NIEBLA EN UN CONO DE SOL

Rituales: Entrevista al fotógrafo Bernardino Ávila

Entrevista: Pablo Soprano, Estela Colángelo, Gabriela Stoppelman
Fotografía: Rodolfo Rodríguez
Edición: Gabriela Stoppelman

                                    “Las nubes a lo lejos, el sol ausente, las madres gritando por sus hijos y los hijos ciegos sin ver la luz fatua de esa ciudad que transpiraba bajo el manto encarnizado, preparándose para recibir en la piel una profunda noche oscura”
“Los transparentes”, Ondjaki

A la orilla de la imagen, había una espera. No una de aguardar el transcurso de la sombra en el tiempo ni el devenir conversación de la palabra. Era esta una espera ovillada en un instante, un alerta de la mirada y del tacto, que enmarcaba en conos de luz las fugacidades de la niebla: un grito, la forma de un cuerpo deshabitado en un colchón, la silueta estallada de un edificio vil detrás de un vidrio, el rostro de una foto desfasado de sus contornos, la mueca triste de la ciudad sitiada por el saqueo, el temblor de una cámara ante el avance de la mano a punto de confiscarla.

Como toda orilla, desplegaba hacia el horizonte una inmensidad y, hacia el territorio, una infinitud. Esta vez el océano era de luz y el arenal, de historias. Paradita entre esas dos muchedumbres, la espera chapoteaba claroscuros entre espuma y caracoles. Una sensación de ola inminente le cosquilleaba el cuerpo y, al mismo tiempo, la retenía en la calma tensa de la marea aún baja.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

En eso, una niebla, desgarrada de quien sabe dónde, arqueó su figura hacia el pavimento. La orilla resultó entonces una fila rígida de uniformes escudados en la oscuridad de sus géneros, una muralla de metal y borcegos, incapaz de ocultar la imagen. La niebla apostó por más y se probó en la consistencia de  muchísimos años de mujer, agachados sobre la soledad de una berenjena. Fue todo tan rápido, que se hizo necesario ensanchar el instante para poder narrarlo, levantar el registro por encima de la ola, dejar que un pájaro desafiara la disciplina gris de una cámara de seguridad, apoyar un farol de avenida a contraluz del día, destacar un ojo en  medio de una multitud.

Después, solo restó un lento restituirse del tiempo y sus transcursos. Un regreso de la espera a otra orilla. Y a otra.

Y ahí se la ve aún. Cada tanto, entre confianza y prudencia, se da un chapuzón dentro de lo inmenso, revuelve las ondas en los huecos de la luz, desencadena las nieblas. Y, cuando el sol está a punto, se sumerge en un cono de tiempo, en un pulso del instante, donde Bernardino Ávila moldea el teatro de las formas.

 

HISTORIAS DEL INSTANTE

                                                           “(…) había captado el instante a partir del cual la luz, habiendo tropezado con un acontecimiento verdadero, iba a apresurarse hacia su fin. Ya llega, me dije, el fin viene, algo sucede, el fin comienza. Estaba embargado por la alegría.

“La locura de la luz”, Maurice Blanchot

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Muchos de tus retratos de funcionarios o presidentes sintetizan la historia política o pública de esos personajes: Menem, Alfonsín. Como si, en esas imágenes, hubiera una historia contada dentro de algo detenido: la fotos. Nos preguntábamos si se puede contar una historia con una sola foto.

¿En un retrato?

Sí.

En un solo retrato es, por ahí, más difícil, porque depende mucho del estado de ánimo de quien estás retratando. Pero, en una foto -en general-, no lo es. Se te tiene que presentar la situación y vos estar despierto para poder ver esa foto.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Entonces, ¿hay imágenes que concentran sucesiones?

Claro. Si estás acostumbrado a ver imágenes, ves la foto enseguida. Por suerte, eso me pasa. A veces vamos por la calle con Pato, mi pareja, y le digo “Mirá esa foto” en lugar de decirle “Mirá esa situación”.

¿Cómo es ese entrenamiento?

Es un vicio de la profesión. En el caso de una marcha, o en el de “El verdurazo”, vos buscás la foto, mirás qué hace el chico, qué hacen la señora o el policía. Y, si ves situaciones raras, apretás.

¿Raro es lo que concentra sentido?

Claro. Te despierta algo.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.


En el caso de esta foto, de entrada, yo no vi a la señora levantar las berenjenas, sólo la vi delante de la barrera de policías, parada con al changuito, sola, detrás del vallado, lo más tranquila. Eso ya me causó impresión. Cuando empezó a levantar las berenjenas, me completó la escena, obviamente.

Es interesante, porque no hay tiempo para la reflexión, parece como un pensamiento visual.

Claro. Es instintivo. Yo busco la foto, es mi trabajo. Voy al fútbol, por ejemplo: en el instante en que veo al tipo pisar la pelota, aprieto. Tenés que estar despierto, ver, intuir, saber ver la jugada. Si conocés algo de fútbol, te das cuenta si el jugador está preparado para patear, entonces, vos estás preparado para apretar o no… Uno no está los 90 minutos concentradísimo, algunas cosas se te pasan. Son situaciones que se van dando en el mismo momento. Otro ejemplo: vas a un discurso presidencial, pero no mirás el discurso, sino al tipo, a los gestos que hace. Eso es lo que buscás.

Bernardino Ávila. Fotografía: Rodolfo Rodríguez.
Bernardino Ávila. Fotografía: Rodolfo Rodríguez.

Para llegar a esa evaluación, aunque sea intuitiva, estás construyendo rápidamente una historia.

Claro. Yo he hecho entrevistas de toda clase, a todo el arco político. Obviamente tengo una posición política tomada y mis fotos las saco de acuerdo a mi pensamiento político. Y al personaje lo  fotografío de acuerdo a eso. Por más que yo no quiera, sale así.

 

LA MARCA DEL BAUTIZO

Yo sé un canto sin nombre/que fructifica en el silencio./Una canción de aquellas que soldaban tus párpados/cuando la lámpara florecía/en los aposentos mojados de sombra.”
“Canto de otras vidas”, Leopoldo Marechal

Antes de Instagram, ¿habías pensado en armar una historia con una sucesión de fotos?

Sí, yo soy miembro de Argra donde, cada fin de año, se hace una muestra en la que siempre intento participar. Me parece importante que los reporteros gráficos mostremos nuestros trabajos. Allí se expone la foto que el fotógrafo quiere mostrar, no la que el editor del diario elige. En esa muestra, una de las cosas posibles es armar una historia con fotos sucesivas. No es tan fácil para mí, aunque conozco fotógrafos que lo hacen muy bien.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Ponerles nombre a las fotos es lo único que encontramos vinculado a la escritura en tus trabajos.

Bueno, el agregado de un nombre a ciertas fotos termina de cerrar la idea. Con ese título ayudás al observador de las fotos a que vea hacia dónde vas. En realidad, la foto sola debería bastar, pero igual sirve darle un guiño.

Y, cuando la nota ya viene con un título, ¿eso te quita una responsabilidad de encima?

Ah, bueno. Es la ventaja de ser sólo fotógrafo, dejarle el título a ellos. Sin embargo, cuando hago fotos para mí, para publicar en Instagram, me sirve a veces ponerles nombre.

Es interesante, porque ese nombre que ponés direcciona al lector, cierra sentido.

Claro, por eso a veces no quiero poner títulos, quiero que el observador busque su sentido. Si lo vio por determinado lugar, bueno, que siga por ahí…

Bernardino Ávila. "Cuando te cierran las puertas".
Bernardino Ávila. “Cuando te cierran las puertas”.

¿Cómo es tu relación con la escritura?

Cero. Soy muy duro para eso. Si me pongo, algo hago, pero me gusta más la imagen. Las veces que acompañé con texto alguna imagen, copié de redactores que han hecho la nota conmigo. He hecho algunas cosas pero muy chiquitas, soy muy malo para eso.

¿Sos lector?

Sí, sí. Pero no me animo a escribir.

 

EL GRITO CHINO

                                                “La niña se salva por poco, /Gracias a una mano de niebla, /Una mano no divina que la ayuda. Grita: ¡Padre!/ ¡Padre! Levántate, regresemos: el mar no es como nosotros. / El padre, amortajado sobre su sombra, a merced de lo invisible, /no responde. /Sangre en las palmeras, sangre en las nubes. /La lleva en volandas la voz más alta y más lejana de /la playa. Grita en la noche desierta. /No hay eco en el eco. /Convierte el grito eterno en noticia /rápida que deja de ser noticia cuando /los aviones regresan para bombardear una casa”
“La niña/ el grito”, Mahmud Darwish

¿Qué es un buen lector de fotos? ¿Cómo se lee bien una foto?

Tengo un conflicto con eso: ¿qué es un buen lector, en realidad?

Pero ¿hay ciertos criterios para mirar y para producir sentido?

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

En la medida en que todo va modernizándose, los criterios se van rompiendo. Es más, las buenas fotos, a veces, salen porque se rompen esos criterios. Como en la pintura. Entonces, ¿cómo le decís a un fotógrafo que tal foto no va? Un fotógrafo profesional viene al diario, por ejemplo, y te muestra su carpeta, su currículum: vos ves fotos que no te gustan, pero sabés que es un fotógrafo profesional y las hizo con su ojo. Es difícil decir “esa foto es linda, esa foto es fea”. La de las berenjenas es una buena foto, pero si no hubiese sido en ese contexto y Argentina fuese un país maravilloso, por ahí pasa como una foto más.

Uno puede leer una foto interesante, incluso sin contexto, por una punta de poesía o de posible historia que le encuentre, más allá de lo técnico.

Sí. Y el contexto la hace más interesante aun. En el 2001, por ejemplo, hemos hecho muchísimas buenas fotos que no han repercutido como la de la berenjena. La foto del chino que grita mientras la gente le vacía el local es terrible.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Bueno, ahí tenés una sola foto que contiene toda la historia.

Sí. Y no repercutió como esta. Quién sabe por qué: si te ponés a ver los contextos, tienen cosas en común y podrían haber tenido la misma difusión, pero no.

¿Pensás que ésta la tuvo porque te llevaron preso?

No, porque la foto de las berenjenas ya se había viralizado en las redes antes de que me llevaran en cana. Creo que esta vez tuvo mucha importancia internet, en 2001 no había. No, al menos, en la dimensión de hoy. De haber habido esta posibilidad de difusión, en 2001, explotaban las redes, había fotos por todos lados, no sólo la del chino, fotos de los muertos…

 

ARRIBA LAS CÁMARAS

                                                                               “¡Oh, Dios!, / ¿no puedo salvar
ni uno, de la despiadada ola?”
“Un sueño dentro de un sueño”, Edgar Allan Poe


¿Quedaste un poco asustado de la situación del verdurazo?

Bernardino Ávila. "Verdurazo".
Bernardino Ávila. “Verdurazo”.

No tanto de esa situación, si no de la posterior, cuando el policía me apunta, me empieza a perseguir y termina deteniéndome. Cuando me preguntan si creo que me detuvieron por la foto de la berenjena, yo prefiero pensar que no, que no fue por eso. Para mí, el policía se sacó porque se golpeó con mi cámara. Pensar que buscaron por foto haría muy difícil seguir trabajando. Obviamente, tengo temor.

¿Y cómo trabajás con eso?

Por el momento, hablé con los jefes del diario y les pedí un poco más de tranquilidad. Pero aunque no me manden a lugares con ese tipo de conflicto, después voy solo igual.

¿Nunca te había pasado que te marcaran?

Jamás. Hemos tenido roces con la policía, como puede tenerlos cualquier fotógrafo que cubre notas hace treinta años. Pero jamás nos han detenido.

Bernardino Ávila. "Verdurazo".
Bernardino Ávila. “Verdurazo”.

¿En la dictadura tampoco?

No, porque no trabajé en dictadura. Pero he hecho notas arriesgadas y jamás he quedado detenido.

¿Qué cargos tenés?

Resistencia a la autoridad y lesiones leves. Según la policía, yo los agredí de entrada y después seguimos a los golpes, porque hay un policía con la nariz rota, otro que tiene no se qué. Según ellos, les pegamos como a cinco policías, ¡con las manos atadas! Desde el primer momento en que el tipo me entra a perseguir, están filmados de todos lados, hasta de arriba.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

¿Alguna vez pensaste que te iba a tocar fotografiar a un agresor tuyo?

No, pero siempre estuve preparado. De hecho, en el verdurazo anterior, cuando un policía vino a tirarme gas pimienta en la cara, lo primero que hice fue fotografiarlo. Me aguanto el gas, pero la foto se la saco a él tirándome.


Y, a su vez, que alguien te fotografíe fotografiando a tu agresor…

Sí. Esa cadena es impresionante. Y muestra el compañerismo que tenemos en las coberturas, más allá del medio al que pertenezca cada uno. El simple hecho de tener una cámara te hace saber que otro, que también tiene la suya, te va a respaldar. Cuando nos encontramos en situaciones como estas, los fotógrafos lo primero que hacemos es levantar la cámara, para que no se rompa y para avisar a los otros compañeros que algo está pasando, que vengan a ver y a sacar fotos. Así fue que se me acercaron los otros colegas y por eso están todas sus fotos del hecho. Sin embargo, la policía no se detuvo en ningún momento. La doctora Paula Lagos, nuestra defensora pública, nos decía que es la primera vez que, en un caso, tiene tantas pruebas a favor. “Se nota que tocaron a un fotógrafo, porque sacaron fotos de todos lados”, nos dijo. En esas fotos, el tipo que me pone las esposas aparece con la nariz intacta y después va a declarar que le rompimos el tabique…

Bernardino  Ávila. 2001.
Bernardino Ávila. 2001.

¿Qué pensás de ese cinismo?

Los tipos están cebados. Probaron una vez y vieron que los dejaron. Igualmente, el peor momento que pasamos esa vez fue el del arresto. Después, ellos mismos estaban como asustados con nosotros. Como si, de repente, hubiesen caído en la cuenta de qué hacían. Quizás no tanto en relación a que “no está bueno detener a un fotógrafo”, sino a que el operativo que montaron fue malo. Porque, ponele que yo realmente le hubiera querido pegar al tipo con mi cámara, ¡no te me podés venir así! Incluso por vos mismo. Vos sos el agente policial, tenés que frenar la mano. Y ni siquiera los compañeros de él lo frenaron. No. Lo siguieron y se vinieron encima de mí. Yo sentí un choque, no te lo niego, pero lo que me preocupaba es que la cámara no había disparado cuando él se me venía encima, no pensaba que podía terminar en una cosa como la que se dio.

 

BERNARDINO, A TRAVÉS DEL ESPEJO
                                                                              “Bueno, en todo caso los libros se parecen a los nuestros, pero tienen las palabras escritas al revés: y eso lo sé porque una vez levanté uno de los nuestros al espejo y entonces los del otro cuarto me mostraron uno de los suyos”
“Alicia a través del espejo”, Lewis Caroll

 

Hay fotos anteriores en las que fotografiaste fotógrafos ¿qué tiene eso de singular?

No sé… La de Mario Quinteros, fotógrafo de Clarín, me gustó por el contraluz.

En otra te fotografían a vos.

Sí. Está buena esa foto porque muestra las condiciones de trabajo, aunque no me gusta que me fotografíen a mí.

Hay una cantidad de fotos en las que la imagen se ve a través de vidrios deformados, algunas de ellas, de 2001.

Bernardino  Ávila.
Bernardino Ávila.

¿Te referís a una foto del Banco Macro? Allí me interesó cómo se reflejaba el Banco de Boston en el espejo roto del Banco Macro, se veía como a punto de estallar. Y fijate, funciona como un autorretrato, donde mi cara es uno de esos agujeros estallados. Esos agujeros me dieron ese instante de estallidos, en ese momento del país estallado. Cuando vi ese espejo roto, conmigo reflejado en el ángulo de atrás, justo el banco de Boston y en el 2001, se armó la historia ¿te das cuenta cómo se me forman las historias? No las busco.

A quienes miramos las fotos, nos llamás intérpretes. Es encantador y, sin embargo, la foto es esa historia que vos viste primero.

Digamos que la veo a mi modo e intento reflejártela así. Tal vez, si vos pasabas por ahí, también la veías o veías otra cosa. Aparte, en 2001, tirabas la cámara para arriba y, cuando caía, venía con una foto. Era un caos total. Era Mad Max. Caminabas por Corrientes y veías columnas de humo. Un tipo que había roto una vidriera se llevaba un traje con la etiqueta colgando, entrabas al McDonald’s incendiado a tomar una Coca y te la servías vos mismo, a las seis o siete de la tarde, creo que ya había caído De la Rúa.

 

EL TEATRO DE LA LUZ

                                                            Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente, /la visible ceguera puesta sobre quien ama; /ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente, /ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.”
“Hijo de la luz y de la sombra”, Miguel Hernández

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.


Hay muchas fotos de multitud donde vimos como paneos de todas las cabezas, en los que se destaca algo  singular: alguien, un número, un casco, una leyenda…

Claro. Siempre hay un punto, siempre hay algo. Aquí, encima, el tipo está mirando a la multitud…

La multitud hace de público en todas estas fotos, donde está destacado un texto. Después, en la del “Nunca más”, la multitud es parte del público.

Sí. Es un pañuelo más.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Es decir que el texto entra en una escena teatral ¿Te interesa lo teatral?

Sí. Me gusta porque en esas escenas manejamos nosotros la luz, como el iluminador lo hace en el teatro. Entonces, vos haces el encuadre tranquilo, porque sabés que la luz siempre va a caer bien. Sí, me gusta mucho.

Lo pictórico aparece bastante en tus fotos, a veces como un pleno azul, a veces en la figura teñida de luz roja de una mujer, casi como una mancha en medio de la oscuridad…

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Fijate que le pega la luz del sol. Es un cono de sol. Eso es a mediodía, a media cuadra del Congreso. Una señora pide limosna en un estacionamiento. Ella estaba ahí, en ese cono. Yo sólo quería que me mirara un instante. La esperé, la esperé. Y, cuando se produjo la escena, apreté.

Estás muy atento a la luz y al contraluz.

Sí. Así somos los fotógrafos siempre que tenemos tiempo de armar la escena. En esta foto del farol en Corrientes, por ejemplo, a mí me sorprendió el cielo y pude encuadrar a mi gusto. Es el tipo de foto que hago mientras estoy esperando otra cosa.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

 

LAS ALAS DEL DIABLO

               “(…) y por instinto, para librarse del relente, el Demonio, meditabundo, se embozó en las alas.”
“La noche mala del diablo”; Leopoldo Alas Clarín

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Esta cosa pictórica aparece también con ciertas nieblas en tus fotos. A veces de pólvora, a veces de humo y a veces de gotitas suspendidas, como en aquella de las Cataratas, que parece  cuadro de Turner ¿Te interesa especialmente esa cosa esfumada?

Sí. En esa me impresionó mucho el poder del agua cayendo. Y ese esfumado da otro ambiente, otra cosa. Te mete un poco más en la historia. Hacen ese juego más interesante.

¿Y los pájaros?

Libres. Como ellos.

Tenés una escena con un juego de contradicciones, la del pájaro y la cámara de seguridad.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.


Sí. Me gustó el cielo de ese momento. Como vos decís, a veces veo los contraluces y me gustan. Si aparece un pájaro, bien. No es que me guste especialmente fotografiar pájaros
.

Bueno, tenés el de la jaula, el del 666…

Bernardino Ávila.Sí, me impresionó ver el pajarito ahí encerrado. Me habían hecho un corte en la frente, en diciembre de 2017, cuando fue la protesta por la reforma previsional. Allí recibí un piedrazo y me tuvieron que dar cuatro puntos. La ART del diario me mandó a rehabilitación y era por Palermo. Allí lo vi al pajarito ese que me impresionó tanto. Otra vez, también en Palermo, me encontré un gallo. ¡Un gallo en una carpintería! Son esas cosas que, en la ciudad, llaman la atención.

 

NARRAR A CONTRALUZ

 “Por suerte, no había mayores motivos de inquietud: la impasibilidad soberana de ese jardín —una bolita de colores admirada a contraluz— nos incitaba a la confianza. Y en verdad, desde las primeras horas de la mañana hasta las últimas del atardecer, el sol entre esas plantas tenía un desplazarse de persona, se paseaba entre los canteros cariñosamente abovedados, elegía algún gajo donde demorarse unos instantes más de lo previsto en el protocolo.”
“Las señoritas del teléfono”, Arnaldo Calveyra


También vimos muchas fotos donde fotografias ojos. No en retratos, precisamente.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Bueno, es que los ojos llaman mucho la atención. Uno de los chicos que manejan Instagram en el diario me decía que una cara de frente llama mucho más la atención que cualquier otra imagen. Creo que es más la mirada que los ojos.

¿Hay alguna figura que busques por la ciudad? Pienso en las sombras, en los ojos y los pájaros. Uno no sabe si te los encontrás repetidamente o…

Generalmente me los encuentro, pero creo que también los estoy buscando. No puede ser que siempre aparezcan, ¿no? Como las fotos de la gente que duerme en la calle. No es que los busco, me los encuentro. En un principio empecé a hacerlo porque el diario me lo pidió: “Hacé fotos de la pobreza”. Es medio un bajón fotografiar a la gente en esa situación. Bueno, me empezaron a salir fotos interesantes, pero ahora esa imágenes las ves por todos lados. Así que ya empiezo a tomarme el trabajo de buscar otras escenas, una mejor luz, una mejor situación. Ya no el clásico del tipo que revuelve el tacho de basura, sino una situación que te diga más cosas.

Bernardino Ávila. "La casa propia."
Bernardino Ávila. “La casa propia.”

Esta semana hice una foto en el Mercado del Plata, en la 9 de Julio. Hay allí una gigantografía por el tema de la Villa Olímpica, que decía “Tenga su casa propia” y abajo estaba lleno de colchones tirados, eran de gente que duerme en la calle. Esa foto la busqué, porque ya tenía visto el cartel y a la gente en situación de calle que pulula por esa cuadra. Pero nunca se me había presentado el encuadre. La semana pasada, al cubrir una marcha, pasábamos justo por ahí y vi la situación.¡Me habían armado la escena de teatro! Lo único que necesité hacer fue encuadrar y apretar. Ya estaba.

Eso confirma nuestras sospechas de que los fotógrafos son narradores, sobre todo, si les das un rato. Es muy admirable ese pensamiento tan rápido con el que la narración se convierte en una imagen…

Bernadino Ávila. Fotografía: Rodolfo Rodríguez.
Bernadino Ávila. Fotografía: Rodolfo Rodríguez.

Una vez, también en el centro, en una escalera de la boca del subte vi un chico sentadito con un billete. “¿Qué hace este pibe con un billete?” Pedía guita, claro. Me bajé del subte y encuadré de abajo hacia arriba. El tipo que entraba al subte bajando la escalera y el pibe que pedía guita me quedaban a contraluz.

Nunca lo pensaste como una narración.

No, porque en ese momento ves el cuadro e intentás hacer una foto diferente. Si bien, por el ejercicio de mi profesión tengo que hacer la foto común para asegurar el registro, siempre busco la foto diferente.

 

 RITUALES IN FRAGANTI

                                    “Las palas rechinan en el suelo con graznidos de matracas. Hay veredas techadas por andamiajes tan bajos que súbitamente el caminante se siente transportado a las callejuelas moriscas de Tetuán.”
Los bares alegres del Paseo de Julio”, Roberto Arlt


El tema de este número es “rituales”. Lo pensamos como una sucesión de hechos que se repiten para generar un efecto distinto cada vez. ¿cuáles son tus rituales al trabajar?

No sé si los tengo. Si voy a una entrevista, mi ritual es googlear primero al entrevistado, informarme. En cuanto a componer una imagen, creo que no lo hago como un ritual, aunque quizás, ahora que me marcás estas recurrencias, creo que vine al psicólogo.

El día de tu detención, algo inesperado sucedió que cortó el ritual.

Sí. Casualmente ese día me había cruzado con un colega y le había dicho “Tené cuidado porque está lleno de policías”. Lo que sucedió cortó el ritual de hacer mi trabajo, sin duda.

Esta vez fue un suceso inesperado grave pero, en otras oportunidades, ¿cómo se da en tu trabajo lo inesperado?

Por ejemplo, si renuncia De la Rúa, vos vas a estar ahí, colgado en Casa de Gobierno, a la espera de que el helicóptero se eleve para hacer la foto. Eso es esperable. Pero también tenés que estar atento, porque abajo suceden otras cosas…

¿La foto de Alfonsín agarrándose la cabeza?

Bernardino Ávila. "Alfonsín."
Bernardino Ávila. “Alfonsín.”

Esa es de una entrevista que le hice después cuando ya no era presidente. Ese gesto lo vi mientras se preparaba para que yo le hiciera fotos. Esas posibilidades hay que aprovecharlas. Esas son las sorpresas, lo inesperado.

¿Y la de Mauricio?

Bernardino Ávila. "Mauricio Macri".
Bernardino Ávila. “Mauricio Macri”.

Ese día había muchos fotógrafos. Puede ser mía o de otro la que viste. La que salió en tapa de la muestra de Agra es de Juan Roleri. Estábamos los dos en el mismo lugar, sólo que yo no presenté la mía, él sí y salió elegida para la tapa. Pero, bueno, en esas situaciones uno espera que el tipo haga algo, porque nosotros le veníamos siguiendo la campaña, veíamos que siempre bailaba, siempre con esa tontería. Entonces, te decís “Este, alguna va a hacer”.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

¿Y lo más inesperado que te haya sucedido aparte de que te lleven en cana?

La señora de la berenjena. La del chino. Son cosas que, si bien las vas a buscar, no esperás que sean tan así, tan fuertes. De Angeli cortando la ruta, cuando se viene toda la gendarmería y lo saca.

 

 

 

LA LUZ DE DESPUÉS

 “¿Es, por ventura, presente, siquiera, / el acceder únicamente a las escamas de tus minutos, / bajo lo invisible, aún, / que pasa…/ o a las miradas de tus láminas / o de tus abismos, / en los vacíos o en las profundidades de la luz, / de tu luz?
“Al Paraná”, Juan L. Ortiz

Muchas fotos tuyas están enmarcadas en lo que nosotros llamamos ventanas.

Encuadres dentro de la misma foto. Es un recurso que te lleva a mirar ahí.

Bernardino Ávila. Primeros piquetes, 2001.
Bernardino Ávila. Primeros piquetes, 2001.

Como un zoom para el espectador.

Claro. Mirás toda la foto, pero el fotógrafo te muestra algo en particular.

¿Te pasó alguna vez de ver en la foto algo que no habías percibido con el ojo, al disparar?

Totalmente. Algo que yo no vi pero sí vio la cámara. Y, por ahí, lo descubre el editor. Hace poco, Joaquín Salguero hizo una tapa de Página/12, la del 24 de marzo, donde aparece de espaldas Estela y, adelante, entre la multitud, se ve la cabecita del juez Ramos Padilla. Todos lo felicitaban a Joaquín “Che, qué buena combinación”-  “¡Te juro que no lo vi!”, nos decía él. Otro ejemplo del 2001: un tipo apunta y, atrás, hay un gordo policía con una pistola. Eso no lo vi al momento de sacar la foto, sino cuando hice la ampliación. Eso fue en Av. De Mayo y 9 de Julio, donde hubo dos muertes y los policías fotografiados están bajo sospecha. Por eso, los negativos se los quedó el Cels. Pasa que yo estaba muy cerca de esos canas y, en el momento en que se quedan sin municiones, escuche que uno dijo, “Agarrá la Halcón”. Según lo que después me dijeron, la “Halcón” es un tipo de arma, una pistola 9 mm, de las que no usan balas de fogueo…

¿Alguna vez pensaste en dejar la fotografía y hacer otra cosa?

Últimamente, sí (risas). Pero mientras siga “Página/12”, seguiré haciendo fotos. No sé… Si se cae, se va a hacer difícil para nosotros.

Aguantaron estos tres años. Van a ser declarados sobrevivientes oficiales.

Cada vez que pensamos que está todo tranquilo, vuelven a sacudir el árbol, a ver quién se cae…

 

A LA SOMBRA DEL REVELADO

                                     “Si no hubiera sido por esa desgraciada, la catástrofe no habría sucedido. Adriana estaba a punto de desmayarse, cuando la fotografiaron de nuevo. Todos me lo agradecieron. Destaparon las botellas de sidra; las copas rebalsaban de espuma. Cortaron las dos tortas en tajadas grandotas, que se repartieron en cada plato. Estas cosas llevan tiempo y atención. Algunas copas se volcaron sobre el mantel: dicen que trae suerte. Con la punta de los dedos, nos humedecimos la frente. Algunos maleducados habían bebido ya la sidra antes del brindis. La desgraciada de Humberta dio el ejemplo, y le pasó la copa al rubio. No fue sino más tarde, cuando probamos la torta y brindamos a la salud de Adriana, que advertimos que estaba dormida. La cabeza colgaba de su cuello como un melón. No era extraño que siendo aquella su primera salida del hospital, el cansancio y la emoción la hubieran vencido.”
“Las fotografías”, Silvina Ocampo

¿Cómo empezaste?

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Con una camarita que encontré en la casa de un amigo. Empecé a hacer fotos para mí. Después, me gustó mucho la foto deportiva. Comencé en una revista que se llamaba “A todo ciclismo”, con Emilio Guindón, un editor. Era una revista under, donde estuve cinco años. Me gustaba porque viajábamos por todas las provincias, detrás de las carreras de ciclismo. Era un trabajo muy manual, yo hacía fotos en blanco y negro, tenía que cubrir el evento, revelar, hacer las copias a papel…Estaba muy bueno para empezar. A esa altura, ya había dejado un laburo que hacía en Argencard, en el archivo de cupones. Obviamente, a la vez hacía fotos de casamientos y todas esas cosas que hacemos los fotógrafos para sobrevivir. Eso hasta que, una vez, la hija de un periodista de “El Gráfico” corría en bicicleta y salió campeona. Yo tenía una muy buena foto de la chica de frente, que llegaba con los brazos en alto. Entonces, hice la ampliación y se la llevé al padre “¡Qué buena! ¿qué te debo?”, me dijo. “No me debés nada. Lo único que te pido es que me presentes delante del jefe de fotografía de “El Gráfico”. Ese jefe de fotografía era el tano Forte. Dicho y hecho, me llevó a Atlántida, me presentó y me preguntó si yo tenía la credencial profesional de Agra. Le dije que no y entonces me dijo que volviera cuando la tuviese. Volví a los tres meses y me empezaron a llevar a la cancha. Me ponían atrás del arco con un lente de 50 mm. Me dijeron: “Cuando ves que la pelota viene, apretá”. Yo, contentísimo, imaginate. Ya pisaba un campo de fútbol, era tocar el cielo con las manos. En un River- Boca, apreté esa foto.
Entregué todo el material y, cuando fui a ver la revista publicada, me habían dado una doble página. Creo que era un gol de Ortega. Buenísima. Esos fueron mis primeros pasos.  Dejé de hacer fútbol en El Gráfico, creo que en el verano del ’94, cuando se cortaba el laburo en la revista. Entonces, me habían recomendado que fuera a ver al jefe de fotografía de “La Prensa”, El “Bicho” Juarez. Ahí, el “Bicho” me tomó como fotógrafo. Estuve un año. Después, La Prensa cerró.

Pensaba en cómo cambiaron los rituales con el paso a lo digital en la fotografía.

Es terrible.  Los fotógrafos sacamos una foto y ya la queremos ver. Antes, con el negativo, imaginate, era una desesperación.

Pero había todo un misterio ¿no?

Íbamos a la cancha, hacíamos las fotos: ¡ta, ta, ta,ta! Y, hasta no volver al laboratorio y revelar, uno no sabía si tenía o no la foto del gol, si salió la pelota o no. Unos nervios… Nos peleábamos entre colegas para revelar. En cambio ahora, ya en la cancha ves la foto. Lo mismo para transmitir en manifestaciones o en cualquier evento, enviás el material al diario al toque.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

¿Se perdió o se ganó?

Para mí se gana. Te tenés más confianza. Estás en la nota y sabés que la foto ya la tenés.

¿No te da nostalgia ese proceso lento?

