POEMA PARA LEERSE LEJOS

Reflexiones acerca de la miseria: sobre tres libros y un recital que se coló en esta nota.

Por Ramiro Gallardo.

Termino de leer “Las primas”, de Aurora Venturini, y la sensación de angustia mezclada con primavera trae a mi memoria aquel libro que escribió mi papá en 1952, tirado sobre una cama para pobres, rodeado de pobres, pobres tuberculosos moribundos, y que también terminé de leer hace unos días.

“Mis hijos van a leerme una vez muerto”, solía repetir mi viejo.

El tercer libro lo escribió un amigo y también está repleto de seres grotescos.

 

UN HILO MUY FINO O UNA RED DEMASIADO DÉBIL.

La protagonista del libro de Aurora Venturini se llama Yuna y es, probablemente, disléxica. Como el relato está escrito en primera persona y Yuna tiene serios problemas de lenguaje, a cada momento, recurre al diccionario. La rodean seres enfermos y deformes, personajes muy oscuros, no se salva nadie: si no acarrean alguna enfermedad o malformación, son monstruosos por dentro. Como ese profesor que, al principio, parece piola y termina por embarazar a la hermana deficiente, la adolescente con tres años de edad mental,  a quien no puede retener. No sé por qué Aurora habrá escrito esta novela, no la conozco, no leí reseñas o ninguna otra cosa de ella. Solo sé que, al llegar al final, se me ocurrió tejer una red, con hilos muy delgados,  entre su relato y dos libros más.

“Capacidades diferentes lo escribió un amigo, Sergio Zicovich Wilson, y también está repleto de desgraciados.  Por esa razón lo incluyo en esta trilogía. Pero, ¿cuál es el motivo de esta nota? ¿Escribir una reseña acerca de tres libros que, de alguna manera, se conectan? Por supuesto que no. Probablemente, se trate de una excusa para darme el gusto de cerrar con un poema de “Hombre caído. Un poema, una de las cosas más lindas que escribió mi viejo. También una de las más tristes. Cuando lo leí, finalmente, entendí qué es esto de la poesía. Toda mi infancia y adolescencia rodeado de escritores y nunca logré saber de qué se trataba. Hasta este libro. Hasta este poema.

Pero volvamos al libro de Sergio, que lamentablemente no está publicado. Un grupo de tullidos y seres  llenos de desdicha secuestra a la hija de un empresario de zona norte. La yunta de lisiados está compuesta por un ciego bíblico, un boxeador travesti sordomudo, un paralítico heavy metal, su ex novia renga y tuerta y una mogólica lazarillo o hija o amante del ciego. Los dirige un cana machista y golpeador, que termina culeado por el travelo. En la punta de la pirámidem un comisario cinéfilo que se cree vivísimo.

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Diario La Razón, 3 de junio de 2004.

Por supuesto, como en un buen policial, se cumple la regla de que algo sale mal, aunque en este relato disparatado prácticamente TODO sale mal. No hace falta que el bandido tropiece con el perrito justo cuando estaba por subir al avión y que salgan volando todos los dólares[1]. O que un integrante de la banda le regale un anillo robado a la prostituta que quiere seducir[2]. En esta novela todo se hace para el orto y, sin embargo, la trama avanza. La escena del secuestro, muy cinematográfica, es un desastre.  De cualquier forma, el paralítico logra llevarse a la pendeja:

“El auto no llegaba. No sabían que había quedado varado por el choque que habían oído. Apenas un roce, en realidad, pero una oportunidad para que los que manejaban se enfrascaran en una discusión tan inútil como interminable con sus autos bloqueando la calle. Algunas caras ya aparecían en las ventanas, curiosas por el jaleo que, ese anochecer, alteraba a una calle usualmente serena como un cementerio. Tras una breve vacilación, el Harley y Manuela cruzaron una mirada de acuerdo y, sin más, el paralítico se largó rodando calle abajo con Bernarda encima. La fuerte pendiente de la barranca lo hizo alcanzar velocidad inmediatamente. Manuela corrió a su lado hasta la esquina. Doblaron en direcciones opuestas y se alejaron.

El Harley -exultante por la velocidad que le regalaba un pobre remedo de su época de motoquero- frenaba, avanzaba y doblaba las esquinas en una rueda y, al mismo tiempo, hablaba por teléfono con Poli, explicándole la situación. Se pusieron de acuerdo y, unos minutos después, Poli los recogió a varias cuadras.”

La idea surgió de la mente retorcida de Sergio, pero contó con la siempre bien dispuesta colaboración de la realidad. Unas cuantas noticias del diario, como él mismo dice, lo “iluminaron”. Las dos que acá aparecen pueden verse reflejadas en los capítulos “La gran oportunidad de otro Charles Bronson” y en “Lo nuestro es el deporte”.

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Diario La Nación, viernes 6 de febrero de 2004.

 

PALO PANDOLFO EN EL CLUB TUCUMÁN, DE QUILMES

Mientras la red se iba tejiendo, con este texto a medio camino, se me ocurrió ir a un recital de Palo Pandolfo. Tocaba en Quilmes. De yapa, podía escuchar a  “Las Manos de Filipi”. Cuando salí del recital agarré el teléfono y grabé algunos audios, para no olvidar ciertos detalles. En ese momento ya sabía que Palo se había colado en esta nota.

La noche arrancó con un paralítico y terminó con una operación de hernia.

El recital estaba anunciado a las 22.30, fui con un amigo, Jorge. Como no confiábamos en la puntualidad de Palo, llegamos media hora tarde. Poca gente en la vereda, nos acercamos al tipo que cuidaba la entrada y nos dijo que todavía faltaba, estaban tocando “Peligrosos Gorriones”.  Opa, un continuado, pensé. Cruzamos hacia un kiosco y regresamos cerveza en mano. Por estas latitudes no hace falta ir a un bar si querés tomar una bebida con alcohol pasadas las 10 de la noche. Todavía se conservan algunas buenas costumbres (como decía el Flaco, “no todo tiempo pasado fue mejor”). Así que ahí estábamos, compartiendo la vereda junto a unas 7 u 8 personas que esperaban como nosotros. En eso llegó un pequeño tumulto de gente, decían figurar en una lista de diez invitados. Serían unos quince. Tras una breve discusión, el grupo se ordenó en fila india. A la cabeza, un viejo con muletas.

Lo de viejo es un decir, una especie de auto-salvataje: hasta ese momento, los jovatos éramos Jorge y yo. El resto, alta pendejada. La aparición de este tipo, de unos 50 y pico pirulos, nos ponía -o eso pretendimos- del lado del divino tesoro.

El viejo, muleta en mano, al frente de la fila de la lista de invitados. Por supuesto, lo dejaron pasar: no se niega la entrada a un viejo con muletas que dice estar en una lista. El salón estaba en un segundo piso por escalera, eso lo supe después. Y, mientras subía, pensaba en  cuánto le habría costado al viejo llegar. Pero volvamos a la vereda y a la fila. Entró un fotógrafo. De la lista, quedaban ocho. Uno, un pibe alto, grandote, con gorrita al mejor estilo wachiturro, recibió de una piba una lata de cerveza a medio empezar: no voy a llegar a tomarla, le dijo. El pibe, que también tenía su propia lata, apuró el trago. No se permite el ingreso con bebidas alcohólicas. Pero, como no llegó a liquidarlas, se nos acercó y, adelantando ambos brazos, ofreció las latas a medio empezar. Re llenas y bien frías. Un pibe agarró al toque y otro, a mi lado, aceptó la segunda. Pero, cuando ya la rozaba el grandote, se arrepintió y se la sacó. Perdón: esta, mejor para mi viejo. Besó la lata y arrojó el contenido a la cuneta. Mientras la cerveza resbalaba hacia un sumidero, el pibe se santiguó y miró hacia el cielo. Para vos, viejo.

Ya adentro, descubrí que la cosa arrancaba con una tercera banda, local: “Los Pacientes”. Un viejo canchero bailaba con un trago en una mano y un teléfono en la otra. Estaba filmando. Jeans achupinados, camiseta ajustada y zapatillas tipo All Star.  Algo me llamaba la atención, pero no llegué a dilucidar qué. ¿Era el tipo de la fila? ¿Dónde estaban las muletas? Se lo comenté a Jorge y una obsesión repentina se apoderó de mí. Tenía que encontrar las muletas. No podía regresar a casa sin saber dónde estaban las muletas.

El lugar era chico, contamos unas doscientas personas con toda la furia. No había otro viejo. No había muletas.

Salió Palo con “La Hermandad”. Contrariamente a lo que suponía, Palo era la segunda banda, el plato fuerte serían “Las Manos”. Todas las luces para “Cabra y su pandilla”.  Ya era la una de la madrugada y sentí que volví a ser un pibe, cuando iba a ver a “Los Visitantes” al Bar Bolivia o al Parakultural, a los “Redondos”, al Santa Lucía de Florencio Varela, o a “Cabra”, en la esquina de Diagonal y Florida. Sonaba “Tazas de té chino” y bailé como loco. Jorge también, los dos cuarentones, a full. Un par de pendejas con medias de red nos sacaban fotos. ¿Les  habrá causado gracia ver a dos tipos grandes, saltar desaforados al son de un hit de los 80´? Dos especímenes de aquellos tiempos, habrán pensado. Dos viejos con onda.

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Palo Pandolfo y la Hermandad en el Club Tucumán de Quilmes.

Palo pasó por lo mejor de su repertorio, sonaron todos sus éxitos. Un pendejo que llevaba una camiseta de Miguel Abuelo subió al escenario, le robó el micrófono al del bajo y cantó “Antojo”, a capela con Palo.

“Te estoy esperando ansiosamente
No puedo creer que me estés fallando.
¿Por qué no venís ya? Vení pronto, que estoy perfumado, estoy picante.”

Una pelea y unos cuantos borrachos completaron la noche. Llegados al final, Palo abrió su camisa, se levantó la remera y mostró una faja azul. “La semana pasada me operaron de la hernia. Está todo bien. Muchas gracias a todos”. Corrió un poco la faja para que se viera su torso vendado, un pedazo de momia, cuando el público pidió una más y la banda arrancó con el bis, cosa que impidió que Palo acomodara las cosas como estaban. Tocó el último tema con la faja azul y las vendas a la vista.

Mientras salíamos, tras el recital de “Las Manos de Filipi”, vimos irse al viejo. Iba lo más pancho por el Boulevard Varela camino a su casa, o andá a saber dónde.  Eran apenas las 4 de la mañana. Llevaba su muleta colgada de la espalda.

 

HOMBRE CAÍDO

En la España de 1953, caer internado en un sanatorio para tuberculosos era una sentencia segura de muerte. Si, además eras pobre, el panorama resultaba mucho peor. Y ahí estaba mi viejo, José Carlos, con 38 años y una incipiente carrera como poeta. “Hombre caído es el fruto de aquella experiencia. “Entré para morir y salí con el libro bajo el brazo”. Fue siempre su poemario más querido, probablemente, lo mejor que escribió. Es curiosoe, de todos sus libros, es el único que no está en mi biblioteca. Nunca hubo muchos ejemplares. Uno lo tiene mi mamá, se lo regaló Paco Izquierdo a mi papá, en 1984. Lo tengo ahora entre mis manos: “Don José, después de tres años tirados en busca de este ejemplar, y cuando ya lo daba por desaparecido…” La dedicatoria de otro poeta está dirigida a mi viejo en un libro escrito por él, cosa rara. Nunca entendí esto de la poesía, hasta ahora. Hasta que leí uno de los poemas de este libro. “Otoño del 53 (Poema para leerse lejos).”

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Lectura de poemas de José Carlos Gallardo en Granada, años 50´

No sé por qué, cada vez que lo leo me cae una lágrima. Probé, acaso para exorcizarme, acaso para llorar más, transcribir unos versos en un cuaderno, con lapicera. Como antes, cuando se escribía a mano.

Como antes cuando no sabía qué era esto de la poesía. Sigo sin saberlo, y ahora creo que justamente de eso se trata. “Recuerdo que vivir era besar, / y dinero, y tabaco, y la ciudad. / Vivir era tener una mujer cada día / y un dinero, también, cada momento. / Estar acompañado…” Cuando mi viejo escribía esto ya le habían dado la extremaunción. En un viejo hospital de Granada, en una sala para tuberculosos con 20 camas con 20 futuros muertos, le pedía papel y tinta a la monja que los cuidaba y escribía sobre la muerte con la sangre que le brotaba de la boca.

Acaso un día, esté escuchando / cómo se para todo en el camino, / cómo se callan las muchachas, y / cómo la vida arría el movimiento.
cómo me tiran a la tierra para / definitivamente irme olvidando. / …cómo se cierra / el mundo sobre el hombre…

Eloísa Cartonera organiza, cada tanto, unas charlas con escritores. Se titulan “¿Qué es la poesía?”. Nunca fui, pero la pregunta me resulta disparadora. Después de leer este libro, me doy cuenta: en realidad, siempre supe la respuesta. La poesía es no entender qué es la poesía, no saber  del todo qué quiso decir el poeta, no poder explicar por qué me caen estas lágrimas.

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Lectura de poemas de José Carlos Gallardo en Buenos Aires, 30 de agosto de 2004

Mi viejo se despidió de los recitales en 2007, en un salón del primer piso de “El gato negro”. Leyó, entre otras cosas, algún poema de “Hombre Caído”. Leía increíblemente bien, pero esa fue una de sus peores noches: se trababa, emocionado, ante algunos versos. Tal vez fue justo por eso una gran lectura.

Alguien, al terminar el recital, se robó el libro, justo ese libro. Quisiera que lo devuelva, me gustaría tenerlo en mi biblioteca.

 

OTOÑO DEL 53
(POEMA PARA LEERSE LEJOS)

Yo no sé quién me ha dicho que era Otoño
y que las playas se han quedado solas.
(Octubre es un pulmón del tiempo. El otro pulmón está en Abril).
Y por eso se caen las hojas, ahora,
como se cae la sangre desde algunos hombres.
Sólo porque es Octubre.
Otoño.
Porque la vida busca su última calle
y se retira, como un perro apedreado.
Sólo porque es Otoño.
Octubre.

Debemos procurar no andar descalzos.
(Octubre pone el suelo frío);
ni abrir la boca cuando salgamos del amor,
(Octubre tiene el aire frío);
ni soñar con el alma destapada,
(Octubre tiene noches frías);
ni vivir como viven los demás,
(Octubre tiene muertes frías).

Otoño.
Sólo porque es Octubre,
porque la sangre se deshoja, y cae.

Pienso en el día trece de septiembre.
Pienso en mi juventud conteniendo las ramas
de los árboles
para que no cayera ni una hoja,
para que no bajase ni una sangre,
sólo porque era Otoño.
Octubre.

Pero miro hacia ti, que tienes la Primavera
-¡antorcha, olor, ventana, corazón!-
encendida en la mano,
y me olvido de todo este silencio
tendido de cama a cama,
de hombre a hombre, de una tristeza a otra tristeza
porque estás en Abril,
¡Primavera!
Y no es el golpe ya de un cuerpo duro
que se quedó amarillo, como un árbol
dentro de Octubre.
Es el ponerse en pié
y alcanzar a tu mano,
solo por la ventana, amor, por la ventana,
para asomarme de una vez al mundo
y verlo desde ti
antes, amor, de que las hojas caigan;
antes, amor, de que los labios digan “es Octubre”.

Otoño.

 

[1] En alusión a la película de Stanley Kubric, “The killing”, 1956.

[2] En alusión a la película de Jules Dassin, “Rififí”, 1955




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Reflexiones acerca de la miseria: Sobre la juventud eterna

Por Víctor Dupont

JÓVENES DIVINOS 

Una de las hijas de Zeus y Hera se llamó Hebe. Se la conoce en la mitología griega como la personificación de la juventud. Era hacendosa. Ayudaba a su madre a cargar caballos y a bañar a su hermano, Ares. Su habilidad divina de rejuvenecer la aplicaba, obviamente, con los ancianos, pero también podía envejecer a niños. Hasta su casamiento con Heracles, su función principal era evitar que los dioses tuvieran sed. Es decir, repartía Ambrosía, néctar predilecto en el Olimpo. Con esa bebida entre manos, fue retratada en diversas escultoras, sin olvidar su mirada alegre y su sonrisa. Emblema de lo que una mujer en edad de casarse debía representar: belleza, gracia, simplicidad. Hera plasmó un sueño que persiguió a (algunos) hombres y mujeres de todos los tiempos. La juventud eterna.

Otro dios griego del palo en ese sentido fue, cuándo no, Dionisos. Entusiasmo, éxtasis y lo que -según algunos mitógrafos- era crucial en su poder: locura. Claro, ser loco es mejor de inmortal que de humano y, sin duda, en la juventud. Dionisos ha sido representado en el arte como niño o joven, su cuerpo de expresión y constitución vigorosa. En este dios, los griegos vieron también ese sueño que persiguió a (algunos) hombres y mujeres de todos los tiempos. Pero ya en él existía la inteligencia de una inmortalidad que no se deterioraba, porque es posible preguntarse de qué serviría ser eternos si eternamente envejeciéramos.

 

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MISERABLE ENVEJECIMIENTO

Juventud, divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver! / Cuando quiero llorar, no lloro… / y a veces lloro sin querer. Rubén Darío.

El tiempo baila con destreza y, a veces, con sigilo. De su coreografía tenemos las huellas inmediatas en nuestra cara. Las arrugas. Las arrugas trazan líneas, que son testimonio. Reconstruir ese dibujo es como morder la magdalena de Proust: nos lleva a series dispersas en nuestro cuerpo, a sombras de otros días en las manos, a destellos inesperados de canas en la cabeza.

Ante eso, aceptar las huellas o esconderlas. Miserablemente. Negar las arrugas. Burlarse del bailarín malvado. Hay muchas opciones a mano. Podemos empezar, si somos jóvenes, por despreciar a aquellos que nos muestran nuestro espejo futuro. Pertenecemos a una cultura que lo hace y lo ha normalizado. De la costumbre de encerrar a los viejos -vueltos improductivos-, se pasa a fabricar una escala, una tabla de valores donde lo viejo se reduce a lo feo, lo miserable, lo desechable. Como parte de ese plan, se lo separa del erotismo y el amor se declara patrimonio de la humanidad joven. Bueno, qué no lo sería a esta altura: mercado indumentario, cultural, turístico, gastronómico. Si somos jóvenes, tenemos montada la ilusión de un mundo a nuestra medida. Despreciar a los viejos está a la mano. Así podemos empezar para burlarnos del bailarín malvado.

La cosa sigue con nuestro cuerpo. Pasan los años y la geografía de la cara comienza a transmutarse. Y ahí vienen las cirugías. Suerte de acción quirúrgica “correctora”, vamos al cuchillo y “arreglamos” el asunto. ¿De qué? Obviamente, del paso del tiempo, de sus trazas, de su estilete. De aquello que tienen nuestras facciones para contarnos de nosotros mismos.

Sí, los griegos también asociaban juventud y belleza. Pero, así como en sus dioses había de esta sazón, también mostraban una idea de la vejez muy distinta. El viejo portaba un brillo, la memoria de un pasado. La memoria de lo que fue. Y ahí se ata el nudo despreciable, negar la evidencia del paso del tiempo tiene como contrapartida la adoración del presente. La demagogia de lo juvenil se extiende en todos los ámbitos, desde el marketing hasta los discursos y los coachings políticos.

Cuando cruzamos el umbral de la juventud, sin embargo, no sabemos qué hacer.

VIEJITA DEL PAISAJE 

La Aurora una vez se enamoró.

Fue de un troyano. Y le pidió a Zeus la inmortalidad, quien se la concedió.

Aurora se olvidó de un detalle. No exigió juventud en su pedido. No reclamó lozanía en el conjuro.

Así, con sus colores a la deriva, el deterioro empezó a horadarla.

Aurora rifó el don de lo eterno. Dilapidó su inmortalidad con una vejez perpetua.

Ella, que tanto sabía amanecer, se eclipsó infinitamente en un atardecer blanco.

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CUERPO CONSERVADO 

Metrosexuales, mujeres sexies, “te ves re pendejo/a”. La caterva conocida. No hay que ser muy perspicaz para saber qué se busca con esos cuerpos: la conservación de la juventud. A ver: si el mercado amatorio y sexual se promueve desde el monopolio de lo joven, conservar la apariencia es permanecer “deseable”, “amable”, “atractivo”. La danza del tiempo se ve como amenaza letal. Y, contra esa avanzada, las ya mencionadas cirugías llegan en nuestro socorro. Una posible enumeración caótica no haría justicia a tantas opciones. Me viene a la memoria el caso del mediático Ricardo Fort, quien se sometió a 27 operaciones: la cara (prótesis en la pera, pómulos), el torso y llegó a un procedimiento en el cual se implantó tres centímetros de talones para ganar altura. Así, los últimos años de su vida los pasó en quirófanos como consecuencia de sus “arreglos”. A partir del 2010 empezaron los problemas. Una úlcera en el duodeno se le perforó y le produjo una peritonitis. En el 2013 -meses antes de morir- tuvo que ser internado y le implantaron 16 tornillos en la columna junto con dos varillas para apuntalarla. También, le pusieron anillos de metal a fin de separar sus vértebras y menguar el desgaste de sus discos. Por último, iba a ser intervenido por una fractura en el fémur. Murió víctima de una hemorragia digestiva.

Fort es un caso emblemático más sacrificado a ese ídolo miserable del cuerpo joven. Pero, ¿qué pasa cuando ese ídolo lo adoran -como lo hacen- los adolescentes?

Antes de la danza del tiempo.

Antes de las trazas de las arrugas.

El espejo de los medios se cuela en el baño y en el cuarto y empieza con sus reflejos.

“Sin panza”. “Flaquita”. “Carita divina”.

Hace buen tiempo que en Internet crecen blogs, foros donde adolescentes dan sugerencias para adelgazar y lograr:

Cuerpos con costillas sobresalidas.

Rostros achatados. Facciones cadavéricas.

Instrucciones sobre cómo vomitar.

Instrucciones sobre cómo atravesar el hambre sin dolor.

Estrategias de distracción ante familiares.

En las puertas de la juventud, el cuerpo se prepara, se moldea, se lacera; al cruzar, se conserva… ¿Se conserva?  ¿Cómo se conservan las apariencias?

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BAJA EN EL CIELO… 

El eclipse de Aurora.

Cada vez que es la hora, la viejita inmortal sale a pintar los colores del alba.

Noche le pregunta, por qué.

Aurora: este lento envilecerse 

esta manía de la transparencia

Noche: de vértigos no de verbos 

CATECISMOS NUEVOS 

Cuando Adán cometió el pecado, las cosas se pusieron espesas para Dios. Lo había hecho a imagen y semejanza al tarambana. Y este no tuvo mejor idea que desobedecer. Desobedeció, tiró todo a la basura; el paraíso, la vida edénica, el sol, la mansedumbre cósmica. Dios debió atravesar un problema difícil. Sin embargo, su decisión fue categórica y le dejó a Adán -la humanidad- su imagen sola sin sustancia divina.

Somos una apariencia, según este catecismo.

Un simulacro. Mientras que una copia guarda semejanza con el referente, un simulacro es una imagen sin semejanza con su modelo. Aunque, si nos corremos del pecado original, ¿no pasa algo parecido con los cuerpos de apariencia conservada?

¿Cómo conservar una apariencia sin convertirla en un simulacro?

Entregados a un nuevo catecismo, millones y millones de cuerpos se sacrifican por un ideal de juventud que, más allá de si conviene o no, conduce al fracaso. Inevitable. El danzarín del tiempo no deja de bailar. Y, a la larga, sus huellas nos delatan. El simulacro también tiene su potencia subversiva -¡cuánta fuerza hay en negar semejanzas con los modelos!-, pero, en estos casos, se montan existencias con simulacros débiles, fantasmas arrastrándose por conseguir la preciada e imposible similitud. Esta alucinación implica el paso del ideal al del ídolo (platonismo para todos). Ideas que sostienen desde el cuerpo simulado los otros “ídolos”, los mediáticos. El (auto) sometimiento puede ser extremo. Pero lo más extremo es que se haya hecho regla. Que estas construcciones condenadas al fracaso hayan triunfado. Y se sostengan, no sólo en los aparatos de comunicación, sino con el sacrificio de las carnes adolescentes, adultas y adultas mayores.

 

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EL ÚLTIMO AMANTE 

Para los que piensan o creen que el amor es patrimonio de la juventud, una historia:

La cosa empieza -si hay un sólo comienzo- con un pedido de autógrafo de él a ella. Él, Yann, un joven inquieto, escritor. Ella, una mujer titánica: célebre, alcohólica, genial. Marguerite Duras. Consumado el asunto, él se anima e intenta sacarle la dirección. Ella duda. Ella ya ha sido chantajeada en situaciones similares. Pero accede.

Andrea la admira: ha visto sus películas con devoción. Decide escribirle, año tras año, una carta. Todos los días. La respuesta no llega, un año tras otro año, un día tras otro día. Hasta que sí. Ella, la cineasta, la escritora le envía ni más ni menos que “El hombre sentado en el pasillo”. Pero algo pasa. Parece que él no le escribe.

MÁS TARDE: ELLA ESCRIBE 

21 de noviembre, mediodía, calle Saint-Benoît.

Yann: ¿Qué dirías de tu misma? 

Marguerite: Duras. 

Yann: ¿Qué dirías de mí?

Mareguerite: Indescifrable.

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EL ÚLTIMO AMANTE (II) 

Poco tiempo después, él recibe “Navire Night” y “Les mains negatives”. Otra vez, la escritura de ella lo embota, y ya no le escribe. Hasta que ocurre un milagro. Ahora será Marguerite quien le mande un mensaje escueto donde le cuente que bebe “para olvidar lo insoportable”, que ha leído sus cartas y, en diminuta grafía, una serie de números. Él, entonces, la llama.

MÁS TARDE: ELLA ESCRIBE (II) 

22 de noviembre, mediodía, calle Saint-Benoît.

Yann: ¿Tienes miedo a la muerte? 

Marguerite: No sé. No sé responder. Desde que he llegado al mar ya no sé nada. 

Yann: ¿Y conmigo? 

Marguerite: Antes y ahora existe el amor entre tú y yo. La muerte y el amor. Será lo que tú quieras, lo que tú seas. 

Yann: ¿Cómo te definirías? 

Marguerite: No existo, como en este momento: no se qué escribir. 

Yann: ¿Por encima de cualquier otro, tu libro predilecto? 

Marguerite: La presa, la infancia. 

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EL ÚLTIMO AMANTE (III) 

Se ven el 29 de julio de 1980. Él, sin guita, toma un colectivo a Trouville. Ella lo recibe y van a dar un paseo, cantan “Capri, c’est fini”, “Blue Moon” o “A la claire fontaine”. Se divierten. Dicen amarse para siempre. Él, Andrea, de veintiséis años. Ella, Marguerite, de sesenta y siete. Ella, envuelta en el alcohol; él, predispuesto a vivir a pleno su homosexualidad.

Marguerite lo educa. Le enseña a manejar, a beber, a ser su actor estrella. Lo convierte en el hombre atlántico, Yann Andréa Steiner, el hombre de los ojos azules, de pelo negro, el hombre del mal de la muerte, el “otro” amante. Y Nadie.

MÁS TARDE Y CERCA DEL FIN: ELLA ESCRIBE 

Yann, tengo que pedirte perdón, perdón por todo.

26 de febrero

Te he conocido muy fuerte. 

Voy a partir hacia otro grado. 

Ninguna parte. 

Fin.

A TODO O NADA 

En sus últimos años, Marguerite Duras no se guardó nada. Amó a Yann hasta vaciarse. Con su cuerpo a la vuelta de toda una vida. Con su cuerpo a todo o nada. A contracorriente de lo previsible, a contracorriente de lo que una mujer de su “edad” debe hacer. A contrapelo de las ecuaciones de erotismo y juventud, en contra del estereotipo de que solo el hombre tiene derecho a amar a chicas en su vejez. Marguerite lo dio todo. Fue lo contrario de un amarrete emocional. Lo contrario de guardarse. Lo contrario de conservar intacta la forma del cuerpo.

Difícil de procesar algo así, ahora que está de moda ser “ecológico” con uno mismo. Ahora que imperan los gurúes y sus declamaciones sobre el desapego. La cantinela está a la orden: Cursos para armonizarnos. Regímenes de meditaciones, alimentaciones para una vida en los parámetros de la New Age. Hay que resguardarse y estar en paz con uno mismo, dicen. Técnicas respiratorias que van acompañadas de diversas bajadas de línea. Todas y cada una, sin embargo, esconden una avaricia emocional repulsiva. Sutilezas de una miseria que se disfraza de retórica mística. Piruetas de una sabiduría para las clases dominantes: tropas de ravíes por el mundo enseñan cómo inhalar por una fosa nasal, con el auspicio de multinacionales y corporaciones.

Marguerite no hizo cálculos. Ni fue “ecológica” con ella misma.

Lo dio todo a Yann y a su escritura, al mismo tiempo.

Junto con su último amante, el libro de él: Ese amor. Luego de la muerte de su Marguerite, Yann escribió casi pegado a la voz de su muerta: “Repetir lo que usted ha escrito, palabra por palabra, carta tras carta, no tener vergüenza de eso, de la copia íntegra. Y así la inteligencia será mayor, y así usted y yo estamos en este mundo: aún podemos amar”. 

¿HACIA DÓNDE?

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Hay coincidencias muy curiosas. Termino este texto el mismo día que el oficialismo logró aprobar la ley de la reforma previsional. Fuera del Congreso, la represión, las balas, el gas, los vallados. Se avaló un saqueo de cien mil millones a las jubilaciones. De pronto, revisar las páginas anteriores y algunos de sus textos me hace pensar otras cosas: “De la costumbre de encerrar a los viejos -vueltos improductivos-, se pasa a fabricar una escala, una tabla de valores donde lo viejo se reduce a lo feo, lo miserable, lo desechable.” Esa frase, que apuntaba a un razonamiento distinto, se ve iluminada ahora por otra luz. Christine Lagarde, Directora Gerenta del FMI, ha declarado que “los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo, ya”. ¿Hay una forma de vincular estas dos líneas?

¿Dónde empieza el desprecio?

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Empiezo a creer que toda esa glorificación de lo juvenil esconde la necesidad de desechar lo improductivo. Los viejos, sucesivamente fuera del mercado laboral, sexual, fuera de los circuitos de consumo, se vuelven una carga. Una carga para las familias. Una carga para los sistemas de salud. Una carga para las administraciones “que no tienen dinero”.

Lo que orbita en la expresión lo viejo se materializa en estas decisiones políticas.

Ahí, los viejos son adulados por una demagogia sentimental de abuelos, a quienes se debe cuidar, mientras son escupidos como variable de ajuste y ahorro para la economía global.

UN ÁGUILA GUERRERA

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Aurora: Envejecida en mi inmortalidad…

Noche: ¿De vértigos, de verbos?

Aurora: Quisiera ser como la canción, águila y guerrera.

Noche: Siempre con tus pretensiones. ¿Viste el baile de anoche?

Aurora: Me la perdí, en mi inmortalidad me las pierdo todas.

Noche: Así son los griegos.

Aurora: ¿Cómo son?

Noche: No sé. Pero te cuento: se ha visto anoche al danzarín en la tierra.

Aurora: ¿Se habrá ido cuando empecé a pintar el cielo?

Noche: Puede ser. Vieras cómo hacía bailar a todos.

Aurora: ¿Y bailaban los envejecidos, también?

Noche: Bailaban y cantaban, con sus arrugas, sus bastones. No extrañaban a Dionisos.

Aurora: Quién lo iba a decir.

Noche: Sí, entre balazos, no se puede decir mucho… Viste que bailaron entre balazos.

Aurora: Ya ni sé, cuando salgo yo, se vuelven todos.

Noche: Che, ¿en qué quedó tu amorío con el troyano?

Aurora: El troyano estiró la pata…

Noche: ¡No me digas!

Aurora: Sí, la verdad es que no recuerdo si lo jubilaron o si murió joven y bello.

Noche: Ah, claro, estos griegos… Capaz que lo jubilaron y anoche estaba en el baile.

Aurora: Uh… Capaz que lo alcanzó una bala.

Noche: ¡Nunca te enterás de nada! 

Aurora: Ya te dije: cuando yo salgo, todos vuelven.

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LINK DE REFERENCIA PARA LAS FOTOGRAFÍAS DE LA MARCHA:

http://ltfabolicionismodelaculturarepresiva.com/muestras-fotograficas/18diciembre-cuidar-a-los-patrones-odiar-a-los-iguales/




ECLIPSE GRIS

Reflexiones acerca de la miseria: sobre los niños y el abuso.
Por Cecilia Angriman

 

OSCURIDADES DIURNAS

Escuela de pueblo, la mía. Allí circulan un poco más de cien niños que saludan todas las mañanas a la bandera, a las señoritas y entran a clases, en ritual ininterrumpido. Muchos guardapolvos blancos esconden la atrocidad de vivir en el abuso. Según las estadísticas descargaoficiales, son demasiados. Para dimensionar estas son algunas de las cifras: el 53% de los abusos ocurren en el hogar de la víctima, el 47% de las víctimas tienen entre 6 y 12 años, el 28% tienen entre 0 y 6 años, en el 75% de los casos el agresor es un familiar, en el 89% de los casos los agresores son varones. Estos porcentajes son sacados desde los llamados realizados 0800 22221717 del programa: “Las víctimas contra la violencia”. Sumemos a esto “las cifras negras”, que menciona Carlos Rosansky en su libro: Abuso sexual infantil, refiere a esos casos que se ocultan por vergüenza y culpa, porque los abusadores generan tanto daño que, en la mayoría de los casos, no son denunciados.

Las clases de educación sexual integral, la mirada lúcida de maestras, la de los equipos de orientación escolar no alcanzan ni siquiera a diagnosticar todo el tormento que pueden sufrir los niños. Si contáramos, en este saludo matinal, más de la mitad de ellos sufrieron, sufren o sufrirán abuso sexual.  surreal-2290472_640 (1)

Las caras se acomodan a los gestos y la alegría se opaca de a poco, como los días nublados. En un momento, el gris se apodera de la escena y ahí empiezan las funciones de terror.

ESCUELA DE AULAS HABITAR

Lugar privilegiado, en la escuela las verdades aparecen como coladas, dan siempre ese aire de reinas, de no importar nada, caminan sueltas y buscan muchas veces ser miradas. Tal vez gusten de las aulas, una contigua a la otra, de las puertas en espera de ser abiertas.  En suma, no sé por qué pero en la escuela muchas verdades se vuelven tangibles, los insomnios se hacen acciones y los planes se llevan adelante. comic-abuso-sexual-infantil-L-2LQniS-175x130

Dar clases es hoy todo un desafío mutante, siempre una nueva apuesta en un nuevo presente. La demanda sobrellevada por docentes dentro de una escuela es enorme, los padres reclaman cuidados que desde la familia, en muchos casos, no son brindados, los modos  de vincularse dentro de una escuela es parecido a un estómago durante el recorrido en una montaña rusa, los cuestiones esenciales se ponen patas para arriba, niños golpeados, con hambre, sin mirada que den cuenta de sentirse lo más importante, padres cansados, ausentes, angustias viejas y nuevas, tanto de lo ajeno como de lo propio. Esto genera un inmenso vacío, sólo sostenido con la mirada en el cielo, los tirabuzones de la montaña provocan cambios de posición abrupta: situaciones peligrosas, gratificantes, llenas de amor, llenas de horror, ternura y mucho más, se mezclan cada día, los vaivenes son infinitos.

Eclipse.Courtest of National Geographic
Eclipse.Courtest of National Geographic

Soy docente en una escuela maravillosa de ser habitada. Te invito a conocer algo de ella. La mayoría de los alumnos parecen salvajes, seres puros, de instintos primitivos, el enojo, la furia, la irrupción de un vocabulario marcado con el dolor de los gritos, berrinches, golpes y descuidos pueden dar cuenta en parte. Por supuesto hay de lo demás, aparece tímido, las muestras de afecto vienen con la confianza ganada, en cartas creadas sobre hojas de carpeta o cuadernos en desuso, con colores brillantes y letras de amor, en regalitos de objetos inútiles para el mundo, son tesoros puestos en las manos queridas por ellos, depositan así su confianza, de eso hay mucho, que dice diferente, pero dice siempre.

ILUSTRACIÓN DEL LIBRO CLARA Y SU SOMBRA
Ilustración de Merce Serra Valls del libro: Clara y su sombra.

LOS OJOS DE LA NOCHE

Raúl tiene nueve años, sus facciones angulosas lo hacen único, su pelo lustroso de color negro brilla sin cansar. Cada mañana entra a la escuela y todos lo esperamos para mirar en sus  ojos la noche. Su vida escolar es todo un desafío. Al llegar no sabemos si sus pasos son de salida o de entrada. Tiene por costumbre escapar como una liebre. Es tan ligero, que las maestras poco entrenadas para la carrera no lo alcanzan. Su cuerpo se mueve en un tempo diferente, es pausado para mirar a la nada, su cabeza gira para no enfrentar a los ojos, sus hombros siempre están de perfil, su silla casi siempre está vacía.

images (1)Es un niño que aprende diferente, en la calle pasa casi todo el día, su mamá no puede gobernar su vida, es como un perro de la calle, todos lo conocen, el chico está en un lugar y a los dos minutos está en otro. Para acercarnos a él lo hacemos de a poco, lento, con rituales diarios, para “domesticarlo” de a poco.

 

EL CIELO EN EL TECHO

El timbre suena con fuerza matutina, las filas se forman por costumbre. Las paredes hablan con grietas y pinturas descoloridas, los árboles acompasan el tiempo con hojas sabias. Ernesto siempre llega un poco después del sonido metálico. La puerta de entrada diseña ilusiones y sorpresas, el piso acaricia en rojo y los techos están sólo por si llueve, porque en este lugar tan real como cada uno de nosotros el techo es el cielo. La mochila pesa poco, los útiles se pierden a diario, la carpeta de actividades es flaca y el guardapolvo ya tiñe el gris con lunares más oscuros. Es el cuarto año para él, y la trompa está instalada en su cara larga con flequillo comido por una tijera desafilada.

VOLADA EN BRODERIE

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Ilustración de Merce Serra Valls del libro: Clara y sus sombra.

Con otro paso avanza media cabeza pelada, sin aros y mucha femineidad. A los ocho, busca siempre el conflicto. Su uniforme blanco tiene volados o festón de broderie, los guardapolvos son de segunda mano, pero ella no sabe de esas cosas. Las palabras dan hachazos de desesperación, su cuerpo delgado se retuerce ante el enojo. Elena nunca tiene hambre, los abrazos llegan con días de confianza. Entre rabietas y patadas logra recibir algo de amor. Ella es una niña con muchos indicadores de abuso sexual.

HACER CON LO DICHO

Los días transcurren en mi escuela. Las jornadas se alargan con gritos y llantos, risas y música aflautada. Las miradas se compactan cuando a Ernesto lo mandan a la dirección por haberse portado muy mal, por haber dicho palabras hirientes a compañeros y por haber faltado el respeto a todos con insultos. Después de mucho rato de hablar con pausas sostenidas, Ernesto dice que él es así porque en su casa le pegan mucho. Su papá a su mamá, su papá a él. En su discurso la fantasía de un video juego o de una película hace de rampa para dibujar sus días y sus noches. Su mamá trabaja mucho y su papá está poco en la casa. El juego de maniobras parecidas al acto sexual cuenta lo que Ernesto no dice, del abuso no se habla, se lo actúa.

Las intervenciones desde la escuela son muchas y no sirven de demasiado o de nada. Las entrevistas, las visitas, las escuchas interminables y las palabras con acentos propuestas para la salida son sólo pasos que repiten maniobras de rescate donde parece que nadie es rescatado.

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AYUDA EN CAMINO SINUOSO

Cada tarde, al llegar a la casa donde vive, Raúl no quiere tomar la merienda, porque no siente un hogar. Quiere una mamá o un papá, o ambos. Pero de esos que no pegan, de los que no toman tanto alcohol. Él es alguien con ojos profundos a la espera de una mamá que lo defienda de todo. Por estas razones y por otras Raúl vive en un hogar de tránsito. Parece ser la ayuda cuando las medidas de abrigo intentan cubrir las faltas en los niños. Pero,  ¿podemos suplir los abrazos de amor puro?, ¿podemos inventar un amor artificial? en teoría pensamos que sí, un lugar preparado para estos casos debería ser un lugar pensado y vivido a la altura de las circunstancias, el potencial es intentar pensar en dar crédito a lo quimérico.

Raúl enfrenta la realidad de la no familia cada día, se levanta sin mamá, duerme con un niño que no quiere, que pelea sin ser hermano, dónde la contención llega poco. El tiempo sigue su carrera mortal hacia adelante, los días pasan, las noches dan miedo, el día llega para él sin ganas.

EL ESTADO DE LOS NIÑOS

Puedo seguir contando casos de niños con indicadores de abuso, en esta escuela, pequeña, abatida por el dolor de pensar en Raúl, Elena, Ernesto, Luis, María, Lourdes, Yonatan, se multiplican, son demasiados, los nombres parecen no alcanzar para nombrar. Pero cómo podría yo advertir que existen otros, excesiva cantidad de niños sufrientes, amenazados, escindidos entre sus deseos de niños y las perversiones de adultos en mal estado, cuando los indicios mismos se esconden en sus rostros y actitudes.images (2)

Cuando pensamos en algo en mal estado, nos referimos al estado de la materia, algo podrido es la primera imagen que nos viene a la mente. Y, si cambiamos el foco de la mirada, podemos pensar en un mal Estado, cuando la justicia habilita atajos que dejan en el vacío a la niñez. Sin un Estado eficiente en la protección, la promesa de un futuro mejor no resiste las innumerables causas escondidas entre las arrugas de las víctimas.

En definitiva el abuso hacia los niños envuelve la escena en un tono único, gris de tinieblas, en un gris duradero, donde lo miserable se vuelve cotidiano. El tono casi de luto inunda la realidad de la infancia y decimos como sociedad hacernos cargo de esta problemática,  pero no alcanza. En la mayoría de los casos de niños abusados, sospechamos, identificamos indicadores, actuamos como podemos, pero no es suficiente. Los niños siguen en ese padecer diario, son demasiados.

Esta miseria de la sociedad, vista desde una escuela, entonces aparece como un eclipse gris intenso, sin distinguir el blanco y tampoco el negro, la luz se opaca en maniobras extrañas, los matices hablan de la realidad.

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HIATOS Y DIPTONGOS DE INFANCIAS

Reflexiones acerca de la miseria: sobre lo cotidiano y lo extraordinario, rupturas y continuidades de experiencia y lenguaje.

Por Lourdes Landeira

 “El ángel de la muerte, que en algunas leyendas se llama Azrael y con quien se cuenta que también Moisés debió luchar, es el lenguaje. Él nos anuncia la muerte. ¿Qué otra cosa hace el lenguaje? Justamente, este anuncio hace que nos resulte tan difícil morir. Desde tiempos inmemoriales, durante toda su historia, la humanidad está en lucha para arrancarle el secreto que él se limita a anunciar. No obstante, de sus manos pueriles puede extraerse solamente ese anuncio. De esto, el ángel no es culpable. Es solo quien comprende la inocencia en el lenguaje  quien entiende también el verdadero sentido del anuncio y puede, eventualmente, aprender a morir”.

Giorgio Agamben – Idea de la muerte

HAY UNA VEZ

Virginia Mori
Virginia Mori

Supimos, sabemos, de niñas y niños arrancados de sus historias antes de que ellas siquiera los rozaran. En lugar de la caricia, los atravesó un abanico de míseras violencias encorsetadas en el ocultamiento. Un sitio impropio les acunó entre brazos ajenos. Sabemos, supimos de mujeres y hombres que aún se encuentran con ese pasado: una ausencia continuamente presente. ¿Qué hubo en los años intermedios? Voces, búsquedas, relatos encarnados en fotos blanco y negro, en cuerpos que caminan. Y vuelan. En una entrevista para este número, Miguel Benasayag dice que lo importante no es que el acceso a la producción de poesía sea universal, sino que la poesía esté en el mundo, ya que solo por estar lo beneficia. No importa, podríamos decir, dónde se produjo el pasaje de esas infancias a esas vidas adultas. Importa que hubo –hay- una resistencia constante que dio la pelea para hacer posible pasar del hiato al diptongo.

EN ESTE MUNDO

Cuando nacemos, el lenguaje ya existe en el mundo; sin embargo, no lo poseemos de inmediato, debemos adquirirlo. Nos es imposible pensarnos sin él. Signos y significantes nos preceden y obligan a que yo ponga los límites con ese no tan afuera. Antes de que eso suceda, nuestro cuerpo experimenta sensaciones intraducibles, tan perdidas en el relato como presentes en la piel. ¿Somos capaces de pensar el mundo previo al lenguaje? ¿Estaremos horadados por superposiciones de huellas tan inasibles como potentes? ¿Habrá, entre tiempos y espacios, más cosas de las que podemos racionalizar?

Y OTRAS TANTAS

Giorgio Agamben es un filósofo italiano contemporáneo. Pertenece ala denominada corriente de los biopolíticos, quienes trabajan con el carácter ambiguo de las fronteras de lo humano, con lo animal, con la técnica. E intentan rescatar el entre, el resto, más allá de lo interpretable. Dice Agamben, en “Infancia e historia. Ensayo sobre la destrucción de la experiencia”:

“… al hombre contemporáneo le ha sido expropiada su experiencia, antes bien, la incapacidad de hacer y trasmitir experiencias quizás sea uno de los pocos datos ciertos de los que dispone sobre sí mismo. Benjamín, que ya en 1933 había diagnosticado con precisión esa “pobreza de experiencia” de la época moderna, señalaba sus causas en la catástrofe de la guerra mundial, de cuyos campos de batalla la gente volvía enmudecida… no más rica, sino más pobre en experiencias participables…”

0334719d9d468ee562796058a512e5f1Nombró la guerra y me veo obligada a hacer un paréntesis, porque llegan a mi memoria otros niños, otros relatos. Los que Svetlana Alexiévich hace visibles en su libro “Últimos testigos”. Alexiévich es una escritora bielorrusa. En 2015 ganó el premio Nobel de literatura. Fue la primera mujer periodista a quien se lo entregaron. El jurado habló de su obra como de un monumento al valor y al sufrimiento en nuestro tiempo. No creo que la intención de ella haya sido inmovilizar en estatua ninguna palabra, ninguna experiencia. Sí, probablemente, haya buscado rescatar la dimensión monumental de la historia de esos niños, los de la segunda guerra mundial, como de tantas otras víctimas de miserias contemporáneas –las mujeres de la guerra, las víctimas de Chernóbil, los muchachos de Afganistán-. Según ha dicho en entrevistas a la prensa, “vivimos entre víctimas y verdugos; mientras los verdugos son difíciles de encontrar, las víctimas son muy numerosas”. Ella pretende acercarse al misterio de la vida humana –del que en nada participa la información-  a través de las “voces de la gente común y corriente en medio de eventos extraordinarios”.

PRIMERÍSIMAS de sus “Últimos testigos”:

- El miedo que sentía se extendía por todo mi cuerpo. Por las palabras. Por los pensamientos – El primer cadáver que vi… fue el de un caballo… Luego vi a una mujer muerta… Eso me sorprendió. Yo creía que en la guerra solo mataban a los hombres. – Por alguna razón aquello pasaba en silencio. Nadie hablaba – La guerra. Yo, y es comprensible, a mis cinco años no tenía en la cabeza ninguna imagen para esa palabra. – Hablaré del olor… De cómo huele la guerra… Esos árboles siempre me huelen a guerra… – Caminabas y veías un cadáver negro. Eso significaba que se había quemado un viejo. Cuando veías de lejos algo pequeño y rosado, entonces es que había sido un bebé. Rosaditos, los pequeños yacían encima delas brasas apagadas. – Ese día vi los primeros nazis. Golpeaban nuestra calle al andar. Me parecía que hasta el suelo sufría cuando ellos pisaban – No se me da bien la felicidad. Me da pánico. Siempre me parece que se terminará de un momento a otro. Y ese de un momento a otro me acompaña siempre. Aquel miedo infantil… – Nos ordenaron: miren… En una casa no encontraron a nadie y ahorcaron al gato. Colgaba de la cuerda como un niño. Quiero olvidarlo todo… – Han pasado veinticinco años desde que acabó la guerra y solo he conseguido encontrar a una de mis tías. Ella me dijo cómo me llamaba, tardé mucho en acostumbrarme a mi verdadero nombre. Cuando me llamaban por mi nombre, no respondía… – No recuerdo si nos pegaban, pero me acuerdo del miedo a que me pegaran – Ninguno de los que estábamos allí tenía madre. Ni nos acordábamos de esa palabra. La habíamos olvidado – Empecé a sonreír a los quince años – Una de las niñas no aguantó, se murió. La llevaron al bosque y la enterraron así, sin nada. Trajeron de vuelta a la finca su pijama de rayas y las sandalias de madera. – En el campo de concentración jamás vi un pájaro ni un escarabajo. Soñaba con encontrar al menos un gusanito. – Nos quedaba el cofrecito del abuelo, allí guardaba las herramientas; un cofrecito pequeño como un paquete de correos. Yo tenía miedo de que vinieron los gatos o las ratas y lo mordisquearan (a su sobrino muerto). Estaba allí, tan pequeño, más pequeño que cuando estaba vivo. Lo envolví en una toalla limpia. Una de lino. Y lo besé. El cofrecito era justo de su medida…

El libro es un recorrido de primeras personas, intercedidas por un título y una referencia. Así comienza: “Le daba miedo mirar atrás”. Zhenia Bélenkaia, seis años. Actualmente es operaria. Para el final, reservó las palabras de la ingeniera Valia Brínskaia y sus recuerdos de cuando tenía doce: “La primera en irse fue nuestra maravillosa madre, después murió nuestro padre. Percibimos, sentimos al instante que a partir de entonces éramos las últimas. Estamos en esa línea… En esa frontera… Somos los últimos testigos. Nuestro tiempo se acaba. Tenemos que hablar… Nuestras palabras serán las últimas…”

DONDE EL LOBO SIEMPRE ESTÁ

Virginia Mori
Virginia Mori

Qué palabras podrían suceder a las que salen de los cuerpos marcados por la irrupción tan extraordinaria de una guerra mundial, del secuestro de niños organizado por un Estado que desapareció personas de manera sistemática. Ahora bien, ¿qué sucede con las experiencias y los relatos de la vida cotidiana? Para Agamben, la negativización de la experiencia la ha sustituido por meras representaciones. Al hombre –y a la mujer, agrego para hacerlo inclusivo- le queda reservado el lugar de espectador y reproductor, de quien se instruye de lo que ve y repite mecánicamente. Hace algún tiempo comencé a preguntarme por la extinción de los refranes, todos los que conozco me suenan a antiguos. Al mismo tiempo, no dejo de asombrarme por el ingenio de ciertas imágenes y frases que recorren las redes sociales –algo así como grafitis digitales-. Cuando me pregunto por las similitudes, surge, de inmediato, lo vivencial. Ambos intentan trasmitir un saber. Lo perdurable versus lo efímero, por su parte, aparece como la primera gran diferencia entre refrán y grafiti virtual. Sin embargo, aquellas máximas trasmitidas de generación en generación, además de la continuidad en el tiempo, traían como correlato la moraleja, el juicio inapelable. El gratiti, en cambio, supera la sentencia con su ética inmanente. Desde allí, enriquece. En los últimos días de un nuevo diciembre dolorosamente trágico –sí, no es grande la palabra- se fijó uno en mi retina –quizás porque el oxímoron es mi figura preferida-:

“un día te van a decir que los jubilados somos ñoquis porque no trabajamos y lo vas a creer” 

A riesgo de equivocarme, continúo con el juego de similitudes y diferencias y creo que quien lo escribió le puso el cuerpo a muchas de las marchas que quienes van a creer lo incongruente solo han visto mediados por pantallas –o ni siquiera-. Son contemporáneos, quizás compatriotas, a lo mejor colegas, vecinos, familiares o detentan uno y más parentescos. Sin embargo, los separa la frontera entre la sensibilidad empática que se eriza en la piel y el automatismo de los repetidores de sillón.

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Son como esos personajes de historieta de nuestra infancia que pueden caminar en el vacío hasta tanto no se den cuenta de ello: si se dan cuenta, si lo hacen experiencia, se precipitan irremediablemente”, dice Agamben respecto a quienes practican la “filosofía de la pobreza” que implica la “expropiación de la experiencia”.

SE CUECEN HABAS

La naturalización es un concepto que hace muchos años se utiliza para referirse a ese proceso por el cual, a fuerza de repetir, los medios de comunicación logran que ciertos hechos se vuelvan “naturales” a oídos y cerebros entumecidos por la irreflexión. Siempre pensé a esa operatoria manipulativa como la que consigue interrumpir la conexión entre una determinada situación y sus causas y la que destierra todo aquello que no puede ser pensado en términos causales. Así, la pobreza habría venido con el mundo –como los mares o las montañas- y no habría sido causada por la explotación del hombre por el hombre. Y lo natural, por supuesto, debe ser aceptado, no admite cuestionamientos. Ahora bien, los jubilados, en abrumadora mayoría “naturalmente” pobres, podrían perder el significado implícito en su definición –trabajadores pasivos- en un posmoderno proceso de desnaturalización de su condición y deberían pasar a ser activos a riesgo de ser repudiados por sus contemporáneos no-parientes.

Virginia Mori
Virginia Mori

Lo nuevo, en línea con el análisis de Agamben, tiene que ver con que el relato, el discurso construido, ya no naturaliza, sino que da entidad de real a sus preceptos. El relato es la autoridad que legitima cualquier posible resto de eso que llamábamos “experiencia”. La realidad es sustituida por su relato. Todo aquello no reductible a las formas lógicas es, o bien “curado para entrar en la norma” o bien, extirpado.

Y TAMBIÉN, CALDERADAS

Sin embargo, Polia Pashkévich -una de las últimas testigos de Alexiévich- logró soñar. Cuando tenía cuatro años, vio a su madre morir de un tiro, ante sus ojos, en plena calle. Vio al abrigo que la protegía teñirse de rojo sangre, cuando la mujer cayó. Las niñas huérfanas, como ella, llevaban siempre la misma ropa. Polia quería tener colores, trabajar y comprarse muchos vestidos: “uno rojo, uno verde, uno de lunares, uno con un lazo”. Actualmente es modista.

Tengo una familia hermosa. A los cuarenta años tengo una abuela y pude hablar con ella”, las palabras están fresquitas. Las acaba de decir la nieta recuperada 126, Adriana – el nombre con el que creció-, Vanesa –como la nombraron sus padres antes de ser desaparecidos por la última dictadura militar-. Cuatro décadas después, la niña, ya adulta, “armó el rompecabezas”.

Virginia Mori
Virginia Mori

Contra las formas dicotómicas que todo reducen a un afuera y a un adentro, activo–pasivo, lo múltiple, lo diverso, lo fuera de lo normal es la posibilidad de resistir a vivir como dibujitos animados y a hablar desde viñetas prediseñadas. El lenguaje, por supuesto, resulta protagonista. Los hechos no han dejado todavía de ocurrir, ni los discursos de decir, ni los hombres y mujeres de nacer, ni las infancias están aún jubiladas.

“La historia no puede ser el progreso continuo de la humanidad hablante a lo largo del tiempo lineal, sino que es, en su esencia, intervalo, discontinuidad, epoché. Lo que tiene en la infancia su patria originaria, hacia la infancia y a través de la infancia, debe seguir viajando”

Giorgio Agamben, “Infancia  e historia”.




EDITORIAL

Reflexiones acerca de la miseria

Por Gabriela Stoppelman

 

collaga, Randy Mora
collage, Randy Mora

No puedo agarrar la palabra péndulo, alguna mano miserable la puso a oscilar entre lo más pobre de lo pobre y lo más vil de lo vil, la puso a sembrar semillitas de miserables conclusiones, representaciones que se escurren del colador de la palabra, no de la vida, hilos que anudan el sentido sin consentimiento: ¿usamos la misma palabra para hablar de quien ha caído o ha sido lanzado por debajo de toda pobreza y para nombrar a un mal sujeto? Entonces, ¿pendularemos así nomás entre la idea de que un pobre siempre es un feo bicho y, por inversión de la moneda, que todo mal bicho es pobre? Buscamos a quien mueve el fiel del lenguaje y se escurre, se ha vuelto él mismo péndulo, marea rapaz que se superpone al metal y se indistingue en las pantallas multiplicadas de siempre lo mismo, de solo lo único, indetenida, la calle misma oscila, rueda, dobla, trepa una ladera, apura el paso detrás de los que huyen, un péndulo ideal está constituido por un hilo inextensible de masa despreciable, sostenido por su extremo superior de un punto fijo, con una masa puntual sujeta en su extremo inferior que oscila libremente en un plano vertical, este no es un péndulo ni de cerca ideal, el hilo se estira y deja rajaduras en el aire, está sostenido en un extremo por varios puntos disciplinadamente viles y armados y su masa puntual es de plomo, sobre ella va montado el nombre de una muerte, y uno apura el paso ladera arriba, resuello abajo y quiere llegar hasta el muchacho, desviarlo de esa trayectoria, el yuyaje y el frío acompañan, la tarde baja la altura del cielo hasta casi amarronarla de huellas, pero no hay caso, la muy maldita arremete y hace blanco, Nahuel cae dentro de su nombre, se hermanan a su agonía algunas manos, ciertos temblores, los gritos no conmueven la impavidez del péndulo que oscila sin paz, de un lado carga la pólvora, del otro la dispara, no respira, no respira el cielo terroso de este día, el frío se achicharra con el fuego que lo atraviesa, el yuyaje está mareado de dolor, sobrepasada su materia de aquello que es capaz de percibir, se desborda en contracciones que no alcanzan para evitar que la muerte circule las bala en retracciones, el contorno entero del territorio convulsiona, hay algo dentro del agua helada que denuncia una violencia de orilla, una violencia tal vez sin marcas, pero que no vengan ahora a absolver la miseria con la ausencia de “pruebas”, pendula la muerte desde la superficie hasta el fondo del río, no necesita ir muy profundo, simplemente aprieta la amenaza en el punto fijo sobre un margen y la muerte móvil en el fondo,

Lana Tustich
Lana Tustich

así Santiago es un eco que espera a su biógrafo de último momento, allí estaban de testigos los arbustos, la enramada guarda el relato en el corazón del follaje, para cuando llegue el día, para cuando sea propicio, para cuando el péndulo deje de oscilar en seco en las piletas huérfanas de Milagro Sala, para cuando ella misma reponga el agua y la buena sed entre el aire repleto de brazadas que la reclaman, para que los Inmorales caigan, de una vez por siempre, bajo el peso de su mismo péndulo, suspendidos en la bruta creencia de pensar que ellos mueven el destino sin ser movidos, obnubilados por la absurda idea de que la montaña acumulada y saqueada, cuando llega al máximo de altura, elude la muerte, porque llegará el momento, aunque no sea ya mismo, llegará el momento en que tendremos agua para despertar el cuerpo dormido en la ducha, luz para combatir el fuego del verano, gas para que la olla humee en variedades en todas las hornallas, serán entonces, “servicios” y no serviles, traerán frescura, alimento, cuidado, esta carga aliada del tirano péndulo, llegará el día en que podremos separar las aguas sin ser dioses y pasarán, sin prisa y sin desierto, los orfebres, los oficiantes de las manos, los que sudan las máquinas y trajinan los trenes, eso sí, llegará el día, siempre y cuando no pendulemos así nomás entre asociaciones mafiosas del lenguaje, mientras no cedamos el hacer obstinado en nuestro territorio- que no se trata solo de un pedazo de tierra, sino de esta página inmensa y fértil donde vamos a labrar las palabras- mientras no creamos que detendremos el péndulo solo por prepotencias del deseo, mientras el deseo no sea un punto fijo, sino ese devenir del horizonte que hace la multitud y no la masa, el abrazo y no el arreglo,

péndulo del deseo, Alex Stevenson Díaz, Colombia
péndulo del deseo, Alex Stevenson Díaz, Colombia

mientras estemos atentos y activos y, cuando el péndulo oscile, podamos apretar los dientes y decir, momentito, que un extremo es un extremo y el otro es bien otra cosa, que cuando hay gente caída por debajo de la pobreza es siempre porque algo o algunos lo han empujado y que lo otro, tal vez de carambola, sí es cierto, todo miserable es una montaña de pobreza, una montaña que terminará por cubrirlo cuando la masa puntual, sujeta en su extremo, siempre inferior, le estrelle el rostro contra la inevitable elocuencia de los mejores espejos.

 




DE NARANJO EN NARANJO Y DE FLOR EN FLOR

Reflexiones acerca de la miseria: sobre Homero Manzi y Homero Expósito

Por Héctor Lontrato

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LOS POROS DE LA MADERA

La botella de ginebra apenas puede sostener la vertical sobre copas siempre llenas. Asomada en el codo de un bar, una mesa se ampara en luz de penumbra. Voces desesperan, carcajadas del incordio, la exultante desfachatez de la inconsciencia. El silencio brota justo ahí, se enamora de ese espacio, trepa, protege. Sólo dos hombres, uno frente al otro entre volutas de humo, por momentos, densas, a veces pixeladas en débiles nubes sobre un cielo despejado. Se miran por largos minutos, hablan, entran en pausa. Parecen secos, sin ganas de nada, cuentan los poros de la madera de la mesa, descubren las manchas de humedad en el techo. Cualquiera que los viera supondría que llevan ahí una semana. En ese lugar, se percibe otra dimensión, un tiempo sin barreras que ayuda a expurgar las traiciones, las mezquindades, el egoísmo. Y estos hombres, como almas dolientes, exponen sus espectrales angustias.

dibujo de raul ibarra sobre Manzi

OCHO X DIEZ

Una ginebra. Y otra. Y otra. Y otra más. Gritan menos ahora los indolentes parroquianos, sus cuerdas vocales están cascadas. Sus gargantas, rojas. Y nuestros hombres siguen ahí, como si estuvieran sentados mirando el Paraná desde la punta de una barranca. Si sus espaldas no hubieran estado tan dobladas, la luz detrás de ellos no les hubiese iluminado las caras. Hay allí más que silencios, respiran metáforas que se inhalan en ocho respiraciones y se exhalan en diez. Miran puntos en la inmensidad mientras atraviesan romances, guerras, asesinatos.
Nuestros homeros, Manzi y Expósito, siguen callados. Sus manos recorren la frente sobre un eje axial, van y vienen. Frotan sus cabezas e intentan salir de esa situación de miseria, miseria poética. Toman conciencia de que han vivido replegados sobre sus ombligos, meta reparar dolores autoinfligidos, dale teatralizar deslices para lograr un tono épico.

