BAJO LOS TILOS

Velocidad: CONVERSACIÓN CON RAÚL ZAFFARONI

 

 

                                  Entrevista: Gabriela Stoppelman, Melisa Ortner, Víctor Dupont, Magdalena Mirazo, Fabio Faes, Juan Carlos Pedot, Juan Manuel Roldán.

 

                                Desgrabación: Víctor Dupont, Fabio Faes-

 

                                Edición: Gabriela Stoppelman, Víctor Dupont
                               

                                Producción: Fabio Faes

 

                              Fotografía: Santiago Resnik

 

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UNTER DEN LINDEN

 

                                                                      “Ventanas de mi cuarto,

                                                                      de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es

                                                                     (y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),

                                                                      dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,

                                                                      a una calle inaccesible a todos los pensamientos,

                                                                     real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente (…)”  *

 

Apenas una espera. Una espera nos permitía descubrir la casa de Zaffaroni. Imponente, con sus rejas altas y negras, se abría ante la velocidad de nuestras inquietudes. El ex juez tardó un ratito en salir. Mientras, examinábamos aquel territorio de estilo italiano en el barrio de Flores: sus detalles sutiles, sus esculturas delicadas, el camino de la entrada a la vivienda, la profundidad prometida del espacio en su recorte.

De pronto, sin anuncio y por una circulación inadvertida, apareció Raúl. Decir Raúl es una forma de dar un tono, un registro de aquella imagen. Quizá algún posible “heterónimo”, entre los tantos de Zaffaroni: teórico, jurista, docente, juez, provocador, grafómano, abogado, conferencista, nadador en sus ratos libres, investigador, viajante compulsivo. Y, recientemente, aeronavegante, según nos dirá.

Y ahí nos abrió Raúl. Con simpleza de entrecasa, zapatillas, jean gastado estilo safari, campera y remera negras. Cigarrillo finísimo en mano, sin prender. Y una lentitud, un aspecto arltiano, una sonrisa lábil: la invitación era a pasar, a pausar el ritmo de bocinas, del viento y del sol húmedo y resacoso, durante un sábado a la tarde. Su apenas voz, en bajísimo volumen.

Entramos por una circulación lateral hacia su estudio. Con la lentitud del paseante y la urgencia del observador, empezábamos a registrar un parque profuso, un cuadro de un Manet exuberante, dentro del cual se adivinaba una fuente con su escultura. Al concluir ese primer camino, nos detuvieron las palabras sobre una chapa. Una chapa, como las que anuncian los nombres de las calles. : Unter den linden. “Bajo los tilos”. “Ahí están mis tilos”, señaló Zaffaroni, ante nuestra curiosidad. Unter den linden es también un bulevar de Berlín. Un punto de encuentro y  una zona importantísima de la vida cultural alemana. Un espacio donde, en la vieja lucha entre el saber y la experiencia, – allí, en pleno asfalto arbolado- la experiencia gana por knock–out.

Entonces entramos. Cada uno con su mochilita de saberes y dispuesto a la palabra que los quebrara. Cada uno cargadito con su “Unter den linden” privado.

La chapa y sus resonancias parecieron un anticipo del espacio en donde Zaffaroni nos recibió: Adentro había otro “Unter den linden”.

Entrábamos al bulevar de Zaffaroni. Un enorme espacio nos atravesaba.

 

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EN EL BULEVAR NO SE ESCRIBEN FICCIONES

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Nosotros teníamos ganas, esta vez, de corrernos un poco de la coyuntura y hablar de la escritura.

 

Yo no soy un escribidor.

 

No, pero usted escribe. Usted escribe…

 

Grafómano, pero eso es otra cosa.

 

¿Jamás? ¿Y qué lee de ficción?

 

Durante un viaje a Brasil, estuve leyendo “Caín”, de Saramago. Fue lo último que leí. Soy muy irregular para leer esas cosas, por ahí un viaje. A veces la ficción supera la realidad, a veces la realidad supera la ficción… Sí, a veces tuve ganas de acercar un poco lo que hago a la literatura. Alguna vez lo hice, pero…

 

 Ah, ¿vio?

 

Por ejemplo, “Tienda de los milagros”, de Jorge Amado, eso sí me interesó. Él maneja toda una época y  la crítica al positivismo. De eso escribí algo, alguna vez.

 

Qué curiosidad por leerlo. ¿Y la filosofía?

 

La filosofía es indispensable para reunir las ideas. Si uno no tiene una cierta base filosófica, anda perdido. Una teoría del conocimiento, cierta concepción ontológica… Puede saltarse del idealismo al realismo, de ahí al romanticismo y terminar por escribir cualquier cosa (Ríe.)

 

 “La Pachamama y lo humano” es un libro que no ostenta mucha filosofía en cuanto a saberes; pero, sin embargo, parece que la hace desde algún lugar. ¿Cómo encara ese tipo de escritura?

 

 Me llamó siempre la atención el tema. Alguna vez le preguntaron a Heidegger qué opinaba de los tipos que agarraban el existencialismo de él y lo llevaban al derecho y, según me contaron, dijo “Zu eng”. ¡Demasiado estrecho!

 

Demasiado estrecho. Entonces, lo que se desborda va para el lado de la filosofía. ¿Y lo que se desborda de la filosofía?

 

 Lo que se desborda de la filosofía, bueno, ya entramos en un campo, diría, de la teología. O de las cosmovisiones.  

 

 

HAY ALGO MUY OPACO

 

                                                            “Esclavos cardíacos de las estrellas,                                                       conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;

pero nos despertamos y es opaco, nos levantamos y es ajeno,

salimos de casa y es la tierra entera,

y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.” **

 

Lo que se desborda de lo jurídico. Lo que se desborda de la filosofía. Lo que se desborda del saber. Lo que se desborda del bulevar.  Ya estábamos instalados. Cómodamente. El estudio de Zaffaroni es un cuadrado enorme y nosotros nos ubicamos en uno de los vértices, alrededor de una mesa. Sin embargo, también los vértices parecían desbordarse, repletos de objetos en orden. Pero lo más llamativo del cuadrado es que su centro lo atravesaba un corredor, un “Unter den linden” interno, que terminaba en un arco, una especie de  Puerta de Brandemburgo a lo Zaffaroni. Detrás de la arcada, “el depósito”. Otra vez el depósito. Basta de misterios: allí se desplegaba una borgiana biblioteca de 20 mil ejemplares. Las galerías hacían de casitas de los libros, protegidas por arcadas de madera y puertas de vidrio.

Pero eso era nada más que el saber. La conversación siguió. Las palabras trazaron nuevas intersecciones y avenidas, trajeron el relato de la experiencia. Bajo los tilos se estremecían las certezas de todos los libros. 

 

 

¿Cuándo es que usted se sienta a escribir? ¿Cuándo un tema se vuelve lo suficientemente contundente para que usted diga: “yo voy a escribir sobre esto”?

 

Cuando se me ocurre. Por ahí agarro un tema, hago tres o cuatro artículos y lo refrito. Por ejemplo, ahora, se me ocurrió algo… hice una cosa muy loca hace un tiempo, muy tonta, por otra parte. Me sentí libre de la Corte y acepté una serie de invitaciones. Y podía haber rechazado alguna. Se me fue la mano porque no me di cuenta que, después, habría otros compromisos ineludibles. Entonces, estoy a punto de recibirme de aeronavegante. (Risas.) Y, en medio de todo eso, de repente se me ocurre algo. El otro día tenía que dar una clase en Fortaleza y empecé a pensar sobre la patología que hay en el discurso penal. Me fue saliendo, me fue saliendo y ahora lo estoy escribiendo… (Piensa.) Un raro componente neurótico que funciona ahí y no sabía bien cómo expresarlo. Le estoy dando forma.

 

En este número tenemos otros entrevistados. Uno es Sergio Wolf, un director de cine, que hizo un documental sobre un meteorito que cayó en el Chaco. Y un científico entrevistado allí decía: a él le interesaba el cráter, porque estaba lleno de huellas de una caída sobre un vacío. Y eso resulta suficiente para comenzar a andar: una huella poderosa sobre un vacío. Después, entrevistamos a Rodrigo Fresán, quien habló de ese instante, cuando algún hecho o una persona entran en una velocidad tal, que los hacen pasibles de transformarse en un personaje o en una historia. En su caso, Zaffaroni, es como si adviniera…Como si de golpe el tema se instalase.

 

 Sí, me doy cuenta que nadie había reflexionado sobre eso. ¿Qué pasa? Uno maneja un discurso y se da cuenta que tiene falsedades. Hay algo opaco. Hay algo que es manierista. Y llegué a la conclusión de que es la falta de sinceridad, o de sinceramiento, del discurso. Uno habla con legisladores, funcionarios, y les dice: Miren, lo que van a hacer es una metida de pata, no tiene ninguna razón, no sirve para nada, choca con la Constitución. Entonces, cuando se agotan los argumentos, la respuesta es: bueno, hay que hacerlo porque tenemos que hacer algo, la gente lo pide, la opinión pública… Después, ya con un poco de más reticencia y pudor, un poco en la intimidad judicial, uno también apela a esas cosas: “no, pero no es el momento, guarda con la opinión pública, no nos metamos en líos…” Y, por último, uno llega a la Academia, con los discursos y todas estas cosas que se escriben (Señala alrededor las galerías casita de sus libros.) De repente uno ve que se empiezan a escribir cosas para llenar lo que se llaman “huecos de punibilidad”. Se empiezan a negar principios fundamentales o se legitiman medios de prueba de la Inquisición. ¿Cómo podemos racionalizar eso? Mirá, tengamos cuidado porque, si hacemos esto, después ni los jueces nos van a dar pelota. Van a decir que somos unos utópicos abstractos.

 Uno mira mil años para atrás y  advierte una falta de sinceridad a lo largo de los mil años, que no es distinta en cada época. A la distancia, la vemos más notoria: llegamos a la Inquisición y pensamos: estaban locos, había una psicosis colectiva… Sin embargo, a medida que nos acercamos, la potencia lumínica va disminuyendo y no nos damos tanta cuenta por el “aquí y ahora”. Pero el discurso siempre resulta falso. Uno dice de la Inquisición: ¿estos tipos no advertían que quemaban a las mujeres? ¿No se daban cuenta?

 

¿Y la escritura no será una forma de sincerar?

 

 Nadie sincera. Ese discurso, hasta hoy, resulta falso. Repito: ¿qué pasa? Antes, funcionan mecanismos de neutralización de valores. Después, funcionan mecanismos de racionalización.  Y entonces va saliendo un discurso con una cosa gravísima eso: Nos creamos un mundo. Como le asignamos un” para qué  falso”, creamos un mundo falso. Ese conjunto de “para qué” es el mundo, no sólo las cosas materiales, sino el sentido que le damos a cada cosa. El sentido que le damos es falso. Vivimos en un mundo falso y, lamentablemente, ese mundo falso produce muertos. Ése es el inconveniente. No es el mundo de lo inauténtico: es falso, directamente. Sería mejor que dijeran: hacemos esto porque la televisión lo pide.

 

TILO CENTENARIO EN CUENCA 

“TENÉ EN CUENTA A LOS MUERTOS”

 

La palabra “muertos” se pronunciaba por primera vez en aquella tarde, pero algo nos hizo sentir que ya había sido dicha.

El estudio de Zaffaroni despliega, además de libros, una hermosa máquina de escribir en exposición, objetos umbanda, un banderín de Racing, una foto del Papa. Cuando más tarde le preguntamos, él contestó sencillamente que fue juntando todo aquello. “Sincrético, sincrético”, dijo. “Usted no cree en nada, pero por las dudas”. “Por las dudas…”

Algo de la palabra “muertos”, dicha por primera vez en la tarde, hacía eco en las miniaturas y en las imágenes a la vista. Un “San La muerte” guiñaba desde una esquina.

 

 

¿Y ahí es donde se pone a escribir?, ¿allí, donde detecta algo falso y la escritura podría sincerarlo?

 

Yo creo que habría que ponerse a hacer, antes de escribir, un examen de consciencia, como ante la confesión. También habría que hacer una terapia (Ríe.)

 

Y el sentido o el placer de la escritura, en esos casos, ¿se desplaza y se impone la necesidad? ¿Necesidad de denunciar, por ejemplo?

 

Siento un personal placer al hacer esas cosas. Sobre todo, por la incomodidad que le provocan a  ciertos otros. Además, uno escribe con algunas figuras, aunque no le dedique la obra a alguien, siempre hay alguna imagen. Hay una imagen rectora, buena. Y  a veces hay una imagen de algún hijo de puta, ahí en frente.

 

Son estimulantes los hijos de puta para escribir. (Risas.) Pero, aun así, con ese estímulo ¿cómo escapar al laberinto del saber si, a partir de Foucault,  el poder determina los saberes?

 

No creo que me escape totalmente. En lo que uno escribe hay mecanismos de salida; en otros ámbitos, no; en otros ámbitos es mucho más complicado. Acá, en la escritura, hay un mecanismo, es un cable a tierra. En principio, uno puede decir: se desfundó la realidad, no existe la realidad, e irse al diablo. Hay algo que podría decir mi abuelita: “Tené en cuenta a los muertos”. Los muertos: la realidad de la criminología y de la política… Un día es: 3 mil tipos, porque tiraron las torres gemelas. ¿Y los 30 mil que quedaron en el Mediterráneo? Ahí están. ¿Y por qué? ¿Por qué son más negros? ¿No es lo mismo? Estamos manejando un discurso orientado a legitimar poder represivo. Y ese poder, ¿a qué sirve?¿Qué esquema social hay atrás? ¿Qué modelo social hay atrás? ¿Qué factores polarizan hoy el mundo y a qué modelo de sociedad tiende? Si no te preguntás eso, lo que estás haciendo es convalidar. Hay muchos mecanismos para convalidar. Uno es meterse con una teoría del conocimiento que eleve la lógica a ontología y te ponés, entonces, a hacer lógica normativa. Ves todo un campo de deber ser para que no haya contradicción. Y que no  te penetre ningún dato de realidad porque se viene toda la estantería abajo. O podés decir: no, guarda, tengo que meter el dato de realidad porque, de lo contrario, estoy en un delirio. Y los delirios pueden ser muy bien sistematizados, pueden ser una construcción refinadísima, con una serie de conceptos difíciles de pescar, abstracciones. Es obvio que son fuegos artificiales.

 

¿Usted cree que esos delirios son más fáciles de vender?

 

 Depende. Depende quién lo vaya a comprar. Si los delirios se los das a una burocracia, para que pueda seguir actuando sin problemas, los van a comprar. Lo que puede volverlo loco a uno es que esos delirios, parecidos a los actuales, tenían vigencia hace 70 u 80 años. Es decir, cuando yo estaba haciendo palotes -en la escuela, a dos cuadras de aquí – había tipos que deliraban con eso y mataron a unos cuantos millones de personas. El año pasado me quedé un mes en el Instituto de Historia del Derecho de Frankfurt. Una cosa es que te cuenten lo que decían y escribían y otra cosa es  pedir cualquier texto de la época, tenerlo en mano y leer todos esos delirios. El papel que tenés en las manos es el papel de aquella época, escrito con la letra gótica de aquella época, con esa tinta gótica tan linda. En un momento dado me crucé enfrente, me pedí un café y unas medialunas y me pregunté, ¿qué estoy haciendo acá, en Alemania, leyendo textos nazis? Da miedo. Estos tipos creían en estas barbaridades. ¿Hasta qué punto no estoy ahora en algo parecido? 

 

¿Hay alguna punta “clara” de realidad?…

 

 La punta de la realidad que encuentro es cuánta gente hay que muere antes de tiempo. Es la única: no encuentro otra. No sólo por la violencia que puede hacer un sistema penal. Aparte, me doy cuenta de que, en América Latina, el sistema penal no mata tanto (por más que mate a unos cuantos). Hoy los Estados no se dedican a matar ellos mismo. La mayor mortalidad violenta se produce por una incentivación de las contradicciones entre los propios excluidos. No es la policía- aunque, bueno, la policía de Brasil tiene sobre sí, un 14% de homicidios. En Méjico no pasa tanto. Pero, cuando ves las cifras de mortalidad violenta, te das cuenta de la dimensión del fenómeno.

 

¿Los excluidos se matan entre ellos?

 

Sí. Si vos ves quiénes son las víctimas, quiénes los victimarios y quiénes los policizados, más o menos salen todos de la misma franja. Acá, en Buenos Aires, tenemos cifras chicas. Nosotros nos salvamos bastante, como Uruguay y Chile. Pero esta ciudadde clase media -por eso votan a Macri, claro-, tiene un índice de 2.6 por  fuera de las villas (los más bajos del mundo están en Europa, con 1). Te vas dentro de la villa y tenés 13.5. Y tenemos 42 % de NN, Homicidio no Esclarecido. ¿Cuáles son? Los de las villas. Entonces, parece que hay muertos de primera y de segunda. Ésa es la realidad. A partir de ahí, te preguntás ¿qué estoy haciendo? ¿Qué discurso estoy construyendo? ¿Qué objetivo tiene esto? El cable a tierra te lo bajan los números de la región. De los 23 países que pasan el 20 por cien mil de homicidios, 18 están en América Latina y en el Caribe. Y, además, somos campeones del coeficiente de Gini, es decir, de la desigualdad en la distribución de la renta. Ponele que haya bajado un poco en los últimos 10 años, pero seguimos siendo una sociedad excluyente. Se genera un problema de afectación del desarrollo. Es decir, todavía no somos independientes: estamos sufriendo una etapa distinta del colonialismo. Entonces, empezás a pensar y seguís sumando muertos, muertos por la violencia, pero también por discriminación en la atención de la salud, los que se mueren porque  las carreteras y los vehículos que tenemos no son idóneos y nos matan a todos. Si sumás todo eso….

 

 

  

PUNTO. RAYA. PUNTO

 Niños

La voz de Zaffaroni caminaba – bajo los tilos – con la atención ladeada más hacia el lado del grito de los muertos, que hacia las letras de los saberes- por góticas que fueran-. Las palabras de los muertos arremolinadas en su voz suave, casi susurrante, pero siempre intensa.  

 

 

En una entrevista dice que aprendió a nadar hace algún tiempo. Decía que una de las cosas que le interesaban de la natación era que hay que concentrarse en un punto y avanzar.

 

 Sí, es un poco esquizofrénico pasarse una hora mirando la raya del fondo de la pileta.

 

Eso de concentrarse en un punto y avanzar, ¿no se vincula con el proceso de la escritura?

 

Puede ser… Nunca lo pensé, pero puede ser.

 

O con la investigación…

 

Con la investigación más, sí. Es cierto.

 

Usted decía: “eso adviene”, “está lleno de muertos, están tapando esa realidad”. Ése es un punto muy fuerte. ¿La escritura sería aquello que avanza a partir de ahí?

 

Sí. No dejo de insistir en que siento un enorme placer en decir esas cosas que escribo,… (Risas) Sobre todo en la forma en que molesto.

 

¿Y no siente miedo?

 

No, a esta altura no. Yo creo que hay un curso de la vida, uno sabe que se termina en algún momento. A medida que pasa el tiempo, uno dice: y bueno, ya por lo que me queda, ¡dale nomás!

 

Usted cita bastante a Heidegger y a Pessoa ¿Qué le aportó Pessoa,  por ejemplo, para pensar en la cuestión de lo que Heidegger llama “el-ser-para-la muerte” o “el-ser-relativo-a-la muerte”?

 

Creo que hay un paralelismo muy íntimo entre los dos. Pessoa dejó algunas cosas incompletas, otras, donde es más trágico, sí. Y uno de los filósofos que más me impresionó es el Heidegger de “Ser y tiempo”.

 

Hay un verso de Pessoa, justamente, con respecto a lo que usted decía…

 

“El hombre: cadáver demorado”.

 

No era ése. Tengo uno más divertido: “come chocolates, nena, come chocolate que no hay más metafísica que comer chocolates”, del poema Tabaquería. Lo pensaba con respecto a que la realidad, según usted ha dicho, se impone sobre todos los discursos. El mismo Pessoa, en ese poema, percibió cómo lo real se impone y desbarata el saber. Ese devaneo entre saber y experiencia lo lleva  escribir. Usted nos va a deber eso. ¿Cuál fue el devaneo alrededor de la ficción que alguna vez tuvo?

 

No creo que tenga mucho valor: es sobre “Tienda de los Milagros”. Es un ensayo sobre “Tienda de los Milagros”.

 

En “la palabras de los muertos” usted refiere a un texto donde le llama la atención la conversión del personaje. Es en“La canción de navidad”, de Dickens. ¿No se podría pensar a la criminología a partir de una conversión hacia la palabra de los muertos? ¿La criminología no tendría que hacer un viaje similar al del Scrooge en la ficción?, ¿un viaje hacia las navidades pasadas y presentes, por una navidad futura mejor?

 

 Sí, por supuesto. Lo uso como metáfora. Y hay algo también entre Dickens y La Divina Comedia con eso. Ahora que miro para atrás, digo: “todo este discurso fue falso siempre”. A medida que nos damos cuenta de las aberraciones discursivas, a las más lejanas las exculpamos. Era la cultura de ese momento, decimos.

 

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Las palabras hablaban, también, por un bulevar donde se intersectaban conceptos del primer Heidegger, del que Zaffaroni dice “el que me interesa, el otro no lo entiendo”. Allí estaba la dialéctica entre lo inauténtico- disolverse en los otros- y lo auténtico, recuperarse en soledad.  Pero, quizá sin quererlo y atraído por los tilos,  aparece del segundo Heidegger: el de aquel gran bosque sin entrada ni centro, el del laberinto oscuro donde, de pronto, se produce la iluminación profana. La luz que la experiencia brinda al saber. Lichtung: un estallido de luz, una verdad de aquí y ahora resuena en un eco de la voz: “tenga en cuenta lo muertos antes de tiempo”.

 

 Por ahí tampoco puedo decir que los nazis hayan sido deshonestos intelectualmente. No me animo a decir semejante cosa, uno los lee y dice, están locos, pero no otra cosa. Claro, se está por publicar una traducción que hicimos de un libro. Yo lo había tenido en la mano, pero nunca lo había leído. Era chiquito, un libro de un tal Helmut Nicolai: “La teoría jurídica conforme a la ley de las razas”, del año 1932. El año pasado lo pedí, me mandan el librito; eran como las 4 de la tarde, me puse a leer el librito y me olvidé de cenar. Nunca había leído una locura armada de esa forma. Es el romanticismo llevado a una concepción totalmente demencial. Aparte, este loco se fue acercando al nazismo.  Después lo echan, se salvó y murió medio rayado. El libro no dice nada que uno no haya leído en algunos autores sueltos. El asunto es su construcción: se va por el camino del romanticismo a todo ese delirio. Rechazo del derecho romano – según él, el derecho romano venía infectado por los judíos -; rescate del sentido de justicia ínsito en la raza alemana, derecho puesto por dios ahí (…) Uno lee eso y dice: ¿el tipo estaba loco? ¿Estaba mintiendo? No, lo creía. Eso es lo trágico del asunto.

 

Usted explicaba que, con estos fenómenos, la batalla hoy está en los medios de comunicación.

 

La batalla tiene que ser comunicacional. Vivimos una revolución comunicacional. Pero hay otra circunstancia a precisar: hoy, la polarización del mundo no se da entre quienes quiere colectivizar los medios de producción y quienes, no. Hoy la polarización es entre un capitalismo de tipo expoliador, financiero, transnacional, y un capitalismo más o menos productivo y proveedor de trabajo. ¿Qué pasa con los medios masivos de comunicación en América Latina? Se llamen Televisa, Azteca, O Globo, El Comercio, El Mercurio, son monopolios u oligopolios fortísimos. Esos oligopolios manejan capitales del orden de los 5, 6 o 7 mil millones de dólares. Lógicamente,  integran el capital financiero, forman parte, tienen vínculos íntimos. No están al servicio, son parte de él. Yo creo que nunca vamos a tener una democracia si no desarmamos esos monopolios u oligopolios, pero ésa no es una lucha por dar en la Academia o en los medios. Cuando digo una lucha en la comunicación, estoy diciendo otra cosa.

 

¿Podría ser armar una especie de guerrilla comunicacional?

 

Algo hay que hacer. Yo he pensado algunas veces en una organización terrorista para volar torres de TV, por ejemplo.  (Risas generalizadas).

 

¿Nada es suficiente entonces contra el poder  de las pocas palabras de la tapa de un diario? ¿La Academia también es cómplice?

 

Hay una parte de la Academia que se presta a eso. Y hay otra parte que no nos prestamos, pero sabemos que nuestro rango de acción es muy limitado. Lo otro es una lucha política directa, enmarcada en una confrontación de carácter mundial. Por supuesto, si tuviésemos los medios masivos mucho más diversificados, la cosa sería comunicacional en ese sentido. Ahora, esto no lo va a desarmar ni  la criminología ni la medicina, nadie. Mañana estos locos salen, van a decir cualquier cosa y listo. Menos mal que no hacen lo mismo con la medicina, porque nos matarían a todos.Están del lado de un modelo de sociedad excluyente, donde hay alta violencia, donde los excluidos se matan entre ellos con singular alegría. ¡Fenómeno, entonces!, digamos que eso es normal, lo normalizamos y lo minimizamos, listo. Se consiguió su objetivo. Milagrosamente,  en este extremito del sur, colgados del mapa, eso no se produce porque nuestros excluidos no tienen tan singular alegría en matarse. Entonces, se necesita crear una realidad violenta para justificar un aparato punitivo.

 

 

LÍNEA DE LA PILETA CONTRA LA ANGUSTIA

 

                            “Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),

                              y la realidad plausible cae de repente encima de mí.

                            Me incorporo a medias con energía, convencido, humano,

                            y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario.” ***

 

 

Se define como un escéptico o un agnóstico respecto de la pena. ¿Un jurista escéptico de la pena es una especie de sacerdote ateo?

 

¿Por qué digo agnóstico? Hace unos cuántos años, hubo un congreso de derecho penal en Viena. Terminé la sección para la que yo iba y me senté al lado de una gorda – que después falleció – canadiense. Se murió de un cáncer. Jodía con el cáncer y lo llamaba “Henry”, una gorda muy religiosa, muy cuáquera. De repente, me puse a escuchar. Cuando estoy muy cansado, el idioma inglés me rebota, me parece japonés. Empecé a prestar atención y me dije “¡estos tipos están tratando una mesa sobre la delincuencia nuclear!”. Todavía no había caído la URSS. Entonces me dirijo a esta señora, Ruth Morris se llamaba.  Le digo: Ruth, ¿estoy oyendo bien o estos tipos están hablando de criminalidad nuclear? Me dice:-Sí, hablan de eso. Le digo: ¿No se han dado cuenta que, si hubiera un crimen nuclear, no quedaría ninguno de nosotros para juzgarlo?  No, Raúl, me dijo Ruth, ellos creen: es una religión, ¿no te das cuenta? Ellos creen que el poder punitivo es Dios. Una idolatría. Bueno, la pena es una cosa así: quien  cree que con eso va a resolver todo, para él, la pena es Dios. Si uno va resolver con la pena desde la droga hasta la delincuencia económica transnacional, entonces, la pena es Dios. Por eso hablo de una concepción agnóstica de la pena. La función verdadera del derecho penal, en definitiva, es tan obvia que no la percibimos. Si desparecieran los jueces, los abogados, los fiscales, los profesores  de derecho  penal, el código penal, ¿el poder punitivo desaparecería? No, al contrario, ¡se expandiría sin límites! Entonces, la primera  función del derecho penal es la de contención del poder punitivo. Y para eso no tengo que legitimar la pena. Tengo que legitimar lo que yo hago.En el plano jurídico, no es la primera vez que una rama del derecho hace eso. Lo hizo el derecho internacional humanitario, el derecho de guerra, sobre la base de la Convención de Ginebra, por ejemplo. El Acuerdo dice: yo no puedo controlar la guerra, pero lo tengo que usar para esto. El derecho para evitar ciertos aspectos de la guerra, como en el caso de La Cruz Roja, en el momento de la guerra. La Cruz roja en  el momento de la paz somos nosotros. En definitiva, resaltar la función fundamental. Yo no tengo por qué legitimar la pena. Tengo que legitimar lo que yo hago.

 

¿Se puede pensar en alguna noción de pena que no implique el encierro?

 

 Vamos hacia eso, en pocos años será eso. Pero no para bien. El control electrónico de conducta, los microchips… 

 

Entonces la pena se extiende no sólo a los que están sometidos al proceso, ¿se trata de un control social global?

 

Vos le metés un microchip y tenés un programa por donde tiene que circular el tipo. Si se sale del programa, una sensación dolorosa, listo, terminaste. Vamos a tener la casa inteligente: vos te levantas, ponés un pie en el suelo y la casa sabe si vas a mear, si te vas a hacer una café. Pero la casa inteligente va a ser la cárcel inteligente también. Ya hoy hay tipos que se ponen el chip para evitar que los secuestren. Después, los secuestradores le hacen un tajo y le sacan el chip. Quienes diseñan están teniendo alginas dificultades tecnológicas, pero las dificultades tecnológicas se superan. Esto no es ciencia ficción. Para cruzar de la Facultad de Veterinaria a la de Derecho hay poco trecho.

 

 ¿Eso lo angustia?

 

 No.

 

¿La línea de la pileta está para aplacar la angustia?

 

Claro, pero además hay un límite a esto: la habitabilidad del planeta. Este es un siglo interesante: voy a intentar vivir hasta el final. Pero no lo voy a logar.

 

¿Aplacó la angustia escribiendo sobre estas cuestiones?

 

 No, me gusta producir angustia en los demás.

 

¡Es un sádico. Zaffaroni, el sádico sorpresivo! (Risas generalizadas.) En la facultad, como alumno suyo me pasaba. Llegaba, daba una hora cuarenta de malas noticias. Y los últimos 5 minutos eran para no irse tan angustiado.

 

 Siempre soy optimista.

 

¿Lo relajó haber dejado la Corte? ¿Fue una etapa de su vida?

 

 Yo nunca había pasado 11 años en un cargo. Tampoco creí que los iba a pasar en la Corte. Hice un programa de unos 5 ó 6 años. Después, vinieron acontecimientos diferentes y me quedé encerrado. Sí, el último año se me hizo pesado, los anteriores se me habían hecho un poco pesados, pero el último fue muy pesado.

 

¿La sensación de encierro fue autoimpuesta o la forzaron las circunstancias?

Las circunstancias.

 

¿Para cumplir con algún mandato propio? ¿Para poder reafirmar alguna posición?

 

No, porque se estaba por producir un conflicto de poderes a cada rato. ¡Pasé cuatro años trabajando de bombero! Al final, en un  momento, dije: llegó el límite constitucional. Chau. Eso me dio el pretexto.

 

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LA VOZ SOBRE LOS PASILLOS

 

Entre los otros y lo singular, entre el saber y la experiencia, entre las palabras de los muertos y el reclamo de los vivos. La voz andaba, suave, por ese difícil pasillo. Leal a un horizonte más allá de los muros del depósito; más allá de las bibliotecas; más allá del parque; más allá de sus propios saberes, de sus propios corredores y de sus propios bulevares. La voz afirmaba la lealtad a la voz muda de los muertos.

La charla terminó.

Cuando salimos del bulevar de los tilos (¿fue en Berlín?, ¿acaso, en Flores?) no éramos los mismos. Nos precipitamos hacia el silencio de un atardecer inesperado. Cada cual con la necesidad de replegarse y pensar. Alguno habrá querido zambullirse en el agua, fijar un punto y nadar. Otro, comerse un chocolate y mirar a una chica que pasaba por ahí. Otro, quizá deseara mejores navidades o criminologías menos patéticas para el futuro. 

Y la voz, ya sin nuestra presencia, siguió por los difíciles pasillos.

Pareció susurrar, como en aquella canción de Marlene Dietrich: “aunque nadie permanezca fiel a vos, por siempre, yo permaneceré reverdecido”.

 

Jardín 

 

 

*, **, *** Del poema “Tabaquería”, de Fernando Pessoa.




LA DANZA DEL SONIDO Y EL SILENCIO

La velocidad de las cosas: Conversación con Juan Falú.

 

                                                                  Entrevista: Diego Soria y Mariano Botto

Fotos: Diego Soria

Edición: Mariano Botto

 

 

DE LA RAÍZ A LA COPA

Gajito tierno y fresco
recién mojado
me estoy sintiendo el árbol
ancho y buscado.

De la raíz a la copa- Pepe Núñez, Juan Falú

 

 La ciudad se mueve, echa llamaradas de ruido y nos arrastra en su velocidad hasta San Telmo. El vértigo y el ruido llegan hasta la puerta del departamento, donde Juan Falú nos recibe. Allí dentro, no se atreven. El ventanal, con vista al pulmón de manzana,  regala el verde y, bajo su copa generosa, le preguntamos por Ella. Y  la nombro como se merecen los nombres propios, siempre con mayúscula, la Zamba.

Es una diosa pagana

hasta cuando va de misa.

 “Donata Suárez” Juan Falú – Carlos “Tata” Herrera

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bastienBastien –  El Bosque de la sabiduría

Tocar una Zamba  lenta, sentida y profunda es una actitud casi de vanguardia. ¿Cómo la siente usted?

Como un acto de resistencia. Al mismo tiempo, la siento estéticamente bella y más placentera.  Para mí, hablar de la Zamba es hablar de algo esencial. No es que se trate de una forma musical como otras,  tiene una entidad. Casi, algo sagrado de la cultura. Me parece que al tocar se juegan cuestiones de dialéctica. A veces el freno le confiere más fuerza a la interpretación. Contrariamente a lo que se podría suponer, si alguien quiere tener llegada,  piensa un tema rápido o cierra un recital con un tema que está allá arriba. Pareciera que la velocidad está relacionada al reconocimiento inmediato, al aplauso. Y eso es verdad. También ocurre que la pausa puede darle fuerza a una interpretación. Pasa con las zambas y  también con las chacareras. 

 Yo enseño mucho la rítmica del folclore que,  frecuentemente, presenta la combinación de un compás en  seis por ocho  y otro de  tres por cuatro. Uno representa lo agudo y otro lo grave. El seis por ocho, si se lo traslada a la percusión, representa esto:

Entrevita a Juan Falu PARTE 1     

 Son los chasquidos sobre el aro del bombo. Y el  tres por cuatro:  

Entrevita a Juan Falu PARTE 1     

A partir de la cultura de hoy, del vértigo de la cultura y de esta yuxtaposición rítmica, empecé a hacer asociaciones: si uno se opone al vértigo y hace una pausa, se metió en el  tres por cuatro. En lo grave. Lo voy a desarrollar: el tres por cuatro  representa la parte grave del folclore, desde el punto de vista de las alturas musicales. También representa el centro de gravedad, la soledad y todo lo que conlleva el término, semánticamente, en sus múltiples sentidos.  El freno ayuda a tocar el tres por cuatro porque, en la lentitud, esos golpes graves adquieren protagonismo. En cambio, al subir la velocidad, los golpes graves se pierden. Pierden resonancia, no hay tiempo para que resuenen.

Entonces, sin querer, porque nunca fue pensado en esta dirección-  fui asociando un modo de hacer la música, con una opción por el compás de la gravedad. No significa descartar lo otro. Yo opté por eso que es, en definitiva, un modo de resistencia. Y me gusta haber llegado a esa asociación entre lo musical y una  posición contra los valores imperantes.

RUIDOS

La palabra “cultura” es el apellido de dos hermanos. Uno es artista y el otro costumbrista. El costumbrista  toma los hábitos y gustos de la gente, mezcla e invade -por todos  los medios posibles- con música convertida en producto de consumo y entretenimiento.

Tanta música comercial y roquera, ¿afecta a los músicos que se acercan al folclore para encontrar referentes?

Yo no estoy preocupado por los músicos que se acercan al folclore porque, sinceramente, es a quienes más respeto. Creo que tienen criterio de elección, de adopción de música, de referencia de compositores, de obras y búsqueda de las fuentes. Son certeros los movimientos que hacen. En ese sentido, lo que me preocupa de esa invasión del rock en todo tipo de situación cotidiana es lo que sucede con la formación musical,  intelectual e ideológica de la gente, en general. Eso me preocupa. Porque, cuando todo se tiñe del rock que se consume más masivamente -y hablo de una especie de estética-,  genera una anulación de la conciencia. Yo prefiero un arte que avive la conciencia. Por supuesto que en el rock hay mensaje piolas, buenas obras e intérpretes,  pero me refiero al más masivo, que  no sé ya si es rock: ahí se mezclan el pop, las baladas, qué sé yo.

El otro día me despertaron, después un viaje nocturno en ómnibus, con unas baladas latinas que realmente te asustan, porque uno piensa que eso se reproduce en todos los viajes de micro. Uno está acostumbrado a que la música, la canción, la poesía generen algún tipo de motivación, de reflexión o de placer, pero acompañadas de un movimiento de la conciencia. 

IMAGEN 2Luis Seoane  Paisaxe

 

LA VIDA DEL SILENCIO

Juan Falú sabe arriar el ruido. En sus conciertos sube al escenario e instala el silencio. Absorbe la atención del público que aguarda y  escucha su música, incluso antes de la primera nota.

Yo no sé cómo lo hice.  Ni siquiera estuvo en mis previsiones. Simplemente,  se dio. Me parece que hay muchas vías posibles para lograrlo: la música que uno elige, cómo la toca y también desde dónde toca: desde su propia melancolía, desde pérdidas, dolores o amores. En ese sentido es libertad. Yo no estoy sujeto a un programa artístico, a  una fórmula para ocupar un escenario, como a veces ocurre con artistas más dependientes de los vaivenes del mercado. Ellos siguen fórmulas de éxito, fórmulas para componer, para cantar, para colocar la voz o letrísticas;  fórmulas temáticas, como esos temas que venden la felicidad. Yo siento que somos muchos quienes estamos fuera de eso,  nos plantamos con nuestra verdad. Esa verdad contiene los silencios. No siento que sea un atributo mío, como una singularidad, creo que es de muchos artistas. Lo mío no fue un plan, también tiene que ver con el paso del tiempo. Cuando uno se pone más grandecito, los silencios salen naturalmente.

Cuanto más contrastantes sean el silencio y la sobriedad, en el escenario de un espacio  abierto y multitudinario, más se nota la potencia de esa pausa. Obviamente, si se estableció una comunicación. Me pasó en el “festival del bosque” de La Plata, junto a Liliana Herrero. Había miles  de personas sentadas al aire libre y el silencio era idéntico al que nosotros hacíamos interpretando. Y que eso ocurra en un contexto multitudinario potencia mucho.

La pausa puede asociarse a la cualidad de un buen orador político. Me acuerdo de los actos de La CGT de los argentinos, con Raimundo Ongaro; sus discursos eran increíbles,  largos, llenos de contenido y pausas. La gente no tenía ninguna necesidad de euforia.  De ahí salías con una especie de aprendizaje intensivo de conciencia.

 

Le pregunto  a mi guitarra

de esos amores conmigo

si hace un capullo en mi pecho

y apenitas es un suspiro

 

“La mudita”, Juan Falú-Pepe Núñez

 

IMAGEN 3 (1)Claudio Tomassini – Firmamento

 CONFESIONES DEL VIENTO

“… interpretar consiste en reconstruir la realidad material a la que se refiere una representación de la realidad.” (Wikipedia)

 

Juan Falú interpreta temas, en algunos casos, de sus primeros discos; los reformula, los improvisa,  recrea  y  renueva. ¿Se renueva la motivación o se amplía el margen para improvisar?

A veces una cosa, a veces otra. Soy muy espontaneísta y desprolijo. No tengo planes ni sigo una estrategia, ni un encuadre, ni metodología. En ese sentido, soy bastante brutal. No tengo elementos pedagógicos ni metodológicos que me permitan pensar cómo voy a hacer una cosa. A veces son variaciones sobre la misma idea y, otras veces, el asunto es un poco más arriesgado.  Uso mucho las introducciones para arriesgar una idea musical nueva. Después, viene el tema. Por ejemplo, lo hice durante años con “La tristecita”, mi carta de presentación. Trataba de hacerle versiones y, finalmente, se terminaron repitiendo. No hay tantas posibilidades. Ahora eso mismo lo hago con “Alfonsina y el mar”. Porque me siento cómodo, sólo por eso.  Hay temas que son queridos y facilitan la comunicación. “La tristecita” es una zamba que inmediatamente hace surgir un cariño.

 

El viento me contó cosas

Que siempre llevo conmigo

 

“Confesiones del Viento”, Roberto Yacomuzi-Juan Falú

 

LIBRE Y DIALÉCTICO

Juan Falú, compositor.

Siempre tengo ideas. Me pasa, desde hace tiempo: si no me detengo a desarrollarlas, se van. Viene otra, se va y otra… Cada tanto me detengo en una. Y el  desarrollo  de esa idea tiene que ver con la forma musical.  Las formas de Zamba, del vals o de la vidala me ayudan mucho y, a veces, siento que me limitan.

Del 55 es la chacarera,

Que quemando sueños nos roba la noche entera.

 

Pepe y Gerardo Núñez

 

La “Chacarera del 55” rompe el molde desde adentro y se acomoda, original, dentro de una vieja estructura.

Ese desafío me gusta mucho. Tengo un modelo de composición, por ejemplo, el Triunfo de Oscar Alem, “Vinieron a pedirme”, que mantiene la estructura de los cinco períodos musicales, en cada parte, pero él hace cinco diferentes. Y no simplemente diferentes, sino un desarrollo. Yo suelo hacer mucho esos movimientos dentro de la forma. Otra vez la dialéctica, ejercer la  libertad dentro de la estructura. Uno siente el placer del juego libre dentro de la música que, por otro lado, está dentro de un lenguaje  colectivo.

Yo tuve períodos de complejidad, pero es interesante cómo -en la sencillez- puede aparecer una cosa original. Y también que remita a algo familiar: una frase, una melodía, una armonía. Eso es inevitable al hacer música popular, música que tiene una historia.

 

IMAGEN 5Foto Diego Soria

El VIAJE DEL MÚSICO EN CONCIERTO

 Cuando uno piensa en algo más allá de la música, se dispersa, a menos que enfoque- desde la música- en una situación o en  una persona determinada. Puede pensar en alguien que ama o en alguien que está presente. Es como encontrar en uno la atención de todos.  Si veo que hay alguien en el público cuya sensibilidad conozco, me digo –voy a tocar para que le guste-. Como un apoyo. De todos modos, hay que estar metido  en la música. Y eso significa meterse en la sonoridad. A veces, con el canto, estoy muy tenso y preocupado;  tengo muchas dificultades para cantar. En cambio, con la guitarra cada vez estoy más preocupado para que cada sonido tenga exactamente la sonoridad buscada. Antes no me preocupaba tanto. Cuando encuentro músicos que lo hacen, los admiro muchísimo. Hay dos guitarristas que me parecen increíbles en ese sentido,  le dan a cada nota el sonido que le quieren dar. Uno es Roberto Aussel y el otro, Ricardo Moyano. Admiro eso.  Que se produzca el sonido es un objetivo, no sólo desde la técnica, sino desde la emoción.

“La canción como medida de un país”…

Yo usé mucho esa expresión, recordaba lo que ocurría en los sesenta, cuando me empecé a abrir a la música,  adolescente. Recuerdo canciones muy populares,  masivas. Eran tremendas desde el punto de vista musical y poético.  Por ejemplo, “El arriero”,  de Yupanqui, era muy popular. Ese tipo de canciones las cantaba desde un peón de campo, hasta el oligarca… bueno, el oligarca no creo que haya cantado mucho (Risas), pero otras zambas más paisajísticas, como “La Nochera”, eran muy populares. Eso se continúa en los setenta y después viene la noche.

 

“Mojada de luz

en mi guitarra nochera”

 

“La nochera”,  Eduardo Falú-Jaime Dávalos

 

Ese poema…  lo dijiste bien, porque es “en” mi guitarra nochera. Todos cantan “mojada de luz “es” mi guitarra nochera”,  no queda mal tampoco.  

 

IMAGEN 4 (1)Carolina Diéguez

 

LOS AÑOS DE LA NADA

“NO aptas para ser difundidas en medios de comunicación”

 

PROHIBIDA CHACARERA DEL EXPENDIENTE” (G. Leguizamón)PROHIBIDA “EL CÓNDOR VUELVE” (A. Tejada Gómez, E. Aragón)PROHIBIDA

“JUANA AZURDUY” (A. Ramírez, recitado por Barbieri)PROHIBIDA

LOS PÁJAROS DE HIROSHIMA” (H.Guaraní)

PROHIBIDA “LA GUERRILLA” (H.Guaraní)

PROHIBIDA “CANTO A SUDAMÉRICA” (Eduardo Falú)

PROHIBIDA “ALCEN LAS BANDERAS” Ariel Ramírez

PROHIBIDA “HASTA LA VICTORIA” (A.Sampayo)

PROHIBIDA “EN SUDAMÉRICA MI VOZ” (A. Ramírez)

PROHIBIDA  DOÑA MACLOVIA” (Carlos Di Fulvio)

 

Desde 1978 hasta 1983

“Yo creo en la eficacia de la canción testimonial. La “canción de protesta” la han utilizado mucho los periodistas de derecha; como si fuéramos niños para estar protestando, nosotros cantamos una realidad, estamos denunciando.”

Mercedes Sosa en Casa de las Américas (1974)

CRECER O SUCUMBIR

El policía del ruido arrestó a la música entre 1976 y 1984 y Juan Falú debió exiliarse  en Brasil. Del corazón de la madera, el árbol rebrota y crece con fuerza. O muere. ¿Lo influenciaron musicalmente sus años en Brasil?

Yo creo que ahí se conjuraron dos situaciones: una es la música brasilera, que yo podía vivenciar cotidianamente tocando con músicos más que al escuchar. Segundo, mi proceso personal de crecimiento porque yo me fui cuando tenía- creo- veintisiete años. Tenía que crecer y, más, después de la situación que dejamos atrás. Estábamos obligados a crecer o a sucumbir. Entonces crecí viviendo en Brasil. Y me ayudó mucho que haya sido allí. Igual yo no lo aproveche bien;  podría haber aprendido mucha armonía, pero nunca me puse a estudiar. Algunos no creen que, en San Pablo, sólo haya ido a tres clases grupales de armonía.

Estaba difícil, no creía mucho en mí. Agarré la guitarra  casi como un perdedor frente a la figura de Eduardo (Falú) y la exigencia paterna. Tenía que ser muy bueno y creo que terminé siendo lo que soy por haber crecido y por haber encontrado una luz en el camino.

 

 

Cuando se ardía esta tierra

yo ya andaba en vidalas

ya desafiaba los tiempos

en coplas de madrugada

 

“Yo soy Juan”, Juan Falú-Jorge Marziali

 

EL REINADO DE LA IDIOTEZ

        Después de los setenta, los jóvenes tienen que empezar de cero a buscar y buscar.  En esa desorientación, se podía medir -a través de la canción que se cantaba- cómo estaba la cosa. Este es un buen momento. Igual, yo mantengo mis reservas, soy muy crítico. Por ejemplo, ahora estoy nominado en los premios Gardel. Y fui nominado muchas veces, pero como jurado renuncié. Mandé un correo que decía: están todas las categorías muy bien, fantástico, pero los premios que son más grosos- por ejemplo,” canción de año”- son para el rock; disco del año, para el rock. Y así y así. Cambió un poco cuando Abel Pintos empezó a sacar premios, pero él también llegó a lo que llegó porque hizo sus opciones estéticas. Empezó más dentro del folclore, tengo entendido, y después adoptó esas fórmulas que parecieran ser insoslayables para  cierto éxito masivo. Entonces, les dije: no. ¿Para qué voy a ser jurado? Si al final tengo que poner -no sé-, -no sé-, -no sé- en como en veinte categorías. ¿Qué voy a votar yo: “tropical, pop”? ¿Para qué? Los grandes premios son así.

Esos premios,  en realidad, se van construyendo para dejar contentos a muchos.  Si fuesen rigurosos, no estarían preocupados en contentar. Lo mismo sucede con los Konex, premian a cientos y cientos.  Los cuestioné hace diez años, cuando me premiaron en la categoría “grupo”. En una carta dije que no me daban ganas de recibir el premio porque había grabado con Liliana Herrero “Leguizamón–Castilla” y lo premiaron como grupo. Llevo cuarenta años tocando como solista y se ponen categorías como para que todo el mundo reciba un premio. Es como el que tira al bulto, a algo le pega. Y este año  en que se repitieron las categorías de aquella década- ocurre cada diez años- cortaron por lo sano y pusieron solamente las categorías “cantante de folclore” y “grupo de folclore”. No sé si tiene que ver con la carta que les envié hace diez años. Ellos decidieron que el que toca bien el piano o la guitarra no entra en ninguna categoría. Es una barbaridad. En realidad, con los Gardel y los Konex, pasa que siempre premian lo mediático. Y ponen muchos premios como para mostrar amplitud: premian producción independiente, uno que está empezando, etc., pero siempre predomina un criterio mediático.

Aquella carta reivindica al solista. Ahí les hablo del “Zurdo” Martínez, de Atahualpa, de Suma Paz, de Eduardo Falú que, en nuestro país, han sido figuras que construyeron una identidad. Hay mucha ignorancia, demasiada para mi gusto. No veo la hora en que se termine el reinado de la idiotez en algunos medios, en algunos programas y en algunas decisiones de estos premios;  en que aparezca un poco de sensatez y en  que las personas conocedoras de la cultura nacional en serio puedan tener opinión. Pero no es tan fácil eso. Y mis dichos no tienen nada que ver con algo personal, sino con mi vivencia con el país. Yo lo recorro muchísimo, realmente mucho. Por ejemplo, en Firmat, un pueblo de veinte mil habitantes de la provincia de Santa Fe, me di cuenta en el acto de  qué tipo de público era. ¡Esos públicos saben mucho! A esos no les podés meter el perro, saben mucho. Conocen perfectamente lo que han significado Yupanqui, Eduardo Falú, la poesía, los grandes poetas.  Y  yo les dije que para mí era un enorme compromiso tocar en ciudades pequeñas del interior del país. Pero donde se cocina el bacalao hay mucha estupidez. Demasiada.

 

Fui furia, barro y sed como la creciente, libre y animal.

Fiel a mi tempestad pude naufragar, y vivo, vivo.

Fui furia, barro y sed como la creciente, libre y animal.

Fiel a mi tempestad. Vengo, sigo, claro, río, digo, vengo, sigo, río, claro, vengo.

 

“Canto de agua”, Juan Falú

 

IMAGEN 7 (1)Foto: Mariano Botto

 OBSTINATO DE GUITARRA

La técnica versus el arte. El oficio versus la mística.

Me parece que depende mucho de las comunidades musicales. Hay para todos los gustos. Dejo a un lado la música comercial porque responde a otros parámetros. A veces puede ser que  haya cierto descuido del sentido trascendente de la música y el arte para buscar algo más inmediato. De todos modos, en los músicos que se acercan al folclore- más que al tango, jazz, flamenco, o rock-  noto una madurez mayor para instalar la música con un sentido de trascendencia. Sé que cae antipático decir esto. El otro día mi amigo y gran músico Ramiro Gallo me cuestionó un comentario; dije que, para mí, los artistas de folclore son más creativos que los de tango. En el tango se recurre mucho a fórmulas: el  estilo de uno u otro. De los guitarristas como Roberto Grela o los grupos al estilo de las guitarras rioplatenses, los fraseos y los arreglos son iguales. Son pocos los que rompen esos modelos.  En cambio, en el folclore,  veo mucha gente en un camino más libre, desde la elección del repertorio hasta la incorporación de lenguajes no tradicionales.

El camino de un artista es largo para finalmente encontrar  el estilo propio, la singularidad. La voz caudalosa de la guitarra de Juan Falú se alza distinguida entre muchas otras y nos relata todo ese sendero.

Bueno, lo encontré. Si no, podría haber estado perdido. Inclusive  retomé una terapia.  A los sesenta y seis años de edad, estoy metido de lleno en tratar de entender por qué yo fui tan obstinado con la guitarra, cuando en realidad estaba como perdido y sin embargo seguía y seguía.

La música, “la más espiritual de las artes”- la gran convocante de emociones, la que atraviesa el umbral de los sentidos con facilidad- es utilizada muchas veces como entretenimiento o sonido de fondo. ¿Cuántos se detienen a escuchar una música lenta y sentida, con profunda atención?

Todo el uso de la música como un sonido permanente, masivo, de fondo y en cualquier situación a cualquier hora. Me molesta mucho. Me parece gravísimo y no se toma conciencia. Me encantaría tener tiempo e impulsar algún movimiento para que se legisle ese sentido. Una de las más crueles invasiones a la libertad es meterle a uno música todo el tiempo y así denigrarla

Es tan terrible el daño que se está produciendo…. Yo no sé cómo sería revertir eso: de qué manera, en cuánto tiempo, con cuántas políticas de Estado. No lo puedo ni imaginar. A veces hacemos capacitaciones para maestros de escuelas públicas para que enseñen folclore correctamente. El proyecto se llama “Cajita de Música” y uno de los temas,  planteados por los maestros, es qué músicas escuchan los chicos. Uno brega para que esos chicos puedan cantar las hermosas canciones que tenemos. Es ardua la tarea, hace falta un movimiento, una movilización para generar conciencia. Yo no sé si hay conciencia de esto en la clase política, tengo mis serias dudas. Yo apoyo al gobierno, te lo digo desde ya, y más ahora que se acercan las elecciones. Pero, cuando hacen actos, espectáculos masivos para alguna conmemoración, dan ganas de llorar.

Es más fácil poner una cumbia y listo; sabés que van a mover la cintura y a batir palmas. Más difícil es realizar una programación que eduque con buena música, buena poesía y buen arte. Ese es el desafío más groso de estos tiempos.

 

IMAGEN 6 (1)Luis-Seoane.-Músicos

SIN PLEITESÍA, DE USHUAIA  A LA QUIACA

Falú se expone a conciencia. Tira el guante para el debate ¿Quién lo recoge y quién lo acompaña?

