LOS OTROS O LOS DEMÁS

Editorial
Por Gabriela Stoppelman


LOS AMANTES

¿Te acordás cuando creíamos en esa escalada de la inquietud y del cuerpo?, ¿cuando pensábamos que elegirnos era un camino ideal para encontrarnos?, ¿cuando el futuro parecía una ladera escarpada, cuya inconcebible cima sólo llevaría al abrazo?

Alejandro Durán. "Washed up project".
Alejandro Durán. “Washed up project”.

Cuando ya habíamos descubierto la falla, ni nos atrevimos a pensar que fuimos ingenuos. Ciegos, entusiastas, prepotentes, caprichosos del deseo, ávidos de ladearnos por fuera del hastío y los vínculos por contratos, nos transformamos en dos colores obstinados, derechito a estallar contra el muro.

Un día me detuve en el cordón de nuestra urgencia y vi a la confianza derramada en la cuneta, disuelta entre un resto de lluvia, dos hojas secas y un papel de alfajor que, infructuosamente, intentaba disimular la inconsistencia de tanta pérdida. Metí la mano en el agua, con la ilusión de volver sólidos los restos de nuestras ficciones. Pero el pequeño riacho de la cuneta tenía más fuerza y más lucidez que la desesperación de mis manos.

Ya que estaba ahí, en tren de observar, me vi y te vi enjuiciados entre las miradas de tantos conocidos. Unos, al vernos sumergidos en lo que ellos llamaban “el vetusto amor romántico”, desconfiaban de nuestra inteligencia. Otros, afiliados al club del poliamor y transgresiones varias, miraban con piedad los últimos estertores de nuestra impotencia. En una esquina, nos empujó un grupo de inteligencia práctica. En otra, nos atropelló una brigada de desaprensivos. Ya al borde de aislarnos, nos ligamos un escupitajo de una familia tipo y un insulto soberbio, desde un aquelarre de seudo amigos, atrincherados tras la frase, “no pueden cortar”.

En eso, el agua de la cuneta se detuvo por un instante para devolver los contornos de mi cara. Qué sospechoso: no me parecía en nada a quien imaginé ser ni a esa que trepó con vos la empinada ladera (que bien pudo ser un valle o una llanura, donde lo real y lo posible se atreverían, por una vez  a, darse la mano).

Arte urbano.
Arte urbano.

Con un poco de agua quieta, me lavé de las miradas ajenas, hasta donde eso es posible. Una luciérnaga titilaba al costado. Y yo desaparecí y me rehice entre cada hueco de luz y noche, hasta que encontré la letra adecuada para escribir esta figura en que me afirmo. Sin paz, confiada en esta gramática de intensidades y hondonadas. Irresuelta,  llena de grietas, pero siempre montada al pulso donde brota la frase.

 

LOS MUERTOS

No creo. No necesito creer en el más allá, menos, con la superpoblación que hay en este mundo. Aparte, hice taller literario con mi memoria. Lo primero que aprendí allí aún me advierte: a la hora de construir un relato, el reinado del “había una vez” puede destronarse. Esa idea se reforzó en un segundo nivel de taller, a donde fui promovida por el solo hecho de haber nacido. Los sueños resultan flor de escuela. Allí, el pasado se narra también en presente. Una inevitable instancia narrativa, donde el verso se quiebra y se acerca a la historia, el cuento se enreda con el delirio y la templanza se hace chirle a los pies de la osadía. Al borde del amanecer, la lengua despereza los restos de las ensoñaciones. Y así, el asunto invierte aquello ya incorporado al saber popular -”los sueños son restos de la vigilia”- y la vigilia del texto se compone, entonces, con los restos del sueño.Arte callejero.

Contar es otro modo de respirar. No hay nadie sin relato. Incluso, en la dificultad cognitiva, el intento jadeante por los conectores señala lo imprescindible del aire narrativo -un chisme, una derrota, un denuedo, una trampa, lo acuciante de una ausencia, la  persistencia de un fantasma- todos tienen una coreografía de palabras en busca de interlocutores. Algunos lo hacen por escrito. Y ahí la cosa se encuentra con los misterios del lienzo en blanco, donde el dibujo del sentido siempre se desvía de lo previsto. En ese intentar decir por escrito, ellos advienen. Como un avance de película, mis muertos tocan con la punta de su presencia la antesala de la memoria. El extraño recinto las bienviene y, por un pasadizo insospechado, las conduce hacia el recibidor de la escritura. Hay un cosquilleo en las manos, una torsión inquieta en las muñecas. Es un pujo de lenguaje, aún confundido con las contracciones y mezcolanzas de la sangre. Esa previa, ese vermut del texto, es una exaltación embrionaria de posibilidades. Algunas ceden el paso amablemente a otras. Y están las que no pueden sino arremeter a los empujones, como fugitivo a punto de perder el barco hacia la libertad.

Antonio Marin. "Perdiendo la cabeza." Arte urbano en Valencia.
Antonio Marin. “Perdiendo la cabeza.” Arte urbano en Valencia.

A esos vestíbulos de la letra se asoman mis muertos. Sus irrupciones quiebran el desamparo y la orfandad de los días. Por un instante, dan una ilusión de comunidad estrecha, de abrazo redimido. Sospecho, sin mística, que ellos se acomodan a gusto en el curso de mi escritura.

 

 

LOS AMIGOS

No hubo un tiempo en que fui hermos@ y fui libre de verdad. Cada tanto, ocurre un breve periodo donde la risa franca, la comida compartida, el futuro desplegado como una alfombra de bordes difusos, la vejez de los padres, la emoción de los hijos, la abdicación del deber y la urgencia hacen ronda alrededor de la mesa, mientras servimos algo para compartir. En el camino han quedado la persistencia de la armonía, el resquemor, la hermandad sin condiciones, los tiempos obligados, la permanencia sofocante, los contratos melancólicos de sostener la arena cuando arrecia el viento, los otros y otras que hemos sido.

Arte urbano. Broma abraza la magia de los grafitis.
Arte urbano. Broma abraza la magia de los grafitis.

De todas las desataduras andadas, quedan algunas sospechas biográficas. A la distancia, a la cercanía le sienta mucho mejor la presencia de un texto que discurre que las adherencias. La intensidad puede adoptar la forma de un puente esporádico y ya no nos hechizan los cultores de la desaprensión y su arenga de “sufrimos menos”. Ahora sabemos que arriesgan menos, siembran menos y que viven aterrados por las pérdidas. Más por las elegidas que por las advenidas. Que muchos condenan la competencia y el éxito pero, cuando se prueban la capacidad de admiración, siempre les queda grande y, ante las formas de la generosidad, con frecuencia se achican. Las confusiones acechan y nunca está del todo claro si el gasto es una demostración de lo que alguien puede porque le sobra o de lo que alguien brinda. El don tiene bordes difusos. Y, entre lo que anhelamos y lo que somos, nos cuelgan las hilachas de lo descosido y lo incierto.

Boa Mistura. "El abrazo". Arte Urbano, Berlín.
Boa Mistura. “El abrazo”. Arte Urbano, Berlín.

Y a veces la fiesta es nomás ese encuentro mínimo. Puede suceder en la última porción de la noche, cuando ya todo ha transcurrido sin sobresaltos. Entonces, para cierre de velada, ella se despliega. Es un tejido de malla abierta, de contornos rodeados por tenues hilos, donde lo que falta rechaza el vacío y confirma su imposibilidad entre amigos. Caídos los posters, las tarjetitas con sonido, los rituales del mercado, Doña Confianza estira los brazos, cómoda, a gusto. La cuestión se reduce a una sonrisa, a la mitad de una palabra, a una palmada en el hombro. Pero, por ese instante, el universo vuelve a ser ese gran animal que nos respira, tan soñado por los románticos. Y nosotros, tripa de tierra, cuerpo respirado con los otros.

 

LOS OTROS

Me llevó muchos años, muchísimos años de pasar el borrador por la pizarra del cuerpo, por los recovecos de las tripas, por los automatismos de los gestos. Toda la escritura impresa sobre el cuerpo desde el vientre de mi madre pretendía haber sido anclada a mí con tinta indeleble. Y, aunque el pulso se tiente en la frase “pero un día”, lo cierto es que la transición llevó un largo tiempo de vacilaciones. Aun hoy, ciertos resabios de viejas frases irrumpen y me empujan hacia esa que no quiero ser.

Arte urbano.
Arte urbano.

Entonces, para empezar, abandono la primera en singular. Quien transita el puente es una multitud de ausencias y despuntes. Nada que la distinga de otras singularidades. Quienes transitan el puente no están dispuestos a confundir puerto de partida con puerto de llegada. Los demás y los otros no son lo mismo. Los demás son un resto, un amontonamiento de sobras, una molestia, el fastidio de un propietario que ha podido deshacerse de algunos empleados, pero no de la obligación de simpatía con sus clientes. Los demás son ese reaseguro “por si un día necesitás algo”. Como quien mantiene una amistad con un abogado, por si alguna vez cae preso. O, con un artista, para que no lo incluyan entre los insensibles. Los demás son embolsables, eliminables, despreciables. La moneda que se intercambia con los demás es la suspicacia: la sospecha constante de un fraude camuflado tras los buenos modales, el balance de pérdidas y ganancias ante cada gesto presuntamente afectuoso. Y peor: todo lo afectuoso, en esos términos, resulta solo una gran estafa, una herramienta en pos de un rédito: alpiste para el ego ya obeso, ventajitas para los amigos coimeables.

Los otros son el estupor y el deseo por la diferencia y la chance. La afección del propio cuerpo, deformado y transformado ante estos advenidos y descubre, para empezar, que el cuerpo propio no es propiedad. Imposible de poseer, con esa noción cae también la vanidad de las biografías: los dolores de primera clase, el ranking de sufrimientos que otorga privilegios, la muñeca para la alegría, que transforma en amargado a cualquier audacia de alguna idea.

Los otros son el abrazo que no se busca para saldar nuestras carencias.

Ni ying encajado con yang.

Ni opuestos binarios que alardean la armonía del blanco al contrastar con el negro.

Ni plenitudes ni purezas.

Matices, zonas de aridez, discusiones que van de la dulzura al jugo agrio, limón y azúcar, para que el paladar no se cebe en el sabor único. Ilusión de transformaciones radicales, pero también reclamo por el derecho a fundar la raíz. Ni regresos al vientre de lo esencial, ni contactos con esencias salvadoras.

Ure Vajguroree.
Ure Vajguroree.

Los otros: esa serpiente inquieta que trepa, repta, se funda dos patas, dos brazos, dos piernas, se hace pulpo, se hace ronda. Y ahora también va por lo profundo y por la altura. Serpiente de pieles infinitas que nos cuenta: escritura de lo imposible. Los otros.

 




EL TACTO DE LA LUZ

La sospecha: Entrevista a Liliana Heker

Entrevista: Lourdes Landeira, Viviana García Arribas, Estela Colángelo, Pablo Soprano, Noemí Pomi, Alicia Lapidus, Josefina Bravo, Isabel D´Amico, Verónica Pérez Lambrecht, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

“La luz de la mañana / tiene dedos rosados.”
Irene Gruss


Imposible recordar la primera vez. Quizás fue un modo de la sombra en el aliento, quizás un cosquilleo en la piel. Pero, un día, entre el origen y el intervalo de después, la tuvimos sobre la palma de una mano. La dejamos subir hasta la punta del dedo mayor, la observamos caminar el dorso, detenerse en la muñeca y, después, asistimos su regreso, vacilante, perdida por un rato en la huella del dedo gordo. Ahí, en pausa, temblaba como un cuerpito donde no cabe el deseo de hacerse frase, verso, historia. El laberinto era áspero y ella, tersa. Tenía esa turgencia de la piel en capullo, con las colitas de las vocales bien arqueadas y dispuestas a la sílaba; con las curvas de las consonantes firmes, alrededor de sus vacíos. Era evidente que la forma del laberinto -su coreografía circunvalada, su afinidad con el misterio- le daba sed de compañía. Perseguía y perseguía en la difícil escritura de la piel, sin encontrar a nadie. Así, con ganas de otros, bajó por el perfil del dedo en busca de un camino. En eso, encontró una bifurcación en las líneas de la palma y, tentada a emprender los dos rumbos a la vez, por fin, encaró un solo trayecto. Su paso le sudó los contornos. Húmeda y tan motivada, tomó una contextura más firme, más luminosa y hasta agridulce. Era tan inquietante tenerla así, en la comba de la mano, pactar con ella una música para el preámbulo, esperar a que nos diera la clave y las alteraciones, dilatar el momento de pronunciarla o de ponerla sobre un papel. En fin, gozar con ella, respirarla sin pretensión y sin gramática. Y, al rato, cuando la palabra ya andaba a punto de escurrirse por un valle entre dos dedos, aliarla con nuestras direcciones, presentarle a otras, balbucearle al oído ese indecible que, insistente, nos regresa al claroscuro del texto. No. Es imposible saber cuándo fue la primera vez. Pero me acuerdo con precisión del momento originario. El trazo sobre el papel, el pulso tembloroso, la luz titilante de la escritura. La sombra del aliento iluminada. Al tacto de la luz, entonces, conversamos con Liliana Heker.

Max Ernst. "Edipo rey".
Max Ernst. “Edipo rey”.

 

PERPLEJIDADES DE LA LUZ

                                  Estoy llorando dentro de la taza. Y esto sí es el principio. La trampa de las historias o el poder de la imaginación, es el principio (…) Pero tampoco es el principio del principio. Es el principio de la conciencia del principio”
“Los bordes de lo real” (*)


Me interesó mucho cómo reaparece en varios de tus textos la perplejidad ante lo cotidiano.

Esa perplejidad me constituye desde que tengo uso de razón. De chica me la pasaba pensando, pero tenía muy pocos elementos para comprender la realidad. A veces, lo cotidiano me resultaba aburrido y trataba de modificarlo inventándome historias. Supongo que en esas invenciones y en mi sensación de extrañamiento respecto de la realidad debe estar el origen de mi necesidad de escribir. Creo que uno escribe porque se siente un poco desacomodado en el mundo. Si le pareciera que alrededor y adentro todo está muy bien, no se le ocurriría escribir. O no tendría sobre qué hacerlo. Si todo fuera transparente y aceptable, ¿para qué escribir? De modo que la perplejidad ante lo cotidiano viene de mis primeros años. Tengo mucha memoria. Guardo recuerdos de antes de los tres años. Por eso puedo asegurar que siempre estuve bastante sorprendida acerca del mundo real. Tratando de corregirlo, a veces; rechazándolo o sintiéndome rechazada, otras.

Hablando de eso, comentabas que, una vez, al leer una obra de O’Neill, sentiste una sensación física, algo que te dio la idea de un cuento.

No fue exactamente así; te cuento. Ocurrió a mis veinte años, tenía casi terminado mi primer libro, era secretaria de redacción del “El Escarabajo de Oro” y estaba por ser subdirectora de la revista, o sea que no era del todo primeriza en la escritura. Al leer una obra de O’Neill, “Extraño interludio”, rescaté una frase de Nina, uno de los personajes. Esa frase me sugirió un tema para un cuento sobre una mujer -que yo en ese momento concebí de veintisiete años y finalmente tuvo treinta- que desde la adolescencia tiene una relación con un hombre excepcional que, además, es un seductor. Me interesaba esa mujer muy inteligente, con formación científica, que quiere ser confidente de ese hombre -se cree capaz de entenderlo en tanto seductor- y, a la vez, es su amante. El centro de la trama de ese cuento era que, cuando Irene tenía veintisiete años, él conocía a una adolescente de diecisiete con la que se iba a acostar.

Denis Sarazhin.
Denis Sarazhin.

Ella no lo soporta, siente que es su límite. Piensa en dejarse ir y enloquecer, piensa en matarse. Por fin, decide que lo va a esperar que, como siempre,  va a escuchar,  esta nueva aventura, y va a seguir siendo su amante y su confidente. La frase final, que yo había imaginado a los veintiún años era: “Hasta que vos, amor, decidas matarme”. Solo que, cuando me puse a escribir ese cuento, en lugar de avanzar hacia el final, la historia empezó a abrirse hacia atrás y hacia los costados. Ya llevaba como ochenta páginas escritas y me di cuenta de que eso nunca iba a ser un cuento. Si algún día iba a ser algo, sería una novela. Pero no estaba en condiciones de escribir esa novela, ni por experiencia de vida ni por experiencia literaria. De hecho, el proyecto de esa novela me acompañó durante muchos años. Cada tanto escribía, un poco en primera persona, un poco en tercera. Mucho después, en 1981, ocurrieron varios cambios. Primero, me di cuenta de que ese final, “Hasta que vos, amor, decidas matarme”, ya no me representaba ni me interesaba. Mi protagonista rompería con el seductor, elegiría la soledad, que es sinónimo de libertad. Creo que quien sabe ser solo sabe ser libre. Fue uno de los descubrimientos de ese 1981. Primero, imaginé que ella tomaría esa decisión después de reflexionar largamente en el balcón de su casa, y ese sería el final. Pero, no. Tenía que ocurrir un hecho irreversible. Ella se acostaría con un tipo que conoció en la calle. Sería durante ese vulgar levante, mientras- con todas las de la ley- ella se acuesta con un desconocido, que ella pensaría y decidiría. Ese iba a ser el final.

En el medio, ¿ibas y venías con esto, o lo habías abandonado?

Liliana Heker. Fotografía: Diego Grispo.
Liliana Heker. Fotografía: Diego Grispo.

Nunca lo abandoné. Mientras tanto, escribí varios libros de cuentos, sacamos muchos números de El escarabajo de Oro, conocí a Ernesto. Mi vida sufrió muchos cambios, pero nunca abandoné el proyecto. Había muchas cosas que yo quería decir a través de la novela que luego se llamaría “Zona de clivaje”. Una, quería hablar del conflicto de una mujer entre su intelecto y su cuerpo. Mujeres y hombres –en tanto lectores-, nos hemos formado con una gran literatura y una cultura que consideran trascendentes al pensamiento y al alma y desdeñan el cuerpo. Pero yo pensaba que no era así. Pensaba que, para una mujer, su cuerpo es trascendente, y quería hablar de eso. Otra cuestión que me apareció necesaria fue la de la maternidad como elección. Se me coló la madre de Irene y eso me dio para reflexionar sobre el tema que, todavía hoy, sigue siendo un poco tabú. Creo que la maternidad no tiene que ser una fatalidad biológica y que una mujer tiene derecho a plantearse su falta de vocación como madre. Muchas desgracias entre madres e hijos se evitarían si una mujer se sintiera capaz de elegir si realmente quiere o no ser madre. También se me presentó un tema con el título, había pensado en varios, pero ninguno me convencía, hasta que apareció “Zona de clivaje”. Yo había estudiado física y siempre me habían cautivado los planos de clivaje. Un diamante, por ejemplo, tiene una estructura que ha llevado mucho tiempo armar, y es casi indestructible. Pero hay ciertos planos en esa estructura en que las uniones interatómicas son muy débiles. Por esos planos se puede cortar un diamante. Esa idea de que algo casi indestructible contuviera fatalmente zonas de debilidad, de destrucción, me perturbaba. Descubrí que ese iba a ser el tema de mi novela. Todo eso decidí y empecé a trabajar en 1981. Por razones muy diversas, abandoné luego su escritura. En 1982 ocurrió la guerra de Malvinas, que me perturbó profundamente y salió mi libro de cuentos “Las peras del mal” . En 1983, conocí a Ernesto, encuentro que fue para mí una revolución. En 1984 empezamos a vivir juntos. Recién en 1986, retomé la novela. A lo largo de veinte años había acumulado ideas, apuntes, capítulos. Entre el ’86 y el ’87 encontré la estructura y pude, por fin, componer la novela que había buscado. Así que no sé si la escribí en veinte años o en uno.

 

VAYA CON TACTO, NO SE ENCANDILE

                                               “Yo creo que encontrar la “voz” es un trabajo de búsqueda también. En realidad, no es la propia voz. Es lo mismo que cuando se habla de “estilo”. Lo que uno tiene que encontrar es la voz de los personajes y la voz del narrador, esa es la cuestión.”
Entrevista a Liliana Heker, en “Maestros de la escritura”, de Liliana Villanueva


¿Cuál es tu vivencia del tiempo al escribir?, ¿es la mismo en un cuento o en una novela?

Denis Sarazhin.
Denis Sarazhin.

La literatura no es para ansiosos. Lo que me importa es acercarme lo más posible a aquello que busco, me lleve un año o veinte. En realidad, me gusta trabajar en mis textos. El objetivo no es la publicación. Aunque se supone que, cuando uno le da una forma a lo que escribe, da por hecho que eso está destinado a otro.

¿Si no hubieras publicado hubiera tenido sentido igual?

No lo sé. Yo escribía y, en algún momento bastante temprano, empecé a preocuparme por la forma. Pienso que el arte es un modo de la comunicación. Ahora, no es que vos necesites llegar inmediatamente a mucha gente. Puede ser que un libro se publique y se lean diez ejemplares. Lo importante es que tenga la posibilidad de ser leído por otro. Sucedió que, en algún momento, tuve cuentos suficientes como para hacer una selección. No publiqué a la desesperada los únicos once cuentos que había escrito en mi vida. A los veintidós años habré tenido cerca de treinta textos, seleccioné once y armé mi primer libro. Publicar es una consecuencia natural de escribir, pero no es el objetivo mientras uno trabaja.

A veces pienso en modos diferentes al libro para llegar a otros. Por qué no regalar lo que uno escribe, por internet, por ejemplo.

Cada uno elegirá su camino. A mí me sigue gustando el libro de papel. Admito todas las modalidades nuevas, pero sigo eligiendo el libro. Su formato es perfecto.

 

 

TEXTURAS MUSICALES

                                   (…) ¿Qué página escrita nos condujo a captar la música -porque primero fue una música, todo siempre primero es una música-, la vaga percepción de algo alto y bello acechando en las palabras? (…)
“El fin de la historia” (*)

 
En tus libros hay muchas referencias a una sensación auditiva y hasta olfativa de la palabra. Pero, sobre todo, táctil.

Es que las palabras no son lo que el diccionario dice de ellas. Para un escritor, las palabras tienen textura, carga afectiva, música. Ellas y los signos de puntuación constituyen el único material con que cuenta alguien que escribe para decirlo todo. No da lo mismo escribir rostro, cara o jeta. No es lo mismo un brillo que un resplandor o un fulgor. En realidad, la significación es múltiple. Cuando la palabra está bien puesta, dirá mucho más que lo que significa según el diccionario de la Real Academia. Las palabras tienen música, en la poesía y en la prosa. Encontrar esa música interna que tiene el texto es también un modo de decir.

Denis Sarazhin.
Denis Sarazhin.

Varios de tus personajes hablan de una música, que adviene incluso antes de la palabra.

A veces uno necesita una palabra y sabe que debería tener una cierta música. No la encuentra y la tiene que buscar. De pronto, es como si se produjera un hueco en la prosa y uno sabe hasta la resonancia y la significación que debería tener. Y, entonces, la busca.

¿Qué es para vos un texto solemne?

Es algo pretencioso. Alguien que se inviste en su rol de escritor, seguramente, debe ser una persona solemne. Yo escribo, los demás me verán como me quieran ver. Quizás soy escritora para los otros. Para mí, lo soy únicamente en el momento en que escribo. Entiendo a la escritura como un acto, no como un rol. Si alguien trabaja de escritor, de alguna manera, es solemne y también está mintiendo.

¿Qué es lo poético para vos?

Hay cierta captación de situaciones, escenas o momentos que tienen una carga singular. Esa carga, esa ráfaga de belleza o de intensidad, es lo poético. Muchas veces, la prosa tiene esa poesía.

Liliana Heker. Fotografía: Diego Grispo.
Liliana Heker. Fotografía: Diego Grispo.

¿Es una experiencia que podrías vincular con ese extrañamiento que hablabas al comienzo?

Si fuera poeta, ese extrañamiento se comunicaría a través de la poesía. De verdad, soy narradora. No es lo mismo. Por supuesto que los géneros no son compartimientos estancos. Nicanor Parra, por ejemplo, puede ser narrativo en su poesía. Del mismo modo, un cuento puede tener elementos de la poesía. De cualquier manera, mi mundo creativo se da a través de la narrativa. El extrañamiento se da en mis cuentos y en mis novelas.

 

¿TRAICIONA LA LUZ AL APAGARSE?

“Había un código, pensó en el ascensor, existía un modo de la fidelidad entre ellos, y él lo estaba transgrediendo.”
“Zona de clivaje” (*)


Me interesó esta cita de “Zona de clivaje”:
¿Y podía Irene confesarse de cuántas traiciones como ésta estaba hecha su inquebrantable fidelidad?”

Fotografía de la Exposición "La falla, un artefacte tecnològic".
Fotografía de la Exposición “La falla, un artefacte tecnològic”.

La traición atraviesa toda la literatura argentina. Nuestra obra fundamental, el Martín Fierro, tiene la traición de Cruz. Hay traiciones y traiciones. Hay traidores y traidores. Ocultar una realidad a otro a quien uno ama es, a veces, un modo de la traición, pero también un modo del amor. En “Zona de clivaje”, Irene le cuestiona a Alfredo una traición evidente: acostarse con una muchacha con la que ella no quiere que él se acueste. Pero ella también reconoce en sí misma ciertas traiciones. Por eso se pregunta de cuántas traiciones está hecha su inquebrantable fidelidad. Se puede hablar de fidelidad, en el sentido convencional del término: no acostarse con otro. Pero hay muchos modos de ser fiel y muchos modos de ser infiel. Ese es uno de los planteos de la novela.

Hay un tema de espejos también, un enojo muy grande de Irene porque él se acuesta con “esa” mujer.

Exactamente. Creo que Irene quería ser excepcional y su modo de excepcionalidad era ser capaz de escuchar y entender lo que las otras mujeres no escuchan ni entienden. Pudo serlo hasta que apareció la adolescente. Irene tiene celos de lo que ella no puede ya volver a ser, una adolescente. Eso es lo que odia en la otra.

Hay traiciones que constituyen a la fidelidad. En la novela hay unos epígrafes muy interesantes al respecto.

Denis Sarazhin.
Denis Sarazhin.

Soy para él peor que una traición. Soy tan inexplicable como él mismo”. Es el último epígrafe y es de Francisca Aguirre, una poeta excepcional española. Y el de la primera parte, de William Saroyan: “Ámame sin piedad. Deja que los amantes fáciles se amen cuando es fácil amar. Ámame hasta por haberte traicionado”. Además, en un sentido profundo, Alfredo nunca traiciona a Irene, porque siempre le dice la verdad, nunca traiciona lo que ella siempre ha esperado de esa relación. Irene sí lo traiciona, acostándose con un desconocido, algo que tal vez Alfredo nunca había esperado de ella.

Lo de los espejos nos lleva también, a “El fin de la historia”, con los dos personajes, Leonora y Diana y también como centro de la historia otro tipo de traición.

Sí. Es otro tipo de traición, tal vez más compleja, se trata traicionar una idea. Lo de los espejos tal vez pueda aplicarse al vínculo entre Leonora y Diana, que han tenido la misma infancia, han leído los mismos libros, y que han compartido el despertar a la ideología. Sin embargo, tienen después elecciones de vida muy diferentes. Es uno de los planteos que se hace Diana. Creo que, en esa novela, hay dos traiciones de distinta índole. Leonora puede ser considerada traidora en el campo de su militancia. Diana traiciona a Leonora al escribir la novela. El tema de la traición es muy complejo. Nuestra historia está atravesada por traiciones, tanto en nuestra literatura como en el tango. El escritor, de alguna manera, es un traidor, porque se nutre de historias, muchas veces de otros, y con ellas construye sus ficciones.

Una cita: “Escuchá este poema, se llama Cobardía, pero ella sabe qué es la cobardía. Es lo peor que hay después de la traición y ningún héroe la perdona” ¿Qué sería para vos ser cobarde al escribir?

Liliana Heker. Fotografía: Diego Grispo.
Liliana Heker. Fotografía: Diego Grispo.