Me da, sí. Era muy linda la magia de ver cómo se venía la imagen en el papel. Muy linda. Sobre todo, si lo podías hacer tranquilo, sin presión.

Algo que quizás no sienten las generaciones que “nacieron” en lo digital.

Bernardino Ávila.Fotografía: Rodolfo Rodríguez.
Bernardino Ávila.Fotografía: Rodolfo Rodríguez.

Claro. No le dan la importancia que le damos nosotros. Igual tienen otras cosas, manejan otros códigos. Están en otros temas, tienen otras urgencias. Esto de lo digital genera mucha competencia. Las agencias compiten entre ellas para meter primero la foto de la misma situación.

Me da la sensación de que, con lo digital, cualquiera tira trescientas fotos y una va a salir bien.

Sí. El tema está en lo profesional. La foto tiene que estar a las diez de la noche y son las diez menos cinco y vos tenés que revisar trescientas fotos ¿Cuál es la interesante? No te conviene tirar tantas, porque tenés que editar. Tenés que ser rápido.

 

FOTÓGRAFO EN LA OSCURIDAD

                                   “El lenguaje responde a lo que está dentro o detrás o escondido, a lo que, en otras palabras, no se mira fácilmente, dando a entender que tan oscuro es el nacimiento de la invención como luminosa es su conclusión. Por lo tanto, cuando la luz de la foto se dispersa, el poema se hace cargo.”
“Fantasía sobre las relaciones entre fotografía y poesía”, Mark Strand


En la era de lo analógico, en situaciones como la que te tocó vivir, de ir preso, el fotógrafo no tenía garantía de que el material llegara a la redacción, salvo que ocultara el rollo o lo salvara de alguna forma.

Bernardino Ávila (fotoperiodista de Página 12) y a Juan Pablo Barrientos (fotoperiodista de Cítrica), arrestados
Bernardino Ávila (fotoperiodista de Página 12) y a Juan Pablo Barrientos (fotoperiodista de Cítrica), arrestados

Bueno, cuando me empieza a perseguir el policía, para mí venían por mi cámara. Entonces, intenté alejarla de ellos, mientras me pegaban. Vi a Sebastián, un colega que conozco de la calle. No es mi amigo pero, en medio de la golpiza, le dije que me agarrase la cámara. Él se conectó conmigo, me manoteó la cámara, se la colgó y me siguió fotografiando. Cuando mi cámara estuvo con él, ya me relajé. Ahí me redujeron, me tiraron al piso, me pegaron, pero yo ya sabía que la cámara la tenía un colega, estaba a salvo. Te soy sincero, en ese momento fue en lo único que pensé: entregarle la cámara a alguien conocido. Ahí la tecnología no marcó la diferencia, tenía que salvar el material y el material estaba en la cámara. Luego, desde el piso, vi a Sebastián que todavía estaba por ahí y le dije que se fuera al diario.

¿Alguna vez te sentiste en riesgo de vida en tu trabajo?

No. En el 2001, estuve en situaciones en que los tipos sacaban sus armas y tiraban tiros, pero corrí el mismo riesgo de vida que cualquier manifestante en la marcha. Por suerte, nunca pasó que me apretaran puntualmente a mí.

¿Y cómo se juega ahí tu rol de laburante en relación al de quien va con una convicción política o ideológica?

Estamos en la misma situación. Ellos se cuidan, van en grupo y nosotros también. Además, generalmente, nosotros estamos con ellos.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

A diferencia del 2001, hoy hay una actitud diferente de las fuerzas de seguridad con la gente de prensa.

Sí, sí. En 2001, en la 9 de Julio, donde está Bienestar Social, había un grupo de policías que estaban dándole palos a lo loco a un par de pibes tirados en la calle. Cuando nos acercamos nosotros, pararon. Les hicimos fotos, estaban llenos de sangre los pibes. Me acuerdo que yo los puteaba a los canas. Uno de los pibes nos dijo “Por favor, no se vayan”.

Ustedes operaban como protección.

Sí. En 2001. Ahora nos disparan a nosotros. A Pablo Pirovano en 2017, en la reforma previsional, lo fusilaron a dos metros con balas de goma. Sabemos que fue a esa distancia por los peritajes. Ya no les importa. Están cebados.

Fotografía: Rodolfo Rodríguez
Fotografía: Rodolfo Rodríguez

 

 

 

 




AQUÍ, EL DIOS QUIERE BAILAR

Rituales: sobre la obra de teatro “Aquí hay leones”, dramaturgia y dirección Javier Swedzky.
Actuación: Flor Sartelli, Leonardo Volpedo

 

RETAZOS DE CIUDAD

Nuestro ritual es el radar. Que el cuerpo esté atento a los textos en tránsito. Que no nos deje de interpelar la pared que grita en un grafitti, ni la tristeza de la mujer al paso: su retacito de soliloquio, su ensimismamiento a medias, donde guarda en pudores su reclamo.

Repetir, repetir la sucesión de los ojos alertas, de las manos dispuestas a retener el temblor de un saludo saturado de biografía, de los brazos prestos a rodear el cuerpo anciano, ya hace tiempo retraído dentro de sus contornos.

La calle se ha vuelto una gran página carcomida por los sudores de las cunetas. Quienes tienen zapatillas las apuran hacia el umbral que amenaza con la pérdida de trabajo. Quienes no las tienen revuelven los containers aún sin cerrojo, para ver si pueden calzar en el número que otros han desechado. Es de madrugada en la ciudad. Las secretarias tensionan el esmero de su maquillaje sobre la piel exhausta, no pueden darse el lujo de protestar por no haber dormido lo suficiente. Los trenes se abarrotan, los estudiantes desquitan su hastío en algún jueguito de celulares, mientras exponen el aparato al voleo de algún desesperado. Madres y padres arrastran mochilas y deudas hacia la puerta de la escuela, donde se despiden de sus hijos con la mitad del cuerpo, mientras la otra mitad pasa agenda a los imperativos del día.

"Aquí hay leones". Carolina Tejeda (actriz 2008) y Leonardo Volpedo.
“Aquí hay leones”. Carolina Tejeda (actriz 2008) y Leonardo Volpedo.

Por la avenida avanza un coche con vidrios polarizados. No importa no ver a través, la mirada que escribe intuye los contornos, los perfiles y las direcciones de quien conduce.  Por si nuestra imaginación no alcanzara, al llegar a la esquina, el vidrio desciende a través de una grieta en la carrocería y deja al descubierto un par de lentes, también oscuros. Un  brazo extiende su complicidad hacia la severidad de un uniforme. Valió la pena descaparazonarse para conversar unos segundos, de autoridad a autoridad. La escena es un absurdo de prepotencia, que se desvanece ni bien cambia el semáforo.

No caben en la mirada todas las escenas de este día recién amanecido y ya viejo de cansancios. Pero algo golpetea los ojos. Son pilas, pilas de colchones diseminados a las puertas de los bancos, bajo la angostura de un techo, bajo las nuevas y tan coquetas paradas de colectivos, en las entradas de las iglesias, en las sinsalidas de este tiempo, fiera que no para de acechar. Vendrá el invierno. Y los leones todavía serán gobierno. ¿Quién abraza en el mientras tanto?

 

AQUÍ HAY LEONES

Un león cazar. Peter Paul Rubens
Un león cazar. Peter Paul Rubens

Decía Federico Nietzsche que el hombre camello es aquel que carga y padece. Por su parte, el león advierte que carga, pero no hace o no puede hacer nada para cambiar sus condiciones. Aun así, dio el paso de la conciencia: no quiere ser más camello. Y el niño es el dios que baila. En “aquí hay leones” el universo está rodeado de fieras al acecho. A más invisibles, más terribles. El espacio se ha vuelto estrechísimo y la capacidad de movimiento oscila entre la torpeza y el desconcierto. Una pareja hace equilibro sobre su pila de colchones. Mueve al dolor para que no se instale. Capa tras capa, reinstala el ritual en su casa -milhojas, donde la escritura se acurruca en busca del nombre adecuado para el bebé por venir-. Libertad es lindo nombre. Aunque alrededor ruja la música, aunque la máquina de consuelo con que se abrazan no funcione, aunque los recuerditos de turismo clasemediero no respondan al hechizo del deseo, Libertad es un lindo nombre. Podría ser que si él se atreviera a laburar de astronauta, en vez de insistir en su trabajo de vendedor de inventos -un personaje a lo Roberto Arlt, aunque más contemporáneo- la prepotencia del deseo estallase contra la furia de los leones. ¿Cuándo va a terminar todo esto? Una noche de romance entre los reflejos de una mínima bola de espejitos, una abuela desclasada que descansa en una maceta, un sueño con el juicio final, que los aniña en un juego de sombras. ¿Imaginate si los leones no son más que eso: fantasmas inconsistentes manejados por el hilo de un titiritero en lo alto de la caverna? Como sea, Libertad, sin duda, es un lindo nombre.

 

LEONES ACAMELLADOS

"Aquí hay leones".  Flor Sartelli y Leonardo Volpedo.
“Aquí hay leones”. Flor Sartelli y Leonardo Volpedo.

Ay, mi querido Federico, ¿qué decir de estos leones? Como una inversión de los tuyos, estos son conscientes de cargar a otros con fardos pesadísimos. Estos han dado siempre el mismo paso hacia una conciencia sin desataduras: la de clase. Estos son leones acamellados, metidos en la jaula de sus privilegios. Lo de estas bestias es la costumbre, no el ritual: repiten para instalar siempre lo mismo.

Mientras tanto, lo que ellos llaman “el resto”, tiene que hacer equilibrio en lo alto. El ritual de sostenerse sobre tierras movedizas requiere paciencia, creatividad y nudos. La cucharita no quiere quedarse quieta sobre el platito del café. Hay que colocarla de nuevo. Pero la cucharita no quiere quedarse quieta sobre el platito del café.

Y otra vez.

Y no quiere.

Y otra vez.

Por su parte, el tío que “siempre encuentra un negocito” duerme aplastado entre dos capas de la milhojas. Sólo lo desperezan de su chatura, para que atruene con la voz de los adaptados, para que humille a los sin empleo con sus formulitas de rituales gastadísimos: “Yo presto un poco de dinero y me quedo con un punto, al que le presté presta dinero a otro y, de esa transacción, me quedo con un punto”. Punto a punto, el tejido del tío se sostiene, al final, a punta de pistola. Claro: por si, en la cadena, algún acreedor falla.

Y, si el aplastamiento del tío irrita, qué decir de la abuela venida a menos. Titiritearla ha sido una decisión brillante de quienes tramaron esta puesta en escena. Ella es el harapo de lo que supo ser. La vergüenza de no tener cuando se tuvo. El cuerpo disminuido que descansa en una maceta, como si de un ensayo de la tumba se tratara.

 

VENDAMOS EL COCHE

"Aquí hay leones". Flor Sartelli y Leonardo Volpedo.
“Aquí hay leones”. Flor Sartelli y Leonardo Volpedo.

Pero no tenemos.

La nafta, la patente, la correa, el aceite, la nafta, otra vez, la nafta. El combustible.

Pero no tenemos.

Es muy sano andar en bicicleta. Un montón de ventajas tiene andar en bicicleta. No importa si uno elige bicicletear o si le han bicicleteado el tiempo. Es muy sano, vendemos, el coche.

Pero no tenemos coche.

¿En qué se trasladan los leones?

 

RECUERDITO, RECUERDITO, DIME DÓNDE ENCONTRAMOS UN SENDERITO

¿Te acordás del souvenir que trajimos de Europa, el muñequito de plástico vestido de inglés… o era de holandés? Y el platito que compramos… no me acuerdo dónde, ¡pero quedaba tan lindo sobre la pared!, ¿te acordás cuando teníamos pared? ¿Y la bailaora española? Esa sí me acuerdo dónde la compramos, seguro fue en España.

"Aquí hay leones". Flor Sartelli y leonardo Volpedo.
“Aquí hay leones”. Flor Sartelli y leonardo Volpedo.

Ay, cómo se impregnan los objetos con la memoria. ¿O es al revés?, ¿es la memoria la que se embadurna de objetos?

Hay que hacer un altar. Pedirle a los recuerditos que dejen de atarse al pasado y nos señalen un camino.

Pero no funciona.

Si no funciona, hay que volver a pedirles.

Para qué, no funciona.

Para repetir y repetir y que se genere la diferencia. El ritual, ¿me entendés?

Ah. Y, con respecto al nombre de nuestro bebé, ¿de verdad te parece ponerle Libertad?

 

LA ADUANA DE LOS LEONES

Íbamos a irnos de viaje, teníamos todo, te lo digo: el mapa, el trayecto, el sueño. ¿Qué más? Pero pasó que, cuando llegamos al borde de la partida, estaban ellos. Después, un día, nos decidimos a ser padres, porque eso de esperar el mejor momento es una trampa, nunca llega el mejor momento. Libertad nos pareció un hermoso nombre, ¿vos qué decís? Y sí, al borde de todos los nombres merodean ellos. Otro día salí a buscar un empleo, porque eso de que los niños vienen con un pan bajo el brazo yo no me lo trago. Y, en la recepción… sí, ¡ellos! No sé cómo explicarte. A mi compañero se le ocurrió una idea brillante, él es muy creativo, ¿sabés? Una tarde vino y me dijo que debía cambiar de trabajo. Al principio, yo me opuse. Pero, cuando me largó un ¡Yo podría ser astronauta!,  me pareció que por allí habría una salida. ¿Andarán los leones por el espacio sideral?

 

PRESENTAR BATALLA

No hay mañana, no hay tarde, no hay tiempo si el hacer no lo organiza. La máquina de consolar tiene las articulaciones torpes. Hay que armar y desarmar la pila de colchones, agitar la ausencia y la falta. Si se aquieta el hueco, te morfan los leones. Y los leones son insaciables. No se van ni cuando pierden. Y, a decir verdad, tampoco hacen demasiado. Se toman vacaciones cada vez que pueden y dejan al rugido y a las garras a cargo. No, no, no. No son las sombras en la cueva de Platón. Son los que manejan aquello que proyecta sombra desde arriba de la cueva. Y, sí, es evidente: más alto que sus manos, ellos también son manejados. Es una milhojas de desgracias. ¿Y nosotros, qué?

No hay mañana, ni tarde, ni tiempo si el hacer no lo organiza, si la queja desbarata, si la nostalgia se apodera hasta de nuestras sombras.

Resistir en el ritual y aguzar el radar. Está lleno. Lleno de pilas de colchones. Tal vez, si les preguntamos a ellos, a los otros que -como nosotros- insisten y persisten, se les ocurra algún nombre. No, no puede ser ni Soledad, ni Caridad, ni Misericordia.

Tenemos que reinventar las palabras. Y que los leones se disuelvan en sus propias sombras.

MANIFIESTO DEL TEATRO CHOTO Hacemos teatro pero no sabemos para dónde ir. Estamos perdidas/os y el teatro que nos sale no tiene valor de cambio ni perspectivas. Escribimos este manifiesto a sabiendas que no lleva a ningún lado. Somos un pequeño grupo teatral y vivimos en la Argentina de hoy, pero no somos contemporáneas/os. Nuestro lenguaje es fallido, está fuera de cuadro, no responde a las expectativas de las vanguardias ni de la modernidad, menos aún a las de la crítica. Por lo que nos dimos cuenta que es, definitivamente, choto. Hacemos teatro acá, pero no hacemos teatro argentino. Tanteamos en terrenos desconocidos, guiados por nuestras ganas de divertirnos y nuestra decisión de compartir nuestras dudas. Nuestros pensamientos, elecciones y acciones no colaboran a erigir la identidad de un ser nacional, ni a la de un teatro nacional. Menos aún están pensadas para edificar un teatro argentino de títeres (que nos mira como si recibiera en su casa un sobrino borrachín y cleptómano al que se le aguanta con una sonrisa que diga cualquier barrabasada mientras se mira las pertenencias de reojo). Nos libramos de la responsabilidad de colaborar con un teatro que no terminamos de entender y que nos quiere imponer una mirada. No somos tributarias/os de las tradiciones teatrales pero tampoco las negamos; no somos, por fortuna, depositarias/os de herencias, fardos ni misiones teatrales y no tenemos legado alguno a transmitir. Estamos al margen de las conversaciones interesantes y afuera de los templos. Nos falta lustre. Financiamos nuestro trabajo con nuestro dinero. Las colaboraciones del estado o privadas para la creación de estos espectáculos son ridículas y consideran nuestros salarios de una manera menor, refregándonos en la cara que para ellos nuestro trabajo no vale nada. Esto tiene consecuencias en nuestro funcionamiento y creaciones: ensayamos poco porque es caro, pagamos todo, o con suerte casi todo, y nos queda poco o nada para nosotras/os. Por eso hacemos lo que nos viene en gana, con la complicidad de nuestras amistades, con las pocas chucherías que hemos podido conseguir y sabiendo que lo que hacemos no le importa a nadie. Las obras que producimos están muy lejos de ser obras bien hechas. Nos gustaría ser parte de una familia, la de Kantor, (a quien le copiamos la idea de hacer un manifiesto), los dadaístas, Girondo, Zappa y Bonino -y la lista sigue- pero creemos que ninguno de ellos nos hubiera prestado atención o les hubiera convencido la idea, de todas maneras nunca lo sabremos. Hoy, acá, hacemos teatro choto. Los que hacemos “Aquí hay leones”: Flor Sartelli, Leo Volpedo, Laura Cardoso, Nicolás Botte, Javier Swedzky

 

* Las escenas que se relatan en esta nota son recreadas, no textuales.

** El texto de esta obra fue escrito en base a experiencias personales de los integrantes de la compañía.




ESE AUTITO DE JUGUETE (Una biografía en curso)

Rituales: Entrevista a Daniel Catalano, Secretario de ATE Capital

Entrevista: Eugenia Casetta Buenanueva, Nora Lomberg, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo


“(…)y hasta bajarse en los altos y explorar sin alejarse mucho (porque nunca se sabe en qué momento los autos de más adelante reanudarán la marcha y habrá que correr para que los de atrás no inicien la guerra de las bocinas y los insultos), y así llegar a la altura de un Taunus delante del Dauphine de la muchacha que mira a cada momento la hora, y cambiar unas frases descorazonadas o burlonas con los hombres que viajan con el niño rubio cuya inmensa diversión en esas precisas circunstancias consiste en hacer correr libremente su autito de juguete sobre los asientos y el reborde posterior del Taunus, o atreverse y avanzar todavía un poco más, puesto que no parece que los autos de adelante vayan a reanudar la marcha, y contemplar con alguna lástima al matrimonio de ancianos en el ID Citroën que parece una gigantesca bañadera violeta donde sobrenadan los dos viejitos, él descansando los antebrazos en el volante con un aire de paciente fatiga, ella mordisqueando una manzana con más aplicación que ganas.”
“La autopista del sur”, Julio Cortázar

 

Yo no nací ningún día ni en ningún lugar. Comencé a ser en un espacio incierto entre  las manos del don y las de bienvenida. Llegué despacito a mis contornos, al ritmo de la caricia que me circundó la forma. Acunado así, en esa pura niñez, me creció la edad al chocar de frente contra un camioncito traidor, que de juguete no tenía nada. Con la trompa abollada y sin luces, aprendí a abrir bien los ojos en las trampas de las curvas, a aliarme con las líneas compañeras del camino, a cuidarme las llantas de las chinches y a poner chinches, si la ocasión venía brava.

Con el tiempo, creció en urgencia la mano que me acunaba y, entonces, tuve que probar arrancar de mi propio impulso. Los autos “de verdad” se reían de mis pretensiones, ¿dónde se había visto a un auto de juguete, sin motor y sin dueño, intentar moverse por las suyas? La risa era ácida, pero no calaba hasta el chasis. Algo en la sustancia amable de mi carrocería y en los pigmentos nobles de mis colores me escudaba contra tanta sinrazón. Eso sí, fue necesario tener más cuidado en las carreras, más prudencia en las alturas de los balcones. Aunque, para ese entonces, ya me había impregnado de buenas adherencias. Y eso, ¡ay!, ¡no sabés cuánto ayudaba! Del cuarto de un vecinito, me quedó el eco de una ausencia. El frío sin ventanas, de un barrio cercano. El bache profundo, de un andar viejito, en marcha hacia el horizonte. Pero, por sobre todas las cosas, me fortaleció  el abrazo: el roce puerta con puerta, el deslizarse rueda con rueda del resto de los autitos, dispuestos a jugar en la misma dirección. No sé cómo explicarlo, te lo vuelvo a decir: si te fijas en los papeles, salí de una fábrica en alguna parte, un día cualquiera. Pero nacer, lo que se dice haber nacido, sólo sucedió en la lucha: el lado grande del  infinito juego sin nombre.

Ahora avanzo entre las horas. A cada tramo, la biografía en curso de los otros se inscribe en mi cuerpo. Soy el verso de lo que somos, el trayecto  que aún podremos. La ilusión sin concesiones ni héroes. Un autito de juguete, de barrio, de vereda. Pero lleno de multitud.

 

CORRER EL LENGUAJE

 

                                               Dígame, Doña: ¿cuál es la palabra para decir futuro?”
Me quiere mar”, Mia Couto


Estuvimos chusmeando otras entrevistas y algunas declaraciones tuyas. Nos llamó la atención el cuidado que ponés con el lenguaje. ¿Considerás importante en la formación de un sindicalista, de un obrero, de un luchador, ocuparse del lenguaje?

Daniel Catalano.  Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.

Sí. Pienso que, además de formarse, uno tiene que advertir que se van cumpliendo ciclos en los que, con los recursos de siempre, uno ya no puede comunicar todo a todo el mundo. Y eso es un indicador como para empezar a correr. Hay una situación de mucha velocidad social y, a veces, uno se siente muy desfasado de ciertas instancias de construcción colectiva. Terminás por hacer un esfuerzo para tratar de adecuar tu lenguaje, querés que quien lo reciba pueda vivirlo- no como algo tóxico o agresivo- sino sintiéndose incluido. También vemos que hay una generación más nueva que, de una manera natural y amigable, comunica mejor  que nosotros. Todo se aprende. El mundo está avanzando muy rápido y –quizás- la política y el sindicalismo, no. Tal vez llegue un tiempo en que una nueva generación piense la política de otra manera, con otra impronta. Hoy uno tiene que estar como aferrado a lo que está instituido, ¿no? El lenguaje viene a patear todo para arriba y, con el lenguaje, llega un montón de otras cosas. La palabra deconstrucción no me es cómoda. Me parece mucho más cómodo el aprendizaje. Pero bueno, estoy ahí, haciendo un esfuerzo para ser parte de esta etapa el tiempo que me quede.

¿Esto se da en las dirigencias y también en las bases?, ¿leen?

Yo leo. Todo el tiempo trato de incorporar elementos. Tengo en la mochila un libro de feminismo, ya lo estoy por terminar. Necesito instancias en donde poder empezar a asimilar esta nueva etapa. Bueno, esta etapa es con las mujeres, ¿cómo la hacés? ¿Decís “todos, todas, todes?” El “todes” no incorpora a la mujer, incorpora a otro sujeto nuevo que la sociedad interpreta que existe. Bueno, ¿cómo trabajás eso? Primero, tenés que internalizarlo, apropiártelo. No alcanza con un marco legislativo. Yo tengo cuarenta y cinco años y vengo de una familia europea, tana, patriarcal. Todas en contra. Por suerte, la vida me dio un gurí y una gurisa que me dicen: “Papá, sos arcaico, sos prehistórico, no se dice así, fijate…” Bueno, desde ahí, uno también descubre qué y cómo.

Arcaico y todo, en tu asunción elegiste un espacio cultural como el teatro. Y entonces cambio la pregunta un poco. Aparte del lenguaje, ¿te parece importante la formación artística en un luchador? Más allá de la comunicación estricta de contenidos: para la picardía,  para el vuelo, para la gracia, el plus de sentido…

Sí. Hay cosas con las que se nace, creo. No cualquier persona puede, desde un escenario, hacer que otro ría o se emocione. Para ese momento, nos pareció acertado el teatro. Primero, porque es una casa histórica de trabajadores y trabajadoras, un espacio abandonado por todas las políticas públicas- sobre todo, las más recientes-. Es un territorio que había tenido un despertar durante el gobierno anterior, en donde se habían puesto en valor muchas situaciones culturales. Bueno, nosotros pensamos que la cultura es una de las herramientas de transformación, lo miramos con mucha atención y trabajamos mucho sobre nuestra comunidad. Buscamos que nuestras afiliadas y afiliados tengan otra impronta en materia de cómo acceder a una vinculación distinta con el mundo. El sindicalismo no es lucha nada más. Tiene que ser también cultura, recreación, formación… ahí hicimos un esfuerzo grande de intervención.

Zimbawe.

Si es como vos decís, que hay cosas de nacimiento: aunque alguien no haya nacido para ser un gran actor, el teatro le podría dar recursos para hacer otra cosa, ¿no?

Sí, sí. Y creo que yo voy a hacer ahora un curso de stand up. (Risas) No, en serio, hay dirigentes que son muy graciosos a la hora de transmitir. Creo que todos deberíamos poder pasar por la instancia del escenario y aprender a movernos. Cuando asumí como adjunto en la CTA, había una compañera del sindicato de actores, Lola, a quien le pedí que me enseñase cómo pararme en el escenario, cómo moverme… Lola se reía, me decía “Bueno, pero esto lleva tiempo” “Sí, sí, pero tirame tres cosas ahora”. Lo cierto es que quien se forma en eso tiene un plus que el resto no. Yo siempre les cuento a mis compañeros que se inician en esto: la primera vez que me tocó hablar en público, me quedé callado. Era una charla sobre la sexualidad de los chicos en situación de calle, frente a treinta trabajadoras sociales. Lo había investigado, lo había preparado. Dije “Bueno, la situación de la sexualidad de los chicos y chicas en situación de calle…” y me quedé mudo. Hoy se dice que eso es ataque de pánico.

Yo lo tuve a mis diecisiete o dieciocho años. Después, fue todo un aprendizaje, porque me escudaba en el sindicato. Había seiscientas pibas en una asamblea, y me decían “hablales – acá- a los laburantes, deciles lo que tenés que decir…” Bueno, empecé. Pero si uno pudiera trabajarlo, ir incorporando recursos, estaría bárbaro…

 

PARTIR EL JUEGO

 

“Te mando un gran abrazo, dos estornudos cuatro toses/seis palmadas en la espalda/un piano volador, cinco bostezos/¿Anotaste?”
“Te mando”, Luis Pescetti

Hablabas de tus comienzos. Pensaba que, en el área de “Niñez y adolescencia”,  trabajaste en el armado de juegotecas, ¿cómo se traslada a tu trabajo actual la noción de juego? Me refiero a establecer reglas,  modificarlas creativamente, hacerlas flexibles, incluir el placer…

Todo es trasladable. Lo aprendido es lo aplicado permanentemente. Y se traslada a romper las reglas también. Lo más intenso que tiene nuestra organización, la Verde y Blanca, es eso: haber roto todas esas estructuras que nadie había tocado. Creo que esa fue la parte más dinámica de lo aprendido: hay que jugar, hay que romper. El asunto es cómo jugamos.

También aprendí que hay un plus que genera el sujeto que recibe el juguete, donde la imaginación es todo. Un autito puede servir para transitar por una carretera o para recuperar una historia familiar. Hoy, hay una contaminación tremenda de los pibes con las redes sociales. Eso, a veces, no les permite tener el tiempo  para crear y recrear. Bueno, el tema del juego implica de qué manera vos te podés pensar en distintas situaciones: adentro de un autito o adentro de un aro, o a través de un túnel. El sindicalismo que hacemos nosotros también tiene que ver con eso. Todos esperan lo estructural y nosotros venimos a patear todas las estructuras. No creemos que lo instituido sea necesariamente lo que corresponde. Vos generás qué necesitás que sea lo instituido. Y en eso, mi formación -o mi deformación- es recontra válida.

Hay una cosa que parece propia del sindicalismo tradicional, la de intentar permanecer para siempre en un lugar conquistado.

Claro, llegar para quedarse. Yo llegué para irme. Porque, si no, el sindicalismo termina por ser el reflejo del dirigente, no el de las personas a quienes vos representás. En mi caso, en un momento dejás de ser empleado público, para pasar a ser dirigente.

 

HORIZONTEAR EL FUTURO

 

                                   Desde chiquitos nos han enseñado/ Que esperanza viene de esperar/Pero no sirve esperancear sentados/ A que todo(s) lo(s) malo(s) tenga(n) buena voluntad”
“Nosotros los feos”, Federico Cáceres, en el álbum
“Vivir riendo”, de “Mano a mano”

 

En muchas declaraciones marcás la diferencia entre el movimiento obrero y el sindicalismo, ¿qué fuerza tiene el movimiento obrero que todavía no tengan los sindicatos?

El movimiento obrero tiene la particularidad de ser autónomo de los sindicatos. Cuando el sindicalismo traiciona, en algún momento, el movimiento obrero sale y resuelve. Es totalmente lógico que eso suceda, porque en el sindicalismo histórico la representación sindical define por fuera de las bases. Toman decisiones que atraviesan la vida de cualquier trabajadora o trabajador, sin tomarlos en cuenta. Por eso, es sumamente  importante remarcar que a la fuerza de los trabajadores y de las trabajadoras no la reemplaza lo institucional. También hay sindicatos con un acercamiento a su base, como Camioneros. Entonces decís: “Guau, existe ahí cierta síntesis”. Y después tenés sindicatos como el nuestro, que no logran hacerlo. Vos tomás algunas decisiones políticas y sindicales que no tienen el suficiente acompañamiento del movimiento obrero. Escuchás cosas como: “La negociación paritaria va mal, pero no salgo a la calle”. Por otra parte, dentro de una misma población,

conviven un ATE combativo con un UPCN. Y vos no sos la síntesis de todo eso. En algún momento el movimiento obrero saldrá todo junto e impactará de tal manera que frenará el avance  del gobierno. Porque perdimos diez ministerios, no es que no pasó nada. Perdimos treinta mil puestos de trabajo. Bueno, el movimiento obrero no estaba todavía en condiciones de dar esa pelea y el sindicalismo no estuvo a la altura de lo que necesitaba ese movimiento obrero. En eso, nosotros entendemos que no somos la síntesis de nuestros compañeros y compañeras de trabajo. No alcanza.

 

YANKEES, GO HOME

 

“(…)ella sale al encuentro de la esquina del sueño/a cumplir la cita con los viejos fantasmas/ella tiene coraje cuando espía al traidor/
al que se pone el guante/ella bebe despacio su pasado/en el bar de ventanas/por las que a veces entra la locura/ella se pone suave/y me ayuda con su pecho mullido/a vivir el amor muy tiernamente/ella escribe conmigo/y se desnuda en silencio/ella/la vida/se ha puesto/la capelina roja/y anda suelta en el clima.
“Biografía”, Roberto Santoro.

                                  

¿Quién es un traidor para vos?

Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.

Todo aquél que pasa por la embajada de Estados Unidos, como síntesis de lo más cruel que le puede pasar a nuestro pueblo. No digo el que va a tomar el té, digo el que va a negociar, el que acuerda de qué manera oprimir al pueblo, desaparecer gente, asesinarla, encarcelarla. Esos son los traidores que nosotros tenemos.

Y cuando hablás de una unidad con otros sindicatos, con la CGT, ¿qué sería lo no negociable ahí, lo que sentirías como una traición?

Lo que no se puede perder es la capacidad de relación con la base. Nosotros planteamos que hay que volver a la CGT, pero para eso tiene que haber un marco de participación democrática. Volver para ser parte de lo que hay ahora, no tiene sentido. Yo no tengo pertenencia a la CGT. Yo soy peronista, tengo pertenencia al peronismo y al kirchnerismo en un mismo sujeto político, no soy cegetista. Sí me siento un trabajador organizado y me encantaría que haya una sola central obrera. No me importa ni siquiera el nombre. Me gustaría ser de la CGT de los Argentinos, no de la CGT. Cuando vos tenés que empezar a hilar tan finito es porque algo pasó en el medio. Yo creo que lo no negociable es que no haya un ámbito de participación democrática.

¿Te afiliaste hace poco al partido justicialista?