 

LAS UNAS Y LAS OTRAS

La ginebra se hace blanda, “más blanda que el agua” y el “Naranjo en flor”. Penélope desteje las heridas de los donjuanes que van de aventura en aventura. Hombres dominados por la histeria, quienes no se conforman con nada, no se comprometen con nadie. Y, mientras ellos toman el néctar, en Ítaca, esa mujer sigue enamorada de un fantasma que la pone a prueba.
Manzi vuelve a su pueblo natal, Añatuya, la Ítaca de Santiago del Estero. Allí se deja poseer por el Don Juan reivindicado amargamente por Joaquín Sabina. Ese que le dice a su compañera: “De sobra sabes que eres la primera”. Pero, a sabiendas que no debería hacerlo, repone: “y sin embargo/cuando pido la llave de un hotel/ y a media noche encargo/un buen champán francés/Y cenar con velitas para dos/siempre es con otra mi amor, nunca contigo”.
El bar parece vacío. Los Homeros piden otra botella. Manzi está encendido, comienza a gesticular y se pregunta: “qué le habrán hecho (sus) manos para dejarle en el pecho tanto dolor”. Expósito graba en su mente: “calle de estío, pedazo de vida, se marchó (…)”. A Manzi se le cae una lágrima, una sola, y apura otra ginebra y habla “Desde el alma”: “Fue lo que empezó una vez/lo que después dejó de ser/Lo que al final/por culpa de un error/fue noche amarga del corazón”.
Ulises rechaza el olvido, exige la castidad de Penélope. Veinte años en la búsqueda del recuerdo entre cantos de sirena y cíclopes, mientras ella tejía y destejía. En esa espera, Penélope podría haber escuchado “Fuimos”, de Manzi: “Gota de vinagre derramada/fatalmente derramada, sobre todas las heridas/Fuiste por mi culpa golondrina entre la nieve/rosa marchitada por la nube que no llueve/ Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza/ que no puede vislumbrar su tarde mansa/ Fuimos el viajero que no implora, que no reza/que no llora, que se echó a morir”.

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JURAMENTOS Y TRAICIONES

Pero el Don Juan se presenta como un victimario/víctima, no puede con esa compulsión a la conquista. Dice respetarlas y, a cada una de ellas, les jura “sos la única”, aunque también hay otras, porque esa es su naturaleza. Y justifica su falta de compromiso, como el Homero de Añatuya: “Vete/ ¿No comprendes que te estoy salvando?/ ¿No comprendes que te estoy amando?/ ¡No me sigas, ni me llames, ni me beses/ ni me llores, ni me quieras más!”.

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TORRENTE

Los homeros están solos con el dueño del bar. Los mozos levantan algunas sillas y las ponen sobre las mesas. Se van apagando las luces y Manzi le toma las manos a Expósito. Busca consuelo por ese “dolor de vieja arboleda” que vuelve una y otra vez. Dolor que es también goce, el disfrute de la ruptura, del adiós, de la permanente partida, de la gambeta al compromiso.
Después, qué importa del después”. Lo que interesa es el hoy, el súbito derrame de pasión. Un Don Juan histérico, que no se conforma con nada. Amor y odio se entrelazan. Solo Malena pudo con él, mientras cantaba el tango como ninguna y mantenía firme la decisión de ser actriz protagónica y no de reparto en la vida de Manzi. Para él, su canción “tiene el frío del último encuentro” y “se hace amarga en la sal del recuerdo”. Nuestro Homero rogó, imploró y prometió todo lo que no podía cumplir. Ella lo sabía y cantaba el tango como ninguna, no porque el dolor le diera una “pena de bandoneón”, sino más bien bronca, rabia por ese romance que “sólo nombra cuando se pone triste por el alcohol”. Malena no fue Penélope. No le importó lo que dijeran, ni las “vanas promesas de un amor”, se plantó desafiante ante el hombre que le imponía condiciones, puso las suyas y el Don Juan huyó.
La historia remata con una Malena fuerte, tanto que se permitió ser ella misma Don Juan, tomar lo mejor de cada flor sin conservar ninguna, bancarse las inquisidoras miradas y disfrutar del sabor de la conquista efímera. En ese disfrute del dolor demostró que son muchos los riesgos de “perder el corazón en el torrente”.

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LÁGRIMAS

Nuestros homeros actuaban como si fueran del pueblo, se sumergían en las calles de tierra con el barro hasta la rodilla. Interpretaban, vivían y sentían lo popular. Fueron la esencia de la cultura que transpira, gota a gota, de axilas quemadas el yugo. Gritaban sus verdades y también mentían, como en el más básico de los folletines. ¿Quién podría reprocharles no haber sido auténticos? Si fueron pelota de trapo y balero de lata de conserva. ¡Si hasta hacían los arcos de fútbol con las remeras! Tan auténticos fueron que, cuando se equivocaban, se parecían a uno de nosotros. Y por eso les caíamos con un vendaval de valores esclerosados, arrebatos de luna, soles enardecidos, la seca lluvia que apenas moja las manos y nos pone tan mal como si lloráramos por dentro. Lágrimas que nuestros poetas hubieran derramado si estuvieran aquí y ahora ante nuestras miserias.




MURO ENREDADO EN FUEGO

Reflexiones acerca de la miseria: sobre los sometimientos del laburante actual.
Por Roberto Aguilar

“A la espera que acabe la opresión,/mi cuerpo dijo basta./Se arremolinó/trepó
sobre el muro enredado en fuego./Era una tormenta del trópico./Me
trajo ramas, hojas, frutos,/un pájaro de fuego,/y escapó.”

                           

NADIE ME CHIFLARÁ EL CULO

Un día en la vida de un trabajador obediente a las reglas esclavas de los amos del siglo XXI es un día más de cansancios y largos bostezos. Pero no fue tan así en el caso de una tarde en la vida del operario Pablo Schultz. Esta resultó una tarde de verdad crepuscular, cuando Pablo apuró la noche de sus horas estresantes, bajo el yugo del patrón.

Aquella jornada laboral, Schultz ingresó a su trabajo como electricista en una fábrica de tela, situada en uno de los centros fabriles más populosos del Gran Buenos Aires. Atrás había quedado su piezucha alquilada por dos mangos, dentro de una casa chorizo y de estilo colonial a medio derrumbar. Postergó para la noche su vida en familia, los recuerdos de su ex esposa, sus hijos y su actual novia venida hacía poco del Paraguay.

Era lunes. Ni bien ingresó, desde la portería, lo pararon con un “No se cambie, no fiche. Está suspendido por un día.” Cuando escuchó estas palabras, hizo todo lo contrario, no sin antes recriminar al portero: “Que manden carta documento. A mí no me llegó nada. Esto es ilegal.” Como un rayo, pasó por encima aquella orden, fichó, se fue a cambiar y esperó en el banco su hora de ingreso.

Al llegar el portero de la tarde, Schultz estaba acostado sobre el largo asiento del vestuario y lo saludó. Le guiño un ojo, se paró y le dijo con tono de amargura: “Me quieren suspender. No se los voy a permitir ¡Con qué razón! Ni siquiera me llegó una puta carta documento. Se lo dije al ortiva de tu compañero…” Entonces, el hombre de las mil llaves le sugirió: “Pablo, esta gente se maneja mal. Te lo mandan un fin de semana cuando no hay correo. Hacen lo La única luchaque quieren. De cualquier manera, hablá con el gerente de Recursos Humanos. Quejate, pero escuchá su directiva. La carta, por ahí, te llega más tarde. Total, es un día nomás. Después seguí con tu vida normal. La tormenta pasará.” Schultz le contestó, mientras le rodeaba los hombros con uno de sus brazos: “No te preocupes, compañero. Me sé cuidar solo. Estos hijos de puta no se van a salir con la suya. No es así como se trata al obrero. Si me van a bardear, yo sé qué decirles. Y, si me quieren pisar, gritaré y nadie me chiflará el culo.”

EL NO YA LO TENÉS

La ronda de los presos - Vincent Van Gogh
La ronda de los presos – Vincent Van Gogh

Era Pablo y su rebeldía contra todo tipo de discriminación. Pablo y su continua lucha contra la persecución laboral por “vago pagado por hora” o por amigo de los delincuentes y putas del bar de la esquina. Siempre señalado como peligroso, pese a su trabajo bien hecho y a su amabilidad. Allí, en un gallinero fabricador de huevos de oro, no importaba ser honesto, sólo importaban la imagen, “la buena moral”, las costumbres pulcras y, sobre todo, la disciplina. Esto último le faltaba a Schultz. No se callaba ni se sometía a las reglas doctrinales de sus jefes y compañeros. Finalmente, era su vida privada. Pero, en un gallinero, no prevalece la dignidad del trabajo, sino la moral, el acatamiento a un dios llamado dinero y el látigo sobre la espalda del negro cosechador de granos. Contra el tedio y el látigo, estaban Schultz y sus eternas discusiones. Era Pablo, el rebelde, algunas veces en silencio y otras mientras daba pelea. Hasta que, aquella tarde, estalló contra su pequeño mundo de paredes, pasillos sucios, polvo y pozos de desechos químicos. Ese mundo que se había constituido como una cadena de persecuciones, unos días antes de la persecución, vaya a saber por qué detalle, recibió la gota que desbordó el vaso.

EL CERCO

Alertado por el portero de la mañana, el jefe de Personal llamó a todos los encargados de áreas eléctricas y de producción para que le quitasen el trabajo. El paria enfermo estaba adentro del cuerpo capitalista y había que extirparlo definitivamente de la empresa. La consigna era: no a la entrada al taller eléctrico. No al uso de herramientas u otras propiedades de la fábrica. No al diálogo o aproximación corporal con el demonio. En las mentes de sus compañeros y jefes estaba el brazo extendido a la puerta de salida y un cartel que decía: “Andate”. Pero Pablo no se amilanó, caminaba por toda la fábrica, buscaba algo para hacer y, al no encontrarlo, volvía a su taller con las puertas cerradas para él. Después, retomaba su caminata en círculos. Hasta que, debajo de una escalera, encontró las alas de su liberación: una máquina de soldar y una máscara. Tomó el carrito con aquellas herramientas, se dirigió a sus tareas y fuck you, al mundo de los mandatos, fuck you, a la injusticia y fuck you, al no.

fack you

¿QUIÉN ES EL MONSTRUO?

Schultz se encontraba en el medio del campo enemigo. Y su verdadero lugar esperaba en la calle, en los pasajes de la protesta y la rebelión. Pero en ese momento no había nadie. El desierto de las avenidas lo reclamaba y, adentro de la fábrica, ardía el infierno. Estaba más solo que nunca.

Caminó hacia el sector de producción y se encontró con el jefe de personal que lo buscaba.

-¿Sabía usted que está suspendido? Aquí no puede circular. Le recomiendo que se retire- le ordenó el de Recursos humanos.

-Yo le diría que primero me mande la carta documento- le contestó Pablo.

-La carta le va a llegar, pero ahora retírese- volvió a insistir el bulldog. Atrás de él, se acercó el jefe del taller eléctrico, quien repetía como en un eco: “Andate, andate”.

Extracción de la piedra de la locura (detalle) - Jerome Bosch, el Bosco
Extracción de la piedra de la locura (detalle) – Jerome Bosch, el Bosco

Entonces, Pablo se subió a su rebeldía como a un caballo alado y pisó a los perros que le ladraban con varios insultos. Aquellos perros huyeron despavoridos y decididos a traer una jauría. Pero las bestias no aparecieron. Bajo el ruido de la bóveda negra de aquella fábrica, el miedo al rebelde tejía, en cada operario, un silencio aplastante como respuesta a todo mandato vinculado al cartel de expulsión de la patronal. Porque alguien estaba dispuesto a quemar aquella sentencia de siglos de repetición. Schultz, con su proceder, fabricaba otra consigna: “Me quedo y exijo lo que me deben’’. Sin embargo, el mutismo de aquellos autómatas venía cargado de desprecio y odio por el distinto, por el esclavo cortador de cadenas milenarias. Tenían repulsión a su cartel de justicia y libertad. No podía haber alguien así. Sus dueños de la era moderna se los prohibían. Los antiguos patroncitos de estancias devenidos en gerentes eran Frankensteins, creadores de nuevos monstruos buenos y obedientes. De esta manera, horrible lector, cada operario lacayo se escondía detrás de cada rollo de tela, de cada máquina. Y veían pasear al rebelde con su carrito de cuatro ruedas por los pasillos de la fábrica. Y los perros llegaron:

Varios guardias de seguridad, mandados por el portero de la tarde, se escondieron también detrás de las columnas y espiaron a Schultz. Lo vigilaban. La orden era: no asustar al monstruo. No aumentar su violencia anti institucional. Pero el monstruo se espantó, ya dentro de la locura. Él presintió aquellas sombras policíacas. Él supo que aquellos insultos al jefe de personal le habían abierto el camino al barranco y entonces lo empujaban hacia allí. Estaba en el horno del Dr. Frankenstein. En el fondo,  ya se sabía despedido, era su última tarde en aquella fábrica. No había suspensión ni carta documento que lo salvara. Así que, perdido por perdido, pasó por la columna donde se encontraba el tablero eléctrico principal y bajó la palanca de su sentencia al abismo. Las máquinas de todos los sectores productivos se pararon y el monstruo, cubierta su cara con la máscara de soldar, se puso a arreglar, debajo cuerpo enredador en fuegode unos caños del tren planchador de telas, un antiguo trabajo dejado días atrás. Su mente se negaba al despido, se negaba a la falta de empleo. La carta documento no le había llegado y el monstruo tenía la opción de hacer arte. El arte de la rebeldía.

¿LOCO YO?

Sin embargo, ese arte llevado al extremo por el opresor de turno, como un sol único del universo pintado por Van Gogh, hizo caer a Schultz. En esa tensión -entre la de la rebeldía contra aquel sistema y  la sumisión a las cadenas del trabajo-, terminó por ganar el sistema y lo enloqueció. Fue inevitable: por un lado, estaba su libertad individual y por el otro, la libertad de su ex esposa, de sus dos hijos pequeños y de su novia del Paraguay. Ellos dependían de su sueldito y de su cárcel de sucias reglas laborales. Era “libre de elegir” quemar los mandatos de los dueños de su vida o seguir bajo el yugo del empresario para evitar el hambre de su familia. Pero, en verdad, no tuvo ninguna de esas dos opciones. Le hicieron tomar un atajo: el de la locura.

Y entonces era Pablo con su máscara protectora contra los ojos rojos de los demonios de sus jefes y compañeros. Pablo, y un palo de escoba convertido en fusil en la guerra interminable. AbismoPablo, abrazado a un tanque de aceite, como si de su madre se hubiera tratado. Schultz fotografiado por sus compañeros, como una bestia africana detrás de una jaula. Pablo, el loco de la escoba espanta brujos y brujas del aquelarre del gerente de Recursos Humanos. Por momentos, era también el rebelde acuclillado contra una pared, abrazado a sus piernas. Sin querer, el empujón al abismo se convirtió en el primer vuelo de su vida contra el fondo sin fondo del aquel infierno.

AL LECTOR:

Y todo lo demás es relato casi conocido: la ambulancia que llega. Una enfermera que lo convence de sacarse la máscara protectora y deponer su arma contra el enemigo. El calvario hacia la enfermería, con los brazos extendidos sobre los hombros de un guardia de seguridad y de la enfermera. Schultz arrastrado por los pasillos como los ladrones o como Cristo después de su crucifixión. Y, de golpe, ante la vista de los doctores, Pablo fue la cara del ángel caído destruida por sus pensamientos, el antifaz y las horas de aquella tarde interminable que le dejó la piel hinchada, surcos rojos y amarillos en la frente, pómulos y pupilas dilatadas. Finalmente, el loco abrió la boca en un grito sin sonido, con la espuma de un perro rabioso. Así, el cuerpo débil del demonio estaba tirado sobre una camilla del consultorio médico de la fábrica. Se trataba de un cuerpo indefenso como  el de un niño. Su mirada pedía piedad.

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¿Qué más le podemos pedir a Pablo, horrible lector? ¿Qué más le podemos pedir a ese cuerpo sanado por completo? ¿Y qué más te deseo, sino que inventés nuevos dioses o le des al dios todopoderoso de tu dinero un nuevo nombre? ¿Para qué? Para que te metas más en la locura de la esclavitud del aire que respiramos cada día. Que te sofoque y mate con desesperación. Te deseo lo peor. Tal vez, al borde del desfiladero, escucharás caer tu obsecuencia ante los poderosos. Y puede que sientas –y los que no, ya están condenados a la locura de la razón-, como Pablo, en algún momento de tu triste vida, que hay una salida donde podrías inventarte algún tipo de ala y un cuchillo redentores de tu prisión. Un ala para caer y un cuchillo para matar al dios opresor.

David y Goliat
David y Goliat – Gustave Doré




EL MUNDO TERMINA EN FLORES

Reflexiones acerca de la miseria: sobre putas de barrio

Por Néstor Grossi

 

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MANO A MANO, GUACHO

Ante todo, tengo muy muy claro el tema de la prostitución y la esclavitud en la Argentina de hoy y de siempre. No voy a hacer más declaraciones, porque esta es solo la historia de una persona que una vez fue mi amiga. Y de la noche en que ella me hizo Dios, que tuve una Claudia, una Dalma y una Yanina, nada más: goles con la mano ya tenía, y en contra también.

Como vivo en un país donde más de la mitad de los idiotas votó a un tarado, por las dudas, aclaro: No, este texto no avala la prostitución, pero si la legalización y el reconocimiento jurídico y social de un laburo que existe desde el comienzo de los tiempos.

—Desde ya, talibanes: “No a la trata”, ¿lo tengo que aclarar?

COSA DE NEGROS

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Aunque había dejado las pastillas por segunda vez, en 2010, fumaba más marihuana que en los noventa y bebía tanto, que podía emborracharme hasta dos veces en un mismo día. Entonces, me resultaba normal pensar que una buena puta era la solución para mediar el problema entre mis huevos y mi cabeza. Sí, además ya no tenía ni tiempo ni paciencia y no creía en el amor, pero, por sobre todas las cosas, los números cerraban.

Hasta ese momento, en mi legajo prostibulario sólo figuraba la señora sin diente que me había desvirgado a mis dulces catorce.

Las revoluciones tienen un costo, por sexo o por amor, entre el hombre y la mujer siempre flota un enorme signo de “pesos”.

Decisión tomada. No tenía más ganas de seguirle el juego a ninguna minita, ya me parecía estúpido todo el maldito ritual de apareamiento. Estúpido y demasiado caro. Entonces, la onda era lo de siempre: salir de “Dalton” medio puesto, fumar de camino a “Planta Alta” por Yerbal y llegar bien del culo a escuchar una banda, chamuyar con minitas sin la presión de tener que cogerlas, sin dejarme sacar tragos…

Una de esas noches, cuando el mundo terminaba en Flores, salí de “Planta Alta”, comí en la panchería de siempre, donde la birra es de litro y las chicas llevan rodete: necesitaba coger, pensé, pero quería fumarme uno antes, estaba demasiado ebrio y un par de secas vendrían bien para aclarar la mente. El porro me saca las ganas de coger, siempre. Funciono así. Ni en pedo encaraba una puta, ya no quería hablar con nadie, solo necesitaba volver a la paz de Mataderos con un trago para clavarme en casa y a la mierda. Conocía un kiosco que vendía latas a esa hora, y me quedaba a metros de la parada del 92. Fumé, mientras caminaba por Yerbal, un par de secas y encendí un pucho.

—¿Me convida uno, papi?—me dijo que había terminado su turno pero que, conmigo, podía hacer una excepción.

Que no podía ni hacerme una paja, le contesté y le pasé el atado de puchos con el encendedor.

—Voy al “Chino” por una birra ¿vamos?—  Tiré, de  puro borracho. Y ella dijo sí, que vivía en el hotel justo enfrente.

Era una negra caderona y con dos tetas enormes, usaba una musculosa y un mini short con cinturón de tres tachas, tenía el pelo corto y rubio. En la puerta del único súper abierto un sábado a las cero horas en Flores, todos me miraban. Y nos quedamos ahí, sentados en un umbral, a unos metros del Chino. Fumamos el medio faso y hablamos de todo, mientras bebíamos y nos metíamos puñados de papas pay en la boca. De fondo, sonaba esa salsa medio tecno desde el celular: la Negra era pura  buena onda. La invité a comer en “Dalton”,  el único lugar de Flores donde se puede fumar. Intercambiamos teléfonos; sí, laburaba a domicilio me contestó.

—Pero usté no se iba a ir así nomas, papi, usté ya me pagó.— Y me besó hasta que llegamos de nuevo al Chino y me metió en la pieza del hotel. Obvio, no pude. Lina me dijo que no importaba, y me abrazó. Me dormí entre los brazos de una puta que recién había conocido mientras, desde la calle, llegaba el ruido de la avenida, el murmullo de los ebrios en el súper. Cuando desperté al otro día, lo primero que hice fue encontrarme con los ojos de Lina entre mis piernas, que no bajaría la mirada hasta asegurarse de haber terminado su trabajo a la perfección.

 

NO ES TAN GRANDE EL INFIERNO

 

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Lina se movía en un mundo donde no dejaba que nadie la manejase, no le daba su dinero a ninguno. Por supuesto, que se pagaba por poder laburar, sobre todo, las extranjeras, pero ella no trabajaba para nadie, ni en ningún prostíbulo de la zona. Sólo le pagaba al poronga que hacía de intermediario con la comisaría.

—Está lleno de mierdas, la mayoría de las “casas” son lugares de gente mala ¿me entiendes, sí? yo evito todo eso, amor. Es cuestión de saber trabajar.

 

Para el ojo del ciudadano sin calle, para el imbécil que vive adentro de una pantalla, todos los puteríos son la misma cosa: lugares donde se mantiene a las chicas a base de golpes y dosis de cocaína intravenosa. Toda esa mierda se encuentra en los prostíbulos de provincia, en los departamentos privados del microcentro. La mayoría de esos lugares pertenecen a polis de altos rangos ya retirados, quienes se valen del engaño y del secuestro para llenar sus lugares.

Con Lina aprendí a caminar por sitios donde la prostitución no era marginal, donde había mujeres que les hacían creer a sus esposos que tenían laburos de oficina o de vendedoras o de promotoras o de dios sabe qué mierda, pero laburaban entre 7 u 8 horas cogiendo fuera de sus casas. Conocí chicas que trabajaban para no pedirles dinero a sus machos proveedores, para cubrir necesidades, para pagarse carreras o viajes. Uno siempre coge por algo, coger es morir o negociar.

 

UN DIOS MISERABLE

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Habíamos quedado  en un “quizás” casi improbable, iba a salir con unas amigas. así que me sorprendió el mensaje de texto:

—Si querés, pasate, vamos a estar a partir de las cinco. no creo que las chicas se queden hasta tarde—.

Joya, pensé: garchaba. Guardé el celular en el morral junto a todas las porquerías que me había comprado en el parque y le di un trago a mi heineken de medio, mientras el 92 doblaba por avenida directorio y yo me imaginaba enfiestado con lina y sus amigas.  No tenía que fumar ni una seca. Me bañé, me puse talco en los pies y mis Toppers blancas, una bermuda oliva nueva y el toque final: mi camisa narco, una angelo paolo que conservaba desde los noventa y la usaba sólo si estaba muy ebrio.

José León Suarez al 400, ahí era la onda, en pleno la paz, lejos del estúpido argento promedio, uno de los pocos lugares de este país donde aún existe el respeto y donde no me siento un criminal. Lo primero que hice al bajarme del 80 fue buscar un “Chino” y comparar una birra de medio y bien barata, forros de los texturados y un encendedor bic, porque los otros son una mierda. Hacía un calor insoportable, eran las seis y algo y el sol caía sobre los techos de un barrio que ya no era Buenos Aires. Sobre las veredas, los puestos comenzaban a levantar. El bar quedaba en el primer piso de una galería, me dijo Lina cuando la llamé desde el bondi.

Tenía razón, entré por lo que hoy llamamos una “saladita”. Pregunté y llegué hasta unas escaleras que estaban a mitad de pasillo entre puestos de ropa. Subí. El lugar estaba lleno. Lina y las chicas, sentadas al fondo, contra la ventana que daba a León Suárez. Sonaba una cumbia norteña, me acerqué al mostrador, pedí que me enviasen dos heineken heladas y señalé las ventanas, donde una negra hermosa se había parado para saludarme.

No me acuerdo el nombre de la peruana, ni el de la argentina, solo recuerdo que bebimos hasta que se hizo de noche y a la argentina se le ocurrió ir a bailar. Las otras dos ni lo dudaron, yo no estaba para eso. Pero, con tal de terminar en pelotas con las tres, acepté como un idiota.

El boliche era lo más bizarro que había visto en mi vida, una especie de salón de fiestas maquillado como una nena. Tenía un escenario que parecía un balcón con un caño a un costado. También quedaba en un primer piso, a unos metros de la terminal de ómnibus. El de seguridad nos recibió como si  hubiéramos sido los dueños. Lina me dijo que ya habían venido antes. Era un boliche boliviano, no una bailanta, un lugar donde se juntaba la comunidad joven en el país.

Ocupamos una mesa cerca del escenario. Ya me había acostumbrado a las miradas del mundo cuando estaba con ella, así que no me importaba nada, pedimos heineken, algo para picar. Me dijeron que sí, que se podía fumar. Lina se colgó de mi cuello. Las chicas no paraban de hablar. Estaban todas hermosas, pensé. Había un presentador, tocaría una banda llegada desde Bolivia para festejar el primer aniversario de x y j. Lo celebraban ese día en ese lugar. El presentador pidió un aplauso. nosotros a los gritos, nos habíamos sentado demasiado cerca de la pista de baile. Para cuando llegaron las cervezas, las rabas y las fritas para diez, ya nos habíamos corrido a una mesa más alejada del quilombo, contra la pared. Por cinco consumiciones, nuestro bizarro presentador invitó a alguna belleza a mover el culo en el caño, sobre el escenario, donde había dos plomos arrastrándose y tirando cables. Se subió una bolivianita hermosa con vestido cortito  y empezó a hacerse la gata al ritmo de la música de “nueve semanas…”. no había nada de sexy, era una pendeja  que jugaba ante sus amigos.

No sé que decían las chicas, yo tenía la boca llena de rabas. ellas reían.

—¿No te enojas, papi?— Lina se paró.

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—Cógetelos a todos—, le dije y brindé con ella. me besó y encaró el escenario. Cuando vieron una negra, los vagos estallaron. Lina se acercó al disc jockey y comenzó a sonar un reggaetón casi porno. Entonces, ella empezó a bailar, a mover esas terribles caderas dominicanas de un lado hacia el otro. No hacía piruetas ni nada, Lina sólo se sostenía del caño para agacharse, después seguía moviendo el culo sobre el escenario mientras los vagos empezaban a tirar billetes y ella se quitaba el corpiño con la musculosa puesta. Lo arrojó entre el público y la gente estalló, mientras le tiraban plata. Lina hacía señas de más y amenazaba con quedarse en tetas, mientras el disc jockey estiraba el tema y el presentador arengaba. Yo filmaba todo con un teléfono viejo de mierda. Los últimos 30 segundos del reggaetón, los bailó mostrando las tetas. Después, se bajó la musculosa, recogió los billetes con la ayuda de los plomos de la banda y, cuando bajó del escenario, me besó bien escandalosamente. Listo, era dios, y podía sentir las miradas de todo el lugar mientras volvíamos a sentarnos y a esperar mi coronación, a punto de llegar en manos del mozo del lugar. En vez de las tres consumiciones, nos dejaron un cajón de cerveza a nuestros pies, así, tal cual. No entendía por qué cada vez que queríamos una fría teníamos que cambiarla por una del cajón. No pregunté, la birra era gratis y con eso me sobraba; me quedé escuchando a las tres minitas hablar hasta que me llené la boca de comida. La banda salió a escena, las luces del lugar no se apagaron. Todo era muy bizarro. Varias veces se acercaba a nuestra mesa algún ebrio para tirar un piropo y seguir: los bolivianos siempre son respetuosos, hasta ebrios. El chabón que había capturado el corpiño de lina se acercó y pidió una foto, nos matábamos de risa. Y todos  quienes se acercaban me pedían permiso para hablarles a las chicas. Después me agradecían  y se disculpaban. Era temprano y yo estaba en pedo, tenía que ponerme media pila.

—Ya vengo—, les dije y me paré. Mientras me abría paso entre la gente, algunos me abrazaban al pasar, me felicitaban como si hubiese hecho un gol en una final de algo. Yo le pegué derecho hasta abajo, hasta donde estaba el tipo de la puerta. Lo charlé un toque y le pregunté dónde podía pegar un papel. Como a más de una raya larga o dos cortas no me animé nunca, le dejé la mitad de la falopa. Volví a la mesa duro a morir y ahí me quedé con mis amigas, echado como un dios, bebiendo la birra que bien Lina nos había regalado, mientras fumaba un philip atrás de otro.

Cuando todo el mundo ya andaba parado y daba vueltas por el lugar, la peruana y la argentina desaparecieron. Lina se quedo besándome, fumaba a medias conmigo, me llenaba el vaso.  Iban demasiado al baño, ¿estarían tomando? y los ebrios que aún llegaban a mi mesa a rendirme pleitesía.

Me vi de lejos. ahí estaba yo, recostado contra la pared con una negra adolescente entre mis brazos, una bermuda nueva y mi camisa narco. Rapado y con canas, era poli o un jodido de mierda. Era el único argentino del lugar. claro. Y con tres putas alrededor, el cuadro estaba pintado. Yo sólo quería llevarme a Lina de ahí y cogérmela de una vez. Tenía que comenzar a cerrar la noche para terminarla perfecta. Pero en el cajón, todavía quedaban 4 botellas y un saque en mi papel. Además, las chicas iban y venían todo el tiempo, bailaban. Lina se quedaba conmigo llenándome el vaso y contándome historias de cuando era pendeja en dominicana. La liberé de tener que soportar a un veterano amargado ex punk como yo, era fija que moría por ir a mover el culo con sus amigas.

Y, después, a garchar. —Te lo suplico—, le dije.

Saqué  un billete de cien, lo enrosqué y abrí el papel ahí nomas, me agaché y raquetazo hasta el final. De fondo, sonaba cumbia de los noventas, era la única señal de que todavía seguía en Buenos Aires. Liniers era el único lugar en el mundo donde no sentía deseos de matar. Y esa noche estaba como quería, pedí  otra heineken helada y entonces entendí que no era dios. Se me apareció la cara de Pablo Escobar para recordarme de qué lado estaba. Ante mi mesa se detuvo otro borracho zarpado en educación, yo me sentía un sorete porteño, pero era el dueño del lugar, al parecer. Yo le contestaba todo que sí, me había puesto el casete hasta que el tipo se sentó a mi lado y sacó la billetera. Me trataba con miedo y de usted ¿qué mierda quería?

—A una de las chicas—, me contestó—  la de pelo castaño.

—La argentina—, le contesté—hoy no están laburando, amigo, lo siento mucho.

—¿Cómo así?  las chicas me echaron del baño, usted me desprecia la plata…

Y soltó toda una historia  de que él era boliviano y yo argentino, y que estaba en mi país y bla bla. bla. Yo le hablé de Bolívar y de San Martín, de Chávez y de Néstor, de la patria grande. Pero el chabón solo quería entender por qué no iba a ponerla como el resto de sus amigos. La cosa era que las chicas estaban en el baño laburando, no le pregunté qué hacían ni en cuál de los dos baños. Sólo me disculpé, le llené un vaso y lo mandé a pasear.

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Al parecer, todas las imágenes que me habían caído entre los ojos eran por algo. Resultaba evidente que era el único que no entendía qué carajo pasaba.

Las chicas volvieron con unos vagos, dijeron que iban a bailar. Lina se me acercó.

No te enojes, papi, me besó esto es tuyo. dejó un fajo chico de billetes junto a mi vaso y se fue con sus amigas y los tres chabones hacia la pista. Sólo por ese segundo lamenté haber regalado la mitad de mi papel. No conté el billete, miré el cajón de birras, quedaban tres. Bajé a chamuyarme al tipo de seguridad: quería otro papel; y mientras el chabón llamaba al puntero, aproveché para fumar un pucho en la calle, para ver cómo Lina y las amigas bajaban por las escaleras con los vagos que habían conocido.

—Pensé que nos íbamos juntos— le dije y tiré el pucho.

—Es trabajo, papi.

Quedamos en vernos el martes, se subieron a un coche que apareció de la nada y me quedé mirando al de seguridad negar con la cabeza. Nada. Eran las cinco de la mañana y yo volvía a ser cenicienta. Estaba demasiado ebrio para seguir bebiendo; sólo necesitaba drogarme o comer algo antes de sentirme un verdadero tarado. Plata tenía. Después de todo era un cafishio barato, ¿no?

Me quedaba un porro, recordé. Lo encendí ahi nomas, en la puerta del boliche y me fui como si nada, como si hubiera llevado un phillip en la mano. Era increíble que me fuese sin coger, pensaba en eso y en una milanga completa en los puestos de comida barata sobre Rivadavia, cuando doble por Caruhé. No había un alma en la calle y me sentía un idiota marca cañón. me habían usado, el precio fue hermoso, pero yo volvía a mi casa en Mataderos con las pelotas cargadas y no era justo tener que acabar solo en el inodoro en una noche como esa.

 

Hacía calor. Llegué a Caruhé  y Falcón quemándome los dedos, apagué la tuca, encendí un pucho y me puse a mear contra un contenedor de basura. Los pájaros del amanecer cantaban como hijos de puta cuando, a lo lejos, vi la silueta de dos hermosas putas que se recortaban contra la noche de una historia perdida.

Demasiado grandotas,  pensé, a medida que las veía acercarse y me subía el cierre.

—Qué cochino, mi amor.

—¿Tomamos mucho negrito?—dijo la rubia que se parecía a Susana, sí, Giménez. La otra, la morocha que tenía el pelo tan planchado que no me dejo tocárselo, me aseguró que por 35 pesos me la chupaba ahí nomas, mejor que cualquier minita, que no iba a durarle ni dos minutos, y que me lo iba a acordar por siempre. Y tenía razón, me apoyó contra un coche y se agachó bajándome de una la bermuda nueva, sin sacarme el cinturón.

—Lo mío es gratis— dijo Susana y me besó mientras la morocha me la chupaba y la ciudad despertaba.

Cien metros después me reía solo. Estaba sentado en el peor lugar del planeta con una lata de medio y un sánguche de milanesa artificial; la avenida se llenaba de laburantes, era lunes ya. Le solté un billete de diez mangos al chabón que atendía y le pedí que me pusiera música en la máquina: los Redondos. Y, mientras “Motorpsico” sonaba de fondo, entre los motores de una Rivadavia que hacía de puente hacia el otro lado de la Argentina, comprendí que esa era mi última noche de putas en la ciudad y, que sí, que el mundo terminaba en Flores.

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SACÁ EL AUTO DEL GARAGE

Reflexiones acerca de la miseria: Entrevista a Miguel Benasayag.

Entrevista: Lourdes Landeira, Gabriela Stoppelman

Edición: Gabriela Stoppelman

Por un ventanuco del viejo portón de hierro, espía el mundo. El recorte que ve es un instante eterno entre una noche y otra, entre una luz y otra. Lo que más ansía es recuperar la mirada que lo circulaba en el tiempo y la consistencia que arrancaba chispas al espacio. Al principio del encierro, midió los transcursos con el color de la herrumbre. Pero, después, la tierra trepó sobre  su cuerpo, como letra urgente sobre una página sitiada. Desde entonces no pudo más que leer -una y otra vez, una y otra vez- los contornos que el vegetal escribía con ritmo suave y sin pausa. Al poco, la trama se le volvió muy compleja, sin origen y sin destino, demasiado para su pensamiento de claustro: ese rectángulo vicioso, de capot a baúl, de baúl a capot. Si con las duraciones las cosas no eran sencillas, con las extensiones resultaban mucho peores. La inmensidad lo aterraba, la desmesura le impregnaba las ventanillas con hollines delirantes y las puertas chirriaban mudas si osaba imaginar un mundo sin dimensiones. Así la tensión, la escena se parecía más a la de un garage inmovilizado por  los terrores de un auto que a un auto encarcelado en un garage. Para colmo de males, el vegetal trepador había dejado expuestos varios bollos de su piel, cicatrices de antiguos choques que jamás terminaban de cerrar. Otras, rendidas ante el peso de la reclusión, pudieron desatar sus rugosidades y andaban con las ligaduras sueltas, en busca de un encuentro, de filiar con una ruta, de  enamorar una calle. Sin embargo, el rectángulo vicioso les pinchaba cualquier fantasía. Que con las cosas que pasan afuera, que vos viste cómo maneja la gente, que estacionar es una proeza, que el precio de la nafta, la contaminación ambiental, los combustibles tóxicos, la aceleración en el deshielo de los glaciares, la extinción de las ballenas… En eso andaba un día -meta pulir la queja, meta velar sus autopartes dislocadas, meta justificar su inmovilidad con retraimientos y vejeces prematuras- cuando escuchó una voz, detrás del portón de hierro: ¡Sacá el auto del garage! Era Miguel Benasayag, que por ahí pasaba. De pronto, la luz encandiló un espacio que frunció los ojos, después de tantos años de oscuridad. Algo rugió con la voz de ponerse en marcha. Y dijo:

 EL ÓRGANO INNOBLE

                                                           “Bendita seas, Virgen de la niebla que me arrinconas/ y como si mi cuerpo fuera un tajo en la hostia/me hincas nievemente de luz/ me dejas ciega/ haces de mi mudez de dromedario un breve trazo (o) un ideograma/ Y estallo en rosa en intemperie/ en palabra”

                                                                                                    Poema de Tina Elorriaga

Estuvimos hurgando por tus libros. Me llamó la atención, casi por un interés personal, lo que decís sobre que hay partes dislocadas y capturadas del cerebro. Partes que se usan hoy en día para la comunicación en internet y antes cumplían otras funciones. ¿Se pueden recuperar esas partes?

Mirá, respecto a las partes dislocadas hay dos cosas para decir. Una, relacionada al punto de vista neurofisiológico. Contrariamente a lo que uno piensa de una manera un poco inocente, cuando uno utiliza una máquina digital, no es que está uno y la máquina, sino que la máquina se conecta con segmentos del cerebro de uno. Pero eso hay que entenderlo de manera corriente: cuando  ves a alguien trabajar en la cadena de montaje, ¿te acordás de esa película de Chaplin “Tiempos modernos”?

Bueno, la cadena de montaje solicita un grupo de músculos, de huesos y sus articulaciones. El resto no está solicitado, incluso molesta si se manifiesta. En el caso de Chaplin, el tipo se pone a pensar o se rasca el culo y la máquina ignora eso, captura sólo una parte de ese cuerpo. En realidad, el “individuo unido” es un poco un mambo imaginario, porque siempre -o casi siempre- cuando uno habla, piensa, o actúa, no hay una unidad del individuo solicitada y comprometida con el movimiento. Ahora vuelvo a las partes dislocadas del cerebro. Lo que sucede con el cerebro y las máquinas digitales es que éstas no utilizan “el” cerebro, como unidad integrada con una máquina. La máquina captura ciertos sectores del cerebro, aísla otros y, por supuesto, atrofia a algunos a lo largo del tiempo. Si uno lo compara con Chaplin, allí se atrofian las partes no solicitadas del cuerpo y, en cuanto a las zonas dislocadas, sobre las que vos me preguntás, se arruinan zonas cerebrales. Cualquier persona puede pensar que un cuerpo que no se mueve se atrofia o que una persona que hace solamente un gesto puede después tener consecuencias en el esqueleto, pero la gente no piensa lo mismo acerca del cerebro. Hay una idea difusa, a la que muchos neurólogos adscriben, que es la de un cerebro integrado, tal como Occidente necesita pensarlo: el órgano noble que piensa y decide y qué sé yo. Pero, cuando uno, en neurofisiología, trabaja el modo en que el cerebro se comporta con la máquina, se da cuenta que la máquina captura ciertos segmentos y deja de lado otros. Entonces, ves que la unidad que permite que haya una identidad, en realidad, no está. Cualquier persona que trabaja en una oficina haciendo números al pedo o que está condenada a ser cajero en un supermercado sufre este tipo de cosas. La máquina digital, de forma súper acelerada y muy potente, modifica relaciones del pensamiento y de la percepción de una manera muy  fuerte, casi irreversible. O sea, no es que es la primera vez que esto sucede ni se trata tampoco de una cosa excepcional. Lo excepcional y lo original está dado por la potencia con que estas máquinas cumplen funciones que nosotros no cumplimos más. Ahí empieza el problema, cuando vos no podés más calcular, no podés más ubicarte en el espacio y en el tiempo, cuando no podés más tener un pensamiento reflexivo complejo, porque todos esos segmentos están capturados, dislocados y atrofiados.

 SOBREDOSIS DE DESCARTES

                                   “Ya ves el tren/ A qué velocidad/ Y con fantasmas

                                                      “Esto es así”, Javier Adúriz

Me quedé pensando en el tipo que trabaja como cajero. Como docente, a mis talleres de escritura,  se acerca gente que está nueve horas dale trabajar con el pensamiento lógico. Todo el tiempo, “causa-consecuencia”. Al ponerlos frente a un poema quizás pasan tres meses sin que suceda nada, pero después algo aparece. Entonces, mi idea es que las zonas dislocadas, en algunos casos, se pueden recuperar.

benasay1auto-138918_960_720Bueno, a veces sí y a veces no. He hecho trabajo terapéutico, de permitir que haya asociaciones y vi personas que lograron una aproximación permitiéndose perspectivas diferentes. En algunos casos, vos podés lograr eso. Ya el hecho de que esta gente venga a un taller de literatura implica que tenés una población no representativa. Uno de los puntos graves es que es muy difícil  pensar que la gente tiene sus capacidades de pensar, entre otras, dislocadas funcionalmente porque toda la Modernidad, las luces y el progresismo siempre han pensado que el cerebro estaba ahí. El problema era que la gente estaba diezmada y explotada pero, si uno explicaba las cosas bien, el otro entendería. Si se compara el funcionamiento del cerebro como órgano con el de cualquier otro órgano, se ve que eso no es cierto. Si le pedís  a una persona de cincuenta años, quien hace treinta que no tiene ninguna actividad física, que juegue al fútbol o al tenis, no puede, porque no están entrenados ni los músculos ni las articulaciones ni el corazón para eso. En cambio, nuestra sociedad siempre pensó, de modo muy cartesiano, escindiendo el cerebro del cuerpo, que todo el mundo podía entender un poema o un concepto de filosofía. Y la realidad, que es muy jodida, es que no. Porque depende del estado de cada quien.

Pensaba en la posibilidad de lo poético para recapturar estas zonas dislocadas. A toda esa gente muy cartesiana que vos nombrás, igual no se la ve muy feliz. Por ahí no sabe qué buscar, ni advierte que tiene un problema. Quizás suene ingenuo, pero uno podría ir a ofrecerles no escribir poemas, sino el pensamiento poético. La pregunta es si vos considerás que lo poético, venga de la pintura, de la poesía misma, de la escritura o de la vida, podría tener alguna función ahí.

Por empezar, cuando uno quiere reactivar estos circuitos, hay que entender lo siguiente: el pensamiento, contrariamente a lo que sostienen los positivistas, no son los circuitos neurales. Estos son la base material, pero el pensamiento es algo que “flota” arriba de ellos. Yo estudio lo neural. Lo neural existe, pero la mente no se puede reducir a eso. En ese sentido, si lo neural está arruinado y como la mente no es solamente lo neural, es posible, por una especie de articulación con otra gente y otras actividades, permitirle a alguien acceder a la poesía, aun si desde un punto de vista neural los circuitos necesarios están medio atrofiados. Tampoco quiero caer en la posición un poco ilusoria e idealista de que con la poesía uno puede ayudar a alguien a reactivar todo. La verdad es que no. Yo no trabajé con poesía, sería muy interesante. Trabajé con matemáticas y, a partir de determinado punto de atrofia -propio del 80% de la población-, alguien no puede entender cierto nivel de matemáticas. No puede porque no entiende más. Es como decirle a alguien de ochenta años o de noventa kilos “corré”. Yo me imagino que, en la poesía, esto no es tan radical, porque es algo que pasa por el cuerpo, que despierta imágenes y no solamente conceptos. Pienso que alguien puede efectivamente acceder a la poesía por otros medios, además de los circuitos neurales del cerebro. Me parece que, en la estructura sutil de un poema, hay algo que no está en las frases dichas, sino en ciertas consonancias, contrastes, ritmos, evocaciones apenas insinuadas, eso hace que la poesía no se pueda comparar con los estudios hechos a partir de las matemáticas. La poesía no implica solo lo racional.

CÓMO EXPLICAR QUE PARTIÓ DE MÍ UN BARCO LLEVÁNDOME (*)                    

                       “En todo caso, la Penélope de esos días ya no está, ella aparece sin cesar, como los desaparecidos, aparece en cualquier momento, no respeta nada”.                       

“La vida es una herida absurda”, Miguel Benasayag

La poesía es una conmoción del lenguaje que no viene exactamente a través de una traducción definida de algo. Yo lo vinculaba con algo que reivindicás muy claramente en una nota de Página/12 en la que hablás de la conciencia insustancial que cree en el enigma y no en el misterio. Relacioné la poesía con el misterio, con poder devolverle a alguien esa posibilidad de comprender que, para empezar, hay algo que no se va a resolver.

Sí. Es que la poesía no evoca un enigma como sí lo evocan, en general, las matemáticas. La poesía evoca un misterio: no es que la rosa tiene una espina, que la luna es linda o que yo quiero a mi novia. Lo que dice no está en el mensaje sino en una estructura que es vivencial, existencial y envuelve un montón de otras dimensiones. Entonces, para entrar en la poesía es mejor no estar sólo pensando. Bueno, hay una poesía racional como la de Borges y otros, donde hay un mensaje y algo para entender, pero mismo en esa poesía hay siempre un plus más allá. Absolutamente.

Pensaba en la relación de tu escritura con el lenguaje poético. En los libros tuyos que pudimos revisar -que no son todos-, cuando apelás al lenguaje poético está muy vinculado con los ausentes, ¿es arbitrario lo que estoy diciendo?

Fernando Maldonado - Surrealismo
Fernando Maldonado – Surrealismo

Por supuesto, sucede así con lo que no se puede evocar. En mi último trabajo, “la singularidad de lo vivo” -que aún no salió en Argentina y sigue un poco mis investigaciones sobre el cerebro-, intento definir de forma científica cuáles son las dimensiones de singularidad biológicas no reductibles a la máquina. Trato de demostrar por qué no es cierto que todo sea algorítmico. Uno de los elementos fundamentales en esta diferencia irreductible es justamente lo no representable algorítmicamente, matemáticamente. O sea que, desde el punto de vista científico y filosófico, la ausencia es fundamental para mí. No es lo que falta sino ese inefable que hace que el dicho pueda ser dicho.

BENEFICIOS COLATERALES

                        “Escribe mientras sea posible. Escribe cuando sea posible. Ama el silencio.”

                                   “Fragmentos fantásticos”, Miguel Ángel Bustos.

 ¿Y qué hacemos con la gente que no tiene el recurso del lenguaje poético, cómo llegar a ese punto del inefable si esta herramienta no existe y la otra -la de la comunicación- es limitada? ¿Se transforma eso en enfermedad?

Cadillac Art & Frame
Cadillac Art & Frame

Se transforma en una disminución del ser de la persona porque tiene menos vida. Pero es imposible tener un programa poético universal. ¿Cómo todo el mundo va a acceder a la poesía? En realidad, pienso que la función poética, la función investigadora, la función creadora como la función artística son siempre funciones de minorías que crean mundo. No creo que sea necesario ni posible que la mayoría acceda a la poesía, pero me parece que la poesía -como muchas otras cosas- es fundamental para que el mundo sea mundo y para que la vida no sea destruida. A la vez, no todos los seres humanos tendrán acceso a los elementos de producción, pero sí a un mundo donde la poesía existe, que es muy diferente a un mundo donde la poesía está atacada o desapareciendo. Entonces me parece que la cuestión “para todo el mundo”, la función democrática o socializante, no está en la producción, sino en las consecuencias sociales, ontológicas y culturales de vivir en un mundo donde la poesía tiene un lugar.

Eso en cuanto al poema. Ahora, si uno conversa un poco con la gente se da cuenta que la experiencia de lo poético como conmoción del lenguaje la tiene hasta el más aparato, sin saber que la está teniendo.

Sí, pero no sé si es universable. Creo que hay mucha gente que de manera diferente tiene acceso. Por ejemplo, el slam es una forma en que existen los juglares hoy en día, los trovadores. En mucha gente, una estrofa de un tango o de un rock desencadena esa vivencia profunda y de dimensiones complejas. Pero, si bien esa función como posibilidad está para todo el mundo, hay otra para la cual eso está cerrado. Lo fundamental es que, aun si la gente no puede producir o no puede sentir la poesía, igual se beneficia de un mundo donde existe la poesía. Creo que ahí es donde está el lado democrático o socializante. Por ejemplo, a la música experimental, electroacústica, o la música concreta, músicas muy dificilongas, hay muy poca gente que tiene un acceso sincero. Claro que hay un montón que van, escuchan ruido y ponen cara de inteligentes. Pero, el hecho de que esta actividad exista -esta actividad de margen, de exploración, que va a transgredir lo legal para ir hacia lo legítimo- esta actividad cambia el mundo, mismo si la mayoría de la gente no tiene acceso a ella. Las actividades libertarias y de exploración cambian el mundo sólo por estar.

GARAGE CERRADO, MUNDO DISMINUIDO                              

“¿Pongámonos bien la vida/ que nos pusimos del revés?/ En vez de alimentar historias de plomo/ digamos cosas fáciles./ En vez de hacer de perro del hortelano,/ o llorar a la luna porque no nos quieren,/ echemos pájaros en el jardín de las preciosidades./ Probemos saludar a desconocidos/ a ver si aparece el amor,/ pues qué delgado está el mundo,/ qué pálido, y necesita apoyo./ Aventa una palabra uno y afecta al tiempo futuro;/ por eso hay que hablar con cuidado/ y sonreír más./ Pongámonos bien la vida a ver qué pasa

“A otra cosa”, Jorge Leónidas Escudero

¿Cómo se afecta, ante la presencia de esas disciplinas, la noción de intimidad o la creencia en la intimidad? En “La vida es una herida absurda” decís “Nunca fui de escribir diarios íntimos”. ¿A quién, supuestamente, se dirigirían esos escritos íntimos? ¿De qué hablamos cuando hablamos de intimidad?

Jacek Yerka - Ataque al amanecer
Jacek Yerka – Ataque al amanecer

Creo en dos tipos de intimidades. Una es cerrada, la del ombligo por decirlo así, donde uno está contando pequeños secretitos y que, en general, a pesar de lo que uno quiere, caen en la banalidad total. Y hay otra intimidad, donde uno explorándose, explora el mundo. En ese sentido, como laburo, yo sigo trabajando en psiquiatría y psicoanálisis e inclusive soy formador. No me apasiona para nada, pero lo hago. El otro día les decía a unos colegas -no les gustó ni un poco- que tengo una visión como de pedicuro del psicoanálisis.  En realidad, en el psicoanálisis hay esa cosa de creer que eso que te pasa te pasa a vos y que el otro entiende lo que te pasa a vos…. Mientras que uno esté en eso está totalmente perdido.

Como una noción de propiedad de la intimidad.

Claro, de propiedad, de extrema singularidad individual. En cambio, la apertura es cuando lo íntimo no es más yo, yo y yo. Podés decir “cosas pasan en la vida”. Yo trabajo en Milán, en una escuela de psicoterapia para formar analistas. En ese sentido, les decía a los colegas: “En realidad, aunque a ustedes les parezca mentira, a mí me parece que cada uno (psicológicamente, con su pareja, con uno mismo) se las arregla como puede”. Creo que no hay que perder demasiado tiempo tratando de arreglar el bocho, porque es un poco estúpido hacerlo. Es como que alguien se la pase arreglando un coche bárbaro en el garage. Se trata, en realidad, de agarrar tu coche y salir a ver qué pasa. Es ahí donde está la ética de Spinoza cuando dice “Nunca se sabe lo que un cuerpo puede”. Mientras que el coche está en el garage vos querés saber qué puede el cuerpo. Lo protegés, especulás sobre posibles daños. Este ejemplo del garaje puede compararse con ir al analista y hablarle de vos, y de vos, y de vos… Viste que a los analistas les encanta el poder,  adoran el poder, sobre todo, cuando se trata de un poder muy abusivo, porque en principio saben sobre vos, sobre cómo tendría que ser tu pareja, sobre todo. Son gente medio chota, ¿viste? Entonces hay un momento vinculado con la poesía, con el arte, con un compromiso libertario, con el amor, que es: mirá, vos sacá el coche del garage y andá y ya verás lo que pasa. Es decir, abandonar esa falsa intimidad, que es la intimidad psicológica. Asumir un punto de vista sobre el mundo, no sobre tu ombligo.

¿Esas son las experiencias que llevan a lo que nombrás como “pensamiento múltiple”?

Claro.

DEUS EX MACHINA

Para usted que está desesperado/ que ya no puede más/ y quiere sacar el alma por la boca/ hay una simple ordenanza/ que señala: / el piso tiene que estar limpio para caerse muerto.”          

                                                             “Prohibido escupir en el suelo”, Roberto Santoro

¿Cómo se enseña a la gente a pensar de esa manera después de tantos servicios militares que te obligan a deducir que vos podés saber qué puede hacer el auto cuando está en el garage?

bensasy36736144043_aa6ce1ff0e_bEs muy complicado porque todo en esta época va en el sentido de no sacar el auto del garage, de tener miedo, del sentimiento de inseguridad, de vivir una vida virtual en las redes y de no meter el cuerpo. Entonces, realmente es una especie de trabajo de resistencia en todos los sentidos, porque hay que atenerse a la tendencia dominante que dice, “sobre todo, no se mueva, quédese delante de su pantalla y viva una vida virtual”. Hoy en día, poner el cuerpo, desplazarse, experimentar cosas, está identificado con algo negativo, patológico y peligroso. Es terrorista, directamente. Entonces, en todas las actividades artísticas, científicas, amorosas, se trata de recrear una estética y una práctica de los cuerpos que están ahí, que nunca serán como los modelos digitales, serán cuerpos con sus lados chotos, con sus fallas, con sus lados que no funcionan, con todo eso que es la vida. Es una lucha terrible porque todo va en el sentido de “no se mueva más y controle sistemáticamente si todo está bien en el coche.”

Pensaba que, quizás, por esa tendencia a despreciar los cuerpos, a los fascistas les molestan tanto las multitudes en las plazas.

Claro. Todas las democracias actuales -porque estamos en la época de la post democracia-, son  democracias formales, queda como un gruyere democrático, adentro es puro agujeros. Efectivamente, los cuerpos molestan. Todos: los Macri, los Macrón, los nuevos tipos de gestores de la post democracia, dicen que la democracia no es algo que pase en las calles. Los que están en la calle son terroristas y pueden morir. Como dijo la Bullrich: “Si uno va a una manifestación, esa manifestación está prohibida y lo matan o lo cagan a palos, bueno…”. Esta amenaza es muy generalizada porque tiene que ver con un “retirá tu cuerpo” y el problema es que la vida es puro cuerpo. El pensamiento es simplemente una producción del  cuerpo. Y la poesía es poesía porque es cuerpo. Hay software que trata de crear poesía. Pero, claro, esa poesía creada así es una mierda, un simulacro con el que  tratan de colonizar inclusive el arte, como diciéndote: “dese usted cuenta, todo es mejor que un cuerpo”. Algo como lo que plantea el libro de la Sibilia, “El hombre postorgánico”, un proyecto muy decepcionante, llevar una vida postorgánica. De eso hablan los transhumanistas: que la vida no sea más la materia. Que uno pueda vivir en la silicona, en los algoritmos.

DESMARQUE SUJETO Y PREDICADO

Siempre quise ser boxeador/ hacer piruetas con un pantalón blanco/ y botas rojas/ Saltar con la cuerda/ hacer punching-ball con un racimo de laureles/ Pero la vida nos depara destinos menos aventureros/ estrategias de saco y corbata/ planes financieros/ calculadoras con ponzoña/ o pájaros sin alas/ Para que canten mejor”.

                                                      “Boxeo”, Néstor Ponce

Tenemos como tema en este número:“Reflexiones acerca de la miseria”, ¿quién es un miserable para vos?

Arman - Exp Centro Pompidou
Arman – Exp Centro Pompidou

Alguien que rompe todos los lazos que tiene o los utiliza para su yo. Una especie de predador fatal: soy yo, yo gozo. Después de yo, el diluvio. Es el modelo de lo que debe ser un ser humano. Nuestro mundo hoy nos propone ser soretes, individuos aislados que tienen relaciones contractuales con los otros. Eso se ve en la dificultad para formar pareja, en la dificultad  en las relaciones con los hijos, con los padres, con la sociedad y con el medio ambiente. Es un mundo en el cual nos proponen gozar como puercos cagándonos en todo. Las mismas posiciones transhumanistas plantean un “Viva sin límites. Viva sin morirse”, ¿pero, quién? Usted. Y un miserable es alguien que asimila la vida a él. Y, en realidad, la vida es algo de lo que uno participa y deberíamos comportarnos según se lee en las puertas de  los baños: “Trate de dejar este lugar tan limpio como lo encontró.”

Decías que el miserable rompe las ligaduras con el otro. Pensaba que también están los que establecen ligaduras tramposas. Decías algo de eso en “La fabricación de la información”, el libro que escribiste con Florence Aubenas: “Función fundamental de la prensa: evocar las ligaduras, las articulaciones, las casualidades, entre cosas que no las tienen forzosamente”. 

Lo que pasa es que las ligaduras no son algo que uno decida. La postmodernidad te propone crear lazos. Tenés ochenta mil amigos en Facebook y eso es pura paja porque, en realidad, nadie decide sobre esas ligaduras sino que ellas te componen, son a pesar tuyo y por eso es importante re-amigarse con el concepto de destino. Darse cuenta que uno no es un individuo aislado en un supermercado donde elige la vida y las ligaduras que va a tener. Uno es en ligaduras y tiene que asumir aquellas que se le dieron.

Formar cuerpo con lo que se te cruce.

Y con vos. El filósofo Leibnitz decía: El predicado pertenece al sujeto. Uno puede imaginarse un mundo donde Adán no haya pecado, pero no es posible en la realidad. Quiere decir que hay un determinismo que no se opone a la libertad, al contrario: es solamente asumiendo tus determinaciones que algo de la potencia, de la libertad y de la felicidad puede existir. El sorete es quien  pretende que se puede cagar en todos los predicados, en todos los lazos. Vivirá feliz su vida, pero será una vida muy chiquita.

TE ESCUCHO SIN OÍR

¿No eran ustedes las hojas de todos los árboles?, lentamente volvían, ¿su esperar paciente en todas las caras? ¿No eran ustedes las hojas caídas de todos los árboles?/ ¿Eran ustedes casi todos los árboles, las hojas nuevas, hojas cayéndose, caídas, el madurar verde?/ Espejo de estar por quedarte dormido. Pasa lo que no pasa. Transcurre lo que no pasa, pasa el agua, pasan las aguas de nuevos ríos. En espera siempre de lo mismo: desaparecerle al día/ Cosas que no oscurecen las estaciones.”

                                                               Arnaldo Calveyra

En medio de esto, ¿en qué lugar queda ese que llamás “militonto”?

Los militontos son un horror. Son todas estas gentes que saben cómo el mundo debe ser, que saben por dónde pasa la libertad, que tienen un programa en la cabeza y en el diario de su partido y que saben cómo se fabrica la máquina de crear felicidad. Como decía aquel poema de Pessoa:

Hablas de civilización, y de que no debe ser, o de que no debe ser así. Dices que todos sufren, o la mayoría de todos, con las cosas humanas por estar tal como están. Dices que si fueran diferentes sufriríamos menos. Dices que si fueran como tú quieres sería mejor. Te escucho sin oír. ¿Para qué habría de querer oír? Por oírte a ti nada sabría. Si las cosas fuesen diferentes, serían diferentes: esto es todo. Si las cosas fuesen como tú quieres, serían sólo como tú quieres. ¡Ay de ti y de todos los que pasan la vida queriendo inventar la máquina de hacer felicidad! Fernando Pessoa, traducción: José Antonio Llardent)

Mirá, yo reivindico absolutamente todo lo que hice y sigo militando. Pero está toda esa basura que uno tuvo que aguantar como militante y también esta especie de horror de comisarios políticos de mierda que sabían a dónde y por dónde había que ir. Esos  que, en nombre del bien, podían hacer el mal. Eso horrible es el militante triste: el militonto. En Argentina hay muchos. En apariencia pelean contra el mismo mundo contra el que  pelea uno, pero no  buscan el mismo mundo.

Te lo planteaba para distinguir esa certeza sobre el futuro que ellos tienen con lo que vos decías del destino.

Por supuesto. El militante triste es el tipo que cree saber por dónde hay que pasar y de qué está hecho el futuro y que, sistemáticamente, cuando gana, se vuelve represor, tirano, adulador del tirano.

¿Esa adherencia al futuro no los vuelve como melancólicos al revés?

Sí. Aunque serían melancólicos si fueran un poco menos mierda, pero en realidad son dogmáticos, fanáticos convencidos de que tienen la verdad. Y como, encima, dicen que luchan por el bien y contra el mal, todos  les es  permitido.

AVES MIGRATORIAS

                                   “Antes de detenerse/ en algún sitio último que la consagre/ Todo Pensamiento emite un Golpe de Dados”   

                                               “Un golpe de dados no abolirá el azar”. Stephan Mallarmé

 O sea que ese destino del que vos hablás es más una dirección que una meta.

bensayag9andoned-placesClaro, la figura con la que yo pienso el destino es muy diferente a la de fatalidad. Vos tomá un ave migratoria. El ave es migratoria, está en su destino, pero después tiene que poder migrar. Después está la vida: si migra, si no migra, cómo migra, si se desvía. Todos tenemos nuestros destinos, pero esos destinos no son la fatalidad. El destino es lo que tenés que asumir, hay que tomarlo de una manera básica: vos tenés hijos, no podés decir como algunos pequeño-burgueses “Ay, pero yo tengo mi vida, que el chico se arregle” No, vos tenés tu vida y acá tenés tu hijo. Esas cosas estúpidas de “estoy yo y el mundo es mi decorado” No. Cuando yo entré al ERP, tocaba la batería en un grupo hippie. Pero no podía seguir tocando la batería en un grupo hippie mientras mataban a todo el mundo. El destino era decir “bueno, yo estoy por la libertad, yo necesito la libertad. A los hippies los cagan a palos., acá hay que migrar.” Y migrar significaba asumir la lucha. No digo que la única vía era la del ERP, digo que había muchas vías pero, dentro de esta batería de posibilidades, uno no podía ser libre dándole la espalda al destino común que era resistir.