Bueno, el personaje de ese texto es una nena nutrida en “Sandokán” y en el “El Príncipe Valiente”, de ahí saca sus principios. Creo que esas lecturas de infancia son altamente educativas. A partir de ellas, uno adquiere una primera noción de qué es ser leal a una idea y qué significa traicionarla. Por otro lado, hay una cobardía física que no puedo juzgar; por ejemplo, que una persona tenga miedo y salga corriendo. Ahora, en el caso de un escritor o de un intelectual, pienso que ser cobarde es no hacerse cargo de las propias ideas. El silencio, en ciertos casos en que hace falta pronunciarse, o el adecuarse a las ideas dominantes para “no desentonar” son, para mí, modos injustificables de la cobardía.

 

HUELLAS, PARA OTRA LUZ

                                   “Y, sin saberlo, a los manotazos y alegremente, nos preparábamos para una futura revolución social y una futura revolución sexual mientras con torpeza, al menos Leonora y yo, simulábamos avanzar en el punto yerba”
“El fin de la historia” (*)


¿Qué significa la palabra revolución hoy?, ¿cómo se podría dar en la vida de todos los días?

Es muy compleja la palabra revolución. Uno puede ser transgresor, pero dudo que pueda ser revolucionario en lo cotidiano, al menos, yo no lo soy. Voy a la verdulería, hago los mandados, en eso no tengo nada de revolucionaria, creo que soy coherente, nada más.

Algunas entrevistadas nos hablaban de actualizar los sentidos de muchos términos, entre ellos, revolución…

En los años ’60, hacíamos uso y abuso de la palabra revolución. Pero no era tan disparatado el asunto. Cuando yo entré en la revista “El grillo de papel” hacía un año que había sucedido la Revolución cubana.  Cuando decíamos “revolución”, estábamos hablando de un cambio social que era posible en Latinoamérica. Nunca formé parte de un partido político, pero siempre me consideré de izquierda. La revolución había ocurrido en Rusia y en China, aunque, por la lejanía de esos lugares, esas eran concepciones míticas, digamos, para nosotros. En cambio, la revolución cubana se dio en un país donde se hablaba nuestro idioma, estaba en nuestro continente y tenía una historia lo suficientemente emparentada con la nuestra como para que nos consideráramos hermanos. Aparte, el Che Guevara era argentino, conocíamos gente que había estado con él. Nos resultaba natural hablar de revolución. Había mucha superchería también… en los ’60 Vargas Llosa se decía de izquierda, ¡mirá vos!

¿Qué significa hoy para vos esa palabra?

En este momento, no lo sé. Yo diría que es una utopía. Mi idea sobre el mundo no cambió en absoluto, lo que cambió, lo que no veo con claridad, son los caminos para que nos acerquemos a esa idea. Hoy no veo posible una revolución como la cubana, hace mucho que no hay condiciones para una revolución como esa. Además, estamos viviendo una época en la que un ser monstruoso como Trump es el presidente del país más poderoso del mundo, tenemos en Brasil a un tipo como Bolsonaro y, en Argentina, bueno, para qué nos vamos a engañar, ¿no? Acá todos los días escuchamos y presenciamos cosas tan reaccionarias que superan todo lo imaginable. De todos modos, ninguna situación histórica es estática, vivimos una época de cambio que, en algún momento, irá encaminándose. Iremos, espero, hacia una realidad a la medida de las necesidades de toda la sociedad. Pero, ¿cómo? Pensá que ni siquiera se pudo sostener un fuerte cambio social como el de Chile, con Allende. El poder de Estados Unidos lo destruyó. Entonces, ¿cómo va a ser el cambio? No lo sé. Tenés en Bolivia a Evo Morales, que cambió la realidad boliviana. Hay distintas modalidades y tendremos que ir encontrando nuevos caminos para vivir en una sociedad justa como la que queremos.

¿Te parece que el movimiento de mujeres puede ser un factor de cambio?

Liliana Heker. Fotografía: Diego Grispo.
Liliana Heker. Fotografía: Diego Grispo.

Creo que en este momento constituye el cambio más palpable y de resultados más visibles. El feminismo actual no tiene nada que ver con el feminismo como se lo entendía en los ’60 e incluso antes. En esos años declaré más de una vez que no era feminista; tal vez, era una feminista de hecho, pero no una militante: me importaba la justicia para la mujer, sí, pero en un mundo donde debía haber justicia para todos los grupos minoritarios y discriminados. También consideraba que, en varios sectores, el feminismo era muy burgués. Siempre cito la película “Señora de nadie”, de María Luisa Bemberg, cuando la protagonista le dice a la mucama “Bueno, vos sos más libre que yo porque a vos por lo menos te pagan”. Un concepto absolutamente ignorante de que ahí se jugaba una cuestión de clase: la mucama debía sentirse mucho más explotada por su patrona que por los hombres en general. Este tipo de feminismo cundía bastante en los ’60 y me provocaba indignación. También me indignaba lo que solía denominarse en nuestro país “literatura femenina”, fundamentalmente integrada por tres escritoras, muy diferentes entre sí: Beatriz Guido, una excelente escritora; Marta Lynch, discutible en varios aspectos; y Silvina Bullrich, autora de best sellers, muy conocidas las tres y que actuaban según lo que solía llamarse el “eterno femenino”: mentían respecto de su edad, se criticaban unas a otras a escondidas y públicamente se besaban y se halagaban, ¡era vergonzoso! Me parecía terrible. Sentí que yo no pertenecía a ese subgrupo. Eso me impulsó, a los 24 años, a escribir la primera versión del ensayo “Las hermanas de Shakespeare”, que se publicó en los números 33 y 34 de El escarabajo de oro. El movimiento actual de las mujeres, en cambio, asume las contradicciones de la sociedad en la que vive y se hace cargo de ellas. Creo que se van dejando de lado muchos prejuicios. De hecho, hay muchos muchachos con el pañuelo verde. Y, en general, las mujeres feministas de hoy no son enemigas de los hombres, sino sus compañeras. Quieren modificar una realidad y lo están haciendo. Por supuesto, todo cambio profundo trae excesos y cuestiones sobre las que hace falta reflexionar y discutir. Pero me siento identificada con este movimiento. Hay chicas y chicos de trece y catorce años que van a las marchas y saben por qué lo hacen. Va a llevar muchos años este cambio, porque tiene que modificarse una mentalidad fuertemente instaurada en mujeres y en hombres, pero es un camino.

 

DAMA CONJETURAL

“Ya el primer golpe, / ya el duro hierro que me raja el pecho, / el íntimo cuchillo en la garganta.”
“Poema conjetural”, Jorge Luis Borges


En este número nuestro tema es la sospecha.

Ray Massey.
Ray Massey.

La palabra sospecha, en un sentido literal, implica suponer que ocurre algo de lo que uno no tiene pruebas. Considerado así, yo no tengo tendencia a sospechar, sino más bien a conjeturar, o a tener pálpitos, que son menos pérfidos que la sospecha. Pero me interesa la sospecha como actitud. Escribí un cuento, “Delicadeza”, donde una mujer llama a un plomero, luego no encuentra una joya, da por hecho que el hombre la robó, y esa sospecha la lleva a una situación extremadamente absurda. También en otras ficciones abordo la sospecha. Pero creo que la sospecha no me constituye. Hay gente en la que confío plenamente y otra que no me inspira mucha confianza. Pero no sospecho de ellos. Simplemente, mantengo cierta distancia.

Te lo pregunto desde el reverso de la sospecha, ¿cómo te llevás con la confianza?

Confío bastante, por naturaleza. Y, en general, no me ha ido mal al ser así. La gente en la que confié, cercanos o no, siempre me ha respondido bien.

 

FOCO A LOS OTROS

                      puede que un día / el llanto vacilante / de otro viajero los encienda / y así, con su abrigo y consuelo / oiga toda la noche la verdad / como una canción de cuna”
“Palabras migrantes”, John Berger

¿Quiénes son tus otros, vinculados a ese extrañamiento del que nos hablabas al principio?

Mis padres y mi hermana, en el origen. Mis padres eran sensacionales. Muy divertidos, inteligentes, muy protectores, nunca han tenido plata, pero siempre nos dieron lo que de verdad nos hacía falta, y nos estimularon a leer, a estudiar y a ser independientes. Mi casa era muy divertida. Mi hermana, seis años y medio mayor, fue la que empezó a leer apasionadamente y a traer libros. Así, cuando yo tenía seis años, ya tenía muchos libros en mi casa. Los amigos también fueron, y siguen siendo, fundamentales para mí. Desde la infancia, tuve la suerte de tener amigas; mi mejor amiga de la infancia todavía lo sigue siendo. Y, sobre todo, Abelardo Castillo, una de las personas que más he querido en el mundo y a quien sigo queriendo. Y mi amor, Ernesto, con quien vivimos juntos hace treinta y cuatro años, y que es un ser extraordinario. La gente se sorprende porque se nos ve tan fascinados uno con el otro, que parece que nos hubiésemos conocido hace seis meses. Además, nos divertimos mucho juntos. Es un milagro encontrar a alguien con quien uno desea, y puede, compartir su vida: puede ocurrir, como no, que uno nunca encuentre a esa persona. Encontrarla es un hecho muy afortunado. Pero, si no se da, hay que saber vivir solo. No creo que haya que tener una pareja a cualquier precio. Otras personas importantes son mis dos sobrinos y mis sobrinos nietos, a los que amo realmente. Y mi cuñado. Tengo una familia chica, pero fantástica. Y, por supuesto, mis amigas de la literatura, Silvia Iparraguirre e Irene Gruss. Y no me quiero olvidar de los que fueron o son mis alumnos, a quienes quiero enormemente. Se crea un vínculo muy particular, muy entrañable con ellos. Algunos ya son mis brillantes colegas.

Liliana Heker. Fotografía: Diego Grispo.
Liliana Heker. Fotografía: Diego Grispo.

¿Qué potencia particular te da la docencia?

Me gusta comunicar ciertos saberes. Eso me pasa desde que era adolescente y me ganaba la vida como profesora particular de matemáticas, física y química, materias áridas si las hay. Sin contar con que, los chicos que buscan el auxilio de una profesora particular son los que odian la matemática, la física y la química. Yo conseguía que les gustara y que les fuera muy bien. Supongo que debo tener cierta facilidad para hacer claros ciertos saberes. Y me gusta que quien escribe y tiene un mundo que comunicar encuentre las herramientas para que valga la pena de ser leídos. Me da mucho placer. Me encanta participar de esos procesos y, además, creo que es un privilegio trabajar en lo que a uno le gusta. Hay algo entrañable este trabajo, solo que, a la vez, es muy absorbente y exige una concentración total. Por lo tanto, es muy cansador.

¿Qué otro se constituiría para vos en un enemigo?

Enemigo es el que te quiere destruir. Hay gente que seguramente no me quiere, pero no siento que tenga enemigos en lo personal. En el orden nacional, el gobierno actual me provoca mucha furia. Siento que, en buena medida, están destruyendo nuestro país, que hay una inmoralidad muy grande en lo que están haciendo con Argentina y con los argentinos. Considero que gente así se gana el título de enemigos.

 

LUZ DE FLORES SALVAJES

                        Toda la vida y la muerte en las paredes. (…) Y la luna, o algo que él decía que era su luna, una borrosa mancha de luz en la oscuridad de la noche, más allá de la vida y de la muerte, alumbrando desde una dimensión extrahumana en la que tal vez él estaba cayendo desde hacía veinte años. (…)”
“Don Juan de Casablanca” (*)

 
Hay una buena cantidad de referencias a la luz y a la sombra en tu obra
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Joan Miró.
Joan Miró.

Me encanta escuchar esto que decís. Son cosas que salen sin que me lo proponga. Supongo que la sombra aparece como contraposición de la luz, pero la luz es lo dominante.

A veces aparece como luz erosionada.

Claro. “Un resplandor que se apagó en el mundo” tiene esa idea de algo que es desdichado, pero pudo ser bello o feliz. Irene Gruss, autora de ese maravilloso libro de poemas que es “La luz en la ventana”, señaló que, aun en mis textos más sombríos o amargos, aparece siempre una ventanita, una posibilidad de que las cosas sean -o hayan podido ser- dichosas. Creo que soy bastante así: siempre vislumbro algún resquicio por el que tal vez se pueda salir.

Una cita de tus textos dice: (…) también en los momentos de espanto brota la vida como una flor salvaje, (…)”

Sí. Siempre existe la posibilidad de algo. La palabra luz es hermosa, tiene mucha significación para mí. Creo que hay luz en las palabras y que hay situaciones que tienen una luz guardada, que a veces trato de revelar en algún cuento. La palabra sombra también es hermosa.

Otra recurrencia se da con las interpolaciones de voces, paréntesis, guiones los textos terminan por ser corales.

Tiene que ver, creo, con mi manera de pensar. Una idea siempre lleva otra adentro y, quizás, otra más adentro aun. De ahí, los paréntesis y los guiones. Puede tener que ver con cierta formación matemática -paréntesis, corchetes, guiones…-. Hace unos días hice el prólogo de “La casa de ceniza”, para la biblioteca Abelardo Castillo que va a sacar Seix Barral. Se lo mandé a Juan Forn, que dirige la colección. Me dijo “Está bárbaro, pero me parece que hay demasiados guiones, ¿podés sacar algunos?. Y saqué algunos, sí. Pero me gusta ponerlos, abren otra dimensión en el texto.

Y a veces esas voces interpoladas hasta pueden hasta discutir con la voz del narrador, predominante, por así decirlo.

Claro. Uso mucho ese mecanismo en mi diario personal, pongo en duda cosas que acabo de escribir, me cuestiono, y entonces aparecen los signos de pregunta, los guiones, los paréntesis.

Liliana Heker con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Liliana Heker con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 

RITUALES DE LA LUZ

                                               La realidad proporciona buenas situaciones pero no construye obras artísticas. (…) No es al acontecimiento real al que debe serle fiel el escritor sino a la luz secreta que él descubrió en ese acontecimiento y lo tentó a escribir.”
Entrevista a Liliana Heker, en “Maestros de la escritura”, de Liliana Villanueva


Muchos escritores que entrevistamos nos hablaron de su diario. Liliana Bodoc hasta se llevó piedras y caracoles de mi jardín. Ella lo escribía a mano.

Sí, antes de la computadora yo lo escribía en cuaderno sí. Ahora lo escribo en la máquina. 

Suele pasar. El primer tomo los Diarios de Abelardo Castillo fue escrito en cuadernos. El que se va a publicar ahora corresponde a su época de la computadora.

El hecho de escribir a mano o en el teclado, ¿modifica tu escritura?

La manera de trabajar de cada uno es muy personal. Esa máquina de escribir que ves ahí me la prestó el novio de mi hermana, cuando yo decidí mandar una carta a “El grillo de papel”. También en esa máquina escribí mi primer cuento. Desde entonces, siempre escribí a máquina. Cuando cumplí 18 años, mi padre me regaló una Olympia portátil, y a los 24, cuando me robaron la Olympia, me compré mi Remington.

Máquina de escribir.
Máquina de escribir.

Desde fines del ’92, escribo en la computadora. Salvo que esté en un bar o en un colectivo, donde, por supuesto, escribo a mano. Y corrijo a mano. Me encanta la sensación física de corregir: tachar, sacar flechitas, escribir en los márgenes. Siempre amé a mi máquina de escribir. Tal vez me viene del cine, de esa clásica imagen del escritor ante su máquina. Pero además hay una cuestión práctica: mi letra es horrible. Me resistí mucho tiempo a la computadora; decía que los problemas de un escritor no los resuelve la computadora. Hasta que, al fin, llegué a la conclusión de que, si bien no resuelve los problemas del escritor, resuelve todos los otros. Así que, en el ’92, acepté que Ernesto me regalara una computadora. Ahora estoy trabajando un libro, “La trastienda de la escritura”, en uno de cuyos capítulos hago un homenaje a la máquina de escribir y al vínculo que un escritor tiene con su cuerpo y con los objetos. En mi caso, el mate, los gatos, lapiceras, papeles, en una época el cigarrillo. En el acto de la escritura, existen innumerables rituales vinculados a lo físico.

 

EL PASITO

                                   “… y dijo algo sobre lo sencillo, lo asombrosamente trivial que es el paso, el pasito, dijo, entre la vida y la muerte”
“Don Juan de la casa blanca” (*)


Es evidente la presencia recurrente de la muerte en tus textos. Específicamente, las referencias que hacés al estrecho umbral que hay entre la vida y la muerte.

El sencillo pasaje entre la vida y la muerte, sí. Eso digo en “Don Juan de la casa blanca”. El tema aparece en muchas de mis ficciones, pero me di cuenta de la recurrencia de la muerte cuando compaginé el libro “La crueldad de la vida”. Lo más notable me pasó con “La noche del cometa”: Silvia Iparraguirre, que estaba preparando una antología de cuentos de humor, me dijo si podría escribir uno especialmente para ese libro. Pensé en situaciones cómicas y me acordé de cuando fuimos a la Costanera Sur a ver la llegada del cometa Halley. ¡Fue desopilante! Había un mundo de gente. Uno decía que lo veía por acá, otro por allá, otro que había que mirarlo de reojo. Fue demencial. Llorábamos de risa y terminamos comiendo tallarines en Pippo sin haber visto nunca el cometa, naturalmente. Pero cuando me senté a escribir, el cuento fue tomando un rumbo inesperado y, sin que lo hubiera previsto, irrumpió la muerte. Después me di cuenta de que, en ese libro, que empieza con “La noche del cometa”, la muerte aparece también en “La música de los domingos”, en “Maniobras contra el sueño”, y en “La crueldad de la vida”. Es un tema en el que uno, en general, se resiste a pensar a fondo. Yo tuve que hacerlo -y hacer pensar a otros en la muerte- cuando compuse el libro “Diálogos sobre la vida y la muerte. No te imaginás la negación que provocó el tema en mis entrevistados. Con excepción de Borges. Cuando le pregunté qué le sugería la palabra muerte, él me dijo: “Una gran esperanza, la esperanza de dejar de ser”. Supongo que yo también la niego. Igual, es un tema fascinante. Hacer ese libro me hizo bien, y creo que es un libro que hace bien.

 

Liliana Heker con el Anartista.
Liliana Heker con el Anartista.


Todos los epígrafes marcados con (*) fueron extraídos de textos de Liliana Heker

 




EL SILENCIO, AUTOBIOGRAFÍA NO AUTORIZADA

La sospecha: Entrevista a Miss Bolivia

Entrevista: Nora Lomberg, Gabriela Stoppelman
Edición: Nora Lomberg, Gabriela Stoppelman

 


GÉNESIS

Desde el vientre ya me aturdían. Por eso, mientras me probaba distintas formas, me ejercitaba en colarme entre dos latidos, en impregnarme en un soplo de aire o en adherirme a una corriente de sangre hacia algún rincón. Por extraño que parezca, siempre amé los sonidos de mi madre. Sin embargo, mi origen es confuso. Algunos dicen que me gestó una palabra, otros opinan que soy el resquicio que brotó entre otras dos. Yo -recordar, lo que se dice recordar- no recuerdo nada. Pero mi materia es escurridiza y pregnante, por eso me tizno de huellas en cualquier camino. Así que algunos ecos de mi origen me resuenan más que otros. Y, aunque esas leves marcas no alcancen para afirmar un comienzo, son suficientes para hacerme pariente de la grafía y de la canción. Soy de la genealogía de los vacíos encerrados entre las siluetas de las letras. Soy del linaje que espacia términos y amaneceres, que escancia el blanco entre dos párrafos o abre abismos elocuentes entre un verso y su portavoz. Sin duda, hago familia con las cadencias. Más que todo, con las que se pretenden firmes y después decaen hacia una mínima filigrana de sonido, cuando el canto apaga la luz. En fin, quiero decir que no importan tanto mi instante cero ni mi instante uno, porque es en los segmentos curvos del tiempo, donde me aquerencio mejor. De mi infancia, recuerdo los modos de tristeza, cuando las sombras de ciertas frases se llenaban de ausencia y malos presagios. Pero también la alegría al romper de un tajo la soberbia de un verbo, al juntarme con cifras y garabatos para inventar el lenguaje nuevamente y ser esa banda cautelosa de interjecciones y puntos, donde no había espacio para ningún héroe, para ningún abandonador. Un día, tan acostumbrado a ser apenas visible, sucedió lo inesperado: alguien me leyó. Yo ya había pasado las pruebas de los espejos, el desafío desnudo de las grabaciones y hasta me había casi visto en los bordes de algún olor. Aunque leído, ser leído, eso sí no me había ocurrido nunca.

Xul Solar. "Tú y yo" Acuarela sobre papel, 1923.
Xul Solar. “Tú y yo” Acuarela sobre papel, 1923.

 

UNA INFANCIA

“A veces la infancia es más larga que la vida”
Ana María Matute

Sin fanfarronería, sé que muchos me prefieren. Por distintos motivos, claro. Algunos, por acallamiento: tan acostumbrados a acumular, amontonan hasta lo que no se dice. A veces el tiempo de ausentarse del sonido vuelve traición y cobardía lo que en un comienzo fue mera omisión. Pero están también los otros, seres intensos y a la vez pausados, donde la intrepidez de la frase nunca le gana al cuidado del otro. Esos hablan con pasos suaves. Antes de lanzarse, leen el mapa de cicatrices y hundimientos del rostro. Atienden al cuerpo, al modo en que los hombros se repliegan ante la inminencia de una palabra bala y a la forma en que los ojos se expenden ante una palabra abuela. “Prefiero el silencio”. ¿Qué se puede leer en el silencio?, ¿en qué potencia ‘el silencio’ tu palabra, tu música? El silencio es una de las figuras musicales que más me gusta y me resulta ultra revolucionaria. Lo aprendí de chica, cuando leí sobre una obra de Cage, íntegramente conformada por silencios. Estoy harta de la sobreestimulación a la que nos encontramos sometidxs en esta era digital. Lo provocador y revolucionario, para mí, es el silencio. El silencio es poder elegir. El silencio es ser capitana de mi propio barco. Yo tuve una infancia marinera. Un poco balbuceaba, un poco retenía los bordes de mi futura consistencia. Era más bien de andar solo, en un barco discreto, que apenas conversaba con el murmullo del mar. Barco sin papel, sin timón y sin bandera, un día atisbé el horizonte. Entonces, sí, me erguí entre dos graves, acepté del viento algunas alteraciones y, por fin, fui capitán. Aunque eso ya es otro capítulo. 

 

PRIMEROS MIEDOS

“Me dan miedo esas grandes palabras que nos hacen tan infelices”
James Joyce

Sipo Limataien.
Sipo Limataien.

Yo no sé si el espacio entre esas dos notas era muy estrecho o fue mi propio cuerpo el que se contrajo hasta casi la nada. Yo no sé si tiene razón la Pizarnik, y el silencio es eso que se produce entre dos palabras o la posta la escribe Miguel Ángel Bustos: “Escribe mientras sea posible. Escribe cuando sea posible. Ama el silencio.” Lo cierto es que ya perdí el rumbo de quién soy. Así, un poco desasido en escritura y otro poco en frases musicales, sospecho de todas las afirmaciones leídas más allá de un tiempo y un cuadrante. Quiero confiar. Amo a los seres que confían, porque con su letra tienden puentes. Pero a veces me tironea el miedo y otras, hasta el odio. Y siento que, salvo retirarme, esta cinchada entre lo que quieren de mí, lo que sentencian y lo que callan es la arena donde puedo disputar mi tiempo. Dice tu libro: “Lo opuesto al amor no es el odio. Lo opuesto al amor es el miedo”. Entonces, ¿quien siente miedo no ama?, ¿no hay miedo en el amor? La verdad, no sabría decirte. Yo tampoco sé qué decir. Por eso callo. Y eso que no es mi mejor estilo, a pesar de que todas las desconfianzas me rodean. No soy un simulacro donde se esconden las segundas intenciones, ni un recreo para pasar propaganda entre dos episodios del sonido. Me pienso, me piensan. A veces caigo en manos anartistas, me inmiscuyo en algunas de sus preguntas. Como esta: El tema de nuestro número es “la sospecha”. Pensamos que la suspicacia -como sospecha de mala intención permanente del otro- es un modo de vincularnos que le viene muy bien al capitalismo. ¿Qué opinás? ¿Cómo vinculás la confianza con la lucha contra el miedo? Me resulta demasiado compleja la pregunta. Paso a la siguiente. Gracias. Si lo sabré yo, no es nada fácil hablar a la distancia, por mail, con los cuerpos ausentes, desprovistos de gestos y de reciprocidades. Se hace lo que se puede. A mí también me resulta compleja la pregunta. Pero sigo en la búsqueda.

Gloria Abellán Romero.
Gloria Abellán Romero.

 

LOS AÑOS DEL AMOR

 “Usted no sabe cómo yo valoro su sencillo coraje de quererme.”
Mario Benedetti

Y caí, ya no recuerdo a qué edad, pero caí como chorlito en eso de que no hay amor sin espinas. Y salí todo arañado y maltrecho. No entendí, no entiendo aún por qué esa inquietud tan colorida que intenta estrechar a los otros linda, tan coquetamente, con el dolor y el daño. No entendí, no acepté que ese fuera el único modo. Y me puse tan gris que, de tanto fruncir mi tristeza, el silencio crecido que yo ya era, casi comenzó a gritar. ¿Cómo sostenerse en el amor verbo sin conceder ante el amor merca? ¿No es de algún modo pendular?

Micahel Cheval. "Sonando silencio".
Micahel Cheval. “Sonando silencio”.

El amor que pretendo es del orden del verbo, en constante movimiento. A ese amor apunto y trabajo arduamente para poder practicarlo. El amor merca insiste porque somos sujetos permeables al sistema que nos dicta cómo amar, mediante guiones tóxicos, apoyados en dispositivos como la literatura, la tradición, la televisión y ciertas formas de psicoanálisis. El amor merca es el amor romántico, heteropatriarcal, cisbinario. Eso es falopa. Tóxica. El trabajo al que apunto es de deconstrucción de ese paradigma de amor, para romper las cadenas del romanticismo. Ese amor donde existen sujetos activos y objetos pasivos, el cortejo tóxico de la conquista, la monogamia obligatoria, la pareja romántica junto con la familia, la fábrica, la escuela, la cárcel y la iglesia. Todo eso es merca. El laburo liberador sería hacer un detox, una rehabilitación de eso y volver a escribir el amor de forma incesante, un amor que pulsa de manera constante. Una pulsación constante, como un jadeo en la letra que busca el mejor desvío para respirarse otra. Como un valle en la música, que ha comenzado a cansarse de la prepotencia de los picos. O ese modo de releer la inquietud en clave del otro. De sostener el temblor y no la mueca. El curso del detalle, más que la grandiosidad de la historia. Ojalá podamos. Ojalá.

 

GRANDES AMORES

            “(…) y queremos sanar, lo que es una manera de querer vivir”
Marguerite Yourcenar, “Memorias de Adriano”

Gregory Colbert
Gregory Colbert.

Ya era yo un adulto que no renunciaba a su niño, cuando descubrí mi incapacidad de ausencia. Donde yo me presentaba, había una falta y una presencia. Donde no me presentaba, me llevaban de los pelos. Y algo más. Me costó muchos transcursos comprender lo singular de mi tiempo. ¿Tictaqueaba yo en blancos?, ¿ mi medida era la pausa o el recomienzo?, ¿cómo podía mi materia ser aliento en el poema, años o kilómetros en la elipsis entre dos párrafos, huellas de biografía en la escucha y océanos donde van confluir las notas, en el fraseo musical?
¿Qué de singular tiene la escritura, con respecto a la música o al psicoanálisis, para abordar las cuestiones que te importan?
La escritura me permite realizar el recorte del segmento del mundo que quiero abordar. Son distintos circuitos o registros, pero muy similares en su potencial para el abordaje crítico y la proliferación significante. Cada registro tiene su magia y sus particularidadesEn la psicología y en la música hay un vínculo con el lenguaje que excede la de la mera comunicación, ¿cómo te vinculás con lo poético en cada uno de ellos? ¿Qué es lo poético para vos? Creo en el exceso de significación donde se halla la potencia. Ese exceso es lo poético para mí. No comparto el paradigma psicológico o psicoanalítico que se construye desde la cosmovisión estructuralista de “la falta”, sí creo en la dinámica excesiva. La psicología que se articula desde el paradigma de “la falta” es falocéntrica y cisbinaria, al servicio de un sistema de dominación. Por eso me encuentro a gran distancia de esa concepción y la producción significante es poética per se. La música tiene esa misma dinámica para mí. No me resulta pertinente separarlos, son distintas expresiones de la misma dinámica.

