LA TRIPLE ENCRUCIJADA

Los exilios
Editorial

PIQUETE DE OSCURIDAD

La fotografía rescata el instante de su exilio en la sucesión. Infinita marea, que hacia adelante transcurre y hacia atrás recuerda y, de pronto, es enmarcada por un golpe de luz. Y la memoria -siempre en el imposible camino de regreso- desde lo recortado, recorta a su vez. Por su parte, el sueño no se queda atrás y, en lo difuminado, troza, desordena y recompone otra vivencia del tiempo, entre lógicas alternativas y azares.

Hay un sitio donde el sueño, la fotografía y la memoria vienen ahora a reunirse. Ya hubo indicios de que esto sucedería al salir de ver 29° Muestra Anual de Fotoperiodismo Argentino de la Asociación de Reporteros Gráficos de Argentina (ARGRA). Para cuando esta editorial esté publicada, la exposición habrá terminado. Eso pensé esa noche de domingo, mientras volvía a mi casa en subte y me propuse el juego de concentrar mi memoria en un recuerdo en cada estación de la línea E. De ese modo, el vagón en movimiento se volvió metáfora del tiempo del reloj y Belgrano, Jujuy, Boedo y Virreyes fueron fotos, porciones repatriadas del  obstinado movimiento. Pero, ¿repatriadas hacia dónde? La respuesta, o su aproximación, llegó en la madrugada.

Jan Touzeau, muestra ARGRA.
Jan Touzeau, muestra ARGRA.

 

En el sueño yo era este hombre. Sentía el frío del umbral en las nalgas, el calor del cuero cabelludo sudaba en mis manos, incapaces de sostener los nudos de mi mente. Así, confuso, me senté a las puertas de un infierno, a reclamar una respuesta en las hendiduras del dibujo sobre las baldosas. Un silencio aturdidor chocó contra los barrotes de la puerta. Una ausencia me impedía levantarme y otra me exigía ponerme de pie. Por fin, la luz del día me puso en movimiento. Una foto en el celular intentó competir con la de mi sueño. La de la vigilia llevaba un crédito: “Touzeau, Jan. Salta, 25 de octubre de 2017. Jean Michel Bouvier senado frente a la cárcel de Villa Rosa, donde visitó a Santos Clemente Vera, condenado a cadena perpetua por la muerte de dos turistas francesas, Cassandre Bouvier (29) y Houria Moumni(22). Bouvier, padre de una de las víctimas, está convencido de la inocencia de Vera y participa activamente de su liberación”. Con sus manos sostiene, entonces, el destierro de la justicia y los contornos –tibios para siempre- del cuerpo de su hija.

 

A CONTRA ESCUDO

El mediodía del lunes pintó gris. Entre las obligaciones de la mañana y las de la tarde, hubo unos minutos de duermevela, una pequeña victoria del descanso sobre la continuidad del esfuerzo. De a poco, se abrió un pasillo entre dos mundos. Un espacio así de estrecho me obligaba a hacer fuerza con los brazos para evitar que el aire comprimiera aún más el poco hueco donde se atrincheraba mi cuerpo. Sentí la tensión en la tela del guardapolvo llegar a un punto límite y desafiarlo. Frente a mí, cinchaba una enorme pared de escudos uniformados. La sangre circulaba en urgencias. Por un instante me arrebató la idea de permanecer en ese estado para siempre, con la lucha sostenida pero eternamente irresuelta; con los agentes de la disciplina condenándome a un punto obstinado en convicciones, aunque reducido en su paso.

Joaquín Salguero, muestra ARGRA.
Joaquín Salguero, muestra ARGRA.

Salguero, Joaquín. Buenos aires, 9 de abril de 2017. Docente intenta frenar el avance de la Policía Federal, mientras montaban la estructura de una Escuela Itinerante frente al Congreso de la Nación. Durante el desalojo hubo docentes golpeados, dispersados con gas lacrimógeno y cuatro resultaron detenidos.

 

ESPEJO SÚBITO

¿Cabe en 365 días una infinitud de instantes, pinzados en el nervio de la tolerancia, acorralados en la superposición de noticias, desencuentros, derrotas?, ¿una infinitud  reciclada en la obstinación de la marcha sobre las huellas de tantos pasos en la Plaza?, ¿una acumulación, redimida del exilio, por el desafío en posición de combate de esa figura desarmada que devuelve el gesto e instala el espejo imposible en el abismo entre el pueblo y sus gendarmes?

Fernando Gens, muestra ARGRA.
Fernando Gens, muestra ARGRA.

Las flechas blancas sobre el asfalto la señalan. Una línea entrecorta blancos y vacíos verticales, mientras conversa con otra línea, que alterna blancos y noches horizontales. En el medio, una franja gris plana, aunque bien diferenciada del piso, le ofrece un simulacro de refugio a la combatiente solitaria.

Gens, Fernando, Buenos Aires, 14 de diciembre de 2017. Protesta y represión en la Plaza de los Dos Congresos por el proyecto de Ley de Reforma Previsional.

 

LA AUDACIA DE LA LUZ

Y, así, sin aviso, las veo moverse, veo a su fijeza desperezarse de rigideces que empiezan a probarse en el temblor de una narración. No aceptan un rescate sin relato. No admiten ser trasladadas del exilio en la mera sucesión al exilio de la pura inmovilidad.

 

Gustavo Zanelli, muestra ARGRA.
Gustavo Zanelli, muestra ARGRA.

Galopa, galopa sobre el caballo la mirada que atesora aquello que otros ocultan. De espaldas, en el primer plano, otra presencia mira al jinete fotografiar la dirección que ya se mueve dentro de una historia desbordada del marco. Así, llega hasta unos días finales de Julio de 2018, donde Santiago Maldonado no puede cumplir 29 años. Y por si aquello incumplido en un destino intenta regresar entre las vueltas del azar; y por si aquello tacleado en la ruta de un transcurso intenta colarse entre las grietas de toda trampa, es que ese cerro nos mira mirar la luz de una vela encendida, titilar las formas del cielo.

Zaninelli, Gustavo. Cushamen, Provincia de Chubut, 8 de septiembre de 2017. Miembros del Pu Lof durante el rastrillaje que realizó la Policía Federal y la Gendarmería nacional, a orillas del Río Chubut, en el marco de la búsqueda de Santiago Maldonado.

 

HILACHAS

Luna Maximiliano. La Pampa 7 de Enero, de 2017. Ternero alcanzado por el fuego que arrasó cientos de campos en la Provincia de La Pampa
Luna Maximiliano. La Pampa 7 de Enero, de 2017. Ternero alcanzado por el fuego que arrasó cientos de campos en la Provincia de La Pampa

Hace frío para morir. Por eso, mientras el fuego me perseguía, alcancé a rescatar mi sombra. La tendí sobre el hielo y luego dejé que la muerte me tumbará sobre un eco de mí mismo. Cuentan quienes después me hallaron que, entre las filigranas proyectadas por las ramas y un extremo de mis contornos, se tejió un punto. De ahí, el tejido enganchó con la levedad de algunas huellas, admitió blancos, se atrevió en altura sobre la delgadez de algunos troncos, pero dejó del lado el cielo, donde no vive nadie. Así compuso una escritura, una breve porción de tiempo rescatada del exilio de la pura flecha del tiempo. La imprimió justo en la encrucijada entre una foto, el sueño y la memoria.

Hace mucho frío para morir así, sin decir nada, irredimidos en un silencio agrio y cómplice. Mejor escribir.

 

 

 




SALTO CON GARROCHA

Los exilios: Entrevista a Axel Kicillof.
Entrevista: Isabel D´Amico, Lourdes Landeira, Luisa Luchetta, Ricardo Varela,
Gabriela Stoppelman

Edición: Gabriela Stoppelman

“Lloramos y corremos, / caemos y giramos, / vamos de tumbo en tumba / dando brincos y vueltas entre pañales y sudarios”.
“El Salto”,  León Felipe

INSTRUCCIONES PARA DAR EL SALTO

Primero, construya una zona poderosa, un sueño flexible, un vértice corajudo, capaz de atreverse a varios arcos posibles, dispuesto a nunca renunciar a correr el horizonte. Después, pruebe el suelo, convérsele a las raíces y déjelas empaparse con las voces acalladas, con los fondos silenciados, con la letra que reclama un nombre en la inquietud de los huesos. A continuación, abone y riegue la tierra, léala diariamente para no obligarla a la estrechez de un sentido único. Revísela y mídala con la vitalidad de muchas miradas. Cuando el hueco sea verdaderamente múltiple, ahí sí, enfrente a la altura de la vara. Sepa que la lucha de los tiempos tiende a ponerla cada vez más arriba y más afilada. No se confunda los libros ni la biblioteca. Para comprender quién y cómo pretende hacerse con el reino de lo alto, olfatee el reino de la superficie, hurgue los márgenes, crea en las bases. No se deje amedrentar por las trampas ni por las arbitrariedades, impotencias propias de los manipuladores de altura. Resista en los desniveles de la historia. No tome carrera antes de haber untado un poco del deseo sobre la pértiga. Aléjese de esa prepotencia horizontal, que se agita menos por el viento que por las ganas de enredarlo en su soberbia, en su celada. Cuando llegue a la distancia justa, mire alrededor. Observe a esos que toman mate en la tribuna y siéntase uno de ellos. Si enfoca un poco el entrecejo verá que, en cada quien, se replica una matiz del salto que finalmente daremos todos. Entre en confianza con la pértiga. No precipite la corrida. Lleve en su tacto las huellas del público. Pierda su nombre, si es necesario. Y sume.

 Gregory Prescott. Fotografía.
Gregory Prescott. Fotografía.

Ahora sí. Tome carrera. Sienta en sus plantas el eco de las voces por tanto tiempo cultivadas. Déjese empujar por el viento que soplan las siluetas de  los presentes y de quienes faltan. No se ajuste al reglamento ni a la tradición del deporte. Permita que los ojos se llenen de otros. Con el pasado a cuestas, tome impulso y clave la pértiga. Al rozar el aire, aliviánese de triunfos. Dese el lujo de un instante para mirar las galerías que lo rodean. Atienda a la sospecha, pero no sucumba a ella, no se detenga. Es posible que haya agitación en los espectadores, que cada uno de ellos porte una pértiga entre sus manos. Ascienda, fuerce el arco. Ascienda. Ondee. Encare. Escriba. Y, ya de frente a la perversa altura, lo verá claro. El público entero se aferra a una única pértiga plural, la impregna de su deseo, le suda su esperanza.

Entonces, salte. Saltamos todos. Y los dueños de la vara caerán.

 

LEÍDO ENTRE HUELLAS

 

la huella, Dios mío, / la pintada huella: / el grito sin boca, / ¡la huella la huella!”
“La huella”, Gabriela Mistral

Estuvimos leyendo tus textos, menos “Volver a Keynes”, que no lo encontramos.

Es la versión que se publicó en España de “Fundamentos…”, tiene un trabajo de edición un poco más fino hecho por Daniel Vila, en “Volver a Keynes” todas las citas están en español. Así que no les faltó. Veo que saben más de mí que yo. ¡Qué trabajo! Les agradezco.

Algunas cosas que nos interesaron tienen que ver con tu escritura. En todos los textos que leímos vimos una recuperación de huellas, de cosas que fueron dejadas de lado, sin las cuales no se podrían pensar el presente, ¿es tu modo de leer?, ¿tu modo de escribir?

Tiene que ver con que me identifico bastante más con la tradición intelectual del siglo XIX que con la del siglo XX. Quiero decir: en lo intelectual, siempre me interesó un abordaje previo a la división entre las ciencias sociales y a la deshistorización de las disciplinas científicas, incluidas las ciencias naturales. Siempre he dicho, incluso cuando teníamos un centro de investigación -el Cenda- que lo diferencial era nuestro abordaje de cualquier tema desde una perspectiva histórica y teórica, algo fácil de decir pero no siempre fácil de hacer. Me parece que ningún texto dice trivialidades que, por ser triviales, no sean menos importantes para resaltar. Sobre todo, cuando uno las contrasta con las tradiciones del discurso de las ciencias sociales y, en su extremo, de la política en la actualidad. No hay nada que pueda comprenderse sin haber hecho algún estudio, algún trabajo o elaboración sobre su genealogía, sobre su origen. Más, inclusive: no hay ningún discurso que no tenga una huella teórica. Muchas veces, en el colectivo del Cenda, nos interesaba rastrear, dentro de la inmediatez de las discusiones de política económica contemporánea, cuál era el origen histórico y teórico de esas discusiones. En lo que he escrito en el ámbito académico, esto está más permitido. Pero es un aporte no siempre bienvenido ni del todo comprendido, y a la vez muy atacado desde el punto de vista del grado de complejidad de elaboración o por su extensión o el volumen que adquiere el discurso cuando uno toca un tema desde una perspectiva más histórica o teórica que lo habitual.

Étienne Jules Marey. Cronofotografía.
Étienne Jules Marey. Cronofotografía.

¿Soslayar lo histórico tiene que ver con una actitud meramente pragmática o con una mala intención?

Da lo mismo. Muchas veces, coinciden ambas cuestiones. Pero el resultado práctico y material es el mismo, por un motivo o por el otro. Cuando un gobierno toma una mala decisión de política económica, con resultados malos, uno puede decir que lo hacen de tontos, de burros, de malos o por intereses. Insisto, da lo mismo, en realidad. Atribuirle una intención, una fuerza determinada que los empuja es interesante, importante o útil, pero muchas veces es muy difícil de argumentar o discutir. La verdad es que yo no lo sé, algunos lo harán por una cosa y otros por otra. Sí sé por qué yo lo hago distinto. Me parece que, en la ciencia, en general se tiende a deshistorizar. Pero ocurre con especial intensidad en la economía, en las corrientes principales o hegemónicas de la economía. Uno podría atribuirle algunas de estas motivaciones que citás. Más allá de esto, es un hecho fáctico que la economía dominante trata de despojarse de sus raíces históricas. Y ahí eso juega varios papeles: histórico -en el sentido de la historia del pensamiento-, e histórico -en el sentido del desarrollo de una sociedad, de la historia misma-. Lo tenemos hoy, con el neoliberalismo, tal vez una de las expresiones más extremas de esto, porque hubo neoliberalismos más cultos. Este está bañado en una ignorancia no sólo extrema, sino casi autocelebrada. Pareciera que esto de hacer las cosas porque pintan o por la buena onda fuera un rasgo bueno en una decisión.

 

DESLEÍDOS  Y ASALTANTES

                                               “Su hija pequeña fue más explícita: -Borroso, papá. Salías muy borroso. Horriblemente borroso. -Desleído, diría yo -precisó la resabiada hija mayor- A ratos parecía que te estuvieras disolviendo en agua, como un Alkaseltzer
“El caso del escritor desleído”, Juan Marsé
               

En algún momento de tu tesis hablás del modo de imponer algunas teorías. como si fueran profecías autocumplidas. Ahí planteás cómo determinadas teorías económicas se pretenden autoimponer como las primeras, las verdaderas, como sin historia. Hablabas recién de la ignorancia de esta gente que nos gobierna, sin embargo, tienen una estrategia de lenguaje. Y, del otro lado, se supone que hay más intelectuales, que hay hasta placer o interés en darle valor al lenguaje. ¿Qué se ha opuesto como estrategia de lenguaje?

Axel Kiciloffv. Fotografía: Diego Grispo.
Axel Kicillof. Fotografía: Diego Grispo.

Quiero hacer una aclaración: estamos hablando de un texto publicado en 2001, que había empezado a escribir casi ocho años antes. No me hago cargo… O, bueno, está bien, considerémoslo. Empecemos por la hipótesis de que ellos tienen una estrategia de lenguaje. Si no hay teoría, no hay historia, no hay conocimiento, no hay alusiones a una tradición. Al pensamiento que origina las decisiones que van tomando se lo presenta como pura inmediatez, como algo emotivo, además, como algo vinculado a un orden de valores bastante abstractos: “Estamos haciendo juntos tal cosa”, “la alegría”, “la unión”… Sí, hay una estrategia del lenguaje. No es fácil caracterizarla, porque los pensamientos reaccionarios, conservadores -las derechas- siempre tuvieron un discurso, siempre lo tienen. Ese discurso, como ya dije, basado muchas veces en cuestiones tradicionales y en valores abstractos, que se lesionan: el valor de la patria, el de la tradición, de la familia. No hay nada más destructor de la familia, de la tradición y de la patria que el neoliberalismo. Hoy estamos ante un neoliberalismo que, ante la carencia de una elaboración conceptual sobre su papel e incluso sobre su discurso, lo reemplaza por lo que conocemos como marketing político. Esto es bastante novedoso y basado, además, en esta dinámica enorme que significan ahora las redes sociales. Antes, para ver dónde andaban las ideas, los pensamientos, la emotividad en una sociedad se hacían focus group o encuestas, pero ahora las redes sociales son como un gran termómetro permanente, donde la gente dice y opina. Así que las redes permiten una forma de mensurar, de tener -a través de las voces públicas y también privadas de millones de personas que se manifiestan espontáneamente- un termómetro del clima social. ¿Cuál es la estrategia del lenguaje de ellos? Tratar de traducir esas, llamémosle, demandas de la sociedad en su conjunto -de sectores diferenciados de la sociedad- en un discurso que ponga esa necesidad en boca de la política, con terrible inmediatez: ¿Qué es lo que la gente quiere? Bueno, eso es lo que va a decir el político, lo que la gente quiere escuchar. Eso genera malos entendidos como los que estamos viviendo ahora. Cuando la sociedad en su conjunto parece percibir o percibe que está en una mudanza de sentires y de clima, los políticos que tratan de traducir eso a su lenguaje, se chocan con una situación de absoluta contradicción y de desorientación, porque este movimiento es muy dinámico. Un caso clave: la crisis de 2001 y cómo la política atajó esa crisis. Más allá de la crisis política, los cambios de presidente y demás, esa fue una crisis económica que se manifestó a través de organizaciones como las piqueteras y de los sectores medios: “piquete y cacerola”, ¿recuerdan? Bueno, en un momento, desde la política, dijeron “vamos a normalizar esto, hay que terminar con los piquetes y despejar las calles”. Pasó lo de Kosteki y Santillán. Al ratito, los mismos que pedían despejar las calles estaban absolutamente en contra de la represión policial. O sea, estos lenguajes represivos, que parecían expresar la necesidad de la sociedad, inmediatamente se volvieron lo contrario y tornaron inviable el proyecto político del gobierno. Es decir, ¿cuál es ese lenguaje? Es un lenguaje de mucha inmediatez, de mucho intento de traducción y representación de necesidades sociales inmediatas que, como son tremendamente dinámicas, un día te pueden decir una cosa y al otro día -o el mismo día- lo contrario.

Axel Kiciloff. Fotografía: Diego Grispo.
Axel Kicillof. Fotografía: Diego Grispo.

Poco elaborado.

Claro, es poco elaborado, por definición. Y se pueden evocar otras experiencias neoliberales conservadoras en Argentina que sí tuvieron un bagaje ideológico, una tradición, un intento de inscribir eso dentro de un proceso histórico más largo. Ahora eso no está, está la inmediatez, que tendrá alguna lógica pero, vista desde afuera, es caprichosa. Mirá, dentro del Congreso, dentro de lo que sería la oposición, tenemos algunos sectores que tienen una posición muy punitivista. Pero cuando, gracias al discurso punitivista, aparece algún hecho de violencia en las fuerzas de seguridad, la sociedad dice “Pará la mano, yo no pedía muertos”. Entonces hay que cambiar en el aire. Creo que, a ese oportunismo permanente de la inmediatez que representa el gobierno con su discurso, uno le tiene que responder con ideología.

 

SALTO EN CORTO

                                                           Mañana debo salir de nuevo / en pos de buscar
lo que nadie ha visto.”
“La busca”, Jorge Leónidas Escudero

Hay una apropiación, casi permanente, de ciertas cosas. Como lo que hacen con el caso “Ni una menos”. Ellos, con el caso de Anahí Galarza, sacan la pancarta del “Ni uno  menos”, deshistorizan absolutamente…

Hay algo de la modernidad o de la contemporaneidad de esta época, en que la comunicación, los medios y las redes parecen ser todo, parecen incluir toda expresión no formal y no directa de contenido. Y no siempre expresan contenidos. Creo que uno tiene una cierta estrategia que es la de responder con ideología, con coherencia, no comerse todos los amagues. A veces surgen estas cosas y todo un sector de la política sale a responder, pero son cosas muy efímeras. En algún momento se trató de entronizar y se volvió muy fascinante el planteo de que “ganaron una elección con marketing” y se pensó que al marketing había que responderle con marketing. Creo que no, porque esta forma de la política actual ha sido exitosa, pero en determinado momento histórico. Vengo discutiéndolo con mi grupo, por no llamarlo equipo, porque este es un término que también nos han robado. De verdad, no somos un equipo. En un equipo uno va y contrata a ciertas personas para que te resuelvan ciertas cosas, “equipo” es una palabra más del orden empresarial. Nosotros somos un colectivo de compañeros que pensamos las cuestiones políticamente y hace mucho tiempo que venimos estudiando. Siempre pensé que estas formas de hacer política -no exclusivas del PRO, sino también propias de varios movimientos y varias expresiones políticas en la región y en el mundo- son circunstanciales, transitorias, responden a una época y se van a agotar. Si esto no pasa en veinte años, no habré tenido razón.

Mural de Suso 33. Poeta Leopoldo de Luisa.
Mural de Suso 33. Poeta Leopoldo de Luisa.

Pero el desmoronamiento de estas formas se vincula con la misma pretensión de la que hablábamos recién: travestir, representar o dar voz a determinadas demandas sociales, que son muy de superficie y mutan. De ese modo, terminan por sostener una cosa que, así como surge, también queda vieja muy rápidamente. Tenemos a los movimientos conservadores de la región que, por ejemplo, se embanderaron con el tema de la corrupción o con necesidades que los gobiernos populares, teóricamente, no respondían. Al poco de ser gobierno, esas cuestiones se agotan, porque estamos hablando de grupos cuyo nacimiento y su característica es la corrupción, son corruptos en su esencia. Entonces el discurso de la honestidad les dura muy poco. Y tampoco saben explicar qué papel desempeña la corrupción en nuestras sociedades, no van al nudo de la cuestión: sólo toman un discurso y se embanderan con eso.

 

SALTO EN BANCARROTA TEÓRICA

                                                           Nada hay donde la palabra quiebra”
“La Palabra”, Stephan George

Apelo un poco al muchacho que eras hace veinte años, cuando escribías algunos de los libros que leímos para esta entrevista. Ese muchacho escribía sobre ciertas lecturas que invierten causas y consecuencias, que niegan la historia, que extrapolan una urgencia y pretenden convertirla en una teoría económica. Todas esas marcas de lecturas tramposas que nos hace notar ese muchacho que vos eras, ¿no siguen funcionando como entonces?

Como figura de la retórica, de la pseudo ciencia, no se ha inventado demasiado más que eso. Retomando las críticas que, en los ’30, hace Keynes al pensamiento neoliberal de la época, aparece la falacia de la parte por el todo, la de recurrir a la autoridad y tergiversarla, la del hombre de paja, la de atribuirle al contrincante ideas que no tiene… Nada de esto se modificó demasiado desde la época de los griegos. Ahora, en cuanto al contenido, las teorías económicas que tratan de sostenerse con esas falacias argumentativas, tampoco. Por eso, uno de los recursos que tomé, desde el comienzo de la etapa política actual del macrismo, fue una discusión táctica y discursiva sobre cómo caracterizar a la época de Macri. Uno de los cortocircuitos más grandes que tenemos hoy se da entre las promesas del discurso y las prácticas, entre la realidad y las políticas. Esto lo sinteticé varias veces, al decir que, aunque se pueda ganar con cierto marketing, es más difícil gobernar con marketing. Hace poco encontré una frase de Perón en una carta a Cooke, que dice más o menos lo mismo, hablando de una de las dictaduras posteriores al ’55, no sé si de Onganía o cuál exactamente. Él dice que se puede decir una mentira, pero no se puede hacer una mentira. Ellos, desde el punto de vista del discurso prometen cualquier cosa para ganar una elección y después como gobierno hacen lo contrario. El caso más reciente es el del acuerdo con el FMI: “Firmamos un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional pero no vamos a tocar las políticas sociales”. No duró nada… De la misma manera, “Vótenme porque yo voy a darles el 82% móvil a los jubilados”: al año están votando bajar las jubilaciones. El impuesto a las ganancias, el fútbol para todos… Es una máquina de decir mentiras. Creo que aparece un cortocircuito muy fuerte entre este discurso político basado en demandas inmediatas, coyunturales y cambiantes de algunos sectores sociales, y la realidad de gobernar. Al comienzo de este gobierno y respecto a la política económica, yo decía que esto era neoliberalismo. Hubo toda una discusión, al interior de nuestro espacio y también pública, donde me decían que estaba equivocado: “¿Qué estás diciendo?, ¿que esto es igual a la dictadura?”. No decía eso, pero sí que la política económica era la misma, un programa neoliberal basado en el consenso de Washington y, en el fondo, en las ideas que Keynes combate. En el medio de este maremágnum de chantada discursiva que genera este gobierno, aparecen fundamentaciones que son las mismas que discutía cualquier pensamiento antiliberal en la historia, como la teoría del derrame o la teoría monetarista de la inflación, por ejemplo. Cuando aparece alguna fundamentación teórica -cosa extraña, porque esto pretende ser orientalista, de la buena onda, evangelista, Macri diciendo “voy a parar la inflación en tres segundos”- se trata de alguien que dice que va a parar la inflación cortando la emisión monetaria. Bueno, ponen a ese hombre en el Banco Central, corta la emisión monetaria y la inflación es el doble de la que había antes. ¿Cómo se explica? Ahí hay un vacío aterrador, un agujero negro discursivo. Al principio, no tienen fundamento. Y, cuando aparece uno, es antiquísimo, de mil seiscientos y pico. La fundamentación teórica que tienen esos muchachos es una vergüenza, una bancarrota teórica.

Thomas Eakins. "Desnudo de George Reynolds", 1885.
Thomas Eakins. “Desnudo de George Reynolds”, 1885.

Discuten todo eso con tus compañeros, entonces sí se ocupan de hacer todo un trabajo sobre el lenguaje…

Ah, nosotros nos la pasamos debatiendo sobre el lenguaje, sobre las palabras, los términos.

 

REFUGIO EN LA MESA DE LUZ

 

“y sólo de noche pueden gozar del sillón y de la calma, no chocan con nadie, nadie les lee por encima del hombro
“La lectura como actividad”, Noé Jitrik

¿Qué te aporta la escritura que no te dé la oralidad? Vos tenés tres registros: la escritura, la oralidad y tus clases, que incluyen lo oral y lo escrito.

Hay cosas que no hago porque me cuestan tanto que ni las intento, como saltar con garrocha. Pero de las que sí hago, una de las que más me cuestan es escribir. Soy bastante obsesivo, escribir me obliga a revisar y revisar, a reescribir. Borges decía que publicaba para dejar de corregir y era mentira porque, cada vez que republicaba, corregía. En mi caso, es cierto. Después de publicar algo, me lo saco de encima, muy pocas veces leo lo que ya escribí. Me pasó con las re-publicaciones de mis libros. No los toco, con la excusa de respetar la obra en su estado original. Pero, en realidad, no me gusta corregir, odio leerme a mí mismo porque me lleva a repensar, a reelaborar y a reabrir algo que ya tenía una conclusión. Hablar me cuesta mucho menos. Las clases son una forma de investigación, sobre todo, porque requieren mucha lectura y, después, condensación. Las clases para mí fueron una forma de avanzar en mi conocimiento. Pienso mucho en esto cuando tengo que volver a escribir. Y no es que haya dejado de escribir, sino que escribo otros géneros, como el twit, uno de los más complicados que conocí. No se adecua a la necesidad de contenidos que uno quiere transmitir.

Axel Kiciloff. Fotografía: Diego Grispo.
Axel Kicillof. Fotografía: Diego Grispo.

Es una forma de comunicación que requiere, o bien entregarse al empobrecimiento del contenido o bien hacer un trabajo de muchísima elaboración, de condensación, y tratar de minimizar las pérdidas: un control de daños, digamos. Pero no es lo único que escribo, en todo este tiempo, escribí un montón de notas en medios de comunicación, aunque nunca hice periodismo.

¿Leés ficción?

Sí, es lo que más leo. Tengo ahora un par de textos de no ficción que me regalaron. Pero la ficción es mi lectura principal. A la noche, luego de acostar a los chicos, trato de abrir un libro. Está el tema de las series, que me gustan más que las películas y atentan un poco contra la lectura. Tengo también chicos pequeños, con quienes hay mucho tiempo de juego, de estar juntos. Pero la literatura siempre fue importantísima, traté de no dejar de leer nunca, incluso, como una disciplina más allá del disfrute.

 

¿ALTO EL VUELO?

                                   “¿Qué hay adentro de los pájaros para querer anunciar con tanta fuerza la primavera”?
“La conducta de los pájaros”, Norman Briski.

Se suele asumir que el lenguaje de los economistas, o de la economía, carece de vuelo. Una de las características de la poesía es la síntesis, ¿qué es lo poético para vos?

Todo el pensamiento económico clásico hasta Keynes inclusive, tiene un valor literario altísimo. Empezando por John Stuart Mill y siguiendo por Adam Smith, que es un escritor con una trayectoria intelectual que no viene de la economía, más bien, la funda como disciplina.  Él viene de la filosofía, es un escritor realmente extraordinario, como lo es Marx y como no lo es Ricardo.

¿La falta de vuelo no es también falta de pensamiento?

De algunas declinaciones del pensamiento, no de todas. Hay pensamiento matemático, muy deductivo que, sin embargo, no carece de una magia poética. A mí siempre me gustaron mucho las matemáticas y hay algunas demostraciones y líneas vinculadas a matemáticas muy avanzadas -o incluso más sencillas, como las algebraicas- que requieren una cabeza poética. Pero es cierto que el teorema no rima mucho. A la vez hay varios que tienen una capacidad literaria muy alta y un pensamiento lógico muy sofisticado también. En el caso de Ricardo, creo que predomina la cuestión lógica, que es implacable. Por eso, en “Historia del pensamiento” trato de marcarle contradicciones, porque sé que es lo que más le dolería y lo que más apreciaría también en un crítico. En cuanto a lo poético, creo que es una forma de la inteligencia.

 Gjon Mili. "Gene Kelly". Fotografía, 1944.
Gjon Mili. “Gene Kelly”. Fotografía, 1944.

¿Cómo se llevan los políticos con eso? A veces, parece que hay sólo ignorancia. Pero otras, uno tiene la sensación que les da cierto pudor imprimir algún vuelo a los discursos o a las propuestas, como si se tratase de una subestimación del pueblo en ese sentido.

No sé, creo que sí es muy fuerte esta tendencia a lo llano, a lo chabacano, a la subestima.  Pero se distingue bastante a los buenos oradores de los malos. En política, en el campo popular, un buen orador no es quien tiene simplemente la claridad -en el sentido de volcar razonamientos sencillos y del sentido común-, sino aquel cuya capacidad oratoria está vinculada a lo literario, a lo poético. Hay discursos que son importantes piezas literarias.  Tuvimos una época que ha dado valiosísimos oradores en política.

Axel Kiciloff. Fotografía: Diego Grispo.
Axel Kiciloff. Fotografía: Diego Grispo.

De alguna manera, la poética volvió a la política. En Latinoamérica, hemos tenido una generalización de enormes oradores que, además, eran importantes políticos. Por empezar, Cristina, quien piensa mucho el lenguaje: qué palabra, qué término usar. Y también es muy espontánea.

 

EL SALTO POÉTICO

                                               He dado el salto de mí al alba. / He dejado mi cuerpo junto a la luz / y he cantado la tristeza de lo que nace.”
“Árbol de Diana”, Alejandra Pizarnik

¿Qué se podría considerar poético en economía?

Keynes escribe un libro, “La teoría general”, que podría expresarse matemáticamente de una manera más sencilla pero, del prólogo en adelante, ese texto se inscribe dentro de la tradición literaria. Incluso, esto sucede entre los marginalistas: el propio Menger, fundador de la escuela austríaca, escribe un libro en lenguaje matemático y nadie se lo lee, lo desprecian. Escribe lo mismo en lenguaje literario y tiene un relativo éxito, un público más amplio. Esto lo cuenta él mismo. Creo que, por esto de la forma y el contenido, la cuestión poética en economía es bastante revolucionaria. Los economistas del pensamiento oficial tienden a tratar de asimilar la economía a una rama de la matemática, digamos. Y no es sólo una posición epistemológica ni meramente discursiva, es también una ubicación política de la economía, porque intenta convertirla en algo desvinculado de la estricta divisoria entre las ciencias naturales, las exactas y las ciencias sociales -donde unas hablarían de la naturaleza y las otras de la sociedad-, como si la economía no hablara de procesos sociales e históricos.

Pablo Picasso. "Salto A La Garrocha".
Pablo Picasso. “Salto A La Garrocha”.

Así, los discursos económicos intentan ser inscriptos dentro de la tradición de las leyes naturales y volverse, de ese modo, inexorables y ahistóricas, no sociales, algo eminentemente técnico. Entonces, intentar transmitir, estudiar y discutir la economía en un lenguaje más vinculado al pensamiento social es algo que, por su forma, choca directamente contra estas otras tradiciones de la economía. Me parece que el pensamiento popular en la economía -Scalabrini Ortíz, Jauretche, Cooke, Ugarte, Perón-, expresa esta tradición y de esta manera. Ahora estaba releyendo algunas cosas de Jauretche, un escritor muy poético.

 

SALTO CONSCIENTE DE LA HISTORIA

Sueño quebrado / levántate y anda
Marcha de mi frente / abre mi tierra.”
“Sueño quebrado”, Miguel Ángel Bustos

¿Qué sentido tiene la palabra revolución para vos?

Tomo la acepción menos sofisticada porque, en nombre de la revolución, se hace cualquier cosa. Para empezar, la actual revolución de la alegría, según la cual estaríamos en pleno proceso revolucionario. Para mí la palabra revolución remite a una transformación consciente de la historia. Una revolución política -y no hablo de izquierda ni de derecha-. Keynes, por ejemplo, plantea una revolución científica, intelectual.

"juego de la comba".
“juego de la comba”.

Acá tengo una cita de tu tesis sobre Keynes: “Keynes imagina un capitalismo futuro exento de los males del presente, imagen a la que volverá en la Teoría General. Las ideas, la moral y los valores de la nueva época serán distintos a los del pasado: ‘Podremos permitirnos el atrevimiento de dar al motivo monetario su verdadero valor. El amor al dinero como posesión -a diferencia del amor al dinero como un medio para gozar de los placeres y realidades de la vida- será reconocido por lo que es, una morbosidad algo repugnante, una de esas propensiones semidelictivas, semipatológicas, que se ponen, encogiendo los hombros, en manos de los especialistas en enfermedades mentales’”. Ya vimos que hay capitalismos más injustos que otros. ¿Pensás que realmente hay un capitalismo piola en sí?

Sí. Muy piola no, pero sí un capitalismo no asesino. Hay formas, modalidades… Para un noruego, el capitalismo será varias cosas, pero no algo que lo mata de hambre, que lo deja sin laburo o sin educación. El capitalismo más próspero, más desarrollado, con más riqueza y mejor distribución es distinto al capitalismo en sus zonas marginales donde, incluso, deja de ser capitalismo. En América Latina convivimos con la esclavitud bajo una coartada capitalista, pero no es capitalismo. Esos son los principales males del capitalismo desde su comienzo, incluso en Estados Unidos. El problema allí es que montaba el dispositivo capitalista y se apropiaba de formas de explotación precapitalistas, mucho más salvajes. La servidumbre, la esclavitud, la exclusión extrema y el no reconocimiento de derechos no son formas capitalistas, son formas premodernas. Me parece que hoy podremos aspirar, en varias regiones del mundo, a que lleguen al capitalismo. Y… no quiero meterme en discusiones tan largas, porque también hubo revoluciones burguesas, tremendamente progresivas en términos de derechos. Ahora, ¿son la panacea?, ¿generan la igualdad? No.

Esos países que nombrabas tienen tasas altísimas de suicidio y de consumo.

No sé, tal vez sea una leyenda eso de que suicidan por lo bien que están. Quizás sí diría que el bienestar económico no anula la angustia existencial, los problemas familiares o ciertas formas atroces de relaciones sociales, obviamente.

¿Algunas de esas formas atroces no vienen del consumo mismo?

Phillipe Halsman.
Phillipe Halsman.

Un tema complejísimo. Estuve reflexionando sobre eso, por eso decidí agarrar la garrocha… Pero, bajo el régimen esclavista, acceder a las necesidades básicas y mínimas significaba muchas veces ser esclavo. Bajo el régimen capitalista, acceder a las cosas mínimas implica ser asalariado. Desde el punto de vista de la comprensión en una perspectiva histórica, ser asalariado no está muy bueno. Pero es peor no serlo. Y lo mismo pasa con el consumo. Habría que diferenciar entre consumo y consumismo, porque el consumo en sí es algo precapitalista. Es más, si uno se propone estudiar sociedades no capitalistas, observa su forma de producción, distribución y consumo. Si consumir es el proceso de metabolismo entre el hombre y la naturaleza, si es la apropiación de productos de la naturaleza como forma de vida para asegurar la reproducción, consumo hubo y va a haber siempre. La diferencia en este momento es que el consumo se realiza a través de la adquisición en el mercado del producto del trabajo humano convertido en mercancía.

 

EL GRAN SALTO NO SE SABE A DÓNDE

                                            “Aprendí los verbos de la voluntad y supe mi secreto;
las claves de la noche golpearon en mi lengua;/donde antes había sólo una, hubo de pronto
muchas mentes sonoras.”
Dylan Thomas

 

¿Te resulta una antigüedad criticar al capitalismo; criticar la idea de que, cuando funciona más o menos bien, es el mejor sistema posible, el mejor que hemos logrado?

Salto.
Salto.

No. Yo estoy convencido de que el capitalismo se va a terminar. Tengo una evidencia increíble para demostrarlo. Hubo regímenes sociales, políticos y de modos de producción que duraron un montonazo antes de tener sus crisis. Un ejemplo es el feudalismo, que duró como mil años casi sin crisis. El capitalismo está cumpliendo, con toda la furia, cuatrocientos años y ya ha tenido crisis feroces. Entonces, desde el surgimiento de la humanidad, las formas de organización de la actividad humana han sido muchas y han ido cambiando. Es imposible pensar que un régimen social es el último. Aun si al capitalismo le estuviera yendo bien, uno no podría decir que es el último, va a haber algo después. Y, encima, no le va bien. Uno tiene muchos indicios de que no va a ser eterno. Así que no dudo que se va a terminar. No sé ni cómo ni cuándo ni por qué, ni qué va a venir después. Si me preguntás, cómo sería un capitalismo muy piola, no sé, uno que permitiera formas de libertad individual y colectiva más genuinas. El capitalismo ha avanzado en esos términos, ya está bueno no ser esclavo, no ser siervo de la gleba está bueno. Ser trabajador asalariado está mejor que lo otro, pero no está tan bueno. Y no es que no estudie ni me interese saber cómo va a terminar ni qué vendrá después. Y acá voy a citar a Marx: “Yo no hago recetas para la cocina del porvenir”. Si no las hacía Marx, imaginate yo…

 

A VER SI ME CUMPLEN LAS BANDERAS

Noche cuerdas adentro. Con noche afinan. Cuerdas en lo desierto del patio, /con él afinan. / En este invierno que dura siglos.”
“Maizal del gregoriano”, Arnaldo Calveyra

Da un sentimiento de impotencia pensar que el tiempo que lleve terminar el capitalismo significa también generaciones con la vida trunca, infeliz, muerta prematura.

Uno puede modificar las cosas pero, dentro de las condiciones que existen. Estamos así. ¿A qué podemos apuntar? Creo que la lucha, la organización, la política, la militancia para que el capitalismo no tome formas atroces es tremendamente progresiva en el corto y en el largo plazo. Porque uno empieza a sospechar que el capitalismo necesita de esas formas atroces, pero ellas se contradicen con sus propias premisas. Las banderas de la Revolución Francesa, “Libertad, igualdad y fraternidad”, cúmplanlas, muchachos. Creo que ahí no hay, justamente, una forma de impotencia. Tal vez es una forma un poco más realista. Podemos sentarnos acá, entre nosotros, y construir una utopía de una sociedad mejor, distinta, bárbara, no tengo nada contra los que lo hacen. Pero yo hoy, concretamente, quisiera que en Argentina la gente tenga laburo, llegue a fin de mes y no se muera de hambre. Y para eso necesitamos desarrollar la industria argentina, necesitamos un Estado con un papel importante. Porque, de otra manera, no vamos a conseguir cosas tan mínimas como que los pibes no se mueran de hambre. Y haciéndolo, probablemente, no erradiquemos completamente los males, pero bueno, una cosa es tener una sociedad con 25 % de desempleo y otra, con un 6%. Yo no lo vivo como una cuestión de impotencia, más allá de que, mientras tanto, en África siguen pasando cosas espantosas, todo lo que sabemos. Pero hay formas de avanzar en la inmediatez, en lo que uno tiene a mano y puede incidir. El capitalismo nos pone determinadas estructuras difíciles de modificar. Y, al mismo tiempo, cuando uno le pide más al régimen de vida actual, uno no le pide cualquier capitalismo. Uno pide un capitalismo que rompa con el hecho de que en unos países se vive bárbaro y en otros trabajamos para que en esos países se viva bárbaro. Si lo logramos, no sé qué va a pasar con el capitalismo. No digo ya que no haya explotación del hombre por el hombre, digo que no habrá explotación de unos países por otros, que se impedirá que a nosotros nos saquen todos los recursos para que otros vivan mejor. Yo digo que eso es injusto, incluso en términos de capitalismo.

 

Axel Kiciloff. Fotografía: Diego Grispo.
Axel Kicillof. Fotografía: Diego Grispo.

 

FALSO SALTO AL EXILIO

                                               “la calandria canta / en la casa del gato”
“Haiku”, Elsie Vivanco

¿Y no podríamos hacerlo regional a eso?

Bueno, uno se empieza a encontrar con desafíos cada vez más complicados. Para que Argentina tenga desarrollo industrial, ¿qué debemos hacer? Argentina sola no puede, necesitamos hacerlo regional y para eso deben pasar ciertas cosas en Brasil, por ejemplo. Y eso implica contradecir a determinados poderes que se oponen. Entonces, ya es una cuestión mundial. En lo personal, viviría como una situación más de impotencia si me propusiese abolir este régimen social de acá a cinco años y generar una tierra de abundancia y felicidad. La verdad, no la veo. Pero no podemos permitir la pérdida de los derechos conquistados. Esto es mucho más revolucionario, creo, que lograr ya mismo un mundo bárbaro en el que a mí también me encantaría vivir. A veces lo más abstracto es lo más concreto. Ahora estamos viviendo una etapa de retroceso, lo cual genera mucha angustia. ¿Qué le oponemos? Resistencia, militancia. Hay quienes en este camino se desesperan y ven solo el retroceso. Yo creo que hemos tenido varias victorias y varias conquistas en este camino. Para que quede más claro: el gradualismo con el cual el gobierno aplica su programa neoliberal de ajuste es una victoria nuestra. El gobierno actual es gradualista porque no puede hacer ese shock que le encantaría hacer.

Gjon Mili.
Gjon Mili.

Si no va más rápido, es porque del otro lado encuentra resistencia. En épocas donde no somos gobierno, donde hay un claro retroceso y una clara embestida, creo que habría que, al menos, apreciar estas pequeñas victorias. Porque hubo épocas en las que avanzaron con las botas, a los tiros, y hay un sector del gobierno que tiene ganas de hacerlo. No lo hace porque del otro lado encuentra una oposición mucho más fuerte y organizada de la que había en otras épocas. No conviene y no es justo ignorar o menospreciar esto.

¿Te sentís exiliado de algo?

Bueno, es otra figura sobre la que reflexioné bastante. Yo nunca asocié la cuestión del exilio mecánicamente a una cuestión geográfica. Cuando Macri dice que él subiría a 562 personas a un cohete y los mandaría a la Luna es una forma muy violenta y fachista de decir que él quiere un país sin determinados dirigentes, personas, opositores, periodistas, intelectuales o artistas. Es una manera de decir que tiene una lista. Él piensa que, si termina con esa gente, podrá despojarse de esta incomodidad que le representa tener que actuar con gradualismo. Con esa figura de mandar a algunos a otro lado -o callándolos o sacándolos de algún lugar público- nuestras derechas pensaron que iban a solucionar su problema. Eso es falso, porque el problema de Macri no es con esas personas a sacar de la cancha. Lo que está en juego son intereses de grupos sociales que exceden a su dirigencia. Mandar gente al exilio se le presentó siempre al pensamiento reaccionario como una solución. Esto se relaciona también en épocas donde algunos tipos se autoexiliaban, a modo de martirio, como Sarmiento. Bueno, ese no es un lugar, o es un lugar que no tiene efectividad ni para los exiliados ni para los que exilian. Me parece que el lugar es la fuerza política del campo popular radicada, precisamente, en la sociedad. El exilio es una figura muy real para quien lo experimenta, no lo puedo discutir, sobre todo en los exilios forzados, pero tiene algo de artificial, así como lo acabo de contextuar.

Axel Kiciloff con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Axel Kicillof con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.




DECIME LA JUSTA

Los exilios: Sobre las palabras

Por Viviana García Arribas

 

PALABRA DE DIOS

Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche.

Y fue la tarde y la mañana un día.”

(Génesis. 1.5)

Jaume Plensa - Secret Garden
Jaume Plensa – Secret Garden

Según se lee en la Biblia, en el principio, todo era caos. Entonces, Dios decidió poner un poco de orden y, como primera medida, separó la luz de las tinieblas y les dio nombre. Luego dividió cielo y tierra y también los nombró. Para unir las aguas en un solo lugar, le bastó con pronunciar la palabra “mar” y, a lo seco, llamarlo “tierra”. En días sucesivos creó, con el solo recurso de la palabra, piedras y árboles, peces y animales terrestres. Hasta que, el sexto día, creó al hombre. “Varón y hembra los creó” (1). Dios les dio nombre a ambos, en el mismo acto -si bien yo hubiera preferido que nombrara “varón” y “mujer”, de movida-. Sin embargo, unos versículos más adelante, el génesis -en una segunda versión del comienzo- otra vez arranca con la creación de mares y tierra, de animales y plantas hasta que desemboca en la famosa historia de Adán, su costilla y el mito de la creación de la mujer como un accesorio del hombre…

Algunas teorías sostienen que la primera parte es más nueva que la segunda. Habría sido escrita por sacerdotes en el siglo VI antes de Cristo, cuando el pueblo judío se hallaba prisionero de los Babilonios, con la idea de reforzar su fe. Esta creación muestra un Dios más majestuoso y distante que el de la segunda, donde aparece casi como un alfarero que modela a Adán con arcilla. Asimismo, Harold Bloom, en “El Libro de J”, presenta una teoría muy original: sostiene que quien escribió esta segunda parte sería una mujer de la corte del rey David, sumamente culta. Aunque, tal vez, este sea tema para otra nota.

Marta Minujin - Torre de Babel - Instalación
Marta Minujin – Torre de Babel – Instalación

Según la lectura que Walter Benjamin hace de los textos bíblicos, Dios concede el lenguaje como un don de su parte. Así, el hombre hereda la capacidad de dar nombre al mundo que lo rodea e, incluso, cabe decir que puede hacerlo porque, como habitante del Edén, se halla en comunidad con todas las cosas y las conoce íntimamente. La historia -o el mito- cambia luego de la expulsión de Adán y Eva del paraíso: en primer lugar, la creación divina se vuelve humana y pone su pie en el proceso histórico. Su punto de partida es una transgresión. En segundo lugar, la lengua casi celestial heredada por los hombres se escinde y multiplica, como represalia de Dios ante una nueva desobediencia: la construcción de la Torre de Babel (2). La existencia de múltiples idiomas transformó ese lenguaje inmutable, con firmes raíces en la esencia de las cosas, en un simple medio de comunicación dinámico y cambiante.

 

HERIDAS DEL TIEMPO

y yo, que nací en el mundo para desfacer

semejantes agravios, no consentiré que un solo paso

adelante pase sin darle la deseada libertad que

merece.”

“Don Quijote de la Mancha “. Cervantes

 

palavrasEl lenguaje cambia, decía. Las palabras encuentran nuevos significados y los significados, nuevas palabras. Estas mutaciones son recogidas, con cierta regularidad, por la Real Academia Española, en el caso de nuestro idioma. Tal vez, por esa misma razón, siempre atrasa un poco. Pero ahora, quiero pensar en algunos indicios, unos pocos indicadores que, a veces, el mismo lenguaje deja, de algo que ha estado y ya no está más.

En francés, por ejemplo, el acento circunflejo (^) indica, generalmente, la existencia de una “s” que ya no se escribe ni pronuncia. Es el caso de hôpital (hospital), goût (gusto), huître (ostra) o prêt (presto). El signo devela ese pasado en el que la letra reinaba en toda su plenitud. Del mismo modo que las cicatrices quedan en el cuerpo y, cada vez que se las advierte, sirven para hacer presente eso que una vez fue. En la actualidad -sobre todo entre la gente joven-, es cada vez menos frecuente el uso de este acento. Tarde o temprano, no será siquiera una huella.

Calendario maya
Calendario maya

En el castellano, la letra “h” opera a veces en forma similar. Letra muda -aunque no de nacimiento-, la “h” aparece por primera vez entre los fenicios que la pronunciaban como una suave aspiración. De esta forma pasó al latín y luego a nuestro idioma. En algunos lugares de España, se mantuvo esta pronunciación y, finalmente, devino en “j”. Así, en Andalucía, se conoce el “cante jondo”. Pero quiero prestar atención a la “h” como un signo evocativo. En palabras como hidalgo, hacer, herir, humo, en el castellano antiguo, había una “f” en el lugar de la “h”. Otra cicatriz de viejos usos…

 

CRECER CON PAPÁ

Es un buen tipo mi viejo / que anda solo y esperando,
tiene la tristeza larga / de tanto venir andando.

Yo lo miro desde lejos, / pero somos tan distintos;
es que creció con el siglo / con tranvía y vino tinto.”

“Mi viejo”, Piero

 

East Side Gallery - Ex muro de Berlín
East Side Gallery – Ex muro de Berlín

Cuando llegaba de trabajar un día lluvioso, mi papá nos contaba que afuera llovía “a rolete”. Su protesta era un “¡me cacho en diez con tanto trabajo!”, mientras su amigo Rubén vivía en un “cuchitril”. No obstante, eso no le impedía ser un “picaflor” que se la pasaba de “curdela” permanente. Por mi parte, solo pensaba en comprarme los últimos “vaqueros”, porque, de lo contrario, el “asalto” del sábado sería “un quemo”. El último grano en mi cara me hacía verme como un “bofe” y mis compañeras de clase pensaban que era una “traga” porque estudiaba mucho.

Así, el lenguaje cumple una función decisiva en la identidad del grupo social de pertenencia. Cada generación inventa palabras nuevas o cambia el significado de las existentes y crea, de esta forma, un código cuya principal función es incluir… y también marcar a quienes no lo hablan.

Cuando era más joven -por los ’70, más o menos- todo se trataba, precisamente, de estar “in” (adentro) o “out” (afuera), y esta última opción era la peor de las pesadillas.

Los cambios tecnológicos también son un factor determinante: hoy, expresiones como rebobinar, tocadiscos o casete han cedido su lugar a otras. Forward, CD, software o escanear son formas de referirse a las nuevas tecnologías usadas a regañadientes -la mayoría de las veces- por los que somos mayores. En gran parte heredados del inglés, pocas veces castellanizados, estos términos abundan en cualquier conversación entre jóvenes.

¡Alto lenguaje! Es fija: no se ortiven que no se acaba el mundo. ¡A no flashear! Me quema la cabeza pensar en todo este bardo.

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MIL INTENTOS Y UN INVENTO

Bonanmatenon, ¿kiel vi fartas? Mi fartasbone”

(Buenos días, ¿cómo estás? Yo estoy bien)

Esperanto

Entre los años 1870 y 1880, se gestó un nuevo idioma cuyo objetivo era facilitar la comunicación entre todos los hombres del mundo, cualquiera fuera su origen. Se trataba del esperanto, una lengua planificada, creada por L. L. Zamenhof, cuyas bases se hicieron públicas, por primera vez, en Varsovia, en el año 1877.

Bandera esperantista
Bandera esperantista

En su mayoría, el vocabulario que lo compone proviene, de lenguas de Europa Occidental y la sintaxis tiene influencias eslavas. Durante las primeras décadas desde su publicación, aumentó rápidamente el número de hablantes. Su creador deseaba que se transformara en el idioma de las relaciones internacionales. Mi abuela -una española enérgica que nunca abandonó del todo su acento ni sus modos de decir- tenía un diccionario de esperanto y estaba convencida: en pocos años, se hablaría en todo el mundo. ¡Pobre! Había dejado Europa en 1912, antes de las guerras que la arrasaron. En España, el idioma fue adoptado por socialistas, comunistas y catalanistas y, en consecuencia, se prohibió durante el franquismo. No corrió mejor suerte en Alemania, ya que su creador era de origen judío y los esperantistas fueron perseguidos durante el Holocausto. Evidentemente, los recursos que favorecen la comunicación no son tolerados por los tiranos.

En la actualidad, es una lengua hablada por unas cien mil personas, aunque alrededor de un millón la entiende en un gran porcentaje. Si bien existen academias en todo el mundo y la Asociación Universal de Esperanto (UEA) mantiene relaciones oficiales con la UNESCO, me queda la impresión de que se trata de una de esas utopías que, cada tanto, elegimos soñar.

 

¿TE ACORDÁS, HERMANA?

Te acordás hermana qué tiempos de seca
cuando un pobre peso daba un estirón
y al pagarnos toda una edad de rabonas
valía más vida que un millón de hoy
.”

“El 45”, María Elena Walsh

Reloj de sol
Reloj de sol

El tiempo pasa para todos. Para las palabras, también. ¿Quién -que no sea un botarate- podría no reconocerlo? Nunca faltará un genuflexo, que pretenda mantener el habla como algo inmutable, pero eso es una paparruchada. Cualquier paparulo se daría cuenta. Me asalta una terrible zozobra cuando pienso que quizá mi forma de hablar sea un poco vetusta.

En el pasado, los caños se enchufaban, la siesta designaba el tiempo inmediatamente posterior al mediodía, sin importar si uno dormía o no. Alienígena era sinónimo de extranjero -lo que me hace pensar en un giro muy xenófobo en su concepción actual-. El viejo significado de semáforo era también luciérnaga. Y, formidable, se utilizaba para designar algo temible. La lechería o el zaguán ya no significan nada: los viejos negocios de venta de leche desaparecieron y hoy nadie aprieta en la entrada de su casa. Y qué decir de “pueblo”, hace tiempo reemplazada por la aséptica “gente”.

Sin embargo, la sonoridad de alguno de estos términos nos interpela. Como escritora, no puedo dejar de pensar en el lenguaje como un medio de expresión, como un instrumento de poética. Tal vez, el exilio de algunas palabras termine algún día y vuelvan a nosotros con sus sentidos renovados, listas para transmitir verdades. Sueño con usar, por ejemplo: embeleso, sempiterno, perenne o bonhomía.

También es mi deseo pronunciar: solidario, comunidad, compasión, ayuda y que no se encuentren vacías de sentido.

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(1)Génesis (1.27)

(2)”Benjamin, una introducción”, Ricardo Forster. Cuarta sesión: Para una crítica de la modernidad.




SILENCIOS DE TIZA

Los exilios: Entrevista a la escritora Laura Alcoba.
Entrevista: Gabriela Stoppelman, Viviana García Arribas
Edición: Gabriela Stoppelman

                                   Cosas que me pasaron durante la infancia me están sucediendo recién ahora.”
Arnaldo Calveyra

No lo sabías. No podías saber cuál de todos sería el trazo  inaugural de la memoria y cuál, el primero en borronearla.  Lo único claro era la consistencia desgranada en la materia. El curso desmigajado al avanzar, el fondo oscuro de la pizarra en complicidad con la tiza. El cielo en tiznes de blanco, la constelación urgente hacia la próxima curva, las ausencias salpicadas entre el ímpetu de la letra. No sabías. No podías saber que el secreto del infinito era la distancia: extensiones sin cifra entre una estrella y otra; océanos sin frontera, entre una orilla y otra. Pero, aun sin saber, comenzaste por los bordes. Las palabras, finalmente, estaban hechas de vacíos encapsulados dentro de temblores, líneas. Así y todo, de tanto en tanto y en la simpleza de solo andar, de pronto se concentraba el yeso, de pronto se aliaba a un buen ritmo toda la voluntad de la barrita. Y era de no creer cómo, entre las faltas, despuntaban los nombres. Entonces, fruncías el ceño, cerrabas los ojos, buscabas la gramática que combinara lo invisible con lo imaginario, la magia blanca y sin truco con los caprichos de tiempo. A eso te abocabas. E irremediablemente, así como se habían colado entre la luz, se difuminaban los rostros, se opacaba el brillo de los espejos. Eran días a puro azogue. Fue cuando alguien te dijo que la tiza también servía para limpiar metales. Y por eso puliste y puliste hasta despejar lo espeso de la ausencia.

Y, aunque el tiempo pasó y refundó los juegos, no sabías ni  podías saber de qué exilio regresa y a cuál se dirige el trazo. Ni por qué, entre dos voces, caben tantos silencios. Eran tiempos de iniciales, de  dibujar letras sobre lo oscuro y dejar que los ojos siguieran un trayecto en pespuntes. ¿Qué guardaba la tiza en esos espacios que, al andar, inauguraba?, ¿cómo hacía para dejar una vez ausencia y una vez pigmento, en tan solo un desliz? No sabías, no podías saber que no era solo cuestión de arcilla blanca y fondos nocturnos. No podías saber que era tu mano la que fundaba la noche. Y, cuando lo supiste, ya eras pura marcha. Escritura filiada a la constelación.  Nombre renacido en su propia letra. Eso. Laura Alcoba.   

“En primer lugar, la gente común no conoce mi nombre, mientras que la mayoría ha oído hablar de Dalí y de Picasso, e incluso de Matisse. En segundo lugar, si alguien es famoso, creo que es imposible que lo sepa. Ser famoso es como estar muerto: no creo que los muertos sepan que están muertos. Y en tercer lugar, si fuera famoso, no podría enorgullecerme demasiado; la mía sería una fama payasesca, que se remontaría a la sensación causada por el Desnudo bajando una escalera. Aunque supongo, evidentemente, que si esa clase de infamia dura ya cincuenta años, es porque entonces hay algo más que el escándalo”. Steegmuller: “¿Qué otra cosa hay?”. Duchamp: “Hay eso”. “¿Eso?” “Eso. Lo que no tiene nombre.”

 

ESO

                                               “De golpe todos volvemos a estar un poco allá, un poco en aquella época (…) Angustias, miedos, imágenes diferentes deben haber surgido en nuestras mentes, pero ninguno los mencionó. Y nadie los nombrará, aunque los sepamos diferentes pero a la vez comunes, porque así es el exilio, no hay por qué decir más… basta y sobra quedarse un momento junto a un arenero en el cual, aquí y allá, brillan todavía unos charquitos de escarcha”
“El azul de las abejas”

A veces es en esos intervalos mudos, cuando todo se pone a hablar… hay oportunidades en que el silencio también puede gritar.”
“Jardín Blanco

 

            El tema de este número de “El Anartista” es el exilio, los exilios. En “El azul de las abejas” decías: “porque así es el exilio, no hay que decir más” ¿Qué tuvieron de particular los silencios del exilio?

Hay una manera de encontrarse en el silencio. El silencio era la manera de encontrarse con el pasado argentino, porque todo lo anterior está marcado por el silencio. Particularmente, la clandestinidad. Entonces, el silencio era una manera extraña de estar juntos para quienes sabían de aquello.

En “Jardín blanco” y en otros libros tuyos, hay referencias a silencios que hablan ¿son estos o son otros? ¿Se podría escribir sin silencios?