¿Tiene que ver con lo que hablás de “la ola”, en “La vida es una herida absurda: “¿Cómo este personaje ha hecho esto o aquello?…, participaron de una ola, de un agenciamiento múltiple colectivo, más que humano, olas de las que también participan, las montañas, los ríos, la naturaleza”.

La ola es una cosa cómica que me pasó a la vuelta de la democracia. Yo volví a Argentina con Alfonsín. Nos habían pedido a los que estábamos en “la pesada del rocanrol” que no volviéramos inmediatamente. Algunos obedecimos. Yo esperé, no quería ser un elemento perturbador. No sé si Alfonsín tenía razón o no, pero así hice. Cuando volví, encontré a un montón de compañeros que habían tenido responsabilidades de putísima madre en el PRT-ERP, en Montoneros, con gente que me hizo preguntar “cómo puede ser que este pescado haya decidido esto y lo otro, que haya sido mi dirigente”. Ahí me di cuenta que, en cada época, hay como un ola que te lleva, que hace que individuos que tienen mil defectos participen en cosas enormes. Pero, cuando la ola se retira, esos tipos quedan en pelotas, con la panza y el culo caídos. Sin embargo, uno tiene que darse cuenta de que no hubo mentira ni engaño, sino que los pequeños individuos que nosotros somos, al participar en la ola, participamos en algo que nos superaba. Luego, lo que ya no es cómico, sino tristísimo, es que la gente que participó de la ola se queda toda su puta vida tratando de entender cómo fue que él mismo participó. El individuo, como tal, no está a la altura de las gestas de las que formó parte. Yo daba un ejemplo con los Rolling Stones. Ellos vienen de vez en cuando a tocar a París, cuando necesitan guita para pagar los impuestos o qué sé yo. Es una lágrima total. Porque Mick Jagger es Mick Jagger, ellos tocan las mismas canciones, pero no pasa nada. Para que los Stones sean los Stones, hace falta la guerra de Vietnam, hacen falta los hippies, hace falta la ola. Entonces es patético cuando alguien que participó en una ola importante y esa ola no está más, trata de ser él la ola. Una vez vi a esta porquería de Firmenich hablar frente a una cámara. Él pretendía hablar como el “Comandante Firmenich” y lo que aparecía era un gordito que se cagaba en la vida de sus compañeros, que no se daba cuenta de que estaba en bolas porque la ola no estaba más. No advertía que él había sido ese Firmenich porque había habido una ola mundial y que entonces ya no, entonces él era un gordito medio cínico que hablaba de la muerte de sus compañeros sin ningún respeto. Para la gente de mi generación, para quienes participamos de esa ola, es muy importante tratar de ver quiénes somos ahora. Porque si no, pasa lo que pasa en Argentina, que hay un montón de ex combatientes militantes que tienen que ser tratados como héroes o como estatuas y aplastan a los jóvenes diciéndoles “Yo estuve en esto”. Habrás estado en esto, pero el pasado no te pertenece.

EL ECO DE ESTE INSTANTE

La vida es prosa/ coagulada en barro,/ en piel, / en rojo tumefacto. / La vida es esta cosa doméstica/ que manoseo todos los días/ con indiferencia,/ con la pasividad de un ave de corral,sin sueños. / La vida no tiene ese color/ que se presiente de lejos, / nos hipnotiza/ con su arco iris/ de impúdica esperanza. / ¿Y después, después qué?/ Pero ahora pienso/ en la vida. / Esa prostituta.”

                                                      “Ahora”, Susana Thenon

Vos reivindicás esos ecos de las capas profundas, que hacen o forman parte de vos: Cuando algo en lo que hemos participado (…) pasa a ser parte de las próximas épocas y situaciones, algo se queda, algo se queja, es la profundidad en las capas de las época que hace que algo que tuvo que ver con ellas se transmita, (…) continúe significando, resonando”

Chatillon Car Gravetard
Chatillon Car Gravetard

Sí, forman parte de uno mientras uno no quiera apropiarse. Aquí, en Francia, a veces a la gente le extraña que yo tenga tres doctorados, sea profesor y qué sé yo, pero que siempre diga: los que más me formaron fueron los años de cárcel, la lucha y la tortura. Digo eso. Pero si tratara de apropiarme de ese pasado como si  fuera algo que me pertenece, caería en lo patético. Eso te forma mientras está ahí en el fondo y te da una perspectiva y una forma de ser, pero vos no sos eso.

Te dejaría sin presente, como si lo mejor de vos ya hubiera pasado.

Claro. Todos estos chotos que andan ahí hablando del pasado, pretenden que la gente los perciba como si siempre estuvieran atacando cuarteles y luchando contra los malos.

En ese sentido. se parecen mucho a los milicos.

Exacto. Lo cual es terrible. Cuando veo a los viejos militantes con las viejas categorías, a la espera de que el comunismo gane, de que reventemos a los malos, me parece oír a esos viejos nazis de Bariloche que, escondidos en el sótano, cantan canciones nazis… Patético.

El predicado pertenece al sujeto. Vos decís, muy spinoziano, que la eternidad se da entre dos minutos ¿podés citar alguna experiencia cotidiana de eso?

Sí. Es muy fácil. El todo no es la suma de partes, sino que existe en cada parte. Cuando estás amándote con alguien, el amor es el todo en ese momento. No es ni la suma de toda la gente que se ama ni la de tus experiencias. El todo, lo que Spinoza nombra la eternidad, no es la suma de los tiempos, sino lo que existe concretamente en cada momento donde esa intensidad se da.

LA YAPA

Mirá, te hago un chimento como epílogo: hoy, en Página 12, en la portada, está la foto del militante triste tonto oligofrénico, el enamorado del poder mas arquetípico. Hay muchos, pero él se gana el premio; Bernard Casen, quien ha roto el no global mouvement por amor del poder y del orden.

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https://www.pagina12.com.ar/81881-es-un-hecho-inedito-y-muy-grave

(*) Poema de Alejandra Pizarnik




DECISIONES DE SEGUNDA CATEGORÍA

Reflexiones acerca de la miseria: sobre la masacre en Bagua, Perú, año 2009.

Por Anne Diestro

ANDAR LA PENUMBRA

La lucha entre el capital y la defensa de los pueblos originarios suele causar desgracias. Las cosas no salen a la luz hasta que las tragedias explotan. Ese fue el caso de la masacre del 5 de junio del 2009, provincia de Bagua, Amazonas, Perú. Alan García -ex presidente del Perú- promovía una política de inversión como parte del TLC (Tratado de Libre Comercio), firmado con Estados Unidos. Este hecho puso en alerta a toda la comunidad awajún y wampi, localizados al nororiente del país. Este TLC no traía beneficios a la comunidad, pero sí a los lazos con Estados Unidos. Una transnacional intentaba entrar en la selva e “invertir” en el país y el presidente estaba a punto de entregarla en bandeja de oro. Esa “casi” decisión le costó la muerte de 33 personas.

Ilustración, Álvaro Portales.
Ilustración, Álvaro Portales.

El presidente extendía el diálogo con los nativos y los subestimaba. “Los nativos no han leído la ley”, decían los interesados en que este tratado se cumpliera. Según Mercedes Araoz, en ese momento ministra de comercio exterior, el acuerdo había sido modificado en consideración al bienestar de las comunidades nativas. Araoz declaró en una entrevista, que ella prefería conversar con los nativos antes de que se desatara una guerra. Eso nunca pasó. Mercedes Araoz es actual vicepresidenta del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, presidente del Perú. Qué cosas, ¿no?

Caricatura a Mercedes Cabanillas, por Cossio.
Caricatura a Mercedes Cabanillas, por Cossio.

En la lista de políticos alentados por el TLC también figura Mercedes Cabanillas, pieza clave de la masacre. En aquel entonces ocupaba el cargo de ministra del interior. Fue ella quien encabezó el operativo de desalojo. El Baguazo dejó también un desaparecido: el mayor Felipe Bazán acudió a la zona para despejar la carretera y no regresó con vida.

 

CÓMO ERA ESO DE LA DEMOCRACIA

Quienes acompañaron el club del silencio del gobierno de García no tomaron en cuenta que un estado democrático está obligado a velar por el pueblo. Policías, nativos, civiles, todos. El presidente quería que el TLC se cumpliera, a pesar de que 68 comunidades serían afectadas. Los nativos no solo defendían un patrimonio forestal, sino también intentaban tener otras vías de acción de parte del Estado. Eso no se logró.

Testimonio Mercedes Araoz, ex ministra de comercio exterior y actual vicepresidenta:

Periodista: ¿Qué pasaría si se derogara?

M.A: Eso generaría un problema, ¿no? Porque tendríamos que hacer una legislación nueva, pero ¿cuál? Una derogatoria nos deja con un vacío legal y sin capacidad de control. (EEUU) Nos podría llevar a un panel de incumplimiento, ¿y eso qué implicaría? Implicaría que puedan ponernos sanciones.

LA FUGA

Alan García Pérez, 68 años. Dos veces presidente del Perú. Primer gobierno: 1985 – 1990; segundo, 2006 – 2011. El primer mandato tuvo un desenlace miserable. Alan huyó a Francia en 1990 y fue buscado por el SIN (Servicio de Inteligencia Nacional). ¿Por qué lo buscaban? Por corrupto, por responsable de muertes, por traidor a los intereses de la nación. La búsqueda duró 1 mes y 18 días. Él se refugió en Francia y, algunos años después, habrá regresado a Perú a intentar “hacer patria”. Los peruanos volvieron a creer en él. No importó la larga lista de hechos de corrupción. Aquí, algunos:

  1. Masacre en el Penal del Frontón, 1986, liderada por Agustín Mantilla y su comando militar “Rodrigo Franco”.
  2. Malversación de dinero en promoción del “Tren eléctrico”, transporte cuya construcción duró más de diez años.
  3. Creación del dólar MUC, dólar subsidiado por el gobierno para actividades económicas que imponía el Estado.
  4. Enriquecimiento ilícito, por su presunta participación en un acto de corrupción dentro del Banco de Crédito.

Alan García estuvo con orden de captura y pedido de extradición. Finalmente, se quedó en Francia. Entonces, quisiera saber: ¿por qué volvió el pueblo peruano a votar al enemigo?

Carticatura de Carlín, Alan García y Mercedes Araoz.
Carticatura de Carlín, Alan García y Mercedes Araoz.

BAGUA NO SE VENDE. LOS POLÍTICOS, SÍ

Tras ocho años desde la masacre de Bagua, aún no se tienen identificados ni juzgados a los responsables políticos. El “Baguazo” se volvió una figura siniestra, que pretende enfantasmar los cuerpos y eternizar la memoria.

¡Bagua no se vende!

Portada de diario "La primera" 4 de noviemnbre 2010.
Portada de diario “La primera” 4 de noviemnbre 2010. Mercedes Araoz es también conocida como “Miss Bagua”.

33 personas fueron asesinadas, 52 nativos con presunta responsabilidad de matar a 23 policías en La Curva del Diablo, Bagua, Perú. En el año 2016, el Poder Judicial absolvió a los acusados, ningún representante político figuró en la lista de responsables. Ni siquiera la ministra del interior, Mercedes Cabanillas, quien dio la orden para desalojar a quienes intentaban defender que una transnacional se estableciera en un área protegida legalmente. Alan García dio cabida a su desprecio de clase y trató a los nativos como ciudadanos de segunda. Hasta el día de hoy no hay ningún responsable político preso ni procesado por la muerte de 10 nativos.

 Aquí, las palabras textuales de Alan García en el 2009:

Estas personas no tienen corona, estas personas no son ciudadanos de primera clase, 400 mil nativos no pueden decir a 28 millones de peruanos, tú no puedes venir por aquí, de ninguna manera. Es un error gravísimo y quien piense de esa manera quiere llevarnos al proceso primitivo”.

CUIDEMOS EL TRATADO CON EL TÍO SAM

El TLC firmado entre EE.UU y Perú afectaba a 400 mil nativos entre las etnias awajún y wampi. Por eso lucharon, por defender sus tierras.

Las comunidades no aceptaron los decretos legislativos que proponían.

El diálogo se extendía y el gobierno se desesperaba.

VOZ DE BAGUA

Paco Bardales, líder periodístico amazónico y cineasta peruano, cuando le pregunté sobre los hechos ocurridos durante el gobierno de García, dijo:

“El 5 de junio de 2009 se generó una de las más importantes tragedias que la Amazonía ha padecido en los últimos tiempos, debido- en general- a una imposición obcecada y absurda de un modelo económico extractivista y depredador, en desmedro de un desarrollo sostenible que, además, se enfoque en una de las regiones más pobres y abandonadas del Perú. Se percibió la fragmentación entre el Perú oficial y el Perú real. Y la doctrina del gobierno, impuesta a rajatabla y a pesar de la oposición manifiesta de las poblaciones que albergan más del 60% del territorio nacional”.

También lo consulté sobre cómo afecta el neoliberalismo en la Amazonía. Contestó:

“No sé si el neoliberalismo afecta más a la Amazonía. He visto claramente que todas las propuestas económicas o ideológicas parten de dogmas, conceptos erróneos e imposiciones, sin conocer realmente el espacio ni la idiosincrasia del amazónico. De la Teoría del Buena Salvaje hasta la teoría del Perro del Hortelano, se ha visto una amplia fractura entre la ideología y la realidad”.

DIÁLOGO INERTE

“Si hubo un error fue el diálogo de 55 días, en la Presidencia del Consejo de Ministros, con grupos que iban y venían, y se consultaban”– Alan García, 2016.

Ilustración, Álvaro Portales.
Ilustración, Álvaro Portales.

La tragedia de Bagua fue el mayor golpe que recibió la Amazonía en los últimos tiempos. Implicó también el ninguneo del Estado frente a los nativos y el conflicto generado por la promulgación de los decretos legislativos 1090 y 1064, que ponían en riesgo los territorios de las comunidades awajún y wampi.

7 años después, Alan García se burla de los indígenas y de sus creencias:

 

Derrotar las ideologías absurdas y panteístas, que creen que las paredes son dioses y el aire es dios, volver a esas fórmulas primitivas de religiosidad, donde se dice que no se toque un cerro porque es un Apu y está lleno del espíritu milenario. Si llegamos a eso, entonces no hagamos nada, ni minería ni nada”.

Así se expresó en una entrevista del año 2016, para un canal de televisión peruano. Bagua es el resultado de un país que no sabe dialogar, de un Estado parcializado y antidemocrático. Bagua trajo consigo muertos, heridos y un desaparecido de las fuerzas del “orden”.

8 años después, Bagua sigue sin responsables políticos.

DE MISERABLES TAMBIÉN SE COMPONE EL MUNDO

La lucha de clases provocó la muerte y desaparición de ciudadanos peruanos. El Estado peruano todavía sigue la línea social de “cada uno tiene lo que tiene por nacimiento”. La pobreza y el capitalismo son armas contra del pueblo. Quienes componen el Estado deben hacerse cargo de aquellos que se encuentran a kilómetros de distancia, de aquellos que viven en zonas donde apenas existe luz eléctrica, donde apenas se puede acceder a la educación tras horas de largas caminatas.

Perú es el país donde liberan genocidas y ex presidentes criminales vuelven al poder.

Perú, país donde los miserables están a la orden del día con sus indultos y su “reconciliación” nacional.

Perú, país que se burla de la memoria de quienes sufrieron la dictadura fujimorista.

Perú, país donde ordenan que trabajadores llamados policías tengan el poder de disparar a ciudadanos.

Perú, un globo de agua a punto de estallar.




EL ROSTRO DEL VACÍO

Reflexiones acerca la miseria: sobre  la muerte que ronda lo cotidiano.
Carlos Coll

EL ABANDONO

Caminar por Marrakesh resulta una aventura. Ciudad extraña, si las hay. Exótica, bella, desconcertante. Es la que le da el signo distintivo a Marruecos: color terracota, calor sofocante, el sol te perfora. La cabeza parece estallar. Ahora entiendo el porqué de las túnicas y los turbantes. Son herramientas protectoras. Andar sobre los camellos parsimoniosos tranquiliza apenas, es un modo de acunar el paso, mientras la cabeza se menea al compás.

Multitud

Y si de compás hablamos, mientras tu andar avanza, de pronto, un sonido antecede a las plegarias hacia La Meca. Las calles concurridas empujan por la feria repleta de sangre movediza. Ofrecen desde vasijas decoradas, fotos con serpientes tentadoras hasta esencias aromáticas y ropas polvorientas. En un momento es necesario huir del ataque de los comerciantes quienes, despiadados, te anestesian con sus ofertas hasta cubrirte con sus petates. Es difícil escapar.

Una vez a salvo, las calles se angostan. Mi tablet estalla en cada foto.

Súbitamente, la descubro y me detengo.

Ausencia

Está allí, en el cantero, en medio de la vereda, desde  donde emerge ese tronco raído de un árbol inexistente. Es una dentadura postiza que mordisquea rítmicamente el pasto reseco. Amarillenta, abandonada, muestra la ausencia de su antiguo dueño.

LOS RESPALDOS

La acción se despliega desde un abrir la puerta y ser recibido por ese olor a vacío, hasta meter las manos en la oscuridad de un ropero. Los colores varían de los pasteles opacos hasta el rojo y el azul de los respaldos, en las camas de la adolescencia. En un súbito sube y baja, las cortinas caen y levantan el polvo de los recuerdos. Es entonces cuando la ventana deja asomar algún tenue rayo de luz. Empezamos a ver. Somos los dos sin atrevernos a acomodar los restos en las cajas ordenadas sobre el piso vacío del comedor. Debemos despojar los restos sin vida de una casa.

Vacío

La mesa y las sillas ya no están. Han ocupado nuevos espacios recién nacidos. Lucen diferentes, ¿cómo decirlo?, renovadas, con otro olor, con otro aspecto, pero con la misma esencia.

Las camas fueron regaladas. Alguien les sacude las sombras y las acostumbra a nuevas siluetas.

Los colchones han sucumbido en algún basural.

Solo nos quedan los placares. Lo más difícil. Allí aparecerán los fantasmas.

Estamos solos los dos: ella y yo. El resto de parientes no vino. No se atreven a enfrentar la casa, a despojarla de los últimos vestigios de pasado. No importa. Las cajas se van llenando de soldaditos, proyectores de cine, películas gastadas, fotos, mechones de pelos envejecidos, dientes de leche pequeños, amor. Las levantamos con cuidado, para no contaminarlas. Se tienen que mantener intactas, no deben morir.

Sonreímos satisfechos cuando las dejamos en el baúl del auto. El resto, sobre el piso, acompaña al vacío. Terminamos. Ya nos podemos ir. Cierro la puerta. La casa ha desaparecido.

Dylan Thomas – Do not go gentle into that good night (en la voz del autor, sub. español)

LA ANSIEDAD

Corremos arrastrados por las urgencias ¿Urgencias de verdad? Me lo pregunto cada vez más a menudo. Responder un WhatsApp de inmediato. No sea que el otro piense que no lo/a tengo presente. Me angustio demasiado si no lo hago. Cumplir con la tarea de la semana, sea como sea. No dormiré hasta finalizar el deber. Y, cuando termine, sentiré un leve alivio, solo por haber cumplido. No importan el contenido ni la forma.

Es imperioso “hacer”, sí, hacer todo el tiempo. Si la máquina se para, se empastan los engranajes y dejan de funcionar. (Pero si  la máquina no para nunca, ¿no dejará de funcionar, de todos modos?). Correr en la cinta, pedalear desesperado. Apurarse en la ducha, llegar al banco. Comer. Descansar algo para poder seguir por la tarde. Todo tiene que estar en su lugar y en orden. Si las cosas las tenemos que hacer dos veces, se pierde tiempo y eso escasea, es lo que más escasea. El reloj se puso en marcha al nacer y debe funcionar ininterrumpidamente hasta el final. Hacer, hacer, eso es el secreto de la vida: accionar.

¿Es así?, ¿no será necesario bajar la velocidad de las agujas o, incluso, detenerlas algún instante para respirar, para observar, para disfrutar?

Pinté un cuadro grande. Lleno de pequeños cuadraditos de colores diferentes. Con espátula. Ninguno es del mismo color que el otro. Me obligué a dedicarle mucho tiempo, meses. Le puse un reloj que marca la hora en que nací. Se detuvo, originario y raigal, allí. Lo tengo colgado en el comedor. Me detengo mucho a observarlo. Siempre descubro una emoción diferente cuando lo miro.

"La paciencia", Carlos Coll
“La paciencia”, Carlos Coll

 

ACOMPAÑAR AL VACÍO

Pobreza es aquel lugar donde uno debe sobre-intervenir cada vez, para poder resolver. Por una especie de ADN colectivo, herencia cultural o determinación familiar- social, se ha incorporado en nosotros algo que va contra nuestro propio deseo. La necesidad que “eso” tiene de chuparnos, de parasitarnos, es muy fuerte. Y, entonces, debemos trabajar y atender el doble o el triple para no caer en la trampa. Como el alcohólico, que no puede tomar medio vaso de vino, pues  sabe que aquello que para otros es un brindis, para él puede ser el final. En un punto, es como si fuésemos adictos a nuestro progreso.

Para sobre- intervenir, algunos tienen un álbum de fotos que restituye la vida a la medida de ciertas prioridades. Para mí, esa vara está en aquello que me enfrenta con la mortalidad. Estás corriendo como un pelotudo, vas al banco, cumplís con un montón de deberes, pero un día viste una dentadura postiza, a la que le faltaba toda a cabeza y todo el hombre tirado en la calle. Y entonces te reflejaste en el espejo, cara a cara con tu propia muerte. Pero un día entraste a la pieza de tus padres y te dijiste, ¿cómo es posible que yo también me vaya a morir y mis padres no estén ese día? ¿Estuvieron allí cuando naciste y  no van a estar cuando morís? La habitación estaba vacía, completamente vacía. Y el vacío tenía un rostro inconfundible.

Por eso, el álbum de fotos de la mortalidad se me impone en medio de la urgencia y me saca de mi propia miseria. Me restituye- o debería restituirme- a una cierta mesura entre el deber y la vida. Si la vida se vuelve todo deber es una especie de complacencia absoluta a la muerte.

Y esa dentadura me gritaba:

– “Guarda, yo fui uno de esos”.

Y esa habitación vacía también gritaba:

-“Guarda, que esto termina así”.

Siempre termina mal. El punto es cómo llegamos hasta ahí. Si vamos a ir con el deber o si vamos a tender al álbum de fotos a mano, como un Gps para esquivar las trampas de todas las miserias cotidianas.




¡ABAJO EL ESTRADO!

Reflexiones acerca de la miseria: Entrevista a  Carlos Rozanski.

Entrevista: Isabel D´Amico, Noemí B. Pomi, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Ana Blayer

 “Pero una vez la circunferencia violentó su ritmo. Se detuvo más tiempo que de costumbre: quedó parada con el perfil hacia mí y el frente hacia la línea infinita. Parecía observar en el sentido opuesto de su camino. Pasó mucho tiempo sin ver nada a lo largo de la línea infinita. Pero la intuición de la circunferencia no erró: de pronto, con otro ritmo violento, de andar brusco, de lados grandes, se acercaba un vigoroso triángulo. La circunferencia giró sobre uno de sus puntos y los demás volvieron a coincidir con los de la horizontal en el mismo sentido de antes.”

“Genealogía”, Felisberto Hernández


Cuenta un viejo relato que, al comienzo de todas las formas, las horizontales y las verticales se llevaban muy bien. La cosa era tan amable, que hasta solían intercambiar roles, para no privar a unas de la altura y a las otras, de los placeres del llano. No es que no hubiera conflictos: un mundo comenzado con explosiones, no podía estar exento de roces y conflictos. Y si alguna de las líneas  prefería el relato del jardín, la manzana y la serpiente, tampoco para ella el devenir sucedía sin rasgaduras. Cuando en las intersecciones no se producía un encuentro y en las curvas se exageraba algún desvío, las cuestiones se dirimían con la misma potencia del error, vuelto del lado del revés.  Disputas, enojos y romances movían el Universo. Pero, más allá de acuerdos y disidencias, todas las líneas se orientaban hacia la fuerza del horizonte. Allí, se concentraba una conmoción de luz y de oscuridad, que renovaba y hacía plástica la gramática de los vectores. El movimiento marchaba rico y diverso, hasta que llegaron el círculo y el cuadrado. Al principio no fue fácil identificar el cambio de rumbo que implicó la aparición de ese linaje. El círculo  había nacido del fondo de una mirada cerrada sobre sí, desprovista de todo horizonte. Y el cuadrado, de una rigidez en el alma de una línea, incapaz de respirar más allá de la simetría y la identidad de las cifras. Poco tiempo transcurrió hasta que ambas figuras se apoderaron de lo alto. El llano susurraba suspicacias y sospechas. Lejos, en esa cima sin indecibles, en ese pico sin raíces y sobre un estrado, ostentaban su codicia las dos figuras secas y prepotentes. Una decía que su llegada impartiría justicia desde una perspectiva objetiva, sin mezclarse con el barro. La otra intentaba superponerse a la primera, pero siempre le sobraban vértices y la cosa terminaba con una repetida oscuridad de eclipse. Como el estrado flotaba sin raigambre en las horizontales, un día, su material férreo comenzó a resquebrajarse. Lo advirtieron unas pocas horizontales quienes, rápidamente, hicieron correr la voz. El eco se multiplicó en los rincones de las historia. Y aún hoy circula en las esquinas donde las miradas persisten en el horizonte.  En uno de esos recodos, encontramos a Carlos Rozanski. Y conversamos así.

Honoré Daumier
Honoré Daumier


ILUMINADO EN VUELO

 “el silencio es luz/el canto sabio de la desdicha/emana tiempo primitivo/buscaba la      piedra no el pan/un himno inocente no las maldiciones/el conocimiento de mis nombres”

                                                                                 “El silencio es luz”, Alejandra Pizarnik

El libro acerca del abuso infantil lo estoy actualizando. El que les pasé es de 2003. Ahí hay muchas cosas que superan la ficción.

Como el caso del médico que citás: “Resulta ilustrativo el caso de una señora que en consulta al pediatra de sus hijos le comunicó su preocupación porque los niños habían hecho comentarios de presuntos abusos sexuales por parte de su padre biológico – separado de la madre-. El médico le indicó que no les creyera a los niños y le recomendó que “les hiciera practicar deportes…”

Sí. Y ese médico después se arrepintió cuando declaró.

“Varios años después, luego de numerosas pericias, se determinó que, en efecto, los niños habían sido abusados por su padre y el hombre fue encausado por corrupción de menores. En el juicio, el pediatra ratificó el testimonio de la madre y explicó que “como pediatra no se involucró en el tema del abuso por considerarlo inverosímil dedicándose exclusivamente a cuidar la salud orgánica de los niños” (SIC). Ante los jueces agregó que “se arrepentía de esa actitud”. Esto se vincula con una pregunta que queríamos hacerte, sobre la actitud corporativa de todos los que rodean el tema abuso

Honoré Daumier
Honoré Daumier

Bueno, pensá lo siguiente: Yo ejercí la profesión diez años quejándome del sistema, viendo los errores, los horrores, la maldad. De golpe, gané un concurso en Río Negro y pasé a ser juez de Cámara directamente,  no hice carrera judicial. Y eso influyó mucho porque, de repente, estuve en un puesto de decisión de una Cámara de juicios y de apelaciones. Ahí comprobé todo lo que sospechaba cuando ejercía como abogado: la maldad de la corporación. El libro, y todo lo que a mí me pasó, tiene que ver con aquel juicio en El Bolsón, el caso de una niña con retraso mental a la que un individuo le metió un palo por la vagina y después la penetró. Uno de los jueces le preguntó a la niña si no le había gustado y le habían dado ganas de tocarle ahí abajo. A partir de ahí comprobé que era todo un desastre. Denuncié al juez; no le hicieron nada pero eso motivó la ley que se aprobó en ese momento. Se modificó todo un modelo a partir de ese episodio. Incluso, a partir de ahí, Argentina fue el único país del mundo en que se prohibió a los jueces interrogar a un chico. Cuando se logra modificar un modelo que viene de siglos quiere decir, primero, que la motivación es enorme. Cuando hice la denuncia contra el juez – al día siguiente- se enteraron en Buenos Aires. Picheto, el diputado por Río Negro que ahora es senador y en ese entonces era diputado y no era lo que es ahora, le había contado a una diputada este asunto y ella me llamó, aunque el tema no era nacional sino provincial. Entonces, cuando me llamó, le pregunté si yo podía viajar. Viajé, se reunieron todas las comisiones y me pidieron que contara qué había pasado. Se los conté. Estaban Alfredo Bravo, Nilda Garré, diputados de distintos partidos. En el viaje de vuelta a Bariloche, algo no me cerraba en la cabeza sobre lo que había sucedido en el juicio. Lo raro no era que había un tipo perverso, porque a eso ya estaba acostumbrado. Lo que me hacía ruido era que esa nena no debió haber estado sentada en las sala de juicios. Cuando descubrí eso, vi qué era necesario  cambiar. Estuve cinco años para redactar siete hojas, esa es la letra de la ley. Tardar cinco años para escribir siete hojas requiere de una buena razón. Y es que cuidé bien las palabras, cada una, para que ni diputados ni senadores pudieran objetarla, porque siempre le buscan una vuelta. Acá no pasó.

Honoré Daumier
Honoré Daumier


PUÑALES JUDICIALES

 

                                               Tú que te inclinas en la cruz y el altar/acuérdate de mí y
apiádate de Aquel/que mi carne y mi sangre tomó por armadura/y llegó a traicionar el
vientre de mi madre.”

                                               “Antes que llamara y la carne me abriese”, Dylan Thomas


Hablás de objetar o reinterpretar usando esa típica ingeniería de los legisladores… 

El ejemplo más dramático, histórico además, de lo que decís ocurre cuando se reforma el Código Penal y se cambia el Título de “Delitos contra la Honestidad” por el de “Delitos contra la Integridad Sexual”. Marcela Rodríguez, una diputada, en aquel entonces asesora de Elisa Carrió, era una de las que manejaba esa cuestión. Ella es abogada y feminista, sumamente luchadora. Me llamó a Bariloche para ver si yo podía apoyar esa reforma en Diputados. Me mandó el proyecto y me pareció fantástico. Viajé a Buenos Aires para apoyar la reforma y, cuando estaba por entrar, Marcela Rodríguez me da los papeles y me dice que hubo un agregado al proyecto original: “No hubo más remedio”, etcétera. Era el “Avenimiento”, la figura que dice que, en todos los casos de delitos sexuales si hay un avenimiento entre la víctima y el victimario, este se queda sin causa, es decir, sin proceso y sin antecedentes. Un retroceso terrible. Ella me aclaró  que sin eso, la ley no salía. Salió pues, en Diputados, con esa figura agregada. Pero con ella y con Silvia Shejter que es feminista también, armamos un dossier muy bien editado y se lo entregamos a cada senador para que el Senado eliminara el avenimiento. Era el año 1994, imaginate. Y pasaron los años. Nosotros dijimos que iba a morir gente por esa figura. Recién en 2012 se derogó el avenimiento y fue a raíz de la muerte Carla Figueroa, una chica de 17 años, de La Pampa, violada a punta de cuchillo, al lado de la ruta. Poco tiempo después, el juzgado autorizó a que se case con su violador. El tipo, pocas semanas después, la mató de catorce puñaladas. Este año, respecto de otro femicidio, escribí un artículo para Página 12 que se llamó “16 puñaladas”. La mujer había sido asesinada de 15 puñaladas y señalé en el artículo que la número 16 “no partió del cuchillo de su marido, sino de la desidia y la irresponsabilidad de un sector de la administración del Estado”.

https://www.pagina12.com.ar/16466-16-punaladas

Pensaba en cómo todos los operadores que funcionan alrededor de estos delitos de abuso son  gente formada, como nosotros, en nuestra cultura de la especialización. ¿Cómo se hace, entonces, para abordar estos delitos que requieren de una cosa integral?

Lo que pasa es que, en el caso del abuso sexual, hay una contradicción muy fuerte. Es un tema que requiere mucho conocimiento. La brutalidad está en que el sistema judicial y, en particular, todo lo que es el pensamiento jurídico sobre el tema considera que el Derecho Penal no requiere  ni siquiera un tratamiento diferenciado para estos delitos, cuando una de sus características es que es muy distinto a los demás.

Honoré Daumier
Honoré Daumier

Sí. Y que la especialización implica un abordaje orgánico, de un montón de conocimientos.

Con un poder judicial que mantiene la misma ideología  a lo largo de los siglos, eso es literalmente imposible, salvo jueces aislados que conocen el tema y son sensibles, y los hay. Pero la inmensa mayoría no es así, son malas personas y defienden un pensamiento claramente misógino que discrimina por edad y por género. Eso se ve todos los días.


SINDROME DE ALIENACIÓN IDEOLÓGICA
 

                        “Así le había ocurrido a él: en cuanto los ojos de la víbora se clavaron en los suyos, todo el pasado acudió a su boca. La serpiente ni siquiera tuvo que morderle. Antes de hacerlo, el veneno le recorrió las entrañas, y el Tiempo empezó a pudrirse dentro de su cuerpo. Cuando, al fin, aquellos dientes afilados se clavaron en él, Silvestre ya ni siquiera veía a la criatura ponzoñosa: apenas si era un recuerdo turbio y espeso, que se deslizaba entre el rocío y las piedras. Y de este modo, uno tras otro, se sucedieron los demás recuerdos, reptantes y viscosos como serpientes. Tardíos, casi eternos, como el torrente de los ríos”
                                                                                                        “Jerusalén”, Mia Couto

Me llamó mucho la atención esta pequeña historia de la infancia que hacés al comienzo de tu libro, que nosotros cruzamos con lo que piensa Pigna sobre la necesidad de escribir una historia de la infancia. El desprecio por los chicos. Incluso vos decías en un momento que el chico es todavía un ser inmaduro. Muchas veces da la sensación de que lo tratan como un proto-hombre.

Hasta el siglo XVIII, los medios principales para relacionarse con el interior del cuerpo de los niños eran la enema y la purga. Tanto cuando estaban enfermos como cuando estaban sanos. Una autoridad del siglo XVII decía que era “conveniente purgar a los niños antes de darles de mamar, a fin de que la leche no se mezclara con las heces”. El infanticidio de hijos legítimos e ilegítimos se practicaba normalmente en la antigüedad. El de los hijos legítimos se redujo ligeramente en la edad media y se siguió asesinando a los ilegítimos hasta entrado ya el siglo XIX. Los niños eran arrojados a los ríos, echados en zanjas, “envasados” en vasijas para que se murieran de hambre y abandonados en cerros y caminos, “presas para las aves, alimento para los animales salvajes” (Eurípides, Ion, 504). En Grecia y Roma, ni la ley ni la opinión pública, ni tampoco los grandes filósofos, veían nada malo en el infanticidio. Suficientemente gráfico resulta el pensamiento de Aristipo al afirmar que un hombre podía hacer lo que quisiera con sus hijos, pues “¿no nos desprendemos de nuestra saliva, de los piojos y otras cosas que no sirven para nada y que sin embargo son engendradas y alimentadas incluso en nuestras propias personas?”

Depende. Porque, en realidad,  hay una razón por la cual la Convención sobre los Derechos del Niño establece un límite: “se es niño hasta los diecisiete años inclusive”. No se trata de una cuestión caprichosa o arbitraria, obedece a qué significan las etapas evolutivas de una criatura. Pero, por ejemplo, en los Estados Unidos, el único país del mundo que no ratifica esta Convención, el Estado, independientemente de las etapas evolutivas, decide cuándo alguien debe ser considerado niño o no, para castigarlo. 

Rozanski, C. Foto: Ana Blayer
Rozanski, C. Foto: Ana Blayer

Más allá del sistema judicial, los niños son tratados muchas veces como un proyecto de hombre, así como los viejos son restos del hombre. 

Y tratarlos de esa manera permite al adulto hacer, a lo largo de la historia, todo lo que quiera sin limitaciones. Durante siglos no necesitaron explicar nada.

 

Pero el adulto fue un niño y será un viejo.

Pero el adulto, a lo largo de los siglos, no necesitó explicar por qué maltrataba o abusaba. Lo único que tenía para decir es que los chicos mienten. Con esa simple frase se resolvía cualquier comunicación o lamento que hubiera. Recién hace veinte años, se empezó a interpelar esto. La psicología, la sociología, el trabajo social, realizan un avance geométrico. Surge de esos avances que, en primer lugar, hasta cierta edad, una criatura no puede fantasear sobre situaciones sexuales no vividas, con lo cual el argumento de la mentira ya no sirve y el sistema todo se pone en aprietos. Igualmente, a partir de ahí, tampoco se hacen mucho problema. Como ya no pueden sostener que los chicos mienten, comienzan a elaborar estrategias destructivas, no defensivas. La estrategia defensiva tradicional, lógica y bienvenida, es que todos necesitan un defensor, pero que ejerza su labor de manera licita, ética. El problema es que acá la buena defensa no alcanza. Ahí es donde se recurre a la construcción de estrategias destructivas que después derivan en el falso SAP (Síndrome de alienación parental) que es, digamos, la más sofisticada. Sintéticamente, se trata de un invento tan perverso como efectivo, elaborado por el psiquiatra norteamericano Richard Gardner. Este personaje, de inocultables inclinaciones pedófilas, instaló en escena una falsedad a la que denominó “Síndrome de Alienación Parental” (SAP)  con la cual se resolvía el ya fracasado y hoy incómodo argumento de que “los niños mienten”. En este engendro psico-jurídico, ya no se cuestiona a las niñas y niños, sino que se los considera víctimas de la “alienación” llevada a cabo por sus madres, en general, debido al resentimiento hacia sus ex parejas. Estas malvadas mujeres, según el falso SAP, “lavan” el cerebro de sus hijos,

Honoré Daumier
Honoré Daumier

implantándoles la idea de que han sido abusados por sus padres o padrastros. Afortunadamente, si bien aún hay jueces que aplican esta falsa teoría, cada día queda más en evidencia que carece de todo sustento científico y que sólo pretende continuar la histórica impunidad para los delitos más atroces.

 

PEDIDO DE CAPTURA PARA LA RESOCIALIZACIÓN

                        “De cualquier manera ya no puedo contar contigo en mi angustia, ya que te niegas a ocuparte de la parte de mí más afectada: mi alma”
                                                                            “Primera carta conyugal”, Antonin Artaud
 

Claramente, te ocupás de defender a los niños pero debés haber pensado, después de haber visto tantos casos, en la figura del abusador. ¿Cómo pensás al abusador, a la idea de que vayan presos a la misma cárcel a la que va gente por otros delitos?

En ese último punto, en uno de los casos que juzgamos en Bariloche,  condenamos a un hombre por abuso sexual de su hija. A los pocos días, el director de la Alcaldía me dijo que el tipo estaba muy golpeado, lo habían lastimado casi hasta matarlo. Entonces, fui y vi la escena. El hombre estaba en el piso medio muerto. Volví a mi despacho y di una orden al jefe de la Alcaldía para que separase a quienes estaban acusados de delitos sexuales del resto de la población penal. “¿Pero cómo hago?”, me dijo el tipo. “Es problema suyo”, le contesté.

¿No debería haber un lugar aparte para esa gente? 

Bueno, hace muchos años, cuando yo di esa orden, se dividió la Alcaldía de Bariloche con una pared y se conformaron dos sectores separados. Desde ese día hasta que yo me fui, no hubo un sólo hecho de violencia contra violadores. Ahí quedó claramente demostrado lo que vos decís, pero hizo falta que se tomara la decisión de separar a la gente. La pared debe estar todavía.

Pienso también, aparte de la pared,  en qué se les puede ofrecer a los abusadores. Se supone que no hay pena de muerte y que, si van presos, algo hay que ofrecerles. Más allá de todo lo que se hace, el sistema penitenciario y la justicia hacen mal en las cárceles. Más allá del chamuyo de la supuesta reinserción social, no es lo mismo lo que necesita un abusador que un ladrón.

En realidad, convengamos en que a nadie se le ofrece nada. Se deberían proveer diversos recursos. Fundamentalmente lo que, en teoría, se llama la resocialización. Eso no sucede en la práctica. Si partimos de esa base, tenemos que empezar a hablar de otra manera. O sea: ¿Cómo debería ser si sucediera? Evidentemente, lo que debería hacerse y que no se hace es un tratamiento adecuado al tipo de delito cometido y a la personalidad del sujeto. En este caso particular, en esta clase de delitos, la personalidad es muy complicada. En su gran mayoría, tienen una personalidad psicopática, una de las personalidades más complejas para modificar. Desde ese punto de vista la pregunta del millón es, en primer lugar, ¿esa persona puede estar en la calle sin ningún tipo de tratamiento que garantice que no va a seguir lastimando niños? Pues no. Por eso se lo encarcela. Y por eso duele tanto cuando la justicia, por esa solidaridad histórica de género, mantiene la impunidad en estos casos. Cuando

Luis Felipe Noé, "La memoria"

reproducen ese modelo de discriminación y te empiezan a interpretar  que “la niña provocó”, descalifican a la mamá e inventan teorías. Cuando vos ves que eso funciona, que teorías inexistentes tienen éxito, decís: ¿pero cómo puede tener éxito un síndrome inventado? Bueno, tiene éxito porque hay todo un plafón ideológico  conforme a eso.

 

 

ABSOLUTISTAS Y ABSOLUTORIOS,  AL CIEN POR CIEN
                                            

“Mientras tanto, los niños, bajo el dosel flotante, /hablan bajito como en las noches oscuras. /Escuchan, a lo lejos, algo como un murmullo…/y tiemblan al oír la voz clara y dorada del
timbre matinal que lanza y lanza aún/su estribillo metálico bajo el globo de vidrio”

                                                              “El aguinaldo de los huérfanos”, Arthur Rimbaud 


Ahí opera lo que llamás la disociación.
 

Sí. Lo veo desde hace muchos años en los juicios en Bariloche.  En esa época, cuando la criatura se sentaba, el fiscal le preguntaba algo y el niño miraba al techo y no contestaba nada o le salían lágrimas. Yo, entonces, iba tomando conciencia de que la criatura no tenía que estar ahí. Es algo que tienen que ver con los mecanismos de defensa y es un problema central de toda la temática del derecho penal: si uno no logra tener empatía con la víctima, para tratar de comprender o aproximarse a lo que pudo pasarle, resulta muy difícil tomar una decisión justa sobre los hechos que padeció.

Por eso te decía que no puede ser solo un especialista jurídico. 

¡No, no! Claro. Pasa que esa máquina de generar especialistas también es interesada porque, en nombre de la especialización, se mandan todas las macanas.

Honoré Daumier. "La risa republicana"
Honoré Daumier. “La risa republicana”

Ese es el sujeto que somos hoy en día.

Totalmente. Por eso no se puede trabajar en interdisciplinas. Porque se generó y se reprodujo en cada área una soberbia intelectual que impide escuchar al otro. Entonces, quien termina mandando es siempre el juez, por definición del derecho. Ahí es donde la psicóloga que quiere decir algo, la va a pasar mal si no dice lo que la corporación judicial quiere que diga. Pero, ¿cómo se contesta esto?, ¿qué psicóloga fue preparada en su Universidad para responder a la agresión de un tribunal que la trata mal?, ¿qué psicóloga está preparada para dar una respuesta a una pregunta que no debería haberse hecho? Estar, por ejemplo, dos horas explicando la metodología que utilizó en las entrevistas en un gabinete o en la cámara Gesell y, después de esas dos horas, en un juicio, enfrentarse a la pregunta “¿pero usted tiene el 100% de seguridad de que esto fue así?” Entonces, lo que yo digo es que si esa profesional no está capacitada para dar esas respuestas, va a decir que no. Y, en derecho penal, decir “no” es la absolución. Pero si está capacitada, va a decir “Mire, yo no manejo una ciencia de números. Pero, si lo que usted quiere preguntarme es si, en base a mi experiencia como psicóloga, el niño fue abusado, le digo que sí”. Y se terminó el problema. No es difícil.

DUÉRMASE MI CULPA, DUÉRMASE MI SOL, DUÉRMASE PEDAZO DE MI ABSOLUCIÓN

             El juez mismo empe­zaba a intranquilizarse, sintiéndose poco a poco perder el control sobre sus propios sueños, que se volvían cada vez más intrincados y bizarros, desafiando la interpreta­ción o el desmadejamiento, cayendo sus remedios cada vez más fuera de la letra de la ley, obligándolo a lecturas minuciosas del Código Rural que lo dejaban más perplejo que antes, alela­do, como si una bruma que nunca terminara de disiparse del todo flotara permanentemen­te sobre su cabeza, velando la vista clara y nítida del mundo exterior.”

“El sueño del juez”, Carlos Gamerro

Nosotros te mandamos las preguntas de una compañera que no pudo venir. Ella es directora de una escuela en Saliqueló y nos cuenta que hay muchos casos, en que ella está convencida de que ciertos chicos son abusados. Que ahí se requiere una preparación de ella como directora, de la maestra y una cadena  larga de formación y de coraje que debería funcionar para que eso pueda ser denunciado, con alguna ilusión de llegar a una condena. 

Bueno, tiene que ver con que durante siglos fue impune la violencia de género, de la cual esto es parte. Hay una mirada misógina. Y desandar eso desde las disciplinas científicas es casi imposible. O sea: no es del todo imposible pero es muy difícil. Requiere decisiones políticas que no se toman porque es un círculo vicioso, porque van a afectar a corporaciones a las que no les conviene y que, en general, son las mismas o piensan igual que quienes tienen que tomar esas decisiones.

Y requiere desandar el sujeto que somos, que es el de la comodidad, el de no querer meterse en un quilombo: “Si nos callamos todos, nadie se mete en un quilombo” 

Rozansky, C. Foto: Ana Blayer
Rozansky, C. Foto: Ana Blayer

Sí. Yo le puse un nombre a esa comodidad, que es el de la “comodidad emocional”. Yo pienso: el mal tipo va a hacer malos juicios y malos fallos porque es malo. Pero, ¿qué pasa con el que no es tan malo? Comprobé que muchos jueces se van a dormir más tranquilos si se convencen que el hecho no sucedió. Entonces terminan pensando: “Bueno, este chico no fue abusado, no tengo por qué angustiarme”

Es lo que hacen los medios con la realidad. 

Por supuesto. Esto lo podés transportar a cualquier otro nivel.

¿Y qué hiciste vos con tu comodidad emocional? 

No la tuve. En todos los temas vinculados a  grupos vulnerables, no hay término medio en el operador. O te das cuenta o no te das cuenta. O aceptás que es así o no lo aceptás. Tu propia salud va a depender de qué lado estés, tu propia integridad, tu trabajo. Esto se da en todos los casos: en la maestra, en la vecina, en la psicóloga. En mi caso personal, nunca tuve otra opinión y siempre dije lo mismo sobre estos temas. Ahora, eso no significa que tal actitud te cubra tu propia salud. Hay una deuda cultural con esto porque tampoco fuimos preparados para estas cosas. El tema es tóxico y la toxicidad aumenta en la medida en que vos mismo no estás capacitado para que esa toxicidad te afecte menos. Yo empecé terapia a los sesenta y cinco años. Imagináte…

PALABRA SANA IN CORPORE JUDICIAL TÓXICO

                                               “Entonces ella,  la palabra/ la descarada/ la que camina en cuatro patas por el guadal y sin pudor amanece dormida en los/ burdeles/ las inequívoca de los ojos vendados/ desplegó sus alas ante mí/ y dijo calladita jamás”
                                                                                                                    Tina Elorriaga
 

¿La escritura resultó de ayuda en esto? 

Sí. La escritura de sentencias, de libros y de artículos. Pensá que la sentencia es un ámbito privilegiado. Vos estás escribiendo algo que después podrán revocar o no, pero en eso sos soberano, aunque sean tres las personas que firman, como en el caso de una Cámara o un Tribunal Federal. Yo fui dueño de cada palabra que puse durante veinticinco años y eso es claramente terapéutico. A mí me ayudó. Hice más de cuatro mil juicios, una cifra muy importante. Como les contaba antes, no hice carrera judicial, por lo cual mis veinticinco años fueron todos como juez, dictando sentencias. Eso me dio un universo de experiencia directa con los casos, todos penales. Una parte, delitos ordinarios. Gravísimos, pero ordinarios: homicidios, violaciones. Y, después, quince años en casos de la justicia federal con delitos de lesa humanidad. En ese panorama es donde yo siempre sentí que el momento de estar en mi casa, frente a la computadora, era mío. Entonces, si vos lo sentís de esa manera, lo que escribís no sólo te hace bien a vos sino que, en muchos casos, puede también estar haciéndole bien a otros.

Goya. Dibujo sobre "la justicia" en un manuscrito.
Goya. Dibujo sobre “la justicia” en un manuscrito.

Es como un servicio. 

Sí, claramente debería ser un servicio. Yo utilicé por primera vez una palabra que nunca había sido puesta en una sentencia:Genocidio.

¿Fuiste vos? 

Sí, fui yo. En el primer juicio que se hizo contra Miguel Etchecolatz, en el año 2006, luego de la inconstitucionalidad de las leyes de punto final y obediencia debida. En ese momento me dije: “Bueno, este es el primer juicio. Si no es ahora, ¿cuándo?” Entonces puse la palabra genocidio. Fijate que, al día de hoy, en las sentencias por lesa humanidad sólo el 25% utiliza  esa palabra. Y estamos a catorce años de aquello.

Qué importante es poder decir y pronunciar las palabras. Cuando vos hablás de las víctimas de abuso sexual, muchas veces contás que no pueden hablar. Nosotros nos dedicamos a la escritura. Y nos llamó la atención el caso de Virginia Woolf. Contás en tu libro que, cuando ella logra hablar sobre el abuso que sufrió de chica, al poco tiempo se mata. Una mujer que tenía tanta relación con el lenguaje escrito, en el momento en que pone en palabras, no tuvo recursos para… 

Es que el nivel de profundidad del trauma que genera el abuso bloquea la palabra. O la bloquea y no podés hablar o te hace hablar de otra manera.

O te hace caminar sobre tus propias minas, porque ella habla y ahí…

Bueno, pero yo me refiero a la etapa anterior. Porque ahí ella habla con la verdad. Pero, antes de eso -y esto es lo que sucede en infinidad de casos-, o no se habla del todo y hay un silencio que te mata, o se habla de una manera que no modifica nada o se habla y se genera rechazo, te agreden o se destruye una familia.

Berni, "La pesadilla de los injustos"
Berni, “La pesadilla de los injustos”

Pero hay que dar condiciones al chico para hablar, porque le puede pasar como a Virginia: decir y no poder sostener eso que dijo. 

Sí, creo que lo mejor  es generar los espacios para que el chico hable. Está en el artículo 12 de la Convención, el derecho a ser escuchado. No es decirle “hablá” sino, exactamente, al revés. Muchas veces, decirle a alguien “hablá” genera el silencio, porque es una consigna literal. Esa criatura víctima se podrá expresar de acuerdo a su edad, a la etapa evolutiva que está atravesando y al nivel de profundidad del trauma que sufrió. Si vos generás espacios adecuados desde el Estado, ahí va a estar la chance de que pueda expresarse.

¿Se considera expresión un dibujo, por ejemplo? 

Sí. Un  silencio también.

¿Se considera prueba? 

Por supuesto. Lo que pasa es que para eso tenés que estar capacitado y aceptar que, cuando hablamos de expresarnos,  no hablamos de la frase literal “Me violó”, lo cual sería ridículo. Pero el sistema está preparado para darle literalidad a lo que no es literal.

Claro. Y hay una contradicción, porque pareciera que no tiene crédito lo que se mostró si no hay alguien que dicte una sentencia.

Y, a su vez, para sentenciar adecuadamente, vos tenés que tener una cantidad de requisitos que el sistema se encarga de que no tengas, y por eso se reproduce. Es perverso. El que hablaba muy bien sobre esto es Foucault, en esa  famosa charla con Chomsky, en el ’71. De ahí copié unos conceptos donde él describe el efecto de reproducción cultural que hacen los sistemas educativos para que siempre gobiernen las mismas clases sociales.

Y esto es fundamental porque, históricamente, las leyes fueron escritas, interpretadas y aplicadas por varones y, en su inmensa mayoría, violadas por varones. Yo recibo por mail una página que manda fallos sobre abuso sexual infantil dictados en cualquier parte del mundo. Hay muchos de España. Hoy había uno donde estaba la foto del rey y veinte personas más, el Consejo de la Justicia. Todos hombres. Imaginate la ideología de ese espacio. Es matemáticamente imposible que, de casualidad, sean todos hombres. Los jueces y los profesores de Derecho salen de la Facultad de Derecho. ¿Qué te van a enseñar en la Facultad de Derecho? Te enseñan que si la chica tenía la pollera corta hay que dudar. Hoy, como venían ustedes tuve que -por fin- ponerme a acomodar esta mesa, había ahí una montaña de papeles encima. Bueno, encontré un diario de Bariloche, de un caso que me partió la cabeza. Tiene que ver con lo que estamos hablando: una nota donde está la foto del fiscal; el título es que pidió la absolución de dos acusados de violación. Por supuesto, hace la aclaración de que yo estaba en contra. La chica había salido de un baile donde había tomado alcohol y le pidió  a uno de los que estaban en el lugar que la acompañase  porque estaba descompuesta. El tipo, junto con su primo, la violaron. Llegamos a juicio, no había ninguna duda de que la habían violado. Incluso ella relata cómo, mientras uno la violaba, el otro la tenía agarrada del cuello, hasta en el examen médico habían aparecido las marcas en su cuello. Está en el diario que el fiscal, cuando hace su alegato, plantea “Bueno, ¿quién dice que las marcas en el cuello no son por hacer el amor dentro del auto?”. Porque la teoría de la defensa era que el acto fue consentido. Yo miraba eso hoy, a veinte años, y sigue siendo increíble… Fueron absueltos por dos votos contra uno (el mío, claro).

Vladimir Manjuhin.
Vladimir Manjuhin.


EL HORIZONTE O LA DIGESTIÓN INCOMPLETA DE LA REVOLUCIÓN

                        “Si de algo he renegado es de la indiferencia. /No aspiro a transmutarme, /Ni me tienta el reposo. /Todavía me intrigan el absurdo, la gracia. /No estoy para lo inmóvil,
Para lo inhabitado. /Cuando venga a buscarme, /Díganle:”se ha mudado”.

                                                                                                     “Visita”, Oliverio Girondo
 

Recién recordabas a Foucault, quien hablaba de la retroalimentación del saber y el poder, donde el saber produce y reproduce poder. Para quebrar eso, hay que hacer un esfuerzo grande, pero posible.  Y yo pensaba en el final de tu libro, que tiene una reflexión muy interesante sobre las instituciones, respecto de que sin ellas viviríamos en un caos…

Pasa que yo parto de lo que Freud desarrolla en “El malestar de la cultura”. Es evidente que las personas necesitan juntarse en una comunidad y para ello ceden una parte de sus impulsos a cambio de seguridad. Para decirlo rápido, es la seguridad que da el pertenecer, la comunidad o la institución. Ahora, siempre me inquietó el pensar qué pasa cuando eso no funciona en la práctica: el ciudadano cumple con las normas, pero lo violan igual. Es algo que no se logró todavía resolver, por lo menos, en la política tradicional. Una cosa es que haga falta o sea imprescindible que se generen instituciones para regular las relaciones entre los ciudadanos y otra, muy distinta, es que en la práctica funcione.

Pasa que esas instituciones tienen fundamentos que, si se cuestionaran, dejarían de serlo para pasar a ser otra cosa que no sé cómo se llamaría, pero no institución. En todo caso, las instituciones van teniendo modificaciones que no son estructurales ni cambian los fundamentos que las sostienen, son como de maquillaje. 

Bueno, Freud explica esto desde el punto de vista psicológico, como necesidad del ser humano de vivir en comunidad. Ahora, vamos a la vida real y vemos que eso se traduce en instituciones que sólo  buscan reproducir el poder. Eso lo viví todos estos años. Hace mucho que vengo sosteniendo que cualquier institución tendría, cada tanto, que  releer sus estatutos. Algunas ONGs, por ejemplo, a los pocos días de existir, ya tienden a volverse autoritarias. Quien más claro lo explicó, históricamente, fue Trotsky, él lo vivió en la Unión Soviética: participó  en la Revolución, creyó  en ella y, al final, lo mandan a matar. Yo lo descubro a partir de una cita que Erich Fromm hace de Trotsky. Llego a la conclusión de que, cuando se habla de la Revolución Permanente, él fue el único tipo que se dio cuenta de que, cuando participás de un cambio revolucionario y formás parte de eso, el cambio te traga. Entonces, es casi imposible que puedas darte cuenta de lo que ese cambio está generando, cómo se va pareciendo a aquello que quisiste reemplazar, lo autoritario.

¿No se necesitaría una relación distinta con el lenguaje, que no sea meramente instrumental, de intercambio, para arrimar el bochín a la idea de la revolución permanente?

Rozansky, C. Foto: Ana Blayer
Rozansky, C. Foto: Ana Blayer.

Sí. Y, más aun, creo que es casi imposible ir contra eso. Trotsky termina en México y lo mandan a matar. Si vos te das cuenta  de las cosas como le pasó a él, ¿quién te va a escuchar, si toda la institución está viciada? Haría falta barajar y dar de nuevo. Por eso es tan difícil mejorar la justicia, la policía y otras instituciones.

¿Evaluás ese barajar y dar de nuevo como una utopía?

Mirá, Galeano lo explicaba maravillosamente. No es de él,  aunque siempre se lo atribuyen y él lo aclaraba: la utopía es aquello que uno no va a alcanzar, ese horizonte que se va corriendo pero al que hay que perseguir igual. Más allá, de si es o no factible de concretar, yo estoy convencido: si no buscamos eso, vamos a seguir igual. Este sistema de designación de jueces, por ejemplo, con toda la estructura reaccionaria y conservadora de la justicia, es incompatible con la vigencia de las Convenciones sobre derechos humanos.

“ALEGRÍA, HERMANOS”  VERSUS LA CARTA QUE FALTA                      

“no quiero morir bajo mi piel/bajo mi voz/para vociferar en la sombra tras esos ventanales inmensos/ empañados/donde apoyan la frente criaturas de muralla y de lluvia…”
                                                                                        “Luz de patíbulo”, Enrique Molina


En este disciplinamiento mediático que ahora está como desenfrenado, contra Gils Carbó,  contra vos, contra Rafecas, Freiler, ¿aún pensás, con cierta esperanza,  en ese horizonte que se corre y en seguir igualmente esa línea?

Ellos dan golpes muy efectivos, manejan los medios de comunicación. No sólo disciplinan, peor que eso: manipulan. Entonces, te diría lo siguiente: nosotros vivimos la dictadura del ’76 al ’83 con un nivel de violencia inédito que no conocíamos desde el exterminio de los pueblos originarios. Y se terminó, se agotó. Por las Malvinas o por lo que fuera pero se agotó. Después vinieron treinta y pico de años de democracia donde, aun en los peores gobiernos nunca pasó lo que está pasando ahora, ni aproximado. Hay datos técnicos importantísimos: en el gobierno de Menem, que es el más aproximado en cuanto a política neoliberal, la Corte Suprema ratificaba en cada fallo la doctrina de obligatoriedad de las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. No es un dato menor y por eso, a  diferencia de lo que ocurrió en los ´90, este gobierno es asimilable plenamente a la dictadura, porque tiene el mismo modelo económico aunque tenga otra vía: en la dictadura, hacía falta el exterminio físico y, en este, los objetivos se logran con  los votos y con manipulación, que es algo muy difícil de revertir. Están echando a la gente que está comunicando bien y dejan sólo a la gente de TN y Canal 13. Ahora se agrega algo que en aquella época no estaba y que tiene que ver con el coaching tomado de cierta iglesia evangélica. Eso es muy fuerte, va directo a la médula. En los videos evangelistas se ve eso. Hay uno con Macri, Rodríguez Larreta y un pastor en un evento religioso muy revelador.

 

Es impresionante. Cuando termina, están ellos más el jefe del pastor, los cuatro abrazados: “Señor, oramos para que la gente vote a estas personas”. Hay otro que es un compilado que compara a María Eugenia Vidal hablando y a una señora pastora evangélica, que es de no creer. Dicen lo mismo: “El corazón”, “juntos”, etcétera.

Uno se pregunta si es tan simple y cómo puede ser tan efectivo…

Preguntale a los brasileros. Yo vi un video de hace muy poco, del Concejo Deliberante de Río de Janeiro. Todos de pie, agarrados de la mano, oraban. Alucinante.

¿No estaría faltando una estrategia de lenguaje distinta de este lado, aunque sin un Durán Barba?

Doscientos por ciento que sí y a eso apunto. Ya sabemos de los videos, del coaching, lo que contó Sturzenegger sobre su entrenamiento con Durán Barba en Estados Unidos y demás. Ahí yo empecé a pensar lo que vos decís. Creo que acá no está faltando una respuesta política. En todo caso, la respuesta política tendría que ser el resultado de empezar a pensar que si un coaching de esa naturaleza logra la mitad de los votos de la ciudad de Buenos Aires o el 40% de los votos del país, no podemos seguir diciendo “Vamos a volver”. Después de las últimas PASO, escribí un artículo que salió en Página/12: “Danza con globos”. Estaba mirando la tele a las cuatro de la mañana y la oposición ganaba. Pero antes, a las diez de la noche, perdía. Unos días después me di cuenta que la gente se fue a dormir con la imagen de los tipos bailando y festejando un triunfo que en realidad no era tal.

https://www.pagina12.com.ar/56622-danza-con-globos

Y eso subsistió más allá de los datos.

Ganaron.

Entrevistamos a Miguel Benasayag y él dice que en el mundo actual se sustituye la representación por la experiencia. Vos no sacás el auto del garage porque te representás un montón de cosas que te pueden pasar, pero es una representación, no lo experimentás. No salís 

Es lo que llaman la postverdad. No tengo ninguna duda que a eso hay que oponerle lo que vos llamás una estrategia de lenguaje distinta…

Por eso digo, ¿tenemos nuestros especialistas en esto?