Una conmoción de lenguaje. El pecho que se cierra, la piel que se estira, el torso que busca un punto sin niebla en la desmesura. La mano que lucha el tacto de las palabras, una luz que no encandile, una sombra ajena a todo hastío.


UN TIPO MADURO, EN UN MUNDO VERDE

“Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”
William Shakespeare

Un día fui padre. Los hijos de este silencio supieron no ser a mi imagen y semejanza. Eso sí, igual que su viejo, detestaron a los retiradores de palabra, a los perversos que, con gesto incólume, pueden desvalijarte el aliento y la voz en un mismo instante. Intentaron no juntarse con los nuevos conspiradores, esquivaron el aire comprimido de la falsa alegría y no quisieron aplastarse con el deber de ser siempre los más originales. Tampoco cayeron en esa de arruinarse la poca libertad de los días con ningún imperativo de transgresión. No, con todas sus flaquezas, con todas sus impotencias, no se disfrazaron con golpes de efecto ni se maquillaron del color de las mayorías. Igual, los hijos de este silencio heredaron de su padre el gusto de preguntar: ¿Qué es ser miserable para vos? ¿Qué es ser berreta? La miseria es negar la subjetividad del otro. La avaricia, el canutismo, la acumulación, el totalitarismo ante la pluralidad infinita de formas.

Pepe Espaliú. Sin título (Tres jaulas), 1992.
Pepe Espaliú. Sin título (Tres jaulas), 1992.

Con un padre leído desde tan pequeño, los pibes no podían sino salir ávidos lectores: “Siempre odié/Lo tibio¿Cuáles son las tibiezas más insoportables para vos en estos tiempos? Cuando en el libro hablo de lo tibio, realmente hablo de lo tibio, de la comida tibia, de temperatura tibia. No me gusta que me sirvan carne, pasta, pollo o arroz o lo que sea, tibio. Me da arcadas. Me gusta la comida caliente. Ahora bien, lo tibio como forma de ser en el mundo también supongo que me da arcadas. La dinámica del cagón, de quien habita su zona de confort y se caga en su alrededor que provoca empatía, o sororidad, y prefiere mirar para adentro o para adelante sin afectarse por el mundo. Eso es tibio y no me gusta.

En otra parte de tu libro, dice “El soretismo no se cura en análisis. ¿Podrás desarrollarnos un poco a qué llamás soretismo? Realmente no tengo mucho para desarrollar al respecto. El soretismo es “ser sorete” y creo que está escrito de modo accesible y en lenguaje universal. El sorete es sorete, por más que resulte tautológico.

Bueno, al respecto yo tengo algo para decir. Silencio sorete es el que sabe que una palabra podría salvar una vida y, aun así, la niega. Silencio sorete es la impostura de la palabra que promete y no da. Una especie de histeria de la letra, difícil de aplacar. El silencio sorete es el que sólo sabe de restas y descuentos, nunca de dones ni de ese simple dar un poco más, por las dudas que no alcance.

Salvador Dalí. "Atomicus Recreation" de Karl Taylor
Salvador Dalí. “Atomicus Recreation” de Karl Taylor.

 

GEÓGRAFO DE MÍ

Somos desconocidos para nosotros mismos”
Nietzsche, prólogo a “La genealogía de la moral”

A veces vuelvo al origen de lo incierto y me pierdo en mis propias rutas. Mamá Palabra decía que eso me pasaba por querer abarcarlas todas. A mis otras mamás, en cambio, siempre les resultó un alivio mi modo tan deseante. Lo único que las preocupaba era que me regodeara en el puro sinsentido. Padre, seguro que no tuve. Ni me dejó, ni se murió, ni se borró. No tuve. Con las múltiples versiones de mi nacimiento y las multiplicadas renacidas a lo largo de mi vida, mi orfandad nunca fue de vínculos, aunque sí, de mundo. Extraño y extrañado. Impuesto y descompuesto, usado en la saliva ácida de los peores y atorado en las condiciones precarias de muchos buenos, hoy puedo decir que yo mismo dibujé mi territorio, aunque sus bordes sean difusos y sus fronteras, frágiles. “Soy el mapa mis deseos y mis enfermedades” ¿Podés pensar tu biografía como una cartografía? Sí. A veces un mapa, a veces una cartografía. No me decido. Pero creo que todos somos eso: el mapa de nuestros deseos y nuestras enfermedades. Cuando pienso por qué vamos a terapia, la respuesta es que vamos a sanar los síntomas y enfermedades que nos trazó el capitalismo, y hay que volver a escribir, a trazar otras cartografías para poder retornar a la propia subjetividad (es utópico, pero es un buen norte).

Miss Bolivia. Tapa de libro.
Miss Bolivia. Tapa de libro.

Esta es la tapa de tu libro, con un cuerpo escrito

¿Qué tiene el lenguaje del cuerpo que no tengan las palabras? El síntoma.

Silencio. Mi cuerpo se escribe con lo indecible.

 

 

 

 

 

VIEJOS SON LOS TRAPOS

“Que la mujer del futuro, no sea el hombre que estamos dejando atrás.”
Rita Segato

Estoy grande, sí. Soy el abuelo silencio. Mi memoria es este género hecho con todos los entrepliegues de la tela del lenguaje. Soy el ruedo, en lo que aún no. El puño, de la voz que pesa en los hombros. El pespunte de los días quebrados de las cronologías, por obra de los desaparecedores y los alentadores del desierto. Soy el ojal por donde los ojos de los ausentes aún pueden curiosear nuestras vidas. Soy el desafiador de la muerte, porque ya me doy por muerto, desde que empecé a vivir. Y, aunque sospeches de mí, al verme tan magro y consumido, yo cuento y yo canto, para que nada falte, tan solo por no decir.

“Canto para no morir / Y eso que odio a los ratis de la lengua, a los ratis en general. ¿Quiénes son los ratis de la lengua? Uf, un inmenso abanico, que va desde la RAE hasta los soretes que critican, niegan y se resisten a la potencia del lenguaje inclusivo.

Shhh, esta biografía no está autorizada. Es sólo una metáfora, un modo de vivir.

¿Qué modo de pensar te aporta la metáfora? A veces, la metáfora es un privilegio. Otras veces es un exceso negador de la realidad. A veces hay que llamar a las cosas por su nombre. A veces hay que decir “femicidio”, “violación”, “empalamiento”, “basta”, “estoy harta”, en esos casos, la metáfora sería una ornamentación que resta. Mi escritura es metralleta.

Miss Bolivia.
Miss Bolivia.




A PUERTAS MIRADAS

La sospecha: Entrevista a Carmen Guarini

Entrevista: Viviana García Arribas, Lourdes Landeira, Pablo Soprano, Gabriela Stoppelman, Noemí Pomi, Pablo Arahuete
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Viviana García Arribas

 

“Abrí la puerta y las voces del agua adoptaron la forma de tu cuerpo. Tan leve parecías, tan al borde
de ti que la noche aprendió el modo de dormirse sobre el río.”
De “la otra orilla”, Chantal Maillard

Sonó la aldaba contra la madera y repicó en pasos. El taconeo fue entonces una alianza entre suelas de zapatos y algunos nombres que las bienvenían desde las baldosas. Cuando la mirada ya se había acostumbrado al suelo, desde lo alto y de a pequeños cuadros, se abrieron de par en par los contornos de un rostro. Del nombre al gesto, un arco sostenía la pancarta de la memoria. La cuestión era no dejar ningún espacio sin recorrer. Obstinada en ocupar toda la cancha con recortes impregnados de historia, con cuadritos entintados al tacto de los ausentes, con marcos traslúcidos que tendieran un puente entre vivos y muertos, la mirada cubrió cielo, suelo y medias alturas. A veces se detenía en el dintel de una historia. Otras, en el picaporte de una biografía. Por allí, un hombre cabeceaba el cansancio de tantos años de lucha y, un poco más allá, cierta viuda rondaba las palabras, hasta nombrar una falta. Entre idas y venidas, era imprescindible detenerse en un plato con bizcochitos de grasa, en la estela de un mate al pasar de mano en mano, en una aureola de vino debajo de un vaso ya hacía rato disuelto en  sed. Y, de tanto transcurrir, era esperable que sucediera. Una apareció justito en la pequeña hendija entre un recuerdo y un deseo. Desperezó un rato su madera en un rincón del tiempo y, de un salto, tomó una vertical a punto de vuelo. Invisible a las cerraduras de la voz y a  las cofradías de los candados, la puerta echó a andar su urgencia fuera de marco. Así, con su materia irresuelta y sus contornos desacomodados, fue derechito hacia una línea tenue, que algunos llaman horizonte, otros anhelo, y ella nombró utopía. Más lejos la sentía, más las atraía. Sin detenerse, se debatía entre apostar a cubrir el infinito entre su tiempo y la distancia o intentar ampliar las puertas de la mirada para atraer el sueño hasta sus pies. Entre los dos rumbos se hamacaba, cuando lo vio: Jaime de Nevares, montado a sus días, le hizo un guiño. Al galope, lo siguió hasta el mismísimo borde de lo real. Allí, una puerta la atisbaba con su ojo de buey fijo en lo indecible y, subida a ese balbuceo, la llevó hacia otra, con pestillo de pincel. Detrás, Gorriarena aún trabajaba sobre un trazo inacabado mientras, a su lado, Rodolfo Walsh peleaba la cadencia de una palabra y Birri garabateaba un mapa sin fronteras. En esos laberintos andaba la mirada, cuando giró sobre sí para ver el gran espectáculo. Por una mirilla de su propio ojo, vio ceder los nudos en los caprichos de viejos listones, escuchó el tímido desliz de rígidos pasadores y se sumó al atrevimiento de una llave, sobre el gran portal de los confines. Entonces,  Carmen Guarini y su cámara ya estaban allí, dispuestas, para cuando las puertas de otros tiempos, por fin, hicieran sonar la música nueva de sus aldabas.

Sebastian Preece.
Sebastian Preece.


BELLAS EXCUSAS

          “Y a extremas veces/mientras sobrecavándome/descubro al fondo mi fulgor inmóvil/ojo de cerradura inmemorial,/soy avellave en el cenit/ ejerciendo/mi remolino.”
“Cavante, andante”, Amelia Biagioni

En alguna entrevista diferenciás entre “tema” y “excusa” de tus películas. El tema es la memoria, decís. Las distintas excusas son, a veces las baldosas, a veces el mural, De Nevares. ¿Qué otros temas y qué otras excusas te convocan ahora?

Es una pregunta que yo misma me hago todo el tiempo. Lo vengo pensando desde hace muchas películas atrás, me gustaría salir del tema de la memoria en relación a nuestro pasado reciente. En mis películas sobre figuras destacadas, como la de Fernando Birri, “Ata tu arado a una estrella”, a esas figuras siempre las tomo como excusa para hablar de otra cosa. Y me doy cuenta que siempre confluyen hacia el tema de la memoria. En el caso de Birri, del cine mismo. Uno siempre maneja dos o tres temas en la vida. Son cuestiones que están en nuestro inconsciente, son parte de nuestra formación, de nuestra historia, de nuestra psicologia, de nuestras experiencias de vida.

Aparte de lo propio, ¿el movimiento puede ser hacia lo diferente, un movimiento de admiración hacia otros?

Sí, pero esa admiración se da cuando uno encuentra en el otro elementos que también son propios, sin que esto sea algo consciente. Evidentemente, necesitamos reconocernos en algo para que eso se transforme en admiración y en posibilidad de expresarlo.

¿Siempre es por reconocimiento, nunca por diferencia?

Lo he pensado también. Me pasó durante una filmación, era parte de un proyecto que consistía en una serie de cortometrajes sobre fiestas populares. Fue una propuesta que hicimos con Marcelo Céspedes a Torcuato Di Tella, cuando estaba a cargo de

Paul Klee. "Ghost Room with large doors, 1925.
Paul Klee. “Ghost Room with large doors, 1925.

la Secretaria de Cultura de la Nación. Se trataba de un proyecto muy económico, de bajo presupuesto. Era más bien una aventura y un desafío. Había que ir hacia un lugar del pais donde transcurriera una fiesta elegida, y como un diario de viaje, filmar una pequeña historia. Muy libres, los temas. Nosotros habíamos pensado el tema de las plazas de provincia. Pero Di Tella después lo transformó, quiso que fuera algo vinculado a la Secretaría de Cultura. Entonces, nos propuso lo de las fiestas populares. Convocamos a doce directores, estuvieron Llinás, Masllorens, Pauls, entre otros. Y cada uno eligió su fiesta. Éramos una banda. Yo salí a filmar primera y elegí del calendario la Fiesta de la Flor en Escobar. Patti, el represor, todavía era intendente. A mí me sirvió para hablar de la memoria. Increíble, ¿no? Bueno, yo sabía que él iba a estar en el momento de la inauguración y lo filmé de manera indirecta, mientras lo entrevistaban. Siempre pensé  que no me siento capacitada para “filmar al enemigo”. Este es un tema teórico muy debatido en otros países.

 

LAS MARCAS DEL DIABLO

                                                La designación de un infierno nada nos dice, desde luego, sobre cómo sacar a la gente de ese infierno, cómo mitigar sus llamas. Con todo, parece un bien en sí mismo reconocer, haber ampliado nuestra noción de cuánto sufrimiento a causa de la perversidad humana hay en un mundo compartido con los demás.”
“Ante el dolor de los demás”, Susan Sontag

Enemigo es una palabra que últimamente da mucho pudor nombrar,  ¿cuándo otro se transforma en un enemigo?

Carmen Guarini. Fotografía: Viviana García Arribas.
Carmen Guarini. Fotografía: Viviana García Arribas.

Evidentemente, cuando destruye no solamente un proyecto de país, un proyecto cultural, sino que destruye físicamente al otro. En particular, este sujeto del que hablamos fue un genocida. Eso es un enemigo, no puede sino ser un enemigo.

Hay casos más complejos, más sutiles, donde el asesinato no es a punta de pistola, como las alianzas políticas, por ejemplo.

Trump, por ejemplo, es un enemigo, un gran destructor de países, de gente, de sociedades. Hay una clara línea que marca el límite.

¿Filmar la presencia de las consecuencias del enemigo es una opción?

Bueno, las consecuencias son la devastación que uno recoge después y en nuestro caso lo que filmamos. Y no solamente me refiero a una devastación material, está la cultural, y la psicológica. La destrucción es el territorio  donde se van consumiendo las sociedades, como en este momento, en que atravesamos una gran desintegración que –obviamente- intentan tapar muy bien, pero está en proceso. Quiero decir, las consecuencias de esas políticas son filmables, lo que no puedo es enfrentarme a “esos sujetos”. Habría que estructurar ciertas estrategias de presencia que sé que no soy capaz de afrontar. Conozco mis límites.

 De hecho, cuando filmás las baldosas, el enemigo está presente.

Sí, por default, se habla de eso. Pero, no los tengo frente a mí y a mi cámara, no. Es lo que sentí cuando lo tuve a Patti delante. Jamás podría entrevistar a esa persona, ni siquiera hablarle, ¿entendés?

¿Necesitás que haya algún tipo de empatía en el otro que filmás?

O que haya algo, no sé… una curiosidad.  ¿Qué tipo de diálogo se puede dar con un genocida? No existe. No puedo atender sus razones. Pienso en Claude Lanzmann, y su “Shoá”, entre muchas otras realizaciones. Él es un estratega en esta cuestión de filmar al enemigo. Pero, cuando tuvo que filmar a los nazis, no siempre los enfrentó de una manera directa, usó cámara oculta, por ejemplo. Es complejo.

Tal vez filmás a los que sí  enfrentaron al enemigo- como los enfrentó De Nevares- y, en ellos, tenés reflejado a ese otro imposible de abordar directamente.

Con Jaime De Nevares existía una afinidad ideológica, afectiva, estaba la posibilidad de un diálogo. Hay muchos modos de hablar del campo opositor y de los enemigos, sin enfrentarnos a ellos.

La pregunta sería para qué entrevistar a un nazi o a un Videla, digamos ¿qué novedad podría uno llevarse de eso?

Yo quiero ser respetuosa con la gente a la que sí le interesa trabajar el discurso de ese otro para entender su lógica, forma parte de  trabajar sobre la banalidad del mal. Es interesante, pero hay que ver de qué manera se puede articular esa estrategia. Se han hecho obras muy interesantes. En lo personal, no siento la necesidad de enfrentarme a esa gente y ponerle una cámara, pero puedo entender las razones de otros.

En distintos canales cordobeses le han hecho reportajes a Menéndez que, aunque dé asco el personaje, sirven para ver cómo piensa y poner en evidencia el discurso de ellos, para quienes todavía no lo conocen…

Esta idea que señalás puede ser hasta pedagógica. En “El diablo entre las flores”, yo tuve la suerte de registrar cosas que él dice, y el pez por la boca muere… Tremendo. Es un poco lo que vemos todo el tiempo en el actual discurso oficial. Es muy difícil que estos personajes no terminen por expresar su ideología. Tenemos una enorme cantidad de ejemplos. Pero eso debes transformarlo en discurso cinematográfico. Tiene que estar al servicio de una idea, de un punto de vista claro. ¿Para qué queremos filmar eso hoy? Puede ser muy válido, tenemos que comprender y tener muy elaborado el para qué.

 

MARCOS DE LO REAL

 “Ah, por una pura mirada, por un gesto, yo habría contado otra historia.”
“Lumpérica”, Diamela Eltit  


Otro tema que nos llamó la atención es cómo enmarcás la muerte, el rostro de los muertos. En el final del documental sobre De Nevares aparece la puerta de la habitación del hospital, con esa ventana en forma de ojo. Y en el final de “Gorri”, un pincel enmarcado sobre la puerta. También los muertos están enmarcados en las baldosas y en el mural… ¿está reflexionado esto de enmarcar los muertos?

No. (Risas) Pero me parece muy interesante esa asociación y se las agradezco. Esto confirma que el inconsciente habla más allá de lo que podemos manejar, es lo que tiene de interesante trabajar con la imagen y el sonido.

Xolaka. Arte en el ayuntaiento de Torrellas.
Xolaka. Arte en el ayuntaiento de Torrellas.

Hablando de la imagen, también tu interés en la escritura durante la filmación es algo que reiterás. En un caso, en la película sobre las baldosas, hay un blog para seguir las declaraciones de las chicas españolas y chilenas. En otro caso, había como un diario de filmación. ¿De dónde viene esa necesidad de escribir lo que está pasando en la filmación?

Pienso que, cada vez más, la escritura forma parte de lo que llamamos imagen. Es un dispositivo comunicacional del que me gusta apropiarme, aunque lo hago de manera imperfecta. Me encanta lo que hace Godard en sus películas con la escritura, o también Wilkerson a quien acabo de descubrir. Hay muchos que trabajan el texto como imagen.

Es interesante porque hay que pensar cómo usar el color o el tamaño o tipo de letra y hasta la manera en que debe ser ubicada en el plano. La escritura ya no cumple una función meramente narrativa preexistente al film, sino puede ser parte de él. Y, cuando lo es, cumple una función estético-narrativa. Desde luego, son decisiones de guión y de estructura de un film.

¿Escribís ficción?

Carmen Guarini con el Anartista. Fotografía: Viviana García Arribas.
Carmen Guarini con el Anartista. Fotografía: Viviana García Arribas.

¡Sí, es esto que yo hago en los documentales! Hago muy poco documental testimonial. Siempre se me impone una narrativa que muestra mi pensamiento sobre Don Jaime, sobre Gorri, sobre Birri… Si bien me valgo de elementos de lo real, me gusta construir una historia con ese real. Por supuesto, entiendo que la ficción es otro tipo de dispositivo, otra economía, otros tiempos. No podría trabajar con cincuenta o cien personas, no siento que tenga la capacidad ni la necesidad de hacerlo. No me interesa inventar una historia para filmarla. Busco historias en lo real e intento narrar a partir de ellas. Por esto un poco en broma un poco en serio, digo que hago “ficciones”.

Hay momentos de  mucha intimidad, como cuando Birri o De Nevares se quedan dormidos y la cámara está ahí y la gente se habitúa a ello…

Ahí viene mi rol de antropóloga, donde logro trabajar en base a obtener un nivel de inserción casi absoluto, en la vida de las personas que filmo. Si se siente que estoy, no me sirve. Y, cuando se pone en evidencia, es porque es parte de lo que deseo contar. Por suerte, logro trabajar con equipos de gente con los que me entiendo muy bien. Y así logramos juntos construir esa familiaridad con los personajes, esos momentos de gran intimidad. Trato de hacer sentir la cámara como un acompañamiento, que la gente no perciba que estoy interfiriendo en sus vidas. Siempre trabajo previamente para que entiendan cuál es la propuesta y el sentido de hacer una película.

 

SELFIES DE ETERNIDAD

 “Un sabor eterno se nos ha prometido, y el alma lo recuerda”
Marechal

Te interesa lo cotidiano, el mate, los bizcochitos…

Me interesa la cosa minimalista. Porque creo que es en el gesto mínimo donde aparece una lectura de lo macro. En el abrazo, en la relaciones, en los intercambios. Por ejemplo, me gusta filmar la mirada, que no quiere decir filmar los ojos. Mientras filmo, me interesa descubrir las conexiones, qué denotan, hacia dónde se dirigen, entre quiénes, cómo se devuelven esas miradas, cómo comunican. Es más, me parece un recurso más ficcional que documental. A veces me sale bien y a veces mal, porque es algo que voy descubriendo a medida que filmo o filmando a medida que descubro.

¿Asociás esto con lo poético?

Bueno, no sé si yo tengo una poética personal. Lo que sí pienso es que, en cine, existe gente que construye la posibilidad de tener un lenguaje propio. Cuando eso aparece, es genial.

Cuando ves un documental de otro, ¿ves lo poético?

Si. Lo poético es lo que me conmueve,  puede ser un plano largo, un plano secuencia, un cruce de miradas… no sé.

¿Qué asociación hacés de eso que te conmueve con lo perfecto?

Xul Solar.
Xul Solar.

 

Creo que la perfección conmueve. A veces no son ni siquiera lecturas conscientes.

En un momento, Birri dice que todos aspiramos a un fragmento de eternidad, ¿coincidís con él?

¡Sí, por eso lo dejé! (risas) Es lo que yo quise decir. No escribo diálogos para mis películas, pero me los escriben los protagonistas que filmo. ¡Y algunos son geniales!

¿Y cómo sería aspirar a un fragmento de eternidad?

Carmen Guarini con el Anartista. Fotografía: Viviana García Arribas.
Carmen Guarini con el Anartista. Fotografía: Viviana García Arribas.

No sé si somos conscientes de que, cuando se construye una imagen -filmada o en una fotografia o una selfie, por ejemplo-, se está participando de ese momento de eternidad. Es evidente que estos gestos de fabricación de imágenes se han ido democratizando y socializando cada vez más. El cine ya no es un acontecimiento tan especial, aunque aún sea especial. Hoy la imagen es parte de nuestra cultura cotidiana, no se puede volver atrás, salvo que desaparezcan todos los teléfonos de la tierra. Y, por añadidura, aparece el uso y la apropiación de las imágenes y la información.

La imagen te trasciende. Creo que Birri dice lo de buscar un fragmento de eternidad, en relación al lugar que siempre ocupó el cine. En ese momento no estaba aún el auge de las cámaras digitales y, mucho menos, el de los teléfonos. En otro fragmento de la película  se despacha con un “que muera el cine, que se vaya al carajo”. Y también “Este deseo absurdo de querer atrapar la vida que tiene toda cámara”, ¿no? De algún modo, es cierto y es absurdo por imposible, al mismo tiempo. Y, por eso, me pregunto en la película cómo haríamos para trascender, si no existiera esta posibilidad de imagen.

 

LA MUERTE, AHÍ

              “La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante. Y yo no diré mi poema y yo he de / decirlo. Aun si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no tiene destino.”
Alejandra Pizarnik

Para este número entrevistamos a Cecilia Larrabure, quien nos decía que tanto en los pueblos originarios con los que ella trabaja como en la ciudad, la gente está muy habituada a la imagen y a la foto pero no sabe leerlas, producir sentido.

Me parece que es un poco subestimar a la gente. La gente produce sentido siempre con y a través de las imágenes, aunque no lo puedan verbalizar.

En “Tinta Roja” hablabas del amarillismo, decías “Hay olor a muerte”. En la construcción de realidad de hoy, se tapan las muertes.

Algunas muertes… las que no convienen al poder. Las otras las muestran, nos saturan con ellas.

Uno podría decir que la gente lee lo que le dan a leer.  No está leyendo, sino aceptando una lectura. En esta dirección iba la crítica de Larrabure.

Puede ser, entiendo ese sentido. Pero yo creo que los lectores nunca son pasivos totalmente, aunque lo parezcan. Si pensamos en los medios hegemónicos, sin duda hay una gran bajada de línea, pero también una gran complicidad. En mi caso personal, directamente, no consumo esos medios. Uno puede preservarse de esas lecturas y tener otras. Siempre hay otros recorridos posibles. Por supuesto, no todo el mundo los puede hacer pero, bueno, no creo en la inocencia ni en la ignorancia de la gente. Creo que, en algún lugar, hay una capacidad de reaccionar y de reinterpretar cosas. A lo mejor es necesario un cierto grado de saturación que ya va llegando porque, realmente, este es un gobierno cubierto con una cantidad increíble de “muertos” que empiezan a flotar, ahí, delante de nuestros ojos. Es muy difícil no verlos.

guraini1154035625f9d65848ece224f93c548dc6Para mucha gente eso no es ni siquiera un atisbo.

No creo que sea tan así. Se niegan porque quieren creer otra cosa, no es que no los vean. Un caso como el de Maldonado no lo pueden ignorar, pero eligen creer otra cosa.  Hay mecanismos de negación y hasta de supervivencia en esto, pero los muertos están y son cada vez más….

 

 

 

 

BANANEANDO CON MIRTHA

 “Era un poeta lamentable, cretino, burgués/, panfletario, copión, sensiblero y gil. / Cuando apretaron el botón/y se vino la reacción en cadena/que un neutrón expandió por el planeta/no quedó ningún poema de los grandes escritores de la civilización.Nuestro poeta se murió, /y mirá lo que pasó:/su poesía se salvó. /Y fue lo único que de nuestra c**tura/rescataron los extraterrestres cuando visitaron la región. /Y en bibliotecas de galaxias lejanas lo único que hay de nosotros es la obra de él.”
Qué papelón”, Leo Masliah

En “Calles de la memoria”, uno de los familiares subrayaba que todavía en ese momento de la filmación, cuando se hablaba de los desaparecidos, ciertos interlocutores cambiaban la actitud y el tono de voz. Planteaba la existencia de un diccionario de la dictadura que nunca se terminaba de armar. Ahora tenemos otros diccionarios en armado: inmigrantes y otros grupos más invisibles aún. ¿A cuáles de ellos te interesaría filmar?

 Xoolacaix Chinchilla. Arte en ayuntaiento de Torellas,.
Xoolacaix Chinchilla. Arte en ayuntaiento de Torellas,.

A veces pienso que debería hacer algo sobre la actual crisis. Pero es difícil trabajar sobre el presente. También creo que se debería filmar más, no tanto a aquellos que- aun sin desaparecer-  son igualmente víctimas de las políticas globales. Me refería a filmar a quienes creen que no son víctimas. Ahí hay todo un terreno poco explorado. No tengo el talento para hacerlo, pero habría que pensar sobre ese espacio de la sociedad- que puede ser la clase media, ciertos sectores de la supuesta oligarquía argentina, grupos tan devaluados, gente con un alto nivel de ignorancia…ellos merecen que una cámara los observe. Lo mismo que los personajes llamados “mediáticos” o la farándula. Personajes que dan a veces vergüenza ajena, con figuras emblemáticas entronizadas por los sectores populares- hay que decirlo- como Mirtha Legrand, por ejemplo. Pero esas personas son el reflejo de un país bananero. ¿Cómo salir de eso y crecer culturalmente? Ahí es donde tenemos que filmar. Para sacudirnos de todo eso. Tenemos las herramientas y la gente.