Sí. Está muy presente en todos mis libros… a veces, girar alrededor de un silencio revela las cosas que no se dicen. En muchas ocasiones tuve la impresión de avanzar en la escritura con cosas que no se podían formular, o entre lagunas como las de la memoria. Como cuando se dibuja con tiza en el suelo un cuerpo de una persona caída. A veces, girar alrededor del silencio permitía, de algún modo, decir lo que no se decía o no se podía decir. No es que haya algo preciso que no se pueda decir. En mi caso, se trataba de una serie de trabas, sobre las que tuve la impresión de ir avanzando. Tiene que ver con la casi educación al silencio que tuve, vinculada con la militancia de mis padres, con la clandestinidad. De esa educación me costó mucho salir. Concretamente, salir del silencio se relaciona, creo, con una imposibilidad muy grande en mi familia -y particularmente de parte de mi madre-, de formular una serie de acontecimientos que para mí estaban muy presentes. En cambio, en su silencio, parecía como si nunca hubieran existido.

Rayuela.
Rayuela.

Después de haber atravesado lo que pudimos atravesar, toda esa situación se convirtió en algo que nunca se volvió a formular. Estuvo presente en los relatos cotidianos que yo evoco en “El azul de las abejas” y en “La danza de araña”, donde aún estaba la persona que  lleva el nombre de Amalia en mis libros y que, en realidad, se llamaba Alicia. Ella estaba conectada con ese pasado y lo evocaba constantemente.

“La verdad que no sé. En todo caso, antes de que irrumpieran en el departamento, Mariana sabía quiénes eran y qué les iba a ocurrir (…) Por eso abrió las ventana de par en par. Pero justo en el momento en que abrió las dos hojas, Paco apareció en la esquina: el eterno impuntual por fin había llegado (…) La secuencia fue así: pasos en el corredor, golpes en la puerta, puerta derribada, Paco que parece en la esquina e inmediatamente después Mariana que sonríe y que salta (…) Cuando Mariana saltó, Paco vio perfectamente su cuerpo en el aire.” De “La danza de la araña”, relato del personaje Amalia.

Pero creo que para mi madre era tan doloroso -y, sobre todo, tan doloroso haber sobrevivido- que, cuando dejamos de vivir con “Amalia”, no se habló más, no existía más el tema del pasado. Y para mí existía en el silencio, en el silencio de recuerdos y de fantasmas que habitaban en el recuerdo de quienes habían muerto, personas a quienes yo tenía siempre presentes, pero que no se evocaban más. No era posible girarse para mirar hacia atrás. En un momento, yo decidí volver a la casa en la que habíamos vivido. Y que tuve la certeza de que, si me animaba a escribir algo, tenía que empezar por ahí. Eso fue un terremoto muy grande en mí, un terremoto emocional y también un acontecimiento muy fuerte en la relación de mi familia- particularmente la de mi madre- con ese pasado. Por eso hay tantas referencias al silencio en mis textos.

Matilde Marín. "Escenarios". Fotografía analógica, 2002.
Matilde Marín. “Escenarios”. Fotografía analógica, 2002.

Cuando escribí mi primer libro, “La casa de los conejos”, después de haber vuelto dos veces a la casa, después de haberme reconectado con ese episodio en la infancia, le conté a mi madre y lo primero que me dijo  fue “¿Por qué, por qué hacés esto?” No lo entendía. Pensá que ella nunca volvió. Sí regresó a Argentina un montón de veces y un montón de veces a La Plata. Pero no pudo imaginar volver a la casa de la calle 30. En mi caso se trató de sacar muchas cosas de un silencio familiar muy grande, se trató de poner por escrito cuestiones que yo había tenido encerradas en mi mente. Es decir: no había un relato familiar de transición con esa memoria. Yo vivía en Francia, desconectada de lo que se estaba construyendo en ese momento en términos de memoria en Argentina. En esas circunstancias, salir totalmente del silencio del exilio e ir a la casa significaba sacar este relato afuera de mí por primera vez. Por otro lado, al escribir ese libro, sabía que iba a ser difícil para mi madre, sabía del dolor que significaba para ella, a pesar de que no hablásemos del tema. Cada vez que ella venía a mi casa, yo ocultaba todo lo que estaba escribiendo. Después de terminar de escribirlo, de mandarlo a una editorial y de tener una primera respuesta, simplemente, le dije a mi mamá: “Mirá, escribí algo. Hablo un poco de vos, podría ser que se publique, necesito que lo mires…” Yo sentía que no podía continuar sin decírle. Ella lo leyó en la cocina de mi casa. Lloró un montón. Yo me fui a otra parte mientras ella leía, no quería ver su cara mientras lo hacía. Cuando volví, me dijo “No sabía que te acordabas de todo eso” .Y bueno: “Mamá, puede ser que se publique eso ¿Te molesta que lo publique?” Me dijo “No. Creo que me hace bien que le hayas dado esta forma”. Entonces, cuando menciono el silencio hablo del lugar del que tanto me costó salir.

 

https://www.youtube.com/watch?v=oybgSfPzBhAhttps://www.youtube.com/watch?v=oybgSfPzBhA

 

JUGARSE EL SILENCIO

                                               El silencio pesaba como algo sólido.”
La casa de los conejos”

                                               Es difícil saber si (Samir Y Manu) juegan uno contra el otro, si ambos se imaginan asociados a un equipo fantasma. Es simple, cuando uno se encuentra con Line por primera vez, ve sus inmensos ojos azules y luego la chica que los lleva”
“La danza de la araña”                            

Me trozaron en pedacitos (…) es hora de que me recomponga, la partida parece perdida de antemano, pero no importa, con voluntad se puede lograr, como se hace con los rompecabezas gigantes, no sé si ya lo hiciste, cuando abrimos una caja nos parece imposible, pero basta con aplicarse a ello con un poco de método sin olvidarse de empezar siempre por los bordes.”
“Jardín blanco”

“El sueño hace que el silencio y el miedo terrible pasen más rápidamente, ayuda a pasar el tiempo, ya que es imposible de matar.”
“Diario de Ana Frank”

 

Laura Alcoba. En la entrevista con el Anartista.
Laura Alcoba. En la entrevista con el Anartista.

Cuando  en “La casa de los conejos.” contás del embute, de esa puerta que separaba la imprenta de la otra parte de la casa, me recuerda mucho al Diario de Ana Frank. ¿Ese libro fue importante para vos o es simplemente una asociación mía?

Fue muy importante la lectura para mí cuando la hice, de adolescente. No lo tuve presente al escribir, en ningún momento. Después, varias personas me señalaron esto que me decís. Sé que es una lectura que me impactó mucho… pero sin tener claro para nada que algún día iba a escribir algo así. Aunque, claro, probablemente lo que me llevaba a esas lecturas de infancias era un proyecto no consciente. Igual, yo leí ese libro de muy chica.

Recién hablabas de la infancia. Otro elemento  muy recurrente en tus textos son los juegos y los juguetes. A veces la no comprensión de los adultos o de los niños argentinos de juegos franceses. ¿Cuáles son los juegos que aún te resultan incomprensibles?

Es verdad que la experiencia de la clandestinidad en la infancia hace que se haga infancia de otra forma. Y, por lo tanto, la nena de la casa de los conejos juega a hacer palabras cruzadas con los que están viviendo allí, con la militancia.

 

Es una infancia que no tiene nada que ver con la de los demás, donde quienes están dentro de ese mundo aparte se encuentran. Se pueden entender, pero esa vida los desconecta del resto de los chicos. Son códigos diferentes, es otro lenguaje. Después, en el exilio, se suma la incomprensión lingüística y cultural, pero la incomprensión y el aparte se instalan en la clandestinidad. Ahora estoy leyendo un libro, “Ana alumbrada” de Alejandra Slutzky. Allí hay experiencias de infancias clandestinas que son comunes y en las que vas reconociendo una serie de elementos vinculados con una memoria y una experiencia muy particular. De chica, ella también vivió con un padre clandestino y luego desaparecido. Son infancias marcadas para siempre con cosas extrañas, con lenguajes diferentes. Yo vi muchas películas del tema, pero la única que me impactó, al punto de no poder moverme, de no poder salir de la sala de cine, fue “Infancia clandestina”. No sabía que Benjamín Ávila había vivido lo que contaba. Fue la única película en donde reconocí algo auténtico. Son como signos, como acceder a un espacio que te pone aparte y, al mismo tiempo, te hace reconocerte en otros. Cuando se publicó “La casa de los conejos.” y, de otro modo, con “Los pasajeros del Anna C.” me pasó que mucha gente me decía “en tu libro hay elementos que reconozco de una experiencia particular”. Yo trato de transmitirlos y nombrarlos. Es algo parecido a formar parte de un mismo país, un país dentro de otro país. El país de esa infancia extraña. Entonces, salir de ese pequeño país de quienes vivieron esa infancia en esas condiciones te obliga a manejar otro idioma, el de afuera, el de los otros. Aun más, en otro hemisferio, ¿no?

 

QUE HABLE LA LUZ

“Meudon no queda lejos del Blanc- Mesnil y sin embargo es muy distinto. La luz, por ejemplo.”
“El azul de las abejas”

“Que mana de los ojos del Che una luz extraña, que no sabría decirse si es la luz que reflejan o la que le sale de adentro. Una luz que hace resplandecer todo cuanto lo rodea.” “Los pasajeros del Anna C.”

“Por el rectángulo de luz en donde apareció la madre tan bonita”
“La danza de la araña”


Hay un trabajo con la luz en tus textos. A veces es muy escenográfica, teatral, y otras  muy cinematográfica…

Sí. Y tiene que ver con la manera en que trabajé en el principio. Cuando empecé a escribir no tenía ningún relato del episodio de “La casa de los conejos”, sólo imágenes mentales. Ninguna foto, ni palabras ni fotografías, ninguna huella. De hecho, para mí es muy importante en ese libro el capítulo sobre las cámaras fotográficas.

¿Qué podría fotografiar uno en este cuarto? Hay dos pequeñas camitas de hierro y una repisa donde puse dos ranas de tela, unas ranas muy blandas porque están llenas de arena. Son todas verdes por arriba, pero mi abuela, que las hizo para mí, tuvo el cuidado de recubrir su vientre de un bonito género floreado. Así, me dice, parece que estuvieran nadando entre camalotes… A través de la lente de la cámara, me cuesta reconocerlas: como son tan blandas forman, sobre la repisa justo encima de mi cama, dos montículos verdosos e informes. No llego siquiera a distinguir las flores de sus vientres. Y es que, en el objetivo de mi cámara fotográfica, nuestro pequeño cuarto tiene un aire aun más sombrío. En esta penumbra, es cierto, mis dos ranitas no parecen nada. Me vuelvo entonces a mirar por la ventana. Al otro lado del patio, en la pared de enfrente, veo con nitidez sorprendente algunas manchas de humedad e incluso una grieta estrecha que viborea por su centro. Yo doy algunos pasos más hacia la ventana pues, evidentemente, con mi cámara uno ve mucho mejor lo que se encuentra afuera. “La casa de los conejos”

Cuando, en 2003 y con Chicha Mariani, regresé por primera vez a la casa de la calle 30, me volvieron otras imágenes. Y, de vuelta a París, mi primer trabajo fue poner por escrito imágenes, fue como escribir un álbum de fotografías que no tenía.

Si eran imágenes y no tenías relato, qué raro que no se te dio por la poesía…

A ver… “La casa de los conejos” es un libro que tardé tanto en escribir, son no más que cien páginas, pero tardé un montón. Fue un proceso muy largo de rescatar imágenes. Seguramente, debe haber pasado por un momento más vinculado con la poesía, porque al principio eran como flashes: un recuerdo, una frase. Cada frase correspondía a un recuerdo, pero ese recuerdo era una imagen, siempre era una imagen. Después dejé reposar eso y volví a retomarlo luego del segundo viaje, menos alterada emocionalmente. Recién entonces, hice algo con esas imágenes.

 

UN PUENTE, UN POCO DE VOZ

“En el noveno piso, en la Capsulerie, la frase más breve en alemán suena como una fórmula mágica (…) esas palabras cuyo sentido entiendo y que son tan solo una música extraña para mamá y Amalia, forman una especie de caparazón”
“La danza de la araña”

“Cuando pienso en esos meses que compartimos con Cacho y Diana, lo primero que viene a mi memoria es la palabra embute. Este término del idioma español, del habla argentina, tan familiar para todos nosotros durante aquel período, carece sin embargo de existencia lingüística reconocida”
La casa de los conejos”

“Y la idea del baño lingüístico de pronto no me basta, quiero ir más lejos”
“El azul de las abejas”

Ya que hablamos de imágenes, rescatamos varias vinculadas a tu relación con el idioma. Nos interesa esto de sumergirte en el francés -como en el agua-  la relación  de cierto desacomodamiento con el alemán.  Se lee una relación muy física entre los personajes y el lenguaje, una relación cuerpo a cuerpo.

Tiene que ver con lo que traté de reconstruir en “El Azul de las abejas”: la entrada en otro idioma como experiencia física. Se trata de una experiencia de la mente pero también del cuerpo, sobre todo entre el castellano y el francés. Cuando venís del castellano y te topás por primera vez con el francés hay una serie de cosas que son importantes pero que ni siquiera se perciben al oído. Por ejemplo, la diferencia fonética entre pronunciar (pont) puente y (pan) pedazo es algo difícil de alcanzar. Es escuchar esa diferencia y luego tratar de reproducirla, pero hay que buscar en qué lugar del paladar. El tema de las vocales y la experiencia física de encontrar el lugar de tu voz donde ponerlas…. Intenté reconstruir esa experiencia. Creo que esto entra en eco con otras cosas respecto al lenguaje, probablemente, también con el silencio y con el hecho de que ese nuevo idioma que se interioriza, también termina por ser una especie de refugio. Y en ese libro juego con el alemán, como otro refugio dentro del refugio. Porque en ese lugar -en el alemán- se puede estar a salvo o escondida de la madre y de Amalia, que no tienen acceso allí. Ahí hay toda una serie de juegos con el lenguaje, para dominarlo y para hacerlo estar dentro de tu cuerpo, pero también como una burbuja que envuelva y protege.

Pensaba en la relación física que tenés con las cartas de tu papá. Cuando entrevistamos a Taty nos mostró el cuaderno de poemas de su hijo Alejandro y nos lo hizo tocar. ¿Hay algo así con la letra de las cartas de tu papá?

Sí. Sobre todo con esas cartas. Durante dos años y medio mi padre fue sólo eso. Él era ese papel, yo no tenía contacto telefónico ni visual con él. Las fotos que tenía eran muy pocas, y anteriores a la cárcel. No tenía imagen ni voz de él. Sólo las cartas, la letra sobre el papel.

Ahí estaba mi papá. La relación con mi papá estaba sólo en esas cartas. Las cartas no son objetos, son el vínculo de la paternidad en esos dos años y medio de relación.

Es muy impactante cuando vos lo ves de regreso y todavía sentís que él está más en esas letras escritas que en esa presencia misma, frente a vos.

“Su letra pequeña y redonda, la forma de las palabras que durante todo este tiempo ha trazado sobre cientos de hojas de papel, me resultan más familiares, creo, que su cara.” “La danza de la araña”

 

PASAJEROS DE UNA ESTELA

“Papá, se encuentra al extremo sur- en alguna parte de la línea invisible”

“La danza de la araña”

“Como uno (un chico) que no para de mover los brazos. Pareciera que quiere apartar cortinas invisibles en las que ha quedado atrapado o espantarse una insoportable nube de moscas.”
“El azul de las abejas”

“Discreción y clandestinidad. Maestría en el arte de borrar las pistas”
“Los pasajeros del Anna C.”, prólogo

Otra cuestión que marcamos en tus libros son las referencias a lo invisible, los elementos imaginados,  y lo ausente, como si fueran tres gradaciones de aquello que falta.

Es tan central eso… Son una serie de silencios y una serie de ausencias. Luego de los dos primeros libros, para reconstruir la historia de “Los pasajeros del Anna C”, necesitaba de la memoria de los demás. Otra vez no había imágenes, ninguna fotografía, y trabajé con cuatro memorias: la de mi padre, la de mi madre -a quien interrogué e hice sufrir un poco con este episodio-, y la memoria de dos personas más. Una de ellas es la que llamo “El loco” en el texto y el otro es Ricardo Rodrigo, el nombre de guerra que tiene en el libro es Antonio. Son las cuatro personas vivas que encontré. Todos los demás habían muerto. Fue muy fuerte esa experiencia. Por ejemplo y entre tantas cosas, que tanto mi padre como mi madre me dijeran cosas como “En ese momento, no sé muy bien cómo nos llamábamos”. “Los pasajeros del Anna C” es un libro que trata de sacar del silencio una historia que sólo esas memorias pueden rescatar. Pero también, como te decía, resulta un libro marcado por la duda.  Quise dejar allí las lagunas y las dudas. Igual al silencio y a la ausencia es a donde constantemente vuelvo, regreso a esas lagunas. Giro en torno de las lagunas de la memoria  e intento trazar con tiza el cuerpo de la víctima, del cadáver ausente. A todo esto lo siento como algo muy sólido. Fue muy importante, con ese mismo movimiento de girar alrededor de los muertos, darles vida. Así, las estelas son un modo de circunscribir y rescatar la silueta de la ausencia o del silencio. Cuando se publicó en Argentina “Los pasajeros…”, gran cantidad de personas me escribió contándome que reconocían en él a un pariente, a una persona. Alejandra Slutsky vino hacia mí porque había leído “Los pasajeros del Anna C.”.

Laura Alcoba en la entrevista con el Anasrtista.
Laura Alcoba en la entrevista con el Anasrtista.

Ella, de pequeña, había estado clandestina en Cuba. Resulta que, de chica, Alejandra vivió en el departamento de enfrente del Tropicana, donde yo pasé dos meses, donde estaban clandestinos mis padres… que no se acuerdan cómo se llamaban en ese momento, pero que algo pudieron contarme. A partir de eso yo dibujé el retrato robot de lo que falta. En ese retrato que dibujé con las dudas -era muy pequeña, no tenía recuerdos- ella reconoció cosas que le hablaban y logró reconstruir la historia de su madre. La puse en contacto con mi padre y con Ricardo Rodrigo. ¡Es muy fuerte! Alejandra reconstruyó la historia de su madre porque reconoció en el libro la silueta, lo que le estaba faltando para entender lo sucedido. De manera intuitiva, sintió y reconoció las siluetas de algo que le hablaba.

Enlazada con lo que contás, está la reiteración del blanco en tus textos, aunque más pacífico, como que el espacio se te volvía página porque los charquitos congelados se hacían puntos suspensivos, como si hubiera una continuidad entre el territorio donde estás y el lugar donde escribís.

“Entonces es como si remontara la pendiente del tiempo a fuerza de flores blancas”

Laura Alcoba con el Anartista.
Laura Alcoba con el Anartista.




UNA CORRENTADA DE PÁJAROS ROJOS

Los exilios: Entrevista a Norman Briski.
Entrevista: Estela Colángelo, Pablo Soprano, Gabriela Stoppelman.
Edición: Gabriela Stoppleman.
Fotografía: Diego Grispo.

                                              Y no sé entonces dónde cae la piedra. No sé dónde cayó. Pero de ese lugar, gloriosamente, emergen pájaros colorados. Muchos pájaros colorados. Tantos que el cielo se nubla por segundos. Un pequeño eclipse. Un vaticinio de que todavía andamos preguntando.”
“La quinta pata del mármol”, de “Cuentos para el Coco”

 

Y no importa dónde caiga la piedra, allí rebota en arcos, “hace patito” en las huellas sembradas por el paso de otros pájaros. Pájaros vaticinio, pájaros advertencia, pájaros misterio y pájaros fantasma. ¿Qué hay adentro de los pájaros para querer anunciar con tanta fuerza la primavera? (1), se pregunta el eco de un loro trasplantado a la Reserva Ecológica de Buenos Aires. Al eco responden voces de pájaros migrantes, aves exiliadas, gorriones sin pasaporte, enrojecidos de tanto preguntar por su origen, al color del ocaso. Uno de esos gorriones se envalentona a la superficie e intenta calmar su sed. Toma agua sin gusto de un charco, no comprende cómo es que su piquito y su canto dependen del rédito de una planta purificadora. Entonces, llega otra vez la voz del loro trasplantado, que le explica  cómo es el negocio de envenenar el agua para luego limpiarla. Pero nada de lo que repitan los loros le dará una pista de su origen ni de su sed. Al final de cuentas, el gorrión siente un gran desafío en este sitio, donde el aire enfantasmado le estimula el canto y el aleteo. Esa atmósfera en apariencia aletargada puede, con un leve movimiento, incendiarse en claveles. Rojos, por supuesto. Como si una mecha latente y escabullida en sombras, se desbordara de pronto en fuego, en fogosas consistencias. Es entonces, cuando estalla la cascarita tenue de lo invisible y se ve la corriente ondear por las palabras, volverlas imprescindibles. Vagos mayores, bandadas de vagos mayores arrecian el horizonte, con ganas de gastar, con ansias de derroche. No los detiene el entrecejo del vetusto déficit fiscal. Ellos cantan nomás, desbaratan el orden de los senderos, condimentan con caos el caldo de los caminos. Y es precisamente en ese término -“caos”- donde el gorrión sin pasaporte advierte una filigrana de alivio acerca de su origen. Pero ese comienzo de respuesta le llega en mal momento, un problema más grande acecha: debe lidiar con un enorme pajarraco rojo sangre, que se arroga el papel de representante de toda la pajarrada. Fuera de libreto, el gorrión pequeño lo sacude al grandote con un leve aleteo.

Puede contra el advenedizo, gracias a la fuerza de todas las derrotas pasadas que tiznan su plumaje. Mejor ir en busca de otras patrias chicas y sumar vuelo, mejor ponerse al día con el misterio y dejar de pagar perversas cuotas. Mejor, apostar a un territorio, donde cada quien pueda dar vuelta el odio del lado del ruedo y se reinvente en otros rumbos. Donde, ya podrida de su propio piar, la pajarrada se  pruebe en las armonías de los otros. Y, entonces sí, preguntemos a coro: ¿Qué hay adentro de los pájaros para querer anunciar con tanta fuerza la primavera? (1). Y repreguntemos una y otra vez. Para que la piedra no deje de “hacer patito”.

 


DE BOLICHE, EN BOLICHE (NO PASE POR RECTORÍA)

                                                           “El arte no es lo que se ve, el arte es la brecha” Marcel Duchamp

Hemos hecho un rastreo por algunos de tus libros.

Un rastreo que me hace subrayar lo que no he subrayado nunca en mí mismo. Yo hago, escribo, pero no estoy pensando “mirá qué buena frase o cómo se repite”. Lo que hacen ustedes inaugura esta vinculación con la propia obra. En general, este tipo de entrevistas vienen de afuera, de algún alemán, de algún francés, no sé… la investigación parece ser una propiedad de ellos. Igual, en Argentina, el tema académico también ha progresado, a pesar de los gobiernos. Acá hay facilidad para hacerlo, este es un país único. A pesar de tantos inconvenientes, estudiar aún resulta muy dócil: vos querés hacer una maestría de teatro o cine, y es gratis ¿a dónde es así? Por eso se llena de venezolanos o colombianos que vienen a estudiar. Probablemente, Cuba sea un lugar como Argentina, con puertas abiertas en las universidades. Puan es como un boliche, casi. La sala de profesores no es esa cosa aristocrática, ahí se escuchan algunas cosas muy solidarias… Yo, sin querer queriendo, voy muchas veces por ahí.

No lo digas muy fuerte porque van a querer hacerla desaparecer también.

Norman Briski. Fotografía: Diego Grispo.
Norman Briski. Fotografía: Diego Grispo.

Va a ser muy difícil. Hay una historia muy potente de la Universidad en Argentina. Y ya se pasó por muchos avatares. Las puertas abiertas del conocimiento en la Universidad es una de las causas por las que uno podría pensar en querer volver a la Argentina.

Hay un personaje de una de tus obras, dice que hay instituciones malas y otras peores ¿reivindicarías a alguna institución?

La Universidad, en tanto, es poco institucional. Ha tenido épocas gloriosas, aunque después se pinchó muchísimo. En el Conservatorio Nacional, por ejemplo, donde todavía un cartel dice “rectoría”, ¿vos podés creer que, en Argentina, en el lugar donde se estudia teatro, música y todo eso haya un lugar que se llame “Rectoría”? Parece “Vigilar y Castigar” eso… A mí me da risa.

Hay pocas instituciones para rescatar, entonces…

Es que lo institucional se define como irrescatable. Cuando atrapás a un conocimiento, lo matás.

 

MIRÁ QUE ESTÁ LLENO DE LOROS

“No bastará con la poesía:/habrá que tener, además,
los huesos livianos de los pájaros”
                               Laura Giordani

Nos llamó la atención cómo aparecen los pájaros en tus obras: pájaros y palomos rojos, en tus cuentos. La ornitología que amaba Rosa Luxemburgo, en “La conducta de los pájaros”. Y los pájaros se presentan con sentidos muy diferentes, como un buen vaticinio o como un aviso de que nos estamos oxidando. También hay pájaros vinculados a la poesía, al misterio…

No lo había advertido. En este caso, al construir el personaje de Rosa Luxemburgo, vienen a cuento porque los pájaros han sido su especialidad. Ahora estoy con las flores. Pero tengo unos conceptos sobre los pájaros: se meten en la ciudad, están esperando en lugares que no son de ellos… Mirá, por ejemplo, está lleno de loros. Yo tengo mucho contacto con el afuera, con lo que se llama “la naturaleza”, un término que siempre me divierte. Por ejemplo, voy a la Reserva y está  llena de pájaros y de árboles que no son de ahí, ¿no? tuvieron que implantar lo que no había. Los ceibales están ahí porque plantaron ceibos. No hay nada más artificioso que los paraísos plantados: los ceibos, los eucaliptos, todos plantados. Por no hablar del gorrión en la ciudad.

Joan Miró.
Joan Miró.

Es un poco conservadora la reivindicación de la naturaleza como cosa originaria.

Ahí está directamente el capitalismo. Lo destruye todo, construye de vuelta lo destruido e inventa una industria de la destrucción. Hace negocios con todo. Por ejemplo, con el agua: primero la pudre y después la purifica. En ese sentido estamos ya bastante al límite.

Hay otras figuras como los fantasmas, que también aparecen en tu obra.

A propósito de los fantasmas, ahora viajo a Escocia. Allá y en Inglaterra, tienen con los fantasmas una cosa especial. El fantasma tiene un valor material, como sucede acá con los desaparecidos. Los escoceses tienen una lucha muy grande y un poco entregada ya, no como los irlandeses con cuya causa simpatizo mucho. Irlanda está de pie y Escocia me parece que ya está digerida.

Matilde Marín. "Escenarios". Fotografía analógica, 2002.
Matilde Marín. “Escenarios”. Fotografía analógica, 2002.


FÓSFOROS EN ESTADO DE ALERTA

“A veces necesito la luz de un fósforo para alumbrar las estrellas.”
“Voces”, Antonio Porchia

Hablando de estos lugares que te gustan porque hay revuelta, ¿qué queda de esa conciencia revolucionaria tan fraterna, de la que hablás en tu libro “Mi política vida”?

Para mí es duro. Esa conciencia está. Es una latencia de todas las comunidades. A Irlanda fui en un momento en que estaban todos los fósforos prendidos. Creo que hoy los focos están, aunque los fósforos quizás estén guardados. Pero la gente es muy de contagiarse. Creo que todos los fenómenos sociales son muy contagiosos. Ahora se les dio por conservar y, como no sabemos qué hacer, habrá que referirse a lo bíblico: vendrán siete años de vacas flacas, después siete años de vacas gordas. No sé, habrá que dedicarse a poetizar algo para poder atrapar alguna idea, porque la mayoría de las cosas son inatrapables. En cuanto a la revolución, hay una latencia en todos lados. Tocás esto, lo dividís por dos, me llevo cuatro y chau: salieron a la calle. Como los kurdos hoy, ¿de dónde salieron estos kurdos que ni siquiera hablan del Estado? Yo siempre protesto, soy un defensor de los palestinos. Pero, ¿pero para qué otra vez fundar un Estado?, ¿no tenemos bastante con Maquiavelo?

¿Cómo te llevás con esto de que “mejor con democracia que sin”, como una resignación instalada, un no cuestionar los fundamentos?

Norman Briski. Fotografía: Diego Grispo.
Norman Briski. Fotografía: Diego Grispo.

Me acuerdo de Portugal. Nadie pensaba que podía pasar algo en Portugal, con ese dictador, Salazar, todo apagadito. Y, de pronto, salieron los claveles. Después se pinchó porque la revolución es una discontinuidad. Luego de un tiempo, se dogmatizan. Pero hay una latencia permanente. Lo digo por las personas. A una persona que parece conservadora la agarrás en el colectivo y te sorprende al romperle la cabeza a otro, que le quiso insinuar que nada va a cambiar. Las individuaciones de las personas son otro misterio. Tenemos tendencia a institucionalizar, a decir que esto más esto da un resultado inequívoco. Freud colaboró bastante con eso de atrapar conductas.

 

¿CUÁL ES LA ONDA?

“Y las rosas de la electricidad se abren aún
En el jardín de mi memoria”

“Tuve el valor de mirar hacia atrás”, Guillaume Apollinaire

¿Qué tiene de singular el teatro como espacio para que la conciencia revolucionaria se dé el gusto?

El teatro debería estar hablando todo el tiempo de imposibilidades, de imprevisibles, se tiene que dedicar a eso: a lo escondido, lo que no se puede decir, a lo que no se ve, a lo que está detrás. Todo eso es el campo vital del teatro. Pero no es el teatro que se hace, es el teatro que definiría la mejor historia del teatro: Pavlovsky, Beckett…

Lo invisible aparece mucho en tus obras.

Juana Gómez. "Cultivo".
Juana Gómez. “Cultivo”.

Eso sí. Me parece que me ayudó mucho ser técnico electromecánico, porque yo soy recibido en la escuela industrial y era muy curioso. Cuando el profesor me hablaba de la corriente, yo le preguntaba, ¿dónde está la onda de la corriente, que yo no la veo? El tipo me miraba, tenía anteojos gruesos además. ¿Qué podés ver vos con eso?, decía yo. Yo soy de esa. Y Rosa Luxemburgo era de esa también, quería saber cómo era lo de la taxidermia, estaba con la curiosidad científica de querer ver lo que no se ve.

Algo tiene que ver con lo poético.

Por supuesto. ¿Qué definición de poesía tenés donde no está la materia y donde no está lo escondido? Me parece que sería un grave error que, por otra parte, no cometen los grandes poetas.

¿Qué importancia tuvo lo poético para vos?

Un poco, me doy cuenta. Creo que, en el momento virginal de mi carrera, Lorca importante. Me parece que fue en un jardín donde íbamos a hacer teatro, que su música me contagió. A partir de ahí, doy la vuelta con mi carnicería, digamos.

¿Y lo poético, más allá del poema?

La vida. La vida como un hecho estético. Eso es Tato.

 

LA FUERZA DEL CAOS

                                                           No querer traer sin caos/ portátiles vocablos.”
“Días contra el ensueño”; Alejandra Pizarnik

“Mi vida política” está armado también como una obra, en actos.

Ese libro me lo agarró un editor que me hizo un papel grande, donde decía qué cosas debía incluir ese libro para que él lo editara. Me fui de ahí. Era como un negociante, un especulador.

Natalia Goncharova.
Natalia Goncharova.

Se ve que no investigó mucho con quién hablaba.

Ni idea tenía. Pero también nosotros nos mezclamos todo el tiempo con gente que no tiene ni idea. Por eso me sorprenden las preguntas de ustedes, el trabajo que se han tomado. Tampoco es que uno crea que está significando demasiado con lo que hace, sería un error creer que uno es importante. Volviendo al libro, no me había dado cuenta de la decisión de armarlo como una obra, en actos. Conozco las especulaciones del mercado. Trabajé en una agencia de publicidad. En esa agencia estaban todos: Rodolfo Walsh, Paco Urondo, Piri Lugones, que inventó el slogan “Aerolíneas Argentinas, su compañía”. Todos estaban ahí para ganarse unos mangos. Nadie creía que eso era el Di Tella, obviamente. Estaba Jorge Michel, un vago mayor. Nos juntábamos en el baño a joder.

En ese libro hablás de un peronismo originario, sin Perón, quien estaba en el exilio. Un movimiento muy fuerte en ausencia del líder. En muchas entrevistas a políticos, ellos nos señalan la imposibilidad, hoy en día, de poder organizarnos sin un líder…

Es muy complicado eso. Pero, si un pueblo elige tener un líder en serio, bárbaro. Cuba tiene un partido único y, después de tantos años, con todos sus problemas, han logrado cosas fantásticas. Magnífico. Por supuesto, siempre que el modo de conducir le poder no sea tan representativo, porque ya sabemos: cuando entran las representaciones, se acabó la libertad. La representación en la Cámara de Diputados, la representación en Senadores… A mí no me representa ni la mitad de uno de quienes están ahí. Yo soy bastante amigo de Zamora y, cuando lo veo representando, me voy a pescar. Aparece una individuación mediocre o tonta. Por eso, para no equivocarme, no me meto en esas cosas. No porque no sirva, sino porque sé que me voy a arruinar.

¿Sentís alguna nostalgia de ese peronismo originario, de esa fuerza con que se juntaban sin el líder?

Norman Briski. Fotografía: Diego Grispo.
Norman Briski. Fotografía: Diego Grispo.

Claro. Vos lo ponés todo como que ya perdimos. Perdimos varias veces, sería lindo escuchar otra vez el discurso de los verdaderos compañeros cuando decían: ¿qué querés, que ganemos? ¿Querés una victoria? Estás loco, acá hay que seguirla y seguirla y habrá veinticinco mil derrotas más. El asunto es no entregar la bandera, no prostituirse.

Decías en “Mi política vida”: En la época de Montoneros preguntábamos qué hacemos con la vida y ahora nos preguntamos qué hacemos con la guita o con la tarjeta de crédito”.

Sería bueno reivindicar “Resumen Latinoamericano”, por ejemplo, el diario de Aznárez. Si está todo perdido, ¿cómo es que está ese diario, meta informar de esa manera, tan suya? ¿Cómo puede ser que un diario anarquista esté publicando cosas que parecen impensadas? Hay muchísimas cuestiones vitales en Argentina. Por supuesto, esas cuestiones tendrán que ver con la crisis del peronismo, que también tiene aspectos anarquistas, en términos de funcionalidad, de representatividad y de quilombo. La cosa de la aceptación del caos como una fuerza.

 

AGUANTE EL DÉFICIT FISCAL

                                               El término poesía, que se aplica a las formas menos degradadas, menos intelectualizadas de la expresión de un estado de pérdida, puede ser considerado como sinónimo de gasto; significa, en efecto, de la forma más precisa, creación por medio de la pérdida.”
“La noción de gasto”, George Bataille

¿Hay preguntas urgentes que habría que rescatar de su exilio?

Si duda. Más que preguntar, hay que seguir leyendo a aquellos que fueron extremadamente honestos y libertarios. Recuperarlos, porque no hemos superado a ninguno de ellos.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, Marx. Tiene algunas cosas que yo no aliento tanto, algunas cosas que sí están perimidas. Pero, dejémonos de joder, Marx no fue superado. Los que trabajan no son los dueños del sistema productivo. Y esto hoy es también discutible ¿por qué no pensamos en dejar de trabajar?

Sophie Winsor Clive.
Sophie Winsor Clive.

Yo lo intento, pero no me sale.

A mí tampoco. Pero, probablemente, estemos no trabajando y se puedan considerar ciertas cosas que hacemos sólo como algo a lo que estamos forzados… Creo que el hedonismo es la gran meta para las personas. Las religiones arruinaron mucho el campo humano, en el sentido de impedir dedicarse más al placer y al goce de la vida. Tenemos un planeta tan único, no conocemos ninguno que sea ni la mitad de este lugar. Pero vuelvo a la pregunta. Hay cosas que sí quedan en el pasado, por ejemplo la reivindicación del trabajo que el peronismo ha tenido: “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”. Eso de lograr que la gente trabaje una hora más para que reforzar el asunto fiscal, como si la cosa fiscal no tuviera que dar pérdida. Si no, ¿qué Estado tenemos?

 

IT´S UP TO YOU, NEW YORK, NEW YORK.

                                  Pero no, no son los pájaros, /porque los pájaros están a punto de ser bueyes; /pueden ser rocas blancas con la ayuda de la luna /y son siempre muchachos heridos /antes de que los jueces levanten la tela.”
“Panorama ciego de Nueva York”, Federico García Lorca

Este número de nuestra revista tiene como tema los exilios. Vos tuviste un exilio migrante: Perú, Madrid, París, Estados Unidos. Sos como un experto en exilios. En tu libro hablabas de “la universidad del exilio”.

Lo que tiene el exilio –y según cuál- es que pierde la capacidad grupal. Volver a crear esa capacidad afuera es un trabajo enorme. Entonces, el exilio produce la singularidad. Como en el amor, cada uno resuelve el tema en su forma singular porque está el otro, está el otro país, están las otras maneras. Cuando digo que fue una universidad, es porque me generó preguntas, ¿qué hago yo en medio de los indios en Perú?, ¿qué hacen?, ¿por qué cagan amarillo?, ¿por qué no usan cañerías? A no ser que te entregues y digas “Ma sí, que hagan lo que quieran”. Si no, te hacés preguntas y ves que hay otras maneras de encarar todo. Eso lo tuvo Manuel Ugarte, quien salió con una idea patriótica, de la patria grande y todo lo demás, y después se dio cuenta de que se trataba de la patria chica, que cada uno hace una patria chica muy consistente. Si sumás formas, maneras, costumbres, hábitos, se produce una forma original, distinta. Acá la penetración norteamericana es la democracia. Esa es la penetración. Entonces, si vos sos demócrata, podemos hacer negocio ¿eso es todo?, ¿por qué tenemos que ser demócratas? Es una forma colonial.

Norman Briski. Fotografía: Diego Grispo.
Norman Briski. Fotografía: Diego Grispo.

Vos también tuviste exilios del idioma, porque supongo que no es lo mismo ir a Perú o a Madrid, que ir a Francia o a Estados Unidos. Y da un poco de sorpresa que, siendo tan anticapitalista, te hayas asentado justo en Nueva York.

Ah, si yo tuviera que irme a vivir a otro lado, me voy a Nueva York. Porque Nueva York es mío, es de quien va. No hay ningún lugar así. Si vos vas a Nueva York, vas a encontrar un lugar que es tuyo. Los tipos, con tantas inmigraciones de judíos, negros y de todos lados del mundo, han aprendido a convidar eso. Después, allá vos sentís que estás haciendo un acto de entrega de lo que sabés. Puede ser utilizado o no, eso es otra cosa. Y aprendés muchísimo. Querés saber de los hindúes, de los italianos, de los chinos, de los irlandeses, tenés todos los lugares allí. Y a mí me gusta ese mercado. Por ahí es un defecto, qué sé yo. Pero me gusta ir el domingo a comer comida china, que ofrece como cuarenta y cinco mil platos y vos decís, ¿y esto de dónde salió? Nosotros comemos siempre la carne, el huevo frito, la papa frita, muy aburrido… Pero, para contestar lo del idioma, el inglés era ya mi idioma a los veinte años, porque yo me chupé todas las películas norteamericanas. Somos muy penetrados nosotros. De pronto, la Segunda Guerra hizo de Estados Unidos los héroes. Los héroes cinematográficos, ¿no? Porque los que murieron fueron los rusos, veinte millones.

Fernand Léger.
Fernand Léger.

Recién nombrabas a Manuel Ugarte como pensador de la patria grande. Creo que él y Jauretche vieron esto que vos comentás y no se pusieron en contra, sino que intentaron asimilarlo, pero sin dejar de anteponer lo nuestro.

Me parece que es muy difícil de creer que acá venga acá algo de los Estados Unidos y no sea con intereses. Entonces, ya estás con el arma en la mano, sabes que te van a utilizar para sus intereses.

 

TERRITORIO FÉRTIL

                                               Luego de la retrospectiva de la belleza/acá nos tienen, mil veces desnudos/con una sed útil sobresaliendo/nuestros pasos dislocados/ramificados por el peso muerto/de un exilio anunciado/en la crepitación de lo blanco/seres espuma una misma partícula/de un rayo prematuro, toda la blancura que se escurre por los costados”
“Latitud 23 27´S”, de “Ese lugar fértil”, Jonatán Reyes, Puerto Rico

¿Te sentís exiliado de algo ahora?

Odani Motohiko.
Odani Motohiko.

Es una pregunta complicada… Si no estoy en el exilio, me puedo sentir incómodo, porque es un lugar que te da invenciones. No sé si será la potencia del resentimiento… si le pasó a Evita, ¡cómo no me va a pasar a mí!

¿Por qué?, ¿por lo ubicuo, por lo mezclado?

Por lo interesante.

¿Si no te hubiera pasado tener que rajar, igual hubiera estado bueno irte?

Sin duda. Pero hubiese sido de otra manera. Cuando un elige un lugar para irse, no es exilio.

¿Y qué pasó al volver?

Nadie me esperaba al volver. Absolutamente, nadie. Por eso, siempre y cuando lo veo, recuerdo a un periodista que está en el Cervantes, Maza creo que se llama, que se tiñe tres veces antes de salir, y está de funcionario en el teatro. Es el único tipo en toda la Argentina que, al año y medio de mi llegada, me dijo “Me gustaría hacerte una nota”. Pensá que a mí me sacaron de “Actores” por no pagar la cuota los años que estuve exiliado. Me mandaron la nota al exilio: “Usted debe tanto, debería ponerse al día”.

 

UNA RED EN EL AIRE

“cuando el aire se puebla estoy presente/canta la puerta el fuego la esperanza/conoces tu nombre y la sangre de su sueño/la tierra donde amanece el día/cuando la luz llega canta mi silencio” “Cuando el aire”, Edgar Bailey

Y, con respecto a los teatreros de Buenos Aires, con quienes contabas que tenías tantas diferencias antes de irte, ¿cómo te sentís ahora?

Yo siempre busqué la unidad, inclusive con gente que no era del palo. No me fue bien. En este mismo lugar, he reunido a veinte realizadores de teatro para ver qué hacíamos. Yo inventé la Universidad del Aire que, por supuesto, fracasó. Se trataba de repartir un rollo de papel, que se cortaba como un rollo de boletos del tren. De ese modo, se hacía un corte cada vez que vos tomabas una clase conmigo. Con ese mismo rollo, podías ir y tomar una clase con Bartis, o una clase de expresión corporal con tal o cual. Y así. Una red de maestros, de lo mejor que tiene este país, en términos de nuestra visión de las cosas. Y nadie se tenía que mover de ningún lado, nadie tenía que ir a una institución con baños, rectoría y esas cosas institucionales. Sólo había que estar seguro de que el tío que llegaba con el rollo, de verdad había tomado esa clase. Porque también existe en Argentina esto de la picardía de “Eh, viejo, yo tomé una clase con vos” ¡Pero si yo no te vi nunca…!

Norman Briski. Fotografía: Diego Grispo.
Norman Briski. Fotografía: Diego Grispo.

¿Y por qué fracasó?

Había que encargarse de hacer el rollo, de la administración. Y, en ese momento, ninguno de nosotros tenía una novia impulsiva que dijera “¡yo!”. Tenemos mucha dificultad en poder articular cosas así. Aunque esto no necesitaba mucho, eh. Es probable que alguien tome la posta en algún momento. Sucederá cuando queramos defender como se debe la política de un país, cuando haya una agrupación de gente más entendida en ese asunto. Gente que no piense, “quiero que estudien conmigo”, que sólo quiera que el teatro argentino marche para lo mejor que tiene. La televisión -a la que conozco bien-, ciertos aspectos del cine argentino y otros espacios están orientados a una especulación de mercado. Y así se distorsiona la formación. O, mejor dicho, el modo en que se nutre a la gente. La que nosotros tenemos no será la mejor, como se cree a veces. Pero hay maestros. Yo viví en Estados Unidos seis años, en los sesenta. Por eso también después regresé a EEUU. A los veinte, quería conocer dónde vivía Gary Cooper. Soy hijo del cine norteamericano, del peor y del mejor. Del de John Wayne, de quien yo ya sabía de chico que era un asesino. Pero también, del de Cassavetes. Yo fui a estudiar con ellos y después terminé enseñando allá. En Estados Unidos me consideraban “over qualified”. Allá. Acá no, eh. Acá no puedo enseñar en la Universidad, porque tengo que ser profesor.

 

A MI MANERA

                                               “No se puede jugar a medias. Si se juega, se juega a fondo. Para jugar hay que apasionarse. Para apasionarse hay que salir del mundo de lo concreto. Salir del mundo de lo concreto es introducirse en el mundo de la locura. Del mundo de la locura hay que aprender a entrar y salir. Sin introducirse en la locura, no hay creatividad. Sin creatividad, uno se burocratiza, se torna un hombre concreto. Repite palabras de otro.” Eduardo Tato Pavlovsky


¿Qué te da la docencia que no te da la actuación?

La actuación es un viaje. No hay nada comparable.

Fernand Léger.
Fernand Léger.

¿Y la escritura?

Es la segundita, digamos. Después, seguirá la docencia. Pero cada una tiene su particularidad. En la docencia, el contacto con la realidad, el estar con jóvenes, saber qué están diciendo, qué piensan, aprender. Pero, por muy lejos, la actuación como actividad es la primera. Estar en un escenario, actuar, es algo para vivir intensamente, no es para otra cosa. Es vivir intensamente y del modo en que vos querés la vida.

Construir a gusto.

Sí, claro.

O a disgusto

O a disgusto, subís para tener cáncer, imaginate.

 

LA SOMBRA DEL LAUREL

                        Ella, Ella y ausente la siento. Vos, que has elegido la noche para hundir tu cuerpo en el agua oscura. Asumes, mi amor, la sombra terrible de la inmaculada luna” “Visión de los hijos del mal”, Miguel Ángel Bustos

Hay una cosa que me interesó mucho sobre tu retorno. Decías que llegaste a un país que estaba enfermo y vos también ¿cómo sanaste?

¿Sané? La llevo, digamos.

Los ausentes, los que siguen sin estar.

Son duelos. Aparecen los fantasmas, claro.

Umberto Boccioni.
Umberto Boccioni.

Pero en tus obras aparecen de manera muy vital.

Sí, claro. La verdad es que no sé qué hacer con eso, se te aparecen, hay mucho dolor, entonces, uno hace una fiesta, rebusques. Al tener más cultura, aprendés a usar la negación para poder sobrevivir. O apelás a recursos intelectuales: voy escribir un poema acordándome de tal o cual. Y después lo tiro, porque hay que joderse nomás. No hay recursos para semejante atropello o, al menos, yo no los tengo. Tal vez, el odio. Para mí es la gran materia de mis duelos.

¿En qué lo transformás?

En cosas. No sé si en obras de teatro. Porque no todo tiene que ser una artesanía.

¿Escribís poemas?

Sí, y los tiro. Hay que saber, ¿eh? Llegar ahí no es lo mío, tengo un enorme respeto para esa gente que ha podido.

Acá tenemos uno que termina “¿Dónde mierda está el laurel?”

Debo haber estado haciendo una sopa… Lo hice para un rol. Soy buen poeta de un rol, pero no soy buen poeta yo mismo.

 

ESE OLOR A CIGARRO CUBANO

                                                                       “¿sobre qué muerto estoy yo vivo, /sus huesos quedando en los míos, /los ojos que le arrancaron, viendo/por la mirada de mi cara, /y la mano que no es su mano, /que no es ya tampoco la mía, /escribiendo palabras rotas/donde él no está, en la sobrevida?”
“El otro”, Roberto Fernández Retamar

¿Qué situaciones te llevan a un poema?

Me parece que es en la seducción, donde la poesía ha sido -tradicionalmente- una gran herramienta de trovadores. Eso de que la otra está en la ventana, yo tengo el pie plano y no puedo ir a la guerra y, entonces, voy y le digo algo. Como Borges: cabezón, no ve nada, da la impresión que tenía muchas dificultades para levantarse una mina,  ¿cómo no va a tener tiempo de leerse todo? Yo soy muy amigo de un tipo muy querido, que es Fernández Retamar. Él está dedicado a eso. Tengo una anécdota, que me emociona, porque llego a Cuba un poco por él. “¿Y dónde está Fernando?”, pregunto. Entro a la Casa de las Américas “¿Tú buscas a Fernando? Debe estar en la Casa de la Cultura” “¿Y dónde queda?” “En la Habana Vieja”. Entonces camino, qué sé yo, qué sé cuánto. De pronto, llego a un lugar que parecía la Casa de la Cultura, donde había ese olor tan rico a cigarro cubano, unas escaleras amplias, nadie por ningún lado, hasta que escucho voces, así, cubanas. Subo la escalera y allí estaba Fernando, leía un poema. Claro, es un poeta y estaba leyendo sus cosas. ¡Lo que era la platea…! Primero, en el salón cabían doscientas personas. Había siete. De los siete, cuatro estaban dormidos y los otros tres trataban de agarrar algo. ¡Y Fernando decía el poema con un entusiasmo…! Mientras, el ventilador del techo tac, tac, tac, tac. Ni me acuerdo qué decía.

Norman Briski. Fotografía: Diego Grispo.
Norman Briski. Fotografía: Diego Grispo.

 ( El anartista recomienda escuchar este fragmento de la entrevista en audio)

Norman Briski.     

Bueno, pero hay un coraje en el poeta.

¿Coraje? Ese era un Quijote. “Y acá está el compañero Norman, de Argentina”. Y yo quería hablar con el mismo tono grandilocuente “¡Bueno, sí! ¡Soy argentino!” y me cuadraba. Qué lindo. Este lugar, mi teatro, se llama “Caliban” por él, que lo tomó de Shakespeare. Y yo lo tomé de él. Tengo esos amores por esa gente. Retamar era amigo de Fidel, que lo llamaba para hablar y… de pronto ese despojo, ¿no?

 

EL MURMULLO OTRO

                                               “El silencio: única tentación y la más alta promesa. Pero siento que el inagotable murmullo nunca cesa de manar (Que bien sé yo do mana la fuente del lenguaje errante). Por eso me atrevo a decir que no sé si el silencio existe.”
Alejandra Pizarnik, en una entrevista realizada por Martha Isabel Moia, para “El deseo de la palabra”, Ocnos, Barcelona, 1972

¿Cómo venimos de lenguaje los argentinos, tanto a nivel político como en el lenguaje coloquial? Me refiero a los pudores, a la emotividad, a expresar la emoción.

Ahí está Tato otra vez, la idea del no lenguaje que es lenguaje, el murmullo, todas esas cosas, los titubeos, ese es el más vital de los lenguajes. En ese sentido, los americanos también han aprendido a tener un lenguaje muy chiquito, pero extremadamente intenso. A mí me gusta cómo hablamos los argentinos, nuestro idioma me parece menos penetrado que otros castellanos. Pero, por supuesto, cuando habla un brasilero te desmayás, lo que hicieron ahí con el portugués es impresionante. Por otro lado, a mí me pasa con el lenguaje que me gusta la enciclopedia. Debe ser por bruto, que me agarro compulsivamente del lenguaje que no conozco, casi como esnobista. Entonces utilizo palabras y la gente dice “¿qué te pasó?”. Me toman por surrealista y es muy probable que lo sea, pero no me dedico a eso. Tato me decía siempre que en lo mío había un sistema poético, claro, se reía de mí, pero a mí me subyuga. Me agarro de Gombrowicz, por ejemplo, y me digo ¡qué barroco es este tipo al escribir! Tiene su fuerza, su atractivo, pero es exótico. A ver, yo no soy del mundo de la literatura y lo soy. Tato decía: vos crées que no sos un intelectual, pero lo sos. Yo me río como se reiría Arlt, supongo. Él, que escribía con fallas ortográficas y todo lo demás que ya se sabe. El punto, también con el lenguaje, son los otros. Celebrar lo de los otros, lo que pasa con los demás. No hay nada más propio que el otro ¿qué haría yo con todo lo que estoy diciendo si no están ustedes? Te da existencia, te da potencia, más si sos un actor. Yo soy actor y, apenas siento público -por razones narcisistas, diría el psicoanálisis, aunque no creo que sea solo eso- me enciendo inmediatamente. ¿Cómo va a haber un héroe si no hay a quien salvar?

Norman Briski con el Anartista.
Norman Briski con el Anartista.

(1) “La conducta de los pájaros”, Vicente Muleiro y Norman Briski.

 




LA ETERNIDAD DE LA ACACIA

Exilios: sobre András Tamás y el jugador de fútbol Ferenc Purczeld Bíró.

Por Nicolás Estanislao.

ODA A LA SOLEDAD

 

“hay cosas, estoy segura, que no se pueden contar con palabras”

Verónica Gerber Bicecci

 

Terminó el mundial. Busco la nota. Me decido un poco por intuición y otro poco por la necesidad de no caer en la abstinencia pos fútbol mundial, pos descenso a la “B Metro”. Francia campeón en Rusia 2018. Tengo a mano, como en una relación silenciosa, “Conviene tener un sitio a donde ir”, de Emmanuel Carrère. En este libro el autor reúne más de treinta años de textos periodísticos, ensayos literarios, reportajes y diversas opiniones, piezas que forman parte esencial de su corpus literario. Comienzo a ojearlo algo disperso. Remolón. Leo algo al pasar, sobre un soldado Húngaro que cae detenido en Rusia. Listo, me sumerjo, tengo salvado el combo de abstinencia mundialista.

1945: András, capturado a los 19 años en Polonia, prisionero del Ejército Ruso, fue trasladado a distintos campos de detención para terminar desterrado en un hospital psiquiátrico en Kotelnich, a 900 KM de Moscú. Allí vivió su muerte. Kotelnich debió ser una de esas ciudades donde hasta los personajes de Chejov hubiesen sentido el miedo en los huesos. Allí estuvo por 53 años, durante los cuales ninguno de los miembros del personal pudo entender el húngaro nativo.

Vivió bajo su nombre de nacimiento, András Tamás (Андраш Тамаш). Un lingüista eslovaco lo identificó como húngaro. Así, el 11 de agosto de 2000, Tamás regresó a Hungría, donde las pruebas de ADN confirmaron que tenía una hermana, Ana Tamás y un hermano, János Tamás. Tras dos meses en observación psiquiátrica en Budapest, András volvió con los suyos al rincón campestre que había abandonado hacía 56 años.

András fue ascendido a sargento mayor por el Ministro de Defensa y, dado que su servicio era continuo, le pagaron su salario. Tamás, de 74 años, se mudó con su media hermana, quien se preocupó por él hasta su muerte.

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RESISTIR  DESMEMORIAS

No era un prisionero político, sino uno de guerra. En consecuencia terminada la guerra, no había ningún motivo para retenerlo en la Unión Soviética. Cuenta Carrère, que Tamás nunca pudo aprender el ruso y los rusos no intentaron comprender el húngaro. De esa manera, Tamás se transformó en un exiliado lingüístico.

Impensado hoy. ¿Impensado?

Al tiempo de leer la crónica fue inevitable entablar una relación indirecta con otro húngaro,  uno muy famoso, quizás el más famoso: Ferenc Purczeld Bíró. Conocido para nosotros como “el comandante galopante,” goleador de todos los tiempos, Puskas.

Al tiempo que András comenzaba su odisea en aquel infierno psiquiátrico, a trasluz de la propia historia, Hungría -de la mano de los Magiares Mágicos-, vivía su inolvidable e histórica gesta futbolera, con un fútbol audaz y con marcado estilo propio: el subcampeonato en el mundial de Suiza en 1954, entre varios de sus logros de aquellos tiempos.

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Dos años más tarde, en noviembre de 1956, estalló en Budapest un movimiento  contra el sometimiento político por parte de la Unión Soviética. “La Revolución Húngara” duró desde el 23 de octubre hasta el 10 de noviembre de ese año. Una manifestación de alcance nacional exigía la liberación de los legados stalinistas. En estos hilos se entrecruzan de manera íntima literatura, fútbol y guerra.

Todo esto sucedía mientras Tamás, claro, continuaba encerrado en aquel inhóspito psiquiátrico ruso. Y la  historia de este hombre –la de un tipo que va a parar a un país cuya lengua no comprende- me parece esencial escribir.

hungria 1956

 

TIEMPOS DE SUFRIR

 

“…cada uno conoce su dolor y sabe de qué manera hablarle a la desgracia”

Roberto Santoro

 

Le robaron la vida. Lo desecharon a condiciones infrahumanas en aquel hospital de Rusia profunda. Perturbado y abandonado, se encerró  en su lenguaje materno, sin dudas, la única salvación posible. Esa lengua madre lo sostuvo a pesar de todo. Tal vez fue su propio exilio dentro del exilio. Vivió medio siglo durante el cual nadie le habló ni lo tocó ni lo miró como a un ser humano. Persistió en la más completa privación de deseos, de calor y de abrazos.

Su lenguaje, su idioma más remoto, se adhirió a su cuerpo de manera inquebrantable, quizás al precio de sentirse el más extranjero de los extranjeros del mundo. Ante eso, el lenguaje original y el escrito se presentaron como murallas, como virtud de una doble extranjería. E, incluso, de una extranjería, elevada a una potencia aun mayor. Al respecto, cuenta Carrère, casi en forma dramática, sobre la ausencia de testigos que cuenten, recuerden o validen la historia del soldado húngaro. No hay nadie, salvo uno solo: el expediente médico. Diagnóstico: esquizofrenia. La historia completa pretende estar allí, donde diferentes médicos y psiquiatras, a través de medio siglo, realizaron rigurosas observaciones.

“Es un documento impresionante: una vida entera y un proceso de destrucción implacable despachados en pequeñas frases neutras, insulsas y repetitivas”

Hay una instancia desgarradora en este historial. Los diez primeros años, András fue un paciente arisco, violento, rebelde. Un joven robusto, belicoso, que escribía las paredes como quien lanza botellas al mar, que escupía juramentos a la jeta de sus carceleros. Un caso difícil. Este documento termina con una sentencia irrefutable: “El paciente habla húngaro” Como si ese hubiese sido su síntoma. Su diagnóstico. Su encierro para adentro fue una inexpugnable y heroica resistencia contra el abandono, el olvido contra el exilio más profundo.

tamas 1

LA LENGUA MATERNA

« ¡Esto es Hungría, ven! » le repite el joven psiquiatra que regresó a Tamás al mundo. Pero el viejo soldado no se decide a bajar del minibús. No está seguro, ¿estará en Hungría? Desde su regreso, quienes se ocupan de él tienen que repetirle continuamente dónde está aunque, allá, en aquella Rusia, le hayan dicho que Hungría ya no existe, fue borrada del mapa.

András, como puede y ante semejante transformación de su mundo, intenta hablar de Siberia, de batallones de húngaros en un almacén de patatas, de su pierna perdida, del suelo congelado donde no se podía cavar para enterrar a los muertos, del frío y del sol, de los cigarrillos, de los gusanos, de trenes… : “la nieve me ha robado la fuerza, ya no me queda más. Te roban la fuerza y luego no puedes ir a ninguna parte”

Los recuerdos del atroz exilio ruso se mezclan con los de su juventud en Hungría. András pierde continuamente el hilo, pero el hilo existe. Este repentino deseo de comunicarse, de tender un puente, se relaciona con el recuerdo de una vieja canción popular húngara, que habla de un hermoso muchacho que emprende en primavera un largo viaje y promete a su chica volver cuando caigan las flores blancas de las acacias. “Volví cuando ya han caído las flores de la acacia…”  de pronto, adviene ese verso que cantaba una mujer a quien amó y recordó en aquel instante para toda la vida.

Lo esencial de la experiencia de Tamás se desarrolló sin testigos, en una soledad inimaginable. Salido de un abismo de silencio, donde la lucha implicó nunca perder su lengua incluso a riesgo de perderse él mismo, temporaria y largamente. Por eso, a sus 74 años, quiso decirle a todos que, en aquel cinematográfico regreso, recordó su tesoro: la eterna canción de la acacia.

Hungarian P.O.W. Returns After 57 Years in Russia




LA INFANCIA DE LOS OJOS

Los exilios: Entrevista al fotógrafo Oscar Pintor.

Entrevista: Carolina Diéguez, Estela Colángelo, Viviana García Arribas, Gabriela Stoppelman.

Edición: Carolina Diéguez, Gabriela Stoppleman.

