendo de lo que no sé. Poniéndome en claro lo que sí sé. Nada más. El día de hoy, al estar ustedes acá conmigo no es igual al de ayer, ¿es así o no? Mañana es otro día.

Y la intuición, ¿cómo te guía?

¿Qué es la intuición? Lo que nos avisa. No es lo que sabés. Es lo que podes crear. Es lo que no sabes. Aceptá que no sabes, que es lo más difícil, porque siempre decimos sí, sí, sí.

Da miedo no saber…

Da miedo porque tenemos que escucharnos, ¿qué es lo que queremos? Y cada día debemos preguntarnos. Eso es todo. Yo les deseo que la experiencia de ustedes sirva para lo que quieren hacer. No mi experiencia. Mi experiencia ya está hecha y yo estoy caminando para aprender, no para decir “ya sé”.

Igual, usted dice y transmite, es un modo de educar.

Sí, es así, es lo que hago. Es donde yo aprendo. A través de dar.

Y es muy generosa con lo que aprende, porque lo brinda.

Yo no sé si soy generosa. No me interesa. Yo doy como soy. Cuando estás en mi mesa, te doy de comer. Cuando estamos en el estudio, te doy el movimiento. Pero sos vos la que lo tenés que hacer.

Y, hablando de movimiento, usted ha dicho que la palabra es movimiento…

¿Y vos qué creés?

Que es movimiento, también.

Ah, qué bueno. Somos dos en la tierra que creemos eso.

¿Siente que también la escritura es movimiento?

La escritura es movimiento, depende de qué escribís. Si escribís dos más dos son cuatro, sos muy aburrida. Si escribo lo que siento, me hace bien a mí. No pienso si me van a leer.

Y ahí está el movimiento…

Ahí está la vida.

La danzaterapia ayuda, a través de la concientización del cuerpo, a aceptar el devenir de la vida y los límites propios y ajenos, como se acepta el movimiento de la tierra sobre sí misma y alrededor del sol. Aceptar la muerte, como parte de esta vida que es movimiento, cambio constante. La Imagen7danza fluye como la vida. Se danza una música, pero también se danza un espacio y los encuentros que se producen en él. Se danza el clima, los ruidos del día, los olores, los colores, las sensaciones del cuerpo, los ritmos, las formas y los silencios. María Fux propone la danza como forma de vida, como forma de relacionarse con otros y con uno mismo. Propone ser consciente de qué le pasa al cuerpo y qué sucede alrededor de él. La danzaterapia: una persistente afirmación y celebración del aquí y el ahora, del instante único e irrepetible.

“(…) los cambios se van realizando a través del tiempo y la danza se transforma en terapia. ¿Por qué es terapia? Porque digo: cambio, para sentirme mejor.” (*)

POSTFACIO DE UNA ENTREVISTA

EA: Pensando en la escritura, ha escrito libros…

MF: Sí. He leído mucho. Me interesa la lectura. Sigo leyendo mucho. ¿Qué leo? Depende del día y de la hora. Cambio. No hay horario para comer. ¿Comes cuando tenés hambre? Yo también. Hambre por leer, hambre por no saber.

EA: ¿Y cómo ha sentido los límites al momento de escribir?

MF: Cuando sabés que no podés hacer más nada. Ahí tenés un límite.

(*) citas de libros de María Fux y recortes de otras entrevistas.

Nota 1: Las ilustraciones son de Paula Rivero.

Nota 2: Las fotografías son de Aldana Seisdedos.




CENTENARIO NOT DEAD

Persistencia: sobre amores eternos

Por Néstor Grossi

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¿Hasta dónde podía durar una estúpida promesa adolescente?, ¿hubiese resistido al hundimiento del planeta?, ¿hubiésemos estado ahí cuándo ya no importase nada?

Yo estaba seguro que sí. Nuestro pacto comenzaba, ya sin ninguna cosa que perder. Además no era amor: sólo una simple cuestión de estrategia, de logística para cuando fuéramos dos viejos inservibles. Un pacto entre amigos, nada más. Cosa de pendejos,  no sabíamos qué era el tiempo, ni el amor- el verdadero-, ese que va a más allá de la muerte,  que puede cagarse en las cronologías y puede atravesar portales entre un millón de pasajes sin agujas del reloj ni  calendarios.

Después, simplemente, darte cuenta IMG_20151026_102822que estás ahí, solo, ella ya no está, que podés seguir amándola y cada vez más.

Pensar que nos burlábamos de la muerte, Rubia. Justo  me dijo que me amaba en el momento que descubría  el primer amor como una polaroid entre las páginas de algún libro viejo.

Pero volvamos a los noventas,  al Parque Centenario. Sentémonos de espaldas al lago, bajo nuestro árbol de moras, rebobinemos hasta diciembre del 91. Un día después del gran pacto, de pedirte casamiento, de echarle como siempre la culpa de todo al alcohol. ¿Pero te acordas, Rubia, o no? porque también coincidíamos es eso, odiábamos la idea de tener que formar algún día una familia: a la mierda con todo eso. Ninguno de los dos era tan careta como declararle amor eterno a nadie. Hijos, jamás, gracias. El sistema era una maldita verga y no teníamos ganas de joderle la vida nadie. Yo solo quería grabar un disco con mi banda y vos, manejar tu prostíbulo, el mejor de la ciudad.  Ninguno de los dos quería respirar  tuco el domingo a la mañana ni tener que terminar un día sin haber hecho algo nuevo.

¿Te acordás, Rubia?

No iba a importarnos el tiempo ni la distancia, ni los cómos, ni los cuándos, ni los por qué ni los quiénes. Si a los cuarenta no encontrábamos “a esa persona”, solo debíamos buscarnos y terminar la vida juntos. Tendríamos nuestra propia casa y un perro, dscf4923tendríamos habitaciones separadas y podríamos salir con quien se nos antojase; pero bajo nuestro techo, nada. Serían asados todos los domingos y fiestas los sábados, los viernes los dos solos, como siempre. Y sí que lo mereceríamos, de lunes a viernes, estaríamos manejando nuestro Cabernet, el mejor de la ciudad.

              Ella sacó un boleto, hizo un cañito y metió el tucón.

—Tomá. Feliz navidad.

—Te quiero boluda, feliz navidad—le dije mientras agarraba el porro y ella sonreía- ¿te vas a acordar, no?

—Con que te acuerdes vos que sos quien sufre amnesia alcohólica, ya tenemos un pacto- Dicen que  los pactos de navidad se transforman en una magia que puede volverse en tu contra y hasta va más allá de la muerte. Así que arrepentite ahora o jodete, esto nos une para siempre ¿viste?

“Veo”, pensé, mientras retenía el humo en los pulmones y. a lo lejos, volvía a explotar otra ráfaga de fuegos artificiales, en dirección a la luna blanca, que siempre colgaba sobre el parque.

MANUAL DEL IDIOTA BÁSICO: EL AMOR Y LA TABLA DEL TIEMPO.          

El primer amor es una mierda, es la primera vez que te marcan como a una bestia. El manual del idiota básico señala: es uno de los amores que suelen sostenerse en la memoria hasta la muerte. Llamémosle el recuerdo de la primera vez que cogiste al mismo que sentías amor por la persona embestida.IMG_20151026_104550 Es un recuerdo acompañado de una banda sonora épica y miles de instantáneas, de las que solo quedarán tres o cuatro. El primer amor es un error alrededor del cual edificamos nuestro futuro genital, es la idealización de una mujer que amaba tanto tu yo de aquel entonces, como vos lo amas ahora. Nuestro primer amor no es otra que adorar nuestro pasado,  un recuerdo algo vanidoso y egoísta, suficiente para durar “hasta la muerte”…pero solo “Hasta”.

Otro capítulo del manual indica a la primera noviecita como otro de esos amores que no pueden olvidarse: básico, cursi, idiota por demás. Y lógico, es la primera vez que uno volvía con su presa a cuestas. La primera vez que te rozaban las pelotas con el tiempo necesario como para poder disfrutarlo y eyacular a manos ajenas. Otro recuerdo  viene acompañado de un teleteatro eterno y de la memoria  de tu barrio y el colegio, los chicos de la calle y esas primeras salidas, donde ella te dejaba chuparle las tetas en algún reservado, para después volver inválido con un rayo de fuego que subía desde las pelotas hasta el pecho. Así, casi cortándote la respiración, hasta que ni siquiera podías pisar: la primera novia es la que te enseña que el hombre también eyacula por sanidad.

En el tercer puesto, el Manual hace especial hincapié en esos amores de no más de seis meses—y señálese “amores”, no hablamos de polvos: A-MO-RESSS, — esas pequeñas batallas donde uno vuelve a hacerle una marca al fusil, como recuerdo de una buena campaña, y  donde generalmente las diferencias sociales juegan un papel fundamental. Son esas historias, esos pocos momentos en la vida de un hombre, cuando los huevos y la razón suenan un toque afinados. Son esas putas hermosas que alivianan las horas de trabajo y de facultad. Es la mejor amiga de tu mujer o la maestra de tu hijo, o la hija  de algún conocido.IMG_20151026_104231

Hasta el amor más estúpido prevalece en el tiempo. Porque somos idiotas, asquerosamente básicos y traidores; porque somos tan cobardes que nos agrupamos para sobrevivir, nos inventamos un sistema que encaja a la perfección con los mandatos del establishment,  hasta el punto de etiquetar nuestras derrotas de una manera hermosa. Ya fuimos reiniciados tantas veces que no tenemos ni puta idea de cuál es el verdadero amor.

Cerremos este estúpido manual, del amor verdadero no dice nada.

EL DROGADICTO  Y LA PUTA.

Por supuesto, que la tenía vista. Todos la conocían, una chica como ella no pasaba desapercibida jamás. Y el chico que era yo en aquel entonces tampoco. Podría decirse que era casi ridículo vernos un martes a la mañana en la panadería de la esquina, los dos de cuero y con botas, entre las viejas del barrio. Las miradas nos decían todo, el drogadicto y la puta.

Hasta que nos presentó el Gordo Marcelo, ella apenas si me dedicaba una mirada. Se sabía que era la novia de una poronga de la hinchada de PicsArt_10-04-03.56.49 (1)Racing, se la veía siempre sola o con los pibes del parque, así que nunca nadie jodía con ella. Yo solo buscaba su mirada con una sonrisa idiota, cuando nos cruzábamos en algún negocio y la vieja nos miraba. Además,  algunos decían que movía faso y yo era casi nuevecito en ese lado del barrio. Me la cruzaba todo el maldito tiempo. Demasiado, tanto que parecíamos vecinos. Y, a mí, una punta nueva no me venía nada mal.

Después de aquel día no volvimos a separarnos jamás.

Yo nunca me hubiese atrevido a besarla. Lo único que hacíamos era pasar el día juntos,  fumar mucha marihuana, ver películas y escuchar música la mayor parte del tiempo. Hasta las tres de la tarde estábamos siempre en mi casa, después llegaban mis viejos. Entonces salíamos a hacer negocios por todo el barrio hasta eso de las siete, hora en que yo me iba a la nocturna.

Solo los fines de semana no nos juntábamos. Así que los viernes eran nuestros y sagrados. Arrancábamos fumando en el puente de Yerbal, pasábamos por el Sacoa de Rivadavia y, después, volvíamos por Acoyte hasta “casa”. Siempre hacíamos la parada obligada con los pibes, en el quiosco de Otamendi: dos birras y a nuestro paraíso privado.

Yo tenía el dato: “La Renga” podría llegar a tocar en el Condon. Pero uno de esos viernes, no me acuerdo cuál de los pibes, lo confirmó. Tocaría la viernes siguiente, podíamos ir todos, incluso ella.

UNA NOCHE EN EL CONDON.

Esa noche, la fiesta era en la Federación de box, así que estábamos muy cerca y fuimos todos caminando. Y cuando digo todos, digo el Bicho y su hermano el Villa, el chelo, Yoni, Loli y el cuervo Martín. Llevamos todo y ella llevó su bolsa de merca. A la Rubia le gustaba demasiado la falopa, esa noche todos tenían su bolsa personal. Bueno, ese era el plan, además de la fiesta y de “La Renga.”

Adentro  había un maldito quilombo, apenas si se podía caminar. “Vamos para allá”, señaló el Villa. La banda del Centenario comenzaba a abrirse paso hacia la barra. Y a la Rubia le decían de todo, tiraban manos, trataban de tocarle el pelo. Si no hubiera sido que ella ya nos había acostumbrado a no cagarnos a trompadas en esas situaciones, esa noche hubiese sido un verdadero puti club. “No te separes de mí”, le dije y la tomé del brazo. Ella se soltó y, al segundo, unos dedos que no conocía se entrelazaban con los míos. Y nos echamos a andar.

20151004_125009Era la primera vez que sentía su cuerpo, nunca la había tocado, nuestro único roce venía cuando ella me pasaba una tuca y nada más. Su mano fría y delgada era una parte de mi cuerpo y hasta el día de hoy puedo sentir su contacto. Así anduvimos por la Federación, mientras esquivábamos cuerpos y rescatábamos tragos, hasta que el show terminó y nosotros sin enterarnos de nada.

No sé quién de los dos empezó todo este quilombo. Yo solo la cuidaba porque era mi mejor y única amiga y la quería mucho, mucho de verdad y nada más. Nunca me había preguntado cómo la chupaba ni me había masturbado en su honor: Dios mío, ¡imposible! qué asco. La Rubia era una parte de mi familia, era mía. Y, además, yo ni siquiera sabía qué era coger. Los chicos de mi época “hacíamos el amor”, y mi amor ya debía estar en las playas de México.

Vamos a casa”

No sé quién fue primero, sólo recuerdo el frío del otoño, una avenida Rivadavia desierta y el beso más largo y  tierno  que me dieron jamás. Hubo un segundo de silencio entre los dos, sin soltarnos, caminamos hasta llegar al Roberto Arlt y doblar por Otamendi, siempre sin decirnos una palabra.

Comenzaba a amanecer. Siempre nos fumábamos el último porro en la puerta de mi casa. Le dimos un par de secas y largamos otro largo round de besos, ante las miradas de los vecinos que salían a comprar el pan y confirmaban lo que siempre habían sospechado.

—No te emociones—me dijo, al tiempo que me acariciaba la cara. Me aseguré que al otro día no pensaba acordarse nada, que era sólo una confirmación de nuestro pacto y nada más.

Nos besamos hasta que dijo basta. Después, simplemente se paró, nunca me dejaba acompañarla. Y yo me quedaba mirándola irse por el pasaje que apenas nos separaba. Los putos pájaros del amanecer resonaban en mi hueca cabeza y, en la esquina de mi casa, con la tuca en la mano, solo se escuchaba el taconeo de la Rubia que movía sus flacas caderas hasta perderse por Rio de Janeiro. Otra vez.

Nunca pude olvidar el contacto de sus labios, jamás.

Sin dudas, el `92 fue nuestro año.

EL ÚLTIMO BLUES EN  EL PARQUE.

En el `93 me conseguí un trabajo digno y dejé la secundaria. Ya estaba decidido: iba a dedicarme a juntar algo de plata, mientras me dedicaba a la música ciento por ciento. Ella también consiguió algo entonces. De a poco, empezamos a vernos menos. Yo me conseguí una novia y ella se fue un tiempo con su novio para tratar de mejorar una relación de años ya agonizante.

Anduvimos  meses sin vernos, hasta que un día sonó el timbre, saqué la cabeza por la ventana y todo volvió a la normalidad. Como si no hubiesen pasado ni dos minutos entre nosotros.

De nuevo, era sólo el pasaje que volvía a separarnos.

Nuestros viernes habían dejado de ser la esquina de kiosko y Sacoa. Nos íbamos a una parrilla  junto al “Poli”; después nos volvíamos cruzando el parque, bordeábamos  el lago bajo la luna siempre blanca. Y, entonces, esa noche fui yo quien pidió confirmar el pacto. Pero algo había cambiado y rozaba la traición. Porque yo había empezado a escuchar la voz:  cogétela, mirala: está hermosa. Y empieza a tener tetas, fíjate: estaba esperándote para desarrollarse. No vas a romper el pacto, loco. Cogétela, es pasar otra prueba, nada más. Mirálo de esa forma.

                  Por supuesto, teníamos que cagarla.

Cuando por fin estuvimos desnudos, después de tantos años, ni siquiera me dejó terminar de besarla donde y como era debido. Me llevó con sus manos y con esa mirada, directo a penetrarla. Un segundo y solo por un segundo, lloramos juntos. Entonces, simplemente fue seguir, tenerla tomada de la cintura mientras la escuchaba gemir y yo trataba de contar los lunares de su espalda.

Esa noche en verdad aprendí a amarla.

Después, el continente empezó a hundirse. El Centenario temblaba. Yo fui arrestado por tenencia de drogas y ella, al fin, se separó de aquel novio de tantos años para meterse con un diller de los más chetos del barrio. Obvio, al tipo no le gustaba mucho mi situación. Imagino que solo por eso dejamos de vernos. Al tiempo me mudé y apenas si nos hablamos por teléfono.

Una tarde que nos costó combinar, volvimos a encontrarnos.

Era la primera vez que la veía enamorada, IMG_20150925_095928ese tipo le gustaba de verdad. Y el chabón parecía quererla bien. Pero la cosa no me cerraba y se lo dije. También le dije que era evidente que a él mucho no le gustaba nuestra relación, se notaba a la legua.

No te pierdas- le pedí.

Ella me tomó de las manos.

—Vos y yo tenemos una promesa, un pacto de navidad. Nunca te olvides de eso.

—Sin críos

—Perros, al menos tres.

¿Por qué no le dije que la amaba? ¿Por qué mierda no intenté besarla?

Después de aquella tarde, no volvimos a vernos jamás.

Aparecí un año después, a finales del 96, con dos entradas para el debut de mi banda. Me atendió el tipo, me despachó al carajo, aunque la Rubia estaba

Y eso fue todo, así de fácil.

Según los pibes, ella moriría dos años más tarde.

 CORAZONES EN ATLÁNTIDA

El siglo terminaba y el Centenario se hundía como un viejo continente maldito, llevándoselo todo. De a poco, perdíamos la manera de hablar y de movernos, se borraban los caminos, el tiempo nos marcaba la diferencia entre el sexo y el amor. Mientras afuera, las noches se iban perdiendo hasta dejar a la ciudad como una mueca idiota  y sin dientes.  Nuestro mundo desaparecía de a poco. A veces pienso que fue eso, que Mi Rubia no lo pudo soportar y  se murió de tristeza.

Nunca conocí a otra mujer como ella. Y, aunque volví a enamorarme mil veces más, no tuve jamás otra amiga. Hasta el día de hoy, no me casé ni tuve hijos, y sigo con la idea de no bancarme vivir con alguien.

Nuestro secreto fue la amistad, una estúpida promesa adolescente y un pacto que nos protegía de la idiotez, cuando nos perdíamos en las noches.

Porque hay un amor que sobrepasa al tiempo, que va más allá de la muerte y a pesar de ella, quizá por eso bajo a mi ciudad. Quizá sólo soy un simple idiota que siempre cumple su palabra.

LA NOCHE EN QUE SE PIERDEN LOS IDIOTAS.

Solo a través de la noche encuentro tus ojos, por eso bajo a la ciudad y a tantas cosas que no recuerdo, cuando cruzo el pasaje donde fui jefe una vez y ahora soy un extraño en mi maldito y puto barrio.

Quizá por eso te busco.

Porque tengo que atravesar la noche para encontrarte detrás de todas las ventanillas de los bondis que se pierden por la avenida, mientras no hago otra cosa que mezclarme en un mar de luces y miles de cuerpos que arrastran el odio de mi alma en llamas; mientras me atraviesa el humo que desprenden los motores y se roba mi aliento de farmacia.

Quizá por eso te busco.

Porque sabía que siempre ibas a estar entre las sombras del pasaje, que podías hacer crecer ahí nomás un árbol de moras con tan solo desearlo.

Por eso te busco,

Porque somos la ciudad que invocaste,

—Somos la noche en que se pierden los idiotas— somos los faroles que se pierden en la avenida y no terminan de revelarme tu figura dentro de esa luna siempre blanca;

Por eso te busco, porque vivir era esperar la noche, por eso bajo a mi ciudad aunque tenga que arrastrarme por tus calles hasta perderme en la amnesia oscura de una noche infinita donde nos negamos por última vez.

Y donde nos negaríamos por siempre.




ESPEJOS CON MEMORIA

Por Mariano Botto

La persitencia: Sobre la fotografía

En griego, “photo” significa luz y “graphein”, escribir, dibujar.  Un fotógrafo es, literalmente, alguien que dibuja con la luz. Alguien que escribe y reescribe el mundo con luces y sombras.

 De la película, “La Sal de la tierra”,WimWenders- Sebastião Salgado.

 

Imagen 1 Sebastião Salgado

Sebastião Salgado

 

 DE LA NOCHE, ENTRE LA BRUMA

La imagen de los aborígenes parados sobre la canoa me intriga. Persisten en su navegar, en su partida y en su destino. Vienen de la noche, llegan entre la bruma. No me interesa dónde fue tomada la foto, quiénes son o adónde se dirigen. Es posible que mi curiosidad se lo pregunte segundos más tarde. Observo la fotografía y mi atención se concentra. La cámara abrió una brecha en el relato y le dio el alma de un rayo. Yo la observo, incluido en un círculo que entiendo y que, a la vez, me resulta indefinible. Encandilado de luz, cara a cara con la fotografía, capturado. ¿Qué me atrapa? Como un reflejo o una copia, la foto se distancia del original. Una simple calle, un rostro, una situación cotidiana o un paisaje, me inquietan. Su quietud inquieta. El instante se instala en la eternidad.

 

EL NAUFRAGIO DULCE

Esta nota debería haber comenzado así: no soy fotógrafo, no me interesan las técnicas fotográficas, relacionadas a la composición o al encuadre.  Para entenderme, comenzaré con una cita: “¿Qué es lo que sabe mi cuerpo de la fotografía?”, decía por ahí RolandBarthes.

Frente a algunas obras de arte, mi cuerpo desaparece. También las ideas, la reflexión. Mi mente pareciera no comprender, aunque mis sentidos sí entienden. Se movilizan y dialogan con lo observado. Una chispa abre mi boca, muda en su asombro. Si el análisis me arrebata el primer momento, sólo puedo ver el encuadre, tal vez la biografía, la admiración por el oficio del fotógrafo. Y así me pierdo lo mejor: el naufragio dulce. Me resisto a la tentación de las voces que parecen decir “es un momento cualquiera…es tal lugar…” o “sucedió esto”. La imagen, envuelta en pavoroso silencio, expresa un código. Mi emoción lo decodifica.

 

Imagen 2 Sara Facio

Sara Facio

En fotos, como en los retratos de Julio Cortázar por Sara Facio, la biografía salta sobre mí con apuro. Grita el nombre del personaje  e instala su época. Sin embargo, algo en ella inquieta. La imagen inmóvil- obviamente tomada en el pasado-también me arrastra al naufragio de sensaciones y preguntas. Está viva y habla.

 

LA ALQUIMIA DE LA LUZ

El proceso alquímico de la fotografía comienza: la imagen cabalga sobre la luz (sin ella, sólo sería un manchón negro). Todo su cuerpo se las arregla para entrar por el pequeño espacio del obturador. Atraviesa el oscuro atanor -la cámara- e impacta sobre la sensibilidad de un material. Algo sucede. La imagen es copia de lo retratado; el instante inmóvil se reb(v)ela de la continuidad, se agiganta. Lo que vemos en el original dista de la copia. La alquimia metaforizó un instante. Lo retratado y la fotografía se distancian por las bifurcaciones del camino. El original, ahora, es la fotografía.

Según Aristóteles, en “La poética”, la metáfora es la transferencia del nombre de una cosa a otra: del género a la especie, de la especie al género.La fotografía, entonces, es un poema o una metáfora de lo que mis ojos conceden como realidad visual.

 

BLANCO SOBRE NEGRO

Para ordenarme,podría dividir el arte de la fotografía en dos. En el primer grupo, el fotógrafo superpone elementos y crea una imagen. En la segunda, no hay duda: la imagen intenta reflejar un hecho puntual o el retrato de una persona. En este análisis me voy a referir a los sentidos que se leen en las segundas. Y, para ahondar un poco más en esta línea, lo haré sobre las fotografías en blanco y negro.

 

Imagen 3 Louis Daguerre

Louis Daguerre

 La imagen en blanco y negro duplica su apuesta: recorta incluso más la realidad y subraya su esencia. Queda desprovista del condimento que pretende realzar el sabor principal, el que podría engañar el gusto. Más sal de color, más tramposo su sabor.

La ausencia de movilidad es lo primero que me impacta de una fotografía. La situación queda despojada de un elemento elemental, tan natural como el aire. Su lectura puede expresar movimiento, pero lo hace en sus términos. Su quietud es engañosa. Abre mi atención a su propio suceso del tiempo. La imagen concentrada en un fotograma es pura potencia, recorta la multiplicidad que compone lo que somos y me obliga a recorrerla. Mis ojos no pueden estarse quietos y pasean, gobernados por los detalles, por los blancos o alrededor de un punto central e invisible de la imagen.

La mudez de la fotografía es estremecedora. El impacto de su silencio detiene mi respiración por un instante. Entonces, nacido de su totalidad concentrada en un punto, surge un sonido. Viene con la urgencia de un anuncio o de un titular. ¿Dónde quedaron la quietud y el silencio?  Mis asociaciones se abren camino  a lo codazos y, allí, como en una toma de artes marciales, la imagen utiliza mi fuerza para noquearme y decirlo: en ella, también estoy reflejado yo. Reconozco esa voz.

 

CERRADO POR OBRAS

Hay fotos que captan un momento asombroso. Otras sólo tienen el rostro desnudo del retratado. En ese punto, comienza la reconstrucción del tiempo. El pasado (la foto tomada), se combina con el presente (el acto de observarla,) y el futuro (el transcurso de emociones o  posibles lecturas a partir de ella).Las fotos desafían al tiempo. Su presente narra, mientras se proyecta hacia el futuro. Lo anterior se cumple en las fotos contemporáneas o en las antiguas. Las ropas o el contexto nada cambian en relación a esas paradojas del tiempo.

La persistencia se manifiesta. Trasciende poderosa. Salta del papel y juguetea. Mis sensaciones y el recorte se saludan, se reconocen en su universalidad o en sus rasgos distintivos.

La soberanía de la foto nos acepta como visitantes. Luego, el relato oscila: un poco hacia atrás y otro poco hacia adelante.

 

ROMANCE DEL OBTURADOR Y LA MIRADA

“Una fotografía es un secreto sobre un secreto, cuanto más te cuenta, menos sabes”
Diane Arbus

 

Grita la imagen, en el instante entre la apertura y el cierre del obturador. La cascada de luz empapa la película que, un poco más expuesta, quedaría encandilada. El resultado: una potencia reveladora de aquello imposible de recortar.

 

IMAGEN 4

Joseph NicéphoreNiépce– Sara Facio – Adriana Lestido

 

En fotografías como “La mesa servida”, de Niepce, los rostros de “Los muchachos peronistas” de Sara Facio o la pareja abrazada, de Adriana Lestido, la sencillez de la imagen no se priva de multiplicarse en sentidos. Las imágenes son austeras, pero su potencia brilla. La mirada del fotógrafo intuye el instante que imagina retratar. Nadie puede recortar su campo visual a la fracción de segundo en que lo hace la cámara. El fotógrafo presiente, busca entre las grietas si la “foto” está allí y,tal vez,la persiga en varias tomas. Extrae de la secuencia del relato ciertas palabras. Las saca de su mirada y compone el poema. La mirada del artista percibe o sabe el momento. Ve más o más lentamente. Después, se arroja y caza la imagen sublime.

 

Imagen 5

Nadar

LO INNOMBRABLE

En el siglo XXI, la fotografía es accesible a la mayoría. Cámaras de alta resolución pasean entre las manos de muchos aficionados. A diario,se ven cientos de fotos en las redes sociales, en la calle, en el celular. Se vende con imágenes, se conquista, se miente, se denuncia. Provisto de algunas nociones básicas,un fotógrafo ocasional puede lograr lindas fotos. En cambio, el fotógrafo artista logra superar la técnica y dar su mirada del mundo, en la que- a su vez- nos sentimos reconocidos. ¿Qué es “eso” que nos detiene? “Eso” decía Duchamp: lo innombrable.Su mirada se cuela entre las grietas y extrae lo valioso. Su arte te toma por las orejas y te funde con él. Ante ellas, es difícil no detenerse.

 

Papeles vivos

En la fotografía, corre sangre eterna. Roland Barthes,en “La cámara lúcida”, escribe “(…) ese algo terrible que hay en cada fotografía: el retorno de lo muerto”. Pero el retorno es el de nuestra muerte. La muerte es nuestra, no de lo que expone una fotografía. Esa es su gran victoria. Puedo ver puros presentes por años.  Los ojos de los rostros en los retratos permanecen vivos, me retrucan mi muerte y se ríen como dioses.

No sucede lo mismo con un video. ¿Qué diferencia puede haber entre una foto y unos segundos de video que repitan la misma imagen? Hay diferencia y es significativa.  Allí sí hay sólo pasado: no queda lugar para la eternidad. Se mueve, habla, se sucede y no queda nada de misterio, país donde viven todas las cosas.La imagen en movimiento narra. Y su movilidad es más familiar, evidencia los hechos: puedo acompañarlos en su relato y también pierdo el misterio. En su pasado sí retorna la muerte victoriosa, el transcurrir del tiempo, su lógica lineal, su acontecer. Las capas del tiempo allí no se superponen, suceden tal como las conocemos.

No sé de dónde salió el dicho de que las fotografías te roban el alma, más bien son el reflejo desnudo. En todas ellas nos vemos El fotógrafo excava en la arqueología de la imagen y descubre su tesoro artístico.




ANARCHICOS

La persistencia: Lo que persiste y lo que no de mi infancia

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EL LUGAR SECRETO DE LO QUE NO ME ACUERDO

Por Milena Penstop

Hay cosas que persisten desde que soy muy chiquita. Por ejemplo: cada día, cuando llego del colegio, mi mamá me está esperando con la comida ya hecha.  En la otra punta del día, todas las noches, sí o sí, le tengo que dar un beso. Así que, si me peleo con ella, antes de irme a dormir, me apuro a arreglar las cosas, porque sin beso duermo tensa.

También me intrigan los asuntos de cuando era más chica de los que no me acuerdo.¡ A dónde se habrán metido  las cosas que me pasaron y olvidé? ¿Cómo se escaparon de adentro de mí?

¿Cómo podré acordarme?

 

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Atrapa sueños, Claudio Gallina
Busco en las fotos para ver si me acuerdo. Algunas veces sí y algunas veces no. Me parece que me acuerdo de tanto que las miré, pero por ahí no es de verdad “recordar, recordar”, sino que la foto se me metió adentro como si fuera parte de mi memoria. Ahí es donde decido preguntarle a mi mamá, a mi papá y a otros familiares. Pero me dicen tantas cosas que me marean y, al final, prácticamente no entiendo ni logro acordarme de nada.

Lo que sí es seguro, es que nací, fui bebita y ellos sí se acuerdan. Cosas distintas. Cada versión me da otra Milena. Como yo no me acuerdo de esos años, la conclusión es que, hasta el tiempo de mis primeros recuerdos, debo haber sido, no una, sino muchas Milenas.

Y ahora los dejo porque es tarde y tengo que darle un beso a mi mamá antes de dormir, para asegurarme buenos sueños. Por ahí, una de estas noches, sueño conmigo misma de bebita y descubro dónde están los recuerdos que se me escaparon.

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De Osvaldo Lescano Sucurro. Saliqueló, 11 años

Persistencia de la esperanza.

Inmigrantes.

anarchicos migrantesClaudia-Casarino1
Claudio Casarino

 

qué pasa en el mundo,

sin  tender una mano

todo sigue su rumbo

 

Mundo grande,

mundo triste, con familias  tan migrantes

Siria es tragedia,

ahora con la guerra,

¡hay que huir de tanta miseria!

 

Persistencia del amor

Por Micaela Creado, Saliqueló, 11 años.

Gallinita.

La gallinita

en el gallinero

dice a su amiga

¡Cuánto te quiero!

Gallinita rubia

llorá luego

ahora cantá,

anartchicos destinote segiré , me seguirás, Claudio Gallina (20)_thumb[2]
Claudio Gallina

¡Aquí te espero!

Aquí te espero

poniendo huevos,

me dio tos

y puse dos.

Pensé en mi ama.

¡Qué pobre es!

Me dio ternura

Y puse tres.

Mi ama me vende

a Doña Luz.

¡Yo con arroz!

¡Qué ingratitud!

De Fausto Gonzalo, Saliqueló, 11 años.

 EL DESTINO.

 en el destino,

            cerrá los ojos,

a mi camino.

 en la fantasía,

           vive la vida con alegríaANARCHICOS gallinasNYCHOS-11

Dicen: voy sin dirección

         Soy la  distracción

no puedo verlo

pero sí creerlo.

Aquí estoy frente a vos.

Voy, destino, hacia mí,

sos más fuerte que yo,

pero iré

a lo que venga

con lo que tenga

Y, cuando la vida me haga un tacle,

me levantaré hasta del subsuelo.




EL LECTURISTA

 

Una lectura de “La que va”, de Patricia Díaz Bialet, Por Víctor Dupont:     ORACULARSE

Una reseña sobre la Obra Gurka, por Lourdes Landeira:    UN FRIO COMOEL AGUA, SECO

lecturista




BIENVENIDOS A LA ALDEA OCULTA DE LA HOJA

La persistencia:  Sobre Naruto Uzumaki.

