UN PERO MUEVE LA HISTORIA

Lo inesperado: sobre “La noche de doce años”, film de Álvaro Brechner.

EDITORIAL
Por Gabriela Stoppelman

 

AGUANTE LA CONJUNCIÓN ADVERSATIVA

Ninguna de las pesadillas de ninguno de los “más allaes” de la historia del mundo aproxima a aquello que los hombres somos y fuimos capaces de hacer en el más acá. Cualquier infierno post mortem es apenas un leve eco del modo en que, después de maltratar sin paz a nuestra naturaleza con cultura, nos la hemos apañado para infligir daño voluntariamente. Vaya a saber qué hubiera sido del devenir humano, si no hubiésemos interpuesto tanta bota y tanto uniforme de diferentes colores. Vaya a saber si nuestra recurrencia a la charretera y a la disciplina no resulta apenas una manera tímida de maquillar aquello que Nietzsche llamaba la triple mala conciencia: el vaso cerrado al vacío, donde deambula en círculo la trinidad culpa, resentimiento y venganza.

La historia de la humanidad está pregnada de una pátina de bilis. Y eso no se compensa con arte ni con belleza ni con nuestros avances en el campo de la ciencia ni en la tecnología. No se trata de un ring de catch, donde en un rincón está el bien- que siempre llega ingenuo y mal preparado- y, en el otro, el mal, eternamente provisto con la artimaña precisa. El asunto consiste en un desequilibrio sin par donde, después de dar dos pasos hacia adelante, establecemos las condiciones para recular diez saltos hacia atrás. Como en un juego perverso de recorrido, tiramos los dados cargados. Y, últimamente, hasta votamos a quienes cargan los dados y ellos terminan por mandarnos al desván de las ilusiones, más atrás y muy lejos del punto de partida.

Pero. Siempre. Pero. Este cuento larguísimo, este relato de cómo el deseo avanza a los codazos entre las determinaciones no puede existir sin peros. El pero es, así, la conjunción que mueve la historia.

 

APOSTAR AL JABÓN

Salimos de ver “La noche de 12 años” con algunos compañeros anartistas. No había espacio para demasiados comentarios. Los gestos se nos quedaban cortos. No tenemos una variedad de muecas ni de expresiones, para cubrir con justicia la gradación de todas las tragedias. En silencio, fui al baño. Ante el espejo, tenté alguna marca en mi rostro para aproximar donde las palabras balbuceaban sin remedio. La mirada se había retirado muy al fondo. Seguramente, fue tras el rastro de algún brillo u opacidad que no resultaran cursis, ingenuas u obscenas, ante lo visto.

Carmen Sabater. Talla en jabón.
Carmen Sabater. Talla en jabón.

Y en eso lo vi. El jabón. Un jabón. Como en muchos baños, al lado del lava manos había un jabón. José Mujica, Eleuterio Fernández Huidobro y el periodista y escritor Mauricio Rosencof pasaron doce años de aislamiento en distintos “pozos”, que los milicos llamaban celdas. Un pozo: un hueco en la tierra que pretendía ser un largo ensayo general de la tumba, un espacio donde la luz apenas se atrevía, por miedo a no poder trepar la altura que la devolviera al transcurso del tiempo. Un sitio que no se puede llamar “lugar”, porque un lugar es siempre elástico,  expande y contrae su materia en homenaje al cuerpo que lo habita.

Un pozo, no.

Su materia está hecha de la misma furia impresa en la herramienta con la que fue cavado.

Un pozo, no.

Su materia es la estrechez, el sofoco, la inversa infernal de un vientre.

Antes de la función, Pepe Mujica dijo que esta historia era de nadie. Porque  hay otros compañeros que pasaron por situaciones similares y no tienen película. Y, así, teñidos del tiempo de captura, llega un momento donde, entre barbas y pelos largos, cuerpos raídos y espaldas curvadas, los tres protagonistas de la película se indistinguen. En eso, uno de ellos accede a un jabón. Un objeto que casi todo el mundo tiene en la vigilia se vuelve trofeo en la prisión. Un jabón: superficie acariciable, soporte de escritura, chance de juego, túnel con el sol de afuera. Un jabón: prueba de que, lejos del encierro, la gente se obstina en higienes y aseos. Y, muchos, claro, se lavan las manos.

En eso de palpar el jabón estamos, cuando el oído de un prisionero roba, de más allá de celda, unos datos de la ruleta. Y talla sobre el jabón una martingala. La guardia paranoica se alarma. Una cadena de alertas “rojas” lleva el aire conspiranoide hasta un jefe, quien  reclama que se investigue qué tipo de mensajes secretos se pasan esos hijos de puta, para quienes el escarmiento nunca es suficiente. Pero. La historia siempre se mueve con un pero. El supuesto mensaje era solo una martingala para la ruleta.

O una inscripción en la piedra del deseo.

O un viejo hábito del pulso contra la piedra, contra el papiro. Un pulso que busca imprimir su tacto para no desaparecer. Jeroglífico, audacia de la escritura. Martingala sobre un jabón.

 

A GOLPE DE LETRA

Tengo mucho frío y a veces mucho calor. Tengo el temblor de las venas que me circulan la vida cuando me ensombrezco. Tengo esta urgencia en las manos que, tan lejos de mis objetos, apenas mantienen el hábito de asir, elevar un jarro hasta la boca o un mínimo de aliento hacia el estómago. Tengo este romance con las palabras, que no cede a la falta de papel y se atreve con el muro; que saca poemas a golpe a de nudillos, que inventa un alfabeto entre paredes y hace atravesar rumores de la letra entre la piedra, el barro o el ladrillo. Tengo sed de hermanos, en el pozo contiguo: “Estando los tres en los fosos en los calabozos subterráneos en Paso de los Toros, habíamos abierto una ventanita a la vida, comunicándonos a través del muro a golpe de nudillos, reinventando el Morse. Ahí nos contamos la vida, la infancia, las novias, las que no tuvimos, todo. Una vuelta Huidobro me dijo que calculaba que, al día siguiente, cumplía años. No iría a visitarlo ni la hija, ni la mujer- presa en Punta de Rieles-, ni la madre, que estaba viejita. Y no había visitas a voluntad. Entonces, a la mañana siguiente, escribí a golpe de nudillos y le dejé este verso: “y si este fuera mi último poema, insumiso y triste, raído pero entero, tan solo una palabra escribiría: compañero”. (1) Tengo ovillados años de escritura entre los huesos frágiles y el cuerpo mínimo, tengo la muerte a tiro. Y tengo el latido de tantas páginas hambrientas de ese inasible modo de no desaparecer del todo: el poema.

¿Dónde envientró la caligrafía del futuro Mauricio Rosencof, donde protegió, por ejemplo, la semilla de la “La margarita”, su historia de amor en 25 sonetos?

¿Qué fuerza evitó que se lo llevara un granito infectado, una muela mal dispuesta, una infección, de esas que empiezan como una nadita expansiva y se llevan a tantos de quienes viven del lado del sol?

Entre todo lo que no tengo, pudo haber dicho Rosencof, tengo la palabra. Golpe a golpe.

 

UNA PELELA FLORECIDA

Él está aparte, siempre más lejos. El Pepe escucha sonidos y habla con las hormigas. El Pepe recorta del silencio la palabra madre y la palabra de mujer que lo alienta: “Aguante, falta poco”. El Pepe reclama por el ventanuco de la celda una porcioncita de dignidad: la pelela y el mate que le ha traído su vieja. El Pepe resurge a la lucha cuando la palabra -mujer –de- armas- tomar le despabila a los gritos la sombra de la locura. “Las mujeres jóvenes son bellas y hechizan”, dijo antes de la proyección del “La Noche de 12 años”, “pero las mujeres viejas protegen y amparan”. Hay un deslizarse de patitas sobre el suelo, un susurro de insectos contra el silencio, un código de complicidad con lo pequeño que, en su andar, lima un poco los desajustes, acomoda unas líneas del recuerdo.

¿Te acordás cómo era un baño en libertad? Lentamente, la cifra avanza y, cuando está casi al borde del 12, reaparece el misterioso objeto: un inodoro. La pelela así, pasa a gozar un breve tiempo de vacaciones. Pero tan acostumbrada a prestar servicios donde ha faltado lo indispensable, reclama un nuevo uso. El Pepe alquimista la hace mutar en maceta. Pelela florecida, que acompaña de la mano el trayecto final de la distancia, el camino hacia el abrazo con la madre.

 

VENTANEAR EL TIEMPO

Ventanas sin marco, sin vidrio, sin persiana. Resquicios por donde se cuela una cicatriz del mundo, huellas pisadas por ojos lejanos, abdicaciones en la opacidad de la tela que ciega,  Morse de luz entrecortada con barrotes, brotes de la voz a través de mínimas mirillas, cielo en migas, noticias goteadas en descuidos, historia de la bota que parece eterna, aunque termina por gastar la suela hacia 1985, historia de la penumbra en el trono del horizonte,  que termina en las oscuras digestiones de la noche, historia de cada segundo de cada día, de cada año de doce años que, en vez de transcurrir, orbitaron el tiempo, al acecho, a la espera.

Pero un día, asomaron al rumbo de los calendarios. A partir de ese día, uno abrió el telón de las sombras y llegó a ser presidente de Uruguay, el otro fue Ministro de Defensa. Y el tercero desovilló la escritura en novela, crónica, pensamiento y lucha.

“Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente,
con el misterio de las cosas por lo bajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de nada (…)”



Pero: lo inesperado.

 

(1)De una entrevista en Telemundo, https://www.teledoce.com/telemundo/nacionales/el-poema-de-mauricio-rosencof-a-eleuterio-fernandez-huidobro/

(2) Tabaquería, Fernando Pessoa.

https://youtu.be/2FKIgvf2VYU




SUEÑO CANTADO EN LA CALLE

Lo inesperado: Entrevista a Nora Cortiñas

Entrevista: Verónica Pérez Lambrecht, Josefina Bravo, Isabel D´Amico, Gabriela Stoppelman, Noemí B. Pomi
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo


“(…) Canté, canté de amor, con la cara toda bañada canté de amor y los
muchachos me sonrieron. Más fuerte canté, la pasión puse, el sueño,
la lágrima. Canté la canción de los viejos galpones de concreto. Unos
sobre otros decenas de nichos los llenaban. En cada uno hay un país,
son como niños, están muertos. Todos yacen allí, países negros, áfrica
y sudacas. Yo les canté así de amor la pena a los países. Miles de cruces
llenaban hasta el fin el campo. Entera su enamorada canté así. Canté el
amor (…)”
“Canto a su amor desaparecido”, Raúl Zurita


Lo cuentan los adoquines, lo cuentan largamente, hasta el horizonte de las cunetas. Lo cuenta el reflejo de las rondas sobre el agua nunca estancada. En un descuido de la luz, asciende el paso hasta lo más alto del cordón. Entonces, la vereda despliega su alfombra de baldosas, justo cuando el cuento se hace canto. Es pleno día y la cadencia de suelas despunta el sueño. Avanza un trecho nomás y ya se atreve a componer en inversiones. En vez de cerrar los ojos, este canturrear sostiene la vigilia en la mirada. Si alguna veladura pretende tomar la voz, le rasga la sombra con persistencias. Insiste el deseo contra todos los callos del asfalto. Logra inquietar hasta tal punto, que el suelo ablanda su obcecada desmemoria y, por un instante, deja sonar los contornos de otras huellas: andares de puño cerrado, ecos de hijos diseminados entre las zapatillas de los peatones, rastros de ausentes en bordes de antiguas botamangas. A la altura de una rodilla, el sueño flexiona la rigidez del tiempo y, en una curva impensada, permite estirar las notas hasta la espesura de un abrazo. Allí, en un solo acorde, se encuentran los tres vértices de un pañuelo: porción de cielo salvada de la tormenta, triángulo de papel a la espera de un poema. Un vértice apunta hacia la memoria, mientras mira hacia el futuro. El otro va hacia el porvenir, urgente en ilusiones. Y el tercero es el cruce donde lo andado y lo posible fundan el ángulo inquieto, que algunos llaman presente. El pañuelo es puro territorio desplegado, pero no es -él mismo- todo el sueño. Su tela se resiste a la costura en fronteras rígidas y aspira a extenderse en otros ritmos, en otros tiempos. Su tela versátil da materia a lo invisible, hace un pliegue profundo en las trampas del miedo y ofrece techo y paredes a la intemperie de la plaza. Más que nunca, cuando el pulso ciudadano frunce y arremanga la tristeza de ciertos días para volverla marcha, urgencia en el grito. Entonces, se acerca el cuerpo que no declina en meros pespuntes: ahí vienen más de cuatro décadas parientas de la calle. Los adoquines las ven avanzar, las cunetas salpican bienvenidas, las baldosas se alisan los lados y avisan a las copas de los árboles y a los pocos gorriones que aún resisten Buenos Aires: Ya llegan para siempre esas mujeres, las enormes cantoras del sueño en la calle. Una de ellas, Norita, tararea así:

Nora Cortiñas. Fotografía: Diego Grispo.
Nora Cortiñas. Fotografía: Diego Grispo.


NORITA, 25 HOURS OPEN

Ustedes lo sabían, chicas, también / ustedes, las al parecer incapaces de hundirse, ustedes, / en las callejuelas más odiosas de las ciudades, / supurantes, o abiertas a la inmundicia. Pues para cada / una de ustedes hubo una hora, quizás ni una hora / completa, apenas medible en medidas de tiempo, entre / dos momentos, donde tuvieran realmente existencia. / Toda. Las venas llenas de existencia.”
“La séptima elegía”, Rainer Maria Rilke

¿Venís de un viaje a Japón, a qué fuiste?

La visita consistió en hacer un intercambio de testimonios. Allí se habló sobre las mujeres que fueron tratadas como servicio sexual en la Segunda Guerra mundial. Muchas mujeres fueron maltratadas y violadas por los mismos soldados japoneses. Finalizada la guerra, los soldados dejaron esas casas hechas por el gobierno, que se llamaban “casas del placer”. Cuando se van los japoneses de estas casas, entran los norteamericanos, como era de esperar… Yo fui con otras dos mujeres, una ex-detenida desaparecida de la Esma y una piba que es archivista de Memoria Abierta. Nosotras llevamos nuestros testimonios y ellas nos contaron toda esa historia tan trágica. Así que, de paseo, nada. De distracción, nada. Todas las visitas eran a museos -pero museos de la muerte- y a cementerios, donde juntan restos de víctimas y victimarios. Porque el gobierno de Japón, hasta el día de hoy, no quiere reconocer todo ese horror.

Ahora, Norita, ¡sos ubicua!, estás en todas partes. Vas a Japón, vas a las audiencias por el juicio de Fabián Gorosito (1), estuviste presente en el caso de torturas a Iván Navarro y Ezequiel Villanueva Moya (2) y, esta semana, estabas en la comisaría para acompañar a los detenidos en la marcha contra el Presupuesto 2019, ¿qué efecto genera la presencia de una Madre con pañuelo en la comisaría?

Y… emociona mucho. Porque los chicos se dicen, “Bueno, ahora sí no estamos solos”. Empiezan a sentir una contención distinta. Se puede dar una emoción hasta las lágrimas. En este caso había varones, mujeres. Los pibes de “La Garganta” están muy perseguidos. Y, aun así, siguen con su lucha, son tan solidarios.

¿Y a la policía qué efecto le genera tu presencia?

Me trataron muy bien. Bueno, a la policía, si le dan una orden, me matan. Si no le dan una orden, me tratan bien

Todavía no te mataron.

No, ¿viste? Si no les dicen que me tienen que fajar, no me van a fajar.

Pero vos asumiste el riesgo, igual.

Nora Cortiñas. Fotografía: Diego Grispo.
Nora Cortiñas. Fotografía: Diego Grispo.

Y, bueno, en esos casos que se llevan a la gente detenida, la presencia de una Madre es muy importante. A los detenidos les trae una emoción inmensa. Tanto es así, que uno de los pibes, mientras lo estaban golpeando y se lo llevaban, vio que pasaba una piba amiga -que es nuestra fotógrafa- y él le gritó “Llamen a Nora Cortiñas, llamen a Nora Cortiñas”. Es decir, ese chico sabe que puede contar con la seguridad de un organismo de Derechos Humanos.

 

ESCRACHE A LA TRAMPA DE LOS CICLOS

                                   Cuando tome bajo la luz / otro cuerpo / y besándolo me sienta vivo, / habré reído habré dormido una vez. / Y luego querré caminar nuevamente. / Sin fronteras como el dolor o el hambre, / al refugio de mi herida Buenos Aires. / Aquí / donde cada sol es un ciclo de mi piel / Donde el viento se extiende temblando.”
“Avanzan los soles en el cielo”, Miguel Ángel Bustos

En varias entrevistas decís que toda esta tarea que hacés es muy espontánea, muy visceral. Visceral es la palabra que más se repite en las notas que das. ¿Qué sería para vos una impostura en la lucha social?

Cueva de música. Arte rupestre.
Cueva de música. Arte rupestre.

Desde ya, el hecho de tener un hijo desaparecido, de pertenecer a un organismo de Derechos Humanos, de estar hace cuarenta años en la calle, te tiene todos los días sensibilizada y, ante cada suceso que hace a la violación de los derechos del pueblo, una está siempre dispuesta a ir a solidarizarse. Primero, a buscar justicia. Después, según qué circunstancia, decidimos el modo de estar. Como pasó con la represión en la marcha contra el presupuesto. Esto fue un desbarajuste total, porque el gobierno preparó todo -las piedras, los infiltrados-. Y, mientras estaban golpeando y reprimiendo, el director de seguridad había sido reclamado en la Cámara de Diputados. En un intervalo del tratamiento de la ley, el tipo negaba totalmente que se estuviera reprimiendo afuera. Aunque todos le mostraran desde sus telefonitos qué sucedía. Y los legisladores, salvo dos diputadas que estaban muy enojadas, nos dejaron a todos los presentes a la espera de ver qué iban a determinar: si suspender la sesión, pedir que parara la represión o qué. Yo me fui avergonzada. Mientras seguían llevando presos, el tipo decía “No, no pasa nada. Es solo un grupo de vándalos que están rompiendo los bancos de la plaza”… Lo que pasó afuera era tan grosero… Tanto es así que, cuando estaban golpeando a un pibe, cuando apareció una piba que es amiga nuestra. Como ella se puso a registra con la cámara, al pibe lo dejaron de golpear en el suelo y lo subieron al camión. Y, adentro, antes de cerrar la puerta, lo volvieron a castigar. Era evidente la orden de reprimir y reprimir.

Fue tan obscena la escenificación. Los tipos tiran una barreta al lado del pibe, a quien quieren implicar de haber tenido una barreta antes de ser detenido. Y todos vemos en la filmación de ese montaje. Vos, que sos una víctima directa de todo esto, ¿cómo mantenés la calma ante la repetición de aquello que ya parecía que no se iba a repetir?

Pasaron ya cuarenta años de estar en la calle y de ver cómo es la violencia de ellos: la violencia del Estado, de la represión, la violencia del hambre, de la desocupación, la de la política económica de destrucción del país. Muchas de nosotras fuimos presas varias veces. Algunas Madres fuimos amenazadas. Entonces, cuando pasa algo, no solamente vamos espontáneamente, nos llaman también.

Graffiti.
Graffiti.

¿Y qué te saca de quicio?

La bronca de todos los días, ver que este sistema fachista destruye un país que costó muchos años reconstruir, desde que terminó la dictadura cívico militar eclesiástica económica. Esto es un enorme retroceso. Y no podés entonces estar tranquila.

Esta teoría de los ciclos que parece como un karma, un destino y que se acepta como si fuera así: diez años para construir, diez minutos para destruir.

No nos resignamos. Ni perdonamos, ni olvidamos, ni nos resignamos, ni nos reconciliamos. O sea, todos los días hay un trabajo de cuidado y de respeto a los Derechos Humanos, que tiene que ser del Estado. Como el Estado no respeta, bueno, nosotros tratamos de que sean respetados. Y, en todos estos años, se murieron muchas Madres. No somos tantas ya.

Acción poética Murcia.
Acción poética Murcia.

En la Plaza estamos, todos nos conocen, somos dos grupos. Y, aunque quedamos menos Madres, lo mismo seguimos reclamando y queremos que haya justicia y que haya verdad. Las Madres hemos tomado banderas de las luchas de nuestros hijos e hijas. Por eso, estamos en defensa de la salud pública, de la educación, de la vivienda, de la cultura… Ahora acabamos de ir a la audiencia de un juico, donde se daba la sentencia por el caso de Puente 12, contra Etchecolatz, entre otros. Los testigos y la información que tenía el tribunal sobre el caso ya los tenía hace mucho tiempo, no era nada nuevo. Aberrante ¿no? Se trata de un episodio donde hubo un centenar de víctimas. Así y todo, el tribunal determinó varias absoluciones. Cuando nos íbamos, dijimos “bueno, el año que viene hay que volver a apelar. Y si no hay justicia, escrache, che”. Qué va a hacer, habrá que escrachar a los jueces.

 

CANTO CONTRA LA PESADILLA DE LAS SEMILLITAS SECAS

“Pero si tu mente caza esa mariposa / y la diseca, / se te seca el corazón y ya
no podés cantar”
“Ideologías y trampas”, Jorge Leónidas Escudero

Recién dijiste que la dictadura fue cívico- militar- eclesiástica. Hay una anécdota de cuando el actual Papa, como obispo, te preguntó si el día que él se muriera, vos ibas a dejar un pañuelito arriba del féretro, como hiciste con Novak. Y vos le dijiste que se lo tenía que ganar. ¿Pensás que un Papa podría merecer un pañuelo?

No, no es suficiente que sea Papa, eso es solo un cargo religioso. Nosotros, en el caminar de las Madres, nunca hicimos diferencias de religión entre la militancia. Las Madres católicas, judías, protestantes, evangélicas, todas caminamos juntas. No tenemos el signo de la cruz en la oficina ¿viste? No tenemos en cuenta la religión.

Miguel de Sousa. "Los músicos".
Miguel de Sousa. “Los músicos”.

¿Qué es lo sagrado para vos?

¿Para mí? La familia, la lucha, la vida, la historia, el caminar juntándonos. Respetarnos, y valorar a los amigos y las amigas que tenemos. Y el pueblo, eso es sagrado. Yo levanto las banderas de mi hijo y de los treinta mil porque es el sueño por el que hay que luchar y al que hay que apoyar en el marco de la justicia.

Dijiste la familia. Hoy en día la familia ya no es lo que era, hay muchos conceptos de familia.

La familia es que la gente esté unida respetándose, como cada quien elija. Claro que no es lo mismo, ahora hay familias con diversidad sexual. Con lesbianas y amigos gay caminamos juntos. Yo voy a las marchas del orgullo gay y voy agasajada por ellos y ellas, porque están encantados de que una Madre los acompañe, así que no…

No me quiero perder esto de lo religioso, porque nos llamaron la atención ciertas fechas. Tu hijo Gustavo cumplía años el día en que lo mataron a Carlos Mugica. Y el día en que se lo llevaron fue después de Semana Santa. Nos llamó la atención cómo las fechas religiosas marcaron la historia de Gustavo.

Fotografía: Diego Grispo.
Fotografía: Diego Grispo.

Bueno, sí, las fechas existen y así sucedieron. Yo, en este momento estoy a punto de hacer la apostasía porque estoy muy disgustada con la Iglesia. El día en que lo decidí, lo llamé a Eduardo de La Serna y le dije “Mirá, Eduardo: te llamo porque yo voy a creer en dios hasta el día en que me muera”. Tengo mi confianza en algunos curas y en algún obispo, y Eduardo es uno de ellos. No reniego de la religión heredada de mis padres, sino de una iglesia cómplice del horror en la Argentina, de una Iglesia  que estuvo en los campos de concentración, que bendijo los vuelos de la muerte, que bendijo las armas con las que torturaban y mataban a nuestros hijos e hijas. Como si eso hubiera sido poco, ahora, la Iglesia pide a los legisladores que no sancionen la ley del aborto legal para todo el pueblo. Esto me trajo mucha indignación, porque ellos no se pueden meter en el cuerpo y la decisión de la mujer, por cuestiones religiosas.

¿Qué opinás de la “Laudato Sí”?

Mirá, eso una encíclica del Papa, con cuestiones importantes para tratar en reuniones, muchos organismos. Por ahora es solo un documento. Incluye asuntos centrales, como la defensa de la tierra. De ahí dependen el agua, nuestras riquezas, el campo, la semilla. Es muy abarcativa esa encíclica. Eso favorece al entendimiento, al respeto mutuo y al respeto de la tierra. Si no la respetamos, nos vamos a morir sequitos, tirados como semillitas.

La cumparsita en la calle. Pintura.
La cumparsita en la calle. Pintura.

Reivindica la vida de los pueblos originarios.

Claro. Es la belleza de la tierra en su conjunto. Por eso en una parte dice que cuidemos nuestra casa. Defender la casa es defender la tierra y a sus riquezas. Y este gobierno, con este presupuesto que pacta con el FMI, entrega todo: la tierra, las riquezas, el agua, el aire, los recursos, todo. O sea, esto es un vaciamiento del país.

 

 

 

 

 

CANTAME MI SUEÑO

                                   Hay que perder los vestidos y hay que perder la misma identidad / para que el poema, deseablemente anónimo, / siga a la florecilla que no firma, no, su perfección / en la armonía que la excede… / O para ser el arpa de Lungmen / eligiendo ella sola los temas de su música, / lejos de los tañedores que se cantan a sí mismos / o que no oyen con los suyos a los recuerdos de las ramas / ni lo que dice el viento… / ni menos ven lo que el viento, por ahí, pone de pie.”
“Dejá las letras”, Juan L. Ortiz

Estás con el pañuelito verde y dijiste en varias entrevistas que las Madres son como precursoras del feminismo.

No sólo las Madres, las mujeres en su conjunto. Las mujeres, a través de estas marchas multitudinarias, empezamos a demostrar que no somos invisibles. De ahí esta renovación de mostrarse en cuerpo y espíritu en la lucha. Es muy importante juntarnos, saber que no estamos solas, que todas las consignas como “Ni Una Menos”, sacan a la luz cuestiones que, por años, se ocultaban detrás del silencio. Cuando Las Madres empezamos a salir a la calle, éramos casi invisibles. La gente cruzaba la Plaza de Mayo, nos miraba, seguía de largo,  

Nora Cortiñas. Fotografía: Diego Grispo.
Nora Cortiñas. Fotografía: Diego Grispo.

muy pocos se paraban a preguntar por qué estábamos ahí. Primero, porque el terrorismo de Estado es eso. Un modo de subjetividad en que cada uno se cuida a sí mismo y no averigua más de lo debido. Y, después, porque estaba silenciada la represión, no salía en los diarios salvo que hubiera muchos muertos. Entonces, pasábamos, otro jueves más, otra vez, pasaba la gente como si nada. Muchos años fuimos invisibles.

¿Cómo te llevás con lo invisible?

Lo invisible… Lo tengo muy presente ahora que estuve en el Japón vi cómo ese imperio terrible quiere mantener invisible todo el drama de su pueblo. Acá también se intentó acallar la denuncia y ahora es evidente la intención de silenciar determinados asuntos, por parte de los medios. Por ejemplo, los bares –a cambio de algún beneficio económico- dejan todo el día TN en sus televisores. A veces, algunos clientes piden, “¿Señor, podría cambiar de canal?” “No, no se puede, porque ya está fijo” “Bueno, entonces me voy, ¿cuánto es el cafecito? ¡Chau!” ¿viste? Claro. Pero, aunque intenten invisibilizar la realidad, ya no se puede. No se puede más. Los femicidios cuentan cómo, a veces, intentar ser libre cuesta la vida de una, de muchas mujeres. A la mujer que quiere ser libre y tiene un marido tirano, no le es tan fácil resolver. Uno dice “liberate”, pero no es sencillo.

Acción poética.
Acción poética.

Contabas que tu papá y tu marido eran bastante machistas.

Si. Pero era otro tiempo. A veces uno dice que el tiempo mejora las cosas. Esto no lo mejora el tiempo, esto lo mejora la calle. En los países con fuerte patriarcado, como el nuestro, cuesta más. Por otra parte, este gobierno fachista no tiene más remedio que aguantarse la ola de mujeres, es una presión que dejó de ser invisible.

¿Qué queda como asunto urgente a rescatar de las garras de lo invisible?

Bueno, por lo pronto, la humanidad. Cada persona debería intentar ser como él siente que es. Y, después, está el asunto de tener principios y mantenerlos. Cada ser humano tiene que proponerse metas, en base a cuáles son sus principios. Lo principal es la participación de todos y todas, en todo.

La cumparsita en la calle. Pintura.
La cumparsita en la calle. Pintura.

Decís que son experta en calles.

Pasé cuarenta años reclamando memoria, verdad y justicia en la calle. Van a hacer cuarenta y dos años que estamos en la Plaza de Mayo. Y seguimos, incluso cuando nos han perseguido y encarcelado, cuando se han llevado a Madres desaparecidas.

¿Estuviste presa?

Detenida en comisarías. Me conozco varias comisarías. Del lado de afuera, porque voy a sacar gente, pero del lado de adentro también.

Hay seis madres desaparecidas antes de la formación de Madres de Plaza de Mayo. Madres que iban a llevar comida y otras cosas a los presos políticos detenidos en las cárceles. ¿Sabés sus nombres?

No tengo acá los nombres, pero te los voy a facilitar. En el ’76 ocurrió eso. La APDH los tiene, y también en la Liga. Son madres de los presos políticos. Antes que nos organizáramos “Madres de la Plaza de Mayo”, había otros organismos: la “Liga”, la “APDH” y “Familiares”. La suegra de mi hijo Gustavo tenía un hijo preso político, y ella se reunía con un grupo de madres en “Familiares” o en la “Liga”, e iban a llevarles cosas a los presos políticos. Hay un libro del año 1906, “La Madre”, de Gorki: es la historia de una mujer que tiene un hijo revolucionario que cae preso. Es el calco de lo que ha pasado acá.

Hemos visto que hacés muchas referencias a la literatura ¿qué te ha aportado a vos la poesía en tu lucha?

Arte urbano.
Arte urbano.

Te podría decir que es como un regalo para el espíritu. Es encontrar en la boca de otra gente un canto a lo que vos soñás. Para mí, ser poeta es ser un privilegiado al que se le da la poesía. Hace poco estuve con una chica jovencita, que nunca había escrito. Me contó que estaba en una reunión con una amiga y le surgió la poesía. Tuvo que levantarse, ir a buscar papel y lápiz y ponerse a escribir. ¡Qué privilegio! Poder expresar lo que se siente y estar en la boca y en el espíritu de otra gente.

Igual hay que laburar, no es que sólo te brota y ya, eh.

Sí, claro. Imagino que sí.

 

DESARCHIVAR EL SILENCIO

                         “(…) pero aquí está la noche / coronada por el fuego / de los ojos de todos los muertos / silenciosos / Y todo lo que debía desaparecer / todo lo perdido / hay que volver a encontrarlo / por encima del sueño / hacia la noche. (…)”
“Hacia la noche”, Philipe Soupault

Un reclamo muy insistente tuyo es que se abran los archivos y, a la vez, reivindicás mucho a los abogados y los testigos. El lenguaje oral por un lado y el escrito por el otro….

De estos archivos, reclamo la verdad de qué pasó con cada uno de nuestros hijos, dónde los tuvieron. Esa información está en algún lado, repartida, no en un solo lugar. Nunca se tira todo después de un Estado de represión como el que tuvimos. Me interesa, más que nada, que los jueces abran su cabeza y digan a quién entregaron en falsa adopción, a los bebés robados a las madres cautivas. Esos bebés apropiados, hoy son jóvenes de cuarenta y pico de años y necesitan saber quiénes son sus verdaderos padres, sus familias.

Nora Cortiñas.
Nora Cortiñas.

¿Será posible que salga alguna vez un fallo en ese sentido?

Pienso que adentro de esos archivos hay nombres de políticos que están todavía gobernando o sueñan con ser presidente.

El tema de esta revista es lo inesperado. Imagino que, desde que asumió Macri, muchas cosas para vos eran esperables. Pero ¿qué fue inesperado?

Tanto odio al pueblo. Tanta venganza tomada contra un pueblo que trabaja y da su vida para defender la democracia. Tanto no esperaba.

¿Imaginabas un Maldonado, un Rafael Nahuel?

Nora Cortiñas. Fotografía: Diego Grispo.
Nora Cortiñas. Fotografía: Diego Grispo.

No, no. Ya creíamos que eso no sucedería nunca más. Lo de Santiago Maldonado es una desaparición forzada seguida de muerte, esa es la figura que el gobierno niega hasta el día de hoy. Además de Santiago y del asesinato de Rafael Nahuel, de 20 años, hay un abandono del pueblo. Pero todavía no terminamos de ver que el Estado perpetra un saqueo de todas las riquezas y de todas las conquistas. Me da indignación, ¿sabés qué pasa? ya no hay palabras. Una, todos los días, dice “Estoy indignada, esto es un saqueo, una inmoralidad. Este presidente no tiene autoridad moral para nada, hace abuso de autoridad”. El tipo tiene todos los errores, mejor dicho, todos los pecados habidos y por haber. Tiene malas intenciones permanentemente. El equipo de él está hecho a su medida. Eso de que renunció Caputo… Un día le avisaron. “Bueno, ahora te toca renunciar, ya cumpliste tu rol, chau, andate a tu casa”.

¿Pero por qué no reaccionamos?

Eso digo yo. Si tuviera la bola de cristal… Un poco lo atribuyo a muchos errores del gobierno anterior. Muchos errores que la militancia, con tal de aplaudir, permitió que se cometieran.

¿O sea que hubo como una necesidad de ilusionarse simplemente, aunque algunas cosas no fueran bien?

Creo que hubo terribles errores que se fueron sumando.

¿Por ejemplo?

La Ley antiterrorista, Milani, maltrato a las comunidades indígenas. No todo estaba bien, también había represión, estaba un Berni que hacía lo que hoy la Bullrich. Berni es la Bullrich. Todo esto se sumaba. Igual había cosas muy buenas que no las habíamos tenido. El respeto a la jubilación del ama de casa, el diferenciar el tema género en el Congreso, la paridad en la existencia de la mujer. Hubo cosas buenas, pero tuvo cosas muy graves como la entrega de alguna parte del país: las mineras, el agua. Todo se fue sumando y después terminamos en este espécimen, como le digo yo, porque no tiene denominación.

Martin Ron. Arte callejero
Martin Ron. Arte callejero

¿Pero vos crees que la gente con odio de clase hizo esa evaluación, esa suma?, ¿no crees que la mayoría de sus votantes votó por el odio a que la gente que nunca tuvo nada tuviera una mejor vida?

Eso lo tienen que estudiar los psicólogos.

Vos sos psicóloga social.

Sí, pero entre todos. Yo puedo hacer mi investigación o puedo atreverme a una suposición mía, pero eso tiene que ser a nivel colectivo. Tenemos que hacerlo entre muchos.

Ahora tenemos que salir de esto, primero.

Intervención urbana, calles de Madrid.
Intervención urbana, calles de Madrid.

Ahora, cuando se trate la ley sobre el presupuesto en Senadores, hay que ser miles en la calle. Aunque la sanción sea número puesto, hay que seguir lucha, pelear y salir permanentemente.

 

 

 

SUEÑO QUE BULLE DENTRO DEL CUEPO

 “(…) la revolución, el salto temido / y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra / desidia. (…)”
“La pura verdad”, Paco Urondo.

¿Qué conociste de inesperado de Gustavo cuando se lo llevaron?

Muchas conocíamos sobre la militancia de nuestros hijos. Quizás, algunos hijos no contaban para no preocupar, para proteger. Yo sabía que mi hijo iba a la Villa 31. En cada familia el proceder era distinto y la reacción también lo fue. No todas las Madres salimos a la calle al mismo tiempo y no todas mantuvieron una lucha pareja. Eso, por cuestiones de familia, de trabajo, de carácter, de temperamento. Esta lucha es muy exigente.

Contabas en alguna entrevista que Gustavo te tiraba frases, por ejemplo, “allá afuera hay otro mundo”.

Me decía que nadie nace sin inteligencia, que todos los seres humanos tenemos que desarrollarnos, tenemos derechos, que había que estudiar. Yo empecé a estudiar psicología social después, muchos años después de la desaparición de Gustavo. Empecé a estudiar porque los métodos del estudio que creó Pichón Riviere hicieron que las alumnas de piscología social vinieran a hacer sus prácticas con las Madres. Las chicas nos decían “Vos hacés en la práctica todo lo que enseña Pichón en la teoría, no te cuesta nada”.

¿Estás cansada de algo?

Nora Cortiñas. Fotografía: Diego Grispo.
Nora Cortiñas. Fotografía: Diego Grispo.

No. ¿Sabés qué pasa? De todo lo que hacemos, nada es obligación, cada madre hace lo que siente. Esto es un compromiso, no es una obligación. Por eso a la Plaza de Mayo no vamos todas las Madres. De Línea Fundadora vamos dos o tres, las otras están enfermas, tienen que cuidar a algún familiar o ayudar a crecer a los nietos porque los padres no están. Igual hay muchos jóvenes que nos acompañan. Y también muchas amigas que se jubilaron y ahora tienen tiempo para venir. Es una evolución.

Ustedes están dejando un legado.

El legado es que hay hijos, hermanas, hermanos, nietos y nietas. Un legado que se va a heredar de manera colectiva. Los organismos de Derechos Humanos tienen ahora también hermanos y hermanas de desaparecidos, que se van sumando. Al principio no queríamos que ellas y ellos fueran a la Plaza, teníamos miedo de que les pasara algo. Ahora no, ahora ellos siguen los juicios y acompañan.

¿Tenés algún miedo?

Que nuestro nombre de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora esté algún día ensamblado con algún partido político. Quiero que los que sigan, lo hagan como independientes, como yo fui y soy hasta ahora. Es lo único que no me gustaría, que mi familia viera el nombre nuestro usado para algún partidismo político.

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¿Te acompaña tu nieto, el hijo de Gustavo, en la lucha?

Los nietos están en lo suyo. Él es periodista, licenciado en Letras. Ahora quiere trabajar en una central obrera. Se interesa, está en contacto conmigo, me llama. Él vive afuera, en Colón, pero digamos que está cercano. La familia de mi nuera también está muy cercana a mi lucha. Por eso lo que dice la canción de Sting, “ellas bailan solas” no es tan así. Cuando íbamos a la iglesia de la Santa Cruz, a un grupo de familiares allí nos daban un local para reunirnos. Y, en una salita contigua a la misma iglesia, comenzó a reunirse un núcleo de jóvenes que estaban conformando lo que hoy es ATE. Entonces se llamaba ANUSATE. Esos jóvenes que tenían la edad de nuestros hijos e hijas.

¿Nunca se te ocurrió escribir?

A veces tengo ganas, pero soy muy inquieta. Y, si una anda de acá para allá, no se puede escribir. Todo no se puede.

¿Qué podrían aprender de la forma de organización democrática que tienen las Madres los gobiernos nacionales?

Podrían aprender a escuchar opiniones. Cada una de quienes componemos la Asociación da una opinión. Luego de escuchar todas las opiniones, se decide qué es mejor. Si el gobierno actuara así, democráticamente, si escuchara al pueblo, si se sentara con integrantes de los sindicatos, de las asociaciones, si escuchara qué quiere y qué necesita la gente… Pero gobernar con una venda, con los oídos tapados, no.

Acción poética Chaco.
Acción poética Chaco.

Tal vez, si hiciera todo eso, ya no lo llamaríamos gobierno. ¿Revolución significa algo para vos?

Me gusta la palabra revolución. Para mí significa sentir adentro del cuerpo que las ideas fluyen, juntarse con otra gente y planificar, desde luego, sin violencia.

¿Hay revoluciones sin sangre?

Claro que sí. La primera violencia la ejercen el hambre, la desocupación, la desatención del pueblo. Eso provoca más violencia y más tristeza. El hambre, especialmente. Por eso es muy importante reunirse. Hoy justo me llamó una piba que es una de las organizadoras de “Ni una Menos”. Ellas quieren reunirse para ver las estrategias a seguir. Me parece bien que nos juntemos a pensar y decidir. Y, después, que se integren hombres y mujeres. No soy partidaria de que sólo las mujeres vamos a cambiar el mundo.

Nora Cortiñas con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Nora Cortiñas con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

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(1) Fabián Gorosito tenía encuentros con la pareja de un policía de la 6ª de Merlo. El 14 de agosto de 2010, salió a bailar con sus amigos. Pero apareció la policía y Fabián corrió y lo atraparon. Apareció muerto al día siguiente, en un descampado. Sus tres amigos, fueron secuestrados y torturados unos días antes, cuando los uniformados intentaban encontrar a Gorosito y confundieron a uno de ellos con Fabián.

(2) En el caso por torturas a Iván Navarro y Ezequiel Villanueva Moya, ambos militantes de La Garganta Poderosa, todos los efectivos fueron condenados a prisión efectiva con penas que van entre los 8 y 10 años de prisión. Es la primera condena que reconoce las torturas en lugar de apremios ilegales o delitos menores bajo la gestión de la Ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bullrich.

 

 




UN GRAN POGO DE PÁJAROS

Lo inesperado: Entrevista a Luis Federico Arias

Entrevista: Lourdes Landeira, Estela Colángelo, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo
Transporte: Ana Blayer

 

          “Himalaya boca callada, piedra mentira. Ah, moral de los pájaros: sí, ilumina.
Que recuerde, el primer juego-juguete que vino a mí y ya no se irá de mí
por nunca fue un cristal; pero qué cristal; algo líquido y duro que no caía
por milagro del arco bronce que lo ataba. Bajo el agua es más que el agua
porque está detenido y es móvil. Si toco una llama con mi cristal, soy invierno:
el fuego gira y no es su resplandor ya más. Por hábito y piedad cada tanto
lo arrojo en las brasas para que devore y llene el Fulgor con su siesta
de infierno.”
Miguel Ángel Bustos, “El Himalaya o la moral de los pájaros”

 

Cuentan que un pájaro primero posó su canto en el aire. Sobrevoló, entonces, un mar intenso en posibilidades, al que la triste historia luego llamó “caos”. Ansioso por ver surgir alguna forma de entre aquel tumulto, el pájaro aprovechó una inclinación de su propio giro, remontó un vértice de viento y se atrevió a un eco. Después, todo fue un amoroso sacudirse de partes. A un empujón contra el horizonte, hubo cielo. A un atrevimiento en un agudo, se envalentonó el primer pico. Flechadas por un reguero del eco, las aguas incitaron la espesura del lodo, lo provocaron hasta hacerlo tentar la orilla, la inmensidad de una playa. Así, intrépido, el lodo abandonó su raíz de agua y canturreó su deseo entre los brotes de un yuyal. Acunado en melodías, el verde no tuvo pretensiones de altura, más que para abrazar la soledad de ciertas horas nocturnas. Picar en punta no fue asunto de los orígenes. Pero, así todo, en la impaciencia por crecer, un acorde se anudó a otro, un silencio entrechocó su falta con la abundancia de un arroyo. A los codazos, atardeció alguna luz espesa y lenta, que parecía de nunca acabar. Y, entre todo el agitarse de lo por nacer y lo nacido, fue inevitable que la descendencia del eco terminara en enramada; antigua casa del bebé bosque, primer nido del cantar. Muchos objetan la secuencia. Que no es verosímil eso de nacerse enramada sin troncos, que nada se crea del tumulto a la raíz. Sin embargo, esas son lógicas de la mesura, manuales de prosa pacata, normas para comenzar el mundo fuera de lo pajaril. Es casi seguro que, en el umbral de su desvanecimiento, el eco convocó a un arrojo urgente, a un aunar esfuerzos para salvar las hilachas de la lengua padre, para obligar al aire a agitar su voz. Y entonces llegaron los pájaros segundos. Y posaron su canto en la enramada. Y a un piar, respondían cientos de aleteos creados sobre la armonía de este nuevo eco. Y era de no creer el multiplicarse de ramas y pájaros, era de no creer cómo empujaban el horizonte en dirección a los yuyales, a las orillas, río adentro y viento en furia, hasta llegar a la raíz de mar. Y así eran las cosas cada vez que los pájaros terceros y los cuartos extrañaban el sonido de su origen. Era nomás cuestión de tomar aire, incitar al verso y guitarrear la noche de la ausencia, para que la luz espesa termine por sucumbir. Ahí, en medio del bosque ya muy entreverado de cantos, muy entretejido de huellas, encontramos a Luis Arias. Y la tarde entonó así.

 

El Bosco. "El jardín de las delciias", detalle.
El Bosco. “El jardín de las delciias”, detalle.

 

VERDE QUE TE QUIERO, VERDE

 “Soy el forastero que observa esas nubes y montes,
ese universo que prescinde de mí.
Nunca será mi hogar, pero esto es el hogar.”
Eduardo Lalo, “Intemperie”

Cuando me mudé a esta casa en Villa Elisa, ni vidrios en las ventanas teníamos. Nos arreglamos como pudimos. Pero queríamos vivir aquí. Yo no soporto las ciudades grandes, son una tortura para mí. Yo nací en la ciudad de La Plata, pero mi madre es de Bolívar y mi padre era salteño. De chiquito, vivíamos en la casa de la abuela materna con toda la familia grande, los primos, los tíos. Entonces, vivíamos en una habitación. Con mi hermana, dormíamos, hasta los diez u once años, uno a los pies y el otro a la cabecera, en la misma cama. En el Norte antes era muy común. En el quechua santiagueño se dice precisamente “waasqachakipurapuñunku”, es decir, “los niños duermen pie con pie”. Después nos mudamos a un departamentito muy chiquito en Tolosa, en el barrio El Churrasco, que era un barrio un tanto complicado. De ahí, a La Plata de nuevo, otra vez a un departamento muy chico. Por eso, yo estudiaba en las bibliotecas, afuera de mi casa. Será que, de tanto estar encerrado, opté por el verde, por las plantas.

¿Tus hijos van a la escuela por acá?

Luis Federico Arias. Fotografía: Diego Grispo.
Luis Federico Arias. Fotografía: Diego Grispo.

Sí. Van a una escuela pública de un sistema conocido como “los pedagógicos”, un proyecto experimental que se inició en la década del ’60. Comenzó con el Instituto de Educación Superior Roberto Themis Speroni, nombre de un poeta platense. Aquí cerca, en City Bell, se creó una escuela de formación docente y, a partir de ahí, surgieron las escuelas, con un sistema basado en nuevas corrientes pedagógicas, lejos de esa formación tipo prusiana de la escuela tradicional: no tiene porteros, los chicos limpian las escuelas igual que los docentes, en la cooperadora los padres aportamos una suma mínima para que todos los pibes tengan lo mismo: nadie tiene una cartuchera diferente. Existen pocas de esas escuelas y están muy orientadas al arte. Se ingresa por sorteo porque hay mucha demanda. Y es muy interesante cómo la escuela incita a los chicos a reunirse en sus casas. Y, al visitarse tanto desde pequeñitos, los padres terminamos todos reforzando la comunidad educativa. Es muy bueno. También tiene algunas facetas controvertidas. El sistema estatal nunca quiso regularizarlos. Ahora les quitaron su carácter experimental que tenían desde hace más de treinta años y los están obligando a normalizarse en el peor de los sentidos.

 

LA POLIS CRIOLLA

“Y tú, padre mío, allá en tu cima triste
Maldíceme o bendíceme con tus fieras lágrimas, lo ruego.
No entres dócilmente en esa pálida noche.
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.”

Dylan Thomas, “No entres dócilmente en esa pálida noche”

Hablabas recién de tu papá. En un momento de una entrevista vos recordabas cómo él tipeaba con dos dedos y vos con toda la mano. Pensábamos en la memoria física de la escritura y en qué podés expresar vos al escribir, que no pueda ser posible en lo oral.

Franz Marc. "Aves".
Franz Marc. “Aves”.

Bueno, la escritura es otro tiempo, otra dimensión. La escritura es la reflexión profunda, la posibilidad de pasar el pensamiento por varios filtros. Uno cuando escribe busca con más detenimientos las palabras. A mí me gusta mucho escribir, pero la dinámica del juzgado no lo permitió. Es una de las tareas pendientes: escribir las experiencias de estos años. Ahora, mientras fui juez, traté de expresar mis ideas en las sentencias, pero muy pocos las leen. Mirá, como abogado, fui sumamente individualista en mi trabajo, no sabía compartir ni delegar, me costó mucho hacerlo, pero fue necesario cuando me desempeñé como juez. Empecé en el juzgado desde cero. Era una nueva jurisdicción. Tuve que armar todo, desde el primer despacho. Pero me gustaba estar en todo, tenía miedo de cometer errores, de delegar. Hasta que se hicieron cien, doscientas, mil, tres mil causas. Ahí comencé a delegar. Mi función se acotó a pensar, decidir y a escribir lo que fuera indispensable. Así lo hice y me fue muy bien. Éramos veinte personas en el juzgado, la mayoría mujeres. Se generó algo muy bueno, traté de protocolizar todo dentro del juzgado. Y así, cuando había un reemplazo, quien venía ya sabía qué hacer. Esa protocolización organizó mucho al grupo. Todos se sentían partícipes y responsables de su área. 

Algo parecido a lo que proponés con la democracia, que podamos gobernar, no a través de nuestros representantes, sino activamente. En un momento creo que proponías que la gente participara en el nombramiento de los jueces. ¿Cómo sería eso? 

Creo profundamente en la participación de la sociedad en todas las cuestiones públicas. Muchas veces cuestionamos a la sociedad por su falta de participación en la actividad política, pero desde la gestión pública nadie quiere ceder su poder de decisión. Y así se produce la ruptura entre los representantes del pueblo y la sociedad civil; prevalecen los acuerdos corporativos de poder, las prebendas y los intereses personales frente a las necesidades y anhelos colectivos. Hay que gobernar y gestionar de cara a la sociedad, con la sociedad y no contra ella. Más aún en el caso del Poder Judicial que no tiene base representativa. Debiera existir pluralidad en las Cortes, no sólo en cuanto a la igualdad de género. Si existe un Presidente de la Corte que ha representado los intereses del capital nacional y transnacional –como en el caso de Carlos Rosenkrantz-, también creo que debiera haber jueces o juezas indígenas, representantes de las minorías sexuales, personas que hayan acreditado compromiso con la protección de los derechos humanos, del medio ambiente, de los niños, de las personas privadas de su libertad y otras minorías.
Debiéramos tener audiencias públicas para la impugnación o el apoyo de postulantes a la magistratura, así como un observatorio estatal integrado por organizaciones sociales para el control de la gestión judicial.
Hay que romper los cerrojos que impiden la participación de la sociedad para lograr una democracia real y no meramente representativa.

Wu Guanzhong.
Wu Guanzhong.

Una vez, en una causa por la aplicación de la ley de Salud Mental en la provincia, como era un universo muy vasto para mí, decidí convocar, dentro del juicio, a una audiencia pública. La hicimos en la Facultad de Periodismo porque la Suprema Corte no nos facilitó ninguna de sus instalaciones. Quedamos sorprendidos por la enorme participación de distintos actores sociales y asociaciones que trabajan silenciosamente para la desmanicomialización del sistema. Eso enriqueció muchísimo la sentencia que en definitiva dictamos. Antes habíamos tenido el caso de un chico con problemas de adicción. La madre pedía públicamente ayuda. Lo internaron en un lugar de encierro igual a una cárcel, a trescientos kilómetros de la madre. Eso lo hizo una jueza de familia, con una psiquiatra forense que refrendó esa decisión. Luego de algunas audiencias, en las que participaron psicólogos y psicoanalistas del Cels y la Comisión por la Memoria, forjamos otra perspectiva y generamos un protocolo de actuación para descriminalizar la cuestión, que no intervenga la policía en estos casos, sino los servicios de salud. Cuando uno está enfermo, no llama a la policía, llama a la ambulancia. Y, cuando uno tiene un problema de salud mental, ¿por qué viene la policía? Esas cosas… Y dio resultado eso de hacer pogo. A mí me gusta. 

 

CASTRATI POSITIVO

“¡Ay de los que proyectan iniquidades y traman el mal durante la noche!
Al despuntar el día, lo realizan, porque tienen el poder en su mano. (…)
¡Escuchen esto, jefes de la casa de Jacob y magistrados del pueblo de Israel,
ustedes, que abominan la justicia y tergiversan el derecho,
que edifican con sangre a Sión y a Jerusalén con injusticia!
Sus jueces juzgan por regalos, sus sacerdotes instruyen por un sueldo,
sus profetas adivinan por dinero, y todavía se apoyan en el Señor, diciendo:
‘¿No está el Señor en medio de nosotros? ¡No nos puede pasar nada malo!’”

Luis Federico Arias, Libro de Miqueas, caps. 2 y 3, citado en una nota
al pie del texto “De la corrupción, el derecho y otras miserias”

¿Qué es para vos una buena lectura de un caso real?

Primero hay que analizar muy bien los hechos, dentro del contexto político y económico. El problema es la formación de los abogados. En las distintas unidades académicas, todavía rige una enseñanza positivista que excluye lo más importante del derecho: su dimensión política. Construyen una pseudo ciencia del derecho a partir de la norma, cercenando con un bisturí metodológico, las cuestiones políticas, éticas y sociales. Propician un análisis abstracto de la norma y construyen un sistema formalista organizado de un modo jerárquico. En la punta de la pirámide, está la Constitución. Después, las leyes, los decretos y todo el orden normativo. Y, en esta lógica del “deber ser” de la norma, se subsume el caso dentro de un supuesto establecido en la norma. Esto enseña la Facultad.

Zaida del Río.
Zaida del Río.

A Lacan le atribuyen una frase: “El matrimonio es la castración del amor”. No sé si será cierta, pero eso es el positivismo jurídico para el Derecho. La castración. Porque le quita todo aquello que le da vida. No se puede entender el Derecho, sino desde las relaciones de poder, desde un orden político social. Porque el Derecho es una construcción que surge a partir de acontecimientos políticos y sociales. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, por ejemplo, un estatuto universal en Occidente, fue producto de la Revolución Francesa, donde rodaron miles de cabezas. Ese estatuto está escrito con sangre. Y fijate qué curioso: no consagra el derecho a la vida. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano tendría que, en primer lugar, consagrar el derecho a la vida y no lo hace. Nuestra Constitución Nacional copió este estatuto universal y estableció que la propiedad es inviolable, pero no así la vida o la integridad física.

¿Y tampoco figura el trabajo como derecho? 

Claro. Figuró recién en el art. 37 de la Constitución del año ’49, que derogaron con un bando militar. Por su parte, las nuevas constituciones de América -que no impactan en el ámbito jurídico internacional porque son latinoamericanas y no europeas- las de Ecuador, Venezuela, Bolivia, todas consagran la protección del trabajo. Y no es que el derecho al trabajo no esté en nuestra Constitución. Está, pero frente al empleador, sin que el Estado tenga ninguna obligación de protegerlo.

Si el Estado estuviera obligado, entonces, habría otros modos de frenar el tarifazo… 

Luis Federico Arias. Fotografía: Diego Grispo.
Luis Federico Arias. Fotografía: Diego Grispo.

Yo digo que el sujeto obligado no solamente tiene que ser el empleador, sino fundamentalmente el Estado. Porque el Estado, aunque no tiene la obligación de otorgar trabajo a la gente, debe proteger y promover el trabajo. Esa es una de sus funciones principales. Erich Fromm decía que el hombre debe tener los mismos derechos que los animales. Un pájaro hace su nido en mi árbol y no comete ningún delito. El ser humano no puede hacer eso. Los pájaros comen los frutos de las plantas y, a veces, me dejan sin higos -que me encantan-, y no cometen ningún delito. Pero si una persona hace lo mismo, seguramente termina en prisión. Entonces ¿qué necesita un ser humano para hacer lo mismo que un animal? Dinero. Sin dinero, no puede comprar alimentos o acceder a una vivienda digna. Necesita dinero para poder vivir. Y básicamente hay dos formas de obtenerlo: robar o trabajar. Entonces, el derecho al trabajo digno posee un carácter instrumental, porque sirve para abastecer otros derechos. De allí su importancia. Creo que el sistema de gobierno actual ataca al trabajo por eso, porque explota la necesidad. Este sistema no va a subsistir sin dos dígitos de desocupación. Se dieron a conocer los últimos datos: Índice general 9,6% y 12,5% en el conurbano. Al tener una gran masa de desocupados, el salario baja. Se explota la necesidad. Donde tenías una persona que pedía trabajo, ahora tenés veinte. Cada uno dispuesto a trabajar por menor valor que otro, porque necesitan comer. Necesitan vivir.

Ese problema no lo tienen los animales. Pero tampoco la ambición. Vos citás en uno de tus textos una frase de Montesquieu, “que todo hombre que tiene poder siente la inclinación de abusar de él, yendo hasta donde encuentra límite”. Y así, el Derecho vendría a ser algo indispensable. ¿Creés que esa ambición es “natural”, que se daría de ese modo en cualquier condición cultural?

En la interacción del hombre todo es cultural. El idioma, los mandatos. Las matrices culturales transitan muy por el inconsciente y se reproducen como si fueran naturales. El capitalismo no es sólo un sistema económico, es fundamentalmente un sistema ideológico/cultural. Es el paisaje en el que nos desenvolvemos, parece natural, pero es en realidad una pintura. Cuando un chico de dos o tres años juega con el celular, ¿qué le enseñás? Que tiene que ganar; que, para ganar, tiene que competir. Y, para competir, tiene que matar al otro, aunque sea en el sentido virtual. Ese individualismo extremo en el que desenvolvemos nuestras acciones no es natural, sino que se naturaliza. Esa lógica del capitalismo es el paisaje en el cual uno convive, es como la alegoría de la caverna de Platón: al salir de la caverna, no pueden creer que eso sea la realidad, que lo real no eran sólo las sombras proyectadas que ellos veían dentro de la caverna. Creo que un poco sucede en la sociedad: hay que competir, hay que luchar. Ahora, ¿siempre ha sido así? No.

Federico Aguilar Alcuaz.
Federico Aguilar Alcuaz.

En nuestra América, por ejemplo, los tiahuanacotas tenían una cultura diferente, se procuraba el consenso más que la lucha de intereses contrapuestos. Quienes violaban las reglas no tenían castigos propiamente dichos. La entidad del castigo como forma de venganza atenuada no existía, había normas de reparación social y de solidaridad. Hoy mismo, en Bolivia o en nuestro norte, es común el “ayni”, como una forma de colaboración colectiva entre los miembros del “ayllu” (comunidad) para desarrollar de manera conjunta y optimizar la cosecha de diferentes productos o construir viviendas en forma acelerada. La “minka” también es una forma de trabajo colectivo y asociativo, de carácter voluntario, pero en beneficio de toda la comunidad. Entonces, cuando Montesquieu postulaba que quien tiene el poder tiende a abusar de él hasta que encuentra sus límites, lo decía en el contexto ideológico liberal e individualista profesado en Europa. Creo que el poder, tal como nosotros lo vivimos en Occidente, tiene esas características y se presenta como la única forma de convivencia política: desconoce y avasalla otras culturas. Cuando alguien plantea una visión alternativa, se la califica de “ideológica”, como si la cultura occidental no lo fuera. Y ese sistema ideológico individualista está causando enorme daño a los hombres y a la naturaleza. Parece que somos muchos en el mundo y que sólo los más aptos están destinados a sobrevivir. Asistimos así –como podemos observarlo en Brasil-, a un retroceso del humanitarismo y a la mercantilización de todas las relaciones humanas, incluso de la política, relegada a una simple lucha por el poder.
En definitiva, esa naturalización de la cultura occidental es perniciosa, nos impide contemplar lo diverso, las diversas formas asociativas de carácter solidario, favorece las posturas conservadoras y, en definitiva, nos induce a pensar que las cosas no pueden ser cambiadas porque sería “antinatural” internarlo. Pero los cambios requieren procesos dialécticos y no están exentos de contradicciones. Mientras tanto, hay que generar estrategias que mitiguen los daños colaterales del capitalismo y, en ese sentido, la postura de Montesquieu puede ser útil para para particionar al poder político, pero sobre todo, al económico, bajo las mismas reglas. 

 

HACEME LA PIECITA, DALE

  “Pero hay sabiduría / en el momento en que un niño /
se sienta en su cuarto, y escucha / el sonido del llanto /
proveniente de alguna otra habitación / de la casa de su padre, /
y ese niño era yo, y él / escuchaba sin entender, y de pronto estuvo asustado /
por cómo el llanto monótono parecía risa.”

Li-Young Lee, “Epístola”

 

¿Imaginás dentro de este sistema capitalista la posibilidad de un régimen de consenso o de otro tipo de democracia?

Wu Guanzhong.
Wu Guanzhong.

Sí, claro. Como decía, creo que América tiene mucho que enseñarle a Occidente en este sentido: la fraternidad de los pueblos y, entre otros asuntos, el respecto a la armonía con la naturaleza, que no es un factor de apropiación, sino de provisión de alimentos y un ser vivo. Por eso, algunas Constituciones declaran sujeto a la Pachamama. La solidaridad aparece mencionada veinte veces en la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia; la equidad, más de treinta. Es interesante su artículo 8:

“I. El Estado asume y promueve como principios ético-morales de la sociedad plural: ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón), suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), tekokavi (vida buena), ivimaraei (tierra sin mal) y qhapajñan (camino o vida noble).
II. El Estado se sustenta en los valores de unidad, igualdad, inclusión, dignidad, libertad, solidaridad, reciprocidad, respeto, complementariedad, armonía, transparencia, equilibrio, igualdad de oportunidades, equidad social y de género en la participación, bienestar común, responsabilidad, justicia social, distribución y redistribución de los productos y bienes sociales, para vivir bien”.

A vos te interesa mucho esto de los espacios. En un momento leímos que escribís sobre mapas judiciales, ¿qué son?

Y sí… ja, ja ¡Ahora me invitaron a un congreso de geografía por todo eso!… En el derecho se disputa sentido a partir del efecto simbólico de la “justicia”, como antes se lo hacía con Dios, en las monarquías teocráticas. O, cuando EEUU extermina pueblos enteros en nombre de la “libertad”. O como lo hacen los medios, al manipular la información en nombre de la “verdad”. De igual modo, la “justicia” es un valor muy poderoso para imponer una visión del mundo, para decir lo que está bien o mal, lo correcto/incorrecto, lo legal/ilegal, lo permitido/prohibido. Se traza una línea, es una tarea cartográfica. La ubicación de la línea es motivo de disputa, de acuerdo a la subjetividad del intérprete, el contexto histórico y social, su ideología y demás. El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Carlos Rosenkrantz, en su primer discurso público dijo “Para ser verdaderamente independiente, un juez debe ser independiente de sí mismo” ¡Como si eso fuera posible!
Es importante, a la hora de interpretar un texto, el contexto. En mi descargo ante el jury, que nadie leyó, yo citaba un cuento de Borges donde había un tal Pierre Ménard que quería ser autor del Quijote, pero eso ya no era posible. Bueno, con los textos normativos pasa lo mismo. La cuestión hermenéutica, que no tiene en cuenta el jurista, es la que toma en cuenta la realidad y el panorama político, el poder, lo que está detrás de las decisiones jurídicas con impacto en la geografía del poder, en los esquemas del poder. El objeto del derecho de la modernidad ha sido ese, a partir de este postulado de Montesquieu y otros filósofos que han dado lugar a este sistema. ¿Por qué se crea la república? Por la necesidad de quitarle al rey su poder absoluto. Cambia el principio de soberanía del rey al principio de soberanía del pueblo. 

Gunther Gerzo. "El nacimiento de los pajaros". 1940.
Gunther Gerzo. “El nacimiento de los pajaros”. 1940.

Y también para que los burgueses se queden con las riquezas de los monarcas… 

Por supuesto, porque en ese momento la burguesía era oprimida, competía por el poder con el rey. Y, si bien el capitalismo surge de esta matriz, también el Derecho buscó poner límites. ¿Por qué surge el derecho laboral? Porque parte de suponer una asimetría de poder entre el empleador y el empleado. ¿Por qué surgen los derechos de la diversidad, los derechos de la mujer? Por la dominación patriarcal en las relaciones de poder. El debate sobre la legalización del aborto es una cuestión biopolítica, porque intenta trazar una línea sobre lo prohibido/permitido, sobre cuál es el alcance de los derechos de la mujer sobre su propio cuerpo.

Parecería siempre defensivo y no ofensivo.

Claro. Hubo una constante lucha de poder, con retrocesos y conquistas sociales a través del derecho.

Pero ¿es así?, ¿siempre, defensivo?

