NIEBLA EN UN CONO DE SOL

Rituales: Entrevista al fotógrafo Bernardino Ávila

Entrevista: Pablo Soprano, Estela Colángelo, Gabriela Stoppelman
Fotografía: Rodolfo Rodríguez
Edición: Gabriela Stoppelman

                                    “Las nubes a lo lejos, el sol ausente, las madres gritando por sus hijos y los hijos ciegos sin ver la luz fatua de esa ciudad que transpiraba bajo el manto encarnizado, preparándose para recibir en la piel una profunda noche oscura”
“Los transparentes”, Ondjaki

A la orilla de la imagen, había una espera. No una de aguardar el transcurso de la sombra en el tiempo ni el devenir conversación de la palabra. Era esta una espera ovillada en un instante, un alerta de la mirada y del tacto, que enmarcaba en conos de luz las fugacidades de la niebla: un grito, la forma de un cuerpo deshabitado en un colchón, la silueta estallada de un edificio vil detrás de un vidrio, el rostro de una foto desfasado de sus contornos, la mueca triste de la ciudad sitiada por el saqueo, el temblor de una cámara ante el avance de la mano a punto de confiscarla.

Como toda orilla, desplegaba hacia el horizonte una inmensidad y, hacia el territorio, una infinitud. Esta vez el océano era de luz y el arenal, de historias. Paradita entre esas dos muchedumbres, la espera chapoteaba claroscuros entre espuma y caracoles. Una sensación de ola inminente le cosquilleaba el cuerpo y, al mismo tiempo, la retenía en la calma tensa de la marea aún baja.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

En eso, una niebla, desgarrada de quien sabe dónde, arqueó su figura hacia el pavimento. La orilla resultó entonces una fila rígida de uniformes escudados en la oscuridad de sus géneros, una muralla de metal y borcegos, incapaz de ocultar la imagen. La niebla apostó por más y se probó en la consistencia de  muchísimos años de mujer, agachados sobre la soledad de una berenjena. Fue todo tan rápido, que se hizo necesario ensanchar el instante para poder narrarlo, levantar el registro por encima de la ola, dejar que un pájaro desafiara la disciplina gris de una cámara de seguridad, apoyar un farol de avenida a contraluz del día, destacar un ojo en  medio de una multitud.

Después, solo restó un lento restituirse del tiempo y sus transcursos. Un regreso de la espera a otra orilla. Y a otra.

Y ahí se la ve aún. Cada tanto, entre confianza y prudencia, se da un chapuzón dentro de lo inmenso, revuelve las ondas en los huecos de la luz, desencadena las nieblas. Y, cuando el sol está a punto, se sumerge en un cono de tiempo, en un pulso del instante, donde Bernardino Ávila moldea el teatro de las formas.

 

HISTORIAS DEL INSTANTE

                                                           “(…) había captado el instante a partir del cual la luz, habiendo tropezado con un acontecimiento verdadero, iba a apresurarse hacia su fin. Ya llega, me dije, el fin viene, algo sucede, el fin comienza. Estaba embargado por la alegría.

“La locura de la luz”, Maurice Blanchot

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Muchos de tus retratos de funcionarios o presidentes sintetizan la historia política o pública de esos personajes: Menem, Alfonsín. Como si, en esas imágenes, hubiera una historia contada dentro de algo detenido: la fotos. Nos preguntábamos si se puede contar una historia con una sola foto.

¿En un retrato?

Sí.

En un solo retrato es, por ahí, más difícil, porque depende mucho del estado de ánimo de quien estás retratando. Pero, en una foto -en general-, no lo es. Se te tiene que presentar la situación y vos estar despierto para poder ver esa foto.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Entonces, ¿hay imágenes que concentran sucesiones?

Claro. Si estás acostumbrado a ver imágenes, ves la foto enseguida. Por suerte, eso me pasa. A veces vamos por la calle con Pato, mi pareja, y le digo “Mirá esa foto” en lugar de decirle “Mirá esa situación”.

¿Cómo es ese entrenamiento?

Es un vicio de la profesión. En el caso de una marcha, o en el de “El verdurazo”, vos buscás la foto, mirás qué hace el chico, qué hacen la señora o el policía. Y, si ves situaciones raras, apretás.

¿Raro es lo que concentra sentido?

Claro. Te despierta algo.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.


En el caso de esta foto, de entrada, yo no vi a la señora levantar las berenjenas, sólo la vi delante de la barrera de policías, parada con al changuito, sola, detrás del vallado, lo más tranquila. Eso ya me causó impresión. Cuando empezó a levantar las berenjenas, me completó la escena, obviamente.

Es interesante, porque no hay tiempo para la reflexión, parece como un pensamiento visual.

Claro. Es instintivo. Yo busco la foto, es mi trabajo. Voy al fútbol, por ejemplo: en el instante en que veo al tipo pisar la pelota, aprieto. Tenés que estar despierto, ver, intuir, saber ver la jugada. Si conocés algo de fútbol, te das cuenta si el jugador está preparado para patear, entonces, vos estás preparado para apretar o no… Uno no está los 90 minutos concentradísimo, algunas cosas se te pasan. Son situaciones que se van dando en el mismo momento. Otro ejemplo: vas a un discurso presidencial, pero no mirás el discurso, sino al tipo, a los gestos que hace. Eso es lo que buscás.

Bernardino Ávila. Fotografía: Rodolfo Rodríguez.
Bernardino Ávila. Fotografía: Rodolfo Rodríguez.

Para llegar a esa evaluación, aunque sea intuitiva, estás construyendo rápidamente una historia.

Claro. Yo he hecho entrevistas de toda clase, a todo el arco político. Obviamente tengo una posición política tomada y mis fotos las saco de acuerdo a mi pensamiento político. Y al personaje lo  fotografío de acuerdo a eso. Por más que yo no quiera, sale así.

 

LA MARCA DEL BAUTIZO

Yo sé un canto sin nombre/que fructifica en el silencio./Una canción de aquellas que soldaban tus párpados/cuando la lámpara florecía/en los aposentos mojados de sombra.”
“Canto de otras vidas”, Leopoldo Marechal

Antes de Instagram, ¿habías pensado en armar una historia con una sucesión de fotos?

Sí, yo soy miembro de Argra donde, cada fin de año, se hace una muestra en la que siempre intento participar. Me parece importante que los reporteros gráficos mostremos nuestros trabajos. Allí se expone la foto que el fotógrafo quiere mostrar, no la que el editor del diario elige. En esa muestra, una de las cosas posibles es armar una historia con fotos sucesivas. No es tan fácil para mí, aunque conozco fotógrafos que lo hacen muy bien.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Ponerles nombre a las fotos es lo único que encontramos vinculado a la escritura en tus trabajos.

Bueno, el agregado de un nombre a ciertas fotos termina de cerrar la idea. Con ese título ayudás al observador de las fotos a que vea hacia dónde vas. En realidad, la foto sola debería bastar, pero igual sirve darle un guiño.

Y, cuando la nota ya viene con un título, ¿eso te quita una responsabilidad de encima?

Ah, bueno. Es la ventaja de ser sólo fotógrafo, dejarle el título a ellos. Sin embargo, cuando hago fotos para mí, para publicar en Instagram, me sirve a veces ponerles nombre.

Es interesante, porque ese nombre que ponés direcciona al lector, cierra sentido.

Claro, por eso a veces no quiero poner títulos, quiero que el observador busque su sentido. Si lo vio por determinado lugar, bueno, que siga por ahí…

Bernardino Ávila. "Cuando te cierran las puertas".
Bernardino Ávila. “Cuando te cierran las puertas”.

¿Cómo es tu relación con la escritura?

Cero. Soy muy duro para eso. Si me pongo, algo hago, pero me gusta más la imagen. Las veces que acompañé con texto alguna imagen, copié de redactores que han hecho la nota conmigo. He hecho algunas cosas pero muy chiquitas, soy muy malo para eso.

¿Sos lector?

Sí, sí. Pero no me animo a escribir.

 

EL GRITO CHINO

                                                “La niña se salva por poco, /Gracias a una mano de niebla, /Una mano no divina que la ayuda. Grita: ¡Padre!/ ¡Padre! Levántate, regresemos: el mar no es como nosotros. / El padre, amortajado sobre su sombra, a merced de lo invisible, /no responde. /Sangre en las palmeras, sangre en las nubes. /La lleva en volandas la voz más alta y más lejana de /la playa. Grita en la noche desierta. /No hay eco en el eco. /Convierte el grito eterno en noticia /rápida que deja de ser noticia cuando /los aviones regresan para bombardear una casa”
“La niña/ el grito”, Mahmud Darwish

¿Qué es un buen lector de fotos? ¿Cómo se lee bien una foto?

Tengo un conflicto con eso: ¿qué es un buen lector, en realidad?

Pero ¿hay ciertos criterios para mirar y para producir sentido?

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

En la medida en que todo va modernizándose, los criterios se van rompiendo. Es más, las buenas fotos, a veces, salen porque se rompen esos criterios. Como en la pintura. Entonces, ¿cómo le decís a un fotógrafo que tal foto no va? Un fotógrafo profesional viene al diario, por ejemplo, y te muestra su carpeta, su currículum: vos ves fotos que no te gustan, pero sabés que es un fotógrafo profesional y las hizo con su ojo. Es difícil decir “esa foto es linda, esa foto es fea”. La de las berenjenas es una buena foto, pero si no hubiese sido en ese contexto y Argentina fuese un país maravilloso, por ahí pasa como una foto más.

Uno puede leer una foto interesante, incluso sin contexto, por una punta de poesía o de posible historia que le encuentre, más allá de lo técnico.

Sí. Y el contexto la hace más interesante aun. En el 2001, por ejemplo, hemos hecho muchísimas buenas fotos que no han repercutido como la de la berenjena. La foto del chino que grita mientras la gente le vacía el local es terrible.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Bueno, ahí tenés una sola foto que contiene toda la historia.

Sí. Y no repercutió como esta. Quién sabe por qué: si te ponés a ver los contextos, tienen cosas en común y podrían haber tenido la misma difusión, pero no.

¿Pensás que ésta la tuvo porque te llevaron preso?

No, porque la foto de las berenjenas ya se había viralizado en las redes antes de que me llevaran en cana. Creo que esta vez tuvo mucha importancia internet, en 2001 no había. No, al menos, en la dimensión de hoy. De haber habido esta posibilidad de difusión, en 2001, explotaban las redes, había fotos por todos lados, no sólo la del chino, fotos de los muertos…

 

ARRIBA LAS CÁMARAS

                                                                               “¡Oh, Dios!, / ¿no puedo salvar
ni uno, de la despiadada ola?”
“Un sueño dentro de un sueño”, Edgar Allan Poe


¿Quedaste un poco asustado de la situación del verdurazo?

Bernardino Ávila. "Verdurazo".
Bernardino Ávila. “Verdurazo”.

No tanto de esa situación, si no de la posterior, cuando el policía me apunta, me empieza a perseguir y termina deteniéndome. Cuando me preguntan si creo que me detuvieron por la foto de la berenjena, yo prefiero pensar que no, que no fue por eso. Para mí, el policía se sacó porque se golpeó con mi cámara. Pensar que buscaron por foto haría muy difícil seguir trabajando. Obviamente, tengo temor.

¿Y cómo trabajás con eso?

Por el momento, hablé con los jefes del diario y les pedí un poco más de tranquilidad. Pero aunque no me manden a lugares con ese tipo de conflicto, después voy solo igual.

¿Nunca te había pasado que te marcaran?

Jamás. Hemos tenido roces con la policía, como puede tenerlos cualquier fotógrafo que cubre notas hace treinta años. Pero jamás nos han detenido.

Bernardino Ávila. "Verdurazo".
Bernardino Ávila. “Verdurazo”.

¿En la dictadura tampoco?

No, porque no trabajé en dictadura. Pero he hecho notas arriesgadas y jamás he quedado detenido.

¿Qué cargos tenés?

Resistencia a la autoridad y lesiones leves. Según la policía, yo los agredí de entrada y después seguimos a los golpes, porque hay un policía con la nariz rota, otro que tiene no se qué. Según ellos, les pegamos como a cinco policías, ¡con las manos atadas! Desde el primer momento en que el tipo me entra a perseguir, están filmados de todos lados, hasta de arriba.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

¿Alguna vez pensaste que te iba a tocar fotografiar a un agresor tuyo?

No, pero siempre estuve preparado. De hecho, en el verdurazo anterior, cuando un policía vino a tirarme gas pimienta en la cara, lo primero que hice fue fotografiarlo. Me aguanto el gas, pero la foto se la saco a él tirándome.


Y, a su vez, que alguien te fotografíe fotografiando a tu agresor…

Sí. Esa cadena es impresionante. Y muestra el compañerismo que tenemos en las coberturas, más allá del medio al que pertenezca cada uno. El simple hecho de tener una cámara te hace saber que otro, que también tiene la suya, te va a respaldar. Cuando nos encontramos en situaciones como estas, los fotógrafos lo primero que hacemos es levantar la cámara, para que no se rompa y para avisar a los otros compañeros que algo está pasando, que vengan a ver y a sacar fotos. Así fue que se me acercaron los otros colegas y por eso están todas sus fotos del hecho. Sin embargo, la policía no se detuvo en ningún momento. La doctora Paula Lagos, nuestra defensora pública, nos decía que es la primera vez que, en un caso, tiene tantas pruebas a favor. “Se nota que tocaron a un fotógrafo, porque sacaron fotos de todos lados”, nos dijo. En esas fotos, el tipo que me pone las esposas aparece con la nariz intacta y después va a declarar que le rompimos el tabique…

Bernardino  Ávila. 2001.
Bernardino Ávila. 2001.

¿Qué pensás de ese cinismo?

Los tipos están cebados. Probaron una vez y vieron que los dejaron. Igualmente, el peor momento que pasamos esa vez fue el del arresto. Después, ellos mismos estaban como asustados con nosotros. Como si, de repente, hubiesen caído en la cuenta de qué hacían. Quizás no tanto en relación a que “no está bueno detener a un fotógrafo”, sino a que el operativo que montaron fue malo. Porque, ponele que yo realmente le hubiera querido pegar al tipo con mi cámara, ¡no te me podés venir así! Incluso por vos mismo. Vos sos el agente policial, tenés que frenar la mano. Y ni siquiera los compañeros de él lo frenaron. No. Lo siguieron y se vinieron encima de mí. Yo sentí un choque, no te lo niego, pero lo que me preocupaba es que la cámara no había disparado cuando él se me venía encima, no pensaba que podía terminar en una cosa como la que se dio.

 

BERNARDINO, A TRAVÉS DEL ESPEJO
                                                                              “Bueno, en todo caso los libros se parecen a los nuestros, pero tienen las palabras escritas al revés: y eso lo sé porque una vez levanté uno de los nuestros al espejo y entonces los del otro cuarto me mostraron uno de los suyos”
“Alicia a través del espejo”, Lewis Caroll

 

Hay fotos anteriores en las que fotografiaste fotógrafos ¿qué tiene eso de singular?

No sé… La de Mario Quinteros, fotógrafo de Clarín, me gustó por el contraluz.

En otra te fotografían a vos.

Sí. Está buena esa foto porque muestra las condiciones de trabajo, aunque no me gusta que me fotografíen a mí.

Hay una cantidad de fotos en las que la imagen se ve a través de vidrios deformados, algunas de ellas, de 2001.

Bernardino  Ávila.
Bernardino Ávila.

¿Te referís a una foto del Banco Macro? Allí me interesó cómo se reflejaba el Banco de Boston en el espejo roto del Banco Macro, se veía como a punto de estallar. Y fijate, funciona como un autorretrato, donde mi cara es uno de esos agujeros estallados. Esos agujeros me dieron ese instante de estallidos, en ese momento del país estallado. Cuando vi ese espejo roto, conmigo reflejado en el ángulo de atrás, justo el banco de Boston y en el 2001, se armó la historia ¿te das cuenta cómo se me forman las historias? No las busco.

A quienes miramos las fotos, nos llamás intérpretes. Es encantador y, sin embargo, la foto es esa historia que vos viste primero.

Digamos que la veo a mi modo e intento reflejártela así. Tal vez, si vos pasabas por ahí, también la veías o veías otra cosa. Aparte, en 2001, tirabas la cámara para arriba y, cuando caía, venía con una foto. Era un caos total. Era Mad Max. Caminabas por Corrientes y veías columnas de humo. Un tipo que había roto una vidriera se llevaba un traje con la etiqueta colgando, entrabas al McDonald’s incendiado a tomar una Coca y te la servías vos mismo, a las seis o siete de la tarde, creo que ya había caído De la Rúa.

 

EL TEATRO DE LA LUZ

                                                            Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente, /la visible ceguera puesta sobre quien ama; /ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente, /ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.”
“Hijo de la luz y de la sombra”, Miguel Hernández

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.


Hay muchas fotos de multitud donde vimos como paneos de todas las cabezas, en los que se destaca algo  singular: alguien, un número, un casco, una leyenda…

Claro. Siempre hay un punto, siempre hay algo. Aquí, encima, el tipo está mirando a la multitud…

La multitud hace de público en todas estas fotos, donde está destacado un texto. Después, en la del “Nunca más”, la multitud es parte del público.

Sí. Es un pañuelo más.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Es decir que el texto entra en una escena teatral ¿Te interesa lo teatral?

Sí. Me gusta porque en esas escenas manejamos nosotros la luz, como el iluminador lo hace en el teatro. Entonces, vos haces el encuadre tranquilo, porque sabés que la luz siempre va a caer bien. Sí, me gusta mucho.

Lo pictórico aparece bastante en tus fotos, a veces como un pleno azul, a veces en la figura teñida de luz roja de una mujer, casi como una mancha en medio de la oscuridad…

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Fijate que le pega la luz del sol. Es un cono de sol. Eso es a mediodía, a media cuadra del Congreso. Una señora pide limosna en un estacionamiento. Ella estaba ahí, en ese cono. Yo sólo quería que me mirara un instante. La esperé, la esperé. Y, cuando se produjo la escena, apreté.

Estás muy atento a la luz y al contraluz.

Sí. Así somos los fotógrafos siempre que tenemos tiempo de armar la escena. En esta foto del farol en Corrientes, por ejemplo, a mí me sorprendió el cielo y pude encuadrar a mi gusto. Es el tipo de foto que hago mientras estoy esperando otra cosa.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

 

LAS ALAS DEL DIABLO

               “(…) y por instinto, para librarse del relente, el Demonio, meditabundo, se embozó en las alas.”
“La noche mala del diablo”; Leopoldo Alas Clarín

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Esta cosa pictórica aparece también con ciertas nieblas en tus fotos. A veces de pólvora, a veces de humo y a veces de gotitas suspendidas, como en aquella de las Cataratas, que parece  cuadro de Turner ¿Te interesa especialmente esa cosa esfumada?

Sí. En esa me impresionó mucho el poder del agua cayendo. Y ese esfumado da otro ambiente, otra cosa. Te mete un poco más en la historia. Hacen ese juego más interesante.

¿Y los pájaros?

Libres. Como ellos.

Tenés una escena con un juego de contradicciones, la del pájaro y la cámara de seguridad.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.


Sí. Me gustó el cielo de ese momento. Como vos decís, a veces veo los contraluces y me gustan. Si aparece un pájaro, bien. No es que me guste especialmente fotografiar pájaros
.

Bueno, tenés el de la jaula, el del 666…

Bernardino Ávila.Sí, me impresionó ver el pajarito ahí encerrado. Me habían hecho un corte en la frente, en diciembre de 2017, cuando fue la protesta por la reforma previsional. Allí recibí un piedrazo y me tuvieron que dar cuatro puntos. La ART del diario me mandó a rehabilitación y era por Palermo. Allí lo vi al pajarito ese que me impresionó tanto. Otra vez, también en Palermo, me encontré un gallo. ¡Un gallo en una carpintería! Son esas cosas que, en la ciudad, llaman la atención.

 

NARRAR A CONTRALUZ

 “Por suerte, no había mayores motivos de inquietud: la impasibilidad soberana de ese jardín —una bolita de colores admirada a contraluz— nos incitaba a la confianza. Y en verdad, desde las primeras horas de la mañana hasta las últimas del atardecer, el sol entre esas plantas tenía un desplazarse de persona, se paseaba entre los canteros cariñosamente abovedados, elegía algún gajo donde demorarse unos instantes más de lo previsto en el protocolo.”
“Las señoritas del teléfono”, Arnaldo Calveyra


También vimos muchas fotos donde fotografias ojos. No en retratos, precisamente.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Bueno, es que los ojos llaman mucho la atención. Uno de los chicos que manejan Instagram en el diario me decía que una cara de frente llama mucho más la atención que cualquier otra imagen. Creo que es más la mirada que los ojos.

¿Hay alguna figura que busques por la ciudad? Pienso en las sombras, en los ojos y los pájaros. Uno no sabe si te los encontrás repetidamente o…

Generalmente me los encuentro, pero creo que también los estoy buscando. No puede ser que siempre aparezcan, ¿no? Como las fotos de la gente que duerme en la calle. No es que los busco, me los encuentro. En un principio empecé a hacerlo porque el diario me lo pidió: “Hacé fotos de la pobreza”. Es medio un bajón fotografiar a la gente en esa situación. Bueno, me empezaron a salir fotos interesantes, pero ahora esa imágenes las ves por todos lados. Así que ya empiezo a tomarme el trabajo de buscar otras escenas, una mejor luz, una mejor situación. Ya no el clásico del tipo que revuelve el tacho de basura, sino una situación que te diga más cosas.

Bernardino Ávila. "La casa propia."
Bernardino Ávila. “La casa propia.”

Esta semana hice una foto en el Mercado del Plata, en la 9 de Julio. Hay allí una gigantografía por el tema de la Villa Olímpica, que decía “Tenga su casa propia” y abajo estaba lleno de colchones tirados, eran de gente que duerme en la calle. Esa foto la busqué, porque ya tenía visto el cartel y a la gente en situación de calle que pulula por esa cuadra. Pero nunca se me había presentado el encuadre. La semana pasada, al cubrir una marcha, pasábamos justo por ahí y vi la situación.¡Me habían armado la escena de teatro! Lo único que necesité hacer fue encuadrar y apretar. Ya estaba.

Eso confirma nuestras sospechas de que los fotógrafos son narradores, sobre todo, si les das un rato. Es muy admirable ese pensamiento tan rápido con el que la narración se convierte en una imagen…

Bernadino Ávila. Fotografía: Rodolfo Rodríguez.
Bernadino Ávila. Fotografía: Rodolfo Rodríguez.

Una vez, también en el centro, en una escalera de la boca del subte vi un chico sentadito con un billete. “¿Qué hace este pibe con un billete?” Pedía guita, claro. Me bajé del subte y encuadré de abajo hacia arriba. El tipo que entraba al subte bajando la escalera y el pibe que pedía guita me quedaban a contraluz.

Nunca lo pensaste como una narración.

No, porque en ese momento ves el cuadro e intentás hacer una foto diferente. Si bien, por el ejercicio de mi profesión tengo que hacer la foto común para asegurar el registro, siempre busco la foto diferente.

 

 RITUALES IN FRAGANTI

                                    “Las palas rechinan en el suelo con graznidos de matracas. Hay veredas techadas por andamiajes tan bajos que súbitamente el caminante se siente transportado a las callejuelas moriscas de Tetuán.”
Los bares alegres del Paseo de Julio”, Roberto Arlt


El tema de este número es “rituales”. Lo pensamos como una sucesión de hechos que se repiten para generar un efecto distinto cada vez. ¿cuáles son tus rituales al trabajar?

No sé si los tengo. Si voy a una entrevista, mi ritual es googlear primero al entrevistado, informarme. En cuanto a componer una imagen, creo que no lo hago como un ritual, aunque quizás, ahora que me marcás estas recurrencias, creo que vine al psicólogo.

El día de tu detención, algo inesperado sucedió que cortó el ritual.

Sí. Casualmente ese día me había cruzado con un colega y le había dicho “Tené cuidado porque está lleno de policías”. Lo que sucedió cortó el ritual de hacer mi trabajo, sin duda.

Esta vez fue un suceso inesperado grave pero, en otras oportunidades, ¿cómo se da en tu trabajo lo inesperado?

Por ejemplo, si renuncia De la Rúa, vos vas a estar ahí, colgado en Casa de Gobierno, a la espera de que el helicóptero se eleve para hacer la foto. Eso es esperable. Pero también tenés que estar atento, porque abajo suceden otras cosas…

¿La foto de Alfonsín agarrándose la cabeza?

Bernardino Ávila. "Alfonsín."
Bernardino Ávila. “Alfonsín.”

Esa es de una entrevista que le hice después cuando ya no era presidente. Ese gesto lo vi mientras se preparaba para que yo le hiciera fotos. Esas posibilidades hay que aprovecharlas. Esas son las sorpresas, lo inesperado.

¿Y la de Mauricio?

Bernardino Ávila. "Mauricio Macri".
Bernardino Ávila. “Mauricio Macri”.

Ese día había muchos fotógrafos. Puede ser mía o de otro la que viste. La que salió en tapa de la muestra de Agra es de Juan Roleri. Estábamos los dos en el mismo lugar, sólo que yo no presenté la mía, él sí y salió elegida para la tapa. Pero, bueno, en esas situaciones uno espera que el tipo haga algo, porque nosotros le veníamos siguiendo la campaña, veíamos que siempre bailaba, siempre con esa tontería. Entonces, te decís “Este, alguna va a hacer”.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

¿Y lo más inesperado que te haya sucedido aparte de que te lleven en cana?

La señora de la berenjena. La del chino. Son cosas que, si bien las vas a buscar, no esperás que sean tan así, tan fuertes. De Angeli cortando la ruta, cuando se viene toda la gendarmería y lo saca.

 

 

 

LA LUZ DE DESPUÉS

 “¿Es, por ventura, presente, siquiera, / el acceder únicamente a las escamas de tus minutos, / bajo lo invisible, aún, / que pasa…/ o a las miradas de tus láminas / o de tus abismos, / en los vacíos o en las profundidades de la luz, / de tu luz?
“Al Paraná”, Juan L. Ortiz

Muchas fotos tuyas están enmarcadas en lo que nosotros llamamos ventanas.

Encuadres dentro de la misma foto. Es un recurso que te lleva a mirar ahí.

Bernardino Ávila. Primeros piquetes, 2001.
Bernardino Ávila. Primeros piquetes, 2001.

Como un zoom para el espectador.

Claro. Mirás toda la foto, pero el fotógrafo te muestra algo en particular.

¿Te pasó alguna vez de ver en la foto algo que no habías percibido con el ojo, al disparar?

Totalmente. Algo que yo no vi pero sí vio la cámara. Y, por ahí, lo descubre el editor. Hace poco, Joaquín Salguero hizo una tapa de Página/12, la del 24 de marzo, donde aparece de espaldas Estela y, adelante, entre la multitud, se ve la cabecita del juez Ramos Padilla. Todos lo felicitaban a Joaquín “Che, qué buena combinación”-  “¡Te juro que no lo vi!”, nos decía él. Otro ejemplo del 2001: un tipo apunta y, atrás, hay un gordo policía con una pistola. Eso no lo vi al momento de sacar la foto, sino cuando hice la ampliación. Eso fue en Av. De Mayo y 9 de Julio, donde hubo dos muertes y los policías fotografiados están bajo sospecha. Por eso, los negativos se los quedó el Cels. Pasa que yo estaba muy cerca de esos canas y, en el momento en que se quedan sin municiones, escuche que uno dijo, “Agarrá la Halcón”. Según lo que después me dijeron, la “Halcón” es un tipo de arma, una pistola 9 mm, de las que no usan balas de fogueo…

¿Alguna vez pensaste en dejar la fotografía y hacer otra cosa?

Últimamente, sí (risas). Pero mientras siga “Página/12”, seguiré haciendo fotos. No sé… Si se cae, se va a hacer difícil para nosotros.

Aguantaron estos tres años. Van a ser declarados sobrevivientes oficiales.

Cada vez que pensamos que está todo tranquilo, vuelven a sacudir el árbol, a ver quién se cae…

 

A LA SOMBRA DEL REVELADO

                                     “Si no hubiera sido por esa desgraciada, la catástrofe no habría sucedido. Adriana estaba a punto de desmayarse, cuando la fotografiaron de nuevo. Todos me lo agradecieron. Destaparon las botellas de sidra; las copas rebalsaban de espuma. Cortaron las dos tortas en tajadas grandotas, que se repartieron en cada plato. Estas cosas llevan tiempo y atención. Algunas copas se volcaron sobre el mantel: dicen que trae suerte. Con la punta de los dedos, nos humedecimos la frente. Algunos maleducados habían bebido ya la sidra antes del brindis. La desgraciada de Humberta dio el ejemplo, y le pasó la copa al rubio. No fue sino más tarde, cuando probamos la torta y brindamos a la salud de Adriana, que advertimos que estaba dormida. La cabeza colgaba de su cuello como un melón. No era extraño que siendo aquella su primera salida del hospital, el cansancio y la emoción la hubieran vencido.”
“Las fotografías”, Silvina Ocampo

¿Cómo empezaste?

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

Con una camarita que encontré en la casa de un amigo. Empecé a hacer fotos para mí. Después, me gustó mucho la foto deportiva. Comencé en una revista que se llamaba “A todo ciclismo”, con Emilio Guindón, un editor. Era una revista under, donde estuve cinco años. Me gustaba porque viajábamos por todas las provincias, detrás de las carreras de ciclismo. Era un trabajo muy manual, yo hacía fotos en blanco y negro, tenía que cubrir el evento, revelar, hacer las copias a papel…Estaba muy bueno para empezar. A esa altura, ya había dejado un laburo que hacía en Argencard, en el archivo de cupones. Obviamente, a la vez hacía fotos de casamientos y todas esas cosas que hacemos los fotógrafos para sobrevivir. Eso hasta que, una vez, la hija de un periodista de “El Gráfico” corría en bicicleta y salió campeona. Yo tenía una muy buena foto de la chica de frente, que llegaba con los brazos en alto. Entonces, hice la ampliación y se la llevé al padre “¡Qué buena! ¿qué te debo?”, me dijo. “No me debés nada. Lo único que te pido es que me presentes delante del jefe de fotografía de “El Gráfico”. Ese jefe de fotografía era el tano Forte. Dicho y hecho, me llevó a Atlántida, me presentó y me preguntó si yo tenía la credencial profesional de Agra. Le dije que no y entonces me dijo que volviera cuando la tuviese. Volví a los tres meses y me empezaron a llevar a la cancha. Me ponían atrás del arco con un lente de 50 mm. Me dijeron: “Cuando ves que la pelota viene, apretá”. Yo, contentísimo, imaginate. Ya pisaba un campo de fútbol, era tocar el cielo con las manos. En un River- Boca, apreté esa foto.
Entregué todo el material y, cuando fui a ver la revista publicada, me habían dado una doble página. Creo que era un gol de Ortega. Buenísima. Esos fueron mis primeros pasos.  Dejé de hacer fútbol en El Gráfico, creo que en el verano del ’94, cuando se cortaba el laburo en la revista. Entonces, me habían recomendado que fuera a ver al jefe de fotografía de “La Prensa”, El “Bicho” Juarez. Ahí, el “Bicho” me tomó como fotógrafo. Estuve un año. Después, La Prensa cerró.

Pensaba en cómo cambiaron los rituales con el paso a lo digital en la fotografía.

Es terrible.  Los fotógrafos sacamos una foto y ya la queremos ver. Antes, con el negativo, imaginate, era una desesperación.

Pero había todo un misterio ¿no?

Íbamos a la cancha, hacíamos las fotos: ¡ta, ta, ta,ta! Y, hasta no volver al laboratorio y revelar, uno no sabía si tenía o no la foto del gol, si salió la pelota o no. Unos nervios… Nos peleábamos entre colegas para revelar. En cambio ahora, ya en la cancha ves la foto. Lo mismo para transmitir en manifestaciones o en cualquier evento, enviás el material al diario al toque.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

¿Se perdió o se ganó?

Para mí se gana. Te tenés más confianza. Estás en la nota y sabés que la foto ya la tenés.

¿No te da nostalgia ese proceso lento?

Me da, sí. Era muy linda la magia de ver cómo se venía la imagen en el papel. Muy linda. Sobre todo, si lo podías hacer tranquilo, sin presión.

Algo que quizás no sienten las generaciones que “nacieron” en lo digital.

Bernardino Ávila.Fotografía: Rodolfo Rodríguez.
Bernardino Ávila.Fotografía: Rodolfo Rodríguez.

Claro. No le dan la importancia que le damos nosotros. Igual tienen otras cosas, manejan otros códigos. Están en otros temas, tienen otras urgencias. Esto de lo digital genera mucha competencia. Las agencias compiten entre ellas para meter primero la foto de la misma situación.

Me da la sensación de que, con lo digital, cualquiera tira trescientas fotos y una va a salir bien.

Sí. El tema está en lo profesional. La foto tiene que estar a las diez de la noche y son las diez menos cinco y vos tenés que revisar trescientas fotos ¿Cuál es la interesante? No te conviene tirar tantas, porque tenés que editar. Tenés que ser rápido.

 

FOTÓGRAFO EN LA OSCURIDAD

                                   “El lenguaje responde a lo que está dentro o detrás o escondido, a lo que, en otras palabras, no se mira fácilmente, dando a entender que tan oscuro es el nacimiento de la invención como luminosa es su conclusión. Por lo tanto, cuando la luz de la foto se dispersa, el poema se hace cargo.”
“Fantasía sobre las relaciones entre fotografía y poesía”, Mark Strand


En la era de lo analógico, en situaciones como la que te tocó vivir, de ir preso, el fotógrafo no tenía garantía de que el material llegara a la redacción, salvo que ocultara el rollo o lo salvara de alguna forma.

Bernardino Ávila (fotoperiodista de Página 12) y a Juan Pablo Barrientos (fotoperiodista de Cítrica), arrestados
Bernardino Ávila (fotoperiodista de Página 12) y a Juan Pablo Barrientos (fotoperiodista de Cítrica), arrestados

Bueno, cuando me empieza a perseguir el policía, para mí venían por mi cámara. Entonces, intenté alejarla de ellos, mientras me pegaban. Vi a Sebastián, un colega que conozco de la calle. No es mi amigo pero, en medio de la golpiza, le dije que me agarrase la cámara. Él se conectó conmigo, me manoteó la cámara, se la colgó y me siguió fotografiando. Cuando mi cámara estuvo con él, ya me relajé. Ahí me redujeron, me tiraron al piso, me pegaron, pero yo ya sabía que la cámara la tenía un colega, estaba a salvo. Te soy sincero, en ese momento fue en lo único que pensé: entregarle la cámara a alguien conocido. Ahí la tecnología no marcó la diferencia, tenía que salvar el material y el material estaba en la cámara. Luego, desde el piso, vi a Sebastián que todavía estaba por ahí y le dije que se fuera al diario.

¿Alguna vez te sentiste en riesgo de vida en tu trabajo?

No. En el 2001, estuve en situaciones en que los tipos sacaban sus armas y tiraban tiros, pero corrí el mismo riesgo de vida que cualquier manifestante en la marcha. Por suerte, nunca pasó que me apretaran puntualmente a mí.

¿Y cómo se juega ahí tu rol de laburante en relación al de quien va con una convicción política o ideológica?

Estamos en la misma situación. Ellos se cuidan, van en grupo y nosotros también. Además, generalmente, nosotros estamos con ellos.

Bernardino Ávila.
Bernardino Ávila.

A diferencia del 2001, hoy hay una actitud diferente de las fuerzas de seguridad con la gente de prensa.

Sí, sí. En 2001, en la 9 de Julio, donde está Bienestar Social, había un grupo de policías que estaban dándole palos a lo loco a un par de pibes tirados en la calle. Cuando nos acercamos nosotros, pararon. Les hicimos fotos, estaban llenos de sangre los pibes. Me acuerdo que yo los puteaba a los canas. Uno de los pibes nos dijo “Por favor, no se vayan”.

Ustedes operaban como protección.

Sí. En 2001. Ahora nos disparan a nosotros. A Pablo Pirovano en 2017, en la reforma previsional, lo fusilaron a dos metros con balas de goma. Sabemos que fue a esa distancia por los peritajes. Ya no les importa. Están cebados.

Fotografía: Rodolfo Rodríguez
Fotografía: Rodolfo Rodríguez

 

 

 

 




OLAVARRÍA. O EL VACÍO

Rituales: sobre el último recital del Indio Solari.

Por Ramiro Gallardo

 

Olavarría estaba envuelta por una niebla propia. Autogestionada. Rara. Como la escenografía de un sueño precario. La parte de atrás de la vida normal. Lo sucio y lo exuberante. Nos permitía ser felices. A todos.*

Fragmento de “Olavarría”, crónica incompleta de Esteban Serrano

Olavarría o el vacío 00

Brindamos con la décimo cuarta cerveza, es de noche, las calles de Olavarría explotan de gente. No fue fácil encontrar este sector de suelo libre: los lugares en los que puede hacerse un asado están casi todos ocupados. Vale todo, desde los que amontonan unos cuantos hierros e improvisan una parrilla a quienes llegaron en casa rodante, con sillas, mesas, toldos, un buen chulengo. A esto hay que sumar los cientos de puestos que armaron los vecinos para ofrecer empanadas, paty, bondiola, lomito, milanesa, agua caliente, vino, hielo. Chorizo del Indio, birra fría como culo de pingüino, Panchos Fantasma, Licuados Pantera, Vamos a volver. Nuestro brindis es por haber llegado, por sentarnos alrededor de un fuego, salir un fin de semana, juntos, detrás del Indio, aunque es mucho más que venir a ver al Indio: es calle, rock, fiesta popular, caminar y caminar, dos chicas bailando pogo entre treinta y cinco pibes, cerveza que cae como una lluvia de verano, la ruta, banderas, cantar como locos, volver a hablar de ciertas cosas, reírnos de nosotros mismos, dormir en cualquier lado, ji ji ji.

Esa noche, en Olavarría, hablábamos cosas para la posteridad, para trascender, para Dios. Vicios católicos. Como si nos hubieran estado filmando. De chico creía que Dios me grababa las 24 horas y que, cuando hacía falta dirimir alguna cuestión, se sentaba a ver mi película.*

Ahora que no toca más, ¿cómo vamos a llenar ese vacío?

 

LA RUTA. NOS MERECEMOS BELLOS MILAGROS

Se hacía de noche y los autos embanderados o tatuados de plotter se multiplicaban. Marchaban como un cardumen regando frases ricoteras. Marcas de la vida de la tribu, un discurso con velocímetro. Decenas de versos se pasaban unos a otros zigzagueando por los dos carriles de la ruta.*

Olavarría o el vacío 01

Peregrinar es errar, vagar, huir, atravesar. Ir con otros hacia un sitio cualquiera, el punto de llegada no importa demasiado: el creyente que, en la Baja Edad Media, hacía el Camino de Santiago, le dedicaba mucho más tiempo al trayecto que a visitar la cripta con los restos del apóstol o abrazar su estatua. El destino es la zanahoria, pero lo que te transforma es el camino.

¿Qué ofrendas llevamos a la misa ricotera? ¿Cuáles son nuestras promesas?

Avanzábamos felices. Comíamos pizza y tomábamos cerveza. Éramos el pueblo elegido. Escapando. Gris, inmensa, una cinta de Moebius moderna y asfaltada nos transportaba. Con la baba reflejo y espejismo vibrando en un inalcanzable punto de fuga.
La ruta era un túnel verde de árboles desparejos. Un techo incompleto, frondoso, que se me desarmaba en los ojos cuando lo miraba.  Parábamos a mear cada 20 kilómetros. Flameaban nuestros pitos, de nuevo jóvenes, al costado de la ruta.
En el auto escuchamos el mismo tema del Indio durante más de una hora: “Pabellón Séptimo”. Mauro ponía pause a cada rato para explicar o interpretar los versos. Es un teórico. El Gallo dijo que el significado del tema era re sabido, que había leído en muchos lugares la misma interpretación, casi científica, de la letra. Al rato admitió que la información provenía de una nota de Página/12. Jorge lo trató de boludo: Mauro, de burro. Nos quedamos callados, un momento, escuchando. Notamos que lo que había dicho el Gallo no era tan boludo ni tan burro. Agrandado, interrumpió el silencio señalándonos con su dedo esquelético de vieja cosechera: ¡vieron forros, se los dije!. No le contestó nadie. Tenían razón. Él y su diario.
Bajó la euforia. Escuchamos la canción, una vez más. Se congeló el silencio y nos encadenó el relato. Mauro se pasó la mano por el brazo: —se me puso la piel de gallina, boludo—. Me hice el gil, le contesté que aflojara. Me agarraron unas tremendas ganas de llorar.
El Gallo ya no se reía más. Miraba por la ventana, jugaba con un nacho de queso y con el seguro de la puerta.*

 

EL ACAMPE. LA CALLE. PEREGRINOS

Por 200 pesos aseguramos dos noches de sueño protegido, en pleno centro, en el salón de usos múltiples del club F. C. Ferrocarril Sud de Olavarría. Cuando llegamos, ya había 15 bolsas de dormir, cuatro carpas sin estacas y tres colchones inflables. El lugar ofrecía dos baños de uso común, higienizados periódicamente por la mismísima Comisión Directiva. Nos confiaron, además, la existencia de un baño oculto. En una ciudad que colapsaría, teníamos bastante.
En el hall, dos viejos envueltos en frazadas se peleaban por ver a quién le tocaba ir a buscar agua para el mate. Escuchaban “Maná”. Vendían pajaritos de juguete. —Son tuqueras, nabo— me explicó más tarde Jorge.
El lugar tenía el tamaño de una cancha de básquet, bastante grande. Sobre el escenario de madera del fondo una familia había instalado su carpa: era lo más VIP a lo que se podía aspirar. Sobre las paredes laterales caían unas cortinas claras, sucias y pesadas. Nos instalamos cerca de la entrada, a la derecha. Pusimos nuestras 5 bolsas de dormir, perpendiculares a la pared, vecinas a las bolsas y a los cachivaches de los vendedores de tuqueras.*

Olavarría o el vacío 02

Camino hacia ninguna parte, mato el tiempo, escucho a una banda que toca temas de “Patricio Rey”, tomo una cerveza. Una furgoneta estaciona al costado de una plaza, es de esas que sirven para transportar productos congelados: carne, pollos, lácteos. Un “camión congelador”. La parte de atrás no tiene ventanas, apenas dos puertas que se abren cuando las miro, como por arte de magia. Adentro uno, dos, cuatro, siete, pibes grandotes, morochos, musculosos, ardientes, borrachos, fumados, amigos del freezer. Se ponen de pie y, sin abandonar la caja de aislamiento térmico, saltan y cantan: “oh, soy redondo, es un sentimiento…” La furgoneta les sigue el ritmo, se balancea de izquierda a derecha, feliz.

Los temas que suenan son ricoteros, pero también se escuchan consignas políticas más explícitas. Olavarría rebosa de gente, se trata a todas luces de una fiesta popular. ¿Nacional y popular? Branca Coca $300 Macri gato. La calle, la ciudad entera, es como una gran pancarta. Incluso, el límite entre lo público y lo privado se transformó en una línea ancha y difusa, con gente acampando en las plazas, salones y jardines, vecinos que extienden el límite de sus casas sobre la vereda para vender choris o cerveza. El espacio público es un lugar de disputa, siempre. En la penumbra de sus formas se desenvuelven todo tipo de intereses contrapuestos: baño $20 ducha $50 recarga de celular $15, alquilo vereda.

Olavarría o el vacío 03

 

LA FIESTA. EL RECITAL. LA CEREMONIA

La ciudad estaba invadida por miles de desclasados. Miles. Chicos y chicas tomando fernet en botellas de plástico cortadas por la mitad. Muchos más chicos que chicas. 30 70, para Jorge. 25 75, para Lucas, Mauro y el Gallo. Yo no supe decir nada. Chicos con caras crudas, idos. Chicos de la popular, visitante o local, de zonas feas, de zonas peligrosas. Chicos de mal ambiente. Chicos de los que te hacen cruzar la vereda. Trapitos, negros, cabezas, monchos, villeros. Pungas y rolingas. Pibes del conurbano. Grasas, borrachos, faloperos. Desempleados, precarizados, repitentes, changarines, chicos con planes. Madres y padres solteros. Con sus bebitos sin futuro en sus cochecitos sucios de migas y yogur cortado. Gastaban sus últimos pocos mangos en comida de mierda, faso, fernet, coca cola, cocaína y birra. Bailaban, cantaban y me daban la bienvenida. Amigo, cheto, campera, dibujante. Yo llevaba mi cuaderno, me sentaba a dibujar lo que veía y me rodeaban como moscas interesadas y divertidas. Tenía puesta una campera entallada, creo que se dice así, canchera, de Bensimon. Me la regaló mi vieja, marrón, como de cuero. El Gallo me miró y me dijo: “sos el único tipo con cuellito, en todo Olavarría”. Esta era la fiesta. La recepción. La previa del apocalípsis.*

Olavarría o el vacío 04Los recitales de “Los Redonditos de Ricota” anticiparon en mucho la versión popular del Himno Nacional Argentino que se corea en los Mundiales. Todo tema ricotero tiene su propio “oh oh oh”.

Al acercarse el momento del concierto, los ritos ricoteros se multiplican. No se trata sólo del final, de la comunión más grande del mundo, ese enardecimiento colectivo que llega cuando las piernas ya no te sostienen y una especie de fe delirante reactiva los cuerpos agotados. Mucho antes de que arranque el concierto, se canta, como en la cancha. Cuando “Los Redondos” todavía estaban juntos, el ritual era todavía más futbolero porque, aunque no había público visitante, las canciones iban contra el equipo contrario: “Soda”. Sonaba mucho un cantito que, tras la muerte de Cerati, todos recordamos con dolor. Había personajes que se repetían, como el falso indio que colocaba la mano sobre su boca y pegaba unos tremendos alaridos, o el paralítico heavy metal en silla de ruedas, en medio de todos los pogos. Antes de arrancar no faltaba, nunca, el “paredón paredón, paredón paredón, para todos los milicos que vendieron la nación”. En los 90, después del asesinato de Walter Bulacio, el cantito fue otro. Sonaba religiosamente: “yo sabía, yo sabía, que a Bulacio, lo mató la policía”. El himno ricotero por excelencia no tenía un tinte político: “olé olé olé, olé olé olé olá, olé olé olé, cada día te quiero más. Oh, soy redondo, es un sentimiento, no puedo parar…” Lo lindo era que la banda se prendía. Se trataba de un tema más, y sonaba varias veces en una misma noche.

Decir que no tenía un tinte político es un error: todo canto es político. El canto ricotero es político, de clase, una clase inventada: ni obrera ni burguesa ni alta ni media ni baja. O todas juntas. Es también saltitos de puños apretados, ojos entrecerrados, retozar eufórico y “ohh ohh ohh” en todos los temas. Es un alarido de alguien que hace reír a montones de gargantas desconocidas, aprovechando un momento de silencio. Es aquel tipo que estuvo todo el recital de espaldas al escenario, deletreando la letra de cada tema a su hijo de 5 años que lo miraba desde abajo, agarrado de la mano de su mamá. Es abrazarse con un desconocido. Es Jorge, que se pierde y lo encontramos al final. Desear que suene “Ropa sucia”. Montañas de zapatillas cuando el predio se vacía. Barro. El cansancio. Clavarse un chori. Dormir reventado.

Todo eso y todo lo anterior -y lo otro- se terminó en Olavarría.

¿Qué pasaría si se suspendiera de un día para el otro la Peregrinación a Luján? No más caminata, agua bendita, rezarle a la Virgen, ampollas en los pies, descanso en La Reja, promesas, ofrendas, éxtasis. ¿Y si los cristianos no recuperaban el norte de la Península Ibérica, en manos de los Moros, durante la Edad Media? ¿Qué hubiera sido de todos aquellos devotos de Santiago? No tengo dudas, se hubieran buscado otro santo. Un peregrino necesita desplazarse: hacia Compostela, Luján, Olavarría, Jerusalén o la Meca.

Ahora, para nosotros, el vacío. Necesitamos llenarlo. Ese vacío peregrino, rockero, santificado y popular. Es justo y necesario.

 

(todos los fragmentos marcados con * son de “Olavarría”, crónica incompleta de Esteban Serrano)




LATE Y GRITA

Rituales: sobre ciudadanías activas

Por Isabel D’Amico

 

TRIBU URBANA

Desde hace tres meses y a la misma hora, nos juntamos en Cabildo y Juramento, barrio de Belgrano, donde el caserón de tejas se esfumó en alturas. Javi se alejó de la vereda y dio grandes saltos hasta llegar a la calle. Él apretaba los dedos de los pies para no perder las ojotas. Había que verlo, parecía tan feliz, aun sin nada tangible que festejar esa noche. Él es así, descontrolado y el más joven de nosotros.

Éramos menos, pero más potentes, quizás porque algún resquicio de orgullo nos empujaba desde una curiosa voluntad, a pesar de la lluvia.

Rodolfo, uno de los más adultos, acompañó al ruido con su instrumento casero, envuelto en cinta adhesiva blanca y semejante a un cuerno. Su mérito es haberse acercado a nosotros desde San Fernando. Suele ocuparse de controlar el tiempo del ruidazo con un reloj gastado de espera.

Quizás por ser el más intelectual, Mario nos da letra sentida y nos envalentona, nos inyecta frases, nos interpela, así nos construye muy otros, para no repetirnos.

Ráfaga, con su pelo largo y canoso, despeina el ritmo del sistemático encuentro. Se suma apurado y siempre se va antes. De tanto irse, ya ni lo vemos.

Bajo el ala de su sombrero de cowboy, Héctor nos observa y nos cuida. No es tímido, sólo prudente. Por eso a Vainer, la brasilera, suele reprenderla cuando se cuelga del cordón de la vereda para extender su cartel, escrito con dos lenguas, obstinada en ser leída por los autos, a pesar de la lluvia. “Mimi de lejos”, así la llama Rodolfo. Ella, tan pequeña, tan perseverante, se ubica siempre en la esquina de enfrente. A veces nos sumamos unos pocos a su territorio, pero la lleva muy bien sola.

Mario y Beatriz coinciden en sus miradas intelectuales. Él también es osado, por eso, cuando el rojo detiene los autos, charla con los conductores de la primera fila, mientras Beatriz dialoga con algún peatón. Ante la luz verde, los dos regresan al cordón de la vereda entre frases convincentes, cortadas por un semáforo implacable.

 

VAMPIROS

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Ese día las palabras escritas en los carteles y las dichas a las apuradas llovieron como todos los viernes. Más allá de nuestras diferencias, tenemos algunos puntos de encuentro: el mismo lenguaje, hábitos similares y, por sobre todo, cargamos la misma preocupación.

El tarifazo es, entre otras, una “estrategia” de la asociación entre gobierno y empresas y consiste en una transfusión sanguínea, directamente de los bolsillos de los consumidores a los oligopolios hidrocarburíferos; con el agravante de que algunos miembros y ex miembros del gobierno pertenecen o pertenecieron a dichas empresas.”(*)

Sí, a nuestro pueblo lo están desangrando y, lo peor, algunos creyeron “la culpa” de haber tenido un ánimo derrochón.

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SUCCIONADOS POR LA MENTIRA

Por eso estamos en las esquinas, para hablar con los “naturalizadores seriales”, con los necios, con los ingenuos, con los tibios, con los cómodos. Por eso estamos, para escribirles en la cara lo que no quieren ver. “El gobierno de Macri, Vidal, Larreta, Santilli y sus aliados antepone la legitimidad de la renta empresaria al derecho común. Ni se incomodan ante fallos de la justicia, relevantes, por cierto. Por el contrario, dicen que la gradualidad no se vincula con porcentajes de un aumento supuestamente inevitable, sino con la relación que guarda la tarifa en función de la capacidad de pago de los usuarios. (**)

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A tanto han llegado en este 2019, que muchas familias piden préstamos para pagar los servicios o se desconectaron del gas y pasaron a tener garrafas. Otras cocinan a leña o con querosene. Y solo una lamparita los alumbra, si no es vela.

 

¡TOCÁ BOCINA!

Todos los viernes a las ocho de la noche y en algunas esquinas de la ciudad, una nueva tribu late y grita a su ritmo urbano. Nuestra danza con carteles ya es parte de una constelación celeste y blanca, mientras mutamos en objetivos y generamos la diferencia. Al compás de la bronca, nos vas a ver. Los pasos son cortos sobre las rayas blancas de la calle y el tiempo en escena también es breve, aunque contundente. Podes venir cuando quieras y, si a la papilla mediática le pones tu visión, mejor, así pensamos juntos.

En estos rituales de resistencia esperamos sembrar semillas de acción para un futuro muy próximo. Es hora de iniciar una ofensiva creativa ante este desmadre de políticas parasitarias, que solo abonan brotes de pobreza.

¿Que a veces somos pocos? ¿Y, qué? Las madres de Plaza de Mayo también lo fueron.

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(*) “Contra el Tarifazo”, Gustavo Lahoud

(**)Algunos aspectos relevantes del fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre las tarifas de gas natural en agosto 2016. “Contra el Tarifazo”, Gustavo Lahoud

 

 




NUNCA LO OLVIDES

Rituales: sobre los recitales de “la Renga”.
Por Néstor Grossi

EPÍLOGO
Lo que para algunos es costumbre, para otros es ritual. Esa es la diferencia entre la vieja y la nueva escuela, entre la generación del final y la del nuevo siglo. Ese pequeño detalle derrumbó toda una cultura, hundió el último de los continentes, donde la magia del mundo volvía a renovarse para hacerse una con el todo.
Había cierta alquimia en los rituales, algo más allá de las velas y el deseo: eran hechizos de búsqueda, conjuros de invocación; eran pactos con el otro lado de una ciudad que agonizaba mientras las cabezas de una generación esperaban la guillotina y la traición de los “Ellos” y sus costumbres.
Y entonces no se trata sólo de palabras, hay una matemática enferma que nos conecta con los astros, hay un intercambio equivalente. Por eso es preciso estar listo y predispuesto, porque no alcanzan nuestros cuerpos cuando todo el universo está ahí solo para arrancarnos a tirones la piel.

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BAILAR EN UNA PATA
El prim2842971w380er recital de “La Renga” al que fui con todos mis amigos fue en una escuela primaria de Mataderos. Después llegó el “Club Larrazábal” y la fiesta del “Condon Clu”, en la Federación de Box, donde comenzó el boca a boca.
Ya para 1990, “La Renga” era la banda under que los pibes de Otamendi y Avellaneda íbamos a ver. Al año siguiente, teníamos clarísimo que, después de “Los Redondos”: “La Renga”.
La gira del primer disco comenzó en el “Galpón del Sur”, en abril de 1991 y siguió por todos reductos rockeros de la época, como “Die Shule”, “El Viejo Correo”, “BabilonB0UQ1I7IMAAvRkkia”, el “Arpegios” y varios boliches del conurbano. El asunto siempre volvía al “Galpón”, con varias fechas seguidas. Esa gira terminó en octubre de 1993, en “Stadium”, un ex cine y templo evangélico en la zona de Almagro, sobre Avenida Rivadavia.
En 1994 llegaría lo inevitable: “Obras”, el primer recital al que fui solo.
Pero, volvamos al “Galpón”, a una esquina de Humberto primo y Entre Ríos, plagada de heavys y rockeros que bebían y fumaban entre los surtidores de la estación. O no. Mejor volvamos a la esquina de Otamendi y Avellaneda, donde comenzaba el ritual.