Por Néstor Grossi

Y sí, voy a empezar con el discurso de siempre, con la constante promesa de algún día hablar de la historieta europea y de la nacional: quiero creer que, a esta altura del partido, ya tenemos un asunto pendiente con el Gran Corto y con Juan Salvo; sobre todo, un asunto con la segunda parte de “El Eternauta”. Pero se las debo. Y juro pagar. Así que dejaremos nuestras tropas donde el número anterior. De nuevo nuestro destino es el Imperio del sol; el objetivo: la persistencia.IMG_20151021_010559

Duración o existencia de una cosa por largo tiempo; firmeza y constancia en la manera de ser u obrar: esa es la definición de persistir según google y el maldito diccionario. También es la forma de describir a un joven ninja que juró convertirse en el Hokage de su aldea y no rendirse nunca ante nada ni nadie, jamás. Voy a contarles la historia del ninja idiota y de un manga que creció junto a sus lectores, mientras atravesó quince años de historia, hasta finalizar, hace casi menos de un año.

Bienvenidos a la Aldea Oculta de la Hoja. Ese muchachito rubio que ven ahí, con la sonrisa dibujada y los dedos en “V”, no pertenece a ninguna agrupación, es Naruto Uzumaki: el héroe más grande de todos los tiempos.

PRIMERO, LO PRIMERO.

En agosto de 1997, el dibujante de manga, Masashi Kishimoto, se encontraba trabajando en una one-shot , (historieta de un sólo capítulo) titulada “Naruto”. Era para la revista” Akamaru Jump”. Su lanzamiento fue perfectamente recibido. Aun así, Kishimoto reveló que trabajaría en una nueva historieta, “Karakuri”, con la cual competiría por el premio IMG_20151021_010514Hop Step Award: y, aunque lo ganó, el proyecto no llegó a conformarlo. A decir verdad, a los lectores, tampoco. Ok, pensó, de todos modos no se sentía cómodo con los personajes femeninos. A Masashi le gustaba crear personajes masculinos adolescentes, con preferencia por el estilo pandillero o por los viejos  oscuros. Así que no se anduvo con vueltas para retomar aquella historia del pequeño ninja cabrón, que tan bien había sido recibida.

Kishimoto es un autor y dibujante contemporáneo, nacido en la ciudad japonesa de Nagi en 1974.Un declarado fanático de Akira Toriyama y de Dragon Ball. Y un eterno enamorado de la obra suprema “Akira”, de Katsuhiro Otomo.

Tenía 25 años cuando publicó a Naruto. Así, cambió el estilo de las historias de ninjas que se habían publicado hasta ese momento. Por supuesto, lo increparon al respecto, a lo que él contestó:

Al principio, me sentía un tanto rebelde; me parecía innecesario que un japonés hiciera un ninja típico de su país. El protagonista es rubio y tiene los ojos azules. Pensaba que un ninja no tenía por qué esconderse en las sombras por el mero hecho de serlo. Decidí que llevara ropa de color naranja para hacerlo llamativo; y que fuera ninja abiertamente. En otras palabras, quería hacer un manga sobre ninjas de estilo pop, que representara lo contrario a los convencionales

Y, obviamente, lo logró.

RAMEN PARA TODOS.

El manga” Naruto” fue publicado por primera vez en 1999, por la editorial japonesa Shueisha, en la edición número 43 de la revista “ Shonen Jump”. Desde entonces, su publicación continuó con un nuevo capítulo por semana.

Los primeros 483 capítulos se encuentran IMG_20151017_113247recopilados en 51 volúmenes; el primero fue lanzado el 3 de marzo de 2000 y el último, el 30 de abril de 2010. Los primeros 238 relatos son conocidos como la “primera parte” y constituyen el inicio de la cronología de “Naruto”. Mientras que los números 239 a 244 comprenden una serie enfocada principalmente en la juventud de Kakashi Hatake, el primer maestro de “Naruto”. Todos los capítulos subsecuentes corresponden a la “segunda parte”, que continúa la narración original.

Hasta el volumen 70, “Naruto” ha vendido alrededor de 200 millones de copias impresas en todo el mundo, con más de 130 millones de copias en Japón y 75 millones, en otros 35 países. Por lo que es la tercera serie de manga más vendida de la historia.

“”Solía bromear acerca de lo mucho que me gustaría que este manga tuviera éxito en el extranjero, pero no me imaginaba que fuera a gustar tanto en todo el mundo. Después de empezar la serie, me di cuenta de que para las personas de otros países los ninjas son fascinantes“, aseguró Kishimoto, a un medio de su país, ya a sus 41 años.

Sin embargo, la historia no termina en el volumen 70. El oficialmente último tomo, el 72, fue publicado en febrero del 2015 en Japón. Después de 700 capítulos y 15 años de historia, el manga de “Naruto” llegó a su final.

Si, dije “oficialmente”, porque hay un tomo 73 con diez anexos o capítulos más. No lo sé, en realidad: no los leí, ni pienso leerlos. Al menos, hasta que la serie llegue a su final en la tv. Solo en este caso, prefiero ver el final en formato animé.

EL ZORRO MALDITO.

Era una noche de luna llena cuando, en el horizonte de Konhoa, apareció una enorme bestia que aullaba, decidida a destruirlo todo. Fue esa la primera vez que la Aldea Oculta de la Hoja recibía un ataque directo, a cargo de un demonio llamado Kyubi: el zorro de las nueve colas.

IMG_20151017_112113Las tropas de Konhoa no podían hacer mucho. El Kyubi tenía el poder de arrasar la Aldea en minutos. Así  que el Cuarto Hokage tuvo que tomar la peor decisión: no había otra que enviar a la muerte a sus tropas, solo para detener a la bestia. Eso hizo, mientras él y su esposa encontraban al portador del demonio, para arráncaselo y sellarlo en otro cuerpo. Ese fue el último gran acto del líder de la aldea. Un  Hokage debe sacrificarlo todo por su gente. Y, para crear un sello de invocación, debería utilizar todo su chakra hasta morir. Pero eso no era ni lo peor ni el sacrificio más grande. El cuerpo:  el recipiente donde volvería a encerrar al demonio sería el cuerpo de su propio hijo, un recién nacido  al que habían llamado “Naruto”. Uzumaki de apellido, como su madre.

La noche del Kyubi fue la tragedia más inmensa en la historia de Konoha. Se habían perdido cientos de vidas, incluidas las de la familia del Hokage. Minato y Kushina estaban muertos y no habían dejado descendientes.

Con la Muerte del Cuarto, el Tercero tuvo que reasumir b00114_ph03-680x453el puesto de Hokage y ocuparse del hijo de Minato y Kushina. Tenía que ocultar la identidad del chico: aunque la aldea estaba al tanto de que, en el interior de Naruto, estaba la bestia, nadie tenía el dato de quiénes eran sus padres. Así que El tercero publicó un decreto con la prohibición de hablar sobre el ataque del Kyubi. Nadie debía saber quién era Naruto en realidad, ni siquiera él mismo.

Naruto Umazaki creció solo y odiado por todo el pueblo. Ajeno a sus raíces y sin un amigo, sin nadie que lo esperase al llegar a su casa, pasaba sus días en las hamacas del parque, preguntándose por qué la gente tenía esa mirada hacia él; por qué los padres tomaban a sus hijos de la mano y apuraban el paso cuando lo veían de lejos. Nadie quería permanecer en su presencia.

Eran unos idiotas. Naruto pensaba convertirse en el más fuerte de todos los ninjas de la aldea, pensaba ser el Hokage y ganarse los corazones de todos: ese era su objetivo, su camino ninja. Y nada ni nadie iban a detenerlo jamás. Tarde o temprano, lo reconocerían. Mientras tanto y para llamar la atención, se la pasaba por el pueblo, cagada tras cagada.

HOKAGE

En el mundo de Naruto, los ninjas – además de dominar las armas y la lucha cuerpo a cuerpo- poseen el don de manejar el Chakra que los recorre y los transforma en energía. Esa energía es la que utilizan para trazar manualmente los sellos que pertenecen al zodíaco chino.

Un verdadero ninja tiene un camino y una ley. Su camino es personal, pero la ley es siempre la misma: “La Voluntad de Fuego” afirma que todo verdadero ninja de Konoha debe amar, creer, proteger y luchar por el bien del pueblo y de lo que cree. Y debe IMG_20151021_010635hacerlo siguiendo las hazañas de las generaciones anteriores.

La Voluntad de Fuego da al ninja verdadero la fuerza para persistir en su lucha, contra viento y marea, con una total fuerza de voluntad y carácter.

Los países operan como entidades políticas separadas, gobernadas por señores feudales. Dentro de estos países, están las aldeas ocultas (asentamientos de viviendas ninjas). Una aldea oculta mantiene la economía del país, mediante la formación de jóvenes ninja. Los instruye para realizar misiones en otros países y cobrar por ellas. El ninja de una aldea oculta también sirve como fuerza militar para el país de origen. Los líderes de las aldeas ocultas están en igual posición que los líderes de sus países respectivos. En la trama, existen hasta cinco países diferentes: el País del Viento, el País del Fuego, el País del Relámpago, el País del Agua y el País de la Tierra, conocidos- en su conjunto- como las «Cinco Grandes Naciones Shinobi». Estos países son los más poderosos en el mundo de Naruto y son gobernados por un señor feudal. Y en las aldeas ocultas administran los Kage.

La Aldea oculta de la Hoja es la más poderosa de las 5 naciones y está ubicada en el País de Fuego. Y, sí, no era casualidad que la nación más poderosa  contratase al Kyubi. Cada demonio tiene una cola y, a mayor número de colas, mayor poder.

¿Podrá Naruto dominar la bestia Kyubi que lleva adentro?

¿Se convertirá en Hokage?

BASTA, una línea más y la cago contando cómo Naruto terminó por unir las cincos naciones y  cómo acabó convirtiéndose en el héroe de su aldea.

MEJOR, NOS VAMOS.

Ya estoy al borde del spoiler o de contar el argumento, cosa a la que nunca llego. Además, hundimos ahora el pucho en el cenicero, por una simple razón. Hasta acá nos animamos. Hora de levantar campamento y volver a casa. Esta vez voy a cumplir mi palabra, nos vamos de Japón. Ésta fue la segunda y última nota de sobre manga, por ahora. Gracias por soportar, mi querido Anartista, pero me resultó imposible otra cosa.

El tema fue la persistencia y, de todos los héroes de IMG_20151021_011938comics, Naruto era el único que encajaba a la perfección. Además de manejar todas las técnicas y jutsus ninjas, además de lograr controlar al zorro de 9 colas y abastecerse de su poder, la verdadera fuerza de Naruto reside en dos simples cosas: era la clase de personaje que podía saber cómo se sentía un enemigo, nunca hubiese humillado a nadie. Y esa voluntad de fuego- su camino ninja- lo obligó a cumplir por siempre su palabra. Naruto nunca se rindió ante nadie. A través de quince años, mantuvo su palabra de nunca dejarse vencer para convertirse en el Hokage. Batalla tras batalla, se levantaba hasta vencer. Si no lo hacía por la fuerza, se arreglaba con la palabra.

Naruto Uzumaki tenía un don: la persistencia. Inteligente no era, salvo por momentos y en batalla. Todo lo que logró fue por mantenerse firme en sus ideales. En pocas palabras, a puro huevo y constancia: la única manera que encontró de convertirse en el ninja más poderoso y en el héroe más grande y glorioso de todos los tiempos.

Y otra cosa: las aventuras de Narauto quedarán por siempre. Sobre todo, para los lectores que, literalmente, crecieron con su héroe. Me atrevo a decir que Naruto permanecerá en la historia del comic mundial, a la altura de Superman y Batman. Será  algo parecido a lo que Robin Hood  es para la literatura inglesa.

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TENGO QUE CONSEGUIR MUCHA MADERA

Persistencia: sobre embarcaciones audaces

Por Fabio Faes

En la charla con Estela de Carlotto, publicada en esta edición de El Anartista, la Presidenta de Abuelas hizo referencia a un regalo para su nieto Guido.  Es “la réplica de un barco que hizo una travesía famosa”, nos dijo. Regalo para un niño grande, búsqueda amorosa de recuperar el tiempo que les robaron, la maqueta a la que se refiere Estela en la entrevista es la de la balsa Kon-Tiki.

POÉTICA DEL EXPLORADOR

Biólogo marino,  Thor Heyerdahl dedicó años de su vida a demostrar una teoría: que parte de la población Polinesia era originaria de América del Sur y que los habitantes precolombinos atravesaron el Océano Pacífico con sus embarcaciones.

Heyerdahl construyó su teoría con base en una historia poética: un grupo de hombres había llegado a las islas, dirigido por un jefe semidivino. Procedían del este y enseñaron a los nativos nuevas formas de vida. Su líder se llamaba Tiki. Pueblos originarios americanos narran una historia parecida. La incaica era una civilización sólida, con cultura y conocimientos sobre distintas ciencias. Derrotado tras una cruel guerra, uno de sus líderes, Kon-Tiki, reunió al resto de sus hombres y escapó por mar hacia el oeste, en busca de un lugar seguro.

Heyerdahl empezaba a elaborar su hipótesis. Sólo quedaba una incógnita por resolver: los indios americanos poseían grandes conocimientos, pero nunca habían fabricado barcos. Sus detractores afirmaban que el grupo de Kon-Tiki no podía haber cruzado el océano sin una buena embarcación. Heyerdahl había visto dibujos de balsas en los antiguos templos peruanos. Estaban construidas con madera resistente, tenían una gran vela cuadrada y un pequeño cobertizo de refugio. Nadie creía posible hacer un largo viaje en una balsa de estas características. Heyerdahl decidió demostrar que se podía. Él mismo la fabricaría y con ella cruzaría el Pacífico.

Imagen 1 

VIENTO EN POPA

El 28 de abril de 1947, Heyerdahl y otros cinco tripulantes partieron desde El Callao y navegaron 101 días, con el favor de las corrientes y los vientos, que los empujaron hacia las costas del Atolón Raroia.  Culminó así un viaje épico, una aventura poética y una demostración científica.  Fue también el inicio de la reivindicación de la cultura precolombina y de rendición de honores a un pueblo de navegantes: los escandinavos. La expedición Kon-Tiki abunda  hoy en libros y películas. Le han dedicado un museo en Oslo y se fabrican souvenirs con réplicas de su histórica balsa.

Imagen 2 EL CAPITÁN BARRAGÁN

Con el mismo espíritu aventurero del noruego loco -como lo llamaron sus detractores-, un abogado de Dolores, la Provincia de Buenos Aires, se propuso demostrar que habitantes de África, 3500 años Antes de Cristo, habían llegado a América. Barragán y su tripulación construyeron una embarcación similar a la Kon-Tiki. Lo hicieron con maderas de la selva ecuatoriana, sin ningún tipo de tecnología, sin quilla ni timón, zarparon desde Tenerife.  Tras 52 días de viaje. llegaron a La Guaira, en Venezuela.

En muchas de las charlas, con la Expedición Atlantis convertida en un hecho cultural, Barragán puso énfasis en sostener que él no era un aventurero, sí  un expedicionario; y que su travesía fue el resultado de la investigación y el trabajo en equipo. Planificaron el viaje día por día, estudiaron las corrientes y los vientos, que los depositaron exactamente donde ellos creían.

Imagen 3 EL HILO INVISIBLE

Un noruego loco demostró que los Incas no eran aquello en lo que la historia de los colonizadores los quería convertir. Y un ignoto abogado de la Provincia de Buenos Aires se convirtió en explorador histórico. Ambos proyectan imágenes sueltas en un tarde inolvidable.

Un hilo invisible,  la imagen de una pequeña balsa de madera, juguete amoroso en las manos de un nieto recuperado, cariño de abuela. Y la persistencia de las ideas.

 

 

 

 




ABECEDARIO

La persistencia: Honrar la letra

abecedario
Abecedario

Por Lourdes Landeira

Merecer la vida es erguirse vertical,

más allá del mal, de las caídas…

Es igual que darle a la verdad,

y a nuestra propia libertad

¡La bienvenida!…

Eso de durar y transcurrir

no nos da derecho a presumir.

Porque no es lo mismo que vivir…

¡Honrar la vida!(1)

Silvia Cordero Vega - caligrafia 01
Silvia Cordero Vega – caligrafia 01

 

Entre todos los lugares donde persistir, elijo el de la escritura, esa búsqueda en la cual permanecer en constante transmutación. En cada palabra, hay múltiples suertes. Todo depende de cómo componga con sus pares, aquellas otras palabras-  que la circundan- y también las otras,  que la rehúyen. Como es sabido, entre la “a” de amor y la “a” de abismo, existe todo un abecedario para presumir.

Antes del sistema de escritura alfabética, ese invento de los griegos del siglo VIII, hubo otros – muchos- métodos de materializar la oralidad. Los mismos griegos, previo a desarrollar un grafema para cada sonido – técnica que utilizamos todavía, inmutable desde su aparición, –  tenían un modo de escritura silábica que, por necesitar  cientos de signos, estaba reservada para expertos y era acusada de poco transparente.

Alfabeto, (como diría una momia, que aún habita algún canal de cable de nuestros días): del griego alpha + beta, sus dos primeras letras. De acuerdo a la explicación materialista de los hechos, el creciente comercio entre los griegos y los fenicios hizo necesario un sistema más claro que el silábico para el mutuo entendimiento. Y acá estamos, intentando decir, escribir y hasta callar, con estos signos. Ahora bien, la transparencia nunca dejó de estar cuestionada. Sí, ya pasado el siglo de Saussure, sabemos que el signo lingüístico no tiene valor intrínseco, solo vale por su diferencia a otros. Y también, el siglo de Chomsky, con su teoría de la transformación, inherente al complejo juego de  actividades  del hablante.

Silvia Cordero Vega - caligrafia 05
Silvia Cordero Vega – Caligrafía 05

La letra que transvalúa los valores que sin la letra no valen nada, la letra es siempre pronta a crecer desde dentro y a adornarse con las flores de los sublime, mírala historiada y florecida es su superficie significante, la letra elemento primero de las Bellas Letras, aunque envolviendo siempre en sus espirales significantes el circulante del significado, la letra Ese que serpentea para significar que ahí está siempre pronta a significar significados, el signo significante que adopta la forma de una Ese para que sus significados tomen también forma de Ese. (2)

Si volvemos atrás, encontramos a los mitos: primarios sistemas explicativos; y a los poetas,  sus trasmisores y figuras del saber. La narración mitológica se constituye en relato perfecto al quitar de sí todo  lo que no la convalida. En cuanto se introduce un elemento perturbador, se quiebra la perfección, aparecen el vacío y la angustia. Ante el horror, solo sostenible en la aniquilación o en la locura, se impone encontrar un relleno. Y nada mejor que la palabra para versionar, escribir  ausencia de tiempo y espacio, creer en ella como verdad inmanente. Allí está, entonces, lo poético para llegar a lo inaccesible a la mirada; para intentar nombrar lo indecible. “El traje que vestí mañana / no lo ha lavado mi lavandera / lo lavaba en sus venas otilinas, en el chorro de su corazón”, dijo César Vallejo, en “Trilce”. El recuerdo  vuelve como ausencia en el futuro: tiempo eterno que se escribe.

“Esta casa, esta casa es el lugar de la soledad, sin embargo, da a la calle, a una plaza, a un estanque muy antiguo, al grupo escolar del pueblo. Cuando el estanque está helado, hay niños que vienen a patinar y me impiden trabajar. Les dejo hacer. Los vigilo. Todas las mujeres que han tenido hijos vigilan a esos niños, desobedientes, locos, como todos los niños. Pero, qué miedo, cada vez, el peor de los miedos. Y qué amor.” (3)

DAME UNA “D”

La “d”, además de darse, habilita la posibilidad del deseo. Y sí, quiero; es por ahí. Empiezo a combinar las opciones, los anhelos y los materializo en el negro sobre blanco de un papel virtual (quizás, pruebe un manuscrito: la mano sostiene la lapicera – o el lápiz –  y se apoya sobre la hoja limpia, donde estamparé mi caligrafía, mezclada con el sudor del espacio, entre  mi palma y mi muñeca). Ahora está escrito el deseo de escritura. Y, por eso mismo, ya es otro, menos viejo, por venir. Como seré yo, al finalizar esta línea. Como ya lo soy, más nueva.

Me ocupa la letra “d” y, con ella, viene también el destino: esa rueda de la fortuna que – por fortuna- no sabemos adónde va. Si el itinerario hacia el punto final ya estuviera dibujado, mi palabra anterior no sería posible. ¿Qué lugar ocuparía el deseo en una vida pre- impresa, en una hoja sin matices? Es entonces, cuando lejos del recitado escolar de la “a” hasta la “z”, sin repetir y sin soplar, el abecedario se desarma y  se vale –entre otras cosas- de errores y omisiones, para burlar mi objetivo y obligarme a recomponer el trazo. El papel virtual no mostrará esas idas y vueltas (si elegí el manuscrito con lápiz, la goma intentará eliminar el rastro de mi paso previo. Sin duda, no lo logrará del todo. Y hasta, quizás, la palabra nueva precise más o menos espacio que la anterior y sobrevendrán los huecos; si elegí el manuscrito con lapicera, la tachadura exaltará la enmienda; expondrá la sobreescritura).

Espacio de permanencia, palimpsesto: cada línea sobre la superficie borra a la anterior. Pero no la desaparece, la de abajo persiste e intenta emerger.

Un momento, este apartado se trataba de desear y creo estar algo dispersa – otra “d”-

Acá está el hueco. Sobrevino, con él, el recurso. La cita, tentativa de encuentro (casi erótico) en la red del texto sin fin.

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Silvia Cordero Vega – Caligrafía 02

 “Viviría en pantalones cortos y sin afeitarse, cortaría el pasto, cuidaría la pileta, vería videos y escucharía música, mientras su hija crecía delante de sus ojos y su mujer inventaba postres raros en la cocina. Y en todo ese tiempo quizá le dejaran algún mensaje mínimamente estimulante, o al menos catastrófico, en el contestador automático de su departamento” (4)

INTENTAME CON LA”I”

Sin pensarlo: idioma, interrupción, intenso, irrepetible, insistencia. Bueno, hasta ahí va bien para entrelazar alguna idea; sí, otra “i”. Nuestro sistema de escritura es lineal y sucesivo. Sin embargo, admite cambiar ritmos. A veces, hacer paros de mano, redoblar la apuesta. Un correcto uso del idioma no es suficiente, hace falta algo más, algo que se escriba con “b” de búsqueda – perdón por Irrumpir con una letra no enunciada –  y zigzaguea – no por usar la zeta llegamos al final-  entre lo conocido y lo ignorado. Así va, hasta encontrar el punto exacto, desde donde insistir- una vez más- en no repetirse. De ese modo, comienzan los  Itinerarios. En general, horizontales, Interrumpidos por otros que trepan montañas para poner un acento; o cavan un pozo y después lo Inundan de sentidos. Si eso sucede, el tsunami es arrollador y traspasa la pantalla (o el papel) hasta erizar la piel y permear tinta y sangre en distintos espesores.

El hueco ahora tomó cuerpo, se hizo denso, se excedió en ocupación del vacío. Como de la “I” se trata este apartado, Insisto con el recurso y cito, para Intentar cristalizar la llama de  mi opacidad.

Mira Schendel - SIN TITULO - 1972.pg
Mira Schendel – SIN TITULO

“Escribir a pesar de todo pese a la desesperación. No: con la desesperación. Qué desesperación, no sé su nombre. Escribir junto a lo que precede al escrito es siempre estropearlo. Y sin embargo hay que aceptarlo: estropear el fallo es volver sobre otro libro, un posible otro de ese mismo libro” (3).

SOLTAME UNA S

Silencio.

La tinta sangre se ha concentrado en un punto.

Inmóvil; perfora cortezas.

Las letras suenan, chocan.

El hueco adelgaza en la colisión.

Por la fisura de sus enmiendas, se rompe

esa nada no dicha y  emerge otra palabra.

La saturación de aes será amor o abismo;

su ausencia, no.

El alfabeto, con su ritmo y sus silencios,

rearma la red cotidiana,

los saberes aprendidos.

Con ellos, podemos salir a nadar de noche.

En permanencia de líquido amniótico,

hasta una nueva irrupción de la intemperie,

la renovación del deseo de otra palabra.

Otro hueco.

Otro silencio.

Otro escribir.

Silvia Cordero Vega - caligrafia 03
Silvia Cordero – Caligrafía 03

“No tengo una palabra para decir. ¿Por qué no me callo, entonces? Pero si forzase la palabra, la mudez me absorberá para siempre en las olas. La palabra y la forma serán la tabla donde boyaré sobre oleadas de mudez.”(5)

SE HA FORMADO UNA PALABRA

“Dis”, si bien no es decir, en mucho se le parece.

Sin embargo, al buscar en la enciclopedia de la pantalla, (en la biblioteca de papel también  lo hubiera podido hacer, pero me hubiera llevado más tiempo. “Adónde me lleva el tiempo”, anoto como pregunta en la libreta; lo resalto con una lapicera nueva, celeste brillante recién comprada) de inmediato, me entero de sus acepciones:

 

Dis

La voz Dis puede referirse a varias cosas:

  • Dis Pater o, simplemente Dis, una deidad romana del Inframundo, luego absorbida por Plutón;
  • a las dísir(singular dís), una colectividad de seres divinos femeninos de la mitología nórdica;
  • Dís, un personaje ficticio del legendarium,creado por el escritor británico J. R. R. Tolkien; o
  • a la máquina virtual Dis, que acompaña al lenguaje de programación Limbo.

 

Deidad colectiva ficticia y virtual.

Inframundo divino creado para acompañar al lenguaje.

Absorción femenina por el escritor. Limbo.

 

En la mezcla, el

deseo de interrumpir ese silencio

volver a él

romperlo una vez más

Silencio, te digo dis. (en la versión que elijas)

 

Leon Ferrari - Vocabulario
Leon Ferrari – Vocabulario

La biblioteca persiste en reescribirse, en releerse, se cita. En una y otra forma, una y otra vez.

“Hay un fluir, un ritmo, una forma aparentemente vacía: el discurso podría tratar cualquier tema, cualquier imagen, cualquier pensamiento. Esa indiferencia es sospechosa: presiento que, tras la apariencia de vacío, hay muchas, demasiadas cosas. El vacío nunca me asustó demasiado, en ocasiones, hasta llegó a ser un refugio. Lo que me asusta es no poder huir de ese ritmo, de esa forma que fluye sin develar sus contenidos. Por eso me pongo a escribir, desde la forma, desde el propio fluir, introduciendo el problema del vacío como asunto de esa forma, con la esperanza de ir descubriendo el asunto real, enmascarado de vacío.”(6)

 FALTAN MUCHAS MÁS

Infinitas sucesiones y composiciones de palabras, modos de relacionar las letras, puntuarlas y asonarlas. ¿De cuántos temas habla la literatura?, ¿de cuatro o cinco?, ¿seis? Del amor, de la guerra, de la vida y la muerte, el origen, la orfandad. Nada mejor que la escritura para velar, (de – velar), componer (poner – con).

Desde que los mitos, como relatos de un tiempo primordial, han dejado de conformarnos para explicar cómo el universo – o un fragmento de él – ha cobrado existencia, la narración de la vida (y la muerte) precisa otros decires. ¡Qué absurdo haber perdido el paraíso por la tentación de morder una manzana! Claro, hoy tampoco nos conformaría el simple enunciado de “el paraíso”. Inmediatamente, nos preguntaríamos, ¿qué paraíso y según quién? Desde que los dioses, luego de crear el mundo, se han retirado al cielo, sobreviene- una vez más- el espacio vacante a completar. Y es ahí cuando, huérfanos de respuestas,  nos ponemos en riesgo y, lejos de la ilusión del feliz escritor rodeado de musas celestiales, decidimos habitar preguntas y trascender en el más acá de la literatura. Con la obstinación de los arquetipos- desde las sombras, desde las líneas borradas- resisten para ser dichas una vez más, de otra forma, con las mismas letras, en algún lugar.

El deseo se torna desafío.

Lo indecible – su escritura – es la certeza de un fracaso (que no se convierte en nueva orfandad). Se vuelve impulso; en su intento, teje constelaciones de familias atemporales.

Leon ferrari - Musica - 1962
Leon ferrari – Musica – 1962

El silencio muta en sucesión de lenguaje, aun en su mudez.

Nuestros primeros  Anartistas  dieron cuenta de los viajes alrededor de un punto y de las  distintas velocidades. Luego, llegaron las formas del abuso. Este apunta a las opciones de persistencia. Y, una vez más, no está dicha la última  palabra. Mano, tinta y papel siguen ahí: para escribir, para acercarnos a nombrar “eso” que se quiere y no se puede decir. Eso.

“Mi fe en el futuro de la literatura consiste en saber que hay cosas que sólo la literatura, con sus medios específicos, puede dar.”(7)

  1. Honrar la vida, Eladia Blázquez
  2. El castillo de los destinos cruzados, Ítalo Calvino
  3. Escribir, Marguerite Duras
  4. Nadar de noche, Juan Forn
  5. La pasión según GH, Clarice Lispector
  6. El discurso vacío, Mario Levrero
  7. Seis propuestas para el próximo milenio, Ítalo Calvino

 




UN PEDACITO DE CIELO CAÍDO SOBRE LA TIERRA

La Persistencia: del nomadismo

Por Anne Diestro

Ese lugar sin lugar donde no puede celebrarse sino la alianza y donde siempre hace falta regresar como a ese momento de desnudez y desgarramiento que está en el origen de la existencia justa. Ese es el espíritu nómade”, Maurice Blanchot

Una leyenda en Perú cuenta sobre Jauja Ropa Ropa, un hombre que caminó 40 días desde su pueblo natal, para llegar a Lima. ¿Qué buscaba? ¿Qué deseaba? ¿Sabía que demoraría tanto?

En Perú, hay un departamento llamado San Martín. Está al noreste del país y se despliega entre grandes porciones de selva. La provincia de este departamento es Moyobamba. Jauja Ropa Ropa decía que era “ese pedacito de cielo caído sobre la tierra”. A pesar de haber nacido en la selva del Perú, el hombre nunca se quedó ahí, nunca permaneció en ninguna parte. Fue un eterno caminante e hizo del camino su andar. Fue el peregrino que reconoció sus pies antes que sus zapatos.

1921: UN PUNTO ÚNICO EN UN DIAGRAMA

Dicen que había una mujer.
Sus manos ayudaban en la llegada de los nacidos en Moyobamba.

En 1920 no se hallaban cirujanos ni obstetras por esas tierras. Y, como no sabemos el nombre de esa mujer, la llamaremos “Ella”. Ella, pues, colaboró con Marcelina Ropa para que Jauja naciera. La misma situación se repitió con sus ocho hermanos. El balde en el piso- en algunas casos, a veces también sobre la cama- y así los críos daban sus primeros gritos.

En varias ocasiones, Jauja fue tildado de “loco”. Esto se incrementó, cuando llegó a la Fuerza Aérea peruana. Pero esa parte de la historia vendrá luego.

Con solo cruzar el río Mayo se llegaba a la huerta grande de Jauja, que daba a la parte trasera de su casa. Una noche tenía como tarea sacar la trampa de caza de animales (normalmente cazaban majaz, un roedor tropical). El cielo estaba tan claro que parecían ser las 5am, cuando eran recién las 2am (eso cuenta él mismo, riéndose, cada vez que llega a esa parte de la historia). Al llegar al pie del río Mayo, Jauja vio que ¡el río Mayo no se movía, parecía una pared! Nada circulaba, ni los árboles, ni el viento. Todo se aproximaba a un misterio. Lo era, sin que él lograra razonar.

Rio

Entonces, se sentó a esperar que algo pasara. Así, sentadito, resistió el frío de esa noche.

Luego de un descansito de madrugada, todo nació. Según su relato el asunto empezó a las seis de la mañana, cuando el mundo tomó forma y se movió. Desde ese momento, Jauja está seguro de que la naturaleza suele tomar descansos – como los seres humanos – y, entonces, mejor no molestarla. Cuidado: puede entreverarte con su fuerza. Esto último lo afirmó Jauja, luego de una conversación con un chamán, quien le advirtió jamás despertar a la madre tierra.

Al contar esta historia en casa, con majaz y naranjas en las manos, la familia Ropa Ropa se rió de él. Nadie le creyó, ni cuando corrió a contarles a unas monjas de la iglesia, que había visto ángeles antes de aceptar la hostia en su primera comunión.

II.

Los hombres suelen medir su destreza por la fuerza que poseen. Quiero decir, en el rubro convencional. Con Jauja pasaba algo diferente: desde muy joven, dedicado a la lectura, era ayudante de un terrateniente en Moyobamba. Como pago, aquél le regalaba periódicos (término, en este caso, preciso: “El Comercio” llegaba a esta ciudad, una vez al mes). Y, mientras todos corrían en el colegio San Fermín Filomeno, Jauja leía en el recreo. A sus doce años, él era el punto lector en el diagrama de los otros.

¿Qué leía?
Ni siquiera él lo recuerda.

 

NO SOLO DE CAMINAR VIVE EL HOMBRE

Quien está acostumbrado a caminar no se halla en un problema, cuando lo debe hacer durante horas. Me ha pasado:
– No tenía para el pasaje, iba caminando.
– Estaba molesta por algo o alguien, iba caminando.
– Quería despejar la mente en la mañana, caminaba y respiraba. Caminar y respirar, más caminar…

Y, así, podría enumerar muchos momentos caminados de mi vida, pero me re enfocaré para volver a poner luz sobre Jauja.