Volvamos al minimalismo, ¿cuáles serían los objetos para mostrar a esta gente que vos tenías ganas de filmar?

Pensaba en el tipo de consumo que tienen, cómo viven, cómo se encierran, cómo se educan. Hay muchos aspectos que podrían filmarse. Pero no sé si tengo ganas de hacerlo en este momento.

 

¡CÓMO NO VISTE EL TSUNAMI!

“en esta tierra grande de tanto golpe grande de tanto odio grande de tanta basura de tanta locura en esta tierra grande”
“Pedradas con mi patria”, Roberto Jorge Santoro

Enuna entrevista dijiste “Por suerte en América Latina tuvimos un momento de transición interesante. Lamentablemente, fuimos un poco ingenuos”, ¿en qué fuimos ingenuos?

Lo digo simplemente desde el sentido común y son lecturas personales. Creo que hubo ingenuidad en subestimar al enemigo, en no entender que la construcción ideológico-cultural de ellos era muy fuerte, muy potente, que empezaron a desarrollarla e instalarla con un tiempo de anticipación que no vimos o que subestimamos. Y, en este momento, es muy difícil pensar cómo vamos a poder desandar todo eso. Desde el punto de vista comunicacional, esto llegó como una especie de tsunami que nos arrastra a todos, todas y todes. Y eso no se vio. En América Latina, en Ecuador, en Brasil y acá, no pudimos consolidar el proyecto de país más justo que se venia trabajando. Veníamos confiados y con un ritmo firme pero pausado, y ellos aceleraron a doscientos por hora. Nos faltó saber comprender los dispositivos y los tiempos del cambio tecnológico al que asistíamos.

Pienso en los evangelistas ¿cuántos años hace que están en las medianoches de la televisión? Y este año llegaron  a hacer marchas muy concurridas, bajo lemas muy peligrosos.

Claro. Es más complicado todavía con esta gente que actúa sobre la fe, ¿cómo hacés para oponerte a eso? Pero esto viene de años en los que se dejaron espacios y necesidades sin atender, que los distintos sectores de las iglesias evangélicas ocuparon. Allí donde el Estado nunca se hizo cargo, estaban ellos. Sobre todo, entre las poblaciones más carenciadas. Los atendían, los escuchaban, los contenían y, de algún modo, los organizaban. Después, se fueron filtrando las otras iglesias, más conocidas como las iglesias electrónicas.

 

CON ESPECTADOR ADENTRO

 “Entrar y salir es la ficción. /Se es un momento, un único tembladeral, un panal embadurnando los cuerpos. /Los cuerpos arqueados/desde el eje de gravedad de la sangre. /La múltiple detonación del juicio. /Lo otro es ficción.”
“Plenitud”, Sergio Sarachu

En varios momentos de tus documentales hablas de actualizar la memoria, ¿pensás que también hay que actualizar los lenguajes con los que se habla de la memoria?

No reniego del cine, es un lenguaje y un dispositivo que es irreemplazable como el libro, pero hoy está en competencia feroz con muchísimos otros estímulos y ventanas de exhibición. Hay que pensar cómo trabajar la imagen en otras zonas, con otros espacios e incluso, con nuevas herramientas. Con dispositivos que no impliquen solamente la convocatoria a las salas de cine. Sabemos que los espectadores, también por una cuestión económica, se sienten más convocados por el cine-espectáculo que por el cine independiente.

Siempre hay como una tensión entre distintos lenguajes, ¿qué luchas existen, hoy, en el terreno del cine documental?

Está todo por hacerse y, al mismo tiempo, haciéndose. La producción actual se vincula a los circuitos de producción-distribución más clásicos –incluso, lo que yo hago- por eso, pienso que debemos pensar que también existen otras posibilidades.  Desde hace dos años, estoy trabajando en un proyecto 360, en un tema vinculado a lo que más me interesa, la cuestión de la memoria. Quiero trabajar una modalidad inmersiva,  que transforme en algo el vínculo con lo real. En general, el público se ha vuelto reacio a estos temas, hay cierto cansancio y, entonces, pensé: por qué no llevar algunos procesos de memoria a la gente presentándolos en nuevos formatos. Esto requiere pensar en cómo hablar de lo mismo de un modo diferente, exponerlo de un modo que el espectador se convierta en un visitante activo. Espero lograrlo.

Como la idea de la instalación, digamos.

Si. Hay que buscar otras estrategias. Hay mucha gente trabajando estas cuestiones, no soy la primera ni la más original. Sé que son menos masivas que el cine, pero hoy podés acceder desde un teléfono, una computadora. La idea es transformar lo que parece una disputa en un aliado. Igual, hay temas y temas.

 

¿DÓNDE HAY QUE FIRMAR POR LA MITAD DEL SUEÑO?

                                                “en el fondo del abismo oscuro, en tu sueño silencioso, de bocas abiertas, en silencio, la verás avanzar hacia ti, desde el fondo negro del abismo, la verás avanzar a gatas.”
“Aura”, Carlos Fuentes

En un momento hay una discusión entre Gorri y los amigos, en que él dice “Me cago en la vanguardia”. El tema de nuestro número es “La sospecha”. Te pregunto qué te da sospechas de la vanguardia y qué de la tradición.

Sebastian Preece. "Puertas".
Sebastian Preece. “Puertas”.


No me agrada cuando un proyecto cultural-o del tipo que sea- no es auténtico, cuando se hace porque puede tener una venta o un consumo rápido. Me disgusta eso de pensar todo el tiempo en quién y cómo lo va a consumir. Esto pasa en la vanguardia y en la tradición. Estas cosas que, al verlas, uno siente que no salen de las tripas o de la necesidad de expresar algo. Ahí es donde me asalta la sospecha o la desconfianza y, a veces, también el enojo.

Durante las filmaciones, ¿la sospecha  puede aparecer como atisbo de algo inesperado, no previsto?

Siempre hay cosas. Es difícil contestarte eso. Desvíos hay muchos y son bienvenidos, es donde están las cuestiones más interesantes.

Hay mucho sobre la utopía en tus películas, especialmente, en el documental de Birri se ve como una oposición entre los que tiene sueños y los escépticos, ¿todo escepticismo es contario a la utopía?

Yo creo que sí. Estos días he tenido algunas discusiones o debates con amigos que son mejicanos, acerca de esta nueva posición de AMLO, a quien reconozco que no he escuchado mucho. Entiendo el escepticismo de mis amigos mejicanos respecto de esta nueva propuesta porque, a los cinco minutos de escuchar al presidente electo, me parece de una candidez asombrosa. Aun así, aparece mi lado utopista, la necesidad de creer en eso y de acompañar.

Rene Magritte. "The Amorous Perspective", 1935.
Rene Magritte. “The Amorous Perspective”, 1935.

Bueno, el escepticismo no es la desesperanza.

No, claro. Pero es como una cierta desconfianza. Es defensivo también. Si los tengo que considerar como dos extremos, elijo siempre estar en el lado positivo, más allá de que uno a veces tenga sus desvíos escépticos. Puede ocurrir, ¿no? Tampoco somos del todo ni una cosa ni la otra. Me parece que el escéptico se queda siempre a la espera

 

 

 

 

OTRO BIG BANG

                                    Si usted toma la punta de un conocimiento/y empieza a tirar el hilo va a sacar una sombra.”
Jorge Leónidas Escudero

En un momento, la película se pregunta, ¿qué hicimos con nuestros sueños revolucionarios.

Hicimos lo que pudimos.

¿Qué es hoy para vos la palabra revolución?

No es “Cambiemos”. (risas) Es transformación, porque implica una modificación hacia algo, un proceso. Tuvimos muchos sueños donde mucha gente puso el cuerpo, la vida. Eso no pudo ser, al menos, no de esa manera. Ahora, ¿cómo ir hacia una transformación que sea duradera y creíble para todo el mundo, hacia la cual la gente pueda sentirse convocada? Cuando uno dice “Pobres va a haber siempre, desigualdad va a haber siempre”, también es lícito pensar, ¿cómo sería un mundo diferente? Un mundo donde la Tierra explote y vuelva a aparecer transformada en otra cosa, en otro planeta. Hay que tender a que sea posible.

Linera dijo en CLACSO que no hay ninguna posibilidad de sostener un proyecto progresista si no se conquista el sentido común.

Sebastian Preece. Puertas.
Sebastian Preece. Puertas.

Eso es fundamental, pero es una batalla inmensa. Ahí me parece que está la posibilidad de empezar a transformar a partir de lo mínimo. Por eso me gusta poner la cámara, justamente, en los gestos mínimos de la vida. Existen algunas señales, pero igual es muy difícil que todo se transforme así, milagrosamente, y que todos vayamos juntitos de la mano hacia un destino utópico. Igual, creo que la satisfacción y la lucha están en el proceso, en el “ir hacia”. No sé si en el llegar, creo que no se va a llegar nunca, por lo menos, durante nuestra corta vida. Eso es también la utopía, un proceso de caminar siempre. Ya lo decía Machado -no Sarmiento, jaja- “caminante no hay camino”.

 

Por eso hay tantos viajes en tus películas.

Tal vez.

 

LÍNEA FUNDADORA, DESDE CHIQUITA

 “la pequeña vigilia tatuada en llama viva en un rincón
Olga Orozco


En Gorri, él dice en una parte que la obra no se termina, ¿se termina un documental?

No. En casi todas mis películas, hay cosas que hoy cambiaría. Pero, bueno, a veces el límite te lo marca el afuera, un festival, una entrega. Por un lado, es interesante eso, porque sino seguiría eternamente en lo mismo. Todas las obras son inacabadas.

Borges decía que él publicaba para noseguir corrigiendo… El hecho de ser mujer ¿ha marcado tu trabajo de algún modo? ¿Cómo lo viviste?

Yo soy feminista desde muy chiquita, sin saberlo. Tenía un hermano, pero siempre me mandaban a barrer a mí. “¿Por qué?” y ahí emepezaban las peleas domésticas. He tenido algunas dificultades, cuando comencé a filmar. En la cuestión académica, jamás, al menos en mi carrera, no viví la diferencia. O era menos visible. Pero en el cine, sí, porque fue siempre un terreno machista y, en cierta forma, lo sigue siendo. Yo empecé a trabajar en codirección con un hombre. Hasta que no comencé a soltarme y a hacer las cosas por mi lado, no me di yo misma cuenta de la posibilidad de construir un camino propio. De todas maneras, no es que no tuve apoyo. Con Marcelo Céspedes no había ninguna batalla sórdida. Y no porque él no  participara de la cultura patriarcal- todos los hombres, e incluso las mujeres, participan-. Era, sobre todo, una actitud del “afuera” lo que te marcaba la diferencia. En especial, mucha discriminación de parte del periodismo: las películas eran de Marcelo Céspedes y Carmen Guarini aparecía más relegada. Había una cosa de darle mayor protagonismo a él, quizás, porque Marcelo ya tenía obra previa como cortometrajista, muy premiada. Después, eso se fue suavizando y, con el tiempo, se borró completamente. Yo hice mi camino como directora y él, como productor. Y cada uno ocupó un espacio. Pero, como te decía, el problema es el modo en que el afuera te funciona de espejo. Las mujeres, todavía hoy, tenemos internalizados valores y códigos de los que nos cuesta muchísimo desprendernos. Si no fuera por todo este proceso que empezó a abrirse… Bueno, el feminismo comienza como movimiento en los ’70. Me acuerdo de haber estado estudiando en Francia en los ’80 y haber asistido a las manifestaciones feministas. Después, todo eso se desinfló completamente, porque las luchas eran otras o los movimientos eran otros. 

Giorgio De Chirico.
Giorgio De Chirico.

Ahora hay, por suerte, un gran resurgimiento. Los problemas estuvieron siempre, pero hoy les podemos dar visibilidad, tomar la voz y expandirla. Mirá, en el año 2000, se hizo una gran Marcha Mundial de las Mujeres. Nadie se acuerda. Fue organizada por feministas canadienses y se convocó a las distintas organizaciones de mujeres de todo el mundo a converger en una gran marcha frente a las Naciones Unidas. Allí, en octubre de 2000, se dieron cita delegaciones de un montón de países. A una directora canadiense, Sophie Bisonette, junto con la productora, Monique Simard, se les ocurrió hacer un documental sobre este tema (*). Ella no podía estar filmando en todos lo lugares del planeta, así que la productora decidió convocar a directoras de los cinco continentes para filmar cada una en el suyo. En Argentina también se hizo esta marcha, aunque no tuvo gran visibilidad. A mí me seleccionaron por América Latina. Teníamos que proponer historias de mujeres autogestionadas. Yo planteé tres: el caso de las mujeres del campo que, durante la crisis de los ’90, impedían las ejecuciones hipotecarias,  el tema de las mujeres de AMAR- las prostitutas sindicalizadas en ATE-  y el tercero, las mujeres líderes indígenas del Ecuador. Eligieron este último. Viajé. Hice una investigación de una semana con una amiga ecuatoriana, recorrimos toda la parte de la sierra ecuatoriana en busca de historias, fuimos a distintas ciudades y pueblos para dialogar con distintas asociaciones de mujeres en ese país. Y apareció algo muy interesante: el tema de violencia de género en las comunidades campesinas,  donde su liderezas- mujeres indígenas- habían organizado una escuela de capacitación. Algunas de ellas, incluso, habían llegado al Parlamento. A pesar de sus grandes avances políticos, el tema de violencia de género era algo de lo que no se podía hablar. Yo trabajé con dos mujeres líderes y, además de contar aspectos de sus vidas personales, viajamos a uno de los talleres de formación  que ellas mismas organizaban. Allí filmamos un taller en particular, que era el de género. Entonces, recuerdo una anécdota que después no quedó,  hubo que quitar por exigencias de edición. Ellas hablaban de cualquier cosa en ese taller y yo filmaba. En un momento de desesperación, porque veía que la película se me escapaba, le dije a la coordinadora: “Disculpa, pero no me están mostrando nada, no sé, venimos a hablar de la problemática de género, fíjate cómo lo puedes introducir…” Bueno, salieron al jardín, se sentaron sobre el pasto y una de ellas empezó a contar su experiencia personal de violencia, vivida en su primer matrimonio. Bastó que ella contara eso para que se desatara un reguero de relatos, de todas esas mujeres que, inclusive entre llantos, se decían entre sí:  “Tantos años que nos conocemos y no sabíamos nada de la historia de nosotras”.

Pateaste un hormiguero.

Impresionante. No sé hoy pero, en ese momento, fue algo muy interesante, porque ahí empezaron a hablar de las desigualdades, incluso, al interior de la misma organización política: de cómo los mismos compañeros o líderes indígenas las dejaban a un lado, de cómo a veces no les facilitaban el acceso a determinados encuentros y demás. Fue maravilloso entender cómo estas mujeres políticamente muy fuertes no podían romper la coraza patriarcal. En principio, porque no la habían verbalizado.

¿Se rompió eso con el tiempo?

No sé, no lo pude seguir. Pero me imagino que ahí hubo un antes y un después para ellas. Pasa que son los hombres quienes tienen que modificar sus conciencias. Tienen que cambiar las relaciones de fuerza. En cuanto a la película, quedó  sa escena final, donde las mujeres están juntas y se produce esa catarsis entre ellas. Filmar ese momento fue para mí muy esclarecedor y conmovedor. (**)

Carmen Guarini con el Anartista
Carmen Guarini con el Anartista

 

* Partition par voix de femmes (86min 2001) (http://femfilm.ca/film_search.php?film=bissonnette-partition&lang=f)

** Silencio roto (2001, 20 min)

 




LETRA DE CÓNDORES

La sospecha: Entrevista a la fotógrafa peruana, Cecilia Larrabure

Entrevista: Carolina Diéguez, Gabriela Stoppelman
Edición: Carolina Diéguez, Gabriela Stoppelman

Es un nido de cóndores andinos, / En cuyo negro seno
Parece que fermentan las borrascas, / Y que dormita el trueno. / Aquella negra masa se estremece / Con inquietud extraña:/ Es que sueña con algo que lo agita / El viejo morador de la montaña.”
“El nido de cóndores” Olegario Víctor Andrade

Desplegaron las alas para probar la piel del aire. Cuando la mirada coincidió con la letra del horizonte, aletearon una curva y encerraron en ella un vacío. Y luego otro y otro, hasta ir más allá de una palabra. El alfabeto de la luz rápidamente enfocó las sombras. Entonces, los cóndores vieron la selva tajeada. Con estupor, contemplaron una fila de niños orillar su inminente orfandad, frente a un agua demasiado turbia y sin voluntad de vientre. Vieron a la caridad soltar los restos de grandes banquetes, a cuenta gotas. Por cada pizca de piedad, la mano caritativa reclamaba un aplauso a las cámaras. Como si todo esto hubiera sido poco, después- unas cuantas frases después- vieron grandes parcelas de tierra cercadas. Por el número de hombres armados alrededor de esos enormes latifundios, es claro que, dentro, vivía gente muy peligrosa. Cerca, algunos campesinos cabizbajos reclamaban a la tierra yerma alguna hierbita para su escaso ganado. No muy lejos, en catacumbas sin derecho a duelo, morían de hambre, de miedo o de encierro, varias rebeldías sin suerte y ya sin futuro. Ahí se detuvieron los cóndores. Permanecieron de ronda, en busca de un eco o de una huella. Por acá y por allá, hallaron filigranas de alguna cicatriz, de algún ausente. Sin dudarlo, las mezclaron al siguiente vuelo. Repuestas al transcurso del tiempo, unas pocas filigranas rescataron del silencio a unos pocos nombres. El aire fue buen papel ese día: imprimió formas de lo invisible y desbarató chicanas de la intemperie. Tan ocupados en grafías estuvieron los cóndores durante toda esa jornada, que sacaron de quicio a los negociantes del avistaje. Desesperados por la posible ira de los curiosos, los sicarios de los Ceos apostaban su última esperanza a una lluvia de caballos muertos que, sin embargo, no distrajo a las aves de su escritura, ni por un segundo. Fueron horas muy duras para el negocio del turismo. Mientras la noche avanzaba, los cóndores se arrimaban al punto final de su texto. Ya en la oscuridad completa, se escuchó un extraño chirriar desde la cima de las montañas. Era el sonido de una tristeza muy honda: la pena que sentían los cóndores por esta generación de abandonadores rapaces, de ambiciones furiosas, de hipócritas a sueldo. Seguramente, Cecilia Larrabure estuvo allí para fotografíar la cadencia de ese gemido. “Aves de rapiña”, “raza carroñera” resonaba en la letra de los cóndores. Obviamente, se referían a nosotros.

Cecilia Larrabure.  "Turupukllay". Fotografía donde presentan condores Puna Cazaa.
Cecilia Larrabure. “Turupukllay”. Fotografía donde presentan condores Puna Caza.


CHOLA CON ENVASE GRINGO

“Moza de la sierra adentro / chola blanca de la loma: / cien ojos se hicieron flechas / siguiéndote hasta las frondas; / cien ansias se hicieron largas / y cien esperanzas cortas / al pretender el regalo / de tu frescura de moza / para hacer de tus ojitos / espejitos de las horas. . .”
“Chola”, Lucas Bárcena

El tema de este número de la revista es “La sospecha”. Ante los textos y las fotos de Turupukllay y ante el conflicto entre culturas que allí se plantea, ¿qué sospechás de la tradición y qué de la modernidad?

Llevo muchos años metida en ese proyecto, más de veinte. He ido once veces al pueblo a fotografiar y he recogido muchísima información. Imagino que el tema es una realidad parecida a lo que pasa en el mundo rural argentino. Perú es un país altamente centralista; aquí se da validez a lo que pasa en Lima,  lo que pasa en provincias puede ser mirado con desprecio. Felizmente, esto ya no sucede tanto como en la primera mitad del siglo XX. Para mucha gente, el interior aún es el territorio de cholos ignorantes. Dicho esto, yo soy una peruana con sangre paterna francesa y materna, escocesa. Mi madre y mi padre han nacido aquí y todos tenemos un corazón muy cholo y muy orgulloso, a pesar del envase gringo. Por este tema de ser periodista y trabajar en medios desde muy chica, recorrí mucho el Perú y me enamoré de este lugar. La mía es una opinión un poco sesgada, creo que en otra vida debo haber sido una chola andina, porque siento una conexión muy grande con ellos. En relación a tu pregunta, en cuanto me puse a investigar por qué capturan a un cóndor y lo hacen participar de una fiesta de esas características, el antropólogo peruano Rodrigo Montoya me aportó que hay evidencias, a través de relatos orales, de que los andinos capturaban cóndores antes de la llegada de los españoles. Era una manera de comunicarse con los Apus. Y se hacían ciertos juegos con ellos.

Cecilia Larrabure.  "Cacharpari". Fotografía.
Cecilia Larrabure. “Cacharpari”. Fotografía.

 El cóndor pukllay, que es juego en quechua. Al ser el ave que vuela más alto y más cerca de los picos de las montañas, el cóndor se convierte en un mensajero de las divinidades -los Apus, según la cosmovisión andina-. Entonces, el hombre andino lo captura para recibir y para enviar mensajes a los dioses. Esta es una interpretación que he ido recogiendo de varios actores, desde campesinos e intelectuales de la zona, hasta académicos que han trabajado en el área andina. Luego, está  la versión de que el Yawar fiesta sería una especie de revancha del mundo inca contra el mundo español: por eso, montan el cóndor encima del toro. Cuando vinieron los españoles, hubo todo un gran desmadre. Ante este intento de desbarajustar sus costumbres, esta ceremonia fue una manera que encontraron los indígenas de sostener lo propio. Como quien dice: “Ah, ya. ¿A ustedes les gustan las corridas de toros? Montemos el cóndor sobre el toro para que nos dejen ser felices”. Más o menos así.

Cecilia Larrabure. Fotografía del proyecto "Turupucllay", 2013
Cecilia Larrabure. Fotografía del proyecto “Turupucllay”, 2013

¿El cóndor sobrevive a esta ceremonia?

Sí. El cóndor es el invitado de honor a esta fiesta, es un personaje vinculado. El hombre andino -el peruano, al menos- no da un paso sin hacer un pago a la Pachamama y sin consultar al Apumás cercano. Todos los pueblos de las sierras tienen, obviamente, montañas alrededor. Cada paso de su vida, como mandar a un hijo a trabajar a la ciudad, matar dos vacas para pagarle la Universidad o construir la casa, lo consultan y hacen pagos a la tierra y a los Apus. Dentro de estas creencias, está la fiesta que incluye a los cóndores. El montarlo sobre el toro dura, como mucho, cinco minutos. En ese tiempo, el cóndor corre un peligro, obviamente. Ha habido casos en que el toro se ha dado contra la pared del ruedo y se la ha roto un ala al cóndor o incluso ha muerto. Esto es terrible, es una señal de mal agüero para todo el pueblo. Durante los primeros años que trabajé -desde 1995 a 2004- este era un tema más visto por sociólogos, antropólogos e historiadores. Había una corriente turística que comenzaba a ir a los pueblos a ver al mal llamado “Yawar fiesta”, nombre que no es el original, se le puso así después de la publicación de la novela de José María Arguedas (1941), con más intención de atraer al turismo que otra cosa. Yawar fiesta quiere decir Fiesta de sangre, en realidad, la poca sangre que pueda caer es bienvenida, porque fertiliza la tierra.

Cecilia Larrabure. "Desfile de autoridades". Fotografía del proyecto "Turupucllay".
Cecilia Larrabure. “Desfile de autoridades”. Fotografía del proyecto “Turupucllay”.

Luego, esta versión de que es una revancha de los incas contra los españoles ha sido muy alimentada desde el mundo académico también. Pero ahora hay una situación muy distinta en el Perú. En 2014, un congresista de Arequipa, donde está el Cañón del Colca y donde también hay cóndores -allí existe un punto turístico llamado “La cruz del Cóndor”- hizo lobby y propuso una ley para proteger al cóndor andino de todo tipo de captura. La propuesta del congresista devino en ley, que castiga, desde el 2014, con pena de cárcel, toda captura o caza del cóndor andino para fines no científicos. Hay rumores de que AutoColca, que es la Autoridad Autónoma del Colca, mata caballos y los tira a las profundidades de la Cruz del Cóndor. Así nunca faltan cóndores allí y los turistas pueden tomar todas las fotos que quieran.

Cecilia Larrabure. "Corrida". Fotografía del proyecto "Turupucllay".
Cecilia Larrabure. “Corrida”. Fotografía del proyecto “Turupucllay”.

 

QUINUA GOURMET

“Las cien flores de la quinua que sembré en las cumbres hierven al sol en colores, en flor se ha convertido la negra ala del cóndor uy, de las aves pequeñas. Es el mediodía; estoy junto a las montañas sagradas: la gran nieve con lampos amarillos, con manchas rojizas, lanzan su luz a los cielos. En esta fría tierra, siembro quinua de cien colores, de cien clases, de semilla poderosa. Los cien colores son también mi alma, mis infaltables ojos.”
“Llamado a algunos doctores”, José María Arguedas

En relación a choques de culturas y de lecturas, para vos, ¿cuándo un otro se transforma en un enemigo?

Cuando no quiere entenderte, básicamente. Esa es la historia del Perú y de toda Latinoamérica. Los españoles sólo vieron oro en su caminar y todo lo que tuvieron que pisar para conseguirlo lo pisaron y lo destruyeron. Quienes tuvieron un interés por conocer la vida precolombina fueron muy pocos, y no fueron tenidos en cuenta. Hablo de cronistas y de otros. Creo que el otro se convierte en enemigo cuando no quiere conocerte y,además, te prejuzga y te rotula. No tienes entonces oportunidad para decir quién eres.

Cecilia Larrabure. "Cabalgata". Fotografía del proyecto "Turupucllay".
Cecilia Larrabure. “Cabalgata”. Fotografía del proyecto “Turupucllay”.

¿Qué restituyen estos rituales que ya no restituya nuestra sociedad actual?

Antes quiero contarles que, a partir de 2014, dejó de hacerse el Yawar fiesta en Perú: está penado con cárcel. Puede que sí se haga clandestinamente en algún lugar, pero hay mucha fiscalización al respecto. Tal vez, en comunidades donde no llega el turismo, continúe esta práctica, no sé. Creo que este ritual es una de las varias manifestaciones que han sobrevivido a la conquista. Cuando los incas son sometidos a una nueva cultura, a tener que evangelizarse y aceptar algo que ni siquiera entendían, no dejan lo suyo. Solo lo fueron transformando. No estaba yo tan segura de esto hasta que, hace unos años, entrevisté a un antropólogo, un gran estudioso de la obra de José María Arguedas, el Dr. Rodrigo Montoya, que además es de la zona de PulloPuquio, en Ayacucho, donde se celebraba mucho Turupukllay. Él me confirmó que, por relatos orales,se sabe que el cóndor se capturaba mucho antes de la Conquista. Es muy fuerte aún aquí en el Perú la presencia y el orgullo inca. En la medicina, por ejemplo. Hoy hay muchísima gente que no quiere ir al doctor alópata y sí va al naturista. De alguna manera, eso está legitimado. El tema de la comida, también. Hay un chef peruano muy nombrado, Gastón Acurio, que ha hecho una campaña enorme por reivindicar la gastronomía peruana en el mundo. Así volvió a poner en valor una serie de insumos andinos como la quinua, por ejemplo. Yo soy limeña y jamás comí quinua de niña, porque no teníamos costumbre. Si ahora quiero comprarles quinua a mis hijas, en los supermercados cuesta carísima, porque lo comen en París, ¿entiendes?

Cecilia Larrabure. " Fotografía del proyecto "Turupucllay".
Cecilia Larrabure. ” Fotografía del proyecto “Turupucllay”.

Lo natural restituye cosas que habían sido eliminadas de la cultura. Pero la moda de lo natural como superior, porque era anterior a la modernidad, me da muchas sospechas. Es como si la idea de progreso de la modernidad a ultranza, tuviera su inverso conservador, a la que se suma la idealización del pasado, un toque melancólico, no sé…

Sí. Ningún extremo es bueno, eso está clarísimo. Al mismo tiempo que está el orgullo de pertenecer a esta raza y a esta sabiduría, hay también una voluntad y una acción para integrarse a la modernidad por parte de todos los agentes, incluido el Estado. Y hay corrientes extremistas definiendo una postura o la otra, claro.