EL CUERVO Y SU NOCHE

Como el Bicho y el 16002899_610062545870273_6310044372522059076_nVilla vivían a media cuadra del parque, nos juntábamos ahí a las tres de la tarde y salíamos, hacía el Centenario y en caravana, en busca de nuestras pepas para la noche. Tocaba “La Renga” y nada nos podía faltar. Con el botín en una bolsita de cigarrillos, volvíamos a lo de los hermanitos macana a seccionar los dos cartones, mientras fumábamos porro y tomábamos vino con naranja. Nos separábamos a las ocho para ir a comer a nuestras casas, jurándonos que no tomaríamos el ácido antes de las diez…creo que sólo el Chelo cumplía.

D4ePEYsXkAIlr4aEntre las diez y media y la once, nos juntábamos en el kiosco a esperar el milagro, entre cervezas y porros.
Siempre era igual. Yo ni tenía que caretearla con mis padres, subía a mi habitación con un tubo de papas y una lata de medio, me quedaba hasta las diez con la guitarra en la mano, tocaba encima de la radio hasta que me ponía el cuartito sobre la palma de la lengua y me apoyaba de codos sobre el marco de la ventana.
Era una noche tranquila. Una enorme luna blanca brillaba sobre la ciudad y se estaba de puta de madre, con “The Doors” de fondo y un faso en la mano, encerrado en ese único y primer piso de la casa, mi habitación. Desde ahí, sólo podía ver las copas de los árboles, las luces de los faroles y los techos vecinos. Diez y veinte salía, ya no me aguantaba, tenía que salir. De paso, me tomaba una birrita solo y en paz. Eso sí, el Cuervo ya no estaba ahí.
Me puse la leñadora sobre la remera de Zeppelin, me calcé la riñonera, el porro en las bolas y bajé. ManoD21fRCSVAAAOYkHteé una milanesa de la heladera y salí por el pasillo devorándola. Abrí la puerta cancel y vi la silueta negra que sostenía una botella.
Era fija: cuándo salí, el Cuervo estaba sentado en el umbral de mi casa.
-Nunca más -dijo, se puso de pie y me abrazó. -Vayamos por una birra ya, Negro putazo.
—-¿Te la tomaste a las diez, vos?
-Sí, el segundo cuarto, puto — dijo y comenzó a reírse. Y se rió por el pasaje Escribano hasta doblar en Numancia, siguió riéndose y recordándome lo puto que yo era, hasta que nos detuvimos frente al tráfico de Avellaneda. Y, entonces, estalló en carcajadas, al tiempo que me señalaba el kiosco y tenía la cara roja
-Mirá negro Néstor, mirá, jajajaja: parece un muñequito sentado ahí jajajajaja, miralo con su cervecita, pobrecito jajaja”.¡Loliiii! ¡Aguante la Renga, puto!
En segundos llegaría el Chelo; en minutos, el Bichito con su hermano y novia. Dos horas más y el “Galpón del Sur” nos abriría las puertas. “La Renga” se hizo grande en ese lugar y nosotros estuvimos ahí, recital tras recital, durante todo aquel 1991 y hasta el final de ese ciclo.

La Renga
Esa noche fue la primera vez que Robinson, el armoniquista de Pappo y de la “Chevy Rockets” tocaba con ellos. “El Galpón” se llenaba, pero no del todo, aún no explotaba. Tenía un escenario bajo, más cuadrado que rectangular, frente a los baños. Es decir, para mear, siempre tenías que rodear el escenario.
Nunca tocaban antes de las dos, nosotros llegamos a la una y algo, nos terminamos una cajita de vino mientas fumábamos uno y nos confirmábamos que las putas Budas pegaban mientras juntábamos el billete para la entrada.
Adentro, lo de siempre: tema tras tema entre porros y saltar abrazado con los pibes cuando llegaba el “Juicio del Ganso” o “Negra es mi alma, negro mi corazón”. A veces nos separábamos y nos volvíamos a encontrar porque sabíamos que en Buseca y Vino tinto, el Chizzo y el Tete aparecían con dos enormes bolsas de consorcio negras cargadas de tetras que le arrojaban al público.
Robinson era lo que “La Renga” necesitaba, el saxofonista de la banda. El Chiflo, a veces tocaba pero no era lo mismo. Robinson usaba un cinturón de armónicas y sabía qué hacer con cada una de ellas. Increíble, así sonaban como una banda de verdad. menu-icono-fotosY el Cuervo lo sabía, lo sentía y estaba insoportable ya: pegado al escenario golpeaba el piso, subía al escenario a cantar con el Chizzo y se volvía a tirar. Pedía faso, un trago y agitaba en medio del pogo, mientras todos cantaban con la banda.
No recuerdo en qué tema fue: yo puteaba a Loli porque tardaba demasiado en picar, cuando vimos al Cuervo sobre el escenario que intentaba abrazar al Chizzo y cantar con él, mientras nosotros nos cagábamos de risa. Al terminar la canción, Loli le pasaba la lengua a la seda, el Cuervo le arrebató el sombrero a Robinson, se lo puso y agitó hasta tropezar y desaparecer de nuestra vista. El tema terminó y la banda no arrancaba, el Chizzo se acercó al micrófono y llamó a los amigos de Martín, el Cuervo. ¿Qué pasó?: se había caído a un costado del escenario. Los plomos contaron que estuvo un rato, ahí, entre los cables y sobre unos pies de mics que no se usaban. Iban a llamar una ambulancia, pero el Cuervo se negaba y pedía un vino: “que no había pasado nada, que no se iba una mierda hasta que el ritual terminaba”. Juramos llevarlo al hospital, pero fue imposible. La banda siguió y nosotros rockeábamos con ella. El Cuervo agitaba menos, iba y venía con un tetra en la mano. Todos estábamos tan drogados que nadie se daba cuenta de cómo a nuestro amigo comenzaba a mutarle el brazo, hasta que ya no pudo ni sostener el vino y la mano le cambió de color.
A las cinco ya estábamos afuera, con todos los pájaros del amanecer pateándonos las cabezas y con una de las tres cajas manoteadas en “buseca y vino tinoD2tJ1ZTWoAAbwGK“.
-Che, boludo— dijo Chelo,- te rompiste el brazo, infeliz. O la mano. Vayamos a un hospital, pelotudo ¿cómo vas a castigarte esta noche, si no?
Encendí un pucho.
—La puta que te parió, Cuervito, busquemos un hospital por acá, loco.
El Cuervo se rió con las pocas fuerzas que le quedaban:
— El ritual termina el parque, loco: me la re banco hasta el Durand, ni hablar. Pasame el vino, Loli.
El Villa y Novia se pusieron a juntar el billete para la birra y la Uggis de Callao. Loli entregó el tinto, el Bichito me pidió un faso, mientras el Chelo le revisaba el brazo al Cuervo y yo gatillaba el encendedor.
Bajamos del 105 con sabor a tabaco y pizza en la boca, no había dónde pegar birra y no teníamos un peso ya. Tomamos agua del bebedero y nos sentamos a fumar un porro para levantar la pepa, mientras ninguno recordaba el brazo el cuervo . Sobre Díaz Vélez, el tráfico del domingo se mezclaba con los puesteros que comenzaban a llegar.
Amanecimos en la guardia del Durand, reíamos y vomitábamos, mientras le enyesaban el brazo a nuestro amado Cuervito y planeábamos un verano letal.

SER LO QUE PUDO SER
No sé cómo ni cuándo pero, de alguna manera, nuestro ritual terminó convirtiéndose en una simple “prevhay2ia”, en un acto vacío de búsquedas y leyendas, en un sinsentido de tragos y pastillas y de quién se coge a quién. Esta generación no sabe drogarse, creció encerrada, mientras veía a sus padres frente a una eterna hoja blanco.
Estamos jodidos. El mundo terminó cuando los hijos dejaron de huir de los padres, cuando la suma de todas las culpas y el temor destruyeron el sacro santo puente que los elevaba de una ciudad a la otra. Somos lo que pudo haber pasado y no pasó, sobrevivientes en este siglo que nació muerto y sin magia. La resistencia es el ritual, el momento donde nuestras personalidades se hacen una, un imprescindible acto individualista para después darlo todo en nombre de la revolución. Entonces, los sahumerios, las velas y el palo santo, lo necesario para alejarnos de los “Ellos” y sus parrillas cargadas de mierda. “Purple” o los “Doors” para no escuchar sus ridículas vidas frente a las putas noticias en el cable mientras masticaban en cuerpo y alma su basura de exportación.
Por eso el ritual, porque hay un instante donde somos uno con el todo, donde controlamos el tiempo y llamamos a nuestros muertos. Es el maldito momento de preguntase cuándo nos olvidamos de nosotros mismos. ¿Cuándo fue que nos traicionamos?
Durante los años que llevó en esta revista me lo pregunto, nota a nota.

Pque+Centenario+(2)




ABRAZO DE MONTAÑA

Rituales: sobre un viaje a Machu Picchu

Por Josefina Bravo

 

PRINCIPIO ES FINAL

Los primeros días de marzo comenzó un viaje muy esperado. Decir “comenzar” es señalar un “desde ahora” o un “desde acá”. Es marcar un inicio que tuvo un antes finalizado en otro “hasta acá”, donde a su vez comienza el viaje. Es decir, miles de historias se cruzaron, enredaron y desenredaron para llegar a ese instante, principio, origen y raíz de -en este caso- un viaje.

Entonces, se trata este de un viaje también resultado de otros. Con todo a cuestas y la incertidumbre ante lo nuevo -tan esperado, tan deseado- llegué a Cusco: de Qosco que, en quechua, significa “ombligo del mundo”. La antigua capital inca, el centro del imperio.

 

ARRIBITA

La altura se acomoda lenta al cuerpo, con la respiración pausada y honda de quien reclama oxígeno. Las montañas abrazan la ciudad, pero no aprietan, la elevan a un cielo cercano y silencioso, llenísimo de estrellas. De día el sol templa las lentas caminatas de los turistas por callecitas amoldadas a la montaña y se humedece en las danzas carnavalescas y coloridas de quienes tienen a Cusco por madre. La noche es un manto frío y azul, que cae sobre la ciudad de piedra con el peso del misterio.

El cristianismo y lo quechua se trenzan fuertemente en el sentir peruano y también, en la arquitectura. No es novedad el resalte de lo mestizo. La lengua quechua es resistencia que sobrevivió a la conquista; corretea de pies descalzos en cada rincón del pueblo y la montaña, ofreciendo su música.

 

A LOMO DE PIEDRA

En círculos con eje en los altos del cordón montañoso van los caminos a los pueblos del Valle Sagrado. La vegetación se vuelve más frondosa cuando Cusco queda atrás. Los conductores de esas rutas son hijos de la montaña: así, las bocinas llegan antes a las curvas, los vehículos se pegan al lomo de piedra y los ojos de quienes ven por vez primera sobrevuelan los árboles y los cerros, se detienen en los colores o en el aire quieto, interrumpido por el planear de los pájaros. 20190307_091310

Rodamos adentro del paisaje sobre bicicletas. El cielo adquiere el gris de la ruta y los verdes se vuelven más vibrantes con la lluvia. Desde arriba llega el murmullo del agua que, en hilos o en trenzas, sigue su curso sobre montaña y camino, más ancho y más angosto, con la única lógica del espacio y la caída. Los pedales van sueltos cuando las ruedas entran al agua y las piernas vuelan. La lluvia se sube al viento para castigar a los ciclistas. Y, sin embargo, el latigazo húmedo de la selva es muy bien recibido. Ya los pulmones acostumbrados a la altura, ya el cuerpo dispuesto a llevarse el valle en los ojos y en la piel.

¿Si hay algo especial? ¿Una energía, una presencia?

Los ojos se maravillan y, a la vez, no hay extrañamiento.

No se siente un lugar ajeno: la montaña abraza.

 

CAUDAL DE ARCO IRIS

Santa María es el pueblito donde pasamos la tarde y la primera noche. Digo pasamos, porque  somos un numeroso grupo de gente de distintas nacionalidades rumbo a Machu Picchu.

Toda ciudad, todo pueblito peruano tiene su mercado, donde los lugareños compran y venden sus productos. Santa María no es la excepción, ahí están los pueblerinos con sus puestitos de alimentos y ropas, cerquita a la plaza.

Un arco iris bien marcado hace su curva de montaña a montaña. Y el río, caudalolísimo y revoltoso, bien ancho a un costado y abajo del pueblo.

 

DETRÁS DEL CANTO

Al día siguiente nos levantamos antes del sol. Después de un desayuno local, damos rienda a la caminata. Vamos por un camino de tierra, bordeado de selva. 20190305_133222Desde temprano el sol se entrega a puro calor. Nuestro guía nombra los árboles, nos muestra sus frutos silvestres. Al principio parece que el trayecto va a ser interminable. Sin embargo, una vez entrados en ritmo, las piernas se amigan a las subidas y bajadas y el cuerpo se acomoda al calor. Poco a poco, la selva se nos ofrece con sus verdes y amarillos, sus azules, púrpuras, rojos y anaranjados. Las plantas se arrojan al camino para rozarnos los brazos, los frutos envian su dulzor al aire y, a veces, nos invitan con sus sabores silvestres. Los ojos se van del camino detrás del canto de los árboles o del color de los pájaros. Desde la frondosidad de las ramas, insectos y animales observan nuestros movimientos y se escabullen cuando detenemos el paso.20190305_112553

Cada tanto la selva se abre para mostrarnos la casa de algún campesino que siembra tres o cuatro hectáreas con la tecnología de las terrazas que heredaron de los incas. 20190305_103120Allí descansamos un poco del sol y tomamos o comemos algo que los lugareños nos ofrecen: cosecha de fruta o maíz, café recién horneado, té de coca o chicha morada. Recuperamos energías para retomar la caminata. Un paso y otro paso entre maizales, frutales, ramas y yuyos altos. Volvemos al ritmo.

 

 

 

 

SERPIENTE ROJA

Nos salimos del sendero de la selva para andar un tramo del camino del inca. Las piernas protestan ante semejantes escalones y el calor se pegotea en la piel, pero el paisaje retribuye. Desde la altura, el río es una serpiente roja a los pies verdes de las montañas.

Veintiún kilómetros, una mañana y una tarde después, llegamos a las termas de Aguas Calientes. Los músculos y la piel agradecen el baño, los ojos nunca se cansan de la altura y las formas de las montañas.

20190305_120932Santa Teresa es un pueblo más grande, allí cenamos y pasamos la noche. El olfato advierte la humedad y, horas más tarde, diluvia. El sueño cae tan pesado como la lluvia.

La mañana siguiente volamos el valle en tirolesa: de montaña a montaña, sobre selva y río, a puro grito. Y en la tarde caminamos desde Hidroeléctrica hasta el pueblo de Aguas Calientes. Machu Picchu se  yergue a nuestro paso, la piedra ostenta grandeza, el río canta a viva voz.

Gente que va y viene a los lados de los rieles. También pasa el tren. De camino, hay hospedajes y lugares para comer. A metros de Aguas Calientes una nube cae sobre nosotros, primero con gotas aisladas, luego con un chispeo suave y enseguida se derrumba como un gran balde sobre nuestra caminata. El río atraviesa la ciudad y su andar se escucha fuertemente por esos lares. Suena como una lluvia poderosa y constante.

Dejamos todo listo esa noche para arrancar la mañana siguiente.

 

LA MIRADA DEL CAMINO

A las 4 suena el despertador y, media hora más tarde, un montón de linternas se mueven en los dobleces de la montaña para acortar el camino desde Aguas Calientes hasta Machu Picchu. La selva no duerme, acompaña el andar con ojos abiertos, aleteos y susurros de grillo. Arriba del contorno oscuro de la montaña, las estrellas azulan el cielo. El camino tiene los ojos hacia arriba mientras es plano. Después de cruzar el río comienza la subida. Empinadísima, de escalones altos, alcanzados por montones de linternas. La escasez de aire frena el andar, allí las luces se detienen en círculos sobre la piedra. Subimos en fila, muchísimos. El silencio se interrumpe de jadeos, los ojos no van más allá del siguiente escalón.

El ascenso es lento y acompañado. Quien frena ve subir a los de atrás. Hilera humana interminable. Desde algún lugar, el cielo comienza a clarear, los árboles se vuelven verdes y el calor tiñe los rostros andantes. Entonces, la piedra y la tierra se distinguen y, de a poco, la vegetación se abre. Un último escalón y llegamos a la base, donde hacemos ronda con quienes compartimos el viaje. Hay quienes nos cambiamos de ropa para estar secos y quienes no desean detenerse un segundo más. 20190307_064715Atravesamos el último control y subimos unos escalones. Allí, desde una enorme terraza, vemos erguirse la ciudad perdida de los quechuas: imponente, entre montañas. El guía nos cuenta cómo sobrevivió a la conquista española: el Inca destruyó el camino que la unía a Cusco. Y, luego, la selva cubrió la piedra, subió por paredes y techos y creció sobre los caminos para ocultarla. La vegetación se mantuvo apretada y la montaña arisca, el tiempo suficiente hasta que el mundo estuvo listo para su preservación.

Entonces, estar en Machu Picchu hoy es respirar con la montaña. La magia y las leyendas de la antigua civilización se trenzan a la altura, a la belleza del paisaje, a su dificultoso acceso, al cansancio físico que implica llegar. Las misteriosas chincanas, pasajes cavados en el interior de las montañas que nadie sabe a dónde van y donde murieron muchos exploradores; los gentiles, hombrecitos de miniatura que viven en la montaña y practican la magia, todo, todo se mezcla en el umbral de la mirada. Incluso los recuerdos, los otros paisajes, el deseo.

Hoy las paredes se conservan sin vegetación, los jardines tienen pasto cortado y todo está muy limpio y en orden. Escucho decir por ahí: “imagínense en el tiempo de los incas, las casas estaban cubiertas de vegetación y flores coloridas, los jadines repletos de árboles y las terrazas cultivadas”. En el Templo de la Luna, en Wayna Picchu, vivían las niñas que eran ofrendadas a los dioses. “¿Cuál es la diferencia entre ofrenda y sacrificio?”, interpela nuestro silencio con la mirada. Las niñas se ofrecían, era su voluntad entregarse a su dios, su mayor orgullo. A las llamas sí se las sacrificaba, se les sacaba el corazón para ofrecerlo a los dioses. Eso ocurría en la plaza de la ciudad, el lugar de ceremonia. Machu Picchu era una estancia de relajo, de retiro del Inca. Y también funcionaba como una especie de universidad. 20190307_063917Imaginar todo eso es más fácil temprano en la mañana, cuando unos pocos caminamos el lugar. Hacia el mediodía, cuando ya subimos a la Puerta del Sol y al Puente del Inca, cuando ya vimos la ciudad, el río a sus pies y las montañas desde varios ángulos, Machu Picchu está lleno de gente. No como al principio, cuando los fantasmas de la mirada podían corretear entre las callecitas sin toparse con nadie. Sobre el mediodía, la ciudad es un hormiguero de turistas, flashes, gritos y risas. El río ya no se oye. El viento golpea suave a quienes están atentos. Los árboles duermen y los animales desaparecen por completo.

Quienes en la mañana disfrutamos el silencio acompañado, después del mediodía comenzamos el descenso, también duro y empinado. Hora y media de bajada, al menos. Y los pies -trémulos- se arrastran unos kilómetros más, hasta Aguas Calientes.

 

FINAL ES PRINCIPIO

El tiempo es una serpiente roja que pasa como un rayo -a pura intensidad y adrenalina- y también ondea, hace bucle y vuelve sobre sus pasos para seguir adelante.

Machu Picchu me esperaba hacía años. Las vueltas y los enredos que me llevaron a él se reprodujeron una y otra vez a lo largo del camino. Lo rodeé en bicicleta, en autobús, a pie y por los aires. Impregné de montaña los ojos y la piel. Saboreé sus frutos, aspiré sus olores, palpé los árboles, la humedad de la piedra, las flores. Dejé a la selva entrar en lo más hondo. Se curvó el arco iris en mi ojo y la mirada cantó y se derramó con caudal de altura para hacer trenza con la misteriosa ciudad inca. Y al valle entregué el sueño y los miedos: de esa forma, acunarme niña.

Volví un poco apretada, cosa de no desabrazarme.

Ese es, para muchos, el ritual: filiar con la tierra y el cielo, la montaña y el río; y la gente, por supuesto, la gente que acompaña o te encuentra en cada bucle del camino.

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RETAZOS DE SELVA ENMARAÑADA

Rituales: sobre la dificultad de instalarse en la escritura.
Por Viviana García Arribas

BOTELLA AL MAR (*)

Madre selva - Alfonso Cuenca- Huerta
Madre selva – Alfonso Cuenca Huerta

Me levanto temprano. La luz diurna recién comienza a deslizarse sobre la baranda del balcón. La lluvia de la noche perló los mosaicos del piso, pero el sol todavía no llega a arrancarles un destello. No puedo empezar el día sin mi café. Lleno con agua la cafetera y pongo el polvo perfumado en el filtro. Ya puedo palpitar el desayuno: una fruta y una tostada para acompañar la bebida caliente. Mientras la alquimia se produce, recojo la ropa limpia que la noche anterior -en una verdadera demostración de habilidad doméstica- saqué del tendedero, ante la posible presencia de chubascos. Un leve borboteo me lo indica: el café está listo. Enciendo la radio y me siento frente al cielo ya celeste. Las noticias desbordan del aparato: el dólar en alza, no hay acuerdo de precios, se perfilan algunas candidaturas anodinas para las próximas elecciones presidenciales. Lavo la taza y algún cubierto. Tengo que comenzar a escribir la nota para El Anartista. Mejor, primero me baño.

Una vez que el agua de la ducha se llevó la modorra de la mañana, pienso: ¿sobre qué escribir? “Sobre una mesa”, respondería Dalmiro Sáenz (1). Más allá de los juegos de palabras, reflexiono acerca de los motivos que me llevaron a la escritura. Por un lado, esto de escribir no es un juego. Por otro, combina -en un cóctel fuera de toda competencia- cuotas de disfrute y sufrimiento, presentes en cualquier actividad lúdica. ¿A quién podría interesarle esto que me pasa? ¿Qué podría escribir que no haya sido escrito por otro, antes y mejor? Para Roland Barthes, el placer del lector no garantiza mi placer en la escritura. Debo buscar a ese lector y esa búsqueda crea un lugar de goce. “No es la “persona” del otro la que necesito sino el espacio: la posibilidad de una dialéctica del deseo, de una imprevisión del goce: que las cartas no estén echadas sino que haya juego todavía”. (2)

Entonces, debo transitar una zona de obstáculos. Extenso desierto, selva enmarañada, montaña inaccesible, entre mi idea y su concreción hay un abismo de errores, intentos fallidos, avances y repliegues.

LAS ARMAS SECRETAS (*)

Lluvia vapor y velocidad - J. William Turner
Lluvia vapor y velocidad – J. William Turner

Pasa un rato y tengo ganas de tomar un té. Me lo preparo y lo llevo al escritorio. La taza humea detrás de la pantalla y la transforma en una locomotora que puja por recorrer un monte escarpado. Busco desesperada esa frase que me permita poner los motores en marcha. Acumulo algunos saberes, busco datos que me impulsen, perfilo una estrategia -una forma- para mi nota. Me duelen las muñecas y las rodillas. Sin dudas, se escribe con todo el cuerpo. Me levanto de la silla, doy una vuelta por el departamento, mientras espero que el líquido se enfríe un poco. Miro los libros desordenadamente ordenados en la biblioteca. Pienso: ¿cuánto de todo esto está contenido en mis textos? Noe Jitrik sostiene que toda escritura es reescritura: lo leído obra como una materia prima o un fondo de cocción -si se me acepta la metáfora culinaria-, donde se cuecen todos los elementos que darán lugar a una nueva obra. Nada se inventa sino a partir de retazos, jugados en el acto de escribir. Esta idea del lector empedernido que deviene escritor es también una trampa para los pobres mortales que nos aventuramos por los caminos de la escritura. Si comparo mi obra con Borges o Cortázar, jamás voy a superar la inmovilidad: es una vara demasiado alta para medirse. Por otra parte, de ellos conozco el producto terminado. ¿Cuántas dudas los asaltaron? ¿cuánta incertidumbre?, ¿cuántas veces releyeron y corrigieron?, ¿cuánto decantó lo aprendido, las experiencias vividas, las lecturas? Nunca podré saberlo.

Otra idea interesante en Jitrik es la de la construcción del futuro lector mediante la utilización de algunos adjetivos o el ordenamiento de las palabras -así como la música que esas palabras orquestan- para privilegiar algunos fragmentos por sobre otros o enfatizar algún pasaje: “una suerte de estrategia cuyos alcances serían la reducción de la “interpretación” por parte del lector” (3). Esa construcción también me libera del deber de gustarle al lector. Escribo lo mío y me abro hacia ese lector que está ahí, ¿a la espera? Sin dudas, el lector también busca encontrarse en las palabras leídas.

DESHORAS (*)

Padre e hijo contemplando la sombra de un día - Roberto Aizenberg
Padre e hijo contemplando la sombra de un día – Roberto Aizenberg

Salgo a dar una vuelta virtual. Veo algunas buenas fotografías publicadas en la web –otras, no tanto-, ingreso a las redes, comparto los anuncios de la revista, me distraigo con los comentarios de algunos grupos. Cuando quiero acordarme, ya pasó media mañana y sigo en veremos con la nota.

De pronto, algo me recuerda a Virginia Woolf: “El pensamiento -para darle un nombre más orgulloso del que merecía- había hundido su línea en la corriente. Oscilaba, minuto tras minuto, de un punto a otro entre los reflejos y los yuyos, dejándose levantar y hundir por el agua, hasta -ustedes ya conocen el tironcito- la brusca aglomeración de una idea en la punta del aparejo, y después la subida cautelosa y la cuidadosa atraccción”. (4) Así como un pescador tira su línea y saca un pez, yo hurgo en mi pensamiento ante el atisbo de una idea mínima, insignificante, desde donde arrancar con la escritura. El juego ahora parece haber mutado en deporte, el deporte es competitivo y yo nunca fui competitiva… Creo que la metáfora de la pesca no funciona para mí. Aunque, tal vez, sí me confunda. Por otro lado, pienso en Jesús y sus apóstoles pescadores de almas. El recuerdo de antiguas creencias me hace recular y refugiarme otra vez en la quietud.

¡Había imaginado tantos enfoques! Busqué bibliografía, pregunté, investigué. Releí autores que ya son verdaderos amigos. Articulé argumentos, tomé notas, perfilé modos de expresar mejor las ideas. Indefectiblemente, fracasé.

Es mediodía. Mejor, me preparo el almuerzo.

LEJANA (*)

Megalithic tomb in Autumn - Caspar David Friedrich
Megalithic tomb in Autumn – Caspar David Friedrich

Cada vez me sucede lo mismo: escribo en mi mente, barajo distintas formas de abordar el tema hasta encontrar la más adecuada, sueño que todo va a quedar perfecto. El resultado es siempre notablemente inferior a mi ambición. Una vez escrito y enviado a la redacción de la revista, el texto deja de pertenecerme. Cuando lo vuelvo a leer, luego de pasado un tiempo, con mi autoexigencia en el olvido, me parece mejor que ni bien salido de mi computadora. Como si otro u otra lo hubiera escrito. En realidad, como si una otra narradora hubiera habitado en mí. Me pregunto: ¿el texto adquiere su propia autonomía una vez que lo dejo partir? El acto de escribir me hace mostrarme, ejercer una entrega que quizá no esté tan dispuesta a conceder. Por eso, tal vez, me repliegue y demore el momento mientras preparo café, almuerzo o arreglo las plantas.

En esta etapa de mi vida, nada me hace más feliz que escribir. Mi deseo es claro. Pero, indefectiblemente, doy cien mil vueltas antes de jugarlo. Antepongo infinitas obligaciones, invento numerosos rituales: el café, el silencio, el espacio. Sin embargo, una vez que comienzo, no puedo parar, aunque no escriba. ¿No será toda aquella demora es, en realidad, puro precalentamiento? Se trata de poner el deseo en acción y, para hacerlo, necesito pasar por esa zona escarpada de búsqueda. Encontrar la frase que opere de dínamo y, luego, hallar una cadencia, un ritmo que organice el texto. Eso sí: una vez que lo encuentro…¡Eureka! El motor se carga y, mientras transcurre la escritura -pueden ser dos o tres días-, no hago otra cosa que pensar en ella y ansío encontrarme con las palabras. Como cuando era pequeña y jugaba esos juegos interminables, que nos preparan para vivir. Una vez que me instalo en el goce de escribir, se disipan las dudas y desaparecen los aplazamientos.

FINAL DEL JUEGO (*)

Ya es tarde y debo entregar la nota, que parece estar terminada. Como aquel poema de Lope de Vega, que describe la estructura de un soneto en forma de… soneto (5), mi nota salió de mis tribulaciones a la hora de escribir.

Me consuela saber que no soy un caso único. Hay, en general, una resistencia para instalar el ritual de la escritura. Falta de tiempo, insuficiencia de espacio, familia por atender, resistencia, miedo. Se buscan millones de excusas, con tal de no ponerse a escribir, a pesar del profundo deseo de hacerlo. Pero, justamente, el ejercicio del deseo resulta una de las actitudes más difíciles. Anteponer la obligación siempre desplaza del eje la posibilidad de elegir, de hacer algo sin libreto y, por supuesto, de equivocarse.

A pesar de todo, articular un proyecto nos pone en acción. Da el puntapié inicial a ese juego que puede transformarse en el resultado final de un nuevo rito: dedicarse, todos los días, a elaborar unas cuantas líneas. Corregir, releer, volver a la escritura. Al fin de cuentas, estamos dentro de una aventura que solo concluirá cuando termine nuestro plan. O nuestra vida.

The Dream - Henri Rousseau
The Dream – Henri Rousseau

(1) Yo también fui un espermatozoide, Dalmiro Sáenz.
(2) El placer del texto, Roland Barthes
(3) La lectura como actividad, Noe Jitrik
(4) Un cuarto propio, Virginia Woolf
(5) Soneto, Lope de Vega
(*) Julio Cortázar, cuentos.




NADIE SABE LO QUE UN SUEÑO PUEDE

Rituales: sobre “La sociedad de los soñadores involuntarios, del angoleño José Eduardo Agualusa.
Por Lourdes Landeira

 

“Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño”.

 “Las ruinas circulares”, Jorge Luis Borges

 

LA NOVELA

Leonora Carrington
Leonora Carrington

“Mpuanga mantiene hábitos simples. Todas las tardes, alrededor de las seis, va a aquel bar a tomar una caipiriña y leer los diarios”.

El personaje en cuestión ocupa escasas líneas de la novela de José Eduardo Agualusa, “La sociedad de los soñadores involuntarios”. Aunque no por eso es secundario, él y su ritual son tan importantes en el engranaje como cualquier otro suceso. Podría decirse que Mpuanga repite sus actos para que todo continúe igual. Sin embargo, ese es su modo de hacerse huella, de permitirse ser encontrado, de participar en la permanente transformación de los acontecimientos. Al espacio que habita en las páginas lo recorta el zoom con que el narrador acomoda y desacomoda sucesivamente su historia. Su, ¿de quién?

De Daniel Benchimol, el periodista divorciado que se incomoda con la intimidad. Pacifista y nadador compulsivo, el hombre escribe sobre desapariciones. De aviones, de personas, de fondos, por ejemplo.

De Hossi Kaley, el dueño del hotel que Daniel frecuenta cuando lo convoca el mar. Hossi murió dos veces antes de morir, perdió parte de sus recuerdos y duerme con una pistola descargada bajo su cama.

De Angola y sus interminables años de luchas internas, antes y después de la emancipación colonial en 1975. De una, entre tantas huelgas de hambre.

De un sueño, quizás el más ansiado y más el temido: el de soñar.

La contratapa de la novela tiene una cita del mozambiqueño, Mia Couto: “Agualusa es un traductor de sueños. La sociedad de los soñadores involuntarios es una novela tejida con los más delicados materiales de la poesía”. La argentina Lila Feldman, en su libro Sueño, la medida de todas las cosas”, afirma que los sueños hacen del abismo medida humana y se pregunta si será porque tienen estructura poética. Psicoanalista, dice que le gusta imaginar a los sueños como ruinas vivas donde reinscribir el tiempo: “Ruina en eterna construcción mientras el tiempo en ella prosiga su trabajo. ¿Será el sueño capaz de darle dimensión humana al tiempo? El sueño nombra en la noche lo que viene de otro tiempo y se hace presente en este tiempo, en la actualidad del sueño”. Y, si de poesía y transcurrires se trata la cosa, creí necesario convocar a este encuentro a Luis Borges -que no es José, sino Jorge (*) más allá de cómo lo intente pronunciar un deslucido monarca español al lado de un oscuro presidente, que desconoce la diversidad lingüística casi tanto como el castellano que cree hablar. Por eso, de “Las ruinas circulares”, del famoso Jorge, son los epígrafes de esta nota.

Vuelvo a Agualusa. El hombre escribe en portugués, su lengua materna. En Angola, el país donde nació, el portugués es el idioma oficial y, entre otras, el umbundu, el kimbundu, el kikongo, el chókwè, el nganguela y el kwanyama son las lenguas nacionales. “La teoría general del olvido” y “El vendedor de pasados” son títulos de otras novelas del escritor quien, en “La sociedad de los soñadores involuntarios”, conjetura: lo único modificable es el pasado y es posible que todas las personas sueñen el mismo sueño para actuar sobre el futuro. De hecho, eso pasó en Luanda. ¿Ficción?

Más de una vez, yo misma he fantaseado en manifestaciones -sobre todo, en las de mujeres y en las de derechos humanos, esas donde nos contagiamos unas a otros de un común anhelo- con que, sin hablar, en un mismo momento, todas y todos decidimos caminar hacia la Casa Rosada y entrar.

Las personas comenzaron a atravesar las paredes: jóvenes con batuques; viejos cargando azadas y machetes; mecánicos, con los mamelucos sucios de aceite, muchachos macubás, con crines de cebra en la cabeza. Niños descalzos, hechiceros, soldados, estudiantes, pescadores. Y también nínfulas, vendedoras de frutas, de peces, ambulantes, cambistas, las antiquísimas damas, dobladas por el peso de la edad; mamás embarazadas, con un hijo en las espaldas y otro de la mano; cocineras, lavanderas y niñeras. Todas aquellas personas se quedaron allí, en el inmenso gabinete presidencial, girando como peces en un acuario; contemplando, con redondos ojos de asombro, las telas en las paredes y los armarios de puertas abiertas, dentro de los cuales se podían ver millares de bustos del presidente, en oro y plata; las cabezas embalsamadas de los antiguos facciosos y enemigos del pueblo, desaparecidos hace tantos años; botellones de vidrio llenos de pequeños corazones afligidos, todavía vivos y palpitantes y, al lado, globos de cristal donde flotaban, en un cielo tan azul como el de mi infancia en los días felices, los juegos por estrenar de las nínfulas y de los niños descalzos. -Está todo aquí –dijo una de las damas apuntando alrededor-. Todos los días que nos robaron. Comenzó a llorar. Lloraba y reía. Aquella dama éramos todos nosotros“.

Si alguien piensa que le acabo de spoilear la novela, sepan que no: después de esto, quedan aún algunas páginas para el final y la riqueza de la poesía sigue ahí, intacta, dispuesta “a enloquecer la realidad” de quienes se sumerjan en sus aguas y conozcan al “hombre que fue soñado por el mar”.

 

LA HISTORIA

“Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica.

El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo”.

Las ruinas circulares”, Jorge Luis Borges

Caos primordial, Hilma af Klint
Caos primordial, Hilma af Klint

Angola, al sur de África, fue colonia portuguesa hasta que la Revolución de los Claveles rojos puso fin a cuarenta años de dictadura en el país europeo. El régimen del Estado Novo había sido instaurado en Portugal en 1933, por António de Oliveira Salazar, quien jamás aceptó retirarse del trono. Unas enérgicas botas, dicen, eran parte insoslayable de su andar. Cuentan las lenguas- buenas y malas- que, un día de 1968, el dictador tuvo un accidente doméstico. Hay quienes lo refieren como una caída en la bañera y quienes aseguran que se cayó de una silla de lona, mientras el pedicuro le atendía los pies desnudos. En mi caso, me hago eco de esta última versión, imagino que su cabeza golpeó contra la fría baldosa a escasos metros de donde las botas, adormecidas, soñaban otros pasos por venir. Lo cierto es que, a pesar del derrame cerebral y de haber sido sucedido por Marcelo Caetano en el cargo de primer ministro, su entorno íntimo lo trató como a la máxima autoridad durante los dos años que sobrevivió.

Mientras tanto, en Angola, la lucha armada se intensificaba día a día. Desde mediados del siglo XX, se habían multiplicado las manifestaciones de resistencia al poder colonial. En 1956 se creó el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), encabezado por Agostinho Neto, de quien no tengo noticias acerca del calzado que usaba, pero sí sé que era médico y poeta.

(…)“El llanto de siglos / donde la violada verdad se consume en el círculo de hierro /
en la deshonesta fuerza / sacrificadora de los cuerpos cadavéricos / enemiga de la vida
cerrada en los estrechos cerebros de máquinas de contar / en la violencia / en la violencia / en la violencia (…)”.           

El poema es más largo, se llama “El llanto de África y tiene un antes y un después, entre los que se incluye esta exclamación:

“(…)¡Nosotros tenemos en nuestras manos otras vidas y alegrías / desmentidas por
nosotros en los lamentos falsos de sus bocas! (…)”.

En 1975, Agostinho Neto se convirtió en el primer presidente de Angola.

De dónde salieron los claveles rojos que adornaron uniformes, armas y balcones el día de la revolución portuguesa tiene sus versiones: de una boda que no llegó a concretarse, de un restaurante que no llegó a inaugurarse, de un cargamento que no llegó a exportarse. La flor nacional de Angola es la Welwitschia mirabilis, una planta de más de 1.500 años de antigüedad. Esta flor se caracteriza por dos hojas que crecen hacia el suelo en busca de frío y agua para sobrevivir a la adversidad del desierto.

Hossi Kaley atravesó el infierno como militar de la UNITA. Daniel Benchimol cree que todas las guerras nos aprisionan. Para él, la violencia no puede ser liberadora.

La colonización portuguesa desembarcó en el Congo en 1482. Sí, la fecha nos suena con diferencia de un número- una década- para situar el año en que Colón, a bordo de la carabela, divisó tierra americana. Angola se convirtió en un país proveedor de esclavos, de allí que gran cantidad de cubanos, brasileños y dominicanos tengan sus raíces en aquel país.

La guerra, dice un personaje de la novela de Agualusa, no terminó, solo duerme.

 

EL MIEDO

“El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él”.

“Las ruinas circulares”, Jorge Luis Borges

 

Siesta, Joan Miró
Siesta, Joan Miró

Karinguiri, la hija de Daniel Benchimol, se manifestó contra el dictador de su tiempo y fue detenida. Redobló la protesta con una huelga de hambre. Eran tiempos tecnológicos, claro, y el caso se viralizó. Ocupó páginas de los periódicos europeos y la intelectualidad progresista dio su inmediato apoyo. El dictador se negaba a liberar a los “revus”. La hija de Daniel, piel y hueso, supo de los sueños que cabían dentro de la prisión y escribió una carta a su padre, que pronto se convirtió en discurso político colectivo. Entre otras cosas, decía:

“El miedo destruye a las personas. Corrompe más que el dinero. Pero descubrimos que es posible combatir el miedo. ¿Cómo pueden ustedes tenerle miedo a un régimen que se estremece cuando siete jóvenes sin poder alguno levantan la voz?”.

Nada cuenta la novela acerca de si Karinguiri era poeta, sí le hace decir a Hossi que teme a los poetas porque son una especie de adivinos. Lo cierto es que la carta de la huelguista resultó inspiradora, al punto tal que toda la población se dispuso a soñar y soñó el mismo sueño que concluyó en libertad.

Lila Feldman  aporta nuevamente lo suyo: dice que, desde siempre, el sueño recorre todas las épocas y geografía. Así, el hombre está condenado a soñar sus recuerdos. El camino produce un interrogante acerca de la experiencia y el acontecimiento. Deviene la pregunta sobre de si es más verdadero lo sucedido en el sueño o en la vigilia. ¿De dónde se produce el saber? A modo de ilustración, ella cuenta que -para los tobas- el sueño no es privado, sino  parte de los procesos colectivos. En conversación con El Anartista y algún tiempo atrás, Moira Millan explicó que, para los mapuches, el sueño es un lugar de conocimiento por excelencia. La gran Liliana Bodoc solía relatar  una anécdota donde una mujer mapuche, en Chile, le contó que tenía tres cabras porque las había soñado, con la misma seguridad que cualquiera tendría por haberlas comprado. Por su parte y en su novela, Agualusa convoca a los chamanes que se ejercitan para soñar y comprender el mundo. Los define como aquellos que ven en la oscuridad y se maravilla con el poder de síntesis. Un poco antes, o un poco después, hace hablar a un personaje:

“Me acuerdo hasta hoy de una laguna de la cual saltaban sapos gordos, amarillos como limones. El que comía aquellos sapos comenzaba a hablar una lengua desconocida. Las personas querían hablar portugués o umbundo, pero sólo lograban hablar esa lengua. Se comprendían unos con otros. Nosotros, los que no quisimos comer los sapos, no entendíamos nada”.

Clarísimo el origen del miedo a los poetas. Largo tiempo atrás, Platón ya los había expulsado de la República por considerarlos imitadores que corrompían la percepción del mundo. Afortunadamente, la dueña de las cabras de Bodoc no se enteró.

 

LO DESPUÉS

“Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.”

“Las ruinas circulares”, Jorge Luis Borges

 

Giovanni Guida
Giovanni Guida

Si es cierto que el pasado -esa ruina en continuo movimiento que nos necesita para mantenerse viva y a la que necesitamos para vivir-  es pasible de ser modificado una y otra vez, podemos pensar que nuestro futuro está  en ese pretérito, en forma potencial, y que, a través de sucesivas combinaciones con nuestro presente – y nuestro soñar como acto creador-, podría devenir en un porvenir.

En el libro de Ryszard Kapuściński, “Un día más con vida, el periodista polaco relata los meses que pasó en Angola, en 1975, en tiempos de una de las tantas guerras libradas en el país. Al inicio, incluye una selección de proverbios latinos, entre ellos, el que dice: ”cuando llega el miedo, rara vez aparece el sueño”. En el transcurso, narra el calor, el olor, la sed, el exilio, la segregación, el desamparo del desierto y también la iridiscencia de primerísimos primeros planos de quienes hacían –y deshacían- cada centímetro de su territorio. Finalizada su estadía y la escritura del libro, agrega datos históricos sobre Angola. Por ejemplo, que la esclavitud representó el 90% de las exportaciones durante la primera mitad del siglo XIX; que, hasta 1962, la esclavitud persistió, entre otras, bajo la forma de trabajos forzados; que, en el año 2000, la guerra seguía, que el 90% de la población era analfabeta y que solo el 10% de los negros vivía en ciudades: la mayoría aún subsistía como campesinado, en condiciones de pobreza extrema.

“¿Usted cree que una única verdad puede volver real una ficción entera?”, se pregunta uno de los personajes de la novela de Agualusa, mientras otro “alarga los ojos por la playa y un árbol da carcajadas reclinado sobre un muro”. Antes, durante y después, los pone –a todos- a soñar.

Inés, una paciente de Lila Feldman, le dijo un día: “en el sueño me echaban de mi casa. Bueno, yo me echaba, porque la autora del sueño soy yo”.  Feldman, más tarde, parafrasea a Spinoza – “nadie sabe lo que un cuerpo puede”-  al decir que nadie sabe lo que un sueño puede. Potencia inconclusa en su perseverancia de ser ruina móvil, afectación presente y nueva creación. Una y otra vez.

Por otra parte y como nos movemos en tiempo y espacio, incluyo estos datos: en febrero de 2019, tras un proceso de 5 años, la homosexualidad dejó de ser delito en Angola,  aunque el cambio de sexo no está permitido y el aborto solo se garantiza cuando hay riesgo de vida para la madre o el feto y en caso de violación. El código penal prevé penas de entre 2 y 8 años de cárcel para otros casos de interrupción de embarazo, por considerarlos delitos.

Tengo la convicción de que la transformación colectiva persistirá en su sueño y, más temprano que tarde, se escribirá, otra vez, la historia.

Para este cierre convoco la voz de Agualusa, porque hoy, la nota es sobre su novela.

“Estaban allí desde hacía cuatrocientos años, seiscientos años, algunas hace mil años, uniendo el cielo al suelo con sus raíces profundísimas y derechas como tornillos. Los ancestros de aquellas plantas habían respirado el mismo aire que los dinosaurios. A seres tan antiguos nada les extrañaba”.

(*) En Marzo de 2019, en Córdoba, Felipe VI inauguró el Congreso de la Lengua Española junto Mauricio Macri. El Rey de España nombró a Borges como José Luis, mientras el presidente argentino celebró que los argentinos no hablen argentino, los peruanos, peruano y los uruguayos, uruguayo.




AQUÍ, EL DIOS QUIERE BAILAR

Rituales: sobre la obra de teatro “Aquí hay leones”, dramaturgia y dirección Javier Swedzky.
Actuación: Flor Sartelli, Leonardo Volpedo

 

RETAZOS DE CIUDAD

Nuestro ritual es el radar. Que el cuerpo esté atento a los textos en tránsito. Que no nos deje de interpelar la pared que grita en un grafitti, ni la tristeza de la mujer al paso: su retacito de soliloquio, su ensimismamiento a medias, donde guarda en pudores su reclamo.

Repetir, repetir la sucesión de los ojos alertas, de las manos dispuestas a retener el temblor de un saludo saturado de biografía, de los brazos prestos a rodear el cuerpo anciano, ya hace tiempo retraído dentro de sus contornos.

La calle se ha vuelto una gran página carcomida por los sudores de las cunetas. Quienes tienen zapatillas las apuran hacia el umbral que amenaza con la pérdida de trabajo. Quienes no las tienen revuelven los containers aún sin cerrojo, para ver si pueden calzar en el número que otros han desechado. Es de madrugada en la ciudad. Las secretarias tensionan el esmero de su maquillaje sobre la piel exhausta, no pueden darse el lujo de protestar por no haber dormido lo suficiente. Los trenes se abarrotan, los estudiantes desquitan su hastío en algún jueguito de celulares, mientras exponen el aparato al voleo de algún desesperado. Madres y padres arrastran mochilas y deudas hacia la puerta de la escuela, donde se despiden de sus hijos con la mitad del cuerpo, mientras la otra mitad pasa agenda a los imperativos del día.

"Aquí hay leones". Carolina Tejeda (actriz 2008) y Leonardo Volpedo.
“Aquí hay leones”. Carolina Tejeda (actriz 2008) y Leonardo Volpedo.

Por la avenida avanza un coche con vidrios polarizados. No importa no ver a través, la mirada que escribe intuye los contornos, los perfiles y las direcciones de quien conduce.  Por si nuestra imaginación no alcanzara, al llegar a la esquina, el vidrio desciende a través de una grieta en la carrocería y deja al descubierto un par de lentes, también oscuros. Un  brazo extiende su complicidad hacia la severidad de un uniforme. Valió la pena descaparazonarse para conversar unos segundos, de autoridad a autoridad. La escena es un absurdo de prepotencia, que se desvanece ni bien cambia el semáforo.

No caben en la mirada todas las escenas de este día recién amanecido y ya viejo de cansancios. Pero algo golpetea los ojos. Son pilas, pilas de colchones diseminados a las puertas de los bancos, bajo la angostura de un techo, bajo las nuevas y tan coquetas paradas de colectivos, en las entradas de las iglesias, en las sinsalidas de este tiempo, fiera que no para de acechar. Vendrá el invierno. Y los leones todavía serán gobierno. ¿Quién abraza en el mientras tanto?

 

AQUÍ HAY LEONES

Un león cazar. Peter Paul Rubens
Un león cazar. Peter Paul Rubens

Decía Federico Nietzsche que el hombre camello es aquel que carga y padece. Por su parte, el león advierte que carga, pero no hace o no puede hacer nada para cambiar sus condiciones. Aun así, dio el paso de la conciencia: no quiere ser más camello. Y el niño es el dios que baila. En “aquí hay leones” el universo está rodeado de fieras al acecho. A más invisibles, más terribles. El espacio se ha vuelto estrechísimo y la capacidad de movimiento oscila entre la torpeza y el desconcierto. Una pareja hace equilibro sobre su pila de colchones. Mueve al dolor para que no se instale. Capa tras capa, reinstala el ritual en su casa -milhojas, donde la escritura se acurruca en busca del nombre adecuado para el bebé por venir-. Libertad es lindo nombre. Aunque alrededor ruja la música, aunque la máquina de consuelo con que se abrazan no funcione, aunque los recuerditos de turismo clasemediero no respondan al hechizo del deseo, Libertad es un lindo nombre. Podría ser que si él se atreviera a laburar de astronauta, en vez de insistir en su trabajo de vendedor de inventos -un personaje a lo Roberto Arlt, aunque más contemporáneo- la prepotencia del deseo estallase contra la furia de los leones. ¿Cuándo va a terminar todo esto? Una noche de romance entre los reflejos de una mínima bola de espejitos, una abuela desclasada que descansa en una maceta, un sueño con el juicio final, que los aniña en un juego de sombras. ¿Imaginate si los leones no son más que eso: fantasmas inconsistentes manejados por el hilo de un titiritero en lo alto de la caverna? Como sea, Libertad, sin duda, es un lindo nombre.

 

LEONES ACAMELLADOS

"Aquí hay leones".  Flor Sartelli y Leonardo Volpedo.
“Aquí hay leones”. Flor Sartelli y Leonardo Volpedo.

Ay, mi querido Federico, ¿qué decir de estos leones? Como una inversión de los tuyos, estos son conscientes de cargar a otros con fardos pesadísimos. Estos han dado siempre el mismo paso hacia una conciencia sin desataduras: la de clase. Estos son leones acamellados, metidos en la jaula de sus privilegios. Lo de estas bestias es la costumbre, no el ritual: repiten para instalar siempre lo mismo.

Mientras tanto, lo que ellos llaman “el resto”, tiene que hacer equilibrio en lo alto. El ritual de sostenerse sobre tierras movedizas requiere paciencia, creatividad y nudos. La cucharita no quiere quedarse quieta sobre el platito del café. Hay que colocarla de nuevo. Pero la cucharita no quiere quedarse quieta sobre el platito del café.

Y otra vez.

Y no quiere.

Y otra vez.

Por su parte, el tío que “siempre encuentra un negocito” duerme aplastado entre dos capas de la milhojas. Sólo lo desperezan de su chatura, para que atruene con la voz de los adaptados, para que humille a los sin empleo con sus formulitas de rituales gastadísimos: “Yo presto un poco de dinero y me quedo con un punto, al que le presté presta dinero a otro y, de esa transacción, me quedo con un punto”. Punto a punto, el tejido del tío se sostiene, al final, a punta de pistola. Claro: por si, en la cadena, algún acreedor falla.

Y, si el aplastamiento del tío irrita, qué decir de la abuela venida a menos. Titiritearla ha sido una decisión brillante de quienes tramaron esta puesta en escena. Ella es el harapo de lo que supo ser. La vergüenza de no tener cuando se tuvo. El cuerpo disminuido que descansa en una maceta, como si de un ensayo de la tumba se tratara.

 

VENDAMOS EL COCHE

"Aquí hay leones". Flor Sartelli y Leonardo Volpedo.
“Aquí hay leones”. Flor Sartelli y Leonardo Volpedo.

Pero no tenemos.

La nafta, la patente, la correa, el aceite, la nafta, otra vez, la nafta. El combustible.

Pero no tenemos.

Es muy sano andar en bicicleta. Un montón de ventajas tiene andar en bicicleta. No importa si uno elige bicicletear o si le han bicicleteado el tiempo. Es muy sano, vendemos, el coche.

Pero no tenemos coche.

¿En qué se trasladan los leones?

 

RECUERDITO, RECUERDITO, DIME DÓNDE ENCONTRAMOS UN SENDERITO

¿Te acordás del souvenir que trajimos de Europa, el muñequito de plástico vestido de inglés… o era de holandés? Y el platito que compramos… no me acuerdo dónde, ¡pero quedaba tan lindo sobre la pared!, ¿te acordás cuando teníamos pared? ¿Y la bailaora española? Esa sí me acuerdo dónde la compramos, seguro fue en España.

"Aquí hay leones". Flor Sartelli y leonardo Volpedo.
“Aquí hay leones”. Flor Sartelli y leonardo Volpedo.

Ay, cómo se impregnan los objetos con la memoria. ¿O es al revés?, ¿es la memoria la que se embadurna de objetos?

Hay que hacer un altar. Pedirle a los recuerditos que dejen de atarse al pasado y nos señalen un camino.

Pero no funciona.

Si no funciona, hay que volver a pedirles.

Para qué, no funciona.

Para repetir y repetir y que se genere la diferencia. El ritual, ¿me entendés?

Ah. Y, con respecto al nombre de nuestro bebé, ¿de verdad te parece ponerle Libertad?

 

LA ADUANA DE LOS LEONES

Íbamos a irnos de viaje, teníamos todo, te lo digo: el mapa, el trayecto, el sueño. ¿Qué más? Pero pasó que, cuando llegamos al borde de la partida, estaban ellos. Después, un día, nos decidimos a ser padres, porque eso de esperar el mejor momento es una trampa, nunca llega el mejor momento. Libertad nos pareció un hermoso nombre, ¿vos qué decís? Y sí, al borde de todos los nombres merodean ellos. Otro día salí a buscar un empleo, porque eso de que los niños vienen con un pan bajo el brazo yo no me lo trago. Y, en la recepción… sí, ¡ellos! No sé cómo explicarte. A mi compañero se le ocurrió una idea brillante, él es muy creativo, ¿sabés? Una tarde vino y me dijo que debía cambiar de trabajo. Al principio, yo me opuse. Pero, cuando me largó un ¡Yo podría ser astronauta!,  me pareció que por allí habría una salida. ¿Andarán los leones por el espacio sideral?