A sus 18 años y finalizadas las escuelas primaria y secundaria, este hombre se reunió con 2 amigos de su provincia – de quienes no sabemos el nombre- para enrumbar un camino un tanto largo. Quizá, una de las aventuras más grandes del trío fue caminar hasta Lima, la capital, 1068,4 km.

Pasaron por 3 departamentos, cruzaron la selva y bordearon la costa. Claro, uno que otro intentó quedarse en el camino, pero resistieron. Jauja y sus amigos salieron de Moyobamba el 13 de diciembre y llegaron a capital el 21 de enero. Se encontraron con la Lima sucia de 1939.
La leyenda cuenta que, luego de caminar varios días, una ciudad de nombre “Celendín” les ofreció las tierras más frías y los árboles más frondosos. Ahí, un grupo de jesuitas los alimentaron. Claro: a cambio, Jauja tuvo que matar una gallina y cocinarla para el pueblo, ese pago que siempre reclaman los “devotos” de todas las “religaduras” por el mundo. El pueblo comía feliz, mientras sus dos amigos preparaban masato (bebida amazónica a base de yuca – también conocida como mandioca- fermentada). Los jesuitas terminaron la misa del día, se subieron a un camión y los acercaron hasta Cajamarca.

DEJAR DE SER, PARA SER OTRA COSA QUE NO SABE QUÉ ES PERO SERÁ

paul-cezanne-estatuilla-museos-y-pinturas-juan-carlos-boveri“El desierto aún no es el tiempo ni el espacio sino un espacio sin lugar y un tiempo sin engendramiento. Allí solamente se puede errar y el tiempo que discurre no deja nada detrás de sí, es un tiempo sin pasado ni presente, tiempo de una promesa que sólo es real en el vacío del cielo y en la esterilidad de una tierra desnuda donde el hombre nunca está aquí sino siempre afuera”, decía Blanchot, en “El Desierto y el afuera”. Con la leyenda de Jauja, pasa algo similar. Al llegar a la capital, conoció cómo era vivir distante de todo. Sin saber de su futuro, debió dar pie a su presente, que ya se convertía en pasado. ¿Objetivo? Trabajar. Pero, ¿luego qué?

Su andar daba marcha por el centro de Lima. Iba en busca de un empleo. Necesitaba comer, vestirse bien – siempre con los zapatos lustrados-, dejarse el bigote- siempre es bueno parecer algo mayor-; y, después, seguir buscando trabajo, caminar por la av. Iquitos, continuar camino por Manco Cápac, dar dos pasos y estar dentro de la iglesia, pedirle a su dios que lo ayudara y lo protegiera, salir y volver en la marcha de sus pasos, sus zapatos, su camino. Trabajo, dinero, verse bien, comprar el diario, enterarse de las noticias, Manuel Del Prado y Ugarteche de presidente, – ya estamos en 1940-, seguir con su búsqueda, entrar a un restaurant, a otro, hablar con los dueños, entonces, sí, fue contratado.

Mozo en un restaurant en el centro de Lima.

Un día atendía una mesa y al día siguiente entraba a la Fuerza Aérea del Perú. ¿Para qué? Para ser alguien. ¿Quién? No lo sabía. Todo estaba en intentar. Su tío tenía conocidos entre los altos rangos y no fue difícil que lo aceptaran, a pesar de su baja estatura y de no tener tez blanca. Porque, claro, recordemos que Lima- en ese tiempo y hasta ahora- tenía/tiene una mirada discriminatoria sobre quienes eran un tanto “diferentes”. Los llegados del interior, por ejemplo. La mayoría de la población, por ejemplo.

 

CON LOS COLORES EN LAS MANOS

¿Fotografía?, pero yo quiero aprender electricidad”.

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Jauja Ropa Ropa se graduó en la 4° promoción dentro del cuartel militar de Chucuito “Alberto Pérez Lechuga”. Y se graduó de aerofotógrafo. Era quien ponía medio cuerpo afuera del avión, cuando el aparato subía metros y metros hacia arriba para que él pudiera verlo todo como un ave, como un elemento más, tierra, agua, nómade al fin. Desde el cielo y con una cámara Leica, capturaba todo el territorio peruano. Tenía los colores en sus manos, componía, capturaba, fijaba y revelaba.

Hay muchas historias de Jauja dentro de los aviones. Pasó desde el whiskycito con un instructor de fotografía, traído desde Estados Unidos, hasta bajar de golpe 33 mil pies de altura por una falla en el motor. Allá, en el cielo, también se puede morir pero, en general, te pasa al caer en la tierra. Esta vez, Jauja zafó. Cuenta que, luego de esa experiencia y al bajar del avión la tripulación completa (4, en total) semejaba una sola gran calavera. Caer desde 33 mil pies de altura en algunos segundos no se vive todos los días.

SIEMPRE SE PUEDE DECIR, VOLVERÉ

Alguna vez me dijo que su experiencia con ayahuasca hizo que conociera cómo se sentía estar dentro del estómago de una anaconda, tomar con toda su fuerza los colmillos de su boca e intentar abrir esas fauces. Sugllaquiro fue el pueblo que lo recibió de regmisterio-profundo-pablo-amaringoreso a Moyobamba, luego de 30 años de distancia. Había volado por todo el país, horas y horas en el cielo y otras cuántas desgracias le habían ocurrido para terminar por renunciar a su cargo en la Fuerza Aérea. Para ese entonces, Jauja tenía 42 años, 5 hijos, una esposa en la tumba y no andan lejos los tiempos en que se volvería un huérfano.

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Así fue que se dedicó a sus hijos, construyó una nueva familia, se introdujo en el mundo espiritual y, como vivía en Barranco, – distrito de Lima- iba a pescar todos los días.

La vida “tranquila” no lo favoreció, sus nervios enloquecieron y tuvo que iniciar algunas actividades para moderarse. Por azares de la vida, conoció a un chamán y le interesó ser parte del grupo formado alrededor de él. De pronto, su vida dio varios giros. Nuevas rutinas; iba a meditar muy temprano a la playa, de noche asistía a cementerios junto a los demás estudiantes, se especializó en plantas curativas y en todo lo que se refería a medicina natural. Es por eso que dejó de utilizar los “anteojos de botella”, como él llamaba a los lentes enormes que usaba. También comenzó a tomar un extracto de vegetales:
– zanahoria
– manzana
– piña

Este elixir fue bebido por Jauja, todas las mañanas, durante 2 años, según su testimonio. Así podía ver hasta las letras más pequeñas de un empaque de galletas. Sus plantas curativas y la alimentación lo ayudó a atreverse a la ayahuasca en Sugllaquiro. La ayahuasca lo cambió. La noche de su sesión vomitó serpientes. Así, concluye él, eliminó todos los males de su cuerpo. Fue un renacer a los 40 años. Jauja me aseguraba que la ayahuasca es una planta visionaria y no alucinógena. No sólo eso aprendió. El chamán lo ayudó a entender que el río dormía. Y, como vio en Jauja un alma muy sensible, lo candidateó para médium. Jauja dijo no. Y no dijo no porque no quería o porque no. La negativa vino después de una sesión, donde terminó por sentir que levitaba sobre un cementerio. Al abrir los ojos, vio a toda su “mesada”[i] desde lo alto, una fuerza lo mantenía flotante y no podía bajar. Todo el grupo le rociaba ruda y oraciones. Minutos después, aterrizó.ronda_tiza1

 

El nomadismo de Jauja me convirtió en una nómade. Yo deambulé con él en sus relatos y en sus tierras. Escuché estas historias más de 10 veces, desde los 13 años hasta hoy. Y aún me parece asombroso saber que Jauja se colgaba de un avión solo para sacar fotos. Quizá, en el rumor de sus palabras, nació mi amor por la escritura. Como en el eco de esas fábulas de la infancia, cuando magnificas las historias y las mezclas con las tuyas. Esas fábulas son las mismas que escribo ahora para quienes puedan leerme. Además, yo también soy un poco de Ropa, un poco de Jauja, porque Jauja Ropa Ropa es mi abuelo. Mi eterno caminante, el hombre con pupilas de puente, el que persistió y resistió todos esos golpes fuertes. Sigo tus pasos, viajero sin alas, nómade de alma.

4

 

 

 

 

 

(Moyobamba- Perú, 2008).

[i] Mesada: Grupo armado por un chamán para hacer rituales.




CANTO POR SOLLOZO

 

La persistencia: Sobre el Blues

Por Diego Soria

Portada

UN DEMONIO, A QUIEN VENDER EL ALMA

Para algunos, el Blues es una música triste, norteamericana y negra. Quizás, con alguna suerte y ayudado por el cine, el Blues sea para otros la figura de un músico negro, a la medianoche, parado en la encrucijada (the crossroads); como en las salamancas santiagueñas, a la espera de un demonio a quien vender el alma. Vender la esencia, para poseer los secretos de este arte que escandalizó a la música académica y a la iglesia.

Es Blues es leyenda, infiernos, discriminación; es la raíz -o su continuación en América- de una música popular, que se burla de todos, escondida en el vibrato de B.B. King, en el grito de Buddy Guy, en los “bendings” infalibles de Eric Clapton, en la furia de Jimmy Hendrix y hasta en el virtuosismo de Stevie Ray Vaughan. El blues se disfraza y sobrevive. Y también hizo sobrevivir a muchos.

Nicola Verlato

EL ABRAZO INVISIBLE

Antes de que Roberto Johnson, la leyenda del blues, se hiciera con los saberes de mandinga, antes de transformase- de la noche a la mañana- en lo que Gardel fue para el tango, mucho antes, los blues eran cantos del África, rituales con los que los nativos adoraban a su Tierra. Esos cantos y la estructura que los atraviesa aún perduran. Resisten en tiempo y espacio. Resuenan, en especial, en el África subsahariana. Ellos son el corazón de muchas de las músicas populares del mundo. Si se piensa que la escala pentatónica, que forma estas estructuras, se encontró en flautas, fabricadas hace 35 mil años (ver “La caverna de los sueños olvidados, Herzog), da vértigo imaginar el abrazo invisible que nos une con aquellos hombres. Es claro, más allá de leyendas y demonios, el deseo se abre camino, persiste en un plano donde cronología y extensión no preocupan demasiado.

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PRIMUS BLUES

Con el advenimiento de la esclavitud, los buenos tiempos se acabaron para los africanos del siglo XV. Pronto conocieron el destierro. Apilados como vigas de madera, los esclavos llegaron más allá del mar, al menos, los que pudieron sobrevivir a un viaje tan largo en las condiciones más penosas. Quienes enfermaban y morían iban a parar al agua. Los que no, en cambio, se sometían a ejercicios en la cubierta para evitar la pérdida de su tonicidad muscular, el valor comercial de sus existencias. No quedaba mucho espacio entre ellos. Arriba, en cubierta, los traficantes iban y venían, se oían risas e insultos, alguna corrida entre gritos. Entre los tablones , se filtraba la luna. Ojos desesperados buscaban el paisaje familiar, cantaban el silencio dentro de algo que sonaba plañidero. Canto, en vez de sollozos. Apilados, cruzaron el Atlántico.

esclavos 3

MENSAJE OCULTO EN UN CANTO

Al arribo de los barcos, se separó a padres de hijos, a hombres de mujeres. Ya eran “cosas” del capataz de campo. Los incrédulos africanos no tenían otra que aceptar el trabajo rural, bajo el látigo del patrón. Las plantaciones reunían a la mayoría de los hombres y las mujeres eran destinadas a las tareas caseras y a las fantasías de sus patrones albos. El Blues es, en primer término, una semilla, una herramienta de trabajo, una forma de mantener el ritmo de la jornada; en segundo término resulta un medio de comunicación entre ellos. Astutamente, transformaron la música en un telegrama boca a boca: “¿Quién sabe algo de mi hijo?” “¿Algo sobre mi mujer?” Así, el canto se agachó y viajó entre los yuyos, diría un José Hernández norteamericano.

the hollers

“The hollers” [i],les decían. Pronto empezaron a cantar las injusticias del patrón, los temibles perros rastreadores y las fantasías de las doncellas blancas del sur, ardidas por los decires sobre los famosos “blacks snakes moans” (El lamento de la serpiente negra).

EL BLUES SE LIBERA

Hay que hacer música, es la premisa. Como sea y Pattondentro de las limitaciones de sus vidas muy duras. Los negros esclavos eran una realidad en el país del norte. Mientras, como ellos, el Blues persistía y buscaba su cauce hacia la libertad. Se formaron, por entonces (1924), las primeras bandas que se acompañaban con botellas de vidrio vacías: “The jugs bands”. El canto y las melodías arrancadas a puro soplido armaron las primeras armonías. También existió un “slide” primitivo. Un slide se hacía con  un trozo de vidrio, generalmente un cuello de botella -preferido aún en estos días-. También podía ser de metal. Con él se rozaban un cable de metal para producir un sonido lastimero. Nació así el típico sonido del Delta Blues.

Para entretener a sus patrones, entre otras cosas, algunos esclavos aprendieron violín. En la espesura, los negros evadidos improvisaron con flautas y tambores. El Blues se enraizó cada vez más, camuflado en los coros de Gospel. Ya no les cantaban a sus antiguos dioses africanos, sino al dios blanco. Pero lo hacían con el desenfado y el brillo de los coros, que ponían de rodillas a cualquier ateo. El blues ya tenía feligreses.

SWEET HOME CHICAGO

El tiempo pasó. Las primeras generaciones de esclavos ya no estaban y, con algunas libertades ganadas a machete y fuego- o con algunas papeletas- muchos negros emigraron al norte, donde gozaron de cierta libertad. En Nueva Orleans, el blues se camufló -una vez Blues 4más- dentro del carnaval en la música Zydeco[ii], a ritmo de cuchara y acordeón. Otros comenzaban a hablar de un blues más cosmopolita.  Estos eran los dilemas de la ciudad, traducidos en segundas y terceras generaciones de hijos de esclavos.

El blues ya era entonces lo que es hoy: un árbol enorme que extiende sus ramas y comienza a echar sombras con inmensas prolongaciones. Nace, así, el Jazz. De todas las historias que buscan explicar académicamente su nacimiento, prefiero la que habla de las penurias, siempre como pie para la resistencia y la transformación.  Dicen algunos cronistas que, ante la difícil tarea de vivir de la música, los artistas de entonces- entre inteligencia y picardía- improvisaron sobre la base de los tres o cuatro temas que tenían en “dedos”. De ese modo, a fuerza de tocar una y otra vez, parieron el jazz, parieron el soul, el rag, el rock. Parieron, pues, una música que nació en clave de lamento. Parieron historia, revolución, traición, parieron un mundo que no acaba de darse forma nunca. Y continúa bajo la sombra de un árbol, que enraizó en América. Bajo sus ramas, aún sigue creciendo esta cultura popular de persistencia obcecada.

HAY BLUES PARA RATO

Estimado lector, ha caído Ud. en una trampa. Con la excusa de hablar sobre el Blues, sus influencias y advenimientos, hemos sembrado- una vez más- la semilla de la curiosidad. Hasta donde sabemos o nos interesa, esa semilla muestra rastros desde hace al menos 35 mil años. Claro, ante tamaña cantidad de tiempo, somos apenas- y con fortuna- un suspiro al viento. Afortunadamente, nuestra semilla no pide más que eso, un momento. Y, aunque ahora simule resistirse, ese momento ya ha sido cooptado. El corazón de esta música, que es el corazón de la cultura popular, se acaba de asegurar otros 35 mil años de existencia.

 

[i] The Hollers: (…) El otro tipo de expresión musical, sobre todo en las canciones de trabajo, es llamada o denominada “hollers” y “arhoolies”, es decir, recolectores de algodón y trigo . En algunos casos, el término se utilizó para denominar a algunos bailes o danzas. El canto se usaba, a la vez, para convocar a bailar y a trabajar (fuente: http://blues.mex.tl/41914_La-Historia-del-Blues.html)

[ii] Música Zydeco: El término Zydeco proviene, según la tradición, de la expresión Les haricots (las alubias, en castellano) que, según algunos autores, era la forma en que se denominaba, despectivamente, a los negros del delta1 y, según otros, derivaba de una canción popular de origen francés: Les haricots sont pas salé,2:, de “Estos son malos tiempos”. Algunos autores3 apuntan que  la palabra proviene del suahili zaré, (danza). )

 




SILENCIO: NO RECIBO INVITACIONES A CANDY CRUSH

Persistencia: sobre el silencio

Por Roberto Aguilar

mimo con celular 2

SILENCIO, HOSPITAL

Traté de recordar todo lo que me había contado el mimo asesino, un tal Lucho, cuando yo escribía para una revista de humor. Incluso ahora intento no olvidar aquellas palabras del silencio y, por eso, las vuelco en este papel en blanco para ustedes. Leer la vieja nota no me serviría para nada. Ya por entonces era un desafío a los hechos tal como habían sucedido, una lucha de la redacción con la verdad de los sucesos.

Resultado final: una mentira.

Quién te dice, tal vez ahora el círculo de palabras se acerque a lo hombre encadenado al celular 2sucedido, aunque tan sólo se acerque. Trataré de ser más explícito, a medida que transcurra la historia. Sólo les puedo decir  que más vale dedicarnos a rellenar el gran vacío con distracciones divertidas, que a pretender la verdad de la palabra. Mejor salpicar el hueco callado de nuestra vida con mentiras y más mentiras. Pero retener conciencia de este juego, para no destruir el mundo con una gran y cruel payasada. Entonces puedo decir:

MÁS SOLO QUE UN PERRO

Lo cierto, o lo incierto para mejor decir, es que Lucho, por esas cosas de la vida –enumerarlas sería perder espacio precioso de la nada de abajo con explicaciones consabidas, pues la soledad es moneda corriente, a pesar del ruido que le metamos, ¿o el pensador con celular 2no?, bien…-mi narrador había quedado solo. Lucho, un buen día, después de haber trabajado en el circo durante el fin de semana, se compró un Smartphone. Un amigo, sordomudo como él, le había aconsejado salir de su soledad diaria con uno de estos aparatos. A Lucho no le gustaban los guetos ni las grandes familias ni las comunidades sin fines de bien o de lucro para los discapacitados. Después de todo, él mismo me lo decía con varios ademanes de “fuck you” y cortes de mangas violentos. Él, ante todo, era un mimo y su esperanza consistía en conquistar al mundo con muchas sonrisas. Pero esto solo sucedía tres días a la semana. Después, ¡agarráte, Catalina!, quedaba más solo que perro malo en su piecita alquilada de Palermo viejo. Así se decidió: en sus largos ratos libres de la tarde, explotaría todos los recursos que le daba el celular para hacerse de amigos. Uno de esos recursos era la escritura. De ese modo, completó con sus datos su lindo perfil de mimo y quedó estampado a cara lavada en una foto de un cincuentón- casi sesentón- venido a más, contra la página de Badoo. Intentó el diálogo con alguna chica.

El resultado fue: silencio.

Intentó, después, con algún ‘amigo’. Ahí la Marat con tablet 2conclusión fue la peor de las burlas contra un mimo sordo: un video con una risotada le avivó sus tímpanos muertos. Por un instante, creyó volver a escuchar. Por un momento, la felicidad se le pintó en la cara y casi tira al Smartphone por la ventana. Pero –siempre está el ‘pero’ para estropearlo todo-, la risotada se convirtió en una mueca viva, callada, con dientes grandes, brillantes, blancos, con lengua voraz y con una campañilla bien roja contra la pantalla.

Desde la ironía de su vida en lucha contra su destino, llegó el silencio.

MI PUENTE DE LAS HADAS

mujer celularCierto día,  ya había dejado de trabajar para la revista y me había convertido en un vago mantenido, gracias al súper negocio ideado por mi esposa: vender  bombachas. Durante uno de esos fines de semana largos- de esos que hay en Argentina, de esos más largos que “El Puente de las hadas en China”- con mi esposa, decidimos juntar a todos nuestros tres hijos: Tony, Brian y Ruth-. Ojo, yo no elegí los nombres. Fue mi mujer. Pero sí, tienen razón: Yo elegí a mi mujer. Decidimos, les decía, meterlos a todos en la parte de atrás del coche y mandarnos a mudar a un lugar tranquilo de la costa. Mientras mi esposa manejaba la mitad del camino –a ella le correspondía el cincuenta por ciento y a mí, la última mitad- me quedé dormido y soñé con lo que antes hacía y entonces había olvidado –parecía que por el resto de mis días-: soné con pensar.

FLOR DE AMANTE

Resulta que, en el sueño, me vi envuelto y enrollado africanos 9dentro de una telaraña. Sentado como el pensador de Rodin, con la mirada fija en un círculo de letras grandes y espaciadas en un comentario como el siguiente: ‘El silencio me enseñó que, detrás y adelante de las Tiendas de Aplicaciones, de los Wassaps, twitters, facebooks e Instgrams de los Smartphones, hay un mundo de gente que espera reuniones con largas charlas, en cafés o donde sea, hasta altas horas de la madrugada.´

Pero esto es una ilusión: la tecnología de los Smartphones desplazó a la charla amena, la charla cara a cara con los amigos o los compañeros del laburo. El afecto es artificial y todos vivimos una vida que transcurre sin saber, no solamente cómo se llama el vecino de al lado –eso quedó como novedad vieja-,  sino también una vida sin la noción del tiempo cronológico. El reloj, ese invento ideado por el hombre para controlar nuestro trabajo y el de los demás, junto con el sexo, la diversión, las comidas, las etapas de la vida, ese gran invento “fue”. Ahora vivimos otro tiempo: el de nuestras más fieles compañeras en el mundo: las redes sociales. Nuestra más ferviente amante actual es, entonces, la estúpida, boba y ruidosa soledad del nuevo silencio.

WILLY SILENCE

Di vuelta la cabeza, abrí medio ojo y me encontré con la cara de mi mujer. Después me volví contra la ventanilla y vi, más allá, el cielo azul casi negro, lleno de estrellas. Cerré el medio ojo y el pensador seguía allí, casi granítico pero con una idea, una idea fija, pensada por aquella mujer:

‘Sin Smartphone no soy yo. Sin Smartphone es como si me faltara la cabeza, el cuerpo, selfie 2los brazos y las piernas. No sé qué voy a hacer si algún día me lo olvido en casa. Aquí tengo mis contactos. ¡Estoy comunicada hasta cuando voy al baño! Y me siento como una periodista en busca de noticias. Una selfie con un pordiosero de la calle nunca viene mal. Yo también estoy en contacto con la realidad ¿Vieron? Desde que tengo el Smartphone, olvidé mis espejos. ¿No es increíble? Colón nunca nos trajo una cosa así. Y bueno: pongo la cámara a contraluz en cualquier lugar de la calle y click. Ya está. Ya sé si el viento voló mis mechas. ¿No es  divino? Nunca quiero apresurar el paso cuando hurgo en mi cartera. Quiero sentirme segura: el celu siempre debe estar allí. Pero casi corro cuando las calles están vacías y el sol baja, no vaya a ser cosa que me transforme en otra víctima más de los delincuentes. ¿Y qué quieren estos hijos de puta? El Smartphone. Así que corro y tomo un taxi. A mi bebé nadie le debe hacer daño. A mi bebé le puse nombre: Willy Silence. Es el amigo que nunca tuve. Incapaz de un NO, incapaz de darme vuelta la cara o de ignorarme. Al contrario, cuando lo apago, mi bebé llora como una alarma. ¡Son mis amigas de la video conferencia! ¡Me llaman! Entonces a Willy Silence lo enciendo y aparezco yo.’

MINERAL DE SANGRE

No miré  más para los costados. Miré al frente y, de golpe, la lluvia. De reojo vi los dedos largos y finos de mi mujer, culebras alrededor del volante. Vi la nota seria para la revista de humor hecha en el Congo hacía mucho tiempo atrás. Me vi mucho más joven. Y quedé así, petrificado con una mano bajo el mentón y con los ojos apenas entreabiertos. Recordé:

La lluvia persistía contra el silencio de los negros  del África.  africanos 7La lluvia hacía persistente el lodo bajo los pies de cientos de negros agolpados contra la mina. Iban y venían. Entraban y salían del callado eco de la montaña hacia el sonido chillón de afuera, sin forma. Eran ruido mudo en su caída contra el barro. La constante lluvia traía días de frescura después de tanto calor, pero también amenazaba con nunca acabar y con sepultar a los mineros bajo el agua. Aunque, allí estaban los altos jeeps verdes con guardias militares, para que esto no sucediera. Quienes apenas podían arrastrar los pies eran levantados a los vehículos y llevados a los galpones de la aldea. Allí descansaban y luego eran recogidos. Volvían al trabajo de la mina. Sin embargo, algunos caían desmayados. Caían, a pesar del cuidado de los “verdes” para que eso no sucediera. Entonces, el horror: los militares extranjeros llevaban a los muertos a la aldea. Irrumpían en las casas de los familiares, entregaban al desgraciado a sus esposas y, sin mediar palabra, las violaban delante de sus hijos. Les ponían trapos sucios, piedras o metales en sus vaginas y se iban. Era una forma de ganar la guerra contra los congoleños. Las mujeres allí, dueñas y “proveedoras” del hogar, eran destruidas, vejadas. La guerra estaba ganada. El Congo vivía para perpetrar  la mayor extracción de ‘mineral de sangre’ en la historia de la humanidad: iban por el coltán. Y, más allá de las fronteras del África, esperaban -esperan- los países del primer mundo y los del tercero también. Aguardan  con sus empresas de la muerte, con sus empresas cargadas del silencio más oscuro, más vacío y negro que el hombre haya conocido. El mutismo del metal, el grito más  mudo de todos. Y, africanos 6hasta ahora, el más moderno. El microchip de coltán: un mini féretro inteligente, capaz de caber dentro de una mano; una mini fosa, donde viven y  perduran  todas las redes sociales.  Hecho de sangre, hecho de coltán, hecho con la violencia hacia un pueblo entero, hecho con el silencio de los negros: tu smartpohne.

No miré más al frente ni a mi esposa ni a la lluvia. Cerré los ojos, quise soñar, escapar de lo recordado. Y nada. Entonces, hice lo único que me quedaba: abrí los ojos. Persistí en el vacío del silencio, en el vacío de mi alma. La lluvia ya no fue agua sino sangre. Y mis manos ya no fueron dedos, sino la extensión de los teclados del smartphone. Sin embargo, no llamé a nadie, no recordé a nadie, me limité a escribir  contra la pequeña pantalla, como en un cuaderno electrónico. Sabía que mi cuerpo caería muerto en aquel  féretro, sabía que era un africano más tirado en el hoyo. Pero persistí, sólo persistí en aquella noche para que estas palabras no dejaran cerrar el cajón. Persistí en el viaje del silencio.

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DE RAÍZ

Por Melisa Ortner.

La persistencia: sobre “La casa de los conejos”.

DE PIEDRA, COMO LOS FALCON

Pienso en lo feo de los Falcon verdes. Aun sin haber vivido la época del horror, para muchos argentinos representa un transporte macabro: el vehículo elegido por los milicos para llevar adelante su plan de control, secuestro y detención de personas. Pero todavía quedan algunos.

Dualidad de la ausencia.
Dualidad de la ausencia.

Sin ir más lejos, el 24 de marzo de 2013, mirá vos qué día, ahí estaba uno. Estacionado sobre la cuadra de la casa donde vivieron, trabajaron, resistieron y murieron cinco compañeros montoneros, en noviembre del 1976. De allí, otros se habían llevado a una bebita de tres meses. Sin embargo, el auto estaba en la puerta. En el 2013 volvían para joder. Como quien dice, algo de nosotros queda.

“Nunca más”, decimos en la plaza. Y, mientras tanto, ellos- transportados en los autos de ayer- insisten con arruinarlo todo. Pero pienso, ¿qué se puede esperar de los dinosaurios vivos?, ¿qué se puede esperar de quienes persisten en la muerte?

ÁRBOL QUE ABRAZA

La casa está ubicada en La Plata. Hoy es un sitio de memoria, declarado monumento histórico nacional. También es sede de la Asociación Clara Anahí, organismo de Derechos Humanos creado en 1996, en honor a la nieta aún buscada por Chicha Mariani, una de las abuelas más públicamente conocidas.

"La casa de los conejos"
“La casa de los conejos”

Todos los sábados, la casa abre sus puertas para quien quiera visitar sus recuerdos – los que apenas se pudieron rescatar del saqueo-y acercarse a conocer las historias de los militantes asesinados, -memoria latente, siempre-. Continuar en la lucha por la búsqueda de la esa nieta, sin saber su verdadero nombre y su verdadera historia, es uno de sus principales objetivos. “La Asociación nace ante la necesidad de recuperar la memoria colectiva del pasado reciente, preservar y difundir testimonios, información y documentación referidos a los acontecimientos históricos, culturales, privados y públicos en el contexto histórico a partir de 1960”. Todo lo que circula a su alrededor es vida y movimiento, búsqueda y esperanza. Como un árbol que crece y se expande.

ADENTRO DE LA HISTORIA

Conejos blancos, de Victor Solana Espinosa
Conejos blancos, de Victor Solana Espinosa

Ese sábado fue diferente a los demás. El plan era ir a La Plata y conocer la famosa casa ubicada en la calle 30 al 1100. Había leído sobre ella en una novela, que narra la infancia clandestina de una niña durante la dictadura cívico militar. Siempre fui curiosa y, al buscar por internet, supe que la casa estaba abierta para quien quisiera visitarla. No lo dudé. Era como meterme dentro de la historia. Para leer -otra vez- en el camino, llevé esa novela: “La casa de los conejos”, de Laura Alcoba. El texto está basado en la historia de la narradora, quien vivió un tiempo en ese lugar. La tapa del libro muestra la foto de la protagonista sobre la vereda y, a su izquierda, un Falcon estacionado. No distingo si la sombra en el lugar del conductor es una ilusión óptica o si realmente hay alguien ahí dentro.

Chardin-Still Life with Two Rabbits, Jean-Simeon
Chardin-Still Life with Two Rabbits, Jean-Simeon

Pensar en repetir esa foto me da escalofríos, ¿una nena juega en la calle y los hombres custodian alrededor? Evidentemente, los dinosauros siguen resistiendo al paso del tiempo: “Lo ideal es que llueva, pero no demasiado, porque entonces la calle se vuelve impracticable, tanto para los automóviles como para las personas y los caballos que pasan, numerosos todavía, en esta zona de La Plata”*.

 

“DANIEL MARIANI, LICENCIADO EN ECONOMÍA”

Llegamos. Era una cuadra tranquila, de veredas y calles anchas. La tarde estaba gris, pero los árboles dejaban aparecer la primavera.

Dejé el libro en el auto. La casa que, en un momento fue vida, luego se convirtió en tendal de la muerte.

Un cartel asomaba en la calle: “Asociación Clara Anahí”. Llamaba la atención algo no escrito en la novela: desde afuera, se veía una pared demolida, como si un tanque de guerra hubiese arrasado la propiedad. Lo que alguna vez fue una ventana, el día de la visita era un agujero de dos metros de diámetro. Yo sabía que la historia debía seguirse escribiendo en otro tiempo. El boquete gigante, dejaba asomar el interior de las otras piezas, acribilladas con huellas de balazos.

La casa de los conejosEn la entrada estaba una de las guías, quien nos dio la bienvenida y nos preguntó cómo habíamos llegado hasta allí. Por la famosa novela, contesté. Enseguida nos hizo pasar muy amablemente. Al lado de la puerta, se leía la placa:

“Daniel Mariani. Licenciado en Economía”.

No es la original, aunque es idéntica a aquella. Cacho –así llamaban a Daniel- pretendía que, desde afuera, se viera una casa de familia, con un padre profesional. Por supuesto, el plan era que nadie, ni siquiera los muchos que entraban y salían (encapuchados) a la casa durante el día, supiera la dirección del sitio donde funcionaba una de las principales casas operativas de la agrupación Montoneros.

PRINTED EN EL FONDO

Ingresamos por el garaje, donde estaba estacionada la camioneta, intacta desde aquella vez, salvo por los agujeros de balas. Avejentada, pero firme. En ella se transportaba la “mercadería” que entraba y salía de la casa.

Encierro, de Beatriz Iracheta
Encierro, de Beatriz Iracheta

La vivienda conserva sus formas. Solamente han restaurado algunas partes, a las que el paso de los años no perdonó. Construida en 1945, fue adquirida con fondos propios en 1975, por Daniel Mariani y Diana Teruggi, una pareja de jóvenes de clase media. Allí funcionaba un pequeño emprendimiento de conservas de conejos en escabeche, para el cual esperaban una habilitación municipal habilitante. En el fondo de la casa, un espacio donde se mantenía a los animales para luego matarlos, prepararlos y envasar. Y, luego, el “embute”, el corazón de la casa, el lugar de trabajo. Es que, detrás de todo ese negocio doméstico, se ocultaba la imprenta de la revista “Evita Montonera”: eso sí, los dinosaurios de autos verdes no lo podían saber jamás: “Al fondo se encuentra un tinglado rudimentario, una suerte de cobertizo descalabrado que, contrariamente a lo que pensaría cualquier extraño al grupo, es el verdadero corazón de la casa. Fue por la existencia de ese galpón en pésimo estado, apenas cubierto con algunas chapas de zinc acanaladas que, malamente, hacen las veces de techo; fue por este galpón que la conducción de Montoneros había elegido la casa. Y que viviéramos en ella”*.