Yo no llegué a esa parte. Llegué a convencerme de que ninguna de las vías de respuesta política va a ganarle a esta gente. Entonces, hay que pensar una alternativa  previa a la respuesta política que, como dije antes, debe ser el resultado de hacer algo parecido a lo que hacen ellos, pero desde el  lado bueno.

 TOSTADITOS. QUEMADOS, NO

“¿O es que iremos totalmente pidiendo/por favor a las baldosas/una señal, un ALGO/de que agarrar la carne y revivir la rosa?”
                                                      “Posludio”, Jorge de la Cruz Agüero, poeta desaparecido                                   

El número de esta revista se llama “Reflexiones acerca de la miseria”. ¿Qué es para vos o quién sería un miserable?

El primero que se me viene a la mente es Mauricio Macri. Pero habría que definir miserable. Lo mediría en términos de prójimo: si alguien hace daño, se lo hace al prójimo. En este caso, Macri es la cara visible de muchas caras que hacen daño al prójimo. Pero no es que se proponen hacer daño al prójimo. Ese daño es el resultado inevitable de lo que hacen. Es un modelo económico que claramente va a dañar al prójimo.

Honoré Daumier
Honoré Daumier

¿Hay una consideración del prójimo? ¿Existe el otro para ellos? 

No, no. La ausencia del otro es también un requisito imprescindible porque tiene que ver con la psicopatía. Una de las características del psicópata es la falta de arrepentimiento. Hay un libro sobre psicópatas que se llama “Sin conciencia”. Si vos pensás que les bajan el sueldo a los jubilados, que un funcionario de ellos en estos días dijo que los jubilados van a recibir menos dinero, pero van a tener mayor poder adquisitivo, bueno… Hace treinta y cinco años, un cuñado mío, brillante psicoanalista, decía que la única forma de tratar con un psicópata es psicopateándolo.

¿No tendremos el “burnout” del que vos hablás en tu libro sobre abuso sexual?:Todo ello puede producir en los operadores un estado de agotamiento mental, emocional y físico conocido como “burnout” y que en español se traduce como “quemado”, “achicharrado”, “incinerado”. Este fenómeno suele tardar meses y hasta años en aparecer, y como describe Giberti quienes lo padecen “se irritan fácilmente, se muestran inquietos sin razones aparentes, y con frecuencia se sienten tristes y aún deprimidos. Surge una hipersensibilidad que los lleva a enfrentarse con sus compañeros de trabajo” 

En parte, sí. Creo que el efecto psicopático de esta gente no se da sólo respecto de los que lo votan sino con nosotros también. El tema es, partiendo de esta base, ver cómo eso nos está atravesando y cómo hacemos para generar los anticuerpos y dar una respuesta. Yo creo que se puede. Por eso citaba lo de la dictadura. En la dictadura uno pensaba: “Esto no va a terminar nunca”. Y terminó. El manejo de los medios, el apriete a los gobernadores, eso lo hacen bien. Esa es la parte positiva para ellos. La parte negativa es que, con la misma facilidad con que llegaron a ganar los votos con ese coaching, después se les viene el boomerang. El otro día, en la cena con Mirtha Legrand y Tenembaum, la vicepresidenta de la nación, habló de las armas de los mapuches combatiendo a la Gendarmería. Cuando Tenembaum le preguntó de qué armas hablaba dice: “Lanzas”. Me lo contaron. Yo tuve que escucharlo para creerlo.

Pero funciona.

Funciona, porque al que no convence es al que no iba a convencer de todas maneras. Yo voy a una peluquería en Villa Elisa. La chica que trabaja ahí lo votó a Macri porque el peluquero la convenció de que lo votara. Entonces, ahora en la conversación, se quejaba de Macri. Entonces le dije, “pero vos sabías quién era y lo votaste igual” Me respondió: “¿Y qué querías, que votara a esa chorra? Yo le pregunté: ¿Pero qué sabés del robo, de “esa chorra”? ¿Tanto sabés?”. “No”, me dijo. “Pero se robaron todo” Frente a eso, ¡qué hacer! Por eso yo coincido cien por cien en lo que decís. Si buscás una respuesta de la política tradicional, estamos en el horno.

POR LA PIEL DEL POEMA

En los ríos, al norte del futuro, /tiendo la red que tú
titubeante cargas/de escritura de piedras, /sombras.”

                                                              “En los ríos, al norte del futuro”, Paul Celan

Para ir terminando, tenemos una pregunta típica de El Anartista: ¿qué es lo poético para vos? 

Goya. "Triunfo de la justicia"
Goya. “Triunfo de la justicia”

Se vincula con la utopía. La poesía es una forma positiva e ideal de ver la realidad. Es un deseo. Aunque no leí mucha poesía, para mí lo poético es elegir todos los días con qué te quedás de la realidad. Cuando te convencen de que te quedes con lo malo, te transformás en una persona negativa y probablemente terminás votando globos de colores o te suicidás. Creo que una de las razones por las que en los regímenes autoritarios se persigue a la poesía es por eso. ¿Por qué era tan importante el ensañamiento con Lorca en España o Víctor Jara en Chile? Pasa  que lo que transmiten el poeta, el músico,  el artista, te entra por la piel.

Creo  que si se capitalizara el potencial que tiene el lenguaje poético, algo podríamos encontrar.  Quizás no escribir poemas, sino una potencia del lenguaje que, junto a otros lenguajes- conmocione. 

Creo que es uno de los elementos a tomar en cuenta. No vas a revertir un proceso histórico sólo con la poesía, pero sí hay que tomarla. Sí. Y lo uniría a lo que vivimos en la etapa de Cristina. A mí me impresionó su carisma, y eso que sólo la vi en dos o tres eventos.

En el último -público- de su mandato, sobre todo. El hecho de que una presidenta que acaba de perder  se despida con una plaza llena, con gente llorando, con una impotencia de una multitud.

Por eso. Creo que por ahí tiene que venir el camino. Ahora, cuando al mismo tiempo ves que mucha gente toma una posición contraria, te agarrás la cabeza…

Bueno, es que esa potencia genera también mucha envidia. 

Eso es una parte. Pero todos los políticos tienen, de por sí, un egocentrismo muy fuerte y se hacen la cabeza permanentemente, se ubican en ciertos lugares donde nadie pensó en ponerlos y empiezan los resentimientos. Por eso, para mí es importante lo que vos decías del servicio. Si eso no está, no hay nada. Por eso pude incorporar la palabra genocidio en una sentencia, estaba convencido. Después, quise sacar los estrados de los tribunales de Bariloche, porque sólo sirven  para que el juez esté más alto. Y me sacaron cagando. Ahí te das cuenta que, en una corporación como esa, no hay ninguna vocación de servicio.

¿Por qué gente como vos elige meterse en el mundo de la justicia?

Es que yo no la elegí para eso. Yo ejercí la profesión de abogado acá, después me fui a vivir a Bariloche, también a ejercer la profesión. Allí, puse un estudio con mi socio. Nunca pensamos en ser jueces, ninguno de los dos. Una mañana compré  el diario Río Negro y vi un edicto de concurso para juez de Cámara. Me presenté y gané.

¿Pero qué te sedujo de eso? 

Rozansky con el Anartista
Rozansky con el Anartista

Que yo no hacía la carrera judicial. Antes de ese edicto, no se me había ocurrido ser juez, porque la carrera y el sistema te terminan chupando. Podés ser juez de Cámara después de ser juez veinte años. Cuando sos juez de Cámara en veinticuatro horas, vivís otra historia. Y, en ese sentido, no me equivoqué. Al ganar el concurso, me gané la enemistad de la mitad del poder judicial de allá. Imaginate que todos querían ese puesto: Jueces de Instrucción, fiscales. Para mí era casi una obligación hacer lo que hice: si vos, pensando de una manera determinada,  tenés la posibilidad de acceder a un cargo de ese nivel de decisión, bueno… Lo que no tuve en cuenta y tal vez no hubiera podido tener en cuenta porque no tenía el diario del lunes, es que tomar ciertas decisiones sin las precauciones del caso, ponen en riesgo tu salud. Por ahí, con un poco más de prudencia, tomaba las mismas decisiones pero de otra manera.  Lo mismo cuando yo planteo el tema del abuso sexual, hago mucho hincapié en no inmolarse en la defensa de los derechos. Tenés que tener mucho cuidado y mucha inteligencia para  poder seguir la lucha, pero que no te cueste la vida.El tema es que a la gente que maneja el sistema, a los jueces, no les interesa nada. Sin embargo, hay un sector minoritario que sí.

¿Te sentís solo a veces? 

Sí. Lo estuve. A veces estoy solo. Hay un vecino a dos casas de acá, Luis Arias,  –extraordinario juez y persona, hoy perseguido -, a quien hace pocos días el Papa le mandó un rosario bendecido.

A vos no, por Rozanski… 

¡A lo mejor me manda!, me encantaría. Mirá, cuando el Papa era Arzobispo de la ciudad de Buenos Aires, en el arzobispado tenían una revista cuyo nombre no recuerdo, de la que me llamaron para pedirme un artículo sobre abuso. Lo escribí, no le tocaron  una coma y lo sacaron en tapa. Eso habla bien, más allá de todas las otras cosas. Pero, en honor a la verdad, hay ciertas cosas que uno no puede dejar de decirlas: la protección a los curas abusadores es un hecho que tiene que ver con la corporación, así fue a lo largo de los siglos yhay que modificarlo con urgencia.

Por eso creemos que en todo esto que vos mencionás en tus textos sobre “la cifra negra”, los abusos que no se pueden llegar a condenar y demás, es muy importante el atravesamiento católico. 

Mirá, en primer lugar el abuso se da mayoritariamente en el ámbito familiar o de convivencia, eso es universal. En segundo lugar, si tuviera que elegir un segundo lugar, le sigue bastante de lejos el ámbito de las instituciones religiosas y otras instituciones. Y esto tiene mucho que ver, al igual que en la familia, con el poder. También, con otros factores relacionados con la religiosidad.

Claro, el desprecio al cuerpo por ejemplo.

Sí. Y los números son más que elocuentes. La iglesia de Boston quiebra por las indemnizaciones que tienen que pagar por los abusos. Eso es sabido. Cuando yo me refiero a que la revista del arzobispado publica mi texto, no estoy desconociendo los daños que una institución puede generar con la protección a pedófilos, pero valoro que, además, publique eso. Por lo mismo, sin vacilar, prefiero que el Papa sea Bergoglio y no Ratzinger.

 

Rozansky  con el Anartista
Rozansky con el Anartista

 

 

                              




SUEÑO DE BUZONES EN LA ESQUINA DE LOS DIOSES (*)

Reflexiones acerca de la miseria: Entrevista a  Cecilia Rossetto

                       Entrevista: Isabel D ´Amico, Alicia Usardi, Gabriela Stoppelman
                       Edición: Gabriela Stoppelman
                       Fotografía: Alicia Usardi

 

       “Aun teñidas de adiós, esas historias perduran en la memoria junto con el paisaje, de modo que este comienza a tener rostro de mujer”
“Amores”, “Resaca de los vientos”, Oscar Balducci


Desperezaba el color y amanecía su presencia de esquina. No era cuestión de sólo estar, sino una afirmación del tono, una voz roja y sin nombre, donde se confundían ecos de todos los ausentes. En puntas de pie y mientras intentaba  asomar su curiosidad dentro de la boca angosta del buzón, una niña escuchó que le decían: “en esta esquina comenzó el tiempo, en un tiempo donde Todo lo que parece anterior a las madres gira en el viento (1) Por entonces, sonaban a lo lejos los ruidos de la infancia, los carros, los ladridos, la tierra incomprensible y la perpetua llovizna de los signos buscaba correspondencias entre las cosas. Algún acorde roto siempre antiguo trataba de filiar las llanuras con los picos, lo opaco con lo brillante, de ver cómo dejar una marca, una huella del modo en que en el origen una nuez/se convirtió en estrella. De pronto, desde las hilachas de una piedra, surgió un trazo. Hacia un extremo de todo lo que existía, el trazo se expandió como sonido. Y lo llamaron canto. Hacia el otro confín, se extendió como letras. Y lo llamaron escritura.  No, los tiempos aún no eran como estos en que bajo balcones destrozados, / los ladrones regresan, en escarpines: / poco a poco se funden con las puertas / sin ruido de cerrojos. / No hay consuelo en la noche que lleva hacia la noche. No, no, aquellas fueron épocas de andar firmes sobre el presente y especular con que, tal vez, la misma montaña es el mar. Por eso los confines, de tanto en tanto, se encontraban en un abrazo. En una de esas ocasiones, escribieron una carta, esta única carta que aún llevo en el vientre, como quien engendra perpetuamente a una criatura sagrada. 
La carta solo dice,

Gallardo,Carlos. "Evidencias III ", 1996
Gallardo,Carlos. “Evidencias III “, 1996

parece que existimos para absorber el árbol, / decir una palabra y desaparecer / en la magnificencia. Por supuesto, este sobre no lleva remitente ni está dirigido a nadie en particular. Pero hace familia inmediata con todas las inquietudes niñas, no importa de qué edades, que asomen su curiosidad a la pregunta ¿Por qué causa / la pena se desprende, se incorpora / a la tarde de invierno como un color?  Y, por qué -aun así, en la frontera entre el verso y la música- la carta, como todo saludo final, insiste: hay que trepar el cerro / encontrar la nieve y frotarse la cara hasta entender que la cosa es bien confusa.

Cuando la niña alejó su oído del buzón, ya era casi de noche. Y ella se había  convertido en un canto que convocaba versos, en versos que entonaban el tiempo,

Sarah Moon. Fotografía.
Sarah Moon. Fotografía.

en una mujer que, como quien no quiere la cosa, simula alejarse de aquel sitio, mientras canturrea bajito, Después llegó la noche, y vos con ella, / tango a vestir de rojo mi pasión. / En vano uno pretende no cantar/las notas rojas de su herida. / En vano uno pretende no bailar / el compás rojo de sus penas. (*).  Sin embargo, afirmada al color y a la memoria, se quedó a habitar esa esquina para siempre.

 

 

ABIGARRADA Y FRÁGIL (1)

 

                        “Abigarrada piedra y sin embargo / frágil al viento, un día / todo este cerro desaparecerá / pero el amor que tú me diste / seguirá incólume, sonando / dulcemente en mi copa de cristal”
Loczy”, de “Resaca de los vientos”, Oscar Balducci

¿Alguna vez escribiste algo que no fuera en función de un espectáculo?

Alguna vez, artículos para alguna revista, para mi hija, por ejemplo. De forma casera, privadísima, comencé a escribir en la adolescencia algunos textos para mí. Me desbordaban las emociones, el sentirme incomprendida y el no saber dónde volcar todos esos sentimientos. Luego entré en la Escuela Municipal de Arte Dramático y ese caudal de hipersensibilidad encontró su cauce. Tenía 14 años.

¿Diarios?, ¿poemas?

Gallardo, Carlos  Detalle de obra retiro de tapa "Catálogo Kronos".
Gallardo, Carlos Detalle de obra retiro de tapa “Catálogo Kronos”.

No, para poeta en casa estuvo Oscar Balducci. Recorrimos juntos casi toda una vida. Descubro ahora que palabras que me surgen espontáneamente son de él. En los espectáculos fue mi voz durante mucho tiempo. Falleció en 2012 y sigue siendo mi voz en algunas circunstancias. Encuentro textos, libretos de los años ´70, ´80, que tienen fragmentos de una vigencia sorprendente. Sobre todo, en lo que se refiere a las crisis nacionales. Pero, en cuanto a lo que me preguntabas sobre qué cosas escribo para mí actualmente, son ideas. Muchas. Hay ideas como para comenzar a ensayar un nuevo espectáculo mañana mismo pero… el cuerpo o el tiempo no dan. Una vida no es suficiente para todo lo que una quisiera concretar. Y pensar un espectáculo es muy absorbente. Los voy armando a través de sentimientos variados, densos, dramáticos y humorísticos. El humor me viene como marca de familia y surge naturalmente. Lo desplegaban las mujeres: mi madre y mis tías pero, sobre todo, mi mami. Era muy, muy graciosa. Una morocha irresistible. Jorge Luz, que sabía un poquito de humor, la visitaba y adoraba esa cualidad de “la negra”, muy seductora además. Imaginate,  yo llegaba a la casa de mi madre, cuando ella tenía ochenta y pico, y la encontraba  rodeada de un montón de amigas de 30 ó 40 años que, hasta el día de hoy me dicen “ay, cómo la extraño a tu vieja”. Y yo pienso “cada día la extrañamos todos como locos”. Es un privilegio haberse criado entre mujeres así. Cuando era chica, era delicioso estar entre ellas, para mí y para todos mis primos. El humor surgía a la hora de la siesta, en los patios del pueblo donde nací y cuando los hombres no estaban. Era el espacio de libertad que ellas reservaban para sí mismas. Un humor basado en la ironía y en las palabras, en los retruécanos.

Te iba a reformular una de las preguntas que te envié por mail, pero ya me la contestaste. La pregunta decía, ¿cómo te llevás con la orfandad?

Mal. Horrible, ciertamente muy mal. Cuando mi hija era chiquita, me dijo “Mami, el mundo es muy injusto porque la vida tiene un final, pero la muerte es para siempre”. ¿Nunca tuviste la fantasía a de volver a ver a nuestros seres queridos aunque sea una vez más? Tal vez dentro de veinte años pero, ¿una vez más? Eso es lo que mi nena, con razón, encontraba injusto… Lo irreversible de la muerte de quienes hemos amado me sigue desvelando y es la principal razón de mis insomnios.

Con la orfandad te llevas mal. Pero, con la soledad, muy bien.

Sarah Moon. Fotografía.
Sarah Moon. Fotografía.

Es cierto, me llevo muy bien conmigo en soledad. Podría quedarme encerrada en mi casa durante meses. La misma casa que, en tiempos pasados, cobijó mucha gente y que está habitada por las mejores energías. He sido afortunada: tuve dos maridos maravillosos, valientes, inteligentes y artistas. Ninguno de los dos está  (Hugo, mi primer marido, fue detenido desaparecido en el 76),  pero agradezco el haber compartido mi vida con ellos. Tengo una hija preciosa que me ha dado un nieto y una nueva familia. Amigos y amigas con quienes nos disfrutamos desde hace décadas. Y algunas ciudades que siento y me tratan como propia. ¿Qué más?… Soy súper activa y creo que aún puedo con nuevos desafíos. Ahora convivo con dos gatitas siamesas estrábicas y parece que los años dan distintas sabidurías, porque su cariño me hace feliz. ¿Quieren intentar estos amores o son demasiado jóvenes aún?

Yo salgo de acá y me voy a conseguir dos gatos. Pero, mientras, vuelvo a tu infancia. En muchas entrevistas hacés referencia a ella. Yo escuché a una de tus tías, en un reportaje que te hacía Cristina Lemercier. Ahí, tu tía cantaba.

Era mi tía Kicha. Todavía canta y acaba de cumplir 90 años. Vive en Nueve de Julio, como casi toda mi familia y, cuando hablamos por teléfono, casi siempre terminamos cantando a dúo algún tema de Mercedes Simone, a quien las dos adoramos.

Vuelven las voces de la casa de infancia…

Hasta los tres años vivimos allá, a 300 km de la capital. Luego pudimos mudarnos a unos monobloks cercanos a la Medalla Milagrosa… y fue gracias a Evita. Ella había leído en un diario que el campeón argentino de ajedrez, mi papá, vivía en 9 de Julio y que eso le representaba una complicación para representar al país en los torneos internacionales. Entonces Evita se preguntó “¿el campeón argentino de ajedrez no tiene dónde vivir en  Buenos Aires?”  Y mandó a ofrecerle uno de los departamentos que estaban construyendo en la calle Curapaligüe. Contaba mi mamá que le dieron a elegir entre uno de tres ambientes y uno de cuatro, y ella eligió el más chico.  Eran así de humildes, como mucha gente en esa época. Cuando mi padre formó parte del equipo -que salió tres veces subcampeón del mundo de ajedrez, detrás de Rusia- el Presidente Perón lo convocó tres veces a la Casa de Gobierno para preguntarle en qué lo podía ayudar, pues estaba agradecido por los lauros obtenidos. Y mi viejo siempre dijo que no necesitaba nada. Y, por supuesto, no teníamos ni obra social ni seguridades laborales ni cosa que se le pareciera. Ahora, cualquiera podría decir “¿cómo no aprovechó para solicitar lo que fuera?”. Eran así. Ya de grande, yo se lo pregunté y papá me contestó “si yo tenía mi cabeza para trabajar y ganarme la vida…además, ni siquiera era peronista y no me pareció correcto aceptar”. Resulta impensable una conducta así en estos tiempos, ¿ no?

Doffo, Juan. "El sentido del Arte", 2012
Doffo, Juan. “El sentido del Arte”, 2012


SOBRE EL VOLCÁN DE TU RESPIRACIÓN (1)

                                                           “Y el amor, ese lago, y el día roto a tu lado, / cierto inventar, cierto decir desesperado/ y sin embargo escaso / sobre el volcán de tu respiración”
 

Con respecto a tu papá, nos llamó la atención una anécdota que contás en una entrevista que te hizo Felipe Pigna:Llevé a mi papá ciego a pasear en una silla de ruedas, le hice tocar las hojas, las flores, trataba de encontrar algo que lo ayude a despedirse, “tuve todo lo mejor, qué pena terminar ahora así”, dijo.

Sí, el último tiempo intentaba darle motivos para aferrarse a la vida, pero él se quería morir. Había quedado ciego y todo lo que más le daba placer en su vida- la lectura, el cine y el ajedrez- se había esfumado. Aquel día lo llevé a pasear por el parque para que tropezara con la vida. Pero, en cuanto salimos y le dio el aire en la cara, se le llenaron los ojos de lágrimas y quiso volver a su lecho. Su vida no fue fácil, su madre murió al nacer y sufrió una cadena de tragedias hasta que llegó a la cumbre de su profesión. A pesar de eso, después disfrutó de una vida fantástica de éxitos y rodeado de la admiración de las más grandes personalidades: El Che, Marlene Dietrich, Humprey Bogart, Osvaldo Bayer. Además de participar en 52 torneos en Europa y ver mundos diferentes. Esa última vez que paseamos por el parque, le pregunté si soñaba con el ajedrez y me respondió con un “No” rotundo. Creo que, en realidad, estaba enojado y yo no creí que fuera posible que el ajedrez no iluminase esa oscuridad en que se encontraba. El tablero fue el paisaje de su vida, desde que nació: a los cinco ya jugaba, a los 12, fue campeón de Bahía Blanca y a los 17, campeón argentino.

Hay muchas referencias a las voces familiares en tus entrevistas. No sólo a las femeninas, también a la de tu papá.

Sarah Moon. "Tributo a Mariano Fortuny. Palacio Fortuny"
Sarah Moon. “Tributo a Mariano Fortuny. Palacio Fortuny”

¡Mucho papá! Le tengo una inmensa admiración. Logró, desde la más tremenda orfandad, todo lo que se propuso. Mi papá era el rey de la casa. Pero nada de eso lo hubiera logrado sin mi mamá. Ella lo fue todo: amante, madre y compañera inclaudicable. Le procuraba hasta el descanso, esa era una de las cuestiones más importantes: cuidarle el sueño, pues necesitaba una concentración brutal en el nivel que él jugaba. Entonces, todos hablábamos con la voz disfónica para no molestarlo, como con aire entre las cuerdas vocales. Y ello produce una hipotonía en las cuerdas, una ausencia de tensión. ¡Por eso tengo esta voz “aguardentosa” que me oyen! Pero, al cantar, se me produce una impostación natural, aunque en cine o en televisión y cuando actúo en una escena intimista me incomoda tener esta voz.

Es decir que las voces escuchadas y los silencios de tu casa fueron muy importantes pero, en el escenario, descubriste otra cosa. Cuando te probaste en ese espacio, apareció otra voz.

Sí, aunque siempre me siento dando examen. A veces presumo que es una característica de Argentina, pues no recuerdo haber tenido esa sensación en los países donde he actuado. Aquí la mayoría del público reclama, por así decir, un comportamiento estelar, la prensa del corazón existente aquí parece adorar a “las estrellas”. Y yo he detestado eso siempre, mi vida ha transcurrido en otros parámetros, nunca perdí contacto con la gente ni con sus necesidades ni con la calle. Llevo una vida tan normalita, que hasta mis vecinos se sorprenden si se topan con mi foto en algún diario o en algún afiche… no se lo creen.

Qué impresionante cómo mucha gente deduce lo que una persona puede mostrar como artista de lo que ve, apenas, al cruzarte, de tu vida cotidiana.

Nunca me interesó, desde lo profundo, ni el éxito ni el dinero ni esas posturas estelares. Tengo bien claro que, al momento de tu muerte, sólo tendrás a tu lado los afectos que supiste ganar. Y, donde me encuentres, verás siempre a la misma piba de pueblo, en Buenos Aires, en Barcelona o en París.

Doffo, Juan. "Teoria del equilibrio"
Doffo, Juan. “Teoria del equilibrio”


GRANOS DE ARENA PARECIDOS AL VIENTO (1)

“Y así como la verdad / se parece tan poco a lo recóndito, / tu verdadero rostro se asemeja / a su apariencia, que tan bien describes, / como granos de arena parecidos al viento”
“Proust”,  de “La rosa de los vientos”, Oscar Balducci


Vos, en tu espectáculo,  decís un fragmento de Haroldo Conti : “
No sé si tiene sentido pero me digo cada vez: contá la historia de la gente como si cantaras en medio de un camino, despojate de toda pretensión y cantá, simplemente cantá con todo tu corazón”. Hasta ahí decís, pero el fragmento sigue “que nadie recuerde tu nombre sino toda esa vieja y sencilla historia”. Entonces, es posible llevar una vida de artista donde se destaca más “la historia”- el hacer, digamos- que el nombre.

A mí no me costaría en absoluto vivir en el anonimato, por el contrario, me gusta mucho, me quita las tensiones. Por eso me instalé tantos años en Barcelona, allí nadie te pide ser mediática, podés responder apenas a una sola entrevista y, de todos modos, tener el teatro lleno. Cenás con grandes artistas en un restaurante y nadie se acerca, no hay cholulismo. Sólo una vez viví la popularidad que da la tele y fue en mi debut en el 75. Coincidió con la dictadura, lo cual hace que sean muy negros los recuerdos de ella. Me tocó convivir disociada entre ese éxito y con la terrible desesperación de no saber qué habían hecho con nuestros familiares. Esta semana me ha citado la fiscalía para testificar en los juicios de Comodoro Py contra los genocidas(2).

Cecilia Rossetto. Foto: Alicia Usardi.
Cecilia Rossetto. Foto: Alicia Usardi.

Sos muy autónoma: agregada cultural,  generadora de espectáculos propios.   Siempre locomotora más que vagón…

Buena frase: locomotora más que vagón. Sí, así sucedió siempre. Lo que logré fue por prepotencia de trabajo. Nunca funcioné con el “piloto automático”, en ninguna de mis actividades. Pero aprendí bien mi oficio y pude mostrarlo en varias ciudades del mundo.

Y por esa autonomía se paga un precio, pero también tiene sus beneficios…

“Lindo, bueno y barato no es posible”, decía una amiga encantadora. A mí me seduce la inteligencia de las personas. A ella le parecía fantástica una vida como la mía, con tantos viajes y conociendo tanta gente atractiva. Pero, cuando por su parte, me invitaba los domingos a su casa, donde se reunía la familia en pleno alrededor de una gran mesa, a mí me inundaba una gran melancolía, pues era lo que yo ya no tendría. Entonces se hacía patente ese dicho popular de “lindo, bueno y barato…”

 

ALGO SE QUIEBRA BAJO EL TACÓN DELGADO (1)

            “Pero algo se quiebra bajo el tacón delgado / de una que pasa, rauda, / hacia el río que ha visto morir más de mil veces / a los primos de Dios y sigue reflejando /-en la mañana, en la memoria, en el olvido- los ojos de las madres más hermosas del mundo”
 Regina  Cœli, “la rosa de los vientos”, Oscar Balducci

 

Sarah Moon. Fotografía.
Sarah Moon. Fotografía.

¿Y cómo es eso de que no le encontrabas sentido a tu profesión?

Me parecía frívola y plagada de vanidades. Quería hallar un sentido social a mi vida, un claro servicio hacia los demás. Tenía un padrino anarquista que me hablaba de cosas que no se aprendían en la escuela, la historia de las revoluciones, del psicoanálisis o de la Guerra Civil en España. Te estoy hablando de cuando apenas había entrado en los 15 años; de cuando estaba en el Magisterio y pensaba continuar mis estudios en Psicología o Medicina, qué sé yo… pero bué, tenía talento para la escena y me fui quedando en ella, aunque no he dudado en bajarme de los escenarios cuantas veces lo creí necesario, por ejemplo, cuando quedé embarazada dejé tres años la profesión y no me pesó.

Eso que contás me recuerda cómo insistís en muchas entrevistas sobre tu interés en que tus espectáculos sean vitalizantes, eso de “aliviar la parte doliente” de la gente.

Es un excelente objetivo para mí, es la zanahoria que me ayuda a ir para adelante. Intento encontrar el mensaje que invite al espectador a creer que la vida es bella. ¿Te acordás de los versos de José Agustín Goytisolo? “La vida es bella ya verás, a pesar de los pesares, tendrás amigos, tendrás amor”. A muchos de nosotros, como identidad nacional, nos cuesta ver y disfrutar lo lindo. Te cuento una anécdota: estaba actuando en Bogotá, cuando asesinaron a Luis Carlos Galán, candidato a presidente de Colombia. Fue tremendo, el país convulsionó, se declaró el estado de sitio y quedamos encerrados en el Teatro Nacional, donde había estrenado. A la mañana siguiente, ya en el hotel, nos atendió el camarero que solía hacerlo, amable y dulce como era habitual. Me sorprendió su entereza y él me dijo: ¿ustedes los argentinos siguen creyendo que son los que más sufren? Basta mirar cada día las noticias y ver los hechos horrorosos que suceden para traer esa frase del colombiano a la mente.

 

SIEMPRE SE TEJE ALGO DISTINTO A ESO QUE SE TEJE (1)

 

“Cada uno mira desde su acoso, habla desde su espanto / Es que siempre se teje / algo distinto a eso que se teje (…) que la miseria teje a nuestro alrededor / y nos erige en héroes/ de otro sitio / en la despavorida sencillez”
 Penélope, “La rosa de los vientos”, Oscar Balducci


Balducci escribía. ¿Y ahora que no está?

Ay…

Ferrari, León. "Brajuleta-cabrunada"
Ferrari, León. “Brajuleta-cabrunada”

Pero ahora escribís vos…

Trato pero nunca más volví a escribir personajes. Después del último personaje que hicimos juntos, nunca más, no me siento capaz de superarlo, era perfecto. Incluso recibió el Premio Sebastiá Gasch, al mejor monólogo en Barcelona. Se llamaba Alicia ese personaje, era una separada enloquecida, a quien había estructurado físicamente como un dibujo animado. Eso sí, toda la belleza poética de mis espectáculos era la del Tano.

Y la poesía de tus espectáculos actuales, ¿dónde la buscás?

En las grandes poetas. Alfonsina, Sor Juana Inés, Rosario Castellanos, Idea Vilariño, Olga Orozco, Gabriela Mistral… todas inspiradoras, potentes. Es infinito el mundo de la poesía y da para quedarse en ella mil años. En un mundo desierto, sólo necesitaría poesía. Por otra parte, me preguntabas  por mail qué era para mí lo poético. Para mí lo poético es una constante. Mirá, todo lo que uno no ha sabido o ha querido decir pero no ha podido, todo eso lo dice la poesía. Todo lo que uno ha callado, lo que dejó de decir o pregunta, ahí está la poesía.

Igual yo creo que hay una poesía que se produce por la mezcla de lo que cantás con lo que bailás, con lo que leés. Vos hacés conversar música y poemas en tu espectáculo.

Fue apasionante ir descubriendo esos maridajes entre la poesía escrita y la poesía cantada. Y parece que resultó encantador.

Yo quiero reivindicar tu etapa solista, esta etapa donde escribís solo vos tus espectáculos . Es muy interesante el modo en que aparecen los ausentes en “Rojotango”. En un momento, vos leés un texto de Galeano que dice “quien nombra, llama”. Y, en otro, “entrar por un instante en el tímpano del mundo, quedar sonando en la memoria de alguien es un hecho nupcial”, de Leda. Ahí aparecen dos movimientos de la memoria, llamar a los ausentes y quedar en los presentes, aunque uno no esté.

Abrevar en creadores como Leda Valladares o Eduardo Galeano que, además, fueron amigos míos es traerlos al presente en todo su poderío. Cumplir años lleva implícito el aprender a continuar sin ellos. ¡Y la pucha si se los extraña!

Esto de provocar encuentros es una manera muy vital de hablar de los ausentes, no desde la falta, si no desde la presencia.

¿Vos decís que ahí están los ausentes, cuando yo elijo esos textos?… Mmm, seguramente… ¡quién no quiere luchar contra la huesuda y el olvido! 

Sabés, ¿hacer conversar textos es escribir?

¿Sí?

Coppola, Rocío. "Confluencias" (detalle).
Coppola, Rocío. “Confluencias” (detalle).

Claro. Es tejer textos. Es lo que decís que hacías cuando trabajabas de agregada cultural en Barcelona (2004): “Me entregué apasionadamente al trabajo. Lo sentí como una prueba, un desafío. El primer año estuve absolutamente sola y con todo por hacer. Allí empecé a “tejer”, a entrelazar y a imaginar variantes. Fue muy creativo, me devoraba la adrenalina. Era, en cierto modo, una partida de ajedrez: “Si muevo así o asá refuerzo luego esta posición… ¿qué piezas acerco, cuáles entrego?”

Ay, qué lindo, que me recuerdes esos momentos creativos, me optimiza… ¿las puedo llamar cuando me deprima? No, en serio, está muy bueno que vean el lado positivo del trabajo. Me tomo mucho tiempo para cualquier tarea que emprendo, un tiempo de incertidumbres e inseguridades que, afortunadamente, casi siempre terminaron bien.

Pero insisto, estos encuentros que vos generás -Cortázar y Eladia, Idea Vilariño y Tita, Eladia y María Teresa Vera- también son muy poéticos. Ese encuentro que no sucedió pero sucede en el escenario produce un extrañamiento. ¡Y sin tecnología!

Te hace sentir poderosa el no depender de la tecnología. Ciertamente, tiene su mérito plantarse sola en un escenario de cualquier lugar del mundo y producir emociones. Recuerdo una actuación en el “Teatro Carlos Marx”, de La Habana, frente a seis mil espectadores, sola, muy sola como cuando “te sacan hasta el banquito”, como decía Ringo Bonavena. La adrenalina me ahogaba, era mi primera actuación en Cuba y le puse el alma. Les gustó tanto, que apareció mi foto en el “Granma”. Había viajado a la isla con el Negro Fontanarrosa…¡pocas veces me divertí tanto!

Parità, Francesca.
Parità, Francesca.

Hablando de tiempos de antes y tecnologías de ahora, el tango tiene una cultura muy de época. ¿Qué tango representa nuestra época actual?

Esa actualidad la encuentro en Eladia Blázquez, sin duda, y en infinidad de versos de Homero Manzi o Cátulo Castillo. Los grandes creadores no tienen épocas, están siempre. De todos modos, me está haciendo falta un espectáculo donde mezcle géneros. Te aseguro que mi vida no es sólo tango. Viví en varios países y su música se me ha adherido a la piel.

 

¿DE QUÉ LUGARES HABLO, DE QUÉ TIEMPOS? (1)
 

“Y pasa un perro atado a una campana / una yunta de bueyes hacia el alba / y un ciervo, que me ha visto, salta sobe las tumbas y se aleja. / ¿De qué lugares hablo, de qué tiempos?”(1)

En lo artístico, ¿cuál es tu paisaje? (en lo musical, en lo literario, en lo actoral)

Como te decía, es muy variado. Se ha transformado en un sitio lleno de casilleros. Y, con cada uno, disfruto. ¡Por suerte!

Sarah Moon. Fotografía.
Sarah Moon. Fotografía.

¿Y cómo es tu interacción con los elementos escenográficos?

Hubiera adorado actuar en grandes escenografías. Yo me formé viendo las escenografías realistas de Saulo Benavente y hubiera deseado interactuar en ellas, pero la vida me llevó por otros caminos. Aunque suelo reencontrarme con mi hambre de ficción en el cine. Últimamente, me pasó con “Un Gallo para Esculapio”, una multipremiada serie dirigida por Bruno Stagnaro y producida por Sebastián Ortega, que me permitió meterme en la realidad del conurbano y el delito. Estoy ansiosa por comenzar la segunda temporada.

Igual, lo de las escenografías venía a cuento de cómo te desplazás en el escenario, cubrís todo el espacio, como en una casa. Incluso, cuando los músicos tocan una parte solamente instrumental, te quedás, allí atrás, en una barra dispuesta sobre el escenario. No abandonás la casa, te vas a la pieza de atrás.

Me siento muy segura en el escenario, lo advertiste bien: como en casa.

Chagall, Marc. "La casa roja", 1948.
Chagall, Marc. “La casa roja”, 1948.

Pensaba el contraste entre la exposición en el teatro, el trabajo con otros en la tele que ahora te espera y el silencio y la soledad de la escritura.

Me llevo muy bien con ese silencio. Que, en realidad, no es tal: en casa tengo música, libros, internet, gatitas, plantas. Como te decía, me puedo quedar ahí adentro por tiempos larguísimos. Lo tengo todo en mi cuevita. Y ese es mi espacio para escribir, lo disfruto mucho. Aparte me gusta mucho la investigación. Cuando comencé a escribir la idea de la obra “Bola de nieve”, estuve casi dos años estudiando la cultura y la religión yoruba. Luego nos unimos para dramatizarlo con Balducci y Patricia Zangaro. Lo estrenamos en Buenos Aires e hicimos temporada en Barcelona, mi segunda patria.

Bueno, eso nos pasa. Sin investigación previa, no hay entrevista. Hay que a ver el espectáculo de nuestros entrevistados, pero eso solo tampoco alcanza.

Muy agradecida. Algunos te hacen entrevistas sin haber visto tus trabajos ni tener idea de quién sos. Son un trago amargo esos reportajes. En fin…”habremos pecado de exceso de idealismo?”, ¿quién nos prometió un mundo perfecto? Si sólo ver los rostros de los refugiados nos deshace el corazón. Y todo ese dolor y ese horror están ocasionados por un grupete de ávidos por la plata, los que comandan el mundo para quedarse con él a cualquier precio.

Recién hablaste de “Palabras para Julia” y  hablando de refugiados, me acordé de una entrevista que le hiciste a Paco Ibáñez: Ciegamente asintiendo, ciegamente afirmando como un pulso que golpea las tinieblas” se escucha. Y más: “apakintza Bai”: que quiere decir sí, afirmación rotunda, sin vuelta, ahí llega (al caserío) en la huida de los fascistas, cuando la madre se queda sola con ellos. Vos le mostraste a los niños vascos, a quienes separaban de sus madres y enviaban solos a Londres o a Rusia.

Haberle hecho esa entrevista a Paco es uno de mis grandes orgullos. Paco no suele dar entrevistas, pero dijo que aceptaba si se la hacía yo. La pila que le puse a eso no te la puedo explicar. Tardé en recopilar material y producir, por lo menos, seis meses. Él se quedó contento… y no es nada fácil conformar a Paco. Un grande. No te olvides de recomendar ese video donde recorremos su vida teñida de guerras, exilios y arte.

 

EN LA FRONTERA DEL MILAGRO (1)

 

“peñasco al fin y al cabo sin secreto / cabeza en la frontera del milagro”
“Montaña”, “Resaca de los vientos”, Oscar Balducci


Volviendo a los encuentros. Vos hacés encontrar textos con músicas, pero también reuniste toda la obra fotográfica de Balducci en un libro, y estás participando en un libro sobre tu papá, el Gran Maestro Héctor Rossetto, que editará la Universidad del Sur. Tu escritura tiene que ver con provocar encuentros…

Sí, también lo hice con Hugo Federico González, mi primer marido. He gestionado que un aula del UNA lleve su nombre, pues es el único egresado desaparecido.

Sarah Moon. "Los cipreses"
Sarah Moon. “Los cipreses”

¡Viste que están presentes los ausentes todo el tiempo! Y siempre, muy presentes, “grandes varones”.

¡Y grandes mujeres, sin dudas!

Sarah Moon. Fotografía.
Sarah Moon. Fotografía.

Eso es de Juan Gelman. Por eso antes te decía: todo lo que yo no alcanzo a expresar se los pido prestado a estos grandes poetas. Los nombro y los llamo.

¿Pensás seguir armando espectáculos con estos encuentros música poesía?

 A veces temo pecar de ingenuidad al seguir pensando que muchas de las cosas que no hice aún, hay tiempo de concretarlas. Eso es lo que tengo de juventud espiritual. Aunque, de tanto en tanto, me inunda el vértigo al pensar en lo que ya nunca haré o veré… por ejemplo, ya no iré a China…

¿Alguna vez soñaste con mucho ímpetu con ir a China?

No. Pero no me gusta pensar que moriré sin conocerla, ¡jaja!

Por qué no. ¿Y en lo artístico que soñás?

Tal vez en hacer algún clásico, un Chejov o un Shakespeare, que fue para lo que me formé. Pero, si me pasara con ello lo mismo que con la China, igual me iría satisfecha con la suerte que he tenido.

Cecilia Rossetto con el Anartista. Foto: Cecilia Usardi.
Cecilia Rossetto con el Anartista. Foto: Cecilia Usardi.

Cecilia Rossetto con el Anartista. Foto: Alicia Usardi.
Cecilia Rossetto con el Anartista. Foto: Alicia Usardi.

 

 (*)  De “Rojotango”; Oscar Balducci y Pablo Ziegler

(1) Todas estas citas corresponden a versos de “Resaca de los vientos, prosa de las viejas ciudades” y “La rosa de los vientos”, de Oscar Balducci.

(2) A la fecha de publicación de  esta entrevista, Cecilia ya declaró.

 

 

 

 




PIEDRA DE LOS SUEÑOS

Entrevista al fotógrafo y escritor Marcos Zimmermann

Entrevista y edición: Carolina Diéguez, Gabriela Stoppelman

Fotografía: Diego Grispo

 

“Yo no soy de ningún siglo/ Vivo ausente del tiempo. Soy  mi siglo como mi sexo y mi delirio. / Soy el siglo liberado de toda fecha y penumbra. /Pero, cuando muera, el profeta que hay en mí se alzará como un niño sin moral y sin patria. / Un niño loco con lengua de alaridos. Entonces amanecerá en el millón de Galaxias. /Madres del futuro: cuidado. Cuando muera puedo volver/ Entonces, ay, vientre que me aguardas, dulcísima catedral de tinieblas.”
               “Vientre profeta sin tiempo”, De “Visión de los hijos del mal”, Miguel Ángel Bustos.

 

Zimmermann, M. “Cercanía de Viedma. Río Negro”
Zimmermann, M. “Cercanía de Viedma. Río Negro”


Alicurá, piedra blanca como la leche, corta en tres la aparente monotonía de la noche, le delata sus pliegues, sus rincones cebados de poder, sus márgenes limpias en los confines.

Alicurá, piedra blanca como leche, vía láctea al ras del suelo, laberinto de adherencias donde el caminante, un día cualquiera, cuando la tarde ya no puede más contra lo oscuro, se detiene a mimar su cansancio.

Alicurá, tan blanca, resuena en ecos la voz mapugundún, mientras las adherencias de la piedra se acomodan a los contornos del recién llegado, le hacen un lugarcito en la milhojas de sueños, lo convidan con afinidades y parentescos impensados, juegos de la leche cuando se hace tan piedra, tan blanca y, aun así, mana.

Zimmermann, M. “El trabajo. Serie del yacaré”
Zimmermann, M. “El trabajo. Serie del yacaré”

Allí, en una rugosidad camuflada con la luna, en un punto de luz muy lejano al fondo del paisaje,  vive la pesadilla de yacaré sin tiempo. Desde la desmesura de su distancia se extiende hasta abrazar la audacia de un perro histórico, un galgo peludo que cuenta historias, donde los hombres callan. Su relato suena bajito en la textura de la piedra y va directo a su corazón: el centro latente de una siesta eterna para  tantos hombres que se atreven soñarse desnudos. Tantos hombres, un solo hombre, tantos ojos, una misma luz. Luz de infancia, claro.  Fulgor detrás de la ventana de un tren, cuadro originario que da forma a la inmensidad de lo incumplido,  de lo trunco, borde al acecho de espejismos vueltos  realidad. Por allí se asoma el ojo de Marcos Zimmermann. Y cuenta. O canta.

Alicurá, piedra sureña, leche blanca hacia una Sudamérica encendida en colores. Piedra, piedra, volvé a fundar camino. Volvé a cuidar el paso de nuestros sueños.

 

EL ORIGEN DE LA LUZ                        


“En una vuelta del tortuoso camino, me encontré con una enorme piedra, ovalada y lisa como el lomo de una ballena (…) soné que aquella piedra en la que dormía no era una piedra, sino una argamasa formada por la superposición de sueños de quienes alguna vez habían dormido sobre ella. Y que si yo también era capaz de dejar allí los míos, otros podrían, algún día, soñar su propio sueño sobre el mío
.”
Zimmermmann, M. “360º”

Zimmermann, M.
Zimmermann, M.

Nos llamó la atención tu “piedra de los sueños” ¿Se puede pensar tu fotografía como una superposición de miradas, un milhojas?

Sí, mi fotografía tiene diferentes miradas en diferentes momentos. Pero, en el fondo, tiene una sola. Yo soy un fotógrafo de oficio, pertenezco a una generación en la que trabajábamos de fotógrafos. Me preparé desde chico para hacer buena fotografía, fotografía comercial. Así que, inicialmente, no estaba en mí la idea de la fotografía como arte, tal cual está hoy concebida. Seguramente, esa idea, de alguna manera, estaría. Siempre digo que soy fotógrafo desde antes de tener una cámara en la mano. Cuando era chico, viajaba a Córdoba y miraba el amanecer, miraba los paisajes que iban pasando, la gente y sus situaciones. Y esa película del país me fue quedando en la retina. Cuando tuve una cámara, me dediqué a registrar esa realidad.

Hay muchas referencias en tus textos sobre la relación de lo singular en la multitud. Recién mencionabas la mirada única detrás de tus muchas miradas. Y también, en la serie de hombres desnudos, escribís:En realidad, todos los hombres aquí fotografiados son un solo hombre. Un hombre que se repite por millares en Sudamérica. Estas fotografías son un testimonio y un retrato de los diferentes rostros de ese hombre sudamericano, de su entorno y de sus formas de vida”. Cuando hablás de la luz, también es única:Lo que sigue es la misma luz que dibujó nuestro país en la retina de un niño que, muchos años atrás, miraba absorto pasar el mundo por la ventanilla de un tren” ¿Creés en algo así como una esencia, una zona central?, ¿se modifica o no modifica?

Zimmermann, M. "Procesión, Villa 31, Buenos Aires".
Zimmermann, M. “Procesión, Villa 31, Buenos Aires”.

Creo que sí se modifica, yo he modificado muchísimas cosas. Aunque algunas otras no. Hace no mucho estaba leyendo una entrevista, una especie de pequeño manifiesto que hice en el año 1982, recién regresado de Italia a Argentina. Hablaba respecto de la fotografía, y es idéntico a lo que recientemente dije en una entrevista a “Radar”- el suplemento de cultura de “Página 12”- y a lo que he dicho siempre que tuve oportunidad de escribir sobre fotografía. En ese sentido sigo fiel a un tipo de fotografía que no tiene demasiados neologismos. Yo tengo la sensación de que la realidad está llena de pequeños datos del alma de la persona o de la cosa y que basta la atención específica. Para eso la fotografía es una gran herramienta porque permite retener la realidad y después reflexionar. En ese contacto con el mundo, con lo que es o puede parecer solamente muy concreto, hay un montón de datos que la trascienden. Cuando estoy contigo veo algunas cosas que puedo fotografiar y luego, mirando esa fotografía, veré también otras. Creo que la fotografía es como casi todas las artes: cuando empiezan a alimentar un mundo que quiere sofisticar por demás el lenguaje fotográfico, fracasan. Cada arte tiene un lenguaje específico. En el máximo de su potencial,  tiene un ímpetu  imposible de no trasmitirse. Cuando pasa ese límite, se puede convertir en otra cosa, en otro arte, “no arte” o lo que quieras. En ese tipo de fotografía conceptual o abstracta intervienen otros asuntos que tiene que ver con el mercado. Por eso detesto el mundo de curadores que rodea a la fotografía. Hoy parece que no se puede hacer una muestra sin un curador cuando, en realidad, quien se está expresando es el fotógrafo. Si no sabés cómo expresarlo, dedicate a otra cosa. Necesitar que alguien explique lo que estás haciendo es horrible. Reconozco que soy un poco “auto-gestivo”, pero tengo una idea acerca de lo que planteo, en este caso y en muchos otros.

Zimmermann, M. de la Serie "Desnudos Sudamericanos "
Zimmermann, M. de la Serie “Desnudos Sudamericanos “

De los dieciséis ensayos  publicados -casi todos sobre la Argentina salvo “Desnudos sudamericanos”, que trasciende las fronteras pero que también toca un tema nuestro- he tenido siempre una idea clara de lo que he querido decir. Esto se refleja en mis textos y en mis novelas.

 

 

 

 

ME PONGO EL CORSET, ME SACO EL CORSET
                                  

                        “Al contrario que en la fotografía, en literatura la verdad puede tomar formas impalpables, desaparecer o transformarse según el deseo del autor. Aquello que una disciplina explica con la forma, lo edifica la otra en la ilusión
Del Prólogo a “Historias de fotógrafos” de M. Zimmermann


¿Qué te aporta la escritura que quizás no te da la fotografía?

De chico leí y escribí mucha poesía. Me parece que es un lindo camino, sobre todo, en ese momento de la vida. Ahora escribo mucho menos poesía. Pero tengo escritos tres libros de poemas, uno tiene fotos, otro dibujos y otro no tiene nada porque lo hice en la colimba, en una máquina de escribir mientras hacía guardia. Hay un solo ejemplar de cada uno que los tengo yo en casa. Uno es “Los estallidos del amor”, el otro “La visita de los legos” y el tercero “Zanahorias, pepinos y remolachas”.

 

Zimmerman, M."Libros de poesía".
Zimmerman, M.”Libros de poesía”.

Referido a eso, mi familia materna tenía mucha afición por el arte, por la música y la escritura básicamente. La familia de mi padre es más bien de la parte tecnológica. Por eso yo, con la máquina fotográfica, tengo una mezcla de ambas cosas. Te contaba que soy fotógrafo de oficio. Así, a una edad en la que había empezado a entender qué era expresarse con la fotografía, vino la cuestión del mercado fotográfico y la posibilidad del poder contar una historia con la fotografía. Yo lo entendí recién a los treinta años. Hasta entonces era un fotógrafo que componía y hacía buenas fotos, digamos. Trabajé con fotógrafos de cine, hice publicidad, fotografía aérea. Lo único que no hice en mi vida fue fotografía médica. Luego vino esa etapa del arte. Pero, volviendo a la literatura, el oficio de fotógrafo, el modo en que yo decidí que fuera mi fotografía, tiene siempre el condicionamiento de la realidad. Siempre dependés de lo que pasa y de lo que está: el fondo, la luz, son todas cosas que tenés que resolver en un instante. Es un momento de gran estrés cuando uno dispara la cámara, porque tenés que resolver, simultáneamente, las cuestiones técnicas más las expresivas. Esa dependencia continua es un corset que uno tiene. En cambio, en la literatura yo puedo hacerte desaparecer, hacer que aparezcas dentro de una foto, puedo hacerte volar y que aparezcas de nuevo sentada acá. Todo es posible. En literatura tengo una libertad que no tengo en el ejercicio y el oficio de fotógrafo tal cual he decidido tomarlo. Con el tiempo uno se modifica y a veces los textos empiezan a parecerse a lo que uno fotografía. De hecho, en esta muestra, hay cinco o seis textos que yo escribí durante el viaje y algunos otros que agregué después -para completar la serie- vinculados con lo que viví como fotógrafo. Están escritos desde un lugar poético, no son crónicas documentales estrictas porque si no volvería a ejercer ese oficio duro de fotógrafo.

Zimmermann, M. "Mina de carbón. Provincia de Santa Cruz", 2017
Zimmermann, M. “Mina de carbón. Provincia de Santa Cruz”, 2017

Me divierte el hecho de soñar con que hay un chico que está trabajando en la mina, a la noche llega a su casa y, al prender una luz, se pregunta cuántos kilos del carbón que él mismo debió sacar ese día son necesarios para prender esa luz.  Luego se tira en la cama y se toca pensando en la chica que ve todos los días en la parada del colectivo, que ama en secreto, aunque aún nunca le haya hablado.

O la mancha en el techo.

Barrio El Timbó Supongamos que te despertás de noche con una gota de agua cayéndote sobre la nariz. Abrís los ojos, encendés la luz y ves una mancha ocre del tamaño de una moneda en el techo de tu departamento de Palermo. Son las tres de la mañana y te acostaste a la una después de encajarte un Lexotanil, porque te agarró un corte de dos horas en la Panamericana cuando volvías del country club de Pilar. Supongamos, digo. Y supongamos que terminás de despertarte cuando cae otra gota –esta vez mucho más densa y enérgica– en tu ojo, mientras ves que la mancha empieza a aumentar de tamaño aceleradamente. Medio dormido aún, te levantás, te calzás el pantalón de fútbol y agarrás las llaves. En la dormidera tardás un poco en abrir la puerta, mientras ves de reojo que en esos pocos segundos la mancha se ha vuelto un mapa de Australia, todavía pequeño. Supongamos. Desesperado, salís al pasillo casi desnudo y a los tumbos, subís corriendo las escaleras y buscás el 11º Ñ. Tocás el timbre tres veces en menos de un minuto y, ante la falta de respuesta, golpeás la puerta violentamente. Los consorcistas del 11º G, H, I, J, K, L y M salen al pasillo en pijama, todos insultándote. Pero, de la parejita joven del 11º Ñ, ni noticias. Decidís volver a tu departamento. Apenas entrás, ves con espanto que la pequeña Australia se ha transformado en Pangea y la gotera ya abarca el living, el baño y la cocina. Tres especies de volcanes se han formado en el techo y, luego de perforar la pintura, lanzan con fruición grandes chorros de agua. Recién entonces tomás conciencia de que tu departamento tiene ya medio metro de ese líquido elemento, que algunos muebles navegan de un cuarto al otro, que tu iphone se ha convertido en una sonda submarina y que tus CD`s más queridos de Bryan Adams flotan como irupés por todo el living. Pero lo peor no es eso, sino que en una esquina del departamento ves a una chica, con el agua a la cintura, llorando. En ese momento mirás para arriba y caés en la cuenta de que ya no hay más mapa de Pangea: ahora tu techo es de chapa y se volvió un enorme colador por donde entran cataratas. Supongamos. Vos hacés un intento por contener el aguacero poniendo unos cartones que el viento se lleva volando al instante, mientras dudás si tomar otro Lexotanil, llamar al 911, o al 0800SUSHI para pasar el mal rato. Pero, en cambio, te quedás paralizado. Tanto, que no hacés nada cuando ves entrar a dos gronchos cantando una cumbia, que arrancan tu Smart TV de 100 pulgadas de la pared, se acuestan de panza sobre el aparato y salen flotando por la ventana hacia el Paraná tempestuoso que alcanzás a ver por entre los agujeros de las maderas que hacen las veces de paredes. Uno rema con las New Balance que robó de tu vestidor y el otro con las obras completas de Gerard de Nerval que tomó de tu mesa de luz. Esto es lo que termina de sacarte. Cualquier cosa tolerarías de los negros, menos meterse con la cultura. Pero, justo cuando vas a lanzarte a nadar tras ellos, la chica se pone a llorar mucho más fuerte mientras camina hacia el ropero. Lo abre y saca de adentro un niño. –Se llama Pedro y tiene dos meses –te dice. –El ropero es el único lugar seco de la casa –aclara, mientras te lo pone en brazos. Es entonces cuando te ponés a llorar más fuerte que ella, porque te das cuenta de que estás en el barrio El Timbó de Resistencia, en un rancho inundado como tantos otros cada vez que crece el río, donde vive esa chica de 17 años con su hijo. Y entonces te nace acariciarle la mejilla a Pedro que te mira con inocencia y sonríe. No sabe que está viviendo su primer experiencia de la pobreza. En ese momento descreés de todo. Del mundo, del corazón humano y, sobre todo, de ti mismo. Porque enseguida le devolvés el niño a la chica, tomás tu cámara, disparás varias fotografías, le das las gracias por haber conseguido tomas tan emotivas y partís. Aunque después no puedas dormir. Y pienses por un momento en proponerte como padrino de Pedro. O en hacer una Fundación para ayudar al barrio. O una revolución junto a ellos. Pero enseguida te calmás. El Lexotanil te está haciendo pensar pavadas. La vida no puede ser pura emoción. Decidís que a primera hora llamarás a la administración para exigirles que arreglen esa gotera que osó lanzar una gota sobre tu nariz de clase media. Después te arropás con tu frazada calentita y te dormís. Supongamos. Marcos Zimmermann

Esa es en realidad una crónica que hice casi llorando el día que conocí a esa chica y a ese chico en Resistencia. A la noche me tomé un vino, mientras pensaba en esa situación. Todavía hoy pienso dónde estarán y qué será de sus vidas. Ese chico que todavía no tenía conciencia de nada y, de repente, estaba en ese lugar tan terrible. Entonces me imaginé en mi casa de Palermo, como uno más, pensando en los problemitas domésticos que a veces uno tiene y en los problemones que tienen otros. Ese es un poco el resultado de ese texto que, de hecho, se publicó en Página/12.

Zimmermann, M. Foto: Diego Grispo
Zimmermann, M. Foto: Diego Grispo

Pensaba que la escritura es también parte de lo real y que tal vez  lo distinto es lo que podés hacer con eso.

Sí. Pero de otra manera. La literatura es siempre evocativa. La fotografía tiene el maravilloso poder de plasmar en papel la realidad a la que puede sumar o no esa dimensión evocativa. Hubo una época en que creía que la fotografía tenía dos dimensiones. Hasta que una vez hice una fotografía en Misiones, en el año 80, en mi primer viaje al interior del país. Un pueblo muy chiquitito que se llama Gobernador Lanusse. Hice esa fotografía un poco despreocupadamente, en la entrada de un almacén donde había tres chicos sentados ahí afuera. Después me di cuenta que había allí tres personajes: uno muy criollo, uno muy alemán y otro muy brasilero: un resumen de Misiones. Me di cuenta entonces que algunos datos de la fotografía podían contar cosas que no estaban dichas evidentemente en ella pero de todas maneras estaban. Vi que hay otra dimensión que no es solamente el x-y, sino la recta z que la atraviesa de otro modo, son cosas que no están explicitadas aunque no todo el mundo las vea. Otro ejemplo: Hay una fotografía mía que fue carátula de una muestra que hice en Japón, de un hombre que se llama Ismael Reiniero Palomo, que vivía en Punta del Agua, cerca del Bañado La Estrella, en el límite entre Formosa y Salta, una población muy chiquita. Este señor está vestido con una chaqueta muy gruesa de cuero y tiene un sombrero gaucho levantado, cosa bastante extraña en la gauchología argentina.

Zimmermann, M. "Punta del Agua, Formosa". De la serie Norte argentino.
Zimmermann, M. “Punta del Agua, Formosa”. De la serie Norte argentino.

Pero ese sombrero  tiene que ver con el lugar  en que él vive. Allí el monte tiene mucho vinal, que es una planta con unas espinas muy grandes  y pincha mucho. Cuando entrás en el monte, tu caballo tiene que tener guardamontes y vos una casaca de cuero bien gruesa. Y él usaba ese sombrero que le permitía agacharse sobre el lomo del caballo, cubrirse con esa armadura  de cuero y que el sombrero no se le cayera. Eso está en la foto aunque no de manera evidente. Allí es donde se suma esa índole evocativa. Yo lo he explicado algunas veces. Esa otra dimensión me parece interesante. Mismo con algunas fotos de esta muestra Argentinos, que a mi juicio trascienden el tema plástico.

 


LA PARENTELA DE LA MÚSICA
         

Es que la fotografía es un sistema peligroso que explica muchas veces lo inexplicable, hace cierto lo inconcebible, o transforma lo cierto en cuento.”
“Historias de fotógrafos”, Zimmermann, M.


¿Hay fotos que desovillan una narración y otras que son más sintéticas, como poemas?

Zimmermann, M., “Comunidad Pai Antonio, Misiones”
Zimmermann, M., “Comunidad Pai Antonio, Misiones”

Hay de todo, sí. La fotografía tiene un lenguaje y en eso se parece a la literatura y a otras artes. PERO ese lenguaje es muy especial. En literatura un sustantivo es un sustantivo y un verbo es un verbo. Hay una lógica en la construcción de una oración que es más o menos reconocible para bastante gente. De hecho, el lenguaje se inventó para poder explicar el mundo lo más claramente posible. A veces, en la fotografía un pequeño detalle hace que toda la fotografía cambie.

Mencionás en varias entrevistas la impronta musical que hay en tus fotografías. ¿Una fotografía tiene ritmo entonces, así como lo tiene el armado de una muestra?

 Sí, claro. Hay trabajos que se parecen más a la cadencia de Chopin, otros a Schönberg. Depende del montaje y del lugar donde expongas, en cada caso es diferente la edición. También es diferente la edición en un libro que la de una muestra. Acá hay ciento cincuenta fotos con un corte que yo decidí junto con Cristina Fraire, quien seleccionó las fotos conmigo. En este caso prioricé la información de diferentes cosas antes que un ojo solamente fotográfico. Para este trabajo Argentinos tomé cerca de cien mil fotos y, con ellas, se podrían tomar varios caminos y hacer varios tipos de ensayos diferentes, más o menos personales, más o menos abstractos. Yo elegí un camino bastante directo y llano porque me gusta mucho que la gente entienda lo que digo. Testeo todos mis trabajos con algunos íntimos amigos fotógrafos y, después, con la señora que trabaja en mi casa. Y te diría que en esta muestra estoy muy satisfecho. Yo no suelo poner libros para que la gente deje comentarios en las muestras. Pero esta vez me lo sugirió la gente de la editorial. Hay un montón de comentarios, desde “Hasta la victoria siempre, volveremos” hasta “Con esta plata podrías ayudar a esos indígenas en vez de colgar esta muestra”. Pero el noventa por ciento son muy lindos comentarios. Y, sobre todo, hay una cierta emoción  y comprensión de lo que uno quería decir. La muestra está leída en un tono político, que no es con el que originalmente arrancó este proyecto, que es muy viejo. Pero, hoy por hoy,  los textos y la situación en que vivimos le da un tono emotivo que la gente agradece porque le llegó, la sensibilizó, la hizo llorar. Yo detesto el arte incomprensible, abstracto que necesita de cinco curadores para explicarlo.

