PANTANO

Ultraviolento: sobre una realidad que agobia.

Por Nora Lomberg

1-UN DÍA CON EL AUTO
Voy a hacerme una tomografía. Me apura la vesícula y duele entre noticias: cerraron otra fábrica y hay un corte de calles en la esquina de Gascón y Córdoba, precisamente hacia donde me dirijo. Me maquillo en los semáforos. Para que me apure, el conductor de atrás hace luces, le revienta que me pinte los labios.Y, cuando en una esquina me sobrepasa, grita:
– ¡Boluda!- mientras acompaña con el infaltable dedito fuck you.
Me río por dentro. No sé por qué se enfurecen así. Arremeto con el delineador.
Sigue la radio, entre espasmos: parece que desaparecieron a un muchacho, en El Bolsón.
Pienso en qué calle doblar, no tengo margen de tiempo para un corte, un colectivero me cierra el paso y me toca la puerta del lado derecho.
– “No te hice nada, MAMÁ”-.
Se raja y no logro anotar su número de chapa ni su interno. Me bajo, miro la abolladura. Empiezo a sentir calor, a pesar de los tres grados y el viento.  Sigo, falta poco, el rouge con rojo furia se me corre de la comisura de los labios en un volantazo, cuando una moto me toca el espejito.
– Pelotudo- le grito sin razonar.
Desganadamente, aprieto el acelerador de una realidad que agobia. Qué habrá pasado con ese muchacho, pienso. Recuerdo esos días en el sur, la feria artesanal de la que hablan. Estuve ahí.
Pongo las balizas y un auto me ocupa el lugar, siento la furia, me duele el cuerpo, mientras entro a la playa de estacionamiento, cincuenta la hora. Pero llego a tiempo, presento mis papeles para el estudio, la señorita me indica que tengo una hora de demora. Le explico: estoy sin comer desde anoche. No me mira ni me escucha.Goza de su ventaja. Así es su juego, su adhesión a la causa. Me atiende un médico desganado, sin rostro: pase, acuéstese, gire a la derecha, ahora a la izquierda, no me gustan sus riñones, hágase ver. Quiero salirme, revelarme al final del periplo y esperar por un cielo mejor.

2- SANTIAGO MALDONADO: UNA ORFANDAD DE FUTURO
1 de Agosto.
Nos habita su ausencia en los bolsillos de sueños, tatuajes de rostros tristes, cielos repletos de humo, sonidos metaleros. Falta Santiago en las calles del Bolsón de los Cerros, allá, en el sur de las utopías, en los tatuajes y murales que proclaman silencios. Está desaparecido, no extraviado, ni ahogado, padecemos una orfandad de futuro, una sentencia. Su amigo Ariel lo buscó por la feria, lo llamó y le respondieron botas.
Falta a la mañana. En la ciudad, suena el despertador y no hay noticias. ¿Acaso importa qué día es?, ¿qué hora es? ¡Qué haremos con esta ausencia! Falta al mediodía entre churrascos con ensalada, paradas de subte, colectiveros malhumorados. Falta, mientras escribo estas líneas con dolor en el pecho, con lágrimas de espanto, otra vez un joven, -y solidario y hombro con hombro-.
Te estamos buscando, compañerito, en las miradas silenciosas, entre las barbas de tantos pibes que andan por ahí. Vos en ellos, ellos en vos.

3- ALELÍ
A Susana le pega el marido, el padre de sus hijos. Tiene miedo, baja la cabeza y sigue.
-Si lo denuncio, yo sé que me va a matar. Doctora, aguanto por ellos, esos niños de mirada traviesa que corretean el día. Juan no era así, empezó a ponerse malo cuando lo echaron de la empresa, hace tiempo ya. Se hizo remisero, en el barrio de enfrente. Ahí no hay buena junta, yo lo sé por mi primo, que se lo cruza por las tardes. Se emborrachan ahí y no sé qué más toma. Pero siempre anda enojado. Si no le gusta lo que cocino, me da un cintazo. Si me llaman de la escuela por Federico, me grita y me insulta, me dice puta, boluda. La más chiquita todavía se hace encima y le tiene miedo.
-¿Adónde nos vamos a ir nosotros, Doctora?-, me dice en la entrevista.- No sé qué puedo hacer, en la comisaría lo conocen todos. Le van a contar si lo denuncio. Yo lo que necesito es que me ayuden con Federico, porque le pega a los chicos en la escuela.

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4-NOS PEGAN

Somos pegados desde el fondo de nuestra historia. Ese apedreo nos viene de lejos. Cada uno con la medida de su tiempo, así aprendemos a leer nuestra hora y la de nuestros objetos. Entonces, llegan temprano o tarde. Cuántas veces danzan los malos tratos junto a las utopías, los golpes con los gritos de libertad. Con el horizonte fijo en lo que vendrá, se nos pierde el hoy en miras del mañana. Tal vez se trate de habitar el día de otra manera, de estallar emancipaciones cotidianas,  de hacer diferencias con los minutos. Al fin y al cabo, este pantano espeso es la vida, no una línea recta.

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Salvador Dalí. La persistencia de la Memoria. 1931

 

 



ENCONTRAR EL RUIDO

Ultraviolento: sobre “El Silenciero”, novela de Antonio Di Benedetto.

Por Viviana García Arribas

 

“Alguien está lleno de violencia hacia todos.

(Es cada uno, son todos.)”

El Silenciero, Antonio Di Benedetto

 

LA PERTURBACIÓN Y EL SOBRESALTO

 

audioHace varios años sufro un mal bastante poco conocido, aunque no por eso infrecuente. Tengo acúfenos, es decir, escucho ruidos que no existen, zumbidos o grillos dentro de mi cabeza. La presencia, en forma continua, de sonidos inexistentes puede resultar muy molesta y, a menudo, quien lo padece se ve sometido a una situación de estrés bastante intensa. La solución, aunque parezca un perogrullo, consiste en evitar el silencio. Escuchar música, prestar atención a la sonoridad ambiente, concentrarse en algún pensamiento. Trato de hacerlo. Lo difícil es cuando intento dormir. En la quietud de la noche, se hace más notorio el estruendo en mi cabeza y resultan más complicadas las técnicas de evasión: si me pongo a pensar mucho, me desvelo. Contradicciones de la vida.

De lo dicho, podría inferirse que amo el batifondo y que no puedo estar sin escuchar alguna música estruendosa. Pues no, desde chica me afectaron los sonidos fuertes, la música muy alta, los gritos, las máquinas bramantes, el aullido de las sirenas, la sequedad de los golpes y martillazos, el metálico alarido de las bocinas. Por eso, cuando “El Silenciero cayó en mis manos, creí haber encontrado una novela sobre mi vida… en compañía del ruido.

Hugo Aveta - Síntomas
Hugo Aveta – Síntomas

“La cancel da directamente al menguado patio de baldosas. Yo abro la cancel y encuentro el ruido.”: así comienza la historia de este hombre atormentado por sonidos, incluso, desde el interior de su propia casa. En realidad, se trata siempre de sones desde afuera que invaden la quietud del hogar, se encarnan y socavan su equilibrio.

 

ELLOS

El protagonista y narrador de esta historia se relaciona solo con un reducido grupo de personas: su madre, Besarión -un amigo, mezcla de filósofo y linyera-, y Nina, su esposa. Como al pasar, menciona también, a sus viejos compañeros de estudios. Fuera de ese círculo, nadie. Solo están los ruidos. Según sus propias palabras, la alegría de los otros lo deteriora. Los constituye en enemigos, en tanto alteran el silencio por él anhelado.

Sin embargo, su agresividad pronto se vuelca también hacia los cercanos. La saturación lo obliga a aislarse en el último de los cuartos o a ausentarse por períodos cada vez más prolongados. Pese a todo, se refugia en su música o en un cine. No elige una cápsula aséptica de ruidos, sino que construye su aislamiento dentro de “ruidos amigables”.

Radio New Zealand Concert-Musical Battle
Radio New Zealand Concert-Musical Battle

El problema, entonces, ¿está en los otros? A medida que la historia avanza, el círculo se cierra en forma más estrecha sobre sí y el protagonista percibe a todo el resto como a su enemigo. “Sobrellevo la perpetua sujeción del hombre a otras miradas (…) Creo que es el miedo. Tengo miedo.”

 

 

ESCRITURA POSTERGADA

Cuentan quienes conocieron a Di Benedetto que sufría una gran aversión por los ruidos fuertes. Como él, el protagonista es escritor o, al menos, pretende serlo: “Mi convicción de que puedo escribir no presupone trato alguno con escritores, sólo con libros.” Esta imagen me recuerda una de las características frecuentes de quienes escribimos: nuestra preferencia por los libros y por la soledad que favorece la lectura y la escritura, antes que el contacto habitual con otras personas.

Mirtha Dermisache
Mirtha Dermisache

Pero, en este caso, los ruidos se yerguen sobre el protagonista y lo anulan. Le impiden toda actividad fuera de la búsqueda infructuosa del silencio. Le brindan, también, una excusa para no comenzar nunca a escribir. Colman cada instante de su tiempo y consumen toda su energía. Sin embargo, fantasea con la idea de volverse más normal, casarse y comenzar su obra: “Ahora dormiré más protegido. Besarión se fue o se irá. Me casaré con Nina. Tal vez pueda volver al libro (comenzarlo).”

Mirtha Dermisache
Mirtha Dermisache

A pesar de todo, el ruido lo persigue. La batalla por el silencio es una gesta perdida. El límite de su tranquilidad se corre cada vez más hacia el interior de su hogar. Finalmente, su lucha en la ciudad fracasa y aun su escapada al campo durante la luna de miel se ve invadida por la presencia de una herrería.

 

EL CANTO DE NINA

Los objetivos del “silenciero” siempre parecen estar un poco más allá de sus logros: en su trabajo es “subjefe” y por eso no puede tomar decisiones. Ansía escribir un libro y lo posterga eternamente, desea cambiar de casa por otra más silenciosa y se pasa una larga temporada de pensión en pensión -a cual peor, en cuanto a los ruidos-.

Vasily Kandinsky - Amarillo Rojo Azul
Vasily Kandinsky – Amarillo Rojo Azul

En el amor parece ocurrirle lo mismo. Ama de lejos a Leila, pero se casa con una amiga de ella, Nina, quien le resulta más accesible y más simpática, ya que pertenece al bando de los perdedores, según él mismo manifiesta. Esta mujercita dócil, sin embargo, se refugia en una pequeña rebeldía: cuando algo no le gusta o no puede decir qué piensa, ella “canta bajito”. No es una manifestación de desacuerdo, sino un refugio para su individualidad. A su manera, logra que el mundo exterior no la afecte tanto.

Pero, poco a poco, en la medida en que su marido se encierra más y más, ella logra expresar su desagrado. Él busca silencio y ella habla… aunque no mucho. Y eso lo desconcierta: “Responde, no más, y nada viene de su iniciativa. No se regocija conmigo por el sosiego recobrado, como si ella no fuera de mi bando. Lo cual me resulta extraño.”

 

HABLAN LOS OBJETOS

People Too - Music to live
People Too – Music to live

“Vuelvo al hogar. A mi paso, la ciudad que desciende por mi calle apaga sus vidrieras, echa persianas: desmantela su andamiaje de trabajo. Hasta mañana.”

En la escritura de Antonio Di Benedetto: la ciudad desciende, un cepillo borra huellas en el piso, el ruido ingresa. Casi podría decirse que los objetos tienen carácter. Los personajes, en cambio, son descriptos en su aspecto físico, sus movimientos, sus diálogos, pero nunca en su psicología. Este estilo nace como consecuencia de dos factores que pesaron en su carrera de escritor: el hartazgo por las novelas de Balzac -con su tratamiento psicologista de los personajes- y una conferencia ofrecida por Sábato en la que el escritor argentino cuestionaba duramente las nuevas tendencias literarias y decía que nunca habría literatura sin drama humano. La respuesta de Di Benedetto no se hizo esperar: escribió el cuento “El abandono y la pasividad”, donde se narra la ruptura de una pareja sólo a través de los objetos… Y lo dramático vibra en sus páginas.

Queda para la anécdota, la polémica con Alain Robbe-Grillet, escritor y cineasta francés, por la paternidad de este estilo, conocido como objetismo. El propio Di Benedetto le resta importancia a este enfrentamiento, en una entrevista con Joaquín Soler Serrano para la televisión española.

Por otro lado, en “El Silenciero”, la narración en primera persona, sin ser íntima, destaca singularidades: la presencia invasora del ruido cobra fuerza y entidad propias, se le torna visible. Adquiere, entonces, una propiedad sinestésica a partir de su irrupción en todos los órdenes de su vida.

PACÍFICO HOMBRE VIOLENTO

Hugo Aveta - Casa de los conejos
Hugo Aveta – Casa de los conejos

Los sueños del protagonista merecen una consideración aparte. En especial, uno de ellos, donde una bala le destroza los dos oídos y, sin matarlo, lo deja sordo. Ni siquiera esa sordera lo hace feliz: “Yo era sordo. No recuerdo si también era dichoso.” Este momento nos anuncia el final: la lucha vana se traduce, inevitablemente, en violencia.  Su soledad y el encierro, cada vez más acentuado, lo ponen en un camino sin salida: solo podrá descansar cuando la fuente del ruido sea destruida.

Su sorda lucha se vuelve agresión -aun en la quietud aparente del relato- y el asedio del ruido, que llega desde el exterior,más allá del protagonista, se transforma en una cuestión personal. Como decía Spinoza, la enfermedad siempre llega desde afuera. La ira provocada por la sociedad hostil deviene en frustración y muerte. “Siento el cerebro machucado; como si estuviese al cabo de un abnegado esfuerzo de creación. Como si hubiera escrito un libro. Pero mi cansancio no es feliz.”

PONER EL MOTOR EN MARCHA (A PESAR DEL RUIDO)

En cada uno dmural-1614090_960_720e nosotros la violencia aguarda como un germen. Toda persona es capaz de ejercerla en determinadas circunstancias. El matiz está en el freno que los individuos decidimos ponerle a nuestra agresión, la mayor parte de las veces, en forma inconsciente. Cada viaje en subte, conducir nuestro auto o atender en el trabajo a una larga fila de personas -quienes, como mínimo, ven en nosotros la causa de todos sus males- ponen en cuestión, todos los días, nuestra educación y las “supuestas ventajas” de la vida en sociedad. Ahí donde se acaban las palabras, donde el silencio tan buscado se instala y se enquista, se encuentra el terreno propicio para la reacción.

La ausencia de diálogo -característica del personaje, pero también arraigada en sus interlocutores- opera en “El Silenciero” como un disparador de su percepción paranoica del mundo que lo rodea. Por ese motivo, la agresión del ruido se le torna insoportable y lo fuerza a actuar para ponerle fin.

La quimera permanente de una existencia pacífica desafía a postergar el impulso de agresión. Mientras tanto soportamos -al menos, quienes vivimos en grandes ciudades- el peso de una sociedad cada vez más abusiva. El encierro de cada uno en  pequeños aislamientos aparece como una solución engañosa. La interacción con el resto de la sociedad es inevitable. Todos los días, al cerrar la puerta de nuestra casa y quedarnos del lado de afuera -para trabajar o hacer compras o cualquier otra cosa que demande una exposición-, ponemos en juego todos los mecanismos que desactivan la violencia. Sin embargo, muchas veces, esa misma represión nos enferma y se transforma en caldo de cultivo.

Es evidente que la parálisis genera -a corto o largo plazo- episodios de agresividad. Tal vez, el secreto se encuentre en ser consciente de la violencia como una potencia de los individuos y actuar en forma positiva, para ejercer las capacidades de cada uno.

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EL FRACASO DE LA RED

Ultraviolento: sobre la película “La Red” de Kim Ki-Duk.
Por Gabriela Ramos

LA MAÑANA DEL PESCADOR

Una mañana gris esconde a Nam Chul-woo, su mujer y su hija, en una casita cerca del lago, a metros de la garita que vigila. Es Corea del Norte. Hace frío, el cielo indolente y el pescador se desliza dentro de su bote y sobre la inmensidad del agua, para hacer el trabajo de todos los días. Siempre. Ha hecho el amor con su amada y ella ha cosido meticulosamente el osito de peluche de su pequeña hija. La tierra promiscua en sus vaivenes de barro, el agua virgen, la oleada de silencio y el frío de la mañana. El pescador va en su bote, en la cotidianeidad o un tiempo perpetuo, firme, donde él puede hacer pie. Entonces el caudal del agua parece proteger al pescador diminuto en la inmensidad del paisaje y del futuro. Pero las hebras de la red se atrofian en el motor de la vieja lancha. Y, desde la garita, los hombres de verde anuncian el límite: él ha pasado de lado, el límite, la frontera clavada en el espesor del agua entre peces y cielo. En cada revolcón de las ondas: el bote y él han fracasado. Ahora, en el Sur, el fracaso del hombre, de la frontera, de la prepotente sencillez del pescador, se lo ha llevado. Ha quedado lejos de los revolcones del agua, de la casita de palo, de los hombres verdes, de los rifles y del muelle. El hombre detenido ha dejado pasar el tiempo de los pequeños remolinos, ha violado el movimiento de los juncos y ha llegado a tierra, a la del Sur.

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EL SUR O EL FRACASO DE LA LÍNEA. LOS HOMBRES DE TRAJE AZUL

“La Red” ha hecho tropezar al pescador con la línea. Y la línea, con el Sur. El pescador es llevado por unos hombres de traje azul. Él ya no es inmenso como cuando el agua lo llevaba. Los hombres de traje lo han vuelto pequeño. La inquisición de las preguntas, los golpes, la grandilocuencia insensata de la incertidumbre se instala como un hacha en la leña. El pescador debe escribir su historia. Una y otra vez. Debe confesar. Una, dos veces, tres. Debe amar al Sur. Debe confesar y debe fracasar. Con los ojos tapados, en el centro de la Ciudad, los hombres de traje azul dejan a su merced al pescador. Casi. Quiere ser ciego, se niega a abrir sus ojos. Los abre. Ve a la multitud indiferente. El caudal de los productos en las vitrinas, las luces, la moda y la basura como estandarte dejan atónito al hombre. Y escapa. Al llegar a un callejón, ve cómo una patota golpea a una mujer. Sin entreveros golpea a los matones para defenderla. Entonces la mujer- una prostituta- y el pescador escapan. Ella- sucia, harta de golpes, el cuerpo cansado de sexo-, le explica: prostituirse es el único trabajo para poder mantener a su familia. El pescador comprende: el Sur lo ha atrapado.

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QUEDARSE EN EL SUR

Nam Chul-woo es encontrado de nuevo por los hombres de traje azul. Una vez más, debe confesar. Su cuerpo ya no aguanta, ha quedado sin fuerzas. Debe decir que es espía o que no lo es. La propuesta de los hombres es que podrá ser el hombre de una bella mujer, tener dinero: será el hombre que eligió el Sur luego de vivir en el Norte. Uno de los hombres de traje azul comprende, casi del lado del pescador, insiste: deben dejarlo en paz. Y el hombre del Norte ha visto suficiente, ha padecido la brutalidad, la amoralidad y la indolencia. Pero este monstruo insiste en el dolor, no quieren que vuelva, hasta que un posible conflicto entre ambos lados hace que sea liberado. El Sur como fiera ha amedrentado al hombre, lo ha llevado a caer en embudo. El hombre resiste.

UN DÓLAR Y MEDALLAS

Finalmente, el pescador es liberado, en el Sur recibe regalos y un osito a pilas. De vuelta al bote, tira todo, desnudo, de vuelta a las aguas, a la línea, la traspasa. Está en el Norte. El Norte lo agasaja con medallas y fotografías. Ahora, debe anunciar que ama el Norte. Pero la historia se repite: el osito a pilas, guardaba el dólar que el pescador había guardado en su caja. El oficial del servicio de seguridad del Norte lo descubre: a los agasajos le sigue, entonces, más golpes y una cruenta exigencia de confesión. Entre los párpados del pescador ya no cabe más. La brutalidad lo ha destruido, ha comprendido y prefiere morir. En la humilde habitación de la familia solo queda con vida la pequeña niña, quien toma el oso a pilas, lo mira y lo tira a un lado. Toma su viejo oso de peluche, ese que su madre remendaba con cariño, lo observa y sonríe, poderosa.

A PESAR DE LA RED

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El hombre ha resistido hasta el final, las hebras de la indolencia lo han querido atrapar, lo han envuelto, lo han manoseado; la indolencia sacó su lengua filosa y su brutalidad: sin embargo, el hombre ha sido libre hasta el final a la monstruosidad. La amoralidad no pudo destruir al hombre, porque él ha hecho una ultra apuesta a la vida. En cada toma de la película la mirada del pescador despierta ternura, en sus ojos se manifiesta su entereza; la bestialidad jugó con el destino, pero él siempre hizo pie en el horizonte, a pesar de los densos movimientos de la ultraviolencia: no se consume ni se desintegra, ha permanecido vertical ante la fiera.

https://www.youtube.com/watch?v=3k9BftXMBJ0




PUNK CERO

Ultraviolento: sobre el punk- rock en Buenos Aires

Por Néstor Grossi, el Moncho

 

TONTOS POBRES TONTOS

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Las redes pueden transformar a cualquier mediocre en músico o, peor aun, en escritor. Hoy en día cualquier payaso convierte a Mp3 aquel CD que grabó con sus amigos del barrio en los noventa y se cree parte de una historia que siempre les cobró entrada. Lo peor de todo es que hablamos de gente grande, muchachones de entre 40 y 50 años quienes, de vez en cuando, se juntan en salas de ensayo a preparar el regreso o a festejar los 25 años de una banda que nunca pasó de tocar en cumpleaños; o que, con suerte, alguna vez tocó como soporte de alguien en algún pub de segunda. Eso quedó de mi generación. Y, si algo le faltaba a esta gran estafa, era conectar a todos estos imbéciles a través de la red.

Cuando el gran ojo del dios Google apareció en el cielo, sólo lo hizo para bendecirnos con aquellos discos que nunca pudimos tener. Pero pagamos el precio, aceptamos una historia distorsionada. Porque, en aquellos tiempos en que todos estábamos divididos, en la calle no sonaba eso que dice youtube.