 

DE ESO NO SE HABLA

                                               “(…) no vivía ningún cristiano. Había allí un pueblo en ruinas. Entre las abatidas paredes de piedra crecían arbustos y herbazales. Daba pena considerar que donde ahora había solamente destrucción y silencio, vivieron hombres y mujeres que trabajaron, penaron y gozaron esperando con inocencia los dones y pruebas corrientes del mañana. No quedaba uno de su raza.”
Ciro Alegría, “El mundo es ancho y ajeno” (1954)


Hablando de extremos, un gran tema que aparece en tus fotos son los huérfanos que dejó la acción de Sendero Luminoso. Al mirarlas, nos preguntamos por el destino de estos chicos de rasgos claramente indígenas, atacados por Sendero y por la policía y “salvados” por las misiones franciscanas, que vienen a ser también representantes de los conquistadores ¿Cómo se puede salvar a un chico sin restituirle su identidad?

Cecilia Larrabure en diálogo con el Anartista.
Cecilia Larrabure en diálogo con el Anartista.

Un tema bien complejo. Nosotros pasamos por todos estos años de violencia política que, en ciertos aspectos, puedo pensar un tiempo parecido a la dictadura militar de los 70 en la Argentina. Una situación de cero libertades, de miedo y terror permanentes, de ganas de rebelarse, también de impotencia. Una mezcla de sentimientos. El episodio Sendero Luminoso, MRTA y el terrorismo en general nos ha marcado a todos los peruanos profundamente. Cuando yo tenía dieciocho años gané una beca para estudiar periodismo en Brasil. Estuve allá desde 1985, cuando estaba empezando a ponerse jodida, bien jodida la cosa aquí, hasta 1993. Vine dos veces en esos años y salí corriendo. A mi regreso definitivo, comencé a trabajar como fotógrafa en el diario “El Comercio”. Allí empecé a conocer mi país verdaderamente. Hasta mis 17 años era una limeña de Miraflores, en su burbuja de clase media acomodada, que viajaba un poco y conocía algo del Perú. Recién cuando entré a trabajar en el periodismo peruano, conocí realmente el Perú. En relación a tu pregunta, con respecto a Sendero Luminoso, fue tal la locura… Creo que me metí en este proyecto también, de manera inconsciente, para conocer mi identidad. Y lo mismo pasó con estos chicos, envueltos desde edad muy temprana en este tema. Y, claro, cuando son rescatados, son insertos en diferentes alojamientos o albergues para huérfanos en donde, en realidad, continúan nada más que en un estado de sobrevida. Ahí tienen algo de comida, un techo, ropa y una educación muy deficiente. Las cosas básicas pero -y ese fue uno de los puntos de mi proyecto- siempre pregunté por qué no se trataba el tema de la salud mental con ellos. No hay manera de restituir la identidad a nadie que ha pasado por traumas tan bestiales, sin tratar la salud mental. En ese entonces, ese cuestionamiento me lleva a armar un segundo proyecto que se llamó “Espacios de Memoria”. Destiné el 50% de las ventas de mi libro “Ciertos Vacíos, un ensayo fotográfico sobre orfandad, violencia y memoria en el Perú” para financiarlo. La verdad, fue muy difícil sostenerlo. Lo hicimos durante un año, sólo con los chicos que ya estaban en Lima, porque era imposible ir a provincias, estoy hablando del año 2004.

Cecilia Larrabure. Fotografía del libro "Ciertos vacíos".
Cecilia Larrabure. Fotografía del libro “Ciertos vacíos”.

Entre los ’90 y el 2005, los peruanos no querían saber de nada relacionado con el terrorismo. Toqué puertas tres años para publicar ese libro. Todas las empresas a las que contactaba me decían “Qué importante tu trabajo, qué bonito. Súper motivador, súper emocional, pero nuestro logo no puede ir relacionado a temas de terrorismo”. Entonces, me cerraban la puerta en la cara. Cuando ya estaba a punto de tirar la toalla, porque no aguantaba una respuesta más de esas, aparecieron dos ángeles, uno pertenece a una ONG que trabaja en temas de ciencias sociales. Y ahí salió. Pero fue muy, muy difícil. A ver: a Abimael Guzmán lo capturan en el ’92.

Cecilia Larrabure. Fotografía del libro "Ciertos vacíos".
Cecilia Larrabure. Fotografía del libro “Ciertos vacíos”.

En los siguientes diez años en el Perú, la palabra terrorismo  fue prácticamente vetada, porque el dolor fue tan fuerte y tan grande el trauma, que sólo queríamos olvidar y pasar la página. En ese contexto, yo salgo a pedir plata para este proyecto. Pero, bueno, se hizo y es un libro que ha marcado un hito en la fotografía peruana. Y, además, es el único documento visual a profundidad sobre lo que pasó con los niños que se convirtieron en huérfanos debido al conflicto armado. La Comisión de la Verdad y la Reconciliación trató el tema de las viudas, pero no el tema de los niños.

 

L@S AMANTES DEL CHE

“Vienes quemando la brisa / Con soles de primavera / Para plantar la bandera
Con la luz de tu sonrisa.”

“Comandante Che Guevara”, Silvio Rodríguez

Varias cosas nos llamaron la atención en estas fotos. Primero, cómo sigue la historia de estos huérfanos: hay una nena, Tania, que después tiene una hija, vos sacás una foto de su bebé y ella se emociona mucho al verla. Su bebé tuvo foto, eso le hacía a Tania una diferencia. Pensaba en qué cosas aporta la foto que la realidad no aporte.

Dice Berger que las fotos son referencias, meras referencias de la realidad, porque la foto es un momento recortado de la línea de tiempo real. Pienso que la fotografía es, efectivamente, eso, pero es un corte en el cual se captura el alma, la esencia de las personas en el instante en que se las fotografía. Y eso trasciende, porque hoy vemos una fotografía de hace cien años y aún nos emocionamos y nos identificamos con esas personas, vemos puntos en común. Si uno mira una foto de Courret o del mismo Daguerre, es una emoción increíble. Le he mostrado daguerrotipos a gente que no es fotógrafa -a mi familia- y se detienen, lo miran y se emocionan.

Cecilia Larrabure. "Tania en su fiesta de quince años". Fotografía del libro "Ciertos vacíos".
Cecilia Larrabure. “Tania en su fiesta de quince años”. Fotografía del libro “Ciertos vacíos”.

¿A qué te referís con el alma?

Pues a la energía vital, al ser real de las personas. Si tú miras una fotografía del Che Guevara, ¿por qué todos nos hemos enamorado de él?, ¿por qué todos hemos querido ser el Che Guevara en algún momento de nuestra vida? Por esa energía vital que tenía este hombre y que se transmitió a través de la foto de Raúl Corrales, aquel fotógrafo cubano ¿entiendes? No lo has conocido al Che y yo tampoco, pero en algún momento de nuestras vidas hemos querido ser como él. Ese es el poder de la imagen.

VENTANAS PARA CÓNDORES

“Inaccesible… / Si otra vez mi vida
cruzas, / dando a la tierra removida / siembra de oro tu verbo fecundo, / tú curarás la misteriosa herida: / lirio de muerte, cóndor de vida, / ¡flor de tu beso que perfuma al mundo
!”
“Boca a boca”, Delmira Agustini

¿Qué es lo poético de una foto?

¡Guau! Es un punto de encuentro entre varias cosas, entre las cuestiones técnicas -como la composición, la luz-, el momento mismo y la energía vital de las personas, del paisaje que estás fotografiando. La poesía se da cuando todos esos elementos se alinean para crear una imagen que se puede recordar pasados cien años. Lo dice Koudelka, en una entrevista: “He visto diez millones de fotografías, pero son sólo diez las que retengo en mi mente”

En tus fotos, nos parecieron muy poéticas las ventanas muy altas, por donde apenas aparece luz. ¿Qué importancia tienen esas ventanas?, ¿cuáles te quedan muy altas, a vos  y hoy, en tu oficio?

Cecilia Larrabure. Fotografía del libro "Ciertos vacíos".
Cecilia Larrabure. Fotografía del libro “Ciertos vacíos”.

Qué bonita pregunta. Las ventanas son fuentes de luz, referencias que yo busco en ciertos momentos, porque básicamente trabajo con luz natural, uso muy poco flash, salvo en mi trabajo de reportera. Además, soy una admiradora de la arquitectura. Siempre digo -mitad en broma y mitad en serio- que, de no haber sido fotógrafa, hubiera sido arquitecta. Y, cuando llego a esos espacios, que generalmente son antiguos porque la arquitectura moderna ya no usa esos ventanales ni esas dobles alturas, los admiro mucho y me digo que un día quiero tener una casa así. Hasta ahora no lo consigo, pero sigo deseándolo…. En relación a qué ventanas me quedan muy altas, uy… Mira, ha sido un reto grande para mí compatibilizar el ser madre y fotógrafa: esa es una ventana alta para mí. He sido madre, a mis cuarenta y tres años. Mi primera hija va a cumplir veintiún años y vino con mi esposo de su primer matrimonio. Me he pasado desde los 18 hasta los 40 con una mochila en la espalda, de acá para allá. Después, a mis cuarenta y tres años, he tenido a mi segunda hija. Las amo a las dos profundamente y disfruto a plenitud mi rol de mamá, ¡ellas son mis dos grandes proyectos!  Pero ha sido muy difícil aprender a bajar el ritmo de los viajes y de las convivencias con otros mundos. Mi hija menor ya tiene diez años y, poco a poco, puedo retomar mi pasión por el documentalismo. No hago prensa hace muchos años, hago trabajos documentales y de investigaciones en profundidad, ese tipo de cosas. Ya es otro momento de la vida, digamos.

Cecilia Larrabure. Fotografía del libro "Ciertos vacíos".
Cecilia Larrabure. Fotografía del libro “Ciertos vacíos”.


MEJOR QUE NO SE JODAN

“¿Qué es la vejez, Juan Gelman? “Mire, lo único que me consuela de la vejez es que el tiempo envejece con uno y eso me deja muy tranquilo?” ¿Y la muerte?
“La muerte que se joda”.”
Juan Gelman, nota a “El vigía”, México.


Hablando de eso, nuestro oficio es la escritura. Vos también escribís mucho, tu escritura acompaña bastante a tus fotografías. ¿Qué te da la escritura que no te dé la fotografía y viceversa?

Ahora estoy muy abocada a la escritura por la maestría, y me está costando, eh… Mira, vengo de una escuela periodística en la que siempre he trabajado la fotografía vinculada al texto. Me he hecho fotógrafa en los diarios y siempre he trabajado con un redactor o una redactora. A diferencia de la escuela americana, por ejemplo, donde trabajan muy por separado, en nuestra escuela latinoamericana el binomio redactor-fotógrafo es un clásico. En realidad, he trabajado sola, más bien por mis proyectos propios que en los diarios. Aparte, estoy casada con un escritor y periodista. Y, con respecto a tu pregunta… en algún momento, he sentido la necesidad de escribir para darle marco al trabajo. No tanto como un complemento, porque creo firmemente en la narrativa visual como lenguaje autónomo y que mi trabajo se sostiene solamente con imágenes. Pero sí creo que dar un marco textual ayuda. Sobre todo, porque aquí no tenemos una educación visual y a las personas les cuesta mucho entender una historia sólo con imágenes. Hoy en día, en mis talleres de fotografía documental, tengo alumnos que me retan y me dicen “Yo no voy a escribir una palabra. Si lo entienden bien. Sino, que se jodan”. Yo no soy de esa generación, pero los comprendo, es parte de la evolución del lenguaje fotográfico como narrativa.

Cecilia Larrabure. "Elena".Fotografía del libro "Ciertos vacíos".
Cecilia Larrabure. “Elena”.Fotografía del libro “Ciertos vacíos”.

 

EL ABECEDARIO DE LA LUZ

“Le queda un poco de luz a la sombra, verde, sombra del pájaro, en seguida oscuro y esa voz con mi nombre”
De “El libro de las mariposas”, Arnaldo Calveyra

¿Existe un pensamiento fotográfico, una manera de pensar con fotos?

Sí, totalmente. Es más, mi tesis en esta maestría es la evolución del lenguaje fotográfico en los ensayos documentales peruanos, publicados entre 1980 y 2020. Eso es lo que investigo. Y digo que es posible narrar solamente con imágenes, pero falta educación visual, porque los sistemas educativos están centrados en la lectoescritura.

Cecilia Larrabure. Fotografía del libro "Ciertos vacíos".
Cecilia Larrabure. Fotografía del libro “Ciertos vacíos”.


¿Y cómo es la relación de los pueblos originarios con lo visual, si los comparamos a nosotros?

Es ambiguo. Por un lado, desde la conquista, ha habido una cultura evangelizadora a través de la imagen por obvias razones, ¿no? Por eso, en los siglos XVI y XVII, el tema de las artes fue tan fuerte: pintura, escultura, arquitectura, para someter, para evangelizar, para imponer el poder español y el poder de la religión sobre las creencias indígenas. Además, en el caso de los incas -específicamente y a diferencia de los aztecas, que lo hicieron con imágenes- no hubo una cultura alfabetizadora como la conocemos hoy, no hubo un alfabeto y una comunicación. Pero lo que sí hubo fue una interpretación en el arte con imágenes. Todos ellos -los Paracas, los Nazca, con su escritura pictográfica tanto en textiles como en ceramicos- se comunicaron con imágenes. Que no sepamos hoy verlo es otra historia, pero hay mucha gente dedicada a estudiarlo. Entonces, esa relación tan fuerte con la imagen se ha ido perdiendo a lo largo de todos estos procesos. En relación con nosotros, los urbanos con más privilegios en cuanto a la educación que la gente rural, estamos en igualdad de de ignorancia, visualmente hablando. El sistema lectoescritor, no sólo en el sistema educativo oficial, sino también en lo familiar, acapara de tal manera que no deja espacio para otro tipo de lectura. En los últimos años han llegado cuentos infantiles con narrativas bien interesantes,  mucho más visuales que textuales.

Cecilia Larrabure. "Ccumpleaños". Fotografía del libro "Ciertos vacíos".
Cecilia Larrabure. “Ccumpleaños”. Fotografía del libro “Ciertos vacíos”.

Tengo un par de amigos a cargo de un proyecto que se llama “Un millón de niños lectores”. Ellos impulsan la creación de bibliotecas en lugares pobres, con mano de obra de los padres de familia. Consiguen los materiales para construir o reconstruir el lugar y luego, la donación de libros. Lo que han comprobado es que, en grupos de niños entre 4 a 7 años, tienen muchísimo más éxito los libros con narrativas más visuales, con menos texto.

Qué paradójico, porque parece que la abundancia fuera carencia. Todos los chicos tienen hoy una relación mucho más cercana con lo visual que con lo textual. Cuesta más que lean un texto a que miren. Sin embargo, cuando miran, no leen lo que miran.

Claro. Y ahora hay otro punto que es el tema de internet, de las redes. Hay allí un exceso de imágenes que causa ceguera. Es muy complejo. Para el colegio, mi hija tiene que leer diez libros al año. Seis en español y cuatro en inglés. Y debe hacer un reporte de lecturas de manera muy lúdica, muy chévere, pero igual hay que estar tras de ella. Hay que motivarla constantemente para que lea. Pero, por otro lado, hay que arrancarla de Netflix, porque todo el día quiere ver películas.

 

EL AMANECER DE LO INVISIBLE

                        Con todas mis muertes / yo me entrego a mi muerte, / con puñados de infancia,
con deseos ebrios / que no anduvieron bajo el sol, / y no hay una palabra madrugadora / que le dé la razón a la muerte, / y no hay un dios donde morir sin muecas.”
“Artes invisibles”, Alejandra Pizarnik

En tus fotos, hay elementos escondidos debajo de las camas, detrás de las cortinas, un intento de fotografiar lo que se buscó que no se vea o lo que habitualmente no se ve…,  ¿cómo te llevás con lo invisible?

Muchas veces lo invisible aparece después de tomada la foto. Hablando literalmente de las imágenes, estos son elementos que quizás no registro en el momento de la foto y que, cuando los veo en pantalla, me sorprendo. Muchas veces me alegro de que estén ahí, porque creo que aportan. En muy pocas ocasiones, malogran la foto. Lo invisible, además, es un misterio maravilloso, es el alma de las personas, la energía vital que se revela luego en la foto. Es, finalmente, lo que todos los fotógrafos queremos capturar, lo que te impulsa a salir a las tres de la mañana a esperar que salga el sol, a irte a un lugar peligroso o a dormir encima de una piel de cordero durante tres días, con sólo papas como alimento.

Cecilia Larrabure. Fotografía del libro "Ciertos vacíos".
Cecilia Larrabure. Fotografía del libro “Ciertos vacíos”.

Tú solo esperas que aparezca de la nada lo invisible, lo imprevisible, y te dé aquella imagen poderosa que va a trascender. Porque es importante que la imagen trascienda. Imagínate cuántos millones de imágenes se hicieron en el mundo desde el arte rupestre hasta acá… ¿de cuántas nos acordamos? Esa también ha sido una situación  de quiebre en mi oficio. No he tenido ninguna conciencia de querer que mi trabajo trascendiera, hasta un momento de mi vida, en el cual entendí que es importante que eso suceda, entonces empecé a trabajar de una manera más consciente hacia eso.

Cecilia Larrabure. "Carlos Augusto". Fotografía del libro "Ciertos vacíos".
Cecilia Larrabure. “Carlos Augusto”. Fotografía del libro “Ciertos vacíos”.

¿Hubiera valido la pena igual, de no haber trascendido?

Sí. Todas las experiencias que uno tiene valen la pena. Pero es másinteresante que puedas lanzar un mensaje con cierto poder, que pueda tal vez ayudar en el conocimiento de esa realidad. Ese es el sentido de trascender que me interesa.

 


JUEGOS DE INTEMPERIE

“¿Y en qué se convertirá este pequeño poema mío, expuesto sobre este muro a la mirada de otros? Pequeña nada abandonada a la intemperie igual que el objeto que fue su referente, signo de un pasado personal que dejará de ser el mío en cuanto alguien lo reciba y lo haga suyo”.
Chantal Maillard

 

Aparecen muchos juguetes en tus fotos, ¿qué papel tiene lo lúdico en tu trabajo?

El primer proyecto fotográfico de mi vida fue el de los huérfanos que dejó la acción de Sendero Luminoso. Al poco tiempo, empecé también con el de Turupukllay, han sido casi paralelos. Imagínate, que estaba regresando de Brasil a Perú, a mis veintisiete años, y venía con un gran desconocimiento de qué había sucedido, más allá las noticias generales.

Cecilia Larrabure. Fotografía del libro "Ciertos vacíos".
Cecilia Larrabure. Fotografía del libro “Ciertos vacíos”.

Cuando uno se adentra en las provincias y ve esas realidades, conoce a las víctimas, empieza a escuchar sus relatos y ve a estos niños tan chiquitos, tan desvalidos y con historias tan terribles… “Dios mío”,  me dije “¿En qué planeta he estado viviendo que no me he enterado de lo profundo y lo jodido que ha sido esto?” Recuerdo muy vívidamente haberme deprimido mucho, al comienzo. Entonces, empecé a leer todo lo que pude sobre Sendero Luminoso. Y, con cada libro que leía, más me quería morir. Junto a esta impresión tan fuerte, tenía esta pulsión por fotografiar. Me planteé: qué mejor proyecto que este para conocer el tema en su real dimensión. Entonces, hice las gestiones y tuve acceso a esos orfanatos. Claro, el comienzo del trabajo con los niños también fue muy duro. Si bien me gustan mucho y tengo facilidad para entablar conversación con ellos, me costaba mucho digerir las historias, imaginarme a un niñito de tres años ver a su mamá degollada frente a él. Eran pensamientos que no me dejaban, me costaba dormir, escribía sobre ello, se lo contaba a amigos. La gente me decía “Pero ya no vayas, si te hace sufrir tanto”. Sin embargo, repito, tenía una pulsión -creo que es la mejor palabra para describirla-, que me llevaba hacia allí. Y, en el medio de este dolor, estaba también el lado del amor incondicional de los niños, su gran capacidad de resiliencia. En ese contexto,  entran los juguetes, como parte de este proceso de ilusión, de amor.

Cecilia Larrabure. Fotografías del libro "Ciertos vacíos".
Cecilia Larrabure. Fotografías del libro “Ciertos vacíos”.

Pensaba que lo que no se puede ver en una foto y sí aporta la letra es el nombre de los chicos. Darle un nombre es afirmar su identidad, sacarlos del anonimato de la intemperie. ¿Qué tiene de singular fotografiar la intemperie?

En este caso particular de los niños, la intemperie es el abandono, el estado de desvalidez. Tú mencionabas hace un ratito el tema de darles nombres. Yo lo pensé en algún momento y tuve acceso a sus nombres, no era un tema cerrado. Pero el trabajo, si bien fue hecho en tres orfanatos específicos, también trasciende esa frontera física de los cuerpos, de las personalidades de los niños, para representar un universo más genérico del estado de desprotección de un niño tan pequeño. Es un momento de la vida en el que necesitamos amor a raudales para poder tener más seguridad en nosotros mismos, para poder afianzarnos en la vida, para no tener temores o para tener menos. La intemperie es una buena metáfora de eso, de ese estado.

A diferencia de lo que ocurrió en Perú, aunque aquí hubo huérfanos que sabían del asesinato de sus padres, acá muchísimos niños fueron robados. El modo de restituir la identidad fue devolverles su verdadero nombre, aquel del cual los privaron. Para muchos, eso fue muy importante. Para otros, un verdadero problema, porque habían vivido durante veinte o treinta años con un nombre y, de golpe, se enteraron que tenían o que hubieran debido tener otro.

Cecilia Larrabure. Fotografía del libro "Ciertos vacíos".
Cecilia Larrabure. Fotografía del libro “Ciertos vacíos”.

Sí, sí, conozco bien esa historia, por un amigo fotógrafo argentino. Y conozco lo que están pasando ahora. Ojalá que las cosas mejoren por ahí. Son un país lindo, de gente no sólo muy bella de corazón, sino hipercreativa, hipercrítica. Me encanta el sentido crítico argentino. Y tiempos mejores vendrán. Siempre con la frente en alto, porque recién ahora, después de todo el terror que hemos vivido durante tantos años, en Perú, podemos decir que estamos por fin en un momento donde se hace justicia de verdad. Habrán leído que está presa Keiko Fujimori, lo cual era impensable hasta hace un año. El sistema juducial peruano simpre ha estado en manos corruptas, pero hoy parece despertar de ese letargo. Hay un equipo de valientes fiscales especiales, que están haciendo una labor de limpieza enorme. Confio en que ahora que el Uruguay le negó el asilo al mega corrupto, Alan García, pronto los fiscales puedan encontrar las pruebas y los procesos para meterlo en prisión, que es donde le corresponde estar. Caray, ya basta.

Cecilia Larrabure con el Anartista.
Cecilia Larrabure con el Anartista.




LA DOBLE PUERTA DEL SUEÑO

La sospecha: Entrevista a Liliana López Foresi

Entrevista: Lourdes Landeira, Gabriela Stoppelman, Noemí Pomi
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

 

El mundo entra por la puerta/con mil sabores que no puedo recordar. /Cómo ha crecido lo que miro:/los viejos ruidos ya no sirven para hablar.”
“Hallazgo de las piedras”, Silvio Rodríguez

 

Cuenta el relato de las piedras que, para acceder a un portal, se debe entrar por dos puertas a la vez: la de la voz y la de la palabra. Cuenta el relato del agua que, para comprender la consistencia del movimiento, es bueno intentar sumergirse dos veces. Una, como sal. Otra, como aceite. Cuenta el relato del trino que, para remontar las raíces del suelo, se recomiendan dos camuflajes. Uno, de pájaro. Otro, de serpiente. Y, así, el rostro bifronte de la montaña (melodía hacia el cielo y cadencia hacia el valle), la altura de las estrellas (tantas veces derramadas en los charcos) y hasta el asfalto, (pura urgencia de tránsito y gramática de caminos) cuentan el canto. En todos los relatos, el silencio es punto y contrapunto. Nido y falta. Ausencia y promesa. Pero, sobre todo, amalgama. Es quien mezcla todas las puertas, agita la coctelera y abre el pasadizo entre la dureza del día y el sueño. Allí, en escrituras de entremundos, apremian los capullos de varias fundaciones. Briosos, reclaman un tiempo nuevo, osado en curvas y pliegues. Para la frase, exigen un andar ladeado. Para la tela del verso, una torsión genuina. Dicen que, aunque parezca cosa de ilus@s, el asunto no es tan complicado. La trama comienza en punto cruz. Es decir, doble. Una artista, para la palabra. Otra, para la voz. Desde ese inicio, se despliega la línea. Filosa, sinuosa, entrecortada, firme, mullida, ocurrente. Su andar no resulta nada sencillo. La ruta es escarpada. A cada paso, se tropieza contra el ruido de quienes no cantan, se corre el riesgo de caer en la luz ácida de los puro cuento, de sucumbir ante el peso aplastante de los gigantes sin vuelo. Sin embargo, al fondo, el horizonte es un crisol que vela astillas de antiguos barcos, estelas de viajes y sospechas sin dilucidar, perdidas entre muertes prematuras. Sobre esa línea de lo posible, posa las palabras Liliana López Foresi. Para que la alquimia no se detenga, enciende el atanor, atiza el fuego con la mirada y nos abraza en la conversación. Escuchen cómo abre la doble puerta. Un gozne resuena hacia las palabras. Otro, hacia la voz.

Cornelia Konrad. "Pasaje", 2007.
Cornelia Konrad. “Pasaje”, 2007.


NO DEJE DE AGITAR LA COCTELERA

“Te volví del revés igual que a un maleficio que se quiebra/,
o mezclé tus recintos como en un anagrama cuyas letras truecan el orden/
y cambian el sentido.”
“Variaciones sobre el tiempo”, Olga Orozco


Estuvimos entre tus textos, que son
de temáticas bien variadas.

Agarro todos los sistemas de lectura que me cierren, los entrecruzo, los mezclo, los bato. No desecho nada, a menos que sea una porquería new age, como los libros de autoayuda que tengo allí, todos listos para sacarlos de la biblioteca.

A veces no alcanza, ni con todo el cóctel  junto

Mirá, una vez llegué llorando, estaba con una crisis en la que, literalmente, me decía, “no sé nada”. Ahí llamé a un tachero amigo. Aclaro, “amigo”, porque con Daniel  coincidíamos en todo y nos conocíamos mucho ya, él me había llevado a Radio del Plata, durante un buen tiempo. Si no, soy de las que me bajo de los taxis cuando empiezan con el discurso facho. Entonces, ese día le dije Daniel: llevame a sesión, porque estoy en una crisis que no doy más. Lloraba, a lo gitano, porque también tengo parte de sangre gitana. Estaba desconsolada. Él me ayudó a cruzar la calle, devastada. Como cuando se te va un hijo de casa.

Chiharu Shiota.
Chiharu Shiota

 

¿Y cómo siguió la historia del taxista?

Ah, sí. Ese día, mi amigo taxista me ayudó a cruzar la calle. Llegué arrasada a sesión. “¿Qué te pasa?” me preguntó “No sé nada. Siento que no sé nada de mi vida, nada de mi profesión, nada de nada, estoy en la ignorancia más absoluta” y no paraba de llorar. Venía en proceso de muchas pérdidas.

Más, lo de alrededor.

Y lo de alrededor, que a mí me atraviesa. Trato de protegerme. Mi aparato psíquico utiliza cuanto mecanismo de defensa extraño te puedas imaginar. Siempre lo social me atravesó. Para la profesión, tuve que aprender la disociación instrumental. Y no fue fácil. La realidad me taladra. Todos necesitamos un filtro, el mío es la belleza, el arte.

 

HETERÓNIMA DE VARA ALTA

                                            No existe el infinito:/el infinito es la sorpresa de los límites.
Alguien constata su impotencia/y luego la prolonga más allá de la imagen, en la idea, /y nace el infinito.”
“No existe el infinito”, Chantal Maillard

Vimos que sos muy afín a la poesía.

Liliana López Foresi. Fotografía: Diego Grispo.
Liliana López Foresi. Fotografía: Diego Grispo.