“La infancia es el solo país, como una lluvia primera/ de la que nunca,
enteramente, nos secamos.”
Juan José Saer

Acunados en un regreso, nacieron. La cosa sucedió en los finales, cuando las palabras estaban de salida. Suele ocurrir que entonces, atraídas por el vientre del silencio, se enciendan las miradas. Pero lo extraño esta vez fueron los modos. En un ocaso del mero tiempo del reloj, tres hombres saltaron la tranquera de una casa de infancia en San Juan. Avanzaron la luz con timidez y caminaron entre extrañamientos. Por allá, una lata de bebida sobre una mesa. Por acá, un espejo coqueteaba sobre su falda un voladito de botellas y envases. Un bulto de tela contorneado en formas de hombre descansaba sobre una silla de ruedas. Y había colores. Azules y verdes contra toda una gradación del negro, que nunca llegaba a oscuridad cerrada. Qué decir del yuyaje y vegetación, dispuestos con el criterio de una escenografía, con la intuición de una espera. ¿El último dueño había fugado? ¿Salió un día y lo atrapó la sombra de ya no volver? A mitad de rumbo, ¿lo sorprendió el capricho de alguna ausencia? ¿Se ilusionó, tal vez, con la llegada de un heredero para su abandono? Como hayan sido las cosas, en esa mezcla de azar y camino, ellos aprovecharon para anidarse. Un espacio así, donde los cuadros se asoman dentro de otros cuadros, era un territorio perfecto para renacer. Ideal para ellos, que se buscaban sin quererlo, que ilusionaban un encuentro en cada pestañear. Y allí, entonces, titilaron. Al principio, entrecerrados y discretos, probaron la ternura y la violencia de la luz.

Oscar Pintor.  Fotos inéditas. Fotografía: Carolina Diéguez.
Oscar Pintor. Fotos inéditas. Fotografía: Carolina Diéguez.

Berrearon un instante, como para no arrumbar del todo las vacilaciones. Y, al poco, se largaron a gatear la penumbra. Como si esto hubiera sido poco y contra todas las previsiones de los transcursos, los ojos se hicieron rápidamente niños. Y, claro, quisieron jugar. Fue entonces que Oscar Pintor dio una vuelta más de tuerca a su mirada. Nosotros vimos esas fotos. Y, con palabras, también apostamos a jugar.

Oscar Pintor con el Anartista y sus  fotos inéditas. Fotografía: Carolina Diéguez.
Oscar Pintor con el Anartista y sus fotos inéditas. Fotografía: Carolina Diéguez.

 

HALLADO EN EL AGUA DE UNOS OJOS

el ojo que ves no es ojo porque tú lo veas/ es ojo porque te ve”
Antonio Machado

El tema de este número de nuestra revista son los exilios. Pensábamos en esos diez años en que no hiciste fotografías.

Bueno, es muy poca la obra que tengo y fue realizada en 15 o 16 años. Empecé a hacer foto de autor en el año ´79. Antes, en la Facultad, había empezado a hacer algo de fotografía, me inspiraba en la fotografía como una ayuda para el diseño, hacía fotos en función de eso. En el ´79 conocí a Humberto Rivas y su obra, que sí fue un maestro realmente.

Oscar Pintor. "San Juan I". 1980
Oscar Pintor. “San Juan I”. 1980

¿Qué es  un maestro?

El que te inspira.

Marcos Zimmermann nos habló de vos como de un maestro. ¿Qué importaría si tenés mucha o poca obra, si los inspirás?

No te lo voy a negar, pero no es que yo pretenda eso. En realidad, tengo una obra realizada con mucha pasión y muchas ganas durante diecisiete años, del 79 al ´96 o ´97. Ahí se me pinchó la inspiración o, mejor dicho, se me pinchó esa cosa de agarrar la cámara y salir a buscar la foto. Empecé a no ver cosas como antes. Me costaba encontrar mis temas y mis fotos. Me costó muchas sesiones de análisis aceptarlo.

¿Cómo fue el reencuentro?

Oscar Pintor. "Restos de la inundación #4".
Oscar Pintor. “Restos de la inundación #4″.

Vino por un lado muy raro. A los dos años de comprar esta casa, la casa se inundó. En el sótano, había un montón de fotos. Bueno, las cargué en un bolso y las dejé por ahí. Como a los tres o cuatro años de eso, no recuerdo bien, decidí tirarlas de una vez por todas. Antes, me puse a mirarlas: era un mazacote de negativos, positivos… Por suerte, mis fotos de autor las tenía arriba, en otro lado. Estas eran todas fotos familiares, de viaje. Empecé a mirar con un cuenta-hilos todo. Había fotos gastadas, muy deteriorado el material. Y no sé de dónde me vino la cosa pero, en un momento, me dije: “Uh, acá hay algo que tiene una punta por lo menos”. Ahí se me movió algo, me interesó hacer algo con eso.

Vos ya tenías antecedentes de hacer cosas con los restos.

En fotos mías anteriores, sí. No sé por qué, pero siempre me atraían esos interiores en las provincias, en los viajes que hacía y acá mismo, donde me encontraba con imágenes que me hacían apretar el disparador. Hay una frase, no recuerdo de quién, que hablaba de la estética del hallazgo. Es eso, para mí. Es buscar y encontrar. Ojo, a veces pensé que la foto me encontraba mí. Hay cosas muy raras. Hasta ahí llego con lo teórico, mucho más no puedo. En este caso, con las cosas de la inundación, también se cumple la estética del hallazgo. Encontré algo desechable y vi que valía la pena rescatarlo.

 

HIJA DE LA LUZ

                        De la noche vengo. A la noche voy. Un solo relámpago de luz turbia mi cuerpo.”
Miguel Ángel Bustos, Fragmentos

La primera foto que vi tuya fue esa polera transparente colgada sobre un alambre de púas. Una prenda desintegrada donde falta un hombre. Te gustan las transparencias.

Oscar Pintor. San Juan I". 1980
Oscar Pintor. “San Juan I”. 1980

Bueno, es luz. La transparencia viene de una luz. Al lado de esa escena había dos nenas, pero quise evitar el lugar común: dos chicas de ocho años, muy pobres…. La remera sola es una síntesis.

Después vi los paisajes desolados. Hay alguna serie donde el paisaje es protagonista, ¿en qué cambió tu paisaje después de los diez años de exilio?

Volví a la fotografía a través de la inundación. La serie “restos de la inundación” no tenía nada que ver con la realidad que siempre había fotografiado. Esto era algo que ya estaba hecho y deshecho. Ahí encontré la punta para ver que siempre hay un pequeño vestigio de la foto original. Tengo muchas más, pero son simplemente pinturas, si querés.

Una desgracia te rescató del exilio, como una homeopatía.

Así es.

 

DESENMARCADO

                                           “¿Adónde te crees que vas/Y de dónde crees que vienes?”
Preguntaba el viejo al verme marchar/Muerto de hambre y sed/”Si no tienes rumbo
Chico, estás perdido”/Yo le respondí “voy hacia el sol/Y vengo del camino”

“El camino”, George Bataille


¿Podríamos hablar de fotos que se parecen a poemas y otras que se parecen a narraciones?

Para mí todas las fotos tienen una historia, aún las de la inundación, porque son fotos familiares.

¿Y para el lector?

Oscar Pintor. "Restos de la inundación #5".
Oscar Pintor. “Restos de la inundación #5″.

Honestamente, fue un placer estético para mí rescatar eso y trabajarlo, porque le puse cosas encima. Tan distinta esa manera de trabajar a la foto directa, donde no tocaba ni retocaba nada. Enmarcaba y nada más. Mi estética hasta la serie de la inundación consistía en no tocar nada. Con la inundación, fue todo al revés: seguir buscando cosas en el desastre, contrastes, saturaciones… En ese tiempo empezó el asunto de la fotografía digital y el Fotoshop. Yo empecé a usar todo eso, lo que pude o lo que supe.

¿Sentías nostalgia de la otra época?

Siempre. Lo que produje en esa primera época está sintetizado en mi libro (“Pintor. Fotógrafo.” Ediciones Larivière). Paralelamente a lo de la inundación me empezaron a proponer cosas. En 2008 hice la muestra de la inundación en la fotogalería del San Martín, fui invitado por Juan Travnik, que la dirigía. Y el mismo año hice en el Festival de la Luz, la retrospectiva completa con toda la obra. Quien me impulsó muchísimo para hacerlo fue Ataúlfo Pérez Aznar, él tiene una colección de mis fotos que ya quisiera tener yo. Ahora me las compran, viste. Es foto vintage.

 

AUTOR DE LA LUZ

“Primero se ve una luz y una forma que se imponen en el aire como una orden. Después, en esa luz, camino rápido las dos cuadras hasta la casa del Viejo. La luz bordea los edificios amputados. Y la forma espacial esconde una fuerza que arrasa. Ejerce sobre el cuerpo una presión semejante a la que padecen, por ejemplo, los satélites. Esa fuerza absorbente de los planetas. Esto es así: la captura del paisaje. Entonces toco timbre y espero.”
“Lumbre”, Hernán Ronsino

Oscar Pintor. "San Juan II". 1992
Oscar Pintor. “San Juan II”. 1992

Vos no viviste de la fotografía la mayor parte de tu vida.

No. Digamos que viví de la fotografía cuando dejé la agencia de publicidad donde trabajaba, en el ’82 y me instalé con un estudio de fotografía publicitaria. Estaba muy embalado con la fotografía de autor y, a la vez, conocía mucho de fotografía publicitaria. Yo era director creativo y director de arte, tenía que manejar todo el tema de la imagen en las campañas publicitarias. Entonces, marketinariamente, le vi una punta a eso que me iba a permitir ponerme mucho más ducho en lo técnico, al estar todo el día metido en la fotografía y a la vez poder vivir de eso. Me asocié con otro fotógrafo y empezamos a hacer fotos publicitarias. No era lo que más me interesaba, pero la fotografía publicitaria me bancaba la fotografía de autor. Duró dos años. Después de un tiempo, la cosa se derivó de vuelta y caí en un estudio de diseño y publicidad, que era lo que yo más manejaba y aquello de lo que se podía vivir mejor. En aquella época la fotografía publicitaria era importante pero, en el fondo, no te daba mucha ganancia. Algunos estudios tenían grandes estructuras, manejaban clientes con mucha producción, sí. Por otra parte, a mí en el ambiente me conocían, porque ya había hecho alguna muestra. Yo usé eso como marketing para decir: “Si querés un fotógrafo publicitario, yo de publicidad sé mucho, pero también hago fotografía de autor, eh”. Y efectivamente, empezaron a caerme muchos trabajos de colegas, de otras agencias, aunque me tiraban los trabajos más difíciles, más complicados y por los que no se ganaba plata. Yo veía que otros fotógrafos, sobre todo los “catalogueros”, hacían miles de fotos por día y sí ganaban plata. Con fotos de autos, por ejemplo. Ahora, las fotos divinas, difíciles, creativas, que llevan dos o tres días de producción, no te las pueden comprar. Bueno, de todas maneras, lo concreto es que tuve dos años de hacer foto publicitaria, mucho tiempo más en publicidad, mientras seguía paralelamente con mi obra. Son dieciséis, diecisiete años de eso.

Oscar Pintor y el Anartista. Fotografía: Carolina DIéguez.
Oscar Pintor y el Anartista. Fotografía: Carolina Diéguez.

¿Qué es la fotografía de autor?

Es una etiqueta que se puso en un momento, en contraposición a la estética del foto club. Fue una necesidad de diferenciarse, en la que cada uno hacía lo que sentía y sabía hacer sin estar pendiente de qué onda tenía el jurado para los concursos y de qué tipo de foto había que hacer para ganar premios y ese tipo de cosas.

 

ENTREVER, APENAS

                                               Como un chico que no para de mover los brazos. Pareciera que quiere apartar cortinas invisibles en las que ha quedado atrapado o espantarse una insoportable nube de moscas.”
“El azul de las abejas”, Laura Alcoba


En tu obra se ve mucho el tema del encuentro: los muebles parecen que se encuentran en una esquina de una habitación vacía -apenas se encuentran, sin entrar en contacto del todo-. Los cuerpos están siempre a punto de tocarse -apenas-. Y vos rescataste de tu sótano inundado esas fotos familiares y las hiciste encontrar con tu obra
.

Oscar Pintor. "San Juan XV". 1984
Oscar Pintor. “San Juan XV”. 1984

Me asombra bastante cómo ustedes encuentran esas  cosas a mis fotos. Honestamente, yo no puedo intelectualizarlas. Yo veo las fotos, o las veía. Si siguiera ahora, sólo vería la foto. No es que me planteo que quiero comunicar tal cosa, o que busque que tal cosa se lea. No, para mí se trata de que una cosa sea bella, que tenga una luz que me impresionó y no mucho más que eso.

¿Y cuando mirás una foto de otro?

Es lo mismo.

¿Alguna vez escribiste?

Sí, tengo cosas. Son sobre lo que hago. De tanto en tanto, me piden un texto para alguna muestra mía o como curador de una muestra de otros. Tal es el caso de una muestra de Marcos Zimmermann en la Recoleta. Nada pretencioso. Igual, la figura del curador es algo en lo que no creo mucho.

¿Qué es un curador?

Alguien que puede darle sentido a todo el trabajo. Al menos, eso pienso que sería el ideal, darle un sentido a cómo mostrar una muestra. Pero es todo tan subjetivo… Ahí sí que hay que tener un talento para poder escribirlo, algo que yo no puedo hacer.

 

LA INTUICIÓN DE LA LUZ

                                              Mientras camino sobre el hielo/piso relámpagos: la luz de mi linterna.”
Haiku japonés

¿Te gusta leer ficción?

Oscar Pintor. Fotografía: Carolina DIéguez.
Oscar Pintor. Fotografía: Carolina Diéguez.

Sí. Narrativa. Ahora estoy leyendo el último libro de Paul Auster, que me regalaron mis hijos. Me gusta.

Es interesante, porque la narrativa es un nivel de abstracción que demanda construir mentalmente imágenes visuales y otras, desde imágenes verbales. Construirlas, no captarlas, a diferencia de la fotografía. En ese sentido, la poesía se parece más a la foto.

Exacto. Pero leo menos poesía. A veces leo y hay cosas que se me escapan. Es como en las instalaciones de ahora…

Sí. Ahí yo también tengo algunas sospechas, entre el bolazo y la poesía a veces no se sabe qué sucede de verdad, pero bueno…

Igual, me encanta la poesía.

Y más allá de la poesía, ¿cuándo dirías que una foto es poética?

Me parece que eso es lo que tiene mi fotografía. Son el tipo de fotos que a mí me llaman la atención en otros fotógrafos, que me atraen y me gustan. Tienen poesía…

Oscar Pintor. 1981
Oscar Pintor. 1981

Es como encontrarte con ellos.

Sí. Es muy difícil para mí teorizar, me siento un intuitivo. ¿Por qué puse la cámara acá y encuadré esto? Porque hay algo que vi ahí.

 

ALQUIMIA DE LA LUZ

                                   Ningún alquimista ha conseguido el elixir,
Sin embargo con paciencia glorifica sus calderos”

“Alquimia del amor”, John Donne
               

Me intriga le diferencia entre el momento en que enfocás, disparás y hacés la foto, con el de ver la foto hecha.

Antes, con lo analógico, era una expectativa grande, el tiempo era fundamental. Esperar, después que hiciste la foto, llegar, revelar y ver qué pasó… Y el momento del revelado es mágico. Todo el proceso lo es, en realidad, desde que sacás el rollo, ves chorrear el agua en el proceso de revelado, sentís la desesperación por ver el negativo: ¿qué pasó acá?, ¿está aquí la foto que yo quería? Hasta que se seca el negativo, hacés la copia de contacto y después poder ver el positivo. Es mágico.

¿Alguna vez te encontraste con algo inesperado allí?

Creo que no especialmente. Sí puede ser que se me haya caído lo que pensaba que iba a  ver en la foto. Y de golpe, puede pasar que algunas cosas que no esperabas, saltan. Por supuesto, hay una expectativa, un tiempo que es fantástico.

Eso es magia.

Oscar Pintor. "Rodeo. San Juan". 2009
Oscar Pintor. “Rodeo. San Juan”. 2009

Es magia, es lo que tiene la fotografía. Todavía está considerada un arte menor al lado de la pintura, ¿cómo podés comparar la foto, que se hace de manera instantánea, con una pintura, que necesita no sé cuántos meses para terminarla?

Benjamín decía que fue todo un shock el paso de la pintura a la foto, sobre todo, por la posibilidad de hacer copias. ¿Qué se ganó y qué se perdió con el paso de lo analógico a lo digital?

Yo no pude hacer buenas fotos con lo digital. Igual, seguí haciendo fotos, pero no me gusta nada lo que hago. No seguí usando la cámara y vendí la ampliadora, desarmé el laboratorio, corté con eso. Sin embargo, me doy cuenta que hay algo en el digital a lo que no puedo encontrarle la vuelta. Saco fotos, pero ni siquiera me dan ganas de mostrarlo. Llevo ya unos años así.

¿Por qué vendiste la ampliadora si te iba bien con la otra cámara? Hay algunos fotógrafos que siguen con la fotografía analógica. Quedaste como en un limbo. Ni esto ni lo otro.

Participé de una muestra en el Palais de Glace, que se hizo hará cuatro o cinco años, con Adriana Lestido, Eduardo Grossman y Carlos Bosch. Una muestra que armó su director, Oscar Smoge, con fotos inéditas. Yo llevé lo que tenía. Es decir, le mostré un montón de cosas inéditas y se entusiasmó, quería mostrar todo lo mío. En ese momento le dije que hiciera lo que quisiera. Y al final lo mío en la muestra fue, en cantidad, más que lo de los otros. Así volví a exponer fotos de la inundación, que incluso no eran inéditas. Pero a él no le importaba. Quería mostrar todo…

Pintor inédito. Entre principios de los ’80 y mediados de los ’90 trabajé intensamente con una pasión que parecía inagotable. Horas robadas al sueño y a la familia fueron invertidas en una obra que nunca me parecía suficientemente buena salvo esporádicos destellos en algunas fotos que justificaban mi obsesión. La fotografía siempre fue para mí como una amante a la cual le daba todo sin pedir nada a cambio. En algún momento sentí que imperceptiblemente se iba agotando mi mirada y cada posible motivo para apretar el disparador se agotaba con una sensación de “dejá vu” que me paralizaba. Cada imagen posible me parecía ya vista. Y llegó un momento en que se agotó mi amor y decidí “colgar la cámara”. Horas de diván no consiguieron que yo pudiera encontrar alguna explicación y elaborar el duelo. Durante casi 10 años seguí sobrellevando la frustración con la esperanza de que algún día volviera la inspiración y pudiera seguir feliz con mi amante… Ese momento llegó de la manera menos pensada. En 1997 se inundó mi casa y arruinó cientos de negativos y copias de fotos familiares guardadas en cajas en un pequeño sótano. Las dejé que se secaran y las guardé esperando recuperarlas más adelante. Así pasaron varios años hasta que en el 2004 volví a revisar esas cajas y me encontré con un pequeño tesoro. Dispuesto a tirarlas a la basura se me ocurrió mirarlas detenidamente con una lupa y empecé a sentir la misma sensación de cuando miraba los contactos y encontraba “la foto”. Y ahí empecé mi nuevo romance con la fotografía. Estuve más de 3 años para producir la muestra “Restos de la inundación” expuesta en 2008 en la Fotogalería del San Martín. Simultáneamente “descolgué la cámara”, ahora digital, y empecé de nuevo tratando de volver a “ver” como antes. Me dí cuenta que la fotografía digital, después de más de 130 años, estaba revolucionando la mirada; y a mí me parecía estar despertando de un sueño de 10 años. Habían cambiado muchas cosas; ahora la fotografía se había instalado como una referencia insoslayable en el mundo de las artes visuales. Obras que se vendían y se pagaban en dólares, pintores que empezaban a experimentar con la fotografía, los libros de fotografía ya ocupaban varios metros en los estantes de la biblioteca, cientos de escuelas y talleres se abrían todos los días, muestras, salones y concursos para elegir, todos con su correspondiente “curador”… Casi nunca trabajé armando series detrás de una idea conceptual. Siempre busqué la imagen única y autosuficiente, aunque con el tiempo fueron apareciendo grupos que funcionaban como series. Este grupo de fotografías responden a ese primer criterio. Siempre busqué ser fiel a una mirada dirigida exclusivamente por la intuición. La mayoría de las imágenes son fotografía directa color en formato digital y fueron realizadas en los últimos 7 años. Me parecía importante hacer esta introducción a la muestra de mis trabajos. Si no hubiera sido por Oscar Smoje que después de verla me convenció de exponer junto a 3 admirados fotógrafos, aún estaría archivada en mi computadora.

Cuando decís que una foto no te conforma, ¿te referís a que no te da ese placer que encontrabas en aquellas analógicas?

Sí. Es eso. Porque ahora a las fotos las podés ver en blanco y negro, las cambiás de color, podés hacer lo que quieras. Para mí el blanco y negro tiene una magia muy especial que el color carece. El sepia es una posibilidad, a veces me gusta hacer las copias muy cálidas, pero no sé… Me sigue dando placer hacer copias de todo lo anterior… No sé… No he podido pensarlo bien, intenté hacerlo hace diez años y no funcionó.

 

GENEALOGÍA DE LA ILUSIÓN

“¿Cuánto perdura una imagen en el agua?”
Arnaldo Calveyra, “Iguana, iguana” (1985)


Son muy interesantes las  fotos  donde se ven cuadros dentro de cuadros. Y la serie de los trampantojos,
protagonista en tu serie  “Trompe l’oeil”.

Oscar Pintor. "Trompe l´oeil"
Oscar Pintor. “Trompe l´oeil”

Esa serie surgió no sé cuándo ni por qué. De golpe vi algo que me interesaba mucho visualmente y no sé si lo conseguí en todas las fotos en la misma medida. Es una serie, porque esas fotos se juntaron después. Era algo que surgió como ideas sueltas. Nunca hice ninguna serie programada. Nunca pensé en trabajar sobre un tema y exprimirlo, salvo como una necesidad de archivo, digamos. Hice retratos, desnudos, interiores, paisajes… Hay algunas series que yo llamo blancas, de cosas que son pero que no son. Son imágenes imposibles. Pero éstas de las que ustedes me hablan son, pero parecen otras cosas. Cosas orgánicas como puede ser un cuerpo de mujer, o una fruta.

¿Qué verdad ves en la ilusión?

La idea pasa por esa ambigüedad de ser y no ser a la vez. La primera impresión es de desorientación o de incertidumbre. Y es la primera ilusión. En algunas lo he conseguido, y en otras no tanto, pero creo que todas tienen algo en común para unirse. Más o menos.

Oscar Pintor. "Trompe l´oeil"
Oscar Pintor. “Trompe l´oeil”

En la remera transparente está presente un hombre que no está. Hay muchas fotos tuyas así, si pensamos en eso.

Hay mucha gente que me dice que he fotografiado la ausencia. Si fotografío un interior donde hay cosas que vos sabés que alguien las ha usado, sabemos que hay alguien ausente.

Hablabas del tiempo del revelado de la época de antes. Ahí funcionaba la ilusión, ¿verdad?

Para mí fue un duelo ese paso de lo analógico a lo digital. Realmente.

Oscar Pintor. Fotografía: Carolina Diéguez.
Oscar Pintor. Fotografía: Carolina Diéguez.

Te vuelvo a preguntar, ¿por qué vendiste la cámara?

No sé… Hay fotógrafos que siguen usando los dos métodos. Yo los admiro y me pregunto cómo puede ser que yo no pueda, pero no hay caso…

En ese pasaje del analógico al digital desapareció el tiempo de espera que tenía la magia. ¿Está ahí el desencanto?

Puede ser. Pero mirá que yo he usado el digital, he expuesto algunas. La verdad, no sé.

 

 

ANTE LA LUZ DE OTROS OJOS

                                               seguramente vendrá/una presencia para tu sed,
probablemente partirá/esta ausencia que te bebe.”

“Cuarto solo”, Alejandra Pizarnik

Las paredes de tu casa están llenas de fotos.

Ninguna es mía.

¿Ninguna? ¿Dónde están tus fotos, escondidas?

Les voy a mostrar algunas, pero me gusta tener y ver fotos de otros. Las mías ya las conozco…

Oscar Pintor con el Anartista y sus fotos inéditas. Fotografía: Carolina Diéguez.
Oscar Pintor con el Anartista y sus fotos inéditas. Fotografía: Carolina Diéguez.

A veces pasa con la escritura. Uno escribe algo que no le gustó del todo, pero a un lector le resultó muy bueno. Y, al revés. Al lector le gusta algo que a uno no le interesa mucho. Aun en ese caso ¿no se cumplió algo?

Sí. Algo de eso hay, pero yo estoy muy desorientado con el tema de la fotografía digital. El tema es que ahora es tanta la cantidad, tanto lo que se hace en fotografía. Yo trato de estar, de ver, de informarme, de ir a las muestras que puedo. Pero porque estoy, justamente, me desoriento…

¿Y si probás de ver un poco menos?

En general, tanto en esa primera etapa, como en ésta, dejé que me descubrieran, que me propusieran, no soy un tipo de ir a mostrar mi obra, no me sale. Entonces…

¿Alguna vez te pasó que alguien haya visto una foto tuya que no te había convencido, te hizo una devolución y eso te permitió verla con otros ojos?

Oscar Pintor. Angualasto - San Juan. 1980
Oscar Pintor. “Angualasto. San Juan”. 1980

 

Sí. Te digo más: hace más de dos años hice una muestra en “Casa Florida” y después en el FOLA, donde presentamos el libro. Un hijo mío que hace cine me hizo un corto de quince minutos. Fue genial, mi hijo se empecinó en hacer algo para la presentación del libro. Ese fue para mí un cierre de esa época. Bueno, esa muestra se hizo con inéditas, fotos de esa época que nunca había mostrado. Me encantó, porque redescubrí muchas imágenes a las que no les había dado mucha importancia. Una muestra chica, de veinticinco fotos más o menos.

¿Hay fotos que solas parecen no decir nada, pero que puestas en una sucesión se resignifican?

No. Funcionan individualmente, a menos que sean de una serie. Pero en eso siento que no intelectualicé demasiado. Las organicé un poco por temas: desnudos, retratos, algunos temas son más flojos, otros más fuertes, pero todos me parece que tienen un nivel mínimo.

 

LUZ CUMPLIDA

                                               Y era como si, en ese instante, una luz abriera el vientre de la oscuridad. Era yo el que encendía las noches”
“Un río llamado tiempo, una casa llamada tierra”, Mia Couto

La simetría está en todas partes en tu obra.

Sí. Bueno, no puedo evitarlo. Tiene que ver con la arquitectura, quizás, yo estudié arquitectura. Es verdad, tengo una tendencia a organizar todo al eje.

Oscar Pintor. "Buenos Aires". 1985
Oscar Pintor. “Buenos Aires”. 1985

En la serie del incendio, se rompe un poco eso.

Bueno, esa es una serie que para mí es menor. Son lindas fotos, por otro lado. Van por el lado de lo pictórico, que no sé si me interesa mucho. Pero qué sé yo, es lo que me sale. Eso del incendio lo hice en un rato, porque era un incendio real.

Oscar Pintor. "Incendio VIII". 2011
Oscar Pintor. “Incendio VIII”. 2011

¿Ves asimetrías en otras cosas?

Yo lo veía en la enseñanza de la fotografía y el tema de la composición. Yo nunca le di ni cinco de bola a eso, y ahora me importa cada vez menos. Y son cosas que normalmente se trabajan como parte de la teoría de la imagen. Para mí fue todo intuitivo. Si está el eje, está y lo respeto. Y, si no hay eje, no lo hay.

¿A qué llamás la intuición?

Es algo como una verdad que se te cumple. Tenés una intuición de algo y de golpe la podés ver. Es difícil describirlo.

Es una foto.

Por ejemplo. Sí.

Ocar Pintor con el Anartista.
Ocar Pintor con el Anartista.

 

 

 

 




LA PITÁGORAS

Los exilios: Entrevista a Liliana Felipe.
Entrevista: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira, Pablo Soprano
Edición: Lourdes Landeira


El teorema habla sobre el triángulo, sobre unos cuadrados que, sumados -a la vez amuchados e intensos- cabrían justito dentro del cuadrado de la hipotenusa. Lo escribe una fórmula sin paréntesis. Sus términos no necesitan ser aislados: a2 +b2 = c2. Imposible saber si nació así o si es solo la parte que llegamos a conocer. Quizás alguna vez los tuvo, uno de ellos se desprendió de la ecuación y dejó a sus términos libres de la opresión que hasta entonces no habían siquiera notado. Si fue así, en algún momento debe haberlo seguido el otro paréntesis, dado que estos símbolos vienen siempre emparejados. A lo mejor, sin operaciones a las que contener, lograron juntarse y se hicieron óvalo. Tal vez, se abrazaron y, ya exiliados de sí mismos, se bifurcaron en nuevas proposiciones, notas musicales, letras, versos, canciones. El enunciado, por viejo, no es menos nuevo, ni está menos vivo, ni más muerto. Solo necesita instrumentos para recomponerse en actos impares. El filósofo y matemático que dio nombre al teorema, allanó varios caminos. La cifra –no el número- fue el corazón de su búsqueda, tanto para hallar la diagonal del cuadrado como para desentrañar las formas de la armonía musical. Dicen que el susodicho sabía tocar la lira, escribía poesía y recitaba a Homero. También, que fue precursor en posturas como el vegetarianismo y el no uso de vestimentas hechas con piel de animales.

XOLO.
XOLO.

¿Habrá pensado el hombre que comer animales hacía violento al ser humano? ¿Imaginaría, quinientos años antes de Cristo, que, siglos después, para producir un kilo de ternera se emiten 27 de dióxido de carbono, se necesitan 15.400 litros de agua y 100 kilos de su proteína requieren 6.000 metros cuadrados de terreno? Esto hoy lo sabe –y lo milita- Liliana Felipe, la argentina residente en México con quien conversamos en tres actos sin paréntesis.

 

PRIMER CATETO: en letra escrita (por correo electrónico)

“La cabeza en la almohada,/veo un cielo ajeno, enajenada en un maravilloso sueño breve/bajo el que brevemente me transformo”
Ida Vitale

a. LOS MACHIRULOS

“Cómo me duele este mundo, Segismundo/la parálisis, la envidia, la neurosis nos gobierna /cómo me duelen los pobres, cómo jode la miseria, /ora sí que lo de menos es la histeria. /Ay! Segismundo, …/Las histéricas somos lo máximo!/Solidarias, fabulosas, planetarias, amorosas/super egos moderados, cunnilinguos para todas a placer…” Cuando te contactamos pediste hablar sobre los dos temas en que haces foco ahora: feminismo y especismo. ¿Qué es lo femenino para vos? Al feminismo, ¿qué valores le quedan por cuestionar?

Lo femenino es la mitad del mundo que piensa con los dos hemisferios al mismo tiempo. Como dijo Angela Davis, el feminismo se debe plantear la cuestión de la comida. Y como decimos las feministas antiespecistas: Ni oprimidas ni opresoras. No podemos estar pidiendo justicia mientras le robamos la leche a otros seres o comemos a otrxs que tienen tanto derecho como nosotras a vivir y a ser felices.

 Raj Singh Tattal. "Fin del camino".
Raj Singh Tattal. “Fin del camino”.

Hay un machismo planetario, pero, también, cada sociedad tiene su machismo singular, ¿cómo es el mexicano?

Macho menos, aquí es asesinada una mujer cada 3 horas desde hace 30 años. El machismo mexicano es asesino. Y los machos que están en el poder judicial son ciegos, sordos y mudos. Los machos mexicanos, como los argentinos y como todos son los beneficiarios de este sistema. Ellos están cómodos.

Desde hace unos 6 años te reconocés especista, ¿cuándo tomaste conciencia de  los efectos del patriarcado?

Cuando me enteré que capitalismo viene de “capita”. ¿Cuántas cabezas de ganado tienes?, esa es tu riqueza. También, cuando supe que el padre de familia se comía las partes grandes de los animales y las menudencias iban para las mujeres y los niños. El patriarcado aplica esa correlación en todo.

Unos amigos nuestros, de la banda  “Mano a Mano”, dicen en una de sus letras: “Que  no hay revoluciones que se hagan sin cantar”, ¿qué opinás?

Emilia Calderón. " Viaje a Mictlán".
Emilia Calderón. ” Viaje a Mictlán”.

Para mí la revolución es dejar de comer animales. Es un acto íntimo, poderoso e iluminador. Comer es un acto político trascendental y poder elegir qué comer es uno de los actos de resistencia más temidos por el capitalismo/patriarcado/neoliberal.

“Dejar de masticar tanto dolor./ Dejar de digerir agonías./ Dejar de asimilar el llanto de los inocentes. / Dejar de alimentarse del sufrimiento ajeno. /Dejar de sustentar la codicia.

Dejar de aportar a la barbarie. / Dejar de comer carne. / Comencemos en nuestro propio cuerpo una pequeña revolución de amor”. Erica Rivas

¿Cuánto ayudó la poesía y cuánto la música en tu lucha feminista?

La poesía sostiene mi vida desde muy joven. Sin ella, la tierra es plana.

b. LOS MISERABLES

“Y hoy que honrás con tu presencia/la miseria de esta pieza, la sorpresa del encuentro/la podés imaginar”. La palabra miseria aparece con frecuencia en tus poemas. ¿Quiénes están en el tope del ranking de los miserables hoy día?

Los que no respetan más que sus intereses, sus gustos y sus ambiciones.

Hay otra palabra, revolución, que se reformula constantemente, ¿qué es para vos hoy la revolución?

La reformulación constante de la vida. Hoy la revolución es dejar de comer animales, respetarlos y aprender de ellos.

Imagen para la Jornada mundial contra el Especismo.
Imagen para la Jornada mundial contra el Especismo.

“Esta ostentación grandilocuente/Napoleónica y mayúscula/No exige responsables y pagamos/”. Esa idea de que siempre pagamos porque debemos es muy del cristianismo. Cristo resucita todos los años y nunca alcanza para pagar nuestros pecados. ¿En qué combate el feminismo estos atravesamientos cristianos que afectan todos nuestros quehaceres, desde lo privado a lo público?

El capitalismo y el cristianismo son instrumentos de tortura para el sometimiento. La deuda con el FMI es la condena para los países que la pagan. Hereje quiere decir el que decide libremente. Para el cristianismo la libertad de decidir es una herejía,  va acorde al diccionario.

“Yo quiero ser lo difuso lo profuso/la herida, algún deseo/la distancia que proponen tus besos, /lo azul de un cerezo/y una manera de comprender a dios.” Son conocidas tus críticas a la institución iglesia pero, ¿cómo es tu manera de comprender a ese dios con minúscula? Spinoza hablaba de un dios que está todo el tiempo haciéndose, con un principio femenino y uno masculino, un dios que es todo lo que hay y aún no está terminado, ¿le darías crédito a un dios así?

“No hay dios, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos”. Ignacio Ramírez, El Nigromante 1867.

Mientras en México se abre una ilusión política, nosotros estamos cada vez más eclipsados, ¿te duele  el país de infancia?

Sí, mucho, desde que desaparecieron a mi hermana me sigue doliendo Argentina, es un dolor que no desaparece. Nada se puede esperar de Macri, es parte de la ignorancia y del horror. Ojalá que pronto Argentina vuelva a su cauce, como el río que comienza a fluir en México y que esperamos desemboque en el océano de la justicia y aliente a todxs.

“Las palomitas eran de maíz/y los humanos teníamos raíz,/hoy son transgénicos, genéticos, clonados,/biotecnológicos, modificados”. Hay raíces de origen y hay otras que se van incorporando con el paso de los encuentros, ¿cuáles son tus raíces atesorables?

Mis raíces son la almohada donde duermo y las de los árboles que he sembrado.

c. LAS IMPRESCINDIBLES

“Carmela Robles, Florinda Lazos,/María Quinteras y Petra Ruíz./Ángela Gómez, La Bobadilla/y Carmen Parra la de Alanís./Cadete Clara, la Catalina/La Carmen Vélez y Encarnación./María Esperanza, La Petra Herrera,/La Valentina y también yo./Sin soldaderas no habría revolución”. ¿Cuál es la importancia de dar el nombre propio, aparte de nombrarlas en un colectivo, “las soldaderas?

Ponerle el nombre al trapo que borda una bordadora le da sentido al bordado y a su vida y también convierte a un simple trapo en una obra de arte. El nombre es importante cuando has bordado tu vida sin prisa pero sin pausa.

“Y si la historia se detiene aquí/ Y si la historia se detiene aquí/en el segundo en que te digo que no puedo yo ya no puedo vivir sin…” ¿Cuál es la importancia del silencio?

Sin silencio no hay música.

Es una cosa extraordinaria de la vida. / ¿Qué es? no te lo puedo decir”.¿Qué es lo innombrable para vos y cómo se vincula eso con tu creación artística?

El zapotal.
El zapotal.

Nada es innombrable. Manchan su nombre los que torturan y los que asesinan y los que nunca se dan cuenta de nada y los que creen que pueden decidir sobre el cuerpo de la mujer.

“Si a Tertuliano, se le hincha un huevo /y destruye de un huevazo todo todo lo pagano!/A ver Quintiliano, qué clase de hombres fueron los humanos?” ¿Hay algún tema para vos que no pueda ser tratado desde el humor?

Se pueden tratar todos los temas. Lo que no se puede es reírse de una infamia o de las víctimas de esa infamia.

”Y yo tendré por patria/La almohada que me diste. /Puede ser que muera así cantando bajito/O que me meta en un rinconcito/O que sienta como un frío de dos,
Pero no moriré extranjera/De tus labios fuertes
”. Aparte del amor de pareja, ¿qué otros haceres o encuentros te han servido o te sirven de “almohadita”?

Plantar, recuperar la tierra erosionada, ver crecer a los árboles, ver a los animales felices y acostarme a dormir mirando a las estrellas y no haber hecho la canción que necesito.

¿Creés  que, más allá de los exilios puntuales  políticos o voluntarios, el exilio está en la condición humana?

Somos los exiliados de la naturaleza, y seguimos buscando un nuevo pasaporte que estamos muy lejos de conseguir. Nuestro paso es devastador, pero para mí los animales están siendo una visa temporal de estadía.

¿Qué tipos singulares de exilios son los que más te duelen?

Cuando no se dieron cuenta que te fuiste.

Xoloitzcuintle.
Xoloitzcuintle.

¿Cuáles son más soportables?

El exilio de mi misma.

Componer es un trabajo más de la soledad y del silencio; cantar, salvo en la ducha, está más vinculado a lo público. ¿Alguna vez te sofocó  la exposición pública?, ¿cómo te llevas con la noción de espectáculo?

Soy como la teniasollium. Tolero a los humanos porque soy parte de esa especie, pero en el fondo soy una lombriz solitaria.
SEGUNDO CATETO: En lengua hablada (una tarde del agosto porteño)

“Narra que no es posible/todos digan que bueno,/cuando ves que se vuelve y revuelve,/animal que ha aprendido a irse… No?/Sí! Acaríciale. No le arguyas.”
César Vallejo

a. EN SOSPECHA

Escuchamos en una entrevista que decías estar en crisis con tu arte…

Estoy en crisis con el arte. Mi arte está bajo revisión. En una de mis canciones, yo antes decía “como una rata en la basura”, sin pensar en ese ser tiene tanto derecho a la vida como yo, sean cuales sean sus intereses. El año pasado escuché a un ingeniero brasilero decir que, en este momento, es más sano comerse una rata de la calle que a cualquier animal criado en los cerros. Si yo hubiera sido, no sé, una tipa acomodada dentro de la sociedad, con diez chicos, con el marido perteneciente a un partido político, ricachón , bueno, por ahí hubiera pasado. Pero yo siempre he sido una luchadora y me tocó ser una víctima de la violencia del Estado. ¿Cómo es posible que, siendo víctima, no pudiera yo pasar antes esa barrera?, ¿cómo no pude ver que la violencia  ejercida contra mi familia, contra mí y contra todos es la misma que nosotros ejercemos sobre los animales? ¿Por qué no lo pude ver o por qué no lo podés ver vos? ¿Por qué no te cuestionás vos, que no sabés ni tenés ni la puta idea de lo que es el especismo? Digo vos como quien dice, alguien que puede  tener toda la información necesaria  para averiguarlo. ¿Por qué no lo sabés? Porque no quieren que lo sepas. Todas mis canciones están en revisión. Está marcado con rojo lo que ya no debo decir. Por ejemplo, en la canción que hice para buscar a los hijos que faltan, que se llama “Sólo vos”

A los nietos.

Ajá. Siempre ha sido mi fantasma. Yo soy como la tía de todos los hijos y ellos me tratan como tía. Bueno, la canción dice “Está listo el mate pa’ charlar, ya llegaron los bizcochos. En el patio ya prendimos el fogón.” Antes decía “Este asado será tu bienvenida”. Pero le pregunté a Jesusa, mi mano derecha, y me dijo “este asado será de verduritas”. Perfecto. Ya está corregido.

Ah, en este sentido.

En otros también, mucho más profundos.

Mictlan-medium.
Mictlan-medium.

b. CAMBIAR NO ES MALA PALABRA

Igual me parece que tus letras son un poco elásticas, ¿no? He visto shows tuyos donde, no sé si antes o después de conocer el especismo, cambias las letras a las canciones.

Y más si se me olvidan… Pero ahora me pasa saber que todos los palacios de bellas artes, todas las óperas, todo el arte oficial están encima de los cadáveres de los animales. Esas construcciones se montan sobre la riqueza generada por esta clase trabajadora que está ahí y todavía no vemos. Ningún Shakespeare, ningún Mozart, ni las pirámides de Teotihuacán, ni las pirámides de Keops, nada, ninguno de tus hijos ni de los míos, ni de nadie valen la muerte de un animal.

Mictlan.
Mictlan.

¿Eso te hace cuestionar seguir haciendo arte o qué tipo de arte hacer?

Es que, ¿qué es el especismo finalmente cuando lográs verlo? Es ¿vas a seguir siendo cómplice o no?, no hay más caminos. Me encantaría ser mucho más ingeniosa, más incisiva, que a vos no te quedara la menor duda, que salieras de acá diciendo “¿por qué, cómo no lo voy a hacer yo, si soy alguien que desea un mundo mejor?” Eso es todo.

Interpelar a quien te está escuchando. ¿Por qué no escribirlo?

Quisiera poder darlo con cierta alegría, con cierta energía, pero yo todavía sufro mucho el tema.

Necesita trabajarse afuera para salir a escritura.

No sé qué es lo que necesito, creo que nunca voy a poder procesarlo.

Respecto a por qué no nos enteramos, ¿no será que tenemos demasiadas desgracias al acecho? Pienso en los agrotóxicos que están matando a tanta gente.

No puedo decirte que el problema del agua, de las mineras, de los agrotóxicos, sea secundario. Pero en el problema de matar animales están los seres sintientes: los animales son un otro que siente, que tiene el sistema nervioso central como el tuyo.

XOLO.
XOLO.

Entiendo, pero si logramos no matar al animal y el agua sigue contaminada,  el animal se va a morir igual.

Obviamente.

Son muchos problemas muy graves y muy fundamentales todos juntos. Hay como un reclamo de mucha militancia para todo el mundo y es difícil la prioridad.

Para mí no es nada difícil.

Claro,  por ahí si vivieras en el sur, donde se te está muriendo el vecino con la cara deformada por los agrotóxicos, igual seguirías militando por los animales, pero lo otro también entraría en una prioridad.

Seguramente, donde estoy, milito por el tema del agua. Pero me urge lo otro porque no se ve. Polemizo con la izquierda y el eterno discurso de “primero tenemos que alimentar a los pobres”. La posibilidad de alimentarlos sin tu visión antiespecista es enfermarlos. Yo quiero darles la otra opción que todavía no existe.

En la Isla Maciel, por ejemplo, el padre Paco había logrado no tener más comedores populares y ahora los tiene desbordados con chicos desnutridos, con situaciones de anemia. Lo que vos planteás implicaría cambiar una cultura de alimentación y allí es el huevo o la gallina.

Sí, pero yo te pido el cambio a vos, porque los que hacen los programas son gente como vos, no son como el otro. El negocio de este gobierno es generar pobres, mientras más animales comas, más pobres generás. Mientras más animales comas, más gente se va a morir de hambre, ¿podés entender que todo este mundo está diseñado por la Suciedad Rural Argentina para darle de comer a esas legiones interminables de animales?  Trescientos cincuenta niños mueren por día de hambre. Tenés que entender, eso es parte de nuestra responsabilidad. Yo no le puedo pedir a un tipo que está muerto de hambre que no se coma el pollo que va a encontrar en la basura, no. Bueno, sorry pero, ¿qué  puedo hacer? Decirte que estás equivocándote, que tenés la solución en tus manos. Dejá de darle dinero a los que te están empobreciendo cada vez más, aparte de enfermarte.

La lucha que llevás adelante lleva implícita una lucha por el cambio de un sistema económico.

Obviamente. Si querés derrotar al patriarcado capitalista, machista, cristiano, neoliberal y carnívoro, dejá de comer animales.

El inframundo prehispánico mexicano.
El inframundo prehispánico mexicano.

c. CIELO ARRIBA

Vuelvo a  qué se puede hacer desde tu arte. Como escritores, siempre preguntamos por el lenguaje y también sentimos que hay mucho conservadurismo en cuanto a las palabras que usamos. Tal vez cambiar las palabras, buscar otras, renovar…

Hará unos quince años, hicimos un espectáculo con Jesusa que se llamaba “Cielo de abajo”. De acuerdo a la ideología de los antiguos nahuas, cuando te morís, en México, hay que atravesar nueve inframundos hasta llegar al Mictlán, el sitio donde no hay agujeros para el dolor.  Los nahuas nombraban a su cuerpo de otras maneras y les dolían otras cosas. Tenés razón, tendré que empezar a crear palabras nuevas.

O recuperar algunas que están en desuso. Un entrevistado mapuche nos contaba que, en una asamblea mapuche, alguien puede defender un sueño que tuvo y eso vale tanto como un hecho real.

Muchas veces es lo que guía a la acción de las comunidades, de los pueblos, ¿no?

¿Cuáles son los sueños que se te cayeron y que sería importante reflotar? o ¿en qué se transformaron los sueños que tenías?

No sé. Mi vida fue siempre fluyendo. Lo difícil fue la desaparición de mi hermana. Nunca acaba. Pasó hace cuarenta años y no acaba. Pero también ha sido algo que me ha dado un sentido muy fuerte. Eso puede ser un sueño…

Hay en la presencia de los hechos de aquellos años una vivencia extraña del tiempo. Nos pasó con la escritora Laura Alcoba, cuando ella hablaba de los ´70, todo parecía estar sucediendo ahí, mientras lo decía y vos comentabas recién que no se acabó lo que pasó hace cuarenta años.

Siento que he tenido muertes naturales en mi experiencia, alguien que amas y necesitas mucho se enfermó y se murió, es algo, como irremediable. Así es la vida y la muerte, hay que acostumbrarse. Lo otro es algo mucho más complicado.

Como una presencia constante.

Algo que constantemente te preguntas es qué podías haber hecho para que no ocurriera. Se siente como una historia sin fin.

Nos dijiste que la poesía es algo muy fuerte para vos, ¿qué es lo poético, más allá del poema?

La poesía, en el mundo de la canción, lo es todo. En la canción, muchas veces, logro lo que no consigo ahora, porque me faltan esas ideas. El 50 por ciento del trabajo literario  en las letras es de Jesusa.  

Pero la música agrega poesía.

Mictecacihuatl.
Mictecacihuatl.

Sí, más irracional digamos. Soy una gran lectora de poesía, pero también soy mala onda, enseguida me doy cuenta cuando algo no me gusta. Ahora estoy con un libro que les recomiendo: “Nacidos en otra especie”. Es una antología de poesía universal que hizo un grupo de Madrid, “El caballo de Nietzsche”, la sección animalista de El Diario. Hay un poema  que me pareció estrujante para contestar a este argumento que vos decís de los pobres y qué hacemos primero. Es un poema de un rinoceronte tirado al que le han cortado el cuerno para vender. El animal se está desangrando, muere lentamente. El argumento del señor que le cortó el cuerno es: “tengo que mantener a mi familia, tengo que comprarle una camiseta de Messi a mi hijo, tengo que pagar la colegiatura de mis hijas, estoy trabajando, este es mi trabajo”. No hay peor holocausto que el que está ocurriendo con los animales desde hace cincuenta años.

d. ¿TE GUSTARÍA SER UN POLLO DE CRESTA ROJA?

¿Por qué marcás los cincuenta últimos años?

No soy una experta para nada, pero después de la victoria estadounidense en la segunda guerra mundial, se decide la tecnificación, la pasteurización y todas las derivaciones industriales. Ahí comienza la debacle de toda esta historia: la cosificación de los animales a unos grados inenarrables.

Y al consumo que se hacía del animal, previo a esta situación, ¿cómo lo caracterizarías?

Siento que siempre fue como una imposición, como una cuestión de poder. El carnismo es una cuestión del patriarcado, del machismo. Ahí hay un libro, ya un poquito viejito, en estos temas: “The sexual politics of meat”, de Carol J. Adams, una señora a quien conocí. Ella te muestra cómo el cuerpo de la mujer está repartido igual al plano de la vaca, cómo todo esto es una política patriarcal machista. Pero lo de los cincuenta años lo digo porque, desde 1990, el consumo de animales se ha incrementado en un 100% y ha disminuido en un 50% el consumo de legumbres y cereales. Y eso es una imposición a ojos vistas. No hay una cuadra en el mundo donde no haya dos ventas de pollos. El pollo es el animal, junto con los peces, más sacrificado en la historia de la humanidad. Es una cosa desgarradora. No hay nada más barato que el pollo. Y esto, porque estamos en manos de seres que yo siento como monstruosos. ¡Y son personas a  quienes  nosotros mantenemos!

Vemos que la escritura, al menos en la divulgación, ha encontrado recursos para luchar.

El otro día, un periodista me dijo: “Siempre tú en los temas así, novedosos”. Bueno, novedoso desde Pitágoras digo yo. Pitágoras decía que, mientras sigamos masacrando animales, no habrá paz ni alegría en el mundo. Pero el mundo todo se fue con Aristóteles. Jesusa y yo dejamos de comer animales hace unos siete, casi ocho años. Después me enteré qué era el veganismo y después llegó la palabra especismo.

¿Y por qué dejaron de comer carne?

Porque vimos un camión de puercos. Y yo me dije no, no, no, no. Y dejamos de comer. Inmediatamente, empezamos a sentirnos mejor. Nosotras no tenemos gente que nos cocine o gente que nos limpie la casa. Antes teníamos. Ahora que vivimos en el campo no tenemos nadie que resuelva esto. Entonces cambió toda nuestra alimentación, empezamos a sentirnos mejor y luego nos enteramos qué era lo que estábamos haciendo.

De la práctica a la teoría.

Exacto y las cosas empezaron a llegar rápidamente.

XOLO.
XOLO.

e. PREGUNTALE A LOS COLONIZADORES

Cuando pensamos en otras cosmovisiones, aparecen las de los pueblos originarios y su idea de consumir aquello que les da la tierra -incluidos los animales- para satisfacer las necesidades, sin generar excedentes. Se nos hace más difícil pensar en referencias de otro tipo de economía y supervivencia, sería algo nuevo.

Me encantaría que Jesusa estuviera acá para hablar de la cosmovisión de los mayas, de cómo no estaba separado el animal del ser humano, pero yo no te lo sé explicar. Comían animales en ciertas circunstancias, pero no se criaba a alguien para comérselo, me parece, no estoy segura. México tiene la milpa al alcance de los campesinos, todos tienen su cacho de tierra donde está el maíz, el frijol, la calabaza, el chile, el tomate. Con eso se sobrevivía y se vivía muy bien, ahí está la proteína. Tenemos cinco mil años de una civilización que no conocía ni el puerco ni la vaca ni los pollos. El puerco, la vaca y el pollo son parte de la colonización.

Bueno, Europa es un continente extremadamente carnívoro y es el que salió a conquistar el mundo.

Exactamente. Esto que nosotros vivimos acá es parte de la colonización. Habría que preguntarles a los mapuche, seguramente, se comían un animal cuando moría. Yo trato de creer que posiblemente haya sido así. ¿Cuál era una de las proteínas más importantes en el mundo antiguo mexicano? El alga espirulina, esa baba asquerosa que ves en los arroyos y los pantanos verdes, esa cosa verdosa y pegajosa. Eso es la mejor de las proteínas que te puedas imaginar.

Los peruanos tenían la quinoa. Cuando los españoles les quemaron eso, los liquidaron.

Sí, en México, la parienta de la quinoa es el amaranto. Y los españoles lo prohibieron, o sea, debilitaron a la gente porque les quitaron la fuente de energía. Si te encontraban amaranto, te cortaban las manos como castigo. Ahora que vamos a ser gobierno en México, hay un proyecto de hacer un comedero popular en Los Pinos, la casa presidencial. Son muchas hectáreas que se van a convertir en un espacio cultural. Nosotras hemos propuesto crear un sitio de enseñanza sobre el veganismo asociado a las culturas originarias, a las recetas originarias. Porque, en México, tú puedes, con cosas locales, tener una comida vegana muy buena.

Mictlan. Rumbos del universo.
Mictlan. Rumbos del universo.

Los médicos tradicionales suelen decir que el contenido de calcio de un vaso de leche equivale a unos cuantos kilos de semillas. Suena lógico, ¿no?

Si hay algo que la leche hace es descalcificar. Es duro cuando te empezás a enterar de qué los médicos y los nutriólogos trabajan con información de hace ciento cincuenta años o más y solo te recetan lo que te enferma. ¿Por qué en los hospitales te dan caldo de pollo si eso es lo más tóxico que hay?

f. LENGUA ADENTRO

En este número escribimos sobre los exilios. ¿Te sentís exiliada de algo ahora?, ¿qué exilios son insanables?

Tengo la sensación de que salí del país muy joven, a los veintidós años. Tuve la opción de pasarla bien y elegí por esa, pero veía a mucha gente grande, que ya no podía mucho. En ese sentido me siento muy afortunada, yo tenía la energía, obtuve la paz espiritual o la no sé qué, de dejarme llevar por las cosas y de nadar de muertita, que me lleve el agua. Aunque sí vi mucha gente sufrir mucho. Al poco tiempo de estar en México, ocurrió lo de mi hermana, ahí ya no estuve muy bien, pero tampoco tenía otra opción. Te pueden exiliar de muchas maneras, hay la gente que se exilia de su propio cuerpo, que no puede vivir con su propio cuerpo .

¿Y esto que te pasa con las palabras no podría considerarse así, como un exilio?

No sé. A lo mejor en un comienzo lo viví muy románticamente. Después, no. Después odié México porque es tan distante, tan indiferente. Lo que pasa es que, cuando empezás a ver, México es un país violentadísimo. En los primeros catorce años de vida fueron asesinados dieciocho millones de personas, más de la mitad de la población. Los que quedan son una tercera parte. Después de una masacre de esas dimensiones, la gente toma sus precauciones para opinar. Sin embargo, yo siempre decía, ¿cómo puede ser que en un país con tanta gente inteligente, sensible, creativa, arriesgada, nos esté gobernando esta bola de criminales? Y ahora va a subir lo mejor de México, ¿me explico? Algo tendremos que poder hacer. No sé qué. Pero, si no podemos, con las mujeres que están ahí, yo ya no sé con qué se podría.

Hay muchos fantasmas entonces. ¿Cómo te llevás con eso, con los ausentes?

Bien. Me llevo bien con eso, me gusta. Creo que mis fantasmas están bien.

“Cerro de la Serpiente” [Coatepec]. Códice Tovar
“Cerro de la Serpiente” [Coatepec]. Códice Tovar
Leí en una entrevista que decías algo así como que, en cada piedra de México están tallados los ancestros, y eso es indestructible.

Eso lo ves en las comunidades zapatistas, en los caracoles. Ellos están como muy encerrados en sí mismos. Pero hay una cosa fundamental: ahí no se puede beber ¿Y qué provoca eso? Que no hay violencia contra las mujeres. Tan sano como eso. La cultura del chupe, de la borrachera, no es otra cosa que después ir contra las mujeres, los niños y los animales. Había en México toda una cultura muy mal interpretada, como eso de que te sacaban el corazón. Pero es la interpretación del otro. En verdad, se trataba de una preparación mística. Ya los aztecas doblegaron cinco mil años de civilización náhuatl, quizás la más importante de la humanidad. Sin embargo, yo creo que esa sensibilidad sigue en la gente en México.

¿Creés que con López Obrador ese México profundo va a salir?

Sí. Lo primero que dijo es que se van a firmar los acuerdos de San Andrés, que es lo que pidió, en 1994, el levantamiento zapatista.

¿Jesusa tiene participación política?

Ella va de senadora.

Hablando del Senado, te tocó estar en Buenos Aires el día en que se votó la ley de legalización del aborto.

Me parece increíble que estos tipos crean que nos interesa su opinión. Es tan patético y vergonzoso que haya que mantener a estas lacras humanas inservibles. Siento que la ley de aborto seguro, legal, gratuito y mundial -agregaría yo-, ganó. Ya ganó. Lo que se evidenció fueron estos tipos y sus rebabas de mujeres esas que…

Esas mujeres son más enervantes aún. Como la senadora que se abstuvo de votar.

Sí, tremendo. “Abstenete un pedo”, habría que decirles, ¿cómo te abstenés un pedo? Cuando la de Córdoba se abstuvo, yo dije “Abstenete de cobrar”. Lo que pasa es que nosotras, apenas desde el 1° de julio, hemos levantado la cabeza porque tenemos ochenta años de que en México no pasa nada. O sea, lo de los senadores acá lo estamos viviendo todos los días en todo. Entonces, lo tomé como algo del paisaje, pero me parece que para afuera ha sido un logro indiscutible.

Hace unos catorce años, cuando comenzaron las campañas por el aborto legal, no se podía hablar del tema en el living de la casa. ¿Pensás que va a pasar algo así, en un tiempo, con el tema animal?

Mictlan.
Mictlan.

Sí. En Parque Lezama, hace ciento cincuenta años, había un templete donde se vendía gente. Cualquier persona de aquella época te hubiera dicho “Así es, esto es lo que se hace, esto es lo normal. Necesitamos hacerlo, no son iguales, no sienten como nosotros”. Yo siento que el futuro de los animales es la libertad, es entender los intereses que cada uno de ellos tenga. Desconozco cuáles serán esos intereses. Lo único angustiante es cuántos miles de millones más deberán pasar por este infierno que promovemos los ciudadanos. Y, sabiendo que existe esta injusticia, esta crueldad innecesaria, cuánta gente decide hacer algo, cuánta gente decide que así, mal como estoy, estoy bien.

 

LA HIPOTENUSA: En versos y canciones (Liliana Felipe en Buenos Aires)

“Están sordos allá/Ninguna pluma de ángel,/ningún fulgor del cielo hemos logrado con tantas migraciones arrancadas al alma”
Olga Orozco

El escenario está dispuesto para la música alrededor de un piano que espera, lateral, que las manos hagan sonar sus teclas. Pronto, será vestido con pañuelos verdes y naranjas. Al otro lado, una pantalla lo acompaña e interpela con una máxima de Pythagoras: “Mientras los hombres sigan masacrando a sus hermanos, los animales, reinará en la tierra la guerra y el sufrimiento y se matarán unos a otros, pues aquel que siembra dolor y la muerte ni podrá cosechar ni la alegría, ni la paz, ni el amor.

No faltará a la cita el cronómetro para contar los minutos que dure el encuentro y calcular la cantidad de animales muertos en el mundo durante ese lapso encapsulado de complicidades con iguales dosis de canción, imagen, ironía, crítica y abrazos.

La Felipe potencia el ritmo, se sobrescribe en otra fórmula de sabiduría popular, para revolucionar el amor. Siempre, con una nueva misma, con una que apuesta  más. Abro paréntesis a su reflexión:

“Yo creo que comer animales vuelve violentas a las personas, las vuelve indiferentes e ignorantes. Toda la grasa, la tristeza, la angustia de los animales engordados para comer se va a tu sangre, a tu cerebro, a tus propósitos. Dejar de comer animales es comenzar a desengrudar el mezquino mundo en que nos obligan a vivir. Cuando te topas en tu vida con el ‘Así ha sido siempre’, ‘Así nos gusta’, ‘Es nuestra tradición’, ‘Así me enseñaron’ y comenzás a desbaratarlo, la vida comienza”.