No. Me afilié cuando era muy jovencito, en la Matanza, a los dieciséis años. Después, acá en la Capital Federal, hicieron un partido político en el que me afiliaron de prepo y eso desafilió mi pertenencia al Partido Justicialista. Lo hicieron acá. Usaron el padrón de nuestro sindicato para hacer un partido político. Cuando nos enteramos,empezamos a mandar cartas documento. Creo que me habré reafiliado como doce veces al PJ de Capital: todo el tiempo te afiliás y te desafilian. La última vez me cansé y dije: “Hagámoslo público a esto, es una vergüenza”

¿O sea que la del 2018 no es la primera, sino la última?

Es la última, donde por fin aparezco en el padrón del PJ. Pero vengo de toda una secuencia de ser parte, sí.

 

INÓRGANICO, EN ZAPATILLAS SIN MARCA

 

que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no pajaritos como el tío juan/especialmente porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje hasta el crematorio municipal/y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que les hacía pío-pío en la cabeza/el tío juan era así/le gustaba cantar/y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/entró al horno cantando pío-pío/salieron sus cenizas y piaron un rato/y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza”
“Sobre la poesía”, Juan Gelman

¿Qué pasaría si el partido toma una decisión con la que vos no estás de acuerdo de ninguna manera?

Kim Leuembergerc
Kim Leuembergerc

Yo soy totalmente inorgánico al partido. Creo que en eso hay que ser más claro. Menem también se dice peronista. Macri se autodefine peronista, puso un busto de Perón, compartió con una parte del movimiento obrero un acto del 1° de Mayo… No hay un peronómetro o algo que establezca quién puede ser de un partido o de un movimiento político. Yo me siento parte de una referencia histórica,  eso no me obliga a tener que acordar cualquier cosa. Si el partido dice “Lavagna”, si dice “Urtubey”, si dice “Pichetto”, a mí no me va a contener. El partido me va a importar poco ahí. Después veré si me desafilio o no. No me importa tanto el tema de la afiliación en sí misma. No necesariamente esas decisiones troncales tienen algo que ver con lo que nos pasa a los militantes, que somos parte de algo más grande.

Vuelvo al tema del lenguaje y de la unidad. Muchos peronistas, cuando se encuentran con alguien de la izquierda a quien juzgan insuficientemente efectivo, empiezan con esto de “trosko” y progre. Como si la superación de un trosko fuera un peronista o un peronista fuera un nivel superior de la combatividad.  Más allá de la gente que está en contra de todo de modo compulsivo, ¿no te parecería bueno que muchas de esas personas estuvieran de este lado y repensar esa disputa de lenguaje?

Lo que pasa es que hay que ver cuánto se pueden permitir ellos estar en un lugar que no sea ese. El problema no es dónde uno los ubica, sino dónde se ubica cada persona. Hay en el mundo gente más trotskista que quienes participan estructuralmente en el partido. Hay personas con una impronta mucho más revolucionaria que lo que el partido puede establecer. Y también hay gente mucho más progresista que cualquier expresión partidaria progresista, aunque no creo que haya hoy un partido así. El rótulo es una excusa para dejar gente afuera o para que otra gente se quede acomodada en un lugar de confort ganado hace tiempo. Lo que yo cuestiono siempre a las personas que se ubican en esos lugares es que no tienen vocación de poder, porque sus planteos son siempre en contra de las grandes mayorías. Si vos pensás que tu propuesta o tu alternativa abraza a la totalidad del pueblo, tenés que tener vocación de poder y tenés que poder generar las condiciones para que eso suceda.

Bueno, quizás su vocación de poder no sea la de “ese” poder. El capitalismo es siempre salvaje. Atenuarlo es mejor que agravarlo, pero no implica subvertirlo. Otro asunto es si estamos generando condiciones, siquiera, para atenuarlo.

Sí, pero ellos no viven por fuera de las reglas, viven de la plata de los partidos políticos, viven de los cargos legislativos, trabajan en todas las estructuras del sistema capitalista como todo el mundo… Para nosotros, sería un acto hasta de salud que el nuevo peronismo pudiera empezar a repensarse sin el capitalismo como un eje de vida. Como vos decís, el capitalismo es siempre salvaje. Hay muy pocas expresiones en el mundo donde el capitalismo puede contener a la totalidad de la población y no genera pobreza. Estamos muy lejos de eso. El tema es quién está hoy en condiciones de dar ese debate y qué persona se puede sentir abrazada frente a eso.

¿Creés que hay que dar ese debate?

Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.

Claro. Es un debate que yo doy permanentemente. Fijate lo que pasa en Venezuela: te ponen arriba de la mesa dos modelos distintos de país. Más allá de lo que uno pueda pensar, no tenés grandes expresiones de prácticas de socialismo o de prácticas democráticas que generen participación popular y organización territorial. Yo no viajé nunca a Venezuela, todo lo que cuento es en referencia a lo que me cuentan quienes sí lo hicieron. Pero Venezuela tiene una práctica democrática que nosotros no conocemos: se organizan por manzana, tiene referentes que se juntan con otros referentes y van trabajando de abajo hacia arriba en la construcción de una idea, de cómo llevar adelante una nación. Quienes no están de acuerdo, hoy son parte de la oposición en Venezuela. Pero hay toda una población que entiende un modelo de país que vale la pena ser vivido. Y es con el socialismo, ¿no? Bueno, nosotros estamos con dificultades porque se demoniza el modelo venezolano. Ahora, cuando vos le preguntás a nuestros compañeros y compañeras, “¿Ustedes están dispuestos a vivir en cooperativas?”, te dicen que no. “¿Están dispuestos a que no haya pibes muriéndose pero que no puedas elegir las zapatillas?”, te dicen: “Yo quiero que los pibes no se mueran, pero quiero elegir mis zapatillas” Bueno… Igual damos la discusión, damos los debates, pero tenemos que trabajar muchísimo sobre ese escenario.

 

REESTRENO DEL ENSAYO

 

                                               Son mis voces cantando/para que no canten ellos,/los amordazados grismente en el alba,/los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.”
“Anillos de ceniza”, Alejandra Pizarnik


En estos tiempos nos preocupan ciertas cuestiones relativas al sentido común construido desde los medios, cuestiones que dificultan la lucha, ¿cómo salir de eso?

Liliana Porter.
Liliana Porter.

Depende quién esté en esa situación del sentido común construido. Frente al temor a la pérdida, quizás elegís el sentido común, porque entendés que eso puede resguardar, por ejemplo, una situación familiar.

Para poder pensar otras posibilidades de supervivencia, que no impliquen someterte al sentido común, ¿no son necesarios más recursos de lenguaje?

Sí, pero tiene que haber del otro lado un marco receptivo a eso. Cuando nosotros empezamos con los talleres de masculinidad, fuimos muy criticados por una parte del sindicalismo. Como si hubiéramos asumido un lugar muy torpe en materia de cómo se daba la discusión de la igualdad de género. Pero ahora creemos que fue un acierto, porque vos tenés que dar respuestas dinámicas y rápidas a lo que va sucediendo en la sociedad. Pensamos que no nos equivocamos, a pesar de que del otro lado no estaba la capacidad de escucha. El taller fue en diciembre. El 14 de diciembre vinieron alrededor de ochenta compañeros interesados en poder empezar a trazar una lógica de vida totalmente distinta. Entonces, es evidente que “hay ganas de”.  Es un ensayo. Hay que ensayar todo lo que se pueda. Acá discutimos bastante sobre cómo hacer para que llegue el mensaje. Hay unos youtubers que hacen sketchs y, a través del humor grotesco, bajan un mensaje muy claro… En cinco minutos hacen un relato de todo lo que sucedió en seis meses en el país. Bueno, quizás el humor sea una de las formas que uno puede utilizar para generar transformaciones, para poder comunicar.

 


LA ARMONÍA DE LAS FORMAS ABIERTAS

 

“(…)si servirá de algo abrir la puerta/me pregunto/y andar por el patio/por el mundo entre la gente/abrir de par en par la puerta/
para que todo pueda cumplirse/como la hoja de un cuchillo al extremo de un puente/como la red y el roble que salvan la alegría al final del espectáculo/como el canto de las aguas y el susurro de la siesta/
como la playa en sombras y el lecho infinito de los amantes reencontrados”

“Abrir la puerta”, Edgar Bailey

 

¿Y lo poético?

Ahí no sé cuánto, pero habría que ensayarlo también.

¿Qué es lo poético para vos?

Daniel Rvera.
Daniel Rvera.

Quizás es algo más armónico, es transitar un mensaje de una manera totalmente armoniosa. No lo ensayamos nunca y quizás habría que hacerlo, por ahí tal vez también se podría también llegar.

En varios momentos decís que la estrategia comunicacional del kirchnerismo fue muy mala y que, en parte, por eso se perdió. Nosotros buscamos algunas de las críticas que te hacen a vos y vemos que ellos tienen un lenguaje muy claro: cuando te enfrentaste con la policía, no dijeron que eras combativo, sino que eras “de manual”, porque estabas en campaña y buscabas notoriedad. ¿Qué oponemos nosotros a esa construcción que tiene los sustantivos y los adjetivos, vacíos y tan bien elegidos?

A ver…  Lo que se vio en la televisión fue un recorte. Antes de eso,  habían detenido a un compañero y golpeado a dos. A mí me parecería raro, por decirte algo grotesco, recitarle un poema o cantarle algo al comisario después que me volteó dos compañeros en el marco de una represión.

Hablamos de lo poético, no del poema. “Sacame la policía de acá” fue muy poético.

Fotografía: Diego Grispo.
Fotografía: Diego Grispo.

Ah, bien. Por otra parte, creo que del otro lado nos analizan mucho todo el tiempo y buscan la manera de ponernos en determinados lugares. El lugar donde me ponen, a mí no me incomoda, porque tiene que ver con mi pertenencia. Yo tengo este color de pelo claro porque mis abuelos eran italianos, pero soy de La Matanza, me crié con matanceros, en una familia de pobreza estructural. Entonces, si me ponen en el lugar de los cabecitas o en el lugar de manual, es el lugar que me representa, del que me siento parte. Me preocupa mucho más que lo que ellos digan, poder generar una transmisión del lenguaje a esa parte de la sociedad que a mí me contiene, me interpela, me gusta, con la que crecí y con la quiero envejecer y morir. Me preocupa no tener lenguaje para poder transmitirles a ellos qué me pasa. Hay un sector al que yo sé que también le tengo que hablar y que no sé todavía si ellos quieren que les hable.

O quizás, a ambos sectores- ese con el que creciste y el que aún no sabes si te quiere escuchar- ofrecerles otros recursos de lenguaje, para que ellos nos cuenten algunas cosas con otras herramientas.

dag010Quizás. Y habría que evaluar cómo. Es cierto que a veces uno se queda en un lugar  cómodo, donde se siente firme, en vez de explorar instancias que  ve como más hostiles  Hoy hay una situación de no escucha. Todos me dicen que siempre fue así. Yo pensaba que es más un problema de nuestra generación, que es bien contemporáneo esto de hablar por encima del otro. Pero los compañeros de más edad te dicen, “No, Tano. Nunca fue distinto. Las posiciones políticas son posiciones políticas”. Entonces, hay que ver de qué manera quienes tenemos posiciones políticas cerradas construimos la forma para que el lenguaje penetre y las abra. Porque uno directamente descarta todo lo que viene del otro lado. No importa cómo lo comuniquen, lo descarta. Es como cuando aparece el micrófono de C5N: “Ah, ustedes son…” Y creo que lo mejor que puede pasar es que, por un canal abierto, alguien que piense distinto pueda transmitir una idea a millones de personas.  Muchos descartan eso porque prefieren no ser expresados por ese medio de comunicación.

 

ABRAZAR EL CAMINO

“y si este fuera mi último poema, insumiso y triste, raído pero entero, tan solo una palabra escribiría: compañero”.

Mauricio Rosencof, poema para despedir a su compañero Eleuterio Fernández Huidobro, con quien estuvo preso en 12 años durante la dictadura uruguaya

En este número de El Anartista, el tema son los rituales. ¿Qué tipo de ritual especial se da en los cuerpos, en la lucha, con los otros compañeros?

Materializa una hermandad que se da solamente en ese momento. Es como una afirmación del lugar en que vos estás. La primera vez que me pegó la policía, tenía trece años, fue durante una movilización por el boleto estudiantil. Esas experiencias, junto a las de miles de compañeras y compañeros, son únicas y  no se pueden transmitir, salvo que las estés viviendo, que entiendas que el poner el cuerpo para lograr un objetivo tiene un plus. No necesariamente tenés que poner el cuerpo para pelearte con la policía. Yo vengo de hacer ochenta kilómetros en La Rioja. Caminé días bajo el sol, en la ruta, para pedir el básico de $8.000 para los municipales. Ellos entendían que el ritual era caminar esos ochenta kilómetros en la ruta. Y ahí ves al Gauchito Gil y nada más. Éramos ciento veinte compañeros y compañeras en la ruta bajo el sol. Eso es un acto de hermandad, un ritual. Eso solamente lo pueden vivir aquellos que se animan a experimentarlo y que, después, además, se lo apropian. Yo ahora quiero ir todos los años a la marcha de La Rioja. No fue nada fácil, no es para pasarla bien, pero el reconocimiento de mis compañeras y compañeros riojanos es inolvidable. Lo mismo pasa cuando voy a Luján. Este ritual lo ponés en funcionamiento, más allá de lo religioso. Yo no voy porque crea en la virgen de Luján, voy porque creo en mis compañeros. Mis compañeros van porque tiene un deseo y un objetivo y yo los acompaño y transito con ellos esa experiencia. Pongo el cuerpo. ¿Es doloroso?,  sí, pero esa hermandad entre compañeros y compañeras cuando llegamos a Luján no la puede vulnerar absolutamente nada. Eso es algo nuestro.

Es potenciante.

Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.

Sí. Y en la calle te pasa lo mismo. Cuando vos hacés un cordón y enfrente te viene la infantería y te vienen los escudos, vos decís “No se muevan, no se muevan” y no se mueve nadie. No es que no se mueven porque no tengan miedo. Todos estamos con  miedo, pero vos entendés que la única forma de poder sacar adelante el reclamo es resistir. Fijate que, cuando a nosotros nos reprimen por el presupuesto, votamos volver a la Plaza, entendimos que, a pesar de  lo que  suceda, siempre hay que volver a ocupar la calle, volver a generar este ritual, esta hermandad. Bueno, es esto. Los compañeros de ATE, como de muchos sindicatos que pasan por esta situación, tienen otro cuerpo y otro dinamismo a la hora de resolver cosas, lo hacés con otro convencimiento.

 

LOCOMOTORA QUE APUESTA NUNCA ENVEJECE

 

                               “El tren camina y camina, /y la máquina resuella, /y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!”
“El tren”, Antonio Machado


En relación a esto de poner el cuerpo y a tu decisión de postularte para la conducción nacional de ATE, hay un enunciado del sentido común- me parece- que sentencia que, si uno pone el cuerpo prematuramente y le va mal, pierde todo, se queda sin nada, ¿qué pensás de esto?, ¿es parte de esas lógicas que se instalan para acobardar?

La verdad es que no me importa. Yo no vivo del sindicato. Uno no puede vivir de especulación. Nosotros vamos a hacer todo lo que tenemos que hacer. Yo vengo planteando que ahora atravieso mis últimos años de carrera sindical para que pueda haber otra impronta en ATE. Así que no me interesa la consagración por la consagración misma. Hay compañeros que me piden que vaya con doble candidatura, como candidato nacional y como candidato en Capital. Yo no quiero. Lo hablaremos más adelante, ahora quiero pelear salario. Cuando haya que armar la lista, nos sentamos y lo pensamos. Yo podría volver el 8 de agosto a trabajar en juegotecas y reconstruir desde ahí. No sería ese mi problema.

Pero tal vez sí se puede pensar que podría ser un problema para ATE.

Por eso mis compañeros me pedían que evaluara todo lo que hay que evaluar: “¿Qué pasa si te vas?” ¿Y qué pasa si me voy? Vendrá otra persona. El sindicato es el sindicato, no somos los sujetos. Nosotros somos parte de eso, también hay que poder con esta cuestión. Hay que ver si el colectivo hoy banca esa instancia. Me pasa  que tengo un grado de inconciencia muy alto respecto de todo esto y, como no estoy enamorado de mí, no me importa. Las cosas van a seguir pasando. Son cuestiones coyunturales, habrá que discutir en la Agrupación, pensar si vale la pena. Y después vemos. Lo que sí o sí va es mi candidatura a nivel nacional. Yo creo que es un momento en que ATE tiene que tener otra impronta.

Como dirigente gremial siempre pensaste que el sindicato tiene que involucrarse en la aplicación de políticas públicas, ¿por qué?

Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.

Todos los sindicatos tienen que intervenir en la rama en la que actúan, si no, se transformaría en algo corporativo, en solamente defender el puesto de trabajo. A los mejores especialistas los tenés en la base, ¿qué mejor que una trabajadora social que viene laburando hace diez años en Familia para poder determinar y ejecutar un programa en Familia?  No podés traer a cualquier persona a ocupar un cargo político, no podés traer a alguien que no entiende el laburo territorial y que, quizás, ni siquiera tiene las herramientas profesionales para hacerlo. Si es cuestión de manejar el Astillero Río Santiago, ¿quién mejor que un ingeniero que hace quince años labura ahí?

Eso es muy marxista, felizmente.

Sí, uno se piensa como sujeto de trabajo, pero yo pienso que uno es sujeto de transformación. Nosotros podemos conducir el Estado y eso sería la garantía de que el Estado tenga otra impronta. Queremos discutir el Estado y queremos ocupar lugares centrales en el Estado, con un gobierno popular. Y, con gobiernos que son ofensivos, como este, ocupar un lugar de resistencia, que toda la conducción del Estado se pueda paralizar y decir “No. No se cierra tal espacio. Y que se arme quilombo pero ese espacio no lo cerrás”. Bueno, eso lo vas generando, si creas la necesidad de hacer carrera dentro de los ámbitos de trabajo estatales. Lograr que quien entra al Estado no sienta que, para poder crecer personalmente, tiene que optar por el sector privado o por ser cuentapropista… Ahora, mirá: más de dos mil científicos excluidos del Conicet. Se viene la 5ᵃ generación de exiliados profesionales emigrados de la Argentina porque acá les cierran las puertas, ¿es necesario esto? Y no. Nosotros estamos convencidos de que tenemos que meternos en el Estado a conducirlo y a ponerlo patas para arriba. Como hay que meterse en las fábricas, en las empresas, hay que ser parte de todo eso.

Como locomotoras, no como vagones.

Sí. No hay otra. No está bueno pararte en un momento y quedarte a envejecer en el lugar en que entraste. Hay que generar otras condiciones de vida.

Daniel Catalano con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Catalano con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 




LA METÁFORA CONTRAATACA

Rituales: Entrevista Charo Bogarín

Entrevista: Lourdes Landeira, Adriana Valletta, Estela Colángelo, Pablo Soprano, Noemí Pomi,Gabriela Stoppelman

Edición: Gabriela Stoppelman

Fotografía: Diego Grispo

 

                                   “He caído en la trampa de estos pies/ como un rehén del cielo o del infierno que se interroga/ en vano por su especie,/ que no entiende sus huesos ni su piel,/ ni esta perseverancia de coleóptero solo,/ ni este tam-tam con que se le convoca a un eterno retorno. /¿Y a dónde va este ser inmenso, legendario, increíble,/ que despliega su vivo laberinto como una pesadilla,/ aquí, todavía de pie,/ sobre dos fugitivos delirios de la espuma, debajo del diluvio?”
“El sello personal”,  Olga Orozco, de “Museo salvaje”


La piel del lenguaje se despereza en la sombra. Lidia amorosamente con la primera luz del día, pero no sucumbe al hechizo del resplandor. Antes de pisar la vigilia, humecta sus ausencias, agita sus deseos. Conversa con el árbol su ser madera, canturrea su devenir arcilla. Mientras, la luz avanza hacia su cima  y desoculta cueros y caparazones: la ciudad es un reguero de dientes apretados, donde la alquimia del sol forcejea con las desesperanzas. La novedad resulta siempre literal, obscena y redundante. Ahora le ha dado por encarcelar la basura para que el hambre no la aceche, para que los paseantes no se indignen. Por eso, la piel del lenguaje esquiva la novedad y busca las esquinas del origen: el sitio exacto y móvil, donde confluyen las primeras caligrafías, la infancia de las manos sobre la página en blanco, el abrazo del padre que regresa de la lucha.

Y ya bien entrada la tarde, pone a cocer otro tiempo en el crisol de las horas. Filtra las intrigas y las prepotencias, muele y mixtura el cielo con las raíces, desnuda a la fruta, la invita a rezumar en el caldo de su historia.

Cuando la noche comienza a disputar el color de las siluetas, la piel del lenguaje está bien nutrida, pipona de matices y curvas, dispuesta a dar batalla a todos los embates de los sin vuelo. Brilla la piel con el oro del maíz. Despunta una melodía al filo de una metáfora. Guerrea, cantora brava: en las tierras de las sombras queda mucho verso por hacer.

 

Susana Rendón.
Susana Rendón.


LA GRAN TETA LATINOAMERICANA

 

Viento del norte que abrazas mi luna distante/Tierra quebrada, transitar de los pies cansados/Fondo del alma, son tus ojos claros, poema y luz/Y en el rocío se formó tu canto y el mío”
Tierra quebrada”, Charo Bogarín (tema dedicado a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo),  de “Cantos de la Tierra sin Mal (2014)


¿Este corazón tiene un significado?

Fotografía: DIego Grispo.
Fotografía: DIego Grispo.

Sí. Lo usamos para la  primera escenografía y como disparador de mi proyecto solista, “La Charo”.  El rojo es también un color de la pasión, yo soy una mujer muy apasionada. A algunos los tracciona la razón, a otros el corazón y, a otros, la intuición.

Tus canciones hablan del amor, pero también de los desamores ¿cuál te parece que es el desamor que más nos afecta hoy, como colectivo y a nivel individual?

En tiempos como los que corren, todos somos “los nadies”. Son tiempos  donde se nota un desamor a lo propio, a la raíz. Ese es el desamor colectivo que más nos está afectando. Sobre todo, porque venimos de una década en la que, como nunca, se realzó y se nos hizo aprender de nuevo a mamar de esa gran teta latinoamericana, a reconocer nuestras raíces, que son nuestro alimento, a volver a abrazar a nuestros pueblos originarios, esa mixtura de pieles y de razas.

La patria grande.

Exactamente ¿Y qué concibe como patria cada uno? Primero,  pensemos que son términos que vienen de una concepción europea, porque no creo que los pueblos originarios hayan dicho “Esta es mi patria”. En todo caso, habrán dicho “este es mi territorio”. Entonces, si hablamos de desamor colectivo, creo que hoy padecemos el desamor a nuestras raíces.

 

CIMBRONAZOS DEL POEMA

 

Yo te esperaba paciente limpiando la  vereda/Y sacudía los santos a mi santa  manera/Quitándoles polvareda de los días de espera/Por ti, por ti”
“La espina”, Charo Bogarín, de “Cantos de la tierra sin mal”

En tus temas nos llamó la atención, como recurrencia, la continuidad entre el mundo y las personas. En tus metáforas, vimos elementos de paisaje en los hombres y paisajes atropomorfizados.  Como si la gente tuviera orillas y los paisajes, rostros.

Miguel Hachen.
Miguel Hachen.

Puede tener que ver con una concepción ancestral y olvidada, que no concibe al ser humano y a su entorno como entes separados, sino como partes de un todo. Esto me llega a mis treinta años, cuando yo empiezo con el canto. Antes, no. El canto originario dice que nosotros somos uno con el paisaje, entonces, somos el paisaje. Los procesos que sentimos en nosotros están también reflejados en la naturaleza. A partir de esta concepción -de no dualidad, de no división- empieza a cambiar la poesía que uno pueda escribir. Somos parte de la naturaleza, no la lastimamos. Aprendemos a convivir y no a destruir. La construcción es verdadera.

¿Y cuando ella nos lastima?

¿Cuándo te lastima?

En un terremoto o en un tornado, por ejemplo.

Esas son también las expresiones del amor. Hay veces que para que las cuestiones se acomoden, se producen cimbronazos: acomodamientos de placas tectónicas o esas necesidades de sacar la energía afuera. Porque eso es el clima, energía en movimiento.  Hay un tornado o hay terremoto, es parte de esa sensación de la ira humana. El paisaje es tan humano como nosotros naturales.

Hay  un espejo ahí.

Absolutamente. Si uno entiende que eso es parte de uno y de la naturaleza de uno, cambia también la filosofía con la que uno ve estas cuestiones. Ya no como un castigo ni como una gracia divina, sino como parte de lo que estás habitando.

Chema Madoz
Chema Madoz

Tampoco como un evento científico estrictamente.

Nunca algo que sucede en la naturaleza va a ser un evento científico. O quizás pueden venir tormentas de laboratorio, ¿por qué no? (risas). Al tener nosotros este encuentro coercitivo y no amable con la naturaleza, provocamos en ella enojo, una herida, una ira. Cuando vos cuidás una planta, provocás el amor en la naturaleza… Lo mismo cuando podás un árbol, hay que saber cómo cuidarlos, como a las relaciones. Uno sabe cómo cortar una relación sanamente para que siga creciendo. Creo que, de todo acto humano, podemos encontrar una analogía en la naturaleza y viceversa.

 

 

ALQUIMIA  SOBRE UNA HOJA EN BLANCO


Rumbo a la cosecha, cosechero yo seré/Y entre copos blancos mi esperanza cantaré/Con manos curtidas dejaré en el algodón/Mi corazón”
El cosechero” Ramón Ayala, Plegaria del árbol negro (2008) /Tonolec Folk, Los sos Labrados (2010)

 

En tus canciones, otra cosa impregnada en la naturaleza es el pasado.

Cristina Paoli. "Mujeres de al tierra".
Cristina Paoli. “Mujeres de al tierra”.

Bueno, pinta tu aldea y pintarás el mundo. Mi aldea es mi historia. Y mi historia es  la de los sucesos que me fueron atravesando desde pequeña. Mi gran ausencia es mi padre desaparecido. Esa ausencia está presente siempre. A veces, es mucho más pesada que las presencias. Metafóricamente, la ausencia está en tus palabras y en tu obra, como un recurso. Pero yo también hablo de cómo uno trata a la ausencia. Podés abordar la ausencia con una enorme nostalgia: es el caso del tango, es el caso de esos inmigrantes  que extrañaron demasiado su tierra y esa nostalgia la volcaron en las letras y la llevaron al bandoneón. Es, también, la nostalgia de nuestros exiliados en la época del Proceso. Por otro lado,  podés también vivir la ausencia como una hoja en blanco para la creación. Allí la ausencia es el motor y la inspiración. Yo hago mis canciones con esta gran ausencia que es mi padre, así como esta gran presencia que es mi madre. A mi hermana y a mí, mi madre nos ha enseñado a transformar la realidad que tenemos. Si sos transformador de tu entorno y de tu historia, te hacés responsable, no culpás al otro. La transformación de la ausencia de mi padre se dio en el proceso  de asimilar  qué nos pasó y de tomarlo como un aprendizaje.

Charo Bogarín. Fotografía: Diego Grispo.
Charo Bogarín. Fotografía: Diego Grispo.

Aprendimos del dolor de ser tres mujeres solas, de ponernos la vida al hombro y de intentar salir adelante sin quedarnos sumidas en una desesperación. Para mí, transformar la ausencia de mi padre es una hermosa responsabilidad. Lo transformo en poesía, en algo luminoso, en una bella melodía, en una canción. Entonces, mi padre ausencia es presencia luminosa y bella, es faro que nos guía. Es una enseñanza y un recuerdo de valores, de una forma de ser incondicional, vinculada con un sentimiento colectivo. El amor que él tenía estaba relacionado con esos valores colectivos, él dio su vida y eso tuvo que ver con su compromiso social. Son cuestiones bastante en desuso, hoy pretenden enseñarnos a dejarlas de lado, como si no fuera importante sentir amor a lo propio, a la familia.

¿Cómo es la relación del canto  con esta cosmovisión que planteás?

Para mí, el canto es como mi portal energético con un más allá, que es el de los ancestros, el del espíritu, el de la energía flotante, de esa alma de mi padre que está presente. En el canto, como disciplina, encontré ese lugar donde me siento en sintonía, donde me siento un canal de comunicación. Y fijate que todo tiene que ver con las disciplinas anteriores por las que fui pasando. Cuando hacía danza, pensaba que podía comunicar a través del cuerpo y de la música clásica. Sentía que había algo especial para comunicar, aunque en ese momento no sabía qué. A mis dieciocho años, vine a probar suerte  al teatro Colón y al San Martín y fallé en los dos. Cuando volví a Resistencia con el caballo cansado, mi madre me dijo: “Bueno, Charo, pero vos tenés que saberlo… Muchos de nosotros pensamos  que tenemos algo especial para transmitir, pero pasa en uno, de un millón”. Bueno, después de escuchar a mi madre, colgué las zapatillitas de punta y el tutú y los dejé en un armario. Me dije “¿Qué voy a hacer?” Ahí tuve un reencuentro con esta figura de mi padre. Esta crisis mía con la profesión que había elegido me llevó intuitivamente a preguntar qué pasó con mi papá, cómo despareció y a reclamar  un montón de cuestiones a mi  madre porque, en concreto, nunca lo habíamos hablado. Hasta ese momento, yo me dedicaba a bailar y ese era mi mundo. Entonces, mi madre me explicó que la de mi padre y de ella fue una generación que no estaba preparada para lo que vendría porque no había antecedentes de eso acá. Ella me marcó el pensamiento valeroso y heroico de un chico de veintinueve años como mi padre. Imaginate, hoy yo tengo cuarenta y seis y mi hija, veinticuatro. Me la imagino en unos años más, con veintinueve, la misma edad en que mi padre se inmoló. “No pensaba que podía pasarnos algo malo”, decía mi mamá. “Nosotros no teníamos armas en casa. Si él daba discursos, si era congresal por Formosa, ¿qué nos iba a pasar? No hacía nada malo”. Era un pensamiento muy utópico e idealista, muy de esa época también.

"Meráfora resonante"
“Meráfora resonante”

Tal vez sí pensaba que le podía pasar algo y, aun así,…

Yo creo que sí. Porque, primero, él quedó preso político. En marzo del ’76 lo tienen cincuenta días en la cárcel de Formosa. Mi papá sale con media parálisis facial. Es decir,  lo picanearon, lo golpearon, lo torturaron. Después, en septiembre, lo desaparecieron. Recién a mis dieciocho años pude reencontrarme con esta historia, pude sacar ese reclamo que tenía para con ellos, de por qué, si se podían ir a España, se quedaron acá. Y mi mamá respondió que nadie pensó que lo que sucedió sucedería. Fue un lindo encuentro y ahí me decidí por el periodismo, porque tenía que ver con ponerse “al servicio de”. Creo que, a partir de ahí, salí del ostracismo de la danza clásica y empecé a abrir el panorama.


MADERA Y ARCILLA

 

“Un caminito de flores y el olor a madera/Atesoré en mis recuerdos los momentos más lindos/Pero a seguir el camino me dispuse tan pronto/Volví, de ti”
“La espina”, Charo Bogarín, de “Cantos de la tierra sin mal”

En los videos se te ve como una amazona, muy concentrada y seria en tus espectáculos.

Cierto. Yo soy así. Soy muy alegre también. Pero, cuando estoy con las cosas serias, con esto que hacemos, cuando se trata de dirigir una palabra a quien te escucha, cuando se trata de una versión de un canto ancestral, yo no estoy metida en un mero entretenimiento, estoy transmitiendo un contenido. Y eso es cosa seria. El canto sucedió, finalmente, después de estar siete años como periodista y de darme cuenta de que ese tampoco era mi lugar de comunicación. Intuitivamente y salvajemente, me puse a cantar. La decisión fue salvaje, sí.

Lourdes González.
Lourdes González.