 

DE VIOLADORES Y VIOLADOS

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Cuando era muy pendejo, en aquel ciclo de películas de terror que emitía canal 13 los sábados por la noche, me encontré con la escena más cruel que había visto en mi vida: un auto azul que, por algún desperfecto mecánico, se detiene en medio de una ruta desierta. Una pareja de adolescentes rubios se baja y se pone a revisar el motor. Es de noche, a lo lejos se ven los faros de otro vehículo que se acerca. La parejita agradece a Dios y, segundos después, cinco o seis vagos se bajan de un Camaro. Al Romeo rubio le meten unos cachetazos y lo obligan a mirar cómo someten a su chica sobre el capot del auto azul, cómo le arrancan el pantalón para violarla, todos y cada uno de ellos, mientras ríen y se pasan las botellas. Lo peor fue cuando la novia comenzó a gemir y a moverse… La escena terminaba en un primer plano de la cara del pobre chabón. Yo estaba horrorizado frente al ITT Drean de 20 pulgadas y era tan crío, que ni se me hubiera ocurrido lo que seguía después: porque luego le tocaba a ella mirar cómo le harían lo mismo a él. Con apenas doce añitos, era demasiado.

Por todo eso, aunque habían pasado ya algunos años, no me hizo gracia el nombre de la banda ni los colores rosa y amarillo que usaban para el afiche, no encajaba. Y me lo repetía todos los días mientras cargaba mi tablero y mi regla por Av. Jujuy. Tocaban en un lugar llamado Palladium, el disco que presentaban se llamaba “¿Y ahora qué pasa, eh?”. La banda: Los Violadores.

Los Violadores circa 1984

En uno de los recreos de la mañana en el industrial, le pregunté al tipo que más sabía de rock y a quien yo conocía, Roque Mastrocolla. Me dijo que estaba loco, que tenía que escuchar el disco entero y que, si podía conseguir el primero, mucho mejor. Me habló de un tema sobre Malvinas y de “Represión” y prometió grabarme algo si le llevaba un cassette. Pero no hizo falta, yo tenía unas monedas ahorradas, así que esa misma tarde, cuando volví a mi casa, agarré mi plata y me fui a la Galería París, entré en “Musiquita” y compré. “¿Y ahora que pasa, eh?”.

Pil y Stuka habían llegado para salvarme de la idiotez. Tenía 14 años y me gustaban Fito, Soda y Zas. Al menos hasta esa tarde en que metí mi cassette nuevo y le di play: “¿A dónde estás, qué quieres hacer de tu vida esta vez? ¿A dónde vas, cuál es tu revolución? Si no la tienes, a tu lado no estoy. ¿Dónde estás, qué quiero saber de las guerras que son tu deber? No hay opción, tenés que luchar por tu vida o por tu libertad. Dime dónde estás dime dónde vas.”

Eso fue lo primero que Pil y Stuka me gritaron en la cara. Y le seguían: “Como la primera vez”, Somos Latinoamérica, Sin ataduras”. Y entonces saltaba la tecla de Play y había que girar el cassette para encontrarse con el lado B, que abría con “Comunicado 166″, el tema de Malvinas, seguido por una canción que cambiaría mi vida, toda, para siempre: “Quiero ser yo, quiero ser libre”: “Voy caminando por la calle / nada afecta a mi mente / veo gente que me observa / como si yo fuera un demente. / Ya no quiero ser más un marginado / tampoco quiero ser dulce y limpio / no quiero ser hermoso y gentil / no quiero que vivan mi vida por mí. / Ya no quiero más mirar televisión. / Ya no quiero más ir a trabajar. / Ya no quiero más seguridad / todo lo que quiero es posibilidad / todo lo que quiero es elegir / y solo nos ofrecen sobrevivir. / Quiero ser yo, quiero ser libre. / Todas las cosas en la vida / serán libres oh no / tendremos que vivir y dejar vivir / y entonces todos / viviremos nuestros sueños / no lo creemos, pero dicen que es así. / Yo soy yo, vos sos vos. / El aburrimiento me está carcomiendo / sólo nos queda mofarnos de este mundo / y a mí que me importa, sí, sí, que me importa / esta es nuestra única forma de ser. / Ya no quiero más viejos uniformes. / Ya no quiero más ir a trabajar. / Ya no quiero más seguridad / todo lo que quiero es posibilidad / todo lo que quiero es elegir / y solo nos ofrecen sobrevivir. / Quiero ser yo, quiero ser libre.”

A continuación venía el hit, el tema que había sacado a una banda punk del under: “Uno, dos, ultraviolento”. Luego, “Espera y veras”. Y el gran final, el tema que hasta el día de hoy sigue siendo mi himno de batalla: “Nada ni nadie, nos puede doblegar”.

Así llegó el punk rock a mi puta vida.

 

NOCHES AL PEDO

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Roque Mastrocolla había tenido razón. Por eso mismo, en invierno de 1987 decidimos que iríamos a Prix D’ami, un boliche nuevo en Belgrano. Tocaban los Viola y nunca habíamos salido de noche todos juntos. Éramos cinco: Roque, Garrafa, Rubén Bleizaga, uno más que no puedo recordar su nombre y yo.

Nos encontramos en la estación, en Barrancas de Belgrano. Era un sábado frío y nos tomamos un cartón de vino en la plaza, mientras planeábamos cómo entrar sin un peso. Cuando se nos acabó el vino, al pibe de quien no recuerdo cómo se llamaba se le ocurrió que podíamos comprar una petaca en el kiosko y, de paso,o lo robábamos. Y eso fue lo que hicimos. Después nos vimos corriendo por las calles de Belgrano hasta parar en un pasaje a contar el botín: una petaca de Mariposa, varios paquetes de puchos y chocolates. Éramos unos pendejos, teníamos apenas 15 años y estábamos borrachos y solos en medio de una ciudad que se preparaba para recibir a toda la magia del mundo, mientras el país comenzaba a desmembrarse y a nosotros nos importaba una mierda.

Nos tomamos la petaca con plata que pedimos pidiendo plata en Cabildo. Nos compramos otro vino y nos sentamos en la vereda de enfrente a Prix D’ami. Roque le puso una “pasta” al cartón y ahí nos quedamos todos en una escalinata de lo que parecía ser un estacionamiento o uno de esos colegios nuevos de ladrillitos.

Sólo Roque zafaba de la pinta de pendejito. No pasaríamos ni con entrada. La única posibilidad era durante los dos últimos temas cuando abrían las puertas del boliche y entonces colar. Pero nada, lo más cerca que estuvimos de los Viola fue ver a Stuka doblar la esquina y acercarnos hasta él junto al montón de gente. El resto de la noche la pasamos en esa vereda de enfrente, tomándonos el tetra y fumando Derbv suaves, mientras veíamos crecer la tensión entre la gente sobre Ciudad de Paz.

Es que, por aquellos tiempos, recién comenzaban a mezclarse las tribus. A los Viola iban a verlos muchos rockeros, heavys y los pocos punks con crestas que flotaban sobre Buenos Aires. Así que nunca faltaban las peleas.

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En todo el tiempo que pasamos en esas escalinatas, un rockero gordo y un heavy se rompieron la cara en medio la calle, mientras el tráfico de Ciudad de la Paz los esquivaba. Más tarde otros dos del mismo barrio peleaban por un vino o por un tajo y así, hasta que una bandita de Lugano le zarpó la campera a un cheto que pasaba por la esquina menos indicada. Y, como el cheto era del barrio, volvió con todos sus amigos más tarde, cuando ya habían dado puerta y la gente comenzaba a entrar. Hubo una corrida, se escucharon vidrios rotos y bocinas y todo terminó en una batalla campal, a piedrazos entre el público de los Viola y los al menos 30 vagos que había traído el cheto de Belgrano. Cuando empezaron a escucharse las sirenas de la poli, nos fuimos al carajo. Nos detuvimos en la puerta de una pizzería chiquita y contamos cuáanto podía poner cada uno. Para una pizza y una birra, daba. Tomamos tres.

-¿Saben qué es un paga dios?-— Dijo Roque.

Y esa fue la primera noche de rock en mi vida. La terminamos como la empezamos, huyendo de los buenos. Corrimos todos en direcciones distintas hasta nuestras paradas. Amanecía sobre Belgrano, era la primera vez que estaba solo, borracho y medio drogado en la madrugada de Buenos Aires. Solo el frío me mantenía despierto, mientras esperaba el 65 y el cielo comenzaba a ponerse azul entre los árboles.

Me subí al bondi, después de tres puchos.

A pesar de no haber podido siquiera escucharlos desde afuera, había sido una noche perfecta, todo eso era lo que yo quería para mis fines de semana. Pero me faltaban al menos dos años más para poder entrar a los boliches. En ese entonces, para un mocoso de mi edad, solo existían “Cemento” y “Obras” para ver un banda. Así que debería enganchar a “Los Violadores” en “Cemento” o rezar porque algún día volvieran a tocar en “Obras”, pero solos, sin ser teloneros de nadie. Porque el primer Obras” de los “Viola” fue con” Los Ramones”, pero yo los odiaba en ese momento. No me quedaba otra. Y recé, hasta que el 2 de agosto de 1988 pude verlos por primera vez en el mejor lugar del mundo.

Cuando me bajé en el Parque Centenario, ya sonaban los malditos pájaros del amanecer. Encendí un tucón que me había encanutado y, mientras Eduardo Acevedo flotaba bajo mis pies, caí en que jamás volvería a calzarme una campera de jean. Aunque no era Punk, para agosto del 88, usaba borcegos hasta las rodillas y pantalones rotos, tenía una campera verde y militar con dos pins en la solapa. Uno era la SG doble mango; el otro, uno redondo y negro, con una A en rojo mal dibujada.

Sí, estaba perdido. Y me gustaba.

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A LA MIERDA

Mi generación no sólo envejeció de una manera ridícula, también fuimos los responsables de desetiquetar al rock. Fuimos, fuimos criados durante el auge de la FM´s, en medio de una marea de bandas y los primeros festivales. “Los Violadores” fueron la primera banda punk en nuestro idioma y que llegaba al oído del rocanrolero. Muchos de los que llevábamos lenguas stones en nuestras espaldas comenzamos a escuchar a “Los Ramones”. Entonces, logramos filtrar el mensaje, encontrar la misma ideología en otros sonidos. Podíamos ser punkis sin escuchar a “Los Pistols” ni a “GBH”. Sin pertenecer a ese mundo de fanzines y alfileres de gancho, sentía el mismo asco: mis amigos me parecían unos tarados, no soportaba a nadie y odiaba estudiar, me daba náuseas la vida en familia y no creía en nada, salvo en que no había un futuro, en que sólo estábamos vivos para morirnos y nos importaba un carajo.

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TRES POR CUATRO

Ultraviolento: sobre Mojarra, un militante con cojones.

Por Juan Pepe Carvalho

EL DÍA QUE LA VENGANZA TOCÓ AL MOJARRA

¡Ay de vos, cuando la venganza te toca el deseo, te tutea, te vive, te la goza y te alimenta, te maltrata te usa despiadadamente. En definitiva, se alimenta de vos, te golpea, te mordisquea, te hace mal, al punto que terminás perteneciéndole! Es tuya ahora y siempre mientras vivas  o viva el otro. Así habrá pensado Mojarra, mi amigo, militante del ejército revolucionario del pueblo ERP PRT, de Villa Constitución, Zárate, Campana. Cayó preso luego de un tiroteo en una casa operativa de la organización Intentaré darles a ver cómo sucedieron las cosas.

NO TIREN, SOMOS LEALES

En esos años de terrible confusión (1975), existían grupos armados paramilitares. Cuando intentaban tomar algún espacio, a veces, se producía un enfrentamiento entre militares y paras, sólo porque los militares no sabían que aquellos estaban ahí. Lo curioso es que, en el fondo, eran aliados. Ambos luchaban ilegalmente contra los grupos guerrilleros. Esos paras terminan por conformar la triple A.

En este contexto, Mojarra se hizo famoso el mismo día de caer preso. En medio de un tiroteo feroz, se asomó a una ventana y gritó:

  • ”No tiren somos leales”-

La cosa fue así: ocho compañeros más  el responsable  se habían juntado para discutir los documentos de la conducción de partido. EL Gobierno de Isabel Perón y López Rega, sumado a  la conducción militar, habían declarado todo ese territorio de Campana- Zárate- Villa Constitución, zona “de insurrección  revolucionaria contra el gobierno democrático”. Y facultaron a las FFAA para intervenir allí directamente, sin orden de juez alguno. De haber sido necesario, se podía detener a los insurrectos y dejarlos cautivos a disposición del Poder ejecutivo (PEN). Así se los encarcelaba, sin sentencia ni tiempo de detención previsto por ninguna condena.

Conscientes de la situación y del peligro, el grupo discutió la estrategia  y las acciones a cumplir. Cuando los compañeros que estaban de guardia externa en la casa  advirtieron de la inminente llegada de camiones y jeeps de los milicos. Inmediatamente, el responsable comandante, Ramón, dispuso  posiciones para resistir la intervención militar. El enfrentamiento comenzó pesado: ellos dispararon con bazucas y rompieron la pared lateral de la casa. Del otro lado, respondieron con armas largas FAL, con escopetas 12/70 y pistolas. Se hacía imposible soportar el fuego pesado de los milicos: una tanqueta disparaba sin contemplación y el tiroteo constante construyó un cuadro de guerra. Pasados los primeros minutos,  el grupo pudo ordenarse y poner en jaque a los atacantes. A pesar del cuidado, dos compañeros fueron heridos de bala. En esta escena se produjo la intervención jocosa de Mojarra: asomó su cabeza por una ventana destrozada por el ataque militar y, con una voz impostada, como un milico más, gritó casi al máximo de su voz:

– “No tiren somos leales”.

Los primeros dos o tres minutos, los militares suspendieron los disparos. Ese tiempo  permitió al Mojarra y a su gente reacomodarse y recomenzar a disparar. Luego,  cuando se reanudó el combate, lamentablemente, Mojarra fue detenido. Y esa es la parte no graciosa.

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EL ELIXIR DE LOS DIOSES

Mojarra era especialista en hacer licor de mandarina. Con las cáscaras, lograba el famoso  “pajarito” que se compartía, cuando se podía,  durante su estadía en las cárceles de la dictadura: en Coronda, en Chaco, en Caseros. Enviarte a Caseros era una manera elegante de pedirte que te suicides. Celdas muy chicas, la ventana al pasillo y, como toda vista, siempre la misma pared. Las cloacas  explotaban periódicamente. Y el odio a los responsables de esta violencia silenciosa inundaba el lugar.

VOLVER, CON LA FRENTE MARCHITA

Mojarra padeció en Caseros hasta  que Alfonsín, mediante un decreto, permitió la  liberación de los presos políticos  a cargo el Poder ejecutivo. La vuelta del Mojarra a Zárate no resultó nada sencilla. Lo primero que se entera es que su mujer había fallecido, durante la balacera, en el mismo enfrentamiento en que él  resultó detenido. Quedaba saber aún  acerca del destino de su hijo, quien tenía 15 años al momento de la detención de su padre. A la madre del Mojarra debió temblarle la voz cuando tuvo que informarle al recién salido de presión, que  su hijo había sido “regalado”, entregado a un desconocido. Zárate es un lugar chico, así que no fue tan difícil ubicar su paradero. El “chico” ya era un hombre, profesor de karate y judo y lo había hecho tres veces abuelo. Estas criaturas despertaron la ilusión de rehacer el camino.

 

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CON UNA AYUDITA DE LOS AMIGOS

Había que parar la olla. Así que, al comienzo, recurrió  a un oficio por él conocido: la albañilería. Eso, hasta que un amigo de la militancia  resultó elegido secretario general del sindicato de  músicos. Entonces, Mojarra fue contratado como “inspector de espectáculos musicales”.  Su trabajo era constatar qué temas se pasarían para después poder recaudar los impuestos correspondientes a derechos de reproducción.

DESAFORTUNADO EN EL AMOR

No todo en la vida es trabajar. Mojarra conoció  a una compañera de militancia, separada y con tres hijos. Esto alimentó en él la posibilidad de rearmar una familia. Y así fue. Al principio, vivieron felices y comieron perdices. Sin embargo, años después, durante el menemismo, Mojarra cobra un subsidio de 100.000 pesos, que el Estado otorgó como indemnización, a quienes habían estado detenidos durante la Dictadura. Mojarra provenía de un hogar muy pobre y no había podido terminar la primaria. Se puede imaginar , entonces, qué significó para él-simbólicamente esta ayuda económica. Por un lado, el Mojarra se propuso terminar la primaria y la secundaria. Por el otro, hombre enamorado, puso gran parte de ese dinero para reformar la casa que compartía con su compañera. Con lo que sobró, le compró un auto a su gurrumina y un terreno en la costa, donde edificó una casita, para el descanso de todo el grupo familiar. Pero el diablo metió la cola y, un tiempo después, Mojarra enfermó de cáncer de páncreas. Hasta ahí llegó el amor de la compañera, quien no quiso cuidarlo  durante de un post operatorio verdaderamente complicado.  En la operación, en un hospital público, le extirparon el páncreas. El médico  había recomendado una recuperación en un lugar privado, por lo delicado del caso.  Ente los compañeros, se juntó el dinero para que él pudiera pasar el post operatorio allí. Pero de la mujer, ni noticias.

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De todas maneras, la vida aún reservaba para el Mojarra una carta en el amor. En el sindicato conoció  a una mujer casada, quien se separó de su marido para ir a vivir con él y cuidarlo. Ella fue su compañera hasta el final,  un año y ocho meses después de la operación.

NO HUBO CUBA ANTES DEL FINAL

Una pareja amiga de la militancia lo invitó a compartir un viaje a Cuba, cosa con la que el Mojarra siempre había soñado. Lamentablemente, el cáncer no se amedrenta con pasajes de aéreos y las complicaciones avanzaron, hacia una metástasis en el hígado, que lo obligó a una fuerte quimioterapia. Por tanto, el Mojarra tenía prohibido viajar en avión.  Por su parte, en Cuba ya estaba reservada una mesa para cuatro en “La Bodeguita del medio”, famosos restaurante de La Habana.  Antes del viaje, el Mojarra partió hacia otro mundo, tal vez. No hubo  posibilidad  para el Mojarra, no pudo ver la cicatriz que reparó Néstor Kirschner al bajar los cuadros de los dictadores del Colegio Militar. Tampoco pudo presenciar los juicios a los responsables de esos años. Lo que sí le tocó fue una hermosa reparación en el amor, un ultra amor contra toda ultraviolencia.

La pareja amiga y su compañera llegaron poco después de su muerte  a “la bodeguita del medio” y levantaron, donde estaba la mesa preparada para cuatro. Cuatro copas se alzaron.

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UMBILICAL

Ultraviolento: Entrevista al escritor mozambiqueño Mia Couto

Entrevista: Viviana García Arribas, Lourdes Landeira, Luisa Luchetta, Gabriela Stoppelman
Edición: Lourdes Landeira, Gabriela Stoppelman

 

                        La muerte es como el ombligo: lo que en ella existe es su cicatriz, el recuerdo de una existencia anterior”

                                   “Un río llamado tiempo, una casa llamada tierra”, Mia Couto

En un pequeño rincón de un brevísimo ombligo, nos vi nacer. Era eterno el modo de surgir sin estar del todo. Era infinito el modo en que los otros, desfasados entre sí, desperezaban sus orígenes. De a poco, nos adaptamos al círculo y a los transcursos, ubicamos las ausencias en los cajones y pudimos ocuparnos de lo que verdaderamente importaba: el matiz de los silencios. Así, nuestra breve cicatriz de siempre empezar, comenzó a tener los olores propios de una casa. Impregnados en los pliegues andaban los aromas de nuestros guisos. Iban erguidos al aire, condimentados con el movimiento persistente de una mano madre, al tope de la olla. Cada vuelta de  trocitos, mentas, oréganos, desplantes, recuerdos, desamores, hallazgos, versos y desvíos era una ronda de música infantil que exaltaba los rincones. “Otra, otra”, gritábamos desde nuestro ser apenas brote, desde nuestro ser apenas comienzo de lectura. Poco faltaba para el tiempo del breve párrafo, para la audacia de la página entera y para la coreografía de la historia. Pero sabíamos que por siempre moraríamos en ese rincón- cuna, latiríamos dentro de esa escarpada escritura de arrugas y dobleces. Y crecer sería, entonces, algo así como aprender a desplazarnos entre canales de los otros, entre la rugosidad de los árboles, entre nuestros modos de sal y nuestras veleidades de océano. Fue durante una de esas noches de andar de novela, cuando encontramos a nuestra propia voz muerta, abrazada al tobillo de la casa. Al poco de verla desesperar tanto, se abalanzó sobre ella un completo linaje de ausentes: padres, abuelos, amantes e hijos refulgían en la memoria de su presencia y horadaban a la propia muerte con sus pasos llenos de horizonte. Al final nos levantamos, renacidos lectores de páginas que se continuaban más allá de la contratapa de cualquier libro. Entonces supimos del sitio donde nacía lo inusual de nuestra fuerza: éramos nosotros los frágiles herederos del trazo después del trazo, del ritmo acompasado a destonos con su propio ritmo. Y nos temblaban las manitas llenas de humedades deseosas de cadencias, frases y ecos. Sabíamos que la noche de la escritura se filtraba donde más nos poblábamos, pero estábamos dispuestos a convivir con el latido de las faltas. Y por eso ya no debíamos volver a nuestro rincón para nacernos. Los vientres se habían invaginado: ahora, en el paisaje inverso de un breve rincón, latía un ombligo. Desde allí desovillaba el color que teñía a su paso toda una gama de lectores de Mía Couto. Ellos, agradecidos por  el baño de mestizajes, intentaban devolver el don, con un poquitaje de palabras. Ellos, nosotros: siempre tan umbilicales y a medio camino. 