Liliana Felipe con el Anartista.
Liliana Felipe con el Anartista.




PUNTO DE INFLEXIÓN

Los exilios: Entrevista a Horacio Altuna

Entrevista: Viviana García Arribas, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman

                       

                       

Hijitos míos, no hay que ponerse tristes/ por cada triste despedida:/todas lo son, es sabido, porque hay otra partida, otra cosa, /digamos, /donde nada, /nada/está resuelto.”
“Algo”, Raúl González Tuñón


Llegamos temprano, como siempre. La casa de las palabras prohibidas está abierta. Su fortaleza legendaria depende de la altura de los planos. De la “altuna” de los planos, dice una voz. Y esa es la especialidad de la casa para combatir el silencio: resistir en ecos, impregnarse en los objetos de fondo, dibujar de historia los desploblados sin mundo, reservar un globito blanco- invitador, dispuesto- por si queda algo más para decir. Porque siempre queda algo más para decir. Y, de paso, evitar que te pille el lobo. Lograr que de su astucia no dependa el ritmo de tu tiempo. Conseguir que el andar de las agujas se acompase a tu deseo y no al revés. No vaya a sucederte como al Señor López quien, ante la posibilidad de hacer una sola pregunta acuciante, sólo atina a decir “¿qué hora es?” Mirá que la orfandad está de moda, advierte un cartel, al final de todos los recintos. Se trata de un espacio amplio, un patio o un descampado, donde deambulan siluetas muy jóvenes en busca de un abrazo. Vemos a uno correr hasta la esquina porque, según dicen, ha perdido su nombre o se le han mezclado los bautizos de tanto desencontrarse. De pronto, dobla. Y su curva habilita el paso desde la casa de las palabras prohibidas a las casa de las preguntas sin exilio. Un lugar para perderse a gusto, pero con cautela. Vaya a saber por qué azar o destino, no hay allí rincón que no esté pleno de juguetes, lápices de colores, plumas, sombras: un diseminado botiquín rescata- infancias. Es bueno detenerse en cada cuadro, avanzar por la historia desplegada de estancia en estancia y saltar en los umbrales, en los pliegues que llevan de un episodio a otro. En la casa de las preguntas sin exilio, a esas transiciones, las llaman puntos de inflexión. Zonas agitadas, intensas, llenas de valles profundos y picos agudos. Y, en todas, suena esa música. Esa: la que devuelve consistencia a las palabras relegadas, la que enrosca en giros de baile a las palabras nuevas, la que puebla con huellas de buen tiempo el tacto de algunos hombres. Y reclama, urgente: ¿pero, cuándo?, ¿para cuándo, un punto de inflexión? Entre los acordes de la pregunta, lo vemos a Horacio Altuna. Y él se presta a conversar.

 

LA CASA DE LAS PALABRAS PROHIBIDAS

                                                           ¿quiero venir a casa?/ sí, dije yo
Y volvimos a encontrarnos/ con paz/ yo me sentía bien junto conmigo
igual que yo/ que me sentía bien junto conmigo/ y así/ de un día para el otro
me casé y me casé/ y estoy junta/ y ni la muerte puede separarme
.”
“Canto nupcial”, Susana Thenon

 

Anduvimos hurgando por tus textos. Nos llamaron la atención los blancos, tanto en los globitos vacíos de “Imaginario” que luego también vimos aparecer en López.

El globo blanco se deja, en general, cuando se hacen publicaciones en Francia o en Italia suponte, para poner texto en ese otro idioma. En el caso de “Las puertitas del señor López” hay algún episodio en el que sí intentan ser una referencia a la censura que había en aquella época.

Horacio Altuna. "Las puertitas del Sr. Lopez".
Horacio Altuna. “Las puertitas del Sr. Lopez”.

Pensaba entonces dónde van las palabras censuradas como las de López, las que no se pueden decir. En “Las puertitas…” terminaban en un tremendo grito, en algo muy contenido que finalmente explotaba.

Horacio Altuna. "Las puertitas del Sr. Lopez".
Horacio Altuna. “Las puertitas del Sr. Lopez”.

Las palabras prohibidas siempre quedan latentes. No se puede prohibir la palabra, a la larga, resurgen de una manera u otra. Y los mensajes se dan por comisión o por omisión. En este caso, se trataba de la época de la dictadura y, para el que lo quería entender, eso era explícito. Lo que no se dice no desaparece, simplemente está en algún sitio y sale cuando corresponde.

El mismo López, frente a una especie de tribunal celeste dice: “Era tan bueno que no podía reaccionar”. Y esa es otra manera de no decir. Recién hablabas de la dictadura. Nosotros estamos viviendo un momento en que se ha puesto de moda una especie de actitud civilizada: no reaccionar demasiado, como si se asociara el reaccionar a un tipo de enfermedad o de violencia innata ¿qué opinás?

Que no es un fenómeno argentino, es planetario. Lo vivo en España también. Sucede que los medios tienen el monopolio de lo que se dice públicamente, si bien es cierto que, a través de las redes, hay posibilidad de decir lo que no sale en los grandes medios. En cuanto a lo que mencionabas del señor López se trata de una escena en que él había ido al cielo y habla con Dios o con San Pedro a ver si lo dejaban entrar o no. Como era un tipo pusilánime y cobarde, Dios le dice “¿Eso hiciste con la vida que yo te di?” entonces lo mandan al infierno por no ser capaz de modificar su realidad. Ese episodio del Sr. López está basado en un cuento de Angélica Gorodischer que habla de lo mismo. Con Trillo hacíamos juntos los guiones y justo salió esa relación con Angélica. Respecto de tu pregunta, muchas veces se reacciona, pero no se puede publicar. Y también, por otro lado, todo el mundo se autocensura. No hay espacio donde no haya autocensura. Son las cosas de la época que nos toca vivir. En la actualidad, con lo “políticamente correcto”, que creo que es como la censura de aquellos tiempos, cada vez se pueden decir menos cosas y cada vez se puede hacer menos humor respecto de determinado tipo de cosas.

Horacio Altuna. "Las puertitas del sr. Lopez"
Horacio Altuna. “Las puertitas del sr. Lopez”

Inclusive el humor que antes se ejercía con libertad ya no es posible, hay límites no sólo puestos por los medios, sino también por  el lector o el espectador, que te censura si uno hace un chiste que entra en conflicto con lo que piensan esas personas. Y muchas veces se equivoca el mensaje inclusive.

Es como una dictadura del sentido común.

Precisamente. Y pasa en todas partes. Si te muestro comics que se hacían hace veinticinco años, entenderías que hoy sería imposible publicarlos. Y no sólo respecto del feminismo, el humor que hacían en España, por ejemplo, Gila, o Chumy Chúmez, no sería posible hoy. No se pueden tocar ciertos temas. Si no eres judío, no puedes hacer chistes de judío. Si no eres negro, no puedes hacer chistes sobre negros. Y lo mismo con la homosexualidad. Es una gran estupidez ambiente que hay en todo el planeta. En algún momento esto se tiene que terminar. Tiene que haber un punto de inflexión para que el humor vuelva a ser un escape y también una manera de modificar la realidad.

 

LA ALTUNA DE LOS PLANOS

                                                           “porque todo es garabatear mientras se espera/ que desde lejos, de alivio,/ se te asiente un pájaro hermoso/ o el sapo intuitivo te entregue una mariposa.”
“La creatividad”, Jorge Leónidas Lamborghini

 

Nadie quiere hacerse malasangre en público. ¿Vos tenés alguna instancia de producción privada de cosas que dibujás o escribís y no publicás? Porque decir se puede, lo que no se puede es decirlo públicamente.

Bueno, yo tengo anotadas ideas y dibujadas cosas que nadie publicaría.

Horacio Altuna. "Charlie Moon."
Horacio Altuna. “Charlie Moon.”

¿Y no tiene sentido dibujarlas si no se publican?

No, no es eso. Yo tengo ciertas ideas, pero no tengo tiempo para poder llevarlas a cabo. Me gustaría que eso tuviera una salida. Pero, imaginate. Tengo setenta y seis pirulos. Ahora estoy produciendo, en cantidad, prácticamente lo mismo que cuando tenía cincuenta años, aunque me lleva más tiempo. Encima, tengo menos tiempo para leer más, que es lo que me gusta.

¿Y escribís, independientemente de la escritura como parte del dibujo? Ficción, por ejemplo.

Bueno, todos los guiones los escribo yo, desde siempre. Cuando trabajaba con Trillo lo hacíamos juntos, yo era coautor de los guiones. Pero cuentos y eso, no. Claro que me gustaría tener el tiempo para hacerlo. Soy amante de la lectura y de la escritura, pero soy más amante del cómic y del cine. Eso sí, me gustaría hacer un guion de cine, tal vez hacer adaptaciones de cosas que he hecho en cómic.

Respecto al cine, aprovecho para preguntarte algo: en tus dibujos se ve una inspiración cinematográfica. Los cuadros están planteados, muchas veces, como si fueran planos cinematográficos ¿hay algo de eso?

Sí, absolutamente. El cine y el cómic son deudores uno de otro, nacieron juntos. Pasa que el cine se desarrolló, digamos, de una manera más industrial. El cómic quedó más estructurado en cuanto a que era, desde su nacimiento en Estados Unidos, una lectura infanto juvenil para varones. Pero, con el tiempo, eso se constituyó en una forma fija de producción. El cine funciona de otra manera. El cómic empezó a ser adulto en los años cincuenta y pico, con Oesterheld, precisamente, que fue el primero en el mundo en hacer historias adultas en este género. Esto es real, no lo digo por ser argentino. Ese es el contexto en el cual yo me formé. Vivía en Necochea, tenía diez años más o menos, e iba dos veces por semana al cine veía tres películas en cada sección. Eran las secciones dedicadas a la mujer y a los niños. Entonces, en los años cincuenta, yo me tragué todo el cine americano de las décadas de los ´30, ´40 y ´50. Mi formación visual y narrativa viene de ahí, aunque yo haya evolucionado a lo mejor en otras cosas. Si ustedes se fijan en mis historias, salvo en la tira que hago ahora que es otro tipo de lenguaje, en toda mi producción hay muy pocos primeros planos de caras, lo cual viene de aquel cine. En aquella época se hacían planos medios o planos americanos, no había casi primeros planos. Ahora le enfocan un ojo o la nariz a la gente. Antes no había eso. Lo que yo hago, inconscientemente, tiene ese origen. Y todo lo que es la narrativa está también emparentado con eso. A su vez, también el cine ha copiado a la historieta. El lenguaje se modifica muy poco. El cine es la cantidad de imágenes por segundo, ¿verdad? En un punto, el comic es igual, es narrar con imágenes.

Horacio Altuna. "Merdichesky".
Horacio Altuna. “Merdichesky”.

 

QUE NO TE PILLE EL LOBO

                                       Esta noche, el lobo es una sombra que está sola”
“El lobo”, Jorge Luis Borges

 

Hace un rato hablabas del tiempo. En el primer mail que me enviaste me decías “No sabés lo que es mi vida”, en “Las puertitas…”, López tiene ese reloj  en la oficina marcándole el  pulso todo el tiempo y los chicos de “El último recreo” deben aprovechar y apurarse a vivir antes de desarrollar y ser adultos, porque es cuando el veneno en el aire los matará. ¿cómo te llevás con la urgencia y cómo la combatís para poder disfrutar?

Horacio Altuna.
Horacio Altuna.

En mi caso es incongruente. Yo disfruto dibujando. Lamento la edad que tengo. Mirá: la Editorial Galerna, en Argentina, empezó a publicar toda mi obra, en dos tomos hasta ahora, y yo les dije “A este paso van a terminar de publicar mi obra completa cuando yo cumpla ciento quince años, esto así no funca…” Y me pasa de tener proyectos que incluyen cuatro álbumes, que serían cuatro años de mi vida o más. Siendo muy optimista, a los ochenta y pico, seguiré dibujando. Entonces el tiempo lo mido de esa manera, con el trabajo. Ahora, por ejemplo, voy a viajar un mes a México a conocer a mi nieto mexicano que nació hace poquito, el 12 de julio. Y durante ese lapso no voy a dibujar, así que tengo que adelantar trabajos. Debo adelantar un mes y pico de la tira como para no me pille el lobo, para tener el tiempo suficiente y disfrutar allá sin estar pendiente de los plazos de entrega.

¿Pero te permitís la lentitud para disfrutar el trabajo?

Yo siempre disfruto, siempre. Soy un tipo bastante parejo en los humores, aunque me pongo de mal humor cuando me salen mal las cosas, porque soy obsesivo como toda la gente que tiene una pasión. Disfruto, estoy feliz al trabajar. Nunca en mi vida, en los cincuenta y pico de años desde que dibujo, me levanté una mañana lamentando tener que ponerme a dibujar.

Qué bueno…. En tus trabajos -y en esto se nos hizo un puente con los trabajos de Diego Parés- aparece mucho el tema de la desilusión y también de la desidealización, ¿Cuál sería para vos una diferencia entre desidealizar y desilusionar?

Uno puede desilusionarse con algunas cosas, creo. Y pensar que a lo mejor fue ingenuo o darse otras explicaciones. Me parece que desidealizar tiene otra carga: si uno tiene ideología, es más grave que esta se pierda, o que la cambies por la desilusión. Este es un razonamiento que hay que tener en cuenta.

Horacio Altuna. "Charlie Moon"
Horacio Altuna. “Charlie Moon”

Hay la presencia de mucha gente sola en tus trabajos. Especialmente, nos llamaron la atención los niños. ¿Cuál te parece que es la mayor orfandad que estamos viviendo en este tiempo?

Es probable que la falta de ideología, pero también la falta de sentimientos. Yo vivo en España, esto es Europa, una Europa vieja y chota que está con este tema del mundo de los refugiados, de la gente que emigra desde África, desde países empobrecidos de Europa. Europa fue allá a saquear, a robar y a explotar. Los que vienen de allá vienen a trabajar. Entonces, sucede una cosa muy horrible. Pasa lo mismo con muchísimos latinoamericanos que vienen: no los reciben o los reciben para trabajos subalternos. Hay una especie de correa de transmisión entre la falta de sentimiento y la falta de ideología, todo va unido. La izquierda, todo ha cambiado, ha mutado. Nos hacen ver que la derecha ahora es el centro, que el centro es la izquierda, y que la izquierda es el comunismo rojo que va a terminar con la propiedad privada y todo eso. Una fabulación.

Decías “Si tuviera que hablar de mis trabajos diría que son una búsqueda de fidelidad a la época en que se desarrollan mis historias” ¿seguís sosteniéndolo?

Sí. Es una pretensión. Alguna vez dije que me gustaría que cuando se lea “El loco Chávez” se sepa cómo era la época en que la hice. Lo mismo con “Las puertitas…”. Y, a pesar de que lo que hago ahora en Clarín es absolutamente costumbrista, sin una carga política, hay allí una cosa de época, una especie de relación entre lo que piensan los personajes con lo que hay a su alrededor.

Horacio Altuna. "El loco Chavez".
Horacio Altuna. “El loco Chavez”.

 

PUERTITAS PARA NO ORFANDEAR

Y aunque me haya alejado de su abrigo/ Como se aparta a un huérfano en la vida,/ Envuelto ya en mi poncho solitario,/ Sigue siendo mi reino todavía.”
“Radiante quebracho”, Elvio Romero

 

¿A qué llamarías un cómic obsecuente con el poder?

Leo muy poco cómic como para darte un ejemplo de eso. Sería el que elogia a un gobierno que no sea honesto, que no sea democrático. Se podría ser obsecuente ideológicamente con el poder, si ese poder fuera democrático y ese cómic lo defiende, aunque no sería obsecuencia, que tiene una carga negativa, si un trabajo mostrara lealtad o solidaridad a un proyecto democrático.

Esto de que en el cómic se pueda leer la época en que se hizo lo enlazo con la soledad de tus personajes, ¿qué tipo de soledad es la de hoy?

Las soledades nuevas son, a lo mejor, inducidas por lo digital. Hay cada vez más gente que se relaciona más con los móviles o a través de las redes que personalmente. Veo que los chicos juegan cada vez menos entre ellos. Tengo nietos ya grandes. Sus padres-mis hijos- tratan de que el móvil o las redes no sean la forma de relación principal de los chicos, les muestran otra posibilidad. Me parece que hay bastante soledad en la gente a la que le resulta más fácil la relación mediada por lo tecnológico.

Horacio Altuna. "El último recreo"
Horacio Altuna. “El último recreo”

Sí. No empieza siendo eso, pero así termina. Los chicos tendrían que desarrollarse jugando, tocándose, con más relación entre ellos.

Pensaba en los chicos de “El último recreo” tan solos, tan huérfanos, y a su vez reproduciendo la miserias de los adultos.

Horacio Altuna. "El último recreo"
Horacio Altuna. “El último recreo”

Claro, esa es la idea, que los chicos son el resultado de una formación, de una historia. Entonces ahí hay una reflexión, tendenciosa también, pero es real. Abarcar un tema en su totalidad es imposible, lo que ahí hay es un recorte. En el caso de “El último recreo” lo tratamos de esa manera, con tres o cuatro ejemplos.

Claro. Ahí no es posible matar al padre ni simbólicamente.

Ni siquiera eso. Había un difusor de psicoanálisis en Argentina que siempre hablaba de este tema. No recuerdo ahora el apellido, creo que era el esposo de Eva Giberti.

Otro tema muy interesante, un poco surrealista pero a tu estilo, es el de la continuidad de los mundos, tanto en “Las puertas del señor López” como en las de “Tragaperras” ¿Cuáles son tus puertitas?

El dibujo, definitivamente.

¿Y qué pasa cuando estás un mes sin dibujar? ¿Tomás notas, vas “cartoneando” imágenes?

En realidad, hecho de menos la posibilidad de dibujar más. Pero siempre estoy muy abierto a cosas que puedan servirme. Leo mucho. Soy bastante permeable a las influencias. Entonces, cuando no dibujo, cuando no estoy haciendo una historieta, estoy almacenando cosas aunque no me lo planteo como un ejercicio consciente.

 

PASADO DE BAUTIZOS

                                 Como tú, no tiene nombre. Tal vez seáis lo mismo. Tal vez
un día también tú me nombres así.”

“No es ya”, Paul Celan

 

A quienes leemos mucha literatura, el cómic nos resulta un gran recreo: con el dibujo descansamos del texto y, con el texto, descansamos del dibujo. ¿Qué cosa singular tiene esa combinación que, además, resulta para la Academia un género tan subestimado como arte?

Para mí es narración. Entonces tiene lo bueno, lo malo y lo regular que tiene cualquiera de las formas narrativas. Las buenas narraciones en cine, en cómic o en novela subsisten, sobreviven. Esa es la gran virtud: que aquello que uno produce, valga. Es esa botella que uno tira al mar con un mensaje y que es recibido, leído y entendido- inclusive cada vez con nuevas lecturas-, pero siempre es una forma de vincularse. Hasta ahora el cómic no está dentro de la cultura oficial, pero todo llega. Hay autores de cómics que, aunque no están en el canon, sí son reconocidos por los lectores. Quino, Fontanarrosa, Oesterheld, Solano López, Trillo, ocupan un lugar en la cultura oficial, aunque esta no los asuma, aunque no los quiera reconocer. Ellos subsisten a pesar del silencio. Esto es evidente. Pasan los años y la gente los hace sobrevivir. Todos recurrimos a ellos cuando pensamos en los maestros y, de alguna, manera, reciclamos lo que ellos hacían.

Horacio Altuna. "Tragaperras".

 

Cómic me suena a humor, pero historieta abarca lo que es gracioso y lo que no lo es, como muchas de tus obras.

El cómic es la palabra más utilizada. Cuando yo hablo con alguien en Argentina digo historieta, pero aquí se habla de cómic. En Francia, se dice bande dessinée. En Italia, fumetti. Pero historieta también tiene un sentido peyorativo en España, refiere a una historia que no tiene seriedad. Entonces, a vos te suena mal cómic, y aquí suena mal historieta. Y así vamos…

Ahora que lo pienso habría que rebautizar el género con un nombre que incluya todo.

Bueno, ahora se usa llamarlo novela gráfica, pero tampoco me parece, porque no todas las producciones son novelas. Esto es parte de los tiempos también. Tanto historieta como cómic pueden llegar a establecerse en algún momento como una forma universal. Sin embargo, los franceses no van a dejar de llamarlo bande dessinée, porque son franceses…

 

CON LA ALACENA AL TOPE

                 “Tal vez experimentamos golpes de muchosidad de vez en cuando, pero la muchosidad constante es patrimonio de unos pocos sensibles.”
Versión de “Alicia en el país de las maravillas”, de Tim Burton

 

Has dicho que no sos muy lector de poesía, pero nosotros te haremos una pregunta típica de nuestra revista: ¿qué es para vos lo poético?

Dentro de mi trabajo, nunca pensé en hacer algo poético. Yo no soy ni lector ni analista de poesía, pero uno encuentra a la poesía cuando apela a algún sentimiento mayor o más profundo, creo. Habrá alguna cosa de las que hice que podría ser quizás poética, pero sólo me lo he planteado como la mejor manera de transmitir un sentimiento, ternura, amor, tristeza… Hay algo como de poesía en “El último recreo”, cuando los chicos dejan sus juguetes. Tienen que irse y despojarse de cosas que forman parte de la infancia pues van a empezar a dejar de ser niños. Eso tiene una parte de poesía si el lector lo quiere ver. Pero, bueno, yo lo hice como una historieta, no como poesía.

Horacio Altuna. "Chances".
Horacio Altuna. “Chances”.

Me llamó la atención cómo las biografías de los personajes se construyen con los objetos que los rodean. A veces hay tantos objetos que hasta llenan el cuadro.

Eso es parte de mi formación. Yo lleno de información cada segundo plano de lo que hago y quiero que el lector vea dónde está el personaje, qué está pasando allí. Pero eso es un deseo interior mío. Admiro a los colegas que no cargan, que son mucho más simples e igual transmiten lo que quieren. Me parece que, si no cargo de detalles, de documentación el segundo plano, se pierde algo.

Cuando tus personajes se quedan en mundos blancos, generás un efecto extrañamiento, justamente porque uno viene de algo con mucho mundo, con mucha información. Se produce un sentido extra ahí.

Me acuerdo que en algunas tiras de “El Loco Chávez” o de “El Nene Montanaro”, cuando el Loco se encontraba con Pampita o el Nene con Silvina, después de una pelea o una larga separación, desaparecía el mundo y los personajes de su alrededor. Es un recurso también, que uso no con sentido poético, sino para liberar la lectura, digamos. En “Es lo que hay” lo uso mucho porque, tal como planteo la tira, es mucho más teatral. No hago grandes paneos ni muestro grandes escenarios ni nada por el estilo.

Horacio Altuna. "Las puertitas del Sr. Lopez".
Horacio Altuna. “Las puertitas del Sr. Lopez”.

¿Utilizás bastante los recursos teatrales?

Sobre todo en la tira. A lo sumo, acerco o alejo la cámara cuando un personaje está hablando. Pocas veces lo mantengo fijo. Igual la cabeza se mueve, no es una cabeza inmóvil mirando a cámara.

Horacio Altuna. "Charlie Moon."
Horacio Altuna. “Charlie Moon.”

A veces llaman la atención los personajes que miran al lector y generan una complicidad con él, como saliéndose de la tira.

Pasa en “Es lo que hay”, que está pensado desde el principio como un reality. Los personajes miran a cámara, hablan con el lector-espectador en algún momento. Es un recurso que me pareció bien usar…Y lo voy a volver a usar…

 

 

LA CASA DE LAS PREGUNTAS SIN EXILIO

                                                           Su mirada aguda ya era una pregunta/ A la primera palabra que decimos: todo.”
“14 de junio”, poema de José Saramago

El tema de nuestra revista en este número son los exilios, ¿te sentís exiliado de algo?

Yo vine acá como inmigrante en el 82’, en plena dictadura. Pero tengo mucho respeto por los exiliados. En aquella época yo sufrí lo que sufrió todo argentino: perdí amigos, compañeros, me sentí represaliado, me sentí censurado. Podría haber venido como exiliado, pero no me persiguieron como para que me tuviese que venir. Vine como inmigrante. Con el tiempo, con un amigo, empezamos a hablar del exilio interior. Cada vez hay más cosas en las que tenemos que recluirnos, más cosas que tenemos que repensar, pero entre nosotros, entre amigos. Argentina es mi lugar en el mundo. Hace treinta y seis años que vivo en España, pero yo soy argentino. El tema de la nacionalidad es una cuestión de papeles y no de sentimientos, yo soy argentino. Sigo extrañando y viviendo la realidad argentina, incluso, te diría que con más información que muchos de los argentinos que conozco. A lo mejor eso es una manera de estar exiliado, pero no lo registro como un exilio impuesto, sino como señal de los tiempos que nos toca vivir y de la vida que llevamos.

Horacio Altuna. "El preguntadore".
Horacio Altuna. “El preguntadore”.

Me acordaba de este personaje “El contestador”, que te da diez segundos para hacer una pregunta capital de tu vida. López, abatatado y torpe, le pregunta qué hora es. Y recién hablabas de preguntas que no se pueden formular, ¿cuáles son las preguntas que hemos mandado al exilio, que ya no hagamos y que sería importante rescatar?

Creo que esas preguntas están. No hay un vacío, al contrario, estamos llenos de preguntas. Sucede que es cada vez más difícil hacerlas críticamente, pero las preguntas no dejan de tener vigencia, son sobre la vida, aunque a veces las pensemos como preguntas políticas o ideológicas. Felizmente, gran parte de mis amigos son gente muy joven, de entre cuarenta y cincuenta y cinco años. Ellos se plantean las preguntas que yo me hacía a su edad. Las respuestas son siempre las mismas. El tema es que, cuando encontrás las respuestas, no te cambien las preguntas, ¿no?

¿Y si vos llegaras frente al “Contestador” qué le preguntarías?

No sé… Supongo que le preguntaría cuánto falta para que las cosas cambien, para el punto de inflexión. En el caso del señor López, con tanto que hay para preguntar, cuando él pregunta por la hora es porque no tiene idea de que tiene la posibilidad de preguntar algo importante. Era un tipo muy tonto, muy cobarde, que no quería cambiar su destino.

Horacio Altuna. "El preguntdore".
Horacio Altuna. “El preguntdore”.

Me gustó lo del punto de inflexión.

Sí. Un punto de inflexión para la humanidad, para que cambiemos esas cosas que nos están pasando ahora y que cada vez van peor. Cuando hice “Ficcionario”, pensé en un mundo distópico y me quedé corto, porque lo que pasa ahora es peor en muchos aspectos. Me gustaría que mis hijos y mis nietos pudieran vivir ese punto de inflexión sobre el que yo me pregunto.

Si vivieran en Argentina, estaríamos complicados. En México, alguna luz hay ahora.

En el caso de México era también difícil de pensar hace seis meses. Ahora, yo hablo bastante con mexicanos y me dicen que se lo van a cargar, que a Obrador no lo van a dejar transformar nada. Eso forma parte de la época de inflexiones de la que hablamos. La gran carga de expectativas de la gente respecto del gobierno de López Obrador tal vez no los deja ver que deben prevenir el desencanto. México es un país, como ustedes saben, con un grado de violencia altísimo: en el mes de julio, murieron por violencia doméstica ciento sesenta y cinco mujeres. Hay cincuenta y cuatro millones de pobres. Eso no se soluciona con López Obrador, ni siquiera en un par de generaciones. Si todo va bien y se van sucediendo gobiernos progres, puede que se llegue a sacar adelante un país como México. Argentina es más de lo mismo. En este momento es bastante jodido todo. Pero, hace tres meses, aquí con Rajoy, era impensable que algo pudiera cambiar. Y vino este tipo Pedro Sánchez, en quien igual no tengo ninguna fe, porque ya sé cómo son las cosas, el socialismo acá es como el radicalismo en Argentina,  ¿ustedes no son radicales?

No, para nada. Quedan muy pocos radicales, te digo.

Me da risa, porque aquí en España, para llamar a la izquierda se alude a radicales. Si supieran…

 

ESA MUJER

                                               esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo./ Atención atención yo gritaba atención/ pero ella invadía como el amor, como la noche,”
“Gotán”, Juan Gelman

Horacio Altuna. "Chances".
Horacio Altuna. “Chances”.

¿La palabra revolución tiene para vos algún sentido todavía?

Sí. Yo formo parte de la generación de los 60’, cuando todos queríamos cambiar el mundo. Después, en los ´80, todo cambió, pero para mal. Pero si uno se pone a ver en la música popular, en los 80’ surgieron los punks y su “no future”. En la actualidad no existe ni siquiera esa protesta, salvo en el rap, que sí cuestiona a toda la sociedad. En el resto, dentro de la música popular, eso desapareció. En el rock, hay gente de mi edad que todavía canta y son protestones. Cuando se muera Neil Young va a quedar algún otro, pero esto también va desapareciendo. Aunque yo creo que en algún momento habrá un punto de inflexión también para que cambien estas cosas. Y está lo que no cambia con el tiempo, lo mejor de uno, lo que uno es en lo profundo. Mirá, yo soy un jazzero irredento, me gusta mucho el jazz. Los otros días fui a ver a una cantante negra, creo que estuvo alguna vez en Argentina, Cécile McLorin Salvant, una chica de origen haitiano de veintiocho años. Es maravillosa. Por edad, yo tengo la costumbre de escuchar a Ella Fitzgerald, a Sara Vaughan, a las grandes. Pero la vi a esta chica ya dos veces y me emocionó. Estuve con ella y le dije que era una grande y ella me decía que yo era un mentiroso. Hace un año, el último tema lo cantó a capella, fue “Alfonsina y el mar” en un español perfecto, nada de esa dicción anglófona que distorsiona las palabras. Y, en esta última presentación, cerró con “Gracias a la vida”. Fijate: negra y progre, cantando canciones latinoamericanas tan cercanas a nosotros. Es fantástico. Y hay otra cosa que te quiero comentar: hace unos años vino a España Winton Marsalis, un jazzero formidable, un gran difusor de las raíces del jazz. Hizo un concierto con su sexteto, en el cual empezó tocando lo último que se hace en jazz, algo muy moderno. Y terminó ese concierto con las canciones negras que cantaban los negros en los algodonales.

Horacio Altuna.
Horacio Altuna.

Había unas cinco mil personas en el estadio, que hacían palmas, seguían las palmas de los siete negros en el escenario. Los negros, además, les explicaban cómo batir palmas, no así nomás, sino con una cadencia determinada. Ellos cantaban y la gente hacía las palmas. La lección histórica es que esto fue en un estadio en Barcelona, Cataluña, y los catalanes fueron los últimos esclavistas que hubo en América. En 1880 se tuvieron que ir de Cuba porque Maceo los hizo ir. Esa es una lección. Toda una platea de catalanes, después de un siglo, haces palmas a siete negros que contaban una historia, que ellos no tenían siquiera en la cabeza.

Horacio Altuna.  "Nene Montanaro".
Horacio Altuna. “Nene Montanaro”.

Hubo un punto de inflexión ahí. Y se ve que la música es fuerte para vos.

Sí, lo es. Estoy todo el día con la música. Y les quiero hacer yo una pregunta: ¿Qué es “El Anartista”?

Es una revista online de acceso gratuito que podés mirar cuando quieras. Salimos en papel durante diez años. Ahora vamos por el cuarto años online. El Anartista no es una palabra nuestra, la inventó Marcel Duchamp, a quien se la choreamos.

Perfecto. Yo voy una o dos veces por año a Argentina, el año que viene espero poder ir para marzo o abril. Extraño mucho.

Este año no te estás perdiendo nada bueno. Nos vemos cuando vengas.

Horacio Altuna con el Anartista.
Horacio Altuna con el Anartista.




CON PAPÁ ADENTRO

Los exilios: Sobre la película “Fragmentos Rebelados”, de David Blaustein (*)
Por Noemí Pomi

“¿Qué, de las esquirlas? /¿qué, de los escombros?/ luz de plata en río,
noche de nunca acabar.” (1)

CRONOLOGÍAS INSTALADAS

Por lo general, se denomina exilio a la separación de una persona de la tierra donde vive. La palabra proviene del latín, exilĭum, y significa ‘desterrado’, por motivos ideológicos, económicos, profesionales y hasta podríamos ocuparnos de autoexilios. Incluso la voz, la actividad, los afectos y las percepciones pueden resultar silenciados, aun en nuestra tierra de origen.

A su vez, se sabe: ninguna tachadura es completa. En ecos, huellas, tiznes, lo expulsado a veces retorna. Convengamos, no hay nadie más presente que los ausentes. Como ejemplo de esto último, podemos remitirnos a la literatura de Daniel Moyano. No hay cuento donde los rasgos biográficos no hagan un salto por sobre su carácter sucesivo y coagulen en un punto fijo del tiempo. No se trata de muerte, ni de estatuismo: son interrupciones de las cronologías que- como fotografía o como película- sin pedir permiso, se instalan. Este es el caso de todos nuestros muertos prematuros: “Nunca vi ninguna casa por aquí, más allá no hay nada”, dice el personaje del cuento “El perro y el tiempo”, Gregorio, quien ha sido despojado de su perro Flecha. Según le han dicho, un viejo se lo llevó más allá de los límites del pueblo. Pero resulta que, más allá de esa frontera, el espacio y el tiempo se suspenden. Desde que su tío entrega a Flecha y hasta cuando Gregorio descubre la ausencia -de casa, de viejo y hasta de mundo-, “transcurre una nada”. Por su parte, en “Un silencio de corchea”, durante un concierto, ocurre una invasión de bichos que avanzan sobre las partituras, los músicos y, en particular, sobre la espalda y la oreja de la pianista. El violinista decide liberarla del monstruo. Para ello, recurre al arco de su violín, en el momento de un silencio de corchea. Entonces: “La muerte de ese bicho significó el fin de mi carrera musical. Los remordimientos me impidieron seguir tocando”. (2)

Antonio Berni,  La  comida, Pigmento al agua sobre tela, 1953
Antonio Berni, “La comida”, Pigmento al agua sobre tela, 1953

Pero esta nota es sobre “Fragmentos rebelados”, de David Blaustein. En el caso de esta película, la rebelión consiste, por una parte, en dejar transcurrir los testimonios y las imágenes para que los puntos fijos refuljan y, por otro, en sacudirlos de su no espacio y de su no tiempo y devolverles, así, nombre y reverberancia de vida. Comprender que quien hasta hace poco estaba dejó de estar lleva unas cuántas vidas. Y, de todos modos, el asunto permanece en el misterio. Se reinstala lo que Heidegger llamaba “el asombro del ser”: por qué existimos en lugar de no existir. (3) A través de ese abismo, entre vivos y muertos, los ausentes se arreglan para regresar como memoria en el cuerpo de los presentes. Y, cada tanto, se hacen película, como en “Fragmentos rebelados”.

Antonio Berni, La manifestación, Temple sobre arpillera 1934
Antonio Berni, La manifestación, Temple sobre arpillera 1934

 

CINCO VOCES DE LA MEMORIA

“Idos los tiempos,/ tinieblas de abrojos en vuelos/ giros de extrañar”.(1)

Enrique José Juárez, militante, cineasta, padre, hermano y tío sale a escena. Quique desaparece momentos después del encuentro con su hermano, Nemesio, el 10 de diciembre de 1976. Es en el relato de ese instante que la película de Coco Blaustein comienza. Es decir, el director invierte el sentido “final” de la muerte en un recomenzar. La estructura de la película se apoya en diferentes voces que, desde sus matices, rodean el nombre de Enrique.

En Nemesio Juárez, toda la ausencia del hermano se despliega en la necesidad de relatar. La voz se esmera en cada anécdota, en cada detalle, en cada palabra, con un énfasis que vuelve tesoro aquello que hubiese quedado como un comentario al pasar, si la tragedia y las celadas de la historia no hubiesen metido la cola.

Enrique Quique Juárez
Enrique “Quique” Juárez

Por su parte, los hijos mayores de Quique Juárez aportan otra voz. Javier, el mayor, lleva la palabra impregnada de epifanía y descubrimiento: “fui a un acto político llevado por familiares y, de repente, vi a mi papá-rodeado de la plana mayor de la dirigencia- hablarle a una multitud en el cierre del evento, como el dirigente más importante”. (…) “Nosotros vivíamos en San Telmo con mi vieja, frente al Hospital Británico y, en julio, llega la policía, se la llevan y nos llevan a todos nosotros. Ella queda a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, sin ningún tipo de causa y va a la Cárcel de Devoto”. Lo que no pudo descubrir Javier es el sentido de la ausencia, que insiste con el paso del tiempo. ¿Por qué sus padres no pudieron estar el día en que Javier se casó? No hay ni respuesta ni alivio en la sentencia “los mataron”, o en el crudo realismo de la aseveración, “murieron”. Por el contrario, son frases deshilachadas que reinstalan la fuerza de lo indecible.

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Enrique “Quique” Juárez

Camilo, el segundo hijo, relata: mi viejo nos venía chamuyando sobre el tema de la pareja. Hasta que nos reúne y dice: quiero hablar con ustedes. El tema de la otra compañera estaba blanqueado. Agregó que teníamos un hermanito”. (…) “Nuestra reacción fue: ah, bueno, qué bien”. (…) “Esa fue la época en que estuvimos más tiempo con él. En el setenta y seis ya estaba clandestino y nosotros también. Sabía que mi padre estaba del lado de los buenos pero, de todos modos, la situación era heavy. Hoy no le puedo recriminar a mi viejo que no se hubiera preservado más para estar con nosotros, eso sería egoísta. Él creía en algo y está bien lo que hizo”.

En cambio, el relato del hijo menor, Pedro, se tiñe de dolor, como si la muerte de su padre sucediera- otra vez- a cada palabra enunciada.

Enrique Juárez con sus hijos Javier, Pedro y Camilo Juárez
Enrique Juárez con sus hijos Javier, Pedro y Camilo Juárez

Y, así, David Blaustein anda en el entretejido de voces que redibujan el cuerpo de Enrique entre el cineasta y el militante.

DESMADRES

“Membranas anfibias. / Granos de lluvia atiborrados. /Cuenta gotas de huecos” (1)

Nemesio cuenta: “Quique, con su compañera, Alicia Pais, tuvo dos hijos, Javier y Camilo. Alicia estuvo presa en la cárcel de Devoto. Era asmática y, por falta de atención médica, murió de un ataque”. (…) Con la segunda compañera, Estela Miguel-“Lala”- tuvo al hijo llamado Pedro. Ella cayó baleada en Rosario y su cuerpo fue identificado recientemente”.
Los tres crecieron entre la carencia del padre y la muerte -en un caso- y la desaparición- en el otro- de sus madres.

DESOCULTADO

“Costura de estrellas/ espinas y escombros/ con cada uno/ la luz vuelve a nacer”. (1)

Los hijos y los dos sobrinos de Quique, de chicos, veían las latas. Sentían- sin abrirlas- que en esos envases oxidados latían fragmentos de Enrique. Entre el miedo a maltratarlos y el hecho de saber que allí dentro estaba “el postre”- los últimos registros de la obra y de la figura de Enrique que podrían ver- se postergó el momento de desocultarlas. En palabras de Ernesto Juárez (sobrino): “la mayoría eran negativos, mucho no se veía y siempre existió esa curiosidad de saber si dentro de ellas había cosas que pudieran complementar la parte cinematográfica de Quique”.

Quique Juárez en filmación
Quique Juárez en filmación

Por fin, se dio el regreso. De entre esas latas oxidadas, surgió también la voz de Enrique, en un reportaje. Así, las películas rescatan del exilio de la quietud a los cuerpos ausentes y a sus voces. La fantasía de verlos en movimiento iguala en alegría a los tres hijos. Dentro de esas latas, hay un padre en acción, hay un cuerpo que es el de antes y es el único. Rescatado de su refugio, el asesinado desafía su propia ausencia y se echa a andar, una y otra vez. La película “Fragmentos rebelados” narra la muerte en una o dos instancias. El énfasis está puesto en el hacer político, cinematográfico y en la falta que hoy haría Enrique Juárez. El eje está en su vida y en su sobrevida en las memorias de quienes le dan, aún, la voz.

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Fotograma de “Ya es tiempo de violencia” largometraje de Enrique Juárez

REVELAR FRAGMENTOS

Inquieto, dinámico, con honestidad se abrazó a una causa que consideró justa. Nacido en 1944, en la localidad de Florida, al norte de la Provincia de Buenos Aires, Enrique José Juárez comenzó a desplegar sus ideales de justicia social, desde muy joven. Tal vez ese fue el motivo de haber aceptado la designación como delegado en la conducción de Luz y Fuerza en SEGBA (Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires). No quedaron allí las cosas, sumó a ello la organización de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) y, posteriormente, fue el jefe de la “columna norte” de Montoneros. También participó del grupo Cine de Liberación. En esta polifonía no solo están los parientes de sangre, sino también los de ruta. Entre ellos: ‘Pino’ Solanas”, “Octavio Getino”, “Dolly Puzzi”, “Carlos Atkins” y “Gerardo Vallejos”. Enrique osciló entre dos apodos, “Quique” y “Cacho”, tal vez como sinónimo de las dos pasiones que dominaron su vida: cine y militancia.

 

PRUEBAS AL CANTO

El documental de Quique, “Ya es tiempo de violencia”, nació en oposición a “Tiempo de violencia”, producido por los medios dominantes, en abierta crítica al peronismo y, a su vez, con la finalidad de justificar hechos antidemocráticos. En contraposición, Quique Juárez, en “Ya es tiempo de violencia” da cuenta del Cordobazo y de la muerte de Augusto Vandor, entre otros acontecimientos de 1969. El film se consideró extraviado por treinta años. Si bien el tiempo generó herrumbre en las latas, su contenido permaneció intacto. Desaparecieron al cineasta, no a su arte.

(*) El Anartista agradece la generosidad de David Blaustein, al facilitarnos el acceso a su película.
(1) Poema de Noemí Pomi.
(2) Daniel Moyano: (1930-1992) Escritor argentino. Cuentos: “El perro y el tiempo” y “Un silencio de corchea”.
(2) Heidegger, Martín: (1889 – 1976). Filósofo alemán.




TRASTUMBAR LA MEMORIA

Los exilios: sobre la muerte y sus pasajes

Por Mariana Paula Dosso

Fotografías: Mariana Paula Dosso

 

“Como cuervo: atravesé algo sin límites
el cielo y los augurios, en un ridículo
mecanismo emplumado, menudo, cerrado;
dispuesto a seducir al mundo como víctima
de una belleza negra,
de un pasajero temor.”
Extraído de “El carnet de las reencarnaciones”, Abel Robino

 

Si nos detenemos en la muerte y en el exilio, lo más común es pensar en el viaje del alma hacia otro tiempo-espacio. Así sucede en la película animada “Coco”, que retrata la festividad del día de los muertos, tan celebrada en México. Debo decir que un aire de enojo se apoderó de mí al verla: Hollywood puso imágenes a una experiencia tan ancestral y ¡latinoamericana! Pero, si se sortea esta desconfianza, bien vale esta película.

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En el más allá de “Coco”, han construido un mundo paralelo, que no escatima en calles, moradas, edificios voluptuosos, laberintos, divisiones geográficas según la clase social, conciertos de música y varias réplicas de una escenografía mundana. Calaveras por doquier continúan su existencia gracias a las ofrendas, amores y recuerdos, por los que los del más acá brindan el 2 de noviembre.

 

“Como lobo: creí poder nacer de mis dientes
y de mi baba, descansar en una garganta abierta,
correr con algunas vísceras, sorprendidas, humeantes
y nunca morder el corazón que ama,
repleto de llanto de opaca enfermedad.”
Extraído de “El carnet de las reencarnaciones”, Abel Robino

En nuestra cultura hegemónica occidental, la muerte suele estar asociada al final de un camino en vida. El tiempo cronológico, la insistencia entre causa y consecuencia, y la linealidad impregnada en cualquier experiencia hacen de la muerte la etapa final de un proceso acumulativo. La tensión entre la vida y la muerte o, mejor dicho, la convivencia entre ambas suele desconocerse, porque “necesitamos” establecer categorías precisas: plano de la vida y, a continuación, plano de la muerte.

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Sin embargo, hay muchos hilos sueltos en el entramado de culturas de nuestro territorio. Las experiencias vinculadas a poblaciones originarias conllevan ceremonias, ritos, concepciones sobre “el final de la vida” que impregnan variados significados. También las religiones hacen lo suyo: aquí suelen estar más ligadas a tradiciones, no necesariamente enlazadas con un estar-ser cotidiano. Otras tramas son más nuevas y se asocian a experiencias orientales traídas en containers.

 

Sólo para desacartonar un poco la mirada sobre la muerte, hagamos presente experiencias de los pueblos originarios que suelen remitirse a íntimas vinculaciones con la naturaleza. Por ejemplo, en algunas comunidades mapuches, la celebración de sus rituales se realiza en los claros entre los árboles.  Existe el Pu-Am, un ánima universal que permea todo lo viviente. De esta manera, cada ser humano -pero también cada ser- tiene su ánima. Además, los mapuches despiden a sus muertos entre risas y anécdotas: en el velorio se actúa como si el difunto estuviese presente: si se toma mate, se le deja uno. Si se come, se le reserva un plato de alimentos. La apuesta es que emprenda el viaje mediante el festejo.

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¿Podríamos pensarnos sin la idea de la acumulación terrenal? En las comunidades guaraníes, luego de fallecimientos, los familiares del muerto destruían sus pertenencias. Si el alma quedaba en el mundo terrenal por simpatía hacia algún objeto, se transformaba en un alma en pena.

Otra vivencia es la de comunidades Kollas: en este caso, conciben el alma como un “continuar activo”, con la posibilidad de intervenir concretamente en el mundo de los vivos. La despedida del ser querido es entre bailes y danzas propias del pueblo originario. Es motivo de alegría que el difunto haya concluido con su misión en la tierra y le toque un merecido descanso.

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El día de los “fieles difuntos”, para comunidades kollas, resulta el acontecimiento de comunicación entre vivos y muertos. Entonces, los familiares esperan el alma del difunto y le ofrendan aquello que, en vida, era apreciado por él. El alma puede ser invocada para la comida servida hasta el día 2 de noviembre después del mediodía, donde se reza y pide por el descanso de las almas: una jornada para compartir lo preparado en la mesa de ofrendas y luego regresar al cielo hasta el próximo año.

¿Desde cuándo las comunidades kollas celebran el día de los muertos? La historia de conquista y colonización ha calado hondo las culturas existentes. Así, sin querer o muchas veces sin poder acceder a conocimientos más genuinos, nos apropiamos de leyendas científicas. Frente a afirmaciones que ruedan, un relato de un mapuche chileno:

“Algunas investigaciones antropológicas nos informan que habría cuatro compartimientos del mundo en la cosmovisión mapuche: cielo, mediocielo, tierra y bajo tierra. Como se puede apreciar, estas categorías se aproximan bastante a las que plantea la religión católica: cielo, purgatorio, tierra e infierno. Subyace en esta clasificación un eje vertical que conecta la tierra con el cielo (Grebe). Este eje no existe entre los mapuche, donde más bien la clasificación tiene un sentido horizontal, a través del cual el muerto no asciende, sino que camina hasta llegar al kulchenmayeu, lugar donde llega después de haberse purificado” (Dominco Curaquero*).

Este susurro de reflexiones nos invita a sospechar sobre las similitudes que se identifican entre religiones ancestrales y el catolicismo. O bien, sobre la insistencia en la búsqueda de arquetipos donde prima las similitudes sin apreciar los matices. También, entre las culturas originarias existe gran diversidad entre los territorios, comunidades y personas.

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Sobre estas texturas que, por momentos enrendan o dejan traslucir agujeros, se asienta la muerte. A veces cobijada, otras rechazada. En fin, este tejido añoso poco incide en la vivencia de la muerte para los seres mundanos occidentalizados. Así, un simple ciudadano de Buenos Aires, sin conexión con la tierra, con una comunidad religiosa y/o con una pertenencia ancestral, queda tambaleante. ¿Qué vivencias colectivas -más allá del dolor, la ausencia y los recuerdos- se presentan ante la muerte? El camino suele quedar puertas adentro: algunos recursos rejuntados afrontan el desafío de dar sentido a tal misterioso hecho. Algunas constantes animan: el arte y el intento de rodear un vacío, gestos que acaricien lo incierto y la falta de respuestas.

 

“Inserto en cada porción mortal desgrané
uno a uno los días del escuerzo, la liebre y el cerdo.
Extraído de “El carnet de las reencarnaciones”, Abel Robino

 

¿Y el cuerpo? Cada cultura, cada tradición lo acompaña a su manera. Tal es la importancia de involucrarlo en el rito de pasaje que, sin él, algunos viven la muerte como una incertidumbre pesada, donde el sufrimiento se instala. El pueblo mapuche ha recuperado, en 2015, el cuerpo de Margarita, hija del lonko (cacique) Foyel. Esta mujer, prisionera durante el genocidio en la mal llamada “Campaña del desierto”, fue luego llevada al Museo de La Plata. Ahí, junto a otras personas nativas de nuestro territorio, debía trabajar y vivir en pésimas condiciones. Luego de morir de una enfermedad curable, su cuerpo fue exhibido en las vitrinas del museo. El pueblo mapuche resiste desde las entrañas al poner en el centro de su lucha a la tierra, la naturaleza y su gente. Así, Margarita Foyel fue enterrada en su territorio.

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En ese sentido, también está la gran batalla de los familiares de detenidos desaparecidos por la última dictadura cívico militar, por recuperar los cuerpos asesinados. La vida aún habla en sus huesos. Al encontrarlos, los familiares se abrazan y lloran más historias vividas por sus seres queridos. Y muchos, recién en ese momento, comienzan a cerrar un duelo que les trae algo más de paz.

 

Pronto mi destino será un residuo de cosa viva
que desde las ávidas sombras del planeta espera
una certeza más del desamparo.”
Extraído de “El carnet de las reencarnaciones”, Abel Robino

 

Por otra parte, está la tradición judía que indica enterrar los cuerpos a tierra, quitar el fondo del cajón y colocar el cuerpo bañado, purificado y envuelto en su talit –chal que en muchas ocasiones, para los varones, es el mismo que recibió en sus 13 años en el Bar Mitzvá- ¿Qué pasa cuando las tradiciones no coinciden con las leyes del lugar? Las prácticas se amoldan. El judaísmo indica respetar primero la ley del lugar. Entonces en la Argentina se quitan los herrajes del cajón, como un modo de remitir a la ley judía, ante la imposibilidad de enterrarlo en tierra.

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Y después de todo este recorrido, vuelvo a mi planteo inicial. Suele identificarse a la muerte como un punto final a la vida. Para muchas otras culturas, la muerte es un continuar de la propia existencia y/o se superpone en el plano de la vida entre seres espirituales de variadas formas y naturalezas. Tal vez, lo más cercano a la continuación de la vida en nuestros pueblos es la memoria.

Con mi mayor prejuicio a una súper producción estadunidense, debo admitir que el lugar de la memoria en “Coco” –tan bastardeada desde la hegemonía consumista- es crucial. Desde el instante en que las almas no son atraídas por algún ser y no tienen lugar en la memoria individual y/o colectiva, dejan de existir en el más allá. Hay una escena de la película donde esto se manifiesta sin rodeos: una despedida conmovedora entre dos amigos, un calavera a punto de desaparecer condenada a la no presencia. Ahí se materializa un exilio sin vuelta atrás: no hay fotos, anécdotas, flores para nutrir la existencia de un ser que, en instantes, se vuelve luz.

 

Ahora, como liendre, aspiro a recalentar mi sangre
en otra sangre, a poner fin a mi aventura en el más
dulce de todos los venenos
.”
Extraído de “El carnet de las reencarnaciones”, Abel Robino

 

¿Y si el exilio fuese al revés?, ¿si habitar estos cuerpos mundanos fuese parte de los exilios?

 

 

Referencias

*Domingo Curaquero, “Creencias religiosas mapuche. Revisión crítica de interpretaciones vigentes”. Revista Chilena de Antropología No 8, 1989-1990.27-33 Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Chile, Santiago-Chile

http://www.vocesporlajusticia.gob.ar/construyendo-comunidad/historias/margarita-foyel/

http://www.telam.com.ar/notas/201509/119216-la-hija-del-cacique-mapuche-foyel-fallecida-en-el-museo-de-la-plata-en-1887-sera-enterrada-en-su-comunidad.html

http://www.surysur.net/el-sentido-de-la-muerte-segun-relatos-mapuche/

https://pueblosoriginarios.com/sur/bosque_atlantico/guarani/religion.html

Melina Pozo, “Representaciones sociales acerca de la muerte en pueblos originarios de la provincia de Jujuy”, Licenciatura en Ciencias Religiosas UCSE – DASS.

 




BITÁCORA DE INTERSTICIOS

Los exilios: Sobre la vida de obra en obra.
Por Verónica Pérez Lambrecht

 

UN HILO DE AGUA INTENSO

guanaco de la estepa austral
guanaco de la estepa austral

El manto de paja brava se extiende hasta donde llega la vista. El horizonte, encerrado por la meseta patagónica, en el extremo sur, zigzaguea relieves y permite que el hielo dibuje un hilo de agua intenso. Y también deja que la atraviese, desde el Paine del cordón andino hasta las sirenas de los mares antárticos. El sol adiabático del invierno es un arcoíris sin colores de noreste a noroeste, y elude el costado de la cadena, que emerge cargadita de hielo. Al sol y a la sombra, con los densos coironales insertos como espinas del suelo, se amalgama la comunidad de guanacos más extensa y algún que otro choique. Los pumas se esconden en las leoneras más altas de la estepa. Seguro, han de vigilar tanto movimiento.

Ahí, en el fin del pueblo argentino, un cúmulo de seres pergeñan una obra. Hoy son represas. Ayer fueron ductos de gas, o crudo, plantas de extracción, o separación de hidrocarburos. Mañana serán centrales térmicas, caminos y puentes. O, tal vez, una nueva represa. Ahí, donde pocos saben que la vida existe, ellos se levantan todas las mañanas bien temprano, y regresan con tiempo para un baño y la cena. Con suerte, disponen de algún espacio para hacer actividades lúdicas. Ahí, con fríos extremos, calores letales, mosquitos insufribles, en la selva, en el medio del desierto, en el valle encantado, en la plataforma, en la Patagonia parca o helada, en el precipicio del continente, a unos cuantos miles de kilómetros de sus familias y amigos, ahí, se viven extraños exilios que nos permiten tener luz, gas, naftas, textiles, caminos, accesos, para estos hostiles tiempos que corren.

“agua blanca espejo
amanecer de rostro duro
surcos chorrean ralentizados
cada paso duele, como el último
pero sigue

intervalos glaciares
espejos de tiempo detenido
infinitos instantes
eternas paralelitudes, paso ralentizado
y sigue”

MALLINES

Río Santa Cruz
camino de aguas, Río Santa Cruz

 

 

 

FILOSOFÍA PEREX

René lidera al equipo de Higiene y Seguridad en el Trabajo. Es un morochazo jueño, vive en Salta. “Vive” es una manera de decir, para referir a esa raíz puesta en el terruño que le da sentido a tantas de sus vueltas. En las afueras de Salta tiene una finca con su papá. El viñedo también echa raíces y lo retorna a los aromas monterrico, donde lo habitan su mujer y sus hijos.

Monterrico es una variedad exclusiva de la zona de Salta y Jujuy.
René la comercializa en Salta para turistas y la exporta a Alemania,
a través de un negocio familiar.

“No es una elección de vida en su totalidad, no es ese el concepto, es la necesidad de trabajo en un primer momento. Luego se transforma en una rutina esencial para nuestras vidas: la buena paga, los buenos servicios que brinda la empresa que contrata, desde los excelentes servicios médicos hasta los viajes en avión, alojamiento, hoteles y otros.

bajo el sol adiabático
bajo el sol adiabático

La mayoría de los PEREX, así se los llama -personal expatriado-, piensa esto como una filosofía de vida que te permite brindarle a tus seres queridos un pasar económico sin sobresaltos. Hasta lujos les podemos dar, hasta estudio.

También influye mucho la forma de cada individuo. En algunos casos, el espíritu aventurero se te ‘pega’ o lo ‘adoptas’ al conocer lugares que solo ves en los libros o por TV. Eso cada vez te invita a retomar el mismo régimen de PEREX, sumado a la buena paga y los beneficios. El conocer otras culturas, otras formas de ver la vida, otras formas de respeto al ser humano y su manera de ver, en algunos casos, diametralmente opuesta a la nuestra.

Así, logré, en primer lugar, elevar el status de vida de mi familia. Luego, darles una muy buena educación y, por último, moldearles el carácter.”

 

EL GITANO

Ernesto es un ingeniero procesista, oriundo de La Plata. Su recorrido por la Patria Grande lo llevó, hace unos años, a establecerse en Quito, Ecuador. “Establecerse” también es un modo de decir. A Quito fue con su esposa y su hijo más pequeño, dado el tipo de trabajo como líder de su especialidad en ingeniería. No trabaja en plena obra, aunque no deja de asistir selva adentro, para ocuparse de ver cómo van los pozos.

“Más allá del beneficio económico, que siempre es bienvenido y justificado, la obra brinda experiencias y conocimientos que no se obtienen en el escritorio. No lo elegiría de forma permanente, es demasiado de ‘gitano’. Se conoce mucha gente y uno se enriquece de forma personal y profesional.

en un intersticio
en un intersticio

Tengo la familia algo dispersa. Los hijos grandes y mi señora ya lo consideran parte del trabajo. Al hijo más pequeño le cuesta un poco más y se ve afectado con los viajes o estadías muy prolongadas fuera de la casa. Se dan situaciones complicadas cuando, al estar afuera, sucede algo que nos afecta y no podemos compartir juntos. También ocurre que, cuando uno regresa de descanso, se vive tipo vacaciones felices en la casa: ‘¡volvió papá!’. Regularmente, vuelvo con bolsas del duty free.

No lo admito ni lo pretendo como forma de vida. Lo ideal para mí serían 6 meses en la obra, 6 meses en la oficina de la ciudad.”

 

EL TOQUE

perdida en la selva
perdida en la selva

Abigail estuvo en Cusco, en la margen derecha del río Urubamba, selva peruana, en ampliación y revamping (término ingenieril que implica la actualización o modernización de un proceso) de una planta separadora de gas, como ingeniera procesista. Es de Caballito y su experiencia corta le dio un punto de vista sumamente interesante.

“A veces es una oportunidad de libertad: dejar lo conocido y lanzarse a la aventura. Esa adrenalina, a mi entender, es riesgosamente adictiva y luego te cuesta dejar. Se entablan vínculos más que familiares, al menos en mi caso. Y ser mujer en obra es otro tema: sos la que pone el toque sensitivo y te cuidan como nadie, más, si el grupo es solo de hombres.”

 

LA COFRADÍA

“Si pudiese, cambiaría este modelo de vida, pero ahora, porque ya obtuve todo para mi familia. Los años pesan. Me perdí tantas cosas, la infancia de mis hijos, los buenos y malos momentos con ellos, no estuve para acompañar sus sufrimientos ante una enfermedad. Me perdí velorios en la familia y de amigos, conocidos. Siento que perdí toda mi vida. No tengo amigos en ‘mi lugar’. Los amigos de mi vida son los de las obras y los de los países en los cuales viví, y qué amigos.

fluir en blancos, Río Santa Cruz
fluir en blancos, Río Santa Cruz

Los Perex somos como una cofradía, al compartir tantos momentos de nuestras vidas juntos -pasamos más tiempo en Obra que en nuestra casa-, somos como familia. Nos conocemos mucho, cada uno sabe la historia de vida del otro, y eso nos ayuda a sobrellevar todos los minutos en Obra. Existe un lema: ‘hay que trabajar todo el día hasta el cansancio’, esto no te permite pensar. Si paras un momento, te vuelves loco. Así, cansado, te acuestas y te duermes profundamente. Si no haces esto, sucede que se desata un drama cuando, a la noche, ingresas al dormitorio y cierras la puerta. Allí te quedas solo. Solo con tus pensamientos, cuando te das cuenta, las lágrimas caen solas y muchas.”

 

EL PEREGRINO DE LA PATRIA GRANDE

“En los 15 años que llevo en la empresa actual, he tenido la posibilidad de vivir y trabajar en varios países de LATAM y en solo uno del interior de la Argentina.”