Zimmermann , M. “Familia, Chaco”
Zimmermann , M. “Familia, Chaco”

 

ENSAYO GENERAL DE ESTE HORIZONTE

                        “De pronto, un punto de luz en la lejanía se fue transformando en un caserío.”
“Santuario tres pozos”. De “Historias de fotógrafos”, Zimmermann, M.

¿Qué es lo poético en una foto?

Hay fotos poéticas y otras que no lo son.

¿No estará siempre ahí lo poético?

No sé… Es muy difícil decirlo. En cierto sentido uno siempre está en la misma búsqueda de pensar la identidad, de pensar nuestro país, de buscar alguna manera de entendernos, me parece que ese es uno de los grandes problemas argentinos. Yo he sido muy obcecado en trabajar siempre sobre Argentina, no tengo ningún trabajo que vaya más allá de las fronteras de Sudamérica. Hice cosas en Italia, cuando vivía allá, y por supuesto fotos de viaje. Pero nunca se me ocurriría andar haciendo un ensayo sobre otra cosa que no fuera lo nuestro. Pero voy a la pregunta: yo soy muy organizado para proyectar mis trabajos, de otro modo, me sería imposible hacer una muestra como esta, de ciento cincuenta fotos. El libro tendrá unas cuatrocientas y cincuenta, más sesenta u ochenta mil kilómetros recorridos en auto, y no podría no haber tenido un horizonte adonde ir. Entonces suelo diseñar los trabajos, estudiar antes, consultar el INDEC para ver cómo es nuestro país. Toda esa mezcla de información se ve trasuntada en las fotos. A veces uno a va a un lugar, como al INVAP, porque me pareció interesante hacer una foto vinculada a  los satélites, a esa posibilidad argentina. He ido a varias comunidades aborígenes y he ido a Vaca Muerta. Quizás uno busca obcecadamente una foto por aquí y después te das vuelta y la foto estaba ahí, cerquita nomás. En ese sentido, la fotografía tiene la sorpresa que tiene la poesía, porque a veces te lleva a un lugar que no imaginabas. Tal como me ha pasado cuando, alguna vez, he estado tomando caipiroshka, mientras escribía y de repente el personaje cobró vida propia y terminé muerto de risa con lo que él me proponía.

Zimmermann, M. “Río Los Sosa.  Provincia de Tucumán”, 2000.
Zimmermann, M. “Río Los Sosa. Provincia de Tucumán”, 2000.

Encontramos, sin embargo, algunos puntos en común entre tus dos oficios. Por ejemplo,  ese punto de luz al final de los caminos, en las fotos, y este mirar de lejos que les permite, a casi todos los personajes de tus textos, empezar a ver. Por otro lado, escribiste que te cuesta fotografiar a las cosas que son muy cercanas, lo mismo que le pasa a un personaje de un cuento tuyo, un señor que lo único que no puede fotografiar es el rostro de su amante ¿La excesiva distancia no es un problema?

Zimmermann, M. "Fractocúmulo visto desde Quilmes. Pcia. de Buenos Aires. "
Zimmermann, M. “Fractocúmulo visto desde Quilmes. Pcia. de Buenos Aires. “

Sí, lo es. Pero no hay una regla. Cada uno siente la distancia de manera diferente. Argentinos, como varios de mis trabajos anteriores, es un ensayo enorme hecho de imágenes tomadas muy de cerca aunque mi mirada mantiene siempre la perspectiva general del trabajo. Es difícil explicar cómo uno selecciona una parte muy pequeña del mundo y al mismo tiempo conserva la distancia para que esa fotografía forme parte de un todo y no se escinda. Por ejemplo, lo que está expuesto acá no es la estricta realidad. Uno puede llegar a resumir en una foto muy poco respecto de LA realidad. Y sin embargo las fotos que integran este trabajo tratan de mostrar la pura realidad. Tal vez lo que pase sea que, a pesar de que es una muestra realista, lo que más me interesa es mostrar una forma de mirar nuestro país, de pararse frente a las diferentes realidades que lo componen, de amar la patria. Sería una hipocresía decir “estos son los argentinos”. Sin embargo, al mirar la muestra, uno ve que somos un poco el trabajo que hacemos, un poco  nuestros sueños, nuestros disfrutes, nuestras creencias… Es un camino, un abrir puertas hacia eso. Mostar todo es un trabajo imposible. Sobre todo hoy, cuando hay un espanto nuevo cada diez segundos. Pero sí se puede insistir en el tema de mirar para adentro un poco, de mirar cómo somos. Ahí es donde se conjugan la mirada comprometida, de cerca, y la perspectiva frente a lo que nos pasa que incluye siempre muchas preguntas genérales a veces sin respuesta. Creo que los argentinos tenemos fundamentalmente ese gran problema. Hace dos siglos que la Argentina transita entre el liberalismo y el nacionalismo y pareciera haber dos países que no pueden encontrar una idea común. La verdad es que eso no se da de esa manera en otros lugares del país, como se da en Buenos Aires, donde el poder está súper concentrado en un grupo muy chico de gente que tiene grandes medios, y grandes posibilidades desde económicas hasta mediáticas. Pero estoy seguro: la gran cantidad de argentinos nos pondríamos muy de acuerdo en muchas cosas. Yo me crié en una familia con ciertas posibilidades y por mi propia vida he conocido terrenos muy oscuros, muy bajos en la escala social y he compartido cosas con todos, desde los más pobres hasta los más ricos. Y creo que los argentinos somos muy proclives a la fraternidad. De hecho, inventamos este famoso beso entre los hombres que no existe en otras partes.  Todo lo demás está sembrado de intereses. Cuando dicen “se robaron todo” y muestran los bolsos de Báez, yo no me hago cargo de sus delitos. Es falso denostar las buenas intenciones de un movimiento político porque algunos actores del mismo sean ladrones. Hay miles de personas honestas que comparten un pensamiento de patria más común y solidaria y son honestísimas. Y ciertos gestos personales no pueden invalidar toda una ideología y un camino. Yo me indigné cuando Lanata hizo como leitmotiv de su programa ese dedito “fuck you” que, por otro lado, es un grito de guerra inventado en la batalla de Angincourt, en 1415, cuando los ingleses le ganaron a los franceses con un arco que era necesario estirar con ese dedo porque era más duro. Realmente no me parece un símbolo de los argentinos, me parece espantoso. Creo que nuestro símbolo es más bien una mano estrechando a otra.

 

Zimmermann, M. "Lof mapuche, Cerro León, Neuquén"
Zimmermann, M. “Lof mapuche, Cerro León, Neuquén”

 

DESMESURADO Y VELOZ
                                              

Tengo la sensación de que algunas cosas se escabullen de la fotografía
“La ciudad evanescente”. De “Historias de fotógrafo, Zimmerman, M.

Otra de las cosas recurrentes en tus textos es la palabra “desmesura”. La fotografía es una manera de recortar la desmesura y, en ese sentido, esta muestra sí es la realidad, porque es imposible mostrar un todo con un todo. ¿Cómo te llevás con la desmesura?

Me gusta. Me gustan los proyectos grandes. Estoy en un momento de mi vida bastante óptimo en ese sentido, porque ya he tenido un ejercicio de conocer el país, un manejo fotográfico suficiente y un pequeño prestigio ganado que me permite realizar mis ensayos sin condicionamientos. Me gusta ver de lejos y ver cómo contar esto. Hay muchísimos trabajos estupendos en fotografía, algunos hechos sobre una mínima porción de realidad y con una profundidad enorme. Ya no sé si soy capaz de hacer eso. Sí, veo rápido, disparo y me aburro rápido también. Mucha gente me pregunta cuántas horas estuve para hacer tal foto. Y, por ahí, estuve cinco minutos. Una vez, reconozco, estuve siete horas esperando que el sol pasara entre dos nubes que cubrieran todo el cielo. Sabía que ese paisaje iba a hacer bummmm y se iba a levantar y así pasó. Tomamos mucho mate y esperamos. Pero habitualmente miro rápido y cambio luego de escenario o de situación humana.

 

Zimmermann, M. "Bajo el puente, Tucumán"
Zimmermann, M. “Bajo el puente, Tucumán”

Hemos notado que en tus paisajes hay siempre como tres franjas.

Zimmermann,M. "Lenga. Punta Loyola, Santa Cruz"
Zimmermann,M. “Lenga. Punta Loyola, Santa Cruz”

Avanzamos en tus libros y llegamos a esta costanera iluminada de noche, donde las franjas se hacen muy claras. Uno ve que sin estas franjas no existiría la foto, sería todo negro.

 Linda reflexión.

Zimmermann, M. "Balaustrada. Costanera Norte, Bs. As.", 1994
Zimmermann, M. “Balaustrada. Costanera Norte, Bs. As.”, 1994

 

EN LA CUENTA DEL OTARIO
                                  

¿Pues para qué os espantáis de la culpa que tenéis?”,
Sor Juana Inés de la Cruz
 

En este número de El Anartista el tema es reflexiones sobre la miseria ¿Quién es para vos un miserable?

Zimmermann, M. "Alto Comedero"
Zimmermann, M. “Alto Comedero”

Hay muchos en este país. Casi todos están en este gobierno. Creo que hay mucha gente confundida también y que hay que abrir el panorama para que se comprenda que esto no es una guerra. Hoy no tenemos un modelo de país, sino un modelo de negocios. Esto es una maquinaria imparable que ni siquiera depende de los ejecutivos o de los accionistas. Hace poco hubo un intento de bajar los impuestos vinculados al alcohol,  pero resulta que no bajó porque hay intereses que no lo permiten, concretamente Blaquier. Es decir, ni los gobernantes pueden hacer lo que quieren, porque están muy condicionados por poderes más reales aún. Esta es la misma gente que tiene presa a Milagro Sala. Quienes se ufanan de las muertes de Santiago Maldonado y de Rafael Nahuel. Yo estuve en Alto Comedero y es un lugar muy impresionante. No se me ocurre que Milagro Sala se haya dedicado a robar.

Ponele que cualquiera que construya un complejo acuático haya robado, ¿por qué hay que cerrar las piletas y privar a gente que nunca había accedido a eso de ese placer?

Claro. Es una cosa muy anacrónica que ya no tiene cabida en este mundo, sinceramente. Creo que pronto va a pasar. Creo que hay muchísima gente que, con el modelo kirchnerista despertó a un montón de cosas. Después, como decía antes, está la insidia mediática, la persecución judicial, la revancha, los negocios, los tipos que no quieren que un cabecita les diga lo que tienen que hacer. Hay mucho todavía de eso en el país, el estanciero medio pelo con camperita de carpincho, mucha virgencita de Luján, mucha hipocresía… En ese sentido, el Uruguay es un país con mucha más libertad. Tiene su iglesia católica, pero no están con las procesiones ni con la virgencita todo el día. En nuestro país eso tiene una incidencia muy negativa.

Zimmermann, M.
Zimmermann, M.

En la muestra está representado esto. Pero volviendo a tu pregunta, quizá la palabra “miserable” sea demasiado fuerte. Me resultaría difícil decirle a una persona en la cara, “sos un miserable”. Creo que todo el mundo tiene sus razones para hacer algunas cosas. Hay quienes tienen razones verdaderas, hay quienes están convencidos de algo, hay quienes lo hacen por inercia y otros por maldad. Creo que todo el mundo puede cambiar, uno ha visto cambios sorprendentes en Argentina, para un lado y para el otro. Demasiado rápidos algunos, sospechosos… Pero muchos nos hemos equivocado en Argentina, de todos lados. Me parece que eso nosotros tenemos que asumirlo porque, si no, somos un país infantil, siempre echándole la culpa al otro. Lo que sucede hoy en la justicia es un reflejo de esa condición argentina de no hacerse responsable nunca de nada y de echarle siempre la culpa a otro. Por eso digo que la palabra miserable es un poco fuerte. Porque no me gustaría la pelea sino la conversación, yo no le tengo miedo al debate, a decir lo que pienso en cualquier parte.  Creo que ese es el ejercicio de la libertad. Yo me eduqué políticamente en Italia. En la inauguración de la primera muestra que hice vino una señora, se paró frente a una foto con una copita de vino y empezó a decir a los gritos: “¡Questo e una merda!”, así que tuve que ir a ver por qué decía eso. Ella me explicó el por qué, yo le explicaba por qué no era una “merda”, discutimos y bueno, ahí fue la cosa… Desde entonces, no le tengo miedo al debate.

 

TODO TIENE UN YACARÉ
                                         

                                   “una sílaba incendiaria, perdida en un reino de formas y sonidos/ y que ahora es apenas un yacaré blindado, anfibio para el olvido”
“El tren”, Miguel Ángel Federik

Vuelvo a tus fotos. Me llamó mucho la atención una foto, donde cuadro y multitud que mira un cuadro en el museo se hacen espejo.

Zimmermann, M. "Museo del Louvre ", 1980 (detalle)
Zimmermann, M. “Museo del Louvre “, 1980 (detalle)

Sí… Es una foto analógica hecha en el año ’80. Es parte de uno de los primeros ensayos que hice  sobre la gente en los museos, fue casi un ejercicio.

¿A qué llamás ensayo fotográfico?

Bueno, es un conjunto de fotos que cuentan una historia sobre un tema específico. Hice ensayos sobre la gente en los museos, sobre la gente en la ciudad, sobre los argentinos. Un ensayo fotográfico es “un trabajo sobre algo”.

Zimmermann, M. "Alucinación". Serie Un perro en el paraíso
Zimmermann, M. “Alucinación”. Serie Un perro en el paraíso

 

Hablemos de los collages. Esta continuidad que se da entre la realidad y la ficción, por ejemplo en las fotos con hombres y esculturas, se superpone después en los collages, sobre todo en el del yacaré. Ahí están todas tu líneas de poética: los caminos, los retratos, los paisajes, los pasos…

Yo había terminado de hacer un libro panorámico por encargo muy largo, que se llamó “Argentina, naturaleza para el futuro”. Había viajado por todo el país durante un año y pico casi sin parar y estaba agotado. Me encerré durante un tiempo con la computadora, tomé algunas fotos de mi libro del norte e hice un collage. Soy bastante amante del litoral y el yacaré me parece un bicho alucinante que está como denostado, como todo el litoral. El yacaré tiene un texto increíble de Ulrico Schmidt, donde el bicho echaba fuego por la boca

Por qué esta nación se llama acheres (yacaré), es la razón (esta): achere es un pez que tiene el cuero tan duro que uno no lo puede herir con un cuchillo, ni menos penetrarle una flecha de los indios; es un pez grande, y les hace mucho mal a los demás peces; ítem sus huevas u ovas, que de suyo pone en tierra, a unos dos o tres pasos del agua, saben como a almizcle; es bueno para comer, la cola es lo mejor; lo demás también no es dañoso; vive siempre en el agua. Ítem aquí en nuestra Alemania se lo tiene por una bestia dañosa y asquerosa y lo llaman basiliesckh (basilisco) y se cuenta, que si uno lo mira a este pescado de suerte que éste le haga llegar el aliento, por fuerza tiene él que morir, lo que es una verdad sin vuelta, porque el hombre tiene que morir y nada es más sabido. También se cuenta que si uno de éstos se cría y es visto en un pozo, que no hay más medio de acabar con este pez que el de mostrarle un espejo y tenérselo por delante, para que allí él mismo se mire, porque así al ver allí su propia fealdad tendrá que caer muerto al punto. Pero las tales consejas del dicho pez son pura fábula y sin valor; porque de ser verdad, cien veces debería haberme muerto, porque más de 3.000 de estos peces he cogido y comido yo; no hubiese escrito tanto acerca de este pez si yo no hubiese tenido una razón conocida: en Munich, en la casa de campo del duque Alberto, nuestro finado señor […] Viaje al Río de la Plata, Ulrico Schmidt

Bueno, esto fue en 2001 y terminó en un texto que escribí con mi amigo Julio Salinas, un gran artista con quien hicimos esa historia. La serie de fotos del yacaré simboliza el hambre, la tierra, la Pachamama, la enseñanza de la escuela, el trabajo, todo tiene un yacaré. Después vino este otro trabajo donde hay dos historias mezcladas, la de la expedición de Ayolas e Irala subiendo el Paraná. Siempre me parecieron increíbles esos tipos navegando por un río sin saber qué había en la curva siguiente, si los cagarían a flechazos o qué. Irala y Salazar llegan a Asunción del Paraguay -la fundan- y quedan varados durante seis años en una orgía de sexo, porque los guaraníes les traían a sus tías, a sus primas, a sus hijas, a sus abuelas y a sus nietas y cada uno tenía setenta mujeres. Y como ellos venían de la expulsión de los moros lo llamaron “El paraíso de Mahoma”. Y, así, meta garchar, los tipos se olvidaron de la Conquista. Al punto que la Corona española decidió mandar a Alvar Núñez Cabeza de Vaca a poner orden en todo ese quilombo. Entonces, Alvar Núñez se embarca, atraviesa el Brasil -dicen que ahí descubrió las Cataratas del Iguazú- y llega a Asunción a poner orden. Cuando quiere poner orden le hacen un juicio, lo meten en cana -porque les viene a escupir el asado- y lo mandan enjuiciado a España. Pero Alvar Núñez escribe y guarda las actas de su defensa en la quilla del barco. Y, cuando llega a España condenado, hace abrir la quilla y es ahí cuando se salva. Pero, mientras tanto, esa gente quedaba en Asunción, una locura completa. Esa historia la mezclé con otra, la de Isabel Roser. Ella era un mujer muy rica -dicho sea de paso, yo venía de hacer un libro financiado por Fortabat- y quería hacer la Orden Femenina de los Jesuitas. Entonces, fue a verlo a Ignacio de Loyola, quien le dice que no, que él había intentado una Orden Femenina, pero que le había ido muy mal. Entonces, ella va a verlo al Papa. Y el Papa también le dice que no. Por otro lado, Isabel había mandado a un escudero en la expedición de Mendoza -allí empezaban las conquistas privadas en estas tierras-. El tipo le escribió una carta diciéndole que en estas tierras había un Suri[1] de la eterna juventud, por lo cual ella se viene a América en busca de esa fantasía. El Suri de la eterna juventud termina siendo la verga de un cacique muy pijudo en Paraguay. Así, Isabel Rosas atraviesa todo ese río en busca de esa poronga que finalmente encuentra, pero hete aquí que el cacique se queda con ella un mes en una tienda sin salir y las concubinas del cacique aprovechan un descuido y le ponen en el mate unas semillas alucinógenas. Por eso ella empieza a hablar de yaguaretés que volaban y cosas por el estilo. Aparece un perro de nombre Amadís, que se enamora de la perra del cacique que se llamaba Aku-itereí, que significa muy calentita. Ambos tienen perritos. Bueno, al final a la perra la matan, toda una escena dramática donde el perro que sobrevive salva a los cachorros y les dice que él vino a darles la voz que no tenían en América, más o menos así.

Zimmermann, M. "Pobreza. la familia se agranda", de la Serie del yacaré.
Zimmermann, M. “Pobreza. la familia se agranda”, de la Serie del yacaré.

 

GALGO PELUDO QUE CUENTA NOVELAS
                     

         “Fue un perro -salvado por el absurdo- el que refirió esta extraña historia”
“360º”, Zimmerman, M.

 

Me gustaría leer algún fragmento de esas novelas.

Sí. no hay problema. 

Asunción, 1º de febrero de 1907. (Dos días después del Auto de Fe) La memoria es un animal blando que adquiere formas extrañas cuando uno lo toca, señor Alberto Vochtej Fric. Y debo confesar que, durante las últimas semanas, esa bestia no ha dejado de moverse en mi cabeza. A veces es una ameba inerte que remite a un tiempo anterior a la inteligencia. Otras, muestra la misma sagacidad de las mariposas albas, que atraviesan nuestro país flotando sobre un aguapé hasta llegar a su lugar de empupamiento. Una mañana, el animal despierta con la vivacidad de los colibríes ágata y a la noche se vuelve oscuro y quejumbroso como un cururú sin piernas. En un comienzo adjudiqué estos caprichos de mi memoria a las anginas de cada invierno, cuya fiebre que me empuja al delirio. Pero, aunque algunos síntomas de este mal se revelaban diferentes este año –picazones extrañas en las orejas, lubricidad exagerada en la lengua y contracciones intempestivas de ingle–, atribuí estos cambios al agua que bebemos últimamente. Como usted bien sabe, señor Fric, grandes contingentes de mensús han partido en estos años a trabajar en la tala, río arriba y, desde allí, lanzan al Paraguay restos hediondos de tropillas salvajes carneadas en sus orillas, pócimas oscuras usadas en la curtiembre de esos cueros, trapos con emplastos infectados de la viruela que los acosa y hasta cadáveres, producto de las riñas a que induce la caña que consumen para mitigar la soledad, reavivar sus sueños y atraer compañía imaginaria a la práctica amorosa solitaria con la que se consuelan en medio del monte, ¡Dios los perdone! Hasta entonces creía que estas extrañas mutaciones de mi memoria se debían a estos hechos. Pero, hace pocos días, cuando se acercó la fecha de nuestra esperada transacción, la bestia reveló un rostro inesperado. Esa mañana, cuando el convento despertó para los maitines, los pliegues de mi memoria dejaron al descubierto un animal salvaje indescriptible, mezcla de aguará-guazú, mono y gusano, que dormía en mí desde hacía mucho tiempo… DE EL ESPESOR DE LA MEMORIA 2016

Ahora termino una novela. En uno de los viajes un muchacho mapuche-tehuelche, después de un día muy lindo de cabalgata por los montes de cerca de Esquel, muy cerca de donde desapareció Maldonado, me regaló una perrita, llamada Patagonia. Me la traje y ya me comió doce pares de anteojos. Es un ejemplar de unos perros que tuvieron siempre los aborígenes. Cuando fue la Conquista del Desierto quedaron cimarrones, sueltos en jaurías, porque a sus dueños los mataron. Entonces, estos perros -que son como galgos pero peludos- se comían  las ovejas de los ingleses recién llegados a Patagonia. Así que los ingleses trajeron a otros perros, también galgos pero, que cazaban ciervos, para que los mataran. Bueno, mataron a muchos, pero otros se cruzaron. Y esa cruza infernal es lo que tengo en mi casa, un monstruo que rompió varios almohadones, colchones, mis anteojos y otras cosas. Un pequeño puma, digamos. Cuando lo saco a la calle, ve chicos corriendo y seguro cree que son conejos y se los quiere comer. Esto viene a cuento porque la última novela que escribí sucede durante la Conquista del Desierto.

 

HORROR VACUI

                                   Pero en la pared había un espacio sin ocupar. Un sitio reservado para una ausencia irremplazable
“Pepe y la fotografía ausente”, Zimmerman, M.

Por último, te quería preguntar por estos vacíos que vimos en tus fotos de ese relato Un Perro en el Paraíso, no hay blancos en ninguna parte, salvo en estos espacios.

 

Zimmerman, M. "Esternocefalo"
Zimmerman, M. “Esternocefalo”. De la serie “Un perro en el paraíso”.

Es uno de los primeros collages que hice, no sé… Esto es un esternocéfalo. Son fotos grandes. Cuando vos entrás en cada foto, ves que tiene que ver con el cuento. Lo que te conté es como una especie de historieta ilustrada de sexo, drogas y rocanrol ambientada en el siglo XVI. Dentro de cada una de estas fotos, hay personajes vinculados a esta historia. Además, muchas imágenes tienen que ver con descripciones de la época. En el imaginario español había unos seres que se llamaban esternocéfalos, es decir que la cabeza la tenían en el esternón, aunque el pito lo tenían en su lugar. Pero hay cosas que no sé por qué están ahí. Hay un momento en que alinean los elementos de la historia del arquero zen japonés: el arquero el blanco y la flecha, como si te dijera, el ojo, el corazón y la mente. Entonces la foto crece porque en ese instante cuenta. Yo creo bastante en el momento decisivo del que hablaba Cartier Bresson pero también en el momento reflexivo anterior a la foto. Algunos de estos lugares están acá por algún motivo específico.

Zimmerman, M. "Salinera del Gualicho, Rio Negro"
Zimmerman, M. “Salinera del Gualicho, Rio Negro”

Es decir, yo fui a ciertos lugares buscando ciertas cosas. Qué se yo, por ejemplo, la Salina del Gualicho, por ejemplo, no es cualquier salina. El gualicho  es una cosa que en la Patagonia tiene un sentido muy especial, viene del tehuelche: “gualichú”… Yo hice una foto allí y no en otra salina por esa razón. Y así muchas cosas. Fui buscando algunos lugares e hice el diseño del proyecto. No es que salí con  la cámara a ver qué encontraba. Como te dije antes, hasta datos del INDEC miro.

No hay nada que tenga menos imágenes que el INDEC.

Sí, pero por otro lado es un reflejo de una Argentina verdadera. Me refiero a que una foto puede ser genial, hecha en cualquier lado. Pero si además está hecha en un lugar o una persona con historia, que tenga un detrás o un porqué, una biografía o un peso político, social, cultural o lo que quieras, esa foto empieza a cargarse de otras cosas. Los lugares de mis fotos y las elecciones sobre qué sí y qué no, tienen un sentido. En esta muestra hay una escena en una cancha de polo ¿y por qué? Porque el polo es un deporte de una clase social determinada, en el Premio Carlos Pellegrini se junta una elite muy especial. Así, esa foto se carga de otras historias. A eso me refiero cuando hablo del momento reflexivo en la fotografía. A mí me resulta importante reflexionar acerca de las cosas. Sobre todo, cuando uno toca un tema tan grande como “los argentinos”. Toda fotografía es un registro de cosas y lo más interesante es la fotografía histórica, que te cuenta un mundo. No es lo mismo hacer una foto en el fondo de tu casa que en un lugar emblemático. Ahora, si lo emblemático tapa lo fotográfico -no en el sentido estético porque la estética es algo que cambia continuamente, sino en el sentido de priorizarse y no comunicar- bueno, sonaste. Por otra parte, a esta muestra -“Argentinos”-  viene a verla gente con alguna preparación, pero también se acercan otras personas quizás no acostumbradas a lo fotográfico. Y me gusta que la gente sienta cosas o vea algo que yo en este momento no soy capaz de ver, porque  de tanto fotografiar perdí un poco la perspectiva. Eso me gusta también de la literatura. Dejé la novela hace cinco meses y ahora la retomo porque se me había hecho un vacío. Esos son los peores momentos para mí. Años atrás, mientras hacía un libro ya sabía cuál sería el próximo y por dónde más o menos iba a ir e, incluso, ya pensaba en un tercero. Ahora estoy terminando esta muestra, estoy por editar un libro fotográfico y acabo de terminar mi quinta novela, con lo cual todavía no tengo un tema próximo. Pero ya aparecerá. Creo que el día que se me apague eso se me va a apagar la vida. Pocas veces me pasó. Alguna vez, por tres o cuatro meses, en un momento muy difícil de mi vida, me sentí, vacío, sin nada para decir.

Pocos vacíos en las fotos y pocos vacíos  tu relato.

Sí, hay algo de manía también, pero manía productiva finalmente.

Zimmerman con el Anartista. Foto: Diego Grispo.
Zimmerman con el Anartista. Foto: Diego Grispo.

 

[1] avestruz

 

 




ESPEJOS DE BARRO

Reflexiones acerca de la miseria: sobre el poder de “los lindos”

Por Alicia Usardi

DESCOSIDOS

Una filigrana que comienza no se sabe cuándo ni quién dio la primera puntada. Sutilmente, toma forma en manos distintas, cada vez que alguien decide un cambio. Y así los pueblos construyen su historia.

La carpeta multicolor se hace trizas. Hace tanto ruido que todo se silencia y nada sale de su lugar.  El sol encandila y desaparecen las tormentas. Algo cambió y parece que es para siempre. La lejanía se instala con ese que anda solo con sonrisa de pasta dental. Y entonces la filigrana se desarrolla sobre una figura todavía indefinida.

Xetobyte. "Above the Horizon" (Sobre el horizonte)
Xetobyte. “Above the Horizon” (Sobre el horizonte)

 

De pronto, irrumpe un botón por algún lado, un agujero por otro. A veces una protuberancia de cierto color. Pero son disrupciones de un camino que se pretende sin obstáculos. Y el empeño en la limpieza colisiona con la realidad amodorrada, con su voluntad de amaneceres. Y, después, obviamente, nos sorprende la muerte.

 

LA GUERRA DE LOS LINDOS

¡Cuánta muerte en tan  corto tiempo! Sí, comenzó la guerra. Y, por ahora, el enemigo muestra el rostro de un otro lejano quien, por decisión de los lindos, no tiene derecho a la vida. Porque esos lejanos en esas lejanías quieren vivir y brillan en su pelea para preservar el planeta vivo. ¡(H)ay, Santiago!, ¡(H)ay Nahuel!

¡Cuánta muerte en tan corto tiempo! Son 30 y pico de gendarmes muertos, enviados por Patricia Bullrich a “reducir” a la “negrada jujeña”. (H)ay , Milagro. Son 44 que fueron con los ojos abiertos a confundirse con el mar. Fueron por decisión de esos pocos: los lindos que siempre se salvan en lugares también lindos rodeados de voces lindas que susurran palabras lindas.

Y los lindos nos llevan al mundo. Nos prometen un esperanzado paseo entre otros lindos que juegan a la guerra contra los débiles.  Nunca nos enteramos si nos invitan o no a participar, pero vamos camuflados con restos de fuerza que los lindos derraman en los espejos de nuestro barro.

https://www.youtube.com/watch?v=PxzIRbXvUnc


OBRA ROJA

Contentos, miramos el juego ajeno de la destrucción. Y esa ajenidad, tan propia de la lejanía, ya no es. La palabra ya no está, el lenguaje es otro y se multiplica sin explicación.  Por fin somos actores de una obra importante escrita en rojo. Actores de segunda, de tercera línea, que nadie ve, aunque estemos. Africanos, palestinos, indígenas, migrantes lejanos de toda cercanía: la luz  llega de la mano de los lindos mutados en miserables cadáveres.

Sarolta Ban
Sarolta Ban

 




LA PIEDRA Y LA ARENA

Reflexiones acerca de la miseria: Sobre el oportunista.

Por Luisa Luchetta

 

¿WISKY NACIONAL O IMPORTADO?

Mientras bebían un whisky lavado, en el cabarute del pueblo escucharon a un paisano de dos pueblos más al oeste. El hombre contaba -con lujo de detalles, que daban a la narración el ritmo especial de los nacidos en el interior profundo del país-, la suerte que había tenido un conocido de un conocido del amigo de un primo lejano. Uno que fue criado por una prostituta de un pueblo más lejano aun, quien había sido abandonado en la ruta por una mujer de quien decían fue la querida de un juez del país vecino.

Pablo Picasso - Músicos con Máscaras
Pablo Picasso – Músicos con Máscaras

En ese país (tierra de hombres y mujeres de carne dura como cuero de vaca vieja, cuya piel refleja el sol que baña las montañas), una revolución de las que no revolucionan nada ( salvo la quietud) amenazaba el descanso reparador de gobernantes, banqueros con peluquines, jueces de traje oscuro y moño, senadores eternos, arzobispos de enormes cruces de oro y anillos con piedras preciosas incrustadas y terratenientes embriagados por el aroma de perfume francés de sus esposas y amantes. Allí, unos muchachos, que solían juntarse a la tardecita para jugar un partido de fútbol en un potrero, se ilusionaron con salir de la miseria de sus días. Decidieron robar un banco.

En pocos meses idearon un plan. Consiguieron algunas armas de juguete robadas en la única juguetería del pueblo. Se disfrazaron con los uniformes del grupo rebelde, la Tropa Organizada Revolucionaria Pro Económica, la TORPE, y no solo asaltaron bancos y jugueterías, sino que asolaron al país. Por fin, hartos de su nueva vida de millonarios, se jubilaron. Parte de aquel equipo consiguió que sus hijos tuvieran título universitario -contadores, abogados- y que otros, por medio de casamientos, llegaran a codearse con la nobleza europea. Algunos se dedicaron a prestar dinero a interés desmedido.

Fue entonces que el grupito de jóvenes del cabaret, como quien no quiere la cosa, a modo de juego, se preguntó cómo podrían crear un plan tan perfecto como el escuchado en el relato: cómo salir de la miseria de trabajar por unos pocos pesos. Disfrutar el resto de sus vidas, solo vivir en el placer, igual a los ricos. Los varones ya se veían rodeados de lindas mujeres, un departamento en la ciudad, plata, mucha plata. Las chicas, en cambio, se imaginaban hermosas (con plata se hacen milagros) con anillos de oro verdadero, ropa, mucha ropa. Todos pensaban en un buen wisky importado.

La situación política era parecida a la del país más allá de la frontera. Ellos serían del GIL, Generales de Inteligencia Lenta. Los chicos asaltarían el banco. Poseían una escopeta con la que el padre de uno de ellos cazaba algún que otro chancho salvaje, unas boleadoras (para romper los vidrios) y una lata de pintura verde limón, que sobró de aquella vez, cuando pintaron el galpón. No eran militares, ni mucho menos generales, sólo uno consiguió unos borceguíes, los demás iban con las Pampero de lona.

En una fría noche primaveral, el banco brillaba como una estrella frente a la plaza del poblado. Todo olía a silencio. Uno tenía que hacer la pintada del GIL, mientras otros dos, armados con caños de hierro (¡cómo pesaban!), abrían las cajas. Las cajas de la liberación del yugo patronal, del trabajo diario, de los horarios, del tren repleto de sudor. El que hacía de campana los esperaba con el auto en marcha. Sonó la alarma. A esa hora ni el panadero ni el cabo de la comisaría estaban despiertos. Olieron el dinero, un bello perfume que jamás había entrado en sus sentidos, las miradas fueron sorprendidas por el brillo áureo de las joyas. Embriagados, sentían la sangre fluir por sus cuerpos. Olvidaron el tacho de pintura con la cual habían escrito en las paredes: VIVA EL GIL, que se volcó en el apuro y dejó huellas por todos lados.

Las chicas los esperaban en la terminal. El plan era que ellas se llevarían el botín y lo guardarían hasta que todo estuviera en calma: “un par de meses”, calcularon.

La policía, el ejército, y el resto de las fuerzas de seguridad interna y externa los persiguieron. No había lugar donde esconderse, ni en el monte más cerrado estaban a salvo. Entonces, se separaron. Sin dinero, perseguidos, los muchachos asustados retornaron a las casas de sus padres. De a poco, los policías los fueron a buscar, para apresarlos. Los militares, para interrogarlos hasta el borde de la vida.

Rene Magritte - La invención de la vida - 1940
Rene Magritte – La invención de la vida – 1940

Las chicas, en cambio, guardaron el dinero debajo de la cama de su madre. De haber algún problema, ella se haría cargo del delito, sabían que jamás dejaría que sus delicadas hijas fueran a prisión.

Una noche, sonó el teléfono. El último prófugo quería su parte. Ellas le dijeron que habían tenido que coimear a un comisario, quien se había llevado casi todo. Mintieron. Como favor y por bondad, le iban a dar el botín restante.

Era de madrugada, su madre se despertó al escuchar ruido debajo de su cama. Una de sus hijas sostenía una pequeña y ajada valija. Simuló no notar nada y se hizo la dormida. Escuchó el timbre. Se levantó y vio a su hija entregar la valijita a una sombra. Lo que había adentro también una sombra del dinero total, una huella del robo.

Al tiempo, sin que se pueda establecer una conexión inmediata (los tenían cercados, quién sabe hasta qué punto este dinero recibido influyó), los diarios dieron cuenta de que las fuerzas de seguridad habían acabado con los insurrectos.

Y las chicas vivieron felices y, hasta que alcanzó, comieron perdices. Mientras tanto, el GIL, en cana.

 

LA OFICINA

– ¿Dónde están los documentos truchos de la mercadería? ¿Y el efectivo? ¿El itinerario de los transportes?

Juan Carlos escuchó a su jefe hablar a los gritos a su secretaria detrás de la puerta. Habían llamado para avisar que Alfredito estaba en el hospital, en terapia intensiva, muy grave. Era cuestión de días. Solo quedaba esperar que el cielo lo pasara a buscar. Su mujer y sus dos pequeños hijos no tenían dinero para los remedios ni para el gasto de transporte hacia el hospital. La mujer suplicaba por teléfono que le adelantaran el sueldo de su marido.

– Decile que solo le puedo pagar hasta el día que trabajó. Y que necesito me dé la valija de su marido, sin falta.

La valija era lo más importante, entonces. O, mejor dicho, su contenido.

¡Si la cana se llega a avivar! ¡Pero qué boludo! Ni sabe cruzar la calle, pensaba Juanca. Así lo llamaban. Este laburo está bueno, pagan bien. Aunque, si salta la perdiz, estoy frito.

– ¡Malporco, venga!

Juanca se levantó de su silla nervioso, algo transpirado, aromatizado con un dejo del almuerzo en el bodegón del boulevard.

– Sí, jefe, ¿qué pasa?

– ¿Usted es amigote de Alfredo Gladiattore?

– Sí, más o menos, almorzamos juntos, aunque nunca fui a su casa o a la cancha con él…

-Llame a su mujer, dígale que no joda, el marido laburaba en negro, nosotros no tenemos nada que ver. Unos pesos le puedo tirar, pero que ni piense en indemnización. Vaya al hospital y recupere la valija.

Juanca salió enseguida hacia el hospital. Odiaba esos lugares, no podía permitirse caer en un sitio como esos. En todo caso no entonces. Antes había decidido hacer plata, mucha, costara lo que costase.

Rene Magritte - Inteligencia - 1946
Rene Magritte – Inteligencia – 1946

El viento fresco de la calle se llevó los olores que se le pegaban en la oficina. Tenía que ir con calma, en la valija había cheques al portador y dinero por la venta de mercadería que no había pasado por los controles. Si la mina esta se avivaba, se quedaría con todo. Hasta podría pedir más guita.

Juanca salió del ascensor, el pasillo de mosaico de granito beige y paredes azulejadas le descubrió un grupo de personas llorosas en el fondo del mismo. “Que no se muera antes de que consiga la valija, si no el jefe me va a cagar a pedos” pensaba.

Abrazó a la esposa de Alfredito.

– ¿Pero qué pasó? ¿Cómo está?

-Lo atropellaron, cruzaba la avenida, un auto lo tiró y otro dobló en ese momento. Algo así, no sé bien, me contó un policía …

La esposa de Alfredito se largó a llorar, él la abrazó a modo de consuelo.

-El jefe está muy acongojado, casi le da un síncope cuando se enteró, quiso venir conmigo, pero no se sentía bien. Te mandó unos pesos para colaborar con este problema…

-Gracias, no se hubiera molestado…

Juanca sintió alivio, ella no pidió más plata. Él se había quedado con la mitad del dinero que el jefe había mandado. Lo suficiente para pagar la entrada al porno y comerse una pendeja.

Juanca iba a visitar a Alfredito dos veces a la semana. Siempre sacaba el tema de la valija, ¿quién la agarró?,¿la tiene la mujer? Soñaba con ser socio del jefe, dejar de ser empleado. Ya había logrado ascender al puesto de gerente Coimeador.

Alfredo estuvo más de seis meses en la terapia intensiva del hospital. Todos hablaron de un milagro. Un verdadero milagro solo atribuible a Dios. No podría haber sobrevivido únicamente por la atención médica -por cierto, escasa- ya que lo daban por muerto.

Al cabo de ese tiempo, sin estar ni ser, Alfredito pasó a terapia intermedia y pudo recibir visitas. La esposa desbordaba de alegría, aún no había llevado a los chicos por miedo a que Alfredo se emocionara demasiado.

Estaba sola, cuando Juanca llegó.

Rene Magritte - El doble secreto - 1927
Rene Magritte – El doble secreto – 1927

-¿Por qué no vas a tomar un café? Se te ve cansada. Tenés que aflojar un poco, che.

-No, gracias. Los médicos me pidieron que me quedara acá, en la sala de espera. Por las dudas. Ya debe estar por despertarse.

-Entonces, mejor que te vea con otra cara, andá, despejate un poco. Yo me quedo hasta que vuelvas.

-Sí, tenés razón, me voy a maquillar y tomar un té, así me ve linda. Gracias, sos un gran amigo. Me bancaste todo este tiempo.

-Nada de eso, yo los quiero a ustedes. Son la familia que me gustaría tener.

-Ya va a llegar la elegida, tené paciencia. Vuelvo enseguida.

Salió una enfermera, miró las sillas.

-No mire tanto que me deslumbra- dijo Juan Carlos con una sonrisa.

-¿Usted quién es?

-El mejor amigo de Alfredo Gladiattore. Su esposa se fue a descansar un rato, la pobre.

-Ah, bueno. El paciente se acaba de despertar, ¿quiere pasar?

Juanca vio el cuerpo consumido de su compañero de oficina, quien lo recibió lleno de emoción. Solo el brillo de los ojos claros daba cuenta de la vida empeñada en no claudicar.

-¡Pero cómo estás! ¡El susto que nos diste! ¿Cuándo vas a aprender a cruzar la calle, che? – dijo Juan Carlos Malporco, a modo de afectuoso saludo.

-Gracias. Todavía cableado. ¿Cómo andan el jefe y los chicos de la oficina?

-Los muchachos bien, siempre haciendo cagadas. Pero el jefe sigue muy preocupado…

-¿Por? Si tiene más guita que los ladrones… – Alfredito trató de sonreír.

-¿Cómo, por? La valija tuya no apareció. El jefe cree que la policía lo investiga. Aparte tenías mucha plata…

-Decime la verdad, ¿se la quedó tu jermu?

-¿Queeeeé…?

-¿Cómo pagaste los remedios, los médicos, el morfi y la escuela de tus hijos, durante todo este tiempo?

-¿Pero, qué decís?

-Es por el bien tuyo y el de tu familia. Si la cana se lleva al jefe, él ya dijo que te va a culpar a vos…

Comenzaron a sonar las alarmas, bip, bip, bip.

La enfermera empujó a Juan Carlos, quien salió corriendo del hospital.

-¿Dónde está Juan Carlos? – se peguntaba la esposa de Alfredito parada frente a la puerta del sector de Terapia del hospital.

 

Salvo los nombres y los aportes de la imaginación de la autora, los hechos aquí narrados son lo más fieles posibles a los ocurridos en la realidad.

 

NENE, CORTALA CON LA MANITO AHÍ

Nos convertimos, sin darnos cuenta, en piedras expuestas a los vientos y tormentas del devenir. En ese primer momento de conversión, comenzamos a desgastarnos, a morir sin pausa.

Rene Magritte - Gonconda - 1953
Rene Magritte – Gonconda – 1953

La miseria es no ser nosotros mismos. Nos enseñan a seguir los pasos de la manada. De ese modo, se puede ser un buen miserable, es decir, aquel que no se reconoce como tal.

Toda una vida en perseguir al anzuelo, cualquier acción es válida para alcanzarlo. La traición y otras miserias personales se disfrazan de pragmatismo, las relaciones entre las personas son distantes, globalizadas, virtuales, efímeras, superficiales, en busca del autoplacer. Onanismo a gran escala.

Algunos aún resistimos.

 

 

 

 

 

 

 

 




PERDIDOS Y A CONTRAMANO

Reflexiones acerca de la miseria: sobre los nombres de las calles de Buenos Aires.

Por Isabel D’Amico

MARCA REGISTRADA

Como si no estuviéramos extasiados de corrupción mediática en los tiempos que corren -no hablo de hechos de corrupción, hablo de una política integral en ese sentido- enciendo la radio y escucho a un tal Carlos Caramello, licenciado en letras, injuriar la memoria de una calle, mejor dicho de varias, con justa razón. Fue tal mi asfixia que decidí, entonces, investigar. Primero, a Rivera Indarte, como para empezar y protegerme, al menos, de algunas de las mentiras de la historia.

Como el tema urbano me interesa, desde mi biblioteca, me guiñó un ojo un libro del Instituto Histórico de la ciudad de Buenos Aires:

“Rivera Indarte – Ordenanza del 27/11/1893 – Sesión Municipal del 26/2/1870- Flores *” ¡El hombre estaba bien registrado!

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Me gustaría haber nacido en Flores, por eso el nombre Rivera Indarte abunda entre mis cruces, mis referencias, mis andanzas. Inocente, la anduve ciento de veces, tanto de ida como de vuelta.

Había nacido en 1814 en Córdoba. Estudió en Buenos Aires y, desde muy joven, mostró afición por la poesía. Su primera obra fue una pequeña ”Oda a Rosas”, simpatizaba con él. En 1837 se unió a los jóvenes literatos de la Asociación de Mayo, por lo que pronto fue investigado por los que representaban a Rosas (a quien antes alababa) como posible aliado de los enemigos franceses. Fue procesado por estafa y falsificación de documentos. Huyó a Europa en 1839. Regresó a fines de ese año a Montevideo, donde se dedicó a atacar en la prensa al gobierno de Rosas por medio de poemas y alegatos. Entre los muchos periódicos donde publicó se destacaron sus colaboraciones en el diario “El Nacional”, desde el cual acusó a Rosas de toda clase de crímenes e inmoralidades.

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Acompañó a Florencio Varela a convencer al general Juan Lavalle de unirse a los franceses en la guerra contra su propio país. Un diplomático francés le pidió publicar un libro que incluyera una lista, lo más larga posible, de las víctimas de Rosas. Le ofreció pagar un penique por cada muerto. Famosa como Tablas de Sangre, recurrió a todos los muertos conocidos, tanto los asesinados por la Mazorca, como por orden directa de Rosas. Pero sumar peniques le resultó atractivo y completó la lista que necesitaba con fallecidos de muerte natural, individuos muertos ante de la llegada de Rosas y hombres que, muchos años más tarde, aún vivían.

Sumó 480 muertos, es decir, 480 peniques. Además de la falsedad de suponer que todos los muertos eran responsabilidad únicamente de una persona.

Esta lista fue utilizada durante décadas para acusar a Rosas de crímenes enormes. Lo acusó también de defraudación fiscal, malversación de fondos, de insultar a su madre en el lecho de muerte, de  abandonar a su esposa en sus últimos días, de tener amantes de las familias más respetables, hasta de incesto con su hija Manuelita. **

Sin ningún rigor periodístico, estas denuncias, absurdamente infladas, sustentaron la condena histórica de Rosas.

¡Un chanta este Indarte! sin bandera, sin patria. Un denunciador serial que supo facturar entre mentiras.

¿Quién decide el nombre de las calles? ¿Quién los elige?

LOS DOS INGLESITOS

Seleccionado como prócer, leemos sobre Carlos María de Alvear quien, en 1815, le ofreció a Inglaterra el Protectorado de las Provincias Unidas. Para tal ocasión, manifestó que deseábamos pertenecer al imperio de su graciosa Majestad. Pareciera que los apátridas merecen ciertas distinciones.

 

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Otro: Bernardino Rivadavia, protegido de la corona británica, se ofuscó con Manuel Belgrano por haber ordenado a sus tropas jurarle a la bandera en estos términos: “Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores y la América del Sur será el templo de la Independencia y la Libertad!*** Una ofensa para Bernardino, un insulto que le mereció, entre otros hechos desgraciados, “ganarse la calle”.

¿FALCÓN O FALCON?

Era necesario apuntar el nombre de Ramón Lorenzo Falcón (1855 – 1909): “Político, militar y policía argentino, se destacó por su dureza como jefe de la Policía de la Capital. Aplastó con mano de hierro las manifestaciones obreras de comienzos del siglo XX. Fue durante  los hechos represivos de la llamada Semana Roja de 1909, en los que la policía a su mando asesinó aproximadamente 11 manifestantes pacíficos.”

Su vida se tiñó del color del falso mártir, luego de ser asesinado por el joven obrero ucraniano, Simón Radowitzky. Lo de mártir trucho parece haber borrado sus manchas de gatillo fácil y ahí lo tenemos, meta orientar a los vehículos y a los peatones -y por qué no a ciclistas- quienes repiten su nombre ingenuamente.

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DURO COMO UNA ROCA

Y ni hablar de la Av. Roca, para recordar a Julio Argentino Roca (1843-1914), quien, según la historia, fue el artífice de la Conquista del Desierto. Si no conocías la historia, hoy tenés una secuela de esta película. En este caso, la Ministra Bullrich actúa de Roca. Actúa muy mal, pero a muchos no les importa.

Me repregunto, ¿quién elige el nombre de las calles?, ¿quién los elige?

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Tampoco me gustaría orientarme con los números, como en La Plata. No conmueve transitar por la Avenida 7 o buscar un Café entre la Avenida 131 y la Calle 38. Distinto es citarte con alguien en la calle de los Cerezos y besarte justo en la esquina del Paraíso y Jilguero, por citar algunos nombres de las calles de la costa.

Hay un pueblo en el norte de la Rioja, llamado Chuquis, donde a las calles les pusieron los nombres de las canciones de su vecino más ilustre, Ramón Navarro, cuando este cumplió ochenta años. De modo que uno camina por el pueblo y pisa una “Chayita del Vidalero” o pinta el mundo en un solo color al transitar por “Mi pueblo azul” o, sin darte cuenta, podés perderte en esos balanceos hacia un lado, hacia el otro.

¡Cómo advertir a las generaciones futuras sobre nombres como Etchecolatz, Astiz, Costas, Videla, Camps o Menéndez! Depredadores de la dignidad humana.

No sabemos si el futuro cibernético nos espera con un código de barra para ubicarnos en la calle que buscamos o quizás se elijan animales para nombrarlas, como sucede en los billetes argentinos de hoy. Entonces, nos encontraríamos en esquina Yaguareté y Hornero, Av. Guanaco o La Ballena Franca Austral. De ser así, ruego a los jóvenes de hoy transmitir de boca en boca, escribir cartas a familiares confiables, enterrar en el fondo de la casa algún cofre con la siguiente recomendación:

De todos los animales posibles, jamás de los jamases elijan a un “Gato”. Para recordar a ese bicho, tendrán la reducción de haberes a los jubilados, a los héroes de Malvinas, a la Asignación Universal por Hijo, tendrán los despidos masivos, la persecución política, el estrangulamiento a la libertad de expresión, el reverdecer del hostigamiento de las fuerzas del orden y la más extraordinaria, grosera y eterna deuda externa.

* Alberto Peñero, “Las calles de Buenos Aires”.

** Biografía de José Rivera Indarte, de Juan María Gutiérrez – Publicada en 1860.

***”Libertadores de América”. “Vida y obra de nuestros revolucionarios – Manuel Belgrano”, Felipe Pigna.




LOS MÉDICOS MALDITOS

Reflexiones acerca de la miseria: sobre los médicos de ficción.

Por Alicia Lapidus

¿Quién no se ha sentido vulnerable en la enfermedad? Hasta el más valiente se acobarda frente al médico, a quien algunos creen poseedor de un saber absoluto. Chamán que, con artes más o menos oscuras, puede disponer de nuestra salud, cuando no de nuestras vidas. Las épocas fueron cambiando, el otrora almidonado guardapolvo y su portador, ubicados varios escalones sobre nosotros, ahora es un ser más coloquial, tutea y hasta puede haber abandonado el clásico uniforme. Eso sí: no cambia el desvalimiento que la enfermedad produce y, cuando el mal no mejora, genera toda clase de paranoias.

Se dice que hay dos temas sobre los cuales hablan todos los seres humanos como si fueran expertos: las enfermedades y la economía. Ambos, caros a nuestra vida cotidiana.

Con estas verdades y estos miedos arcaicos, la ficción se hizo una fiesta. Infinidad de libros y películas crearon villanos médicos, viles seres. En su mayoría, enfermos mentales, con delirios de grandeza y ávidos de probar experimentos, muchos de ellos, sobre inermes pacientes. Pero no todas las ficciones propusieron  profesionales macabros, los hay también de excelencia. Para el desquicio o para la gloria, los médicos de ficción siempre tuvieron el color de la época en la que nacieron.

Evil doctors

Ahora: algo es seguro. Estos doctores de serie, de novela o de película no creen en el juramento hipocrático. Ante la elección del bien o el mal, casi siempre optan por el lado oscuro.

Por ejemplo, el Dr. No y su plan sórdido para cometer asesinatos en masa con un rayo  atómico. El buen doctor, como muchos de sus colegas literarios, encuentra un final un tanto pegajoso: enterrado vivo en un montículo de guano.También está el bueno del Dr. Jekyll, cuyos experimentos con un suero lo convierten en el maníaco homicida, Mr Hyde. Sin mencionar al Dr. Moreau, quien crea una súper raza de híbridos humanos/animales. O el insidioso Dr. Fu Manchú. O el nigromante vendedor de almas, el Dr. Fausto.

Los psiquiatras tienen una provincia especial en este asunto. Posiblemente, el protagonista más malvado de todos los tiempos sea el Dr. Hannibal Lecter, un psiquiatra forense que puede leer a sus víctimas como si leyera un libro. En “Los hombres que no amaban a las mujeres” hay psiquiatras violadores, asesinos y abusadores (2005, Stieg Larsson). Y, más atrás en el tiempo, la maravillosa película “Atrapado sin salida”, de Ken Kesey, con la inolvidable actuación de Jack Nicholson

Sería interminable enumerarlos a todos ellos, buenos y malos. Voy a detenerme en dos que, sin duda, reflejan su época.

EL MONSTRUO Y EL PADRE

Agujas plateadas de luz caían sobre el campo quirúrgico, donde el Dr. Frankenstein suturaba los últimos puntos de su creación. Y, entonces, la criatura despertó a la vida.

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En su libro, Mary Shelley no quiso -probablemente, no podía- explicar el misterio del aliento de la vida, dejó a la imaginación del lector (y a las futuras adaptaciones) la resolución del enigma.

Mucho se ha dicho sobre el Monstruo Frankenstein. Menos mirado, en cambio, ha sido su creador, cuyo nombre fue trasvasado a la bestia. Víctor Frankenstein nació en pleno romanticismo europeo, siglo XIX. El romanticismo se caracterizó por un subjetivismo con exaltación de la personalidad individual, la oposición a las normas clásicas y una revalorización del “ánima mundi” (egipcio y presocrático): la concepción del universo como un gran animal que nos respira. Un mundo de correspondencias ente lo macro y lo micro, que vuelve a filiar al hombre escindido con la naturaleza, a la vigilia con el sueño, a la conciencia con lo inconsciente (palabra que aparece por vez primera en boca de un romántico). Reacciona “contra el modo de reaccionar” contra el oscurantismo medieval, del racionalismo del siglo XVIII y XIX. Y recupera el yo, no como afirmación del individuo, sino como espacio atravesado por fuerzas, por ejemplo, la inspiración. Por otra parte también valora lo diferente en contraposición a lo común, lo que lleva una fuerte tendencia nacionalista. Esto tuvo su costado bélico, pero también una revalorización de las culturas singulares de cada lugar, una renovado interés por leer ruinas, por reivindicar el vínculo hombre-mundo, por rescatar el panteísmo. Los sentimientos -espacio siempre andado por el arte- adquirieron un nuevo modo de ser expresados. Sobre esta base, podemos entender mejor a este “Doctor”.

Ya de joven, Frankenstein fue influenciado por las lecturas de alquimistas como Paracelso y Alberto Magno, con intenciones de descubrir el fabuloso “elixir de la vida”. Poco después, perdió el interés tanto de esta búsqueda como de la ciencia en general. La cosa fue así: la observación de los restos de un árbol al ser golpeado por un relámpago ocurrió en simultáneo con la muerte de su madre. De este modo, Frankenstein sintió lo casual de la existencia frente a la naturaleza creadora y destructora. Sin embargo, en la Universidad dedoctor_frankenstein__peter_cushing__by_pidimoro-d5rzbe0 Ingolstadt, Víctor desarrolló una fuerte pasión por la química. Se obsesionó con la idea de crear vida con técnicas artificiales, a partir de materia inanimada. Por ese motivo- aparentemente- es expulsado de la escuela. Importa anotar que Víctor no era “un Doctor”, como es típicamente retratado, de hecho, llegó a serlo. Frankenstein terminó por conseguir algo parecido a lo que buscaba: creó una criatura humanoide. No explicó si lo logró a través del zurcido de trozos de cadáveres, si empleó alguna sustancia química o ambas cosas. Se lo preguntaron, pero evadió la respuesta en tres oportunidades. Es probable que Mary Shelley, como ya se dijo, no tuviera tampoco esa respuesta. Sin embargo, el corazón del conflicto quedó expuesto cuando Frankenstein comprendió el horror de su creación y huyó del laboratorio. El “engendro”, como él lo llamaba, escapó. La “bestia” era un ser sensible y emocional, anhelaba la compañía y el afecto pero era rechazada. Su fealdad monstruosa la alejaba de toda la sociedad. En su incesante intento por relacionarse, aprendió a hablar y a escribir -algo no retratado en la mayoría de las adaptaciones posteriores- y llegó a hacerlo con gran corrección en francés, y, quizás, también en alemán y en inglés.

Ya desde su “nacimiento”, Víctor no le puso nombre, todo un símbolo de la orfandad que acompañará a la criatura, quien terminará por odiar a su creador.  Así, en su periplo, dejará muerte y desolación.

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En la novela de Mary Shelley, Frankenstein es un hombre conducido por la ambición y la curiosidad científica, incapaz de tratar las consecuencias de sus acciones en “el juego de ser Dios”, y también un ser un irresponsable y padre negligente.

El Dr. Frankenstein presenta al mundo convulsionado con la aparición de la era industrial, el peligro de una ciencia que avanza hacia la deshumanización y un naciente capitalismo que no respeta al ser humano en su individualidad. El hombre no puede ser creador sin atenerse a las consecuencias de su obra. Y su criatura, inmersa bruscamente en ese mundo, muere y mata por soledad.

 EL DR. SARCASMO

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“Todas las hazañas heroicas requieren un precio. De otra manera no son realmente heroicas. Tiene que haber un dragón. Tiene que haber un riesgo. Tiene que haber dolor. Y él mantiene ese dolor. Y combate ese dragón. Él paga ese precio de muchas maneras distintas. Y lo paga por el bien de buscar verdades más grandes” Gregory House

Viajo en el tiempo hasta la actualidad. Ahí encuentro un personaje fascinante, complejo, inasible. No es malo, no es bueno en términos convencionales, su modo duro y carente -desaprensivo, la mayoría de las veces- se volvió un signo distintivo del personaje. No pasará mucho tiempo hasta que el lenguaje lo capture y llamemos a cualquier cínico, “un Dr House”.

¿Pero quién es Gregory House? En primera instancia es un médico enfermo. Ya no sólo psíquica, sino físicamente. Es un ser dañado en lo profundo. El ovillo de su propia historia se desenvuelve a lo largo de ocho años de serie televisiva. Este hombre es hijo de un padre golpeador. Él no cree que ese sea su padre biológico. A la muerte de aquel y antes de su entierro, Gregory le extrajo un fragmento de oreja al cadáver y realizó una prueba de ADN. Así demostró que John House no era su verdadero padre, lo que confirmó su teoría. Esa es sólo una transgresión pequeña. A lo largo de los años realizará innumerables otras.

House no reconoce los límites éticos concebidos socialmente. Para él, el fin -generalmente el diagnóstico- justifica cualquier medio.

House 3Es un maltratador verbal de sus colegas, sus superiores y de sus pacientes. Su inteligencia le permite, en todo caso, exceder toda convención social. Desprecia la relación médico/paciente. “Todos mienten” es su leitmotiv al que varias veces le agrega “incluso yo”. Ante los enfermos que caen en su órbita, usa métodos poco ortodoxos y tratamientos no convencionales. Sin embargo, sorprende con diagnósticos rápidos y acertados, después de simular desatender el asunto que se le plantea. Su aparente “devaneo” es un recurso teatral narrativo sin igual para evitar que su genialidad se explique sólo por una causa o por un trauma.  Muestra su habilidad , por ejemplo, en una escena en la que House diagnostica a una sala de espera completa en menos de un minuto, mientras sale del hospital.

Su ficha clínica dice: Adicto a la hidrocodona (Vicodin), un potente analgésico. Preso de un bastón a causa de una lesión muscular en una pierna. La adicción al analgésico es, sin lugar a dudas, un signo de los tiempos. A fin de 2016, se supo que el abuso de fármacos como Oxycontin y Vicodin causó la muerte de 17,536 personas ese año en Estados Unidos.

https://www.elconfidencial.com/mundo/2017-04-12/opiaceos-adiccion-heroina-estados-unidos-epidemia_1360874/

Sus vínculos con las mujeres tienen también ese sello de fragilidad  y desencuentro. House, con frecuencia, contrata prostitutas, un hábito que su amigo Wilson le reprende. Cada relación que ha intentado termina de forma violenta y en el lapso donde solo cabe lo fugaz (excepción de una relación un poco más larga con la directora del hospital). Siempre el final es debido a una combinación de su personalidad o a causa de algún obstáculo que condimenta su ya difícil figura, con la astucia de excelentes guiones. Lo único firme en ese universo es su amigo, Wilson.

El Dr. James Wilson es el jefe de oncología del hospital donde ejerce House. Por tratarse de su mejor amigo es el único que se atreve a hablarle con sinceridad. Es atildado, pulcro, intenta parecer normal a ultranza. Sin embargo, comparte algunos de los problemas de House con las mujeres. Se casó y divorció tres veces y no tiene hijos. Eso lo convierte en el compañero ideal de las charlas con House. No participa en los diagnósticos, lo que permite abrir un escenario, dentro de la serie, más íntimo, más personal.

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Se conocieron en una convención médica, cuando House le paga la fianza a Wilson para salir de la cárcel (detenido por agredir a una persona). Con su acidez habitual, House dice que lo hizo porque el Congreso era muy aburrido y necesitaba alguien con quien ir a beber. Wilson parece un hombre más lineal, sin embargo también él lucha con sus propios fantasmas, pero sirve de contrapunto al complejo doctor.

Sherlock Holmes moderno, House no resuelve crímenes, resuelve enfermedades extrañas. No trata pacientes, se enfrenta a sus patologías. Ese es su desafío y lo que da sentido a su existencia.