La soledad del encierro
La soledad del encierro

 

LIMONERO Y DESPUÉS

Luego de la primera imagen, pasamos por el ambiente contiguo a la entrada, la cocina: los azulejos siguen blancos y brillosos. La pileta, con su canilla en el lugar original, aún desprende humedad y deja huellas de óxido en los bordes. Sobre la misma mesada, en una vitrina, conviven ejemplares de “Evita Montonera”, desgastados por el paso del tiempo, pero firmes como las letras que no lograron desteñirse. Los pisos de madera suenan con los pasos de los tantos jóvenes que visitan la casa cada sábado. El mármol conserva su color, igual que las paredes, todavía descascaradas. Todo persiste en su lugar, como la promesa del “venceremos”. Igual que las fotos de Daniel Mendiburu Eliçabe (de 25 años, estudiante de Arquitectura), de Roberto César Porfidio (de 31 años, Licenciado en Letras), de Juan Carlos Peiris (de 28 años, antenista), de Alberto Oscar Bossio (34 años, médico), de Diana (de 26 años, estudiante de letras) y de Daniel Mariani (de 29 años). Igual que la sonrisa de Clara Anahí.

La placa de una de las paredes resalta: “Casa de la resistencia nacional. En esta casa se defendió la patria, la justicia, la libertad y la dignidad”.

El limonero decora el fondo: está frente al sitio donde se criaban a los animales. Detrás, un paredón, un tanto deteriorado, esconde el famoso embute: un espacio de no más de un metro de ancho. Allí, Diana y sus compañeros pasaban horas trabajando para la revista. El olor de la tinta se camuflaba con el de los conejos, ahí donde hoy huele a limón.

El libro de Laura Alcoba
El libro de Laura Alcoba

Todo estaba pensado como un escondite. Las cosas salían bien, hasta que un día el mundo se vino encima: el descubrimiento del sitio clandestino devino en un ataque casi bélico. El mensaje fue claro y aún perdura: estábamos en guerra.

Mientras tanto hoy, entre el silencio de la noche dentro de la casa y las huellas con forma de agujeros, la raíz del árbol sigue inmóvil y fuerte.

MIÉRCOLES GRIS

María Isabel Chorobik de Mariani, más conocida como Chicha, es la madre de Daniel. Fue una de las fundadoras y segunda presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, organización de la cual decidió separarse en 1989. Actualmente, vive cerca de Plaza Moreno, en su ciudad natal, próxima a donde vivieron su hijo, su nuera y su nieta. Dicen que visita la casa de vez en cuando; ella fue quien llevó adelante este proyecto de memoria.

20141127112403_anahi_bebe3Su querida nuera, Diana, dejaba la beba a su cuidado todos los miércoles. Ese era el día destinado a la abuela. Mientras tanto, Daniel salía a trabajar a la Capital en colectivo. El día del atentado, él cumplía con su rutina y, adentro de la casa, estaban Diana, su hija y otros cuatro compañeros. Murieron todos y a Clara Anahí se la llevaron.

Entonces, la tarde del 24 de noviembre de 1976 fue diferente. Era miércoles y no hubo encuentro. Daniel- al llegar al barrio- supo que algo malo había sucedido y decidió no bajar del colectivo. Se refugió en alguna parte y unos días más tarde logró comunicarse y encontrarse con su madre, a escondidas. Esa fue la última vez que se vieron; a Daniel lo asesinaron en la calle, en agosto de 1977. Desde esos días, Chicha busca incansablemente a su nieta.

Chicha. Foto Newyorker Magazine.
Chicha. Foto Newyorker Magazine.

Para Daniel, la incerteza de esos días pudo tener la forma de la huella que las balas dejaron en la pared.: “El asalto a la casa de los conejos fue minuciosamente preparado: la magnitud del despliegue de fuerzas, los altísimos jefes que se dieron cita para la ocasión (…) Sobrevolaron toda la ciudad para encontrarla (…)*”.

LAS CARTAS DE CHICHA A SU NIETA

“A mis 91 años, mi aspiración es abrazarte y reconocerme en tu mirada, me gustaría que vinieras hacia mí para que esta larga búsqueda se concretara. Es el mayor anhelo que me mantiene en pie, el que por fin nos encontremos. Mi amada Clara Anahí, mientras te espero seguiré buscándote. Te abrazo muy fuerte, tu abuela “Chicha Mariani”.

5266b72234fdf_538x349Chicha conserva las fotos de su nieta y, aún después de tanto tiempo desde el último abrazo, recuerda su mirada, sus gestos, su forma de ser: “La nena tenía pelo oscuro, lacio, con varios remolinos detrás de la cabeza. Con solo 3 meses quería hablar. Era grandota, gordita, muy viva”, relata en una de las tantas entrevistas que le hicieron.

“Ya tienes 39 años y tu número de documento probablemente sea cercano al 25.476.305 con el que te anotamos. Es una especie de rompecabezas que debemos armarlo entre las dos. Por favor, ayúdame a encontrarte, lo necesito”.

Lo especial de este caso es que, a diferencia de otras “Abuelas”, Chicha conoció a su nieta, tuvo contacto con ella durante tres meses. Y eso torna a la situación en bastante singular. Sobre todo, por las especulaciones sobre cómo pudo haber afectado ese “cambio de manos” el futuro de la nieta.

Chicha- Foto-infolitica“Voy a evocar al fin toda aquella locura argentina, todos aquellos seres arrebatados por la violencia. Me he decidido, porque a menudo pienso en los muertos, pero también ahora sé que no hay que olvidarse de los vivos”, narra Laura Alcoba en su novela, quien recuerda la sonrisa de Diana y sus ojos de amor; sabiendo que en algún lugar del mundo sonríe Clara Anahí, con la misma mirada luz de su madre. Encontrarla, sin dudas, sería volver a hallarse en Diana; esa mujer a la que nunca más volverá a ver. O sí, solo en sueños:

“Clara Anahí vive en alguna parte. Ella lleva sin duda otro nombre. Ignora probablemente quiénes fueron sus padres y cómo es que murieron. Pero estoy segura, Diana, que tiene tu sonrisa luminosa, tu fuerza y tu belleza”*.

CONTINUARÁ…

3593829226_975d3e1d11_oYa de nuevo en Capital, con la cámara colmada de fotos de la casa (la de hoy sin conejos y llena de huellas) y con las imágenes del dolor de los otros (sentido casi como propio), intento escribir para no olvidar. Porque, con la palabra, también resistimos. Y sueño con que un día la tele me avise que Chicha (con sus 92 años) pudo encontrar a su nieta para volver a abrazarla. Esa nieta, arrancada de raíz. Como, de raíz, se imprimieron las huellas de la masacre sobre las paredes. Como, de raíz, persiste el limonero, que custodia la casa por dentro. Así es, un árbol enorme se extiende entre  todas las “Abuelas” y las “Madres”, y los nietos que insisten en extender la enramada.

Y así, de raíz, la escritura sigue, en las palabras de Laura Alcoba. Ahora ya no hace falta el camuflaje. Se escribe a cielo abierto. Porque, algo de nosotros también perdura. Y estoy segura: los pobres Falcon que aún merodean también terminarán por hundirse. De raíz.

Galería de fotos de la visita:

 

 

*Citas de “La casa de los conejos” (2008) de Laura Alcoba.

 




LA ILUSIÓN DEL MOVIMIENTO

Persistencia: Sobre “Hombre irracional”, de Woody Allen.

Por Pablo Arahuete

ÉTICA Y MORAL, METIDAS EN LÍOS

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Ética divaga, discute con ella misma sobre el bien y el mal. Moral la observa desde su pedestal intocable, ríe socarronamente, cada vez que su compañera de aventuras se enrolla en dilemas, mientras el Tiempo y el Azar transitan por otro lado. Es el laberinto de la Razón, el espacio donde Ética y Moral entraron un día, casi sin quererlo. Una entró muy dispuesta a la búsqueda del atajo y  la otra se metió en este lío para alcanzar a la Sombra. Por eso Moral lleva ventaja, cómoda en cada rincón. Lo cierto es que nuestras incautas invitadas buscan el espejo y el reflejo de lo que la Sombra proyecta.

La trampa es que no existe atajo para salir de la Razón, tampoco una respuesta aliviadora, sin el despojo del estado de confort o la efímera tranquilidad que se consume con los segundos y  se pierde de vista en los minutos.

encadnadoTeoría y Praxis eran otras rebeldes con causa,  ellas también se extraviaron en el laberinto, muchas veces embriagadas de optimismo y omnipotencia. Al principio, iban juntas, se ayudaban y- así- la ilusión de un camino sin desvíos parecía contentarlas. Pero el Azar hizo de las suyas y, en un abrir y cerrar de ojos, una de ellas quedó abandonada. La otra no corrió mejor suerte, se volvió loca al reconocer la pérdida. ¿Cuál de ellas pudo resistir el golpe de la realidad primero?

NO SOY SOLA

En el laberinto de la Razón, Moral no está sola o, por lo menos, eso cree ella, para no darle ventaja a la Sombra. Su secreto, bien guardadito, es la acción y el acto justificado. Porque Ética aún no se atreve, ni siquiera a confesar su miedo, su soledad. Conoce muchas batallas, pero persiste porque hay un imperativo que le parece categórico. Moral se burla de tanto exceso de idealismo y abraza lo hipotético como la única verdad. En definitiva, deben encontrar el camino que las saque del laberinto, aunque anden bastante lejos de alcanzar ese horizonte.

LO IRRACIONAL: HASTA LAS PATAS, EN EL LABERINTO

“Hombre Irracional” -2015-, además de ser la película número 45 del neoyorkinoimages neurótico, Woody Allen, es el dispositivo cinematográfico, donde el creador de “Manhattan” -1979- elige una relectura de los dilemas morales ya planteados en otras de sus películas (“Crímenes y pecados” -1989- o “Match point” -2005-). También es, quizás, su film más cínico y cansado. Esto, por momentos, hace del tedio intelectual una fórmula reiterativa, aunque en este caso se toma muy poco en serio los andariveles existenciales por los que atraviesan dos de sus personajes: Abe Lucas –Joaquín Phoenix- y Jill Pollard –Emma Stone-. Mientras tanto, el  resto de las criaturas que pululan en este universo se vuelven medios para concretar fines, a contracorriente de la ética kantiana y de las máximas universales de la buena voluntad.

El cinismo de Allen surge al desdoblar la trama de “Hombre Irracional”: lo que en apariencia entraría en el código de una comedia romántica -con triángulo amoroso, a la cabeza- muta en un policial, donde Importa menos el acto homicida que la justificación de los móviles para quitarle la vida a una persona. Hay muchos clichés recargados en apoyo de este punto: ya sea el de aquel  profesor universitario apático, quien enamora a la joven alumna inteligente y romántica, mientras que una cuarentona profesora de química –Parker Posey- pretende con él solo una  aventura. Ella busca escapar de la rutina matrimonial y vivir así el peligro de hacer lo incorrecto. Tanto más excitante, en el claustro universitario, donde la ética docente se corre a una segunda línea, en pos del deseo. Pero no sólo en la “academia” se cuecen habas. Fuera de la universidad, el entorno  no abandona el rol de juez moral y castiga a los pecadores por sus actos. El policial, desde la apariencia de un crimen perfecto, recibe su cachetazo de cinismo alleniano, al irrumpir el planteo moral como detonante de la culpa. No olvide, lector, la coartada a la razón presente en el título. El operativo de la razón, en el caso de Abe Lucas, comienza  con la ruleta rusairrupción del azar: cuando Abe es  testigo de una charla, donde una madre se queja de la injusticia de un juez desalmado, en relación a la tenencia de sus hijos. Ética y Moral- sentadas con Abe y Jill, frente a frente- escuchan atentas la conversación, sin opinar ni juzgar. Pero basta que el deseo de Abe encuentre el  atajo en su propio laberinto de la Razón, para que Moral apele a sus zancadillas racionales y allane el camino hacia la impunidad en el derrotero sin culpa, vengativo y resentido de Abe. Su vida gris comienza a insuflarse de colores, al pasar de la teoría a la praxis: debe asesinar al juez injusto para hacer del mundo, o por lo menos de la vida de la madre víctima (según declara), un lugar mejor.

Ahora bien, la primera mitad de la trama dialoga intertextualmente con aquellas películas de Woody Allen, donde los factores amor, seducción y diferencia de edad son motivo de reflexiones,  de soliloquios en off, de diálogos punzantes, retrueques inteligentes y cuotas de humor asegurado. Punto y contrapunto entre personajes: así, se construye ese mosaico de perspectivas. Claro, todo con la salvedad  de que las partes no configuran un todo, porque la grieta del descontento o del inconformismo intelectual en decadencia dicen “presente”. Ya sea desde su faz de autocrítica o desde la ironía.

La ironía de “Hombre Irracional”, más allá de su título paradójico, es precisamente el factor azaroso en lo que se supone un mundo con  reglas y leyes listas para ser transgredidas. Lo explica de manera contundente la escena en que Abe Lucas, en una fiesta a la que no tenía intenciones de concurrir, aburrido ya de escuchar debates estériles, toma un revólver y juega a la ruleta rusa ante un alumnado perplejo. Abe despliega su acto frente a una Jill flechada por lo que considera un extremo acto romántico. Al gatillar, respira ( la primera vez siempre es excitante). sombrasPero, al segundo intento, las probabilidades de continuar en el aburrido mundo decaen. Sobrevuela, también, el deseo inconfesable de que la bala no encuentre el camino de salida en el otro laberinto circular del tambor. La transpiración se mezcla con el aliento de todos los espectadores. Y el poder de encandilar a los demás subyuga. Estimado lector, la Razón volvió a encontrar el atajo para convertir al nihilista profesor en héroe o en mártir de una causa más elevada que su propio ombligo. Ahí va Abe: sucio de pensamientos absurdos ante lo fugaz de la existencia y dispuesto a jugar a todo o nada con un tercer intento, para quedar 50 a 50, entre la vida y la muerte.

¿ME ENAMORÉ DE UN ASESINO?

En la imagen,  se destacan el cambio tenue de colores y las opacidades que dan espacio a brillos en las secuencias al aire libre. Allí, en exteriores, el protagonista- de a poco- experimenta una transformación, al encontrar en su alumna planteos intelectuales “novedosos”, que lo obligan a repensar argumentos y a  reconectarse con la alegría de reflexionar el mundo, sus leyes de atracción y rechazo, la potencia de involucrarse con la gente. Mucho más, tras el acto de valentía irracional: el crimen. Pasar a la acción, poner en juego la moral revestida de amoralidad es un desafío para esa mente. Un necesario intercambio de roles, donde no puede haber asesino sin  detectives alrededor. Ellos son improvisados que cambian la lupa de la acción por la deducción, a partir de palabrerío, chismerío y la oculta admiración por quien puede salirse con la suya. Abe se pregunta -aunque la respuesta no le interesa tanto-: ¿se puede cometer el crimen perfecto? Para Jill la sola idea de matar es inconcebible. Será fiel a su imperativo categórico y a las máximas que rigen su conducta, aunque la infidelidad  hacia su novio -Jamie Blackley- no califica y no pone en riesgo su ética. ¿Cuál es la diferencia?, parece preguntarse Woody Allen, nuevamente desde la ironía. Abe Lucas- ahora el imparable Don Juan, devenido astuto criminal – no duda un segundo en la coartada: la mentira será parte de su ropaje de héroe moral-derechoincomprendido.

La causa está perdida en el laberinto de la Razón; los otros no son más otros, sino medios para llegar al fin. Porque, en definitiva, nadie puede cambiar el mundo ni hacerlo un poco más justo, con tan sólo el homicidio de los culpables. ¿Dónde parar? ¿Por dónde empezar?

Lejos de optar por el romanticismo o la cursilería, para Woody Allen el personaje de Jill Pollard equivale a esas mujeres encarnadas por Mia Farrow o Diane Keaton, en sus más celebradas películas. La misteriosa Emma Stone y su manera impredecible de seducir se mueven en el espacio que recorta la cámara y aleja a cualquier fantasma del convencionalismo en la caracterización de personajes femeninos. Ella hace de esa cualidad innata un tesoro que pocos directores logran explotar. El detalle lleva a que la decisión del cambio de roles en “Hombre Irracional” no sea un mero juego de apariencias. Esta vez, se identifica con un modelo racional y con la percepción de un  mundo idílico e inocente, el revés del mundo sin sentido: el de Abe Lucas, en su abulia. Jill transita por varios estadios de la Razón y el deseo, antes de convencerse por el camino de la ética por sobre el de la moral. El conflicto emerge apenas se cruza, en su apacible vida de estudiante universitaria y sin sobresaltos, con un hombre de “mayor experiencia” en todo sentido. Se convence mucho más con aquello que sueña (a Woody le encantan las idealistas) que con lo “real”. Aunque,  como último recurso, juega la carta de detective, una vez empantanada en el rumbo de las cosas.

TODOS CONTRA ABE

Abe Lucas es  la imagen de la desesperanza, del hastío en el devaneo intelectual entre filósofos (Kant, Nietzche, Heidegger, Sartre, etc.). El curso de verano en la universidad de laberito dela rzonNueva Inglaterra, una propuesta aceptada sin convencimiento, implica la  intención y  la esperanza de encontrar,  entre las cabezas de los alumnos, alguna “mente” que lo libere del resentimiento contra la burguesía intelectual. Busca que “algo” adormezca las jugarretas de su razón y despierte a  la bestia interior para, como lo define el propio Abe,  aplacar la masturbación intelectual.

El primer apunte irónico en el derrotero  del poco entusiasta profesor -personaje a la medida de Joaquín Phoenix, lejos de la mímesis alleniana en la que caen todos los actores  que pretenden convertirse en alter egos del director al actuar en sus películas-, radica en su bloqueo para terminar un ensayo, donde reflexiona sobre la relación entre Heidegger y el nazismo. Tal vez, una anticipación de su posterior dilema moral: el acto criminal como un reflejo distorsionado de aquel resentimiento, arrastrado desde el primer minuto de metraje.

¿Cuál es el sentido de la justicia si se parte de una decisión completamente injusta? Hay laberintos por los que transita la Razón, además de los propios, donde Ética y Moral continúan perdidas. Aún no comprenden que no existe un adelante o un atrás, no perciben la dirección, porque actuar también es una ilusión de movimiento. La Sombra las aventaja, las conoce y a veces las inventa, para que nadie se pregunte ni  cómo ni  cuándo decidió entrar en el laberinto de la Razón.




QUE SEA EL SOL

La persistencia: El patrimonio cultural y sus enemigos, la Villa Roccatagliata.
Por Isabel D´Amico

MI VENTANA

Ya, desde entonces, el viejo canoso que vende frascos llenos de miel andaba por la esquina.

imagen 1 (2)Hace veinticinco años compré el sol. Hice un buen negocio, porque el cielo estaba incluido. El viejo, no. Claro, compré solo una parte del sol, el resto debí aprender a compartirlo desde mi octavo piso.

Mi vida con el sol se está complicando y no es por desajustes propios de tantos años de convivencia, los dos nos acoplamos muy bien. De ello son testigos mis plantas: en algunas épocas del año, él suele ser abrasador y yo solo las corro de lugar. Los días en que no aparece ni siquiera le pregunto dónde estuvo, lo acepto como es. Así lo amo.

Fue un error no haberlo escriturado con la ventana, un verdadero error, no tengo un solo papel que lo registre.

EMERGER A DESTIEMPO

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LA VILLA ROCCATAGLIATA:

En el año 1900, este inmueble mostró su esplendor de estilo italiano en la esquina de Balbín y Roosvelt, entre el barrio de Belgrano y Coghlan. Cuentan: en un costado del parque, había una enorme fuente de agua que musicalizaba los susurros de las hojas. Los Roccatagliata eran una familia muy adinerada. Para esa época, este lugar se usaba como casa de fin de semana y, para mí- hoy, desde mi ventana- es mi patio de atrás. Cuando unos vecinos impulsaron la catalogación de la villa, empecé a verla con otros ojos. Era un bello testimonio barrial y me sumé a ellos.

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A pesar de su belle époque desvanecida, su figura, su elegancia emerge a destiempo entre tantos edificios repetidos. En el año 2010, el boom inmobiliario me hizo temer su destino y comencé a juntar firmas. El vecindario pidió un centro cultural en el lugar. De ese modo, se revalorizaría un espacio verde, tan necesario para la zona. En el 2013, con la Villa protegida (fue catalogada como patrimonio histórico y debido a los artículos citados por el director de Planeamiento Urbano) mi preocupación sobre el destino del predio se calmó.

POR UNA PALABRA CAMBIADA

Una llamada telefónica, unos meses después, me advirtió sobre los términos de la catalogación en la Legislatura de la Ciudad. Ahí se inició mi investigación. Alguien había cambiado la palabra “inmueble ” por “edificio”. En el término “edificio” se apoyó todo el peso de la catalogación y el “inmueble” se esfumó, entre la lapicera y el bolsillo de algún inescrupuloso. El predio, donde hace más de cien años se sienta orgullosa Roccatagliata, fue rifado entre los codiciosos proyectos inmobiliarios. Al edificio lo dejaron solo, sin parque, sin brisa, sin recuerdos.

Un juez estampó su firma en mi ventana y su sello en mi sol, por lo que debí recorrer otros caminos. A mediados del 2013, pedí audiencias a todas las “leyes” de la ciudad. Me entretuvieron con rompecabezas, donde traté de encastrar la 4687, la 104, la disposición 1718, el expediente A64913 y otros.

Entendí: las normas son estructuras amorfas; allí, los artistas legales esculpen a su antojo. Con desprecio y sin arte, moldean el destino.

IGUALACIÓN DE FUERZAS

Entre varios vecinos golpeamos una puerta defensora, la llamamos UET. A ella le hablé de mi pedazo de sol, le pregunté si podía escriturarlo de alguna manera. Dije:

– Estoy dispuesta a ceder un poco de cielo pero, si construyen la torre en ese predio, mi ventana y yo moriremos en una oscuridad absurda, innecesaria.

La UET nos abrió todas sus puertas, inició una acción de amparo y les envió escritos a las leyes, a las disposiciones, a los abogados y a los jueces con sus cinceles, sus gradinas, sus punteros y sus compases. Y, así, los escultores y las herramientas se detuvieron,

Al menos, eso creímos.

SILENCIO PARA EL AMOR

Entré en una etapa de hechizo, de entrega total al sol, lo cual no es bueno en ninguna relación. Comencé a notarlo esquivo. Los días se presentaban nublados y, si salía, lo hacía después de las doce, más fuerte y más hiriente. Todo volvía a su orden natural, los invasores de nuestro espacio común debían alejarse, los proyectos disolverse. Sin embargo, el sol de mi ventana se escondía de mí en un eclipse total.

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OTRA VEZ, SOPA

Una ráfaga de viento voló todas las puertas de la UET y los vecinos y yo nos quedamos solos, mientras los abogados y los jueces retomaban sus herramientas para esculpir.

Recogí todas las promesas de la UET y fotocopié cada una de ellas para repartirlas donde fuera posible. Las dejé sobre sillas, sillitas, sillones altos, bajos, redondos.

La primera señal fue al oír una sierra que, afilada, arrancaba los brazos más bajos de un gigantesco ficus, junto a Roccatagliata, desde siempre. Y grité, tanto grité, que dejaron de amputarlo. Ese día no vi al sol, aunque estaba. Mis ojos hinchados sabían que la sierra seguiría avanzando.

Por derecho propio, continuamos adelante. Por amor propio, insistimos en escribir en los diarios barriales, en el cielo, en la bronca, en el suelo, en la bronca, en la bronca.

¡QUE LES CORTEN LA CABEZA!

Los escultores de las normas, no contentos con los sucios permisos obtenidos, quisieron asustarnos con cartas documento, donde un índice gigante con mugre bajo la uña nos señaló:

“Culpables”.

Y los changarines, de una audiencia y otra y otra, se ocuparon de cargar a los vecinos de temor.

Entre las quejas de un bandoneón, algunos subieron por la enorme montaña del miedo. Otros, nos quedamos abajo y supimos escuchar a quienes padecen por el verde rifado, por las pelotas frenadas en predios privatizados, por las rejas que encierran la libertad de elegir cómo vivir, cómo soñar y cómo jugar en los parques de cualquier barrio.

Y, en cada audiencia donde la legalidad nos instó a agachar la cabeza, aprendí el monólogo de quien-como un mantra- repite su verdad ante tanto absurdo.

CONTIGO, A LA DISTANCIA

Los hierros duermen en la calle. A la mañana se deslizan hacia el pozo que sepultará nuestro amor y me despiertan con su vibrar metálico y sórdido. Anuncian que, poco a poco, tejerán las bases de nuestra separación. Cada hierro largo y retorcido se incrusta e intenta matar mi esperanza hasta el desahucio.

Roccatagliata 24 de octubre 2015 (2)

 

 

 

 

 

Son los hierros, la mezcla de cemento que chorrea, el sonido de los martillazos, la tierra que ellos escavan para sepultarnos.

Mi sol: ya suspiro tu distancia cotidiana.

Son los hierros y crecen y se entraman orgullosos.

Son los hierros: erguidos de triunfo, reciben el peso de la infinita pirámide.

Son los hierros.

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– Mañana nos vemos: hay un lugar verde, verde casual, a quince cuadras de nuestro balcón. Tenemos que acostumbrarnos, no importa qué nos hicieron, no importa lo derretido sobre nosotros. Lo nuestro seguirá latiendo, a pesar de este relleno gris plomo que nos separa.imagen 7 (2)
-Te veo a las cuatro, búscame junto al viejo canoso que vende frascos llenos de miel.

Andrea Bocelli Con te Partiro     




EL INCIENSO DE LAS PALABRAS

Por Alicia Lapidus.

La persistencia: del amor y la muerte

 Macedonio Fernández

La Muerte no es la Nada, sino que nada es.
El Nacer no es la Vida, sino que nada es.
Equivócase, por terrenal, el Corazón si te llora
pues en nuestra mente estás, y estuviste antes de sernos visto
En nuestra mente todo lo que eres, está
pues nunca estuviste sino en nuestra mente
y nuestra mente es la única que jamás existió.
Amarte, pues, debemos, pues que vives
y no Dolerte, pues no cabe perderte. 

EN EL NOMBRE DE BUDA

El 21 de Setiembre, escribí en Facebook: “Cada vez más presente en tu ausencia”. Se cumplían dos años de la muerte de mi padre. Pero, ¿a quién le escribí? ¿Un ser racional, como yo, le decía a mi padre muerto: “te extraño”?

Durante mi viaje a Vietnam lo aprendí: para el budismo, la muerte-o parte de la vida y transición hacia el nirvana- es un momento de alegría. Eso no significa que la familia y amigos no se entristezcan, sólo es tomada con naturalidad. Se celebra una gran fiesta, así el difunto disfrutará por última vez la alegría vital. Uno de los más allegados enseña al muerto el camino hacia el cielo, se quema dinero falso (fotocopias de dólares) y, para pagar un peaje en su trance, se arrojan talismanes. También se queman hojas pintadas de color rojo y amarillo: indican, al difunto, el camino de regreso. Todo alrededor, antorchas de caña: ellas iluminan la escena. Tampoco faltan las plantas. La escenografía busca que el muerto se reconozca desde el cielo, el marco intenta darle una mano desde este margen.

Pasado el entierro, durante los 100 primeros días, los hijos llevarán la comida al difunto todas las jornadas, pues consideran que su alma aún no ha llegado al cielo. Habrá frutas y verduras para el primer aniversario y otra vez se quemará dinero: es necesario que el muerto pueda tener una vida digna en el nuevo emplazamiento. Y algún pedidito también se le hace a quien recién ha partido: ya que tiene conexiones del otro lado, se le pide que nos ayude en cuestiones bien telúricas, como mantener la casa, el amor y el dinero.

En el budismo hay, para los sobrevivientes, un período en el que el muerto no se fue del todo. No podemos sacarlo de nuestra vida tan fácil.

Phạm Công Sơn, (1996), un antropólogo vietnamita, dijo: “la muerte no es el final, pero es la etapa final de una vida para transformarse en otra.” También afirmó que los rituales de muerte proporcionan a los deudos la oportunidad de cumplir con sus obligaciones filiales con los difuntos. Porque la muerte es, en general, inesperada. A menudo deja a familiares y amigos con asuntos pendientes con el difunto. La responsabilidad filial resulta una dura carga en la cultura vietnamita. Los rituales funerarios, adecuados según las capacidades, le dan al doliente una última oportunidad junto a los difuntos, ayudan con el sentido de continuidad y con el cierre final.

¿IRREVERSIBLE, UNIVERSAL, IMPLACABLE?

La muerte tiene una representación característica en su irreversibilidad, en su universalidad y en su implacabilidad. Una separación que no sea dada por la muerte, siempre queda abierta al reencuentro. Cuando “ella” llega las chances se obturan y es lo que hace que sea uno de los duelos más difíciles de afrontar (Dávalos et al, 2008)

En psicoanálisis se habla de “elaboración del duelo”: renunciar a la persona amada. S. Freud, en “Duelo y melancolía”, define el duelo como una reacción ante la pérdida de una persona querida, pero no solo habla de duelar a alguien concreto, tangible. El duelo también incluye la pérdida de ideales o ideas que uno presupone, por ejemplo, la patria, la libertad, un ideal.

Desde una perspectiva psicológica y fenomenológica se han descrito tres fases del proceso:

  • En la primera, llamada fase de evitación, incluiríamos el shock o el embotamiento con la negación a reconocer al principio la desgracia, es el instante traumático en el que se pierde el objeto.
  • En un segundo momento, en la fase de confrontación, tienen lugar las emociones más intensas; se intenta recuperar aquello perdido. Por eso la rabia y la culpa pueden ser desbordantes. A menudo, en la fantasía, se da vueltas a todo lo vivido e incluso ocurre una satisfacción inconsciente al recordar el dolor. Ese genera un cierto goce. Las manifestaciones más comunes pueden ser los síntomas depresivos, la angustia y hasta pueden tener lugar visiones o la sensación de sentir la presencia de la persona perdida. El fenómeno elemental de la alucinación manifiesta un intento por retener el objeto perdido, una forma de apartarse de la pérdida. .
  • La tercera fase es la de restablecimiento. En esta, aparece un cierto desapego y el recuerdo surge con menos afecto. En la cotidianidad, este periodo se emparenta con la típica frase “el tiempo va borrando las heridas” o “el tiempo lo cura todo”. Más, desde el psicoanálisis, se sabe que el tiempo por sí solo no cura todo.

Si el sujeto tolera pasar por el malestar que supone aceptar la pérdida y renuncia a toda esperanza de recuperación, empezará un declinar del duelo y una apertura progresiva hacia nuevos objetos. En muchos casos, el proceso comprende desde el momento en que se produce la pérdida hasta la aceptación final.

Se despierta. Va y viene de la mesa a la ventana, se sienta, se pone de pie. Va y viene de la cama a la silla. Se acuesta, mira fijamente el techo. Cierra los ojos, abre los ojos. Va y viene de la mesa a la ventana. Encuentra otra hoja de papel. La coloca ante sí sobre la mesa y escribe estas palabras con su pluma: Fue. Nunca volverá a ser. Recuérdalo.

Paul Auster, “La invención de la soledad”.

 

DEL DOLOR A LA PALABRA

A través de la literatura, encontramos muchos narradores que escriben a sus amores fallecidos: sean amores filiales, fraternales o parejas. Hace poco, John Berger junto a su hijo Yves escribieron “Rondó para Beverly”. Una elegía entrañable dirigida a Beverly, la mujer de John y madre de Yves, muerta hacía cuarenta días. En Berger, la muerte de Beverly no es vivida como la desaparición de la persona amada, sino como un acceso que esa persona habilitó para que él se convierta en otro, sin ella.

Nos preguntamos por qué le escribimos, hablamos, preguntamos a los muertos. A través de las preguntas y la “comunicación”, sin duda, negamos su ausencia completa. Es diferente, sin embargo, con la escritura. Al convertir al amado- en el limbo de nuestra alma- en palabras; al descifrarlo, al bucear en los detalles de ese vínculo, lo re-construimos lo re-definimos. El dolor paralizante desaparece cuando somos capaces de convertir la muerte en motor de la poesía. A la manera de los vietnamitas, alimentamos ese trayecto del muerto hacia otra dimensión. En nuestro caso, les prendemos el incienso de las palabras.

 Porque tú estás muerta, mamá. Llevo dos días repitiéndolo y repitiéndomelo y preguntándoselo a mis amigas, por si ha habido algún error o lo he entendido mal, pero cada vez me aseguran que ha ocurrido lo impensable. También esto pasará.                                                                            Milena Busquets 

LA NOSTALGIA CREATIVA

Amelie Nothomb comienza así “La nostalgia feliz”: “todo lo que amamos se convierte en una ficción.” Para eso necesitamos tiempo. Ese tiempo de angustia- de negar la realidad, de enojo con la vida misma- se vuelve añoranza; ese tiempo transforma el desgarro- la desaparición- en creación.

La muerte siempre sucede y hemos aprendido, a lo largo de la vida, que este suceso inevitablemente pasará. Pero, también podemos llegar a aprender que es posible llenar de sentido una pérdida y dar significado a una muerte o la oportunidad de un nuevo comienzo.                                                     Elisabeth Kübler-Ross

Para el psicoanálisis, habremos elaborado el duelo. Para el budismo, encaminado a nuestro difunto hacia su camino correcto. Para nosotros, escribir habrá transformado la pérdida en fundación.

5-Nanoo G_Memory of Grief

Mi padre

Mi padre era un águila.

Un sabio ignorante. Un cálculo matemático.

Un pan con anchoas en Mar del Plata.

Mi padre, un bigote. Una galaxia hecha cuento.

Era un vermut con platitos.