Mi hija Gala ya tenía siete años, vivíamos en Resistencia y le dije a mi mamá que me venía a Buenos Aires a hacer música. Ella me contestó: “Bueno, pero dejá a Gala acá” De ninguna manera. “Pero, Charo: tu entorno…” A ver… hoy es muy natural ver a las chicas de la mano con un amigo gay, con un amigo trans. Desde mi época de de la danza clásica, yo me mezclaba con un entorno en su mayoría gay. Lo he vivido siempre con mucha naturalidad, pero era algo muy avanzado para la época. En aquel  año 2000, mamá me sugería dejar a mi hija en Resistencia por ese viejo paradigma de que muchos chicos del medio artístico se drogan. Nunca tuve tabúes en ese sentido. Yo me negué a dejar a mi hija, porque esa criatura me iba a perdonar cualquier cosa, cualquier falla que pudiera tener como madre, pero nunca que la dejara. Tal cual, fue así. La traje conmigo, la llevaba conmigo a los conciertos, se dormía en el regazo de mis amigos, pero la madre estaba. Por otra parte, el padre de mi hija había fallecido cuando ella tenía menos de un año, otro padre ausente presente, hay varias historias que se repiten. Aunque todo lo que me pasó me hizo aprender de ausencias y también, de presencias. Es muy importante la presencia. Puedo tener raptos egoístas. Puedo dejar a mi hija con su abuela e irme un mes a México. Pero siempre estoy, en los momentos importantes, estoy.

La distancia es otro tema que aparece en tus letras, pero nunca es quejosa.

Es que yo no soy una mujer quejosa ni melancólica. Esto tiene que ver con este espíritu de transformar y hacerse cargo. La queja viene cuando vos estás disconforme con algo que te sucede. Te quejás del otro, de algo que pasa afuera y te repercute a vos. Para mí, la queja no es un lugar de asentamiento. La queja no es transformadora.

Decís, al hablar de tus talleres de canto, que la salud está adentro. Spinoza decía que la enfermedad viene de afuera, de cosas que componen mal con vos y separan tus partes constitutivas.

Inés Balbiani.
Inés Balbiani.

Es cierto. Aunque acá no hay verdades universales. Hay cosas que pueden suceder de una manera o de otra. Es cierto lo que dice Spinoza. Nosotros, culturalmente, vamos adquiriendo pensamientos y también mañas, hipocondrías, enfermedades, vínculos enfermos. Lo vemos quizás en nuestras familias, lo tomamos como algo natural y, después, lo reproducimos. Somos una arcilla que se modela, como el árbol mismo lo es. Un árbol encuentra una gran piedra, se tuerce y sigue creciendo. Ese árbol es madera y es también  arcilla que se va modelando con lo que pasa en su entorno. El entorno me condiciona y me modela. Por ejemplo: las mujeres somos muy propensas al cáncer de mama, al de útero, ¿de dónde viene? No es que te hacen un análisis genético y ahí se encuentra siempre un antecedente. Es un ejemplo de enfermedad que se genera  desde uno. Nuestra mente es muy poderosa. Muy pocos saben utilizar la mente. Muchos de nosotros la usamos, inconscientemente, para hacernos daño. Por otra parte, nuestras defensas tienen que ver con un estado mental que, a su vez, tiene que ver con un estado espiritual. Podemos generar una enfermedad y también una medicina. El canto es una herramienta muy poderosa para curar, para sanar. Somos portadores de nuestra propia medicina, podemos curarnos y sanarnos con el canto y  con cualquier expresión, con cualquier mínimo ritual que tengamos a la mañana, como cepillarnos la piel, pasarnos aceite. Ahí estamos cuidando el órgano más importante que tenemos: la piel.  Ahora, en cuanto a lo que me preguntabas de la voz y la salud, la voz puede ser hablada, cantada, puede ser una onomatopeya o un grito de liberación. A veces las madres lanzamos un grito animal, guerrero, de lobas. ¿Por qué? Porque somos un canal a través del cual fluye algo, un sonido en este caso. A la vez, dentro del cuerpo, tenemos canales por donde fluye, por ejemplo, la sangre. Siempre hay un canal conductor. Si tenemos conciencia de que somos un canal conductor, sólo resta discernir qué  vamos a conducir. La palabra, la voz… El amor es el motor y el combustible de esto.

 

 EL SOL ENTRE LOS DIENTES

 

                                   “Y me dice que el sol brillará/Sobre un pueblo que él sueña/Labrando su verde solar”
“Adagio en mi país”, Alfredo Zitarrosa, en el álbum de Tonolec, “La Celebración” (2015)


¿Y el espíritu?

El espíritu es lo que traemos, la ancestralidad. La materia se transforma, el espíritu es nuestra constante. Es como una energía con sus características propias, eso que algunos llaman la personalidad.

Y lo poético, ¿qué es para vos?

Es la belleza. Ciertos patrones culturales pretenden determinar que algo sea bello y otra cosa, no. Lo peligroso es que uno no discierna que se trata simplemente de un patrón cultural y tome sus sentencias como verdades absolutas. Es lo que nos pasa con esto de querer ser los más europeos de Latinoamérica, aparentemente, nos daría un piné diferente a otro país, donde se note más la negritud o la piel aindiada, del color de la tierra. Ahí vemos al desamor otra vez ¿Por qué? Porque primero tenés que aprender a amar lo propio. Después, que los negros elijamos a los rubios, que los rubios a los negros, no importa. Eso ya es diferente, se hará en base a un discernimiento.

¿Se trataría de asumir la propia espiritualidad?

Lo propio es asumir el origen. Creo que la espiritualidad tiene otro plano, menos terrenal. El espíritu no se pude ubicar, es  la esencia de algo.

Moira Millán nos decía que el pueblo mapuche ve al espíritu revelado en los sueños. Tanto, que los sueños llegan a ser prueba en los juicios, con tanto peso como un hecho de la vigilia.

Miguel Hachen.
Miguel Hachen.

Bueno, los mapuches ellos tienen esa manera de ver el mundo. El guarní es mi raza, mi sangre y tiene una concepción de la espiritualidad vinculada a su cosmovisión. Ahí es uno de los lugares donde entra el conflicto religión versus espiritualidad. La religión nos viene desde afuera, es un modo de ver con verdades absolutas, muy crueles. La espiritualidad tiene que ver con un modo de vida relacionado a la cosmovisión de las comunidades originarias, donde la naturaleza es la que manda y no el hombre.

¿Manda u organiza?

“Manda” es una manera de decir quién está a cargo. Todos opinamos, pero alguien conduce ¿quién es la guía, la conductora? Si tu guía es la naturaleza, tu espiritualidad estará en adaptarse a ciertos ciclos, en cuidar el entorno. Creo que ahí está la espiritualidad y la fortaleza de los pueblos. Entre  los guaraníes, hay una concepción del mundo que habla de un edén o de un paraíso terrenal. El guaraní habla de la tierra sin mal, el Yvy Mara He’y. Ahora se está hablando de eso, antes no ¿por qué? Por miedo a que otra vez empezaran a devastar un territorio en busca de ese paraíso terrenal. Esto pasa porque el conflicto espiritualidad versus religión, también se da en términos de metáfora versus literalidad. Latinoamérica es metafórica. Cuando Europa desembarcó aquí con su gran literalidad, al escuchar hablar al indio, al inca, al maya, al guaraní, ellos  decodificaron literalmente lo que oyeron. Así fue con “El Dorado”, donde los pueblos originarios hablaban del maíz. Los  europeos interpretaban que se hablaba de la riqueza mineral, del oro, mientras que la riqueza verdadera era para los originarios el alimento, el maíz, el dorado.

 

DEBATES EN EL EDÉN

                                                           “Delante del mar, hacia la Tierra sin Mal”
Ore Ru (*)”, Charo Bogarín, “Cantos de la tierra sin mal” (2014)
(*) Nuestro padre, en guaraní

¿Se siente hoy el peligro de una neocolonización?

Creo que, desde el año 2000 en adelante, los pueblos originarios, favorecidos por políticas de Estado a nivel continental, empezaron a enlazarse entre ellos y a compartir y ver que sus cosmogonías eran muy parecidas. Entonces, se encontraban aymaras, mapuches, guaraníes, porque los estados propendían a esos encuentros.

Charo Bogarín. Fotografía: Diego Grispo.
Charo Bogarín. Fotografía: Diego Grispo.

¿Y los Qom que estaban acá con el acampe, con Félix Díaz, este hombre que después devino macrista? Ellos no se sentían integrados. Al contrario, reclamaban…

Nos estamos saliendo de tema con eso. Estábamos hablando de cómo fue la apertura. Cuando empezó el año 2000, se hizo un gran cónclave de pueblos originarios. No recuerdo si eran los ancianos mayas, pero dijeron que ya los pueblos originarios estábamos listos para abrirnos y abrir el conocimiento a la sociedad. Que ya no se tenía miedo, ¿de dónde surgía este análisis? De que veían políticas de Estado, presidentes, jefes de Estado, guías que conducían en una dirección favorable a la apertura. Eso, sumado a sueños, a péumas como dicen los mapuches. Por esa época, el guaraní empieza de nuevo a hablar de la tierra sin mal, ese paraíso terrenal, esa especie de edén en la tierra que no es otra cosa que un territorio en el que la Pachamama nos da lo que necesitamos: abrigo y alimento. Y nosotros

Karl Stengeldevolvemos esa gentileza con cuidados, con bailes, con cantos. Un lugar donde no hay cercos ni violencia. Es esa, una concepción simple, pero metafórica, que con criterios literales se puede confundir con un paraíso de propiedades mágicas y maravillosas de rejuvenecimiento. Hoy en día hay una sociedad más preparada para la metáfora que para la literalidad.

¿Sí?

Es que nosotros somos los mismos de antes. Lo que pasa es que cambió la guía, la conducción.

Pero la nueva conducción ganó sin ninguna metáfora, con una estrategia discursiva de literalidad hueca, los globos, la revolución de la alegría…

No hay que ser absolutistas. Nosotros estuvimos doce años en el gobierno y hubo una mitad que no se sintió representada por ellos. Nuestra guía, nuestra conducción, seguía con su relato y con eso nos sentimos identificados. En ese entendimiento, los pueblos originarios se abrieron. Ahora, en ese entendimiento, también nos damos cuenta de que nosotros no tenemos que tener esa mirada romántica en relación a lo originario y a lo espiritual. No podemos ser más papistas que el Papa ni más indios que los indios. Pretendemos que en las comunidades originarias todos sepan qué tienen que hacer

Es como cuando se pide que el feminismo sea el portador de la justicia universal.

O como que compartas que ser feminista es conducirte de cierta forma y no de otra. Hay matices y hay grises.

Tengo la sensación de que, más allá de estos pueblos que nacen de la metáfora y que la tuvieron que recuperar, hoy hay una propensión a la literalidad. Que si no hubiera habido una manera de captar a la gente literalmente, no hubiéramos llegado -por poquito margen- a donde estamos hoy. Por supuesto que la metáfora contraataca, pero…

 

LOCOMOTORAS BRAVAS

 

“Yo te canto corazón dolido/Yo te canto cántaro de gritos/Con la furia de un corazón bravo/Furia de un corazón lastimado”
“Ay, corazoncito”, Charo Bogarín, de “Plegaria del árbol negro” (2008)

Cuando hablás del pueblo guaraní, a veces  te incluís y a veces hablás de “ellos”

Oswaldo Guayasamín.
Oswaldo Guayasamín.

Tengo esa libertad de salir y volver a entrar y no quiero perderla. No tengo una palabra malintencionada ni peyorativa. A veces se entra en la literalidad de decir “raza”, ¿somos raza?, ¿no lo somos? Hay que ver quién habla y en qué contexto. Que yo diga “indio” y venga uno más papista que el Papa y me diga “No, indio es tal cosa…” Bueno, ya lo sé. Hace rato que a mí me gusta decir que soy una india brava y no lo  digo desde un lugar despectivo. De cualquier modo, a veces hay que hacer esas salvedades. Sobre todo, cuando se deja impreso en papel, porque allí no hay la posibilidad de explicar cada palabra. Mis orígenes guaraníes son de parte de mi papá, donde hay muchos ancestros en el territorio, que ahora es Paraguay y parte de Brasil, el antiguo Chaco paraguayo. Eso después se mezcló con sangre italiana, de parte de mi mamá. Digamos que guaraní e italiano son las sangres que predominan en mí aunque, en mi rostro, se ve más lo originario.

En algún lugar has dicho  que la mujer originaria fue la precursora del feminismo.

Sí. Estaba hablando de la mujer guaraní, que refundó una nación, después de la guerra de la Triple Alianza, donde devastaron a una sociedad y mataron a todos sus varones. Allí la labor de la mujer fue ponerse al frente, como amazonas, fue fundacional. Por otra parte, todas somos amazonas en nuestras casas, es como un gen que nos hace  encargarnos de las cosas. La casa es tu grupo de trabajo, tu entorno, tu nación. Dentro de las comunidades originarias, la mujer guaraní carga con esta historia. Ojo, tenemos también grandes ejemplos de machismo, el feminismo apenas se está instalando en las comunidades.

Fotografía: Diego Grispo.
Fotografía: Diego Grispo.

Cuando, con “Tonolec”, cruzamos del lado brasilero, participamos en un Opy, que es una casa de rezo, una ceremonia donde estuvimos tres días con guías espirituales mayas, venidos de Guatemala. Ahí me di cuenta de algo: esto que decía Cristina de “todos y todas”, venía de ellos. Lo escuché de una pareja de ancianos que hablaban de caminar “juntos, a la par”. Cuando agradecían, lo hacían a la abuelita montaña y al abuelito montaña. Todo tenía su femenino y su masculino. Entonces siempre estaba el “todas y todos”, el discurso integrado. ¿Cristina habría participado de una ceremonia maya y lo tomó de allí? (risas)


EL VIENTO HABLA EN EL AGUA

 

Yo seré del viento, serás del sol/Yo el agua crecida en tu corazón/Como el río quieto surcaré tu amor”
“El camalotal”, Charo Bogarín, de “Cantos de la tierra sin mal” (2014)

 

En este número de nuestra revista el tema  son los rituales. Vi en el cancionero “El rito”

Charo Bogarín. Fotografía: Diego Grispo.
Charo Bogarín. Fotografía: Diego Grispo.

“El rito” tiene que ver con rituales cotidianos, donde importa cómo dirige uno la acción, la intención. No es lo mismo hacer una comida con amor, que hacerlo de una manera mecánica. La mecanización tiene que ver con la costumbre y, en la costumbre, uno es desaprensivo. En el ritual, pasa todo lo contrario. Uno es consciente de cada cosa que sucede y, entonces, todo está cargado de una energía maravillosa, poderosa y mágica. En “El rito” yo digo “Lavémonos la cara, que el viento habla para despertarnos”. Esto tiene que ver con ese ritual que es tan cotidiano y tan básico, que uno pierde el contacto con el agua, con la sangre que fluye por el frío. Lo mismo sucede cuando te das una ducha, cuando te acariciás el cuerpo y te frotás y te sacás todas las células muertas, cuando te mimás el cuerpo y sos consciente de él. Entonces, uno empieza a armar santuarios, lugares sagrados en ciertos espacios de la casa. Puede ser el baño: lo llenas de velas, ponés música que te relaje, apagás la luz, colocás aceite con esencias en la bañera y te sumergís. Así, nuestro cuerpo se transforma en nuestro santuario. No necesitás estar literalmente en una catarata o en un río para sentir el milagro, para sentir esa belleza y esa purificación del agua, de los olores.

O sea que el milagro es algo muy cotidiano para vos.

Sí, si uno lo concibe de esa manera. Porque es metafórico. Otra vez, el problema está en cuando somos literales, cuando creemos que la paz la vamos a hallar solamente en ciertos lugares. ¿Por qué? Lo ritual tiene que ver con ser conscientes de lo sagrado. Tu cuerpo es sagrado, tu hogar es sagrado, tus espacios son sagrados. Allí donde generes tus territorios, vas a cargarlos y direccionarlos con esa energía. Y todo va a empezar a fluir.

Charo Bogarín con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Charo Bogarín con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 

 




TÁBANOS EN EL DESIERTO

Rituales: entrevista a Federico Delgado 

Entrevista: Alicia Lapidus. Estela Colángelo, Pablo Soprano, Lourdes Landeira, Gabriela Stoppelman, Noemí Pomi
Edición: Gabriela Stoppelman

 

“Por debajo de los rasgos originarios se generaba una nueva sustancia: no una cara sin sexo, como hubiera querido Arón, sino una nueva realidad, apartada del mandato de parecerse a una cara. Otra génesis comenzó a operar, un sistema del cual se desconocía el funcionamiento de sus leyes.”
“El desierto y su semilla”, Jorge Barón Biza

                                   

El desierto estaba repleto. Era una extensión de vacío tan abigarrada, que solo resultaba posible abordarla por las aristas. Así y todo, aquí y allá, la ausencia se atrevía a alguna asimetría. Había que andar la falta en esos caminos. Mezclados a las certezas de las esquinas, se amontonaban colchones, donde la noche había dormido a la intemperie. Entre el cordón y la cuneta, una tarjeta SUBE hacía tiempo sin carga se debatía entre resistir o hundirse. Los desconsuelos chocaban con las vacilaciones, las penas con los muertos. El único sitio donde el desierto resplandecía estaba al fondo de las confiterías alrededor de los Tribunales. Allí, apoltronados a una mesa de buena madera, la pulcritud de varios trajes disolvía, en la oscuridad del café, el destino de muchos. Si la cucharita giraba en sentido horario, correspondía castigo. Antihorario, absolución. Los Códigos se sacudían el polvo en los estantes y reclamaban el fresco en la escritura del viento. Pero el viento hacía mucho andaba preso en sinrazones, asmático de argumentos. Por su parte, una porción grande del periodismo filtraba la riqueza del lenguaje en redacciones y canales de televisión. Una vez que obtenía capas finitas de ironía, odio y baratos intereses, los esparcía con eficacia ejemplar sobre toda la homogeneidad del desierto. Las transacciones entre culpa y miedo se hacían en plena vigilia. Y, de no creer, las preguntas debían recluirse entre las sombras, reformularse a fuerza de sobreintervenciones,  insistir en los pliegues de las palabras aún no vencidas.

Y, de pronto, desde una cicatriz del vacío, hubo una suelta de insectos. El “hastío de siempre reservarse la mejor parte” y la desaprensión de las baldosas fueron los primeros en reaccionar. Algo picoteaba el aire, algo flagelaba la tristeza de las prepotencias, algo agitaba la sumisión del tiempo y la disciplina de los falsarios.

Eran tábanos. Tábanos preguntones que acechaban los días. Y, mirá vos,  justo pasaban por “Varela Varelita”, cuando nos encontramos a conversar con Federico Delgado.  

Desierto Salvador Dalí, suroeste de Bolivia.
Desierto Salvador Dalí, suroeste de Bolivia.

EL PROBLEMA DE PAGAR EL MÍNIMO

 

                                               “Sobre la montaña florida/Sueltan los caballos/En el cielo otoñal”
Haiku, Natsume Soseki 

  

Tus libros fueron muy interesantes, salvo la entrevista infumable a Lanata. Nos interesó tu relación con el lenguaje. Cuando trabajás la descripción de los ámbitos de la justicia que están en tu fuero, elegís una palabra o un adjetivo que caracteriza a cada uno de ellos: Si la primera instancia es vértigo, los pasillos de la Cámara Federal, en cambio, están signados por el misterio y la ambigüedad. Allí no hay espacio para las certezas. Los jueces están, pero no están. (…) ”¿Qué te aportan estos recursos?

Me ayudan mucho a reflejar lo que siento. En otra vida, yo me dedicaba a estudiar Bajtín, Spinoza, ese tipo de cosas. Me quedaron algunos registros de eso, por ejemplo, que los edificios sociales se hacen con palabras, se sostienen con palabras. Entonces, me parece que la primera pelea que habría que dar, al menos en el campo en que yo me muevo, el de las instituciones, el de la Facultad, es la lucha por la significación. Por eso utilizo a veces esos recursos, para intentar meter una cuña en algunas cosas que vienen sedimentadas desde hace mucho tiempo.

¿Considerás que es importante que la formación de la gente de la Justicia se vincule con la ficción y con el arte?

Sí. En 2007 o 2008, yo organizaba cursos de filosofía del lenguaje y de estéticas, lo hacía con la Unión de Empleados de la Justicia, el gremio de Piumato. Después se fueron cortando porque era todo muy precario, a pulmón. No pasó nada extraño, es que la gente que venía a darnos una mano tenía otras actividades. Bueno, la vida… No logramos institucionalizarlo. Después hicimos algo parecido en el postgrado que dicta la Facultad de Derecho con el Ministerio Público Fiscal para formar cuadros judiciales, ahí metimos una materia obligatoria. La dimos como dos años, luego cambió la currícula y la sacaron. Pero me parece que es una materia pendiente. Es increíble: tipos que trabajamos todo el tiempo con conflictos humanos tratamos todo el tiempo de homogeneizar lo diferente y aplastarlo, rutinizarlo y cosificarlo. Vos podés ser el que más sabe de leyes y códigos pero, si no tenés recursos para

Marie France Diureuxb.
Marie France Diureuxb.

comprender y tratar de graficar con palabras lo que estás sintiendo y comprendiendo, estás sonado. Y, en la justicia, pasa muchas veces que quienes la imparten sienten cosas que después no pueden decir, porque no tienen herramientas. No hablo de los jueces emblemáticos. Muchos pibes de veinte años o poco más se dan cuenta de que la relación entre los hechos no es automática: que una mina, cuyo  marido estaba en cana, una mina que tenía dos chicos y debía vender drogas para mantenerlos, no vendía  drogas porque era una narcotraficante, sino que existen un montón de cuestiones contextuales que, no sé si justifican, pero sí te permiten comprender ese comportamiento y  juzgarlo de otro modo. Y estos pibes no lo hacen porque no tienen herramientas.

¿Eso es lo que llamás “garantismo bobo”?

Sí. Y el garantismo bobo tiene que ver con que los tipos aprenden cuatro o cinco conceptos acríticamente, que penetran por la experiencia -ni siquiera por la razón- y, de golpe, los empiezan a aplicar en todos los casos. Eso sin comprender que no es lo mismo un tipo que se robó un banco que un chabón que está resistiendo la presión del narco de la esquina o del policía corrupto. Las garantías son para todos, pero no operan siempre igual. Lo que hace el garantismo bobo es deslegitimar las garantías, el tesoro más grande que tenemos como personas cuando vivimos en sociedad. Me da bronca, porque eso termina por justificar a los políticos y a los formadores de opinión, que despotrican contra el garantismo. Nosotros nacemos con un montón de protecciones que nadie puede violar, entonces, hay que cuidarlas. El garantismo bobo las malgasta. Esta situación es igual a la del tipo que compra y compra con la tarjeta de crédito y, mes a mes, paga solo el mínimo. Un día lo embargan y se queda sin tarjeta.

 

VACÍOS A FOJA LLENA

 

“vacío vacío, salvo jirones de canción”
“Estar ahí, sin dientes ni mandíbula”, Samuel Beckett

 

En tus textos hay muchas referencias a filósofos y narradores, pero no encontramos poetas.

Luis Briones
Luis Briones

Es que, cuando hice ciencias políticas, me enfrasqué demasiado en la filosofía política antigua y en los clásicos. Luego, me especialicé en eso. Tal vez, de ese modo, obturé algunos mecanismos. Me es difícil manejar el lenguaje poético que le podría dar un cierto vuelo al lenguaje judicial. Sobre todo, por el positivismo, que es la gran trampa del poder,  es el mecanismo que tiene los jueces para homogeneizar y para protegerse. Es la Modernidad.

¿Se podría proponer una lógica alternativa a la lógica causa- efecto?

Hay mucho de eso. Lo que pasa es que en la Argentina no se prepara a la burocracia judicial. Irónicamente, los tipos que más se preocuparon en mezclar la moral y la ética con la frialdad de la ley son muchos filósofos norteamericanos. No hace falta irse a la URSS o a Cuba, casi todo Occidente se preocupó por cómo amigar las leyes con las costumbres, los hábitos y las sensaciones. Excepto, Argentina. Acá hay un desprecio absoluto. Uno puede pensar que eso es parte de la desidia. Y algo de eso debe haber, porque existe mucha resistencia al cambio, a estudiar. Aparte, el sistema judicial actual es muy remunerativo para un pequeño grupo social. Y, como dicen los técnicos de fútbol, equipo que gana no se toca.

Dimos un taller de redacción para futuros abogados y encontramos mucha resistencia a la poesía.

La redacción de los abogados es tremenda. Los gerundios, los latinazgos…

Y la falta de vuelo.

Es que hace mucho tiempo que las sentencias, que son las políticas públicas del poder judicial, no se motivan ni se fundamentan más. Todo es copie y pegue. Los tipos tienen la convicción: este es culpable, pero no cumplen con la exigencia de decir por qué. En cualquier libro de filosofía antigua,  quienes toman posición en un juicio deben dar sus argumentos. Eso se perdió hace mucho tiempo. Agarrás cualquier sentencia judicial, salvo los casos emblemáticos, y tiene cuatrocientas fojas. Si la analizás, vas a ver que no encontrás más de cinco o seis párrafos que sean de valoración, de motivación, de argumentación. Sí hay una larga enumeración de cosas que pasaron: “Declaró y dijo, declaró y dijo…” Pero, después, nadie trabaja con esa materia. El otro día estaba en la Facultad con un tipo que sabe mucho más que yo, Damián Loreti. Veíamos un fallo de la Corte Suprema, digamos, el lugar más sofisticado a la hora de argumentar. Ahí, en un mismo párrafo, citaban a Sebastián Soler, procurador general de la Nación en una dictadura, y a Pierre Bourdieu. Yo me pasé la vida estudiando y no se me ocurre cómo Bourdieu y Soler pueden compartir un párrafo, cómo pueden ser obligados a decir lo mismo. Hay mucha arbitrariedad. Y mirá, si algo tiene de bueno toda este quilombo del caso D’Alessio, que es una tragedia como sociedad por el  nivel

Federico Delgado.
Federico Delgado.

de degradación al que hemos llegado, es que todos esos mecanismos sofisticados de arbitrariedades- contaminación de expedientes, plantado de pruebas truchas, manipulación, de testigos que aparecen de la nada y tantas prácticas que se han ido solidificando en tantos años y nos han llevado a esto de que la justicia escribe y escribe pero no habla, narra y narra pero no argumenta, hace zafar o castiga pero no justifica- todo eso se está viendo ahora. Lo que más me angustia es esto: son tantas micro prácticas que, en su caótico conjunto, nos han llevado a una especie de desierto moral, donde la ley puede operar de este modo, es realmente agobiante.

 

SIN PICHIS EN EL MENÚ

 

                                               Abajo, en el fondo del cañón y a través de la gasa de la lluvia, se miraban las palmas rectas y cimbradoras; lentamente se mecían sus cabezas angulosas y al soplo del viento se desplegaban en abanicos. Y todo era serranía: ondulaciones de cerros que suceden a cerros, más cerros circundados de montañas y éstas encerradas en una muralla de sierra de cumbres tan altas que su azul se perdía en el zafiro.”
“Los de abajo”, Mariano Azuela

 

Hablabas del positivismo y su pretensión de certeza. ¿Se duerme tranquilo sabiéndose con el poder de decidir sobre la libertad o el encierro de alguien?

Yo duermo tranquilo, sí. Te cuento algo que me pasó cuando tenía treinta años. El caso más difícil que tuve en este aspecto de poder resolver con un “que lo metan preso y yo me salvo” fue en 1999. Ahí se descubre que la viuda de Pablo Escobar Gaviria vivía en Argentina con sus dos hijos: una nena en primaria y el pibe, en la Facultad. La mujer había conocido a un chabón, se puso de novia, rehízo su vida. Cuando el tipo se entera quién era, la empieza a extorsionar. Va a la televisión y dice que la viuda de Pablo Escobar vende droga, que sigue con la actividad del marido y demás. La traen detenida. Empezamos a ver un poco y

Max Ernst.
Max Ernst.

comprobamos que ella había entrado acá legalmente, con papeles del gobierno colombiano. Allá le habían cambiado el nombre e incluso le habían dado plata, que le habían sacado al marido, con tal de que saliera de Colombia. El gobierno de acá había aceptado su ingreso. Claro, como vino con plata, la acusaban de ser lavadora. A la hora de decidir, me dije: “Yo no tengo pruebas, pero tengo vergüenza. A esta mujer hay que pedirle perdón y largarla en libertad”. Al otro día tuve que explicarle a mi mamá que yo no era un narcotraficante. En el diario La Nación me habían destrozado, por esta decisión parecía que yo era el fiscal a favor de los narcotraficantes.

 ¿Y en cuanto a los pichis?

No hemos cocinado a ningún pichi, cosificándolo y metiéndolo- como hacen con los menores- en los Institutos. Muchas veces hemos pagado costos grandes por humanizar los expedientes. Hay miles de ejemplos: tipos que van a legalizar un certificado trucho del colegio secundario, porque con eso consiguen un trabajo. Por eso, los meten presos en el Ministerio. Esos casos, tratamos de no criminalizarlos. O la gente que tiene drogas para consumo personal que, en cualquier caso, es un problema de salud pública y no de la Justicia. Ese tipo de cosas tratamos de humanizarlas.

Pero, aún con los pichis, los medios te crucifican con el tema de la puerta giratoria.

Sí, pero ahí hay un déficit de la justicia para explicar. Cardoso decía que gobernar es explicar. El Poder Judicial es un poder de gobierno y no explica, es muy autoritario.Y es tan autoritario hacia adentro como hacia afuera y no explica porque tiene miedo. Vos tenés que explicar. El laburo de un juez o de un fiscal no es solamente sentarse, escribir, firmar, mirar con cara de malo. Hay que explicarle al público. El primer público es, obviamente, el que está en el expediente. Pero el gran público es la sociedad, a ella hay que explicarle, lleve las horas que lleve. Y no importa que la gente se convenza o no, por lo menos, se debe sembrar la duda de que no es todo igual. Y, además, la relación de la justicia con los medios es una gran zona de confort. En primer lugar porque está anclada a una mentira. Vos vas a un tribunal y preguntás si le podés hacer un  reportaje al juez por el caso Pendorcho: “No, porque Su Señoría habla por sus sentencias. Cuando dicte la sentencia vamos a hablar” Ok. Un año, dos años… Sin embargo, vos abrís los diarios y ves que la página de política está llena de información judicial. Esto, en el siglo XXI, en la era de las comunicaciones, que nos ha cambiado la vida a todos. La justicia se sigue escudando en que habla por sus sentencias, pero siempre con esta dualidad de que, a la vez, alimenta todo el tiempo a los mass-media Y la trampa está en el “off the record”, porque el periodista tiene la espada del editor que le dice “traeme, traeme, traeme”. Los jueces y fiscales saben de esa necesidad y entonces eligen con quién hablar: con este sí, con este no. O hablan con todos y le cuentan un pedacito a cada uno. Y es con esos pequeños grandes recortes que hacen las fuentes con los que se elabora la noticia que, generalmente, poco tienen que ver con lo que pasó en el expediente. Es un extraño caso donde la debilidad de un juez o de un fiscal, anclada en esa mentira de que la justicia es secreta y habla por sus sentencias, tiene a su disposición a los

"Desert Breath." D.A.ST. Arteam.
“Desert Breath.” D.A.ST. Arteam.

editores de los diarios. Una declaración de siete horas yo te la puedo resumir en tres minutos. Es obvio que estoy mintiendo. Entonces, ahí hay que sincerar y profesionalizar, porque la justicia tiene que tener un tipo que sea el responsable de la relación con la prensa-o con toda la prensa, bien horizontal-. Y, como hacía Marcelo Bielsa cuando estaba en la Selección,el tipo se sienta a las siete de la tarde, a las nueve de la mañana, a la hora que haga falta, habla con todos y contará hasta donde pueda. Habría que prohibir que nosotros, jueces y fiscales, hablemos en off the record. Si hablamos, damos nombre, apellido y hablamos en “on”. Pero que nos saquen la facultad de recortar los hechos. Porque, si no, si usamos información pública para fines privados, deslegitimamos el sistema público de resolución de conflictos y dañamos la verdad. Todo al revés de lo que dice la Constitución.

 

UN EJEMPLO

 

“-¿Qué sentiste cuando nadie te creía?