 

PRESENTAR BATALLA

No hay mañana, no hay tarde, no hay tiempo si el hacer no lo organiza. La máquina de consolar tiene las articulaciones torpes. Hay que armar y desarmar la pila de colchones, agitar la ausencia y la falta. Si se aquieta el hueco, te morfan los leones. Y los leones son insaciables. No se van ni cuando pierden. Y, a decir verdad, tampoco hacen demasiado. Se toman vacaciones cada vez que pueden y dejan al rugido y a las garras a cargo. No, no, no. No son las sombras en la cueva de Platón. Son los que manejan aquello que proyecta sombra desde arriba de la cueva. Y, sí, es evidente: más alto que sus manos, ellos también son manejados. Es una milhojas de desgracias. ¿Y nosotros, qué?

No hay mañana, ni tarde, ni tiempo si el hacer no lo organiza, si la queja desbarata, si la nostalgia se apodera hasta de nuestras sombras.

Resistir en el ritual y aguzar el radar. Está lleno. Lleno de pilas de colchones. Tal vez, si les preguntamos a ellos, a los otros que -como nosotros- insisten y persisten, se les ocurra algún nombre. No, no puede ser ni Soledad, ni Caridad, ni Misericordia.

Tenemos que reinventar las palabras. Y que los leones se disuelvan en sus propias sombras.

MANIFIESTO DEL TEATRO CHOTO Hacemos teatro pero no sabemos para dónde ir. Estamos perdidas/os y el teatro que nos sale no tiene valor de cambio ni perspectivas. Escribimos este manifiesto a sabiendas que no lleva a ningún lado. Somos un pequeño grupo teatral y vivimos en la Argentina de hoy, pero no somos contemporáneas/os. Nuestro lenguaje es fallido, está fuera de cuadro, no responde a las expectativas de las vanguardias ni de la modernidad, menos aún a las de la crítica. Por lo que nos dimos cuenta que es, definitivamente, choto. Hacemos teatro acá, pero no hacemos teatro argentino. Tanteamos en terrenos desconocidos, guiados por nuestras ganas de divertirnos y nuestra decisión de compartir nuestras dudas. Nuestros pensamientos, elecciones y acciones no colaboran a erigir la identidad de un ser nacional, ni a la de un teatro nacional. Menos aún están pensadas para edificar un teatro argentino de títeres (que nos mira como si recibiera en su casa un sobrino borrachín y cleptómano al que se le aguanta con una sonrisa que diga cualquier barrabasada mientras se mira las pertenencias de reojo). Nos libramos de la responsabilidad de colaborar con un teatro que no terminamos de entender y que nos quiere imponer una mirada. No somos tributarias/os de las tradiciones teatrales pero tampoco las negamos; no somos, por fortuna, depositarias/os de herencias, fardos ni misiones teatrales y no tenemos legado alguno a transmitir. Estamos al margen de las conversaciones interesantes y afuera de los templos. Nos falta lustre. Financiamos nuestro trabajo con nuestro dinero. Las colaboraciones del estado o privadas para la creación de estos espectáculos son ridículas y consideran nuestros salarios de una manera menor, refregándonos en la cara que para ellos nuestro trabajo no vale nada. Esto tiene consecuencias en nuestro funcionamiento y creaciones: ensayamos poco porque es caro, pagamos todo, o con suerte casi todo, y nos queda poco o nada para nosotras/os. Por eso hacemos lo que nos viene en gana, con la complicidad de nuestras amistades, con las pocas chucherías que hemos podido conseguir y sabiendo que lo que hacemos no le importa a nadie. Las obras que producimos están muy lejos de ser obras bien hechas. Nos gustaría ser parte de una familia, la de Kantor, (a quien le copiamos la idea de hacer un manifiesto), los dadaístas, Girondo, Zappa y Bonino -y la lista sigue- pero creemos que ninguno de ellos nos hubiera prestado atención o les hubiera convencido la idea, de todas maneras nunca lo sabremos. Hoy, acá, hacemos teatro choto. Los que hacemos “Aquí hay leones”: Flor Sartelli, Leo Volpedo, Laura Cardoso, Nicolás Botte, Javier Swedzky

 

* Las escenas que se relatan en esta nota son recreadas, no textuales.

** El texto de esta obra fue escrito en base a experiencias personales de los integrantes de la compañía.




ESE AUTITO DE JUGUETE (Una biografía en curso)

Rituales: Entrevista a Daniel Catalano, Secretario de ATE Capital

Entrevista: Eugenia Casetta Buenanueva, Nora Lomberg, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo


“(…)y hasta bajarse en los altos y explorar sin alejarse mucho (porque nunca se sabe en qué momento los autos de más adelante reanudarán la marcha y habrá que correr para que los de atrás no inicien la guerra de las bocinas y los insultos), y así llegar a la altura de un Taunus delante del Dauphine de la muchacha que mira a cada momento la hora, y cambiar unas frases descorazonadas o burlonas con los hombres que viajan con el niño rubio cuya inmensa diversión en esas precisas circunstancias consiste en hacer correr libremente su autito de juguete sobre los asientos y el reborde posterior del Taunus, o atreverse y avanzar todavía un poco más, puesto que no parece que los autos de adelante vayan a reanudar la marcha, y contemplar con alguna lástima al matrimonio de ancianos en el ID Citroën que parece una gigantesca bañadera violeta donde sobrenadan los dos viejitos, él descansando los antebrazos en el volante con un aire de paciente fatiga, ella mordisqueando una manzana con más aplicación que ganas.”
“La autopista del sur”, Julio Cortázar

 

Yo no nací ningún día ni en ningún lugar. Comencé a ser en un espacio incierto entre  las manos del don y las de bienvenida. Llegué despacito a mis contornos, al ritmo de la caricia que me circundó la forma. Acunado así, en esa pura niñez, me creció la edad al chocar de frente contra un camioncito traidor, que de juguete no tenía nada. Con la trompa abollada y sin luces, aprendí a abrir bien los ojos en las trampas de las curvas, a aliarme con las líneas compañeras del camino, a cuidarme las llantas de las chinches y a poner chinches, si la ocasión venía brava.

Con el tiempo, creció en urgencia la mano que me acunaba y, entonces, tuve que probar arrancar de mi propio impulso. Los autos “de verdad” se reían de mis pretensiones, ¿dónde se había visto a un auto de juguete, sin motor y sin dueño, intentar moverse por las suyas? La risa era ácida, pero no calaba hasta el chasis. Algo en la sustancia amable de mi carrocería y en los pigmentos nobles de mis colores me escudaba contra tanta sinrazón. Eso sí, fue necesario tener más cuidado en las carreras, más prudencia en las alturas de los balcones. Aunque, para ese entonces, ya me había impregnado de buenas adherencias. Y eso, ¡ay!, ¡no sabés cuánto ayudaba! Del cuarto de un vecinito, me quedó el eco de una ausencia. El frío sin ventanas, de un barrio cercano. El bache profundo, de un andar viejito, en marcha hacia el horizonte. Pero, por sobre todas las cosas, me fortaleció  el abrazo: el roce puerta con puerta, el deslizarse rueda con rueda del resto de los autitos, dispuestos a jugar en la misma dirección. No sé cómo explicarlo, te lo vuelvo a decir: si te fijas en los papeles, salí de una fábrica en alguna parte, un día cualquiera. Pero nacer, lo que se dice haber nacido, sólo sucedió en la lucha: el lado grande del  infinito juego sin nombre.

Ahora avanzo entre las horas. A cada tramo, la biografía en curso de los otros se inscribe en mi cuerpo. Soy el verso de lo que somos, el trayecto  que aún podremos. La ilusión sin concesiones ni héroes. Un autito de juguete, de barrio, de vereda. Pero lleno de multitud.

 

CORRER EL LENGUAJE

 

                                               Dígame, Doña: ¿cuál es la palabra para decir futuro?”
Me quiere mar”, Mia Couto


Estuvimos chusmeando otras entrevistas y algunas declaraciones tuyas. Nos llamó la atención el cuidado que ponés con el lenguaje. ¿Considerás importante en la formación de un sindicalista, de un obrero, de un luchador, ocuparse del lenguaje?

Daniel Catalano.  Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.

Sí. Pienso que, además de formarse, uno tiene que advertir que se van cumpliendo ciclos en los que, con los recursos de siempre, uno ya no puede comunicar todo a todo el mundo. Y eso es un indicador como para empezar a correr. Hay una situación de mucha velocidad social y, a veces, uno se siente muy desfasado de ciertas instancias de construcción colectiva. Terminás por hacer un esfuerzo para tratar de adecuar tu lenguaje, querés que quien lo reciba pueda vivirlo- no como algo tóxico o agresivo- sino sintiéndose incluido. También vemos que hay una generación más nueva que, de una manera natural y amigable, comunica mejor  que nosotros. Todo se aprende. El mundo está avanzando muy rápido y –quizás- la política y el sindicalismo, no. Tal vez llegue un tiempo en que una nueva generación piense la política de otra manera, con otra impronta. Hoy uno tiene que estar como aferrado a lo que está instituido, ¿no? El lenguaje viene a patear todo para arriba y, con el lenguaje, llega un montón de otras cosas. La palabra deconstrucción no me es cómoda. Me parece mucho más cómodo el aprendizaje. Pero bueno, estoy ahí, haciendo un esfuerzo para ser parte de esta etapa el tiempo que me quede.

¿Esto se da en las dirigencias y también en las bases?, ¿leen?

Yo leo. Todo el tiempo trato de incorporar elementos. Tengo en la mochila un libro de feminismo, ya lo estoy por terminar. Necesito instancias en donde poder empezar a asimilar esta nueva etapa. Bueno, esta etapa es con las mujeres, ¿cómo la hacés? ¿Decís “todos, todas, todes?” El “todes” no incorpora a la mujer, incorpora a otro sujeto nuevo que la sociedad interpreta que existe. Bueno, ¿cómo trabajás eso? Primero, tenés que internalizarlo, apropiártelo. No alcanza con un marco legislativo. Yo tengo cuarenta y cinco años y vengo de una familia europea, tana, patriarcal. Todas en contra. Por suerte, la vida me dio un gurí y una gurisa que me dicen: “Papá, sos arcaico, sos prehistórico, no se dice así, fijate…” Bueno, desde ahí, uno también descubre qué y cómo.

Arcaico y todo, en tu asunción elegiste un espacio cultural como el teatro. Y entonces cambio la pregunta un poco. Aparte del lenguaje, ¿te parece importante la formación artística en un luchador? Más allá de la comunicación estricta de contenidos: para la picardía,  para el vuelo, para la gracia, el plus de sentido…

Sí. Hay cosas con las que se nace, creo. No cualquier persona puede, desde un escenario, hacer que otro ría o se emocione. Para ese momento, nos pareció acertado el teatro. Primero, porque es una casa histórica de trabajadores y trabajadoras, un espacio abandonado por todas las políticas públicas- sobre todo, las más recientes-. Es un territorio que había tenido un despertar durante el gobierno anterior, en donde se habían puesto en valor muchas situaciones culturales. Bueno, nosotros pensamos que la cultura es una de las herramientas de transformación, lo miramos con mucha atención y trabajamos mucho sobre nuestra comunidad. Buscamos que nuestras afiliadas y afiliados tengan otra impronta en materia de cómo acceder a una vinculación distinta con el mundo. El sindicalismo no es lucha nada más. Tiene que ser también cultura, recreación, formación… ahí hicimos un esfuerzo grande de intervención.

Zimbawe.

Si es como vos decís, que hay cosas de nacimiento: aunque alguien no haya nacido para ser un gran actor, el teatro le podría dar recursos para hacer otra cosa, ¿no?

Sí, sí. Y creo que yo voy a hacer ahora un curso de stand up. (Risas) No, en serio, hay dirigentes que son muy graciosos a la hora de transmitir. Creo que todos deberíamos poder pasar por la instancia del escenario y aprender a movernos. Cuando asumí como adjunto en la CTA, había una compañera del sindicato de actores, Lola, a quien le pedí que me enseñase cómo pararme en el escenario, cómo moverme… Lola se reía, me decía “Bueno, pero esto lleva tiempo” “Sí, sí, pero tirame tres cosas ahora”. Lo cierto es que quien se forma en eso tiene un plus que el resto no. Yo siempre les cuento a mis compañeros que se inician en esto: la primera vez que me tocó hablar en público, me quedé callado. Era una charla sobre la sexualidad de los chicos en situación de calle, frente a treinta trabajadoras sociales. Lo había investigado, lo había preparado. Dije “Bueno, la situación de la sexualidad de los chicos y chicas en situación de calle…” y me quedé mudo. Hoy se dice que eso es ataque de pánico.

Yo lo tuve a mis diecisiete o dieciocho años. Después, fue todo un aprendizaje, porque me escudaba en el sindicato. Había seiscientas pibas en una asamblea, y me decían “hablales – acá- a los laburantes, deciles lo que tenés que decir…” Bueno, empecé. Pero si uno pudiera trabajarlo, ir incorporando recursos, estaría bárbaro…

 

PARTIR EL JUEGO

 

“Te mando un gran abrazo, dos estornudos cuatro toses/seis palmadas en la espalda/un piano volador, cinco bostezos/¿Anotaste?”
“Te mando”, Luis Pescetti

Hablabas de tus comienzos. Pensaba que, en el área de “Niñez y adolescencia”,  trabajaste en el armado de juegotecas, ¿cómo se traslada a tu trabajo actual la noción de juego? Me refiero a establecer reglas,  modificarlas creativamente, hacerlas flexibles, incluir el placer…

Todo es trasladable. Lo aprendido es lo aplicado permanentemente. Y se traslada a romper las reglas también. Lo más intenso que tiene nuestra organización, la Verde y Blanca, es eso: haber roto todas esas estructuras que nadie había tocado. Creo que esa fue la parte más dinámica de lo aprendido: hay que jugar, hay que romper. El asunto es cómo jugamos.

También aprendí que hay un plus que genera el sujeto que recibe el juguete, donde la imaginación es todo. Un autito puede servir para transitar por una carretera o para recuperar una historia familiar. Hoy, hay una contaminación tremenda de los pibes con las redes sociales. Eso, a veces, no les permite tener el tiempo  para crear y recrear. Bueno, el tema del juego implica de qué manera vos te podés pensar en distintas situaciones: adentro de un autito o adentro de un aro, o a través de un túnel. El sindicalismo que hacemos nosotros también tiene que ver con eso. Todos esperan lo estructural y nosotros venimos a patear todas las estructuras. No creemos que lo instituido sea necesariamente lo que corresponde. Vos generás qué necesitás que sea lo instituido. Y en eso, mi formación -o mi deformación- es recontra válida.

Hay una cosa que parece propia del sindicalismo tradicional, la de intentar permanecer para siempre en un lugar conquistado.

Claro, llegar para quedarse. Yo llegué para irme. Porque, si no, el sindicalismo termina por ser el reflejo del dirigente, no el de las personas a quienes vos representás. En mi caso, en un momento dejás de ser empleado público, para pasar a ser dirigente.

 

HORIZONTEAR EL FUTURO

 

                                   Desde chiquitos nos han enseñado/ Que esperanza viene de esperar/Pero no sirve esperancear sentados/ A que todo(s) lo(s) malo(s) tenga(n) buena voluntad”
“Nosotros los feos”, Federico Cáceres, en el álbum
“Vivir riendo”, de “Mano a mano”

 

En muchas declaraciones marcás la diferencia entre el movimiento obrero y el sindicalismo, ¿qué fuerza tiene el movimiento obrero que todavía no tengan los sindicatos?

El movimiento obrero tiene la particularidad de ser autónomo de los sindicatos. Cuando el sindicalismo traiciona, en algún momento, el movimiento obrero sale y resuelve. Es totalmente lógico que eso suceda, porque en el sindicalismo histórico la representación sindical define por fuera de las bases. Toman decisiones que atraviesan la vida de cualquier trabajadora o trabajador, sin tomarlos en cuenta. Por eso, es sumamente  importante remarcar que a la fuerza de los trabajadores y de las trabajadoras no la reemplaza lo institucional. También hay sindicatos con un acercamiento a su base, como Camioneros. Entonces decís: “Guau, existe ahí cierta síntesis”. Y después tenés sindicatos como el nuestro, que no logran hacerlo. Vos tomás algunas decisiones políticas y sindicales que no tienen el suficiente acompañamiento del movimiento obrero. Escuchás cosas como: “La negociación paritaria va mal, pero no salgo a la calle”. Por otra parte, dentro de una misma población,

conviven un ATE combativo con un UPCN. Y vos no sos la síntesis de todo eso. En algún momento el movimiento obrero saldrá todo junto e impactará de tal manera que frenará el avance  del gobierno. Porque perdimos diez ministerios, no es que no pasó nada. Perdimos treinta mil puestos de trabajo. Bueno, el movimiento obrero no estaba todavía en condiciones de dar esa pelea y el sindicalismo no estuvo a la altura de lo que necesitaba ese movimiento obrero. En eso, nosotros entendemos que no somos la síntesis de nuestros compañeros y compañeras de trabajo. No alcanza.

 

YANKEES, GO HOME

 

“(…)ella sale al encuentro de la esquina del sueño/a cumplir la cita con los viejos fantasmas/ella tiene coraje cuando espía al traidor/
al que se pone el guante/ella bebe despacio su pasado/en el bar de ventanas/por las que a veces entra la locura/ella se pone suave/y me ayuda con su pecho mullido/a vivir el amor muy tiernamente/ella escribe conmigo/y se desnuda en silencio/ella/la vida/se ha puesto/la capelina roja/y anda suelta en el clima.
“Biografía”, Roberto Santoro.

                                  

¿Quién es un traidor para vos?

Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.

Todo aquél que pasa por la embajada de Estados Unidos, como síntesis de lo más cruel que le puede pasar a nuestro pueblo. No digo el que va a tomar el té, digo el que va a negociar, el que acuerda de qué manera oprimir al pueblo, desaparecer gente, asesinarla, encarcelarla. Esos son los traidores que nosotros tenemos.

Y cuando hablás de una unidad con otros sindicatos, con la CGT, ¿qué sería lo no negociable ahí, lo que sentirías como una traición?

Lo que no se puede perder es la capacidad de relación con la base. Nosotros planteamos que hay que volver a la CGT, pero para eso tiene que haber un marco de participación democrática. Volver para ser parte de lo que hay ahora, no tiene sentido. Yo no tengo pertenencia a la CGT. Yo soy peronista, tengo pertenencia al peronismo y al kirchnerismo en un mismo sujeto político, no soy cegetista. Sí me siento un trabajador organizado y me encantaría que haya una sola central obrera. No me importa ni siquiera el nombre. Me gustaría ser de la CGT de los Argentinos, no de la CGT. Cuando vos tenés que empezar a hilar tan finito es porque algo pasó en el medio. Yo creo que lo no negociable es que no haya un ámbito de participación democrática.

¿Te afiliaste hace poco al partido justicialista?

No. Me afilié cuando era muy jovencito, en la Matanza, a los dieciséis años. Después, acá en la Capital Federal, hicieron un partido político en el que me afiliaron de prepo y eso desafilió mi pertenencia al Partido Justicialista. Lo hicieron acá. Usaron el padrón de nuestro sindicato para hacer un partido político. Cuando nos enteramos,empezamos a mandar cartas documento. Creo que me habré reafiliado como doce veces al PJ de Capital: todo el tiempo te afiliás y te desafilian. La última vez me cansé y dije: “Hagámoslo público a esto, es una vergüenza”

¿O sea que la del 2018 no es la primera, sino la última?

Es la última, donde por fin aparezco en el padrón del PJ. Pero vengo de toda una secuencia de ser parte, sí.

 

INÓRGANICO, EN ZAPATILLAS SIN MARCA

 

que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no pajaritos como el tío juan/especialmente porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje hasta el crematorio municipal/y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que les hacía pío-pío en la cabeza/el tío juan era así/le gustaba cantar/y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/entró al horno cantando pío-pío/salieron sus cenizas y piaron un rato/y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza”
“Sobre la poesía”, Juan Gelman

¿Qué pasaría si el partido toma una decisión con la que vos no estás de acuerdo de ninguna manera?

Kim Leuembergerc
Kim Leuembergerc

Yo soy totalmente inorgánico al partido. Creo que en eso hay que ser más claro. Menem también se dice peronista. Macri se autodefine peronista, puso un busto de Perón, compartió con una parte del movimiento obrero un acto del 1° de Mayo… No hay un peronómetro o algo que establezca quién puede ser de un partido o de un movimiento político. Yo me siento parte de una referencia histórica,  eso no me obliga a tener que acordar cualquier cosa. Si el partido dice “Lavagna”, si dice “Urtubey”, si dice “Pichetto”, a mí no me va a contener. El partido me va a importar poco ahí. Después veré si me desafilio o no. No me importa tanto el tema de la afiliación en sí misma. No necesariamente esas decisiones troncales tienen algo que ver con lo que nos pasa a los militantes, que somos parte de algo más grande.

Vuelvo al tema del lenguaje y de la unidad. Muchos peronistas, cuando se encuentran con alguien de la izquierda a quien juzgan insuficientemente efectivo, empiezan con esto de “trosko” y progre. Como si la superación de un trosko fuera un peronista o un peronista fuera un nivel superior de la combatividad.  Más allá de la gente que está en contra de todo de modo compulsivo, ¿no te parecería bueno que muchas de esas personas estuvieran de este lado y repensar esa disputa de lenguaje?

Lo que pasa es que hay que ver cuánto se pueden permitir ellos estar en un lugar que no sea ese. El problema no es dónde uno los ubica, sino dónde se ubica cada persona. Hay en el mundo gente más trotskista que quienes participan estructuralmente en el partido. Hay personas con una impronta mucho más revolucionaria que lo que el partido puede establecer. Y también hay gente mucho más progresista que cualquier expresión partidaria progresista, aunque no creo que haya hoy un partido así. El rótulo es una excusa para dejar gente afuera o para que otra gente se quede acomodada en un lugar de confort ganado hace tiempo. Lo que yo cuestiono siempre a las personas que se ubican en esos lugares es que no tienen vocación de poder, porque sus planteos son siempre en contra de las grandes mayorías. Si vos pensás que tu propuesta o tu alternativa abraza a la totalidad del pueblo, tenés que tener vocación de poder y tenés que poder generar las condiciones para que eso suceda.

Bueno, quizás su vocación de poder no sea la de “ese” poder. El capitalismo es siempre salvaje. Atenuarlo es mejor que agravarlo, pero no implica subvertirlo. Otro asunto es si estamos generando condiciones, siquiera, para atenuarlo.

Sí, pero ellos no viven por fuera de las reglas, viven de la plata de los partidos políticos, viven de los cargos legislativos, trabajan en todas las estructuras del sistema capitalista como todo el mundo… Para nosotros, sería un acto hasta de salud que el nuevo peronismo pudiera empezar a repensarse sin el capitalismo como un eje de vida. Como vos decís, el capitalismo es siempre salvaje. Hay muy pocas expresiones en el mundo donde el capitalismo puede contener a la totalidad de la población y no genera pobreza. Estamos muy lejos de eso. El tema es quién está hoy en condiciones de dar ese debate y qué persona se puede sentir abrazada frente a eso.

¿Creés que hay que dar ese debate?

Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.

Claro. Es un debate que yo doy permanentemente. Fijate lo que pasa en Venezuela: te ponen arriba de la mesa dos modelos distintos de país. Más allá de lo que uno pueda pensar, no tenés grandes expresiones de prácticas de socialismo o de prácticas democráticas que generen participación popular y organización territorial. Yo no viajé nunca a Venezuela, todo lo que cuento es en referencia a lo que me cuentan quienes sí lo hicieron. Pero Venezuela tiene una práctica democrática que nosotros no conocemos: se organizan por manzana, tiene referentes que se juntan con otros referentes y van trabajando de abajo hacia arriba en la construcción de una idea, de cómo llevar adelante una nación. Quienes no están de acuerdo, hoy son parte de la oposición en Venezuela. Pero hay toda una población que entiende un modelo de país que vale la pena ser vivido. Y es con el socialismo, ¿no? Bueno, nosotros estamos con dificultades porque se demoniza el modelo venezolano. Ahora, cuando vos le preguntás a nuestros compañeros y compañeras, “¿Ustedes están dispuestos a vivir en cooperativas?”, te dicen que no. “¿Están dispuestos a que no haya pibes muriéndose pero que no puedas elegir las zapatillas?”, te dicen: “Yo quiero que los pibes no se mueran, pero quiero elegir mis zapatillas” Bueno… Igual damos la discusión, damos los debates, pero tenemos que trabajar muchísimo sobre ese escenario.

 

REESTRENO DEL ENSAYO

 

                                               Son mis voces cantando/para que no canten ellos,/los amordazados grismente en el alba,/los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.”
“Anillos de ceniza”, Alejandra Pizarnik


En estos tiempos nos preocupan ciertas cuestiones relativas al sentido común construido desde los medios, cuestiones que dificultan la lucha, ¿cómo salir de eso?

Liliana Porter.
Liliana Porter.

Depende quién esté en esa situación del sentido común construido. Frente al temor a la pérdida, quizás elegís el sentido común, porque entendés que eso puede resguardar, por ejemplo, una situación familiar.

Para poder pensar otras posibilidades de supervivencia, que no impliquen someterte al sentido común, ¿no son necesarios más recursos de lenguaje?

Sí, pero tiene que haber del otro lado un marco receptivo a eso. Cuando nosotros empezamos con los talleres de masculinidad, fuimos muy criticados por una parte del sindicalismo. Como si hubiéramos asumido un lugar muy torpe en materia de cómo se daba la discusión de la igualdad de género. Pero ahora creemos que fue un acierto, porque vos tenés que dar respuestas dinámicas y rápidas a lo que va sucediendo en la sociedad. Pensamos que no nos equivocamos, a pesar de que del otro lado no estaba la capacidad de escucha. El taller fue en diciembre. El 14 de diciembre vinieron alrededor de ochenta compañeros interesados en poder empezar a trazar una lógica de vida totalmente distinta. Entonces, es evidente que “hay ganas de”.  Es un ensayo. Hay que ensayar todo lo que se pueda. Acá discutimos bastante sobre cómo hacer para que llegue el mensaje. Hay unos youtubers que hacen sketchs y, a través del humor grotesco, bajan un mensaje muy claro… En cinco minutos hacen un relato de todo lo que sucedió en seis meses en el país. Bueno, quizás el humor sea una de las formas que uno puede utilizar para generar transformaciones, para poder comunicar.

 


LA ARMONÍA DE LAS FORMAS ABIERTAS

 

“(…)si servirá de algo abrir la puerta/me pregunto/y andar por el patio/por el mundo entre la gente/abrir de par en par la puerta/
para que todo pueda cumplirse/como la hoja de un cuchillo al extremo de un puente/como la red y el roble que salvan la alegría al final del espectáculo/como el canto de las aguas y el susurro de la siesta/
como la playa en sombras y el lecho infinito de los amantes reencontrados”

“Abrir la puerta”, Edgar Bailey

 

¿Y lo poético?

Ahí no sé cuánto, pero habría que ensayarlo también.

¿Qué es lo poético para vos?

Daniel Rvera.
Daniel Rvera.

Quizás es algo más armónico, es transitar un mensaje de una manera totalmente armoniosa. No lo ensayamos nunca y quizás habría que hacerlo, por ahí tal vez también se podría también llegar.

En varios momentos decís que la estrategia comunicacional del kirchnerismo fue muy mala y que, en parte, por eso se perdió. Nosotros buscamos algunas de las críticas que te hacen a vos y vemos que ellos tienen un lenguaje muy claro: cuando te enfrentaste con la policía, no dijeron que eras combativo, sino que eras “de manual”, porque estabas en campaña y buscabas notoriedad. ¿Qué oponemos nosotros a esa construcción que tiene los sustantivos y los adjetivos, vacíos y tan bien elegidos?

A ver…  Lo que se vio en la televisión fue un recorte. Antes de eso,  habían detenido a un compañero y golpeado a dos. A mí me parecería raro, por decirte algo grotesco, recitarle un poema o cantarle algo al comisario después que me volteó dos compañeros en el marco de una represión.

Hablamos de lo poético, no del poema. “Sacame la policía de acá” fue muy poético.

Fotografía: Diego Grispo.
Fotografía: Diego Grispo.

Ah, bien. Por otra parte, creo que del otro lado nos analizan mucho todo el tiempo y buscan la manera de ponernos en determinados lugares. El lugar donde me ponen, a mí no me incomoda, porque tiene que ver con mi pertenencia. Yo tengo este color de pelo claro porque mis abuelos eran italianos, pero soy de La Matanza, me crié con matanceros, en una familia de pobreza estructural. Entonces, si me ponen en el lugar de los cabecitas o en el lugar de manual, es el lugar que me representa, del que me siento parte. Me preocupa mucho más que lo que ellos digan, poder generar una transmisión del lenguaje a esa parte de la sociedad que a mí me contiene, me interpela, me gusta, con la que crecí y con la quiero envejecer y morir. Me preocupa no tener lenguaje para poder transmitirles a ellos qué me pasa. Hay un sector al que yo sé que también le tengo que hablar y que no sé todavía si ellos quieren que les hable.

O quizás, a ambos sectores- ese con el que creciste y el que aún no sabes si te quiere escuchar- ofrecerles otros recursos de lenguaje, para que ellos nos cuenten algunas cosas con otras herramientas.

dag010Quizás. Y habría que evaluar cómo. Es cierto que a veces uno se queda en un lugar  cómodo, donde se siente firme, en vez de explorar instancias que  ve como más hostiles  Hoy hay una situación de no escucha. Todos me dicen que siempre fue así. Yo pensaba que es más un problema de nuestra generación, que es bien contemporáneo esto de hablar por encima del otro. Pero los compañeros de más edad te dicen, “No, Tano. Nunca fue distinto. Las posiciones políticas son posiciones políticas”. Entonces, hay que ver de qué manera quienes tenemos posiciones políticas cerradas construimos la forma para que el lenguaje penetre y las abra. Porque uno directamente descarta todo lo que viene del otro lado. No importa cómo lo comuniquen, lo descarta. Es como cuando aparece el micrófono de C5N: “Ah, ustedes son…” Y creo que lo mejor que puede pasar es que, por un canal abierto, alguien que piense distinto pueda transmitir una idea a millones de personas.  Muchos descartan eso porque prefieren no ser expresados por ese medio de comunicación.

 

ABRAZAR EL CAMINO

“y si este fuera mi último poema, insumiso y triste, raído pero entero, tan solo una palabra escribiría: compañero”.

Mauricio Rosencof, poema para despedir a su compañero Eleuterio Fernández Huidobro, con quien estuvo preso en 12 años durante la dictadura uruguaya

En este número de El Anartista, el tema son los rituales. ¿Qué tipo de ritual especial se da en los cuerpos, en la lucha, con los otros compañeros?

Materializa una hermandad que se da solamente en ese momento. Es como una afirmación del lugar en que vos estás. La primera vez que me pegó la policía, tenía trece años, fue durante una movilización por el boleto estudiantil. Esas experiencias, junto a las de miles de compañeras y compañeros, son únicas y  no se pueden transmitir, salvo que las estés viviendo, que entiendas que el poner el cuerpo para lograr un objetivo tiene un plus. No necesariamente tenés que poner el cuerpo para pelearte con la policía. Yo vengo de hacer ochenta kilómetros en La Rioja. Caminé días bajo el sol, en la ruta, para pedir el básico de $8.000 para los municipales. Ellos entendían que el ritual era caminar esos ochenta kilómetros en la ruta. Y ahí ves al Gauchito Gil y nada más. Éramos ciento veinte compañeros y compañeras en la ruta bajo el sol. Eso es un acto de hermandad, un ritual. Eso solamente lo pueden vivir aquellos que se animan a experimentarlo y que, después, además, se lo apropian. Yo ahora quiero ir todos los años a la marcha de La Rioja. No fue nada fácil, no es para pasarla bien, pero el reconocimiento de mis compañeras y compañeros riojanos es inolvidable. Lo mismo pasa cuando voy a Luján. Este ritual lo ponés en funcionamiento, más allá de lo religioso. Yo no voy porque crea en la virgen de Luján, voy porque creo en mis compañeros. Mis compañeros van porque tiene un deseo y un objetivo y yo los acompaño y transito con ellos esa experiencia. Pongo el cuerpo. ¿Es doloroso?,  sí, pero esa hermandad entre compañeros y compañeras cuando llegamos a Luján no la puede vulnerar absolutamente nada. Eso es algo nuestro.

Es potenciante.

Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.

Sí. Y en la calle te pasa lo mismo. Cuando vos hacés un cordón y enfrente te viene la infantería y te vienen los escudos, vos decís “No se muevan, no se muevan” y no se mueve nadie. No es que no se mueven porque no tengan miedo. Todos estamos con  miedo, pero vos entendés que la única forma de poder sacar adelante el reclamo es resistir. Fijate que, cuando a nosotros nos reprimen por el presupuesto, votamos volver a la Plaza, entendimos que, a pesar de  lo que  suceda, siempre hay que volver a ocupar la calle, volver a generar este ritual, esta hermandad. Bueno, es esto. Los compañeros de ATE, como de muchos sindicatos que pasan por esta situación, tienen otro cuerpo y otro dinamismo a la hora de resolver cosas, lo hacés con otro convencimiento.

 

LOCOMOTORA QUE APUESTA NUNCA ENVEJECE

 

                               “El tren camina y camina, /y la máquina resuella, /y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!”
“El tren”, Antonio Machado


En relación a esto de poner el cuerpo y a tu decisión de postularte para la conducción nacional de ATE, hay un enunciado del sentido común- me parece- que sentencia que, si uno pone el cuerpo prematuramente y le va mal, pierde todo, se queda sin nada, ¿qué pensás de esto?, ¿es parte de esas lógicas que se instalan para acobardar?

La verdad es que no me importa. Yo no vivo del sindicato. Uno no puede vivir de especulación. Nosotros vamos a hacer todo lo que tenemos que hacer. Yo vengo planteando que ahora atravieso mis últimos años de carrera sindical para que pueda haber otra impronta en ATE. Así que no me interesa la consagración por la consagración misma. Hay compañeros que me piden que vaya con doble candidatura, como candidato nacional y como candidato en Capital. Yo no quiero. Lo hablaremos más adelante, ahora quiero pelear salario. Cuando haya que armar la lista, nos sentamos y lo pensamos. Yo podría volver el 8 de agosto a trabajar en juegotecas y reconstruir desde ahí. No sería ese mi problema.

Pero tal vez sí se puede pensar que podría ser un problema para ATE.

Por eso mis compañeros me pedían que evaluara todo lo que hay que evaluar: “¿Qué pasa si te vas?” ¿Y qué pasa si me voy? Vendrá otra persona. El sindicato es el sindicato, no somos los sujetos. Nosotros somos parte de eso, también hay que poder con esta cuestión. Hay que ver si el colectivo hoy banca esa instancia. Me pasa  que tengo un grado de inconciencia muy alto respecto de todo esto y, como no estoy enamorado de mí, no me importa. Las cosas van a seguir pasando. Son cuestiones coyunturales, habrá que discutir en la Agrupación, pensar si vale la pena. Y después vemos. Lo que sí o sí va es mi candidatura a nivel nacional. Yo creo que es un momento en que ATE tiene que tener otra impronta.

Como dirigente gremial siempre pensaste que el sindicato tiene que involucrarse en la aplicación de políticas públicas, ¿por qué?

Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Catalano. Fotografía: Diego Grispo.

Todos los sindicatos tienen que intervenir en la rama en la que actúan, si no, se transformaría en algo corporativo, en solamente defender el puesto de trabajo. A los mejores especialistas los tenés en la base, ¿qué mejor que una trabajadora social que viene laburando hace diez años en Familia para poder determinar y ejecutar un programa en Familia?  No podés traer a cualquier persona a ocupar un cargo político, no podés traer a alguien que no entiende el laburo territorial y que, quizás, ni siquiera tiene las herramientas profesionales para hacerlo. Si es cuestión de manejar el Astillero Río Santiago, ¿quién mejor que un ingeniero que hace quince años labura ahí?

Eso es muy marxista, felizmente.

Sí, uno se piensa como sujeto de trabajo, pero yo pienso que uno es sujeto de transformación. Nosotros podemos conducir el Estado y eso sería la garantía de que el Estado tenga otra impronta. Queremos discutir el Estado y queremos ocupar lugares centrales en el Estado, con un gobierno popular. Y, con gobiernos que son ofensivos, como este, ocupar un lugar de resistencia, que toda la conducción del Estado se pueda paralizar y decir “No. No se cierra tal espacio. Y que se arme quilombo pero ese espacio no lo cerrás”. Bueno, eso lo vas generando, si creas la necesidad de hacer carrera dentro de los ámbitos de trabajo estatales. Lograr que quien entra al Estado no sienta que, para poder crecer personalmente, tiene que optar por el sector privado o por ser cuentapropista… Ahora, mirá: más de dos mil científicos excluidos del Conicet. Se viene la 5ᵃ generación de exiliados profesionales emigrados de la Argentina porque acá les cierran las puertas, ¿es necesario esto? Y no. Nosotros estamos convencidos de que tenemos que meternos en el Estado a conducirlo y a ponerlo patas para arriba. Como hay que meterse en las fábricas, en las empresas, hay que ser parte de todo eso.

Como locomotoras, no como vagones.

Sí. No hay otra. No está bueno pararte en un momento y quedarte a envejecer en el lugar en que entraste. Hay que generar otras condiciones de vida.

Daniel Catalano con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Catalano con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 




LA METÁFORA CONTRAATACA

Rituales: Entrevista Charo Bogarín

Entrevista: Lourdes Landeira, Adriana Valletta, Estela Colángelo, Pablo Soprano, Noemí Pomi,Gabriela Stoppelman

Edición: Gabriela Stoppelman

Fotografía: Diego Grispo

 

                                   “He caído en la trampa de estos pies/ como un rehén del cielo o del infierno que se interroga/ en vano por su especie,/ que no entiende sus huesos ni su piel,/ ni esta perseverancia de coleóptero solo,/ ni este tam-tam con que se le convoca a un eterno retorno. /¿Y a dónde va este ser inmenso, legendario, increíble,/ que despliega su vivo laberinto como una pesadilla,/ aquí, todavía de pie,/ sobre dos fugitivos delirios de la espuma, debajo del diluvio?”
“El sello personal”,  Olga Orozco, de “Museo salvaje”


La piel del lenguaje se despereza en la sombra. Lidia amorosamente con la primera luz del día, pero no sucumbe al hechizo del resplandor. Antes de pisar la vigilia, humecta sus ausencias, agita sus deseos. Conversa con el árbol su ser madera, canturrea su devenir arcilla. Mientras, la luz avanza hacia su cima  y desoculta cueros y caparazones: la ciudad es un reguero de dientes apretados, donde la alquimia del sol forcejea con las desesperanzas. La novedad resulta siempre literal, obscena y redundante. Ahora le ha dado por encarcelar la basura para que el hambre no la aceche, para que los paseantes no se indignen. Por eso, la piel del lenguaje esquiva la novedad y busca las esquinas del origen: el sitio exacto y móvil, donde confluyen las primeras caligrafías, la infancia de las manos sobre la página en blanco, el abrazo del padre que regresa de la lucha.

Y ya bien entrada la tarde, pone a cocer otro tiempo en el crisol de las horas. Filtra las intrigas y las prepotencias, muele y mixtura el cielo con las raíces, desnuda a la fruta, la invita a rezumar en el caldo de su historia.

Cuando la noche comienza a disputar el color de las siluetas, la piel del lenguaje está bien nutrida, pipona de matices y curvas, dispuesta a dar batalla a todos los embates de los sin vuelo. Brilla la piel con el oro del maíz. Despunta una melodía al filo de una metáfora. Guerrea, cantora brava: en las tierras de las sombras queda mucho verso por hacer.

 

Susana Rendón.
Susana Rendón.


LA GRAN TETA LATINOAMERICANA

 

Viento del norte que abrazas mi luna distante/Tierra quebrada, transitar de los pies cansados/Fondo del alma, son tus ojos claros, poema y luz/Y en el rocío se formó tu canto y el mío”
Tierra quebrada”, Charo Bogarín (tema dedicado a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo),  de “Cantos de la Tierra sin Mal (2014)


¿Este corazón tiene un significado?

Fotografía: DIego Grispo.
Fotografía: DIego Grispo.

Sí. Lo usamos para la  primera escenografía y como disparador de mi proyecto solista, “La Charo”.  El rojo es también un color de la pasión, yo soy una mujer muy apasionada. A algunos los tracciona la razón, a otros el corazón y, a otros, la intuición.

Tus canciones hablan del amor, pero también de los desamores ¿cuál te parece que es el desamor que más nos afecta hoy, como colectivo y a nivel individual?

En tiempos como los que corren, todos somos “los nadies”. Son tiempos  donde se nota un desamor a lo propio, a la raíz. Ese es el desamor colectivo que más nos está afectando. Sobre todo, porque venimos de una década en la que, como nunca, se realzó y se nos hizo aprender de nuevo a mamar de esa gran teta latinoamericana, a reconocer nuestras raíces, que son nuestro alimento, a volver a abrazar a nuestros pueblos originarios, esa mixtura de pieles y de razas.

La patria grande.

Exactamente ¿Y qué concibe como patria cada uno? Primero,  pensemos que son términos que vienen de una concepción europea, porque no creo que los pueblos originarios hayan dicho “Esta es mi patria”. En todo caso, habrán dicho “este es mi territorio”. Entonces, si hablamos de desamor colectivo, creo que hoy padecemos el desamor a nuestras raíces.

 

CIMBRONAZOS DEL POEMA

 

Yo te esperaba paciente limpiando la  vereda/Y sacudía los santos a mi santa  manera/Quitándoles polvareda de los días de espera/Por ti, por ti”
“La espina”, Charo Bogarín, de “Cantos de la tierra sin mal”

En tus temas nos llamó la atención, como recurrencia, la continuidad entre el mundo y las personas. En tus metáforas, vimos elementos de paisaje en los hombres y paisajes atropomorfizados.  Como si la gente tuviera orillas y los paisajes, rostros.

Miguel Hachen.
Miguel Hachen.

Puede tener que ver con una concepción ancestral y olvidada, que no concibe al ser humano y a su entorno como entes separados, sino como partes de un todo. Esto me llega a mis treinta años, cuando yo empiezo con el canto. Antes, no. El canto originario dice que nosotros somos uno con el paisaje, entonces, somos el paisaje. Los procesos que sentimos en nosotros están también reflejados en la naturaleza. A partir de esta concepción -de no dualidad, de no división- empieza a cambiar la poesía que uno pueda escribir. Somos parte de la naturaleza, no la lastimamos. Aprendemos a convivir y no a destruir. La construcción es verdadera.

¿Y cuando ella nos lastima?

¿Cuándo te lastima?

En un terremoto o en un tornado, por ejemplo.

Esas son también las expresiones del amor. Hay veces que para que las cuestiones se acomoden, se producen cimbronazos: acomodamientos de placas tectónicas o esas necesidades de sacar la energía afuera. Porque eso es el clima, energía en movimiento.  Hay un tornado o hay terremoto, es parte de esa sensación de la ira humana. El paisaje es tan humano como nosotros naturales.

Hay  un espejo ahí.

Absolutamente. Si uno entiende que eso es parte de uno y de la naturaleza de uno, cambia también la filosofía con la que uno ve estas cuestiones. Ya no como un castigo ni como una gracia divina, sino como parte de lo que estás habitando.

Chema Madoz
Chema Madoz

Tampoco como un evento científico estrictamente.

Nunca algo que sucede en la naturaleza va a ser un evento científico. O quizás pueden venir tormentas de laboratorio, ¿por qué no? (risas). Al tener nosotros este encuentro coercitivo y no amable con la naturaleza, provocamos en ella enojo, una herida, una ira. Cuando vos cuidás una planta, provocás el amor en la naturaleza… Lo mismo cuando podás un árbol, hay que saber cómo cuidarlos, como a las relaciones. Uno sabe cómo cortar una relación sanamente para que siga creciendo. Creo que, de todo acto humano, podemos encontrar una analogía en la naturaleza y viceversa.

 

 

ALQUIMIA  SOBRE UNA HOJA EN BLANCO


Rumbo a la cosecha, cosechero yo seré/Y entre copos blancos mi esperanza cantaré/Con manos curtidas dejaré en el algodón/Mi corazón”
El cosechero” Ramón Ayala, Plegaria del árbol negro (2008) /Tonolec Folk, Los sos Labrados (2010)

 

En tus canciones, otra cosa impregnada en la naturaleza es el pasado.

Cristina Paoli. "Mujeres de al tierra".
Cristina Paoli. “Mujeres de al tierra”.

Bueno, pinta tu aldea y pintarás el mundo. Mi aldea es mi historia. Y mi historia es  la de los sucesos que me fueron atravesando desde pequeña. Mi gran ausencia es mi padre desaparecido. Esa ausencia está presente siempre. A veces, es mucho más pesada que las presencias. Metafóricamente, la ausencia está en tus palabras y en tu obra, como un recurso. Pero yo también hablo de cómo uno trata a la ausencia. Podés abordar la ausencia con una enorme nostalgia: es el caso del tango, es el caso de esos inmigrantes  que extrañaron demasiado su tierra y esa nostalgia la volcaron en las letras y la llevaron al bandoneón. Es, también, la nostalgia de nuestros exiliados en la época del Proceso. Por otro lado,  podés también vivir la ausencia como una hoja en blanco para la creación. Allí la ausencia es el motor y la inspiración. Yo hago mis canciones con esta gran ausencia que es mi padre, así como esta gran presencia que es mi madre. A mi hermana y a mí, mi madre nos ha enseñado a transformar la realidad que tenemos. Si sos transformador de tu entorno y de tu historia, te hacés responsable, no culpás al otro. La transformación de la ausencia de mi padre se dio en el proceso  de asimilar  qué nos pasó y de tomarlo como un aprendizaje.

Charo Bogarín. Fotografía: Diego Grispo.
Charo Bogarín. Fotografía: Diego Grispo.

Aprendimos del dolor de ser tres mujeres solas, de ponernos la vida al hombro y de intentar salir adelante sin quedarnos sumidas en una desesperación. Para mí, transformar la ausencia de mi padre es una hermosa responsabilidad. Lo transformo en poesía, en algo luminoso, en una bella melodía, en una canción. Entonces, mi padre ausencia es presencia luminosa y bella, es faro que nos guía. Es una enseñanza y un recuerdo de valores, de una forma de ser incondicional, vinculada con un sentimiento colectivo. El amor que él tenía estaba relacionado con esos valores colectivos, él dio su vida y eso tuvo que ver con su compromiso social. Son cuestiones bastante en desuso, hoy pretenden enseñarnos a dejarlas de lado, como si no fuera importante sentir amor a lo propio, a la familia.

¿Cómo es la relación del canto  con esta cosmovisión que planteás?

Para mí, el canto es como mi portal energético con un más allá, que es el de los ancestros, el del espíritu, el de la energía flotante, de esa alma de mi padre que está presente. En el canto, como disciplina, encontré ese lugar donde me siento en sintonía, donde me siento un canal de comunicación. Y fijate que todo tiene que ver con las disciplinas anteriores por las que fui pasando. Cuando hacía danza, pensaba que podía comunicar a través del cuerpo y de la música clásica. Sentía que había algo especial para comunicar, aunque en ese momento no sabía qué. A mis dieciocho años, vine a probar suerte  al teatro Colón y al San Martín y fallé en los dos. Cuando volví a Resistencia con el caballo cansado, mi madre me dijo: “Bueno, Charo, pero vos tenés que saberlo… Muchos de nosotros pensamos  que tenemos algo especial para transmitir, pero pasa en uno, de un millón”. Bueno, después de escuchar a mi madre, colgué las zapatillitas de punta y el tutú y los dejé en un armario. Me dije “¿Qué voy a hacer?” Ahí tuve un reencuentro con esta figura de mi padre. Esta crisis mía con la profesión que había elegido me llevó intuitivamente a preguntar qué pasó con mi papá, cómo despareció y a reclamar  un montón de cuestiones a mi  madre porque, en concreto, nunca lo habíamos hablado. Hasta ese momento, yo me dedicaba a bailar y ese era mi mundo. Entonces, mi madre me explicó que la de mi padre y de ella fue una generación que no estaba preparada para lo que vendría porque no había antecedentes de eso acá. Ella me marcó el pensamiento valeroso y heroico de un chico de veintinueve años como mi padre. Imaginate, hoy yo tengo cuarenta y seis y mi hija, veinticuatro. Me la imagino en unos años más, con veintinueve, la misma edad en que mi padre se inmoló. “No pensaba que podía pasarnos algo malo”, decía mi mamá. “Nosotros no teníamos armas en casa. Si él daba discursos, si era congresal por Formosa, ¿qué nos iba a pasar? No hacía nada malo”. Era un pensamiento muy utópico e idealista, muy de esa época también.

"Meráfora resonante"
“Meráfora resonante”

Tal vez sí pensaba que le podía pasar algo y, aun así,…

Yo creo que sí. Porque, primero, él quedó preso político. En marzo del ’76 lo tienen cincuenta días en la cárcel de Formosa. Mi papá sale con media parálisis facial. Es decir,  lo picanearon, lo golpearon, lo torturaron. Después, en septiembre, lo desaparecieron. Recién a mis dieciocho años pude reencontrarme con esta historia, pude sacar ese reclamo que tenía para con ellos, de por qué, si se podían ir a España, se quedaron acá. Y mi mamá respondió que nadie pensó que lo que sucedió sucedería. Fue un lindo encuentro y ahí me decidí por el periodismo, porque tenía que ver con ponerse “al servicio de”. Creo que, a partir de ahí, salí del ostracismo de la danza clásica y empecé a abrir el panorama.


MADERA Y ARCILLA

 

“Un caminito de flores y el olor a madera/Atesoré en mis recuerdos los momentos más lindos/Pero a seguir el camino me dispuse tan pronto/Volví, de ti”
“La espina”, Charo Bogarín, de “Cantos de la tierra sin mal”

En los videos se te ve como una amazona, muy concentrada y seria en tus espectáculos.

Cierto. Yo soy así. Soy muy alegre también. Pero, cuando estoy con las cosas serias, con esto que hacemos, cuando se trata de dirigir una palabra a quien te escucha, cuando se trata de una versión de un canto ancestral, yo no estoy metida en un mero entretenimiento, estoy transmitiendo un contenido. Y eso es cosa seria. El canto sucedió, finalmente, después de estar siete años como periodista y de darme cuenta de que ese tampoco era mi lugar de comunicación. Intuitivamente y salvajemente, me puse a cantar. La decisión fue salvaje, sí.

Lourdes González.
Lourdes González.

Mi hija Gala ya tenía siete años, vivíamos en Resistencia y le dije a mi mamá que me venía a Buenos Aires a hacer música. Ella me contestó: “Bueno, pero dejá a Gala acá” De ninguna manera. “Pero, Charo: tu entorno…” A ver… hoy es muy natural ver a las chicas de la mano con un amigo gay, con un amigo trans. Desde mi época de de la danza clásica, yo me mezclaba con un entorno en su mayoría gay. Lo he vivido siempre con mucha naturalidad, pero era algo muy avanzado para la época. En aquel  año 2000, mamá me sugería dejar a mi hija en Resistencia por ese viejo paradigma de que muchos chicos del medio artístico se drogan. Nunca tuve tabúes en ese sentido. Yo me negué a dejar a mi hija, porque esa criatura me iba a perdonar cualquier cosa, cualquier falla que pudiera tener como madre, pero nunca que la dejara. Tal cual, fue así. La traje conmigo, la llevaba conmigo a los conciertos, se dormía en el regazo de mis amigos, pero la madre estaba. Por otra parte, el padre de mi hija había fallecido cuando ella tenía menos de un año, otro padre ausente presente, hay varias historias que se repiten. Aunque todo lo que me pasó me hizo aprender de ausencias y también, de presencias. Es muy importante la presencia. Puedo tener raptos egoístas. Puedo dejar a mi hija con su abuela e irme un mes a México. Pero siempre estoy, en los momentos importantes, estoy.

La distancia es otro tema que aparece en tus letras, pero nunca es quejosa.

Es que yo no soy una mujer quejosa ni melancólica. Esto tiene que ver con este espíritu de transformar y hacerse cargo. La queja viene cuando vos estás disconforme con algo que te sucede. Te quejás del otro, de algo que pasa afuera y te repercute a vos. Para mí, la queja no es un lugar de asentamiento. La queja no es transformadora.

Decís, al hablar de tus talleres de canto, que la salud está adentro. Spinoza decía que la enfermedad viene de afuera, de cosas que componen mal con vos y separan tus partes constitutivas.

Inés Balbiani.
Inés Balbiani.

Es cierto. Aunque acá no hay verdades universales. Hay cosas que pueden suceder de una manera o de otra. Es cierto lo que dice Spinoza. Nosotros, culturalmente, vamos adquiriendo pensamientos y también mañas, hipocondrías, enfermedades, vínculos enfermos. Lo vemos quizás en nuestras familias, lo tomamos como algo natural y, después, lo reproducimos. Somos una arcilla que se modela, como el árbol mismo lo es. Un árbol encuentra una gran piedra, se tuerce y sigue creciendo. Ese árbol es madera y es también  arcilla que se va modelando con lo que pasa en su entorno. El entorno me condiciona y me modela. Por ejemplo: las mujeres somos muy propensas al cáncer de mama, al de útero, ¿de dónde viene? No es que te hacen un análisis genético y ahí se encuentra siempre un antecedente. Es un ejemplo de enfermedad que se genera  desde uno. Nuestra mente es muy poderosa. Muy pocos saben utilizar la mente. Muchos de nosotros la usamos, inconscientemente, para hacernos daño. Por otra parte, nuestras defensas tienen que ver con un estado mental que, a su vez, tiene que ver con un estado espiritual. Podemos generar una enfermedad y también una medicina. El canto es una herramienta muy poderosa para curar, para sanar. Somos portadores de nuestra propia medicina, podemos curarnos y sanarnos con el canto y  con cualquier expresión, con cualquier mínimo ritual que tengamos a la mañana, como cepillarnos la piel, pasarnos aceite. Ahí estamos cuidando el órgano más importante que tenemos: la piel.  Ahora, en cuanto a lo que me preguntabas de la voz y la salud, la voz puede ser hablada, cantada, puede ser una onomatopeya o un grito de liberación. A veces las madres lanzamos un grito animal, guerrero, de lobas. ¿Por qué? Porque somos un canal a través del cual fluye algo, un sonido en este caso. A la vez, dentro del cuerpo, tenemos canales por donde fluye, por ejemplo, la sangre. Siempre hay un canal conductor. Si tenemos conciencia de que somos un canal conductor, sólo resta discernir qué  vamos a conducir. La palabra, la voz… El amor es el motor y el combustible de esto.

 

 EL SOL ENTRE LOS DIENTES

 

                                   “Y me dice que el sol brillará/Sobre un pueblo que él sueña/Labrando su verde solar”
“Adagio en mi país”, Alfredo Zitarrosa, en el álbum de Tonolec, “La Celebración” (2015)


¿Y el espíritu?

El espíritu es lo que traemos, la ancestralidad. La materia se transforma, el espíritu es nuestra constante. Es como una energía con sus características propias, eso que algunos llaman la personalidad.

Y lo poético, ¿qué es para vos?