Me parece que hace falta hasta un poco más de coraje para decir las cosas. Por ejemplo, el director del instituto de música (Diego Boris) considera que el país comenzó con el rock, porque el día nacional de la música es por Spinetta (mis mayores respetos hacia él, que hubiese rechazado la propuesta) y el día nacional de la guitarra, por Pappo. ¡Por ley! Ese muchacho no tiene conciencia. Alguno quizás piense que soy conservador y, en realidad, yo lo paso por encima un millón de veces a Diego Boris con las trasgresiones en mi vida. Me gustaría sentarme con él a discutir y tener un debate público para ver quién es el conservador.  Ahí no hay conciencia y es un problema bastante serio.  Él ha impulsado la ley de la música -y yo le reconozco esa militancia- pero le quedó grande la función pública, si piensa que los símbolos de la cultura están todos en el rock.  Santaolalla (Gustavo) define que él ha reinaugurado el folclore con (el álbum) “De Ushuaia a la Quiaca”. Llegó a decir, en una entrevista, (¡Esto lo podes publicar! No tengo problemas. A Santaolalla lo puedo desafiar a debatir públicamente), que  “fue muy difícil hacer” De Ushuaia a la Quiaca”, por la guerra de los viejos contra los jóvenes”.  Así lo definió y agregó: “No nos olvidemos que esa guerra costó treinta mil desaparecidos”. ¡Ese muchacho está loco! Juntó cualquier cosa. Fue un irresponsable. Primero, porque él no tiene nada que ver con un compromiso militante generacional, que costó treinta mil desaparecidos. Segundo, que no ha descubierto el folclore, y, si lo hizo, es preferible que lo deje como estaba porque lo hace horrible. Hasta llegó a decir que el tango electrónico es lo que vino después de (Astor) Piazzola. ¡Una locura! Entonces vos me preguntás sobre la conciencia, yo creo que falta. Si un músico ajeno al lenguaje que dice representar expresa barbaridades  y no hay el menor atisbo de polémica al respecto, entonces algo falla. Yo me enojo con estos temas, preferiría des-enojarme y tener la mayor objetividad posible para encararlo.

Y ya me ve compadre,

Sigo en la huella.

 

Me tapo con mi espalda

Que es ancha y puede.

 

Me atengo a lo que venga

Lluvia o granizo.

“Gato panza arriba”, Juan Falú – Pepe Núñez

 

 LA FÁCIL LO HACE  MÁS DIFÍCIL

Hablamos de un productor, de colegas, de importantes premios, de organizaciones culturales: columnas de una estructura resquebrajada. Al mismo tiempo, lleva su crítica con naturalidad e inteligencia, lo que no le impide reconocer para construir.

 

Tengo que destacar que el Ministerio de Cultura de la Nación me ha dado total libertad y estímulo para hacer un proyecto muy importante, llamado “La música interior”. Lo que se va a hacer es muy grosso al lado de  lo del 25 de mayo. Se van a mandar músicos a las veintitrés provincias, vamos a hacer ciento cincuenta talleres en todo el país,  a organizar recitales provinciales y regionales que  desembocarán en un concierto nacional, en el centro cultural Kirchner, con ciento cincuenta de  los mejores músicos argentinos. Y eso lo impulsa el gobierno. Reconozco lo que se hace bien. Yo siempre protestaba con el área de cultura de cancillería, por cómo se representaba al país en el exterior. Pero, en este momento, hay una política muy buena de buscar la representatividad más federal, mas nacional y con un lenguaje más libre.  Eso lo reconozco. Pero, cuando un diputado quiere generar algo exitoso en su pueblo y pide al ministerio de cultura los artistas de moda, ese diputado es un facilista, eligió la cómoda. Eso, en  vez de traer alguien que enseñe a pintar, a  escribir poesía a niños y adultos, o llevar a los abuelos a que relaten cosas a los más chicos. Que se genere cultura en serio. Que se dejen de macanear con los artistas mediáticos, esa es la más fácil. Tengo mi respeto por algunos de ellos y aquí no se trata de juzgar a los artistas, pero a la clase política sí hay que juzgarla, porque tiene una responsabilidad pública.

Así como el canal Encuentro fue una de las mejores cosas del país en los últimos tiempos, también es cierto que nadie ha hecho algo serio para regular la televisión en general. Y hay que regular.

Si no mete la cola el negocio…

Lógico, si el Estado quiere enseñar tiene que regular, no hay otra, y al que le suena autoritario y bueno…, discutámoslo.

 

Yo soy Juan como otros Juanes

madera tucumana

canto y camino nuevo

de antes viene mi guitarra.

 

“Yo soy Juan”, Juan Falú – Jorge Marziali

 

 

Trayectoria

Juan Falú es uno de los músicos más representativos del folclore en la actualidad.  Traza su original  huella  arriba  y abajo del escenario.    De Eduardo Falú: “‘Soy el sobrino’, respondía mil veces a la pregunta sobre los lazos. ‘Es mi tío’, menos veces, como para situarme en el centro de la relación. ‘Es mi madre’, en ocasiones, cuando los huevos me llegaban al piso”  (le contó a Karina Micheletto en Página 12). Formado en las guitarreadas y en el corazón de la noche, a la vez refinado y preciso, en sus interpretaciones como en sus declaraciones. Cuenta con más de veinte discos como solista y, a principios de este año 2015, ha realizado un festejo por cincuenta años de dedicación en la música. Al mismo tiempo, fue el impulsor de la carrera de “Tango y Folklore”, en el Conservatorio Manuel de Falla, miembro del directorio en el Fondo Nacional de las Artes,  creador del festival “Guitarras del mundo” de la Diplomatura de Música Argentina en la UNSAM.  Recientemente, ha sido reconocido con el título de “Doctor honoris causa”, otorgado por la UNSAM. Y como si a esta trayectoria pareciera poco lleva más de 30 años ininterrumpidos recorriendo el mundo con la música argentina.

 

La Jewsburiana – Juan Falú




CALLE DE DOBLE MANO

 Velocidad: Conversación con Rodrigo Fresán, acerca de su libro “La velocidad de las cosas”.

Entrevista y edición: Gabriela Stoppelman.

                                                                                    “(…) que una historia no es más que  fantasma de una vida. O viceversa. La literatura es una calle de doble mano. Y las vidas cuando mueren, si tienen suerte, se convierten en historias.”(*)

Fresan libro

                                                            

 GIRA MÁGICA Y MISTERIOSA 

The Beatles - Magical Mystery Tour     

              El viento de Dios, Rúaj, sobrevolaba el caos. Y el Caos era, a su vez, un gran embudo que giraba. Un viento, sobre otro viento. Con esa especie de homeopatía universal,  comenzaba la Creación.  Sin embargo,  las dos materias no eran tan parecidas como se veían  a simple vista. A simple vista de un niño, claro, que escucha con fascinación el relato de los orígenes. Resulta que lo de Dios, aparentemente, no habría sido un soplo, sino una inspiración. Como no había más que Caos, debió haber inspirado un cierto volumen de ese remolino, un poco de desorden girado. Y, una vez que tomó impulso, ya no quedaba más que devolver  el préstamo y decir la palabra. En ese interregno  entre inspiración y espiración,  estaban los embriones del verbo. En  esa previa,  en ese estar a “punto de“,  habitaban las semillas de los sentidos, de todas las posibles gramáticas y conexiones.

     La lectura de “La velocidad de las cosas”, de Rodrigo Fresán, remite una y otra vez a ese estado de umbral, de inminencia de lo originario. Un estado de fuerzas que insisten pero aún no se presentan. Un hueco solitario que promete un buen trayecto en las orillas y un recomienzo musical, en los finales.   Muchos de los fragmentos del libro ralentan al final,  a veces con dos o tres oraciones huérfanas, ¿esa orfandad busca acelerar el texto hacia “la velocidad de las cosas”?, ¿podríamos hablar de un efecto poético,  uno que, por síntesis, acelera?: Vos lo ligás a la poesía y yo te decía que soy un lector de poesía  muy deficiente muy muy muy infantil. Para mí la poesía es un misterio, tengo una profunda admiración por la poesía pero en la mayoría de los casos no la entiendo,  no  entiendo cómo se hace. No sé por qué, tal vez por algún tipo de fallido o de  imaginería o de escasa capacidad metafórica,  no sé, llamalo como quieras, pero lo cierto es que mi formación pasa  por los discos  de Serrat, con letras de Miguel  Hernández… Y Machado.  Y hasta  me gustan algunos poetas algunos poetas como Charles Simic, Donald Justice  o Dylan Thomas.  Pero,  en todo  caso, mi contacto más cercano con la poesía ha sido a través del rock y los cantautores.

          Sin embargo, en esos finales, hay un cambio de ritmo. Me refiero a un efecto poético, como en estos fines de fragmentos: “¿Cómo termina esta historia? ¿Cómo empieza la próxima vida?” La grieta aparece ahí tan clara, en el pequeño silencio entre dos preguntas que aspiran muy grande. Y, en otros finales,  la cadencia se presenta directamente con la figura del verso, camuflada entre la frase breve y el punto ya aparte:

“Un muerto que respira.

Un muerto que respira y esta vez contesta sí.

Un muerto que se llama Daniel.

Un muerto que es padre y viudo y que tiene una hija que se llama Hilda”.

            Sí, bueno, el ritmo. La verdad, cuando  empiezo  a escribir, trato de sentarme a escribir con- al menos- dos certezas básicas: una es el título y otra es  la última frase. Me gusta tener eso lo más claro posible, incluso aunque no sepa exactamente de qué va a tratar todo el asunto,  pero es como  saber  a donde tengo que llegar, conocer  el aeropuerto de llegada. Tal vez esa desaceleración que sentiste tenga  que ver con eso: el viaje impone un ritmo,  pero también hay un ritmo determinado por  un punto de partida y un punto de  llegada.

 

UN DÍA EN LA VIDA 

The Beatles - A Day in the Life     

                                  “Hasta  mi propia historia se me presenta hoy como el sueño de otro”(*)

               Y para el niño era muy difícil levantar la mano y preguntar quién había creado ese remolino que giraba; quién había condimentado ese caldo gigante y sin ollahopperplaya, sobre el cual Dios sobrevolaba, con la intención de dar forma o poner orden, según la tendencia disciplinaria de la maestra. Viento sobre viento.  Para las palabras de entonces era inconcebible pensar en una verdadera calle de doble mano. Un recorrido en ondas (casi un Sclalectrix)  donde- en una de esas y en medio del camino- quien partió y quien retornaba se encontrasen cara a cara, desconociéndose. O, al revés: se entrevieran por vez primera, plenos, inaugurales.  Y hablando de puntos de partida, cito del libro: Hay un  instante en que, sin saberlo, todo adquiere un mismo impulso y una misma armonía y un sonido inconfundible y preciso. El sonido de la velocidad de las cosas. El sonido de la velocidad de las cosas es el sonido que Dios hace al respirar. Algo de eso hay en el segundo en que cambian las mareas o en el chasquido del primer copo de nieve desprendiéndose de los cielos.”:   Yo tengo varios  referentes estéticos o estilísticos que no son necesariamente ni estrictamente literarios  y están bastante presentes en todos mis libros. Desde fraseos de  Bob Dylan hasta los cuadros de  Edward Hopper  hasta una película como “2001: Odisea en del espacio”. Y lo más próximo a lo que yo entendía como  el sonido de la velocidad de las cosas”,  te diría que  es el crescendo orquestal que se escucha en  “A day in the life”,  la última canción en el disco de los Beatles, de Sargent Pepper´s. Permanentemente rige una noción de ritmo. Leo: “Y el océano que suena como un viejo disco de pasta, verosímil y lejano. Y yo miro al cielo y busco y encuentro el consuelo de una estrella reconocible entre el caos de las constelaciones”: Seguramente, seguramente sí. Una de las grandes influencias para mí  era lo que decía  de la frase la frase larga,  de Proust hasta  Bob Dylan. Tal vez sean artistas que están en las antípodas. Para mí se encuentran en  esa forma  de trabajar la oración como látigo. Y donde la  oración restalla, se inaugura el instante: “Y en un lugar breve y en un minuto largo (…) Hilda piensa en Diana y en Daniel.” O la huella, al dejar su marca, queda titilante, faro hacia el futuro. (¿Era esa la figura  la metáfora del sobrevuelo de Dios sobre el Caos?) “Señales resignadas a su condición de resplandor distante que, con un poco de suerte, serán recogidas en alguna otra fiesta, tan lejos de aquí.”

 

LET IT BE 

The Beatles - Let It Be     

                 “A mí el nombre me suena primero como el nombre de un viento lejano, después como un disparo a quemarropa  y, enseguida, como un rostro pálido de tristeza.”(*)

                                                                                    

         Imaginate lo que debe haber sido para todo ese torbellino- tan libre, sin finalidad y sin conciencia- que de golpe venga el Rúaj y comience a recortar, a partir, a establecer bordes y siluetas. Imaginate empezar así, con esa sensación de fractura. ¡Qué necesidad había!, se habrá dicho, si es que la necesidad se había impreso como marca en los recién nacidos contornos. Y, mientras Dios sobrevolaba, dejaba estelas para seguirlas o para perderlas.: “Yo entonces caminaba y corría por la nieve…pero caminaba y corría marcha atrás, por lo que (…) esta es otra sección de mi monólogo donde las playas del pasado próximo son cubiertas por la crecida del pasado lejano”. ¿Y esas son las huellas por donde comenzar: percepciones muy musicales, cinematográficas ritmos cotidianos, fraseos, ecos?  Yo creo que,  cuando empiezo a escribir- y esto lo cuento un poco en el último libro “La parte inventada “-  yo antes partía de historias completas.  La sensación que  tenía era la estar parado en la punta de un muelle,  llegaba  un barco y te decía: bajá las historias. Y a mí no me quedaba más que escribirlas. De un tiempo a esta parte, justamente a partir de “La velocidad de las cosas”- digo esto  para marcar un punto de inflexión- lo que yo hago es vencer las sensaciones de estar  parado en la punta de un muelle. Empiezo  a mirar el reloj y a ver que el barco no llega de repente. Comienzo a  enterarme de que naufragó y tendré que alquilar un bote, ir al medio del océano, ver las cosas que están flotando, ponerme traje de buzo. Después, descender a las profundidades y  ver cómo  vuelvo a armar ese barco. Lo veo  mucho más dificultoso a este modo,  pero también es un proceso mucho más interesante  como escritor.  Separar, rearmar, distinguir. Dios en medio del naufragio de las sinformas,  el verbo colado entre las furias del torbellino:”El pequeño principado de la risa limitando siempre con la república del llanto y ambos territorios marcados de norte a sur y de este a oeste, siempre, por la cicatriz de las cordilleras de la furia.” La frase solitaria, armándose de familia y genealogía, el cielo y la tierra, que se miraban perplejos, uno en el nuevo espejo del otro. El encuentro de náufragos y huérfanos, la potencia de la incertidumbre: Uno de los horrores de la enfermedad tiene que ver con la incertidumbre”.  Pero, aun en medio del horror o sobre todo allí, “La mutación que entra sin llamar a la puerta, el hopper1meteorito en la cabeza, el cohete lanzado desde una planeta lejano, el puño en alto y la promesa de venganza”. Y, entre la orfandad  y el naufragio, parece sellarse una especie de alianza, en tanto que ambas participan del proceso de la escritura:   Sí, sí, yo creo que  también  la vida de uno es una  sucesión de  naufragios, de rescates y  de islas y, después, de vuelta a navegar y de vuelta a naufragar. Pero quiero decir con esto que no  entiendo el naufragio como algo necesariamente negativo, sino también como la posibilidad de estímulo. De pronto, en el intersticio entre isla e isla, algo se concentra, toma consistencia. “La velocidad de las cosas” es un libro lleno de puntas de icebergs. “Una meseta  llena de picos”, como en el “Polaris”, de Lovecraft. Antinomias, asimetrías. Compensaciones y descompensaciones en el tiempo y el espacio:  “Recuerdo que un resplandor lunar cubría las superficies de las mesas y que yo, de algún modo, supe que algo terminaba allí para que algo pudiera comenzar en otra parte. Un punto de máxima condensación para el estallido de mi big bang autobiográfico. Fue hermoso y enceguecedor y todo lo que cuento aquí no son más esquirlas (…) fragmentos que se alejan de ese milagro iniciático en un viaje de ida y sin retorno posible. Imprecisiones precisas.”

 ANOCHECER DE UN DÍA AGITADO 

The Beatles - Hard Day's Night     

                                                           “Los fantasmas abrigan”(*)

                                                        “La chica de la motocicleta cree que en el movimiento perpetuo reside la única posibilidad de la salvación. La idea, explica, es que uno sea más rápido que la enfermedad que lo persigue. La salvación está en el ejercicio constante del cambio”.(*)

 

               Y quién se iba  imaginar en esos tiempos de infancia y relatos del origen, que la muerte iba en serio. Que la calle era de doble mano, pero no sólo entre vientos de ida y vientos de vuelta. Quién podía poner en esa bella inspiración del súper padre, siquiera la idea de un corredor para la enfermedad y la muerte. Pero “La cuna se balancea, siempre, sobre los bordes de un precipicio”. Y “aunque no lo parezca, la muerte-como el verdadero amor- es una calle de doble mano.”: El tema de la muerte está muy presente. De los muertos y del modo  en cómo los vivos contemplan a los muertos.  Pero, sobre todo, el modo en cómo los muertos contemplan a los vivos aparece mucho en “La  velocidad de las cosas”. Siempre me interesó la  idea del fantasma. Desde muy chico me gustaban mucho la literatura fantástica y las películas de terror. El fantasma siempre me pareció el monstruo más interesante de todos,  mucho más que la momia o Frankenstein  o los vampiros. Me parece que en el fantasma hay  también  una cosa vampírica.  El fantasma   se nutre mucho de la  memoria  de los vivos, de  la invocación de los vivos. Y algo más,  durante la escritura del libro, murieron muchos amigos, uno detrás de otro. Eso  también afectó bastante la escritura  seguramente, En cuanto a ti, veo  que  en el punto ocho de la hoja que me enviaste con tus notas, destacaste, en relación a los fantasmas  la frase: Mi fascinación con los fantasmas. Los fantasmas tímidos con los que nos cruzamos en los aeropuertos de África; los fantasmas nacidos de los celos; los fantasmas puntuales convocados por una máquina que funciona alimentada por el rigor salado de las mareas.”  En realidad es  un homenaje en clave o un guiño a  Bioy Casares.  Es la Invención de Morel. De hecho el narrador  de  toda esa primera parte es  una especie de Bioy idealizado. Uno de los placeres que a mí me produjo  “La velocidad de las cosas” fue que Bioy lo leyó y se reconoció de inmediato y me llamó para comentármelo. Es uno de los mejores elogios que me  pudieron hacer, que la persona a quien quería homenajear se reconociera.

SOMETHING 

The Beatles -Something     

Después, la total ausencia de los sueños y el día que se funde con la noche, el principio del fin, el triunfo de la Cosa”. (*)

Alguien es la palabra más útil a la hora de intentar la prolija disección de una fiesta” (*)

 

              En el comienzo, las cosas pueden haberse resistido a que les impongan, así como así y por un súbito sobrevuelo, un nombre y una forma. Tal vez, impotentes, las hebras aún no del todo capturadas del torbellino  se habrán refugiado en lo anónimo, en los neutros, en ese modo de disolverse en los otros- caldo gigante e imposible- .  Y, en ese retirase, quizás, se hayan originado esas rebabas del lenguaje, esos excesos que se caen de los contornos de las palabras. La reserva de lo sublime, lo indecible, lo hopper marinexpresable. Calle de doble mano, entonces. La criatura del lenguaje se rebelaba contra su creador y, por la ruta paralela, le minaba las figuras, las disposiciones, las certezas de los sentidos.  “La velocidad de las cosas”- la frase- se desespera  por reformularse  alrededor de un vacío,  de ese “alguien” o  de “la Cosa” (1):    “Alguien”, “Algo” “La Cosa”, ¿son modos de aproximar a lo innombrable, a eso que se ronda a “la velocidad de las cosas”?: Bueno,  hay ciertas cosas que a la gente le incomoda nombrar o la inquieta. Por eso también  les pone nombres como Dios o el más allá o el amor o  el alma. No es más que  una especie  de continuación o  de una  reformulación de un acto muy, muy primitivo y tribal pero también es lo que distingue al hombre de los animales, por lo menos los animales que no  actúan en las películas de Walt Disney. El ser humano siempre está intentando no nombrar lo innombrable y ponerle un nombre a las cosas. Es como encender un fuego. Calor… pero también puede ser que se haga  un incendio ¿no?   Sí, sí, bueno, también la misma idea de El  extranjero, ¿no? También como allá  donde te vas no se sabe si te vas si vas a volver o no. En ese sentido, también hay que decir: el papel que envuelve en realidad a todo el paquete es una actitud: lo más parecido a un método o un sistema que tengo es la ausencia del método o la ausencia de un sistema. Pero no lo digo como certeza absoluta. Sé que hay escritores que tienen todo completa y absolutamente programado de antemano y recién luego se sientan. Yo nunca pude hacerlo. Me gustaría ver cómo es escribir así. De todos modos, para mí, parte de la gracia de escribir también es conservar un poco mi parte de lector. Cuando digo  mi parte de lector, me refiero a un narrador que se lee a sí mismo. Eso implica cierta ingenuidad, cierto desconocimiento, cierta sorpresa de cómo  se van a producir las cosas. 

“La velocidad de las cosas en acción. Un breve mareo y un mínimo alterarse de los colores y del sonido y la sensación casi física de estar conversando con alguien, con otro, con uno mismo”.“La velocidad de las cosas es una variedad preciosa de la muerte en vida. El instante precioso en que sabemos que algo se convierte en una historia digna de ser contada, la sensación de conversar con alguien y que alguien nos cuenta una historia”.“(…) la velocidad de las cosas como forma de pensamiento- como idea que comienza y termina en sí misma- está intrínsecamente ligada a la idea del pasado y de la muerte pero nunca como sinónimo de lo final o de lo irrecuperable. Es más: cuando se ha experimentado la velocidad de las cosas, lo primero que se pierde, de una buena vez por todas y para siempre, es el miedo a morirse. Mi caso”.

 BAD BOY 

The Beatles - Bad Boy     

 La luz en el instante preciso de ser devorada por un agujero negro (…) extraño esa luz y lo más parecido que encontré a esa luz es el resplandor frío que se desprende de una heladera abierta en una cocina en el centro mismo de la noche. Una luz fría y vacía y con un limón al fondo.”(*)                                               

             ¿Qué entrevé el niño, que recién comienza, en esos relatos del comienzo de todo? ¿En qué huecos, entre viento y viento, se fundan las direcciones? ¿Qué resplandor, qué voz, cuáles, entre todos lmar hopperos sonidos escuchados sostendrá, dentro del eco, un lugar para aproximar un retorno?: . “(…) espero que mi ballena funcione como la más original de las canciones de cuna, como un lugar al cual volver todas las noches antes de cerrar los ojos”.  Leer “La velocidad de las cosas” lentamente, como cuando me detenía entre versículo y versículo de la infancia, para descifrar sin palabras lo que los maestros velaban. Lentamente, trazar el recorrido, porque igual hay mucho tiempo, más de trescientas sesenta hojas; porque igual los trazos siguen  con su obstinada manía de insistir entre las palabras: “Al final, me gusta visualizar el trazo de mi existencia como una fuga de A a B en constante desarrollo. Una escapada plenamente consciente de que, desplazándose a la velocidad de las cosas, deberá pasar por Z antes de llegar al final”.  Porque  la calle es de doble mano. Y si el texto dice: “Escribo mi historia nada más que para poder leerla. Un lugar de donde agarrarse”.  El lector, desde su naufragio, retruca: Leo para poder escribirme. Un lugar de donde agarrarme. ”La velocidad de las cosas” insiste en la lectura- no sólo de libros- sino  la lectura de rostros, la lectura del cine, la lectura de fotos: “Las fotos se mueren cuando la persona que aparece en la foto se murió. Las fotos cambian de signo, entonces: antes, las fotos eran la evidencia inmóvil de un ser vivo para de improviso convertirse en las fotos del muerto cuando estaba vivo. Ahora las fotos de Diana están más vivas que Diana, descubre.” La lectura es el asfalto de la escritura. La escritura es el asfalto de la lectura: Bueno, a mí es una de las cosas que más me gusta hacer. Yo me recuerdo, claramente, a los cuatro años, ya contando los minutos que me faltaban para aprender a leer y a escribir. Aprendí a los cinco, apenas entré a la escuela. De todas maneras, uno empieza a leer antes porque, bueno, en las latitas, sabés que dice Coca Cola y empezás a atar cabos. Pero, cuando entré al colegio, a los cinco años, empecé a leer a escribir muy muy rápido. Pero yo siempre quise ser escritor. Desde que  tengo memoria, no  hubo nunca un planteo o una vocación alternativa. Jamás un plan B. Ni siquiera quise ser  Batman ni jugador de la selección de fútbol. Ser presidente de la República, mucho menos. ¿Y cómo habrá sido la infancia del  Rúaj? , ¿quién lo inspiró?:  “La infancia,  el tiempo donde  la velocidad de las cosas no ha sido aún multada por leyes y estatutos de la realidad”. Un algo pre- verbal subyace en todo. Porque, antes de decir, está el Rúaj: la inspiración de un caos nutricio que cocina la previa de la frase. Parece que, aun fuera de los libros, un “algo”, “alguien” o “cosa” pre-verbal…: Seguramente, pero  hay una primera lectura, es cuando las madres te cuentan un cuento y vos pedís que te lo repitan noche tras noche tras noche. Y cuando  te lo sabés de memoria, ya lo estás leyendo de algún modo, ¿no?           

   SEA OF TIME

The Beatles - Sea Of Time     

 

                                               “El mar es siempre el mismo y (…) enfrentado a su uniformidad el hombre no duda en ponerle diferentes nombres a playas y a los océanos buscando así cierto domino de lo ingobernable y alguna forma de límite para el infinito de las arenas”(*)

              “En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra.  La tierra no tenía entonces ninguna forma; todo era un mar profundo cubierto de oscuridad, y el espíritu de Dios se movía sobre el agua.” (3) Así dicen las traducciones al español. Pero la versión hebrea (¿original?) no habla de mar profundo, sino de “ Tou vabou”, un término de muy difícil traducción. Sin embargo, cuando la maestra menciona el “Tou vabou”, mueve las manos como si revolviera un remolino de agua. Agua a montones se escurre entre los dedos de la maestra.  Corrientes y contracorrientes de agua: “Estamos construidos con agua y no con aire. Es por eso que, cuando nos arriesgamos a ser uno con las olas, no podemos disimular la sensación 

Edward-Hopper-metrode extravío y, al mismo tiempo, la sensación de estar de  regreso en el hogar ancestral después de tanto tiempo lejos de casa”. Agua de doble mano. Agua pequeña, instilada de a gotas, sorbitos de lenguaje. Y agua en torrentes, tumultuosa, agua de inmensidad. Muchas referencias al mar en “La velocidad de las cosas”. Los pequeños instantes, las poderosas iluminaciones del instante: “me parece leer algo entre los resplandores rojos y verdes del atardecer”,  se alternan con lo inconmensurable del mar:  “Una de las últimas cosas que me dijo mi madre (…) fue que morirse despacio es como nadar mar adentro unos metros cada vez…Cada vez cuesta más volver a la playa, cada vez se piensa más seguido cuál es la necesidad de tierra firme y cada vez piensa con más entusiasmo (…) el día en que ya no habrá noción alguna de orilla”: El mar.  Eso está en  “La parte inventada”:” De hecho es un libro que empieza y termina en una clave. Cuenta una cosa de mi infancia, cuando casi me ahogo  (“Aquí no valen las explosivas y constantes resurrecciones del Coyote. Aquí todo es sombrío, y dickensiano; aunque El Niño todavía no sepa lo que es dickensiano, pero ya haya sufrido lo suyo con Oliver! El Niño, solo y en su butaca. Y antes de que comience la película, esa otra propaganda que le da más miedo que la del ahogo” (2)).Y, después, bueno el  tema de la muerte temprana. Yo, cuando nací,  tuve un nacimiento muy  complicado y me declararon clínicamente muerto. Estuve muerto un ratito y después reviví. Obviamente no me acuerdo  nada de eso,  pero  evidentemente yo empecé al revés. De ahí, la idea de volver  de un lado y tener que contarlo. “La velocidad de las cosas” narra el momento donde- si lo ponemos de una manera muy, muy simple y muy terrestre- las personas son plena total y absolutamente conscientes de que se van a morir. Ya sabés que te vas a morir, pero también hay momentos donde eso se manifiesta de una manera mucho más cercana incluso, casi sólida.

 THE END 

The Beatles - The End     

 

                                                “La felicidad es una crisis”

 

          Lentamente adviene. Veloz, irrumpe. El fantasma se despliega sobre una libreta de anotaciones, se cuela entre los huecos, revuelve la incertidumbre como si de una chance se tratara. Los huérfanos y los náufragos se mueven allí con toda la ostentación de lo que no tienen, de lo que les falta. La falta vuelta del lado del ruedo empuja la escritura. No hay puerto de destino. La perplejidad aletea entre dos cráteres de hastío. El mar del hastío  remonta el cauce de la perplejidad. “La velocidad de las cosas” es un texto para navegar lento, para seguirle  corrientes y  contracorrientes. Una celebración de doble mano. Y una advertencia contra los espejismos de superficie y  los espectros  de algunas lejanías:

 

  “Las fiestas (…) ponen de manifiesto el río subterráneo que corre, oscuro y callado, bajo el engaño de la superficie y la ilusión óptica del horizonte”.

 

(*) Todos los epígrafes pertenecen a “La velocidad de las cosas”, de Rodrigo Fresán. También, las citas incorporadas al cuerpo de la nota con cursiva y negrita.

 

(2) “La parte inventada”, Rodrigo Fresán.

(3) La Biblia,  Génesis.

Todos los subtítulos son nombres de temas de “los Beat




DE LOCOS Y POETAS (ARQUEOLOGÍA DE UN CINEASTA)

La Velocidad: Conversación con Sergio Wolf

Entrevista: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira y Viviana García Arribas

Edición: Viviana García Arribas

 A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

(Jorge L. Borges – ARTE POÉTICA)

 

El atractor no es la cosa, es como Ada. Ni fue tu gran pasión el tango, ni el cielo, pero hay atractor por algo…

Son los personajes que se salen…  del plano social convencional.

¿Vos llamarías lo poético a eso?

No uso esa palabra.

¿Para nada?

Sí, cuando leo poesía.

Y qué es eso de lo poético cuando leés poesía

Uh, no sé…

Porque hay  algo de eso en tus películas. Vos hablás de eso todo el tiempo…

* * *

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ESCENA 1: INTERIOR, TARDE, UNA LIBRERÍA DE PALERMO

Convocamos a Sergio Wolf para hablar de sus dos documentales “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”, codirigido con Lorena Muñoz, y “El color que cayó del cielo”. El encuentro es en uno de esos lugares que a veces se descubren en Buenos Aires: una librería-café, en el corazón de Palermo. Las inquisidoras llegamos temprano, elegimos una mesa cercana a los anaqueles hinchados de libros, nos instalamos, comenzamos a barajar las posibles preguntas, fantaseamos reacciones. Sergio llega con paso rápido, como siempre, su infaltable bolso colgado del hombro, sonríe, nos saluda, se sienta. El lugar brinda el marco ideal: poco ruido, música suave, gente tranquila. Se nos arma un clima de charla cómodo y distendido.

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ESCENA 2: EN BUSCA DE LA ESMERALDA PERDIDA

Cassidy, el científico, uno de los personajes de “El color que cayó del cielo”, dice en un  momento que  lo enorgullece más “entender las dimensiones originales del cráter” que la piedra misma. Esto nos hace pensar en las huellas, imprescindibles para cualquier búsqueda. Decidimos comenzar la entrevista por ahí.

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En realidad yo siempre me conecto con algo de la historia, y también es cierto, me seducen mucho las historias que no están muy contadas. Es más, cuando empiezo alguna película  someto la historia como a sparrings. La cuento mucho. Viste que, en general, los cineastas tienden a ser más bien canutos, encubren, no cuentan: “estoy haciendo algo… todavía no sé qué es…” Yo hago al revés. En el caso de la película de Ada había siempre como un recuerdo muy difuso, muy vago. A mí  me seducía que no hubiera una biografía, un libro, una película, etcétera. 

Creo mucho en la idea de la excavación. No sé si la huella tiene debajo un meteorito. Creo que hay algo a buscar en esa profundización, si querés, de la huella, de la pista, de la parte del meteorito que asoma. La búsqueda es ese cavar donde uno nunca encuentra exactamente lo que busca,  encuentra otras cosas además de lo que busca y, en el caso particular del documental -al menos como yo lo entiendo- uno también se encuentra a uno. La paradoja del documental, de cierto tipo del documental,  es que uno se cuenta a través de sus personajes, más allá de que yo pueda narrar en primera persona.

 

 ESCENA 3: EL TIEMPO RECOBRADO

El tiempo y sus volteretas. A veces, transcurre por un carril, firme y derechito, en su línea perfecta. Otras se retuerce como un trapo viejo y desordena cronologías y causalidades. Y hay otras, cuando irrumpe en luz y estallido: como una piedra que cae del cielo. El desafío del tiempo nos mete de lleno en el tema de la velocidad.

 

En el caso de “El Color que cayó del cielo” la seducción más grande tenía  que ver con el tiempo -que siempre es un desafío en el documental- y en el caso de “Ada…”el reto era el mismo. Uno no llega con la historia completa. Uno llega a la vida del personaje cuando llega. Yo empecé la película en Córdoba, filmándola a ella. Empecé el documental en el viaje hacia ella y después reconstruí ese viaje. Sabíamos que íbamos a utilizar el  archivo de películas argentinas, sabíamos que iba a ser una historia cronológica. Después, la cronología es imposible de construir porque siempre te faltan cosas. Yo diría, más que las huellas, en el documental, te conduce  la falta de huellas.

 

La sustitución es un recurso audaz y repetido en los documentales de Wolf. Usa fragmentos de películas del cine argentino de la época como recurso para reconstruir, por ejemplo, escenas de la vida de Ada Falcón. La sustitución, sin embargo, parece no tapar el hueco, por el contrario,  casi lo destaca.  Finas sustituciones realzan la potencia de lo que falta.

 

En una ficción vos escribís y le decís a un tipo “conseguime una casa que tenga cuatro ventanas- El tipo busca y te encuentra una casa. No será igual que la que te imaginaste, pero es una casa. En el documental, no. Tenés que inventarlo o buscar a ver si existe. Yo había hecho una investigación sobre “Sucesos Argentinos”, una beca del Fondo Nacional de  las Artes. Conocía muy bien todo ese material. Cuando empecé a trabajar con lo de Ada, no quise usar ese material porque me daba… sociología. Necesitaba algo que tuviera más que ver con lo ficcional y eso me lo iba a dar el cine blanco y negro. Copia mejor, copia peor, en fin, no importa. Nunca es la cosa plana de “Sucesos Argentinos”. En realidad, se trata de inventar un modo de representación que solo puede existir para esa película. Cuando se habla del género documental es un oxímoron. No existe el género documental. No podría existir…

ojos

Una de las historias más atractivas de “El color que cayó del cielo” es el intento de robo del meteorito “Chaco”, llevado adelante por Haag, un aventurero norteamericano, que conserva en su poder una filmación del momento en el que extraen el meteorito. Ante la falta de ese material, Sergio utiliza una película  con otra situación similar para sustituirla. Como  en “Yo no sé qué me han hecho tus ojos” las huellas de una caída sobre un hueco destacan, gracias a aquello que podría ocultarlas.

 

Cuando llegó el momento del montaje de “El color que cayó del cielo”, en la escena de la extracción y el robo del meteorito, dijimos: “ese material Haag no nos lo va a vender, ¿qué hacemos?” Y ahí apareció la idea de la sustitución. Estaba claro que iba a ser una especie de truco que se devela casi de inmediato, pero igual creíamos que iba a funcionar. La sustitución, en realidad, tiene que ver con los modos de representación que uno encuentra para contar lo que uno quiere.

En el caso de “Ada”, lo único que existe es la situación de entrevista, todo lo otro es algo que ocurrió hace mucho tiempo. La carencia era central. : “¿La foto de Ada con los ojos verdes? No hay, ¿la película muda? No hay”. En un momento dijimos hay que filmar esto, esta es la búsqueda de la película que, además, tenía que ver con construir lo que no está. Es un poco lo que yo decía: en el documental uno llega tarde, siempre se llega tarde.

 

ESCENA 4: LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS

No estoy convencido de que la de “Ada” sea una caída. Es su modo, como buena leonina, de evitar la pérdida del protagonismo. Ella congela el tiempo y queda ahí, todo el mundo la recuerda ahí. No la recuerdan vieja ni decadente. Congela el tiempo y congela su imagen. Yo creo que la reclusión no es una caída, es su estrategia intuitiva de vencer el tiempo. Deja de cantar porque ya no tenía la voz de antes. En un momento, yo le pregunto, una por una, por todas las cantantes. ¡Las cosas que decía! ¡Barbaridades! “¿Libertad Lamarque?, ¿Amanda Ledesma? ¡Ay, por favor! No me preguntes por esas mujeres… ¿Nelly Omar? Ah, sí. Ella, sí”. Pero no lo decía por senil. Ella estaba por encima de todas.

Cuando ella no reconoce su propia voz, cómo saber qué escucha ella. Estaba medio sorda, pero como todos los sordos, ¿cómo sabés cuánto escuchan? Quiero decir, cuánto escuchaba, cuánto quería escuchar, cuánto de lo que escucha no le gusta, cuánto es el recuerdo distorsionado de cómo cantaba.  Pero eso tiene de increíble esa escena. Son cosas que no se podrían guionar.

Hay una situación muy parecida  en una de las últimas intervenciones que tuvo Haag. Es un momento en el que yo lo siento y le pregunto por Cassidy  y él dice: “Yo hubiera querido ser como Cassidy. Fue mi héroe, fue mi mentor”.  El montajista, que odiaba a Haag, me decía: “es lo que vos querés escuchar”. Y yo pensaba, ¿por qué no puedo pensar que imaginó otro destino para él y después se convirtió en un  chorro? Tampoco un chorro, qué sé yo. Un tipo que vende lo que puede, típico self made man americano,  se inventó a sí mismo, e inventó un negocio..  Es una discusión que para mí dice mucho sobre el estatuto ambiguo del documental  y es como cuando Ada dice “no recuerdo”. ¿No recuerdo porque no quiero recordar?, ¿no recuerdo porque estoy senil, porque de ese tipo no voy a hablar?… Polisémico. Ese “no recuerdo” es igual que la frase de Haag. Son momentos que te regala lo real. Vos lo buscás. Habilidad, suerte, lo que fuere. Más allá de que hay una puesta en escena. Yo lo senté a Haag al lado de los meteoritos  y le pregunté específicamente sobre Cassidy. Pero yo no sabía qué iba a contestar.  Para mí cambia de expresión, habla de otra manera. Está más cansado, está al final de la entrevista, le bajó la anfetamina, no sé qué.  A mí, como guionista, nunca se me hubiera ocurrido escribir una línea que tuviera el poder de sentidos que tiene eso.

IMAGEN 5 van_gogh NOCHE ESTRELLADAESCENA 5: ATRACCIÓN FATAL

Haag tiene la brillantez del tipo de aventuras. La lectura de que él es un comerciante que vende meteoritos es una lectura, para mí, superficial sobre el personaje. Hay una escena que a mí me gusta mucho donde dice “estas son mis piedras, esta es mi colección, no son para vender“. Si él fuera un  mercader, él vende todo. Yo creo que en esa idea hay una relación con lo último que decía Cassidy. Sí, soy un mercader, pero no soy solo un mercader. Hay algo más. Es como cuando él me dice “esto es priceless”. Más allá de que lo quiera retener, hay algo que lo enlaza con los otros. Es como Cassidy, cuando le pregunto por el Mesón de Fierro, le brillan los ojos y dice “no lo encontré…” y uno piensa, pero vos sos un científico, a vos qué te importa el Mesón de Fierro. Es una leyenda, no existió, estalló por el aire. Pero, en el fondo, le brillan los ojos como si dijera me hubiera gustado…

 

Hay algo que va por encima”, salta por encima del interés y de los nombres. Paradójicamente, es algo que viene desde muy profundo. Como un meteorito que cayera de abajo para arriba. Algo innombrable en la pasión de cada quien: un retro meteorito.

 

Es que hay algo ahí que está relacionado con los meteoritos, una zona como de personaje medio Herzog -el documental está claramente influenciado por Herzog. Ojalá me saliera un plano como los suyos- una especie de Herzog menesteroso- el sueño de ellos va por encima de la plata y para mí en Haag también está eso, cuando me dice “estos no son para vender”. Hay algo loco en esos personajes: el contacto  con ese otro mundo. Un día me levanté a la mañana, salíamos temprano, me levanté a las 6.30 o 7 de la mañana a desayunar.  El “Chaco” estaba enfrente de donde nosotros dormíamos. Salgo y lo veo al fotógrafo al lado del meteorito. Mira… toca… Le digo, “¿qué hacés?”,  “Es la primera vez en mi vida que estoy con algo que no pertenece a este mundo” y ahí uno se da cuenta de la parte loca. Algo de eso quedó cuando yo pongo cineastas como parte de la cadena de locos. Yo contaba alrededor de qué andaba mi película,” meteoritos”, y la gente me miraba como quien dice” ¿a vos qué te importa todo esto?

Por eso a mí me cuesta pensar a Haag como un mercader, porque el meteorito es como el océano de Solaris, es un depositario de deseos. El meteorito no es nada. Es una piedra de mierda, colorada, ni siquiera es linda, no es lustrosa, no es elegante, es fea, tiene una forma rara, ni siquiera es simpática Un chico no se detendría delante de eso, no tiene ninguna fascinación. Es opaca, es una piedra y, sin embargo, hay algo que los tipos ponen en eso. Y a mí me importa qué les pasa a las personas con eso.

10 y 11

ESCENA 6: UN MALDITO POLICÍA

El azar siempre mete la cola. Y  es ahí donde se nota más cómo la causalidad se queda corta. ¿Por qué Chaparro, un cabo de frontera, se niega  a recibir una coima para permitir que Haag se haga con el botín de su meteorito? ¿Qué ponía el cabo -más allá de su posible imperativo de honestidad- en la piedra?, ¿qué piedra preciosa hay en el centro de todo desafío?

 

Cassidy habla de la huella científica y Haag habla del sueño. El que tiene el sueño es Haag. Digo, un sueño estrábico, distorsionado, mal llevado, no tanto del ladrón en sí mismo. Cuando él dice “lo volvería a intentar” no es el afán de lucro. Él juega un personaje doble ahí. Primero dice “yo tengo American Express, tengo Mastercard, ¿querés comprar?”, pero hay un momento, al final, cuando dice “vos estás con el Chaco, yo no puedo volver, ¿vos me lo traés? Me desafía. Para mí no es el sueño de la guita -de hecho, probablemente, también lo sea- pero hay algo de “me fracasó… yo tuve un sueño y era perfecto  y estaba todo bien” Y ahí entra el azar -que es también el documental- y es por qué ese cabo de la frontera dijo que no. Nadie entiende hoy eso. 

Toda la escena es de un nivel de demencia… Enero, deben hacer 60 grados, la ruta, un tipo, un meteorito. Seguí, llevátelo y, de pronto, el tipo dice no. Un poco como Ada. Cambia un curso. Para mí, ahí está el cine. En esos momentos de giro donde aparece un personaje. El tipo se constituyó como héroe, afirmó su lugar arquetípico, como lo hizo Cassidy y como Haag afirmó el suyo.  Ese cabo se va a morir, se va a ir a la tumba con el secreto. Nunca lo va a decir. Ni a su mujer le va a contar la verdad de que pasó, por qué ese tipo dijo que no.

Yo los veo como personajes. De hecho, creo en la idea el casting en el documental, me vivo peleando con los documentalistas. Digo, ¿no se dan cuenta que este tipo habla feo, que no es divertido, que el helecho al lado, no? De Chaparro me gustan los silencios. “Era verano… hacía calor…” Hay alguien que te va a contar algo. Para mí, eso es un personaje. Alguien que tiene un rasgo, que me dan ganas de escucharlo, de verlo. Haag es el opuesto. Es un personaje magnético. Pero ahí era un problema también,  porque te come la película…

 

ESCENA 7: MALÓN

La película tenía, desde un principio, de algún modo,  la organización que tiene. Fue muy difícil sostener esa organización en la práctica, porque hubo cosas que no salieron como yo esperaba o como había imaginado. Eso es algo lógico en caso el documental.

 

Lo que irrumpe en fundaciones, a veces toma la forma de un relato. Se presenta como sorpresa, se despliega como desafío y toma consistencia como mito. En la encrucijada, entre lo que  no funciona, lo imprevisto y la mirada, puede fundarse la narración.

 

Siempre hubo un mito de origen. Para mí, existía un mito de origen. Pero, finalmente, cuando encuentro los relatos de los mocovíes es tarde y no existían completos. En un momento conocemos a un tipo que es un antropólogo de La Plata. Un tipo genial, que hacía un enganche entre una cosa esotérica y antropológica y a mí eso me interesó. Este antropólogo les había llevado sus leyendas a los mocovíes. Él había encontrado un libro, una recopilación de los indios. Lo tipos vivían en otra cosa y este, puso carbón, puso carbón, puso carbón  y, en un  momento, tiró la carne. Es muy interesante el hecho de que ellos recuperaran su pasado gracias a un antropólogo que les recordó quiénes eran.

Hasta ese momento yo buscaba indios viejos que me contaran  leyendas. Mi cabeza etnocéntrica de porteño buscaba al viejo cacique que me contara la leyenda y lo único que encontraba eran “sindicalistas” que reclamaban tierras. Finalmente, aparece la película. Dije, bueno, es la película.  Y, en la película, aparecía el mito, aparecía todo. Llegamos a filmar con  él y su comunidad en una localidad que se llama San Lorenzo. Hubo que llevarlos a la laguna pero eso, finalmente, no quedó.  Sí quedó la película, la representación de ellos que se filman a sí mismos. Ellos filman su historia y no yo, la historia de ellos. Eso es central en el documental. Es un gran tema la cuestión de filmar a otro. Un otro en sentido cultural y también en el sentido antropológico. Un otro, otro. Y cómo se filma eso. A mí, nunca me había pasado.

Había un peligro y es que, en la película, ellos se representaban a  sí mismos, a sus antepasados, con un imaginario de película de ficción de los blancos. Había que tener mucho cuidado con lo que se ponía para que no quedaran en una zona ridícula.

Finalmente,  siempre termino filmando personajes mirando películas. Como Cassidy cuando mira sus archivos… Como Ada…

 

ESCENA  8: VOLVER AL FUTURO

El gran tema del documental es cuándo termina. El marco narrativo siempre me acota. No soy una persona que filma todo el tiempo, muchas horas. No entiendo mucho cómo es eso. Yo siempre parto de una zona narrativa. El marco narrativo te acota hasta dónde filmar o dónde no. Hay pruebas que uno hace y fracasan. En “El Color que cayó del Cielo” iba a aparecer un indio viejo que me iba a contar y no apareció. En el caso de Ada también, finalmente fue la muerte. Yo no filmo tanto material y hay momentos en los que no sé qué más filmar, no se me ocurre más. Lo que se me ocurrió ya lo hice. La película está ahí. Después los montajistas me putean…

No son mis historias, son las historias de otros. Yo soy un apropiador. Son los recuerdos de otros. Después es otra cuestión qué zonas  mías reconozco en lo que filmo. Sí creo que la relación  del documental con  la memoria es evidente. Uno filma, no para hacer una contribución a la memoria, no desde el lugar social de “esto es muy importante para el futuro de la sociedad”, sino para evitar que eso se pierda. Atrapar algo antes de que desaparezca. Yo creo más en eso, que el documental debería tender más hacia eso. Nunca entendí por qué tanta gente quiere hacer biografías de Rodolfo Walsh o de Marechal o de Piazzola. Están tan contados esos personajes… ¿Para qué hacer una película sobre eso? Cuando uno conecta con un relato, con una historia, hay algo que aparece, algo que sube. El año pasado. un tipo del Festival de Viena -un tipo que elige muy pocas películas argentinas – me dijo que la mía le había parecido la más argentina de todas las que había visto. Más allá del elogio, me gusta pensar que uno no intenta contar la Argentina, que el propio peso de esa historia va a hacer emerger todo lo otro.

Lo que ocurre en una función de teatro es puro presente, está destinado a desaparecer. Es ontológico. Solo desaparece. Por eso hay tantos problemas con ciertos grandes autores teatrales, incluso habiendo sido filmados. Se los llevó el tiempo. Estará alojado en algún lugar de nuestra memoria. Eso, que es el karma del teatro, es también su supervivencia. Su supervivencia y  su pervivencia. Forzando un poco la idea, el cine es como recordar filmando antes de que se produzca el olvido, antes de que el olvido lo arrase todo. Es la materialidad de congelar el tiempo,  dejarlo inmóvil.

Se trata de cómo te apropiás de esa vida, de ese relato, de ese mundo, de ese lugar,  y de qué manera esa apropiación termina devolviéndote -como el poema ese de Borges, maravilloso- cómo se descubre uno en eso, qué hay de uno en eso…

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CORTEN

La charla termina. En su transcurso, nos olvidamos del lugar y, también, de que no éramos los únicos  ahí. Sergio se va. Antes, nos pregunta si sabemos cómo llegar hasta Boedo. En mi memoria resuena el eco de un enfrentamiento: Florida y Boedo. Solo basta reemplazar el primero por Borges, una de las figuras determinantes de ese grupo. Le recomendamos un taxi. La ciudad parece seguir dividida entre el norte y el sur.

Nosotras nos quedamos un rato, mientras levantamos nuestros papeles y comentamos la entrevista. Cuando estamos por salir, se nos acerca un hombre que, nos enteramos en ese momento, había compartido nuestra charla.

- Disculpen, pero, me muero de curiosidad ¿Quién era?

Un director de cine.

Un loco.

¿Un poeta?

 




EL ANARTISTA RADIO

Compartimos con todos Uds. las columnas del Anartista que semana a semana ilustran las noches de Kilómetro Cero, en Radio Sensaciones AM 1480

EL COLOR QUE CAYÓDEL CIELO  LA VELOCIDAD DE LAS COSAS 
UNTERN LINDEN  LA PUREZA DE LAS PALABRAS
ARTAUD & FOUCAULT  SOPHIE & ORGAMBIDE
GWIN & FEUERBACH  TILO WENNER 
SANTORO  DORRONZORO 
CIRO ALEGRÍA 



PIANO, PIANO SI VA LONTANO

Por Lourdes Landeira y Gabriela Stoppelman.

Entrevista: Gabriela Stoppelman – Lourdes Landeira

Edición: Lourdes Landeira

La velocidad: Conversación con Darío Canton

Con las palabras del título y un afectuoso abrazo, se despidió Darío Canton de nuestra conversación en el porteño Café de la Paz. El lugar, patrimonio cultural de la ciudad, tras sobrevivir a remodelaciones varias, guarda parte de la historia de Buenos Aires y, hoy, la sirve en bandeja. El marco es ideal para mirar por la ventana de este hombre de 86 años, poeta y sociólogo; sociólogo y poeta que, descomposiciones mediante, compone su obra en vida y su vida en obra. No comemos nada, tomamos té y algo fresco, para contrarrestar el calor, extranjero en esta época del año. De la cocina, salen tostados y ensaladas en olores irrumpidos por café tostado. Canton se sorprende cuando le decimos de qué queremos hablar.

  • ¿Qué podría tener que ver yo con la velocidad?

Eso es lo que vamos a averiguar.

TENTEMPIE

En una de las muchas páginas de La Yapa – Primera Parte, séptimo tomo de su autobiografía, editado este año por Librería Hernández, dice:

“… lo de la gente que lee, que me remite de algún modo a ¿cómo lee la gente? (y también ¿qué gente?), con mi antigua recomendación de ´lea despacio, mastique…´para favorecer ciertos hábitos de lectura, junto con mi experiencia de chico que iba al cine a ver películas en episodios que se prolongaban durante semanas –para no hablar de lo que era esperar cartas o periódicos que llegaban por barco-, me hacen mandarle lo que verá. Idealmente se podría publicar en tres partes, con lo cual más que el cuento de un poema como hasta ahora los he llamado, ya sería el folletín de un poema”

Está muy bien señalado, da en el punto de mis experiencias y de mis limitaciones también. Es correcto. Soy una persona que ya pasó los 80. Entonces, cuando yo era chico uno iba al cine los domingos -era la gran fiesta- se veían películas en episodios y había que esperar al otro domingo para la continuación. El héroe, cuando terminaba la función, estaba a punto de caer por un precipicio y ser decapitado por el malvado. Al ver la reanudación, la semana siguiente, medio milagrosamente se había salvado y seguía la historia. Entonces el tiempo tenía otra dimensión. Que no tiene hoy. No sé cómo los chicos o las personas criados con otra temporalidad, digamos, podrían apreciar eso. Eso creo que a uno lo hacía mucho más paciente. Uno podía esperar. Los ciclos de la naturaleza no cambiaban. Las mamás siguen teniendo los chicos a los 9 meses de embarazo. Aunque creo que, con los animales no, los están apurando. Esperemos que con los seres humanos no lo hagan. Salir a la palestra con la cita vinculada con “Asemal” es muy apropiado, porque efectivamente esa especie de consigna de “lea despacio, mastique bien las palabras” era lo que me parecía y me sigue pareciendo adecuado para una lectura en serio de cualquier tipo de materia. Sobre todo si es literario y, aun más si es poesía, hay que darse un tiempo. La poesía tiene otro tiempo.

La cita previa a su respuesta corresponde a uno de los muchos intentos de Darío Canton por publicar su obra (las idas y vueltas de esos intentos, sus logros y sus fracasos están documentados en su autobiografía con lujo de detalles). Tanto a su persistencia y convicción inquebrantable, como a su búsqueda de alguna variante, alguna mezcla entre experiencia y poesía para sostener la espera, el interludio entre los momentos de sentarse a la mesa. Como si la poesía y la escritura propusieran un desacelere, otra dimensión, más allá de la época que se habite.