BIENVENIDOS AL ALBERGUE “HUERFANITOS DE FUTURO”

Un vértice de hoja, pretendida principal nervadura, se dobló y nos obligó a alzar la mirada. ¿Cuál es la nervadura principal en la hondonada de un ombligo? Era difícil no querer hacer familia de emergencia entre tanta piel invaginada y tantos cursos del trazo. Más difícil aun resultaba haber caído, como una Alicia perdida de rumbo, cicatriz adentro. Husmeábamos en las lomitas de la piel, para ver si allí encontrábamos alguna huella del médico que nos anudó a la vida; o, más, alguna marca del camino hacia una madre. Imaginamos que, en ese mismo momento, en tantos lugares del mundo, habría tantos seres caídos dentro de un ombligo, que sólo restó preguntar: Mía, ¿quién no es huérfano hoy?, quisimos saber: El sentimiento de orfandad es hoy transversal a todos los pueblos, a todas las culturas. No somos huérfanos por algo que haya pasado. Pero sí, por cualquier cosa que va a pasar. No somos huérfanos porque alguien haya muerto. Pero sí, por alguien que está por nacer. Dicho de otro modo: nos falta futuro. Somos huérfanos de esa idea de que hay un tiempo por vivir. Además, se globalizó la amenaza de demonios que nos conducirán a un breve apocalipsis. Nuestro primer sentimiento es apelar a quienes secularmente nos protegían: Dios, el Estado, la familia, la sociedad. Pero esas entidades protectoras no existen más. O, si existen, son insuficientes para defendernos de los monstruos que nos cercan. Esa carencia fue creada intencionalmente. Desamparados, somos llevados a aceptar cualquier entidad mesiánica que se presente, al mismo tiempo, como figura materna y como un agente de fuerza.  Pero, Mía, tiene que haber un sitio donde nacernos. En “el balcón de Frangiapani” decía uno de tus personajes: (*)“Sé cuándo una persona va a morir: es cuando se despierta con el ombligo en la espalda.” Y no conforme, arremetías: “La muerte de ese Excelêncio ya comenzó antes de que él naciera.”. Es increíble cómo regresan trozos de lectura, ahora que estamos tan instalados o caídos dentro de vaya a saber qué. Por momentos, las arrugas del lugar se sienten nutricias y nos parece estar dentro de una gran pasa de uva acunadora.  Algo así como una abuela fruta, regresada desde muy adentro de nuestro ramaje. Eso me recuerda al abuelo de Mariano, de “Un río llamado tiempo, una casa llamada tierra”, “La cicatriz tan lejana de una herida tan interna: la ausente permanencia de los que murieron. Con el abuelo Mariano lo confirmo: muerto amado nunca deja de morir.” Nunca. Nunca. Siempre la infancia de la muerte,  ¿dónde ombligará la muerte?, ¿será dentro de algún color para el cual no tenemos ojos? Ya lo sabía el Tío Abstinencio, “En la pequeña aldea donde se había criado, el río había sido el cielo de su infancia. Pero, en el fondo, el azul nunca es un color exacto. Apenas un recuerdo, en nosotros, del agua que fuimos. Y hablando de agua, te digo que este hueco a donde estamos se ha puesto de pronto líquido, o viscoso. Ahora los frunces son espuma, los surcos, vientres de olas y los frunces, prevenciones de la orilla. Estamos listos para un nacimiento. Con nuestros muertitos a tiro, en un doblez.

 

ESTABLECIMIENTO DE REVISIÓN DE HERIDAS: INGRESE POR LA ENTRADA DEL ARTE.

couto17De pronto, la cosa se ha puesto más tensa, hay rasguños, en la piel de este sitio, pequeñas heridas que separan las alturas de los valles, lesiones que mochan las cimas, llagas profundas en el lugar de los lagos. Estamos dentro de una geografía extraña, desatados del paisaje, pero a la vez seducidos, casi provocados a la frase o al verso. ¿Qué alivio o religadura ofrece la escritura? La escritura (el arte, en general) aparece como la única salida posible para aproximarnos más los unos con los otros y dejar de ver las diferencias como una fuente de amenazas. Yo lo veo desde la experiencia traumática a que fuimos sometidos en Mozambique. Después de 16 años de guerra civil, era fácil estimular sospechas y conflictos. Bastaba reproducir la inercia de mirar a los otros (los de otro partido, o de otra región geográfica) como los culpables. Por esa razón, cuando se alcanzó la paz, en 1994, la primera reacción fue olvidar. La amnesia colectiva parecía ser la única respuesta para no volver a reabrir la caja de los fantasmas. Y fueron la  literatura, el teatro, la música y las artes plásticas las que dieron el primer paso en esa reconciliación más profunda con nosotros mismos. Los artistas mostraban que había un camino que permitía revisar esas heridas, sin intención de enumerar culpas. Ese tiempo sufrido tenía que volver a ser nuestro y el camino fue rehumanizar ese pasado convirtiéndolo en historias. Así reclama el hijo de “Tierra sonámbula”:Padre, ¿por qué nunca me mostraste cómo eras dentro de ti? —Tenía miedo, hijo. No  podía mostrar ese defecto y decir: ¡mira este corazón mío que nunca creció!” Así insiste “El Vuelo de los flamencos”: “Pero la tierra es un ser: le hace falta familia, ese telar de entreexistencias al que llamamos ternura”. La ternura, sí. Se ve en el modo en que esta orilla le reclama al horizonte de este sitio, en el modo en que coquetean caracoles y niños, almejas y escondites, las piedras con el viento. Eso, mientras el tejido va bien. Pero se sabe: de golpe se atora un punto, se  enreda una vuelta del ovillo o se entumecen las manos y, entonces, llegan las preguntas: “Otra cosa: usted pregunta demasiado. La verdad huye de tantas preguntas. -¿Cómo puedo tener respuestas si no pregunto? —¿Sabe lo que debería hacer? Contar su historia. Nosotros esperamos que ustedes, los blancos, nos cuenten sus historias. —¿Una historia? Yo no sé ninguna historia. —Claro que sabe, tiene que saber alguna. Hasta los muertos saben. Cuentan historias por boca de los vivos”.  ¡Una boca! ¡Eso, debemos andar dentro de una gran boca de tiempo, dentro de la boca de una preguntona eterna, que declara: Contar historias es un modo de cuestionar otras historias. Mucho de lo que entendemos por “científico”, mucho de lo que consideramos ser de dominio de la “realidad”, son construcciones ficcionales. Se trata de dejar que esas historias dialoguen sin la preocupación de negar o jerarquizar las diferentes versiones de la gran Historia o del mismo Mundo. 

Papa Ibra Tall
Papa Ibra Tall

CALLE DE DOBLE MANO, TRÁNSITO PESADO

Bue, te digo que Alicia la tenía más fácil. Cayó por un agujero y después se largó a la aventura. Por curiosa y juguetona, se hacía demasiado grande y después muy pequeña. Las cosas se le aparecían y de pronto se difuminaban, dejándola al borde de la siguiente apuesta. Pero acá el asunto es de presencias y ausencias mezcladas en los textos. En “El vuelo del flamenco “: El hueco que deja un tiro es como el óxido: nunca envejece. (…)El italiano miró el techo con expresión de pájaro en busca de un hueco en la jaula. Y en “Tierra sonámbula”: “Como todos los otros recuerdos que sólo me llegan en sueños. Parece que mi pasado y yo dormimos en tiempos alternados, uno naufragado mientras otro sigue viaje. Acá la cosa es de particiones, como le pasa al ferroviario de “Un río llamado tiempo…”, “El hombre regresó a la isla, pero una parte suya quedó para siempre en una estación ferroviaria a la espera del lento suspiro de los trenes”, a veces como  mundos alternados:Como todos los otros recuerdos que sólo me llegan en sueños. Parece que mi pasado y yo dormimos en tiempos alternados, uno naufragado mientras otro sigue viaje¿Cómo es esto de las ausencias entremezcladas con las presencias?: La única cosa verdadera en la ausencia y en la presencia es que ambas son construcciones ficcionales. Vivir entre dos culturas me ayudó a aprender a andar en la frontera, a pisar sobre el riesgo que las separa y que parece ser la misma línea que divide lo real de lo imaginario. Un test decisivo es cómo convivimos con nuestros muertos. Recientemente, cuando perdí a mis padres, me topé con todo lo que sería capaz de enfrentar con esa ausencia, tan bruta, tan irremediable. ¿Sería capaz (con mi formación agnóstica y científica) de lidiar con la muerte como otra forma de presencia? Hoy estoy seguro de que sí, que ese asunto está resuelto por la vía de una nostalgia. Porque quienes partieron, apenas viajaron para otra dimensión. Y esa dimensión está dentro de mí.

Pinturas, artistas africanos
Pinturas, artistas africanos

Ahora se ha puesto seca. Ya no es ombligo, ni pasa de uva, ni boca parlanchina. Se ha vuelto nuez. Si, con precaución, uno avanza un paso,  la huella exuda su jugo. Es el aceite que unge el nombre de los muertos en el camino. Nos agachamos lentamente y con ganas, queremos lamer ese líquido grasoso, queremos untarnos las manos, para que la memoria nos cuente un cuento, cuando abstinentes de padres, no nos podamos dormir.

 

LA CASITA DEL CAOS

Entonces,  ya estamos de paseo. Pero el trayecto se nos hace tan escarpado, que debemos descartar la opción de andar de turistas adentro de una nuez. Acá hay extremidades audaces como tentáculos, prolongaciones de territorio bañadas de altura y una enramada curtida en vientos, deslizándose sobre el suelo. Antes de caer en este sitio, leímos sobe esas raíces que crecen a nivel de superficie y se esparcen como tejidos de lana dura en busca de alguna piel. Rizomas se llaman. Bien mirados, tienen tantas tramas, que parecen ficción. Mía, ¿Las ficciones restablecen  continuidades entre temporalidades y espacialidades distintas?: Creo que la escritura apenas concede legitimidad a nuestra dimensión onírica. Lo que nos llega por vía de los sueños no está autorizado a acceder a la llamada “conciencia” después de filtrado, ordenado y reinterpretado. De otro modo, los sueños continúan siendo una emanación de algo oscuro, de una cueva cualquiera, donde vive el caos. El arte concede un pasaporte para que esas construcciones oníricas transiten a una dimensión más reconocidamente “humana”. Además de conectar culturas y tiempos, la poesía y la ficción literaria son puentes para llegar a nuestro mundo inconscientecouto165beb98db8991edda4029cd7a61b52fee

Inconsciente, ¡flor de inconscientes nosotros por haber caído en este lugar! Tanto conectar una cosa con la otra, algo bajo nuestros pies se puso a ondular. Cuando nos dimos cuenta, no era que ondulaba sino que animaleaba. Y, encima, lo hacía de cola. Cola de gato, cola de gato, debajo de tus zapatos…    Entonces, el gatito Pintalgato escudriñó por esa rendija oscura como si vislumbrase el abismo. Por detrás de ese resquicio, ¿qué es lo que vio? ¿Lo adivinan? (…) Lo que él vio fue un gato negro, enroscado desde el otro lado del mundo. ¿Y qué se puede leer en los animales?: En todas las culturas, los animales nos enseñan a ser humano. Existe, subyacente en nosotros, un recelo de percibir cuánto somos animales. Pero yo creo que sabemos de la fragilidad de las fronteras que distancian a las personas de los bichos. En los animales nos leemos a nosotros mismos, en ellos reconquistamos parentesco con esa totalidad que es la Vida entera. Cada criatura viva es la Vida entera.

Papa Iba Tall
Papa Iba Tall


PICARDÍAS DEL PAISAJE

Ya es evidente que, de este lado de las cosas, las causas y los efectos juegan a una ronda perpetua, donde el meneo de los árboles marca el ritmo en que ondea tu cabellera, el romance entre la arena y el mar repercute en la adoración entre ojales y botones y el fin del día es un alivio de luz, que hace eco en la libertad del zapato, cuando se descarga del pie. Las huellas del paisaje en los hombres y las huellas de los hombres en el paisaje: El paisaje nunca es un escenario. La tierra, los ríos, el mar, las montañas no son cosas. Poseen alma. Son tan personajes como las personas que conducen la trama de la historia. ¿Y la relación de lenguaje poético con la ausencia? Yo creo que no será siempre correcto llamar ausencia a aquello que puede ser simplemente una cierta dificultad de ver y de escuchar. Quiero decir,  ver u oír son cosas que se aprenden. Nuestros sentidos no son simples cajas de registro, son afinados de acuerdo a los patrones de la cultura. 

Igor Morski
Igor Morski

Y así como el paisaje juguetea en adherencias con los seres, las lecturas contraatacan sus ecos en la memoria. Llegan en un vuelo de flamencos, donde el  paisaje se había mestizado con tristezas nunca vistas, con colores que se pegaban a la boca. Eran colores sucios, tan sucios que habían perdido toda levedad,  olvidados de la osadía de levantar alas por lo azul. Aquí, el cielo se había vuelto imposible. Y los vivientes se acostumbraron al suelo, con resignado aprendizaje de la muerte” O, dentro del río llamado tiempo,La voz grave de Dulcineusa vuelve más pequeña a la habitación.” Por no hablar de las cosas que ocurren desde “el balcón de Frangipiani”: “Mi memoria es una tumba donde yo me voy enterrando a mí misma. Mis recuerdos son seres muertos, sepultados no en tierra sino en agua. Revuelvo esa agua y todo se enrojece.”


EXPULSADOS DE LA PÁGINA

Ahora todo se ha vuelto un solo pliegue, un pequeño cordón de ninguna vereda. Caminamos muy lentamente y sin mirar hacia los costados, por miedo a caer en la nada. Hasta que agotamos. Por primera vez advertimos que el terror cansa: “Descansó para ajustar lo real con la realidad. No obstante, la liviandad lo invadía cada vez más. Lo asaltó una visión repentina: volaba, cruzaba los cielos con otros hombres que, en nubes lejanas, también llevaban libros bajo los brazos. Y pensó: esos escritos estaban hechizados. Razón de más para transformarlos en nada. Queríamos continuar, pero “Mi voluntad estaba pegajosa, mis querencias estaban atascadas en el matope. Sí, yo podía partir de Mozambique. Pero nunca podría partir hacia una nueva vida ¿Soy qué cosa, un resto de nada?” El sendero era tan angosto que comenzamos a sospechar que nuestros propios cuerpos se habían adelgazado para caber en el capricho del camino: En caso de que reocupara mi propio cuerpo yo solo sería visible por la parte de enfrente. Visto por detrás no pasaría de agujero de hueco. Un vacío. ¿Cuánto desconocen tus personajes sus propios cuerpos?  Tal vez esos personajes se conozcan. Pero yo no los veo con cuerpo. Yo no los veo. Apenas escucho. Su materialidad está en la voz. Me ocurre cuando leo un poema o un texto que me encanta. Dejo de “leer”, soy expulsado de la página.  Es necesaria esa relación abierta, esa medio ceguera para poder verme a mí mismo. Y justo en la penumbra, cuando parecía que ya no podríamos ajustarnos a tantas estrecheces, algo se abrió ante nosotros.

 

Ben Goossens
Ben Goossens

SALITA PARA DEJAR DE SER

Y así salidos del margen, sentimos ganas de escribir. Otra vez regresaron las lecturas de Couto a acompañar el tiempo. Y le preguntamos: La irrupción del abismo, la nada y el vacío, dentro de lo aparentemente familiar y cotidiano, aparecen de forma  recurrente en tus textos. ¿Son ellos también, cicatriz, ombligo? Creo que siempre es un falso abismo, una falsa nada, un vacío mentiroso, como bien se formula en la pregunta. Yo necesito perder familiaridades con lo que me es más próximo para desnaturalizar lo que parece heredado. Esa extrañeza es fundamental para reconquistar una nueva proximidad con mi propio idioma, mi lugar, con mi modo adquirido de pensar. Me parece fundamental aprender a dejar de ser. Cada tanto, precisamos de ese “desmayo” existencial para poder mirar un mundo hecho de infinitos mundos. “Sin embargo, los ríos no se bastaban a sí mismos. Les hacía falta el mar, el lugar infinito” ¿Y qué es el río? ”El río es una serpiente que tiene la boca en la lluvia y la cola en el mar”.

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INNOMBRADA Y REDONDITA

Entonces, ni pasa de uva ni cordón de la vereda, ni nuez, ni audacia de raíz, ni abismo, ¿o estamos en un sitio todo a la vez? No sabemos rezar, pero late algo sagrado. La relación de lo finito con la infinitud, ¿es un modo laico de religión?: Aprendí mucho con la religión dominante entre los mozambiqueños. Esa religión africana no posee siquiera un nombre que le haga justicia. Algunas veces, es designada como “animista”, otras veces, como “cultos de los antepasados”. Ninguno de esos modos de nombrar es correcto. En un principio, pensé que la ausencia de nombre sería un problema. Ahora, creo que es ventajoso tener una religión que está por ser categorizada. Así, el “sentimiento de mundo” se puede mover y ajustar en el tiempo sin tener que dar cuenta a las llamadas autoridades divinas. Esa religión – que es, de hecho, una cosmovisión- entiende al tiempo de modo circular. No tiene sentido buscar un principio y un fin. Una de las grandes cuestiones metafísicas es el origen del mundo. Para esta otra cosmogonía, esa cuestión no tiene sentido. El mundo siempre existió. Y no es apenas una relación con el tiempo lo que se presenta diverso. Es el modo en que se confiere espiritualidad de modo amplio: no son apenas los humanos. Los bichos y las plantas Son entidades con alma. No interesa procurar rigor de esta otra percepción. Pero ayuda a descentrarnos, a ser más los otros. En la cosmogonía en la que vivo. No existen los términos “criatura” y “creación” en el sentido que construyeron las concepciones y las lenguas europeas. Esas creaciones están sucediendo sin cesar, el mundo está siempre en flagrante nacimiento. La palabra se puede tornar presente, pero no crear, en el sentido que nosotros atribuimos al acto de inauguración absoluta. La palabra o la invocación de los nombres autorizan a que se transite de dimensión. Los muertos ganan dimensión de vida compartida cuando son invocados.

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Ahora, de verdad parece una casa, una casita sin techo, en perpetua construcción. Y abierta la ventana, no podemos sino mirar, al menos echar una ojeadita montados en alguna ola pasajera. Sabiéndonos huérfanos desde el inicio, trastocar el mal  con costuras, con reparaciones del vientre y extrañas albañilerías. Porque, ¿qué es si no, una casa?: Un lugar donde puedo volver a nacer, donde puedo no solo soñar, sino ser soñado. Lo que importa no es la casa donde vivimos, importa dónde la casa vive en nosotros. Esa casa es infinita. Es un lugar de infancia que nunca termina

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PREDECIR EL PASADO, RECORDAR EL FUTURO

Un lugar donde la casa vive en nosotros, un lugar donde la casa vive en nosotros”… Entonces, la orfandad de la que hablábamos al principio, ¿vuelve inútil la advertencia de todo presagio?: Los malos augurios no surgen por razones “mágicas” o por simple superstición. La persona se torna vulnerable cuando recibe indicaciones de desarmonía social o de desequilibrio cósmico. Una vez más, no cabe juzgar esas percepciones. Ellas traducen otro modo de construir la felicidad que deriva de la construcción de armonía y no de dominio. Esa sintonía implica saber ver otras dimensiones. Es construir diálogos con lo que no es inmediato ni aparente. El lugar de los muertos es algo que me fascina de esa cultura rural dominante en Mozambique. Los muertos no mueren nunca. Eso es común en casi todas las otras cosmogonía. Pero en ese caso, los muertos no solo se retiran de la vida, continúan influenciando lo cotidiano. Y de a ratos pienso que vinimos a dar aquí para limpiarnos del calendario, para sacudirnos el hastío de las cronologías y poder oír el derrumbe de algunos vientos:“Pasa sin cantar. Un frío me golpea. Todavía recuerdo el mal presagio que entraña el silencio del mangondzwane. Algo grave estaría por ocurrir en el pueblo.” En otros momentos,  creo que el tiempo acá se siente  más enlodado, bien sucio del barro de la historia, “Pero la miseria de Luar-do-Chão era, para el sacerdote, apenas un anticipo de lo que ocurriría con las naciones ricas. ¿La violencia de los atentados en las grandes capitales? Para él no era más que un presagio. No era solo que moría gente inocente. Era el colapso de todo un modo de vivir. Era una lástima que no hubiera una creencia donde refugiarse, como había hecho Fulano Malta veinte años atrás. Y en  “Tierra sonámbula” resuena: ¿Qué es lo que hace caminar al camino? Es  el sueño. Mientras la gente sueñe, el camino permanecerá vivo. Es  para eso para lo que sirven los caminos, para hacernos parientes del futuro”: las sociedades rurales (que habitan y son habitadas por mis historias) autorizan formas diversas para llegar al conocimiento. El sueño y el trance son dos de esas vías de acceso al saber. Esas voces que nos ocupan, nos encuentran completamente disponibles. Todo nuestro cuerpo está desocupado para dar guarida a esos que nos llegan por vía del sueño o de la posesión. No me parece que un escritor tenga que procurar saber la verdad científica de esos caminos de la relación con lo invisible. Él tiene que estar abierto. Debe dejarse poseer por aquello que no sabe. Debe perder el miedo de aquello que ignora.

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Sarolta Bn


AHOGADOS POR LOS MÁRGENES DE UN RÍO

Entre heridas y arrugas, esta nuez fue exquisita. Como pasa de uva, resultó una fruta deliciosa. En cuanto camino, se ofreció fuerte y  frágil : a veces, acogedor, como puerta de infancia y otras veces violento como el andar de un hueso anciano, entre indolencias, omisiones, abandonos sutiles. Nosotros tenemos que salir de este sitio, dejar de mirarnos el ombligo, porque la casa grande del mundo está llena de violencias sutiles, y ese es el tema de este camino anartista: Hay violencias no proclamadas que conducen a la  deshumanización. Hay una violencia en la exhibición de la miseria, pero hay una violencia todavía más grave en esconderla; peor todavía, banalizarla de modo que no nos conmueva. Hay una ceguera construida, de la que da cuenta José Saramago en su “Ensayo sobre la ceguera”. Bertolt Brecht escribió sobre esa forma invertida de medir la violencia. Algo que no hay modo de resumir mejor: Todos dicen que es violento el río que todo arrastra; pero nadie dice que son violentos los márgenes que lo comprimen.

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Vladimir Kush

 

Y que sea lo que tenga que ser. Animal vuelto paisaje, loba nutricia, cola de gato que apunta al origen. Pero si vamos a nacer, que sea de ombligo. Pero, si vamos a nacer, mejor hacer silencio, así, tal vez escuchemos la voz de nuestro primer gemido. O, quizás, podamos sentir el andar del trazo que escribe por primera vez el vínculo entre nosotros y nuestro nombre. Y, para vos, Mia, ¿cuál es la importancia del silencio en tu escritura?, ¿cómo se escriben silencios?: De algún modo, el silencio – de patente importancia en toda mi escritura- es una ilusión. Primero, debe ser dicho en plural. Hay silencios diversos, cada uno de ellos oculta diferentes voces. Cuando estoy en Europa noto cierta incomodidad cuando, en un grupo, se instala un silencio. Rápidamente, alguno de los presentes comienza a hablar, lleva la conversación a lugares banales. Es como si hubiese un vació que hay que llenar con urgencia. En las sociedades africanas no existe esa incomodidad. Para que no haya ausencia, en los silencios alguien habla. Este tema está tratado, sobre todo, en mi novela “El afinador de silencios” hay un chico llamado por el padre para afinar los silencios en que pretende bucear con el mismo deleite de quien escucha la lograda armonía de una sinfonía.