-Sentí que era una pelea muy despareja, porque estás peleando contra el Estado (…) al que tenés en contra. Lo que pasa que nosotros tuvimos suerte porque el 20 % de los medios no eran K, pero tenían el 80% de la audiencia.

-¿Tenías el rating pero la gente no te creía?

          -¡No! El poder no me creía. Con las bóvedas se nos cagaron de risa. Y vos viste que había bóvedas. Es que no había manera de que no hubiera bóvedas. Si los tipos tenían guita en efectivo, ¿dónde la iban a  poner?”
Entrevista de Federico Delgado y Catalina De Elía  a Jorge Lanata, en “La cara injusta de la injusticia”.

  

En un momento hablás de cómo Jorge Lanata, con los videos de La Rosadita, desparalizó las causas judiciales. Lanata es el colmo del odio. Cuando reprimen en Plaza de Mayo, Lanata no prende la cámara para movilizar a la justicia…

En realidad, ahí funciona como un ejemplo. La justicia tiene una inercia que es asistémica. Trata de ser lo más benevolente posible con todo lo que huela a algo relacionado con el poder instituido, salvo que la persona no tenga nada de poder, entonces, la aplasta. En algunos expedientes que pueden tener un costo personal para el magistrado- porque investigar al poder no es fácil, los tipos se defienden y no siempre con buenas artes- la justicia tiende a hacer la plancha y se olvida de los plazos que contempla la ley. Esos plazos los administran jueces y fiscales de acuerdo a sus conveniencias personales. Entonces, la justicia necesita de un catalizador para acelerar los tiempos. Lamentablemente, ese catalizador no es ni el Código de Procedimientos ni las autoridades de superintendencia ni los estímulos dentro de la burocracia, sino que es externo. Siempre es el temor a los diarios. Cuando algo sale en el diario, hay un vértigo infernal por investigar, incluso hasta por sobreactuar, hasta que eso baje. En el libro lo pongo a Lanata porque en ese momento era “el caso”.

Claro. Pero es como un elogio a la independencia periodística de Lanata, son 18 páginas de entrevista.

Si se entendió así, no era la idea. Traté de reflejar el movimiento de la justicia, que siempre tiende a hacer la plancha y que necesita de un capital simbólico externo para moverse.

¿Esto podría aplicarse también a Daniel Santoro?

Es que pasó. No lo pienso como algo bueno, para mí hay una patología ahí, pero Santoro cubrió la venta de armas de Menem a Ecuador en el año 95 y el motor de ese expediente eran sus notas en Clarín. En los medios se ve, cómo eso pasa con los empresarios, con el poder político. Pero este mismo asunto, con los servicios de inteligencia, es tremendo, porque la soberanía del Estado argentino, a la hora de solucionar los conflictos, está compartida. Y, de acuerdo a la lógica de la Constitución, debería ser que el ejercicio legítimo de la fuerza es monopolio del Estado. Sin embargo, en la realidad material, está compartida. Mirá, el año pasado,  a mí me armaron dos causas. Una me la armó Arribas con Bonadío, mirá qué yunta. La otra, la misma gente con otro juez. Fue en 2017-2018. Cuando me preguntaban por este armado yo decía “Acá estamos todos en libertad condicional, ojo al piojo” Me decían “Loco, estás hablando de cualquier barbaridad, no tiene sentido” pero yo sentía que estas cosas pasaban. No tenía la materialidad, no tenía la data esta que hoy vemos por televisión, que disuelve cualquier tipo de contraargumento. Pero, ojo, porque la raíz de todo esto es que la institución del sistema judicial en su conjunto está demasiado penetrada por intereses particulares.Esto es algo grave que se vive como lejano, parece que le toca solamente a D’Alessio, a Boudou. Pero un pibe de dieciocho años sale con la chica equivocada y, si el papá tiene recursos para movilizar este espacio,  ese pibe puede terminar en cana.

 

TODO AL RESTO


(…) parir artilla la lengua, /deletrea la pulsión del agua. /
Luego describe el remanso, /la viveza de la piedra en hacerse a un lado. /
Se deja llevar por la gota en la pluma del ave. /
El resto es público y notorio:/el pezón de la semilla en la tierra descamisada porque lo que se ha dicho siempre está por decirse (…)
“Está por decirse”, Sergio Sarachu

 

¿Qué te sorprendió cuando empezaste en la fiscalía?

Lygia Clark.
Lygia Clark.

Me sorprendieron algunas cosas. Cuando me nombraron fiscal, aunque me parecía que estaba equivocado, podía sostener que había un montón de terrenos fértiles por cultivar y cosas por hacer. Me parecía que había muchas peleas no resueltas. La justicia, por aquellos años, estaba como dividida. Lo que los judiciales llamaban las causas de ricos y famosos tenía una especie de código aparte y se resolvía de acuerdo a los ritmos de la política. Todo lo demás, lo que despectivamente se llamaba “el resto”, eran asuntos donde se podía hacer mucho trabajo de experimentación, de resignificación de los delitos penales y de prácticas institucionales que, en algún momento, iban a sobredeterminar todo lo otro. Había mucha gente con muchas ganas de laburar sobre eso. En 1995 fue la primera vez que un juez federal, sin que haya ley, mandó a una chica que estaba presa por vender droga a la casa, porque tenía Sida. Se empezaron a trabajar cuestiones de género que aún no estaban legisladas, había mucho por hacer para mejorar nuestros derechos. Algo de eso comenzó a hacerse. Obviamente, es una batalla que estamos perdiendo por muerte, pero yo tenía muchas ilusiones sobre eso. Cuando entré estaban todavía las leyes de impunidad vigentes. Yo trabajaba en la protección del niño, el único delito que se podía investigar, porque la Obediencia Debida y el Punto Final lo habían excluido. Ahí hacíamos muchas cosas, trabajábamos con la gente del Equipo de Antropología Forense, forzábamos la causa y buscábamos cadáveres, recuperábamos muchos chicos, articulamos la forma de sancionar a Massera y a Videla quienes, en aquel momento,  todavía eran señores con algún tipo de peso. Se podía hacer muchísimo. Después, ingresamos en una espiral de degradación vinculada a un proceso que se venía gestando. Creo que la batalla, por ahora, se perdió.

Esto que vivimos, esto que llamamos los ciclos de la democracia, esta organización de estas repúblicas- que son las que conseguimos-, ¿permitiría de verdad que, durante un tiempo prudencial, al menos, el Poder Judicial funcionara para “el resto”?

Redmer Hoekstra.
Redmer Hoekstra.

No lo sé, porque la justicia se ha transformado. En todo Occidente, algunos trabajos que antes hacían los poderes militares como moderadores o algunos grupos económicos para hacer crujir a un gobierno, ahora están en la justicia, que se ha transformado en ese partido moderador que, en nombre de la ley, mata a la ley. Creo que asistimos a un momento en que nuestras democracias se han convertido en un mecanismo de elección de líderes en competencias razonablemente limpias. Y punto. Se ha reducido mucho la apuesta democrática. Este tipo de democracias trabajan con una ley desprovista de todo contenido moral y ético, con lo cual es un arma. Y la ley como arma sirve para fundar libertades o para aplastar oponentes. Creo que en los Estados existentes la justicia está cumpliendo una función latente que es tremenda, más relacionada con disciplinar, reprimir, torturar y reducir derechos, que con la función manifiesta, digamos así, que sería tratar de  resignificar esos derechos y acompañar los cambios sociales para que vivamos mejor. Hay una profunda transformación de los Estados en su conjunto, la justicia se ha desplazado, se salió de la Constitución. Pero no sólo porque hay jueces y fiscales malos y perversos. Además, en otro  nivel de análisis, esto tiene que ver con la transformación del régimen político del neoliberalismo, que necesita, por definición, crear enemigos. Aun así no cierra por ninguna parte. Tampoco puede matar, porque todavía está vigente la Declaración de los Derechos del Hombre de la Revolución Francesa. Parece que la justicia está utilizando esto para justificar la aniquilación de grupos opositores a través de la ley. Entonces, la ley- que nació para fundar procesos políticos- se transforma en un elemento que los destruye.

 

NO TODO ES GATO EN LA MISMA BOLSA

                                              

“El juez mismo empe­zaba a intranquilizarse, sintiéndose poco a poco perder el control sobre sus propios sueños, que se volvían cada vez más intrincados y bizarros, desafiando la interpreta­ción o el desmadejamiento, cayendo sus remedios cada vez más fuera de la letra de la ley, obligándolo a lecturas minuciosas del Código Rural que lo dejaban más perplejo que antes, alela­do, como si una bruma que nunca terminara de disiparse del todo flotara permanentemen­te sobre su cabeza, velando la vista clara y nítida del mundo exterior. “Es como un halo de humo pardo” la describía mamá Culebrilla, la curandera, que aseguraba verla cuando el juez pasaba ensi­mismado en su caballo. “Nunca duerme” o “nunca despierta” cuchicheaban las mujeres a su paso; era como si se hubiera disuelto la barrera entre ambos mundos y el juez encontrara, al abrir los ojos, los mismos objetos y los mismos personajes que habían atormentado sus pesadillas.”
“El sueño del juez”, Carlos Gamerro

  

¿Qué te parecería si la gran mayoría de la población argentina se pusiera de acuerdo para transgredir una ley?

Max Ernst.
Max Ernst.

De hecho, se transgrede mucho la ley.

Pero ¿te parece tan mal? En un momento decís que cómo no va a haber delincuencia en lo macro si hay micro delitos cotidianos y uno de los ejemplos saltar el molinete del subte.

Lo que está divorciado es nuestra vida material de la estructura legal, desde el punto de vista de la eficacia de la ley. Percibimos la ley como lejana, como opresiva.

¿Entonces nos falta ley o nos falta rebeldía?

Si hablamos de la eficacia judicial, tenemos que hablar de la relación entre la legitimidad de la ley y lo que recibimos los ciudadanos. Ahora, si queremos fundar la libertad política, ¿sabés lo que nos falta?, nos falta rebeldía. Son discusiones que las podemos dar por separado. Pero, obviamente, como pueblo político, la Argentina se debe un proceso de profunda autorreflexión para elegir cómo quiere vivir, con quiénes quiere vivir y cómo quiere distribuir la riqueza que genera. Ahí está el famoso secreto de la ideología. A mí no me va a entrar nunca en la cabeza por qué una pequeña minoría logra todo el tiempo reproducir un sistema que aplasta a la gran mayoría. Lo terrible de la ideología son esos mecanismos de seducción, cómo se reproduce un esquema.  Hay una ideología muy fuerte que se presenta como desideologizada y se ha transformado en sentido común. Y la batalla por el sentido común es la única que define la vida de una sociedad. Si estamos recluidos en lo privado, si nuestra lógica es la del consumo, si desconfiamos de los demás y no hablamos entre nosotros, si nuestra relación es por whatsapp -que nos acerca así como nos aleja del que está al lado- cómo podés articular un campo de ideas diferentes. Ahora, los incentivos son tremendos, el poder tiene una dominación vertical  feroz a través de los medios de comunicación. A su vez, esa dominación vertical nos parte para fomentar múltiples espacios que son inconexos entre sí. O sea, la gente que sufre no puede hablar entre sí, pero todas reciben y decodifican el mismo mensaje que viene vertical. Hoy estamos en la situación de clausura del diálogo horizontal y en presencia de un diálogo monológico que nos penetra verticalmente las veinticuatro horas del día: en el colectivo, en el whatsapp, en la tele, en la radio, en lo que vos leas. Ese es el secreto del neoliberalismo y por eso hay tanto problema cuando uno empieza a discutir la lógica de los medios de comunicación. Hay un argentino que es vicealcalde en Barcelona, Pisarello. Él  escribió un libro cuando fue el auge de

Redmer Hoekstra.
Redmer Hoekstra.

“Podemos”, acá lamentablemente no se editó. Ahí  dice que hay que discutir el derecho a la información porque el derecho de la empresa y el contacto de lectura del medio con el lector son dos cosas distintas. Esta historia de que el dueño de la empresa le baja línea al periodista es lo que hay que trabajar, porque ahí yace la gran mentira: meter a todos en la misma bolsa. Una cosa es, como empresa, el derecho a ganar dinero. Otra cosa es que al periodista le bajen línea. Porque entonces no está trabajando de periodista, está trabajando de alcahuete. Hay que dar la pelea dentro de las empresas.

 

COMEDIA  DE TRAIDORES 

                                

“No amo mi patria/ Su fulgor abstracto/es inasible. /Pero (aunque suene mal)/daría la vida/por diez lugares suyos, /cierta gente, /puertos, bosques de pinos, /fortalezas, /una ciudad deshecha, /gris, monstruosa, /varias figuras de su historia, /montañas/-y tres o cuatro ríos.”
“Alta traición”, José Emilio Pacheco

 

En esto de ir a dialogar, ¿hay alguien a quien vos puedas considerar un interlocutor no válido o un enemigo?

El único límite que deberíamos tener para hablar es la dictadura. El piso de conciencia básica para sentarse a hablar debería ser reconocer que acá hubo un genocidio. Eso me parece que nos da una franqueza y, a través de la franqueza, podemos discutir, pelearnos. Pero el punto de conciencia básica es el de los derechos humanos en sentido amplio.

Vamos a delitos más sutiles. Es evidente que estamos viviendo un momento en que se está matando a mucha gente de hambre, de falta de bienestar, de dolor, de sufrimiento y también se la mata a tiros, como a Rafael Nahuel. Tenemos un periodista como Majul, que claramente es un cómplice de esto y que, cuando invita a alguien a hablar con él, simula- mal- la escena del democrático.

delgado3trace-374098_960_720Hay una estafa al lector ahí. Me parece que el límite es siempre la franqueza. Por eso uno tiene que elegir también entre ir o no ir. Y si va, dar el debate desde la franqueza.

¿Quién es un traidor para vos?

Un traidor… La justicia en su conjunto ha traicionado a la Constitución porque, cuando nos nombran, todos juramos lealtad. Es como que nos casamos con la Constitución y eso nos pone en montón de obligaciones.

¿Y en lo cotidiano?

Traidor es todo aquel que niega con sus prácticas lo que declama y hace mucho daño. Hay traidores en la vida, en el espacio en que sea, está lleno de traidores.

 

A PUNTA DE LÁPIZ USADO

 

                                    “(…) y cuando mis manos grises/dejen caer un último lápiz desesperado/en alguna habitación barata/me encontrarán allí/y nunca sabrán/mi nombre, /mi intención/ni el tesoro
de mi huida.”
“Viejo muerto en una habitación”, Charles Bukowski

En este número de la revista el tema son los rituales, ¿cuáles son los rituales ciudadanos  más urgentes a vehiculizar?

Preguntar. A la justicia le molesta que le pregunten. No digo la pregunta personal, la gente tiene problemas más acuciantes que ir a preguntarle algo a un juez o a un fiscal, ¿no? Tiene que comer, trabajar, vivir. A mí me da vergüenza a veces plantear esta discusión, pero me parece que la justicia le teme a los tábanos. Y la única forma de que no se aleje el sistema judicial de la ley a la que debe lealtad es con la pregunta de los ciudadanos. Cada vez que hay pregunta de ciudadanos-, ya sea directamente o a través de algún partido político, los medios de comunicación o la alianza más variopinta que se te pueda ocurrir- y esa pregunta resulta una presión genuina, porque  busca que el sistema se mueva, ese rito es el que más molesta al poder judicial.

¿Hay lucha de clases en el Poder Judicial?

¡Ufff…! Mirá las cárceles.

Federico Delgado con el Anartista.
Federico Delgado con el Anartista.

Pero, al interior del sistema, ¿cómo se manifiesta?

En el sistema de ingresos, los hijos de los judiciales siempre entran a Tribunales y los que van a rendir examen, a veces entran y a veces no. El que está en la justicia por una tradición de la familia judicial siempre tiene el camino más allanado que aquel que viene de afuera. La lucha de clases se exterioriza casi por el lazo de pertenencia al espacio, porque eso significa que vos tenés una visión del mundo, una ideología determinada. Y, si no es compartida por el otro, te segrega. La lucha de clases se juega en los ascensos, se juega si hay diez  lápices para repartir y ocho personas, seguramente, al de afuera no le toca el lápiz o le toca uno usado.

La desigual distribución de la riqueza, digamos.

Como siempre. En esas pequeñas prácticas se manifiesta también.

 

TU PÍCARO CUÑADO

 

                        “Qué contagiosos son los apáticos, los indiferentes, que todo lo desprecian; a su lado, qué difícil resulta aferrarse a la experiencia y al entusiasmo.”
Peter Handke

 

Vos decís que tu tiempo como fiscal de Primera Instancia ya está terminado, ¿y ahora?

A mí me gustaría trabajar en la institución desde otro lugar, sin estar en la primera línea de fuego, porque cada vez es más difícil en términos personales. Además, creo mucho en la rotación, me parece que la nueva energía, las nuevas ideas, la frescura del tipo que viene de afuera tienen una potencia mucho más alta que la de quien está desgastado por el paso del tiempo. Me gustaría trabajar en la construcción de incentivos, porque creo que quienes pensaron la Argentina alguna vez dieron por sentado que todos los funcionarios iban a ser leales con la ley y no contemplaron, como plan B, qué hacer con los pícaros. Entonces, no hay un sistema de incentivos que castigue a los pícaros y premie a los buenos. Para poner incentivos, hay que conocer la materia. Si ahora a mí me mandaran a un colegio  como director,  haría una macana, porque no conozco bien qué hacen los maestros, qué no hacen, dónde se portan bien y dónde se portan mal. Como llevo tantos años acá adentro del poder judicial, más o menos conozco cuáles son las prácticas, las mañas, por dónde se cuelan los intereses que no deberían colarse, cómo se tuerce la ley y dónde se hacen trampas. Me encantaría participar en la construcción de incentivos para tener una planificación en lo que es el homo judicial, educar al burócrata.

Le-fawnhawk
Le-fawnhawk

En esa educación, ¿qué importancia le darías al lenguaje? Y por otro lado, ¿creés en la eficiencia del castigo?

Obviamente creo en el lenguaje. Cuando decidimos pasar a la dominación estatal, aceptamos que la resolución de conflictos no la ejercemos nosotros sino el Estado, creamos un cuerpo de burócratas que nos saca el conflicto y lo va a juzgar de acuerdo a una ley común. Lo mínimo que nos merecemos es que nos expliquen, en el mismo idioma con el que nosotros vivimos, cómo juzgaron nuestros conflictos. Es lo mínimo. Y parece que es sólo escribir y hablar. Parece una zoncera, pero no lo es. Hay gravísimos problemas de redacción y de expresión. Por otra parte, no creo tanto en el castigo en el espacio de trabajo, pero sí en los incentivos que premien a los mejores.

¿Y el castigo del encierro?

Es todo un tema el encierro… Es obvio que el crimen tiene que pagar, pero no sé si el encierro en pleno siglo XXI sirve. Tantos años de la pena de encierro y sus consecuencias ya nos dan una demostración empírica de que hay que empezar a discutir cómo funciona ese castigo, aunque no sea este, quizás, el momento. El encierro, tal como está planteado, ha fracasado acá, en Chile, en Uruguay, en Paraguay, en todos lados. Hay países que han tenido experiencias alternativas de castigo, con las que les ha ido mucho mejor. Pero, claro, han iniciado esos métodos alternativos después de lograr una igualdad social y económica que les permitió empezar a pensar en otras formas. La idea del castigo no es solamente  lograr que un tipo pague los que hizo, sino tratar de explicarle a esa persona y que comprenda que estamos todos de acuerdo en que lo que hizo no debe volver a hacerlo. Y después, tratar de reinsertarlo. No  tirarlo, no expulsarlo. Y eso no existe acá. En los países nórdicos hay experiencias muy interesantes de medios alternativos de resolución de conflictos.

Redmer Hoekstra.
Redmer Hoekstra.

Básicamente, se trata de que la reparación del daño, mediada por el Estado. Se propone que el conflicto se arregle entre las personas implicadas. La prisión sigue existiendo, pero no de esa manera en que se toma la manzana podrida del cajón y se la pone en otro cajón, sino como un mecanismo de mediación que trata de resignificar y recomponer el lazo social. La prisión, así como la conocemos, está cada vez peor.

Hablábamos ayer con Kekena Corvalán, una militante feminista, sobre el tema de los violadores y de esa idea de que no son recuperables. El sentido común admite que se puede recuperar a un chorro, pero no a un violador.

Claro. No sabemos si no son recuperables. Pero el enunciado simplista “no tiene solución” es lo más cómodo que hay. Es el secreto del fachismo, ¿no? Hace poco leía que el gobierno de Berlín, para todos estos latigazos simplistas que están tan en boga por el auge del fachismo, está dando charlas gratuitas a nivel municipal. Busca que la gente aprenda, en la mesa familiar, a no aceptar el latiguillo. Estas charlas  se llamas “El cuñado prepotente” ¿Viste que siempre tenés uno que se toma dos copas más de vino y arranca?  Los tipos trabajan en dotar a los ciudadanos de herramientas para construir ciudadanía. Yo pensaba, ¿para eso hace falta plata? No. Conozco un montón de gente que acá lo haría gratuitamente, una vez por semana, en cualquier CGP. Son cosas que se pueden hacer para recomponer lazos y salir de estas pequeñas islas inconexas. Pero, claro, tiene que haber una voluntad política.

 

REESCRIBIR LA TIERRA

                                   “A pesar de todo el ajetreo, en mi tierra me siento bien. La vida es mísera y en muchos aspectos triste, pero éste es mi material, mi lengua y mis intereses. Cada día noto más que vuelvo a mi estado normal, en cambio en París había en mí algo extraño, como pegado a mí. Pasear por el extranjero, de acuerdo. Pero donde hay que trabajar es aquí”
Isaak Bábel

  

¿Qué lugar va a ocupar la escritura, ahora que vas a dejar la fiscalía?

Ya tiene un lugar decisivo. La palabra escrita, así como la hablada, es la capacidad de expresarse más linda del ser humano.

¿Alguna vez pensaste en escribir ficción?

Sí. Pero me faltan herramientas. Tendría que hacer algún taller. Siempre me lo dicen.

¿Qué necesitarías decir en ficción que no podés decir con el ensayo?

No lo pensé nunca, pero creo que estaría bueno pensar una ficción como las de Ruiz Zafón, el catalán. Tratar de ficcionar la historia de un ciudadano argentino en los últimos treinta o cuarenta años, con la impronta de los abuelos y los padres, todavía  herederos de una tradición de ascenso social- real o no- pero que era una marca identitaria. ¡Fijate en qué hemos convertido estas tierras!  Estaría bueno escribir sobre cómo va viviendo eso un tipo que, a los diez años, va a la escuela pública y por ahí termina a los cuarenta tratando de sobrevivir, pero con la carga de no haber cumplido la promesa o el mandato de sus antepasados. Pero, aun fuera de la ficción, quiero trabajar el lenguaje como capacitación, como laburo. Hay una oficina de capacitación, donde actualmente se hacen cursos de cómo hacer una pericia y demás. Yo trataría de hacer obligatorio un esquema que tenga que ver con formación teórica, con la escritura y con recuperar la noción de servidores públicos. Que los pibes no piensen que este es un laburo bien pago, de seis horas y con un mes y medio de vacaciones, sino que es un servicio público. Hay que crear condiciones para que aquél que no está dispuesto a eso se vaya. Como nos hacían a nosotros, cuando entramos a Tribunales. Los jueces viejos, con la mirada te decían, “Flaco, esto es así. Si no te gusta, afuera. Está todo bien, amigos como siempre, jugamos al fútbol, pero acá, no”

 

AGUANTE, EL CONATUS

 

                                   Este esfuerzo, cuando se refiere al alma, se llama voluntad, pero cuando se refiere a la vez al alma y al cuerpo, se denomina apetito; por ende, no es nada más que la esencia misma del hombre, de cuya naturaleza se sigue necesariamente lo que sirve para su conservación; y, por tanto, el hombre está determinado a obrar esto. Además, entre el apetito y el deseo no hay ninguna diferencia, sino que el deseo se refiere generalmente a los hombres en cuanto conscientes de su apetito, y por ello puede definirse así, a saber: El deseo es el apetito con conciencia de él”
“Ética”, Spinoza

 

¿Qué es lo poético para vos?

La creación. Yo diría que los humanos tenemos dos o tres cosas que nos hacen distintos. Entre ellas, la capacidad de prometer cosas y la capacidad de crear.

"Plaza de las palabras." NAMIBIA-DESERT
“Plaza de las palabras.” NAMIBIA-DESERT

¿Se puede crear en un expediente?

Obviamente. Muchísimo. Sobre todo, porque la materia, los comportamientos humanos, en sí, son maleables. Es más difícil para un escultor lidiar con una piedra y tallarla que tratar de crear con comportamientos humanos. Sucede que es mucho más sencillo el fordismo, la tendencia a la homogeneización y a la cosificación.

De eso hablaba Spinoza, que es un autor que citás mucho. De la tristeza de subsumir todo en los mismo.

Sí, Spinoza. Yo tuve a Rubén Dri de profesor y después, a Grüner. Nunca vi profesores como ellos. Nunca vi algo así. Cuando Dri daba los teóricos de Spinoza, en Sociales, la clase terminaba a las nueve, eran las diez menos cuarto y él seguía hablando. El aula llena de gente, muchos con lágrimas en los ojos.

Es la segunda o tercera persona que escucho que se emociona con Spinoza esta semana.

Es increíble. Lo vi muchas veces… los tipos te explican el rol de las pasiones y las afecciones y su eficacia política, sobre todo, a la hora de fundar cuerpos políticos, y vos ves que la gente hace la composición natural consigo misma: ¿cómo vivo lo que me está diciendo? Y, en ese balance, si eso no te penetra, no tenés sangre en las venas.

Y en estos términos, ¿cuál pensás que es nuestra peor tristeza?

Que nos hemos fragmentado y no nos afectamos. Pero el conatus (1) tiene el deber de preservar ese ser.

Con distintas formas.

Claro. De múltiples maneras.

Y tal vez los fragmentos no terminen en una unidad, sino en una cosa distinta.

Y está todo por hacer ahí. Está sujeto a la composición, pero por ahora es todo fragmentación. Me da esperanza que el conatus se esfuerza en perseverar en el ser ¿no? Ese deber es irrenunciable.

"Aleph-geddis." Le-fawnhawk
“Aleph-geddis.” Le-fawnhawk

Es inevitable, pero se puede entristecer al punto de ir contra el ser.

Absolutamente. Se puede trabar.

Mirá Lanata, si no. ¿Por qué lo entrevistaste?

Me parece que, en ese momento, reflejó como nadie la capacidad de que un canal de televisión marque la agenda de la justicia. Después del video contando la guita en “la Rosadita”, después del impacto mortal que tuvo eso, la justicia se para y se pregunta ¿Y ahora qué hacemos? Aparece ya como un elemento que casi ejecuta lo que planifica una empresa privada. A partir de eso vino la construcción de aquella fuga, el arrepentimiento de Fariña, que ahora vemos cómo se hizo, cómo se gestó…

¿Eso hay que agradecérselo a Lanata? Ahora vemos cómo se armó lo de Fariña.

No le agradezco. Yo estaba diciendo tres años antes que, había una función latente de la justicia, que era quedar subordinada a estrategias de construcción política. Quise mostrar cómo el medio televisivo aprovecha las propias falencias que la justicia deja.

Pero también Verbitsky colaboró en destrabar asuntos. Podías entrevistar a Verbitsky.

Yo le tengo admiración por su obra. Es más, creo que si no hubiese sido por Verbitsky y su “Cohete a la luna”, no sé cómo hubiera terminado Alejo Ramos Padilla. Volviendo al punto, sostengo que está mal que la justicia necesite de ese tipo de factores exógenos para moverse.

Pero ¿cuándo no fue así? La olla la destaparon también “¿Quién mató a Rosendo?”, “La Patagonia rebelde”,

La cosa se pudre cuando un tipo le entrega una grabación al juez y el juez no la usa, la deja dormir ahí. A mí me parece que, cuando termine el juicio por “La Rosadita” hay que hacer el libro con los primeros tipos que declararon en la Instrucción y con los que declararon en el juicio oral. Ahí vamos a tener la película completa. Lo que pasa es que es tal el quilombo en Argentina, que es un episodio menor este.

Bueno, ojalá que puedas hacer esto que te proponés. Cuesta imaginar un poder judicial poético.

Yo me aferro a pensar eso. Si no, ¿qué hacemos?, ¿dónde vamos a protegernos?

Estamos sobreviviendo sin eso. Parecería que no hay ese lugar.

Tiene que haber. No hay idea posible de comunidad sin un sistema de premios y castigos que nos permita razonablemente confiar. 

¿Pero entonces creés en el castigo? 

 No digo el castigo de prisión, pero sí que solucione los conflictos de alguna manera.

Zaffaroni decía que va a ser mucho peor que la cárcel, que ya viene el control por pulseras para todos.

Sí. Zaffaroni tiene en mente una especie de biocontrol que, si uno ve Uber o Rappi, ya lo tenés ahí.

 

Federico Delgado con el Anartista.
Federico Delgado con el Anartista.

  • Conatus: el esfuerzo que cada cosa hace por perseverar en su ser, según Spinoza.



UNA MARIANA ANTIPAQUITALISTA

Rituales: Entrevista a Kekena Corvalán
Entrevista: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira
Edición: Lourdes Landeira

 “Todos huyen en su tonta carrera, incluso nosotros, pero hacia adelante. Nos fugamos hacia el porvenir, lo por venir, nos abrazamos con estos ojos desgraciados antes de lanzarnos al vacío. Pero, ja ja, trampita. Para nosotros el vacío es la cosa más completa que hay. No nos asusta dejar este afuera choto, puto, realista, sucio, piripipí, era lo que estábamos buscando”.
Historias de Cabeza Partida, Kekena Corvalán

 

Franca Ramos
Franca Ramos

Los ángeles, dicen, no tiene sexo; sin embargo, los nombramos masculinos. De hecho, tenía nombre de varón –Gabriel- el que le anunció a María, virgen y niña, que otro varón, autoproclamado padre de todas las cosas, la había elegido para ser madre de su hijo. ¿Pudo haberse negado cuando no fue ella quien concibió, sino que fue concebida por un otro? Alto costo debió pagar para ascender al reino de los cielos y trascender por los siglos de los siglos. Primero, el repudio del marido por un embarazo que no le pertenecía. Después, la protección de ese hombre en la tierra para parecer una familia tipo –nunca tipa-. Y no fue más que el comienzo. Faltaba que un rey celoso ordenara matar al niño -la profecía decía que el crío era una amenaza-. A eso, sobrevino el exilio en el desierto. Hubo de caminar las siete estaciones del vía crucis. Debió ser espectadora de la muerte de su hijo, la resurrección y su posterior retirada ascendente hacia el padre que una vez lo envió. Dicen que ella fue la madre del salvador, aunque no esté muy claro de qué cosa nos hemos salvado, luego de su paso por la tierra que todavía pisamos. Si María hubiera podido hablar, decir no y ser respetada, el plan divino habría quedado abortado. Al menos, ese intento con su vientre. Lo cierto es que la historia sería otra y la sangre, quizás, habría corrido por diferentes rías. Pero no menos cierto es que, sin la parición fundante de María, Kekena Corvalán no podría definirse una mariana. Y, como curadora de arte, elegir exponer una imagen de la santísima con el pañuelo verde de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, atado al cuello. 

 

ENTRETEJE, MARÍA

“Cubres con un canto la hendidura. / Creces en la oscuridad como una ahogada. / Oh cubre con más cantos la fisura, la hendidura, la desgarradura”.
“Los pequeños cantos, Alejandra Pizarnik

Queremos conversar sobre un paralelo entre la muestra del Conti, “Para todes, tode”, donde encontramos muchos cuerpos a los que les falta una parte -o que no se muestran completos- y el libro, “Historias de Cabeza Partida”. ¿Ese criterio de la parte y el todo es fundante en vos?

La recortada, de Susana Torres
La recortada, de Susana Torres

Sí, es súper importante. Creo que la fragmentación es un mecanismo creativo del campo del arte que, a su vez, lo toma de algo que sucede socialmente. Estamos más fragmentados y atomizados que nunca a nivel social. Sin embargo, mi visión no es apocalíptica. Está bueno en el sentido de que ya no hay un comunismo, un peronismo, un feminismo: el feminismo es los feminismos. La fragmentación es también una operación, un modo de construir sentido que hemos adquirido e hilvanado, en lo bueno y lo malo, con la postmodernidad.