Y casi como en hoja de vida ensaya un raudo recorrido:

“Chile 2007/2008 (1 año): trabajaba 15 días en Santiago y me iba fin de semana en mi casa. Tuve la suerte de conocer a mi actual señora, conocer bastante de la ciudad y los alrededores, centros de esquí invernales, balnearios de costa en verano. También conocí a muchos chilenos, con varios de los cuales he desarrollado amistad y continúo en contacto.

Bolivia 2011 (6 meses): régimen 28 x 7, al sur de Santa Cruz de la Sierra, cerca del límite con Argentina, proyecto en planta en funcionamiento. Aprendí bastante y conocí gente excepcional que me enseñó mucho. En Bolivia solo estuve un poco en Santa Cruz de la Sierra, ciudad eminentemente ‘petrolera’, en algunos aspectos, mucho dinero dando vueltas. Y, en el resto, la pobreza endémica de nuestros países, ferias de productos agrícolas, el maldito plástico azul que todo lo inunda -por ejemplo, en techos de los puestos-, y basura alrededor.

Brasil 2012 (casi un año): con lo que me gusta la playa me asignan a Belo Horizonte, ciudad serrana a 500 km de la costa más cercana sin vías directas. Tenía un régimen similar al de Chile. Hice algo de turismo interno y paseos de fin de semana por la ciudad. Los brasileros son un caso aparte en Sudamérica. Mucha onda de diversión, incluso en el trabajo.

insertos del desierto, Malargüe
insertos del desierto, Malargüe

Argentina 2012/2013 (4 meses): régimen 22 x 7, desierto de Malargüe al sur de Mendoza. Para dar una descripción acertada, siempre digo que en ese sitio se escondía Bin Laden a practicar tiro al blanco. Solo conocí el aeropuerto de Neuquén.

Perú 2013/2015 (20 meses): régimen 21 x7, emprendimiento minero a 4800 msnm, a 150 km de la ciudad de Lima. Llegué para una función específica y, al poco tiempo, ocupaba una posición mucho más elevada que me sirvió personal y profesionalmente. Esto fue muy distinto a las asignaciones anteriores, desde el clima a la función. El tema climático es de hacer notar, nunca hubo más de 15°C -al mediodía y poniéndose a reparo en el sol-. Pasé allí mi primer navidad blanca, ya que para esa fecha nevó en el proyecto. Tuve que pasar una navidad y, al año siguiente, el año nuevo en la obra. Se hace lo que se puede en esas fechas, se ofrece un menú especial a toda la muchachada que acompaña, se saluda y a descansar. Porque, al otro día, la obra continúa. Como en todas las anteriores y siguientes, aproveché a conocer gente local y expatriada, a conversar con ellos y a aprender de su idiosincrasia y experiencias. De la vida limeña, visité algo de los sitios culturales e incluso un fin de semana que tuvimos oportunidad, nos fuimos entre varios a la playa.

TM
érase una vez, el toro mocho

Ecuador 2015 hasta hoy: Quito, régimen de residencia permanente. De las mejores asignaciones, seguramente, porque no es una obra. Y además tuve la posibilidad de traer a mi señora y al hijo más chiquito y de que nos visitaran la familia extendida más cercana, padres, hermana, hijo mayor, cuñados, etc. Conocimos y tenemos muchos amigos locales que nos han ayudado en mil y una cuestiones. Para ser sincero, reniego un poco de la argentinidad que caracteriza a los compatriotas promedio –‘somos los mejores en todo’- y si bien no los evito, procuro insertarme en las sociedades que me tocan y no hacer una ‘patria chica’. El hecho de que mi hijito concurra a la escuela nos ayudó en ese sentido, ya que el espectro social se enriquece más allá de los compañeros de oficina.”

 

VIAJE AL INTERIOR

entre cielo y tierra
entre cielo y tierra

“Estar en la selva peruana, alejada de todo, me permitió una conexión conmigo misma que, en el día a día de la vida común, es muy difícil de lograr. Adoré el silencio y el solo ruido nocturno de animales indescifrables de fondo y de la planta, que acompañaba el camino de regreso a mi cuarto. Caminar bajo la lluvia y que nada importase”.

 

LOS SIN-CUENTA DESTINOS DEL LOBO ESTEPARIO

“Estuve en muchos lugares, para mí, todos de ensueño. Todos, hasta el más humilde. Supe disfrutar cada momento de la obra en el sitio que me tocó, sea acá en nuestro bendito país, como en toda América. Estuve en 50 lugares diferentes del país, y de Ecuador para abajo. Llegué a Arabia y deseché ir a Kazajistán y a África por mi familia. También he recibido ofertas en EEUU.

En mi familia vivo como un extraño. Esta vida laboral me convirtió en un ser raro para ellos, un ermitaño, claro, como siempre estoy solo, no me acostumbro y lo sufro, sus horarios no son los míos.

Tengo 4 hijos, dos de mi primer matrimonio y dos nenas, del segundo. A la tercera, a sus 6 meses, me la llevaron a la frontera con Bolivia, para que pudiera conocerla. A la más pequeña, la conocí a los 8 meses de nacida, cuando bajé de descanso de una obra en Perú. Estaba avanzando y creciendo profesionalmente, y mi familia me apoyó en ese crecimiento. Pero me generaba un ‘big-bang’. Cuando en la casa se producen crisis fuertes, mi señora se siente muy sola, también se siente exiliada. Entonces me sobrevuela el espanto de un segundo divorcio. Pero llego y la veo, es tan fuerte y firme. El exilio… es también del otro lado.

Siempre pienso esto: si mis hijos supieran las cosas impresionantes que hice y lo que la gente opina de mí y acerca de esas cosas. Porque cada vez que hice algo que sobresalía, miraba para atrás y mi familia no estaba para ser testigo de esos aplausos, de esas congratulaciones o de esos premios que recibí, es lo que lamento.”

“Eso soy yo y muchos más. Estuve allí.”

 

BITÁCORA DE ANÉCDOTAS

“En Bolivia, los operadores debían llamar al personal de seguridad para retirar vacas que ingresaban en la planta de gas. Además, era frecuente encontrarse un lagarto grande entre los caños.

Me cuesta olvidarme del viento Zonda que soplaba 2 o 3 veces por semana en Malargüe. Salir a fumar fuera de la Oficina Técnica se convertía en un drama. Una pared de arena de 40 m de alto atentaba contra toda cuestión social al aire libre. Tampoco había pájaros, de hecho, no hay árboles. Y y lo único que se veía a la distancia era el pico del volcán Malacara, que se encontraba a unos 300 km de distancia del sitio.

La carretera que une Lima con el sitio donde se encuentra hoy en funciones el proyecto minero -Carretera Central o Ruta Nacional 22-, es un camino de montaña de solo dos manos. Transitan entre 5.000 a 10.000 camiones por día, llevan y traen productos entre la selva y Lima. Tengo fotos de 2 camiones, uno en cada mano, enfrentados a nuestra camioneta. La circulación de noche estaba prohibida por la empresa, los pasos ferroviarios a nivel -se pasa por el paso a nivel más alto del mundo, creo recordar 4890 msnm-, no tienen barreras. He visto varios accidentes muy graves y, en alguna oportunidad, regresamos a Lima porque era imposible continuar hasta que no se despejara la ruta.

En Chile y aquí, en Ecuador, los temblores y los sismos son muy habituales. Se aprende a pasar el momento, pero nunca se está seguro de que se vaya a mantener todo en pie. El que afectó a la costa ecuatoriana en 2016 se sintió muy fuerte en el departamento del piso 7 donde vivíamos, fue casi un eterno minuto, los 3 abrazados bajo un marco de puerta y asustados.

Magallanes, hacia el fin del mundo
Magallanes, hacia el fin del mundo

Acostumbro a llevar un diario de mis viajes con los que informo a la familia de las actividades y novedades que se presentan. En las obras, se viven cosas que no hay posibilidad de ver en sitios citadinos.”

¡Esperamos tu bitácora, Ernesto!  

 

ÓYEME ABI, LLEVAME EN TU BICICLETA

“En la asignación aprendí a andar en bici. Se trasladaban en bicicleta porque era enorme. Yo caminaba. Aprendí en los pasillos del campamento -donde están los módulos habitacionales-. En la obra, durante el día, no la usaba porque tenía la sensación de irme contra las cosas. El único día en que decidí ir en bici a la oficina, a la vuelta, de noche, me crucé un ratón gigante, ¡casi me caigo! Bajé y seguí caminando.

Convivía con mezcla de intensidades encontradas: vi un arcoíris de noche y también me sobrevolaban los murciélagos cuando regresaba por ese largo camino de las oficinas a la habitación.

 

LA PARADOJA

ahí, Magallanes
ahí, Magallanes

Ernesto cierra su relato, mientras piensa en voz alta: “¿Qué se extraña? Se extraña a los amigos, las salidas familiares, las comidas, la casa de uno, los bizcochitos de grasa y las medialunas dulces. Hoy las comunicaciones posibilitan estar al día con muchos, pero como yo soy kinestésico, extraño el contacto más cercano con mis afectos.”

René, agradecido con la oportunidad de contar su historia de vida, dice: “Estas son pocas palabras para vivenciar todo lo maravilloso que fue mi vida laboral y también lo traumático, al estar sin mis hijos.”

En tanto, Abigail lo expresa así: “El placer de volver a reencontrarte con tus sabores y olores originales también está bueno. Y la paradoja de que, cuando estás en tu casa, siempre querés volver a obra y si no lo hacés, lo añorás. Solo una razón muy poderosa puede hacerte salir de esa vida, amor, hijos, familia, terminar el estudio. La sensación no es ni parecida a la de un viaje normal. De algún modo, es difícil explicar, si no lo viviste.”

 

El jefe de René renunció hace unos días. Suena el teléfono y con esa mezcla que lo contiene, de fortaleza y sensibilidad dice: “En todos mis años de trabajo nunca tuve un jefe que, en tan poco tiempo, me despierte tanto respeto y afecto. Aprendí con él más en estos 3 meses que el resto de mi vida laboral. Esto son los exilios: despedirnos hasta que la vida nos vuelva a poner juntos en el camino, y saber que eso no va a ocurrir sino, con suerte, hasta la otra vida”.

 

El cordón del Paine con sus picos nevados, como guardianes tormentosos, aguarda a esos seres, para permitirles su salida de descanso. En subida, el camino de hielo trae el regreso, en esa especie de libertad condicional. A un costado, un intersticio de las cadenas permite asomarse al Lago Argentino, tan cerca, tan lejos.

 

Los Piojos - Bicho de ciudad     

 




NO TE ENTIENDO

Los exilios: sobre el Síndrome de Asperger y el libro El curioso incidente del perro a medianoche.

Por Alicia Lapidus

 

MÍREME COMO SOY

Cuando las familias de niños y niñas Asperger se enfrentan a la realidad de que sus hijos van a tener que “aprender” todo de forma diferente al resto, la mayor preocupación está en que sus profesores y todo su entorno educativo lo entienda. Se buscan los medios más adecuados para conseguir llegar de una manera efectiva y práctica a la mente de unos niños “especiales” con muchas capacidades que desarrollar, si se sabe cómo guiarlos.

 

DE LA CIENCIA A LA CONCIENCIA

Los fundamentos clínicos del Asperger consisten en la carencia de ciertas bases neurocognitivas para entender los estados mentales de las otras personas, para interpretar conductas no-verbales -específicamente, las expresiones faciales- y para cualquier tipo de aprendizaje implícito o basado en la experiencia. En muchos casos, todo este cuadro los hace vulnerables a riesgos extremos, propensos a abusos y a manipulaciones y expuestos a un futuro apoyado en dependencias de otros adultos, si no son previamente bien acompañados. También presentan profundas alteraciones en los patrones de comunicación social y, en especial, de la comprensión verbal. Tienden a concluir en sentidos literales. Los chicos con Síndrome de Asperger no entienden los aspectos sutiles de la comunicación social. No entienden ironías, expresiones coloquiales, expresiones abstractas temporales, espaciales o emocionales. Su dificultad, en ocasiones, se manifiesta en comportamientos desinhibidos o evitadores, lo queDiscriminación 2 les dificulta conseguir y mantener un trabajo. También quedan aislados cuando están fuera de su contexto familiar, resultan marcados por sus experiencias escolares con fracasos académicos, victimizaciones, castigos múltiples y, muchas veces, padecen frecuentes cambios escolares que nunca llegan a ser de gran ayuda. Por otra parte, presentan una profunda alteración en la flexibilidad con que se adaptan al ambiente. Pueden resultar expertos en asuntos puntuales por la gran cantidad de datos que memorizan, aunque los emplean de manera repetitiva, sin percibir la falta de interés o aburrimiento causado en otras personas.

Aspectos de enorme repercusión hacia quienes conviven con ellos son su rigidez e intolerancia al cambio en sus rutinas, costumbres, ambiente u objetos. Muchos desarrollan rituales interminables, a los que sus familias se adaptan para contener reacciones agresivas. Sus reiteradas hipersensibilidades sensoriales son foco de sufrimiento y terminan, en ocasiones, en conductas auto lesivas. Frecuentemente, las dificultades de aprendizaje se asocian a conflictos en las áreas ejecutivas de organización, planificación y resolución de problemas. Durante los primeros años de su vida, pueden necesitar ayuda individualizada y, durante los años posteriores, adaptaciones curriculares o servicios de educación especiales.

Existen diferentes grados de Síndrome de Asperger, por lo que no todos los niños tendrán todas las manifestaciones.

 

SER O NO SER SOCIAL

La polémica la desató la separación de un niño de cuarto grado con síndrome de Asperger de su aula y las repercusiones poco solidarias –y hasta repudiables– de las madres de sus compañeritos en un grupo de WhatsApp, al enterarse de la noticia.

Ocurrió en el Instituto San Antonio, en Merlo. Las mamás, hacía un tiempo ya pedían que lo expulsaran y terminaron por festejar, dentro del grupo de chat, que lo cambiaran de clase, según denunció su tía, Rosaura Gómez, a través de Facebook.

Irónico es que, en el ambiente académico, sea usual referirse a la “empatía cero positiva” de estos niños. Bien podría decirse: en este caso, la falta de empatía no surgió precisamente de aquellos señalados como poco empáticos por los manuales de psiquiatría infantil, sino justamente de aquellos considerados “normales”.

Whatsup

Las desagradables capturas del grupo de madres fueron difundidas en Facebook por la tía del niño. Para el director del Instituto de Neurología Buenos Aires (Inba), “se trata de pacientes que desean la aceptación social, pero no saben cómo lograrla porque les “falla” la inteligencia emocional, la capacidad de entender lo que le pasa al otro, por eso generalmente les sucede lo opuesto y eso les genera angustia y estrés”.

Y, aunque destacó que se trata de “niños muy inteligentes, con un muy buen lenguaje y que no suelen tener problemas de aprendizaje”, el especialista reconoció que “siempre el diferente tiene más posibilidades de ser discriminado”.

Desde la Asociación Asperger Argentina, entre las características de este síndrome- y con mucho cuidado en no desatender que cada persona es única y particular– señalan que existen rasgos pasibles de considerarse altamente positivos. “En el primer grupo, encontramos las capacidades relacionadas con la inteligencia dura, racional, unívoca, híper-lógica; en el segundo, aquellas vinculadas a la inteligencia blanda, emocional, con pluralidad de significados, que cobran mucha importancia a la hora de relacionarse e insertarse en todo tipo de entornos sociales. Algunos aspectos distintivos del primer grupo son la memoria (en muchos casos prodigiosa), el apego al detalle (capturan datos inasibles para otros observadores), la facilidad para la matemática, la tecnología, el pensamiento lógico, la estructuración, la focalización en un interés dominante, la concentración y perseverancia en ese interés“.

El director del Instituto de Neurología Buenos Aires(Inba) considera que: “Si un niño de estas características es discriminado, seguramente estará peor que antes porque tendrá que remontar la discriminación y formar una nueva red de contención“.

En la Asociación Asperger Argentina aclaran que hay una aceptación universal acerca de que el síndrome no se produce por problemas afectivos ni por el tipo de educación recibida. Es más frecuente en varones. En las mujeres se manifiesta de una manera más sutil y encubierta: “En una sociedad con una marcada inclinación a homogeneizar y a medir a los semejantes con los parámetros dominantes, no es de extrañar que las personas con síndrome de Asperger sean consideradas raras o con conductas desadaptadas, ya que presentan una manera distinta de pensar y relacionarse y, en muchos casos, esto puede llegar a provocar inquietud. Sin embargo, sus acciones nunca persiguen una finalidad perturbadora; muy por el contrario, como todos, necesitan ser respetados en su singularidad, aceptados y amados“.

 

EL CURIOSO INCIDENTE

¿Cómo será pensar al modo de un niño con Asperger? ¿Cómo se “siente” el mundo desde esa mente? Del mismo modo en que nosotros no podemos imaginarlo, para ellos es imposible ingresar a nuestras convenciones, ni siquiera a nuestros sueños.

Libro

Christopher es un personaje de novela con síndrome de Asperger que vive con su padre en Swindon. Una noche descubre el cadáver de Wellington, el caniche de su vecina, atravesado por dos horquillas de jardín. La señora Shears, dueña del perro, llama a la policía, que comienza a interrogar al chico. Christopher empieza a sentirse agitado por tantas preguntas. Entonces, uno de los oficiales intenta agarrarle de un brazo y provoca que el chico lo golpee. Así las cosas, se lo llevan a la comisaría, de donde lo recoge su padre. No satisfecho, Christopher decide investigar el caso para limpiar su nombre. Sin embargo, su propósito se ve gravemente limitado por sus temores y dificultades a la hora de interpretar el mundo que lo rodea. Durante su investigación, Christopher necesitará entrar en contacto con gente con quien nunca se ha relacionado, a pesar de tratarse de personas que viven en su misma calle.

 

EL CURIOSO INCIDENTE DEL PERRO A MEDIANOCHE

Así se titula esta novela que no se parece a ninguna otra. Contada como un diario escrito por Christopher, nos acerca su modo de pensar el mundo. Es, en el fondo, una novela policial, pero ese no es el punto de encuentro.

Me llamo Christopher John Francis Boone. Me sé todos los países del mundo y sus capitales y todos los números primos hasta el 7.507.Hace ocho años, cuando conocí a Siobhan, me enseñó este dibujo:

carita feliz

Y supe que significaba «contento», como estoy cuando leo sobre las misiones espaciales Apolo, o cuando aún estoy despierto a las tres o las cuatro de la madrugada y recorro la calle de arriba abajo y me imagino que soy la única persona en el mundo entero”.

El autor de esta maravilla es Mark Haddon, un escritor, ilustrador, pintor y profesor inglés, nacido en 1962. Su personaje Christopher enternece e irrita al lector, alternativamente. A lo largo de la novela, sin embargo, entre dibujos y frases de una literalidad absoluta, empezamos a entender el distinto funcionamiento de su mente única.: “Pedí a Siobhan que me dibujara más caras de esas y escribiera, junto a ellas, qué significaban exactamente. Me guardé la hoja en el bolsillo y la sacaba cuando no entendía lo que alguien me estaba diciendo. Pero era muy difícil decidir cuál de los diagramas se parecía más a la cara que veía, porque las caras de la gente se mueven muy deprisa.”

Caras

Christopher es incapaz de mentir. Sin maldad, no entiende al mundo que lo rodea. Su padre, tampoco a él, aunque tolera sus estados de ánimo cambiantes. La madre falleció hace un tiempo y ella fue la única cuyo contacto físico le era agradable. No sigo, no quiero “spoilear” la novela, pero espero que estas líneas los estimulen a buscarla y a deleitarse con ella.

Pero les dejaré, en palabras de Christopher, sus “Problemas de Conducta”: 

  1. No hablar durante mucho tiempo (una vez no hablé por 5 semanas).
  2. No comer o beber nada durante mucho tiempo.
  3. No gustarme que me toquen.
  4. Gritar cuando estoy enfadado o confundido.
  5. No gustarme estar en sitios pequeños con otras personas.
  6. Destrozar cosas cuando estoy enfadado o confundido.
  7. Gemir.
  8. No gustarme las cosas amarillas o marrones y negarme a tocar cosas amarillas o marrones.
  9. Negarme a usar el cepillo de dientes si alguien lo ha tocado.
  10. No comerme la comida si las diferentes clases de comida se tocan entre sí.
  11. No darme cuenta de que la gente está enfadada conmigo.
  12. No sonreír.
  13. Decir cosas que a la gente le parecen groseras. La gente dice que siempre hay que decir la verdad. Pero no lo dicen en serio, porque no se te permite decirles a los viejos que son viejos y no sCrisise te permite decirle a la gente que huele raro o a un adulto que se ha tirado un pedo.
  14. Hacer cosas estúpidas.
  15. Pegar a otras personas.
  16. Odiar Francia.
  17. Conducir el coche de Madre.
  18. Ponerme furioso cuando alguien ha movido los muebles.

 

LLEGASTE A MÍ

Hace algunos años, atendí a una paciente embarazada, que tenía un hijo con Asperger y estaba muy angustiada al pensar cómo iba a repercutir la llegada de una hermanita en él, en ese Christophermomento, de 14 años. Fue una hermosa experiencia. Empecé a aprender acerca de ese Síndrome de la mano de mi paciente. Largas charlas de consultorio me acercaron al descubrimiento de un hijo diferente, al no saber cómo “llegarle”, cómo manejar distintas situaciones. Para el tiempo del embarazo, el chico estaba escolarizado, sin problemas, aunque solitario y con sus características.

Una vez que tuvo su bebita, sin problemas, mi paciente vino un día a mi consultorio y me trajo este libro. No me olvido sus palabras al regalármelo: “cuando lo leí por primera vez, comprendí de verdad a mi hijo y nada fue igual”

 

EL MUNDO ES OTRA COSA

Vivir con Asperger es un desafío mucho mayor al que la vida de por sí nos obliga. Estos chicos, incapaces de reconocer de manera espontánea ciertos sentimientos del otro (aburrimiento, enojo, alegría), están forzados a incorporar ese manejo racionalmente. Viven encerrados en su existencia, no por deseo propio, sino por la exclusión a la que el entorno los somete. No se llega a ellos por caricias, ni abrazos, sino por la comprensión de su estructura de pensamiento. Pueden ser felices, pero su camino es espinoso y cruel. Son extranjeros de su propia vida.

 

 




“SEBASTIÁN, EL DOCTOR”

Los exilios: de la cordura a la locura
Por Liliana Franchi

CRUJIR DE CERRADURA

Solía saltar la pequeña reja entre la entrada y el camino. Lo hacía una y otra vez, sin prestar atención a la traba llena de óxido que chillaba al abrir. Sorteaba las margaritas amarillas y, de pronto, se encontraba en la calle apenas transitada. Ese era el inicio de su libertad. Olía a pescado frito, hecho por la madre a fuego lento, hasta lograr un doradito delicioso.

El viento traía los jazmines del vecino hasta su puerta. El mundo lo formaban la cerca, la escuela y los bollos de barro, que moldeaban héroes endurecidos en un suspiro. Cada cual, un nombre y un norte. Sofi, quien vivía casa de por medio, era su promesa, sus desvelos, su cabello intenso como esas margaritas, el negro de sus ojos franqueaba las tranqueras entre fantasías.images

Pasaron años difíciles: sueños descuartizados, la felicidad siempre de fuga, las señales simples de un transcurrir sin pausa y sin temores, permanentemente confundidas.

DESTIEMPOS

Las luces irrumpieron en la fría madrugada y corrió una vez más hacia la valla. Ya hombre, sin rumbo ni olor a pescado frito. Corría y corría hasta lograr ocultarse en un barranco. La noche estaba abierta, los árboles fueron sus únicos testigos que amanecieron entre ellos.

Exilio

Tan solo el desatino lo alejó de tanta feroz realidad. En ese preciso momento se volvió loco, con la certeza de que la locura lo llevaría a su salvación. Fue Robin Hood, Evita, Cortázar, siempre otro. Y, mientras el afuera real estallaba en odio, persecución y muerte, él decidió protegerse en su demencia. Fue coraza: escuchó el mar en las siniestras noches e imaginó jazmines en frescas mañanas. Por momentos Sofi lo sacó de la profunda letanía, o la cerca antigua, el camino de barro y sus héroes tumbados.

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El tiempo no cuenta en la insanía, solo transcurre débil y casi inconsciente. Salvado a la distancia, desterrado, con ese desarraigo que duele cada día, logró elevarse y vivir en su mundo tan irreal como no merecido.

A CUESTAS

A veces el pasado es prólogo. Un día ese a quien llamaban, “Sebas”, el Doctor, se atreve a exiliarse de la locura. Los colores brillan con intensidad verdadera, mientras su mente se acomoda en un presente devastado. Pequeñas dosis de reminiscencias nostalgiosas flotan sin querer, en forma de recuerdos vagos. Todo es ahora, sin glorias, ni paladines, ni ídolos. Se trata de sobrevivir y volver a construir, resignificar y caminar junto al dolor del pasado, que aún lo acompaña, lo lleva expuesto no importa dónde. Lo muestra su andar, lo carga en su espalda. No obstante, elige volver a la cordura: sentir, oler, tocar, recordar- aunque sea dolorosamente- el ruido áspero de botas en medio de la noche, entre corridas y susurros. Otra vez se siente libre de poder decidir, confrontar, elegir y extrañar.

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NO ESTAMOS FRITOS

Habían quedado tan solo salpicaduras de una locura digna, impuesta e imprevista; una que, sin darse cuenta siquiera, lo llevó a salvarse. ¿Por qué nos salvamos?, se preguntaba. Él, para volver y seguir, para encontrar a Sofi y probarse nuevamente en ese olor fuerte a pescado frito.

Sintió el aroma a olvido, a calas, a soledad, a desaparición, a ausencia, a lluvias a atardeceres desvalidos. Se preguntaba dónde habría encontrado el corazón de ambos en aquellas noches de sortilegio y en qué sublime equilibrio se conjugan la pasión y la nostalgia. Decía: “siento olor a menta y albahaca, ¿será este un presagio?”

MÁSCARA EN LA VIDRIERA

Volver desde la locura tiene sus desvaríos, no obstante, él prefirió el reto. Entonces, recordó un poema que algún compañero le había recitado alguna vez:

“Cuando el cielo aclare su neutralidad de nubes/ cuando la Puna esboce un color nuevo/ me encontrará a mí siendo ya tierra/ me encontrará a mí siendo ya abuelo”

Sonrió por la vuelta. Ese volver que, silenciosa y opacamente, lo esperaba atrás de sus escaparates; ese que sólo sucede, sin pensarlo, al caminar. Le gustaba ser partícipe de este mundo donde no cabían los campos, ni las flores, ni Sofía. Pero era su mundo, el que le había tocado, el que peleó por redescubrir.

La locura fue tan solo un instante, pensó. Una máscara en la vidriera del tiempo, una excusa para la sobrevivencia, una rutina pálida para llegar a destino, desembarcar y quedarse definitivamente ante las estrellas, las reales.

“Sebas” le decían, mi querido Sebas. No quiso la fortuna que fueras médico, aunque lograste ser artesano de tu propia vida. Jugaste con ella. Y cada atajo te condujo a las margaritas nuevamente.

CANCIÓN A LO LEJOS

El exilio, cualquiera sea su destino, despoja de toda dignidad. A veces, conmueve al punto de la locura, impuesta, brutal y sin fecha de vencimiento. Los exiliados son caminantes sin rumbos, sin equipaje: no se llevan nada, salvo las memorias de lo que no pudo ser y una fuerza incontrolable de perdurar y persistir. Son la canción que se escucha a lo lejos, pura esperanza, melancolía y humildad.

No se atreven a gritar. Es mejor mantenerse callados, quietos y a la espera de recobrar la dignidad perdida a mordiscones.

Subrepticiamente, se vuelve a sentir y a lamentar.

“Sebas” tiene solamente sus pantalones oscuros y la camisa clara, un pelo gris que lo favorece, unas manos temblorosas, una espalda ancha que alberga la locura que fue. No están las margaritas, ni Sofi, ni el crujir de la cerradura, ni el camino, ni los héroes de barro. ¿A quiénes les cobramos tantos quebrantos?

Se los pagó a la cordura. Se los cobraron la locura y el infierno. Pero supo regresar.




UN VENTANA ENORME

Los exilios: sobre la biblioteca de la infancia.

Por Diego Marcelo Soria

LOS LIBROS DEL EXILIO

Este no pretende ser un compilado de “libros por leer”, tampoco una selección para llevar a “una isla desierta”. Es simplemente un camino, una de las posibles formas de acercarse al momento de lectura, dentro de muchos otros tiempos donde, aún sin estar frente a un texto, entre carteles, rostros y andanzas, se construye una conciencia lectora, una vida lectora. Cada vez que uno elige un libro, como en cualquier elección, deja otro de lado. Y siempre es mejor poner énfasis en aquello que se gana que en aquello que se pierde.

LEÉ ESTO Y NO MOLESTES MÁS.

Tomá, me dijo mi madre, mientras me entregaba un reluciente libro de la colección Billiken, “Las fabulas de Esopo”. No sabía qué hacer con esa cosa. O, mejor dicho, qué iba a hacer aquella cosa para que yo dejara de molestar. En aquel tiempo había un ciruelo enorme en el tomfondo de casa. Bajo su sombra, mi papá tenía un tablón azul, enorme, donde doblaba los fierros para el encofrado. Y,  bajo su sombra, yo me tiraba a leer. Mi mamá, sin saberlo, me dio una ventana enorme por donde asomarme. Leer sobre lobos con pieles cambiadas bajo un árbol resinoso es un buen modo de empezar.

EL PAN DE AZOGUE Y LOS AHOGADOS

“Tom Sawyer” , otro de los libros de la colección que me regaló mi mamá, resultó el desembarco definitivo en la fantasía y la aventura, un combo irresistible para un chico. Mark Twain debió ser uno como los de mi barrio, pero a orillas del Mississippi. Desde donde yo vivía, miraba pasar a los aviones y él vio pasar a  esos grandes vapores a pala con calliopes. Los vio a través del río, entre las islas solitarias, donde Tom Sawyer supo esconderse para castigar a su tía Polly. Las tierras donde el indio Joe buscaba alguna fortuna con el borrachín de Muff Potter eran unos territorios prodigiosos. Allí, Tom podía engañar a sus amigos, martirizar a su hermano Sid y enamorarse de Becky Tacher. Eran el lugar para curar verrugas con la luz de la luna y para ver flotar el pan con azogue donde alguien se ahogó. Tom Sawyer es el extraño milagro de una niñez descalza a orillas de un río muy lejano y, a la vez, a la vuelta de cualquier esquina del gran Buenos Aires. Porque la imaginación acorta distancias y empatías. Con más fuerza aun, a esa edad en que los prejuicios todavía permiten creer que la luz de la luna es algo más que un paisaje nocturno.

LLÁMENME ISMAEL…

Hay un libro que no recuerdo cómo llegó a mí ni tampoco sé qué fue de él. Uno que marcó el 1377201232_261842_1377201567_sumario_grandecomienzo de ciertas dudas acerca de qué es la vida. Se trata de  “Moby Dick”, de Herman Melville. El mío era una edición en forma de comic, en blanco y negro y me cambió la mirada naive por una más trágica. Comencé a entender al capitán Ahab y a su obstinación tras un cachalote blanco, mucho más que un buen botín. El hipnótico Ahab era capaz de llevar tras de sí a toda una tripulación en su locura. Ese comic también fijó en mí, para siempre, las fisonomías de un capitán de barco pesquero, el arquetipo del desesperado y el misterioso cuerpo tatuado de lQueequeg, en su derrotero frenético tras la bestia  y tras la promesa de una tragedia inevitable. Aunque el protagonista comience la historia con un “llámenme Ismael”, al final del libro queda claro que nadie  encaja ya del todo en su nombre después de la travesía.

BOLETO A MARTE

Podría enumerar muchos cuentos cronicas marcianasde ciencia ficción de Isaac Asimov, pero me quedo con los de Ray Bradbury. ¿Por qué? En ellos, me gusta la idea de que el  futuro no sea solamente uno de máquinas sofisticadas, si no uno centrado en los problemas del hombre, esos problemas aún irresueltos. Cuando Bradbury emprende la conquista de Marte en sus “Crónicas marcianas”, no crea una sociedad ideal, libre de los problemas del planeta tierra. Al contrario, como en cualquier exilio, los hombres se arrastran hacia un territorio desconocido, esperanzados en que todo va a ser diferente, aunque haya una piedra en cada rincón. Bradbury vuelve sobre el tema en su último libro “Ahora y Siempre” y, ¿casualmente?, trae una adaptación futurista de la novela de Moby Dick, donde el mar es el espacio, el cachalote un asteroide, pero la ambición y la locura humana siguen ahí, intactas.

EL PREDICADOR

A esta atura del camino, serpenteo  oscuridades. Yo solía ir al trabajo en pantalón negro y camisa blanca. Bajo el brazo, un libro enorme: las “Obras completas de Edgard Allan Poe”. Cuando me cuervovieron llegar con eso, automáticamente, me apodaron “el predicador”. El libro se ajó con el tiempo, de tanto ir y venir en colectivo y tren, mientras insistía en un mundo romántico y oscuro que bordea la locura y donde cualquiera puede perder la razón por unos ojos, por un corazón o por unos dientes. Poe es una puerta de entrada a un mundo del que no hay salida. En su poema “El Cuervo”, el ave advierte que no habrá tregua en el dolor a la hora de recordar, es una clase de dolor inolvidable la que te invade una vez que lo leíste, una vez que el cuervo dice: “Nunca más”

LA COSMOPISTA

Al final de este camino, escojo a quien podría  ser mi preferido. A quien, sin que yo supiera,  pavimentó el camino desde un principio, porque mi encuentro con Cortázar se parece a la “continuidad de los parques”. A la vuelta de muchos libros, de mucha vida y sensaciones, él me esperaba para entendernos como si hubiéramos sido viejos conocidos. Julio Cortázar es uno de esos autores que resume una idea mágica del mundo, como un hecho natural, no excepcional.  Así, miro para atrás y la vida se parece a un collage hecho de recortes de muchos autores: la rebeldía de Osvaldo Bayer, los claroscuros de la Habana con Leonardo Padura o las crónicas de Roberto Arlt en los bajos fondos de Buenos Aires. Y el camino sigue. Dentro de esos libros, me refugio. No me exilio. Ese es mi mundo.

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¿ADÓNDE VA LA LUZ DE LAS HERIDAS ABIERTAS?

Los exilios: sobre “Tweed”, de César Domínguez, interpretada por Héctor Bidonde y Silvia Kauderer.
Por Gabriela Stoppelman

LOS IMPRESCINDIBLES

Igor Morski
Igor Morski

Una vez lo intentaron. Porque ellas no son de las que se resignan así como así. Vieron el hueco, el abismo combado entre padre e hija, vieron hundido el espacio exacto donde los brazos se hubieran alcanzado. Lo vieron sucumbir en una postergación idéntica a la ausencia, dentro del estrecho espacio de una biografía: “Vos dirás, demasiada poesía, palabras bonitas que no harán una buena hechura, una buena caída. Vos dirás que la poesía no cambiará al mundo, ni desviará el rumbo despiadado de la humanidad…Yo no pienso tan así… alguna vez creí en torcer el destino de mi vida… sueños… esperanzas… Cortar y coser para un príncipe árabe, para un emperador japonés, o el bello vestido de quince para mi hija Ruth”. Por supuesto, las palabras del poema siguieron su combate, mientras el sastre de “Tweed” atesoró su apuesta en cajas del pasado. En otras cajas guardó fotos de su pequeña, el primer chupete de una infancia sin caricias, imágenes de su mujer, quien se fue de su lado porque -según Ruth, la hija de ambos-: “Mi madre conoció el desamor… En mi padre”.

Silvio Rodríguez, en su tema “Sueño con serpientes”, recuerda estas palabras de Bertolt Brecht: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. / Hay otros que luchan un año / y son mejores. / Hay quienes luchan muchos años / y son muy buenos. / Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.” Las palabras poéticas, hechas carne en hombres consecuentes con la apuesta extrema de la poesía, deberían considerarse en esa categoría indispensable. El rumbo de la humanidad es esquivo y sorprendente. Imaginate: si se escurre de las manos sin sueños de los devastadores de ilusiones, si se escabulle de entre las lógicas disciplinadas de los cumplidores de órdenes, ¡cómo no irá a salir de raje, cuando intentan resecarlas los fatigadores de la tarde!

LOS FATIGADORES DE LA TARDE

Yo fatigaba la tarde, en este mismo sótano”, dice el sastre y, al poco, su fatiga parece ser la imagen refleja de un espejo inmigrante: “Cuando llegué de Polonia, esta ciudad me recibió, primero fría y distante, hasta que entendí sus ruidos y sus olores. Hasta que aprendí a caminar entre su gente y me convertí en el ‘rusito’ que reforzaba botones y ojales de todo el barrio”.

Recuerdo los esfuerzos que hacía mi padre por disolverse en la muchedumbre de la calle como uno más. Su intento de exiliado por echar raíces “iguales a las de todo el mundo” siempre chocaba contra su nombre, Lothar, y contra su erre gutural, que ni el tiempo ni las costumbres argentinas lograron borrar. Incluso la desesperada estrategia de hacerse llamar Alfredo -su segundo nombre- también resultó paradójica. “Alfredo, sí, el que vive en la calle Gaona, el alemán”. Como mi padre, el sastre de “Tweed” fatiga, erosiona el tiempo en cumplimientos: “Ella (su mujer) tocaba a Haydn en Re, y yo compraba mi primer maniquí usado y aprendía a decir ‘Macanudo’ en argentino.”

Porque el trabajo no es salud, pero la falta de trabajo es enfermedad. Porque venidos de tan lejos, vivirán ambos en la cárcel de un agradecimiento eterno por no ser muertos prematuros. Ambos pagarán sin pausa los intereses de una deuda insaldable, cuyo acreedor es el miedo, hijo del exilio y la distancia. Madre y padre, respectivamente.

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ELLA, EN RE

Mi madre tenía la tristeza de los barracones de Birkenau… ‘Arbeit macht frei’… Entonces el chelo lloraba por ella con su voz tan humana”. La mano imprime el tacto de su música en el instrumento. La mano tañe por quienes han perdido las manos. La mano permanece extendida, estrechada con la de los exiliados de este tiempo. La mano, ay, la mano que no se suelta y se aferra a las cuerdas, como la niña a su madre. Ay, las manos desacariciadas, las manos que ya no reclaman el contacto de otras manos. Y solo lo fantasmean en acordes, en la vana ilusión de, un día, ver a las notas ensiluetar a los ausentes, devolverlos de este lado. Y, entonces, sí, ¡qué suene el Freilaj (*)!

QUÉ TREN, QUÉ TREN

Yo empecé cosiendo botones y lo sigo haciendo y la vida pasó como un tren sin maquinista, mientras yo lo miraba, inmóvil, sosteniendo mi valija de cartón sin atreverme jamás a abordarlo…”

Cuenta un viejo rumor de inmigrantes, que a todos los trenes los maneja un desatino. En su arbitrariedad sin bordes, el desatino obliga al tren a cambiar de estaciones en cada excursión. De ese modo, cada viaje es una aventura llena de peligros, sin excluir el de regresar a la tierra de origen, sin olvidar al peligro de ser asesinado entre la gramática de la lengua madre. Por eso, mejor refugiarse en el idisch, que es uno y es todos los lenguajes del destierro. Clave y guiño cómplice entre “Idn” (1). Casa del idioma, donde es posible no morir.

Y, mientras el tren de las curvas y los riesgos se contornea, hay paradas reconcentradas en sus vías muertas, andenes donde siempre se ve a un hombre mirar el horizonte, perdido en

Oscar Pintor
Oscar Pintor

la pregunta, ¿qué hubiera sido de todo si me hubiese atrevido al abordaje?, ¿con cuántas telas impensadas se hubiera encontrado mi corte?, ¿qué puntadas no hubiese dado yo en costas desconocidas?”. Pero, para el viajero trunco, hay un solo aroma vuelto sobre sobre sí: “Volver a sentir el viejo olor a tweed… A casimires usados y vueltos a usar, a sudor de oficina de gastadas camisas blancas.” (…) “Es el mismo lugar, el mismo polvo sobre los botones forrados, las tenues telarañas en el pedal de la máquina…”

HUMOR DE VIEJA ARAÑA

No teje. Te entreteje. Tejemaneje, le decían. Un punto y, ante la inminencia de un abrazo, tomás distancia: “Veo que tu sarcasmo se ha perfeccionado con los años. Ahora casi no sonreís cuando escupís tus chistes…”. La hija blande el filo de las palabras con matices de espadachina profesional. “- ¡Oh, la ironía! Ella se asienta con el tiempo como las caderas de una mujer bien servida y día a día nuevas curvas aparecen sobre las anteriores y así sucesivamente”. Él devuelve la estocada y la reconoce: hija de tigre tenías que ser. En la triste contienda, todos pierden: “Lo van perdiendo todo, poco a poco. Las heridas se abren y se les escapa la luz. Y después lloran cuando están a oscuras, como chiquitos asustados, entonces piden, ruegan, exigen hasta clavarse de rodillas en el piso clamando por algo que ya no es… ni será”. ¿Y adónde va la luz de las heridas abiertas?, ¿en qué refugios recargan los huecos abiertos por el desangre?

MÚSICA CADUCADA

Me hacía falta que me lo dijeras antes. Ahora suena distante, como si estuviera escuchando la misma canción y no pudiera imaginar la orquesta, el cantante, la fiesta laza, sin mirarse…”. Por allí se ve el fantasma de un cantante que no logra hacerse con el micrófono, un tacto desencontrado de las teclas, un director de orquesta perdido en la niebla de las desaprensiones, un órgano mutilado que aún insiste en las impotencias de sus sonidos, una impericia de los vientos para soplar lo imprescindible, un desafinar de timbales en los contornos de algunas fotos: “¿Son las viejas fotos, con la imagen detenida, los maniquíes quietos? ¿Es el dolor, el fracaso? ¿O la victoria de la muerte?”. La muerte no cuenta acá, más que como amenaza. Porque, después de todo, ella implicaría una resolución. Pero “Tweed” es un género que huele a desamparos: ”Vine a buscar… Ahora no lo sé. (…) Tal vez a reconocer un aroma que alguna vez me perteneció o a preguntarte si sabías algo de ella, volver a verla… Preguntarle por qué me había abandonado…”. Una milhojas de orfandades despliega, sin piedad, toda la textura de sus capas: “Primero pensé que era por ella que volví, ahora sé que me mentía. Que estaba muy sola después de mi separación y necesitaba encontrarte acá, en tu bastión, con tus maniquíes viejos, tus telas, cosiendo para el Príncipe de Gales con la misma puntada segura y meticulosa de siempre”. Y, cuando la tela cede, cuando la consistencia ya no aguanta una puntada más, ¿entonces, qué?

PELEAR LA HOJARASCA

Imogen Cunningham
Imogen Cunningham

A veces es todo lo que nos queda… Palabras, hojarasca de sentimientos…”. Hilachas, extenuaciones del lenguaje que todavía se aferran la ilusión de un regreso. “Ella va a volver, mañana ella va a volver”. Pero, en el sitio de la batalla, quedan esquirlas del combate: “Qué tenés miedo de mostrar (…), por si acaso, por si alguno encuentra una hendija en tu armazón pluscuamperfecto, por las dudas. ¡Hipócrita!”. La arena de la disputa es subterránea, hecha de piedras hace mucho tiempo desgranadas: “Preferí estar en las sombras, observando y cuidando más que abrazando y acariciando… perdóname…”. Pero cae la oscuridad: “Está anocheciendo, creo que es la hora de irme…”. Y el mundo, entonces, se reduce a sus extremos. Por un costado, una alta escalera invita a la salida. Por el otro, hay un hueco oscuro, antecedido por viejos cacharros y otras penumbras. Entre la huida y la nada, queda sentado el viejo sastre. Justo en el medio, mientras le conversa a la mudez de un saco. De tweed, claro.

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Podés ver “Tweed” en “Paternal teatro”, Nicolás Repeto 1556, Capital Federal – Teléfonos: 4584-8703
Domingo – 19:00 hs. Sábado – 21:00 hs

(*) Música judía festiva.

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PRESO EN MI CIUDAD

Los exilios: sobre exilios personales

Por Néstor Grossi

 

“Yo no creo en el exilio, sobre todo, no creo en el exilio

cuando esta palabra va junto a la palabra literatura.”

Roberto Bolaño.

 

HARTO, AMARGADO, Y CONFUNDIDO ¿ALGO MÁS?

Nunca necesité más que Buenos Aires, nunca sentí el deseo de estar bajo otra bandera ni de conocer nuevas culturas. Me importaba absolutamente una mierda todo lo que pasaba en Europa o en México o en Perú, los lugares a donde todos los conocidos viajaban. Creo que, desde 1992 hasta el 97, no hice otra cosa que escuchar las historias de los viajes de mis amigos, que el “uno a uno” había pagado. Yo no lo deseaba. De desearlo, tampoco hubiese podido: a partir del 94, me vi afectado por la ley 23737 que me prohibía salir de Buenos Aires sin pedir permiso en un juzgado de instrucción. Si mi cárcel era esta ciudad, la había sacado recontra barata.

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Recién con la llegada de este nuevo, estúpido y aburrido siglo, sentí la necesidad: no encajaba, estaba de más y sin ganas de seguir formando bandas o zapando con tarados. La gente del rock había comenzado a darme asco. Entonces conseguí una porta estudio de cuatro canales y me puse a grabar mis canciones sin necesitar de nadie, toqué varios instrumentos, grabé veinte temas, solo cinco tenían letra. Y eso fue todo. Sin saberlo, comenzaba a cavar la tumba donde un muy joven escribidor patearía a mi yo rockero. Y la nueva era comenzó, porque había llegado la hora de escribir, no existía otra forma de soportar toda la mierda que se avecinaba.

Una tarde de mayo, cuando andaba en busca de un hotel por la zona del Centenario y lamentándome por los precios, me vinieron a la cabeza dos cosas: que el precio de una habitación en el Parque costaba lo mismo que una San Bernardo o algo así; y que, para escribir, daba lo mismo en cualquier lugar, nadie me leería. Y bueno, si el mundo iba a cogerme, al menos, iba a decorar el lugar: con un par de velas y sahumerios todo cambia.

Busqué alquileres por el partido de la costa, hasta que Tandil apareció en mi cabeza como mi cielo salvador. Sí, tendría menos oportunidades, pero viviría en paz. Tenía que tomarme unas semi vacaciones y estudiar bien el lugar. Habían pasado quince años desde que había estado de campamento con los exploradores.

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Esas vacaciones de diez días en Tandil no me las pasé en medio de las sierras ni en la cabaña. En vez de hacer el recorrido turístico, salía a llenar solicitudes de laburo en los supermercados locales. También dejé mis datos en la telefónica de la zona y llené un currículum en el Carrefour. Después, me dediqué a disfrutar un poco más del lugar, a buscar la actividad cultural, todo rondaba en torno a la universidad; siempre tocaba alguna banda en algún club de barrio que venía de la capital. Ese mundo citadino estaba a tan solo 15 minutos en taxi o remis.PicsArt_08-23-09.15.56 Y todo, al mismo precio que en Mataderos, salvo por una cosa: en Tandil no había rastros de droga. Un faso, si lo conseguías, costaba igual que un 25 en capital. En diez días, fue lo único que pude averiguar. A pesar de eso, decisión tomada. Volvía a Buenos Aires unos meses a juntar billete, a vender unas cuántas cosas y listo.

Había hecho muy buena onda con los dueños del lugar. Cuando les conté mi plan, no dudaron en guardarme la cabaña. Como era fuera de temporada, iban a cobrarme más barato, me prometieron recomendarme entre sus contactos. Agregaron que había poco laburo pero que algo iba a salir. Eran dos hippiess cuarentones. Él, tan porteño como yo, se había instalado en Tandil a los veinte, por lo tanto me entendía. Como había dejado en los currículums el número del camping, le di el teléfono de mi vieja por si me llamaban de algún lugar. También les pedí dejar algunas cosas, agradecí por todo y me despedí hasta la primera semana de marzo, o antes.

BUENOS AIRES, PUTA MALA

Volví a la mierda en un tren fantasma. Oscuro y casi vacío hasta Azul y Rauch. Me la pasé empinando una botella de gaseosa con vino y fileteando uno de los salamines que llevaba mientras, a través de la ventana, no había nada que ver. 02a02666cdf977156453cb25e781023fEntonces imaginaba mi vida como parte activa de Tandil. No me importaba de qué mierda iba a laburar. Solo sabía que, al salir, mi paisaje sería serrano y no el lugar de mierda ese lleno de fábricas, talleres y carnicerías. Me veía estudiando algo en la universidad, quizá hasta volvería a formar una banda.

Cuando llegué a Constitución, entendí que mi verdadero exilio había comenzado: en la Capital no me esperaba nada.

La estación era el infierno temido. Odiaba estar de vuelta, eran las siete de la mañana de un lunes y mi pequeña vida salvaje murió bajo la suela de un Buenos Aires que despertaba siempre con resaca, donde no tenía nada que hacer y nadie me necesitaba.

Iba a vivir en las dos ciudades, punto final. Me bajé del Ferrobaires con la mochila vacía, había dejado el grabador, los borcegos y la guitarra en la casa de los dueños del camping. En el próximo viaje debería cargar con mi caja de herramientas, por si funcionaba el plan de sobrevivir  como instalador en Tandil.

Durante los tres meses en casa de mi vieja, laburé instalando marquesinas, vendía vhs, cds y auriculares de contrabando. No salía a ningún lado ni visitaba a nadie más que a mi puntero. Odiaba la vida en casa de mi madre y odiaba que mi paisaje de todos días fuese el barrio de Mataderos. Vivir con ella tres años había sido suficiente como para empezar a sentirme un estúpido que no servía más que para tocar la guitarrita. Para ella yo era un simple vago y un borracho igual que mi padre, que llevaba muerto 350 días, los únicos que justificaban mi estadía en esa casa. Pero ya estaba de más. Sólo mi adicción me ataba a Buenos Aires, me aterrorizaba la idea de estar sin fumar y sin pastillas; compensaba repitiéndome que, llegado el caso extremo, me subiría al tren y, en 48 hs, todo solucionado.

 

CON LAS BOLAS LLENAS

Tenía el billete para vivir tres meses sin laburar ¿cuánto más quería? Cada peso gastado en Mataderos era un peso menos en Tandil. Había llegado el momento de zafar y armarme esa nueva vida que tanto buscaba. Compré mi primer celular y lo principal: el faso, un ladrillito verde y bien compacto del tamaño de un Shot de largo y dos dedos de ancho, cien gramos de uno bien rico que, con algo de suerte, sobreviviría dos meses nada más.

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Estaba híper paranoico, desde aquella tarde de 1994 en que me habían agarrado con un kilo a la vuelta de la casa de Yoni, no había vuelto a tocar más que algún 25. Y pensar que debería viajar por más de cinco horas con eso encima me hacia mal. Si me agarraban con toda esa mierda, me revocaban la causa y todo se iba a la puta que lo parió, justo cuando aquel garrón estaba por terminarse. ¿Iba a soportar hacer un viajecito semejante cada dos o tres meses? Por un segundo, creí que había llegado la hora de limpiarme.

La noche antes del viaje apenas si pegué un ojo. Me la pasé metido en el plan de cómo llevarlo y cómo me descartaría si se pudría la cuestión. La mejor idea que tuve fue mantenerme alejado legalmente de los cien gramos, al menos, hasta llegar a la estación de Tandil. Y eso hice. Como pude, lo llevé en las pelotas hasta Liniers, después, lo encanuté arriba del micro a medio llenar y me quedé dormido hasta Rauch.

La roca y yo bajamos bajamos en la terminal, no había perros, apenas un poli gordo que hojeaba las revistas del quiosko y fumaba. A pesar de que Dios existía, recién cuando el remis entró al camping solté el aire en paz.

 

NO LLEGO CON EL CAMBIO, UNA NOCHE NO HACE MAL

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Los primeros quince días hice todos los deberes. Repartí volantes de electricista por  el centro y los barrios de la ciudad, busqué laburo en los bares y volví a pasar por todos los supermercados donde había dejado currículums. Nada. Era marzo del 2001 y el país estaba destrozado. A mí me daba igual ser pobre allá o acá, mientras tuviese un maldito porro para fumar a la noche…

Para ahorrar, empecé a quedarme más en el camping, a cocinarme en la parrilla mientras, de fondo, sonaban los Doors en medio de la nada y el frío. Colgaba frente al fuego, bebía vino y fumaba hasta que el sol se ocultaba en los cerros. De día, salía a caminar, desayunaba fuerte y encaraba hacia el Centinela a leer entre el ruido de los pájaros. Al atardecer, bajaba al parador a tomar una birra y entonces, comenzaba el regreso a casa

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Una tarde, cuando volvía de mi caminata, el dueño me vio pasar y me llamó. Me preguntó si me animaba a cambiar seis portatubos del comedor de la escuelita, en la rotonda. En una tarde lo hice. La mina de la cooperadora me dijo que la madre necesitaba un electricista para cambiar una llave de luz y, así, de boca en boca, empecé a agarrar algún curro de vez en cuando. Pero necesitaba un sueldo fijo, poder alquilar una casa en algún barrio o un departamento más en el centro. Esa plata que entraba, apenas me servía para cubrir el día a día, aunque había dejado de salir los sábados, mis ahorros se evaporaban.

Habían pasado marzo y abril y todavía me quedaban 50 gramos o más. Me sorprendía lo poco que fumaba, en capital  hubiera estado en bolas ya. Pero tenía que estirarlo más, así que decidí tomarme medio miligramo de Alplax todas las mañanas, fumarme medio a la tarde y mantenerme bebido hasta la noche, cuando me ponía a escribir. Sin darme cuenta, volvía s ser el tipo que había abandonado una tarde de 1994.

Cuando llegó el otoño, comencé a alejarme por completo de la ciudad. Pasaba todo el tiempo encerrado en la cabaña o frente al fuego de la parrilla. El frío te partía y si no llovía, lloviznaba; entonces, leía o escribía hasta que caía la noche, cuando me ponía a fumar y a beber. Solo en ese momento me daba por tocar la viola hasta que empezaba el programa de Dolina y cenaba solo, mientras miraba la oscuridad del cerro y las luces, a los lejos y en lo alto del castillo, en el Parque Independencia.

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En invierno, si no llovía, lloviznaba. Empecé a beber Brandy, compuse una canción, leí tres novelas de Philip Dick y, por segunda vez, Un Mago de Terramar. Me dediqué a Baudelaire y aumenté mi dosis medio miligramo más para ahorrar faso. Llegué al punto justo en que fumaba sólo si era necesario, los fines de semana. Para soportar las “ganas de”, si no llovía, salía a caminar por la ruta hasta la rotonda y doblaba hacia la derecha hasta el pie de Sierra del Tigre, donde había un almacén y teléfono público. Ida y vuelta al camping eran unos diez kilómetros en total, conectado a mi discman… sí, uno o dos meses, quizá podía soportar la abstinencia psicológica, pero erradicar la marihuana de mi vida era algo que no haría jamás.

Fue ahí, en mi pequeño exilio, cuando entendí que mi verdadera droga era el alcohol, que todo el garrón que me había comido por drogón solo sirvió para arruinarme los noventas.

Un atardecer de agosto frío y con sol, escuchaba a los Stones, mientras me tomaba un vino barato y me fumaba un porro ante el fuego, cuando escuché las hojas quebrarse bajo unas botas. Era el dueño, apagué como pude, al tiempo que el tipo me decía, todo bien ¿daba para una seca? Tenía un botella entre las manos. Licor del que preparaba la mujer. Nos quedamos tomando mi vino barato, hablamos del rock y de Tandil, del quilombo cuando habían tocado los Redondos y de la vez que fue Charly con alguna de sus bandas.

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EL CUENTO DEL IDIOTA (PARTE 1)

Llevaba siete meses en el lugar; entre una cosa y otra, por encajar en esa sociedad, no había pisado la cascada: Sierra de Las Ánimas, el lugar más alto de Tandil, el pozo del diablo donde nacía la leyenda del hechicero, la sacerdotisa y el enamorado del Fuerte Independencia. De ellos son los lamentos que se escuchan; de ellos, los fuegos fatuos.

Voy o voy, me dije cuando terminaba el primer mate lavado de mañana. Encendí la tuca de la noche anterior y comencé a prepararme. Pensé en sacar dos o tres churros y dejar el 25 en algún canuto en la cabaña, pero no: desde que el dueño del camping había fumado conmigo, me había quedado claro que en Tandil no había faso y, si alguien conseguía, costaba tres veces más caro que en la capital. Entonces lo guardé en la riñonera con los documentos y la plata. En el morral llevaba el disckman con parlante y algunos casetes, una bolsa con medio kilo de pan, dos latas de paté y mi cuchillo. Tenía que comprar un vino de camino y al carajo. Me ajusté los borcegos, me colgué el morral y manoteé la campera aviadora.

Había llegado septiembre. Afuera estaba nublado y hacía calor. Até la campera de mangas a la correa del morral, puse candado a la cabaña y me eché a andar. Iba a volver a llover, fija. Había llovido toda la maldita semana y ya no aguantaba más el encierro, así que pensaba aprovechar el día a como diera lugar y subir al maldito cerro de las Ánimas de una vez y por todas.

Después de la rotonda, encendí el que llevaba armado. En el morral el discman tenía conectados los mini parlantes y sonaba LA Woman, mi disco predilecto de los Doors. Estaba en armonía con el mundo, en medio de un paisaje serrano que era mío. Quizá lo de vivir en la ciudad era mala idea, quizá debía quedarme en medio la nada. En el almacén de sierra del tigre compré un salamín, una cerveza de litro, una de vino y una gaseosa, cuya mitad tiré. La otra la mezcle con el tinto. Guardé la botella de plástico en el morral, cambié el Cd y, al terminar la Bieckert, seguí: todavía tenía una hora o más a pie.

Iba a subirlo sí o sí, lo había hecho a los 13 años y volvería hacerlo a los 28PicsArt_08-23-09.18.20. Después de todo, por ese puto cerro había terminado en Tandil. A un kilómetro y monedas, empezó a lloviznar. Con Iggy Pop en mis orejas, con una birra, un faso y un miligramo de Alplax, me importaba una mierda; seguí adelante con el agua pegándome en la cara.  Saqué la botella del morral y le entré al vino hasta llegar y encontrarme con lo peor: un micro con turistas rubios que parecían quejarse y el guía que les negaba algo en un inglés de mierda.

Había dejado de lloviznar y el cielo amenazaba abrirse. Todos me miraron, yo parecía un ex combatiente, de verde oliva y con remera de Almafuerte negra, los saludé con la botella en alto, esquivé los caños que hacían de valla, crucé el puente sobre el arroyo y no me detuve hasta llegar a la cascadea. 94463431745c146a7d5d8719244c6997Encendí un pucho, todo estaba más resbaloso de lo habitual, debería pisar con el cerebro. Quizás sentarme a comer algo mientras el sol hacía su trabajo, pero iba a enfriarme, no tenia que parar. Además, ya se escuchaba al contingente de turistas acercarse. Quería estar solo, sentir ese  sitio regado con la sangre del indio. Existían cientos de historias que avalaban la carga energética del lugar. Era un día de semana húmedo, ¿qué mierda hacían todos esos imbéciles ahí? La puta madre.

Me ajusté al máximo el morral, me puse la campera y subí de la única manera posible: escalando entre las rocas mojadas con la cascada que caía a mi lado. Me protegía el dios de los alcohólicos, iba a estar todo bien, solo no tenía que mirar hacia abajo ni girar la cabeza. Estaba tan en pedo que jamás pensé que, después, debería hacer el mismo camino de vuelta. Recién al llegar a una vertiente me detuve a beber, a fumarme uno y a pensar qué carajo hacia ahí.

Abajo, a unos doscientos metros, muy chiquito, se veía el grupo de turistas. No iban a subir. Me quité el morral, saqué un salame, el pan de campo y me puse a morfar. Había bebido demás. Ni siquiera me convenía seguir subiendo, el viento soplaba fuerte y, tarde o temprano, las nubes volverían a cubrir el cielo.

Estaba tan alto que podía ver la ciudad. Si avanzaba hacia el otro lado del cerro, el camino no era empinado pero me llevaría horas bajar, y llegaría de noche. No me quedaba otra, desde la ciudad pegaba el bondi o un remis y al carajo.