No necesariamente. Creo que, cuando las conquistas sociales se institucionalizan, la defensa viene por el lado de los contrarrevolucionarios. Pero en el ámbito jurisdiccional, cuando se reconocen derechos, la actividad judicial suele tener un sentido reactivo o defensivo. Aunque todo depende de la ideología del poder, de cómo se posicionan los jueces frente al orden establecido. Porque la hermenéutica judicial puede tener un sentido emancipatorio u opresivo, de consolidar y aún agudizar las diferencias del poder. El derecho, en definitiva, es una técnica, una tecnología distributiva de poder en el sentido relacional y en el sentido político general e individual. Por ejemplo, cuando el Código Civil regula la responsabilidad parental, que antes era la patria potestad, regula el rol que tiene la mujer, el del hombre, qué pueden hacer los padres con sus hijos: regula relaciones de poder.

Ever Fonseca.
Ever Fonseca.

Sí, pero siempre fue primeramente violado. Cuando la mujer va a reclamar un derecho, es siempre porque algo le quitaron.

Sí. Siempre ha sido así. La conquista de derechos no es inocua. Los derechos están escritos con sangre, tanto en su consagración como en su defensa.

¿No pensás en algún sistema en donde más que defensivo, el derecho pudiera ser ofensivo? Parece que a uno se le pasa toda la vida defendiéndose de lo que le sacan sin poder dar un paso adelante. Como si en tu casa te la pasaras arreglando lo que se rompe, sin poder hacer nunca la pieza nueva que tanto soñabas.

Por supuesto, uno tiene que tener esos objetivos en el horizonte, pero también hay que avanzar colectivamente. Nadie puede ir más allá de lo que la sociedad reclame, tienen que ser tareas colectivas. Más que una “ofensiva”, creo que necesitamos avanzar hacia un consenso popular para lograr objetivos comunes.

 

MANUSCRITO HALLADO ENTRE LAS RUINAS DEL MURO

“Así fue cómo / se desplomaron los antiguos muros /
y hoy ya no son más que ceniza y polvo /
Un agrio ruido de hachas rechinaba en el huerto infeliz. / Tronco por tronco, /
los árboles cayeron / en un vasto montón sombrío de ramajes rotos.”

Arturo Capdevilla, “Sobre la ruinas”

Te hago una pregunta que le hicimos a Kicillof, ¿crees en un capitalismo piola?

Creo que el capitalismo, por propia definición, no puede ser nunca piola, por matriz ideológica, porque fundamentalmente es esto de competir, de destruir al otro y ganar. Tiende a la concentración. Hay varias cosas: la política es siempre una correlación de fuerzas, las luchas políticas son así en el mundo capitalista. Hay muchos que se afincan en esta realidad entre comillas y buscan la mejor manera de convivir con el capitalismo, se generan estrategias de supervivencia. Uno lo ve ahora en este sistema político. La expansión del capitalismo global ha sido impensada, inimaginable desde el momento en que cayó el muro de Berlín. En el mundo bipolar, en los países de Occidente circulaba mucho el mantener cierto bienestar en la sociedad, de ahí el Estado de Bienestar, para que no se hundieran en el sistema socialista. Había como una negociación tácita en ese sentido. Cuando se cae el muro, ya no importa más nada, ya no hay un sistema donde refugiarse. Esto derivó en una enorme concentración económica, que es la finalidad del capitalismo. Entonces, claro, pasaron muchas situaciones impensadas. Hoy, de las cien entidades económicas más importantes del mundo, sólo treinta y nueve son países. El resto son corporaciones económicas. El país no puede competir nunca contra esas corporaciones. 

Friedel Dzubas. "El nacimiento de los pájaros". 1953.
Friedel Dzubas. “El nacimiento de los pájaros”. 1953.

¿Eso es inesperado?

Creo que, de algún modo, era inesperado para el sistema político del siglo XX. Para el del siglo XXI, no, porque ya fue directamente dominado por las corporaciones. En el siglo XX todavía se luchaba por algunos derechos, había movimientos sociales importantes. Hoy no existe eso prácticamente, salvo en América, y por eso estamos padeciendo la contra ofensiva del poder global. Nosotros, tal vez, no somos demasiado conscientes de lo que se generó en América, pero ellos sí lo saben. El sistema es totalmente desigual, creo que las corporaciones económicas van a dominar el mundo inexorablemente. En los países hay tripartición de poderes; en el mundo económico hay concentración económica. En los gobiernos republicanos, hay un sistema de publicidad de los actos de gobierno. En el sistema económico, hay secreto bancario. Si medimos a los países con relación a las corporaciones económicas, tienden a desaparecer los países. Si un país invadiera a otro, se produciría una guerra. Ahora, si las corporaciones económicas invaden un país, no pasa absolutamente nada. Entonces, es una lucha desigual. Se han apoderado del sistema económico y el sistema financiero y ahora se están apropiando del sistema político, que tiende a desparecer. Entonces, yo digo, no me vengan a hablar de Estado de Derecho, de división de poderes… Eso es una banalidad frente a lo que está sucediendo, que es la apropiación de los sistemas por parte de las corporaciones económicas. Porque, en definitiva, se convierte en un dispositivo simbólico del poder, como explicaba anteriormente. En la época de la monarquía absoluta, de las teocracias, el rey te partía la cabeza o quemaba a una mujer en la hoguera, en el nombre de dios. En tiempos más recientes, también los académicos intentaron imponer sentidos de verdad en nombre de la ciencia. El Poder Judicial hace lo mismo, en nombre de la justicia. Los medios de comunicación, lo mismo, en nombre de la verdad. Y los sistemas económicos destruyen y esquilman al pueblo en nombre de las instituciones políticas. Creo que el poder de lo simbólico es muy fuerte. Yo lo he vivido tantas veces… Cuando a un medio de comunicación le gusta una noticia dice “La justicia dispuso tal cosa”. Y si no, “El polémico juez Arias determinó que…” El poder de lo simbólico, de los valores, de los sistemas políticos, de dios, de la verdad, son dispositivos muy peligrosos.

Luis Federico Arias. Fotografía: Diego Grispo.
Luis Federico Arias. Fotografía: Diego Grispo.

Que se construyen con lenguaje y que están siendo muy eficientes.

Fijate que, en su campaña, Macri difundió sus propuestas en base a los principios republicanos. Utilizaron emblemas institucionales para imponer la dominación económica. ¡Las cosas que se han hecho en nombre de la democracia…! La posmodernidad o hipermodernidad es un poco eso: la caída de todos esos fetiches y su poder simbólico. Ahí están todas las discusiones entre los teóricos que intentan imponer, a partir de allí, un individualismo a ultranza: que se ha terminado la historia, que han muerto las ideologías, que ahora somos libres, que no nos domina nadie… Otra mentira. Yo creo mucho en la asociación, en el valor de lo asociativo.

 

SATÉLITES INTUITIVOS

“En otros satélites de otros / sistemas cualquier cosa como gente /
Continuará haciendo cosas como versos y viviendo por debajo de cosas como letreros, / Siempre una cosa enfrente de otra,  /Siempre una cosa tan inútil como la otra, /
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real, / Siempre el misterio del fondo
tan cierto como el sueño de misterio de la superficie, / Siempre esto
o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra. / Pero un hombre entró en el Estanco
(¿Para comprar tabaco?), / Y la realidad posible cae de repente encima de mí. /
Me semilevanto enérgico, convencido, humano, /
Y voy a intentar escribir estos versos en que digo lo contrario.”

Fernando Pessoa, “Tabaquería”

En un momento usás una metáfora muy linda respecto de los valores: “Los individuos, debemos orbitar los valores como este planeta lo hace con nuestra estrella central: suficientemente cerca para aprovechar su energía, y sobradamente lejos para mantenernos a salvo de su incandescencia.” ¿Cuál es el peligro de esa incandescencia? 

Bueno, yo noto precisamente que, en nombre de los valores y de los principios, muchos utilizan su poder simbólico para aplastar las diferencias o imponerse frente al adversario. No propongo un nihilismo, donde todo es relativo y todo vale, donde no hay ninguna verdad. Creo que sí hay valores en los que uno debe creer, pero siempre de un modo relativo, soy un relativista axiológico. Creo que los valores deben ser armonizados entre sí, porque a veces están en disputa y son manipulados… El debate sobre la legalización del aborto, tal como fue presentado, fue eso: el derecho a la vida por un lado y el derecho a la libertad de la mujer por el otro… Valores en puja. Y la luz de los valores puede dejarnos ciegos.

Los hechos van por delante, digamos.

Tal vez sí, pero los valores se construyen colectivamente “en” los hechos, no en la proclama. No estoy de acuerdo cuando se dice que la gente es manipulada por los medios. Sí, los medios hacen lo suyo, pero si creemos eso debemos pensar que la gente es tonta. Hay que pensar qué valores, intuiciones y sentidos están en juego.

Franz Marc. "Criaturas míticas".
Franz Marc. “Criaturas míticas”.

Igual hay un desequilibrio de poder entre quien produce la noticia y la gente.

Claro que lo hay, pero fijate: a mí los medios me han dicho de todo y yo tengo con la gente una comunicación que ellos no han podido destruir. Cuanto más me han pegado, más gente me defendió. Pero creo que la gente se retrae cuando ve que la acción no coincide con la proclama. Hay representantes políticos que dicen “la patria es el otro” y te hablan en nombre de valores muy caros como la solidaridad pero, después, le pisan la cabeza al compañero que se interpone en su camino. Otros utilizan la simbología de Perón y de Evita para hacer precisamente lo contrario a los valores de esos líderes.

Cuando hablás de que creés en la asociación, en lo asociativo, ¿hablás de asociaciones de base?

Claro. Sí, es el ámbito asociativo por excelencia. Pero también lo digo en general, más allá de las divisiones parcelarias. Hablo del consenso, sobre la base de lo plural y lo diverso, de lo que puede llegar a identificarnos más allá de la extracción política o sectorial.

Ahora, en esas asociaciones de base, ¿qué se ha opuesto como alternativa a la estrategia de lenguaje de ellos?

El sentido es lo que se disputa, no el lenguaje. Y el punto también es que muchos, entre nosotros, no pueden decir nada nuevo, no pueden decirlo porque no han sido consecuentes con su discurso. Fuimos perdiendo palabras y sentidos: no hablamos de “cambio”, ni de “corrupción”. Las derechas, poco a poco, se apropiaron de esos términos y nosotros lo consentimos. En el campo popular hay quienes se van a salvar y otros no, porque la sociedad va construyendo nuevos sentidos. A veces, eso no se racionaliza. Vos preguntás en la calle qué piensan de fulano y te dicen “Es bueno” o “Es malo”. Pero, ¿por qué? No te saben explicar. Porque hay otra dinámica del poder en base a intuiciones.

Zaida del Rio.
Zaida del Rio.

En el micromundo se viven los mismos conflictos que en el macro poder. Con lo que vos vivís en tu oficina con tu jefe -que es un hijo de puta opresor o, al revés, donde vivís una situación de concordia y diálogo-, con eso medís qué sucede afuera. Por eso hablo del sentido más que del discurso. En cuanto al lenguaje, no solamente es la palabra. Si no, pregúntenle a María Eugenia Vidal, ella ganó por su lenguaje corporal. La lucha es muy desigual, por supuesto, en el plano del lenguaje y en el de los sentidos, pero también creo que en la gente hay intuiciones que deben ser tomadas en cuenta. 

¿A qué llamás “la gente”?

Hablo de los sectores que no representan al poder dominante. De ahí, todos.

 

LA HOGUERA DE LAS VANIDADES

            “No está escrita aún, / como un caballo largo. / Se la ve tan claramente /
en el árbol que fue, convertido en vanidad. / Ella ocupa la desolación y
nada se le concederá. / Ni el asombro idéntico a ella misma. /
Sólo busca un recuerdo donde pueda / ser suave y, en un momento, niña. /
Cierra los ojos ante el viento / que agita su pollera y /
sobre ella cae la vida continua.”

Juan Gelman, “Dafne”

Es curioso, en toda tu defensa contra el tarifazo, cómo se callaron los otros jueces. Uno puede pensar que ellos están cuidando su lugar, su trabajo. Pero me pregunto qué nos pasa a nosotros, que nos están cobrando cinco, siete o diez mil pesos de gas y esperamos a que un juez o alguien nos venga a representar. ¿Nos faltan recursos de lenguaje, capacidad organizativa?, ¿nos falta rebeldía?, ¿por qué no salimos todos por eso?

Porque no estamos acostumbrados, porque no tenemos una dinámica de lucha, esperamos que otro nos resuelva nuestros problemas. Ahora se está gestando cierta rebeldía. Creo que, dentro de todo lo malo que sucede, eso es lo bueno.

Pero, mientras la dinámica se gesta, el pozo se hace más profundo.

Bueno, pero pasa eso en la vida personal, en la vida social…. Es la experiencia del trajinar, es el devenir. A veces hay que tocar fondo para resurgir.

¿Vos decís que es inevitable esto de llegar tan hondo para empezar a salir?

Sí. Creo en los ciclos, en el carácter dialéctico de la historia.

Zaida del Río.
Zaida del Río.

Igual, estos ciclos son distintos. Se avanzan diez pasos, se retroceden cuarenta. Queda mucha gente en la miseria para toda su existencia.

Bueno, pero es también parte del aprendizaje. Yo digo: tropezamos tantas veces con la misma piedra… Entonces, tengamos conciencia y tengamos memoria, y el día que haya de nuevo un gobierno popular, hay que avanzar con mucho, consolidar las conquistas y clausurar otras para evitar que vuelvan a suceder.

¿Por ejemplo?

Y, yo creo que hay que avanzar en un cambio constitucional urgentemente. Hay que avanzar. Muchos estamos trabajando en eso. Pero a veces es difícil luchar contra las vanidades. Pasan esas cosas, qué sé yo… esta semana participé de un encuentro sobre cambio constitucional, donde había destacados juristas y otras personas destacadas del campo popular. Éramos treinta personas y todas discutían entre sí, querían crear comisiones y estar al frente de ellas. Bueno…, así no se puede. Estamos peleando contra una lógica de la cual estamos contaminados.

Imagino, por lo que decías antes, que una de las cosas más importantes para consagrar en ese cambio constitucional sería poner un freno a las corporaciones que se apoderan de los países.

Ese es, para mí, el desafío del Derecho en este nuevo tiempo. Claro que sí. La prohibición de monopolios u oligopolios, así como la fuga de capitales, el desarrollo de la economía popular, la protección de las PyMES, la consulta popular para endeudamientos y las mayorías legislativas agravadas para ciertas políticas regresivas, entre otras cuestiones.

¿Y cómo defenderse en esa lucha desigual? Eso tiene un precio. 

Y, sí. Pero también es cierto que no somos tan importantes en el mundo como para que vengan todos a liquidarnos.

Luis Federico Arias. Fotografía: Diego Grispo.
Luis Federico Arias. Fotografía: Diego Grispo.

Pero, por eso mismo, somos más fáciles de liquidar…

Por eso hay que hacer un equilibrio. Creo que AMLO, en México, está tratando de hacer eso. Él va a Estados Unidos y dice “Bueno, vamos a tener relaciones cordiales…” No ataca frontalmente al imperio, pero hace lo que debe hacer para mejorar las condiciones de vida de su pueblo. 

Como Kirchner con Clarín.

Bueno… Un poco él también intentó eso en su momento. Pero, después, cuando se dio la batalla, hubo tal vez una subestimación de lo que se tenía enfrente. Y hubo muchos errores también, eso hay que reconocerlo. Si a Clarín se le hubiera aceptado la propuesta de readecuación, las cosas hubieran sido diferentes. Después había tiempo para discutir si tenían testaferros o no… Pero no se le aceptó la propuesta, ellos se radicalizaron, se fortalecieron y terminaron aplastando la ley de medios. Se cometieron errores. Me parece que lo fundamental es ir logrando consensos mayoritarios para gestar un contrapoder. El poder es consenso. 

Ayer escuché que, sin la reforma previsional, nunca se hubiese podido tocar el fondo de sustentabilidad. Fueron los legisladores…

Y lo mismo con el pago a los fondos buitres, en mi destitución también, en la aprobación del endeudamiento… Quien me acusó a mí fue Julio Conte-Grand, a quien votaron unánimemente en la Cámara de Senadores. Julio Conte-Grand ni siquiera era de la provincia, porque la Constitución exige dos años de residencia y él no los tenía, pero lo votaron igual, a pesar del impedimento constitucional y de haber sido funcionario de Vidal:

Wu Guanzhong.
Wu Guanzhong.

porque él era Secretario Legal y Técnico de la provincia, un cargo ligado directamente a la gobernadora. Lo votaron en un trámite inusitadamente rápido todos los bloques, por unanimidad, a excepción de Mónica Macha. Lo votó hasta La Cámpora. Algo parecido ocurrió con cada uno de los presupuestos y sucesivos endeudamientos de Vidal: el reparto prebendario por encima de las convicciones, los postulados partidarios y las necesidades de la gente. Que no le echen la culpa a nadie, si después la gente no confía en los representantes del campo popular. Tiene que haber una depuración. 

 

DOBLE TARJETA ROJA 

“Me mido a mí mismo / En un árbol alto. / Descubro que yo soy mucho más alto,
Porque alcanzo directamente al sol, / Con mi ojo; / y alcanzo a la orilla del mar /
Con mi oído. / Aún así, no me gusta / La forma en que las hormigas

Entran y salen de mi sombra.”
Wallace Stevens, “Seis paisajes significativos”

¿Querés volver a ser juez?

Yo voy a donde me lleva la vida. Cuando estaba en la función judicial, por mis fallos, algunos me preguntaban si no tenía miedo. Yo decía “Una vez que le perdí el miedo a la muerte, ya no le temo a nada”.

Pero, con esta idea tan horizontal de las cosas, meterse en algo tan vertical… No sé si te lleva el viento ahí. Hay una decisión…

Mirá, te digo esto: no hice carrera judicial. Antes de ser Juez, ejercí la profesión libremente en ámbitos públicos, ligados a lo político. Fui militante político de la JUP en la Universidad. Siempre mi visión fue política. Ocurre que, desencantado de todas las cosas que vi en ese tiempo, me volqué a lo profesional. Hice la carrera de grado, hice el postgrado, luego el doctorado, siempre con esa necesidad de refugiarme en la lectura, en las cuestiones teóricas del derecho. Tal vez, como una vía de escape. Y concursé para juez, para tener un antecedente más, pero no pensaba acceder a la magistratura. Frente a la posibilidad cierta, me convenció una amiga, que fue convencional constituyente en la Provincia, Sonia Herrera, que ahora es secretaria del juzgado. Porque yo detestaba el ámbito judicial.

Max Ernst. "Una semana de bondad".
Max Ernst. “Una semana de bondad”.

Con mi viejo, cuando recorríamos los pasillos de Tribunales, vi muchos abusos y arbitrariedades: estaba la puertita de al lado, por donde entraban tipos muy trajeados, mientras el resto teníamos que hacer la cola en Mesa de Entradas. Yo, encima, no sabía nada de fútbol. Y, si no hacías alguna chanza futbolera, nadie te daba bola. Yo tenía que lidiar con ese mundo autoritario, patriarcal, machista y misógino. Yo veía la permanente manipulación de las causas por parte del Poder Judicial. Al comentarle esto a mi amiga, ella me dijo, “Justamente, por todo eso, vos tenés que ser juez, para cambiar las cosas”.

Hace un rato hablábamos de teorías y hechos. Al leer tus textos, nos llamaron mucho la atención las notas al pie y los epígrafes, como homenajes a algunas ideas muy poderosas que hablan, en su mayoría, en contra del triunfo. Vimos ahí, como una apología de los perdedores. En las notas al pie hay lucha .¿No creés que el lenguaje es, en algún punto, un hecho?

Sí, claro. Sí, sí. Lógicamente, el problema es que la escritura es una cosa y el lenguaje otra. El lenguaje es mucho más abarcativo, también involucra -como ya dije- lo gestual, lo corporal. Me parece que, por eso, dentro del ámbito académico, algunos locos siempre ponemos bombas, vamos minando con palabras el terreno académico del poder, para reivindicar a quienes quedan afuera del Derecho. Reivindicar a los perdedores es reaccionar contra el éxito como un modo de realización personal, conforme al ideario liberal e individualista. 

¿El ámbito político puede ser un próximo espacio para vos? 

Es algo que se discute todo el tiempo. Hay algunos sectores expectantes, deseosos de saber si voy a participar de la actividad política. No lo descarto, se me han cerrado los caminos dentro del Poder Judicial. Pero, si tomara esa decisión, no lo haré del modo tradicional, sino privilegiando el consenso popular antes que la lucha despiadada.

¿Creés que este gobierno va a terminar pronto?

En primer lugar, creo que este gobierno hace daño y que, cuanto más rápido termine, mejor. Es como cuando uno tiene una enfermedad: quiere curarse. No sé si este gobierno va a terminar su mandato porque el deterioro social es enorme…

Ever Fonseca.
Ever Fonseca.

¿Creés que existe la posibilidad real, no delirante, de hacerles asumir la deuda con el FMI, de declararla no legítima o de expropiar, por ejemplo?

Ojalá. Me pareció interesante que el fiscal Di Lello lo haya procesado a Macri por endeudarse sin consentimiento del Congreso. Creo que ha sembrado una semilla como para poder, en su momento y desde el punto de vista legal, declarar la nulidad del acuerdo con el FMI.

¿Alguna vez pasó?

No, pero hay que discutir el fondo, lo político. Si son estas organizaciones las que se apropian de los espacios institucionales y ponen a sus títeres, ¿cómo eso va a ser legítimo? Si ellos generan esto, no pueden después venir a reclamar sus beneficios. 

El tema es que no vengan a presionar con sus soldados…

Siempre habrá riesgos, pero igual hay que intentarlo, porque así también se consolidan las experiencias, así se consolida el Derecho, en la lucha. Si uno no abandona el espacio de confort y no pelea por alguna cuestión que considera válida, les dejás más espacio para que ellos avancen. Esto que está pasando es consecuencia, justamente, de lo que generaron los gobiernos populares en América Latina. Fueron como un faro en el mundo: “Syriza”, “Podemos”, se inspiraron en estas fuerzas.

 

UN CLAN PARA EL HORIZONTE

“Tregua de vidrio
el son de las cigarras
taladra las rocas”
Matsuo Basho, haiku

Con respecto a la venganza, ¿pensás que, más allá de todo el aparato que tienen, hubieran podido hacer lo que hicieron, si en la subjetividad de cada uno, de la mayoría, la venganza no fuera un valor cuidado?

Ever Fonseca. "Los padres del agua".
Ever Fonseca. “Los padres del agua”.

El poder económico no tiene sentimientos de venganza, de amor ni de odio. En cuanto a la gente, creo que muchos se sienten atacados por lo diferente, por los mitos y estereotipos que se construyen. Muchos se sienten amenazados frente a ciertas diversidades. No sólo frente al negrito nigeriano, sino también al negrito del conurbano. Algunos, si pudieran, tirarían napalm en las villas Hay un fascismo social que crece y se desarrolla al amparo de los gobiernos. Así ocurrió, por ejemplo, en septiembre de 2016, cuando Mauricio Macri consideró que el carnicero que persiguió con su auto, embistió y mató a un delincuente en Zárate “debería estar con su familia, tranquilo, tratando de reflexionar en todo lo que pasó”. Más que venganza, es odio social y racial.

Más allá del insulto y la segregación, hay algo que funciona en este miedo. Casi todo el mundo está aburrido de repetir su vida y, sin embargo, el enemigo es el otro, el que propone justamente una diferencia. Parece como contradictorio. 

Este sistema capitalista, burgués, se ha asentado sobre la base de la familia como núcleo básico de la sociedad. A diferencia de eso, el hombre nómade vivía en clanes. Las tribus se juntaban para cazar. ¿Cómo cazaban un mamut? No era una tarea individual, ni siquiera del clan. Tenían que ser varios, generar estrategias de cacería y compartir los alimentos. Cuando el hombre se hace sedentario y no tiene necesidad de salir atrás de su alimento, sino que los puede acopiar, puede criar animales en un corral, ahí aparece la noción de la propiedad y del capitalismo. Aparece en función de un espacio físico, donde uno vive con su familia -ya no el clan- y puede disponer de sus bienes. Entonces, quien no tiene granos acopiados se muere. Y ahí empiezan las guerras más importantes, porque el que no tenía se quería apropiar de los granos del otro, el que no sabía manejar las cosechas robaba los granos del otro. Todo este sistema está asentado sobre la familia. La familia quiebra el sentido asociativo. Me cuesta hablar de esto en algunos ámbitos, porque la familia es un valor muy apreciado en la sociedad. Ocurre algo parecido con el trabajo. La apropiación de la fuerza del trabajo a cambio de dinero es la principal estrategia de dominación en las sociedades capitalistas. “La cultura del trabajo” ¿qué cultura? Prestar tu fuerza física o intelectual a otro a cambio de dinero no es una opción, sino una necesidad de supervivencia. La familia, el trabajo, los mandatos reproductivos, son todas construcciones culturales asociadas a la dominación patriarcal y capitalista. Se exhibe mucho más claro con la mujer: “Estás de novia, ¿y para cuándo los confites?”, se decía antes. Luego, ¿para cuándo los niños? Y, después del primero, ¿cuándo viene el hermanito? Así se construyen y reproducen los mandatos. La monogamia también es parte de eso. Una cosa es que la elijamos y otra que venga impuesta. Es muy difícil hablar de estas cosas porque, cuando tocás ciertas fibras, la gente suele reaccionar de mala manera. Pero creo que, sin destruir esos valores, se puede avanzar a hacia otras formas asociativas que superen esos esquemas de organización social. Se dice “Yo quiero que mis hijos estén bien”. Claro ¿y los hijos del vecino?, ¿qué?, ¿el vecino no tiene hijos que merezcan estar bien?

¿Qué tipos de asociaciones vislumbrás como posibles en nuestra realidad de hoy? Y también, ¿qué de inesperado podemos esperar como forma asociativa en estos tiempos?

Friedel Dzubas.
Friedel Dzubas.

Esta etapa de crisis va a dar frutos sociales importantes. Apuesto a eso. Va a despertar conciencias y ya lo está haciendo. La necesidad de juntarse para hacer frente a ciertas decisiones. A veces no sabemos cómo, pero sabemos hacia dónde ir. Yo formo parte de la Red Nacional de Multisectoriales, que es muy horizontal y, desde muchas redes, charlamos sobre tarifas y demás. Bueno, las tarifas son la excusa, creo. Lo importante es el encuentro, el acompañamiento recíproco. Observo mucho entusiasmo en la militancia, en las organizaciones sociales. Están surgiendo nuevos liderazgos y eso es muy esperanzador.

Cuando me venga la boleta del gas, te mando un whatsapp para que me recuerdes esto.

¿Sabés qué pasa? Hoy es muy difícil hacer algo que supere el estado de queja. Siempre ponemos expectativas en que otro venga a solucionar nuestros problemas comunes, cuando la solución está en nosotros mismos. Hay que organizarse. Cuando me mandes el whatsapp, te conecto con las Multisectoriales en Red, para que te indiquen cómo leer la factura y observar si hubo alguna irregularidad, o bien, para que te asesoren sobre la forma de hacer el reclamo por la irrazonabilidad de la tarifa.

¿Pero qué se puede hacer en lugar de la cautelar?

Conciencia. Me da pena decirlo, pero poco y nada se puede hacer. La esperanza es que, en un momento, nadie la va a poder pagar. Ya está sucediendo ¿Y qué van a hacer las empresas cuando nadie pueda pagar? Se va a caer el sistema, se va a caer a pedazos y va a ser necesario montar otra cosa.

¿Y qué pasaría si muchísimos dejáramos de pagar?

Eso requeriría mucha conciencia política. Porque el que la pueda pagar no va a dejar de hacerlo. Todo esto lo hemos discutido tanto… Cuando comenzamos a tratar la cuestión tarifaria en 2016, sabíamos que este iba a ser el punto crítico del gobierno porque afecta la estabilidad del hogar. Esto va a generar una crisis tremenda, y ahí habrá que estar preparados porque esa crisis puede arrastrar al gobierno. Todo tiene un costo. El gobierno no se va a ir así nomás. La crisis se está cobrando vidas todo el tiempo. ¿Sabés cuánta gente muere electrocutada porque se quiere colgar de la luz? No se habla de eso, pero muere gente permanentemente. Acá, en el barrio, hay cuatro casillas porque la sección de los cables no soporta la tensión del consumo, porque no tienen gas y, para calefaccionar, ponen estufas eléctricas. Así se les prende fuego la instalación.
Yo no soy un optimista porque hablo de una esperanza.

Luis Federico Arias. Fotografía: Diego Grispo.
Luis Federico Arias. Fotografía: Diego Grispo.

Sentís que hay un vientre donde se está gestando esa esperanza.

Exacto, lo expreso desde el pesimismo. Yo digo, como Saramago: “no es que sea pesimista, la realidad es pésima”. Es que sólo el sentido crítico de los pesimistas puede llegar a modificar las cosas, porque si fuera por los optimistas…

 

LA SOCIEDAD DE LOS JURISPOETAS VIVOS

   “Como decimos aquí: las heridas de la boca se curan con la propia saliva. Ese es el servicio que prestaremos aquí, tú y yo, de uno y otro lado de las palabras. Yo doy la voz, tú la escritura. Para salvar a Luar-do-Chão, el lugar donde aún continuamos naciendo. Y para salvar a nuestra familia, que es el lugar donde somos eternos.”
Mia Couto, “Un río llamado tiempo, una casa llamada tierra”

¿Te gusta mucho la ficción? Nombraste a Saramago, a Borges… ¿y la poesía?

No, la ficción, no mucho. La poesía, sí. Pero tampoco soy un gran lector de poesía.

Al principio decías que te gusta mucho escribir pero que no tenías, hasta ahora, el tiempo para hacerlo. ¿En qué registro lo harías? ¿Escribís poesía, por ejemplo?

No, me inclino más por el relato, la narrativa, aunque mi vida está muy ligada al arte, a la música y, en particular, al canto folclórico, tiene que ver con mi raíz. Cuando mi viejo se fue, en el ’76, me quedé muy solo. Extrañaba mucho a mi viejo y una forma de traerlo era con la guitarra. Mi abuela materna nunca quiso que yo aprendiera a tocar la guitarra. Ella mandaba en la casa familiar. Mi viejo era muy bohemio, muy vago. Y entonces ella no quería que yo fuese como él. Aprendí sólo. La música me acompañó siempre, pero como una cosa muy mía, muy íntima, no compartida. Escribí algunas canciones, algunas cosas que tengo guardadas.

RESURECCION DE LA ALEGRIA (Armando Tejada Gómez - César Isella)     

¿Y qué aporta lo poético a lo que vos decís en tus escritos?

El desarrollo de la creatividad. El arte y la poesía te permiten explorar otras dimensiones posibles, impensadas desde lo convencional. Muchos de mis amigos más cercanos son poetas. María Neder, en Salta, Eduardo Manso, en Berisso, Julián Axat, en el ámbito jurídico. No es un jurista, yo digo que es un jurispoeta, porque concilia ambas facetas. La poesía es una forma magnífica de transmitir. A mí me llevaría mucho tiempo transmitir algo que un poeta logra con cinco palabras. La síntesis, la metáfora, el arte en la palabra.

 

LA LENGUA PADRE

“Yo miro tu recuerdo náufrago.
Y aquel pájaro ingenuo
Bebiendo el agua del espejo.”
Vicente Huidobro, “Astro”

El otro día vimos “La noche de los 12 años” y nos impresionó cómo, aislados y con la prohibición de hablar, Rosencof y Huidobro, dos de los presos protagonistas, inventan un sistema por golpes en la pared para comunicarse. Y uno escribía poemas con ese método.

Max Ernst. "Pájaros rojos".
Max Ernst. “Pájaros rojos”.

Creo que el arte y la poesía –si es que se puede trazar alguna diferencia entre ambos- tienen efectos terapéuticos, sobre todo, en contextos de encierro y de adversidad. De allí la importancia de acercar estas herramientas a niños y jóvenes, como parte de la política cultural, frente a un contexto de violencia generalizada y desamor. Lamentablemente las orquestas juveniles, los talleres literarios y otras iniciativas culturales fueron desarticuladas por este gobierno, porque atacar el arte es una forma de sometimiento social. 

Ahí -a veces- nace la poesía, cuando los chicos se dan cuenta que no pueden decir todo y empiezan a inventar. Para que los grandes inventen, hay que desmontar mucho de lo aprendido.

Es verdad, construimos muros alrededor del niño interior, tratamos se ajustarnos a las convenciones y a los mandatos. Pero también es cierto que el arte, en estos tiempos adversos, ha contribuido a mostrar aquello que no se puede ver ni explicar. La adversidad motiva la creación. Por eso que comentabas de “La noche de los 12 años”.
Recuerdo particularmente un disco, “Desde La Cárcel” (1985), de Adrian Goizueta (músico argentino radicado en Costa Rica), quien musicalizó diversos poemas de prisioneros políticos durante la última dictadura militar. Al escuchar una de las canciones, “Compañera”, no podía dejar de cantarla.

Con el tiempo me animé a cantarla en público, es de Luis Salinas, no el músico, sino uno a quien le decían “El Piraña” y que estuvo en la cárcel, en la Unidad 9 de La Plata. En la canción es el hijo quien le habla a su madre, desde su lugar de gestación, pero que es como un claustro. Yo siempre conviví con eso, con el arte, con músicos. Mis amigos son, también, músicos. Te podría decir que hoy, con la persona con que más dialogo es con Luis Salamanca, un jujeño, de la Peña “La Salamanca”. Y ni te digo cómo son los encuentros con compañeros, con esto de las tarifas: muchas veces terminan en guitarreadas, siempre, cantando…

 

A CONTRA INTEMPERIE

   “La tinta descoloniza. Su duda constante desolidifica las palabras de la historia.
Caen siglos enteros y se abre una fruta suculenta.
Este no es el futuro al que estamos habituados, pero es el
que abren las acciones de la tinta. Algo irradia aquí producto de una distancia
rebelde y fértil, construida a la intemperie. Una desobediencia letrada.”

Eduardo Lalo, “Intemperie”

¿Tenés miedo?

Max Ernst. "El hombre pájaro".
Max Ernst. “El hombre pájaro”.

No. Y te lo digo con absoluta sinceridad. Nunca tuve custodia en mi casa. No tengo miedo y creo que el miedo es una de las principales formas de dominación. Se manipula a la gente con el miedo, se juega con la subjetividad. Es muy potente. Por eso creo que hay que despojarse, transitar la vida como viene. Cuando mis chicos tenían cinco o seis años, iban a la escuela en bicicleta. “¿Cómo los vas a mandar en bicicleta?”, me decían otros padres. Y, bueno, les robaron la bicicleta, sí… Bueno… Hay que transitar la vida como viene. Creo que el miedo es tremendo.

¿Qué pensás de la cárcel como castigo?

Es una forma de violencia, de disciplinamiento. Pero hoy no es la más importante. Las sociedades típicamente foucaultianas, de encierro están en decadencia. Porque la cárcel implica, por lo menos, el reconocimiento de la otredad: al preso tenés que alimentarlo, tenés que curarlo, aunque de un modo inadecuado o insuficiente, pero lo tenés enfrente, tenés una persona que está sufriendo, lo ves y el Estado tiene responsabilidades. En este nuevo tipo de sociedades, es al revés. No se trata de meter a todos adentro -en la escuela, la fábrica, la cárcel, el hospicio- sino más bien, de que no entren, de que estén todos afuera. Crecen los lugares de abandono, crecen los basurales a cielo abierto de personas, donde vos te podés desentender de la otredad. 

Como la nave de los locos. Dejarlos en la inmensidad, a la deriva. 

¿Qué es lo que pasa en esos casos? Cuando vos estás afuera de todo, generás estrategias de supervivencia en asociación. Las ollas populares, por ejemplo. Cuando hay una mujer golpeada en los barrios, no van a hacer la denuncia, van las propias mujeres y cagan a trompadas al tipo o le clavan un puntazo. ¿Es absurdo? No, es una forma de organización. Y aparece el robo también, como un modo de supervivencia. Que no me escuchen los jueces penales, pero ¿qué vas a hacer? Si dejás a una persona al borde de la indigencia y de la muerte, en la miseria, tiene que asociarse y buscar la forma de sobrevivir de algún modo. 

Luis Federico Arias con El Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Luis Federico Arias con El Anartista. Fotografía: Diego Grispo.





¿Y EL TRAZO, DÓNDE?

Lo inesperado: Entrevista a Ricardo Bartís

Entrevista: Alicia Lapidus, Lourdes Landeira, Gabriela Stoppelman
Investigación: Lourdes Landeira, Noemí B. Pomi, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

  ¿Es un imperio / esa luz que se apaga / o una luciérnaga?”
“La cifra”, Jorge Luis Borges

 

Titila. En el momento en que la luz desasida se repliega, deja entrever una sombra. Hay un instante de alivio, un menguar del temor más oscuro: quedar encandilado por la propia luz. Pero toda la paz dura la cifra esquiva de un pulso. Y, después, la pendiente, seducida por vaya a saber qué aliento de la noche, va hacia la clausura. Eso sí: quedan huellas, líneas borroneadas, donde desacomodar el recorrido de viejos caminantes y, luego, vacilar: ¿y ahora?, ¿hacia dónde, el trazo? El espacio es una infinitud sin raíces. Desde lejos, llegan los fulgores de una multitud tan apiñada, que no deja lugar al claroscuro. Desde adentro, susurran las curvas de algunas siluetas. Merodeantes, errabundas, patrullan los cruces y los desvíos para ver si -por fin- logran un encuentro entre sus contornos  y el ritmo de ese titilar. En el clima de la escena, la niebla es un telón disperso, que también se esfuerza en espesores y transparencias. Algunos piensan que es mejor atravesarla. Otros proponen vencerla. No falta quien sugiera la posibilidad de habitarla.  Entonces, se siente un escozor en el aire. Una inquietud en la caligrafía de los cuerpos insiste, ¿y el trazo, dónde? Por suerte, nunca falta el tipo servicial que agarra la escoba y barre la queja hasta acorralarla en una esquina. La misma esquina donde hacen cola el Texto Monarca y la Reina Representación. Igual, el terreno nunca queda del todo despejado. Permanecen siempre las cicatrices, esas filigranas de género plegadizo, con un ruedo tan dispuesto a extender sin límite la tela.  Mejor atender ese asunto entre una luz y otra. Para que el trazo no se eclipse con efectos y no se prive de afectos. Para estar dispuesto a la corrida cuando larguen a los toros. Y que se vengan los cornudos. Y tititar.

 

Wilfredo Lam. "Sín título." 1947.
Wilfredo Lam. “Sín título.” 1947.

 

HUERFANITA  SIN PARAGUAS

“He desplegado mi orfandad / sobre la mesa, como un mapa. / Dibujé el itinerario
hacia mi lugar al viento. / Los que llegan no me encuentran. / Los que espero no existen. / Y he bebido licores furiosos/ para trasmutar los rostros / en un ángel, en vasos vacíos.”
“Fiesta”, Alejandra Pizarnik

No sé si te llegó nuestra lectura.

Sí, me llegó. Pensé que se habían vuelto locos…

Leímos nomás “Cancha con niebla” y algunas entrevistas. Sé que tenés relaciones ambiguas con el libro…

Sí, pero está bien. Así, a la distancia, diría que por suerte se hizo…

Por ahí, en el prólogo decías que a vos te pasa de leer tus obras y ver los cuerpos que las actuaron. A nosotros, que tenemos la posición de lectores, nos pasa al revés de lo que vos decís, leemos el texto e imaginamos posibles cuerpos y mundo para él.

Obviamente, en el teatro, es una discusión o una toma de posición la ubicación del texto. En el teatro occidental, el texto está hipervalorado. Tiene un lugar de preeminencia y proletariza, por decir así, a las otras áreas. Por supuesto, eso no determina el valor del lenguaje de una obra. El lugar de la representación, el lugar del texto ya lo ha planteado con mucha claridad y lo ha saldado -a mi entender- el siglo pasado. El teatro no es literatura, es una actividad que se da en el marco de la confluencia de relatos, entre los cuales el relato literario es uno de gran importancia, pero no es el único ni el que rige la escena. El que rige la escena es el ritmo, las relaciones entre el tiempo y el espacio con todos los elementos que ocupan la escena y que se narran en el cuerpo del actor. Aparece, entonces, una narración de un estado presente, peculiar y estimulante, que es la actuación. La actuación no es solo la reproducción del sentido de una obra o de un personaje. Es más. Hay todo un teatro, en el cual me incluyo, que cuestiona la noción de personaje, que es una referencia a un sentido formal, a un sentido de realidad, de lógica. El personaje vendría a ser igual que una persona, con “un poco más de algo”. Un poco más dramático, un poco más alegre, un poco más caliente. Algo más, pero muy parecido y medible con lo que sería el análisis del comportamiento que tiene la realidad en relación a la idea de conducta, que es una forma de fijar. En la vida se paga un precio profundo por eso. Y en el teatro representativo también: se paga un precio que es la ausencia del elemento multiplicador, donde más de una cosa está sucediendo, está atravesada por fuerzas que van y vienen y no responden a ningún otro mandato que no sea cierta idea radiante de la escena. Bueno, ahí aparece la subjetividad, lo que le gusta a cada uno. Hay un teatro que abomino, que me aburre, que me parece lejano. Siempre me he sentido bastante ajeno a lo que es dado en llamar la familia teatral. Por supuesto, ahí discrimino claramente el lugar de la actuación.

Ricardo Bartís. Fotografía: Diego Grispo.
Ricardo Bartís. Fotografía: Diego Grispo.

En los últimos doscientos años ha aparecido para la actuación un lugar más formal, más vinculado a un sistema de producción que, si bien sigue siendo enormemente precario, le da una legitimidad que antes, durante siglos, la actuación no tuvo y sí tuvo la literatura. La actuación es huérfana de cualquier tipo de protección o de paraguas. Es pura pulsión, entonces tiene algo degenerado, algo pecaminoso. Siempre lo mismo: fue prohibida durante muchos años por la Iglesia. La religión siempre tuvo una competencia desleal y feroz con la actuación, lo mismo que la política, porque ambas luchan por los mismos espectadores. Hay una tensión producto de la construcción imaginaria de un relato. Tanto la religión como la política -aun la política marginal- tienen detrás y están amparadas por un relato social y por una hipótesis de trascendencia social. La religión lo tiene a Dios. Y no es moco de pavo tenerlo de tu lado, ¿no? El teatro y la actuación son laicos, en ese sentido, no tienen detrás nada que los legalice, a no ser su propio deseo y su propia traducción de algo, de una potencia de lo humano en un marco específico, que sería -valga la redundancia-, el actuar. Hay alguien que tiene unos saberes que son y funcionan de manera casi chamánica en relación al cuerpo social. Se presentan como algunos que puede sintetizar ante el cuerpo social ciertas fuerzas, de las cuales ni la política ni la religión ni otras expresiones pueden hablar o poner en funcionamiento. Sobre todo, el hecho del cuerpo deseante, el cuerpo múltiple, la idea de eso, de no quedar atrapado en un yo, sino en una situación más polisémica, más abierta, de mayor dinamismo.

 

EL TEATRO NO ES UN HUEVO KINDER

 

                                   “Somos la humanidad (…) Somos los animales que hablan y usan el fuego, los que conocen que las dos cosas que más se parecen son el fuego y la palabra.”  “Historia de Yuké”, Eduardo Lalo.

No  quiero dejar pasar lo del ritmo, que mencionabas recién. Describís su importancia en el teatro y eso nos recuerda a la poesía, donde el ritmo es el personaje. Más allá del poema, ¿qué es para vos lo poético?

Marcel Duchamp. "Desnudo bajando una escalera".
Marcel Duchamp. “Desnudo bajando una escalera”.

No sé…, en la vida, uno puede tener la percepción de cuando se manifiesta lo poético. En la naturaleza, serían los elementos poderosos que obligan, de alguna manera, a multiplicar el pensamiento sobre la existencia, sobre lo humano, sobre el sentido. Me resulta mucho más difícil el intento de fijarlo como procedimiento en lo literario o en lo poético puro. Entiendo la idea de la búsqueda de lo poético en el teatro, la entiendo como un intento de liberarse del dominio del sentido, del sentido común, que es el único que hay, lo otro es pura percepción y pura traducción personal de cosas. En ese aspecto, hay un teatro que se somete a las lógicas, a las modas, a lo que se espera de él. El teatro acumula muy ciegamente su tradición, a diferencia de otras disciplinas, que tienen un pensamiento mucho más crítico y más dinámico en relación a sí mismas. El teatro, por su propia naturaleza y por ser un arte que se constituye en base a varias aportaciones -porque confluyen ahí varias fuerzas-, es un arte colectivo, tiene un montón de quilombos para liberarse con mayor simplicidad y mayor comodidad de sus aspectos tradicionales. Y, aparte, en el teatro se implican y están muy presentes las formas de narrar y, en ellas, de una manera mucho más ostensible en el teatro que en otras disciplinas, el público participa activamente. Porque el teatro se constituye en base a la existencia del público que, básicamente, quiere afirmar lo que entiende y lo que conoce, no quiere ser sorprendido en su percepción. O quiere serlo en la medida en que esa sorpresa sea lo suficientemente light, tranquila y simpática como para ser moda.

 

OLÉEE

                                   “Un amigo al que le gustan mucho las corridas de toro suele hablarme de un movimiento que se llama el cruce: el torero no puede moverse y, entonces, en vez de evitar al toro, trata de cruzarse con él…la comparación tal vez sea extrema, pero a mí me parece que hay algunos actores y directores que, eludiendo toda posibilidad de riesgo, ya no se cruzan más con el toro.”
“Actuación, sexualidad, toros” (1995), en “Cancha con niebla”, Ricardo Bartís

 

Se lo preguntamos a varios entrevistados. La mayoría de la gente se queja del hastío, del aburrimiento y de la repetición de la vida. Pero, puesta frente a la posibilidad de la embestida del toro, le parece demasiado ¿cómo entender esa paradoja?

Creo que no soportamos que nos vamos a morir. Inventamos una serie de cosas que no dan resultado. El enemigo del hombre es el tiempo, de manera ineluctable, no hay forma. Entonces, me parece que aburre la conciencia del límite. Por decirlo ingenuamente: nos convertimos en malos porque somos conscientes del límite. Entonces, dañamos o nos dañamos. El hastío y el aburrimiento son inherentes a la existencia, a una existencia de mucho estímulo en relación al no aburrirse, al no estar solo, al ser feliz. Una especie de autoritarismo en relación a la felicidad o al optimismo. En eso cae mucho el pensamiento de izquierda, el pensamiento supuestamente lateral. Tiene como un mandato de optimismo bastante tonto y bastante hincha pelotas. Uno podría decir que, a lo mejor, es preferible eso a las visiones melancólicas. Entre la histeria y la melancolía, prefiero la histeria. Digamos,  si te vas de vacaciones. Pero, en la situación de la creación, en las situaciones vinculadas a no soportar el aburrimiento, lo que hablábamos señala la incapacidad de soportar el tiempo, que es el tiempo de ensayo. Para nosotros el ensayo es dador de lenguaje. No es que en el ensayo se mejora el objeto que ya existe. En el ensayo se inventa el lenguaje. Para entender el teatro habría que ver cómo ensayan las personas. Es ahí donde se discute o se decide el lenguaje.

Willem de Kooning
Willem de Kooning

Hablás del ensayo como de la búsqueda de un talismán. ¿No habría entonces que encontrarlo?

Habría que encontrar las cosas que uno entiende en ese momento y en esa circunstancia, con la fuerza de las personas con que trabajás en cada circunstancia. Entonces, uno -la dirección, digo-, que es responsable de los relatos que circulan dentro de la escena y, por ende, de cómo se ensaya y hacia dónde se va, es quien determina. Siempre alguien dirige, no importa si es el director, pero es quien va a poner los puntos sobre algunos temas: la cantidad de tiempo que empleamos para ciertas cosas, por dónde buscamos, qué no buscamos. En determinado momento, uno quiere una orilla, que haya una orilla, porque si no, uno está metido adentro y tiene miedo de ahogarse. El ahogo sería no encontrar una respuesta estética, no encontrar los elementos correctos. No basta trabajar mucho, tampoco es un problema de voluntad.

 

NO ACUMULO. LUEGO, ELIJO.

Sopla el polvo acumulado sobre las manos y se queda mirando el aire, como si fuera el tiempo pulverizado el que cae”
“Un río llamado tiempo, una casa llamada tierra”, Mia Couto

¿En las clases sucede algo análogo a los ensayos?

No. Las clases son otro asunto. Algunas cosas a favor y otras, en contra. Por un lado, hay una situación que está mediada por el dinero. No es así en el ensayo, donde ganamos todos lo mismo y nadie se puede hacer el tonto. Dependerá de tu capacidad, de que vos puedas sostener ese lugar que se te otorga desde el conjunto. Entonces, como participante común, tenés obligaciones éticas muchísimo más nítidas que las que tenés en el encuadre de una clase. El coordinador de una clase está obligado y, dependerá de su responsabilidad o de su nivel de hipocresía, poder sostener una actividad en la que siempre late un peligro hipócrita: la presunción de que hay aprendizaje, hay circulación de ideas, avance y un lugar donde llegar. La clase vende un poco eso, porque si no, no me garpás. Si no vamos a llegar a ningún lado, vos no vas a aprender nada y todo lo que vamos a hacer es una boludez, vos decís: “Mirá, prefiero gastármelo en una cerveza, con eso voy a tener un estímulo más nítido”. Lo estoy diciendo de una manera muy cruda, pero entre el ensayo y las clases hay una diferencia sustantiva.

Miguel Ángel. "Arqueros."
Miguel Ángel. “Arqueros.”

Igual, ¿la docencia se puede plantar desde otros lugares, no?

Sí, pero yo no soy un docente ni lo seré jamás. Ni este será un lugar vinculado a la docencia. Este es un lugar que hemos inventado, una máquina imaginaria para subsistir y para trabajar lo menos posible y para tomar champagne y jamón crudo. Es eso. Es una máquina de construcción defensiva ante una maquinaria que nos va a aplastar y que demanda que nos profesionalicemos, que sigamos un camino y demás. Esta es la invención de un camino propio -ingenuo, elemental-, pero con mucha distancia con todas las obligaciones que la actividad generaría en términos profesionales. Nosotros ensayamos el tiempo que queremos, no el tiempo que alguien nos determina o reclama. Nosotros decidimos cuándo estamos en condiciones de mostrar el trabajo, decidimos de qué manera lo mostramos o qué tipo de público esperamos tener en contacto. No nos interesa tener un público que venga, una hinchada. No nos preocupa mucho eso. No nos determina en nuestro funcionamiento la cantidad de público que tengamos en nuestras obras para la subsistencia del lugar. Eso lo dan las clases. Entonces, tenemos que dar muy buenas clases y tenemos que estar muy comprometidos con las clases para poder sostener este lugar. Pero las clases son un vehículo para otra cosa.

El sentido común habla de “trabajo digno”. Lo que vos planteás sería que el trabajo, de por sí, sería como indigno.

Tommy Ingberg.
Tommy Ingberg.

No. El trabajo… Yo siempre pensé que no habría que trabajar. La explotación y la pobreza nos llevan a valorar la idea del trabajo. Es la situación de creer que las condiciones en que los seres humanos trabajan les van a permitir acceder al conocimiento y a los procesos de acumulación. Ya está demostrado que eso es falso. El trabajo aliena, el trabajo limita. En general, tenés que trabajar para otro. Entonces, para otro se cuenta plata ajena pero no relato propio. La idea, dentro del teatro y de cualquier otra disciplina, es ver cómo hago para encontrar un espacio que me sea representativo, que me haga estar relativamente contento con eso. Y que, por otro lado, no me haga quedar obligado a seguir lineamientos que no me parecen los más ocurrentes o que no son los que a mí, de modo natural, me salen. Si alguien quiere simplemente actuar, está perfecto que así sea: multiplicar las variantes narrativas en distinto tipo de obras y comprometerse profundamente en la construcción de personajes y sistemas narrativos tradicionales. A esa persona, el teatro más tradicional le da un espacio posible y, además, rentable. Es obvio que debería ir por ahí. Pero también hay que plantear que el margen no es un lugar lumpen, es un lugar que se elige. Yo, desde hace muchos años, elijo y me permito, entonces, tener distancia con lo que serían procesos de acumulación que no me interesan.

 

 CONTRACORRIENTE MONTADA AL  DESEO

            “Como quien dice: anhelo, / vivo, amo , /inventemos palabras, / nuevas luces y juegos, nuevas noches / que se plieguen / a las nuevas palabras. / Hagamos otros dioses / menos grandes, / menos lejanos, / más breves y primarios.  / Otros sexos / hagamos / y otras imperiosas necesidades nuestras, / otros sueños / sin dolor y sin muerte. / Como quien dice: nazco, / duermo, río, / inventemos / la vida / nuevamente.”
Fundación”, Susana Thenon

En un momento decías, “Yo me hice director para encontrar el lenguaje con el que quería actuar”. También hablás de una superposición de lenguajes que hay en cada espectáculo. ¿Cómo es esto?

Ricardo Bartís. Fotografía: Diego Grispo.
Ricardo Bartís. Fotografía: Diego Grispo.

En la literatura, o en la cultura, se acepta la idea de épocas o situaciones que algunas personas reproducen en cierto tipo de procedimientos o modalidades. Esas modalidades harían al estilo. En el teatro y en algunas personas, es bastante difícil reconocer estilos: una peculiaridad, una estética. Al observar, puedo marcar las cosas que se repiten en mi teatro: la muerte, las relaciones de poder, el amor. Aunque eso está en todo el teatro occidental. Claro, hay tres o cuatro temas que son parte del reservorio del teatro y lo van a seguir siendo por diez mil años, de manera inalterable. Pasa también que los lenguajes no son tan pensados. Los pensás después. Pero, en el momento en que ensayás, nadás contracorriente, estás vacío, tenés algunas ideas, aunque sabés que las ideas no hacen al teatro. Y buscás que esas ideas se apliquen a las situaciones. Porque, a mi entender, las situaciones promueven la teatralidad. Igual, esto último que dije está en discusión: hay todo un tipo de teatro próspero, que limita muchísimo las situaciones y los aspectos vinculados a las intensidades producto de los cruces de esos seres. En esas propuestas, queda un teatro más bien expositivo y frío.  Está, claro, la tradición del teatro rioplatense, los personajes, el tema, el costumbrismo, la tradición de un teatro “bien pensante”. Pero es un teatro con el que yo tengo enormes distancias. Es un teatro muy apoyado en lo que los personajes dicen. Para mí el campo visual no es coreográfico, no es escenográfico. Pero, en el teatro oficial, es muy común ver ese monumentalismo visual: grandes puestas donde el espacio está aparentemente muy tratado. Pero, en términos teatrales, el espacio es un bodoque: un mamotreto que se ve ahí, del principio al fin. Algo gira, algo cambia de lugar, aunque, en un sentido profundo, el espacio no tiene ningún tipo de alteridad ni de singularidad poética. No es tratado de manera tal que se multiplique o varíe. Así, las relaciones entre el uso del tiempo y el uso del espacio son obviamente determinantes en la escena y hacen al lenguaje, a las formas narrativas que se tengan. Hay un teatro que tiene claramente planteado reproducir la realidad. Entonces, maneja el tiempo y el espacio con las lógicas que la realidad indica: entra de tal lado, porque allá está tal cosa. Entra de tal manera, porque le pasa tal cosa. Se mueve de tal manera por tal causa, como sucede en la lógica de la realidad. En otros casos, hay una hipótesis de que eso puede no ser así. Ahí hay que tener cuidado con la abstracción, porque el teatro abstracto es también un teatro débil. A ver: lo más abstracto del teatro es que alguien actúa. Eso es lo raro y lo metafísico, por más que uno sepa que ese es un actor, que a la salida lo podés saludar y demás. Inclusive, eso mismo, la identificación del público con los actores habla de algo innombrable, de algo inasible presente en la actuación. La gente no quiere tocar a los personajes ni a la obra de teatro. Le importa un pomo eso. Quiere tocar a la actriz o al actor. Quiere tocar ese cuerpo que está cargado de deseo, ese cuerpo circunstancialmente público y privado a la vez. Eso lo entendió desde siempre la política y ahí nos gana.

Tommy Ingberg. "Collecting ideas."
Tommy Ingberg. “Collecting ideas.”

¿Y cómo podemos disputar esos espacios que ellos vienen ganando?

No hay forma. Esos son espacios perdidos culturalmente para todo: para imaginar, para pensar. Uno no sabe el nivel de influencia que puede producir lo teatral, es incapaz de imaginar el grado de afectación que algún gesto, alguna palabra, puede generar tiempo después en alguien. Quiero decir: todos nosotros nos movemos, hacemos gestos que alguna vez hemos visto actuar a nuestros padres, a nuestros abuelos, a nuestras profesoras o actrices que hemos visto. Lloramos, sentimos, nos emocionamos, tenemos orgasmos como hemos visto. El hombre está condenado por esa situación. Intenta tener y fortalecer su aspecto individual y, simultáneamente, el plano de la forma lo aplasta, lo hace ridículo. Todo el tiempo le plantea su inconsistencia. Y no sabemos cuánto puede afectar eso. Lo mismo, con las políticas de dominio: no sabemos cuánto pueden afectar en nuestros límites para amar, para sentir. Sí vemos que, cada vez, somos peores porque lo que recibimos es peor y nos alimentamos de cosas nefastas, negativas. Nosotros consumimos una inmensa cantidad de basura intelectual diaria. Estamos intoxicados de cuerpos ajenos, operados, de estéticas horribles, brillantes, de corbatas gordas, abominables. Eso es lo que se ve todo el tiempo en la televisión, ese es el modelo. Entonces, tampoco podemos hacer nada para defendernos que no sea producir- de manera ingenua y elemental, sin grandes expectativas revolucionarias-, lo que uno tiene que hacer. Eso es lo que hace el pueblo desde siempre.

Janusz Jurek
Janusz Jurek

¿Por qué hemos superado las crisis? Porque la gente se levantó para ir a laburar, así de simple. Porque se levantaron y se fueron a laburar y laburaron como perros para tener sueños menores. Porque los sueños del pueblo son siempre sueños menores y elementales. Es así de triste. Ahora, yo no tengo ni pío de melancolía. Yo voy al frente como loco. ¿En qué? En lo que hago. Entonces, tengo que tomar distancia de muchas cosas que me debilitarían, me harían perder el tiempo, me harían pensar en que no quiero pensar. No porque piense en cosas muy inteligentes, sino porque tengo que ser bastante ecuánime con mis fuerzas, para ver cómo las distribuyo.

No ser tan complaciente con ese reclamo.

Nunca. Y tampoco con la presunción de tener que ser algo. Yo no tengo por qué ser “off” ni alternativo, yo soy lo que soy. No tengo que demostrarle a nadie el lugar que ocupo, ni para un lado ni para el otro. Me molesta la gente que hace de sus propias decisiones su religión. Hay algo excesivo en la auto referencialidad, donde se pretende transformar en algo heroico lo que es conducta.

 

HORIZONTE EN LO INASIBLE

 

“Oh ese centro errante, vacío, / hospitalario. / Separados, / te caigo en suerte, / me caes en suerte, / uno del otro
caído, / vemos a través: / Lo Mismo / nos ha perdido, / lo Mismo / nos ha olvidado, / lo
Mismo / nos ha –“
De “la Rosa de nadie”, Paul Celan
                                                

En lo colectivo, ¿qué podemos hacer u oponer a estas formas impuestas?

Ahí es más difícil. Uno puede tener actitudes personales de compromiso con lo colectivo, pero no habría que demandarle compromisos de ese tipo a la actividad teatral. Yo veo con bastante cuestionamiento a cierto teatro que se compromete de ese modo y, en general, esconde un hálito conservador, por más que enuncie gestas revolucionarias. Me parece que, para justificar su existencia, trata de apoyarse en un elemento previo a lo que sería la escena. Esto es, el discurso. El teatro argentino ha tenido una tradición muy vinculada al teatro universitario y al teatro de izquierda o de falsa izquierda. Bueno, eso produjo un teatro lánguido, muy conservador. Para decirlo muy brutalmente y armar un poco de jaleo: Teatro Abierto es, a mi entender, una expresión políticamente muy atractiva pero, teatralmente, muy poco aportativa. Es un teatro obligado a legalizar un sentido previo antes de empezar a funcionar. Necesita afirmar cosas que no va a descubrir en la escena, las tiene pensadas desde antes. Las cosas son así y los espectadores que van a ver ese teatro también tienen, desde antes, establecido que eso es así. Y por eso aplauden emocionados y al borde de las lágrimas cuando lo dicho arriba del escenario coincide con esto que sentimos nosotros acá.

Ricardo Bartís con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Ricardo Bartís con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

No hay nada inesperado.

No. Ni está la fractura, no está ese cierto desorden no explicable, donde sí aparecería lo poético: lo inasible que, sin embargo, sintetiza o logra bordear o entrar en contacto con algo que no puede todavía ser ubicado desde las palabras, algo que el campo conceptual no puede organizar.

Entonces. la lógica se desbarata.

Sí. Por lo menos, se desbarata sin que sea necesario hacer grandes cosas raras, porque no  se trata de hacer terrorismo escénico. Yo estoy muy distante de un tipo de teatro donde, como estrategia de resolución, se aplica terrorismo escénico. No solamente el teatro de la imagen- que duró lo que un lirio, como todas las modas conceptuales en esta ciudad- si no también un tipo de teatro que apuesta todo a la intensidad del quiebre: cuerpos desnudos, manchados de sangre, cuerpos tirándose barro… Bueno, me parece una boludez eso. Una cosa tonta, un teatro muy adolescente. Y también me parece muy adolescente un teatro que intenta, para liberarse del problema del relato, que no haya relato. ¡Sos un vivo bárbaro!, pero me parece que evitás meterte con el problema porque, a mi entender, el teatro relata.

Januz Jurek
Januz Jurek

En principio, relata algo de lo humano que es actuar, un relato en manos de esa banda milenaria que actúa, que va atravesando los distintos momentos históricos y produce actuación donde puede, como puede… Ahí yo no hago mucho distingo, no me parece mucho mejor un actor alternativo que un actor del Teatro Nacional. No. Es un aprovechamiento de las circunstancias donde la persona dice: “Mirá, lo único que yo quiero hacer es esto. Y esto no me sirve para nada en la vida y sí me sirve mucho acá. Entonces lo voy a desarrollar”.  Sí entiendo que los buenos actores, cuando aparece el tema del lenguaje- de buscar un lenguaje al actuar- pegan un brinco enorme y se llenan de un entusiasmo. Porque, fuera de esa búsqueda, el límite de la actuación sería la eficacia. Quiero decir: el límite sería haber llegado a un grado superlativo del desarrollo técnico, más allá del cual, solo puedo repetir. Fuera de la búsqueda de un lenguaje, la actuación no tiene otra posibilidad que ser siempre muy parecida a sí misma, aún en su eficacia.

 

HECHIZO COREANO

 

Qué cosa terrible pensar / que mientras yo creo ser centro, / me doy cuenta que nadie por dentro / movería una mano por verme contento, / y no me molesto ni me caliento / y no me molesto ni me caliento. / Lo que no te toca de cerca / se olvida, no importa, se esconde. / Somos como los perros / que tienen un hueso enterrado / y no se acuerdan adónde, / pobres perros casi hombres… / Qué cosa terrible saber / que la vida se achica y se acorta, / y no nos importa y no nos importa / y no nos importa / y no nos importa / y no nos importa, mmm.”
“Y no nos importa”, Jorge Schuscheim

 

El teatro necesita hacerse con otros. Cuando vos como actor o director buscás un lenguaje, tenés que encontrar cómplices, otros que estén a su vez buscando…

Sí. Y no es fácil que sea así. Hay que encontrar gente que esté tan resentida con el mundo, con la realidad y con la actividad, como lo está uno. El resentimiento, dicho simpáticamente, va a ser el soporte, porque no vamos a ganar guita, no vamos a ser famosos, no va a pasar nada con el teatro que yo hago: no le interesa a nadie, no mueve el amperímetro, no soy respetado a nivel cultural, no soy una referencia, no le importo a la política, no le importo a nadie. Y somos lo suficientemente irónicos y, a veces, inteligentes, como para no creernos nuestra propia mitología. Eso, sería como creerse que acá pasa algo muy importante. Y, en realidad, la cosa pasa por miles de otros lugares donde, al mismo tiempo, hay masividad, intensidad. Por ejemplo: la 9 de Julio llena de gente porque viene un grupo de karaoke coreano. ¡Y nosotros creyendo que les movemos el amperímetro a algunos por hacer una versión de Rey Lear! Hay una tentación argentina, que es la idea de la propia mitología: ya que no hay mitología, relato ni creencia externa, para poder vivir tengo que inventarme algo. Entonces, me invento a mí mismo. En toda familia argentina hay un momento en que el padre sienta a su mujer y a sus hijos y dice “Miren lo que papá va a decir” y dice una gansada. Pero todo el mundo pone cara como de ¡Ohhhh!…

Ricardo Bartís. Fotografía: Diego Grispo.
Ricardo Bartís. Fotografía: Diego Grispo.