“Asemal”, (la mesa al revés) sonó bien en la década del setenta, cuando Canton, con mucho material acopiado, no encontraba el modo de publicar. Claro, no había Facebook. A falta de redes sociales, él inventó la propia: enviaba esa hoja de poesía por correo a más de setecientas personas en distintas partes del mundo. Muchos le respondían y así las palabras y los versos conversaban en la distancia y en el tiempo que Canton andaba y desandaba, al entregar y retirar correspondencia en el Correo Argentino. En el mismo lugar donde hoy, 40 años después y en la semana de Mayo, se acaba de inaugurar el Centro Cultural Néstor Kirchner.

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Al mismo tiempo, empecé a trabajar contando el proceso de escritura de los poemas. Yo he guardado muchos manuscritos, he perdido, pero también he guardado. Entonces, en esos años en que me dediqué a trabajar íntegramente con la poesía (pude dejar la sociología como ganapán), me dediqué a contar cómo había hecho determinados poema. Con eso hice un pequeño corpus. La idea mía era que uno debía dar testimonio de lo que hacía, no porque fuera nada excepcional, sino porque podía servirle a otros. Y, además, era una manera -para, uno mismo-, de tomar conciencia del trabajo.

 

LA SOPA ESTÁ SERVIDA

Yo siempre pensé que tenía que dar testimonio de cómo trabajaba. Entonces, en la década del 70, junté una serie de ejemplos que se publicaron en Hispamérica, una revista de Estados Unidos. La nota se llamó “Con las manos en la mesa” y es la narración mía de cómo surgieron algunos poemas y de por qué hice algunos cambios.

INSERTAR TOMA LA SOPA

El ejemplo más largo que tiene de narración acerca de un texto, dice, es el de “Toma la sopa”. Es un poema de 1977 que tuvo unas 30 versiones incluidas entre las páginas 170 y 179 del Tomo III. De plomo y poesía (1972 – 1979). “Nadie me ha dicho: mire, Canton, le agradezco mucho (ríe) el trabajo que se tomó …” Pero está hecho y él lo exhibe. Así como lo hace con tantos detalles, mixtura de registros que incluye la cotización del dólar, las edades que cada miembro de su familia tendrá en determinado año, fotos, reseñas, citas, teléfonos, direcciones. Imposible perderse. O encontrarse.

Versiones de un poema, modos de contar una biografía.

Quizás el yo, más que autoafirmarse a lo largo de las páginas, se disuelva, como acto de provocación, con el erotismo del movimiento oscilante entre lo que se devela y lo que se oculta. Casi igual que en Internet, donde está todo y donde todo, también, se esconde.

CON EL DELANTAL PUESTO

Si de era digital hablamos, imposible eludir otra de las recurrencias de Canton: el registro del manuscrito. Al hablar de eso, busca y nos regala su subjetividad fotocopiada y plastificada en la versión de un poema de puño y letra (cuerpo presente) y su trascripción final, a máquina o computadora. Mismo concepto, distinto sentido.

Yo creo en el manuscrito. Miren, les cuento y así se va enhebrando la historia. Yo, en Estados Unidos, compré- un libro de manuscritos de poetas. Me vine con él y lo llevé hace unos años de años al Festival Internacional de Poesía de Rosario. Yo necesitaba ver eso. Entre 1960 y 1963 estuve viviendo en ese país y, al volver, crucé todo el territorio. Una cosa que hice fue ir a la biblioteca que guarda manuscritos de poetas ingleses y norteamericanos y me pasé tres días – la gran fiesta- mirando rollos y esas cosas. Vi lo que sabía por mí mismo: hay tachaduras, flechas para acá y para allá, cosas que se dejan de lado, otras que se rescatan y se desarrollan, poemas que de arranque tienen tres o cuatro líneas y después se expanden, otros que se encogen. Todas las variedades que uno pueda imaginarse.

Y que, de acá en más, probablemente, quede reservado a ese campo, al de imaginar. Hoy, la mayoría de los escritores hace su trabajo en computadora y los procesadores corrigen sobre lo escrito y guardan la última versión, borran la tachadura.

Las versiones, en cambio, proponen que nada se escribe en una sola vuelta de horno, ninguna cocción es definitiva ni hay recetas infalibles para decir lo inefable.

EL BANQUETE

Cuando terminó la experiencia de “Asemal”, en el 79, el proyecto mío era hacer una especie de narración general con la historia de los poemas entrelazada con mi vida. Porque , cuando empecé a poner cronológicamente los poemas, me di cuenta de que era un poco el cuento de mi vida. La idea arrancó a mediados del 75 y me puse a escribir en el 86. Entre el 86 y el 89 hice la redacción inicial, que terminaba en el 89. En ese momento, muy esperanzadamente, creía que iba a poder editar eso a la vuelta de la esquina; en el 90, 91. No fue así. Después, tuve algunos contratiempos económicos. En fin, me pasé toda la década del 90 tratando de publicar algunos gajos de esa narración. La narración tenía, hoja tamaño oficio, a un espacio, 1500 páginas. Todo el mundo se peleaba para editarlo (risas)

Entre el exceso y la exuberancia, Canton se deshace de sí mismo en su obra, para dar cuenta de su época. “Hace poco el marido de una gran amiga dijo que es la primera autobiografía que lee en la que no se habla del autobiografiado”. Elige recortar por el lado de la abundancia y se da el gusto.

Si uno quiere acercarse a entender algo de una persona, de lo que hace, hay que dar cierta riqueza de información. El tema del dólar, por ejemplo, ha sido fundamental durante toda mi vida. He asistido a todos los vaivenes que se puedan imaginar. Al igual que otra serie de temas vinculados con la economía fueron decisivos en mi vida. Yo ilustro cómo compré un departamento a una cuadra de Santa Fe y Pueyrredón en el año 1967, por 15.000 dólares. Si piensan qué pasa hoy en día, se pueden dar una idea de cómo alguien podía vivir en ese momento. Hay una gran riqueza de materiales, que encontré y también que busqué. Con ellos intento recrear, y con eso, también, me he divertido mucho.

Es que hay algo lúdico en ese componer y descomponer para crear algo nuevo. El registro de la descomposición llega al límite (él se pregunta todavía sobre las repercusiones de esa publicación) de incluir en La Yapa – Primera parte, fotos del cajón abierto de su padre en el momento en que le tocó reducir su cuerpo. Cuenta en el texto que, como uno de los huesos de un hermano era muy grande, debieron ponerlo con los restos de otra parienta. Y escribió: “fue un connubio expeditivo que seguramente no imaginaron”.

También me tomé el trabajo de localizar la colección de “El Gráfico” para conseguir fotos de las peleas que yo había visto en el Luna Park, las mismas que, a treinta o cuarenta metros de mi asiento, veían Perón y Evita. Después, cuando me puse a trabajar en el tomo de mi infancia, fui a Carmelo y encontré en la casa de mis parientes algo sensacional. Los documentos de un juicio por el cobro de la tarifa del cruce en balsa del arroyo del lugar (cuando no había puente). La denuncia señalaba una anomalía: todas las cifras terminaban en cero y la tarifa de la balsa era con centavos. Eso demostraba que estaban haciendo trampa, estafando. Me pareció sensacional y mandé la narración. Si habrá lectores para esto, no lo sé.

Aunque no lo sepa, seguro lo intuye, a la vez que se recuerda. Como dice en otra de las páginas de su Yapa sobre una lectura de alguna vez en alguna biblioteca: “Me da que pensar el que esté consultando el mismo volumen que otro leyó hace noventa años”.

Siempre pensando en perspectiva, dentro de 50 años, por ejemplo. Tengo un poema en “Asemal”,”Temporalidad”, en el que la escritura inicial, surge un día que estoy esperando un colectivo en Chacarita. En la estación de trenes, la luz del sol se ve de cierta manera muy hermosa. Yo anoto, no sé ni en qué calle estoy, pero anoto. Eso me queda y después sigo trabajando con el poema. Lo que hago es describir ese momento y trato de imaginar cómo habría sido en 1874 y cómo será en 2074, cuando ya no voy a estar [la narración está en el Tomo II. Los años en el Di Tella (1963 – 1971), p. 137]

 

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Pero quizás haya alguien leyéndolo.

ANTES DEL PAN, SIEMPRE FUE EL TRIGO

Queremos saber cuál es su momento de empezar a escribir, cuándo considera que una historia, una imagen, una vivencia, necesita pasar al papel. Y él, claro, tiene ejemplos y anécdotas.

Contraste, relámpago y memoria: primeros ingredientes

El primer poema mío y el primer libro mío fue “La saga del peronismo”. Digo, como poema largo, no poema suelto. Y ese poema surgió un día en la universidad de Berkeley, donde estudiaba sociología. Un 25 de mayo, cuando vi llegar al campus a unos obreros en un camión para hacer algún arreglo, no sé qué. El contraste entre esas personas y los estudiantes, varones y chicas, con ropas informales, con libros bajo el brazo, me remitió inmediatamente al 17 de octubre de 1945. Yo, en aquel momento tenía 16 años, anduve por las calles, soy testigo del 17 de octubre. Y ese recuerdo, como un relámpago, a mí me dio la idea de escribir un poema. Y ahí arranqué. Yo estaba viviendo en la International House, y ese o al otro día, lo primero que hice fue consultar a amigos y compañeros de qué se acordaban si les decía Perón o peronista. Alguno hasta me hizo una lista. Algunos decían cosas totalmente intrascendentes o del acervo común. Entonces, la comparé con mi propia lista, yo ya había hecho una especie de guía con lo importante para mí. Y ahí me quedé muy tranquilo, mi memoria funcionaba bien, es decir, se había olvidado de lo intrascendente. Así arranqué y escribí el libro.

La naranja se pasea (aunque esté descompuesta)

Este otro caso es más deliberado, pero también vinculado con el azar. Hay un poema mío que se llama “Corrupción de la naranja”. Surgió a fines del año 1963, ya tiene más de 50 años. Y yo tengo todavía un pedazo de una de las naranjas originales, que se ha petrificado. En un momento lo había perdido, pero lo pude recuperar. Cuando escribí el poema, yo estaba viviendo solo, en un departamentito chico, por el Parque Chacabuco. Y, como no tenía heladera, compraba periódicamente alimentos. Yo soy un gran frutero de toda la vida, la fruta es muy importante para mí. Un día descubrí que tenía una naranja en una escalera que daba a una terracita. La fruta se estaba descomponiendo y dije: esta es la mía. Me puse a registrar cómo era el proceso de descomposición. Además, le agregué dos naranjas más. El proceso duró, con tres naranjas, cerca de tres meses, durante los cuales yo tomaba nota periódicamente

El germen de la vigilia

“La mesa” es otro ejemplo. Tengo un pequeño librito que se llama “ La mesa”. Lo he injertado también en uno de los tomos, el de la década del 60. Se escribió entre 1967 y 1969 y nació de un sueño. Un día me fui a dormir y, de repente, me desperté diciéndome unas líneas; era de lo más extraño, algo como: la mesa se compone de una tabla y cosas así. En esa época yo estaba bastante alerta, cosa que no siempre hago. Entonces, prendí el velador y me puse a anotar. Tengo el manuscrito de eso, son unas 150 líneas que salieron de un tirón, a lo largo de una hora más o menos. Ahí está el germen de todo el libro. Sale de un sueño, porque estuve alerta.

Recocciones verbales

  • Ya que estamos de anécdotas, ”El Abecedario médico” es otra de mis producciones. Mi padre era médico y un hermano mío, también. Yo estaba acostumbrado a tener en mi casa, y consultar, los vademécums (el arsenal de los médicos). Un día en el 72, 73, me golpeé con una ventana; me había mudado hacía poco y me lastimé, me corté el cuero cabelludo, me sangró. Fui al hospital cercano, el Rivadavia, me pusieron algún punto y me pidieron que compra una inyección antitetánica. El nombre: Tetabulín. La compré y me olvidé del tema. Unos meses después, no puedo precisar cuántos, me acordé del Tetabulín y anoté en un papelito: = corpiño mistongo. Hay un tango que habla de un bulín mistongo (lo canta). Después de un tiempo, volví a encontrar el papelito ese en el bolsillo de un saco y dije: puedo hacer algo con esto. Lo relacioné con los vademécums y me puse a leerlos y a redefinir los productos medicinales. Pasé dos o tres años en esa tarea. Después …, les ahorro las desventuras de la publicación. Ese es otro arranque de una obra, a partir de un accidente doméstico.

LA SOBREMESA

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La disección del idioma parece ser una de las obsesiones de Canton, un viejo proyecto que- dice- quedará para otros. Busca “tomar la mayor conciencia posible del idioma que uno maneja y ver qué puede hacer con eso, como si fueran ladrillitos para hacer algunas construcciones distintas”

En “La Yapa – Primera parte” (la Segunda Parte está escrita pero, todavía, no publicada) plasmó en una página: “La idea básica sería: ¿cómo hacer la disección de un idioma (el castellano en este caso, y el castellano tal cual lo hablan –pronuncian- los hablantes del área en que vivo)? El objetivo final sería, naturalmente, no solo adquirir un mejor conocimiento sobre el idioma (mayor conciencia sobre las herramientas que uno usa naturalmente) sino a partir de allí introducir variaciones que son parte del trabajo poético”.

Poder sistematizar esas variaciones es lo que me interesa. Más que nada, pienso en los juegos de palabras, pero no como algo intrascendente, sino como algo que puede ser otra cosa. Había una sección en la revista Viva ,de Clarín, que recopilaba dichos de los chicos cuando no dominan todavía el idioma y dan lugar a errores divertidos. Tengo ejemplos, también, de algunos de mis hijos: el avión levanta abuelo, o la lintérnaga, de la linterna y la luciérnaga. Creo que se puede trabajar muy en serio en eso. Yo no pude hacerlo, quedará para que lo hagan otros.

NUESTRO CAFÉ DE YAPA

Antes de irnos, cuando ya los mozos pasaban algunas pizzas cerca de nuestras narices y el grabador se había apagado, Darío Canton nos tenía reservadas dos preguntas. Quería respuestas nuestras.

La primera era sobre algo que aparecía en una nota de Juan Forn, en la contratapa del diario Página 12, que traía entre sus cosas. Él quería saber el significado de canuto; no lo conocía. Le hablamos, entonces, sobre lo clandestino, la jerga lumpen de la cárcel, lo escondido, la transgresión a la norma.

La segunda cosa era saber qué pensábamos sobre contar cómo se escriben ciertos poemas. Allí hablamos de la provocación y, una vez más, de la integración y la mezcla; del carácter precursor de sus técnicas, que se adelantan a las posibilidades de internet; del fragmentario, como forma de escribir más allá de los géneros; de la autobiografía, más que como las cosas que a uno le pasan, como de los registros cotidianos que impactan, a veces en crudo, a veces poetizados, a veces con fotos: allí donde la cocina de la propia escritura es parte. Así como lo es el modo de registrar la forma de percibir el mundo, el modo de cocinarlo. Y de cómo, a partir de ciertas huellas, se escribe; con su propia poética. De la necesidad de preservar r lo indecible.

Darío Canton nos ofrece regalarnos los tomos que no tenemos de su obra. Nos cuenta sobre un artículo que ayer nomás terminó de escribir con un colega estadígrafo, sobre el Éxodo Oriental, el movimiento de población que acompaña a Artigas ante la invasión de las tropas portuguesas. En el padrón de 1811, dice y se entusiasma, él tenía parientes por línea materna y, de curioso, se puso a estudiarlos. “Bueno, esas cosas”.

Hoy, un día después, escribimos estas líneas de nuestra experiencia, del encuentro. Escribimos el nombre Darío Canton en nuestro número Anartista sobre la velocidad. Es probable, casi diría seguro, que nuestro nombre, El Anartista, hoy, ahora, esté siendo parte de una nueva yapa de Darío Canton.

Un placer habernos tocado el timbre y abierto la puerta para salir a jugar.

 




ANARCHICOS

Por Milena Penstop

 

EL AVIÓN ATORTUGADO O LA TORTUGA AVIONADA.

Velocidad: las lentas desventuras de la escuela primaria.

 

Cómo decirlo: no me gusta desayunar rápido, bart rápido pero mucho menos me gusta que me levanten más temprano para desayunar lentamente.

También va a sonar raro esto: me encanta que los viernes lleguen rápido, pero odio la velocidad con que se pasa el fin de semana.

Este asunto de la velocidad tiene sus cosas. Por ejemplo: estoy dos horas en teatro- a mí eso me encanta- y se me pasa volando. Sin embargo, estoy dos horas en la escuela y me muero de aburrimiento. No voy a hacer comentarios sobre si me gusta o no la escuela. Si el que lee es veloz, entenderá lo que hay para entender. Lo mejor de la primaria es cuando uno vuelve de las vacaciones de verano y se reencuentra con los amigos. A partir de ahí el tiempo pasa muy lentamente, hasta las vacaciones de invierno. homero contradictorioaTengo que hacer una mención especial para los feriados, los días de capacitación docente y los cortes de luz y agua. Bueno, esto último no es del todo feliz pero, a veces, cómo ayuda para un descansito.

La conclusión de todo esto es que soy una persona contradictoria, un poco rápida, un poco lenta. Más bien tirando a muy rápida a la salida de la escuela y a muy lenta, a la entrada.

Ah, una cosa más: si se trata de organizar fiestas, pijamadas y bailes, soy un avión. Pero ni me hablen de la fascinante matemática porque ahí si me vuelvo una tortuga.

—————-

Dice Valen, mientras caminamos por la vereda:
¿Cuándo voy a tener un día de libertad?
A lo que yo le pregunto:

¿Qué es la libertad?

Y me responde:

“Estar sola, no dar la mano, correr y que nadie me pare, eso es para mí la libertad!”

Mía Valentina Jazmín Coria

5 años

 

niña corriendo en un blacón

 

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La velocidad de mi vida.

 

La velocidad es como el viento que refunfuñael paso deltornadoluciososa iturriaga

la velocidad es como una niña corriendo

la velocidad es como un ángel veloz que toca a tu puerta

la velocidad es todo para mí.

 

La velocidad es como cada paso que doy

como una lágrima entusiasmada que ya llegó

como un tornado veloz que se llevó todo porque sí

entonces hoy yo le pido que no me lleve a mí.

Clarisa Sueldo. 11 años

 

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La velocidad del amor

tres cartas de james dean su novias

La velocidad del amor

siempre llega aunque

llegue tarde o antes

pero siempre golpea a tu puerta.

 

Ayer golpeó mi puerta

carta-rey-portugal-1488-1aunque no lo reconocí

me entregó una carta

decía ,llegué para ti.

 

Yo pensé en quién sería

luego el amor me dio otra carta

decía

que era mi vecino aquel amor.

 

Aunque mi amor llegó

antes

corriendo

llegó

tan veloz

que no lo vi venir.

 

Micaela Creado, 11 años.

 

 




GONDOLEAR EL INFINITO

Por Mariana Paula Dosso

VELOCIDAD: sobre máscaras en diferentes tiempos.

EL PRIMITIVO VIAJE DE LA MANO HACIA LA CARA

Una niña, cuya mirada no llega a la ventana abierta de la habitación, abre una bolsa y se pone un antifaz. Juega a ser una bailarina, aunque la media careta sea de payaso. Claro, ella sabe que las máscaras tienen un poco de vida. Las máscaras cargan su propia identidad. Están las realizadas en serie en una fábrica y aquellas producidas por un artista. El artista moldea el rostro, hunde o colorea los pómulos, alarga la tragedia o ensancha la comedia, abre los ojos al infinito.

Imagen 1. pies de niña          Sin embargo, en el mismo viaje de la mano hacia la cara, es capaz de cambiar de parecer. La fuerza del destinatario puede resultar tal que invada, transforme y repliegue la identidad de la máscara. Los demás podrán ver una bailarina o un payaso. O una payasa bailarina (inexistente en el catálogo de la niña). Algunos harán foco en la nariz colorada e interpretarán los pasos como monerías. Otros verán a una bailarina de pasos estilizados con una máscara que la transporta a un escenario.

LLEGAR A SER OTRO

Las máscaras son utilizadas en la Edad Antigua por egipcios, griegos y romanos. Los griegos recurren a las máscaras en las fiestas dionisíacas, cuando veneran al Dios del Vino, Dioniso (Baco).  Los cómplices de la alegría y del desorden beben sin límite, danzan y entonan en coros. Algunos  rituales se convierten en representaciones dramáticas, así nació lo teatral. Las máscaras comienzan a aparecer al son de estas presentaciones. Y no podía ser de otro modo, también en esto de usar máscaras en el teatro los griegos son los primeros.

El personaje lo da la acción, dice Aristóteles. En la Antigüedad, las máscaras “no le conferían el poder de ser otro (al actor), sino el de llegar a serlo”[i]. Como sucede con la niña y  su antifaz de payaso. En el teatro de Aristóteles el actor repite  el recorrido estricto marcado por la “Poética”. Inicio, desarrollo y final: la receta infalible, por generaciones.

LA MÁSCARA COQUETEA CON EL CARNAVAL

Un mercader elige una máscara para recorrer la ciudad atravesada por canales. Prefiere inmiscuirse con la plebe, descifrar sus aromas, ensuciar sus zapatos con barro de días, escuchar los llamados alborotados de la feria. Quiere variedad para sus ojos y desorden para el alma. Harto del mandato, su única manera de perderse es ser la máscara.

Imagen 2. mascara veneciana -cara de gato

Al andar, se topa con otra máscara de nariz larga. Le han llegado comentarios: las de ese tipo fueron utilizadas durante la “peste negra”, entre 1575 y 1577, en la ciudad. En la  nariz con forma de pico, colocaban hierbas aromáticas para evitar los olores nauseabundos y los contagios de una peste que azotó a un tercio de la población mundial en el siglo XIV.

Imagen 3. Máscara peste negraSin proponérselo, ambas máscaras deambulan. No se conocen. Sin embargo, se atraen. Una acelera su marcha, la otra aumenta sus pasos; una gira hacia el sol, la otra posa sus manos  contra su frente; abatida por el bullicio de la venta, una se retira hacia el fin del canal con un caminar lento, la otra aquieta su delirar.

La góndola espera a la máscara dorada y negra, allí, donde acostumbra. ¡Qué veloz corre el tiempo fuera! El mercader arroja la máscara luego de algunos remos. La próxima elegirá otro rostro dentro de su colección, expuesta en el cuarto principal del palacio. Ahora, sólo le queda la lentitud de sus pasillos y galerías.

Un viento gélido y arrasador voltea a la máscara. Rueda por las callejuelas de Venecia, potencia comercial de la Edad Media. Gira entre señores feudales y sacerdotes.

La reprenden.

Sólo puede volver a aparecer en carnavales. Un gondolero se agita hacia el canal, estira sus brazos y logra alcanzar la máscara aristócrata. Es feliz, no tiene tiempo de confeccionar una para el carnaval. La semana siguiente comenzará la furia de la alegría, la liberación de la risa, los gritos de burla y el beber sin límite.

Las máscaras van y vienen, entre los privilegios y la hipocresía de la nobleza hasta los más bajos estamentos de una sociedad feudal.  La primera tendrá la necesidad de ocultarse para realizar sus fechorías. Los segundos jugarán y serán juzgados de igual modo en otro momento.

Imagen 4.  Return-of-the-Bucintoro-on-Ascension-Day-large 

EL GONDOLERO: A SALTITOS, SOBRE LAS REFLEXIONES

Al pueblo le acotaron la fiesta a tiempos de carnaval antes de la cuaresma. Carnavele: antes de la Pascua. Máscaras sin tiempo, ahora cercadas en días preestablecidos para lucirse. Quién elige una máscara a fin de pasar desapercibido; quién, para resaltar en la multitud o para seducir al amante en brazos ajenos.

El carnaval es un juego donde a algunos les divierte ser reyes; a otros, el tener un rostro reluciente y sin cansancios. Las máscaras funden sus colores en la intensa velocidad de la fiesta y concentran lo prohibido en el tiempo habilitado. Fuera del escenario popular, reposa la lentitud de lo cotidiano, lo oficial, la rutina y el llanto, la obediencia. El gondolero brinca, bebe y sonríe. No piensa en su trabajo, son pocos días y el imperativo de su instinto es vivirlos al extremo.

Bajtín es un empecinado  en el rastreo de burlas en lo popular y en entrometerse en la literatura de Rabelais: explorador de los antiguos dialectos, de la gente común y los bufones, cultor de la literatura cómica popular.  Bajtín afirma que el carnaval es la única parte del año en que el pueblo puede hacer de rey y, de esa manera, al invertir las jerarquías, es posible someterlo mejor.

Umberto Eco también reflexiona el asunto: en carnaval, se trasgrede la regla, pero se la cumple todo el resto del tiempo. Se puede reír porque se llora antes y después de los días de carnaval.

Borges no se queda atrás. En  “La Lotería en Babilonia” refiere a la práctica popular de la lotería como letrina sagrada.

Tres planos para  el diálogo infinito, entre  sometimiento y  liberación.

 

ARMAR LA TRENZA

Frente a las críticas intelectuales sin historia, el pueblo ríe. Tal vez, de miedo. Tal vez, por un instinto lejano, entrelaza juego y vida, arte y sueños.

En carnaval, la ciudad vive un tiempo fuera de lo frecuente. Las calles se vuelven escenario. Las máscaras actúan en el espectáculo protagonizado por el pueblo, sin roles preestablecidos. La única ley es la liberación y la trascendencia del espíritu a través de la risa.

Imagen 5. Máscara veneciana

 TEATRO DEL NOH: EL ROSTRO DE LA LOCURA

En el Teatro del Noh,  en Japón y ya desde su origen, – durante los ritos religiosos de las comunidades agrícolas en el siglo XV-  las máscaras son una obra de arte. Artista es, para esta ocasión, quien da color a sus expresiones y las multiplica en escena. La máscara toma vida en el personaje, en las vibraciones de su cuerpo, en sus lágrimas y en su pesar. Las luces del escenario eligen el matiz del rostro, el énfasis. Si la máscara mira hacia lo alto, sus rasgos se tornan más dulces, por la claridad recibida. Al inclinarse hacia abajo, se oscurece y su expresión es de tristeza. También se puede cortar la máscara con movimientos frenéticos hacia ambos lados: entonces, su rostro es de ira o locura.

Una mujer.

Un anciano o anciana.

Un dios o un espíritu.

Las máscaras son más pequeñas que el rostro. La creación comienza antes de la puesta en escena. Cada artista crea un rostro que juega. Las mujeres no tienen oportunidad de actuar, sólo aparecen en las máscaras moldeadas por otros.

Imagen 6.noh_masks La lentitud marca el paso, el ritmo, los movimientos. Esa máscara puede helarse de dolor o estremecerse de alegría bajo la música en vivo. Es capaz de comunicarse con rostros a flor de piel o con otros, allá, en las butacas. La máscara se adormecerá colgada en uno de los cuartos del teatro.         

La máscara actor recorre el escenario, lo hace suyo: cuatro pilares lo orientan. Un puente hacia la izquierda conduce hacia la habitación del espejo y conecta, así, con el más allá. En la habitación del espejo, el espíritu del personaje se apodera de la máscara y -por qué no- del actor.

 

TAN PERO TAN CRUEL

Para Antonin Artaud[ii]- lejos de la crueldad como maltrato- lo cruel constituye la realidad de lo extraordinario: lo que no está contaminado con la moral y la cultura. Poner en escena una fuerza tan intensa como el hambre, pero que no lo simbolice. Poner en escena fuerzas. ¿Cuál es el lugar del hombre? Y ensaya respuestas entre los sueños y las reflexiones. Porque lo cruel es la pregunta y no la respuesta. Artaud pasa su vida en búsqueda de un teatro que  elimine los falsos límites entre el cuerpo y el alma, entre arte y vida, entre el Espíritu y lo espiritual.

Que el actor no imite,  que desentierre las expresiones en lenguaje cruel. Que el cuerpo diga. Las palabras son un objeto más en escena, junto con la escenografía, las luces, la música, las máscaras. Que muera el privilegio de la Literatura en escena. Que hable el cuerpo, una vez más.

Los precursores del teatro de vanguardia de la Edad Moderna[iii] se interesan por un cambio espiritual, antes que por una revolución social. Priorizan lo irracional y primitivo, lo onírico  e instintivo, con un enfoque mítico y mágico. También ellos indagan en el Teatro del Noh y en otras culturas. Sus obras tienden a la mezcla del público y la acción, de la participación física y emocional. Promueven un teatro como un rito, donde no se repite ni se ensaya. Porque las escenas vividas son únicas: como en la vida, como en el carnaval.

En el caso de Artaud y de otros vanguardistas, lo inevitable es caer en la seducción del teatro balinés. Los balineses basan su arte en campos de la mente que la sociedad europea reprime y desconoce. No hay una narración ficticia, sino una presentación de un mito. Y los participantes no tienen un dominio consciente una vez que están dentro de su papel. Hay poco diálogo: una lengua que nadie comprende puede encantar. El contrapunto es una sociedad occidental más racional e intelectual. En la medida en que el teatro se convierte en un ritual, puede también aparecer como oportunidad para transformar al hombre.

Pero no hay que ir tan lejos ni hacia la otra punta del globo para hacer una genealogía de lo teatral moderno. Algunos sentidos medulares de este teatro  se encuentran en las fiestas populares.  Allí la vivencia convoca a todos, sin distinción entre  actores y espectadores. El lenguaje verbal se entremezcla con la danza, la música y las expresiones del cuerpo. Las máscaras son un elemento más en la totalidad de la escena. El juego de las fiestas populares habilita a lo primitivo y al inconsciente: no se reflexiona con el cuerpo, se actúa. La persona integral se presenta. Por eso, las fiestas populares son el teatro de la vida extraordinaria. O así lo veía Artaud.

Imagen 7. carnaval del norte con talco 

CALLES VUELTAS ESCENARIO

La máscara pasea de góndola en góndola hacia un puerto de ultramar. El carnaval de la Edad Media ancla en el descubrimiento de América y da inicio a la Modernidad. Conquista y genocidio de la mano. La cultura americana se convierte en un sincretismo.

El carnaval del pueblo es una fiesta que imagina la igualdad. Lo recorre un trencito: sus figuras se realizan sin pausa. ¡Es el carnavalito!, tan multiplicado en los actos escolares. Cosecha de carnaval y de la velocidad en excesos, vorágine, pérdida de control, frenesí, vértigo. Juego de niños y de adultos.

Fiesta en todo el pueblo vuelto escenario.

Burla y risa en cada rincón.

El carnaval borra las fronteras entre el arte y la vida, los tabúes, las jerarquías, los privilegios. Nace la única regla: la libertad.

EL DIABLO

Carnaval de la lluvia, de la tierra y de las semillas. Animales pastorean al son de los ladridos. Bastón, pirca y jugo destilado por las hojas. ¡Ay, coca, si me hicieras falta!: quién pudiese trabajar bajo el sol de esta quebrada; quién, caminar sobre esta sequedad, que penetra honda, más honda hasta arribar al pastizal. Con qué velocidad envejece el cuerpo. Con qué lentitud se anda por estos caminos.

Los rebaños se han retirado al descanso. Chicha y erke avisan del carnaval. Tumulto de hojitas secas, verdes opacados por el sol. Livianas, se amontonan en un cuenco con arrugas. Una mujer abre las manos y las hojas caen a la tierra húmeda de chicha, que las aloja sin condición. Coca tolera el cansancio y anima el camino, coca sagrada en cada ritual de los pueblos en la Quebrada. Las hojas se tiñen de gris ceniza para el desentierro del carnaval.

HOJA DE COCA (1)

Veloz corre la chicha por la tierra y, más apresurada, por el interior del canto. Lleva los preparativos del carnaval. Arrasa con las comidas típicas, inunda de talco y albahaca. Trae los parientes de lejos, con un bolso al hombro y nada más.

Pasan los vecinos de casa en casa. En los rincones, se amontonan las semillas de las cosechas.  De “sol a sol”, hay damajuanas de vino listas para saludar. La dueña de la morada toma su caja para aliviar el vicio y el trajín.

Imagen 9. casa del norte argentino

Una multitud avanza en el camino árido de colores. Rosa viejo, más viejo que la caja. Sombreros de bombos. Erkes de coca. Talco de aguayos. Pequeña, verde, fecunda, recorre el aire y -de la mano del viento- se posa detrás de la oreja. La albahaca guiña al destino: ha comenzado el carnaval. Las sandalias saltan. Cruces de cuero resistente al calor  del día y al frío de la noche. De la tierra árida, seca, dura, tosca, nace el diablo del carnaval: el encadenado que espera el día para soltarse en la fiesta. El diablo no pone condiciones. Sólo exige cigarros y coca.

Campesino machado de tanto andar. Rojo, de tanto esperar. Se pone la máscara del diablo. Tropieza con la ilusión de no trabajar más. Al caerse, la patea, gira la máscara y se abolla una de sus largas orejas. Un niño la levanta, le pesa la adultez. Se divierte al imaginar que tiene en sus manos el rostro del lobo feroz. “Cara a cara” con el lobo, le pregunta:

-¿Por qué bosques merodeas, que nunca te encontré?

Una mujer le manotea la máscara. Risotada tras risotada, se la pasan entre varias matriarcas de caderas anchas, de tanto andar cerros. Máscara que encubre el origen y la picardía. Una se atreve a palpar a un joven que roza su cuerpo. Otra burla al patrón de su sobrina. La tercera, al tener el diablo en la cabeza, se agacha y corre entre las piernas descubiertas de polleras y  pantalones roídos de los peregrinos. La máscara se traba entre algunos pares. Una  anciana la levanta. Esconde sus arrugas y su tristeza, su soledad y su agonía. Da vueltas y vueltas en el lugar, al recordar sus quince años en el carnaval de Oruro.

 

LA VELOCIDAD EN LAS MÁSCARAS

Mujeres  alrededor del sol, de Dioniso, de una máscara de Diablo.

Giran como trompos.

Danzan y ofrecen risas sarcásticas.

Niña hecha de mujeres dionisíacas.

El carnaval no pide ni exige nada. La máscara invita al juego primitivo, al simbolismo y a la no palabra. La máscara es una acción, su sola presencia genera movimientos: de incertidumbre, de gozo, de miedo, de curiosidad, de intercambio.

Imagen 10. mascaras del carnaval del norteLa niña hecha mujer se burla con aire de superioridad. Canta y se esconde detrás de la máscara. Deja entrever el rostro cuando lo decide, o lo oculta con un lienzo cuando se retrae en su secreto.

Bajtín continúa su análisis del carnaval en los textos de otros intelectuales. De forma lenta, avanzan las reflexiones, mientras la niña juega en otras mujeres los jueves de comadre.

Al cruel Artaud, no le alcanza la vida para desarrollar su teatro. La máscara lo mira pasmada: mucha velocidad para una vida.

El teatro del Noh, lento, tan lento que las mujeres le arrebatan la máscara al actor y se la colocan ellas. Arrebato veloz, única manera de despatriarcar la cultura.

La anciana vuelve a recordar su carnaval de Oruro: ella, su juventud, su amor prohibido, sus deseos explorados en una callejuela, los colores de la fiesta y del alma en estado de ensueño. La mujer no quiere danzar lento y pensar. El tono reflexivo la extrae del juego y prefiere que sea sin lágrimas.

El teatro vuelto vida, sin llamarlo teatro, el arte tornado pueblo, sin llamarlo cultura, escenario hecho calle.

Actores y espectadores, en una sola persona de fiesta.

Velocidad hecha vida, lentitud vuelta muerte. El carnaval termina, la máscara se entierra.

plano

 

[i]Rodríguez Delgado, J.C; “La Máscara y la Tragedia”  Disponible en: https://dspace.usc.es/bitstream/10347/1043/1/pg_159-164_agora12-2.pdf (Consultado el 8/06/15)

[ii] Texto de referencia: Stoppelman, G.; “Artaud para principiantes”, Ed. Era Naciente, Bs. As, 1998.

[iii] Texto de referencia: Innes, C. “El teatro sagrado. El ritual y la vanguardia”, Ed. Fondo de Cultura Económica”, México, 1992.

Otros textos de referencia:

-Bajtin, M.; “La Cultura Popular en la Edad Media y en el Renacimiento”. Disponible en: http://culturaspopulares.org/populares/documentosdiplomado/MijailLaculturapopularenlaEdadMediayelRenacimiento.doc (Consultado el 8/6715)

-Borges, J.L.; “La Lotería en Babilonia”, Disponible en: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/borges/loteria.pdf (Consultado el 8/6/15)

-Donángelo, K.; “El origen de la tragedia griega y sus autores”. Disponible en: http://www.almargen.com.ar/sitio/seccion/literatura/tragedia (Consultado el 8/6/15)

-Martín, M.R.; “Abocados a la parodia: Teoría y pragmática del carnaval. Disponible en: http://www.jotdown.es/2012/02/abocados-a-la-parodia-teoria-y-pragmatica-del-carnaval/ (Consultado el 8/06/15)

-Takizawa, O; “El teatro del Noh y los japoneses”. Disponible en: http://www.la-ratonera.net/?p=606 (Consultado el 8/6/15)

 

 

 




LA HIDRA O EL DIAMANTE

Por: Juan Carlos Pedot

Velocidad: Sobre el Caso Arruga

 

 

Luciano A
Luciano Arruga

 

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún  dìa mágico llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte;  pero la buena suerte  no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho  que los nadies llamen, aunque les pique la mano izquierda, o se levanten  con el pie derecho, o empiecen  el año cambiando de escoba.

Eduardo Galeano “Los nadies”

 

 

 

EL CHICO AL QUE NADIE QUISO BUSCAR

 

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Vamos a imaginar, sin equívocos, que la policía de Buenos Aires  es una hidra de siete cabezas. Y que, de cualquiera de las fuerzas de represión, puede nacer- imprevistamente- una cabeza más. Entre sus preferidas  presas  están los  pibes pobres del Conurbano bonaerense, empujados  al delito, sin  otra opción para obtener  recursos  o, simplemente, calificados como potenciales delincuentes.  La Bonaerense o, para ser más específicos, una rama especial,  “los patas negras”,- esa  voraz bestia-  se traga a los flacos pibes, sueltos, perdidos,  guachos, a veces drogados, que deambulan por  noches oscuras. O los desaparece o  los mata. Sí, va tras esos que la sociedad hueca y pacata estigmatizó definitivamente como “los pibes chorros”.

En estos días nos hemos  enterado que un tribunal sentenció a 10 años de cárcel a una cabeza de la Hidra, por encontrarla culpable de torturas a Luciano Arruga. El vacío que deja la vida de Luciano, como el de otras vidas sesgadas sin ton ni son, llena de preguntas: ¿por qué un comisario de la bonaerense, del mismo origen social que la víctima, descarga ese odio al torturar  a un pibe?  Otra pregunta: el  ensañamiento contra los “pibes chorros” y la  tardanza en la reparación de los daños a través de la justicia, ¿es un simple problema burocrático de “velocidad”?  Otra más: los verdugos, ¿no se estarán castigando- lenta y sostenidamente- a sí mismos? Como en la refracción de un espejo roto, tenemos dos planos de vidas enfrentadas que se agotan a sí mismas, sin una frontera que rompa el círculo vicioso.

Fuera de toda duda, cuando el poder  punitivo se descontrola, desaparece el estado de derecho y su lugar lo ocupa el de policía”, dice  Zaffaroni. Y,  fuera de toda duda, la velocidad de regreso del estado de policía es más veloz que  la reinstauración del estado de derecho. Por no hablar de la parsimonia con que transcurre el tiempo hasta que la herida social cicatriza.

 

 

ES UN MONSTRUO GRANDE Y PISA FUERTE

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Cinco años después de la noche en que asesinaron a Arruga, tenemos una sentencia, con un solo sentenciado. Se cumplen  esos mismos cinco años desde la última vez que Vanesa Orieta vio a su hermano, en el ex destacamento de Lomas del Mirador. Su familia y amigos denuncian, desde entonces, la mafia policial, el gatillo fácil y la violencia con que “están exterminando a los pibes de barrios humildes”. La Hidra es insaciable y es posible que sus cabezas ya sean múltiplo de 7.

Cuando un particular se queja  al ser sorprendido como víctima de un robo al voleo, los amigos de la Hidra descargan su odio y alivian los pánicos de clase media. Ambos gritan al unísono: ¿qué hay que hacer con estos rateros, ladrones, violadores, vagos, negros subsidiados…?

Los  pocos sanos operadores de la justicia, como heraldos de lo plebeyo, no reciben el aplauso mediático. Sólo hay para ellos el empuje de esa inteligencia demostrada por las victimas desprovistas de toda vindicta. Muchos de los abandonados por la ley advierten, desde su desprotección,  que cualquier venganza es contraproducente. Sospechan la irrupción inesperada de otra cabeza de Hidra detrás de toda venganza. Y saben de sus debilidades ante el monstruo grande que pisa fuerte.

LOS OJOS DE LA HIDRA

 

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            “Me están cagando a palos”,  gritó Luciano Arruga a su hermana Vanesa, desde la cocina de ese destacamento policial de Lomas del Mirador. Fue el 22 de septiembre de 2008, la primera vez que lo detuvieron, por portación de pobreza.

Hacía un tiempo que Luciano había entrado incontinentemente en los dominios de la Hidra. Les había contado a su mamá y a su hermana que la Policía lo presionaba para que “trabajara para ellos“. Él no había aceptado. Y, a partir de ese momento, la Hidra se paseaba- sigilosa- a cualquier hora. Preferiblemente, en la noche y por el barrio.

Su familia comenzó a notar una cantidad de detenciones “sin sentido”. “(Los policías) lo amenazaban y le decían que tenía los minutos contados.”  Tortura psicológica, denunciaba Vanesa en diálogo con Diario Popular.

En los faroles de la patrulla de la bonaerense, Luciano creía ver los ojos sanguinarios de la Hidra: “Luciano tenía miedo, no salía del barrio, estaba encerrado en su propio territorio”, reconoce su hermana. A Luciano le brillaban los ojos de un modo casi opuesto al de la Hidra. Y, a su madre, ese brillo en la mirada de su hijo le preanunciaba desgracias.

El barrio es el “12 de octubre”, de Lomas del Mirador, partido de La Matanza, y ocupa apenas una manzana. La hidra podría tragarse al barrio entero, de lo pequeño que es. Por un pedido de una agrupación de vecinos, el destacamento de Lomas del Mirador fue inaugurado en 2007.  Para Vanesa hay allí – en el ahora ex destacamento- una contradicción fundamental: “el grupo de vecinos pedía más policías, sin saber que invitaba a la Hidra, porque era la misma policía la que sembraba el terror en el barrio“.

El lugar comenzó a funcionar, entonces, como una dependencia de la Comisaría novena de esa localidad. Una comisaría que, en la última Dictadura militar, había funcionado como Centro Clandestino de Detención, nido de hidras.

Allí llegó por segunda vez Luciano Arruga, a sus 16 años, detenido por la Policía. La última ocasión en que lo vieron fue, allí mismo, el 31 de enero de 2009. Un peritaje con perros determinó que fue llevado a la comisaría 8 de Lomas del Mirador en un patrullero; que esa noche el móvil no había cumplido con su recorrido de  cuadrícula programada  y, según el registro electrónico, desvió su  camino a descampados  de la zona:  verdaderos agujeros negros, rémoras de los campos de exterminio, de otras épocas de plomo.

 

EN BUSCA DE LA CUEVA DE HIDRAS 

cabeza jaula, paulrumsey (1)     “Perfecta era la relaciónera querible mi hermano”, se apura a contestar Orieta. Y destaca: “Él sabía que, si me necesitaba, yo iba a estar ahí y siempre iba a creer en su palabra, nunca advertí el profundo miedo que lo aterraba, sólo mi madre lo notó.”

Y allí estuvo Vanesa, en el ex destacamento, después del asesinato de su hermano. Acampó, junto a otros familiares y amigos de su hermano desaparecido para exigir que se realizara una investigación forense en ese lugar. Antes, había denunciado a fiscales y a jueces por la intervención de su teléfono. Y  a funcionarios, por su inacción en la causa de la desaparición de su hermano.

“A mí nadie me puede venir a contar nada del barrio, yo nací y me crié ahí”,  (…)”Conozco a la Hidra, yo sé lo que es la violencia institucional, el gatillo fácil, sé lo que es que se mueran personas porque no hay atención médica”.

Vanesa también sabe de la discriminación, del “prototipo de pibe chorro”, que le cabe a cualquiera de los jóvenes de esa zona. A cualquiera, como a Luciano o a ella: “La única diferencia es que yo, gracias a una trabajadora que se la pasó cosiendo ropa (su mamá), pude estudiar“.

A Vanesa tampoco le van a contar de la inseguridad. “La inseguridad está en las comisarías”, afirma. Los que vivimos en el barrio no somos mierda, ni somos chorros”, agrega. Pero, para la Bonaerense, el criterio está  en las antípodas de una solución de integración.

 

ESQUIVA, OCULTA

cabeza ramificada, paul rumsey (1)           “Cuando pasó lo de mi hermano, no me desperté“, aclara Vanesa, curtida ya de todas las violaciones a los derechos humanos en nombre de la seguridad. “Fue la gota que rebasó el vaso“. Muchas hermanas, madres, padres hermanos se conmovieron. Aun así, “siguen muriendo pibes por gatillo fácil“, entre otras aberraciones. “Ningún ministro ni funcionario salió a hablar de Luciano. ¿Sabés por qué? Porque ellos son los responsables políticos y tendrían que estar presos”, asegura. Y recuerda los discursos que hablan de bajar la edad de imputabilidad y de sumar efectivos policiales. Esos sólo generaría “más muertes de pibes humildes”.

Tanto Vanesa como los familiares y amigos de Arruga saben que molestan con su discurso. Es muy importante que se levanten las voces de familiares de otras víctimas de desaparecidos en Democracia.”  Se sabe lo esquiva y oculta que es la Hidra.  “Sé que se me puede ir la vida, porque no estoy denunciando a un cuatro  de copas, estoy denunciando al poder político y al poder judicialConozco los riesgos y no me importa. Si me pasa algo, bienvenido sea, porque sé que se van a levantar miles detrás de mí”.

LA PUNTA DEL OVILLO: UNA HUELLA.

huellas placas          Merced a un minúsculo grupo interesado en la reparación del crimen de Luciano, a su hermana y al CELS,  se demostró la impunidad en el accionar policial cuando detuvieron a Luciano y se encontró una huella que guió a los investigadores hasta el cadáver. Una huella de Luciano aparecía en el  expediente.  “Se la dimos a la Policía Federal. La pasó por el AFIS (Sistema automatizado de huellas digitales). Nada. La pasamos por el SIBIOS (Sistema federal de identificación biométrica para la seguridad). Nada. “

¿Qué hace el nuevo  equipo? Ellos venían con experiencia en identificar  NN, vinculados a delitos de lesa humanidad. En la comisaría 42, hay un NN, muerto- aparentemente- en accidente de tránsito. Ellos buscaban un perfil de un chico de 16 a 18 años muerto por apremios ilegales. Pero dijeron, “lo vemos igual”.

Carmen Ryan explica: “La huella de Luciano se rastreó sin usar el sistema automático de cotejo. Las huellas no estaban cargadas, en parte, porque estaban en la causa de torturas. Cuando lo detuvieron, él no tenía DNI actualizado. Por otro lado, las huellas del NN habían entrado para simple consulta y con pedido de devolución a  la Policía Federal. Y no quedaron guardadas. Hoy la instrucción de la Ministra es que PFA siempre las guarde. Pero en 2009 no era así. Usando lo que aprendimos en causas de Lesa humanidad les pedimos que revisaran los libros de ingresos de dactiloscopia, día por día. Ahí rastreamos las huellas de los NN de esos días, y con eso encontramos a Luciano”.

LOS AMIGOS DE LA HIDRA

martillo de jueza           Al año de la desaparición del joven, el destacamento fue cerrado y, dos años más tarde, se convirtió en el  “Espacio para la memoria social y cultural Luciano Arruga

          ¿Y la causa? La investigación empezó mal: la denuncia recayó en la fiscal Nº7 de La Matanza, Roxana Castelli, quien le otorgó la investigación a la misma Policía. Castelli fue acusada de entorpecer la pesquisa durante 35 días. La fiscal fue recusada y reemplazada por Cecilia Cejas. 

Ordenado por Cejas, un rastrillaje con perros halló pruebas de que Luciano había estado en un auto abandonado en el patio trasero del destacamento y en un patrullero. A eso se le sumó la prueba de que dos móviles policiales del destacamento, que debían patrullar por separado, aquella madrugada estuvieron detenidos en el Monte Dorrego, un predio municipal arbolado donde otro peritaje indicó que allí había estado el joven.

Por otro lado, los testimonios de dos testigos que reconocieron a Luciano, como un adolescente detenido y torturado en la comisaría 8ª aquella madrugada, no fueron confiables para la fiscal.

En julio de 2009, se determinó que los libros de detenidos que llevaba la dependencia estaban adulterados. Había nombres tachados y borrados de la noche de la desaparición de Luciano y de otras anteriores. Sin embargo, el Ministerio de Seguridad provincial no sancionó a ningún policía.

Los familiares solicitaron, en febrero de 2010, que el caso fuera investigado como “desaparición forzada”. Un mes después, Cejas le solicitó al titular del juzgado de Garantías 5, Gustavo Banco, que revisara  si la causa  debía  pasar al fuero federal. Pero el juez consideró que no había prueba suficiente, mantuvo la carátula de averiguación de paradero y se declaró incompetente.

Organizaciones de derechos humanos han presentado el caso  como  ejemplo- emblema de desaparición forzada de personas en democracia. El Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas en su informe del 2010, exigió “concluir una investigación exhaustiva e imparcial” e incluirlo en “conformidad con la Convención sobre los Derechos de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas”.

Recién en agosto de 2012, el  Daniel Scioli recibió a la familia, acompañada por la APDH La Matanza y la Comisión Provincial por la Memoria. El gobernador prometió donar el Destacamento a familiares y  amigos para que levantaran un centro cultural y un sitio de memoria. Asimismo, prometió  condenar públicamente la desaparición de Luciano y exonerar a los ocho policías del destacamento de Lomas del Mirador, sospechados de su tortura y secuestro. Cumplió, de manera parcial, mucho tiempo después.

En enero de 2013, a pocos días de cumplirse el cuarto aniversario, Blanco declinó su competencia y la causa pasó al fuero Federal, donde la recibió el juez federal de Morón, Juan Pablo Salas. La causa, finalmente, se recaratuló: de “averiguación de paradero” a “desaparición forzada”.

BRILLO DE DIAMANTE

For The Love of GodBentley and Skinner 

Un mes más tarde – y preventivamente – el ministro de Justicia y Seguridad, Ricardo Casal, apartó de sus cargos  y pasó a disponibilidad a ocho policías de la Bonaerense . El fiscal Carlos Stornelli los había pasado a retiro en abril de 2010 -cuando era ministro de Seguridad de la provincia-, pero en julio de ese año los reincorporó en otras jurisdicciones.

En octubre de 2013 se demostró que la fiscal Cejas había intervenido el teléfono fijo y los celulares de Vanesa Orieta, Mónica Alegre y de sus abuelosLos intervino desde que tomó la causa y durante un año y medio. Ahí cerró el círculo de impunidad: entendimos por qué no está Luciano”, denuncia el abogado querellante.           Este año, en abril, los familiares de Arruga presentaron un recurso de hábeas corpus, al que la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal hizo lugar en julio.

Nunca la plata dañó a la Hidra.

Luego, el Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires aumentó a un millón de pesos la recompensa para quienes aportaran información fehaciente que contribuyera a dar con el paradero o esclarecer la desaparición de Luciano.

Su cuerpo fue encontrado como NN en el cementerio de la Chacharita.

Diez años de cárcel para una cabeza de la Hidra.

Dice Jenny Erpenbeck, en su libro “La pureza de las palabras”, que un cuerpo enterrado también se puede transformar en un diamante. Tal vez el mismo que  brillaba en los ojos desesperados de Luciano, cuando su madre se aterraba. Un brillo inverso a la opacidad en los faroles de la Hidra. Un brillo que reclama en el nombre de Luciano, por toda la saña contra “los pibes chorros”.

No todo está perdido. Desde su fosa, ese diamante irradia- en pulsiones- constante potencia. Y los arropa y los abraza y los empodera a todos: a todo ese círculo de lucha integrado por Vanesa, sus allegados, los organismos de DDHH. Y, desde allí, ojalá, se propague hacia la sociedad entera.

Ellos son quienes liman el dolor provocado por la hidra. Y son ellos, también, quienes guardan el dolor en la memoria. Que el futuro se limpie de tortura y muerte.

“Ningún pibe nace chorro”.

 

 




EN TREN DE BUSCAR SENTIDOS

Por Cecilia Illia.

La velocidad: Sobre trenes, huellas y corrimientos.

 

LAS IMPRESIONES HUMANAS

 

El tren japonés maglev –por levitación magnética- batió en estos días el récord de velocidad, 603 km/h. Mediante un impensable mecanismo de imanes, y quién sabe qué otras yerbas, se mantiene suspendido sin contacto con el riel. Maravillas de la invención humana, siempre dispuesta a luchar contra la distancia y la muerte, con el afán de correr los límites, aunque sea un poquito más allá.

Y otro poco.

Y otro.

(El hecho de que en su apuro tropiece más a menudo con la muerte, pensándolo bien, no lo contradice. El desafío a la muerte es un modo de neutralizarla, de quitarle espesor.)

¿Qué se verá por la ventanilla del tren? Se me ocurre un presente disuelto en haces de luz. Manchas disipadas en el aire. Colores en movimiento como pájaros en picada, estrellas fugaces,  insectos momentáneos.

Polvo de formas.

Aunque, si el trayecto fuera en la planicie, podría recuperarse la imagen en la distancia. Curioso. Sin horizonte, el cuadro se descompone y la sensación  en nuestro cuerpo es un mareo cercano a la arcada. Necesitamos la distancia para rescatarnos de la náusea, incluso de aquella sartreana, la existencia desnuda y el sentido explotado.