Mi padre un tirano y un siervo.

Una mañana en la playa y una ausencia de infancia.

Un sobreviviente de su aventura.

Mi padre era un viaje y una historia.

Mi padre era su tango y

para mí,

fue mi primer vals.




ESPEJO ADENTRO

Persistencia: Sobre Américo Aniello Salvatore Nunziata, la lucha por la palabra.

Por Marcela Castro Dassen

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Américo y el Che

 

NACIDOS DENTRO DE UN VOLCÁN

Imagen (18)En el acoplado de  un camión, yendo al trabajo voluntario en La Habana, con mi padre, la gente hacía ritmo todo el tiempo. Mientras cortaba caña, mi padre era un solo hombre con el machete. Agradezco su decisión de ir a Cuba y llevarnos. Tengo la imagen de él como un Quijote: arrebato de energía, voluntad, amor por la ciencia. El estudio. Investigación. Pasión deportiva. Principios. Tenacidad. Tenacidad, tano, napolitano… pude asociar cuando lo supe. Y, claro, el Vesubio, allí. Y, cuando mi hijo Dante me preguntó sobre los orígenes de la familia, le hablé de esta característica y del volcán. Por eso él, en su cuaderno de primaria, escribió: orígenes de la familia: origen volcánico.” (Sandro Nunziata)

Persistir en conductas, ideales, proyectos. Para sí y para otros. Todo está escrito con espejos, al decir de  Alejo Carpentier. Espejos acomodados como en dominó. Así, ninguna imagen queda fuera del recuerdo vuelto lenguaje.  Vamos, pues- como Alicia- hacia adentro del espejo.

MEMORIAS DE UN VIDRIO CON ESTRELLA

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Carta subastada, con firma del padre de El Che.

 

Américo Aniello Salvatore Nunziata. Impecable, descriptivo, con sentido del humor. De mi padre, fumador empedernido,  solía decir “Marcelo respira por un agujerito”. Jamás olvidaré aquella oportunidad en que mi perro se escabulló  en busca de la perra en celo del Dr. Nunziata. En su desesperación, el hombre arrojó una piedra, que se estrelló en el vidrio del vecino. Envuelto en ira, rescató – de entre su escaso vocabulario- al menos 25 insultos. Y Américo, a modo de  toda respuesta, atinó a decir “Dr.- (el vecino también era médico)- entiendo que entre colegas universitarios debemos dialogar de otra manera”. Puedo asegurar que lo dijo con plena convicción de sus palabras.

Ahora que estoy dentro del espejo, lo sé. Américo no fue sólo un niño que tiraba piedras en los baldíos ni un defensor de títulos universitarios.  Su persistencia en la corrección del lenguaje anduvo de la mano de sus ideales. A esos, ni aun dentro de los peores reflejos, los abandonó.

Su casa tenía más libros que muebles. Américo era, a mis ojos, “La revolución”. Le pedía una y mil veces que me repitiera sus relatos cubanos, su descripción de la muralla china. En esas fue que me presentó a José Julián Martí Pérez y a sus “Versos sencillos”, a Carpentier con su “Viaje a la semilla” y a Dulce María Loinaz, con “Yo dejo mi palabra en el aire, sin llaves ni velos”.

Sandro
Sandro

Paciente, serio, reflexivo: Américo. Nos recibía en su sencillo mundo de textos. Mi hermano y yo nos zambullíamos a leer, ávidos de su sabiduría. Él nos invitaba a su ordenada soledad, sólo a veces felizmente interrumpida por  Dora, su amada esposa.

Abrazadora potencia de los volcanes que lo vieron nacer, pasión por el arte que acompañó su infancia.

“Ese, a quien yo llamaba simplemente papá, se llamaba Américo Aniello Salvatore Nunziata. Nació el 25 de septiembre de 1910, en Bologna, Italia. Fue bautizado por el Papa Pío X, dato que tendrá importancia por el giro que él mismo dará más tarde en su vida. Su madre, Rosa Sícoli, brasileña descendiente de italianos, había nacido en 1893. Se casó con Carlo Nunziata, artista italiano y empresario de teatro.” (Martín Nunziata)

 DISTORSIONES DEL ESPEJO: AMÉRICO NACE LEJOS DE AMÉRICA

Carlo y Rosa Sícoli se conocen en Buenos Aires, en la pensión de la madre de Rosa. Desde allí, viajan a Italia, donde nació Américo. Como dentro de tantos espejos, no tardan en aparecer- en el azogue y en el brillo de la pareja- ciertas turbulencias. La separación definitiva lleva a Carlo hacia Brasil. Rosa reconstruye su imagen en otro espejo: conoce a Onésimo Bonomi, empresario teatral y dueño de “Amaro Monte Cudine” y “Montebar”, íconos de la época.

Mientras tanto, el magma comienza a arder en el joven espíritu de Américo.

Lo imagino niño, cuando asistía a El Salvador y al Lasalle; lo imagino, después, en un auto con chofer, cabina aparte. Premio de religión, monaguillo. Lo imagino también con la mirada transparente, con la mirada atenta sobre otros niños que, al vocear diarios, anuncian diferencias de clases. En esos pregones se abrían las brechas que exigían  una explicación primero; una acción, después.

Américo recurrió a quienes tenía. No encontró la respuesta en Dios, muy a pesar de su bautismo papal.  Huérfano de doctrina, se dispuso entonces a reconstruirse en el caldo de lo real. Inteligencia, sensibilidad y coraje para la transformación le permitieron dejar aparecer al nuevo Américo, dentro de los contornos del Viejo

ALQUIMIA DEL ESPEJO

En esas mutaciones andaba, cuando eligió el arte de curar. La facultad de medicina era poco territorio, frente a su deseo de servir. Tampoco lo seducían los negocios familiares, ni el ofrecimiento de su padrastro, Bonomi, de ser su albacea testamentario. La medicina práctica sí fue un espacio donde se encontró a  sus anchas. La ejerció en la persistencia de sus ideales, siempre que lo dejaron. Medicina hospitalaria, generosa.

Martín
Martín

Dos imágenes reflejadas con la misma fuerza: su excelencia médica y su condición de comunista. La primera, opacada por el Estado, al que le entregó el saber. En el azogue, sus pacientes. El agradecimiento se tradujo alguna vez en una gallina viva colgada de las patas. Y, otra vez, cuando  Alberto J. Armando- a quien Américo le había salvado la vida luego de un accidente de tránsito-, le obsequió un auto 0 km., que desplazó a un viejo Morris Ten.

Bella imagen, excepción a la regla:

“También sucedió que condiscípulos suyos, alumnos de su gran maestro, Ricardo Finochietto, usaban la condición de comunista de papá, para que no fuese reincorporado al Hospital Rawson del que había sido cesanteado. Papá recordó siempre con gratitud al Dr. Jorge Taiana, (padre) quien, siendo peronista, reconoció la calidad profesional y humana de papá y se jugó por su reincorporación. (Martín Nunziata)

 Discípulo y continuador de las técnicas de Ricardo Finochietto, con quien escribió  “Asistencia a los enfermos hepatobiliares”, libro utilizado en diversas universidades del mundo (Barcelona, Harvard). La primera edición es de El Ateneo, en 1942. Américo, solo tenía 32 años.

Para ese tiempo, del bautismo papal apenas quedaba el recuerdo.  Por entonces, se autodefinía como ateo consumado y elegía afiliarse al Partido Comunista Argentino. Américo consecuente. El ejercicio hospitalario, gratuito y público de la medicina debía extenderse a todas las disciplinas. En su afán universalista, Américo trabajó como Profesor de la Cruz Roja. Allí, en una encrucijada de espejos- el encuentro fue durante el mismo año en que se edita su libro- conoció a  Dora. Hitos de vida y una historia de amor que merece su propia nota: “Fue un amor a primera vista que duró 41 años”, dice Dora.

“De ellos, nacimos 4 hermanos varones que, sucesivamente, fuimos generando la expectativa nunca cumplida con ropita rosa y de llamarnos “Margarita”. Eduardo, el mayor, nació el 10 de marzo de 1946; Martín, (yo) el 29 de julio de 1947; Ricardo, el 6 de noviembre de 1948 y Sandro (Alejandro) el 7 de junio de 1951.” (Martín Nunziata)

 ESPEJOS VELADOS

El 17 de octubre de 1945 los encuentra en la quinta de Anne Marie Heinrich. Nina Castagnino, esposa de Carlos Castagnino, les avisa que una multitud se había congregado marcela1en la Plaza de Mayo y reclamaba la liberación de Juan Domingo Perón, detenido en Martín García. Dora- embarazada de Eduardo-,  Américo y sus amigos se acercaron al lugar. En medio del azogue roto, los espejos complotados y la represión armada, Américo –herido- fue en busca de un amigo desaparecido. En un rincón, descubrió el cadáver del Dr. Mauricio Ottolengui. Ese día es el primero de tantos. Palos en la rueda persistente, que no se amilana  ni aun cuando lo detienen por pedir  solo un minuto de silencio en memoria del colega fallecido.

Intolerancia no es persistencia. Ser comunista en nuestra Argentina puede ser la historia de una odisea.

PISAR ESPEJOS ROTOS

Cesante en 1950 del Hospital Rawson, fue despedido con un aplauso por los médicos y el personal. Se sabe que los deseos fuertes y los reconocimientos públicos nunca alcanzaron para evitar la ignominia.

Ese espejo del poder es el que lo llevará preso a la cárcel de Olmos durante la llamada “Revolución Libertadora”. De allí es trasladado  a la embarcación “El París”, fondeada a 5 km de la costa. Un grupo de hombres condenados por su ideología. Durante un mes seguido, Dora le enviaba flores, que Pugliese colocaba sobre el piano de a bordo.

Como se hacía con los locos durante la Edad Media, cuando se los condenaba a naufragar en el espacio más amplio- el océano- a Américo le tocará un modelo más moderno y estrecho de aquel castigo. Durante el Gobierno de Frondizi, marcela2 más llá del infinitopasará un mes y medio detenido en otro barco, el carguero BDT7. Allí, las condiciones serán mucho peores que durante el primer encierro. Y nuevamente Dora pondrá la música. Desde la costa, sentada en el muelle, sacaba su acordeón e inundaba la distancia con melodías. Notas espejadas en el aire, esperanza de que Américo las escuchase y supiese que allí estaba.

Es que Dora nos lo contó varias veces y de un modo tal, que hoy mismo- al evocarlo- se me llenan los ojos de lágrimas” (Vivi, esposa de Martín Nunziata.)

 De barco en barco, el asunto terminó en tierra no tan firme, dentro de la cárcel de Caseros. Y, tras su liberación,  vuelta al ruedo.

UN ESPEJO DONDE NACE LA ESCRITURA

Nada detiene al magma. Entre reja y reja, en mayo de 1956, presidió la Delegación Cultural Argentina del Partido Comunista. Así viajó a China, a la URSS, pasó por París por y Checoslovaquia. Yo era pequeña. Pero los espejos que nos reflejan a esa edad, aunque se distorsionan, nunca se pierden en ninguna curva del tiempo. Recuerdo sus relatos de la “La gran muralla China”. Tal vez, esa fue la primera marcela3oportunidad en que un texto- oral, en este caso- me puso frente a la potencia de las palabras para crear imágenes. Vi, claramente, lo minúsculo que se sentía Américo frente a más de 4000 km de paredón-  alguna vez fueron 7000-, construidos a través de los siglos. Eso que insistía en el tiempo de la piedra se trasladó hasta mí durante el tiempo del viaje de regreso a América y llegó a mí en las palabras de Américo. Dentro del espejo de su relato, nació mi escritura.

Y, aún hoy, al escribir esta nota, el reflejo y el azogue de ese día me saludan. Así, reinventan y trasmutan mi imagen, mientras mi palabra avanza, hasta este punto. No final.

ESPEJO CONTINENTE.

Américo, nombre continente.

Un lugar en América en el que sus ideales y su vocación se fundieran y volvieran compatibles.

Una Argentina donde convivían el Dr. Taina, Ricardo Finochietto, y “Tacuara”, “Tradición, Familia y Propiedad”.

Más vidrios rotos, ahora no por las manos inexpertas del Dr. Nunziata al defender la virginidad de su hermosa pastor alemán, sino por disparos en su hogar.

En 1959 triunfó la Revolución Cubana.  Los ojos del mundo se focalizan por un rato en imágenes claras o distorsionadas. Lo cierto es que, para muchos, nace una esperanza.-El sueño de una América más justa. Ese año nací. Y, hasta el día de su muerte, en 2001,  mi padre se emocionaba al recordar aquel 1º de enero de 1959, y a los niños cubanos saludando con el grito “Seremos como el Che”, ya en 1997.Las reservas, las deudas de la revolución quedarán para las tertulias. Aquí nos ocupan la vocación de Américo, la unión del magma de sus ideales y su vocación de curar.

 “A mediados de 1961, la naciente revolución queda prácticamente desmantelada de profesionales y técnicos. Hizo, entonces, un llamado internacionalista a los pueblos del mundo, a los partidos políticos progresistas y de izquierda, solicitando ayuda solidaria.

marcela4tumblr_m55zfwtE6W1qhop1zo7_1280El PC argentino recurrió a sus afiliados. Un médico que había sido designado estaba muy enfermo y le propuso a papá tomar la posta. Consultó con mamá, quien inmediatamente le dijo que sí y, en poco tiempo, junto a una delegación de argentinos, papá partió en un viaje previo a Cuba. En la Habana, se entrevistaron con el Che, quien les planteó la necesidad de contar con ellos y, a la vez, les señaló  los límites que tenía Cuba para contratarlos en  términos de los magros sueldos que la Revolución podía pagar. Todos aceptaron, sabían a qué iban. Papá sólo le planteó al Che que no quería abandonar a sus dos perras, a lo que éste le respondió sonriendo: “Tráigalas, Dr. Yo no soy ministro de perros, pero seguro que no habrá problemas”. También tuvieron un encuentro coloquial con Fidel.

A su regreso, mamá organizó una gran feria americana y puso en venta todo, o casi todo. Menos la casa, que se alquilaría.” (Martín Nunziata)

Y allí partieron los seis, con las dos perras, a un destino incierto.

Me avergüenza decir que “conozco” Cuba. En esa isla que se reflejó en infinitas imágenes, innumerables textos, fui turista. Muy lejos de eso estaban los Nunziata. Ni turistas ni exiliados: Voluntarios deseosos de ayudar. Una gesta que cambiaría radicalmente su vida. Desconocida por la mayoría y nada reconocida por la historia.(1)

El viaje fue una sucesión de vicisitudes, entre las que se cuenta la de Américo corriendo a sus perras en el Aeropuerto de Galeao, Brasil, luego de partir desde Uruguay, seguir a Trinidad y Tobago, para finalmente aterrizar en suelo cubano. Aeropuerto de Rancho Boyeros.

Algunos meses pasaron hasta que la familia tuvo un hogar. Una casa en Alta Habana, en ese momento 15 km de la Ciudad. Y entonces Américo se lanza de nuevo a la labor. Trabajó en el Hospital Manuel Fajardo como Jefe de Ortopedia, y en la Universidad como profesor invitado. En 1965 Médico, en el Hospital Naval de La Habana. Qué lujo para los cubanos, lujo del que se vieron privados tantos argentinos.

La isla, espejo en la esperanza de muchos, azogue en el rechazo de otros tantos, dio sal y pimienta a la vida de Américo. Los sabores amargos vendrían mas tarde.

marcela7Foto vívida, recreada en la imagen de la retina: En la Plaza de la Revolución, al pie del Monumento a José Martí, muy cerca de Fidel, el Che y de Raúl, estaba presente toda la familia Nunziata. Eso fue en la Primera Declaración de la Habana. Cuba se declara “Socialista y Primer Territorio Libre de América”.

Movilizados en la “Crisis de los Misiles”, ocuparon puestos de lucha. Todos, incluso la bella, enamorada y comprometida Dora. ¿Hubiera sido más hábil Américo con el fusil que con la piedra? “Estudio, Trabajo y Fusil”, premisas cumplidas.

Dora, primera mujer extranjera que tuvo el cargo de Secretaria General de la Federación de Mujeres Cubanas en Alta Habana. Dora alfabetizadora en un país que hoy tiene el mayor porcentaje de universitarios. Dora fundante. Enseñó recetas de cocina, incorporó la huerta familiar a una sociedad victima del embargo comercial, económico y financiero desde 1960.

Y Américo, persistente en sus ideales, salvaba vidas. Hizo mucho más que difundir, eso lo hace cualquiera. Las suyas no fueron sólo palabras, lo suyo resultó comunismo vivido por elección. Y, por eso en 1966 representa a Cuba nada menos que en Italia, su país natal,  durante el Congreso Internacional de Ortopedia. Un año después, Martín, con 20 años, regresó a Argentina a cumplir con el servicio militar obligatorio. Mejor colimba que desertor. Al poco tiempo lo siguen Américo, Dora y dos de sus hermanos.

Y aquel compromiso solidario, que tenía un plazo de un año, fue de seis.  A Américo le costaron algunos aspectos de la idiosincrasia cubana, no lo compartía todo. De cualquier forma, el de Cuba fue un ciclo cumplido, sostenido por sus principios y su ideología en esta dura etapa de la Revolución, que cambiaría la vida de toda la familia, espejándose en cada uno de sus éxitos y de sus fracasos.

ESPEJOS PATAGÓNICOS.

El Che moría en Bolivia y asumía Onganía en Argentina. Las imágenes recorrían el mundo, ganaba por varias millas la del Che. Mientras tanto,  Américo andaba “proscripto” como médico por la “Ley de represión del comunismo”. Inhibido de ingresar en hospitales públicos. Rechazado en los sanatorios privados por quienes habían sido sus discípulos. Por eso, la familia alquilaba un pequeño departamento en Buenos Aires, a la espera de recuperar su casa en San Isidro, alquilada seis años antes. Allí decide Américo venir a Río Gallegos, a 3000 km de su familia. Y es, en esa dura etapa de su vida, en que del otro lado del espejo esa niña que fui se nutrió de todo él.

En Santa Cruz hay 100.000 habitantes en 243.943 km 2 Eso no quiere decir que cada 2,5 km haya una persona saludándote”. Frase inolvidable.

Es durante esa época y en solo 3 años, cuando Américo dejó su huella imborrable. Amigos para el resto del tiempo, Marcelo Castro Dassen, (mi padre) Pío Carlos Martínez y su familia, los Baletta, familia de campo, colegas y, como siempre, sus pacientes. Por entonces, comienza la primera experiencia de Américo en un consultorio privado al que le puso igual dedicación y generosidad que a su trayectoria hospitalaria.

Hoy, con la historia completada por la marcela5ogenerosidad de Martín y Sandro Nunziata, me estremece el darme cuenta de la feroz batalla espiritual del hombre. Dora, en Buenos Aires, cocinaba para casamientos, fiestas, luchaba por sacar a su familia adelante. Sus hijos, imposibilitados de terminar sus estudios. La sola mención de Cuba cerraba todas las puertas. “La peste del comunismo, aislamiento y persecución.”

Uno de sus hijos permanecía en Cuba. Y Américo, entero para brindarse a los demás. Obsequiaba la palabra, abría páginas inolvidables, prestaba su sillón y su biblioteca. No sólo él festejaba la llegada de Dora. Los amigos la esperábamos. ¡Sus manos eran mágicas! Tejía hermosas mantas al crochet. Yo iba con mi ovillito y mi aguja a aprender. No superé el cuadrado pero, al menos, aprendí el punto cadena.

Cocinaba lo que le dieran como manjar. A una de sus tortas la “patentó” Doriaike. “Aike”, en idioma tehuelche, significa lugar. Lugar de encuentro.

LA SUMA DE LAS IMÁGENES

En 1971, la familia vuelve a encontrarse en su casa de San Isidro. El pequeño consultorio privado era la esperanza en tiempos de paz.  Américo se siente opacado por la muerte de Salvador Allende y las mil esquirlas que ultrajaban la vía pacífica al socialismo bombardeado en La Moneda. Y, mientras tanto, en nuestra Argentina, “Cámpora al Gobierno; Perón, al Poder”, nueva ilusión de corto aliento. Un suspiro en el espejo. Pero las cosas no terminarán ahí. Como un nuevo “bis” de nuestras viejas derrotas, hizo entonces su aparición en escena la AAA y se instaló el terror para quienes tendían a la izquierda en sus ideas. Con la asunción de Videla, en 1976, Vivi- embarazada de 8 meses- es despedida del colegio en donde trabajaba, con el “argumento” de que no estaba casada por Iglesia. Su hija, Ianina, nació el 27 de septiembre de 1976, con una discapacidad severa. Entonces, mientras Américo y Dora cuidaban a Fernando y Pablo- los otros hijos de Martín- en Villa Adelina les destrozaban su casa y les robaban todo, en un operativo militar organizado.

Ellos se salvaron de la muerte y, ante esa “advertencia”, malvendieron la casa familiar en una extraña operación. Luego sabrían: aquella era una empresa en la que se combinaban una inversora y el operativo militar. Sobran las palabras.

Américo y Dora quedan, así, recluidos en un mínimo departamento. Martín y Vivi, ante la imposibilidad de irse del país, comienzan una dura vida en el Delta. Ese fue  su “exilio interior”. En cambio, Ricardo anduvo por el Amazonas. Sandro fue rescatado por la danza y Eduardo vive aún hoy en México.

“Papa murió el 12 de octubre de 1984. Me pidió que cerrara la sala del velatorio, que no quería discurso alguno, que eligiera el cajón más ordinario y que quitara el crucifijo y las broncerías. Quiso ser cremado y me pidió que arrojara sus cenizas al río Paraná. Así lo hice. Al mes, mamá me pidió que la llevara hasta el Paraná para tirar flores. Complací su deseo y, con mucha paz, cumplimos el ritual.” (Martín Nunziata)

 Un tiempo después, Ricardo se arrojó desde un octavo piso Y Dora lo sobrevivió, fortaleza emocional que suma reflejos ancestrales, tal vez.

 Ricardo no estaba escondido. Aunque, al ver su caída…virtual…real…, estaba escondido en algún lugar o perdido o habitando otros. Lo que percibíamos era una cáscara” (Sandro Nunziata) 

 MI PROPIO ESPEJO

Mi querido Américo, como buena abogada, quise hacerte justicia. Escribí, indignada por la falta de reconocimiento a un grande; a un hombre que no claudicó ni ante la adversidad de tantos espejos rotos.

Cuando la palabra “persistencia” me trajo tu nombre, lo primero que hice fue preguntarle sobre vos al Sr. Google- a quien no hubieras querido conocer-, segura de que encontraría, al menos, 20 links. Pues no, solo dos breves referencias. Una sobre una carta que se subasta en Londres, creo, donde el “Che” los menciona. Y otra: algunas notas respecto a publicaciones médicas. Ninguna referencia a tu estancia en Cuba por más de seis años, a tu actuación como médico hospitalario en Argentina, nada. No esperaba menos de Wilkipedia. Eso sí, me permitió ponerme en contacto con Martín, con Vivi y con Sandro.

Y, si de persistencia hablamos, los 3 nombres encajan como  las piezas faltantes de un rompecabezas. Justos, respetuosos del espacio del otro, suman a la imagen total. Y completé mi historia. Y tal vez sumé algunas anécdotas infantiles a la vida de Américo. No hay otra palabra, “GRACIAS”

REFLEJO EN SU HIJO MARTÍN(1)

“Cualquiera sea la idea que se tenga de Cuba, cada vez que se habla de la calidad de su medicina y de su persistencia como sociedad, me acuerdo de la tarea y el compromiso de mi viejo formando médicos, fiel y coherente con sus principios. En este sentido no hay ninguna contradicción. Decía mamá, que uno muere del todo cuando mueren los recuerdos. Aún me encuentro con gente que me hace referencia a cuando papá lo operó o le salvó la vida a algún pariente o conocido; otros que lo recuerdan por su compromiso. A pesar de tantas tristezas, nuestras historias me siguen pareciendo conmovedoras y trascendentes. Amo a mis padres. Tuvieron muchas más virtudes que defectos. Ojalá yo haya cometido menos errores con mis hijos, cosa que no sé. Y ahora sí puedo decir que Cuba es mi segunda patria. No fue un error. Más allá de lo que pueda ser hoy. Haber ido a Cuba fue una ilusión, una utopía fantástica, como toda la década de los ’60. Cuba no tuvo la culpa de los golpes de estado criminales que nos tocó vivir en Argentina. Con la ayuda de mi memoria, los apuntes de mamá, el amor y los deditos de mi amada Vivi, he tratado de transmitir aspectos de la vida de mi papá.”

 POSDATA

Y sí, un poco abusé de la generosidad de sus hijos y de su nuera. Esto dijo Vivi:

Hola, soy Vivi: Yo sí te voy a hacer un comentario sobre tu escrito: Me gustó mucho desde dónde encaraste el relato. Me sorprendió al principio, porque yo estaba imbuida en el aspecto biográfico y algo despersonalizado donde Martín trató de reconstruir una crónica de vida. (ni te imaginás la cantidad de reflexiones, emociones, alegorías, analogías, cantidades de hechos, comentarios que se nos presentaban evocando la historia vivida, a medida que íbamos transcribiendo a la compu lo recopilado por Martín. Y todo eso fue dejado de lado, más todo lo que ya había segado Martín cuando hizo su borrador)

 Después recordé que tu trabajo es para una revista literaria ¡y me encantó cómo lo encaraste!

Una sola cosa me atrevo a decirte, desde mi emocionalidad descarnada: No es lo mismo hacer música con otro médico (que en realidad la acompañó para que no fuera sola -lo que no es poco-) a que Dora se sentase en el muelle, sacara el acordeón (no es un instrumento cualquiera) y tocara melodías con la esperanza de que Américo la escuchase y supiese que ella allí estaba.  Es que Dora nos lo contó varias veces y, de un modo tal, que hoy mismo- al evocarlo- se me llenan los ojos de lágrimas. “

NOTA ASOCIADA: CARTA DEL EMBAJADOR




ESCUCHAR HABLAR A LAS VEREDAS

Persistencia: sobre los baldosones de la memoria.

Por Lourdes Cabrera

Queremos que las veredas por las que transitaron hablen de ellos”

                              De “Baldosas por la memoria I”, extracto de contratapa.

DAR EL PASO

¿Por qué sobre la vereda y no sobre la pared? Contra la primera suposición, contra el pensamiento rápido que indicaría, ¿ponen una inscripción de la memoria para ser pisoteada?, el proyecto “Baldosas por la memoria” quiere devolver el paso a quienes fueron extirpados de su territorio, muchas veces, en medio de las situaciones más cotidianas. Al pisar, entonces, ponemos a andar nuevamente el paso y el nombre de aquellos que no deberían estar solo en el recuerdo. Ellos caminan con nuestro cuerpo. Los llevamos donde vayamos, les prestamos nuestras consistencias para llenar- por un instante, aunque más no sea- la silueta tenebrosa de la figura “el desaparecido”.

lurdesca5No se trata del bronce ni del homenaje solemne. Tampoco de colmar la calle con nombres que, de tantos, terminarían por disolverse en el anonimato. Un nombre y un espacio son los elementos imprescindibles para empezar a definir una vida. No alcanzan, pero aproximan. Fundan un espacio que acerca a quienes no están al tiempo de los que sí estamos.

ARRANCADOS DEL CAMINO

Los baldosones, entonces, son una marca que persiste frente a cada casa, frente a cada centro de enseñanza, frente a cada lugar de trabajo. Porque, en medio de la cotidianeidad- en medio de un pequeño camino hacia la panadería, al salir del banco, a punto de entrar a la escuela, rumbo al médico en busca de salud para un cuerpo a punto de quebrarse en pedazos- en medio de esas cuestiones rutinarias, fueron sorprendidos los pasos de tantos. De un momento a otro, lo que era un sendero, un transcurso, la extensión en tiempo y espacio de una vida, fue transformado en un hoyo, en un infierno de tortura y muerte.

lourdesca2LA PERSISTENCIA ENSILUETADA

En la figura del desaparecido, la persistencia multiplica sus significaciones. Primero, fue la persistencia sistemática, para perseguirlos y desaparecerlos. Luego, vino una segunda instancia, perversa y cruel: el persistente modo de muchos para negarlos y demonizarlos. Este segundo modo se acompañó de un tercero: la tenaz y astuta manera de negar su condición social, su pertenencia al barrio, a la fábrica, al centro de estudio. Este tercer estilo se animó demasiado lejos: hasta intentó  borrar la ideología y las formas de expresión de los secuestrados.

Y empecemos la cuenta otra vez. La primera, la segunda y las persistencias que hagan falta consisten, de este lado de las cosas, en la búsqueda por otorgar a cada uno de los 30.0000 desaparecidos un rostro, un lugar de pertenencia, un nombre.  Colocar el baldosón sobre las veredas de todos los barrios de Buenos Aires, y más allá de la General Paz, les da cuerpo a los ausentes en la memoria colectiva, los derrama en risas y lágrimas, en cada encuentro para fabricar cada baldosón.

Colocar un baldosón no es un mero acto simbólico. Cada  reunión de las asambleas barriales trasciende el hecho, une familias y persiste, más allá del día señalado para la colocación.

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LA PERSISTENCIA ENSILUETADA

En la figura del desaparecido, la persistencia multiplica sus significaciones. Primero, fue la persistencia sistemática, para perseguirlos y desaparecerlos. Luego, vino una segunda instancia, perversa y cruel: el persistente modo de muchos para negarlos y demonizarlos. Este segundo modo se acompañó de un tercero: la tenaz y astuta manera de negar su condición social, su pertenencia al barrio, a la fábrica, al centro de estudio. Este tercer estilo se animó demasiado lejos: hasta intentó borrar la ideología y las formas de expresión de los secuestrados.

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Y empecemos la cuenta otra vez. La primera, la segunda y las persistencias que hagan falta consisten, de este lado de las cosas, en la búsqueda por otorgar a cada uno de los 30.0000 desaparecidos un rostro, un lugar de pertenencia, un nombre. Colocar el baldosón sobre las veredas de todos los barrios de Buenos Aires, y más allá de la General Paz, les da cuerpo a los ausentes en la memoria colectiva, los derrama en risas y lágrimas, en cada encuentro para fabricar cada baldosón.

Colocar un baldosón no es un mero acto simbólico. Cada reunión de las asambleas barriales trasciende el hecho, une familias y persiste, más allá del día señalado para la colocación.

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BELLAS Y BESTIAS

La Persistencia: Mujeres Unidas de la villa 21-24 contra la violencia

Por Virginia Saavedra

A mis compañeras de la 6 del 5,

ejemplo de lucha y de trabajo.

A nuestras alumnas y egresadas de la 6 del 5,

por ser siempre tan valientes.

  TRANSITAR JUNTAS

A partir de una situación muy dolorosa, como el femicidio de la joven Micaela Gaona, un grupo de mujeres, encabezado por su entorno más cercano- su madre, hermanas, amigas, vecinas, docentes y militantes sociales del barrio- decidieron juntarse, encontrarse y transitar el dolor de manera colectiva para, al mismo tiempo, construir  a partir de este sentimiento. Esta es la historia de un grupo de mujeres que supo convertir el dolor en lucha, la impotencia en organización, la violencia en trabajo.

cooperativa

CIRCULAR LA PALABRA

Es una tarde fría de invierno. Algunas mujeres reunidas en una esquina. Esperan. Conversan. Caminan hasta el punto de encuentro. Allí, otras las esperan. Algunas, madres. Otras, abuelas. Otras, hijas. Todas trabajadoras.

 La escuela secundaria del barrio es el lugar de reunión. Mujeres de diferentes edades sentadas en ronda, se miran a los ojos. Comparten el mate. Al principio, todo es silencio. Poco a poco, la palabra comienza a circular. La angustia por la muerte de Mica, el cariño que todas- de distintas formas y en distintas intensidades- sienten por ella. Comienza allí, en ese instante, un espacio amable para llorar la pérdida y exigir justicia. Comienza allí, en ese instante, un espacio de solidaridad, necesidad de compartir, de pensar, formarse y organizarse para promover los derechos de género y acompañar a otras mujeres a transitar situaciones de violencia. Comienza allí Mujeres Unidas.

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LA POBREZA TODO LO MAGNIFICA

El 23 de julio pasado, la joven Micaela Gaona fue asesinada por su ex pareja y padre de su hijo, en su casa en la villa 21 24, de Barracas. “En sociedades capitalistas como la nuestra, la violencia machista- con cotidiana frecuencia- se cobra vida de muchas mujeres en todo el mundo occidental. Sin embargo, cuando una mujer es víctima de violencia de género en los sectores populares, la pobreza todo lo magnifica. Mica fue una joven de 20 años, en cuya vida persistieron varias vulneraciones de derechos: de vivienda, de educación, de salud, de trabajo. Finalmente, llegó su muerte. Y luego vino la vulneración de un último derecho: cuando los oficiales llevaron a cabo las pericias”. Así lo señala Gabriela Carpineti, abogada de la familia Gaona e integrante de este colectivo de mujeres.