Mirá lo que dijo el viejo…

Claro. Hay toda una serie de cosas sobre las que podríamos bromear: ¿qué, sino un monólogo personal es el análisis? Uno puede ser todos los personajes que quiera, ser Edipo, matar a su padre, cogerse a su mamá, hacer cualquier cosa y además tiene un espectador fijo. Es cierto que hay que garparle, pero ahí la persona puede ser el protagonista de una serie de intensidades. Y así sucesivamente. Las redes, por ejemplo, son una expresión de un elemento autogestivo, donde cada uno se autodesigna y la gente escribe, hace o actúa para que otro diga “me gusta”. Nada. Una escena donde ya casi no hay necesidad de otro. La situación es inmediata, unos segundos de aparición y ya está. Todos esos elementos no son buenos para el teatro ni para la actuación. La época no es buena si, además, la realidad tiene ese nivel de ficcionalidad y de mentiras. El discurso del poder, por ejemplo, no es meramente mentiroso. Como cualquier discurso desde un lugar que funge sentido, el discurso del poder produce un deterioro psicótico. Es como que tu padre te diga “las cosas están bien” y vos veas que en tu casa todo está como el ojete. No es el vecino de enfrente quien te lo dice, es la autoridad moral que establece las pautas de conducta. Somos una nación golpeada, usada de puchingball, no solamente por los golpes militares, sino por los golpes democráticos, el maltrato, el horror al que nos vamos acostumbrando. Todo eso va generando una reducción enorme en nuestras potencias. Y eso no le hace bien al teatro. Y, además, las cosas son cada vez más privadas, las pasiones son cada vez más cerradas. Me quedo en casa, ¿para qué voy a salir si todo está muy mal? Es toda la idea de la pasión privada… Al teatro hay que ir, eh.  Hay que moverse, te tenés que bancar un rato sentadito con las luces apagadas… y puede que la mayoría de las veces aplaudas, aunque no haya pasado nada, o no mucho. Si el que está al lado tuyo lloriqueó un poco, vos -para no ser menos- decís que sí, te conmovió, pero no te ocurrió nada trascendente. Te pasan muchas más cosas en situaciones más azarosas: en bailes, en fiestas, en una situación deportiva, en acontecimientos donde vos percibís que algo te saca de vos y te coloca en una dinámica de otro orden.

Miguel Ángel.
Miguel Ángel.

No siempre. Yo todavía recuerdo “Postales Argentinas”. Pero no es sólo un halago, pensaba con qué expectativa viene un buen espectador al teatro, porque la expectativa puede también ser una trampa.  Si es muy alta, ningún espectáculo real puede superar esa construcción mental.

Me refiero a que no hay una diferencia muy grande entre el teatro y la política. Lilita Carrió ha sido la diputada con más votos en esta ciudad, o sea, que el término medio de las personas en esta ciudad piensa como esa mujer. Entonces, ese es el teatro que quieren, así como esa es la política que quieren. Habrá política en la medida que haya pueblo y habrá teatro, en la medida en que haya público de teatro. Mirá, no digo que sea mejor, lo menciono como ejemplo: en determinado momento, la gente venía muy particularmente acá o a nuestro otro estudio a ver nuestro trabajo, a sabiendas de que no iba a cualquier teatro. La aparición del Estado, de la legalidad, en nuestros espacios hizo que alguien pueda venir al “Sportivo”,  a “La Plaza”, al “El Camarín de las Musas” o a “Timbre 4”, siendo que, cada uno de esos espacios tiene expresiones y proyectos teatrales totalmente diferentes. Esa hibridización ha debilitado muchísimo a los lugares que dependen de una adhesión -por decirlo ingenuamente- más política. En nuestro caso, nos podrá salir o no pero, por lo menos, tenemos un enunciado de búsqueda y de formulación, que nos coloca en un lugar de diferencia en relación a la media. Nosotros casi nunca salimos en los diarios, por distintas razones. Entre ellas porque, para salir en las carteleras, los diarios te piden una cantidad de entradas, que nosotros podemos vender igual, por las nuestras. O sea, bastaría que la gente se entere de que yo estoy dirigiendo para que eso se produzca. Durante muchos años, esa situación de espectadores que venían acá para ver algo con características especiales era casi simpática. En los últimos quince o veinte años, muchísimos espectadores nos han dicho: “Che, pero ustedes no salen en ningún lado, qué difícil, no tienen Ticketek, no hay algo para tomar, no dan wisky…” ¿se entiende a qué me refiero? Una conciencia de para quién actuamos, ¿para esta gente?

 

COLA, A TODA COSTA

            “Algún día que no tardará / romperéis el viejo orden de la cola / para volver con un nuevo tiempo / en el rostro y en los ojos / en las manos y en los pies liberados / de las dimensiones monótonas de la necesidad / De la cola solo quedará en el recuerdo / la cadena langorosa / de la cotidianeidad amarga y ordenada”
“A los pobres empobrecidos del Uruguay”, Xavier Avril

¿Qué es un espectador interesante?

Tommy Ingbergt.
Tommy Ingbergt.

Tampoco habría un a priori.  ¿Qué es una persona interesante en política? Alguien que puede pensar. A uno que vota a quien inhibe la capacidad de pensamiento y basa su existencia en un enunciado maximalista permanente no le interesa pensar, le interesa afirmar ciertas cosas. Entonces, me voy a sustraer de cualquier intercambio reflexivo, porque, con ese sujeto, no va a ocurrir. Por ejemplo: hoy a la mañana tocaron timbre en mi casa. Salí. Había unos muchachos jóvenes, entre ellos,  un extranjero rubio, acompañado por un negroide nativo. Ambos, de camisa blanca y un corbatín. Venían con el tema de dios. Les expliqué, con cierta amabilidad, que yo no creo en dios. Pero insistieron e insistieron. Hasta que les dije: “Che, ¿qué pasaría si yo toco timbre en tu casa y te quiero convencer de la inexistencia de Dios? Que es también una hipótesis dogmática, como vos entenderás. Más allá de la anécdota, en esas circunstancias, no hay diálogo posible, es inútil. Es lo mismo con los espectadores formateados como tales. Quieren hacer cola, aunque vos le digas que no es necesario, porque acá van a ver igual desde todos lados “Quedate por ahí, tomate un vino o un café, te vamos a avisar…” Hacen cola igual. Bueno, quieren hacer cola, hagan. Otra: “¿cómo no puedo entrar si son las diez y diez?” ,“Pero la obra empezó hace diez minutos”. Y te replican: “Vamos, che… Tanto lío por el horario”. En la situación actual, la idea del consumidor está tan valorizada que el espectador tiene prerrogativas que en otro momento no hubiera tenido. Y lo que acabo de decir no es medida absoluta. A lo mejor, después, desde el punto de vista de la observación, la persona que quiere hacer cola a toda costa es sumamente pensante. Pero, mirá: sale una crítica de una obra nuestra en La Nación y el jueves tenemos una cantidad de gente en la función, que no nos resuena para nada. También hay algo omnipotente o disparatado en mí. Siempre me pienso como si tuviera veinte años. Y, ante determinado público, me digo “Qué gente grande”. Nosotros siempre imaginamos un público más rocanrol, más de suceso.

Cuando vienen esos públicos tan poco rocanrol, ¿les modifica la actuación de ese día?

Claro. Por supuesto, hay una modificación tenue pero perceptible. Está menos erotizado el vínculo. Siempre se actúa para alguien, siempre.

 

LA VENDETTA

“Más allá de la oreja existe un sonido, en el extremo de la mirada un aspecto, en las puntas de los dedos un objeto: es allí a donde voy. En la punta del lápiz el trazo. Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espada la magia: es allí donde voy. En la punta del pie el salto.”
“El amor es rojo, los celos son verdes, mis ojos son verdes”, Clarice Lispector.

Hablás mucho de deseo en la actuación ¿qué pasa con el deseo del espectador?

El deseo del espectador es más confuso. Uno no tiene tanta información de qué quiere ver el espectador. O sólo la tiene por el aplauso, cuando responde. El público viene con un deseo que es el de todo aquel que va a un lugar social. Un deseo un poco confuso, no es un deseo militante.

Tommy Ingberg....

Con los lectores pasa lo mismo.

Por supuesto. Y no tenemos contacto, yo no lo tengo, porque además no soy alguien que converse o charle. Me entero en el momento en que ocurre. La medida somos nosotros, no el espectador. Y el juicio es interno. Por más que el público aplauda a rabiar, si la función salió mal, nosotros lo sabemos y hay mal humor. Y nadie se arrodilla sobre granos de sal, pero no la pasás bien porque no ha ocurrido lo que tiene que ocurrir.

¿Y cómo sería que algo salió mal, para ustedes?

Y, cuando no se generan con autenticidad los climas o las situaciones. Cuando no ocurren las intensidades adecuadas o, por aceleramientos o ralentis, el ritmo se va de sincro. A lo mejor, la obra duró cinco minutos más de la hora y cuarto que debía durar. Es mínimo, pero para nosotros es muchísimo. En el teatro representativo los errores son más manifiestos. No es mi ámbito, pero mi impresión es que hay menos capacidad crítica porque está muy instalada la idea del trabajo. El teatro profesional tiene la cosa del cineasta: tengo que resolver en el menor tiempo posible las cosas. El actor que corta entradas tiene derecho y a la gente le gusta que haga gracias. ¡Dejalo que haga gracias, que morcillee toda una serie de pavadas inherentes a ese tipo de vínculo! Está bueno y la gente lo pasa fenómeno. Sería un error pensarlo de manera distinta. Muchas veces, en la historia del “Sportivo”, actores o actrices formados dentro del estudio contaban sus cuitas en las experiencias profesionales. Y el señalamiento que se les hacía era que debían aprender de eso, debían hacer esas gracias, porque quienes los contrataban hacían las cosas mucho mejor que los actores formados acá. Entonces, uno no debe preocuparse porque el Puma Goiti metió mucha morcilla. Es un comediante de primera, el Puma. Aprendé ese funcionamiento de él. Él sabe de eso, la gente quiere ver eso y él se lo da. Y si alguien se lo recrimina, él diría “Che, no me rompas, el que vende entradas soy yo”. Ahí la actuación, cuando es famosa, se venga del anonimato en el que, muchísimas veces, ha sido colocada. Verbaliza un hecho indudable: la gente va al teatro, principalmente, a verlos a ellos.


TRAZOS EN EL VACÍO

                                   Y si esto eres: esta simpleza terrible / de lo que no se dice / ni cómo se cura.”
“La inutilidad”, Eduardo Lalo

Hay dos palabras que aparecen mucho en todo lo que contestás en entrevistas o escribís. Una es “el trazo”. Y la otra, que aparece más todavía, es el vacío.

El vacío…mirá vos. Lo del trazo es claro. En la actuación, el trazo tiene que ser firme y erotizado. El trazo: el movimiento, la definición, la línea expresiva formulada por la actuación. No solamente las formas asociadas a algo cristalizado, congelado, donde el teatro se confunde mucho y hace toda esa cosa coreográfica, de agrupamiento, toda esa pelotudez arquitectónica. Me parece que el tema de la forma está vinculado a asumir el compromiso pictórico en la actuación. No porque uno tenga que ser un pintor, un erudito ni nada por estilo, sino por la conciencia de que uno emite signos, que son leídos por un punto de vista y, en esa economía – en esos trazos- va a estar cifrado el vínculo y establecida la relación con los otros.

Januz Jurek.
Januz Jurek.

En “La poetización de los roles” (2001), decís: “Cuando no se trabaja con una obra existente (…) hay momentos de mucho vacío, hay que soportar un tiempo hasta que ciertas marcas del actor comienzan a impregnar casi materialmente el trabajo.

Hay una experiencia en la actuación vinculada a la continuidad, a eso que los intelectuales llaman lo rizomático. Deleuze y Guattari estaban muy influenciados por la experiencia teatral. En esa situación, aparece algo muy interesante de pensar y es que, a veces, en la actuación hay cortes, cortes del flujo… como si la actuación también apareciese por la determinación de esa actriz o de ese actor de cortar un flujo e introducir otro flujo en el vínculo. Si lo pensás como una conducta social, sería una cosa psicopática. Uno diría: “La puta madre, me metió en otra zona, el otro hizo sobre mí un procedimiento”. Y el procedimiento consiste en tratar de afectarte a través del campo estético, crearte una suerte de confusión que te baje tus defensas de percepción, introducir un corte en los momentos en que vos estás distraído. Vos no te esperás esto que voy a hacer. No esperás que llore en tal situación, sino sólo en algunas otras.

Mirá: el tema de este número es lo inesperado.

Tommy Ingberg.
Tommy Ingberg.

Claro. Como una situación imprevisible, que no corresponde. En el cuento de Borges,El idioma analítico de John Wilkins”, él habla de una vieja enciclopedia, donde figuran ciertos animales que no tienen nada de monstruoso, pero entre ellos hay algo raro. Y lo raro es que estén en convivencia. Es lo imposible, lo absurdo, que pertenezcan a una misma esfera de clasificación. Ahora, me quedé pensando en lo que me decías del vacío: la idea del vacío también tiene que ver con algo que nos viene de la improvisación. La actuación debe poder soportar el vacío. El actor debe poder no ponerse ansioso, evitar rellenar el vacío sólo por no soportarlo, no nombrar, no definir, no tratar de llegar a algún lado sólo para salir de esa escena supuestamente horrible y monstruosa que sería el silencio de lo teatral. Eso es muy inquietante.

 

 LA PATRULLA BEDUINA

 

“(…) lo que hace vibrar al artista, no es directamen­te la obra, sino su búsqueda, el movimiento que conduce a ella, la aproximación de lo que hace posible a la obra: el arte, la literatura y lo que disimulan estas dos palabras.”
“El libro que vendrá.”, Maurice Blanchot

¿Cuándo te sentís frágil?

¡Todo el tiempo! Por afuera del ensayo yo soy muy débil. Pero, en el ensayo, tengo una enorme capacidad de observación y una gran voluntad en el trabajo. La dirección tiene un elemento muy importante: conduce durante un período a un grupo separado del mundo, que tiene algo de patrulla perdida, de grupo guerrillero en campo enemigo. Y un nosotros, un plural que, durante un tiempo, no tiene otra legalidad por fuera de esa misma nominación. En esa situación, es muy necesario sostener las convocatorias o las experiencias para poder sostener ese impulso, proseguir e impactar en otros.

¿Para reeditar esa situación de patrulla perdida?

Tommy Ingberg.
Tommy Ingberg.

Sí. Y para que haya otros que quieran hacer eso mismo, que digan “Bueno, se puede hacer esto de otra manera, de otras formas y yo podría entonces ensayar y no esperar que me llame nadie”. Y esto, sin ningún ánimo militante ni intención de bajar línea, simplemente, de pura pasión. Eso sí, sabemos que se van a producir microafectaciones. Eso también sucede con las clases. Si no, las clases tiene un aspecto pavo. Pero sin creérmela: porque, si tres o cuatro veces, treinta o cuarenta personas piensan que vos sos una persona viva, el riesgo de creértelo es enorme. Ese es el síndrome del imperativo de bajar línea que vemos en mucho periodismo. Son más estúpidos cada vez porque tiene que afirmar ese lugar de verdad, cada vez son más idiotas.

Microafectar lo máximo posible, ese sería un lugar de resistencia.

Claro, sí. Y por otro lado, son microafecciones, pero muy indelebles y muy conmovedoras.

Pero, sin eso, no podría existir lo macro.

Por supuesto, y la actuación es parte de la memoria colectiva de una ciudad. Sobre todo,  los actores populares son tan queridos porque son la síntesis de la memoria popular. En eso, la política entendió perfectamente el curro. Son personas a las que uno ve por la calle, se meten en tu intimidad, comen con vos… Uno no siempre ve las cosas que le gustan, yo veo una cantidad de cosas para odiar. Busco en YouTube a ver a dónde está el diputado Iglesias, para vomitar sobre él.

De lo trivial uno también puede llevarse algo…

Sí. Las conexiones son muy diversas ¿no? Y quién sabe qué es lo propio. Hay poco propio siempre. Todo es mucho mas colectivo de lo que uno cree, todas las situaciones personales están, en ese sentido, mucho más enraizadas y mezcladas… Lo más propio mío es este estudio, este lugar. El lugar como una situación referencial, geográfica, pero, al mismo tiempo, territorial. Pero no sé si eso es bueno, yo pienso que nosotros deberíamos haber sostenido una política mucho más nómade, no haber tenido un lugar. Tendríamos que haber entrado y salido del juego con mayor velocidad y elegancia. Creo que los lugares, en ese sentido, terminan por pesar.

Un beduino del teatro.

Janusz Jurek.
Janusz Jurek.

Sí. Poder circular era nuestra idea inicial, nuestras experiencias iniciales. Tener un lugar sólo para dar clases y ensayar, pero nunca quisimos tener un teatro y “El Sportivo” no lo es. Ni tenemos programación, ni funcionamos de esa manera. Pero también eso nos lleva a lidiar siempre con los mismos problemas, las instituciones nos reclaman que seamos un teatro y nosotros explicamos que no nos ha ido mal no siéndolo y que no nos rompan los huevos. Que tenemos muchísimo más prestigio que ellos y que no nos llegan ni a los talones. Que hagan lo que tiene que hacer, que por eso les pagan el sueldo que cobran. Nosotros hacemos teatro y que se dejen de joder. Pero no siempre nos sale bien, al revés: casi siempre nos sale mal. Y tener un lugar significa una serie de cosas menos atractivas: subirse a los techos, arreglar desperfectos, tener que estrenar: cuando, a veces, no queremos estrenar, queremos ensayar. Para nosotros estrenar implica que venga alguna gente, algún público, pero para seguir ensayando.

Como la diferencia entre estar escribiendo y publicar.

Claro. Debe ser como eso.

 

NO PUEDO Y NO PUEDO, PERO AL FINAL PUEDO.

 “Duermo / la aguja / De mi corazón / Lloro / Una palabra
Perdida / Abro / El reborde / De una lágrima / Donde el alba
Muerta calla.”
“Poemas póstumos”, Georges Bataille


Ustedes vendían o venden entradas para los ensayos ¿no?

Sí, hacemos eso. Lo haremos próximamente. Y a la gente que hace teatro le puede interesar vernos ensayar, porque es divertido, simpático. Estamos en eso, metiéndonos con una obra capital del teatro central, “Rey Lear”. Una obra imposible, todas las versiones que vi no me han parecido interesantes. Es una obra temáticamente muy atractiva, con algo muy contemporáneo. Y ahí nos sucede. Cuando no encontrás algo parecido a lo que buscás, el ensayo se te pone muy tedioso, refleja algo muy de tu incapacidad, es muy directa la frustración. En cambio, cuando vos trabajás sobre la estructura de lo escrito, la frustración queda más definida, la culpa la tenés vos que estás haciendo mal tal cosa, enganchaste mal el ritmo o lo que sea. Pero, cuando se está construyendo la totalidad, todo es mucho más inestable y frágil. Y si la cosa no se arma, para la dirección, la devolución de eso es arrasadora.

¿Esa es la niebla de la cancha?

Claro. A lo mejor, en el libro, el asunto está planteado de una manera más poética. Son esas situaciones donde a veces te metés tanto, que no sabés bien de qué estás hablando o cuál es el juego que se está haciendo. Perdés la noción de qué es lo real, qué es el campo ficcional, cuándo el campo imaginario prima por encima de los niveles de realidad… Es raro, porque no hay ninguna posibilidad de confundirnos entre el plano de lo real y el ficcional para nosotros. El ensayo nunca va tan lejos como para volverte loco, no. Nosotros estamos entrenados en la conciencia de que es una situación ficticia y, por ende, es mucho más brava que lo real, es mucho más compleja y puede afectar mucho más. Lo que afecta es imaginar, producir realidad. Hay algunas sensaciones jodidas, de pensar que lo que vos asociás no tiene valor, que te repetís… A mí me pasa mucho con la escritura, yo no puedo escribir, no puedo escribir, no puedo escribir. Escribo cuando ya la cosa está, cuando ya le hemos dado mucha vuelta y no queda otra.

¿No es placentero?

No. Es más, me gustaría que escribiera otro. Entonces, de muchas cosas, diría “Mirá qué bien”.

¿Para vos las palabras no son acciones?

Sí.  Cuando hablo en relación a la escritura, me refiero a una dificultad personal. No me resulta atractivo sentarme a escribir. Sí, en cambio, ponerme a ensayar. Eso.

Ricardo Bartís con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Ricardo Bartís con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.




LA SAGRADA IMPERFECCIÓN

Lo inesperado: Entrevista a Rita Cortese

Entrevista: Noemí Pomi, Viviana García Arribas, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman

“En el cielo las estrellas, en el campo las espinas, y en el medio de mi pecho, qué pasó” “¿Qué pasó?”, poema de Alejandro Urdapilleta

“(…) Los milagros ocurren,/ si se tiene el cuidado de llamar milagros a esos
espasmódicos trucos de la luz./ La espera ha vuelto a comenzar./
La larga espera del ángel (…)”
“Corneja negra en tiempo lluvioso”, Sylvia Plath

Justo en el medio de un verso, no viene y se corta la luz. Entonces, en la oscuridad de la sala, las manos del pianista hurgan la piel de otro piano, se alían al reclamo de emergencia y le hacen un guiño a la voz. Que siga, que siga. La voz, por su parte, se reorganiza dentro de un caos inesperado de penumbras. Buena tela la de las sombras, quienes comprenden de inmediato la necesidad de abrazar el fervor de un tango, el denuedo de una presencia que no se rinde. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas. De un codazo, vuela la luz de emergencia. El apuro enreda a algunos asistentes entre los cables, los anteojos se quejan del papel lamentable al que han sido relegados, porque, por mucho que agucen el aumento, se ve apenas una filigrana de la letra. ¿Qué pasó? Bueno, en principio, se cortó la luz. “Hay que acostumbrarse”, dice la voz cantante, “esto es lo que nos va a tocar”.

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Mientras tanto, arregla los remolinos del escenario y arremete de nuevo. Con lo que tiene, avanza. Porque se cortó solo la luz. Pero el hilo que sostiene la trama busca un atajo para el canto y el poema sigue intacto. Entonces, Rita Cortese arremete. Ariel Polenta sostiene la música en la bella noche del escenario y la celebración continúa, va por una silueta para el tejido, por un cuerpo de todos en la trama de una pregunta,  por una entonación colectiva que, en espina acuciante, repite: ¿qué pasó? 

 

UNA BALA EN LA OSCURIDAD

“Creo que el poema/ con dientes y alma/ capaz de andar cien siglos/ con una vuelta de sangre/ vive/ Desnudo/ brutal/ oscuramente humano”
“Soy inmortal”, Miguel Ángel Bustos

La noche de la escena está cribada. Pequeños hoyuelos titilan entre un verso y un acorde. La voz lo advierte y se cubre con el género leal de los cuerpos alertas, de las siluetas que orientan la mirada, apenas, hacia los huecos de sol. El tema de la ausencia es recurrente en tu espectáculo, en las letras que elegís. ¿Cómo es tu relación con las ausencias? Seguramente las exorcizo a través del canto. Las ausencias permanecen con uno, es muy difícil sacarlas, son agujeritos que tiene el alma. Están muy presentes. Retirada y ofrecida, en el oficio de cantante celebra la palabra poética, ¿qué es lo poético para vos y qué potencia singular aparece cuando la poesía de la escritura se junta con la de la música? Mirá, la poética es la síntesis más absoluta del alma, es muy difícil de explicar, no me interesa cerrar las cosas. De la poesía, me interesa esa síntesis, ese punto donde uno se queda como sorprendido. La poesía es como un balazo, por eso es tan peligrosa. Y se potencia inevitablemente con la música. Cuando la música puede comprender y abarcar esa poesía de los autores populares, aparecen temas inolvidables como “Cuñataí”,  “Construcción” o “Nada”. Cuánta nieve hay en mi alma/ Qué silencio hay en tu puerta/ Al llegar hasta el umbral/ Un candado de dolor/ Me detuvo el corazón. Nada, nada… (1). Dijiste alguna vez que no escribís, que todo lo que tomás está escrito por otro. Sin embargo, tus versiones son muy especiales, ¿no son una relectura o una reescritura? Sí, son las dos cosas. Pero a mí me da mucho pánico escribir sobre un papel, por eso nunca me metí en ese punto. No soy Leonardo da Vinci ni pretendo serlo.

 

DE CASA NATAL, EN CASA NATAL

                                               No me has encontrado, me anduve empapando de rocío. Temprano irisado. Iba cantando, iba contándome, iba abriendo maizales con el canto al canto. Los perros lo toreaban a Dios de tan visible.
Libro de las mariposas”, Arnaldo Calveyra (2001)

Tambores que reverberan desde la distancia, una ronda en silencio bailada por el fuego. Un puente súbito entre cada “así sea” y cada blasfemia al cielo. Seguimos sin luz eléctrica. Ya nadie ni se acuerda del incidente. En un momento, en la interpretación, hay como una oración laica. Una mezcla entre declamar, actuar y cantar: Sí, pero las oraciones nunca son laicas. Son religiosas en el sentido de re-ligar. Yo soy profundamente religiosa y absolutamente ecuménica. Creo que la vida es un misterio muy importante, lo es el cuerpo de uno, un enigma muy grande como para que no haya una religiosidad en ese punto. Es algo muy sagrado. ¿Y el arte funciona como puente en ese sentido? Sí, es que el arte también es sagrado, es religioso. Es una ceremonia. La memoria, esa arquitecta que toma argamasa del pasado y ladrillos del futuro, huellas aún no pisadas e hilachas de tiempos ya idos. En una nota contabas:En mi casa escuchaban tango y mis padres me enseñaron a cantar. Hacía shows en las casas de mis amigos, en los cumpleaños o en reuniones familiares”. Tanto en tus letras como en tus entrevistas, regresa la figura de la casa natal.

Sinato. instalción
Sinato. instalción

Nada, nada queda en tu casa natal/ Solo telarañas que teje el yuyal/ Y el rosal tampoco existe (1) Aparte de la casa donde uno nació, ¿hubo para vos otros orígenes en otros espacios? Toda mi vida. Todo el transcurso de mi vida. Todas mis otras casas natales, que han sido muchas. Metafóricas y concretas.

 

DESACHICARSE

“abrir dos ojos a la vez/ aunque la cuerda salte/ y algo llore en la noche del ropero”
De “Lugares extraños”, Susana Thenon


Y, entonces, sin que nadie la llame ni la necesite, la media fase más vital del teatro se agranda desde donde no estaba e irrumpe. El pobre piano acústico y solidario, que tan amable ha sido en remontar el bache de la luz, pide que lo dejen- por si acaso-, esta no es noche de confiar en continuidades. Desde el fondo más lejano, inaccesible a la mirada, regresa el exilio del piano eléctrico. Prudente, se queda por atrás del escenario, hacia donde van los cuerpos cargados de voz, letra y  melodía. “Qué cosa la vida de uno, eh?” Los cuerpos ahora vacilan, silenciosamente, en el espacio nuevamente iluminado que, de pronto, parece otro, como un sitio a la vuelta de una breve escasez…. Te has referido a la pobreza del lenguaje en la que vivimos, ¿pasa lo mismo con el lenguaje corporal? Creo que hay muchos caminos para poder encontrar el lenguaje corporal, a lo mejor, no son los más conocidos, pero existen. No te olvides que, siendo actriz, trabajo con mi cuerpo. Siento que el cuerpo, en este momento, pasa por una situación complicada. La gente se pasa horas y horas con las computadoras y los teléfonos. El cuerpo está achicado a su mínima expresión. Sólo en casos muy particulares, como en el de los bailarines, donde el cuerpo se trabaja. De todos modos el cuerpo, atado o no, siempre está contando algo, se expresa.

Rita Cortese.
Rita Cortese.

¿Qué pasó? ¿Quiénes hablan el teatro y quiénes lo blablablean?, ¿cómo fue que se mezclaron así las cosas?… Hablamos con Bartís y él decía que, desde la época del menemismo, la sobreactuación que hace la política en su espacio genera como una competencia desleal con los actores. Eso, entre otros motivos vuele  interrogar a los actores sobre el lenguaje que buscas. Y, por otro lado, trae dificultades para atraer gente al teatro, ¿cuáles serían hoy las dificultades que ves en tal sentido? Muchas, varias. La principal es económica, porque la profusión de obras de teatro, tanto en el circuito céntrico como fuera de él, es enorme en Argentina. Nuestro país, y fundamentalmente Buenos aires, es un lugar insólito por la cantidad de salas teatrales que tiene. Pero cuesta muchísimo llevar a la gente al teatro. No por la calidad del material que se da, sino por los costos. Hoy hay que ser rico para ir al teatro, hay una involución muy grande en ese sentido. Pero es cierto que nos codeamos y empujamos en el subte, nos maltratamos por un lugar en la fila del banco, le damos sin asco al tobillo de la de adelante con el changuito del súper. Tanto  mover el atropello, hasta parece que fuéramos conscientes de nuestros cuerpos. No actuamos, nos disfrazamos de clientes en nuestro apuro hacia dónde. Mientras, olvidamos preguntar: ¿Qué pasó?… Algunas amigas de mi hija adolescente parecería que prefieren el cine al teatro, por la mediatización de los cuerpos vía la pantalla antes que los cuerpos en vivo. Tal vez por miedo ¿no? El cuerpo en vivo, al trabajar, emana e irradia, es un arma muy potente. Y, además, estamos con la comunicación a través de la imagen. La imagen filtra al cuerpo y difícilmente interpele. Siempre mantiene una distancia. Eso pasa en el cine, salvo con los grandes artistas que, convengamos, no abundan.

 

 NO APTO PARA PELOTUVIVIENTES

“Si usted toma la punta de un conocimiento/ y empieza a tirar el hilo/ va a sacar una sombra”
“Lo inescrutable”, Jorge Leónidas Escudero

 

Sinato, Instalación.
Sinato, Instalación.

Y, mientras la luz aguante, la escena aprovecha los claroscuros, donde el arriero va y va,  Las penas y las vaquitas se van por la misma senda, las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”, (2) y la puesta avanza hasta donde se han dormido las luces del pedregal.”(2) Ay, Rita, cuidado con esas metáforas, justo esta noche de cortes. Pero ella no es de andar con esos reparos. Que se cuide la instalación eléctrica. Brinda, canta. Y va y va, la arriera va. ¿Qué considerás que es ser un gran artista? Alguien que te conmueve, que te interpela.  A la última película de Kiarostami que vi, “24 cuadros”, no podré olvidarla. Imágenes e imágenes e imágenes permanentes y ese cuerpo único que aparece al final… Es maravillosa. Es impresionante lo que puede contar un único cuerpo humano. Pero, bueno, estamos hablando de Kiarostami, ¿no? No estamos hablando de actores que se mueven permanentemente porque creen que ese movimiento constante es la acción.


Esto también podría vincularse a lo poético.
Por supuesto. Como lo que hace Machin en “El mar de noche”, es una joya teatral. ¿Cuáles  son las búsquedas actuales en el teatro que te parecen interesantes? Bartís, por ejemplo, me parece interesantísimo, es uno de los grandes maestros en este momento. La última obra que vi de él me hizo llorar, es la teatralidad pura. Es muy emocionante ver una obra de esa envergadura. Él nos decía que el teatro que le interesa no es el que representa un lenguaje, sino el que lo busca y que, por eso, le parece más importante el ensayo que el estreno. Tiene razón. El trabajo es buscar un lenguaje, ese es el secreto, lo incompleto, lo no terminado. Eso tiene que ver también con lo sagrado. No tuve la suerte de trabajar bajo su dirección, pero he visto todas sus obras. Alguna, incluso junto a él, desde una mesa, por un agujerito de la pared de al lado. Él está presente, dentro de la obra siempre. Sin intensidad, ¿para qué? Con semejante misterio que es la vida, pasarla pelotudamente…


PERDIDOS EN LA NOCHE

                                               Más celestes que aquellas centelleantes estrellas/
nos parecen los ojos infinitos que abrió la Noche en nosotros.”
“Himnos a la noche”, Novalis


Y no te dije que no tentáramos al diablo con eso de las luces dormidas y cosas por el estilo. Si ni tiempo hubo de dejar que Don Polenta llegara al final de una fabulosa intro, cuando la maldición de la media fase entró otra vez en crisis y nos zampó en la jeta el segundo apagón.
Está bueno Buenos Aires”. Rita no le afloja a encontrarle una salida. Observa el vaso de whisky, como quien le cuenta a un amigo, “mirá lo que me vino a pasar”. Y el vaso le dice, “Seguí nomás”. “Seguimos así, si vuelve la luz, no le damos bola”…” ya no sé qué decir…, si no, cantamos la marcha peronista y nos vamos”. El público, de algún modo, se entusiasma con esta segunda noche del escenario. Plaggeados, unpleaggeados, plagiados o en medio de una plaga, la cosa sigue. Es un misterio, porque ahora continúa con más ímpetu, con una atención que se alía al esfuerzo de los artistas… Y hablando de los misterios, en varias entrevistas hablás de los misterios de la noche y de la posibilidad que da la noche como escenario para perderse, ¿para qué perderse? Ese es el gran secreto. Lo demás ya conocemos. Sin embargo, casi todos los disciplinamientos de la vida hablan de encontrarse.

Brassai. "Pareja en una banco de noche".
Brassai. “Pareja en una banco de noche”.

Sí, pero a mí ya no me interesa encontrarme. Ya estoy, ya me encontré. Eso de la pérdida es lo mismo que dice Bartís del teatro. Al perderte, también te encontrás, es una manera de abrir caminos. Cuando digo perdernos, digo no transitar los mismos caminos ya conocidos. Y perderse tiene que ver también con la pasión, con lo insondable. Sobre todo, con respecto a la noche, que tiene una vida brutal, generalmente cercenada y juzgada, como el tiempo del peligro: “Un tipo que vive de noche…”, como si la vida fuera entrar a un banco, sacar plata del cajero, ir, volver, hacer las compras trabajar… Si esa es la vida….


DEAMBULAR EL GRITO

“ay vidalita desde el racimo del vaso infausto desde/ el espejillo donde tus ojos me comen desde la última visitación/ desde lo tremebundo de este estar ay vidalita desde la musa extraviada desde el tordillo plateado/ que perdió la querencia desde los soles que me/ hieren porque soy más de las lunas ay vidalita desde la/ sexta que está en un hilo desde esta vihuelada que/ en el final es bermellón ay vidalita desde la codicia/ del chupasangre desde el santiamén del olvido des-/ de la sombra caudalosa desde no sé que, escalofrío y en/ el disturbio de los ojos/ ay vidalita”
“Esa caja amarilla”, Juan Carlos Bustriazo Ortiz


Te juro que lo vi. Miraba el celular y, con medio cuerpo dentro del container y su brazo derecho como caña de pescar, rebuscaba. ¿Qué paso? Te juro que no quise imaginar lo que vendría, no me aguantaba la idea de pensar que la escena continuaría con el hombre- quien no cejaba de alternar su tarea con miraditas a su pantalla- metido de lleno dentro de la basura. Muy poca basura, porque ya otros habían andado antes en eso de revolver la falta. Te juro que, al verlo desaparecer dentro del container, temí que la tapa se cerrara sobre él, en un simulacro de tumba y nadie corriera a socorrerlo. Tan solo el hombre, dentro de ese hueco. ¿Qué pasó? … la soledad es un tema que aparece mucho en tus letras. La Ciudad de Buenos Aires, últimamente, se ha llenado de ambulantes, ¿qué tiene de singular esta nueva soledad que estamos viendo como espectáculo callejero?
Dijiste la palabra: la gente está deambulando, balbuceante y con mucho dolor. Hay mucha locura y mucho grito de gente sola en la calle. Mucho silencio que es, justamente, grito. Mucho levantar la tapa de los conteiner y cerrarla, levantar y cerrarla, una cosa como nunca vi. Porque esto que está pasando es diferente a lo del cartonero, que ya conocíamos. Es otra cosa, la gente busca permanentemente algo que no encuentra. Es muy poético lo que pasa, ¿no? y muy terrible. Buscan comida o algo ahí adentro. Pasan, levantan y cierran, todo el tiempo. Es muy fuerte eso…. Y que no vengan a confundirnos con sus volteretas de palabras llenas de aire, que no vengan a invertir los tantos. Que no vengan ahora con la excusa de acusar a quienes no se someten a su culto a la miseria de sentenciosos y amantes de las verdades absolutas. No parloteen más: ni la más pálida idea tienen de la diferencia entre la incertidumbre que pregunta y la falsa incertidumbre que sentencia a muerte…  En el espectáculo, hablás de ese senador, quien quería que nos acostumbráramos a la incertidumbre. Y recién hablábamos del misterio ¿cuál es la diferencia entre uno y otra? Él habla de la incertidumbre que produce el hambre, de la incomodidad, que no tiene ninguna incertidumbre, sino una gran certidumbre: la muerte. Este sistema está matando, sin metáfora. Sólo con la decisión de haber bajado al Ministerio de Salud a Secretaría, sólo con lo que hacen con los medicamentos, hay muchísima gente que se está muriendo. Ayer escuché que un médico, muy sabio, lo decía: El sistema está matando. El ex juez Arias nos contaba que, en su barrio, ha muerto gente electrocutada al querer colgarse de la luz, por no poder pagarla. Por supuesto. Y además hay otra cosa: este médico decía que el frío, el hambre y la ausencia de medicamentos, a la gente muy mayor o muy chiquita, les produce enfermedad. La pobreza produce enfermedad, desesperación, locura y muerte. Es así. Todos sabemos que así es. Pero cuando alguien lo dice alguien con tanta claridad y contundencia, pareciera que uno se ilumina en el saber…

Infuse OLED-Installation by Chikara Ohno. Sinato designboom
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DESERTAR Y DAR DE NUEVO

                        (…) Mendigaré para vivir/ Por los senderos de Francia
Desde Bretaña hasta Provenza/ Y les diré a las gentes/ No obedezcáis/ No la hagáis
No vayáis a la guerra/ Negaros a partir/ Si hay que dar la sangre/ Id vosotros a dar la vuestra
Usted es buen apóstol/ Señor Presidente/ Si me hace perseguir/ Prevenga a los soldados
Que yo no iré armado/ Y podrán tirar sobre mí.”
“El desertor”, Boris Vian

Decir que no. Ni dar la espalda ni esquivar el bulto. Negarse a girar en el vicio de las profecías ya gastadas.  Decir que no: eso no es cobardía. Es retirarse del desgaste y comenzar a gozar el gasto, el derroche de la  pregunta a cielo abierto. O apuntalar la canción, a como sea, no dejar que decaiga el territorio del deseo, no mudarnos a donde sopla el viento… Tu espectáculo lleva el nombre del poema de Urdapilleta “¿Qué pasó?” En el escenario agregaste: “esa es la pregunta que hay que hacerse”. ¿Qué otra pregunta considerás urgente hacernos hoy?

Álvaro Navas. "Oscuridad."
Álvaro Navas. “Oscuridad.”

Ay, dios mío… Creo que tenemos que evolucionar un poco como condición humana. Sobre eso tenemos que preguntarnos. Y otras preguntas más, ¿dónde está el deseo nuestro? Y poder continuar y hacer posible el deseo, no buscarlo en el container. Yo estoy acribillada de preguntas, ¿estoy en el camino correcto?, ¿hay que seguir por aquí?, ¿hay que irse a la playa y ya?, ¿hay que desertar…? Yo creo que hay que desertar, creo que ahí está la gran resistencia. En el libro, “Imperio”, de de Michael Hardt, un epígrafe dice: “Queremos destruir todos los monumentos ridículos a “aquellos que han muerto por la madre patria” que se nos aparecen en cada pueblo, y erigir en su lugar monumentos a los desertores. Los monumentos a los desertores representarán a todos ellos que murieron en la guerra, pues cada uno de ellos murió maldiciendo la guerra y con envidia a la felicidad del desertor. La resistencia nace de la deserción.” Lo dijo un partisano antifascista, en Venecia, en 1943(4). Es muy interesante porque es un gran cambio de paradigma. Un poner el poema culo para arriba, vaciarlo de los vicios de la literatura, dejarlo gritar… Has dicho que tuviste muchos vicios y que en un momento dijiste “basta, porque se terminó el ciclo”. Pensaba que ahora reaparecieron los vicios y los ciclos del capitalismo, como una explicación posible de la realidad, que se acepta con una naturalidad pasmosa, ¿cómo desertar de ese círculo vicioso? Es interesante, porque desertar es una manera de retar lo cíclico.Tengo sesenta y nueve años. Se dice que la humanidad ha evolucionado. No lo sé, sinceramente. Sí sé que se ha transformado. Si esa transformación implica una evolución, no lo sé. Por ahí estamos siempre en el mismo lugar, pero de otra manera. Y vamos, por lo menos, lento. Vos leés, en tu espectáculo, una frase del presidente de la Sociedad Rural, que podría ser dicha hoy mismo…

Esto es lo que contesta la Sociedad rural a Perón, en relación al Estatuto del peón de campo: “El estatuto del peón no hará más que sembrar el germen del desorden social, al incluir en las gentes de limitada cultura aspiraciones irrealizables que, en muchos casos, pretenden colocar al jornalero sobre el mismo patrón en comodidades y remuneraciones. La vida rural ha sido y debe ser como la de un manantial tranquilo y sereno, equilibrado y de prosperidad inagotable. La Sociedad Rural no puede silenciar su protesta ante las expresiones publicadas, en las que se ha comentado el Estatuto del Peón y en las que aparecen los estancieros como seres egoístas y brutales, que satisfacen su inhumano sensualismo, a costa de la miseria y del abandono en que tienen a quienes colaboran con su trabajo. El trabajo del peón de campo, por su propia índole, fue y es acción personal del patrón. Este actúa con frecuencia con los peones en la labor común, lo que acerca a las personas y establece una camaradería de trato, que algunos pueden confundir con la del amo al esclavo cuando, en realidad, más bien se parece a la del padre con sus hijos. En la fijación del salario, es primordial determinar el estándar de vida del peón común. Son, a veces, tan limitadas sus necesidades materiales, que un remanente trae destinos socialmente poco interesantes…” ¿se están poniendo un poco tristes, no? Lectura de Rita Cortese, en su espectáculo, “¿Qué pasó?”

¿No es genial eso? ¿Y lo de Olegario Víctor Andrade en 1867? Impresionante.

“Extranjeras van siendo las propiedades rurales, extranjero el comercio hasta extranjero el idioma. La raza argentina sucumbe. Una raza de exterminados se ha diseminado por todos los ámbitos de la república. Su obra de destrucción no tiene término. La República argentina va quedando desierta. Y la matanza sigue.”, Olegario Víctor Andrade, 13 de marzo de 1867, era presidente Bartolomé Mitre…mirá voz…qué mirada laaaarga, ¿no? Rita Cortese, en su espectáculo, “¿Qué pasó?”

 

 

LA ERRANCIA DEL RASTRO

“Tú me vigilas desde todas partes,/ descorriendo telones, horadando los muros, atisbando entre fardos de penumbra;/ me encuentras y me miras con la mirada del cazador y del testigo,/ mientras descubro en medio de tus altas malezas el esplendor de una ciudad perdida/ o busco en vano el rastro del porvenir en tus encrucijadas.”
“En tu inmensa pupila”, Olga Orozco

 

Johnny García. Fotografia.
Johnny García. Fotografia.

Marcas. Fragmentos que llegan desde un poco atrás en el tiempo. Fragmentos que contornean la silueta de su pisada, para delatar nuestro andar en redondo, nuestro creernos nuevos y originales en esa vieja moda de “otra vez sopa”. Trazas, escrituras que insisten para dar existencia a la grieta que abra hacia lo nuevo… Esos discursos de antes  tan vigentes hoy son como marcas, cicatrices de la historia en el lenguaje. Mirá, yo tengo que cantar, la semana que viene en el teatro Roma de Avellaneda, con piano, acordeón y guitarra. Y con luz…Y con luz, sí. Pero la no luz también contextualiza ¿no? Sí… Y a nosotros nos vino muy bien, porque el tema de este número es lo inesperado. Y esto, más inesperado no podía ser… Igual, tratamos de pensar lo inesperado no tanto como sorpresa si no como la chance. ¡Sí, como la chance de salida! Sí, y de resistencia, que es lo que todos aplaudimos en ese espectáculo ¿no te dio un placer llegar al final? Por una cuestión que tiene que ver con mi experiencia en el escenario y en la vida, pude contextualizar lo que estaba pasando y entender que un encuentro con el otro, de canciones y actuación, es eso: un encuentro con el otro, algo vivo. Y, desde ahí, la confianza para seguir haciéndolo y saber que algo de esa imperfección tan grande podía llegar a tocar el alma de alguien. ¿Qué pasó?, repetimos, tocados por la infinitud del signo que interroga en la noche. Como dije antes, la noche había comenzado súbitamente cribada. Y así siguió. Pero, de pronto, en la perseverancia del canto, la singularidad de cada improvisada estrella hizo constelación… ¿Qué es un arte militante para vos? La palabra militante la tomo con mucho cuidado. ¿Qué es el arte? El arte siempre está atravesado por lo ideológico, más allá de lo partidario, que es otra cosa. Si no está atravesado por lo ideológico, no es arte. El arte es siempre militante en tanto interpela y muestra algo. Incluso son ideológicas las expresiones pasatistas, tontas y vulgares que hoy tanto abundan, eso también abona alguna formación de sentido y nos ha hecho bastante daño a quienes pensamos que la vida es otra cosa.

 

INQUIETADA, SÍ. TERNADA, JAMÁS

                        Soy avellave / en el cénit/ ejerciendo mi remolino”
“Cavante, andante”, Amelia Biagioni


En varias entrevistas, hablás acerca de los premios. Decís que nunca llegan a los que hacen arte porque nadie premia la inquietud.
¿Dije eso? Bueno, lo que pasa es que nunca voy a las entregas de premios. Por suerte, casi siempre estoy nominada. Pero no voy. Estar arriba de un escenario para eso. Desde el lugar en que yo lo concibo, no es cómodo. Es un riesgo muy grande, al que tenés que sumar el tener que participar de una terna y que te sometan a juicio, como si esto fuera una competencia. No, mi amor. Cuando me digan “Rita, ganaste un premio. Tal premio te lo otorgamos a vos”…, ahí, a lo mejor, voy. La terna implica comparar cosas no comparables. Es una competencia inevitable, porque el ego lo tenemos todos. Y, entre el ego del otro y el mío, me quedo con el mío. Entrar en esa cosa, no es para mí… Además, siempre llego en pedo a recibir los premios, porque  me llaman con las últimas nominaciones. Y, ya en pedo, digo cualquier cosa… Entonces, no dejaste todos los vicios. He dejado los más peligrosos. A esta altura de mi vida, te diría que todo es peligroso, hasta comer tarde se convertiría en un vicio.

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OJALÁ HABITES TUS ALAS


alzarse con unas alas verdes sobre lo seco abisal/ y escaparse ligero sin miedo al sol ardiente.”
“Sin Luz”, Vicente Aleixandre


Y allá la media fase con sus desplomes. La ceremonia siguió con invitados inesperados. Llegó Miguel Hernández a denunciar que
“la cebolla es escarcha cerrada y pobre” y se apersonó Urdapilleta, meta acribillar con la pregunta “Qué pasó. /Éramos los dueños señores, teníamos toda plaza Italia…y mucho más/ Y el riachuelo corría para nosotros/ Y cuando la luna se reflejaba en el agua el reflejo también era nuestro/ El mantel de hule/ Qué pasó/ La hora de la siesta/ El simulcop/ Los pitucones Mendafácil/ Qué pasó”. E, imperfectamente se vio al escenario llenarse de memorias, distancias que alargaban la mano sin llegar del todo, aunque, ahí presentes. “Yo no sé qué voy a hacer, pero voy a seguir cantando”, (Rita). Desde las sombras, escuchamos cómo el pianista perforaba lo oscuro y miraba las teclas con su tacto. Vimos al viento contar secretos. En un murmullo, vimos la garúa persistir en los quiebres de sus líneas. El cielo abrazaba a un árbol. Y no era ningún fantasma este viento que acompañaba el final de la ceremonia. Algo del tiempo del reloj ya relajaba su pulso, mientras titilaba cada vez más fuerte el latido de otro tiempo. Otro tiempo… Ojalá. Ojalá, habitemos nuestras alas…. ¿Qué es para vos “habitar tus alas”? Huir. Volar. Tener esa posibilidad de irse. Esas palabras son de Eunice Odio. Una poeta de Costa Rica muy interesante. Está también Sylvia Rexach, intelectual, cantante y escritora portorriqueña que murió borracha, y de amor, a los cuarenta años. Dijiste que el amor inquieta pero la felicidad la dan los amigos. Es así. Yo sufro muchísimo enamorándome, es una porquería estar enamorada, me pongo dependiente, insoportable… Ahora tengo ganas de enamorarme un poco, pero no sé ni cómo sería. Siempre espero que ocurra algo aunque, la verdad, estar enamorado es tremendo. Yo hice un espectáculo  vinculado a eso, junto a Claribel Medina: “Ojalá te enamores”, se llamaba que es una maldición árabe. Yo, encima, judía...  Parece ser que los árabes le decían eso a los judíos cuando pasaban al lado: “¡Ojalá te enamores!”

 

Rita Cortese.
Rita Cortese.

(1) “Nada”, Julio Sosa
(2)”El arriero va”, Atahualpa Yupanqui
(3) Imperio, Michel Hardt, Antonio Negri




ROPA DE ULTIMAR

Lo inesperado: Entrevista al escritor Juan Sasturain

Entrevista: Viviana García Arribas, Noemí Pomi, Alicia Lapidus, Isabel
D´Amico, Nicolás Sada, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman

 

            Son las 12 de la noche. ¿Es que voy a volver a mi diario de horas del 55, cuando escribía mis importantes acontecimientos en una maldita prosa contemporánea a ellos? En esa época me levantaba y me ponía la ropa y mi diario íntimo (una especie de “prenda íntima”) y antes de acostarme me desnudaba del diario y de la ropa.”
Alejandra Pizarnik, “Diarios”


Es el último llamado. Justo donde el mar está a punto de romper en la orilla, se detiene un instante antes del final y la viste. Así engalanada, la arena podrá enfrentar los caprichos de la luna. Entonces, el agua que ha se atrevido hasta el borde de Ultimar, regresa hacia donde vino, con pretensión de confines. Probablemente, quede varada a mitad de su deseo, por culpa de una súbita viga acuosa que, desde ninguna parte, ha caído a sus pies. Así, desnuda, con todos sus planes disueltos y con todas sus lógicas arremolinadas, esta audaz porción de agua es asistida por el resto de sus compañeras, quienes la emperifollan con solidarias texturas. De ese modo, la huerfanita corajuda funda territorio, a medio fluir ente el puerto de partida y el puerto de llegada. Mientras tanto y siempre, un retumbo de final llega desde el fondo. Simulacro perpetuo de bala que ultima el horizonte y, en vez de tumbarlo, lo renueva. Por su parte, la arena de orilla, que ni enterada está de estos ensayos fallidos, aprovecha la ropa regalada por su imprevista madre-espuma y sale de parranda. Antes, y por gentileza de alguna almejita de la zona, se calza una burbuja a modo de sombrero y agrega en su ojal un caracol partido, como bijou de ocasión. Y, mientras en la orilla, todo es coquetear de ropa usada ante el espejo del cielo, entre los dos bordes de la inmensidad, sólo reina una confusión de lecturas, resonancias de biblioteca marina que, de mano en mano, hace circular porciones de tiempo entre altas y bajas y del mar. En ese entrevero, hay tristezas y romances, muertes y desencuentros. Pero, donde la falta fluye, se escribe una presencia. Eso sucede aun cuando, lejos de la playa, la ciudad se obstina en tajos y heridas. Cuando colchones apilados en las esquinas reclaman su intemperie sin ilusión de dormitorios. Cuando, por las calles, errabundean siluetas en busca de abrigo, zapatos que huyen sin pies, pies que exigen su calzado. Incluso entonces, en esa tristeza de Ultimar, algo se calza un póstumo tejido del tiempo, entremezcla ropa con cuerpo, cielo con suelo. Y, finalmente, tal vez con el único pulso que un botón de un puño o un hilván retiene de los ausentes, despunta una historia. Y le guiña un ojo a la luna, para que afloje con sus caprichos. Y remonta altura. Y es Juan Sasturain que tiende la ropa usada. Por supuesto, ropa de ultimar. 


DE COTÉ

                                   Frente al televisor, harto y callado,/ enfermo en cama, como en invierno,/ no pudo soportar más el infierno/ de ese Jurassic Park reprogramado./ Lo apagó y se puso de costado./ Sólo deseaba alcanzar el tierno/ consuelo frágil de un sueño eterno/ que lo llevara del otro lado./ Y soñó, como cuando era nene,/ que nada vuelve atrás y que es así:/ que siempre lo mejor es lo que viene./ Y fue feliz por él, por vos, por mí. Mas cuando despertó y puso TN/ el tipo todavía estaba allí.”
“El dinosaurio”, poema dedicado a Monterroso, “el breve”, Juan Sasturain


De todas las cosas que marcamos en tus textos, una muy interesante es este traslape entre lo vivido, lo recordado, lo imaginado y lo leído.

Este trabajo que se han tomado ustedes es halagador y, por otro lado, intimidante. Son tipos de experiencias que uno ha vivido, subsumidas, al momento de escribir. En el fondo -y eso es muy borgeano- como escritor, siempre te decís un impostor. Al escribir, partís de la genuina sensación de que tu vida no tiene absolutamente nada interesante ni tenés nada importante que contar ni te han pasado demasiadas cosas. Pero, pese a eso o tal vez por eso mismo, tenés la compulsión -ni siquiera existencial- sino ese mero gusto por narrar. Yo siempre he supuesto que ese gusto es una derivación del placer de la lectura. ¿Y por qué, de recibir historias uno pasa a inventar historias? No lo sé. Me animo a decir que escribo porque me ha ido bien, porque me he sentido cómodo haciéndolo. Es una cosa que, desde pibe, descubrí que  hacía más o menos bien. A ver: es como en el amor, no escribís poemas cuando te va bien, escribís cuando te han pateado o te fue mal. La escritura viene después de la aventura. O al lado, por el costadito.

¿Esto de los traslapes se produce sólo al escribir? Pensaba: si uno se imagina durante mucho tiempo que recuerda algo, termina tal vez incorporándolo como una memoria.

Ese es un ejercicio lindante con la mitomanía que hacen muchos escritores. Conocemos extraordinarios narradores, como el tano Pratt o el mismo gordo Soriano, que son narradores compulsivos. Imposible saber qué les pasó qué inventan. Y no importa distinguir eso tampoco. Ellos construyen su relato desde un lugar donde todo está entreverado, consciente o inconscientemente.

Jason deCaires Taylor.
Jason deCaires Taylor.

¿Creés que para alguien puede no estarlo?

No sé. También está la construcción de la figura del escritor. A uno le provoca cierto rechazo, uno trata de no hacer conscientemente esa operación para darse un determinado lugar desde el cual sostener verdades o intenciones para explicar qué hace uno. No me reconozco en eso. Al leer a Piglia, por ejemplo, a un Sábato o a un Aira, para nombrar tipos distintos, siempre encontrás una construcción consciente de un lugar desde el cual se escribe y se busca ser leído. Yo, como estoy en estado pre psicoanalítico, diría que me refugio un poco más en esa actitud equívocamente espontaneísta.

 

RAINER MARIA, NO ME PSICOPATEE

                  “(…) –Hay dos tipos de necesidades: lo que alguien necesita y lo que es
necesario. Que alguien necesite escribir no significa que sea necesario que
escriba.

                 –Rilke dijo que sólo se debía escribir si no se podía vivir sin hacerlo. –Hay dos
tipos de poetas: los que creen en la poesía y los que se la creen.

                –Como los actores: los que se la creen y los que te la hacen creer. –Hay dos tipos
de creyentes: los que tienen fe y los que creen tener fe (creen en lo que tienen).

                 –O no.

                –O no qué.

               –Hay dos tipos de o: para la equivalencia (xeneizes o bosteros) o para la
disyunción (directo o diferido) (…)”


“Hay dos tipos”, Juan Sasturain (1)

¿Hay algo singular en el oficio de escritor respecto de otros oficios?

No, no creo. Conti decía que él era escritor nada más que cuando escribía. En eso sí creo.

Pero el resto del tiempo uno también lee, aunque no sean libro.

Claro. No quiere decir que por ser diseñador andes diseñando todo el tiempo.

Juan Sasturain. Fotografía: Lourdes Landeira.
Juan Sasturain. Fotografía: Lourdes Landeira.

En eso no es singular entonces. Tiene el mismo vicio que los otros oficios.

Mirá… No debe ser casual que yo ahora me meta con un tipo como Hammett. Tiene muchas cosas con las cuales uno se siente deseoso de identificarse. No tanto que yo me reconozca como él, sino que hay allí una manera de leer la realidad y de relacionarse con el trabajo que me resulta convincente. En ese sentido, Hammett es muy saludable. Por ejemplo, tiene algo  que uno ha incorporado con la práctica o a través de lectura de Oesterheld o de Walsh: no diferenciar lo artístico de lo laboral, el trabajo de la vocación artística. Lo que vos sabés hacer y lo que te gusta hacer son dos cosas intercambiables. A uno le gusta lo que sabe, lo que puede o lo que se anima. Es mejor que te guste. Uno trata de que esa práctica esté ligada a su vida cotidiana. Lo que todos deseamos es vivir de lo que nos gusta hacer. Y vivir es trabajar. Trabajar no es una maldición, el trabajo nos expresa. A mí, la idea del tipo que tiene muy separadas la expresión de su auténtico ser de la manera en que se gana la vida, el artista incomprendido, me parece un tipo que no da sincera cuenta de la relación con el mundo. Nos relacionamos a través del trabajo. El trabajo no es una maldición bíblica, no tengo una visión marxista del trabajo. Si puedo unir aquello que sé hacer con una manera de ganarme la vida, me parece maravilloso. Ese es el punto de partida de mi práctica literaria. Y yo, básicamente, creo en la práctica más que en ninguna teoría. Somos el resultado de lo que vamos haciendo.

Mucha gente que escribe no es que no elija, sino que no puede ganar dinero  con ese oficio. Si no pudieras ganarte la vida con esto, ¿lo harías igual?

Lo he hecho toda la vida. Hay muchos casos en que existe una explícita vocación de mantener separadas las dos prácticas. Reconozco que lo que acabo de formular recién no es compartido por muchos: “No. Yo quiero dejar mi relación con la escritura absolutamente fuera de todo lo que pueda contaminar la escritura, ese espacio de expresión de lo indecible”. Me parece válido para quien lo sienta en esos términos, pero no es lo mío. Vamos a citar a Walsh, total… “Durante años estuve inmovilizado por aquel chiste tragicómico de Rilke: No escriba si puede vivir sin escribir”. No dejaba de ser una linda sicopateada, ¿no?

Mathieu Gpussi, Hortensele Calvezs.
Mathieu Gpussi, Hortensele Calvezs.

Creo que cada uno hace lo que puede con las circunstancias que se le presentan.

Por supuesto. Además, hay una cosa básica, anterior a cualquier disquisición más o menos abstracta o filosófica, que es la condición económica. Yo soy un privilegiado, absolutamente. Y, cuando hablo de mí, hablo en términos de clase. Crecí en una familia y en una época en la que pude elegir. No tuve que laburar hasta los veinte años. Mi viejo me permitió venir a estudiar Letras a Buenos Aires, una carrera piantavotos con la que nunca podría ganar un mango. Soy un privilegiado, viví en la Argentina y pude estudiar en la Universidad gratuita. Fui chico en los 50, joven en los 60. Eso no podemos dejarlo de lado.

 

MÁS RESPETO POR LA PILCHA USADA

            “Con usura / el Viejo Ezra espera usado impecable / entre bestsellers / en los estantes devaluados de Corrientes. Con usura / un ejemplar de los Cantos –el tomo primero, edición de Cátedra entorpecido por las notas de prolijos gallegos– cuesta cerca de quinientos pesos. Con usura, en democracia, Ezra Pound está prohibido.”
“Acerca del estado de los cantos”, Juana Sasturain. (1)

Con esta potencia que tiene la escritura, de permitirte crear la realidad e incluso tu biografía, ¿lo urgente no sería llevarla y ofrecerla en los lugares donde hubiera el deseo y donde no hay condiciones tan privilegiadas como las que vos tuviste?

Claro que sí. Siempre he creído casi naturalmente en la cosa estimulativa. Creo que lo expresivo y lo comunicativo son dos caras de la misma cosa.

¿Y ofrecer el oficio para que otros lo descubran?

También, pero nunca lo he practicado porque no me salen esas cosas. No porque no crea. He dado clases, he sido profe de la Facultad, he dado talleres, pero no me viene por ahí. En los últimos años me ha tocado, un poco de casualidad, trabajar en espacios, a través de ciclos vinculados con la divulgación de la lectura, algo que en la reputísima vida me preocupó. Pero, claro, un tipo que labura en la tele y habla de libros… “Bueno, este debe saber”. ¡Aunque no tengo la menor idea! Ni tampoco es una inquietud personal. Eso fue resultado de la expansión de poder hablar de algo que me gusta. Es como con el fútbol. No sé mucho de fútbol, me gusta hablar de fútbol que es otra cosa. Me gusta y puedo compartir o apasionarme solo… Mi relación con el universo de la literatura, en ese sentido, es similar: es el gusto de leer. Una obsesión como cualquier otra. Poder compartir eso, no programáticamente, sino como una cosa natural…

 Igne Urquiza. "Ropa tendida."
Igne Urquiza. “Ropa tendida.”

Hay algunas marcas muy singulares en tu escritura. Muchos de tus libros tienen mucha acción. Pero no es en los verbos donde notamos la mayor dedicación, sino en los adjetivos…

Es absolutamente consciente, a veces excesivo, uno va buscando la manera de que lo escrito lo convenza y lo deje contento. Si has leído a Borges, a Onetti, ¿cómo carajo no vas a escribir o a intentarlo por lo menos?

Pero eso de buscar el adjetivo que no sea el habitual, y eso de cuidar el golpe de efecto,  concentrarse en el efecto extrañamiento…

¡Perfecto! Porque la literatura no está hecha de acontecimientos ni de personajes, si no de palabras. La materia con la cual trabajamos es el lenguaje. ¿Por qué escribimos? Porque leemos ¿Y porqué leemos y disfrutamos? Y, porque, al leer -por ejemplo a Salgari-, imaginamos… Pero no, no es Salgari, es la escritura. Yo soy lector de escritores, no de géneros. Es como decía Chandler “Yo no escribo literatura policial, escribo prosa inglesa”. Ahí está la cosa. Es el mismo concepto de Barthes: estamos escribiendo, somos escritores. Uno trata de serlo. Aunque hagas una contratapa de un diario, sos consciente de utilizar un instrumento opaco con el cual hay que laburar. Te estás poniendo una pilcha usada y tenés que buscar la manera de que aún sirva para aquello que fue inventada, es decir, para comunicarnos con vivacidad.

La metáfora de la ropa también te gusta…

Yo compro ropa usada, me gusta usarla.

Hablás de la gente que posa, del escritor que se prueba una ropa ajena y se mira todo el tiempo al espejo a ver si le queda bien o le queda mal.

Me gusta vivir en una casa vieja, compro libros usados, uso la ropa que dejó mi suegro, que murió hace unos años… me cuesta comprar ropa o ir a la peluquería. En cuanto a la práctica de la escritura, no creo en el progreso en términos literarios y, por lo tanto, en eso estoy más cerca de Eliot que de otros. Creo que hay siempre una tradición en la que nos insertamos. Cada vez que escribimos, lo hacemos con todo lo que hemos leído. No creo en la vanguardia como un valor en sí. Nunca me sentí ni vanguardista ni novedoso ni revolucionario. Siempre me he sentido un integrado culturalmente. Tampoco creo en el parricidio para crecer ni en la competencia para ganar los espacios. Empezás por matar al padre y terminás por matar a los hermanos también. Esa tendencia a sobrevivir solito, a crear tu propia dinastía…

Usar ropa usada es lo contrario del parricidio, es traer a todos: padre, suegro, hermanos… Llevarlos puestos.