 

Detalle Noche estrellada Van Gogh
Detalle Noche estrellada, Van Gogh

 

BIG BANG

 

Justamente, al mirar a la distancia, observando las estrellas, fue como el científico austríaco, Christian Andreas Doppler, descubrió cómo el movimiento del objeto que él observaba cambiaba la frecuencia de la onda lumínica, emitida de acuerdo a si se alejaba o acercaba a él. Escribió su tratado en 1842. Diversos científicos continuaron investigando este fenómeno para ondas sonoras y electromagnéticas. Es decir, cuando un objeto se acerca, las ondas se acortan, se aplastan, se agudizan, se azulan. Cuando un objeto se aleja, las ondas se alargan, se agravan, se arrojan –se vuelven rojas-.

Si algo está muy cerca, sus ondas se amontonan. ¿Será por eso que el universo se expande? ¿Buscará distancia para encontrar algún sentido? ¿Estará huyendo de la náusea?

La distorsión de las ondas, la de la velocidad.

 

Efecto Doppler en el telescopio
Efecto Doppler en el telescopio

 

 

LA VELOCIDAD ATEMPORAL O EL ESPACIO ETERNO

 

Al revés. El páramo de Ray Bradbury y su dragón de ojos de fuego y aliento de gas blanquecino. Bradbury necesita erradicar el tiempo, inventar un espacio eterno, si es que eso es pensable. Ubicar dos caballeros atemporales con armadura y corselete de plata, dos hombres sin esperanza y, a la vez, dispuestos a enfrentarse al monstruo, que arde a través de los páramos y echa rayos y azufre. Porque no hay vuelta atrás. Sólo avanzar hacia la muerte segura, abrazados por esa ráfaga que arrastra el tiempo, que deshace el tiempo.

El dragón se acerca veloz, rugiente. El efecto doppler aplastó el corazón de los caballeros, a sus lanzas y a sus armaduras. Fue la confusión de la cercanía, la disolución del tiempo en el instante, el estallido del sentido.

El tren siguió su camino, silbó un buen rato con un pitido cada vez más grave, más lejano, ¿rojizo, por los restos de los hombres confundidos?

 

tren dragón Bradbury
El tren dragón Ray Bradbury

 

CARTOGRAFÍA DE UNA FUGA

 

Como salir corriendo. Es algo común, una reacción insondable y frecuente. Querer salir ya mismo de este lugar. Rápido, en expansión, en busca de la distancia. Abandonar la náusea, la implosión del tiempo, el amontonamiento.

Fugar en moto.

 

“Me gusta subirme a la moto cuando me siento saturado. Tomo cualquier ruta y acelero. Porque la sensación de velocidad depende de la aceleración. Lo que te da la moto es la aceleración, vence la inercia muy rápido. Después el viento, el cielo, la cinta del asfalto hacia adelante, eso también suma, pero lo ‘único’ es la sensación de peligro de la aceleración.”

“¿Peligro?”

“Es embriagante”

“¿Como una droga?”

“Claro. Hay algunas drogas, como la bencedrina, que causan la misma sensación. La usaron en la segunda guerra para levantar a la tropa.”

 

¿Y el tren? El tren surca caminos. El transiberiano, el transmanchuriano, el transmongoliano, el de la ruta de la seda. Predeterminados. Surca caminos predeterminados. Un mapa. ¿Para qué apurarse? Si sabemos adónde vamos.

Hay gente a la que le gusta mucho los trenes. Construyen maquetas, compran réplicas, hacen viajes por el gusto de viajar en tren.

 

“A la vez no tenés protección alguna, el contacto con tu alrededor es directo. No hay mediación. No tenés la chapa del auto o el vidrio de la ventana. Es velocidad pura”

” ¿Qué es velocidad pura?”

“Es omnipotencia. Libertad de movimientos.”

“¿Quién se mueve?”

 “El compromiso del cuerpo es muy alto. Cuanto más liviano sos, más difícil es. Porque tenés menos masa para controlar la moto. Si sos liviano, la relación entre tu masa y la de la moto es desventajosa. Además, cuando aumentás la velocidad la moto es más estable, aunque también más sensible. Es el principio de la bicicleta, la fuerza centrífuga vence a la fuerza de gravedad.”

 

Dicen que los surcos de los carros, al dejar su huella penetrante en la tierra, fueron los precursores de las vías. Sólo había que guiarse por las marcas y estabilizarse en la profundidad del cauce. Aunque el ferrocarril surge en la Revolución Industrial –Inglaterra- en los siglos XVIII y XIX, desde mucho antes se usaron carriles para transporte en las minas. En la Cosmographica Universalis de Sebastian Münster –popular libro del siglo XVI- puede verse  la ilustración de una vía en una mina de Alsacia.

 

“¿Y los riesgos?”

“¿Los riesgos? A la moto la manejás con las piernas, desde el centro de tu cuerpo hacia adelante. Desde el vientre. No pensás en eso.”

 

Las vías son las huellas evidentes. Ningún esfuerzo para buscarlas, ninguna confusión. Si bien existen las agujas y lo más lindo, los guardagujas. Ellos se toman el trabajo de resolver cualquier encrucijada y se quedan con la agudeza en sus bolsillos. Los guardagujas y los guardabarreras, hermosos oficios erradicados por la tecnología, suavizaban los irremediables cruces de cualquier camino, por marcado que esté.

COMPÁS DE ESPERA

Al caminar en la playa, me gusta leer sobre la arena la velocidad en las huellas de mis antecesores. El largo del paso –también inciden la altura y el peso- el contorno cortado de la zapatilla o del pie. Si se detienen a mirar el mar o los tesoros que dejan las olas en la costa.

Porque las huellas se leen.

Así debió imaginar el hombre la escritura. Empezó con marcas, dibujos, jeroglíficos, letras.

Para eso hay que demorarse, oscilar la mirada de las huellas al horizonte. Seguir el vuelo de alguna gaviota recupera el movimiento, también la convulsión de las olas.

Pero hay que detenerse porque si no, nos perdemos lo mejor.

Además, por lo menos a mí, leer en movimiento me da náuseas.

 

 

 

 

 




ZANCADAS

Por: Diego Soria

La Velocidad: Vamos a jugar a la Rayuela.

 

rayuela2PABLO

Ahora Pablo es un bólido que baja las escaleras interminables de su lugar de trabajo, empuja la pesada puerta de la entrada y el frío de la mañana le pega en la cara. Mira la avenida Alberdi, aún desierta a esa hora. Sin pensarlo, la cruza corriendo. Los porteros ven pasar su parsimonia de agua. Pablo corre a su casa, entre dientes, se dice: “no puede ser, no puede ser”. De la llamada ya no recuerda nada, se esfumó en un mensaje auto destructible, solo alcanzó a retener: “la nena”, “desmayo”, “ambulancia”.

Las zancadas hacen eco en las casas bajas de algún lugar de Caballito.

 

cuenta kilometros 1

 

NEURONAS

Son un grupo menor en comparación con el resto. Ellas y nada más, qué va hacer, no se reproducen. Vienen millones pero, cuando mueren, no hay repuesto ni sustituto Por eso, quizás, se abrazan entre ellas en un mar de mielina, en el sustrato gris de la materia cerebral. Allí se extienden axones y dendritas, se trenzan a la medida de qué somos y qué dejamos de ser. Deseos perniciosos, tristezas, amores perros, caricias falsasneurona modifican la inmensa red y le dan una sensación de salto al vacío. Una neurona lanza su mensaje al espacio sináptico, como quien lanza una botella al mar. Al otro lado, otra neurona recibe el mensaje en un impulso eléctrico y vuelve a comenzar el viaje en nano segundos. Por ese jueguito de “salto, me zambullo y recomienzo” es que podés entender estas manchitas negras sucesivas, sin adivinar cada una de ellas. Más rápido que un bombero, así, los impulsos eléctricos pueden alcanzar los 450 km/h. No hay Deep Blue[i] ni Ferrari capaz de superar las sinapsis en cadena de un Kaspárov ingenioso, de un cerebro feliz de o uno enamorado.

cuenta kilometros 2

LA RAYUELA

Julio Cortázar pensó que ya había escrito todos los cuentos posibles, que su cuota estaba completa aunque no perfecta, según él mismo dijo. Entonces, siguió su propio consejo de romper y comenzar de nuevo.  Nacida de ese hastío, volvió aquella idea de una novela que rompiera, incluso, con el concepto de “novela”.

 

París, 8 de mayo de 1957

Carta a Jean Bernabé:

Escribo muy poco y sobre todo poemas. Creo, sin embargo, que me voy a embarcar poco a poco en un libro largo cuya naturaleza me es aún desconocida (es curioso eso de tener una sensación de forma y volumen antes que de contenido propiamente dicho; pero es así y me ocurre siempre)

 

¿Cómo se escribe lo que no se ha escrito antes? ¿Cómo se patea el tablero?

Quizás, los convulsionados años ´60 influenciaron la redacción de la “antinovela”  criticada como él esperaba pero, a la vez,  bienvenida y adoptada por los más jóvenes.

 

París, 30 de mayo de 1960

Carta a Jean Bernabé:

Escribo mucho, pero revuelto. No sé qué va a salir de una larga aventura a la que creo aludí en alguna otra carta. No es una novela, pero sí un relato muy largo que en definitiva terminara siendo la crónica de una locura (…) soy a la vez lector y autor de lo que va saliendo (…)

 rayuela (1)

París, 19 de agosto de 1960

Carta a Jean Bernabé:

Un día le pediré que lea lo que estoy haciendo ahora y que es imposible de explicar por carta, aparte de que yo mismo no lo entiendo. (…) hay cuatrocientas páginas que abarcan pedazos del fin, del principio y del medio del libro (…). Una narración echa de múltiples ángulos con un lenguaje a veces brutal, que a mí mismo me hace rechazar la relectura (…)

 Julio Cortázar

Cortázar parece escribir llamado por un mandato invisible, un advenir hecho de un cúmulo precipitado. Un meteorito inevitable lo arrastra. Le da y le da a las teclas sobre su máquina de escribir, por toda Europa. En un viaje en barco o en una oficina de la Unesco, entre conferencias sobre la energía nuclear o sobre las pandemias en África. Traduce al español frenéticamente y escribe lo que la Maga y Horacio le dictan.

 

París, 19 de mayo de 1962

Carta a Francisco Porrúa:

En los 28 días de maravilloso mar azul, rematé Rayuela y preparé un tomo de cuentos basados en Final del Juego (…) No te imaginas el miedo que tengo de que se pierda el paquete de Rayuela. Tengo una copia, pero sería trágico tener que volver a sacar otra copia (…)

 cuenta kilometros 3

 HACER PATITO

El Río Negro está igualito al de su recuerdo. ¡Ni tan, tan!, piensa Abel. A pocos metros, alzó la carpa como le habían enseñado antes, hace mucho tiempo, cuando pasaba el verano en una colonia de vacaciones. La carpa es verde militar, algo gastada por los años. patitoEl cierre cuelga  en añoranza de tiempos mejores. El cubre-techo anaranjado le da un poco de dignidad. Ya pasaron un par desde horas de su llegada. Abel calienta un poco de café para aliviar las horas de viaje en camión hasta Gral. Conesa. Buenos aires queda lejos, pero lo tuvo en cuenta: horas de viaje en micro, horas de hacer dedo para terminar un camión de frutos hasta aquel puente sobre el Río Negro. El atardecer se impone. Abel disfruta su café sentado sobre la playa de piedras blancas y redondeadas. Le recuerdan los bollos de pan preparados en su casa, cuando esa palabra indicaba un lugar cálido y no el departamento del 3º A de la calle Perón, lleno de discusiones repentinas. Quién sabe qué llevó a dejar todo. Ella se fue al trabajo y Abel no lo pensó más. Tomó algunas prendas, bajó al sótano y recogió la vieja carpa. En una boletería de la terminal de Retiro, titubeó, pero al final dijo: Río Negro. Allí, alguna vez, había sido feliz.

El río pasa sin canto, su masa uniforme y profunda arrastra algunas pequeñas ramas y nada más. Abel se acerca a la orilla del silencio, toma una piedra redondeada y la lanza al ras del agua. Chasquea una, dos, tres veces sobre la superficie hasta que, al final el río se come la piedra en un sonoro “Glup”.

cuenta kilometros 4

 

A ZANCADAS, CON JULIO

París ,6 de junio de1962, desde la Unesco.

Carta a Fredi Guthmann

(…) He pensado mucho en vos en este último tiempo, porque mi próximo libro, que se llamará Rayuela y se publicará –if we are lucky- a fines de año, va a ser el libro donde me vas a encontrar a fondo, donde vos y yo hemos dialogado muchas veces sin que lo supieras.

 Las zancadas de Pablo lo impulsan entre baldosas, lo llevan al encuentro de lo irrefrenable. Sin embargo, sigue a ciegas, no sería su vida sin una constante jugada.

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 UNA NEURONA SALTA AL VACÍO CON RAYUELA

 París, 25 de julio de 1962

Carta a Francisco Porrúa:

(…) Bueno, por supuesto, todo lo que me decís en tu carta sobre Rayuela me ha dejado muy conmovido que no intentaré siquiera darte una idea. (…) Esas palabras que empleás, “un enorme embudo”, “el agujero negro de un enorme embudo”, eso es exactamente Rayuela, es lo que yo he vivido todos estos años y he querido tratar de decir

Las neuronas andan por ahí, se buscan en el espacio vertiginoso donde los mensajes se lanzan al vacío con la esperanza de llegar, de ser traducidas, de ser entendidas.

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HACER PATITO CON CORTÁZAR

París, 26 de Julio de 1963

Carta a Francisco Porrúa

Mi querido Paco:

                             Espero que hayas recibido mi telegrama digno de Julio César por su concisión: pero la verdad es que por cable, cualquier frase de más de dos palabras suena horriblemente cursi. Imaginate que te hubiera puesto LLEGÓ RAYUELA STOP MUY CONMOVIDO STOP. O bien ACUSO RECIBO LADRILLO STOP ¿YO ESCRIBÍ ESTO? STOP ABRUMADO POR PESO DEL ARTEFACTO STOP. De modo que opté por la vía del pudor, pero no quise que pasara más tiempo sin que supieras que, por fin (¡Cuántos años ya!),  el circulo se había cerrado y esta vieja mano que escribió esas viejas paginas palpaba casi incrédulamente un volumen de fondo negro (…)

 Abel está al fin liberado, o quizás anda dentro de una idea de paz que le sienta bien. Aquí, junto al Río Negro. Lanza su piedra al aire, juega a la Rayuela sobre el agua.

 rayuela 4

Y usted, querido lector, se preguntará qué relación hay entre las zancadas de Pablo, Las neuronas, la huida de Abel, la Rayuela de Cortázar. Y yo le diré que no sé. Como la creación de Julio Cortázar,  de una manera meteórica se impuso la sangre que se coagula después del sangrado, la luz repentina de una ocurrencia inesperada que, en el mismo instante de nacer   da paso a la oscuridad. La hoja en blanco, la piedra en la mano y la esperanza de alcanzar el cielo.

cortazar

[i] Deep Blue fue una supercomputadora desarrollada por el fabricante estadounidense IBM, para jugar al ajedrez. Fue la primera que venció a un campeón del mundo vigente, Gary Kaspárov, con un ritmo de juego lento. Esto ocurrió el 10 de febrero de 1996, durante una memorable partida. Sin embargo, Kaspárov ganó 3 y empató 2 de las siguientes partidas, derrotando a Deep Blue por 4-2. El encuentro concluyó el 17 de febrero de 1996.

 

Bibliografía : “Cartas” 1955-1964 (Tomo 2) Julio Cortázar, Alfaguara, 2012.

 




EL LECTURISTA

Deseamos que en esta sección encuentres las reseñas de libros que nos gustaron. Esperamos que te gusten y que te motiven a seguir leyendo.

Hoy:

LA PUREZA DE LAS PALABRAS

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DEL ROMPECABEZAS AL REMOLINO Y VICEVERSA

Tapa Maelstrom-ALTA

 




OH, TORRE EIFFEL, LOS PERROS MOJADOS

Velocidad: Entrevista “montada” a Poemas Underwood de Martín Adán- Poeta peruano (1908-1985). (*)

Por Anne Diestro Reátegui

DEL LÁPIZ A LA MEMORIA.

Barranco es un distrito particular,  en la capital de Lima. Y vive desde 1874 en Perú. Se distingue entre todos – no sólo por ser colorido, sino por llevar esencia de recuerdo, nostalgia, familia y constantes nacimientos. Barranco es ese “pedacito de cielo caído sobre la tierra”, al que mi abuelo  refiere desde que yo era una niña. Ahí vivió por algunos años Martín Adán. Lo interesante de Barranco es su memoria de poetas: Blanca Varela, José María Eguren, entre otros, se desarrollaron en este lugar, reconocido en Lima por ser “el distrito de la bohemia”.

fotos barranco

Martín Adán reconoció que uno de sus poetas peruanos favoritos era José María Eguren, a quien conoció desde adolescente, pues iba a su casa para hablar de poesía, junto a otros poetas cercanos.

Nuestro encuentro fue en la plaza San Francisco. La cita se acordó mediante una carta. Luego de tanta insistencia, recibí una frase  en letra cursiva:

En el parque, frente a la iglesia”.

Me motivó saber que podría leerlo entre líneas, entre miradas exhaustivas e interpretaciones diarias. Pero, sobre todo, preguntar para multiplicar el interrogante era el modo de eludir la certeza y no inmovilizar el pensamiento. Porque los poemas le decían “estate quieto” al vértigo cotidiano. Porque, en la aceleración concertada entre el ritmo y la ausencia, los decires susurraban a gritos una nueva manera de preguntar.

Al inicio sentí que todo pasaría casi sin un parpadeo. Aunque intuía que el asunto dependería del punto de vista, del énfasis en la interrogación y de la velocidad en las respuestas durante el recorrido del escucha.

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*Foto vía Pestana, 1959.

LO ENTRE-VISTO

Me llamó  la atención su respuesta, concisa y directa, clara y sin rodeos. Nos veríamos en la plaza San Francisco, entonces sabía qué debía llevar: una pipa o algunos cigarrillos; o mejor, algún licor amargo, como imaginé por mucho tiempo que le gustaría.

¿Siempre con terno y corbata? ¿No le disgusta vestirse tan formal?

            No hay más alegría que la de ser un hombre bien vestido. Yo no soy un gran hombre –yo soy un hombre cualquiera que no ensaya las grandes felicidades-.

Entonces, ¿no cree en su felicidad? ¿Cómo la enfrenta?

          No estoy muy convencido de mi humanidad; no quiero ser como los otros. No quiero ser feliz con permiso de la policía.

¿La policía?, ¿cree en la justicia?

 Yo amo la justicia de las mujeres sin túnica y sin divinidad.

Ambos quedamos en silencio, un minuto entre las letras, los suspiros y las pitadas de cigarrillos. Su voz se traduce entre mis ojos y la tomo como las palabras que son: las que no me cuentan. Las que cruzaron cuando mis pasos iban por un camino de Barranco. Ahora lo tengo cerca de mí y le digo:

¿Cómo ve la complicación de la locura?

El mundo no está precisamente loco, pero sí demasiado decente.

Comparte unos segundos de silencio conmigo, hilvana sus próximas frases, no le importa el tiempo, lo respiro a la brevedad. La velocidad junto a él tiene otra visión, bebo un sorbo de la botella, las letras vuelven y me dice:

Sólo sé que debo ser justo y honrado y amar a mi prójimo.

3Y amo a los mil hombres que hay en mí, que nacen y mueren a cada instante y no viven nada.

 

 

 

 

   ¿Se siente parte del mundo? 

    El mundo está demasiado feo y no hay manera de embellecerlo.
Pero yo no sé sinceramente qué es el mundo ni qué son los hombres.

¿Cómo que no sabe qué son los hombres?

¿Qué soy? ¿Qué quiero?
Soy un hombre y no quiero nada o, tal vez, sea un hombre como los toros o como los otros.
Me gusta andar por las calles algo perro, algo máquina, casi nada hombre.

 

DEL AMOR AL SUDOR

Poemas de Underwood (*) (no encontré la referencia a este asterisco, ¿está aparte o falta?) vive dentro de La Casa de Cartón. Y esta tarde lo invité para que me contara un poco sobre sus amores de inicio.

Mi quinto amor fue una muchacha sucia con quien pequé casi en la noche, casi en el mar. El recuerdo de ella huele como ella olía, a sombra de cinema, a perro mojado, a ropa interior, a repostería, a pan caliente, olores superpuestos y, en sí mismos, individualmente, casi desagradables, como las capas de las tortas, jengibre, merengue, etcétera. La suma de olores hacía de ella una verdadera tentación de seminarista. Sucia, sucia, sucia… Mi primer pecado mortal.

Vuelvo a Poemas Underwood, a  personificar con detalles y le digo:

¿Y del amor?

Límpiate los ojos de entusiasmo.
El amor está en cualquier parte, pero en ninguna de otro modo.

Nuestros pies entrecruzados están bajo una banca, frente a la casa de Eguren, quiero saber si se encuentra dentro; quizá nos pueda decir algunas cosas, quizá no.
Los nervios llegan a mis manos, me sudan y el papel guarda mis huellas.

Todo fluye a velocidad, no sé cuándo empecé, ni tampoco sé del final.
No quiero un final, este presente va rápido.
Lo sé porque el humo que sale de mi boca se disuelve casi sin tiempo. Mi boca se enjuta, nuestra mirada recorre el mismo papel.

Aspiro y sigo.

¿Qué tanta cosa tiene usted con los perros, mojados y secos?

Pasa un perrito cojo – he aquí la única compasión, la única caridad, el único amor de que soy capaz.

Su descanso en el silencio sale desde lo profundo, quiero darle tiempo, hasta que el sonido de la primera palabra vuelve -como un golpe de salón-.

Los hombres se empeñan en amarse los unos a los otros. Y, como no lo consiguen, acaban por odiarse. Porque no quieren creer que todo es irremediable.

En cambio deseo el cielo. Casi soy un hombre virtuoso, casi un místico.
Nací en la ciudad y no sé ver el campo.

Pareciera  tener algún resentimiento…

Ahora siento cólera contra los acusadores y los consoladores. Spengler es un tío asmático y Pirandello es un viejo estúpido, casi un personaje suyo.

¿Pensó alguna vez en la muerte?

La muerte es sólo un pensamiento, nada más, nada más…
Y yo quiero que sea un largo deleite con su fin, con su calidad.

Nada me basta ni siquiera la muerte; quiero medida, perfección, satisfacción, deleite.

DE POEMAS A POETAS

Luego  de algún tiempo juntos, – no sé con exactitud cuánto- decido invitar a otro poeta, hablo con un francés y, gustoso, acepta la visita. Las formas de contactarnos las obviaré en este momento, me interesa que esté presente, porque Adán y el francés tienen en su poética algo en común.

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Entonces Zona (*) de Apollinaire me interrumpe y dice:

He visto esta mañana una linda calle cuyo nombre olvidé
Nueva y limpia de sol, ella era el clarín
Los directores obreros y las bellas taquidactilógrafas
Del lunes por la mañana al sábado por la tarde cuatro veces por día pasan por allí

 

Guillaume Apollinaire (Roma, 1880- París,1918).
Herido en la cabeza al estallar la I Guerra mundial.


Ahora en las calles hay un poco de sol. 
Poemas de Underwood(*) ríe y, a la vez, comparte:

No sé quién se lo ha llevado, qué mal hombre, dejando manchas en el suelo como un animal degollado.

Vi un debate entre ambos, Zona quiere hablar y Underwood lo interrumpe. La conversación se llena de otoño.

ESA ENFERMEDAD VERGONZOSA

Escuche, Don Zona, ¿qué  resuena en sus textos de Poemas de Underwood?

Estoy enfermo de oír las palabras bienaveturadas
El amor que padezco es una enfermedad vergonzosa
Y la imagen que te posee te hace sobrevivir en el insomnio y en la angustia
Siempre está cerca de ti esa imagen que pasa

Zona guarda, todavía, algo de su poeta: la venda en la cabeza.
Poemas Underwood tiene hasta barba de inspiración, jugamos a decir palabras y a componer en una especie de triángulo. Poemas Underwood vuelve, pero despacio:

madan y apolinarie

 

 

 

 

 

 

 

El anhelo que tienen los grandes hombres de ser completamente perros. Los pequeños hombres quieren ser completamente grandes hombres, millonarios, a veces dioses.

Pero estas cosas deben decirse en voz baja – siento miedo de oírme a mí mismo.

Zona lo mira de refilón y asiente con la cabeza –todavía sangra-:

            Finalmente estás cansado de este mundo antiguo
Pastora Oh torre Eiffel el rebaño los puentes bala esta mañana

Estás harto de vivir en la antigüedad griega y romana
Aquí hasta los automóviles parecen antiguos
Solo la religión sigue siendo nueva, la religión

Poemas Underwood suelta una carcajada

¡Diógenes es un mito! – La humanización del perro
Disculpe que interrumpa tanto  entusiasmo, ¿cómo ha sido su relación con los griegos?

Los griegos, a pesar de su cultura, fueron hombres felices.
Yo no he pecado mucho, pero ya sé de esas cosas.

Zona quiere hablar, aunque Poemas Underwood lo primerea:

            Ahora puedo embarcarme en un trasatlántico. E ir pescando durante la travesía aventura como peces.
Pero ¿A dónde iría yo?
El mundo me es insuficiente.
Es demasiado grande y no puedo desmenuzarlo en pequeñas satisfacciones como yo quiero.

 

ADIÓS, SOL

Bebo largo y me armo de énfasis, nos perdemos en el tiempo. La gente pasa. Sólo parecen  estrellas muertas, que rutilan de momento a otro.

Ya está oscureciendo, Zona parece incómodo:

Tu vida que te bebes como un aguardiente
Caminas hasta Auteuil quiere ir a pie a casa
Dormir entre tus fetiches de Oceanía y de Guinea
Son Cristos de otra forma y de otra creencia
Son los Cristos inferiores de las oscuras esperanzas
Adiós
Adiós, sol
Cuello Cortado

 

Zona se levanta despacio, no dice una palabra más. Su pantalón negro, holgado y viejo, su camisa sucia. Parece tener puesta la misma ropa desde hace algún tiempo. De su bolsillo derecho, saca un cigarrillo, lo sacude para encenderlo: no tiene con qué.
Camina despacio, tomándose la espalda, sus pies entran en el kiosko del frente, su voz pide algo para encenderlo, quizá luego se pierda un poco en el tiempo o en la memoria de alguien.  Zona fuera de Zona.

ESTO NO ES UNA PIPA

5

 

 

 

 

 

Poemas Underwood bebe el último sorbo.

La elegancia lo contiene, me gusta el humo que sale de su pipa sin pipa. La tarde está muy oscura, este color nos cayó en un parpadeo. Lo rápido que va el mundo y nosotros nos detenemos en las frases más cortas.

Me gustaría dormir esta noche junto a él, pero corta mi pensamiento con su última frase.

Ahora recuerdo perfectamente mis años inocentes.
Y todos los malos pensamientos se me borran del alma. Me siento un hombre que no ha pecado nunca.
Estoy sin pasado, con un futuro excesivo.
A casa.

Me quedo a esperar que la noche siga en caída libre. Los veo caminar la lejanía, mientras juego con las últimas gotas de la botella. Me queda la duda sobre si Eguren estaba o no en su casa. Será asunto para otra nota. Las luces se apagan, una a una. La noche me guarda – única- en la ciudad, que también se viene en caída libre desde lo alto, desde alguna Zona, entre Underwood y
el cielo.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Mosca Azul Editores, Poemas Escogidos de Martín Adán. Selección de Mirko Lauer y Abelardo Oquendo.
  2. Poesía Hiperión, Alcoholes.Traducción y notas de Juan Albedeira.

 




DE SUEÑOS Y PINCELES

Por Virginia Saavedra

 

Velocidad: Conversación con Sandra Fuentelaba.

“DECIR ES PODER” Y PROCESOS QUE NOS TRANSFORMAN

Sandra y CarlosExplicar no alcanza. Lo tenemos muy en el cuerpo. El cuerpo docente es uno que se transforma y conforma todos los días. No es un oficio, no es un apostolado: es un ejercicio de transmutación del cuerpo singular y colectivo. “El  cuerpo docente de la escuela secundaria Nº 6 de la Villa 21-24-“, Claro, así nos dicen. Aunque no podemos decir qué somos exactamente. No, mientras lo estamos siendo. Nombrarse es siempre de después. Y estamos dentro. Podríamos aproximar: hablar de transformación social, de un diálogo cotidiano donde construir juntos nuevos saberes, siempre emancipadores.

Pero la interpelación es la figura que acerca a nuestro hacer, más que a nuestro ser.

Fue a partir del año 2013. Nuestra primera promoción de egresados- la gran mayoría, primera generación de su familia en finalizar el secundario- nos interpeló primero: ¿Habremos hecho todo lo que podíamos? ¿Alcanzaba con lo que habíamos logrado? ¿Qué nuevos desafíos con el barrio y la comunidad implicaba que los primeros estudiantes finalizasen? Entre conversaciones y mates, el cuerpo de todos y los cuerpos singulares se interrogaban.

Algo sí sabíamos: por trabajar en el barrio y compartir con los estudiantes y su familia, sabíamos que muchos de los vecinos no habían podido estudiar y otros, finalizar sus estudios.

“Decir es Poder”, la palabra hecha- también- cuerpo. No con un nombre. No una palabra de un solo bautismo, sino de los modos de renombrarnos entre todos. “Decir es poder” es un programa pedagógico de alfabetización de adultos que será realizado por egresados y estudiantes de la única escuela secundaria deeste  barrio, de alrededor de 60 mil habitantes. Estos jóvenes saldarán esa diferencia intergeneracional, reconstruirán el tejido social del barrio, erradicarán el analfabetismo de la Villa 21-24. Sí, eso es parte del asunto. Pero hay otra: un exceso de sentido que sólo circula en el cuerpo como una urgencia de la sangre, de la que no podemos decir mucho.

Pero podemos, por ejemplo, abrir la palabra a otros.

El viernes 17 de abril en la sede de Cetera, egresados, estudiantes y docentes nos encontramos a conversar con Sandra Fuentealba sobre este proyecto y también- por supuesto- por el estado de la causa Carlos Fuentealba II. Compartimos las palabras de ese encuentro.

EL DOLOR TAN ÍNTIMO

Sandra Fuentealba.

Gracias, chicos, por venir, por estar acá. A mí siempre me emociona mucho cuando me encuentro con alumnos o  egresados, con compañeros docentes jóvenes que recién ingresan a la docencia. No soy la misma. Sandra no es la misma delante de ustedes que delante de una multitud de 30 mil personas en una marcha. No soy la misma. Porque realmente meSandraFuentealba dañó tanto el asesinato de Carlos, en lo más íntimo … y, a pesar de que  salí con las banderas de Carlos, la herida estaba dentro de mí, dentro de esa maestra de primaria que fui por casi 20 años, allá, en Neuquén. Trabajé muy poquito tiempo acá en Buenos Aires, en la zona norte, porque yo egresé  de maestra de primaria en Vicente López. Y, en aquella época, yo tenía ganas, formaba parte de un grupo de gente que decía “el sur también existe”. Entonces, uno quería ser maestro del sur, y hacia el sur me fui.

EL PREDICADOR ATEO

La mayoría de los alumnos que uno puede visitar en Neuquén, con los que nos podemos encontrar, no tienen en la mente las problemáticas sociales ni los núcleos del trabajo en sí ni la problemática de la organización sindical del trabajador. Empiezo por acá, ¿saben por qué? Porque Carlos estudió en el campo, en la cordillera. Se fue a Junín. Le costaba mucho estudiar. Salió de la escuela salesiana, de la de los curas, a quienes él no quería porque decía que le tiraban de la oreja, del pelo, que lo maltrataban. Pero él también heredó algo de los salesianos: más allá de que era un marxista y se reivindicaba como ateo, toda la función en su trabajo fue muy similar a la de un predicador. Y, en muy poquitos años, es increíble el trabajo que Carlos realizó, habiendo egresado grande. 

Él siempre tuvo esa ansiada, esa deseada vocación de querer ser maestro. Pero el trabajo se lo imposibilitaba. Cuando nosotros dos nos conocimos, al año y medio, dos, me quedé embarazada de mi primera hija. Fue casi imposible pensar que él fuera a estudiar. Así nos conocimos: yo maestra, que venía de Buenos Aires y Carlos, que estaba trabajando en el sindicato de la construcción. Él había trabajado en la construcción, había egresado de la escuela técnica, era técnico químico. Y lo voy a definir en otras palabras: un hombre de campo que tenía una mirada sindical- casi podríamos decir- que la formó él solo, viendo las injusticias con los peones del campo, por parte de los “gringos” que mandaban en las estancias. Eso fue lo que lo hizo de Carlos un joven con una mirada especial. Con dolor por las desigualdades, por ver que “el gringo” trataba mal a los peones. A veces por regalarle un pedazo de carne, un pedazo de vaca, el gringo les bajaba el sueldo. No les pagaban el salario que correspondía, no tenían un montón de derechos. Carlos nace así, surge ahí y va haciendo un camino hacia la ciudad de Neuquén, donde se va perfeccionando en su estudio, en su investigación.

 

UN QUÍMICO SOCIAL

Yo, alguna vez, lo definí como que él era un químico en “cuestiones sociales”, porque a él le gustaba mezclar la química con la política y con la educación. A veces, en sus charlas, no sabías muy bien a dónde iba, ¿no? Es más, algunos amigos decían “dejá de filosofar, Carlos”. Y, de todas esas ideas, una de las más importante era que los obreros recibieran educación. Y esa educación no tenía que ser una escuela de obreros, sino que la escuela tenía que ir a la obra.  Porque el obrero no podía dejar de trabajar. Eso él lo había vivido con los viejos de las obras, porque él trabajó en la UOCRA, casi ad honorem. Recibía un sueldo muy bajo en un momento en que la UOCRA no era la UOCRA de ahora, sino que había un partido de izquierda que, allá, en Neuquén, tomó transitoriamente la organización del sindicato. Duró muy poco esa experiencia, no se pudo concretar: la UOCRA se perdió y volvió a ser ganada por la burocracia sindical. Nos conocemos en eso: en un sueño. En el que los obreros de la construcción iban a poder ser defendidos de todo tipo de cosas: de accidentes laborales, etc. Carlos trabajaba de eso cuando yo lo conocí.  Y yo, con un sindicato como ATEN…, pero yo ya iba con una experiencia de acá, con SUTEBA. Este sindicato había surgido hacía poquitos años, en el ´85, yo me fui en el ´89. Pero me fui con una imagen de lo que era SUTEBA en aquel momento.

DE SUEÑOS TRUNCOS Y PINCELES DESENTERRADOS

Pasé casi todos mis años allá. Trabajé en la cordillera. Fui maestra de grado. Después estudié para profe de Bellas Artes de primario y, hace poquito tiempo, volví a Bellas Artes y finalicé el profesorado de Nivel Superior. Así que, en el 2013, me volví a recibir. Siempre en la docencia.

Carlos  egresó de grande porque empezó a estudiar de grande. Egresó en el 2004. paletaFíjense que, en total, 3 años trabajó como maestro. En el momento en que él egresa tenía 37 años. Cuando lo asesinan, tenía 41. Yo tenía 40. Mis hijas, en ese momento, tenían 10 años y 14. Camila iba a cumplir sus 15. Estábamos planificando su fiesta. Fue difícil. Porque es una edad en la que las mujeres miramos mucho a nuestros papás. Será por ese ritual que, aunque nosotros no le dábamos mucha importancia, quedó ese sueño truncado para Camila. Camila, hoy, a pesar de todas las cosas que pasó,  ya cumplió 23 años, está en 3er año de profesorado de Ed. Física y volvió a elegir la educación, aun con todo lo que nos pasó, con todo el daño que vio en su mamá. Yo estuve 8 años casi sin trabajar; este año volví a la educación pública de Neuquén. Pensé que no iba a volver más, que enterraba los pinceles, que enterraba el guardapolvo junto a Carlos. Pero hubo un proceso muy importante: la militancia, la militancia sindical, la militancia política: rodearse de todos estos compañeros y aprender. Yo aprendí. Ayer fue un día en que yo aprendí en mi mayor homenaje a Estela Maldonado(*), esta gran compañera. Nosotras no veníamos del mismo “palo” político. Ella sabía que yo había sido marxista en mi juventud y ayer, contando nuestras vidas,  tuvimos muchos momentos comunes. Esto de la proletarización de la educación. Ella iba a las fábricas, yo también y lo vivimos con Carlos.       

LA PODEROSA SEMILLA

Yo creo que quienes atraviesan esos caminos, como lo están haciendo fuentelaba1ustedes con las experiencias estas, luego serán los mejores compañeros que van a transformar la realidad, que van a enseñar a transformar la realidad.  Tal vez no la podamos transformar del todo nosotros, pero sembrando la semilla de la transformación, todo cambia.

Analía Vega es egresada de la primera promoción de la Escuela Secundaria Nº6 del Distrito escolar 5to., coordinadora del proyecto y participante activa desde la primera hora. Es una joven de 20 años que, hace 11, llegó al barrio con su familia desde Paraguay. En la  charla le comentó a Sandra Fuentealba:

Eso es lo que nosotros creemos. A veces sucede que, en el lugar donde estamos, esperamos el cambio y nos quedamos con las ganas de que el cambio suceda. Pero lo que habría que entender es que no va a pasar nada si nosotros mismos no empezamos a transformar las cosas que no nos gustan. Con este proyecto, me di cuenta de que nosotros vamos a generar el cambio. Y es, gracias a personas como Carlos, de las que uno aprende que hubo alguien que quiso hacer algo. Estoy segura, un gran cambio en el barrio va a salir de nuestras propias manos.  Somos un barrio que siempre está esperando algo y a veces,  por sólo esperar, nunca pasa.

Bueno, ya está pasando algo. A veces, cuando uno está dentro de un proceso, no puede ver tan claro los cambios que se van produciendo. Pero los que están afuera sí lo ven. Te digo porque a mí me pasa con la causa de Carlos. A veces la gente me dice “Qué bueno, qué gran paso. Te felicito.”  Y yo no lo siento así. Me parece que siempre podría haber hecho algo mucho mejor o más.  Porque uno tiene una exigencia mucho mayor y una expectativa grande por estar tan comprometido. Pero lo bueno que tenemos los militantes es que tenemos esa esperanza. Tenemos referentes políticos y sociales de todo tipo, y de todos ellos aprendemos algo

Para nosotros, que estamos en el proyecto, no  es fácil darnos cuenta, quizás. Pero los docentes que nos acompañan, todo el tiempo nos dicen: “¿vieron? ¿Se están dando cuenta?”. Nosotros tenemos de referentes a los docentes que se animaron a trabajar en la escuela que tenemos dentro del barrio. Y  este proyecto no sería posible sin ellos.

 LOS PIBES NO COMEN PETRÓLEO

, claro…, vos sabés que, cuando yo los vi, me acordaba mucho de los alumnos de Carlos. Porque él trabajaba en un vespertino. Cuando empezó a trabajar, era más fácil tomar horas de física y química. Empezó trabajando en las escuelas más marginadas de Neuquén. Nosotros también vivíamos en una zona de barrios, barrios de viviendas hechas por la provincia antes de los ´90, donde algunas casas se pagan y otras no se pagan. Son de laburantes. Después no hubo más viviendas. No hubo más planes de vivienda, porque una de las cosas que pasaron fue el neoliberalismo de los ´90. Y, después, en Neuquén tuvimos además el de Sobich, el gobernador que ordenó el operativo en el cual fue asesinado Carlos. En eso de que faltaba la vivienda, empiezan a surgir las tomas y cada vez eran más. ¡En la provincia petrolera! Por eso, en el discurso de este año en el acto de homenaje por los 8 años del asesinato de Carlos, yo dije: ¡Nuestros pibes no comen petróleo! Lo grité así. Porque, en una provincia tan rica, ver la pobreza que hay es realmente indignante. A los chicos… ¿qué les podemos decir? Tenemos la represa hidroeléctrica que provee energía a gran parte del país. Tenemos petróleo y gas. Es la provincia más rica y, sin embargo, hay mucha pobreza. Lo que sucede, también, es que no hay mucho trabajo social ni territorial, ni trabajo como el que están haciendo ustedes en los barrios. Los únicos que han hecho algún trabajo social, sobre todo en el ámbito de la salud, son algunos hospitales, porque la situación llega a ser alarmante. Pero no hay muchos proyectos educativos, porque las escuelas quedaron tan resentidas por el asesinato de Carlos, que existe la sensación de que es difícil llegar a creer que uno puede cambiar la realidad.

REDOBLAR LA APUESTA

Yo lo que hice fue apostar el doble. No sólo luchar para que se hiciera justicia, para que ese dolor interior saliera de todos nosotros y, así, favorecer el futuro de los pibes; sino también construir organización con los docentes y con los pibes, porque hay que confiar en que las cosas sí se pueden cambiar. Si no creemos que las cosas sepueden cambiar, si no creemos que es posible que ese movimiento, el MPN de Neuquén, no tiene que gobernar más la provincia, lo volvemos a matar a Carlos.  Y lo matamos de la manera más terrible, la que uno no quiere, que es abandonar la lucha. Por eso yo salgo por todo el país. Porque es la bandera que no tengo que abandonar de Carlos. Porque es la que yo construí con él. Esa bandera que hicimos con él, la que hicimos muchos. Porque los que somos militantes de la vida tenemos que creer que todo puede cambiar, que las realidades se cambian. Ustedes son muestra de eso.

    Yo sé que muchos alumnos de Carlos  tuvieron de él un gran profesor, una gran persona. Carlos daba clase y les dejaba tener los bebés en la clase, cosa que no se permiten mucho en la escuela.

 Micaela Luque, alumna de 5to año de la 6 del 5, replicó: en la nuestra, sí.

Claro. Me imagino. Carlos era especial porque, antes de ser docente, trabajó en la fruta, en comercio, en el correo, en la construcción, trabajó en tantos lugares que, cuando llegó a ser maestro, era un maestro muy especializado en todas las áreas, de todos los trabajadores. Un maestro que tenía una gran experiencia y, desde muy chico, un modo de no bancarse la desigualdad. “¿Por qué ellos sí y yo no?”  Él tenía un dicho. Eso lo comenta una de sus alumnas en el documental que se hizo sobre él. “Si yo pude, ustedes también van a poder”. Él se ponía de ejemplo. Esta alumna recuerda: “él creía en nosotras cuando nosotras no creíamos en nosotras mismas”. Ella cuenta que, en un examen, ella le dice: “Profe, esto es chino básico. Yo me voy. Esto no lo sé hacer”. Ella es mamá de 3 hijas, tiene mi edad. Milita conmigo a la par, ahora.  Ella cuenta esta experiencia, que se iba del examen enojada “hasta lo puteé y todo”, dice. Pero, cuando ella se estaba yendo, Carlos le dice: “No. Venga. Quédese acá”. Carlos trataba de usted  a los alumnos porque es una costumbre, en general, de la gente del campo, de respeto, con cariño, no de distancia. Entonces, le dijo: “Venga. Vamos que usted puede”. Y dice ella que, cuando quiso acordar, estaba haciendo los ejercicios. Cuando ella cuenta esto, llora mucho porque todo en su vida había sido muy terrible, había sufrido mucho. Tuvo una infancia muy pobre, había juntado cartones. Recibió maltrato de su familia, de una pareja. En un momento le habían sacado a sus hijos, después los recuperó. pintura-ss-paul-klee-metrc3b3polis-pinturayartistasSigue sufriendo algunas cosas. Pero ella siempre recuerda: “cuando mataron al profe, fue la gota que rebalsó el vaso en mi vida”. Que le mataran al profe fue algo que no lo soportó. Para ella fue una gran pérdida por todo lo que él daba.  Como ella, hay varios alumnos de él que están militando conmigo, que lo tienen a Carlos muy marcado en sus vidas, que luchan para que esos 15 policías que están imputados en esta causa sean investigados y se los condene.

 

EN LA RADIO HABLABAN DE TI

Pero también estamos peleando para que al ex gobernador Sobich se lo llame a declarar por la orden que dio. Hubo un operativo de 6 grupos de policía especial ese día, muy armados. El subsecretario de seguridad de Sobich estaba en ese lugar. Había más de 800 maestros. Corrían por el campo tratando de refugiarse como lo hizo Carlos, que se refugió en un auto. Pero los policías tiraron una granada a la cabeza, eso fue así: un tiro a la cabeza. ¿Por qué hablamos de  operativo? Porque estos policías hicieron eso de forma ordenada y eso se ve en las imágenes.

Pocos quieren realmente que se condene a la policía y a los jefes policiales por ordenar este operativo. Nosotros sabemos, además, que esta orden cae del poder del ejecutivo, del propio gobernador. Estábamos en el lugar, pero no se cortó la ruta. Nos estábamos yendo. Yo digo “nosotros” porque defiendo tanto a los que estuvieron ahí  y a Carlos, que pareciera que yo estuve ahí. Pero no. Yo estaba en mi casa con mis hijas. Escuché por la radio que lo habían matado. Y siempre me quedó ese sentimiento de decir “por qué fue él y no fui yo”. Como si le hubiera podido salvar la vida a él o me la hubiera podido salvar yo. Y realmente no. Se buscaba matar a alguien para escarmentar porque estábamos enfrentando a ese gobierno. Yo creo que ese ataque a la cabeza no era para Carlos. Desde lo simbólico. y desde lo real, ese disparo iba para la cabeza del sindicato. Porque estábamos enfrentando esa política que quería mantener Sobich allá: mano dura. Mejor ejemplo que puedo poner: Macri.

NINGÚN RECLAMO VALE UN MUERTO

Nos persiguieron,  persiguieron a los dirigentes, hicieron trabajos de inteligencia. Hay un montón de cosas que deben salir a la luz, para que no vuelva a pasar. Este es el objetivo, seguir luchando. Ahora, además, somos muchísimos más que antes.  Yo tengo el orgullo de decirles que estos compañeros, estos dirigentes, como los compañeros de la Ctera, no abandonaron un sólo minuto esta lucha y, desde el primer momento, me vienen acompañando. El asesinato de Carlos fue el 4 de abril y yo el 8 de mayo fui recibida, acá, en Ctera. Desde el primer instante les dije a los compañeros que esta lucha la tenía que encabezar primero el sindicato ATEN y, en segundo lugar, la Ctera.  No pensé si pensábamos igual o no. Pensé que las estructuras son de los trabajadores y nos tienen que cuidar, nos tienen que defender también en el trabajo cotidiano. El único enemigo que yo tenía era Sobich y los que habían ordenado ese operativo. Yo quiero que sean condenados los policías, que vayan a una cárcel federal y que no tengan ningún tipo de privilegio. Y, por otro lado, que estos 15 policías digan  que recibieron órdenes y de quién. Porque la noche anterior al operativo, todos los jefes policiales estuvieron reunidos junto a Sobich y a ciertos funcionarios de su gobierno, organizando eso. Es decir: desde el gobierno se pensaba que esto tenía que ser “EL” escarmiento, el gran escarmiento. Yo pienso que fue un error que fuéramos ese día a Arroyito, fue un error político porque, mientras haya un muerto… la vida de una persona no vale ningún reclamo de nada. Así les digo. Hay compañeros que piensan que la muerte de Carlos fue como un costo a pagar por una lucha tan grande. Pero yo no lo acepto y no lo voy a aceptar nunca: la vida de los compañeros, de los pibes, la vida de la gente, la vida de todos nosotros vale mucho más que cualquier tipo de reclamo. De eso, creo, tenemos que ser muy consientes como dirigentes. Tenemos la responsabilidad de cuidar a mucha gente, de cuidarnos .Eso es otra cosa que tengo en común con Estela Maldonado: ella nos cuidaba a todos. Ella siempre nos llevaba así: “Vamos para adelante, vamos para adelante, pero con cuidado”.

Bueno, yo no voy a hablar más. Muchas gracias.

RETOMAR BANDERAS

Maximiliano Malfatti, docente fundador de la 6 del 5. Coordinador general del proyecto, delegado sindical de la UTE. Trabajó como alfabetizador de adultos en barrios del conurbano bonaerense. En la charla con Sandra dijo:

Nosotros nos alimentamos de todas estas luchas de los compañeros como Carlos. Nosotros creemos que a los compañeros luchadores no se los mata; se los siembra, en todo caso. Y nosotros recogemos ese fruto y de eso nos alimentamos.

En el barrio, por ejemplo, los compañeros que soñaban con un plan de alfabetización van a ser homenajeados el próximo 30 de abril, porque forman parte de la lista de los 30 mil desaparecidos y eran los militantes de una incipiente comisión vecinal que se estaba organizando por primera vez en el barrio. Por eso nosotros retomamos las banderas y cumplimos el sueño de los  todos los  que nos antecedieron.

Asumimos el desafío de ir al barrio a proveer otra mirada, porque  está muy estigmatizada la mirada construida por los poderosos sobre el barrio. Cuando nos juntamos por primera vez con los chicos para hablar del proyecto “Decir es Poder”, les dijimos que, con los compañeros docentes, nos animábamos a cualquier cosa con ellos. Ellos fueron la primera promoción de egresados y, en general, los primeros de sus familias en finalizar los estudios secundarios. Ellos llegaron a una escuela que tenía sólo dos aulas. Cuando comenzaron a cursar el segundo año, se tenían que turnar porque no había espacios para todos los chicos. Hoy,  conquistaron un nuevo edificio, que no lo está construyendo un gobierno amigable con nosotros. Con las movilizaciones, le sacamos 40 millones de pesos al gobierno de Macri para que haga un edificio en la villa.

 VAMOS POR EL OTRO

Tenemos pibes que vinieron de otro país, se afincaron y se apropiaron del barrio, donde conquistan todos los días su futuro. Tenemos madres muy jóvenes, que están con sus hijos e igual se suman. Una escuela, cuando es del pueblo y no para el pueblo, busca formar dirigentes. Busca emancipar, liberar. Y esa es la 6 del 5. Ellos van a terminar con eso de que los jóvenes de las villas son vagos, delincuentes, drogadictos. Decir es poder primero se propone revertir la injusticia que sufrieron los vecinos más antiguos del barrio, los primeros pobladores; en su momento debieron resistir la erradicación de la villa parándose delante de las topadoras. También les tocó organizar la olla popular para compartir la comida con los vecinos en los ´90.  Esos vecinos también consiguieron que se hiciera una escuela para sus hijos en el barrio. Ellos no pudieron ir a la escuela.  Repito: nosotros no olvidamos. Porque esa mirada que sostiene “lo único que quiero es irme de la villa” no es la que planteamos. Hay una identidad de la villa y es respetada. Estos pibes plantean “vamos por el otro” son chicos que quieren cambiar las cosas. Y nosotros, como docentes, acompañamos esa mirada. No son más sólo alumnos nuestros, ahora son nuestros compañeros.

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PIBES – LOCOMOTORAS

Ángel Aquino, alumno de 5to año de la 6 del 5: que no nos subestimen, que somos muchos.

Saben que mi hija, la de 18 años, decidió estudiar medicina. Ella tenía 10 años cuando asesinaron al padre. Era difícil porque para todos ellas eran “LAS” Fuentealba. Son tímidas y no les gusta ese perfil. En realidad, es raro, porque Carlos también era tímido y, sin embargo, siempre fue una “locomotora”. Ellas también son “locomotoras”, pero no quieren tener ese perfil alto.

Maximiliano Malfatti: Acá también hay muchos que no quieren hablar pero…

Sandra Fuentealba: Son locomotoras,¿no?

 

REANUDAR LA BATALLA

Mario Gómez, vecino de la villa 21-24: Cuando empezamos con el proyecto, estábamos  en el espacio de la Casa de la Cultura, donde se hacen artes plásticas. Entonces, hice subir a una compañera del barrio, Celia González, que vivió, como nosotros, la generación  diezmada, la dictadura. Ella es una de las principales organizadoras para homenajear a nuestros compañeros desaparecidos. Me acuerdo que la agarré a Celia, la subí donde estaban los chicos y le dije “Celia, dales una charla”.

En aquella época, en los ´70, Celia ayudaba y acompañaba, no era la docente. Ese trabajo lo hacían compañeras como Diana Oesterheld, Vicky Walsh, Teresa Godoy, y otros. Entonces, ese día del primer encuentro, Celia tuvo una charla con los chicos y los tocó en lo más profundo. La avalancha, el tren, el expreso, el colectivo, son ellos.  Hoy tengo un doble orgullo: acompañar a estos chicos que reanudan banderas y la batalla histórica del barrio: luchar contra la inequidad; y además, tener esta charla con vos, Sandra.

Micaela Luque, estudiante de 5to año de la 6 del 5: Nuestros maestros de la 6 del 5 son nuestros Carlos.     

Emocionados, con alegría por el encuentro, nos fuimos despidiendo de Sandra.

Todos, nos alejamos lentamente. Como quien no quiere dejar de sentir las palabras- sus ecos- llenas de imágenes, cuerpos en acción, palabras hechas cuerpos que se van mientras permanecen, allí donde han fundado territorio. A la lenta velocidad de las transformaciones.

Mientras  nos íbamos, sentimos en nuestros cuerpos  guardapolvos y, dentro de ellos, bolsillos repletos de ideas y pinceles.

 

(*)Estela Maldonado.Dirigente Nacional de Ctera. Maestra Normal Nacional. Asistente Social. En el campo docente, fue Maestra de Adultos en Dinea y Maestra de Grado, en Provincia de Buenos Aires. Asistente Social en la Municipalidad de Vicente López, Rama Primaria, Provincia de Buenos Aires.  Secretaria de Derechos Humanos del SUTEBA (2000-2006), Secretaria de Educación de la CTERA (2004-2007).Secretaria General de Ctera (2010-2014)

 




LA QUE ADELANTÓ EL RELOJ

Por Ricardo Varela.

 

Velocidad: Sobre Penélope y la espera.

POR GRACIA DE UN PARPADEO

 

Como si fuera pasivo. Quien espera es una estampa de lo que no se mueve. La velocidad está fuera del cuadro. Un hombre a la espera parece haber dejado en el mundo, en “lo otro”, la tarea de forzar a las condiciones iniciales para algún movimiento.