¿Cómo se filian los fragmentos?

Justamente, el tema es que los espacios entre esos fragmentos no se llenan, los fragmentos no se unen y estamos como súper departamentalizados. Esto tiene que ver con la lógica del capitalismo: territorializar nuestro deseo desde ahí, sin que podamos asociar. En la muestra, el tema de los fragmentos se relaciona con la imposibilidad que todavía tenemos de reconstruir historias. Piensen cuánto luchamos para encontrar nietos y nietas, para reconstruir qué nos pasó. Ahora, junto a un grupo de gente, pensamos en por qué no podemos construir la historia de las lesbianas de Montoneros. Todos sabemos que hay un montón, pero esto no forma parte de la historia. No existen tortas peronistas, mientras sí, putos peronistas.

¿Pensás que el atravesamiento católico puede tener que ver con esto?

Sí, porque las tortas somos mucho más revulsivas al sistema, seguimos siendo un tabú.

Entre las actividades de la muestra del Conti, Silvia Di Segni habló de la invisibilización de la homosexualidad de mujeres respecto a la de varones.

Lo mostró con mucha claridad cuando se refirió a Stonewall, la revuelta que se produjo en Nueva York en 1969, donde la comunidad gay se rebeló contra el hostigamiento policial. En la foto que trascendió como representativa de la lucha, se ve una línea de varones homosexuales manifestar y tirar piedras. Sin embargo, parece ser que la cosa la empezó una negra lesbiana, quien, por supuesto, no está en esa foto.

Le faltó ser judía.

Claro, carga una interseccionalidad. Entonces, me gusta lo del fragmento porque habla de nuestra propia imposibilidad, desde el cuerpo, de reconstruir la historia. Memoria y géneros están super ligados. Ahora, al menos, comenzamos a hablar. Yo tengo treinta años de peronista y antes no lo podía expresar, no imaginan cuánto me costaba decir: “Soy torta y soy peronista y para mí hay una fuerte ligazón entre la represión y todos ustedes, cabezas de termo”.

 

CON PECADO DEVENIDA

“Volver a hacer cuerpo con nosotras mismas es un feminismo cotidiano en el que se puede trabajar, a escala de nuestra carne, esta rabia que nos defiende. Restaurar la violencia del sexismo en toda su crudeza es la condición para transformar la rabia en política; pero, puesto que lo individual es político, sólo la rabia convertida en ética de sí, consciencia muscular, podrá liberarnos de una vida a la defensiva”
Manifiesto de Autodefensa femenina, Elsa Dorlin

Hablaste de la memoria y pensé en que alguna vez dijiste: “A mí me interesa esa demora del recuerdo en el cuerpo”.

Creo que es algo bien propio de la modernidad. Yo soy de una floración moderna, no posmo. Esto viene ya de la literatura, de Proust, qué sé yo. Y ese es también otro tema: “¿Cómo podés ser peronista y leer y citar a Proust?” Pero vuelvo a tu pregunta: el recuerdo se demora en el cuerpo. Yo lo siento, es una sensación táctil recordar, se dispara a partir de una correspondencia de algo que me entra por los sentidos y yo lo siento en el cuerpo, allí es donde el recuerdo se demora y está como latente. Haber recuperado el cuerpo es el gran logro de estas décadas.

¿Recuerdo y deseo se ubican de diferente manera en el cuerpo?

cris evaEstán en tensión permanente. Quizás, en el deseo, el goce se estanca, se atrapa en esa demora del recordar. Nos frena una nostalgia muy fuerte -que ya estamos superando- de la década pasada, la ganada. Y creo que por eso perdemos, porque esa demora nos sensibiliza a tal punto que nos hace perder el efecto de realidad o la capacidad de escuchar lo que está pasando. A mí me encanta, soy súper nostálgica y me junto con amigas a acordarnos de las doce leyes de género de Cristina. Incluso, con las chicas, pensamos en hacer remeras con la ley de Asignación Universal o, la de la jubilación del ama de casa. Y hay como un goce en eso. Yo, a veces, digo “che, basta de masturbarnos con nuestro símbolo sexual, Cristina. Basta de pensar en todas las cosas que nos dio”. Porque, al mismo tiempo, está todo lo otro que explota, aprovecha y territorializa esa memoria.

Aparte, si la memoria va solo para atrás, deja el presente al enemigo. ¿Hay algún modo de que la memoria propenda al futuro?

Sí, sucede cuando nosotros reescribimos la historia, la actualizamos y la leemos en lo que pasa ahora. Esto es lo más difícil. Les cuento un trascendido: al planificar la nueva campaña de Cambiemos, dicen, Durán Barba mandó a todo el equipo a leer “Teoría King Kong”. Y yo recuerdo cuánto tiempo estuve diciéndoles a los cabezas de termo “Che, ¿por qué no leen ‘Teoría King Kong’, por qué no leen un poco algo de género?” Y: “No, porque el feminismo yanqui, porque el feminismo europeo…”. Y resulta que este tipo, para quien todos somos King Kong, la tiene tan clara que los manda a leer para entendernos.

Ellos tienen muy claro cómo mentir, tiene un discurso. Y nosotros, ¿tenemos estrategias discursivas que oponer?

Nosotros no tenemos claro cómo mentir.

Entonces…

Hablar de la política del deseo es pararnos en un terreno que ellos también exploran, pero lo hacen desde la satisfacción como concepto: “En todo estás vos”, “Esto es para vos”, “Ahora estamos todos juntos, se terminó el conflicto”. Que te digan, “Vos estás en todo lo que hago”, justo cuando algo me falta, genera la ilusión de una reparación. Pero es mentira. Nosotros necesitamos afirmar la política del deseo y ser oponentes desde un lugar colectivo. Y, sobre todo, desde el lenguaje; debemos sostener el todes, el decir las cosas como son, el “No nos calmamos nada, yo no me calmo nada y te lo digo antes que me lo pidas, porque estoy podrida que me digas que me calme.” Se trata de tener una cosa mucho más beligerante desde el discurso.

 

CREA Y SONARÁ

“El feminismo es una aventura colectiva, para las mujeres pero también para los hombres y para todos los demás. Una revolución que ya ha comenzado. Una visión del mundo, una opción. No se trata de oponer las pequeñas ventajas de las mujeres a los pequeños derechos adquiridos de los hombres, sino de dinamitarlo todo”
Teoría King Kong”, Virginie Despentes

¿Cómo ves lo que sucede hoy con el feminismo, el lenguaje y las nuevas generaciones? Dentro de eso, me interesaba enfocar en el “significante granada”.

Golondrinas-RAE-luchando-lenguaje-Academia_EDIIMA20171031_0805_5El término “todes” no es en verdad una palabra, dado que carece de un contenido, de una definición. Sin embargo, funciona más como significante. Pienso en el efecto de la explosión y lo que allí detona es la “e”. Conceptualmente, cuando la gente lo escucha, lo reconstruye en un segundo momento. Pero, al hablarle con la “e”, salta. Eso es un significante granada, hace estallar montones de cosas asociadas con ese sonido.

¿Por qué no es una palabra? Tiene su sentido poético.

Y tiene sentido comunicacional, lo que le falta es un sentido gramatical. No está en el léxico del español.

¿Y no vale igual como palabra, desde esos otros niveles no gramaticales?

Sí, pero, ¿por qué digo significante y no digo palabra? Porque no es un vocablo aceptado, es un vocablo disruptivo. Todo esto lo dije antes de que la RAE declarara que estaba repensando el “todes” y antes que Página/12 sacara una nota sobre el lenguaje inclusivo. Yo soy licenciada en Letras y tengo este debate con colegas que me han dicho: “Che, ¿hacía falta que pusieras una cosa tan fea como todes?” Me lo cuestionaban desde lo estético, pero es una cuestión ideológica. Tienen una represión con que yo diga todes. ¡Funcionaba como una granada! Donde yo la ponía, explotaba y algo producía. Y también actuaba como granada, porque atomizaba: ¿vieron cómo se forma la granada, tanto la fruta como la bomba? Además, en la iconografía, sobre todo en la renacentista, la granada es el símbolo de la pasión. Hay muchas imágenes de Cristo con una granada porque el tipo se la va a jugar: está la virgen de la granada, con el niño y una granada, porque sabe que el pibe la va a pasar re-mal y ella lo va a tener que entregar y sacrificar por todos. Por otra parte, lo del todes funcionaba muy bien entre las pendejas. Eso fue lo que me mató, porque yo me sentía muy sola para llevar adelante cuestiones legales, estaba re-bajoneada porque me podía comer un juicio. Pero luego salía a la calle, me paraba alguna piba y me decía: “Che, ¿vos sos Kekena? ¿me puedo sacar una foto con vos?”. Era una cosa muy fuerte: había calado por el “todes” en las pendejas, quienes más lo usan. Yo nunca lo había usado, como Cristina, siempre dije “todas y todos”. Hasta que un día sucedió este diálogo:

- ¡Pero estás dejando a les no binaries afuera!

- ¿Y quiénes son les no binaries?

- Yo, que soy tu alumna.

-Tenés razón. Vamos a decir todes.

Y ese todes es un símbolo de rebeldía de las pibas que condensa muchas cosas, más allá de su posibilidad de sentirse lo que quieran a nivel género. Condensa un rechazo hacia nuestra cultura, nuestros estigmas, nuestra mierda, nuestra política y nuestros políticos. Entonces, es un significante granada.

 

CAMINANTE, SÍ HAY CAMINO

“Quien porta negritud, quien porta mapuchidad, quien porta judaísmo vuelve a su casa y ahí tiene un abrazo. Nosotras estamos conscientes que el territorio de guerra es la heterosexualidad, porque volvemos a una familia heterosexual que te va a castigar por oponerte a lo que la heterosexualidad quiere. El patriarcado es el capitalismo y sólo en la medida que no lo ataques podés ser funcional y trabajar.”
Travesti / Una teoría lo suficientemente buena”, Marlene Wayar

¿Por qué te sentías tan sola?

Al principio, cuando inauguré la muestra, fue como complicado. Recibí muchísimas amenazas por Facebook, insultos, algunos muy divertidos, del tipo de “Yo no te deseo el mal, yo te perdono lo que hiciste porque soy cristiana, pero vas a arder en el infierno vos y tus hijos si los tenés. Aunque dudo mucho que los tengas, porque una persona como vos es estéril”.

¿Qué es lo poético para vos?

Un estado de opacidad de lo claro, de lo luminoso, de lo que trata de echar luz y se hace opaco. Yo puedo decir que veo algo, pero no el todo. Lo poético es lo que se percibe por la piel. Eso es lo que tiene de potente, de inexplicable y de intraducible.

¿Dónde ves eso hoy, fuera de la literatura?

Es muy difícil. Personalmente, en las marchas y en la lucha, lo veo cada vez más. Camino por la calle un 24 de marzo, se me cruza alguien, me mira a los ojos con amor y ese amor no es el de la mirada en un boliche, cuando quiero ver si paso un rato lindo, es mirarse a los ojos y decir: “No sé quién sos, pero qué bueno que estás acá”.

¿Cómo es esa experiencia física de las manifestaciones?

Es absolutamente placentera, emocionante, poética. Yo me salvé de morir de una enfermedad terminal porque salí a marchar todas las semanas en estos últimos tres años. El macrismo me pegaba la patada en el estómago y yo decía: “¿Quién marcha hoy?, ¿los judiciales? Ahí voy”, “¡Pero son judiciales!”, me respondían. “No importa ¿dónde me sumo?”.

¿Es por eso lo de curadora y curandera, con que te nombran?

Franca Ramos
Franca Ramos

Claro. Curandera me pone la artista de la virgen, que se llama Coolpa. Y curandera de fachos me lo ponen Juli Zárate y Loreley Unamuno, quien tiene un apellido muy caro a la militancia montonera. Lo llaman la contraofensiva del deseo. Loreley es una directora de cine feminista; Coolpa, una artista visual feminista. Juli, una militante del Movimiento de Mujeres Audiovisuales. Que estas tres pendejas de treinta años digan esto, es la política. Hace pocos días conocí personalmente a Loreley y nos dimos un abrazo del que no nos podían despegar. Entonces, ahí está la cosa, yo me tranquilizo y siento que estoy en buen camino solamente cuando estas pendejas, cuando estas mujeres, me quieren, me adoptan.

 

AMOROSÍSIMA IMPUREZA

“Era un lugar de encuentro entre viajeros perdidos en la historia, un salto de ascensión igual que una vorágine de luz hacia las nubes, la exacta coincidencia de dos vuelos en una sola sombra sobre el agua. Era como mirar el mismo panorama que miraría Dios”.
Amor, Ch’anullo amato amar perdona”, Olga Orozco

¿Con ellas formás el ejército de amantes?

Ahí tenés una consigna que yo saqué de algo que vi en internet: un ejército de amantes no puede perder. Hay un ejército de odiantes, que todo el tiempo dice las pelotudeces que tenemos que escuchar en estos últimos tres años. Y, frente a eso, está este ejército de amantes que no va a perder. Ahí está lo poético y la manera de contestar desde la palabra. Quizás el ejército académico quede afuera del ejército de amantes, si adscribe a las fuerzas de control y no a las de la orgía. Quizás la academia lleva la teoría queer y la fosiliza, la maneja, la disecciona, la pone al servicio de Durán Barba -sin quererlo-.

Puede pasarle eso al feminismo, ¿cómo nos preparamos para contrarrestarlo?

Sí. Y nos preparamos para eso al ser cada vez más amorosas, cuidándonos, deconstruyéndonos. Acá hay algo clave, un gran ejercicio, que es sacar los privilegios. Yo tengo que perder los privilegios de académica y de blanca y de mina de clase media, de padres que pudieron mandarme a estudiar. Soy lesbiana, está bien, pero soy una lesbiana blanca, tengo privilegios. Y no soy una lesbiana masculina, no soy la Higui, a la que quisieron violar para corregirla, aunque también tengo mi historia de intentos de “corrección” por la fuerza. Ninguna de nosotras está exenta de la violencia sexual en este sistema. Hay entonces un laburo de abandonar los privilegios reales. Hay conferencias en las que tenés tres varones bilógicos que abren el evento, pero no tenés una negra, una villera, una riojana, una trans o una travesti. Esa mezcla de académicas llenas de privilegios, que viajan y hacen papers con nosotras, con nuestra miseria y nuestra discriminación como objeto de sus sueldos. 

Pensaba si esta no es la batalla posible hoy contra el capitalismo.

Sin duda.

Cómo feminista, ¿sos anticapitalista?

Soy antipaquitalista.

¿Qué vendría a ser?

Argument, Sally Smart
Argument, Sally Smart

Una paqui es una heterosexual que cree que todos sus problemas son porque existimos las lesbianas. En un punto, es una heterosexual que no quiere perder sus privilegios. Y ya tenemos que decir, también: una feminista que no quiere perder sus privilegios.

Un compañero peronista nos decía que el peronismo es capitalismo con distribución social.

Yo creo que eso ya no existe. Quizás en la época de Perón, pero ya no existe.

¿Se puede pensar que esto es lo posible, pero no el horizonte?

Ni el horizonte ni lo compatible con lo que yo deseo. Una no va por la moneda o para sobrevivir. Una va por todo para todos, para todes, tode, una va y sabe que habrá fracasos y que no me la van a entregar, porque nadie quiere perder sus privilegios, especialmente, los peronistas varones. Igual, a mi entender, de todos los sectores, el peronismo fue el único movimiento que se cargó la historia de este país, y que se apoya en la contradicción, no en la utopía. Yo me apoyo en mis propias contradicciones hasta que las pueda resolver. Bueno, el peronismo me da acogida. Yo estoy cercana al Movimiento Evita y la mitad son pañuelos celestes. Estoy todo el tiempo lidiando con esa contradicción. Lo debato, lo discuto.

¿Sentís que hay desprecios?

No, no. De hecho, en los barrios de los pañuelos celestes, está la rescatista del Evita, la del pañuelo verde que ayuda a abortar. Pero también hay un doble juego vinculado a esa atomización, a esa alienación. El lado negativo de la atomización es que, en términos marxistas, nos alienamos: yo pierdo de vista qué estoy fabricando cuando fabrico este pedacito de cucharita, cuánto sale esta cucharita. En ese sentido, hay una producción, alienada. Ese es el lado complicado de la atomización.

 

SIN PENAS NO HAY PARAÍSO

 “Nuestras manos que son groseras y están llenas de palabras. – Resiste que te diga que Dios no es bello. Y eso porque Él no es un resultado ni una conclusión, y todo lo que encontramos bello lo es, muchas veces, sólo porque ya estaba terminado. Pero lo que hoy es feo será, en algunos siglos, visto como bello, porque habrá completado sus movimientos. No quiero más el movimiento completo que en verdad nunca se completa, somos nosotros los que por deseo, lo completamos”.
La pasión según GH”, Clarice Lispector

¿Cuál es la silueta de los fragmentos? Si pensás en una constelación, son fragmentos separados por vacíos, pero alrededor va el contorno de la constelación. ¿Nos estamos ocupando de esa silueta?

Me parece que no. Por el momento y muy a pesar de lo que creemos, tenemos todavía que atomizarnos más. Cada vez es más difícil salir de este atolladero político, es muy difícil poder reunirnos, no hay un liderazgo.

¿Lo necesitamos?

Podríamos pensar que es lo único que sabemos hacer. Quizás haya que aprender cómo salir de esto desde otra matriz. Pero, en este momento, pensamos que la única que nos saca de esto es Cristina. Y Cristina está muy complicada para presentarse. Quizás estamos discutiendo en los términos que nos enchufan, no sé. Hay mucha gente que piensa que Cristina tiene que descansar y disfrutar la vida, yo misma lo pienso.

¿Y no deberíamos tener un plan B?

Bueno, la atomización es justamente esa imposibilidad de pensar un plan B, porque no hay una persona. Yo votaría pibas, llenaría el Congreso de pibas que se equivoquen, que hagan.

Antes hablabas de la calle y de la lucha y ahora de esta tensión en el peronismo. El tema de este número es los rituales, ¿cuáles son los rituales de los que participás?

IMG_5703
Franca Ramos

Una cosa nos enseñaron las pibas de la marea: llevar el debate a todos lados. Si hay un ritual que llevar, es no rehuir la discusión por el miedo de que la discusión sea sinónimo de grieta y de terminar a las trompadas. Hay que insertar la discusión en todos lados. Se llevó al Congreso, a las iglesias, a las aulas, a la calle. A lugares impensados antes. Yo entraba a la iglesia y pensaba que no se podía hablar allí de aborto y lesbianismo. Ahora entro y hablo en todos lados.

 

¿A quién considerás un enemigo?

Hay enemigos. Y, como diría Perón, “al enemigo ni justicia”. Están los milicos genocidas, los fachismos discriminadores… Fuera de esas cuestiones, yo me siento a hablar con todo el mundo.

¿Y un militante convencido del PRO?

No conozco a ninguno. Tengo amigos del Pro, pero no conozco ningún militante convencido. Y con todos trato de entrar en la lógica del amor. Yo voy por el convencimiento epidérmico: tocar, agarrar al otro y terminar por decir “Bueno, no estamos de acuerdo, pero coincidimos en algún punto”.

Hay un 30% de la población que está de acuerdo con los privilegios, ¿ese no es un enemigo?

Sí, lo es. Es el privilegiado que no puede deconstruir ese lugar, aunque se lo hagas notar. Los que te dicen “esto es así y está bien que sea así, porque alguien tiene que laburar y alguien tiene que disfrutar”.

Y, desde el lugar de la política del deseo, de lo amoroso, ¿cuál es tu posición respecto del punitivismo?

Pienso que la cárcel no sirve para nada. En todo caso, es un elemento más de reproducción y disciplinamiento del patriarcado y del delito también. Se podría pensar en otro régimen, algo que considere la problemática y en una formación que empiece a deconstruir a la propia fuerza. Creo que, a partir de cierta edad, es muy difícil modificar la cabeza de un tipo que está tan metido en esa matriz. Un tipo que viola, por ejemplo, es muy difícil que salga y no vuelva a pensar que tiene derecho a violar. Hay como una microfísica muy metida.

En Salta vi un grafitti que decía “Educación laica, gratuita y feminista”.

Creo que, si vamos sembrando por ahí, a la larga es posible que nuestros hijos o nuestros nietos empiecen a aflojar en sostener privilegios y en repensar estos micromachismos.

¿El violador es sostenedor de privilegios?

Sí. Y eso se puede deconstruir, porque no creo que sea una compulsión biológica. En todo caso, creo que el violador es irrecuperable porque lo tiene muy metido. El tipo es controlable, pero hay que mirarlo todo el tiempo. Claramente, no es una adicción, aunque hay cosas parecidas a un adicto. Hay que laburar ese lado. El día que socialmente esté mal visto para un tipo ser menos macho por violar, se va a dejar de violar. Pero, mientras al hombre se le diga, “Si sos macho, te tenés que imponer porque a la mina le gusta eso”, bueno…

El no violador lo reproduce de algún modo.

No lo cuestiona, por lo menos.

Una pregunta posible es por qué un violador no sería recuperable y un ladrón o un adicto sí.

Sí, es una buena pregunta. Creo que hay que armar un programa de acompañamiento con esa persona, como el de cualquier adicto o de cualquier persona que pasa una situación de mierda y no la puede resolver sola.

¿Habrá gente preparada para esto?

No la hay, ni hay una estructura amorosa que pueda sanar a ese tipo. Yo no tengo una actitud mata-hombre, al revés. Creo que, sin el tipo, esto no se soluciona. Nos empecinamos en dejarlos afuera, y se trata de que empiecen a renunciar a sus privilegios.

 

SANGRE NUESTRA QUE ESTÁS EN LAS CUERPAS

“Como esas cicatrices pálidas que un esfuerzo vuelve de pronto rojas, la cara de su abuela se iluminaba en su sangre. Apenas la conocía y sin embargo estaba viva en ella. Su abuela oscura y sin canas, muerta a los cien años, sabia en terribles palabras”.
“Enero”, Sara Gallardo

En tu libro, es interesante la estructura de mamushkas que usás entre tus personajes, la madre dentro de la hija, dentro de la vieja, ¿qué es lo ancestral para vos?

Es una memoria colectiva,artfeminism casi atávica. Creo que hay una memoria colectiva y ancestral que viene en nuestra cultura desde la panza de mamá. Lo ancestral es sentir que pertenezco a algo más fuerte de lo que me parió.

¿Esa es la presencia de nuestros muertos?

Es la presencia de nuestros muertos, la presencia que hace que sigan vivos acá con nosotros, que nos acompañen.

Un escritor africano nos decía que todos tenemos huellas en nuestra sangre, ya no de nuestros abuelos, sino de todos los que existieron antes que nosotros en este universo.

Qué bueno eso.

 

SÍ, TE CREO

“Un algo de lo que se expone vive en la intimidad de talleres, centros culturales, rutas, calles y patios de escuela… Un gesto amoroso, y, por tanto, potente y político, colecta y reúne, resitúa e interpela. Estaremos aquí para contarnos, para tenernos en cuenta, en la doble escala a la vez: asamblea y mesa de cocina, gestionándonos y encontrándonos desde las historias que ya estamos haciendo y que son nuestras”.
Fragmento del texto curatorial de la muestra Para todes, tode, Kekena Corvalán

¿Cuáles de las obras de esta muestra quisieras comentar?

Santuario de Tortas, Maricas y Travas, de Lucy Bruniard
Santuario de Tortas, Maricas y Travas, de Lucy Bruniard

Las más polémicas, las que más molestan. Hay una que es una santificación de elementos paganos y que molesta también dentro de lo pagano. Gente de la academia me dijo “Pero ¿hace falta que pongan un académico como un santo y acudan al simbolismo religioso?”. Esos lugares de hibridez que son los que más molestan a la academia, donde no puede insertarse.

¿No te da un poquito de goce esto último?

¡Sí! Muchísimo, porque la academia es la cosa más reaccionaria que hay.

¿Y esta obra?

Arde Mami, de Jessica Beard
Arde Mami, de Jessica Beard

Esta me gusta mucho porque está hecha con cestería. Hablando de lo ancestral, la cestería es una práctica que se transmite desde los primeros días. Estas pibas ven la cestería hecha en la calle, en el mismo lugar donde las mujeres tejen. Y es como un aborto la cestería, ¿no? Hay una idealización de la artesanía y, en muchos lugares, el aborto es una artesanía. Hay como un mix en esa obra entre los abortos domésticos, la cestería como un elemento doméstico de dominación, porque es considerada una artesanía menor -como el aborto clandestino-, y esta cosa del cuerpo mutilado, del bebé roto. Es como mostrar el resultado de un aborto.

 

Confesionario Masturbatorio, de Mara Verena
Confesionario Masturbatorio, de Mara Verena

Esta otra es muy literal.

Sí. Esta chica es una escultora hermosa. Ella dijo “Acá tienen una escultura, yo hago estas cosas”.

Un Duchamp.

 

Pañuelo Celeste, De María Pichot
Pañuelo Celeste, De María Pichot

 

 

 

Totalmente. Y esta otra es de María Pichot, una luchadora contra la violencia obstétrica, que es la referencia celeste, el pañuelo celeste. Es como muy revulsivo, la gente no se lo banca.

 

¿Fue gente de pañuelo celeste a ver la muestra en la ex Esma?

Sí. Delante de la virgen se juntaban a rezar el rosario. Era muy divertido. Yo escribía a la gente del lugar y preguntaba, -“¿Cómo está todo?” -“Y, hoy no vino nadie a rezar”. Un tipo fue y estuvo como dos horas tirando agua bendita, mientras hacía como unas fórmulas satánicas. Fue genial. Alguien le pegó a la virgen un cartelito que dice “María, tu madre siempre te protege”. Ese lugar de cuestionamiento, ese símbolo, es algo súper molesto. Que yo dijera que no lo pienso mover, que hay libertad de expresión y, en una entrevista, que tengo formación católica y que la virgen María es un personaje muy querido para mí, ¡eso armó un quilombo…! Pero, ¿por qué no puedo querer a una virgen abortera? Y me empezaron a decir “¿Pero vos sos mariana?” Pero claro que soy mariana, ¿cuál es el problema de ser mariana? ¡Si la virgen fue una pobre víctima en la historia! Era niña, fue violada por un rayo, ni se enteró, se tuvo que bancar ese pibe, vivir con un viejo que no quería, que le mataran al hijo. Déjense de joder, no la pasó bien. ¿Qué madre del amor? ¿Por qué no la reivindicamos? Y ahí se armó otro quilombo.

¿Por qué te llaman Kekena?

Es un apodo. Me llamo María Eugenia.

¡Sos María! (Risas)

Claro. Soy de una familia católica. Tengo un primito al que no le salía decir Eugenia y, bueno, desde mis tres años, soy Kekena en todas partes.

¿Querés contar algo de la situación del Conti?

Como ustedes saben, el Conti está desfinanciado. En este momento, además, hay un tema muy fuerte de censura, se pidió que se sacaran mi nombre y mi imagen de las cosas educativas del Conti. La iglesia, que se arroga el lugar de la educación y el adoctrinamiento, no soporta que yo pueda estar haciendo algo educativo. La situación en el Conti es de muchísima presión hacia los trabajadores y de muchísima amenaza de inestabilidad, de cierre… Hay proyectos para hacer un shopping y dejar unos pocos espacios de memoria al estilo del Buen Pastor, en Córdoba. Esos proyectos cada tanto se reflotan. Y ahí están los pibes aguantándola. Hay gente muy hermosa, muy fuerte y muy poderosa que banca la parada para que esto no pase. Como ellos mismos dicen, esta gente se va a ir y nosotros vamos a seguir acá y vamos a reconstruir esto otra vez, porque siempre estuvimos. El Conti se convirtió en un lugar de resistencia.

La virgen abortera, de Coolpa
La virgen abortera, de Coolpa

La muestra “Para todes, tode” se lleva a cabo en un espacio de memoria, en la Ex Esma, donde todavía resuenan los ecos y vibraciones de los y las torturadas y desaparecidas por la última dictadura militar. En plena capital del país, a la luz de una transitada avenida. La muestra es federal, se exponen obras de más de cien artistas mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binaries. La e es la letra que explota, dice la curadora. Y sobreviene la reacción, en pleno auge de la marea feminista, los grupos conservadores quieren prohibir la exhibición de la obra. No lo logran en el primer intento. Pero, finalmente, un juez dispone que la virgen sea encerrada en un cuarto, donde no se permita el acceso a menores de 18 años. El secretario de Derechos Humanos de la Nación decidió no apelar y que la medida sea. Ahora la virgen abortera sale en la pantalla de la televisión para todo público y el próximo 28 de mayo peregrinará por las calles porteñas, cuando el proyecto de legalizar la interrupción voluntaria del embarazo vuelva a irrumpir en el Congreso, de la mano de décadas de lucha y movilización popular. Ese día, las paquitas, lo mirarán por TV. En el Conti, mientras tanto, la virgen viste, tras los muros, el color de la esperanza, custodiada desde afuera por otras identidades paganas santificadas por su rebeldía ante cualquier totalitarismo. ¿No sabías quiénes eran las paquitas? En esta conversación con Kekena Corvalán, te enteraste de eso y mucho más. La curadora curandera, con el revoloteo circundante de ángelas creadoras, se pronuncia en nombre propio –también se llama María– y colectivo.

Kekema Corvalan con el Anartista.
Kekema Corvalan con el Anartista.




DATO EN PLENO VUELO

Rituales: Entrevista a Ezequiel Fernández Moores.

Entrevista: Nicolás Estanislao Sada, Pablo Soprano, Gabriela Stoppelam
Edición: Nicolás Estanislao Sada, Gabriela Stoppelman.
       


Un dato, una punta de ovillo, una apuesta a un complejo juego: revelar lo confuso, aclarar lo opaco.  El dato no se resiste o uno no resiste al dato, vaya a saber. Número, letra o cicatriz de la escritura, un modo de invertir la biografía de la herida, de tornarla horizonte y nueva piel. A nivel del suelo o enredado en las raíces, el dato no busca la altura. Es el trazo que lo escribe quien se obstina en sacarlo de su ser tan al ras.  Y atención con las curvas mortales de todo despegue: que no encandile la presencia luminosa del testimonio, que puedas hallar la gramática del contraluz.

Pero, fijate, las cosas no son tan fáciles.  Mientras vos, dale que dale, intentas  despeinar al dato sin tergiversarlo, el cielo también ha sido tomado por asalto. Hay un maestro de ceremonias que ahueca el horizonte con caparazones de metáforas. Orillea emociones, pero nunca se sumerge en el fragor de sus aguas, nunca se hunde en silencios. Entonces, precavido del fulgor de las postales y los acartonamientos, vos pones al dolor a danzar- simple y suave- alrededor del fogón. El fuego chispea ritual, deviene en formas. Sombras y encuentros. Soltás la mano, la dejás ser crónica de los días y las noches, trovadora de tus insomnios y de tus vigilias. Entonces, la palabra pliega potencias, moldea la sintaxis, vuela bajito. Se echa andar. En el camino, van los nombres. Las ausencias. Y, ahora sí,  de tanto en tanto, esas metáforas gordas y pequeñas se atreven y bordean el ritual. Justo en ese sitio, se planta Ezequiel: un cazador sutil y voraz de retazos, de fragmentos de sombras, que se resbalan desde las manos, caen cerca del corazón y se hacen orilla. Entre la falta y el presente, el dato juega en pleno vuelo, contornea las faltas, funda huellas contra el olvido.


AGENTE DE PRECISIÓN

Creo, con toda ingenuidad y firmeza, en el derecho de cualquier ciudadano a divulgar la verdad que conoce, por peligrosa que sea
Rodolfo Walsh

En las agencias donde trabajé prácticamente no se firmaban los cables, salvo cuando eras un enviado especial. No firmar era un factor menos de narcisismo. Si no se firma, tampoco hay foto. Entonces, es puro profesionalismo. Y también tiene mucho de trabajo artesanal. El desafío está en que vos querés construir un buen copete con velocidad, pero la agencia también exige precisión.