Sí. Llevarlos puestos. Somos todo eso que hemos leído, lo que hemos heredado. Eso incluye, desde tu condición social, tu postura política, tu relación con tu papá, tu relación con tu país y hasta tu historia. Hacer la arqueología de esas presencias está bien, lo notas cuando  hay un lector inteligente, sagaz, como Borges o como Ricardo Piglia, quienes son, además de extraordinarios escritores, capaces de pensar con sagacidad, inteligencia y originalidad su propia obra y la de los demás.

Ángel Ripoll.
Ángel Ripoll.

 

LA CAÍDA DE MIS MANOS

 

“(…) Dejo constancia que todo lo que me hierve la sangre, me hace ser mal agorero. / Dejo dicho, sin embargo, que siempre vale la pena recordar aquel tormento. / Dejo tirada en el piso la amargura y me preparo para el próximo entrevero. / Y dejo escrito el poema: como los muertos, no tiene fecha de vencimiento.
“Veinticuatro por veinticuatro”,  En el XXIV aniversario del golpe militar del 24 de marzo de 1976, Juan Sasturain (1)

 

Juan Sasturain. Fotografía: Lourdes Landeira.
Juan Sasturain. Fotografía: Lourdes Landeira.

Vos habías hablado del extrañamiento. ¿podés vincular este concepto a lo poético?

En todo lo que escribo hay una continuidad. En la escritura de los poemas o de un texto ensayístico, ya sea dedicado a un autor o a un partido de fútbol, verás que aparece. Salta cuando me hacen la pregunta sobre por qué he optado por trabajar en los medios. Sí, yo he trabajado toda mi vida en los medios gráficos, pero ¿soy periodista? No. No tengo la menor vocación periodística. Alguien puede pensar que quiero desmarcarme de una cosa, pero no, no tengo aptitud ni actitud de periodista. He trabajado cuarenta años rodeado de periodistas y no soy periodista. Utilicé los medios masivos como soporte para una escritura, para escribir.

¿Y lo poético?

Como todos nosotros, escribí poesía  durante muchísimo tiempo, desde pendejo, porque la poesía está entre las primeras cosas que leés y que te revelan la existencia de la literatura.

¿Todavía escribís poemas?

Sí, sí.

¿Y cuándo necesitás la forma poema?

Cuando perdí a esta mujer, por ejemplo, tuve que recuperarla a través de los poemas que escribí.

Ah, volvió, ahí está, son efectivos…

Sí, son poemas escritos para eso. No vas a reconquistar a una mujer con un cuento de fantasmas… Me refiero a que, en algún momento y por alguna razón, para expresar ciertas sensaciones o ciertas necesidades, la poesía es la forma que se te impone. Y eso en cualquier contexto. La poesía se me ha ido cayendo de las manos, se ha ido publicando sola en distintas coyunturas por las necesidades del momento. El primer poema lo publiqué hace como treinta años, y es precisamente la “Carta al sargento Kirk”.

Se publicó en plena dictadura, en una revista que se llamaba “Medios y comunicación”, uno de los pocos espacios donde se podía escribir algo. Ahí los conocí a José Pablo Feinmann, a Gregorich y a algunos otros compañeros. Escribíamos ensayitos y notas sobre los medios, la ideología y todo ese tipo de cosas. Un día, al escribir algo vinculado a las historietas, empecé con una carta al sargento Kirk. Era un texto poético, lo llevé a la revista y se publicó así. No tenía un carajo que ver con nada, pero si lo leés, ahí está toda esa continuidad de la que te hablaba.

Andreas Franke. Obra expuesta bajo el mar.
Andreas Franke. Obra expuestade bajo el mar.

¿Y cuánto tiene que ver ahí la cadencia?

Todo. Hay muchos ejemplos de cómo se me impone la forma poética como la única  posible para determinado texto. Por ejemplo, De la Flor edita “El poeta asesinado”, de Apollinaire. Es un libro muy bonito, con ilustraciones de Oscar Grillo. Me pide, Cuqui, de La Flor: “Juan, ¿Querés escribir un prólogo”, “Cómo no”, dije. Era un gran desafío, porque Serrat le había escrito otro prólogo… Y lo escribí como poema.

Apollinaire escribió muchos textos de ocasión, como el “Poema escrito el día de la boda de mi amigo André Salmón”, hermosísimo. Bueno, con ese espíritu está escrito ese prólogo. Se llama “Un grillo canta en el casco agujereado de Apollinaire”. Y, en los últimos años, muchas veces ante cierto requerimiento, he escrito muchos poemas ocasionales y de combate político. Otro ejemplo: Se murió Videla, bueno, escribí el epitafio. Hace dos años, cuando me jubilé, había llegado exactamente a ese límite. Durante muchos años escribí la contratapa de los lunes de Página 12, un espacio que se llama “Arte de ultimar”, que es -además- el título de un textito que escribí cuando se murió el gordo Soriano. Él sí tenía el arte de ultimar. Bueno, esas contratapas yo las escribía los domingos a la tarde o a la noche. En los últimos tiempos me daba cuenta que no podés hacer catarsis con tus lectores todos los lunes, no podés estar escribiendo con un balde de mierda al lado. No es saludable para uno ni para los demás. Lo único que me salía, en última instancia, era más de lo mismo ¿no? Entonces, dije basta.

¿Cómo hiciste para apartar el balde?

Me jubilé. Cada vez que tenía que escribir, la solución era que, o bien opinaba sobre lo que estaba pasando o hablaba de otra cosa. Y hablar de otra cosa es siempre dejar de hablar de una. Pero, bueno, siempre me he dado los gustos, he podido trabajar en medios en los cuales había un acuerdo tácito: yo escribía lo que se me cantaba y eso que a mí se me cantaba le servía a quien lo publicaba. Y, como todas las cosas que pasan en nuestras experiencias, ese es un equilibrio inestable.

María Orlowskae
María Orlowskae

Y hay épocas también….

Exacto, hay momentos personales, momentos de la realidad en que estás muy pegado a lo coyuntural, otros en que la realidad te requeriría y vos estás en otra…

Y ha habido gente como Miguel Ángel Bustos, por ejemplo, que entregó su vida contra la dictadura. Sin embargo, su militancia poética se permite no tomar como tema explícito la coyuntura.

Exacto. Son decisiones, momentos. En mi “Hammett”, aparece mucho la cuestión de qué cosas escribí, sobre qué escribí, en qué circunstancias, eso está siempre

 

TE JUEGO A UN SILENCIO

            “(…) Había una vez un verbo un verbo/ sin decir -sin gritar- un verbo/ calladito y sin balcón/ un verbito nomás un verbo más o menos/ sin jugar ni conjugar/ sin tiempo ni modo/ ni voz / ni vos- ni yo tampoco/ teníamos el verbo: / HABÍA UN SILENCIO ASÍ (…)”
“Evita, de evitar”, Juan Sasturain (1)


En “Hammett” el silencio está muy presente,  hay toda una gradación del silencio, y silencios depresivos, silencios como pausas, silencios como falta de lenguaje y otras que hablan. Acá va uno de “El último Hammett”: Tras la conmoción se rehízo lentamente el silencio. Fueron algunos segundos de mansa expectativa, como cuando se depositan, a través del agua transparente, los falsos copos de nieve sobre el techo de una casita navideña de juguete”.  Y uno de “Manual de perdedores”: “A la derecha, en un lavatorio chico de una sola canilla, un fino hilito de agua corría incesante sin el menor sonido”.  El silencio aparece en todos tus libros.

Mirá vos… En el momento de la escritura y en el de la lectura hay una conciencia de que lo que pasa y lo que se dice, tiene un contexto. Y ese contexto incluye un sonido que lo rodea, por eso hay mucha referencia musical. Es decir, como cualquier experiencia, la escritura siempre está situada. No advertí lo del silencio.

Jason deCaires Taylor. Esculturas bajo el agua.
Jason deCaires Taylor. Esculturas bajo el agua.


Hay, también, mucho mundo y muchos retratos. A veces son cinematográficos, a veces pictóricos, a veces de cómic, como cuadros de cómics. Sin embargo, cuando Hammett destaca su gusto por las sagas irlandesas, se refiere justamente a lo despojado.

Exacto, leyendo una de las pocas biografías exhaustivas de Hammett que se publicaron, la de Diane Johnson, descubrí ese dato. Obviamente, ¿quién leía las sagas islandesas? Borges…

Y en islandés las leía…

Claro… entre tantos idiomas que manejaba… A mí me gustó mucho descubrir esas lecturas de Hammett quien, además, leía a Flaubert y a otros tantos. Era un autodidacta de lecturas variadas y de escritores. Como yo, era un lector de traducciones, no manejaba idiomas y  tampoco salía mucho de su país. Me gustó muchísimo lo de las sagas porque la saga tiene una escritura muy despojada, seca, muy armada con elementos decantados, pocos elementos formales combinados… es como un tetris poético. Pero intensa, ¡muy intensa! Las sagas no se detienen en motivaciones ni en explicaciones, son los hechos los que hablan. La manera de contar de Hammett, en “Cosecha Roja” por ejemplo, es una prosa despojada y conductista. El modelo más acabado, casi hasta el amaneramiento, es “La llave de cristal”, donde los personajes actúan y nunca hay una referencia respecto a sus sentimientos relativos, se expresan sólo a través de sus dichos y sus ademanes. Hammett leyó las sagas y, ahí, descubrió mecanismos narrativos que le sirvieron.

Juan Sasturain. Fotografía: Lourdes Landeira.
Juan Sasturain. Fotografía: Lourdes Landeira.

Y hoy tenemos textos a la inversa, una escritura donde hay puros mundos y retratos, como algunos  momentos de Liliana Bodoc. Vos que sos un escritor tan de aventuras, ¿podrías considerar la tensión que se produce entre esos rostros y mundos, como conflicto suficiente para sostener la narrativa?, ¿considerarlos hechos, otra forma de producir “hechos”?

Es otro tipo de escritura, ¿no? No tengo la más puta idea de qué es un hecho en narrativa. No sé… Por ejemplo, Kafka y Proust son dos universos de escritura absolutamente contrapuestos.

O Saer, en “Glosa”, donde caminan, hablan y miran nada, pero está lleno de hechos.

Sí, sí. Yo creo que uno se incorpora en las estructuras, creo en la necesidad de escribir a partir de aquello que te gusta. Escribí “Manual de perdedores” a partir de una estructura ya conocida y consabida.

La ropa usada.

La ropa usada. Usar el género a partir del género. En ese sentido, creo que la ropa usada, el género, pasa por determinado universo de autores, que uno ha leído en determinado momento de su formación. Después, vamos a ver qué conflicto tiene uno con ese momento, si necesita romper con él o seguirlo. En mi caso, mi ropa usada se vincula con el descubrimiento de los escritores norteamericanos, en general, en un espectro muy, muy amplio…

 

Rebekka Rauschhardtdsc.
Rebekka Rauschhardtdsc.

 

EL FOLLETINADOR  DE VERSIONES

 

“Primera  noche de El Eternauta III. /Invitan al mano a sumarse a la mesa, / pensaban cambiarle la dura cabeza, / explicarle el truco, una y otra vez. / Mas no entendió el juego. Quizá la vejez, / la vida en continua sin fe ni tristeza/ fuera de la historia y la necia certeza/ lo hicieron cautivo de la boludez. / Y hubo que explicarle que con treinta y tres/ de mano –con perdón– gana cualquiera. / La gracia consiste en pensar al revés, / y hasta echar la falta, si viene fulera. / La Historia, manito, nos llama otra vez. / Hubo dos versiones, viene la tercera.”
“La vencida”, Juan Sasturain (1) 

 

¿Y poetas?

Sí, pero los poetas vinieron después, y con la poesía traducida, en mi caso: Ezra Pound, William Carlos Williams, pero después.

¿Y del cine norteamericano?

El cine, sí, claro. Cine, comic, son todas formas narrativas. Con el pretexto argumental de la aventura y con el formato folletín. Lo más tradicional. En el fondo, ¿qué escribo yo?: folletín. Por ejemplo, “Manual de perdedores”  fue una escritura privada y su publicación fue en forma de folletín. Cuando llegó el momento, lo corté en pedacitos y lo armé como pequeñas entregas: entre sesenta y setenta páginas diarias. Y, además, podría decir que toda mi escritura ha sido folletinesca. Cuando muchas veces digo que escribo sin saber adónde voy, se trata de eso, de la forma folletín. Yo no armo una estructura y luego la relleno. Se me genera un personaje, que tiene una idea, una obsesión, uno a quien le pasó determinada cosa y él cree que ese suceso le reveló una verdad. Entonces, en función de esa revelación, intuición, locura, monomanía o estupidez, genera un montón de otras acciones, hace algo con su vida, busca un sentido. Eso es, busca darle un sentido a lo que no lo tiene. Todos nosotros nos inventamos algo, ¿no? De la misma forma, el personaje se inventa un mundo y uno lo acompaña en ese proceso. Yo no sé cómo va a terminar la novela.

Jason deCaires Taylor.
Jason deCaries Taylor.

Esa es la gracia del juego.

Y es todo lo que se te revela después. Si la escritura tiene algún tipo de tensión, reside en esa incertidumbre. Si ponés a dos personajes a conversar y ya sabés a qué punto van a llegar… ¿cuál es la gracia? Por ejemplo, la muerte de Sam Rosen no estaba prevista. Y se dio… No tengo idea de quién lo mató tampoco. Es decir, escribir es enterarse, yo creo totalmente en eso. Si uno tuviera las respuestas, no sólo no escribiría, no haría un carajo. La cultura misma es el resultado de nuestra incertidumbre ¿por qué hacemos cosas? Porque no sabemos. Sabemos de nuestra finitud, pero nada más. Y otra cosa: ¿por qué uno relata?, ¿por qué inventa cosas? Porque, en última instancia, llegás a la certeza de que lo que más se acerca a dar una explicación a la condición humana es que sos parte de un relato ¿Qué es el universo? Es un cuento, alguien le está contando algo a alguien. Alguien, en algún momento, empezó a contar algo. Y todo este quilombo es una historia…

En un momento, en “El último Hammett” dice:En el fondo, ya fuera lo vivido, lo leído o lo soñado, siempre eran versiones, no había otra cosa”.

Sí. No sé bien cómo se llega a eso. Alguien  consuela a Hammett con esa idea. Creo que se lo dice Lilian. La Lilian en que se basa el personaje fue escritora, léanla, les va a encantar. Todos los que aparecen ahí son grandes escritores. Lilian Helman fue la compañera de él por muchos años, una pareja muy linda, además.

¿Y  la relación fue como aparece en la novela, con esa distancia, con ese hábito  de verse cada tanto?

Sí, tuvieron épocas de convivencia y otras que no. Pero fueron muy compañeros en todo el sentido de la palabra. Lilian Helman es una notable escritora. En especial, sus libros autobiográficos: “Pentimento”, “Mujer inacabada”, “Tiempo de canallas”. ¿Vieron “Julia”, con Vanessa Redgrave y Jane Fonda? La Helman era una mujer muy inteligente, bastante fea pero seductora y muy rápida -eligió a Fonda para hacer de ella-, y la película, más allá de que se base o no en un episodio más o menos real, es muy buena. Rescata una parte  de “Pentimento”.

 

LA ILUSIÓN DE  UN PUÑO

 

                        “Ya pasó. La ciudad es como un plano/ de nuestras decepciones y fracasos. / Muertos de frío, duchos en ocasos, / hasta el final, aguardamos en vano. / Fue lo que quiso ser, no fue distinto/ de lo que han querido en otros casos/ estos mismos porteños cuyos pasos/ parecen elegir el laberinto. / Aquí, la gente temerosa espera/ que un zorro, de la noche a la mañana/ les cuide y limpie el gallinero. Vana/ ilusión, que los junta a la ligera. / No los une el amor sino el espanto. / Será por eso que les temo tanto”
“Malos aires”, Variaciones sobre un tema del Maestro Ciego, Juan Sasturain (1)


El tema de este número de la revista es “Lo inesperado” Hay una escena que me gustó muchísimo:
Una viga (…) que venía de ocho o diez pisos de altura, como un proyectil, como un obús, se clavó a diez centímetros de mis zapatos (…) Ni me tocó….toda mi vida  podría haber sido borrada del mundo (…) por la irrupción de una viga desprendida… Lo que pasaba no era una desgracia ni una suerte. Era, simplemente así. El error era considerar la vida de otra manera”.

Esa escena se cuenta varias veces. Después no es una viga sino otra cosa que cae.

Juan Sasturain. Fotografía: Lourdes Landeira.
Juan Sasturain. Fotografía: Lourdes Landeira.

Ese es un texto central, uno de los disparadores de esta novela. Lo que vos estás contando es el capítulo noveno o el séptimo de “El halcón maltés”, una novela policial extraordinaria, más allá del género y más allá, incluso, de la película de Houston, que es muy buena. Lo más fuerte del mito Bogart está ahí. El mito del detective duro Sam Spade-Bogart, que en el final, la entrega a Mary Astor. Este cuento se lo cuenta Sam Spade a su cliente en un capítulo que, en la novela, funciona como un insert. Tanto es así, que en la versión cinematográfica no está. Se sientan, están esperando a la policía, y él le cuenta una historia, un cuento para llenar la espera.

Tu  libro está lleno de cuentos.

Sí, es un festival de cuentos. Hay una novela incluida, incluso. Y este es un cuento que tiene toda la pinta de un apólogo chino. Eso está dado por una imagen maravillosa y extraordinaria: si la viga hubiera caído un centímetro más cerca de su cuerpo, moría. Si caía un centímetro más allá, también moría. Para ese hombre ese episodio fue  haber sacado la tapa de la vida y ver cómo funciona, cuál es su mecanismo. Como quien dice: Yo tenía toda mi vida ordenada pero, mirá lo que me pasó… ¡ordenada, un carajo! ¿Qué podemos ordenar nosotros? Este intento de organizar, de coordinar, de manejar el tiempo es una pelotudez. Lo que realmente rige al mundo es el azar. Entonces, uno decide vivir libremente, sin planes.

Entonces, ese hombre, ante la viga, supo.

Supo, sabe. Tiene una intuición. Ahí está, tiene una verdad. Y trata de ser consecuente con eso. Ahora ¿en qué consiste la condición humana? En que ese tipo de intuiciones están dadas por nuestra propia condición imperfecta y que no podemos sostenerlas nunca. Si sabemos que nos vamos a  morir, ¿por qué hacemos cosas? Y sin embargo, seguimos adelante…

Hasta que se cae la viga.

Claro. Se cae la viga y nos damos cuenta que podríamos amasijarnos y no pasaría nada. Pero seguimos construyendo. Hemos hecho todo esto, a lo largo de millones de años, ¿para qué mierda? No cambió nada. Seguimos muriéndonos, seguimos sin saber y, sin embargo, lo hacemos.

Adriana Lestido.
Adriana Lestido.

¿Cómo sería que algo cambie?

No sabemos. Precisamente por eso aparece la pregunta de para qué está el hombre aquí, qué sentido tiene contar….

Las palabras tienen fuerza de viga.

Totalmente. En el caso de este cuento, hay una imagen, cuando se intenta explicar la desaparición de un personaje de la novela, el texto dice: “desapareció como desaparece el puño cuando se abre la mano”. Hijo de puta… Esto es zen puro. Entonces, después hay toda una explicación de un personaje argentino: él dice que descubrió de dónde se afanó esa historia: de un cuento  chino del siglo VII, donde esta historia está contada de  otra manera… Pero es todo inventado eso. Un cuento chino…

Pensaba que cuando el tipo le cae la viga lo que se pincha -vinculando un poco con lo que nos decía otro entrevistado en este número, Eduardo Lalo- es la ilusión. Lalo habla de las trampas de la ilusión. Y, ante la viga, el personaje se libera de la ilusión. Pero, bueno, después, se ilusiona de nuevo….

Es una muy buena manera de decirlo, sí. Lo que pasa es que no se puede hablar tajantemente de la pérdida de la ilusión. Es como decir “La vida no tiene sentido”. Se puede formular, ¿y?

Lo podés pensar de otra manera: no podés dejar de ilusionarte, pero tampoco podés apostar todo a las trampas de la ilusión; a que, si la ilusión no se cumplió, vas a ser un  desgraciado.

Bueno, es el lugar de cómo fundamentar una épica, digo, una ética. Mirá, me salió épica por ética.

Para el pre psicoanalítico está bien marcar el fallido…

Creo en las dos cosas, en la épica y en la ética. Sin un sentido, ¿desde dónde construimos una moral, si me perdonan la palabra?, ¿desde dónde construimos una cultura? El hombre se va fabricando a sí mismo. Mal que mal, se distancia de aquello en lo que estaba subsumido, donde era no más que un mecanismo, sale del juego y se construye otro tipo de reglas. ¿Desde dónde?, ¿dónde encontrás la raíz? Quiero decir: no hay una amoralidad esencial. Hemos llegado a construir esas cosas tan raras, tan extrañas, a las que les ponemos el nombre de amor, por ejemplo. Cosas que rompen con algo, que parecieran ser novedades y que se construyen a partir de una apuesta.

Andrea Frankes
Andrea Frankes

 

ESPEJITO, ESPEJITO, ¿QUÉ TIENE EL EMOTICÓN QUE NO TENGA LO ESCRITO?

                                   “A veinte años gardelianos/ que no son nada –dicen/ Lepera y sus cantores – Cavallo y su ballet /– que no son poco –dicen/ esas pilas de pavadas – esos soretes a pila – esas chinas chucherías–/ los paraguas – paragolpes – de dos pesos/ que no sirven – que no paran/ ni la lluvia – ni los vientos – la tormenta/ – la conquista – renovada – del desierto/ – del Estado desertor.”
“Dos”, Juan Sasturain (1)


Nico Sada, un anartista,  encontró una figura recurrente en tus textos: la del espejo. Él la encontró literal, En “Parecido S.A.”: “
No ha pasado nada, todo sigue igual. Pero no. Algo ha cambiado: en el espejo ya no dice MARTINEZ.     Sin título-1

dice. Pero después, en los otros libros, encontramos un montón de espejos. En general, lo que hay de un lado se refleja en el espejo de otra manera, son como espejos deformantes, muy borgeanos, no devuelven la imagen que se plantea de este lado. 

Bueno, no sé en mí, pero en Borges son una cosa una muy amanerada y casi excesivamente cerebral. Para él “los espejos son abominables como la cópula” porque aumentan, duplican la atrocidad del universo”.

Sí, pero mirá en Sasturain: “Es una apotegma consabido que, en la cancha, la camiseta se debe honrar, defender y sobre todo transpirar. El sudor es a la camiseta en el fútbol lo que la sangre a la bandera en la guerra. De la camiseta transpirada a la bandera ensangrentada hay un paso”. Esos son tus espejos.

A ver… el fútbol. Cuando tratamos de explicarnos, cuando a vos te apuran, te dicen “Escuchame una cosa ¿cómo le das pelota a esa gansada?, ¿cómo ocupás parte de tu tiempo o de tu pasión con el fútbol? ¿Sos más feliz si Boquita gana o pierde, te cambia el humor por un rato? ¿Qué carajo ponés ahí? La pregunta sería también qué ponemos cuando jugamos. Es muy difícil que aquellos que no hayan jugado el juego lo puedan explicar. Es difícil explicar el juego, es una actividad que define al niño, es decir, al libre. Es un ejercicio que se agota o se justifica en su propia expresión. Eso es jugar: hacerlo sin ninguna otra finalidad que el placer del propio ejercicio. Los juegos colectivos tienen mucho que ver con esto. Yo creo mucho en el valor de las experiencias, de aquello que hemos vivido.

Hay muchos filósofos, como Agamben, que piensan que estamos perdiendo la capacidad de tener experiencias. Bartis nos decía que, como el dinero no es una experiencia y la mayoría de la gente corre atrás del dinero, cada vez vamos perdiendo la capacidad de experimentar. ¿Qué espacios quedan hoy para tener experiencias?

Guerra de la Paz. Arte sustentable.
Guerra de la Paz. Arte sustentable.

Eso de Bartís es una definición, muy hermosa. A ver: la escritura puede llegar a ser un espacio para la experiencia. Hammett dejó de escribir cuando ya no era una experiencia para él. Steven Marcus, un gran ensayista norteamericano, lo dice en un prólogo: Al leer se conoce gente, por eso leemos, conocemos tanta gente más inteligente que nosotros, personas que lo pensaron todo antes. Por eso leemos.

Una vez más, Eduardo Lalo dice que hay como una complicidad extraña entre lectores, textos y personas que no se conocen y que están como en una cofradía.

Por supuesto. Los textos son los amigos que  nos han enseñado cosas. Yo conocí a Hammett, a Marcus, los leí…

Cómo no te va a gustar la ropa usada…

Totalmente. Hammett tiene un fenómeno muy particular, como ocurre en el caso de Roberto Arlt, quien escribió su obra narrativa en un período muy breve. Desde “El juguete rabioso” hasta “El amor brujo” pasaron nomás siete años. Eso hasta los 35 años de Arlt. Y, después, por diversas razones, entre otras la económica, se fue hacia el teatro. En el caso de Hammett, él escribió desde 1922 hasta 1934, de sus veintialgo a sus treinta y ocho. Terminó, en jornadas de dieciséis horas, “El hombre flaco”. La entregó en 1934. Y ahí puso el punto final. Tenía plata, minas, escabiaba, lo filmaban en Hollywood, pero nunca más escribió. No se pudo sentar a escribir. Y ya sabemos que el problema del escritor es sentarse. Cuando Marcus analiza su obra, dice que el proceso de la escritura es siempre el resultado de un equilibrio. Primero, poder generar experiencia. Y ¿qué es esa experiencia? Es lo que tiene algo revelador, en verdad. No es practicar una fórmula, todos lo sabemos. Acá viene bien la explicación de Roland Barthes para aproximar a qué es la literatura. Él dice que es como dar el pésame. Cuando se produce la muerte de alguien cercano, vos vas al velorio. El otro está destrozado, le das la mando y le decís “Te acompaño en el sentimiento”. Esa expresión es la fórmula perfecta, lo máximo que se puede decir: “Yo sé lo que vos sentís y yo quiero sentir lo mismo que vos sentís”. Intachable. Ahora, realmente, querés decir “Mirá, me tengo que ir temprano, de todos modos, tenía que venir”… Las palabras ya no dicen. Cada vez que hay que expresar un sentimiento complejo, cada vez que hay que escribir, contar una historia, hay que encontrar la manera nueva: esa nueva forma no está afuera, está en la tensión de la escritura. Es como declarar el amor, ¿por qué es tan difícil? Porque no hay fórmula, más allá de los emoticones y toda esa poronga. No hay fórmula, hay que construirlo cada vez porque cada vez es distinto. Entonces, la literatura es el lugar en el cual esa experiencia, vivida como tal, es posible. Hay que intentarlo. No siempre con el mismo grado de intensidad porque, obviamente, no te da el cuero para eso. Vos ya tenés experiencia, tenés fórmulas, sabés cómo resolver algunas cosas. Pero, cuando  encontrás esa forma nueva, decís: ¡Esto está bien! Y es porque encontraste la manera única que tiene eso de ser expresado. Y, como lector, es lo mismo: si andás mal vos, si andás distraído, no estás a la altura de lo que tenés ahí adelante. El negro Dolina lo explica muy bien: ¿Cómo tener una experiencia?, ¿cómo tener una aventura? Depende de tu disposición. Hay forros que a quienes jamás les pasó nada, porque nunca supieron ver qué los rodeaba. Nunca pueden tener una aventura porque no están dispuestos a tenerla.

Está el miedo, la falta de coraje…

Bueno, en eso consiste la pelotudez, en perderse las cosas. El señor López, de Carlitos Trillo y de Altuna, era exactamente eso. Su condición era la mediocridad. Que, en mayor o menor grado, está repartida en todos nosotros, esa incapacidad de trascender nuestra tendencia a la trivialidad, de no animarnos.

Lo trivial es como una rampa de despegue, de eso venimos.

Claro. Es lo que hay, siempre se parte de algún lado. Para tener una experiencia de escritura tiene que haber, en general, la experiencia previa de lectura, que nos pasen cosas al leer. Leer libros, ciudades, imágenes… Tener experiencias motivadoras. Entonces,  cuando llega el momento de la escritura, algo de eso aparece.

Juan Sasturain con el Anartista.
Juan Sasturain con el Anartista.

 

(1) De “El versero, 100 poemas 1976-2016” , Juan Sasturain

 

 

 

 




A FUEGO Y TINTA

Lo inesperado: Entrevista al escritor Eduardo Lalo

Entrevista: Viviana García Arribas, Lourdes Landeira, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman

 

                                                           “La luz no era de fuego ni de luna, y tampoco le estaba destinada. Nanahuatli comprendió que esa luz no la buscaba ni la requería. Sin embargo, caminó hacia ella (…)”
“Los días del fuego”, Liliana Bodoc

“Siempre que Bor miraba los establos quedaba abatido durante largo tiempo. Lo único que conseguía sacarlo de su quietud era la decisión de reconstruir algunos fragmentos de los códices para ponerlos a salvo bajo la piedra rectangular. Entonces lavaba sus manos como siempre lo hacían los astrónomos para trabajar con las tintas sagradas, y recomenzaba su doble labor de escribir en un pliegue lo falso, lo cierto en otro pliegue. “Aquí nosotros, los Primeros Viejos, escribimos para nadie. Decimos que una vez la magia fue noche y día, mitad por mitad. Escribimos en predicciones; por eso escribimos para nadie. Lloraríamos si nuestro llanto pudiera hacer que la serpiente mantenga unidas su cabeza y su cola. Pero aunque lloremos nosotros, los Primeros Viejos, la serpiente se hendió al medio.” Los códices preservaban la memoria y la sabiduría; aquello que permitía a los hombres hacerse verdaderos a sí mismos. La memoria y la sabiduría se escribían con tinta roja, con tinta negra, sobre delgadas láminas de corteza que luego se plegaban con perfección.”
“Los días del fuego”, Liliana Bodoc

 

Sudado por la pluma u obligado por un pujo desde  la herramienta hasta la página, un manchón de tinta ostenta su capricho ante la mirada. De pronto es una isla oscura, rodeada por una inmensidad muy blanca. De pronto,  brillo de obsidiana, lujo azorado en medio de la ausencia. Por esas cosas del deseo o de la memoria, en los bordes, el tiempo no se resigna a detenerse. Casi en secreto, la tinta prueba más allá de sus límites y, en ese obstinarse, desfleca filigranas. Así, mientras en las fronteras todo parece audacia y desafío, manchón adentro, la materia se arrebuja en grumos, ovillos y forrajes. Hay una espesura que, cerca de la raíz, se parece a la letra. Pero, al llegar a la copa, resuelve en trazos. El tránsito de la caligrafía al dibujo corre paralelo a la ruta de la savia. Cuando asciende, se hace verso. Cuando baja, acuarela. Si el ojo se libera de impaciencia, entre tanto ir y venir, relumbra un chispazo: luz entintada, runa sin huella, llama fugitiva de toda gramática. Y, aun entre toda esa noche, se ilusiona  un anhelo de  vigilia: “Ay, si al menos yo tuviera una casita en lo oscuro. Ay, si yo alcanzara la modestia de lo tachado”. Justo al doblar una curva, por azar o por  un súbito fuego, la ilusión se hace pedazos. Fragmentitos de sombra resbalan desde las manos. Y caídas muy cerca del corazón de la mancha, estallan contra la piel de la tinta. Los ecos llegan hasta la orilla, en la playa. Ahí, en la frontera difusa, un poco escrita y un poco contorneada, un fueguito -ardido a leña de caracoles partidos- juega  entre los pliegues de la tinta. En ese borde, encontramos a Eduardo Lalo.

 

Willem de Kooning.
Willem de Kooning.

 

COCA COLA, QUERIDA SEÑORA, ES EL SÍMBOLO PERFECTO DEL AMOR

“(…) una vez yo fui arrestado/ por haber sido acusado
de matar a mi papito/de clavarle un cuchillito/pero el juez me perdonó/ pues mi inocencia probó/soy culpable ya lo sé, /más no merezco gayola/lo maté porque papá me negó la Coca Cola/ (…) Coca Cola refresca mejor/Coca Cola elimina el dolor/Coca Cola querida señora/
es el símbolo perfecto del amoooor(…)”
“Coca Cola refresca mejor”, Jorge Schuscheim


Nos interesó el tema de la ilusión. Hay muchas referencias en tu texto a cómo la apuesta a la ilusión puede ser una trampa. En Necrópolis, por ejemplo, “Este es el país que aterra la ilusión/ certera de la palabra”. O en “La inutilidad”: “He llevado una vida gris y  he aprovechado esta condición para desprenderme de muchas ilusiones”.

Como bien dices, es un gran tema. Todas las culturas están llenas de supersticiones que no son otra cosa que ilusiones. Más allá de las culturas nacionales de cada quien, hay una supracultura que nos ha dominado por siglos, Occidente: y esa  también está basada en toda una serie de supersticiones. De pronto, en la Europa renacentista, ciertos personajes  hicieron el acto mágico de pensarse como en la Antigüedad Clásica. El único problema es que habían pasado ochocientos, novecientos o mil años y, durante ese período, la cultura europea había destruido lo que restaba de la Antigüedad Clásica para seguir unos modelos totalmente otros. Así se crea esta idea de los griegos como una especie de súper cultura, una cultura única: el milagro griego y todo eso. La cultura europea queda, entonces, como su continuación. Eso tiene bases, pero también mucho de superstición, de ilusión y eso mismo ha permitido a Occidente expandirse por el mundo en sus proyectos imperiales y coloniales. También le ha permitido crear lo que, desde hace mucho tiempo, define al mundo contemporáneo: el colonialismo político, cultural y mental. La mentalidad colonizada es una forma de enfermedad mental.

Rufino Tamayo. "Niños jugando con fuego."
Rufino Tamayo. “Niños jugando con fuego.”

Y, si lo llevamos a lo cotidiano,  la trampa de la ilusión también se da en las relaciones afectivas entre individuos. Allí es una apuesta medio suicida: “si no se me cumple, si no consigo tal novio, tanto dinero, seré infeliz”.

Sin duda. Toda la industria de la publicidad de nuestro tiempo se construye sobre eso. “Bebe Coca Cola y serás feliz”, “cómprate este carro y vivirás como el presidente de la Compañía”. Ese tipo de cosas…

Y también: “Sé artista y serás feliz con la escritura”

Así es, sobre todo, con el arte más comercial.  Es casi la idea de la tribu, de que los seguidores de tal artista o grupo forman una especie de cofradía universal y especial.

EXORCISMOS EN EL VACÍO

 “Algo profundo: un ojo, /la boca desdentada de la noche.”

“El vacío y su ruido”, “13 poemas de Arnau Pons”


Vos sos escritor, trabajás con las palabras. Así como en la ilusión hay una trampa, habría trampa en las palabras también. En un momento, hablás de palabras sinónimas y palabras antónimas…

Entiendo la literatura de una manera un tanto particular, una manera que no es sólo mía. En todo caso, puedo aspirar a ser parte de una tradición, a la que considero muy prestigiosa. Literatura no es necesariamente lo que encontramos en las mesas de novedades de las librerías. Allí, la mayor parte es derivativa, no cuestiona en nada a las formas ni al medio literario, da por sentadas todas esas supersticiones. Para mí, en cambio, la literatura es una disciplina de la duda y tiene un gran enemigo que es la impostura. Creo que, a través de literatura, se piensa. Es una disciplina de pensamiento como lo es la filosofía y como los son otras. ¿Cómo piensa la literatura?, a través de lo que podríamos llamar una palabra literaria, que es un uso muy particular de la palabra, que no se emplea en cualquier otro uso, donde la palabra no duda de las palabras. Así, el primer deber de la literatura es dudar de las palabras, de qué nos dicen, de cómo se han leído. Dudar de las lecturas que se han hecho. En la medida en que eso se haga, se puede llegar a un verdadero pensamiento.

Antonin Artaud. Dibujo.
Antonin Artaud. Dibujo.

Quizás en mi libro “Intemperie” es donde más claramente está expresado: pensar, para mí, no es sinónimo de actividad cerebral- que puede ser complejísima y para la que hace falta un gran desarrollo-  pensar es una actividad mental y también de todo el cuerpo. Por eso, este pensar es hacer dudar de las creencias y, por eso, la frontera del conocimiento cambia, se  mueve, se desplaza todo el tiempo. Y eso es doloroso, porque nos damos cuenta de que estábamos engañados. Lo mismo pasa al contemplar Occidente, al contemplar lo súper macro, que en lo micro: si uno tiene una compañera o un novio o alguien, con el tiempo, uno puede descubrir que esa o ese no son quien uno pensaba que eran. Eso es un acto de pensar en el que, usualmente, media una cuota de dolor.

Nombraste “Intemperie”. Hay dos figuras que aparecen mucho, nos solo en ese libro, sino  en toda tu producción: la intemperie y el vacío ¿Estar consciente del vacío y la intemperie no será un modo de exorcizar la impostura, de la que hablabas antes?

Sí, claro. La impostura no es eliminable de manera absoluta. En todo caso, yo propongo otra impostura, más crítica quizás, pero no me puedo salir del orden de las palabras, aunque lo he intentado. Hay un libro que seguramente ustedes no conocen porque no hay edición argentina, es “El deseo de un lápiz”, un ensayo fotográfico, basado en los graffitis de lo que era la cárcel principal de Puerto Rico. Ahí, hacia el final del texto, hay una página manuscrita con una escritura que ya no dice nada, una escritura abstracta, pura imagen. Es como salirse de la frontera de la lengua, que es también una forma de lenguaje, y después regresar. Como los alpinistas que suben al reino de la muerte donde no hay oxígeno, donde se mueren poco a poco y, luego, si tienen suerte, logran bajar, descender a la zona de la vida. En ese momento, casi ni el lenguaje queda. Pero la literatura aún puede señalar que ahí hay algo, un vacío repleto, una forma también de materia.

¿Cuál es la relación entre ese vacío lleno con lo poético?

La poesía busca, en gran medida, eso: acercarse lo más posible a esa experiencia intransmisible y, como si señalara, hacer un gesto al lector: “Mira, eso está ahí, a ver si lo ves, porque yo no te lo puedo deletrear, no te lo puedo decir en toda la palabra”. Esa experiencia, como de chispazo iluminador que tienen muchos poemas, implica  justamente llevar a la experiencia concreta ese descubrimiento de las cosas.

PALABRA AL FUEGO

“Silvina querida, te dejo los fósforos a ver si escribís otro cuento (por favor) con y acerca de y cerca del fuego. (“vivir ardendo / e non sentir il male” dice -y perdón por las faltas- la adorable Gaspara Stampa). Y luego: “Que no haya más finito ni infinito. Que solamente el amor vuelto fuego perdure.”
Tuya, A.”

De una carta escrita por Alejandra Pizarnik


En un momento de “Yuké”, dice: “Somos la humanidad (…) Somos los animales que hablan y usan el fuego, los que conocen que las dos cosas que más se parecen son el fuego y la palabra.”

Jackson Pollock. "The flame".
Jackson Pollock. “The flame”.

Ahí hay una concepción de varios pueblos originarios de América y de otros sitios, una visión quizás más orgánica de la existencia. En cierta medida, como el personaje mismo de Mácocael. A mí me costó mucho trabajo poder expresar esto, porque él habla de una manera muy particular, con la que yo debía transmitir la concepción de este hombre. Para él no hay interior ni exterior, él puede entablar una relación con una piedra, con el viento, con una persona, con el pasado o con el futuro. Esa concepción de la palabra es muy diferente a la occidental, que tiende a ser fundamentalmente utilitaria.

Que nombres la poesía como un chispazo me llevó a pensar en el fuego, el uso de la palabra como fuego. En ese sentido- desde el punto de vista de la poesía-  no son tan ajenas las concepciones.

Claro. Obviamente, eso atraviesa a la cultura humana desde que hay seres humanos. Nuestra época, en cierta medida, marca un empobrecimiento de esa dimensión que ha estado por siempre.

En ese sentido, en Argentina estamos por el top del ranking del empobrecimiento.

Nosotros les estamos haciendo una competencia feroz. Estamos luchando a ver quién es el subcampeón.

EL MANOESCRIBIDOR

 “Una hormiga ha escalado/mi bandeja de tinta.”

Masaoka Shiki

Hablabas del dibujo. En tu libro de poemas hay algunos que van transformando la letra en dibujo y otros que son dibujos.

Salvador Dalí. "Júpiter (Zeus)."
Salvador Dalí. “Júpiter (Zeus).”

Sí. Hay tres libros visuales, donde aparte del texto hay un ensayo fotográfico y dibujos grabados. Para mí un texto es lo que puede aguantar una página, lo que puede suceder en ella. En ese sentido, dados los límites tecnológicos de nuestro momento, sobre una página de papel puede haber una fotografía, un dibujo, algo escrito a mano, pero no pueden haber todavía sonido ni imágenes en movimiento, aunque eso sí es posible en medios digitales. Quizás, en el futuro, haya una nueva forma de libro en pantalla, donde se puedan utilizar todos esos recursos. No se trataría de hacer una peliculita, eso resultaría completamente banal, porque ya existe el cine. Pienso en elementos como lo que hoy denominamos arte sonoro, por ejemplo…                                     

¿Y qué aportarían esos recursos?

Tiene que ver con la concepción de “Necrópolis”- el libro de poemas que ustedes leyeron- y, en gran medida, con la concepción de mi escritura: un dibujo es un texto, un texto es un dibujo. Al usar el alfabeto, al usar un teclado, abstraemos la escritura, porque la escritura es una gráfica también. Quizás, por mi bagaje como artista visual, yo escribo todo a mano y con tinta. No hay nada más ágil que una tachadura o una flecha al margen y no puedo reproducir esa agilidad en la computadora. Cierto es que nunca me gustaron los teclados, ni cuando había máquinas de escribir. La parte que más odio del proceso de escritura es cuando, por primera vez, tengo que pasar al teclado el texto manuscrito. Luego de eso, disfruto las etapas de edición. Pero la mecánica de pasarlo apretando los botoncitos del teclado me resulta muy tediosa.

Luis Scafati. "Credo."
Luis Scafati. “Credo.”


Tipear y escribir a mano son dos relaciones distintas entre cuerpo y escritura, pero en ambas participa el pulso, incluso en el teclado. ¿Qué hay de diferente en esa cosa manuscrita?

Creo que es una cuestión de historia personal. Hay gente que es increíblemente hábil con el teclado de una computadora, que ha crecido en eso Yo vengo de otra época.

La escritura en el teclado borra toda huella del error, que en el manuscrito está materializada.

Pienso que, al escribir a mano, uno ve el texto de una manera más cercana, casi microscópica. La pantalla es ya una abstracción. Es ágil en términos de rapidez, pero no tiene la pericia de meterse en las palabras de manera tan inmediata. Yo doy talleres de escritura en la Universidad y trato de convencer a los estudiantes de que pasen a mano lo  escrito en la computadora. Lo doy como ejercicio, a ver qué les resulta. Algunos se dieron cuenta de que había un procedimiento interesante ahí. El resultado fue un texto más logrado. Algunos psicólogos hablan de la importancia de la escritura a mano como proceso cognitivo, aparentemente, desarrolla ciertas áreas del cerebro.

Escribiste: “La tinta es el color de la melancolía, pero esta es implacablemente vital”, ¿cómo es tu relación y tu valoración de la melancolía?

Collazo Lloréns. "Locus Rackets Hypnotic."
Collazo Lloréns. “Locus Rackets Hypnotic.”

He vivido toda mi vida en una colonia, condición suficiente para la melancolía. En otras palabras, aquí se vivió una trampa de la historia. No es la única, ustedes han tenido sus gravísimas trampas también. Todos tenemos una trampa donde quedamos presos, es la condición humana,  ¿no?, es parte del derecho a vivir. La melancolía no es lo mismo que la depresión. Es quizás la toma de conciencia, aceptar lo que sea en la situación de vida en que te encuentres, individual y colectivamente. En ese sentido, es quizás una forma de manifestar genuinamente el amor. Usualmente, la condición humana nada tiene que ver con el éxito. Eso viene de lo que intenta vender la palabra publicitaria, a la que aludía hace un rato: en la realidad, el carro que usamos es el que podemos pagar, no el que nos lleva a ser felices. Y, si a uno lo hace feliz un carro, pues no tenerlo debería producirle mucha melancolía o, más bien, depresión. Es decir, la melancolía no es para nada un sentimiento que le chupe a uno la energía. Al contrario, puede ser también una forma de encontrar la belleza en la vida. La belleza tiene que consternarnos y, usualmente, eso viene o comienza con una conmoción melancólica.

MODESTAMENTE, INFINTA

 “Mi cuaderno se trasformó en tierra, y me quedé viendo cómo se alejaba.”

Del prólogo de “Elisa, la rosa inesperada”, Liliana Bodoc

De todas maneras, escribas en la computadora o en el cuaderno, siempre está la instancia de las notas, de la libreta que tanto mencionás. ¿Qué te ilusiona de las libretas?

Antonin Artaud.
Antonin Artaud.

De las libretas me ilusiona su inmediatez y su modestia. En algún momento, un texto fue una libreta vacía. Hay una potencialidad latente ahí. Me gustan el papel y la tinta, la capacidad de poder, en cualquier momento y circunstancia, meter la mano en mi mochila, sacar la libreta y anotar algo. Me acostumbré a trabajar así porque no he tenido nunca un tiempo del estilo, “dedico las mañanas a escribir”, nunca tuve esa mentalidad de horas de oficina. Me acostumbré a las libretas porque tenía que trabajar, en algún momento, tuve a mis hijos pequeños y otras tantas necesidades. Bueno, esta misma semana he hecho tres presentaciones de  libros, he dado dieciocho horas de conferencias en dos Universidades. Ahora me voy a la Facultad de Derecho donde tendré una conversación con el prisionero político que más años pasó en la cárcel en la historia, Oscar López Rivera, que participé en la campaña por su liberación. Tengo que prepararme para ir a una ciudad del sur a presentar mi libro, tengo que preparar una columna que sale mañana y también clases, tengo hijos, esposa… Pero, para volver a las libretas: yo, durante mucho tiempo, escribía cuando tenía la oportunidad. Ahora mismo tengo en mente un texto que no es fragmentario, con capítulos más largos y que  presentaría algo de investigación: es un ensayo sobre el Caribe. Tengo la posibilidad de hacerlo, pero no tengo tiempo.

Mencionabas el fragmento. El fragmentario es casi un género literario  de rescate, ante vidas con tanta falta de tiempo,  como las nuestras. Un recurso para escritores que no tienen tiempo para la relectura que demandaría, por ejemplo, una novela ¿qué potencia singular tiene el fragmento para vos?

Eduardo Lalo en la entrevista con el Anartista.
Eduardo Lalo en la entrevista con el Anartista.

En diferentes textos de mi vida, siento que he intentado casi una teoría sobre el asunto, ¿no? Yo no me releo, todo se me convierte en un único libro. Pero me parece que uno de mis personajes dice que en la libreta es donde la escritura está más cerca de la vida, es un momento en el que todavía no se sabe si se quiere mentir o no. Por eso, creo que hay un grado de autenticidad en esa escritura. O, por lo menos, la libreta te ofrece la estructura para que se construya esa autenticidad. Siempre me han gustado los escritores de textos de fragmentos. Por regla general, los buenos son extraordinariamente creativos y lúcidos. Eso puede verse en figuras como Nietzsche o Bataille y en tantos otros. También es como una escritura de taller, como un taller continuo, potencialmente es reproducible al infinito.

Y es más difícil fracasar ahí, no quedan más excusas. Ni el tiempo ni el argumento…

No creas, eh. En mi caso los libros llevan una reelaboración muy grande, mucha edición. “Intemperie” era el doble de largo en el manuscrito. Limé y limé, eliminé todo lo que no me parecía esencial aunque estuviera bien. Estuve como seis años para terminarlo. Son ciento y poquitas páginas. Pero, claro, se me metieron otros proyectos en el  medio, otros libros. No trabajaba todos los días en eso,  pero ese libro estuvo vivo en la mesa de trabajo durante mucho tiempo.

Eric Siebenthal. "Breath of fire."
Eric Siebenthal. “Breath of fire.”

Claro. Y no es lo mismo tener algo para limar que no poder seguir porque uno no tiene tiempo para releer. Son otras dificultades las que plantea el fragmentario respecto de una novela.

Sí. Porque es un libro de fragmentos. Incluso en una novela como “Simón”, por ejemplo, hay mucho cuidado respecto de los ritmos, no es sólo una unión de un fragmento detrás de otro, eso tiene un planteo de ritmo verbal y de pensamiento o en la acción según el caso.

 

 

BROTADA

 

“Menos que el silencio pesa el fuego, papay, /tu
gruesa sombra que arde/entre leños mojados; /menos que el silencio a la noche/y al sueño, /la luz que se desprende/de pájaros y ríos.”

Poesía mapuche, Jaime Huenún

Hablando de ritmos ¿Cuándo la prosa no te alcanza y necesitás el poema?

La poesía siempre ha estado presente. En mi caso pasa que, quizás, pide períodos particulares. Puedo pasar mucho tiempo sin un proyecto poético, digamos, puro. La poesía es la escritura que exige mayor arrojo y mayor disciplina y esas no son las cualidades más generalizadas. Estamos en medio de una avalancha de basura. Enfrentarse a esa avalancha de mala poesía hace que te pongas en riesgo de que no se te oiga, de que se pierda tu texto entre todo eso. He optado, en parte, por trasladar ese procedimiento a otros géneros, en donde la interlocución me parece más factible.

¿Qué es un buen poema para vos?

Es esa iluminación de la realidad. Un buen poema deja al lector la sensación de haber descubierto algo. Y, cuando lo descubre, es como si en la página algo hubiera brotado, algo que se acaba de dar en tiempo real y donde la lectura es iluminación.

En la prosa también puede pasar, ¿qué tiene de especial cuando esto sucede en un poema?

Lynne Taetzsch. "Fire and light."
Lynne Taetzsch. “Fire and light.”

En la prosa tiene otro ritmo y otra lógica. A veces, la prosa es sinfónica. También hay quienes creen necesaria una prosa como Wagner, necesitan cinco actos y cuatro horas para llegar a producir algo…Hombre, una canción lo puede lograr en dos minutos, no hay que exagerar tampoco. Dicho eso, no es lo mismo un poema que una prosa de diez o quince minutos. Hay un elemento composicional donde interviene demasiado el recalcular. Hay periodos bajos, períodos altos. El poema es a veces tan breve, que esos momentos no se perciben, aun si los tiene.

MATRIA PROBLEMÁTICA

“mi patria está viva cuando escribo/
se sale por el lápiz/invade mi camisa/
muchacha/inventemos el amor con lo que queda/es necesario buscar/no perder tiempo/
mi patria tiene forma de poema/hay que llevarla crucificada al hueso/ayudarla a salir/amarla y desamarla/entonces algo pasa/se cortó el hilo de repente/mi patria es joven como yo/tiene sus dudas”
“Pedradas con mi patria”, Roberto Santoro.


Hay una serie de palabras casi parientas y muy recurrentes en tu obra: deambular, desarraigo y hogar. ¿Qué diferencia encontrás entre lo que podemos llamar hallar un hogar y arraigar?

No sé. Sí puedo explicarte la historia personal  detrás de esto y de mi predilección o mi preocupación por esos conceptos. Mi padre se exilió dos veces. Primero de la Guerra Civil española y luego, de la Revolución cubana. O sea, vengo de una familia en la que el exilio es manifiesto. Yo no nací en Puerto Rico, pero siempre me he sentido portorriqueño, vivo aquí desde los dos años. Aquí aprendí todo y me siento íntimamente ligado a este país. Pero, por otro lado, siempre he tenido la conciencia de una ausencia del lugar. Alguna vez me formé como psicoanalista y ejercí durante breve tiempo. Sin embargo, en el proceso de mi análisis, me di cuenta de que yo vivía como un exiliado. Yo llego de un viaje y, para irritación de mi esposa, no deshago la maleta. Cuando llego a un hotel, nunca se me ocurriría deshacer la mochila y poner las cosas dentro de un gavetero. Todo queda como si, en cualquier momento, yo debiera reanudar el camino. De todos modos, hay un lugar que, con todas sus insuficiencias es lugar de uno en el mundo. A mí me costaría mucho vivir fuera de Puerto Rico, a pesar de que vivir acá no es fácil, por el contrario, es cada día más ingrato. Y así y todo es un lugar, una luz, un olor, un mar que está asociado a uno de una manera única.

 

Luis Scafati.
Luis Scafati.

¿Qué te significa la palabra patria?

Es como la palabra democracia, o justicia o libertad. Las usa Videla o las Madres de la Plaza de Mayo. Ahí están las supersticiones de las que hablábamos. Patria es un término que existe para ser manipulado. Podría dársele un uso alternativo, pero está tan viciada su significación, que es difícil encontrarlo.

Vivo en cuarto-página. Ha aquí la intemperie

Ese cuarto-página es mi patria. No me hace falta la grandilocuencia pseudo nacionalista de los grandes oradores o de los grandes héroes. Uno pertenece a las cosas pequeñas. Todos somos seres pequeños.

En esta patria chiquita, escribís en tu lengua madre, no en cualquier idioma. Hablás bien el inglés, viviste en Europa…

Sí, viví del 77 al 81 en Nueva York. Conseguí una beca para estudiar en la Universidad de Columbia y por eso me fui para allá. Luego fui estudiante en la Sorbona un par de años. Trabajé también cerca de un año en Madrid, en la prensa y como traductor. Luego regresé a Puerto Rico y, desde entonces, vivo acá. La cuestión de los otros idiomas tiene que ver con la lectura. Leo inglés y francés con regularidad y es probable que hable mejor el francés que el inglés. Conozco bastante bien el idioma, pero no me consideraría gringo porque puedo pasar de un idioma a otro. De hecho, la mayoría de los puertorriqueños no saben inglés. Creo que esta cuestión de la lengua madre es problemática, por lo menos para mí. Y debería serlo para muchos latinoamericanos. No escribo en castellano. Por desgracia, la palabra que tenemos, “español” ,es totalmente inadecuada. Toco algo de guitarra y no me gusta llamarla guitarra española. Tampoco es el término adecuado, pero le digo guitarra clásica, porque hay que nombrarla de alguna manera. Ahora, la guitarra ya no es de España y la lengua,  tampoco. Queda esa superstición grandilocuente, acuñada por un imbécil, que era escritor y llegó a ser diputado en las Cortes españolas. El español que importaba era el de ellos, el de este señor. Lo que estaba implícito era que nosotros hablábamos una especie de creole. Y eso va en contra de todo el desarrollo de la lingüística moderna. No hay dialectos. De hecho, el creole en el Caribe francés, sobre todo en Haití, es una lengua relativamente reciente, de los últimos dos o tres siglos: Nacida de la esclavitud, puede convertirse en algo que exprese el mundo igual que el alemán, por ejemplo. No hay superioridades lingüísticas y tampoco hay que caer en las baboserías esas de elogiar la lengua española.Es una lengua como otras, una lengua que se construye sobre la destrucción de docenas y docenas de lenguas indígenas, en el caso de América. Y de otras regiones también, porque algo le cayó a África, algo le cayó a Filipinas. Ese tema de lengua materna a mí me es muy problemático. Igual que este concepto del hispanismo.Yo no me siento parte del mundo hispánico, en el sentido en que se entiende eso en España. No puedo sentirme parte de una idea que no me concibe o no me ve. Ese panhispanismo, a mí me da completamente frío. Por otro lado, esto no quiere decir que no sienta una total fraternidad con los pueblos que utilizan esta lengua, pero para eso no hace falta una palabra que aluda a un Imperio. A  lo mejor, esa palabra no hace falta porque en este momento tú y yo estamos en los dos extremos de América y nos estamos entendiendo perfectamente. No hace falta nombrar algo que es evidente y que nada tiene que ver con la meseta castellana.

DAR LA PRIMERA

            pero ahora que no me llame nadie,/que no quepo en la voz de nadie,/que no me llamen,/porque estoy bajando al fondo de mi pequeñez,/a la raíz complacida de mi sombra,/porque ahora estoy bajando al agónico/tacto de un minero, con su media flor al hombro,/y una gran letra de te quiero al cinto./Y bajo más,/a las inmediaciones del aire/que aligerado espera las letras de su nombre/para nacer perfecto y habitable./Bajo,/desciendo mucho más,/¿quién me encontrará?/Me calzo mis arterias/(qué gran prisa tengo),/me calzo mis arterias y mi voz,/me pongo mi corazón de piedra en flor,/para que en un momento dado/alguien venga,/y me llame,/y no esté yo/ligeramente arqueada sobre mi corazón, para verlo./y no tenga yo que irme y dejar mi gran voz,/y mi alto corazón/de piedra en flor.
“Declinaciones del monólogo”, Eunice Odio,  Costa Rica


Es interesante lo que decís de la urgencia de nombrar todo, como si hubiera la necesidad de llenar un vacío que no es tal.

Eduardo Lalo en la entrevista con el Anartista.
Eduardo Lalo en la entrevista con el Anartista.

Sí. Y seguramente esto se lo inventó un ministro de cultura español para tratar de mantener una hegemonía o algo así.

En relación a las lenguas perdidas a causa del colonialismo, en Yuké inventás palabras como “reicristoros”

Las palabras que aparecen en cursiva son palabras reales, caribes o yorubas, pero hay muchas inventadas. Esta novela está ubicada en la década de 1530, cuando ya los españoles llevaban cerca de veinticinco o treinta años de conquista y colonización. Ya la conquista no era un fenómeno nuevo, ya se habían cometido gravísimos crímenes y matanzas y, por lo tanto, los indios no eran desconocidos para los españoles ni los españoles para los indios. Yo quería encarar la escritura, desde la perspectiva de aquellos cuya voz  la historia no recogió en primera persona: los indígenas y los africanos. Entonces para un indígena, ¿qué rayos significa España o español? No son conceptos asimilables. Son conceptos europeos. Lo mismo para un africano. Lo africano es yoruba o bantú. Y al africano lo montan en un barco, sobrevive a la travesía del Atlántico, llega al Caribe y ahí no sabe dónde está. Literalmente es la tragedia de esa novela. Él no sabe el camino de regreso, está atrapado de por vida. Yo quería que existiera esa perspectiva, que se escucharan que los indígenas de acá y los africanos, como cualquier comunidad humana, han inventado conceptos, palabras para referirse a eso. Tenemos una idea totalmente colonialista al pensar que estos pueblos no entendían. Seguramente, entendieron muy bien y lo expresaron a su manera. Claro, como esa memoria histórica está perdida, yo he intentado reconstruirla, de eso se trata Yuké.

SOFISTICADOS Y DECADENTES

                                   “Aquí en la tierra están jugando y gritan gol/Hay mucho samba mucho choro y rock’n’roll/A veces llueve y otros días brilla el sol/Mas yo quiero decirte que la cosa aquí está negra”
“Querido amigo”, Chico Buarque


Recuerdo haberte visto en la feria de editores en Buenos Aires, la misma semana en que el Senado argentino no aprobó la ley de legalización del aborto. Estabas con un pañuelo verde.

Juan Doffo.
Juan Doffo.

Llegué con mi esposa bien temprano ese día, en que comenzaba la larga votación. Por la noche, estuve con la gente de Corregidor en la manifestación frente al Congreso. Es sorprendente que la Argentina no tenga esta ley, ¡un país con una cultura tan sofisticada y liberal en tantos otros sentidos! Es verdaderamente chocante, además de sorprendente. Pero esto es una conquista, una conquista que no termina. El hecho de que un Estado se tome la libertad y piense que tiene el derecho de decidir sobre el cuerpo de otro- las mujeres en este caso- se parece a la idea de la esclavitud, de la servidumbre: se decide que el cuerpo de ese otro debe trabajar y obedecer, no ir a la escuela y vivir en un tugurio para beneficio de otros. Todo el aparato social se construye a partir de ese acto de conquista.  Es penoso, el mundo está dando un vuelco tenebroso. Por lo que he podido saber, en Estados Unidos el presidente nombró a un juez para tratar, entre otras cosas, de abolir el derecho al aborto en ese país. Imaginen ustedes lo que eso significará. Una ley que está vigente desde hace cuarenta años y que ahora se intenta erradicar.

Sumado a menos trabajo y derechos sociales, eso hará nacer un montón de miserables.

Exactamente. Estamos en ese proceso.

INESPERADA MÚSICA DE MONTAÑAS

“Lo dicho, imperfecto y suficiente, /
es un indicio de la espalda/que contagia lo que sigue. /Así, lo que se sirve en esta mesa/
es tránsito. /Apenas un ojal del movimiento (…)”
“Dicciones”, Sergio Sarachu

 

El tema de esta revista es lo inesperado ¿cómo se da esto en el proceso de tu escritura?

Juan Doffo. De la serie "Río de fuego."
Juan Doffo. De la serie “Río de fuego.”

Se da todo el tiempo, porque yo trabajo desde la improvisación. Obviamente, uno tiene una noción de qué le interesa y de qué quiere explorar, pero no tengo un mapita conceptual que voy llenando con la escritura. Nunca. En cuanto a “Historia de Yuké”, el origen del libro tiene que ver con mis hijos. Tengo tres hijos varones. Ahora los dos mayores son adultos y el menor tiene quince años. Cuando niño, al pequeño, yo lo llevaba por las noches a la cama y él  me pedía que le contara una historia. Por alguna razón, empecé a  contarle una historia de niños animales en el bosque, la típica historia infantil en que los animales se meten en problemas y alguien los salva. Había también una historia que era mucho más seria, que implicaba cierta violencia. Una vez se la conté y eso lo impactó mucho. Me pedía que se la contara una y otra vez. Pasó el tiempo. Hace unos tres años, me senté una tarde para ponerla por escrito, pensaba que iba a tratarse de un cuentito infantil, que no es para nada lo que me interesa pero, en honor a ellos, me dije “vamos a ver si se publica y se los regalo”. Escribí la primera oración y se me convirtió totalmente en otra cosa. Ahí me dije que esa iba a ser la historia de la montaña. La improvisación se me da casi en un sentido musical, si no seguís lo musical, hacés ruido. La escritura es improvisación dentro de una escala,  de un esquema, de un ritmo. En la escritura las construcciones no son tan evidentes, pero uno deber estar mentalmente abierto, de par en par las ventanas a cualquier idea, a cualquier estímulo. Eso implica desarrollar una capacidad de poder provocar y ocupar ese espacio mental, una capacidad no siempre evidente. Esto podría ser cierto también respecto de los ensayos y de los otros textos narrativos, y de la poesía.

¿Eso está vinculado al juego?

Sí, y obviamente uno disfruta el aspecto lúdico de esta actividad. Pero yo lo veo más como una actitud ante la vida, una actitud artística ante la vida si quieres, aunque también va más allá del arte. Es una forma de practicar la vida. Puedes verlo también en unos trabajos que están disponibles para ver en youtube, son más collages que video. Es un trabajo fílmico, incluso musical, textual, fotográfico. Eso también está construido desde  un despliegue de flujos, ritmos, improvisaciones que van cosiendo un texto. Pero yo no partí de un libreto. Esencialmente, salí a mirar, a vagar en la ciudad. Y, al regreso, después de  acumular material y luego al volverlo a ver, se editaba, se construía en el cuarto de edición, con compositores presentes. Eso se ha presentado incluso en Argentina en museos, en festivales del libro latinoamericanos.

https://www.youtube.com/watch?v=h7tDrU-ywRA

Eduardo Lalo con el Anartista.
Eduardo Lalo con el Anartista.

 

 

 




TOCAR INFINITO

Lo inesperado: Entrevista al guitarrista Osvaldo Burucuá

Entrevista y edición: Diego Soria

 “La canción popular es síntesis de emoción y sabiduría, mensaje breve pero jamás de menor calidad ni trascendencia frente a las que muchos consideran grandes obras

Cuchi Leguizamón.

(…) Traveler en camiseta y pantalón de pijama silbaba prolongadamente La gayola y después proclamaba a gritos:” ¡Música, melancólico alimento para los que vivimos de amor!” (…)

Rayuela, cap 44, Julio Cortázar

Pereza_andaluza_by_Julio_Romero_de_Torres2222
Pereza andaluza por Julio Romero de Torres

La guitarra es sabia en respuestas, pensaba Atahualpa Yupanqui. Pero también se alimenta de una buena ración de preguntas, hijas de un hambre curiosa y de un paralaje aparente entre quienes preguntan con el tañir de sus dedos y quienes ostentan “su guitarra oracularia”. Villa Urquiza alberga a uno de los intérpretes que ha sabido traducir sus respuestas en los muchos modos posibles de la encordada. Apenas al bajar del tren, un mural de un guitarrista se despinta en la tarde y anuncia -en secreto- que estamos en el camino correcto. En adoquines, las calles se alejan de las vías que serán, sin embargo, testigos omniscientes. Así como en la escritura se eligen con cuidado las palabras, Osvaldo elige sus notas en la pelea por hacer de este compás de tiempo algo imprevisto y revolucionario.