 

POSDATA

Todo transcurriendo como un incendio. Nacía, así, el primer poniente. Cuando el flamenco se extinguió, la noche se estrenó en aquella tierra. Era el punto final. Al oscurecer, la voz de mi madre se desvaneció. Miré el poniente y vi a las aves cargando el sol, empujando el día hacia otros más allá”. Qué te puedo decir, Mia. Nada para preguntar. Sólo  me recordó enormemente a nuestro Arnaldo Calveyra: ¡Qué bella revelación, que inspiración encontré en sus versos! ¡Muchas gracias por la relación!

https://www.youtube.com/watch?v=tgr1-ZdFpzc

Era así nomás, ni Alicia ni el país de las maravillas. Simplemente, umbilical.

 

Mirna, el agujero más grande construído por el ser humano.
Mirna, el agujero más grande construído por el ser humano.

 

(*)Todas las citas en cursiva, negrita y entre comillas, son fragmentos de novelas de Mia Couto




EL ESCRITANTE

Ultraviolento: Entrevista a Pedro Rosemblat, “El cadete”

Entrevista: Juan Pepe Carvalho, Carlos Coll, Gabriela Stoppleman
Edición: Gabriela Stoppelman

 

Marit Törnqvist
Marit Törnqvist

Yo era cadete, usaba un guardapolvo gris de tres botones y, antes de pedalear,
ajustaba cada botamanga del pantalón con un broche de sujetar la ropa. Por la grasa. Por la facha. Por el estilo. Y no macaneo: lo primero que te preguntaban cuando buscabas trabajo es si sabías andar en bicicleta. Si contestabas por la afirmativa te llevaban al patio de la empresa, te hacían subir a una bici de la Segunda Guerra Mundial y, delante del jefe de personal, tenías que hacer unas piruetas. Entregadle a un adolescente una bicicleta y enviadlo al Banco de Córdoba a depositar dos billetes de 100 pesos y habréis
fabricado un loco. O sembrado la semilla de un poeta.”
Roberto Arlt, “El cadete invisible”

Estacionó la moto frente al primer estante, el de los primeros años. No tuvo tiempo ni de sacarse el casco cuando, desde el hueco entre dos tomos, vio asomarse las manos.  Una tenía claras huellas de teatro y, en las líneas de la otra, leyó evidentes ritmos del cine. Ante tan inusual recibimiento, reaccionó como en buen escritante: entre escritura y militancia, rápidamente, cruzó ambas lecturas y les devolvió un breve texto, mezcla de memorias y toques espontáneos. Luego, dejó que las manos-libros hicieran su tarea. Es más que conocido el modo en que conspiran  las bibliotecas.  En cuanto reciben un toque de mundo, no vacilan en diseminarse en cadenas de mensajes, curvas de avisos, esquinas de recortes y subrayados. Y siempre desembocan en un texto colectivo. Y es así como la apenas llegada del escritante desató una trayectoria de rutas, atajos y desvíos, que se movieron entre estanterías, como quien camina su propia casa, como quien recorre su propia biografía. De ese modo, la trayectoria se detuvo  un buen rato en la primera línea de lectura, fue de la infancia a la política, de la política a los amigos, subió al segundo espacio, como quien repite e insiste, pero ya avanzado  en las cronologías: de la adolescencia, a la política, de la política, a los amigos. En eso y entre las páginas, encontró el rostro bien remarcado de una profesora del secundario. Fue ella misma quien le indicó por dónde subir para llegar al tercer estante, donde la ficción y la poesía ya se aprestaban a mezclarse -gustosas- con la infancia, la política y los amigos. Se ofrecía así la trayectoria: muy invitadora, al modo de un ejercicio cotidiano de insistir en las palabras, en puentes hacia todos. Se esmeraba, deseosa de un estante otro, uno ya sin número en la altura, uno que encontrara a la escritura alrededor de una mesa de cómplices, para retocar un modo, para afinar un borde. Y, de allí, partieran -todos juntos y sin frontera- hacia un abrazo de lecturas y discusiones con los amigos de la Rucci, apuraran el paso hacia el estudio de la tele, no olvidaran el momento de la radio y, después de toda esta película, se animaran a escribirse arriba de un escenario. Vuelve así el camino hacia la primera línea: una mano para el cine, otra para el teatro. Es entonces cuando el escritante se acomoda la escritura, la militancia y el casco y arranca firme y presuroso por el rumbo que le marca el pulso de la letra.

 

Jonathan Wolstenholme
Jonathan Wolstenholme


VISTA AL FARO

                        “Tampoco me entrego a la dura soledad de mis noches, sino que me inclino a mezclarme con la muchedumbre, y no sin regocijo, aunque cueste creerlo. Allí, soy como un faro en la mar, orientando siempre el camino de los que se encuentran perdidos como yo. Quiero que seas mi faro por siempre”.
Alejandra Pizarnik

Leímos en una entrevista que te hicieron que Nicolás y Soledad, dos amigos, te ayudan a que el humor no prevalezca sobre la política. 

Así es. Yo hago humor político, pero no vengo del humor, vengo de la política. Soy militante político y, a raíz de una experiencia en redes sociales, empecé a incursionar en el mundo del humor y a eso me dedico. Pero, bueno, en la búsqueda de la risa, uno puede muchas veces caer en el cinismo o en reírse de todo. No es lo que a mí me interesa. Entonces, yo pongo el chiste y mis amigos  tratan de que no se me vaya de las manos, que no me ría de situaciones que no te dan para la risa. Cuando fue lo del  “Pibe Trosko”, mi experiencia en la red, no tenía ese ordenamiento y justamente eso me fue asustando: incursionar en lugares valiéndome del anonimato y de la imparcialidad para reírme de todo. Yo no me río de todo, me río de “ellos”. También me río de nosotros, pero con otra sagacidad, digamos. Mis amigos Sole y Nico son, de alguna manera, mi faro ideológico. No los únicos, pero  son quienes trabajan conmigo. Me junto con ellos todas las semanas y definimos.

Torre del libros en la entrada de la Biblioteca Pública de Praga
Torre del libros en la entrada de la           Biblioteca Pública de Praga

Tu taller literario.

Algo así.

¿Y La Rucci?

La Rucci es un grupo de amigos que los incluye a Nico y a Sole. Son personas que conocí a través de Nicolás, son amigos muy formados. Para mí son una referencia intelectual, política y moral. Conocerlos me cambió la vida realmente. Tienen entre treinta y cuatro y cuarenta y pico, yo tengo veintisiete. Los conocí junto con mi amigo Iván Schargrodsky. Es un grupo de pertenencia y de referencia política e ideológica fundamental para no volverme un boludo, algo con lo que uno lucha constantemente. Creo que todos estamos en esa lucha constante porque uno a veces se deja estar un poquito. En mi caso, tengo que cuidarme más ahora que trabajo en la tele, donde hay muchas tentaciones para ser un boludo: ir a eventos, tomar cócteles, caretearla, todas esas cosas que serán divertidas, pero a mí no me interesan.

No todos se juntan  con referentes intelectuales para no volverse boludos.

Claro. Creo que ese es el diferencial que tengo. Pibes que cuentan chistes hay un montón. Pibes que discuten la línea política de los chistes con dos personas como Nicolás y Soledad no encuentro tantos. Y eso me da una tranquilidad enorme. Si lo que hago pasa por el filtro de mis amigos, sé que tengo un sustento mucho más sólido. Y es que uno nunca puede construir nada solo, cuantas más voces haya discutiendo, mejor. Rara vez yo digo algo que a ellos les parezca una barbaridad, es muy difícil que suceda, salvo cuando no lo comparto previamente con ellos. Por ejemplo, lo que puedo llegar a decir en esta nota…

 Vos ponés el chiste, decís. ¿Y cuál sería la diferencia entre el humor y el mero chiste?

Me parece que el chiste tiene como finalidad la risa y el humor que hago yo es un medio para tratar de construir un discurso. No me gusta la idea de “generar conciencia” porque eso me colocaría en un lugar medio evangelizador que no me copa. Pero sí intento destruir el discurso de “ellos”, de darle sustento al nuestro, de aportar mi granito de arena al proyecto político al cual pertenezco y pertenecí siempre. Creo que me falta un poco de chiste, trabajar un poco más mi expresión corporal, mi comicidad, tener referencias en el humor

Rep
Rep

Cuando te vemos en la tele, en tu humor político lo que hacés con el cuerpo -ademanes – gestos- es fundamental. Se ve un trabajo que potencia mucho el sentido

Puede ser. Yo miré muchísimo teatro. Mi viejo es director y, además, un militante del teatro. El teatro es superior a todo para él. Mi mamá me llevaba al cine y mi viejo -a mí y a todos mis amigos-, al teatro. Así que lo tengo muy incorporado. Pero nunca estudié nada vinculado al teatro. Creo que me haría falta estudiar, no sé si lo teatral en el sentido de un viaje introspectivo que no me interesa hacer, pero sí algo de clown, payasesco, me vendría muy bien.

 

EN EL PRINCIPIO FUE EL VERBO

Aprendí los verbos de la voluntad y supe mi secreto;
las claves de la noche golpearon en mi lengua;
donde antes había sólo una, hubo de pronto muchas mentes sonoras.”
Dylan Thomas

Decís que descubriste tu don en vivo. En cuanto a la escritura, vos escribías en twitter, escribís tus libretos, escribís  para el teatro. ¿La escritura fue previa a todo esto?

Sí. Siempre me gustó escribir, de chico escribía cositas, pero empecé a tratar de darles forma a raíz de una profesora del secundario, Andrea García, quien no tiene la menor idea de esto que te cuento. Ella nos hacía escribir, como un ejercicio casi metódico y cotidiano y, a partir de ahí traté de encontrarle la vuelta. Es muy importante para mí poder expresar de esta manera lo que pienso. Cuando estudiaba en la facultad, veía que algunos compañeros estudiaban tanto o más que yo, pero tenían esa dificultad para volcarlo en palabras. Por suerte yo nunca tuve ese problema, aunque escribo como hablo: no tengo dones literarios ni soy un lector empedernido. Y leo muchísimo menos de lo que me gustaría. Pero la escritura es previa, obviamente. Además en la escritura incurro en lugares que no tienen que ver con el humor. Ahora que estoy trabajando tanto, no lo puedo hacer, no tengo el espacio, ni el momento ni la inspiración ni los temas. No se me ocurre hablar de otra cosa que no sean  temas con los cuales trabajo, lamentablemente.

¿Escribías ficción antes?

Sí.

Imagen de tapa del  libro "Octavio Paz.  Las palabras del árbol", de Elena Poniatowska
Imagen de tapa del libro “Octavio Paz. Las palabras del árbol”, de Elena Poniatowska

Ya volveremos sobre eso. Pero antes comentabas que el guion del piso lo trabajás la noche anterior “Me gusta levantarme y tener todo listo. A veces son las seis de la tarde y no tengo nada, y sale Aranguren diciendo: no usen el microondas…” ¿Cómo se corresponden esta disciplina y esta urgencia con lo artístico?

Son enemigas, no se llevan bien, pero es el equilibrio que debo hacer. Lo metódico y lo repetitivo son enemigos de la creatividad. Y, bueno, yo tengo que tomar esto como un trabajo profesional y cumplir todos los días. Por un lado, lo que hago en el teatro  me encanta y lo disfruto mucho, aunque me lleva un trabajo enorme preparar un espectáculo. Por otro, el año pasado, El cadete hacía todas las semanas una cosa nueva, todas las semanas algo que me gustaba. Miro esas entradas y me sigo riendo. Ahora siento que me estoy repitiendo, quizás perdí un poco la espectacularidad de lo nuevo. Pero son rachas, no me preocupa.

¿Extrañás los tiempos lentos?

Es que nunca tuve tampoco tantos tiempos lentos. Yo empecé a trabajar en C5N mientras laburaba en Radio Del Plata, donde no cobraba un peso. O sea, me tenía que ganar ese lugar como fuera, porque básicamente no tenía ingresos. Eso alienta el chiste, yo salí a comerme todo. Y ahora estoy un poco más cómodo en la tele, no me pongo nervioso, me gané un espacio en el programa, sé que difícilmente Navarro me diga “Mirá, flaco: no me servís más. Andate.” Me siento parte de ese equipo, de ese riñón.

Mural. Biblioteca Regional de Gafsa na Tunisia.
Mural. Biblioteca Regional de Gafsa na                         Tunisia.

Al principio tenías un espacio de tres o cuatro minutos, hoy ha crecido muchísimo.

Ha crecido, sí. Y tiene que ver con cuestiones objetivas y subjetivas relacionadas con el fenómeno de El cadete. Las subjetivas, sabrá cada espectador qué lo divierte. Lo objetivo es que no hay muchos espacios opositores en los medios. Navarro es quizás el más importante de todos y tiene un estilo duro y rígido de ver las noticias. Mucha gente me agradece lo que hago porque, un domingo a la noche,  viene bien cortar un poco el bajón de informes con tanta gente que se está cagando de hambre, entre otras cosas. A la vez, yo entro un poco en conflicto con eso…

¿Algo así como si fueras una especie de bufón? Bueno, los programas necesitan eso también. Hay que tener ganas un domingo a la noche de fumarse la realidad toda de golpe y junta…

Totalmente.

 

LA CONJURA DEL CADETE

 

                                                                       “Ignatius, te he mimado ya bastante en nuestra correspondencia. No vuelvas a escribirme hasta que no te comprometas con los problemas del mundo, odio a los cobardes. M. Minkoff”
“La conjura de los necios”, John Kennedy Toole.

Por allí decís que, entre tus referentes, están Walsh, Jauretche, el Indio Solari, Capusotto…

Bueno, no sé cómo se editó eso que salió en esa entrevista. No es completamente así. Walsh no es un referente para mí porque no soy periodista. Es una referencia política, militante y literaria, ni hablar, pero estaría mal que yo dijera que en la construcción de mi trabajo está Walsh como referente.

Marit Törnqvist
Marit Törnqvist

¿Qué aprendiste de Walsh y de Jauretche para escribir?

Me parece que es esto que hablábamos al principio: lo político prevalece por sobre todo lo demás,   uno no lo puede escindir. En toda la literatura de Walsh está presente eso.

Pero hay una forma en la escritura, eso que hace que alguien prefiera leer a Walsh y no a Verbitsky.

Bueno, claro. Uno puede leer a los dos, pero son cosas distintas, obviamente. Hay que ver cómo escribiría Walsh ahora. Hay un espacio medio cínico que dice “Es increíble cómo prefieren recordar a Walsh como un montonero y no por la genialidad de haber escrito “Operación Masacre”.” Bueno, Walsh no hubiera escrito “Operación Masacre” si no hubiese tenido ese compromiso con la realidad que lo rodeaba. Lo que yo tengo que aprender de ellos, siendo que no soy periodista, es eso: pensarme en un colectivo y tener presente que uno forma parte de algo que lo antecede y que seguirá.

Pero las formas te preocupan, la búsqueda estética….

Sí, hay una búsqueda estética. Me preocupa también no conformarme con lo que hago, mejorar para poder llegar a más gente, que es mi objetivo primordial. No me interesa el nicho, busco la masividad. Que la mitad me putee si hace falta, pero quiero tener la posibilidad de hablarle a mucha gente.

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¿Y de dónde manoteás recursos para mejorar tu escritura, tus libretos?

En cuanto a la escritura, seguramente -e inconscientemente- de lo que leo. Hay varios libros que permanecen en uno, y esto no tiene que ver solamente con su calidad, sino también con el momento en que los leí: “La conjura de los necios”, de John Kennedy Toole,  me marcó mucho cuando hacía “El Pibe Trosko”, sobre todo,  por la relación entre Ignatius con la mamá. Yo copié de allí muchos recursos, diálogos exactos. También “Galimberti, de Perón a Susana, de Montoneros a la CIA”, libro que escribieron Larraquy y Caballero, ese lo disfruté muchísimo. “Los reventados”, del turco Asís, uno de los escritores que más disfruto leer y escuchar. También las lecturas de Perón. Fue muy importante cuando terminé el secundario y empecé a interesarme por esos textos, comprender ese pensamiento, esa capacidad que tenía Perón para interpretar al pueblo argentino como seguramente no la tuvo nadie.

 

UN MILENNIAL POÉTICO

“Cansado de agitar mis alas como Ícaro caigo al mar/
La sociedad dice que somos millennials y como bumerangs giramos por las nubes/Yo creí que Y era mejor que X y que el límite no existía más que en los diccionarios/ De pronto en noches solitarias me encuentro conjugando el verbo ser en los tiempos pasado, presente y futuro./El tiempo me cobra factura de una vida que no he consumido/Y mi identidad se guarda en un disco con cada tecla que presiono dejándome sin opción de pasar desapercibido”
Héctor Xp, “Poemas millenials”

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¿Leés poesía?
 

Poca. Empecé a leer poesía a través de Gabriela Borrelli, una compañera que tuve en Radio Nacional. Ella me metió en ese mundo de Lamborghini, Fernando Pessoa, Fabián Casas. Pero no soy un gran lector de poesía. El poema que más leí es el Martín Fierro, aunque probablemente tardé en relacionarlo con la poesía.

Sin embargo usás recursos poéticos en tus intervenciones. Más allá de leer poesía ¿qué es lo poético para vos?

Creo que la poesía es aquello superior a la realidad, tiene que ver con la construcción de un mundo distinto al que tenemos. Y  si uno va a tratar de construir un mundo distinto, vamos a tratar de que sea mejor.

Hay varios recursos, además de lo poético, que usás en tus intervenciones. Una es el interlocutor ausente, como lo hacía Tato.

Me encanta hacer eso. Ponerle palabras a un otro.

También usás bisagras. Hablás por teléfono y decís: “Carolina Stanley va a dar cursos de peluquería” e inmediatamente tu narrador dice “porque esto le gusta al gobierno: lavado y maquillaje”. Un recurso narrativo y otro teatral. ¿Reflexionás sobre esas cosas?

La verdad es que no tengo una reflexión hecha sobre el límite entre lo poético y lo teatral, entre lo ficticio y lo político, digamos.

Rep
Rep

¿Y los  chats inventados?

Ah, ese es mi favorito. Es como mi caballito de batalla. Y además muestra mi condición de milennial, de mezclar todo con las tecnologías que, aunque ya no lo sean, seguimos llamando nuevas.

 

EL NAHUEL-PAPI,  EL GORDO LUIS Y EL QUINTO ESCALÓN

                                                           “Era todo, completo, íntegro. Al Gordo le corrían ríos de sudor sobre la piel, ríos, torrentes que le empapaban acá, acá, acá, las ingles, las pelotas, las pantorrillas, ríos que le inundaban las botas, por ejemplo. Me contaba después -porque todo esto me lo contó él mismo- que sentía las botas llenas de agua, como si las hubiera metido en un balde de agua caliente, le chapoteaban. Todo alrededor, no te miento, todo alrededor, en el piso, en un diámetro de ocho metros más o menos en torno al Gordo, parecía que habían baldeado. Toda la vereda mojada, de lo que chivaba el Gordo, se le saltaban los goterones de la cabeza, parecía las Aguas Danzantes el Gordo, imaginate”
“El gordo Luis”, Fontanarrosa.

 

¿Y el refranero?

Bueno, yo soy un poco chauvinista. Tengo como una exaltación de la argentinidad muy fuerte. En mi biblioteca, un setenta por ciento son autores nacionales. En el primer estante, todos libros de política. En el segundo, también, o casi todos. Y, en el tercero, está la literatura de ficción, la poesía. Y me gustan todas esas expresiones vinculadas a lo nuestro, a lo criollo, esas que por ahí las decís en otro lado y no se comprenden. Uso bastante eso. Hay una persona que me formó mucho en el humor -aunque tampoco lo sabe-: mi amigo Nahuel, de Lanús, que tiene un don para la respuesta rápida. Un poco es también el estilo de El cadete: además de lo que yo preparo, el cómo le respondo a Navarro en el momento. Esa velocidad es un lugar en el que me siento cómodo, el remate sobre lo que me dijiste vos. Es una cosa muy argenta me parece, muy de café. Por eso no me copa mucho el stand up,  me parece que tiene que ver con una cosa  más yanqui: una persona  se para y habla de su visión de la cotidianeidad, de la realidad. A mí me gusta más la cosa de café, ese descanso que tenemos tanto los argentinos, esa cosa del compinche, de la joda entre amigos.

 

Jonathan Wolstenholme
Jonathan Wolstenholme

Igual el stand up es, casi originariamente, una manera de hacer política. Por ejemplo, en Inglaterra, cuando se paran en un banquito en un rincón de sus famosos parques, para peroratear.

Claro. Y algunos humoristas argentinos piensan que lo políticamente incorrecto lo es igual acá que en Inglaterra o en Estados Unidos: “¡Entonces puteemos al Papa!” y se ponen a putear a la Iglesia como si representara lo mismo acá que en Nueva York. Acá vos vas a cualquier barrio humilde y hay una Unidad Básica y una iglesia. No conozco Nueva York,  pero estoy seguro que no es igual.

Eso también lo hacés. Sacás de contexto una frase de un político y, al ponerla en el programa de Navarro, se resignifica. Eso es poesía.

Bueno, ¡bienvenido! Mirá, en cuanto a lecturas recuerdo cosas inolvidables. Tengo el recuerdo de estar leyendo el cuento del gordo Luis, cuando se disfrazó de Papá Noel y de reírme sin parar, algo que no me había pasado nunca. Me copio mucho de escribir como se habla. Siempre me voy a sentir más cerca de lo nuestro. Ahora estoy copado con el rap. Hace tres o cuatro domingos no hubo programa y agarré la bicicleta y me fui al Parque Rivadavia. Allí hay, domingo por medio, un encuentro que se llama “El quinto escalón” de freestyle, pendejos que se ponen una base e improvisan. Ahí tenés poesía, música, improvisación, métrica payada. Pero lo hacen ante cinco mil personas. No lo podés creer. Soy muy fanático de ellos. Ahora bien, el rap nació en Estados Unidos, yo escucho ese rap y no me emociona. Incluso, cuando los pibes se ponen a componer, tampoco me gustan, me gusta cuando improvisan. Escucho a Eminem y no me pasa nada. Me gusta esta cosa de acá, nuestra.

Y también los recursos teatrales. Cómo trabajás alrededor de un objeto, por ejemplo. Entrás con dos palitas y decís: “esta es para Aranguren y esta para Frigerio”. ¿Son cosas reflexionadas?