En la época digital, ¿queda desfasado lo artesanal?, ¿vos te vas por esto?

No, yo me voy por el achicamiento brutal. Además, las agencias -el periodismo en general- ya perdieron lo artesanal. No me gusta generalizar, pero ahora cuesta mucho más. En las agencias, había discusiones extraordinarias sobre una palabra, por si estaba bien utilizada o no, qué maravilloso discutir por una palabra.

Más allá del desafío, ¿cómo te llevas con la urgencia en el momento de escribir?

En la agencia  tenía –  tengo que hablar en pasado, cuesta pero debo hacerlo- tenía un entrenamiento incorporado de hace 41 años. Ahí, el trabajo es como tomar agua. Pero hace un tiempo me había propuesto darle una vuelta de rosca a esa cosa mecánica y hacer copetes de tres líneas. Achicar más, encontrar en la austeridad de la palabra, “la sonrisa perfecta”, cantaba Silvio. La palabra precisa.  

 

POETAS COMO SALVACIÓN

“La poesía me ayuda a llorar”
Yolan de Mukagasana.

¿Y asociarías la palabra precisa con lo poético?

Y sí, la palabra precisa tiene mucho de poético.

Decías en el libro: “Juego,  luego existo” que cuando te faltaron las palabras, algunos poemas y poetas te salvaron.

Sí, y eso me pasó.

¿De qué te salvaron?

De falta de palabras.

Pero te dan las palabras que usan ellos.

Yo cito a los poetas. Cuando saco un texto de algún lugar, soy muy respetuoso de citar, yo lo que quiero es compartir, no me interesa si es mío o de Juan o de Pedro.

Bueno, vamos en ese sentido, hoy justamente te escuche crónica de Ruanda.
(1)

 

Bueno viste que cité un poeta de Ruanda. Sí, yo no tenía ni idea  de ese poeta pero hay que buscar. Suelo hacer este tipo de cosas a las dos de la mañana. A veces hasta más tarde aun, recorro la obra de un poeta que, después, posiblemente no utilice ni siquiera en el artículo, ¡pero quién me quita lo bailado! Encontré un poeta que para mí fue una delicia y me quedó para siempre.

¿Qué te da la poesía que no te dé la prosa?

Le encuentro más belleza a la poesía.

Belleza…,¿a qué te referís?

A la belleza de la palabra. A encontrar esa palabra precisa. Como sucede con el dolor, quizás, cuando tengo que transmitir el dolor del otro. Por ejemplo, me pasa que estoy muy cómodo, mientras escribo en mi casa a las tres de la mañana y tengo que trasmitir dolor. Entonces, me digo, ¿cómo hago  para ser medianamente auténtico en el texto? Ahí es donde me parece que los poetas tienen un proceso íntimo, intransferible, muy personal, al punto tal que el dolor, en esa creación, lo vuelcan en las cosas maravillosas que te hacen leer.

¿Nunca escribiste poesía?

Me pasó alguna vez.

¿Te pasó?, ¿fue algo que sucedió, como un lapsus?, ¿podemos leer esos poemas?

No, ¡ni loco!

¿Y por qué no sucedió más?

Un verano del 42.

Bue, dejamos pasar. Y experiencias poéticas, fuera de la poesía, ¿podrías citar alguna?

¿Fuera de la poesía?

Sí, como algo de conmoción de sentido, conmoción de lenguaje

Bueno hay cosas de la cancha que son extraordinarias, hay frases que solo las recoges en la cancha.  Para mí eso es poesía pura. Mirá, a una vez, me sucedió algo así al hablar con un etnógrafo francés, Cristian Bromberger, un capo. Lo mandaron a Irán a estudiar la sociedad y, en una charla, contó que no lograba definir a la sociedad iraní con una palabra. Eso hasta que fue a la cancha. Entonces, encontró dolor, alegría, expresiones auténticas, espontáneas. Y, en esa espontaneidad, salían las palabras. Ahí había menos mediatización, menos elaboración intelectual y un proceso más concreto de dolor o de alegría.

En esa línea, citas mucho al sociólogo David Goldblatt.

Sí, es extraordinario.

Justamente, él marca la cuestión del ritual, del ejercicio del abrazo. Vincula todo con el contexto, ya sea un gol, un tiro en el palo o, simplemente, un pelotazo al medio de la tribuna.

Todo eso seguramente lo encontramos en el poeta máximo del tablón, que fue el Negro Fontanarrosa. El Negro, con esa picardía, narraba cuentos increíbles, como ese en que la mujer acompañaba al marido a la cancha para ver si por lo menos la abrazaba cuando su equipo hacía un gol. Eso es maravilloso.

RETAZOS DEL LENGUAJE

Tan poco que decir
tan urgente
decirlo”

Leonard Cohen

¿Cómo usas lo poético en tu prosa?

Ezequiel Fernández Moores.
Ezequiel Fernández Moores.

Intento que salga un texto musical. Lo leo en distintos lugares y en distintos momentos. Una cosa, por supuesto, es a las tres de la mañana en mi casa, solo, con un silencio absoluto y otra cosa es en otro ámbito. Me pasa también de leer en el subte a las tres de la tarde, en un subte bastante poblado. De pronto, necesito ver cómo suena eso ahí, con ese quilombo infernal.

Ezequiel, nosotros no somos periodistas, somos escritores y lectores. Y, a veces, nos preguntamos si el periodismo duro, el del dato, no intenta conquistarlo todo. ¿Cómo luchas contra la hegemonía del dato?

Yo mismo soy un testigo de esa lucha, el origen de mi trabajo es en la agencia y mi esencia es el dato. No hay línea que no contenga datos. Eso es el periodismo de agencia, es información, información, información.  Pero siempre hay una inevitable arbitrariedad, ¿por qué use este dato y no otro?

Por otro lado está la falta de dato, el exceso de poesía.

Sí, malas crónicas hay en todos lados, todos los días y a toda hora.

Pero vos, ¿cómo manejas  ese equilibrio, dato y narrativa?

Hace unos años largos, empecé a pelear con mis textos porque tenían demasiado dato y les faltaba fluidez, ritmo. En un momento dije- y puede sonar un poco presumido esto-: creo que, quienes leen estos textos tienen que confiar en que no estoy mintiendo, que el dato está correcto. Entonces, empecé a depurar, a mantener las fuentes pero no con excesiva precisión.

Aparte, mucho dato también termina por no informar.

"Destiempos".  Eduardo Longoni
“Destiempos”. Eduardo Longoni

Exacto, esa es la otra cara del asunto. Está esa frase: “estamos informando todo, pero no estamos enterados de nada”. Lo que yo digo es que a mí me preocupa un poco la fluidez del texto. Mi pretensión es que el texto tenga belleza y música y el dato a veces quita eso. Esto fue una necesidad mía, nadie me lo pidió. Y también depende para qué medio escriba. Igual, yo nunca voy a subestimar ni a sobreestimar a nadie, ni en la Nación ni en Página/12. Pero, lo que en definitiva me preocupa es que tenemos que salir de los lugares comunes, pensar en términos un poco más provocativos,  provocar con un poco de inteligencia. Apelo a la inteligencia del lector.

Claro, esquivar la chicana barata

Evito el golpe bajo, me gusta salir del lugar común.

 

NADA SERENA

“Serena,
la eternidad espera en la encrucijada de estrellas”
Jorge Luis Borges.

¿Recordas algún caso en particular?


Hace unos meses escribí una nota sobre Serena Williams donde se enojó mucha gente.

https://www.lanacion.com.ar/deportes/mujer-negra-caderas-anchas-nid2171057

Serena desbarrancó, insultó a un árbitro en pleno partido. Yo me pregunté: ¿qué le habrá pasado?

Encima desbarrancar y llamarse Serena…

La mina lleva 20 años como  número 1, siempre fue correcta. Está curtida. ¿Qué le pasó para estallar? Empecé a averiguar. Además de que había sido madre, al mes, tuvieron que internarla porque ella percibió algo en la circulación de la sangre. El médico no le había dado bola y casi tiene un problema de embolia tremendo. Por esa complicación tan seria, ella empezó a preocuparse -no importa la guita que tengas- de cómo atienden los médicos, 95% blancos. a las parturientas negras. Ella misma se preocupó en investigar que la mortalidad de las parturientas negras era mucho mayor. Hay algo cultural. Sin dudas. E instaló un debate sobre ese tema. Ella misma le reclamó al juez: “soy madre, no te voy a mentir”. Me pareció muy fuerte. No le dijo “Soy Serena Williams, gané 799 partidos.” Ahí advertí qué potencia había tenido para esa mina haber sido madre. Yo no la quería justificar, pero si quería saber por qué le había pasado todo esto, tan inusual en ella.

¿Suelen interesarte ese tipo de temas?

Sí, la parte humana me interesa mucho. El tema de la raza me preocupa, claro. Evidentemente, los negros sufren más y están más castigados. ”.

Es maravilloso que un hombre antimachirulo se haya ocupado de este tema. A propósito de esto, te iba a preguntar cómo te impacta la cuestión de género.

Yo lo incorporo como movimiento social, me refiero a que veo claramente que va cambiar estructuras anquilosadas. Es lo más interesante que ha sucedido en un tiempo largo. Cuando suceden este tipo de cosas, los sentidos míos se agudizan, estoy mucho más atento porque tengo el privilegio de ser testigo directo de todo esto.

¿Te da admiración?

Si, por supuesto, me da mucha admiración.

Y, más allá de  lo admirable- y ya que hablaste de mover estructuras-, ¿qué sentido tiene para vos hoy la palabra revolución?

Bueno, en el feminismo yo percibo una revolución. Revolución, esencialmente, significa que no te podes hacer más el boludo en términos de cosa histórica machista, en los laburos, en la vida cotidiana, en la calle. Por otro lado, no me siento parte de esa cultura machista y nunca me sentí parte. Pensá: vengo de una familia de 7 hermanos varones, crecimos en una casa masculina cien por cien.

Y esto de no poder hacerte el boludo, ¿lo vivís como una liberación, como una relajación o como una pérdida de privilegios?

No, veo lo interesante de ser testigo directo. Esto viene a cambiar claramente las conductas. Sobre todo, en gente de poder y en el espacio que los rodea. En general, el poder en el mundo ha sido masculino. 

CORRESPONSAL DEL DOLOR

  “Esta espantosa reliquia del dolor: la alucinada memoria.”

Miguel Ángel Bustos

Ya que hablas de poder, ¿cómo diferencias poder de potencia?

Yo soy padre de mellizas, ya tienen 32 años. Te doy un ejemplo: cuando nacieron, yo sentía esa sensación de “todo lo puedo”: bañarlas a las dos juntas, cambiarlas, ponerme a trabajar. Había que ir a comprar pañales, no alcanzaba para comprarlos, pero yo sentía esa sensación de potencia absoluta.

Maternidad y paternidad están en todas las anécdotas que elegís para tus respuestas…

Y…, en una casa con tantos hijos, yo le decía a mi padre que iba a esperar para ser papá, que no tenía apuro. Y mirá cómo son las cosas.; cuando nació Tomas, mi primer hijo, mi viejo se estaba muriendo. Es un gran dolor no haberle podido decir que iba a ser padre. Y después, un día en la playa, le dije a mi hijo- educado a cero en religión-  mirá, yo tengo siempre un gran dolor, porque no le pude avisar a mi viejo que iba a ser padre… Y Tomy, que tendría 8 o 9 años en la playa, me dijo: él ya lo sabe, ¡ y a mí eso me encantó!

¿Lo pudiste escribir?

No, eso no pude escribirlo nunca.

¿Y hay alguna crónica donde eso aparezca, de coté?

Y, en alguna crónica puede ser, puede estar, a mí los vínculos me atraen mucho.

¿El dolor?

Y, bueno, ¿qué vínculo no tiene dolor?

Pero no solo hablas del dolor de los vínculos, sino del de los demás: de Serena, de los poetas.

Sí, me conmueven las personas que expresan su vulnerabilidad.

¿Y nunca necesitaste la ficción?

No, no, no, por ahí tengo algunas cosas mías escritas, ¡pero tampoco las voy a mostrar! Ahora, después de mucho tiempo, escribí algo que no es de deporte. En la presentación de mi libro, un amigo – Pablo Perentuano, a cargo del sitio “La agenda” – escuchó que cité a Leonard Cohen, quien ahora cumple 50 años de su segundo álbum. Entonces, Pablo me preguntó si quería escribir algo sobre eso. Y me animé. Creo que es la primera vez que escribo algo que no está relacionado al deporte.

EL GORDO DELIRIO DE ESCRIBIR

 “Aunque quede ridículo que lo diga (con simplicidad) uno siempre anda buscando los orígenes, ¡nuestra identidad!

Osvaldo Soriano.


Ya que hablaste de los vínculos, del dolor, de llegar a tiempo, regresemos a la ficción. En tu libro, encontramos la crónica sobre Boby Fischer, donde el dato que contás es tan increíble que no parece cierto

¡Pero es todo cierto!

¿Vos crees que la gente que escribe ficción no escribe a partir de datos? De hecho, el propio dolor del que escribe un poeta es un tremendo dato

Sé lo relativo de esa verdad y me río también. Por ejemplo del mocumental, – que es un falso documental- , ahí sabés que te están engañando y lo hacen como si todo fuese realidad. Mirá, el gordo Soriano tiene un cuento sobre el mundial que no fue: “El penal de más largo del mundo”. Por otra parte, un periodista de una agencia de noticias, en lugar de viajar a Venecia, tomó la gacetilla del relato de un mundial no reconocido por la FIFA.  El periodista escribió un cable en serio sobre el documental del mundial no reconocido. Yo me puse a leer y dije ¡pero ese es el cuento del gordo! Empecé a hablar con algunas personas sobre el documental y dije: esto es extraordinario. Voy hacer una crónica, voy a jugar con el gordo Soriano y con los actores. En mi crónica jugué todo el tiempo a que eso sucedía, pero, de verdad, era un delirio inevitable, donde el árbitro era Butch Cassidy que no sabía el reglamento de fútbol pero era rápido con la pistola. Así, escribí jugando, pero cualquier lector mínimamente avispado se da cuenta. Eso se completó un día, cuando Eduardo Galeano vino a casa por un libro que estaba escribiendo y me tiró un dato falso. Eduardo, le dije, ¿quién te dijo que Sanfilipo era máximo goleador del fútbol argentino? eso es mentira. Eduardo miró para arriba y dijo: “El hijo de puta del Gordo Soriano” Yo no paraba de reírme. Fue una maravilla. Por eso tengo que saber jugar. Interpretar los tiempos, saber en qué cancha juego.

Esto instala otro tema, la certeza del dato.

¡Exactamente!

LAS PALABRAS JUEGAN

 “El fútbol es la única religión que no tiene ateos”

Eduardo Galeano

 

Vos recién hablabas del dolor, de acercarte al tipo que le va mal, como en el caso de Bosir Barbosa. Hay varias referencias en tu texto a que los perdedores tienen otra forma de visibilización.

Ezequiel Fernández Moores con Nicolás Sada (el Anartista).
Ezequiel Fernández Moores con Nicolás S. (el Anartista).

Sí, tienen más relato; en un sentido, el perdedor expresa algo más auténtico. Pero, ¡ojo!, tampoco me interesa la épica, sí acercarme a ese dolor. Por ejemplo, en la historia de Moacir Barbosa Nascimento, él dijo que había quemado los postes del Maracaná y nos mintió a todos con eso. Pero para que no lo jodiéramos más. Al tipo le están revolviendo el cuchillo todo el tiempo. Mirá, puedo citar también ese dato tremendo, donde una mujer le comenta a su nena, mientras van por la calle: este señor- en referencia a Moacir Barbosa- hizo llorar a doscientos millones de brasileños. Y luego, cuando Barbosa muere,- EL PAIS de España titula, “la segunda muerte de Barbosa”.
Uff, eso fue tremendo.

Bueno, está también la anécdota de Garrincha.

Yo encontré el dato: Garrincha estaba con chico Buarque en un exilio romano. Chico Buarque era el chofer que lo llevaba a jugar partidos de mala muerte contra obreros de fábricas. Lo llevaba a sindicatos, con estudiantes universitarios. Hacía pocos años, Garrincha había sido una figura del fútbol mundial  y esto lo hacía por un pocos dólares. Me enteré del dato, con Garrincha ya muerto. El tema era hablar con Chico, toda la situación me parecía muy delirante. Finalmente, logré dar con Chico. ¡Imaginate qué emoción, que me responda Chico! “Essas histórias do livro estão certas”, me responde Buarque, a través de un correo electrónico.

https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/arte-de-brasil-nid1223844

Y más me conmovió cuando, con el artículo ya publicado, me llamó un amigo por teléfono  cuya esposa es brasileña y me dijo: te llamo ahora porque mi mujer está llorando después de leer el artículo…¡Ufff, yo no podía más!

 

NUNCA CARETA

“Ser como todos es no ser nadie”
Graffiti que se ve desde el 34

 

¿Escribirías si no tuvieras la posibilidad de publicar?

Supongo que sí. La verdad es que escribo siempre para publicar, desde hace 41 años. No paro de escribir. Pero pará, tengo un libro no publicado del mundial `78. Lo escribí en el `82 – `83,  tenía un valor de resistencia escribirlo en ese momento. El problema fue que me demoré mucho, fue justo también durante el proceso de enfermedad de mi viejo y tuve que detener todo eso. Cuando pude retomarlo, ya estaba de moda investigar a los milicos, criticarlos y sentí que pasó, que ya estaba.

Fotografía de tapa del libro "Juego, luego existo." de Ezequiel Fernández Moores.
Fotografía de tapa del libro “Juego, luego existo.” de Ezequiel Fernández Moores.

¿Qué es lo que no te estimula del libro y sí de la publicación de crónicas?

Hay algo que me incomoda y es ser el centro de escena. Y lo digo con toda sinceridad, naturalmente me corro. Cuando me propusieron hacer un libro con todos esos artículos, dije no, no. Por eso le entregué a Alejandro Wall un bolso con casi mil artículos y le dije que hiciera lo que quisiera con eso. Yo solo quería que sí se incluyeran 4 o 5  artículos, el resto corrió todo por tu cuenta.

 

 

Y si no tuvieras que vivir económicamente de esto, ¿qué escribirías?

Cosas parecidas a las que escribo, pero con más tiempo. No con la obligación. Me encantaría ir a un determinado lugar donde sucede algo muy fuerte, entender ese hecho, darle el tiempo que necesita. Me faltaría encontrar ese lugar, pero darme ese tiempo es ir ahí y quedarme.

¿Quién es un enemigo para vos?

En general, el poder, aún cuando empatizás con ese poder. De todos modos, tomo una inevitable distancia del poder. Es un mundo del que me siento muy lejos, no lo necesito. En esas cosas soy cero competitivo.

Pero yo hablo de un enemigo, de alguien que te quiere destruir o que quiera destruir a un colectivo.

Cuando hablo del poder, también hablo del poder económico cada vez más concentrado, cada vez más depredador. Bueno, ¿cómo frenás la depredación que estos tipos hacen ahora?

¿Existe ese tipo de depredador en el periodismo?

El problema es cuando el periodismo se mimetiza con el poder. Aparte, ese poder se dio cuenta de que necesita a los medios. Ya no solo necesita tener a un periodista corrompido, necesita ser directamente dueño del medio. Hoy no sabemos quiénes son los dueños de los medios, justamente, porque no sabemos quiénes son los dueños del dinero.

Y  se preocupan para qué no lo sepas….

Exacto. Y, justamente, ellos son quienes más usan la palabra transparencia, son los más opacos. Por eso no creo en la palabra transparencia.

Los poetas salvan esa opacidad. Vos citas a Cohen: “hay una grieta en todo. Así es como entra la luz” 

¡Claro! todos estamos con la luz apagada. Entonces, ¡bienvenida la grieta! Pero, entendé, boludo, estamos todos a oscuras, no te creas que  porque vos está ahí arriba, tenés la luz. No, no es así.

Y vos, ¿cuándo necesitas la metáfora?

No soy muy amigo de las metáforas, me parece que hay que tener mucho talento para eso. Estás en una cornisa en donde, si la usaste mal, caes en la vulgaridad. Y eso es lo que intento evitar. Soy muy pero muy pudoroso con las metáforas.

¿Es un pudor periodístico?

Me siento cien por cien periodista. Entonces, las esquivo mucho. Por más que se me ocurran muchas.

“En concreto todo lo que gira y acontece alrededor de un partido de fútbol ha sido estudiado por varios especialistas en antropología que han teorizado sobre el mismo y sobre los grupos tribales que defienden lo colores de un equipo, el fútbol como una fiesta, una guerra simbólica y una guerra materializada. El fútbol como espejo de la sociedad, como productor de realidades sociales” Cristiran Bromberger

 

JUEGO, LUEGO EXISTO.

“mientras haya una esquina y a pesar de todo
una luna y un tiempo y un bolsillo
mientras haya una mano y una calle
y una boca y un grito
una ventana.
Mientras estemos”
Roberto Jorge Santoro


¿Cómo  opera el colectivo contra los poderes?, ¿cómo se para ante estas miserias de torneos cada vez más decepcionantes, de sorteos manipulados, de clubes fundidos?

¿Y por qué el fútbol va a ser distinto a lo que sucede en el resto de los escenarios? ¿Por qué voy a pretender que el fútbol sea un mundo virginal, un Peter pan?, ¿por qué?

El fútbol no fue así, pero hoy hay una profunda exacerbación de las miserias

¿Pero qué no está exacerbado? Preguntale a un guionista de Hollywood, a quién le rechazan todo, si no mete sangre, muertes y violaciones.

Vos reflejas el concepto de identidad, de la pujanza barrial, ¿dónde quedó eso?

Sí, hablo de eso, pero tampoco intento detenerme en eso. La nostalgia me parece muy cómoda, muy tentadora. Pero cuando me refugio en ese lugar,  rajo como Usain Bolt. El futbol se parece a la vida. Tampoco tiene justicia.

Vos, tan esquivo al poder, justo en el deporte donde hay tanta competencia, ¿cómo te llevas con el espíritu competitivo?

La verdad me importa tres carajos. Ojo, cuando tengo que escribir sobre ese mundo, lo intento comprender, pero tampoco pretendo que sea mi mundo. Sin dudas que la idea de actitud, de superar al otro, de ganarle al otro está instalada en el deporte. La cuestión es saber qué hacemos con eso. Hay algo de una supuesta inutilidad, el mundo no va a cambiar absolutamente en nada, aunque esto ocupe todos los espacios de noticias. Que Argentina sea campeona del mundo no va cambiar nada. Mañana nos tenemos que levantar y llevar a los pibes a la escuela y después ir a trabajar.

Igual el fútbol es algo que se impregna en las subjetividades.

Sin dudas, yo recuerdo el mundial 2002. Argentina tenía un gran equipo en las eliminatorias. De hecho, había logrado una gran eliminatoria, era candidata a ganar el mundial. El país se había incendiado en el 2001, vinieron muchos periodistas del exterior, querían saber cómo es un país que se incendia y que puede ser campeón del mundo. Yo les decía: no sé si esas cosas van tan de la mano, son metáforas muy tentadoras. Finalmente, Argentina perdió, por primera vez, en primera rueda. Más adelante, el país empezó a crecer económicamente ¿y qué hacemos con todo ese inmenso juego que se hizo?

 

Ezequiel Fernández Moores. con el Anartista.
Ezequiel Fernández Moores. con el Anartista.

 

(1)  Rwanda: fútbol, masacre, e infierno.
En abril de 1994, hace 25 años, el pequeño país africano ubicado en el corazón del continente, se dividió en dos grupos de personas: los hutus y los tutsis y se desató la matanza más mortífera de la historia de la humanidad. Durante los tres meses en que los hutus intentaron exterminar a machetazos a los tutsis, también la pelota se manchó de sangre.
Crónica contada por 
Ezequiel Fernandez Moores en “Arqueros, ilusionistas y goleadores” programa de radio que va por FM 94.7 en Radio Gol.

 

 

 

 




CALENDARIOS DE LA ABUELA DIECINUEVE

Rituales: Entrevista al escritor africano, Ondjaki

Entrevista: Lourdes Landeira, Viviana García Arribas, Carlos Coll, Gabriela Stoppelman.
Edición: Gabriela Stoppelman.

 

 “tranquila, comadre, el fuego es como el viento, grita mucho, pero tiene
una voz pequeñita.(1)

Por una discreción sin fecha, la Abuela Diecinueve no quiere llegar a la segunda decena. Ni humilde ni bravucona, lo suyo es tentar las formas del tiempo y narrar. De día, junta el polvo del fuego y lo astilla en ecos al anochecer. Entonces, la mitad del sonido aletea en un pájaro y la otra se alía al silencio, en la curva donde se atempera la furia del río. Ahí, cerca del nacimiento, ella cuece la infancia en punto cruz y punto a través. Con ese manto, arrulla  los pequeños infinitos de sus críos, que duermen su mirada vuelta al sueño, mecidos en el ritmo de un abuelísimo andar.  Al amanecer, Diecinueve se disuelve en pan caliente y desayunos. No necesita ni su propia presencia para atreverse al día. Donde el calendario se sucede, ella dobla. 

"Pájaro memoria." Pinacoteca del teatro.
“Pájaro memoria.” Pinacoteca del teatro.

Donde el calendario proclama finales, ella recomienza. Donde  el capricho de las cronologías grita, ella atruena con su voz pequeña. La Abuela Diecinueve se cuela en todos los intersticios del sigilo y aprovecha la falta para sembrar una historia.  Sólo no acepta ser la cifra entre el dieciocho y el veinte, ni el efecto de lo ya sido ni el preámbulo del porvenir. Cuando así  pretenden detenerla, mezclada a meros cálculos, ella chisporrotea ausentes en el hueco entre dos nombres, acerca en adherencias la fluidez de la tierra y la irritación de la sal. Más que  enseñar, se mueve: de la vida a la otra parte y otra vez a regresar. Así va la abuela-infante, como si la muerte fuera apenas un cuarto de atrás. En ese balancear los tiempos, nunca olvida merodear el trazo de su nieto: a veces le multiplica los cumpleaños, otras le enrula las edades. Él la atiende en las volteretas de su perfume, en las titilaciones de su merodear. Y, recién cuando el  instante está listo, la Abuela Diecinueve descansa en el ovillo de sus calendarios y su nieto, Ondjaki , se pone a conversar.

 

LA NOTA MÍNIMA

 

“llevaba entrañado en las manos el olor caliente del pescado seco que ayudaba a acomodar”
“es que yo puedo oír el ruido de la sal dentro de las conchas”(1)

 

El uso de las sinestesias es muy frecuente en tus textos, así como la transferencia de sensaciones de los sentidos a actividades como el pensamiento.  ¿Cuándo necesitas estos recursos a la hora de describir?

Yo creo que es algo que viene, te llega. Hay que buscar otros modos- siempre nuevos, siempre tuyos-  de decir las sensaciones con las palabras. Algo como la inducción o el sueño, porque no todo cabe en las palabras. En realidad, poco cabe en las palabras. El mundo es más grande y mayor que las palabras. Pero intentamos que todo quepa. Por otro lado, las palabras son provocación para la experiencia de vivir. Creo que se debe usar la palabra para llevar más allá al ser humano.

Muchas de las referencias a sensaciones de los sentidos aparecen partidas entre dos tiempos o entre dos locaciones.  Conversemos un poco sobre este mestizaje del ruido o del olor: “mitad del ruido era de la música, la otra mitad, encantadoramente acompasado, era el tumulto de la vieja aguja del tocadiscos” (1)

Wilfredo Lam.
Wilfredo Lam.

No me había dado cuenta, pero trabajo mucho con olores, eso sí parece que es verdad. Es también porque a veces me parece que falta olor en la literatura. Igual, realmente, eso es una fantasía: no le falta nada a la literatura, es un campo de magia y hago lo que puedo. Sí me gusta trabajar libremente con todo. No tanto el lenguaje, o la forma, más bien el ritmo, el silencio, el lugar descubierto para dar voz a los ausentes. Por otro lado, lo que llamamos tiempo se pierde en los libros. No hay tanta distancia entre tiempo y espacio, entre lugar y memoria. Existen, en cambio, modos distintos de verlos, de ponerlos y de descubrirlos.

En muchas ocasiones tus textos hacen contrastar sonidos mínimos contra el silencio. Conversemos sobre estos ruidos y olores puestos a incidir en el conflicto como si fueran personajes: “el silencio intenso sólo se veía perturbado por las notas de jazz que venían del quinto piso, por las ventanas semicerradas, el goteo del grifo de la cocina a un ritmo adecuado y una luz bonita creada por los agujeros de la vieja cortina de la sala” (1)

Es que son las cosas mínimas las que hacen a otras crecer. A veces, es como mirar por un rato al silencio para escuchar qué pasa en el mundo. Me gusta explorar esa duda: ¿quién tiene la mano -o el corazón- más grande: el ruido o el silencio?

LA TEXTURA DEL OTRO

                   “¿Tú siempre fuiste pájaro?, le pregunté a uno de ellos. No, yo era una serpiente, pero siempre quise ser pájaro” (2)

¿Cómo aportan la transformación y alquimización de personas y objetos al devenir de la narración?

Eso viene, creo, de ‘quien’ cuenta la historia. A mí me da igual que sea un animal, una cosa, una nube. Para mí es natural: yo no dudo que un gato o una cama o un árbol tengan cosas que decir. Me gusta trabajar la idea y la posibilidad de transformación. Quiero que mis personajes puedan ser otras cosas fuera o dentro de sí mismos.

La noche estuvo tan tibia que respirar dejó de ser una sensación común, acercándose más a algo como la ingestión gaseosa de un mango, la caricia aterciopelada de una mano, o la piel blanda de un durazno fresco.” Los sentidos impregnan los objetos, los objetos impregnan los sentidos. ¿Qué  tipo particular de poética producen esos recursos? ¿Qué es lo poético para vos?

Es la posibilidad de contar, de narrar. Es poético escuchar, absorber, pero es poético también dejar existir el espacio del otro. ¿Qué espacio? El metafísico, el del derecho de crear memorias, el espacio donde el otro te cuenta quién es o quién quiere ser. Lo poético seria respetar más los derechos de los niños a jugar, a transcurrir en un tiempo propio más que en el tiempo forzado de los adultos. Lo poético seria respetar la naturaleza, sus texturas, sus ritmos, su tiempo. El poético es escuchar el otro. Lo poético es la posibilidad de usar tu vida y tu memoria para narrar.

¿Y  lo indecible?

Es la poesía y lo poético. Sería posible explicar a un extra terrestre cómo funcionan nuestros aviones y microondas. Pero, ¿cómo le explicarías un color?, ¿cómo le explicarías una danza? ¿Y el olor de la madrugada cerca del río adormecido por pájaros? El indecible es el cuerpo del silencio cuando hablamos porque nos gusta una persona o un paisaje.

"Pájaros en el melonar."
“Pájaros en el melonar.”

Queda el mito…

Es algo que me encanta recordar, sin saber de dónde vino.

Recordar…me trae esta otra cita: “un hombre está hecho de lo que planifica y de lo que va sintiendo, de cadenas de hierro que lo sujetan al suelo y de cadenas de aire que le atraviesan el cuerpo como ecos de poesía”  (1) Curioso: La única referencia al pasado en esta cita, son los ecos de poesía…

Es un poco la vida misma. Es que la poesía no está solo en los libros o en los poemas. Esa idea me gusta, que tienes poesía solo por existir, solo por ser humano, solo por estar cerca de los pájaros, solo porque, sin saber, también puedes leer el mar y el viento.

 

MAPAS REPENTINOS

 

                   en algún lugar de Luanda, lejos de allí, un papagayo silbó la misma melodía que emitía el tocadiscos.”(1)

 

El tema de nuestro número son los rituales, ¿existen rituales de la vista, el olfato, el gusto?

Más que rituales nacionales, me gusta observar los rituales personales. A veces, la literatura también pasa por allí: descubrir o inventar rituales para que nosotros, todos, nos podamos ver en un espejo. Esos rituales son un mapa que dejamos- o no- que los otros vean.