Pero hay un parpadeo. Un ínfimo temblor en la nariz, un viento que agita el flequillo. Las células continúan su río imparable, desde Heráclito hasta el fin de los tiempos. Y quizás también, después. Y sólo por ese pequeño temblor se sabe: la pasividad es una fantasía, una ficción. El sol te pega en los ojos, el frío del invierno te hace anhelar el calor del verano y el sofoco de enero te da ansias de lana. El pasado aguijonea y desplaza los espacios del deseo. En el cuerpo no caben tantos huecos como torbellinos se te arman entre el futuro y el pasado.

 

R. Varela -Naufragio-( Foto  1) TODO QUEDA EN EL MEDITERRÁNEO

Algo así le sucedía a Penélope. A la de Ulises y a la de Serrat. La griega pudo haber sido muy brava, pero lo que cuenta la leyenda es lo que cuenta la leyenda. Esperaba, rodeada, de un montón de pretendientes. A ninguno lo miraba a los ojos. Tejía y tejía. Aunque inmóvil no estaba. Tejía como quien teje relatos: de lo que pudo haber pasado, de lo que podría suceder si Ulises irrumpiera ahora mismo, de lo que puede llegar a suceder si nunca más vuelve. Las malas lenguas, sin embargo, opinan: como buena política, tejía y destejía, urdía y urdía las tramas para dilatar la llegada de su amado. Salud por la Penélope griega, que tuvo su recompensa.

La de Serrat es otro caso: ésta se “sienta en un banco en el andén”. La enorme boca del túnel devora trenes que van y vienen. Ella es la foto de la quietud. Nunca sabremos, si de verdad no tenía ganas ella misma de subirse a un tren e irse lejos; huir “de sus ojos de ayer” hacia alguna forma de futuro. Algún hechizo busca esta Penélope en el movimiento incesante de los trenes. En el contraste entre su aparente quietud y lo que viaja, la espera no es inmovilidad. Algo aturde al pensamiento. Al principio mira: las palabras en su mente son de cemento. El resto del mundo vive dentro de cuerpos y gracias a encuentros concertados y fortuitos. Ella, no. Ella es cuerpo que se ha quedado sin. Es la falta, la carente, la pétrea. Una estatua de mujer que se agita por dentro, como en un huracán de moléculas de piedra.

Serrat 

CIRUELO: EN LA RIGIDEZ DE LA PIEDRA HAY MOVIMIENTO

Para nuestro imaginario no hay nada más rígido que la piedra. Cuando se busca caracterizar la frialdad de un rostro, la dureza de una persona, se dice “el tipo es como una piedra”. La piedra y su rigidez  son aquello que no se mueve con nosotros. Hagas lo que hagas, no toman velocidad. La piedra se resiste al cambio. Lo único que la puede es la lenta erosión del viento.

El artista plástico Gustavo Cabral (Ciruelo) saca de la piedra un movimiento, imágenes, figuras que él desoculta del material.  Trabaja en la textura, en sus grietas, hasta establecer un vínculo estrecho con el elemento.

En realidad, lo que la piedra oculta como forma no es una imagen definida, sino la huella de una forma. Y, a partir de ella,  puede dar forma al cuerpo oculto de la piedra.

El arte se enciende en su plenitud.

  R. Varela- Petropictos (foto 4 y 5 )
La misma pieza antes y después
 1. Aquí vemos la piedra tal como fue encontrada a orillas de un río. Las piedras pulidas por el agua de río o de mar son en general más lisas y redondeadas que las de montaña. Lo primero que Ciruelo hace es preparar una serie de bocetos, basados en lo que la piedra misma le sugiere.2. Pintar sobre piedra requiere el mismo proceso que hacerlo sobre papel. La herramienta ideal es el aerógrafo, así que las máscaras adhesivas también pueden ser usadas. El resultado final es una pieza tridimensional. Por lo tanto, Petropictos es algo a medio camino entre la pintura y la escultura

 

R. Varela- Petropicto (foto 6)

 

 LA BOLSA NO SE TOCA

Nada quieta, entonces.  Penélope busca una huella que la ponga en el camino, busca un mundo, un hueco donde forzar un territorio. Nunca suelta su bolso de piel marrón. Todo se lo han quitado, pero su bolso es su documento de identidad. Mientras la piel marrón- casi de animal salvaje- esté a su lado, algo de la carnalidad podrá restituirle consistencia. No es la persona que soñó. Pero la distancia con el sueño es la primera medida del movimiento de quien espera. La espera envuelve al sueño en esa burbuja ácida de lo que podría existir y no existe. Sin embargo, el lado oscuro de la burbuja muestra que el sueño no podría, porque es exactamente lo que no puede, lo imposible, aquello que sólo en el horizonte bienvendría a un movimiento.

Y entonces no le queda ni el sueño.

Y se aferra a la bolsa de piel marrón.

 

LA GENTE ES MALA Y COMENTA

             “Dicen en el pueblo que el caminante volvió, la encontró en su banco de pino verde. La

          llamó: Penélope, mi amante fiel, mi paz, deja ya de tejer sueños en tu mente, mírame, soy tu amor, regresé”.

 

Eso es lo que dicen las malas lenguas. Infinidad de historias también se tejen en torno de  esta Penélope. Un viejo vendedor ambulante lo revela: una enfermedad cayó como un rayo sobre ella y el espíritu de la transformación se alojó en su mente, en sus hábitos y en su carácter. Así, alteró para siempre su identidad. Hasta que un día se sentó en ese banco y la desconexión con el mundo fue total. El vendedor de orquídeas, personaje fijo desde hacía mucho tiempo en la estación, meneaba su cabeza en claro gesto de desaprobación. Una delgada mujer, de cabello recogido,  tomaba el tren de las ocho; ella logró sacar de toda espera pasiva al  viejo. El hombre solía suscitar la atención de varios en el andén,  mediante mercancías y relatos de dudosa utilidad. No le hagas perder tiempo a la gente, embustero, musitaba ella, al oído del viejo. Y dirigiéndose a  una que caminaba a su paso, agregó, es la pena de amor la que paralizó a Penélope, pero estoy segura: “mira nuestras caras, nos oye hablar, y para ella, solo somos muñecos”.

 

R. Varela- Mujer sentada en la estación(foto 7)ASÍ QUE VOLVISTE…

         “Le sonrió con los ojos llenitos de ayer, no era así su cara ni su piel.  Tú no eres quien yo espero.  Y se quedó con su bolso de piel marrón y sus zapatitos de tacón sentada en la estación”

¡No estén tan seguros! Para Penélope todo es un desafío; llámese Serrat, el tiempo o el mismísimo caminante.

Algo trae el mes de mayo en el Mediterráneo, cuando el tiempo se renueva, hasta los hombres y las mujeres comienzan a primaverear. Las flores inundan el aire con su perfume, las buenas aguas  murmuran. Dos pájaros se entreveran en sintonía.

La espera ahora es acción. Penélope apura las agujas en el reloj. Sus ojos, mañana. Se sube al tren, lleva en su mano una orquídea y alados pies de huir. Va en la búsqueda de un cielo desconocido. El sol de la primavera estalla en flor y un corazón sin nudos se hace gorrión. Pero esa, esa es otra historia.

 

R. Varela- Harold-lloyd- (Foto 9) mujer en viaje(foto 8)




BITÁCORA DE UN SIN-FILM

Por Cecilia Miano

Velocidad: De la aceleración y desaceleración del pensamiento.

 

BITÁCORA DE UN SIN – FILM

El Director no termina de llegar. Lo llamen como lo llamen (Dios, la verdad, la poesía, la razón), el tipo es sólo una presencia para una porción de los actores. El resto manotea entre vacíos por encontrar un territorio para montar el ser. El resto encadena causas con supersticiones, leyendas con novelas, alucinaciones con deseos.

En la trenza enmarañada de nuestras cotidianeidades, la escritura intenta trazar una estela, garabatear un fantasma del guión. Pero el guión siempre fuga hacia el horizonte. Y, porque fuga, vamos en su búsqueda.

Bitácora, entonces, escrita con la urgencia de poner un contorno a la falta, con la lentitud desafiante de no conceder a las prepotencias de las razones ni a los fuegos de artificio de los sueños tiranos.

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TOMA 1.

SIENTO LUEGO EXISTO

La fantasía, abandonada de la razón, produce monstruos imposibles; unida con ella es madre de las artes y origen de las maravillas.”

 

El espejo me mira sin timidez. El viento suave mueve los acontecimientos. El blanco vaporoso del vestido refleja las ilusiones. Me exploro, zapatos prestados con puntas atrevidas, tacos inesperados, el maquillaje dibuja la foto que habitará en algún rincón de la casa de la que hoy me despido. Los rulos de artificio demuestran la necesidad de algo diferente, especial tal vez. Rituales heredados.

Floto en pensamientos sin tiempo, de esos que no alcanzan a condensar. Las perlas brillan con opacidad. El sonido de las teclas amarillentas desprende aromas desde lejos. Casarse. Inventar un destino propio.Suaves ondas de suspenso exhiben escenas en sepia. La hora llega sin distraerse.

Los pensamientos viven más allá de mí. Desde siempre, la razón intenta mediar entre los caprichos y la realidad. Goya lo pinta en “El sueño de la razón”, donde sus propios monstruos denuncian la necesidad de desenmascarar la hegemonía de la razón por sobre las tinieblas del pensamiento. Razones secas, sólo en sueños, sólo tamizadas. Añejo delirio, instala al conocimiento lógico como único salvador. Peligroso modo de llamar inteligencia a cualquier cadena de causas y efectos. Horrorosa y pedante ignorancia de calculistas.

Goya se desprende de lo esperado. Yo voy a casarme. Hay una cosa importante que recuerdo en este momento: si algo da para desconfiar son los conceptos, sobre todo, los conceptos universales: esos que subsumen cada soledad singular en “la soledad” y las muertes únicas, en “la muerte”. Nada de nada del morir ni del tormento de los múltiples solos queda en esas palabras. Cascaritas hechas con letras. Discurseos. Miserias del lenguaje minusválido que, muerto de miedo, se ha prohibido cualquier desborde.

Vacíos.

"El sueño de la razón" de Goya
“El sueño de la razón” de Goya

 

TOMA 2:

“- Me pides una respuesta sensata, y mi razón está trastornada”,

                                                  Hamlet, Tercer acto.

 

DUDO LUEGO EXISTO

Cuando los hombres no oyen el grito de la razón, todo se vuelve visiones. Con la dialéctica muerta, en el monólogo soberbio de los sueños vanos, ¿cuál es el sentido de la verdad?

La campana resuena con gloria en lo alto, los tordos revolotean cerca de las magnolias. Solo puebla en mí la desolación. El auto, lustroso y en movimiento lento, me traslada. Ahora las imágenes se vuelven barro en manos pequeñas, vestido de flores, pelo enredado y patio del fondo. Nada puede atravesar mis pensamientos mansos. Intento quebrar esa desarmonía, esta nostalgia que debilita mi actualidad. Me esfuerzo poco porque el estado de abandono ensueña mi mente.

Dalila Puzzovio - Zapato plata
Dalila Puzzovio – Zapato plata

Creo que “las novias” deberían pensar en otras cosas en estos momentos. Pero pensar es un lujo de los seres libres. ¿Y quién puede sentirse libre encorsetada de blanco, con toda la parentela a la espera, con las bocas llenas de una ansiedad resplandeciente de hastíos y repeticiones? La potencia del pensar debería quizás- en una pequeña audacia- añudar la garganta e imaginar la obscenidad del “sí” en el altar, la escena copiosa de la emoción familiar sin dique, al novio en la espera final, al novio depositado en la meta, como un garante de que la ceremonia se llevará a cabo, cueste lo que cueste.

Pero otra vez viene el señor deber a atormentar la magia de mi viaje, a irrumpir, sólo para demostrar su poderío.

Y me voy, huyo hacia un futuro supuesto en mis imágenes, ya más vieja, con angustias atravesadas y sonrisa entre los dientes, gastados de tanto masticar la vida. El regodeo de saber qué será, aunque sea una visión, aunque sólo sirva para transitar lo incierto para la imaginación. Ese devenir en deseos, augurios de proyecciones pasadas y presentes que arman un escenario posible, o imposible, pero eso ahora no importa.

¿A qué velocidad peregrina la imaginación cuando desespera?, ¿qué anestesia el paso del pensamiento en pánico, cuando el espectáculo del presente se vuelve gris profecía?

 

 

TOMA 3

HAGO, LUEGO EXISTO.

                       “En mi oficio o arte sombrío/ ejercido en la noche silenciosa/cuando sólo la luna se enfurece/y los amantes yacen en el lecho/con todas sus tristezas en los brazos/junto a la luz que canta yo trabajo/no por ambición ni por el pan/ni por ostentación ni por el tráfico de encantos/en escenarios de marfil/sino por ese mínimo salario/de sus más escondidos corazones.”

Dylan Thomas

 

Cuando duerme la razón, todos son fantasmas y visiones monstruosas. Las escenas se confunden, las voces repiquetean en sones mayores y menores, la luz se atraganta con lágrimas de aliento, solo eso queda ahora, el impulso de concluir la escena.

La voz de Aaron Neville con su “Ave María” flota entre los bancos de madera, santos y flores blancas, curvas de cuerpos parados en estado de espera cuando, en sintonía perfecta, los acordes se suspenden como la voluntad de seguir. Las puntas de mis zapatos anuncian un nuevo destino. La luz se vuelve clara.

El silencio toma la palabra. El segundo siguiente se extiende hasta ahora, cuando los pensamientos siguen enredando la realidad con la verdad y con el deseo. Mientras, la velocidad pierde su dimensión.

CORTEN.

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“El pensador” de Rodin

 

 

 

 

 

 




RELOJES, ABSTENERSE

Por Pablo Arahuete

La Velocidad: Sobre la película “No toda es vigilia”, de Hermes Paralluelo

 

LAS DESVENTURAS DE DEPENDIENTE Y SOLEDAD

 

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Antonio y Felisa, los protagonistas de “No todo es vigilia”, docuficcón de Hermes Paralluelo

 

 

Dependiente y Soledad pululan y escrutan los pasillos del hospital. Dependiente parece haber superado esa dura barrera: la velocidad de la edad. Ahí se lo ve,acostado y a la espera de alguien que lo traslade al ascensor. Soledad, en cambio, arrastra la vida en el chirriante andador y por los enormes pasillos silenciosos. Busca, lenta, pero la velocidad la deja retrasada en ese andar constante, aunque minúsculo.

 

SILENCIO, HOSPITAL

Las primeras imágenes de “No todo es vigilia”,  documental del catalán Hermes Paralluelo, se instalan en una alta tensión y en una honda angustia, al tiempo que nos introducen en la realidad de sus abuelos, Antonio y Felisa. Ellos le escapan al destino del geriátrico y viven en una pequeña casa, absolutamente solos. Duermen en camas separadas y coexisten en el vacío, cuando la oscuridad le gana a la pequeña luz, filtrada por algún recoveco.

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“Dos viejos comiendo sopa” obra de Francisco de Goya

Los achaques de la vejez, reflejados en los rostros, ella parece sufrirlos más que él, aunque el hospitalizado sea Antonio y quien siempre espera, Felisa.

El hombre aguarda que le realicen unos estudios y, de vez en cuando, comienza a contar su historia ante distintos interlocutores que lo pasean por los pisos, sin prestarle atención. Es el relato horizontal de su biografía. Es el corte del pasado, que se aproxima como un cuchillo a su nueva realidad, la del dependiente y la del desamparo.

Felisa, su esposa hace más de seis décadas, busca y espera, pero se pierde. Nadie sabe orientarla en su aventura del extrañamiento. Ella también es, a su modo, dependiente de la buena predisposición de algún alma caritativa para acompañarla hacia donde Antonio continúa su soliloquio entrecortado.

 

EL CEMENTERIO DEL TIEMPO

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En la cámara de Hermes Paralluelo conviven, por un lado, la paciencia del director, que sabe esperar los momentos de verdad- gemas del documental- y, por otro lado,su capacidad de síntesis para, en un encuadre, dejar plasmada una idea, que va mucho más allá de la imagen y se incrusta en el alma del espectador. Entonces, el hospital ya no es un hospital, sino el cementerio de las horas, donde todo deviene a otra velocidad. ¿Quién corre a la espera? ¿Los recuerdos van más rápido que la memoria? La parábola de Aquiles y la tortuga se da aquí en una macabra puesta en escena.

 

EL AROMA DEL CALENDARIO

El presente de Antonio ya no es tal, se ha cristalizado en ese lugar sin lugar, una sala de hospital. Sin embargo, la resistencia del recuerdo parece mover las perezosas ruedas de la camilla, cuando él aguarda la llegada del ascensor. Cada pausa en su narración-prolija, no salteada, coherente- es una hoja del almanaque que pasa y vuela; cada imagen de su niñez, un aroma perdido entre las fragancias de sus recuerdos. ¿Qué se deja de recordar primero? Avanza la memoria como la tortuga para que Aquiles no la alcance, para que no la sobrepase en su intento  por atrapar ese instante de vida pasada. Felisa ya ni los huele a los recuerdos, los reconoce cuando finalmente se encuentran, al resguardo del olvido y con ganas de volver al hogar.

No todo es vigilia, nota Dalí
Fragmento de la obra “La persistencia de la memoria”, Salvador Dalí

 

 

DOCUFICCIÓN DEL SILENCIO

En la casa de Antonio y Felisa el tiempo no pasa, sí lo hace la lentitud habitual para las reacciones cotidianas y para la falta de memoria reciente, elementos que la cámara capta en una mezcla de ficción y documental, durante el tiempo en que ambos registros coexisten.La cámara escucha el silencio, el balbuceo aferrado a las palabras en la sordera de los equívocos,resueltos desde la mirada cómplice de él hacia ella. La incomunicación circundante se asfixia en su propio veneno, porque entre ellos prevalece el reconocimiento del otro, puntal de una historia de amor sin tiempo, ni condicionamientos del afuera.

 

MEMORIAS DE PASILLO

“No todo es vigilia”, además de retratar desde el corazón y la sensibilidad el triunfo del amor de una pareja de ancianos sobre la velocidad en la que trascurre la vida, es un manifiesto cinematográfico  sobre el tiempo y la manera de representarlo. Lo hace sin apelar a convencionalismos ni a elementos discursivos recurrentes. Mientras todo pasa frente al lente, también transitan las ideas y reflexiones invisibles que marcan los límites del cine, en función a la realidad que encuadra o pretende retratar. Es allí donde tallan las palabras y los detalles  configuran un espacio de representación simbólico, en el que los relojes de pared sobran y las fotos que miran a los personajes complementan a los ojos negados a observar el paso del tiempo.

rostros-al-oleo-de-hombres-barbados eric marell(2)En la película del realizador catalán se espera a la acción para que fluya sin provocarla, mecanismo aplicado a los recuerdos de Antonio y Felisa, con interlocutores que están allí presentes, pero no visibles. Tal vez son los fantasmas: ellos vienen a confrontar antes que la muerte dicte su sentencia.

La belleza de lo efímero encuentra aquí su espacio cinematográfico, como si la velocidad del olvido no existiese cuando,desde la primera escena, ese ejercicio de vitalidad que practica Antonio afirma su biografía ante desconocidos, mientras Felisa lo busca por los pasillos del hospital y de la casa. Y lo espera.

 

 

 

 




LENTA BIOGRAFÍA DE UN LARGO ADIÓS

Darío

Para Darío

Por Luisa Luchetta.

La velocidad: Una biografía de naufragios y planicies.

 

INFANCIA: SAAVEDRA Y LOS MORLACOS.

1955: En la plena oscuridad del vientre de su madre bebía indignación, bronca, dientes apretados, puños tensos, palabras prohibidas.

 

Creció entre las tapas amarillas de papel encerado en los libros de aventuras de Editorial Tor, con los cantos de las hojas rojos. Las charlas domingueras con su padre giraban hasta  flotar en su mente: la Revolución de Mayo, Moreno, Belgrano, el obtuso Saavedra. Las batallas de San Martín por la liberación del continente, su astucia, su táctica militar, su valentía.

 

TOR 

Después de los ravioles, la cancha.

Los ´70: A aquellos años de silencio y oscuridad los iluminó con pequeñas aventuras, pequeños riesgos. Los chicos de la plaza, los primeros cigarrillos, la damajuana de vino catada entre varios, en las siempre abandonadas calles del Abasto.

 

El dinero como objeto, como un plato de comida, un par de zapatos, un libro, un televisor. Un bien escaso el dinero: su padre, apenas cobraba en un grueso sobre marrón, lo abría delante del compañero usurero y solterón y, así, llegaba visiblemente adelgazado a la casa.

Detestaba ese objeto, pronto lo relacionó a Saavedra y a su séquito: a los españoles, a los comerciantes, a los usureros. Y a lo peor: a la amargura, al silencio y a la explotación.

ADOLESCENCIA: TRES MOSQUETEROS Y UN GAUCHO PORFIADO.

Su padre consideró que era tiempo de hablar de aquellos años en los cuales la vida le daba esperanzas de buena pilcha, de comida abundante y hasta de vacaciones. Del modo en que se habían escurrido de sus manos los sueños de una vida tranquila que, como hijo de un italiano anarquista y bohemio, deseaba desesperadamente.

“Yo era radical, de Yrigoyen. Mi tía murió en la semana trágica; la mató un policía cuando ella iba a la panadería”. “Cuando llegó Perón todo cambió. Vivíamos bien. Le dio al pueblo lo que ningún otro le había dado: derechos”.” Gracias a Evita”, corregía siempre su madre.” No hablés de estas cosas con otros, ya sos grande, tené cuidado”, aconsejaban.

              Los relatos paternos iluminaron derechito hacia la tapa de “Los tres mosqueteros”, ideales compañeros de aventuras.. También, hicieron foco en los tesoros perdidos en las selvas que engullían gringos. “El Martin Fierro”, con sus grandes dibujos de Castagnino, y la condena  del hombre de pueblo, sabio, pobre, marginal.

 

Martín Fierro 

EL LIBRO DE LOS MUERTOS.

 

Por diez días le tocó hacer el servicio militar, el año del golpe.

-¡Dispare!

-(…)

-¡Dispare, soldado!

-Está en el piso, teniente.

-¡Dispare!

-No, señor, yo no voy a disparar.

              Sobrevivió al mes de arresto.

Al salir, intentó vivir en la planicie anodina y silenciosa en la que muchos, demasiados -ahora me doy cuenta- nos movíamos con cierta calma tensa. Derechos y humanos, eso: parecíamos caminar en fila.

Manejaba un taxi, un día de abril subió a unos compañeros ciegos por los gases, doloridos y orgullosos por los moretones y la sangre que corría quién sabe de dónde hasta dónde.

Ahí conoció  de cerca los primeros rostros de náufragos prematuros.

 

AL  FARO: LAS ILUMINACIONES.

Abrió la puerta. Se iluminó como les pasa a los que encuentran su propio faro.

Sin pensarlo mucho, se subió a su fragata: velas blancas hinchadas por la brisa del mar infinito, casco de madera lustrada, la bandera argentina. Sobre el timón, la imagen de Evita con el cabello suelto al viento, el ancla levantada.

Abandonó la planicie, siguió a sus sueños, siempre distantes. En su travesía conoció personas que habían iniciado el viaje antes que él y, como buenos compañeros, como mosqueteros, le iniciaron en las destrezas del buen esgrima.

Sólo de vez en cuando, y debido al recuerdo de los placeres más primitivos, bajaba el ancla y saltaba de cabeza al mar de nubes, iba tras el brillo de las cadenas doradas hacia la cocina de  su madre. Siempre lo esperaban sus milanesas, sus ravioles, sus pizzas y el silencio que recrimina el olvido.

Pájaro que comió voló”, condimentaba ella, rodeada de platos y cacerolas.

SAAVEDRA REVISITED.

El tiempo transcurría intenso, mucho más rápido de lo que percibía: un engaño al que no nos acostumbraremos jamás, porque no sabemos cuándo ni dónde termina lo que vemos.

Su niño atravesó tormentas. En los naufragios quedaron partes de su cuerpo, amores, afectos. La fragata briosa -velas hinchadas- poco a poco fue volviéndose planicie. Entonces, se enojó con él mismo, con su faro, se llenó de pretextos, de justificaciones, de auto, casa, ropa de marca. Llamativamente, aquellos compañeros de travesía- lejos de desterrarlo del mar infinito, donde los peces se alimentaban de sueños de igualdad- también fueron acumulando en sus fragatas planicies con césped bien cortado, jardines, casas, autos caros y vacaciones en Miami.

Poco a poco, cambió su idea sobre el dinero, ya no era una anomalía del sistema sino un medio para ser feliz, vivir tranquilo y poder crear, sin sufrir. Hubiera querido haber vivido su infancia así, sin sufrimientos económicos. ¿Pero hubiese sido él mismo?

EL VIEJOY EL MAR.

Naufragio Turner              Un navegante hace su cuerpo y su vida con tormentas. La última arrasó la fragata que, en medio de tanta inmensidad, se quebró como un vaso contra el piso. Fue agarrándose como pudo a los pequeños fragmentos, pero la planicie que había cuidado se hundió más rápido que él. Estaba cargada de cosas superfluas.

Desnudo, entregado al mar de nubes que lo había hecho tan feliz, siguió – sin quererlo- las cadenas doradas del ancla, suaves, entre los peces con la mirada llena de tristeza ante el último acto: el capitán asumió su rol y decidió morir junto a su barco.

EL INFINITO Y MÁS ALLÁ.

Pasó por la planicie de su infancia. Viejos amigos lo saludaban, vio a su madre en una silla de ruedas, aunque le pareció que no lo reconocía. Vio a un chico, pelo corto con flequillo, remera blanca a rayas verdes, pantalones cortos blancos y una pelota de goma – una “Pulpo”- entre sus manos, que lo miraba serio. Creyó ver un retrato de Saavedra, los contornos de Evita y la luz de un faro, custodiado por tres mosqueteros y un gaucho porfiado.

 

“Darío”

“Vení”

“Dale, vamos a hablar de hombre a hombre”

“Dejá, las lágrimas son cosas de minas”

Su padre lo llamaba, extrañaba al viejo carajo, últimamente imaginaba que charlaba con él.

La planicie quedó atrás.

Se había vuelto infinito.




APOLOGÍA LENTA DE UN FINO VIDRIO

Por Lourdes Cabrera.

La Velocidad: Sobre la película “Corre, Lola, corre”, de Tom Tykwer.

 

Escultura en vidrio, Daniel Arsham.
Escultura en vidrio, Daniel Arsham.

PUESTA EN ESCENA
Hay un vidrio delgado que cruza la calle. En su infinita fragilidad y en sus filosas aristas tiene el poder de hacerse llevar como se lleva a un rey viejito en camilla; tiene el poder de detener camiones enormes, atónitos ante su presencia y ante la posibilidad de su estallido; tiene ese poder de reventar en trizas y de volverse metáfora en el aire, fragmentos de lo irresistible, espectáculo horroroso de pedacitos que hacen temer a transeúntes y a pájaros.
La física podría explicar el efecto de un impacto, hablar de la inercia del golpe de las consistencias. La química molecular desesperaría en la estructura mínima de todo lo que existe, para llegar, como máximo, al borde del destrozo. La poesía se acercaría, sigilosa, a un pedacito, e intentaría- ilusa y audaz- sacar el todo de la parte. La narración pondría velocidad reversa: en cámara lenta, recompondría la fragilidad y la consistencia del vidrio. Pero la ilusión permanece en todas las disciplinas.
Si el vidrio no se rompe y ante la mirada no muestra sus bordes, la misma transparencia lo anula. Sólo nos deja ver el mundo a través. Desprovisto de la sutileza de cierta opacidad, el vidrio es una transparencia desmesurada que aniquila al mundo.
Si el vidrio se rompe, el vidrio se rompe. Y no hay más transparencia. Pero allí atrás sigue el mundo en su eterno movimiento. Ahora más expuesto, ahora menos velado.

Ahora que el vidrio se ha roto, podemos ver el vidrio. Paradojas de lo transparente: se hace visible cuando muere.

Esculturas en vidrio, Sung Wong Park.
Esculturas en vidrio, Sung Wong Park.

 

LOLA-MENTO
Lola corre mucho y corre tres veces, separadas por dos pausas. Su novio se ha metido en un lío y ella, sin tiempo para vacilar, corre en su ayuda. En cada oportunidad, estalla contra las circunstancias.
Mientras Lola corre, la vida sigue a su ritmo normal. Pero, a ella, las escenas de las vidas de los otros se le aparecen como instantáneas, fotos de otros choques, otros encuentros, otras desgracias, enunciables sólo por la memoria narrativa de la cámara. Porque Lola no tiene tiempo.
Una sensación de delgadez a punto de estallar atraviesa la narración.
En las tres versiones, en su ida “de” o “hacia” (porque uno de los problemas de la urgencia es que el vértigo mezcla todas las direcciones de fuga), ya no se sabe si Lola corre para escapar de su orfandad o si corre en ayuda de su amado, (para evitar que el hueco de su orfandad se haga más grande).

Lola se cruza con unos obreros que trasladan un vidrio a través de la calle. Una vez, un camión se detiene ante la fragilidad del vidrio y otra vez, a tanta velocidad, lo rompe en pedazos. Lola es el vidrio. Frágil y transparentada por su urgencia, la fugitiva se adelgaza, se vuelve inconsistente y se hace poderosa a medida que avanza.

Escultura en vidrio, “The runner”, Varotsos Costas.
Escultura en vidrio, “The runner”, Varotsos Costas.

 

LA MUERTE Y SU FALTA DE MODALES

En las escenas de quietud, aparece la duda y aparece la muerte. Cuando la velocidad baja, hay amor que se

Escultura en vidrio, Robert Micklessen.
Escultura en vidrio, Robert Micklessen.

sostenga más que en la vacilación, en el fantasma de la muerte y del miedo a perder, que se instala cuando la orfandad muestra sus llagas.
A la velocidad de la muerte, ellos dos mueren. El grito “no quiero morir” es también el grito del vidrio, antes de romperse.
La voz indiferente de la madre y el rostro impávido del padre cuando empuja a su hija para sacársela de encima: esos también son otros gritos desesperados de la muerte.

Y, por si fuera poco, la muerte tiene cuerpo de mujer. Es una gran escuchadora. Una gorda y vieja vecina del barrio que escucha, detrás de las cabinas de teléfono, las conversaciones de los desesperados. Ojo con ella, es la más “real” de todos.

 

FAMILIA DE CRISTAL

Vidrios que encierran a clientes en grandes mercados, vidrios invisibles entre parientes, vidrios que estallan, como la fragilidad de algunos vínculos.

La familia, por ejemplo: el padre y su amante intentan esconder su fragilidad con pesados cortinados, con enormes y macizas puertas de madera, contra toda transparencia de los ventanales. Ellos mismos, cristales rajados huyen

Escultura en vidrio, Daniel Arsham.
Escultura en vidrio, Daniel Arsham.

del espejo de la parentela posible en otros vidrios.
También la madre, en su encierro de paredes blancas, intenta un sobreactuado vínculo con el mundo, a través del teléfono. Pero las líneas entre el silicato y las formas se han cortado. No hay soplete que remonte la desfigura de tanta pérdida. Como mueble pegado a un cuarto, la madre es. para Lola, un accidente del espacio. Una polaroid más en el trayecto de su huida. Y, mientras Lola corre, Lola pierde, desempaca, descarga, transforma a los otros y al mundo en trizas. Dentro de ese puré de vidrio, dentro de ese puré de mundo, se rehace.

Y Lola no tiene más suerte con su familia elegida. El novio es vidrio desesperado. Detrás de la vidriera del Súper, intenta preservar su fragilidad, mientras la expone. Roba como quien pega un manotazo de ahogado, pero el agua le llega hasta la nariz.

“Canillas”, Francisco Delgado.
“Canillas”, Francisco Delgado.

Sabe que todo puede estallar en pedazos, ¿pero cómo temerle a lo roto cuando uno mismo anda hecho trocitos? Su único vínculo es Lola, quien  corre. Y en quien, a gatas, confía.

Trampa de vidrio donde se encierra el amor.

Cuidado, Lola: Tanto correr y esquivar la muerte, también vos podés transformarte en mensajera de la parca.

 

Trailer “Corre, Lola, corre”




EL PÁJARO LIRA

Por Germán Cavallero.

Velocidad: sobre la palabra. Repetición y epifanía.

TRUENO Y RELÁMPAGO

Es un juego: la velocidad. Y, en este caso, de dos caras. ¿Quién llega primero? El relámpago. ¿Por qué? Porque su materia es la luz. Y la luz corre demasiado a prisa. Supera el sonido. Entonces, veo el relámpago y, hasta que escucho el trueno, cuento: cada segundo resulta en un poco más de tres cuadras de distancia. Estremece cuando se oye enseguida porque confirma el fenómeno- dos en uno- que se produjo muy cerquita. Descarga de luz y sonido. Es un juego contar las distancias. Un pensamiento puede ser un relámpago; una pulsión de luz díscola hacia la antigüedad, por ejemplo; hasta oír el trueno, la explosión sonora, el advenir de la idea: en realidad, no hay tal distancia de milenios, sólo una progresiva variación de sucesos, una cadena pertinaz de imitaciones. Tirar de ese hilo ocupa el fenómeno meteorológico de la razón por excelencia. Jugar a la velocidad es arrimar todo en un mismo punto. Y darle cuerda.

Hernán Dompe.
Hernán Dompe.

DEL ALFA A LA OMEGA

Dos células se unen en un chispazo y, a velocidad del vértigo, comienza el desdoblamiento: cuatro, ocho, dieciséis, hasta millones. Luego, a saltar del vientre y a caer al mundo con forma de pista de atletismo, a adaptarse, a aprehenderlo.

Y, enseguidita nomás, a entablar carrera nuevamente.

Y, en cada esquina, cada etapa, entregar la posta a ese otro que somos y espera.

Y, después, justo después, donde ya no hay más centímetros, el perfecto cierre en anillo. Ring composition. Vuelta a la manzana (a gatear las arrugas por la piel, sólo gatear por la piel, porque la esfinge de Edipo confundió los tantos: un bastón = una pata*, ¿dónde se ha visto? ¡Embustera! Los griegos han acuñado la vejez “funesta”**. Homero la despreció en boca de Néstor***, y, desde entonces, nadie se atreve a poner a gatas su propia vejez). ¿Pero es “natural” un cierre en anillo? Y, si no en el cuerpo, al menos, en un pensamiento. Allí donde mucho más que dos células se unen en un chispazo.

CANCIÓN ANTE LA PUERTA CERRADA

Entre la naturaleza humana y la divina siempre hay un pájaro.

En la isla de Rodas, un coro de muchachos canta la canción de la golondrina en cada primavera. El solista y su coro hacen dramáticamente el papel de golondrinas al llegar. Y se anuncian: “Llegó, llegó la golondrina que trae la bella estación, el bello año, con el vientre blanco y la espalda negra…”**** Y piden, en boca del solista con tintes eróticos, a la mujer de la casa: “… Saca una tarta de fruta de tu rica casa y una copa de vino y una cestilla de queso; el pan candeal y el de sémola…”****

El tema deriva del dios que llega en primavera y se une en boda sagrada a la mujer del país: asegura así la fertilidad para el año entrante.

En Australia, una especie de ave, el pájaro lira, imita todos los sonidos circundantes para seducir a la hembra. Incluso, el de una cámara de fotos al obturarse, o el sonido de una motosierra del guardaparques, a lo lejos. Y danza, en ritmo mimético, y su cola se arquea: cascada congelada de pétalos que desean ser caricia.

La primavera es así: arenga, mediocampista con cinta de capitán de las estaciones. “Vamos, es tiempo de…” “A no demorar ni un grado centígrado el calor del abrazo”. La diosa de la agricultura está en flor porque encontró a su hija*****, alegría, precipitación de toda la alegría posible en el ritual, antes de que sea tarde, de que cierre en anillo otro ventrículo de tiempo y estemos de nuevo, a solas.

No descubro nada, sólo repito. Hago un peinado de palabras en el retrete y me desdoblo en ave. Somos pájaro lira. Nos desdibujamos. La única forma de trascender es ser aquello que no somos. Por una razón celular, microbiótica. Abrimos progresivamente la cápsula del efervescente huracán. Y así, desplegamos en plagio ético, la vida.

Cuando enseño una canción, la niñada lee mis labios como si chupara un helado, con esa intensidad, con esa urgencia. No importa la canción, importa entrar en ella como un pacto de adherencia a la especie. ¿Seremos un eterno emisario, portavoz de algo que ocurre más allá, pero a lo que -irremediablemente- nos debemos? Corremos hacia el óvulo de nuestra utopía para fecundarlo y fusionarnos en aquello que no somos, o que seremos. Algo más grande, o chico, algo diferente. Mímesis, mientras tanto. Pero no calco, sino pluma de la subjetividad en el papiro que legamos. Es una carrera y no se gana por celerípeda o por morir de un flechazo en el talón. O sí. En realidad, todo vale cuando se trata de pasar la contraseña. La urgencia es el mensaje. La impericia, no cantar la canción colectiva, no chupar el helado.

Germán Cavallero. Foto de pared, óleo pastel,
Germán Cavallero. Foto de pared, óleo pastel,

 

MEJORES, PEORES Y SEMEJANTES

En Poética, Aristóteles habla de la diferenciación por el modo de imitar:

       “(…) Sófocles sería, en cuanto imitador, lo mismo que Homero, pues ambos imitan personas esforzadas, y en otro (sentido), lo mismo que Aristófanes, pues ambos imitan personas que actúan y obran…” Y antes anticipa: “Homero hace a los hombres mejores; Cleofonte, semejantes, y Hegemón de Taso, inventor de la parodia (…)peores.” (caps. 3 y 2 respectivamente)

La tragedia (“oda al macho cabrío”) y la épica enaltecen; la comedia deplora. Entre esa tensión estamos, improvisando a la usanza de viejos corifeos, “entonadores”, para introducir el canto y enfrentarlo al coro que nos corresponde.

Llego al mostrador. Una voz me increpa: ¿Nombre parlante?, contesto, “este… sí, ¡Estesícoro!, el que pone en movimiento (o detiene) el coro”, ¿cantidad de coreutas?, “di más de cuarenta vueltas a la estrella, así que eso”, ¿su tragedia?, pertenecer a un colectivo de machos cabríos perdidos en la ciudad. “¡Adelante!”.

Si avanzo es porque no me quedo en el casillero. Ni olvido “la canción de la golondrina” ni a todos los nombres parlantes. Están ahí, se huelen, casi como mensaje de la sangre. Es cuestión de poner en movimiento el coro de los años. Interpelarlo. Improvisar, confrontar todo lo que fuimos. Saltar de la butaca y entrar al celuloide. Oler la rosa púrpura del Cairo y fundirnos en ella, en su pantalla. Y cantar la canción, el aroma de la especie. Ahora. Cuando la ring composition opera su vuelta atolondrada y se acerca, con sonido de pinzas.

DEL MYTHOS AL LOGOS

Sí, “imitar (…) es connatural (…) desde la niñez”, y la hembra del pájaro australiano nos dice que no sólo la humana, sino otras especies también, “son muy inclinadas a la imitación y que por la imitación adquirimos nuestros primeros conocimientos” y también el que “todos disfruten con las obras de imitación”******.

Pero moldear la palabra…

En los dos primeros años de vida construimos el lenguaje articulado. ¿Cómo, a tanta velocidad? El músculo lingual es capaz de, en tan poco tiempo, ensayar, repetir y grabar todas las coreografías posibles. Luego, hará danzar a la palabra en la boca, para impulsarla a “atravesar (una y otra vez) el vallar de los dientes”*******. Una vez afuera, la palabra se ocupará de viabilizar la solidaria música del entendimiento y perpetuarnos en aquello que dejamos de ser. ¿Qué importa ya no ser, si seguimos siendo en los otros?: fundamento de la supervivencia. Y la palabra, motor que algunos lingüistas adjudicarán al “instinto” humano. La palabra. Posta. Antorcha olímpica. Testimonio inaugural y final de la carrera perenne…

Hubo un tiempo en que se ensayó, se la pasó por el cuerpo, se la cocinó ahí, a la palabra, en los movimientos. Danza ritual, piar del grupo. Y fue así que imitamos todos los sonidos circundantes y los movimientos para moldear la palabra que nos nombrara y nos diera sentido. Hubo un tiempo, donde sigue ocurriendo. Y es la infancia.

 

Joan Miró. El bello pájaro descifrando lo desconocido a una pareja de enamorados.
Joan Miró. El bello pájaro descifrando lo desconocido a una pareja de enamorados.

Fuente: https://www.pinterest.com/pin/396598310912436416/

Video: “La pedagogía de los pájaros, Fragmento para un estudio pedagógico”.

* (la esfinge) “Había aprendido de las musas un enigma (…): ¿qué ser provisto de voz es de cuatro patas, de dos y de tres? (…) Edipo (…) dijo que (…) se refería al hombre, que de niño es cuadrúpedo, pues anda a gatas, en la madurez bípedo y en la vejez usa como tercer sostén el bastón.” (Apolodoro, Biblioteca, III, 5, 8)

** Himnos homéricos, V. A Afrodita, 224.

*** Ilíada, Canto VII, 130 y ss.

****La fiesta de la golondrina está testimoniada desde el siglo XVI a. C. (Lírica Griega Arcaica, <poemas corales y monódicos, 700-300 a. C.>, canción rodia de la golondrina, fragmento, PMG 848. Biblioteca Básica Gredos)

***** Deméter su hija Perséfone (Himnos Homéricos, II. A Deméter, 385 y ss.)

****** V. Poética, Aristóteles, capítulo 4, pág. 135, Ed. Gredos.

******* Metáfora homérica. Ejemplo: “¿Qué palabra hija mía, salió del vallar de tus dientes?” (Odisea, Canto V. 21)

 




LA CIUDAD VERSUS LA NIÑA

Velocidad: Sobre “Momo”, de Michael Ende

Por Josefina Bravo

 

“Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar el ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo.”

Michael Ende

 

LA CIUDAD EMPIEZA LA PARTIDA

Había una vez una ciudad, donde vivían personas muy apuradas. Resulta que su tiempo era muy valioso. Entonces, hacían su trabajo lo más rápido posible y andaban por la vida a las corridas,  para ahorrar tiempo. A ese tiempo lo depositaban en plazos fijos, así, más adelante, podrían aprovecharlo y tener lo que se llama una buena vida. Pero no  imaginaban que el tiempo de sus ahorros era robado por los hombres grises, unos parásitos sin alma que dependían de ese botín para subsistir.

 

Tiempo. Tiempo es lo que falta, siempre. ¿Por qué el día no tiene más horas? Suelo oír esa pregunta, tirada al vacío, como un reclamo al universo.

El orden pareciera ir así: el trabajo (hay que traer el pan a la mesa), las actividades culturales (hay que ser culto), los estudios (hay que ser letrado), la actividad física (hay que estar en forma), el momentito de descanso frente a la tele. A cierta hora ya no se puede pensar, solo relajarse y ver algo que te haga reír (además, hay que estar en onda).

La ciudad, el modelo de metrópoli imperante, ha tomado –hace tiempo- el ritmo vertiginoso del capitalismo. La oferta es total: vidrieras, vendedores ambulantes, gigantescos carteles luminosos, pantallas LCD, papelito sobre cronica con acentopapelito sobre las columnas de la luz, propagandas que llegan por debajo de las puertas, la televisión que te dice: necesitás esto y ahora aquello y no te puede faltar esto otro. Comprar, comprar, comprar. Para caminar más plácidamente, necesitás estas zapatillas ultra livianas. Para lucir más atlético, comprate estas calzas de nylon. Para ser más “cool”, comprate una Coca-Cola. Y, así, la oferta es interminable.

 

Tanto estímulo, tanto bullicio que, una vez en casa, la gente prende la tele para no hundirse en el vacío del silencio. Y el bombardeo comienza otra vez. Las mejores vacaciones: comprá un pack de siete días y siete noches en un “all inclusive”, más aéreos en este lugar tan lindo del Caribe. Uy, es carísimo. Pero si lo hago en doce cuotas casi no lo voy sentir. Y ese es el motivo para levantarse al otro día a la mañana e ir a trabajar nueve horas. El esfuerzo del año, para tener una semanita como la gente: siete días y siete noches en un “all inclusive” del Caribe.

       

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            “Ellos se habían hecho sus planes

             con el tiempo de los hombres (…).

            Lo más importante era que nadie

            prestara atención a sus actividades.”

 

 

 

MOMO TIRA LOS DADOS

En toda ciudad vive una niña. En toda ciudad vive una niña de mirada honda: mirada de cielo, de tierra o de fondo de mar. Así dicen. En esta ciudad, vivía Momo. Una huérfana entre ruinas. Una niña que miraba a la ciudad con vértigo y contrarrestaba su furia con movimientos lentos, voz pausada y mirada honda. Su presencia calma- su parsimonia y paciencia- convocaba a niños y adultos a su morada: el anfiteatro. Allí, en torno a ella, los vecinos se reunían para pasar el rato, charlar, comentar sus problemas y, por qué no, a jugar.

 

¿En qué momento del día cuadra el descanso? ¿Y el ocio? Una caminata lenta, no para hacer actividad física, ni para quemar calorías. La caminata lenta para pensar, para impregnarse de los árboles vibrantes de los días grises, empaparse de un atardecer verde y anaranjado, sumergirse en el sonido de las pisadas sobre el pasto  o perderse en los violetas, rosas y celestes de los cielos nublados.  Esa caminata, donde la ciudad baja de volumen y el run run de los autos suena como música de fondo, mientras el cielo se extiende sobre las plazas y los faroles encendidos parecen pequeñas luciérnagas frente a tal inmensidad.

 

“Se habían incrustado en la vida de la gran ciudad y de sus habitantes sin llamar la atención. Paso

a paso, sin que nadie se diera cuenta, continuaban su invasión y tomaban posesión de los hombres.”

LA CIUDAD PIERDE UN TIEMPO

Momo tenía una gran virtud: sabía escuchar. Escuchaba el viento en las ruinas del anfiteatro; los ruidos de la noche, cuando era calma; escuchaba a los animalitos que subían la corteza de los árboles y el canto inconfundible de la lechuza. También escuchaba con atención a sus amigos,cuando iban a visitarla. Era toda oídos –como dice el dicho- cuando un amigo necesitaba ser escuchado. Toda oídos y toda ojos. Porque era una de las pocas personas en esa ciudad que,  cuando conversaba, miraba a los ojos. Entonces, escuchaba con los oídos y escuchaba con los ojos. Porque, al mirar al fondo de los ojos de sus amigos, Momo entendía muchas cosas que ellos querían decir y, a veces, no podían.

Por eso sus amigos, niños y adultos, solían ir a visitarla cuando necesitaban hablar de algo importante o de algo que los entristecía o preocupaba. Porque Momo tenía la capacidad de -con sólo mirarlos fijamente a los ojos- ayudarlos a resolver sus problemas.

Imagen3Pero claro, la vorágine de la ciudad, la inmediatez del consumo, la necesidad de producir incansablemente y de no “perder el tiempo” hace que estas pequeñeces carezcan de importancia. ¿Para qué sentarnos a reflexionar sobre qué pasó en el día, a pensar dónde estoy y dónde quiero estar? Todo pasa con rapidez. Y, cuando queda un hueco entre las actividades, el silencio es aterrador, la peor tortura de los metropolitanos. No soportan la ausencia de sus acostumbrados estímulos. El ruido es su lugar. La densidad del silencio los paraliza. ¿Acaso son ellos mismos, quienes hablan en su cabeza y reprochan tantas, tantas cosas? Aburrimiento, soledad, angustia  bombardean al cortar el ritmo que los deja sin pensar. La gente evita esos huecos y, si surgen, se tapan con urgencia. Más fácil es andar la vida por inercia, seguir la línea cronológica sin detenerse un segundo a pensar o a mirar atrás.

 

“Vive usted solo con su anciana madre, según sabemos. Cada día le dedica a la buena señora una hora  entera, lo que significa que se sienta con ella y le habla, a pesar de que está tan sorda que apenas puede oírle. Eso es tiempo perdido: da cincuenta y cinco millones ciento ochenta y ocho mil. Además, tiene usted, sin ninguna necesidad, un periquito, cuyo cuidado le cuesta, diariamente, un cuarto de hora, lo que, al cambio, da trece millones setecientos noventa y seis mil (…) ¿No cree usted (…) que no puede seguir con este despilfarro? ¿No sería hora, señor Fusi, de empezar a ahorrar?”

LA NIÑA AVANZA

Momo tenía una especie de imán con la gente. No sólo por su capacidad de escuchar, sino también por su capacidad de jugar. Los niños del barrio llegaban al anfiteatro porque sabían –cuando estaba Momo- nunca se aburrían. Se les ocurrían las mejores ideas, inventaban los mejores juegos y, si había problemas, se resolvían rápidamente, sólo por su presencia.

 

¿Y el momento de jugar, de escaparse de la cronología para entrar en un aquí y ahora distinto? Los payasos de hospital visitan habitaciones de niños y adultos, está comprobado que la riso-terapia contribuye a mejorar la salud emocional del paciente y, en consecuencia, a su recuperación integral. Pero los adultos, muchas veces, dicen: “¿Vos querés hacerme reír a mí? Eso es para chicos.” Jugar, entrar en el absurdo de un mundo inventado, suponer que un objeto de la vida cotidiana es un pedazo de estrella galáctica, aceptar un reto de adivinanzas o un juego de roles, es ridículo. Los adultos deben ser serios, derechos y aburridos. El juego es cosa de niños.

 

“(…) podríamos jugar a que las ruinas son un gran barco y a que navegamos por mares desconocidos y vivimos aventuras (…). Intentaron jugar, pero no conseguían ponerse de acuerdo y el juego no funcionaba (…). Entonces llegó Momo. La espuma saltaba furiosa cuando la proa cortaba el agua. El buque oceanográfico “Argo” cabeceaba majestuosamente en el oleaje mientras avanzaba, con tranquilidad y a toda máquina, por

el mar del coral del sur.”

 

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LA NIÑAES CASTIGADA, PIERDE EL TURNO Y LA CIUDAD AVANZA

Así era la vida de Momo. Esperaba en el anfiteatro a que llegara algún amigo a pasar tiempo con ella o a traerle alimentos para las comidas del día. Todo esto, antes de que los hombres grises engañaran también a sus amigos. Porque llegó un día, en el que los vecinos- incluidos los niños- dejaron de tener tiempo. Y Momo se convirtió en la única persona de la ciudad con tiempo disponible.        

 

Fuera del tic, fuera del tac, en ese espacio que es y no es, en ese espacio está.

Una eterna caída, como si el aire tuviera la densidad del agua, cae la niña en cámara lenta. Los brazos, el cabello y las pequeñas piernas hacia arriba y, de su espalda, un hilo invisible la jala hacia abajo. Así, suspendida, se hunde eternamente. Alrededor, todo pareciera ir a velocidades inalcanzables, las cosas pierden su forma, siluetas difusas pasan a su alrededor, aparecen y vuelven a disolverse en luz, color y un sonido inaudible. Porque, en el agujero en el que cae, el sonido es hueco, la voz no llega a ningún lado, va sin límites hasta extinguirse. Por eso, la niña no se escucha ni a sí misma. Sólo se deja caer. Y ve -absorta –  las formas de la vida a su alrededor. Como si, en torno a ese agujero, el tiempo girara más rápido y nada llegara a ser. Porque, cuando algo parece querer tomar una forma, se disuelve en el caos otra vez.

La niña estira una mano y, con la yema de los dedos, roza el huracán de tiempo a su alrededor. Un espiral de luz cenicienta se engrosa hacia arriba y luego se achica en el giro, hasta allá lejos, arriba, muy arribita, donde su giro se vuelve un punto. 

Imagen5 “Hace poco me encontré en la ciudad con un viejo conocido, un barbero. Se llama Fusi. Hacía tiempo que no le veía ya y casi no le reconocí, de tan cambiado que estaba, nervioso, gruñón. Antes era un tipo agradable, cantaba muy bien y tenía sus propias ideas sobre las cosas. Pero, de repente, ya no tiene tiempo para ello. El hombre ya no es más que lasombra de sí mismo (…)”

  MOMO JUEGA SU ÚLTIMA CARTA

Entonces, apareció una tortuga que la llevó donde el Maestro Hora, quien le daba el tiempo a todos los hombres. Y fue ahí donde comenzó a preguntarse, ¿qué es el tiempo?

 

¿Cómo es el momento antes de surgir? ¿Cómo es cuando dejamos de existir en la forma y volvemos a las desfiguras? Ese tiempo quieto, ese no-tiempo del caos.

 

“—Está ahí —dijo, hundida en sus pensamientos—, eso es seguro. Pero no se le puede tocar. Ni retener. ¿Acaso sea algo parecido a un olor? Pero también es algo que siempre pasa. Así que tiene que venir de algún lugar. ¿Acaso es algo así como el viento? O no. Ya lo sé. Quizá sea una especie de música que no se oye porque suena siempre. Aunque creo que ya la he oído alguna vez, muy bajito.”

 

Todos lo conocemos: hay un presente, hubo un pasado y habrá un futuro. El viejo asunto de la linealidad, de la cronología.

 

“Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo qué hagamos durante esa hora. Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón. “

 

Pero también hay un tiempo subjetivo, donde cada individuo percibe el transcurso según el modo en combinan los hechos y su propias resonancias. Transcurre lento el tiempo de la espera, al igual que el del dolor.  Es veloz, en cambio, el del encuentro amoroso, durante el romance.

O, para decirlo de otra manera: una película que disfrutamos pasa en un santiamén, en comparación con otra que nos parece un plomo (aunque la duración cronológica sea exactamente la misma).

 

“—Tengo que enviarte a un peligro que no se puede calibrar siquiera —dijo el Maestro “Hora”—, y dependerá de ti, Momo, el que el mundo se quede parado para siempre o vuelva a cobrar vida. ¿Querrás atreverte?”

 

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El juego crea un espacio transicional. Un espacio intermedio entre la realidad y la fantasía. El mundo se reduce a leyes y a desafío. Quien nunca jugó, quien nunca aceptó -por el solo placer de jugar- las normas de un juego, difícilmente pueda aceptar las normas básicas para vivir en sociedad.