Es la belleza. Ciertos patrones culturales pretenden determinar que algo sea bello y otra cosa, no. Lo peligroso es que uno no discierna que se trata simplemente de un patrón cultural y tome sus sentencias como verdades absolutas. Es lo que nos pasa con esto de querer ser los más europeos de Latinoamérica, aparentemente, nos daría un piné diferente a otro país, donde se note más la negritud o la piel aindiada, del color de la tierra. Ahí vemos al desamor otra vez ¿Por qué? Porque primero tenés que aprender a amar lo propio. Después, que los negros elijamos a los rubios, que los rubios a los negros, no importa. Eso ya es diferente, se hará en base a un discernimiento.

¿Se trataría de asumir la propia espiritualidad?

Lo propio es asumir el origen. Creo que la espiritualidad tiene otro plano, menos terrenal. El espíritu no se pude ubicar, es  la esencia de algo.

Moira Millán nos decía que el pueblo mapuche ve al espíritu revelado en los sueños. Tanto, que los sueños llegan a ser prueba en los juicios, con tanto peso como un hecho de la vigilia.

Miguel Hachen.
Miguel Hachen.

Bueno, los mapuches ellos tienen esa manera de ver el mundo. El guarní es mi raza, mi sangre y tiene una concepción de la espiritualidad vinculada a su cosmovisión. Ahí es uno de los lugares donde entra el conflicto religión versus espiritualidad. La religión nos viene desde afuera, es un modo de ver con verdades absolutas, muy crueles. La espiritualidad tiene que ver con un modo de vida relacionado a la cosmovisión de las comunidades originarias, donde la naturaleza es la que manda y no el hombre.

¿Manda u organiza?

“Manda” es una manera de decir quién está a cargo. Todos opinamos, pero alguien conduce ¿quién es la guía, la conductora? Si tu guía es la naturaleza, tu espiritualidad estará en adaptarse a ciertos ciclos, en cuidar el entorno. Creo que ahí está la espiritualidad y la fortaleza de los pueblos. Entre  los guaraníes, hay una concepción del mundo que habla de un edén o de un paraíso terrenal. El guaraní habla de la tierra sin mal, el Yvy Mara He’y. Ahora se está hablando de eso, antes no ¿por qué? Por miedo a que otra vez empezaran a devastar un territorio en busca de ese paraíso terrenal. Esto pasa porque el conflicto espiritualidad versus religión, también se da en términos de metáfora versus literalidad. Latinoamérica es metafórica. Cuando Europa desembarcó aquí con su gran literalidad, al escuchar hablar al indio, al inca, al maya, al guaraní, ellos  decodificaron literalmente lo que oyeron. Así fue con “El Dorado”, donde los pueblos originarios hablaban del maíz. Los  europeos interpretaban que se hablaba de la riqueza mineral, del oro, mientras que la riqueza verdadera era para los originarios el alimento, el maíz, el dorado.

 

DEBATES EN EL EDÉN

                                                           “Delante del mar, hacia la Tierra sin Mal”
Ore Ru (*)”, Charo Bogarín, “Cantos de la tierra sin mal” (2014)
(*) Nuestro padre, en guaraní

¿Se siente hoy el peligro de una neocolonización?

Creo que, desde el año 2000 en adelante, los pueblos originarios, favorecidos por políticas de Estado a nivel continental, empezaron a enlazarse entre ellos y a compartir y ver que sus cosmogonías eran muy parecidas. Entonces, se encontraban aymaras, mapuches, guaraníes, porque los estados propendían a esos encuentros.

Charo Bogarín. Fotografía: Diego Grispo.
Charo Bogarín. Fotografía: Diego Grispo.

¿Y los Qom que estaban acá con el acampe, con Félix Díaz, este hombre que después devino macrista? Ellos no se sentían integrados. Al contrario, reclamaban…

Nos estamos saliendo de tema con eso. Estábamos hablando de cómo fue la apertura. Cuando empezó el año 2000, se hizo un gran cónclave de pueblos originarios. No recuerdo si eran los ancianos mayas, pero dijeron que ya los pueblos originarios estábamos listos para abrirnos y abrir el conocimiento a la sociedad. Que ya no se tenía miedo, ¿de dónde surgía este análisis? De que veían políticas de Estado, presidentes, jefes de Estado, guías que conducían en una dirección favorable a la apertura. Eso, sumado a sueños, a péumas como dicen los mapuches. Por esa época, el guaraní empieza de nuevo a hablar de la tierra sin mal, ese paraíso terrenal, esa especie de edén en la tierra que no es otra cosa que un territorio en el que la Pachamama nos da lo que necesitamos: abrigo y alimento. Y nosotros

Karl Stengeldevolvemos esa gentileza con cuidados, con bailes, con cantos. Un lugar donde no hay cercos ni violencia. Es esa, una concepción simple, pero metafórica, que con criterios literales se puede confundir con un paraíso de propiedades mágicas y maravillosas de rejuvenecimiento. Hoy en día hay una sociedad más preparada para la metáfora que para la literalidad.

¿Sí?

Es que nosotros somos los mismos de antes. Lo que pasa es que cambió la guía, la conducción.

Pero la nueva conducción ganó sin ninguna metáfora, con una estrategia discursiva de literalidad hueca, los globos, la revolución de la alegría…

No hay que ser absolutistas. Nosotros estuvimos doce años en el gobierno y hubo una mitad que no se sintió representada por ellos. Nuestra guía, nuestra conducción, seguía con su relato y con eso nos sentimos identificados. En ese entendimiento, los pueblos originarios se abrieron. Ahora, en ese entendimiento, también nos damos cuenta de que nosotros no tenemos que tener esa mirada romántica en relación a lo originario y a lo espiritual. No podemos ser más papistas que el Papa ni más indios que los indios. Pretendemos que en las comunidades originarias todos sepan qué tienen que hacer

Es como cuando se pide que el feminismo sea el portador de la justicia universal.

O como que compartas que ser feminista es conducirte de cierta forma y no de otra. Hay matices y hay grises.

Tengo la sensación de que, más allá de estos pueblos que nacen de la metáfora y que la tuvieron que recuperar, hoy hay una propensión a la literalidad. Que si no hubiera habido una manera de captar a la gente literalmente, no hubiéramos llegado -por poquito margen- a donde estamos hoy. Por supuesto que la metáfora contraataca, pero…

 

LOCOMOTORAS BRAVAS

 

“Yo te canto corazón dolido/Yo te canto cántaro de gritos/Con la furia de un corazón bravo/Furia de un corazón lastimado”
“Ay, corazoncito”, Charo Bogarín, de “Plegaria del árbol negro” (2008)

Cuando hablás del pueblo guaraní, a veces  te incluís y a veces hablás de “ellos”

Oswaldo Guayasamín.
Oswaldo Guayasamín.

Tengo esa libertad de salir y volver a entrar y no quiero perderla. No tengo una palabra malintencionada ni peyorativa. A veces se entra en la literalidad de decir “raza”, ¿somos raza?, ¿no lo somos? Hay que ver quién habla y en qué contexto. Que yo diga “indio” y venga uno más papista que el Papa y me diga “No, indio es tal cosa…” Bueno, ya lo sé. Hace rato que a mí me gusta decir que soy una india brava y no lo  digo desde un lugar despectivo. De cualquier modo, a veces hay que hacer esas salvedades. Sobre todo, cuando se deja impreso en papel, porque allí no hay la posibilidad de explicar cada palabra. Mis orígenes guaraníes son de parte de mi papá, donde hay muchos ancestros en el territorio, que ahora es Paraguay y parte de Brasil, el antiguo Chaco paraguayo. Eso después se mezcló con sangre italiana, de parte de mi mamá. Digamos que guaraní e italiano son las sangres que predominan en mí aunque, en mi rostro, se ve más lo originario.

En algún lugar has dicho  que la mujer originaria fue la precursora del feminismo.

Sí. Estaba hablando de la mujer guaraní, que refundó una nación, después de la guerra de la Triple Alianza, donde devastaron a una sociedad y mataron a todos sus varones. Allí la labor de la mujer fue ponerse al frente, como amazonas, fue fundacional. Por otra parte, todas somos amazonas en nuestras casas, es como un gen que nos hace  encargarnos de las cosas. La casa es tu grupo de trabajo, tu entorno, tu nación. Dentro de las comunidades originarias, la mujer guaraní carga con esta historia. Ojo, tenemos también grandes ejemplos de machismo, el feminismo apenas se está instalando en las comunidades.

Fotografía: Diego Grispo.
Fotografía: Diego Grispo.

Cuando, con “Tonolec”, cruzamos del lado brasilero, participamos en un Opy, que es una casa de rezo, una ceremonia donde estuvimos tres días con guías espirituales mayas, venidos de Guatemala. Ahí me di cuenta de algo: esto que decía Cristina de “todos y todas”, venía de ellos. Lo escuché de una pareja de ancianos que hablaban de caminar “juntos, a la par”. Cuando agradecían, lo hacían a la abuelita montaña y al abuelito montaña. Todo tenía su femenino y su masculino. Entonces siempre estaba el “todas y todos”, el discurso integrado. ¿Cristina habría participado de una ceremonia maya y lo tomó de allí? (risas)


EL VIENTO HABLA EN EL AGUA

 

Yo seré del viento, serás del sol/Yo el agua crecida en tu corazón/Como el río quieto surcaré tu amor”
“El camalotal”, Charo Bogarín, de “Cantos de la tierra sin mal” (2014)

 

En este número de nuestra revista el tema  son los rituales. Vi en el cancionero “El rito”

Charo Bogarín. Fotografía: Diego Grispo.
Charo Bogarín. Fotografía: Diego Grispo.

“El rito” tiene que ver con rituales cotidianos, donde importa cómo dirige uno la acción, la intención. No es lo mismo hacer una comida con amor, que hacerlo de una manera mecánica. La mecanización tiene que ver con la costumbre y, en la costumbre, uno es desaprensivo. En el ritual, pasa todo lo contrario. Uno es consciente de cada cosa que sucede y, entonces, todo está cargado de una energía maravillosa, poderosa y mágica. En “El rito” yo digo “Lavémonos la cara, que el viento habla para despertarnos”. Esto tiene que ver con ese ritual que es tan cotidiano y tan básico, que uno pierde el contacto con el agua, con la sangre que fluye por el frío. Lo mismo sucede cuando te das una ducha, cuando te acariciás el cuerpo y te frotás y te sacás todas las células muertas, cuando te mimás el cuerpo y sos consciente de él. Entonces, uno empieza a armar santuarios, lugares sagrados en ciertos espacios de la casa. Puede ser el baño: lo llenas de velas, ponés música que te relaje, apagás la luz, colocás aceite con esencias en la bañera y te sumergís. Así, nuestro cuerpo se transforma en nuestro santuario. No necesitás estar literalmente en una catarata o en un río para sentir el milagro, para sentir esa belleza y esa purificación del agua, de los olores.

O sea que el milagro es algo muy cotidiano para vos.

Sí, si uno lo concibe de esa manera. Porque es metafórico. Otra vez, el problema está en cuando somos literales, cuando creemos que la paz la vamos a hallar solamente en ciertos lugares. ¿Por qué? Lo ritual tiene que ver con ser conscientes de lo sagrado. Tu cuerpo es sagrado, tu hogar es sagrado, tus espacios son sagrados. Allí donde generes tus territorios, vas a cargarlos y direccionarlos con esa energía. Y todo va a empezar a fluir.

Charo Bogarín con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Charo Bogarín con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 

 




TÁBANOS EN EL DESIERTO

Rituales: entrevista a Federico Delgado 

Entrevista: Alicia Lapidus. Estela Colángelo, Pablo Soprano, Lourdes Landeira, Gabriela Stoppelman, Noemí Pomi
Edición: Gabriela Stoppelman

 

“Por debajo de los rasgos originarios se generaba una nueva sustancia: no una cara sin sexo, como hubiera querido Arón, sino una nueva realidad, apartada del mandato de parecerse a una cara. Otra génesis comenzó a operar, un sistema del cual se desconocía el funcionamiento de sus leyes.”
“El desierto y su semilla”, Jorge Barón Biza

                                   

El desierto estaba repleto. Era una extensión de vacío tan abigarrada, que solo resultaba posible abordarla por las aristas. Así y todo, aquí y allá, la ausencia se atrevía a alguna asimetría. Había que andar la falta en esos caminos. Mezclados a las certezas de las esquinas, se amontonaban colchones, donde la noche había dormido a la intemperie. Entre el cordón y la cuneta, una tarjeta SUBE hacía tiempo sin carga se debatía entre resistir o hundirse. Los desconsuelos chocaban con las vacilaciones, las penas con los muertos. El único sitio donde el desierto resplandecía estaba al fondo de las confiterías alrededor de los Tribunales. Allí, apoltronados a una mesa de buena madera, la pulcritud de varios trajes disolvía, en la oscuridad del café, el destino de muchos. Si la cucharita giraba en sentido horario, correspondía castigo. Antihorario, absolución. Los Códigos se sacudían el polvo en los estantes y reclamaban el fresco en la escritura del viento. Pero el viento hacía mucho andaba preso en sinrazones, asmático de argumentos. Por su parte, una porción grande del periodismo filtraba la riqueza del lenguaje en redacciones y canales de televisión. Una vez que obtenía capas finitas de ironía, odio y baratos intereses, los esparcía con eficacia ejemplar sobre toda la homogeneidad del desierto. Las transacciones entre culpa y miedo se hacían en plena vigilia. Y, de no creer, las preguntas debían recluirse entre las sombras, reformularse a fuerza de sobreintervenciones,  insistir en los pliegues de las palabras aún no vencidas.

Y, de pronto, desde una cicatriz del vacío, hubo una suelta de insectos. El “hastío de siempre reservarse la mejor parte” y la desaprensión de las baldosas fueron los primeros en reaccionar. Algo picoteaba el aire, algo flagelaba la tristeza de las prepotencias, algo agitaba la sumisión del tiempo y la disciplina de los falsarios.

Eran tábanos. Tábanos preguntones que acechaban los días. Y, mirá vos,  justo pasaban por “Varela Varelita”, cuando nos encontramos a conversar con Federico Delgado.  

Desierto Salvador Dalí, suroeste de Bolivia.
Desierto Salvador Dalí, suroeste de Bolivia.

EL PROBLEMA DE PAGAR EL MÍNIMO

 

                                               “Sobre la montaña florida/Sueltan los caballos/En el cielo otoñal”
Haiku, Natsume Soseki 

  

Tus libros fueron muy interesantes, salvo la entrevista infumable a Lanata. Nos interesó tu relación con el lenguaje. Cuando trabajás la descripción de los ámbitos de la justicia que están en tu fuero, elegís una palabra o un adjetivo que caracteriza a cada uno de ellos: Si la primera instancia es vértigo, los pasillos de la Cámara Federal, en cambio, están signados por el misterio y la ambigüedad. Allí no hay espacio para las certezas. Los jueces están, pero no están. (…) ”¿Qué te aportan estos recursos?

Me ayudan mucho a reflejar lo que siento. En otra vida, yo me dedicaba a estudiar Bajtín, Spinoza, ese tipo de cosas. Me quedaron algunos registros de eso, por ejemplo, que los edificios sociales se hacen con palabras, se sostienen con palabras. Entonces, me parece que la primera pelea que habría que dar, al menos en el campo en que yo me muevo, el de las instituciones, el de la Facultad, es la lucha por la significación. Por eso utilizo a veces esos recursos, para intentar meter una cuña en algunas cosas que vienen sedimentadas desde hace mucho tiempo.

¿Considerás que es importante que la formación de la gente de la Justicia se vincule con la ficción y con el arte?

Sí. En 2007 o 2008, yo organizaba cursos de filosofía del lenguaje y de estéticas, lo hacía con la Unión de Empleados de la Justicia, el gremio de Piumato. Después se fueron cortando porque era todo muy precario, a pulmón. No pasó nada extraño, es que la gente que venía a darnos una mano tenía otras actividades. Bueno, la vida… No logramos institucionalizarlo. Después hicimos algo parecido en el postgrado que dicta la Facultad de Derecho con el Ministerio Público Fiscal para formar cuadros judiciales, ahí metimos una materia obligatoria. La dimos como dos años, luego cambió la currícula y la sacaron. Pero me parece que es una materia pendiente. Es increíble: tipos que trabajamos todo el tiempo con conflictos humanos tratamos todo el tiempo de homogeneizar lo diferente y aplastarlo, rutinizarlo y cosificarlo. Vos podés ser el que más sabe de leyes y códigos pero, si no tenés recursos para

Marie France Diureuxb.
Marie France Diureuxb.

comprender y tratar de graficar con palabras lo que estás sintiendo y comprendiendo, estás sonado. Y, en la justicia, pasa muchas veces que quienes la imparten sienten cosas que después no pueden decir, porque no tienen herramientas. No hablo de los jueces emblemáticos. Muchos pibes de veinte años o poco más se dan cuenta de que la relación entre los hechos no es automática: que una mina, cuyo  marido estaba en cana, una mina que tenía dos chicos y debía vender drogas para mantenerlos, no vendía  drogas porque era una narcotraficante, sino que existen un montón de cuestiones contextuales que, no sé si justifican, pero sí te permiten comprender ese comportamiento y  juzgarlo de otro modo. Y estos pibes no lo hacen porque no tienen herramientas.

¿Eso es lo que llamás “garantismo bobo”?

Sí. Y el garantismo bobo tiene que ver con que los tipos aprenden cuatro o cinco conceptos acríticamente, que penetran por la experiencia -ni siquiera por la razón- y, de golpe, los empiezan a aplicar en todos los casos. Eso sin comprender que no es lo mismo un tipo que se robó un banco que un chabón que está resistiendo la presión del narco de la esquina o del policía corrupto. Las garantías son para todos, pero no operan siempre igual. Lo que hace el garantismo bobo es deslegitimar las garantías, el tesoro más grande que tenemos como personas cuando vivimos en sociedad. Me da bronca, porque eso termina por justificar a los políticos y a los formadores de opinión, que despotrican contra el garantismo. Nosotros nacemos con un montón de protecciones que nadie puede violar, entonces, hay que cuidarlas. El garantismo bobo las malgasta. Esta situación es igual a la del tipo que compra y compra con la tarjeta de crédito y, mes a mes, paga solo el mínimo. Un día lo embargan y se queda sin tarjeta.

 

VACÍOS A FOJA LLENA

 

“vacío vacío, salvo jirones de canción”
“Estar ahí, sin dientes ni mandíbula”, Samuel Beckett

 

En tus textos hay muchas referencias a filósofos y narradores, pero no encontramos poetas.

Luis Briones
Luis Briones

Es que, cuando hice ciencias políticas, me enfrasqué demasiado en la filosofía política antigua y en los clásicos. Luego, me especialicé en eso. Tal vez, de ese modo, obturé algunos mecanismos. Me es difícil manejar el lenguaje poético que le podría dar un cierto vuelo al lenguaje judicial. Sobre todo, por el positivismo, que es la gran trampa del poder,  es el mecanismo que tiene los jueces para homogeneizar y para protegerse. Es la Modernidad.

¿Se podría proponer una lógica alternativa a la lógica causa- efecto?

Hay mucho de eso. Lo que pasa es que en la Argentina no se prepara a la burocracia judicial. Irónicamente, los tipos que más se preocuparon en mezclar la moral y la ética con la frialdad de la ley son muchos filósofos norteamericanos. No hace falta irse a la URSS o a Cuba, casi todo Occidente se preocupó por cómo amigar las leyes con las costumbres, los hábitos y las sensaciones. Excepto, Argentina. Acá hay un desprecio absoluto. Uno puede pensar que eso es parte de la desidia. Y algo de eso debe haber, porque existe mucha resistencia al cambio, a estudiar. Aparte, el sistema judicial actual es muy remunerativo para un pequeño grupo social. Y, como dicen los técnicos de fútbol, equipo que gana no se toca.

Dimos un taller de redacción para futuros abogados y encontramos mucha resistencia a la poesía.

La redacción de los abogados es tremenda. Los gerundios, los latinazgos…

Y la falta de vuelo.

Es que hace mucho tiempo que las sentencias, que son las políticas públicas del poder judicial, no se motivan ni se fundamentan más. Todo es copie y pegue. Los tipos tienen la convicción: este es culpable, pero no cumplen con la exigencia de decir por qué. En cualquier libro de filosofía antigua,  quienes toman posición en un juicio deben dar sus argumentos. Eso se perdió hace mucho tiempo. Agarrás cualquier sentencia judicial, salvo los casos emblemáticos, y tiene cuatrocientas fojas. Si la analizás, vas a ver que no encontrás más de cinco o seis párrafos que sean de valoración, de motivación, de argumentación. Sí hay una larga enumeración de cosas que pasaron: “Declaró y dijo, declaró y dijo…” Pero, después, nadie trabaja con esa materia. El otro día estaba en la Facultad con un tipo que sabe mucho más que yo, Damián Loreti. Veíamos un fallo de la Corte Suprema, digamos, el lugar más sofisticado a la hora de argumentar. Ahí, en un mismo párrafo, citaban a Sebastián Soler, procurador general de la Nación en una dictadura, y a Pierre Bourdieu. Yo me pasé la vida estudiando y no se me ocurre cómo Bourdieu y Soler pueden compartir un párrafo, cómo pueden ser obligados a decir lo mismo. Hay mucha arbitrariedad. Y mirá, si algo tiene de bueno toda este quilombo del caso D’Alessio, que es una tragedia como sociedad por el  nivel

Federico Delgado.
Federico Delgado.

de degradación al que hemos llegado, es que todos esos mecanismos sofisticados de arbitrariedades- contaminación de expedientes, plantado de pruebas truchas, manipulación, de testigos que aparecen de la nada y tantas prácticas que se han ido solidificando en tantos años y nos han llevado a esto de que la justicia escribe y escribe pero no habla, narra y narra pero no argumenta, hace zafar o castiga pero no justifica- todo eso se está viendo ahora. Lo que más me angustia es esto: son tantas micro prácticas que, en su caótico conjunto, nos han llevado a una especie de desierto moral, donde la ley puede operar de este modo, es realmente agobiante.

 

SIN PICHIS EN EL MENÚ

 

                                               Abajo, en el fondo del cañón y a través de la gasa de la lluvia, se miraban las palmas rectas y cimbradoras; lentamente se mecían sus cabezas angulosas y al soplo del viento se desplegaban en abanicos. Y todo era serranía: ondulaciones de cerros que suceden a cerros, más cerros circundados de montañas y éstas encerradas en una muralla de sierra de cumbres tan altas que su azul se perdía en el zafiro.”
“Los de abajo”, Mariano Azuela

 

Hablabas del positivismo y su pretensión de certeza. ¿Se duerme tranquilo sabiéndose con el poder de decidir sobre la libertad o el encierro de alguien?

Yo duermo tranquilo, sí. Te cuento algo que me pasó cuando tenía treinta años. El caso más difícil que tuve en este aspecto de poder resolver con un “que lo metan preso y yo me salvo” fue en 1999. Ahí se descubre que la viuda de Pablo Escobar Gaviria vivía en Argentina con sus dos hijos: una nena en primaria y el pibe, en la Facultad. La mujer había conocido a un chabón, se puso de novia, rehízo su vida. Cuando el tipo se entera quién era, la empieza a extorsionar. Va a la televisión y dice que la viuda de Pablo Escobar vende droga, que sigue con la actividad del marido y demás. La traen detenida. Empezamos a ver un poco y

Max Ernst.
Max Ernst.

comprobamos que ella había entrado acá legalmente, con papeles del gobierno colombiano. Allá le habían cambiado el nombre e incluso le habían dado plata, que le habían sacado al marido, con tal de que saliera de Colombia. El gobierno de acá había aceptado su ingreso. Claro, como vino con plata, la acusaban de ser lavadora. A la hora de decidir, me dije: “Yo no tengo pruebas, pero tengo vergüenza. A esta mujer hay que pedirle perdón y largarla en libertad”. Al otro día tuve que explicarle a mi mamá que yo no era un narcotraficante. En el diario La Nación me habían destrozado, por esta decisión parecía que yo era el fiscal a favor de los narcotraficantes.

 ¿Y en cuanto a los pichis?

No hemos cocinado a ningún pichi, cosificándolo y metiéndolo- como hacen con los menores- en los Institutos. Muchas veces hemos pagado costos grandes por humanizar los expedientes. Hay miles de ejemplos: tipos que van a legalizar un certificado trucho del colegio secundario, porque con eso consiguen un trabajo. Por eso, los meten presos en el Ministerio. Esos casos, tratamos de no criminalizarlos. O la gente que tiene drogas para consumo personal que, en cualquier caso, es un problema de salud pública y no de la Justicia. Ese tipo de cosas tratamos de humanizarlas.

Pero, aún con los pichis, los medios te crucifican con el tema de la puerta giratoria.

Sí, pero ahí hay un déficit de la justicia para explicar. Cardoso decía que gobernar es explicar. El Poder Judicial es un poder de gobierno y no explica, es muy autoritario.Y es tan autoritario hacia adentro como hacia afuera y no explica porque tiene miedo. Vos tenés que explicar. El laburo de un juez o de un fiscal no es solamente sentarse, escribir, firmar, mirar con cara de malo. Hay que explicarle al público. El primer público es, obviamente, el que está en el expediente. Pero el gran público es la sociedad, a ella hay que explicarle, lleve las horas que lleve. Y no importa que la gente se convenza o no, por lo menos, se debe sembrar la duda de que no es todo igual. Y, además, la relación de la justicia con los medios es una gran zona de confort. En primer lugar porque está anclada a una mentira. Vos vas a un tribunal y preguntás si le podés hacer un  reportaje al juez por el caso Pendorcho: “No, porque Su Señoría habla por sus sentencias. Cuando dicte la sentencia vamos a hablar” Ok. Un año, dos años… Sin embargo, vos abrís los diarios y ves que la página de política está llena de información judicial. Esto, en el siglo XXI, en la era de las comunicaciones, que nos ha cambiado la vida a todos. La justicia se sigue escudando en que habla por sus sentencias, pero siempre con esta dualidad de que, a la vez, alimenta todo el tiempo a los mass-media Y la trampa está en el “off the record”, porque el periodista tiene la espada del editor que le dice “traeme, traeme, traeme”. Los jueces y fiscales saben de esa necesidad y entonces eligen con quién hablar: con este sí, con este no. O hablan con todos y le cuentan un pedacito a cada uno. Y es con esos pequeños grandes recortes que hacen las fuentes con los que se elabora la noticia que, generalmente, poco tienen que ver con lo que pasó en el expediente. Es un extraño caso donde la debilidad de un juez o de un fiscal, anclada en esa mentira de que la justicia es secreta y habla por sus sentencias, tiene a su disposición a los

"Desert Breath." D.A.ST. Arteam.
“Desert Breath.” D.A.ST. Arteam.

editores de los diarios. Una declaración de siete horas yo te la puedo resumir en tres minutos. Es obvio que estoy mintiendo. Entonces, ahí hay que sincerar y profesionalizar, porque la justicia tiene que tener un tipo que sea el responsable de la relación con la prensa-o con toda la prensa, bien horizontal-. Y, como hacía Marcelo Bielsa cuando estaba en la Selección,el tipo se sienta a las siete de la tarde, a las nueve de la mañana, a la hora que haga falta, habla con todos y contará hasta donde pueda. Habría que prohibir que nosotros, jueces y fiscales, hablemos en off the record. Si hablamos, damos nombre, apellido y hablamos en “on”. Pero que nos saquen la facultad de recortar los hechos. Porque, si no, si usamos información pública para fines privados, deslegitimamos el sistema público de resolución de conflictos y dañamos la verdad. Todo al revés de lo que dice la Constitución.

 

UN EJEMPLO

 

“-¿Qué sentiste cuando nadie te creía?

-Sentí que era una pelea muy despareja, porque estás peleando contra el Estado (…) al que tenés en contra. Lo que pasa que nosotros tuvimos suerte porque el 20 % de los medios no eran K, pero tenían el 80% de la audiencia.

-¿Tenías el rating pero la gente no te creía?

          -¡No! El poder no me creía. Con las bóvedas se nos cagaron de risa. Y vos viste que había bóvedas. Es que no había manera de que no hubiera bóvedas. Si los tipos tenían guita en efectivo, ¿dónde la iban a  poner?”
Entrevista de Federico Delgado y Catalina De Elía  a Jorge Lanata, en “La cara injusta de la injusticia”.

  

En un momento hablás de cómo Jorge Lanata, con los videos de La Rosadita, desparalizó las causas judiciales. Lanata es el colmo del odio. Cuando reprimen en Plaza de Mayo, Lanata no prende la cámara para movilizar a la justicia…

En realidad, ahí funciona como un ejemplo. La justicia tiene una inercia que es asistémica. Trata de ser lo más benevolente posible con todo lo que huela a algo relacionado con el poder instituido, salvo que la persona no tenga nada de poder, entonces, la aplasta. En algunos expedientes que pueden tener un costo personal para el magistrado- porque investigar al poder no es fácil, los tipos se defienden y no siempre con buenas artes- la justicia tiende a hacer la plancha y se olvida de los plazos que contempla la ley. Esos plazos los administran jueces y fiscales de acuerdo a sus conveniencias personales. Entonces, la justicia necesita de un catalizador para acelerar los tiempos. Lamentablemente, ese catalizador no es ni el Código de Procedimientos ni las autoridades de superintendencia ni los estímulos dentro de la burocracia, sino que es externo. Siempre es el temor a los diarios. Cuando algo sale en el diario, hay un vértigo infernal por investigar, incluso hasta por sobreactuar, hasta que eso baje. En el libro lo pongo a Lanata porque en ese momento era “el caso”.

Claro. Pero es como un elogio a la independencia periodística de Lanata, son 18 páginas de entrevista.

Si se entendió así, no era la idea. Traté de reflejar el movimiento de la justicia, que siempre tiende a hacer la plancha y que necesita de un capital simbólico externo para moverse.

¿Esto podría aplicarse también a Daniel Santoro?

Es que pasó. No lo pienso como algo bueno, para mí hay una patología ahí, pero Santoro cubrió la venta de armas de Menem a Ecuador en el año 95 y el motor de ese expediente eran sus notas en Clarín. En los medios se ve, cómo eso pasa con los empresarios, con el poder político. Pero este mismo asunto, con los servicios de inteligencia, es tremendo, porque la soberanía del Estado argentino, a la hora de solucionar los conflictos, está compartida. Y, de acuerdo a la lógica de la Constitución, debería ser que el ejercicio legítimo de la fuerza es monopolio del Estado. Sin embargo, en la realidad material, está compartida. Mirá, el año pasado,  a mí me armaron dos causas. Una me la armó Arribas con Bonadío, mirá qué yunta. La otra, la misma gente con otro juez. Fue en 2017-2018. Cuando me preguntaban por este armado yo decía “Acá estamos todos en libertad condicional, ojo al piojo” Me decían “Loco, estás hablando de cualquier barbaridad, no tiene sentido” pero yo sentía que estas cosas pasaban. No tenía la materialidad, no tenía la data esta que hoy vemos por televisión, que disuelve cualquier tipo de contraargumento. Pero, ojo, porque la raíz de todo esto es que la institución del sistema judicial en su conjunto está demasiado penetrada por intereses particulares.Esto es algo grave que se vive como lejano, parece que le toca solamente a D’Alessio, a Boudou. Pero un pibe de dieciocho años sale con la chica equivocada y, si el papá tiene recursos para movilizar este espacio,  ese pibe puede terminar en cana.

 

TODO AL RESTO


(…) parir artilla la lengua, /deletrea la pulsión del agua. /
Luego describe el remanso, /la viveza de la piedra en hacerse a un lado. /
Se deja llevar por la gota en la pluma del ave. /
El resto es público y notorio:/el pezón de la semilla en la tierra descamisada porque lo que se ha dicho siempre está por decirse (…)
“Está por decirse”, Sergio Sarachu

 

¿Qué te sorprendió cuando empezaste en la fiscalía?

Lygia Clark.
Lygia Clark.

Me sorprendieron algunas cosas. Cuando me nombraron fiscal, aunque me parecía que estaba equivocado, podía sostener que había un montón de terrenos fértiles por cultivar y cosas por hacer. Me parecía que había muchas peleas no resueltas. La justicia, por aquellos años, estaba como dividida. Lo que los judiciales llamaban las causas de ricos y famosos tenía una especie de código aparte y se resolvía de acuerdo a los ritmos de la política. Todo lo demás, lo que despectivamente se llamaba “el resto”, eran asuntos donde se podía hacer mucho trabajo de experimentación, de resignificación de los delitos penales y de prácticas institucionales que, en algún momento, iban a sobredeterminar todo lo otro. Había mucha gente con muchas ganas de laburar sobre eso. En 1995 fue la primera vez que un juez federal, sin que haya ley, mandó a una chica que estaba presa por vender droga a la casa, porque tenía Sida. Se empezaron a trabajar cuestiones de género que aún no estaban legisladas, había mucho por hacer para mejorar nuestros derechos. Algo de eso comenzó a hacerse. Obviamente, es una batalla que estamos perdiendo por muerte, pero yo tenía muchas ilusiones sobre eso. Cuando entré estaban todavía las leyes de impunidad vigentes. Yo trabajaba en la protección del niño, el único delito que se podía investigar, porque la Obediencia Debida y el Punto Final lo habían excluido. Ahí hacíamos muchas cosas, trabajábamos con la gente del Equipo de Antropología Forense, forzábamos la causa y buscábamos cadáveres, recuperábamos muchos chicos, articulamos la forma de sancionar a Massera y a Videla quienes, en aquel momento,  todavía eran señores con algún tipo de peso. Se podía hacer muchísimo. Después, ingresamos en una espiral de degradación vinculada a un proceso que se venía gestando. Creo que la batalla, por ahora, se perdió.

Esto que vivimos, esto que llamamos los ciclos de la democracia, esta organización de estas repúblicas- que son las que conseguimos-, ¿permitiría de verdad que, durante un tiempo prudencial, al menos, el Poder Judicial funcionara para “el resto”?

Redmer Hoekstra.
Redmer Hoekstra.

No lo sé, porque la justicia se ha transformado. En todo Occidente, algunos trabajos que antes hacían los poderes militares como moderadores o algunos grupos económicos para hacer crujir a un gobierno, ahora están en la justicia, que se ha transformado en ese partido moderador que, en nombre de la ley, mata a la ley. Creo que asistimos a un momento en que nuestras democracias se han convertido en un mecanismo de elección de líderes en competencias razonablemente limpias. Y punto. Se ha reducido mucho la apuesta democrática. Este tipo de democracias trabajan con una ley desprovista de todo contenido moral y ético, con lo cual es un arma. Y la ley como arma sirve para fundar libertades o para aplastar oponentes. Creo que en los Estados existentes la justicia está cumpliendo una función latente que es tremenda, más relacionada con disciplinar, reprimir, torturar y reducir derechos, que con la función manifiesta, digamos así, que sería tratar de  resignificar esos derechos y acompañar los cambios sociales para que vivamos mejor. Hay una profunda transformación de los Estados en su conjunto, la justicia se ha desplazado, se salió de la Constitución. Pero no sólo porque hay jueces y fiscales malos y perversos. Además, en otro  nivel de análisis, esto tiene que ver con la transformación del régimen político del neoliberalismo, que necesita, por definición, crear enemigos. Aun así no cierra por ninguna parte. Tampoco puede matar, porque todavía está vigente la Declaración de los Derechos del Hombre de la Revolución Francesa. Parece que la justicia está utilizando esto para justificar la aniquilación de grupos opositores a través de la ley. Entonces, la ley- que nació para fundar procesos políticos- se transforma en un elemento que los destruye.

 

NO TODO ES GATO EN LA MISMA BOLSA

                                              

“El juez mismo empe­zaba a intranquilizarse, sintiéndose poco a poco perder el control sobre sus propios sueños, que se volvían cada vez más intrincados y bizarros, desafiando la interpreta­ción o el desmadejamiento, cayendo sus remedios cada vez más fuera de la letra de la ley, obligándolo a lecturas minuciosas del Código Rural que lo dejaban más perplejo que antes, alela­do, como si una bruma que nunca terminara de disiparse del todo flotara permanentemen­te sobre su cabeza, velando la vista clara y nítida del mundo exterior. “Es como un halo de humo pardo” la describía mamá Culebrilla, la curandera, que aseguraba verla cuando el juez pasaba ensi­mismado en su caballo. “Nunca duerme” o “nunca despierta” cuchicheaban las mujeres a su paso; era como si se hubiera disuelto la barrera entre ambos mundos y el juez encontrara, al abrir los ojos, los mismos objetos y los mismos personajes que habían atormentado sus pesadillas.”
“El sueño del juez”, Carlos Gamerro

  

¿Qué te parecería si la gran mayoría de la población argentina se pusiera de acuerdo para transgredir una ley?

Max Ernst.
Max Ernst.

De hecho, se transgrede mucho la ley.

Pero ¿te parece tan mal? En un momento decís que cómo no va a haber delincuencia en lo macro si hay micro delitos cotidianos y uno de los ejemplos saltar el molinete del subte.

Lo que está divorciado es nuestra vida material de la estructura legal, desde el punto de vista de la eficacia de la ley. Percibimos la ley como lejana, como opresiva.

¿Entonces nos falta ley o nos falta rebeldía?

Si hablamos de la eficacia judicial, tenemos que hablar de la relación entre la legitimidad de la ley y lo que recibimos los ciudadanos. Ahora, si queremos fundar la libertad política, ¿sabés lo que nos falta?, nos falta rebeldía. Son discusiones que las podemos dar por separado. Pero, obviamente, como pueblo político, la Argentina se debe un proceso de profunda autorreflexión para elegir cómo quiere vivir, con quiénes quiere vivir y cómo quiere distribuir la riqueza que genera. Ahí está el famoso secreto de la ideología. A mí no me va a entrar nunca en la cabeza por qué una pequeña minoría logra todo el tiempo reproducir un sistema que aplasta a la gran mayoría. Lo terrible de la ideología son esos mecanismos de seducción, cómo se reproduce un esquema.  Hay una ideología muy fuerte que se presenta como desideologizada y se ha transformado en sentido común. Y la batalla por el sentido común es la única que define la vida de una sociedad. Si estamos recluidos en lo privado, si nuestra lógica es la del consumo, si desconfiamos de los demás y no hablamos entre nosotros, si nuestra relación es por whatsapp -que nos acerca así como nos aleja del que está al lado- cómo podés articular un campo de ideas diferentes. Ahora, los incentivos son tremendos, el poder tiene una dominación vertical  feroz a través de los medios de comunicación. A su vez, esa dominación vertical nos parte para fomentar múltiples espacios que son inconexos entre sí. O sea, la gente que sufre no puede hablar entre sí, pero todas reciben y decodifican el mismo mensaje que viene vertical. Hoy estamos en la situación de clausura del diálogo horizontal y en presencia de un diálogo monológico que nos penetra verticalmente las veinticuatro horas del día: en el colectivo, en el whatsapp, en la tele, en la radio, en lo que vos leas. Ese es el secreto del neoliberalismo y por eso hay tanto problema cuando uno empieza a discutir la lógica de los medios de comunicación. Hay un argentino que es vicealcalde en Barcelona, Pisarello. Él  escribió un libro cuando fue el auge de

Redmer Hoekstra.
Redmer Hoekstra.

“Podemos”, acá lamentablemente no se editó. Ahí  dice que hay que discutir el derecho a la información porque el derecho de la empresa y el contacto de lectura del medio con el lector son dos cosas distintas. Esta historia de que el dueño de la empresa le baja línea al periodista es lo que hay que trabajar, porque ahí yace la gran mentira: meter a todos en la misma bolsa. Una cosa es, como empresa, el derecho a ganar dinero. Otra cosa es que al periodista le bajen línea. Porque entonces no está trabajando de periodista, está trabajando de alcahuete. Hay que dar la pelea dentro de las empresas.

 

COMEDIA  DE TRAIDORES 

                                

“No amo mi patria/ Su fulgor abstracto/es inasible. /Pero (aunque suene mal)/daría la vida/por diez lugares suyos, /cierta gente, /puertos, bosques de pinos, /fortalezas, /una ciudad deshecha, /gris, monstruosa, /varias figuras de su historia, /montañas/-y tres o cuatro ríos.”
“Alta traición”, José Emilio Pacheco

 

En esto de ir a dialogar, ¿hay alguien a quien vos puedas considerar un interlocutor no válido o un enemigo?

El único límite que deberíamos tener para hablar es la dictadura. El piso de conciencia básica para sentarse a hablar debería ser reconocer que acá hubo un genocidio. Eso me parece que nos da una franqueza y, a través de la franqueza, podemos discutir, pelearnos. Pero el punto de conciencia básica es el de los derechos humanos en sentido amplio.

Vamos a delitos más sutiles. Es evidente que estamos viviendo un momento en que se está matando a mucha gente de hambre, de falta de bienestar, de dolor, de sufrimiento y también se la mata a tiros, como a Rafael Nahuel. Tenemos un periodista como Majul, que claramente es un cómplice de esto y que, cuando invita a alguien a hablar con él, simula- mal- la escena del democrático.

delgado3trace-374098_960_720Hay una estafa al lector ahí. Me parece que el límite es siempre la franqueza. Por eso uno tiene que elegir también entre ir o no ir. Y si va, dar el debate desde la franqueza.

¿Quién es un traidor para vos?

Un traidor… La justicia en su conjunto ha traicionado a la Constitución porque, cuando nos nombran, todos juramos lealtad. Es como que nos casamos con la Constitución y eso nos pone en montón de obligaciones.

¿Y en lo cotidiano?

Traidor es todo aquel que niega con sus prácticas lo que declama y hace mucho daño. Hay traidores en la vida, en el espacio en que sea, está lleno de traidores.

 

A PUNTA DE LÁPIZ USADO

 

                                    “(…) y cuando mis manos grises/dejen caer un último lápiz desesperado/en alguna habitación barata/me encontrarán allí/y nunca sabrán/mi nombre, /mi intención/ni el tesoro
de mi huida.”
“Viejo muerto en una habitación”, Charles Bukowski

En este número de la revista el tema son los rituales, ¿cuáles son los rituales ciudadanos  más urgentes a vehiculizar?

Preguntar. A la justicia le molesta que le pregunten. No digo la pregunta personal, la gente tiene problemas más acuciantes que ir a preguntarle algo a un juez o a un fiscal, ¿no? Tiene que comer, trabajar, vivir. A mí me da vergüenza a veces plantear esta discusión, pero me parece que la justicia le teme a los tábanos. Y la única forma de que no se aleje el sistema judicial de la ley a la que debe lealtad es con la pregunta de los ciudadanos. Cada vez que hay pregunta de ciudadanos-, ya sea directamente o a través de algún partido político, los medios de comunicación o la alianza más variopinta que se te pueda ocurrir- y esa pregunta resulta una presión genuina, porque  busca que el sistema se mueva, ese rito es el que más molesta al poder judicial.

¿Hay lucha de clases en el Poder Judicial?

¡Ufff…! Mirá las cárceles.

Federico Delgado con el Anartista.
Federico Delgado con el Anartista.

Pero, al interior del sistema, ¿cómo se manifiesta?

En el sistema de ingresos, los hijos de los judiciales siempre entran a Tribunales y los que van a rendir examen, a veces entran y a veces no. El que está en la justicia por una tradición de la familia judicial siempre tiene el camino más allanado que aquel que viene de afuera. La lucha de clases se exterioriza casi por el lazo de pertenencia al espacio, porque eso significa que vos tenés una visión del mundo, una ideología determinada. Y, si no es compartida por el otro, te segrega. La lucha de clases se juega en los ascensos, se juega si hay diez  lápices para repartir y ocho personas, seguramente, al de afuera no le toca el lápiz o le toca uno usado.

La desigual distribución de la riqueza, digamos.

Como siempre. En esas pequeñas prácticas se manifiesta también.

 

TU PÍCARO CUÑADO

 

                        “Qué contagiosos son los apáticos, los indiferentes, que todo lo desprecian; a su lado, qué difícil resulta aferrarse a la experiencia y al entusiasmo.”
Peter Handke

 

Vos decís que tu tiempo como fiscal de Primera Instancia ya está terminado, ¿y ahora?

A mí me gustaría trabajar en la institución desde otro lugar, sin estar en la primera línea de fuego, porque cada vez es más difícil en términos personales. Además, creo mucho en la rotación, me parece que la nueva energía, las nuevas ideas, la frescura del tipo que viene de afuera tienen una potencia mucho más alta que la de quien está desgastado por el paso del tiempo. Me gustaría trabajar en la construcción de incentivos, porque creo que quienes pensaron la Argentina alguna vez dieron por sentado que todos los funcionarios iban a ser leales con la ley y no contemplaron, como plan B, qué hacer con los pícaros. Entonces, no hay un sistema de incentivos que castigue a los pícaros y premie a los buenos. Para poner incentivos, hay que conocer la materia. Si ahora a mí me mandaran a un colegio  como director,  haría una macana, porque no conozco bien qué hacen los maestros, qué no hacen, dónde se portan bien y dónde se portan mal. Como llevo tantos años acá adentro del poder judicial, más o menos conozco cuáles son las prácticas, las mañas, por dónde se cuelan los intereses que no deberían colarse, cómo se tuerce la ley y dónde se hacen trampas. Me encantaría participar en la construcción de incentivos para tener una planificación en lo que es el homo judicial, educar al burócrata.

Le-fawnhawk
Le-fawnhawk

En esa educación, ¿qué importancia le darías al lenguaje? Y por otro lado, ¿creés en la eficiencia del castigo?

Obviamente creo en el lenguaje. Cuando decidimos pasar a la dominación estatal, aceptamos que la resolución de conflictos no la ejercemos nosotros sino el Estado, creamos un cuerpo de burócratas que nos saca el conflicto y lo va a juzgar de acuerdo a una ley común. Lo mínimo que nos merecemos es que nos expliquen, en el mismo idioma con el que nosotros vivimos, cómo juzgaron nuestros conflictos. Es lo mínimo. Y parece que es sólo escribir y hablar. Parece una zoncera, pero no lo es. Hay gravísimos problemas de redacción y de expresión. Por otra parte, no creo tanto en el castigo en el espacio de trabajo, pero sí en los incentivos que premien a los mejores.

¿Y el castigo del encierro?

Es todo un tema el encierro… Es obvio que el crimen tiene que pagar, pero no sé si el encierro en pleno siglo XXI sirve. Tantos años de la pena de encierro y sus consecuencias ya nos dan una demostración empírica de que hay que empezar a discutir cómo funciona ese castigo, aunque no sea este, quizás, el momento. El encierro, tal como está planteado, ha fracasado acá, en Chile, en Uruguay, en Paraguay, en todos lados. Hay países que han tenido experiencias alternativas de castigo, con las que les ha ido mucho mejor. Pero, claro, han iniciado esos métodos alternativos después de lograr una igualdad social y económica que les permitió empezar a pensar en otras formas. La idea del castigo no es solamente  lograr que un tipo pague los que hizo, sino tratar de explicarle a esa persona y que comprenda que estamos todos de acuerdo en que lo que hizo no debe volver a hacerlo. Y después, tratar de reinsertarlo. No  tirarlo, no expulsarlo. Y eso no existe acá. En los países nórdicos hay experiencias muy interesantes de medios alternativos de resolución de conflictos.

Redmer Hoekstra.
Redmer Hoekstra.

Básicamente, se trata de que la reparación del daño, mediada por el Estado. Se propone que el conflicto se arregle entre las personas implicadas. La prisión sigue existiendo, pero no de esa manera en que se toma la manzana podrida del cajón y se la pone en otro cajón, sino como un mecanismo de mediación que trata de resignificar y recomponer el lazo social. La prisión, así como la conocemos, está cada vez peor.

Hablábamos ayer con Kekena Corvalán, una militante feminista, sobre el tema de los violadores y de esa idea de que no son recuperables. El sentido común admite que se puede recuperar a un chorro, pero no a un violador.

Claro. No sabemos si no son recuperables. Pero el enunciado simplista “no tiene solución” es lo más cómodo que hay. Es el secreto del fachismo, ¿no? Hace poco leía que el gobierno de Berlín, para todos estos latigazos simplistas que están tan en boga por el auge del fachismo, está dando charlas gratuitas a nivel municipal. Busca que la gente aprenda, en la mesa familiar, a no aceptar el latiguillo. Estas charlas  se llamas “El cuñado prepotente” ¿Viste que siempre tenés uno que se toma dos copas más de vino y arranca?  Los tipos trabajan en dotar a los ciudadanos de herramientas para construir ciudadanía. Yo pensaba, ¿para eso hace falta plata? No. Conozco un montón de gente que acá lo haría gratuitamente, una vez por semana, en cualquier CGP. Son cosas que se pueden hacer para recomponer lazos y salir de estas pequeñas islas inconexas. Pero, claro, tiene que haber una voluntad política.

 

REESCRIBIR LA TIERRA

                                   “A pesar de todo el ajetreo, en mi tierra me siento bien. La vida es mísera y en muchos aspectos triste, pero éste es mi material, mi lengua y mis intereses. Cada día noto más que vuelvo a mi estado normal, en cambio en París había en mí algo extraño, como pegado a mí. Pasear por el extranjero, de acuerdo. Pero donde hay que trabajar es aquí”
Isaak Bábel

  

¿Qué lugar va a ocupar la escritura, ahora que vas a dejar la fiscalía?

Ya tiene un lugar decisivo. La palabra escrita, así como la hablada, es la capacidad de expresarse más linda del ser humano.

¿Alguna vez pensaste en escribir ficción?

Sí. Pero me faltan herramientas. Tendría que hacer algún taller. Siempre me lo dicen.

¿Qué necesitarías decir en ficción que no podés decir con el ensayo?

No lo pensé nunca, pero creo que estaría bueno pensar una ficción como las de Ruiz Zafón, el catalán. Tratar de ficcionar la historia de un ciudadano argentino en los últimos treinta o cuarenta años, con la impronta de los abuelos y los padres, todavía  herederos de una tradición de ascenso social- real o no- pero que era una marca identitaria. ¡Fijate en qué hemos convertido estas tierras!  Estaría bueno escribir sobre cómo va viviendo eso un tipo que, a los diez años, va a la escuela pública y por ahí termina a los cuarenta tratando de sobrevivir, pero con la carga de no haber cumplido la promesa o el mandato de sus antepasados. Pero, aun fuera de la ficción, quiero trabajar el lenguaje como capacitación, como laburo. Hay una oficina de capacitación, donde actualmente se hacen cursos de cómo hacer una pericia y demás. Yo trataría de hacer obligatorio un esquema que tenga que ver con formación teórica, con la escritura y con recuperar la noción de servidores públicos. Que los pibes no piensen que este es un laburo bien pago, de seis horas y con un mes y medio de vacaciones, sino que es un servicio público. Hay que crear condiciones para que aquél que no está dispuesto a eso se vaya. Como nos hacían a nosotros, cuando entramos a Tribunales. Los jueces viejos, con la mirada te decían, “Flaco, esto es así. Si no te gusta, afuera. Está todo bien, amigos como siempre, jugamos al fútbol, pero acá, no”

 

AGUANTE, EL CONATUS

 

                                   Este esfuerzo, cuando se refiere al alma, se llama voluntad, pero cuando se refiere a la vez al alma y al cuerpo, se denomina apetito; por ende, no es nada más que la esencia misma del hombre, de cuya naturaleza se sigue necesariamente lo que sirve para su conservación; y, por tanto, el hombre está determinado a obrar esto. Además, entre el apetito y el deseo no hay ninguna diferencia, sino que el deseo se refiere generalmente a los hombres en cuanto conscientes de su apetito, y por ello puede definirse así, a saber: El deseo es el apetito con conciencia de él”
“Ética”, Spinoza

 

¿Qué es lo poético para vos?

La creación. Yo diría que los humanos tenemos dos o tres cosas que nos hacen distintos. Entre ellas, la capacidad de prometer cosas y la capacidad de crear.

"Plaza de las palabras." NAMIBIA-DESERT
“Plaza de las palabras.” NAMIBIA-DESERT

¿Se puede crear en un expediente?

Obviamente. Muchísimo. Sobre todo, porque la materia, los comportamientos humanos, en sí, son maleables. Es más difícil para un escultor lidiar con una piedra y tallarla que tratar de crear con comportamientos humanos. Sucede que es mucho más sencillo el fordismo, la tendencia a la homogeneización y a la cosificación.

De eso hablaba Spinoza, que es un autor que citás mucho. De la tristeza de subsumir todo en los mismo.

Sí, Spinoza. Yo tuve a Rubén Dri de profesor y después, a Grüner. Nunca vi profesores como ellos. Nunca vi algo así. Cuando Dri daba los teóricos de Spinoza, en Sociales, la clase terminaba a las nueve, eran las diez menos cuarto y él seguía hablando. El aula llena de gente, muchos con lágrimas en los ojos.

Es la segunda o tercera persona que escucho que se emociona con Spinoza esta semana.

Es increíble. Lo vi muchas veces… los tipos te explican el rol de las pasiones y las afecciones y su eficacia política, sobre todo, a la hora de fundar cuerpos políticos, y vos ves que la gente hace la composición natural consigo misma: ¿cómo vivo lo que me está diciendo? Y, en ese balance, si eso no te penetra, no tenés sangre en las venas.

Y en estos términos, ¿cuál pensás que es nuestra peor tristeza?

Que nos hemos fragmentado y no nos afectamos. Pero el conatus (1) tiene el deber de preservar ese ser.

Con distintas formas.

Claro. De múltiples maneras.

Y tal vez los fragmentos no terminen en una unidad, sino en una cosa distinta.

Y está todo por hacer ahí. Está sujeto a la composición, pero por ahora es todo fragmentación. Me da esperanza que el conatus se esfuerza en perseverar en el ser ¿no? Ese deber es irrenunciable.

"Aleph-geddis." Le-fawnhawk
“Aleph-geddis.” Le-fawnhawk

Es inevitable, pero se puede entristecer al punto de ir contra el ser.

Absolutamente. Se puede trabar.

Mirá Lanata, si no. ¿Por qué lo entrevistaste?

Me parece que, en ese momento, reflejó como nadie la capacidad de que un canal de televisión marque la agenda de la justicia. Después del video contando la guita en “la Rosadita”, después del impacto mortal que tuvo eso, la justicia se para y se pregunta ¿Y ahora qué hacemos? Aparece ya como un elemento que casi ejecuta lo que planifica una empresa privada. A partir de eso vino la construcción de aquella fuga, el arrepentimiento de Fariña, que ahora vemos cómo se hizo, cómo se gestó…

¿Eso hay que agradecérselo a Lanata? Ahora vemos cómo se armó lo de Fariña.

No le agradezco. Yo estaba diciendo tres años antes que, había una función latente de la justicia, que era quedar subordinada a estrategias de construcción política. Quise mostrar cómo el medio televisivo aprovecha las propias falencias que la justicia deja.

Pero también Verbitsky colaboró en destrabar asuntos. Podías entrevistar a Verbitsky.