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Su autor, David Shore, reconoce la inspiración en el prestigioso investigador de ficción. “Holmes” en inglés es muy parecido a “Homes” (hogar) y “House” significa casa, un juego de palabras con el que el director hace un guiño acerca del origen de su criatura.  A Wilson, su amigo, en un principio se lo había pensado como  a una especie de Watson. Ambos, Holmes y House son adictos. Sherlock, a la cocaína y Gregory, a la hidrocodona. Ambos aman la música y tocan instrumentos.

Experimental como pocos, House ha probado todo tipo de drogas, sin privarse del LSD, en un intento por curarse una “migraña”. Tampoco esquivó usar su propio cuerpo como zona de prueba de alguna teoría, como cuando intentó “casi matarse” para comprobar si en realidad existía el cielo o el infierno.

Un punto central de su personalidad está en el modo astuto, incisivo y excéntrico de su ingenio. Disfruta al sembrar conflictos entre las personas y, a menudo, se burla de sus debilidades. Pero así como goza al verlos fracasar en sus encuentros, también descifra los misteriosos caminos de la enfermedad en el cuerpo, basándose en el aspecto o en la personalidad de sus pacientes. Igual método que el de su antecesor, el detective. Su amigo, el Dr. Wilson, dice que “mientras algunos médicos tienen el complejo de Dios, Gregory tiene el complejo del ‘Cubo de Rubik'; necesita resolver el acertijo”.

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Pero no podemos dejar de preguntarnos: ¿qué tiene House que encantó al público contemporáneo?

Este personaje podría considerarse un prototipo de la cultura occidental del siglo XX. Soberbio, presuntuoso, con un gran cúmulo de conocimientos científicos, arrogante por sus posibilidades informáticas, pedante y conocedor de grandes avances médicos,  aunque – también- un discapacitado emocional, hundido en las mismas preguntas existenciales que sus antecesores de épocas no tecnológicas.

House es capaz de buscar respuestas en Internet, pero no puede encontrar la verdad en sí. Cuanto más avanza en su destreza tecnológica, más se aleja de las relaciones humanas, que sólo establece si logra imponer su propio modelo. No se compromete con una pareja, ha perdido el erotismo del amor y sólo le queda el sexo físico. Lo cierto es que no podríamos decir que House es ni un inmoral ni un amoral. El tipo tiene su propia escala de valores y, podría afirmarse, que se comporta como un anarquista dentro de un rígido sistema médico, que sólo lo tolera por su brillantez.

LA SALUD SOCIAL

La salud y la vida individual transcurren siempre en un contexto que no puede deslindarse de la sociedad. Cada médico, bueno o malo, ya sea en la literatura como en la pantalla, es un reflejo de su época. Y, muchas veces, sin ser el objetivo principal de sus autores estos personajes nos han dejado frente a frente con las realidades feroces de la humanidad. Queda en nosotros, los lectores, los espectadores, descifrar a través de estos seres -benditos y miserables-, algo de nuestro mundo.

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EL VIENTRE MÚLTIPLE DE LA RAZA

Reflexiones acerca de la miseria: Conversación con Micaela Gaggero Fiscella sobre el capítulo “Josefa Poncela: la cumbre del mestizo en las pampas” del libro “De la Conquista del Desierto a la Doctrina de la Seguridad Nacional”(1).

Por Josefina Bravo

 

HABITANTES DE UN ARREBATO

“Desde la segunda mitad del siglo XIX, y en el marco de la expansión del capitalismo a nivel mundial, Argentina se incorporó a la economía global como productora de materias primas, en especial de origen agropecuario. A partir de este factor determinante, (…) La necesidad de am­pliar superficies productivas (…) a la vez que la de­limitación y fijación del territorio nacional se tornaba una instancia geopolítica indispensable para la llamada “Argentina Moderna”. Y a fines del siglo XIX se concretó la anexión de territorios arrebatados a poblaciones indígenas.” (2)

En Santa Rosa, allá por 1932, una niña juega en el patio de su casa. Escucha la voz de otra niña y corre al tapial lindero con la casa vecina. Saca un ladrillo y lo apoya –suave- sobre el pasto. Del otro lado del agujero, la esperan unos ojos negros, achinados de risa. Es su amiga Josefa. Cuando el día y los adultos lo permiten, pasan de un patio a otro, o bien se reúnen en la vereda. Salvo si viene su abuela: una mujer callada y seria. Dicen que es una princesa ranquel. Josefa suele pasar mucho tiempo con ella. Llevan el mismo nombre. Y la abuela le enseña cosas importantes, porque Josefa sabe leer y escribir.

¿Por qué el genocidio es un proceso social?

Más que un proceso, diría que es una práctica. Porque se hace con acciones y con palabras. Sin desmerecer lo ominoso de la masacre física, siempre hay un proceso discursivo detrás que la sostiene: eso analizamos con el equipo de investigadores de este libro. Estas prácticas escritas tienen que ver con la preparación del genocidio: toda la información transmitida durante la masacre, la conceptualización del sujeto a destruir y las justificaciones posteriores a ese proceso. Y, a su vez, también intentamos analizar, dentro de esas prácticas discursivas, quiénes justifican ese terrorismo, quién está en contra, quién va develando ciertas prácticas ocultas. Porque hay partes del genocidio que son evidentes, claras a la vista y otras que son clandestinas. Entonces, es una práctica social porque no solamente interviene el genocida, que en Argentina -en estos dos grandes casos que fueron la Conquista del Desierto y la dictadura militar- ha sido el mismo Estado, sino que ha habido un montón de intelectuales, medios de comunicación y “gente común” -civiles- que han intervenido dentro de este proceso.

¿Cómo influye la construcción del sujeto deleznable en la versión de la historia que propone Poncela en su libro “La Cumbre de Nuestra Raza”?

Es indispensable para todo genocidio construir primero “al sujeto deleznable”, el enemigo a eliminar. Se empieza a decir que se necesita el territorio, que la Argentina se tiene que constituir como Estado Nacional y que cierto tipo de ciudadano puede formar parte de ese Estado. Y hay otros que no: justamente, esos otros habitan la tierra sobre la que el Estado quiere avanzar. Entonces, como se quieren sus tierras, se los destruye tanto desde el aspecto discursivo como del material para poder proceder y obtener lo pretendido. En esa construcción de sujeto deleznable, destruible, despreciable, masacrable, se elabora una imagen del indio vago, alcohólico, ladrón, violento, sujeto a destruir o incorporar a la rasa tabla del Estado. El Estado argentino del siglo XIX intenta establecer la homogeneidad entre sus ciudadanos. Todos tenemos que ser iguales: blancos, hablar en español, cristianos y tener las mismas costumbres.

Y hasta ese sujeto deleznable adquiere la forma de pensar del modelo hegemónico. Es lo que sucede un poco con Josefa Poncela…

Por supuesto, en parte. Una víctima de un proceso genocida es alguien que ha sufrido un trauma. En esa vivencia del trauma tenés la masacre misma. Imaginate lo que es ver, en el caso de la abuela de Josefa, matanzas directas, fusilamientos. abuelajosefaEn ese momento los degollaban directamente, los mataban a cuchillazos, a puntadas. Y, a su vez, el desmembramiento. Porque parte de la práctica del genocidio tiene que ver con la matanza, pero también con la separación de ese grupo. Entonces, a la madre con los tres hijos, los ponen en un carro y los mandan a un lado, a la abuela con el padre para otro lado. Unos hermanitos van para acá, otros para allá. Al grupo no se lo destruye solo desde el punto de vista físico, sino también desde el punto de vista moral, social, de la autoestima. Cuántas generaciones de descendientes de aborígenes han pasado sin poder hablar su propia lengua porque, si no, en la escuela les pegaban. Los propios padres, los propios abuelos no querían que hablaran el ranquel porque decían que les iba a deformar el paladar y no iban a poder hablar bien en español. Entonces, además del estigma físico, de los rasgos genéticos de la etnia, totalmente visibles, se le agrega que no podés hablar bien en español, es decir, un estigma lingüístico. Esa persona está condenada a ser empleado rural o doméstico de por vida. En ese entonces, en el diario La Nación, se sacaban avisos de “reparto” de aborígenes como sirvientes. Era una cacería. Como sucedía allá por 1492, la caza de negros y de aborígenes para servidumbre, lo mismo sucedió acá en el siglo XIX. Como si hubieran sido animales, como si hubieran sido ganado.

 

HIJA DEL SUELO Y LA PALABRA

“El genocidio se practica con aquellos grupos que son identificados como peligrosos para un orden que se quie­re establecer o vigente.” (2)

 

Grabado - Dini Calderón
Grabado – Dini Calderón

 

Josefa Poncela era “descendiente de caciques y capitanejos ranquelinos por parte de su madre”, Juana Manquillán. Su padre, Dionisio Poncela, era inmigrante español. Josefa nació en Santa Rosa y creció dentro de una familia donde aún se practicaban las ceremonias de su raza. La fuerza de la sangre materna marcó el amor por el pueblo autóctono y noble del que hablaba su abuela. Desde la palabra, la comunión con el suelo y los rituales, aprendió a filiarse al pueblo vencido. Mientras aprendía de su padre y de la escuela, el gusto por el conocimiento y la civilización europea.

Su libro “La Cumbre de Nuestra Raza”, de unas 438 páginas y con una tirada de 1000 ejemplares, llegó hasta Uruguay, Brasil, Paraguay y Chile. “Poncela misma, a través de cartas, fue la encargada de enviarla a los distintos ministerios provinciales y nacionales, y a los presidentes de los países que se mencionaron en el comienzo”. Así relata Gaggero Fiscella en el capítulo “Josefa Poncela: la cumbre del mestizo de las pampas”, del libro “De la Conquista del Desierto (…)”.

Cuando Colón baja del barco, se encuentra este completo otro y empieza a describir de una manera un tanto erótica, quizás, los cuerpos de esos hombres y mujeres. Dice que son muy trabajados, muy torneados, que están bronceados, que tienen el color de la gente de las Islas Canarias. Empieza a describir su pelo largo y fuerte. Después, describe sus actitudes: eran muy tranquilos, muy generosos. Así, le pareció que, con toda esa fuerza física y esa generosidad, serían la servidumbre perfecta. No con estas palabras textuales, pero dice algo así.

Esto mismo pasa en el siglo XIX. Esta misma cacería y esta misma consideración del aborigen como un ser a eliminar y como un ser inferior destinado al servicio. Un ser a domesticar porque eso se debe hacer con el indio vago, alcohólico, mujeriego, incestuoso y ladrón. Una visión un poco paternalista, en un sentido un poco extraño, no como una protección, sino como una inclusión homogeneizadora destructora de cultura.

Lluvia - Dini Calderón
Lluvia – Dini Calderón

 

Lo que yo veo en Josefa, justamente, son los resabios de ese trauma. Ella escucha de la boca de su abuela esas narraciones del terror, esas narraciones del desastre, del desmembramiento. De hecho, cada vez que su abuela venía de visita, se encerraban durante horas en una habitación y ella escribía todo lo que su abuela le contaba. Una lástima que esos textos no se hayan conservado y que no los haya tomado para el libro.

Josefa acarrea, por un lado, toda esa narración y todas esas prácticas aborígenes de su abuela, los tipos de comida y los tipos de celebraciones, además del relato traumático. Y, por otro lado, recibe una educación completamente sarmientina en la escuela y tiene un padre inmigrante. Ahí tiene la narración de otro desmembramiento: un desarraigo del hambre y de la guerra, de haber abandonado la patria por no tener trabajo ni comida. Y ella necesita unir esas dos vertientes de alguna manera.

 

LA VOZ MESTIZA

“Es necesario, entonces, trabajar específicamente este aspecto: la discursivi­dad desplegada para presentar como salvajes, violentos, sin capacidad de traba­jo ni de constituir sociedad; sucios, feos, indolentes, malvados con sus propios pares, en lo que respecta a los indígenas. Violentos, disolventes de la familia, la propiedad y el Estado, machistas, patriarcales, voluntaristas, delincuentes sub­versivos terroristas, a los insurgentes de los 70 del siglo XX en Argentina.” (2)

 

Que en 1942, desde una pequeña ciudad de lo que en ese momento era Territorio Nacional de La Pampa, cuando aún la mujer no votaba, una joven de 18 años escribiera un libro para discutir el pensamiento hegemónico, es bastante inaudito. Sobre todo, si esa joven no proviene de una clase acomodada y, encima, es mestiza.

Josefa Poncela se esforzó en brindar su versión de la historia de América. En la primera sección de “La Cumbre de Nuestra Raza”, describe a las culturas americanas anteriores a la conquista española. Las agrupa y clasifica como culturas simples o complejas, superiores o inferiores. “Esta forma de clasificación (…) responde a una lógica perteneciente a la cultura occidental”, apunta Gaggero Fiscella.

Grabado - Dini Calderón
Grabado – Dini Calderón

Probablemente, debido a la bibliografía de la que estudió en la escuela o que utilizó para la obtención de datos a la hora de escribir. La segunda sección trata “La Conquista de América”, donde abarca lo acontecido en México, Colombia, Paraguay, Chile, Perú y Argentina.

En lo que refiere al relato de Josefa sobre la conquista de América, ella tiene las cosas más claras. Hay una defensa de los pueblos aborígenes ahí y una crítica muy fuerte. Ella puede hablar de los españoles: de Pizarro, de Cortés, de Colón… Los españoles fueron brutales con los indígenas, pero eso sucedió en 1492. Ella no acarrea ancestralmente con ese trauma.

En su relato también vemos parte de su educación. Por ejemplo, en la clasificación de las culturas precolombinas. Los mayas, los incas y los aztecas, las civilizaciones más desarrolladas, no reciben en el relato de Poncela un rango mayor porque son politeístas. Para alguien cristiano, el politeísta -y, encima, un politeísmo desde la naturaleza-, es considerado inferior. Entonces, por un lado, critica la masacre, pero las formas en que analiza esas culturas son bien de la antropología del siglo XIX.

 

UNA DE CAL Y UNA DE ARENA

“Se superpuso una cultura sobre la otra ignorando su idioma, su belleza, sus saberes; sobre todo, se apropiaron de todo su extenso territorio y riquezas en nombre de la espada y la cruz. (…) negándoles toda capacidad; inferiorizándolos ante los pueblos que habitaban Europa y que habían resuelto considerarse superiores al resto del mundo.” (2)

 

El ojo de G. Fiscella hila fino cuando advierte una contradicción en el mismo índice del libro, donde un subtítulo dice “Llegada de los intrusos Blancos y la Conquista del Continente” y, el siguiente, “Colón o Colombo, el genio inmortal”. A lo largo de la obra –cuenta G. Fiscella- Poncela describe a los naturales de estas tierras como nobles y generosos, en contraposición a los españoles, a quienes caracteriza la codicia.

Grabado - Dini Calderón
Grabado – Dini Calderón

También es contundente respecto a la participación de los naturales en la conquista, como masa humana de aventura y guerra, sin la cual no hubiese sido posible el triunfo de los dirigentes blancos. Y, aunque por momentos califica de “intrusos” a los conquistadores y denuncia los excesos cometidos hacia los autóctonos, luego celebra la unión de las dos razas: el nacimiento del mestizaje. Ya la tercera sección del libro está dedicada a la participación del pueblo ranquel en los procesos de independencia y en la creación del Estado argentino. Y, por último, la cuarta sección recorre el período histórico desde la independencia hasta el momento de publicación de su libro.

Se le empiezan a “quemar los papeles” a la pobre Josefa -y esto lo digo con el mayor cariño que me provoca su lectura- cuando se refiere a algo más reciente, como es la Conquista del Desierto. Ahí ella tiene una visión de la historia como un proceso, como una providencia, algo por encima del ser humano, que debe pasar y pasa. Eso es lo que dice en unas poquitísimas líneas. Llama mucho la atención, porque ella tiene la narración del terror, que aparece en algunas partes. Cuando en la década de 1973, distintos grupos aborígenes de La Pampa empiezan a reclamar por sus tierras y por sus derechos, ella -como abogada- viene a brindarles una ayuda legal. Y ese reclamo tiene que ver con la misma Conquista del Desierto, son las tierras arrebatadas a los pueblos aborígenes.

 

POR EL HILO MÁS DELGADO

“(…) en las visitas que hacía la abuela materna a la familia, Poncela transcribía sus relatos (…) la abuela oraba con las manos abiertas hacia el sol y preparaba charqui.” (2)

Micaela G. Fiscella define la escritura y el pensamiento de Josefa Poncela como híbrido. Resalta el modo en que, alejándose de su actualidad, la narradora es bastante severa con el tratamiento del nativo durante la llamada “Conquista de América”. Es una adelantada en cuestionar los términos civilización-barbarie sarmientinos, al señalar los abusos de los conquistadores. Tampoco acuerda con que los autóctonos sean inferiores a los blancos. Y agrega que estos pueblos deben ser guiados y ayudados, para terminar nombrándolos “el símbolo de nuestra raza”.

¿Por qué la historia reciente es tan difícil de estudiar y de juzgar? Porque uno tiene un contacto emocional con eso. Yo creo que este libro es una búsqueda de sí misma.

Grabado - Dini Calderón
Grabado – Dini Calderón

Es una edad muy conflictiva, recién termina la escuela. Todavía no votaban las mujeres y ella decide irse a La Plata a estudiar abogacía. La Josefa del libro es una jovencita con todas las capacidades y todas las ilusiones y atrevimientos e inocencias. Ella, para mí, representa una búsqueda, un encuentro, un proceso y un desafío. Cada uno tiene que ver con el otro. La búsqueda y el desafío se juntan en la investigación misma. Este artículo forma parte de un texto mayor que es el libro de “La Conquista del Desierto a la Doctrina de la Seguridad Nacional”, en el que mis compañeros escriben acerca de textos sobre los que se ya se había escrito mucho. Yo trabajé en un texto de Leda García solamente, ya que el artículo de Miriam “Muruma” Lucero (3) relaciona a Josefa con otras mujeres escritoras. Y es un desafío: construir donde no hay casi nada. Entonces, uno tiene que buscar en el propio entramado del texto de Josefa: un tejido donde hay hilitos sarmientinos, hilitos que defienden al aborigen, hilitos en los que está la antropología, hilitos donde está la parte emocional. Y todos se van entrelazando. Ese desafío fue un proceso. Este artículo, antes de su versión final -la del libro-, pasó por muchas instancias, encuentros de equipos de trabajo, lecturas de amigos y hasta por el tacho de basura. Y termina siendo un encuentro: lo que pude encontrar en ella y cómo me encontré a mí también. Este es mi primer artículo como investigadora de literatura. Todos mis artículos anteriores refieren a la lingüística aborigen, por eso fui la persona designada del equipo para trabajar este texto. Y a Josefa la busqué por todos lados: en el Colegio Nacional, en mi propia familia, en otros investigadores. La búsqueda desde mi familia tiene que ver con toda una trama de relaciones difíciles de entender para alguien que considera el núcleo familiar como mamá, papá, abuelos, tíos y primos y ahí terminó. En el caso de mi familia, mi abuela tiene tres hermanos, que han tenido tres y hasta cuatro hijos cada uno. Y mi abuela tiene un lazo muy fuerte con sus hermanos. Eso se ha trasladado a sus hijos: mi mamá es muy unida con sus primos. Somos como un clan. Una familia tan grande y tan diversa, donde todos nos queremos en esa diversidad.

Cuando Nilda “Patty” Redondo (4) -directora del proyecto en que se enmarca esta investigación- me encargó el análisis de “La Cumbre de Nuestra Raza”, le comenté a mi mamá y ella me dijo que Josefa Poncela era parienta del marido de una de sus primas. Entonces, un día fuimos a visitar a esa prima, su marido y sus hijos. Ahí fue cuando, a partir del árbol genealógico de los Baigorria, publicado por Depetris en su libro “Rostros”, empezamos a construir la rama del árbol genealógico donde se ubica Josefa, una parte que no se menciona en el árbol elaborado por Depetris. Y fue algo hermoso: en todo eso andaban mis primitos dando vueltas por ahí o haciendo la tarea.

Josefa en el casamiento de su sobrino-nieto. Gentileza de Raúl Kallinger.
Josefa en el casamiento de su sobrino-nieto. Gentileza de Raúl Kallinger.

La prima de mi mamá nos trajo sus fotos de casamiento, donde estuvo Josefa, donde a su vez se reencuentra con su vecina de toda la vida, una tía política de mi mamá, casada con uno de los hermanos de mi abuela. Ellas vivían pared de por medio y, de pequeñas, conversaban a través de un agujero en el tapial.

Dos ya no niñas, en octubre de 2017, se encuentran compartiendo lecturas de cuentos para jurar en los Juegos Culturales Evita de La Pampa. Para el lema “ADN cultura”, muchos jóvenes optan escribir sobre la problemática del Atuel y sobre los aborígenes. Y, entre charlas sobre la imagen estereotipada del habitante nativo que aparecía en los cuentos, quien escribe estas líneas le pregunta a Micaela G. Fiscella si conoce un libro que escribió una mestiza pampeana, una tal Josefa. Los ojos de Micaela brillan al decir que recientemente escribió sobre ese libro para un proyecto de investigación.

Pensando con el viento - Dini Calderón
Pensando con el viento – Dini Calderón

Una mujer, por casualidad, se encontró con el libro de Josefa Poncela en un rincón olvidado de una gran biblioteca. Escribió un artículo que leyó otra mujer, quien decidió tomar el libro para un proyecto de investigación mayor. La mujer designada para analizar ese libro, por casualidad, encontró a Josefa adentro de su propia familia. Y el azar la encontró conmigo, lecturas de por medio, para que yo escribiera esta nota. “La casualidad tiene forma de amistad… y cara-vientre de mujer”, dijo Micaela G. Fiscella.

 

(1)Edición de EdUNLPam. Autores: Nilda Redondo, Elvio Monasterolo, Mariano Oliveto y Micaela Gaggero Fiscella. Editora: Nilda Redondo.

(2) Los epígrafes y las citas que aparecen entre comillas pertenecen al libro “De la Conquista del Desierto a la Doctrina de la Seguridad Nacional”.

(3) El artículo que se menciona es el siguiente: http://www.biblioteca.unlpam.edu.ar/pubpdf/aljaba/n09a24lucero.pdf. Miriam Lucero es Profesora en Letras y en Historia. Formó parte de antologías pampeanas y editó “Palabras”, “Lighuén”, “Sensaciones”, “Piuquen Tucun” (en conjunto con Azucena Carrizo), “Esa mirada”, “Escúchenme”. Fue co-fundadora de la Asociación de Escritores Pampeanos, entidad que presidió y en la que participa permanentemente

 

(4) Nilda Susana Redondo es investigadora y docente en Literatura Argentina en la Facultad de Ciencias Humanas de la UNLPam; directora de la Cátedra “Ernesto Che Guevara”. Ha publicado los libros: Poemas de amor y rebeldía (1994); El compromiso político y la literatura: Rodolfo Walsh (2001), Haroldo Conti y el PRT. Arte y subversión (2004, 2010); “Si ustedes lo permiten prefiero seguir viviendo”: Urondo, de la guerra y del amor (2005); y “Escucha amor, escucha el rumor de la calle”. Julio Cortázar: Las aristas del nuevo ser (2008), y Anunciación de la esperanza en Juan Gelman. Revolución, derrota y resistencia (1970-1990) (2012). En la feria Internacional del Libro realizada en Franfürt 2010 integró con “La poesía de Francisco Urondo” la obra La Razón Ardiente. Antología de escritores víctimas de la dictadura militar (1976-1983) compilado por Mario Goloboff y editado por Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.

 

 

 




PEQUEÑOS PECADOS

Reflexiones acerca de la miseria: Sobre lo trágico y lo cómico.

Por Patricia Tombetta

DÉJENME SENTIR ALGO

miseria
miseria

Más allá de remitirme a la obra de Víctor Hugo, que no leí, supe que el tema de este Anartista 15 me dejaría inmersa en un charco barroso. No se trata aquí de tomar una decisión, sino de percibir emociones. No sé si tiene más de comedia que de tragedia o viceversa. La miseria, digo. También podría ser que esté compuesta por una sola de ellas y que su deslizamiento hacia la otra sea dado solo por una cuestión temporal.

De todos modos, dejemos a los actores.

 

LA ALEGRÍA NO ES SÓLO BRASILERA

Necesitar potasio contra incómodos calambres en mitad de la noche puede llevarnos a experiencias inefables. No me gusta presenciar disoluciones del ser, son tragedias que bien podrían evitarse a las diez de la mañana. Aunque, sin ponerme muy griega o borgeana, debo asumir que el destino estaba trazado. El recuerdo de aquellos calambres me gritaba: ¡andá por una banana! Y tuvo que ser en ese momento, ni un minuto antes ni dos horas después. Hice un alto en mi trabajo y me aboqué a esta diligencia, aparentemente, inofensiva.

Fui a la verdulería. Adelante tenía a una mujer muy anciana, compraba papas y tres cebollas. El dueño de la verdulería esperaba paciente sus lentos movimientos: ella abrió el bolso, buscó la billetera, encontró el dinero, alguna charla. Otro hombre, un ayudante que no conocía, trajinaba con la mercadería entre sonrisas. Nadie se dirigía a él.

– Qué precio tiene todo- dijo la mujer mientras sacaba billetes arrugados e irreconocibles.

– Y, ahora, con el aumento de la nafta, va a estar peor- el dueño del negocio acicateaba sin buscar ningún cómplice–, ¡pero los votaste de nuevo!

– Qué va´hacer, estaría mal cobrada, tampoco se pueden regalar las cosas- la anciana mostró sus cartas y nos roció su crueldad. El pie izquierdo se negaba a acompañarla y la conversación amenazaba con prolongarse. El hombre sonriente encontró, en esa demora senil, su oportunidad de participar.

Como si se hubiera ganado el viaje a Bariloche, amplió su sonrisa, casi sin dientes y dijo:

– Sí, antes regalaban el gas y la gente lo usaba para cualquier cosa- ni siquiera así la mujer lo miró.

Cae el telón.

Soy muy afecta a las conversaciones ajenas en las que no participo. Ser todo oídos tiene un encanto particular (si puedo, hecho una mirada). En esta pequeña viñeta las comisuras de mi boca no se decidían entre ir hacia arriba o hacia abajo. Para ser una tragedia, le faltaban héroes, nobleza y el único que podría haber sido digno de mi admiración estaba convencido de tener la posición adecuada para hacer sacrificios. De todos modos, un temor se me impuso como un calambre.

MISS JONES

Henry Matisse
Henry Matisse

Hace poco más de dos años, mientras cocinaba ya no recuerdo qué, apareció un amigo con la cara desencajada. Me contó de la muerte de Mario y su hija en un accidente y me rogó que lo acompañara a darle la noticia a la mujer y madre de esa única chica. Pocas situaciones se le comparan, un vacío en el estómago se me instaló y amenazaba con extenderse y abducirme por completo. Pero allá íbamos, a contarle a esa mujer que su vida, tal cual la había vivido, ya no existía. No importan mucho las millones de ocurrencias trágicas que pasaron por mi cabeza. Cuando llegamos, mi amigo -hábil bailarín-, se retrasó dos pasos y quedé al frente de la situación. Nos sentamos en sus lujosas sillas al tiempo que hablé o, mejor sería decir, que una voz salió de mí. Solté, con precisión matemática, una frase que pretendía contener todas las palabras con la intención de terminar ese momento lo antes posible. La mujer nos miró, mientras trataba de escuchar con los ojos. Mi amigo la abrazó y yo clavé la vista en la lisura del piso de mármol. Recorrí sus vetas, hubiera querido seguirlas y hundirme definitivamente. Pero nadie se hunde en el mármol. La mujer comenzó a llorar, transcurrimos más o menos una hora y le ordenó -sí, le ordenó- a la señora que la ayudaba en la casa que nos sirviera algo de tomar. Recién ahí caí en la cuenta de su presencia. La señora nos miró dubitativa y nos sirvió los brebajes en porcelanas antiguas. Luego, en voz muy baja, le dijo que debía irse, el último colectivo pasaría en diez minutos y su hijita estaba al cuidado de una vecina.

– Es una circunstancia especial, Carmen- soltó como un trueno la viuda.

Mi amigo, ya más compuesto, salió al cruce.

– No te preocupes, Carmen, yo te llevo, juntá tus cosas- su tono autoritario iba dirigido a imponer un poco de equidad en la situación.

– Sí, disculpen, no sé qué digo– se disculpó a medias la viuda.

Un dinero esperaba sobre la mesa. Carmen se acercó a saludarla con el monedero en la mano -cobraba por hora- se abrazaron y la mujer le dijo:

– Te doy la plata en otro momento, son circunstancias especiales, no te preocupes, la próxima te pago todo- mientras su mano tapaba los billetes.

Carmen guardó su monedero vacío, otra vez dudó pero decidió aguantar su pobreza, son circunstancias especiales.

Quedé atónita.

Otra tragedia se había desatado en un recodo imprevisto. Su protagonista (etimológicamente, el primero en el combate), Carmen, había sido invisible hasta el final. Acompañada por mi amigo, se retiró habiendo pagado en silencio con lo que no tenía.

“EL HONOR NO LO PERDÍ, ES EL HÉROE QUE HAY EN MÍ” (1)

Cuando estaba en la facultad tenía una amiga muy rica. En mi época, tanto en el colegio como en la universidad, nos juntábamos todos. Aquellos que racionaban la cantidad de café o golosinas y aquellos que viajaban a Norteamérica. Esta amiga, que no racionaba nada, me invitó a Punta del Este, donde su familia tenía un departamento increíble. Increíble resultó para mí: yo acababa de enterarme que los edificios podían contener un departamento por piso y no ser delgados como un obelisco. Fueron muy buenas vacaciones, aunque terminó por ser un poco caro todo el asunto. No recuerdo bien bajo qué circunstancia el padre de ella había tenido que pasar unos pocos días por allí. Nos vino de perlas, nos habilitó unos mangos para terminar el recreo sin grandes apuros. Cuando el padre se despidió, le regaló a mi amiga un billete de cien dólares y pensé, ilusa hasta la locura, que teníamos salvado el regreso. Pues bien, eso no sucedió. Ella hizo de cuenta que era tan pobre como yo y deslizó algo de ahorrar para no sé qué cosa: fue la primera vez en mi vida que pasé tantas horas sin comer. El regreso por tierra, desde Uruguay, es largo.  También, fue la primera vez que estuve tantas horas cerca de una persona que pide plata para comer. Aunque famélica, no lo hice, sólo por no parecerme a ella.

UN SALUDITO PARA LA TRIBUNA

Conservo pocos recuerdos de mi infancia profunda. Uno es el martilleo de los adultos: “hay que compartir”, “Dios todo lo ve”, “hay que ser buena compañera”, “no hay que caminar hacia atrás porque le pisás los cabellos a la virgen”. En fin, una serie de mandatos entre religiosos, delirantes y compasivos. Con los demás, claro. Bien aprendidas andábamos, vestidas con nuestros primeros velos de ocultamiento, cuando llegó al barrio una amiguita nueva. Era del único colegio católico del pueblo y eso debe haberme confundido. La supuse de una beatitud más arraigada que la mía. Ya por ese entonces, andaba floja de papeles y mis esfuerzos eran para la tribuna. Me resultaba evidente que no lograba convencerme a mí misma. Pero ahí estaba ella, con uniforme y vincha azul. Una exótica vestimenta para quienes sólo conocíamos el guardapolvo blanco. Le gustaban mucho las “Titas” y solía aparecer con una. Como nuestras deseosas miradas no surtían efecto, un día nos animamos y le pedimos un pedacito.

– No muerdas, raspá con los dientes un poquito de chocolate- nos dijo, sin disimular su  fastidio.

De alguna manera fue una desdicha para quienes habíamos imaginado cierta consistencia en el bien andar. También descubrí que se podía vivir muy campante entre pequeños pecados.

 

foto 3 miseriaAlguien dijo por ahí que el chiste es una tragedia alejada en el tiempo. Es cierto: hoy puedo reírme de esas veinte horas de hambruna, de raspar la Tita y de la viuda avivada. En cambio, el ayudante del verdulero es un circo que da vueltas demasiado rápido. Tal es así, que no llegamos nunca a alejarnos lo suficiente como para divertirnos: el sacrificio de los sacrificados. Las masas sin perspectiva, claro. Entregarse en cuerpo y alma para que otros tiren manteca al techo tiene algo de ofrenda que apuntaría a apaciguar la voracidad de los dioses. El único detalle es que la voracidad, como tal, no puede ser calmada y que estos “dioses” son un puñado de malandras disfrazados. Tal vez, el ayudante que ríe representó, aquella mañana, al héroe cargado con el valor de las creencias a cualquier precio. Me volví con mi banana, rogué un poco a la virgen de los dientes y me quedé con una única aspiración: dormir de corrido, en lo posible, sólo de noche.

 

(1) “Juntos a la par”, Pappo.

 




MISERIAS DE ESCRITORIO

Reflexiones acerca de la miseria: La vida en la oficina

Por Viviana García Arribas

 

ALGO EN COMÚN

Derrick Lin 2
Derrick Lin

Pueblo chico, infierno grande. A veces, los lugares comunes sirven para ilustrar, de la manera más clara, una idea.

Y si de lugares se trata y, además, comunes, esos espacios donde se desarrolla una comunidad, -una Communitas, al decir de Antonio Esposito- podemos hablar de ese sitio que atrapa y somete a sus miembros a una convivencia obligada: la oficina. A este ámbito se pertenece en pos de un objetivo: el cumplimiento de un negocio o servicio será el interés del empleador, mientras el empleado perseguirá la obtención de un salario. Para Esposito, “común” (commun, comune, common, kommun) es lo que no es propio, que empieza allí donde lo propio termina (…). Es lo que concierne a más de uno, a muchos o a todos, y que por lo tanto es “público” en contraposición a “privado” o “general” (pero también “colectivo”) en contraste con “particular”.”(1). De ese modo, nada hay menos propio que aquello que es “común”. En el entorno del trabajo lo común coincide con las metas del empleador, mientras para el empleado pesa más la necesidad de una remuneración. Por ese motivo el espacio se le vuelve anónimo, un lugar de no pertenencia.

9b6f3d252f21874e2006d88a82426910_1404485306El microcosmos definido por el medio laboral reúne varios tipos de relación que replican la vida fuera de ese medio: el sometedor y quien se ve sojuzgado, el envidioso y el objeto de su resentimiento, la linda y su corte de seguidores. Desde ahí al infinito, cada día se movilizan los mecanismos de las relaciones en todos sus aspectos miserables y en una medida menor -mucho menor- las actitudes nobles. Quien trabaja en una oficina desde hace varios años sabe que, a diario, debe cuidar sus espaldas de todas las pequeñas miserias que sus compañeros y superiores -esos integrantes de la gran familia empresarial-  le prodigan a lo largo de la jornada.

Ese estado de naturaleza salvaje que constituye la vida de oficina coloca a cada trabajador en un ámbito en el que se encuentra a merced de los otros, donde cada persona es potencialmente peligrosa para el resto. La competencia -casi siempre desleal- activa los mecanismos más miserables. Entre otras cosas, los trabajadores deben depositar su confianza en una estructura jerárquica que los obligará a ajustarse a determinadas reglas para sobrevivir. Esto, además, propicia la generación de actitudes tendientes a ganarse el favor del jefe, aún en forma inconsciente.

AL FINAL, TODO EL TRABAJO LO HAGO YO

Una de las charlas típicas de la oficina ronda alrededor de lo poco que trabaja Fulano:

Derrick Lin
Derrick Lin

“¡Es una vergüenza! ¿Vos lo viste ayer? Se pasó el día con los panfletitos de la convocatoria a la asamblea y el arqueo de caja tuve que hacerlo yo. Encima, se me complicó porque es un mezquino con los datos y tuve que empezar todo de cero, no me dejó nada de lo que había preparado. No me banco que reparta papelitos mientras yo me rompo el lomo todo el día para hacer el trabajo de los dos. ¡Y todo para que llegue fin de mes y cobremos lo mismo! Ya hablé varias veces con el supervisor, pero ese es otro inútil, no lo quiere tocar a Fulano porque es el delegado. ¿De qué inmunidad gremial me hablan? ¡Que se siente a laburar, viejo!” dice Mengano, desparramado en una silla, sin un papel sobre el escritorio, mientras se toma el segundo café de la mañana, luego de haber discutido sobre el partido del domingo, el precio del dólar o la última jugada de la quiniela, donde, en Uruguay, salió el número al que le habían jugado -a la cabeza y a los premios- en todas partes menos, claro, en el bendito país oriental.

Esta y otras charlas de oficina ponen de manifiesto cuánto cada uno tiene el ojo puesto en el trabajo de los demás, antes de mirar un poco el propio ombligo. Esta actitud es también fomentada por las jefaturas que -cuando llega la hora de justificar la falta de un aumento o una calificación baja- recurren a la comparación más misérrima del interlocutor de turno con cualquiera de sus compañeros. Quienes no son necesariamente mejores, por supuesto, pero los jefes siembran y abonan la competencia -esa palabra tan actual-, receta infalible para que el staff de la empresa sea, cada día, un poco más eficiente.

RODEADO DE INÚTILES

Si de jefes hablamos, uno de sus recursos favoritos es generar un sentimiento de culpa en el empleado:

“El jefe: -¿Lo tiraste? ¿Cómo que lo tiraste?

El empleado: -Vos me dijiste… habíamos quedado…

El jefe: (Cortante) -Yo no te dije que no tuvieras criterio como para deshacerte de esa documentación que ahora nos piden.”

Manga - Sun Ken Rock
Manga – Sun Ken Rock

En fin, pequeñas delicias de la vida de oficina. Quien se encuentra en una situación de mando siempre puede canalizar sus culpas en los subordinados, a quienes no les queda otro remedio que mirar alrededor -a sus iguales- y descargar su bronca ya que “el jefe siempre se la toma conmigo, por qué no se fija en el resto… Son todos unos vagos”. Es verdad que, en una estructura jerárquica, como son la mayoría de las empresas o los entes de la administración pública, el jefe tiene, a su vez, un superior por sobre su cabeza y ese a otro y así sucesivamente. Pero el último eslabón siempre es el empleado, ese que no tiene a nadie a quien maltratar.

ROMANCE EN LA OFICINA

Pocas situaciones generan tantos comentarios como un posible amorío entre los miembros del staff. Cada día se producen cuchicheos, risitas, gestos de desagrado, miradas cómplices e infinitas alusiones a la suerte de él o a la falta de escrúpulos de ella. Sí, en general, para los colegas, él es piola y ella atorranta. No faltará quien diga que él no deja títere con cabeza o que ella podría vestirse un poco más discretamente. Todos se creen con derecho a opinar porque, después de todo, “acá nos pasamos más de ocho horas al día, más tiempo que con la familia, fijate”.

IMAGEN 6Por todas partes surgen grupos que se constituyen en garantía de la moral y del bien público. Nadie entiende tanta desfachatez y desvergüenza. ¡Pobre quien se enamore de su compañera o compañero de trabajo! No hay mejor forma de caer en la hoguera de los comentarios.

¿LOBO DEL HOMBRE?

El lobo hombre - Ilustración cuentos de Boris Vian
El lobo hombre – Ilustración cuentos de Boris Vian

Sin embargo, esta organización del trabajo no hace más que reproducir la de la sociedad. Imposible no recordar a Hobbes, para quien “los hombres, por natural pasión, se inclinan a la ofensiva recíproca” (2), desconfían de sus iguales y quieren conseguir lo mejor para sí mismos. Para el filósofo esa tendencia genera la desconfianza y la necesidad de buscar un soberano que ponga orden. Sin embargo, nada parece indicar que deba ser así por naturaleza. Spinoza, por ejemplo, sostiene que cada uno es lo más perfecto que puede, según lo que lo afecta, y esas afecciones siempre son una cuestión cultural. No obstante, esta organización jerárquica se puede encontrar en todos los ámbitos de la vida: desde la familia hasta el partido de fútbol, desde el consorcio hasta la sociedad de fomento, ámbitos donde se pone en juego un equilibrio de poderes entre los miembros que, en última instancia, es resuelto por la autoridad de turno. Al menos, así ha sido históricamente en la sociedad occidental. En el trabajo, ese juego sutil de fuerzas se hace más evidente y un poco más burdo: no hay lazos afectivos que limen las diferencias, como en la familia o los grupos de amigos y el sentido de pertenencia, -“ponerse la camiseta” de la empresa- es algo bastante poco habitual. De esta forma, la autoridad del jefe, que siempre será cuestionada -aunque insoslayable-, dará lugar y aun incentivará, los celos, la envidia y la necesidad de destacarse.

Caldera del diablo, antesala del infierno, nido de víboras, la oficina, ese lugar al que todos acuden, cada día, y al que casi ninguno desearía pertenecer.

Derrick Lin
Derrick Lin

 

 

(1) Communitas, Roberto Esposito

(2) Elementos de derecho natural y político, Thomas Hobbes




EL RUIDO DE UNA LUZ

Reflexiones acerca de la miseria: Entrevista al director de cine y escritor Martín Rejtman.

Entrevista: Viviana García Arribas, Alicia Lapidus, Gabriela Stoppelman

Edición: Viviana García Arribas

Fotos: Anne Diestro Reategui y Matías Buselli

 

El faro de una moto enciende la noche. Dos jóvenes surcan la ciudad, mientras cabalgan sobre la ruidosa máquina. Atraviesan lo oscuro en perfecta armonía hasta que una nota disonante quiebra el ritmo del paseo: uno de ellos asalta al otro, le quita la moto y las zapatillas. En un cuadro del desamparo, un joven queda descalzo sobre el asfalto. En apariencia, no muy afectado, inicia el largo regreso hacia su casa. La cámara se queda con él y lo acompaña en su peregrinaje. ¿Qué pasaría si, en lugar de eso, seguimos a quien se va en la moto? Probemos… Otra vez la luz hiere la negrura. El corazón late -no mucho, lo suficiente para transmitir la excitación del momento-, las manos se cierran sobre el manubrio y conducen la moto robada. ¿El destino? Un barrio cualquiera de Buenos Aires, ni muy pobre ni muy rico. Al llegar, el ruido ronco del motor se aquieta y comienzan a escucharse otros sonidos: un televisor encendido, un teléfono que suena, la violenta estridencia de un tema musical. Tal vez viva solo, quizá lo reciban sus padres -quienes, casi seguro, apenas van a sorprenderse con la llegada del hijo-. Tal vez, la moto quede arrumbada, como un objeto sin destino, para ser robada otra vez y, así, circular y marcar el curso de otra historia. Pero, esto es solo fantasía. Quizá, la parte de la historia que Martín Rejtman decidió no contar. Sin embargo, se revela como un mundo posible dentro de su universo.

 

La primera secuencia de “Rapado” resume algunas recurrencias de su director: personajes en movimiento, un hecho fortuito que rompe la monotonía, la discordancia, el desamparo y la aparente desafección de los personajes. En nuestra charla, tratamos de acortar distancias y atenuar los ruidos, escuchar los silencios y capturar el azar. Así, armar familias casi perfectas… en función a aquello que las afecta.

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EL OÍDO OBSE

“Clay y Esteban desayunan con la sensación no de silencio sino de haberse quedado sordos, aturdidos, como si el departamento estuviera sellado, envasado al vacío. Por primera vez en mucho tiempo la falta de golpes les permitiría hablar y escucharse durante una comida, pero perdieron esa costumbre y no se dicen nada.”

“Este-Oeste”, Martín Rejtman

 

Nos llamó la atención la insistencia de los ruidos en tus películas: los ringtones, los teléfonos de fondo, la música… A veces como irrupción y otras como aturdimiento.

fotolia-26710073-s-hearingchallenged-com_14696_gSoy bastante sensible a los ruidos. Vivo en una casa cuyo fondo daba a una planta del Ceamse, en Colegiales. El ruido que eso producía era terrible. Cuando llegué, contraté a una empresa para que midiera el nivel de ruidos –un servicio que me costó carísimo-, hice miles de quejas ante el Gobierno de la Ciudad junto con otro vecino, vinieron inspectores, etc. Bueno, es un ejemplo. Soy muy sensible al sonido y creo que por eso tengo más conciencia de eso que mucha gente. Incluso, el momento que más me gusta de una película es la mezcla de sonido. Me lo decía un ingeniero de sonido: yo escucho cosas que otra gente no. Pequeños errores, por ejemplo. Estoy obsesivamente atento a lo que suena.

Pero tus personajes no se alteran tanto como vos con los ruidos. Parecería que, en lo expresivo de sus cuerpos, no se alterasen casi con nada.

Sí y no. Creo que en el cuento “Eliana Goldstein”, hay un personaje que está completamente alterado por el sonido del piano que toca un vecino. Siempre me destacan que mis personajes son imperturbables, que nada los afecta. No creo que sea tan así, realmente. A lo mejor no son demostrativos o no los cambia demasiado lo que pasa, pero sí los afecta.

Es interesante lo que decís de tus personajes, que no es que no les pasa nada sino que no lo expresan con el rostro. Es cierto, no demuestran, pero finalmente entran en conflicto, se meten en problemas. Hay una tensión que no se manifiesta aunque está.

Sí. Aquello que no expresan con el rostro se transmite en acción pura. No vemos un efecto psicológico en los personajes, no a partir de las cosas que les pasan, pero sí en la progresión de la acción de las historias. Los hilos se van moviendo más por esas situaciones que por la voluntad de los personajes, quienes se ven envueltos en situaciones, en lugar de forjar o manejar su propio destino.

Esto libera del diagnóstico, digamos, de la lectura psicológica y de la causalidad.

Me parece que sí. Y también, la psicología de estos personajes se define por las cosas que hacen de maneras contradictorias, o absurdas o que no responden a una lógica clásica, pero que, al mismo tiempo, los impregna de una psicología atípica.

Una lógica inesperada. Una lógica alterada y en acción.

Exacto.

 

SILENCIOS FILMADOS, PALABRAS SOÑADAS

“¿Lo sabes, lo has pensado? … La noche fue silencio.

Precedió el silencio a la Creación.

Silencio era lo increado y nosotros los creados venimos del silencio.”

“El silenciero”, Antonio Di Benedetto

 

Antonio Escalante - Ruido y silencio
Antonio Escalante – Ruido y silencio

Vuelvo al ruido, pero ahora vinculado al silencio. Hay muchas escenas muy silenciosas. En las películas y también en los textos.

Tengo menos precisión en el recuerdo de este tipo de referencias al sonido o al silencio en los diálogos o en los textos en general. Creo que tiene más que ver con pequeñas escenitas o frases. Sí lo tengo más claro en las películas.

“Debo haber soñado la palabra, no la imagen”, dice uno de los personajes de “Silvia Prieto”. 

Sí. Me pareció que era una reflexión más literaria que otra cosa.

Siendo escritor y cineasta, ¿con qué lenguaje te llevás mejor y en qué casos?

Son dos cosas muy diferentes. Empecé a escribir literatura nuevamente ayer, después de tres años. Estuve trabajando más en guiones de cine. Para escribir cine tengo que pensar un poco más en una situación visual, obviamente, pero que no sé muy bien cómo explicar. Creo que tiene más peso escribir para cine que escribir literatura. Esta es más liviana, para mí, porque tiene menos consecuencias.

¿Cuándo necesitás una u otra?

Forever bicycles - Ai Weiwei
Forever bicycles – Ai Weiwei

Necesito proyectos de cine. Cuando no tengo guión, tengo que escribir, buscar uno. Porque llevar adelante un proyecto de cine lleva mucho tiempo y necesitás el guión como herramienta para conseguir la financiación y poder filmar. Entonces, trato de no escribir literatura hasta no tener un guión de largometraje listo. Cuando tengo el guión, después sé que hay un tiempo largo hasta concretar el proyecto de la película, donde puedo escribir literatura. Lo que pasa ahora es que acabo de escribir un guión de un largo y, como sabía que iba a tardar mucho en filmarlo, escribí también un guión de un corto –algo para filmar enseguida-, cosa que no hacía desde los años ’80. Bueno, ahora estoy con eso.

 

ABSTINENCIA DE GUIÓN

“Viernes dice a domingo / quítate tú que me ponga yo /

Mas domingo ha salido de su cueva / y tapona la primavera / como mierda de perro

que ladrase tras / los martes, miércoles, jueves, sábados y lunes.”

“Nada”, Benjamin Péret


¿Qué pasaría si te quedaras sin un guión?

Angustia un poco la idea. Primero, no filmo guiones de otras personas. Además, me cuesta mucho terminar un guión, tardo un montón de tiempo.  Y, cuando estoy escribiendo, tengo siempre la duda respecto de si, de eso, va a salir algo interesante, si el guión va a estar bien o no, porque no pienso una historia de antemano, no tengo una trama previa que después desarrollaré en la escritura, sino que va surgiendo. Esto, tanto en la literatura como en los guiones, pero es más dramático en este último caso. En la literatura no dudo tanto de que voy a llegar a algo, porque hay muchas formas posibles. En cambio, la forma del cine es menos caprichosa.

¿Hay cosas que podés en la literatura y no en el cine y viceversa?

Fahrenheit magazine
Fahrenheit magazine

Sí, claro. En literatura uno puede escribir sin pensar si se va a poder producir o no. Este sí es un condicionante del cine. Igual, no escribí tampoco cuentos que sean tan caros de filmar. Aunque, en el último libro, “Tres cuentos”, sí hay muchos viajes en los cuentos. Filmar eso no sería fácil. El primero de los cuentos tiene una parte que transcurre en Los Ángeles. Yo conozco muy poco Los Ángeles. Estuve algunas veces, pero no es un lugar donde viví ni conozco el barrio donde transcurren algunas escenas del cuento. Lo escribí con el Google Maps, con las fotos. Eso me permitió viajar, ver locales, bares. Creo que se describe una especie de rotisería o lugar de comidas rápidas. Eso lo vi por internet.

 

LO INCONCLUIBLE

No quiere decir que esté triste, solo es un poco de agua en los ojos”

“Los guantes mágicos”, Martín Rejtman

 

¿Escribís poesía? Hemos visto que en tu narrativa aparece un trabajo con lo poético.

No, nunca lo hice. Pero, claro, lo poético aparece porque es inherente a cualquier obra, tiene que estar ahí. Pero la poesía es un género que, de algún modo, debería desprenderse de los otros géneros.

¿Qué es para vos lo poético?

No me lo he planteado antes… Es el misterio. Lo que uno no termina de decir, lo que queda en el aire. A veces funciona, para mí, como un adjetivo peyorativo: “exceso de poesía”, eso es algo que puedo rechazar. Trato de eludir la obviedad o la redundancia. Me parece que la única manera de que eso surja es en una especie de subtexto, en algo no dicho. Porque si no, siempre me parece un agregado de más. Trato de no enfatizar ni agregar nada, porque justamente me da miedo pasarme.

Arte con luz
Arte con luz

Me refiero no al adorno sino a lo poético como intensidad. Como cuando en una de tus películas el psicoanalista le propone al paciente novato: “hagamos un poco de diván”: la mujer se tira y está cinco minutos en silencio. Eso, el humor así dado, puede ser poético.

Sí, sí, claro. Pero lo hago involuntariamente, tratando de no poner la intención ahí. Quizás, no tanto por no recargar, sino porque no me gustaría a mí. A veces me encuentro con cosas con las que no me siento cómodo, sobre todo, cuando se trata de subrayar o poetizar con música o con una imagen muy embellecida. Son cosas con las que me sentiría como ridículo al filmarlas.

¿Leés poesía? 

A veces, pero no mucho.

Es el único género que uno no imagina filmable.

 

LA CAUSALIDAD CAPRICHOSA

“(…) cómo –/cómo cómo decir –/viendo todo esto –/todo esto esto –/

todo esto esto aquí –/locura para ver cómo –/entrever –/parecer entrever –

necesidad de parecer entrever –/desvaído a lo lejos lejos allá cómo –

una locura para necesitar parecer/entrever –/desvaído allá lejos lejos allá cómo –

cómo –/cómo decirlo –/cómo decirlo”

Cómo decirlo”, Samuel Beckett

 

Otra cuestión que nos llamó la atención son los espejos que hay en tus películas entre lo que se dice y lo que se hace. La palabra dentro de la película luego se convierte en acción, como cuando un personaje escucha el relato de un robo y después va y roba, intenta seguir los pasos de eso escuchado.

Bueno, funciona como un estímulo que lleva a la acción. Es esta cosa impulsiva que tienen los personajes de dejarse llevar por las cosas. El hacer algo, porque escuchaste que alguien habló de eso. Es medio azaroso, cualquier cosa puede ser causa de otra. No necesariamente alguien asesina a otra persona porque tiene una serie de motivos racionales o lógicos. “Dos disparos” comienza con un personaje que encuentra un revólver y se dispara dos veces. Es una cosa bien impulsiva. En ningún momento lo vi como una intención de suicidio. Es un impulso. Si uno tiene que encontrar una explicación, quizás tiene que ver más con haber estado toda la noche afuera, bailando, sin haber dormido, en una especie de trance en el que el personaje aún sigue.

Rejtman 6
Las manos de Martín

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Hay todo un entorno de monotonía y la sensación es que él rompe con eso.

Claro. Y lo raro es que es la primera escena de la película. Cuando, en realidad, esa es la típica escena de conclusión. Para mí eso fue raro y arriesgado.

  

EL ESTRATEGA NARRATIVO

“Y, cuando está, se queda inmóvil en algún rincón y prácticamente no dice una palabra. No parece estar pensando, ni observando, ni ausente. (…) como si esperara el próximo evento del día (…)”

“Este-Oeste”, Martín Rejtman

 

Aparecen mucho las discotecas en tus películas

Sí. Pero no voy a discotecas. De hecho, ahora vengo de ver locaciones para el corto que vamos a filmar y el equipo con el que estoy trabajando me acaba de mostrar la foto de una discoteca… Las personas gritan en las discotecas. Normalmente, en las películas, se adapta el nivel de la música para que puedan hablar sin gritarse.

Hay una sensación de mucha orfandad, un alto grado de desaprensión. Los ruidos afectan a los personajes, pero entre los cuerpos hay una distancia enorme.

Es una estrategia narrativa. Todas lo son: la circulación de los objetos y de los personajes, por ejemplo, algo que me permite hacer avanzar la acción. Como yo no trabajo con una trama preestablecida, ¿cómo hago para pasar a la escena siguiente, para que suceda algo? Bueno, hago circular un objeto entre personajes. Lo pienso más en ese sentido que como una cuestión psicológica. El resultado puede dar un paisaje más o menos desolador.

Francis Bacon - Three figures in a room
Francis Bacon – Three figures in a room

Sí. Ese tipo que yira y busca dónde dormir, recién llegado del extranjero. O incluso esa ausencia de a dos, de quienes nunca sonríen. Hay un efecto de desolación.

Sí. Igual las películas tienen mucho humor. Hay como dos caminos que van en sentidos opuestos. Para mí, eso crea una tensión interesante. También en ese sentido hablo de estrategias narrativas. Los contrastes arman una trama que tiene vida. Lo mismo pasa con el ritmo: hay escenas más lentas, otras más habladas. Ritmos que se chocan a veces. No son películas contemplativas de principio a fin. Me interesa la mezcla.

 

ANCLAR LA CIFRA

“Por un segundo Florencia pensó que tenía que abrazarla pero se contuvo; era una imagen que correspondía más a la escena de una película que a la situación de esa mañana.”

“El diablo”, Martín Rejtman

 

Y la mezcla de lo absurdo, del tiempo y de las cifras (“¿Cuántos cafés sirvió?”), en cuántos trozos corta el pollo.

Sí. Lo de las cifras tiene que ver con buscar que los personajes tengan un anclaje, porque si no quedan en el aire. Hace falta algo que les dé cable a tierra, una cifra o las obsesiones, como la de la chica que corta pollo todo el tiempo.

¿Y el hastío?

Hay personajes que están particularmente deprimidos. Hay un monólogo que me hace reír mucho: “Tengo todo el día por delante. Mañana todo empieza de nuevo”. Es como el lugar común de la depresión. Una persona deprimida piensa en esos términos pero, visto desde afuera, puede darte risa.

Por eso digo que, aunque sean estrategias narrativas, los resultados son tipos deprimidos, desaprensivos, desencontrados, huérfanos, solos, desamparados… y son casi caricaturas. Un poco mueven a risa en realidad. Como el que queda afuera en la puerta del boliche, porque tiene una bala en el cuerpo y suena en el detector de metales. El amigo le explica al guardia de la puerta: tiene una bala en el cuerpo. Y el guardia dice: “Ah, bueno”.

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Martín Rejtman

Sí, ¿qué podría hacer el tipo? El argentino medio haría un escándalo. Creo que mis películas van en contra del carácter argentino. Son películas introvertidas, cuando la mayoría somos extrovertidos. Son como una reacción a todo eso: la pasión, los ruidos excesivos, los gritos, exteriorizar todo el tiempo todas las cosas y discutir, discutir por todo y a los gritos. Todos -me incluyo- somos bastante así. En mis personajes hay más control. Uno puede ver eso como una situación, ideal por un lado y, por otro, como un desastre.

No se los ve como controlados sino que parecen ser así, no sobreintervienen para no descontrolar.

Bueno, es el mejor de los controles, el no necesitarlo. Una especie de estado zen, si querés. En un punto uno dice “Ojalá fuéramos todos así” y en otro “¡No! ¿por qué?” Es un mundo donde todas las cosas tienen un valor similar: las emociones, los objetos… Una especie de utopía y, al mismo tiempo, ¿no es una catástrofe que todo tenga el mismo valor? Estarías siempre girando en una línea muy delgada.

 

CLUB DE AMIGOS 

“Pero sabe que así como nadie le preguntó nada cuando llegó, a nadie le va a afectar su ausencia cuando se vaya.”

“Este-Oeste”, Martín Rejtman

 

Bueno, también hay gente mala. No hay abrazos, no hay caricias, no hay deseo… Hay traidores, abandonadores, indiferentes, siempre una distancia. En el número de esta revista, reflexionamos sobre la miseria.

sketch-1838278_960_720Siempre que hay dinero hay miseria y el cine depende del dinero. Cuando trabajás de manera profesional, en un esquema de cine más comercial, con sindicatos involucrados y demás, sucede que te encontrás con situaciones difíciles. Una vez me tocó escuchar una conversación entre algunos técnicos; decían que iban a parar la película por equis motivo, un conflicto con la producción que se podía solucionar. Pero estaban al lado mío y hablaban como si yo no existiera. En algún momento, tenía la ingenuidad de que éramos todos un grupo de amigos que está ahí haciendo una película porque quiere. Es como una ficción que me quiero creer, me gusta pensar que somos todos así, pero cuando escuché ese diálogo se me vino el alma al piso. Imaginate que el rodaje de una película son cinco, seis o siete semanas en las que convivís con todo un equipo de técnicos y de actores. Se arma una especie de falsa familia y hay algo de eso que uno se cree. En mi última película fuimos a filmar un poco más de una semana a Miramar. Como un grupo de vacaciones. En ese momento pensás que quienes están ahí son tus mejores amigos. Hacer una película para mí es trabajar en lo que quiero hacer, inventar un mundo y además, bien o mal, vivir de eso. Algo de utópico tiene ¿no? Y también hay algo utópico en los mundos que construís, porque tienen un equilibrio propio, son lo más perfecto que uno pudo hacerlos. Creo que ese equilibrio tiene que ver con la utopía.

 

¿TODO ES CUENTO?

“Con precaución, como a cualquier cosa pequeña. Pero sin miedo. Finalmente se descubrirá que ninguna fábula es dañina, excepto cuando alcanza a verse en ella alguna enseñanza. Esto es malo.”

Cómo acercarse a las fábulas”, Augusto Monterroso

 

¿En la escritura también?

Sí, también me pasa. Encontrar coincidencias, lograr simetrías en la estructura. Tomar algo del principio y hacerlo reaparecer al final de otra manera. Muchas veces me han dicho que mis cuentos no tienen final. Un escritor me dijo “Me encantan tus cuentos porque vos, cuando te cansás de escribir, dejás ahí y terminó el cuento”. Y no es así. Me acuerdo que “Eliana Goldstein” lo seguí escribiendo, y luego me di cuenta que el final ya estaba hacía dos páginas. El final es algo que cierra en la definición del personaje, en su trayectoria, porque los cuentos son la historia de un personaje que empieza en un lugar y va por un camino hacia otro. En “Este-Oeste” uno de los personajes termina en un departamento que comparte con un brasileño en Los Ángeles. Creo que termina con una reflexión bastante íntima, cuando hasta ese momento sólo habíamos visto cosas exteriores. Para mí es un cierre importante, porque si venís hablando solamente de tus acciones y en un momento llegás a una reflexión, es un cierre.

¿Como lector, hacés también esa lectura estructural? 

Sí, siempre. Y, como espectador de películas, también. Y, como di mucho tiempo clases, estoy atento a ese tipo de cosas. Si ponés algo en un lugar, lo pusiste por algo, no fue azaroso. Y si lo fue, bueno, pensá. Fijate si está bien o no el resultado. Pero no podés hacerte el distraído. Por otra parte, no podés controlar cómo va a leer otro tu trabajo. Y está bueno eso para mí. Si solamente se pudiera ver lo que yo escribí o pude leer de mí mismo, sería aburrido.

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EL SOBERANO DE LA ESCRITURA

Reflexiones acerca de la miseria: sobre la visita a la casa del Juez Carlos Rozanski.
Por Ana Blayer

AS DE CUATRO

Pasadas las catorce y treinta horas “las cuatro ases” se dirigieron rumbo a la zona sur de la Provincia de Buenos Aires a escasos cuarenta y cinco kilómetros de la capital. Pese a que el servicio meteorológico anunciaba lluvia, el sol acompañó en todo el trayecto.

De las cuatro ases, yo era el as al volante. Bajamos la autopista, tomamos la calle del boulevard del pueblo, dejamos atrás la estación del ferrocarril y unos monoblocks de escasos cuatro o cinco pisos, cruzamos la ruta y la numeración ascendente nos acercó al destino final.

Un paredón gris con bloques de cemento fue el santo y seña para darnos cuenta: era allí donde íbamos, una casilla de apenas un metro cuadrado. Al sol, estaban apostados un par de hombres vestidos de verde y una camioneta del mismo color, que custodiaban la casa.

_DSC0360La voz cantante de una de “las cuatro ases”, bajó la ventanilla. Con un gesto sonriente y voz seductora, preguntó si allí vivía Carlos. Efectivamente, contestó el hombre, quien además hizo un paneo de ciento ochenta grados al interior del automóvil.