Apareció la necesidad de construir un espacio de protagonismo de las mujeres y de un abordaje de problemáticas que afectan de maneras distintas- desiguales- a la identidad femenina y a la identidad masculina. Estas problemáticas no son un asunto personal, puertas adentro, sino que representan una problemática social y, por ende, una problemática política. “En las reuniones fue surgiendo justiciapormicaque el femicidio de Mica no resultó un problema individual- ni por su forma de ser, ni por el vínculo de pareja que tenía construido- sino que expresa una problemática invisibilizada: la violencia machista. No fue un crimen más: fue un episodio que denota una forma de vincularse entre hombres y mujeres. Y, si bien la violencia contra las mujeres no distingue clases sociales, se suceden miles de muertes silenciosas en los sectores populares que no cuentan con prensa y difusión. ”

SER MUJER: UNA CONDICIÓN POLÍTICA

Jordana Secondi, docente de Micaela en la Escuela Secundaria 6 y participante del grupo, comenta respecto de las reuniones que se realizan todos los lunes a las 18:00 hs en la escuela donde estudiaba Micaela: “Lo que circula en el grupo es reconocer que la condición de mujer se transformó en una condición política. Una condición que nos permite construir desde esa condición y dar respuestas a esa condición: qué es ser mujer en determinado contexto y en determinada situación. El femicidio, en el caso extremo de Micaela, pero también en el de otras compañeras que sufren violencia en la familia. Eso nos da la oportunidad de entender  a otras que no tenemos esas situaciones.  Desde ahí, también nosotras podemos pensar otras violencias de las que sí somos víctimas como la violencia laboral. Por ejemplo, en un ámbito donde la mayoría de los cargos de base son ocupados por mujeres, como es la docencia, los cargos directivos, la dirigencia sindical e incluso los cargos de funcionarios de educación de diferentes gobiernos acaban por ser ocupados por hombres, y no por mujeres, que son a las claras la gran mayoría.

 No se trata sólo de pensar lo que les pasa otras. Entender siempre sirve de espejo. La violencia contra unas refleja, en parte, violencias ejercidas sobre algunas otras.

“El grupo se propone dar respuestas concretas, colectivamente, a distintas situaciones que las compañeras identificaron como cotidianas. La cuestión económica, por ejemplo, muchas veces complica la situación de las que necesitan lograr su independencia, su autonomía. Se trató de conseguir mejoras para enfrentar situaciones de violencia y en eso fue fundamental el acompañamiento y la solidaridad de distintas compañeras de diferentes espacios gubernamentales, de organizaciones del barrio, etc que fueron aportando herramientas, formación”, afirmó Secondi.

 MUJERES: CUERPO A CUERPO

La problemática en torno a las condiciones de trabajo fue una de las más señaladas por las participantes del colectivo. “Nos propusimos crear una forma de trabajo colectiva que no estuviera regida por la disciplina patronal, que permitiera crear vínculos distintos entre las trabajadoras”. La cooperativa lleva el nombre “Mika”, en homenaje a Micaela Gaona. Esta iniciativa les da la posibilidad de transformar el dolor y la violencia en trabajo libre, solidario y organizado. Una alternativa para fundar relaciones de confianza desde la creación y producción femenina. Ya que, desde la bellezas y las estéticas, se abre “una posibilidad de vincularse con otras mujeres y de construir un diálogo. Cuando una va a hacerse las manos o a depilarse se genera una intimidad con quien realiza ese servicio al cuerpo de una mujer. Se genera intimidad porque estás confiándole tu cuerpo a esa otra para que te ponga linda. Ese vínculo de confianza permite hablar de ciertas cosas que, de otra manera, resultarían más difíciles”,explica Gabriela Carpineti.Niunamenos

La solidaridad, el apoyo, el acompañamiento y la organización resultaron muy importantes para lograr que la causa se caratule como femicidio. Para pedir justicia. Para que pedir Justicia no sea una utopía, ni algo peligroso, ni difícil, ni idiota, ni repetitivamente vano. Justicia y ya. Justicia para Micaela. Para todas. Por eso, el colectivo de Mujeres Unidas viajó a Mar del Plata al Encuentro Nacional de Mujeres para compartir su experiencia y llevar su reclamo por una economía al servicio de la condiciones femeninas y sus necesidades, sin explotadas ni precarizadas.

“El patriarcado nos quiere víctimas, nosotras nos queremos bellas y bestias. Sobre todo eso: queremos querernos.”, enfatiza Carpineti.

Solidaridad, trabajo y organización para  subvertir el elitismo en el acceso a “lo bello”, para interpelar  los cánones impuestos del estar “lindas”.

Femicidio

 

 

 

 




CALEIDOSCOPIO

La persistencia: sobre el dolor

Por Viviana García Arribas

caleidoscopio 2

PUNCIÓN LUMBAR

Acostada sobre la camilla, en posición fetal. Las piernas abrazadas contra el abdomen. Espero. Algunos ruidos sordos a mi espalda. Una voz profesional, aunque afectuosa, me dice: “ahora, flojita”. Apenas contengo la respiración, mientras la aguja hace el trabajo en mi columna.

Visión doble. El mundo se duplica. Por un segundo, el miedo. cefalea-e-hipotensionEl temor de no volver a ver normal. La realidad se distorsiona, ¿qué había mirado hasta entonces? Cierro los ojos y me tranquilizo.

Fundido a negro.

No hay dobles ni sencillos. Abro el ojo derecho -el sano- todo está como antes, como siempre. Me traiciona el izquierdo. Desde el día anterior, se niega a mostrarme las cosas habituales. Insiste en crearles un fantasma. Miro bien: no sé distinguir lo real de la copia. Pienso. ¿Existe lo real? Si mi ojo izquierdo puede reproducir dos donde hay uno, ¿puedo decir que uno de ellos tiene mayor entidad? ¿Prevalece uno sobre el otro? Una versión caprichosa y retorcida del mito platónico se me enfrenta ni bien abro los ojos: la idea de mesa y su copia, la idea de árbol y la suya. El hombre y su original. La aparición simultánea de ambos en mi campo visual me descoloca y prefiero no mirar. Desviar la vista, entrecerrarla, para no ver el universo multiplicado.

Hay que hacer una punción lumbar”, había dicho la neuróloga. Extraer un poco de líquido cefalorraquídeo, a ver qué pasa. Si es que algo pasa. El espectro abarca: parálisis en los músculos oculares, lesiones, trastornos circulatorios y tumores en el ojo. Por evidente, descartan el estrabismo.

El dolor es intenso. Desde el día anterior, castiga mi cabeza, late en mi nuca, tira, como un gancho, de mi ojo izquierdo. Se instaló desde temprano y lo supe: no se iba a ir con facilidad. Casi, desde que tengo memoria, me ataca. Me despierto y mi primer puncion lumbarpensamiento está dedicado a mi cabeza. ¿Me duele? ¿Me dolerá hoy? ¿Podré trabajar, viajar, vivir sin dolor? Una vez por semana, la respuesta es: no. Me invade y no se va por doce horas. A veces, más. Algunos dicen que es incapacitante. Yo trato de no darle importancia. Se me hizo costumbre.

Sé que no va a dejarme. Dolor y placer se confunden, se entreveran. Si desaparece de una parte de mi cuerpo, tarde o temprano, nace en otra. Tal vez, hable a través de mi dolor. Quizás exprese todo eso que persisto en ignorar.

EL DIAGNÓSTICO

 Los médicos intentan explicar. Descartadas varias posibilidades, solo les queda el dolor o el estrés. También un virus. Debo permanecer varias horas acostada. Me dicen que descanse. Por suerte, está todo bien.

 Me despierto varias veces en la noche. Duermo un sueño hopper-habitacic3b3n-de-hotel1liviano e inquieto. Fuera de la habitación, se escucha el deslizarse de las camillas, algunas órdenes de las enfermeras. Otras voces, quedas y angustiadas, se filtran a través de la puerta apenas abierta. Necesito ir al baño. ¿Cuántas horas habrán pasado? Dijeron que no debía levantarme. Podría provocarme un fuerte dolor de cabeza. ¡Ja! Me incorporo y camino. No veo bien. Salgo al pasillo de la clínica y la luz me enceguece un poco. Sigo adelante. Recuerdo cuando miraba la tele de chiquita y la imagen se distorsionaba. “Tiene fantasma”. Y papá movía la antena.  Nadie viene ahora en mi ayuda.

Todavía no llega la furia. Prevalece el temor. No saber qué me pasa o cuándo se me va a ir. Pero sé que mañana o pasado, cuando esté más tranquila, voy a volver a odiarme. Y a preguntarme por qué.

 Nuevo día, nuevo médico. Cambio de guardia a las ocho de la mañana. Entra en la habitación, mientras hablo por teléfono a mi oficina. Aviso que no voy a ir a trabajar. El médico prejuzga: “con seguridad, es un pico de estrés”. Me receta clonazepán y me manda a casa.

Después de una noche internada, estoy sola otra vez. La cabeza ya no me duele, pero todo Festin desnudo 3sigue duplicado. Cuando crucé la calle, antes de entrar -del brazo de mi marido, palo mayor de mi nave en esta tormenta- las personas con las que me cruzaba parecían ir de a dos, como siameses. Sensación de náusea, inestabilidad, mareo. La noche me había traído la paz de su negrura. No ver. Ni simple ni doble. No saber. Pensar que todo fue una pesadilla.

Vuelvo a contemplar ese mundo anómalo que mi ojo izquierdo se empeña en mostrarme. Trato de incorporar esta nueva imagen. Se revela tan real que pone en cuestión lo visto hasta ese momento. Me obliga a reconocerlo como extraño. O, al menos, de realidad incierta.

LA VUELTA

Pasan los días y la visión se normaliza. Me olvido de mis dudas filosóficas y sigo con mi vida. Incorporo dos o tres remedios a mi pastillero.

Y espero.

 

caleidoscopio




GÉNETICA DE UN TRAZO

Persistencia: de la mirada

Por Carolina Diéguez

LA NO- VELA DE LA ETERNA

¿Puede la mirada de un ser querido persistir en la nuestra? Adherida, velada, superpuesta. ¿Qué consistencia tiene?

Unos ojos me miran más allá de la distancia que imponen la pared o el libro. Están del otro lado del papel, pero su fuerza cuestiona desde el silencio. Desde ese otro lenguaje, libre de palabras: el de la fotografía o el de cualquier obra de arte. La imagen, esa libertina llena de potencia, no requiere de ningún guión para su defensa. Su jerarquía nunca está en juego. Su fuerza persiste aun cuando dejemos de mirarla. Se instala en nosotros. In-velada, siempre otra vez narrada. Oculta y puesta al descubierto. Sensual e inaprensible: la mirada.

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Luis González Palma, “Coral”, fotografía, 2008

 

LA VENTANA MÁGICA

El vacío de esos ojos abre una ventana en los nuestros, un hueco que sólo puede llenarse con imágenes traídas de otro tiempo –dentro o fuera de la memoria–.

Como dijera alguna vez Luis González Palma, autor de esta fotografía: “nadie sale ileso de la infancia”.

Abro una caja. En su interior, un cuaderno de mi abuelo, completamente escrito a mano. Dentro, varios dibujos del jardín y gráficos con la disposición exacta de flores, plantines y almácigos.

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Gráfico abuelo . distrubución de plantas y almácigos I

Un mapa perfecto indica la distribución y el crecimiento en el tiempo, con indicación de tipo, especie y color. Podría ser una obra conceptual o la gráfica del proceso durante una obra de arte.

imagen 03 - grafico abuelo - plantines clasificacion - orientacion y crecimientoGráfico abuelo – plantines clasificación – orientación y crecimiento

Pensar una obra es como pensar un jardín. Lo orgánico y perfecto de la naturaleza contenido en la matemática más pura.

¿Puede la mirada de un ser querido persistir en la nuestra?, ¿o funciona acaso como una ventana que nos abre a ser otros?

LA IMAGEN QUE NOS MIRA

La letra del abuelo me mira desde el papel, su imagen me interroga desde cada una de sus fotos. Y esa otra imagen…

 

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Luiz González Palma – Leni 2008

 

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Foto Abuelo

Ese otro ajeno a mí, la foto de un desconocido que me mira. Qué extraño este encuentro con el lenguaje, sugerido por un cuerpo que no es un cuerpo en sí. Hay algo innombrable en aquella foto. Eso me interpela, me conmueve. Un corte, una extrañeza “me despunta y (…) me punza[1]

Y, en ese cruce de miradas –la mía sobre la foto, el sujeto fotografiado que me mira, el fotógrafo que mira a través de la foto– se funda un espacio de encuentro. Las miradas ponen en movimiento el mecanismo del intercambio.

Imposible escapar a ese sentido relacional.

EL AURA

La presencia de una lejanía por cercana que esta pueda hallarse”.[2] En su inasible, la mirada es también lo menos disimulable, lo más inaprensible, pero también lo más legible. El lugar más lleno de ambigüedades de un cuerpo.

¿Qué esconden? ¿Qué dicen esos ojos? ¿Qué encuentra en ellos el fotógrafo? ¿Qué finalidad se oculta tras el retrato fotográfico? ¿Qué pretende la fotografía o el fotógrafo más allá del “registro”? Quizás, ellas constituyan más un inventario de la memoria que de la realidad en sí. Hay en la mirada de esos niños, mujeres y hombres algo que merece ser visto, lejos de la cotidianidad de la imagen.

imagen 06 Luis Gonzalez Palma - Joven Alado Técnica mixta 1988
Luis González Palma – Joven Alado Técnica mixta 1988

 

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Luis González Palma – Mariana – Impresión en gelatina de plata – 2008

 

Es justo en la trama entre el ojo y la mirada, donde la metafísica se quiebra por completo. No puede existir mirada sin ojo, ni ojo sin mirada. Por dura, seca, esquiva que sea, la mirada mira. Cuerpo y alma son una sola sustancia. La mirada, entonces, no resulta la emanación de un ojo. El ojo es la mirada y viceversa.

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Luis González palma -Tensiones herméticas -seleccion- fotografia analógica con malla metálica 100x15cm 1997

 

Hay un solo espacio donde no puede interponerse una reja. Adivine, usted lector, cuál es.

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Luis González palma -Tensiones herméticas -selección- fotografía analógica con malla metálica 100x15cm 1997 -

 

LA GEOGRAFÍA DE LA MIRADA

“… ¿Cómo se construyen, en nuestra experiencia interna, unos ojos que nos miran fijamente? ¿Cómo se interpretan y elaboran, en nuestro interior, las sombras, los brillos y toda la geografía implícita en cada fotografía” Si nuestra forma de ver se confecciona desde lo social y lo cultural, podemos concluir que toda mirada es política…”[3]

Todo mapa de una mirada viene con división política. El peinado, la expresión del rostro, la presencia o ausencia de maquillaje, todo está atravesado por las determinaciones de un tiempo y de un espacio.

Hay una sola provincia en este mapa atravesada por otro tiempo, aunque no por eso sea una zona fuera de la historia. ¿Cómo brillaban los ojos de un griego?, ¿cómo brillaban los ojos de un italiano medieval? ¿Cómo brillaban los ojos de mi abuelo?

Así como los mapas están atravesados por ríos, fronteras y lagunas, así podría cartografiarse- desde el cuerpo de una foto- el flujo del brillo en una mirada. En el curso de este río de luz, se cruzarían las imágenes de mi memoria con la prepotencia de mi fantasía y con las lagunas del tiempo. Todas torcerían y volverían a un punto en la foto, la gran desembocadura de todo este discurrir, ¿será ese el punctum de Barthes?

En “La cámara lúcida”, Barthes contempla la fotografía de su madre en el invernadero. Ella tenía, entonces, tan sólo cinco años. Pero, al observarla, Barthes reconoce en esa niña a su madre. Ve en ella algo así como la esencia de su madre y dice: “La foto del ser desaparecido viene a impresionarme al igual que los rayos diferidos de una estrella. Una especie de cordón umbilical une el cuerpo de la cosa fotografiada a mi mirada: la luz, aunque impalpable, es aquí un medio carnal, una piel que comparto con aquel o aquella que han sido fotografiados” [4](…) No me importa la vida de la foto, sino la certeza de que el cuerpo fotografiado me toca con sus propios rayos y no con una luz sobreañadida” [5] De la misma manera, cuando miro la foto del abuelo, sus ojos me atraviesan y su mirada se instala en la mía.

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Retrato Abuelo

 

El punctum es intensidad, “eso” hace que una fotografía afecte.

LA PROFECÍA ENMARCADA

Decía Blanchot que la profecía no anticipa el futuro, sólo retira el presente. En este desacomodarnos de la cronología, la fotografía se despliega a sus anchas. Como una rebelde en el intento por quebrar la rigidez del marco que la sostiene, la foto obliga nuestra mirada a otro tiempo. Corridos de nuestro presente, nos incomodamos, nos desterritorializamos. Mucho más, cuando la foto no es cualquier foto, es la foto de una mirada. Porque ahí no nos mira un hombre, no nos mira un papel, no nos mira simplemente una imagen; no estamos frente al cotidiano misterio de un espejo, sino en el territorio sagrado de la refracción. Mirada contra mirada, la dirección del mirado y de quien mira se bifurca.

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Luis González Palma – La Mirada

 

ÁRBOL DE FRUTO AJENO

Personajes y escenas donde predomina el sepia, imágenes de una luz oscura. La mirada atravesada por la cultura. Sus fotos tienen el clima de las iglesias latinoamericanas y remiten, de alguna manera, a la cultura maya. Y, en esa atmósfera oscura, la luz siempre subraya la mirada.

La cultura, la realidad, el afuera colonializan al cuerpo hasta desmembrarlo. Y uno se vuelve fruto de ese árbol ajeno, colmado de imperativos. Así y todo, es imposible separar al ojo de la mirada.

Y la herencia de la letra del abuelo insiste y dibuja un trazo en mí.

Luis González Palma:Nace en Guatemala 1957, en donde estudia arquitectura y cine. En 1984 comenzó a experimentar con la fotografía. Sus fotografías desdibujan los límites de la disciplina. Es uno de los más importantes fotógrafos de América Latina.Vive y trabaja en Córdoba, Argentina.

 

[1] Barthes refiere al “punctum” de una foto, en La cámara lúcida

[2] Benjamin, Walter.

[3] González Palma, Luis: Declaración del artista.

[4] BARTHES, Roland. La cámara lúcida. Ed. Paidós; Barcelona, 1998. p.143

[5] BARTHES, Roland. Ibíd., 144




LENTA METAMORFOSIS ( De las Juanas y de otras)

Por Noe Pomi.

LA PERSISTENCIA: Mujeres luchadoras

Desde la antigüedad, las mujeres debieron luchar por conquistar cada espacio.  La metamorfosis llevó siglos. Encorsetada, tapado su rostro, limitada a los quehaceres domésticos, sin acceso a la cultura, ella combatió.

La batalla se libró siempre por el derecho a pensar, a actuar, a tener visibilidad. Voz y voto, fuera de los claustros y las fronteras impuestas por el patriarcado.

El poder político, económico y religioso estuvo, por siglos, en manos de los hombres.

Cada etapa de la metamorfosis podría asemejarse a las de las mariposas, claro, con otros tiempos de liberación. El estadio de los huevos ha permanecido como tal durante siglos. Otro tanto ocurrió con las etapas de oruga, de crisálida y finalmente de adultos. En algunos casos, ellas debieron portar armas y, en otros, las armas fueron la perseverancia en los objetivos fijados. Sobre ellas cayeron todas las descalificaciones impregnadas de tradición misógina. Hasta bien entrado el siglo XIX, no existía prácticamente el concepto de infancia y las mujeres rara vez se hacían narrables a los ojos de los cronistas e historiadores.

Cuando las damas vieron aparecer su imagen en los espejos, estuvieron en condiciones de describirse. Lo demás maduró dentro de ellas. Así como se miraron por fuera, se animaron por dentro: las mujeres comenzaron a escribir sobre ellas mismas. No eran muchas las que dominaban la escritura, pero se pusieron en marcha, ya nadie las detendría. ¡Que vivan los espejos!

PRUEBAS AL CANTO

Veamos, por ejemplo qué sorpresas trae la Biblia, en el Libro de los Jueces. Allí encontramos a una mujer que administraba justicia entre los hijos de Israel. A ella nada le habían regalado. El poder que tuvo debió ganárselo solita. Se llamaba Débora (en hebreo, abeja), era profetisa y la cuarta persona que se desempeñó como juez del Israel pre monárquico (Tanaj y Antiguo testamento). Débora fue la única jueza que tuvo Israel en la Antigüedad. Su historia se cuenta dos veces en los capítulos IV y V del Libro de los Jueces. El primer relato es en prosa y narra la victoria de las fuerzas israelitas, dirigidas por el general Barak, a quien Débora mandó llamar para el caso. Pero ella misma profetizó que Barak no lograría la victoria final sobre el general cananeo, Sísara. Tal honor correspondió a Jael, la esposa de Héber, un quenita, fabricante de tiendas. Jael mató a Sísara, clavándole una estaca de la tienda en la cabeza, mientras aquél dormía.

Jueces 5:1 narra la misma historia, aunque en verso. Probablemente, fue escrita durante la segunda mitad del siglo XII E.C., poco tiempo después que hubieran sucedido los eventos que describe. De ser así, entonces este pasaje, llamado a menudo La canción de Débora, sería uno de los más antiguos de la Biblia. Y, a su vez, el ejemplo más antiguo conservado de poesía hebrea (1). No es menor señalar que este pasaje resulta uno de los pocos donde -por aquellos tiempos- las mujeres no eran construidas ni como víctima ni como villanas. Podríamos decir: se trata de los primeros personajes femeninos “verosímiles”.

Se sabe poco de la vida personal de Débora. Fue una poetisa y daba sus sentencias bajo una palmera de Efraín. Algunos aluden a ella como a la madre de Israel. Tras la victoria sobre Sísara y el ejército canaanita, hubo paz en la región durante cuarenta años.

EL CANTO, EN VIVO Y EN DIRECTO, DESDE LA BIBLIA

Débora y Barak, según el pasaje bíblico, entonaron la siguiente canción:

Bendita sea entre  las mujeres Jael, mujer de Heber ceneo; sobre las mujeres, bendita sea en la tienda. / Él pidió agua y ella le dio leche; en tazón de nobles, le presentó crema. / Su mano tendió a la estaca y  su diestra, al mazo de los trabajadores; y mató a Sísara; quitóle la cabeza, hirió y pasó sus sienes. / Cayó encorvado entre sus pies, quedó tendido; entre sus pies cayó encorvado; donde se encorvó, allí cayó muerto” (Jue 5, 24-27).

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Obra de Artemisa Lomi Gentileschi

Giaele e Sisara pintura de Artemisa Lomi Gentileschi

MUJERES DE ARMAS TOMAR

Hermanas Trung, Siglo I

 Trung Nhi y Trung Trac nacieron durante el periodo de mil años en el que Vietnam permaneció bajo el dominio del Imperio Chino, fueron testigos desde su infancia de los abusos y la mano de hierro que sufrieron sus compatriotas. Tras sufrir una tragedia personal, las mujeres se armaron y lograron derrotar a una unidad china local. Este hecho inspiró a los vietnamitas a seguir su liderazgo.

Actualmente, las hermanas son consideradas heroínas nacionales de Vietnam.

Trung Trac y Trung Nhi
Trung Trac y Trung Nhi

Boudica, siglo I

Cuando el rey de los icenos (tribu que habitó Inglaterra) murió en batalla, declaró que su reino debía ser gobernado conjuntamente por su esposa Boudica, sus hijas y por Roma. Pero los romanos pasaron por alto los deseos del rey y tomaron el control total. Azotaron a la reina y ultrajaron a las adolescentes. Indignada, Boudica lideró una revuelta contra las fuerzas de ocupación del Imperio Romano. Bajo sus órdenes, el ejército popular se hizo de varias victorias contra Roma y llegó a destruir completamente la ciudad de Camulodunum (actual Colchester). La estatua de Boudica se planta, audaz, contra el imperio Británico. Desde la piedra, vigila la ciudad que ella misma destruyó.

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Estatua de Boudica en Westminster Bridge Londres

Zenobia, Siglo III

Responsable del gobierno del Imperio de Palmira desde el año 250 hasta el 275, Septimia Bathzabbai Zainib lideró a sus ejércitos montada en un caballo y portando una armadura completa para derrotar a las legiones romanas bajo el reinado de Quintilo. Su victoria fue tan decisiva que sus enemigos tuvieron que emprender la retirada en buena parte de Asia Menor, mientras Arabia, Armenia y Persia se convertían en sus aliados cuando ella se declaró reina de Egipto por derecho ancestral.

5) Tomoe Gozen
Tomoe Gozen

Tomoe Gozen, siglos XII y XIII

Considerada la samurái femenina más famosa de la historia, Tomoe fue contra las convenciones de la época e insistió en combatir junto a sus compañeros varones de la guerra de Genpei, donde sus acciones le valieron una posición esencial en la defensa de la causa japonesa. Su habilidad con espadas y arcos era considerada legendaria y algunos cuentos llegan a afirmar que era capaz de montar caballos salvajes mientras descendía por los desfiladeros.

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Tamar de Georgia, siglos XII y XIII La rein@

Hija del rey Jorge III de Georgia, Tamar tenía tanta inteligencia que su padre la reconoció como regente adjunta y heredera legitima de su gobierno. Al llegar al trono, suprimió la oposición de los aristócratas contra una mujer en el poder y se declaró rey de Georgia, abandonó así el título de reina. Ella pensaba que el sustantivo femenino transmitía una imagen de menor poder. Bue, nadie es perfecto. Al paso del tiempo, Tamar derrotó a casi todos los estados islámicos vecinos y su reputación creció hasta que su pueblo la consideró como el “rey de reyes y reina de reinas”. Su victoria final contra la aristocracia fue proteger a sus súbditos comunes contra el abuso de la nobleza.

Pintura de Juana de Arco (Eugene_Thirion)
Pintura de Juana de Arco (Eugene_Thirion)

Juana de Arco, siglo XV

Acosada por visiones de Dios y de sus ángeles desde que tenía 13 años, la joven Juana de Arco, cierto día, acudió al entonces no coronado rey de Francia, Carlos VII. Durante el encuentro, lo convenció para que el rey le permitiera enfrentar a la invasión británica durante la guerra de los Cien Años. El rey aceptó el desafío. Ella luchó en la ciudad de Orleans y logró romper el cerco en apenas nueve días. Así, demostró su valor como estratega y guerrera. Tras liderar otra serie de victorias ágiles, Juana de Arco llevó a Carlos VII al trono y se convirtió en la primera en la historia en comandar todo el ejército de una nación, con apenas 17 años. Después de un largo tiempo de lucha, fue capturada. Entonces, una falsa corte católica la juzgó y resultó condenada a morir en la hoguera. Y ya se sabe cómo da volteretas la historia. Para “enmendar” un “error”, hace de una víctima una “mártir” y sale con fritas. De ese modo, el juicio de la “doncella de Orleans” fue anulado por el papa y, muchos años después, Juana resultó canonizada. Hoy, Juana de Arco es una de las mujeres guerreras más famosas del mundo y se la considera la santa patrona de Francia.

¡Qué vida! Con apenas 19, pasó de campesina a militar, de militar a hereje y de hereje a santa.

Y POR CASA, ¿CÓMO ANDAMOS?

Todavía nos duelen las descalificaciones contra las mujeres de nuestro suelo americano. En la época de la invasión y conquista, en España, estaban en pleno apogeo la inquisición, la caza de brujas y las hogueras. Los cronistas de Indias, impregnados de una indignante cultura machista, no hacían referencia a las violaciones y a las humillaciones contra las mujeres. Tantas veces padecieron ellas la separación forzada de sus hijos y otras tantas, directamente, debieron hasta presenciar el asesinato de sus crías. Tampoco les fue muy bien a las españolas llegadas a América: debían ser virtuosas, castas. ¿Fueron sumisas? Para mantener la pureza de la sangre, se vieron obligadas a engendrar la mayor cantidad de hijos posibles, la mayor cantidad de soldados útiles para la patria (¿Qué patria? ¿España? El suelo americano tenía identidad propia, no aceptaba a la madre patria). Para las mujeres, el encierro, los quehaceres domésticos,  el entretenimiento en labores y, en el mejor de los casos, los estudios musicales. Todo tendía solo a favorecer sus posibilidades de un buen matrimonio. Era eso o el convento. ¿Vida intelectual? Nunca, jamás.

HISTORIA DE OLVIDOS

En la etapa independentista, la intervención femenina se lució entre las indígenas, las negras, las mestizas y hasta entre las criollas de las élites.    Mujeres luchadoras, no dudaron en conspirar. En sus residencias, organizaron reuniones y tertulias, donde se discutían las nuevas ideas políticas y se planeaban las acciones emancipadoras. Actuaron como espías, en la organización de redes de información; como correos, arriesgaron sus vidas al brindar datos muy valiosos a los ejércitos patriotas. Por estos lares, el dinero para la defensa del suelo patrio parece que nunca ha sido abundante. Ahí estuvieron otra vez ellas: donaron su efectivo y sus joyas para la causa. Brindaron refugio a los insurgentes; transportaron alimentos, ropas y material bélico. Otras portaron armas: lucharon como miembros de las guerrillas patriotas o como soldadas en los campos de batalla. Algunas, se vistieron de hombres, para ser aceptadas en el combate; otras ejercieron su condición de mujeres guerreras, con rangos militares, donde se destacaron como estrategas.

PARA MUESTRA, BASTAN UNOS BOTONES

Juana Azurduy 1780 – 1860

Juana azurduy

Heroína de la independencia del Alto Perú (actual Bolivia)

Con fervor y convicción libertaria, Juana se alzó en armas contra el colonialismo. Con el tiempo, se convirtió en el “símbolo” de las mujeres que combatieron por la independencia latinoamericana. A principios del siglo XIX, parecía sostener “el español no pasará, con mujeres tendrá que pelear”.

Descendiente de una familia mestiza, pasó los primeros años de su vida en un convento de monjas en su provincia natal, Chuquisaca, por entonces, sede de la Real Audiencia de Charcas.

En 1802, se casó con Manuel Ascencio Padilla, con quien tuvo cinco hijos. Tras el estallido de la revolución independentista de Chuquisaca, el 25 de mayo de 1809, Juana y su marido se unieron a los ejércitos populares. Hagamos justicia, el caso de Juana no fue una excepción. Muchas mujeres se incorporaban a la lucha en aquellos años.

En 1810,  Manuel Belgrano quedó muy impresionado por el valor en combate de Juana. En reconocimiento a su labor, llegó a entregarle su propia espada. Juana y su esposo participaron en la defensa de Tarabuco, La Laguna y Pomabamba. En agosto de 1816 y por recomendación de Belgrano, el gobierno de Buenos Aires, decidió otorgarle a Juana Azurduy el rango de teniente coronel de las milicias, por entonces, bases del ejército independentista de la región. Como si esto fuera poco, Juanita también combatió a las órdenes del General Martín Miguel de Güemes.

Félix Luna y Ariel Ramírez, en su zamba, la reconocen como la “flor del Alto Perú y no hay otro capitán más valiente que tú”. Y, cuándo no, como tantos otros, murió en la pobreza y olvidada.

María Magdalena Güemes de Tejada (Macacha) 1787 – 1866

Macacha Güemes
Macacha Güemes

Junto con su hermano, el General Martín Miguel, luchó por la independencia argentina. Con la Revolución de 1810, los hermanos Güemes fueron los primeros salteños en abrazar el movimiento. Por entonces, Macacha convirtió su casa en un gran taller. Allí se confeccionaban uniformes para los “Infernales” de Güemes. En esas montoneras bullía la sangre de los indios cafayateños y quilmeños. Bravas –a puro malón- custodiaron el cruce de los Andes.

En septiembre de 1821 -muerto Martín- Macacha, su madre y su esposo fueron detenidos junto a otros “güemistas”. A raíz de este hecho, estalló la “Revolución de las Mujeres”, en la que los gauchos se sublevaron y saquearon la ciudad para poner en libertad a la madre y a la hermana del caudillo, llamada “Madre del Pobrerío”.

Manuela Pedraza (la Tucumanesa)

Manuela Pedraza
Manuela Pedraza

Si mujer destacada hubo durante los días 10, 11 y 12 de agosto de 1806, ésa fue manuela Pedraza. Eran los tiempos de las invasiones inglesas. Durante la legendaria pueblada, mientras hombres, mujeres y niños de todas las edades arrojaban agua y grasa hirviente sobre el enemigo, Manuela encontró muerto a su marido. Entonces, tomó su fusil y mató al asesino y, de paso, se cargó al que estaba al lado. ¡Esas eran agallas! Carlos IV, rey de España, como reconocimiento de su acción le otorgó el grado y sueldo de Subteniente de Infantería.

María Remedios del Valle

Remedios del Valle
Remedios del Valle

¿Y si reconocemos a la “Parda” María? María combatió en Huaqui (julio de 1811), vivió las peripecias de esa trágica retirada del Alto Perú y luego el éxodo jujeño. Volvió a luchar durante las gloriosas victorias de Tucumán y Salta y en las trágicas derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, junto a su general Belgrano. Él la había nombrado capitana. La Parda María era esa a la que jamás le faltaba un grito de aliento para sus compañeros, la que nunca escatimaba tiempo y sudor para curar heridos y acompañar dolientes. María era de raza negra y, en su sangre, tenía el resplandor del fuego patrio. En su tiempo, Rosas la integró a la plana mayor inactiva (es decir, como retirada), con el grado de sargento mayor. Como agradecimiento ella decidió adoptar un nuevo nombre: Mercedes Rosas. Así figuró en la revista de grados militares hasta su muerte, en 1847. Otra olvidada de la historia.

¿QUIÉNES PELEARON SUS VOCACIONES?