Yo le tengo admiración por su obra. Es más, creo que si no hubiese sido por Verbitsky y su “Cohete a la luna”, no sé cómo hubiera terminado Alejo Ramos Padilla. Volviendo al punto, sostengo que está mal que la justicia necesite de ese tipo de factores exógenos para moverse.

Pero ¿cuándo no fue así? La olla la destaparon también “¿Quién mató a Rosendo?”, “La Patagonia rebelde”,

La cosa se pudre cuando un tipo le entrega una grabación al juez y el juez no la usa, la deja dormir ahí. A mí me parece que, cuando termine el juicio por “La Rosadita” hay que hacer el libro con los primeros tipos que declararon en la Instrucción y con los que declararon en el juicio oral. Ahí vamos a tener la película completa. Lo que pasa es que es tal el quilombo en Argentina, que es un episodio menor este.

Bueno, ojalá que puedas hacer esto que te proponés. Cuesta imaginar un poder judicial poético.

Yo me aferro a pensar eso. Si no, ¿qué hacemos?, ¿dónde vamos a protegernos?

Estamos sobreviviendo sin eso. Parecería que no hay ese lugar.

Tiene que haber. No hay idea posible de comunidad sin un sistema de premios y castigos que nos permita razonablemente confiar. 

¿Pero entonces creés en el castigo? 

 No digo el castigo de prisión, pero sí que solucione los conflictos de alguna manera.

Zaffaroni decía que va a ser mucho peor que la cárcel, que ya viene el control por pulseras para todos.

Sí. Zaffaroni tiene en mente una especie de biocontrol que, si uno ve Uber o Rappi, ya lo tenés ahí.

 

Federico Delgado con el Anartista.
Federico Delgado con el Anartista.

  • Conatus: el esfuerzo que cada cosa hace por perseverar en su ser, según Spinoza.



UNA MARIANA ANTIPAQUITALISTA

Rituales: Entrevista a Kekena Corvalán
Entrevista: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira
Edición: Lourdes Landeira

 “Todos huyen en su tonta carrera, incluso nosotros, pero hacia adelante. Nos fugamos hacia el porvenir, lo por venir, nos abrazamos con estos ojos desgraciados antes de lanzarnos al vacío. Pero, ja ja, trampita. Para nosotros el vacío es la cosa más completa que hay. No nos asusta dejar este afuera choto, puto, realista, sucio, piripipí, era lo que estábamos buscando”.
Historias de Cabeza Partida, Kekena Corvalán

 

Franca Ramos
Franca Ramos

Los ángeles, dicen, no tiene sexo; sin embargo, los nombramos masculinos. De hecho, tenía nombre de varón –Gabriel- el que le anunció a María, virgen y niña, que otro varón, autoproclamado padre de todas las cosas, la había elegido para ser madre de su hijo. ¿Pudo haberse negado cuando no fue ella quien concibió, sino que fue concebida por un otro? Alto costo debió pagar para ascender al reino de los cielos y trascender por los siglos de los siglos. Primero, el repudio del marido por un embarazo que no le pertenecía. Después, la protección de ese hombre en la tierra para parecer una familia tipo –nunca tipa-. Y no fue más que el comienzo. Faltaba que un rey celoso ordenara matar al niño -la profecía decía que el crío era una amenaza-. A eso, sobrevino el exilio en el desierto. Hubo de caminar las siete estaciones del vía crucis. Debió ser espectadora de la muerte de su hijo, la resurrección y su posterior retirada ascendente hacia el padre que una vez lo envió. Dicen que ella fue la madre del salvador, aunque no esté muy claro de qué cosa nos hemos salvado, luego de su paso por la tierra que todavía pisamos. Si María hubiera podido hablar, decir no y ser respetada, el plan divino habría quedado abortado. Al menos, ese intento con su vientre. Lo cierto es que la historia sería otra y la sangre, quizás, habría corrido por diferentes rías. Pero no menos cierto es que, sin la parición fundante de María, Kekena Corvalán no podría definirse una mariana. Y, como curadora de arte, elegir exponer una imagen de la santísima con el pañuelo verde de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, atado al cuello. 

 

ENTRETEJE, MARÍA

“Cubres con un canto la hendidura. / Creces en la oscuridad como una ahogada. / Oh cubre con más cantos la fisura, la hendidura, la desgarradura”.
“Los pequeños cantos, Alejandra Pizarnik

Queremos conversar sobre un paralelo entre la muestra del Conti, “Para todes, tode”, donde encontramos muchos cuerpos a los que les falta una parte -o que no se muestran completos- y el libro, “Historias de Cabeza Partida”. ¿Ese criterio de la parte y el todo es fundante en vos?

La recortada, de Susana Torres
La recortada, de Susana Torres

Sí, es súper importante. Creo que la fragmentación es un mecanismo creativo del campo del arte que, a su vez, lo toma de algo que sucede socialmente. Estamos más fragmentados y atomizados que nunca a nivel social. Sin embargo, mi visión no es apocalíptica. Está bueno en el sentido de que ya no hay un comunismo, un peronismo, un feminismo: el feminismo es los feminismos. La fragmentación es también una operación, un modo de construir sentido que hemos adquirido e hilvanado, en lo bueno y lo malo, con la postmodernidad.

¿Cómo se filian los fragmentos?

Justamente, el tema es que los espacios entre esos fragmentos no se llenan, los fragmentos no se unen y estamos como súper departamentalizados. Esto tiene que ver con la lógica del capitalismo: territorializar nuestro deseo desde ahí, sin que podamos asociar. En la muestra, el tema de los fragmentos se relaciona con la imposibilidad que todavía tenemos de reconstruir historias. Piensen cuánto luchamos para encontrar nietos y nietas, para reconstruir qué nos pasó. Ahora, junto a un grupo de gente, pensamos en por qué no podemos construir la historia de las lesbianas de Montoneros. Todos sabemos que hay un montón, pero esto no forma parte de la historia. No existen tortas peronistas, mientras sí, putos peronistas.

¿Pensás que el atravesamiento católico puede tener que ver con esto?

Sí, porque las tortas somos mucho más revulsivas al sistema, seguimos siendo un tabú.

Entre las actividades de la muestra del Conti, Silvia Di Segni habló de la invisibilización de la homosexualidad de mujeres respecto a la de varones.

Lo mostró con mucha claridad cuando se refirió a Stonewall, la revuelta que se produjo en Nueva York en 1969, donde la comunidad gay se rebeló contra el hostigamiento policial. En la foto que trascendió como representativa de la lucha, se ve una línea de varones homosexuales manifestar y tirar piedras. Sin embargo, parece ser que la cosa la empezó una negra lesbiana, quien, por supuesto, no está en esa foto.

Le faltó ser judía.

Claro, carga una interseccionalidad. Entonces, me gusta lo del fragmento porque habla de nuestra propia imposibilidad, desde el cuerpo, de reconstruir la historia. Memoria y géneros están super ligados. Ahora, al menos, comenzamos a hablar. Yo tengo treinta años de peronista y antes no lo podía expresar, no imaginan cuánto me costaba decir: “Soy torta y soy peronista y para mí hay una fuerte ligazón entre la represión y todos ustedes, cabezas de termo”.

 

CON PECADO DEVENIDA

“Volver a hacer cuerpo con nosotras mismas es un feminismo cotidiano en el que se puede trabajar, a escala de nuestra carne, esta rabia que nos defiende. Restaurar la violencia del sexismo en toda su crudeza es la condición para transformar la rabia en política; pero, puesto que lo individual es político, sólo la rabia convertida en ética de sí, consciencia muscular, podrá liberarnos de una vida a la defensiva”
Manifiesto de Autodefensa femenina, Elsa Dorlin

Hablaste de la memoria y pensé en que alguna vez dijiste: “A mí me interesa esa demora del recuerdo en el cuerpo”.

Creo que es algo bien propio de la modernidad. Yo soy de una floración moderna, no posmo. Esto viene ya de la literatura, de Proust, qué sé yo. Y ese es también otro tema: “¿Cómo podés ser peronista y leer y citar a Proust?” Pero vuelvo a tu pregunta: el recuerdo se demora en el cuerpo. Yo lo siento, es una sensación táctil recordar, se dispara a partir de una correspondencia de algo que me entra por los sentidos y yo lo siento en el cuerpo, allí es donde el recuerdo se demora y está como latente. Haber recuperado el cuerpo es el gran logro de estas décadas.

¿Recuerdo y deseo se ubican de diferente manera en el cuerpo?

cris evaEstán en tensión permanente. Quizás, en el deseo, el goce se estanca, se atrapa en esa demora del recordar. Nos frena una nostalgia muy fuerte -que ya estamos superando- de la década pasada, la ganada. Y creo que por eso perdemos, porque esa demora nos sensibiliza a tal punto que nos hace perder el efecto de realidad o la capacidad de escuchar lo que está pasando. A mí me encanta, soy súper nostálgica y me junto con amigas a acordarnos de las doce leyes de género de Cristina. Incluso, con las chicas, pensamos en hacer remeras con la ley de Asignación Universal o, la de la jubilación del ama de casa. Y hay como un goce en eso. Yo, a veces, digo “che, basta de masturbarnos con nuestro símbolo sexual, Cristina. Basta de pensar en todas las cosas que nos dio”. Porque, al mismo tiempo, está todo lo otro que explota, aprovecha y territorializa esa memoria.

Aparte, si la memoria va solo para atrás, deja el presente al enemigo. ¿Hay algún modo de que la memoria propenda al futuro?

Sí, sucede cuando nosotros reescribimos la historia, la actualizamos y la leemos en lo que pasa ahora. Esto es lo más difícil. Les cuento un trascendido: al planificar la nueva campaña de Cambiemos, dicen, Durán Barba mandó a todo el equipo a leer “Teoría King Kong”. Y yo recuerdo cuánto tiempo estuve diciéndoles a los cabezas de termo “Che, ¿por qué no leen ‘Teoría King Kong’, por qué no leen un poco algo de género?” Y: “No, porque el feminismo yanqui, porque el feminismo europeo…”. Y resulta que este tipo, para quien todos somos King Kong, la tiene tan clara que los manda a leer para entendernos.

Ellos tienen muy claro cómo mentir, tiene un discurso. Y nosotros, ¿tenemos estrategias discursivas que oponer?

Nosotros no tenemos claro cómo mentir.

Entonces…

Hablar de la política del deseo es pararnos en un terreno que ellos también exploran, pero lo hacen desde la satisfacción como concepto: “En todo estás vos”, “Esto es para vos”, “Ahora estamos todos juntos, se terminó el conflicto”. Que te digan, “Vos estás en todo lo que hago”, justo cuando algo me falta, genera la ilusión de una reparación. Pero es mentira. Nosotros necesitamos afirmar la política del deseo y ser oponentes desde un lugar colectivo. Y, sobre todo, desde el lenguaje; debemos sostener el todes, el decir las cosas como son, el “No nos calmamos nada, yo no me calmo nada y te lo digo antes que me lo pidas, porque estoy podrida que me digas que me calme.” Se trata de tener una cosa mucho más beligerante desde el discurso.

 

CREA Y SONARÁ

“El feminismo es una aventura colectiva, para las mujeres pero también para los hombres y para todos los demás. Una revolución que ya ha comenzado. Una visión del mundo, una opción. No se trata de oponer las pequeñas ventajas de las mujeres a los pequeños derechos adquiridos de los hombres, sino de dinamitarlo todo”
Teoría King Kong”, Virginie Despentes

¿Cómo ves lo que sucede hoy con el feminismo, el lenguaje y las nuevas generaciones? Dentro de eso, me interesaba enfocar en el “significante granada”.

Golondrinas-RAE-luchando-lenguaje-Academia_EDIIMA20171031_0805_5El término “todes” no es en verdad una palabra, dado que carece de un contenido, de una definición. Sin embargo, funciona más como significante. Pienso en el efecto de la explosión y lo que allí detona es la “e”. Conceptualmente, cuando la gente lo escucha, lo reconstruye en un segundo momento. Pero, al hablarle con la “e”, salta. Eso es un significante granada, hace estallar montones de cosas asociadas con ese sonido.

¿Por qué no es una palabra? Tiene su sentido poético.

Y tiene sentido comunicacional, lo que le falta es un sentido gramatical. No está en el léxico del español.

¿Y no vale igual como palabra, desde esos otros niveles no gramaticales?

Sí, pero, ¿por qué digo significante y no digo palabra? Porque no es un vocablo aceptado, es un vocablo disruptivo. Todo esto lo dije antes de que la RAE declarara que estaba repensando el “todes” y antes que Página/12 sacara una nota sobre el lenguaje inclusivo. Yo soy licenciada en Letras y tengo este debate con colegas que me han dicho: “Che, ¿hacía falta que pusieras una cosa tan fea como todes?” Me lo cuestionaban desde lo estético, pero es una cuestión ideológica. Tienen una represión con que yo diga todes. ¡Funcionaba como una granada! Donde yo la ponía, explotaba y algo producía. Y también actuaba como granada, porque atomizaba: ¿vieron cómo se forma la granada, tanto la fruta como la bomba? Además, en la iconografía, sobre todo en la renacentista, la granada es el símbolo de la pasión. Hay muchas imágenes de Cristo con una granada porque el tipo se la va a jugar: está la virgen de la granada, con el niño y una granada, porque sabe que el pibe la va a pasar re-mal y ella lo va a tener que entregar y sacrificar por todos. Por otra parte, lo del todes funcionaba muy bien entre las pendejas. Eso fue lo que me mató, porque yo me sentía muy sola para llevar adelante cuestiones legales, estaba re-bajoneada porque me podía comer un juicio. Pero luego salía a la calle, me paraba alguna piba y me decía: “Che, ¿vos sos Kekena? ¿me puedo sacar una foto con vos?”. Era una cosa muy fuerte: había calado por el “todes” en las pendejas, quienes más lo usan. Yo nunca lo había usado, como Cristina, siempre dije “todas y todos”. Hasta que un día sucedió este diálogo:

- ¡Pero estás dejando a les no binaries afuera!

- ¿Y quiénes son les no binaries?

- Yo, que soy tu alumna.

-Tenés razón. Vamos a decir todes.

Y ese todes es un símbolo de rebeldía de las pibas que condensa muchas cosas, más allá de su posibilidad de sentirse lo que quieran a nivel género. Condensa un rechazo hacia nuestra cultura, nuestros estigmas, nuestra mierda, nuestra política y nuestros políticos. Entonces, es un significante granada.

 

CAMINANTE, SÍ HAY CAMINO

“Quien porta negritud, quien porta mapuchidad, quien porta judaísmo vuelve a su casa y ahí tiene un abrazo. Nosotras estamos conscientes que el territorio de guerra es la heterosexualidad, porque volvemos a una familia heterosexual que te va a castigar por oponerte a lo que la heterosexualidad quiere. El patriarcado es el capitalismo y sólo en la medida que no lo ataques podés ser funcional y trabajar.”
Travesti / Una teoría lo suficientemente buena”, Marlene Wayar

¿Por qué te sentías tan sola?

Al principio, cuando inauguré la muestra, fue como complicado. Recibí muchísimas amenazas por Facebook, insultos, algunos muy divertidos, del tipo de “Yo no te deseo el mal, yo te perdono lo que hiciste porque soy cristiana, pero vas a arder en el infierno vos y tus hijos si los tenés. Aunque dudo mucho que los tengas, porque una persona como vos es estéril”.

¿Qué es lo poético para vos?

Un estado de opacidad de lo claro, de lo luminoso, de lo que trata de echar luz y se hace opaco. Yo puedo decir que veo algo, pero no el todo. Lo poético es lo que se percibe por la piel. Eso es lo que tiene de potente, de inexplicable y de intraducible.

¿Dónde ves eso hoy, fuera de la literatura?

Es muy difícil. Personalmente, en las marchas y en la lucha, lo veo cada vez más. Camino por la calle un 24 de marzo, se me cruza alguien, me mira a los ojos con amor y ese amor no es el de la mirada en un boliche, cuando quiero ver si paso un rato lindo, es mirarse a los ojos y decir: “No sé quién sos, pero qué bueno que estás acá”.

¿Cómo es esa experiencia física de las manifestaciones?

Es absolutamente placentera, emocionante, poética. Yo me salvé de morir de una enfermedad terminal porque salí a marchar todas las semanas en estos últimos tres años. El macrismo me pegaba la patada en el estómago y yo decía: “¿Quién marcha hoy?, ¿los judiciales? Ahí voy”, “¡Pero son judiciales!”, me respondían. “No importa ¿dónde me sumo?”.

¿Es por eso lo de curadora y curandera, con que te nombran?

Franca Ramos
Franca Ramos

Claro. Curandera me pone la artista de la virgen, que se llama Coolpa. Y curandera de fachos me lo ponen Juli Zárate y Loreley Unamuno, quien tiene un apellido muy caro a la militancia montonera. Lo llaman la contraofensiva del deseo. Loreley es una directora de cine feminista; Coolpa, una artista visual feminista. Juli, una militante del Movimiento de Mujeres Audiovisuales. Que estas tres pendejas de treinta años digan esto, es la política. Hace pocos días conocí personalmente a Loreley y nos dimos un abrazo del que no nos podían despegar. Entonces, ahí está la cosa, yo me tranquilizo y siento que estoy en buen camino solamente cuando estas pendejas, cuando estas mujeres, me quieren, me adoptan.

 

AMOROSÍSIMA IMPUREZA

“Era un lugar de encuentro entre viajeros perdidos en la historia, un salto de ascensión igual que una vorágine de luz hacia las nubes, la exacta coincidencia de dos vuelos en una sola sombra sobre el agua. Era como mirar el mismo panorama que miraría Dios”.
Amor, Ch’anullo amato amar perdona”, Olga Orozco

¿Con ellas formás el ejército de amantes?

Ahí tenés una consigna que yo saqué de algo que vi en internet: un ejército de amantes no puede perder. Hay un ejército de odiantes, que todo el tiempo dice las pelotudeces que tenemos que escuchar en estos últimos tres años. Y, frente a eso, está este ejército de amantes que no va a perder. Ahí está lo poético y la manera de contestar desde la palabra. Quizás el ejército académico quede afuera del ejército de amantes, si adscribe a las fuerzas de control y no a las de la orgía. Quizás la academia lleva la teoría queer y la fosiliza, la maneja, la disecciona, la pone al servicio de Durán Barba -sin quererlo-.

Puede pasarle eso al feminismo, ¿cómo nos preparamos para contrarrestarlo?

Sí. Y nos preparamos para eso al ser cada vez más amorosas, cuidándonos, deconstruyéndonos. Acá hay algo clave, un gran ejercicio, que es sacar los privilegios. Yo tengo que perder los privilegios de académica y de blanca y de mina de clase media, de padres que pudieron mandarme a estudiar. Soy lesbiana, está bien, pero soy una lesbiana blanca, tengo privilegios. Y no soy una lesbiana masculina, no soy la Higui, a la que quisieron violar para corregirla, aunque también tengo mi historia de intentos de “corrección” por la fuerza. Ninguna de nosotras está exenta de la violencia sexual en este sistema. Hay entonces un laburo de abandonar los privilegios reales. Hay conferencias en las que tenés tres varones bilógicos que abren el evento, pero no tenés una negra, una villera, una riojana, una trans o una travesti. Esa mezcla de académicas llenas de privilegios, que viajan y hacen papers con nosotras, con nuestra miseria y nuestra discriminación como objeto de sus sueldos. 

Pensaba si esta no es la batalla posible hoy contra el capitalismo.

Sin duda.

Cómo feminista, ¿sos anticapitalista?

Soy antipaquitalista.

¿Qué vendría a ser?

Argument, Sally Smart
Argument, Sally Smart

Una paqui es una heterosexual que cree que todos sus problemas son porque existimos las lesbianas. En un punto, es una heterosexual que no quiere perder sus privilegios. Y ya tenemos que decir, también: una feminista que no quiere perder sus privilegios.

Un compañero peronista nos decía que el peronismo es capitalismo con distribución social.

Yo creo que eso ya no existe. Quizás en la época de Perón, pero ya no existe.

¿Se puede pensar que esto es lo posible, pero no el horizonte?

Ni el horizonte ni lo compatible con lo que yo deseo. Una no va por la moneda o para sobrevivir. Una va por todo para todos, para todes, tode, una va y sabe que habrá fracasos y que no me la van a entregar, porque nadie quiere perder sus privilegios, especialmente, los peronistas varones. Igual, a mi entender, de todos los sectores, el peronismo fue el único movimiento que se cargó la historia de este país, y que se apoya en la contradicción, no en la utopía. Yo me apoyo en mis propias contradicciones hasta que las pueda resolver. Bueno, el peronismo me da acogida. Yo estoy cercana al Movimiento Evita y la mitad son pañuelos celestes. Estoy todo el tiempo lidiando con esa contradicción. Lo debato, lo discuto.

¿Sentís que hay desprecios?

No, no. De hecho, en los barrios de los pañuelos celestes, está la rescatista del Evita, la del pañuelo verde que ayuda a abortar. Pero también hay un doble juego vinculado a esa atomización, a esa alienación. El lado negativo de la atomización es que, en términos marxistas, nos alienamos: yo pierdo de vista qué estoy fabricando cuando fabrico este pedacito de cucharita, cuánto sale esta cucharita. En ese sentido, hay una producción, alienada. Ese es el lado complicado de la atomización.

 

SIN PENAS NO HAY PARAÍSO

 “Nuestras manos que son groseras y están llenas de palabras. – Resiste que te diga que Dios no es bello. Y eso porque Él no es un resultado ni una conclusión, y todo lo que encontramos bello lo es, muchas veces, sólo porque ya estaba terminado. Pero lo que hoy es feo será, en algunos siglos, visto como bello, porque habrá completado sus movimientos. No quiero más el movimiento completo que en verdad nunca se completa, somos nosotros los que por deseo, lo completamos”.
La pasión según GH”, Clarice Lispector

¿Cuál es la silueta de los fragmentos? Si pensás en una constelación, son fragmentos separados por vacíos, pero alrededor va el contorno de la constelación. ¿Nos estamos ocupando de esa silueta?

Me parece que no. Por el momento y muy a pesar de lo que creemos, tenemos todavía que atomizarnos más. Cada vez es más difícil salir de este atolladero político, es muy difícil poder reunirnos, no hay un liderazgo.

¿Lo necesitamos?

Podríamos pensar que es lo único que sabemos hacer. Quizás haya que aprender cómo salir de esto desde otra matriz. Pero, en este momento, pensamos que la única que nos saca de esto es Cristina. Y Cristina está muy complicada para presentarse. Quizás estamos discutiendo en los términos que nos enchufan, no sé. Hay mucha gente que piensa que Cristina tiene que descansar y disfrutar la vida, yo misma lo pienso.

¿Y no deberíamos tener un plan B?

Bueno, la atomización es justamente esa imposibilidad de pensar un plan B, porque no hay una persona. Yo votaría pibas, llenaría el Congreso de pibas que se equivoquen, que hagan.

Antes hablabas de la calle y de la lucha y ahora de esta tensión en el peronismo. El tema de este número es los rituales, ¿cuáles son los rituales de los que participás?

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Franca Ramos

Una cosa nos enseñaron las pibas de la marea: llevar el debate a todos lados. Si hay un ritual que llevar, es no rehuir la discusión por el miedo de que la discusión sea sinónimo de grieta y de terminar a las trompadas. Hay que insertar la discusión en todos lados. Se llevó al Congreso, a las iglesias, a las aulas, a la calle. A lugares impensados antes. Yo entraba a la iglesia y pensaba que no se podía hablar allí de aborto y lesbianismo. Ahora entro y hablo en todos lados.

 

¿A quién considerás un enemigo?

Hay enemigos. Y, como diría Perón, “al enemigo ni justicia”. Están los milicos genocidas, los fachismos discriminadores… Fuera de esas cuestiones, yo me siento a hablar con todo el mundo.

¿Y un militante convencido del PRO?

No conozco a ninguno. Tengo amigos del Pro, pero no conozco ningún militante convencido. Y con todos trato de entrar en la lógica del amor. Yo voy por el convencimiento epidérmico: tocar, agarrar al otro y terminar por decir “Bueno, no estamos de acuerdo, pero coincidimos en algún punto”.

Hay un 30% de la población que está de acuerdo con los privilegios, ¿ese no es un enemigo?

Sí, lo es. Es el privilegiado que no puede deconstruir ese lugar, aunque se lo hagas notar. Los que te dicen “esto es así y está bien que sea así, porque alguien tiene que laburar y alguien tiene que disfrutar”.

Y, desde el lugar de la política del deseo, de lo amoroso, ¿cuál es tu posición respecto del punitivismo?

Pienso que la cárcel no sirve para nada. En todo caso, es un elemento más de reproducción y disciplinamiento del patriarcado y del delito también. Se podría pensar en otro régimen, algo que considere la problemática y en una formación que empiece a deconstruir a la propia fuerza. Creo que, a partir de cierta edad, es muy difícil modificar la cabeza de un tipo que está tan metido en esa matriz. Un tipo que viola, por ejemplo, es muy difícil que salga y no vuelva a pensar que tiene derecho a violar. Hay como una microfísica muy metida.

En Salta vi un grafitti que decía “Educación laica, gratuita y feminista”.

Creo que, si vamos sembrando por ahí, a la larga es posible que nuestros hijos o nuestros nietos empiecen a aflojar en sostener privilegios y en repensar estos micromachismos.

¿El violador es sostenedor de privilegios?

Sí. Y eso se puede deconstruir, porque no creo que sea una compulsión biológica. En todo caso, creo que el violador es irrecuperable porque lo tiene muy metido. El tipo es controlable, pero hay que mirarlo todo el tiempo. Claramente, no es una adicción, aunque hay cosas parecidas a un adicto. Hay que laburar ese lado. El día que socialmente esté mal visto para un tipo ser menos macho por violar, se va a dejar de violar. Pero, mientras al hombre se le diga, “Si sos macho, te tenés que imponer porque a la mina le gusta eso”, bueno…

El no violador lo reproduce de algún modo.

No lo cuestiona, por lo menos.

Una pregunta posible es por qué un violador no sería recuperable y un ladrón o un adicto sí.

Sí, es una buena pregunta. Creo que hay que armar un programa de acompañamiento con esa persona, como el de cualquier adicto o de cualquier persona que pasa una situación de mierda y no la puede resolver sola.

¿Habrá gente preparada para esto?

No la hay, ni hay una estructura amorosa que pueda sanar a ese tipo. Yo no tengo una actitud mata-hombre, al revés. Creo que, sin el tipo, esto no se soluciona. Nos empecinamos en dejarlos afuera, y se trata de que empiecen a renunciar a sus privilegios.

 

SANGRE NUESTRA QUE ESTÁS EN LAS CUERPAS

“Como esas cicatrices pálidas que un esfuerzo vuelve de pronto rojas, la cara de su abuela se iluminaba en su sangre. Apenas la conocía y sin embargo estaba viva en ella. Su abuela oscura y sin canas, muerta a los cien años, sabia en terribles palabras”.
“Enero”, Sara Gallardo

En tu libro, es interesante la estructura de mamushkas que usás entre tus personajes, la madre dentro de la hija, dentro de la vieja, ¿qué es lo ancestral para vos?

Es una memoria colectiva,artfeminism casi atávica. Creo que hay una memoria colectiva y ancestral que viene en nuestra cultura desde la panza de mamá. Lo ancestral es sentir que pertenezco a algo más fuerte de lo que me parió.

¿Esa es la presencia de nuestros muertos?

Es la presencia de nuestros muertos, la presencia que hace que sigan vivos acá con nosotros, que nos acompañen.

Un escritor africano nos decía que todos tenemos huellas en nuestra sangre, ya no de nuestros abuelos, sino de todos los que existieron antes que nosotros en este universo.

Qué bueno eso.

 

SÍ, TE CREO

“Un algo de lo que se expone vive en la intimidad de talleres, centros culturales, rutas, calles y patios de escuela… Un gesto amoroso, y, por tanto, potente y político, colecta y reúne, resitúa e interpela. Estaremos aquí para contarnos, para tenernos en cuenta, en la doble escala a la vez: asamblea y mesa de cocina, gestionándonos y encontrándonos desde las historias que ya estamos haciendo y que son nuestras”.
Fragmento del texto curatorial de la muestra Para todes, tode, Kekena Corvalán

¿Cuáles de las obras de esta muestra quisieras comentar?

Santuario de Tortas, Maricas y Travas, de Lucy Bruniard
Santuario de Tortas, Maricas y Travas, de Lucy Bruniard

Las más polémicas, las que más molestan. Hay una que es una santificación de elementos paganos y que molesta también dentro de lo pagano. Gente de la academia me dijo “Pero ¿hace falta que pongan un académico como un santo y acudan al simbolismo religioso?”. Esos lugares de hibridez que son los que más molestan a la academia, donde no puede insertarse.

¿No te da un poquito de goce esto último?

¡Sí! Muchísimo, porque la academia es la cosa más reaccionaria que hay.

¿Y esta obra?

Arde Mami, de Jessica Beard
Arde Mami, de Jessica Beard

Esta me gusta mucho porque está hecha con cestería. Hablando de lo ancestral, la cestería es una práctica que se transmite desde los primeros días. Estas pibas ven la cestería hecha en la calle, en el mismo lugar donde las mujeres tejen. Y es como un aborto la cestería, ¿no? Hay una idealización de la artesanía y, en muchos lugares, el aborto es una artesanía. Hay como un mix en esa obra entre los abortos domésticos, la cestería como un elemento doméstico de dominación, porque es considerada una artesanía menor -como el aborto clandestino-, y esta cosa del cuerpo mutilado, del bebé roto. Es como mostrar el resultado de un aborto.

 

Confesionario Masturbatorio, de Mara Verena
Confesionario Masturbatorio, de Mara Verena

Esta otra es muy literal.

Sí. Esta chica es una escultora hermosa. Ella dijo “Acá tienen una escultura, yo hago estas cosas”.

Un Duchamp.

 

Pañuelo Celeste, De María Pichot
Pañuelo Celeste, De María Pichot

 

 

 

Totalmente. Y esta otra es de María Pichot, una luchadora contra la violencia obstétrica, que es la referencia celeste, el pañuelo celeste. Es como muy revulsivo, la gente no se lo banca.

 

¿Fue gente de pañuelo celeste a ver la muestra en la ex Esma?

Sí. Delante de la virgen se juntaban a rezar el rosario. Era muy divertido. Yo escribía a la gente del lugar y preguntaba, -“¿Cómo está todo?” -“Y, hoy no vino nadie a rezar”. Un tipo fue y estuvo como dos horas tirando agua bendita, mientras hacía como unas fórmulas satánicas. Fue genial. Alguien le pegó a la virgen un cartelito que dice “María, tu madre siempre te protege”. Ese lugar de cuestionamiento, ese símbolo, es algo súper molesto. Que yo dijera que no lo pienso mover, que hay libertad de expresión y, en una entrevista, que tengo formación católica y que la virgen María es un personaje muy querido para mí, ¡eso armó un quilombo…! Pero, ¿por qué no puedo querer a una virgen abortera? Y me empezaron a decir “¿Pero vos sos mariana?” Pero claro que soy mariana, ¿cuál es el problema de ser mariana? ¡Si la virgen fue una pobre víctima en la historia! Era niña, fue violada por un rayo, ni se enteró, se tuvo que bancar ese pibe, vivir con un viejo que no quería, que le mataran al hijo. Déjense de joder, no la pasó bien. ¿Qué madre del amor? ¿Por qué no la reivindicamos? Y ahí se armó otro quilombo.

¿Por qué te llaman Kekena?

Es un apodo. Me llamo María Eugenia.

¡Sos María! (Risas)

Claro. Soy de una familia católica. Tengo un primito al que no le salía decir Eugenia y, bueno, desde mis tres años, soy Kekena en todas partes.

¿Querés contar algo de la situación del Conti?

Como ustedes saben, el Conti está desfinanciado. En este momento, además, hay un tema muy fuerte de censura, se pidió que se sacaran mi nombre y mi imagen de las cosas educativas del Conti. La iglesia, que se arroga el lugar de la educación y el adoctrinamiento, no soporta que yo pueda estar haciendo algo educativo. La situación en el Conti es de muchísima presión hacia los trabajadores y de muchísima amenaza de inestabilidad, de cierre… Hay proyectos para hacer un shopping y dejar unos pocos espacios de memoria al estilo del Buen Pastor, en Córdoba. Esos proyectos cada tanto se reflotan. Y ahí están los pibes aguantándola. Hay gente muy hermosa, muy fuerte y muy poderosa que banca la parada para que esto no pase. Como ellos mismos dicen, esta gente se va a ir y nosotros vamos a seguir acá y vamos a reconstruir esto otra vez, porque siempre estuvimos. El Conti se convirtió en un lugar de resistencia.

La virgen abortera, de Coolpa
La virgen abortera, de Coolpa

La muestra “Para todes, tode” se lleva a cabo en un espacio de memoria, en la Ex Esma, donde todavía resuenan los ecos y vibraciones de los y las torturadas y desaparecidas por la última dictadura militar. En plena capital del país, a la luz de una transitada avenida. La muestra es federal, se exponen obras de más de cien artistas mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binaries. La e es la letra que explota, dice la curadora. Y sobreviene la reacción, en pleno auge de la marea feminista, los grupos conservadores quieren prohibir la exhibición de la obra. No lo logran en el primer intento. Pero, finalmente, un juez dispone que la virgen sea encerrada en un cuarto, donde no se permita el acceso a menores de 18 años. El secretario de Derechos Humanos de la Nación decidió no apelar y que la medida sea. Ahora la virgen abortera sale en la pantalla de la televisión para todo público y el próximo 28 de mayo peregrinará por las calles porteñas, cuando el proyecto de legalizar la interrupción voluntaria del embarazo vuelva a irrumpir en el Congreso, de la mano de décadas de lucha y movilización popular. Ese día, las paquitas, lo mirarán por TV. En el Conti, mientras tanto, la virgen viste, tras los muros, el color de la esperanza, custodiada desde afuera por otras identidades paganas santificadas por su rebeldía ante cualquier totalitarismo. ¿No sabías quiénes eran las paquitas? En esta conversación con Kekena Corvalán, te enteraste de eso y mucho más. La curadora curandera, con el revoloteo circundante de ángelas creadoras, se pronuncia en nombre propio –también se llama María– y colectivo.

Kekema Corvalan con el Anartista.
Kekema Corvalan con el Anartista.




EN EL FUGAZ RESPLANDOR DE UN OJO QUE RECUERDA

Rituales: sobre un romance con Cinefilia.
Por Pablo Arahuete

A PRIMERA VISTA

Destello 1Fue algo fugaz y una chispa. Y, a partir de la chispa, la certidumbre de que algo pasaba. El flechazo con Cinefilia no podía ser en otro lugar que en un cine. Entre los rostros y la gente, la vi por primera vez en la sala. Desde ese entonces, la busco cada vez que me hago el distraído o trato de soportar, porque Cinefilia es una buena consejera y, de vez en cuando, ayuda. Ahora que lo pienso y la pienso, veo el ritual, un ritual entre luces y sombras. Y me pongo a pensar que nunca busqué una definición de qué es el cine. Pretendo no hacerlo porque, para mí, Cinefilia y el cine van de la mano. Tampoco creo que con Cinefilia sueñe, aunque estoy seguro que me desacoplo y escapo a la propuesta que Cinefilia me da. Me dejo llevar por el encanto de lo fugaz, no es otra cosa que eso. Lo fugaz tiene su encanto cuando se piensa en que todo termina alguna vez. De ahí, a lo intenso, hay un pequeño paso.

EL ESPEJO DEL TIEMPO

Entre tantos rituales que atraviesan este camino, el del cine es el que practico sin pensar. Es tal vez ese misterio de la memoria, del tiempo que no es tiempo o del espacio que se reconstruye en la mirada. Porque una pantalla es también un ojo que nos ve, además de verlo nosotros. Es el espejo donde a veces nos queremos ver. Cinefilia me entiende, no me hace preguntas. Ella no piensa tanto, porque también coquetea con lo fugaz. Yo la busco entre recuerdos y trato de convertirla en palabra para darle un cuerpo que no tiene. Cinefilia no necesita un cuerpo para ser. De vez en cuando, yo tampoco lo necesito.

LA AUTONOMÍA DE UN GLOBO ROJO

El globo rojo
El globo rojo

No sé si el cine es la verdad en veinticuatro fotogramas por segundo. Para mí, la verdad es eso en el momento en que lo veo y deja de serlo cuando se apagan las luces. Pero, con Cinefilia desentumezco el músculo quieto. Y puedo practicar el ritual de verme, la posibilidad de viajar en el espacio sin tocar el piso. Pero tampoco hablo de tocar el cielo. Este ritual implica avanzar hacia atrás, hacia adelante, es ir a un costado o al otro en un mismo lugar, en un punto.

Cinefilia estaba presente el día en que me asombré, al ver en una pantalla a una persona de otro color. Y también cuando me convencí de que un globo rojo tenía autonomía, que podía interactuar con un niño y ser un globo rojo igual. Antes de Cinefilia, era algo mecánico, porque el ritual consistía en correr una manivela de plástico con fotografías o dibujos fijos y darle velocidad para imprimirle movimiento. No era lo mismo. Como tampoco esas proyecciones en la pared de mi casa de las películas súper 8 que se podían conseguir: una parte de “La Guerra de las Galaxias”, una película de “Cupido Motorizado”, y así entregarse a esa magia en casa, con gente, con amigos y con Cinefilia, siempre la gran compañía.

LA GESTA DE UN GORRIÓN

Sala de cine 1Para Cinefilia el tiempo no pasó, para mí sí. Tiene aroma a cine viejo, a espacio habitado por pares de rostros y ojos candentes. De vez en cuando aparece y, entonces, la memoria se vuelve pantalla y la pantalla, incierta aventura, y la aventura -por más incierta que resulte- es la gesta de un gorrión pequeño que aletea frente a la corriente de aire, empecinado en hacerla retroceder. Volar en un mismo espacio y lugar, no recuerdo haber visto esa imagen tan nítida desde mis primeras conquistas a la par de Cinefilia. Sentirse conquistador era una de las motivaciones que me llevaban a buscarla siempre y no necesariamente en el mismo lugar.

FANTASÍA VUELTA HORIZONTE

Ojo en la mano.En el fugaz resplandor de un ojo que recuerda, encuentro a Cinefilia, mi ritual personal. Nunca cambió ese chispazo que mueve lo inmóvil, que toca lo intangible y que, sin necesidad de olfato, huele más que esa memoria de jardines con flores multicolores o paisajes solamente para la contemplación. La imagen, desde su quietud, contempla lo que no se ve. En la pantalla hay un centro y, en cada costado, un misterio. No hay pasado de un lado ni futuro del otro lado. Ambos son la misma cosa.

Hubo un tiempo en que Cinefilia me desafió a mutar de piel y a salir del espectador al protagonista. Generosa fantasía que se volvió horizonte, como cuando ese globo rojo escapaba de las piedras que terminaron por desinflarlo. En el protagonismo hubo riesgo, igual que en esas películas de final incierto, aunque la pícara y azarosa suerte liberara la expectativa del “continuará”… Y vaya si continúa porque, aunque haya pasado el tiempo de aventuras, la pasión por “Cinefilia” aletea, late, soporta y vive para reencontrarse con resplandores. Resplandores fugaces pero intensos al fin, como cada fotograma de una imagen fija o de un ojo que recuerda. Así, se hace palabra o se impregna en un instante entre la luz y la sombra, sin espectadores que lo miren y en una sala llena de recuerdos.

Dream




DESVANECER LAS SOMBRAS

Rituales: Sobre el teatro.
Por Carlos Coll

EN EL PRINCIPIO FUE LA MAGIA

El teatro nació en el seno de las sociedades primitivas bajo la forma de rituales mágicos, destinados -a veces- a garantizar el favor de los dioses en la caza o en la recolección. Foto 2 rituales  mi arte en la calle Del rito al mitoLuego fue asociado al desarrollo de las primeras religiones organizadas. Desde sus remotos orígenes, este ha sido un arte ligado a la evolución y ruptura de valores de distintas culturas. Si a ello se añade su extrema vitalidad, fruto de la recreación de situaciones existenciales, y la tendencia del hombre a transformarse en otro y a adoptar su apariencia, no es extraño que las manifestaciones teatrales se hallen profundamente arraigadas en el sentimiento colectivo popular.

 

LA CUARTA PARED

Patrik Grijalvo y Amid cero9
“La cuarta pared” Patrik Grijalvo y Amid cero9

Cada detalle, aunque parezca insignificante, es de vida o muerte. Es más, cualquier alteración de la rutina podría se gravísima (para bien o para mal).

Ya, de movida, quedamos encerrados en una caja de zapatos, aunque una de las paredes sea transparente: la cuarta, que separa a la actriz o al actor del público. Las luces son cómplices en velar esta inexistencia. Como talismán mágico y protección imprescindible, esa pared mantiene la seguridad en el escenario.

 

 

 

LA PREVIA

En los momentos previos a que suba el telón, los actores cumplen con sus rituales y supersticiones.

Vincent Van Gogh
“La noche estrellada” Vincent Van Gogh

Dicen que toda la gente tiene cábalas o rituales para ciertas actividades y, por supuesto, los actores y directores de cine, televisión y teatro no se quedan atrás. A varios se les preguntó qué hacen antes del rodaje o del inicio de una puesta en escena o programa televisivo.
Y el asunto es un largo periplo que comienza con un trabajo en mesa para encontrar el personaje y ubicar los diferentes estratos de la obra. El punto final de este recorrido es la puesta sobre el escenario.
La relajación, los ejercicios con la voz y el cuerpo, el contacto físico entre actrices y actores, el vestuario, las pestañas postizas, el maquillaje, el texto, los movimientos de cada uno de los personajes no alcanzan.
“Siempre procuro tomar algún tornillo del set, que conservo para que las cosas funcionen bien en el trabajo”, dice Damián Alcázar, protagonista de las películas “La ley de Herodes” y “El infierno”.
Por su parte, Irene Azuela, quien ha participado en films como “Quemar las naves” y en la obra “El buen canario”, comenta: “En el teatro intento poner una imagen agradable, como una pulsera que alguien me regaló y que estimo muchísimo, busco apropiarme del espacio; en el cine, no hago nada”.
Alejandro González Iñárritu tiene un ritual perecedero: “Filmé mis primeras tres películas -“Amores Perros”, “21 Gramos” y “Babel”- con los mismos zapatos. Aún los tengo, pero ya no aguantaron para “Biutiful”. Según mi esposa, ¡el olor era insoportable!”, bromeó.
“Yo no entro a un escenario si no me persigno tres veces pidiéndole a San Cristóbal, patrono de los viajeros, que me ayude a mí, al público y a mis compañeros actores. Para mí el teatro es un viaje y tengo a San José, el patrono del trabajo, siempre muy presente”, cuenta Rebecca Jones, actriz en “La vida en el espejo”.
Eduardo España – creador de “Márgara Francisca”-, dice: “Soy muy clavado en la energía, así que prendo la velita y regalo duendes de la buena suerte; en el teatro, antes de subir y al bajar, le doy unos golpecitos al primer escalón del escenario”, señala.
Para Karina Gidi, actriz de “Abel” y de la obra “Incendios”, nada como entrar a escena en óptimas condiciones. “Soy una supersticiosa del calentamiento físico, lo necesito hacer antes, siempre: estiramiento y algo de yoga, depende del personaje. Si no lo hago, me asusto un poco, pero no por eso creo que voy a estar en el hoyo”.
Calentar el cuerpo y el alma: estiramiento de las extremidades, aflojar el cuello y, fundamental, cuidar la voz. No olvidar ningún ejercicio, no vaya uno a caer en un desastre por dejar de lado alguna aparente insignificancia. Mucho menos, la prohibición del color amarillo- yeta- sobre las tablas.

Foto 6 rituales

Así las cosas, antes de que se corra el telón o su sucedáneo- en la modernidad, el telón prácticamente no existe- se despliegan los ritos: acciones erráticas e individuales, ante los ojos de un extraño. Cada caso es una experiencia particular. ´Las señales de la cruz´ se elevan contra la soledad de una pared negra pegada a caras desencajadas, junto a “padres nuestros” mal recordados, que confunden párrafos, y son recitados incluso por ateos.

Pero tenemos que distinguir. La superstición tiene como objeto ahuyentar la mala suerte; el ritual, potenciarnos. Por su parte, no faltan las gárgaras con agua mineral, entre sonidos desafiantes y pornográficos. No voy a olvidarme de las caricias en genitales izquierdos con manos que, como garras asustadas, aprietan hasta el dolor. Y qué decir de esos gemidos llenos de dolor desde gargantas pretenciosas que se calientan en lo primitivo.
Esto de los rituales no es una cosa menor, se trata- nada más ni nada menos- de voltear la cuarta pared.
La actriz y el actor están a punto de cruzar esa barrera peligrosa y única que los llevará hacia “sus vidas paralelas”, hacia el milagro del teatro.

EL CAMINO DIONISÍACO

Trabajito jodido para el director, líder en este caos de esbirros del demonio. A decir verdad, la preparación nunca termina. Se inicia en los primeros pasos y se revive en cada performance porque cada función es una experiencia diferente. Por otra parte, no siempre “cae el ángel” sobre el escenario.
Las luces, el vestuario, la letra: demasiado para un ser humano. El actor es una especie de héroe caído del “Olimpo”, que se estabiliza en las tablas de una caja cúbica: el escenario, siempre en riesgo.

LA LATA DE CERVEZA

Existen circunstancias especiales a superar sin que la función sea afectada. Es fundamental no olvidar el talismán a colgar del cuello y apretarlo antes de salir al escenario, aunque algunos prefieran apretar su propio cascabel, o una lata de cerveza vacía, a un costado del telón. Siempre se puede recurrir a esa lata para orinar antes de salir a escena. Más, cuando los baños- generalmente- están lejos de las tablas o no existen.
Antes de cada función y hasta salir al ruedo, todo es penumbras. Luego el aire desvanece las sombras y el milagro ocurre, a veces.

VIDAS PARALELAS

Contra todo sentido común, las actrices, los actores no se ponen disfraces ni máscaras para hacer “como que son otros”. Por el contrario, actuar implica sacarse las máscaras con las que nos defendemos en nuestras vidas cotidianas, para presentarnos desnudos y, así, atravesar la cuarta pared.

"Renacer" manuel Ruiz ballen
“Renacer” manuel Ruiz Ballen

El escenario no es una simple representación. Allí, sobre esas tablas de madera pisoteadas por las emociones de las actrices y de los actores, se presentan existencias.
Entonces, comprendemos que todos estos rituales tienen sentido. Aparece la recompensa: la respuesta del público, que nos hace renacer en cada función.




DATO EN PLENO VUELO

Rituales: Entrevista a Ezequiel Fernández Moores.

Entrevista: Nicolás Estanislao Sada, Pablo Soprano, Gabriela Stoppelam
Edición: Nicolás Estanislao Sada, Gabriela Stoppelman.
       


Un dato, una punta de ovillo, una apuesta a un complejo juego: revelar lo confuso, aclarar lo opaco.  El dato no se resiste o uno no resiste al dato, vaya a saber. Número, letra o cicatriz de la escritura, un modo de invertir la biografía de la herida, de tornarla horizonte y nueva piel. A nivel del suelo o enredado en las raíces, el dato no busca la altura. Es el trazo que lo escribe quien se obstina en sacarlo de su ser tan al ras.  Y atención con las curvas mortales de todo despegue: que no encandile la presencia luminosa del testimonio, que puedas hallar la gramática del contraluz.

Pero, fijate, las cosas no son tan fáciles.  Mientras vos, dale que dale, intentas  despeinar al dato sin tergiversarlo, el cielo también ha sido tomado por asalto. Hay un maestro de ceremonias que ahueca el horizonte con caparazones de metáforas. Orillea emociones, pero nunca se sumerge en el fragor de sus aguas, nunca se hunde en silencios. Entonces, precavido del fulgor de las postales y los acartonamientos, vos pones al dolor a danzar- simple y suave- alrededor del fogón. El fuego chispea ritual, deviene en formas. Sombras y encuentros. Soltás la mano, la dejás ser crónica de los días y las noches, trovadora de tus insomnios y de tus vigilias. Entonces, la palabra pliega potencias, moldea la sintaxis, vuela bajito. Se echa andar. En el camino, van los nombres. Las ausencias. Y, ahora sí,  de tanto en tanto, esas metáforas gordas y pequeñas se atreven y bordean el ritual. Justo en ese sitio, se planta Ezequiel: un cazador sutil y voraz de retazos, de fragmentos de sombras, que se resbalan desde las manos, caen cerca del corazón y se hacen orilla. Entre la falta y el presente, el dato juega en pleno vuelo, contornea las faltas, funda huellas contra el olvido.


AGENTE DE PRECISIÓN

Creo, con toda ingenuidad y firmeza, en el derecho de cualquier ciudadano a divulgar la verdad que conoce, por peligrosa que sea
Rodolfo Walsh

En las agencias donde trabajé prácticamente no se firmaban los cables, salvo cuando eras un enviado especial. No firmar era un factor menos de narcisismo. Si no se firma, tampoco hay foto. Entonces, es puro profesionalismo. Y también tiene mucho de trabajo artesanal. El desafío está en que vos querés construir un buen copete con velocidad, pero la agencia también exige precisión.

En la época digital, ¿queda desfasado lo artesanal?, ¿vos te vas por esto?

No, yo me voy por el achicamiento brutal. Además, las agencias -el periodismo en general- ya perdieron lo artesanal. No me gusta generalizar, pero ahora cuesta mucho más. En las agencias, había discusiones extraordinarias sobre una palabra, por si estaba bien utilizada o no, qué maravilloso discutir por una palabra.

Más allá del desafío, ¿cómo te llevas con la urgencia en el momento de escribir?

En la agencia  tenía –  tengo que hablar en pasado, cuesta pero debo hacerlo- tenía un entrenamiento incorporado de hace 41 años. Ahí, el trabajo es como tomar agua. Pero hace un tiempo me había propuesto darle una vuelta de rosca a esa cosa mecánica y hacer copetes de tres líneas. Achicar más, encontrar en la austeridad de la palabra, “la sonrisa perfecta”, cantaba Silvio. La palabra precisa.  

 

POETAS COMO SALVACIÓN

“La poesía me ayuda a llorar”
Yolan de Mukagasana.

¿Y asociarías la palabra precisa con lo poético?

Y sí, la palabra precisa tiene mucho de poético.

Decías en el libro: “Juego,  luego existo” que cuando te faltaron las palabras, algunos poemas y poetas te salvaron.

Sí, y eso me pasó.

¿De qué te salvaron?

De falta de palabras.

Pero te dan las palabras que usan ellos.

Yo cito a los poetas. Cuando saco un texto de algún lugar, soy muy respetuoso de citar, yo lo que quiero es compartir, no me interesa si es mío o de Juan o de Pedro.

Bueno, vamos en ese sentido, hoy justamente te escuche crónica de Ruanda.
(1)

 

Bueno viste que cité un poeta de Ruanda. Sí, yo no tenía ni idea  de ese poeta pero hay que buscar. Suelo hacer este tipo de cosas a las dos de la mañana. A veces hasta más tarde aun, recorro la obra de un poeta que, después, posiblemente no utilice ni siquiera en el artículo, ¡pero quién me quita lo bailado! Encontré un poeta que para mí fue una delicia y me quedó para siempre.

¿Qué te da la poesía que no te dé la prosa?

Le encuentro más belleza a la poesía.

Belleza…,¿a qué te referís?

A la belleza de la palabra. A encontrar esa palabra precisa. Como sucede con el dolor, quizás, cuando tengo que transmitir el dolor del otro. Por ejemplo, me pasa que estoy muy cómodo, mientras escribo en mi casa a las tres de la mañana y tengo que trasmitir dolor. Entonces, me digo, ¿cómo hago  para ser medianamente auténtico en el texto? Ahí es donde me parece que los poetas tienen un proceso íntimo, intransferible, muy personal, al punto tal que el dolor, en esa creación, lo vuelcan en las cosas maravillosas que te hacen leer.

¿Nunca escribiste poesía?

Me pasó alguna vez.

¿Te pasó?, ¿fue algo que sucedió, como un lapsus?, ¿podemos leer esos poemas?

No, ¡ni loco!

¿Y por qué no sucedió más?

Un verano del 42.

Bue, dejamos pasar. Y experiencias poéticas, fuera de la poesía, ¿podrías citar alguna?

¿Fuera de la poesía?

Sí, como algo de conmoción de sentido, conmoción de lenguaje

Bueno hay cosas de la cancha que son extraordinarias, hay frases que solo las recoges en la cancha.  Para mí eso es poesía pura. Mirá, a una vez, me sucedió algo así al hablar con un etnógrafo francés, Cristian Bromberger, un capo. Lo mandaron a Irán a estudiar la sociedad y, en una charla, contó que no lograba definir a la sociedad iraní con una palabra. Eso hasta que fue a la cancha. Entonces, encontró dolor, alegría, expresiones auténticas, espontáneas. Y, en esa espontaneidad, salían las palabras. Ahí había menos mediatización, menos elaboración intelectual y un proceso más concreto de dolor o de alegría.

En esa línea, citas mucho al sociólogo David Goldblatt.

Sí, es extraordinario.

Justamente, él marca la cuestión del ritual, del ejercicio del abrazo. Vincula todo con el contexto, ya sea un gol, un tiro en el palo o, simplemente, un pelotazo al medio de la tribuna.

Todo eso seguramente lo encontramos en el poeta máximo del tablón, que fue el Negro Fontanarrosa. El Negro, con esa picardía, narraba cuentos increíbles, como ese en que la mujer acompañaba al marido a la cancha para ver si por lo menos la abrazaba cuando su equipo hacía un gol. Eso es maravilloso.

RETAZOS DEL LENGUAJE

Tan poco que decir
tan urgente
decirlo”

Leonard Cohen

¿Cómo usas lo poético en tu prosa?

Ezequiel Fernández Moores.
Ezequiel Fernández Moores.

Intento que salga un texto musical. Lo leo en distintos lugares y en distintos momentos. Una cosa, por supuesto, es a las tres de la mañana en mi casa, solo, con un silencio absoluto y otra cosa es en otro ámbito. Me pasa también de leer en el subte a las tres de la tarde, en un subte bastante poblado. De pronto, necesito ver cómo suena eso ahí, con ese quilombo infernal.

Ezequiel, nosotros no somos periodistas, somos escritores y lectores. Y, a veces, nos preguntamos si el periodismo duro, el del dato, no intenta conquistarlo todo. ¿Cómo luchas contra la hegemonía del dato?

Yo mismo soy un testigo de esa lucha, el origen de mi trabajo es en la agencia y mi esencia es el dato. No hay línea que no contenga datos. Eso es el periodismo de agencia, es información, información, información.  Pero siempre hay una inevitable arbitrariedad, ¿por qué use este dato y no otro?

Por otro lado está la falta de dato, el exceso de poesía.

Sí, malas crónicas hay en todos lados, todos los días y a toda hora.