20180824_11_48_35No, no iba a llegar a la cima, al menos, no ese día. Sólo necesitaba descansar un poco. Bajo el rayo de un sol que a veces se escondía, me puse el morral de almohada y cerré los ojos un rato.

Me despertó un temblor y, al segundo, un inmenso estallido. Tenía un conglomerado de nubes grises ante mis ojos. Entonces, me invadió el terror. Ahí estaba el cerro que tanto buscaba, toda la madre tierra en su máximo esplendor. Tenía que elegir entre bajar por unas rocas empinadas o buscar el camino paralelo entre las sierras y alejarme de la cascada. Entonces, comencé a rodear el cerro mientras volvía a tronar con tanta fuerza que todas las rocas temblaban.

Me eché a andar. La siesta me había arruinado y seguía medio ebrio, lo mejor era beber. Botella en mano, caminé hasta alejarme de las cascadas. No había ningún sendero, todo era roca y pasto, algún grupo de aromos o arbustos y nada más, ni una maldita cueva donde refugiarme si las cosas se complicaban. Por segunda vez en mi vida, sentí miedo total. Estaba solo en el cerro más alto del lugar, con una tormenta a punto de caer sobre toda mi maldita existencia. El fuego fatuo de las almas en pena de los indios masacrados podía irse a la mierda, porque el cerro me había rechazado, no tenía ni puta idea dónde estaba ni a dónde iba.

Comenzó a lloviznar.

Seguí siempre hacia adelante, durante horas caminé bajo una llovizna tan suave que flotaba en el aire. Yo subía y bajaba. Por momentos perdía el sentido hasta que, a los lejos, volvía a ver la ciudad y mi corazón se calmaba.

Aparecí en algo similar a un valle sin salida, tenía que volver a trepar si quería pasar. Y eso fue lo que hice. Debían ser unos diez metros. Justo cuando llegué al borde, del morral se me cayó la botella de plástico con el vino por la mitad. Antes de volver a bajar por el tinto, vi los campos descender entre cientos de alambrados hasta la ciudad, las luces comenzaban a encenderse. Debían de ser como las siete o algo así. Pero, sin mi vino, no seguía. Además tenía que brindar por mi sentido de orientación.

 

EL CUENTO DEL IDIOTA (PARTE 2)

 

Según el reloj de la primera1657ff449339162 rotisería que me crucé,  eran las ocho de la noche sobre la ciudad de Tandil. Compré un sánguche de milanesa y una lata de medio, me senté afuera, en el umbral de la puerta, junto al local y comencé a devorar.

—Eh, aguante Almafuerte—, dijeron un par de piernas con All Stars y jeans rotos. Me preguntó si era de capital. Él se llamaba Pablito y tenía una remera de los Sex Pistols. Después de toda la mierda por la que acababa de pasar, lo invité a una cerveza. Le conté todo lo que acabo de relatar y casi toda mi vida. Él me contó del ambiente rockero y que tocaba el bajo, tomaba “Rivo” con cerveza porque le costaba un huevo conseguir faso o pepas. Entonces, lo invité a fumar:

¿Hay algún lugar donde no bardiemos?

La Plaza, contestó. Y hacia allá fuimos.

Nos sentamos en un banco, en un lugar que parecía la plaza Irlanda rodeada de edificios, bancos, la iglesia. Idiota, estaba en la plaza del centro, pensé, mientras me abría la riñonera, le regalaba un faso y zafaba de toque.

Cuando tenía el 25 en la mano, en el momento en que pensaba sacarlo de la bolsa, vi cómo empezaba a rodearnos la policía: cerré el puño con la piedra en mano y todo mi mundo se detuvo. Había perdido, otra vez. Simplemente, tenían que revisar, llevarme detenido, pedir mis antecedentes a la capital y listo: a un penal marplatense, para un porteño de mierda, genial.

Nos pusimos de pie con las manos en alto. De, al menos 7 ratis, dos nos apuntaban. Al pankito lo pusieron contra un árbol. A mí, contra el otro. El 25 estaba entre la palma de mi mano y la corteza del árbol, el cana me decía que me quedara quieto, me pidió los documentos y me preguntó qué mierda hacía con el boludo más buscado de la ciudad en pleno centro. Y yo, que era turista, que recién lo había conocido y que tenía todo en el morral.

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El Principal le pidió mis documentos a uno de los polis, yo seguía con el porro en la mano y apoyado contra el árbol mientras me temblaban las rodillas. Quédate así, me dijo el Principal y escuché que se alejaba hacía el pendejo. Torcí la cabeza: todos estaban de espaldas o revisando el morral. En un segundo me metí el 25 en las pelotas, como pude y vi de costado cómo se llevaban al otro detenido.

El principal volvió con mi documento en la mano. Una pena, flaco, si no tenías nada te ibas. Bajá las manos y date la vuelta despacio.

El porro, pensé. Y dejé de respirar.

Me esposaron y me acompañaron hasta el patrullero. Fue un viaje silencioso, las nucas de los ratis no hablaban, sólo se escuchaba la radio y mi corazón: estaba detenido por tenencia de un arma de guerra y con marihuana en las pelotas. Nada más tenía que llegar a la comisaría y ser revisado a fondo, mientras pedían mis antecedentes a capital. Todos los caminos conducían a un penal. Estaba jodido, esa tarde mi estupidez y la mala suerte se habían dado la mano.

Me sacaron el cinto, los cordones y me arrojaron en una celda junto con el pendejo tarado. Durante una hora, estuvo disculpándose hasta que un poli se lo llevó. Al rato, volvió por mí, me sacó y me dejó sentado junto al poli de la recepción. De fondo, se escuchaba un partido de fútbol, yo estaba medio pila, pero mi cuerpo no. Le pedí como tres veces ir al baño y me decían que esperase a que alguien  me llevara. Quería meterme los dedos y lanzar. Y lo principal, descartar el 25 por el inodoro. Estaba a punto de entrar a declarar ante el taquero, jodí tanto, que el poli de la entrada salió de atrás de escritorio para acompañarme. Justo cuando estaba por parase frente a mí, no aguanté más y vomité todo el vino ahí nomás, a los pies del rati.

Mientras él me puteaba y yo me disculpaba, me acompañoó hasta la puerta del baño, no entró. Me saqué el faso de las bolas y me dolió descartarlo. Lo metí detrás de la mochila del baño, tiré la cadena y salí. Mi corazón volvió a latir. El rati me dio el secador, me señaló el balde y me puse a limpiar. Cuando terminé, entré a la oficina del comisario. Me la pasé hablando  de cuánto amaba la ciudad, de que había llegado para quedarme y de que me había parado de borracho y boludo a hablar con ese pendejo.

El taquero y el Principal me tomaron por un porteño con mala suerte, daba la casualidad que justo me había parado a chamuyar con el más bardito de Tandil. Pablito había roto el vidrio de la farmacia para entrar a robar unas cajas de pastillas y lo estaban buscando.

Me boludearon un rato largo, firmé papeles haciéndome cargo del maldito cuchillo. Puse la dirección de la casa de mi vieja. Tenía una causa en Tandil, nada grave, no quedaba detenido, sólo fichado y a la espera de una citación para pagar una multa. El comisario llamó de testigo a un remisero que nunca vio nada y listo.

No pidieron, no sé por qué, mis antecedentes. El faso seguía en el baño. Le pregunté al rati si podía pasar, al remisero si me llevaba… Salí de la comisaría con el faso de vuelta en mis pelotas, ya nadie iba a pararme.

Esa noche llegué a la cabaña, me fumé uno grande como un dedo, mientras escuchaba a Dolina en la radio. Intenté dormir, pero el miedo, el odio y la incertidumbre volvieron a visitarme.

Al otro día, hice la mochila, pagué la cabaña y le vendí el faso que me quedaba al dueño de camping.

Mi pequeño exilio había terminado. Entre Tandil y Buenos Aires, no había diferencias ya. Pero me había preparado, me había encontrado en este nuevo siglo de mierda. Era claro: esa sombra de la que huía siempre tendría mi rostro. Porque el miedo es el único disparador que nos aleja, es un pequeño acto de egoísmo y cobardía. Todo empieza y termina con un basta, como el amor y las revoluciones. Cuando todo está perdido, cuando queremos volver a casa.

Basta.100f4c5a8bf0d9a08fc8d50c4bcfa53b

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




REPATRIAR LA VOZ

Los exilios: sobre Sandra Calamano y Rubén Rodriguez
Por Cecilia Angriman

Jueves 2 de agosto de 2018. Escuela N° 49. Moreno.

EXPLOTADOS

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La educación explotó. Las ruinas de un sistema están a la vista, los cuerpos de Sandra y Rubén son el tristísimo reflejo de esto, la educación de hoy duele. Estos trabajadores fueron exiliados con violencia, atrapados por la desidia y envueltos en una gran fuerza de arrastre que los dejó fuera.

Cumplían su tarea, como todos los días, una tarea más amplia que su obligación. Abrir la escuela un sábado para garantizar la comida no estaba en las cláusulas de sus contratos. No era un trabajo lo que los llevaba a levantarse los sábados a la mañana. Era un hacer a pesar de las fallas denunciadas, pusieron el cuerpo, porque las necesidades de sus alumnos siempre estuvieron primero. Los chicos tienen que estar calentitos, tienen que desayunar y, en una escuela de jornada completa, también almorzar y merendar. Es decir, el lugar donde se educan no puede no brindarles un confort mínimo para funcionar. No era el caso de esta escuela, como la de tantas otras, faltan muchas cosas, denunciadas, como en este caso. Si el Estado no se hacía cargo, Sandra y Rubén, sí.

LA LETRA URGENTE

Un niño que concurre ocho horas a la escuela pasa más tiempo en la institución que en su casa, si descontamos las horas de sueño. Esto implica que la escuela cumple múltiples funciones, directivos, docentes y auxiliares las conocen muy bien. Ahí está la realidad del acontecer de los niños, en este caso de Moreno, pero esto se multiplica a todas las escuelas.carta de diario perfil

La carta de puño y letra de Sandra Calamano, donde reclama a las autoridades por los problemas en su escuela, dibuja necesidades imperiosas en una letra apurada, seguramente porque la esperaban otras cuestiones a resolver. Imagino a Sandra esparcir su presencia, con el amor que hoy todos destacan, reclama y sigue. La carta es una formalidad ante la infinitud de llamados que seguramente existieron. Los papeles son los testigos del pedido de auxilio que no fue escuchado. Son los testigos que servirán como documento. ¿Y si no hubiera habido carta? ¿Hubiesen servido, como prueba ante una justicia flaca, los testimonios de alumnos padres y docentes que, día a día, padecían el achicamiento descarado de la educación?

Carta diario Perfill

 

ENCRUCIJADA DEL DIABLO

La necesidad de reparar algo que ponía en peligro a todos demuestra hoy que las pérdidas no fueron accidentales. Tal vez consciente del riesgo y con su vida apostada a la suerte, “esperemos que no pase nada”, la situación precaria del edificio no la detuvo en su labor, esperó, intentó y puso su cuerpo al servicio de los demás, se hizo cargo. Atender a sus alumnos, mirarlos, saber de ellos, darles todo… hasta su vida.

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El limbo en que permanece un docente ante este tipo de situaciones es ácido, hostil y de una tensión inimaginable. Si se niega a trabajar para no correr peligro, termina por privar a quienes más necesitan de lo indispensable. Por otro lado, cumple con las expectativas del negligente Estado, erosionar a la escuela pública hasta lograr quebrar a quienes la sostienen. Si continúa, arriesga su vida. ¿Qué clase de sociedad deja en esta encrucijada perversa a sus educadores?

LA PLAZA NO DUERME

Hoy Sandra y Rubén están exiliados, en un lugar que marca la situación actual. Pasarán a ser símbolos, héroes de guerra. También, faros.

Lo ocurrido marca un  antes y un después en la historia de la educación, hoy perdimos todos. La orfandad en sus hogares se amplía a la sensación de devastación, “nos los quitaron”, eso se escribe en el pensamiento de cada uno, indescriptible el dolor.

Foto del diario Clarín
Foto del diario Clarín

Estar en una escuela implica comprometerse desde el corazón, con todo el cuerpo al servicio de la tarea. Esto parece cursi, pero es así. La escuela N° 49, como tantas otras en la provincia de Buenos Aires intentan dar oportunidades a los niños de aprender para la vida, de generar personas reflexivas , capaces de planificar un futuro mejor; personas con las herramientas necesarias para ser sujetos libres en una comunidad mejor.

En un reclamo hecho en abril de 2016, se la escucha a Sandra Calamano dar voz a quienes se reunían para reclamar por la vida de las orquestas juveniles, cuyo sostenimiento por el Estado se encontraba y se encuentra en peligro. “Nadie en esta plaza está dormido”… “yo sé del sacrificio que hace cada uno de ustedes para estar detrás del instrumento donde están y darles vida a esas cuerdas”, su alocución habla de los derechos negados, de las decisiones que afectan a muchos, habla de migajas con las que deberíamos conformarnos para seguir adelante. “Sólo nos falta algo, una simple decisión política que nos permita seguir creciendo”.

El exilio supone expulsar o hacer salir a una persona de un país o de un territorio. ¿Que implica un exilio fuera de la vida, fuera de los cuerpos? El silencio de la voz, aunque no la ausencia de su paso por la vida. Hoy sus palabras se multiplican con nuestras voces, en  cada uno de los decidamos hacer un homenaje a su vida. Sus palabras serán nuestras, sus discursos hoy son la bandera de la resistencia.

VISTA EN ESPEJO

“La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor”
Paulo Freire

Yo también soy docente como Sandra, ocupo, como ella, un cargo directivo, me veo en Sandra. Habitar una escuela, sobre todo de jornada completa como la de ambas, es un desafío, más allá que se encuentre en Moreno, con miles de habitantes o en un poblado pequeño. Nuestros motores siempre son los chicos quienes nos impulsan a mirar a través de sus ojos, esos que nos cuentan muchas veces más que sus palabras, las manos huesudas o gorditas, un gesto, un detalle multiplicado por la cantidad de alumnos para decirnos de ánimos, deseos y necesidades.

Vivimos pobladas de pensamientos para resolver, de estrategias que exceden lo pedagógico, es una línea muy delgada, entre el deber ser y lo que provoca el deseo de hacer. Las convicciones se juegan en medio de un clima social muy hostil, eso nos vuelve más testarudas, más arriesgadas… y decir arriesgadas después de lo sucedido parece una falta de respeto, no lo es, resalto el espíritu movedizo que resuelve seguir a pesar de las malas condiciones, de los malos augurios, de la mala prensa. Doy fe, somos muchos los docentes que seguiremos en nombre de Sandra y de todos los que elijamos esta profesión difícil y apasionante porque trabajamos con la vida en vivo, con el acontecer psíquico de la infancia, somos consientes y seguimos en una carrera injusta, donde la profesión se ha desvalorizado tanto que en ocasiones, como esta, la desidia nos cuesta la vida.

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ZANJONEAR LA LUZ

El Lecturista: Sobre “la melga y la estrella”, Apuntes sobre la dependencia simbólica, de Hugo Fernández Panconi.
Por Gabriela Stoppelman

 

DON ATA VERSUS EL MAXI KIOSKO

¿Cuándo sucedió?, ¿cuándo fue que el corredor entre cielo y suelo se quebró en fragmentos de palabras, en ademanes desesperados de restitución?, ¿dónde se ensimisma hoy la luz solitaria?, ¿dónde busca, sin renuncia, el tiempo de la tierra sembrada? Si belleza y verdad aún resisten en la vieja alianza que recitaba, “nada hay en las estrellas que no esté en las huellas de tus pies”, es seguro: no hay rendición. La melga relumbra huecos de luz y la luz enraíza trazas de tierra. Pero el paso que siguen no es cualquiera. Agobiada de cultivos prepotentes, agrotóxicos y empresarios non sanctos, la melga reclama el andar de Atahualpa Yupanqui, en un epígrafe que apadrina el libro entero:

Luis Felipe Noé. "Mirada prospectiva, a corazón abierto."
Luis Felipe Noé. “Mirada prospectiva, a corazón abierto.”

Porque solo el impostor/
se acomoda en toda huella/ Que siga una sola estrella/ Quien quiera ser sembrador”.
Estas “Coplas del payador perseguido” resultan un buen sacudón en tiempos donde el deseo se ha contagiado de la visión Maxi kiosco: abarcarlo casi todo para no intensificar en nada.

 

ASALTO A LA LUZ

Sin nostalgia, entonces. No hubo: hay un tiempo para desocultar la luz relegada, para elegir el espejo que no nos obligue el rostro: “’Inventar o crear’ es una disyuntiva vigente. El reconocimiento de lo que somos los suramericanos implica, por la magnitud de la tarea, una invención, y por la postergación, la corrección de un error larga y prolijamente inducido”. Y si el error consiste en haber sustituido estrellas por faroles incandescentes, remover la trampa de los filamentos y recuperar el cielo. Porque esa luz sustituta no ilumina, sólo direcciona la mirada. Y, por supuesto, también el oído, el tacto y hasta el modo de caminar. Bajo ese eclipse, resisten constelaciones firmes y reclaman: “que la mezcla hispano-originaria-africano-gringa que funda nuestra identidad cultural siga aportando al mundo sus particularidades y sobreviva al impulso homogeneizante del imperialismo económico y cultural.” A esta altura de las cosas, resultaría de una ingenuidad sofocante no admitir los disciplinamientos a los que son sometidos nuestros sentidos. La identidad es una zona de combate. Pero, ante todo, hay que reconocerse combatiente. Ante todo, hay que despojar de naturalidad aquello que suena y se ofrece de primera mano, como si viniera directamente del centro de la madre tierra y no desde el comando de una operación de mercado. Y una vez que reconocemos el territorio de la lucha, ¿qué?

Luis Felipe Noé.
Luis Felipe Noé.

 

LA CANCIÓN, UNA PROLONGACIÓN DEL TERRITORIO

“Vamos, como tantas veces, en la Chata del Negro Giménez, un Rastrojero ´70 o´71, doble cabina, que más que un simple medio de transporte es una prolongación de su vivienda (…) nos entregamos con entusiasmo a la filosofía rastrojera, a la reflexión zanjonera”. Filosofía rastrojera y reflexión zanjonera son las elecciones de Hugo Fernández Panconi para encarar el camino y responder a la pregunta, entonces, ¿qué? Aclara una nota al pie, que el zanjón recibe el agua de las posibles crecidas por deshielo o lluvias y distribuye la necesaria para el riego. Y que zanjonero es la denominación para el mendocino de capital. Pensémoslo un poco: Si “la música popular es una ‘polvareda suelta’ y somos parte de ella y, además, queremos que se agite y crezca”, los pensadores zanjoneros podrían ofrecerse como recolectores del “polvo de deshielo”, como entonadores de aquellos acordes y cadencias que renacen cuando cae el muro de los paisajes de cartón. A su vez, “agitar y crecer” contribuyen a regar las parcelas con agua buena y a contrarrestar el problemón que reclama saciar una antigua sed: “El problema para los que vivimos acá y queremos escuchar el paisaje propio está en los que insisten en referenciarse en otra realidad que no nos representa ni contiene en absoluto y que solo nos identifica en tanto consumidores”. De este modo y, mientras resuenan los nombres que “son” ya el territorio -Mara, Joaquín, El negro, Don Distéfano- el rastrojero avanza. Y ya que está en eso de reconstruir caminos entre lo alto y la bajo, de gusto nomás, apuesta a tejer lazos entre la melga y el asfalto.

 

DESPUNTAR EL VICIO

Apuntar. Tomar apuntes. Y también señalar una dirección. Como la que encara el Negro en su rastrojero: “Los cultores de la expresión nativa (como diría Yupanqui) son herederos directos, escasos, por otra parte; o son buscadores. Buscan… Buscamos, Flaco, agujas en pajares en la niela, bajo todo el ruido del mundo.”

Apuntar. Apuntalar. Despuntar: “El educando argentino no tiene las herramientas  suficientes para sobreponerse a la aplanadora cultural homogeneizante de la televisión.”

Apuntar. Puntada tras puntada. Desplegar la tela hasta que todo quede expuesto, hasta revelar todo el resto oculto del lado del ruedo: “Don Ata logra tensa la cuerda y afina lo suficiente como para tocar las primeras notas del himno. Entonces, el baqueano Cruz que las reconoce, se pone de pie, serio y se cuadra. Y los dos se transportan al paisaje interno que esa melodía ha creado en sus espíritus.”

Pardo Orlando. "Músico andino".
Pardo Orlando. “Músico andino”.

Apuntar. Y elegir el blanco. Y si el horizonte no nos queda, desgarrarlo a flechazos. Después, hacer punta. Apostar, en el sentido opuesto al vacío repleto de nadas. Y escribir. Tomar apuntes. Notas que, al caminar la tierra, la siembran con otra luz: “La expresión popular no es del mercado. Puede convivir con él y/o existir sin él. Pero si una nación pretende defender su soberanía subjetiva, su nacionalidad cultural, no se puede dar el lujo (la torpeza) de permitir, en materia de símbolos, un mercado librecambista y autorregulado”.




HISTORIAS CONFINES

Los exilios: sobre Stoner, una novela de John Williams y El Alma de fiesta de Héctor Giovine.
Por Lourdes Landeira

 

TIERRA ADENTRO

Sentía la lógica de la gramática y creía percibir cómo se ramificaba a partir de sí misma, impregnando el idioma y estructurando el pensamiento humano
De Stoner, una novela de John Williams

Si la vida, como dice la letra del tango, es una herida absurda necesariamente, debe correr por el mundo el líquido de sus supuras. También, necesariamente, el antídoto que las sana o, al menos, el parche posible para esa piel desgarrada, expuesta a un entorno muchas veces hostil y otras tantas, amigable. Lo absurdo, quizás, tenga que ver con la dosis de sangre, llaga, abrazo y violencia que compongan –a la herida y a la vida- en cada una de sus reediciones, en cada uno de sus territorios, en cada uno de sus tiempos y destierros.

Hay múltiples combinaciones y sus formas de manifestarse suelen desafiar las leyes de la física espacio-temporal. Así, las historias recorren disímiles paisajes y, mientras unas se afianzan a su geografía, otras se asientan más allá de sus fronteras.Lempertz-950-807-Modern-Art-Willi-Baumeister-Apollo-Apollo-II-

Y viene aquí a cuento -antes de entrar en los decires específicos- un párrafo: de las 72 personas que componen el Senado argentino, hubo 38 que votaron en contra de la legalización del aborto. Ganaron, festejaron que nada cambie, discursearon falacias y celebraron que las mujeres que deciden ejercer su derecho de no continuar con un embarazo no deseado, sigan condenadas a la clandestinidad. ¿Ganaron? La gramática se cobra vidas. 31 de esas senadoras y senadores votaron a favor de la ley. Perdieron, la calle estuvo inundada de consignas, historias y fundamentos hacia la ampliación de derechos y la dignidad de las personas con capacidad de gestar en plena libertad de elegir. ¿Perdieron? La gramática salva vidas. Como dice el final del cuento de Elsa Bornermann, prohibido por la dictadura, redimido por la democracia y rescatado hoy por la marea feminista:

“Pero ellos ya saben que ninguna lluvia será tan poderosa como para despintar el verde de sus corazones, definitivamente verdes. Bien verdes, como los años que –todos juntos—han de construir día por día”.

Ahora así, a lo nuestro, que es esto mismo.

 

LA Y LOS MÚSICOS

“A pesar de todo, estoy aquí puesta / los pájaros sueltos y el alma de fiesta. / A pesar de todo / me besa tu risa / y el duende y el ángel del vino y la risa / A pesar de todo, el pan en la plaza. / A pesar de todo la vida ¡Qué hermosa! / siempre y sobre todo de todas las cosas. A pesar de todo”
De El alma de fiesta, de Eladia Blázquez

el almaEl “Alma de fiesta” es un espectáculo de tango. Una mujer y dos hombres, después de muertos, conversan sus composiciones, en los cuerpos y gargantas prestados por tres artistas que toman sus letras. Eladia Blázquez, Cátulo Castillo y Homero Manzi se yerguen sobre los pies de Andrea Cantoni, Héctor Giovine y Gabriel Rovito y suenan en la compañía del piano de Carlos Serra. Antes, años atrás, Virginia Lago había sido la Eladia que hoy es la Cantoni. Entre tanto nombre propio, las letras se desprenden, itineran la sala que las cobija, son elegidas y eligen -alguna piel que se estremece en una butaca, para adentrarse-. La nostalgia, por supuesto, es protagonista, no sería tango de otra manera.

No todos los protagonistas llegaron al género como primera alternativa. Homero Manzi, nacido en Santiago del Estero es, sin duda, un hombre de la canción de Buenos Aires. Sin embargo, antes de “Malena” y “Sur”, había sido un profesor de literatura. “Exonerado” por la dictadura de Uriburu en la Argentina de 1930, se exilió rápidamente en el arte y lo hizo su casa para siempre. Cátulo Castillo, el hombre de “Tinta Roja” y “La última curda”, porteño de nacimiento, pasó su infancia en Chile, exiliado con su familia anarquista. Para Eladia Blázquez, el camino fue entre los géneros. Desde la zona sur del conurbano bonaerense, se movió por la canción española, la melódica, la sudamericana y el folclore, antes de llegar al tango y hacer de la ciudad el eje de sus composiciones. Los puristas la criticaron por irregular. Quienes la admiraban le apodaron “la Discépolo con falda”, en una clara muestra de que, para lo bueno, solo les cabía medida de varón. A pesar de unos y de otros, la Blázquez se apropió de lo que le hicieron creer que no le pertenecía. Ahora bien, ¿saben cuál es la música que más le gustaba? El jazz, según declaró en una entrevista  de fines de los noventa. En la misma nota dijo:

“En algún momento de mi vida, llegar a Barrio Norte fue una revancha para mí. Salir de Avellaneda y venir aquí me daba como una sensación de llegada. Es como que había triunfado. Y con el tiempo me di cuenta de que me había equivocado. La geografía es interior. Se es de determinada manera más allá del lugar donde una viva. Y también me di cuenta de que el Sur no es sólo una cuestión de latitud. Es el continente postergado, el olvido, el patio de atrás para los poderosos. Pero como autora, no me quedo ni en el norte ni en el sur. Mi corazón es una brújula, que tiene que mirar para todos lados”. 

En “El Alma de fiesta”, Giovine dirige la orquesta de palabras escritas y cantadas tanto tiempo atrás y las hace recorrer en su propio modo. Se vale de anécdotas que inserta en forma de narración y de las propias canciones que se interpretan en escena. Completas, fragmentadas y, a veces, con los versos desordenados por una nueva lectura, la gramática hace lo suyo para volver a emocionar. Y allí quedan los protagonistas de la noche, abrazados entre sí y con el aplauso final, poseídos y en posesión de sus interpretaciones. Hasta la próxima función. Porque, según dicen en conjunto,

“A pesar de todo la vida ¡qué hermosa!

siempre y sobre todo de todas las cosas.

A pesar de todo.

Siempre y sobre todo de todas las cosas.”

 

EL PROFESOR

“Es para nosotros que existe la universidad, para los desposeídos del mundo; no para los estudiantes ni para la búsqueda desinteresada del conocimiento, ni por ninguno de los motivos que se proclaman. Explicamos esos motivos y dejamos entrar a algunos sujetos comunes, los que triunfarán en el mundo, pero es solo una fachada protectora. Como la iglesia de la Edad Media a la que le importaban un comino los seglares, incluso Dios, montamos esta farsa para sobrevivir. Y sobreviviremos… porque lo necesitamos”
De “Stoner”, una novela de John Williams

stonerStoner es el título de una novela. También, el apellido de su protagonista, cuyo nombre es William. Una sola letra separa al autor del personaje, un tal John Williams. Entre rupturas y continuidades, los destierros se suceden y las pequeñas muertes cotidianas enajenan, al punto tal que el único modo de mirar el propio rostro es del revés del espejo. A ese fondo negro negador de nuestra forma, siempre lo podemos dar vuelta, podemos reencontrar nuestra imagen invertida y caminar la huella de cada una de las tierras que nos han habitado.

William Stoner fue un profesor universitario durante la mayor parte de su vida. Sin embargo, no era lo que debía ser. Hijo único de granjeros pobres de Misuri, trabajó desde siempre y pasó su infancia en una casa que “con los años había adquirido los colores de esa tierra seca: gris y parda con estrías blancas”. La misma casa por cuyos pisos “se filtraba constantemente el polvo que la madre barría todos los días”. La universidad de Columbia, a sesenta km de la granja, fue ajena a su mundo hasta que su padre, ese hombre con “dedos  gruesos y callosos en cuyas grietas la tierra había penetrado tan profundamente que no se podía lavar”, lo envío allá a estudiar agronomía, con el fin de que a su vuelta hiciera rendir más a la tierra.

John Williams fue un profesor universitario durante más de treinta años. Periodista y escritor nacido en Texas, tras dos años en el ejército -desde 1942-, estudió en Denver, se doctoró en Misuri y dirigió la carrera Escritura Creativa, otra vez en Denver. Publicó cuatro novelas y cosechó algún premio. Stoner, la tercera de ellas, vendió apenas dos mil ejemplares en su primera publicación, de 1965. Una buena reseña periodística y unos pocos seguidores silenciosos la salvaron más de una vez y lograron reediciones que nunca llegaban a vender lo suficiente. El libro sobrevivía a duras penas, en polvorientas estanterías. Hasta que un día, del otro lado del océano, las manos perfumadas de Ana Gavalda, escritora francesa, lo tradujeron a su idioma. Y, por esas cosas del transcurrir, la novela fue libro del año en Gran Bretaña en 2013. Desde allí, repatriado por los americanos y puesto a rodar, suma constantes reediciones con fama de clásico. Entre otros elogios,  en la primera página de la edición de local, de editorial “Fiordo”, se lee: “Una gema injustamente olvidada”. En 1944, Williams ya había muerto, jubilado en Arkansas.

William sin ese caminó las dos guerras mundiales de su siglo por los pasillos de la misma universidad, donde un día y por azar, se enamoró de la literatura, mientras se desembarazaba del mandato familiar para adentrarse en la pasión por la poesía y la prosa medieval. De ese modo, las restituyó para sus alumnos y para sí.

“Las estudiaremos con tres propósitos: como obras literarias en sí mismas; como una muestra de los comienzos del estilo y del método literario en la tradición inglesa; y como soluciones retóricas y gramáticas a problemas del discurso que aún en la actualidad pueden tener aplicación y valor práctico”, dijo ante la perplejidad de casi todos en su aula, poco antes de que el cáncer se manifestara y llegara el final. A él, al exiliado del mundo, quien se había trasplantado al claustro de la universidad, por cuyos muchos alumnos había sido olvidado rápidamente, tal como sucedió, por años, al libro que le dio vida. Algo más tarde, falleció el hombre que había hablado de la muerte como “otro exilio, más extraño y duradero que los que había conocido antes”.

 

TIEMPO AFUERA

“¿Para qué estudiar una gramática extranjera?
El mensaje que te pide que regreses
estará escrito en un idioma familiar
.”
Bertolt Brecht

Dos historias quedaron aquí implantadas en el punto que las convoca a un mismo tejido. Canciones, novela, por citar los casos de este entramado de exilios. Cada una, desde su particular repatriación. Cada una, con el modo específico de hacer del lenguaje y sus recursos, protagonistas de primerísimos planos. Ahora viene un nuevo tiempo suplementario, ese que les hará lugar a desafiar el encorsetamiento de estas páginas y reeditarse más allá de sus propios contornos, sin fines.José Balmes

Para cerrar el cuento que no es cuento sino drama que avasalla la dignidad humana, mujeres con nombre y apellido continúan confinadas a la clandestinidad. Liliana, de 22 años, madre de dos hijas, murió en el Hospital Regional de Santiago del Estero; Elizabeth, de 34 años, madre de dos hijos, murió en el Hospital General de Pacheco; R, de 27 años, madre de 4 hijos, murió en el Hospital Juan Sanguinetti, del distrito de Pilar. No fueron víctimas de aborto, lo fueron del senado argentino. Las trascenderán sus historias, sí, sin vida.




TÚNELES EN EL RELOJ

Anartista juvenil

Los exilios: sobre la conciencia del paso del tiempo

Por Milena Penstop

¿FIESTAS DE 15?

Antes cumplíamos 3 o 4 años, y ahora cumplimos 15. Parece una pavada, pero es un lío bárbaro. Cuando me encuentro con mis amigas del jardín y la primaria, aparte de las bromas de siempre, de los guiños cómplices, hay una nueva. La conciencia, de pronto, un poco tristona, de que el tiempo pasó. Yo siempre vi en el reloj cómo transcurrían las horas. Pero eso no explica nada. Esto es una sensación de ya no estar en el mismo cuerpo de antes. Y esto no me pasa solo a mí, como en un espejo, lo veo en ellas. Que el vestido, que el salón, que yo prefiero un viaje, que a mí esas cosas no me van, que las mesas, las soledades, el miedo a no pasarla bien, a desencontrarnos alguna vez. Las charlas cambiaron. Hay temas nuevos, palabras nuevas, problemas nuevos. ¿Y qué es eso que permanece, a pesar de todo, aunque no igual que antes? No sé cómo se llama “eso”. Pero sucede entre discusiones sobre feminismo, el gato que nos gobierna y chistes en verdad tontos con los que nos reímos, a pesar de cualquier desgracia. Es como un pasillo, un túnel que, aunque no nos veamos muy seguido, nos conecta.

Vladimir Kush
Vladimir Kush

PEQUEÑOS DELITOS

Cuenta mi mamá que, cuanodo yo era bebita, ella daba clases en el living y mi abuela, después de su trabajo, venía a cuidarme. Se quedaba conmigo en una habitación, entre mamaderas y llantos. Ni bien mi mamá empezaba a dar clases, yo comenzaba a berrear. La abuela, también según cuenta mi mamá, se iba agotada en colectivo. Pero contenta de haber cumplido su papel abuelil. Después, en esos raros túneles que van de ahora al pasado, recuerdo como fotos. La abuela ya había pasado por una par de operaciones. Igual y solo para darme el gusto, salía al patio de mi casa y, con la poca fuerza que tenía, se quedaba un interminable tiempo, dale pasarme una pelota con el brazo que mejor le funcionaba y recibir mis pelotazos implacables. Por qué será que recuerdo esa escena como un momento tan feliz. Debe ser porque en ese juego yo sentía que no estaba sola, que una familia no consiste en visitas de compromisos o llamaditos truchos de feliz cumpleaños, sino en usar la única parte del cuerpo que está en condiciones para hacerle sentir al otro que lo querés.

También, a veces el cariño se demuestra en un robo. Una y otra vez yo corría hacia la heladera de mi abuela a robarle el queso rallado de su compoterita mágica. No era que en la heladera de mi casa no hubiera queso rallado. La abuela vivía delante de nosotros. Y correr por ese pasillo, encontrar el momento donde ella no estuviera y lograr hacerme con el botín era una travesura consentida por todos, donde me sentía abrazada.

El tiempo pasó. Otra vez no lo entiendo en el número que señalan los años, sino cuando la veo a mi abuela en una silla de ruedas. Todavía se emociona cada vez que me ve. Especialmente, si le llevo sándwiches de miga. Mamá dice que, a veces, no recuerda nada, pero siempre pregunta, ¿Y Milena cómo está?, ¿tiene novio? Está obsesionada con ese tema. Mamá dice que es porque, para su generación, el marido era una cuestión que había que resolver. Un problema urgente. La que se quedaba sola se iba a la B. Ay, abuela, novio, no, novio, no.

Lo cierto es que la abuela ya no puede levantarse a jugar conmigo a la pelota, ni caminar por el largo pasillo para impedirme que me lleve tan fácilmente su queso rallado. Tampoco puede hacerme el pastel de papas ni las milanesas. Y ahora me doy cuenta: esos momentos que en la infancia parecían poder repetirse para siempre, ya no volverán a darse.

QUIERO ATRAVESAR EL TIEMPO CON DOCUMENTO

Stefano Popovski
Stefano Popovski

Y un día sucedió. La verdad es que toda la infancia fui un poco vaga para leer. Me encantaban los libros. Mirarlos, que me los leyeran. Tal vez porque veía a mi madre y a mi padre tan interesados en que yo leyera, que no leía. De hecho, en quinto grado, ya me picó un poco el bichito de la lectura. Y me llevaba un libro para el recreo de música, donde me acompañaba mi niñera, Quimey. Eso sí, le decía a Quimey: voy a leer ahora, pero vos no le cuentes a mi mamá, ¿eh? En esas pausas comenzó un camino de ida. Primero fueron los comics. Claro, tanto dibujo, me los leía rápido. Después, en 6to y 7mo grado, hubo una etapa en que solo leía lo que me exigía la escuela. Tampoco exigía demasiado, vamos a decirlo. De a poco, comencé a leer unos libros un poquito más largos, hasta a llegar a completar el primer tomo de Harry Potter. Y el segundo. Y el tercero. Y el cuarto. Y entonces llegó el quinto. Tiene 899 páginas. El placer ahí era doble: leer y poder terminármelo. Si me lo terminaba, ya tendría documento de lectora. Y me lo terminé. Y el sexto y el séptimo también. Concluyamos, estoy lista. Les di el gusto a mis viejos. El último cumpleaños, ¿saben qué pedí? Un ebook. Listo, ganamos todos.

EL MISTERIO

Y otra vez. Cumplíamos 3 o 4 y ahora cumplimos 15. Cualquier bobo, si le preguntás cómo es que pasa el tiempo, te dice: para adelante, tonta. Peor el bobo es él. El tiempo se mueve en muchas direcciones. Si él no se da cuenta, que se tome otro colectivo. Hay túneles hacia el pasado. Y hacia el futuro. Cuestión de atreverse nomás

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Henrique Oliverira Wood Cave




DIARIO DE UN DÍA

Los Exilios: sobre Santiago Maldonado y los medios.

Por Alicia usardi

 “Uno se cree/Que los mató/El tiempo y la ausencia/(…)/son aquellas pequeñas cosas/Que nos dejó un tiempo de rosas/En un rincón/En un papel/En un cajón.”

“Aquellas pequeñas cosas”, Joan Manuel Serrat

CUMPLIR EL DÍA

Transcurre el tiempo de una publicación y somos testigos de hechos. A un año de la desaparición de Santiago Maldonado. El día de la Pacha Mama, día de la Madre Tierra que late por la vida, por todas esas vidas eternizadas a pesar de la muerte que los mata todos los días.

Hace un año desapareció Santiago y se conmemora en muchos lugares del país.

En la ciudad de Buenos Aires, con una convocatoria a la Plaza de Mayo para acompañar a la familia y a organismos de Derechos Humanos. Y, simultáneamente, se estrena una película con rasgos dosantiago 2cumentales sobre lo que ocurrió con Santiago.

Poco antes de la proyección de la película,  piedras de un tamaño considerablemente grande impactan contra la entrada del teatro.Destrozos, susto, corridas y nada aclarado. Se ve a individuos huir, con esos uniformes no se puede distinguir el sexo de los cobardes.

Y así se conforma un relato objetivo de un hecho que arma, poco a poco, una realidad.

Una realidad vista y padecida por los protagonistas de las veredas. Luego, viene la repetición por los medios de comunicación y las redes informáticas. Muchas imágenes y mucha memoria se hacen presentes en mí. Y la memoria de un futuro anhelado que, por ahora, parece desvanecerse. Esos mismos medios, todos, muestran la cacería de un niño al saltar un muro para arrancar una fruta del árbol prohibido.

PASAR EL DÍA

Es una incierta hora de la tarde.

En un departamento común, con muebles comunes que habita gente común.

Un hombre joven. Pueden ser 30 años vistos de perfil, sentados frente a una computadora.

Y, sobre la mesa que se sueña escritorio- porque como sabemos los escritorios son más importantes que las mesas- se ve también un teléfono celular.

El respaldo de la silla es alto, flexible y le sostiene, incluso, su cabeza.

El cuerpo parece relajado y mira atentamente la pantalla.Kengoro haciendo flexiones

                                            Robot humanoide japones de última generación 2018

No logro recordar su nombre.

De pronto, todo cambia y su movimiento brusco nos saca de esas pestañas. Son largas, arqueadas, espesas. Hermosas y extrañas en un rostro masculino esquivo a nuestra mirada colonizadora.

Se escuchan voces, ruidos habituales en una casa que nuestro hombre no registra, o así parece. Estamos cerca y su nombre sigue esquivo en mi memoria. Vemos a una mujer, a una niña. Normales, casi aburridas, casi vulgares. Él está como ausente. Su nombre… su nombre… Recuerdo algunas melodías. La pantalla grande se prolonga al infinito y busca en ese mar de signos y en sordina saluda.

La mujer y las niñas  salen con los ruidos de una casa. La propia.

Pero el mundo tiene atrapado al muchacho en un viaje solitario, individual. Único. Casi no hay movimiento. La luz se opaca ya por la ventana y el perfil sigue allí, frenético. No contesta. ¿Duerme? No sé. Trabaja ¿sin hablar? Sí, la palabra tiene un sonido que sobra.

Se agolpan las preguntas. Y arriesgamos respuestas.

MIGRAR SIN DÍA

¿Qué se necesita para describir a alguien? ¿Por qué hay que describir a alguien? Tal vez sea para darle un ser, una esencia, una forma que nos tranquilice. Tal vez, para hacernos creer que sabemos. Y pienso en los condenados, en los penalizados, los exiliados de hoy. Por qué no en nuestros propios exilios que nos cuentan.

Cerramos la ventana. Descolgamos las pestañas y queremos abandonarlo en una nada fuera de los límites de nuestra ciudadela. El hombre sigue allí, frente a su pantalla, sin enterarse del juego de su hija en la plaza, que ya no se ve. La sonrisa de su mujer mira los avances escolares de la niña, mientras comparte un charuto con alguien alegre de sonrisa grande y sin pestañas.

¿El exilio de quklimt detalleién, de qué?, ¿del pasado, del futuro? El futuro se exilia en la soledad de las palabras que no tienen dónde encarnar. El pasado es lejano. Deja al hombre de las pestañas creando un mundo que no lo contiene. Es un eterno presente escurrido entre lo más parecido al humo, que lo embriaga.

Gustav Klimt “El beso” (detalle)

Las cosas se nombran diferente. Un nuevo diccionario cargado de signos que no simbolizan nada. O abandonarse al corrector. Todo es mirado desde el privilegiado lugar de la nube.

¿Se aisló “pestañas lindas”? ¿Se impuso un exilio del pasado? ¿Nos exiliamos del futuro?

PELEAR EL DÍA

Las imágenes en la pantalla se suceden de prisa. Muestran, como en un documental del pasado, a los migrantes de hoy, obligados al exilio del hambre y también de la muerte.

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Y son tantos, tantos, tantos que logran hacer sentir el exilio a los dueños de casa, responsables de la barbarie. Sin pausa, en una continuidad apabullante, reaparece el caso Maldonado, apedreado en un teatro de Buenos Aires. Con la rapidez de un rayo la pantalla  lo conecta al mundo. Sí, a él. Está incómodo. O eso creo. Los pequeños exilios ocupan el cuerpo, la lengua, el color, la música. Los espejos devuelven otra verdad. Verdad joven, avasallante. Con hambre y manos cerradas. Puños fuertes de minas, de armas, de impotencia. De cielos y caricias. De montañas y tatuajes. De horizonte y agua. Los exiliados de sí mismos que van a encontrarse en otro espejo que los hace visibles.

“Oye, hermano, te llamo desde un muro;/Clavado entre unas piedras/Donde las sombras hacen su nidada./Hablo desde la pena.”

                                                               Marcos Ana

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UN COLOR IMPREVISTO

Exilios: sobre una novela de Philip Roth.

Por Patricia Tombetta

El viento muere en mi herida,/ la noche mendiga mi sangre”

Alejandra Pizarnik

DE ORIGEN VEGETAL

A nuestro modo, compartimos con las plantas y los árboles la necesidad o la característica de echar raíces para mantenernos en pie. Una suerte de soterramiento de materia oscura, contraria a la luz, al aire, a la mirada. Como si sólo a condición de las tinieblas pudiéramos asentarnos; como si sólo a condición de la luz, remontáramos alguna altura. Una danza en claroscuros convertida en una de las cifras de la vida. No de la vida en general, sino de cada vida, de ese viaje particularísimo que hacemos en singular.

De la pena nace el destierro, con sufrimiento se emprende el exilio.

Si nos atenemos a la definición del diccionario, exilio es la separación de una persona de la tierra donde vive. También, expatriación por motivos políticos. Otra vez, ese libro se queda corto, pero quizás funcione como rizoma oscuro para echar a volar la lengua. Quién sabe.

Conozco muchas clases de exilios: políticos, autoimpuestos, religiosos, sacrificiales, necesarios, mentirosos, en vano, injustamente cobrados, por hambre, heroicos. Tristes, siempre fueron, y serán ocasión y producto de la tristeza.

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NECRÓPOLIS

Dándole vueltas al polisémico objeto de este número de El Anartista, me encuentro con el recuerdo de la reciente muerte de Philip Roth y con las inevitables y necrofílicas ganas de leer algo de su obra. Y, así, en esos vuelos sin aparente sentido, doy con “La mancha Humana”, cuya primera edición aparece en nuestro país en el 2008. Personajes todos en la búsqueda de alguna porción de libertad, enredados en las diversas peripecias por alcanzarla. “La mancha …” es relatada por un personaje escritor (Zuckerman), radicado en una pequeña ciudad de Estados Unidos (Athena), cuyos servicios son requeridos por Coleman Silk, notable decano universitario. Coleman le pide ayuda para escribir un libro acerca de su total debacle luego de pronunciar una frase, inocente en apariencia, durante una de sus clases: “Negro humo”, dicha en el sentido de hacerse humo.

Cabe aclarar que esto aparece en pinceladas muy gruesas y con ánimo de descubrir tan sólo una de las líneas de poética de un argumento por demás rico e interesante.

UN POCO DE LETRA

Coleman es un sujeto que ha decidido exiliarse de un color –uno de los múltiples surcos del argumento-. Es una decisión voluntaria y lo lleva a despedirse de su amorosa madre para siempre. Por extensión, se aleja de toda su familia y de su pasado. Va a vivir como un hombre de otra piel, diferente a la del entorno donde nació. Esa decisión fría y casi sin motivo de inmediato lo convierte en un sujeto con un gran secreto, compañero por el resto de sus días y hacedor de su final. No sólo su final en la muerte si no que antes y como una mancha indeleble, ese secreto provocará su salida de lo construido luego de aquel primer autodestierro.

De una u otra manera, cada personaje porta su confinación. Delphine Roux, una profesora francesa, decide alejarse de su tierra y de su madre sin conseguir jamás un lugar amistoso; Les Farley, un ex combatiente de Vietnam, a quien su problemático retorno al país sumerge en un charco de odio hacia “los amarillos” y hacia a su propia tierra; Faunia Farley, ex esposa de Les y pareja de Coleman, debe huir de su casa por los constantes abusos de un padrastro cuando ella era una adolescente.

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DE NACIMIENTO, SIN OPCIÓN

Tal vez, cada uno de nosotros padezca un exilio desde el origen. Después de todo, y por motivos de madurez biológica, somos expulsados del útero materno. De ahí en más, el recorrido se hará de destierro en destierro. Una repetición constitutiva y necesaria que nos regalará algo de esa ponderada libertad. Va de suyo, conseguirla. Va de suyo, el dolor.

Quedar en espacios intermedios, no poder enterrar las raíces, además de sonar a maldición oriental, podría hacer que el tronco jamás se sostenga. Si de una u otra forma, todos lo padecemos, el punto sería acertar en cómo no enredarnos con él, poder continuar por sus huellas sin confundirlas con una creación original del santo sí mismo.

Por fuera del budismo y a través de relatos, conozco dos situaciones en que las personas logran salirse de sí: la tortura (en cualquiera de sus formas) y el abuso sexual infantil. Testimonios espantosos de experiencias que sólo se atraviesan a condición de abandonar el cuerpo, de hacerlo ajeno. Luego, para el resto de aquello llamado “mi vida”, más nos vale reconocer lo poco o mucho que logramos siempre en relación al otro, siempre en relación al punto de partida. Conseguir una porción de libertad incluye considerar las ataduras. Y esto no es ninguna novedad.

-¿Un color preferido?

-El negro, por supuesto. Me pega con todo, es muy elegante y misterioso.

-Te gusta la vida fácil.

-¿A quién no?

Visto así, el asunto del color suena ligero y frívolo. Si continuara esta conversación, las cosas podrían ponerse verdaderamente serias. Es que los seres humanos hablamos y ahí empieza el enredo, en el mismo momento en que las palabras nos hacen olvidar el hecho de tener una lengua. Esa, la material, la que habita en la boca impulsada por vaya a saber qué cantidad de músculos y en, aun más oscura, conexión con el cerebro. Parte de un cuerpo que, de tanto hablar, muchas veces olvidamos, aunque sea él quien nos trae y quien nos lleva para siempre. Sin llegar a tanto dramatismo, este cuerpo suele hacerse presente en más de una ocasión. Tímido, categórico, deforme, a lunares, siempre consigue hacerse oír: un dolor, un calambre, una picazón, una palabra inocente y hasta una frívola salida de esa lengua imperceptible.

La inocencia es pareja de la culpa y hay que caminar con cuidado.

Coleman Silk no lo hace. Encantado por la oferta de individualismo a ultranza se encuentra con su propia lengua, se estrella contra su colorido punto de partida y, con esa efectividad del saber no sabido, el entorno -su jactancioso propio entorno, ese alrededor hecho por él con el máximo de libertad como espada- lo fulmina.

No es una moraleja -la novela no tiene ninguna- es sólo la desnudez de llevar las cosas de determinada manera, de confundir exilio con libertad. No es un error, hay algunos exilios –el de Coleman es uno de ellos- que pueden experimentarse con olvido de la amarras. Lo excepcional de esta historia está en la efectiva posibilidad de que esto ocurra. Sin embargo, las ataduras, los vínculos, existieron. Borrarlos, minimizarlos hasta hacerlos parecer un detalle sin importancia, sólo recordado de vez en cuando, puede portar el efecto de un círculo que banalice todo el esfuerzo de la esperada salida.

exilio 1Boligán




CICATRICES

Los exilios: Sobre los lazos de familia.

Por Isabel D´Amico

 

OJOS TURQUESA

Gambatesa
Gambatesa

Despedí sus ojos una tarde cualquiera para mí, no recuerdo más que su mirada traslúcida. Mi abuelo no hablaba mucho; sus ojos, sí. Después de tantos años, los interpreté a través de la historia.

Italia había sido miembro de la Triple Alianza junto a Alemania y Austria-Hungría. La Triple Entente la formaron el Reino Unido, Francia y el Imperio ruso. Ambas alianzas sufrieron cambios. Como Italia, varias naciones acabaron por ingresar en las filas de uno y otro bando según avanzaba la guerra. Japón y Estados Unidos se unieron a la Tripe Entente, mientras el Imperio otomano y el Reino de Bulgaria se unieron a las potencias centrales.

Las potencias aliadas firmaron el armisticio con Alemania a fines de 1918. Así finalizó la Primera Guerra Mundial, después de casi cuatro años. Cifras como nueve millones de combatientes y siete millones de civiles muertos fueron la triste cosecha humana.

En esa convulsión de conflictos post-guerra mi abuelo tuvo a su primer hijo varón, Mici, para la familia.

 

LA FUGA INCOMPLETA

Roma, mayo de 1924. Giacomo Matteotti tomó la palabra en la Cámara para protestar por las elecciones recientemente celebradas. Fue una elección viciada de irregularidades. A los candidatos les impidieron hacer campaña en sus espacios electorales, los fascistas atemorizaban con dolor. De cien candidatos opositores, sesenta no pudieron presentarse en sus distritos electorales.WhatsApp Image 2018-08-14 at 15.55.20 (7)

Poco después, Matteotti fue secuestrado y asesinado por atreverse contra el temor fascista, por difamar al primer ministro Benito Mussolini y a su soberbia irrefrenable. Italia, en esos tiempos, se dejó gobernar por la violencia.

Entonces, entendí: los ojos más bellos, los de mi abuelo, no solo expresaban el hambre de su memoria, sino el miedo. En 1927, con la huida como única opción, escapó de la aventura fascista, con la mitad de su cría.

 

DE BEBÉ

Mici nació en Gambatesa, un sereno pueblo al sur este de Roma. Dos años más tarde, nació su hermano José, quien tomó la mano de Mici para nunca más soltarla. Las nenas, Chola y Mary, terminaron por coronar la descendencia de aquella familia italiana, desesperada por la crisis económica, social y por el movimiento fascista de Benito Mussolini.

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Mientras Mici afianzaba sus pasos de pan y vino, en 1921, se había creado el Partido Nacional Fascista. Gambatesa supo que los fascios intimidaban con prácticas brutales y con homicidios, siempre protegidos en la impunidad.

Los ojos oscuros de mi abuela se achicaban ante el abrazo apretado a su pollera de sus cuatro hijos. Los recursos eran escasos y el hambre sobraba.

 

GUACHOS

Un monólogo de Darío Fo, decía: “tal era la delgadez en aquellas épocas, que los hombres, para afeitarse, debían rellenar su boca con una pelota”.

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Por eso, pocos años más tarde, mi abuelo partió hacia el sueño americano. La familia rota se exilió en la Argentina, muy lejos de aquella colina, de aquel bello valle vecino al Lago di Occhito. Los familiares de Gambatesa se comprometieron a cuidar a los dos varoncitos. No lo hicieron, los trabajos forzados en la fragua y el descanso en los chiqueros fue todo lo ofrecido por la familia de sangre. A los siete años, Mici se hizo cargo de su hermano de cuatro, recorrieron juntos los pueblos más cercanos y, entre changas y compasiones, lograron sobrevivir.

A los dieciocho, Mici recibió dos pasajes de su padre, ya se olía a guerra en Europa, la búsqueda de los guachitos fue más que oportuna.

 

MICI Y EL EXILIO

WhatsApp Image 2018-08-14 at 15.55.20 (5)Uno puede exiliarse por propia voluntad, pero ninguna decisión es exclusivamente propia. Mici, mi papá, vivió sumergido en la nostalgia, por ausencia de familia o por ausencia de patria. Los sabores que conocí de pequeña, los paisajes de Gambatesa envueltos en cielo y verde, los aromas a viñas, el cansancio de sus piernas en el inmenso recorrido de las típicas subidas y bajadas del pueblo que no lo abrigó y hasta las canzonetas italianas que hoy silbo, sin darme cuenta, viven en mí por él.

A poco tiempo de llegar a Buenos Aires, nació la primera hermana argentina de Mici, se llamó Delia, poco después otro hermano varón, Lito. La familia por fin unida físicamente sufrió el tajo inevitable del distanciamiento.

 

ARGENTINA 2018

Soy hija y nieta de inmigrantes. Por cerrados, ni el abuelo ni Mici me contaron en detalle el por qué de sus exilios, solo busqué una línea de tiempo histórica para entender las causas. Soy hija y nieta de exiliados, llevo en mi piel más de un siglo de recuerdos de desigualdad social, de injusticias, de penas y abusos.

viborasHoy en la Argentina estamos invadidos por lenguas venenosas, ellas se enroscan en nuestros pies y nos envuelven hasta apoyar sus puntas en el cerebro, nos susurran y se lamen, nos escupen y se lamen, nos soplan su aliento pútrido y se lamen, como los tanques de guerra, avanzan. A algunos los atemorizan, a otros los someten, pero en todas las guerras estamos los que a pesar de todo seguimos soñando, como “Las Madres” y, ante el dolor moral, seguimos y seguiremos buscando desde la esperanza.

Soy hija y nieta de exiliados, estamos gobernados por la violencia pero no pienso abandonar mi país y, desde el lugar que me toque intentaré construir una y mil veces lo destruido.




DE ESO NO SE HABLA

Exilios: Sobre la destrucción de la familia de Mabel, durante la Dictadura civico-militar argentina.

 Por Carlos Coll

EL BRILLO DE LA CAOBA

“Farmer’s child” Autor: August Sander

Imposible dormir desde hacía varios días. Mabel se levantó de la cama con dificultad, apenas se podía tener parada. Caminó lentamente y cruzó el patio sin mirar al cuarto al lado de la cocina. Un murmullo asomaba por la puerta. No le prestó atención. Entró en el baño y se encerró. No necesitó encender la luz. El sol tempranero atravesaba los vidrios e iluminaba la figura tambaleante. Se paró frente al espejo manchado sin reconocerse. Una mujer ojerosa y muy blanca la miraba. El pelo era un enjambre gris, arremolinado sobre la frente. Lo acomodó y se mojó los ojos resecos. Las lágrimas habían desaparecido. Con los pies a la rastra, dentro de las chancletas de franela, entró a la habitación. Silencio. Estaba allí, contra la pared del fondo. Se acercó entre temblores y apoyó sus manos sobre el reflejo de la caoba brillante que, de inmediato, la encegueció. Trataba de encontrarla, por eso levantó la mirada y buscó más arriba, donde la tapa abierta le ofrecía una promesa. Tomó valor, cerró los ojos y lo rodeó. Después, solo fue dejar que la eternidad la cubriera. Cuando pudo deshacerse de ella, los abrió. El aire viciado de la habitación acariciaba sus mejillas mojadas. La neblina gris se apoyaba sobre Mabel, apretándola contra el piso de machimbre. Estaba allí, hermosa, rosada con los labios carmín. No la recordaba así. La última vez la había visto pálida y con el rostro contraído. En cambio ahora, relajada, liberada, a reconoció. Era su Lilianita, aquella que había abrazado, amamantado y cuidado. Había regresado después de aquella larga ausencia. Por fin, pudo llorar.

PERIQUITA

Rebelde, desde pequeña, siempre hacía lo que se le antojaba. A decir verdad, sus dos hijas mujeres le resultaron complicadas en la adolescencia. No así el varón. Sería que era el menor, el más protegido. Le contaba todo, buscaba su protección. Mabel era la gallina que levantaba sus alas y allí se refugiaba el pichón.

Portada de la revista Periquita #5 Autor: Ernie Bushmiller

Primero, Lilianita se mudó a la vuelta, a la casa de sus padres donde vive aún su herma menor, Luisa. Después, lo hizo Cora. Sin darse cuenta, Mabel las perdió de a poco. La tía las adoraba pero era demasiado floja y Mabel la dejó hacer. Le había resultado cómodo, ahora lo entendía. Cuando reaccionó, no sabía de la vida de sus hijas. No conocía sus gustos, ni sus costumbres, ni sus amigos.

Un día se enteró que, a veces, Lilianita no venía a dormir y desaparecía por días. Regresaba en las mañanas con su gran poncho salteño hasta los pies. Las ausencias se hacían cada vez más frecuentes. Aparecía en la casa paterna con amigos de su edad y mayores. Bigotes, barbas, pelos largos. Extensas noches materas, cantos, charlas en voces bajas. Luisa no hablaba y Cora la esquivaba.

Repentinamente, se esfumó. Nadie sabía dónde había ido. Mabel desgarró a su hermana y a su otra hija con preguntas. El silencio y la ignorancia ganaron la partida hasta que Mabel dejó de preguntar. Su vida continuó acallada. Las compras en busca de buenos precios, las visitas silenciosas a su primo Aníbal ahí, a unos metros de su casa. No salía del barrio, vivía enquistada entre las dos cuadras que la rodeaban, vivía dentro de su cuerpo regordete, al que arrastraba con dificultad.

 

EL SISMO

Ese domingo se había levantado temprano y se dirigía a la panadería. Al pasar por el quiosco, Don Juan la miró con angustia y le regaló el diario. No dijo una palabra, solo estiró la mano y se lo alcanzó. Mabel no entendía, se lo puso bajo el brazo y siguió su camino. Cuando llegó a la casa y entró al pasillo del PH oscuro, reparó que tenía un diario. Se sorprendió, no lo recordaba. Intrigada, trató de hojearlo. La luz no era suficiente. Entró en su casa, dejó la bolsa del pan y buscó los lentes

Un grito le arrancó la garganta y cayó al piso. Cuando despertó estaba en la cama. Luisa y Cora la miraban y le hacían oler un pañuelo con vinagre. La pieza la arrinconó entre giros urgentes. Se incorporó como un resorte y buscó el periódico. En la primera plana una foto de su Lilianita rodeada de letras oscuras:

“Una de las terroristas resultó muerta, al resistirse con armas de fuego, durante un allanamiento a una casa de Flores, efectuado por las fuerzas de seguridad”.