 

Existe también un tiempo de los sueños,  donde la cronología está desordenada. Pasado, presente y futuro se mezclan como cintas, en una trenza que se enrieda y pierde su forma hasta convenirse en un nudo, o en un ovillo tricolor, donde no existe linealidad ni causalidad; las imágenes de sucesos pasados y experiencias nunca vividas se superponen al presente sin ningún tipo de orden o –mejor dicho- siguiendo un nuevo orden o el orden del caos.

 

“(…) comenzó una especie de tempestad. Nubes de flores horarias pasaron en torbellinos por su lado. Era como una cálida tempestad de primavera, pero una tempestad de tiempo liberado. “

 

Nace, madura, envejece y muere. Todo surge del caos y entra en el reino de Cronos, entra a morir (pero no antes de tiempo, no, por favor). Y luego es disolverse y otro caos. Pero el juego es el mientras tanto de quienes pueden acceder a un mientras tanto.

 

También está el tiempo de lo poético, de la intensidad o de la maravilla, donde el pasado, el presente y el futuro se contraen en un punto, en una fuerza que mueve, que ondea como el agua alrededor del lugar donde se arrojó una piedra. Y la cronología queda en algún reloj de la casa alejado u oculto. El mundo, entonces, es el universo y esa intensidad que mueve a decir. Pero un universo sin obligaciones ni horarios ni gente corriendo. Y, a veces, un mundo incluso sin gente, sólo un hueco que intenta llenarse, o ahondarse, o bordearse. Un hueco que siempre termina por escurrirse entre los dedos  y filtrarse por las rejillas de la linealidad, que instala nuevamente su orden,  para que el hueco se vuelva inalcanzable.

MOMO VUELVE A CASA O AL PUNTO DE PARTIDA

“En el mismo momento comenzó de nuevo el tiempo, y todo volvió a moverse.”

¿Qué pasa cuando alguien muere por instantes  y vuelve a vivir? ¿O durante el desvanecerse?

¿Qué pasa en la pérdida de conocimiento?

Si la persona vuelve, ¿dónde estuvo?¿Dónde transcurre en esa no cronología?

 

“—Le he contado todo esto —dijo—, como si ya hubiera ocurrido. También hubiera podido contarlo como si fuera a ocurrir en el futuro. Para mí, no hay demasiada diferencia.”

 

¿Experimentan esas personas un momento de eternidad, o el des-orden (sin orden) del caos? ¿Qué clase de juego es ese?

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Ya sé qué está pasando. Los hombres grises volvieron.

Si digo que voy a sentarme a escribir, suena el teléfono, surge algún trabajo para hacer o aparece alguna ex-amiga que hace años no veo y, de repente, tiene muchas ganas de saber de mí. Eso o  alguna invitación inesperada me compromete a tal punto de no poder negarme. Hace semanas  –literalmente- no puedo terminar la nota. Le doy vueltas y no consigo cerrarla.

La psicóloga me dijo: “Tu ansiedad es producto de un problema de jerarquización. Ponés a la escritura en la misma jerarquía que a tu trabajo. No digo que saques la escritura de tu vida, digo que la pongas en el fondo. La figura del frente tiene que ser el trabajo, lo que le da de comer a tu familia. La escritura debería estar de fondo. Traerla al frente luego de cumplir tus obligaciones, ponerla en un lugar de placer. Si no terminás la nota, siempre podés participar de otro número de la revista”. ¿Se dan cuenta? ¡Hasta ella está involucrada!

Claro, los hombres grises no quieren que la sociedad sepa de su existencia. Así se roban el tiempo de todos en silencio o, mejor dicho, en medio del ruido de la ciudad, de manera que nadie lo note… Y ahora que “El Anartista” se ha vuelto tan popular en el país y en el mundo, las consecuencias serían masivas…

 

Dije que me iba a bañar y prendí la ducha. Entre la remera y el buzo, metí mi netbook. Escribo estas últimas líneas apurada, no quiero que el vapor estropee la computadora antes de poder enviar la bendita nota. Si no sale en “El Anartista”… si algo me pasa… si alguien está leyendo esto… ¡Adviertan al mundo! ¡No dejen a los hombres grises robar todo nuestro tiempo!

 

 

Nota 1: todas las citas pertenecen a “Momo” de Michael Ende.

Nota 2: todas las imágenes fueron sacadas de internet




VOLANTE DE MANO

 

Por Lourdes Landeira

La velocidad: De colisiones y otros frenos (o manejos)

                                                      

Accidente de tránsito

Hasta bien entrado el siglo XX, los camellos se ocupaban del transporte de gentes y cosas en la isla de Lanzarote. 

La estación, el Echadero de los Camellos, estaba en pleno centro del puerto de Arrecife. Leandro Perdomo pasaba siempre por allí, en su infancia, camino de la escuela. Veía muchos camellos, echados o de pie. Una mañana contó cuarenta, pero él no era bueno en matemática. De algo está seguro Leandro: 

img 1-En aquellos años, nadie tenía prisa.

La isla flotaba fuera del tiempo, mundo antes del mundo, y la gente tenía tiempo para perder el tiempo. 

Los camellos iban y venían, a paso lento, a través de las inmensidades del desierto de lava negra. No tenían horario, ni hora de salida ni hora de llegada, pero salían y llegaban. Y nunca hubo accidentes. Nunca, hasta que un camello sufrió un súbito ataque de nervios y arrojó por los aires a su pasajera. La infortunada se partió la cabeza contra una piedra. 

Ese camello se enloqueció cuando se le cruzó en el camino una rara cosa que tosía y echaba humo, pero no era volcán, y corría pero no tenía patas.

El primer automóvil había llegado a la isla.

EDUARDO GALEANO

 

Tiempo, espacio, velocidad: variables de una gran fórmula que se atreve a correr los límites de lo real. Si  la dirección distingue a la velocidad de la rapidez, entonces, quizás suceda que el tiempo se engulla al espacio y este desaparezca en lo inmediato de alguna pantalla o de alguna máquina. Ese tiempo se hizo oro cuando dejamos de perderlo. Y la velocidad, su gran poder. Pero, mejor, retrocedamos una línea atrás; ¿cuál es la idea encerrada en perder el tiempo y cómo sería ganarlo? La ganancia, en tiempos modernos asociada a la productividad y la eficiencia, no entiende la lógica sin agendas ni cronogramas del Echadero de Camellos de Lanzarote. En la isla, el tiempo se tenía (¿se poseía?)  y por eso podía perderse (¿usarse?). Si las cosas se invirtieron y la ecuación cambió su fórmula  (¿ahora el tiempo nos usa y nos posee?) la velocidad -aquí representada por el auto- parece dispuesta a hablar.

El cine – técnica y arte de proyectar fotogramas de forma rápida y sucesiva para crear la impresión de movimiento, según la wiki enciclopedia – propone miradas diversas en este universo de pantallas (puente y muro al mismo tiempo) y carreras con distintas metas y un único destino.

El tiempo es igual a la distancia sobre la velocidad, la distancia es igual a la velocidad por el tiempo, la velocidad es igual al tiempo sobre la distancia. El problema típico para ejercitar la ecuación propone imaginar a dos autos que salen a la misma hora en direcciones opuestas y viajan a distintas velocidades. La pregunta es a qué hora se cruzan. La respuesta resolvería el problema. Pero, ¿y si chocan? Quizás el tiempo se  detenga en ese instante.

img 2“El accidente es fecundador, no destructor; es liberador de energía sexual; canaliza la sexualidad de los que mueren con una intensidad imposible de otra forma. Mi proyecto es experimentarlo, vivirlo”. Palabra más, palabra menos, la afirmación es de Vaughan, personaje de “Crash”, quien vive en un auto y persigue accidentes para fotografiarlos y recrearlos ante un público que se excita con la puesta. En la película, dirigida en 1996 por David Cronengberg y basada en la novela de James Graham Ballard, los protagonistas habitan en ciudades dominadas por las autopistas y se erotizan con las huellas -grietas en forma de cicatrices- que los impactos dejaron en sus espacios-cuerpos cuando el encuentro de dos velocidades detuvo algún tiempo.

 

“Comprendí al fin que Vaughan repetía en fragmentos inconexos un acto sexual programado donde participarían la actriz y el camino que ella tomaba desde los estudios Shepperton. El énfasis de los gestos, el modo grotesco de sacar el brazo por la ventanilla, como si estuviera a punto de destornillárselo y arrojar el miembro sanguinolento bajo las ruedas del auto que venía detrás, el rictus de la boca cuando apretaba un pezón con los labios, parecían ensayos privado de un drama aterrador que se desarrollaba en la mente de Vaughan, el acto sexual que coronaría la última colisión”. J. G. BALLARD

 

img 3 

Si ahora se impone cambiar el ritmo, es inevitable virar la dirección y fórmula(o película).Y qué mejor que “Rush” y “Le Mans” para ingresar a la pista de los corredores. Ambas parten de una gran explosión inicial (cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia). Y nada mejor, después de un gran estallido, que empezar a correr. Para escapar de su expansión o para volver a estallar. “No busques moralidad en un hombre dispuesto a morir corriendo en un circuito”, dice uno de los protagonistas de “Rush”. La película recrea la Fórmula I de 1976 y el duelo entre Niki Lauda Y James Hunt. ¿Importa quién lo dijo? La trama enfoca la rivalidad entre ambos, así como su necesariedad. El lindo y el feo, el calculador y el improvisado juegan un solo juego; con más o menos cabeza, con todo el cuerpo. “Correr es la vida, lo demás es tiempo de espera”, le dice el Delaney de Le Mans (basada en la carrera de resistencia, 24 horas de Le Mans) a la mujer de su compañero, muerto en la competencia del año anterior. Además de ser perseguido por la muerte – hecha cuerpo en la presencia de la viuda – él también tiene un rival en la pista, siempre muy cerca. Porque la cercanía resulta condición de la rivalidad, en ese campo en el que el contacto es choque.

En los alrededores, el público, enorme y ensordecido por el ruido de los motores, mira pasar la velocidad. Y espera. La consagración del ganador, el campeón que sobrevivió antes que ningún otro (quizás por décimas de segundos) a la inminencia del accidente, o de su posibilidad. “La felicidad es el enemigo, significa que tenés algo que perder. Si la felicidad es el enemigo, ya lo has perdido todo”, se dice en alguna de las dos: ¿importe en cuál?

 

“DEATHMOBILE” – JEAN TINGUELY
“DEATHMOBILE” – JEAN TINGUELY

 

Cabe preguntarse de quién es la falta, saber si cometió un error el hombre que conduce la máquina o si falló algún engranaje de la máquina que conduce el hombre. Sí, cabe preguntarse, buscar la respuesta que alivie, al menos por un rato, la tensión de conocer el riesgo. Intentar el volantazo, antes de frenar. Ir tras la fórmula, ensayar resultados para la ecuación.

Según las recomendaciones de la seguridad vial, entre vehículos en movimiento, es imprescindible mantener una distancia proporcional a la velocidad. Porque, cuando el conductor frene, el vehículo aún recorrerá un espacio, una distancia, antes de detenerse. Dice “Luchemos por la Vida”:

“Tenga presente que a mayor velocidad, mayor es el tiempo y la distancia que necesita para detener el vehículo y más graves las consecuencias ante cualquier falla mecánica, como el reventón de un neumático, la mala maniobra de otro conductor o cualquier otro imprevisto. La velocidad máxima permitida por las señales o la reglamentación, no es siempre la más segura. La velocidad segura, que la ley denomina “velocidad precautoria”, es aquella que “le permite al conductor tener siempre el dominio total de su vehículo y no entorpecer la circulación”.

En determinadas circunstancias es necesario disminuir la velocidad. Tenga en cuenta que:

A medida que aumenta la velocidad, aumenta su riesgo de muerte ya que, hay menos tiempo para actuar y se necesita más distancia para frenar.

Cada 15 Km/h que aumenta la velocidad, a partir de los 80 Km/h se duplica el riesgo de morir en un accidente”

 

MUSEO TINGUELY - SUIZA
MUSEO TINGUELY – SUIZA

 

Claro, siempre hay excepciones a la regla. Tal es el caso de Sandra Bullock, en “Máxima Velocidad”. Ella viajaba en colectivo porque le habían suspendido el registro por ir más rápido de lo permitido. Paradojas de la vida (o del cine) cuando, por accidente, el chofer es herido de bala (luego sabremos que también de muerte) ella debe manejar y mantener la aceleración por encima de cierto nivel. De la película, ya dijo, el filósofo de Ljubljana.

“… al principio, el descontrolado autobús (su velocidad debe mantenerse por encima de los 80 kilómetros por hora; si baja, explota la bomba…) se vive como un estado de suspenso permanente, una pesadilla infinita estresante (nuestro único deseo es que ese estado termine cuanto antes); sin embargo, tarde o temprano, el espectador toma conciencia de que la alocada marcha del autobús es una metáfora de la vida misma. En tanto que la vida también es un constante estado de tensión, una carrera cuya “velocidad” (los latidos del corazón) debe mantenerse a un determinado ritmo si queremos seguir vivos, el deseado fin de esta carrera salvaje es simplemente la muerte en sí. En resumen, lo que al principio parece una amenaza a la vida finalmente demuestra ser una metáfora de la vida misma…” SLAVOJ ZIZEK

 

Por supuesto, si transportarse en camello no es para cualquiera, tampoco lo es manejar. Hay que saber hacerlo. Aunque poder frenar no sea estrictamente necesario. De esto se ocupó Arnaldo Calveyra en “El origen de la luz”, con su cuento “El hombre que no sabía frenar”. En su “tiempo de granjas” y “noches indisciplinadas”, donde “algunos grises resistían al naufragio de la hora” y “la naturaleza decidía un silencio”, vivía Don Isaías. En el pueblo visitado por el vagabundo, quien alguna vez supo leer y escribir y quien durante aquel verano “en el que el tiempo le estaba faltando”, encontró su “silencio novísimo”. Don Isaías Berón había comprado un auto y había aprendido a manejar.

“- Aprendió a manejar, sí, pero no puede frenar – me sugirió casi una de mis hermanas, tan tímida su proposición.”

A pesar de eso, el hombre iba dos veces por semana a hacer las compras. Tenía un sistema perfecto: a la ida arrojaba los pedidos en papel y, a la vuelta, los recogía en bolsa.

“- Está bien, pero … ¿cuando vuelve al campo, cuando entra el auto al galpón… o, simplemente, cuando termina el viaje?(…)Ah – me contestó mi madre – mejor sería que fueras a su casa a saludar y presenciaras la maniobra con tus propios ojos…”(…)“Un nuevo segundo de inmovilidad primordial y la película se ponía otra vez en acción: don Isaías en persona que abría la portezuela, que abandonaba por su propia cuenta la pantalla, él, el héroe de la película, descendía en carne y hueso a saludarme, un hombre en perfecta salud y risa (“¿qué hay de nuevo, don Isaías?”, “que envejezco, che”) me abrazaba con su enorme cuerpo de emperador romano, empezaba a preguntarme por mi gente”.

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HACERSE EL MUERTO

Por Luis Sagasti

Velocidad: Sobre los cien metros llanos

 

Si bien todas las pruebas atléticas demandan el mayor esfuerzo, la carrera de los cien metros llanos es la más apasionante de los juegos olímpicos. Acaso porque sea la que pone de relieve mejor que ninguna la idea de límite. ¿Por qué no sentimos lo mismo con las de salto en alto, el lanzamiento de martillo o la maratón? De la jabalina no conocemos el peso y la maratón lleva el karma de no cifrarse en un número redondo, sino en ese cuarenta y dos que sostiene la leyenda. Pero, si aun fueran cincuenta los kilómetros, tenemos la errada intuición de que en esa competencia el tiempo puede ser superado siempre. En cambio, los cien metros parecieran conciliar el orden matemático con el esfuerzo humano. En números redondos: cien metros en diez segundos; casi lo mismo que se tarda en caer desde esa altura. Como con la llegada a la luna, importa quién la pisó primero: ahora sabernos que podemos ir hasta ella. Quién será el primero en llegar al límite. Podemos saber cuán cerca estamos en el tiempo, pero no cuánto tiempo nos falta para alcanzarlo.

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En los cien metros llanos los corredores parecen escapar más que perseguir. Es una carrera primal; el retorno al estado más primitivo; las técnicas con que se resuelven las otras pruebas atléticas no condicen con las necesidades de supervivencia. El salto en largo, la garrocha, son claros ejemplos. Los cien metros es la huida ante el león, es la conservación de la especie en estado puro. A los animales que se podían cazar no se los cazaba corriendo. O bien corren más rápido, con lo cual el esfuerzo es estéril, o bien se los domestica para su ingesta. Los cien metros son la huida por excelencia. Es saber de quienes podemos escapar (claro que no se puede sostener ese ritmo por más de cuatrocientos metros, quinientos, cuanto mucho)

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Los cien metros constituyen también el límite de la concentración. Se resuelve en diez segundos lo que llevó cuatro años preparar. Desde que los competidores están listos hasta que suena el disparo, por reglamento, no deben pasar más de dos segundos. No se contemplan partidas falsas. Quien sale a destiempo queda descalificado. ¿En qué se piensa en esos dos segundos? Nadie está más vivo que un chico haciéndose el muerto: todos los sentidos puestos en la inmovilidad de su cuerpo. Esos dos segundos no concentran los diez que siguen,  también abrigan los cuatro años pasados. Fuera del tiempo, la cebra pasta alerta sin saber de los leones. Esos dos segundos son el verdadero cero. Es habitar la naturaleza pura. La muerte alerta, consciente, el vacio previo. Se sabe: del cero al uno, se salta, no se cuenta. Como el cero nada cifra, no hay una unidad que lo separe del uno. Los corredores habitan el cero, el vacio de una eternidad indivisible. Chicos muertos o haciendo como si. De pronto, el disparo; despierta al león; la cebra corre: esos diez segundos son un retroceso de miles de años. Nuestros límites se encuentran en el pasado. Nadie piensa en ganar sino en romper el record, alcanzar a la consumación del esfuerzo, ser el primero a donde el resto llegará después: ese otro cero, el de la eternidad de los salvos.

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EL GPS DESORIENTADO

Por Marcela Castro Dassen.

Velocidad: Sobre felices pérdidas de orientación.

LARGO Y ESCABROSO CAMINO HACIA ERATÓSTENES

Nacer sin GPS incorporado puede parecer una desgracia. Creer que el norte es el sur, creer que el cielo es el agua. Salir del subte, del metro, del underground y buscar la dirección correcta.

obeliscos4Concentrada en las esquinas, mi mundo fue primero Buenos Aires, como estudiante de provincia. Bajaba dos paradas antes para no perderme. De la tierra plana pasé a la redonda. Al griego Eratóstenes, le costó mucho menos. Puso unos palitos en el suelo, midió unas sombras y chau pinela.

Así, esferizada, crucé el charco para vivir en Madrid algunos años.

Hace muchos ya. Ahora vivo a cinco minutos de mi trabajo, a cinco a pie de la casa de mi hijo mayor, a tres de vuelo a Buenos Aires, a 10 horas de Nueva York y a 15 de Londres.

Me compré un GPS. No quiero perderme. Bajé el Google Map, la App de Mac, el Street View.

Los GPS parecen conducir hacia lugares. Yo tomo el volante y una señora, en inglés o en español,  me va ordenando la ruta. Pero siempre resuena un reclamo:

“Me falta algo, me falta algo.” Por alguna cuestión de velocidades torcidas, no llego del todo a ninguna parte. Avanzo y retrocedo, voy en círculos ovalados, cuadras triangulares con cinco calles, algunas sin salida, ingreso a laberintos.

La señora del GPS me insulta descaradamente en un idioma que no comprendo.

CINTAS DE MOEBIUS

La vida es un viaje desordenado. La mía, por lo menos.
Ayer nació mi hijo mayor,  que tiene ahora 31 años, aún vive mi hija Lucía, en image11997 se mudó de mundo. José apenas camina y Santiago nacerá.
La muerte fuera de tiempo me desorienta. Busco mi brújula, aquella que en la adolescencia me regaló mi padre, la miro, no identifico un norte.
Mi hija de 12 años no está, cualquier dimensión en tiempo y espacio se desmorona. El universo se detiene, no hay rumbo.

Una topadora descontrolada destruye los cimientos velozmente. A paso de tortuga, busco una salida larga, lenta, dolorosa.

Con lentitud de cimiento, levanto la ausencia desde el mayor despojo. Pongo, durante segundos que son años, los sentidos en algún lugar. Regreso del ser enajenado y me apropio de mí, para abrir los ojos y ver que Marcelo tiene 13 años, José María 11 y Santiago, 5. Y vuelvo a ser.

El tiempo es una dimensión complicada. Y, cuando se mezcla con el espacio, peor. Algún sabio dice que son inescindibles. Dios, en su infinito, pretende explicar lo inexplicable, ¿se puede explicar la parte desde semejante “todo”?

Yo desistí hace tiempo. Perder totalmente el rumbo, carecer de brújulas y mapas. Ser el GPS desorientado- el GPS sin satélite-  coloca en un lugar de privilegio. Vamos a donde la vida sople. Y volvemos a elegir. Nada ni nadie nos marca el camino.

Vuelvo al viaje. Ando entre ciénagas y praderas, me tomo de cuerdas flojas, circulo por el teatro, por la literatura. Ahora, con un nuevo y moderno GPS, voy al encuentro de significancias que unen, en vértigo, esas dos pasiones. Lo confieso, ando cada vez más felizmente desorientada.

VAMOS A LA RUTA

Viajo por Reino Unido, a 80 km por hora, sin rumbo fijo. El GPS indica: a 8 km, Rotonda. Tercera salida, a la derecha.  La indicación se repite incansable. Cada salida es una elección, simulacro de la vida.

cartel casa de dylan

 

No hay brújula, ni mapa, ni GPS que nos libere de elegir. En la cuarta salida a la izquierda, Shakespeare habita su casa con ventanas. Stratford Upon Avon. Poco importa que las ventanas estén cruzadas por maderas y que el Museo esté cerrado porque es lunes. Allí anda, con su pluma, escondido y burlándose del tiempo. Elijo que permanezca, me río de los siglos. Me subo a un carruaje sin brújula, los caballos van sin guía al teatro conservado durante siglos. Otelo y Desdémona, el amor, la guerra, el odio, los celos y la muerte. William universal y eterno.

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Voy y vuelvo a mi antojo.

Mi cartografía desorientada me traslada varios cientos de años.
Mi cumpleaños comenzó con los pájaros
acuáticos
y los pájaros en los árboles alados volando mi
nombre
por encima de las granjas y los caballos
  blancos
y yo me levanté
en el otoño lluvioso
y me alejé en el chaparrón de todos mis días.

La garza y la pleamar se zambulleron cuando
tomé el camino
a la frontera
y las puertas del pueblo estaban cerradas
 todavía
cuando el pueblo despertó.

casa de dyan

Estoy en el Sur de Gales, Laugharne.  Festejo mis 30 años con Dylan Thomas, en su casa rescatada de la ruina, muchos años después de nuestro encuentro. Poco importa que él haya nacido en 1914 y yo en 1959. Me siento a su lado en la silla blanca de madera, frente al acantilado. Es octubre, el mes en el que los dos nacimos. Me recita el poema con su voz de radionovela. Simple y maravilloso obsequio. Bebemos en silencio. “I am a Welshman; I am a drunkard, I am a lover of de human race, especially of women” (*)  Acordamos encontrarnos en un cine,  en otro tiempo.

Y, en ese encuentro, tal vez crecemos entre otros  a Shakespeare, a Lord Byron,  a Alfred Tennyson, a Emily Brontë. Emily… si la agarro en 1939, antes de este cumpleaños, podríamos ir al estreno de “Cumbres Borrascosas”.-

HOME, SWEET HOME

Acomodo los mapas, la brújula, el GPS y los siglos. Los libros irán en la mochila para evitar el exceso de equipaje. Dejo el auto con su señora parlante incorporada  y, a las 12 horas, aterrizo en Ezeiza. Tres horas más de vuelo a mi pequeña Ciudad de la Patagonia, que me recibe irreverente el 25 de mayo de 2015. Pretensiosa vida. Observo  mi casa con detenimiento. Las paredes con fotos  dan cuenta de la velocidad  del espacio. Mi padre poda una rosa, (1930-2001), mi madre festeja sus quince años (1931 – 2015) mi hija, vestida de gitana (1985-1997).

Dylan Thomas bln encendiendo cigarrillo

 

 

 

 

 

 

 

Viajar sobre versos. La vida no se mide en tiempo. Resuena la voz del galés.

“No entres dócilmente en esa pálida noche/ Rabia, rabia contra la agonía de la luz”

(*) “Soy un galés, soy un borracho, soy un amante de la raza humana, en especial, de las mujeres”.




DESVENTURAS DE UN LECTOR SERPIENTE

Por Roberto Aguilar

Velocidad: Sobre la lucha entre el deber y la lectura.

 

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METIDOS EN UN HOYO, HASTA EL CUELLO Y MÁS ABAJO

Desconozco el momento en que esto comenzó. Sólo sé que una vida es una vida y una vida mal llevada puede conducir a la muerte o a la locura.  Después de todo, si hubo un origen en mí, Dios o los ángeles no estuvieron en él. Solamente un hombre de carne y hueso y, sobre todo, mucha pero mucha piel. Soy un espíritu joven en búsqueda de copiar a algún otro, a falta de identidad. Un lector empecinado con muchas novelas de un mismo autor, a quien ya me deglutí.

No importa quién fue, sólo cabe acotar las formas, nada más. Después de todo, ¿qué ven al verme?: a un trabajador  en una fábrica de zapatos, a punto de salírsele un clavo de sus sienes. No pretendo nada más. Y de mi cuerpo, ¿qué se sabe? ¿Existe su final? No lo sé, sólo sé que escribo para que se sepa- de una buena vez o de  todas las veces que sean necesarias- cómo la astucia y la velocidad rápida del cuerpo y la mente pueden mejorar el stress. Hasta son capaces de meternos en un hoyo o en un cuarto muy lejos de la realidad de las cosas, muy lejos del común denominador, llamado razón.

 

EN EL PRINCIPIO FUE LA ESTUPIDEZ

Pero, todo tiene un aparente inicio. Un inicio con la gran estupidez. Y digo aparente, porque mi memoria llega hasta mi adolescencia tardía, nada más:

Apenas salí del colegio secundario, tuve que conseguir un trabajo de los denominados “serios”. Como cadete, ya no podía seguir. Tenía que alimentar tres bocas: la de mi vieja, de 80 años, la de mi hermana y la de una tortuga. Entonces, agarré lo primero que se me cruzó en el camino. No estaba enrolado en la competencia de los devastadores currículums con listas completas de conocimientos. Lo mío siempre había sido la lectura de libros de ficción. Así , con el tiempo, caí bien en un lugar donde no tomaban referencias ni prueba de inteligencia alguna. Sólo debía poner las dos manos al servicio de una máquina triturad

ora de cuero y toda la voluntad del mundo.

Tortuga parloteando

Lamentablemente, empecé mal: mis movimientos eran lentos. Mis manos andaban con parsimonia para trabajar el cuero. No podía sacar mi cabeza del segundo capítulo de ‘El virrey Cisneros’, leído en el colectivo antes de llegar a la fábrica. También para la lectura era muy lento,  pero a la vez muy memorioso. Aunque  la mía es de esas memorias hambrientas, con manos que amasan palabras como  barro y, al final, construyen una maceta o un castillo con pocas letras. Después, se lo estampa al tipo que la carga (toda memoria necesita un portador de memoria) enfrente de los ojos, como  obligándolo a contemplar un pedazo de ternera que nunca comerá. Y, por último, se lo mete a la boca y le ordena masticarlo y tragarlo.

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DURAZNO SANGRANTE

Esto era posible durante la lectura. Durante el trabajo, no. Un día me amenazaron con echarme por ser tan lerdo. Así que ordené mis horas para la alta velocidad. Cómo me anime a ella, no lo sé. Supuse: del mismo modo en que mi cabeza funcionaba  lentamente, mis manos podían hacer lo contrario. Sólo se trataba de mandarles micro señales a las muñecas y que éstas aceptasen y se amoldaran un poco a la rapidez de lo más ínfimo,  la velocidad de unas de las cosas más veloces de la tierra: las señales del cerebro.

cabeza rafaelezca

Entonces, de pronto, resulté una luz para el trabajo. Producía como nadie. Me dieron tanto laburo que fui a trabajar hasta los sábados. Hacía muchas horas extras y el dinero me llovía. Pero  algo iba en contra de todo: eran mis lecturas en los baños, en los descansos, en la hora del almuerzo, en cualquier rincón de tiempo y espacio que se me presentase.

Mis lecturas, como ya dije, eran muy lentas y chocaban contra la coraza de la alta velocidad que había dejado mi silueta cinco minutos atrás. Un buen día mis nervios no resistieron, temblé todo y flasheé. Mi cuerpo  se abrió como un durazno y partió su carozo, pero no el del corazón, sí el de la cabeza.

Entonces: adiós, laburo,cabeza nuclear de un ángel 3

adiós, hermana,

adiós, viejita,

chau, tortuga,

chau, recuerdos,

bienvenido ‘El Borda’,

bienvenida boa, pitón, anaconda, cascabel de la locura.

 

EXPRESO DE MEDIANOCHE

Antes de seguir con el Borda, quiero decir algo sobre mi  tortuga. Aquella, en el patio de mi casa, me enseñó a andar por cualquier lado, inclusive dentro de un tren-boa, dentro de un viaje ligero y fatal.

tren en carrera

Fue la clara mañana de un día miércoles del mes de febrero. Estaba en la búsqueda de laburo. Me había levantado temprano, con el primer canto del gallo. Vivía por entonces en Moreno, en un rancho cerca de la ruta, con acceso directo al centro del lugar y a la estación. Tomé el bondi. En media hora, me dejó  en la parada de aquel fatídico tren, el 3772. Para mi desgracia, había perdido  el tren anterior, por sólo tres minutos. Entonces, esperé al que me iba a mostrar la vida y la muerte enrollada por los fierros de la víbora metálica, cuando chocó contra la estación Once. Subí en el segundo vagón y me senté en el medio. Arrancó, cerré los ojos. Sin tiempo para un pestañeo, me sentí  envuelto entre el zapateo de botas bajo mi cuerpo. Para calmar la ansiedad previa a la entrevista que me iban a hacer en un rato, saqué mi libro ‘El virrey Cisneros’, conseguido – dos días atrás- en los viejos estantes de las librerías del parque Centenario. Leí y releí la primera página. Olvidé por un momento la entrevista, mis ojos sólo se fijaban en el retrato del virrey. Siempre había querido saber acerca de esos curiosos datos: Cisneros era negro y  se quería perpetuar en el poder por 1000 años.  Sobre lo negro, le chingaron un poquito, aunque no demasiado. Su cutis tenía un tinte entre oliváceo y marrón oscuro. Pero su gobierno, ¿cómo hubiera durado para siempre? A no ser que su comitiva o él mismo hubiera descubierto la pastillita de la vida eterna, no veía el modo.  Sin embargo, lograron lo imposible. Así que, según mi libro, se llamaron entre ellos ‘La gran tortuga española’. Luego de saltear páginas, a fin de llegar a un capítulo interesante sobre nuestra revolución de Mayo o ‘De cómo un tren le pasó por encima a una tortuga sin hacerle nada’, estaba absolutamente convencido: la fábula de Aquiles y la tortuga era falsa. El sol seguía en su rotación alrededor de la tierra y allí estaban  las estrellas con sus ojos clavados en nosotros. Y, así y todo, como en un sueño, nosotros nos movíamos quietos: el sol, la tierra se movían quietos en la inmensa galaxia. Y la tortuga corría -casi quieta- a pesar de su imagen rocosa.

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Como dije, cuando estaba hundido y perdido en mi libro, mientras el paisaje urbano pasaba y pasaba por las ventanillas, de golpe, sentí los gritos de la gente. Mi cuerpo se sacudió. El tren no se detuvo, siguió de largo a través de la estación Once, se subió al andén y arrasó con los puestos ambulantes de los alrededores.

Alicia y el tiempo

 

 

LA GRAN PITÓN

Su gran boca deglutía todo a su paso. Viejos, jóvenes y niños eran tragados por la gran pitón. Yo también me sentí dentro de su boca y, poco a poco, movido hasta su esófago fui masticado con los demás. La serpiente no detuvo su marcha. Era el gran animal voraz de esta era. Se metía, dentro de su enorme cabeza de tortuga, nuestro siglo: el pasado y el futuro, en unos minutos. El tiempo había dejado de existir. Se reducía a cero y a menos que eso. Era como la carrera de la tortuga contra Aquiles. Estaba pronto su fin. ¿Su fin? Supe entonces que el semidiós nunca la alcanzaría. Y, por cada millonésima parte de su avance, ahí estábamos nosotros: triturados y asfixiados por la gran pitón. Sin embargo, la perseverancia de Aquiles y la de los sobrevivientes por llegar a su boca y escapar seguían incólumes. Los que no murieron brotaban entre la montaña de muertos, apilados por el movimiento ondulante de la pitón. Sacaban las manos y desgarraban la piel del animal. Yo, con el libro cubierto de sangre y apretado contra mi pecho, fui ayudado por  los rescatistas en algún lugar del andén y puesto a salvo de la víbora. Aunque el mundo no era demasiado grande para ella, la bestia seguía con su boca abierta en busca de más presas. Entonces, pensé en su tamaño y en todo lo que podía comer si se lo proponía: por su estómago iban Cisneros, la Revolución de Mayo, todos los inmigrantes, los indios descuartizados y quemados en las campañas del desierto, generaciones y generaciones de argentinos con sus ideas locas de hacer, del viejo suelo- donde habían pisado sus antepasados aborígenes- una nueva Europa. Y allí iban- también- montones de trabajadores, incendiadas sus mentes por los dinosaurios de los ricos empresarios y burgueses de la buena vida, con todos sus esclavos alrededor: servidumbres pagadas por piadosos y necesitados del confort. Allí andaban ellos, los laburantes, perdidos hasta su trituración total, la alienación reflejada en sus ojos en busca de una ayuda, de alguien que – sin miedo y sin pudor- le diera con un machete a la cabeza de la gran pitón.

tren serpiente 2

EL GRITO DE LA TORTUGA

Me subieron a una camilla. Después, a una ambulancia. Tenía quebradas las piernas; los brazos, no. Quisieron sacarme el libro de las manos. Les escupí en la cara. Me dejaron tranquilo. Abrí el libro en cualquier página. Leí para mí; después, para los que estaban allí. Nadie me escuchó. Yo, a mí, sí. Fue suficiente placer. Era uno, pero también muchos en esta absurda tragedia. Escuché el ulular de una sirena sobre mi cabeza. Pensé de nuevo en la pitón. Pero ésta era una víbora nueva, una Cascabel. Y me llevaba  rumbo a un hospital, a otra boca abierta y poderosa donde se degluten vidas enteras, con los trapos sucios, las carnes podridas, los cuerpos en descomposición; y en donde flota el insoportable hedor de  agonías  olientes a sangre. La muerte estaba detrás de mí, delante de mí. Pensé en la loca y asesina víbora con cabeza de tortuga española, en su carrera inalcanzable. Y la comparé con la del patio de mi casa. Aquella era tan rápida de pies y sentidos, tan astuta, que se dejó atrapar y engullir por la veloz pitón. Quería ser pitón. Entonces anduvo y ahora sigue su camino con la gran serpiente. La del patio,  la que acompañaba mi lectura, aquella en apariencia tan lenta,  corría a mis perros cuando estaba con hambre. De tan pilla e inteligente,  era capaz de robarles el alimento a los más rápidos. Me quedé con esta última. Por primera vez, me sentí como ella: lenta pero sigilosa, con cara de boba, aunque tramposa. Hábil para meterse y andar por el estómago de una serpiente, sacarle el alimento y escapar de su garganta. Yo venía a ser un Aquiles disfrazado como un galápago, pero con la aceleración y letalidad de una serpiente. Así, en el medio del camino hacia el hospital, cuando el sol de la mañana y las caras de los sufrientes se movían alrededor de mis ojos llenos de la vida en la tierra, levanté despacio el cuello de la camilla, lo alargué, abrí poco a poco la boca en el medio de mi noche- de tu noche-, ladeé la cabeza, estiré mi lengua venenosa y pegué un grito de tortuga.

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EL BORDA

Vuelvo a la inmundicia de mis días. Aquellos en los que estuve atado a una camilla, después  de que mi mente se hubiera eclipsado por los trastornos de velocidad, en un miserable trabajo. Ahora quiero explicar cómo es que, en casos extremos, uno puede tener la suficiente valentía o el coraje  intempestivo para sobrevivir y escapar de la locura de ciertos doctores: los llamados psiquiatras. Frecuentemente, aquellos vienen acompañados de muchos soldados obedientes: los psicólogos. Digo “ciertos”, porque todavía tengo la esperanza- y es cosa comprobada-  de que no todo el mundo es igual y algunos de estos médicos bogan por la mejora de sus pacientes.  Son, estos últimos, atentos asistentes a las limitaciones de sus estudios sobre la mente humana, en contrapartida con aquellos señores y señoras osados, quienes se atreven a sentenciar sobre el cuerpo y la mente de un hombre abandonado por la sociedad y sus familiares. El estudio del gran comando central que nos rige, a mi modo de ver, nunca se encaró con  la noción de “cuerpo integrado”. ¿Acaso el cuerpo no es otra gran mente abierta, unida con sus poros y piel a la cabeza?, ¿es la mente el gran comando central?

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Vuelvo: Por entonces, para los psiquiatras y médicos de los ‘irreversibles’, yo era un conejillo de Indias. Un tipo al que la velocidad unida a su más ferviente deseo de lectura lenta lo había llevado al stress extremo llamado locura. Para ellos y para todos los familiares que habían abandonado a sus locos en el Borda, yo estaba entre los más peligrosos del hospital: me había escapado varias veces, había mordido en el cuello a muchos enfermeros y lastimado con cuchillos -fabricado con alambres de mi cama- a todo el personal vestido de blanco que se me  hubiera cruzado por el camino. Hasta que un buen día grité ‘¡Quiero mi libro!’ y todo cambió. Me dieron el libro. Retomé la historia de Cisneros y me calmé. Fui una pasa de uva, para asombros de todos.  Como primera medida, tomada por el director del Borda, yo leía y releía, una y otra vez por las mañanas, páginas enteras de extensos capítulos acerca de las desventuras del virrey. Después de varias semanas de mejoría, me dejaron leer por la tarde, hasta que me calmé tanto, que conversaba con los enfermeros y doctores. Finalmente, lo declararon: estaba curado. Pero, antes de la fecha de mi partida, decidieron ponerme a prueba con otros enfermos. El laboratorio de los ‘osados’ abría sus puertas: más que nada, eran enfermas mentales venidas del Moyano. Los médicos comprobaron a simple vista que yo también me animaba y conversaba con ellas. No las rechazaba, las invitaba a leer ‘El virrey Cisneros’. Un día, una enferma terminal aprendió de memoria una página y la repetía de continuo. Otro día se despertó con avidez de más lectura. Pidió mi libro, leyó la primera página y, después, unas cuantas más. Su mente mejoró de manera notable, hasta un bienestar que nadie pudo creer. Los médicos, después de verificar la recuperación de aquella paciente, les dieron a los demás enfermos la posibilidad de leer distintos libros para niños, acompañados de la música de Mozart. La experiencia de los ‘osados’ tuvo éxito.

 

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LA MÁQUINA DE HACER PÁJAROS

Todos leían, al igual que yo, como tortugas: muy despacio. Masticaban cada palabra y la tragaban igual que el animal, tal como si hubiera sido lechuga. Andábamos con la razón fresca y mejorada hasta que, una noche, un muchacho se asomó por la ventana. La abrió del todo, se subió al alfeizar y gritó:

‘¡Soy tortuga con alas! ¡Soy tortuga con alas!’ y se tiró desde un tercer piso. Extendió los brazos en el aire, pero cayó de cabeza contra el asfalto. Murió en el acto. Después de aquel incidente, me volvieron a atar a una camilla, por si acaso, según ellos, me agarrara una recaída o cayera en algún intento de suicidio.

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Las cosas siguieron de mal en peor: a los demás internados le quitaron sus libros, la música de Mozart. Por mi parte, volví a la normalidad: me cagaba, me piyaba encima y no me daban bola. Gritaba como un gato degollado y nada. Finalmente, me pichicatearon por todos lados hasta que estuve calmo y me dormí.

De ahí en más, las noches y los días los pasaba en estado de sueño. Mejor dicho, soñaba con serpientes. Mi mente era un crisol de serpientes. Estaba ávido por escapar del cemento, por volver al patio de mi casa, a mis lecturas. En fin, a mi nido. Después de tantas torturas y al cabo de poco tiempo, desarrollé un odio irrefrenable hacia todo bicho humano que caminara por allí. Los quería devorar.

lobo luna, luna lobo

Una noche – me habían dado apenas un par de inyecciones con calmantes, aproveché y refrené todo impulso de dormir.  Astuto como las víboras de  mis sueños, ante mi enfermero ingenuo, actué de bello durmiente. Él me desató, creyéndome en estado de sopor. Luego, se sentó a mi lado para cuidar que no despertara. Entonces, junté todas las víboras de mi cerebro, las llamé para un aquelarre del mal y tuve la rapidez para sacarle al enfermero su jeringa unida a una aguja, en el fondo de su bolsillo. Con todos los venenos en mi cabeza, junté la fuerza y la decisión de mi odio y le clavé la jeringa en el cuello. El tipo cayó al piso de inmediato. Ahí, me deshice de las sábanas, saqué de mi armario un pantalón corto y una remera negra de mangas largas. Me los puse. Después, subí a la ventana del cuarto piso, la abrí, armé las sábanas de mi cama  en ristra y las tiré hacia la calle lateral del Borda, por donde no pasaba nadie. Bajé por la soga improvisada hacia mi libertad y le grité y le aullé a la luna, como si  yo hubiese sido lobo. En memoria a la vida de aquel compañero semidiós, semi pájaro, insistí:

¡Soy víbora con alas! ¡Víbora con alas!

Mi cuerpo comenzaba a mudar de forma. Y corrí, volé, corrí, salté a través de la noche.

Öèôðîâàÿ ðåïðîäóêèÿ íàõîäèòñÿ â èíòåðíåò-ìóçåå Gallerix (http://gallerix.ru)

 

MEDUSA

No quiero decir dónde vivo ahora. Ya que, vos, querido lector común, viciado de razón, me delatarías. Eso me devolvería al loquero, como aquella vez. Sólo te lo digo: estoy muy cerca. Me deslizo en tus noches, cual serpiente atada a tu cama y clavo mi veneno en tu cogote. Siento decirte que mi ponzoña es tan letal como las ganas de matar a tu jefe,  a tu esposo o a cualquier enemigo por allí. Entonces, basta de tus vulgaridades. Ya basta de prójimos. Más bien pido un cambio de palabras, atrévete a decir, por ejemplo: ama a tus pesadillas como a ti mismo. Y, para vos, burgués de mierda, incapaz de amar u odiar de veras a alguien, mi veneno es poco ponzoñoso. Necesito unirme a otros como yo o llamar a la medusa, a fin de exorcizarte de todo bien. No se puede ser tan educado, no se puede ser tan amable, tan dulce, tan lerdo de pensamientos y sentires. El veneno está también en el fondo de tu corazón. No te preocupes. De eso, no te vas a morir. El amor, palabra vieja y en desuso, vendrá de nuevo a tu alma con gusto a nada y será una manzana picada por la serpiente. ¡Oh, gran hechicera! ¡Divina amante de la vida! Su veneno te pudrirá de a poco y te sentirás volver de la muerte. Si no, puede que palmés de un resfrío, de la envidia de los felices sin nada,  del solcito que entró por tu ventana. ¡Qué asco! ¡Qué asco! ¿Cómo  enorgullecerte de tu cariño y empatía con tus semejantes, si no conocés la rabia de los desahuciados y oprimidos? ¡Entonces, confraternizarás con tu semejante, con una mierda igual a vos! No conmigo. ¡Hipócrita! ¡Mal oliente de espíritu y cerebro! ¡Déjate envenenar!

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Por eso, al lado de medusa, voy a gritar: ¡Más veneno, más astucia!, ¡más velocidad de inoculación de  ponzoña sobre tu pecho esquivo! ¡Más vida, más odio, más amor! ¡Sean soledades eternas, por la lectura visceral!: ¡Bienvenidos!, ¡Bienvenida aceleración de las razas y las palabras!: ¡Más mezclas, más mezclas! ¡Más lunfardos! ¡Más intromisión de otras lenguas con la mía! ¡Abajo el poder de todos los Cisneros! ¡Abajo, pájaros anillados sin alas! ¡Lerdos de la historia! Yo ordeno: decapítenlos para siempre. En lugar de sus cabezas, medusa se arrastrará y se encargará del resto: de ir contra el silencio cómplice de los inquisidores y torturadores de toda fantasía e imaginación, de toda posibilidad de cambio en los sexos; ella arrasará los disfraces quemados de los puritanos, con las tertulias políticas plagadas de adornados discursos hacia estúpidos,  ricos y burgueses. Ella suprimirá todas las promesas vacías para el pobre trabajador, se hará cargo del amor, de los mil amores y pasiones truncados en la corta vida de las culebras. Y, cuando estés solo con un libro extraordinario y semejante a la hermosura de Medusa, él hará de su rebosada cabeza- con víboras saltantes y veloces- el gran ojo de una tortuga cíclope que te mirará. ¡Déjate hipnotizar! No para siempre. Sí, para la corta vida que ama la larga muerte de cualquier estrella. Sobre todo, la tuya, tu estrella.

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RETIRO CORPORAL

Sólo por este momento circular y paralizante, sin horas, minutos, segundos o cualquier otra clasificación del tiempo, me retraigo. Sin velocidad o, más bien, con aquella rápida aceleración de mi cuerpo, que tu vista de lector distraído no puede ver. Es decir, me enrollo, una vez más, en mi pequeño nido serpiental de lecturas devoradoras. Voy por más carne de la letra lenta, muy lenta. Y te digo adiós.

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Y FUERON SUS ÚLTIMAS PALABRAS

BusterKeatonKBF1956 (1)(Recopiladas por  Profesor H.H Liporacce.)

¡Vengan por aquí que es más seguro!

¡No sentís olor a gas?

Remá tranquilo, la Garganta del Diablo está en el otro brazo.

Mirá el julepe que le hago pasar al guarda.

¿Vos querés que te dé un par de sopapos, no?

Para atrás y con los ojos cerrados, ¡miren, miren!

Las armas las carga el diablo y las descargan los boludos.

Hacete el gil, que no se dieron cuenta.

Oia… ¿y este botón?

Dejame a mí, a ver si todavía te lastimás.

Dale, ¡soltalo que yo lo atajo!

¡A mí me vas a enseñar de hongos? Fui boy scout, pibe.

Ma´ sí, yo cruzo.

El rot wailer tiene que sentir que vos sos el que manda. Fijate bien.

¡Miren lo que hago con la motosierra!

¿Te calentase, Carlito´?

A ver, ¡enchufá!

Una más, ¿qué me va a hacer?

 

 




BITÁCORA DE UNA VELA

Por Fabio Faes

Velocidad: sobre reales y aparentes.

 

                                                    Viento real es el que sopla realmente  y viento aparente, el que percibe un observador en movimiento. Para tal observador, uno y otro nunca coinciden en velocidad y dirección.

SER UNO CON EL BARCO

-Cuando navegamos a vela, entramos en una dimensión distinta – Lo dijo el Capitán, sosteniéndose del obenque de babor (1), mientras el pie derecho balanceaba el vacío, del otro lado de la borda.

Yo había oído la afirmación en la proa, con los dientes apretados para que no castañeteasen por el frío, bien afirmadas las piernas y muchas ganas de no sentir miedo. Demasiada metafísica, pensé.

-Ocho nudos, rumbo oeste. Arriba, la mayor….  –El viejo ya no se veía frágil, ni gracioso. Y, mucho menos, metafísico. Era uno con el barco, todos sabíamos qué hacer.

EL SOL TREPADO A LAS TORRES

A proa, el sol impreciso trepa las torres de toma de agua. En la popa, los contornos de la ciudad se carbonillean apaisados.

– ¡Viramos!  Navegamos en ceñida (2) –

El viento y su fuerza continua abrazan, a pleno, casi violentos. Cada músculo, singular y único, se pone en modo “protección”. Un placer confuso, inquietante.

¿Usted percibe que estamos navegando a una velocidad alta, digamos a unos ochenta kilómetros por hora, no? Se equivoca, querido, no llegamos a quince. En una bicicleta, un poquito más que un paseo.

1-William Turner Tormenta de Nieve en Alta Mar

MONET, ENTRE BRUMAS

El capitán y el sillón, centauro y epicentro.  Navegante y barco.

Velocidad 33: la escultura de una mujer negra, muy joven y muy desnuda, sumisa en su corona de flores de fuego. Monet con Venecia en bruma  aplasta la espalda del anciano de ojos profundamente azules. El camarote se inunda con los reflejos de la pintura. El tiempo de Monet navega el tiempo del Capitán. Si uno le sacara una foto en este momento, la instantánea, ¿a qué velocidad se vería?

-Me gusta ser el marco en el vaivén del mar-, apenas audible, lejana y triste,  la voz del Capitán.

2- Monet- Crepusculo en venecia

DE  NAÚFRAGOS Y SANTOS

San Pedro y San Pablo ardían con velocidad real, no aparente. Era el único momento del año en que  las Miranda se mostraban juntas. Vivían en una dimensión distinta. Había que tenerles miedo, a ellas, a toda la familia. Pasar por delante de las chapas sobre la casa, sin asomarse a los agujeros  invitadores. Eran once, nueve hijos. Elsa, la mayor, qué barbaridad, embarazada. Venían a la Noche de San Juan, esperaban el desborde de batatas asadas. Azabaches inquietos, los ojos a veces se detenían un segundo.

Piernas desnudas, mucho invierno, pulóver en hilachas, estirado en un movimiento histérico contra el frío.

La familia no pertenecía. El padre, enorme, vestido de gaucho, coleta y ristras de monedas de plata,  todas las tardes cabalgaba el asfalto, de vuelta.

– Roba caballos-  decían.

-No deberían vivir acá, pudren el barrio, mirá lo que son… cómo pueden tener tantos hijos, ni se te ocurra entrar, ¿eh?

Viento real  aplasta  la chapa, me aplasta. Colchones apilados asimétricos. Elsa, sus piernas muy redondas, fuertes, pies descalzos. No sonríe jamás.

Viento aparente,  habitación en sombra, trapos de colores y sudor atrasado. Y la muchacha prohibida, apenas una pancita, dudosa, las piernas muy abiertas sobre el catre precario, desparramada la pollera escasa.

Y el viento aparente y el real se arremolinan y se mezclan en torbellino. Cuando la furia se aplaca, ¿qué queda? El vacío, debajo. El vacío, encima. Entonces, se empieza a escribir.

3- Dali, familiad de centauros marsupiales

NAVEGAR EL VACÍO

Sin los contornos grises de la Gran Urbe, el Río de La Plata invadía con  el ojo de buey. Las risas y las voces exaltadas llegaban desde cubierta, mientras el viento en popa regalaba un momento de juego al viaje.

– Te metes estas cinco cerezas en la boca, las masticas muy lento y escupís los carozos por estribor. Chau, mareo- .

Apenas recostado sobre una mínima litera, el mareo leve me  ensueñaba. ¿Yo  soñaba al Capitán o  era el Capitán que soñaba, parado frente a la bitácora?  En el vientre de este barco modesto, frente a un Monet desproporcionado sobre una pared sin territorio, habían llegado las Miranda, también  la negra desnuda y la voz del Capitán. Mientras, el barco se deslizaba hacia los puertos de la memoria.

LA DOBLE VIDA DE LA TORMENTA

Hay dos maneras de atravesar una tormenta, capearla o correrla.

Capear la tormenta significa poner el barco a contraviento, la proa al frente, “subir y bajar las olas”, sentirse el macho, el guapo. El barco navega firme,  pleno y hasta contento: se sube a las olas, las baja. El agua nos salpica en la cara, pero estamos dale pensar en que podríamos desaparecer debajo de una sola ola, y chau.

En cambio, “correr la tormenta” significa poner el barco a favor del viento, ir hacia el lado en  que ella dispara. Entonces la marcha no parece tan complicada, el viento nos empuja y vamos sobre las olas. Las ráfagas, a nuestras espaldas; y la ola amiga, cómplice. Como todo el mundo, qué hay para temer.

Capear, sin embargo, implica ser el timón. Y que el barco se llene de viento.

Correr la tormenta es no ser timón,  pero no por eso ser tormenta. Es estar con la tormenta. Ella es.

Una de las Miranda se opone. Dice que a ella le hubiera gustado que no la señalaran tanto: correr, no capear. Pero, de verdad, no eligió.  A Monet se le confunde capear con correr, tan difuminado se le puso el cuadro, con el andar del tiempo.

LA OLA

Leia estas consideraciones,  garabateadas con lápiz negro en un cuaderno Rivadavia, mientras estaba tirado sobre una litera en el interior del barco. Andaba apenas despierto de una siesta minima, discontinua, con algo de dolor de cabeza y  náuseas incipientes. Había soñado el recorrido del barco por varios puertos. El de las Miranda, por ejemplo: el sabor de sus interiores que jamás conocí y aun así añoro. Esto lo reflexionaba despierto. En el sueño, una de ellas- no puedo distinguir cuál- me hacía señas desde el interior de un cuarto en penumbras. Y la otra custodiaba la entrada. Una fuerza indeterminada me retenía, un  alambrado inconcreto.

FIN DE BITÁCORA

Despabilado de las ensoñaciones, subí a cubierta. Pálido y con la mirada perdida, me uní a la modesta reunión. El Capitán alineaba  una orquesta desafinada, mientras la pareja de las cerezas y una dama de blanco intentaban bajar las velas. Todo estaba en orden y en paz. El Río amaba al barco y este le correspondía. En la Ciudad  y sin carbonilla, un sol de tarde  pintaba de dorado las paredes de los edificios. Un avión demoraba el aire.