Pero vos, ¿cómo manejas  ese equilibrio, dato y narrativa?

Hace unos años largos, empecé a pelear con mis textos porque tenían demasiado dato y les faltaba fluidez, ritmo. En un momento dije- y puede sonar un poco presumido esto-: creo que, quienes leen estos textos tienen que confiar en que no estoy mintiendo, que el dato está correcto. Entonces, empecé a depurar, a mantener las fuentes pero no con excesiva precisión.

Aparte, mucho dato también termina por no informar.

"Destiempos".  Eduardo Longoni
“Destiempos”. Eduardo Longoni

Exacto, esa es la otra cara del asunto. Está esa frase: “estamos informando todo, pero no estamos enterados de nada”. Lo que yo digo es que a mí me preocupa un poco la fluidez del texto. Mi pretensión es que el texto tenga belleza y música y el dato a veces quita eso. Esto fue una necesidad mía, nadie me lo pidió. Y también depende para qué medio escriba. Igual, yo nunca voy a subestimar ni a sobreestimar a nadie, ni en la Nación ni en Página/12. Pero, lo que en definitiva me preocupa es que tenemos que salir de los lugares comunes, pensar en términos un poco más provocativos,  provocar con un poco de inteligencia. Apelo a la inteligencia del lector.

Claro, esquivar la chicana barata

Evito el golpe bajo, me gusta salir del lugar común.

 

NADA SERENA

“Serena,
la eternidad espera en la encrucijada de estrellas”
Jorge Luis Borges.

¿Recordas algún caso en particular?


Hace unos meses escribí una nota sobre Serena Williams donde se enojó mucha gente.

https://www.lanacion.com.ar/deportes/mujer-negra-caderas-anchas-nid2171057

Serena desbarrancó, insultó a un árbitro en pleno partido. Yo me pregunté: ¿qué le habrá pasado?

Encima desbarrancar y llamarse Serena…

La mina lleva 20 años como  número 1, siempre fue correcta. Está curtida. ¿Qué le pasó para estallar? Empecé a averiguar. Además de que había sido madre, al mes, tuvieron que internarla porque ella percibió algo en la circulación de la sangre. El médico no le había dado bola y casi tiene un problema de embolia tremendo. Por esa complicación tan seria, ella empezó a preocuparse -no importa la guita que tengas- de cómo atienden los médicos, 95% blancos. a las parturientas negras. Ella misma se preocupó en investigar que la mortalidad de las parturientas negras era mucho mayor. Hay algo cultural. Sin dudas. E instaló un debate sobre ese tema. Ella misma le reclamó al juez: “soy madre, no te voy a mentir”. Me pareció muy fuerte. No le dijo “Soy Serena Williams, gané 799 partidos.” Ahí advertí qué potencia había tenido para esa mina haber sido madre. Yo no la quería justificar, pero si quería saber por qué le había pasado todo esto, tan inusual en ella.

¿Suelen interesarte ese tipo de temas?

Sí, la parte humana me interesa mucho. El tema de la raza me preocupa, claro. Evidentemente, los negros sufren más y están más castigados. ”.

Es maravilloso que un hombre antimachirulo se haya ocupado de este tema. A propósito de esto, te iba a preguntar cómo te impacta la cuestión de género.

Yo lo incorporo como movimiento social, me refiero a que veo claramente que va cambiar estructuras anquilosadas. Es lo más interesante que ha sucedido en un tiempo largo. Cuando suceden este tipo de cosas, los sentidos míos se agudizan, estoy mucho más atento porque tengo el privilegio de ser testigo directo de todo esto.

¿Te da admiración?

Si, por supuesto, me da mucha admiración.

Y, más allá de  lo admirable- y ya que hablaste de mover estructuras-, ¿qué sentido tiene para vos hoy la palabra revolución?

Bueno, en el feminismo yo percibo una revolución. Revolución, esencialmente, significa que no te podes hacer más el boludo en términos de cosa histórica machista, en los laburos, en la vida cotidiana, en la calle. Por otro lado, no me siento parte de esa cultura machista y nunca me sentí parte. Pensá: vengo de una familia de 7 hermanos varones, crecimos en una casa masculina cien por cien.

Y esto de no poder hacerte el boludo, ¿lo vivís como una liberación, como una relajación o como una pérdida de privilegios?

No, veo lo interesante de ser testigo directo. Esto viene a cambiar claramente las conductas. Sobre todo, en gente de poder y en el espacio que los rodea. En general, el poder en el mundo ha sido masculino. 

CORRESPONSAL DEL DOLOR

  “Esta espantosa reliquia del dolor: la alucinada memoria.”

Miguel Ángel Bustos

Ya que hablas de poder, ¿cómo diferencias poder de potencia?

Yo soy padre de mellizas, ya tienen 32 años. Te doy un ejemplo: cuando nacieron, yo sentía esa sensación de “todo lo puedo”: bañarlas a las dos juntas, cambiarlas, ponerme a trabajar. Había que ir a comprar pañales, no alcanzaba para comprarlos, pero yo sentía esa sensación de potencia absoluta.

Maternidad y paternidad están en todas las anécdotas que elegís para tus respuestas…

Y…, en una casa con tantos hijos, yo le decía a mi padre que iba a esperar para ser papá, que no tenía apuro. Y mirá cómo son las cosas.; cuando nació Tomas, mi primer hijo, mi viejo se estaba muriendo. Es un gran dolor no haberle podido decir que iba a ser padre. Y después, un día en la playa, le dije a mi hijo- educado a cero en religión-  mirá, yo tengo siempre un gran dolor, porque no le pude avisar a mi viejo que iba a ser padre… Y Tomy, que tendría 8 o 9 años en la playa, me dijo: él ya lo sabe, ¡ y a mí eso me encantó!

¿Lo pudiste escribir?

No, eso no pude escribirlo nunca.

¿Y hay alguna crónica donde eso aparezca, de coté?

Y, en alguna crónica puede ser, puede estar, a mí los vínculos me atraen mucho.

¿El dolor?

Y, bueno, ¿qué vínculo no tiene dolor?

Pero no solo hablas del dolor de los vínculos, sino del de los demás: de Serena, de los poetas.

Sí, me conmueven las personas que expresan su vulnerabilidad.

¿Y nunca necesitaste la ficción?

No, no, no, por ahí tengo algunas cosas mías escritas, ¡pero tampoco las voy a mostrar! Ahora, después de mucho tiempo, escribí algo que no es de deporte. En la presentación de mi libro, un amigo – Pablo Perentuano, a cargo del sitio “La agenda” – escuchó que cité a Leonard Cohen, quien ahora cumple 50 años de su segundo álbum. Entonces, Pablo me preguntó si quería escribir algo sobre eso. Y me animé. Creo que es la primera vez que escribo algo que no está relacionado al deporte.

EL GORDO DELIRIO DE ESCRIBIR

 “Aunque quede ridículo que lo diga (con simplicidad) uno siempre anda buscando los orígenes, ¡nuestra identidad!

Osvaldo Soriano.


Ya que hablaste de los vínculos, del dolor, de llegar a tiempo, regresemos a la ficción. En tu libro, encontramos la crónica sobre Boby Fischer, donde el dato que contás es tan increíble que no parece cierto

¡Pero es todo cierto!

¿Vos crees que la gente que escribe ficción no escribe a partir de datos? De hecho, el propio dolor del que escribe un poeta es un tremendo dato

Sé lo relativo de esa verdad y me río también. Por ejemplo del mocumental, – que es un falso documental- , ahí sabés que te están engañando y lo hacen como si todo fuese realidad. Mirá, el gordo Soriano tiene un cuento sobre el mundial que no fue: “El penal de más largo del mundo”. Por otra parte, un periodista de una agencia de noticias, en lugar de viajar a Venecia, tomó la gacetilla del relato de un mundial no reconocido por la FIFA.  El periodista escribió un cable en serio sobre el documental del mundial no reconocido. Yo me puse a leer y dije ¡pero ese es el cuento del gordo! Empecé a hablar con algunas personas sobre el documental y dije: esto es extraordinario. Voy hacer una crónica, voy a jugar con el gordo Soriano y con los actores. En mi crónica jugué todo el tiempo a que eso sucedía, pero, de verdad, era un delirio inevitable, donde el árbitro era Butch Cassidy que no sabía el reglamento de fútbol pero era rápido con la pistola. Así, escribí jugando, pero cualquier lector mínimamente avispado se da cuenta. Eso se completó un día, cuando Eduardo Galeano vino a casa por un libro que estaba escribiendo y me tiró un dato falso. Eduardo, le dije, ¿quién te dijo que Sanfilipo era máximo goleador del fútbol argentino? eso es mentira. Eduardo miró para arriba y dijo: “El hijo de puta del Gordo Soriano” Yo no paraba de reírme. Fue una maravilla. Por eso tengo que saber jugar. Interpretar los tiempos, saber en qué cancha juego.

Esto instala otro tema, la certeza del dato.

¡Exactamente!

LAS PALABRAS JUEGAN

 “El fútbol es la única religión que no tiene ateos”

Eduardo Galeano

 

Vos recién hablabas del dolor, de acercarte al tipo que le va mal, como en el caso de Bosir Barbosa. Hay varias referencias en tu texto a que los perdedores tienen otra forma de visibilización.

Ezequiel Fernández Moores con Nicolás Sada (el Anartista).
Ezequiel Fernández Moores con Nicolás S. (el Anartista).

Sí, tienen más relato; en un sentido, el perdedor expresa algo más auténtico. Pero, ¡ojo!, tampoco me interesa la épica, sí acercarme a ese dolor. Por ejemplo, en la historia de Moacir Barbosa Nascimento, él dijo que había quemado los postes del Maracaná y nos mintió a todos con eso. Pero para que no lo jodiéramos más. Al tipo le están revolviendo el cuchillo todo el tiempo. Mirá, puedo citar también ese dato tremendo, donde una mujer le comenta a su nena, mientras van por la calle: este señor- en referencia a Moacir Barbosa- hizo llorar a doscientos millones de brasileños. Y luego, cuando Barbosa muere,- EL PAIS de España titula, “la segunda muerte de Barbosa”.
Uff, eso fue tremendo.

Bueno, está también la anécdota de Garrincha.

Yo encontré el dato: Garrincha estaba con chico Buarque en un exilio romano. Chico Buarque era el chofer que lo llevaba a jugar partidos de mala muerte contra obreros de fábricas. Lo llevaba a sindicatos, con estudiantes universitarios. Hacía pocos años, Garrincha había sido una figura del fútbol mundial  y esto lo hacía por un pocos dólares. Me enteré del dato, con Garrincha ya muerto. El tema era hablar con Chico, toda la situación me parecía muy delirante. Finalmente, logré dar con Chico. ¡Imaginate qué emoción, que me responda Chico! “Essas histórias do livro estão certas”, me responde Buarque, a través de un correo electrónico.

https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/arte-de-brasil-nid1223844

Y más me conmovió cuando, con el artículo ya publicado, me llamó un amigo por teléfono  cuya esposa es brasileña y me dijo: te llamo ahora porque mi mujer está llorando después de leer el artículo…¡Ufff, yo no podía más!

 

NUNCA CARETA

“Ser como todos es no ser nadie”
Graffiti que se ve desde el 34

 

¿Escribirías si no tuvieras la posibilidad de publicar?

Supongo que sí. La verdad es que escribo siempre para publicar, desde hace 41 años. No paro de escribir. Pero pará, tengo un libro no publicado del mundial `78. Lo escribí en el `82 – `83,  tenía un valor de resistencia escribirlo en ese momento. El problema fue que me demoré mucho, fue justo también durante el proceso de enfermedad de mi viejo y tuve que detener todo eso. Cuando pude retomarlo, ya estaba de moda investigar a los milicos, criticarlos y sentí que pasó, que ya estaba.

Fotografía de tapa del libro "Juego, luego existo." de Ezequiel Fernández Moores.
Fotografía de tapa del libro “Juego, luego existo.” de Ezequiel Fernández Moores.

¿Qué es lo que no te estimula del libro y sí de la publicación de crónicas?

Hay algo que me incomoda y es ser el centro de escena. Y lo digo con toda sinceridad, naturalmente me corro. Cuando me propusieron hacer un libro con todos esos artículos, dije no, no. Por eso le entregué a Alejandro Wall un bolso con casi mil artículos y le dije que hiciera lo que quisiera con eso. Yo solo quería que sí se incluyeran 4 o 5  artículos, el resto corrió todo por tu cuenta.

 

 

Y si no tuvieras que vivir económicamente de esto, ¿qué escribirías?

Cosas parecidas a las que escribo, pero con más tiempo. No con la obligación. Me encantaría ir a un determinado lugar donde sucede algo muy fuerte, entender ese hecho, darle el tiempo que necesita. Me faltaría encontrar ese lugar, pero darme ese tiempo es ir ahí y quedarme.

¿Quién es un enemigo para vos?

En general, el poder, aún cuando empatizás con ese poder. De todos modos, tomo una inevitable distancia del poder. Es un mundo del que me siento muy lejos, no lo necesito. En esas cosas soy cero competitivo.

Pero yo hablo de un enemigo, de alguien que te quiere destruir o que quiera destruir a un colectivo.

Cuando hablo del poder, también hablo del poder económico cada vez más concentrado, cada vez más depredador. Bueno, ¿cómo frenás la depredación que estos tipos hacen ahora?

¿Existe ese tipo de depredador en el periodismo?

El problema es cuando el periodismo se mimetiza con el poder. Aparte, ese poder se dio cuenta de que necesita a los medios. Ya no solo necesita tener a un periodista corrompido, necesita ser directamente dueño del medio. Hoy no sabemos quiénes son los dueños de los medios, justamente, porque no sabemos quiénes son los dueños del dinero.

Y  se preocupan para qué no lo sepas….

Exacto. Y, justamente, ellos son quienes más usan la palabra transparencia, son los más opacos. Por eso no creo en la palabra transparencia.

Los poetas salvan esa opacidad. Vos citas a Cohen: “hay una grieta en todo. Así es como entra la luz” 

¡Claro! todos estamos con la luz apagada. Entonces, ¡bienvenida la grieta! Pero, entendé, boludo, estamos todos a oscuras, no te creas que  porque vos está ahí arriba, tenés la luz. No, no es así.

Y vos, ¿cuándo necesitas la metáfora?

No soy muy amigo de las metáforas, me parece que hay que tener mucho talento para eso. Estás en una cornisa en donde, si la usaste mal, caes en la vulgaridad. Y eso es lo que intento evitar. Soy muy pero muy pudoroso con las metáforas.

¿Es un pudor periodístico?

Me siento cien por cien periodista. Entonces, las esquivo mucho. Por más que se me ocurran muchas.

“En concreto todo lo que gira y acontece alrededor de un partido de fútbol ha sido estudiado por varios especialistas en antropología que han teorizado sobre el mismo y sobre los grupos tribales que defienden lo colores de un equipo, el fútbol como una fiesta, una guerra simbólica y una guerra materializada. El fútbol como espejo de la sociedad, como productor de realidades sociales” Cristiran Bromberger

 

JUEGO, LUEGO EXISTO.

“mientras haya una esquina y a pesar de todo
una luna y un tiempo y un bolsillo
mientras haya una mano y una calle
y una boca y un grito
una ventana.
Mientras estemos”
Roberto Jorge Santoro


¿Cómo  opera el colectivo contra los poderes?, ¿cómo se para ante estas miserias de torneos cada vez más decepcionantes, de sorteos manipulados, de clubes fundidos?

¿Y por qué el fútbol va a ser distinto a lo que sucede en el resto de los escenarios? ¿Por qué voy a pretender que el fútbol sea un mundo virginal, un Peter pan?, ¿por qué?

El fútbol no fue así, pero hoy hay una profunda exacerbación de las miserias

¿Pero qué no está exacerbado? Preguntale a un guionista de Hollywood, a quién le rechazan todo, si no mete sangre, muertes y violaciones.

Vos reflejas el concepto de identidad, de la pujanza barrial, ¿dónde quedó eso?

Sí, hablo de eso, pero tampoco intento detenerme en eso. La nostalgia me parece muy cómoda, muy tentadora. Pero cuando me refugio en ese lugar,  rajo como Usain Bolt. El futbol se parece a la vida. Tampoco tiene justicia.

Vos, tan esquivo al poder, justo en el deporte donde hay tanta competencia, ¿cómo te llevas con el espíritu competitivo?

La verdad me importa tres carajos. Ojo, cuando tengo que escribir sobre ese mundo, lo intento comprender, pero tampoco pretendo que sea mi mundo. Sin dudas que la idea de actitud, de superar al otro, de ganarle al otro está instalada en el deporte. La cuestión es saber qué hacemos con eso. Hay algo de una supuesta inutilidad, el mundo no va a cambiar absolutamente en nada, aunque esto ocupe todos los espacios de noticias. Que Argentina sea campeona del mundo no va cambiar nada. Mañana nos tenemos que levantar y llevar a los pibes a la escuela y después ir a trabajar.

Igual el fútbol es algo que se impregna en las subjetividades.

Sin dudas, yo recuerdo el mundial 2002. Argentina tenía un gran equipo en las eliminatorias. De hecho, había logrado una gran eliminatoria, era candidata a ganar el mundial. El país se había incendiado en el 2001, vinieron muchos periodistas del exterior, querían saber cómo es un país que se incendia y que puede ser campeón del mundo. Yo les decía: no sé si esas cosas van tan de la mano, son metáforas muy tentadoras. Finalmente, Argentina perdió, por primera vez, en primera rueda. Más adelante, el país empezó a crecer económicamente ¿y qué hacemos con todo ese inmenso juego que se hizo?

 

Ezequiel Fernández Moores. con el Anartista.
Ezequiel Fernández Moores. con el Anartista.

 

(1)  Rwanda: fútbol, masacre, e infierno.
En abril de 1994, hace 25 años, el pequeño país africano ubicado en el corazón del continente, se dividió en dos grupos de personas: los hutus y los tutsis y se desató la matanza más mortífera de la historia de la humanidad. Durante los tres meses en que los hutus intentaron exterminar a machetazos a los tutsis, también la pelota se manchó de sangre.
Crónica contada por 
Ezequiel Fernandez Moores en “Arqueros, ilusionistas y goleadores” programa de radio que va por FM 94.7 en Radio Gol.

 

 

 

 




CALENDARIOS DE LA ABUELA DIECINUEVE

Rituales: Entrevista al escritor africano, Ondjaki

Entrevista: Lourdes Landeira, Viviana García Arribas, Carlos Coll, Gabriela Stoppelman.
Edición: Gabriela Stoppelman.

 

 “tranquila, comadre, el fuego es como el viento, grita mucho, pero tiene
una voz pequeñita.(1)

Por una discreción sin fecha, la Abuela Diecinueve no quiere llegar a la segunda decena. Ni humilde ni bravucona, lo suyo es tentar las formas del tiempo y narrar. De día, junta el polvo del fuego y lo astilla en ecos al anochecer. Entonces, la mitad del sonido aletea en un pájaro y la otra se alía al silencio, en la curva donde se atempera la furia del río. Ahí, cerca del nacimiento, ella cuece la infancia en punto cruz y punto a través. Con ese manto, arrulla  los pequeños infinitos de sus críos, que duermen su mirada vuelta al sueño, mecidos en el ritmo de un abuelísimo andar.  Al amanecer, Diecinueve se disuelve en pan caliente y desayunos. No necesita ni su propia presencia para atreverse al día. Donde el calendario se sucede, ella dobla. 

"Pájaro memoria." Pinacoteca del teatro.
“Pájaro memoria.” Pinacoteca del teatro.

Donde el calendario proclama finales, ella recomienza. Donde  el capricho de las cronologías grita, ella atruena con su voz pequeña. La Abuela Diecinueve se cuela en todos los intersticios del sigilo y aprovecha la falta para sembrar una historia.  Sólo no acepta ser la cifra entre el dieciocho y el veinte, ni el efecto de lo ya sido ni el preámbulo del porvenir. Cuando así  pretenden detenerla, mezclada a meros cálculos, ella chisporrotea ausentes en el hueco entre dos nombres, acerca en adherencias la fluidez de la tierra y la irritación de la sal. Más que  enseñar, se mueve: de la vida a la otra parte y otra vez a regresar. Así va la abuela-infante, como si la muerte fuera apenas un cuarto de atrás. En ese balancear los tiempos, nunca olvida merodear el trazo de su nieto: a veces le multiplica los cumpleaños, otras le enrula las edades. Él la atiende en las volteretas de su perfume, en las titilaciones de su merodear. Y, recién cuando el  instante está listo, la Abuela Diecinueve descansa en el ovillo de sus calendarios y su nieto, Ondjaki , se pone a conversar.

 

LA NOTA MÍNIMA

 

“llevaba entrañado en las manos el olor caliente del pescado seco que ayudaba a acomodar”
“es que yo puedo oír el ruido de la sal dentro de las conchas”(1)

 

El uso de las sinestesias es muy frecuente en tus textos, así como la transferencia de sensaciones de los sentidos a actividades como el pensamiento.  ¿Cuándo necesitas estos recursos a la hora de describir?

Yo creo que es algo que viene, te llega. Hay que buscar otros modos- siempre nuevos, siempre tuyos-  de decir las sensaciones con las palabras. Algo como la inducción o el sueño, porque no todo cabe en las palabras. En realidad, poco cabe en las palabras. El mundo es más grande y mayor que las palabras. Pero intentamos que todo quepa. Por otro lado, las palabras son provocación para la experiencia de vivir. Creo que se debe usar la palabra para llevar más allá al ser humano.

Muchas de las referencias a sensaciones de los sentidos aparecen partidas entre dos tiempos o entre dos locaciones.  Conversemos un poco sobre este mestizaje del ruido o del olor: “mitad del ruido era de la música, la otra mitad, encantadoramente acompasado, era el tumulto de la vieja aguja del tocadiscos” (1)

Wilfredo Lam.
Wilfredo Lam.

No me había dado cuenta, pero trabajo mucho con olores, eso sí parece que es verdad. Es también porque a veces me parece que falta olor en la literatura. Igual, realmente, eso es una fantasía: no le falta nada a la literatura, es un campo de magia y hago lo que puedo. Sí me gusta trabajar libremente con todo. No tanto el lenguaje, o la forma, más bien el ritmo, el silencio, el lugar descubierto para dar voz a los ausentes. Por otro lado, lo que llamamos tiempo se pierde en los libros. No hay tanta distancia entre tiempo y espacio, entre lugar y memoria. Existen, en cambio, modos distintos de verlos, de ponerlos y de descubrirlos.

En muchas ocasiones tus textos hacen contrastar sonidos mínimos contra el silencio. Conversemos sobre estos ruidos y olores puestos a incidir en el conflicto como si fueran personajes: “el silencio intenso sólo se veía perturbado por las notas de jazz que venían del quinto piso, por las ventanas semicerradas, el goteo del grifo de la cocina a un ritmo adecuado y una luz bonita creada por los agujeros de la vieja cortina de la sala” (1)

Es que son las cosas mínimas las que hacen a otras crecer. A veces, es como mirar por un rato al silencio para escuchar qué pasa en el mundo. Me gusta explorar esa duda: ¿quién tiene la mano -o el corazón- más grande: el ruido o el silencio?

LA TEXTURA DEL OTRO

                   “¿Tú siempre fuiste pájaro?, le pregunté a uno de ellos. No, yo era una serpiente, pero siempre quise ser pájaro” (2)

¿Cómo aportan la transformación y alquimización de personas y objetos al devenir de la narración?

Eso viene, creo, de ‘quien’ cuenta la historia. A mí me da igual que sea un animal, una cosa, una nube. Para mí es natural: yo no dudo que un gato o una cama o un árbol tengan cosas que decir. Me gusta trabajar la idea y la posibilidad de transformación. Quiero que mis personajes puedan ser otras cosas fuera o dentro de sí mismos.

La noche estuvo tan tibia que respirar dejó de ser una sensación común, acercándose más a algo como la ingestión gaseosa de un mango, la caricia aterciopelada de una mano, o la piel blanda de un durazno fresco.” Los sentidos impregnan los objetos, los objetos impregnan los sentidos. ¿Qué  tipo particular de poética producen esos recursos? ¿Qué es lo poético para vos?

Es la posibilidad de contar, de narrar. Es poético escuchar, absorber, pero es poético también dejar existir el espacio del otro. ¿Qué espacio? El metafísico, el del derecho de crear memorias, el espacio donde el otro te cuenta quién es o quién quiere ser. Lo poético seria respetar más los derechos de los niños a jugar, a transcurrir en un tiempo propio más que en el tiempo forzado de los adultos. Lo poético seria respetar la naturaleza, sus texturas, sus ritmos, su tiempo. El poético es escuchar el otro. Lo poético es la posibilidad de usar tu vida y tu memoria para narrar.

¿Y  lo indecible?

Es la poesía y lo poético. Sería posible explicar a un extra terrestre cómo funcionan nuestros aviones y microondas. Pero, ¿cómo le explicarías un color?, ¿cómo le explicarías una danza? ¿Y el olor de la madrugada cerca del río adormecido por pájaros? El indecible es el cuerpo del silencio cuando hablamos porque nos gusta una persona o un paisaje.

"Pájaros en el melonar."
“Pájaros en el melonar.”

Queda el mito…

Es algo que me encanta recordar, sin saber de dónde vino.

Recordar…me trae esta otra cita: “un hombre está hecho de lo que planifica y de lo que va sintiendo, de cadenas de hierro que lo sujetan al suelo y de cadenas de aire que le atraviesan el cuerpo como ecos de poesía”  (1) Curioso: La única referencia al pasado en esta cita, son los ecos de poesía…

Es un poco la vida misma. Es que la poesía no está solo en los libros o en los poemas. Esa idea me gusta, que tienes poesía solo por existir, solo por ser humano, solo por estar cerca de los pájaros, solo porque, sin saber, también puedes leer el mar y el viento.

 

MAPAS REPENTINOS

 

                   en algún lugar de Luanda, lejos de allí, un papagayo silbó la misma melodía que emitía el tocadiscos.”(1)

 

El tema de nuestro número son los rituales, ¿existen rituales de la vista, el olfato, el gusto?

Más que rituales nacionales, me gusta observar los rituales personales. A veces, la literatura también pasa por allí: descubrir o inventar rituales para que nosotros, todos, nos podamos ver en un espejo. Esos rituales son un mapa que dejamos- o no- que los otros vean.

Y, en esos rituales interpersonales, ¿los sentidos son puentes?

"Cronos". Carlos Gallardo.
“Cronos”. Carlos Gallardo.

O mapas… los sentidos crean una red infinita de posibilidades, de caminos de memoria, de dibujos que habíamos hecho de  niños y ahora los tenemos con nosotros para toda la vida. Ahora, el olfato sí te lleva siempre a algún lugar. Es más, te lleva sin pedir autorización. Es como un poema repentino y peligroso que te toma la mano y los ojos. Como un puñetazo de box, pero casi sin tocarte.

 “(…) el VendedorDeConchas le insistió al Ciego para que pasaran nuevamente por el edificio que tenía aquella entrada de agua fresca; se había convertido en un ritual del final del día: pasar por el edificio, conversar un poco y refrescarse el cuerpo en las aguas perdidas del primer piso del Cristalino” (1) ¿Qué restituyen los rituales cotidianos?

Te dan alguna seguridad. Y te pueden enseñar nuevos caminos. Te alertan para el cambio de las pequeñas cosas, aunque parezca que todo es igual. Los rituales pueden darte nuevas tonalidades de silencio.

En muchos de tus textos los ecos actúan como un todo independiente del sonido, así como las partes (de la luz, por ejemplo) se independizan de los enteros: el sol, dividido en porciones de intensidad, caliente y perpendicular a aquella hora, el sol y sus haces de luz viajantes de distancia e inmensidad sideral” (1),  ¿Vale esa relación de la parte con el todo, si la trasladamos a lo social? ¿Cómo se da eso en Luanda?

Ondjaki
Ondjaki

Luanda es tan difícil de explicar que- creo- la mayoría de nosotros ya no lo intenta. ¿Pero puede uno vivir sin mirar, sin sentir? Hay, sí, muchas cosas que parecen aisladas. ¿Estarán? ¿Es eso posible? Es verdad que Luanda es una ciudad grande, tiene ahora cerca de 7 millones de habitantes y sigue con sus islas dentro de sí misma. ¿Víctima de la modernidad? ¿Urbe gigante que crece apretada entre las cuerdas de las tradiciones  de la globalización? Posiblemente, todo eso es verdad. Entonces, ¿qué hacemos? La contamos. Despacio, con amor y algo de odio, la vamos contando en la música, en la literatura, pero también durante días, noches y madrugadas, cada luandense la interpreta, la canta, la cuenta, la sufre, la sueña, la maltrata y la protege. Entonces, ¿cómo contarla con alguna honestidad? Se debe aceptar la diversidad de las versiones. No hay Luanda. Hay Luandas.

Vamos de tus Luandas a nuestras Argentinas. Muchos de  tus personajes soportan, cargan, persisten en no ver, hasta consumirse. En eso se parecen mucho a nuestros “personajes” latinoamericanos.  Puede parecer hasta trivial la pregunta, ¿Por qué soportamos tanto?

Es una pregunta muy amplia, que nos llevaría a mirar la historia de nuestros países y continentes. Una de las cuestiones que pienso es: ¿soportamos más que otros o soportamos otras cosas? O, ¿qué otras cosas tan bellas y grandes estamos nosotros viviendo que nos permiten soportar las cosas menos bellas que estamos ultrapasando?

¿Cuál es el mayor desamor en Luanda?

Las desigualdades sociales y los niños que sufren. A eso no me acostumbré.

CONSPIRAR  UN TIEMPO ABUELA

en mi tierra los ancianos decían que para atravesar el río es bueno conocer
las horas del caimán” (1)
“el tiempo es un lugar que también se queda parado –decía la Abuela Kunjikise” (1)

Fuera de la vivencia del tiempo cronológico, ¿qué otras vivencias del tiempo te parece importante rescatar?

Patrick Mawete.
Patrick Mawete.

Aquí sí llegamos a un problema que, para mí, es literario y es personal también. Sigo buscando un modo de resolver el laberinto del tiempo. Puedes ir a Borges, a Gabo, a Cortázar, a Saramago, a Fernando Pessoa, a Kafka, a Luandino Vieira y a Erri De Luca, y no salir casi del mismo lugar. Porque el tiempo, como la muerte (¿ serán primos?), quieren jugar con nosotros.  Como cantaba Canserbero, de Venezuela: “al fin y al cabo la muerte va tan segura de ganar / que de ventaja te da una vida.” ¿Cuántos días entonces tenemos para rescatar (¿escapar?) un poco de lo que realmente importa? ¿Cuántas personas quieres abrazar o ayudar? ¿Cuántos silencios puedes tocar con los días o con las manos? Esa es la magia de que hablaba Abuela Kunjikise: hay que saber mirar el tiempo en el mágico instante en que él te permite que lo detengas. Personalmente, me cuesta vivir el tiempo real. Otros tiempos se procesan dentro de mí y sigo buscando un modo suave de no sufrir con eso. A mí me gusta más el pasado y otros tiempos que no viví. Así que paso los días intentando acostumbrarme a una enfermedad que se llama ‘tiempo presente’.

“Hoy hace precisamente […] años que la vieja dejó de envejecer. Empezó ese estado de intacta descomposición, y ya nunca avanzó en dirección a la muerte, a la agonía: llegó al estado y a la edad en que los días ni le iban ni le venían”. (3) Pasado, presente y futuro parecen convivir en tu escritura….

Yo no creo en esa frontera. El mejor ejemplo es que yo no debería estar en este tiempo, después del año 2000. Tenía, creo, 13 o 14 años. Pasaba muchas horas, en la cama, hablando con mi abuela Diecinueve, de su nombre real, Agnette. Escuchaba mucho, sonreíamos y llorábamos con las historias y gente que ya no estaba. ¿Pero cómo decir que no estaban si pasamos casi 3 años en esa cama hablando de ellos, invocándoles? ¿Y qué es una charla sino una obra de teatro totalmente libre?…Era eso que mi abuela quería darme. Era eso que su nieto- yo- quería recibir: la confluencia de los tiempos. Ella, la abuela Agnette, me enseñó a sobreponer tiempos y espacios. ¿Cómo? Con un mapa loco de ternura.

 

El tiempo es un lugar, “KeMunuMunu miraba hacia lo lejos, tan lejos que el Padre se dio cuenta de que no se trataba de un lugar, sino de un buen recuerdo” (4) Los lugares, ¿pueden transcurrir?

Seguramente. Es posible inventarlos como nuevos lugares o traerlos. Es necesario que otros cómplices de vida te lo permitan.

 Y hablando de habilitantes para acceder, en “Los transparentes”, la  existencia se presenta como cajas chinas, mamushkas de vidas dentro de vidas: ”es porque los jóvenes llevan viejos dentro de ellos… de tiempos más antiguos que ya sucedieron. Cuando nacemos, ese tiempo cae dentro de nosotros… y en la vida, como en los días de la infancia, nunca estamos solos” (1) ¿Cómo acceder a estas huellas que viven dentro de los cuerpos?

Se accede con auto permisión. Y, otra vez, los cómplices. Y la poesía. Y los pájaros. Los abrazos después del vino, la mirada a la lluvia, el silbar de las mariposas.

"Resonancias." Carlos Gallardo
“Resonancias.” Carlos Gallardo

Cuando hablamos de cómplices hablamos de cuerpos de otros. Nadie sabe lo que un cuerpo puede, decía Spinoza, ¿qué opinás?

Opino que estamos distraídos con el cuerpo… Y sí, puede. Pero también puede que tengamos más libertad al no querer tanto del cuerpo. Queriendo más de la parte de dentro. Pero eso hay que preguntar a los budistas.

LA PIEL DE LA MEMORIA

“confuso –como una neblina de un sueño recientemente olvidado–, sentía dentro de sí una sólida nostalgia de los colores, sabía imaginarlos: la calidez de un amarillo enrojecido, la tranquilidad de un azul cielo, el rosa fresco de la parte interna de una papaya, la suavidad de un verde seco e incluso la simplicidad implacable del blanco”(1)

 

En tus textos, el tema de la melancolía aparece con insistencia:el hombre, la esposa lo sabía, estaba fatalmente enamorado de otro tiempo” (1) ¿Por qué crees que es tan usual que las personas  en vez de  apelar al pasado para propender al futuro se vinculen con la memoria de modo melancólico?

Wilfredo Lam.
Wilfredo Lam.

No sé… Yo mismo padezco de esa epidemia en mi piel interna. Es más: muchas veces mirando al futuro veo el pasado y me pongo aburrido a no querer vivir.

¿Cuál es la relación entre memoria y deseo en la Luanda actual?

Puede que diga una grande tontería, pero me cuesta pensar (y sentir) que en la Luanda de hoy, para la gran mayoría, no hay un hilo denso de memoria. Entonces lo que deseas para el presente o futuro próximo, corre el riesgo de ser algo un poco vacío. Espero realmente estar equivocado.

“(…) el país me duele… la guerra, los desentendimientos políticos, todos nuestros desentendimientos, los de dentro y los provocados por los que son de fuera…sus ojos y su cuerpo sentían una profunda nostalgia de los paseos domingueros con la familia, cerca del mar, en el conocido BarrioDeLaIsla, aunque las calimas estuvieran despiertas y sus rostros estuvieran bañados y lamidos por las olas frías del mar de agosto”(1) ¿Cómo es posible que a determinada gente el país no le duela?

Eso realmente es uno de los misterios que pone a llorar los dioses…

"Kronos." Carlos Gallardo.
“Kronos.” Carlos Gallardo.

Les duela o no, en varias de tus tramas, parece que algo aúna a los miembros de un conjunto: “Las personas restantes vivían, cada una a su manera, recuerdos semejantes, dado que el recuerdo es una cosa tan nuestra como de todos y, en el fondo, todos tenemos el mismo tipo de recuerdos, aunque en vivencias distintas y específicas.”(3) Así como en otro momento quienes ya no viven, de algún modo están presentes en los cuerpos de los vivos, ahora la memoria- que se da de a partes- también forma un gran todo. ¿Crees en una gran memoria universal?

 

Creo en una pequeña memoria universal. ¿A cuánto accedemos? Es mejor preguntar antes: ¿a cuánto te permites acceder? O: ¿accedemos o somos parte de esa memoria? Creo que nos falta aún entender otras dinámicas humanas, más allá de las técnicas y de las muy anatómicas. Hay campos metafísicos y fronteras  por descubrir…

VENTANEAR LA HISTORIA

               “El mar a mi alrededor –no tanto una casa para vivir, como para estar. El vacío de la habitación, el sonido metálico de las teclas golpeando, el dolor de los dedos que crean, y la música desnuda, a lo lejos, de las olas en el mar.”(3)

 “(…) ahí arriba, en el lenguaje del edificio, era en la azotea” (1) ¿Cómo hablan los espacios?

Wilfredo Lam.
Wilfredo Lam.

La cuestión es otra: ¿cómo haremos para escuchar lo qué nos dicen los espacios? No sé cómo hablan. Pero sí hablan con nosotros. Es más una cuestión de escuchar

¿Tiene que ver ese saber escuchar con tu idea de “hogar”? ¿Qué es para vos un hogar?, ¿cómo se diferencia de una casa?

La mirada que te va a decir. La doble mirada: la tuya y la del hogar. Y también la mirada de dentro, sin ojos: a veces sabemos cuándo ya llegamos a un hogar. Y puede ser una ciudad. Un amor. Un abrazo. Una mirada de alguien hacia nosotros. Un minuto o dos en la vida. Incluso, una casa puede que sea un hogar…

(…) KaLua se sentó al lado de ella, poniéndose –como ella- a mirar el lago. Sentados, los dos, muy árbolmente.”(4). Hay algo que da sensación de hogar entre varios escritores de tu continente. Este trabajo de cambiar la función gramatical de las palabras, como en “árbolmente”, me recuerda tanto a Mia Couto: ¿Cuáles son los escritores africanos que dieron impulso a  tu escritura?

Manuel Couceiro Pradox.
Manuel Couceiro Pradox.

 

Creo que es lidiar con la lengua con naturalidad, afecto y amor. Mia hace eso, Luandino Vieira también. El brasileño Guimarães Rosa, también. Manoel de Barros, poeta de Brasil, también lo hizo mejor que muchos… Son las visiones, las miradas, más que ser africanos. Pero sí, fue muy importante para mí leer a Manuel Rui Monteiro , de Angola y a Luís Bernardo Honwana, de Mozambique. Sin embargo, una escritora que no escribió ningún libro también me ha sido de gran importancia: la Abuela Diecinueve.

TODO EL QUINTAL

 “(…) para que hubiera un mundo bastaba con que hubiera personas y emociones. Las emociones, lloviendo internamente en el cuerpo de las personas, desaguaban en sueños. Las personas tal vez no sean más que sueños ambulantes de emociones derretidas en la sangre contenida por las pieles de nuestros cuerpos tan humanos. A ese mundo se le puede llamar “vida”.”(1)

“Trataría de dar a la persona la fórmula que le permitiera abrir el frasquito y disfrutar de su contenido sin morir asfixiado por la efervescencia del olvido.”(4)

Exudados de emociones y sueños, ¿cuál es  su potencia? ¿Su mayor debilidad?

Su potencia, no sé. Una de las mayores debilidades es olvidar el otro. Es des-mirar al que necesita de nosotros.

Domingo Makengo
Domingo Makengo

En “Los transparentes”, leemos: “nosotros somos la continuidad de lo que nos corresponde ser. La especie avanza, mata, progresa, desencanta, permanece. La humanidad parece fea, con su aspecto sufrido y un olor fétido, pero permanece porque tiene un buen fondo.”(1) ¿Qué fondo?

El de la poesía. Lo que hay en nosotros de flor y de bicho.

Y, para acercarse a ese fondo, ¿el sueño y la memoria  podrían ser buenos lugares de encuentro?

Son casi el mismo lugar. La memoria a veces parece la parte de atrás de una casa, el quintal. Pero creo que puede ser la casa. El todo. El piso. ¿Sería el sueño su sombra?

Hoy, durante el sueño, estuvo todo el tiempo desmigajando y volviendo a desmigajar arena entre los dedos, en una tan lejana playa. No descifró rostros, pero escuchó con nitidez la mansedumbre de la voz de su madre, el tono distante, calmo, del padre, y otras entonaciones infantiles” (1) Algunos pueblos originarios argentinos le otorgan al sueño la posibilidad de otorgar conocimiento.  ¿Cómo es la mirada hacia el sueño en el imaginario de los pueblos originarios africanos?

Arnaldo Rodriguez Larrinaga.
Arnaldo Rodriguez Larrinaga.

No sé decir sobre qué lugar ocupa el sueño en los pueblos originarios africanos. Sobre todo, porque son muchos y no podría contestar por tantos pueblos… No hay una visión común, creo. Aparte,  Angola tiene realidades étnicas muy distintas con múltiples influencias.

Vamos del sueño a la imaginación, otro tópico frecuente en tus textos. “Imaginar… hacer uso de esa capacidad que nos separa de los demás seres. La piedra no imagina, espera; la flor no imagina, florece; el pájaro emigra; la ballena nada; el caballo corre. Nosotros imaginamos antes de emigrar, podemos imaginar mientras nadamos y podemos descubrir nuevas e innúmeras maneras de correr imaginando” (1). ¿En qué se diferencia esta imaginación que vos planteas del bombardeo de imágenes al que someten la publicidad, las redes, los medios?

Creo que hablaba de una imaginación mágica que nos permite ser tanta cosa adentro. Y mágica porque es humana, no por otra cosa. La otra no es imaginación, es una buena mierda.

¿Qué es la magia para vos?

Es la palabra. Es la intención. Pero hay otras, las más fuertes y metafísicas, que poco conozco. Pero que las hay, hay.

TE ESPERO DENTRO DE UN GRITO

“Papito derramó una expresión de tristeza en su sonrisa torpe. Había llegado a Luanda desde el sur y hacía años que buscaba en vano el paradero de su madre.”(1)

 

¿Qué es un pueblo huérfano para vos?

Sería uno que no se puede defender, que está preso a las manos de los políticos; a las ganas del poder. Sobre todo, lo que a veces  pasa es que pueblos o personas no saben el poder que tienen. O: no saben cómo recuperar y actuar con sus poderes.

Tiempo y memoriaLa Jiribilla,imagesHay orfandades de causas muy claras: las cosas de hace poco tiempo: llegó la falta de empleo, y de tanto buscar y no encontrar trabajo… uno deja de buscar para quedarse en casa pensando en la vida y en la familia, en el alimento de la familia. Para evitar los gastos, se come menos.”(1) A veces, se ligan al hastío de la pobreza, el hastío de la riqueza. Conversemos.

Es uno de los males de la Humanidad: la desigualdad social. Es una enfermedad, un descuido humano. No digo que sé cuál es la solución, pero pienso que tenemos que hablar más y actuar más contra eso.

“(…) ¿en Luanda hay algo que no se pueda hacer?  El Cartero se tragó la saliva de la sed y del hambre juntas, MaríaConFuerza sintió pena, pero la pena no daba dinero y la ciudad era demasiado cara para las caridades” (…) (1) Hablando de Roma, te repetimos una pregunta que le hicimos a un fiscal para este mismo número ¿falta ley o falta rebeldía ante la ley injusta?

 Igor Morski.
Igor Morski.

Realmente no sé cómo contestar… ¿Cuál es equilibrio entre esperar y gritar? ¿Cómo se separa a un ladrón de uno que tuvo que robar para sobrevivir? Sí hay leyes que son injustas, mundiales y locales. Sí hay lugares y tiempos en que la rebeldía es el único camino. ¿Qué nos faltarán? ¿Rebeldes o líderes? ¿Políticos con mayor sensibilidad? ¿Nuevos modos de pensar la distribución de riqueza? Hay algo que tiene que ser reinventado: la distribución de oportunidades. El Presidente Lula lo estaba haciendo muy bien en Brasil: inventar otras oportunidades para los que más necesitaban.

Ya que hablamos de pueblo,  te cito este diálogo de “Los transparentes”

“-¿y el pueblo es transparente?

-el pueblo es bello, bailarín, arrogante, fantasioso, loco, borracho… Luanda es una ciudad de gente que se disfraza de otra cosa

–No es el pueblo el que es transparente… –intentó la periodista

–no, no es todo el pueblo. Hay algunos que son transparentes. Creo que la ciudad habla a través de mi cuerpo…

–es esa su verdad –murmuró la joven periodista

–es preciso dejar que la verdad aparezca, aunque sea necesario desaparecer. ¿está grabando?”

Esto lo dicen tus personajes. En tu caso, ¿habla el  pueblo a través de tu cuerpo? Dar voz a tu mirada del pueblo, ¿es tu horizonte?

Depende de los libros. Creo que los libros traen voces. A veces, más internas, a veces más generales. Lo libros hablan con algunos de nosotros, los libros. Seguramente, no hablan con todo el mundo

ELSEÑORDELAPIELESCRITA

                    Pero os dejo un secreto/hoy soy un pájaro/pero siempre que me apetezca, /mañana o después, /volveré a ser delfín.”(2)

 

¿Qué te falta por andar en la escritura?

Quiero escribir más películas y más teatro. Y más libros que sirvan para niños. Me falta escribir mejores libros también.

Nelson Dominguez
Nelson Dominguez

Niños, dijiste. Y asocié con juego. Muchos de los nombres de tus personajes se superponen con su hacer o con su ser. Otros parecen juegos de palabras: MaríaConFuerza, Abuelteta, Don Cristalino, ManRiesgos  ArturArriesgadoConsciente, JoséRealmente (1),  “Me llamo Delfín, pero ahora también me llamo Pájaro” (2)  KeMunuMunu, KoTimbalo (4). ¿Crees que, como decía Borges en un poema, “en el nombre de la rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo”?

Creo que hay momentos en que elijo esos nombres. Y hay momentos que escucho y espero que los personajes me digan cómo se van a llamar. Sí sé que, en algunos casos, todo cambia con esos nombres. Pero más importante es la historia, incluso, claro, cuando el nombre es parte de la historia. Hay nombres que son solo nombres, pero, como en la vida, hay nombres que son como piel.

EL ORO EN CADA INSTANTE

                   “Había en la mujer una expresión de extrañeza; más que frío, incomodidad. Necesitaba, sin duda, un té caliente, y que alguien hablase con ella en un idioma inteligible”(3)

“(…) es verdad que existe un sentimiento generalizado de que la fantasía y la celebración son obligaciones y deberes morales de cada luandés.  El ciudadano está genéticamente preparado para unirse a la fiesta, y no le importan mucho sus precedentes explicativos ni sus futuras consecuencias,” (1) ¿Qué es una fiesta auténtica potenciadora/liberadora) para vos?

"El nacimiento del Jigüe." Ever Fonseca Cerviño
“El nacimiento del Jigüe.” Ever Fonseca Cerviño

Creo que en Luanda… casi todo es fiesta. O puede ser. No es que esto sea fácil de explicar, o que esta sea la verdad absoluta. Es como elegí mirar Luanda: una gran fiesta, muchas veces, triste; o una gran fiesta, incluso mientras transcurre un funeral. En Luanda, la fiesta liberadora la veo en dos lugares poéticos muy específicos: la mirada de los niños y en el modo de bailar. Estas dos celebraciones humanas no dejan espacio para equivoco: están allí, son reales, son mágicas, tienen gotas de poesía en ellas.

Aparte de la fiesta, otro ritual que vimos mucho en tus historias es la conversación. ¿Qué valor le das en tu existencia cotidiana a la conversación?

Todo el valor… realmente me resulta difícil demostrarlo. Pero para mí es oro humano. Es uno de los gratos milagros que están siempre pasando. Es esperar un minuto y ya lo tendrás otra vez: alguien quiere hablar, alguien puede escuchar. Alguien inventa un cuento, y con ese cuento mejora la vida. No tengo dudas: es un milagro hecho de pequeñas ideas y palabras.

¿Cómo trabajás lo coloquial en tu escritura (¿qué filtrás, qué permanece de la conversación en la vida?)?

Es un resultado, siempre; no es una imitación. No es posible escribir cosas del mundo coloquial. Sí puedes imitar o recrear. Es, digamos, un nuevo teatro: parte del mundo humano, performático, para llegar a tu escritura. Es la imitación de la vida. 

Ondjaki
Ondjaki

 

  • (1) Citas de “Los transparentes”
  • (2) Citas de “El vuelo del delfín”
  • (3) Citas de “Y si mañana el miedo”
  • (4) Citas de “El silbador”



LA MECHA O LA LLAMA

Rituales: Entrevista a Karina Downie, responsable de la librería “Ritualitos”

Entrevista y edición: Nora Lomberg

 “y aferrándome de su mano pude aprender que una tarde puede durar una eternidad” Marta Gómez

Fuego sin fósforos. Manos de niñes sobre las páginas que hojean la eternidad. Un dibujo, colores fuertes, un pliegue en las palabras, un ruedo, un fleco.

Algo comienza a arder. Otro capítulo y ya el fuego es otra cosa. El despertador sacude la modorra de la cama. Una inquietud de llamas aparece en el agua. Cuadro tras cuadro, avanza el invierno. Y el viento, entonces, también foguea. Arriba y abajo son dimensiones intercambiables. A veces la leña es encendida por el fuego y no al revés. Porque jugar es la aventura del tacto que huele y del oído que murmura un secreto a este gusto por encender fogatas dentro de cualquier lenguaje. ¿Quién es la mecha y quién, la llama, en este desafío? Hay páginas que transcurren en el desierto y arropan como nido. Otras caminan sobre el hielo pero entibian el alma. Imposible aferrarse a la lógica del deber y las rutinas. Niñes de ojos atentos, miradas que hacen crujir la leña del tiempo.

HABITAR EL LIBRO

Tristecita que se me sale del alma a mí, intentando pintar recuerdos de otro color”
Marta Gómez

¿Siempre trabajaste de librera?

Hice muchísimas cosas, empecé a los 13 años, limpiaba en una peletería en San Isidro, cuidé niñes y casas y fui cajera de supermercado cuando no existían las lectoras de códigos de barras, ni los códigos de barras. También laburé en “PumperNic” hice teatro y fotografía. Un buen día empecé a militar y luego a trabajar en Madres de Plaza de Mayo. Ese fue el inicio de una etapa maravillosa. Todo por hacer: la UPMPM, el departamento de audiovisuales, la prensa, y luego me metí de lleno en la construcción de “Ediciones Madres de Plaza de Mayo”. A mis 44 años mucha agua pasó bajo el puente. Feminista, madre y lesbiana son tres palabras que le dan sentido hoy a mi existencia.

¿Qué te gusta de tu oficio?

De a poco, forjé mi quehacer. Nunca tuve “vocación” por nada más que por hacer algo que me emocione. Y como nací en un hogar pobre, ese “hacer” siempre tuvo que estar ligado a conseguir el mango. Desde muy chica, los libros fueron mi refugio, podría pensar que los libros “me salvaron la vida”. Me gusta hoy decir que soy librera, aunque a la figura del “librerx” tradicional no le arrimo el bochín siquiera. Sí me gusta el oficio que me reinventé, porque me permite hacer muchas cosas, mucho más allá de recomendar los libros que me emocionan y quiero compartir, difundir, multiplicar.

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¿Qué incluye este espacio, “Ritualitos”? ¿De dónde surge ese nombre?

“Ritualitos” es una librería especializada en literatura para niñes de todas las edades, también se pueden encontrar con juguetes y músicas que, de alguna manera, complementan la propuesta de ofrecer herramientas para habitar este mundo. Pareciera que nombrar las cosas, las personas y los proyectos es algo que me cuesta un montón, no fue fácil elegir. Con una maternidad múltiple y reciente, venía pensando nombres que pudiesen contener una idea de tribu, rituales, de ese reinventarse cuando todo se cae y una se aferra a esas pequeñas cosas simples que le dan sentido a seguir en pie. Un día una amiga me acercó la canción de Marta Gómez “Ritualitos” y todo, en ese momento, cuadró.
Paradójicamente, aunque es algo muy propio de este oficio, recordar citas y nombres no es mi fuerte. Umberto Eco, en “El nombre de la rosa”, habla de cómo nos nombramos y qué sentido le ponemos a ese nombrar. ”Ritualitos” va tomando forma y contenido en su camino, colectivamente, en el hacer cotidiano.

BELLOS Y URGENTES

El silencio de algún amigo me hizo aprender a escuchar lo que las palabras jamás dirán”
Marta Gómez

¿Cómo seleccionás el material en “Ritualitos”?

Esta es una característica que va marcando una diferencia sustancial con el resto de librerías. A esto me refería en un principio con la identificación del oficio. Generalmente, las librerías tienen una impronta forjada por el mercado. Es la manera tradicional de ejercer el oficio, reciben las novedades y, en base a lo disponible, en el mejor de los casos, seleccionan temáticas que les son afines. “Ritualitos” es diferente, no esperamos que nos llegue nada y, de hecho, la sola ubicación geográfica -al límite de Caba- hace de esta metodología un imposible. Salimos a buscar aquellos títulos de las temáticas que elegimos: feminismos, géneros, diversidad, emociones. También nos interesa todo lo abarcable por la ESI, derechos humanos, y material producido por proyectos autogestivos, colectivo y militantes para niñes de todas las edades. La misión de “Ritualitos” no es únicamente vender libros, sino -desde la periferia de la ciudad- acercar textos que nos gusta nombrar como “los libros más bellos y urgentes”.

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La uniformidad no es el camino para que la lengua que compartimos se mantenga viva”, dice Andruetto, ¿qué pensas? ¿Cómo se puede llevar este concepto a la práctica en una librería?

Absolutamente de acuerdo con La Andruetto, y es una marca fundante en nuestra librería, desde que iniciamos, tímidamente, con una valijita, en las ferias. Una anécdota que me gusta contar, y que al día de hoy se mantiene vigente, sucede en la Feria de Mataderos. Vale aclarar que es un espacio por demás tradicional, popular y al que difícilmente llegue algo que escape de lo ofrecido en el mercado. Bueno, a esa feria asistimos regularmente cada domingo desde hace unos siete años.
Cuando ahí nos piden libros de “Gaturro”, no sólo les respondemos que no tenemos, sino que además les contamos el porqué no tenemos. Y esto es, deslegitimar la uniformidad del lenguaje y mensaje que, erróneamente, se cree debe ocupar la literatura para las infancias. Casi anecdótico resulta el hecho, ya conocido por todes, del reiterado e impune plagio que el autor representa. Además, el mensaje que a las niñeces se cree debe llegar, es legitimador de un lenguaje y discurso que es posible desterrar de la oferta para niñes -que ni siquiera debiera ser llamada literaria-.

MAGIA RITUALERA

Ritualitos que tiene uno para vivir, para seguir cantando bajo este sol”
Marta Gómez

Te he visto narrar en forma oral las historias de los libros que vendés, ¿qué pasa en esos encuentros?