 

EL AS AL VOLANTE SE ORINA

Llegamos unos quince minutos antes de las dieciséis horas, estacionamos el auto a la sombra de un árbol hasta el momento de ingresar. Nos sentimos vigiladas, empezamos por una broma, otra respondió, el as al volante pensaba cómo hacer si le daban ganas de ir al baño. En fin, un par de minutos antes de la hora bajamos, nos anunciamos y la cuarta “as” preguntó si podía estacionar en la explanada frente al portón de metal gris plomo, cosa que así hizo.

AL AIRE LIBRE

En las casas grandes como ésta, siempre aparece uno o más perros encargados de anunciar a sus dueños, con fuertes ladridos, que hay gente en la puerta. Imaginé esos ladridos, aunque no se escuchó ni uno. El hombre de verde nos anunció por el portero eléctrico y, en escasos minutos, un hombre de mediana estatura abrió una puerta gris de ese inmenso portón. Una calidísima sonrisa nos invitó a ingresar. Vestía pantalón náutico oscuro, camisa blanca con cuello “mao” y unas zapatillas simples sin marca a la vista.

_DSC0376Enorme parque, inmensos árboles y los agradables perfumes de las plantas invitaron a estar al aire libre para realizar la nota. La voz cantante tenía prolijamente anotadas todas las preguntas para la entrevista. Acomodadas cada una en torno a la mesa, Carlos respondió libremente y con extremada prolijidad cada una de nuestras inquietudes.

Está jubilado, viaja al exterior, escribe notas, más de cuatro mil sentencias dictadas fueron el resultado de haber sido “un soberano” del Poder Judicial. La soledad también convivió con él. La dialéctica del poder la sintió reflejada por quienes se acercaban y alejaban por aquellos años.

LUCES Y SOMBRAS

El sol se había corrido casi sin darnos cuenta. Antes de la foto final, dos de las “ases” pidieron pasar al baño, esto dio pie a ingresar a la casa grande y habitada. Un sitio desbordado por el buen gusto y la sobriedad. El poder, Carlos lo dejó colgado en el perchero del Tribunal donde se desempeñó como Juez Federal de la Nación.

Una de sus únicas pretensiones fue intentar bajar el estrado de la sala de audiencias del Juzgado. Imaginen cómo le fue. Y, si no, lean la entrevista en este mismo número de El Anartista: ¡ABAJO EL ESTRADO!

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LA PLAZA ES NUESTRA

Reflexiones acerca de la miseria: Sobre la obra de teatro “La leyenda de Robin Hood”, de Mauricio Kartún.

Por Milena Penstop

 

GUARDA CON EL BOSQUE

Ilustraciones de Robin Hood por Anne Yvonne Gilbert
Ilustraciones de Robin Hood por Anne Yvonne Gilbert

Este año, en Timbre 4, mi escuela de teatro, hicimos “La leyenda de Robin Hood”, de Mauricio Kartún. La obra trata sobre cómo la gente del pueblo debe luchar contra los abusos de los poderosos para, apenas, subsistir. A mí me tocó el papel de Margarita, la hija de Pequeña Juana, (en el original, Pequeño Juan), una mujer que vivía con su hermana en el bosque. La gente del pueblo quiere al bosque. Suele ir allí. Sin embargo, para Gisborne- el alcalde- y para todos sus serviles lacayos, el bosque es el lugar del peligro. Quienes allí se aventuran son considerados sospechosos. Es curioso que el rey no aparezca hasta el final de la obra. Evidentemente, algo no atendió para no haberse dado cuenta que tenía a su servicio gente tan ambiciosa y despectiva hacia el pueblo. O, también, es posible que este sea un típico caso de traición. El rey creía leales a sus servidores. Ante él simulaban ser funcionarios honestos, pero eso era sólo una máscara. Quien de verdad va a desenmascarar a estos hombres frente al rey es Robin Hood. Un hombre de la nobleza, decidido a luchar por quienes menos tenían. Por ser de la nobleza, muchos pueblerinos al principio desconfían de él. No es común que alguien que está “en lo alto” “baje” hasta quienes más ayuda necesiten, al punto de arriesgar su vida por ellos.

Robin Hood y Lady Marianne
Robin Hood y Lady Marianne

Pero Robin se ganó la confianza del pueblo. Ahora, aparte de ser un noble que ayudaba al pueblo, estaba enamorado de Marianne. Es decir, al momento de imaginar con quién pasaría su vida, sería con una de su clase. Sin embargo, se trataba de una mujer que compartía sus ideales. Es decir, de una mujer poco común dentro de la “alta sociedad”.

 

 

 

MONÓLOGO DE MARGARITA

Soy Margarita. Hace unos días pasé un día terrible. En unas pocas horas entendí todo lo que Pequeña Juana- mi mamá- y mi tía siempre me dicen. Entendí cómo son los miserables del poder. Iba yo por el pueblo con mi pequeña bolsa de trigo. Era lo único que nos quedaba para comer. En eso estaba cuando aparecieron unos guardias del alcalde, quienes me reclamaban como pago de impuestos, el único alimento que tenía mi familia. No se los quise dar y entonces empezaron a perseguirme, al grito de ¡ladrona!, ¡ladrona! Desesperada, trepé hasta lo alto de un árbol. De verdad sentí que me atraparían.

Robin Hood and Guy of Gisborne
Robin Hood and Guy of Gisborne

Ellos comenzaron a dar la orden de tirar el árbol abajo. Ahí imaginé mi fin. Entonces, como en los cuentos, apareció Robin Hood. “Alto, soldados, ¿tanto han cambiado las cosas en esta tierra que hace falta un ejército para capturar a una niña?”. Y, así, me salvé. Agradecida, fui en busca de mi madre y de mi tía. Tardé un rato en llegar. Pero, al encontrarlas, me sentí otra vez casi al borde de caer en una trampa. Ambas peleaban con furia contra un supuesto enemigo noble, quien no era más que Robin Hood. Apenas pude detenerlas para explicarles que ese hombre estaba con nosotras y me había salvado la vida. Sin embargo, las cosas para la gente del pueblo nunca son sencillas. Unas cuantas horas más tarde fui capturada. El corazón me decía que algo me salvaría. Dudé de eso, cuando me arrastraron hasta la horca, ahí empecé a sentir miedo y orgullo a la vez. Y, cuando me preguntaron cuál era mi último deseo, aunque el terror no me abandonaba, hablé con decisión: “¡Que le cuenten a mi madre, señor! ¡Y que la justicia reine por fin en Sherwood! ¡Que viva mi patria, Robin Hood y el Rey Ricardo Corazón de León!.Anónimo Bueno, se imaginan que al final me salvé, porque si no, no estaría contándoles la historia. En la realidad, las cosas no siempre son así. Muchas veces ganan los miserables y los pueblos deben soportar muchas injusticias hasta liberarse.


 

 

 

¿HACE FALTA UN EJÉRCITO PARA CAPTURAR A UNA NIÑA?

Hace poco vi por televisión cómo en la manifestación en contra de la reforma previsional, que perjudicará tanto a nuestros viejitos, la Gendarmería se llevaba a una chica (después me enteré que ella había salido del trabajo hacia la marcha). Aparte de manosearla y maltratarla, cuando ella se resistía a someterse a la actitud miserable de ellos, la rodearon de un montón de gendarmes. Era casi un ejército alrededor de una chica joven. Ahí me acordé de las palabras de Robin “¿tanto han cambiado las cosas en esta tierra, que hace falta un ejército para capturar a una niña?”. ¿Nuestro país se habrá transformado en el mundo del alcalde Gisborne? Las semejanzas son muchas. En el mundo de Robin Hood la gente reclama por los altos impuestos: “sacrifiqué primero mi trigo, después mi buey, mis ovejas (…) ya no me alcanza para alimentar a mi hijos”. Y también hay otro parecido más. Cuando Robin Hood, al comienzo de la obra, llega a la plaza del pueblo y pregunta por sus viejos amigos- nobles-, la gente le contesta, “qué harían los nobles en la plaza, en las competencias se los puede encontrar, o en las fiestas (…). A Lord James se lo encuentra en los jardines del palacio… persigue mariposas con su red, mientras sus sirvientes tiran del arado. Allí los podrás encontrar, Robin. Aquí, no, la plaza es nuestra. Una de las pocas cosas que no nos han podido sacar”. A nuestra patria no la va a salvar ningún Robin. No podemos esperar eso. Todos debemos ser Robin. Y, para evitar las miserias de los poderosos, tenemos que actuar. Nuestra plaza también es nuestra. Y nuestras escuelas. Y todos los espacios que llamamos, con orgullo, “públicos”.

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LA BESTIA INSACIABLE

Reflexiones acerca de la miseria: Sobre ética y capitalismo.

Por Verónica Pérez Lambrecht

 


En una civilización que no tolera más los conflictos, salvo a condición de que entren en las normas, esta nueva barbarie muestra figuras del otro muy diversas: el extranjero que amenaza nuestras sociedades, el “integrista” que pone en peligro el orden republicano, pero también el asalariado o el funcionario que resisten al formateo de las “direcciones de recursos humanos”, los discapacitados, los marginales de todo tipo, los contestatarios que se niegan a plegarse a las normas admitidas de la protesta, aquellos o aquellas que por su comportamiento tienen la reputación de poner en peligro su salud o la de sus allegados. En síntesis, todos los que son vistos como posible fuente de un caos que amenaza el orden social aceptable.

Elogio del Conflicto –  Angélique del Rey y Miguel Benasayag


 

 

PROLEGÓMENOS

Como verdad de perogrullo, todos somos hijos de los tiempos. Así, para las generaciones nacidas en los ’70, cada quien sintió a su modo las marcas de las botas.

pantera granate. H. Joaquín
pantera granate. Pintura de H. Joaquín para Pucho

El viejo de Pucho comulgaba con las banderas e ideales de los grupos revolucionarios de aquella época, aunque no militaba activamente. Según él, no fue “abducido” porque, ya con dos hijos, priorizó la familia a la lucha subversiva. Guarda en su caja de las memorias el recuerdo de varios amigos y conocidos muertos, pero particularmente el de H. Joaquín, dibujante, que resultó desaparecido apenas por panfletear.

Así, las pequeñas historias de hombres cualesquiera se construyen sobre determinados cimientos: desde la cuna, el viejo le transmitió a Pucho valores altruistas, los cuales, mucho más seguido de lo  recomendable, parecen cotizar a la baja.

A veces, los prolegómenos son importantes.

 

TIRAME UN LADRILLO

En los tempranos ’90, cuando transitaba sus muy jóvenes 20, Pucho conoció el éxito de la mano de la telefonía celular. Decidido a no seguir una carrera universitaria, consiguió laburo como vendedor. A esa edad, algunos viven la seducción del dios dinero como el ingreso a la adultez y a la libertad. Pero ¡puede fallar!

Tenía una parla interesante, era un porteño hecho y derecho. Bah, uno de esos infiltrados, que aporta el sur del conurbano. Su nivel de ventas aumentaba en forma sostenida. En breve, Pucho se convirtió en una especie de vanguardista de la telefonía móvil. Andaba con la valija a cuestas, antes, incluso, que el “ladrillo” saliera a la calle, y hacía negocios con gente de alto poder adquisitivo.

 

ANTEPASADOS NO TAN LEJANOS

eb1496682b363c5ff5bd75e9b588cbf9Los primeros móviles comenzaron a funcionar en Argentina hacia 1989. Por aquel entonces, CRM (Compañía de Radiocomunicaciones Móviles – Movicom) ganó la licencia para prestar servicios en la Capital y alrededores. Los dinosaurios de la telefonía móvil eran enormes y pesadas valijas que debían ser instalados en autos, en tanto que sus primos, los portátiles, colgaban como mochilas al hombro. Su evolución, sin embargo, fue mucho más acelerada.

En 1993 Miniphone inició sus operaciones y, junto con Movicom, implementaron tecnologías digitales para mejorar las características ergonómicas de los móviles. Hacia 1995, comenzó la explotación del servicio en el interior del país, por medio de la adjudicataria CTI (Compañía de Teléfonos del Interior). En 1996, Telecom y Telefónica ingresaron también en el mercado de móviles, repartiéndose el norte y sur del país.

Nextel Argentina entró al mercado a mediados de 1998. Ofreció un nuevo sistema de comunicación integrado, que permitía conexión inalámbrica grupal. Para entonces, la telefonía móvil estaba en franca expansión a lo largo y a lo ancho de todo el país.

En 2005 Telefónica Móviles (Unifón) compró Movicom Argentina y comenzó a operar bajo el nombre comercial de Movistar. Consolidó, de ese modo, la marca en LATAM y España.


Ref: http://www.cicomra.org.ar/cicomra2/informes_especiales/telefonia_movil/historia_argentina.asp

 

EL PEQUEÑO BURGUÉS

Los jefes de Pucho comenzaron a ver la concomitancia que implicaba su crecimiento para Movicom. Entonces, decidieron impulsarlo, a pesar de su juventud, a coordinar un grupo de vendedores. Las ventas crecieron de manera exponencial, acompañadas por el boom de ese mercado, la libre disposición para esas empresas en el país, la capacidad oratoria de Pucho y su habilidad para manejar gente a cargo.

Camino al cielo. EDO
Camino al cielo. EDO

Escaló sin infortunios los peldaños de la escalera al cielo. Pasó de coordinador a supervisor Jr. Una vez cumplidos los tiempos y objetivos de la carrera laboral, ascendió a supervisor. Por entonces, tenía una actitud proactiva con sus subordinados. Sabía cómo arengarlos y cómo defenderlos ante sus superiores para lograr mejoras salariales y bonificaciones, de acuerdo a su nivel de desempeño. Era respetado e incluso, bien querido:

– ¡Andá a hacer comunismo a Cuba, pequeño burgués!- lo chicaneaban sus jefes.

Su mayor logro, merced a sus méritos con la empresa -siempre estaba 100% disponible para recorrer todo el conurbano y Capital-, fue llegar a subgerente. Para su beneplácito, disfrutaba de la tarea. Su vida era un paraíso en el medio de un país que comenzaba a derrumbarse. Llegó a tener 400 personas a cargo, secretaria, la propia oficina, servicio personalizado de café, diarios e internet por cable modem: un adelantado total para aquellos años. Ganaba bien, muy bien, y más aun con el sistema piramidal, por el que cobraba comisiones.

– Empezaba a sentir vergüenza frente a mis amigos y conocidos, porque yo ganaba bien y los veía a todos venirse abajo, perder sus trabajos– dice Pucho hoy, con cierta congoja. – La única salida era Ezeiza.

 

EL CIRCO ROMANO

En el mundo globalizado de los negocios se abrieron, en aquel entonces, muchos nuevos mercados. Uno de ellos, el del coaching. Abundan desde los ’90, hasta el día de hoy, e incluyen los entrenamientos para liderazgo, cursos de entusiasmo, de PNL, de oratoria, de emprendedores, de gestión, escuelas de escuelas. Las empresas instruyen a sus Juniors, mandos medios, jerárquicos. También se contratan consultoras para analizar las eficiencias y deficiencias del negocio y sus empleados.

Tras el rumor de venta de Movicom a capitales extranjeros, llegó una empresa de coaching, también evaluadora de desempeño y aptitudes. Pucho participaba de esos entrenamientos. Obviamente, no tardó en “mostrar la hilacha”. Cuando los coachs sostenían una dirección, él se manifestaba contestatario, defensor, siempre, de los derechos laborales, lo que, según su opinión, mejoraban el negocio.

De un día para el otro, sin mediar algún tipo de discurso, desplazaron a Pucho del Departamento de ventas a la calle y le ofrecieron, entonces, armar un área de ventas telefónicas internacionales (DDI). Ni lerdo, ni perezoso, puso un aviso en los diarios:

Se busca gente para trabajar en telefonía de red troncal.
Presentarse el día lunes a las 9:00 en Perón y Suipacha.

Logró formar, una vez más, un equipo de 40 personas en una especie de call-center, con un funcionamiento 5 estrellas, para un tipo de tarea que sistemáticamente había fracasado en todas las empresas comunicacionales. Pucho desconocía que prontamente sería él quien terminaría estrellado.

Una vez en marcha, arremetieron contra su aptitud al darle la baja en esta nueva área, para la cual fue designada la hermana de un director. Y ante la necesidad de impedir que “todo lo que tocara se convirtiera en oro”, optaron por horadarlo.

Mafalda. Quino (1)
Mafalda. Quino (1)

 

En el circo romano, se exponía a los gladiadores ante el pueblo, con fiebre de sangre y muerte. El emperador y el pueblo jugaban con las vidas de los seres humanos, delincuentes o simples hombres segregados. Al parecer, eso les resultaba entretenido, divertido. Las metodologías fueron cambiando con el devenir de los siglos. Menos sangre, tal vez, pero no menos muertes. Los modos de matar se sofisticaron. Se mata cuerpos, con el hambre nuestro de cada día. Se matan rumbos, destinos, voluntades. Se someten pueblos, a merced también de alguna parte del pueblo, que parece disfrutar del escarmiento sanguinario.

 

Intempestivamente, le sacaron a Pucho su gente. Le dejaron la pecera (así se llaman las oficinas vidriadas y lujosas), la secretaria y sus gastos personales. Durante un lapso, se encontró desorientado. No lo echaron, nadie le dijo nada. Prohibieron a todos sus subordinados y pares hablar con él, a riesgo de perder sus trabajos. Sólo le quedó el contacto con la secretaria.

Los días transcurrieron sin cambios, a la vista de que ningún jerárquico se iba a acercar a darle explicación alguna.

Los del otro lado. EDO
Los del otro lado. EDO

Tomó su café de la mañana, temprano. Miró afuera de su oficina y, con paso firme, se llegó hasta el despacho del director. El quía no había llegado, pero… la puerta estaba abierta. Vio, para su asombro y hasta desconcierto, una parva de carpetas en el escritorio. Pucho re-ojeó los alrededores, el silencio de la oficina mañanera lo motivó. Puso un pie adentro, entornó la puerta y dio un vistazo raudo a los legajos. En un respiro, con la sangre bullente y hasta casi con lágrimas de bronca, como un acto reflejo de supervivencia, raptó el suyo. Con paso apurado, llegó nuevamente a su oficina, donde su secretaria lo esperaba con el diario. Lo tomó de un tiro, tapó la evidencia y salió al ascensor. Cruzó allí a varias almas que le habían sido afines, los miró, casi con odio. Ninguno tuvo el coraje de enfrentarlo. Caminó, entonces, unas cuantas cuadras hasta un café, no cercano. Como si hubiera robado más que su legajo, un secreto de estado.

– Un ristretto.- pidió con voz sostenida.

Abrió la evidencia de sus faltas, leyó ante sí aspectos ridículos por los cuales estaba siendo sometido a tal exposición de desangramiento circense:

  • “No presenta grado universitario.”
  • “…es un líder negativo: Antepone privilegios de sus subordinados a la rentabilidad de la empresa, discute beneficios, premios.”
  • “Invita a los mejores vendedores, con sus propios medios, a salidas nocturnas, como si fuese un Dandy.”

Lo que tenía ante sí era tan simple e irrisorio, que resultaba absolutamente perverso.

 

SALTO DE FE

Pucho supo ser un líder, aunque le sobraba algo: sentido de la otredad –expresada a través del reconocimiento a la gente a su cargo- y carecía, además, de un requisito excluyente: título universitario (¿un subterfugio?). No importaba que manejara a la gente con altura, con exquisitez y que, en su departamento, las ventas fueran descomunales. Entendió, mientras leía, que habían tomado la decisión de adoctrinar a través de él, a todo el resto:

– Si al más exitoso le cabía esa condición laboral, imaginate qué podía pasarle a los demás- comenta por estos días.

Supo, así, que tenía que re-armarse e irse. Leía su diario cotidianamente y salía a preparar su propio negocio.

 

Esperanzas. EDO
Esperanzas. EDO

El cadete golpeó la puerta con un mensaje de ir a Recursos Humanos, a establecer un arreglo:

– Deciles que me echen, que no voy a perder mi dignidad. Que me manden el telegrama- respondió, sin mirarlo.

Sintió hasta último momento el escarnio de ni si quiera lo citaran a través de su propia secretaria.

 

El telegrama nunca llegó y Pucho, finalmente, dio el salto.

 

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

Transcurrieron de este modo 6 meses, porque no hay mal que dure 100 años ni cerebro que lo resista. Pucho planificó, entonces, su propia empresa de telefonía móvil, ser agente oficial Nextel. Lo acompañaron varios de quienes estaban en su paraguas laboral. Pero la crisis crecía, se acercaba el final de una década de oprobio para el pueblo, de rentabilidad repugnante para pocos. El hambre y la miseria apresaron a las mayorías y el Estado se agenció los ahorros miserables de la clase media, para poder soportar la embestida de una deuda inconmensurable.

Infancia en la Boca. EDO
Infancia en la Boca. EDO

En el fondo de la oficina sonaba una bossa de los Stones. El ringtone monocorde del Nokia 8110 no paraba. Frente a la ventana, en la esquina de Santiago del Estero y Belgrano, Pucho daba unas pitadas celosas. Sabía que el día siguiente debía  “decretar asueto” en su empresita. La escaramuza había sobrepasado todos los límites. Era 19 de diciembre de 2001. Una incursión por la Plaza de Mayo aquella tarde, le dejó en claro el porvenir: Sabía, también que, después de semejante quilombo, no podría soportar mucho más.

Tras el corralito y tras haber sido estafado con una operación ficticia, debió bajar la persiana de su agencia de apenas año y medio de vida. Alguna voz le propuso que presentara quiebra. Él lo sabía: eso era llevar su alma a la ruina.

– Cómo dejar de pagar a quien tenía 5 hijos, a quienes me siguieron a un sucucho de 4×4, después de trabajar en una multinacional en la que el ascensor les decía “buen día”. Mi mayor satisfacción es haber contado con esa gente, que confió en mí- dice Pucho.

Por eso, se desprendió de esa voz y de sus ganancias para las indemnizaciones. No resultaba mucho, sino era lo correcto. Pudo haber sido grande, pero no era más que un simple hombre, sin ese colchón neumático de seguridad de las grandes empresas, que les evita estrolarse en las caídas.

Como verdad de perogrullo, estamos expuestos a la miseria del sistema capitalista, la bestia insaciable, para el cual no alcanza con ser un simple hombre o mujer, con simples talentos o ambiciones, sino que además, al parecer, en la mayoría de los casos, el crecimiento en el sistema está ligado al pago de costas onerosas que socavan nuestra ética. Así estamos. La decisión de cómo y hasta dónde incluirse en él, de cómo vincularnos con sus miserias depende de las condiciones en que uno nazca, crezca y esté en cada momento, y es privativa de cada uno.

Torciendo la historia. EDO
Torciendo la historia. EDO

Con el pucho de guita que le quedó, decidió entonces irse del infierno a remarla, por el interior del país.

 

(1) Mafalda es la popular historieta que el humorista gráfico argentino Quino realizo durante los años 1964-1973. Trascendió las fronteras de tiempo y espacio. Fue traducida a 30 idiomas.

Imagen de portada por J. J. Stork FOTOMONTAJES

Fotos en el texto por Edu Del Olmo (EDO)




MEA CULPA

Reflexiones acerca de la miseria: Sobre Ricardo Cosio.

Por Juan Pepe Carvalho

 

BAÑOS, A LA DERECHA

Corría 1992, plena época menemista. Cavallo, al frente de la economía. Al gobierno no le temblaba el pulso en su gesta privatizadora. Es en este marco que, en su afán por cumplir con las órdenes de achicar el Estado, Ricardo Cosio- director General de la DGI- se afanaba en lograr una plena actualización tecnológica de esa repartición. Él tenía una consultora informática. Desde su llegada, el hombre se caracterizó por trabajar para la privatización de distintas áreas. Sumido en tal empresa, abandonó casi totalmente el cuidado de las instalaciones a su cargo, a punto tal que ni siquiera se ocupaba de enviar a alguien para reparar los baños. La gente que trabajaba en ese sector comenzó a faltar porque no se garantizaban las condiciones mínimas y dignas de laburo. Esto significó un incumplimiento de las tareas programadas. Por tal motivo, el propio Cosio amenazaba con contratar empresas para cumplir los objetivos no realizados por los empleados. En el centro de cómputos, sector de perfoverificación, por ejemplo, contrató a una empresa, cuyos trabajadores cobraban a destajo, según la cantidad de tarjetas que perforaban. Así las condiciones, estos no paraban ni para ir al baño. Eso les hubiera ocasionado una baja en la producción y una menor paga.

El sabueso de la DGI, en la época de Cosio
El sabueso de la DGI, en la época de Cosio

En el caso de los trabajadores de planta, su sueldo era fijo y mensual. Por tanto, estos sí utilizaban el baño. Los trabajadores de planta comenzaron a presionar a los delegados gremiales. Llegaron a plantear un paro de actividades hasta tanto no se arreglaran los baños y el derecho al meo y a “hacer dos” se restituyera, con baños dignos. A decir verdad, esto era- de alguna manera- lo buscado por Cosio, para justificar más privatizaciones.

 

ESTOS VAGOS SIEMPRE FUERON BRAVOS

Es importante remarcar que el centro de cómputos tenía antecedentes de ser un grupo organizado y combativo. Ya en 1973 y en 1975, habían tenido acciones movilizadoras. En 1973, el día que asumió el director general de la DGI de entonces, los trescientos trabajadores del centro de cómputos ya estaban en conflicto. Buscaban el nombramiento como personal permanente y el abandono de los contratos leoninos que los tenían en condiciones pésimas, alejados totalmente de la ley laboral. Así, los trabajadores de entonces invadieron el salón de reuniones de la Dirección General y obligaron al recién llegado a que los atendiera. De ahí en más y en conjunto con el resto de trabajadores informáticos del Estado, comenzó una lucha con paros al gobierno de Isabel Perón y López Rega. Esta lucha de dos años, en épocas sumamente peligrosas para quien enfrentara al gobierno, culminó en un éxito total el 27 de julio de 1975, cuando la Presidenta de la Nación firmó el decreto 1927 y reconoció el pase a planta permanente de todo el personal contratado del Estado. A eso sumó un aumento del sueldo de un 150%, retroactivo seis meses a la firma del decreto. Todos estos hechos se hicieron bajo el amparo de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y con la compañía de uno de los más grandes dirigentes sindicales que ha dado la clase trabajadora en nuestro país, Germán Abdala.

Es importante, estimado lector, conocer que muchos de los delegados de base de estas luchas fueron los mismos que enfrentaron al corrupto más grande que tuvo al frente la DGI. Algunos de ellos recibieron amenazas y la dictadura de Videla y Cía los obligó a renunciar.

En 1989, con la llegada al gobierno de Menem, se reivindicó la actividad y la lucha de estos compañeros, quienes pudieron volver a su trabajo. Incluso se les reconocieron los años fuera del trabajo como efectivamente trabajados, a cuenta de la seguridad social (jubilación).

 

SI EL BAÑO NO VIENE AL TRABAJADOR, EL TRABAJADOR VA HACIA EL BAÑO (DEL JEFE)

La fuente. Marcel Duchamp. 1917
La fuente. Marcel Duchamp. 1917

Las oficinas del centro de cómputos y las del Director Cosio estaban a doscientos metros, a lo largo de la calle Paseo Colón. En algún momento en que la situación se había agudizado, hubo delegados sindicales de base que plantearon ir hasta las oficinas de Cosio y utilizar sus baños que, por supuesto, estaban perfectos. Así fue que se pusieron de acuerdo y partieron para las oficinas del director. Tuvieron la precaución de hacer los permisos de salida, elementos obligatorios para retirarse de un edificio de la Administración Pública y evitar sanciones. En dicho trámite, los “migrantes de baño”, explicaron que solicitaban permiso de salida para ir “al baño del director”.

 

JEFE, ¿PUEDO IR AL BAÑO?

Al llegar a la entrada de las oficinas de Cosio, la “Seguridad” les preguntó cuál era el motivo de la presencia. Los guardias recibieron con mucha gracia el deseo de utilizar el baño del Sr. Director. Hay que puntualizar que esta procesión a los toilettes estaba formada por doscientas personas que hacían la cola. Desde el primer piso, la fila bajaba por la escalera hasta la planta baja. Ante las puertas de las oficinas del Director, se expandía el murmullo de la gente que esperaba para acceder al solemne inodoro. Ante esto, el hombre salió al pasillo y se encontró con la multitud. Frente a su mirada, la escena debió haber resultado casi “un aluvión zoológico”. La ira de Cosio inmediatamente solicitó a los “sediciosos” el permiso de salida de sus lugares de trabajo. Se los mostraron. Para su asombro, el señor Director comprobó que, firmados por la jefa del Departamento, los permisos solicitaban exactamente lo que sus ojos veían.

 

CUIDADO CON LA COLA

Cosio quería demostrar a la opinión pública que los empleados de la parte administrativa de las agencias producían una mala atención al contribuyente. Una de las artimañas utilizadas por este siniestro personaje era infiltrarse en las colas del público. Cuando llegaba su turno frente al mostrador, seguramente encontraba algún detalle que podía usar a su favor para ningunear a los empleados. Así, elevaba un sumario contra el pobre hombre que en ese momento atendía y usaba como testigo, al contribuyente que en ese momento estuviera a mano. De ese modo, el contribuyente descargaba el odio que le significaba pagar los impuestos contra el empleado. No contento con estas infiltraciones, Cosio contrató una empresa para desarrollar un sistema que controlara el tránsito del trámite de pago de impuesto. Esta medida incorporó a sucursales del banco dentro de la agencia. De ese modo, la DGI se volvió un lugar inseguro, propenso a los robos. Por otro lado, antes el contribuyente deudor podía ir a pagar a cualquier banco. Y el pago el banco lo informaba a la Dirección de Recaudación de la DGI. Esa plata iba a la cuenta de la DGI en el Banco Nación. Con el nuevo sistema, el contribuyente tenía que pagar en el banco que había dentro de la agencia. Así el dinero circulaba internamente en la DGI. Los empleados de la DGI ofrecían a los deudores una quita de lo debido a cambio de una coima. Si usted debía $30.000, ellos le reducían la deuda en $3000, pero debía dejarle al empelado $5000. Así lo que llegaba al banco Nación como recaudación de la DGI era muy inferior a lo que debía ser. Imagínese, lector, lo que evadieron las grandes empresas a través de grandes estudios contables que tenían llegada a Cosio. Por supuesto, que en estas operaciones “grandes” sacaba tajada también Ricardito.

 

EL GATO ES MÍO Y LO COJO CUANDO QUIERO

En el año 1994, Cosio ya había terminado con los curros menores y avanzaba sobre el más grande, el que lo llevaría al estrellato mediático-judicial. Se trataba de la compra de 15.000 PC, de última generación, 300 servidores y un sistema recaudador, más una red nacional, que entrelazaría todo el equipamiento. Cuando comenzó su cruzada, ningún jefe aceptaba firmar el proyecto, fundamentalmente, porque no se les permitía participar en su elaboración. Ante los rechazos, a Cosio se le ocurrió llamar a su jefe de capacitación, un ingeniero informático de la Universidad Tecnológica Nacional, la chapa justa para su proyecto. Lo citó en su despacho junto a sus asesores. El ingeniero, asombrado por la convocatoria, se sentó frente al Director General, dispuesto a escuchar. El hombre de la UTN era un tipo muy respetuoso de las jerarquías, pero no boludo. Cuando terminó de leer la propuesta, se produjo un diálogo que corrió como un reguero ente la gente de la DGI:

– Ingeniero, este es el plan informático. Léalo y fírmelo que debo enviarlo al BID, (Banco Interamericano de Desarrollo). Ahora mismo.

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El acuerdo global con el FMI obligaba a tomar créditos del BM y el BID con condiciones expresas: los controles y licitaciones deberían regirse por sus bases reglamentarias y judiciales.

 

– Pero, Sr Director, yo no conozco este plan, no lo he desarrollado. Mal podría firmarlo, no corresponde. Ahora, si a usted le parece, yo podría ponerme a desarrollar un plan.

– No, no, Ingeniero. Si yo digo, firme esto, usted lo firma sin chistar.

El Ingeniero se paró y pidió ir al baño. Ahí, cayó desmayado sobre piso. El muchacho que estaba sirviendo café y que había escuchado el diálogo, salió corriendo de la oficina, a los gritos.

– ¡Llamen a una ambulancia! ¡Urgente, el Ingeniero, el Ingeniero se murió!

Y llegó la ambulancia. El médico tomó la presión de la víctima y ordenó traer una camilla con urgencia. Cosio, al enterarse de lo ocurrido, ordenó a su asesor:

– Tomá la carpeta y acompañá al Ingeniero. Cuando reaccione, hacelo firmar, hay que enviar esto hoy mismo.

Al retornar, el asesor traía, por supuesto, la carpeta sin firmar. Cosio, con los ojos desorbitados, gritó:

– Andá urgente y traé a la asesora informática, Gladys.

Ante la mujer, Cosio dijo con voz impostada:

– La hemos nombrado Directora de Informática. Por sus conocimientos, usted debe llevar adelante el plan estratégico. Tome la carpeta y firme, por favor, hoy mismo, póngase a trabajar fuerte.

 

LA VENGANZA SERÁ TERRIBLE

Al día siguiente, el Director General y su flamante responsable del plan estratégico informático comenzaron a trabajar. A Gladys, el plan le había parecido fabuloso. Así, sin chistar, se puso en práctica. La primera compra- directa y sin licitación- fue de 25 computadoras. Se pagaron a la empresa de su amigo, 3500 pesos por cada una.pep7echeLa investigación que iniciaron los delegados sindicales de base determinó que el precio de mercado por mayor era de 2000 pesos por PC. O sea, estábamos ante una sobrefacturación de casi el 50%. Denunciado públicamente y judicialmente por los delegados sindicales, Cosio no vaciló en indicar a su director de administración que tuviera al trote a los “desafiantes”. La vida laboral de los delegados se tornó difícil, con permanentes controles de presencia y de producción.

A un periodista que publicó el hecho, Cosio lo amenazó con la inspección de su diario, si no cumplía con sus órdenes:

-Quiero una retratación, inmediata.

El periodista cumplió el pedido.

 

A CUIDARSE, CHE: ¡NOS VIGILAN!

La licitación pública por las 1200 PC restantes salió con aval del BID y con control externo.Y también, el desarrollo del nuevo sistema de recaudación. El presidente de IBM, en reunión privada con Cosio, había recibido las pautas del sistema a licitar.

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Landrú

Este tiempo ganado le permitió al gigante informático estadunidense presentar un costo de 250 millones de dólares. Siendo este el más bajo, el resto de las empresas presentadas impugnaron el acto de licitación. A una de ellas la compensaron con la promesa de comprarle parte del equipamiento próximo a licitar. A otra, le compraron la base de datos a utilizar por el Organismo. Por supuesto, todas estas maniobras ilegales, al jefe autoritario, le significaron réditos enormes.

 

OTRA VEZ LOS VAGOS Y UN DOLOR DE CABEZA

Los delegados de base esta vez buscaron apoyo en programas de televisión y en diputados nacionales opositores al gobierno de Menem. A esto sumaron una gran campaña callejera: mesas de esclarecimiento, volanteadas y afiches. La campaña dio sus resultados. El presidente de la Nación convocó al ministro de Economía, Domingo Cavallo, jefe directo del licenciado corrupto. Cosio nuevamente culpó a los vagos y a la oposición. La justicia intervino y citó a Cosio a indagatoria, una instancia previa al dictamen. Este fue, por supuesto, desfavorable al dueño del gato.

pepe404oct2015 041_thumb[1]Hace 23 años, Cosio resultó declarado culpable y se lo envió a juicio oral.

 

LA LENTITUD DE LA INJUSTICIA

Estimado lector: al día de hoy, aún el juicio no fue convocado. Es lenta la justicia, hay tanta gente pobre para juzgar, “que todo no se puede”. Esto también es el liberalismo y una muestra de para qué utilizan al Estado estos señores. Esta práctica se ha venido dando en la patria nuestra, desde hace más de treinta años. Y fundamentalmente, después de los supuestos “gobiernos populistas”, frase acuñada como una terrible acusación.

Si el lector quiere saber cómo están hoy las cosas, lo remito a la información que dan diarios no especialmente de mi afecto.

http://www.laprensa.com.ar/449816-A-22-anos-del-caso-de-corrupcion-IBM-DGI-ordenan-una-vez-mas-llevar-adelante-el-juicio.note.aspx

https://www.rural.clarin.com/…/Sobresueldos-reves-judicial-funcionario-menemista_0_H

 




LA ARAÑA IMPACIENTE

Reflexiones acerca de la miseria: Sobre la película de Ana Asencio “Most Beautiful Island”

Por Pablo Arahuete

NADIE NOS MIRA

Las dos Torres Gemelas se derrumbaban un mes después que Ana Asencio, actriz española, llegara a la idílica Nueva York en busca de su “american dream” personal. Tal vez la desesperación entre el polvo, la arrogancia, atragantada, de una sociedad bastante ombliguista y criada bajo las leyes de un imperio, convencieron por unos segundos a la joven española de que ese sueño de la tolerancia entre distintos podía llegar a ser posible. En esos días de duelo, en la calle, ya no se miraba al otro con desconfianza, con aquellos ojos de prejuicio, sino desde un estado un tanto más humano. Pero el sueño de Ana y el de miles de inmigrantes como ella duró muy poco y todo volvió a la normalidad en New York. La normalidad fagocitadora que rige en esa Manhattan. Allí, entre la muchedumbre, se destaca Ana, apurada y sin negar su condición de extranjera ni la etiqueta tatuada de inmigrante en tierra de norteamericanos, que se sienten superiores y no desean compartir su “american dream”.

Saraceno, Bienal de Venecia
Saraceno, Bienal de Venecia

En Manhattan la pobreza no se ve, las calles sucias exhiben la mugre de la fiebre consumista y no la de la miseria y la carencia. Aquí, las trampas del lenguaje a veces decretan por dónde pasa la carencia y quién es miserable. Ana quiere encajar, pero es una pieza desechable para esa maquinaria capitalista, que solamente la busca para el trabajo sucio. De todas formas, a ella no le importa pagar su derecho de piso y acepta cualquier cosa que le permita sobrevivir. Vaya a saber qué talento esconde en esa mezcla de vergüenza y servilismo para perseverar por ese anhelado sueño.

METAMORFOSEADA

La catarsis es la mejor consejera para contar la verdadera historia de Ana Asencio (nacida en 1978), llegada a la tierra del tío Sam y del abuelo Trump, no por necesidad sino en plan de fuga del confort español. Romper la burbuja del bienestar madrileño y desechar papeles poco interesantes en televisión fueron algunos de los motivos que la impulsaron a probar suerte en 2001 y a encontrarse, bolso en mano -ni siquiera valija-, en territorio yanqui y sumamente hostil. Su experiencia de inmigrante en Nueva York se sumó a la de miles de chicas de Europa del este, asiáticas y latinoamericanas. Simplemente, había que sonreír, hablar en inglés y aceptar las condiciones de trabajos esporádicos: niñera de niños malcriados, camarera para servir cervezas y chuletas o vestirse de pollo y bailar en medio de la multitud, que ríe de abulia y patetismo. Ese fue el detonante de una anécdota que, en esa metamorfosis de la angustia, la falta de amigos en una urbe atestada de indiferencia decantó en un guión para una película. Irónicamente, termina por tomar el nombre de uno de los carteles que Manhattan impone desde su postal de la autosuficiencia “Most Beautiful Island”.

Arachnid orquesta weaves, Tomas Saraceno

El film de Ana Asencio, protagonizado y dirigido por ella misma, fue galardonado en festivales independientes de prestigio, como el de Austin (Texas). Luego e insólitamente, fue exhibido con éxito en el festival de cine fantástico y de terror de Sitges, tal vez por tratarse de una española que regresaba con una película bajo el brazo a su tierra natal. A decir verdad, su historia no tiene visos de fantasía, aunque la palabra terror le cae como anillo al dedo.

NEW YORK, NEW YORK

25519792_10213363543317538_669442804_nLa primera sensación que transmite esta ópera prima es la de supervivencia bajo las luces de neón. La ciudad que nunca duerme se alimenta de los sueños ajenos y ese monstruo encuentra sus mejores acólitos en un grupo de burgueses que se deleitan en una fiesta privada. Apuestan por las chicas, quienes aguardan -como Ana- en un pasillo, vestidas de fiesta y con una carterita que no tienen permiso de abrir. Están ahí, solas, maquilladas al modo de damas de compañía en una fría noche. Permanecen ahí, con los ropajes del pasado a cuestas y la inestable camaradería que genera la falta de solidaridad cuando se trata de sobrevivir entre parias de tacos altos. De repente, una puerta se abre y el silencio corta la respiración. La cartera o la caja de pandora aguardan expectantes, mientras un grupo de señoras y señores bien vestidos se dirige hacia ellas. Las miran con desdén y las estudian desde su opulencia. Un mercado clandestino oferta a la demanda, una vitrina de desesperación que, por 2.000 dólares en un solo día, se dispone a la entrega de cualquier cosa. No se elige a la más linda, porque la belleza física aburre. No se elige a la mejor, sino a la que deja escapar el miedo pero juega a la vez el rol de chica todoterreno, capaz de bancarse lo que venga. La madama de turno las toca, las huele y las tantea antes de llevarse a la elegida a otra habitación.

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Crying-spider, Odile Redon

La espera se hace insostenible y Ana se arrepiente de haber tomado el atajo del dinero rápido, ese camino alcanzable pero arriesgado, cuando no se conoce a nadie, sobre todo, en tierras extrañas. A esa altura, la prostitución es un lujo porque se trata de una transacción entre amo y esclavo. Sin embargo, algunas de la fila parecen haber estado en otro momento en esa misma situación que Ana. La pregunta es por qué volver. En un lapso, donde el arrepentimiento comienza a traer recuerdos más felices que los vividos en la rutina de New York, Ana logra configurarse que esos tipos que no la dejan salir también son iguales a ella: serviles para los miserables. Apenas audible, el grito de una chica es el único que encuentra la salida en esa prisión subterránea, reducto de placeres extraños de aquellos que no renuncian a sus caprichos, a centímetros de la calle y la luz. A la que gritó en la habitación velada a los ojos de Ana le pagan su premio convenido, seguramente hoy se pueda dar el lujo de comer sin esperar que la inviten. La conducen a la salida, trastabilla con esos tacos conseguidos o robados a las apuradas, para formar parte de ese selecto ritual de la perversión, con sponsors importantes.

A la madama se le rebela una oveja del rebaño y, entonces, aplica el verticalismo ante sus subordinados y la disciplina con las chicas llega de inmediato. Es el turno de Ana y la caja de pandora finalmente se abre.

PERTENECER TIENE SUS PRIVILEGIOS

25564723_10213363543397540_2127175124Ana ya no sueña, simplemente, resiste en una pecera transparente. Desnuda, boca abajo y con una araña venenosa, la belleza exótica que excita a hombres y mujeres con su acto de poder, se desliza desde su espalda hasta las nalgas. Cada paso de la araña es un cuadrado de la telaraña que asfixia en ese cubo abandonado a los ojos de los que observan, deseantes de que la araña haga lo que debe hacer. Un reloj de arena desgrana cada segundo como un desecho de persona, un zombi que anda por esas calles de Manhattan. El sudor y la lágrima empañan los vidrios de la pecera a escala, pero los ojos de Ana se humedecen de tristeza en una lenta y progresiva marcha de los humillados y ofendidos.

El tejido social es la trampa que envuelve y la araña camina en el desierto poroso para decidir cuándo actuar. Otro capítulo, otra viñeta triste del “american dream”.

pabloa rahuete 1 La araña, Louise Bourgeois
La araña, Louise Bourgeois

 




EL ESPACIO ENTRE DOS ÁRBOLES

Reflexiones acerca de la miseria: Sobre algunos textos y fotos de Marcos Zimmermann.

Por Carolina Diéguez

“No te preocupes tanto
el cielo es de todos…”
Jean Cocteau

 

El silencio entre dos palabras –como decía Alejandra [1]– o el blanco entre dos árboles dibujados. El trazo infantil repone una mirada del mundo que hace familia con el paisaje y con quienes lo atraviesan. Su tiempo es el de la historia, el blanco entre dos momentos de árbol: su eternidad.

Zimmerman, M. "Libro poesía 1"
Zimmermann, M. “Libro poesía 1″

Estas figurasc -el juego, el paisaje, el religar, los trazos del amor, los estallidos de la forma- aparecen una y otra vez en los textos y en las fotos de Marcos Zimmerman. Unas veces como tales y otras, trasmutados en los juegos de una memoria siempre presente.

 

CUERDA INVISIBLE
La memoria es un animal blando que adquiere formas extrañas cuando uno lo toca, (…). Y debo confesar que, durante las últimas semanas, esa bestia no ha dejado de moverse en mi cabeza. A veces es una ameba inerte que remite a un tiempo anterior a la inteligencia. Otras, muestra la misma sagacidad de las mariposas albas, que atraviesan nuestro país flotando sobre un aguapé hasta llegar a su lugar de empupamiento…” [1]

El animal blando es un ser pregnado de la historia y los deseos que lo tocan. Quieto y móvil a la vez. Este animal adquiere las características de la foto: una imagen de un instante que, simultáneamente, incluye un transcurso. Unas veces el animal toma la forma de lo primigenio originario y, ya hecho vientre, sucede hasta nacer.

Zimmerman, M. "Escuela Pilagá", Formosa
Zimmermann, M. “Escuela Pilagá”, Formosa

Por ejemplo: cómo no ver el rostro del chico en el cuaderno y cómo no ver el reflejo de la mujer que come el sándwich en la espalda de la que está adelante. La continuidad mundo-paisaje y la acción en el mundo se hace evidente. Lo pregnado transcurre de una foto a otra. Las imágenes se adhieren al mundo y el mundo se adhiere a los cuerpos.

¿Qué quiere decir la desnudez de los rostros? A decir verdad, los rostros nunca se visten, a lo sumo están maquillados. Los rostros narran. A pesar de ser rostros quietos, presentan un movimiento narrativo. Vinculado al origen y al oficio. Rostros que son todo ojos con adherencias del hacer del hombre que mira. El hacer del hombre espejado en su cara. Un niño en la escuela de Pilagá (Formosa) con la mirada clavada, ¿en el futuro o en la memoria? Una mujer come un sándwich. El placer y la voracidad del hambre laten en sus ojos.

Zimmermann, M. "Sociedad Rural, Buenos Aires"
Zimmermann, M. “Sociedad Rural, Buenos Aires”

 

PAISAJE OVILLADO

Zimmermann, M. "Cosechero de algodón en su descanso"
Zimmermann, M. “Cosechero de algodón en su descanso”

La memoria es un animal blando que adquiere formas extrañas cuando uno lo toca…” [2]. Hombre y marco se tocan y así, en la siguiente foto, ruge y trina el marco que se hace hombre y el hombre que se hace marco. El mundo no es la escenografía que nos da forma ni somos los actores del mundo. Hay un collage entre cosas y seres, donde pieza movida, conjunto transformado, deformado, trasmutado.

 

 

 

ECOS DE LUZ

 

“Un hombre que se repite por millares en Sudamérica. Lo llevo
dentro de mí desde mucho antes de haberlo fotografiado.” [3]

Y vuelve lo originario, la desnudez primera del ser, un grado cero de la desnudez. A partir del ahí lo múltiple es sólo un desovillar de compleja trama para acunar, en un lugar íntimo de cada foto, ese inalcanzable origen.

Zimmermann, M. "Marinero". Uruguay.  De la serie "Desnudos Sudamericanos"
Zimmermann, M. “Marinero”. Uruguay. De la serie “Desnudos Sudamericanos”

YACARÉ IMPAR

 

Zimmermann, M. "Pobreza. la familia se agranda". Serie del yacaré
Zimmermann, M. “Pobreza. La familia se agranda”. Serie del yacaré

El animal blando. O el yacaré: “El yacaré (…) el que ni si quiera tiene un mito propio (…) El animal en tránsito. El que se parece tanto a nosotros.” El encuentro imposible de un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de disección o el traslape posible entre un hombre y su deseo. La herramienta y el cuerpo, la raíz y la casa, el árbol y el cielo. Esta foto repite una cifra: el tres. Clarísima en la serie de los paisajes de Zimmerman. El tres es el número perfecto para el devenir, porque siempre genera

una imparidad, una asimetría que promete lo nuevo.

Zimmermann, M. "Lenga, Punta Loyola , Santa Cruz"
Zimmermann, M. “Lenga, Punta Loyola , Santa Cruz”


SOL A MEDIODÍA

Zimmermann, M. "El hambre". Serie del yacaré
Zimmermann, M. “El hambre”. Serie del yacaré

Superposición y trasposición de imágenes: la asociación “ilícita” del collage. Imágenes y objetos se imbrican con ligaduras expresivas. Árboles, pies, retratos en primer plano, ojos, pasos, caminos, paisajes de triple franja. El yacaré, “depredador prehistórico de mirada fría”, síntesis del hambre, el miedo, el tiempo, la magia, la fuerza, la madre tierra, el instinto, la resistencia.

Pero, ¿resistir desde dónde?: Tenemos el mundo adentro y somos el mundo. Como dice Cecilia Rosetto en su espectáculo “Rojo tango”: “salir para dentro, entrar para afuera”. Así el centro es móvil, la altura se vuelve alfombra y la semilla del árbol da luz al sol. De ese modo, la escritura es la continuación de la imagen por otros medios. La imagen vive en la escritura y la escritura late en la fotografía. El andar no se detiene en la puerta de las disciplinas. Siempre habrá juego si podemos despejar el camino entre dos árboles de infancia. Esa es la página donde escribir o el papel donde habita la foto. Si miran bien, entre esos dos árboles, se despereza un yacaré o cualquier otro animal blando.

Zimmerman, M. "Libro poesía 1 "
Zimmerman, M. “Libro poesía 1 “

 

[1] PIZARNIK, Alejandra
[2] ZIMMERMANN, Marcos. Del espesor de la memoria, 2016
[3] ZIMMERMANN, Op. Cit.




EL DESOVILLANTE

Reflexiones acerca de la miseria: Entrevista al Ruso Verea.

                                                           Entrevista: Nicolás Sada, Gabriela Stoppelman

                                                           Edición: Nicolás Sada, Gabriela Stoppelman

                                                             Fotografía: Diego Grispo

 

“He oído que el contar de muchos años y muchos años tendrían que atestiguar un cambio. La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo.”   

                                                                                                           Dylan Thomas

 

Desovillalo, desovillalo hasta que se deshaga el último rayo del sol. Y que la voz abierta venga con la noche, acurrucada dentro de la pequeña Spica de la abuela. Que entonces la voz se expanda firme y con peso. Y que luego se entrevere a la noche con los primeros acordes de “A song for Jeffrey”. Quién sabe cuándo fue que ese ovillo se escurrió del tacto de una tía, o de la mirada de una madre. Y tan sólo por andar comenzó a pavonearse en filiaciones. Ya de movida ató 118 cabos de parientes, hizo punto cruz en el paisaje del sur y punto nido en ecos de la tía Nélida. No se privó de ascensos delirantes, atajadas inolvidables, fantasías en diagonal orientadas siempre al calado del horizonte, a la permanente tarde que no quiere ser sin luz. Pero no vaya a creer que es cosa fácil ser ovillo obstinado en desenvolturas. Entre los tramposos y los pícaros, se cuela la gambeta del servicio, esquiva el tacle miserable de los acumuladores de lana- esos que nunca ni un solo pulóver- y se hace cargo de encender los nombres de las letras- Bioy, Cioran, Macedonio- en los territorios de la música. No se detiene y, con una finta casi imperceptible, infiltra cadencias inesperadas en la solemnidad de algunas letras. El ser del ovillo es dejar de ser, mientras desenrolla la delgadez de su materia, hace una pausa, gira, levanta la cabeza al desnudo y busca al compañero mejor ubicado, pero la superficie pinta difícil para el juego, la marca es férrea entre máscaras ásperas y superpuestas, ¿dónde está el compañero para repartir el corazón de la lechuga?, ¿y el verde que rueda el alimento en la luz de la tarde? dónde,  un latir al unísono, dónde, ahora que el ovillo es prácticamente una ínfima línea, letra extendida en voz, en música y, en la profundidad del área, aquella enorme bola que soñaba ser pulóver en la cesta de la tía es ya una fina hebrita con ganas de marcar el ritmo de la Spica, está en la línea de gol, se perfila para el remate de su vida, “ovillo, hoy te convertís en héroe”, sin vacilar, con su pierna más hábil, tensa el deseo de gol, erguido, saca el imponente zurdazo. Y, en una volada inolvidable, ataja con dedos de acero el Ruso Verea.

 

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CAMAROTE VIP EN EL TITANIC

                                  

Nunca se me había ocurrido en todos los años de cárcel que la liberación era algo que podía conjugarse en singular.”

                                   Miguel Benasayag, “La vida es una herida absurda”

 

Te cuento que nosotros no somos periodistas, somos un grupo de lectores y escritores. La idea es mandarte esta entrevista editada para que la revises.

Me parece tremendamente respetuoso. Por lo general, cuando doy notas, parto de la confianza. Así es como me criaron. El tema es que hoy hay una búsqueda de títulos, por lo que las ediciones oscilan todo el tiempo entre la buena y la mala leche. Creo que lo importante es cómo se llega a algunas cosas. A lo largo del tiempo uno va eligiendo con quién habla y con quién no, más allá de que tengas más o menos cosas en común.

Ahora tenemos mucho cuidado porque las cosas están muy calientes.

Es cuando más tenemos que hablar, el problema es que no nos queremos escuchar. Hace rato que pasa eso de que el otro no quiere conversar con vos sino convencerte. Es como el levantar la voz. Hace tiempo que dejamos de hablarnos, nos gritamos. Y después,- y no sólo en los lugares de privilegio- se ve un súper ego o, una especie de “te lo digo yo”… ¡Puta madre!, ¿desde dónde me está hablando este tipo? A veces pasa con el fútbol, ves la falta de respeto en algunas comunicaciones. Y ni hablemos del error: no te podés equivocar… Te lo traslado a un campo de juego: el que compite conoce al adversario porque no lo transforma en un enemigo. Cuando te convencen de esto último, sos un idiota. El adversario, cuando te gana, te enseña que algo hiciste mal o que es superior. Entonces tenés dos caminos: o mejorás lo que hiciste mal o hacés muchas cosas más para poder lograr alcanzar al que fue superior. Eso acá está roto, porque el “cómo” no importa. Entonces, nos abrazamos a la trampa. La vida es un campo minado, esa cloaca donde no sabés qué hay abajo, mientras no metas la pata…

Hay un punto donde el otro se puede transformar en un enemigo.

Está bien… En nombre del éxito, con rivales de la selección nacional hemos hecho cosas aberrantes en el fútbol. Y eso se vendió como viveza. En nombre del éxito, cualquier cosa. Pero el hijo de puta es un hijo de puta, no es un vivo. Al vivo lo elegís, al hijo de puta, no.

Bueno, a veces lo eligen…

Creo que las opciones son cada vez menores, hay cada vez más hijos de puta de un lado y del otro. Me parece que hace rato dejamos de tener la posibilidad de la representatividad. La democracia usa un muy buen léxico, pero no una buena expresión en el día a día. Es simple, nosotros no tenemos necesidades básicas cubiertas y, en la disputa ideológica, todos perdimos el camino, perdimos todo. Y ya no es el “sálvese quien pueda”, sino llegar a tener el mejor camarote del Titanic. Es adonde arriba aquel que tiene una merma muy grande de todo, que no le molesta ni el semáforo ni qué pasa en el contexto del semáforo y tantísimas otras cosas que son señales desde hace mucho tiempo. Hace veinte o veinticinco años que nos enrejamos, que perdimos la calle, las plazas. Hoy las calles se usan para usarnos, no son nuestras.

 

HASTA LAS MANOS DE AMOR CON LOS CHORROS

 

                                               “Además que el ladrón no gusta de ser preguntado. En cuanto se le pregunta algo, tuerce el gesto como si se encontrara frente a un auxiliar y en el despacho de una comisaría

Roberto Arlt, “Conversaciones de ladrones”,  de “Aguafuertes porteñas”

 

Pensaba en la elección de la AFA. Cuando dijiste “trampa”, “no nos escuchamos”, “la ventaja”, “nadie nos representa democráticamente”,  recordé el famoso empate 38 a 38.

Si vas a querer cambiar lo que ya se institucionalizó como lógico, sos un imbécil. Lo más fácil es que el poder se muestre dejándote entrar primero y luego tirándote abajo del tren. Te explico: Cantero había sido elegido por la gente de Independiente por tres razones. La primera es que la gestión anterior resultó nefasta, se habían recaudado más de cien millones de dólares, se tiró abajo la cancha y se empezó a hacer otra. La reinauguraron tres veces y era un esqueleto. Resultaba tal la vergüenza del hincha de Independiente… A eso hay que agregar que creció allí un personaje nefasto como el Bebote (1). El hincha un día dijo basta y votó a un tipo común que tenía el mejor mensaje. Después- ineptitud más, ineptitud menos-, la realidad es que- metido en este quilombo- el poder lo dejó entrar y lo tiró bajo el tren. Agrego: a Cantero lo hicieron reunir con el Ministro del Interior, Randazzo. Lo hicieron reunir con el Jefe de Gabinete, Abal Medina. Le dijeron que tenía una aceptación pública del 80%, que su futuro estaba en la política. Le prometieron veinte, treinta, cien palos para salvar a Independiente. Y es el presidente del descenso: “con Cantero nos fuimos a la B”. La sensación en el ambiente es que no te podés pelear con la barra porque te vas al descenso. Pero la barra es la institución, la barra es ese “38 a 38”, el barrabravismo estaba en la dirigencia.

¿Y cómo salís de ese círculo en el que a Cantero se lo comen los leones y el hincha después va y vota a Moyano?

¿Por qué el hincha de Independiente votó a Comparada (2)? Porque era el empresario joven, adinerado, que supuestamente nos iba a salvar. Es el recomendado, puesto por el mismo Grondona. Comparada era el joven empresario con el que Matilde Menéndez pasó sus vacaciones en Centroamérica, en el Caribe. Cholo Comparada, su padre, era socio de Barrionuevo y de Grondona en temas de seguros y sepelios. Hay que marcar esto. El juego del poder es hacerte sentir todo el tiempo que ellos lo tienen. Desde afuera, hablar del poder es facilísimo.

Pasa que nosotros, como ciudadanos, tenemos una formación política lamentable, al punto que no podemos identificar al enemigo. La persona más sabia de mi barrio es mi verdulera, que me dijo: “Obrero no vota patrón”. Todo el resto del barrio, con más formación, escuela, universidad, no podía identificar eso y están ahora llorando por los rincones por las facturas de los servicios. No vieron al enemigo. El enemigo es el que busca tu extinción, quiere que no tengas lo que tenías, que la pases mal. De ahí en más, tendremos un montón de adversarios. No tenemos que tener miedo a ser violentos por decir la palabra “enemigo”.

Cierto. Yo te hablaba del fútbol. Te lo llevo a la vida. El enemigo es el que miente. El mayor enemigo sos vos si te enamorás de los ladrones. Pero ahí viene otra cosa que no es sólo de formación. Construida como está hoy, la vida es la entrega por la entrega misma y la sumisión por la sumisión misma, porque avanzan sobre vos infinidad de obligaciones y cada vez menos posibilidades de derechos. Y te guste o no te guste, tu vieja abrió las patas y apareciste. Y las luchas son muy grandes en lo que parece pequeño y es lo más grande: tu familia, vos mismo, tu entorno y, después, el conjunto. Y en el conjunto entra a tallar algo más terrible, que es el poder. Se somete al poder la destrucción de lo que vos creés que podés construir colectivamente. Porque, en esa construcción colectiva, el poder te deja afuera. Y otra vez volvemos a mirarnos todos y decirnos “¿Qué somos?, ¿una pandilla de boludos? ¿No nos dimos cuenta que este tipo nos cagaba?”. Y nos volvieron a cagar y nos volvieron a entregar. Entonces, las falsas izquierdas allanan el camino de las más crueles derechas. Hay una construcción durísima vinculada con todo lo que amolda al entramado que sostiene al poder. Y la idea de la revolución, que es fabulosa, está sustentada en la continuidad de la vieja expresión “la revolución permanente”. Y si la revolución es permanente, tu juego con los demás es entregar el poder y que aparezca otro. El problema es que no todos tienen la misma capacidad. Y ahí es donde el de mayor capacidad desestabiliza al de menor capacidad y ya dejamos de ser compañeros. Es hermosamente contradictorio, sería fabuloso que esto se discutiera entre las cabezas que podrían ayudar a resolverlo. El problema es que no lo queremos discutir. Y volvemos a ese otro lugar, donde se acomodaron quienes pueden llegar a pensar en hacerlo mejor y se dedican a cagarnos.

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DE TRAMPAS SOMOS

 

La desgracia constituye la trampa de todo lo que respira; pero sus modalidades han evolucionado: han compuesto esa sucesión de apariencias irreductibles a cada instante a creer que es el primero en sufrir”  

Emile Cioran, “Supremacía de lo adjetivo”, “Breviario de la podredumbre”

 verea7, foot, monólogo teatral poético

En muchas entrevistas que te hicieron el tema de “la trampa” y “la viveza” aparece una y otra vez.

Es un gran dedo en el culo que le meto al hincha argentino, porque estoy harto.

Pero no sólo en el fútbol. Citás un hermoso cuento de Bradbury que es “Un hombre cuidadoso muere”.

https://solocienciaficcion.blogspot.com.ar/2007/08/un-hombre-cuidadoso-muere-ray-bradbury.html

Allí, al tipo- un hemofílico- lo viven trampeando. Y hoy parece que todo el tiempo nos estamos defendiendo, que ocultamos nuestra parte débil para que no nos destruyan y no queda espacio para la ofensiva. ¿No hay ahí también una trampa?

Puede ser. Yo me lo planteo con mi vida, desde lo más humilde y remoto. Cuando entré al medio, lo hice como un ex futbolista y como un tipo que llegaba a conducir un programa de rock, de heavy metal, con el espíritu de que fuera divertido. Porque notaba una solemnidad tremenda en el medio. Nosotros mirábamos por arriba del hombro al guitarrista a ver cómo tocaba, y yo no toco una nota. Evaluábamos eso: qué actitud tenía o no tenía, quién era músico de verdad; quién, de mentira… Entonces, en la Rock & Pop, que a esa hora no medía un carajo, yo pensaba cómo hacer para que resultara un programa divertido. Bueno, le quité solemnidad y pasé a ser un vendido.