 

PATEAR EL TABLERO, DE RAÍZ

“Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra…

Cómo haré para que sientas mi torpe amor,

mis ganas de sonarte entera y mía…”
Alfredo Zitarrosa

 

Vos, que has investigado al Cuchi Leguizamón para tu libro “Los sonidos del Cuchi”, ¿crees que él fue un inesperado en la música nacional, en su momento?

Y sí, lo confirmas a medida que pasan de los años. Al acercarte a la obra de él, resalta más lo inesperado, lo repentino, lo audaz, que lo técnico, aunque tenía muy buen manejo de eso también. Pasa que el espíritu es mayor a ese conocimiento de los acordes, a la dinámica de la composición. Lo inesperado era la audacia, el arrojo, la inquietud del Cuchi. Muchas de las cosas que veía como admirables, luego de haber seguido esta música de cerca, me doy cuenta de que son fruto de patear tableros, de empujar los límites para “ver qué pasa”. Por ejemplo, él escuchaba música dodecafónica, ultra vanguardista, eso lo movilizaba para hacer, no unos ejercicios, sino una obra que tuviera algo del asunto.

Y lo hizo en un momento complicado, cuando la música folklórica era muy tradicionalista…

osvaldo buru
Osvaldo Burucuá

¡Sí, seguro! Y en el ambiente salteño, el más conservador. Él pertenecía a una clase social que podía estudiar en una universidad, costearse una carrera de abogado. Es decir, en su caso no hablamos de un crecimiento como el de Atahualpa Yupanqui, signado por lo humilde, con una pobreza que él veía de un modo medio bendito. Hoy, al espíritu del artista contemporáneo, le falta esa actitud del Cuchi. Por ahí conocemos qué acorde usaba, por ejemplo, Bill Evans o cómo componía Jobim, pero hace falta algo más, ir más allá. Por otra parte, hay un respeto sagrado a la raíz, a la esencia. Lejos de hacer como Manolo Juárez, o quizás como los jazzeros cuando se toman la libertad de formas y duración e improvisan una zamba, el Cuchi no se te iba de la cantidad de compases de la zamba, él hablaba de la danza como la raíz de todo.

Pero, dentro de esos límites, el Cuchi revolucionaba…

Hizo cosas que siempre estaban fuera de lo esperado, él creó la “Zamba del pañuelo” en un lenguaje tradicional y, de golpe y porrazo, sale “Lavanderas de río Chico” con los bises de la zamba que se alteran, junto a la voz del Chacho (Echenique quien, junto a Patricio Jiménez, formó el Dúo Salteño, mítico grupo del folclore argentino). Eso le permite al Cuchi hacer uso de su segundo instrumento: “El Dúo Salteño”. Hay temas de esa época que solo los podía cantar el Chacho, por el rango vocal son aventuras tremendas… Vos pensá, hacer eso en Salta hace cincuenta años loco… No en Capital Federal, hablamos de Salta. Por ejemplo, ¿cómo llegaba “El Aveloriado” después de escuchar a Stravinsky? ¿Cómo llegó un disco de Stravinsky a Salta? Sé que la familia escuchaba mucha música clásica, mucha ópera, todo esto me lo contaron los hijos del Cuchi con quienes, a raíz de este libro, tuve un acercamiento más estrecho. Él hizo locuras – ¡Bah! locuras le digo yo en el mejor sentido que uno le da a la palabra, esas que tienden a mejorar un poco este mundo- como el concierto de campanas (organizado por Cuchi Leguizamón en la capital de Salta el 20 de febrero 1963). Yo incluí una crónica del diario “El tribuno” de Salta, vos la lees y aquello debió ser algo increíble. El Cuchi tenía ganas de hacer un concierto con los ferrocarriles, porque le gustaba mucho el sonido de los silbatos, las máquinas…

Habría terminado por tocar blues…

¿Y mirá…, sabés quién “jodía” con los ruidos de los ferrocarriles?  Duke Ellington, le “copaban” los trenes, viajaba en su vagón privado el tipo. Y, a la noche, se sentaba al piano y componía. Por eso, vos escuchás su Big Band y tiene temas dedicados al ferrocarril…

 

 

Osvaldo Burucuá – Corazonando (Gustavo Cuchi Leguizamón)

Y vos, Osvaldo, a primera vista, se podría decir que sos un guitarrista de raíz folclórica. Pero, en realidad, tenés muchas más influencias

Bueno, sí, me tocó eso…

No te cerrás a un solo género, al menos, eso se percibe en tu música, te nutrís de otros músicos.

Porque soy de aquí, viví en Capital toda la vida, si vos te fijas quiénes están en grandes centros urbanos como la Plata, Rosario, Córdoba, Mendoza, entre ellos hay una movida estudiantil infernal y un bombardeo de músicas permanente. Pertenezco a una generación de músicos llamados los “todo terreno”, ¿no? Mirá, hace una hora, me encontré en la calle a un librovecino guitarrista flamenco y hablábamos de esto, el tipo se sorprendía de que yo tocara tango… La primera guita que me puse en el bolsillo, a los diecisiete pirulos, fue por tocar tango, vivir acá, y que el tango te entre por un oído y te salga por el otro… Me parece que no se puede ignorar. Fui a un colegio industrial, éramos todos varones, imagínate, estaban los pibes que escuchaban bolichera, porque iban a bailar a “Musikats”, y los que escuchábamos rock. ¡Éramos todos machos!, yo tenía que decir que escuchaba rock pesado, tenía que escuchar a Pappo, aunque siempre me gustó más “El Reloj”, por su guitarrista Fernando “Willy” Gardi. Una vez dije que me gustaba “Arco Iris”: tenían un longplay, “Tiempo de resurrección”, un disco fantástico. Al escucharme, no me miraron bien, ¿me entendés lo que te digo? Había que pisar fuerte. Es imposible ser indiferente a todo eso, tocarlo, además me gusta, lo disfruto. La creencia de que uno escucha nada más que lo que toca es absolutamente errónea. Por ahí hay mucha gente que está especializada. Hoy, un tipo más joven va a estudiar un género y no sale de esa especialización. Yo lo comparo con los médicos, están quienes se especializan en el dedo gordo de la mano izquierda y los otros, los integrales. Soy de la época del médico de familia. Pero, fuera de joda, con mis coetáneos hablamos siempre de todas las músicas, aparte de lo que nos toca hacer porque lo elegimos. En la música que tocamos se meten elementos muy variados.

 EL OFICIO DE SER JOHN, PAUL, GEORGE, Y RINGO

 “Mi mano en el diapasón se afirma como una zarpa.

Es que voy gritando cosas que me dicta la guitarra”

Atahualpa Yupanqui.

Sos un guitarrista rítmico, como vos mismo alguna vez te has definido. Cuando tocás una chacarera o una cueca, en tu sonido se diferencian muy bien los paisajes.

Bueno, gracias por el piropo…

¿Cómo se transmuta el paisaje en la música?

Mucho ensayo y error más un amor infinito por lo que estás tocando, de otra manera no persistís. Mucho ensayo, mucho escucharte y escuchar a otros músicos. Tuve la experiencia de poder viajar por el país, merced a mi labor. Eso me hizo cotejar con otros músicos, en algún caso, con afán de investigar, como con el libro del Cuchi. Ahí tuve la posibilidad de hacer dos visitas a Salta para tocar y las aproveché para investigar sobre algunos tópicos. El trabajo consististe en acercarte con humildad, es decir, no poner el ego delante de la música. Sumale a eso, los grandes referentes con los que pude tocar y compartir. Digamos que tuve todo a favor, inclusive, el respeto de algunos importantes músicos, o su bendición. Son pistas, señales de que uno va por el buen camino. También fueron una suerte los buenos profesores, en ocasiones. no se tiene mucha fortuna con la gente que se elige para crecer, a veces te decepcionan y se pierde tiempo y energía, no fue mi caso.

Al ser un guitarrista instrumental, por qué vos no cantás,  ¿no?

Nooo, canto espantoso, la que canta es mi mujer. Me junto con gente que canta muy bien, me dan una envidia tremenda, casi maliciosa. Para mí, el tipo que tiene una buena voz es un dotado, un tocado por la varita mágica de Copperfield. Me junto mucho con gente que canta para paliar un poco ese agujero en mi música.

Pero, de alguna manera, vos cantas a través de tu instrumento, buscás algún modo…

Sí, creo que la preocupación del músico instrumentista es arrimarse a la voz cantada…

¿Hay una prosa del instrumento?

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Guitarra y mantón mtzaballos

Sin duda hay, desconozco toda la técnica de la prosa, sé que, en técnica, la prosa la dan los recursos expresivos de la melodía, algo que a uno lo flecha enseguida. Hay, eso sí, una enorme inquietud, una gran ansiedad por hacer cantar a la melodía, por la interpretación. Yo he compartido mucho con Aníbal Arias, un guitarrista de tango fantástico- Su secreto era la interpretación. Por ejemplo, tocaba esas “pedorradas” que están en los libros de métodos y las interpretaba como si hubieran sido un tango de “Pichuco” en el Madison Square Garden, y vos te quedabas asombrado, ¿Cómo hace este? Y, bueno, tiene que ver con agregarle el sentimiento, la pasión al tiempo en que te pones con el instrumento. El caso de un solista, por ahí es muy especial, aquel que toca un piano o una guitarra se ocupa de todo: es John, Paul, George y Ringo, entonces está bueno desdoblar, las capas de esa cebolla. Siempre hay una preocupación por hacer sonar una melodía, de pensar en la letra.

Vos, junto a Aníbal y otros músicos, fundaron la Empa (Escuela de música popular de Avellaneda)…

Sí, en el grupo inicial éramos Aníbal, yo, Armando Alonso, Tristán Taboada, también estaba Arnedo Gallo, Virgilio Espósito. Entrábamos todos en una mesa de bar. Ahora es un edificio tremendo en Avellaneda, con cientos de alumnos.

Patearon el tablero ahí también.

También. Fue un hecho capital para nuestras vidas. A mí, por ejemplo, me agarró a los veintiséis “pirulos”, entonces tuve que ponerme no las pilas, sino la batería del V8, para ser un guitarrista capaz y poder transmitir en todo sentido. No te voy a decir si lo conseguí o no, me parece una pedantería. Lo hicimos de la nada, no había métodos, no había un “pito”, así que fue una pateada de tablero, que a nosotros nos marcó mucho. Hoy es un lugar más (La Empa) de los varios que hay, donde se estudia y explora sobre la música popular. En aquel momento, era una isla en medio del Pacifico.

¿Cómo eran las clases con Aníbal Arias?

Él tenía un curso, “Historia del tango”. No faltaba nada del tango, salvo Piazzolla- porque Aníbal no se lo bancaba, él era un ortodoxo…  era el tipo más querido de toda la escuela, lo amábamos. Una de las cosas que me fue quitando las ganas de ir a la escuela fue su muerte, un golpe durísimo, lo extrañamos hoy. Aníbal hablaba de la época de los cantores: Alberto Marino, Chanel, Jorge Casal, Rivero. Los bandoneonistas: Libertella, Pichuco eran todos tipos que tocaban con él, eran la historia de su vida. Él comenzó a tocar, de adolescente, en la década del treinta. Era como tener a Jorge Navarro contando la historia del jazz en Argentina.  Aníbal no tuvo hijos y, en cada alumno, veía a uno. Y con la guitarra tenía un método muy de él, muy ortodoxo, pero esos tres minutos de Aníbal tocando el tango delante tuyo eran las Escuelas Pitman, Las Leicesters, Berkley, todas multiplicadas por diez.

Tal vez haya sido el Atahualpa Yupanqui del tango…

¡Claro! Te ponía los pelos de punta. Hoy no sé, las chicas Mirta (Álvarez) Analía (Rego) patioFederico (Vallejos), hay un montonazo de guitaristas que siguen la influencia de Aníbal. Me toco estar ahí, fue una tirada a la pileta infernal. Sobre todo, en mi caso, porque era un pendejo sin chapa, sin nada. Eso despertó un poco de celos. No tanto, en primer año. Pero, en el segundo, entró mucha gente, linda y de la otra, en la escuela: matemática pura. Y eso despertó inquietud en un pequeño grupo de alumnos, de envidia, de malicia, que los llevó a cargar contra un grupo de profesores porque no teníamos “la” experiencia. Así que me tuve que apurar a hacerla, meterle pata, grabar un demo, en definitiva, me tuve que subir a una moto.

Siempre te tocó eso.

Y, la escuela fue un poco como el palo en el traste, el tener que justificar todo eso….

 REMOVER LOS ESCOMBROS Y DESPUÉS

“La guitarra me ha ofrecido la capacidad de poder expresarme

con el resto del mundo sin utilizar la palabra”.

Paco de Lucía

Pensar en la EMPA como un “patear el tablero en aquel tiempo” y pensar esta época, tan cuesta arriba políticamente… ¡Qué momento para tocar la viola!

Pero sabés qué pasa: lo peor que te puede ocurrir es la parálisis, quedarte en pausa, como un video, ¿viste? Hay una fuerza, una energía, algo te tiene que hacer subir encima de vos y hacer, en este caso, este libro, y algunas ideas más que tengo…

Como el homenaje a Baden Powell que dirigís, “Afrosambas” …

Lo de Baden fue una cosa a la que le di vuelta muchos años, aunque los tiempos cambien y uno piense en eso que vos dijiste, ¿en qué escenario me toca salir con todo esto?, ¿no? Lo del libro surgió, no pensaba en un libro de análisis musical en la Argentina. ¡Y, bueno! Tuvo buena acogida de entrada, está en algunos lugares donde circula este tipo de materiales, va a tener presentación oficial en tres semanas en la Biblioteca Nacional. Está bueno tenerlo, porque va abriendo otras puertas. Hay más gente que hace cosas sobre el Cuchi, como Leo Deza quien revisó sus canciones y las publicó. Por otro lado, Laura Princic grabó varios temas inéditos de Cuchi.

Hay algo que siempre palpita por debajo, venga como venga la mano…

Hay que sacar los escombros y empezar de nuevo, revolver, desenterrar y otra vez seguir. Recuerdo la sensación del 2001, luego de los disturbios, la sensación de abatimiento, de estar en el piso culo para arriba. Y, bueno, en un momento,

De: Renacer Humano Pintura: Oswaldo Guayasamin
De: Renacer Humano Pintura: Oswaldo Guayasamin

vos te sacudías la tierra y, de a poco, empezabas a caminar, a agarrar el ripio, luego el asfalto y ver qué se podía hacer. No está bueno quedarse con la sensación paralizante. Tiene que ver con el desafío del “a mí no me van a cagar” ¿no? Estos pelotudos no van a conseguir que yo me pase veinticuatro horas puteándolos, puedo pasar veintitrés. Pero, en esa hora que queda, me alcanza para sacar adelante esto y poder pensar qué va a ser de mí.

¿Para quién tocás, Osvaldo?

Buena pregunta. Te puedo decir para quién no toco: no toco para los músicos o para los entendidos, con esos solamente cerraría la cancha. Toco para la gente, quiero decir, para el tipo que se pone en frente de mí, un estudiante avezado de música, o cualquier hombre de a pie. Y para mí, porque si no estoy satisfecho con lo que hago, falta algo. Aun a aquellas cosas que puedo hacer con la guitarra, que no me representan un cien por ciento o no son las que yo elegiría para hacer, enseguida les busco la vuelta para poner algo mío, algo en lo que yo me vea reflejado. Entonces ahí siento que estoy tocando para mí. Y para ganar unos mangos: eso, después.

¿Hay algo que te rebela dentro de la música?

La medianía, la monotonía, la chatura, el “siempre lo mismo”, la receta. Estos últimos años estoy alarmado, el enemigo es la falta de objetividad, de autocrítica, observo el estrago que representa para mí y también para mis pares. Esto nunca lo dije, veo muchísima autocomplacencia. La conformidad en extremo, el no plantearse realmente qué pasa con todo esto, ¿no? La falta de reflexión. Te impide plantearte si hay contenido, sentimientos, si hay pasión que te lleve a plantearte muchas otras cosas. Entonces, el enemigo- más que estar arriba-, está en uno mismo. Veo un facilismo- y no digo que no se justifique-, en echarle la culpa al medio. Me parece que es un argumento muy fácil, muy trillado, que esconde y no permite dilucidar la raíz verdadera de este asunto. Te hablo de una raíz que observo desde hace décadas, donde influye también lo político, como esta pesadilla que estamos atravesando. Son cosas que no se crean de un día para el otro. Si vos examinas toda esta línea de tiempo, vas a entender un poco más por qué se dan las cosas así, también en una disciplina como ésta la falta de autocrítica te lleva al aislamiento, a no considerar el contexto, la época, el lugar, el saber que no sos un “coso” aislado, sino algo que forma parte de un entramado, de una urdimbre social. Y que vos ocupás un lugar ahí. Y, si te sacás de ahí, la estructura se tambalea.

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ANÉCDOTA: Osvaldo, artista plástico.Antes de lo de Avellaneda (La Empa), tuve una vida como artista plástico, hice un par de exposiciones y todo.Eso no se sabía.,No porque lo enterré después de la música, tengo dibujos enmarcados, envueltos, ¡Los guardé! Me había presentado en un salón y me rebotaron, eso me había desilusionado mucho. Y, encima, me había metido con “tutti” con la música, después Avellaneda… En el año ´80 había una banda independiente de Rosario, que a mí me gustaba muchísimo, Irreal”: el baterista era Daniel Wirtz, el hermano de Manuel. La primera voz y segunda guitarra era Baglietto. Y el capo de la banda era Mario Corradini, un músico de Mar del Plata. Yo me había copado con un tema de ellos y me había puesto a hacer un dibujo. Entonces, me dijeron- todo por carta, ¿no? – “che, por qué no lo hacés en treinta por treinta tamaño longplay, asi cuando lo editemos, lo usamos de tapa”. Bueno, bárbaro, me entusiasmé y terminé el dibujo. Ellos vinieron aquí a tocar en el teatro Lasalle, una sala chiquita donde tocaban las bandas “under”. Vieron el dibujo, les gustó y les mandé una copia fotográfica de buena factura. Al tiempo, el grupo se disolvió por problemas con los milicos. Hace un par de meses, se publicó en Youtube, el tema que yo ilustré, entones escribí, en un comentario: “mirá que yo les hice un dibujo, cuando vivía en tal y tal lado…” A los diez segundos me contestaron: “¿Es este?” ¡pum!  Ponen el dibujo mío en la pantalla… loco, ¡así de golpe!El dibujo tiene el nombre de la banda arriba, está diagramado como tapa del disco. Y, como no estaba firmado, no sabían de quién era. Pero ahora ya le dijeron al diseñador, y va a salir un disco el mes que viene ¡con una tapa dibujada por mí! Jajaja ¡Soy Roger Dean! El que le diseñaba las tapas al grupo “Yes”.¡Además va a ser la primera vez que salís en un disco sin tocar!  Al videoclip lo editaron: pusieron el dibujo al final, con el crédito “Dibujo de Osvaldo Burucuá” ¿Pero. ¿entendés? Yo ya dejé todo eso y eso volvió treinta y ocho años después. Se me dio. Muy loco, muy loco. Fui a Mar del Plata, estuve con el guitarrista tomando mate y hablando de esto. Cuando Baglietto empezó a cantar como solista hacía algunos temas de “Irreal”: “La censura no existe”, “El gigante de ojos azules”, cosas de Adrián Abonizio, gente de la trova rosarina, un grupo fantástico. Después de “Almendra”, esa música no había aparecido más.Irreal – Cucarachas para el desayuno.

 

 

 

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Osvaldo Burucuá – Diego Soria

 

 

 




MARGARITAS DE AGUA Y MATORRALES

Lo inesperado: Sobre la historia de un reencuentro.
Por Liliana Franchi

 

ENTRE MALVONES Y UN JAZMÍN

Algunos años pasan lentos, pesados, como bolsas de arena cargadas al hombro. Otros nos parecen tan volátiles… y solamente a lo lejos, con una distancia reparadora, se muestran apacibles. En realidad nunca lo fueron, pero la ilusión, el deseo de poder alivianarnos de algún dolor sufrido -dolido tan profundamente- los tiñen de cierto olvido. No obstante, el olvido nunca llega y aprendemos a convivir con el dolor y con sus baches. Nos hacemos amigos de las utopías, de esas que van siempre dos pasos más adelante.

Entonces, emprendemos un nuevo camino, no muy distinto al que teníamos, con algunas demostraciones de metamorfosis para sentirnos dignos.

En tantas décadas, los malvones florecieron una y otra vez. Algunos cambios se han hecho: la pintura tapó las cicatrices expuestas en las paredes grises y húmedas y algunos cuadros  han sido removidos. Por su parte, la esencia de la luz permaneció  intacta. A la inversa, los muebles ocuparon otros espacios, la madera le ganó al granito histórico.

Por entonces, un eco de sombras pasaba las noches despidiéndose del día. Eso éramos: sombras invisibles en un intento por sobrevivir. Hasta que resurgió el jazmín, el sol nos calentó nuevamente y la lluvia fue bendición en medio de las calles.

 

SOMBRAS DE ARMAS TOMAR

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“Cruzar-Toma de decisiones”. Foto gratis en Pixabay.

María fue una sombra más. Su delgadez extrema impactaba en los muros. Su primer desencuentro la sorprendió hace un largo tiempo. Resultó un cruce feroz  con la vida, una pérdida impuesta que le arrancó un pedazo de corazón: su marido fue secuestrado por los milicos. Con la mitad que le quedaba, se reconstruyó. Lo intentó y algunas esperanzas resurgieron. Sus hijos fueron testigos.

Todo parecía predecible, la rutina le hacía bien. Tomás tuvo mucho que ver con esto. Compañero tan silencioso como contemporáneo, supo perseverar en la espera de esta mujer que nunca enfureció, pero luchó como perro fiel junto a sus cachorros.

Era momento de resignificar, de dejarse llevar, sentirse y sentir nuevamente, sin opacar las ausencias. Transcurría con un vigor invencible, el logro fue su fortaleza.

 

ZAPATEAR EL TIEMPO

Llovía copiosamente en una mañana otoñal cualquiera, cuando el teléfono sonó y la sacó de la lectura que se había propuesto finalizar antes de salir. Resultó no ser tan cualquiera la mañana, ni tan frívola la llamada. Lo que pensamos puede ser superficial, se muestra en un instante inesperado y sorpresivo. Aquella voz logró enmudecerla, inmovilizarla, perdió noción de tiempo y del espacio. Por un instante, hasta su propia identidad se vio comprometida. Arrimó una silla, su figura se acomodó en ella y, con su típica languidez, escuchó.

"Viaje a mi interior."  Del libro de Nadia Lopez López.
“Viaje a mi interior”. Del libro de Nadia Lopez López.

Ya no recordaba su voz, solo imágenes en retrospectiva alborotaban su mente. Era él. Ninguno de los otros había regresado después de tanto tiempo. La palabra desaparecido, con el transcurrir, se volvió un eufemismo más de la muerte. No podía estar sucediéndole esto.

No obstante, con un firme caminar, veinte años después, lo reencontraba. A su paso, la tierra parecía enfurecida levantándose en sombras y polvo, obstinados en cubrir a María.

El edificio triste y gris se imponía a lo lejos. Entró con sus zapatos llenos de suelo y mundo. Se hizo cada vez más próxima la añoranza y la sorpresa irrumpió en su boca, entreabierta y nostálgica.

 

EL LENGUAJE SECRETO DE LOS GIRASOLES

Sentía una brisa cálida, pegajosa. A lo lejos, aquel hombre sentado sobre un banco de madera roída partía la tarde en dos, igual que la vida de María se había partido aquella vez, cuando se inauguró la ausencia. Eso sucedió un día de lluvia intensa: lo barrió la luna, en algún instante lo escupió el sol tibio.

Y, veinte años después, lo encontraba en un psiquiátrico, donde había pasado todo el tiempo de la distancia. Con la mirada fija en los campos de girasoles, sin nombre, otra vez sin identidad, ni memoria, ni pasado. Esa silueta estaba llena con su desaparición interna, con la violencia de la veladura infligida por el horror.

Perder la memoria: ese otro modo de desaparecer un poco. No avanzar ni retroceder, sostenerse solamente en unos ojos cansados siempre hacia el mismo punto, como quien busca conversación entre los girasoles. Quién sabe, tal vez haya encontrado un buen interlocutor entre los pétalos.

 

TITUBEAR EL REENCUENTRO

María se acercó lentamente y posó una mano sobre el hombro de él.

Después, se animó con el brazo.

Después, lo llamó por su nombre.

Él giró suavemente su cabeza hacia ella.

Ahí estaba. Más viejo, como la ropa que llevaba. Su pelo caía desprolijo sobre un lado de la cara. Su barba apenas rozaba las mejillas.

Con una soledad feroz que se abría desde su reclusión de años, logró balbucear alguna palabra.

El lenguaje titubeaba. Ambos eran rumiantes nocturnos, que emprendían el camino de regreso a casa. Dejaron atrás los girasoles. El sendero angosto los convocaba a tomarse de las manos y ellos no se negaron. Aunque parecían no conocerse, no se negaron.

Volver, reaparecer, desperezarse el largo semi sueño de dos décadas. Reubicar el cuerpo y el tiempo entre los caprichos del azar.

 

BUCLES DEL TIEMPO

Lo habitual, no por habitual se resigna a naturalizarse en lo normal. No hay esquema capaz de imponerse por siempre a la sinrazón. El dolor de la desaparición y el descaro de la aparición oscilaban en el péndulo de lo inesperado. Un cuerpo que un día partió y nunca regresó, ni vivo ni muerto, es un terreno para la fantasía. La del regreso, por descabellada que parezca -sobre todo con el avanzar de los días-, es la reina de la ilusiones en estas circunstancias. El hombre había sido llevado a un psiquiátrico, durante veinte años había existido dentro de un atajo del tiempo, que por fin concluía su bucle.

 

Y ESTO BASTA

Tomás, el compañero que sostuvo a María durante todo el tiempo de la ausencia, partía con la misma valija que había traído tiempo atrás. Unas pocas cosas y mucho olvido. Partía con dolor, sorpresa, con lo impensado e inesperado bajo el hombro. Con él, llevaba el desconcierto de haber podido ser y no lograrlo, de saberse único, pero también perdedor de la batalla. Partió para no volver. Sencillamente, marchó con inaudita resignación.

Por su parte, María -fina y etérea como un hilo de seda- levantó sus piernas, enderezó su torso, giró su cabeza. Y entonces su cabello se movió con ímpetu. Se alejó casi sigilosamente hacia la otra habitación, encontrándose, por un momento, en un lapso de tiempo eterno con quien fuera su “otro”. La puerta se cerró y permitió, a un hombre y una mujer, invadidos por un silencio ensordecedor, ser quienes fueron.

Serena, incomprensiblemente cauta, con un temor previsible al prejuicio despiadado, tan solo levanta sus ojos negros y dice en voz baja:

“Por lo que fue, por aquellos que fueron niños y hoy son hijos hombres. Por los niños de estos hombres hijos, por la mesa grande que aún permanece altiva, por el libro que celosamente guardaba una margarita seca de hace veinte años, por la fantasía cumplida a destiempo, por los que fuimos.”(1)

Hoy, María y su compañero, no son los mismos.

“Perdida y reencontrada nuestra identidad, esta mujer y ese hombre que asoma a través de la puerta del fondo, con un libro en la mano, no somos quienes fuimos. Frente a frente, nos redescubrimos a cada instante. Puedo ver el universo en sus ojos. Y eso es suficiente para mí. Y él puede recordarme entre sus dedos. Y esto basta.” (1)

“Se lo llevaron por la tarde, lo buscamos tanto como nos permitieron. Entonces, seguimos en las sombras, pero siempre lo buscamos. Una mañana, después de muchos años, un frío cruzó por mis manos, me di cuenta de que ya no vendría, que se lo habían llevado para siempre, porque eso hacen, ¿verdad? Veinte años era tiempo suficiente para reconocer eso. Tuve miedo, continuó, se derrumbaron las expectativas, se hicieron trizas contra la realidad. Entonces, la vida tomó otra forma, una distinta. Básicamente, sin él.” (1)

“Cuando el sufrimiento se había hecho dolor, cuando ya teníamos la vida trazada con la ausencia, sonó el teléfono. Me enteré cómo habían sido los hechos, intenté primero reordenarlos en mi cabeza y luego asimilarlos. Después de arrojarlo desde un coche, lo dieron por muerto. Pero ahí estaba él, firme, desvalido de memoria, aunque de pie. Sin rumbo ni historia, sin poder reconocerse ni reconocer. Algún alma generosa lo llevó por ahí y decidieron guardármelo veinte años.” (1)

Hay historias que tienen fin, otras quedan abiertas. Un par siguen vivas. Muchas mueren al nacer. Pero unas pocas quedan suspendidas en el intento por regresar a corazones deshilachados, donde les pertenece.

Se escucha una canción a lo lejos…

A dónde van los desaparecidos
Busca en el agua y en los matorrales
Y por qué es que se desparecen
Por qué no todos somos iguales
Y cuando vuelve el desaparecido
Cada vez que lo trae el pensamiento
Cómo se le habla al desaparecido
Con la emoción apretando por dentro

 

(1) Entrevista a María Castañeda

 

 

 

 

 




UN HOGAR POSIBLE

Lo inesperado: Sobre las pinturas de Simon Boyd.
Por Josefina Bravo

 

BROTES DE LUZ

Ya desde lejos, las pinturas de Simon Boyd impactan por la paleta de colores. Pinceladas enérgicas, estallidos de luz y tonos cálidos se desplazan hacia el centro de los cuadros, mientras los opacos y fríos se mueven hacia los bordes.

De cerca, aparecen con mayor nitidez pájaros, árboles, lunas, soles, arcoíris, nubes, estrellas y figuras humanas, entre otros.

Así, la paleta se combina con la naturaleza: renovándola y multiplicándola.

En algunas pinturas –por la claridad en los colores o por las pinceladas curvas- la mirada puede adivinar un gran círculo adentro del marco rectangular del cuadro, como si fuese un mandala.

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Bellum Infinitum

“Los mandalas son representaciones simbólicas espirituales y rituales del macrocosmos y el microcosmos (…) Mandala significa: óvalo, círculo sagrado, círculo encantado de un conjuro, halo alrededor de la luna o el sol, etc.”(1)

En ese círculo se concentra toda la fuerza del cuadro, sin olvidar la contención indispensable de los bordes: como valla y como trampolín.

 

UNO MÁS UNO NO ES DOS

Para sentir intensidad, hay que haber experimentado primero una sensación de liviandad o pasividad.

Para que la luz impacte, por contraste, también es necesaria la oscuridad. O, al menos, los opacos. Y Simon mantiene muy bien esa tensión. Primero una base de color con acrílico para, luego, dar textura y profundidad con el óleo: “Ahí es donde empieza el desafío –cuenta Boyd- porque el óleo es más lento y más impredecible. Es donde tengo que tomar más riesgos”.

Además, se percibe una visión panteísta: bosques, cielos, animales, astros y seres humanos están íntimamente imbrincados. Pueden discriminase pero, al mismo tiempo, se hallan enlazados a un movimiento onírico y divino, donde las formas se desdibujan o se superponen en un juego de mostrar y ocultar. Así, se pone en cuestión la verdad única de las cosas y se abre el sentido a múltiples interpretaciones.

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Mary’s Rainbow

Por otro lado, hay un intento de vencer lo inasible del tiempo en la insistencia de imprimir en el cuadro lo efímero del aletear de mariposas y colibríes o la corta vida del arcoíris. Y en la convivencia de lo efímero con lo onírico y con elementos más duraderos de la naturaleza como los astros, no sólo pone en duda la linealidad del tiempo, sino que apuesta a la superposición de planos en un mismo espacio temporal. Y lejos de imponer su visión en las obras, apenas la insinúa como una posibilidad, como una inquietud que, más llena de preguntas que de respuestas, sigue su movimiento adentro del cuadro.

 

ANDAR LA FUGA

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Purlieu

Recostada a orillas de unas aguas, una persona disfruta los juegos de luz y sombra del viento en los árboles, mientras la humedad de un aleteo encandila la vista y la piel escucha el borbotear lumínico del agua, que saluda al viento y sigue el nadar de los seres. Arriba el astro se esconde atrás de una nube. Y los rosados tornan violáceos, y éstos celestes y azules. Más atrás está el bosque, ¿la continuación del jardín? La persona despierta y el cuadro es la noche. Toda la luz es de luna y amarillea los verdes, los marrones follajes, las pieles desnudas, la mirada vuelta al astro. Hasta la noche atenúa su azul. Y el pájaro amarillo mira hacia otro afuera, ¿no cree en el encuentro? La escena cambia: todo es confuso, ¿dónde empieza y dónde termina el círculo? La respuesta es la aguja en el pajar, o mejor, la búsqueda. Hay un quiebre o el círculo da a luz muchos círculos, redondeles de todos los tamaños. ¿Y una persona está de cabeza?

How Does your Garden Grow?
How Does your Garden Grow?

Si se tira de La Tierra cae al cielo, al infinito, allí los círculos son órbitas pero también hay prismas, líneas de luz, cuadrados, geometrías estalladas hacia el centro, mientras la soledad de la nada y lo oscuro permanece en los bordes.

¿Dónde está entonces la persona? ¿En una habitación de paredes rectas y grises? ¿Bajo una cascada de agua fresca? ¿En el jardín?

Boyd recrea una y otra vez el jardín, se observa en la paleta de colores, en los motivos de su pintura, en los títulos de los cuadros…

Jardín: lugar donde se cultivan plantas.

Yellow Moon
Yellow Moon

Alicia, a partir de una búsqueda, cayó al jardín de las maravillas. Tom entró a medianoche.

Alejandra también quiso ver el jardín, lo concibió en su escritura. (2)

“Nos dimos / un jardín / en el beso”, dice un poema de Cecilia Pisos.

Claramente, el jardín es mucho más que una morada de plantas. Allí residen la magia, la expectativa, los deseos, los miedos, la infancia…

Cultivar: dar a la tierra y a las plantas las labores necesarias para que fructifiquen.

Algo maravilloso que también es parte de uno/una/une madura allí. Algo sin una definición muy clara, debe ser cuidado y alimentado.

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Northern Star

 

EL NO LUGAR

Es difícil separar la obra de Simon de su biografía. Él es inglés: nació y vivió la mayor parte de su vida en Londres. Allí estudió Bellas Artes y conoció a su compañera, de nacionalidad argentina, con quien tuvo dos hijos. Hace más de diez años viven en Toay, un pueblo de La Pampa, en una casa de campo rodeada de un gran jardín.

En una pequeña charla acerca de su obra, Simon comentó cómo, en sus composiciones, mezcla los paisajes de su tierra natal, los de la tierra adoptada y otros elementos que completan algunas ideas en los cuadros.

Hay quienes sienten el arraigo a su tierra como una raíz prolongada de sus pies. Otros descubren el desarraigo al alejarse, con la añoranza del clima, los sabores, los olores, los colores y la idiosincrasia de la tierra natal.

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Down by the Fall’s

Para Simon, seguramente el hogar sea aquel país donde creció y donde vive parte de su familia; pero también este, donde crecen sus hijos. El hogar oscila así entre dos mundos, como oscilan sus composiciones entre luz y oscuridad, entre lo efímero y lo duradero, entre mostrar y ocultar el decir.

Quizás aquellos que alguna vez estuvieron lejos de su tierra pueden entrar más rápido al círculo mágico que propone la pintura de Boyd, porque es allí –y en los sueños- donde puede convivir todo lo amado.

De esa forma, el cuadro termina por constituirse en el hogar más completo posible.

Entonces, ¿qué es el jardín?

“No es un lugar físico, es más bien un estado de ser. Un lugar seguro, de armonía, sin conflicto. Donde la naturaleza está cuidada de tal forma que se aumenta la belleza y se forma una especie de santuario… Es adonde trato de ir cuando pinto… Con el conflicto se aprecia el jardín con más intensidad… Creo que el jardín también es mi infancia.”,
reflexiona Simon.

Las obras de Boyd te invitan a pasear por el jardín: esa indefinición en alguna forma, esa posibilidad de leer el color, de sumergirse en la muchedad de la naturaleza y en la magia de la luz…

Caerse un poco del tiempo y de repente encontrar algo de uno/una/une allí, imbrincarse al trazo para ir hacia ese lugar no físico, ese refugio del que habla el artista, eso, ir y volver, tensión de contrastes, siempre, para la magia de lo inesperado.

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Stratosphere

 

(1) Definición de Wikipedia

(2) Referencias a “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carrol, “Tom´s Midnight Garden” de Philippa Pearce y a la poeta argentina Alejandra Pizarnik.

(3) Todas las imágenes corresponden a la obra de Simon Boyd.

 




LA ESCRITURA: QUÉ, SIN ELLA…

Lo inesperado: Sobre la historia de la escritura.
Por Estela Colángelo

 

EN EL PRINCIPIO FUE UN CUADERNO

Todo comenzó con el abrazado cuaderno, tan opuesto a las horrorosas fotocopias. El cuaderno testigo de sentires, víctima de sus consecuencias: manchones de lágrimas, estrujamientos, quemaduras…

Luego vino la desesperación. “La esperanza es mala” decían algunos griegos. Habrá que confiar en las bondades de lo inesperado. Ahí interviene Gabriela quien coordina y orienta nuestras pretensiones de escribir en la revista.

Y así lo hizo. Como aquella mano pequeña acompañada por la de la maestra que, con la lapicera de pluma de metal, la llevaba al tintero de cerámica incorporado al pupitre, y, sin titubeos ambas escribían. Así, esta arrugada mano que hoy teme no poder acariciar la hoja con la pluma, trata de evocar a la historia de la escritura y a sus soportes.

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CHOR(R)EADO DEL CIELO

La escritura venía de los dioses, o al menos, eso creían muchos. Los griegos pensaban que Prometeo se la había dado a la humanidad como regalo. Los egipcios, que era un beneficio de Tot, el dios del conocimiento. Los sumerios cuentan que Inanna – diosa sumeria del amor, la belleza, el sexo, el deseo, la fertilidad, la guerra, el combate y el poder político-, le robó la escritura al dios Elki, cuando estaba borracho y se la dio a la humanidad.

Desde estos orígenes mitológicos, parten dos caminos para contar el rumbo que la escritura debió abrirse entre las distintas civilizaciones. La primera hipótesis sostiene que la idea de escritura -aunque no de símbolos de un sistema concreto- se habría extendido paulatinamente desde este foco mesopotámico hasta otras culturas cercanas. La otra hipótesis fundamenta que tuvo más de un origen, ya que del otro lado del Atlántico se han hallado también caligrafías como la zapateca, la del estmo –ambas en México; en Oaxaca y Tuxtla respectivamente- o la rongorongo de la Isla de Pascua.

Escritura hitita
Escritura hitita

En esta primera entrega, tomaremos los períodos iniciales (30 a 40 mil años a.C. y hasta el 2 mil aproximadamente a.C.) en lo referido a la aparición de la escritura. Con respecto a los soportes desde los primeros hallazgos, hasta el descubrimiento del papel.

 

EL PATRIARCA DEL PAPEL

Hoy es sabido: lenguaje no es sólo escritura. Si algo parece distinguir al hombre desde sus orígenes es la necesidad de expresarse, más allá de la supervivencia. Si no ¿Cómo pensar ese cuidado que el tiempo, los hombres y la naturaleza han puesto en preservar dentro de cuevas y cavernas las pinturas rupestres más antiguas (40.000 – 30.000 años a.C. era paleolítica)? Hombres que debían salir a cazar, en condiciones climáticas extremas, con la mente al filo a cada momento, ¿cómo es que se hacían tiempo para pintar, para decir lo indecible, con los pigmentos o los recursos que tuvieran?

Arte rupestre - Norte de México
Arte rupestre – Norte de México

Claro, la escritura, todo un esfuerzo de abstracción y metáfora, llegó mucho después. Su desarrollo comenzó en Oriente Medio, en Mesopotamia, hace 5.000 años aproximadamente. Surgió, según se especula, gracias a un cambio de vida de las civilizaciones. Tras el descubrimiento de la agricultura el hombre dejó de vagar y se asentó en un territorio que necesitaba organizar. Los contratos de propiedad se plasmaban con una grafía sencilla. La sociedad crecía y la escritura evolucionó con ella. Acontecimiento y cuentas debían inscribirse para poder legarlos a los demás. Los sumerios construían hogares con ladrillos de arcilla cocida al sol. El material que utilizaban para las paredes de sus casas era perfecto para escribir cuando todavía estaba húmedo. Se elaboraron tablillas planas y rectangulares. Fueron las progenitoras de nuestro actual papel: el primer “papel” de la historia utilizado para escribir. Los sumerios usaron este sistema durante veinticinco siglos. A ellos siguieron los pueblos babilonios – asirios – eblaítas. Los primeros restos de “texto” escrito que conocimos corresponden a las tablitas de Uruk, un templo sumerio que contiene inscripciones llevadas a cabo por los sacerdotes para la contabilidad de sacos de cereales y cabezas de ganado. Eran signos en forma de cuña. Denominada escritura cuneiforme, se realizaba con cálamo, el predecesor de la pluma del tintero. Los sumerios empleaban unos dos mil símbolos que representaban objetos y acciones.

 

cuneiforme

Tablilla neosumeria
Tablilla neosumeria

ALETEAR LAS LETRAS

Atrás de esa estela fueron los acadios, quienes ocuparon las tierras donde vivían los sumerios quienes crearon un sistema monográfico de escritura. Cada signo representaría un sonido de su lenguaje. Llegaron desde la península arábiga y los terrenos que ocupa la actual Siria. Así, al convertir cada sonido en un grafo, los acadios pudieron crear un modo de escritura para entender y comunicarse con los sumerios. Las tablillas con grabados cuneiformes deben leerse de derecha a izquierda. Los paleógrafos la denominan como “escritura de los pájaros sobre arena húmeda”

 

UNA CUESTION DE CLASE

Papiros egipcios
Papiros egipcios

Y ahora llega una de las más famosas: la escritura jeroglífica. La etimología narra que se trata de un cruce entre “hieros” -sagrado- y “glifo” – grabado-. Los jeroglíficos son una combinación de signo figurativo y símbolo abstracto, no representan a la palabra ni fonética, ni alfabéticamente sino mediante figuras o símbolos. Fueron usados por los egipcios y los mayas. Generalmente se encontraron en monumentos. Esta escritura emplea pictogramas, en los que podemos contar hasta setenta variedades de pájaros. Un buen tiempo después de su nacimiento, los sacerdotes la utilizaron hasta convertirla en una escritura hermética o hierática.

De cómo leer estos signos no tuvimos noción hasta que Champollion decodificó la famosa piedra Rosetta (París- 1822). Originariamente dispuesta dentro de un templo, fue trasladada durante la época paleocristiana y finalmente usada como material de construcción en un fuerte cerca de la localidad de Rashid (Rosetta) en el delta del Nilo. Allí fue hallada por el soldado Pierre Francois Bouchard durante la campaña francesa en Egipto. Las tropas británicas derrocaron a las francesas en Egipto en 1801. Trasportada a Londres, está expuesta al público desde 1802 en el Museo Británico, donde es la pieza más visitada. La complejidad de la escritura y el largo aprendizaje que requería hizo de ella una profesión

Piedra Rosetta
Piedra Rosetta

especializada, la profesión del escriba. Frente a una gran población que no sabía leer, los escribas estaban vinculados al servicio del rey o del templo y eran bien pagados. Por saber escribir pertenecían a la clase privilegiada de los respetables junto con los sacerdotes, los guerreros y el rey. A una parte del pueblo se le enseñaba la escritura demótica, que es la misma jeroglífica pero simplificada. Se utilizaron diversas materias como soporte de escritura hasta que finalmente se universalizó el papiro, donde se explayó este idioma, que se escribe de arriba para abajo y de izquierda a derecha.

 

EL PUEBLO DEL LIBRO

Los patriarcas Abraham, Isaac, Jacob, se establecen en la tierra de Israel. El hambre los fuerza a emigrar a Egipto.

El hebreo tiene casi treinta siglos de historia escrita, a lo largo de los cuales obviamente se han dado diversos procesos de cambios lingüísticos, por lo que se puede considerar que el hebreo antiguo y el hebreo moderno son dos lenguas emparentadas.

Durante muchos siglos el uso del hebreo antiguo quedó limitado a la literatura, a la liturgia y a la academia.

Escritura hebrea
Escritura hebrea

 

EN EL BOSQUE DE LA CHINA, UN POEMA ME ENCONTRÉ

En el año 1.700 a.C. comienza a desarrollarse la escritura China durante la dictadura Shang. Del sistema anterior sólo se registra un fragmento de barro cocido con la inscripción de lo que parecen once grafías, descubierto en el poblado de Dinggong (1922). Podría ser una forma de protoescritura.

En China, la gente preguntaba al cielo sus dudas mientras observaba en los huesos y caparazones de tortugas puestos al fuego. En las figuras resultantes de las quebraduras, leían las respuestas. Miles de esos huesos se han encontrado. Por ellos nos podemos dar una idea de las preocupaciones que los movían. Fueron los que empezaron a contar China cuando no se llamaron chinos sino “shang”. Cuanto más antiguo es algo, más venerable, siempre lo creyeron los chinos.

Quienes registraban estas escrituras eran letrados. Cualquiera que intentase escribir las miserias con las que se topaban los hombres, las contaban desde una gran distancia y, a veces, hasta las ubicaban lejos en el tiempo porque se temía la reacción de los poderosos.

¿Qué fue lo primero que escribieron los chinos? Oráculos. Eran apenas notas muy acotadas, talladas en caparazones de tortuga o en huesos de otros animales. Buscaban prevenirse de lo que les depararía el mañana. Después empezaron a escribir sobre bronce y los signos se estilizaron un poco. En china los caracteres no eran figuritas muertas sino elementos dotados del poder de generar o alterar la realidad. De ahí el gusto por los amuletos. Este respeto reverencial por lo escrito siempre acompañó a los chinos y así como algunos en la civilización occidental, enseñan que el pan es sagrado y no se tira, lo mismo se les enseñaba a los niños: nada escrito era considerado basura, así fuera una lista de las compras.

Así las cosas, desde sus comienzos, los caracteres no fueron un simple soporte para el habla. Siempre estuvieron ligados a la poesía. Ellos son poesía. Los huesos oraculares se descubrieron en 1899. Un erudito mandó comprar a una botica huesos para moler y así mejorar algún malestar. Observó que en una escápula -probablemente de cordero- había unas marcas que no parecían naturales. Limpió el hueso y se dio cuenta: era un texto. Más tarde, en la por entonces perdida ciudad de Hanyang, la que fuera capital de Shang, encontraron una escritura bastante evolucionada. Los chinos, poco a poco, abandonaron la superficie plana de huesos como soporte de la escritura y se valieron de tallas sobre poesía china 2objetos de bronce. Las vasijas se destinaban a las ceremonias y los textos hablan de rituales. Lo que podríamos llamar escritura moderna se daría en unos 500 años antes de nuestra era, en las inscripciones hechas en tablillas de bambú. Se cortaban tiras de bambú sobre la que se escribía y luego se anudaba una junto a otra para formar el texto. Este nuevo medio permitió otro tipo de registros: administrativos, históricos, filosóficos y poéticos. También se utilizaban tablitas de otras maderas y telas de seda en chino clásico. El emperador Shihuan Di en el siglo II a.C. establece por decreto y por primera vez un idioma para todo el territorio.

 

NO TODO SIEMPRE FUE CUADERNO, LÁPIZ, BOLÍGRAFO

Según fuera la punta de los objetos que se utilizaron para escribir, los estudiosos llamaron inscritos a las producciones a punta seca y escritos a los de punta mojada.

Dentro del primer grupo se puede afirmar que la escritura se talla, se graba, se esculpe. Encontramos aquí a la ya mencionada escritura cuneiforme cuyos “lápices” eran cañas biseladas, cuñas de metal, madera o marfil usadas para imprimir la arcilla. Las tablillas de arcilla eran pesadas y de difícil transporte.

Muy difundidas fueron las tablillas de madera recubiertas de cera, estuco o barniz. En Egipto se usaron conjuntamente con el papiro. En Grecia y Roma se esgrafiaba el texto sin dificultad con un objeto punzante. Los punzones o estilos “stilus” tenían en un extremo la punta y el otro era romo, para borrar, raspar, alisar la cera, muy funcional para los escolares de la época. En China se difundieron para grabar los sellos con los signos.

 

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La escritura antigua de los pueblos germánicos se conservó en las llamadas runas. Fueron encontrados, también, grabados en objetos de madera como cofres o cajas.

La piedra fue el soporte por excelencia de los epígrafes griegos y romanos. Se grababan inscripciones sepulcrales, decretos, triunfales. El mármol pulido y el granito se destacaban por sobre todos los demás. El procedimiento de esculpido era artesanal. Entre los metales, el bronce es el más destacado para tallar documentos como decretos, leyes, diplomas militares, leyes de hospitalidad y patrocinio. La ventaja es que se traslada con mayor facilidad que el mármol. En la India también se encontraron inscripciones en láminas de cobre. Aztecas y mayas usaron huesos de animales como tortugas, ballenas, donde tallaron acontecimientos de su historia.

Cuando la escritura se pinta, se dibuja o se imprime con tintas, pinturas y sustancias fijadoras usando instrumentos como pinceles y plumas, se los llaman escritos. Los soportes por excelencia fueron el papiro y el pergamino.

Libro De Artista - Leon Ferrari
Libro De Artista – Leon Ferrari

Para fabricar artesanalmente el papiro se usaba el centro de la planta cyperus papyrus. Se cortaban láminas delgadas que se entrecruzaban y se superponían en una superficie húmeda que se dejaba secar al sol. Las hojas se alisaban con martillo de marfil y se cortaban del mismo tamaño. Se comercializaba en Roma y Grecia, lo que contribuyó a la difusión de la literatura. Como requerían cuidados especiales de conservación con el tiempo fueron reemplazados por pergaminos.

El nombre pergamino proviene de la ciudad de Pérgamo, actual Turquía. Es de origen animal. Se obtiene de la piel de animales como ternera, cabra, oveja, carnero y a veces también de antílope, gacela y avestruz. Éstas son tratadas mediante delicados procedimientos y operaciones de limpieza curtidos con posterior estirado y tensado. El pergamino fue el soporte por excelencia a partir del siglo III y IV.

 

EL PAPEL NUESTRO DE CADA DIA

Mirtha Dermisache
Mirtha Dermisache

El papel fue descubierto por los chinos a partir de residuos de la paja de arroz, el cáñamo, la seda y el algodón. Esto se dejó de lado para utilizar trapos de lino y el cáñamo que se deshacían, se dejaban macerar y fermentar en agua hasta obtener una fina pasta obtenida a golpes de martillo o piedras de molino. Esta pasta se pasaba primero a una cuba de metal a temperatura constante y luego por un tamiz de filamentos. Se prensaba dando origen a finas hojas de papel. Los árabes copiaron el conocimiento y lo introdujeron en Europa. La propagación del uso del papel y su difusión masiva ha constituido uno de los mayores adelantos en la historia de la cultura.

 

ALERTA, ÚLTIMAS NOVEDADES

Aunque parezca sorprendente el paleontólogo italiano Emmanuel Anati, a comienzos de 1990, sostiene la teoría más moderna sobre el origen de la escritura. Después de registrar y analizar más de veinte millones de signos grabados en las paredes de las cuevas de todo el mundo, llegó a la conclusión de que resultaba posible ver en ellos más que simples dibujos.

Además de pictogramas que representaban objetos, personas y animales, había también ideogramas, que hacían alusión a conceptos como la fecundidad o la caza, e incluso, psicodramas, estados de ánimos, nada distinto o inferior, pues, a los primeros signos de la escritura sumeria o egipcia. De ser así el origen de la escritura no tendría cinco milenios sino cuarenta, pues esa es la edad de las cuevas de Tanzania, en el sureste del continente africano.

El hombre acaso no inventó la escritura por necesidad económica sino espiritual, la arraigada y muy humana necesidad de expresarse. Ya hace tiempo lo dijo el prestigioso lingüista Noam Chomsky, al afirmar que todos los seres humanos llevan impreso en su mente los rudimentos de una gramática universal que la relación con los adultos tan sólo despierta. ¿Acaso no poseía esos rudimentos el hombre de Neanderthal y por ello introdujo símbolos en las paredes de las cuevas?

 

El bestiario de la sala de los toros
El bestiario de la sala de los toros




VUELOS SOBRE EL ORIGEN

Lo inesperado: Sobre presenciar escenas primarias.
Por Patricia Tombetta

 

ENCICLOPEDIA FANTÁSTICA

Y en el principio fue el sexo. Sin él, todos lo sabemos, algunas formas de vida –la mayoría- no serían posibles. De todos modos, la raza humana hace ya tiempo que no lo toma como el principio de nada y menos al servicio de la procreación, si es que alguna vez lo hizo. Una lista de los gustos sexuales humanos sería tan larga como una guía telefónica de todas las personas del mundo o, mejor, como una enciclopedia china de animales fantásticos. Cada cual puede agrandar la enciclopedia y usar esa libertad para imaginar cuanto quiera. Sí, sí, de eso se tratan los gustos sexuales: de imaginar y encontrar a un adulto partenaire de acuerdo con el asunto. Condiciones, el adulto y el acuerdo, que trazan el límite con el delito o la perversión en un sentido llano.

 

AMANECER PROLETARIO

Katerina Panikanova
Katerina Panikanova

Era todavía de noche cuando Victoria tomó el colectivo. Casi vacío, o casi lleno, de quienes amanecen proletariamente en el primerísimo mundo –antes bien, en todo el mundo-. Los daneses no son la excepción. Se acomodó en un asiento y los ojos se detuvieron en sus manos. Todo un nutrido equipo de trabajo las salvaba de su ruin destino. En el hotel no escatimaban en productos de limpieza y, por fortuna, tampoco en guantes. “Son nórdicos, pulcros y ordenados”. Eso suelen pensar muchos argentinos. Aunque, a ella la máxima se le había convertido en algo incómodo, no la había revisado todavía. Así como viajaba, sin revisar máximas y medio dormida, se pasó de la parada y “Ellos no se detienen en cualquier lado”. Comenzar la mañana a las corridas no sacaba su mejor versión. De todos modos, llegó sólo cinco minutos tarde. Una de sus compañeras llorisqueaba por problemas de alojamiento, pero sólo pudieron hablar mientras se calzaban los uniformes. Ya tendrían un rato a la salida.

DURO ANOCHECER

Apenas podía moverse, el cuerpo de Casper soportaba una de las más altas tensiones, cualquier inclinación arruinaría el momento. Los preparativos habían comenzado hacía tres semanas. Salió de su casa en Copenhague con tiempo. El perfecto estado de la carretera 21 hasta Aarhus le garantizaba poco movimiento. Sólo debía hacer una parada para buscar a Døtte, a las afueras de la ciudad, en la que él no tendría que moverse. Así fue. Ella cargó su bolso en el asiento trasero y casi no cruzaron palabras. Algunas nubes oscuras amenazaban chubascos. Llegaron al hotel cerca de las ocho de la noche, cuando una persistente lluvia había comenzado a molestar. Estacionaron y Døtte exigió su dinero. A un movimiento de los ojos del hombre, la mujer abrió la gaveta. Estaba todo, un bulto precioso para ella. Tan precioso como para él su compañía. Era la tercera vez que estaban juntos y Casper se consideraba casi enamorado. O, por lo menos, temía horrores perderla. A veces, es lo mismo. Un poco inclinado y empapado llegó hasta la recepción y no hubo mayores trámites. El hombre que los recibió hizo alguna alusión a si se sentía bien y Casper ni lo miró. Ni una palabra de más, ningún movimiento en falso, o todo se malograría.

 

UNA DE CAL, OTRA DE ARENA

– Encargate de las últimas dos habitaciones y yo hago el desayuno.

Su compañera sabía que a Victoria no le gustaba preparar la comida y se lo evitaba si era posible. Se ayudaban. Tan lejos de casa, las familias de amigos brotan a borbotones. Victoria revisó a conciencia la primera habitación, no la habían usado, pero era mejor asegurarse. Se miró en el espejo del pasillo, ya faltaba poco y era sábado, qué más podía pedir. Un franco adeudado le prometía tres días de descanso. Tan segura como una reina, se dirigió al último dormitorio y abrió la puerta.

 

foto 2. Decorativa-Revisame el cabello, por favor- pidió Døtte. Casper se lo tomó suavemente y lo inspeccionó con extremo cuidado.

– Está perfecto, tranquila- su tono era escrupuloso, hasta suplicante – estás hermosa y me gusta como decís gracias.- Él hacía alusión al jueguito entre ellos. Ella se apartó bruscamente, prefería olvidar las horas con él. Juntaba sus cosas en silencio y contenía las lágrimas. Un poco de tristeza y algo más de indignación. A las seis de la mañana en punto entregaron la llave del cuarto y se perdieron.

Un vaho caliente le golpeó el rostro. Le llegó, incluso, antes que el olor. Como si ese vaho hubiese intentado detenerla. Estaba a oscuras. Cuando accionó el interruptor, ya sabía que algo andaba mal. Victoria permaneció parada en el vano de la puerta de la última habitación, mientras sus ojos captaban una imagen que su cerebro se negaba a procesar. Todo estaba embadurnado de caca: paredes, colchón, cortinas, alfombra y baño. El estupor fue de tal magnitud, que las náuseas no llegaron sino unos minutos después. A su cuerpo le costaba acomodar las reacciones adecuadas a tamaño espectáculo. Todo el personal se hizo presente al escuchar su voz alarmada. Sus compañeros daneses reían con cierta indiferencia, hasta donde Victoria podía comprender. Sólo ella y su amiga miraban azoradas. Era dantesco, como presenciar un origen, el principio original, un asco. De todos modos, tuvo que poner manos a la obra. Ya acostumbrada al olor, lo más llamativo resultó la cantidad. Se preguntó si la habrían traído en un bolso y, si alguna vez, a alguien que hubiera trabajado en la limpieza de habitaciones le había sucedido algo así. El conserje aclaró que quienes estuvieron en ese cuarto no traían equipaje.

Los orígenes suelen ser incompresibles y oscuros, poblados de líquidos y membranas, puede haber fuego y rocas, sustancias perdidas, formas destartaladas y malolientes. Ese espectáculo tenía un gran toque primigenio y no acertaba a dar con la idea. Recordó películas, buscó relatos, conjeturó un “ella”, luego un “él”. Tomó la idea de niños y su juego con caca. Sabía de juegos sexuales con mermelada, sushi o jamón y queso y algo de una lluvia dorada. Nada encajaba con ese pandemónium. Las imágenes corrían por su cabeza a alta velocidad como si quisieran barrer, ellas mismas, esa “cantidad de excremento”. No llegaba a anudarlo con ningún antecedente de su vida. El quantum aún martillaba su cerebro. Las formas de la sustancia sobre el piso le hicieron adivinar que se habían revolcado hasta el cansancio. Lavó lo lavable, el resto sería cambiado. Su jefe se mantenía impasible, como si hubiese sido cosa de todos los días. Cuando todo estuvo listo, supo que emplearía los días de franco para sacar el hedor de su nariz y bañarse sin cesar. Su compañera la esperaba en la puerta de calle, traía rollitos de canela sobrantes del desayuno y la indignación pintada en el rostro. No hablaron de otra cosa. Al llegar al café de siempre debieron esperar por una mesa. Estaba lleno de melenas rubias y muchos cochecitos de bebés. Ni bien se desocupó una intentaron sentarse, pero el enchastre que habían dejado las desalentó al instante.

 

ALGO PERDIDO

Gratis, en danés se dice igual que en español: gratis.

Cansancio y excitación es una mezcla que podría augurar insomnio, sin embargo, un quantum importante de imágenes sueltas permitió soltar las amarras. Caminaba en un cuerpo de género indefinido, le costaba mover los pies y se desesperaba. Un enorme tanque de aguas oscuras permanecía muy cerca, alguien llamaba desde atrás y no podía darse vuelta. Le gritaban “gratis, gratis”, se sacaba unas pantuflas que le daban calor y le iban grandes. Se dio vuelta y una mujer le hacía señas como se le hacen a un avión en el aeropuerto. Cuando despertó, no sabía dónde estaba.

Aarhus, Dinamarca
Aarhus, Dinamarca

Hay momentos de los que se sale con marcas. No importa el lugar donde se esté. No alcanzan los acuerdos, los pagos y las súplicas, ni siquiera, el paso del tiempo. Son aquello que seremos, en parte. Puede que no tengan antecedentes y nos tomen desprevenidos: algunos lo llaman trauma. A veces, lo es. Por suerte, están las palabras, seres alados que otros llaman ángeles. A veces, lo son.

 




QUERIDO DIARIO

Lo inesperado: Sobre la obra de Mabel Rubli.
Por Carolina Diéguez

 

TÉ CON MABEL

Querido diario:

Cuando terminé la Escuela de Bellas Artes, a principios del 2003, deseaba estudiar con una artista a quien admiro, Mabel Rubli. Busqué algún contacto pero no encontré. Finalmente, conseguí su número y  llamé, aunque ella me dijo que ya no daba  clases.

Pasaron los años y no va que su obra y la mía coincidieron en una galería del barrio de San Telmo. La dueña era Adriana, por entonces, mi profesora de cerámica. Recuerdo aquella obra de Mabel,  la serie de los adioses, unos collagraph [1],  que iban del azul intenso a los tierras.

Un día, poco después de haber visto esa muestra,  Adriana me dijo:

– Estuvo Mabel en la galería, preguntó por tu obra y busca asistente.

Me extendió un papelito y soltó un:

– Llamála.

Sin entender demasiado y con cierto temor –ese que se siente frente algo que se quiere y parece tan lejano- la llamé.  Acordamos una entrevista. Llegué puntual. Era una mañana cálida y pegajosa,  de un verano que se resistía a irse. El frente austero de la casa no permitía adivinar su interior. Estaba emocionada cuando se abrió al puerta. Dentro, los techos altísimos, la gran biblioteca, las obras  y los objetos construían un lugar apacible que invitaba a permanecer. Escalera abajo, llegamos al taller. Ella, su obra y ese espacio increíble lleno de tintas, papeles, catálogos, historia y vida.

Mabel, delgada, en apariencia distante pero amable, de a poco, comenzó a desovillar ante mí su fase luchadora, sensible y, sobre todo, generosa. Cualidad no menor en el campo del arte donde, pese a lo que algunos creen, hay mucha mezquindad. Por eso resalto su generosidad como persona y como maestra.  A partir de entonces, compartimos diez años de trabajo, risas, largas charlas y tanto té. Con ella aprendí mucho y no sólo de arte.  Hoy se trata de abordar parte de su obra sin escindirla de su ser Mabel. Porque hay casos donde el ser y el hacer se adhieren. Este es uno. Ante la vastedad de su obra (no podrían imaginar la cantidad), me dedicaré  a pensar sus libros de artista.

Mabel Rubli. "Historias irlandesas o Criaturas de Irlanda", 1999
Mabel Rubli. “Historias irlandesas o Criaturas de Irlanda”, 1999


LA OTRA BEDUINA

En la obra de Mabel, los textos aparecen doblemente encarcelados.  Están, en general, dentro de una cúpula de acrílico que, a su vez, contiene un cuerpo (caja o estructura). También, a los textos puede encontrárselos, como en este caso, enrollados. Así, vueltos sobre sí mismos, del posible texto como tal sólo quedan huellas. Pareciera que, en la lucha entre palabras e imágenes, a nivel de superficie, únicamente quedaran rastros.  Si los textos se desenrollasen- salvo en uno que contiene todo el texto, como si fuera, él solito, un gran reservorio de cierta totalidad- el resto sólo mostraría blancos alternados por grafías.  Por otro lado, el material parece viejo, erosionado, entreverado, como si de un depósito se tratase. Esta forma desacralizada remite y se opone a un referente inmediato: los “rollos del mar muerto”. Aquellos rollos de pergamino escritos en hebreo, arameo y griego, escondidos dentro de vasijas de barro y encontrados por dos pastores beduinos en las cuevas de Qumran (1947) .