Juana Manuela Gorritti, 1816–1892

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Juana Manuela Gorriti

La romántica más top de las escritoras argentinas fue Juana Manuela Gorriti. Estudió francés, religión y literatura, en un beaterío de la capital salteña. Trasladada a Perú por cuestiones familiares, en 1845, la Revista de Lima dio a conocer su primera narración, “La quena”, cuyo tema central es la disputa de dos hombres por el amor de una mujer. Según Felipe Piña “Puede considerárselo el primer texto narrativo publicado por un autor nacido en lo que hoy es territorio argentino, ya que El matadero de Echeverría -generalmente considerado la primera expresión del género-, no sería conocido sino póstumamente”. Desde uno de los primeros folletines sudamericanos, “Peregrinaciones de un alma triste”, ella comenzó a publicar sus textos. “La cocina ecléctica”, “Sueños y realidades”, “Quien escucha su mal oye”, “Una apuesta”, “El lucero del manantial”, “El guante negro”, y las novelas: “La guerra”, “Álbum de un peregrino”, “La tierra natal”.

Juana Manso 1819-1875

Juana Manso
Juana Manso

Desde joven supo ser muy independiente. Participaba en reuniones con escritores y allí conversaba de igual a igual. Publicó un periódico para mujeres: el “Álbum de Señoritas”, donde expuso sus ideas: la inteligencia no tiene sexo y la educación debe ser para tod@s. Hasta se atrevía con la libertad religiosa y la defensa de los pueblos originarios. En su novela “La familia del comendador” sentó su posición contra la esclavitud. Es de imaginar, que se hizo de muchos enemigos. De seguro, su convicción corría en paralelo con el poema “¡AVANTI!”, de Pedro Bonifacio Palacios.

Si te postran diez veces, te levantas 
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.

Y, como si lo ya mencionado fuera poco, Juana conoció a Sarmiento:

“Querida Juana: eres la única persona en América Latina que ha interpretado mi plan de educación.” Juana recibe esta carta y casi se desmaya de emoción. Pero casi. En vez de desmayarse, siguió con la lectura: “También yo rechazo el castigo, eso de «La letra con sangre entra» debe erradicarse.” Ahí Juana se envalentonó y se dijo: yo también le escribo: “Las escuelas deben ser lugares alegres, luminosos y limpios. Al niño hay que despertarle el interés por aprender a través del buen trato, del ejemplo, del juego y del amor (…) Y ser maestro es una de las profesiones más bellas e importantes para un país”.

En ese intercambio de correspondencia nació su “buena estrella” para la docencia. Con ese respaldo y con sus convicciones, Juana se convirtió en una locomotora imparable. Enseñó, dirigió una escuela para ambos sexos, desarrolló nuevos planes de estudio, supervisó y mejoró la labor de los maestros; promovió la creación de jardines de infantes y creó bibliotecas populares. Hasta le alcanzó el tiempo para ofrecer charlas y traducir obras acerca de la educación de autores europeos. Y, para frutilla del postre, Juana también escribió el primer libro de lectura de historia argentina para primera escolaridad: el “Compendio de la historia de las Provincias del Río de la Plata”. E incansable, los “Anales de Educación Común”, publicación creada por Sarmiento.

En su despedida, Juana Manuela Gorritti dijo: Juana Manso fue gloria de la educación, sin ella nosotras seríamos sumisas, analfabetas, postergadas, desairadas. Ella es el ejemplo, la virtud y el honor que ensalza la valentía de la mujer, ella es, sin duda, una mujer“. ¡Qué grosa! Cómo supo mantener sus ideales frente a la incomprensión de los mediocres.

Cecilia Grierson, 1859–1934

cecilia_grierson_441-35a12  Después de años de trabajar como maestra rural, la enfermedad de una amiga fue suficiente para convencerla y lanzarla a combatir el cerco de seguros prejuicios: ella estaba decidida a convertirse en la primera médica profesional.

 Que a Ceci no le temblaba el pulso fue algo evidente, incluso desde antes de tener el título: ya en su tesis, se ocupó de la irritación o histeria en las mujeres recién operadas de ovarios. Y eso fue solo empezar. Desde su primer consultorio, en el Hospital San Roque (hoy Hospital General de Agudos, José María Ramos Mejía), alentaba a las jóvenes con aspiraciones a médicas: “Cuesta, pero ¡se puede!”, les decía. Elvira Rawson la tuvo como referente y consiguió el segundo título femenino en medicina. Tal era el prestigio de Cecilia, que inició un viaje oficial por Europa. Bajó de Entre Ríos con la fuerza del Paraná incorporada. Donde había una necesidad, Cecilia decía “presente”. Así, participó en la fundación del Instituto Argentino para Ciegos, en la Primera Escuela de Enfermeras, en la Asociación de Obstetricia Argentina y en el Liceo de Señoritas. Y, bueno, tanto pregonar el amor a los enfermos, con caricias y masajes, sentó la base de la kinesiología. Además, no podía faltar la escritura: “Educación Técnica para la Mujer“, “La educación del ciego” y “Cuidado del enfermo” fueron algunas de sus publicaciones.

Carola Lorenzini, 1899 – 1941

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Carola Lorenzini

¿Una mujer dedicada a pilotear aviones? Sí. Carola, contra todos. Fue la primera mujer que obtuvo el título de instructor de vuelo en América del Sur. Aficionada al deporte, practicaba salto, pelota, remo, jabalina y hockey. En el año 1925, fue campeona de atletismo. Pero esas disciplinas no le daban la “altura” que buscaba. Así que, alta en el cielo, logró el primer cruce por aire del Río de la Plata. Unió, de ese modo, Buenos Aires y Carmelo. Todo, en un endeble avión y sin brújula. Bella manera de morir, abrazada a su pasión.

SI DE MADRES Y ABUELAS SE TRATA

Solo y nada más que marchar, una vez a la semana, dando vueltas y vueltas en la Plaza de Mayo. Los dictadores y sus secuaces las tildaron de locas. Locura era reclamar por seres ni detenidos ni muertos: “desaparecidos”, según la jerga castrense. A ellos les fallaron los cálculos. La persistencia fue atroz, marchaban y marchaban. Ni el sol ni los palos de la policía, ni la lluvia ni el desprecio, ni la sospecha ni las miradas suspicaces las detuvieron.

Aún marchan.

El río no pudo retener más secretos, sus aguas comenzaron a hablar. Se armó el rompecabezas.

Los ríos de América son mansos, en noches de luna llena, sus aguas se visten de plata, en suave caricia, peinan las melenas de los sauces. Pero cuando, en el rojo atardecer, un tono borgoña cubre el color plateado, se enfurecen. El río no quiere mezclarse con sangre, no acepta complicidades.

En México, el curso de agua también habló, se negó a tener en sus entrañas el secreto de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa. Y aparecieron ellas, las mariposas, agitaron sus alas, – desesperadas – de seguro, se preguntaron ¿por qué?, ¿por qué? ¿Sólo por reclamar mejoras en su escuela? Cuenta una leyenda azteca que, cuando un guerrero muere, se transforma en mariposa. Y así vuelve para acompañar a sus pares en la lucha. Emblemática llaga en la piel de Latinoamérica: desaparecer personas. Las mariposas mexicanas no estaban solas.

Madre mexicana: Pero si fue por un simple reclamo de mejoras edilicias.

Madre argentina: Queridas, no se confundan, las mejoras en la escuela no fueron el motivo de la desaparición, esa fue la excusa. En realidad, no quieren que los jóvenes piensen, que se capaciten. Esa es la única razón.

Aportó su voz Juana Manzo: tengamos presente que: “el dominio de los pueblos se consigue cuando no se invierte en educación

El cónclave de las mariposas continúa.

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Las mariposas y las Madres

 

 

 

 

 

          




VARADOS EN LA ANTESALA DE LA NIEBLA

Persistencia: La entrevista que no fue a Alejandro Dolina

Entrevista: “El Anartista”, equipo titular

Edición: “El Anartista”, equipo titular y equipo suplente.

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PEQUEÑO RELATO INTRODUCTORIO: PERDIDOS EN PRE-PRODUCCIÓN

Alejandro recibe la pelota y la baja de pecho, acepta la entrevista y le entrega el pase a una secretaria, para que arme la jugada y toque. La secretaria -de ahora en más llamada “Una”-, no la puede retener. Una fatiga muscular deja a “Una” fuera del partido y, entonces, el técnico la reemplaza de inmediato por una defensora: la secretaria Ma. Iba a poner a M, pero pensó en las ventajas que traería a los relatores de fútbol la presencia de una jugadora, cuyo nombre se puede picar y hacer rebotar con todos los diminutivos y juegos. Las chances van desde el clásico “mamita” al mediterráneo, “Mamma mía”. Pero la entrada de Ma resultó más que un gran acierto narrativo, se reveló como una habilidosa jugadora. Desde que pisó la cancha, enfrentó el juego con osadía estilística y confundió a sus adversarios con su famosa técnica de “te la doy no te la doy”. Mezcla de danza primitiva con Nicolino Loche, el asunto combinaba destreza deportiva con un talento insólito para prender y apagar el celular. A veces, Ma se pasaba de la línea de juego y, de tanto ostentar malabarismos telefónicos, confundía a su propio equipo, que terminaba por comerse un par de goles en contra. Pero a quién le importa el resultado, si ella maneja la agenda. Te puede pasar la pelota para un 2 de octubre, pero te la manda al corner sin horarios, es decir: lo que te llega es una especie de pelota fantasma, una bola de niebla, (un ladrillo, diría el Diego) como las que encuentra Dolina en el barrio de Flores. Aun así, por una mezcla de azar y persistencia del equipo contrario, sobre el tiempo cumplido, Ma da un pase preciso, como Satanás manda: con dirección, fecha y horario de entrevista. La hinchada se entusiasma. Cansado de pelotazos durante todo el partido más el alargue, te decís -como Alemania en el Mundial-: “en tiempo de descuento también vale”. Acomodás la pelota, te agrandás, juntás todas las citas de todos los libros de Alejandro que leíste, formulás preguntas, te tomás la cosa verdaderamente en serio. Y, cuando estás frente al arquero, mano a mano, con el triunfo casi ganado, te pasa como a la ardilla de “La era del hielo”: algún azar rompe el piolín que te unía a tu destino y todo se pudre. No, no querido lector. No es que tirás la pelota afuera. Vos pateás, enfrentás el obstáculo. Sin embargo, al levantar la vista, te das cuenta que se descompuso el arco. No se puede patear al infinto y decir que uno metió gol. ¿O sí se puede?

Vamos, pues.

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PRODUCIDOS Y EN LA CANCHA ¿IMPREVISTOS?

Al lado de la casa de Alejandro Dolina, un cartel vertical -en letras rojas- da nombre al supermercado chino – oscuro, casi neblinoso en su profundidad-: ANGEL, dice. Así, sin tilde en la A. Por error y/u omisión. La crónica es la de la entrevista que no fue; o sí, según de qué lado del espejo nos ubiquemos. Detrás de la puerta, el final de la escalera promete luz. Algunos peldaños y una asistente nos separan del color y del hombre cuya voz – sin cuerpo- escuchamos, enfantasmada tras la pared-muro.

Se impuso la pregunta: ¿qué es un fantasma? Parte de la respuesta ya la conocíamos. Habíamos trazado hilos entre su cadena de asistentes y también entre su obra (literaria, musical, radiofónica).

“¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres”. Las palabras, de James Joyce, son el epígrafe de “El libro del Fantasma”, de Alejandro Dolina.

dolina4escher1En nuestra persistencia, la búsqueda constante por las preguntas sobre el lenguaje había comenzado con el pedido de un encuentro, para conversar y reescribir.

Quizás, como la Murga del Tiempo que, por solo haber sido vista por sus propios integrantes tiñe de sospecha todos los testimonios, incluso éste; quizás porque la mentira no siempre es opuesta a la verdad y para mentir el camino del norte no es necesario señalar al sur; el noroeste ya es mentira, lo que se transcribe en esta nota es tan verdadero como una ópera en tres tiempos, a la que le faltó uno (y, nos es inevitable, solo conocemos un modo de completar el vacío: escribir) y es tan falsa como ese espectáculo al que le falta su actor protagónico (sin embargo, la inasistencia absoluta es imposible. Uno siempre está en alguna parte). O su fantasma.

EN EL BAR DEL INFIERNO

En el bar del infierno, los habitués se desdibujaban en la penumbra.

dolina6Sobre las paredes colgaban recuerdos que el transcurso del tiempo borroneaba y los convertía, poco a poco en la memoria de los olvidos.

Al que llega a este lugar/lo acompaña una nube/perversa y fatal. /Una mortal cerrazón/que es como una premonición. /Aquí andan los fantasmas/de la terquedad. /Llegó el olvido, vencedor/y ya el saqueo comenzó.

Alrededor de una mesa, dos viejos jugaban a las cartas. Sus voces se confundían con la de un cantor que, en el fondo del bar y acompañado de su guitarra, interpretaba el “Tango de la muerte”.

Deténgase la sucesión/en una ausencia tan brutal/que es uno mismo el que no está.

La tarde era lluviosa y comenzaba a anochecer. La voz del cantor se proyectaba hacia adentro y, con los puños cerrados, parecía enviar palabras hacia el otro extremo del bar. Allí, una chica bella y radiante tomaba un café, contra la ventana. Una belleza demasiado brillante para ese lugar, demasiado joven, demasiado ideal y no encajaba en ningún rincón. Tal vez algo le atrajo o sólo entró para escapar de la lluvia. Al cantor ni lo observaba. Sus ojos vivos se entretenían con la gente de la calle.

dolin1Por momentos, la voz del cantor picaba alto.

Yo soy mucho más fuerte que la vida,/yo soy la última rima del poema/mi voz en todo acorde suena/y con cualquier camino yo hago esquina.

Pero pronto se empequeñecía hasta desaparecer y, con hombros caídos, arrastraba la letra como si hubiese reconocido que cada envalentonamiento caía como una piedra al mar de un orgullo de cartón.

Perdida en las estrellas de otros cielos/tus soles son aquí mi oscuridad/ no hay que pensar ni preguntar/yo soy mi propia explicación.

Mezclado con el canto, se escuchó a uno de los viejos decir: ¡Truco! y el otro, con las cartas marcadas, le mandó un “retruco” y dijo:

Yo juego con la carta más segura/no importan los vaivenes de la suerte
aquí donde me ve, yo soy la Muerte. /El precio de la última aventura.

Visto desde el interior del bar, los contornos de la avenida movían, febriles, la lluvia y la vidriera sucia. Metálica, la voz cansada del cantor erraba un abismo entre las mesas vacías.

(…)tu cara es una sombra fugitiva/milagro que se aleja más y más.

Al cerrarse la tarde, el bar quedó confinado a una única luz, de lleno sobre el cantor. Este, rodeado por las sillas clausuradas sobre las mesas, cantaba para sí. La tormenta trajo a un grupo de amigos que, en medio de palabra va, palabra viene, acabó borracho de risa.

dolina5 La chica terminó su café y salió. Dejó la ausencia de su resplandor dentro del bar del infierno.

Tu cara es una sombra fugitiva/milagro que se aleja más y más. /Me dice el corazón que volverás, pero yo sé/que nadie ha regresado nunca.

 

La mirada del cantor, con ojos de noche eterna, ajena al brillo y envuelta en la bruma, rodó por el piso del desamor. Con la partida de la chica, el cantor balbuceó impotente.

(…) esta es la avenida de la confusión/nunca se puede perder/el que no sabe a dónde va.

Afuera, la lluvia recrudecía. La presencia del cantor, aunque inmóvil, desaparecía detrás de las palabras.

Y las brujas dolientes de la decepción/soplan un viento de horror/que apaga el último farol. /Este es el rojo buzón/de las cartas que nunca jamás llegarán.

CONSUMADA LA EDICIÓN

Ya se había cumplido el tiempo reglamentario y el juego continuaba. El anochecer despejó las voces detrás de las puertas, mientras los goleadores más persistentes continuaban con sus disparos al arco. Sin descanso. En el estadio, casi todos se rieron con la salida desopilante de la escalera de entrada: subir por ella fue salir. Y, al bajar, la gente se cruzó con los fantasmas que tomaban vino en caja, en la vereda de un supermercado chino. Los límites desaparecieron y el campo de juego se abrió en infinitas posibilidades. La escalera se deshilachó en un puñado de palabras. Palabras amables pero gaseosas, con fecha de vencimiento. Luego, abrumadas, se guardaron solitas en una caja de herramientas inútiles.

Secretarias y asistentes olvidaron el partido. Corrían por un laberinto, descompuestas, intoxicadas y con diarrea, a la pesca de señales telefónicas enredadas en sus propios piolines, líneas y agendas. El “angel”, sin tilde; la tribuna, enardecida. La murga, los fantasmas y los goleadores se mezclaron, por unos minutos, en una masa sólida que se movía ágil y graciosa.

dolina2Después vino la explosión, como un sol colado entre nubes negras. Los muros erguidos y ordenados cayeron sobre la vereda, vencidos por su propio peso. Desnudaron el interior de las casas grises. Algunos jugadores se hicieron pelotas sin gol, condenados a rebotar en el círculo infinito del medio campo. El gol marcó su diferencia con “el tanto”. Se vieron frente a frente y sin palabras. El gol gritó apasionado. El tanto, en cambio, serio como perro en bote, aún hablaba por teléfono cuando ocultó su rostro detrás de la única puerta en pie.

El gol fue imparable; si antes el arco se había descompuesto y lo negaba, ahora todo era arco, red y pelota. Todo gol. ¡Gol! ¡Golazo, mierda! Se oía en un canto pegadizo como los de la tribuna. Un estribillo, hambriento de versos, goleaba.

No hubo campeón, sí juego. Luego del partido: la fiesta. El festejo se trasladó al barrio de Flores. Ya no llovía. Los recibió el perfume de los paraísos y el tintinear de la hinchada sobre el brillo del empedrado. En la calle del bulevar poesiaban flores y nevaban copos del palo borracho.

 

 

 




EL TRIUNFO DE VANDOR HASTA EN LA ALCOBA

Por Pepe Carvalho

La Persistencia: Sobre el vandorismo

EL PAN – VANDORISMO

Dice Wikipedia:

“El vandorismo negaba la defensa sindical a cualquier trabajador que no respondiera a sus intereses. Esos eran marcados como infiltrados, zurdos, comunistas – lo fueran o no -. Tales denuncias, en ciertos momentos, significaron unaPEPE5images delación que costó la vida social o física a muchos compañeros. El “vandorismo” es una forma de la corrupción burocrática – grave – . De él, muchas veces se dijo que sólo perseguía la permanencia y la acumulación de riquezas de un grupo de dirigentes. Sin embargo, aunque nunca expresada explícitamente, el vandorismo tenía una clara idea política. Esa se sostenía en el convencimiento de que los militares nunca iban a abandonar el poder y, por lo tanto, la estrategia era la de dar su propio golpe de estado. Por eso, no creían en el retorno de Perón. La herramienta táctica en la que se basaban era la huelga general a los gobiernos civiles“

Yo no estoy muy de acuerdo con esta definición. El asunto no puede ser encarado de manera tan general, ni restringido- de manera tan particular- a su relación con el peronismo. Vandoristas hay en todos lados.

 

EN EL PRINCIPIO FUE VANDOR

El ex cabo de la armada, Augusto Timoteo Vandor , ya en la vida civil, comenzó a trabajar en “la  Phillips”, una gran fábrica metalúrgica. Rápidamente, descubrió la posibilidad de inmiscuirse en la carrera sindical. Primero, como delegado de base y, luego, bien adentro del sindicato, donde descubrió  una veta económica para resolver su vida. Como todo buen entendedor del asunto, comprendió que debía comenzar su militancia en el peronismo, un paso  básico para escalar en el sindicato. Con el tiempo- buen trepador- llegó a la conducción. Eso fue durante el segundo gobierno de Perón.  Vandor siguió acumulando poder y andaba con las manos llenas, cuando llegó la dictadura. Eran los tiempos de Onganía, quien fue uno de los primeros militares que pretendió  ser continuación de Perón y, por lo tanto, heredar el aparato.  Una anécdota de sus inicios en la conducción sindical lo pinta claramente como un hábil negociador. Vamos por ella.

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ESO DIJE YO

Durante una gran asamblea de trabajadores metalúrgicos, se debía decidir sobre una propuesta patronal para terminar con la huelga.PEPE6descarga Vandor se había reunido con la patronal y había acordado y consensuado levantar el paro. Previamente, era necesario cumplir con lo que- para él -era una formalidad: la aprobación por las bases del acuerdo. “EL lobo”, tal  su apodo, se puso al frente de una bulliciosa  y ruidosa asamblea. Sus primeras palabras fueron:

-“Compañeros: vengo de reunirme con la patronal y me han hecho una propuesta”.

Levantó  una hoja de papel y la leyó. La gran mayoría de la gente gritó:

-“No, noo”.

El ensordecedor  “no” provocó en Vandor una inmediata reacción:

– “Eso dije yo: no, no”- Sin que se le moviera un pelo, lo dijo. Como si él no hubiera convalidado el acuerdo con la patronal. Y, a la vista de todos y ante el asombro de sus compañeros de conducción del sindicato, rompió el escrito con la propuesta. Inmediatamente, los presentes  lo rodearon, porque querían saber cómo seguir. El Lobo, con una sonrisa esplendorosa, les dijo:

– “Hicimos todo lo posible, la patronal deberá cambiar la propuesta, che”.

Esta anécdota se convertirá en la base de sustentación de la burocracia sindical futura: la mentira hipócrita.

HOMBRE DE ARMAS TOMAR

En su carrera al secretariado general de la UOM, Vandor  tropezó con otro grueso dirigente, el secretario general adjunto  de la UOM y jefe de la también poderosa UOM Avellaneda, Rosendo García. Estos se encontraron, junto a otros dirigentes políticos, en la PEPE7imagesconfitería bar “La Real”. A Vandor lo acompañaban sus custodios; a Rosendo, dirigentes políticos relacionados con el peronismo revolucionario.  Rosendo  era candidato a gobernador de Buenos Aires por ese sector político. De pronto, desde la mesa de Vandor, hubo varios disparos hacia la de Rosendo y sus compañeros. El resultado del tiroteo fueron tres muertos, entre ellos, Rosendo y  otros dos dirigentes políticos. Nunca se vinculó judicialmente la muerte de Rosendo con el crecimiento de la carrera  sindical de El Lobo. Sí sobrevoló la pregunta  “Quién mató a Rosendo”, como bien lo muestra el libro de Walsh, del mismo nombre. Pero está claro: los asesinatos de “la Real” ayudaron a la llegada al poder sindical de Vandor  y al debilitamiento del ala revolucionaria de izquierda del peronismo. Sin la presencia en el país de Perón (por aquel momento, el General intentaba manejar el peronismo desde España),  Vandor lanzó el peronismo sin Perón. Allí fue, como decía esta nota al principio, que El Lobo comenzó un acercamiento a la dictadura militar. Ya sin escamoteos, su vida se dio en el marco de las grandes traiciones a los trabajadores y a su grupo político.

EN SU PROPIA LEY

Corría el año 1969. Ese día, Vandor estaba, como desde hacía tiempo, repantigado en su espacio pepewalshsindical. No podía imaginar la trampa que le tendería el destino, allí, es su propio territorio. ¿No podía imaginar? Esas son las paradojas del poder mafioso. Quien lo ejerce nunca imagina que caminará sobre sus propias minas. Cómo podría, de otro modo, llevar adelante el “eso dije yo” a través de los días, los meses y los años.

Pero sucedió. Y, en la sede nacional de la UOM, un grupo armado asumió el riesgo: lo mató al Lobo de cinco tiros. Siempre se buscó a los responsables. La preguntas que restan contestar son: ¿Fue en venganza por la muerte de Rosendo?, ¿por la traición a Perón?, ¿por la constante traición a los trabajadores?, ¿ fue por todas las causas anteriores juntas?

¿LOBO, ESTÁ?: LOS HEREDEROS

La característica más clara que identificó la práctica vandorista como base de la burocracia sindical  ha tenido continuadores muy reconocidos: José Ignacio Rucci, José Alonso, Saúl  Ubaldini, Luis Barrionuevo, Lorenzo Miguel, José Pedraza, Hugo Moyano.

La práctica burocrática no es patrimonio del peronismo. Indudablemente, la posibilidad de perpetuarse en el poder ha sido una tentación que también involucró a dirigentes de la izquierda contestataria como a Pablo Micheli, de la CTA autónoma.  autónoma. En general, podríamos decir que esa práctica mentirosa e hipócrita ha calado, incluso, en el resto de la sociedad. Nunca faltan quienes usan el “ESO DIJE YO” como práctica asidua. Cada uno de ellos sería  una especie de “Vandor de alcoba”.

 

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PISADAS EN EL MAR

Por Luisa Luchetta

La Persistencia: Sobre África

Esta es la historia de un fracaso”,  

                                                     Dr. Ernesto Guevara, Diario del Congo.

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  Últimamente han llegado noticias dramáticas. Mareas de africanos huyen. A Europa, adonde puedan. Ahogados, cadáveres flotantes, enfermedades mortales. No sé por dónde comenzar. ¿Por la Biblia y la interpretación de algunos cristianos, acerca de que el hombre negro es descendiente de Caín y por eso mismo llevará por siempre la marca del asesinato de su hermano Abel? ¿Por la institucionalización de la esclavitud, tan útil para someter a América?

CRUZAR EL CHARCO DEL NORTE HACIA EL SUR

africa colonias

En el comienzo, fueron el miedo a la enfermedad y la ambición de la conquista. Así, los europeos- principalmente portugueses y holandeses- mantenían su sed de dominio en las zonas costeras de África. Pero, a medida que la tecnología avanzaba en armamentos y en medicina, se animaron continente adentro. A partir de la Conferencia de Berlín en 1885 ingleses, franceses, italianos, belgas, alemanes , españoles, envueltos en los nacionalismos europeos, veían una gran posibilidad para comerciar sus productos y acaparar poder. Estados Unidos mantuvo, hasta su independencia en 1847, a Liberia en la costa occidental del continente a fin de repatriar a los esclavos libertos.

A medida que exploraban, los invasores descubrieron la variada y abundante riqueza africana. Desde entonces, Europa no dejaría el continente jamás. Aún hoy, casi sin colonias, la presencia de grandes multinacionales de origen europeo, norteamericano- a las que se han sumado las chinas y las japonesas- controla el devenir económico de sus naciones.

africa riquezasPaíses como Eritrea- ricos en minería, oro, cobre, plata- producen miles de asilados. La población huye, mientras empresas canadienses explotan su riqueza.

Como para muestra basta un botón, veamos otro ejemplo: Sudán del Sur se independizó en el 2011. Es uno de los países más pobres del planeta y anda sumido en un conflicto armado, que desarraigó a más de 2.000.000 de personas.  Desde 1989, Sudán es gobernada por Omar Hasán Al-Bashir, acusado por genocidio y por crímenes de lesa humanidad. Si bien el  80% de la economía en Sudán es agrícola, el país resulta también rico en petróleo, oro, tungsteno y gas. La población huye de las garras de Al- Bashir y busca sobrevivir en Arabia Saudita, Uganda, Chad, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania.

Dos botones también sirven. Va, entonces, otro ejemplo: La República Centroafricana es rica en oro, diamantes y uranio. Pero casi la mitad de su población es analfabeta y la expectativa de vida no pasa de los 44 años.

Algo parecido sucede en Níger, el tercer productor mundial de uranio.

Si le digo que mejor que dos botones son varios botones, el lector seguro me agradece. Cómo dejar afuera, entonces, a la República Democrática del Congo. Allí se explotan no solo diamantes, sino también el coltán, material de suma importancia para la producción de nuestros celulares, cada vez más sofisticados. A pesar de esto, y a pesar de las enormes utilidades de las que seguramente disfrutan las empresas productoras de nuestros teléfonos móviles, la República Democrática del Congo (ex Congo belga) es el país más pobre del mundo. Bueno, en realidad, si pensamos en sus recursos naturales, pobre no es: más bien, muy rico. Pobres resultan gran parte de sus habitantes, los más explotados del planeta.

Algo similar se observa en otros países del continente. Las grandes potencias, conmovidas, no hacen más que enviar ayuda humanitaria, toneladas de alimento que se podrían producir o adquirir por propios medios, este socorro incrementa día a día el endeudamiento externo, la dependencia de los estados africanos.

A río revuelto, ganancia de pescadores, decía mi mamá cuando escuchaba que había estallado una guerra en alguna parte del mundo. Los enfrentamientos entre etnias, como aquel de 1994, en el que murieron miles de tutsis a manos de los hutus, grupo mayoritario del país. Los tutsis eran los preferidos de las autoridades belgas. Después de la masacre, los tutsis sobrevivientes se refugiaron en la vecina República Democrática del Congo.

Enfrentamientos étnicos, enfrentamientos religiosos, ejércitos, grupos armados, agricultores expulsados de sus tierras. Armas, otro gran negocio.

Mujeres niñas secuestradas, trofeos de guerra. Mujeres niñas mutiladas. Mujeres niñas violadas.

Homosexuales asesinados.

En nombre de Dios.

mujer con foto niña

Todos los anteriormente citados corresponden a la zona denominada subsahariana.

Perdida en el mapa africano, tímida para transmitir datos que se entrelazan y confunden en internet, una idea me persigue. Persiste en mí una película que pasa por las cámaras de gas, los campos de concentración nazi, la versión autóctona de la tortura y el plan sistemático de desaparición de personas; los normalistas mexicanos, la travesti recientemente asesinada, las migraciones silenciosas de poblaciones originarias, despojadas de sus tierras ancestrales para beneficio de multinacionales sin cara, sin nombre, pero con largo prontuario de  depredación. Persiste en mí la vieja pregunta por el origen, el grado y la propagación del mal. ¿Qué formas particulares adquiere lo cruel en nuestra época? Los migrantes africanos no son un daño colateral impensado. Hay una decisión política de lanzar a la nada a miles de personas, hay un genocidio financieramente planificado: no porque ese sea el objetivo de los poderosos, sino porque ese el costo pagable sin que se les mueva un pelo.

Como todas las guerras, la de África es una guerra por dinero. Pero no tiene precedentes esta decisión consciente de dejar gente a la deriva, con el beneficio extra de que los asesinos se sienten con las manos limpias, porque ellos no aprietan el gatillo. El desierto y la falta de solidaridad de ciertas fronteras matan, según dicen las planillas informativas de las estadísticas.

CRUZAR EL CHARCO DE SUR A NORTE:

 Todo lo que hasta aquí escribí son datos. Datos que otros dan por ciertos. Datos que favorecen a idiotas con dólares o euros para sacar fotos con maravillosos animales muertos. Datos que conmueven nuestra conciencia judeo-cristiana. Pero qué poco podemos hacer. Datos que esconden el día a día de niños, madres, hombres,  en busca de supervivencia. Ya lo dije, por lo que esas tierras tienen en recursos naturales, ¿no deberían ser ellos los más ricos del mundo? Datos que faltan, datos escondidos, ¿es mensurable el dolor ante un hijo muerto?

 migrantes muertos

“Esta es la historia de un fracaso”, decía el Che, en su Diario del Congo. Tenía razón el Comandante. Parte de ese fracaso se debe a la falta de comprensión, al abismo entre culturas. Y, por eso, pido perdón a los africanos. Son ellos mismos quienes tienen y deben hacer oír su voz, aunque no se entienda muy bien qué sucede allí y por qué. No hay que bajar los brazos, muchachos: a nosotros, a los del sur, también nos cuesta hacerles entender a esos del norte.

El otro, para ellos, siempre fue un problema. Muy pocas veces en la historia fue encarado como problemática. Una problemática es una zona de tensión, la tensión no debe resolverse para un lado u otro, simplemente oscila. Una vez el nudo aprieta más acá; otra; allá. Un problema es algo que busca una solución. Y la solución que los explotadores han encontrado desde hace tantos años es el exterminio. Borrar. Pero, en este caso, la borradura adquiere rasgos particulares. La goma es de poca calidad y no desaparece la figura de los migrantes de una pasada. Los deja andar. Los deja caminar el hambre, la enfermedad, el silencio. ¿Han visto ustedes la ominosa fuerza del silencio, mientras esos miles andan, con la cabeza gacha y las palabras ocluidas entre la falta de horizonte hacia adelante y la imposibilidad de volver?

Démosles la voz a ellos: Les presento a Binyavanga Wainaina, escritor nacido en Kenia

http://ciudadideas.blogspot.com.es/2010/09/como-escribir-acerca-de-africa.HTML

UNA HUELLA EN UN GRANO DE ARENA

Mientras tanto, ante el silencio de las ruidosas ciudades, miles de pies cansados dejan una huella en los granos de arena. Los cuerpos se alejan, sus rastros persisten. Resistirán al olvido de los que se van y de los que quedan.

Mientras esos pies golpean rítmicamente el suelo africano, algunos los escuchamos desde lejos. Están en el aire los sones, ya es tiempo de hacerse oír. Huellas en el mar, manos desgarradas por los alambres de púas. Como desde una gran boca que vomita injusticia, el pueblo africano desplazado comienza a hacerse notar, a hacerse cuerpo y no sólo una foto enmarcada.

En el siguiente video alguien que ha levantado la voz:

 

 

 




METÁFORAS DESCOSIDAS

Por Cecilia Miano.

Persistencia: Sobre la institución “Escuela”

NI ALUCINADOS NI OBSCENOS

…”La escuela es el lugar en el que hay tiempo para detenerse, donde se producen oportunidades distintas de aquellas que provee la vida cotidiana, oportunidades para conocer las preguntas y las respuestas que la humanidad ha construido, para aprender a preguntarse, para reflexionar, para adquirir herramientas y para dominarlas, para afirmarse como sujetos capaces de adquirir conocimientos de todo tipo, incluido un mejor conocimiento de sí mismos, de sus deseos y de sus capacidades de proyectar y realizar”, Cecilia Parra

Dicho así, el mundo de la educación escolar resultaría un espacio lleno de ideales, perseguidos de manera incansable por todos sus responsables: el escalafón completo de autoridades educativas, propuestas e impuestas por puntos, concursos y decisiones políticas.