¿Hubo algo de revolución ahí?

¿Sabés? La revolución más grande de todas es que, dos años después, a las nueve de la mañana, sonaban Motorhead o Sepultura. Eso era el gran triunfo. Mirá, la primera vez que puse “Sepultura” en el “Heavy Rock & Pop”, los metaleros tradicionales decían “Eso es una pelea de perros, no es música”. Tres años después, “Sepultura” metió cuatro Obras. Y un padre vino y me dijo: “Soy de Purple, Ruso, de las melodías, de Richie Blackmore, de Ian Gillan, de la voz, del chabón que se tira el pelo atrás y tiene una estética. Soy de eso y vengo con mi hijo que está muerto por estos tipos… ¿Querés que te diga una cosa, Ruso? Me rompieron el culo”. Esto era lo maravilloso, porque eso era la “Heavy”. Ahí es donde está lo otro: hasta dónde el adiestramiento termina teniendo un fin, un logro y una sustancia desde donde dar. Cuando yo aparecí en los medios, era el tipo que venía de estudiar Derecho, de jugar al fútbol. Vi que el medio era una cosa de locos, que se masacraban. Me terminé yendo prácticamente de todos lados. Del único lado que no me hubiera ido, me echaron. Cuando ESPN me ofreció “Hablemos de fútbol”, me sentaron en una mesa de un restaurant y me dijeron: “Ruso, esto es así. Víctor Hugo se va y nosotros tenemos que rodear a Perfumo. Va a estar el Polaco Caimi para toda la cosa periodística, el Rulo Taquini que va a ser el conductor, un gran dador de cartas, y vamos a seguir agregando gente. Pero, de entrada, necesitamos una voz pesada, la tuya. El problema es que te tenés que disfrazar, de saco y camisa.” En esa época ya no tenía pelo, pero había llegado a tenerlo bien largo… Le pregunté si aceptar el traje implicaba que, después, tenía que aceptar el “de eso no se habla”. Me contestó: “Venimos a buscar al Ruso Verea. Si yo te digo eso, te vas. ¿Te creés que no averiguamos que ya te fuiste de todos lados? Te fuiste de América cuando tenías el cuarto sueldo más alto y recién empezabas en los medios…”. Yo, en América, comentaba los tres partidos de la B Nacional. Se armó un programa que se llamó “El pelotazo”, donde estaban Menotti y Bonadeo padre. Un día, mi viejo me sentó frente al televisor blanco y negro, donde mostraban a Bonadeo padre y me dijo: “Mirá esto. Estos son los monos que dicen cosas. Estos son los que están formados. Mirá, habla y no repite una palabra. Con un francés, habla en francés; con un inglés, en inglés; con un alemán, en alemán…”. Mi viejo era un obrero, tenía sólo la primaria. Mi vieja era mucho más “gillette” que mi viejo: si no la sabías manejar, te cortaba.

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A SONG FOR NÉLIDA

 

                                             No veo lo que no quiero ver, / no escuchas lo que no digo, / No seré lo que yo no quiero ser. / Sigo mi camino.” 

                               “A song for Jeffrey”, Jethro Tull

 

Nosotros reivindicamos a tu tía Nélida.

Ella es la que me incentivó el tema del arte. La que, de nene, me hizo conocer personajes.

Contás que el primer tema de rock que te impactó fue de Jethro Tull, “A song for Jeffrey” .

Me mató, me hizo mierda. Yo escuchaba desde Roberto Carlos hasta Carlos Bisso y su “Conexión 5”; desde “Cano y los Bulldogs” a “Pintura Fresca”. Eso sonaba en la radio a mis once años. Y no te olvides que vengo de una familia, donde mis viejos bailaban el tango, mi abuela venía con el mate en la mano y, cuando pasaba frente a la radio, se quedaba cantando un tango y se olvidaba del mate, se colgaba. A mi casa siempre vino mucha gente: miércoles, Copa Libertadores, televisor blanco y negro. “Pirucha, hoy juega River por la Libertadores” “¿Y? ¿Qué pasa, Tito?” “Nada, Pirucha… ¿Hacemos un asadito?” Tito tenía una tienda a media cuadra de casa. “Está la parrilla, Tito. No me preguntés. Hablá con Berto, compren la carne y decime cuántos son que yo preparo las ensaladas”. Esto era mi casa. En el medio de todo esto, mi tía y un padrino: Juan Perono de “Calderas Perono”, que competían contra las calderas Galimberti. Otro personaje imparable. Pero volvamos a mi tía. Hay algo que me pasa cuando escucho “A song for Jerffrey”, que es como el amor. Algo muy difícil de explicar. El día que sepa por qué me enamoré de mi mujer me tengo que ir de su lado.

Cuando leemos tu trayectoria, nos parece que hacés lo mismo que tu tía. A los pibes que sintonizaban la radio para escuchar rock les hablabas de Artaud. Metías un montón de literatura en un ámbito que es para otra cosa, igual que tu tía.

Bueno, en una gran parte soy mi tía. En otra, mi vieja. Y, también, otra parte grande viene de mi papá. Sostengo con mi espalda- más allá de la plata- un montón de cosas del esquema familiar. Y mi viejo era eso. Tengo un gran legado familiar. Lo he visto a mi viejo hablando con mi vieja por lo bajo, diciéndole: “Me acaban de cagar tres categorías porque no me subo a los camiones”. Yo era un nene. Después supe qué significaba no subirse a los camiones. Y mi vieja decía: “Y lo que es peor, si supieran que no somos ni gorilas ni antiperonistas”.

¿Todo eso recordás?

Como si fuera hoy. Mis dos abuelas: La paterna, Dominica Tomasa, era una señora toda de negro, nariz aguileña y muy rigurosa en algunos temas. Ella preparaba el café. Y yo hoy lo preparo como lo hacía ella, con el filtro de tela en el que se ponen unas cuatro cucharadas de café, un chorro de agua fría para no quemarlo y, después, va el agua hirviente. Primero en el centro y después alrededor. Mi mujer se caga de la risa porque está la cafetera al lado. Pero para mí el café tiene que ser así. Claro que no soy muy cafetero. Sólo con el café con leche, cuando lo tomo. No soy de esos del pocillo. Mirá, cuando empecé a tener mucha notoriedad, mi viejo ya tenía complicaciones con el Alzheimer. Muy joven, sesenta y poquito de años. Entonces íbamos juntos a la cancha y me paraba la gente, me pedían autógrafos, se querían sacar una foto conmigo. Y mi viejo preguntaba por qué hacían eso. Mi mamá le decía “¿Viste que el otro día lo vimos por televisión?”. Un día, cuando mi papá ya había muerto, mi vieja me dijo: “¡Si tu papá estuviese vivo y pudiera sentir el orgullo que yo siento!… Cuando hago un trámite, digo mi nombre y me preguntan si tengo algo que ver con el Ruso Verea…”. Eso es muy fuerte, tiene que ver con algo clave: que ellos se sintieran orgullosos de mí. Yo me siento muy orgulloso de mis viejos. Mi vieja daba inyecciones y no cobró nunca un peso. Mi viejo se levantaba a las cuatro de la mañana para ir a laburar. Y, si había que poner una inyección a las dos de la mañana. Él ponía el despertador a esa hora y cruzaba la calle con mi vieja para acompañarla, estuviera inundada la calle o no, porque nosotros vivíamos en Gerli, que se inundó durante muchísimo tiempo, culpa de los políticos que no hacen las cosas que hay que hacer. Claro, mientras te piden todo el tiempo que vos construyas y toda la bola. He visto a mi viejo cruzar con las botas de lluvia para ayudar a los de enfrente a levantar los muebles. Todo eso es muy fuerte en mí.

La vocación de servicio y la generosidad con el otro.

Todo el tiempo, como la casa abierta. Hoy ya no la tengo porque vivo en un departamento, en Wilde. Pero soy de provocar cosas todo el tiempo, comidas y eso.

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Quería volver a esto del legado y la pertenencia. Ver cómo eso choca con la lógica del fútbol: sentís que pertenecés a tu barrio y amás esa camiseta por sobre todo, pero pueden comprarte del equipo del otro barrio, por ejemplo.

Hay algo interesante ahí: es el mundo que nos avanzó a nosotros y tenemos que comprenderlo. Antes, al barrio se le daba toda una cosa. Pero en el barrio hay, como en todos lados, un montón de hijos de puta, de sinvergüenzas, de buena gente, hay de todo. El tema es dónde se mueve uno. Una vez yo paraba en una esquina donde había gente que contaba qué hacía con una de las señoras más grandes del barrio, con una peluquera. Yo tenía trece años, con iniciaciones sexuales pura y exclusivamente manuales. Un día le dije a mi viejo: “Están hablando de tal cosa”, y mi viejo: “Te estás juntando con pelotudos, de las mujeres no se habla así, Ruso”.

 

DEPORTIVO SOCIAL VEREA

 

          “El prejuicio extrafutbolístico hacia el fútbol disminuyó y eso es, al mismo tiempo, una buena noticia y una mala noticia. Es producto de la fuerza de legitimación del fútbol a toda costa. El fútbol tomó una dimensión social tan enorme que es muy difícil vivir de espaldas a lo que significa”

                     Eduardo Sacheri, entrevista para “El Enganche”, por Ariel Scher

 

Leí por ahí que eran ciento dieciocho en tu familia. Y se juntaban todos. 

Bueno, eso es otro quilombo de parte de mi vieja. Ojalá hoy, con todo lo que hay de redes sociales, se pudiera construir algo como en aquellos encuentros. Nunca éramos los ciento dieciocho, porque siempre la familia se pelea. Pero, volviendo al barrio, lo que uno hace es jugar con los que tiene ganas de jugar. Un día pegás el salto de calidad. Puede pasarte con tu hijo, si lo llevás a jugar al fútbol. A esa edad no se le puede romper el hecho lúdico. Y ahí está tu intervención. Tu hijo tiene que seguir yendo a jugar. Donde vaya sólo para ganar, se lo comieron los hijos de puta. Después, está la otra: aun yendo a jugar y mostrando más condiciones que otros, seguramente, van a aparecer quienes le digan “Escuchame, ¿venís a jugar para “Parque”? Te damos una luca por partido”. El nene va a pasar a ser un sostén en la familia y a llevar a casa, el sábado o el domingo, lo que el padre no gana en la semana. A eso sigue lo otro, el mundo que nos rodea, la tentación. Con sesenta años, a mí me bombardean todos los días. Me mandan publicidad desde una campera hasta propaganda de un auto. Ante ese bombardeo, es muy factible que a tu hijo vengan y le digan “Me enteré que querías las zapatillas de Palermo. Tomá”. Eso hoy está, no digo que sea irrefrenable, pero está. Después, existe la competencia. Los padres siempre trasladaron sus frustraciones y postergaciones en los chicos. Pero hay algo mucho más terrible: hoy el padre pierde el rol de padre y asume el rol de hincha de su hijo. Y, como tal, es un energúmeno que se reputea con otro padre, con el entrenador y con el árbitro y queda absolutamente roto todo lo que rodea a ese pibe. Entonces, ese pibe vive llorando o acongojado o vive la felicidad de la Copa: “ganamos”, porque el éxito es todo. Esa copa la tengo y un día me acuesto con catorce copas y lleno de obligaciones y digo “No quiero más esto, ¿y ahora qué?”. Porque, cuando vos tenés condiciones y crecés y las seguís teniendo, la cosa se empareja cada vez más. Hay gente que no está preparada para el salto de calidad y hay otros que lo encuentran un tiempo después. Por eso los dejan libres en un lado y terminan apareciendo en otro.

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Esto de la competencia incentivada institucionalmente se ve en las escuelas, con las clases de gimnasia, matemáticas o lo que sea. El error está castigado y no es un lugar de aprendizaje.

Tal cual. Pasa en los entrenamientos, en ese patético creer que si reprimís, enseñás algo. Cuando yo entrenaba era así. Y, si vos lo discutías, te hacían callar la boca. Ese “callate la boca” estaba también en tu casa, pero ante algunas otras razones. Y es una condena que yo no viví tanto. Para volver a lo que planteabas de la pertenencia, creo que hoy, para el tipo que quiere hacer un deporte o cualquier otra cosa, la clave es su preparación. Pasa con el periodismo, por ejemplo: a mí me están llamando para dar charlas en escuelas de periodismo, en universidades. Yo no me preparé para esto. “Pero Ruso, los pibes hablan de vos, sos una referencia.” Entonces, lo primero que hago es decirles que yo no me preparé, que me enfrento a esto de dar charlas con muchísimo temor y muchísima humildad. Y no se los digo para quedar bien, sino porque supongo que en ellos debe haber una llama encendida para querer ser periodistas, que por eso se preparan. Yo primero me encontré con la posibilidad de conducir un programa, era una aventura, iba a poder pasar la música que amaba, entre muchas otras cosas. A tal punto, que el primer día puse un blues en un programa de heavy metal. Entonces, cuando doy charlas, les digo a los pibes: “Me imagino que en ustedes debe haber una fuerza sagrada, ¿o quieren ser famosos?”.

 

NIÑO ENVUELTO EN JAMÓN CRUDO, JAMÁS

 

“En cuanto a este fracaso en el escribir, se debe a esta rareza de no poder escribir seguido, sin pensar en nada. Si yo hubiera pensado antes de escribir, lo que tampoco es oportuno, apenas se notaría. Mas el lector me descubre pensando mientras escribo, nota estos intervalos de silencio y ya comprende que soy un pobre diablo- lo que sería preferible que no se advirtiera tan pronto” 

Macedonio Fernández

 

¿Vos escribís?

No. Bueno, algunas cosas hay… Pero, mirá, todos los separadores de la “Heavy Rock & Pop” son míos. Escribí algo más, como “Ya las nubes no cargan agua, llevan radioactividad”, aunque siempre cosas para la radio. Pero vuelvo a lo que estábamos conversando: me parece que la mayor pertenencia parte de uno y uno es quien tiene que largarla y provocarla. Les digo a los pibes: “¿Cómo se enfrentan a un secretario de redacción que les dice: “Escribí como un hincha”? ¿Qué hacen?, ¿van a escribir como un hincha? Díganle: “Contrate a Di Zeo, viejo. Llamelo al Bebote. No me contrate a mí. Ayúdeme. Yo me preparé, pensé en ser mejor. Déjeme escribir cincuenta líneas. Corríjame, sacúdame. Pero que sean mis cincuenta líneas.” Pero hoy está la entrega. Vos llegás a tu casa y decís: “Me echaron” y la respuesta es “¿Qué hiciste?”. Nunca, “ ¿por qué?”. Y vos: “Lo que hice es decirle a uno que no, porque me pidió que escribiera como un hincha…” “¡Es un boludo! ¡Tuvimos un boludo!”. Puedo agradecer al “Frigorífico 266” porque pone plata en nuestro programa, va a estar la picada presente, atrás está el banner, no soy tan pelotudo. Ahora, si me tengo que envolver en un jamón crudo o ponerme un collar de salamines o longanizas, no puedo. No. No puedo. Bueno… por treinta, el culo es tuyo. Por cien, el culo es de ellos. Y, entre treinta y cien, la diferencia es cómo querés vivir. Todo esto, que es bastante complicado, me tocó de grande. Si te toca de pibe, es lo mismo que yo digo: no puedo hacer ningún juicio de valor sobre la juventud y la adolescencia.

En las antípodas de esto, recién hablabas de que no podés explicar por qué estás enamorado de tu mujer. ¿Ese indecible lo podrías asociar con lo poético?

Es que yo tengo un quilombo muy grande con las letras. Me ofertan hacer libros desde hace veinte años y no quiero. Tipos como Macedonio escriben libros, no yo. Tampoco he leído todo Macedonio ni todo Borges, pero creo que no puedo escribir un libro. Hay tipos que te dicen: “Saqué un libro” ¡La puta que te parió!, ¿te animaste a sacar un libro? Vos me preguntás sobre lo poético. Yo terminé bien el secundario, no me llevé ninguna materia, todo fenómeno, fui un alumno no ejemplar, pero del que decían: “Este no es ningún pelotudo”. Y, cuando empecé a transcurrir, empecé a leer cada vez más. Después, suceden otras cosas: en los lugares donde parás, viene uno y te dice “¿Leíste a José Sbarra?” “No”. Y uno va y trata de conseguir el librito.

Lo poético es para nosotros lo que genera una conmoción en el lenguaje.

Creo que tengo una manera de decir. Que me formé y crecí con eso. En la “Heavy Rock & Pop” había gente que no podía creer que yo no escribiese lo que decía cuando arrancaba los programas. Después, pasan cosas con gente que me conoce mucho. El tipo que produce programas de fútbol, me dice: “Ruso, la verdad, volví del laburo a la noche y me metiste en una obligación de, a las cero horas, poner “Radio Cantilo” y la puta madre que te parió. Me subo al auto, y digo “Esperá que está el Ruso”. Y no me pierdo esos cinco, siete u ocho minutos que hablás vos hasta que ponés un tema…”. Y ese tema ya no es como en la “Heavy”, cuando yo buscaba que la canción explotara. Ahora pongo otras cosas. Cuando dejé de hacer la “Heavy” me dije que eso ya no lo haría más. Porque en mi casa también viví mucho el hecho nostálgico. El tango es re-nostálgico. Y los metaleros, los rockeros, también lo somos. Yo no quería saber nada de eso. Se nos murió Malcolm Young de ACDC, ¿qué hacemos? ¿el homenaje típico?, ¡no! Yo arranqué con un tema de ACDC, pero sin hablar de lo que fue Malcolm Young. Hablé de lo que creí que tenía que hablar y, cuando terminé, dije: “Ah, uno de los nuestros se fue para arriba. Si lo dejan enchufar, convierte al cielo en un infierno”. Y salió ACDC.

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EL JUEGO DESCOMUNAL: EL ROSTRO AL DESNUDO

 

 “sólo hay ajenidad y te hago señas y alguna vez hay flores o espesura de sol qué lejos estoy dentro de mí nunca te dije: soy un infinito enmascarado de hueso corre corre búscate suelta a los dioses por el rastro corre corre engéndrate suelta a las furias por el rastro”

                              Susana Thenon, de “La mirada imposible”

 

Volvemos a la poesía. El lenguaje poético lo usás, por ejemplo, cuando comentás un caño de Riquelme. Mirá si los políticos pudieran romper un poco las rigideces con un poco de vuelo poético….

Creo que el político deja de ser él y se somete a su entorno. Y que, cuando crece y se transforma en alguien con ciertas posibilidades, pasa a ser pura y exclusivamente el objeto manejado por todo un contexto que juega el juego del poder para adiestrarlo y que el tipo siga sometiéndose a ese juego. A eso, sumale los dineros que se mueven.

Eso se da en el deporte, en la música y en todos los niveles.

No te enojes. Pero, cuando Messi engancha para adentro, no lo hace porque Guardiola le dijo lo que tenía que hacer. Eso es de él, es instintivo. Cuando tira la pared con Di María y este se la devuelve, en el medio del quilombo de que quedábamos afuera del Mundial y todo lo demás, Messi levanta el cuerpo y salta porque sabe que, cuando le pegue- cara externa, bien de rastrón- la pelota no se levanta, sabe que los arqueros van a levantar los pies. Entonces, si le pega en un pie, mala leche. Pero si no, va a ser mucho más fácil que le pase por abajo. ¿Por qué al Papu Gómez, el arquero de Perú, le tapa la pelota? Primero, porque baja la cabeza. Segundo, porque patea a lo que venga. Este hijo de puta de Messi, a doscientos por hora, levantó el cuerpo, tenía todo calculado y le metió un rastrón abajo. Pero eso no lo explica nadie. ¿Y sabés por qué? Porque no es el Diego, no nos sacó campeones del mundo, no putea a los himnos rivales, ¿me entendés?

En una entrevista decías: queremos la epopeya del Diego, tenemos el orgullo de tener a Maradona y a Messi y no los podemos disfrutar.

No podemos, porque Messi tenía que ser Falucho. Porque acá no lo vimos. No lo puteamos ni con Newell’s ni con Central, ni con Boca ni con River, nada. Se envolvió en la bandera y cayó barranca abajo. Tuvo un montón de actos heroicos: transformó equipos de mierda en selecciones competitivas, puso entrenadores cagones en lugares de privilegio. Pero ahora tiene que ser San Martín. Eso también lo vivimos con los políticos, el problema es que los políticos se la terminan creyendo.

Se les pega la máscara en la cara.

El hábito hace esa norma y ellos creen que esa norma es lo que se debe hacer. Porque, cuando te sacás la máscara, jugás al poder desde el peor de los lugares posibles: mostrás. Y no sé si toda la gente tiene ganas de ver eso que mostrás. Me acuerdo la cara de todos, en mi casa, cuando salió la denuncia contra Fontana, porque le había pegado a la Tiraboschi: “Fontana, ¡no puede ser!”. Otra cosa: La gente te dice “Maestro”. Y yo no tengo ninguna vocación didáctica. La otra es “Genio” y, que yo sepa, mamá abrió las patitas, no me frotaron para salir de una lámpara. Y así un millón de cosas que vos podés terminar consumiéndotelas.

A veces, viendo algún que otro programa de “periodismo deportivo”, tengo la sensación de que ya no sienten ni esa insoportable máscara.

Es que los periodistas deportivos creen que el deporte es importante porque ellos lo cuentan y que los partidos son lindos porque ellos los relatan. Y algo peor: si ellos no hablan de vos, vos no sos nadie. Pero, bueno, el periodismo deportivo tiene, como todo mundo, sus cosas. Entonces no podés planteártelo desde otro lugar que no sea ante la derrota, la destrucción, no la construcción. Y, ante el éxito, el “todo lo puede”. Y ante el “todo lo puede”, tengo que buscar algún quilombo. ¿Y cuál es algún quilombo? El que a mí me guste. Entonces, me cae mejor este que aquel. Y por ahí este lo que hace es plantearse un montón de cosas que otros no se plantean.

Y así estamos, cavándonos la fosa. Porque eso sucede de igual forma en lo social.

Sí. Nosotros no tenemos la más mínima idea del quilombo que se va a armar, dentro de tres o cuatro años, en el fútbol argentino. Dejá de lado el endeudamiento, que vamos a estar en default otra vez dentro de diez años; dejá de lado todo lo que ya sabemos que va a pasar. Ni la más mínima idea tenemos.

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OVILLO  JAPONÉS

 

ya comprendo la verdad / estalla en mis deseos / y en mis desdichas / en mis desencuentros / en mis desequilibrios / en mis delirios / ya comprendo la verdad / ahora
a buscar la vida”

                             Alejandra Pizarnik, “Solamente”

 

Vos solés decir que el rock es un sonido, a partir del cual se construye toda una cosa. Que, cuando uno escucha el Artaud de Spinetta, hay que ir a buscar quién era Artaud. Es como desovillar a partir de un punto, descubrir toda una biblioteca a partir de un disco, ¿reconocés ese movimiento en lo que hacés?

Sí. Ahora que me lo decís, me doy cuenta que me planteo eso todo el tiempo cuando hago radio. Construyo sobre algo y me meto en ese desovillar, que es mi vida semanal. “Radio Ruido” es eso. No es mi ego y yo solo al aire. Soy yo al aire dentro del ovillo de quilombos que es mi propia vida. Y, en el medio de ese quilombo, en el medio de mis fantasías, tengo ganas de poner música. Me siento muy cómodo de esa manera. Pero esto del desovillar me parece muy importante.

Y está también el azar.

Claro. Yo vendía discos, jugaba al fútbol y hacía un montón de otras cosas. Jamás en mi vida pensé en hacer un programa. Y, de golpe, vienen y me dicen “¿Te animás a producir y musicalizar un programa?”. Y,  a las 48 horas, me ofrecen salir al aire.  Fue una aventura en un momento de mi vida, justo cuando dejaba la aventura del fútbol. Yo no viví la frustración de dejar el fútbol, me la fue dando el cuerpo y mi limitación futbolística, digamos. Sufrí cuando el Japonés vino y me dijo que se había acabado, que yo era un Fiat 1500: seis de familia, tres adelante, tres atrás y las valijas en el techo. “Cuando vas a Mar del Plata, pará en Dolores, bajate, estirá las piernas, la gente va al baño, cómanse un sandwichito, cargá nafta de vuelta, mirá el aceite y hacé los doscientos y pico de kilómetros que faltan. Si querés todo de un tirón, se te funde el coche”.

Tenés que escribir eso.

 “Japo, no me podés decir esto”, le dije. “Daría la mitad de mi vida por un partido de fútbol. Me condenás al buzo gris, el diario bajo el brazo y a caminar en la plaza, a jugar a las bochas. Me quiero matar…” “Las rodillas no te dan más, Ruso”, me dijo.

Pero encontraste otra pasión.

Te repito, no me siento frustrado. Pero no te das una idea de qué es un partido de fútbol para mí: lo previo, llegar, el nivel de concentración, las cosas que pasan en el entorno. Todo el tiempo estás en frente de improntas, de azares, es un juego descomunal. Y, de golpe, aparece algo como una respuesta que me dio mi viejo. Yo había tapado un mano a mano, decisivo para el partido. Cuando llegué a casa, cenamos y mi viejo me dijo: “¡Qué pelota tapaste! ¿Sabés lo que decía la gente?: ¿Viste cómo le tiró todo el cuerpo?, le tapó todo el arco. ¡Un fenómeno Verea!”.  Me lo contaba orgulloso. Le dije: “Papá, tuve un culo bárbaro. Me tiré para el otro lado creyendo que lo iba a tirar cruzado. Él pateó para este, me pegó en la punta del pie y se fue al córner”. Mi viejo me miró y me dijo “Por qué no te vas a la puta que te parió”.  Un partido te somete a esas cosas todo el tiempo. Al minuto de juego, te equivocaste, te hicieron un gol y vas perdiendo 1 a 0. Y, atrás, durante cuarenta y cinco minutos, tenés la condena total porque la gente vive en una crueldad que, encima, disfruta.

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 LEER EL HUECO

 

 “Ladeados por el viento íbamos, / caminábamos para inclinarnos / sobre la zanja y la oquedad.”

                                           Paul Celan, “Tenebrae”

 

Lo que contabas del error y del perder uno a cero sucede como en la escritura. La diferencia es la velocidad. La escritura es lenta, podés volver sobre lo hecho, enmendar, no está el público puteándote. Pero el azar y lo inesperado tienen que ver con la escritura.

El fútbol es muy cruel.

El fútbol tiene sus ritmos, sus tonos, es orquestado…

Sí, pero nunca lo vi como un hecho artístico. Las variantes de ritmo marcan que un equipo juegue bien, toque bien, suene bien, para seguir con tu juego de palabras. Pero la realidad es que yo, como baterista, no enfrento a otra cosa que a mi capacidad y a mi creatividad. En un partido de fútbol, me someto a esas dos cosas, pero también a rivales que van a hacer todo lo posible para que yo no pueda. Esa es la gran diferencia, tengo un adversario, un rival con quien tengo un contacto físico, muchas veces perverso- como en los foules tácticos-, que son cosas que muchas veces discuto con los árbitros. Un foul táctico termina siendo tramposo para el juego. Y no es una trampa legalmente, pero ahora hacés un foul vos, después yo, después él. Y todo para pararlo a un tercero. Y nadie va amonestado porque le metimos una patada cada uno. Y él se comió cinco.

Como periodista, desde afuera digamos, ¿vos podés ver hoy ese ritmo en el relato, corriéndote del lugar de la locura?

En esa mesa de ahí enfrente, en este bar, estábamos el profe Pellegrini, el Gringo Cingolari, Della Paolera y yo viendo River-Lanús. Acá había seis personas más. Hay algunas cosas no vinculadas con ver lo que no ven los demás, pero el haber jugado te permite otra mirada. Te das cuenta adónde va la pelota, si se la van a sacar al otro. Y le gritás: “¿Pero no te das cuenta que te la van a sacar? ¡Girá para atrás!”. Sin embargo, al tipo le dijeron que fuera para adelante. Si gira para atrás, aparece la condena. Y, por otro lado, está el relator: “La tiene Víctor y vuelve a tocar, y la tiene María, y María para el Ruso, y el Ruso para María, y María para Pepe, ¡me aburro!”. Ah, ¿te aburrís? ¡Andá al cine, pelotudo! Yo no quiero tu juicio en relación a cómo te sentís. A mí contame qué está pasando, no digas más nada, flaco. Eso es ruido, no es música. Hay momentos en que ves al jugador y pensás “Está buscando un aliado”. Y nadie se da cuenta de eso, pero vos sí. Hay momentos en que le decís al 2: “No me la des, porque hoy soy un desastre, erro todo lo que me tirés”. O bien viene el 10 y te dice “Ruso, vos le pegás bien a la pelota. Cuando cortes un centro o agarres la bola, buscame en el hueco donde estoy y tirámela. De ahí, nos movemos”. El tipo estaba en el hueco y, después, todo depende de tu capacidad de hacérsela llegar. Pero ese tipo de situaciones tienen que ver con una complicidad, con una técnica individual y con un estado de equipo. Esa composición es maravillosa. Ahora, lo explicás así y la gente no tiene ganas de escuchar eso porque está habituada a Marcelo Araujo. El relato de televisión es un relato radial, por eso los británicos son lo que son. Mirá un partido de Inglaterra relatado por un inglés. “Watson….(pausa) John Collins… (Pausa)…. Oh…..! Fantastic!”, agrega él a lo que vos ya viste. Acá te dicen: “Cambia de frente con la izquierda, ¡qué pelota que le puso!”. No, no. Acá no necesitamos el adjetivo calificativo, acá decimos: “¿Viste lo que dijo Víctor Hugo?”. Víctor Hugo hace más lindo el gol de Maradona. Ponelo en silencio y nos paramos todos. Nosotros cuatro, sordos, vemos el gol de Maradona y no paramos de abrazarnos. No le quito ningún mérito, ¿se entiende? Y, después está la cosa de la viveza, donde vos necesitás que el relator sea cómplice tuyo y vos cómplice del relator: “Me contaron que Cristiano Ronaldo se desgarró” “¿Se desgarró Ronaldito? ¡Qué alegría! ¿El próximo partido no juega, no?” ¿Cómo te vas a alegrar de que se desgarró un tipo? “Pero va a ser rival nuestro” “¿Ah, sí? ¿Y por qué entonces no le matamos toda la familia a los contrarios?”. Yo tenía entrenadores que nos decían: “El 9 nos viene a sacar la leche de nuestros hijos”.

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MÍSERABLE  CORAZÓN DE  LECHUGA

                       

            “¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed, / hasta aquí el agua?”

                                                           “Límites”, Juan Gelman

 

El tema de esta revista es “reflexiones acerca de la miseria”. ¿Quién es un miserable para vos?

Para mí la situación más miserable es la del hombre y el poder. Hablo del sujeto sin género, que juega poder, eso es lo más asqueroso y miserable. Yo tuve una parrilla. Un día venía de entrenar, serían las tres de la tarde, y me senté a comer algo. Los empleados estaban por comer y le pedí a uno una ensalada y un pedacito de vacío, ni media porción. Me trajo la ensalada y, mientras tanto, también se sirvieron ellos. Miré y mi ensalada era una ensalada. La de él, tenía el corazón de la lechuga. Yo no quiero que por ser el dueño de la parrilla me den el corazón de la lechuga pero, la puta que te parió, repartámosla. Comí, no dije nada. En un momento lo llamé y le pregunté a él solo, sin que escucharan los demás, si hacía eso mismo con los clientes, “Uh, no me di cuenta” “No, no tenés que darte cuenta. Lo que te estoy diciendo es que puedo comprar tres paquetes más de lechuga y te comés los tres corazones, pero quiero que entiendas…”. Bueno, otro tipo con poder, con el poder del dueño, actuaría de otra manera. Y esto me lo enseñó mi vieja manejando las cosas en casa. Mi viejo era más de gritar, aunque terminaba por ser un fuego que se apagaba rápidamente, se iba a laburar al fondo de casa.


ABRIR LA PALABRA

                                  

Escúchalas / sumarse / las palabras a las palabras sin palabra /
los pasos a los pasos / uno a uno”

                                                                          Samuel Beckett, “Letanías”

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¿Qué espacios quedan para descargar algo?

La masificación podemos discutirla. La descarga, no sé. Porque escuchás cosas como “Bueno, yo pago la entrada, tengo derecho a putear”. No, flaco, vos pagás una entrada para ver un partido de fútbol, no para putear ni para escupir. Mirá, cuando fui a encontrarme con managers ingleses, porque yo quería ser manager, me dijeron: “Nosotros tenemos tres o cuatro estructuras difíciles de explicar al mundo. La primera es que somos entrenadores, pero tenemos quienes entrenan por nosotros. Somos directores técnicos- porque uno decide qué equipo sale a jugar y uno es quien pone la cara en la cancha como manager general-, aunque también manejamos el presupuesto. La comisión directiva le dice que, para este año, debe generar treinta palos. Entonces, el objetivo, con treinta palos, es de la mitad de la tabla para abajo. Con cien palos, de la mitad de la tabla para arriba. Con trescientos palos, campeones o una copa. En ese lugar- me decía el tipo- yo me siento a arreglar el número con el futbolista al que le voy a exigir, al que lo voy a poner y a sacar. Esto es muy difícil porque ustedes no se mueven así, allá. Pero para eso hay también una Federación que avala un montón de cosas que ustedes allá tampoco tienen: “¿No te cerraron los números? Vas a la Cuarta División”. Otra cosa me agregó: “Acá los hooligans eran desdentados, borrachos de pub en una lucha de pertenencia. En el momento más tremendo de la desindustrialización inglesa,- con Tatcher de por medio-, el National Front y varios partidos de derecha- ultras- los tomaron como fuerzas de choque para jugar el peor de los juegos contra jamaiquinos, pakistaníes, hindúes, la mano de obra barata que necesitaba Inglaterra. Quedaban afuera ellos. Pero ninguno limpiaba el inodoro. Ahora, puestos en el fútbol, vinieron los quilombos, tuvieron dos matanzas. Se reunieron para ver qué hacer. Sacárselos de encima. No hubo vínculo de esto con la política. Acá, en Argentina, es todo lo contrario: a Cabezas lo mataron barras bravas junto a lo más granado del empresariado, lo más granado de la política y lo más granado de la policía. Veintipico de años después, a Mariano Ferreyra lo mataron barras bravas junto a lo más granado del sindicalismo, junto a lo más granado de la política y a lo más granado de la policía. Allá eso no estaba. Me lo dijo Bobby Robson: después del Mundial ’86, cuando Argentina ganó con el gol con la mano, lo encontraron a Bobby en México, en un bar, con un whisky con hielo en la mano, dijo: “A mí sólo me ganan con un gol hecho con la mano”. Para seguir con lo de los hooligans, después ellos hicieron lo que hacen los ingleses con este tipo de cosas. Decidieron: los hoolligans no pueden entrar a la cancha, tienen que ir a la comisaría, tienen que estar en sus casas. Cuando juega la selección de visitante, los hoolligans van, porque queremos que queden presos en otros lados”.

En la última entrevista que diste dijiste “El fútbol argentino necesita una revolución”.

No tienen huevos en el fútbol para hacer una revolución. Y, muchísimo menos, desde el estamento FIFA que, estatutariamente, tiene una cosa más perversa que todo lo imaginable. Entonces, vos estás sometido a sus reglas. La realidad es que acá hay un juego de poder brutal. Los equipos grandes son del poder. Los aun más chicos empiezan a ser de los poderes aleatorios y serviles y los equipos más chicos son o de las barras o de la política, a nivel intendencia, gubernamental o todo lo demás. Aparte, no hay cabeza. Don Julio era una cabeza, era lo más perverso del mundo y lo peor que te podía pasar, pero era una cabeza. Hoy sólo tenés urgencias. Y ahí es otra vez donde no se conduce, donde el juego del poder es lo más perverso. Miren, vamos a ser buenos sin que nadie se ofenda: cuando Don Julio rompe el contrato con “Torneos” y se une con “Fútbol para Todos” (FPT) a la política, al Estado, con la plata del Estado, el camino era uno sólo: el Estado controlador. Es decir, la plata bajaba. Cuando empezó el FPT, los clubes debían más de quinientos millones de pesos. Cuando terminó, después de repartir once mil millones, los clubes debían más de dos mil. Después, discutamos cómo usan la plata nuestra, que se la roban, que se la llevan a campañas políticas, que no está dentro del plan del 1% para los jubilados. No la usan, la meten toda en una bolsa y la distribuyen de otra manera. Y ahí tenemos otra discusión. Pero a ellos no los controlaron, les dieron la guita y los usaron como contra-propaganda y el vínculo con lo nacional y popular lo llevaron a los peores lugares porque arengaron a las barras, porque permitieron que armaran ONGs. Así los subieron a un lugar de privilegio: viajaban gratis, se cagaban en la justicia, en la policía y en todo. De lo peor…


Pasó algo parecido con ciertas universidades.

Cuando yo dije en una charla “La Universidad es inmaculada”, me miraban: “¿Por qué? ¿Te molesta la aparición política de la Universidad?” No, querido, la aparición política de la Universidad no me molesta. Ahora, si esa aparición política es para que la Universidad se transforme en un gueto de embanderamiento, no. La Universidad es inmaculada. Y también es inmaculada en cuanto a que vos no podés tercerizar contratos por la Universidad para lavar dinero o para aprovecharte de los laburantes a los que decís defender. Y no vamos a entrar en el juego por el cual el amor enceguece y el odio obnubila. Seamos de una vez por todas más o menos críticos y empecemos a mirarnos y ver un lugar de construcción. El 80% de nuestra pampa está inundada porque los dueños de la tierra hacen lo que se les canta las pelotas. Bueno, ahí hay un país y un país es un Estado. Todo tiene que tener un plan. ¿Y cuál era el plan? “Nos conviene la recaudación, nos convienen los commodities, bueno, saqueen todo”. Pero, flaco, mirá que los montes chupan el agua. Cuando empiece a llover, sin los montes, se nos va a inundar todo. “Dejame que, con la recaudación, hago cualquier cosa, no me importa nada”. Entonces el poder es Monsanto y los socios, la Barrik Gold y los socios, Chevron y los socios. Y, en el medio de todo ese juego, aparecen estos monos que nos gobiernan y te los tenés que comer, como si uno fuese un ser civilizado y tuviera que seguir siéndolo en pos de la democracia. Este es el juego perverso de siempre. Entonces, mirá qué nos pasa ahora. Si querés, discutimos la política de derechos humanos. Ahora, la política de derechos humanos es inviolable. ¡Estamos discutiendo la cantidad de desaparecidos! Hay un punto en que esto es decididamente re-loco. Yo siento hartazgo. No puedo… No es que no tenga energía. Pero, ¿qué me van a venir a decir? Yo no tengo toda la verdad, pero hay algunos lugares donde me voy a plantar y te voy a pelear hasta mañana. Encima, la gente responde desde la crueldad perversa y desde la ignorancia absoluta. Eso nos expone a todos. Creo que somos mucho más que eso, pero hoy ese es un lugar al cual fuimos y nadie se ruboriza ni se condena a sí mismo. Yo creo que no vamos poder arreglar el mundo ya, pero tendríamos que tener estas charlas todos los días, como en los viejos bares, donde Bioy, Borges, Macedonio- y otros con menos altura intelectual quizás- discutían cosas muy grandes. El discurso también es un acto inmaculado. Y el acto, antes del discurso, es tres veces inmaculado. ¿Y sabés por qué? Porque la norma es otra y todo el mundo está esperando tu quiebre. Esta es la típica cosa del barrio: “¿Qué hablás de mí, te miraste el culo?” Entonces, yo tengo el culo bien limpio y te lo voy a mostrar de acá hasta el final. En la política, los únicos cambios tras los cuales irá la masa tienen que ver con eso. El problema es que después se enamoran y caen rápidamente en el populismo y te hacen jugar el peor de los juegos desde su propio amor y se cae en esa cosa difusa entre lo popular y populismo. Y ahí vienen los otros grandes intereses y te hacen mierda.

 

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BONUS TRACK

Hoy nos contó una anécdota el esposo de una alumna que te encontró en un restaurant al que entraron unos chorros…

Ah, en el “Malevo”. Terminé hablando con los chorros. Les dije: “Tómensela, loco. Hace veinte minutos que nos están robando, va a venir la cana y se va armar un quilombo bárbaro acá…”. Bueno, uno de ellos me pegó con el fierro. No me lastimó ni nada, pero me dijo: “Loco, no me manejés el afano, la concha de tu madre”. Yo me saqué la alianza. Y Cristina, mi mujer, también. Tiré la billetera debajo de la mesa y dejé unos mangos arriba. Pero, lo que es peor ¡los del restaurant nos cobraron! Porque era el único que conservaba la billetera…

 

(1) Pablo Alejandro Álvarez, barra brava de Independiente.

(2) Comparada: Julio Comparada fue presidente de Independiente y uno de los testaferros de Grondona, partícipe de una estafa al PAMI a través de “El Surco” y de la mano del ex interventor del PAMI, Víctor Alderete.




FIBRA DE MIEL Y AZUCENA

Reflexiones acerca de la miseria: sobre María Magdalena Dámasa Güemes.

Por Noemí B. Pomi

 

PARA UNA GRAN MUJER, LETRA CHICA

Bien al norte, descendientes de los conquistadores españoles y funcionarios de la corona de España se amalgamaban en una sociedad muy conservadora, donde se acentuaban las diferencias de “clase” y de “casta”, mucho más que en Buenos Aires. Allí, entre cerros y bajo el cielo azul de Salta, el 11 de diciembre de 1787, nació María Magdalena Dámasa Güemes. La Macacha estaba destinada a ser una gran mujer en la historia argentina, lamentablemente, expuesta con letra chica. Su madre, Doña María Magdalena Goyechea y de la Corte (descendiente de los opresores ibéricos y encomendados al norte del Virreinato del Río de la Plata) y de Gabriel Güemes Montero (tesorero real de las autoridades españolas). Demás está decir que, con esa prosapia, se trataba de una familia de hacendados y funcionarios realistas. En aquel momento, lejos estaban sus padres de imaginarse que, entre su prole, se encontraban dos montoneros, futuros defensores de la frontera norte de nuestro país y custodios del ejército del General San Martín.

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Mural de la burguesía, Siqueiros David Alfaro

 

PIANO, FLAUTA Y POTROS

Niña inquieta y precoz, a los cinco años, leía bajo la atenta mirada del maestro, su padre. Los Güemes no descuidaron la formación artística de su hija. Magdalena estudió piano y flauta, disciplinas poco frecuentes en la formación de las mujeres en la época. Desde pequeña le atraía el campo y, en complicidad con su hermano, Martín Miguel -dos años mayor-, solía recorrer los cerros de su Salta natal, cabalgaba en pelo, con el cabello suelto en un remolino. Así aprendió a conocer los secretos del monte, de sus árboles y el mensaje del viento. Los Güemes eran de los hacendados criollos que trataban a los peones sin interponer demasiadas diferencias. Con ello se ganaban su lealtad y su respeto. Macacha distinguía las características de los hombres, sus costumbres, sus voces. Y, en sus largos recorridos, imprimió en su memoria la geografía salteña.

 

ENTRE LOS CERROS Y EL CIELO

Nos despedimos con un abrazo interminable”, así escribió Macacha en su diario, cuando el cadete Martín Miguel fue llamado para continuar con su carrera militar en Buenos Aires. Desde ese momento, sus vidas estuvieron atravesadas por el compañerismo y la cooperación. En pocos años la niña se transformó en una “mujer ambiciosa, intrigante, animosa, dotada de garbo y hermosura”, según la definición del General José María Paz, en su libro, “Campañas de la Independencia” (1).
También cumplió, en tiempo y forma, con el mandato de su época: toda mujer debía casarse joven. A los 16 años, contrajo matrimonio con el militar Román de Tejada, con quien tuvo una hija, Eulogia.                                         

Retrato de Macacha y Martín Güemes
Retrato de Macacha y Martín Güemes

“El año 1810 sorprendió a los hermanos Güemes entre los primeros partidarios salteños de la revolución, en contra del gobernador Nicolás Severo de Isasmendi. Cuando llegó a la provincia la expedición al Alto Perú, comandada por Castelli y Balcarce, organizaron milicias de apoyo que, en los años siguientes, se convertirían en los célebres ‘Infernales de Güemes’” (2). Rápida de reflejos, Macacha convocó a un grupo de primas y amigas. Comenzaron así a confeccionar uniformes para los soldados del Escuadrón de Salteños. Desde 1810 hasta 1824, su casa -además de taller de costura- se convertiría en refugio de jefes, oficiales, soldados y en centro de propaganda de ideales revolucionarios.

 

GUERRERA EN FLOR

Ella, la flor salteña, la joven de la “alta sociedad”, supo sostener en los hechos el amor a su tierra y a sus ideales. Participó en forma activa en la guerra gaucha que organizó Martín Miguel para defender la frontera. Cuentan que, en una ocasión, un escuadrón de gauchos a sus órdenes retrocedía ante un grupo de soldados del bando enemigo. Ella se adelantó y les gritó: “¡Cobardes, vean cómo pelean las mujeres en mi tierra!”. Empuñó su lanza criolla y se dirigió a todo galope hacia el enemigo. Los gauchos leales volvieron sus caballos y la siguieron. Pelearon hasta que no quedó ni un realista.

 

OPERADORA POLÍTICA

Hay elementos que no siempre van de la mano, por ejemplo, el coraje en la lucha y la habilidad en la tarea política. Macacha conjugaba ambos aspectos. En 1815, el capitán Ramón de Tejada había sido confinado a Famatina por ofender a un camarada de armas. La enérgica defensa emprendida por Macacha logró que cesara la condena a su cónyuge, que se apercibiese a la provincia y que el capitán volviera a su puesto, a su ciudad y a sus brazos.
Es más que evidente: la grieta ha existido desde el nacimiento mismo de la patria. Basta decir que las fuerzas comandadas por los Generales Güemes y Rondeau estuvieron a punto de enfrentarse. Rondeau estaba más preocupado por el liderazgo de Don Martín Miguel en el norte que por aunar fuerzas y preparar la resistencia frente al enemigo externo. Con la mediación de Macacha, se consiguió firmar la “Paz de los Cerrillos”, que ratificó a Güemes en la conducción de la guerra gaucha y, además, estableció que brindaría su auxilio a las tropas enviadas desde Buenos Aires. En la actualidad podríamos calificar a esta dama como a una “hábil operadora política”.noe reemplazo

Arte con maíz  

ESPÍA SAGAZ

Macacha, al igual que otras mujeres de la época, conseguía información que luego le hacía llegar a su hermano. Espía sagaz y operadora política de lujo, lo protegía y lo ponía sobre aviso ante cualquier cambio de marcha. Arriesgada y atrevida, aun durante su embarazo, cabalgaba los caminos de su infancia hacia el campamento, para avisar de alguna emboscada o algún mensaje de urgencia.

Retrato del General Güemes y "Los infernales" en combate
Retrato del General Güemes y “Los infernales” en combate

 

¡CUÁNDO NO!: MUJERES

La circunstancia de saber que padres, maridos, hijos, hermanos se encontraban en los ejércitos patriotas dio a las mujeres el motivo más poderoso para convertirse en espías constantes y celosas en un sistema organizado de información. No las detuvieron los peligros y penalidades, propias de una ciudad sitiada. En Salta se necesitaba una comunicación casi diaria sobre qué ocurría en la plaza. Además de los mensajes dentro del ruedo de las polleras y los buzones, era común enviar a las criadas al río para el lavado de la ropa. Estas asistentes, fieles a sus señoras y entusiastas patriotas, entre la ropa o dentro del cántaro, llevaban la correspondencia que dejaban en lugares ocultos de un árbol.

Retrato de una espía: Doña María Loreto Sánchez de Peón Frías
Retrato de una espía: Doña María Loreto Sánchez de Peón Frías

 

PANADERAS Y CONTADORAS

Para colaborar como espía en defensa de la patria no se necesitaba ser una experta contadora, alcanzaba con ingenio y tesón. Se valían del grano americano por excelencia –el maíz- para su sistema de contabilidad precario. A fin de conocer el número de tropas enemigas, una mujer humilde aparecía por las calles y ofrecía pan que ella misma hacía justo a la hora en que pasaban lista en los cuarteles del rey. Para no equivocarse, la mujer llevaba en el bolsillo de sus polleras una cantidad de maíz y dos bolsitas vacías colgadas en la cintura. Sentada allí, con su pan en el patio del cuartel, en la plaza o en la calle, iba echando el maíz en la bolsita de su derecha, por cada soldado que respondía presente. Hacía lo mismo con la de la izquierda, cada vez que se respondía ausente. Aquellas contadoras, quizás las primeras de nuestra historia, mediante un simple resultado aritmético, pasaban al General Güemes la cifra de enemigos en aquel sitio. Esta operación se repetía cada vez que llegaban refuerzos del Perú.

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Arte con maíz

 

MINISTRA SIN CARTERA

En sus acciones, Güemes debió enfrentar a una parte importante de la elite salteña, más dispuesta a acordar con los realistas que a tolerar el poder del “gauchaje”. El 5 de mayo de 1815, la voluntad popular lo consagró gobernador de Salta –fue el primer gobernador electo y no designado a dedo por Buenos Aires, en lo que hoy es territorio argentino–, lo que inició un período de enfrentamientos civiles superpuestos a la guerra contra las fuerzas del rey. Macacha fue el verdadero ministro de su hermano: con ella, Güemes no tendría secretos de gobierno. El hombre no realizaba ninguna acción comprometida sin su mediación y parecer. Ella lo acompañaba con sus consejos, nacidos de la perspicacia y delicadeza, e intervenía personalmente en actos más públicos, aun en los mismos hechos de la guerra: montaba a caballo, recorría las filas y arengaba las tropas. Así la describía un escritor salteño: “(…) arrogante y hermosa, (que) durante el gobierno difícil de la guerra, habría de llevar la armonía a las pasiones, la prudencia y el acierto en los consejos, la luz en los momentos más delicados del peligro y una sagacidad e inteligencia nobles y generosas en la diplomacia, acompañado todo ello de la seducción y el encanto que se desprenden de la mujer inteligente y culta” (3). Otra aproximación a su figura la dan los versos de Jaime Dávalos:
Macacha Güemes, tus ojos / son dos luceros en guerra / por eso hasta las guitarras / te copiaron las caderas. En tiempos de serenata / la oscuridad en tus trenzas / brillaba como las lanzas / a flor de la montonera. Mamita del pobrerío, / palomita mensajera, / que entre el gauchaje lucía / lo mismo que una bandera. Macacha Güemes, muchacha, / fibra de miel y azucena, / tus ojos negros mojaron / de amor, la noche salteña” (4).

Mientras su hermano combatía al mando de su ejército en la Guerra Gaucha, Macacha condujo el gobierno provincial, encargándose de desarmar operaciones contra su gestión. Las familias de la élite salteña, tenían desconfianza, pues no aceptaban un liderazgo “gauchesco, y formaron el partido opositor, Patria Nueva. Para contrarrestarlos, junto con José Ignacio de Gorriti, Macacha formó el partido Patria Vieja, sostén del gobierno de Güemes hasta su fallecimiento.                                      

"Lo s visibles", Eduardo Esparza
“Los visibles”, Eduardo Esparza

 

TRAIDORES, SIEMPRE HUBO

En 1821, Güemes se encontraba con Macacha, cuando una partida realista lo emboscó e hirió. Fue en Salta, el 7 de junio. A los pocos días, Martín murió. Ella continuó activa en los sucesos políticos de la provincia, con la audacia que la caracterizaba. Fue muy querida por el pueblo debido a la generosidad con que ayudaba a los necesitados, que no escaseaban en tiempos de lucha.

"La vela", Salvador Dalí
“La vela”, Salvador Dalí

 

REVOLUCIONARIAS

Tras la muerte de su hermano, Macacha siguió al frente de la “Patria Vieja”, donde participaban otras mujeres, como su madre, Magdalena Goyechea, y sus sobrinas, Cesárea y Fortunata de la Corte, entre otras. En medio de las disputas por el poder entre miembros de la elite, en septiembre de 1821, Macacha, su madre, su esposo y otros “güemistas” fueron detenidos. Se produjo entonces la “Revolución de las Mujeres”, en las que el “gauchaje” se sublevó y saqueó la ciudad de Salta para poner en libertad a la madre y a la hermana del caudillo, por entonces, ya apodada “Madre del Pobrerío”. No se amedrentó con la detención, más bien se estimuló con la pueblada y siguió su gesta. Salteña brava, con el apoyo militar de Pablo Latorre, derrocó al gobernador Fernández Cornejo y puso en el cargo al General Gorriti. No conforme, en 1824 se rebeló contra el General Juan Antonio Álvarez de Arenales “y nuevamente contra el General José Antonio Fernández Cornejo, once años después, provocando la delegación del mando de este en manos del general Felipe Varela“.

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Macacha Güemes

Macacha Güemes murió en su ciudad natal, el 7 de junio -la misma fecha en que su amado hermano había sido herido- de 1886.

 

CAMPANAS AL VIENTO

En los territorios ocupados, España tendió redes de connacionales que fueron afianzándose en puestos claves de la administración del Virreinato y constituyeron la “elite” de los territorios ocupados. Fuera de sus cálculos, quedó el deseo de ser libres de los pueblos originarios y de sus descendientes. El movimiento libertario del norte debió enfrentarse a la “alta sociedad” salteña, plagada de españoles y funcionarios opuestos al ejército del General Güemes y a sus “Infernales”. El poder de turno no dudó en dar muestras acabadas de miserabilidad, con tal de no perder su posición dominante. En la vereda contraria, se yergue Macacha Güemes una mujer -como algunas otras- que no dudó en ofrendar sus bienes, arriesgar su vida y su familia, en aras de la libertad nacional.

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Martín Miguel de Güemes y Macacha, en monumento salteño

 

(1) General José María Paz. (1791 – 1854) Militar argentino. Campañas de la Independencia.
(2) Pigna Felipe. Argentino. Contemporáneo, Profesor de historia, escritor.
(3) Bernardo Frías. Argentino. (1866 – 1930) Abogado, docente y escritor.
(4) Dávalos Jaime. (1921 – 1981) Poeta y músico argentino.




DESVÍOS DE PERPLEJIDAD

El lecturista: Sobre el Bhagavad Gita, edición de Editorial Colihue. Edición bilingüe, con introducción, traducción directa del sánscrito y notas de Emilio Rollié. Incluye, como apéndice, textos de Mahatma Gandhi, Aldous Huxley y Jorge Luis Borges, entre otros.

Por Víctor Dupont

A DUDAR, MI AMOR

Dudar de la realidad de las cosas es un ejercicio de noble tradición. El célebre Descartes lo hizo, abrigado por el fuego de su chimenea y auspiciado por la reina Cristina de Suecia. Dudó de sus sentidos. Dudó de su razón, de los criterios del sueño y de la vigilia. Dudó de todo aquello que no le proporcionase un conocimiento absoluto de lo real. Claro, lo hizo con ciertas protecciones mundanas (la estufa, el asilo político).

En la escala de dificultades de esta propuesta radical, un escalón más lo tuvo el escéptico griego Pirrón. Su práctica de silencio total se basaba en la certeza de la imposibilidad de comunicar y conocer. Este hombre caminaba por las calles de Elis, mudo. Si necesitaba algo, se limitaba a señalar con el dedo. Pero una vez debió ser sometido a una intervención quirúrgica. En aquella época -siglo IV a. C.- no había anestesias. El resultado: Pirrón soportó dolores atroces sin decir ni “mu”. En ese caso extremo, el filósofo no se dejó llevar por la zozobra, dado que -en su criterio- no había por qué creer en la realidad de su sufrimiento.

El último ejemplo nos acerca más al tema de esta reseña. Buda, en sus meditaciones, luchó contra los peores fantasmas: los de su mente. Ejércitos de elefantes de guerra, trompetas atronadoras, iras divinas. Mientras se concentraba bajo el árbol de Bodhi, vio materializarse las peores amenazas, las seducciones más turbias. Incluso, se vio a sí mismo. Pero rechazó todas las ilusiones y así, según cuenta la leyenda, llegó su metamorfosis hacia -ni más ni menos- “el iluminado”.

Tres casos de enfrentamiento al supuesto carácter ilusorio de las cosas (de la mente, del sueño, de los sentidos, del cuerpo). Ahora, imaginemos una circunstancia extrema. Se nos insta a no creer en la realidad como antesala a la acción más violenta: la guerra. Partimos de la idea de que el mundo no existe. Si esto resulta así, no hay privilegios. La guerra tampoco puede ser real.

Este último caso es el que atraviesa Arjuna, el protagonista del Bhagavad Gita. El texto se centra en el momento anterior a una guerra que iniciaría una nueva edad en el mundo. Arjuna está en un estado de perplejidad y de miedo. En el bando contrario se encuentran no sólo sus enemigos, sino amigos, maestros, parientes. No sabe qué hacer e incluso, en un momento, piensa en desertar.  Por suerte Arjuna es indio y el auriga de su carro, una encarnación del dios Vishnú. Ahí se inicia el diálogo extenso de este drama filosófico, religioso y ético.

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ARJUNA, EL IMPERSONAL

El Bhagavad Gita podría traducirse por “Canto del Altísimo”. Pertenece al Mahabharata, un extenso poema épico de la India. El Mahabharata data del siglo III a. C. y cuenta la gran guerra entre dos ramas de una misma familia. El Bhagavad puede pensarse como una interpolación de la escritura de varios anónimos, tal vez de sectas o quizá tengamos que atendernos al dogma y creer en una divinidad poética como autora. Borges sugiere que esa divinidad es el Tiempo.

En el texto se centra en la previa de la guerra que llevará hacia una nueva era y en los dilemas de Arjuna, una especie de Aquiles indio, mejor amigo del dios Krisná.

De la boca de su auriga, asistimos a un largo diálogo, con mucho de disertación. Si bien el objeto es convencer a Arjuna para ir a la batalla, los argumentos condensan las principales líneas de la filosofía hindú. Huxley propone los siguientes puntos:

1) Fenomenismo radical: la materia cósmica y la mente son velos. Desde las estrellas hasta nuestros pensamientos resultan manifestaciones de una Sustancia Divina, Brahman. Esta sustancia es absolutamente impersonal. Carece de forma. El mundo, las cosas, la realidad tienen una existencia, digamos, prestada.

2) Conocimiento y experiencia de lo absoluto: El hombre es el único ser capaz de conocer la Divinidad. No sólo mediante los preceptos correctos, sino también mediante la intuición. La práctica del yoga es preparatoria para liberar a la mente de las ilusiones. Únicamente el yogui está capacitado para acceder a lo absoluto.

3) Dualismo antropológico: El hombre posee una doble naturaleza. Por un lado, su ego, su mente, su costado perecedero. Por otro, su chispa divina. Este dualismo afecta no sólo a las criaturas en su existencia terrenal, sino que lo padecen a lo largo de milenios. En esto, dos conceptos esenciales:

  • el Samsara, que refiere a los viajes sucesivos del alma y la experiencia acumulada por distintas vidas.
  • el Kharma, el efecto de acciones pasadas y el generador del samsara. La rueda gira hasta que el hombre puede “limpiar” la energía creada por anteriores acciones. Entonces, ya no tendrá que cruzar por otra vida más. Así entiende el hinduismo el nacimiento, casi como un renacer.

4) Fusión divina: La vida humana tiene el propósito de identificarse con la Divinidad. Eso busca quien practica, en la India, la disciplina del yoga. Le dicen a Arjuna: “(…) Abandona los actos buenos tanto como los malos, y aplícate al yoga (…) Sumidos en este pensamiento, los sabios, después de rechazar el fruto producido por las acciones, liberados ya de las cadenas del nacimiento, van a un sitio desprovisto de dolor. (…) Cuando tu mente haya atravesado el laberinto del error, llegarás a sentir aversión por lo revelado (…) Cuando tu mente (…) se establezca en la concentración, inconmovible e inmutable, entonces alcanzarás el yoga”.

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PARADOJAS DE LA ACCIÓN

Las objeciones y consultas de Arjuna al dios son muy interesantes. ¿Por qué zambullirse a la acción si todo es ilusorio?

Volvamos a los planteos iniciales de esta nota y del Bhagavad Gita: Dudar de la realidad de las cosas o hacer yoga puede ser muy reconfortante, por ejemplo, dentro de un country (a las clases dominantes les encanta el último avatar miserable del hinduismo, la New Age). Pero hacerlo como una disciplina preparatoria para la guerra es otra cosa. La guerra podría verse como la acción más devastadora, la más peligrosa, la que causa más miedo. ¿Para qué cruzar todo eso si, al fin de cuentas, el sabio alcanza el conocimiento mediante una práctica de inacción?

Visnhú contesta algo que deberían anotar quienes, en Occidente, juegan al budismo o al hinduismo o se hacen los espirituales, solo por asistir y pagar cursos en dólares: “El hombre no alcanza la perfección a través de la renuncia”. En este sentido va también la posición de Jung: abrazar las tensiones e incluso las desgarraduras, la figura del místico embarrado contra el santo protegido en la contemplación.

El dios le cuenta a Arjuna que ninguno se ha hecho sabio sin cumplir su deber (Dharma). El secreto no estaría en el abandono de la experiencia -esto lo remarca Gandhi- sino en liberarse de sus recompensas.

A Arjuna se le propone desoír la mente. O, mejor, vencerla, para entrar en combate. No deja de ser curioso que una de las mejores defensas de la guerra haya venido de la India, de la mano de este texto y de sus preceptivas.

El camino del Bhagavad tiene un punto central que, a su vez, se toca con otro punto central de Occidente: El nudo entre deseo e ilusión. Según la leyenda, Buda, en su batalla contra el dios Mara, se liberó de ese nudo. En su meditación primigenia hay una comprensión del movimiento de la conciencia a partir de proyecciones fantasmales. Así, el deseo sería el apego a esas proyecciones. El camino del error -si por acá andamos- quedaría garantizado. Sin embargo, como sabemos desde Wittgenstein, “los límites de nuestro mundo son los límites de nuestro lenguaje”. La conciencia y su dinámica ponen en movimiento la transformación, porque está empujada a transgredir esos límites establecidos por el lenguaje cuando olvida su función poética. Vishnú también obvió este pequeño detalle, quizá porque sus sentencias están repletas de sabios simbolismos, pero tienen pocas cornisas de lo poético.

Entonces, un pequeño desvío de perplejidad para cerrar esta lectura: ¿Deberíamos evitar caer en la trampa del deseo, ya que somete a la conciencia a su ilusión? (Oriente, India). ¿O sólo nos queda transgredir como deseantes? (Occidente).

Que el lecturista decida. Si puede.

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