Mabel Rubli. "Historias irlandesas o Criaturas de Irlanda", 1999
Mabel Rubli. “Historias irlandesas o Criaturas de Irlanda”, 1999

En  aquel caso, se trata de textos sagrados, cuya textura fue atravesada por el tiempo y que debió aguardar a un rescate que los desenrollase para proveerse de nuevos lectores. En el caso de Mabel Rubli, hay un desgaste de los pliegos, pero por el paso de un tiempo en red.  Y desenrollarlos no aporta más sentido que mirarlos.  Estas obras imponen una relación con el objeto fuera de los hábitos comunes de percepción. Ante una caja transparente llena de rollos de papel, el impulso es ver ahí, qué hay adentro, abrirlo y desenrollar el papel.  Sin embargo, estos objetos producen sentido cuando todo el hábito se invierte. Y se soporta ver la superficie del rollo y la transparencia del vidrio, sin penetrar su profundidad.  Es decir, lo profundo no es –semánticamente– más verdadero ni más intenso que la superficie.

 

 EL ENCUENTRO ENTRE LA GRIETA Y LA RAJADURA

La desacralización impregna todos los elementos de la obra de Rubli.  Habría que incluir los objetos, los textos, los retratos de escritores, los homenajes  a los sobrevivientes del Holocausto: todos fragmentos de gestos y rostros humanos.

Mabel Rubli. "Aushwitz". Libro objeto,  2004.
Mabel Rubli. “Aushwitz”. Libro objeto, 2004.

Estos se presentan entremezclados con los otros materiales de la obra. Parece que la misma textura quebradiza del papel rompiera toda continuidad de cara, escritura o figura.  O, tal vez sea al revés, quizás el material haya sido elegido en función de una poética de la grieta y la rajadura.

Mabel Rubli. "Estela para Arthur Rimbaud." Libro - objeto.
Mabel Rubli. “Estela para Arthur Rimbaud.” Libro – objeto.

Al  mirar la obra de Rubli, uno siente que toda totalidad es una ilusión. No hay cuerpo, texto ni arte sin vacío.  Pero también es cierto que ni siquiera el vacío puede ser total.  Donde los rostros se quiebran, toman el color de los objetos de fondo. A su vez, los objetos aparecen fragmentados entre sí  –fragmentos entre huecos o huecos rellenos de fragmentos –. Ni siquiera  el continente cumple la función de englobar todo lo que contiene. Si no está abierto, es transparente (“Estela para Arthur Rimbaud”). O está entreabierto o los objetos se desbordan de toda posible contención (“Historias Irlandesas o Criaturas de Irlanda”). A veces, en la gradación entre blancos y negros, los grises son sustituidos por texto. En algunos casos aparece un título claro. Así, el texto tiene una función fotográfica o pictórica y, a la inversa,  los elementos  gráficos y los del mundo de la fotografía cobran apariencia textual.

 

UNA DIOSA, PLUMA POR PLUMA

En “Historias irlandesas…”, las sagas han sido totalmente fragmentadas.  Así, de los pedazos de historia desordenados y a través del collage,  Mabel compone una nueva historia visual.  También las imágenes impresas calcográficamente han sido desgajadas.

Sí, Rubli opera del mismo modo en que los seres o criaturas de esta historia fueron desollados por Morrigan, la diosa irlandesa de la guerra.  Y, aunque de sus entrañas no ha quedado nada, Rubli , con sus pacientes manos, rescata pluma por pluma sobre los rollos de papel. Lo hace con la misma paciencia con que trabajaban los tejedores de la cultura peruana –según la vieja tradición –.  Las plumas eran enhebradas en un hilo principal, que luego  se cosían sobre la tela o se insertaban, a partir de un sistema de trenzas de fibra vegetal que, a su vez,  se cosía a los textiles.

Mabel Rubli. "Historias irlandesas o Criaturas de Irlanda", 1999.
Mabel Rubli. “Historias irlandesas o Criaturas de Irlanda”, 1999.


RESISTIR EL VIENTRE

En otras obras, los hilos se sueltan para volverse ovillos o marañas de fibra y papel hecho tiras.  Así, en “Un retrato para Sylvia Plath” (1998), esos hilos o cintas de papel forman un “nido”.

Mabel Rubli. "Un retrato para Sylvia Plath", 1998.
Mabel Rubli. “Un retrato para Sylvia Plath”, 1998.

Sobre este, el rostro de Sylvia multiplicado y desdibujado parece una fotografía desgastada por el tiempo.  El conjunto va contenido en una caja – útero,  un frágil sitio donde nacerse.  Un útero tomado por el frío del aborto.  O bien, un homenaje a S. Plath, quien hizo de su pluma un acto de resistencia.

 

Ese rostro multiplicado y sufriente cede a la muerte física, pero su obra no muere.  Ese es el rescate de Rubli.  Esa, su resistencia.  “…el arte es lo que resiste.  (…) Sólo el acto de resistencia resiste a la muerte, sea bajo la forma de obra de arte, sea bajo la forma de una lucha de los hombres.”[2]

 

TODAS SOMOS MANOLITA

También luchan las figuras sobre el fondo rojo de “Una Mujer llamada Manolita”.

Mabel Rubli. "Una mujer llamada Manolita I", 1999.
Mabel Rubli. “Una mujer llamada Manolita I”, 1999.

Una obra donde, a lo Bacon y de a poco, el rojo invade la imagen y esta sólo se recupera en su nitidez,  al hacerse texto y luz.  Sí, contraste – luz.  Eso se produce ahí, en el mismo momento, cuando los cuerpos –impresos  en tinta negra–  tomados por el rojo del mundo se vuelven contraste blanco y negro sobre el fondo rojo.  Ese lugar donde Manolita, esa adherente fervorosa en la lucha por recuperar los derechos humanos, se hace protagonista.  Y, su lucha, otra resistencia.

 

TAGEBUCH

Querido diario:

A primera vista, un manuscrito de bordes quemados y un lateral de grafías imprecisas y gotas de tinta cubren el objeto. Un cubo entelado con su tapa incompleta permite espiar el interior antes de abrirlo y desplegar sus lados. Dentro, unos compartimentos  guardan textos: recortes de diarios, manuscritos y un pañuelo con dos iniciales: R. J.  Tagebuch, diario en alemán, es un homenaje a Roberto, compañero de vida de Mabel, por entonces, recientemente fallecido. Robert guardaba carpetas llenas de recortes de diarios, recortes de acontecimientos familiares importantes, de hechos históricos o de cuestiones económicas que consideraba relevantes. Tagebuch es un diario a imagen de los archivos de Robert. Otra resistencia, esta vez la memoria.

Mabel Rubli. "Tagebuch".
Mabel Rubli. “Tagebuch”.

Todos sabemos que un día vamos a morir pero nadie ansía la muerte. Ella adviene, inesperada, incluso cuando sucede después de una agonía. Porque saber que vamos a morir no transforma al  acontecimiento de la muerte en menos inesperado. Para los que aún permanecemos aquí, que ese cuerpo que estaba ya no esté no hace más que quebrar el entendimiento, mover los fundamentos que nos sostienen, ponernos de cara al borde. Y, si podemos, inesperadamente, también seguir.

 

[1] El Collagraph es una técnica de grabado, en la que la matriz se crea por adición de materia o elementos texturantes u objetuales sobre su superficie para finalmente  entintarla e imprimirla sobre papel.

[2]  Deleuze, Gilles: ¿QUÉ ES EL ACTO DE CREACIÓN?  En: clase Historia del Arte Contemporáneo I: Arte en la Cultura Occidental. Cat.: Romero, Alicia del SEU (Seminario de Equivalencia Universitaria) del Dpto. de Artes Visuales del IUNA, Bs. As., 2004




AZUL

Lo inesperado: Sobre el autismo, desde la mirada de una madre.
Por Verónica Pérez Lambrecht

 


En un rincón se acurruca. Escondido detrás de algún almohadón que tiró exprofeso y desde atrás de su excusa -la pantallita del celu- hace un paneo total y absoluto de cada espacio. El registro es tan amplio que no cabe en todo el diccionario. Por eso, no hay palabras para describir qué ve, qué oye, qué siente. Su mundo no cabe en un registro tan extenso y tan limitado como el idioma. Y él va. Esboza sonrisas picarescas, sabe que lo observo, sabe que sé que lo observo, sabe que leo su mundo y siento temor por un riesgo tan inminente como mi descuido lo permita. Yo digo: tiene un ángel. Matías atraviesa cualquier límite sin miedos. Esos me los deja a mí, para que dance cada día la plena incertidumbre de no saber qué me depara una vuelta más del sol.


 

Noelia, mamá de tres niños -Tomás de 8, Agustín y Matías de 6 años-, se levanta entre estos pensamientos cada día desde que supo que Matías es autista. “¿Es qué? No, no entiendo.” Ese día se abrió un pozo eterno a un abismo: el de la incertidumbre.

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un trastorno neurobiológico del desarrollo que ya se manifiesta durante los tres primeros años de vida y que perdurará a lo largo de todo el ciclo vital.

Los síntomas fundamentales del autismo son dos:
• Deficiencias persistentes en la comunicación y en la interacción social.
• Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades.

- www.autismo.com.es -

 

VAMOS A LA PLAYA OHOHOH, NO VAMOS A LA PLAYA

¿Cómo fueron los primeros “síntomas”?

Al año y medio, noté que no hacía las cosas esperadas para los nenes de esa edad. Al principio creía que era un nene inquieto. Yo lo percibía: él no podía sentarse a jugar, tenía que estar todo el tiempo corriendo o subiéndose al sillón, a las mesas de luz. Saltaba, trepaba, no se sentaba a jugar a hacer pilas de cubos, ni con autitos, ni hacía juegos simbólicos, como darle de comer a un muñeco. Y empecé a notar que se conectaba mucho con las pantallas.

El primer impacto fuerte fueron unas vacaciones que hicimos a San Andrés, en familia. Ya era complejo, porque tenía dos bebés de año y medio y un nene de cuatro. La primera semana fue todo divino: el agua, la arena. La segunda, Mati no podía pisar la arena, se enloquecía cuando llegábamos a la playa, gritaba sin parar. Una semana dale llorar sin poder pisar la arena, a upa todo el tiempo. La gente nos miraba horrorizada, gritaba hasta quedarse dormido, por el estrés del llanto. Así las cosas, nos turnábamos para ir al mar. En el hotel y hasta en la pileta estaba bien. El problema era en la playa. Luego cuando ya conocí su diagnóstico, aprendí que hay texturas que lo sacan de quicio, no las puede “regular” y explota. No sabemos qué fue, si la arena, la arena mojada, el sol, el reflejo del sol en la arena. Hoy, a sus 6 años, ama la playa. Mati tiene una diferencia con el resto de los nenes autistas: no reacciona siempre igual ante las cosas. No encaja en algunos patrones de conducta esperable.

Existen pocos diagnósticos precoces, se suele esperar a los dos años para que el niño desarrolle el lenguaje hablado.

Hasta los 2 años, también noté que no hablaba, no decía palabras, no trataba de repetir palabras, no señalaba con el dedo, parecía que no escuchaba. Cuando lo llamaba no respondía, no miraba a los ojos… Indicios. 

¿Qué ayuda pidieron en esos primeros momentos?

La primera guía fue el pediatra, que envió hacer una batería de estudios para descartar temas físicos, como sordera, por ejemplo. Cuando los resultaron mostraron que físicamente estaba bien, me mandaron al neurólogo, a sesiones de fonoaudiología, a neurolingüística. Ahí empezó un caminito difícil. Cuando te dan la noticia, no sabés qué hacer, no lo esperás, no hay estudio en la panza que te diga que tu hijo va a nacer con autismo. En ese primer momento, no entendí mucho de qué me hablaban los médicos cuando decían que él iba a necesitar “estimulación”. No te quieren decir el diagnóstico con la palabra TEA para no encasillar al chico, pero a mí eso me hizo mal. Yo hubiese preferido que me dijeran que él estaba dentro del trastorno del espectro autista (TEA). Te dicen: es un nene con dificultades en la comprensión y en el lenguaje. Los primeros tiempos tuve mucha confusión y angustia. Además, contrastaba con su hermano mayor y con su hermano mellizo, ambos sin dificultades. Tomás, al año y medio hablaba como un loro, por lo que estaba completamente desorientada.

Por entonces, el pediatra me mandó con una fonoaudióloga del hospital Gutiérrez, una eminencia. La visita era para la evaluación neurolingüística, me anticipó que era poco probable conseguir turno en el hospital. Efectivamente, tenía turno, pero para un año y medio más adelante, por lo que me haría un hueco en el consultorio. Pensé en las madres que no tienen cobertura médica para evaluar la situación de sus hijos con un diagnóstico TEA. ¿Qué hacen?, ¿pierden tiempo de oro? O peor, si no logran detectar a tiempo que algo les pasa a sus hijos. La verdad sentí desesperación por ellas.

Mi terapeuta, el primer apoyo personal que tuve, me dijo: “hay tantos tipos de autismo como niños autistas”. Eso me quedó grabado. Y es así. Por eso Mati no encaja en los patrones.

¿Qué sentiste, qué pasó cuando lo diagnosticaron?

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork
Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

Sentí mucha angustia. Dolor, sinsentido. Venía del golpe de perder a mi mamá y volví a pensar que ya no podía sonreír, no tenía ganas de estar feliz. Mi hijo tenía un problema del cual no se sabe nada. Te dicen “tiene esto” y no sabemos nunca si va a mejorar, si va a responder.

Me obsesioné en hacerle todos los estudios lo más pronto posible. Fue un mes y medio de ir en colectivo con el nene a todos lados, de cuidar que no se durmiera porque se tenía que dormir en pleno estudio. Tenía que despertarlo a las 3 de la mañana para que llegara con sueño a determinada hora. Se me apagó la vida. Lloraba y él me miraba, y me daba culpa. No quería, no quiero que él tenga esto.

¿Cómo manejaron lo inesperado, el factor sorpresa?

Como pareja no nos supimos escuchar, no supimos luchar para el mismo lado. Si bien Matías tuvo todas sus terapias apenas lo diagnosticaron, con el papá no nos apoyamos de la manera que yo hubiese querido.

Tuvieron diferentes tiempos de aceptación. Fue un impacto grande para la familia, para los papás más que nada. También para los hermanitos. Noelia se encargó de contarles.

Los tiempos que demanda un nene con autismo son importantes. Mati necesita atención casi full-time. Hay que tenerlo siempre a la vista. Los otros hijos demandan. Y Noe hacía malabares para estar más con Tomás, por ejemplo. A Agustín le tocó perder más. También, a la pareja. La atención a Matías implicó costos. En algunos de los encuentros que he participado, escuché que el 80% de las parejas con hijos autistas se separan. (J)


¿Qué investigaste?

Yo, nada. Más investigó el papá. Yo escucho lo que las terapeutas me dicen. Puede haber algún factor químico, por lo que debo terminar de hacerle unos estudios.

Es un diagnóstico muy vinculado con lo sensorial. El movimiento lo “regula”. Quieto, no siente adónde terminan sus extremidades, no tiene percepción de su cuerpo. Es rarísimo. Matías, por ejemplo, es feliz en la cama elástica. Estoy ahorrando para comprarla. “Regular” implica tener una conducta en particular, un comportamiento que lo haga tranquilizarse cuando algo lo molesta mucho. Por ejemplo, vamos a un lugar, muchas horas afuera lo empiezan a agotar. Entonces, ve un globo, lo agarra y lo muerde porque no aguanta más nada. Agustín dice que se quiere ir, Mati no puede. No puede decir que tiene frío o hambre o calor. Tengo que estar muy atenta.

De todos modos, vivo el día a día. Me cuesta dedicar tiempo a investigar. Puedo juntarme con madres en esta situación, pero no quiero que nuestra vida pase por el autismo. Si a él no le falta lo que le tengo que dar -la estimulación, sus maestras, terapeutas- prefiero que no vivamos rodeados por todos lados con el tema. Por ahí es porque me produce mucho dolor. No sé. Pero le veo más sentido a incluirlo a él en la vida normal.

He ido a muchas reuniones y me pregunto por qué no van ellos. La verdad, vi casos muy complicados. En ese sentido y al comparar, veo que Mati evoluciona mucho y muy bien. También los avances pueden tener que ver con la temprana edad en que se inició el abordaje del problema, la edad es importante. (J)

 

POR MI CULPA, POR MI GRAN CULPA

¿Sabés algo acerca de la génesis del autismo?

Los nenes nacen con autismo. No hay ningún estudio previo que lo permita detectar, ni tampoco recién nacido. Físicamente, no hay indicios en las primeras etapas.

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork
Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

Yo estaba embarazada de los melli y, en medio de la angustia por tener a mamá internada, algo en la panza me generó un dolor intenso, no físico. Entonces, pegué un grito desgarrador de esos que salen desde el fondo y el papá vino corriendo del susto. Yo sentí que el bebé -no los bebés- se asustó, que puso las manitos para taparse la cara, los oídos. Yo creo que él ahí se dijo “yo voy a venir con esto”. Es inmedible. Nadie podría encontrarle sentido. Pero, para mí, ese día pasó algo.

Pueden ser las vacunas, las que me dieron a mí, a él, también dicen que el consumo elevado de ácido fólico. Pueden ser las antenas, la alimentación mala, los anticonceptivos, varias cosas. Antes, o bien no se sabía, porque no había herramientas para determinarlo, o aumentó por algún factor que no se reconoce o admite.

Con todas estas componentes tan dispares de posibles formadoras de autismo, bajo ningún punto de vista, podés sentir culpa del diagnóstico de Matías.

Ahora no, ya lo entendí. Pero, al principio, sí. El neurólogo me preguntaba cómo me pedía agua y yo le decía “no sé, me pide el mayor y yo los llevo a los 3 y les doy”, Agustín pedía una galletita y yo los ponía en filita y les daba a los 3, como unos pollitos. Yo no detecté inmediatamente que Mati no me pedía. Estaba sobrepasada porque eran 3, chiquititos, y sentía que no lo había visto a tiempo. Pensaba que no lo había mirado, que no lo había hecho upa como a Tomás. Después entendí que, de todos modos, hubiese sido autista.

Estoy orgulloso de Noe, porque es valiente, nunca se escondió y puso siempre el alma y el cuerpo. Un niño autista es un tema muy delicado y de por vida. (J)

 

¿Hay alguna irregularidad neurológica que se pueda medicar?

Se medica a determinado tiempo, por la hiperactividad, para serenarlos un poco. Agus para, descansa. Mati puede estar sin detenerse por 14 horas, por eso es agotador. No se puede sentar a jugar. Agustín lo lleva como puede, Mati se aferró mucho a Tomás.

Tanto Tomás, como Agustín, como el resto de la sala tienen una actitud protectora con Matías, avisan si hace algo que “no tiene que hacer”.

El “no tener que hacer” reviste peligros que para Matías no son tales.

En el parque hay dos hamacas.
Unas nenas juegan
en vaivén contiguo.
¿Cuánto las separa?
¿50 cm?
Matías se para adelante,
mide todas las distancias y,
con ese cándido desparpajo
de saberse dueño de su mundo,
pasa entre las dos.

Lo que no tiene que hacer no es sólo por el peligro, a veces rompe cosas. Como ahora, que rompe mis plantitas porque está celoso de que nosotras hablemos, a pesar de que te conoce. Y le explico, 200 veces por día, que la plantita sufre y, tipo 8 de la noche, como soy un ser humano, no le explico nada y lo saco de la oreja.

Y, para volver a la noción de peligro, de la conciencia del riesgo, ¿alguna vez él se lastimó o le pasó algo?

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork
Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

No, nunca. Te pone la tapita. Nunca se tiró a la pileta, por ejemplo, está con la puntita del pie y yo pego el grito y no se resbala ni nada. Él entra a un lugar y hace una observación rápida de todo y apunta al peligro. Tuve que aprender a ver como él, para adelantarme. Ahora se fue a mirar pelis. Me permite relajar un poco. Pero no es lo que debe hacer. Las pantallas no son lo mejor para nenes con estos diagnósticos, porque no hay un ida y vuelta con el otro, que es el punto a estimular todo el tiempo: Que logre encontrar diversión, que salga del vínculo con otros niños o personas. La pantalla es una entrada del afuera, pero no una salida para él. Podría ser una hora por día. Igual, salta, baila, las pone a todo volumen, y trata de repetir las canciones porque ya las tiene vistas. Para mí, con eso construye algo de lenguaje. Por ejemplo, hace un tiempo que ve un corto de Frozen donde, desde un estornudo, salen todos muñequitos de nieve. Entonces, durante una semana estuvo jugando con el “achís”. Entiende perfectamente el significado de lo que hace. Pero los neurólogos no lo recomiendan. El avance en el lenguaje existe, dice palabras sueltas y las usa bien, pide “pis”, o me abraza y me dice “te quiero” –no es que dice “banana”- a veces usa palabras que luego deja de usar. Entiende indicaciones básicas. Y tengo que usar frases completas y claras, por ejemplo, “andá a hacer pis, Mati, andá”, pero no tiene dominio del lenguaje. En todo, como en el lenguaje, es importante ser metódica para que no explote en el berrinche.

¿No sentís, entonces, que hay una disparidad entre lo que te recomiendan los profesionales y lo que tu percepción de madre te sugiere? ¿No sería más válido encontrar algún equilibrio entre ambas posiciones?

Matías va a la misma escuela que sus hermanos,
es una escuela integradora
y tiene clases con una maestra especial para su diagnóstico
y una acompañante terapéutica.
Participa, también, de diferentes terapias de estimulación:
fonoaudiología,
psicopedagogía, psicología,
terapia ocupacional,
orientación familiar.

No sólo es la percepción, es la realidad de cada casa, de la que el médico no tiene idea. Tenés una realidad, otros hijos, una condición social, emocional. Yo no puedo llevar a cabo todo lo que me proponen los terapeutas. Es mejor que tenga hermanos, pero, para la atención que él requiere, en cierto sentido, complica las cosa. Conozco casos en los que llevan a los hijos a equinoterapia, o a musicoterapia y muchas más cosas de las que hace Mati. Yo no estoy en condiciones de llevarlo y tampoco me parece justo para sus hermanos, creo que también tengo que lograr un balance a nivel familiar.

Además, está la realidad de haberme separado en este tiempo. También me tengo que sacar un poco la sensación de culpa y disponer de espacios para mí, para reconstruirme.

 

¡MARCHE UN LÍMITE POR AHÍ!

¿Y el papá?

El papá tiene menos temores que yo en cuanto a los peligros. Creo que tenemos los mismos miedos respecto qué va a pasar. Si Mati logrará algún tipo de independencia o si va vivir conmigo toda la vida, porque todas las posibilidades están abiertas. Eso angustia. Es fulminante para mí. El vínculo con el papá es bueno, pero no es apegado como conmigo. A ver: el papá es más estricto con los límites. Por ejemplo, en la insistencia en que Matías aprenda a decir qué le pasa. Yo, en cambio, estoy más atenta y eso me estresa más. Es bueno lo del padre, porque los límites lo ayudan a él y también me ayudan a mí. Yo sé que su autonomía depende de mí, que no ponerle límites a él lo perjudica. A otro nene, simplemente, lo malcriás. Por supuesto, lo tratamos mucho en mi terapia y en la orientación familiar.

Lo bueno es que me valora como mamá, antes y aun ahora.

Es difícil ponerle límites. Yo comparto comidas y Matías se para todo el tiempo, se va, viene, corre. Los límites son un punto importantísimo, estos nenes necesitan pautas. Yo lo hablo mucho con Noe.

Trato de ver el lado positivo de todo. Creo que el hecho de que Matías tenga que desprenderse de la mamá para estar con el papá lo ayuda también a salir de la burbuja de protección maternal. (J)

 

Hablemos del vínculo con la escuela: Matías va a una escuela que le permite integrarlo. Está en preescolar y comparte sala con su hermano mellizo, Agustín.

Vamos a ver cómo le va en primaria con la integración. Va a pasar, porque tiene un proyecto de integración por ley, aprobado por la inspectora. La escuela especial viene a hacer integración a la escuela común. El objetivo es bajar los contenidos para que él pueda trabajar adaptado a su capacidad de entendimiento. Son sólo 6 horas de integración de contenido escolar, de las 20 semanales que va al preescolar. El resto es con acompañante terapéutico externo, no vinculado con lo pedagógico, aunque lo ayuda según los lineamientos de la maestra especial. Creo que deberían ser más horas de maestra integradora, a mí me resulta poco tiempo. No obstante, estoy contenta con lo que se hace. Y tengo la posibilidad, por la cobertura médica, de ponerle una acompañante.

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork
Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

En el jardín detectaron que le encantan los rompecabezas, al punto que se obsesiona. Los arma, me llama y me dice “bien, bravo” y se aplaude. De todos modos, la permanencia o no, en la sala, es decisión de los papás. La ley te indica no hacerla, para esperar avances por madurez. Yo no tengo garantías de al quedarse en prescolar esté suficientemente mejor preparado para entrar en primaria en 2020. La integración pretende una inclusión, que el chico esté socialmente con los de su edad, bajando los contenidos. Tal vez pueda armar palabras, escribir cosas sueltas y estará escolarizado, principalmente con los fines de sociabilizar. Si no funciona, llegado el caso, tendrá que pasar a una escuela especial. Por lo que entiendo, esto puede llegar a ocurrir recién para la etapa de la secundaria. De todos modos, está integrado, tanto por sus compañeritos como por los amigos de los hermanos. Todos lo quieren y lo cuidan.

Yo vi un crecimiento importante en el vínculo de Tomás con Matías en este último tiempo. Toto lo cuida mucho, lo mima mucho.

Conmigo también mejoró. Una vez me quedé solo con los tres: Mati se subía arriba del lavarropas, se trepaba mal, quería sacar cosas de la alacena, ese día conté las veces que lo saqué, fueron 17. Al más tranquilo del mundo lo sacaría. Yo hice mucha gimnasia y le tengo el triple de paciencia. Le hablo mucho, despacio, porque es muy dulce, pero creo que también es capaz de tomarme el tiempo.

Considero sumamente importante hacerlo participar de todo lo que hago: ver tele entre los cuatro, jugar, comer golosinas entre todos. Si salimos, lo hacemos los cuatro. Mati tiene que participar. Y cada vez se engancha más y los hermanos también se enganchan con él. Si lo dejara porque es más fácil salir sólo con los otros dos, haría todo mal.

La escuela le hizo bien. Allí han naturalizado el tema. Dentro de su diagnóstico, le veo evolución. Los avances tienen que ver con la escuela, los tratamientos, y la actitud de los adultos.

Que Noelia se haya desprendido también es bueno. Hace unos días necesitó apoyo y lo trajo otra mamá y él llegó bien. Es importante para ella el apoyo de la escuela y de las mamás. Veo a Matías mejor con sus vínculos y, seguramente, crecerá con el tiempo, también con Agustín. (J)

Ahí se van a pasear con el abuelo Jorge. Le pido al universo, que mi papá viva como 120 años.

¿Superaste la etapa emocional de ese primer impacto?

El recorrido de la casa es natural.
Es su lugar, sabe entrar y salir sin problemas y cerrar con traba.
Se acerca y llena la conversación con onomatopeyas.
Construye sus mecanismos de comunicación, desde sonidos básicos hasta el contacto físico,
ese, le encanta.
Ríe, mira con picardía.
Estudia cada actitud.
Se escapa y vuelve.
Envuelve con su gracia.
Está, y no está.

Lloro mucho aún por Mati. A veces lloro a la noche porque estoy agotada. Por ejemplo, fue un día intenso como siempre, pero advierto que viene bien, seguro nos vamos a poder acostar temprano. Ya los bañé, ya cociné y, de pronto, Mati hizo caca y ensució todo: la bañadera, los azulejos, él, obvio. Otro caso: estoy contenta porque ya logré acomodar todo, termino de colgar el último lavado de ropa, llego a la cocina y el tarro de harina está tirado y hay harina por todo el piso. Y él, lleno de harina. Y lo del tarro de harina lo hizo durante una semana. Es un vértigo permanente, la montaña rusa todo el tiempo.

Saber que Mati tiene esto es un sufrimiento todos los días. Sé que, cuando salgo, lo hago con un nene de 8, otro de 6 y uno que vive permanentemente en un año y medio, a quien no puedo perder de vista por nada en ningún momento. Mati se puede escapar o distraerse con cualquier cosa. Y, si lo llamás, no te responde. Mati tiene casi 6, pero tengo un bebé de un año, hace 5 años. No supero no saber qué será de su vida.

Noelia ha llorado mucho y llora, porque su cabeza va a mil y no sabe qué le sucederá. Pero también la veo más tranquila, porque ve avances. Ella sabe que tiene una pequeña crucecita en su espalda y lo lleva adelante. (J)

 

¿Qué expectativas tenés?

Ayudarlo. Trato de no tener expectativas, en el sentido de no ponerme marcas. Trato de vivir el día a día y ayudarlo en el día a día, que no le falte ninguno de los estímulos que él necesita.

Noe y sus hijos

El 2 de abril, es el Día Mundial de la Concientización sobre el Autismo. Se realizan encuentros anuales sobre la temática. El mes entero se viste de azul, el color designado para el autismo: “El azul representa a lo que vivimos a diario las familias y las personas que convivimos con este síndrome. Hay veces que el azul es brillante como el mar en un día de verano-, y otras, se oscurece y se disipa,como un mar en tempestad.”

- tgd-padres.com.ar -

El Anartista agradece a Noelia Mauro y a Jorge Mauro (J) por sus valiosos testimonios.

Imagen de portada: J. J. Stork: FOTOMONTAJES




UF

Lo inesperado: Sobre escenas de violencia cotidiana.
Por Roberto Aguilar

                                                       

Sobre la tierra desgarrada,

                                                        los harapos asfixian nuestros

                                                       corazones.

                                                       Contra las sombras, el frío y el sol,

                                                       nos sacamos los ojos por un abrigo

                                                       y cerramos los oídos

                                                       a la intemperie.

                                                       Nada hace posible una última cena,

                                                       una tregua, un adiós.

                                                       Quizás otros cuerpos,

                                                       unidos para la noche,

                                                       con el último

                                                       manto rosa de

                                                       la tarde,

                                                       escucharán desnudos

                                                       el canto de un gorrión.

 

AMIGOS NO SON LOS AMIGOS

 

SenegalésUf, la vida de los amigos. Pero ¡cuidado! El ser más despreciable puede estar a tu lado. Cuanto más cerca esté, los intereses por tu bolsillo se incrementarán. Si te descuidas, irán también por tu carne, tus huesos, tu sexo y tus saberes. Así las cosas, benditos y benditas sean los hombres y mujeres que no se sacan los ojos. Quizás exista más de un milagro, pero la desdicha del hombre o mujer encadenada a la nave del naufragio urbano, en busca de una moneda para comer, es funesta. Les será difícil que las ‘hadas buenas’ o ‘faunos nobles’ de la amistad vayan a visitarlos a sus casas pobres. Sin embargo, la combinación de un senegalés con un argentino, esa relación, esa ‘unión’, sí que no tiene desperdicio. El argentino le comprará relojes, pulseras, anillos, lo tratará de amigo, de hermano de toda la vida. El senegalés creerá en eso. Y sonará. Hace pocos días olí la muerte cerca del puesto de bijouterie del senegalés. Y lo más triste es que el verdugo que lo mandó en cana es un conocido mío. Trabaja en la misma empresa, donde me desempeño como portero diurno. Resulta que los otros días vino, entró a mi ‘consultorio sentimental’ lleno de llaves, carpetas y plasmas con cámaras de video, y me lanzó, un tanto nervioso:

-¿Podés creer que hice meter en cana al grone?

Le iba a contestar que sí. Pero no quise herir su susceptibilidad. En cambio, le dije asombrado:

-¡No! ¿Por qué?

-Se pasó de listo con una menor. Le acariciaba las manos, mientras le ajustaba un reloj en su muñeca izquierda.

-¿Cuántos años le dabas?- Le pregunté con dudas acerca de sus dichos tan contundentes y veraces, más que nada, venidos de su exacerbación contra los negros.

– No sé. Yo calculo, entre 15 y 18 años. Sin embargo, parecía de más edad. ¡Vos viste cómo están las mujeres hoy en día! ¡Pechugonas, culonas!¡ De unos físicos, que vos decís, ¡cómo pueden ser tan pendejas!

Y ahí confirmé mis suposiciones acerca de su ataque pernicioso contra la gente de color. Entonces, indagué un poco más:

-¿La chica se quejó, gritó, hizo algo contra el senegalés?

-¿Y eso qué tiene que ver? Era menor. ¿O acaso vos vas a permitir algo así?

-No, claro. Por supuesto que no -le dije descaradamente-. pero, si eran amigos, por lo menos, antes de acusarlo, hubieras impedido el abuso y hubieses apartado al hombre de esa situación. Después, discutirían. Eso hubiera sido otro cantar.

Luego, él desembuchó todo:

-…y más, si se trata de una conocida mía. ¿Vos lo permitirías? Ponele: ¿Vos permitirías que tu amigo se garche a tu novia? Ahí nomás cacé el celular y llamé al 911. Vinieron en seguida ¡Y cuando llegaron, hermano! ¡No te imaginás! Le dieron para que tenga y guarde. Le secuestraron todo lo que tenía. Se lo pusieron en una camioneta y a él se lo llevaron desmayado en el auto de la yuta. ¡Se lo merece el hijo de puta!

 

ROJO Y NEGRO

Pasé las otras noches por el puesto del senegalés, cerca de la estación de trenes, y ya no estaba más. Lo digo con suma tristeza. Y no se trataba de que el senegalés no vendría más o de haber pasado a una hora inconveniente para cruzármelo. No, lo más triste fue ver una flor roja atada a una foto de Cristo, apoyada sobre un cartelito, iluminado por una vela. Con faltas de ortografía, decía:

‘Te bamos a estrañar’.

homenaje

SUBAMOS AL TREN

Buenos Aires da para cualquier hecho violento o anécdota surrealista. Pero voy a intensificar el foco de la mirada y a estas dos circunstancias le agregaré el adjetivo de gracioso:

Como todos los días que voy al trabajo, me subí en la estación Federico Lacroze. Me senté en los asientos de a cuatro, al lado de la ventanilla. A mi derecha, se sentó un anciano y, en frente, un estudiante universitario con un celular en su mano izquierda. Guardó el teléfono en la mochila azul y se puso a leer un “Clarín” sacado de una de sus anchas carpetas. Quedaba poco espacio libre para que otro se sentara junto a él. La gente pasaba y nadie se atrevía a ocupar ese pequeño espacio. En la estación Devoto subió un muchacho joven, llevaba una caja llena de herramientas. Bien morocho, el hombre, se ve que venía estacion-lacroze-ferrocarrilde trabajar en algunos de los chalets de aquella zona. Ni bien identificó el lugar vacío, se sentó. Para eso corrió al estudiante contra la ventanilla con un empujón de su pierna derecha. El estudiante hizo lo mismo con su pierna izquierda, el muchacho replicó y así se desató una inusitada pelea de gambas. Después, cuando sus piernas no quedaron ni para un lado ni para el otro, sino en una posición intermedia, tensa y expectante, discutieron:

-¿Podés correr las piernas?’- el albañil, al estudiante, casi como en una orden.

-¿Y vos podés pedirlo de mejor manera?- el universitario.

-No te tengo que pedir nada-, el albañil.

Ni bien dijo esto, el estudiante lo increpó:

-Sucio, negro de mierda.

Y entonces la bomba-riña explotó en el vagón. El obrero de Devoto se paró junto con el joven de Federico Lacroze y se agarraron a golpes. Me paré de inmediato y los quise separar, pero una piña mal dada por uno de los contrincantes –por la confusión no recuerdo quién fue- llegó hasta mi nariz. Semejante ñoqui me hizo ver las estrellas y me acordé de casi todos los réferis de boxeo que había visto y abucheado por televisión, cuando era chico. Tambaleé y subí la cabeza enseguida. Un chorro de sangre saltó de mi naso. Los jóvenes interrumpieron su pelea para atenderme. En la estación Lourdes, el tren se detuvo. El guarda vino con un policía y quisieron llamar a una ambulancia. Yo no quise: llegaba tarde al trabajo. Con calma, alegué que se me iba a pasar. Cosa que ocurrió. La sangré se detuvo y todos continuamos el viaje. Mientras el tren seguía su viaje, el policía les aconsejaba a los peleadores no discutir más y ellos escuchaban con aparentes oídos atentos. Yo ya estaba sentado: la cabeza en posición vertical, con una servilleta de papel en mi nariz sostenida por una de mis manos. Dadas las casualidades nefastas –y, para decirlo con más precisión, cuando llega una mala, detrás vienen cuatro peores- los tres -el estudiante, el muchacho y yo- nos bajamos en Tropezón. Ellos discutían atrás de mí, mientras me repetía casi en voz alta, ‘este es el precio a pagar por una tregua. Este es el precio…’ Estaba dispuesto a separarlos por segunda vez, incluso con el riesgo de recibir otro piñón. Marqué mi Sube en una de las columnas del fondo de la estación, mientras ellos se volvieron a empujar. Esta vez, para marcar las tarjetas. Entonces, el estudiante de Lacroze y el obrero de Devoto comenzaron la eterna riña. Cayeron al suelo, se enredaron con sus piernas, sus brazos y sus cuerpos en un ovillo de violencia tal, que ya no pude hacer nada más para salvarlos.

 

pelea en el tren

QUÉ TREN, QUÉ TREN

Bajé las escaleras de la estación, camino hacia mi trabajo. Chiflé a un policía para que fuera a separar a los ‘gladiadores’ y seguí mi rumbo con algún pensamiento distraído en mi ex novia, en la última cena con asado que hice en mi casa. Y me alenté a mí mismo y a los demás en una empatía total ante la crisis económica y social de este país. Me alenté a seguir así, por lo menos, con algún recuerdo de felicidad del pasado bien pasado, que nos lleve por un instante al placer, antes de estallar en crisis nerviosas en un tren del infierno, en el vagón de la vida cotidiana.

 

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VIAJE AL FUEGO DE LO INESPERADO

jardín de rosas negrasEl hombre es un animal de costumbre, dijeron por ahí. Pero, ¡al diablo con todo esto! ¡Al carajo con el poder de los manipuladores sociales y al diablo con los psicópatas llevados con piolines que deambulan de a miles por las calles y los trenes! Este mismo pensamiento llevaba el viejito ciego con acordeón que viajaba en la línea del tren Urquiza. Una tarde me lo dijo, cuando lo ayudaba a bajar las escalinatas de la estación Tropezón. Me lo dijo sobre la tierra, por suerte, y no debajo de ella, donde me lo hubiese dicho, si el puto destino –destino roto por el ciego- hubiera convertido el drama en tragedia. Porque, en aquellos días, la realidad de los psicópatas callejeros tal vez era distinta a la de ahora. Por los menos, en lo que se refiere a sus formas de comportamientos sociales. Para ellos, el país era todavía una primavera con jardines regados por un hombre con globo amarillo. Quizás, ahora, que les tocaron los bolsillos hasta agujereárselos, sus gestos sociales sean, en apariencia, solidarios y humanitarios, si les queda un poco de dinero en sus tarjetas de débito. Y tal vez, algunos o muchos, ahora se den cuenta de que los jardines, en realidad, estaban plagados de rosas negras sembradas en el frente del palacio de Nerón. Y que, en una mañana interminable el emperador, con su lira y su canto, se levantó a quemarlas, a quemarte. Es por esto que vemos el copete bajo con el que andan los ridículos blancos de piel oscura, pobres con su ego subido hasta el confort de los ricos y la maldita clase media a la que todo le chupa un huevo –salvo sus preocupaciones por sus ídolos o muñecos, cómplices de alimentar a los grandes titiriteros de la televisión- mientras sus dólares producen más mierda verde a costilla de la mano de obra bien, pero bien barata de la clase baja.

Si el músico ciego hubiera salido por estas horas a tocar su acordeón, la comedia dramática del tren Urquiza ni siquiera hubiera comenzado. Pero la historia fue distinta y esto ocurrió:

 

Martial Roels - Kamikaze
Martial Roels – Kamikaze

Por aquellos días, al cieguito yo lo llamaba ‘El kamikaze’. Un apodo ordinario que cualquiera le hubiera puesto al verlo con su acordeón, una camisa blanca, la latita con monedas sacudida por su mano izquierda, una bandera argentina sobre su espalda y una gran foto de Cristina Kirchner, que cubría gran parte de la tela celeste y blanca. Y si a eso le añadimos sus discursos –peroratas hechas antes de tocar el acordeón-, políticos, históricos y antisociales en los vagones de los trenes, el apodo de kamikaze me queda corto.

 

UN PÁJARO CIEGO SIEMPRE TRINA

PajaritocantandoSe pueden imaginar, entonces, asquerosos arrepentidos -por sus votos sin fundamentos el rey loco vive en agonía, pero vive- y hermanos de lucha de siempre, que la tragedia estaba a la vuelta del vagón.

Una tarde, subí al anteúltimo coche. Todos estaban llenos de gente. En el último iba el cieguito. Allí daba su mejor discurso contra el gobierno. Desde donde yo estaba, se podían escuchar sus gritos:

“¡Qué estamos esperando compatriotas! ¡No nos dejemos engañar más! La historia es sabia. Estamos gobernados por oligarcas que quieren vender nuestras tierras al gringo, como siempre quisieron hacerlo. Quieren excluirnos, hambrearnos, matar a nuestros cerebros con mentiras, mientras ellos se llenan los bolsillos con nuestro dinero. ¡Qué estamos esperando, compatriotas, para sacarlos del forro del culo! La historia nos llama a levantarnos contra el poderoso asesino de niños, de pobres, abuelos e indigentes, con la última llamita de dignidad que nos queda. Y todo lo que hacen estos chupa sangre es para el beneficio de unos pocos, de muy pocas familias, con sus raíces abrazadas al mismo árbol genealógico de la rata de Macri. ¡No sean cobardes, compatriotas! ¡Ya lo decían el General Perón y el Che Guevara…!”

 

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ENTERREMOS AL BULTO CIEGO

Y, entonces, queridos y odiados hipócritas de la imagen, el oro y el bolsillo, lo peor pasó. Alrededor del ciego, parado en el fondo del último vagón había un montón de mujeres entre los 40 y los 50 años. Más adelante, trabajadores, estudiantes, amas de casa, gente al pedo, sentados y parados, llenaban el tren en un día soleado y caluroso de febrero. Desde mi vagón, podía ver a través de la puerta abierta hacia el pasillo del último furgón, al viejo ciego con su bastón y acordeón colgados de las manos y escuchar los gritos desbordantes de su boca filosa. La gente alrededor de mí, estaba nerviosa. Algunos y algunas se levantaban de sus asientos para ir más adelante, donde no se escuchara las arengas. Pero, ese movimiento de huida no se producía en las cercanías del ciego, llenas de gente parada. Entonces, lo inaudito, lo que ya sabés o imaginás, hipócrita lector, pasó. Empezó con una vieja sentada del lado de la ventanilla, muy cerca de él, que se dio vuelta y le gritó: ¡Callate! Se le sumaron otras más y muchos jóvenes que lo silbaban. El primer arañazo le cruzó la cara –llena de manchas blancas- hasta ladearle la cabeza por el golpe. Después vinieron otros manotazos y lo empujaron. Así, se cayeron sentados él y su acordeón en el poco espacio que había. Luego lo lincharon. Por suerte para el orador, los arañazos de las mujeres solo fueron eso, sumados a algunas agarradas y tironeadas del poco pelo del músico. No todos estaban en contra de él. Otras mujeres más jóvenes y algunos hombres intentaron separar a la gente amontonada sobre el bulto ciego. Y una vez que lo lograron, lo levantaron en el medio de peleas y forcejeos, entre la mayoría en su contra y la minoría que rogaba que la estación Moreno llegara lo más pronto posible. Y así fue. El tren paró, se abrieron las puertas y ya estaba la policía adentro del vagón. Agarraron al músico de los brazos y lo sacaron de un empujón salvador hacia fuera del tren, mientras otros poli separaban a la gente, en plena discusión sobre qué estaba bien y qué estaba mal de un linchamiento.

 

Composición VII - Vasili Kandinsky
Composición VII – Vasili Kandinsky

 

NO CALLARÁN MI CANTO

Mucho tiempo después –unos cuatro meses- encontré al ciego en el último coche. Se bajaba siempre en la estación Tropezón y pedía que alguien lo acompañara hasta cruzar las vías. Por aquellos tiempos, antes del linchamiento, alguno se apiadaba de él y lo llevaba hasta el final del andén. Pero, en aquel momento cuando lo vi de nuevo, no. Así que lo tomé del brazo y caminamos juntos. Hablamos de política, de historia y recordamos aquel linchamiento con mucha amargura. El ciego no había aparecido por meses en la línea de aquel ferrocarril ni en el subte tampoco. Eran lugares donde se lo había considerado persona no grata y peligrosa para la tranquilidad de la vida social y del viaje de la gente.

Dejamos de quejarnos por un momento. El ciego se interrumpió con un ‘Bueno, basta. Vamos por la música’. Bajamos las escaleras de la estación. Dejé de agarrarlo. Me separé un tanto de él y el ciego comenzó a arquear su acordeón antiguo en una melodía simple, mientras caminábamos bajo las sombras de los techos de los negocios. Caminamos con la música hasta la parada del colectivo azul cuyo número capicúa -343- nos hizo rogar por la suerte de mejores momentos por venir. El colectivo llegó, bufó ante la presencia del ciego y paró. Entonces, lo saludé con un fuerte abrazo y lo subí al coche casi vacío. El viejo no se sentó, pidió al chofer tocar su música. El conductor accedió amablemente. Pero el ciego, antes de tocar, dio su discurso.

 

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LOS LIBROS QUE VOS TIRASTE VAN A VOLVER…

Lo inesperado: Sobre el desprecio por la cultura.
Por Nicolás Estanislao

 

“Habla con su propia palabra sólo la herida”

Antonio Porchia, “Voces”

 

CON LOS LIBROS, NO.

Un libro cayó vencido. Otro, dado vuelta, le dio la espalda al maltrato. Uno más, abierto y con la tapa recogida, invitaba a la lectura. Aquel, despatarrado y con las páginas abiertas de par en par, exigía respeto y cordura. Y después estuvo ese, el que cayó solito, alejado de la montonera. Ese, metáfora de una historia que todos considerábamos enterrada en el pozo ciego de la peor pesadilla. Otra vez, el peso de la historia más cruda, desde el Centro editor de América latina.

Con un poco más de atención, a algunos se los ve más antiguos, con esas heridas que evidencian el paso del tiempo. Destapados. Son abuelos llenos de experiencias, quienes no escatiman en caricias y tienen mucho por contar. Otros, más jóvenes, con esas ganas de hojas limpias, están también ahí. ¿Detenidos por la autoridad? ¿Esposados, tal vez, en la espalda que no muestran? Y una cosa más: quizás porque a los otros les dio pudor, hay solo uno que se expone con desafío: es el de Superhéroes, plantado firme,  cerquita de la poesía, de Neruda.

Amontonados, maltratados, tirados ahí, en una mañana de sol sobre una vereda del barrio de Villa Urquiza, los libros no pierden su colorido. Reflejan a contraluz, contrastan la mirada oficial que, mientras los oprime, los ignora.

¿Los libros son los responsables de su odio? ¿Los libros son los responsables de que ellos vistan uniformes?

Las preguntas se suceden en una secuencia inesperada. No nueva, no imposible. Esperable y, aun así, inaudita.

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“Cuando era joven, leí acerca de los incendios de la Biblioteca de Alejandría. Después vi las quemas de libros de Berlín y me sentí impactado. Fui un niño pobre, así que todo lo que leí lo leí en las bibliotecas. Si tocas una biblioteca, me tocas el alma” (Ray Bradbury)  

 

LA MUERTE DE LAS IDEAS

Hace mucho tiempo, Osvaldo Bayer- el viejo Bayer- contó con mucho dolor, cómo sufrió ver tirar dentro de un volquete una cantidad infinita de libros. Andaba él por la calles de Buenos Aires, intentaba no detenerse en un domicilio fijo. Había que moverse para no ser localizado. En esos vagabundeos, le tocó ver que, dentro de la catarata de libros que le pareció interminable, dentro del “flujo maldito de escritura”, venía su “Patagonia rebelde”. Y, en ese momento, sintió que a él también lo enterraban…

Se sabe: la saña contra los libros no es nueva. La historia negra de la quema de libros  transcurrió durante los ciclos más oscuros de la historia mundial. Desde los tiempos  de la magnánima Alejandría,  hasta la Europa de los años de persecución, guerras y muertes, donde se realizaron “rituales purificadores” para los jóvenes de las época. Sí: las obscenas hogueras públicas de libros en Berlín. Sin olvidar, claro, a las propias horas más oscuras de nuestra historia. Nefasta práctica, que se volvió recurrente: quemar libros cuidadosamente seleccionados bajo “listas negras” en grandes fogatas a la vista de todos.

 

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 EN EL BALDÍO DE LA MEMORIA

 

“Quemar un libro o escribir son los dos actos entre los cuales la cultura encierra sus oscilaciones contrarias”  Maurice Blanchot

La última quema nacional de la que se tenga registro fue en un baldío de la localidad de Sarandí. Hace 38 años, la dictadura ordenó quemar millones de libros del Centro Editor de América latina.

Cuentan que fueron 24 toneladas de libros. 24 toneladas de cultura incineradas, a los ojos de su fundador y director, Boris Spivacow, y ante otros colegas que presenciaron la cruel matanza.  El Centro Editor de América Latina: empresa independiente que llegó a convertirse en una de las más fuertes editoriales del continente, con colecciones de primer nivel y con una impronta imborrable en el ámbito educativo y cultural.

La quema de libros es más que una metáfora de la destrucción de las palabras, de la imposibilidad de conservar las “estanterías” de la propia cultura, es el impúdico intento de despojarlos por completo. Esos libros se quemaron sin contemplación. Con ellos, aquel 26 de junio de 1980, se intentó llevar al fuego el saber, la cultura, las investigaciones, los sueños, las ficciones y la poesía, incluso más allá del poema. Se quemó una parte esencial de la Argentina más hermosa. Pero la violencia es doble. Una, de fuego. La otra, de ignorancia.

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Consiste en suponer que el saber está dentro de un libro; consiste en no vincular eso con la finitud, el dolor humano, con desconocer que lo poético se renueva, deja huella y se rescata mucho más allá del objeto libro. Es decir que el saber no está en los libros solamente, ellos dejan huellas, resurgen entre las cenizas, siempre.

Y así entre escombros y atentados aparece, de manera silenciosa, la épica histórica del rescate de más de 60.000 libros, testigos vivientes de toda una historia, que se recuperaron de aquel infame atentado a la sede de la AMIA: la biblioteca del instituto Judío de investigaciones (IWO), que funcionaba en el edificio de la calle Pasteur.

Rescatar – a como sea – libros, cultura, historia, piezas únicas, incunables, esa fue la tarea de más de 800 voluntarios judíos, no judíos, argentinos, extranjeros, que se amia2concentraron con el ferviente objetivo de recuperar el patrimonio cultural de la fundación.  Como metáfora del destino, mitad de aquella biblioteca quedó en pie, quizás, tras un imperativo de la historia: un eco de la etiqueta “el pueblo del libro” resistió entre boqueos. Allí, toda una memoria reclamó el operativo de rescate.

 

 

LIBROS QUE MUERDEN

 

 “Retornarán los libros, las canciones
que quemaron las manos asesinas.
Renacerá mi pueblo de su ruina
y pagarán su culpa los traidores.”

Pablo Milanés

 

Está claro que, en el intento de desalojo de la Asamblea Vecinal de Villa Urquiza – otro más y van… –, no se “quemaron libros” en el sentido estricto de la atrocidad, sino que se los desalojó de manera irracional. Es en esa reconfiguración de la propia realidad donde entra en juego la dinámica de la fragmentariedad. Así, se evidencia el pulso silencioso de una crónica urbana cada vez más densa.

Fragmentos: intensos aconteceres, estrellas de una amplia constelación, que extiende sus fronteras de manera permanente.

Fragmentos: espacios donde el mundo se detiene de manera fugaz y condensa, en un instante, tensiones culturales y contraculturales.

Lo fragmentario trabaja, de ese modo, en el sentido de la instantaneidad de la imagen, la palabra y el territorio citadino, incluido allí el vertiginoso entramado social intra/infra redes y todas las páginas escritas. En este tiempo de excesos urgen instantes claros, concretos, visibles.

 

LOS VERÁS VOLVER

Leí en el final de un libro un impactante agradecimiento. Me agrada sobre manera leer las dedicatorias y agradecimientos. Son toda una declaración en brevísimas líneas. El abuelo del autor le había enseñado que, cuando un libro se cae al piso, hay que levantarlo, darle un beso y devolverlo al lugar de donde cayó, al lugar de donde pertenece. Hay en esa soberbia escena una delicadeza que remite a los orígenes. Un mensaje sabio. Devolver el libro a su casita que, a su vez, es su propio hogar dentro de nuestra casa. Un hogar ínfimo, íntimo, una pequeña habitación en la enorme casona del saber y la belleza. Una inmensa familia de títulos. Donde siempre surge lo imposible, lo indecible, lo mágico. A diferencia de los criminales, al devolver un libro a su refugio, nosotros recordamos nuestra finitud, nuestra esencia, nuestro ser parte de algo que nos excede. Recordamos, en ese gesto, la desmesura del amor sobre un pequeño objeto en nítido contraste con la desmesura del horror y el espanto contra ese mismo pequeño objeto.

 

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***




COMO DOS GOTAS DE AGUA

Lo inesperado: Sobre la película “Familia sumergida”, de María Alché.
Por: Pablo E. Arahuete

 

AGITACIÓN DE INTERSTICIO

Dos gotas, una roja y otra azul, separadas. Una con más soluto, la otra con más solvente. “De chiquitas, Marcela y Rina eran como dos gotas de agua”, se escucha un murmullo. pero la voz no se identifica. Dos gotas de agua, pegotas, inseparables, “jugaban con la ropa y las pelucas de la abuela”, dice otra voz. Y, entonces, lo inesperado: una danza invisible de moléculas en el intersticio -es decir, en el vacío ente las gotas- para que misteriosamente comience un movimiento. Las gotas se buscan, el rojo y azul chocan en un universo metafísico. Moléculas unidas y separadas a la vez por el capricho del tiempo. Como sucede en cualquier familia, la que uno habita desde siempre y la que a uno lo habita desde siempre.

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LA INERCIA DE LAS NO PALABRAS

Y más. Así como ese baile de moléculas se mueve por inercia, el duelo por una pérdida, también lo hace. Es la inercia de las no palabras, porque los recuerdos difusos llegan y se van sin pedir permiso. Lo mismo pasa con algunas personas vivas; se van de manera abrupta. Se ausentan con un corte seco o con un tajo en el pliegue de la vida. Una herida que desarma y sangra. “Desarma y sangra” es uno de los temas más conocidos de Charly García y, en uno de sus versos, el bicolor dice: “no existe una escuela que enseñe a vivir”. ¿Y si para vivir distinto hay que morir un poco? Desentumecerse de la modorra del juego de roles y ser libre. Sí pero, ¿a costa de cuánto? Las gotas no piensan en el cuánto, se dejan fluir desde la dinámica del juego de atracción, aunque una sea roja y la otra, azul. Marcela y Rina eran como dos gotas de agua y ahora son extrañas, fantasmas en el mundo de los vivos. Entre ellas, el vacío. Y, para llenarlo, el golpe: la ausencia de Rina.

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NATURALEZA MUERTA

En su debut en el largometraje, la joven actriz María Alché nos introduce en el mundo subjetivo de Marcela. Estamos en medio de un tiempo sin tiempo, surcado por un proceso de duelo, por la muerte intempestiva de su hermana Rina. Pero Marcela, interpretada por la talentosa Mercedes Morán, se ve atravesada por dos fuerzas que la alejan de todo posible equilibrio emocional. Por un lado, la rutina de madre de tres hijos en edades difíciles. Demandantes, egocéntricos, aunque algo contenedores cuando perciben que, detrás de la impostura de una madre omnipresente, se corren los hilos que sostienen ese esqueleto de autosuficiencia. Por otro lado, la doble ausencia de un esposo por viaje de negocios, quien no puede acompañarla en momentos de fragilidad, cuando debe confrontar la ausencia de Rina en su departamento. Este espacio, repleto de plantas y objetos que forman parte de la misma naturaleza muerta, resulta irrenunciable. Abandonarlo sería como dejar que, de golpe, fluyeran el llanto o la risa empañada de recuerdos. Las tías de Lomas por ejemplo, maquilladas como muñecas de cera en el living y atraídas por la bruma de la memoria, ¿serían ellas las que pensaban que Marcela y Rina eran como dos gotas de agua?

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FÍSICA QUÍMICA

En el departamento donde lo material ocupa espacio, a pesar de las plantas, no hay oxígeno. Como si se tratara de una pecera con el agua turbia y el aireador descompuesto. Los peces boquean y los fantasmas auditivos alrededor de Marcela vociferan para romper la inercia del olvido. Porque recordar también hace mal. Entonces: es urgente conseguir oxígeno acompañado de nuevas moléculas, para renovar el aire y empezar otra vez a ser otra. En la misma casa de Rina y con la misma ausencia.

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VELOS Y MARIONETAS

El sol entra milimétricamente por las telas de la cortina, desgarradas por unas manos que son sombras sin rostro. Los velos de la memoria se enrollan como las cortinas. O se transforman en flores cerradas. Dentro de ellas, otros cuerpos, nuevas metamorfosis acompañan el duelo. Quien recuerda ya no es la que llora en la soledad del silencio, a pesar del ruido de la gimnasia doméstica, de los reclamos efímeros; eso que sólo se disipa cuando un segundo de realidad sale de la norma y vuelve a transformar ese supuesto equilibrio en una superficie acuática. Sumergirse en la familia para rescatar a la otra familia sumergida es una manera distinta de repensar un duelo, de hacer de lo inesperado. Es una chance para ganar otra vida en el juego de las marionetas de los roles.

Marcela y Rina jugaban a ser otras con pelucas y anteojos grandes, ponían voces de gente adulta, desconocida. Pero no les importaba quiénes eran, porque podían ser, siempre y cuando aceptaran las reglas del juego. Las reglas de la ausencia son distintas. Y Marcela comienza a entenderlas al regresar a un departamento casi vacío donde, sin embargo, el sol se atreve. En el reflejo y en el velo de la luz, también se encuentra la lente a la que María Alché decide cubrir con algunas telas de colores. Y así la realidad cinematográfica de su ópera prima, premiada en San Sebastián, vuelve a teñirse de matices distintos. Ahora lo difuso contrasta con la nitidez, para que las voces, los recuerdos, los enojos, los muertos y los deseos de Marcela se atraigan y se rechacen como las gotas de agua roja y azul, que se deslizan en lo inesperado. Para después fundirse una en otra. Y dejar de ser.

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LA INFINITUD DE LOS OJOS

Lo inesperado: Reflexiones sobre el arte de Nahui Olin.
Por Noemí Pomi

 

ERUPCIÓN EN LAS MIRADAS

“Quiero morir, es necesario desaparecer cuando no se está hecho para vivir. Cuando no se puede respirar, ni desplegar las alas”. (1)

“Bajo la mortaja de leyes humanas, duerme la masa mundial de mujeres, en silencio eterno, en inercia de muerte, y bajo la mortaja de nieve– son la Iztatzihuatl,
en su belleza impasible,
en su masa enorme,
en su boca sellada
por nieves perpetuas,-
por leyes humanas.-
Mas dentro de la enorme mole, que aparentemente duerme, y sólo belleza revela a los ojos humanos, existe una fuerza dinámica que acumula de instante en instante una potencia tremenda de rebeldías, que pondrán en actividad su alma encerrada, en nieves perpetuas, en leyes humanas de feroz tiranía (…)”.(1)

En este poema Nahui Olin y el volcán Iztazihuatl se miran en un espejo. Están allí también las miradas desocultadas del yugi y del silencio de muchas mujeres mexicanas. Volcán y mujeres acopian fuerzas, las reservan para el momento de entrar en erupción. Su espíritu independiente es víctima de las garras de la tiranía. En algún sentido, este espejo es triple e incluye a la propia Nahui: hermosa y femenina, consciente de su belleza y de la peligrosidad de su fuerza.

 

DE NIÑA A MUJER

Autorretrato de Nahui Olin como colegiala en París
Autorretrato de Nahui Olin como   colegiala en París

Como en la poesía, mirándose y dejándose mirar, en sus autorretratos Nahui volcó una estética, esta vez, de grandes ojos verdes. Ese es el centro del sistema solar que se establece entre la imagen de los cuadros y el observador. Esa jovencita, lleva la noche en su vestido y sus pechos están iluminados por lunas, atendidas desde sus bolsillos por dos ojos. Desde el fondo del autorretrato, infinidad de pupilas miran al observador del cuadro. El azul y el naranja gritan, junto a la noche del vestido. Así las miradas se dispersan y continúan entre seres y mundos. La imagen de colegiala cobra preminencia, en un fondo donde la ciudad de París se ve empequeñecida.

Autorretrato de Nahui Olin en los jardines de Versalles
Autorretrato de Nahui Olin en los jardines de Versalles

El mundo enmarca a la silueta. La imagen de la Nahui en primer plano no renuncia al protagonismo de los ojos verdes y mantiene una pequeña boca de rojo intenso, sin sonrisa. El cabello, indefinido, se presenta en un tránsito desde las tradicionales trenzas mejicanas al corte francés, a la garçon. Detrás de la imagen está el edificio que desempeñó las funciones de una residencia real en siglos pasados. El jardín de Versalles, al fondo, contrasta su armonía con la desmesura del retrato. El primer plano de Nahui empequeñece al mundo que le da marco.

Por otra parte, las manchas de ocre y oscuridad en el cuello, ¿podemos leerlas como tinturas del mundo impregnado en la piel? Los autorretratos de Nahui son grandes (103 cm x 76 cm, 103 cm x l00 cm) y la técnica, óleo sobre cartón, le permitía trazos largos para los cuerpos que se extienden por el lienzo en colores intensos, con predominio de azules y ocres.

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Autorretrato-en-el-puerto-de-Veracruz_

Una rigidez dinámica expande la mirada contra toda ceguera, la proyecta más allá de los cuerpos rígidos, con la vista al frente y desmesurados con respecto al fondo. Ninguna de estas mujeres sonríe y el cuadro entero se satura de presencia firme. Una atención de lechuza, de acecho, desafío y cautela. No hay tiempo para simpatías.

La desmesura de los ojos parece trasladada al vestido. La prenda, en un lleno de pupilas, cambia los verdes por matices de naranjas y de celestes, presentes en el cielo. En esa interacción el cuerpo vegetal florido entra en distante conjunción con cielo y mar. Desde el agua azul, el espectador también se ve observado por los ojos del barco. El color de la piel se impregna en el cielo o es el cielo el que tiñe el mundo.

EL GRAN OJO

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Nauhi en una corrida de toros

Una gran pupila, con el iris como arena, donde pequeños ojitos torean y son toreados. Un gran ojo, hecho de muchos fanales azules, mira y es mirado por quien contempla el cuadro: hay una pequeña silueta rosa en la circunferencia tan azul y otras imágenes de mujeres que, desde los bordes, parecieran pujar para entrar al ruedo. Entre un público mayoritariamente masculino se infiltra, tímidamente, la presencia de esas intrusas.

“Nahui era de esas personas, como Frida Kahlo, que se desconocen, que no se encuentran, que no saben quiénes son, que se fotografían y se autorretratan para verse a sí mismas” (3).

CEREBRO EN ACCIÓN

“De que Nahui Olin tenía el mar en los ojos no cabe la menor duda. El agua salada se movía dentro de las dos cuencas y adquiría la placidez del lago o se encrespaba furiosa tormenta verde, ola inmensa, amenazante. Vivir con dos olas del mar dentro de la cabeza no haber sido fácil” (3).

“El verde de oblicuos agujeros, que de un rostro es lo que todos miran y los que lo miran no saben por qué se extrañan y miran dentro con el sólo deseo de mirar, y sólo ven, y sólo saben, y sólo creen que son verdes agujeros oblicuos que se ven sin mirar el rostro y que recuerdan piedras verdes, colores raros, sin término de comparación. (…) no penetran la potencia de expresión, la vibratoria inquietud, la constante rebeldía de un espíritu, de un cerebro en acción dotado de millares de fibras microscópicas, sensibles al contacto de todo átomo viviente, en toda su materia, en toda su esencia, tal cual es el mismo en su substancia y, sobre todo, y con mayor interés a través de su interpretación cerebral, viviendo en segundos, eternidades, y por sus profundos oblicuos agujeros Verdes todo lo que su mirada abarca lo sumerge en densidades verdes, y es el verde de oblicuos ojos, más inconmensurable que el verde ojo de la tierra. El mar porque el mar, es puramente un elemento físico, y el verde de oblicuos agujeros, es el débil reflejo de un elemento superior, el espíritu de un ser.”