Pasa, justamente, que todos y cada uno de los libros de la oferta ritualera son parte de su identidad. De alguna manera, esos textos conmueven a este ser anarco y emocional, reflejan un sentir, un deseo, una búsqueda, un interrogante, una manera de ver o cuestionar un sistema. Tal vez no recuerde une sole autore, pero los textos, las ideas, las historias que narran me han conmovido y es eso mismo lo que quiero transmitir: la emoción de descubrir un texto que ponga en juego la construcción de un mundo habitable. La literatura nos acerca a la esencia de lo vivido por alguien, a entender lo universal desde las particularidades de una historia. Necesito compartir esa emoción, me maravilla el brillo en la mirada del otre cuando sucede la magia.

¿Qué es un libro para une niñe?

Un libro para une niñe no es otra cosa que un libro. La literatura como parte de una cultura formadora de representaciones sociales, de opinión y de legitimación participa en la construcción de la subjetividad del niñe y, entonces, desde ese preciso lugar, cualquier texto que represente una otredad respecto del discurso dominante es una herramienta potentísima. Es la posibilidad de ser quien se quiera ser. Es magia posible.

La tele está colmada por la estética de Disney…

Todo lo que no sea Disney es una propuesta válida o, al menos, a ser tenida en cuenta, porque cuestiona el discurso dominante.

 

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NO DESCUBRIMOS LA PÓLVORA

Musiquita que se me sale del alma a mí”
Marta Gómez

¿Cómo elegís los talleres?

Así como la librería, los talleres han ido forjando su identidad, desde el primero que iniciamos -con Mónica Zinna, “Cuentos jugados”, donde nos propusimos poner en juego cuentos prohibidos por la dictadura- hasta la actualidad. Hoy es un clásico para acercar a las niñeces textos reconocidos o no, que plantean formas de jugar, representar, encontrarse de otra manera con la literatura para les más peques, hasta propuestas que se corren del lugar común de otres talleres: taller de armado de muñecos, con Ludmila Baéz, de “Juguemos Juanitx”, que crea belleza y amor con materiales de descarte textil; Origami, con Laura Romero, de “Jugando en Papel”; Artes visuales, con Andrea Angrisani; Construcción de Fanzines, con Gisela Ahumada; “Huerta Orgánica”, con les chiques de “Proyecto Amapola”; Libros Pop Up con Lili Leguizamón; Cocina con Daniela Lusem. Seguro me olvido de varios, la propuesta es siempre aprender y abrir la mente y el corazón a la creación libre y colectiva, a la magia del hacer juntes, libres de doctrinas o disciplinamientos estancos.

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¿Cómo se van incorporando les niñes a las cuestiones de género? ¿Surgen estos temas en los talleres?

Las niñeces no se incorporan, nosotres debiéramos corrernos del adultocentrismo imperante y escucharles, atenderles, prestarles mucha, mucha atención. Abandonar la idea de que somos les adultes quienes tenemos que enseñarles algo. Con “las cuestiones de género” somos nosotres quienes tenemos que aprender todo, lo “natural” no es el patriarcado, el machismo, la misoginia, la lesbotransbifobia. Las niñeces nos están diciendo que hicimos todo, todo mal. Nosotres no descubrimos la pólvora, elles vinieron a encender la mecha.

Ritualitos queda en Pieres 103, Liniers, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Teléfono 35296503

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Mail:ritualitos@gmail.com




EL ECO

Rituales: sobre el doblaje

Por Héctor Lontrato

TRAZOS DE SALIVA

Alguien dicta. Cierro los ojos y apoyo los dedos sobre el teclado, como me enseñaron en la Academia Pitman. El golpeteo es firme, sin mirar sobre las Underwood o Lexicon 80. Mano derecha: A-S-D-F. Mano izquierda: J-K-L-Ñ. Hacia arriba y abajo. Entre sombras, los sonidos conducen, se hacen dueños de nuestras emociones con la suavidad de una brisa. Y la voz marca su presencia ineludible. Es acto, espejo, sueño y fantasma.
¿Se puede vivir sólo de imágenes y quedar atragantado de emociones, de sentimientos de alegría y dolor, de amores, pasiones futboleras o broncas frente a la injusticia? ¿Cómo hubiera creado Jorge Luis Borges a “El Otro”? Por más cavilaciones que emprendiera, sin su voz, no hubiera mantenido aquel onírico encuentro con su alter ego, en noche de vigilia.
La voz a veces se hace eco. Y esos sonidos, por momentos, nos parecen ajenos. Pero, al final, nos acostumbramos. Se nos representan como hologramas, dibujos que vienen de las entrañas. Voz alzada y trazos de saliva para definir con precisión estricta contornos y detalles.

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SOMBRAS NADA MÁS

En el Siglo XIX, Adelebert Von Chamisso había cuestionado el valor de la sombra y el rechazo de algunos sectores de la sociedad al imperio del dinero, como único patrón moral de la humanidad. Dice en “La Maravillosa Historia de Peter Schlemihl”: “La sombra, quisiera preguntar, qué es eso,/tal como tantas veces a mí me preguntaron,/y cómo es que este mundo tan bellaco/no deja de tenerle sublime estimación./Han amanecido diecinueve mil días sobre nuestras cabezas/trayéndonos sabiduría, / y nosotros, que hemos dado a ser las sombras,/vemos a los seres como sombras desfigurarse”.
Chamisso anima a su personaje, lo alienta, y le escribe: “Sobre esto estamos bien de acuerdo, Schlemihl/Sigamos el camino y que todo siga como antes; el mundo no nos preocupa mucho, pues lo que cuenta es ser fieles a nosotros mismos,/estamos ya más cerca de nuestra meta/y por más que unos rían y los otros regañen,/al cabo de todas las tormentas, en el puerto, /y sin que nadie nos moleste, dormiremos/un sueño tranquilo”.
Las sombras constituyen en el cine una herramienta narrativa para habilitar el conjunto de imágenes y sonidos que le dan las principales características al perfil de un personaje: sensibilidad, valor, temple, capacidad de amar.
Con la llegada del sonido, en 1927, el séptimo arte experimentó un cimbronazo. Muchos cineastas se resistieron, entre ellos, Charles Chaplin: “Soy enemigo, simplemente, del “cine con palabras”. Con palabras de sobra. Lo cual es muy distinto. ¿Me pregunta usted por qué? ¡Ah, amigo mío, es muy sencillo: al mundo le sobran las palabras y le faltan sensaciones! El mundo quiere hoy silencios poéticos –y fructíferos–, y le dan ruidosas cencerradas”.
Por entonces, un desencantado Chaplin bramaba: “El mundo actual no tiene bastante con que todos los ciudadanos se hayan uniformado externamente; quiere vestirlos también, interiormente, con un ropaje único. O, cuando más, con trajes de bazar hechos en serie”.
Al igual que Chamisso, el creador de “Tiempos Modernos” se resistía a las imposiciones del mercado y a la tiranía de su moral sólo ligada a lo monetario.
Otra polémica se suscitó años más tarde, cuando los empresarios cinematográficos norteamericanos vieron amenazado el negocio por las barreras que imponía la lengua. Los puristas se opusieron al subtitulado, porque empastaba o ensuciaba la pantalla. Lejos de esa preocupación, los dueños de Holywood se alarmaron porque los espectadores de América latina no estaban de acuerdo con el nuevo formato y eso atentaba contra sus ganancias.
Entonces se presentó la opción del doblaje, la reinterpretación, una reescritura a través de la voz. A partir de 1930, hicieron punta franceses y españoles, pero los de la Península Ibérica fueron quienes se plantaron con mayor firmeza, leyes y regulaciones.

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VOZ-CUERPO

Los recuerdos hablan raro de pronto. Se entreveran con el hoy y los autitos de plástico se convierten en feroces trampas. En la cocina, los oídos se preparan para el rampante ingreso de la sirena de ese tren color marrón que iba de Lanús al centro. Patitas cortas para subir con esfuerzo y ojitos abiertos a mirar todo los posible. Emociones sin control en camino al cine “Los Ángeles”, donde daban las pelis de Disney. Vagoncitos chocados y fuelles que se hacían re chiquitos. Pinocho y su larga nariz nos esperaba.
El muñeco me hablaba raro, no como a los pibes del barrio. Pero así era Pinocho. Hasta que comencé a ver películas en la Cinemateca Argentina, después de los veinte, para mí, todos los actores hablaban en ese castellano diferente, hasta Humprey Bogart cuando, en “Casablanca”, le decía a Louis Armstrong, “tócala de nuevo Sam”.
La voz se imbricaba con la imagen y la hacía suya. Ya no sería más sólo acción. La voz daba golpes, abrazos, saltos, besos. Era una voz-cuerpo que torcía sutilmente las marcas del guión con pequeños gestos, inflexiones leves y la inconfundible identidad del silencio.
Con el paso del tiempo, vinieron los subtítulos y el sonido original que nos sometía a culturas del primer mundo sin resistencia alguna. Cierta rebeldía alimentada de antiimperialismo ineficaz nos llevó a creer que de nada servía conocer la lengua del imperio. Ellos siguieron con su plan de dominación y nosotros no entendimos ni un carajo.
Ahhh… y no fue que en nuestra rebeldía surgió el interés por aprender el portugués de los brasileños o el guaraní de los paraguayos. Muchos no queríamos ser penetrados por el imperialismo, pero tampoco nos dejamos contaminar de la cultura de los pueblos de América Latina.

POLÉMICAS

Esas voces raras se instalaron en mi cabeza y así dieron la verdadera forma a los actores de películas y series. Ya sé, ahora me van a decir que los doblajes alteran la obra de arte, que lo mejor es ver las películas el idioma original. Ahí replico: ¿Y qué pasa con la imagen empastada? ¿Qué hacemos con los chicos o los viejos que no pueden leer tan rápido, o con los analfabetos, o con quienes tienen problemas de visión?
A favor o en contra, nadie puede negar que el doblaje es un arte donde, en algunos casos, la voz se transforma en cuerpo. No hay manera de separarlos. ¡Andá a decirle a un niño pequeño o a un joven que mire a “Los Simpson” en inglés! La mayoría prefiere la versión en español, que incluye la voz del jujeño – cordobés Sebastián Llapur, quien personifica al payaso “Krusty” y trabaja, desde hace más treinta años, en una productora de México, la Meca del doblaje en la lengua del Cervantes.

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RICKY

Junto a “Pinocho”, “Bambi “y “Dumbo” fueron los primeros globos de ensayo de la industria norteamericana del cine, temerosa frente a recaudaciones que se desmoronaban porque el público latino no aceptaba la inserción de los subtítulos sobre las imágenes.
Por entonces, los actores argentinos estaban poco interesados en poner sus voces en otros cuerpos, más aun, con la certeza del pleno empleo que les proporcionaba la época de oro del cine nacional. Pasaron dos décadas hasta que, en 1960, surgió la Ley de Doblaje y comenzaron a proyectarse en la TV algunas series habladas en español, como “Yo quiero a Lucy”.
El virus ya había sido inoculado, sólo era cuestión de tiempo para que el “dubbing” se instalara con mayor fuerza a partir de los´80 y abriera paso a una fuente de trabajo muy importante para actores y locutores. Actualmente, existen en la Argentina 15 estudios de doblaje que brindan ocupación a 300 doblajistas. Los más jóvenes se recibieron en el ISER.
Entre quienes supieron aprovechar esa veta artística esta Ricky.
Una suave risa acompaña cada tanto su fraseo perfecto, como si la felicidad por lo que hace quisiera aparecer en primera escena. Sus ojos titilan cuando habla del doblaje: es su pasión, la forma en la que el actor que lleva adentro se realiza.
Ricardo Alanis cuenta sobre cómo, hace más de treinta años, hizo sus primeros doblajes de algunas frases de personajes secundarios. Le costó acostumbrarse a hablar en “neutro”. Se grababa con cinta abierta, en esos aparatos enormes, y estaban todos los actores de una escena al mismo tiempo. Era como el radioteatro, cara a cara, voz a voz, con palabras enlazadas.
“Estoy convencido: la calidad artística es superior y más rica cuando trabajaban varios actores juntos. El actor tiene otra disposición al estar con un compañero”.

 

EN SINCRO

El ingreso al estudio de doblaje tiene aspecto de organismo público. Un sistema de seguridad con tarjeta electrónica pone una barrera rígida, pero no para Ricky. Es su ámbito natural: saluda a la recepcionista y se cruza en el camino con dos ex alumnos. Camina unos pasos más y se disparan elogios y comentarios ácidos entre viejos compañeros actores y doblajistas.
Prendemos el grabador para una charla donde no hay roles. Preguntas y opiniones se cruzan, los argumentos se plantan y las historias se resisten al orden. Ricky recuerda la vida en La Pampa y los juegos en la estación de tren donde su padre era el Jefe.
Lorenzo Quintero marcó su vida a fuego. Lo formó en la actuación y le enseñó cómo moverse en el escenario multidimensional del circo. Fue así que representó a Juan Moreira en una gira por todo el país. “Como nací en el campo, la veta del gauchesco siempre me resultó fácil”, dice. Después vendrán algunos papeles en “Bairoletto”, en “La Noche de los lápices” y en “Sur”. Pero nunca hubiera imaginado que la decisión de doblar sus actuaciones en el cine le traería aparejada una carrera diferente.

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POSEÍDO

Ricky describe su debut como protagonista de doblaje en “Hook” y no puede evitar que, por un instante, el personaje lo posea. Cada vez que menciona uno de los papeles que representó, proyecta una escena a través de su voz.
Sus primeros tiempos en el doblaje habían sido duros: trabajaba un taxi que le prestaba su suegro “Mis compañeros se cagaban de risa porque estacionaba el taxi, grababa y seguía levantando pasajeros”. Pero, a partir, de “Peter Pan” su vida cambió: “Le dije a mi compañera: ahora sí vamos a vivir de este laburo”.
Los pasillos conducen a pequeños boxes donde se graba. La relación con el operador es directa e interactiva. El actor se posiciona en un atril y tiene a la vista un display, donde observa la escena a interpretar. El espacio está insonorizado y los micrófonos son tan sensibles, que registran hasta el crujir de las panzas. Detrás del vidrio, el editor observa atentamente, mira planillas y los gráficos de sonido: “Vos tenés que poner la voz a un personaje en otro idioma y estás obligado a copiar su forma de decir, su interpretación, su modo de hablar, sus pausas, sus tartamudeos, sus gritos, su risa, su llanto. Y todo en sincro, es decir: empezás y terminás con él”.

BORGES EL OTRO

El OTRO

En sus primeros pasos, Ricky recurría a herramientas que lo ayudaran a componer el personaje, más aun si se trataba de un protagónico. A veces necesitaba un saco, un sombrero o una espada de plástico. De manera inversa a “La rosa púrpura del Cairo”, donde Woody Allen sale de la pantalla, nuestro doblajista se teletransporta entre píxeles.
Sin embargo, a la hora de rituales, pesan mucho más los juegos de infancia en la estación de Henry Bell -un pueblo a 35 kilómetros de Chivilcoy- donde entre caballos, vacas y grandes galpones no dejaba de admirar a su padre, cuando transmitía por un enorme el telégrafo.
Para Ricky esos recuerdos no se pueden pasar a “neutro”, porque las emociones no lo son. Resulta imposible doblar esas escaramuzas de guerra con rifles de aire comprimido agazapado sobre las bolsas de trigo o las carreras con la yegua a campo abierto.

HENRY BELL

DE REGRESO

Con esas imágenes, nuestro doblajista me invita una vez más a subir a ese tren de chapa y asientos de madera. Ese que me llevó a ver a “Pinocho”, una experiencia única que recordaré por siempre. Los cachetes inflados por el viento y la mirada atenta a todo lo que se presentaba. El mundo estaba ahí para que lo descubriera: los escalones altos, la alegría de ida, el sueño de vuelta. y el eco de esas voces raras, mitad español neutro y mitad rioplatense, cobijadas bajo la sombra de ese otro que fui, con quien, a diferencia de Borges, no tuve aún la oportunidad de sentarme a conversar en un banco de plaza.




INCUMPLIR AÑOS

Lecturista: sobre los poemas de Mía Couto, “Saudade” y “Edad”.
Por Lourdes Landeira

 

HUELLAS

Me pregunto si es posible pensar la edad, esa que cada año calendario se transforma en un número nuevo con el soplar de una velita más, como un plano fijo en términos spinozianos.Huellas
Comencemos por decir qué entendemos por plano fijo. Es todo lo existe, es el infinito y por eso, por ocupar la totalidad, está quieto. Es una quietud que no le impide modificarse, porque adentro sucede la alquimia y “Dios es una sola sustancia con infinitos atributos”, dijo Baruch Spinoza, en el siglo XVII. Pero esa edad –sustancia-, al mismo tiempo que todo lo ocupa, no está terminada, continúa en su perpetuo devenir.
Entonces, mis 52, que muy pronto se transformarán en 53, no dejarán de ser, no estarán perdidos: formarán parte a la vez que contendrán las inconmensurables huellas que han transformado y van a transformar mi cuerpo durante el espacio de tiempo en que por él transite la vida.

EL GRADO CERO DE LA EDAD

¿Cuál es el momento 0 de mi cronología?
El instante en que fui expulsada –o me expulsé- del vientre de mi madre, no lo es si, como dice el africano Ondjaki en un pasaje de su novela “Los Transparentes”: “los jóvenes llevan viejos dentro de ellos… de tiempos más antiguos que ya sucedieron. Cuando nacemos, ese tiempo cae dentro de nosotros… y, en la vida, como en los días de la infancia, nunca estamos solos…”

¿Es entonces mi edad ese infinito completo e inmenso en el que me abrevio? Lo itálico de la caligrafía remite a otro africano, también contemporáneo, Mía Couto: “cuando me encendí/fue en laRufino Tamayos abreviaturas del inmenso”. El verso es el final de su poema, “Edad”, del libro “Vacante y llamas”. No tengo información acerca de si Couto leyó a Spinoza, pero yo creo que sí. La elección de la palabra abreviatura, sin duda, remite al mínimo recorte de algo que contiene al todo.
Porque yo no vivo por extenso./Sólo fui la Vida/en relampejo del incienso”, dijo en el verso anterior. Y, claro, se confirma la hipótesis, su extensión –el atributo de extensión, en la filosofía de nuestro ya amigo Baruch- es inescindible de su todo: la inmensidad se manifiesta y se reedita en el relámpago de su cronología.
“Mente el tiempo:/La edad que tengo/Sólo se mide por infinitos”
Así comenzaba el poema y, de ese modo, se clausura cualquier duda: presente, pasado y futuro no se disponen solo en la rígida línea de la cronología. También se contraen en destellos de infinito, donde la edad ocupa la totalidad de su poema, es decir, un punto. A decir verdad, está toda ella en un punto y también en cada verso: Sucede y transcurre a la vez.

EL PRISMA LECTOR

Las ideas de Spinoza son un prisma desde donde leer cada aquí y ahora. La potencia singular de cada quien varía según el grado de afectación a cada momento. Arriesgo vislumbrar lo escrito en las líneas anteriores en otro poema del mismo autor, “Saudade”, del libro “Traductor de lluvias”.
Esta vez, comienzo por el principio. Y encuentro que la magia empezó a moverse. El poeta extraña los días del más allá de su transcurso:
“Qué nostalgia/ tengo que nacer/nostalgia/de esperar por un nombre/como quien vuelve/a la casa que nunca nadie habitó”

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¿Qué tipo de nostalgia es esta, tan inaugural? Un doble movimiento de tiempo: desde un hoy corporizado a un ayer casi vacío. Y digo casi, porque la nostalgia se repite. Hay una de nacer y otra de esperar un nombre. Una nostalgia de presente y una nostalgia de futuro. Entonces, ¿estamos ante una nostalgia no nostálgica? Queda abolida, así, la fuerza tremenda que tironea hacia atrás en la cinchada de la cronología. Abolida, del mismo modo que Spinoza suprime la profundidad: Para él no hay más que superficie. Pero en la superficie nada es “superficial”. Está el plano fijo (Dios, hecho de infinitos atributos). Y no hay diferencia entre dios y los atributos. No hay creador y criatura. El creador es sus criaturas. Y todo lo que está hecho de atributos (el hombre tiene dos, extensión y pensamiento), se extiende, deviene, se entrelaza. El rizoma es la figura que resulta: las ramas se entretejen de modo tal, que no hay origen ni secuencia, queda el plano, a nivel de superficie en donde ellas se mueven.
Inmediatamente, la voz de Couto:
No necesitas la vida, poeta./Así hablaba la abuela/Dios vive por nosotros, sentía./Y regresaba a las oraciones./La casa volvía/al vientre del silencio
Y daba la voluntad de nacer”.

El poeta es  grande  al regresar a sus versos y la abuela lo es, entre sus oraciones. Cada quien, como diría Baruch, a perseverar en lo que es.

NOSTALGIA DE HORIZONTE

Pero no siempre disponemos de toda la potencia que somos. Entonces, llega el verso:
“Qué nostalgia/tengo de Dios”
Como quien dice, nostalgia de ese futuro nombre que el verso promete, nostalgia del renacer. Nostalgia de oración, que es rezo y también unidad semántica de todo relato. Las cinco palabras condensan la intuición de la eternidad, travestida de infancia y silencios de antes y después. chiharu-shiota10
¿Qué significa, entonces, cumplir años? Una edad no es un número. Y una cifra no comprende a una edad. Ni la incluye ni la entiende. Libre, en la totalidad, la extensión de mi recorte se expande fuera de los límites de cualquier moral y me intuyo ética y alegre, en cada aquí y ahora.




¿TAMBIÉN YO ESTOY?

Rituales: sobre la escuela

Por Estela Colángelo

PÚBLICOS, LAICOS, GRATUITOS Y OBLIGATORIOS

esteli33f9e37f345ad05497899621f348862c9Guardapolvos escritos. Huevos y harina a la salida. Ceremonias de graduación. Ejemplos que nos permiten afirmar: desde el lactario a la tesis doctoral, la educación convive con la ritualidad y los símbolos, como aspectos funcionales de la estructura social y como medios de comprensión del mundo humano.

Toda educación es iniciación, admisión o entrada a un mundo sagrado. Sagrado al igual que nacer, parir, cazar, términos atravesados por múltiples dimensiones. Apertura y ambigüedad.

En el caso de la escuela, a los seis años, a la edad de los dientes flojos y sin saberlo, el niño va a terminar de desarrollar y a dejar la infancia en la escuela primaria.

 

MANTEADAS ERAN LAS DE ANTES

En los años 90 y a comienzos del 2000, en escuelas populares de los distritos 3° y 6° de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, participé de lo que Van Gennep llamó ritos de paso: pasajes de un estado a otro.

Por un lado, cuando un estudiante de magisterio está en la última etapa de su formación, se hace cargo del grado y se lo nombra residente. Una vez transitado con éxito el último obstáculo, los niños de la escuela, formados en dos filas enfrentadas, solían esperar a que pasara el/la residente, quien atravesaba el centro para que las manos pequeñas “le dieran la manteada”: golpear las distintas partes del cuerpo del maestro cubiertas con el delantal blanco. Ritual de iniciación, el estudiante pasa a ser maestro.

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MANTEADITA ÚLTIMA

Lo anterior, para hablar de comienzos. Si nos enfocamos en finales, en su último día de trabajo, los maestros del distrito escolar 3° bajan la bandera y se someten al mismo ritual que al comienzo. Sólo que, al pasar por el centro de las filas, reciben caricias, besos, apretones de manos. Al final y ya en la puerta, los niños esperan con un enorme ramo de flores. El pasaje ahora es de maestro en actividad a maestro jubilado.

En el medio, los rituales cotidianos.

YA AMANECIÓ

despierta mi bien despierta/mira que ya amaneció/ya los pajarillos cantan/ la luna ya se metió”

Letra de “Las mañanitas”, de Eduardo Magallanes/Kiko Campos

esteli150480333Comienza el día, la puerta se abre diez minutos antes. El maestro de turno y la autoridad máxima reciben a los niños. Las mochilas se dispersan por el suelo, al igual que sus dueños. Los chicos conversan, se saludan. Los maestros hacen lo propio: circula el último mate de los tempraneros, mini anticipo de los recreos. La autoridad, atenta al personal que llegará tarde o pidió licencia. La secretaria, pronta a solicitar suplente. Se preparan abanderado y escoltas de todos los grados y se acercan al cofre donde está la bandera, mientras un maestro acompaña. Puntual, suena el timbre. Espontánea, la fila se extiende, en tanto la puerta permanece abierta, al cuidado de la portera. Los acompañantes adultos participan del saludo a la bandera. En este punto, las propuestas cambian con el tiempo: se recita la “Oración a la Bandera”, de Francisco Luis Bernárdez, se canta. Si alguna efeméride reclama la memoria, se pondrán palabras o canciones. Después, al aula, a tomar asistencia, a controlar la tarea y a preguntar qué le pasó al que llegó tarde o sin guardapolvo.

DETRÁS DE CADA RITUAL, UN MITO

esteli5verLos rituales dan certidumbre y consolidan cierto sentido del orden. Permiten apropiarse de la cultura, socializar, producir subjetividades, construir significados, interactuar con el universo simbólico cultural para no quedar huérfanos de imágenes. Los actos escolares tienen su aporte en todo este asunto. Distintas investigaciones analizan cómo tratar estos contenidos en la institución. Cada escuela tendrá su estilo -su matriz- ya que es el momento cuando toda la escuela se muestra.

Como siempre, hay cuestiones formales a cumplir: las banderas de ceremonia, el himno nacional, el himno a San Martín, a Sarmiento, a las Malvinas y las palabras alusivas. Si las dice algún alumno, despierta sorpresa y sonrisas; si le toca a séptimo, ¡preparate!, ¡no la terminan nunca! La de primero te cansa con tanto “chiquis” y “papis”. Si es el turno de la bibliotecaria, la hará corta, con palabras “perfumadas”. A Bernardino, por ejemplo, no le sale la erre y la elle como a nosotros porque es correntino, habla lindo.

La segunda parte, la informal, es la gran responsable de descubrir vocaciones: orquestas, cantores, amantes de la poesía y del teatro entre los propios alumnos o acompañados de artistas populares, siempre solidarios con la Escuela Pública.

Como la niña y la maestra que fui, confieso que los actos escolares eran mi adoración. Así traté de buscar sentidos compartidos en los símbolos. Recuerdo haber comprado un chal con tejidos en relieve, con los colores de nuestra bandera.

-Este es un trapo celeste y blanco- dije.

-Esta es la Bandera -y mostré una flamante-. ¿Cuál es la diferencia?

Las respuestas no se hicieron esperar entre auxiliares de portería, maestros, niños y sus familiares.

-La bandera es un trapo que representa las cosas buenas- dijo un adulto.

-¿También yo estoy?- preguntó una niña extranjera.

-Sí, te elegimos mejor compañera- le contestaron.

Alguien ponía sobre la tela a nuestras Islas Malvinas, al abuelo muerto, a las Madres, a las Abuelas, a los paisajes, al barrio.

Luego vino la Promesa de Lealtad con el chocolate con churros y regalos a los de 4to. grado.

MATARON ROBARON Y NO HUYERON

Profundo dolor siento cuando veo que mucha de nuestra argentinidad ha sido asociada a la dictadura militar o al nacionalismo, siempre escrito con z. Unos y otros no dudan en usar indumentaria con símbolos extranjeros. En este sentido, es como si lo único que nos uniera fuera el fútbol, el “oh, oh, oh, oh…” de las estrofas del himno o la exhibición de banderas.

Digo profundo dolor, porque creo que este sentimiento de no pertenencia autoriza el despojo de territorios, de historias, de creencias de verdaderas raíces, de desconocimiento de pueblos originarios.

Así sucedió con el traspaso de los servicios educativos de la dictadura a las provincias y a municipios y con la Ley Federal de Educación del menemismo. La Ley 1420 entregaba las herencias vacantes al Ministerio de Educación. Llegué a ser partícipe de la entrega de un departamento a una madre que alquilaba y no podía ya cumplir con el contrato. En aquel momento, y a cambio, debió pagar dos accesibles meses de expensas. Si alguna vez se hubiese cumplido con el financiamiento expresado en la Ley 1420, el estado de la educación no sería deplorable.

También podríamos recordar que, cuando la Ciudad de Buenos Aires era Distrito Federal, se construyeron emblemáticos edificios con fondos de todas las provincias, ya que la Capital recibía impuestos de las empresas residentes. Así sucedió con el hoy vendido Mercado del Plata -luego edificio del Plata-, contiguo al Obelisco. Del igual modo, van con los hospitales: el centro de rehabilitación emplazado en el barrio de Belgrano, el Clínicas. No se privan, por supuesto, de cargar contra los palacios gubernamentales: Bolívar 1, ex intendencia sede del gobernador de Buenos Aires, o el ex edificio de la Prensa, ya ofrecidos a compradores internacionales, ni contra otros tantos hoy en peligro de convertirse en negocios inmobiliarios.

Tal vez, si rescatásemos los rituales escolares, si la valentía y la solidaridad nos uniera, podríamos comenzar a organizarnos para la defensa del patrimonio simbólico y material, reunidos alrededor de un fogón, de una mesa donde circule mate, torta frita y pastelitos, a la espera de que tiempos mejores nos devuelvan el asado.

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BUSCÁ TU VERDE

Rituales: sobre la lucha (incluye el testimonio de Amanda Cruz).
Por Liliana Franchi

 

A TONO CON EL FUTURO

Paisaje con verde - Guillermo Conte
Paisaje con verde – Guillermo Conte

Siempre mirá al verde”, tal vez porque, en sí mismo, significa aquello que circula en el imaginario. Propio o colectvo. Quizás la esperanza, el sostén o simplemente perderte en campos verdes, que atravesamos al escapar de la ira de quienes apenas conocemos sus nombres. Esos, los despiadados, los vacíos de amor hacia los otros, los capaces de arrancarte a pedazos el corazón, de decapitarte para que ya no pienses ni puedas formular explícitamente pensamiento alguno.

Buscá tu verde, seguilo, sin decaer, ni arrepentirte, sin cabida a remordimientos o arrepentimientos. Verde como tus ojos, como los caminos a la Puna, como el mar en días fríos, como los árboles. Verde Alhambra, con senderos retorcidos donde se esconde un futuro.

 

QUÉ TRANCO

La lucha también es verde, produce cambios, mitiga el dolor y las ausencias, aliviana las heridas. Causa un efecto de moderación sobre los golpes, deja huella y esboza una lánguida satisfacción. Quienes vivimos con el ritual de la lucha, nos levantamos a cada paso. Nosotros los luchadores, los asignados, los enarbolados, los odiados y queridos, los combatidos y combatientes. Se trata de elegir una vida con sentido. Mientras nos ahoga una desesperanza, a veces prolongada, habitamos la espera activa y sigilosa del momento digno de una recuperación, de aquel sueño postergado, impensado. Se acerca el ritual, galopa a tranco fuerte, dilatado en la espera. Lo vemos aparecer. Así, de a poco, la utopía tuvo figura humana, de grito ensordecedor, de mano firme, de verde intenso.

 

El agua caía por la pared de piedra, se iluminaba de norte a sur en la noche oscura y fría. Una mano tocó el agua y quedó tiesa e inmóvil, la noche fue testigo. Se avecina nuestro ritual.

 

ESA MUJER

Intervención lumínica - Guggenheim
Intervención lumínica – Guggenheim

Subida en el techo de su casa, que antes albergara a toda su crianza, aquella triste mujer fue vista una y otra vez, ocupada en su tejido. Ni sus hijos pudieron hacerla bajar. Por las noches, se abrigaba con la luna. De día, tejía. Se unía al cielo con un pedacito de nube que colgaba solitaria del pico más alto del tejado. Lánguida y discreta, corajuda de constancia y paciencia, iluminaba a veces los caminos opacos. Decidió observar desde lo alto y de bien lejos a un mundo acosador. Simulaba ser feliz, como si eso hubiera podido lograrse tan solo por estar cansada de tanto momento terrenal. De todos modos, en las alturas, tenía lo necesario para soñar. Cada atardecer con la caída del sol, tornaba en un gris marengo que, viraba al oro brillante por las mañanas.

Una mujer como esta ya tuvo la tierra, de pie y plantada, pareciera ya hora de volar. Con su lana tejía alas, blancas y victoriosas, hora tras hora sin descanso.

Por la ventana se ha visto una silueta fina subirse a las montañas. Iba envuelta en un vellón espeso, descalza y sin apuro. Esa sombra nubló mi vista unos instantes y robó unos puntos al paño que tejieran a destajo mis cansadas manos. Un punto a lo lejos alcanzaba una estrella. Seguía dale entrelazar hilos con la concentración flotante, cuando alguien quiso robarle una ilusión. Desde lo alto se ven diferentes las cosas, tal vez subiera en algún momento a las tejas más cercanas. Aún no logro terminar mis alas.

Volar, tejer, sostenerse en el tiempo, animarse a más, salirse de uno mismo para ser otros, adentrarse para volver a ser. Nunca más se la vio rondar lunas, cuando el ritual perforó y honró la tierra.

 

HASTA EL GRITO, SIEMPRE

Con un contentamiento único, sentada en aquel almohadón naranja, rodeada con calidez extrema, Amanda se mezcla con el sol tibiecito que entra por el balcón. Su delgadez es una sombra que adorna la pared frontal, muchos diarios, folletos y libros, en su debido orden sobre la mesa y a punto de ser ojeados. Los mates convocan a más, casi sin preguntas, comienza una exposición sostenida con voz firme. Sus manos hablaban a la par.

“’Negrita, siempre mirá el verde’ me decía, y nunca dejé de hacerlo. Se sucedieron años de proyectos, prósperos en expectativas, ávidos de amigos. Empezamos a buscar un significado para aquellos que tan solo nos tenían a nosotros. Inmediatamente, apareció el espacio para poder cumplir con esos sueños. Éramos muchos y parecía que todos nos pertenecíamos en cada uno. Laboriosa meta habíamos emprendido para cambiar el futuro.”

Creíamos en un bienestar más gentil para quienes menos tienen, creíamos en socializar homogéneamente, en sentirnos libres de poder hacerlo, seguros de lograrlo. Sin embargo, el zarpazo feroz del salvaje nos sorprendió. El arrebatamiento, el genocidio brutal convirtió los hogares en hogueras, las calles en campos minados, persecuciones, caminos inimaginables de sobrevivencia frente a la barbarie. Todo era confuso, por inesperado y cruel, devastador y perverso. ¿Cuánto había de locura y cuánto de realidad? Se mezclaban todos los límites con el infortunio de lo vivido. La mezquindad y la atrocidad fueron las principales protagonistas.”

Silencio en verde - Ramón Juan
Silencio en verde – Ramón Juan

Y así quedamos solas, Juanita y yo. Deambulábamos por lugares impensados y aquel limbo obscuro nos sobresaltaba y nos protegía, día a día. Es difícil asegurarlo. Largos años de incertidumbre y dolor, austeras sonrisas, muy poco para observar y menos para compartir. ¡Cuánta desdicha sentir la vida como una tragedia permanente, como profundo desasosiego de llegar al otro amanecer!”

Cuando me lo permitieron, recordé: ‘siempre mirá el verde’. Me preguntaba ¿hacia dónde podría dirigir mis ojos para verlo?”

Sobrevivir también es luchar, pero se necesitaba más, mucho más para resignificar el desconsuelo y la tristeza. Cuando empezamos a sentir la necesidad de combatir el horror, en ese preciso momento, nació el ritual. Esa fortaleza, que se engendra en las entrañas mismas, que se levanta como bandera, que se agiganta junto a los otros, se multiplica. El abrazo reparador de algún encuentro que nos trae lo que fue, y a algunos más. Justo en ese punto, nace un verde intenso, esmeralda, que me recuerda a sus ojos. Por sobre la controversia entre la muerte y la vida, se avizora nuevamente el ritual que nos traerá vientos de transformaciones. Si bien ya no somos los mismos, en esencia, lo seremos. Seguiremos y seguiremos hasta que un grito de triunfo se escuche.”

 

UN ECO A LO LEJOS

Esta mujer potente, de convicciones férreas, quien no concibe la vida sin hacerle frente, ha dejado de lado las angustias, poniéndose al hombro cada batalla. Se fortalece en el pensar que somos-con-los-otros, logra reírse de sí misma y deja huellas de aliento permanente.

No hay peor desazón que el silencio impuesto día tras día. Esa inquietud constante para salvaguardarnos.

La noche había comenzado su andar ceremonioso cuando, a lo lejos, escuchamos un eco que balbuceaba nombres: Amanda, José, Juan, Pedro, María, Sofía…

Ella es espada y caricia, ventarrón y sosiego, incomoda con su fortaleza, contiene con su historia, contagia lucha.

Rosa verde, Guillermo Utrera
Rosa verde, Guillermo Utrera

 

 




QUÉ BONDI

Rituales: sobre rutas cotidianas.

Por Nora Lomberg

CAPICÚA

Mi padre se sabía los recorridos de todas las líneas de colectivos de la Ciudad. Cuando le conté que había conseguido mi primer trabajo, me estampó un:
-Te deja el 152 a tres cuadras.
Creo que esa manera de cartografiar la vida lo completaba: su geografía era en bondi. Se esforzaba por estar al tanto de los cambios de recorrido, incluso, de los distintos ramales, aunque no los manejaba tan finamente. Era todo un caballero: ofrecía el asiento a mujeres y ancianos y gustaba de saludar al chofer e intercambiar novedades, ya fuera el clima o cuestiones específicas de calles o paradas.

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BOLETOS

A decir verdad, a coleccionista de boletos no llegaba. Pero, a veces, intervenía la suerte:-Hoy me saqué capicúa- Y mostraba el boleto en la cena familiar, mientras sus hijas peleábamos por el trofeo.Tampoco se privaba de hacer humor con los nombres de las calles, y ni hablar de su dominio de las estaciones de subtes. Solía regalarnos sus guías y mapas de la ciudad actualizadas anualmente. Pero, preguntarle era más divertido.-¿Que me deja en Corrientes y Medrano?- Ahí se mostraba en su salsa. Te decía cuántas cuadras caminar y el horario de llegada. Era un Gps adelantado.

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COLECTIVO

“Viaje en colectivo” era el nombre del juego, inventado a instancias de mi hija. No sé como lograba transformar su camita en un ómnibus.
-¿En qué parada baja? ¿Tocó el timbre? ¿Qué asiento va a ocupar? ¿Quiere que le avise en la Avenida Gaona?”
Cosas así le divertían. Reía con poco.

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DESTINO

Al anochecer, lo recuerdo en el sillón del comedor. Sólo él lo usaba, porque mi madre nos tenía prohibido disfrutarlo. Cerraba los ojos, y se entregaba a las penumbras. Decía que pensaba cosas, ¿un poco de infinito? ¿O simplemente dormía? En esa plenitud del silencio, a mí me gustaba tocarle la oreja, y a él hacerme cosquillas. Era callado y su mano grande me enseñó a cruzar la avenida Córdoba.
Sus sueños en un maletín, viajaban cada mañana hasta el centro.
Recién al jubilarse aprendió a usar la computadora. Hacía planos. Dibujaba lugares, trazaba caminos.
Pero igual le era fiel a su Spica, que bajo la almohada cada noche lo acunaba como musa orillera.
En sus últimos días, ya internado, seguía con el tema:
-¿Viniste en el 103? ¿Dónde estacionaste el auto?
Yo le contaba detalles, como un nuevo guiño en el semáforo de la calle Laguna. Y él sonreía.

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METÁFORAS

Cómo resuenan esas voces que, en incesante metáfora, ayudan a ver más claros nuestros días. El pasado está vivo en el corazón. Talismanes de la memoria mutilada, esas pequeñeces cotidianas que no se jubilan deshilan recuerdos y apuran el derecho a soñar que, alguna vez, será capicúa nuestra suerte.

 

 

 




A MI MANERA

Rituales: sobre mis  15
Por Milena Penstop

ESO NO

Algunas cosas estaban claras: no quería salón, ni velitas emotivas y dedicadas, no quería vals, no quería vestido blanco, no quería llorar, no quería muertos en el video, no quería llenar la fiesta de gente con la que no tengo relaciones muy cercanas, no quería invitar a todos mis conocidos, a todos mi compañeros de la escuela, a todos mis compañeros de la vida, a todo el barrio, a todo el mundo, solo para decir, ¡mirá cuánta gente vino a mis 15! Tampoco quería zapatos, ni estar incómoda, ni morirme de hambre mientras mis invitados comían. Para peor, no quise ir a la modista: algún vestido que me gustara tenía que haber en algún negocio. Menos que menos quería estar seis horas en la peluquería ni que me maquillaran, al punto de que ya nadie supiera si era yo o alguna inexistente hermana mayor la que cumplía años. Tenía una negación rotunda a bailar toda la noche  por obligación y quería que nadie se sintiera presionado a bailar o a hacer ninguna cosa de la que no tuviera ganas. Ah, algo más: de ningún modo, quería que los invitados se vieran forzados a venir con una ropa especial.

Así las cosas, me quedaba saber que sí quería. Para eso, partí de esta idea: no creo en los 15 como un momento de transformación de la “niña en mujer”, ni que el 15 sea un número clave ni mágico para la vida.  Es un ritual instalado entre las chicas de mi edad y yo quería aprovecharlo para hacer un cumpleaños un poco más especial.

Milena. Fotografía: Diego Grispo.
Milena. Fotografía: Diego Grispo.

ESO SÍ

El verano fue un poco extraño. Mamá, que no es una mamá utilísima, hacía todo el tiempo souvernirs. Los anartistas conspiraban en ensayos secretos que se hacían en mi jardín, durante los cuales yo debía estar encerrada con mis amigas en mi habitación. No es que sufríamos, simplemente, fueron todas una vacaciones de expectativas. ¿Con qué se vendrán estos? Un poco la culpa es mía. Ante tanto no, mamá me insistía con que aclarara que sí quería. Teatro, dije, yo. Y música. No se la hice fácil. Los anartistas no son actores, pero ahí estaban, metidos en una obra, divirtiéndose a mis espaldas.

Mi mamá no paraba de freezar alimentos en enormes cantidades. Había cajas de vinos, packs de bebidas, muchísimos palitos helados, cotillón, vasos, manteles, las bolsas se acumulaban como sin límite. La verdad estábamos todos entusiasmadísimos. La previa fue muy divertida. La fiesta se haría en el jardín de mi casa y si llovía le haríamos frente.

TÍAS POSTIZAS.

Caro, Vivi y Lourdes son amigas de mi mamá. Pero esta vez actuaron como familia.  Durante varias tardes, fuimos a mirar ropa y zapatillas para esa única noche. Como finalmente compramos el primer vestido que habíamos visto, mi conclusión es que estas salidas eran una excusa para ir a merendar, siempre a lo grande. Mientras ellas se ocupaban de la ropa, la gran party planner, Isa, pensaba en  todos los detalles de decoración, daba instrucciones sobre el orden de las comidas, y craneaba, craneaba ideas para que todo fuera bellísimo.

Milena. Fotografía: Diego Grispo.
Milena. Fotografía: Diego Grispo.

A los ensayos venía otra “tía”, July, que siempre llegaba con la valijita feliz. Hermosos colores de maquillajes, un montón de pequeñas pinturas y pincelitos. Me probaba y me sacaba, me probaba y me sacaba. Grossa, July, le puso todo.

Carlitos, Adri y Alicia no faltaban a los ensayos. Hacía calor, no importaba. Ahí estaban. Se hacía de noche, no importaba. Ahí estaban.

El novio de mi mamá se ocupaba de las luces, Varelita preparaba una sorpresa para  la mañana de mi cumpleaños. Pobre, lo habían designado de “bachero”. Y, con toda alegría, vino a lavar los platos toda la noche.

Hubo más amigos que  hicieron de mozos, de cocineros,  de ayudantes y decoradores espontáneos. Podríamos decir que, cuando la fiesta estaba por comenzar, casi todo el staff estaba reventado de cansancio.

LA ESPERA

Mile y Pau. Fotografía: Diego Grispo.
Mile y Pau. Fotografía: Diego Grispo.

Una mención especial merece “Dieguito”, el súper fotógrafo anartista,  a quien nadie le dio de comer ni de tomar en toda la noche y que laburó como una bestia. Primero, me hizo una sesión inesperada de fotos y, durante la fiesta, se ocupó de capturar aquellas imágenes  imprescindibles. ¿Cuáles? Por ejemplo, nos  sacó a todos al mirar el video. Nadie se ve mirar, nadie se ve observar a otro. Dieguito estuvo ahí.

Otra que estuvo, cómplice total, fue Paulita, “mi dama de compañía”. Debió bancarse mi ansiedad y mis nervios, a la peinadora, a July maquillándome, a Diego, meta sacarnos fotos a las dos.

No sé muy bien qué es un ritual, pero si sé que es lindo que la gente te quiera acompañar.

LA MUCHACHA PERONISTA

Me dijeron, “andá lento”. El Moncho, otro tío postizo, se ocupó de la música. Ni bien escuché el tema de Lennon elegido, empecé a bajar. A nadie le di bola. Ni al fotógrafo ni a todos los consejos previos. Le di con todo y entré. Estaba muy emocionada, muy feliz y solo quería abrazar a todos.

No se puede contar una fiesta como realmente fue, la tenés que vivir. Y tampoco puedo dejar de escribir sobre ella. Rescato, entonces, algunos momentos: mi querida profe de flauta tocó con los chicos de la querida banda “Mano a mano”. Belén cantó acompañada del bello piano de Martín. Mintcho me regaló su música brasilera y un mortal carnaval carioca. Los amigos de teatro actuaron y después me invitaron a improvisar con ellos. Mis amigas dijeron palabras hermosas al micrófono. Y, aunque mi familia es chica, no faltaron mi tía y mi tío y ¡hasta mi abuelita, que nunca quiere salir del geriátrico, se vistió hermosa y vino! ¡Qué más puedo pedir!

Como si esto fuera poco, se largó a llover. Y parte de bailar bajó la lluvia, mi amiga Paloma se tiró a la pileta, mientras cantaba la marcha peronista.

Milena. Fotografía: Diego Grispo.
Milena. Fotografía: Diego Grispo.


EPÍLÓGO

Una vez que los adultos se fueron, largó la pijamada. Ya todos nos pusimos cómodos y a descansar un poco los pies y los cuerpos. Las que no descansaron fueron las mandíbulas: nadie paró de comer. ¿Dormir? Casi nadie.

Cuando a la tarde del día siguiente, se fue la última invitada, me parecía que todo pasó muy rápido, pero también fue muy intenso. Estaba felizmente cansada.

No importa qué significan los 15 para otros, yo tuve exactamente el ritual que quería.




SALTO AL VACÍO

Rituales: sobre las ceremonias funerarias y otras yerbas.
Por Verónica Pérez Lambrecht

 

                                        “La muerte está presente en la vida bajo cualquier forma y por ello, ejerce una profunda acción dada su omnipresencia”.
Torres Delci, Los rituales funerarios como estrategias simbólicas
que regulan las relaciones entre las personas y las culturas. [1]

El ser humano es un sujeto ritual desde su más remota existencia. Ese mecanismo, entre otras cosas, dirigido a contactarnos con “eso” de lo que no tenemos mayores certezas, persigue a veces un estado más intenso. Desde los ritos más simples, como la bendición de la comida, hasta los más complejos, como los del matrimonio.
Entre esta catarata de rituales de la vida, del amor y de la muerte, surgen los iniciáticos –el bautismo-, los de enlaces conyugales y los ritos funerarios.
Los iniciáticos guardan esa noción de renacimiento, como si el propio parto del cuerpo no fuera en sí disruptivo. En muchos, el sello incluye el acto de marcar los cuerpos –circuncisión-, como puesta en valor de la cuota social: pertenecer. Así, subyace el temor instalado de que, si no estás iniciado, no estás bendecido y transitarás maldito por esta existencia.

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork
Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

Por su parte, los rituales vinculados a la familia someten a los seres a cierta lógica de subyugación, en pos de un amor que -en la mayoría de los casos- desaparece, para así construir masas (o masacotes), dominios de vaya a saber quiénes, y mancillar el amor en “martitimonios”. Los rituales de unión abarcan desde matrimonios álmicos (ad eternum), iniciaciones sexuales complejas (¡qué benévola!), y llegan a la separación, sólo en caso de muerte, entre tantos y tantos esquemas.


Y, aunque el ritual del matrimonio tiene un abanico de cuestiones que transitan desde lo pintoresco a lo grotesco sin respiro, los rituales funerarios guardan en sí eso que inevitablemente nos sucederá a tod@s: vamos a morir. Podemos no ser iniciados, podemos no “cazarnos”, pero tod@s, sin distinción, llegamos al final. Y ahí, las preguntas son siempre, por razones obvias, muchas y sin respuestas: rituales de la muerte.

 

EL INTROITO

Lo que no es consciente,
no es humano

G. Bataille, “Breve historia del erotismo”

La muerte es un hecho de significación social y personal profundamente disruptivo. Implica aspectos psicológicos, sociológicos y estrategias simbólicas relacionadas, sobre todo, con la necesidad de trascendencia del individuo y con la superación del dolor de quienes sobreviven al muerto. Desde el punto de vista cultural, el rito insta a promover la cohesión de la sociedad o de grupo a través de un pasaje armonioso y auspicioso para quien parte y de una contención de quienes quedan.

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork
Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

La concepción de la muerte, no obstante, varía de una cultura a otra. En líneas generales, para las culturas orientales, la vida y la muerte son eventos emparentados, pero en diferentes planos. En tanto, para Occidente, la vida y la muerte están contrapuestas. Asimismo, las ceremonias difieren, debido a múltiples factores, entre ellos, la religión.

Pero, antes del nacimiento de las religiones, los primeros rituales funerarios remontan al Hombre de Neandertal, en el paleolítico. ¿Qué llevaría a aquellos primeros seres en evolución a re-interpretar la muerte? Georges Bataille, en su “Breve historia del erotismo” dice, “el animal, el mono cuya sensualidad a veces se exaspera, ignora el erotismo. Lo ignora en la medida en que le falta el conocimiento de la muerte”. La consciencia de la discrecionalidad de la vida permite dar sustancia a los placeres, “el erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte”.

 

LA OMNIPRESENTE

        “La única cosa verdadera en la ausencia y en la presencia
es que ambas son construcciones ficcionales. (…)
Recientemente, cuando perdí a mis padres, me topé con
todo lo que sería capaz de enfrentar con esa ausencia,
tan bruta, tan irremediable. (…)
ese asunto está resuelto por la vía de una nostalgia.
Porque quienes partieron, apenas viajaron para otra dimensión.
Y esa dimensión está dentro de mí.”
Mia Couto, “Umbilical”, entrevista por El Anartista

De cara a este hito irreversible que implica la muerte, se abre paso a una danza de la vida, que apela -por qué no- a recuperar la identidad personal separada del cuerpo, y busca explicación a la partida. Los rituales celebran el puente entre la presencia y la ausencia. Así, estar-no estar, ser-no ser, entran en tensión.

de agua y sal. HAP
de agua y sal. HAP

En el Antiguo Egipto, bajo el concepto de renacimiento, se realizaba el ritual de momificación, donde el cadáver era embalsamado: se abría y se extraían las vísceras, excepto el corazón y los riñones. Luego de 70 días, se lavaba el cadáver y se envolvía. Las pirámides constituyen el monumento funerario por excelencia, para que el Faraón pudiera convertirse en dios.

Por su parte, en China, la continuidad de vida y muerte conducía al entierro del cuerpo con los objetos de uso cotidiano del difunto. También se realizaba el ritual de “castración” de los muertos, como culto a la vida.

En Indonesia, se considera que la muerte no se consuma instantáneamente, sino como parte de un proceso. Se desarrollaban, entonces, dos exequias: una provisoria y otra, en la que se le cortaba la cabeza al cadáver, también como culto a la vida.

India tiene lo suyo: la muerte es el mayor acontecimiento de la vida. El rito funerario, antiguamente, consistía en sumergir el cadáver en las aguas del Ganges, rodeado de hierbas durante 7 días para que la carne se suavizara. En la actualidad, se lo lava con estas aguas, para purificarlo. Luego, se incinera.

 

TOUR POR LA ENCICLOPEDIA

Algunos rituales mortuorios llamativos para nuestra idiosincrasia son [2]:

  • Hacer gemas con los cuerpos, en Corea del Sur;
  • Sacar al muerto, envolverlo en un nuevo sudario y hacer un baile con el cuerpo cada 7 años, en Madagascar;
  • Poner los ataúdes en los acantilados para que no se asfixien bajo tierra, en Filipinas;
  • Trozar el cuerpo y ofrecerlo a buitres, en el Tibet;
  • Contratar payasos para las exequias, en Bélgica y Holanda;
  • Consumir las cenizas luego de un año para tomar energía vital, en Amazonas.

Tal es la celebración de los muertos en México los días 1 y 2 de noviembre (2 de noviembre, día de todos los muertos para el catolicismo), que la fecha ha sido declarada por UNESCO, desde 2003, como Patrimonio inmaterial de la humanidad.

Todo dicho, ¿no?

No. Las ceremonias abundan casi tanto como pueblos, tribus, etnias.

Así, podemos hacer un brevísimo recorrido por algunas religiones [3], cuyos rituales de despedida de los cuerpos buscan esa continuidad, ese valor simbólico, capaz de vulnerar cualquier intento de escepticismo.

Imagen cementerio de Rivera. Diario de Rivera
Imagen cementerio de Rivera. Diario de Rivera

En el judaísmo, previo al entierro, el cadáver se lava a los fines de purificación entierro y se envuelve en un sudario. Si se trata de un hombre, el cuerpo se envuelve en el talit, manto que ha recibido el hombre en su Bar Mitzvá, a los trece años. Se sepulta en tierra, salvo que se trate de un entierro fuera de Israel. En tal caso, prima la ley del lugar y no la bíblica. En señal de recuerdo del precepto que indica enterrar cuerpo a tierra, se retiran los herrajes del cajón y no está permitida la cremación. En el entierro, los familiares directos se desgarran una prenda como forma de expresar su dolor. Dicha vestimenta se usa durante semanas. Algunas etapas del duelo son:
Lamentación: durante los tres primeros días tras el entierro, los deudos deben permanecer en el hogar y no responder ni a saludos. No pueden rasurarse ni arreglarse y tienen que recitar el kadish, oración fúnebre. Las mujeres no pueden usar cosméticos.
Shivá: los siete días tras el entierro. Continúa la prohibición de rasurarse, se visten las ropas rasgadas, pero ya puede relacionarse con la gente que le expresa su dolor.
Shloshim: los 30 días posteriores al entierro. El familiar ya puede salir de casa a la sociedad, pero sin llegar a hacer una vida normal. Acaba al final de este período la prohibición de rasurarse. Suele hacerse una ceremonia en el cementerio, para esa fecha.
Un año de duelo: Está prohibido participar de fiestas, tanto públicas como privadas, durante los 12 meses posteriores al entierro.