No, tampoco. Como tengo que salir todos los días, entran en una lógica de urgencia que me dificulta la reflexión. Tengo más espacios reflexivos en la obra de teatro, o cuando me junto con Nicolás y Soledad a discutir. Y lo que discutimos es la política, porque yo soy un freak de la política, lo cual es también un problema que tenemos los militantes, porque eso te aleja un poco de la comunidad que uno quiere organizar o representar. La gente no está todo el día hablando de política, de que si privatizaron el Arsat o si bajaron el presupuesto para los hospitales públicos. Entonces, uno tiene que amoldar un poco su discurso y su lenguaje a cuestiones más mundanas, como hacen ellos, que hacen muy bien su discurso: para hablar de política la ponen a Mariana Fabbiani. Nosotros lo seguimos poniendo a Verbitsky, que es un genio y lo banco a morir. Pero, ¿cuántas personas leen a Verbitsky cada fin de semana y cuántas ven a la Fabbiani?

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LA CONSPIRACÓN SIN LOS IDIOTAS

                                                                                                                                                                   “Bocas del aire del mar/ beban la sal de esta luz/para sí/ya coman en la eternidad/algo se va ahogar/es este ardor y es esta la fiebre del que
espera frente al despertar”
“A Starosta, el idiota”, Luis Alberto Spinetta

Vos decís que sos un apasionado de la política, de la música y del fútbol y que el humor es la excusa para intervenir políticamente. ¿Se puede hacer música y humor sin ser en absoluto político?

Es una discusión. Estuve yendo a ver algunos standaperos de mi generación que no hablan de política, hablan de whatsapp, de boliches y de coger. Y yo me río, ¿no? Y está quien dice que eso también es una posición política. No sé… Para mí política es criticar a Macri o bancar a Macri, o bancar a Cristina: Tomar posición política por algo que pasa en nuestra comunidad, en nuestra Patria, ponerle nombre y apellido.

Pero uno puede leer, en ese hablar de boliches y coger, una toma de posición política. Aun, no del todo consciente.

Está bien, es eso, no creo que haya un nivel de conciencia, un decir “Voy a tratar de hacerme el boludo con este tema”. Me parece que hay más una ausencia de política que una decisión manifiesta. Creo que ahí la política no llegó. Teniendo la posibilidad de un teatro lleno, hablar de boliches… Qué se yo….hablar de cómo te encarás una mina… Me río, eh. Fui con una chica, la pasé bien. Está todo bárbaro, pero es sólo eso. También es cierto que ellos, así, llegan a muchísimas más personas.

Pero ¿ese no sería un poco tu límite? ¿No te empezarías a preocupar si de golpe te van a ver los macristas también?

Lo que a nosotros nos conviene es que todo el mundo discuta de política. Que vuelva a pasar lo de la generación de mi viejo, cuando era de boludos no interiorizarse. Incluso, originariamente, la palabra idiota en la polis griega refería a la persona que no se involucraba con lo público (parezco Mariano Grondona). Tenemos que lograr que, aunque sea por una cuestión estética, por sentirse canchero, se hable de política. En algún momento pasó. En el 2008 todos estábamos discutiendo “el campo”, para un lado o para el otro. Cuanta más gente discuta de política, mejor va a ser para nosotros porque básicamente representamos a la mayoría. No nos conviene la discusión moral, estética.

¿No creés que, en esa batalla, haya también una lucha de lenguajes que ellos, por ahora, vienen ganando? Imponen un lenguaje neutro, de abstracciones: “terminar con la pobreza” “La alegría”… ¿nosotros qué oponemos?

Bueno, deberíamos repensarlo ¿no? Muchas veces se incurre, en algunos espacios militantes o de parte de algunos dirigentes, en echarle la culpa al pueblo, en creer que tenemos un pueblo poco instruido, o que no está formado. Un pensamiento bastante gorila, una subestimación al pueblo que me genera un rechazo muy grande. La responsabilidad es, primero, de la dirigencia. Y, siendo que la dirigencia no sale de un capullo, la segunda responsabilidad es de la militancia que construye esa dirigencia o que no construye otra. Creo que seguramente debemos readecuarnos a estos tiempos de redes sociales, en las que todo el mundo participa y hay una tremenda horizontalidad de la información.

Grafitti, Blu.
Grafitti, Blu.

¿Y la militancia busca tácticas o estrategias para dar esa batalla del lenguaje?

Mirá: yo, antes de caerle a la militancia debo caerle a la dirigencia como principal responsable. Nosotros tenemos esta suerte y esta comodidad que muchas veces nos lleva a achancharnos, de tener una conducción como la de Cristina. Yo a Cristina ya no le puedo exigir nada más. Yo le exijo a mis compañeros, a mi generación. Mirá, por ejemplo: el otro día, en varios medios, le cayeron fuerte a un pibe que se llama Nicolás Pechersky, que fue nombrado Director Nacional de Internet. Cobra setenta lucas. Eso despierta fácil el indignómetro ¿no?, pero yo a este pibe lo conozco desde 2011: es un militante del PRO, un liberal formado en la escuela liberal y que defiende esas ideas, que ponía la mesita en la Facultad de Derecho cuando el PRO sacaba el 1% en las votaciones y era una vergüenza ser macrista en la universidad pública. Y el pibe iba, todos los días, ponía la carita, discutía, se comía las puteadas, los descansos. Nosotros sacamos el 54%. Y pasaba al otro día y le decía: “¿qué pasó, papito?” El pibe siguió y siguió y hoy es funcionario, naturalmente, porque bancó siempre y estuvo ahí. Y yo los banco a esos pibes. Prefiero al militante macrista que al librepensador que habla todo el tiempo denunciando que son todos iguales. A mí me gusta eso, que haya un pibe que se haga cargo de lo que defiende. No todos vamos a ser peronistas ni nacionales y populares. Es en esa discusión donde nosotros tenemos cosas que aprender de ellos, aunque sepamos que no es cierto lo que hacen con el discurso respecto a las instituciones y a la República. Nosotros tenemos muchos problemas para explicar algunas cosas, para hablar de corrupción, por ejemplo. Porque los que hacemos política damos por sentado muchas cosas y entendemos que la política se financia de esta manera; que para la Unidad Básica de la esquina la guita sale seguramente de un presupuesto público porque, ¿de dónde carajo querés que salga? ¿de dónde sale la plata que sostiene los locales del PRO? A mí no me generan indignación esas cosas, pero a la persona que no hace política es probable que sí, y es entendible que suceda.

 

CREER, PENSAR, PASIONAR

            “Y así parir una canción con cada abrazo/que me brote y que abra paso a un corazón que se cierra/en un grito que se entierra en mi garganta muy despacio/que en un abrazo se disuelva una canción que enseña, resiste y sueña.”
 Federico Cáceres, “Enseña, resiste y sueña”, Mano a mano.

Te planteo algo que venimos llevando de una entrevista a otra. En esta defensa que hacés de este muchacho del PRO, él sería, digamos, un otro ¿distinguís entre un otro y el enemigo? 

Macri es el otro y es el enemigo.

¿Y sus militantes?

Y bueno, me parece que eso te pone en un lugar un poco fundamentalista. Yo no creo que se piense en el enemigo. Creo que caerle a este pibe, que tiene mi edad… O en general a los militantes de Cambiemos. Está bien que haya una expresión de derecha en la Argentina, un expresión liberal, que cree que nosotros tenemos que acomodarnos a lo que los consorcios financieros esperan de la Argentina, que la economía tiene que ser lo más libre posible. Es una escuela de pensamiento histórica que tuvo referentes importantísimos como Alberdi, Sarmiento o Mitre. No quiero que desaparezca esa expresión política en la Argentina. Tampoco soy militante de izquierda, pero es muy importante que en la sociedad argentina exista la izquierda, incluso la izquierda fundamentalista, troskista que no quiere absolutamente nada con nosotros. Me cuesta mucho ver, en los militantes,  a mis enemigos. Soledad me va a putear por esto, pero la verdad es que me cuesta.

Pero un tipo que intenta destruir a la gente que vos intentás defender ¿cómo se llamaría?

Es que yo no creo que en el interior de su conciencia haya maldad y quieran eso. Macri sí es mi enemigo, no tengo dudas al respecto. Es el enemigo del pueblo, pero este pibe no dice “Macri es el mal y yo soy malo y voy a seguir a Macri”. Este pibe está convencido de que lo mejor para la Argentina es estar más cerca de las grandes potencias que del bloque regional que construimos durante los últimos doce años, que no debemos tener un Estado que intervenga en la economía. Él cree que eso es lo mejor, que de esa manera se va a derramar la riqueza.

Suena como una cuestión de fe.

Son convicciones políticas.

Y las convicciones políticas se asientan en realidades, ¿cómo sería en este caso? Si cada vez que se pusieron en práctica esas convicciones que él defiende, se destruyó a la gente, ¿en qué dato de lo real se apoya el militante PRO?

Estoy de acuerdo con vos. Me parece que muchas veces se ha criticado la emocionalidad, que es un factor fundamental en la política. No hay solamente racionalidad. Que nosotros queramos que conduzca Cristina no es solamente producto de un razonamiento. A mí me pasa que la veo a Cristina y me emociono. Eso rompe cualquier cosa y no me pasa con ningún otro dirigente.

Y también hay ahí un efecto del lenguaje. Ella tiene una retórica que…

Por supuesto. Y creo que, en el electorado o en la base de sustentabilidad de Cambiemos, hay por un lado personas que son de derecha que… Mirá, la palabra derecha en Argentina tiene una connotación terrible, por lo que significó el terrorismo de Estado. Una vez conocí a una piba francesa y, hablando de política, me dice que ella es de derecha. Lo cual no le generaba ningún tipo de resquemor, defendía una política migratoria más estricta, darle mayor poder a las fuerzas de seguridad, cosas así. En todos lados hay derecha. Yo tengo compañeros a quienes siento como tales y se los acusa de ser de derecha. Para mí Guillermo Moreno es un compañero aunque algunos lo acusen de ser de derecha. También a Myriam Bregman la siento compañera y es de izquierda. Creo que, en Argentina, se piensa más en términos de patria-antipatria o patria o colonia, que no tiene tanto que ver con la izquierda o con la derecha. Acá la política pasa por el peronismo, y el peronismo no es ni de izquierda ni de derecha: es peronismo.

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¿Será que la actitud militante de Pechersky, por caso, te da una señal de que en el tipo hay algo que es potencialmente mucho más valioso que la creencia que tiene en términos políticos?

Absolutamente. Él ponía la mesita y te explicaba por qué lo mejor para la Argentina era que Macri llegara a la presidencia y lo vi muy angustiado cuando Macri se bajó de la campaña en 2011. Y me pasa con tantos otros que también conozco porque militamos en el mismo distrito y  tienen una tradición militante, formados en el liberalismo argentino, contrarios a nuestras ideas, contrarios a Néstor, a Lula, a Hugo Chávez. Yo los respeto. No comparto, claro. Nunca van a ser mis amigos, pero los respeto. Y quiero decir algo más: los militantes de Cambiemos son mejores que Macri, no son negacionistas, no bancaron el 2×1, hay una cuestión casi generacional que tiene que ver con el kirchnerismo. Para los que crecimos con el kirchnerismo, aún para los antikirchneristas, hay determinadas cosas que ya tenemos como un piso básico de la democracia. Peter Robledo, secretario de la Juventud, condenó el 2×1. Un tipo que me genera hasta rechazo personal. Me ha tocado compartir paneles, él defendiendo a Macri y yo a Scioli, en la campaña de 2015. Un tipo con un discurso vacío, sin contenido. Pero él sabe que eso está mal y Macri, no. Macri cree en la teoría de los dos demonios. A lo que voy es que a mí me importa revalorizar la participación política.

 

ESCRITO EN EL CUERPO

“Entre volúmenes huecos mi cuerpo grafía a otro páramo.”
 Arturo Carrera

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Contabas que aprendiste historia en tu cuerpo, en tu biografía, porque por la política tu viejo se va y por la política vuelve al país. Eso  les pasó a muchos también con Alfonsín…

Mi viejo es una persona de clase media. Él entiende que se fue por la política y volvió porque se rompió el culo.

Esa es su lectura, pero la tuya…

Es que no volvió sólo él. Hay datos del Ministerio de Trabajo de España de que el 80% de los que se fueron en 2001 volvieron. Bueno, parece que se rompieron mucho el culo…

Hubo otros momentos, como con Alfonsín, que para muchos significaron cosas fuertes. Parece que los exilios, para quienes son contemporáneos al durante, al antes y al después, enseñan historia, ¿no?

Sí, y sobre todo en Argentina,  un pueblo de inmigrantes, donde construimos la argentinidad en eso. Es lo que habla Jauretche en “El medio pelo”. Es difícil encontrar cinco generaciones de argentinos, yendo para atrás en la historia.

 

EL MAXIKIOSKER

Dijiste que sos de relatar historias ¿te referías a la escritura, a la ficción?

Escribir es inventar. Sí. Es casi como mentir. Inventar cosas que no sucedieron tratando de darle cierta comicidad. Lo hago todo el tiempo en mi trabajo, mezclo realidad y ficción. La única constante que se repitió en mi vida en los últimos diez años es la política. En algún momento, la meché con estudiar abogacía, con escribir “El Pibe Trosko”, con hacer humor en la radio, con hacer El Cadete. La escritura también fue una constante, “El Pibe Trosko” era pura escritura y representó mis primeras incursiones para hacer público algo que escribía. Pero estoy construyendo mi “yo” en ese sentido. Tengo una referencia muy fuerte en Enrique Santos Discépolo, que tenía una concepción integral del artista, donde uno no puede decir: “Esto no lo hago”. Yo soy pésimo cantante, me encantaría cantar bien, pero canto en el teatro. Y no soy actor y actúo sin embargo. Trato de no cerrarme a nada.

En el Facebook te definís como comediante. Sin embargo, sos un maxikiosko.

Sí. ¡Pero es porque no hay una categoría “Maxikiosco” en Facebook!

Has dicho que El Indio es un tipo muy sofisticado y muy cuidadoso. ¿Cómo sería esto en lo que vos hacés? 

No sé si en lo que yo hago la sofisticación es una virtud. Me refiero a que El Indio es sofisticado musicalmente, muy cuidado en lo que hace sonoramente. Al último recital de Olavarría fui con Iván y con Darío. Recordarás que saltaron a cruzarlo al Indio. Creo que, de él, les molesta  el lumpenaje de quinientas mil personas que lo sigue. Si tocara en La Trastienda, para seiscientas, se harían pis encima con el Indio. Porque el chabón tiene calidad. Te pueden o no gustar sus letras, su música, pero la calidad que hay en lo que él hace es indiscutible. Lo que pasa es que “¡Ay!, se juntan quinientos mil negros que se ponen en pedo y él es millonario” como si eso lo eclipsara.

¿Y la calidad, en lo tuyo?

Mirá, a mí me importa más la honestidad. No en el sentido de no quedarme con algún vuelto. sino la honestidad de decir lo que pienso y de no traicionarme, de no hacer algo para caerle bien a nadie. Ahí creo que hay calidad. Y, en lo otro, creo que tengo que perfeccionar cosas.

Pedro Rosemblat con El Anartista
Pedro Rosemblat con El Anartista


ROTOS O RESQUEBRAJADOS, PERO JAMÁS MAQUILLADOS

                                           “tan envidiada de qué sombras la tierra ardía huesolita”
  Juan Carlos Bustriazo Ortiz.

 

Nuestro tema en este número es la ultraviolencia. ¿Qué sería para vos lo ultraviolento?

La desigualdad. Lo más violento que vemos y es el desencadenante de todas las violencias posteriores. Tenemos un gobierno con un discurso muy violento también, muy persecutorio a pesar de que lo maquillan con buenos modales. Estuve pensando mucho en la violencia estos últimos días, pensaba si la violencia alguna vez resolvió algo. Pensaba en Montoneros, por ejemplo. Creo que no resuelve pero que es, a veces, necesaria e inevitable. Nunca un gobierno nuestro llegó sin que se rompiera el sistema.

O, aunque sea, se resquebrajara…

Claro. Ni Perón, ni Cámpora, ni Néstor. Siempre hubo antes una crisis en la cual el pueblo salió de manera violenta a decir “basta de la violencia que sufrimos”.

¿Y para crear sobre el lenguaje no es un poco así también, no hay que crear algún tipo de ruptura?

Sí, seguramente. Pero es algo que no lo tengo del todo desarrollado. Tampoco quiero quedarme con la cosa tirapiedras de que “para que esto se termine tiene que salir el pueblo a romper todo”. Por ahí, no. Por ahí podemos ganar las elecciones. El objetivo político debe ser siempre  ese: que el pueblo nos elija en las urnas.

Bueno,  hay matices de la violencia…

Sí, pero van dos años de que nos intervienen los sindicatos, tienen presas políticas, Santiago Maldonado sigue desaparecido, nos tratan de hijos de puta, de ñoquis, la gente se caga de hambre… Bueno, no sé qué matiz le podemos encontrar. 

En cuanto al matiz, los humoristas saben tener la costumbre de ver en las personas ciertas dimensiones que no están quizás en la superficie y con eso hacen caricaturas, personajes, etc. ¿eso te sucede moviéndote en la vida, como lo que contabas de Nicolás, por ejemplo?

Exactamente, yo trato de hacer reír a los argentinos. Me ve un inglés y no entiende nada de lo que digo. Pero los estandaperos de acá se formaron viendo a los de allá… En cuanto a lo segundo, estoy tratando de hacer un ejercicio en función de algunas cosas que me pasaron en este último tiempo, de no andar con el dedito levantado porque es una cosa muy chota, muy vigilante, muy policía. 

Corrés el riesgo de caminar sobre tus propias minas…

Claro. Y también muchas veces los militantes caemos en esto de “vos sos funcional a la derecha, y vos tal cosa” y cosas así. Bueno, pará, nosotros también nos equivocamos, nosotros cometimos nuestros errores, y uno tiene que estar muy… no sé, ser como impoluto, ¿viste? Mirá, yo laburo en “FutuRock” que es una radio con una impronta feminista muy fuerte. Y yo no tengo desarrollado un concepto de género tan grande ni tan profundo

A pesar de que decís que tu mamá es una feminista sin marco teórico.

Digo eso porque mi vieja se divorció de mi viejo cuando yo tenía ocho meses y se separó del papá de mi hermana cuando mi hermana tenía cuatro. Y se quedó viviendo en mi casa con mi hermana y conmigo y fue para adelante. Laburaba todo el día, me llevaba al colegio, me hacía la comida… por ahí no leyó a Virginie Despentes, pero básicamente sabía que no podía depender de ningún varón. Por eso digo que es feminista sin marco teórico, algo que a ella no le gusta porque siente que le estoy bajando el precio cuando, todo lo contrario, se lo estoy subiendo porque conozco a un montón que leen a Virginie Despentes y tienen una mucama (negra y mujer) que les cocina y les limpia el baño ¿viste?… Bueno, volviendo a lo de la radio, me saltaron a cruzar muchas veces por no ser lo suficientemente feminista. Pero es que yo marco mis contradicciones, que también las tienen ellas pero no se hacen cargo. Creo que cagando a pedos al otro no se construye nada. Salvo que seas un iluminado, de esos que aparecen cada quinientos años…

 

Pedro Rosemblat con El Anartista
Pedro Rosemblat con El Anartista




LATIR LA IMAGEN, MIRAR LA VOZ

Ultraviolento: Entrevista  a Sara Facio

Entrevista: Viviana García Arribas, Carolina Diéguez, Ane Diestro, Isabel D´Amico, Gabriela Stoppelman
Edición: Carolina Diéguez, Gabriela Stoppleman
Fotografía: Anne Diestro, Diego Grispo

                                                          

En otra madrugada, /por vientos de ceniza, /obedecí al latido de la alondra. /El cielo no era cielo todavía./La zona del hornero, /el tiempo de la encina/se inquietaban en lento aprendizaje/y el cielo no era cielo todavía./Hubo un encantamiento/de flor y hierba fina,/un cauteloso antaño de rocío,/y el cielo no era cielo todavía./Septiembre constelado/de dos campanas frías /rodaba por lugares de silencio/y el cielo no era cielo todavía./En clima de obediencia/mi pulso recorría/todo un advenimiento de corolas /y el cielo no era cielo todavía./No regresó conmigo/la alondra persuasiva/porque me desterró de su latido/cuando el cielo fue luz de mediodía.”

“Balada de la alondra persuasiva”, María Elena Walsh

 

Iba una foto en busca de una mirada cuando, en medio de la tarde, encontró una voz. Agotadísima por los  fantasmas del asfalto, se sentó a descansar en el sonido. Ni bien se recostó sobre un acorde, la voz comenzó a acunarla dentro de una melodía familiar. Extraño. Era la primera vez que la escuchaba y la voz ya latía como parienta.  Mecida en el ritmo, la foto se adormeció. En su sueño, una mirada buscaba una imagen en medio de la noche, cuando se encontró con un latido. El tiempo entonces se agitó en urgencias; el aire, en reverberaciones. Y, al poco, todo era una orquesta de ecos, impugnadora de toda distancia. Así las cosas, el amanecer fue un despuntar de palpitaciones contra lo oscuro, un aguzar la luz sobre los objetos y una solicitud de los objetos sobre los seres.  En ese temblor de inauguraciones, se encontraron. Fue un momento apenas, un instantáneo transitar en calle de doble mano: sístole en la imagen, diástole en el oído, sístole en la voz, diástole en la  figura. Con el avanzar de las horas, llegó el pleno revelado. Pero aun en lo más alto del día, se obstinaba el palpitar de algunas oscuridades. Y ese enredarse de brillos y sombras era el sitio ideal para desplegar el juego. Por ejemplo, dejar andar los crayones sobre una foto o dibujar una hoja hasta que se canse. O recortar imágenes de revistas y atesorarlas en un álbum hasta las lágrimas. O complacer al cigarrillo que para siempre reclama fuego desde el retrato de Cortázar. O ir por el túnel de ese rostro y pedirle a la desocultante que nos dé una mano con su mirada través, que nos diga una foto con la voz Sara Facio, que nos haga mirar el canto, que nos enmarque el pulso de algún sonido.

Shhh…ahí comienza a latir.