Fuente: Pixabay

La pieza desapareció. La noche se la tragó.

TEMBLOR BARRIAL

Mabel sobrellevó esos días de un constante gris nuboso. Le era imposible entender ni un poco qué ocurría. Su vida se convirtió en un devenir sin conciencia por las calles del barrio. No reconocía a la gente, no sentía.

“A dream on our way to death”} Autor: Foureyes

Esa mañana amaneció gris, como ella. El barrio se sobresaltó ante los golpes en la puerta y ante los gritos ahogados. Con armas y a empujones, entraron en la casa paterna, mientras destrozaban todo a su paso. Nadie supo bien qué había pasado, solo que se llevaron a Cora y a Luisa. La casa fue clausurada, enfajada. Nadie podía entrar.

Para Mabel resultó demasiado. Una hija muerta y la otra- junto a su hermana- sin destino conocido. Buscaron desesperados, revolvieron cielo y tierra. Nadie sabía nada, nadie decía nada.

Un día, esos aparecieron y sacaron las fajas. Los vecinos los vieron. Corrieron a buscar a Mabel quien, en camisón y en chancletas, trastabillaba las veredas desparejas y los acribilló a preguntas inútiles. Se marcharon. Ente lágrimas, entró a los restos de la casa dada vuelta, de altura a sótano, todo despanzurrado.

Mucho después, llegó la notificación. Estaban presas por sospecha de terrorismo. Habían encontrado armas de guerra en el sótano de la casa. Pero, ¡si estaban presas, estaban vivas! Y, desde entonces, todo fue gestión hasta lograr un permiso especial para, después de atravesar largas colas en la entrada de la cárcel, cacheos y humillación, verlas.

 

FANTASMAS

En el escenario de esa época, su querido primo Aníbal era el infaltable a visitarlas todos los domingos. Él las acompañaba en la cárcel, les llevaba dinero, noticias de Mabel, de la familia. La pobre no se atrevía a ir a verlas, a soportar aquel lugar. ¿Cuánto tiempo había pasado? No era fácil de precisar. Mabel vivió y vive en un estado de perturbación.

“Ausencia” Autora: Masipica

Un día, sin previa notificación, sin ningún aviso, aparecieron tía y sobrina en el PH de Mabel. Delgadas, calladas, ocuparon la pieza de la terraza.

No hubo comentarios ni preguntas. El barrio observaba y callaba. En silencio y en soledad, las dos mujeres arreglaron la casa de la vuelta y se volvieron a instalar. Nunca comentaron el tema con nadie. Seguramente entre huellas del tiempo pasado por las dos en la cárcel regresan salidas nocturnas sin destino definido, gritos desgarradores de los vecinos invisibles

Así las cosas, los trastornos fueron irreversibles pero la vida debía continuar y Mabel seguía y aún sigue yendo los domingos a Chacarita a visitar a su Lilianita.

 

 

EL DEVENIR

“La calandria canta
en la casa del gato”

                Elsie Vivanco

 

Mabel era calandria. Como todos nosotros, cuando cantaba, no pensaba que el gato andaba cerca. Pero, a su vez, sabía, como todos nosotros, que el gato -la muerte o su posibilidad- coexistía con ella.  Sin embargo, una cosa es la muerte y otra el asesinato de una hija y dos detenciones de otra hija y una hermana,Foto2 el exilio que bien pudieron haber terminado en muerte. Cora y Luisa regresaron. Pero algo de ellas quedó en el exilio para siempre. Un exilio que es casi un limbo, un espacio de ausencia de donde se retiró, incluso, la palabra. De eso no se habla, porque si hablamos, tal vez nos desmoronemos. Y el silencio de  quienes callan rebota en el silencio de quienes no pueden oír y necesitarían completar con lenguaje la cicatrización de tanta violencia. Mabel no pudo escuchar nada de Cora ni de Luisa. Cora y Luisa no pudieron decir. En cuanto a Liliana, su nombre en una lápida aún habla. Por no mencionar, la elocuencia casi ensordecedora de todos estos silencios.

Venimos desnudos y solos. Transcurrimos rodeándonos de sentimientos, bienes, objetos. Creemos que todo eso nos pertenece y perdurará eternamente, sin darnos cuenta que nos iremos como vinimos: en soledad y desnudos. Esquivamos al gato y siempre soñamos con matar al felino. Mientras tanto, quienes tenemos voz, cantamos. Y, al ser calandrias, probamos devolver un poco de lenguaje a quienes fueron exiliados en un silencio sin salida.

 

Foto de portada: “El presente del pasado” de Natalia Calabrese




TRES VENTANAS PARA HUIR

Exilios: sobre escapes mentales, de obligaciones laborales y expulsiones del sistema.
Por Martín Pinus.

EXILIO DE LA MENTE, COMO RECREO.
Nunca conoceré sus pies.

Frenó a dos metros del cordón. La cabeza de un chico, ocho, diez años, se asomó por la puerta abierta. La imagen me recordó a un pez al besar el filo del agua para tomar aire. El pez me llevó a los cisnes que, ebrios de besos, sumergían la cabeza en el agua, según Hölderlin, claro. El poeta, a su vez, me llevó a Miguel Abuelo y a pensar qué clase de rico será quien no lleve todo junto y en un sólo puño. Otra vez había amanecido con la mente desbocada. Rebelde. Como teclado mojado. Hay días en que se despierta así, con ganas de molestar.

Señor, una pregunta: ¿este colectivo pasa cerca de mi casa? dijo el chico. Pero a lo mejor no fue tan claramente eso lo que dijo, porque el chofer respondió: No, el dieciocho. Aunque yo escuché que el chico había preguntado eso y estaba segurísimo de que el chofer iba a responder: este colectivo siempre pasa cerca de la casa de alguien, todo el tiempo, nene. Sonreí con la respuesta del chofer, cómo se le ocurre. Y la casa de alguien me llevó a una calle oscura de México, a Octavio Paz y a su tipo amenazando con un machete por un ramito de ojos azules para su novia. Cuando sea grande me gustaría escribir un cuento como ese, uno solo.

El chico no subió. Nunca conoceré sus pies. Ahora, aquí sentado, colecciono nucas, en este momento, digo. Y el lado oculto de las orejas. Duraznos pelones. Trompetas, trompetas de bronce, tubas, trombones, bajos y el punteo de la guitarra me lleva y me trae a “Bye Bye Love”, la versión que tocan al final de “All That Jazz”, los instrumentos se apoyan en mis tripas y me descubro tarareando casi a todo volumen, cuando el chofer dobla por Avellaneda hacia Colón, ¿en qué momento llegamos hasta acá? Ustedes me engañan, me engañan porque saben cómo suena esa orquesta, escuchen, escuchen ese piano, te lleva como zanahoria al burro.

El tipo del primer asiento, de pelada lustrosa y ojos inyectados como si recién terminara de soldar, se levanta y comienza a dar unos pasos horribles, que la mujer con el pantalón rojo y la camisa con rosas verdes de todas maneras interpreta como un baile y decide acompañarlo con movimientos que alguien podría juzgar como voluptuosos o provocativos, cuando lo único que quiere es abrazarse a la música; aunque el resto de los pasajeros parece no verlos, ¿o no les interesa? Les prestaría mis ojos pero los necesito un rato más.

Con sacudones esqueléticos desenfrenados, llegan hasta mi posición, peleados con el ritmo justo en la parte en que se escucha al tipo cantar “ByeByehappiness, helloloneliness” (mientras arrastra el bye hasta lo insostenible), ¡no es posible! no es justo bailar mal esa parte. Decido levantarme del asiento para comenzar a dirigirlos, porque es claro, no lo están haciendo todo lo bien que podrían, pero veo por la ventana que ya llegamos a General Paz, más allá de la 9 de Julio, y acá es donde me tengo que bajar, acá en la esquina, chofer, gracias.

Fotografía: Fer Vélez.
Fotografía: Fer Vélez.


EXILIO DEL TRABAJO.
No sé.

No sé descansar. No estoy preparado para eso. Estoy seteado para hacer, para producir. De alguna forma, para mi mente esta cosa de no hacer viene a ser algo así como perder el tiempo. En vacaciones hago una lista de cosas para mantenerme ocupado. Tampoco sé disfrutar el dinero, cuando tengo algo en el bolsillo. Sean cinco pesos, quinientos o cinco mil. No me sale, no aprendí. Lo de relacionarme, tampoco me va muy bien. Me cuesta interesarme en lo que se habla, pierdo el hilo, me pierdo en pensamientos propios y termino por asentir ante cualquier declaración, sin siquiera haberla escuchado. Así voy perdiendo gente, que no cultivo. Eso me pasa por tratarlos como plantas. Se me secan, al tiempo dejo de parecerles algo simpático o lo que fuere. Aburro. Canso. Anoto cosas, todo el tiempo. En papelitos, en el celular, en libretas que se amontonan sobre la mesa de luz. A la mayoría de las anotaciones ni siquiera vuelvo, al menos no de manera consciente. Tengo la extraña capacidad de darme cuenta de qué hay que hacer y no hacerlo. La distancia entre mi mente y mis brazos da una vuelta y media a la tierra. Y, sin embargo, hasta ahora me he desenvuelto como una persona a quien a primera vista, no tendrías problema en aceptarle una copa de vino. Tengo otra curiosa habilidad, la de romper cosas sin tocarlas. Soy un maestro en eso. Si nos cruzáramos en la calle, no me seguirías con la mirada. Puedo hablar de corrido con seguridad, en esa forma que da la falsa impresión de alguien que sabe lo que dice. Escribo, porque así es más fácil. Así me pregunto, me respondo, soy uno, soy otros, soy muchos, me divierto, vomito, me vacío, escupo palabras o las acomodo como piedras en fila para cruzar el río, de acuerdo a cómo me haya levantado esa mañana. Algunas veces consigo llegar hasta la otra orilla. Y, cuando levanto la cabeza, veo que hay otro río. Y tomo aire para volver a empezar. No sé descansar. No estoy preparado para eso.

Fotografía: Fer Vélez.
Fotografía: Fer Vélez.


EXILIO DEL SISTEMA
Basta.

El tipo, tiene un bastón que le ayuda poco con las piernas. Pero necesita algunos bastones más, eso está claro. O no revisaría la basura a las siete y media de la mañana. Debe sumar entre sesenta y setenta años, a juzgar por lo blanco del pelo y lo lento de los movimientos. A media calle de distancia, y mientras manejo, no se puede ser más preciso. Llevo a mi hijo al cole. Hace minutos nomás me quejaba de tener que levantarme tan temprano hace tantos años. Qué podía saber yo a esa hora, la queja nunca es comparativa. Ahora las piñas me pegan por todos lados, como boxeador amateur. Zurdazo de mi culpa judía por no detenerme a ayudar. Derechazo de un estado que no camina por las veredas de los barrios para encontrarse con sus vecinos, meta manosear latas de arvejas vacías. Gancho al estómago de una sociedad que asimila la desigualdad como parte del paisaje urbano. Cabezazo artero de una misantropía demasiado amarga para no haber tomado ni un solo mate todavía. El tipo sigue caminando, con las manos más vacías que antes. Ni siquiera el tacho le da algo. Sí, necesita bastones por todos lados. Está vestido con un pulóver a rayas en distintos tonos de marrón. Pantalón marrón. Boina marrón. Guardo esa información para ver si lo encuentro a la vuelta. En diez minutos no va a llegar muy lejos. Me pasó lo mismo con la última señora que encontré revolviendo la basura en la avenida Colón pasando el CPC, y me acerqué a darle un billete con algo de temor. Sólo que la mujer era más grande de edad que este tipo, me parece. Pero qué linda sonrisa tenía. Debo averiguar si bastón tiene algo que ver con la palabra basta.

Fotografía: Fer Vélez.
Fotografía: Fer Vélez.




UNA CÓMODA INCÓMODA

Los exilios: sobre el Flaco Nitilo, militante de los ´70

Por Juan Pepe Carvalho

 

¿DÓNDE ESTÁN LOS PARTEROS?

Por ese tiempo, varios dirigentes de distintos grupos políticos de izquierda viajaron a visitar a Fidel Castro, a fin de explicarle la situación en la Argentina y ver en qué podría ayudar Cuba. Dicen que Fidel los escuchó atentamente y reflexionó en voz alta: “el tema es que, en todo este proceso en Argentina, yo no veo  a los parteros de la revolución”. Estas expresiones fueron lapidarias para los visitantes. Algunos de ellos, con indisimulado malestar, se retiraron de la reunión. Lo cierto es que, si observamos por el retrovisor, Fidel parece haber tenido razón. Esta anécdota me recuerda el caso del compañero Flaco Nitilo, quien  siempre tuvo necesidad de protagonismo. En los 70, él  militaba en un grupo,  del que nunca conocí el  nombre. Era uno de esos grupos que se colocaban a la izquierda de todo el espectro político y se caracterizaban por una gran producción de documentos coyunturales y propuestas para la revolución.

Una vez, estábamos reunidos, clandestinamente, para escuchar las últimas canciones de la trova cubana, prohibidas durante la dictadura. En determinado momento entró a la reunión el compañero Nitilo. Él estaba invitado, pero había comunicado que no podía venir. Su aparición trajo, entonces, un momento de incertidumbre. Ni bien entró dijo algo así como: “Compañeros, compañeros, me tengo que ir del país, mi responsable político cayó preso anoche y, hasta hace dos horas, aún no había noticias de él. Todo mi grupo decidió pasar a la clandestinidad y yo, por la relación que tenía con el jefe, tengo temor de que lo hayan agarrado con mis papeles. Además, él conocía mi domicilio. En principio, yo me escondo diez días. Tengo algunos contactos en España, ese será mi destino. Realmente me molesta muchísimo abandonar todo el trabajo político en Argentina, son cinco años de laburo y un espacio ganado”. Entonces, le preguntamos qué necesitaba. Y pidió algo de plata, sacar el pasaje y que alguien le guardara sus muebles, no sabía por cuánto tiempo. Una compañera se ofreció a  tenérselos y también ofreció su dirección para que Nitilo enviara cartas y estuviera en contacto con nosotros.

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La compañera, sin embargo, le advirtió a Nitilo que se fijara qué mandaba, por lo que había sucedido con el portero de su departamento. No era menor la advertencia. La historia del portero merece un aparte.

 

LEER LA BASURA

Nitilo, mientras escribía notas manuscritas en su departamento, desechaba las que no le satisfacían y tiraba los bollos de papel en una bolsa de basura. Eso iba hacia el hueco del incinerador, hasta llegar al sótano, a manos del portero. Este juntaba toda la basura y la quemaba. Pero, como todo portero, era curioso.

Al día siguiente, al salir del edificio, el portero Manuel le dijo a Nitilo: “Bueno, que yo también fui revolucionario en España, fui republicano y mi padre, socialista. Estoy muy de acuerdo con lo que usted ha planteado, hombre”.

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Era evidente que el portero, antes de quemar la basura del día, había leído los bollos tirados por Nitilo quien, encima, había escrito sobre papeles con el membrete de la empresa donde trabajaba. De ahí que el portero -conocedor del lugar de empleo de Nitilo-  pudo reconocer de quién era esa escritura.

No era muy cuidadoso Nitilo. Y la compañera se ofreció a ser solidaria, pero no quería correr riesgos innecesarios.

 

EXILIADOS CUERPO ADENTRO

Como todos sabemos,  por aquellos tiempos, los exiliados fueron muchísimos. También resultamos un montón quienes nos quedamos en el autoexilio en el país y soportamos las prohibiciones, el silencio, la imposibilidad siquiera de escuchar -sin precaución extrema- la música que nos representaba: la trova cubana, Zitarrosa, Viglietti. La desaparición y la muerte eran noticia cotidiana, los retenes policiales y militares  formaban el paisaje identificador del país. Un ejemplo, pequeño, dentro de la enorme barbarie de esos tiempos, ilustra hasta qué punto el lenguaje debió exiliarse cuerpo adentro para preservar la vida. Una pareja de estudiantes con un par de aerosoles en sus bolsos se disponía a escribir sobre una pared céntrica en Buenos Aires “Militares hijos…”. Por supuesto, fueron detenidos y juzgados por intento de vilipendio a las FFAA. Su destino consistió en dos años de prisión. Y la sacaron barata.

 

DIEZ EN DESPROLIJIDAD  pepe12cd1725bd0875a9c2fff92e36047d67

Lo cierto es que el Flaco se fue. Entre los muebles que dejó, había una hermosa cómoda de roble trabajada por estilistas de época. Con el tiempo, la revisamos y allí encontramos varios pasaportes falsos y en blanco escondidos en un doble fondo. Algo comprensible dada su militancia. ¡Pero una vez más, qué descuido! Nosotros, sus compañeros, nos quedamos en el país. El miedo al allanamiento era permanente. Un doble fondo en un mueble no era un gran refugio. Una vez más Nitilo, el descuidado, salvó su pellejo sin pensar en el riesgo al que nos sometía. Usted, lector, podrá pensar, fue por el apuro de partir. Pero Nitilo ya venía sumando puntos en su materia preferida: desprolijidad. Con sus cosas en nuestra custodia, el Flaco llegó a España, a  Barcelona, puntualmente. Se daba, entonces, un fenómeno muy especial entre los exiliados, ratificado por relatos de muchos de ellos al retornar al país. En las organizaciones políticas de izquierda no estaba bien visto drogarse, se tomaba esa actitud como una debilidad contrarrevolucionaria. Y esto no está exagerado “ni un tantito así”. Pero, de todos modos, en el exilio, muchos de ellos sí se abrazaron a la marihuana y al hachís. Entre ellos estaba Nitilo. Y pensar que, cuando estaba en Buenos Aires, reivindicaba con ardor moral la abstinencia a las sustancias.

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EXILIO  ENTRE RINCONES

Con el tiempo llegaron noticias del Flaco. Juntó unos mangos y puso un negocio de esparcimiento en la zona de la movida playera en Barcelona. Era un pub, o “paf” –en pronunciación del lugar- y aparentemente su experiencia capitalista fue buena. Se compró un autito y, con los años, falleció en un accidente rutero. Sus muebles pasaron a formar parte del patrimonio de un compañero necesitado. Ya la incomodidad de la cómoda dejó de ser tal. Tal vez hoy, las desprolijidades que cito no parezcan más que descuidos. Pero, para quienes vivimos la militancia de aquellos tiempos, podían significar la vida o la muerte de muchos. Igual que detalles como la impuntualidad o la no presencia en una cita. Todo lo que en la vida democrática resulta una nimiedad, en el exilio entre rincones, donde vivimos aquellos años, implicaba  un riesgo mortal.

 

NO HAY EXILIO EN LA MEMORIA

Los que no están ni estarán siguen presentes entre sus huesos. Son tu hermana, tu  hermano, tu padre, tu madre. Yo estoy, podría no estar. A muchos de los que me acompañaban los alojo en mi memoria. Mi cuerpo se ha ensanchado para darles un lugarcito, una casa, porque han sido arrancados con raíces muy jóvenes. A mí me han salvado de encrucijadas difíciles otros compañeros. Yo reivindico nuestra lucha. Y mi escritura es un modo de repatriarlos, hasta donde sea posible, de las manos de los asesinos.




EL DEMONIO DE TASMANIA

Exilios: Sobre Hannah Gadsby

Por Diego Soria

 

TRAS EL SONIDO DE LA TETERA

¿Quién es Hannah Gadsby? ¿Quién es esta mujer que se asoma a través de la ventana de Netflix? La descripción del show dice apenas que ella es una humorista, que el stand up es su especialidad. Pero Hannah, una australiana, nacida en Tasmania, tiene una licenciatura en Arte y curaduría. Hannah, antes de hacer humor, fue una estudiante, proyeccionista de cine y, además, trabajó en una granja. Hoy, desde el hannahescenario, parece haber encontrado su lugar, justo ahora, que dejarlo atrás parece ser la paradoja, exiliarse para encontrarse.

 

ESTAMOS INVITADOS A TOMAR EL TÉ

En las primeras imágenes Hannah entra a una cocina, toma una tetera y, mientras los aplausos se funden con la escena, también se escucha el sonido de la tetera, los sonidos de la porcelana y los perros que la acompañan. Al comienzo todo es como debe ser, los aplausos bajan desde la platea entusiasta, las cámaras hacen el paneo necesario sobre las cabezas del público, mientras Hannah da la bienvenida a su show. Desde el vamos, ella se planta con seguridad, delante la sobria escenografía. “Nanette”, “el espectáculo se llama así porque empecé por escribir el título antes que el resto del show, y es que conocí a una mujer llamada Nanette de la que pensé sacar mucho jugo para un show, pero no lo hice”. Hannah es de Tasmania, una isla a al sur de Australia, un lugar pequeño y conservador, donde asumirse abiertamente homosexual tenía consecuencias desagradables, es decir, como en muchos pueblos pequeños la presión conservadora y católica se hace sentir al modo medieval. Entonces uno se acomoda frente a la pantalla y piensa en los chistes obvios sobre gays y lesbianas que van a venir y ella los hace. Pero, al pasar, cuenta que se tuvo que ir, de su lugar natal “Hagan sus maletas, metan su sida ahí y vayan a su Mardigras (carnaval)” porque la homosexualidad estaba condenada hasta 1997.

 

LA SALIDA ES POR ALLÁ

Sin pensarlo, el espectador se va dejando llevar, es decir, el público parece valorarse a sí mismo como de “mente abierta”, entra en el juego cómplice propuesto por Nanette, festeja y ríe a carcajadas. Hannah es corpulenta, usa pantalones y saco azul, del mismo modo que la escenografía, azul, porque me gusta, dice ella. Se ríe de los estereotipos que determinan azul, para niños y rosa, para niñas, “¡Al diablo!, los locos son ustedes”, grita desde arriba. El Hannah-Gadsby-3-640x360público titubea, ya no se siente tan cómodo en el teatro, el culo empieza a picar, y la sensación se acentúa cuando ella arremete contra su propio colectivo, el mismo que la alienta, el mismo que la quiere expropiar. Hannah les marca la cancha, dice lo que debe decir para ser una lesbiana de ley, una lesbiana de verdad. Sobreviene una sensación de soledad, bronca en su voz. En medio de un show de stand up el clima cambia sin que ella se mueva, solamente elige las palabras. Sus ojos pequeños y azulados ponen puntos sobre las íes, escrutan, parecen llegar desde el fondo de un túnel negrísimo y largo, como un tren. Eso son, un tren que atruena al llegar al final. Un manual del comediante, seguramente, no aconsejará farfullar por lo bajo, menos, contra el mismo público, pero Hannah no se priva de eso.

 

YO ME BAJO AQUÍ

Gadsby contornea el cuerpo de su mensaje, el público está donde ella quiere tenerlo, pasada la primera sorpresa, la idea tiene su lógica. “Desde que me dedico a la comedia, dice, no hago más que hacer humor autocrítico hacía nosotros, y eso no es humildad, es humillación”. Pensar un espectáculo desde la utocrítica a la propia elección puede leerse como un intento de lograr aprobación, una forma de permiso de la mayoría blanca, delgada, católica y conservadora. Es una idea que no se acaba en su caso particular, se puede extender a otros tipos de conflictos donde el dolor se tapa con humor, se sella como un compartimento estanco. Del mismo modo en que las películas de submarinos cierran -sección tras sección- las compuertas para evitar el naufragio. Sirve para eso, normaliza a quien está arriba del escenario y al público. Mientras tanto, si ella no acepta las reglas, sigue en el mismo lugar, en un exilio inmóvil, poco doloroso. El público está definitivamente callado, a merced de su genialidad y hasta desea volver a la risa de los primeros minutos, ahí donde público y artista firman un pacto: yo te aplaudo, vos me haces reír. ¿Les molesta esta tensión? Dice Hannah, yo vivo con ella.

 

MAS ALLÁ DEL STAND UP

Hannah Gadsby ya se ha declarado exiliada de las formas seguras del stand up. Y, y al hacerlo, deja en “off side” a sus colegas. Sin querer o queriendo, el arte de hacer reír en soledad y autoflagelándose, se acaba aquí. Porque interpela esa pared del público que, muchas veces, se siente neutral. Ya no. Hannah hace una bien cuidada arenga, con acento en sus ojitos chispeantes.

Hannah es una luchadora, una militante y una mordaz humorista. Hannah es de un lugar pequeño como les toca a muchos, pero ha logrado hacerse atender bien lejos. Hannah ha decidido decir su verdad, ¿y que? ¡Y qué! La voz, por momentos, se le pone ronca y el brazo se agita como nunca había ocurrido antes. Sus ojos llamean, es un grito postergado hasta aquí, solo hasta aquí, para dejar la humillación y asonar en el sonido de la tetera.

 

 

 

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LA RAZÓN DE SU VIDA. DEAN REED UN GRINGO DETRÁS DEL MURO

 

Los exilios: sobre Dean Reed

Por Luisa Luchetta

 

EL CHICO DE LA FOTO

Una imagen llega hasta mi, nacida de mi memoria envuelta en minifalda, medias tres cuartos y blancas, zapatos guillermina marrones y mi cabello por siempre despeinado, disimulado por una vincha rosa. Se trata de un muchacho hermoso, de sonrisa blanca. Por allí, se adivinan un par de ojos claros y cabello rubio. Un yanqui encerrado en el cubo del inalcanzable televisor a lamparitas y estabilizador.

Amor a primera vista. Un caballero, como muchos, que desapareció de un momento a otro.

El tiempo me trajo su nombre : Dean Reed. Der-Rote-Elvis-Dean-Reed-Screenshot

Dean Cyril Reed nació en Denver, Colorado, Estados Unidos, el 22 de septiembre de 1938. Ese mismo día, se reunían Hitler y Chamberlain, quien opinaba que era mejor mirar hacia otro lado mientras el fürher cenaba a Checoeslovaquia.

Reed creció durante los años de gran prosperidad de los Estados Unidos, desde el fin de la II guerra mundial hasta aproximadamente la primera mitad de los años sesenta.

 

ENTRE LA MONTURA Y EL SOMBRERO

En 1959, fue descubierto por un agente de Capitol Records. Entonces, Dean tomó su guitarra y se trasladó a Hollywood. Tenía aspecto de galán, cantaba bien, portaba  un cuerpo atlético, todo para llegar al éxito.

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Estudió actuación con Paton Price, profesor también de Kirk Douglas y Jason Robards.  Price era pacifista y fue objetor de conciencia de la Segunda Guerra, lo cual le costó cuatro años preso en Pensilvania.

En 1962, durante la”crisis de los misiles” todo lo que oliera a socialismo era perseguido por el establishment.  Dean Reed grabó varios discos, sin descollar en su país, pero tuvo gran  éxito en esta parte del mundo.  En Chile, lo recibieron fanáticas histéricas. Aquí, en la Argentina, participó en programas de televisión y  en películas. Quizá, la más famosa fue “Mi primera novia”, con Evangelina Salazar y Palito Ortega.

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TRACCIÓN A SANGRE POR FALTA DE MOTOCICLETA

“Pero ver cómo desaparece el sentido de esta vida, la razón de nuestra existencia es insoportable. No se puede vivir sin razones.”

                                  Calígula. Albert Camus

La tierra fértil que Paton Price regó, posiblemente le haya permitido a Dean Reed superponer aquello que sus ojos asombrados percibían aquí, casi en el fin del mundo, con las enseñanzas de su maestro. Dean Reed llenaba estadios en la Argentina, en Chile, en Uruguay. Era popular y, poco a poco, había encontrado la razón de su existencia. Luchar por sus ideas. Difundir el socialismo. Algo sin duda peligroso en los años de la Guerra Fría, colmada de muerte, exilios, dictaduras, listas negras  que conocemos muy bien en el occidente libre, democrático y judeocristiano.

En Chile trabó amistad con Salvador Allende y Víctor Jara. También conoció a Julio Cortázar, de quien dijo ser amigo luego de confesarle que nunca había leído un libro suyo.

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Visitó el Amazonas para conocer el modo de vida aborigen. Imparable,  se presentó en el programa “Sábados  Continuados”, en Argentina,  donde se relacionó con Horacio Guaraní y otros partidarios comunistas. Conoció a mucha gente dispar, como a José Ignacio Rucci. Siempre con buenas intenciones, con honestidad y con la idea de utilizar su fama para promocionar sus ideas.

En Chile, lavó la bandera de su país frente a la embajada norteamericana.

“Esta bandera está sucia con la sangre de miles de mujeres y niños vietnamitas () hombres de la raza negra de los Estados Unidos() de los millones de gentes de Sudamérica() Como buen norteamericano que ama a su país, hoy, en Santiago de Chile, lavo la bandera de mi patria”, dijo. Y ,acto seguido, sacó una botellita con detergente, la echó en un balde y  empezó a refregar su bandera.

No la quemó porque amaba a su país, adonde regresaba frecuentemente. Él quería cambiar la sociedad, el mundo. Quizá haya sido ingenuo, pero nada lo movía de sus ideales.

 

COWBOY INTERNACIONAL

¡Arriba, parias de la Tierra!

¡En pie, famélica legión!

Atruena la razón en marcha:

es el fin de la opresión.

                          La internacional  

En 1965, viajó al Congreso por la Paz en Helsinki. Es en este lugar. donde la vida de Reed dio otro giro. Bertrand Russell envió un delegado, que no conformó a los participantes, quienes lo abuchearon. Al ver el revuelo que se había provocado, Dean Reed tomó su guitarra, subió al escenario y se puso a cantar. Pidió que cantaran con él  e intentó que los asisCantor 1977tentes se tomaran de las manos, como símbolo de fraternidad.

Los delegados, sobre todo de la URSS quedaron entusiasmados con el yanqui socialista. Pronto, sería furor en los países detrás de la cortina de hierro.

A los pocos meses, Onganía se convirtió en dictador al derrocar al radical  Arturo Illia, quien fue elegido en elecciones libres (del partido justicialista, proscripto por los militares con apoyo del resto de los partidos políticos). A partir de 1966, Reed filmó en Europa películas del género spaghetti western. También realizó con éxito giras por la Unión Soviética. Llevó su arte a China, Cuba y Nicaragua, entre otros países.

En 1971, intentó ingresar a la Argentina por tercera vez, pero fue detenido y enviado a la cárcel de Devoto, donde limpió los pasillos. En la revista  “7 días”,  declaró que la primera vez que se le impidió entrar al país fue en 1968, supuestamente, por haberse opuesto a la guerra de Vietnam, a poco más de 17.000 kilómetros de Argentina”.

En la misma entrevista declaró que su casa en Olivos fue baleada, según él, porque se autodefinía como un artista de conciencia social. Estaba a favor de un socialismo democrático para asegurar las necesidades básicas de la mayoría . Su voz afinada con acento gringo cantó “No nos moverán” en un spot de campaña del Frente Amplio de Uruguay.

Jamás  se afilió al partido comunista y nunca le fue denegado el pasaporte norteamericano.

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https://www.youtube.com/watch?v=w7XZVv6F1NU

DETRÁS DE LA ESCENA

Reed de casó tres veces.

Tuvo tres hijos, Ramona Chimene Guevara Price Reed, en 1968. Alexander, en 1969 y Natalie Reed en 1976.

Luego de conocer a su tercera esposa se instaló en Berlín del este. Allí filmó “El Cantor”, en homenaje a su admirado amigo chileno Víctor Jara, asesinado en el Estadio Nacional por orden de Pinochet.

https://www.youtube.com/watch?v=aQh3VvL0QWQ://www.youtube.com/watch?v=aQh3VvL0QWQ

APOCÇALUPSIS O LA REVELACIÓN 

Entre los años 1985 y 1991, se produjeron cambios estructurales en la URSS. La  Perestroika, a nivel económico. El Glásnot, a nivel político. Ambas implicaban la apertura a Occidente y el progresivo desmembramiento de la URSS.

En este período Dean Reed volvió a los Estados Unidos y dio una entrevista en el programa “60 Minutos”, donde reivindicó la política de la Unión Soviética y China. Confesó su apoyo a Fidel Castro y comparó a Reagan con Gorbachov. Dijo que este último era más pacifista y moral.  Además justificó el Muro de Berlín. Estas declaraciones enardecieron a gran parte del público estadounidense. Llegaron miles de cartas insultándolo. Y eso le provocó una tremenda tristeza. Regresó a Berlín.

Un 16 de junio de 1986 lo encontraron flotando en las aguas de un lago cercano a su hogar, con el rostro desfigurado. Hay varias hipótesis acerca de cómo murió. Para su hermano Vernon, fue un suicidio. La policía lanzó la hipótesis de un accidente. Para su hija Ramona, se trató de une asesinato, orquestado por la CIA o la KGB.

La noticia de la muerte de Dean Reed en el Neues Deutschland, órgano del SED (Partido Socialista Unificado, de la RDA), el día 18 de junio de 1986
La noticia de la muerte de Dean Reed en el Neues Deutschland, órgano del SED (Partido Socialista Unificado, de la RDA), el día 18 de junio de 1986

 

NUNCA BUCHÓN, COMO ELVIS

“nobody wanted to pay to see”

Tom Hanks 

El famoso actor Tom Hanks anunció en Berlín su intención de filmar la vida de Dean Reed, a quien llamaban “ El Elvis Rojo” o “ Señor Simpatía” para lo cual adquirió los derechos a su viuda. Nunca desarrolló el proyecto. Por lo menos, en estas aguas del sur se desconoce tal film. Hacer de la vida de Reed un proyecto  hollywoodense y aggiornado a la media estadounidense sería una falta de respeto. ¿Cuál resultaría el foco de atención del Sr. Hanks? Sabemos bien que los latinoamericanos apareceremos tontos y sucios y los comunistas malos y asesinos. No es que por estos lares no haya tontos, sucios (muchas veces por falta de agua corriente o por la vida en la calle), gente mala ni asesinos. Pero no hay blanco y negro en la historia de Dean Reed. Primordialmente, porque jamás quiso renunciar a su patria, hasta continuó con sus declaraciones juradas al fisco estadounidense, quiso la revolución en el mundo, quiso que triunfara el bien, si es que éste se traduce en que la humanidad tenga sus necesidades satisfechas y en que no haya guerras. Su ideario parece tan naif y frívolo como el de gran parte de sus conciudadanos. Sin embargo, se decidió por un bando. Y el otro se lo hizo pagar. Fue un peregrino. Recorrió ambos hemisferios terrestres, con su razón a cuestas: luchar por divulgar sus ideales. Así, se encarceló a sí mismo, en un mundo donde el mal triunfa y lo transforma todo. Donde se roban las palabras, a los pensamientos los procesan y los asimilan al mero discurso maléfico, mentiroso.

 

 

Bibliografía:

https://www.deanreed.de/spanish/index.html

http://www.colericos.com/en_defensa_dean_reed.html.  Por Luis Vásquez

Página 12 : 22/01/2005 El Elvis Rojo por Eduardo Montes-Bradley

https://intercambiouruguay.wordpress.com/2011/03/10/artistas-varios-jingles-politicos-del-uruguay-1950-2004/

https://www.hollywoodreporter.com/news/tom-hanks-john-oliver-bruce-88716




ESCUELA, PRESENTE. AHORA Y SIEMPRE

Exilios: sobre una revolución en la lecto-escritura, en dirección a la igualdad.

Por: Estela Colángelo

 

A Sandra y a Rubén

PRÓLOGO QUE SE RESISTE A SER EPITAFIO

Llegó con tres heridas/la del amor,

la de la muerte, la de la vida”

Miguel Hernández

Entre lágrimas, escribo. Dos maestros murieron, mientras preparaban el desayuno para los chicos. No puedo parar, se moja el papel, la tinta se esfuma, las palabras desaparecen. Así es, así fue. El dolor, la muerte, la pretensión de silenciar la denuncia, los medios de comunicación impregnados de impunidad. O de indiferencia, que es peor.

Sandra, Rubén, lección infinita. Muertes de múltiples enseñanzas para quien quiera aprender. Preparan alimentos, ella lucha por darle un lugar de ensayo a la orquesta juvenil, por conseguir instrumentos, quiere que la música suene en sus niños, sus hijos, hijos de todos.

Ejemplos de solidaridad. Rubén, portero-educador de cuidados: entre leche tibia, guiso de fideos, escobas, trapos de fregar y tantas historias más, deja el último suspiro.

La nota que viene es para ellos, sé que les resultará familiar. Ahí va.

 

APROXIMAR LA CUNA

No soy de aquí ni soy de allá/ no tengo edad ni porvenir…”

Facundo Cabral, (cantautor popular argentino)

Al momento de mi nacimiento, la familia residía en la ruta 3 ¿km 30, ¿km 35?, ¿km 50? No se sabe con exactitud. San Justo. La Matanza. Pocos meses antes de su muerte, le solicité a mi mamá que me indicara el lugar. Transcurrieron muchas cuadras en auto, hasta que me dijo:

- Es por acá, (…) doblá, doblá para allá… no sé dónde te trajimos de recién nacida.

- ¿Y la placa?- le reclamo- ¿Dónde van a poner la placa?

Ahogadas en risas, regresamos. Tampoco está el hospital Salaberry, donde me alumbró. Así les pasa a los pobres. Lugares por aproximación, recuerdos nebulosos, huellas borradas por el progreso o el capricho estatal. ¡Cerrar un hospital!

Después, sí. Tengo una dirección. Manuel Quintana 3132. Lomas del Mirador. El mismo municipio que el anterior. A poquitas cuadras de Provincias Unidas y General Paz. Casa chorizo, muchas habitaciones vacías en la parte de adelante, mientras nosotros vivíamos atrás. Nuestra casa era más modesta y construida a lo ancho del terreno. ¿Éramos cuidadores?, ¿mis padres eran caseros? Ya no tengo a quién preguntar. Sé que había ruidos en la parte deshabitada. De noche, papá salía con el farol a investigar. “Fantasmas, espíritus que no descansan en paz”, se decía por allá.

 

PA´ABLANDAR LA MANO

Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos

Indira Gandhi

image59d815d0d374bPrimera escuela, cosa rara, nunca pude dormir la noche anterior al comienzo de cada ciclo escolar. Recuerdo: estaba el guardapolvo blanco con tablitas, colgado, ante mi vista. Parecía un cartón, gracias al bórax y a la maicena, decía mamá con orgullo. Caminamos pocas cuadras. A la escuela la habían construido junto con las casitas de Perón. Imagino que había quedado chica porque cursé primer grado en un aula prefabricada, con tres turnos. Yo iba en el intermedio, de 11 a 14. En el cuaderno hacía “palotes para ablandar la mano”. Gracias a papá sabía leer y escribir. Y, para comunicarlo, llené de palabras y de letras mi guardapolvo blanco. Papá y mamá parecían dos “lectores de Piaget”, por la reparación impuesta. En su libro, “La formación del juicio moral en el niño”, Piaget pregonó que los seres humanos no desarrollamos una moral autónoma porque la reparación exigida a los niños no tiene relación con la falta cometida: mis padres me hicieron borrar las escrituras del delantal. La goma quedó a la mitad.

 

OCUPAR LA CANCHA

Barrilete Cósmico

Víctor Hugo Morales

Los recuerdos me llevan a la villa miseria ¡Qué nombre para tener un rancho de madera y lata como casa! Ahora allí las casas son de material y, al lugar, le sacaron el apellido. Se llaman villas nomás. Como se llamen, en ese espacio vivía yo la palabra solidaridad: entre todos, hacer veredas de material, inaugurar las canillas públicas, recaudar para velorios. Como se llamen, allí se dio, primera vez, el reconocimiento a mis posibilidades en cuanto a la expresión oral. Lo veo como si fuera hoy: converso con la modista en un soleado patio de tierra. Ella pedalea que te pedalea la monótona máquina de coser. Yo le aporto mi voz de niña para aliviar el cansancio, para acortar el día que entreteje tiras, hebras, hilos, telas, pieles curtidas de tanto uso, arreglo, remiendo. También, oficio de locutora: anuncio encuentros comunitarios, bailes en la “Tierrita”, diversión de adultos. Mientras tanto, los otros niños andan en el centro de la villa, ¿dónde? En un gran lugar ¡“la canchita”!

 

CONVERSAR EL TIEMPO

“… palabras y plumas dicen que el viento las lleva”

Tirso de Molina

foto-dia-del-libro-foto-vía-blogspot-hayvidaenloslibrosLa escuela que te asignaban de acuerdo a tu domicilio estaba en la calle Homero. Iban todos los villeros. Quienes aspiraban a un poco más se anotaban en la de la calle Zinny. Di el domicilio de unos tíos y a Zinny fui yo. Para llegar había que atravesar el arroyo Cildañez, soportar su olor fétido, llenarse los ojos de la basura alrededor. De todos modos, valía la pena. Maravillosamente bien me iba, gracias al apoyo incondicional de mis maestros y de mi papá. Y otra vez, lo veo como si fuera hoy: Yo deletreo. Él dice, “la lectura es una conversación”

Quiero ir al baño, papá.

-¿Con libro o sin libro?

Con libro, papá.

Y yo no aparecía hasta que era capaz de conversar.

Duró poco. Antes de terminar la escuela primaria, papá murió de un ataque al corazón, a los cuarenta y dos. Y yo seguí sola mis lecturas charladas, en la “Roberto Billinghurst” en Zinny, de 2do. a 5to. Grado. La orfandad de padre llevó a mamá a anotarnos en una Escuela Asistencial, especialmente diseñada para los pobres de toda pobreza ¡una maravilla! Jornada completa, actividades alternativas: apicultura, jardinería y otras que se daban también en las otras escuelas, las dependientes del Consejo Escolar. Estas escuelas eran municipales y funcionaban en los parques de la Ciudad. En Costanera Norte, para la villa del bajo Belgrano (donde hoy está el barrio chino) y en Costanera Sur, para la villa de Retiro. El nombre correcto es “Centro Comunitario Educacional Antonio Zaccagnini”. Todos los días, el micro nos llevaba y traía hasta el parque Avellaneda, uno de los más hermosos de la ciudad de Buenos Aires, sin exagerar. Había pediatras, odontólogos, asistentes sociales, comida deliciosa. Lo que sobraba lo repartían: a mis dos hermanos y a mí siempre nos elegían para darnos algunas viandas, aunque el plato de comida nunca, nunca nos faltó.

En la Escuela Asistencial fui la única oradora en un acto, donde asistió el intendente Rabanal. Todos nos felicitaban. El periodista auguró que iba a ser su destacada colega y mamá lloraba de emoción. Allí, la intervención de María Luisa Maccio, asistente social que siguió toda mi carrera de maestra, gestionó una beca.

 

PARA ELISA

“… créanme vi tanta pobreza/que yo pensé con tristeza/ Dios por aquí no pasó

Jorge Cafrune (el payador perseguido)

articles-74569_thumbnailEn el Elisa Harilaos, San Pedrito y Zuviría, Flores Sur, la beca consistía en la cuota mensual. A cambio, yo no podía tener menos de siete en las materias ni repetir de año. Más presión aún, a mi complicada situación. Las monjas nunca se dieron por enteradas de mi domicilio real, al menos, no me lo hicieron saber. Recuerdo que, poco a poco, me fueron alejando de la religión. Había que saludarlas todas las veces que se nos cruzaban: “Viva Jesús, Hermana”, debíamos decir. Ellas contestaban “en nuestros corazones”. ¡Mi conflicto era tan grande! Si no me cruzaba con las hermanas, ¿no vivía Jesús? Me recuerdo frente al altar: “Dios, ¿dónde estás? ¿En la Iglesia “Madre de Dios o Madre de los Pobres” o acá?” Así, hasta tercer año, cuando di por terminada la situación: no estás ni acá ni allá y me deshice del ser superior. Más huérfana quedé todavía, pero menos confundida. De la Escuela de monjas, me iba a la Escuela Asistencial, donde me guardaban la comida y donde la asistente social me cedía su oficina para estudiar. Era un cuartito pequeño. Allí, yo solita, leía en voz alta. Pero había que ganar para las medias de nylon que se corrían con solo mirarlas y para viajar. Así, comencé a trabajar por horas, en la casa de Panchita, de más de setenta años, nacida en Trieste, Italia, bajo la bandera de Francisco José, emperador de Austria. Ella contaba unas historias deliciosas. ¿Cuento una?

 

NARRACIONES PANCHAS

Contame una historia/mentime al oído/la fábula dulce de un mundo querido, soñado y mejor

Eladia Blázquez

Yo tenía un admirador que vivía en la casa de enfrente de Panchita. Mientras yo baldeaba la vereda, relojeaba. Panchita le decía al tipo:

- Steli te queda grande.

Y sonreíamos los tres.

Ahí aproveché y le pregunté:

- ¿Ud. qué piensa de las relaciones pre matrimoniales, Panchita?

Mirá, Steli: antes usábamos la pollera larga, pero la levantábamos pronto. Yo me entregué a mi marido detrás de la iglesia. Él ya había decidido venir a radicarse a la Argentina. Allá, en Austria, creían que en Argentina todos eran indios, con plumas y todo. Nada nos importó, él prometió conseguir trabajo y traerme. Y así lo hizo. Veo que hay mujeres que, para ir a los lugares donde sólo se entra con un hombre, se tapan la cabeza, usan anteojos oscuros… no las entiendo. Cuando vos lleves a un hombre del brazo, cuando tengas la cabeza alta, cuando mires a los ojos a los que pasan, ¡entonces será el momento de estar con ese hombre!

 

FASCE BIEN

Mirco, paisano de Panchita, me acompañaba a la villa. Pero antes, ella me daba té con un chorro de cognac, en invierno, y sándwich de jamón crudo. En esos días, cuando mis hermanos dormían, me ponía a estudiar. Mamá, con cara de cansada, se asomaba al lugar de estudio y me decía:

Mañana faltás.

Yo siempre le respondía:

No puedo, mamá.

timthumbLa gratificación mayor vino con las prácticas para recibirme de maestra. Fui la última promoción de maestras normales. En 4to. Y 5to. año, por lo menos dos veces por semana, daba clases a las niñas de la escuela primaria que iban a la tarde. Otra asistente social, Nelly Fasce, me ayudó un montón. Su flamante esposo, Jorge, Licenciado en Educación, me mandaba –por intermedio de ella- a las clases preparadas ¡con láminas y todo! Yo las organizaba y coleccionaba diez.

 

TITULADA DOBLE

Con 18 años, el 3 de abril de 1970, estrené el título en el Centro Comunitario Educacional “Edmundo D’Amicis”, en la Costanera Sur. Recuerdo: la vicedirectora tenía 24 años y había sido nombrada a dedo por los dueños de la provincia de Catamarca. Creo que no le caía bien tener una subordinada con dos títulos: maestra y villera. No me fue bien con ella, sí con los maestros. A la escuela no le iba mejor, fue muy cuestionada por esos tiempos por autoritaria, por reproductora de desigualdades sociales. Los teóricos del momento llegaron a proponer la desescolarización. Ese fue un tal Iván Illich y no el de Tolstoi

 

LA DISPUTA TEÓRICA

Estudiar era pecado/clandestino era saber/porque cuando el pueblo sabe/no lo engaña un brigadier

Piero (Para el pueblo lo que es del pueblo)

Hay hitos. Voy a los saltos y señalo algunos. Son estas huellas que trazaron el rumbo:

pila-de-libros-al-aire-libre-25394981Por carta, Berta Braslavsky, eximia pedagoga, sostuvo una histórica polémica con Paulo Freire, autor de ”La Pedagogía del Oprimido”. Este sostenía que los procesos de alfabetización de los marginados debían realizarse en sus propias comunidades. Berta manifestaba la importancia del aula escolar y la interacción del maestro con sus alumnos.

Por su parte, Emilia Ferreiro pertenece a la primera generación de egresados de psicología (UBA). Por presiones políticas contra su marido, luego del golpe de Onganía, terminó por hacer el doctorado en la Universidad de Ginebra. En 1971, regresó a la Argentina y, al poco tiempo, comenzó a diseñar la investigación. Observó clases en zonas marginales de la Ciudad de Buenos Aires. Y no olvidó lo que Piaget le había enseñado: el niño, como sujeto cognoscente, trata de entender el mundo que lo rodea, elabora hipótesis, recibe información.

Un poco más adelante, en 1973 Ana Teberosky, Alicia Lenzi, Susana Fernández, Ana María Kaufman y Liliana Tolchinsky forman un grupo y trabajan un año en una villa miseria. Enmarcan el fracaso escolar en perspectiva social. El diagnóstico: en 1970, el 20% de los niños de América Latina en edad escolar estaba fuera del sistema educativo. De la población escolarizada, solo el 53% llegaba a 4to. grado, el resto abandonaba. Los dos tercios de repetidores se daban en los primeros grados. Los males endémicos de repitencia, deserción y ausentismo escolar se concentraban en la población indígena, rural o marginada de los centros urbanos.

El golpe de Estado de 1976 obliga a abandonar la tarea. Las investigadoras se exilian: Ana María Kaufman, en México; Ana Teberosky, en Barcelona; Emilia Ferreiro, primero en Ginebra, luego en México.

Pero la simiente estaba echada.

 

TAJOS Y ATAJOS

Estamos en la tierra de nadie/¡Pero es mía!/Los inocentes son los culpables/dice su señoría”

Serú Giran

La dictadura cívico militar tajeó el tiempo. Con la transferencia de los servicios educativos nacionales a nivel local, los Centros Comunitarios Educacionales se transforman en una escuela más. Por otra parte, el Ministerio de Educación se vuelve un ministerio sin escuelas. Además, en Capital, estaban en funcionamiento los equipos técnicos. Los militares los eliminaron y, con los recursos humanos -en su mayoría psicólogos- crearon las escuelas de Recuperación. A los psicólogos y a otros profesionales los ubicaron como maestros, así aislaron el pensamiento y el apoyo a las escuelas.

 

LISOS Y LISAS

Todo está clavado en la memoria/espina de la vida y de la historia”

León Gieco

Censura_1Soy una estudiante avanzada de Trabajo Social. En mi casa matrimonial hay muchos libros “prohibidos”. Converso con mi pareja. Lo llevo a la Escuela 20 del D.E. 4to, donde soy maestra titular de sexto grado: Bolívar entre Belgrano y Moreno, en diagonal al Nacional Buenos Aires. Un día se rumorea que van a revisar los armarios. Levanto dos tablas flojas del piso y entierro los libros. Pero no solo se prohíben lecturas. La vestimenta de los docentes también es legislada. Prohibido para mujeres, entre otras cosas, usar pantalones. Para peor, el diseño curricular, el “petete” en la jerga, por supuesto que también fue “retocado” por estos mismos censuradores. Allí estaba contenido todo lo que los chicos debían aprender en esos años. En lecto-escritura inicial, en primer grado, solo cinco consonantes, una por vez. Y, como para muestra, basta un botón, sirva este ejemplo de lectura en un libro de entonces para darse una idea de la devastación que nos asolaba: “Olaso sala las lisas”, debían leer los chicos. Se suponía que Olaso era nombre y lisas un pescado.

 

SALE OLASO, ENTRA EL AIRE

Con las alas del alma/desplegadas al viento”

Eladia Blázquez

En 1983 Olaso sale para el exilio. Y, del exilio político de tantos años, llega la revolución en lecto-escritura. El diseño curricular marca la apertura político ideológica de esos años. Los jóvenes de todos los partidos políticos se vuelcan a la escuela y ofrecen clases de arte y apoyo escolar, tal como propone el diseño curricular de ese período. La escuela debe transformarse en un amplio centro cultural.

Por 1985, yo cursaba las últimas materias de la carrera de Ciencias de la Educación. La Profesora María Angélica Lus, regresada desde el exilio mexicano, trajo las conclusiones de las investigadoras que, a la fuerza, debieron concluirse fuera de nuestro país.

Niños-leyendo-737x600Hasta entonces, ¿cómo justificábamos el fracaso escolar de los niños? La respuesta era biologista. Fabricábamos, a sugerencia de los especialistas, grandes cerraduras. Le pedíamos al niño que mirara, luego que pateara una pelota, que usara el ojo para espiar, la pierna derecha para patear, la mano derecha para escribir. Así, nos enfrentábamos a la lateralidad cruzada y a un ser con dificultades para aprender. Si el chico no coordinaba ojo, pierna y mano estaba condenado al fracaso. El fracaso escolar no era más que un retraso madurativo de coordinación. ¿Qué descubren las investigadoras desexiliadas? El sujeto humano no es receptor de conocimientos que vienen de afuera, sino productor de conocimientos. La lectoescritura no es ya un objeto a aprender, sino una posibilidad de enseñar.

Con respecto al diagnóstico vinculado al ausentismo, las investigadoras dicen: el ausentismo se produce por las grandes distancias entre el domicilio del niño y las escuelas. O bien, por la ayuda que los chicos están obligados a brindar en las economías familiares. La deserción es el problema central. ¿Quién abandona al desertor? El sistema, al no tener estrategias para integrarlo. En lugar de males endémicos, deberíamos hablar de “selección social” del sistema educativo. En lugar de deserción, deberíamos llamarla expulsión encubierta. No se trata de cambiar términos, sino de darles otro marco interpretativo. Porque la desigualdad social y económica se manifiestan, también, en la distribución desigual de oportunidades educativas.

 

LA MARCA CIUDADANA

Hubo una época, hace siglos, en que leer y escribir eran actividades profesionales. Quienes se dedicaban a ellas aprendían un oficio. Todos los problemas de la alfabetización comenzaron cuando se decidió que escribir no era una profesión, sino una obligación. Y que leer no era marca de sabiduría, sino marca de ciudadanía. Emilia Ferreiro en el libro “Pasado y presente de los verbos leer y escribir” propone que leer y escribir son procesos paralelos y activos. Leer y escribir no son sinónimos de decodificación, sino funciones fundamentales para la comprensión y la comunicación humana. Tuve el privilegio de explicar durante años cómo los seres humanos aprendemos a leer y a escribir y cómo esas investigaciones pueden torcer el rumbo de las vidas de los fracasados. Siempre que cuenten con el compromiso de docentes y especialistas obstinados en la tarea de enseñar.

 

TODO ES TEXTO

No hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee”

Günter Grass

Montaña y fantasía 6A partir de los 90, se reponen de manifiesto la desigualdad de oportunidades de origen. No olvido, ya como directora, cuando la maestra de apoyo pedagógico sugirió que yo le prestara atención a una niña. Fui al domicilio de esa nena y le pregunté si tenía algún libro que le sirviera de guía. La mamá, en un intento por cumplir con los requerimientos de la autoridad escolar, bajó cajas de los roperos, en busca del valioso tesoro. Esperé en vano. ¿Cómo compite esa niña con hogares letrados, con libros al alcance de la mano? La respuesta y la reflexión alrededor de esta pregunta la trajeron ese puñado de investigadoras. Nada más y nada menos. Para que los maestros tomásemos conciencia. Inundar las aulas y las bibliotecas de libros. Buscar a todos los portadores de texto: recetas médicas, de cocina, etiquetas de productos, boletas de servicios y todo lo que llevara un mensaje escrito y sirviera de motivación para aprender. Los maestros jardineros internalizaron el concepto “los niños y niñas no esperan tener guardapolvo blanco y una maestra delante para aprender a leer y a escribir”.

 

EL LIBRAZO

Ahora digo –dijo a esta sazón don Quijote- que el que lee mucho, ve mucho y sabe mucho

Miguel de Cervantes

 

A partir del 2003, las enseñanzas de las investigadoras del exilio hicieron carne en teóricos y políticos bien informados. Conozco la realidad de la Ciudad y de la Provincia de Buenos Aires en la implementación del Programa P.I.I.E. Traducido: Programa Integral para la Igualdad Educativa. Llenaron de libros las aulas, las bibliotecas escolares e incluso se repartieron libros para que los chicos tuvieran como propiedad, en sus casas.

En la Ciudad, también se implementó el Plan Plurianual. Todos los maestros se comprometieron a que cada día de la vida escolar los chicos practicaran la lectura, la escritura, la escucha y el habla. Así se consiguieron y consiguen cotidianos logros. La entrega de computadoras es otro elemento fundamental que facilitó enormemente la tarea.

 

NUNCA MÁS

Nunca más vamos a permitir que los niños sean limitados a aprender cinco consonantes por año escolar, nunca más los someteremos a forzar oraciones que no enriquezcan la vida de los seres humanos. Pero, volvamos al principio.

Amigos, amigas. El testimonio de la vida personal viene a confirmar los resultados de la investigación de Emilia Ferreiro y equipo. Ellas han recorrido esas vivencias y han descubierto todo el enorme caudal de motivaciones y estímulos recibidos por la niña que entonces yo era. Modista, vecinos, padre, madre, maestros, trabajadores sociales, licenciado en ciencias, Panchita, todos ellos nos protegían, nos consideraban sus propios hijos. Ahora no es tan universal la cosa. Tratándose de Escuelas públicas, el esfuerzo teórico, práctico y la relevancia que adquieren los productos culturales -libros, computadoras, experiencias directas a cines, teatros- y, fundamentalmente recursos humanos que sólo puede brindarse con el interés y la acción del poder político. Esto implica condiciones básicas para que el enseñar y el aprender sean posibles, condiciones tan contrarias a las que les tocó vivir y, por ellas, morir a Sandra y a Rubén. Difícil resulta pensar en una escuela plagada de recursos, cuando se pierde la vida por la absurda y negligente decisión estatal de ajustar.

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PERO NO SOY EL ÚNICO

Los exilios: sobre la utopía en Fernando Birri

Por Pablo Arahuete

 

You may say I´m a dreamer, but I´m not the only one”

John Lennon

PALABRA DE UN HOMBRE CUALQUIERA

Fernando Birri
Fernando Birri

¿Qué miraría aquel señor de barba larga y paso cansino desde la ventana en uno de sus tantos exilios? Tal vez, sus ojos buscaban utopías, piedras que brotan de la siembra en un campo arrasado. Don Fernando Birri era un patriarca de los pájaros sin pájaros, un niño que jugaba a ser grande por esa “pasión estúpida -según sus propias palabras- de hacer cine”. Sus documentales -“Tire die”, “Los inundados”, entre otros- reflejan una sensibilidad en retratos de verdad, a pesar del dispositivo de una cámara. Porque para saber ver primero hay que saber escuchar. Entonces, los exilios creativos, en otra medida que los forzados, son también interesantes de conocer. En este caso, exiliarse sería retirarse de la chatura de los discursos intelectuales y sumergirse en el valor de una palabra de un hombre ordinario. Por ejemplo, en un campo o en un aula de escuela humilde, en la acotada -pero a la vez rica- manera de ver las cosas desde el llano del sentido común. Parte de esa mayéutica a las apuradas, reconoce en Birri la paciencia de la escucha y la urgencia de la acción transformadora cuando -de golpe- en ese laberinto dialéctico, aparece la síntesis de la mano del corazón que vence la vergüenza de la razón y la arrogancia del dogma.

 

PREGUNTAR LA ISLA

Birri y Fidel Castro
Birri y Fidel Castro

¿Por qué renunciar a los sueños si uno nace pobre?, indaga el documentalista en una interpelación a un interlocutor, durante una de sus tantas charlas con una cámara de por medio. Pero quizás la savia de un árbol plantado en el desierto sea la respuesta a otra pregunta más incómoda, ¿por qué aceptar un mundo injusto?

Seguramente, Fernando Birri vivió con esa pregunta a cuestas. Y la ventana de aquella habitación en la escuela de cine y televisión en San Antonio de los Baños (Cuba) lo llevaba una y otra vez a repreguntarse, como un niño, acerca de otros tantos porqués. En ese refugio de la isla, demoró nada menos que tres décadas para encontrar el proyecto de identidad de un cine latinoamericano, que se conectaría con tres continentes. Otra utopía desde el aislamiento: trascender con el arte de la imagen y el sonido. El mensaje y el medio no se encontraron en las autoridades de la tan admirada Escuela de San Antonio de los Baños, a la que muchos directores -entre ellos Francis Ford Coppola- se acercaron para dejar su huella. No obstante, mensajes en paredes corroídas y los cambios en el tiempo terminaron en una estatua de Birri, afrenta que él no toleró, porque el bronce es la prueba de la quietud del espíritu.