Los budistas creen en la reencarnación, como transmisión ininterrumpida de energía entre existencias y herencia de karma. El ritual funerario varía según la corriente. En líneas generales, el cuerpo se prepara con formol siete días antes de la cremación, para liberar al espíritu. En ese período, se reza. Las cenizas se suelen esparcir en un río. Familiares y amigos presentan ofrendas por 49 días.

testigo. HAP
testigo. HAP

Los católicos creen en la resurrección del cuerpo durante el Juicio Final y en la vida eterna, no así en la reencarnación vida tras vida. Se trata de un cuerpo divino, de un cuerpo otro. Previo al momento de la muerte física, se otorga el sacramento de la unción de los enfermos, para exonerar de pecados y encomendar el alma a Dios. Luego, se vela al muerto, en atención al acompañamiento socio-psicológico de los deudos y se efectúan diversos tipos de oraciones, principalmente, “el rosario”. En muchos casos, se celebran misa con el cuerpo presente, en sentido de última despedida, y el sacramento de la Eucaristía. Hasta mediados del siglo XX, se llevaba luto de uno a dos años, de acuerdo a la cercanía con el difunto, en particular, por parte de las mujeres. También se celebran misas en fechas alegóricas (meses, aniversarios).
Las primeras sepulturas de los cristianos fueron las catacumbas. Fueron concebidas como inmensos laberintos subterráneos y con enormes implicancias políticas en los primeros tiempos de esta cultura dogmática. Hoy en día, está permitida la incineración de los cadáveres -a excepción de declaración contraria en vida-, no así la disposición de las cenizas en cualquier otro lugar que no sea de culto, como en los cementerios.

Los musulmanes creen en la resurrección, no en la reencarnación. Al morir se coloca al difunto sobre el costado orientado hacia la Qibla. Se lava el cuerpo y se lo cubre con tela blanca de algodón. No está permitida la incineración, se entierra orientado hacia la Meca y se da lectura al Corán. Son rituales rápidos y sencillos.

Finalmente, en este raudo recorrido por algunos ritos religiosos, nos quedan los evangélicos, quienes creen en la resurrección, en pasar a la eternidad ante la presencia de Jesucristo. Se vela el cuerpo en el tanatorio, acompañado de los líderes religiosos y los miembros de la comunidad como contención psico-social. Entre servicios de cánticos y lecturas, prima la sobriedad.

 

TRANSGRESIÓN

                       “Al separar el erotismo de la religión los hombres
la redujeron a la moral utilitaria…
El erotismo, al perder su carácter sagrado,
se volvió inmundo…

G. Bataille, “Breve historia del erotismo”

Los rituales también se modifican con el tiempo. En este último sentido, la Iglesia Católica es “vanguardista”, a los fines de mantener adeptos y casi sin alternativa, ha accedido a la cremación y al cese prematuro del luto. Sin embargo, aún sostiene que esta vida es “el valle de lágrimas” y el sentido de satisfacción y felicidad se sitúan más allá de la muerte, en la resurrección del cuerpo, en unión con el cuerpo de Cristo. Y, cuando escribo que “aún sostiene”, lo hago con consciencia exprofeso de hablar en presente. Por supuesto, siempre hay disidentes.

Álbum IG. Juan José Stork
Álbum IG. Juan José Stork

Como signo de la evolución de los tiempos, surgen voces como las de los curas en opción por los pobres. Entre ellos, el teólogo Eduardo de la Serna, reclama la necesidad de transgredir la iglesia “necrófila” y “dolorista” (sic) y volver a la fuente, al Jesús que dio vida, que dio visibilidad e identidad a los que –aún vivos- no la tenían: a los enfermos, hambrientos y pobres. Y no para sostenerlos en ese lugar de miserabilidad, sino para sacarlos de allí. Es la vida lo que defendían los curas del tercer mundo, como Carlos Angelelli. Es la vida lo que defendían los 30 mil desaparecidos. Siempre fue la vida y la dignidad en la vida.

 

EL SALTO CUÁNTICO

La muerte expone el sentido y el sinsentido de la vida. Es el salto del que nadie zafa, a un vacío que se llena de mil y un contenidos.

El único ser con consciencia de su finitud busca explicaciones. Cualquier culto o religión proveen las suyas en función de sus intereses.

La separación del cuerpo de toda consciencia es un plato no biodegradable e indigerible. Las resoluciones son más vastas que los millares de rituales expandidos por el mundo. Y, en el mismo sentido, el nihilismo tiembla ante el disruptivo rostro de la parca.

majestuosos, árboles y cielo. Patricia C. Bonjour
majestuosos, árboles y cielo. Patricia C. Bonjour

Independientemente de las religiones, las despedidas de los cuerpos tienen un impacto inexorable, ya sean rituales de pasaje o rituales de continuación. Los cuerpos nos traen relatos de sus vidas, cuando son hallados con sus menesteres personales, o cuando se logra identificarlos –apenas desde sus huesos- después de años de búsqueda. Así, se produce el cierre de etapas de agonía e incertezas. Por eso, estos rituales son tan importantes, porque nos permiten ese último espacio de conexión con lo que hemos vivido. Eso impacta en la memoria, vida y resoluciones de quienes nos quedamos.

Los muertos, sus cuerpos, son la presencia tangible de la ausencia.

E incluso, más allá de toda creencia, lo cierto es que afectamos a nuestros pares, familiares, amigos, alumnos, maestros, subordinados, pero, sobre todo, los hijos. Y ahí radica la responsabilidad de vivir de la manera que nuestra ética y valores nos interpele, en la consciencia individual de ser seres comunitarios. La vida nos trasciende en estas pequeñas o grandes influencias. Tal vez ese sea un pedacito de eternidad, que pueda durar 2, 5, 7 generaciones. O tal vez, quién sabe…

 

NOTA DE COLOR: Aquella tardecita salí del trabajo con el cansancio cruel de cada día. Subí al subte en el desagradable horario pico de la vuelta que, aun así, no es tan letal como el de la mañana. De cara al vidrio de la puerta, una calcomanía me devolvió a la consciencia, esa que me hace human@. Decía:

alegría (TICKET VÁLIDO SÓLO PARA ESTA VIDA)alegría
(TICKET VÁLIDO SÓLO PARA ESTA VIDA)

 

 

Imagen de portada y registro fotográfico Juan José Stork: Instagram JJS y álbum FOTOMONTAJES

[1] Torres Delci, Los rituales funerarios como estrategias simbólicas que regulan las relaciones entre las personas y las culturas. Sapiens. Revista Universitaria de Investigación [en linea] 2006, 7 (diciembre)

[2] 10 insólitos ritos funerarios alrededor del mundo

[3] Los ritos funerarios según la religión

 

 




EL ESPEJO ATERIDO

Rituales: sobre agrotóxicos y otros contaminantes.

Por Alicia Lapidus

EN LA “COCHINCHINA”

Cuando mencionamos a Vietnam, es imposible que en la mente de quien nos oye no aparezca, casi como sinónimo, “guerra”. Cuesta mucho dejar de lado ese calvario que vivieron los vietnamitas para conservar su nación unida, su cultura y la decisión autónoma sobre su gobierno . Vietnam es hoy un país que avanza, con habitantes que reciben a los turistas con notorio placer. Budistas convencidos, sus templos huelen a incienso y flores. Por miles, los visitan a diario.

Pero la guerra dejó sus secuelas. No olvidaremos a la “Niña de napalm”. El fotógrafo Nick Ut se encontraba en una carretera con su cámara, cuando vio aproximarse a PhanThị Kim Phúc. Quemada y sin ropa, la niña corría. Así, Ut tomó una de las fotos de guerra más conocidas, por la que obtuvo el Premio Pulitzer. PhanThị Kim Phúc debió someterse a 17 intervenciones y pasar 14 meses en el hospital antes de poder volver a casa.

niña napalm

 

NARANJA, AZUL Y EL FIN DEL VERDE

En Vietnam, el ejército de EEUU mantuvo dos guerras: una contra el Viet Cong y otra contra la naturaleza. En esta última, los militares estadounidenses usaron millones de litros de herbicidas contra la selva donde se escondían los vietnamitas del norte y los cultivos de arroz que les alimentaban. El agrotóxico más usado fue el agente naranja. Una revisión de diversos estudios muestra que, 50 años después de que dejaran de rociarlo, todavía hay restos tóxicos de este defoliante en suelos y sedimentos, desde donde entra en la cadena alimenticia.

Cuando miramos una foto aérea de campos de Vietnam, la imagen parece un atardecer de ensueño: campos naranjasAgente naranja con el sol derramado sobre ellos. Una triste ilusión óptica.

Pero vamos al comienzo: Los primeros herbicidas llegaron al sudeste asiático en enero de 1962, en una operación que acabaría llamándose “Proyecto Ranch HandAllí se usaron diversos compuestos químicos, muchos  desarrollados durante la guerra mundial para destruir las cosechas de alemanes y japoneses.

Distintos informes de las Academias Nacionales de Ciencia de EE UU (NAS) y agencias gubernamentales como la USAID estiman que, en la Guerra de Vietnam, se rociaron más de 80.000 millones de litros de herbicidas. El más usado fue el agente naranja, un defoliante. Un trabajo recién publicado en una revista especializada en suelos muestra que el 20% de las selvas de Vietnam fueron fumigadas al menos una vez. Pero hasta el 40% de los herbicidas se usaron sobres cultivos, como arroz y otros productos. Aunque los militares quisieron diferenciar entre arrozales de amigos y enemigos, unas 10 millones de hectáreas fueron rociadas con agente azul, que acababa con la cosecha en horas.

El tercer principal objetivo de los herbicidas fue el de acabar con todo el verde en los alrededores de las bases militares estadounidenses, para crear un perímetro de seguridad.

Naranja

LOS PECES Y EL SUELO

El agente naranja era, en realidad, un compuesto a partes iguales de dos herbicidas. Son reguladores hormonales del crecimiento y se decía que, en unos días, dejaban de actuar. Pero lo que no se sabía entonces -y si se sabía, nosotros jamás nos vamos a enterar- era que el agente naranja contenía una dioxina altamente tóxica, la TCDD. Para acelerar la producción, se elevó la temperatura unos 5ºC y el cloro presente en el compuesto a altas temperaturas generó entre 6.000 y 10.000 millones de veces más TCDD que en condiciones normales. Esta sustancia carcinogénica no se disuelve en el agua. Tampoco se absorbe, sino que se adsorbe: queda pegada como una capa a las hojas que, al caer, llevan la dioxina hasta el suelo. Por su parte, la naturaleza se encarga de propagarla.

Uno de los autores que investigó este tema comentó: “Los peces y camarones que se alimentan en el fondo atrapan los sedimentos contaminados y la dioxina se acumula en sus tejidos. Peces más grandes se comen a estos peces y los vietnamitas a ellos”.

Peces

Hace poco los investigadores oficiales analizaron los suelos de la base aérea de Bien Hoa y sus alrededores. Fue una de las principales bases desde las que partían las misiones herbicidas y allí se acumularon los bidones sobrantes, cuando se suspendió Ranch Hand. “La mitad de las muestras recogidas tenían niveles de dioxina por encima de lo permitido para el uso de la tierra del Ministerio de Defensa Nacional de Vietnam“, comenta el profesor estadounidense. La persistencia de la TCDD es tal, que varios de los aviones usados para rociar el agente naranja tuvieron que ser retirados de una subasta e incinerados: 30 años después de volver de Vietnam, aún tenían la dioxina pegada. Los siguientes informes añadieron nuevas patologías relacionadas con la exposición al herbicida.

A nadie le importó, eran épocas en que la palabra ecología apenas se oía. Sin embargo, los que usaron el agente naranja tenían suficiente información como para suponer lo que podría ocurrir. Son lAgente naranja muerteos famosos “daños colaterales” de la guerra.

Aunque se estima que hay todavía tres millones de vietnamitas que sufren los efectos de los defoliantes, ellos no tienen un seguimiento como los veteranos estadounidenses. “Los efectos negativos sobre la población y los veteranos vietnamitas nunca se determinaron bien y tampoco se han llevado a cabo estudios con la suficiente potencia estadística”, asegura Jeanne Stellman, investigadora del uso militar de los herbicidas.

PESADA HERENCIA

Según Vietnam, 4,8 millones de sus ciudadanos se vieron expuestos a la dioxina y “cientos de miles de víctimas han muerto, mientras que otros cientos de miles tienen que convivir con enfermedades mortales”. No solo quienes se vieron expuestos directamente, sino sus hijos y sus nietos, la segunda y la tercera generación, sufren aún secuelas y malformaciones. Y el ciclo sigue: según explica el vicepresidente de la Asociación Vietnamita para las Víctimas del Agente Naranja (VAVA), Nguthe-human-cost-of-agrotoxinyenTheLuc, aún quedan 28 lugares en el sur contaminados con la dioxina. Y se han detectado ya casos de discapacidades en la cuarta generación, los bisnietos. “Lógicamente, es posible que se sigan repitiendo casos durante generaciones, a perpetuidad”, explica Nguyen.

FOTOGRAFIA PABLO PIOVANO

Paremos un instante para imaginar a los vietnamitas mirar al cielo y a los aviones que lo teñían de naranja, sin un lugar donde protegerse, sin ningún escape. Cuando convertimos los números en individuos, la dimensión del mal adquiere una nueva significación. Eso es lo que hizo la fotografía de la tragedia de la “Niña de napalm”.

 Fumigando naranja

“LA BODA DEL DIABLO”

En 2018 el gigante farmacéutico Bayer, entre otros negocios, compró a otro gigante: Monsanto. Esta es la llamada “boda del diablo”.

Uno de los novios era Bayer: fundada en Alemania en 1863, inventó la aspirina, pero también, a principios del siglo XX, vendió heroína, entonces utilizada como sustituto de la morfina y como medicamento contra la tos. Durante la Segunda Guerra Mundial, con su compatriota BASF, Bayer formaron el conglomerado químico IG Farben, tristemente célebre por haber suministrado a los nazis el Zyklon B. utilizado en las cámaras de gas.

ProtestasMonsanto, el otro novio, fundado en 1901 en Saint-Louis, Missouri, produjo primero la sacarina, un potente edulcorante y, en los años 1940, se lanzó a la agroquímica con su defoliante, el “Agente Naranja” ya mencionado.

Su herbicida estrella y polémico, el Roundup, cuyo principio activo es el glifosato, fue lanzado en 1976. En los años 1980, Monsanto lanzó la primera célula de planta genéticamente modificada antes de especializarse en los Organismos Genéticamente Modificados (OGM). Es de notar que la semilla de soja transgénica es la única que resiste al Roundup. Negocio garantizado, semilla y agrotóxico en un combo imposible de separar. Ese es otro matrimonio non sancto, entre parientes. La invitación sería: Monsanto lo invita a la boda de por vida entre su semilla y su herbicida.

Llamada “Monsatán” o “Mutando” por sus detractores, la firma ha sido cuestionada tanto por los OGM como por los efectos del glifosato (Tan graves son las cosas que el gobierno francés se comprometió recientemente a dejar de utilizar esta sustancia en 2021, aunque sin incluir aún la prohibición en la ley). Tampoco podemos obviar lo ocurrido en EEUU, donde en agosto del 2018 Monsanto fue condenada por parte de un tribunal de California a pagar casi 290 millones de dólares por daños a Dewayne Johnson, un jardinero estadounidense con cáncer tras la reiterada exposición al Roundup. Se considera que este caso podría sentar jurisprudencia, ya que al menos 4.000 casos similares están siendo procesados ante los tribunales estadounidenses.

 

¿Y POR CASA CÓMO ANDAMOS?

El boom de la soja en la Argentina, el principal producto de exportación del país, está relacionado con el uso de semillas transgénicas. Del agente naranja deriva el glifosato, que se usa a raudales para matar todo vegetal que no sea la soja transgénica y que, según estudios y denuncias nunca escuchadas, produce tantos daños como el agente naranja. Algunos se plantean que quizás el Roundup no sea tan distinto al agente naranja, lo que no sería de extrañar frente a los antecedentes de la empresa.

El glifosato se utiliza para fumigar las plantaciones de soja. Esa planta se hace resistente gracias a una alteración genética cuyas consecuencias serán sólo visibles con el tiempo.

Monsanto tiene la propiedad intelectual tanto del agente naranja como del glifosato y cobra los royalties por ambos productos. A la vez, vendió y estimuló el uso de DDT durante medio siglo al punto que en los comienzos se pulverizaban las ciudades desde aviones. El DDT se acumula en las grasas y ha aparecido hasta en los animales de la Antártida. Es cancerígeno y fue prohibido tras medio siglo de uso irrestricto.

FUMIGACIÓN CON GLIFOSATO

Monsanto, que siempre presenta sus productos como innovaciones científicas dignas de admiración y como tecnología de punta, debió pagar 80 millones de dólares en indemnizaciones a cientos de veteranos del ejército americano. Y es posible que deba pagar a las víctimas cada vez más numerosas del glifosato con que son regadas las pequeñas poblaciones entrerrianas- incluso niños en las escuelas- ante la indiferencia de las autoridades encargadas de controlar.

PRISIÓN DOMICILIARIA

En Basavilbaso, el 7 de setiembre de 2018, y tras no haber resistido su última internación, murió Fabián Amaranto Tomasi, el ex trabajador fumigador, símbolo de la lucha contra los agrotóxicos en Argentina y el mundo. Su caso ya resulta emblemático del daño causado a los obreros por los agrotóxicos. Fabián trabajó durante años en tareas de carga y bombeo en una empresa de aplicación aérea. Los graves daños del glifosato lo obligaban a estar postrado en su casa con solo 52 años:

 

Fabian Tomasi 2- Pablo Piovano
Fotografía Pablo Piovano

Me envenenaron y me metieron en una prisión domiciliaria”, señaló hace un tiempo a un medio litoraleño. “Mi vida transcurre en mi casa. Me jubilé por incapacidad y me detectaron polineuropatía tóxica severa, la ‘enfermedad del zapatero’. Es aspirar los solventes que traen las sustancias, que son todas similares y afectan el sistema nervioso periférico (los nervios de brazos y piernas). Ahora también me está afectando la conciencia. No sabía que el veneno modificaba el ser consciente. Estoy perdiendo la vida”, decía.

Fabián Tomasi

Su imagen se hizo mundialmente conocida cuando, en 2014, el fotógrafo Pablo Piovano lo retrató para su exposición, “El costo humano de los agrotóxicos”, una cruzada por el noreste argentino en busca de visibilizar el lado más oscuro del agronegocio.

 

¡APOYE, PRESIDENTE!

En el marco de la campaña política de cara a las elecciones en Entre Ríos, Mauricio Macri visitó la ciudad de Gualeguaychú. El Presidente brindó una conferencia de prensa, en la que repitió las frases características de su campaña electoral . Sin embargo, también desató la polémica, cuando se expresó con la cuestión de los agrotóxicos en la provincia. Una de sus definiciones se salió del discurso general y se dirigió a un público particular, el campo.”Es irresponsable el fallo por las distancias de fumigación“, sostuvo. Se refería a un fallo judicial que obligaba a los productores agropecuarios a utilizar herbicidas a 100 metros de distancia terrestres y a 500 metros de distancia aéreos de las escuelas rurales.

Según el mandatario, el fallo es irresponsable porque “pone en riesgo más del 20% de la capacidad agroindustrial de la provincia”, (cuestión que no es cierta). Sin embargo, también sostuvo que él lleva adelante políticas para mejorar el medio ambiente, pero que esta medida judicial “no se basa en ningún rigor científico“.

Glifosato-1Según datos del CONICET, en Argentina se arrojan 15 litros de glifosato por hectárea por año, lo que ubica a la Argentina en el primer puesto a nivel mundial. En los alrededores de Gualeguaychú, donde se encontraba el Presidente, se arrojan 50 litros por habitante anualmente. De hecho, el municipio prohibió su utilización cerca de centros urbanos en 2018.

Lo que Macri llamó “fertilizantes”, en un intento de volverlos más amigables, son los agrotóxicos, palabra que, desde mayo de 2018, el director del INTA BA Norte prohibió en sus comunicaciones oficiales por su valoración negativa en el marco de un intento de presentar a los agrotóxicos como “alternativas tecnológicas”.

Así, al glifosato se lo intentó disfrazar de un herbicida biodegradable, inocuo e inofensivo para el medio ambiente. El mismo Ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, dijo en una declaración “que el glifosato no era más que agua con sal”.

Pero se pinchó el globo: análisis realizados por el CONICET, demostraron que el glifosato se encuentra presente en la tierra, en el aire y en el agua por años. Y que, a diferencia de lo sostenido por los dueños del negocio, el tóxico no es biodegradable, sino acumulativo. Esto genera que ríos y napas de agua potable se encuentren envenenados.

No sólo eso: el contacto cotidiano con el glifosato rompe las membranas celulares y destruye el ADN; genera mutaciones que devienen en cáncer, Parkinson y el Alzheimer, entre otras.

“El problema es que las víctimas son invisibles. Y en muchos casos, no se ven a sí mismas como tales, porque nadie las legitima. Ellos van al hospital y les dicen que la alergia que tienen es producto del polen del plátano y no que es una reacción química porque fue fumigado”, aduce la Doctora en Biología Alicia Massarini. Y también explica que en los centros de atención médica se niega sistemáticamente la relación entre los agrotóxicos y las enfermedades. “Esto se produce por una combinación de cosas, complicidad y desconocimiento. Hay médicos que saben y tienen miedo de asociar los síntomas. Hay otros que son ignorantes y no tienen información suficiente. Y hay otros, que son los más peligrosos, que se esfuerzan por ocultar el tema de forma activa, son tipos comprados, cooptados por empresas y laboratorios.”

FUMIGACIÓN CON GLIFOSATO1

En 2016, la Organización Mundial de la Salud, reunió una comisión de expertos especialistas en cáncer y agrotóxicos. Revisaron la literatura disponible y concluyeron que había que recategorizar el glifosato y pasarlo a una categoría de “alta toxicidad”, que es la segunda categoría en la escala de gravedad. En función de esa resolución, varios países revisaron su marco regulatorio y, en algunos casos, prohibieron el uso del glifosato. Así lo hizo México, donde el maíz se encuentra protegido por ley. En Colombia, cambiaron la regulación en cuanto a la cantidad permitida en la utilización. En Argentina, no pasó absolutamente nada.

 

¿DE QUÉ LADO TE TOCA?

En el hospital, empezamos a recibir demasiados embarazos con malformaciones raras. Notamos que venían siempre derivadas desde Entre Ríos y eso nos decidió a comenzar a realizar un mapa por localidades. Una migaja inútil. El lobby de esas empresas con extraordinario poder y recursos económicos produce escalofríos. Cada naranja, cada manzana, cada cucharada de harina que comemos ha sido regada con agrotóxicos. Cada niño de una escuela rural recibe sobre su cabeza cantidades ingentes de herbicidas. Desde el gobierno aliado del “campo” se estimula su uso sin barreras. Los ciudadanos no importan, sólo el negocio.

¿Cómo seremos en el futuro? ¿Tendremos dos comunidades: los “fumigados” y los que no lo fueron? Una serie de seres desprovistos de humanidad, muertos por cánceres tempranos, con hijos malformados, por un lado, y, por el otro habitantes de las ciudades, fabricantes y estimuladores del consumo de tóxicos. En el medio, un espejo aterido.

Glifosato Pablo Piovano

 Fotografía de Pablo Piovano

Fuentes

https://www.scirp.org/Journal/PaperInformation.aspx?PaperID=90675

http://anccom.sociales.uba.ar/2016/01/19/agrotoxicos-la-muerte-silenciosa/

http://el-galo.blogspot.com/  Blog de Patricio Eleisegui

https://www.tiempoar.com.ar/nota/abogados-calificaron-de-ignorante-a-macri-por-sus-dichos-sobre-fertilizantes-y-agrotoxicos

https://www.eldisenso.com/politica/la-censura-llego-al-inta-no-se-puede-mencionar-la-palabra-agrotoxicos/

https://www.iprofesional.com/politica/289907-herbicidas-entre-rios-polemica-Ecologia-y-elecciones-por-que-Macri-respaldo-al-sector-pro-fumigaciones

http://ecoscordoba.com.ar/el-consumo-de-agrotoxicos-en-argentina-aumenta-continuamente/

https://www.burnmagazine.org/essays/2015/08/pablo-piovano-the-human-cost-of-agrotoxins/




OTROS MUNDOS POSIBLES

Rituales: sobre la ceguera a los colores.
Por Eduardo Garea

 

UN HECHO INESPERADO

¿Qué ocurriría si el hombre perdiera la capacidad de ver los colores? Esta pregunta es para mí una motivación constante. En principio, no tan sencilla de responder porque, de inmediato, surgen incontables respuestas desde distintos ángulos.

Durante años de labor como colorista de un laboratorio y, luego de desarrollar miles de fórmulas, sucedió una anécdota que me hizo reflexionar sobre el tema. Así, una tarde de verano, un nuevo cliente visitó la planta para elegir, de la tablilla de colores, tres tonos de rojo. Cuando le ofrecí la variedad disponible y, después de una conversación sobre la calidad de los pigmentos, el cliente -de manera muy amable- cedió a que yo seleccionara el producto para sus envases, dado que era daltónico.

EL ISMO DE DALTON

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John Dalton

El daltonismo es una alteración genética descubierta por el matemático y químico, John Dalton. Durante sus investigaciones pudo determinar los distintos grados de pérdida para identificar el rojo, el verde y -en algunos casos- el azul.

Por otra parte, la falta de gama cromática no afecta el desarrollo de los otros sentidos, como ocurre en ciertas cegueras. Es decir, las habilidades motrices no se alteran.

Dentro de la sociedad, el comportamiento de un daltónico no presenta mayores singularidades, pero muchas veces se sienten relegados en algunas tareas puntuales: policías, pilotos de avión, automovilistas, o trabajadores de riesgo tienen obstáculos en zonas donde hay distintas alarmas lumínicas y auditivas. Estas alteraciones condicionan sus vidas.

El asunto toma otra perspectiva cuando un mal genético individual se traslada a un grupo social. Sin embargo, hoy existen territorios, donde una parte importante de la población afectada de una disminución visual logra convivir, junto a otro segmento mayoritario de los nativos llamados “normales”.

LA ÍNSULA ENCANTADA

En una remota isla del Océano Pacífico llamada Pingelap y perteneciente a Los Estados Federados de Micronesia, una serie de acontecimientos poco comunes provocó uno de los misterios más estudiados por los actuales científicos. Este pequeño atolón de 1,8 km cuadrados, cuya población es de alrededor de seiscientos nativos, fue descubierto por Torilio Alonso Salazar, en 1526.

La cantidad de islas diseminadas por el Océano Pacífico y su posterior identificación sólo pueden ser comparadas a los nuevos miembros de la familia astral hallados en actuales exploraciones del sistema planetario. En esta zona del hemisferio, las continuas tormentas y terremotos dejan a su paso un tendal de destrucción.

Se conoce que, en el año 1775, el terrible tifón de Lienkieki arrasó el atolón. La mortandad fue casi total. Sólo sobrevivieron 20 pobladores, incluidos el nahmnawarki (rey hereditario), llamado Mwaneinised y algunos integrantes de la familia real.

SINFONÍA VERDE

La vegetación se extiende sobre un espacio de tierra fértil. Cantidad de cocoteros y pandanes crecen sin intervención alguna del hombre. Otros, cerca de la costa, se inclinan ante los fuertes vientos. Restos de cortezas y hojas aún flotan en la orilla. Se desprende un penetrante vaho que, junto al perlino pescado, da la sensación de habitar en el paraíso perdido. A pocos metros, desde una isla sin caminos, se abre la única plantación del ñame, principal alimento comunitario. En la precaria aldea reina la miseria. Los niños corretean de aquí para allá: varios parpadean intensamente por el efecto del sol abrasador y otros se cubren la cabeza con una tela negra. Parece no haber adultos. Los cerdos blancos y negros son protegidos por el rey nahanmwarki: sólo él puede sacrificar uno para dedicarlo a su divinidad Isoahpahu y calmar la ira de la naturaleza.

Una mítica historia relatada oralmente por un viejo nahnmwarki habla sobre el poderoso dios Isoahpahu, quien regía los destinos de los nativos, hasta la aparición de un dios venido de una isla lejana. El advenedizo separó en dos la isla de Pingelap. En un nuevo combate entre Isoahpahu y el dios extranjero aquel arrojó un manotazo de arena y, así, se crearon las tres islas que forman Pingelap.

LOS SERES DE LA NOCHE

rivieramayablog.comMientras cae el sol, la estampa plomiza del cielo se ahoga en el mar. Durante algunos lánguidos minutos, la esfera dorada se demora un instante antes de ocultarse en las tibias aguas tropicales. Sobre la playa, los pescadores enrollan las redes en un ajetreo silencioso y, más acá, un arponero afila sobre una piedra la hoja de su dardo. Cuatro hombres arrastran una barca. Es un tronco enorme ahuecado: una vara a cada margen permite mantener la estabilidad de la embarcación. La marea baja les ayuda a dar un salto y abordan.

En la noche cerrada se descubre un escenario infinito. La luna, suspendida como un reloj de bolsillo, incrementa la ansiedad de los pecadores. Ellos ven sólo de noche. Es el mejor tiempo para atrapar el atún. El timonel conoce la posición de las estrellas en el firmamento, sabe conducir la canoa a través del Pacífico. Dice: “Los mejores navegantes son aquellos que aprendieron de sus padres. En mi familia, somos todos makun. Nuestra estirpe puede ver el tenue brillo platinado de los peces y cómo se desplaza bajo las aguas el resplandor de sus alas cuando saltan fuera del mar.”

Sobre las olas flotan luciérnagas marinas de un azul encendido. A lo lejos, en la isla de Rongelap, la nieve rosada ilumina el horizonte como un faro artificial, herencia de la lluvia radiactiva.

Los makun captan mejor el resplandor de los objetos. Es la herramienta usada para clasificar su mundo. También perciben los contornos a partir de las diferentes sombras. No conocen los colores. Pero se potencian sus otras sensibilidades sensoriales, de ahí, que pueden identificar las texturas suaves o ásperas, húmedas o secas. Las marcas de las superficies son sellos invaluables. Quizás, el fenómeno de mayor importancia es poder identificar una sustancia transparente: cuando esta es atravesada por un haz de luz, el observador acromático sabe que está en presencia de la traslucidez, una característica diferente, que le permite ver las variantes de un mismo color gris y su diversidad tonal.

CONVIVIR EN PINGELAP

A mediados del siglo XIX, un barco ballenero tuvo una avería al intentar atrapar a una ballena de gran tamaño. Entre los nativos, circula una leyenda y dice que los tripulantes de aquella nave descendieron para abastecerse de agua fresca y fruta. El contacto entre las dos civilizaciones produjo un fatídico hecho contagioso: “la ceguera a los colores”.

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Ortelius – Maris Pacifici 1589

Se sabe que hay un 5 % de la población portadora del gen degenerativo. Los niños de dos años comienzan a parpadear y giran la cabeza ante la luz intensa. Cuando llegan a los tres años, no logran distinguir los detalles ni pequeños objetos a cierta distancia. Al cumplir los cuatro, ya no pueden ver los colores.

Dentro de una inmensa monocromía, entre el follaje verde, pueden identificar distintas variedades de plantas. Pero el asunto se les dificulta si hay una fruta roja o cuando el verde pálido se confunde con el amarillo. En el caso de la banana, recurren a otros medios más sutiles: sienten, huelen y utilizan el gusto.

La mayoría no logra aprender a leer, ya que no pueden ver las palabras en la pizarra.

Existe otro oficio practicado por los maskun, es el tejido de alfombras, en tonos que van del marrón oscuro hasta el púrpura. En la tela, la representación tiene poco contraste cromático. Estos dibujos solo pueden ser vistos por los ciegos del color en un ambiente de escasa luz.

Para poder entender cómo visualizan la realidad en blanco y negro, los colores se agrupan del siguiente modo: para el blanco, se juntan el amarillo y el azul pálido; para el negro, se juntan el rojo y el verde.

VER EN FORMA

Al carecer de la capacidad para identificar colores, los maskun prestan atención a las formas. De ese modo, reproducen los primeros pasos del hombre en el campo de la pintura. Según cita Plinio el Viejo (25-79 d.C), en su obra “Historia Natural”, los egipcios fueron los primeros en inventar, hace 6000 años, la técnica de dibujar los contornos de hombre y animales. La segunda etapa fue pintar en interior de los contornos utilizando un color por vez. Los pigmentos (en general óxidos férricos) aplicados eran los más cercanos al lugar.

¿Es posible que el hombre haya evolucionado en su capacidad visual y esto haya instalado el peso de un nuevo paradigma? Filósofos, científicos y escritores se han interesado en describir la utilidad biológica o la importancia de la visión como ventana al mundo exterior. Pero, creo yo, aún no se ha materializado un estudio más exhaustivo, sólo contamos con buenas investigaciones centradas en temas aislados.

En un estudio científico realizado entre animales se pudo establecer una idea básica para entender los diferentes grados de capacidad visual.

Los acromáticos carecen de la posibilidad de identificar colores y ponen énfasis en las formas.

Los dicromáticos, se cree, se desarrollaron en el paleozoico, tienen dificultad para detectar frutos de colores entre un paisaje verde donde la luminosidad es variada.

Los frutos pudieron evolucionar de modo tricromático y los monos adaptados a este sistema lograron, incluso, reconocer detalles faciales, estados emocionales y diferencias biológicas.




LAS EVAS DEL FÚTBOL

RITUALES: sobre: el fútbol femenino

Por Pablo Soprano

 

RESISTENCIAS “MACHIRULAS”

Si hay un lugar cargado de rituales, ese es el fútbol. En todos los aspectos: profesional, semiprofesional, amateur, barrial, de potrero. En cualquiera de estos casos, estos ritos generalmente abarcan al mundo masculino. Hoy, en tiempos de lenguajes inclusivos, liberaciones femeninas, luchas y conquistas feministas y la trabajada y flamante profesionalización del fútbol de mujeres dan pie a que ellas sean consideradas parte del ritual. Ya no sólo desde las tribunas, sino también desde adentro, desde el verde césped. Y, a pesar de ciertas resistencias “machirulas”, las mujeres, persistentes, se empoderan dentro del “deporte más popular del mundo”.

Somos testigos de cuánto les cuesta aunque, hace años, los clubes de todas las categorías del fútbol argentino tienen su equipo de primera e inferiores de chicas. Incluso la AFA tiene su seleccionado, que ya ha jugado dos mundiales -2003, 2007-, un campeonato sudamericano -2006-, los JJOO de Pekín en 2008, los Juegos Panamericanos de 2011 y los Sudamericanos de 2014.

No siempre fue así. Si bien los mundiales femeninos se han establecido desde 1991, ha habido experiencias mundialistas previas, como aquella que se celebró en México en 1971.

Foto 2 La Nación, plantel que viajó a México en 1971
La Nación, plantel que viajó a México en 1971

 

LA PREHISTORIA

Imaginémonos por un rato: si hoy las mujeres deben luchar imponerse como futbolistas, cómo habrá sido, allá por el 71. Aunque suene fuerte, quien escribe esta nota no puede dejar de pensar en una palabra, “prehistoria”. La prehistoria del fútbol femenino argentino cargada de épica, drama, datos risueños y de mucho pero mucho coraje contra un mundo no preparado para ver a “22 mujeres correr detrás de una pelotita”.

Como en un freak-show o en un circo de rarezas, en las décadas anteriores a los setenta, había managers y representantes que viajaban al interior del país con mujeres futbolistas. Las buscaban, tal vez, en barrios humildes. Veían en ellas condiciones para el juego, las subían a un micro y las llevaban de gira. Una de las pioneras se enorgullece de dos hechos de aquel entonces: haber jugado en canchas profesionales de once -al contrario de las chicas de ahora, quienes generalmente lo hacen en canchas auxiliares- y de que, “en el ‘70 incluso jugamos un torneo en Independiente que lo transmitió Canal 13. El puntapié inicial lo dio Palito Ortega”. Quien esto cuenta es Gloria “Betty” García, integrante del primer equipo -en sus setenta y pico en la actualidad- que, años más tarde, jugaría el segundo mundial de fútbol femenino en México ’71. De estos grupos de exhibición, saldría el primer equipo argentino.

Foto 3 facebook, Pioneras del Fútbol
Pioneras del Fútbol

 

LAS EVAS” Y LAS “AZTECAS”

La invitación para jugar en tierras aztecas llegó gracias a que, un año antes, las mexicanas habían venido a jugar un partido amistoso en la cancha de Nueva Chicago, en Mataderos, con el arbitraje de Guillermo Nimo. Las nuestras se impusieron por 3 a 2 y cabe destacar que jugaron un tiempo con la camiseta de Chicago y otro, con la de un club llamado “Universitario”. Ese día Nimo expulsó a Betty y a una mexicana, hizo patear dos veces un penal y convalidó un gol de otra pionera y goleadora, Elba Selva. Se recaudaron más de 400.000 pesos y la revista “Así” las llamó “Las Evas del fútbol”. Con este antecedente, nuestras chicas viajaron a México con una menor de 17 años, cuyos padres debieron firmarle el permiso de salida. La chica iba sin puesto definido. Así, a los ponchazos, juntaron 13 futbolistas y emprendieron una verdadera hazaña para el deporte argentino que nuestra historiografía se encargó de ocultar.

Foto 4 'Betty' García (77 años), Elba Selva (73), Lucila Sandoval (48) y Mónica Santino (53)es.besoccer.com
‘Betty’ García, Elba Selva, Lucila Sandoval y Mónica Santino

 

CONTRA TODOS LOS PRONÓSTICOS

Viajaron sin técnico y casi sin dinero. El debut fue en el “Estadio Azteca” desbordante de público. Cayeron ante las anfitrionas, 3 a 1. Marta Soler, la arquera, asegura que las “bombearon” escandalosamente. Tras un rebote, luego de un penal, Eva Lembessi anotó, pero el árbitro anuló el gol porque consideró la jugada ya terminada. Incluso los diarios titularon que su propia selección había despojado del triunfo “a las che”. Norberto Rozas, un argentino residente en México y ex jugador, se ofreció de técnico y las chicas aceptaron porque se venía una parada brava para el segundo encuentro: Inglaterra.

Las inglesas eran enormes y fuertes, pero las nuestras -a base de buen trato del balón y mucho coraje- ganaron 4 a 1, todos goles de nuestra primera goleadora de la historia: Elba Selva. A pesar de la lesión de Angélica Cardozo, las pibas argentinas les dieron “un baile bárbaro”, según palabras de las propias jugadoras. Gracias al triunfo, las chicas ganaron una excursión a Cuernavaca y, como la arquera Marta Soler era cantante semiprofesional, dio un show en un boliche argentino donde cantó boleros y, así, todas/ el equipo se hizo se hicieron de unos pesos.

Consiguieron tal fama que muchos las buscaban para sacarse fotos. Y ellas, pícaras, cobraban autografiándolas como un modo de sumar más dividendos a sus alicaídas finanzas, pues nadie de nuestro fútbol les tendió una mano. Incluso las camisetas celestes y blancas destiñeron al primer lavado: todo se hizo a pulmón.

El último partido fue contra las campeonas del mundo, las dinamarquesas. Las argentinas llegaron en muy mala forma, después de sufrir un accidente en el micro que las llevaba a entrenar. Para colmo, otra lesión: la arquera/cantante con un golpe en la rodilla tuvo que infiltrarse. Esto no evitó la goleada 5-0 de las danesas defensoras del título a las nuestras. Quedaba pelear el tercer puesto con las italianas. Luego de un olvidable viaje en avión lleno de turbulencias, más el obvio cansancio, ocurrió lo inevitable: derrota por 4 a 0 y a pensar la vuelta a casa. Sin embargo, aún no volvieron: fueron invitadas a quedarse una semana más a jugar un amistoso con las locales y se repartieron la recaudación. Eso, sumado a los shows de la arquera, a las fotos autografiadas y a un asado entre argentinos para juntar fondos hizo que no sólo no volvieran. También lograron comprar un FIAT 600 a pagar.

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El Equipo

 

UN GRAN PLANTEL, A PESAR DE TODO

Quedará para la estadística el triunfo de Dinamarca contra México por 3 a 0 y la retención del título mundial. No obstante, nuestras pioneras hicieron un dignísimo papel. Tengamos en cuenta todos los obstáculos, los rebusques para conseguir dinero, la falta de técnico, botines, médico, preparador físico y el nulo apoyo oficial. Apenas, el aporte de la Unión Tranviarios Automotor, donantes de la ropa deportiva. Tampoco fueron provistos por la AFA los lugares para entrenar. Así las cosas, resultaron verdaderas heroínas, a quienes no les faltaron los recursos al momento de afrontar las dificultades.

Vaya el reconocimiento al plantel argentino integrado por estas jugadoras:

Ofelia Feito, María Ponce, Susana Lopreito, MariaFiorelli, Marta Soler, Angélica Cardozo, Zunilda Troncoso, María Cáceres, Virginia Andrade, Betty García, Blanca Bruccoli, Elba Selva y Eva Lembessi. Además de Marta Andrada, Virginia Cataneo, Zulma Gómez y Teresa Suárez.

PRESENTE Y FUTURO DE LAS PIONERAS

Ya en el presente, de la mano de Betty García y de la ex jugadora Lucila Sandoval, muchas de estas pioneras integran el colectivo “Pioneras del Fútbol Argentino”

 Página de Facebook de las “pioneras del fútbol femenino”

En esa agrupación, que reúne jugadoras de todas las épocas, visibilizan la problemática de la mujer dedicada a este deporte.

Un comentarista deportivo -en la actualidad sería tildado de “machirulo”- llegó a decir de ellas: “El fútbol no es para chuchis. Las ves moverse con esa torpeza insuperable. Esto sólo es cosa para varones de pelo en pecho y galladura fuerte”.

Entraron en la historia grande del deporte argentino. Contra todos los pronósticos. Dentro de sus posibilidades, en un momento adverso, defendieron sus derechos como mujeres.

Foto 6 latinta.com.ar

 




A COLA DE PERRO

Rituales: sobre la serie “After life”.
Por Diego Soria

POCAS PULGAS

Portrait of Maurice - Andy Warhol
Portrait of Maurice – Andy Warhol

¿Por dónde encarar la lectura de esta miniserie? Quizás la pregunta pueda ser otra, ¿dónde nos encuentra parado el último trabajo de Ricky Gervais? Al ser una serie con su dirección, guion y actuación, podemos esperar humor negro del mejor, provocativo. Como él mismo dice: se puede hacer humor con cualquier cosa o tema, como ya lo mostró en “Derek” (2012) o en “Extras” (2005). Sin embargo, este trabajo pone en juego otros matices que desmienten su tradicional nihilismo. “After Life” trata sobre las batallas minuto a minuto para continuar adelante a pesar de todo aunque, ¡ojo!: seguir, pero no en la concepción aburguesada de la vida del “todo pasa”.

LÉVINAS Y LOS PERROS

Perros y Sombras, foto de Bernardino Ávila
Perros y Sombras, foto de Bernardino Ávila

Ricky Gervais es Tony, un periodista del “Tambury Gazette”, un diario de distribución gratuita en un pequeño pueblo. Él ha perdido a Lisa -Kerry Godliman- su mujer durante 25 años. Ella ha tenido la precaución de grabar una serie de videos para su marido. Enferma de cáncer, sabe que su muerte podría cargarse también a Tony. Así, desde la pantalla, le pide a su marido que deje la cama. Si él la ve en la computadora, quiere decir que ella ya ha muerto, pero no que él deba dejarse caer en la tristeza. Sin embargo, Tony no quiere vivir más. En el diario donde trabaja, varios personajes hacen lo posible por no dejarlo solo, aunque él decidió que nada vale la pena. Hay acá un guiño a Lévinas, filósofo ruso de origen judío, que estuvo confinado en los campos de concentración nazis. Lévinas Perros y Sombras, foto de Bernardino Ávila, contaba que, en medio de aquel infierno, la única percepción de humanidad se la daba un perro, un animal, que les ladraba a los prisioneros, al regreso de los trabajos forzados. Así Tony se encuentra con que la perra lo observa, tiene hambre. Él entiende esa mirada, la perra aún lo necesita y no puede dejarla. Ella le devuelve la humanidad que él no encuentra en el mundo después de la muerte de su mujer. Al fin, se levanta de la cama.

EL COLMILLO PERDIDO

Perro tirado en la nieve versioj2
Perro tirado en la nieve de Franz Marc

Alrededor del diario crecen muchos personajes muy deliciosos para la trama. El relato se agotaría muy pronto sin su ayuda. Ellos completan con pinceladas de humor y a veces patetismo el cuadro, donde Tony alterna buenas y malas. Un párrafo aparte merecen las personas que desean salir en el diario: “Ser portada”, como el bebé que se parece a Hitler, el hombre que toca dos flautas con las narices, la disparatada madre lactante que elabora postres con leche de su teta o el diente perdido de Freddie Mercury: todos, carne de cañón para el cinismo de Tony, quien hace las entrevistas. Junto a él, el fotógrafo Lenny -Tony Way- a quien no deja de fastidiar, aunque se retroalimentan. Tony es incapaz de no pasarlos por la picadora de carne de su resentimiento. No puede parar, solo la mirada de la perra por las mañanas logra que no intente suicidarse de una buena vez. Entonces, mientras permanezca en este mundo, ha decidido decir las cosas como le vengan en mente y, si no resulta, siempre está la muerte.

PASEAR AL PERRO

Tony mira los viejos videos. En el ritual de mantenerse dentro de una tristeza perpetua, desearía que la muerte hiciese lo suyo de una vez por todas. Ahí es donde el guion se apoya cHAREL wASE 2015en el resto de los personaje para esmerilar el granito, es decir, a Tony. Con mano excelente, Gervais mecha las intervenciones de las inolvidables figuras de pueblo: Tony se cruza en la trama a  Daphne -Roisin Conaty- la prostituta; a Julian -Tim Plester-, el repartidor de diarios; al cartero -Joe Wilkinson-; a su psicólogo – Paul Kaye-; a su padre -David Bradley-;  a la enfermera que lo cuida -Ashley Jensen- y a la viuda del cementerio -Dame Penelope Wilton-, quien habla con la lápida de su esposo. Todos funcionan como “Un cuento de navidad” de Dickens pero al revés. En el cuento el personaje de Scrooge es visitado por los fantasmas de las navidades pasadas, quienes lo aleccionan a cambiar su actitud frente a la vida. Aquí Tony va al encuentro de los fantasmas de su vida. En ellos descubre historias tan dolorosas como las de él.

PERRO QUE LADRA SOLO…

Ricky Gervais es un comediante de lo oscuro, con chistes provocativos y una lengua filosa que no suele ser bienvenida. En sus Shows suele “jugar” con Nietzsche o el nazimo, al tiempo que habla de los tiburones y del diluvio universal de Noé. Para él no hay jardín que no pueda pisarse en cuestión de humor, aunque esa es un asunto que aún se discute. En este caso, en su rol de director y escritor de la serie, mixturó su clásico humor corrosivo con una dosis de esperanza. Ha sabido dar en la tecla para que su nihilismo no se vuelva tan solo un grito de protesta, como decía Atahualpa Yupanqui:

“(…) Escribirás, acaso, tu drama de hombre huraño,

Solo sin soledad …450_1000

Cantarás tu extravío lejos de la grey, pero tu grito

Será un grito solamente tuyo, que nadie podrá ya

Entender (…)”

Ricky Gervais encontró que, a su discurso, le faltaba esa esperanza que los otros personajes le dan.

A OTRO HUESO CON ESE PERRO

La historia de Tony, destinado en principio a seguir los rituales del duelo, troca en horizonte. Cuando el ambiente no es de su domino es otro, él se transforma. Eso sucede en el geriátrico del padre o en el cementerio, cuando se ve superado por la filosofía de la prostituta. Puede que suene redentor. Y quizás sea así. Pero, en los tiempos que corren, una serie que se toma el tiempo de hablar de las asperezas del corazón, de cuerpos creíbles, con una empatía inmediata, es siempre más deseable que el sufrimiento por el sufrimiento mismo.

after-life-still

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




RECUPERAR EL ENCUENTRO CON OTRAS LÍNEAS

Rituales: sobre los encuentros amorosos y  otras hierbas.

RECUPERAR EL ENCUENTRO CON OTRAS LÍNEAS

Por Ceci Miano

DE BLANCO Y NEGRO HABLO

VLADIMIR KUSH
VLADIMIR KUSH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las historias de amor suelen comprender la secuencia del encuentro y el desarrollo de un romance donde el tiempo deja sostener los compases, se comprende en una época señalada por la música melódica, la ropa de moda, los detalles melosos, las miradas pausadas o las manos entrelazadas. También podemos pensar en siluetas a contraluz…

RENÉ MAGRITE. LOS AMANTES
RENÉ MAGRITE. LOS AMANTES

Paremos con tanta dulzura.

Las historias de amor de hoy, las reales, se desatan de modos impensados. Para alguien como yo, de casi cincuenta años, lo conocido ya no encaja con lo actual. El boliche bailable dejó sus marcas sólo en la memoria prodigiosa de quienes lo recordamos. Las pasaditas, -pasar en auto por la casa de quien nos gusta muchas veces a lo largo del día- , habituales en los pueblos como el mío, dejaron de existir. No sé si por el costo del combustible o por el progreso, por llamarlo de algún modo.

Podría seguir con la lista de encuentros de antaño, aunque me niegue a aceptar el demasiado rápido paso del tiempo. La memoria es un relato que se narra como si fuese hoy, pero no… La plaza del pueblo era el lugar de encuentro para poder mirar tranquilos a cualquiera que estuviese a nuestro alcance, mirar lo no esperado siempre fue inusual, las parejas se armaban de acuerdo a los cánones de belleza, donde se incluía la edad, la altura, el físico, la clase social, el barrio. Todo esto parece de ciencia ficción, pero era así. Por aquellos tiempos las ilusiones se pegaban en los jeans ajustados con apretones de cintura, hasta que el calce causara estragos en los chicos adecuados, los demás quedaban al margen de las esperanzas.

Las miradas en la plaza eran el primer momento de encuentro. Lo puedo decir porque era de las adolescentes que frecuentaba ese espacio de magia amorosa. La edad me dio otro panorama de las cosas y pude descubrir que hubo muchísimos adolescentes que nunca, jamás iban a la plaza en el horario de la tardecita, era un espacio exclusivo para algunos.

ALEX HALL
ALEX HALL

La ley del pueblo.

Los que no se acercaban a la plaza en el horario del mate y las miradas, lo hacían de noche, muy tarde, generalmente llegaban en motos muy ruidosas o en grupos de amigos, casi siempre todos varones. Los policías rondaban al acecho de los chicos malos que osaban venir al centro con sus desmadres.

Parece que algunas cosas cambiaron… otras siguen igual.

 

ENREDADA

Hubiese sido bueno que alguien me lo hubiese advertido, porque los consejos de estar en un sitio de citas one line para mí resultaron inimaginables. Los mensajes en papel, lo sé perfectamente,  no van más. Pero de ahí a pensar que tengo que avisar en un perfil que estoy disponible y en busca de un candidato hay mucho trecho.

Pensé en ponerme un nombre falso y una foto falsa, sólo para sentir el juego de seducir o ser abordada, invitada, mirada. Nada me gusta. Dudo mucho. Me da miedo. Supongo salir a la calle e imaginar todas las miradas sobre mi hombro, sólo porque estoy en busca de conocer a alguien.

Hace un tiempo una amiga me dijo: “si no estás en las redes no existís”. Para alguien como yo,  no habituada a navegar en este mundo, es un fracaso anticipado.

VLADIMIR KUSH
VLADIMIR KUSH

La disposición no ayuda cuando se cree que lo que hacemos es falso. La desconfianza, la falta de conocimientos técnicos para resolver estos encuentros virtuales me dejan completamente afuera de la carrera de enamorarme con la ayuda de las redes.

Esto me resulta hasta gracioso, porque creo que como decía mi abuela, “cayó en sus redes”, así se decía antes de la era de la tecnología, como si hubiesen advertido el fin de los encuentros casuales, el fin de las miradas a la pasada, el amor a primera vista, la esperanza de recibir un llamado al teléfono fijo entre otros encuentros que hoy son muy raros o poco frecuentes.

LOS DIENTES NUNCA SON TAN BLANCOS COMO EN LAS FOTOS

El problema es que algunos creemos en los encuentros, esos reales. Las fotos con filtros, los fondos pensados con detalle, la luz potente y todo lo referente a la imagen me resuena artificial y es tan habitual como falso, según mi mirada.  Los encuentros se realizan con mensajes en redes sociales, las marcas son tan sutiles como los “me gusta” en una foto. Es difícil ponerse a tono cuando uno no tiene ni idea de los códigos.

Pero la charla con hijos enseña, deberán ser al pasar, sin demostrar mucho interés por los adultos porque la parte de enseñar a navegar en este lenguaje de encuentros se dificulta si el hijo o hija se dan cuenta de nuestra necesidad, ahí se abstienen de dar cátedra, para ellos es natural, les resulta artificial explicarlo, imagino que será como explicar lo cotidiano, se hace innecesario, absurdo.

UNA VUELTA DE TUERCA

En este tema de los encuentros amorosos modernos el ritual se vuelve diferente. Las visitas a las redes sociales, ya sean para encuentros amorosos o para mirar del acontecer de los demás, se vuelven más cercanas para mí a medida que el ejercicio del uso me habilita a sentirme con más confianza.

Me planteo si mis prejuicios con respecto a los encuentros virtuales son tan malos como me lo planteé hace un tiempo. Ahora vislumbro un dejo de verdad pura cuando un hombre o una mujer se hacen cargo de su soledad, se vuelven más confiados en que sus encuentros con la premisa de resolver algo de la vida de cada uno sin careta. Estoy solo/a y quiero conocer a alguien. Por supuesto que en los perfiles se verá lo mejor de cada uno, que las fotos o comentarios serán pensados con atención para atraer. ¿Acaso no pasa lo mismo cuando conocemos a alguien?, queremos impresionar bien siempre, no queremos que nuestros lados flacos se vean en el primer minuto. Damos gambetas y seleccionamos palabras, perfiles y miradas hasta que nos sale la espontaneidad, esa que solo asoma cuando estamos felices, cuando alcanzamos la confianza en lo que sentimos sin importar nada más.

SAROLTA BAN
SAROLTA BAN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desandar el camino propuesto por mis inseguridades se plantean hoy una nueva expectativa. La de dejar de ser como debo ser y ser tal cual soy.

OTRA VUELTA DE LA VIDA

Pareciera que los rituales de hoy no son tan sofisticados como los antiguos, eso lo digo yo. El alcance de las redes es tan masivo que hoy contactar a alguien no amerita grandes saberes. El perfil permite que la persona que busca tenga la posibilidad de hacer un comentario, mandar un sticker o compartir un comentario sugestivo. Los estilos siguen siendo infinitos, las oportunidades se sumaron a las ya conocidas y no creo que podemos distinguir entre lo antiguo y lo moderno.

Cuando el encuentro se provoca es igual en todos los tiempos.

Los rituales del amor siempre aparecen en el estómago, con dolor o mariposas, eso es universal y atemporal.

MICHAEL SUMMER
MICHAEL SUMMER