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Sara Facio en su estudio. Foto: Diego Grispo

 

VOCES DE FOTOS TOMAR

Adentro de su canción hay un vestido azul, hay un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado con los ecos de los latidos de su corazón muerto. Expuesta a todas las perdiciones, ella canta junto a una niña extraviada que es ella: su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la niebla verde en los labios y del frío gris en los ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre la sed y la mano que busca el vaso. Ella canta”
Alejandra Pizarnik, “Cantora nocturna”, poema dedicado a Olga Orozco

 

Estuvimos mirando muchas fotos y también  otras entrevistas. Una de las primeras cosas que nos llamó la atención fue lo que decís de tu primera casa de infancia, donde circulaba tanta gente, contás que te mudaste a otra, donde no había nadie. ¿Cómo influyó esa sensación de ausencia de gente en tu fotografía?

Sí, fue un cambio. Bueno, en el fondo estuvo muy bueno, porque me dediqué a la lectura. Ahí empecé a leer. Por suerte, mi mamá era lectora. Entonces estaba encantada de que yo, en lugar de estar potreando por ahí, leyera.  Porque era en San Isidro, Martínez, con calles de barro cuando llovía. Justo en la esquina de esa casa había una escuela del Estado. Y yo no quise ir. Estaba en quinto grado, sexto. Entonces, tenía que ir a San Isidro con un colectivo, el 4 colorado, todos los días. Ahora a la distancia, me parece que era bastante sacrificado: ir todos los días, a las siete de la mañana, caminando tres o cuatro calles de tierra o de barro cuando llovía, con delantal blanco –como era en esa época– y que no se podía poner nada encima. Ni hablar de pantalones, con pollera y medias. De modo que debió ser sacrificado. Pero por esa época yo no lo sentía como un sacrificio.

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Sara Facio en su estudio. Foto: Diego Grispo

En una entrevista decís que esa vivencia de la casa almacén rodeada de gente dejó tu marca en el gusto por el retrato.

¿Por qué?…Ah, por la gente

Exacto. Por haber visto tanta circulación de gente

Es algo que se me ocurrió en el momento. Supongo que debe ser así. Porque la cosa era estar con tanta gente en un negocio con restaurante -en  esa época se llamaba  salón de Restaurante y billares- hasta las doce de la noche estaba lleno de gente, además de la gente que trabajaba, de los empleados, de los mozos, del cocinero.

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Fotografía del libro “Buenos Aires Buenos Aires”. Sara Facio

 

Y esa fugacidad de gente que uno nunca vuelve  a ver, de caras que nunca volverás a ver, ¿hay en la fotografía algún intento de restituir esas ausencias?

Habrá habido, muy subliminalmente. Que esa soledad, de golpe, me haya… Y si lo dije debe ser porque lo sentí.

Comentabas que, cuando eras chica, escuchabas radioteatro con tu mamá. ¿Eso pudo ser como un impulso  para  recrear imágenes mentalmente?

Y, sin duda. Porque, al escuchar solo las voces –sobre todo siendo tan joven–, una va imaginando. Además, en esa época no había televisión. Todo tenías que imaginarlo. Y había voces fantásticas, parecían ser de unas mujeres maravillosas. Entre otras, la voz de Eva Perón, yo la escuchaba. Además, por radio daban biografías de mujeres célebres. Y a mí siempre me gustaron las mujeres con mucha personalidad. Como yo digo ahora: las muñecas bravas me gustaron siempre. La escuchaba a Evita, que hacía a Catalina de Rusia, a Juana de Aragón, ¿se acuerdan?

No.

Son todos personajes históricos. Cuando a Paz (el de la avenida) se lo llevaron preso, Margarita, una sobrina de él, muy jovencita y parece que bellísima, fue la única que lo acompañó a la cárcel. Se casaron y todo. Y Eva hizo el personaje ese, me acuerdo….

Cuando Eva todavía no era Evita.

No. Era actriz. Actriz de radio teatro.

Y jovencita.

Y para mí no, era grande. Yo en esa época tendría máximo trece, catorce años. O menos, doce.


ÁLBUM HASTA LAS LÁGRIMAS

            Algunas veces pasan poblaciones terrosas, acampan roncos trenes, /una pareja junta naranjas prodigiosas en el borde del mar, /una sola reliquia se propaga por toda la extensión. /Parecerían espejismos rotos, /recortes de fotografías arrancados de un álbum para orientar a la nostalgia, /pero tienen raíces más profundas que este suelo que se hunde, /estas puertas que huyen, estas paredes que se borran. /Son islas encantadas en las que sólo yo puedo ser la hechicera
“Balada de los lugares olvidados”, Olga Orozco

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Sara Facio. Foto: Anne Diestro Reátegui

Digamos que estuviste algunos años trabajando el tema de las imágenes en la mente.

Claro, vos te imaginas muchas cosas cuando no tenés algo físico, palpable. Yo todavía conservo un álbum que hacía con hojas de cuadernos sueltas. Pegaba las fotos de las revistas. Ahí la conocí a Annemarie Heinrich, me acuerdo que su firma me gustaba mucho. Y todas las tapas de las revistas y los interiores, de ahí sacaba las fotos que me gustaban -los galanes y actrices de esa época–. Ahora les voy a contar una anécdota. Un día vino -¿ustedes saben que yo vivía con María Elena Walsh, no?- vino Leonor Benedetto que vivía en España, casada con un actor ¿cómo se llama?

El flaquito…

¡Me acordé!, José Sacristán… ¿quién es la vieja acá, eh? Leonor vivía con él que era famosísimo en ese momento, porque había hecho una película, “Solos en la madrugada”, que había tenido un éxito fabuloso. Entonces, hablando del franquismo, él dijo que, de contrabando total, miraba las revistas para ver a los artistas. Y yo le dije: yo tengo un álbum de esa época. Él no lo podía creer. Entonces le dije ¿querés verlo? “Sí, sí”. Se lo mostré: Y, claro, estaban Gregory Peck, Hedy Lamarr, todo lo que él conocía de España. Y lloraba. Se puso a llorar. ¿Te das cuenta? La emoción. La fuerza de esas imágenes. No es como ahora, que estamos tan embotados de imágenes. Desde que te levantás ya estás viendo el televisor, los diarios, las revistas, salís a la calle, todo es publicidad, todo son fotos.

 

TODOS LOS FUEGOS AL JULIO

las gaviotas exhalan su graznido en el pálido extremo del día, /ella se esfuma en la terraza con su copa y un lento cigarrillo en los labios, /el viento, los rostros son ahora más tensos, desaparecen de golpe, /nadie responde, hay un orden extraño, fuera de lugar, /el viento, /la costa, la noche, zonas espléndidas y asesinas, /sólo el viento, el viento con sus garras equívocas
“El erotismo y las gaviotas”, Enrique Molina

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Del libro “Buenos Aires Buenos Aires .” Sara Facio y Alicia D´Amico


Y no hay tantas voces que sugieran como en esa época. Digamos las dos cosas se  combinan 
¿no? Hay mucha imagen y hay poca voz sugerente. Todavía queda la radio. De ahí algo se puede rescatar. Vos empezaste en Bellas Artes. Estudiabas dibujo, ¿qué aportó eso?

Creo que muchísimo, más allá de las disciplina, del estudio. Por ejemplo, tenías que tomar la hoja de un árbol caída y llegabas a Bellas Artes y tenías que dibujarla durante un mes seguido. Era el dibujo analítico, tenías que aprender a ver. Y eso me quedó. El VER, no solamente mirar sino ver y “guardar”.

Y la escritura, ¿Alguna vez escribiste?

Escribí sobre lo que me interesa, que es la fotografía pero nunca ficción. Yo debo ser -como decía María  Elena– la única persona que conozco que no escribe poesía.

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“Alejandra Pizarnik”. Sara Facio y Alicia D´Amico

Tantas voces estimulando el imaginario, pero  siempre hacia la imagen visual, no hacia lo escrito. Sin embargo, lectora sos. Vos decís que vos elegís a quién fotografías y que, en general, les sacas fotos porque te gustó la obra de ellos. ¿Qué se ve de su obra, en un retrato de Cortázar o de Pizarnik?

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“Julio Cortázar”. Sara Facio

Mi hija le prendía el cigarrillo al retrato de Cortázar cuando era chiquita.

Yo también. Hay una foto ¿no la vieron? Un fotógrafo profesional  vino a sacarme la foto para un  reportaje y quería sacarme al  lado de esta foto de Cortázar, que estaba en la calle como publicidad de la muestra de fotografía. Entonces, me dijo: ”póngase ahí, por favor, seria” Y yo dije: “ay, ¿por qué tan seria? ¿Por qué no le prendemos el cigarrillo a Julio?”

Y es muy tentador así como lo tiene apagado. 

¿Ves que le estoy prendiendo el cigarrillo?

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Sara Facio encendiendo el cigarrillo a Cortázar

 

Esa se la tengo que llevar a mi hija. Preciosa.

Sí, llévasela. Tengo varias. Si alguien quiere…

Mi hija se pasó toda la infancia prendiéndole el cigarrillo.

Fue muy divertido porque el muchacho tenía miedo. “No será una falta de respeto”. No, digo, yo soy muy irrespetuosa.

Sí. Y Cortázar era muy juguetón. Así que no creo que le hubiera disgustado.

¡Pero claro!

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Sara Facio. Foto: Diego Grispo.

 

POR EL TÚNEL DE TU ROSTRO

                        Se le posó en la cara una sonrisa pálida. /Amanecía
ya.
/ Fue ese su viaje.”
“Su viaje”, Jorge Leónidas Escudero

Yo pensaba en que vos insistís mucho en que la fotografía es presente. Lo liquidás a Barthes un par de veces en varios libros y te hacés amiga de Susan Sontag.

No. El hecho de tomar fotos para mí es como meterme en el mundo del personaje ¿no? Tratar de sacarle algo interior.

¿Y te parece que la conversación con quien vas a retratar  es importante?

No. Al contrario, a mí me distrae terriblemente. Si alguien necesita conversar con el futuro retratado previamente es porque no lo conoce. Yo. cuando iba a sacar fotos a esos personajes, me los sabía de memoria. Había leído todo. Por eso, a mí me gustaba mucho la sociedad que tenía con Alicia D’Amico, porque a ella sí le gustaba hablar. Hablaba muchísimo.

Mientras vos sacabas fotos.

Yo aprovechaba. Pero ya era como un estilo, porque nos complementábamos. Yo, a lo mejor ya había sacado dos rollos y ella, por ahí, no había terminado ni uno.

Seguía conversando.

Sobre todo, si eran intelectuales. Por ejemplo, de Girri, Alicia no tiene ni una foto. Por supuesto, las firmábamos las dos. Era una sociedad muy perfecta la nuestra. Buscábamos la mejor, sin importar si era de una o de otra porque las firmábamos juntas.

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Sara Facio. Foto: Anne Diestro

¿Cuál es la mejor foto? Más allá de lo técnico.

Para mí, la mejor foto –hablando de retratos– es la que te da al personaje como es. Vos fijate en la foto de Cortázar. Empezó por gustarme a mí, que la saqué y se la mandé. No había internet en esa época, se enviaba por barco o por avión y la recibía un mes después. Le mandábamos varias, numerábamos todos los negativos. Entonces, por ejemplo, él decía, ah, me gusta la número 55. En este caso, a él y a mí nos gustó la misma. Por otro lado, en el estudio, teníamos la costumbre de poner las últimas fotos que hacíamos, para ver la reacción de la gente que venía, ver si las miraba o no las miraba. Y también era otra forma de saber si atraía o no la foto. Eso me pasó también en la foto galería del San Martín.

 

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Sara Facio. Foto: Diego Grispo


LA DESOCULTANTE

                                               “hasta que toma rumbo hacia el lejano velo que nos oculta el mundo donde cada tú es una rama de la que cuelgo
como una hoja suspendida y silente”

“En alta mar”, Paul Celan


Quiero rescatar esto que dijiste de dibujar una hoja durante un  mes. Esa cosa tan meticulosa de trabajar siempre sobre lo mismo. ¿Cómo pasás de eso al instante de una fotografía?

Y, porque aprendés a mirar rápido y a mirar profundamente. Hoy en día, vamos caminando por la calle con alguna amiga y yo le digo: ¡cuidado! Y ella “¿de qué?” Porque atrás viene uno corriendo. Yo ya tengo un gran angular. Veo a quien viene, lo percibo.

Es tu modo de lectura del mundo. Estar mirando fotos. Vos ves fotos.

Todo el tiempo.

Aunque no tengas una cámara.

Y sí. Ahora no saco fotos y esto que les conté, con mi amiga, me pasó hace dos días.

¿La mejor foto quizá sería el instante decisivo?

Si te gusta ese tipo de fotos. Entonces hay siempre que hablar por uno. No querer tener la razón de que es así porque a vos te gusta. Eso es lo que tiene que hacer un buen curador o un buen director de un lugar, de una foto galería o de lo que sea. Porque no se trata de que la verdad es lo que a vos te gusta. A mí no me gustan las fotos armadas, pero si es una foto buena no puedo dejar de reconocerla.

Marcos López, por ejemplo.

Claro, por supuesto.

María Elena decía que “una buena foto es la que nos revela un secreto que no podemos aprehender por otro medio. Una verdad revelada.” ¿Cómo te llevás vos con esto del misterio?
¿Qué es para vos esa verdad revelada, ese misterio?

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Sara Facio. Foto: Diego Grispo.

Es como decía una profesora mía de filosofía: es cuando se llega a tener un contacto con el ser.
¿Cómo definís el ser? 

Yo, como la poesía.

Y bueno, ahí está. La poesía a vos te emociona. Y hay otra persona que ni se da cuenta que eso es poesía.

Mejor diría, lo poético.

Sí, el ser es lo más interior, lo más auténtico, lo más verdadero.

Pero que se ve en lo más exterior.

Y si pero hay que sacarlo.

 

QUE SE VENGAN LA COCA Y LA RINALDI

                                                                              Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave/ ya se han oscurecido los
que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz”

“El amenazado”, Jorge Luis Borges

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Del libro “Pablo Neruda en Isla Negra”. Sara Facio y Alicia D´Amico

Vuelvo un poco a lo que conversábamos sobre la presencia de la palabra. Cuando se arman los libros de fotos, muchas veces las fotos están acompañadas con texto. Ahí se ofrece, entonces, una lectura texto-imagen ¿En qué se potencian? ¿Vos leés los libros cuando terminan armados así combinados?

Mira es muy difícil esa pregunta porque hay muchos tipos de escritura que acompañan a la foto. Ahora, por ejemplo, se usa el tipo académico. Los que vienen de la academia, de la universidad y entonces hablan un idioma que conocen ellos solos, vos te quedás afuera. Ves  una exposición, por ejemplo esta que hay ahora de “Sublevaciones” en el MUNTREF y es una mezcla de fotografía que no sabés qué quiere decir. Y a lo mejor no son fotos que a vos te interesan. Y yo, personalmente, digo que hay fotos que son malas. Pero ni las ven. Lo que pasa es que como no saben de fotografía, no saben si una fotografía es una reproducción, si es un original, están de moda los vintage y no saben qué es un vintage. Es terrible.

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Del libro “Humanario”. Sara Facio y AliciaD´Amico.

 

Pero en muchos de tus libros los textos son de los propios autores.

Sí, pero los propios autores pueden inspirarse en una imagen y decir algo que no tiene nada que ver con lo que vos quisiste hacer como fotógrafa. Pero si yo llamo a un escritor para que escriba un texto sobre mis fotos, acepto que diga lo que se le dé la gana, aunque no me guste. Como mucho le puedo decir, ¿no lo podés acortar? Pero jamás lo voy a discutir.

Igual, ¿no es interesante cuando la foto para vos iba para un lado y el texto va para otro? ¿No genera algo inesperado? Afín o no afín, ¿no se genera un vínculo  potente entre la palabra y la imagen?

Sí, por supuesto. Pero yo tuve una discusión –no hace mucho– con unos de los últimos libros que hice, de los desnudos de Annemarie Heinrich. A sus herederos no les gustó un texto que hizo una persona –que para mí es una gran escritora, María Moreno– porque, al hablar de desnudos, mencionó a Isabel Sarli. Entonces se ofendieron. Mirá, yo no me voy a  ofender porque, en un libro de Alicia y mío que se llamaba “Humanario”, que era un estudio sobre la locura, Cortázar habla sobre Susana Rinaldi. ¿Qué tiene que ver Susana Rinaldi? Pero si él lo lleva y lo introduce en un texto, yo lo tengo que respetar porque es un escritor que tiene su mundo, su manera de mirar. Aunque no tenga nada que ver –que sí tiene que ver– siempre tiene algo que ver. Pero vos tenés que mínimamente respetar a una persona, es tu colaborador, aunque diga que lo que está viendo no le gusta, se lo tenés que respetar.

Del libro "Humanario". Sara Facio y Alicia D´Amico.
Del libro “Humanario”. Sara Facio y Alicia D´Amico.

 

LA MIRADA A TRÁVES                    

Que tu mirada vaya/dejando de separar/impresiones sensibles, afectivas,
de las meras formas, /  y resbale, no coherente, /a despojar de relieve lo que encuentre

“Que tu mirada vaya”; Alberto Girri

Cuando, en  un momento, te preguntan por qué no sacás más paisajes, vos decís que no te salen  bien, que pocas veces el paisaje representa lo que vos querías. Digo, y si no representa lo que vos querías ¿igual no puede ser una buena foto?

 ¡Sí! Pero hoy día, cualquier persona puede sacar una buena foto. Cualquiera, aunque no tenga la menor idea de qué es la fotografía. Cuando yo empecé, la fotografía se evaluaba más que por el contenido, por la calidad. En el fotoclub Buenos Aires a mí me rechazaron fotos porque no estaban bien abrillantadas -fotos que eran buenísimas-; o porque tenía doblada una esquinita o porque tenía una rayita acá y no estaba retocada. No miraron la foto, miraron la calidad. Pero me parece bien, porque vos ibas a aprender ahí. Ahí aprendiste con dolor porque dejaste de tener un premio, una copa, una medalla.

¿Y se podía hacer otra mejor, técnicamente, a partir del mismo negativo?

Sí, después que sufrís, vas y lo aprendés a retocar, lo aprendés a abrillantar. Si la foto estaba un poco mal guillotinada o un poco torcida, ya te la bajaban.

Bueno, para mejorar lo técnico se puede rehacer en otra copia pero, ¿lo otro?

Pero ahí está. A eso iba. Hoy cualquier persona te saca una foto así desenfocada, torcida, cuadrada que tiene que ser redonda y te lo arregla en el Photoshop y te hace una foto que, técnicamente, está muy bien. No podés decir nada porque está bien pero ¿qué te dice esa foto? Más que nunca se necesita que el fotógrafo tenga una personalidad, algo que decir. No sólo estilo. Vos, por ejemplo, nombraste recién a Marcos López, él tiene un estilo. Vos siempre reconoces una foto de él por su estilo. Pero además del estilo, está el contenido.

Del libro Buenos Aires Buenos Aires
Del libro “Buenos Aires Buenos Aires”. Sara Facio y Alicia D´Amico

 

No hay misterio. Falta esto que decía María Elena: ese misterio, esa cosa revelada.

Claro, emotiva, algo que te llegue, que te conmueva, que te divierta, que no te sea indiferente. Pasás así, como si estuvieras en una galería de arte que no te interesa y caminás.

¿Y cómo se ve, cómo se puede enseñar a leer dónde está y dónde no está eso?  

Ese es el secreto y el misterio del arte. Todo el mundo puede tocar el piano, pero Marta Argerich hay una. Y todo el mundo puede pintar, pero Leonardo Da Vinci pintaba mejor. Y hay un consenso general. No es porque me guste  a mí. Hay un consenso general de la más rancia sabiduría hasta lo mejor, de un tipo que pasa por la calle, que se queda así mirando una foto, hasta la academia

Las que no somos especialistas en leer fotos, vamos a mirar fotos y yo te pido alguna pista ¿Cómo leerlas para saber cuál es buena?

Hace un taller porque yo no doy clase, nunca di clase. 

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Sara Facio. Foto: Diego Grispo.

 

¿Pero hay algún criterio?

Se puede guiar pero siempre es un matrimonio, querida. Vos enseñás, pero si no reciben no pasa nada.

Uno aparte aprende a ver. Pero, tu lectura, tu aprendizaje ¿en qué se basó?

Bueno, saber mirar y saber VER pero, además de eso, hay mucha gente que sabe mirar y sabe ver. Vos ves paisajistas –hablando de paisaje– que son perfectos. Anselm Adams o, acá mismo, hay dos o tres paisajistas buenísimos que son fotos perfectas pero –como a mí me dijo hace poco un curador muy importante–: bueno, sí es una foto muy perfecta pero la sacó la cámara.

Estaba pensando sobre la proximidad, ¿con los paisajes necesitás más distancia?

No, no es cuestión de distancia. Cuando al paisaje lo saca alguien que tiene algo que decir es muy importante. Yo me siento impotente al paisaje. Yo voy a las Cataratas del Iguazú y ¿qué voy a sacar eso? No es solo visión, es también el ruido, lo que se ve, lo que se huele. Son muchas cosas que tiene un paisaje. Yo le tengo mucho respeto al paisaje.

 

TRAZOS REBELDES

                                                               ¡El dorso de estas Manos es la plaza que todo Rebelde ha besado!”
Las manos de Jeanne Marie”, Arthur Rimbaud

Hay muchas fotos tuyas donde las personas que están retratadas están mirando una escena que no se encuentra en la foto. Es como si esas fotos sugirieran cierta narratividad: uno empieza a decir “deben estar mirando algo” y nos pareció curioso que la foto que corresponde al instante genera como narraciones, que corresponden a la sucesión.

En mi caso, en mis fotos se da porque a mí no me gusta guiarlo al modelo. No me gusta decirle mirá para acá, bajá la cabeza o tocarlo (eso me lo enseñó Annemarie). Jamás tocar un modelo. Menos  a un niño. Mucho menos. No tocarlo. Pero más allá del toqueteo, es el hecho de dejarlo en libertad aunque sea aburrido, aunque diga: ¿y esta qué está esperando para sacarme fotos? Por ahí en ese momento se distrae y vos lo pescás.

Foto del libro Buenos Aires Buenos Aires - Sara Facio web
“Buenos Aires Buenos Aires”. Sara Facio y Alicia D´Amico.

 

Y a su vez pensaba que esas escenas que en tus fotos no se ven funcionan para nosotros como para vos las voces del radio teatro, estimulan el imaginario, hay partes que no están, están sugeridas y hay que construirlas. Otra cosa que nos llamó mucho la atención son estas fotos intervenidas con color.