 

MILHOJAS y ECOS

Birri 1Ata tu arado a una estrella”, es una frase para acercarse a la idea de utopía, recogida en el derrotero de Fernando Birri, cuando se embarcaba en un proyecto por encargo para la televisión europea, con motivo del 30 aniversario del asesinato de Ernesto “Che” Guevara en Bolivia. Para ello, el fundador de la Escuela de Cine del Litoral (Santa Fe) partió hacia Argentina. Hizo escala en Rincón, su refugio personal en un “rancho” santafesino, con la premura de encontrar respuestas a otra pregunta difícil: ¿con la muerte del Che también murió la utopía? Basta una cámara y un reducido equipo para organizar una película. Y basta el pretexto de la pregunta para un reencuentro durante el rodaje con viejos amigos: Ernesto Sábato, Eduardo Galeano, León Ferrari y, para cerrar el cuadro de notables, Osvaldo Bayer. Muchos fantasmas en la pantalla, incluso Fernando Birri, fallecido el 27 de diciembre de 2017. Muertos que hablan de un muerto, pero todos vivos a partir del rescate de la problemática de la utopía. Problemática crucial en tiempos de crisis, como dice en una charla informal, ante Birri, Ernesto Sábato durante 2007. En un interesante mano a mano en la casa de Ernesto, o, en Santo Lugares, en el rincón del escritor de “Sobre héroes y tumbas”, Birri le pide a Sábato que repita lo que le acaba de decir sobre las utopías para darle forma en su película. Y Sábato, entre sorprendido y un poco rezongón, se lamenta al creer que esa charla informal con su amigo estaba siendo registrada. Entonces,  le recrimina a su amigo de la vida no haberlo pactado antes. Pero Sábato no sabe que hay otra cámara presente

Birri y Sabato
Birri y Sabato

en el encuentro, que registra la realidad de la realidad. Esa cámara es la de la cineasta Carmen Guarini, quien participó en calidad de testigo de la experiencia de acompañar a Fernando Birri para dejar, en su documental, “Ata tu arado a una estrella”, una emocionante película. Allí se lo puede conocer en múltiples facetas y etapas hasta los últimos años de su exilio en Roma.

 

IMAGINE

El documental de Carmen Guarini, que arrastraba un proyecto trunco llamado “Compañero Birri” y que la realizadora tenía intenciones de estrenar en algún momento, mutó para dejar el legado del padre de la Escuela del Litoral en un testimonio cinematográfico vital y necesario. Birri, en tertulias con amigos, se atreve a exponerse sin tapujos ni poses y, en todo momento, le da a Carmen Guarini ese lugar de directora testigo de una pequeña parcela de vida. Ese Birri que camina cansino siempre deja una huella. Más aun, cuando se encuentra cara a cara con la vida, la naturaleza, la injusticia. Eduardo Galeano lanza otra frase reveladora en el documental de Guarini y, como siempre, se preocupa por la cadencia de las palabras para decir que, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no aparece el más importante: el derecho a soñar. Y, ahí, Lennon se cruza en otro tiempo con otra frase para buscar cómplices en la aventura de la utopía.

En su ventana del exilio cubano, ¿habrá pensado Fernando Birri en la canción donde Lennon imaginaba un mundo sin fronteras?

El viaje no es el exilio. Es la utopía de Fernando Birri y su poesía, la búsqueda de ese viaje.

Birri 2




SIEMPRE SE VUELVE DOS VECES

Los Exilios: sobre Envar El Kadri, un espíritu rebelde

Por Pablo Soprano

 

RETRATOS DE UNA OBSESIÓN

El exilio para Envar “Cacho” El Kadri no fue un mero rencor por la amargura del destierro, no fue tan sólo dolor por lo perdido. Fueron planes y proyectos culturales bien pensados. Atrás habían quedado la lucha armada, las proscripciones, la cárcel, los ataques de la izquierda y la derecha. Atrás quedaron aquellos “iluminados” que llevaron a tantos pibes al matadero. Sí, era hora de pensar, de parar la pelota y pensar. De volver con una versión renovada, humanista, sin violencia. Obsesión, esa es la palabra. En cana, al regreso, incluso lejos de la patria no paró. “Es necesario contribuir a la memoria histórica de los compañeros caídos, a la memoria de los argentinos”, se repetía a sí mismo y a quien lo quiso oír. Se emocionaba hasta las lágrimas cada vez que lo decía. Esa era la obsesión: el esfuerzo y la sangre derramada de tantos compañeros no podía quedar impune. Y para ello había que obsesionarse, en Málaga o en París. Se vuelve cuando se piensa, pero si se piensa con inteligencia, no importa adónde nos lleve el exilio, se vuelve dos veces.

foto 2
Foto on dedicatoria a su abuelo desde su exilio francés

 

UN “CACHO” DE HISTORIA

Quien se adentre en la historia de Envar El Kadri verá que este hijo de sirio fue un verdadero espíritu inquieto. Nació un primero de mayo de 1941, en Río Cuarto, Córdoba. Luego se trasladó a Ciudadela, Buenos Aires. Su infancia transcurrió casi completa durante el primer y segundo peronismo y allí se anidaría el sentido de la lucha de los años por venir. Expulsado del Liceo Militar, terminó sus estudios en el Liceo Urquiza, de Flores. A los catorce años, con el derrocamiento del general Perón, se sumó a la oposición al gobierno de la Revolución Libertadora, en un claro desafío al decreto 4161, al gritar consignas peronistas, cantar la Marcha y colgar retratos de Perón y Evita en plena calle Florida. A fines de los 50, pasó a integrar la Juventud Peronista en la resistencia armada y en la organización del regreso del líder. En 1963, resultó elegido delegado de la Juventud ante Perón en Madrid y, a mediados de los sesenta, fundó las Fuerzas Armadas Peronistas. La idea era organizar la guerrilla rural en Tucumán y, militarmente, enfrentar al gobierno del dictador Juan Carlos Onganía. Sin entrar en acción, fue detenido junto a sus compañeros en Taco Ralo, en 1968, el mismo día de la muerte de otro gran “resistente”: John William Cooke. Comenzaba así una larga etapa de encierro y torturas que se extendería hasta 1973, cuando es liberado bajo la amnistía por decreto del presidente Héctor J. Cámpora. Durante el tercer gobierno peronista, trabajó en la Universidad de Derecho, bajo la gestión de Rodolfo Puiggrós y, en 1975, fue amenazado y perseguido por la organización de extrema derecha Triple A. Comenzó así un exilio que lo llevó por Beirut, Damasco, Madrid, Málaga y París, desde donde denunció, junto a Julio Cortázar y a otros tantos intelectuales, los crímenes de la dictadura cívico militar.

 

DIÁLOGOS EN EL EXILIO

Como refiere el comienzo de esta nota, los años de exilio de Cacho El Kadri fueron de mucha reflexión. Aplacada un tanto a la fuerza la rebeldía, sólo quedaba pensar, determinar por qué irse, cuál era el sentido:

Nos fuimos para seguir vivos. Y queríamos seguir vivos porque nos parecía que todo proceso revolucionario debe saber encontrar la forma de retirarse en un momento dado. No hay que creerse protagonista de la historia y pensar que si uno no está presente, la historia no se hace, o que no habría posibilidad de triunfo o avance. Quería sobrevivir también, para llevar conmigo a todos los que quedaron en el camino, a todos los que fueron parte de nuestra historia y como, lamentablemente, mi generación carga muchos muertos, me pareció un deber conservar esa memoria, rescatarla y poder expresarla hoy.”

Esa obsesión siempre presente, la de acarrear con la memoria de sus compañeros, la de convocar la intensidad para afrontar el exilio, pero sin abandonar las banderas, sin dejar de enarbolarlas con aquellos ideales, sin perder el horizonte de las nuevas generaciones, cuando llegar la hora de la vuelta.

La cárcel, la tortura, las persecuciones decantaron en el exilio. Y allí. desde afuera, pudo tener una mejor comprensión de ciertos mecanismos de poder, de dominación, de la repetición de recetas, de esquemas, de frases hechas constituyentes del bagaje político de los años ’70. Allí, entonces, pudo comprender por fin la trampa que costó la vida de tantos jóvenes militantes. Buscó por todos los medios una línea de tiempo entre las distintas generaciones, como aporte de su propia generación, para que la historia fuera completa:

Tratar de hacer un puente entre aquel pasado que nosotros recogimos de boca de los protagonistas directos, los que sobrevivieron a la revolución del ’55, y las nuevas generaciones, con la esperanza de que no tropiecen dos veces con la misma piedra.”

En Málaga, junto a un viejo compañero de la resistencia también exiliado, Jorge Rulli, iniciaron una serie de diálogos reflexivos sobre todo lo actuado durante veinte años. En esas conversaciones se replantearon la lucha armada y la violencia, con una gran dosis de autocrítica. De aquellas conversaciones sobrevive un libro llamado “Diálogos en el Exilio”.

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Visita a a un compañero exiliado en Marsella,1976

 

EL PUEBLO NO PUDO EXILIARSE

A su vuelta, en un extenso reportaje de Mona Moncalvillo publicado en la revista HUMOR, n° 126, del 28 de abril 1984, Cacho plantea de manera lúcida la derrota, pero como elemento de recomposición, casi de sanación. Allí, y con humildad, reconoce a quienes como él no tuvieron al exilio como salida y tuvieron que pelearla acá:

-¿En tu exilio parisino analizaste todo esto?

-Muy brevemente…
Lo que hice fue tratar de recomponerme, partiendo de reconocer que nosotros habíamos sido derrotados como peronistas, como generación, como todo…
“Porque otra de las diferencias que teníamos con estos compañeros, era que ellos no consideraban que habíamos sido derrotados; sino que simplemente era una retirada estratégica, pues ya vendría la contraofensiva después…
Y nosotros considerábamos que no, que efectivamente habíamos sido derrotados, que había que aprovechar el tiempo para recomponernos nosotros mismos.
Para tratar de volver un día al país y aportar algo, humildemente, sin subirnos a ningún caballo, sin considerarnos mejores ni peores que nadie, iguales a todos.
Reconociendo todo lo que ha sufrido y ha pasado la gente que quedó acá. Reconociendo cómo el proceso militar, las desapariciones golpearon, fundamentalmente a los trabajadores, a la gente que se quedó.
El pueblo no pudo exiliarse, el pueblo no pudo meterse en una embajada, el pueblo reconstituyó la vieja idea de la comunidad organizada.
Nosotros nos enterábamos allá del sistema de enganches y conexiones que se hacían para no pagar la luz cuando las tarifas eran muy altas; o el sistema de ollas populares, cocinar entre todos…
Son los viejos hábitos de nuestro pueblo, compartir la comida que hay, el mate cocido.”

 

SIN CONCLUSIONES AMARGAS

Este espíritu rebelde, tantas veces visto como un Robin Hood inalcanzable, dedicó su tiempo restante de vida a fomentar proyectos culturales y audiovisuales. Así, dio rienda suelta a todas sus obsesiones planificadas en el exilio. Volvió con las valijas llenas de proyectos, de encuentros con jóvenes en los barrios, en las universidades, en actos públicos. Siempre decía que para luchar no hacía falta leer ningún manual, que la revolución se hacía con el sentimiento de la injusticia ajena como propia. No dividía a las personas según su ideología, sino, simplemente, en buenas o malas personas.

Envar Cacho El Kadri hace veinte años no está entre nosotros, nos queda su palabra, sus reflexiones, sus recuerdos de aquél exilio de ocho años sin conclusiones amargas. Nos quedan sus persistencias ideológicas. Muchas de ellas cristalizadas por quienes tal vez no lo conocieron pero que, sin saberlo, militaron sus mismas obsesiones de Memoria, Verdad y Justicia.

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EL UNIVERSO EN UNA GOTA

Los exilios: Sobre “Una presencia demasiado viva todavía en esta nada”, primera nouvelle de Miguel Ángel Lell.

Por Josefina Bravo.

 

FUERA DE FOCO

Ciudad de Santa Rosa, provincia de La Pampa. Es verano o invierno y hace un calor o un frío que raja la tierra. En una esquina de la Terminal hay una chica en ojotas o un chico en zapatillas. Qué importa. Los personajes de “Una presencia demasiado viva todavía en esta nada”, aparecen y pierden nitidez, quedan fuera de foco. Cada uno de ellos pudo haber sido otro.

Tal vez hubo una chica y también un chico. Y un bar en la esquina, de donde sale una pareja: “Ella tiene el pelo rubio y él es pelado. Quizá no, la oscuridad de la noche que está cerrada como nunca no deja ver colores de pelo, ni pelo siquiera ni si tienen puesto una remera de All Boys o de Argentino Juniors”(1). Lo importante es que el chico o la chica, desde esa esquina -en un barrio de una nitidez insoportable, de casas iguales, donde nunca pasa nada- ve caminar a un sospechoso y lo sigue. Y se convierte en testigo de un asesinato.

 

ADEMÁS, OLGA

Además, desde esa esquina donde está la Terminal de Ómnibus, sale un colectivo hacia Buenos Aires. Allí viaja un hombre solo, cuyo nombre y profesión no sabemos. El hombre en cuestión despierta en medio de la noche porque siente el aroma de una mujer desconocida. La mujer en cuestión duerme sobre su hombro. Y es nítida, extremadamente nítida: “Una mujer que tenía los ojos grandes y oscuros que se los resaltaban los lentes gruesos que siempre llevaba puestos. Su voz era ronca, pesada, pero tenía cierta melodía, una melodía insoportablemente parsimoniosa”(1).  Sus ojos, su olor, su voz son nítidos. Es, definitivamente, el personaje más consistente de la nouvelle. Y su descripción cuadra con la de Olga Orozco, o mejor, con su alter ego “Lía”, nombre con que ella solía escribirse en los relatos.Y el intertexto no se priva de su escritura ni de su poética.

 

IDENTIDAD MÚLTIPLE

A través de un narrador omnisciente los personajes desarrollan su voz.  Es decir, el narrador va y viene, entre voces. La prosa se vuelve una posta de diálogos y monólogos: “La pareja paga la cuenta, tienen dos café con leche y cuatro medialunas son msmsmbmásdoce treinta y cinco pesos chicos ahí tenés gracias vuelvan cuando quieran más vale que se apuren porque dicen que viene tormenta fuerte y acá cuando llueve llueve ok gracias no nos molesta mojarnos quedáte con el vuelto”(1). En otros casos, el mismo narrador deviene personaje. Pero cada comienzo de una nueva voz empieza con una frase de identidad múltiple, de identidad dudosa, frase que dice uno pero podría haber dicho otro.

Una situación puede mantenerse narrada sin el personaje que inicialmente la protagonizaba. O puede permanecer el personaje pero cambiar el lugar del hecho, la estación del año o el momento del día: “Un hombre está sentado en su escritorio junto a una ventana. Puede ser una mujer también. Puede ser no un escritorio sino otra cosa. Puede también estar abierta la ventana para que corra un poco de aire”(1).

"Yellow Moon" de Simon Boyd. Óleo sobre lienzo 2018.
“Yellow Moon” de Simon Boyd. Óleo sobre lienzo 2018.

Toda palabra, todo hecho vale para varios. Se hace evidente una poética filiada con la de Olga Orozco, “cada historia sucede en todas partes”(2), dice un poema de la toayense. Y Miguel Lell arremete, “cuerps que visten cualquier ropa cuerpos que pueden ser de cualquier nombre”(1). ¿Cuál es en definitiva la identidad real de cada sujeto? ¿Quién es yo si al momento de decirlo devine en una nueva persona?

No es azaroso que el personaje más nítido de la nouvelle sea el alter ego de Orozco, quien tanto en su trabajo periodístico como en su escritura asumió una gran diversidad de nombres. Y, además, desde su poética siempre aludió a la identidad múltiple: “Desde adentro de todos no hay más que una morada bajo un friso de máscaras; desde adentro de todos hay una sola efigie que fue inscrita en el revés del alma”(2).

 

OTROS MUNDOS

En ese viaje desde Santa Rosa hacia Buenos Aires, Lía y el hombre anónimo despliegan realidades dobles, dimensiones múltiples. Y no sólo a través de la narración de sueños, donde alguien se ve desde arriba como si fuera otro o alguien es perseguido a través de un bosque y se tranquiliza en el propio sueño al reconocerse como sujeto onírico. Sino también a través de la escritura de un diario íntimo, donde la Lía adulta le escribe a una Lía niña del futuro. Y por qué no, en la conversión del narrador en una gota de transpiración sobre la cara envejecida del hombre del colectivo, que a su vez resulta ser Lía encarnada en esa gota: “Sé que sabrás que soy yo la que te recorro lentamente por tu frente arrugada tu frente y la curva de tu cráneo y recorro tu rostro rumbo a tus cejas blancas y giro y caigo ahora por encima de tu párpado cerrado y aquí me quedo un segundo para contarte que estoy acá que te des cuenta viejo achacoso que ésta soy yo soy Lía soy Claudia soy una sandía soy la quieras que sea (…) pero ni loca me desprendo de tu cuerpo esta vez”(1).

Lell plantea la multidimensionalidad de los devenires, la eternidad del instante plural y, al mismo tiempo, su fragilidad, la temporalidad a la que nos fuerza la muerte. Y, sin embargo, la posibilidad de desafiarla a través del sueño, la escritura, la presencia constante e innegable de los ausentes, entre otros. Así lo dice una de las voces de la nouvelle: “invento, realidad, ficción, sueño, cuál es la diferencia”(1).

"Purlie" de Simon Boyd. Acrílico y pasteles sobre papel, 2017.
“Purlie” de Simon Boyd. Acrílico y pasteles sobre papel, 2017.

 

IN-FINITUD

Al fin y al cabo, ni el asesinato, ni el enredo de voces, ni el encuentro de Lía y el hombre misterioso, ni el romance corto e intenso que viven, ni los sueños ni los miedos que tienen, ni la muerte de uno de ellos, ni la reencarnación importan: “Demasiadas muertes, demasiado nihilismo, demasiados hechos que no sucedieron siquiera”(1), escribe Lell. Porque todo argumento es una excusa para explorar el lenguaje y su realidad pararela. Una excusa para demorar el tiempo en instantes de eternidad, en intensidades que detienen la cronología dentro del transcurrir de los días: “como si no pudiera ya detenerse a observar porque todo pasa tan rápido tan tan rápido que la noción de lo que se hace se pierde y se pierde la conciencia de estar vivos de estar presentes en este instante en este segundo en esta frase en esta palabra”(1).

Todo es una excusa para liberar al yo de su siempre ser idéntico a sí mismo y ser parte de algo mucho mayor: “ver la oscuridad incesante de la noche y sus pequeñas pecas brillosas desparramadas en todo su esplendor y ver y percibir y llegar a sentir en un momento en el momento de máxima percepción de los sentidos en el momento justo en que tu voz se apaga de una vez y solo quedan los sentidos y sentir que todo gira el pasto de la plaza el agua de la fuente la flor en el piso las hojas de las acaricias todo absolutamente todo se está moviendo constantemente y poder percibirlo en esa inmovilidad de estar recostado en el pasto en esa demora en ese instante eterno que deja lugar sólo a la percepción a la exacerbación de los sentidos a la ausencia de pensamiento a la ausencia total de significados. La ausencia de yo”(1).

"Norther Star", de Simon Boyd. Acrílicos y pasteles sobre papel, 2017.
“Norther Star”, de Simon Boyd. Acrílicos y pasteles sobre papel, 2017.

 

DESAPARECERSE

Cae la gota de transpiración desde los rostros y desde las latas de cerveza y de Coca-Cola. Caen al piso los muertos y los personajes de un sueño. Caen al vacío o a un espiral otros personajes del mismo sueño. Gotea incesablemente una heladera y hay una gotera adentro de una casa. Cae la lluvia y cae un rayo. Y cada recurrencia de la caída se desprende de algo más grande que lo observa caer desde arriba. En un sueño “una mano emerge desde la arena sube sube y sube”(1), nace como si fuera una planta. De repente, otra mano llega desde lo alto y le arranca un dedo a quien nacía desde la arena. La mano lastimada sacude el dolor y se aquieta, pero enseguida vuelve a moverse y un dedo nuevo rebrota. En otro escenario, nace otra mano de la arena y llega una mano desde el cielo y la acaricia. Entonces, la mano de la arena agarra a la del cielo, se hunde y se lleva consigo aquello que asía, así las dos desaparecen en la arena. Mucho después, el texto retoma: “La mano que se llevó la otra mano debajo de la arena y con ella a la persona que tenía su mano pegada eran las dos la misma mano. La persona que estaba desde arriba acariciando las yemas de los dedos de la mano que estaba naciendo desde la arena era la misma persona que estaba naciendo desde la arena (…) ¿Y dónde están ahora? ¿y dónde estarán después? Cuando su mano deje de luchar contra su propia mano”(1).

La disolución de yo a la que alude Lell obliga a entender que también somos otro. Todos somos parte de esa totalidad y conformamos juntos un mismo cuerpo. Somos lo que cae, lo que mira desde arriba y lo que está abajo.

"Stratosphere", de Simon Boyd. Acrílico y pasteles sobre papel, 2017.
“Stratosphere”, de Simon Boyd. Acrílico y pasteles sobre papel, 2017.

La Lía del diario íntimo cuida sus palabras, mientras piensa en la Lía futura, la Lía niña que puede leer esas páginas. Hay una poética del cuidado del otro: quien daña a otro, se daña a sí mismo. En ese sentido, exiliarse de sí te vuelve un ser más empático: “Dejar de buscarte. Aprender a que no regreses. Desaprenderte para que no invadas espacios que no te corresponden. Lugares a donde nadie te ha llamado. Vienes solo porque vienes, porque está en tu naturaleza. Aprender a acallarte. Chau yo”(1).

 

DE UMBRALES POSIBLES

En varias oportunidades, la nouvelle apela a la idea de que un pequeño cambio, una leve inversión en la mirada, por más insignificante que parezca, puede modificar el rumbo de una porción de realidad más grande que uno mismo. El punto es poder cruzar el umbral, que puede aparecer como una puerta literal, como una frase que intermedia de una voz hacia otra o el momento donde un personaje “realiza una imprevista variante que todo lo cambia”(1). El umbral plantea un antes y un después. Es el momento del clic, donde hay una revelación. Y, en correspondencia con ese optimismo, el narrador asevera: “sólo una sensación vence al olvido”(1). Por eso la insistencia en demorar el tiempo en las palabras, de crear sensaciones a partir de la experimentación con el lenguaje. Experiencia apropiada, tal vez, del santarroseño Bustriazo Ortiz, a quien Lell rinde homenaje a través de intertextos y de gloriosas exploraciones sobre las posibilidades de la lengua.

Sin dudas, “Una presencia demasiado viva todavía en esta nada” es una nouvelle que enriquece el acervo cultural pampeano y, en consecuencia, el argentino. Miguel Ángel Lell también editó un libro de poemas visuales con el título “Insignificantes” y promete publicar la nouvelle antes de fin de año. ¡Atentos, lectores!

 

(1) Citas de “Una presencia demasiado viva todavía en esta nada” de Miguel Ángel Lell.

(2) Citas de poemas de Olga Orozco.

*Simon Boyd (1978) estudió Bellas Artes en la universidad de Middlesex, Londres (1997-2001). Después de su graduación continuó desarrollando su pintura mientras trabajaba como diseñador gráfico de DVD en su propia empresa en Londres. Simon reside en Argentina desde el 2007 donde sigue realizando su pasión de pintar. Sus exhibiciones recientes incluyen: Parallax Art Fair – Londres, Octubre 2018; ‘Enlaces’ – EKA & MOOR Gallery, Madrid, Marzo 2018; Central Street Gallery – Londres, Enero 2018; GESTA – Fundación ICBC, ‘Twist’ Galería de Arte, Buenos Aires, Diciembre 2017; ‘Canto de Polvo’ – Centro Municipal de Cultura, Santa Rosa, 2017; Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Argentina, Buenos Aires, 2016; ‘Mirá’ Feria de Arte, Buenos Aires, 2016, Buenos Aires 2014 y ‘The Jousters Banquet’, British Arts Centre, Buenos Aires, 2009.




LA INCONTROLABLE SERPIENTE

Los exilios: sobre los mayas y su cultura

Por Héctor Lontrato

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UN OSO EN PLENO ENSAYO

Me aventuro hacia el fango de la incertidumbre en un intento por zurcir algunas historias. Inasibles agujas del tiempo, a veces reparadoras. Otras, dañinas ¿Destino? ¿Devenir? Arrojado al abismo, desespero por el control. Y no puedo, prevalece el caos. El tiempo se escurre y todo se hace cuesta arriba. Las palabras se pelean, se raspan, se eliminan. Hojas y pantallas manchadas de frases dispersas, inconexas. Goma de borrar, delete, deshacer, rehacer. Las agujas del tiempo lo manejan todo.

El avión está por despegar y pienso en cuánto me cuesta escribir desde hace meses. Le esquivé el bulto al tema del “cuerpo” y ahora solo queda ensayar una nueva gambeta o entrarle al “exilio”. Me recrimino no haber puesto en palabras todo este reciente baldón de una enfermedad que me marcó en la adolescencia y que se recicla ya en las puertas de la tercera edad. Incluso, en un texto por ahí guardado, traté de describir qué sentía: “El pecho se me cerraba, habitado por un oso en pleno ensayo dispuesto a ver si aguantaba su peso o me moría. Rojo de asma por la falta de aire, la bronca secaba mi garganta y empezaba ese silbido de mierda. Cada respiración era una pulseada. Palabras sin salida. Buscaba un lugar para estar sólo y putear, casi siempre, en la cocina con la tele prendida”.
Bueno, no era momento de hablar de eso. Quizá, cuando nos ocupemos del “aire” o de “la inspiración”… Tal vez ya sea tiempo de retomar terapia.

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COLUMBO MAYA

Volvamos al avión, con destino a México, para mayores precisiones. Una película liviana surfea turbulencias contundentes sobre la Cordillera de los Andes. Con similares altibajos, me había aferrado antes a Alejandra Pizarnik y a sus poemas.
Playa del Carmen no era para mí sólo un destino de sol y mar, sino la celebración del desexilio de una de mis sobrinas, la oportunidad para hablar sin urgencias, más allá de formar parte de un numeroso grupo familiar. Así que allá fuimos, a sacarle provecho al Caribe, a sus arenas blancas con temperaturas de más de 30 grados.

Elegimos no contratar excursiones de antemano y nos sumergimos en el excitante, aunque a veces incómodo y molesto, tobogán del regateo. Así, por azar, conocimos a Alex, nuestro guía en la excursión a Tulum, una de las ruinas de la Riviera maya. Bajito, acorde al promedio de altura de sus ancestros, Alex es el fruto de la unión de una mujer originaria y un inglés. Enamorado de su cultura, encubre a un investigador y a un biólogo debajo de su disfraz de simple agente turístico.

“Les tengo que decir la verdad o lo que más se aproxima a ella”– decía con desafiante humildad – “Los mayas no desaparecieron como cultura sólo por el salvajismo de los españoles, sino por la guerra de castas. Parece que los de más abajo, los campesinos, se cansaron de vivir siempre igual y de llevar el peso de todas las malas situaciones.”

Alex reúne a un grupo de no más de diez personas y habla con tono suave, tal vez, para no alertar a colegas sobre el contraste de su relato con los folletines de las empresas de turismo. Me recuerda a Columbo, el detective de la serie televisiva de fines de los ’60, que hacía un culto de la pausa y usaba el silencio como estrategia para desentrañar crímenes. Con su gabardina vieja y sucia, avanzaba unos pasos y luego retrocedía. Justo en ese momento, soltaba una pregunta o un comentario filoso a su eventual interlocutor.
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TODOS LOS FUEGOS

Sólo vemos pirámides a las que no se puede acceder, toneladas de piedra abrazadas durante siglos por la espesa selva tropical. La serpiente se enseñorea, se desplaza de templo en templo, entre deidades y simples mortales y proyecta su luz y su sombra, fertilidad y sequía.

“Durante miles de años – cuenta Alex –, los mayas acumularon un conocimiento sobre la astronomía, que situaba a gobernantes y científicos en el lugar de semidioses. Pero los españoles no toleraron esa veneración a la serpiente y quemaron cerca de 3.000 códices.”
Encarnación de Lucifer, para los conquistadores hispánicos, la serpiente debía ser erradicada de entre las adoraciones mayas. Nada debía dar cuenta de ella, que- sigilosa- surcaba el mundo y el inframundo, como dueña de las entrañas del universo. Nunca supo de grises, se le endilgó todo lo negativo, lo perverso, lo siniestro. Ligada a la trampa y a las maquinaciones diabólicas en el imaginario bíblico y popular, hasta se le adjudica haberle quitado a Gilgamesh, el héroe sumerio, el elixir de la juventud eterna.
Serpentarias luces y sombras se esparcieron más allá de la voluntad del conquistador, entre impotentes espadas que cortaban una y otra vez lo que luego volvería a cobrar vida. Y, aun así, las veneradas partes, lejos de desaparecer, se transforman: historias suspendidas, partículas del tiempo. Un repliegue para protegerse de la incomprensión, para dar la clara señal de la eterna presencia del deseo del sol, del agua, del viento y del abrigo de la tierra.

Y, mientras más persecución y más violencia, la serpiente cambia de piel, se acicala en delicados roces. Espera, paciente, con milenarias certezas. Sabe de las urgencias colonizadoras, de su poder de destrucción, pero confía aun más en la fuerza de las presentes ausencias.

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INDOMABLE

Así las cosas y los fuegos, sólo tres libros acompañaron el exilio de la cultura maya en su propio territorio. Todo se cubrió de hispanidad, sin espacio para nada más, como en los manglares. La fe en lo desconocido, en lo indomable, que se impone a fuerza de acero y fuego.

Alex le dedica pocas frases a los españoles. Sus ojos se iluminan con el sol, que pasa por los orificios estratégicamente ubicados en los templos. Los verdaderos ojos de los mayas, anticipadores de ciclos de lluvia, sequías, fertilidad y buenaventura. Una manera de ver el mundo que trataba de entender, no de modificar. Un modo de aceptar lo incontrolable: las limitaciones humanas y la fuerza indetenible del azar y de todas las combinaciones posibles que determinan el universo.

Yo, en cambio, lo quiero controlar todo. Aunque diga que me entrego al devenir ¡Minga! Siempre trato de buscarle un sentido a lo que sucede, de anticiparme sin los conocimientos de los mayas.

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LA PARTE Y EL TODO

La reseña histórica estándar de los mayas tiene al juego de pelota como uno de sus puntales. La credulidad media del turista desafía los límites de la fe ¿Cuán verosímil puede resultar que, sin el uso de manos ni piernas, los jugadores pudieran introducir el esférico – con su hombro, su codo o su cadera- en un angosto aro a gran altura?

Alex duda de esa lectura for export y lo transmite como en secreto mientras, a escasos metros, otro guía recita a viva voz la teoría del juego y hasta detalla cuánto duraban los partidos y el destino de los atletas, a modo de ofrenda a los dioses.

Después de todo, ¿qué es el juego si no un rito, el despliegue serpenteante de lo simbólico, con el fin de entregar lo más preciado a su dios? Para el relato oficial, esa ofrenda era la cabeza. Nuestro guía estaba convencido de que no siempre se trataba de quitarse la vida, también existía la posibilidad de ofrecer partes de su cuerpo: una mano, un brazo, su miembro viril.

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EL AURA

De Playa del Carmen al aeropuerto de Cancún, lo maya se desgrana en la capa asfáltica, se disuelve en manchones de nafta y se encandila con las luces de las marquesinas. Hay que salir de la ruta y entrarle a machete limpio por los manglares.

En la búsqueda de palabras, de jeroglíficos, de glotales sonidos que teletransportan a miles de años atrás, antes de la fe cristiana y de la inquisición, recuerdo la belleza de las artesanías en obsidiana y a aquel chamán que activaba su poder energético a cambio de un aporte voluntario recibido por su asistente, a quien observé – en sus ratos libres- concentrado en la lectura del diario local.

Un exilio profundo sumerge a la cultura maya detrás de las caracterizaciones, de rituales con toques de Holywood, escenarios montados para el turismo que recubren tradiciones con la pintura sintética de la modernidad, como esas puertas de roble tapadas con blanco o gris, para ocultar lo que se percibe antiguo.

Las agujas del tiempo han tejido una espesa telaraña sobre casi todo pero, sin tener presente, el optimista reptar de la serpiente y su capacidad para filtrarse sobre y bajo la tierra. Un alivio, amarga esperanza de un pueblo asfixiado por un sistema que no deja de inyectarle cosméticos, de maquillarla “a lo occidental”. Porque, al igual que a este cronista, a los mayas les falta el aire, recuperar esencias y desechar las leyes del mercado. Entre ellas, la reproductibilidad técnica que, en palabras de Walter Benjamin, tiene un efecto inexorable: la pérdida del aura.




JUANA

Los exilios: sobre una historia toda al medio.

Por María Calvete y Ramiro Gallardo.

Fotografías: Tomás García Puente.

Y es la pregunta del extranjero -de la extranjera. Esas lágrimas ¿quién las ha visto alguna vez?”

“La hospitalidad”, Jacques Derrida.

Dos días antes de la entrevista, Juana nos envió un audio por watsapp: Hola, buen día. Estuve pensando de lo que vamos a escribir. Creo que mi historia no… yo… para mí no está tan cerrada, recién empiezo el estudio bíblico, estoy en segundo año, y mi casa no está terminada taaan bien. O sea, creo que está todo al medio. Algunas cosas  no… Tal vez más para allá me gustaría hacerla, pero parece que estoy toda al medio. Me di cuenta de eso… A mí me gustaría esperar, qué sé yo, tres cinco años, para hacerla, porque siempre una historia termina con un final más o menos tranquilo,… Pensalo vos, eh… Bueno, si quieres sacar fotos a mi casa la puedes sacar, no hay problema. Bueno, eso te quería decir. Después me escribís. Chau, un beso.

Juana Guanto nació en La Paz, en el Alto, en 1968. Vino a Buenos Aires con 16 años. Vive en su casa de Villa Lugano. Trabaja como empleada doméstica. Tiene un hijo que se llama Jonathan.

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UNA HISTORIA AL MEDIO

¿Por qué viniste a la Argentina?

Yo había quedado sin mi padre, mis padres no estaban juntos. Mi madre se embarazó muy joven y no la aceptaban los padres de mi padre. Me crié sola con la abuela, y con mi madre. Después, mi madre se hizo de pareja, se casó con uno nuevo que era muy maltratador. Yo quería huir de ese plano. Entonces, conocí a una señora que venía acá y necesitaba a una chica para cuidar a un niño. Me agarré a eso para salir de la situación, pero finalmente mi mamá se viene, se vienen los dos. Fue una liberación. Me quedé con mi hermanita muy chica, de nueve años. A mi padre no lo veía. Vivía. Después sí lo vi, cuando se vino mi mamá. Charlamos, todo eso, pero…

¿Estaba tu abuela también?

No, ya había fallecido hacía tres años. En la casa de mi abuela no había nadie, estábamos nosotras dos. Yo y mi hermanita, Irene.

La historia de Juana es parecida a la de muchos inmigrantes y también a ninguna. Una epopeya garabateada.

“¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?
En los libros aparecen los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió siempre a construir? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los constructores?
¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue terminada la Muralla 
China?[1]

¿Cómo hacías para cuidar a Irene?, ¿trabajabas?

Trabajaba.

¿Irene se quedaba sola?

Le dejaba sola, o iba a la escuela.

¿Tu papá se conectó con vos?

Sí, pero tenía hecha otra familia. Igual, tuvimos diálogoEn un momento decidí mandarla a Irene acá. Porque me di cuenta, a los días que pasaban, que el asunto de asumir una nena no era tan sencillo. Cuidarla, tratarla, llevarla al médico, todo eso. Así que la mandé, y acá Carmen la recibió.

¿Cuánto tiempo pasó hasta que la mandaste a la Argentina?

Un año.

Hiciste de madre durante un año.

Sí. No había otra salida, porque no teníamos nadie.

Una vez que se fue Irene, ¿cuánto tiempo más te quedaste?

Me quedé un año más. Después, volvió Irene y contó que era lindo, y yo vine a ver. Yo vine a ver, no a quedarme. Y me gustó. Me quedé para tres meses, me quedé para seis meses, me quedé para un año… y hasta hoy.

¿Por qué regresó Irene a La Paz?

Había vuelto para quedarse, y yo dije que no. No. Ya entonces me había dado cuenta de que la madre tenía que ser responsable de la niña, yo no. Entonces traté de acompañarla hasta acá, y fue así que me quedé.

 

DESTIERRO

¿Qué te gustó de la Argentina?

Me gustó el trabajo en realidad.

¿Y la ciudad?                                                          

Sí. La gente era muy cálida y vi que acá se podía preparar un poco más. Como para estudiar. Había posibilidades de salida de laburo también, había… cómo se llama… textil. Yo trabajé con los coreanos unos años, y así fueron pasando los años y dejé cuando tuve a mi niño. Y volví a trabajar en casas de familia. El primer trabajo que tuve cuando vine a la Argentina fue en casa de familia, con la mamá de Ramiro.

Destierro. Estar en suspenso. Ser es estar, si no estás no sos. Construir una casa desde cero.

En Bolivia, ¿cómo estaba la situación en ese momento?

Era dura. Hoy hay tantas atenciones como acá… pero antes no había. Había niños que trabajaban desde los siete años. Yo no pude estudiar porque tenía que cuidar a mi hermanita. Dejé a los 10 años y nunca más, y empecé a trabajar hasta ahora.

Acá encontraste posibilidades, formaste una vida nueva. ¿Qué dejaste allá?

Extraño. Como toda persona, su país. La gente que dejé. Cuando volví, yo ya no estaba en los planes de ellos. También inmigraron algunos parientes. Fue así: tengo mi familia acá, y sigo para adelante.

¿Dejaste amigos?

Ah, sí. Dejé el novio (risas). Estuve en contacto, si no me equivoco, 9 años. Volví, lo charlamos y la situación no daba más. Yo tenía a mi familia acá, él tenía el trabajo allá, tenía un trabajo seguro. No quería que lo perdiera. Así que dejé. Yo ya tenía a mi chico

¿Alguna vez él te dijo que fueras para allá?

Sí. Pero yo también tenía a la gente instalada acá, la nueva amistad, todo eso. Mi hermana que estaba acá, mi madre… Y bueno, quedé acá.

Construir un lugar propio en otro lugar.

¿Imaginaste volver alguna vez?

No. Hoy ya no tengo planes. Porque yo asisto a la Iglesia Evangélica y vivo día a día. Planes ya no hago, uno hace planes y no salen tal como quieres.

Juana 03

 

MISIONERA

¿Cómo llegaste a la Iglesia?

Hace cinco años. Llegué una vez que había una prédica en la calle. Yo estaba pasando un mal momento, ¡tan mal! Pero Dios te busca de alguna manera. Encontré un refugio ahí y me siento feliz. Me contienen. La verdad, me siento más que en mi casa.

¿También te estás formando?

Sí, como misionera.

Misionera… ¿qué significa?

Llevar la palabra de Dios, ir a donde los más necesitados, escuchar a la otra persona, acompañarlo en sus circunstancias… eso. Eso me motiva más. Los sábados voy a cocinar para los jóvenes, a la iglesia. Para los chicos que hacen reuniones, planificaciones.

Para vos la iglesia fue encontrar un nuevo universo, no es solamente creer en Dios…

No, es prepararse… hay chicas que se están preparando para maestra jardinera, los que no han terminado la primaria terminaron acá. Y los que no han terminado la secundaria también terminaron, y se recibieron de enfermería, optaron por la medicina y hoy trabajan.

 

EXILIO

¿Pensás que sos exiliada?

No.

¿Qué idea tenes sobre el exilio?

No… No entiendo eso. Perdón.

Pensamos una entrevista sobre el exilio. Juana no sabe qué es el exilio.

Exiliado es alguien que se va de su país obligado por determinadas circunstancias.

Vine acá impulsada por la situación económica, pero de la familia también. Las dos cosas. Era un momento económico crítico también.

Todo exilio es político.

¿Te costó venir?

Sí, sí. Era una ciudad grande, Bolivia no es tan grande. Donde yo vivía era más chico, acá la gente vivía más acelerada. Me costó un poco.

¿Te generaba angustia?

Sí, un poco de angustia, porque extrañaba a mi gente. Realmente, sí.

¿Cuánto tiempo pasó hasta que volviste a Bolivia?

Dos años.

¿Hay algo en especial que te gustara de allá?

La casa de mi abuela. La de mi abuela querida, fue mi hogar, mi patria. Hubiera hecho de ella un lugar para vivir…

Hay ritos, celebraciones, diferentes… ¿Celebrás la Pacha Mama?

Celebraba. Allá sí, porque era una costumbre, yo veía de que era normal, pero hoy ya no.

¿Por qué dejaste esas creencias de lado?

Es una creencia pagana. Yo lo veo así.

 

JONATHAN

¿Seguís hablando aymara?

Sí. Y a mi hijo le hablo. Alguna vez yo pienso que va a ir allá y la va a tener que usar.

¿Habla bien?

Entiende. No habla perfecto, pero sabe.

¿Con la gente de tu comunidad hablan en aymara?

Sí.

¿Querés contarnos algo de tu hijo?

Está estudiando. Tengo que apoyarlo. En un momento se perdía, quería ser arquitecto sí o sí. Cuando entró a la secundaria, hizo la técnica y después dijo que iba a darse un año sabático. Y bueno, se lo dio, porque nunca repitió. Entonces lo contrataron los arquitectos, en un trabajo grande, y en un momento dijo “no voy a estudiar porque yo tengo mi obra social, y voy a seguir ahí”. Y dejó dos años. Y bueno, la empresa quebró con el gobierno este, ¿vio? Así que quedó sin laburo, tuvo que retomar. Ahora está estudiando…Los dos primeros años no pudo entrar y el tercer año sí, entró. Al profesorado de educación física, del Estado. Entró entre los cincuenta primeros.

¿Está trabajando?

No, no está trabajando. Algunas veces, los domingos va a hacer una changarina, sí. Pero en estas fechas no, porque justo está rindiendo los exámenes, está en eso.

 

BOLIVIA

Dejar tu ciudad te habrá costado.

Me dolió dejar la casa de mi abuela. En un momento dije: ¿por qué en lo de mi abuela una casa, yo no me puse a hacer una casa esta? ¿Por qué, acá, la estoy haciendo?, me pregunté. Pero, bueno, se dieron las cosas así. Cuando tenía 16, decía que iba a hacer la casita ahí, pero en un momento mi madre también me había dicho que no era mía. Entonces dije, no es mío, es verdad, no es mío.

¿Y qué te gusta de Buenos Aires?

La gente amable. Eso me gusta.

Hace un rato dijiste que, al venir, veías oportunidades de trabajo, de estudio, que no había en Bolivia, aunque ahora sí. ¿Cómo ves la situación política actual, en Argentina y en Bolivia?

Y, está bueno. Yo estoy muy agradecida al Presidente de Bolivia, Evo Morales. Estando acá me eligieron para una mesa electoral para elecciones en Bolivia, ¡y me sentí tan bien! Eso no pasaba antes. Por primera vez pude votar, después tantos años que no había votado en mi país, porque vine muy joven, muy chica. Estoy muy agradecida a Evo Morales. Tantos políticos que hacen el mal y él veo que ha hecho varias cosas buenas. Allá no se podían preparar los jóvenes, no tenían esa posibilidad, ahora la tienen….Como líder indígena de Bolivia, sé a qué se parece la exclusión. Antes de 1952, a mi pueblo no se le permitía ni siquiera entrar en las principales plazas de las ciudades, y casi no había políticos en el Gobierno hasta finales de 1990.

¿Sigue viniendo gente? Los que están acá, ¿cómo los reciben?

Sigue viniendo gente, tanto no. Le damos una mano. Vino un chico, a un hijo boliviano, inmigró a España y, de España volvió a Bolivia y vino acá, donde no tenía a nadie. Yo lo encontré en la calle y me lo traje, porque había pasado muchas cosas malas. Los padres se separaron en España y él se fue a la droga. ¡Y estaba tan mal! Y con la palabra de Dios, cambió la manera de vivir. Trabajó en Once, en una fábrica textil, y ahora se fue a Brasil, tiene su familia. Estaba acá porque no tenía a nadie, a nadie. Y yo dije, bueno, yo siempre había dicho a Dios que si alguien va a venir, voy a dar la parte esta (señala el espacio de su casa). Entonces fue así, le di la parte esta y yo fui abajo.

Carmen vive adelante. Irene construyó al fondo, más allá de la huerta y el árbol de palta. La casa de Juana, en el medio del lote, es sólida y prolija. La construyó de cero. Le costó sudor, esfuerzo, años de trabajo. La hizo de dos plantas, para que su hijo viviese arriba cuando fuera mayor. Pero, al final, ella se quedó con la planta superior. Juana no necesita tanto espacio. Se arregla.

Toda una decisión la de traer a este chico a vivir a tu casa. ¿Cómo se lo tomó Jonathan?

Bien, porque yo siempre dije: la casa de arriba era de él, habíamos pensado eso originalmente. Pero después no, él estudia, trae… necesita la cocina… entonces yo dije: vivo en mi trabajo, yo no necesito tantas cosas.

¡Tuvo suerte este muchacho de encontrarse con vos en la calle!

No, fue muy amoroso el chico, fue amoroso. Fue a la iglesia… Él me contó las verdades, que no quería ver con vida al padre… le dejó en España, en esa época que pasó allá, tan mal… y durmió en la calle, en cartones, y tocó el fondo. Y se rehabilitó. Hoy por hoy, es un muchacho, de lo que dicen, no se puede creer. Y él siempre dice que uno tiene que poner voluntad para cambiar.

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TERMINAR MI HISTORIA

Tengo una pregunta más vinculada a tu mensaje del otro día, que proponía esperar para tener esta charla…

Juana nos cuenta su historia al medio. Es un deseo contar-nos su historia completa. Aunque tarde días, tres, cinco años. Quizá. Se trata de un tiempo, otro, por fuera de la inmediatez. Nos habla de su vida, de su porvenir.

Sí, con María un día lo hablábamos. Le digo: María, a mí me gustaría hacer mi historia. Pero viste, desde chica, cómo fue mi mamá… mi mamá fue adoptada, no tuvo a su padre de crianza, entonces desde ahí… Y que mi hijo se reciba en el profesorado. Y yo también, terminar el seminario, trabajando con chicas jóvenes que tienen el hijo y, hoy por hoy, viven en la iglesia. Cuando consiguen el laburo, van saliendo. Otros, a través del matrimonio. Es muy lindo que el pastor las ayude para llevar la familia adelante. Algunos tienen un negocio por el centro, todo eso les dan… cómo lo puedo decir: los preparan. Terminar mi historia, a eso me refería con el mensaje, que mi hijo se reciba y yo haya terminado el seminario. Esa fue la historia.

Me encanta tener esta charla, Juani, te conozco hace años. María es más charleta, te conoce más, pero yo soy más duro, así que… mirá qué lindo.

Escuchar la vida de otra persona.

 

[1] Fragmento de Preguntas de un obrero que lee, Bertolt Brecht.




MUÑECA DE ALFAJOR

Los exilios: sobre el abuso infantil.

Por Julieta Strasberg

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El primer exilio fue en verano.

¿Se podrá rezar de día durante el exilio?

-“Papá, si rezo de día, ¿Dios me escucha?-. Le pregunté una mañana en Merlo, San Luis, con la rodilla ensangrentada por la caída al bajar por aquel cerro.

-“Sí, claro”-, me dijo algo sorprendido y, al momento, lanzó un agudo “¿Por qué?” que no encontraría respuesta.

Claro, él no me había visto caer por la ladera y arrancarme la piel para embarrar la carne viva después de esa lluvia. Claro. Él no me vio. En realidad, él no me vio tampoco ese día. Y yo, siempre desesperada porque sus ojos encontraran los míos, ese día no quería. Al llegar, apuré el paso y escondí el dolor bajo la cama. La sábana blanca de aquel hotel pronto me cubría.

“Ya sé, me dije. Cierro los ojos fuerte, fuerte, me duermo y ya está”. El sueño no cura nada, como descubriría luego, en reiterados exilios. Creo que me delaté: le dije a mi papá que no quería la cena. O quizás fue la mancha de sangre que tiñó aquella sábana reveladora. Tenía miedo y no sabía cuál sería la solución. Seguro,

no era buena. Dudaba, como lo haría cualquier niña alejada de su mamá en las primeras vacaciones con el padre.  A veces, el precio del exilio se paga con un cepillo y mucha agua con jabón para limpiar las heridas, y no hay patadas que prevengan de tan cruel determinación. Algunas heridas -parece- pueden curarse con ese tratamiento. Otras llevan toda una vida y nunca se  limpian. Los hombres con bigotes pueden ser crueles.

 

Soledades, pintura sobre óleo
Soledades, pintura sobre óleo

 

El otro exilio fue en primavera.

¿Se podrá creer en Dios después del exilio?

Se sentó al pie de la cama de un salto, brusca y con fuerza, como para hacerse notar. Al afirmar su existencia me miró fijo y me preguntó:

-“¿Creés en Dios?”-. Lo dijo seria, mientras sostenía un alfajor de dulce de leche envuelto en papel brillante metalizado con las dos manos. Uno de esos sencillos pero gustosos, con una fina capa de azúcar impalpable para dejar rastros y no perderse. Se ve que tenía miedo de que no la encontraran. Ella, manos pequeñas y gorditas, nudillos imperceptibles y cachetes demasiado grandes para ver otra cosa, me miraba y desafiaba mis certezas.

-“Antes del exilio, sí.”-, pronta y segura contesté.

-“¿Vos no sos de acá?”- preguntó y se metió un bocado grande, inabarcable, como si hubiera tenido miedo que le quitaran aquel manjar en dos capas.

-“No creo, soy de otro momento, a lo mejor de uno de antes”-, respondí y volví a mi sueño.

muñecas

¿Se exiliarán las pesadillas después de la muerte?

 

laura williamsCuando desperté ya no estaba, ni ella ni nadie. Era un vacío absoluto y el lugar, infinito, lleno de escaleras suspendidas de transparentes estructuras y laberínticas disposiciones. El silencio total, tanto que sumergía todo en un frío doloroso. En eso, una imagen: una mujer -quizás mi madre- en silla de ruedas era empujada por un hombre vestido de ambo blanco -quizás un enfermero-. La mujer parecía no estar -tan solo cuerpo- y la ausencia de su presencia me angustiaba. Una congoja enorme me apretó el pecho y arrojó mi voz en el más profundo silencio. Todo blanco, luz inmensa e infinita. Entre llantos y gritos, desperté. Al menos, eso creía. Estaba en mi cuarto -otra vez, como en cada exilio-, lo sabía por las siluetas dibujadas en las cortinas con Blancanieves y los siete enanitos, pero no me sentía a salvo -lo sabía por los recuerdos recortados en el blanco de mi memoria-.

 

¿Se olvidará el dolor con bocados cocidos en culpa?

El gran exilio fue en noviembre, un día de lluvia. Sábado, para más precisión, y de mañana. El timbre de la puerta sonó fuerte y obró la astucia de un despertador. Sobresaltada, sin demasiado tiempo para terminar de vestirme, fui con mis medias blancas, mi bombacha rosa y la polera viejita, arrugada por dormir, a mirar a la puerta.

el intruso-“¿Está tu mamá?”, -preguntó con firmeza y apuró un -“Le traigo lo que compró”. Espiaba por la mirilla desde una curiosidad insuficiente para ver la sorpresa. ¿Sería un regalo de cumpleaños?

-“Son los manteles que me pidió”-, afirmó para mi desilusión.

-“Mamá no está y yo no puedo abrirle la puerta a extraños”-, dije segura y bien aleccionada, aunque no lo suficiente para prevenirme de mis ansias de acariciar esas texturas y saber el color de los manteles de regalo. Después de todo, a los 7 años, ya soy una nena grande -me dije- y me puedo cuidar sola, “y con un buen libro nunca te faltará un amigo”, como dijo mi papá al dedicarme esas alas de la mariposa con ansias de independizarme a volar.

-“Yo no soy un extraño”-, insistió, y describió a mi mamá como irrefutable prueba. Después, el gran exilio de mi niñez se jugó entre un segundo y una puerta, en medio de un pasillo oscuro y frío a pleno día.R8szoXADhZ4Y5Q6yP9ak_1082143063

-“Yo te voy a enseñar para cuando tengas novio”- decía y yo no podía dejar de mirar ese bigote oscuro y peludo sin preguntarme en qué momento acabaría el encuentro que ya me arrojaba del mundo al vacío. Pronto, pensaba. Quizás no lo suficiente. ¿Se podrá rezar de día durante el exilio? ¡Cierto que sí! Mi papá me prometió aquel día. Y otra vez caí, aunque esta vez más alto y más lejos, no como en esa montaña.

caida

-Papá, si rezo de día, ¿Dios me escucha?-. Me había dicho que sí, aquella vez. Esta, no sé. Él, mi papá, no escuchó mis rezos ni el despertador de aquel sábado de noviembre lluvioso y frío. Ya sé: cierro los ojos fuerte, fuerte, me duermo y ya está. El sueño no cura nada, como descubriría, luego, en reiterados exilios. ¿Creo en Dios? Quizás, pero estaba en mi cuarto -otra vez, habitándolo por primera vez en el exilio-, lo sabía por las siluetas dibujadas en las cortinas con Blancanieves y los siete enanitos. No estaba a salvo -lo sabía por los recuerdos de dolor, por el desgarro, por el olor profundo y nauseabundo que dejaría clavado para siempre en el blanco de mi memoria. Nunca más lo estaría. Al menos, eso creía. Pero hasta del más frío invierno se vuelve primavera y no hay exilio eterno salvo el que nos habita, y también ese muere algún día.

 

¿Cómo morir un poco, de repente y porque sí, para seguir viva?

Clavó sus ojos grandes en los míos y no los apartó más que para mirar extasiada ese alfajor excepcional. Extraño, cómo un poco de harina, leche y azúcar se pueden transformar en dos tapitas que, con un poco de dulce de leche en el medio, sirvan para pagar tanta culpa y tanto abandono. Una vez mi papá me miró -y eso que yo quería que me mire- y me preguntó:

Illusion-optique-femme-NB-“¿Sabés como se llama esto?”. Yo no sabía y mi curiosidad siempre dispuesta, ese día lluvioso de noviembre -el del gran exilio-, tampoco quería saber. Seguro que no me iba a gustar. Un rato más tarde, nos fuimos a la comisaría. No estábamos de paseo ni hacíamos nada en especial, hablamos con otro hombre, quien no tenía bigote ni tampoco olor a exilio. Después, a la salida, fuimos al quiosco. Mi papá apretaba fuerte la carterita debajo del brazo y caminaba con los pies abiertos, como un pato. Yo pensaba que si él caminaba así era porque así se caminaba, entonces, trataba de imitarlo. Ese día no quería imitarlo, no quería nada.

-“Agarrate lo que quieras”-, me dijo. Lo miré fuerte y fijamente, sorprendida y asustada. Observé alrededor y aclaré mis oídos para no equivocarme:

-¿Lo que quiera?-, pregunté como quien alarga las palabras para saborearlas. Su respuesta no quitó el sabor en mí de lo amargo, tampoco el olor. Por las dudas, elegí rápido el alfajor más brillante, el de dulce de leche. Entonces lo supe: esa palabra tenía que ser algo terrible y lo que me pasó fue muy grave. Mi papá me dio el alfajor pero no me miró. Creo que no volvió a mirarme en mucho tiempo. No me sentí a salvo, tampoco en mi cuarto y las siluetas recortadas contra las cortinas con Blancanieves y los siete enanitos también faltaban. Estaba en el exilio y este era tan grande como un mundo. Al menos, podía comer todos los alfajores que quisiera.

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Escultura ecológica, Lobo Marino hecho de alfajores Havanna, Marta Minujín

 

¿Se estará a salvo de nuevo después del exilio?

Se limpió con el puño de la polera un poco del rastro blanco dibujado por aquel tesoro de pecado en forma redonda. La niña tenía el pelo largo y lacio. Su cabeza redonda, perfecta, arrojada sobre el manjar con tanto esmero, provocó en mí un deseo enorme de acariciarla, pero no lo hice. Mi mano se apartó unos centímetros antes del encuentro, por miedo a asustarla. Salvo por el alfajor, todo lo demás parecía ponerla en alerta. Ella me miró: era un animalito abandonado, que apresuró esa masa dulce y lamió sus propias heridas. Después, todo siguió como al principio y siguió preguntándome con la curiosidad que solo un niño o un loco pueden demostrar.

-“¿Cuántos hijos tenés?”-.

-“Ninguno”-, le dije con naturalidad.

-“Sos vieja”-, me dijo con bronca y con algo de pena. Se limpió la boca contra las cortinas dibujadas con Blancanieves y los siete enanitos, estiró la mano como para tocar mi cabeza pero no lo hizo. Intuyó mi miedo y mi soledad lo suficiente para apiadarse y arrojarme lo que pensó sería un consuelo:

-“No importa, yo también soy vieja desde el exilio”-, y volvió a su faena de devorar cada bocado de ese alfajor cocido en la culpa.

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¿Se podrán borrar el olvido y el exilio con muchos recuerdos?

Una mañana lluviosa de noviembre, entre el frío y el vacío de una niñez apretujada para siempre, clavó sus ojos grandes en los míos y los apartó sólo para mirar por la ventana las siluetas de Blancanieves y los 7 enanitos dibujadas en la cortina de su habitación. ¿Se podrá  acaso perder el exilio al arañar los retazos deshilachados de un recuerdo del olor del pasto recién cortado en la quinta del abuelo en José C. Paz? ¿Cuánto verde se necesita para borrar el olor del exilio y el sudor de los hombres en el tren de regreso a la habitación de las cortinas de Blancanieves? ¿Cómo se puede captar la mirada de quien te arroja al exilio por la culpa y la paga con un alfajor? ¿Cuántos bocados son suficientes para volver al mundo y dejar el destierro o para escaparse definitivamente? ¿Bastará para sacarse el exilio con arrancarse a jirones las cortinas dibujadas con Blancanieves y los enanos?

CORTINA BLANCANIEVES

¿Cómo se mide el tiempo que habita un exilio eterno?

el tiempo laura williams

Agarró el canasto de mimbre cuadrado, lo empujó al piso y lo dio vuelta para sacar todos los juguetes. Al oso celeste de lazo rojo lo sentó al pie de la cama, allí donde comenzaban los flecos de la frazada de lana con ese escocés cuadrillé, que tanto le picaba a la noche. A la muñeca de pelo rubio, desnuda, la guardó de nuevo en la caja. Se giró y me miró, como quien justifica aquella acción con vergüenza:

bebote con agujerito

-“Es que Fiorella se resfría si sale desnuda”,- afirmó mientras tanteaba en el fondo de la canasta de mimbre para encontrar un cepillo y peinar a la muñeca de pelo de lana rosa. -“Yo cuando crezca voy a ser actriz y cantante”-, me dijo y siguió con su búsqueda en el depósito de mimbre de los juguetes, esta vez sacó una mamadera mágica que hacía desaparecer la leche. Agarró el bebote y le metió la mamadera en la boca con forma de agujerito. Mientras lo alimentaba, agregó:

-“Ahora no puedo ser, porque espero a mi papá. Pero ya vas a ver todo lo que voy a ser cuando vuelva…”-. Esa mañana me levanté de golpe, empapada en sudor -o quizás en mi propio llanto- y miré el reloj.

De golpe parecía haberse detenido hacía ya muchísimos años. Volví a mirar y era domingo en otoño: no más exilios ni caídas ni inviernos ni pesadillas de interminables y transparentes escaleras. Suspiré con alivio y sonreí. Volví a la cama, a seguir soñando de veras. Después de todo, no estábamos en noviembre ni olía a exilio, y afuera la lluvia había cesado. No creía en Dios, creía en mí y en el tiempo infinito que todo lo aleja.

CULTURA-VISUAL-Y-ARTÍSTICA-EN-LA-TRANSFORMACIÓN-DE-LA-EDUCACIÓN-02-INED21

¿Cómo será el exilio en primavera? Solo conozco de exilios invernales en pleno noviembre en un Buenos Aires antiguo y silencioso. A veces, la vida nos arroja del mapa sin movernos a ningún lugar. El exilio: esa insoportable ausencia de ya no ser con los nuestros en donde pertenecemos. Pero, ¿cómo saber quiénes son los nuestros o a dónde pertenecemos? ¿Cómo estar seguros que nuestro lugar de pertenencia no es exilio? Hay muchas formas de perdernos el presente en la bruma de un pasado. Persistente, el tiempo de lo que fue se aferra cruel en nuestra memoria y se encapricha en aquello que nos gustaría desterrar en un exilio infinito. Conozco una niña testigo de sucesivos exilios.