Ver sin mirar, no podemos llegar al otro, la empatía siempre está un poco obstaculizada, no tenemos ojos para ser el otro. El ojo que va y viene del mundo, recluido en sí, zafado de sí, el ojo que quiere salir, que busca dejar entrar y tropieza –también- con quienes tropiezan al intentar verlo. Este poema es, a su vez, denuncia contra todo sometimiento.

“La vida no fue hecha para mí, soy una llama que se devora a sí misma”. (1)

OTRA COSA ES CON PAREJA

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Nauhi Olin, El Abrazo

Olin, a través de imágenes, definió su sexualidad, como “furiosa y curiosa”. Para ella la belleza tenía un ingrediente doloroso y abrumador. En sus retratos de desnudos en pareja, las siluetas son curvas, se curvan y entrelazan. Hay un movimiento sexual- una historia sugerida del encaje de los cuerpos, de cómo llegaron al encuentro- que nunca es total, porque no es posible fundir las miradas. Los amantes no se miran, ella pierde su mirada hacia otro lado. El mundo se transparenta en la ventana, los mira. Detrás de los cristales, hay pupilas al acecho.

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Nahui y Lizardo en Acapulco, 1921

En estos trabajos, Nahui fundó una nueva imagen de su rostro, mostró un ser en plena actividad. Aquí, la artista se ubicó en un balcón, en una playa o en plena urbe. En el caso “Nahui y Lizardo” ambos están enmarcados bajo un cielo azul con reflejo de luna. Los ojos de Lizardo se encuentran embelesados con la expresión de Olin. El rojo del vestido de ella se continúa en el mundo de la bahía, mientras las pupilas de las ventanas observan.

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Nahui y Agacino frente a Manhattan

Un hombre enorme la abraza, se mete en los recovecos de su cuerpo, él es rígido y está alerta al frente. Ahora, las miradas se desencuentran, las pupilas se hallan en objetivos distintos a la pareja. Este contexto de extravío visual permite incluir una vista aérea de paisajes e interpelar al observador. A su vez, cada ventana de las casas o de los edificios de la isla semeja pupilas. Como en otras obras, la pareja aparece enormizada contra el empequeñecido mundo. Los grandes ojos verdes de ella y negros de él no confluyen en un punto. A su vez, el azul en matices de cielo y el mar sirven de lecho a los enamorados. Las pupilas, como en diálogo con el espectador, además se repiten en la espalda y en los glúteos de la mujer.

“Mi espíritu y mi cuerpo tienen siempre loca sed / de esos mundos nuevos /que voy creando sin cesar; / y de las cosas / y de los elementos / y de los seres / que tienen siempre nuevas fases / bajo la influencia de mi espíritu y mi cuerpo que tienen siempre loca sed; / inagotable sed de inquietud creadora, / y es fuego que no resiste mi cuerpo…”

Nahui tiene sed loca, una sed que desborda los contornos del cuerpo. Tanto, que su salud depende de la actividad creativa: su pintura y su escritura son el equilibrio. En la pintura está la Nahui que dice “sí” a la vida cercana, a la escenografía, a la fiesta popular y juega al erotismo, al amor. En las letras, vibra la mujer rebelde, inconforme, que dice “no” a las normas y a las limitaciones impuestas por la sociedad.

“Me retraté desnuda porque tenía un cuerpo tan bello que no iba a negarle a la humanidad su derecho a contemplar esta obra”. (1)

 

NAHUI EN LOS NEGATIVOS

Nahui Olin, foto de Antonio Garduño
Nahui Olin, foto de Antonio Garduño

 

Olin se fotografió desnuda. En 1927, todo México se asombró con sus imágenes. Se mostró entre la belleza y el desafío en una serie de poses tomadas por el fotógrafo Antonio Garduño. Con estos trabajos, Olin levantó una larga polémica en un país provinciano y conservador. Años después, su figura seguiría asociada al escándalo, sobre todo, a la reivindicación de la mujer frente al machismo tradicional.

 

Nahui Olin,  foto de Antonio Garduño
Nahui Olin, foto de Antonio Garduño

En las fotografías precedentes, el fotógrafo Antonio Garduño sacó a los ojos de su centro de sistema solar. En estas composiciones el cuerpo es astro. A veces, acompañado solo por un accesorio. En las tres muestras, la modelo es enfocada de perfil y se ve solo una de sus hermosas pupilas.

 

Nahui Olin, foto de Antonio Garduño
Nahui Olin, foto de Antonio Garduño

“Sé que mi belleza es superior a todas las bellezas que tú pudieras encontrar. Tus sentimientos de esteta los arrastró la belleza de mi cuerpo, el esplendor de mis ojos, la cadencia de mi ritmo al andar, el oro de mi cabellera, la furia de mi sexo, y ninguna otra belleza podría alejarte de mí”. (1)

 

QUIEN FUE CARMEN

Faltaban 6 años para el comienzo del siglo XX cuando, en México, asomaron unos enormes ojos verdes y unos rizados cabellos dorados. Había nacido María del Carmen Mondragón Valseca. Hija de Manuel Mondragón, un importante militar mexicano que tuvo un papel trascendental en la Decena Trágica. En un internado en París, la pequeña Carmen, entre letras y pinceles, despertó sus dos grandes pasiones: la pintura y la poesía. Con tan solo 10 años ya se vislumbraba su sensibilidad.

Su educación, además de llevar un riguroso plan de estudios, implicó también el contacto con años de lucha feminista. Ella no podía afrontar los modelos imperantes en la sociedad de aquel tiempo. Entre otras cosas, se le atribuye ser la primera mexicana en usar minifalda y pertenecer al grupo de las “Flappers”, (adoptar la moda francesa). Y la primera en algo casi imperdonable: renunciar a sus trenzas.

RENOVACIÓN CONTINUA DEL UNIVERSO

Para Gerardo Murillo -el “Doctor Atl” artista plástico y amante de Carmen-, ella era una “renovación continua del Universo”: Nahui Olin, en idiomas de los pueblos originarios.
Las largas veladas bohemias con Dolores del Río, Antonieta Rivas Mercado, Frida Kahlo, Tina Modotti, María Izquierdo, José Vasconcelos, David Alfaro Siqueiros abrieron su horizonte artístico. Fue modelo de Diego Rivera y, cuando la tentaron con la fotografía, con poca ropa o sin ellas, posó para los fotógrafos Edward Weston y Antonio Garduño. Si en la cultura mexicana se señalaran actitudes inesperadas, seguramente, aparecería el nombre de Carmen Mondragón (Nahui Olin, 1893-1978).Con sus escritos y sus autorretratos, Nahui no solo desafió y rompió códigos visuales, por el contrario y de forma todavía más significativa, fue capaz de expresar una imagen nueva y alternativa de sí misma: activa, en control de su propio cuerpo, deseos y medios de representación.

Nahui, como en la casa de los espejos que multiplican sus imágenes al infinito, se reveló en los extremos del inmenso placer, en la contradicción insalvable entre la belleza sin pudores y el corrimiento permanente de los límites de lo público y de lo misterioso.

(1) Nahui Olin
(2) El Iztaccíhuatl (náhuatl) (en náhuatl: Iztac, “blanco”; cihuatl, “mujer”, “mujer blanca”) es un volcán sísmicamente activo. Su nombre proviene de su perfil nevado que, desde el valle de México, semeja a una mujer yaciente cubierta de un manto blanco.
(3) Elena Poniatowska: Contemporánea, escritora, activista y periodista mexicana
(4) Antonio Garduño: Fotógrafo mexicano
(5) Edward Weston: (1886 – 1958) Fotógrafo estadounidense.




DE AUTORES, LECTORES Y SUCESOS INESPERADOS

Lo inesperado: Sobre el “deus ex machina”.
Por Viviana García Arribas

NO HAY CAUSALIDAD

No creo en causalidades. A la luz de mi propia vida, puedo decir que nada sucede porque tenga que suceder. Simplemente, estamos a la deriva, a pura improvisación. En ese marco, vivimos expuestos y expuestas, cada día y en cada momento, a la ocurrencia de hechos inesperados que, a veces, nos ponen en lugares impensables. Me resisto a creer que quienes sufren excesivos golpes sean aquellos que mejor los soportan, como suelen decir por ahí. Mientras los años avanzan y trato de acomodarme a este devenir que, en un segundo, te suelta un cachetazo, me convenzo del sinsentido de los sucesos que, fuera de nuestra voluntad, pueden llegar a torcerla.

Frente a “lo inesperado”, recordé un recurso habitual en el teatro griego: el deus ex machina.

Deus ex machina
Deus ex machina

LA MÁQUINA DE HACER FINALES

Patrick Aló - Artista del metal
Patrick Aló – Artista del metal

El deus ex machina -expresión que se traduce como “dios desde la máquina”- consistía en un aparato, una especie de grúa, cuya función era introducir a un actor que interpretaba a un dios desde afuera del escenario –específicamente, desde lo alto- quien venía a solucionarle la vida a alguno de los personajes de la obra. Este “recurso a dios” modificaba el desarrollo lógico de la trama y resolvía en forma sobrenatural los peores enredos. Así, en el final de Medea, ella es salvada por Apolo, quien le envía el carro del sol para que pueda huir. Si bien esta tendencia ya aparecía en el teatro de Sófocles y Esquilo, se hizo más común a partir de Eurípides, a quien pertenece Medea. Suponemos -según lo dicho por Friedrich Nietzsche en “El nacimiento de la tragedia”- que tal artefacto no había aparecido antes de estos tres grandes autores porque estos son contemporáneos a Sócrates, Platón y Aristóteles. Los dramaturgos que los antecedieron -que podríamos llamar “autores chicos”- convivieron con los filósofos presocráticos, también considerados canónicamente como “pequeños” y, además, representantes de una gran diversidad de corrientes filosóficas. Por eso, el teatro de esos desconocidos era un teatro sin dios, con gran presencia del coro, que luego disminuyó. Es decir, el peso del coro desplaza a dios y, viceversa, al subir dios -o la idea de un pensamiento único-, baja la música. Cabe entonces señalar que no hubiera sido posible presentar semejante artilugio en el escenario, sin coincidencia con una época histórica determinada, a la que se llama oficialmente, Grecia clásica y Nietzsche llamaba, la decadencia de Grecia.

En la actualidad y así contado, este recurso parece un poco infantil y bastante burdo. Pero, ¿cuántas películas hemos visto que nos dejan con un gusto amargo porque se resuelven “milagrosamente” en el último minuto? Superman vuelve atrás en el tiempo para salvar a Luisa Lane, en la película filmada en 1978; o un resfrío destruye a los alienígenas, en “La Guerra de los mundos”. Sólo dos ejemplos de resoluciones sacadas de la galera.

¿Esto significa que todo final sorpresivo es un fiasco y un ejemplo de mala praxis en el guión? De ninguna manera: pequeños indicios deslizados a lo largo de la trama y disimulados acertadamente, permiten arribar a un resultado imprevisto, pero creíble. Es el caso de “Sexto sentido”, donde la destreza en el manejo del punto de vista logra un final inesperado, pero aún así, de construcción impecable.

MOTORES EN MARCHA

Gerard Collas3
Gerard Collas – Artiste récupérateur

Con la intención de profundizar, decidí estudiar un poco. En ese camino me crucé con Aristóteles y su idea de Dios. Aristóteles basaba su filosofía en la mecánica, la matemática y la geometría. En concordancia con esto concibió a Dios como un primer motor inmóvil. Para él, en el mundo hay movimiento y todas las cosas son movidas por otras. Cabe preguntarse -y este filósofo lo hizo- cuál es el origen de todo ese movimiento. “Debe haber un primer motor”, fue la respuesta “y ese motor debe ser, necesariamente, inmóvil, de lo contrario, sería movido a su vez por otro”. Ese primer motor, fundamento de toda existencia, al que todos quieren acercarse -y por ese motivo se mueven- constituye la idea aristotélica de Dios.

¿No es esta idea, en cierta forma, un deus ex machina? ¿No incurre Aristóteles en el mismo “recurso a Dios”, que tanto criticaba en la tragedia griega, cuando en la “Poética” recomendaba no abusar de este artilugio? Sin embargo, pasaron muchos años y muchos filósofos bajo el puente y la justificación de la idea de Dios persistió. Descartes, por ejemplo, lo definía como “sustancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, por la cual yo mismo y todas las cosas que existen (si existen algunas) han sido creadas y producidas”, sin correrse demasiado de la idea formulada por el filósofo griego, si bien para Descartes se llega a Dios a través de la razón, una vez sorteadas las trampas de los sentidos.

Hubo que llegar al siglo XIX, cuando Friedrich Nietzsche formuló su sentencia “Dios ha muerto”, para que este Dios omnisciente, inmutable y origen de todo movimiento comenzara a ponerse en cuestión, se desmembrara y desapareciera -aunque todavía falta para esto último-.

¿Y DÓNDE ESTÁ EL AUTOR?

Lumière de l'Atelier - L'escalier
Lumière de l’Atelier – L’escalier

En literatura, el autor -como dueño de la producción de sentido de un texto- operó durante mucho tiempo como ese dios todopoderoso. Por ende, la afirmación de Nietzsche implica también la muerte del autor. Esto no supone la inexistencia de quien escriba el texto, sino cuestiona, en la obra producida, la posibilidad de encontrar el “alma” o la “esencia” de quien lo escribe.

La muerte del autor produce profundos cambios en la forma de leer un texto. El argumento, por ejemplo, ya no es el exclusivo rector a la hora de producir sentido. Se desbarata la jerarquía entre personajes principales y secundarios, ya que un texto se puede leer no solo desde el personaje que tiene mayor cantidad de intervenciones sino también desde los que apenas aparecen. Lo mismo sucede con los escenarios o con la categoría de los sucesos: nada es principal y nada es secundario. En realidad, lo secundario puede volverse central.

Gerard Collas
Gerard Collas

Cabe pensar cómo se articula la lectura a partir de este cambio. Algunas tendencias instalan la idea de que es ahora el lector quien produce la totalidad del sentido del texto leído. Pero, en realidad, así se restablecería el principio del dios inmóvil: en esta oportunidad del lado de quien lee. Sin embargo, leemos para dejar de ser y entrar en otro. Siempre es preciso partir de lo escrito. Necesariamente, debe haber un desajuste o una incomodidad entre mi mirada y aquello ofrecido por el texto para que la lectura pueda producir una transformación, aunque sea mínima. Por ese motivo, el lector no debería pretender el hallazgo de certezas, sino la producción de sentidos: buscar líneas de poética, efectuar una lectura en red, capturar los ecos de reiteraciones, las marcas sembradas a lo largo del texto. De esta forma, autor y lector se entrelazan.

MALDITO DESTINO

Patrick Aló - Galleria del Laocoonte
Patrick Aló – Galleria del Laocoonte

Sin embargo, el argumento todavía es la llave a través de la cual la mayor parte de los lectores -y espectadores- abordan una obra de ficción. ¿Y en la vida? ¿Nos detenemos a pensar las recurrencias o nos encaprichamos en seguir el hilo de los sucesos? ¿Qué nos pasa cuando adviene lo inesperado?

Muchas personas aseguran que las cosas -buenas o malas- suceden por una causa. La firme convicción sobre la existencia de la justicia divina, o la veracidad de eso que llaman destino, les asegura su tránsito a paso firme por esta vida. Actúan como si fueran parte de un guion gigantesco, cuyos giros responden a una voluntad superior, a veces un poco maligna, si me permiten decirlo. Reclaman para sí la misma coherencia que se necesita para construir una buena ficción. Pero pensemos: ¿los hechos inesperados no son verdaderos “deus ex machina” surgidos de la nada que nos caen encima para bien o para mal? No importa si somos honestos o deshonestos, correctos o incorrectos, derechos o torcidos. Nos sucederán cosas buenas y malas por igual, y esto nunca será justo ni equitativo. Ese es el juego que estamos obligados a jugar.

Para finalizar, quiero recordar una pequeña obra maestra del cine actual. Pequeña, en realidad, solo por el tamaño de sus protagonistas, ya que se trata de juguetes. Me refiero a “Toy Story 3”, cuya escena del escape del incinerador constituye una explícita cita-homenaje a este recurso de ficción que nos acompaña desde los tiempos de la tragedia griega. Aunque denostado y criticado, el “deus ex machina”, a veces produce momentos inolvidables como este: Woody, Buzz, Jessie, el Señor y la Señora Papa y el resto de la “troupe” están atrapados a punto de perecer en el fuego. Con resignación, se toman de las manos, dispuestos a aceptar su fin. De pronto, una luz intensa los ilumina y un gancho, manejado por los pequeños aliens de Pizza Planeta, los rescata.

Celebremos con ellos todos esos momentos inesperados que nos salvan a lo largo de nuestras vidas. ¿Los otros? ¿Para qué mencionarlos?




DESEARTE

Lo inesperado: Sobre el ensañamiento.
Por Isabel D´Amico

 

Lo recuerdo muy bien, el 28 de noviembre de 2000, papá estaba vivo, aunque muy enfermo. Pero el tiempo que Víctor Hugo le regaló, al transmitir en directo la Copa Intercontinental en Tokio, no lo olvidaré jamás. En esa época, si pagabas el cable, veías en directo los partidos importantes. Si no, lo veías diferido. El resultado lo sabías anticipadamente por la radio o por amigos. Y así se ahogaba la virtud de la emoción.

Ahora lo sé, fueron 76 minutos de emisión de la final, donde Boca le ganó 2 a 1 al Real Madrid.

Con cada gol, vi a mi viejo ensanchar, por instantes su juventud perdida.

Elegí esa imagen para retenerlo en el tiempo, elegí su última chispa futbolera para recordarlo en su final.

 

DOSIS DE RIGOR

2014

Pasados 14 años de los hechos, condenan por una emisión ilegal a Víctor Hugo, a su productor y a ATC (Canal 7) a pagar casi $ 3,5 millones ($ 842.000, más intereses a cada uno) por emitir en directo la final que Boca ganó en Tokio, en su programa “Desayuno”.

Ostentan el castigo quienes ostentan el poder económico o el de influencias y una justicia irracional redacta sentencias inconsistentes, perversas.

En el juicio, Víctor Hugo alegó no haber hecho más que acatar las órdenes recibidas de ATC y de su productor. “Yo fui un feliz conductor del programa. Alguien que se jugó, pero no fui quien decidió la emisión”, manifestó el relator, al conocerse el revés judicial.

Hay magia en el “dar”, hay un goce y un lenguaje dominado por pocos.

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Para los camaristas Pablo Heredia, Gerardo Vassallo y Juan José Dieuzeide, “una orden del empleador no justifica en modo alguno la comisión de un acto ilícito por parte del empleado o dependiente”, como el que realizó Víctor Hugo, claro.

Lo ilícito conforme a la ley tiene un atenuante contradictorio conforme a la moral. Los conceptos fijados por quienes escriben las normas resguardan los valores económicos por sobre los valores humanos. Se naturalizan en un sentido frío, especulador, enfermo de resarcimientos económicos, vacíos de contenidos, inapelables.

Mayo del 2018.

Esma

La Justicia comercial nacional, en cumplimiento de la reparación económica, dispuso que un grupo de tasadores se presentara en el departamento del locutor y procediera a llevarse los cuadros, que habían sido embargados.

La verdad se escurre en la intransigencia, en la alevosía. Repugnan los folios, los sellos y las firmas de quienes cumplen órdenes y acumulan carpetas sucias de mentiras.

Entre los cuadros, los rematadores se llevaron, uno de un hombre que grita con las manos alzadas, firmado por Juan Carlos Castagnino. Y otro donde se puede ver una mesa con botellas, tazas, pinceles y un tacho de pintura, firmado por Carlos Alonso.
“Ya pagué 2 millones de los 3 millones que debía, el juez debería saber que tengo voluntad de pago”, señaló Víctor Hugo.

No son sordos los oídos, ni ciegas las miradas, son los valores que no cuajan en los mundos estériles.

Los bienes secuestrados al locutor saldrán a remate en 10 lotes, con una base de 300 mil pesos, aun cuando el valor de mercado es muy superior.

 

LA DICHA

Los clarinetes satisfechos disfrutan y celebran el escarmiento de quien tiene el “don” de resistirse a esas notas berretas, baratas, indignas y no negocia, y morirá sin hacerlo, con el chirrido agonizante de esas voces serviles a un poder hueco de principios, de sentido común.

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“Siento una pena atroz, estos cuadros son parte de mi vida. Habitan mi vida hace más de veinte años y son una especie de capital afectivo y moral”, dijo Morales ante las cámaras.

 

PERO EL AMOR ES MÁS FUERTE

Fue inesperado, una nueva causa penal surgió ese día. Entre lo incautado por el embargo, hubo un cuadro que estaba en una de las habitaciones pequeñas, era un regalo de una oyente. La obra de un valor artístico aún no cotizado por el mercado tenía, sin embargo, un gran valor afectivo. Quizás por complacer un gusto, Víctor Hugo olvidó que aquel cuadro estaba registrado por la justicia y se lo dio a su nieto para que lo colgara en su pieza.

Seguramente, los medios sacaron fotos del clavo vacío y la pared blanca será el relleno de más actas y sellos y firmas para acumular carpas de sanciones y culpas.

 

EN FIN

Subasta

Así las cosas, el castigo está a la orden del día de la mano de la ignorancia y duele más. Quizás, si la Justicia fuera algo independiente, el criterio sería otro. Y aquel que, por su osadía, le dio la última oportunidad a mi padre de ver aquella final, hoy no padecería semejante persecución.

En Buenos Aires, en un depósito muy cerca del Poder Judicial de la Nación, el hombre del cuadro secuestrado de Castagnino aún grita ¿hasta cuándo?

 

Foto 1- Clarín Política -4/5/2018

Foto 2 – Cuadro Germaná

Foto 3 – Cuadro autor desconocido

Foto 4 – Telam – 24/3/204

Foto 5 – Subasta – Listas el Economista – elEconomista.es

 




EL DEVENIR DE UNA ESCUCHA

Lo inesperado: Sobre la obra “Amusia”.
Por Adriana Valletta

 

ECOS Y RETUMBOS

“Amusia” es una  obra musical   y escénica, del compositor Jorge Sad Levi, basada en el texto de José Ingenieros, ”El Lenguaje Musical y sus Perturbaciones Histéricas”, escrito en 1902 en francés y editado al español  en Argentina, en 1952.

En la propuesta de Jorge Sad  Levi, el libro de Ingenieros cobra la composición de un “cuadro” escenográfico musical, donde el texto se presenta con puntos y comas, para tomar vuelo en polifonías, actuación y música. Así se convierte, de algún modo, en una de respuesta a la teoría de Ingenieros. Una  teoría que encuentra su eco en ciertas concepciones de la música contemporánea. Pero vamos por partes.

“Amusia” fue creada con el apoyo de la Beca Bicentenario del Fondo Nacional de las Artes. Ha tenido ya varias presentaciones y continuará presentándose en diferentes espacios.


AMUSIA

Es un espectáculo  donde participan los cantantes Natalia Cappa Y Lucas Werenkraut, secundados por un ensamble de músicos formado por Andrea Escobar, en flauta;Matías Sánchez, en trompeta; Nahuel Serratto, en viola, Emmanuel Graglia, en guitarra eléctrica. La pianista invitada en esta ocasión es Andrea García. La electrónica es programada y proyectada por el compositor en vivo.las proyecciones de vídeo están a cargo e Pablo Magne.

No se trata de la obra de “un compositor”, sino de un grupo de “compositores”, que colaboraron de manera activa en cada una de las materialidades que animan la idea.

Dice Sad Levi : “Hay varias ideas implicadas en la obra : numerosas tendencias estilísticas como el teatro instrumental (comienzo y sección 11, “Baile Inmóvil”), el rock y la composición algorítmica, como en el No 10; el espectralismo, en la sección 9, la cita a materiales históricos, en la sección 4, la improvisación con live electronics,  presente en varios pasajes; el audio art, el folklore, la música electrónica y el circuit bending como en la sección 12. También, la acusmática, como en el caso de la transición entre sección 2 y 3”.(…)” La música contemporánea no es un estilo musical, sino una situación de escucha caracterizada por la multiplicidad de estéticas contemporáneas entre sí. La música de tradición clásica  toma conciencia  de esa infinita simultaneidad del tiempo y el espacio que ha creado la grabación de todas las músicas del mundo.”

 

Acusmática.
Acusmática.

 

SONIDOS DE AMUSIA

En  “Amusia” se puede “oír” también una evocación que se corresponde con ecos del   1900, años  en los  que tuvieron lugar diversas investigaciones sobre  percepción y lenguaje musical. Muchas, de gran erudición. Sin embargo, rozaron lo delirante al forzar algunos casos para que encajaran en la teoría. Desde esa perspectiva,  se clasificó como “amusia” o sordera tonal  a lo que se consideraron desvíos de cierta normativa estipulada para la época.

El “auditorio“ del espectáculo podría leerse  como  un escenario mental y anímico amplísimo, donde el espectador podría situarse como el perturbado paciente, o como el mediador entre el paciente e Ingenieros. O como Ingenieros mismo. O  como un simple “escuchador” que logra “oír” lo inaudible.  La cabina de resonancia del  “hipotético”  padeciente de amusia se presenta conjuntamente a la curación musical, que ha de ser mágicamente “espontánea”. Todo se resuelve en el mismo cuadrilátero, ante la magistral pregunta, ¿Sería posible un mundo sin música?:Hay una narración global vinculada con hacer que una buena cantidad de ideas musicales muy heterogéneas puedan convivir y producir sintaxis musical  y forma. Es decir, que finalmente, es una pieza musical que- como en la época de la música programática-  logra producir una cantidad de fenómenos de sentido musical al tomar el exoesqueleto que puede constituir la obra literaria.”

Caravaggio. "Tomás el dudoso." 1602-1603.
Caravaggio. “Tomás el dudoso.” 1602-1603.


EL CUERPO DE LA MÚSICA

Hay un encuentro inesperado entre el texto hallado casualmente por Jorge Sad Levi  y la escucha que le prodiga al mismo. Así, sin proponérselo, la obra es la escenificación  de un tratamiento novedoso,  no de  las “amusias” supuestas, sino un modo novedoso de “tratar” e interpretar  lo normativo de la época del 1900: “Ingenieros parecería tener  una gran certidumbre de lo que era y debía ser y no ser lo musical y la música”.

Las certezas, como se sabe, caen ante el desafío del arte que las interpela. Y, también, como se sabe, se confirman ante el arte que frente a ellas se arrodilla. La obra de Sad Levi se incluye en el primer caso. Somos  espectadores activos y “escuchantes”, estamos frente al escenario, ante las voces  y la música de amusia, pero también ante mucho más que eso,: nos encontramos frente a la caída de la concepción de los cuerpos y  de sus formas de goce, según algunos designios académicos. El sonido es visual en la pantalla, y reclama una  experiencia que exigen algo más que comprensión lógica. “Amusia” apela a inventarnos un  sentido musical más amplio. Resulta, así, una obra arquitectónica entendida como “cuerpo” que va construyéndose hasta desembocar en una suerte de experiencia erótica enriquecedora. Después de la  “vivencia  musical” ocurre una singular unificación de las “ideas musicales”  presentadas.

“Una especie de contracara del formalismo, que  propende a la unidad  generativa de la música. En  mi caso, la unidad se da por la enorme heterogeneidad del material  unificada por el aspecto temático”

 

LA POLICÍA EN EL OÍDO, JAMÁS

Así hay voces hombre, voces mujer. La niña ejecuta su instrumento y  también ejecuta su sed de oír y oírse. El cuerpo es órgano musical. El instrumento es sus manos, sus pies, su boca. ¿Quién puede saber qué oye en su interior?, ¿qué oye en sus pies? El pedal del piano  acelera para retornar a la calma. Hay una voz en francés, una mujer emite cantos, su boca se abre y devora sonidos. Un hombre enuncia frases de Ingenieros, encarna a Ingenieros.  Entre ruidos indescifrables, llega un Do Mayor.  El  ritmo orgásmico  se mezcla a sonidos de agua, sonido a cuerpos vueltos ligereza y fragilidad metálica, a veces vueltos terror. Hay notas miedo, hay notas ansiedad. Todo está montado sobre una variedad de polifonías y estilos.

”Pensar la composición como una articulación dialógica, polifónica, entre varios agentes estilísticos que interactúan entre sí, a la manera de los heterónimos de Pessoa, conformando una “Gestalt”.

Ahora el cuerpo dialoga  con lo erógeno musical, ha logrado hacer un rodeo inusual para escapar  de la penalización del goce diferente. Así, “Amusia” desmonta la visión de José Ingenieros, donde cualquier diferencia  debe ser penalizada y perseguida. El estado policiaco se impondría, finalmente,  a través de la manera de oír”.

 “Mi música no es la consecuencia de un proyecto explícito y diáfano, que puedo concebir de manera abstracta, sino el fruto de una serie de acciones, decisiones y elusiones, constantemente puestas en duda, cuyo sentido no alcanzo a descifrar cabalmente hasta el momento en el que puedo ver el resultado terminado y ejercer una suerte de comprensión retrospectiva,  como la que muchas veces ocurre en las novelas de misterio.”

 

LA SORDERA DE INGENIEROS

En 1906, en  “La Nouvelle Iconographie de la Salpetrière”,  Ingenieros publicó en francés  un trabajo sobre las ‘afasias musicales’. En lo referente a este tema, fue el primer trabajo neuropsicológico argentino con trascendencia internacional, realizado desde la Universidad de Buenos Aires. La investigación transcurrió en una  época de auge del psicoanálisis, como gran oreja dispuesta a los trastornos histéricos, pero también  ante los avances de la neurología y de la psiquiatría. La escucha está en plena vigencia. Es lógico pensar que, en principio, el texto presenta una intención hasta poética y de una gran sensibilidad  impregnada en su tiempo.  Sin embargo, la segunda parte del libro varía totalmente de su primera intención. La teoría de Ingenieros  cobra un carácter forzado y se desliga de lo emocional, para constituirse en un catálogo, lejos de un aporte al psicoanálisis: “Lo referido a la semiótica musical me llamó la atención siempre. Por este motivo, la primera parte del libro me resultó llamativa. En la segunda parte del libro, Ingenieros empieza a inventar  casos para que coincidan en espejo con las alteraciones del lenguaje, esa simetría no existe, hay que forzarla. Entonces, a cada punto del lenguaje verbal él quiere agregar un problema en el lenguaje musical. En todo caso Ingenieros anuncia el desvío de la norma musical o de lo esperado  como patología (…) “Todo lo que él construye  como “perturbaciones histéricas¨ son las singularidades  del habla,  las mismas que constituyen la música actual”.

 

"Hermes".
“Hermes”.

 

ESCUCHARSE

Amusia” es una obra en devenir. Y esto es quizá “Lo inesperado”. “Pienso en la heurística, en los mundos imaginarios que nos permiten acceder a algo nuevo.(…) la obra está haciéndose y, en una próxima etapa, imagino algunas ¨extensiones¨, que  podrían terminar de completar mi proyecto “ .

Ingresamos al silencio primigenio y escuchamos para poder oír. De a poco se instala un halo de misterio que, como tal, no se resuelve fácilmente. Como en una línea secuencial no lógica, o en una obra de ficción policiaca, las preguntas no ofrecen respuesta fácilmente. Todo ha de realizarse primero para descubrir la creación  misma. ¿Cuál es el orden? ¿Se oye para escuchar? ¿O se escucha para oír? :” También encuentro una poesía enorme en Ingenieros cuando él se pregunta  qué es la música, al principio del libro, lo hace con seriedad y con una gran erudición y sensibilidad

Tragedia para el amante podría ser la amusia. Pero la Obra viene a poner muchas cuestiones, blanco sobre negro, sin olvidar los toques de vientos relucientes, de saxos y  trompetas que enamoran.




LA ROPA O LA VIDA

Lo inesperado: Sobre despedidas súbitas.
Por Juan Pepe Carvalho

 

UN LABURITO PAL PROVINCIANO

Coteto era un padre presente y protector con una larga biografía a cuestas. A los 14, había fallecido su padre. Un par de años después debió trasladarse con su madre, de su provincia natal -Entre Ríos- a Buenos Aires. Las luces de la gran ciudad no lo amedrentaron. Por entonces, corría el año 1916: el mundo estaba sumido en la primera guerra mundial. Como nada nunca resulta fácil, entonces tampoco lo fue. Así, Coteto ingresó al Banco de la Nación, de cadete, orgulloso de su flamante título de bachiller, egresado del renombrado Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, Entre Ríos.

 

OTRA VEZ, SOPA

Magritte . "La condicion humana." 1933
Magritte . “La condición humana.” 1933

En Buenos Aires la vida era muy distinta a los años transcurridos en una estancia de la provincia litoraleña. Ser el jefe de familia, con su madre a su cargo, tampoco resultaba sencillo. Su educación familiar había sido conservadora en tradiciones, costumbres y enseñanzas, que Coteto intentó trasladar a sus hijos años después. Por supuesto, los críos las rechazaron: “Papá, atrasás, estás hablando del siglo pasado”. A regañadientes, Coteto debió aceptar la televisión, la sopa instantánea -qué era eso de sopa de verduras sin verduras; de pollo, sin pollo-.

 

TACLES DE LA SUERTE

Los niños vinieron del matrimonio con Elisa: seis hijos. Casi hubieran sido felices, si el diablo no hubiese metido la cola: con cuarenta años de servicio, Coteto fue echado de su trabajo en su amado Banco Nación. El motivo fueron sus actividades sindicales y políticas. Abandonado a su suerte por algunos de sus amigos laborales, el sostenimiento de la paz y de la felicidad familiar se convirtió en una pesada carga, que lo llenó de hastío nostálgico. En este marco, sus defensas bajas lo llevaron a una segura enfermedad. Con 61 años, fue internado a causa de una gripe mal cuidada. Lo acompañaron dos de sus hijos adolescentes y su compañera inseparable y continua alentadora de su vida.

 

COTETO Y CONATO DE FUGA

 Jean Lisbeth pérez Silva. "Padre e hijo. "
Jean Lisbeth pérez Silva. “Padre e hijo.”

Una tarde me tocó ir a cuidarlo. Varias veces lo acerqué a los ventanales de la habitación, para que alegrara su aburrida estadía.

– Juancho, alcánzame la ropa-, me disparó sin anestesia.

– ¿Cómo, papá?, ¿qué ropa?

– Mi ropa, Juanchito.

Con veinte años, evidentemente yo ya no era un chico. No podía ceder a un pedido tan absurdo y caprichoso.

– No, papá, vos no te podés ir, los médicos no te dieron el alta.

– Juancho, soy papá y te doy una orden. No me obligues a levantarme y buscarla yo.

En eso llegó mi salvador reemplazo para el cuidado. Sin embargo, papá siguió con sus reclamos hacia mí.

– Juancho, tráeme mi ropa, me voy de aquí, ya estoy curado.

– No, papá, no te podés ir.

 

DESPLANTES

Debo decirlo. Mi relación con mi padre nunca fue ideal, siempre resultó corto en ofrecer reconocimientos. Por ejemplo, si yo me ocupaba de arreglar el jardín cuando él se iba al trabajo, a su regreso, entraba al grito de ¡cuándo alguien se va a ocupar de las plantas! Es decir, hacé de cuenta que yo no había hecho nada. Mucho tiempo después, en mi primera terapia, entendí que a veces los hijos nacemos en momentos de quiebre para los padres. Yo nací cuando mis padres se habían separado temporariamente. Mi padre regresó para mis cinco años. Durante mi infancia más fundamental, Coteto estuvo ausente.

 

BAJA EL TELÓN

Magritte. "LLave de los campos."

Pero vuelvo al hospital. Cuando a las 19 horas, mi hermano mayor me reemplazó en el cuidado de Coteto, me dio cierta alegría y tranquilidad irme. Sin embargo, sobre la madrugada, me despertaron:

– Murió papá.

Durante muchos años, me quedó grabado el pedido de mi viejo. Al solicitarme la ropa, se despedía de mí. Tenía que irse.

“Y si le hubiese dado la ropa…”, la idea me ronda aún hoy.

 


RELEVO DE PARTES

A los 69 años, yo también con seis hijos. Pasó mucha agua bajo el puente. Aún sin resolverse del todo la despedida de mi padre, ya pienso cómo será mi despedida. Recordar aquel momento no me permite modificarlo ni evitarlo. Fui capaz de enfrentar la muerte de mi padre con otra mirada. Con respecto a la mía, me asustan las repeticiones involuntarias. Ojalá lo inesperado marque una diferencia, haga una curva. Y ojalá la haga mucho antes de despedirme. En el día a día. Ojalá renueve la sagacidad de mis ojos para entender a quienes me rodean, para entenderme. Para que la muerte no sea más que uno de los hechos vividos y no el más importante.

 




CORRE ETIOPÍA, CORRE

Lo inesperado: Sobre el corredor Abebe Bikila.
Por Alicia Lapidus

 

EL PASTOR ALADO

Abebe Bikila llegó a la Olimpíada de Roma en 1960, casi por casualidad. No estaba seleccionado, pero una lesión de uno de los miembros del equipo de maratón, durante un partido de fútbol, le permitió incluirse. Era un desconocido.

Bikila había nacido en 1932, en Jato, un pueblo de Etiopía. Hijo de un pastor de cabras, uno más, dentro de una familia numerosa y muy pobre. Abebe dedicó la mitad de su infancia a ayudar a su padre en el campo y la otra mitad de su tiempo a ser estudiante. Sin embargo, recién a los 12 años aprendió a leer.

Sus habilidades deportivas, ya podían verse desde pequeño: no sólo le gustaba correr, sino que era un buen nadador, jugaba hockey en el invierno y también cabalgaba.

Abebe Bikila
Abebe Bikila

A los 17 años se mudó a la capital de Etiopía y, tres años después, se alistó en la Guardia Imperial de Haile Selassie, como un modo de hallar un ingreso económico para él y su familia. Muy pronto formó parte del programa de actividades deportivas del ejército.

 

EMPERADOR EN FUGA

La historia del Emperador Haile Selassie, último emperador de Etiopía, merece un paréntesis. Baste con contar que ascendió al trono en 1930, dos años antes del nacimiento de Abebe y, en 1936 -cuando Abebe tenía cuatro años- se debió exiliar en Inglaterra por la invasión de Mussolini a su país. Volvería a Etiopía recién en 1941, tras la expulsión del ejército italiano.

Durante este período, Haile Selassie sufrió varias tragedias personales. Sus dos yernos, Ras Desta Damtew y Dejazmach Beyene Merid, fueron ejecutados por los italianos. La hija del emperador, la princesa Romanework, esposa de Dejazmach Beyene Merid, fue tomada en cautiverio con sus hijos y murió en Italia en 1941. Su hija Tsehai murió durante el parto, poco después de la restauración en 1942.

 

UNA PATADA CON SUERTE

En los campeonatos de las Fuerzas Armadas, Abebe empezó a ganar las carreras de fondo, entre ellas, la maratón. En 1956, con motivo de reunir a la fuerza armada, aérea y naval, se organizó una competencia de atletismo en el ejército donde participó y destronó al héroe del momento, Wami Biratu, quien lideró la maratón durante los primeros kilómetros. Sin embargo, fue el joven de 24 años quien llegó primero a la meta. Onni Niskanen, coach suizo y director de atletas, notó el desempeño de Abebe y decidió apoyarlo. A pesar de eso y de haberse integrado al equipo de atletismo, Bikila seguía siendo un total desconocido. Y, sin la lesión de su compañero, no hubiera sido llamado de emergencia a integrar el equipo olímpico.

Abebe Bikila. Maratón olimpica. Roma, 1960
Abebe Bikila. Maratón olimpica. Roma, 1960

El 10 de septiembre de 1960, el etíope pisó suelo olímpico para correr la maratón.

Una maratón o un maratón es una carrera de larga distancia, que consiste en recorrer una distancia de 42.195 metros (42 km y 195 m). Forma parte del programa de atletismo en los Juegos Olímpicos, desde Atenas 1896, en la categoría masculina. Y, desde Los Ángeles 1984, en la categoría femenina. Su origen se encuentra en el mito de la gesta del soldado griego Filípides quien, en el año 490a.C., habría muerto de fatiga tras haber corrido 42 km y 95 m desde Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria sobre el ejército persa. En realidad, Filípides recorrió el camino desde Atenas hasta Esparta para pedir refuerzos: recorrió unos 213 kilómetros. Aun así, el mito ganó mucha popularidad. La longitud moderna de 42.195 metros data de los Juegos Olímpicos de Londres de 1908. La reina estableció esta distancia como la oficial de la carrera de resistencia por antonomasia. Esta distancia separa la ciudad inglesa de Windsor del estadio White City, en Londres. Los dos mil ciento noventa y cinco metros fueron añadidos al inicio, para que la salida fuese frente al balcón real del Palacio de Windsor. La distancia quedó establecida definitivamente como única oficial en el congreso de la IAAF, celebrado en Ginebra en 1921, antes de los Juegos Olímpicos de París de 1924. (1)

 

LA ZAPATILLA INVISIBLE

Para sorpresa de todos, Abebe no solo ganó la prueba y batió la plusmarca mundial sino que, además, lo hizo de una forma insólita: corrió descalzo y alcanzó un record mundial. Aunque  esta gesta forjó su leyenda, lo cierto es que Abebe no tenía intención de lanzarse al duro empedrado romano sin zapatillas: Adidas, el sponsor de la prueba, tenía unas deportivas preparadas para él pero, al ser incluido en la lista de los juegos por sorpresa, no tuvo oportunidad de probarlas lo suficiente y descubrió que le molestaban en las ampollas que ya traía. Como en los entrenamientos había demostrado que podía arreglarse de sobra, si corría descalzo sobre el altiplano etíope y, sin dejar de aprovechar las durezas de sus pies, prefirió salir sin calzado antes de hacerlo con uno incómodo.

Bikila se encargó de darle un toque heroico al final de la prueba. “Quería que el mundo supiera que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo”. Y así lo hizo, fue el primer africano en la historia en ganar el oro olímpico. Y lo concretó en Italia, un país que, bajo el régimen de Mussolini, había sido el opresor de su pueblo.

Bikila demostró que el continente negro estaba capacitado para ponerse a la altura de Occidente, no sólo a través de las revoluciones independentistas de esos tiempos, sino también a través del deporte.

“Otros no conocen a Abebe como yo. Él no tiene miedo de sus rivales. Él tiene voluntad y entrega. Nunca he visto a alguien como Abebe. Abebe fue creado por sí mismo, no por nadie más”, fueron las palabras de su entrenador Niskanen, tras su victoria.

 

SIGUEN LOS ÉXITOS

Pero nada se detuvo allí. Tras el oro, su carrera continuó en diferentes competencias internacionales, como el Manichi maratón en Osaka, que también ganó. A pesar de eso, cuando comenzaron los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, Bikila estaba bastante débil. Había sido operado de apendicitis seis semanas antes de disputar la maratón, lo cual se vio afectado su programa de entrenamiento. Así y todo, allí superó su propio récord con un tiempo de dos horas, 12 minutos y 11,6 segundos. Fue el primer hombre en ganar dos maratones olímpicas seguidas.

Esta vez corrió con zapatillas.

Bikila estaba decidido a ganar la siguiente olimpíada, en México, en 1969. Lástima: una molestia en una de sus piernas, desde el año anterior, se interpuso. Por el dolor, debió abandonar la carrera a los 15 km.

Igualmente, su vida estuvo signada por lo imposible, lo increíble, la gloria y la tragedia.

 

LAS PIERNAS DEL CORREDOR

En 1969, Abebe sufrió un accidente de coche (con el Volkswagen que le había regalado el Gobierno de Haile Selassie, por su victoria en Tokio) al intentar esquivar a un grupo de estudiantes en una manifestación. Quedó parapléjico para siempre, algo que aceptó con la misma entereza con que había recibido su inesperada gloria. “Los hombres de éxito conocen la tragedia. Fue la voluntad de Dios que ganase en los Juegos Olímpicos. Y fue la voluntad de Dios que tuviera mi accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia. Tengo que aceptar ambas circunstancias como hechos de la vida y vivir feliz”.

Fue invitado a los Juegos de Münich, donde impresionó ver en silla de ruedas al que había sido paradigma de los corredores. La ovación fue atronadora en todo el estadio olímpico. Un año después, el 25 de octubre de 1973, en Adís Abeba (Etiopía), a los 41 años, fallecía como consecuencia de una hemorragia cerebral por secuelas del accidente. En su país, más de 65.000 personas, con el emperador Haile Selassie presente, despidieron a su héroe.

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EL ÚLTIMO EMPERADOR

¿Qué fue de la vida del Emperador de Etiopía?

Al año siguiente de la muerte de Abebe Bikila, el Derg -un comité de mandos militares de bajo rango y soldados-, se aprovechó del desorden que en ese momento había en el gobierno para deponer a Haile Selassie. El general Aman Andom Mikael, un protestante, sirvió brevemente como jefe de estado provisional, en espera del regreso del príncipe heredero, Asfa Wossen, quien entonces recibía tratamiento médico en el extranjero. Haile Selassie fue puesto bajo arresto domiciliario por un breve periodo, en la cuarta División del Ejército, en Adís Abeba, mientras que la mayor parte de su familia resultó detenida en la residencia del último duque de Harar, en el norte de la capital. Los meses finales de su vida el emperador los pasó en prisión, en el Gran Palacio.

Más adelante, la mayoría de la familia imperial fue encarcelada en la prisión Kerchele, también conocida como “Adiós, mundo cruel” (Alem Bekagn).

El 27 de agosto de 1975, el depuesto Emperador de Etiopía, Haile Selassie, moría en circunstancias poco claras, a los 83 años. Oficialmente, se declaró que la muerte se debió a complicaciones, tras una operación de próstata realizada dos meses antes. Sus partidarios señalan que fue asesinado por orden de uno de los hombres más cercanos al, por entonces, jefe de Estado, Tafari Bentim, quien más tarde se convertiría en hombre fuerte del socialismo etíope.

En 1992, los huesos del emperador se encontraron debajo de una losa de hormigón en los jardines del palacio. Algunos informes sugieren que sus restos fueron descubiertos debajo de una letrina. Durante casi una década -ya que los tribunales etíopes trataron de arreglar las circunstancias de su muerte-, su ataúd descansó en la Iglesia de Bhata, cerca del lugar de la tumba de su tío abuelo, Menelik II. El 5 de noviembre de 2000, a Haile Selassie se le dio un funeral de estilo imperial de la iglesia ortodoxa etíope.

Más allá de haber propiciado el éxito de Abebe Bikila, Haile Selassie dejó un legado que continúa hasta nuestros días, el “movimiento rastafari”, una corriente espiritual que considera a Haile Selassie como a la tercera reencarnación de Jah (abreviatura del nombre de Jehová), después de Melquisedec y Jesús.

Abebe Bikila. Triunfante, 1960.
Abebe Bikila. Triunfante, 1960.

 

ZAPATITOS, ZAPATILLAS

Bruce Lee Poster
Bruce Lee Poster

Desde 1957, tres años antes de los Juegos de Roma, en sus entrenamientos Bikila utilizaba unas zapatillas de origen japonés, las Onitsuka Tiger. Tras ser su modelo fetiche hasta su trágica retirada, otra estrella decidió calzar las mismas para patear, en vez de asfalto, caras: Bruce Lee las usó, junto con su mítico overol amarillo y negro, en “Juego con la muerte”,  la última película que curiosamente no alcanzó a terminar antes de morir, a los 32 años. En 2003, 31 años después, Tarantino decidió homenajear al maestro de las artes marciales y puso de nuevo el modelo en unos pies: Uma Thurman, en “Kill Bill”, vestía los mismos colores que Lee y, por supuesto, el mismo calzado. Afortunadamente, sin los trágicos finales de los anteriores usuarios.

La historia y sus personajes se combinan en intrincadas redes, se enlazan, se asocian, se heredan. La mayor parte de las veces, vemos sólo los resultados, sin llegar nunca a sus orígenes. Un corredor etíope, un emperador, un campeón de artes marciales y un director de cine se articulan en una inesperada sincronía y dejan el eco de su herencia entre nosotros.

 

https://youtu.be/i_zRr9KOFWE

https://youtu.be/4nwKqihvCPA

https://youtu.be/w_Nygi01VqI

(1) Fuente, Wikipedia




PENDIENTES DE INDEPENDENCIA

ANARTISTA JUVENIL
Por Milena Penstop

 

CORTÉS, UN MODO DE DECIRLO

Encuentro Moctezuma-Cortés. Ilustración.
Encuentro Moctezuma-Cortés. Ilustración.

En 1519, el jefe supremo azteca, Moctezuma, recibió la visita de un español que, desobedeciendo a su rey en España, hizo una expedición hasta llegar a Tenochtitlán, la capital del imperio. Este español tenía apenas permiso para inspeccionar las costas del litoral americano. Pero, no. Se mandó nomás. El hombre se llamaba Hernán Cortés quien, al llegar a su destino, fue recibido más que amablemente por los originarios. Moctezuma, convencido de que los hombres blancos eran enviados por sus dioses, les dio a los “recién llegados” ofrendas y los dejó hospedarse en su palacio. A él y a sus huestes.

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Pero a Cortés no le alcanzó la bienvenida. Como algunos otros hoy en día, el tipo iba por todo. Rápidamente, el conquistador fue convencido por un grupo de indígenas -traidores, buchones y aliados del español-, de un plan que tenía Moctezuma para liquidar peninsulares. Al enterarse de esto, Cortés no perdió tiempo. No era un tipo con ganas de vivir aventuras inesperadas. Así que tomó prisionero al jefe azteca, para luego abandonar la capital del imperio e ir de raje en busca de refuerzos. Cortés no era muy cortés con su gente. Y, después de mandarse el moco, dejó solo a unos pocos españoles en ese lugar.

 

QUÉ NOCHE PARA UN ASADO (ESPAÑOL)

La cosa no terminó. “El Seleccionado” que dejó Cortés era de una brutalidad y de una estrechez mental tales, que no pudo controlar sus instintos asesinos ante lo desconocido. Se ve que les habían lavado bien la cabeza en Europa y por eso pensaban que su religión era la única verdadera. Y todas las demás resultaban manifestaciones del demonio. Por eso, al ver a un grupo de aztecas en medio de una celebración que los conquistadores calificaron como “horrenda”, no vacilaron en lanzarse sobre los celebrantes y en matarlos a todos.

La noche triste.
La noche triste.

Ya la cosa estaba caliente con lo que había hecho Cortés. Imaginate cuál fue la reacción de los originarios. Desacostumbrados a esa brutalidad, respondieron con toda la furia de la que fueron capaces. No se paralizaron ante ese inesperado ataque. Este episodio se llamó “La noche triste”. Triste, para todos. Para los aztecas, porque fue la noche de caída definitiva de la ficha. Ya sospechaban con creces que esos tipos no eran ni amigos ni enviados de los dioses. O los dioses se habían debilitado o lo habían abandonado. Pero esto fue la gota que colmó el vaso. Y triste, sobre todo, para los españoles porque, cebados en su superioridad militar, no imaginaron siquiera que los “salvajes” podían enfrentarlos de esa manera. Soberbios. Casi se los comen en guiso.

 

NO TE CREAS CUANDO TE LA CUENTAN DE UNA SOLA FORMA

Hay varias teorías sobre cómo reaccionaron los pueblos originarios a la Conquista. La más simplista dice que los invasores destruyeron por completo a los autóctonos. Bastante rápidamente, eliminaron su cultura y también su economía. Los aztecas, como los incas, practicaban una economía comunitaria. A pesar de que había clases sociales altas -clases que no se ensuciaban las manos para laburar- lo cosechado se repartía bastante entre todos. Y siempre se reservaba una parte para posibles épocas de sequía o para huérfanos, viudas o víctimas de las guerras. Por otra parte, los aztecas eran sabios y se ocupaban de no reventar la tierra con monocultivos. A los españoles les importaba un pito preservar el suelo. Le daban a la tierra hasta agotarla. Y, del mismo modo, esclavizaban y agotaban a los indígenas. Después pararon un poco, porque se dieron cuenta de que se iban a quedar sin mano de obra. Entre las enfermedades que les trajeron “de ofrenda” desde Europa y los malos tratos, no les iba a quedar nadie.

Hay otra teoría que mira las cosas un poco más ampliamente. Para estos historiadores, la Conquista fue un proceso de alianzas y resistencias. Y no admiten, de ningún modo, que los originarios se hayan entregado a los invasores así como así. De hecho, hubo rebeliones que duraron años. Como así también aprovechadores que quisieron jugar para los dos bandos y terminaron solos y muertos.

Danzantes aztecas culturales,en la Plaza del Zócalo, México actual.
Danzantes aztecas culturales,en la Plaza del Zócalo, México actual.

Lo cierto es que, si se hubieran doblegado del todo, hoy no estaríamos ante la presencia de tantas organizaciones internacionales y nacionales de indianistas: grupos de descendientes de aquellos primeros, que cuidan y sostienen el reclamo por tierra, autonomía y derecho a preservar su cultura y su idioma.

 

DOS INESPERADOS

La primera cosa curiosa es cómo, después de que los conquistadores se fueron, ya con los Estados nacionales independizados, la discriminación contra los pueblos originarios persistió. Los libros cuentan que eso sucedió porque los nuevos estados americanos se construyeron a imagen de la cultura europea. Entonces, a muchos originarios no les quedó más que asimilarse a la determinación imperante. Sin embargo, unos cuántos otros resistieron y resisten. Y eso es lo más inesperado de todo. Y admirable. Recién, hace muy poco, los mapuches se volvieron una súper noticia. Y, como siempre, cuando un grupo minoritario se vuelve noticia, en general, es porque algo malo contra ellos ha sucedido. Rafael Nahuel, Santiago Maldonado -que no era mapuche, pero los defendía…- pero si uno googlea, ve que los muertos, lastimados y desaparecidos mapuches son muchos más. Entonces, me pregunto, ¿seguimos contagiados de la brutalidad de los conquistadores? Cuando nos independizamos, ¿nos independizamos? Mmmm… Continuará.

 

 

 

 




INQUIETAR LA MIRADA

Lo inesperado: Sobre álbum de fotos callejeras en Buenos Aires durante 2018.
Por Carlos Coll

 

LA BANQUETA DE PAJA

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La mañana nos golpeaba la cara. De tanto en tanto, un escalofrío corría el cuerpo. El sol apenas se atrevía a asomar, sin embargo, no nos acobardábamos. Nos movíamos alegres entre guantes, gorro y bufanda. A las once, nos esperaban en Congreso y Galván.

Caminamos por Álvarez Thomas hacia Lebretón sin hablar. Finalmente, llegamos a la esquina. La imagen me sorprendió. Estaba allí, sentada sobre una banqueta de paja. En la ochava, contra la puerta de un departamento lujoso, pegada a la escalera de mármol impecable. Pollera negra, ancha, dejaba ver unos piececitos gordos que las alpargatas negras apretaban, mientras exponían un empeine inflamado y pálido. Rodete prolijo y mirada perdida. La miré dos veces, se parecía demasiado a mi abuela Rosa. Enseguida corrí la imagen de mi mente. Pensé: ¿qué hace?, ¿impide la entrada a la gente que quiere salir o entrar de su casa? Me quedé de pie mirándola desde lejos. Entonces vi su brazo estirado y la mano abierta hacia la tormenta amenazadora.

-Una moneda, por favor, necesito comprar una garrafa, tengo frío.

Mi mujer se acercó y le dio un billete.

-Gracias, señora -respondió. -Por favor, me podría contar cuánta plata tengo. Apenas veo. Creo que ya casi llego.

Me paralicé.

Lentamente, nos alejamos de la mujer sin poder dejar de mirarla.

 

EL BRAZO OPORTUNO

Lo reconozco: adoro andar en subte. En invierno, es un placer enorme venir de la calle helada y entrar en el calorcito de los trenes repletos de gente. Claro, en verano no resulta tan agradable, pero lo supero. Además, es un medio de transporte que siempre te sorprende.

Foto lo inesperado 2 subte

Esa mañana lo había tomado más tarde de lo acostumbrado y venía muy lleno, hasta casi lo insoportable. Había logrado pasar al medio del vagón y me había hecho de una argolla para sostenerme. No podía mover un milímetro mis dedos de los pies. Mi cuerpo integraba una masa gelatinosa, al compás del traqueteo del tren. Encima, me dolía el cuello de tanto estirarlo para lograr atrapar un poco de aire menos viciado.

En Carlos Gardel, sentí aun más la presión en la espalada y la puntada en la nuca. Bajé la cabeza en busca de alivio en el cuello. Entonces, atrajo mi atención un par de senos voluminosos, apenas ocultos por un corpiño de encaje negro. Parecían firmes y tibios. Mis ojos lagrimearon y gotas de transpiración corrieron por mi pecho. Sí, era evidente, se me mojaba la camisa. No pude desviar la mirada. Mi imaginación comenzó a delirarse. Con los ojos casi cerrados, veía la unión de los pechos sostenidos por la tira negra y descendía hasta alcanzar la diminuta bombacha. Pude sentir en la yema de mis dedos la suavidad oscura debajo de la trusa. Se me resecó la garganta. Una puntada aguja me atravesó el pecho. Apreté los ojos y regresé al paisaje tumultuoso del vagón. Recién entonces reparé en la blusa oscura desabrochada, que permitía disfrutar de aquel panorama sin igual. No podía aprovecharme de esa circunstancia desgraciada. Me puse colorado, me avergoncé.

Foto lo inesperado3 mujer subteCuando abrí nuevamente los ojos, lo vi. Era un brazo trajeado aparecido desde mi izquierda. Acercaba su mano a la blusa y la abrochaba cariñosamente, imaginé, con una sonrisa. No me atrevía a mirar al dueño. Mi mente voló de inmediato y me puse en su lugar. Un marido gentil trataba de ayudar en ese momento difícil a su mujer.

Me sorprendí cuando la rubia de los pechos redondos retiraba la mano con violencia y respondía agresivamente al protector de sus pechos:

-Dejame, Oscar, no me abroches la blusa. Te lo estoy repitiendo desde la mañana temprano: tengo calor. Acabala de una vez.

La voz fue tajante y precisa. El brazo volvió a su lugar, sin emitir sonido alguno. Una ira acumulada brotó del cuerpo de la mujer y se expandió por el vagón. El silencio fue total.

 

EL TEMBLOR DE LA SONRISA

Es una sensación extraña. No estoy seguro, si de placer o de repulsión. Por un lado, las luces blancas y pulcras me generan ese estado de asepsia, atractivo. Me hacen sentir seguro. Por el otro, cuando camino por los pasillos rodeado de las estanterías llenas de colores y olores -mezcla de chocolate, amoniaco y alcohol- me vienen náuseas. Por otro, cada vez más, crece mi sentimiento de odio si, como en un laberinto sin salida, me hacen recorrer el camino zigzagueante hacia las cajas, rodeado de dulces y caramelos coloridos que me gritan: “Agarrame. Llevame. Gozame”.

Aquella mañana hacía frío, era temprano, siempre voy temprano con la ilusión de que haya poca gente. Sin embargo, no resultó: lleno, casi sin espacio. Los asientos, todos ocupados. Me acerqué al dispenser de los números y saqué mi turno. Tuve que elegir, como lo hacía habitualmente: “Particulares”, “Obras Sociales” o “PAMI”. Arranqué del último: ciento treinta y dos. Me acerqué al mostrador. Busqué el pinche de los papelitos verdes como el mío: ciento veinticinco, siete antes. Resignado, me alejé hasta toparme con la góndola de los condones. Siempre me encanta mirarlos, ver sus envases de colores atractivos. A los precios, no los miro, ¿para qué?, si ya no los compro.

Después de un rato de boludear, me concentré en los empleados detrás del mostrador. Siempre igual, la prioridad la tienen los papelitos “Particulares”; los últimos, los viejos del PAMI, total, pueden esperar. No tienen nada que hacer.

Estaba allí, paradita con su bastón coqueto y su peinado gris, perfecto como si hubiese salido de la peluquería. Pensé: “debe dormir sentada”. Muy bien vestida, esperaba pacientemente a ser atendida. Cada vez que la empleada llamaba, ahuecaba su mano temblorosa en la oreja con el objeto de escuchar mejor. Curioso, me le acerqué por detrás para espiar su número. Tenía uno antes del mío. Le faltaba un montón, sin embargo, aguardaba de pie, pegada al mostrador. Me dio ternura y retrocedí a mi puesto de vigía.

Foto lo inesperado4 viejita con bastonDurante la espera, el bastón temblaba, incontrolable, mientras trataba de sostenerle los huesos. Inmediatamente, los imaginé transparentes y delgados. Pensé: quizás en poco tiempo yo también necesite un apoyo. ¿Por qué no?, mi rodilla crece en artrosis. De un sopapo, borré el pensamiento y me dediqué a observar a la viejita.

No sé cuánto tiempo pasó. Entré en una especie de hipnosis. Estaba en medio de ese sopor, cuando escuché la vocecita quebrada de mi amiga: “Es mi turno, es mi turno”. Desperté y me acerqué, intrigado, a observarla. Se la veía tan frágil, tan querible.

Sacó como cinco boletas del PAMI. Pude pispear: en cada una, al menos, tres remedios. Una batería completa. Pobre, se notaba que no le faltaba ningún achaque.

La empleada tardó en traer todas las cajas, una pila infernal. A algunas las conocía: para la presión, para el colesterol. Otras me resultaban un misterio. Los envases pasaron por el lector, uno a uno, hasta llegar a la cifra total: tres mil ochocientos veinte pesos. La viejita dejó de temblar y el bastón se hundió en el piso espejado.

-Señorita, yo tengo PAMI, siempre me cubrieron los remedios, nunca pagué nada… -balbuceó.

-Señora, aquí sale que solo tiene el 50% de descuento. ¿No escuchó que hubo cambios en el PAMI?

Tardó en reaccionar. El temblor invadió todo su cuerpo hasta alcanzar su boca:

-Gracias, señorita -y le sonrió.

Lentamente, se dio vuelta y caminó apoyada sobre su bastón. Salió de la farmacia sin llevar su bolsa de remedios.

 

UN TOQUE DE AMOR

No me gusta ir al Súper pero, a veces, acompaño a mi mujer. Me cuesta recorrer las góndolas en busca de precios. Generalmente, los carteles tienen números chicos y están tan abajo, que es necesario agacharse para poder leerlos. Termino con un dolor terrible de cintura y con los ojos inflamados y rojos, como el trasero de los monos del zoológico que se la pasan todo el día restregándoselos por el piso de cemento.

Además, hay que ir un día determinado y tratar de llevar todo lo posible. Aprovechar justo la fecha cuando el banco hace el descuento. Hoy, si querés llegar a fin de mes, tenés que estar alerta a cuanta ráfaga de aire fresco pasa al lado tuyo y no soslayar ninguna posibilidad de ahorrarte un mango. Por suerte, con mi mujer aún podemos bancar la tarjeta. Bueno, es lo que nos toca vivir. No hay que perder las esperanzas: todo termina, la vida es cíclica.

Foto lo inesperado5filas-supermercado-600x336Ese martes nos entusiasmamos y llenamos el carro. Cuando lo vi parado en la fila de la caja, empecé a transpirar. Pensaba en el monto. Ensimismado en mis cálculos presupuestarios, perdí el entorno hasta que, en un momento, mi mirada subió, distraída. Y allí se topó con esa mano de uñas prolijas. Suave y lentamente, recorría una cola no demasiado amanzanada, yo diría, más bien, chata y ancha. Me quedé atraído por el movimiento. Era acompasado, tierno. No había una intensión perversa ni acalorada. No, la escena era de un respeto religioso, de un amor infinito. Me conmovió. No pude apartar la mirada, la sostuve por un largo rato, en el disfrute de uno de esos actos sublimes con los que nos encontramos raras veces en nuestro camino.

Finalmente, levanté la vista. La mano continuaba en un brazo velludo y terminaba en una espalda ancha y robusta que sostenía una cara angulosa, cuyos ojos miraban y acariciaban una barba entrecana, espesa y tupida.

Mi primera reacción fue un rechazo agresivo ante aquella imagen. Dos tipos grandes, pensé, dos desvergonzados. Lo que hay que soportar. El mundo está perdido.

De repente, sonreí. Me vino aquella imagen de Madrid, en la fila de las cajas de Primark, el año pasado. Delante de nosotros, dos hombres maduros, esperaban su turno abrazados y en medio de arrumacos. Recuerdo que me turbó terriblemente. Miré a mi nieta con dos grandes signos de interrogación en los ojos. Ella sonrió y me respondió en voz baja:

-Nono, no seas tan discriminativo, pareces un viejo choto. Nonito, se quieren, eso es todo. ¡Mirá qué sencillo! No te pongas colorado, no te avergüences, pensalo. Fijate, te cambió la cara, ya no tenés la mirada tan dura. ¿Ves?, tengo razón, los viajes nos hacen crecer.