Soy una lectora jodida de poesía. Tengo muy alta la vara para el juicio. Hice seis años de lectura crítica y escritura con Bratosevich y él me inclinaba a que yo escribiera poesía. Pero no me animaba, porque si tenés esa vara tan alta, no llegás nunca. En los relevos de mis textos que ustedes me mandaron, reconocí que algunos estaban bien escritos, pero no recordaba haberlos escrito yo. Siempre me pasó lo mismo. Pero, en la secundaria, “hacerme la rata” significaba ir a leer poemas de Miguel Hernández en las escaleras de la casa de mi tía…

Bueno, eso es ya muy poético.

Ese disociarse… sí, lo es. La poesía como canción está conmigo desde hace mucho tiempo. Hay juglares que admiro muchísimo, como Silvio Rodríguez. También, Serrat. Pero, de maneras diferentes. A ver: muchos crecimos con el Nano. Yo estuve enamorada de él de los catorce a los veinte años, cuando nadie lo escuchaba. Lo descubrí por Horacio Molina, a quien escuché una vez cantar “Poema de amor”. Un día me encerré en una cabina de disquería una hora, hasta que supe de memoria las letras de ese disco. Después, lo compré. Amo al Nano, sobre todo, al que canta con los arreglos de  Miralles. Tiene una poesía muy estructurada y muy clara. Pero yo soy más de Silvio. Primero, porque a los veinte conocí a Serrat personalmente y me enojé con él. Por pavadas, pero me enojé. Y, sobre todo, porque Serrat me activa únicamente la vena melancólica. Cuando yo quiero destrabar el llanto, tengo dos o tres recursos: la bañera llena de agua tibia, el abrazo de mi hijo y escuchar “La espina”, que no es de Serrat, es de Antonio Flores, pero cantada por Serrat. Las lágrimas saltan en horizontal al suelo.

¿Y la poesía de Silvio, con qué te vincula?

Silvio es el único que, aun con los temas conocidos, me hace sentir todas las emociones. A veces lo vuelvo a escuchar y le encuentro algo nuevo. Es el único hombre que siempre me ha aportado novedades, desde mis veinte años. Además, si yo tuviera que reproducir mis soliloquios, lo haría en un poema paradojal al estilo de Silvio.

Salvador Dalí. "Angelus".
Salvador Dalí. “Angelus”.

¿Qué te aporta el lenguaje poético que no te aporte otro lenguaje?

Eso. Belleza. Me hace acceder a la realidad y deja que la realidad me llegue, si no es intolerable.

O sea, la prosa no alcanza para acceder a la realidad.

No. Además, por mi profesión, me vi más obligada a leer ensayo que poesía. Prefiero la narrativa que, además, aporta información e ideas para escribir ensayos maravillosos, prefiero la literatura. Es cierto que hay también en los ensayos material para la novela, pero suelo encontrar más al revés.

 

OÍDO AL TIEMPO

Al fondo de nosotros/podemos ver aún amanecer/en las estrechas calles/y la hilera de cunas en penumbra.”
Joan Margarite, “El último paseo”

¿Escribís ficción?

Sí.

Y no querés publicar.

No. Y eso que me lo han ofrecido. Cuando hacía radio, improvisaba los separadores, eran relatos cortos. Cerraba los ojos y, lo que viniera lo relataba. Entonces, me llamó Vicente Zito Lema para publicar esos relatos. Pero yo no los tenía escritos. Me propuso que los desgrabase y los puliera, según él, eran maravillosos. Un gran halago, pero yo no me animaba ni me animo.

Hidden Reality
Hidden Reality

¿Cuál podría ser el riesgo?

No es riesgo. Mi riesgo es la oralidad.

Bueno, podés sacar audiolibros.

Sí, pero ya hablé mucho.. .En este momento quiero, sobre todo, leer y escuchar a otros a ver qué entiendo. Me deslumbró el surcoreano este, Byung-Chul Han, con “Psicopolítica”. Cortito, preciso, sin…

Me parece bastante chorro, pero…

Pero, de los choreos, podés sacar algunas precisiones que te ayuden a pensar. A mí, “Psicopolítica” me deslumbró, me pareció que apuntó al panóptico digital, al que yo pienso por otro lado. Mi filósofo preferido es Nietzsche, aunque no esté de acuerdo con todo lo que dice. Además, me cuesta decirles filósofos a los licenciados en filosofía, porque entonces: Nietzsche y Spinoza, ¿qué eran? En algún momento Nietzsche explica que se va a estudiar la teoría de los átomos en la Universidad de Viena porque, sólo de esa manera, sus contemporáneos entenderían la idea del eterno retorno, algo que él comprendió a seiscientos metros de altura en una montaña. “Será que nací póstumo”, dijo. Con todos los abismos que me separan de Nietzsche, creo que también nací póstuma. Por eso estoy escribiendo poco, prefiero leer. Por eso publiqué aquello en el ´91. Hay muchas cosas que  hoy repetiría. Como no tolero que me marquen la cancha, las batallas -si hay que darlas- las doy dónde, cuándo y cómo quiero.

 

A LADRILLO DESTAPADO

 “y me confiaste tu curiosa esperanza/de escribir un poema que observara/verso por verso, estrofa por estrofa, /las divisiones y las proporciones/de la remota catedral de Chartres”
“Las dos catedrales”, Jorge Luis Borges


Aun así, ¿qué te da el lenguaje escrito que no te da el oral?

Choi Jeong Hwa
Choi Jeong Hwa

Son tiempos distintos. Y soy muy ansiosa. Entonces, cuando tengo que construir el relato completo, utilizo la técnica que Umberto Eco le enseñó a Héctor Ruiz Núñez, la de los ladrillos. Esa técnica me va. Algunos textos salen fluidamente y quedan así. Por ahí necesitan corrección. Pero, en algún momento, también hay que parar de corregir.

¿La técnica de los ladrillos?

Hacés una investigación o un relato corto y, cada tramo lo separás en un bloque  o en notas. En un trabajo posterior, corrés un ladrillo de la primera investigación a la segunda. Un ladrillo te puede servir para varias investigaciones. Yo quería mucho a Héctor. Mi casa está habitada por muchos amigos. Por ejemplo, Osvaldo Soriano, quien se sentaba en ese sillón enfrente… el abrazo de Osvaldo también me calmaba y me ayudaba a pensar. Yo era excesivamente optimista,quizás por eso siento tanto la caída abrupta en la realidad. Me dicen que estoy pesimista. Pero, bueno, creo soy realista. Salgo a la calle y veo. En el´91 no había internet ni twitter. Entonces, cuando Alfredo Bravo me presentó para incorporarme a la APDH, dijo: “lo que no entiendo es cómo una  mujer, sin respaldo político, económico ni empresario, puede ser perseguida así. Cómo pudiste plantarte contra el holding informativo más importante de toda Latinoamérica y en el menemato…”.  Era la primera mujer contratada para hacer periodismo de opinión política. Quiero diferenciar a los compañeros de Clarín de la cúpula. Y esto Pablo Llonto lo aclaró muy bien, porque ellos en ese momento presentaron ante Canal 13 un escrito oponiéndose a esa censura. Hay un montón de cosas que yo no conté de esa etapa, porque sigo viviendo de la comunicación, son muchos años y no quiero ponerme en el lugar de la victimización.

¿Todavía te duele esa persecución?

Mondongo.
Mondongo.

Dolerme, no. Yo, que me arrepiento de casi todo, no me arrepiento de eso. Me admira la gente que dice “si volviera a vivir, haría lo mismo”, ¡es como no haber aprendido nada! Sí puedo condensar el tema  en un error terrible: a los veintiún años, en el´75, tendría que haberme ido a España. Hubiera disfrutado y hubiera sacado mucho jugo a esa libertad. Ellos lo llamaron el destape. Yo ya estaba destapada. Y tengo un empuje de libertad fenomenal.

Y acá venía la tapada.

Exacto. Gran error no haberme ido. Lo hice por mi familia, que hubiera sobrevivido de todos modos. Me equivoqué, mal. Mi vida hubiera sido distinta. Hay una larguísima lista de cosas de las que me arrepiento, pero las condenso todas en esto, es más práctico. Eso sí, mis enemigos me dieron todo el reconocimiento como para que yo tuviera claro qué tenía y qué no tenía que hacer. Para mí y para los otros. Veintiocho años de censura transcurrieron en esta casa, por eso ahora la quiero vender y mudarme. Hoy digo, “¿tuvo un sentido?” Cuando veo lo ominoso, cuando veo este Apocalypsis Now, creo que sí lo tuvo, pero sólo para mí. No me traicioné.

Valerie Hegarty.
Valerie Hegarty.


DAME UN SÍ

                                               Y leía y releía, con admiración, el aria de bajo, escrita por Jorge Federico sobre dos versículos de la Epístola a los Corintios. —“Y, sobre notas que sólo un ejecutante de primera fuerza podría sacar de su instrumento, estas palabras que parecen cosa de “spiritual”
“Concierto barroco”, Alejo Carpentier

Hay una sensación de que lo poético en vos es siempre entrar en música, para después hablar.

Sí. Toqué el piano diez años. La verdad, yo quería cantar y bailar. “En mi casa, locas no”, dijo mi papá con esa tolerancia tan de él. El trauma fue cuando, a los seis años, alguien me mandó unas zapatillas de punta, zapatos de tacones, todos los vestidos y demás y un  día desaparecieron para que jugara mi prima, a la que se lo reproché durante toda mi vida. Igual, no es eso lo que más le reprocho a mi viejo, sino haberme dejado en manos de mamá en lo relativo a ese asunto. Él quería bailar tap y, entre todas las cosas que guardaba en el sector de la casa -construida por él para toda la eternidad, como todas las cosas que construía– tenía unos tapices maravillosos. Igual, cada empresa que él encaraba se fundía. Hizo de todo: tuvo vivero, hacía mosaicos, tinajas. Ahora, volviendo al tema de lo musical en mi vida, en mi familia  todos tenemos una marca artística que viene de mi nona, rama materna. Mi tío fue un concertista de piano con fobia escénica. Un primo afina pianos con oído absoluto, el otro ejecuta el violoncello. Una familia muy esquizo, en donde las mujeres perseguían el mito del héroe. ¡Y tenían un despelote ideológico que no te cuento! Al mismo tiempo, decían cosas graciosas y muy lindas. Me dan ternura. Al verlas retrospectivamente, agradezco esa contradicción de mamá: una libertaria, que amaba a los héroes, politizada al mango pero, a la vez, una adolescente.

Liliana López Foresi. Fotografía: Diego Grispo.
Liliana López Foresi. Fotografía: Diego Grispo.

Tenía esas contradicciones de lavar los platos, mirarme y decir: “Vos, esto, Lili, no, eh. Nunca”. Y ella me sentó frente a un piano y me inmovilizó, cuando lo que yo quería era cantar y bailar. En fin, me arruinaron todos los sábados de la infancia, el día en que los hombres discutían de política y las mujeres hablaban mal de los hombres. Sobre el varón se decía: “Pobre, trabaja mucho, pobre…” “Se lastimó, pobre…” y así. La minusvalía hacia el hombre era casi completa, “Y… es hombre”. Yo me salvé, con costos, claro. Fui la que rompió todos los mandatos maternos. Por empezar, el de la maternidad, porque tuve mucha dificultad para quedar embarazada. Ellas eran todas de una fertilidad impresionante. Mi nona tuvo su último embarazo a los 48 años. Por otro lado, las miradas del abuelo gitano y de mi papá fueron aprobatorias, tiernas, amorosas, silenciosas. Eso resultó mi fuerza para que el varón no estuviera descalificado internamente. Al contrario, mi otro abuelo, el nono, era el intelectual. En mi adolescencia, me esperaba para discutir, porque los hijos ya no le daban bolilla.

 

EL VIAJAR ES UN HACER QUE NOS PUEDE SUCEDER

“Cuando emprendas tu viaje a Ítaca/
pide que el camino sea largo,/lleno de aventuras, lleno de experiencias./No temas a los lestrigones ni a los cíclopes/ni al colérico Poseidón,/seres tales jamás hallarás en tu camino,/si tu pensar es elevado,/si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo./Ni a los lestrigones ni a los cíclopes/ni al salvaje Poseidón encontrarás, /si no los llevas dentro de tu alma,/si no los yergue tu alma ante ti.”
“Ítaca”. Constantin Cavafis

 

Sos muy familiera en el sentido de agrupar afectos. De hecho, en tu web, tenés colaboradores permanentes que arman con vos como una familia de escrituras

Fotografía de " La fuerza dela sangre", de Carlos Manuel Varela
Fotografía de ” La fuerza dela sangre”, de Carlos Manuel Varela

Hay dos amigos que envían su artículo especialmente para mi portal: Juan Roberto Presta, sobre el tema deportes, que yo ubico en Cultura y Jorge Elbaum. Con Jorge nos conocimos el aciago día de la elección de MM. Víctor Hugo nos había invitado a ambos a la transmisión de Telesur y no nos vimos más. Cuando largué mi sitio en la web, llamé a Jorge para contárselo. No me dejó terminar, mi frase quedó interrumpida por un maravilloso: ¡Contá conmigo! Y van 10 meses que Jorge envía una nota semanal para el portal. ¡Eso es ser amigo! Y poeta, que lo es. No sólo porque escribe buena poesía, sino por la actitud que es, en sí misma, poética.

El otro día hablamos con Diana Maffia y nos contaba que familia viene de fámula, que es sirvienta.

Hay que repensarlo todo ¡Y el lenguaje es tan vivo! Tengo cierto rechazo al diccionario. Inventemos palabras, entonces. Por el momento, no las tenemos. Pero todo lo que una vez nos ha servido ya no nos sirve. Me siento -como casi todos, creo- con la cabeza agachada en el canal de parto. Y no veo más que un páramo delante.

¿Y saldremos esta vez del canal de parto?

Sí. O saldremos para la vida o no descarto que la especie humana tenga que desaparecer. Me parece que, sin ser ambientalista, hace veinte años predico en el desierto. Es una sensación, después me doy cuenta que no porque, en el trato con la gente que me cruzo, es como si yo fuera una prima. Por eso también me gusta mucho viajar sola, con la inconsciencia del turista y la curiosidad de la antropología.

¿Cuándo te sentís sola?

Chiharu Shiota
Chiharu Shiota

La soledad existencial me la banco muy bien. En la otra, me siento sola cotidianamente. Sé que no lo estoy. Me comunico. Pero, como la comunicación virtual es tan pobrecita, tan sin cuerpo, me faltan el abrazo y la voz, que es cuerpo. Mi último error -que duró tres años- me dejó un aprendizaje, reconocer un defecto grave que tengo: racionalizar. Me hago responsable porque tenía un montón de alertas de mi oído, mi vista y mi cuerpo respecto de la realidad, pero interpreté y sobreinterpreté. Así, racionalizaba e iba justificando todo; y claro, metí la pata hasta el caracú. Racionalizar suele ocultar realidad y, en mi caso, ocultó mi necesidad de ponerse en primera fila. Recién en esta etapa estoy aprendiendo a hacerlo. Desde mis veintiún años, cuando no me fui del país, no estuve nunca más primera en la fila.

Aparte de conversar y leer, ¿qué te da deseo con la palabra hoy?

Yo querría estar viajando, ir y volver, ir y volver.

¿Considerás eso un hacer?

Es un hacer. No estoy estudiando antropología por casualidad. Es un encuentro con el otro colectivo. En ese sentido, Cuba es el lugar que más disfruté. En ningún sitio del mundo me sentí nunca tan segura y comunicada. 2008 fue un año de muchas pérdidas y en Cuba me sentí segura como nunca… Viajar en mi cumpleaños es casi un rito. Yo cambio de rito. Si no me es funcional, voy por ese otro. Soy un poco primitiva para eso. Hay una paradoja en mí entre lo muy elemental y lo muy refinado en las expectativas. Por ejemplo, con el amor, no bajo las expectativas. La vara está cada vez más alta. Entonces, es cada vez más difícil. Soy de duelos muy largos. En mi lista de deseos y de faltas actuales, el amor de pareja es una falta, pero está en el número decimoquinto. Aunque parezca contradictorio, si en algo me considero una triunfadora es en el amor. Mi amor. El del otro es asunto suyo.

 

EL PICAPORTE DEL LENGUAJE

                            si servirá de algo abrir la puerta/me pregunto/y andar por el patio
por el mundo entre la gente/abrir de par en par la puerta/para que todo pueda cumplirse/como la hoja de un cuchillo al extremo de un puente/como la red y el roble que salvan la alegría al final del espectáculo/como el canto de las aguas y el susurro de la siesta/como la playa en sombras y el lecho infinito de los amantes reencontrados”
“Abirla puerta”, Edgar Bayley


Con toda esta reformulación que hacemos las mujeres hoy, me pregunto si no es posible re pensar nuestra auténtica necesidad de compañía.

No tolero la convivencia constante mucho tiempo.

 Liliana López Foresi. Fotografía: Diego Grispo.
Liliana López Foresi. Fotografía: Diego Grispo.

Pero varias veces volviste a estar acompañada.

Bueno, estuve casada tres veces. Sólo con uno estuve diez años y sigo siendo su amiga. Pero necesito mis horas de silencio, de soledad y de autonomía. Cuando te separás, al principio, una extraña los ritos pactados, cotidianos, estas cosas de las que también habla Silvio, la mano en el picaporte… pero nada más. No extraño. Al contrario, disfruto mucho de vivir conmigo y de recibir. Ya tuve mucha convivencia. Sería lindo, sí, tener un compañero que no viviera conmigo, por supuesto, que tuviese su casa. Pero también tengo muchas exigencias: a esta altura de la vida, de ninguna manera puede ser mayor que yo. Es un constructo cultural esto de que sólo los varones se enganchan con una chica jovencita, con una impar, hay una gran confusión en eso. Aparte de la edad, algo menor o igual a la mía, el hombre tiene que estar en zona ideológica o histórica parecida, e incluso en la zona de lenguaje de mi generación. Hay una actitud de las mujeres de mi generación y una manera de los hombres de mi generación. Escucho diputados y senadores y recuerdo a los que perdí y a los que dejé de ver. Recuerdo el hall de la Facultad de Derecho, con los discursos y discusiones feroces que teníamos todos con todos: con los guevaristas, con los troskos, los troskos con los peronistas de izquierda, estos con los peronistas de derecha. Esa etapa maravillosa del año´72 en que pegamos todos los carteles, que luego la democracia quitó. Sin embargo, los pegamos. Nos comimos los palazos, pero  estábamos vivos. Esa formación de pibes de dieciocho, veinte años, ¡era de una brillantez! Hoy escucho diputados a los que les estamos pagando ciento setenta mil pesos por mes, que no leyeron ni Patoruzú. No cierran una idea. No hablemos de Michetti, que ya es un caso aparte, no podemos hablar de lenguaje ahí. El campo de lo cognitivo y de ideas y Michetti son dos cosas separadas. Ahí sí existe una grieta profunda.

Se ve ahí también un cierto desprecio al lenguaje como manera de producir pensamiento.

Es que no están formados. Son ignorantes y no les importa el Otro. Los medios de comunicación tienen mucha responsabilidad. El llamado blindaje es evidente.

Pero que estén donde están…

Sebastian Preece.
Sebastian Preece.

Habla de que los ignorantes estuvieron agazapados  en nuestro pueblo. Son un tercio. Esto es lo que me irrita y me llena de ira. Esa ira encubre una  tristeza y un gran dolor. Igual, también hay una complicidad, sobre todo, con las mujeres.Yo salgo a la calle y me abrazo con la verdulera sin necesidad de tener que decirnos nada. Cuando voy a la farmacia, también se dan esos sobreentendidos con las chicas. Esto es algo que ha evolucionado. En 2015, hacía unos años que no viajaba un mes seguido a Europa, y noté -en los subtes, trenes y bondis- una cierta sonrisa, una cierta mirada aprobatoria entre mujeres occidentales, musulmanas, todas.

Y, con respecto a los discursos feministas, ¿cómo lo ves en las nuevas generaciones?

Bueno, las nuevas generaciones están descubriendo el feminismo y las largas luchas por las que siento mucho respeto. A su vez, estoy más de acuerdo con las feministas francesas que con las norteamericanas. Las norteamericanas se radicalizaron de tal manera, que constituyeron -al igualar una ablación de clítoris y una mano metida donde no se debe en un transporte público- un estado penal respecto de esto. Hay un libro que recomiendo: “Hombres – mujeres”, de Elisabeth Badinter. Lo de las francesas es más abierto, inclusivo. Hablan de lo que verdaderamente pedimos: justicia. Ni más ni menos. Es un acto de fe. Lo hablo mucho con Eduardo De la Serna, quien me dice que es un acto de fe pedir lo que no hay. Está bien, porque soy adogmática, no tengo el gen del “seguidismo”. No soy católica, pero, ideológica y políticamente, soy cristiana

¿En qué tenés fe?, ¿en el lenguaje?

Sí. Creo en el poder de las palabras y en los otros lenguajes también.

Chiharu Shiota.
Chiharu Shiota.

 

NO FUNCA, KAPUTT

 “Se durmieron todos, /cachó la barreta,  /Si Jesús no ayuda, que ayude Satán/ ¡Un vidrio, unos gritos! ¡Carreras!… ¡Auxilio!/Un hombre que llora,… y un cacho de pan…”
“Pan”, Celedonio Flores


Con varios entrevistados notamos cierto pudor al criticar a la democracia, por no quedar pegados al discurso golpista, ¿qué pensás?

Mientras haya capitalismo, en su versión más perversa, el neoliberalismo, la democracia es inexistente, una ficción que todos convenimos en crear para seguir vivos, para inventarle un sentido a una etapa de nuestra vida que -por ahí- no lo tiene. Y dale, que sigan funcionando la pulsión y el deseo. Ese “como si” -con institutos como el referéndum o el plebiscito- es una de las cosas que más me irritan. En los ´90, yo proponía fundar de nuevo porque esto está mal parido. Empezó mal, desde varios sistemas de lectura. Yo quiero una democracia participativa en la que, si van a construir un puente, me lo pregunten. Porque eso cuesta muchísimo dinero y tiene que durar muchísimo tiempo.

Después de los 90, vino toda la etapa del kirchnerismo. Cuando se terminó, muchos sacaron otra vez a relucir esa teoría de los ciclos, que implicaría una inevitabilidad del retorno de un periodo de vacas flacas, después de uno de vacas gordas…

No, no. Un amigo, de formación trotskista, me decía que le asombra la falta de rencor de los peronistas. Es muy impresionante el abrazo de un peronista con Rojas, uno de los ejecutores de los bombardeos al pueblo, después de dieciocho años de proscripción. Notable.

Entonces, ¿no creés en el determinismo de los ciclos?, ¿los ciclos de pueden romper…?

Chiharu Shiota.
Chiharu Shiota.

Los ciclos no solo se pueden romper, se deben romper. Hay que saber en qué momento, porque ya perdimos una oportunidad de hacerlo en los tres primeros meses de este gobierno. Cuando vos ves que, por DNU, te derogan una ley, ya está…  Hay cosas que no discuto. Los treinta mil desparecidos no se discuten. Por otra parte, hay muy pocos interlocutores. La derecha uruguaya es una derecha con la que se pueden intercambiar ideas, por ejemplo. Aquí, ¿con quién discutís?

Lo de la democracia participativa sería muy difícil con tanto interlocutor no válido.

Exacto, sería muy difícil, pero no se encuentra otro sistema, por ahora. El socialismo sería otra posibilidad. La democracia cubana, otra… o pensar algo nuevo, no sé qué, pero esto no. Hasta ahora es lo único que, más mal que bien, funcionaba. Bueno, ahora no está funcionando. Se agotó.

Hay mucho interlocutor no válido que cree que, cuando las cosa andan como ahora, es que funciona.

Sí. Mirá, en “El país de las mujeres cautivas”, un libro de Luis Frontera, se presenta una visión lacaniana de nuestra composición social. Y se dice que somos producto de mujeres violadas, somos hijos no deseados ¿Viste que siempre se busca al padre? La madre, la matria, no está. La madre es la madre de nuestros primos españoles. Tenemos un despelote realmente notable en el inconsciente colectivo. Por eso, en la nueva fundación, yo proponía que diéramos cartas de nuevo. Podemos tomar todos los sistemas de lectura que quieran, incluso, los despreciados por ciertos intelectuales, como la astrología.

Igual hay algunas revisiones de eso.  En un libro de Libertad Demitrópulos, “El río de las congojas”,  hay una mujer matria. Pensaba también en Felipe Pigna, que siempre reivindica a las mujeres que pelearon con Belgrano.

Sí, la Manuela Sáenz con Bolívar, la amo… No hay país en que las mujeres no estén en paridad en ese combate libertario. Y nosotros, al paso que vamos, necesitamos 450 años para igualar, para liberarnos del patriarcado. No lo vamos a ver.

SER O  ESTAR BUENO

“No supe descifrar las palabras de mi hermano. Pero poco a poco lo fui entendiendo: la cosa más viva y verdadera que sucedía en Jerusalén era aquel río sin nombre. A fin de cuentas, la prohibición de lágrimas y oraciones tenía un sentido. Mi padre no estaba tan enajenado como creíamos. Si había que llorar o pensar se haría solamente allí, a orillas del río, de hinojos sobre la arena mojada.”
“Jerusalén”, Mia Couto

 

Hace un rato nos ibas a contar un sueño…

Puerta de la justicia, Andalucía.
Puerta de la justicia, Andalucía.

Yo le había preguntado a Leopoldo Moreau si me iba a tener que ir del país. “Noooo…”, me contestó, con mucha tranquilidad. Fui a hacerle la misma pregunta a De la Rúa, en una entrevista de tres minutos “¡No, Liliana, de ninguna manera…!” Saludé y me fui. Antes de que asumiera, soñé con el puente de la Facultad de Derecho. Había que fundar de nuevo, a mediodía. Se hacía la hora y yo veía que el tipo no iba a llegar a tiempo. Entonces, con una tiza, me paraba en la mitad del puente y hacía una cruz. Fundaba en soledad. Bueno, la comitiva no llegó nunca, no se fundó nunca. Y todavía andan sueltos con cuarenta muertos en el camino.

Nuestra revista tiene un tema por número. En este, es la sospecha.

Estoy en un momento en que pongo todo en cuestión y bajo sospecha. Empezando por mí misma, por supuesto. Todos estamos bajo sospecha, cuestionados y cuestionables. Y todo está en crisis. Si no, no hubiéramos tolerado estos tres años. ¿Creer en las propuestas? Todo bajo sospecha. Rescato a Evo y a su maravilloso vicepresidente. Bendito sea Evo, por favor, que lo reelijan. Pero, si no hay pueblo movilizado, no se puede nada.

Una de las cosas que dijo Linera en CLACSO, y para mí es central, es que, si no se conquista el sentido común, no hay forma de que las políticas progresistas duren. Eso junto con la ecología y la sostenibilidad del proceso económico, pero también el sentido común. Es decir, puso el lenguaje como un territorio que nosotros perdimos.

Nosotros lo perdimos. A ver: todo saber tiene un sustrato antropológico, incluyendo la teología, que me parece la más sutil y alta de las ciencias. El discurso no es sólo la palabra. Esto que tenemos es un discurso armado, duranbarbista, ramplón, básico, ofensivo a la inteligencia de cualquiera

Pero con eso ganaron.

Con eso se gana porque exige poco. He llegado a tal extremo, que dejé de usar la palabra merecer. Cuando estoy a  punto de decirla, la elimino. Jamás he caído en un “está bueno” porque, en mi formación, ser y estar son dos cosas diferentes.

Pero un poco esto de no usar amarillo, no decir alegría, no decir merecer… ¿nos están robando palabras que significaban otras cosas?

Alicia Martín. Instalación con libros.
Alicia Martín. Instalación con libros.

Hay que inventar otras cosas. Bueno, todos nosotros estamos resignificando las palabras, eso también es nietzscheano. Vos decís “sentido común” y lo interpretás de una manera. En el momento en lo digo yo, ya estará interpretado de otro modo. Sentido común…, no sé si hubiera usado esa expresión.

Creo que se refería, sobre todo, a instalar palabras que  signifiquen con fuerza contra la construcción de realidad que ellos hacen.