Esta nota refleja mi mirada, respeto otras. Nos veo distantes de caminar hacia el ideal, donde se abrirían para todos las puertas de espacios abiertos al devenir de incontables propuestas creativas y amplias. No se puede actuar sobre el presente sin un horizonte. Así como perderse en ideales resulta un poco alucinatorio, caminar sin el fondo de un ideal revela una obscenidad de pragmatismo. Chicos formados como seres independientes, sólidos en sus capacidades y seguros de sí mismos. Seres de pensamiento autónomo.

GRIS DESCASCARADO

ceci mianoGETACHEW BERHANU5694911680615851El andar va por otro lado. No me voy a detener dentro de las aulas. Lugar sagrado para mí. Voy a recorrer el encuadre de las aulas, los vericuetos insondables que abarcan las decisiones educativas.

Estoy con el día puesto encima, las miradas me recorren y las voces se entremezclan, no sé si son ilusiones o palabras salidas de humanos reales.

   Estoy en una sede de asuntos docentes, en un pueblo lindero al mío. Es una casa antigua, majestuosa en otro tiempo, cuando sus habitantes poseían otras ilusiones. Hoy la recorro con ojos ávidos de horizonte y encuentro el gris impregnado en el aire, en las miradas cansadas de los chiquitos que esperan en la vereda no sé qué, en las paredes tan descascaradas como las promesas del horizonte en la educación pública. Vengo a tomar un cargo directivo ofrecido por la inspectora, influida por sus deseos y  los míos por hacer algo mejor.

Ahora me pregunto, ¿esos deseos eran compartidos? Seguramente no.

Como decía, el gris del aire y el de las paredes se mueve lento, la gente en el recinto respira y habla, casi como si esto fuese una necesidad imperiosa de llenar espacios vacíos. No somos muchos, la secretaria de asuntos docentes, dos interesadas en el cargo, una amiga que me acompañó- envuelta en panza con bebé- y tres o cuatro, no recuerdo bien, representantes del gremio que cortejan a la interesada Nº 2. La Nº 1 sería yo, el burro adelante para que no se espante. No cuento el personal asomado al lugar, tampoco se bien para qué.

QUE NO DECAIGA

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El acto público donde se realiza la toma de posesión de un cargo es algo sencillo, poco ostentoso y muy rápido. La secretaria hace un breve resumen de la situación escolar de donde surge la vacante, no sé qué más dice porque me distraje pensando en lo feo de trabajar  en un lugar tan gris, con aire gris. Retomo la escucha, cuando ella comienza con el listado: ese orden de mérito permite al que se encuentra primero, elegir. Hasta aquí todo bien, todo legal, todo esperado.

La Nº 2 toma el cargo,  por qué le puse 2 no sé, ahora no quiero cambiar de número, puede ser porque llegué primero, sí.

Aquí comienza mi duda existencial con el sistema y con las personas que lo conforman. Las palabras me llueven como descolgadas de una parra en verano, se mezclan los hechos con metáforas descosidas. “Que no decaiga”, la inspectora de cabello uniforme y saco azul propone esta selección de sonidos, sin sentido para mí, a modo de ¿aliento? Yo no debo decaer sólo porque no tomo un cargo. Entonces, comienza el ruido dentro de mis pensamientos: toques de campana atienden a una señal potente que me dice: esto no funciona bien, algo en el camino se distorsionó mucho como para que no tomar un cargo pueda hacer decaer a una docente.

LA TAPADORA DE BACHES

Lo que decae es el sistema horrible en el que un cargo directivo es ejercido por el beneficio de un mejor sueldo, con la promesa de una mejor jubilación. Llamadas durante dos meses hicieron que mi cabeza pensara en la posibilidad de tomar otro rumbo en la educación, en acompañar desde otro lugar al horizonte. Fuera del aula. Esto implicó noches de pensar en el desafío, días de dudas, miedo mezclado con ansias, pases de funciones mezclados con desarraigo. Sentí mucho, mientras el sistema no siente, no deja de dormir, no se preocupa, no se pregunta qué es lo mejor para mí y para los alumnos. El sistema va tapando baches y sigue indemne.

En el acto de designación todo transcurre con normalidad, léase “normalidad en el sistema educativo”. Sin embargo, nada es como imaginé, nada es como dicen las autoridades. Todo resulta peor que la vida real.

Acá todos nos defendemos de algo.

Que no decaiga.

MAGNIFICO

persistencia

En el borde de una pileta del campo, la tardecita se acerca sin estorbar. Dos cuarentonas tomamos algo fresco. Los árboles añejos vuelan las palabras que enredan idiomas diferentes.

-¿A qué te dedicas?-

En un inglés para mí poco entendible y en un castellano inglesado por las ganas de charlar, se afinaron punterías y, al final, se entiende: soy docente.

 

Los ojos de la extranjera se agrandan casi imperceptiblemente. Yo estoy acostumbrada a la compasión, a ese “qué poco importante”, a ese trato hacia una casi desahuciada social que, a falta de otra cosa para hacer, cae ahí, en una escuela, con chicos y esas cosas. Entusiasmada y acostumbrada, defiendo mi hacer.

Y esa es la costumbre, la defensa.

La extranjera, casi en una reverencia, gesticula con alegría. Una alegría que se me había enredado en el revés de la lucha, en lo importante de ser educador. Ahí reencontré esa otra mirada de lugares lejanos que viene a redescubrir  el horizonte de mí hacer, la magnitud de mi tarea.

Ahora, casi sin darme cuenta, la defensa se esconde, se esfuma entre comentarios importantes de haceres en lugares distintos, de horizontes que continuarán como dirección del andar, de un andar con otros. Sí, aunque ahora estén lejos, voy a seguir para acercarme.

El día no decae. Atardece. Y, en la noche, se gesta- clandestina- la luz nueva.




SON DE BARRO

La Persistencia: Del arte ancestral precolombino

Por Adriana Valletta

CARNE FEMENINA

A tanto aniquilamiento sufrido por la población originaria de América, se suman el robo, la destrucción y la desaparición de piezas artísticas e instrumentos musicales de inmenso valor cultural. Entre ellos, instrumentos de viento.

A través de los siglos, diversas investigaciones han encontrado11954764_955804391147461_5671947830944849700_n ejemplares de estas piezas. Algunas permanecen desde hace mucho en museos europeos. Sin embargo, del proceso de construcción de los instrumentos tal como se lo realizaba, no se tiene registro exacto. Los datos que pueden aportar museos y libros no solo resultan escasísimos, sino que- muchas veces- fueron pesquisados por los mismos conquistadores europeos. Entonces, hubo que transformar esa tarea insuficiente e imposible en una tarea posible, real y directa. La persistencia de algunos en buscar los rastros hacia aquel original proceso de fabricación hizo al barro asumir formas que solo la memoria ancestral puede evocar.

De tanto persistir yo misma en ello, contacté a un artista comprometido en tan noble tarea. Tal es el caso de Agustín García Reyes, residente en México, la ciudad Metepec, cerca de Toluca. Vive en el campo y, durante gran parte del día, anda con sus animales y cuida el maíz. Comenta, con mucho orgullo: No solo cultivo la tierra, todo tiene su razón de ser. El maíz, el gran maíz, CentliNonacatl cihuatl centli: nuestra carne femenina, maíz.

LA VOZ HOMBRE

Volvamos, entonces a Agustín García Reyes, al artesano recreador y re- intérprete de flautas de barro, ocarinas, silbatos y sahumadores. La potente sonoridad de la voz de Agustín impacta, entrelazada con una mirada profunda y con su larga cabellera negra. Se define, no solo como campesino orgulloso de su tarea, sino también como un autodidacta, interesado en culturas autóctonas. Se dedica especialmente a la reproducción, ejecución e investigación de artefactos sonoros antiguos: de viento y de barro, sobre todo.

La reconstrucción de instrumentos “pretende” cierta exactitud, ya que muchas de estas piezas se utilizan en celebraciones, festejos, danzas rituales, en ceremonias sagradas o, simplemente, se hacen para ser vendidas al turismo: “Dada la escasez de instrumentos y, al ver la calidad de los que ofrecían, decidí hacerlos y elaborarlos por mi cuenta.”

11406992_914992998561934_3447359951286086913_n (1)QUE EL BARRO NOS RECIBA

“Conseguir instrumentos es muy complicado”, comenta Agustín. Uno pensaría que, por eso, se entrega a la tarea hacerlos él mismo. Pero ésa solo es la gran excusa: “Cuando, al fabricar, se permite que la idea fluya, la idea se trasmite al barro”. Las ideas con las que se inspira “tienen su misterio”, por supuesto. “Creo que, en ese punto, es donde comenzamos a utilizar la imaginación o la intuición para imaginar cómo las preparaban ellos. Hasta veo sus manos, cómo trabajaban, las veo moverse. Cuando la 11051804_898363820224852_5642608309425120540_nidea toma forma por sí misma, el barro recibe y toma la forma de las ideas. Al momento en que esto sucede, uno escapa a esta realidad cotidiana. Sin medidas ni proporciones conocidas, las medidas son las propias manos, los dedos. Aunque es muy probable que- al haber sido grandes matemáticos- los ancestros hayan utilizado también ese saber en la realización de instrumentos sonoros.” El proceso culmina ante el abuelo fuego: en los hornos son cocidas las piezas.

Luego, llegará el sonido. “No hay registro de cómo deben sonar, no sabemos cómo ejecutaban los antepasados estos instrumentos ni cómo sonaban, no sabemos cómo era la música antigua; hay muchas lagunas, aquí lo importante es reconocer la raíz, saber de dónde venimos, hacia dónde vamos y unir fuerzas para hacer los sonidos sagrados. Yo no le llamo música, porque en el concepto occidental es otra cosa, aquí son sonidos. Sonidos que van más allá de estructuras y notas musicales.”

IR A LA RAÍZ

¿Cómo se reconstruye entonces ese sonido ancestral? “Decidimos que deben sonar de acuerdo a lo que ya tenemos en la mente y en la genética ancestral.”  Agustín recrea y reinterpreta desde su propio vacío y desde los huecos de la historia. Sin referencias ni datos abundantes. Recoge sonidos de aves, del agua, de flautas, de plumas, del viento sobre las hojas, del trueno. De tal modo, algunas piezas son de propia inspiración y otras son copias de algunas encontradas. Un artefacto recreado se llama “huracán” y se inspira en siete u ocho instrumentos a la vez.

El persistir de estos sonidos se emparenta al existir y al renacer. Es el modo en que la flauta o la ocarina, en el barro mismo, cobran vida, insufladas por las ideas y recorridas por el aliento del hombre, una vez más.

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Agustín entrelaza los cuatro elementos con el canto tradicional. “Tierra es tu cuerpo. Agua es tu sangre. Viento, tu aliento. Y fuego, tu espíritu. Aquí lo importante es que estos sonidos siguen vivos. Son reales, no están agonizando. A cada flauta, silbato, ocarina o sahumador, yo los veo como a una síntesis de la creación, tienen vida al soplar en ellos, al depositar el incienso en ellos. Claro, hay una clave: hago solo lo que me gusta. Y es obvio que, al trabajar con los cuatro elementos, te haces uno con ellos. Como dice el canto: tlalli nonacayotl, atl no ezotl, ehecatl no ihiyotl, ilhuan tletl notonal… tierra es mi cuerpo, agua es mi sangre, viento es mi aliento y fuego es mi espíritu.

INSUNTATA

No solo hay flautas de viento, tambores, ocarinas, sahumadores y silbatos, también está el idioma. Cuando Agustín habla, entrelaza su lengua ADN Y MUSICAcon sus artesanías, con sus elementos de trabajo. Teje la melodía y la danza con palabras. “Ése se llama Huehuetl, significa “el venerable abuelo”, porque está hecho en madera de ahuehuete, el nombre de un árbol.”

Su voz grave es a la vez un canto a su lengua originaria. Con ecos ancestrales, parece un recordatorio que lo sostiene. Y, a esta altura, nos sostiene a ambos. Como toda lengua materna, su lengua arrulla y amarra. En este caso, acuna en modo poético al Padre Sol, Inti Tayta.

Mientras me comenta sobre la realización de sus utensilios, comienza a decir, a modo de saludo: Aquí, en lengua matlazinca, decimos Insuntata. El término Insuntata significa padre sol

PALABRAS

Como si se tratara de regar con palabras, el relato referido a la construcción de instrumentos, se vierte. Porque no han podido matar las lenguas ancestrales. Ellas aún dicen. Algunas palabras son incluso reverenciadas. Agustín sabe que es poseedor de un gran tesoro. Pero cuidarlo no es fácil: “a veces se hace muy difícil pues de los abuelos que quedan y hablan bastante bien o conocen la lengua mejor que otros, no todos la comparten ¿Qué se esperaba después de 500 años de genocidio? En su tono de voz se percibe un inocultable sabor amargo, pero rápidamente el entusiasmo lo rescata de las amenazas del olvido. La memoria ancestral está en manos, entonces, de cada individuo y de la comunidad. En las palabras dichas y en las omitidas se puede escuchar nítidamente el sonido del tiempo pasado. Pero mucho más, la fuerza recobrada del presente.

LENGUAS MADRES

REGAR EN VOZ ALTA

La semilla, simple y pequeñita, conserva todo el conocimiento ancestral. En ella, su relato entremezcla lengua madre y tierra: “Aun así, con estas pocas palabras sueltas que digo en lengua matlatzinca- casi extinta – comparto algo.”

El compartir aquí es equiparable a sembrar, a ese reguero de simiente en voz firme y plena. De este modo, lo poco se reproduce al infinito, ante cualquier interlocutor que se preste.

manos corazon con semillas

Y, si de compartir se trata, mirá las casualidades: nos encontramos, en vísperas del 12 de octubre. La obra de Agustín y este encuentro son las mejores celebraciones para esta fecha. No se trata de un rescate, el rescate ya está: lo han hechos los antropólogos. Se trata, pues, de darle continuidad a lo rescatado. Que la siembra se extienda hasta donde el sonido alcance. Y más allá.

VIEJOS HOLÍSTICOS

“Si nosotros vibramos con estos instrumentos, estos sonidos son medicina también para quienes escuchan. Es claro, producen distintos efectos en las personas. Con las danzas sucede lo mismo, no sabemos si así se danzaba, la secuencia la da la información genética que traemos.” Se cree que había una música para danza, otra para funerales. Unir los sonidos con danzas méxicas es un modo holístico que ya los antiguos conocían: “Nosotros no hicimos algo nuevo… Ya está hecho. Xiuala in noyolo in notonal tatatzin Tonatiuh,” Venga a nuestro corazón y en nuestra alma el padrecito sol.”

FINAL, A DÚO

Ni kan ka ashkan: Hasta aquí. Ahora, aquí. Está aquí

Ttlazohkamati: gracias, en náhuatl.

Khamadhy: gracias, en otomí.

Inthewhithi: gracias, en matlatzinca.

SOL MAYA

La cosmogonía maya atribuye la génesis del hombre a Nal: el dios maíz. Una masa de maíz amarillo y blanco dio forma, entonces, a criaturas dotadas de inteligencia. Ellas fueron la cumbre de un arduo proceso de creación. “El maíz es el elemento que trasciende el espacio cósmico del mito y el marco cronológico de la historia, que viene a insertarse en la vivencia diaria de los mayas actuales”. “Cultura del maíz”, como se le ha llamado. La de los pueblos mayas no solo elevó a este cereal al rango de divinidad en la época prehispánica, sino que continúa adjudicándole forma humana, aún en nuestros días. El maíz representa- además- diez mil años de cultura.

 




EL COMBATE DE LOS POZOS

La persistencia

Por Magdalena Mirazo.

LA COSA ESTÁ VERDE
Y tuvimos que cortar la ruta, sí, la Ruta 36. Ésa que une la 2 con la 11 y te lleva al IMAGEN 1Partido de la Costa, en las vacaciones o en los feriados largos.

Hace un tiempito, después de una cantidad de reuniones entre los vecinos y autoridades municipales, se aprobó un “presupuesto participativo” para arreglar los caminos internos, la mayoría de tierra, (-a veces, en el pozo más chico, se podría haber improvisado un jakuzzi-), como el proyecto más urgente y necesario.
El asunto es: qué pasó con la partida. Aparentemente salió, pero nunca llegó a convertirse en pala mecánica, tosca o cascote.

A VER SI ALGUIEN SE AVIVA Y NOS LLEVA EL APUNTE

IMAGEN 2

El ramal del colectivo que nos conecta con el pueblo, la escuela y el banco no entra por temor al vuelco. Y los mecánicos de la zona se enriquecen cambiándonos bujes, rótulas y amortiguadores.

No sé si habrá estadísticas, pero esta es una zona de producción muy importante. Me refiero al cinturón hortícola del Gran La Plata, Berazategui y Florencio Varela que provee de verdura a la población de la Capital y alrededores. Inclusive, a veces, al interior de Buenos Aires o a otras provincias, según la época del año. Tengo fotos donde se ven cajones de quintas de la zona, en verdulerías de El Calafate.

Sumados campo abierto e invernaderos, se cultivan entre 6.000 y 7.000 ha. Esto implica aproximadamente a 4.000 productores. Si además de las familias de los quinteros incluimos las agroquímicas, las expendedoras de combustible, el transporte, los comercios y todo tipo de prestadores de servicios relacionados, la actividad genera recursos para muchísimas personas. Se puede decir, sin error, que los pueblos de Abasto, Melchor Romero, Los Hornos, Lisandro Olmos y Ángel Etcheverry, por nombrar algunos, viven gracias a la horticultura: a ver si alguien se aviva y nos lleva el apunte.

Una quinta “grande” es de unas 40 ha.; de ahí, para abajo. Así que no existe el latifundio.

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Nuestros productos son perecederos, no se almacenan en silo bolsa ni cotizan en dólar. Apenas consiguen lo que se llama una mayor “vida en estante”, gracias a la tecnología.

Todo el tiempo se incorporan manejos innovadores. Es un sector muy ágil en este sentido y, para dar una idea, en invernadero, se puede producir aproximadamente un cajón de tomate o de morrón, por planta y por temporada. Son verdaderas fábricas de alimentos y cada vez hay una mayor conciencia sobre qué significa una producción sustentable, el cuidado del medio ambiente y el uso racional de los recursos.

EL CALENDARIO DE LAS PLANTAS

Somos vulnerables a todo tipo de inclemencia climática: vientos y remolinos que nos rompen los plásticos, tormentas y lluvias torrenciales, temperaturas extremas. En alguna medida, la sequía sí podemos controlarla, porque todo se hace bajo riego por goteo.

El trabajo está incorporado de una manera especial a la vida, como si fueran la misma cosa. Los horarios y el calendario semanal se rigen por las necesidades de las plantas y, aunque la cotidianeidad es tranquila- en temporada- transcurre a contramano: se empaca por la noche y se espera en los galpones.

Con las lucecitas encendidas y las pilas de bultos recién preparados, se aguarda a que llegue su majestad, el camión, que se llevará literalmente el fruto de nuestro trabajo al mercado y nos compensará a la vuelta con la liquidación de la venta.

TE ESPERO EN LA ENCRUCIJADA ENTRE OFERTA Y DEMANDA

A veces tenemos suerte y algún artículo tiene un valor alto por algunos días, por primicia o por el fracaso de la cosecha en zonas competidoras, ya que el precio se forma por el cruce de la oferta y la demanda. En otras ocasiones, la producción es demasiado buena y los precios caen. En general, el promedio nos permite seguir invirtiendo en nuestro trabajo. Para cualquiera es un orgullo comprar la tierra propia, hacer un invernadero más o cambiar el tractor. Por supuesto, también cambiar la camioneta o refaccionar la casa. La plata nunca va a parar a un paraíso fiscal.

IMAGEN 4Los quinteros son gringos, bolivianos y paraguayos. Trabajan las familias enteras, los chicos van impecables a la escuela y, después, -a veces- ayudan en algunas tareas. Y el que dice que eso implica trabajo esclavo está haciendo política barata. Es atávico, como quedarse mirando el fuego. En el gran      árbol, cada generación trabajó la tierra y no sabrían en qué otra cosa desempeñarse.

Persisten en hacer surcos.

Tal vez las raíces, que hoy usan guardapolvo, elijan ir a la universidad pública -ahora más descentralizada- y se dediquen a otra cosa.

DE LA NATURALEZA, A SU MESA

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Atar, desbrotar, cosechar, embalar. Ocupamos mucha mano de obra. En este momento escasea, por un lado, porque casi todas las familias tienen su propio emprendimiento y trabajan para sí mismas. Y, por otro, porque los bolivianos -quienes, año tras año, se establecían acá y, a medida que progresaban, traían a sus paisanos- ya no necesitan emigrar para ganarse la vida.

Y así es como llegan a su mesa el tomate, el pimiento, la berenjena, el brócoli, el afamado apio, las lechugas, con sus aportes nutricionales irreemplazables.

Esperamos que las disfruten.  

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SOY SOLO SOY UN POBRE AGUJERO…

IMAGEN 12Pero cierto, hablábamos de los pozos. Bueno, vino un delegado municipal y prometió arreglarlos. Nosotros decidimos creerle y levantamos el piquete para no ocasionar más molestias. Así parece ser el sistema: cuando necesitás dejar de ser inadvertido.

Ahora, tendremos que barajar y dar de nuevo.

Un par de veces más, tal vez, reanudaremos el camino ya peregrinado de los petitorios. El slogan “derecho a vivir mejor” del PRO, a muchos no nos enamora, más bien todo lo contrario.

Y, cuidado: aunque profesemos distintas religiones, el dios en el que creemos se ocupa de sus hijos en la Tierra, así que les daremos unos días. Tal vez, unas semanas. Solo hasta que la fruta madure.




HISTORIA DE UN NO-ABRAZO

La persistencia: Sobre lo no dado

Por Pablo Petkovsek

Todo está pensado. El abuso nace de un vacío intenso que se acumula a lo largo de los años. Años que dicen no. No a esto, no a aquello. Años en que uno se va alejando más y más, mientras el nudo interno se agiganta. El abuso le dice no al cuerpo. Conozco otros que dicen que sí, pero el mío no. El abuso proviene de alguien que no quiere. Niega el cuerpo. Gabi S. lo dijo de la siguiente manera: vergüenza porque el cuerpo manifiesta cariño. Ahora digo: alguien que no puede.

Ella nunca pudo. La única forma de cercanía es a través de un pensamiento que persiste. Es el Sudoku del amor familiar. Están todos los números y casilleros, sólo es necesario ubicarlos de manera que no se repitan.

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Nine Inch nails

 

En la búsqueda de otros cuerpos, ausencia y persistencia copian un contorno, que se desvanece en la primera aproximación. Fallar y fallar, porque nunca se puede encontrar algo que a uno siempre le fue ajeno. La vida afectada por un cuerpo. La imposibilidad de encontrase con otro u otras, perdidos en la niñez. Cada desencuentro, conformado por un espejo deforme.

pablo2 Adam-Neate_Revolving-Door_2011                                    Adam Neate, Revolving Door 

 

En cuanto hecho físico, no es un abrazo lo que no se encuentra, sino un afecto idealizado por su ausencia. ¿Qué es un abrazo trunco? Causa y defecto. Sucumbir ante la imposibilidad de dar algo que no se sabe qué es. ¿Dónde quedó el afecto? Solapado en posibilidades materiales infinitas y en palabras que dicen las cosas como son. No ahora, siempre.

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Memoria de un no-abrazo, Rebeca Hernández

Por años he tratado de huir. En la lógica de la causa-defecto, vuelvo. El hilo que expulsa se tensa y atrae a ese centro llamado hogar. Ahora deshago la lógica del fracaso. Antes de ser expulsado, entro. Atravieso muros de gritos y locura. Rompo, separo los brazos. No huyo, persisto y rodeo el cuerpo de mamá.

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Roy Anderson, “Songs from the second floor

 




PERO EL MAR ES EL MISMO

Por Germán Cavallero.

La persistencia: La doble voluntad de los huesos

LA DIVINIDAD, ALTER EGO DE LA HUMANIDAD

No, no y no. Nada de paridad. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. No podés estar aquí y allá. Ni sumar ambos y estar en acuyá. Prometeo quiso y así le fue. Era más divino que humano, pero tiraba por estos últimos. Se pudrió todo cuando intentó engañar a la máxima autoridad divina en beneficio de los hombres. De ese engaño, resultó que los humanos comen la carne del animal sacrificado y los dioses se regocijan con el humo de los huesos y grasa que los hombres (todavía no existen las mujeres1) incineran en su nombre. Hito que instaura el sacrificio y determina el lugar divino y humano, por cierto, en espacios bien diferentes. Antes, juntos y felices, luego, taza taza, cada cual a su casa. El Olimpo, para los perennes. La tierra, para los caducifolios. Perdemos las hojas, hay que reconocerlo. Y no sabemos por qué, pero creemos haber sido expulsados. ¿De una edad dorada, de un jardín custodiado por serafines? No importa, expulsados. Y arrastramos por siempre esa creencia de que todo tiempo pasado fue mejor. Hesíodo lo pensó en sus “Trabajos y Días2” al decretar una cronología de edades que va de la mejor, “edad de oro”- época originaria en la que convivían dioses y hombres- a la peor, “edad de hierro”, su propio y repudiado presente, atravesado de guerras, mezquindades y trabajo forzoso. Woody Allen también se sensibiliza con el tema, aunque invierte y desmitifica dicho anhelo involutivo en Medianoche en París: “… pronto empezarás a pensar que otra época fue tu edad de oro. Es lo que llamamos el presente. Es insatisfactorio, porque la vida es algo insatisfactoria.”

foto 1Aquí y ahora es donde los huesos son nuestros. De nadie más. Ya no los quemamos para beneplácito de ningún dios. Su tejido esponjoso tiene el poder de absorber mares de nostalgias. Son nuestro faro. Epifanía. Ellos vuelven, como toda verdad sepultada, a interpelar nuestras tinieblas y desazón. Portan la huella final. Son la hendidura por donde nos espiaremos. Y revelaremos miserias y grandezas. Continúan la pausa de una muerte, la despiertan, ponen en escena lo crudo y lo cocido.

2001, ODISEA DEL ESPACIO

¿Hay vida en Marte? Para respondernos arrojamos un hueso al aire y creamos otro álter ego: la computadora. ¿Y de qué lado está la computadora? ¿Será como Prometeo, y nosotros, la divinidad engañada? Bien, de este desafío podemos salir ilesos, instaurar otro sacrificio y establecer los lugares correspondientes: la humanidad en la tierra, y la cibernética en… ¿el espacio? No, no y no. No hay salida. Esta dualidad toma formas diversas según la época y es una matriz indecodificable. Nos vemos morir sin saber por qué y, mientras tanto, jugamos a las hipótesis, a crear álters egos que nos revelen una aproximada verdad de nuestra acotada existencia. Por eso, lo único inexorable, son los huesos. Esa es mi mejor conclusión. Basta de elucubraciones metafísicas. O sigamos un poquito, pero de la mano de ellos.

foto 2Hay muerte en la vida y vida en la muerte. Taxativa complentariedad de los contrarios. Hasta quizás podamos cuantificar cuánto hay de un elemento en el otro y viceversa. Por ejemplo, de todo lo mortal, lo que casi no muere- lo más inmortal- son los huesos. Persisten en su insistencia de lo que fue: son la huella que mejor habla. Interioridad móvil, transporte de toda una historia. Para luego ser evidencia quieta y memoriosa de lo intangible, el pasado, tiempo que ha quedado ahí, estático. Verlos en ese reposo comunicante siempre es testimonial.

HASTA LOS HUESOS

Es la tierra a la que pretendo llegar. Tantos caminos nos abren los huesos…, en resumidas cuentas, tres: la alegría, la tristeza y la justicia.

¿Fue la primera flauta una tibia humana?

Tomamos del muerto sus partes óseas y las hicimos temblar, silbar. Al burro, que no es congénere, le transformamos su quijada en un interesante instrumento de percusión.

Que bailen los huesos. Que tiemblen y se acoplen a la alegría de los vivos, que celebren, impulsados por esos otros huesos que todavía no conocen el aire.

¿Y si a la muerte le sacamos la capucha negra? ¿Y la perdonamos? ¿Y nos perdonamos mortales?

foto 3Hay una tradición mexicana llamada calavera, por la que se conjura a la muerte y se invita a los difuntos queridos a la mesa y se los evoca con alegría y tristeza. A la muerte también se la ritualiza, se la llena de flores y alegría, se la recibe como emisaria de lo que fuimos con aquellos que ya no están. En ese ritual se instaura otro sacrificio, la evocación enraizada en ausencias. Y establecemos lugares, otra vez, para los humanos vivos más acá y los inmortales, más allá. Hay una flor amarilla que oficia de luminaria, el romerillo. Ella sabe guiar a los difuntos en el camino hacia los vivos. Por eso, una vez al año, todos los cementerios que siguen esta tradición se visten de flores amarillas. Parecidas a las que llovieron cuando murió el coronel Aureliano Buendía. Pero ésa es otra historia.

Tres caminos, decía, nos abren los huesos: ¿y la justicia?

LA MALDICIÓN DE LOS HUESOS

No quiero herir la sensibilidad de nadie. Pero este apartado merece aviso. Por agnóstico, cambié la cruz de madera por una de huesos, o huesos en la forma en que ellos elijan presentarse. En definitiva, mandan, y más en este apartado, insisto.

Nuestra vida llega hasta los huesos. Abrimos su puerta regia y tenemos el pasadizo a lo que no negociamos, lo más medular de nuestras decisiones, qué hacer con nuestro tiempo; o, la concreta y también urgente reina de nuestra sangre: la médula ósea. Son incongruentes, ya sé, pero a veces, sus paredes se tocan.

¿Qué hicimos mal? No todo seguramente. Sin embargo, ahí estamos. De escape en escape. Aunque la expulsión no está dada por ninguna divinidad. ¿O sí? Nuestro tiempo cambia de límites según las épocas. Cuando el cáncer entró en mi madre, la edad de oro, qué paradoja, empezó. Cada segundo fuimos inmortales: el último mate, los últimos diálogos, dorados, todas caricias áureas, palabras esmeriladas por el riguroso oficio del corazón. El cáncer le entró por una hendija impensada, la médula ósea. Y la estructura se desplomó, de manera progresiva. ¿Qué hicimos mal? Quizás, poner la edad dorada en el pasado. Pero el derrumbe es inaplazable. Ahora, después. No ayer.

Advertí. Este apartado puede herir la sensibilidad de alguien.

Necesito una pausa, un poco de agua lustral para limpiar el crimen del recuerdo. Orestes llegó a Táuride: escapaba de su crimen matricida. (No sé si es un buen nexo el que elegí. Pero insisto con Orestes.) Lo trajo el mar, la sal, la espuma. Gaviotas. Todo un cortejo preanunciatorio de su ansiada limpieza. ¿Espiritual? ¿Punitiva? Y entró al templo. Sediento de purificación. En Orestes se puede ver un pasaje, otra expulsión del terreno de lo divino hacia lo humano: Esquilo le pone erinias persecutorias, espíritus exteriores y vengativos lo acosan. En cambio, Eurípides, unos años después, alude a algo más psicológico: la consciencia. Ya no lo persigue algo exterior, sino su propia consciencia.

Pero el mar es el mismo y, a pocos metros, el templo.

El mar, péndulo ocioso e incansable.

El mar, en estallidos inaudibles, como gritos silenciados, remordimientos.

PLAYAS DEL SILENCIO

Hacen justicia los huesos. El mar devolvió los cuerpos. De las fosas comunes, florecieron verdades.

foto 4Es la insistencia en no callar, persistir en contar lo que se quiso dejar sepulto.

Porque hay alegrías que pueden vestir de luto, hallazgos reparadores que vuelven a poner las cosas en su lugar. Cuando supe de los vuelos de la muerte, me restregué los ojos. Todo ese espacio de tiempo entre dos democracias- inimaginable en un escenario de no ficción- es tan difícil de transitar con el corazón, que sólo la continuidad de aquellas historias truncadas puede devolvernos el aliento.

Porque los huesos.

Ellos son la evidencia. Su acometida inerte muestra los hilos de la tragedia. Desarticula el cinismo de la negación, sistemática y oprobiosa. Baja del escenario el monólogo fatal.

Pero los huesos.

Su voluntad inclaudicable. Pueden alzarse como pluma devastadora para dar un punto y aparte definitivo. Y abrir nuevas bocas de justicia, tormentas. Y absorber todas nuestras nostalgias. Más de cuatrocientas, más de treinta mil. Nostalgias. En tránsito. Pueden, en alquimia furiosa, bruñir el óxido de la mentira y encauzar el grito áureo en los oídos dormidos.

Pero los huesos, esfoto 5os que no se detienen, han salido a demoler, porque insisten en volver con flores en sus yemas, con hambre de potenciales rebeldías. Para comunicar, dar la voz de alarma y ungirnos de un tiempo mejor.

 

 

 

 

 

1 HESÍODO, Obras y fragmentos, Teogonía, Mito de Prometeo, págs. 34 y 35 (vv. 535-565), Biblioteca Básica Gredos, Ed. Gredos, Madrid, 2000.

2 HESÍODO, Obras y fragmentos, Trabajos y Días, Mito de las edades, págs. 70 a 73 (vv. 106-180), Biblioteca Básica Gredos, Ed. Gredos, Madrid, 2000.