Y, entonces, sucedió: un cruce, una epifanía, un desconcierto. Las dos velocidades del viento fueron una sola realidad, una sola una quietud.

En el aire limpio y fresco del anochecer, las dos formas de atravesar la tormenta también se entrelazaron. Pero después se restituyó el “todo como siempre”. Y, aunque modificado, hubo que capear, correr, capear, correr. En eso andamos.

Todavía resta mucho. La embarcación siempre guarda un viento incierto en un pliegue de su vela.

 

4- Monet- Regata en Argentuil

 

(1) Obenque: Cable grueso que sujeta al mástil desde su cabeza hasta la borda o hasta el costado del barco. Babor se refiere al lado izquierdo del barco, tomando el sentido de la marcha, es decir, mirado desde atrás hacia adelante.

(2) Navegar en ceñida: Término náutico que se utiliza cuando el barco navega en  contra de la dirección del viento. Esto es posible  por el diseño de las velas modernas, que imitan el ala de un avión. La velocidad del aire por detrás de la vela es mayor que delante de la misma. Así  genera una presión negativa que succiona la vela. Y esta arrastra el barco todo.

 




CENIZAS SIN PARAÍSO

Por Pablo Petkovsek.

Velocidad: Sobre la lluvia de cenizas en el sur y otros desarreglos.

1. ALGO REAL

El volcán Calbuco, al sureste del lago Llanquihue (región de Los Lagos), al sur de Chile, entra en erupción, la segunda, el miércoles a las seis de la tarde. A partir de ese momento comienzan detonaciones hasta bien entrada la madrugada del jueves. Una nube densa, blanca, se extiende en forma vertical unos dos kilómetros hacia el cielo. De ahí en más, el viento que sopla del Pacifico empuja las cenizas hacia la Patagonia argentina.

Alerta máxima en Bariloche. Facebook se inunda con imágenes de la nube y con informes meteorológicos que desplazan el prodigio hacia aquí: San Martín de los Andes.

Primeras medidas preventivas: no salir, circular en auto a muy baja velocidad, almacenar agua y alimentos no perecederos.

Mientras la nube sigue avanzando, el viento saca de escena a Bariloche y desplaza el centro de gravedad hasta esta zona.

La precipitación de cenizas comenzó a la 1:30 de la mañana. Lentamente, el “paraíso” comienza a transformarse en una especie de escenografía apocalíptica.

 

2. NEGATIVO

La noche del miércoles, minutos después de las nueve, recibo una llamada que transcribo de forma literal:

  • ¿Viste lo que pasó?

No contesté, no tuve tiempo.

—Cargá nafta, comprá agua y cigarrillos —una voz eléctrica y perturbadora, hablaba de catástrofe—. Estalló el volcán.

—Voy mañana a la mañana —mi cabeza hipnotizada por la clase de (Lectura, escritura y oralidad) pensaba en un plato de comida y cigarrillos.

 

Mientras el cielo caía y el volcán vociferaba de forma perturbadora, dormía como un bebé. Mi vida y mi sueño se desplazaban en otro sentido. Al fin y al cabo, siempre fui negativo y esta no iba a ser la excepción.

A la mañana siguiente, desperté con el desgano habitual. Me bañé, medité y desayuné. Prendí la compu, subí una foto para el programa de radio (de 21 a 23hs). Al acercarme a la ventana vi todo fuera de foco. Líneas que perdían contorno, mientras una lluvia de cenizas caía imperturbable. Todo cubierto en gris. Me puse un cuello, de esos que utilizan los esquiadores, saqué la parte inferior de un secador de pisos y salí. Despejé un poco de ceniza de arriba del auto, subí y fui a trabajar.

3. ADENTRO

 

Sobre un barco, no tengo identidad, canta Federico Moura en “Transeúnte sin identidad” de Virus (https://www.youtube.com/watch?v=E52—svcdA). Es difícil pensar ahora esos momentos. Afuera, en el camino, el mundo discurría a velocidad cero o avanzaba lentamente; apenas lograba ver a más de cinco metros. No había un solo auto en la calle. Al llegar a la esquina de la oficina, en San Martín y Mariano Moreno, observé que Dublín, uno de los cafés por excelencia del lugar, estaba cerrado. Algo andaba mal, estos nunca cierran, pensé. Seguí de largo y me fui a cargar nafta. Compré un agua con gas (cosa que odio) y un paquete de cigarrillos. Llamé a un amigo y fui a su casa. Creo que aún no entendía bien. Cuando abrió la puerta vi su cara desbastada. La televisión chilena ametrallaba y ametrallaba con imágenes y él ametrallaba y ametrallaba con palabras. Atónito miraba la nube del volcán, furiosa, gorda e indomable; tsunami de polvo.

¿Saldremos?

Nunca, nunca se sale.

Me sentía feliz de no estar angustiado. El mundo alrededor se movía, dentro de la máxima quietud, a millones de mensajes familiares por minuto.

Yo, una especie de ceniza humana, caía y caía desde miles de metros sin lastimarme, todo parecía distante. La ceniza era de otros.

 

J.M.W. Turner. En la boca de una tormenta de nieve en el puerto.
J.M.W. Turner. En la boca de una tormenta de nieve en el puerto.

 

4. AFUERA

Esa mañana el tiempo era noche. Noche, oscuro, fin. Si este lugar habitualmente no tiene horizonte “horizontal”, entonces tampoco tenía cielo “vertical”. Un sitio sin coordenadas, perdido al sur de la provincia del Neuquén.

La ceniza borra futuro, ya no hay plan; solo existe una salida hacia un pasado muerto.

Su pareja lo llama y acrecienta la desesperación cotidiana. Aprovecho el desconcierto para irme, nunca es fácil o agradable mirarse al espejo.

 

 

Tomo esta foto a las 10.30 am. Noche sin día. Siento arena en los ojos y un olor fuerte como a azufre: el infierno de Dante. Me sumerjo en el auto y avanzó entre olas de cenizas; una ola de ceniza tras otra.

Al llegar a casa, pienso que el programa de hoy a la noche es inviable. Después es viable, después no. Los canales de Buenos Aires proyectan un mundo que no es mío. Ahora me lo dicen, aunque hace mucho que lo sabía. Finalmente es así; estoy fuera. Ahora soy nube, soy ceniza.

A las doce y media, una especie de resplandor rebota contra la ceniza y reverbera en luz.

Es día y el sol no salió.

 

5. EL FINAL

 

A intervalos sumerjo mis ojos en la ventana,

y

veo sin mirar.

 

Imágenes repiten,

un tren que lleva al mismo lugar,

día.

 

Dibujo un círculo en mi vida,

pequeña, oscura

y,

en el reflejo,

bruma.

 

Otro sobresalto,

ceniza.

Mientras transcurre la tarde,

silencio.

Árboles, casas y autos.

 

Yo,

dos cuartos y veinte pasos,

mi propio negativo,

porque todo,

se desvanece,

en la bruma luminosa de una canción.

 

 

 

 

 

 




LA INMÓVIL ACELERACIÓN DE UNA PLUMA

Por Alicia Lapidus.

Velocidad: sobre los ritmos de la vida.

DEFINICIONES BÁSICAS

Velocidad: es una magnitud física de carácter vectorial que expresa el desplazamiento de un objeto por unidad de tiempo.La vida, ¿transcurre como una línea?, ¿es una espiral vertiginosa? Parece un devenir sin pausa, constante. Para quienes la habitamos, avanza momento tras momento, a veces muy similares- tanto- que parecen repetidos. Una suma de “dejá vu” cotidianos. El despertador, el colectivo, el trabajo, desayuno, almuerzo, merienda y cena. Al mismo tiempo, como con las comidas, hacia el interior, las sutiles diferencias marcan el avance del tiempo.La velocidad tiene límite: la marcada lentitud puede parecer quietismo y la alta velocidad llegar a ser vista como mancha borrosa.

 

Espejo de Simetría, por Shinichi Higashi.
Espejo de Simetría, por Shinichi Higashi.

ÍMPETU

  1. Se coloca el casco con dibujo de fuego por primera vez. Campera de cuero ajustada. Mangas negras hasta el codo; rojas, más abajo. Pantalón, donde alternan ambos colores. Botas de cuero negro. Sobre el empeine de la izquierda, posada una pluma, blanca con hilos grises en intenso contraste.

Sube, lento y venerante, a la recién adquirida motocicleta. La enciende, vibra entre sus piernas. Acelera. A fondo. El impulso lo tira hacia atrás. Se agacha hasta casi tocar el velocímetro con la cara. El paisaje se desdibuja, se borronea. Están sólo él y su moto.

 

ESPERA

2. Odio las fiestas al aire libre. Me incomoda el viento, me despeina, me hace sentir desprolija.

La pluma blanca y gris gira, mientras se desliza- suave- por el aire. Cae blanda, lánguida, hasta terminar su vuelo en la espalda del traje negro. Lo miro, desparramo la vista sobre su cara y, lentamente, voy bajando sobre su cuerpo. No es lindo. Quizás, hasta es feo. Difícil saberlo. Espero, quieta sobre su anatomía, a que la magia lo haga volverse hacia mí. Así es como me enseñaron. La mujer espera, el hombre actúa.

La fiesta hace mucho desapareció. No “estamos”, está él y estoy yo. Los ruidos nos envuelven. El parloteo y la música son imparables. Mientras, apoyada contra una columna al costado de la pista, me concentro en la figura atractiva.

 

PERMANENCIA

3. Se despierta amanecida contra las baldosas. Al caer, se golpeó levemente la cabeza. No puede moverse. En sus piernas, sus 90 años son muchos más Semidespierta, grita: “¡José!”. Silencio. “¡José!” “¡José!” “¡José!”…Silencio. Recuesta la cara contra el piso frío. Espera que llegue José. Espera, espera, espera.

DEFINICIONES BÁSICAS

La velocidad, es, con la dirección, una de las propiedades específicas del movimiento. Se percibe con el rápido desplazamiento de los elementos en el espacio, desde ya,, relacionados a un marco de referencia. Resulta del cambio. Constituye un acontecimiento.

Esa línea constante se ve interrumpida, rota, desbocada por acontecimientos singulares, que escapan a lo cotidiano. Lo desconocido irrumpe en rupturas donde el tiempo se acelera al máximo o se enlentece hasta lo imposible. A veces, nos hace avanzar atolondrados o nos paraliza, impotentes.

CARRERA

4. El motociclista levanta un poco el pie del acelerador. Aparece el mundo. Se pavonea montado a su aparato. Mira hacia los costados. Ve gente, cree que lo saludan. Las casas son brillantes y coloridas. El motor se sacude, acompasado bajo su trasero. Se siente poderoso, único. Mira al cielo, el penacho desciende en órbita concéntrica sin alcanzar el suelo. Él avanza con confianza sobre la calle de tierra.

Nascent, 2005- Gina Czarnecki
Nascent, 2005- Gina Czarnecki

 

ARREBATO

5. Gira y me ve. La pluma se desprende de su hombro con volteretas acompasadas, hasta tocar tierra. Me siento inerme y también poderosa. Un ligero mareo se instala, pero no bajo la vista. Antes, la fiesta era lenta. Ahora se paraliza. Me rodea el silencio- mi silencio- mientras camina hacia mi columna con un gesto de duda. Se arrima y, sin hablar, me toma la mano. Lentamente, caminamos hacia la pista. Frank Sinatra canta. Me toca la cintura para bailar. El mareo es total y las vueltas, puro vértigo.

LETARGO

6. El cuerpo desparramado sobre el suelo. La voz quejumbrosa. ¿Pasaron minutos, horas? No sabe. “José”, gime ella, ya en una cadencia repetida “José… José…José”. Cierra los ojos y se deja llevar por la noche.

DEFINICIONES BÁSICAS

Aceleración: Es importante distinguir entre la velocidad (que refleja cómo cambia la posición de un cuerpo respecto al tiempo) y la aceleración (que señala cómo ha variado dicha velocidad). La aceleración menciona cómo cambia la velocidad, no cómo es la velocidad: un cuerpo que se desplaza a gran velocidad puede tener una aceleración muy pequeña.

Crisis- cambio-: algo atrae y acelera el alma. Nos deprime y frena la vida. Pero, siempre, empuja al cambio: entramos en él como en un túnel donde todo se modifica para salir de frente a un rostro otro, nuestro.

EQUILIBRIO

7. No llegó a ningún lugar, pero se detiene. Tiene que detenerse. No alcanza a sentir todo si no para. La pluma alcanza el suelo. Ambos se aquietan. Aprieta los manillares, toca el freno, desliza los dedos religiosamente sobre el manubrio todo. Siente el motor adherido al cuerpo. Se baja y mira la moto. Es una amante dispuesta. Negra y sensual.

Los amantes. René Magritte
Los amantes. René Magritte

DESPROPORCIÓN

8. Mientras volamos por la pista, recuerdo a Rafael Alberti en “Campo de Batalla”.

Nace en las ingles un calor callado, /como un rumor de espuma silencioso. /Su dura mimbre el tulipán precioso/dobla sin agua, vivo y agotado.

Crece en la sangre un desasosegado, /urgente pensamiento belicoso. /La exhausta flor perdida en su reposo/rompe su sueño en la raíz mojado.

Salta la tierra y de su entraña pierde/savia, veneno y alameda verde./
Palpita, cruje, azota, empuja, estalla.

La vida hiende vida en plena vida. /Y, aunque la muerte gane la partida, /todo es un campo alegre de batalla.

SERENIDAD

9. La cabeza la siente inmersa en una almohada de plumas. Los sonidos amortiguados, la oscuridad es una pared. Cuesta respirar. ¿Mamá? ¡Mamá!, grita esperando que aparezca la madre muerta hace 30 años. Retrocedió sin darse cuenta. Se encoge en su colchón de baldosas.

BRAMIDO

10. Monta su motocicleta otra vez. Se abraza a ella, se entrega. Acelera, pisa hasta donde no hay más. Él, aplastado contra el metal caliente. El aparato ruge y vuela. La pluma sale despedida a los tumbos por el escape de la moto.

DELIRIO

11. Nos vamos juntos. Habla con voz gruesa. Vamos a transitar esa oscilación en plenitud. ¿Te acordás de las hamacas? Llegar al punto más alto en cada extremo, porque estos extremos tienen la particularidad de ser opuestos, pero maravillosos.

RETIRADA

12. Mamá…mamá…, ya es sólo un quejido mudo de labios resecos. Una niña desprotegida, ausente, inmóvil.

DEFINICIONES BÁSICAS

Aceleración centrípeta: Es la aceleración que se ejerce sobre el objeto en rotación apuntando hacia el centro de giro.Aceleración centrífuga es la aceleración que tiende a alejar al objeto que gira del centro de rotación.

Tantas veces nos alejamos y nos acercamos hacia ese espacio, a ese hueco, a ese túnel, que atrae y repele. Un viaje que vacila para completar lo imposible.

El falso espejo . Rene Magritte
El falso espejo . Rene Magritte

HUIDA

13. Los testigos dicen que vieron a una motocicleta, a toda velocidad y sin conductor. Otros juran que el motor estaba cubierto con una campera de cuero roja y negra. A otros les pareció ver cómo la moto empezaba a volar. Los menos la vieron desprenderse de la tierra y convertirse en una nube con forma de pluma.

PAROXISMO

14. Nos vamos juntos, escapamos hacia la oscuridad. Creación, nos inventamos de dos en uno, nos fundimos en la profundidad, nos deshacemos en la penumbra, mientras la pluma gira enloquecida por el cielo y estalla en múltiples átomos de expansión.

ARMONÍA

15. Acurrucada en posición fetal, llora lentas las lágrimas. Madre aparece, la acuna, le acaricia la cabellera blanca. Deja de llorar, deja de pedir. No se agita más, no se mueve más, no se moverá más.

 

 




CRÓNICAS DE UN FOTÓN ENMASCARADO

Por Patricia Tombetta.

La velocidad: entre aceleración y desencuentros.

EN EL CIELO LAS ESTRELLAS

Una noticia:

Un equipo de científicos escoceses ha conseguido que los fotones viajen a una velocidad inferior a la de la luz en un espacio abierto. El secreto es una máscara que cambia la forma de las partículas de luz y las frena ligeramente. En una carrera entre dos fotones, llega más tarde aquel al que se le aplica la técnica.

 

Otra noticia:

Una mujer se encuentra con su ex –pareja en un bar del centro del barrio de Caballito. Elige un lugar público por temor a la reacción del hombre. La mata a cuchilladas ante los atónitos concurrentes y personal del lugar. Luego intenta suicidarse con el mismo cuchillo. Está fuera de peligro.

DESTINOS Y ADHERENCIAS

Desde alguna perspectiva las noticias podrían ser opuestas y hasta complementarias. Me atengo a la libre asociación de considerar que las búsquedas portan un sino. No como destino de encuentro, antes bien como aquello que se pegotea por el camino.

Por un lado, la experiencia de ralentizar la velocidad de los fotones podría estar al servicio de su control. Que algo se detenga para poder observarlo, comprenderlo y hasta ejercerlo. Al parecer lograron detener a las partículas de luz colocándoles una máscara.

Por el otro, cada treinta horas muere una mujer asesinada por un hombre. Según los organismos que estudian el problema se produjo un aumento de, alrededor, de un 20% en los últimos tiempos. No hay, todavía, muchas precisiones.

EN EL CAMPO LAS ESPINAS

Espina I

Si bien percibimos un haz de luz, los fotones que lo conforman no viajan a la misma velocidad. Hay individuos por todas partes.

Yo la quiero, no sé por qué se fue. El problema es que no respeta las leyes, es atrevida y no baja la mirada, mire que no pido mucho, yo no estoy en todo el día… la ley es la ley.

¿Cuál ley?

La mía, alguien tiene que poner un orden, no se puede hacer cualquier cosa. Qué pido: una comida a la noche, que se encargue de los chicos. No sé qué se le dio por irse.Mascaras-Teatro

No le debe gustar que le pegue.

Puede ser eso… pero entonces ella tiene que cambiar, yo la quiero mucho, ando como perdido.

(Una mañana de 1.993)

 

Espina II

Romeo y Julieta se enamoraron en un baile de máscaras.

Amor, máscaras y noche.

Caprichos

La eternidad y después.

 

 

Espina III

Antes de 1.976 festejábamos el carnaval.

Durante varios días y noches, la vida del pueblo parecía otra.

Finalizaba con la fiesta de mascaritas.

Tapados, nadie se reconocía y, así, se daba rienda suelta       

a todo aquello que luego quedaría velado

hasta el mismo día del año siguiente.

Gestos de infidelidad, broncas, juegos con agua,

sustos, amores, golpes de puño, sueño azul.

Cuando lo prohibieron los disfraces se quedaron adheridos todo el año.

Espina IV

Ser dueño y señor de los derechos es un elixir tan adictivo como ralentizador. Lo es, también, otorgar al señor todos los derechos. Pero hay fotones que no se detienen, esquivan la máscara y perturban el estado de cosas.

La ley no es un traje a medida. Ella sujeta, incomoda y obliga a buscar distintos senderos. Algunas otorgan derechos a quienes se mantenían invisibles o velados. Tallan por dentro y luego algo tan rápido como un haz de luz escapa a máxima velocidad.

¿Será la mirada que perdió las gafas? ¿ O el de las gafas perdió la mirada?

Y EN EL CENTRO DE MI PECHO

Hay máscaras que son preciosas, las del carnaval de Venecia, por ejemplo. Otras necesarias, nos acompañan y dan esporádicas certezas de encuentros que se desvanecen. Pero una clase de ellas, al parecer, desfiguran hasta menguar en veintiún gramos todo lo que tocan.

Crímenes pasionales, locos por los celos, porque te quiero te aporreo, un hombre no se puede resistir, ama con desesperación, no sabría qué hacer sin mí, yo lo provoco, un piropo levanta el ánimo…

Ornamentos de un largo cautiverio y de pronto se abre una puerta, ¿demasiado rápido?, se ilumina el cuchitril que les estaba reservado. Ajeno e inútil. Hay otro mundo, otra vida, una vida… Individuos ya sin máscara corren a otra velocidad. Velos dejados de lado se pegotean sobre otros cuerpos que manotean, ahora sí, con desesperación. Algo acelera, pierde lastre, se autoriza. Un poco de sangre parece ser el precio.

¿Para qué querría la ciencia ralentizar la velocidad de la luz? ¿Sería para mostrar qué le sucede a quien anda enmascarado? Aunque esto no puede ser una oda a la alta velocidad. Antes, mejor, podría mostrarnos que la diferencia de velocidades forma, de todos modos, un haz de luz.

La metáfora es tentadora pero los humanos estamos hechos de otra pasta, pasta de encuentros, de compromisos, de miradas. La velocidad es mala consejera y, al parecer, no hay ninguna meta. Aunque, de vez en cuando, algo acelere y alguien se detenga para siempre.

¿Qué sería del cielo sin los viajes de la luz?

Sobre todo, los viajes.




ÚLTIMO TANGO EN PLAZA FRANCIA

Por Gabriela Ramos y Víctor Dupont.

La velocidad: un paseo por estatuas reales, estatuas vivientes y apariciones en Buenos Aires.

Si no esperas, no encontrarás lo inesperado, que es inescrutable e inaccesible.

Heráclito.

BALZAC EN BUENOS AIRES

En los bosques de Palermo hay una estatua de Balzac. Ella, inmóvil, imponente. Detrás, la puesta del sol tiñe los óxidos en los que permanece – impermeable, a contraluz, y a espaldas del bosque- la imagen del gran novelista francés, retratado por Auguste Rodin. Inmutable. Inmenso.

Qué pasaría si Balzac recorriera las calles de Buenos Aires en el siglo XXI. Qué diría del crepúsculo y de su figura, contorneada en el espacio, luces y sombras, entre las tonalidades y vibraciones tan hermosas que se llevará la noche.

Qué diría de una estatua, de esa fuerza maciza, ensombrecida e iluminada, plena de cadencias y música, que hace del espacio una revelación detenida frente al veloz giro de las agujas.

Balzac, no hay dudas, sentiría una fascinación y recordaría las colecciones de muñecas diminutas que tan celosamente cuidó y guardó durante toda su vida.

 

DETENER EL TIEMPO

Me paro a mirarla, como si con mi dedo pudiera suspender ese girar y girar de las agujas. Todo el espacio se vuelve expresivo en esa urgencia límite, ante su monumentalidad: como si la quietud se alquimizara y formara otra cosa. Esa imagen seduce por las luces, concentra el tiempo y me deja invisible, diminuta pero fuerte tras el viento alzado, ante la magnificencia de Balzac.

ECHE UN PAR DE CENTAVOS Y REFUTE A PERMÉNIDES

Una pareja baila el tango: la estatua viviente en plaza Francia. Allí estoy.

La gente recorre, mira, coloca en la bolsa de la propina una moneda. Ahora observo. Me muevo. Ya no soy diminuta ni vigorosa: hay ahí dos criaturas que deben quedarse estáticas, a punto de besarse y de simular la música y el baile, sin moverse. Hay quietud. Si me concentro en ese punto, el universo recortado en mí se detiene. (¿Y no regresaría, ahí mismo, el espíritu de Parménides con su tango perpetuo?¿No trataría de apropiarse de las estatuas vivientes porteñas, para decir que son la prueba más cabal de sus tesis sobre la inmovilidad del ser?“¿Vieron, che? -¿no diría?-, he vuelto y todo está intacto: los hombres, con sus mismas historietas, bailan, adoran seres pétreos, caminan por el ágora y se preguntan por el movimiento y por el ser”. Orondo, concluiría: “la velocidad de lo inmóvil congela al barrio de la tierra en su única pose, muchachos.”

Olvido al eleático. Miro a la pareja. Y no hay monumentalidad. Sí, composición y luz. Y, claro, una acumulación de belleza en pausa. Creada en el espacio y, sin embargo, contra el mismo espacio: lo transforma y juega con él, tajos de luz y sombras, tornasoles en traje pintado. Ahí se concentra la vida de lo minúsculo, la inmensidad del ser, quieta con toda su fuerza, como si la ilusión de lo inmóvil eternizara al actor en el mundo y el mundo se perpetuara aún en su velocidad incalculable.

No puedo soportarlo: echo cincuenta centavos y refuto a Parménides.

La pareja, con lentitud majestuosa, empieza a desplegar un baile. Frente a la estatua de Balzac, me sentía inmensa en mi pequeñez. Ahora, voy atraída por una fuerza que me lleva a quedar atrapada. Imagino el fluir de la sangre de los dos, sus torbellinos, las cosquillas, las tensiones punzantes: la rigidez de los cuerpos y el tejido del deseo, la velocidad de las pulsiones, las cintas de Moebius que el mundo, en sus remolinos báquicos, incesante, crea.

Imagino qué diría Parménides al deshilar, en un recorrido, la inmovilidad del hombre y la mujer a punto de besarse, todos los fines de semana en la plaza. Ya termina la canción inaudible y su danza: la pareja vuelve a su gesto de piedra.

Descubro a una nena de unos cinco años, me mira asombrada. ¿Me habré convertidoyo misma en una pose, perpleja ante los bailarines estatuados? La veo acercarse a mí, en cámara lenta. Tiene una moneda en las manos. ¿Me la dará para que le regale un baile? ¿Querrá escuchar la perorata de Parménides? ¿O se declarará partidaria de Heráclito y de su apuesta del tiempo, como el reino de un niño y un juego de dados?

Con la cara pálida de sorpresa y curiosidad, me esquiva y pone una moneda en la bolsa de propina. Me sonríe. También ella parece de piedra. Ahora mete su mano en el bolsillo, guarda una incógnita.

La nena se va cuando la pareja retorna, eternamente, a su baile. Como si quisiera sólo constatar el mecanismo y no le importara el resultado. La nena, en fin, se va con el despliegue de la cinta. O, tal vez, cuando las tensiones punzantes creen la película de las cosas y nos preguntemos si el deseo o la necesidad, si el “oscuro” o el “eleático”, si el fotograma o la fotografía, si la piedra o la carne.

 

ESTATUA BORGIANA

¿Qué otro griego quiso refutar las tesis eleáticas parándose y caminando (¿quién le habrá tirado una moneda para que se parase y echase a andar?). Se me ocurre ir en busca de la cita a la Biblioteca Nacional, cerca de Plaza Francia.

Tampoco estoy segura de que allí haya una estatua de Borges. Ahora la miro y la recuerdo. Recién internada en los jardines del recinto, la encuentro por casualidad, muy cerquita de otra estatua de Eva (ironía propicia para desarrollar en otra nota).

Es un Borges en un banco de plaza, con una pila de libros y su bastón. Así como escribí sobre Balzac y su criatura pétrea, puedo escribir, otra vez: ella, inmóvil, imponente. Detrás, la puesta del sol tiñe los óxidos en los que permanece- impermeable, a contraluz, y a espaldas del bosque- la imagen. La escultura pesa 800 kilos y tiene, quizá, el doble del tamaño natural de una persona. La expresión evita el lugar común de la juventud o de la vejez: s en la trama de los hilos de la cara, se afirma en una zona distante del tiempo y de sus dados. Un Borges entrañable, levemente monstruoso.

Nuevamente, me detengo.

Imagino qué pasaría si anduviera el fantasma de Borges por acá mismo. Qué pasaría si le preguntara por todo ese rollo del movimiento, de la quietud, de la velocidad. Señor Borges, vea, tengo que escribir sobre la velocidad para una revista y me he internado en estatuas, cuestiones de luz, de sombras, de inmovilidades. Don Borges me contestaría: “Mire, jovencita: la luz se va perdiendo en calor; el universo, minuto por minuto, se hace invisible. Se hace más liviano, también. Alguna vez, ya no será más que calor: calor equilibrado, inmóvil, igual. Entonces habrá muerto”. Orondo, me diría: “Este razonamiento, señorita, confirma la tesis desu enemigo Parménides, aunque para comprenderlo sea necesario primero arrojar una paradojal flecha del tiempo. Nos movemos, claro que nos movemos: pero, según la segunda ley de la termodinámica,nos movemos hacia lo inmóvil. Y eso puede suceder a cualquier velocidad.” Le diría: no lo entiendo, Borges. El ciego, con su eterna paciencia, insistiría: “Señorita, usted se imagina que primero fueron los hombres y después las estatuas. Tiene razón: el tiempo, desgraciadamente, es real. Pero veámoslo con más detenimiento: Imagine que se confirma esa intuición ordinaria suya; sin embargo, el método de validación para corroborarla consistiría en aceptar la tesis opuesta: primero fueron las estatuas, luego los hombres.”

Imagino que Borges se hartaría. Entonces empezaría una confesión, recurso didáctico de eficacia, ante una pésima interlocutora como yo.

“Es extraño estar aquí, ¿no cree? -diría-. Nosotros, los fantasmas, tenemos recreos y podemos descansar de la Ciudad de los inmortales. Sí, ¿por qué me mira de ese modo, señorita? No ha leído mi obra, ¿verdad? No importa. Lo que me deja perplejo es estar frente a mi estatua. Experimento pavor, señorita, al corroborar la existencia de un doble de piedra. Dos amenazas se ciernen en esa mirada: la amenaza de no ser olvidado; la amenaza de que mi sombra ha vencido la corrupción. ¿Me comprende, señorita?: Mientras mi carne se consume en la inmortalidad -que no nos detiene en nuestra degradación, aunque no lo crea-, mi doble más monstruoso más persiste en su forma intacta. Y yo, espectro de la muerte, me degrado infinitamente. Vivo la pesadilla atroz de Dorian Grey. Le recomiendo no crear una estatua: no sólo reduplica el mundo, tal cual la costumbre especular de cierto arte. La estatua congela una sombra. Y, tarde o temprano, esa misma sombra devorará a su modelo. Ya sabe qué pienso: el mundo cunde en simulacros, compañera. Disculpe mi retórica, los dioses se burlan de mí cuando hablo.”

Dejo de imaginar a Borges, me paraliza.

Me sumerjo en la biblioteca y rescato, por casualidad, alguna información sobre estatuas vivientes.

 

RECREO: ESTATUAS VIVIENTES, INFORMACIONES ÚTILES

 

Para no agobiarme con tantas cuestiones metafísicas, me siento en la compu y transcribo un resumen de las notas tomadas sobre estatuas vivientes.

Su existencia se remonta a una práctica de la Grecia Clásica (no voy a imaginarte, Parménides, quedate piola). El objetivo radica endisfrazarse de estatua para espiar al enemigo sin ser visto. También hay constancia de que, en el Antiguo Egipto, ya se practicaba esta forma de simulación para ser eficaz en la guerra.La estatua viviente como soldado encubierto, enemigo impensado. La estatua te mira sin que lo sepas.

Existen dos tipos de estatuas:

Las “clásicas”, estáticas, en una sola pose o dos.

Las de “performance”: combinan quietud con movimiento. Lo estático se quiebra con la música, cuando algún espectador regala una moneda. El dinero, motor del movimiento, alquimia que convierte la quietud en velocidad.

 

CONSEJOS PARA ASPIRANTES A ESTATUAS VIVIENTES

 

Consultados, los profesionales del estatuismo dicen haber estudiado técnicas de respiración profunda, expresión corporal, teatro y mimo.

Pero, sobre todo, confiesan saber mirar durante horas un punto fijo. Similar a los nadadores que se sumergen, miran y avanzan. Similar, también, al proceso de la escritura cuando fija ese punto, según Rodrigo Fresán, ese instante donde las cosas adquieren velocidad para transmutarse. El “eso” de Duchamp. Citémoslo en esta revista otra vez: “Eso. Lo que no tiene nombre”.

Entonces – si quieres ser estatua viviente, joven – es fundamental: viajar alrededor de un punto a una velocidad tan ínfima que se parezca – no se sabe muy bien cómo – a la inmovilidad total o al movimiento absoluto.

LA MÚSICA DE LA NOCHE

¿Por qué nos impactan las estatuas vivientes?

María Negroni escribe respecto de las estatuas:

“Siempre a un paso de animarse y tornarse fatales, las estatuas son primas hermanas de las muñecas.”

Y también, en ese artículo, dice el párrafo siguiente: “Deliciosas y finas “como una joya húmeda” o bien ídolos o dijes de bronce y muerte, representan, para quien las frecuenta, algo así como una prótesis para alcanzar eso prohibido que querríamos, a la vez, tocar y no tocar.”

Es posible situar a las estatuas vivientes como a un subgénero de las estatuas “a secas”, y situar a ambas en un inventario más abarcador y fantástico, que incluya a las muñecas -sus primas-, el Golem, los catálogos infinitos de juguetes, el Homunculus de Paracelso, las marionetas, el mito de Pigmalión y Galatea. Negroni habla de una misma música nocturna, manifestaciones hijas de idénticas y repetidas pesadillas. Distintos nombres remiten a la patria común, atemporal, de la infancia y de la poesía. La fascinación primigenia de la noche del mundo.

 

COBRAR MUERTE

Pero también podemos recordar a los muertos vivientes.

Los espectadores de las estatuas vivientes, ¿no atraviesan una sensación parecida a la de ver a un muerto que vuelve, repentinamente, a la vida?

Tampoco olvidemos que los griegos dejaban, junto al reciente difunto, un óbolo -moneda de plata- , un amuleto para el viaje a la muerte. Según la antropóloga Alicia Arévalo González, el óbolo podía ser depositado en la boca, en la caja torácica, en la pelvis, en los pies, en la mano del cadáver. Pero retengamos el vínculo entre el cuerpo muerto y el óbolo. La moneda resulta indispensable para iniciar el movimiento de ese viaje ulterior.

Entonces tenemos que, a la estatua viviente, si no le ponemos una moneda, no cobra vida. Y, a los muertos en Grecia, si no le ponían una moneda, no cobraban “muerte”.

Bien. El trabajo está listo. Pongo guardar el archivo y me voy a dormir.

 

ANEXO: UN SUEÑO ESA MISMA NOCHE

 

Me encuentro en una galería de estatuas. La galería: monstruosa.

           Corredores sin salida, ventanas inalcanzables, puertas que conducen a celdas o a pozos, escaleras inversas.

           Las estatuas, indistinguibles en la penumbra. Recuerdo haber recordado estar en un sueño y pensar: durante el día caminé por jardines y via Balzac, a Borges, a una pareja de tango, a Parménides; leí y escribí sobre estatuas vivientes.

Pero un telón de sombras me impide componer las siluetas del sueño.

Quizá se repitan las mismas imágenes diurnas pero, ¿cómo saberlo?

           Me recosté sobre el piso, exhausta. Concentré mi mirada en un punto fijo, sin esperar nada. Y esperé. Esperé despertar. O no sé. Sólo me concentré en un punto fijo del techo, inalcanzable o infinito en su bruma cupular.

           Entonces la vi. A ella. La nena de cinco años que me miró mientras yo miraba a la pareja de tango.

     El sueño le añade rasgos nuevos: quizá una expresión parecida a Evita, quizá también algo de muñeca, de poeta, de soldada o de máscara griega. Esconde algo en su bolsillo, como la última vez, en Plaza Francia.

           Me toma de la mano. Saca una moneda y la aprieta sobre mi palma. Me conduce a otra galería. Su conocimiento de las trampas del laberinto hace de aquella arquitectura una estupidez. Pienso, rápido, en los niños como en los más eficaces descifradores de enigmas del espacio.

           La galería está vacía.

La nena, con lentitud majestuosa – sin movimiento ni quietud -, me señala una estatua, perfectamente nítida, pavorosamente visible. Suelta mi mano, por fin.

           Sí, exacto: el sueño termina cuando me acerco a mi propia estatua, deposito la moneda y ella cobra vida.

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

 

  • Mondolfo, Rodolfo: “El pensamiento antiguo”. Tomo 1. Edición Losada, 2004.
  • Borges, Jorge Luis: “Obras completas”. Tomo 1. Editorial Sudamericana, 2011
  • Negroni, María: “Pequeño mundo ilustrado”. Caja Negra Editora, 2011.
  • González, Alicia Arévalo: “Ebesus y Pompeya: ciudades marítimas”. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2014.

 




GEMAS DEL VACÍO

Por Karina Caputo.

La Velocidad: De aviones y avioncitos de papel.

PNEUMÁTICA

Volar nunca fue sólo un verbo. Volar ha sido por siempre “el verbo”. La acción que, por antonomasia, señala lo otro, aquello que aún no puedo, pero cómo me gustaría poder. Ya desde el Génesis, comenzó a crear el mundo con un sobrevuelo sobre el caos. Y así, como quien no quiere la cosa, encendió el deseo de volar. Un viento (Dios disfrazado de viento) pasó sobre el caos y ahí empezó la fiesta. Viento o alma. En la edición de la entrevista a Fresán dice que Rúaj, en hebreo, es viento o alma. En griego “pneuma”, de ahí la pneumonía, el penumático y el pneumonólogo. Insuflar, inspirar, dar aire a la voz para que se atreva a decir. Dar aire, como quien le da nafta a la palabra para que por fin se encienda. Volar, entonces, empezar a decir.

Light and Colour (Goethe's Theory) ÔÇö The Morning after  the Deluge ÔÇö Moses writing the Book of Genesis, de Turner.

 

AVIÓN- POEMA

Clement Ader tiene el honor de nombrar. También hace el intento de darle cuerpo.

Guillaume Apollinaire asume La defensa de la palabra «avión», empleada por el precursor Ader (1897), tal vez olvidada en favor del término culto: aeroplano. El uso le ha dado la razón.

 

“¿Qué habéis hecho, franceses, con Ader el aéreo?/Una palabra era suya, ahora ya nada./

Aparejó los miembros de la ascesi ,/en la lengua francesa entonces sin nombre,/y luego Ader se torna poeta y los llama avión./(…)No, tus alas, Ader, no eran anónimas/cuando llegó el gramático a dominarlas,/a fraguar una palabra erudita sin nada de aéreo/donde el pesado hiato y el asno que le acompaña (aeropl -ane)/componen una palabra larga, como un vocablo de Alemania./Se requería el murmullo y la voz de Ariel/para denominar el instrumento que nos lleva al cielo. /El quejido de la brisa, un pájaro en el espacio,/y es una palabra francesa que pasa por nuestras bocas./¡El avión! Que suba el avión por los aires, /que planee sobre los montes, que atraviese los mares/y aún más lejos se pierda./Que trace en el éter un eterno surco/pero guardémosle el nombre suave de avión/pues de ese mágico mote sus cinco letras hábiles/tuvieron la fuerza de abrir los cielos móviles./¿Qué habéis hecho, franceses, con Ader el aéreo?/Una palabra era suya, ahora ya nada(*).

Apollinaire vuelve de la guerra con una herida en la cabeza que supurará hasta el final de su vida. Por ahí drenarán las pocas ganas de seguir con la alabanza a la máquina de los futuristas previos a la Primera Guerra Mundial. Quienes persistieron en el encantamiento por los mecanismos y los fierros andantes se pasaron de manera franca al fascismo, después del 14. Quien se siente todopoderoso, divinidad, es incapaz de asumir activamente la falta y el vacío. La incompletud nos devuelve a lo humano, nos retorna a la poesía, nos implica desde la solidaridad.

EL GIGANTE SIGILOSO

El avión salió del aeropuerto internacional de Ezeiza con destino a Cuba. Era el año 1997. El uno a uno invitaba a ser monigotes. Al primer mundo, decían, hay que entrar en Ferrari roja, a gran velocidad. Espejitos de colores reflejaban múltiples dimensiones. Inframundos y de los otros.

Pelo planchado, valija con rueditas, se desplaza la alegría de partir.    Atrás, palmas levantadas despiden antes del embarque. Chicle en mano, ingresa por la manga y busca su asiento. Del lado de la ventanilla: lista para registrarlo todo.

Se encienden los motores, comienzan las primeras maniobras del gigante sigiloso. Nos dan la bienvenida con voz cadenciosa. Las instrucciones para sujetar los cuerpos iniciadores del viaje obligan a masticar la tarea.

Carreteo.

AVIÓN NIÑA

Las maravillas de niña. La deslumbrante salida familiar de los sábados, con pan lactal y fiambre, sillas y mesita de camping. Y a colgarse de las rejas de aeroparque para ver detenidamente el despegue del avión. Un ensordecedor magnífico hace temblar el asfalto. En el cielo, liviandad. Cómo hubiese querido estar adentro del pájaro volador. El sueño la devoraba.

 

DE MONSTRUOS Y VACÍOS

Devorar como devora lo intenso de las turbinas cuando todo está listo para el despegue. Más tarde, la plenitud, el aire lo sostiene todo. Adentro, algo le tapa los oídos, aunque masque. ¿Hay un exceso de qué? ¿Puede haber tanto vacio?

FRANCIS BACON

Sí. Entonces lo conocí. Nunca antes había sentido al vacío meterse dentro del cuerpo. Un vacío formado entre los intersticios del cuerpo, sí. Pero uno que se te metiera adentro, por los oídos y por cuanto orificio encontrase, jamás. Algo ascendía y se dispersaba. El precio de volar era, entonces, enfrentarse con la consistencia del vacío metida en el cuerpo. Mis contornos- mi carne- se habían transformado rebordes que rodeaban al vacío. Y él crecía, aun contra los esfuerzos de mis mandíbulas, por triturarlo a pura mordida. Mastique, mastique. Chicle, gesticulación grosera. Y el triunfo del vacío.

 

El cuerpo conocido huyó, los músculos se tensaron en busca de contención. Las articulaciones no vinculaban entre sí y las vísceras se trastornaron, deseosas por entender algo de lo vacante. Decidió pagar el precio de ser otra.

FRANCIS BACON

 

AVIÓN INCONCEBIBLE

Dicen que son 900 km. por hora, a una altura que ya ni recuerdo. Porque, si recuerdo, entro en pánico. Cómo pensar que, por debajo, solo el aire te sostiene. Y, entonces, a tanta altura, decido dormir.

Sueño un sueño animado.

El impulso fue tan veloz que, cuando el avión tocó suelo cubano, nos sumergimos en otra dimensión. Control estricto con fusiles en mano. La atmósfera, cargada de un candor particular, pesaba, contenía décadas de sofoco, como las previas a la revolución.

Maternal, nos recibió en el estacionamiento, junto a un Jeep de los años 50. Transitamos calles con palmeras, casas bajas, autos viejos, casi de colección. Cada milímetro de lo existente, cuidado como una gema. El tiempo se había detenido allí. La lentitud y el vaivén de las mecedoras reenviaban a lo esencial.

 

AVIONCITOS DE PAPEL

 

 

Es de verdad desalentador, ellos pueden lo que yo no. Un simple avioncito puede lo que yo no. Pero se dan cada porrazo. Y si el viento cede, si el viento del impulso que los lleva cede, se van a pique. El viento, otra vez. Dar aire, decir.

El avioncito de papel es llevado a donde el viento quiere, no tiene voluntad. ¿De eso se trata el juego? No sólo de eso. Hay una alternancia en la velocidad del vuelo. Dejarse llevar hacia el vacío, un confín, un borde de lo posible. Bordear lo siniestro resulta el único modo de no salir espantado, por paradojal que suene. Y, desde allí, volver a despegar. Ser primero de papel y, después, ser sobre el papel. Y, en el intersticio, entre la nada y la escritura, se dibuja la figura del viento. Que vuelve a instalar la pregunta.

 

Inocentes, divertidos y fallados, consumen el deber e invitan a colarse en el viento. Buscan un destino, por si existiera, y empujan al encuentro.

 

El avión sobrevoló una ciudad de luces, descendió en la pista. Una voz firme nos devuelve a suelo argentino.

Fin del vuelo. Y recomienzo.

 

 




EL DEDAL DE UN GIGANTE Y LA FALDA BLANCA

Por Isabel D`Amico.

La velocidad:  Sobre derviches y otros giros.

EL MANTRA DEL CÍRCULO, DE LA ELIPSE Y EL TORNADO

Cierto análisis de la física molecular concluye en una condición básica de la existencia: el movimiento elíptico giratorio. Los electrones, los protones y los quarks giran, tanto en el más diminuto ser unicelular como en la estrella más lejana. Así, el giro constituye la ronda básica de toda la materia existente.

Y, en la mitad de una vuelta, la idea de giro torna en ciclo y hace andar a la sangre, a las cosechas, a las estaciones. Hasta la vida y la muerte se alternan en una danza estrecha y siempre, girada. Por no hablar del planeta que gira sobre sí y alrededor de la estrella, que a su vez comparte el giro con otras de la galaxia.

El giro, el ciclo, la ronda son el ritual del universo entero. El mantra del círculo, de la elipse y del tornado lo inunda todo.

 

VISITADORES DE PUERTAS

Mevleví o derviches giradores (del persa darwish “vistador de puertas”) es una orden de derviches de Turquía, fundada por los discípulos del gran poeta Hz. Mevlâna (1207-1273).

Son giróvagos o giradores. Su ceremonia de danza-meditación, llamada Semâ, consiste en un baile masculino acompañado por música de flauta y tambores.

 

Los danzantes giran sobre sí con los brazos extendidos- como símbolos de “la ascendencia espiritual hacia la verdad, acompañados por el amor y liberados totalmente del ego“.

La ceremonia se originó entre los místicos de la India y los sufís turcos. El Semâ, como ceremonia mevleví, fue proclamado en el 2005 e inscrito en 2008 en la lista representativa del Patrimonio cultural Inmaterial de la Unesco.

Los mevlevíes (de la voz árabe mawlana, mevlana. En turco: (“nuestro maestro”) alcanzan el éxtasis místico en virtud de la danza (samá), símbolo del baile de los planetas. Los derviches mevlevíes, giran, se mueven hasta el éxtasis.

El Semâ es un viaje espiritual. El Semâzen, provisto de un gorro y una falda blanca, se inicia en la verdad. La danza está compuesta por siete partes, cada una con un significado diferente que, en conjunto, representan un viaje espiritual hacia la perfección. La primera parte- el amor divino- empieza con un recitado de elogios al Profeta y a todos los profetas anteriores a él y, por lo tanto, a Alá. Luego se escucha el tambor, la orden divina de la creación universal. Y después llega la flauta, el suspiro de la vida. Los Derviches se saludan tres veces y, simultáneamente, caminan en círculos. Se saludan las almas, besan la mano del SeyhEfendi y le piden permiso para comenzar el Semâ.

El Semâ está compuesto por cuatro saludos o Selâm. El primer saludo reconoce a Dios como creador. El segundo testimonia la creación divina y admira la omnipotencia de Allá. El tercero transforma el sentimiento de gratitud y admiración en Amor. El cuarto saludo es el final del viaje: el derviche, por su fe en Allá, experimenta la felicidad.

derviches 2

ÁLBUM PRIVADO DE GIROS CONMIGO

¿Se puede girar con los brazos cruzados? Los derviches comienzan en esa unidad, para después estirarla con la mano derecha hacia el cielo y la izquierda, hacia el suelo. En giros purificadores, enseñan a vaciar la mente y a llenar el corazón de bondad y compasión.

En el dedal de un gigante, sepultan sus deseos, mientras una falda blanca se abre, con pliegues, hacia el universo espiritual. La falda se despliega en una sucesión de imágenes, una ronda de imágenes de otros que podrían circundar mi biografía.

EL ÁLBUM, EN TROMPO, COMIENZA A DESPLEGAR SU DANZA:

  1. De chico, le regalaron una perinola para que- solo- encontrase su suerte.
  2. Las madres giraron y giran alrededor de la plaza y, sin saberlo, surcaron las cabezas de un pueblo. De tanto hacerlo, hoy se las ve más bajas y andan más lentas.
  3. El trompo gira sobre una punta, como una bailarina clásica, que también gira sobre sus dedos gordos del pie. La que está quieta se esconde en la cajita de música, hasta que la abren y no para de girar. Alguien intenta no detener ni ralentizar su ritmo. Y da vueltas a una diminuta manivela.
  4. El dedo índice, como si disparase contra la sien, gira rápido. Y, con los ojos, el dedo muestra al perro que intenta cazar su cola y la persigue. Como es corta, la persigue, la persigue hasta que se cansa.
  5. Y la luna alrededor de la tierra…, pero no es confiable, no siempre se muestra entera.
  6. La rueda rueda.
  7. Sin apoyar la cabeza contra el piso, aprendió a dar la vuelta carnero. Cuando pudo apoyarla, no dio más vueltas.
  8. El búho no espía. Es frontal desde cualquier ángulo, gira hacia la derecha y hacia la izquierda.

Todo da vueltas, casi ni se nota…

 

 

ÚLTIMAS IMÁGENES

  1. Como un collar hasta el piso, cae la cuerda que sostiene en cada mano. La eleva y, al llegar al suelo, la evita con sus pies. Y la vuelve a elevar y salta la cuerda por sobre toda la hoja. En el borde, se detiene, gira y vuelve a saltar.
  2. De joven tenía un cabello muy largo y enrulado, como resortes de aserrín, caía al margen de su cara. Y, como no le gustaba, lo alisaba. Hacía de él un turbante, hasta el otro día.
  3. La calesita marea y no es de agua.
  4. Del nudo de la corbata, no es fácil la parte en la que el lazo fino entra dando la vuelta.
  5. Los molinos de viento, los de agua, los manuales, los molinos a sangre giran para que no dejemos de soñar. Los automáticos, no.
  6. El ventilador de techo se apura cuando hace mucho calor. Si quiere ser brisa, no.
  7. Con un palo de amasar, Petrona estira la masa y el palo rota pisoteándola. La masa lo obedece, se somete y se hace finita.

16     Las agujas del reloj giran tranquilas mientras barren el tiempo de todos.

17     Los inmigrantes mueven sus brazos, dibujan burbujas desesperadas en el Mediterráneo. Son burbujas negras, esas no flotan.

 

GIRÓMETRO

-.¿Cómo medimos la velocidad del giro? -Debemos medirla en la intensidad del ” brillo”- dijeron algunos.

– Y los que giran lentos, ¿no brillan?

-No.- dijeron otros- ellos son los opacos. Los opacos ni son veloces ni brillan.

 

 

El Semâ termina con una oración a las almas de todos los humanos.

Pocos la reciben.

 

 

Bibliografía: la información sobre los derviches fue obtenida del folleto entregado al público en una ceremonia en Capadocia, Turquía.




ROMANCE DE LA ESTAMPIDA Y LA MUERTE

Por Juan Pepe Carvalho.

La velocidad: Sobre el Devotazo, 25de marzo de 1973.

LA VIEJA COSTUMBRE DEL HELI-RAJE

Y el viejo helicóptero levantaba vuelo desde la casa de gobierno con los últimos dictadores dentro. Y la multitud:

“Se van, se van y nunca volverán”.

Era el 25 de Mayo de 1973 y aún quedaban los presos en las cárceles. En la 9 de julio, todo estaba preparado para el festival artístico por el festejo de la democracia. Desde arriba se podían ver claramente dos movilizaciones. Por un lado y a escondidas, los grupos armados, el ERP, PCR y los maoístas. Los tres consideraban que el gobierno no cumpliría con la consigna de “libertad a todos los presos políticos”, fueran de la extracción que fueran. La segunda movilización era la del pueblo, que había ganado las calles para festejar el fin de la dictadura.

“Cámpora al gobierno y, a los presos, la libertad” fue la consigna.

Y el pueblo, desde sus entrañas, cumplió. La columna de más de 20.000 personas recorrió más de 10 km, cruzó Buenos Aires al grito de:

A los compañeros, la libertad entre los nervios.”

Entre cántico y cántico, el silencio se convertía en una espada de acero; inquebrantable.

MEMORIAS DE UN TESTIGO VETERANO

Pedro era un joven obrero metalúrgico. En aquella década, trabajaba en la empresa Burato de Villa Devoto.

Yo tengo casi ochenta años y, por esa década, participé de muchas movilizaciones. Pero aquella de ir a Devoto a liberar a los presos me marcó de por vida. La intención de llegar hasta el final calaba fuertemente en todos, no existía otra idea. Ese día coexistían en las calles la democracia y la dictadura, la policía dura y los milicos. Esa película continuaba con un trasfondo de realidad más extrema. La dictadura había intentado seguir en el poder. Su candidato joven había quedado grogui y, a dos meses de la pelea, aún se arrastraba lastimosamente. Los presos políticos deben continuar presos, murmura su gente. Todos padecían la agonía de Ricardo III en el último acto.

ANOCHECER DE UN DÍA AGITADO

Al anochecer, ya frente a las puertas de la cárcel de Villa Devoto, la inteligencia popular logró hacerse de postes de madera pesada, sostenidos por los mismos brazos que, meses atrás, habían llenado de votos las urnas para que se fuera la dictadura militar. Y quedó muy claro:

Abran carajo o la tiramos abajo

El ambiente era peligroso y una gran mayoría estaba decidida a todo. Por un lado, el comunicado militar:

Los presos bien presos están y todos deben continuar ahí. (Recuadro)

Los reclusos, mientras tanto, tomaron las distintas partes de la cárcel divididos por organización política. Cazes Camarero- en representación del ERP- se asomó por el lateral y anunció:

                 “Libertad para todos los presos políticos, tomaremos la cárcel hasta lograrlo”

Para los presos peronistas de Montoneros y FAR sólo había que esperar la decisión del gobierno popular. La libertad de los detenidos era una consigna en común con el resto. Pero, órdenes son órdenes. Paciencia.

Pedro, obrero de la UOM, de Monte Chingolo, proclamaba:

Si somos muchos y presionamos, en la cárcel los van a tener que liberar a todos, no solo a los peronistas”

Afuera, el debate iba por carriles similares. El ERP llamaba a sus militantes a una movilización general hacia Devoto. El resto de los partidos coincidía en movilizar, rodear la cárcel, forzar al gobierno a cumplir con lo prometido.

 

BATIDA DE TECLAS RÉMINGTON

En la oficina histórica, el funcionario batía las teclas de la vieja Rémington. A su alrededor, sus colaboradores Robert Frank alcanzaban carpetas y antecedentes, mientras sonaban los teléfonos.

“Hay que apurar el trámite, ya no hay más tiempo, hay que evitar el derrame de sangre”.

Terminado el asunto protocolar, el auto oficial tomó velocidad a las 24hs de aquel 25 de mayo. Cada vez había más gente en la puerta de la cárcel de Devoto.

 

GOLIATITO CONTRA GOLIAT

El auto oficial se acerca poco a poco. El flamante y joven ministro desciende de él y, con la carpeta en sus manos, llega al portón.