Que señalen la obvia injusticia. Es lo que hace el grupo de curas en opción por los pobres. Lo obvio, atravesado por lo espiritual y por la palabra. La disputa por el lenguaje no se debe entregar nunca, al contrario, hay que ponerse más reactivo todavía. Vuelvo al libro de Luis Frontera. Nosotros tenemos un padre que es la ley, a quien le tenemos terror, no lo entendemos, pero lo obedecemos. Todo esto es muy lacaniano. Él lo comparaba con el modo de bailar que tienen quienes bailan cuartetos: dicen sí con la palabra, pero niegan con la cabeza. Me pareció excelente, una imagen muy útil para  mostrar cómo trabajan los medios de comunicación, cómo difunden a mucha velocidad  e instalan cosas que no se entienden. ¡Dejemos de decir fake news y digamos noticia falsa! ¡Es noticia falsa!

A la vez, parecería que cuando la penetración cultural viene en el propio idioma y no en otro, es más difícil de advertir.

Eduardo Basualdo.
Eduardo Basualdo.

Sí. El estar de “está bueno” habla de un neoliberalismo y de una posverdad de forma clarísima, es una de las cosas más claras del discurso macrista. Después se difunde y lo escuchás en todos lados. Yo tengo una alergia en el oído externo, que se curaría nada más que con un poquitito de justicia, con una esperanza en la existencia de un proyecto. Hace poco, se hizo un relevamiento de chicos adolescentes. Algunos estaban fumando paco, otros no, otros tomaban cerveza, algunos se drogaban y otros no. Preguntados por su expectativa de vida, “veinticinco”, dijeron. Si esa es tu expectativa de vida, ¿cómo no te vas a drogar?, ¿cómo no te vas a emborrachar? Es matar o morir. Es humano, demasiado humano.

 

DIGA NIEVE EN ESQUIMAL

                                   “Sabéis que llevo un esquimal dormido/en el lugar del corazón.
Después de abandonar las catedrales, /el diapasón febril de las tabernas, /llegué al confín, a la frontera inalcanzada. /Sabéis que llevo un arenal baldío/en el lugar de las palabras. /Por debajo del miedo, /por caminos cerrados desde antiguo, /se aventuró la mano hasta el silencio. /Sabéis que llevo una pupila roja/en el lugar de la alegría.”
“Lugar”, Susana Thenon


Me llama  la atención eso de que, hace veinte años, venís predicando en el desierto. Hoy, con  la tecnología, ¿cómo cambió la difusión de tu prédica?

Y, con la tecnología, con las redes, no hubiera sido tan fácil la censura sobre mí. Mi hijo no hubiera necesitado custodia siete años después, porque lo amenazaron. No hubieran entrado aquí cuatro veces ni movido todas las cosas, no hubiera sufrido dos atentados.  Además, yo no me había puesto en contra de nenes de pecho. Las cosas cambiaron mucho. Hoy, en  los títulos, dice “Durísima respuesta de Fulano de Tal a Fulano de Cual…”. Voy a buscar la durísima respuesta y leo: “Hay que tomar cartas en el asunto” o “Hay que llegar hasta las últimas consecuencias”. La nada. La vacuidad absoluta. Bueno, en el vacío también se puede y hay que construir.

En varias notas editoriales te referís a la vivencia de distintos tiempos. Había un ensayista que hablaba de la novela decimonónica como un espacio con tiempos homogéneos y vacíos. ¿Qué experiencia del tiempo tenés cuando escribís y qué experiencia del tiempo tenés cuando, esa misma palabra, la usás en la radio?

Chiharu Shiota.
Chiharu Shiota.

En la radio, al menos en la que era, todo es misterio. Una cierta decadencia viene desde hace mucho tiempo. Al margen de que no existían las redes sociales ni internet, la censura sobre mí no hubiera ocurrido, si mi propio medio se hubiera ocupado de divulgar. Para TEA, cuando publicó los cincuenta y los sesenta años de la televisión, ¿sabés qué había pasado en el ´91 periodísticamente? Showmatch. La verdad es que lo único periodísticamente relevante del año ’91 fue la primera censura y a una mujer. Una mujer que tenía opinión política. El género tampoco  aprovechó esto. Porque yo me fui un viernes y el lunes, ese lugar lo ocupó un prócer rígido, que pasaba las noticias.

Sin opinar.

Sin opinar y ganando cincuenta mil dólares. Ahí el género perdió una oportunidad  fenomenal. Por lo menos, la de exigir que allí hubiera una periodista.

Y, cuando pudiste, ¿cómo se vivenciaba el misterio de la radio?

Yo estoy cómoda en el misterio, así como en la paradoja. En la radio el misterio comenzó a perderse cuando cualquiera pudo ponerse delante del micrófono y decir cualquier verdura con una voz que no era radiofónica. Podríamos decir: no importa, si el contenido es bueno, que tenga la voz que tenga. Pero, incluso en lo edilicio, eso de tener una radio en un departamentito con una sola puerta…. Miren, la doble puerta tiene un sentido en radio. Está la puerta del operador y la puerta del estudio. Después de abrir la primera puerta, vos estás en un vacío, en un no espacio. Estás en no lugar, que es imprescindible para hacer radio. Después abrís la puerta del estudio. El estudio no debe tener ventanas, no se debe ver si hay sol o nieve. Porque, a quien te escucha, si vos le decís “¡Qué lindo día!”, mientras él está en un lugar donde llueve, lo estás dejando solo, lo expulsás con la palabra. Uno se comunica de soledad a soledad. El otro te recibe en soledad, aunque esté acompañado. Y vos emitís en soledad, aunque te rodeen todos los compañeros. A mí me gusta mucho trabajar en equipo. Me gusta que transcurran tres horas, quizás, sin pasar un disco, porque participa el oyente. Eso es el misterio en la comunicación. Eso se perdió. Vos me hablás del lenguaje, ¿cuántas palabras tiene un esquimal para decir nieve? Setenta, porque lo rodea la nieve y necesita decirla de diferentes maneras, connotaciones y denotaciones.

 

RELOJ DE PULSO

            A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.”
“Amigos por el viento”, Liliana Bodoc

¿Y el tiempo de la escritura?

Chiharu Shiota. "Form of Memory," 2018.
Chiharu Shiota. “Form of Memory,” 2018.

Es un tiempo tenso. Odio los relojes digitales.  Antes, vos sentías las estaciones, veías cómo brotaban las cosas, vivenciabas tu tiempo. Así fue hasta la llegada de  los relojes y del uso que hizo la iglesia de ellos para marcarte el día, las horas, la oración. Pero existen otras vivencias del tiempo, la del tiempo circular, por ejemplo, maravillosa forma. Ningún reloj más maravilloso que el de Praga. Ninguno. Ese es el tiempo.

Un espectáculo impresionante hasta las lágrimas.

Y, porque es la muerte la que sale.

Claro. Pero es  un tiempo teatralizado, que está dentro del reloj, no el modo habitual de medir los transcursos, de forma lineal y especializada.

Exacto. El  tiempo lineal no existe. El tiempo no es lineal. Es decir, yo vivencio el tiempo como los físicos cuánticos. Ellos me deslumbran y  están en la misma postura que los místicos.

Una cosa puede estar en un tiempo como materia y, en otro, como energía.

Claro. Tenemos la mirada muy acotada. Nosotros vemos en veinticuatro cuadros, ¿y si viéramos en setenta y ocho?

Sí, ¿y si viéramos otros colores, en más espectro?

Sí. Lo que pasa es que la cultura fue muy aceleradamente. Nosotros seguimos siendo un organismo paleontológico, comemos como si nos persiguieran los tiranosaurios, estamos desfasados. Podemos experimentar un tiempo diferente, porque el cuerpo lo vivencia diferente.

Sos ansiosa, pero no te llevás bien con la urgencia.

No. Sufro mucho la presión y la urgencia. No así, la emergencia. Ahí funciono. Yo hago, después me desmayo. Pero, en el momento, funciono. Hago todo lo que hay que hacer y con una energía que me desconozco. Pero mi tiempo nunca es lineal. Y en la escritura lo es menos. Mi tiempo modula y modula muy profundamente, no le encuentro el cierre.

 

LA VUELTA DEL CUARTETAZO

                                                           Ustedes que llegaron a puerto/ y ustedes cuyos cuerpos sufrirán el proceso y el juicio del océano/ U otro acontecimiento/, este es su verdadero destino”/ —Dijo Krishna, como cuando amonestó a Arjuna /en el campo de batalla. / No, adiós/ sino adelante, viajeros.”
“Cuatro cuartetos””, T. S. Eliot

Para terminar, hablaste muchas veces del cuerpo.

Chiharu Shiota. 2018.
Chiharu Shiota. 2018.

El cuerpo habla el  ochenta por ciento. Con la palabra se puede mentir. Con la voz, no. Por eso amo la radio. La televisión es más distractiva, tenés que poner doble atención en el cuerpo y en lo que está diciendo. Si observás detenidamente, en la tele, con el cuerpo están diciendo una cosa y con la palabra, otra.

¡Son los del cuarteto!

¡El cuarteto periodístico! Uno dice “¿Pensás que es así?” Y el otro, negando con la cabeza, le va a contestar “¡Sí!”. Pero, escuchame: no te cruces de brazos, ¿por qué te restregás las manos? A algunos, con quienes  tengo simpatía, se los digo. A los otros, no. Que se hundan.

Spinoza decía “nadie sabe lo que el cuerpo puede”

Es que nadie lo sabe. Y una mujer es poderosísima en eso. Hay una sintonía, la biología nos hizo así y, además, con el cuerpo, portamos memoria. Somos muy poderosas para bien y para mal. Somos la memoria espiritual de la humanidad.

¿Qué es el espíritu para vos?

Es eso que no podés nombrar, eso inefable, lo que hace la diferencia.

¿Lo asociarías con la poesía?

Absolutamente.

Liliana López Foresi con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Liliana López Foresi con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.




PUENTE SOBRE ESFERAS TURBULENTAS

La sospecha: Entrevista a Diana Maffia

Entrevista: Lourdes Landeira, Julieta Strasberg, Vanesa Acosta, Noemí Pomi, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

                        “Cuando llegue la oscuridad/y te envuelvan las penas/como un puente sobre aguas turbulentas/Yo me desplegaré/como un puente sobre aguas turbulentas/Yo me desplegaré/Navega, chica plateada/Navega/Ha comenzado a brillar tu estrella/todos tus sueños se verán colmados/Mira cómo resplandecen”
“Puente sobre aguas turbulentas”, Simon & Garfunkel


Se oteaban de un extremo  al otro, mientras se sacudían el barro de la orilla. Vaya a saber qué capricho del diseño o qué perversidad de la geometría las obligaba siempre a pulir esa forma perfecta de esferas gráciles, con volúmenes etéreos y contornos finos. Intocadas e intocables, guardaban para sí el secreto de aristas y curvas y filosas y se mojaban la mirada en la increíble solidaridad entre parcelas y jirones del agua, esa poderosa ronda del tiempo, llamada río. En eso, algunas se atrevieron a mirar las formas irregulares en los reflejos del líquido. En las combas y  en los relieves amontañados, las esferas atisbaron una nueva belleza. Entonces, no se sabe a ciencia cierta hacia dónde fueron primero las manos: si hacia el roce, si hacia el abrazo o si encararon directamente hacia los fundamentos del puente. La idea se conversó entre fulgores y sombras de las miradas. Una escritura de intersecciones y traducciones gestó el vientre de nuevas geometrías. En el Ministerio de Formas y Afines se convocó a una reunión urgente, donde concurrieron el Gran Geómetra y todas las líneas de sus asesores. Las propuestas fueron desde tentarlas con un curso de capacitación en diseño de puentes, con unos días de vacaciones pagas, hasta la distribución gratuita del “Libro de las verdades testiculares”. Mientras ellos así debatían, las esferas organizaban materiales y tactos, vuelos y medidas, encontronazos y limaduras de asperezas. La ronda del tiempo se sumó a ellas en un recodo. Aliada, atendió la sed, refrescó los sudores del amor y de la piel. En los descansos, el río contó siglos de abusos y tajos, mientras las esferas buscaban nuevas palabras para no transformarse en las siervas de ninguna etimología, de ningún sueño ajeno. Cuando el Gran Geómetra dio la orden de rodear el lugar e impedir la continuación de las obras, el puente ya estaba casi listo. Ellas, turbulentas y tumultuosas, habían asumido contornos nuevos, se habían atrevido a varias audacias en los perímetros y se preparaban para esperarlos sobre el recién nacido puente, con todas sus zonas de frontera bien estrechadas. Al llegar, a los hombres del Ministerio se les confundieron los asombros con las chicanas, el estupor con el rechinar de dientes. Algunos, sin embargo, escucharon el llamado del río y se sumaron al grito de las constructoras. Había que ir por más, multiplicar los arcos y las formas. Otros quedaron varados en la orilla y, aunque el reflejo del agua intentó mostrarles los filos y las ligaduras de sus rostros, ellos aún se veían redondos y puliditos, como bola de cristal recién narrada en un cuento. La historia, sin embargo, se escribió de cara al horizonte, sobre la estrecha alianza entre el primer puente y un conglomerado de esferas turbulentas. Ahí, al pie de ese arco, conversamos con Diana Maffia.

 

Kandinsky. "Composicion VII"
Kandinsky. “Composicion VII”

 

LOS MEJORES EXTACTIVISTAS POSIBLES

                                   “El invisible pueblo de la memoria más vieja. Perdida por propio designio, has renunciado a tu reino por las cenizas. Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes. No obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla de ti como si fuese una piedra a ella, tu solo privilegio. En un muro blanco dibujas las alegorías del reposo, y es siempre una reina loca que yace bajo la luna sobre la triste hierba del viejo jardín. Pero no hables de los jardines, no hables de la luna no hables de la rosa, no hables del mar. Habla de lo que sabes. Habla de lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante de tus huesos, habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación, de tu traición. Es tan oscuro, tan en silencio el proceso a que me obligo. Oh, habla del silencio.”
De “Extracción de la piedra de la locura”, Alejandra Pizarnik

Buscamos distintos textos para abordar una temática variada.

Sí. Este fue un año particular, con el tema del aborto y de las diferentes violencias. Aunque estuvimos trabajando mucho en ciencia. Miren, en la Provincia de Santa Fe hay una ministra, Erica Hynes, a quien recomiendo seguir en las redes. Esa provincia es la única que tiene un plan de igualdad de oportunidades y de trato. Algunas ciudades, como Buenos Aires, Rosario y Mar del Plata, fueron las primeras en tener planes. Como provincia, la única es Santa Fe. Ayer me encontré con Fabiana Túñez y  me dijo que ya presentan un Plan de Igualdad de Oportunidades y de Trato nacional. El plan de Santa Fe, que acaba de cumplir cinco años, está planteado desde una perspectiva de igualdad de género. En cualquier política pública, el marco de trabajo tendría que ser derechos humanos y equidad de género, son dos obligaciones constitucionales que se suelen saltear, por ignorancia, por mala fe, y a veces las dos cosas

Pensamos que en el tema de la ciencia se juntan dos problemas. Por un lado, el de la jerarquización, ¿a qué cargos van las mujeres? Y, por otro, el del modelo agro exportador trasladado al ámbito de las ciencias. En un texto tuyo, decías:Varsavsky advierte que es imposible encontrar resultados originales y aplicables en esas condiciones, ya que la división internacional del trabajo científico segrega las funciones de los científicos del sur a la recolección de datos y réplica de experiencias”

 Anizh Kapoor. "Cloud Gate".
Anizh Kapoor. “Cloud Gate”.

Un ejemplo, que económicamente es muy poderoso, es el de los laboratorios, grandes capitales multinacionales con enorme poder. Recordemos que, acá, cayó Illia cuando quiso hacer una ley de medicamentos. Al ser médico, sabía cuál era el efecto sobre la salud pública de un monopolio de los laboratorios en relación con los medicamentos. Los laboratorios dicen: “el medicamento es caro porque no es sólo la materia prima y la fabricación. Es todo lo que invertimos en investigación”. Pero la inversión en investigación requiere trabajar un poquito cualitativamente. Cuando yo fui diputada hice una ley de protección de los pacientes en protocolos de investigación clínica. Hablé con el Ministro de Salud, el Dr. Lemus, que venía de ser director del Hospital Fernández y de dar la materia “humanidades médicas” en la facultad de medicina. “Humanidades médicas” es bioética y, desafortunadamente, no es una prioridad para los médicos. Yo venía trabajando en los protocolos de investigación clínica, es decir, en comités de ética de la investigación. El problema que ustedes plantean aparece en la frase “extractivismo intelectual”. Profundicemos a ver qué pasa políticamente con eso: ¿cuál era el debate con el código de ética de investigación que iba a regir la investigación clínica y que es distinto de la bioética, que es la aplicación de la medicina, la aplicación terapéutica del saber médico? Del código de investigación clínica, acá se estaba discutiendo un artículo, una palabra y eso es lo que pasa a veces en los debates internacionales. Primero, la persona que entra a un protocolo de investigación clínica, se supone que entra voluntariamente. Y no siempre entra voluntariamente. Cuando yo era defensora del pueblo, una paciente oncológica vino a decirme “Fui al hospital público y me dijeron que sólo me atendían si entraba en el protocolo de investigación”. Si no, la mujer no podía comprar los medicamentos oncológicos, que son carísimos. Es eso o nada. Pero volvamos: si una persona entra voluntariamente al tratamiento, tiene que recibir el consentimiento informado, que no es un papel inentendible que lo firmás para que el médico no tenga problemas, sino que es una excusa para que, si algo sale mal, el médico diga “Ah, no. La persona aceptó”. Y si lo leés ves que el paciente se hace responsable absolutamente de todo lo que salga mal. Está claro que no es posible que alguien firme en contra de sus derechos. Esto es interesante, lo expliqué mucho en las escuelas católicas donde les hacen firmar a los padres un papel donde afirman que, si se divorcian, el niño va a ser echado del aula. O un escrito donde supuestamente se consiente a que, si la niña queda embarazada, se tiene que ir de la escuela. A ver, vos podés firmar eso, pero no podés acordar estar en contra de tus derechos. Firmalo formalmente, pero si llega el momento lo litigamos y lo ganamos. Bueno, en el caso de la  entrada a un protocolo de investigación, la persona entra al protocolo firma su consentimiento informado y, si sale mal, el laboratorio que financia ese protocolo, le tiene que dar “el mejor tratamiento posible” o “el mejor tratamiento disponible”. El mejor tratamiento posible quiere decir el que tenga más eficacia. El disponible puede querer decir agua caliente, si estás en África, en el medio de una toldería. Si la investigación sale mal y el medicamento falló, ¿qué tratamiento le dan a la persona? Es un problema grave.

 

LABORATORIOS,  ALL INCLUSIVE

                                               “El crédulo señuelo/, enamorado del Mago, / ¡Que ayer nos desdeñó!”
Emily Dickinson

Diana Maffia. Fotografía: Diego Grispo.
Diana Maffia. Fotografía: Diego Grispo.

Yo fui ocho años secretaria científica de un médico anestesiólogo. Parte de mi tarea la hacía en su biblioteca personal, en su casa. Coescribí con él trabajos y trabajé mucho tiempo, cuando él hizo un postgrado en anestesiología en el Hospital Italiano. El Dr. Oreste Ceraso. A fines de los 70, el modo de investigación era así: venía el visitador médico, el que te ofrece muestras gratis, y decía: “Venimos de parte del laboratorio, a ofrecerle que se haga cargo de una investigación sobre cinco mil pacientes, para probar esta droga. El laboratorio le proveerá la droga y dos computadoras para el Servicio – en ese momento, eran tarjetas perforadas. Se le va a pagar equis cantidad por paciente. Le damos las tarjetas, el tarjetero y dos pasajes para el Congreso Internacional en… -siempre  es un lugar paradisíaco- con todo pago para usted y un acompañante”. El arreglo era entre el laboratorio y el Jefe de Servicio, quien indicaba a su vez cuándo y en qué se aplicaba ese medicamento. Eso implicaba que vos podías decidir que, desde ese momento y durante  tres meses, le aplicarías ese medicamento a todo el mundo o podías tener principios éticos de la investigación y decidir que no se aplique a ancianos, a mujeres embarazadas. Igual,  se lo aplicás a alcohólicos, a ver qué pasa; a adictos a las drogas, a ver qué pasa;  a niños, a ver qué pasa. El límite que pusieras quedaba en tu ética. Y de ese límite dependía el tiempo que ibas a tardar en juntar los tres mil o cinco mil casos. Nadie te decía que transgredieras el código de ética profesional. Pero, te pagarían tanto por paciente si, con un trabajo de investigación, presentabas los efectos de esta droga. Ahora, ¿cómo ibas a presentar los efectos de esta droga?, ¿con todo lo que salió mal?, ¿con todas las contraindicaciones?, ¿cómo ibas a seleccionar esos pacientes? Quedaba librado a la ética del jefe de servicio. A mí me aterró eso, porque cuando empecé a trabajar con el anestesiólogo, vi cómo instruía a su gente diciéndoles “Ojo con esto, que acá hay que poner estos resguardos”. Y yo pensaba que habría muchos otros que no ponían ningún resguardo. Tenga una amiga pediatra que fue a hacer una suplencia de un colega dos meses. El jefe de Servicio era un amigo de ella. Empezaron a llegar los pacientes, bebés a los que se les estaba administrando antibióticos. Atendió a diez de ellos que recibían el mismo medicamento, desaconsejado para bebés. Fue a decírselo al jefe de servicio. El tipo le dijo: “Cerrá los ojos o no podés trabajar acá”.Eso fue hace unos ocho años. Ese es el contexto habitual entre laboratorio y profesionales, y lo quiero marcar para que veamos el valor de la ley que le propuse al ministro: se trataba de crear comités de ética de investigación. Le pregunté si él estaba de acuerdo en que un comité de ética de investigación no era lo mismo que un comité de bioética. Me dijo que sí. Yo era opositora al partido gobernante, y me parece que hay que trabajar con quien quiera avanzar en Derechos Humanos, siempre. Pero le pregunté si él aplicaría una ley que yo redactara y él consintió. Entonces, hice esa ley con la anuencia del partido gobernante, el PRO, y con la participación del FPV, cuyo presidente quería ver la cuestión económica entre el laboratorio y el hospital, mientras que  yo quería ver la cuestión de protección de derechos de los pacientes. Logramos unificar dos leyes y hacer un comité de ética de la investigación en el Ministerio ¿Cómo se hacía hasta ese momento? No es que no había evaluación de los proyectos, pero existían tres comités de bioética que se trasladaban los proyectos entre sí y evaluaban.

Leonora Carrington
Leonora Carrington

Ese no es un método transparente de evaluación. Con la nueva ley, el arreglo era del laboratorio con el hospital y no con quien debía después aplicar el medicamento. El dinero que se obtenía iba para el hospital, salvo un porcentaje para el Ministerio de Salud de Nación, sólo aplicable a investigación clínica, o sea que era una fuente de financiamiento para investigación que a los laboratorios no les interesa: casi todas las drogas baratas- como las antituberculosas o ciertas vacunas que no interesan económicamente, o la investigación sobre el mal de Chagas- tenían un fondo proveniente de los laboratorios para que el Estado investigara. Y por supuesto que quienes participaban recibían sus honorarios, pero esto no era ya de manera interpersonal y sin control del hospital, sin control de los Comités, sin control del Ministerio.

 

DIE DEUTCHE MAYAS

                                   En tiempo de langostas/o sequía/en tiempo de mentira/cuando los cerealistas se lanzaban/a quiebras fraudulentas/nube negra/pájaro de rapiña/o era alto el arancel/llegado el momento/de cambiar por vacas al gringo/y todo su esfuerzo/mis abuelas cambiaron/el percal de sus vestidos/por las ásperas bolsas/que sobraban/del maíz o del trigo/En tiempo de langostas/o sequía/en tiempo de mentira.”
Diana Belessi

                                                         
Bueno, existía en el Congreso una Comisión de Salud, con una presidenta y un director. Este es quien ordena cuáles proyectos se discuten y cuáles no. Retardó todo lo que pudo la discusión, hasta que vino del propio ministerio la exigencia de que se tratase el proyecto. El director me dijo que íbamos a fracasar con esa ley, porque si “nosotros” les poníamos limitaciones a los laboratorios se iba a acabar la investigación clínica en el país”. Es como si me dijeras que si se acaba la corrupción en el financiamiento de la política, se acaban los partidos políticos. Grotesco. Una explicación de la continuidad absolutamente indecente. El ministro me contó que, al día siguiente de aprobada la ley, ese director fue a verlo con los directores locales de los cinco laboratorios más grandes, a plantearle: “qué le iban a decir ellos a sus casas matrices, ante el tipo de obstáculos que se avecinaban”. No había ningún obstáculo. Ellos iban a hacer la misma oferta, sólo que ahora la tenían que hacer al hospital, y con los resguardos para los pacientes que entraran en esos protocolos. Resguardos que tenían que ver con el código de la investigación clínica de la Unesco que, desde mi punto de vista, es excelente. Lo que quiero decir es que cuando hablamos de ser productores de materia prima estamos hablando de violaciones de derechos. Una vez, en un congreso en el que participé en México, me dijeron -con mucha alegría- que estaban haciendo una investigación con códices mayas. Ustedes saben que los mayas no tienen lenguaje escrito, sí un lenguaje oral cada vez más deteriorado, porque les obligan a hablar español. Con ayuda de las comunidades mayas, con la Facultad de Antropología y la Facultad de Química, estaban decodificando cuáles eran las hierbas de aplicación médica que se utilizaban en esos códices. Reconocer esas hierbas, ver cuáles eran los principios activos y poder saber cuáles eran las formas de sanación natural que usaron por centurias los mayas. Estaban muy contentos de esa alianza entre la comunidad originaria, la Facultad de Antropología y la Facultad de Química. Yo, como aguafiestas, pregunté quién financiaba la investigación. Un laboratorio alemán, me dijeron. Entonces les dije: “Ustedes tienen que saberlo: una vez que identifiquen los principios activos, sea posible sintetizarlos y el laboratorio fabrique el medicamento, ningún maya va a poder acceder a él. Ninguno ¿lo tienen en cuenta para cuando pidan reparaciones por el extractivismo intelectual de los pueblos originarios?” cosa que se está haciendo en toda América.

Leonora Carrington
Leonora Carrington

 

CONSTELADOS, NO ESTRELLADOS

“Estrellas duras/que amarilleando van ya cielo arriba. /La araña sobre su maroma/el lago cruza. Los gusanos dejan sus sólitas estancias. /Las    pequeñas aves convergen, convergen/con sus dones hacia/difíciles lindes.”
El Jardín solariego”, Sylvia Plath

En uno de tus artículos, mencionabas zonas de frontera entre mundos de sentido- semiosferas, según Iuri Lotman- ¿Cómo ampliar esas zonas de frontera sin que el movimientos se transforme en una fiera lucha de poder?, cómo sustituir esa lucha de poder por otro tipo de negociación?

Entrevistamos a la fotógrafa Cecilia Larrabure. En Perú se hacía una celebración llamada Yawar fiesta, precolombina, en la que se ata un cóndor a un toro, que tiene la significación de la liberación de la opresión española. El cóndor excepcionalmente muere, muy pocas veces se lastima. Algunas organizaciones conservacionistas lograron que la fiesta se prohíba, con el argumento de proteger al cóndor. Ahora, los que tienen  la concesión del avistaje de cóndores en Cañón del Colca, allí tiran caballos muertos en el fondo del cañón, para que nunca falten cóndores cuando los turistas vayan a ver.

Edward James. "Jardin surrealista"
Edward James. “Jardin surrealista”

Me pareció muy rico el concepto de semiosferas, nos permite pensar en islotes de sentido que no tienen a veces vinculación entre sí, pero que internamente producen sentido. Podríamos decir que hay un islote estético donde se justifica que alguien vaya a hacer avistaje de cóndores y se justifica que quede como folklórica esta cuestión del toro y el cóndor. Que sea milenario no quiere decir que sea justo, porque no podemos santificar a las comunidades originarias. Eso lo saben las mujeres de los pueblos originarios, quienes trabajan algo llamado doble entronque patriarcal, un concepto hermoso. Los hombres de los pueblos originarios suelen decir que el patriarcado entró con la colonia. Está muy bien ser anticolonial y está muy mal colonizar en el sentido de dominar, evangelizar, imponer formas de gobierno, etcétera.