Y, en esos rituales interpersonales, ¿los sentidos son puentes?

"Cronos". Carlos Gallardo.
“Cronos”. Carlos Gallardo.

O mapas… los sentidos crean una red infinita de posibilidades, de caminos de memoria, de dibujos que habíamos hecho de  niños y ahora los tenemos con nosotros para toda la vida. Ahora, el olfato sí te lleva siempre a algún lugar. Es más, te lleva sin pedir autorización. Es como un poema repentino y peligroso que te toma la mano y los ojos. Como un puñetazo de box, pero casi sin tocarte.

 “(…) el VendedorDeConchas le insistió al Ciego para que pasaran nuevamente por el edificio que tenía aquella entrada de agua fresca; se había convertido en un ritual del final del día: pasar por el edificio, conversar un poco y refrescarse el cuerpo en las aguas perdidas del primer piso del Cristalino” (1) ¿Qué restituyen los rituales cotidianos?

Te dan alguna seguridad. Y te pueden enseñar nuevos caminos. Te alertan para el cambio de las pequeñas cosas, aunque parezca que todo es igual. Los rituales pueden darte nuevas tonalidades de silencio.

En muchos de tus textos los ecos actúan como un todo independiente del sonido, así como las partes (de la luz, por ejemplo) se independizan de los enteros: el sol, dividido en porciones de intensidad, caliente y perpendicular a aquella hora, el sol y sus haces de luz viajantes de distancia e inmensidad sideral” (1),  ¿Vale esa relación de la parte con el todo, si la trasladamos a lo social? ¿Cómo se da eso en Luanda?

Ondjaki
Ondjaki

Luanda es tan difícil de explicar que- creo- la mayoría de nosotros ya no lo intenta. ¿Pero puede uno vivir sin mirar, sin sentir? Hay, sí, muchas cosas que parecen aisladas. ¿Estarán? ¿Es eso posible? Es verdad que Luanda es una ciudad grande, tiene ahora cerca de 7 millones de habitantes y sigue con sus islas dentro de sí misma. ¿Víctima de la modernidad? ¿Urbe gigante que crece apretada entre las cuerdas de las tradiciones  de la globalización? Posiblemente, todo eso es verdad. Entonces, ¿qué hacemos? La contamos. Despacio, con amor y algo de odio, la vamos contando en la música, en la literatura, pero también durante días, noches y madrugadas, cada luandense la interpreta, la canta, la cuenta, la sufre, la sueña, la maltrata y la protege. Entonces, ¿cómo contarla con alguna honestidad? Se debe aceptar la diversidad de las versiones. No hay Luanda. Hay Luandas.

Vamos de tus Luandas a nuestras Argentinas. Muchos de  tus personajes soportan, cargan, persisten en no ver, hasta consumirse. En eso se parecen mucho a nuestros “personajes” latinoamericanos.  Puede parecer hasta trivial la pregunta, ¿Por qué soportamos tanto?

Es una pregunta muy amplia, que nos llevaría a mirar la historia de nuestros países y continentes. Una de las cuestiones que pienso es: ¿soportamos más que otros o soportamos otras cosas? O, ¿qué otras cosas tan bellas y grandes estamos nosotros viviendo que nos permiten soportar las cosas menos bellas que estamos ultrapasando?

¿Cuál es el mayor desamor en Luanda?

Las desigualdades sociales y los niños que sufren. A eso no me acostumbré.

CONSPIRAR  UN TIEMPO ABUELA

en mi tierra los ancianos decían que para atravesar el río es bueno conocer
las horas del caimán” (1)
“el tiempo es un lugar que también se queda parado –decía la Abuela Kunjikise” (1)

Fuera de la vivencia del tiempo cronológico, ¿qué otras vivencias del tiempo te parece importante rescatar?

Patrick Mawete.
Patrick Mawete.

Aquí sí llegamos a un problema que, para mí, es literario y es personal también. Sigo buscando un modo de resolver el laberinto del tiempo. Puedes ir a Borges, a Gabo, a Cortázar, a Saramago, a Fernando Pessoa, a Kafka, a Luandino Vieira y a Erri De Luca, y no salir casi del mismo lugar. Porque el tiempo, como la muerte (¿ serán primos?), quieren jugar con nosotros.  Como cantaba Canserbero, de Venezuela: “al fin y al cabo la muerte va tan segura de ganar / que de ventaja te da una vida.” ¿Cuántos días entonces tenemos para rescatar (¿escapar?) un poco de lo que realmente importa? ¿Cuántas personas quieres abrazar o ayudar? ¿Cuántos silencios puedes tocar con los días o con las manos? Esa es la magia de que hablaba Abuela Kunjikise: hay que saber mirar el tiempo en el mágico instante en que él te permite que lo detengas. Personalmente, me cuesta vivir el tiempo real. Otros tiempos se procesan dentro de mí y sigo buscando un modo suave de no sufrir con eso. A mí me gusta más el pasado y otros tiempos que no viví. Así que paso los días intentando acostumbrarme a una enfermedad que se llama ‘tiempo presente’.

“Hoy hace precisamente […] años que la vieja dejó de envejecer. Empezó ese estado de intacta descomposición, y ya nunca avanzó en dirección a la muerte, a la agonía: llegó al estado y a la edad en que los días ni le iban ni le venían”. (3) Pasado, presente y futuro parecen convivir en tu escritura….

Yo no creo en esa frontera. El mejor ejemplo es que yo no debería estar en este tiempo, después del año 2000. Tenía, creo, 13 o 14 años. Pasaba muchas horas, en la cama, hablando con mi abuela Diecinueve, de su nombre real, Agnette. Escuchaba mucho, sonreíamos y llorábamos con las historias y gente que ya no estaba. ¿Pero cómo decir que no estaban si pasamos casi 3 años en esa cama hablando de ellos, invocándoles? ¿Y qué es una charla sino una obra de teatro totalmente libre?…Era eso que mi abuela quería darme. Era eso que su nieto- yo- quería recibir: la confluencia de los tiempos. Ella, la abuela Agnette, me enseñó a sobreponer tiempos y espacios. ¿Cómo? Con un mapa loco de ternura.

 

El tiempo es un lugar, “KeMunuMunu miraba hacia lo lejos, tan lejos que el Padre se dio cuenta de que no se trataba de un lugar, sino de un buen recuerdo” (4) Los lugares, ¿pueden transcurrir?

Seguramente. Es posible inventarlos como nuevos lugares o traerlos. Es necesario que otros cómplices de vida te lo permitan.

 Y hablando de habilitantes para acceder, en “Los transparentes”, la  existencia se presenta como cajas chinas, mamushkas de vidas dentro de vidas: ”es porque los jóvenes llevan viejos dentro de ellos… de tiempos más antiguos que ya sucedieron. Cuando nacemos, ese tiempo cae dentro de nosotros… y en la vida, como en los días de la infancia, nunca estamos solos” (1) ¿Cómo acceder a estas huellas que viven dentro de los cuerpos?

Se accede con auto permisión. Y, otra vez, los cómplices. Y la poesía. Y los pájaros. Los abrazos después del vino, la mirada a la lluvia, el silbar de las mariposas.

"Resonancias." Carlos Gallardo
“Resonancias.” Carlos Gallardo

Cuando hablamos de cómplices hablamos de cuerpos de otros. Nadie sabe lo que un cuerpo puede, decía Spinoza, ¿qué opinás?

Opino que estamos distraídos con el cuerpo… Y sí, puede. Pero también puede que tengamos más libertad al no querer tanto del cuerpo. Queriendo más de la parte de dentro. Pero eso hay que preguntar a los budistas.

LA PIEL DE LA MEMORIA

“confuso –como una neblina de un sueño recientemente olvidado–, sentía dentro de sí una sólida nostalgia de los colores, sabía imaginarlos: la calidez de un amarillo enrojecido, la tranquilidad de un azul cielo, el rosa fresco de la parte interna de una papaya, la suavidad de un verde seco e incluso la simplicidad implacable del blanco”(1)

 

En tus textos, el tema de la melancolía aparece con insistencia:el hombre, la esposa lo sabía, estaba fatalmente enamorado de otro tiempo” (1) ¿Por qué crees que es tan usual que las personas  en vez de  apelar al pasado para propender al futuro se vinculen con la memoria de modo melancólico?

Wilfredo Lam.
Wilfredo Lam.

No sé… Yo mismo padezco de esa epidemia en mi piel interna. Es más: muchas veces mirando al futuro veo el pasado y me pongo aburrido a no querer vivir.

¿Cuál es la relación entre memoria y deseo en la Luanda actual?

Puede que diga una grande tontería, pero me cuesta pensar (y sentir) que en la Luanda de hoy, para la gran mayoría, no hay un hilo denso de memoria. Entonces lo que deseas para el presente o futuro próximo, corre el riesgo de ser algo un poco vacío. Espero realmente estar equivocado.

“(…) el país me duele… la guerra, los desentendimientos políticos, todos nuestros desentendimientos, los de dentro y los provocados por los que son de fuera…sus ojos y su cuerpo sentían una profunda nostalgia de los paseos domingueros con la familia, cerca del mar, en el conocido BarrioDeLaIsla, aunque las calimas estuvieran despiertas y sus rostros estuvieran bañados y lamidos por las olas frías del mar de agosto”(1) ¿Cómo es posible que a determinada gente el país no le duela?

Eso realmente es uno de los misterios que pone a llorar los dioses…

"Kronos." Carlos Gallardo.
“Kronos.” Carlos Gallardo.

Les duela o no, en varias de tus tramas, parece que algo aúna a los miembros de un conjunto: “Las personas restantes vivían, cada una a su manera, recuerdos semejantes, dado que el recuerdo es una cosa tan nuestra como de todos y, en el fondo, todos tenemos el mismo tipo de recuerdos, aunque en vivencias distintas y específicas.”(3) Así como en otro momento quienes ya no viven, de algún modo están presentes en los cuerpos de los vivos, ahora la memoria- que se da de a partes- también forma un gran todo. ¿Crees en una gran memoria universal?

 

Creo en una pequeña memoria universal. ¿A cuánto accedemos? Es mejor preguntar antes: ¿a cuánto te permites acceder? O: ¿accedemos o somos parte de esa memoria? Creo que nos falta aún entender otras dinámicas humanas, más allá de las técnicas y de las muy anatómicas. Hay campos metafísicos y fronteras  por descubrir…

VENTANEAR LA HISTORIA

               “El mar a mi alrededor –no tanto una casa para vivir, como para estar. El vacío de la habitación, el sonido metálico de las teclas golpeando, el dolor de los dedos que crean, y la música desnuda, a lo lejos, de las olas en el mar.”(3)

 “(…) ahí arriba, en el lenguaje del edificio, era en la azotea” (1) ¿Cómo hablan los espacios?

Wilfredo Lam.
Wilfredo Lam.

La cuestión es otra: ¿cómo haremos para escuchar lo qué nos dicen los espacios? No sé cómo hablan. Pero sí hablan con nosotros. Es más una cuestión de escuchar

¿Tiene que ver ese saber escuchar con tu idea de “hogar”? ¿Qué es para vos un hogar?, ¿cómo se diferencia de una casa?

La mirada que te va a decir. La doble mirada: la tuya y la del hogar. Y también la mirada de dentro, sin ojos: a veces sabemos cuándo ya llegamos a un hogar. Y puede ser una ciudad. Un amor. Un abrazo. Una mirada de alguien hacia nosotros. Un minuto o dos en la vida. Incluso, una casa puede que sea un hogar…

(…) KaLua se sentó al lado de ella, poniéndose –como ella- a mirar el lago. Sentados, los dos, muy árbolmente.”(4). Hay algo que da sensación de hogar entre varios escritores de tu continente. Este trabajo de cambiar la función gramatical de las palabras, como en “árbolmente”, me recuerda tanto a Mia Couto: ¿Cuáles son los escritores africanos que dieron impulso a  tu escritura?

Manuel Couceiro Pradox.
Manuel Couceiro Pradox.

 

Creo que es lidiar con la lengua con naturalidad, afecto y amor. Mia hace eso, Luandino Vieira también. El brasileño Guimarães Rosa, también. Manoel de Barros, poeta de Brasil, también lo hizo mejor que muchos… Son las visiones, las miradas, más que ser africanos. Pero sí, fue muy importante para mí leer a Manuel Rui Monteiro , de Angola y a Luís Bernardo Honwana, de Mozambique. Sin embargo, una escritora que no escribió ningún libro también me ha sido de gran importancia: la Abuela Diecinueve.

TODO EL QUINTAL

 “(…) para que hubiera un mundo bastaba con que hubiera personas y emociones. Las emociones, lloviendo internamente en el cuerpo de las personas, desaguaban en sueños. Las personas tal vez no sean más que sueños ambulantes de emociones derretidas en la sangre contenida por las pieles de nuestros cuerpos tan humanos. A ese mundo se le puede llamar “vida”.”(1)

“Trataría de dar a la persona la fórmula que le permitiera abrir el frasquito y disfrutar de su contenido sin morir asfixiado por la efervescencia del olvido.”(4)

Exudados de emociones y sueños, ¿cuál es  su potencia? ¿Su mayor debilidad?

Su potencia, no sé. Una de las mayores debilidades es olvidar el otro. Es des-mirar al que necesita de nosotros.

Domingo Makengo
Domingo Makengo

En “Los transparentes”, leemos: “nosotros somos la continuidad de lo que nos corresponde ser. La especie avanza, mata, progresa, desencanta, permanece. La humanidad parece fea, con su aspecto sufrido y un olor fétido, pero permanece porque tiene un buen fondo.”(1) ¿Qué fondo?

El de la poesía. Lo que hay en nosotros de flor y de bicho.

Y, para acercarse a ese fondo, ¿el sueño y la memoria  podrían ser buenos lugares de encuentro?

Son casi el mismo lugar. La memoria a veces parece la parte de atrás de una casa, el quintal. Pero creo que puede ser la casa. El todo. El piso. ¿Sería el sueño su sombra?

Hoy, durante el sueño, estuvo todo el tiempo desmigajando y volviendo a desmigajar arena entre los dedos, en una tan lejana playa. No descifró rostros, pero escuchó con nitidez la mansedumbre de la voz de su madre, el tono distante, calmo, del padre, y otras entonaciones infantiles” (1) Algunos pueblos originarios argentinos le otorgan al sueño la posibilidad de otorgar conocimiento.  ¿Cómo es la mirada hacia el sueño en el imaginario de los pueblos originarios africanos?

Arnaldo Rodriguez Larrinaga.
Arnaldo Rodriguez Larrinaga.

No sé decir sobre qué lugar ocupa el sueño en los pueblos originarios africanos. Sobre todo, porque son muchos y no podría contestar por tantos pueblos… No hay una visión común, creo. Aparte,  Angola tiene realidades étnicas muy distintas con múltiples influencias.

Vamos del sueño a la imaginación, otro tópico frecuente en tus textos. “Imaginar… hacer uso de esa capacidad que nos separa de los demás seres. La piedra no imagina, espera; la flor no imagina, florece; el pájaro emigra; la ballena nada; el caballo corre. Nosotros imaginamos antes de emigrar, podemos imaginar mientras nadamos y podemos descubrir nuevas e innúmeras maneras de correr imaginando” (1). ¿En qué se diferencia esta imaginación que vos planteas del bombardeo de imágenes al que someten la publicidad, las redes, los medios?

Creo que hablaba de una imaginación mágica que nos permite ser tanta cosa adentro. Y mágica porque es humana, no por otra cosa. La otra no es imaginación, es una buena mierda.

¿Qué es la magia para vos?

Es la palabra. Es la intención. Pero hay otras, las más fuertes y metafísicas, que poco conozco. Pero que las hay, hay.

TE ESPERO DENTRO DE UN GRITO

“Papito derramó una expresión de tristeza en su sonrisa torpe. Había llegado a Luanda desde el sur y hacía años que buscaba en vano el paradero de su madre.”(1)

 

¿Qué es un pueblo huérfano para vos?

Sería uno que no se puede defender, que está preso a las manos de los políticos; a las ganas del poder. Sobre todo, lo que a veces  pasa es que pueblos o personas no saben el poder que tienen. O: no saben cómo recuperar y actuar con sus poderes.

Tiempo y memoriaLa Jiribilla,imagesHay orfandades de causas muy claras: las cosas de hace poco tiempo: llegó la falta de empleo, y de tanto buscar y no encontrar trabajo… uno deja de buscar para quedarse en casa pensando en la vida y en la familia, en el alimento de la familia. Para evitar los gastos, se come menos.”(1) A veces, se ligan al hastío de la pobreza, el hastío de la riqueza. Conversemos.

Es uno de los males de la Humanidad: la desigualdad social. Es una enfermedad, un descuido humano. No digo que sé cuál es la solución, pero pienso que tenemos que hablar más y actuar más contra eso.

“(…) ¿en Luanda hay algo que no se pueda hacer?  El Cartero se tragó la saliva de la sed y del hambre juntas, MaríaConFuerza sintió pena, pero la pena no daba dinero y la ciudad era demasiado cara para las caridades” (…) (1) Hablando de Roma, te repetimos una pregunta que le hicimos a un fiscal para este mismo número ¿falta ley o falta rebeldía ante la ley injusta?

 Igor Morski.
Igor Morski.

Realmente no sé cómo contestar… ¿Cuál es equilibrio entre esperar y gritar? ¿Cómo se separa a un ladrón de uno que tuvo que robar para sobrevivir? Sí hay leyes que son injustas, mundiales y locales. Sí hay lugares y tiempos en que la rebeldía es el único camino. ¿Qué nos faltarán? ¿Rebeldes o líderes? ¿Políticos con mayor sensibilidad? ¿Nuevos modos de pensar la distribución de riqueza? Hay algo que tiene que ser reinventado: la distribución de oportunidades. El Presidente Lula lo estaba haciendo muy bien en Brasil: inventar otras oportunidades para los que más necesitaban.

Ya que hablamos de pueblo,  te cito este diálogo de “Los transparentes”

“-¿y el pueblo es transparente?

-el pueblo es bello, bailarín, arrogante, fantasioso, loco, borracho… Luanda es una ciudad de gente que se disfraza de otra cosa

–No es el pueblo el que es transparente… –intentó la periodista

–no, no es todo el pueblo. Hay algunos que son transparentes. Creo que la ciudad habla a través de mi cuerpo…

–es esa su verdad –murmuró la joven periodista

–es preciso dejar que la verdad aparezca, aunque sea necesario desaparecer. ¿está grabando?”

Esto lo dicen tus personajes. En tu caso, ¿habla el  pueblo a través de tu cuerpo? Dar voz a tu mirada del pueblo, ¿es tu horizonte?

Depende de los libros. Creo que los libros traen voces. A veces, más internas, a veces más generales. Lo libros hablan con algunos de nosotros, los libros. Seguramente, no hablan con todo el mundo

ELSEÑORDELAPIELESCRITA

                    Pero os dejo un secreto/hoy soy un pájaro/pero siempre que me apetezca, /mañana o después, /volveré a ser delfín.”(2)

 

¿Qué te falta por andar en la escritura?

Quiero escribir más películas y más teatro. Y más libros que sirvan para niños. Me falta escribir mejores libros también.

Nelson Dominguez
Nelson Dominguez

Niños, dijiste. Y asocié con juego. Muchos de los nombres de tus personajes se superponen con su hacer o con su ser. Otros parecen juegos de palabras: MaríaConFuerza, Abuelteta, Don Cristalino, ManRiesgos  ArturArriesgadoConsciente, JoséRealmente (1),  “Me llamo Delfín, pero ahora también me llamo Pájaro” (2)  KeMunuMunu, KoTimbalo (4). ¿Crees que, como decía Borges en un poema, “en el nombre de la rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo”?

Creo que hay momentos en que elijo esos nombres. Y hay momentos que escucho y espero que los personajes me digan cómo se van a llamar. Sí sé que, en algunos casos, todo cambia con esos nombres. Pero más importante es la historia, incluso, claro, cuando el nombre es parte de la historia. Hay nombres que son solo nombres, pero, como en la vida, hay nombres que son como piel.

EL ORO EN CADA INSTANTE

                   “Había en la mujer una expresión de extrañeza; más que frío, incomodidad. Necesitaba, sin duda, un té caliente, y que alguien hablase con ella en un idioma inteligible”(3)

“(…) es verdad que existe un sentimiento generalizado de que la fantasía y la celebración son obligaciones y deberes morales de cada luandés.  El ciudadano está genéticamente preparado para unirse a la fiesta, y no le importan mucho sus precedentes explicativos ni sus futuras consecuencias,” (1) ¿Qué es una fiesta auténtica potenciadora/liberadora) para vos?

"El nacimiento del Jigüe." Ever Fonseca Cerviño
“El nacimiento del Jigüe.” Ever Fonseca Cerviño

Creo que en Luanda… casi todo es fiesta. O puede ser. No es que esto sea fácil de explicar, o que esta sea la verdad absoluta. Es como elegí mirar Luanda: una gran fiesta, muchas veces, triste; o una gran fiesta, incluso mientras transcurre un funeral. En Luanda, la fiesta liberadora la veo en dos lugares poéticos muy específicos: la mirada de los niños y en el modo de bailar. Estas dos celebraciones humanas no dejan espacio para equivoco: están allí, son reales, son mágicas, tienen gotas de poesía en ellas.

Aparte de la fiesta, otro ritual que vimos mucho en tus historias es la conversación. ¿Qué valor le das en tu existencia cotidiana a la conversación?

Todo el valor… realmente me resulta difícil demostrarlo. Pero para mí es oro humano. Es uno de los gratos milagros que están siempre pasando. Es esperar un minuto y ya lo tendrás otra vez: alguien quiere hablar, alguien puede escuchar. Alguien inventa un cuento, y con ese cuento mejora la vida. No tengo dudas: es un milagro hecho de pequeñas ideas y palabras.

¿Cómo trabajás lo coloquial en tu escritura (¿qué filtrás, qué permanece de la conversación en la vida?)?

Es un resultado, siempre; no es una imitación. No es posible escribir cosas del mundo coloquial. Sí puedes imitar o recrear. Es, digamos, un nuevo teatro: parte del mundo humano, performático, para llegar a tu escritura. Es la imitación de la vida. 

Ondjaki
Ondjaki

 

  • (1) Citas de “Los transparentes”
  • (2) Citas de “El vuelo del delfín”
  • (3) Citas de “Y si mañana el miedo”
  • (4) Citas de “El silbador”



LA MECHA O LA LLAMA

Rituales: Entrevista a Karina Downie, responsable de la librería “Ritualitos”

Entrevista y edición: Nora Lomberg

 “y aferrándome de su mano pude aprender que una tarde puede durar una eternidad” Marta Gómez

Fuego sin fósforos. Manos de niñes sobre las páginas que hojean la eternidad. Un dibujo, colores fuertes, un pliegue en las palabras, un ruedo, un fleco.

Algo comienza a arder. Otro capítulo y ya el fuego es otra cosa. El despertador sacude la modorra de la cama. Una inquietud de llamas aparece en el agua. Cuadro tras cuadro, avanza el invierno. Y el viento, entonces, también foguea. Arriba y abajo son dimensiones intercambiables. A veces la leña es encendida por el fuego y no al revés. Porque jugar es la aventura del tacto que huele y del oído que murmura un secreto a este gusto por encender fogatas dentro de cualquier lenguaje. ¿Quién es la mecha y quién, la llama, en este desafío? Hay páginas que transcurren en el desierto y arropan como nido. Otras caminan sobre el hielo pero entibian el alma. Imposible aferrarse a la lógica del deber y las rutinas. Niñes de ojos atentos, miradas que hacen crujir la leña del tiempo.

HABITAR EL LIBRO

Tristecita que se me sale del alma a mí, intentando pintar recuerdos de otro color”
Marta Gómez

¿Siempre trabajaste de librera?

Hice muchísimas cosas, empecé a los 13 años, limpiaba en una peletería en San Isidro, cuidé niñes y casas y fui cajera de supermercado cuando no existían las lectoras de códigos de barras, ni los códigos de barras. También laburé en “PumperNic” hice teatro y fotografía. Un buen día empecé a militar y luego a trabajar en Madres de Plaza de Mayo. Ese fue el inicio de una etapa maravillosa. Todo por hacer: la UPMPM, el departamento de audiovisuales, la prensa, y luego me metí de lleno en la construcción de “Ediciones Madres de Plaza de Mayo”. A mis 44 años mucha agua pasó bajo el puente. Feminista, madre y lesbiana son tres palabras que le dan sentido hoy a mi existencia.

¿Qué te gusta de tu oficio?

De a poco, forjé mi quehacer. Nunca tuve “vocación” por nada más que por hacer algo que me emocione. Y como nací en un hogar pobre, ese “hacer” siempre tuvo que estar ligado a conseguir el mango. Desde muy chica, los libros fueron mi refugio, podría pensar que los libros “me salvaron la vida”. Me gusta hoy decir que soy librera, aunque a la figura del “librerx” tradicional no le arrimo el bochín siquiera. Sí me gusta el oficio que me reinventé, porque me permite hacer muchas cosas, mucho más allá de recomendar los libros que me emocionan y quiero compartir, difundir, multiplicar.

FB_IMG_1556051978884

¿Qué incluye este espacio, “Ritualitos”? ¿De dónde surge ese nombre?

“Ritualitos” es una librería especializada en literatura para niñes de todas las edades, también se pueden encontrar con juguetes y músicas que, de alguna manera, complementan la propuesta de ofrecer herramientas para habitar este mundo. Pareciera que nombrar las cosas, las personas y los proyectos es algo que me cuesta un montón, no fue fácil elegir. Con una maternidad múltiple y reciente, venía pensando nombres que pudiesen contener una idea de tribu, rituales, de ese reinventarse cuando todo se cae y una se aferra a esas pequeñas cosas simples que le dan sentido a seguir en pie. Un día una amiga me acercó la canción de Marta Gómez “Ritualitos” y todo, en ese momento, cuadró.
Paradójicamente, aunque es algo muy propio de este oficio, recordar citas y nombres no es mi fuerte. Umberto Eco, en “El nombre de la rosa”, habla de cómo nos nombramos y qué sentido le ponemos a ese nombrar. ”Ritualitos” va tomando forma y contenido en su camino, colectivamente, en el hacer cotidiano.

BELLOS Y URGENTES

El silencio de algún amigo me hizo aprender a escuchar lo que las palabras jamás dirán”
Marta Gómez

¿Cómo seleccionás el material en “Ritualitos”?

Esta es una característica que va marcando una diferencia sustancial con el resto de librerías. A esto me refería en un principio con la identificación del oficio. Generalmente, las librerías tienen una impronta forjada por el mercado. Es la manera tradicional de ejercer el oficio, reciben las novedades y, en base a lo disponible, en el mejor de los casos, seleccionan temáticas que les son afines. “Ritualitos” es diferente, no esperamos que nos llegue nada y, de hecho, la sola ubicación geográfica -al límite de Caba- hace de esta metodología un imposible. Salimos a buscar aquellos títulos de las temáticas que elegimos: feminismos, géneros, diversidad, emociones. También nos interesa todo lo abarcable por la ESI, derechos humanos, y material producido por proyectos autogestivos, colectivo y militantes para niñes de todas las edades. La misión de “Ritualitos” no es únicamente vender libros, sino -desde la periferia de la ciudad- acercar textos que nos gusta nombrar como “los libros más bellos y urgentes”.

IMG-20190423-WA0021

La uniformidad no es el camino para que la lengua que compartimos se mantenga viva”, dice Andruetto, ¿qué pensas? ¿Cómo se puede llevar este concepto a la práctica en una librería?

Absolutamente de acuerdo con La Andruetto, y es una marca fundante en nuestra librería, desde que iniciamos, tímidamente, con una valijita, en las ferias. Una anécdota que me gusta contar, y que al día de hoy se mantiene vigente, sucede en la Feria de Mataderos. Vale aclarar que es un espacio por demás tradicional, popular y al que difícilmente llegue algo que escape de lo ofrecido en el mercado. Bueno, a esa feria asistimos regularmente cada domingo desde hace unos siete años.
Cuando ahí nos piden libros de “Gaturro”, no sólo les respondemos que no tenemos, sino que además les contamos el porqué no tenemos. Y esto es, deslegitimar la uniformidad del lenguaje y mensaje que, erróneamente, se cree debe ocupar la literatura para las infancias. Casi anecdótico resulta el hecho, ya conocido por todes, del reiterado e impune plagio que el autor representa. Además, el mensaje que a las niñeces se cree debe llegar, es legitimador de un lenguaje y discurso que es posible desterrar de la oferta para niñes -que ni siquiera debiera ser llamada literaria-.

MAGIA RITUALERA

Ritualitos que tiene uno para vivir, para seguir cantando bajo este sol”
Marta Gómez

Te he visto narrar en forma oral las historias de los libros que vendés, ¿qué pasa en esos encuentros?

Pasa, justamente, que todos y cada uno de los libros de la oferta ritualera son parte de su identidad. De alguna manera, esos textos conmueven a este ser anarco y emocional, reflejan un sentir, un deseo, una búsqueda, un interrogante, una manera de ver o cuestionar un sistema. Tal vez no recuerde une sole autore, pero los textos, las ideas, las historias que narran me han conmovido y es eso mismo lo que quiero transmitir: la emoción de descubrir un texto que ponga en juego la construcción de un mundo habitable. La literatura nos acerca a la esencia de lo vivido por alguien, a entender lo universal desde las particularidades de una historia. Necesito compartir esa emoción, me maravilla el brillo en la mirada del otre cuando sucede la magia.

¿Qué es un libro para une niñe?

Un libro para une niñe no es otra cosa que un libro. La literatura como parte de una cultura formadora de representaciones sociales, de opinión y de legitimación participa en la construcción de la subjetividad del niñe y, entonces, desde ese preciso lugar, cualquier texto que represente una otredad respecto del discurso dominante es una herramienta potentísima. Es la posibilidad de ser quien se quiera ser. Es magia posible.

La tele está colmada por la estética de Disney…

Todo lo que no sea Disney es una propuesta válida o, al menos, a ser tenida en cuenta, porque cuestiona el discurso dominante.

 

FB_IMG_1556052027991

 

NO DESCUBRIMOS LA PÓLVORA

Musiquita que se me sale del alma a mí”
Marta Gómez

¿Cómo elegís los talleres?

Así como la librería, los talleres han ido forjando su identidad, desde el primero que iniciamos -con Mónica Zinna, “Cuentos jugados”, donde nos propusimos poner en juego cuentos prohibidos por la dictadura- hasta la actualidad. Hoy es un clásico para acercar a las niñeces textos reconocidos o no, que plantean formas de jugar, representar, encontrarse de otra manera con la literatura para les más peques, hasta propuestas que se corren del lugar común de otres talleres: taller de armado de muñecos, con Ludmila Baéz, de “Juguemos Juanitx”, que crea belleza y amor con materiales de descarte textil; Origami, con Laura Romero, de “Jugando en Papel”; Artes visuales, con Andrea Angrisani; Construcción de Fanzines, con Gisela Ahumada; “Huerta Orgánica”, con les chiques de “Proyecto Amapola”; Libros Pop Up con Lili Leguizamón; Cocina con Daniela Lusem. Seguro me olvido de varios, la propuesta es siempre aprender y abrir la mente y el corazón a la creación libre y colectiva, a la magia del hacer juntes, libres de doctrinas o disciplinamientos estancos.

IMG-20190423-WA0026i

¿Cómo se van incorporando les niñes a las cuestiones de género? ¿Surgen estos temas en los talleres?

Las niñeces no se incorporan, nosotres debiéramos corrernos del adultocentrismo imperante y escucharles, atenderles, prestarles mucha, mucha atención. Abandonar la idea de que somos les adultes quienes tenemos que enseñarles algo. Con “las cuestiones de género” somos nosotres quienes tenemos que aprender todo, lo “natural” no es el patriarcado, el machismo, la misoginia, la lesbotransbifobia. Las niñeces nos están diciendo que hicimos todo, todo mal. Nosotres no descubrimos la pólvora, elles vinieron a encender la mecha.

Ritualitos queda en Pieres 103, Liniers, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Teléfono 35296503

Facebook: Ritualitos

Instagram: Ritualitos.Libros

Mail:ritualitos@gmail.com