Estas fotos nacieron por mi rebeldía. Porque realmente era un momento, en los años´89/´90 –por ahí– que  todos los fotógrafos buscaban la perfección técnica. Tenían que ser todas fotos cuadradas, inmaculadas. Y yo dije, ¿por qué no se dejan de hacer tanta foto buena? Ya sabemos que saben sacar fotos, que son buenos fotógrafos. Hagan como hizo ese pintor norteamericano, hagan una fotocopia y háganle algo a la fotocopia.

¿A Andy Warhol te referís?

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Sara Facio. Foto: Diego Grispo

Sí. Me decían: “¿vas a arruinar un retrato?” Y, si lo arruino hago otra copia, para eso es fotografía. La copia única es para los galeristas, para los que están vendiendo, una cosa del mercado. La foto es buena porque se pueden hacer millones de copias y eso fue el invento de la fotografía. Una persona tenía un niño y le quería sacar una foto para regalarle a la tía, a la abuela, a la madrina, a la señora de al lado. No para hacer como un rey, una cosa única que solamente lo tenía en la casa. Eso fue lo que trajo la foto, esa democracia…

La reproductibilidad.

Claro. Entonces, yo tomo esta foto y la dibujo. Mira, qué lindo hacerle los ojos celestes. Y bueno, con eso hice una exposición en lo de Andy Goldstein, en el ´91. Y me criticaron a muerte. Me perdieron el respeto.

Y a vos te gustó.

Claro. Y de ahí salieron ellos: Marcos López hace todas esas cosas y muchos otros.

¿Y estas otras intervenciones?

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“Jeanne Moreau”. Sara Facio.

 

Estas intervenciones no son mías. Vino una artista plástica, una chica muy joven, muy simpática, muy audaz y trajo una serie de fotocopias grandes de mis fotos, todas pintadas Y me dijo: “si a usted no le molesta, yo quería decirle si me permite que intervenga sus fotos”. Y le dije, “yo te doy las fotos, intervení, no intervengas, son lo que son. Entonces ella dijo: “¿y si me equivoco?” “Y yo hago otra copia” “¿usted me haría una copia?” Y se las di. Diez hicimos. Después nos quedamos cinco y cinco cada una.  Y a mí la que más me gusta es la de la actriz Jeanne Moreau, que se murió hace poco.  

 

¿Esta cosa lúdica la compartías mucho con María Elena, no? Esta cosa lúdica, de jugar.

Aquella (señalando a la pared) es María Elena, esa foto está intervenida con marcadores, la puse en la tapa del libro y me dijeron ¿la vas a dejar así? Sí, es como si un chico estuviera jugando con la foto.

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“María Elena Walsh”. Sara Facio

 

¿La infancia también era una preocupación que compartían?

A mí me gustan los niños desde que nacen hasta los cinco años, nada más. Los adolescentes son imbancables. A veces me preguntan si soy amiga de la hija de tal amiga mía y yo digo que no, porque siempre me vienen a hablar para que les cambie a la madre.

 

AL COMPÁS DE UNA FOTO

                                               Y esta vez al latir/Te veo fuego/Quemando relojes atrasados/por siempre/Como una hoja que se bancó el diluvio/
Un capeleti que se bancó el diluvio”
“Ventiscas de marzo”, Luis Alberto Spinetta  

Había unas imágenes de niños muy impresionantes. Fotos llenas de historias. ¿Una foto así no es algo muy cercano a escribir poesía?

Sí. Hay una con la que se hizo una estampilla de correo… Y puede ser que sea como poesía, no sé…

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“Cielo y tierra. Fotografía.” Sara Facio

 

¿Se puede decir que una foto tiene un ritmo, por ejemplo?

Sí. El ritmo de la foto es muy importante. Va más allá de la composición. La foto se mueve, tiene alma. Una foto que late…

Y también tiene una medida, una métrica, una cadencia, produce silencios y a la vez es musical.

Sí. Cuando la foto está lograda es como cualquier otro arte. Vos tomás una composición clásica de Velázquez y tiene un ritmo, una música que te acompaña.

En ese sentido es, por lo menos, prima hermana de la poesía.

 Y, sí… Ni hablar. María Elena hizo lo suyo maravillosamente para cautivar a los chicos. Chicos que están en brazos, que no hablan, escuchan la voz y la cadencia de María Elena y empiezan a moverse… Eso es fantástico.

En todo lo que nos contás están las voces como algo importante.

Sí. Creo que en eso se parecen todas las manifestaciones artísticas: la pintura, la música, la fotografía.

 

FOTOS CON-TACTO

En cada aposento/el mundo tiembla, /la vida engendra algo/que asciende hacia los techos.”
“Noche”, Antonin Artaud

"Buenos Aires Buenos Aires". Sara Facio y Alicia D´Amico
“Buenos Aires Buenos Aires”. Sara Facio y Alicia D´Amico

 

En tus fotos hay mucha escena urbana y también un tratamiento de los objetos que sugieren una profesión: esa pila de diarios, por ejemplo, y el diariero no está. No está la persona pero se la ve.

A mí me gusta mucho la ciudad y su gente. Mi médico me dice que, porque trabajo mucho me sube la presión, que me vaya a una playa. Pero si me voy a la playa me muero de un infarto, ¡de aburrimiento! A mí me gusta estar acá con mis libros y mis fotos.

¿Extrañás sacar fotos?

No, porque estoy todo el tiempo mirando y hablando con colegas sobre fotografía, sobre lo que hacen o lo que quieren hacer. No me dan ganas de hacer fotos. Además, estamos en un momento de cambio muy fuerte en lo tecnológico y en lo íntimo también. Habría que ver qué vale la pena tomar. Así como antes me fascinaba la gente, sacar fotos de escritores, artistas, gente como uno, digamos. Se lo dije a una amiga mía hace poco y me respondió: “¡Ah, claro! Gente como vos: Borges, Cortázar…” Pero no va por ahí. Gente como yo en otro sentido…

Como cuando sacaste las fotos de los internos en los manicomios…

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Fotografía del libro “Humanario”. Sara Facio y Alicia´Amico

Bueno, eso fue un trabajo que nos conmovió terriblemente, porque ni Alicia ni yo habíamos ido nunca a un lugar así. Eso no salía en las revistas ni en la televisión. No existía, estaba abajo de la alfombra. Tratamos de establecer un contacto de igual a igual. Recuerdo que una mujer me pidió que le sacara una foto porque ella quería ser actriz. “Cómo no” le dije. “¿Qué haría como actriz?” Y ella buscó una pose y esa es la foto. Otro tipo que vimos en la cocina y que está con un cuchillo en la foto nos dijo “A mí siempre me gustó ser cocinero”. Estábamos en contacto. No era que queríamos hacer fotos en posiciones que dieran lástima o algo así. Los sacamos como gente, como personas en un mal momento, personas que estaban buscando algo.

 

NINGÚN MAL NECESARIO

La verdadera cara de los ángeles
es que hay napalm y hay niebla y hay tortura. /La cara verdadera es el zapato entre la mierda, el lunes de mañana, el diario. /La verdadera cara
cuelga de perchas y liquidación de saldos, /de los ángeles/la cara verdadera/es un álbum que cuesta treinta francos/y está lleno de caras (las verdaderas caras de los ángeles)”
 Álbum con fotos”, de “Último round”, Julio Cortázar.

Este número de la revista tiene como tema la ultraviolencia. ¿Qué es ultraviolento para vos?

Buenso Aires Buenos Aires. Sara Facio
“Buenso Aires Buenos Aires.” Sara Facio y Alicia D´Amico

 

Las violencias sutiles son peores que un balazo. Como mujer, te diría que todo el tiempo estás sometida a violencias, desde que subís a un taxi y el taxista empieza a darte cátedra sobre cualquier cosa. Parecen todos doctorados. O cuando te abren la puerta y vos les decís “Gracias” y te tiran la puerta encima. Todo tipo de violencias así…

¿Y en tu camino como fotógrafa? 

Yo me defendí toda la vida no dándole importancia. En muchos casos, me odiaron por eso. Gente que me ha atacado muchísimo. Cuando dirigía la foto galería, las agresiones eran terribles, y eso que no existían las redes como hoy.

Fuera de lo partidario, tu vida profesional parece haber sido tremendamente política. 

Eso es lo que dice toda la gente cuando yo digo que no hago política. Y es lo que a mí me interesa. Mi papá era peronista y mi mamá radical. Yo leía La Vanguardia, que era socialista. Mi mamá mucho no me contradecía porque ella, como buena mujer, estaba enamorada de un socialista, Alfredo Palacios, que defendía a los trabajadores, la jornada de  ocho horas y demás. Todo lo que después tomó el peronismo como obra con orientación social era, en esa época, reivindicación del socialismo. En la cuestión social yo siempre fui, como se dice ahora, muy de izquierda. Pero de ahí a la violencia… Ahí me aparto. Pero ser de izquierda implica ver el ocultamiento, el no querer ver que hay gente que sufre o considerarlo un mal necesario. Y el mal necesario no existe, es la peor violencia.

Sara Facio con el Anartista




NANOVIOLENCIA

 

Ultraviolento: en base al libro “Huellas, Voces y trazos de nuestra memoria”, de editorial El Zócalo

Por Héctor Lontrato

 

INFANCIAS ROBADAS

Llegar a una edad en la que sos más grande que tus padres te deja en el último eslabón de la cadena y con la obligación de hacerte cargo de tu historia. Y ahí entrás a rebobinar el ovillo. Tirás y tirás hasta que el gato se hace cargo del hilo y lo destroza suave y prolijamente. De esos jirones, nacen recorridos que tienen a la infancia como punto de partida inevitable. Pero no a la infancia entendida como un momento único y hermoso colmado de felicidad. Porque hay infancias de mierda condenadas al olvido con estricta justicia. Imagino la infancia como un período de germinación, donde importan las pequeñas sensaciones: las voces que te arrullaron, el roce con la barba de papá, las mordidas en la pera de mamá, el pis en la bañera, dormir a upa en cualquier momento. Energía para correr todo el día y el sueño pronto a la hora del cansancio.

La infancia es fantasía en un tiempo y un espacio específico. Son las tortas de barro y pasto que simulan un bife con lechuga. Es el fantasma que mueve cosas de noche en el altillo. En consecuencia, quien le roba la infancia a una persona comete uno de los actos más violentos imaginables Una violencia que arranca, desampara, se apropia de imágenes, borra identidades por decreto y le pone un velo al pasado. La historia de nuestros seres queridos reducida -en muchos casos- a un papel con media docena de datos y una foto carné. Tanto dolor y tanta bronca concentrados ameritarían la invención de un término: nanoviolencia. Toda la violencia concentrada en un pequeño cachito. Atómos de dolor, desesperación, impotencia, furia, injusticia.

Esas historias son las que refleja el libro “Huellas, Voces y trazos de nuestra memoria”, de editorial El Zócalo, un texto en el que cinco hijos de desaparecidos recrean su infancia con amoroso esfuerzo. Con ilustraciones de María Giuffra, estos viscerales relatos desgranan ideas que arremeten a puro sentimiento y preguntas sin respuesta.

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MARTÍN : 4X4

Cuatro por cuatro, fotos en blanco y negro con bordes guillotinados que encuadran irregulares manchones amarillos y deshumanizan los rostros en perfecta sociedad con la desmemoria y el silencio. En esos dieciséis centímetros cuadrados se cuela una mirada ingenua, una entre tantas, la de un niño de tres años despojado de su historia, que anhela abrazos, caricias, cuentos para dormir y tostadas de pan lactal con dulce de leche.

Las dimensiones de infancia tienen otra escala. Martín Elias nos cuenta que cuando chico “la palabra desaparecido” era para él sinónimo de fotos 4×4, imagen cargada de esperanza que transmutaría a partir de la adolescencia, en largos años de bronca contra sus padres por el lugar de privilegio que le dieron a la militancia. Esas sensaciones encontradas darían finalmente paso a la reconciliación: “El contacto piel a piel con mi bebé me generó esa memoria corporal primaria y germinal, mostrándome y recordándome que yo también tuve esos primeros abrazos, ese primer contacto de la piel con mi madre y mi padre; esas horas a su lado, mirándolos, escuchándolos, hablándoles, conviviendo”.

La memoria podría ser entendida como un ovillo del que uno va tirando y, entonces, aparecen partes en perfecto estado y otras deshilachadas o a punto de romperse. La periodista y escritora Marta Dillon cree que “una vida no empieza con el nacimiento ni termina exactamente con la muerte. Hay un deseo previo, hay una historia previa que forma parte de lo que vas a ser”. Martín tardó casi cuatro décadas en tomar contacto con su historia y reconocerse en esa casa con pileta, sentado sobre una de las rodillas de su papá (en la otra, estaba su hermano Santiago). A partir de allí habló con amigos de sus padres, llegó a entender “que no era descabellado pensar en la lucha armada” en el contexto revolucionario de los ’70 y hasta descubrió a una militante que fue su ocasional niñera.

El deseo de cerrar el círculo está siempre presente. Dillon se manifiesta perpleja ante la majestuosidad del esqueleto de su madre y describe “la maravilla de encontrar unos huesos que fueron una pierna, la calavera sobre la que se hizo una toca, huesos que fueron el abrazo”. Martín quiere llenar algún día ese vacío y que llegue el momento de decirle a su hijo Milo: “aquí descansan tus abuelos, dejemos una flor”.

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EUGENIA: EL SILENCIO Y LA CAJITA

Cierra los ojos y recorre sus “Huellas” de una manera diferente. ¿Dónde están? ¿Por qué se los llevaron? ¿Qué hicieron? Desde que tenía dos años y medio y pedía por sus padres, Eugenia Azurmendi no para de hacer preguntas: “Cómo se habrá escuchado ese silencio penetrante en aquel departamento del barrio de Once después de que los milicos entraran a las patadas (…)”.

Se interna en “el silencio profundo” que siguió a la orgía de violencia, de gritos, de muebles volcados, armarios abiertos y ropa desparramada por el piso. Allí estaban ella y su hermano Manuel, de casi nueve meses, abrazados por un enorme desamparo imposible de describir: “¿Dónde se queda un bebé que se despierta de noche sin su mamá ni ningún brazo que lo acune? (…)”.

Eugenia no recuerda nada de lo vivido con sus padres, ni sus caras, ni sus voces. Le contaron que, durante un tiempo, se asustaba mucho cuando escuchaba un timbre y decía: “saltaron por la ventana, saltaron por la ventana”. Todo fue invisible ese día a los ojos de una gran mayoría. La invisibilidad a la que refiere Ralph Ellison, como el resultado de la mirada mental, esa con la que te invisibilizan.

El maravilloso misterio de los cuerpos, la sangre que fluye, los latidos, el continente de vida. Eugenia tomó conciencia a los 27 que ya tenía más años que su mamá. Ahí se inició otra historia, el deseo de ser madre y la gestación de nuevas preguntas para sus padres, entonces convertidos en futuros abuelos. La lucha contra el silencio persiste con pequeños gestos y símbolos, como esa cajita de zapatos talla 25, que atesora con un pañuelo blanco dentro: “Cada vez que se abre, nace un nuevo relato que le gana al silencio”.

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ESTEBAN: EL AMOR A LAS IDEAS

Esteban Lorenzano es un trotamundos, en principio, obligado y luego por elección. El exilio lo llevó primero a México y más tarde a Cuba. Retornó a la Argentina en 1993, pero actualmente vive en Francia. Tiene una mirada escéptica sobre la cuestión de los derechos humanos. Sus palabras suenan fuerte, con una línea argumental anclada en las entrañas de las ideas políticas de los ’70.

Le cuesta relacionarse con la historia de su madre y blinda sus sentimientos en una crónica despojada que abona con recuerdos prestados de su hermano mayor. Esteban tenía cinco años la última vez que vio a su mamá y acusa a la dictadura de robarle esas últimas imágenes: “Tengo un bloqueo mental que me impide acordarme de nada que haya pasado ese día y todos los anteriores”.

Su texto se presenta áspero, con la pretensión de tomar distancia de los hechos. Sin embargo, se deslizan entre los párrafos algunas frases que despegan de lo racional y van al encuentro de los afectos: “Se que la quise porque su idea, ya que no su recuerdo, me reconforta cuando me siento solo”.

Pese a su militancia en HIJOS en los ’90 no le interesa “la recuperación de la memoria en los términos en que se está haciendo”, aunque le concede “el valor reparador para muchos”. Se atreve a decir que no le “mueve un pelo el juicio a los milicos, ni tampoco su condena”. Y redobla la apuesta cuando afirma que se resiste a “aceptar que lo mejor que se puede hacer es este Estado, esta sociedad, este cementerio”.

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FELIPE: EL VIAJE

No resulta difícil imaginar a un niño quien, totalmente convencido, le explica a un compañerito de escuela por qué sus padres no lo vienen a buscar a la salida, por qué no están en los actos, por qué no firman el boletín de calificaciones:
– ¿Y tus viejos?
– De viaje, porque tienen trabajos muy importantes.
– ¿Qué hacen?
– No sé. Pero mis abuelos me contaron que siempre piensan en mí, me me van a traer muchos regalos.

El contraste con esa fe ciega en los mayores, de Felipe Fernández fue el afluente de un turbulento río de enojos y rebeldía que llevó ese cauce hacia los movimientos contraculturales y la lucha contra las políticas menemistas. La lógica comprensión que llega con los años trajo el perdón para sus abuelos y el reconocimiento a la protección naturalmente prodigada a un niño. Llegaron después las preguntas que se hacen carne en familiares y amigos de los desaparecidos: “¿En qué momento damos por muerto a ese ser querido? ¿En qué momento iniciamos el proceso de duelo? O más bien, ¿nos es posible iniciar un proceso de duelo?”.

Una nueva perspectiva sobre la vida le permitió a Felipe disfrutar intensamente de su abuelo Alberto hasta sus últimos momentos. Relata que de él obtuvo el aprendizaje más trascendente: “que la mejor manera de honrar la vida de nuestros antepasados es siendo felices, viviendo comprometida e intensamente, llevando bien alta la bandera de la vida, con solidaridad, honestidad y empeñando en ello hasta el último aliento”.

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PAULA: CARTA A FRANCISCA

Paula Silva Testa recupera el estilo epistolar para encarar la compleja tarea de explicar a su hija, Francisca, las historias de amor y de lucha entrecruzadas a lo largo de su vida y la importancia de contar con un relato que alivie las ausencias.

Balas y pañales se mezclan en anécdotas reparadoras, donde Paula le describe a Francisca el clima de época, con las requisas constantes y la obligación de bajar de los colectivos para que te palpen bajo la mirada atenta de soldaditos que apuntaban con un FAL: “Un día con tu abuela nos tomamos un colectivo desde Recreo hasta Santa Fe; ella debía encontrarse con unos compañeros para darles armas. Yo tenía tres meses. Ana había puesto las armas en un bolso donde tenía mi ropita de bebé y adentro de las mamaderas, papeles hechos bollitos con información. En un momento subió un policía al colectivo y pidió que le cedieran el asiento a mi mamá. Durante todo el viaje yo le sonreía y jugaba con el policía, pero el juego se interrumpió cuando el colectivo se detuvo. Mamá miró por la ventana y se dio cuenta de que lo que había parado el colectivo era un operativo policial”.

Por suerte, en esa requisa, los militares no fueron muy exhaustivos; madre e hija llegaron a destino sin problemas. Pero no sería la última situación crítica que debieron afrontar. En otra ocasión, entró a su casa un grupo de policías con armas y apuntó a la cabeza de Paula con una ametralladora: “Sabemos que es hija de Juan y Ana, ¿dónde están ellos? Si no nos lo dice, matamos a la nena”. En medio de la tensión, el abuelo logró construir una historia creíble que le permitió superar ese momento, pero no sin la promesa de nuevas visitas.

La carta parece iluminarse cuando Paula relata las visitas de madrugada de su papá: “me alzaba y me llenaba de besos. El me había puesto el apodo Ratita”. Recuerda también que la bañaba, le daba de comer y le cantaba canciones revolucionarias, como la famosa “Hasta siempre comandante”, dedicada al Che Guevara.

Paula fue arrancada de los brazos de su madre, quien permaneció presa durante un año. Pero su padre, Juan, jamás volvió. Ella rescata el acto de amor que representaba la militancia para el abuelo de Francisca y el compromiso por un mundo más justo.

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ATOMOS DE DOLOR

La nanoviolencia explota en cada una de estas historias. Se nutre de los pequeños átomos que contienen ese dolor enorme, inasible. Dolor necesitado de recortes chiquititos. Dolor que solo se puede sentir y entender a través de pequeños relatos que surgen de las entrañas, objetos convertidos en inalienables, sonidos y aromas de nuestros primeros años de vida.

En cada una de estas “Huellas” se redibuja la infancia borroneada por el silencio, la ley marcial supresora de recuerdos y la quema de álbumes de fotos. Una ardua tarea con trazos a mano alzada, desprolijos, desteñidos, pero vivos, potentes, auténticos.

Y en esos pequeños átomos está la posibilidad de ver la parte que conforma el todo y el todo que le da contexto. El hecho cierto y concreto. La oportunidad de aferrarse a evocaciones de vida, de recuperar la memoria para poder crecer y hacernos cargo de nuestra historia pensando en el conjunto: la mirada colectiva que nos constituye y nos hace visibles.




EPECUÉN HABLA SOLO: EPECUÉN ES LENGUAJE

Ultraviolento: Sobre “Epecuén” -laguna sagrada- y sus restos de escamas crónicas.

Por Verónica Pérez Lambrecht

 

ESPEJITO, ESPEJITO

1985. 10 de noviembre. Tras meses de intensas lluvias, resistencia a las inclemencias de la naturaleza y luchas de poder, el terraplén cedió su contención en la madrugada. Lo que vino después es una historia conocida, al menos, por quienes la vivimos de cerca.

Al oeste de la provincia de Buenos Aires se engarzan, como piedras preciosas, seis lagunas cuyo destino es nacer y morir en tierra. No fluyen al mar como los ríos, pero se alimentan una de la otra, mientras simulan una cascada. La cuenca endorreica lleva el nombre de Sistema de las Encadenadas del Oeste: Laguna Alsina, Laguna Cochicó, Laguna del Monte, Laguna del Venado, Laguna La Paraguaya y Laguna Epecuén. Este último espejo de agua, manso y de aroma astringente, recibe, además, los aportes de otras lagunas y de varios arroyos, que bajan de las sierras del sistema de Ventania y provocan la constante oscilación del nivel de sus aguas. Tierras de la pampa húmeda, coronadas con los sistemas de Tandilia y Ventania, de escasa pendiente hacia el mar.

reflejo y realidad. Patricia C. Bonjour

Así, ubicada en el fondo de una depresión, la laguna sólo disminuye su nivel de agua al evaporarse. Hiperhalina. En porcentaje, tiene diez veces más sal que el mar, cantidad sólo comparable con las aguas del Mar Muerto, ubicado entre Israel y Jordania. Por supuesto, no prospera la vida animal dentro de ella. Probablemente, sea un “residuo” de océano, que permaneció allí cuando las aguas escurrieron, durante la era glaciar.