Y, entonces, observé otra vez a aquellos dos hombres grandes quienes, con una ternura envidiable, esperaban en la cola del Súper a pagar su cuenta. Mis ojos ya no disparaban chispas.

 

SACUDONES

Hay circunstancias que, de súbito, te inquietan la mirada, se te vienen encima como un pesado yunque de hierro. Agradezco la sensibilidad de atenderlas. Les agradezco el modo en que sacuden el marco de mi visión, adherencias mal aprendidas por años. Más les agradezco rejuvenecerme el paso. Porque: quién mira nuevo, gana una vida. Si los dejás a su libre embeberse a la cultura, te opacan los años entre las sombras de lo cotidiano. Que la repetición y la rutina sean, entonces, un trampolín hacia lo otro y nunca más la soberbia de un punto de vista, ya hace tiempo, gastado.

 

 




EL LENGUAJE DE LA ROPA

Lo inesperado: Sobre el lenguaje de las prendas.
Por Cecilia Miano

 

DECIR SIN PALABRAS

Vestir es un acto cotidiano para casi todas las personas, si todos pensáramos en el significado que le atribuimos a cada detalle de nuestra vestimenta, dejaría de ser tan natural. Pensar tanto es complicado en algunos temas como este, de vestir, parece mejor hacer y sentir.

Barthes realizó una investigación -entre los años 1957 y 1963-  acerca de la moda, un análisis exhaustivo del sistema escrito o descripto, sobre la significación de la moda. Lo maravilloso de este texto es cómo se puede traducir la vestimenta en el lenguaje, esa yuxtaposición que los hace indivisibles. Se hace una pregunta inquietante: “¿puede el vestido significar sin que haya una palabra que lo describa, comente y colme de significantes y significados como para construir un verdadero sistema de sentido?

ROPERO DE FRIDA
ROPERO DE FRIDA

 

EL HOMBRE ESTÁ CONDENADO AL LENGUAJE

Las personas utilizamos la ropa como lienzo de expresión, como lenguaje metafórico, casi como en la escritura damos luz a lo que nos moviliza y escondemos lo demás.

ESCULTURAS CON GANCHOS
ESCULTURAS CON GANCHOS DE ROPA

La quietud de las prendas es su condición original, hasta que alguien posa la mirada en su estructura. Primero con la imaginación empieza el juego, luego le da entidad y sólo con el contacto cobra vida, diferente cada vez que se sostiene, que vibra según la tensión que lleva el cuerpo que la porta.

Esa adherencia que provoca la vida de las prendas llenas de cuerpo, es lo sonoro de cada una de ellas. Es lo único que les otorga un sentido, cada día diferente, aunque se trate del mismo cuerpo y de la misma prenda.

EGON SCHIELE
EGON SCHIELE

 

HAY TELA AÚN

El ropero desordenado entrevera la historia. Los hilos enlazan sacos de otra época y telas añejas, con recortes de escenas prendidas en ojales pasados de moda. Las bolsas, cajas y envoltorios se amontonan en lo alto, donde casi nunca se abre, porque la historia se vuelca encima, derrapa entre montones de recuerdos.

Muchas veces los objetos cuentan. Ahí, arrumbados y con voces raspadas de tiempo, dicen cómo los movimientos de los cuerpos acompasaban los días.

 

EL VESTIDO AZUL

Benito conoció a Clara de siempre. El pueblo chico hace las veces de familia extendida y presta lazos de afecto a personas que, en ocasiones, se han visto muy poco.

“La tarde en que yo llevaba a Clara a la fiesta del Club, Benito no pudo dejar de bailar con su mirada.”

“Estoy arrugado de estar acá, un poco desteñido tal vez, pero a la magia sobre el cuerpo de Clara no la olvido. Su piel se acomodó suave a mis costuras y supe conciliar entre muchos brazos el estremecer de sus contornos, al menearse por primera vez con Benito.

A él le costó media noche sacarla a bailar, casi parecía desinteresado. El haber dado el primer paso lo envalentonó, nunca más se separaron. Aunque la historia no es romántica, como insinúa la frase anterior, las cosas resultaron, igual que en la escritura, por momentos muy lucidos y otros mejor olvidarlos.

ROPA DE PORCELANA
ROPA HECHA CON RESTOS DE PORCELANA

“.. Y, tal vez por eso, estoy aún en la parte superior de este ropero. Ellos no lo saben pero, desde acá, escucho todo: las pisadas me cuentan sobre el estado de ánimo y sobre el transcurrir de la vida. A lo largo de estos años, la cosa ha sido muy movida. Mientras tanto, yo nunca más salí de mi reclusión. Ellos hablan -despiertos o dormidos, solos o juntos-, pero dicen. Yo los acompaño desde lo alto del ropero.”

 

 

EL ÚNICO TRAJE DE STELLA

El traje de tela de invierno, minifalda y saquito al cuerpo asoma con presillas de charol, arrugado como la vida, con cierto encanto de lo achicharrado. Envuelto en un nylon rosa, grita soledad. La foto viene a mí, el traje abraza el cuerpo escuálido con cierta despreocupación, las sonrisas estáticas y el pelo largo con brillo natural se vuelven aroma a viejo. En ese instante el reloj de la historia se moviliza hasta hoy y seguirá hasta que los últimos hilos del traje puedan dar cuenta de lo vivido.

Instalación artística en el marco de la cita 'El intercambiador de ropa', que se celebra en La Casa Encendida de Madrid.
INSTALACIÓN ARTÍSTICA EN EL MARCO DE LA CITA “EL INTERCAMBIADOR DE ROPA” QUE SE CELEBRA EN LA CASA ENCENDIDA EN MADRID.

El encanto de los veinte desafía el porvenir con cierta naturalidad, con un único traje servicial para toda ocasión. Rosario es el escenario, se muestra como familia durante cuatro años, porque el estudio así lo requiere, los bulevares se hicieron parte de lo cotidiano, las calles anchas, la gente amable forman parte de esa memoria que me volvieron así, un traje pasado de moda, que atesora piernas con medias de nylon, manos ajustadas a la cintura y espalda erguida con ganas de poner ímpetu a la vida.

Hoy el charol marrón de los vivos y las terminaciones de los bolsillos se ajaron con ganas de no seguir, aunque la estructura sigue firme y la cintura diminuta habla de otros tiempos, de otros largos, de otros sueños escondidos. Busco en los bolsillos, imagino cuando mi mano se desliza entre ellos, encontrar una nota, una tarjeta, algo que hable de ese antes que es ahora viejo. Nada aparece, sigo con la mirada firme. Resuelvo que la trama del traje guarda muy bien los secretos.

La nostalgia del traje se huele en sus opacidades.

 

EL CASAMIENTO. VESTIDO DE NOVIA PRESTADO.

La fiesta austera, por la economía de guerra, como planteaba siempre mi papá. Ahora, la austeridad vieja desdibuja un poco su singularidad, entre tantas crisis. La torta casera respeta el ritual de los novios: cortarla juntos. Así, la foto aparece sin arrugas en la memoria: la mano del novio se apoya con tanto ímpetu sobre la fina mano femenina, que da la impresión de una torta  de yeso: pura potencia para un corte certero. No recuerdo su gusto, pero el sabor a desamor en la mirada de la madre del novio, poco a poco, tiñó el paisaje.

LIA GRIFFITH
LIA GRIFFITH

El vestido asoma sin ganas de la caja un poco desarmada, fue usado por segunda vez, con algunos arreglos necesarios, por el cambio de estación, y por la necesidad del apuro. El amor no puede esperar y los vestidos son algo lentos en armarse, así que el vestido con historia fijó fecha nuevamente en julio para dar a la blancura una nueva oportunidad de existencia. Hoy asoma sin disimulo el desgano. La vida estuvo en otros cuerpos, la silueta de costuras a mano no tuvieron más oportunidad. La tercera no fue la vencida, tal vez el destino espere y esta historia aún no termine.

Las perlas pequeñas en la delantera titilan…

 

 

 

LAS METÁFORAS DE LA ROPA

El valor simbólico de la ropa muta de acuerdo a la época de la cual proceda, en lo vigente propone un status social, un nivel de educación, una postura política; en tanto el tiempo transcurre en cada prenda lo simbólico se vuelve particular de cada individuo, qué representa ese objeto, qué historias nos cuentan, qué vivieron esas prendas que necesitamos reeditarlas.

ASPESI
ASPESI

Son pocas las prendas de mi ropero, algunos objetos pululan entre los vestidos, pero no consiguen salir, están atrapados en un mar de recuerdos, que sólo son vívidos para quien cuenta la historia, y en este caso para quienes estén leyendo este texto. Tanto esmero por brillar en cada caso, tanta historia enredada entre hilos de colores, dispuestos a disimular las costuras, a tejer tramas de la vida envueltos en mensajes que hoy gritan auxilio.

Logran salir del encierro porque el rescate llega en palabras, en pocas emociones encapsuladas en la memoria de quien nunca vistió esas prendas, pero con la historia en la mano decido hacer justicia.

Me voy a probar el vestido azul.

La historia no sé cómo continúa pero la gritaré cuando la vida le pase por encima.

 

 

 




SIN PATRONES, PERO CON MERCADO

Lo inesperado: Sobre las empresas recuperadas.
Por Héctor Lontrato

 

PILOTO AUTOMÁTICO

El piloto automático nos da seguridad. Aferrados a él, vamos siempre por el mismo camino. Sin pensarlo, sin detenernos. A veces, la vista al cielo, en la búsqueda de celestes imposibles o de nubes con densidad casi atómica. Otras, en actitud de inventario: no perderse ni un charco ni una baldosa floja. No importa adónde pensamos ir, ocultas fuerzas nos llevan invariablemente hacia ese destino.
Y, claro: todo lento para no despertar a nadie. Una ducha rápida sin afeitarse. La ropa preparada de la noche anterior. Tiempo suficiente para un buen mate bien preparado: con un suave agite, el exceso de polvo de la yerba se adhiere a la mano que cubre la boca de la calabaza, se forma un hueco a cuarenta y cinco grados e ingresa un poco de agua tibia. Luego, más caliente, el líquido se derrama como en un tobogán sobre la bombilla.

Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,!
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello

Oración de un desocupado – Juan Gelman

 

PAYASOS

La tele se prende y queda con el sonido bajo. Canales de noticias montan pequeños escenarios donde teatralizan hasta la temperatura y el pronóstico del tiempo. ¡Qué lindo salir temprano en las mañanas de primavera! Pero deberás soportar a estos payasos de la tele, si querés conocer los cortes de calles y evitar que un viaje normal se transforme en una excursión a la costa atlántica.
Hay dos derechos, dicen los payasos, el de quienes hacen un piquete sin importar la razón -en verdad nunca se toman el tiempo para hablar del reclamo- y el de quienes vamos a laburar. Pareciera que la vida funcionara con anteojeras repartidas por los medios de comunicación, a los que aceptamos casi con amabilidad.
No cuesta nada putear a esos vagos, complicadores de tu viaje hacia el laburo y, a veces, responsables de tu pérdida del presentismo. ¡Que hagan como uno, veinte años, meta pelearla todos los días, sin quejarse!

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DERECHOS Y DERECHAS

Y un día, lo inesperado. Empezás a darte cuenta de la falta de materia prima para trabajar: un proveedor te dice que le deben tres meses y, del sindicato, te alertan: hace un año, no te depositan la jubilación. El piloto automático se desconecta y el avión se va en picada con vos adentro. Igual, te levantás temprano, te hacés el mate y seguís atento a la topografía del camino. Notás que, en algunas veredas, cambiaron las baldosas por cemento alisado: de ahí, cuesta más sacar la caca. Te ponés nervioso, todos días falta algo, una máquina, una compu, un escritorio. No tenés un mango, reclamás y sólo recibís promesas.
Ahora estás en la tele y no sabés si putearte a vos mismo a través de la pantalla o reputearte, por no haberte puesto en el lugar del otro. Los automovilistas te dicen de todo y tratás de explicarles: la empresa se rajó y nos dejó sin nada. No entienden. Es cuestión de derechos que confrontan, dicen. O de derechas.

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TODO O NADA

Una catarata de agua, cables pelados, basura acumulada de meses y una colonia de ratas recibieron a los trabajadores del Bauen, quienes tomaron el hotel, en 2003, con la idea inicial de recuperar lo que era de ellos. Por entonces, todos vivíamos como se podía: el pan horneado en casa, mucha caminata – tomar un colectivo era un lujo- y entre ferias del trueque, donde se intercambiaban cosas sobrantes por otras de máxima necesidad.
Muchos de esos trabajadores no sabían qué hacer, tenían miedo de ir presos, de que les pegaran y, peor aun, de rifar todo el esfuerzo de una vida entera. Gladis se indignaba ante el manoseo de los empresarios fugados, el Ministerio de Trabajo y los jueces. Jugaban con su trabajo y con su salud.
“Nosotros queríamos cobrar lo que era nuestro, hasta que entendimos que no íbamos a recibir ni un peso. Fue entonces – afirmó Gladis- que decidimos tomar el Bauen: era todo o nada”.

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PERONISTA DE CHÁVEZ

El panorama se veía negro. Y, entonces, entró en escena Eduardo “Vasco” Murúa, un ex dirigente metalúrgico, enfrentado a Lorenzo Miguel en la UOM y pilar de la experiencia autogestiva en IMPA. El vasco es un militante social que se sacó chispas con el kirchnerismo. En una frustrada entrevista en Casa Rosada, se quedó en el piquete dentro de la sede gubernamental frente al despacho de un funcionario y logró que el encuentro se programara para el día siguiente.
Murúa, un peronista de Perón y de Hugo Chávez, le dice a quien quiera oírlo: las empresas recuperadas son un remedio frente a un cambio en el mundo laboral, donde se destruyen puestos de trabajo cada segundo. “Las empresas -brama- hacen vaciamientos y fraudes. Y, después, quieren quedarse con todo o que las expropien. No hay que darles ni un mango”.
A medida que se involucraron, la vida de los trabajadores del Bauen cambió. Comenzaron a entender de trámites municipales, presentaciones judiciales, números, insumos, proveedores, clientes. Habían escuchado una consigna que, hasta ese momento, no era más que una fusión de palabras vacías. Luego, ellos las llenarían de contenido: ocupar, resistir y producir.

 

RAMO DE DIGNIDAD

La excitación crece y hasta el más tranquilo grita: “de acá me sacan con los pies para adelante”. Con la cabeza más despejada, algunos proponen buscar gente grosa que se solidarice: políticos, músicos, periodistas. Van por la tercera asamblea en el día y ya están hartos de escucharse ¡Hay que llamar a los medios!, pide uno de los mozos, próximo al mostrador. Otros revisan la existencia de mercadería y aseguran: tenemos para funcionar un par de días. “Lalo de Buenos Aires” es un restaurante tradicional bien porteño. Su propietario era el yerno de uno de los titulares de “Bachín”, boliche inmortalizado por Horacio Ferrer, en esa canción dedicada a un chiquilín, a quien le pide; “dame un ramo de vos/ así salgo a vender/ mis vergüenzas en flor”. Pero, clamar una balacera de rosas, para lavar sus culpas frente al hambre de ese niño, no era una opción para los trabajadores. Lejos estaban de sentarse con los brazos cruzados, mientras el patrón cambiaba la cerradura y vaciaba el restaurante.
Cada tanto, iban a la puerta de calle a ver qué pasaba. La tensión comenzó a crecer, cuando se presentó un oficial de justicia con la orden de desalojo. De inmediato, se armó la cadena y, un par de horas después, cientos de personas se agolpaban frente al local de Montevideo, entre Corrientes y Sarmiento. Había policía de la Ciudad y también estaba la Federal. Finalmente, el juez entendió que se trataba de un reclamo justo y con mucha gente que lo apoyaba. Pero, tarde o temprano, el desalojo llegaría porque el patrón debía un año de alquiler del local.

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ACORRALADOS

Hasta que no te ponen contra la pared, no sabés de qué sos capaz. Palabras más, palabras menos, Luciano García expresa el sentimiento de mozos y cocineros quienes, calzados con el ropaje de empresarios, buscaron otro local, comenzaron a hacer cuentas, negociaron con los proveedores e hicieron que funcionara.
“Muchos de nosotros -contó García- somos gente grande y pensamos ¿qué vamos a hacer ahora sin trabajo? ¿Quién nos va a tomar? Y nadie dudó: pusimos en marcha la cooperativa”.
Hoy, casi cuatro años después, celebran ser patrones de sí mismos en el contexto de una experiencia enriquecedora, que los enorgullece, aunque no los libra de conflictos: inflación, aumento descomunal de las tarifas, caída del consumo.

 

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MOLESTIA CAPITAL

Nunca dejan de pelearla, más allá de que -a veces- se generen climas de tensión. Porque laburan como siempre y retiran menos plata por la caída del consumo. Ni hablar de las recuperadas que demandan mucha energía, como Fábrica Sin Patrones (FASINPAT- ex Zanon), atrapadas en un juego de pinzas. Por un lado, la recesión. Por el otro, la imposibilidad de acceder a un crédito para salir del atraso tecnológico de sus maquinarias.
Andrés Blanco, secretario adjunto del Sindicato Ceramista de Neuquén, describe el contexto actual: “Ni el establishment ni los gobiernos -en este caso coinciden el neuquino y el Nacional- quieren que prosperen proyectos autogestivos como el nuestro. Les molesta. No es bueno para el mercado”.

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TOMAR LOS CONTROLES

Los trabajadores de las recuperadas tienen una convicción: lo único que da sentido a sus vidas es la lucha. De otra manera, ya se habrían rendido ante las presiones del poder real, empecinado en que la propiedad privada sea el único derecho vigente.
Su activo más valioso es la legitimidad social y, por encima de los vaivenes del ánimo, hay una mística del trabajo, un valor. Como señalaran varios referentes del sector, las cooperativas de trabajadores y las recuperadas forman parte de un fenómeno no episódico que llegó para quedarse. La tecnología y la globalización generan una exponencial destrucción de empleos y esos puestos de trabajo no se recuperan. Sólo los trabajadores pueden revivirlos y hacer que sus laburos localizados tengan sentido, acorde al marco teórico de Zygmunt Bauman: un mundo globalizado, que muda y cierra puestos laborales a través de fronteras desdibujadas. Una economía repleta de decisiones en dirección a ganancias rápidas y manejos financieros que hacen cada vez más injusto este mundo. Y este escenario sólo se puede enfrentar sin piloto automático.




¡ME SALIÓ!

Lo inesperado: Sobre el aprendizaje.
Por Mariana Paula Dosso

 

PRIMERAS PALABRAS

Disponer de los trazos, de líneas irregulares que trasgreden los renglones, de los sonidos –a veces entrecortados- y de los sentidos envueltos en las palabras, es uno de los desafíos más tiernos de apreciar. Los niños y las niñas juegan, también, con las letras y los espacios: encerrar vacíos, ponerles una “patita”, titubear en una “a” ensanchada en su mayúscula cursiva o en una “e” minúscula, como un rulito suelto de una niña dibujada. Cantar una sílaba difícil, repetir la última letra para avanzar hasta completar la frase es parte del juego del leer.

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Siempre comparé ese proceso con el aprender a caminar. El conocimiento de su propio cuerpo en los bebés, los giros, las rotaciones, el puente a “reptar” o gatear, el pararse y los primeros pasos hacen espejo entre el andar y la escritura. Lleva un tiempo hasta que “salen corriendo”. Nos podemos detener en cada sentada de “prepo” al piso, o en esos andares de una silla a otra, de una pared a los brazos de una tía. ¿Alguna vez se pensó exigir a una pequeña o a un pequeño que caminara con soltura sin pasar por ese proceso? ¿Por qué, entonces, la mirada que sanciona el “error” en los primeros pasos de la alfabetización?

Sin embargo, el error, también es errancia, vagabundeo. Podemos decir, además, que es un deambular por el lenguaje: transitar el mundo de los símbolos, tantear las expresiones, caerse en las faltas de ortografía y apropiarse de la palabra escrita.

Pero veamos. Estamos en un ambiente alfabetizador lleno de:

carteles construidos por los alumnos y alumnas,

la maestra a través de sus rutinas de escritura,

el conocimiento de las letras y del uso del lenguaje,

los juegos y solidaridad entre pares, que distribuyen los puntos de                                    apoyo de ese andar de la lectura y escritura.

Hasta que un día inesperado:

-¡Profe, pude leer esta hoja sola!

-Viste cómo se “largó”, ya escribe de forma autónoma- le dice una maestra a otra.

 

¿POR QUÉ MATERIA?

Un reloj redondo entre biblioratos anuncia las 18:15, mientras da paso a treinta personas entre 18 y 60 años. Se ubican en sillas, firman una hoja con su presente, guardan el DNI y, con un click, se disponen a elegir la respuesta correcta. Algunos se acercan a las pantallas titilantes de las computadoras para asegurarse de sus respuestas. Otros fijan la vista al buscar un dato entre los últimos días de repaso.

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Se sabe: dos estudiantes están próximas a recibirse de su nivel secundario. De rutina, la profesora insiste, ¿para quién es la última materia? Dos mujeres levantan la mano.

Salón de techo alto, algunas lámparas tubulares bajan hacia las computadoras. El escenario se dispone en cuatro hileras de mesas continuas. Dos de ellas ofician de escritorios desde la punta opuesta a la entrada. Una, con el bedel de turno al cuidado de la tecnología; la otra, para la profesora sorteada.

Quienes rinden matemática tienen papel y birome al lado, algunas cuentas garabateadas y una calculadora vieja. “No se puede usar celular” es la consigna. Tampoco anotar ítems o sacar fotos a los múltiples exámenes en formato virtual.

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La profesora camina por los pasillos, aclara dudas y orienta con algún contenido, si lo sabe. Chequea cuestiones de claves para ingresar a la plataforma y espera las dos horas previstas. Avanzados los treinta minutos, algunos se empiezan a parar.

-¿Cómo te fue?- Le pregunta la profesora al primer estudiante que finaliza.

-Mal, un cinco.

-Uhhh, casi, bueno la próxima, ¡te faltaba poco!

Otra estudiante se para.

-¿Y? ¿Cómo te fue?

-Bien, un seis, justo.

-¡Aplausos que se recibió! ¡Felicitaciones!

El bullicio generalizado ayuda a descomprimir algunas tensiones arrumbadas. Segundos después, cada mano derecha, al mouse.

La profesora se aproxima.

-¿Y ahora qué tenés ganas de hacer?

-No sé…

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Corre el mouse, la flechita apunta a “finalizar examen” y  la cara de sorpresa se apodera del estudiante. Está sentado cerca del escritorio, busca la mirada cómplice y dice “no lo puedo creer”.

Tampoco se puede creer, si una se detiene a pensar el nombre “materia”, ¿acaso para valorar un saber hay que darle consistencia? Y carrera, ¿correr atrás de qué o para ganar a quién?

 

 

SINO LO VEO, NO LO CREO

El estudiante de matemática continúa:

-Siempre tuve miedo de retomar la secundaria por esta materia. En las otras me iba bien, pero en esta… no quería volver, sabía que me iría mal.

-¿Qué te sacaste?

-Un nueve…

-¡Ah bien! ¡Muy bien! Con esa nota, toda la confianza para seguir con Matemática B y C.

-Cuando estaba en segundo año, mi papá falleció, se ve que no me podía concentrar, porque siempre en matemática me iba mal. Y después dejé el secundario.

-Mirá que el programa tiene consultorías con profesores de matemática.

– Sí, sí, sabía. Varios amigos me quisieron ayudar. Me preguntaban qué temas estaba viendo, para explicarme.

-Con más razón, si tenés amigos que te pueden dar una mano….

-Está bueno dejarse ayudar a veces, ¿no?

 

Aire

TAN CERCA, TAN LEJOS

“Yo vivía en el monte, en Formosa. Mis bisabuelos vinieron de Bolivia, les gustó la tierra y se quedaron allí. Vivíamos en pleno monte, había que inventar. Por ejemplo, para bajar algo, se trenzaban algunas hojas. Mis compañeros de trabajo, cuando les cuento, no me creen. Tardaba dos horas para llegar a la escuela, caminaba o iba a caballo. Estábamos todos los grados juntos.

Cuando me vine a Buenos Aires, no lo podía creer ¡trabajaba en el Cabildo! Siempre hacíamos el edificio del Cabildo en la escuela y yo, de repente, trabajo ¡ahí!, tantas veces lo dibujé… De grande, volví a mi escuela. En el aula llena de alumnos, mi maestra les contó: Ella vivía acá, vino de visita, y ¿saben dónde trabaja? En el Cabildo…”

-¿En el Cabildo?- Varias voces amontonadas.

-Sí, sí. En ese que está colgado en la pared.

La cara de sorpresa los mantuvo en silencio unos segundos.

 

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SALTOS

Una apuesta continua de parte de educadores y de estudiantes. Experiencias. Reflexiones. Errancias. Solo transitar. La apropiación de lo nuevo da un salto en el momento más inesperado.




RAÍZ DE ACUARELA

El lecturista: Sobre “Declinaciones del monólogo” y “Recepción a un amigo”, dos poemas de Eunice Odio, Costa Rica.
Por Gabriela Stoppelman

 

BRÚJULA PARA TUS ALAS

Eunice Odio
Eunice Odio

Eunice Odio, un nombre -por lo menos contundente- para una poeta que yo desconocía, hasta que resonó en un verso, “Huir, habitar tus alas”, durante el espectáculo, ”¿Qué pasó?”, de Rita Cortese. Al modo de una primera señal de futura lectura, su nombre se desdibujó en el sonido de la grabación. ¿Cómo dijo que se llama la poeta de Cota Rica? Emilce, Eurídice, Ornio, Oño. No había caso. El nombre y el apellido se perdían en una niebla de ruido. Hasta que la voz de Rita por whatsapp despejó un poco lo difuso. Eunice, sí, Eunice. Odio, también, claro. Después del ruido, vino una data más consistente, que tampoco agregó demasiado. Internet dio la confirmación: se trataba de una poeta nacida en 1922, que vivió un tiempo en Guatemala y, finalmente, fijó residencia en México. Los títulos de sus libros señalaron alguna pista más luminosa: “Zona en Territorio del Alba”, “El Tránsito de Fuego”, “El Rastro de la Mariposa”, todos indicaban espacios de consistencias difusas. Delgadez de membranas, levedades del tiempo, escurrimientos del vuelo. Huir, sí. Pero, si el suelo se ha vuelto pantanoso y el aire está en veremos, ¿huir, hacia dónde?

Habitar tus alas. Eso. Habitar tus alas.

 

DECLINACIONES DEL MONÓLOGO

“Estoy sola,/ muy sola”. Pero no vayas a creerte que me quejo, así, como novia abandonada que escribe poemas pañuelos, poema palangana, poemas donde descargar toda mi furia biográfica. No pienses tampoco que voy a empezar con la lata de la soledad metafísica. Porque esta de la que te hablo, de la que te habla Eunice -si me disculpa el lector, tomo por un rato la primera, verá que este poema se llama declinaciones del monólogo… y, cuando la voz de una poeta se decide a estas declinaciones, es bueno que andemos cerca para darle una mano, aunque más no sea, con una primera del plural- esta soledad está “entre mi cintura y mi vestido, sola entre mi voz entera”. Es decir, tengo un hueco que para qué te cuento, entre mi cuerpo y mi ropa. Y no solo eso. Una podría pensar que lo bueno de andar sola consiste en sentirse descargada. Ni los sueñes: “con una carga de ángeles menudos como esas caricias que se desploman solas en los dedos.” Y no sabés cómo pesan estas menudencias etéreas. Ni cómo resuena en las “caricias desplomadas” “mi voz entera”, de unos versos anteriores. Se derrama el tacto, se ovilla toda la voz.

 

ÉRAMOS POCOS Y LLEGARON UN REMERO AZUL Y TRECE PREGRINOS

Paul Klee
Paul Klee

“Entre mi pelo, a la deriva,/ un remero azul,/ confundido,/ busca un niño de arena.” Y, qué bueno cuando el poema entreteje sus provincias en resonancias. Así, los espacios entre los mechones recuerdan el hueco entre cuerpo y ropa. Intersticios, pequeñas ausencias mezcladas con las hilachas de la cabellera, líneas de puntos, donde los vacíos destacan más que los trazos. Como bien lo presentíamos, esta soledad no mendiga un café ni un abrazo. Está poblada, pobladísima, de unos extraños moradores. Un remero azul, del color de la misma materia que rema. Un hombre de agua, en busca de un niño desmoronable: de arena. ¿Y hasta dónde se desgranará el verso? Quién lo sabe. Pero acá no hay espacio para detenciones. Una vez que la pulverización arranca, ya no se va con chiquitas: “Sosteniendo sus tribus de olores/ con un hilo pálido,/ contra un perfil de rosa,/ en el rincón más quieto de mis párpados/ trece peregrinos se agolpan”. Esto, justo cuando haría falta un poco de silencio, está súper habitado, señoras y señores. Trece peregrinos agolpados, como quien dice “ángeles menudos”, “remero azul”, “niño de arena”. ¿Y qué tienen todos estos, tan diversos, en común? El tránsito, el camino hacia un santuario. O hacia la disolución total. Movimientos inesperados de todo lo que no soporta persistir en el hastío de su consistencia. Y, entonces, anda.

 

EN ESTE MOMENTO NO ESTOY DISPONIBLE, DEJE SU MENSAJE

Y ya con la primera en pedacitos, voy “Arqueándome ligeramente/ sobre mi corazón de piedra en flor/ para verlo,/ para calzarme sus arterias y mi voz/ en un momento dado
en que alguien venga,/ y me llame”.
Ahora soy -es ella, somos nosotros- sobre su propio cuerpo, desencontrada, soy -somos- el barquero que busca, es el niño de arena buscado, la desnuda de sus propias arterias, la peregrina tras el santuario donde la figura es un indecible que no acaba por tomar silueta. Pero, entre semejantes mutaciones, mejor que no me joda nadie: “ahora que no me llame nadie,/ que no quepo en la voz de nadie,
que no me llamen,/ porque estoy bajando al fondo de mi pequeñez”.
Esta poética del polvillo y rumbeada hacia la letra, no asciende, sino que baja. Baja hasta lo más ínfimo, lo casi insustancial, el grano de la voz, el aleph del aliento: huecos entre cabellos.

Aliza Razell
Aliza Razell

Inspiraciones donde se cuece el lenguaje. ¿Y adónde descendemos?: “a la raíz complacida de mi sombra”. Y no te confundas, que esto no es un manual de autoayuda, no me busco a mí misma, ni a la esencia de mi ser, ni a la piedra fundamental de mi existencia. Bla, bla, nada de eso. Acá, en el pasadizo entre la piel y los laberintos del cuerpo, en el pasillo entre mis bordes y la remera, no termina de resolverse una silueta como la gente, una que no me asfixie. Así las cosas, mejor me mando hacia los otros, “porque ahora estoy bajando al agónico/ tacto de un minero, con su media flor al hombro,/ y una gran letra de te quiero al cinto.” Y te dije que no buscaba a nadie para ir al cine, ni el fundamento de la filosofía. Tan solo el afecto, el efecto de una letra. Y, después: “Y bajo más,/ a las inmediaciones del aire/ que aligerado espera las letras de su nombre/ para nacer perfecto y habitable./ Las letras de un nombre, el tuyo./ Bajo,/ desciendo mucho más”. Y es así, viejo. Todo descenso en un encuentro, un quedar reducida a nada con riesgo de perderte del todo. Pero siempre es mejor esa apuesta a ser la perdida, la que ahorra a pura pérdida, la caja de ahorro sin remedio, la bóveda oxidada en su puro permanecer.

 

APURADÍSIMA

lecturista5 Adriane Dworzak
Adriane Dworzak

De raje. Nunca más apurada. Por fin me desvisto de tantos huecos y umbrales, por fin dejo de decir yo, por fin soy la última sin ánimos de jugar en la maldita primera de los siempre iguales. Y, ahora, emperifollada de mi sangre, anhelo, “¿quién me encontrará?/ Me calzo mis arterias/ (qué gran prisa tengo),/ me calzo mis arterias y mi voz,/ me pongo mi corazón de piedra en flor”. Y vamos todos: corazón piedra, niño de arena, remero azul, que no falten los trece peregrinos ni la agonía de los cualquieras, que aquí se ha encontrado tan sólo una pausa en la ruta de la bruma. Que aquí no se ha dado más que un leve golpe a la piedra dura del corazón. Qué buena herramienta la del minero, qué buena espalda se encorva en el túnel, mientras se hace el sota ante el oro, ante la plata y ante los diamantes. Qué buen tiempo el de este advenir “para que en un momento dado/ alguien venga,/ y me llame,/ y no esté yo/ ligeramente arqueada sobre mi corazón, para verlo./ y no tenga yo que irme y dejar mi gran voz,/ y mi alto corazón/ de piedra en flor”. Porque, ¿cuál es la gracia de ser la pobrecita, la siempre desencontrada, la ligerita que dispone de su cuerpo como quien ostenta la propiedad de un auto al abrir la puerta del garage? Porque, ¿cuál es la gracia en no aprovechar el alfabeto de la arena -esa parienta tan cercana a la piedra dura-, que sostiene a tu esqueletito frágil, al hoyuelo de tu voz? Perderse, que decline y se haga astillas el monólogo. Y ya, perdida por perdida, hacé una pausita en el poema, en la ternura pícara de la línea escrita. Y, cuando tengas el verso, dáselo a un amigo.

 

RECEPCIÓN DE UN AMIGO

“Lo sigo,/ lo precedo en la voz/ porque tengo,/ como el humo en despoblado,/ vocación de acuarela.” Hay momentos en la lectura que hacen cuna. Hay imágenes que untan las manitos del lenguaje y hacen cuenco, para que te tomes de un sorbo toda la poética de lo esfumado. “Vocación de acuarela”, voluntad de difuminaciones, deseo en descontornos, estirpe de nube. O, en criollo: placerazo en dejar de ser, espectáculo íntimo del desasimiento. Y, aun así, hay días que para qué te cuento: “Cuénteme/ cómo son ahí las cosas de consumo:/ libros,/ rosas,/ tintineos de golondrina.” Hay días de paisaje cerrado, a pura sombra y ansiedades. Hay días de reclamar al aire “contame un cuento, querido, contame la pulpa de un cuento”: “Aparte de todo eso/ le pregunto/ por los mangos geológicos/ bordeándolo de pulpa”. Y, si no encuentra una frontera de pulpa, que sea una acuarela de la fruta o el humo cítrico de un río nunca visto: “y por un río nuevo,/ sin mirarlo,/ con pueblos de sonido/ y longitud de Arcángel.” Imagínese cómo andaremos de ligerezas en esta aventura de adelgazarnos, que el pueblo apenas suena y la longitud tiene la ingravidez de un arcángel. Ya estamos flaquitos, finitos, pero bien encaminados, aunque no parezca. Derechito hacia el horizonte del ínfimo litoral.

 

A DOS AGUAS

lecturista2descarga“Dígame algo también sobre el pequeño litoral/ donde recientemente el día,/ como un celeste animal bifronte,/ acampó en dos acuarios/ y se llenó de peces”. El día es un animal de cielo que se disuelve en aguas. “Dos acuarios”: Así, mientras deja de ser, se multiplica. Hay una sospecha de bienvenida, amigo, una reconstrucción de escena originaria. Arrulla un comienzo de mundo, con esa tonadita tenue de apenas recién ser: “si lo recibieron unánimes los árboles/ como cuando eligieron a la primera alondra del año/ y el día de florecer”. Y, amigo, recuerde mi urgencia. Soy de las que apenas se visten con su propio cuerpo y ya empiezan a disiparse: “Resúmame ahora que tiemblo benignamente/ detrás de una golondrina,/ ahora que me proponen públicamente/ para desnudo de mariposa”. Qué performance de la evaporación la mía. ¿Alguna vez supo que las alas de las mariposas están hechas de polvo? Usted las toca, y todo el color, el contorno y el diseño se vuelven viento. Llegué, como buscaba, al fondo de mi tachadura. Y, debajo, latía un aguijón de mi nombre enredado en cielo: “y estoy como las rosas/ desordenando el aire.” Inesperadamente, avanzo, voy por la ruta del remero azul. Avanzo sin destino. Porque nadie nunca vuelve en consistencias.




LA LIBERACIÓN MENOS PENSADA

Lo Inesperado: Sobre Cacho Scarpati.
Por Pablo Soprano

 

COMA PROFUNDO

Apenas un punto, como cuando se apagaban aquellos viejos televisores. Todo se redujo a un punto. Y la nada, la nada misma. El tiempo jugó la partida, el destino redobló la apuesta. Y, de esa nada, llegó el premio, la liberación menos pensada.

¿Y los compañeros? ¿Dónde están los compañeros? Vinieron del pasado las imágenes militantes de la Resistencia, de las FAP, del Peronismo de Base. La lucha, la clandestinidad en Mar del Plata, La Plata, Tandil. “La vida por Perón”, el coma por Perón ¿Veinte días? Sí, veinte días en coma. Lo despertaron a fuerza de descarga, porque hay muchas maneras de despertar de un coma. Rodeado de máquinas, cables y sondas o puede ser en un catre, con un único cable, el de la picana eléctrica, con la cara de un milico que grita nombres y putea. Dolor. Mucho dolor. Quiso hablar. No pudo. Intentó mover la mano. Nada. A esa altura de las cosas, no sólo dolía la picana. Dolía no poder hablar, no poder escribir para decirles, garabatearles, que se fueran bien a la puta que los parió. Escribir, hablar, pero nunca para entregar a nadie.

Dos balazos en la cabeza, uno de ellos en la boca, otro en la mano derecha, en el tórax y en el resto del cuerpo, esa fue la única manera de agarrarlo. La cita era “cantada”, le tocó perder y perdió. Punto. Y ahí estaba, no les dijo ni mu. Una cosa es la cama de un hospital; otra, los elásticos de un catre de Campo de Mayo. La humedad, la electricidad, el olor a carne quemada.

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EL “LOCO CÉSAR”

Mantenerlo vivo para sacarle información, después matarlo. Esa era la orden. Al milico que grita y da las órdenes lo conoce, es el coronel Roberto Roualdes, de la patota del Primer Cuerpo del Ejército. Ya se habían cruzado antes en un tiroteo en Tandil. Ellos lo sabían bien: en ese punto de la situación, imposibilitado de hablar y escribir, cualquier información relevante ya estaba neutralizada por los compañeros en la clandestinidad. Ni a fuerza de señas consiguieron sacarle nada. Sin embargo, la tortura siguió, siguieron los “interrogatorios” de Inteligencia del Ejército, de la Naval. Y nada “¿Quién es?”, preguntó alguno “Es el Loco César, capitán de Montoneros”, contestó otro. Y, en el sopor del martirio, como en un doloroso sueño, lo sorprendió que supieran su nombre de guerra y su grado en la Orga. Lo sabían todo.

Empezó a tener noción de tiempo y espacio a la vez que aflojaban con la picana y se ocupaban de otros que iban llegando. Estaba en “El Campito”, llevaba ahí cinco meses desde el coma. En un descuido de un oficial y en algo parecido a una cocina, pudo ver un almanaque colgado. Septiembre de 1977. Pensó en él mismo, en Cacho Scarpati, no en el Loco César. Pensó que en unos días cumpliría 38 años y eso ahí a nadie le importaba. Pensó que estaba hecho mierda, con la boca y una mano a la miseria, pero entero.

 

BOTINES DE GUERRA

Inesperadamente, lo subieron a un auto, creyó que ese era su final. Lo llevaron al “Sheraton”, un campo de concentración de la zona Oeste del conurbano, llamado así porque allí el trato no era tan malo como en otros campos. Allí estaba “Clemente”, un militante montonero que había nombrado al Loco bajo tortura. Supuestamente, César sabía de una casona en La Plata donde funcionaba Radio Liberación, la emisora clandestina de resistencia a la dictadura. Salieron repartidos en dos autos, con tres efectivos cada uno. Clemente y César iban en el asiento trasero del segundo coche. Por ser detenido viejo, a César no lo esposaron; a Clemente, sí. Al llegar comenzaron a dar vueltas por la zona donde funcionaría la radio y se detuvieron frente a un lugar indicado por el más nuevo de ellos. Era común en los “operativos” y entre las patotas, bajar a la carrera hacia el interior de las viviendas para apoderarse primero de los “botines de guerra” que encontraban. Dólares, oro, objetos de valor, pieles, todo servía.

César vio un arma en el asiento del acompañante, mientras el chofer contemplaba el apuro de los demás por entrar a la casa. Allí mismo y sin pensarlo, le arrebató el revólver y se arrojó del auto. Así, como estaba. Sin esposas, con la boca rota, la mano reventada y todos los dolores a cuestas. Uno de los que ya andaba por el zaguán se dio cuenta sin llegar a reaccionar a tiempo.

ESTRELLA (1)

FUGA Y PERSECUCIÓN DE PELÍCULA

Y, después, una fuga cinematográfica. El Loco consiguió reducir al chofer y al rezagado, corrió hacia un Opel K 180 negro, estacionado con su ocupante dentro, y lo bajó a punta de pistola. No todo estaba a su favor, lo inesperado a veces mete la cola: el Opel era de un policía. Antes de entrar a Capital, abandonó ese coche y robó un Peugeot 504, esta vez de un puestero del Mercado de Abasto. En el Parque Lezama se tiroteó con un patrullero de la comisaría 16°, que lo seguía desde Constitución. A duras penas consiguió escapar. Y pensó en su hijita. La iban a ir a buscar para tomarla de rehén y así lograr que él se entregara. No se equivocó. Pero logró reunirse con ella y llevarla hasta lo de unos amigos. La represalia no se hizo esperar, su suegro y su cuñado fueron secuestrados, golpeados y encarcelados en Mar del Plata.

 

DERECHO Y HUMANO

Tiempo después y ya en Madrid, dio testimonio ante la Comisión de Derechos Humanos sobre la dictadura genocida en la Argentina. Aportó datos, detalló planos, apodos de represores y guardias. Habló de las sesiones de tortura, de las descargas eléctricas cada cuatro horas, de las palizas hasta el desmayo, del “submarino”, de las prácticas de karate con el enemigo atado, encapuchado e indefenso.

Por si quedaba alguna duda, Cacho Scarpati, “el Loco Cesar”, aclaró: “No fue obra de ‘monstruos’, que cualquier ser reconocería apenas los viera. Su aspecto es normal y su actitud también. Tienen hijos, esposas y se creen buenos padres, defensores de la ‘libertad’ y ‘las buenas costumbres’. Las torturas, los desaparecidos, los ‘traslados’ forman parte de la ‘guerra sucia’: es una política previamente calculada y fríamente ejecutada. Y no es producto de ‘excesos de algunos grupos’, como se pretende hacer creer”.

Todo pareció terminar reducido a un punto, luego a la nada. Y, de la nada, el dolor, el martirio como paso previo a la ansiada liberación. Esa liberación redentora, la menos pensada, la menos esperada.

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Durante un acto callejero, foto nacionalypopular.com

En 1979, Juan Carlos “Cacho” Scarpati (26 de septiembre de 1939-16 de agosto de 2008)  elabora un documento crítico y autocrítico del rol de la organizaciones político-militares de la década del ’70, el cual es tomado como documento fundacional de la “Agrupación Eva Perón en el Exilio”. Y, en 1985, ya de regreso a nuestro país, desde una Unidad Básica de Barracas funda “Peronismo 26 de Julio”, agrupación que, aún hoy y a diez años de su muerte, lo tiene como Secretario General.

Fuente: Cecilia Fernanda Calderón y www.robertobaschetti.com




LO QUE DEBA SUCEDER SUCEDERÁ, O NO

Lo inesperado: Sobre ubicaciones, anteojudos perversos y anzuelos epifánicos.
Por Martín Pinus

 

LUGARES INESPERADOS

Las cosas

Foto: Fer Vélez. Relato perteneciente al libro “Flores para Abraham”. Editorial Babel. 2017.
Foto: Fer Vélez. Relato perteneciente al libro “Flores para Abraham”. Editorial Babel. 2017.

Sexos nacidos en el cuerpo equivocado. Los halagos. Las raíces de un árbol que buscan desperezarse bajo el cemento. Las miles de horas de trabajo perdidas en algo que no. Los reproches. Las empanadas en frascos. Las estatuas. El bien y el mal en boca de las sotanas. El bien y el mal en boca de las balanzas. El bien y el mal. Los adolescentes hasta que dejan de serlo. Las balas. Los besos que duermen por miedo a nacer en el momento equivocado. Las nacionalidades. Las profesiones como objetivo de vida. Las iglesias. El arte que mueve más las argumentaciones que las tripas. Los países. Los cuerpos que duermen al lado de otros por costumbre. La riqueza. El agua a la espera de una canilla para seguir su viaje. Ganar. La infelicidad con cara de persona. Perder. La música que sube solo hasta los pies. Los manuales. Los turrones, chocolates y trajes rojos con barbas blancas con los treinta grados de diciembre. Las fotocopiadoras. El cuerpo como becerro de oro. Las familias. La gente que elegimos para que elija lo mejor para los que los eligen. Las fuerzas armadas. Las palabras que no debieron haber salido y lo advertís una vez que están en el aire y a punto de estallar. Los textos como este. A veces las cosas parecen estar fuera de lugar.

 

INESPERADA PERVERSIDAD

Un cenicero de bronce

A veces me ataca una imagen. Un cenicero de bronce repleto de colillas de cigarrillos Parliament retorcidas, con marcas de lápiz labial fucsia. Eso es casi una figura materna para mí. Noches enteras jugando a la canasta los dos.

Yo era casi un adolescente. Debo haber tenido trece o catorce años, a lo sumo quince. Y el cenicero se vaciaba y se volvía a llenar de puchos. Sonó el teléfono. Atendió mi madre. Era para mí. Miré extrañado. Ella también. Casi nunca recibía llamadas y, menos, un fin de semana. Siempre quise que me llamaran o que me visitaran, pero debo admitir que no era muy popular. Era una noche de sábado. Atendí. Un amigo de la secundaria. Me preguntó qué hacía y qué pensaba hacer. No eran cosas que yo me preguntara habitualmente. Nada, contesté. Me invitaba a salir. Con dos amigas. El chico no era exactamente un amigo. Era un gordito con unos anteojos tremendos, con un nombre muy extraño que no puedo descifrar. A veces mis recuerdos son como esas colillas, retorcidos en distintos rincones de mi cerebro. Me decía que fuera a su casa y que, de ahí, saldríamos para algún lado, que le prestaban el auto y todo. Éramos compañeros, pero no compartíamos banco ni muchas horas juntos. Conocía su casa, enorme, con un gran parque y pileta y quedaba en el otro costado de la ciudad. Dudé. Por un momento no supe qué contestar. Yo nunca había salido con él. En realidad nunca salía con amigos. Ni con chicas, todavía. Lo hice esperar en el teléfono mientras me daba vuelta para preguntarle a mi madre. No sé si tuve la precaución de tapar el tubo con la mano para que no se escuchara mi voz mientras preguntaba. Mi madre me miró sorprendida. Me preguntó quién era el chico, no se acordaba de él. Le expliqué. Me preguntó hacia dónde iríamos. Le dije que no sabía, que por ahí. Insistió en conocer el destino. El gordito esperaba del otro lado del teléfono y todo se extendía demasiado. Me volví hacia el teléfono y le pedí precisiones. Un bar cerca de su casa, me dijo. Vamos a ir a una lomitería, le dije a mi madre. Bueno, me dijo, está bien. Lucía tan sorprendida de la situación como yo. Aunque no podría asegurar de que haya sido exactamente eso lo que transmitía su expresión. Nadie aprieta así las mandíbulas por una sorpresa. Le confirmé mi “sí” al gordito. Te esperamos, me dijo. Fui a mi habitación a vestirme más apropiadamente para la ocasión. Probé distintas camisas, pantalones y zapatos. Terminé por ponerme una camisa de mi hermano mayor. No sé por qué uno cree que, al usar las cosas de los hermanos mayores se vuelve como cree que son ellos, más grandes y seguros. Como los que comían el corazón de sus víctimas para adquirir sus fuerzas. Mientras estaba frente al espejo, volvió a sonar el teléfono. Subí corriendo a atender. Mi madre jugaba un solitario y miraba algo en la televisión. Era nuevamente el gordito. Creo que el nombre empezaba con O. No vamos a poder salir, me dijo, se suspende. No supe qué contestar. Me dio alguna fundamentación vaga, que las chicas no podían o que él se tenía que quedar a cuidar a su hermanita. No importa, dije, no hay problema. Nos despedimos. Un instante antes de colgar, me pareció escuchar risas detrás de su voz.

Ilustración: Martín Pinus. Relato perteneciente al libro “Adioses, colillas y estocadas”. Editorial Alción. 2016.
Ilustración: Martín Pinus. Relato perteneciente al libro “Adioses, colillas y estocadas”. Editorial Alción. 2016.

 

INESPERADA RESISTENCIA

Ramilletes

Una vez tuve un pez que moría entre mis manos. No he podido olvidar ese momento. Sí, decime flojo, adjetivá como se te ocurra, dale. Pero el pez boqueaba y yo no encontraba la manera de soltarle el anzuelo. Yo maniobraba como un payaso de cumpleaños que no se conoce los trucos y transpira vergüenza bajo el gorrito de plástico. Recuerdo la sangre roja mientras invadía mis manos, aunque a eso probablemente lo haya inventado, desde hace un tiempo no sé muy bien qué invento y qué recupero. Vinieron a ayudarme los pescadores expertos, esos a los que había acompañado por el sólo hecho de acompañar, y lo devolvimos al agua. Al principio se movió lento, titubeaba. A mí me pareció que estaba mareado. De pronto, fue como si se hubiera enchufado, y luego desapareció. Pero el recuerdo, no. Creo que desde entonces intento que las cosas no mueran en mis manos. Trato de cuidarlas. Pero, bueno, no soy un experto.

Foto: Martín Pinus.
Foto: Martín Pinus.

Nací flaco de manos y de voluntad en algunas situaciones. Tampoco puedo culparlos de todo, pobres ramilletes de dedos eternos. Quizá los huesos -o los átomos, las luces y las sombras que les dan forma- no están hechos de la materia correcta. Y, por eso, les cuesta resistir y terminan por doblarse cuando el peso que les cae encima es muy grande, o incómodo. De todas maneras, he decidido seguir creyendo en ustedes, nudosas manos, venosas manos, pajarosas manos. Quizás, sólo en algunas ocasiones se encuentren algo más lejos de mí de lo que deberían.

 

Foto de portada: Martín Pinus.




NEGROS HUMOS BLANCOS

Lo inesperado: sobre cómo dejé de fumar.

Por Lourdes Landeira

“La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos”. Antonio Machado

CON LA SOGA AL CUELLO

Llegó la fecha de cierre y no tengo nota. Es la primera vez que me pasa en cuatro años y, me sorprende, por inesperado.  Apenas lo escribo –conseguí prórroga para presentarla y me animo- me pregunto de dónde viene lo sorpresivo. ¿Por qué me pasa ahora, cuando escribir me es vital?

El interrogante me lleva a otra etapa-bisagra de mi vida. Yo f57a7_humofui una gran fumadora. Empecé como juego adolescente y pronto se convirtió en adicción atemporal. El cigarrillo iba conmigo a todas partes. Las fotos de ese gran periodo de mi vida lo demuestran. Suelo contar que había una sola ocasión cuando no fumaba: durante el baño. Y no porque no hubiese querido. Pasó que no logré encontrar el modo de mantener el pucho encendido bajo la ducha. Lo dejé antes de que la prohibición invadiera los espacios públicos y la condena, los privados.

 

LA DAMA DE CUATRO DÉCADAS

Cierto es que, en un momento, subir un piso por escalera cansaba en exceso a mis cuatro décadas. Decidí abandonarlo sin estar convencida de que eso sería posible. No lograba proyectar una imagen de mí misma sin el suplemento en mi mano o en mi boca. De acuerdo a lo esperado, fui a ver a mi médico de cabecera y le conté mi problema. Él me recetó parches y pastillas, compré ambas cosas con el descuento de la obra social –que prefería pagarme esos remedios antes que el futuro cáncer de pulmón- y volví a mi casa. Guardé todo en el placar, oculto bajo una serie de pulóveres de escaso uso. Cada noche, al acostarme, pensaba que al día siguiente dejaría el vicio y me convertiría en una persona saludable. Cada descargamañana, al levantarme, renovaba mis ganas de fumar y mi imposibilidad de sostener la decisión del final de la jornada anterior. La rutina se repitió durante un lapso de un año, poco más, poco menos. Era el 2004, diciembre, más precisamente y sucedió Cromañón.

 

TODOS LOS FUEGOS, SIN PUCHO

No quiero un Cromañón entre la procrastinación de mi deseo de escribir y la escritura misma. Entonces, me siento, enciendo la pantalla y coloco mis manos sobre el teclado. En el blanco de la hoja caben todas las posibilidades. Una vez que mis dedos tecleen la primera palabra, se sucederán en una línea inicial, el juego habrá quedado abierto y acotado a la vez. Ya no habrá lugar para cualquier principio. Sin embargo, sigo sin saber qué sucederá. La idea me gusta. Espero.

Ciento noventa y cViolet-Smoke-Art-Wallpapers2uatro personas murieron la noche del 30 de diciembre de 2004 atrapadas por el incendio previsible en un boliche del barrio porteño de Once. Yo cenaba con amigos para despedir el año y mi hija estaba en Cromañón. Ella había escapado del humo empujada por un montón de cuerpos que la condujeron hacia la salida desde donde, minutos después, comenzó a ver cómo sacaban cadáveres. Cuando la fuimos a buscar estaba estática, perpleja ante lo inesperado. Durante los días siguientes, nos mantuvimos tremendamente juntas. Y yo fumé sin pausa. Hasta que, una mañana de martes, al despertar, sentí en mi garganta el ahogo de cada vida truncada esa noche. Yo podría haber estado ahí. No habría salido, lo sabía con certeza. Ese día no encendí el cigarrillo post café con leche, ni ningún otro, ningún otro día. Hasta hoy y hasta mañana.

 

ESTAMOS GRANDES, VÍCTOR

Persisto en la silla, apoyo los dedos en las letras y veo a la hoja poblarse, avanzar hacia una idea, escapar de otras, acotar su universo de libertad, condicionarse párrafo a párrafo. Sin embargo, sigo sin saber qué sucederá. Ya no fumo. Espero.

La única certeza de los seres humanos es la propia finitud. Vamos a morir y lo sabemos. Es tan innegable eso como que la única certeza es la propia vida aquí y ahora. ¿Y si no nos morimos? Décadas después del proclamado fin de las ideologías, hoy se pregona el fin de la experiencia. Antes de poner el cuerpo, miramos el asunto a través de alguna pantalla que nos escribe sin tocarnos. Nuestra muerte siempre fue puro futuro incomprobable. Cuando nos haya sucedido, no estaremos para vivenciarlo, justamente, porque lo perdido habrá sido la vida. Es decir: nuestra propia muerte no existe para nosotros mismos, solo lo hace para los demás y solo podemos experimentar la ajena. Salvo casos como el de Víctor Sueiro, por ejemplo, quien mucho tiempo transitó el otro lado de la pantalla de televisión para contar cómo fue su muerte y su vuelta a la vida. ¿Habrá sido un ser humano Víctor Sueiro? “En serio, suena loco pero es así: un sueñito suavecito y después… ¡tac! Un túnel con una luz hermosa al final, y la línea mortal. Me gustaría que la gente le perdiera el miedo a la muerte. Ahí no hace frío ni calor, no hay temores ni sensaciones malas. Nos esperan cosas buenas”, repetía mientras, por los 90, promocionaba su libro, “Más allá de la vida”,  y se aferraba al más acá de su silla.

 

SUSPENSIVA

Necesitamos saber, indagamos diferentes formas de conocimiento y armamos nuestro propio bagaje de preconceptos, párrafo escrito tras párrafo no escrito. En función de ese esqueleto clasificamos los hechos y los concebimos –o no- como inesperados. Lo que para una teoría es una comprobación, para otra puede ser un desvío, para otra un imposible y para otra más, una evidencia. La cuestión, es, entonces, cuándo se produce lo nuevo, cuándo sucede eso que añade una bisagra a la puerta y le modifica el giro. Cuando el cuerpo no se acomoda a la silla, los dedos escapan del teclado y, en la hoja, los blancos son huecos no programados entre tinta negra, la muerte se hace fugitiva, materializa su condición de inexistencia por ese instante fugaz que persevera en nuestros cuerpo2806691_640pxs en forma de interrogación, incomodidad, desafío.

Sigo sin saber qué va a suceder. Nunca moriré, solo seré muerta por otros. Ya no fumo. Escribo. El número está a punto de salir, la nota no tiene punto final. Espero suspensiva…

TABAQUERÍA, de Fernando Pessoa (Fragmento) Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?), y la realidad plausible cae de repente encima de mí. Me incorporo a medias con energía, convencido, humano, y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario. Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos. Sigo al humo como a una ruta propia, y disfruto, en un momento sensitivo y competente, la liberación de todas las especulaciones y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de encontrarse indispuesto. Después me echo para atrás en la silla y continúo fumando. Mientras me lo conceda el destino seguiré fumando. (Si me casase con la hija de mi lavandera a lo mejor sería feliz.) Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana. El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?). Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica. (El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.) Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto. Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves! , y el Universo se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de la tabaquería se ha sonreído.




A LA BANQUINA

Lo inesperado: Manual de desgracias cotidianas.
Por Nora Lomberg

CAÍDA LIBRE
I

Las cosas se me caen o tienen vida propia. Es natural que los objetos se dejen ir. Por ejemplo, una birome -que bien podría estar en la cartuchera donde duerme-, de pronto, se hace ver entre los utensilios de cocina. Burla así toda lógica y recuerdo de sus últimos movimientos.

¿Cómo fue a parar allí? ¿Será que algunas lapiceras vuelan? Cuando pasan esas cosas, se me dibuja una mueca que evoluciona a veces hasta sonrisa, aunque me complique la mañana o, inclusive, el día completo.

II

Ayer, sin ir más lejos, llegué al consultorio donde trabajo y no tenía las llaves. Las había sacado en pos de un orden en el que no vivo. Al guardarlas, le erré a la cartera, se las puse a otra persona. Ese día gasté mi energía en estrategias para:
sobrevivir,
ubicar al portero,
explicarle el problema,
llamar a un colega para que me prestase su llave,
viajar a buscarla,
llegar tarde a atender justo a ese paciente con trastornos obsesivos, que esperaba ansioso, dele mirar su reloj, en la puerta.

III

O cuando, con mi hija, íbamos contentas a ver una película en el shopping y, mientras le hablaba, tropecé y caí bajo un árbol enano. Tirada en el suelo, atribuí esa caída a una mala suerte intrínseca, que me lleva a complicar las cosas.

60495c48-9bc3-4e57-8999-445f8f0ff456                “La caída de los ángeles rebeldes”, Brueghel

Ese día ya había confundido a una persona del trabajo con una compañera del club y me la pasé meta darle lata sobre un negocio de raquetas, hasta que la señora me presentó cara de “no soy esa a la que te referís”.

IV

Padezco de una rinosinusitis. El nombre es raro. Y más aun lo es el problema. Nunca sé cuándo van a empezar a gotearme los ojos y/o la nariz. Ocurre de repente, como ahora, que cae la gota sobre el teclado. Lo cierto es que suele suceder en momentos de lo más incómodos, como cuando firmé la escritura de la casa y

TAC

cayó la gota sobre la firma del escribano. Cómo olvidar su mirada inquisidora. Está claro: las lágrimas son menos incómodas socialmente. Pero, cuando sucede el goteo, debo responder si me pasa algo, argumentar algún porqué.

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V

No puedo olvidar los zuecos que lucí en aquella conferencia durante un congreso internacional. Esperaba mi turno para subir al escenario y exponer, cuando una doctora de renombre en Colombia, mientras contemplaba mis medias de nylon rotas, me preguntó si en ese momento los zapatos en Argentina se usaban así, con la suela despegada.

eyJ0eXAiOiJKV1QiLCJhbGciOiJIUzI1NiJ9.eyJpbSI6WyJcL2FydHdvcmtcL2ltYWdlRmlsZVwvemFwYXRvcy12YW4tZ29naC5qcGciLCJyZXNpemUsNTAwIl19.vI5vvRweub8-tdjoCx9OgrF_2-JH3yfcO5EZsfoRGD0

“Un par de zapatos”, Vincent  Van Gogh

VI

Las veces que pregunté por personas muertas o desconocidas para mi interlocutor, mejor no las cuento, sería una nota interminable.

VI

A la hora de elegir amigues, me he rodeado de gente como yo, que olvida las llaves del lado de afuera de la puerta, o deja puesta en el cajero la tarjeta.
El otro día, por ejemplo, fui a escuchar a una cantante. En medio de un solo fabuloso del pianista, se cortó la luz. Me sentí a gusto, en ese momento, es parte de mi condición saber sobrevivir a las curvas y a los desatinos.

Debo aclararlo: los días en que me pasan cosas tienen una seguidilla de inconvenientes, que se encadenan lejos de mi voluntad.

VII

No siempre los tomo por el lado del humor. Muchas veces llego a deprimirme de tal forma, que prefiero no salir de mi casa. Una vez, en la ruta 14, al regresar de las vacaciones, me paró la policía de Entre Ríos. Me había olvidado de encender las luces del auto y eso estaba por arruinarme el día cuando, de pronto, el agente bigote largo y casco negro visibilizó a mi hija en el asiento trasero y pidió su documentación. En ese momento, me di cuenta: había olvidado el DNI y empecé a sacar otras cosas: carnet de obra social, de gimnasia, de natación, fotos de cuando era bebita y, de ahora, en la escuela. Nada le venía bien. ¡Qué cosa el inconformismo de las autoridades!

-Va a tener que quedar demorada, señora.
-¡Yo no me quedo señor!

Mi hijita se incorporó y le gritó:

-Usted está haciendo enojar a mi mamá-. Acto seguido, la niña se puso a llorar a los gritos.
– Circule, señora, vaya, pero no puede salir de su casa sin documentos.
– ¡Ah, no! ¡Ahora usted va a calmar a mi hija!, ¡hágase cargo, agente!

El señor no sabía qué hacer, pero intentó con un “no te pongas así, nena, ahora las dejo ir a casa”. Incluso, le dio a la nena varios caramelos y le prestó su casco, hasta lograr calmarla.

Nos pasan cosas así.

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VIII

La situación se agrava con los viajes. Preparar un bolso puede desestabilizarme por completo. He llegado a cargar, en verano, ocho pares de medias, camperas de abrigo y a olvidarme el traje de baño. Llevo cosas inútiles y realizo listados interminables que incluyen pilas, alargues, almohadas (no me gustan ni las muy blandas ni las muy duras), ropa de vestir, como pantalones negros y zapatos acharolados. Lo increíble es que luego sólo uso una remera y un pantalón, porque voy a sitios alejados de restaurantes o bares nocturnos. Cargar esa valija, aunque tenga rueditas, es un incordio. Me pasó este invierno: fui a San Antonio de Areco, un fin de semana. La cosa anduvo con tan mala suerte, que rompí una de las ruedas, en el intento por subir unos pocos escalones hasta el cuarto. Tuve que pedir ayuda y dedicar parte del fin de semana a un arreglo provisorio.

Ni hablar de la torpeza al servirme el desayuno, largas mesas de manjares que me sirvo con gula imposible de transportar. Cuántas veces el flan o el queso terminaron en el piso. Y cuántas otras provoqué el resbalón de una señora por haber perdido el control de la manteca.

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IX

El problema es que no escarmiento y quiero hacerme la canchera. Me gustaría tirar para arriba un maní y abrir la boca, sin que me pegue siquiera en los labios. Soy de las que tropiezan con la misma piedra y así tengo las rodillas y los codos.

LA REENCAUSADA

Lo inesperado se hace ver en esa zona de equívocos intrincados. Retazos, estallidos que parlotean  bordes, en los pasadizos de mis días. Soy hablada por ellos y me dejan indefensa. Podría llamarlos apariciones violentas. Crujidos secretos, meollos, que emergen esporádicamente, en esos intervalos.

Hay en lo inconsciente una opacidad indescifrable. Memoria y penumbras.

Estamos tramados por palabras extraviadas, mudas, impensadas. Equívocos que nos llevan a ninguna parte, relatos agujereados. Entreveros.

Ando así, entonces, desenganchada, con grietas y sin sostén. Me rearmo en el acto de solucionar los fallidos, de recuperar la llave, de disculparme por no haber recordado algo. Allí, en el momento de la reparación, en el “me caigo y me levanto cotidiano”, la cosa vuelve a su cauce y sale el sol para mí. ¡Pero cómo cuesta!
¿Dejaré algún día de ser extranjera de mí?