“Hay que esperar, muchachos, en un rato van a salir todos, aquí traigo el decreto”.

Y, de pronto, la velocidad -de la vida- se acelera. Son esos tornados de muchedumbre y ansiedad que parecen poner quinta al universo entero. Una mínima fracción del planeta la se convulsiona, pero la urgencia es de cataclismo global. El deseo pide, los nervios entorpecen, lo inminente acecha.

Se abre la puerta. El ministro entra. Con gran esfuerzo, los controles de la cárcel logran cerrar nuevamente el portón. Un viejo camión de carnicero para transporte de reses estaciona a 30 metros del portón principal. En la Robert Frank - Fear No Fear - 1987 aparición de ese vehículo hay una promesa. Un gigante chiquito desafía a la gran mole de cemento: la cárcel. Goliatito contra Goliat. Se miran, se miden. Y arremeten. La consigna ahora es organizar un cordón para permitir a los presos, cuando salgan llegar hasta la caja del camión, ya pronto, con las puertas abiertas. La marcha peronista apura a la Internacional. La internacional primerea a la marcha peronista. Los puños en alto y los dedos en V mezclan las melodías y, al final, una urgencia unánime avanza, también en los acordes.

Se abre el portón de la cárcel. Un torrente humano arrebata la calle, es una corrida torpe y apasionada por el pasillo de muchedumbre y gritos; el pasillo extiende las manos, señala la boca abierta del camión expectante; en la estampida se cruzan familiares, compañeros,deudas y postergaciones, el pasillo avanza, la gente lo sigue, el camión espera, la boca quiere, se abre, prepara mandíbulas. Y, amorosamente, el camión los recibe y los devora.

 

David con la cabeza de Goliat, Caravaggio.
David con la cabeza de Goliat, Caravaggio.

 

METIDA DE COLA ETERNA

Un solo enorme pecho de multitud, henchido de sueño compartido y los puños en alto. Los presos están libres. Pero la muy maldita siempre mete la cola. Se la oye en disparos hacia y desde la cárcel.

Dos jóvenes caen muertos en la vereda.

La muy maldita se pasea entre los libres, para que nadie se arrellane en la libertad, como si se tratara de un sillón eterno.

Vamos de vuelta, entonces.

Goya
Goya

 




En negro, el trabajo de la fuga

Por Melisa Ortner.

La velocidad: Sobre los tiempos empleados.

Comencemos por musicalizar esta mañana:

“Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca(…)”

Fragmento de “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj”, de Julio Cortázar.

 

ESCLAVA CARDÍACA DEL RELOJ
Todo sería más sencillo si me sacara el reloj, si no tuviera que estar a las ocho y llegar a mi casa a las siete y media.
Pero es lo que hay.
Sencillamente y necesario.
El maldito reloj que me regalaron para mi cumpleaños está pegado como cinta en muñeca. Quiero sacarlo y no puedo. Podría 14no mirarlo, pero me es inevitable.
El tic tac suena en el silencio de mi cama, es la canción de cuna de mi cuerpo adulto.
No tiene alarma, por eso son dos los relojes malditos que uso diariamente. La cinta incorporada a mi cuerpo y el celular, extensión de mí, sobre la mesa de luz.
A veces no quiero ser ésta que soy, me resisto a la vida en movimiento fugaz. Este aparato maneja mi cuerpo a su gusto religiosamente, mide cada movimiento y acción. Esta es la realidad: el reloj es mi piel.

17

“Me levanté y fui hacia el jodido cuarto de baño. Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice. Ví depresión y derrota. Unas bolsas oscuras debajo de mis ojos. Ojitos cobardes, los ojos de un roedor atrapado por un jodido gato. Tenía la carne floja, parecía como si le disgustara ser parte de mí.”

Charles Bukowski.

 CONTAMINACION VISUAL Y AUDITIVA
El despertador, entonces. Y yo me visto con la ropa preparada la noche anterior –para no perder ni un segundo menos del tiempo en la cama- . Me resisto a salir, aunque salgo.
Al llegar a la oficina, todo será igual: ahí estará mi silla, mi escritorio y mi computadora. Siempre la agenda en primer plano y el teléfono que no parará.
Ruidos. Minutos acelerados. Obligaciones, las de siempre y las nuevas:
Llamar a los proveedores/ pagar la cuenta de sistemas/ acomodar el archivo/ hacer la planilla de cálculo/ arqueo de caja/ balance del mes/ chequear movimientos bancarios.
Mi agenda excede todos los huecos. Está escrita por todos lados y más allá también.

 

“Un hombre trabajado por el tiempo/un hombre que ni siquiera espera la muerte / (las pruebas de la muerte son estadísticas /y nadie hay que no corra el albur / de ser el primer inmortal) /un hombre que ha aprendido a agradecer /las modestas limosnas de los días: /el sueño, la rutina, el sabor del agua (…)”

Fragmento de “Alguien”, de Jorge Luis Borges.

 

LA SANTÍSIMA TRINIDAD
El tiempo llueve también en mails. No te olvides de la nota para el número dos de El Anartista, dice uno de los tantos. Tengo que escribir algo acerca de la velocidad y, paradójicamente, una pausa absoluta se apodera de mí. Una eternidad para decidirme, un sinfín de cuestionamientos antes de hacerla. Soy lenta como el pensamiento. Hay una velocidad desquiciante en el merodeo que impide hacer; otra velocidad, en el merodeo antes de hacer. Y una más, la mejor, en las vueltas para convocar el hacer. La primera es una dilación del cuerpo, una inquietud llena de inutilidades vestidas de deber. La segunda es una calma tensa, una preparatoria para el despegue. La tercera…la tercera es el imán, un mantra de rituales y pequeños deslizamientos, un precalentamiento alrededor de la cancha: una promesa.

HACER EL TIEMPO
Hoy no voy a ser eficiente. Hoy voy a encontrar una grieta entre dos deberes. Ahí se cuela la primera frase. Esta vez llega con forma de pantalla. Armar historia en breve tiempo. La velocidad del corto es breve pero no rápida. Hay una intensidad concentrada, propia del poema, pero el discurrir es el de la narración. Me decido a ver entonces un cortometraje que llama mi atención: “El empleo” (2011), de Santiago Grasso.
Pienso, emplear es disponer, usar. Sí, ¿pero quién de quién?, ¿qué de quién? Si, como decía Marx, el fetichismo de la mercancía consiste en volver sujeto al objeto, qué decir de mi reloj y de mi escritorio. “Casio” estoy por sacarles DNI y dar de baja el mío. “El empleo” dije que se llama el corto. Pienso en el empleo del tiempo. El tiempo como empleado nuestro o nosotros como empelados de él. Pero anuncié que avanzaría en la grieta. Así que lo contrato yo en esta oportunidad. Que me disculpen las luchas sociales, esta vez será “en negro”, sin vacaciones ni aguinaldo. Y a brillar, mi amor.

Ahora pulse aquí. No le tema a las órdenes:

“EL EMPLEO” O EL SER DE LA ALFOMBRA
Pausa. Acá estoy yo. Nadie es dueña de estas manos más que yo misma. En absoluta soledad, ¿dónde sino para encontrarme en la eterna pausa?, en el calambre de la aguja, aquí yo. De carne, huesos, alma y corazón. Quiero fugarme. Voy a escribir sobre lo propuesto. No quiero ser como esos personajes del film: no sonríen, son objetos de un sistema que funciona, ¿a la perfección?, son para otro y no para sí mismos, no hablan ni con su inconsciente. Tienen que cumplir y no salirse de sus roles. Si algo de esa cadena falla, todo lo demás fallará. Sus cuerpos son así como los veo, simplemente millones de pixeles hechos dibujos animados, casi la nada misma, cenizas en movimiento. Forman el resto, valen todo y a la vez no valen nada. Porque sus cuerpos resultan tan necesarios como inútiles. No importa la razón, sólo el cumplir. Completamente sustituibles, por supuesto también se convierten en carne propensa a ser controlada y medida. La vida misma es la vida hacia y en el empleo. La rutina del camino desde la casa al trabajo construye la realidad. El mientras tanto eterno de ser sometido y encerrado. Es que el cuerpo del empleo no sirve más que para servir. Cada cual cumple su función: ser sujetador de espejo, ser semáforo, ser transporte, ser ascensor. Uno de los protagonistas tiene, tal vez, el empleo menos digno en esa sociedad triste y despojada: ser alfombra. Su trabajo consiste en dejarse pisotear. ¿Acaso podrá salirse de su rol? Qué estupidez hablar en términos de ser. Si ser objeto es ser, que el reloj y el empleo, entonces, me lo demanden.

 

¡Letras, máscara de mi herida! / Aliéntame esta tarde

/ que si no escribo soy piedra / y vuelvo a ser tan sólo

un expediente (…)”

Fragmento de poema de Camilo Blajaquis.

 

 

 

 

SER LIBRO
Lero lero. En este tiempo que debería ser empleado en todo el temita de la agenda, sigo acá rebelada. Por un rato nomás, nadie me detendrá. Quiero subirme a caballito de las palabras, que la ventana asomada en mi escritorio me muestre todavía el sol. Quiero el Casio envuelto en el cajón. Si alguien me pregunta por qué me saqué el reloj, le diré “por placer”, porque quiero correr a toda intensidad en el tiempo que es mi tiempo. Y como todo lo que es mío debe ser respetado, nadie me detendrá en esta vida mía. Paradojas de la “reina propiedad privada”. Todo es considerado un bien, menos el tiempo, que casi se vuelve un mal.
Otra vez el video: ¿Qué objeto sería yo en esa historia? Claro, por si me dieran a elegir. Siempre me gustaron las utopías. La respuesta es obvia: un libro. Me introduzco en la pantalla y juego a ser protagonista.
Quiero hacer ruido en ese corto extenso e intenso a la vez. Hacer sonar los timbres.
Aún quedan teclas por sonar.

LA REBELIÓN DE LOS OBJETOS
De nuevo yo. Y ahora me zambullo adentro del corto, profundo, en la sociedad de los muñequitos animados. Acá somos más que pixeles; gozamos pasión. Yo tengo de alas, hojas escritas; corteza con solapas de hierro. Soy la intensidad misma en un cuerpo. Resulta que, en este corto, una mujer despierta cuando se le da la gana. Hay un reloj despertador que no despierta, sólo musicaliza melodías encantadas y hace bailar. Las sillas son de plastilina y se amoldan a los cuerpos, por si quieren estirarse, dormir o leer. Las mesas son libros gigantes, están escritas por todos los rincones y la gente no las usa para apoyar cosas, sino para distraerse y en cualquier momento. Todos pueden ser plenos, hasta los semáforos, los autos, los ascensores. Algo interesante de los ascensores es que no suben ni bajan: alojan – como guaridas- a los lectores y al silencio. La población se transporta en bicicletas de papel. Los charcos, de azul astral. ¿Y adivinen qué? Las alfombras voladoras andan entre partículas de aire, con y contra el viento y se elevan con una orden de la imaginación. No existe el tiempo, así como lo conocemos, todo ordenadito en fila. Se come cuando se siente hambre, se duerme cuando se tiene sueño, se sonríe por ley (única ley), se conversa por sobre todas las cuestiones, se escribe cada cosa pensada y se festeja cuando la escritura enriquece los planes previos al pensamiento. La velocidad es de los cuerpos. Los objetos cobran vida y corren a piaccere. Siluetas y objetos son sustituibles pues todos tienen la función de potenciar a los demás, de prisa pero con calma. Tiempo al tiempo. Como debe ser.

VOLVER AL RUEDO
Suena el teléfono y, exaltada, regreso a la vida del escritorio. No llego a atender pues tardo en desperezarme. Miro por la ventana, la gente corre. El Casio volvió a la muñeca, sin darme cuenta. No entiendo cómo, si estaba guardadito en el cajón.
En mi mente, todo el sueño repentino y las ganas de contarlo. Las pausas son necesarias, pienso y sonrío.
Para esta nota de El Anartista voy a escribir sobre un corto, lo llamaré “El otro empleo”. ¿Por qué? Sólo porque me da la gana de parafrasear a ese otro que tanto me gustó. Porque, parafrasear, es apostar otra vez a correr el tiempo y a no ser corrido por él.
De nuevo el reloj, el escritorio, la pantalla. No estoy triste. Desde la calma lenta de mi hueco entre deberes, han llegado a la pantalla aires de traslados, chances. Y, del empleo del tiempo, nació un atisbo de resistencia. Qué lío para el sindicato. Ya nos veremos en las paritarias. Mientras, resisto en la palabra. Soy la empleada y la empleadora de la frase. La delegada de la sintaxis torcida. La militante del verso a contramano.

POST DATA


Mañana será otro día y mi reloj volverá a recordarme el deber. Pero, entre lo veloz,  sé que la pausa traerá voces de aliento. Ahí viene una, es la de un tal Beckett. Dice: las palabras son lo único que tenemos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




BAJO LA ESTELA ROJA DEL RAYO

Por Néstor Grossi

Velocidad: sobre súper héroes de comics.

 

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Cuando hablamos de comics, hablamos de historietas yanquis, de dos editoriales que se adueñaron del mercado a finales de los años treinta: MARVEL y DC comics. La guerra en eterno retorno, un permanente River-Boca con incidentes afuera y adentro de la cancha.

Pero no quiero ponerme a hablar de la rivalidad entre ambas compañías, ni de si Marvel es más juvenil o DC más oscuro; tampoco quiero saber quién empezó la guerra, si los lectores o las editoriales. Y otra cosa que no quiero hacer – aunque es inevitable al hablar de comics y gente disfrazada – es caer en estúpidos debates nerds y comparaciones del calibre ¿quién es más fuerte o más resistente?, ¿quién puede volar más alto o más rápido? O, ¿qué pasaría si se enfrentasen, en un callejón oscuro, los Avengers contra la Liga de La Justicia? ¿Arreglarían a puñetazos las diferencias entre las editoriales?

Y, aunque no quiero, de todas esas preguntas, hay una que importa. Sobre todo, al hablar de la velocidad en el mundo del comic: lo primero que me viene a la mente, ¿hay algo más que pueda saberse, además de cuál de todos es el más rápido?

—Obvio. Pero primero lo primero, y un poco de historia no viene mal.

En abril de 1938, la revista “Action Comics” da a luz al primer gran superhéroe de la historia. Justo cuando medio planeta se preparaba para la guerra más grande y cruel, el mundo conocía a Superman. Quizá ese contraste fortaleció el concepto de súper héroe disparando las ventas y dio comienzo a lo que se llamó “la edad de oro”. Entonces aparecieron Batman, la mujer maravilla, Linterna verde y hasta la mismísima “Liga de la justicia de América”. Fueron diez años de ventas aseguradas hasta que, al final de la década del cuarenta, las ventas comenzaron a caer y obligaron a DC comics a centrarse en historias de ciencia ficción, westerns y humor. flash_62735-2Hasta llegaron a publicar una que otra comedia romántica. Por aquel entonces empezaban a ponerse de moda las historias policiales y de terror, pero DC se mantuvo al margen, así que, cuando sus historias se volvieron impopulares, regresaron los héroes… A finales de los 50,en un rebrote de la industria del comic conocida como “la edad de plata”, la compañía resucitó a los viejos héroes: el Hombre Halcón, Linterna verde, Átomo y un Flash moderno y adaptado a los nuevos tiempos. Todos ellos, con un tinte más cercano a la ciencia ficción.

Recién a comienzos de los ´60, Marvel estaría en condiciones de competir con DC; entonces, en noviembre del 61, aparecen “Los 4 fantásticos”. De ese modo, abren paso a Hulk, Thor, Iron Man, el Dr. Extraño y el increíble Hombre araña. Dos años más tarde, y para afianzarse en el mercado, llegan The Avegenrs, X-Men y un inesperado superhéroe: Daredevil.

Había un chico nuevo en la cuadra, que comenzaba a robarse todos los suspiros y las malas miradas. Él soñaba convertirse en un “escritor” de la talla de Conan Doyle, de R. Louis Stevenson, o de Stanley Lieber. Para no quemarse en el maldito ambiente literario, firmaba bajo el seudónimo de Stan Lee. Marvel estaba lista para ocupar el puesto de reina.

Así terminaba la edad de plata: con un mercado dividido, ejércitos de nerds de ambos bandos y las cien mil preguntas más estúpidas que se han hecho jamás.

La batalla editorial había comenzado.

La de los lectores, también.

 

¡OH! ¿Y AHORA QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?

Para Marvel, los ´70 fueron la explosión de Stan Lee; para DC, que había comenzado antes, llegaban los despidos, las jubilaciones y los recambios de personal. Eso repercutiría en los guiones y en la línea editorial. Tarde o temprano habría que solucionar la confusión. Y, si a todo eso, se le sumaban las series de tv que habían comenzado a emitirse y que no seguían las líneas de las historias originales, todo se complicaba más y los fans no entendían nada: DC estaba en problemas, Garrick_rossDC necesitaba un héroe; en lo posible uno que pudiera superar la velocidad de la luz. Había que dominar el espacio y el tiempo para unir todos esos universos paralelos. Superman solo, esta vez, no podría nada. Además el hombrecito de acero no era más rápido que la luz, ni qué hablar.

Barry Allen – el segundo Flash en todo este quilombo- resulta el hombre más rápido sobre el maldito planeta tierra. Amén.

¿Sí? ¿Flash es más rápido que Superman?

¿Y de todos los, cuál es el más veloz?

—Bienvenidos al mundo de los nerds.

 PRIMERO LO PRIMERO.

Ante todo, en el universo Marvel-DC, la velocidad tiene diferentes significados. Para Marvel, como para el resto del mundo, la velocidad es algo que no puede alterarse, movimiento y nada más; para DC es algo un poco más complicado de explicar. Se trata de algo más complejo que una ley de la física: es un concepto, un puente a un estado espiritual.

Y no me atrevo a decir “todos” pero, al menos el 90% de los superhéroes, tienen súper velocidad como parte de sus poderes. Voy a separarlos en tres grupos:

  1. Quienes pueden moverse mucho más rápido que un ser humano, incluso hasta alcanzar la barrera del sonido, pero nunca por medios propios. Estoy hablando de Wonder Woman, de Cyborg, de Hawkman, de Starfire, de Black Canary, de Green Lantern y de alguno más.
  2. Los usuarios de la súper velocidad, que pueden alcanzar y superar la barrera del sonido, pero no pueden ni acercarse a la velocidad de la luz; salvo, claro está, Superman. El resto del grupo está integrado por Aquaman, Captain Marvel, Martian Manhunter, Apollo y Black Adam.
  3. Por último, los primeros en la pirámide de los más rápidos: “los Velocistas”, quienes tienen la velocidad como único poder y pueden moverse a velocidades cercanas a la luz, hasta incluso superarla. Este es el grupo de los que toman su poder de una fuente de energía llamada Speed Force. Salvo el Profesor Zoom- el Flash inverso- todos los descendientes de Barry Allen son los usuarios de esta fuerza. Un Velocista no solo un simple corredor, el verdadero poder de la Speed Force es el control sobre la vibración de las moléculas, ya sea de su propio cuerpo o de algún objeto sólido. Flash podía vibrar hasta separar las moléculas de su cuerpo y atravesar paredes; podía regenerar sus heridas y hacer lo mismo con la de sus aliados. Cualquier Velocista puede repeler balas creando escudos con la Speed Force o golpear con la fuerza de la velocidad acumulada en el puño.flash-2

Los Velocistas – gracias a la naturaleza extra dimensional de la Speed Force – pueden superar las barreras del espacio-tiempo y viajar al pasado, al futuro y a otras dimensiones.

Bueno, para terminar, la gran pregunta ¿qué es la Speed Force? Y, aunque no hay mucho que explicar ni entender, digamos: es un campo de energía extra dimensional, al que se conectan todos “los Velocistas” y de donde obtienen sus poderes. También es un concepto abstracto y un lugar místico donde se reúnen las almas de los Velocistas muertos. Barry Allen, el segundo Flash de la era plateada, fue su creador… Cada paso de Barry hace crecer la Speed Force en espacio y en tiempo.

Creo que ya no tiene sentido preguntarse quién es el más veloz ni a cuál editorial pertenece; así que voy a simplificar a mansalva.

Si organizamos una carrera de cien mil kilómetros llanos entre los súper héroes de Marvel y los de DC, deberíamos considerar a los dos más rápidos por editorial: Quicksilver y Northstar de un lado, Superman y Flash, del otro. El resultado sería obvio, ajustado, pero obvio. Y ajustado sólo para tres de ellos. Barry Allen los miraría desde la línea de llegada, con los brazos en jarra y cagándose de risa, alentando a Quicksilver para boludear un rato a Superman. El título queda en casa (uh, mostré la camiseta).

Entonces, gracias viejo Stan Lee, te debemos mil cervezas y te amamos.

TORNEO LOCAL.

 

La primera partida data de agosto 1967, en el número 199, del comic Superman. Ya ONU organizó una carrera alrededor del planeta para recaudar fondos. Superman y Flash debían enfrentarse a diferentes ataques durante la competencia. El resultado fue un empate. El chico de acero tenía prohibido volar.

La segunda fue en el número 175 de Flash, en diciembre del 67. Unos extraterrestres apuestan por la misma pregunta que nos estamos haciendo. Entonces secuestran a nuestros héroes y los obligarlos a competir entre ellos a través de la Vía Láctea. Si perdía Superman, Metrópolis sería destruida; y, si perdía Flash, Central city acabaría bajo las ruinas. Empate otra vez.

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La tercera llegaría en diciembre de 1970, en los números 198 y 199 de “World`s finest”. Por iniciativa de los Guardianes del Universo, dos seres súper rápidos deberían cruzar la galaxia desde diferentes puntos, alcanzar y vencer a los “Aracnoides”, que viajaban a la velocidad de la luz para destruir a la tierra. La carrera la ganó Flash. Sin embargo, debido a la fluctuación de la frecuencia del color de una supernova, Superman se veía debilitado y perdía de a ratos su poder.

Y la última carrera aparece en el número 463 de Superman, en febrero del 90. El duende dimensional Mr. Mxyzptlk (¿lo recuerdan? había que pronunciar su nombre al revés para volverlo a su mundo) logra enfrentar de nuevo a nuestros héroes y esta vez gana Flash por pulgadas y sin ninguna excusa por parte de Superman.

Hubo un quinto round, pero no cuenta en las estadísticas y, además, gana Flash.

El corredor escarlata es el superhéroe más veloz del planeta. Punto final.

CORRE, BARRY, CORRE

Y sí, hablar de la velocidad en el mundo del comic es hablar de Flash. Hablar de cómo DC comics solucionó todos sus quilombos editoriales es hablar de Flash. Y, para quienes todavía sientan ruido en la cabeza por palabras como Velocistas” o “Speed Force”, no queda otra que hablar de flash.

Hubo tres. De la mano de Harry Lampert y Gardener Fox, en enero de 1940, aparecía el número 1 de Flash: Jay Garrick sufre un accidente en un laboratorio. Lo hacen inhalar unos químicos que le otorgan el poder de la velocidad y reflejos sobrehumanos (quizá este sea el primero de todos los clichés en la historia del comic). Es el Flash de camiseta roja y un casco de metal, basado en el mismo casco del dios Hermes.

A mediados de los ´50 aparece el segundo: Barry Allen, el primer gran héroe de la edad de plata: mi Flash preferido, el creador y hacedor de toda la Speed Force que existe y existirá. El más rápido de todos Velocistas y el primer muerto “famoso” en la historia del comic. La muerte de Barry unía esos mundos paralelos que las crisis financieras habían creado y cerraba el concepto de la Speed Force y de cómo los “Velocistas” obtenían sus poderes.

Todos los grandes cambios y los momentos cruciales en el mundo DC han pasado por el Flash de Barry Allen. Porque él hizo un verdadero mito del corredor escarlata. A diferencia de Jay Garrick un científico ex jugador de fútbol americano- Barry era un policía científico, un forense, que investigaba la muerte de su madre para probar la inocencia de su padre. Todo este combo hacía mucho más interesantes sus aventuras que las de su antecesor, ya no era cuestión sólo de disfrazarse para combatir a los villanos. Además, de no ser por Barry Allen, Garrick estaría cajoneado en el olvido.

Fue Barry quien hizo grande la leyenda de Flash, quien tuvo que correr hasta romper las barreras del espacio-tiempo y crear un agujero de gusano para volver al pasado y evitar la muerte de su madre a manos del Dr. Eobard Thawne: el Flash inverso, llegado del futuro para hacer sufrir Barry, para mostrarle al Barry niño cómo apuñalaba a la señora Allen en el corazón. Buscaba destruirlo psicológicamente y que nunca se convirtiera en Flash.

Algo así, dijo Thawne, cuando Barry por fin pudo alcanzarlo. Porque, hasta ese momento de la historia, el Flash inverso era más rápido que él.

—Me tuviste ahí ¿por qué a ella?, ¿por qué mierda no me mataste?

—Porque simplemente te odio, no a vos, al Flash de mi época, pero no puedo separar las cosas. Si lograba matarte, no tendría que verte la cara en mi presente. Pero las cosas no salieron como esperaba, al viajar en el tiempo, de alguna forma perdí el poder sobre la fuerza de la velocidad y quedé atrapado en este mundo. Así que, si te mataba en ese momento, ¿cómo iba a poder volver? Maté a tu mamá para acelerar lo inevitable. Barry necesitaba que corrieras, que te convirtieras en Flash y que pusieras en movimiento toda la maquinaria de la Speed Force. Nosotros no podemos matarnos, Sr Allen, ¿lo entendés?

Barry le soltó una trompada, Thawne la esquivó y sonrió. Barry entendía: le estaba dando la oportunidad de volver en el tiempo y arreglarlo todo, de crecer con su padre y con su madre como una familia normal. Nada habría pasado. ¿Qué iba a hacer?

—Tenés dos opciones, matarme y terminar lo nuestro acá- aun así tu padre seguiría preso y tu madre muerta- o correr, Barry. Correr hasta romper la barrera del espacio-tiempo y abrir un agujero de gusano por el cual vuelva a mis horas. Y, en ese mismo instante, vas a tener unos segundos para volver al instante en que ese mató a tu madre y detenerlo todo. Sé qué estás pensando, señor Allen: podés, sos el único que puede hacerlo, por eso perdí mis poderes sobre la Fuerza de velocidad. En este mundo, sos el creador de la Fuerza, el único que puede usarla ¿Qué vas a hacer, Barry? Si vas a matarme, que sea ahora.

Hubo un segundo de silencio entre los dos. Barry Allen llevó las manos a la nuca, volvió a encapucharse. Thawne no podía borrar la sonrisa de su cara, le clavó la mirada:

-¡Corre! ¡Vamos, Barry, corre!

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DEL SACRIFICIO AL BULLYING EDITORIAL.  

      Marvel llevaba más de una década en el trono y, con Disney de aliado, proyectaba quedarse y seguir creciendo hasta adueñarse del mundo.

Los personajes DC ya empezaban a tomarse como clásicos. Batman y Superman eran “una fija”; pero eso no alcanzaba para mantenerse en el mercado con cierta solidez y prestigio. DC necesitaba un aliado y también, un plan. Entonces, los hermanos Warner entraron en acción para equilibrar un poco la balanza. Y el plan era simple, no enfrentarse al mejor general del rey. Hubiera sido estúpido e imposible. El Viejo Stan pasaba por su momento; era toda una maldita estrella de rock escupiendo a cada segundo historias nuevas. Para DC comics el desafío pasaba por renovarse: había que sacrificar un personaje, a alguno de los más queridos.

Barry Allen debía morir. Y había que crucificarlo a delante de todos para que comenzara la verdadera leyenda. Había que preparar una corona de espinas y dejarlo correr por última vez.

A mediados de los ´80, en la novela gráfica “Crisis Infinita”, Barry Allen muere mientras salva al mundo y a sus compañeros. Por supuesto, muere corriendo hasta superarse. Quiebra los límites de la Speed Force hasta convertirse en energía cinética pura y así viajar treinta años en el pasado y devenir en el rayo que le había otorgado sus poderes.

Tanto de “Crisis en las tierras infinitas” como de “Crisis Final” voy a dar los menores datos posibles. Contar exactamente cómo muere Barry seria contarles el final de la saga. Y, además, resultaría casi imposible sin ocupar, al menos, veinte páginas. Así que para terminar con Flash, hablemos del último.

Wally West es el Flash de la era moderna, el tercero en usar el manto del corredor escarlata. Apareció por primera vez en 1959, en el número 110 de la revista, como el joven Kid Flash. Obtiene sus poderes de la misma forma que Barry: una tarde, mientras visitaba el laboratorio de su tío. Así, después de la muerte de nuestro segundo Flash, Wally fue perfectamente bien recibido por el público: ya hacía más de veinte años que lo veían correr viñeta tras viñeta junto a su tío. Y hasta el día de hoy lo siguen haciendo.

Wally West es uno de los mejores y el más veloz de todos los Flash. Por más de veinte años, el único en usar el traje del corredor escarlata. Aun así, los fans no podían quitarse de la mente el recuerdo de Barry Allen.

Entonces, DC- fiel a su estilo- en julio del 2008, lanza la serie “Crisis final” y devuelve a nuestro gran héroe a la vida. Correría junto a Jay Garrick y Wally West para evitar la muerte de Orión y para terminar con las secuelas de un asunto sindical, que los había azotado a finales de los ´60. Los tres universos se habían juntado, todas las historias empezaban a encajar. Aunque, a la fuerza, todo el universo DC volvía a cobrar sentido.

El Universo estaba en orden. Y Barry Allen- vivo- gracias a que una “fuerza de ingeniería inversa lo revivió con un rayo de partículas más rápidas que la luz, un proceso inverso de la Speed Force”.

Esa fue la explicación que escuchó Wally West, de boca de su tío, en el final de la saga. La única que consta en actas. Y la última que puedo dar.

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BANDERA DE LLEGADA

Listo, hasta acá llegamos. Y, si alguien espera una reflexión inteligente acerca de la velocidad en el mundo del comic, olvídenlo: no hay nada más. Todos los caminos conducen a Flash…o, ¡por, dios! ¿Quedaron dudas?

¿Volvemos a lo de la Speed Force y a los Velocistas?

Barry Allen, ¿recuerdan ese nombre, no? Porque puedo, de veras, volver a contarte esa historia.

 

                          @@@@@@@

        Y da la maldita casualidad de que, mientras escribo esta oda a Barry Allen, en la tele termina la primera temporada de “The Flash”, que emite la pantalla de Warner Channel todos los jueves, a las nueve de la noche. Y me permito decir: fue un final de temporada genial. No quiero contar mucho. Pero, si alguien se engancha con las repeticiones o la descarga, podrá ver cómo Barry obtiene sus poderes, cómo logra vencer al Profesor Zoom (ahora Dr. Wells, en la serie) y, al mismo tiempo, cómo es capaz de poner en funcionamiento la Speed Force. Hasta el día de hoy, esta es la mejor versión de Flash.

Para terminar: acerca de la Guerra Marvel-Dc, sólo puedo decir que continúa, pero, al menos, ya lograron definir sus zonas: Marvel se quedó con la pantalla grande, Warner y DC son los dueños de “la chica”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




CAÍDA DE FICHA

Por Santiago Resnik

La Velocidad: Un momento de lucidez

PUNTO MUERTO

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Paul Klee – El caballero negro

Su nombre no viene al caso, sólo importa que era real.

Desde su silla sentía la brisa viciada del conglomerado apenas disiparse en la altura. Eso lo dejaba ciego ante la esterilidad hecha carne: vigas, ladrillos y cemento. Las mismas estrellas -siempre olvidadas- lo abandonaban en sus sueños de locura y no le dejaban más que un lienzo oscuro y agobiante.

 

Fuera de pista: Cuando la falta de luz rodea, sólo la luna resalta los delirios de control social. Entonces, de quién desconfiar más, si no de aquel que todo lo ilumina: el sol. Pero, ¿alguna vez fue observado largo y tendido por algo o alguien? Todo lo enceguece, desde el alba al ocaso. Luego cae la noche y, con ella,el delirio de que la Luna no muestra nada y solo resta cerrar la cabeza hasta que, de nuevo, asome el Sol.

 

PRIMERA MARCHA

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Paul Klee – Sueño fuerte

Los años pasaban y él, dale observar. Hora tras hora, había aprendido de memoria los cantos de los pájaros en las madrugadas y las puestas del sol en cada estación. Además, había memorizado los movimientos de la luna: algún que otro día, más plateada; otros, casi inexistente, pero siempre rodeada por esa opresiva oscuridad. Así y todo, nunca perdió su calidez. Nada ente los sucesos le era ajeno. Ella devolvía una mirada perdida y lejana y eso bastaba para arrebatarlo -aunque más no hubiera sido, por un instante- del delirio de cada vigilia. Él, desde su reposera y concentrado, sentía los alaridos desgarrar las profundidades. Luego los oía perderse en la marea putrefacta que, oleaje tras oleaje, se colaba por las ventanas de su alrededor. Sólo en los sueños se está a salvo.

Fuera de pista: Siempre hay varias posturas. Escuchar la campana predominante es, tal vez, lo más sencillo a seguir. O acaso sea esa la ceguera: un modo de arrellanarse en el sillón más confortable. Pero, ¿cuándo es que uno encuentra el detalle más rápidamente?, ¿cuándo la imagen está velada? o ¿cuándo la oscuridad otorga la bendición contraste?

Hay una gran ficha que espera caer sobre cada cabeza. Sólo es cuestión -para empezar- de querer verla. Aunque, una vez vista, solo tarda una fracción del momento más veloz en caer. Algunos confunden esto con loes instantáneo. Pero esa fracción implica poner la mano sobre la vista y quitar el exceso de luz del medio. El análisis reside en cuánto puede tardar alguien en alzar la mano, no en cuán veloz llega.

 

VELOCIDAD CRUCERO

Con solo un parpadeo y no vio más los edificios. La baranda de la terraza ya no estaba junto a sus pies. El sol lo encandilaba y el suelo se sentía raro. Desvelado, reconoció a uno de sus vecinos del edifico al lado de una pelota, en uno de los laterales de la cancha. Estaba rodeado de rostros deformes e irreconocibles. La muchedumbre se reunía cada vez más cerca del campo de juego y murmuraba a un volumen de griterío. El vecino vestía la casaca número 9 de un equipo inexistente. Sin poder moverse y con el balón en sus pies: esa es la foto que todos observaban. Tal vez, recordó una época en que todo era más directo, pero entonces la idea de salir jugando se frustraba en cada intento. La pelota, torpe y desde su pie derecho, simplemente se perdía en la sombra, detrás de la línea brillante de cal. Los contrarios jugaban rápido y el único movimiento al que atinaba era a un gran suspiro de pesar.

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Dali

Fuera de pista: Quizás la solución sea levantar la mano y focalizar. Sin embargo, está el ejemplo del ‘homo sapiens superior’, que sólo escucha su receta para buscar un resultado diferente. Las acciones basadas en el juicio de valor ajeno: uno de los grandes jinetes en las revelaciones del sol.

 

PAGAR EL PEAJE

Al comenzar otra noche más, quedó perplejo. Ella nunca había estado tan psicodélicos-adictamente (8)brillante, su luz bañaba el techo completo. Aunque, al levantar la vista, no entendía por qué se la veía tan lejana. En eso y luego de arduo trabajo, su cabeza finalmente bajó las revoluciones. Esta vez se encontró frente a la bacha de una cocina muy familiar. Había pasado mucho tiempo desde su última visita a aquel lugar. En la pileta había cuatro tenedores, cinco cuchillos y una cacerola sucia y vacía. Lavó todo, pero no dejó nada en el secaplatos. Tampoco escurrió con un repasador ni guardó ninguna cosa en el cajón. Cerró la canilla y dejó el asunto ahí mismo. Inmediatamente, giró en semicírculo y observó dos gatos que comían de sus compoteras –una verde y otra violeta- y un tercer recipiente,rojo con agua, entre los dos felinos. Qué sencillo: para ellos sólo eran platos grises. Se sentó y contempló su cena completa, encontró esa misma comodidad de cuando la Luna se dejaba desnudar.

 

Fuera de pista: No hay nada más simple que estudiar lo ajeno. La ficha se ve en alta definición, en una cámara lenta y cremosa. Entonces, ni el más mínimo rasguño se salva de pasar desapercibido. La relatividad juega con la mente. Sin embargo, cuando la ficha se encuentra justo por encima de la cabeza y la mirada halla su ángulo, se puede decir que el suceso ocurre “a toda velocidad” o “a la velocidad de la luz”. Pero ninguna de las afirmaciones resulta la correcta. La velocidad simplemente “es”. El intento por medirla resulta una fantasía meramente humana.

 

LA REALIDAD EN FORMA DE FICHA

11237537x04-bart-sells-hisCasi  asustado, abrió los ojos. Ahí estaba él, sobre el techo, siempre sobre su reposera. Los edificios lo observaban, el sol asomaba sus campanas por la espalda. Hacia el frente, era otra la historia, la noche aún libraba su batalla. No entendía el sobresalto. Se restregó los ojos y descubrió una servilleta posada en su pecho. Sólo llevaba escrita una palabra: “secreto”. Varias horas pasaron y él sólo leía,secreto… secreto… secreto. Y releía casi obsesivamente: secreto… secreto… sequetro. El sol ya todo lo anunciaba, la sombra no tenía dónde predicar. El astro, a diferencia de ella, era torturador. Y, como siempre,no se dejaba ver, aunque todo lo mostrara a flor de piel.  El sol no lo consolaba como ella. Peor, lo enloquecía.
Y, cuando ya no hay pista, todo resulta sencillo como una palabra que se disloca y pierde sentido ante la repetición (Secreto/Sequetro). Si el Sol juega con fuego, también se va a quemar. Y si se quema…¿quién va a ser capaz de soñar?




RESUELLO DE LOCOMOTORA

Por Noemí B. Pomi

La velocidad: sobre trenes, ausencias y ferroviarios.

 

AL RITMO DEL FUEGO

A su paso, las  colinas y su pariente -el sol- despertaban. Su ojo sin párpado, las veía perfectas, paralelas, rectas, curvas, contra curvas, desvíos, barreras, túneles, hulla despedida a borbotones. El dragón encadenado a pasajeros y cargas, negro y oro, era imparable. Sobre rieles relucientes, levitaba.

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Obra del artista Ciruelo

Centro de atracción, en su andar, reunía espectadores y hormigueo de andenes. En el borde, apilado, equipajes multicolor. Changarines veloces se enredaban en carga, descarga y limpieza. Gentío en el ascenso y en el descenso. En su interior, asientos desiertos a la espera de pasajeros y urgencias. Hombres de azul con gorra picaban los cartones. Pregones al viento. Saciada con torrentes de agua, la bestia continuaba.

Por la misma vía viajaban emociones y despedidas.

carlos regazzoni
Carlos Regazzoni

Con su mirada de fuego y con su aliento blanquecino se fundaron pueblos y ciudades.Encendió el comercio, la correspondencia y hasta abrió paso a modas, músicas, actores, cantores y guitarreros.

A la distancia,sus estridencias erosionaban la piedra de la costumbre,  día tras  día. Hubo intervalos de silencio, la aproximación y el crescendo de nuevos  tranqueteos. Murmullos y reticencias. Diástole y  sístole. Taquicardia de un sonido.

Manejar el tren era el viento en el rostro contra los sentidos, los pies temblequeantes, el suelo incierto, el metal y la madera, el rechinar de los goznes, en viaje.

EL GRITO DE MARTÍNEZ

Gerardo Martínez llevaba una consigna: en el primer viaje, al pasar por el bosque de eucaliptus, aceleración y silbido estridente tendrían dueña. Su amada los esperaba.En largos recorridos por el pueblo, de la mano de su abuelo, Gerardo había conocido los hechos,cuando el viejo desovillaba  recuerdos.Él se lo había contado,en relámpagos de historias: el abuelo había conocido el tendido de los primeros ramales en el ferrocarril del Pacífico, las jornadas interminables, los sueldos magros. Luego de una pausa, el viejo saltaba  al año 1917. Fue el grito de los ferroviarios mendocinos.Una huelga en reclamo de mejores condiciones laborales paralizó a la provincia y dejótres fantasmas dando vueltas: Una madre protectora que cuidaba la casa de sus pequeñas. También, en las noches claras, aún se veal segundo fantasma, el de una mujer en el arrullo de su hijo a punto de nacer. Y el tercero,  un joven enhebra-sueños. A partir de entonces se lograron algunas mejoras. Martínez siempre se preguntó, ¿habrá sido por aquella época cuando  las vías comenzaron a circularmi sangre?

BIOGRAFÍA DE UN CHUCU CHÚ

Gerardo Martínez se había formado en los talleres de Ferrocarriles Argentinos. Su destino estaba signado por el uniforme gris. Sería la tercera generación de ferroviarios. Primero fue foguista y, al poco tiempo, conducía la locomotora.Los amaneceres lo deslumbraban y, si el recorrido era nocturno, el ojo tuerto iluminabatodo. El cielo, infinito de luciérnagas, lo atrapaba.El dragón abrazó pueblos y ciudades. En su recorrido desfilabantodas las geografías: montañas, bosques, ríos, túneles, quebradas.

Hombre manso y de mirada limpia, Martínez. Con cuarenta y tantos, tenía sus sueños,toditos realizados.  Mujer y tres aplicados hijos, algunos bienes materiales, los rieles y los vuelos  en cada viaje.Descendiente de inmigrantes, conocía de cerca el desarraigo. No, no, la  historia de su abuelo no podía repetirse, así le diríaa sus propios nietos. Soñaba con el pueblo grande, joven, fuerte. Se decía, orgulloso: “tenemos la simiente.”

La familia y los amigos sabían del asunto. Los vecinos solían merodear el lugar y darse de a encontronazos con la mirada sueporton-rustico-alcazabalta de Martínez.

-Martínez, por allá anda su mirada, me la crucé rumbo a la panadería.

Y el pobre Gerardo, desmirado, andaba sin ver y sin encontrar. Vieron aparecer una giba aferradaal badajo.

-Gerardo, entonces, la campana quedó muda.

Con paso sosegado y cansancio de  años,  comenzó a recorrer los andenes en despedida, sin saberlo.

 

FRECUENCIA INMODULADA

notanoe4    Hoy Gerardo no recuerda la fecha en que le comunicaron la desaceleración de las frecuencias. En realidad, cuando la noche anterior a enterarse, se reveló ferozmente contra su jefe de oficina, alimentó un coqueteo con su locura. Porque hombre más manso, metódico y paciente no se podía imaginar.

Martínez vio a los potros sueltos en tropel. En su estampida, hirieron a los hombres igual que a los ramales.Un día amanecieron cerrados, esqueletos vacíos, desiertos, fantasmales. No más abrazos entre pueblos. Fin del notanoe6suministro de combustibles, de correspondencia, de agua y  de traslados.

Finalmente, Gerardo fue lo que se quiso que  fuera. Perdido entre traqueteos inconexos, no conoció el decreto que imponía el cierre del ramal, ni vio el pueblo convertido en desierto deimpotencia, gritos y fantasmas.

BREVE SILBIDO PARA UN LARGO ADIÓS

Una levadura  amarga precedió a la pérdida de su compañera y a la clausura de su trabajo. Una sordera persistente alejó el confín delos viajes y tranqueteos. Luego, los pasajeros y la carga fueron reemplazados por las armas.

Ramal que para, ramal que cierra.

Y pueblo sin tren, pueblo que muere.

9977652-Steam-locomotive-art-grunge-background-Stock-Photo-trainY un día el tren pasó y no volvió.

En el hospicio, las sombras aún traqueteaban un sonido a pregones, al viento y a rieles a punto de descarrilar para siempre.

PENAS  Y OLVIDO

En vías auxiliares, inmóvil, el dragón quedó sólo entre vagones de carga y de pasajeros. Antes, lleno de voces, protagonista de carreras alocadas;ahora, hundido en una huida dentro del silencio.Una lluvia ácida opacó el negro y el oro. Desforestó pájaros, quemó árboles, pastos y habitantes.

En éxodo masivo,los pregones y las golondrinas emigraron.

En cada pueblo supo haber un dragón y un castillo para el dragón. Ah: y faroles y campana.Los castillos en los pueblos del viejo mundo fueron como las plazas o las iglesias, el punto de reunión de la nobleza. Después de la caída de la estirpe de los dragones, los nobles no tenían dónde encontrarse. Quedaron solo estructuras viejas, abandonadas y en desigual pelea contra el viento y el desgaste. Finalmente, ganaron los yuyos. Debajo de la maleza de tiempo y abandono, el dragón aún busca su mirada.Los viejos castillos quedaron casi irreconocibles.

 

RESILIENTES UNIDOS

notanoe5Pero, a los vientos del olvido, los ferroviarios se impusieron mantener el faro encendido.  Para revertir la deriva del castillo y del dragón, un día se formó la agrupación “Los Amigos del Tren.”Comenzaron por abrir la sala del castillo, que se convirtió en polo de  actividades sociales de los cada vez menos nobles y cada vez más escasos habitantes del pueblo.

Con los faroles encendidos, el pálido dragón los veía pasar, se ilusionaba. Tres  compañeros de Gerardo se acercaron  a acariciar a la bestia.  Fue una  transfusión masiva. En cada partícula de hierro, la sangre latía a borbotones. Hombres y bestia conversaron.

-Hermano, no vas a quedar en el olvido.

Reluciente lo dejaron. Pintura, vidrios rotos, todo fue ajustado.

A LA CARGA, NUEVAMENTE.

Una luz deslumbra, relinchos de hierros, quiméricas distancias atruenan los silbidos.El dragón ha vuelto a encender pueblos, ciudades y recorre valles, cuchillas y llanos.

Otra vez,ruge.

Carlos Regazzoni
Carlos Regazzoni

 

 

 




CORTAR EL VIENTO

Por Francisco Oscar Famá.

Velocidad: Sobre motos y motoqueros

MENEAR EL CULITO

Un día el equilibrio se transforma en un problema. El bípedo que somos no se sostiene bien sobre sus dos piecitos. No se sabe si es la columna, el trabajo del día, el peso de los afectos, el de las ausencias, pero algo se tuerce. Si no meneás un poco la colita, te vas al piso. Para evitar eso, mejor entrás en velocidad. Te subís a la moto y ahí te quiero ver. El cuerpo se vuelve onda, curva, aceleración y riesgo: “A cierta velocidad, se piensa de otra manera. La “crucero” es la más cómoda, te conectas directo al fierro, uno mismo es la carrocería del bólido de dos ruedas. El viento choca el cuero y abre a la aventura. Todo el universo conectado a la pasión.” Es como si el lenguaje ya no encontrase sitio dentro del cuerpo. No hay tiempo para ordenarlo en la boca, la cabeza está llena de ruido y los órganos no saben de gramática. No queda un solo espacio donde nacer la palabra: “A cierta velocidad, ya no hay espacio para la frase. Al duplicar “la crucero” ves tu vida en uno, dos, tres, cuatro, cinco segundos. Si no bajas, te apagás.” Pero, aun así, aun con la palabra apagada, el cuerpo piensa: “El miedo, el vértigo, el placer y el goce. Cuando montás el caballo de fierro, te incorporás al cuadro, al extremo del cristo (*), pies en los estribos, las rodillas se ajustan en el omóplato del tanque, nalgas sentadas manejan el equilibrio, el corazón imparte adrenalina y los ojos, atentos en el camino. El cerebro: bien, gracias, disfrutá el momento, despejá lo oscuro”.

 

EL LOQUITO QUE SALE A PIQUE

Hasta acá la velocidad singular a la que cada quien guste acelerar. Pero, como en todo, están los otros. Y te cruzan, te siguen, te proponen, te extorsionan, te impiden, te habilitan. Y siempre hay un loquito que sale a pique y se pierde solo.

Insisto: como en el amor, en la amistad, como en la camaradería, es difícil encontrar con quién y es difícil regular las dos velocidades. Porque si ella quiere irse a vivir con vos y te acelera de esa forma, te manda a la banquina. O vos a ella. Y es una pena, venía bien la cosa. Pero derrapó. Y si va muy lento, uno no tiene tanta vida por delante como para esperarla en cada esquina. Poné segunda, flaca. Y no quiere, no puede. Y es el vacío del desencuentro. Una vez más, el desierto de la velocidad que acelera contra el horizonte. Y, en la distancia, no queda nadie.

Ahora, a decir verdad, la soledad no es nada. Resulta casi una chance para empezar de vuelta cuando, al fondo del camino, el loquito te cruza la moto y- con él – viene ella. La muy puta no repara en diferencias ni en similitudes. Trabaja para el tipo de los sepelios, para el fabricante de mortajas. Y se maneja solo por interés. Si vos no regulás la aceleración, la picada la cuenta otro.

 

EN PAREJAS: EL PIQUE DEL INFIERNO.

Después del almuerzo entre conocidos moteros, viene la bajada del puente hasta el peaje. Como límite, se dibuja una recta que invita a quienes deseen demostrar coraje. Una carrera al destino de cada quien. Se arman parejas para el pique del infierno. Cabeceo, pulgar arriba y a correr.

Velocidad, al límite.

Dos encuentran el tope a 190 km/h. Otro par viene cortado a 240 km/h, uno de ellos esquiva un obstáculo, se abre demasiado mal y embiste al Tornado, que paseaba a 90/80 km/h. Es decir, un poste en el camino. Lo atropella y el que venía más atrás los encuentra como ventiladores en el piso.

Embiste.

Vuela a tres metros de alto.

Cae, su moto se parte.

Después, tres muertos.

La viuda de uno, considerado “mejor piloto”, cuenta: Salía siempre con sus amigos. Un día cobramos unos pesos y me dijo, muy suelto de cuerpo, dejame cambiar la moto. No sé qué cara puse, él tomó el dinero y, en la semana, apareció con una moto, no sé qué marca, cilindrada y modelo. Yo me indigné, en silencio. Él salía a probar la moto cada vez que venía del mecánico. Cuando creyó que estaba lista, decidió mandarse a la ruta con un amigo. No recuerdo cuánto tiempo pasó desde que se despidió de mí hasta el llamado a mi celular de un número extraño. La policía me comunicaba el accidente.” La mujer se repliega un instante sobre su memoria. Desacelera. El cuerpo está tan quieto, que toda su silueta parece haberse muerto un ratito. Desesperaciones quietas de los vivos al aproximar a los muertos. De pronto, la palabra la devuelve al transcurso: “Ahora, con el tiempo, lo veo: quien murió era un niño, quiso tener lo que nunca había tenido. Y qué poco lo disfrutó”. Niños así, el reverso de la niñez.

 

 

 

SOY EL VIENTO, SOY EL HURACÁN (PERO NO COMO VIDRIO)

Comencé con una Norton 500, la misma del Che, aprendí a usarla en la ciudad. Escuchaba a un tío que me decía: “el paragolpes es uno mismo”, “sos parte de la carrocería”, “usá campera de cuero” y cosas por el estilo. Un día salí a la ruta y la sensación fue: aferrate a la moto, nada de picadas, no tengo que demostrar destreza ni potencia de motor. A nadie tengo que demostrar nada. Caminos nuevos me esperaban. El viaje como experiencia iniciática. Una cartografía de espacios, donde la libertad falta. Es como si la moto abriera el surco y prometiera: “después voy a volver, para la siembra.”


 

MEMORIAS DE UN MOTERO

Yo también soy parte. El destino me llevó a la Ciudad de Azul, a una plaza. Allí, en la esquina, se juntaban moteros a conversar sobre fierros. Salíamos a dar vueltas de perros por la ciudad. Formamos el primer grupo de viaje. Íbamos a pueblos cercanos hasta que nos animamos hacia Tandil. Equipados para acampar, ganamos la ruta. Ocho, en total. En parejas y separados a cinco segundos de frenado o más, el camino fue nuestro. Prolijos hasta para pasar a un vehículo: todos en filita india, muy ordenados.

La ruta sinuosa me llenó de paz y de esa sensación de ser responsable de mi vida. Se me hinchó el pecho de otro aire. Paz: el abrazo al la creación. La velocidad la lleva la moto, yo disfruto a pleno el paseo. Encontramos un lugar cerca de las sierras donde armamos las carpas. Compartimos desde la mateada, hasta el asado, el fogón, la guitarreada y las anécdotas.

 

 

MUSEO MÓVIL DE MOTOS

Con el paso del tiempo, las agrupaciones no solo se juntan a comer un rico cordero asado a la cruz, también usan las motos para entrar por los caminos rurales, donde se encuentran escuelas y aprovechan su paso para obsequiar algunos útiles y conversar con las maestras acerca de sus necesidades. No sólo eso, fuera del imaginario general acerca de los “moteros”, estos grupos también organizan peñas, a beneficio. Hay un estricto calendario.

Encontrarse, entonces, no implica sólo acelerar, también es bajar un poco los decibeles y mirar el paso de los otros. Claro, el placer es el punto donde confluyen todas las actividades de las agrupaciones. El placer de dar, de comer, de decir y también de contemplar y acariciar el cuerpo de motos de todos los modelos- tuneadas y cero kilómetro- motos de todas las cilindradas, de todos los colores. Un placer que se rodea de un escenario propio: tiendas de ropa y accesorios, lugares donde acampar, comida rápida, agua para el mate. Los choripanes previos al religioso asado, la birra, el fernet y coca.

Rock y blus en vivo.

 

MOTERO, MOTOQUERO, NO MOTOCICLISTA:

La palabra correcta sería motociclista. Pero, claro, dicen que motociclistas hay muchos, solo algunos son Moteros- Motoqueros.

“Motoquero” es el término acertado y más usado para aquellos que detentan una actitud y compromiso total con las motos, el hombre y la máquina. Pasión, espíritu. No importa demasiado la cilindrada, el modelo. De verdad importa salir a cortar el viento, flotar sobre la cinta asfáltica. Sin importar el clima ni la ropa adecuada. Camaradas, rock, blues, birras, asado. Y repantigarse sobre el suelo panza arriba, de cara a las incontables estrellas, la luna y los lobos en la carretera. Acelerar al máximo y desacelerar hasta el mínimo. El viento en pedacitos y la totalidad de la noche. Y no poner excusas ni dar explicaciones.

 

(*) Fierro que cruza los barrales de los amortiguadores delanteros con el manubrio.

https://www.youtube.com/watch?v=