Bueno, en este caso la significación para ellos es que el cóndor es un mensajero de los dioses. Los caballos  muertos  van sin mitología y sin épica.

Sí, sí. Pero también podría tratarse de un niño al que hay que sacrificar y arrancarle el corazón para enviar un mensaje a los dioses. El sentido que tenga para una comunidad no legitima de por sí la práctica. Podríamos pensar -y con esto me meto en un terreno debatible incluso jurídicamente- en cuál es el marco que debe tener una conducta humana para ponerle algún tipo de límite a las diversidades de la convivencia. Tenemos una sociedad pluralista. Yo prefiero el pluralismo al multiculturalismo. El multiculturalismo tiene semiosferas cerradas: esta cultura hace tal cosa, esta otra tal otra cosa y cada una se legitima internamente. El pluralismo piensa que hay un marco en el cual todas esas culturas se pueden expresar, mientras acepten ciertas cuestiones en común, como límite de sus prácticas para la convivencia.

María Prado. "Alraune - delitio".
María Prado. “Alraune – delitio”.

Como una constelación: distintas estrellas, una forma.

Sí, pero esa forma tiene un modo legal, no descriptivo.

¿Y quién lo determina?

Bueno, para mí ese es el valor de los derechos humanos, que no son naturales sino un pacto entre distintas comunidades. Dentro de sus comunidades hay diversos modos de conducta, pero todes nos comprometemos a respetar estos valores -y desafortunadamente uno de esos valores es, desde el principio, la propiedad privada, equiparable a la vida-. El pluralismo requiere ciertos límites autopropuestos para la conducta. Para que sean legítimos, todos los miembros de la comunidad tienen que haber participado en ese consenso, y esto es lo que no pasó con la Declaración de Derechos Humanos de hace setenta años. Estamos celebrando una Declaración de Derechos Humanos, donde los que ganaron la guerra se juntaron y dijeron: “estos son los principios”, principios liberales, claro. Cuando en los 60’ se emancipan las repúblicas africanas, propusieron con otra concepción de quién es el portador de derechos, puede ser una comunidad, puede ser una cultura, pueden ser las generaciones futuras, o algo impersonal, como el ambiente. O sea, algo que no tiene un sujeto existente en este momento puede ser, sin embargo, portador de derechos. Creo que la propia concepción de los derechos humanos se va modificando porque una de las cosas que pedimos quienes quedamos fuera del contrato social es ingresar al contrato. Los que lo hicieron, lo hicieron a su medida y a su beneficio.

Diana Maffia. Fotografía: Diego Grispo.
Diana Maffia. Fotografía: Diego Grispo.

Mirá todo lo que nos está pasando en este momento con la ley en Argentina. Los códigos no fueron redactados por mujeres y la Constitución, hasta el 94’, no incluyó mujeres. Entonces,  por ejemplo, el fallo en el caso de Lucía Pérez es de una inconstitucionalidad total, esos tres jueces no pueden ejercer. La enorme marcha frente al palacio de Tribunales fue una demanda por entrar en el contrato social de la ley. Si la ley va a estar definida sin los sujetos que son los perseguidos y menoscabados por esa ley, no estamos en un sistema legal, no estamos en un sistema de derechos humanos. Y, con los países y los puntos de vista sobre derechos humanos, pasa lo mismo. Cuando en Unesco entraron los países árabes, se fueron Estados Unidos e Inglaterra, dos países coloniales. Bueno, todo el ámbito internacional de los derechos humanos está en conmoción en este momento. Entonces, para mí la cuestión de las semiosferas garantiza la posibilidad de interacción, Iuri Lotman lo llama traducción: se trata de cómo pasar de una semiosfera a otra. Hay una filósofa feminista, María Lugones, que trabaja feminismos decoloniales. Las teorías decoloniales, como casi todas las teorías latinoamericanistas, son bastante misóginas. O se olvidan o ponen a las mujeres en un lugar muy rezagado. Ella toma una perspectiva feminista de la teoría decolonial, discute el binarismo. Uno de sus artículos “Viaje de un mundo a otro”, hablaba de un diálogo con su madre. No todas tenemos hijos, pero todas tenemos madre… Tiene que ver con cómo convivimos si somos sólo esferas separadas y no tendemos puentes entre esferas de sentido. Para mí, la filosofía y el feminismo tienen un trabajo muy importante en la construcción de estos puentes.Ángeles Santos

Nadie habita una sola esfera de inteligibilidad, todes habitamos varias, esto es lo que permite diálogos y la posibilidad de hacer consensos y establecer comunidades epistémicas más amplias. De esa manera se van construyendo redes que trabajan sobre la legitimación de los saberes y sobre el concepto de verdad, inclusiva.

 

 

VERDADES TESTICULARES O DE QUIÉN SON ESAS TROMPITAS

“Como quien dice: anhelo,/vivo, amo,/inventemos palabras,/nuevas luces y juegos, nuevas noches/que se plieguen/a las nuevas palabras./Hagamos/otros dioses/menos grandes,/menos lejanos,/más breves y primarios./Otros sexos/hagamos/y otras imperiosas/necesidades/nuestras,/otros sueños/sin dolor y sin muerte./Como quien dice: nazco,/duermo, río,/inventemos/la vida/nuevamente.”
“Fundación”, Susana Thenon

 

Y hay que saber que no sólo se construyen los saberes, también se construye la ignorancia. En la relación de poder también construimos cuáles son las enunciaciones a las que no les tenemos que dar crédito, las palabras que no valen, y esto es también sucede en el ámbito de la justicia. En el juicio por Marita Verón, el tribunal de primera instancia desestimó todos los testimonios de mujeres que habían declarado haberla visto en algún prostíbulo, porque eran prostitutas y el tribunal no podía creer en sus palabras. Las mujeres no pudimos ser testigos en juicios hasta casi la década del 60’. Ya habíamos quemado corpiños, ya escuchábamos a Los Beatles…Había un problema etimológico, porque testigo viene de testículo, así que nos faltaba un fundamento material para la verdad de nuestra palabra.

Puente de manos en Vietnam.
Puente de manos en Vietnam.

Es interesante dónde, anatómicamente, reside la verdad. Hoy es en el auto, pero antes era en los testículos. Pero, además, se pensaba que las mujeres, por naturaleza y desde Eva en adelante, mentíamos.  En el siglo XXI se aplica eso mismo a las prostitutas. Entonces, ¿a quién le vas a preguntar dónde estaba Marita Verón?, ¿a los proxenetas, que son buenos ciudadanos? De hecho los dejaron libres, tal como ahora a los femicidas de Lucía Pérez, buenos ciudadanos, de buenas familias… ¿a quién le vas a creer?, ¿a una chica que se drogaba y tuvo sexo con más de uno? Bueno, esta construcción del sujeto cuya enunciación no vale es una construcción de ignorancia. Y esto de construir la deslegitimación de discurso pasa mucho en el discurso médico. No le vas a dar crédito a lo que dice la homeopatía o a las prácticas médicas de las medicinas naturales que compiten con los laboratorios, ¿no?

El saber médico no le da lugar ni siquiera a la voz de la paciente.

Diana Maffia. Fotografía: Diego Grispo.
Diana Maffia. Fotografía: Diego Grispo.

Es interesante quién es el lego y quién el que sabe ¿Quién sabe sobre tu cuerpo? Una vez me operaron de una fractura en la pierna. Cuando desperté de la anestesia me mostraron una radiografía. Tenía siete tornillos y una vara. Nunca me habían dicho qué me iban a hacer. “Me hicieron firmar a mí”, me dijo mi marido. Bueno, como yo era una mujer, mi tibia le pertenecía al señor con el que comparto mi vida. Cuando fui defensora del pueblo, en los hospitales públicos, no se practicaban ligaduras de trompas. Hice una serie de intervenciones de litigio estratégico para que se lo pudieran hacer las mujeres que así lo quisieran. Para empezar, presenté un pedido de informes al Ministerio de Salud, sobre las condiciones requeridas para una ligadura de trompas. Me respondió el ministro, con la firma de lo que llaman red perinatal, es decir, todos los jefes de servicio de todos los servicios de ginecología y obstetricia de todos los hospitales públicos de la ciudad. Catorce, en ese momento. Todos me dijeron que se aplicaba una ligadura de trompas en las mismas condiciones de un aborto: cuando había riesgo de muerte de la mujer, si no hubiera método alternativo y con autorización judicial. ¡Autorización judicial! ¿Cómo un juez va a decidir si corresponde una ligadura de trompas? Cuando uno agrega una condición al ejercicio de un derecho, esto es inconstitucional, porque se genera una barrera extra. El protocolo de acceso al aborto no punible de la Ciudad de Buenos Aires agregó condiciones que no están en la ley penal. Se apeló al TSJ de la Ciudad que, con el voto en disidencia de la jueza Alicia Ruiz, dijo que estaba bien el protocolo. Este hábito busca sacarle peso a la condición médica e inhibir a la paciente a hacer el pedido de manera muy directa, porque tiene que tener un abogado que haga el planteo. El beneficio lo obtienen las personas que atienden en privado lo que no se atiende en público. En 2011, cuando parecía que la ley del aborto no punible se podía aprobar, calculamos cuánto dinero circula en esto: en diez días, el aborto ilegal obtiene más dinero que todo el presupuesto anual de ginecología y obstetricia para todo el país.

René Magritte. "Heraclito".
René Magritte. “Heraclito”.

Cuando se habla del obstáculo moral de los médicos, se ocultan los intereses económicos que intervienen al querer hacer valer un derecho en la salud pública. Y con la ligadura de trompas había una condición más: el consentimiento informado del marido, novio o amigo de la mujer. Cualquier señor se apropia de tu tibia y de tu capacidad reproductiva solamente porque empezó un vínculo. El patriarcado promete al varón un vínculo patrimonial. Es un disparate que ese criterio de propiedad patrimonial sea el modo de legitimación. La mujer es el objeto de negociación entre el médico y la pareja. Yo le respondí al ministro que, o hacíamos un protocolo que respetase la Constitución o escribíamos juntos un bolero: “¿De quién son esas trompitas?”. Le pareció más razonable el protocolo.

 

 SUBIDAS AL CAMIONCITO DE LA METÁFORA

                                               Es sábado. Los obreros de vialidad ya se fueron de farra. El viento/silba entre las chapas de la casilla solitaria junto a la ruta. / Poco más allá, rosa de fuego en la penumbra, un camión arde ahí nomás, / haciendo señas.”
“Materia pira melancólica”, Ricardo Zelarrayán


Esta apropiación del cuerpo por parte de la medicina, me recuerda la diferenciación entre cuerpo físico y cuerpo vivido, de Husserl, que citás en algunos de tus artículos. ¿Estos dos cuerpos podrían pensarse como prosa  y poesía?

Podríamos pensar que la prosa es más austera, en general, porque no hay tanto uso de las metáforas. La prosa es más directa y literal, la poesía es más metafórica, allí la construcción de la realidad es ofrecida de una manera que tiene mucho de subjetividad y de ofrecimiento a otra mirada. La prosa sería la descripción de un cuerpo en tercera persona y la poesía, el ofrecimiento de un sentido sobre el cuerpo, en primera persona, y con estas maneras de acercamiento que no permiten un agotamiento de la descripción. En griego, metáfora es llevar una cosa de un lugar a otro. Una vez, en Atenas, en un congreso de filosofía, vi un camión de mudanzas que decía “metáfora”. Bueno, en la cabeza tenemos un  gran camión de mudanzas, que  arrastra sentidos y también polizones ideológicos, de un lugar a otro.

Vladimir Kush
Vladimir Kush

Es muy interesante cuando ves cómo las metáforas se cristalizan en el lenguaje y terminan  por significar o referir algo de manera directa, aunque arrastran un poquito de esos sentidos primeros. Podríamos pensar este asunto en relación a los testimonios de las mujeres que sufrieron violaciones en los campos de detención ilegal en la dictadura. En el informe de la Conadep hay muchos testimonios de mujeres que, además de relatar su secuestro, su encierro, su tortura, relataron las violaciones a las que fueron sometidas. En ese momento el gobierno de Alfonsín, además de crear la Conadep, creó una Secretaría de Derechos Humanos, el primer nivel gubernamental de DDHH que hubo en nuestra historia. El secretario tenía como función llevar los casos de la Conadep a la justicia para hacer el juicio a las Juntas, es decir, tenía la responsabilidad de traducir estos casos en algo judicializable. No toda violación de derechos es percibida como tal, hay muchas personas que las sufren cotidianamente y no lo ven, porque no tienen una conciencia  de ser sujetos integrales de derechos. Aun cuando lo percibís como algo que te daña, es distinto  percibirlo como algo que puede ser reclamado jurídicamente. En el segundo caso, tenés que saber a quién podés hacer la denuncia y a quién podés responsabilizar por la violación a tu derecho. El lenguaje jurídico se cuida mucho de ser difícil, cerrado, críptico. Pero retomo: Tenés, entonces, aquellos relatos hechos ante una Comisión, tenés el Ministerio que, de esos relatos, tenía que seleccionar cuáles se tomarían  para probar la responsabilidad en la violación de los derechos humanos. Entones, se hace el juicio a las Juntas y allí muchas mujeres relatan a los jueces lo que habían contado en la Conadep. Los jueces suspenden esas declaraciones, piden que no consten con el argumento de  preservar la intimidad de esa víctima “mejor que esto no se sepa porque le puede traer todo tipo de problemas”. La violación es un delito de acción privada. Nadie, sino la propia víctima puede denunciar una violación. Y la víctima se ve condicionada, sobre todo cuando la violación es intrafamiliar y a ella se la responsabiliza de la ruptura del orden, a causa por esa denuncia. Así, esas denuncias se subsumieron en el delito de tortura o en el de tormentos. Observación jurídica: en derecho penal, para condenar tomás la figura más grave, que subsume a las otras. Ahora bien, la violación tiene más pena que el tormento. Sin embargo,  acá se hizo al revés, en contra del procedimiento penal. Otra cosa: hasta mediados de los ’90, la violación era un delito contra el honor. El honor de la víctima era el honor del patriarca cuyo apellido llevaba la víctima. ¿Cómo se suplantaba ese honor? La mujer, en 1921, estaba bajo la tutela del varón, que podía ser primero el padre, y después el marido o el hermano, pero siempre bajo tutela. Es decir, los varones menores de edad crecían y se emancipaban. Las mujeres eran menores de edad perpetuas. Sólo treinta años después, en los juicios por la Verdad, pudimos trabajar en esa reflexión para decir que hubo la violación como delito separado del tormento, no es que entre los tormentos me violaban. Me violaban además de torturarme.

Diana Maffia. Fotografía: Diego Grispo.
Diana Maffia. Fotografía: Diego Grispo.

Eso tiene que ver con lo que planteás del lenguaje universalizador ¿no?

Claro. Son estrategias del lenguaje. Es la lucha entre un fiscal y un defensor. ¿Decimos que fue violación o que no fue violación? Esto es el caso de Lucía Pérez. Hay una disputa en el nombrar. Hay una política del lenguaje, por eso las feministas alteramos el lenguaje y buscamos otro modo de nombrar. Es parte de una relación de poder.

 

FAMILIA DE PALABRA

                                   Aquí están tus recuerdos:/este leve polvillo de violetas/cayendo inútilmente sobre las olvidadas fechas; /tu nombre, /el persistente nombre que abandonó tu mano entre las piedras; /el árbol familiar, su rumor siempre verde/contra el vidrio; /mi infancia, tan cercana, /en el mismo jardín donde la hierba canta todavía/y donde tantas veces tu cabeza/reposaba de pronto junto a mí, /entre los matorrales de la sombra.”          “Aquí están tus recuerdos”, Olga Orozco

Aparte del lenguaje inclusivo, ¿qué otros ámbitos de disputa del lenguaje le quedan al feminismo?

Adriana Minoliti.
Adriana Minoliti.

Muchísimos. El lenguaje de la ley es uno. Bajo qué figura se va a definir un hecho… Cuando se quiso poner la figura del femicidio, no se aceptaba que hubiera una figura penal. Entonces, la cuestión era cómo llamar a ese hecho, cómo describirlo: ¿homicidio agravado por el vínculo?, ¿qué vínculo?, ¿cómo definimos el vínculo? Ahí está toda la lucha por la enunciación. Qué es lo que se dice y qué lo que no se dice. No tenemos una figura penal de incesto ¿Por qué tenemos un senador que vota en contra de que una mujer, cuando es violada, pueda tomar la decisión  acerca de si continúa o no con el embarazo y nos dice- impunemente- que, cuando el abuso es intrafamiliar, no lo podemos llamar violencia?, ¿qué quiere decir  eso en una provincia del norte feudal donde hay derecho de pernada de los dueños de los campos hacia sus trabajadoras y trabajadores? Recordemos el caso de esa nena de siete años que, en Salta, fue encontrada con un tipo de más de cincuenta en un hotel alojamiento. Él dijo que la había sacadoa tomar un helado, a pasear, y que había ido a que ella se diera un baño en el jacuzzi porque tenía mucho calor, la llevó para que ella se refrescara. La madre de la nena declaró que ella también había sido violada por ese hombre y por el padre de ese hombre, también. Y la madre de ella, la abuela de la nena, también había sido violada por el padre de ese hombre. Es decir, el derecho feudal sobre la tierra y el derecho de pernada sobre quienes habitan esa tierra como parte de la propiedad definen un modo arcaico de familia. Familia, hasta casi el siglo XIX, se definía como la propiedad del patriarca: la mujer, los hijos, los esclavos y la hacienda. Hay ciertas provincias de la Argentina donde el patriarcado sigue funcionando de manera feudal.  En 1813, una Asamblea dijo que se acababa la esclavitud, pero seguimos teniendo condiciones de esclavitud. Dijimos que se acababa la tortura y aún hay situaciones de tortura. Acá sacamos un librito “Género, esclavitud y tortura 200 años después”, que precisamente habla de la vigencia de ciertos modos coloniales de vasallaje y esclavitud, sobre todo, contra los cuerpos de las mujeres.

¿Por qué seguir usando la palabra familia?

Rob Gonsalves.
Rob Gonsalves.



Familia viene de fámula, que quiere decir esclava. Empecemos por ahí. Yo estoy a favor de la familia. Cuando hablamos de familia, hablamos de un vínculo político- el de establecer un matrimonio-, hablamos de un vínculo de sangre- la filiación- , y también hablamos de un vínculo de cuidado amoroso- de protección-. Este último es para mí el vínculo que define a la familia. Ningún ser humano subsiste, en sus primeros dos o tres años, si no tiene un ámbito que lo reciba amorosamente y lo cuide. Y estoy hablando de una práctica amorosa, no en el sentimiento de propiedad privada. En cuanto al vínculo legal de la familia, apenas se recuperó la democracia y después de muchos años, hemos logrado que se votaran normas que el movimiento de mujeres venía elaborando, como la igualdad de los hijos ante la ley. Antes, el documento decía “hijo adulterino”. Vos lo abrías y te enterabas con quién la madre había tenido relaciones sexuales sin estar casada. ¿Por qué tenías que enterarte de eso? Porque había un régimen legal de herencia distinto para los hijos naturales y para los hijos de matrimonios. En relación al vínculo de sangre, bueno, sí, está, pero también está la adopción como una manera legal de suplantar el vínculo de sangre. Así figura en el Código Civil, porque se quería asegurar que los hijos adoptados también heredaran. Notemos que lo que le importa al Código Civil es la herencia, el patrimonio. ¿Fuiste adoptado? No vas a heredar a tus padres originales, sino a los adoptivos. Vínculo legal y vínculo de sangre fueron puestos en cuestión en 2010, con la ley de matrimonio igualitario. Hay opiniones que dicen que esta ley habilitó a otras identidades a incluirse dentro del matrimonio. Pienso distinto. Esta ley mostró la irrelevancia del sexo o del género para constituir este vínculo legal. No importa el sexo de las personas, sino que acordaron como contrato todos los derechos que se derivan del matrimonio. El tercer vínculo, el amoroso, es el realmente significativo. En muchas comunidades se reemplazan los dos primeros por una protección colectiva. Eso es la familia. Jan Patočka, filósofo checo, dice que hay una primera etapa en la existencia humana que es el enraizamiento, cuando un ser nace y es recibido por una comunidad. Para mí, eso es la familia: una comunidad que te recibe diciéndote que importás en la convivencia. Yo trabajé veinte años con Lohana Berkins. El aprendizaje que me significó es fabuloso. Ella contaba que las travestis  expulsadas de su familia legal y de sangre, entre los 8 y los 12 años, apenas adquirían su identidad, muchas veces eran recibidas por otras travestis que estaban ejerciendo la prostitución. En 1999, cuando se hizo el código contravencional con la figura inconstitucional de oferta y demanda de sexo, -que todavía luchamos para derogar- hicimos la primera encuesta para ver la situación de las travestis en la ciudad.

María Prado.
María Prado.

Ellas nos contaban: “Nos recibe esa comunidad, entre ellas algunas travestis que ya no están en condiciones de ejercer la prostitución, pero que nos enseñan, administran nuestro dinero, nos preparan la comida, nos cuidan”. Ellas les daban una parte de su plata y a quienes las recibían ellas les decían “Mai”- que es la madre umbanda, la única comunidad religiosa que las aceptaba-. Ahora, la “Mai” era una proxeneta, si lo ves bajo la descripción legal, pero ellas decían que no: se trataba de una familia amorosa de protección y de cuidado. Eso sí,  podríamos pensar y consensuar la posibilidad de cambiar la palabra familia, por la connotación horrible que tiene en su etimología. Recordemos que, cuando comenzaron a legitimarse las uniones en Argentina, la Iglesia registraba los nacimientos, las muertes. El presidente Roca, a quien denostamos por tantas cosas, nos dejó el Registro Civil separado de la Iglesia y la ley 1420 de educación laica y gratuita.

Más algunos cadáveres de indios.

El mismo sujeto. Un señor muy contradictorio.

 

FALLADA DE FÁBRICA

“Toda nube/lleva una trayectoria. /Asumirla trayectoria. / Imposible barrer todo siempre. /Está el cansancio. /Aunque también el de las trayectorias. /De ver pasar las nubes. /También ese cansancio. / Entonces, /por un momento, ahora. /Sin voluntad. Y casi está bien. /Hasta pensar el estar bien y convertirlo/en nube.
En trayectoria.”
Chantal Maillard


El tema de este número es la sospecha ¿Qué sospechas tenés con respecto al sistema democrático? ¿Y con la idea de que no se lo puede criticar sin quedar del lado…?

¿Del fachismo?

Diana Maffia. Fotografía: Diego Grispo.
Diana Maffia. Fotografía: Diego Grispo.

Exacto.

Creo que la democracia es sumamente imperfecta, ya a partir de surgir como sistema de un Estado liberal, de un contrato social de reconocimiento de ciudadanía, que implica que un conjunto de sujetos se reconocen como sujetos de derecho. Eso implica que se van a limitar en sus acciones para reconocer el derecho del otro, con el modelo fundamental del derecho de propiedad territorial. Esa norma viene a igualar las condiciones de poder porque, durante todo el período medieval, ya habían estado los señores feudales con sus ejércitos que expandían territorios, algo propio de los mamíferos superiores, incluidos los varones. Están claras las condiciones del pacto en la democracia, pero no está claro quiénes entran en él. Y esta es la falla de la democracia. El proyecto del pacto social dice: “Todos los hombres nacen libres e iguales”. Cuando una mujer dijo, “Ah, entonces nosotras también”, la guillotinaron. Es una elección semiótica, o sea: hombre no quiere siempre decir ser humano. Y es una elección política: no creas tener derechos. Toda la lucha del feminismo, desde ese momento, fue ingresar a ese pacto a través del voto en el siglo XIX. Pero no sólo las mujeres, otros sujetos quedaron fuera del pacto porque no tenían propiedad privada. Yo lo describo como una ciudadanía de consorcio. En las reuniones de consorcio, participan los propietarios, aunque no vivan ahí. Deciden sobre las necesidades del edificio, aunque a esas necesidades las conozcan mejor que nadie los inquilinos, quienes van a pagar las prioridades de la inversión de las expensas y demás, que decidió el propietario, alguien que hace treinta años no vive allí. En la democracia, las normas, los códigos y las Constituciones son redactados por los propietarios. Ahí no entran ni los afrodescendientes, ni los indígenas, ni los pobres ni las mujeres ni los niños.

Pero si entraran, ¿seguiríamos hablando de lo que llamamos democracia?

Diana Maffia con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Diana Maffia con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

Es que, si entraran, cambiarían las condiciones y hasta el lenguaje del diálogo. Sería un cisma dentro de la democracia. La democracia está en crisis, los partidos políticos están en crisis de representatividad porque no representan, sino que suplantan las voces que sería relevante incluir. Pasa lo mismo en los sindicatos. Cuando asumió Macri, dijo “Mandé a hacer una mesa redonda muy grande para que nos veamos todos” y allí se reunió con los representantes sindicales. Eran todos varones. Y, sin embargo, creían que estaban todos… Hay una lógica de vestuario donde no ven lo que falta, no ven la ausencia, como decía Sartre. Si yo entro a un bar a buscar a Pedro y no está, veo la ausencia de Pedro. Hay veces que no está la presencia y hay veces que está la ausencia de esa presencia y uno la ve. Esta es la conciencia que debemos tomar. Acá deberían estar otros sujetos que no están. Creo que vamos generando ese significar lo ausente como algo que es una deuda de la democracia. Cuando estos sujetos entran en la democracia, cambia el lenguaje, cambian por supuesto las reglas, los intereses, los privilegios y muchísimas cosas. Estamos en una crisis internacional del llamado mundo libre, el que parecía haber triunfado de este lado del muro. Todo el paradigma de los derechos humanos se dividió desde aquella declaración durante la Guerra Fría. Esa declaración no impidió que, después de afirmar que todos los seres humanos tenemos derechos, hubiera que hacer declaraciones particulares de derechos. Naciones Unidas reconoció que los derechos de las mujeres eran derechos humanos, recién en 1993, en un congreso en Viena. Esto implica que las mujeres encarnan en un cuerpo al que le pasan cosas que no les pasan a los varones. Ahora, eso no quiere decir que nuestro cuerpo sea una alteridad del ser humano. Es una alteridad con la otra forma sexual del ser humano. Lo mismos sucede con los derechos sexuales y reproductivos: mientras las personas que gestamos, que parimos, lactamos seamos las mujeres o algunos varones trans gestantes, este es un derecho de la alteridad con respecto al hegemónico, pero es un derecho universal que debe ser reconocido. Es importante pensarlo como universal porque, en la teoría de los derechos humanos, está el concepto de integralidad: todos los derechos valen como un sistema, ni hay ninguno que valga de manera prioritaria como derecho específico por sí mismo. Cuando tenés un derecho que vive sobre los cuerpos de las mujeres, como el derecho al aborto, puede estar en colisión con el derecho a la vida. Yo, como feminista, no niego el derecho a la vida. Menos, en este país y en mi generación. Hace cien años el Código Penal ya dijo que prevalece el derecho a la vida de la mujer, la salud de la mujer y la autonomía sexual de la mujer. Sin embargo, no se puede hacer valer, porque el sistema para hacerlo es un sistema hegemónico patriarcal. Por último: en la Guerra Fría se separó ese sistema integral de derechos humanos en derechos civiles y políticos y derechos económicos sociales y culturales. El mundo occidental decía: “Hay prioridad de los civiles y políticos” el mundo socialista decía “hay prioridad de los económicos, sociales y culturales”.Estados Unidos decía “Primero tengan una democracia liberal y después charlamos de la materialidad de la vida humana”. Cuba decía “Primero que puedan leer y escribir antes de publicar las ideas por la prensa. Que se alimenten antes de circular libremente por el territorio. Hay derecho a votar, pero asegurémonos la subsistencia, ¿quiénes van a votar si los dejamos muriendo de hambre?” La integralidad de los derechos va en contra de esta división entre la prioridad de un sistema de derechos sobre otro.

Diana Maffia con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Diana Maffia con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.