 

EN EL DIARIO HABLABAN DE TI

Existen períodos de lluvias intensas seguidos por sequías. Los originarios los conocían y respetaban esta naturaleza. En tanto, nuestra civilización montó pueblos y sembró campos sin considerar este factor, estudiado desde antaño por el antropólogo Florentino Ameghino. La provincia debería tener una infraestructura hidráulica tal que, en una etapa, acumule aguas y, en la siguiente, disponga de ellas. Sería prudente, también, evitar montar pueblos donde un día arrasarían las aguas.

Así relata Roberto Hugo Laspiur, en la contratapa de su libro “Cien días en la Inundación de Epecuén. Crónica de una criminal inacción”: “‘El panorama es realmente dantesco. La situación es verdaderamente crítica en toda la Cuenca’, manifestaba el ministro Castro, mientras sobrevolaba la zona con el gobernador Armendariz.”. Y continúa: “El diputado Hirtz (actual intendente, 2015-2019) declaraba en ‘La Prensa’: ‘El caudal de agua que ingresa en la laguna Alsina es de tan tremenda magnitud que los técnicos de la Dirección de Hidráulica no se animan a estimarla por no entrar en gruesos equívocos. Lagunas y campos aledaños son una misma cosa y la vista se pierde dentro de una inacabable masa de agua. No se visualiza solución alguna a tan tremendo problema, como lo es el incontrolado avance de las aguas que no reconocen freno alguno, no obstante los esfuerzos sobrehumanos que se realizan para contenerlas”.

paseo de verano. Archivo HAP
paseo de verano. Archivo HAP

alguna vez fue pileta. Patricia C. Bonjour
alguna vez fue pileta. Patricia C. Bonjour

Roberto H. Laspiur narra las circunstancias en las que se formó la “Comisión Representativa de las Fuerzas Vivas e Instituciones de Carhué y Epecuén”. Hombres y mujeres debieron luchar para trascender la más dura destrucción vivida, ponerse en pie y continuar, ante la abulia de los gobiernos que no supieron estar a la altura del desastre.

“‘La Nación’ informaba que la Dirección de Hidráulica intentó en vano una medición con instrumentos específicos. ‘Los medidores revientan por la excesiva presión del líquido. Esta circunstancia torna impredecible la altura que finalmente alcanzarán las aguas de Epecuén y conforma un factor de incertidumbre que se une a la lógica angustia que experimentan los habitantes de Carhué, que intuyen una posibilidad de riesgo cuanto mayor resulte la altura del nivel del lago’ (…) La ruta 65, que hacía de terraplén estaba al límite del descontrol total. El agua la superaba (…), con un caudal de ochenta centímetros sobre el pavimento. Las catorce compuertas estaban abiertas. Si se rompía la ruta (…) No quedaría nada.”

En efecto, el texto citado manifiesta el claro descontrol de la cuenca y más allá. La expresión ‘estar a la buena de Dios’ era sin duda la más certera.

todas tus ruinas. HAP
todas tus ruinas. HAP

En el mismo libro, Laspiur cita una entrevista realizada por el Centro de residentes carhuenses en La Plata, a Oscar “Chiche” Bonjour (1986), una persona emblemática en la zona, evacuado de Epecuén, a quien su liderazgo en la lucha por ambos pueblos lo llevó a ganar la intendencia durante los años posteriores (1995-1996, hasta su muerte). Chiche no tenía un pasado involucrado con la política. A primer concejal, llegó por su compromiso con la sociedad y de la mano del partido peronista, en oposición al partido radical, que había gobernado históricamente la zona, incluso en el desventurado 1985.

“Carhué tenía una gran industria sin chimenea que era Epecuén. Nosotros recibíamos las divisas de una gran masa de turistas que era volcada casi con exclusividad en los comercios de Carhué y la zona. Eso se perdió para siempre. En la parte social daba trabajo a mucha gente de la zona, que trabajaban algunos durante la temporada y otros todo el año. Es decir, había mucha gente que dependía y vivía del turismo de Epecuén. En este momento la situación social es gravísima, los evacuados sacaron lo más indispensable o lo que pudieron y Carhué debió albergar a más de mil personas. Fue difícil. Muchas personas se alojaron en colegios, en casas de familia, otros en corralones, en galpones.Tristeza en aquellos que vimos perderse bajo las aguas el sacrificio de nuestras vidas, las cosas más queridas y la de las generaciones anteriores. La masa de agua que avanza sobre Carhué y la cota de 98,60 que ha manifestado el Director de Hidráulica, hace que la gente se sienta aterrada. Esta cota vale si no llueve. Esto trae como consecuencia que la gente de Carhué ha paralizado ya las obras; quien construía ya no lo hace, quien pensaba agrandar su negocio no lo agranda, todo el comercio está paralizado. Vale decir que la situación actual de Carhué requiere el inmediato apoyo político de parte de la Provincia para solucionar su espada de Damocles, el problema aguas arriba. Por otro lado, se presenta el problema de la ausencia de cloacas y al estar la napa freática tan alta se hunden las calles y veredas, las casas se rajan, se aflojan los cimientos, se hunden los sanitarios. Es decir, estamos viviendo una realidad que no reflejan los diarios, ni los noticieros, es como si nosotros viviéramos en un mundo aparte. Sin embargo, se hace hincapié en el problema de Guaminí, como si el mismo fuera más grave. Hace unos días el Ministro de Acción Social el Dr. Pablo Pintos manifestó que el problema no era tan grave; yo quisiera preguntarle si la gente que perdió el sacrificio de 35 años de trabajo no es grave. Si mil personas que han perdido todo lo que tienen en la vida no es grave, porque si el problema es la densidad de población, en Epecuén ha sido evacuado el cien por ciento de la población. En el año 1983 el Gobernador nos visitó en campaña proselitista, manifestando que las inundaciones de las Lagunas Encadenadas lo tenía ya resuelto porque tenía los técnicos y los medios para buscarle una solución. Lamentablemente, pasaron dos años que hubieran sido quizás suficientes para llegar a corregir el problema o por lo menos para llegar a paliar la emergencia de Epecuén. Después de que Epecuén se inundó, el Director de Defensa Civil de la Provincia de Buenos Aires manifestó en el Palacio Municipal, que al día siguiente se cerrarían en Sauce Corto las compuertas que entraban a la Laguna Alsina. Le pregunté si era necesario haber inundado Epecuén para cerrar las compuertas. Porque si la provincia le dio el apoyo político a Hidráulica, ¿cómo ninguno de los ingenieros de Hidráulica sabían realmente que Epecuén a la larga se inundaba y que Carhué corría peligro? Estimo que una persona que no tenga conocimientos de ingeniería hidráulica se puede equivocar, pero un ingeniero hidráulico dividiendo los kilómetros cuadrados que tiene la cuenca del Salado y los de la Cuenca de las Encadenadas y que en definitiva las lagunas aguas arriba son receptoras de tránsito y que Epecuén y Carhué son los últimos destinatarios sin poder evacuar las aguas, ellos como ingenieros hidráulicos no ignoraban que el peligro era gravísimo. La solución debe ser tomada de la Laguna Alsina hacia el Salado y no de la Laguna Alsina hacia Carhué donde no tenemos salida a ninguna parte.La diferencia es sideral con los inundados en el resto de la Provincia. Por lo general, la mayoría de los pueblos que se inundan son receptores de tránsito; el agua viene de arriba y va escurriendo hacia el mar arrasando viviendas, campos, ganados, evacuan las familias, pero ocho o diez días después vuelve a la normalidad, las familias retornan a sus hogares. Yo perdí mi hogar y en este momento debo tener un metro sesenta de agua y de acuerdo a la cota anunciada voy a tener tres metros. Estimo que voy a tener entre diez y treinta años para volver a mi hogar y la diferencia es sideral. Un campesino que le invade el agua del lago Epecuén va a perder su campo por treinta o cuarenta años hasta que se lave el salitre. Aquí hay gente que va a quedar en la calle, gente que ahora se encuentra con que no tiene nada; pero no tiene nada no por siete días como en los otros lugares sino que no tienen nada de aquí para adelante y quizá de por vida. Hay gente con cincuenta o sesenta años. Se encuentra con que tiene que empezar de nuevo sin fuerzas, sin medios y sin ganas de vivir. 

salitre que envuelve. Patricia C. Bonjour
salitre que envuelve. Patricia C. Bonjour

 

BURBUJAS EN EL SUELO

Tenía menos de 10 años. En esa época, en el colegio, jugábamos a la bolita en el patio con tinglado. Marcábamos el opi en algunos agujeros que oficiaban de geiser sin vapor, por la presión que ejercía el agua desde abajo y hacía saltar a las bolitas por los aires. Era divertido. También nos conmocionaba, asustaba y maravillaba ver el suelo hundido en medio del salón de actos, donde formaba una burbujeante laguna de barro.

amenaza y furia. Patricia C. Bonjour
amenaza y furia. Patricia C. Bonjour

Esa tarde nos arrodillamos todos a pedir que dejara de llover. No lo olvido más. Estaba en cuarto grado. Iba a un colegio de monjas, así que teníamos el rezo como primer escudo. Rezábamos y llorábamos. La lluvia no paraba nunca. Mamá nos buscó a mí, a mi hermano y tal vez a algún otro. El auto era una canoa al estilo Venecia. El agua ocupaba todo el ancho de la calle y casi todas las calles. Ese fue el último día de clases. No sé qué día exactamente, pero cerca de aquel 10 de noviembre. Mi casa estaba -y aún está- en una cota alta, a 107 m IGM.

El siguiente recuerdo que tengo es viajar en tren para ayudar y volver con la gente de Epecuén, atiborrada de cosas. También guardo un recuerdo no muy santo, pero que cuenta de mi inocencia de entonces: yo quería que el agua nos llegara, así nos íbamos a vivir a Córdoba. Yo se lo decía con mucha soltura a Sarita, una evacuada, y ella me contestaba con amor:

– No es lindo lo que decís…

Sarita y Horacio fueron a vivir a casa. Mamá les preparó una habitación. Como manifestara Chiche, el pueblo ofreció casas y las escuelas se convirtieron en un regadero de colchones. Ellos eran dos jubilados, a quienes la tragedia convirtió en la más hermosa familia que nos pudiéramos haber imaginado.

Sarita era concertista de piano. Llegó a Epecuén unos años antes con un reuma que le había agarrotado los dedos. Fue tan bueno y saludable el cambio que se quedaron, compraron una casita y varios amigos los siguieron. La tarde en que la desgracia les llevó a casa, ella no pudo encontrar mayor sorpresa cuando se abrió la puerta. Casi sin aliento atinó a decir:

– Un piano.- Mi hermana estudiaba en el conservatorio desde hacía años. Pero mi hermano y yo fuimos bendecidos con la mejor maestra: Sarita.

Tardaron un mes en salir de la habitación que mamá les había asignado. Pasaron nueve meses con nosotros y, a pesar de que ellos habían perdido una hija de 20 años y eran candidatos firmes a ser nuestros abuelos putativos, jamás les dijimos ‘abuelos’. Horacio y yo teníamos debilidad el uno por el otro. Él se fue primero, ella llegó casi a los 90 y aprendió a manejar a sus 83.

 

BENDITAS LÁGRIMAS: LAGUNA SAGRADA

Epecuén se llama la hermosa india, hija del jefe de la tribu. A la entrada de la carpa del jefe, se apiñan los caciques para un conciliábulo: quien en las próximas peleas demuestre más valor será el guerrero que acopiará el mayor botín y el elegido dueño de la sin par doncella.

Ese día llega y las tribus rivales huyen acobardadas ante el empuje de un solo hombre: Carhué, el joven ungido en la lucha bravía, para unirse a la divina Epecuén. Ella se siente deslumbrada. Se aman, se adoran, se idolatran.

Pero pocos días antes del casamiento, una circunstancia inesperada trunca las ilusiones: el hermoso Carhué contrae una extraña dolencia que reduce su organismo a una inmovilidad absoluta, a un cuerpo sin voluntad, al borde de la muerte. Ella, percatada de su infortunio, corre en la noche a campo traviesa hasta caer desfallecida. Llora, llora mucho. Las lágrimas fluyen abundantes. Tan abundantes que, poco a poco, semejan un delgado manantial. Y, al fin, de Epecuén no queda nada. Sólo una pequeña laguna de lágrimas. El dolor ha convertido al lugar en esa cuenca de ternura acuosa, tal vez, su alma convertida en lágrimas, nada más que lágrimas.

el sol en la espuma. Patricia C. Bonjour
el sol en la espuma. Patricia C. Bonjour

Enterado Carhué de la desaparición de su amada, pide a gritos a sus amigos que lo lleven por los verdes prados en su búsqueda. Después de un largo peregrinar por las llanuras pampeanas, se detienen ante una laguna de linfas claras. Carhué cree percibir una voz dulcísima que lo llama. Se emociona, ordena que le ayuden a entrar en la laguna: el milagro es inmediato. Carhué sale de la laguna, sano, vigoroso, ágil.

¡Bendito seas poder del amor, emanación divina! El amor ha creado, sobre el corazón destrozado de una virgen, esa laguna sagrada para bien de los dolientes.

Epecuén está bendito por el sacrificio. Prodigio suyo es el milagro de curar todos los dolores.

 

LA SAL DE LA VIDA

Por los años ’30, Epecuén era un destino turístico a la altura de Mar del Plata, a tan sólo 550 km de la Ciudad de Buenos Aires. Desde entonces, no dejó de crecer. La población estable rondaba las 1.200 personas. Hacia la década del ’70 recibía 25.000 turistas durante la época veraniega, contaba con 6.000 plazas hoteleras declaradas y 250 establecimientos comerciales.

la llegada-la partida. Patricia C. Bonjour
la llegada-la partida. Patricia C. Bonjour

Sus aguas, reconocidas mundialmente por sus propiedades curativas, cobraron una altísima fama. Embellecido por sus rojizos atardeceres, sus espacios verdes, sus colonias de flamencos rosados, sus paseos, su arquitectura salamónica [1] y por un magnífico complejo termal. Un verdadero paraíso.

al revés. HAP
al revés. HAP

A su vera, los turistas y lugareños han vivido experiencias inolvidables. El fango de la famosa salina húmeda, las termas construidas con sus aguas y los simples baños en el remanso han obrado prodigios. “‘No es un milagro. Estudios realizados desde 1896 explican que la altísima condensación de minerales en conjunto con la gran salinidad producen efectos ciertos en el organismo’, decían en aquel entonces, los profesionales que recomendaban bañarse en las salinas aguas del lago Epecuén” [2].

los árboles con sus dedos atrapan el sol. Patricia C. Bonjour
los árboles con sus dedos atrapan el sol. Patricia C. Bonjour

Sus aguas se han aprovechado para combatir la depresión, afecciones reumáticas y de piel y agotamiento psicofísico.

 

CRÓNICAS COLATERALES

Aquellos hechos y leyendas son conocidos por muchos de quienes hemos habitado esos lares y por algunos cuantos visitantes. La que sigue, en cambio, es la crónica de mi amiga, Ema Regina Doorich, quien no sólo sobrevivió la inundación, sino que -a partir del 10 noviembre del ’85- se cargó encima una psoriasis pustulosa generalizada, enfermedad psicosomática de la piel que se hizo crónica.

Aquel día se trasladaron con su familia a una zona más alta, a una quinta en las afueras de la Villa. Llegaron a Carhué, a 8 km de lo que era Epecuén, para el inicio de clases del año siguiente, marzo del ’86, momento en que apareció la enfermedad. La biopsia data de julio de ese año. En rigor de verdad, desde los 3 meses, tenía tenues problemas de piel tratados como alergias. Pero todos coinciden en que las aguas, como una caja de Pandora, desataron más de una tragedia.

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

Regina era paciente del Dr. Enzo Gasparri quien, al primer brote masivo, la llevó en su auto al Hospital de Niños de La Plata. Allí la medicaron sin mayor certeza de cuál era la enfermedad y la enviaron de regreso a casa. La medicación, lejos de mejorar, empeoró el cuadro, por lo que fue trasladada de urgencia al Hospital Regional Penna, de Bahía Blanca. Regina llegó entrada la noche, acompañada por Enzo. Cuando la recibieron en la guardia, tenía la ropa interior incrustada en la piel. Los enfermeros se la cortaron con una tijera:

– ¿Con qué se quemó esta nena?

 

EXPERIMENTAL

Hacía frío. Pasó allí el Día del Niño de ese año. Al principio la trataron con gasas furacinadas y corticoides. Luego de unos meses, comenzaron a medicarla con una droga en etapa experimental, acitretina, un tipo de retinoide. Desde aquel momento, es médico de Regina el Dr. Oscar Álvarez, eminencia a nivel nacional en dermatología. El nuevo medicamento presentaba efectos secundarios, como caída de uñas y de cabello. Fue tratada allí, en sus recurrentes ataques, hasta que los médicos decidieron no continuar con ese medicamento a prueba y derivarla al Hospital Garrahan de Buenos Aires. Con los años, al mejorar sus efectos adversos, la droga cambió su nombre comercial. Entonces Regina pudo retomar ese tratamiento, que continúa hasta el presente.

desgarro en el tiempo. Patricia C. Bonjour
desgarro en el tiempo. Patricia C. Bonjour

 

UN LIBRO DE ANECDOTARIOS

– No tengo registro de cuándo me enfermé, no tengo consciencia de cómo llegué, me acuerdo de cuando me despegaron de la cama, a partir de ahí… ¡Cómo es la cabeza, no!- me dice, con una integridad que me pasma, a pesar de los años que la conozco.

Por si algo hubiera faltado, tenía resistencia a las aspirinas. Con fuertes dolores de cabeza, la abuela Ema le hacía hacer control mental para disiparlos. ¿Cuántos años? Apenas unos 13. Le llevaba torta escondida en la cartera, porque no podía comer cualquier cosa. Pero, al fin y al cabo, era una nena y algún mimo prohibido también necesitaba.

 

PIEL DE BEBÉ

1990. Fue amor a primera vista. Nos topamos en la puerta de 2do año. Primer día. No recuerdo por qué se cambió de colegio, pero ahí estaba. Ahí estábamos. Nos sentamos juntas y comenzamos a estudiar y a “yirar”. Teníamos un grupo diminuto de amigas, porque tampoco éramos muchos. Transitábamos una pre-adolescencia sana y divertida.

Cualquier eventualidad le implicaba un shock. No tardó en somatizar, probablemente, el cambio de escuela. Ya le había pasado antes. Entonces, la catarata de información me empezó a llegar sin pedir permiso. La cabeza se me llenó con sus anécdotas y, como si las hubiese vivido con ella, las recuerdo a casi todas. El cuerpo sufrió una metamorfosis de llagas, no se podía mover y yacía en la cama. Yo le acercaba la tarea, estudiábamos como se podía. La vida seguía, nada nos haría detener. A veces, llegaba para cuando estaba recibiendo su baño de inmersión. Entonces, Teresa, la mamá -siempre absolutamente presente-, me daba el paño con maicena para que se lo pasara y así arrastrara sus cascaritas. Sentía miedo de lastimarla. La bañaba con toda la ternura de la que era capaz a mis 14 años. Era un proceso intenso, que sellaba nuestra amistad, sin duda. Creo que en algún momento se convirtió en rutina. De a poquito, su piel se descamaba. Y nos mirábamos y nos reíamos. Ella, como podía. Cuando ya había pasado por todas las etapas, le quedaba “piel de bebé”, rosada y suave. Daba impresión tocarla, pero lo peor ya se había ido.

huellas en la playa. Patricia C. Bonjour
huellas en la playa. Patricia C. Bonjour

¡Si habremos llorado!

– A veces siento que pago culpas que no son mías, no hice nada, ¿por qué tengo que vivir esto?-.

Y vuelta otra vez. Pasamos así el día del amigo, alguna internación en Bahía Blanca. Y los 15. Todas las fotos de mi cumple tienen la cara rosada de Regina, recién salida de un cuadro. Recuerdo algún viaje en el camión de Dori, así le decíamos a su padre. Esa vez, tardamos una eternidad. Caía la última helada de noviembre. Llegué y no sentía las piernas, pero le daban el alta a Regina. Era imposible perderme el ir a buscarla.

 

DE OTRO MUNDO

Con el tiempo y la droga ya aprobada, logró salir de aquellos cuadros repetitivos a tan corto plazo. Nos recibimos. Estudiamos cada una en ciudades diferentes. Nos distanciamos porque la existencia tiene también de eso.

Volví a verla en una habitación de la maternidad, después de dar a luz a su hijo. Para hacerlo, había tenido que dejar su medicación por un año y también durante el embarazo. Con el cuerpo esculpido completamente por escamas pustulosas y la sonrisa colándose en su mirada, al verme, dijo:

– Siempre estás en mis peores momentos-.

No lo creo… más bien siento que pude haber estado más y no lo hice.

salitre que penetra. Patricia C. Bonjour
salitre que penetra. Patricia C. Bonjour

La vida luego no fue precisamente generosa con mi amiga Regina. Como escapada de otro mundo, ha conseguido una dignidad, una templanza y una entereza que a muchos valientes sacaría varios cuerpos de ventaja.

 

RELIQUIAS CRÓNICAS 

Alguna vez, cuando las aguas bajaron, también Regina se animó a volver y ver las reliquias de su pueblo. Y no fueron los únicos restos: la violencia de las pústulas se hizo carne crónica. Los episodios severos dejaron de tener alta frecuencia. Pero desde entonces las llagas agreden su cuerpo: en la panza, la espalda, las extremidades, el rosado rostro.

salitre y tierra. Patricia C. Bonjour
salitre y tierra. Patricia C. Bonjour

 

SIN RETORNO

Estábamos juntas en la presentación del libro de Patricia Bonjour. Pat fue nuestra profesora de Lengua y Literatura y una gran líder durante parte de nuestra adolescencia. Hija de Chiche y oriunda de Epecuén, presentaba su libro de poesía existencial y fotografía “Palabra y Vida”. Fue una celebración muy emotiva, por lo que sentimos por ella y porque el dolor de la desaparición de Epecuén siempre hace ósmosis en nuestras almas. Patricia estaba estudiando en Buenos Aires aquel 10 de noviembre.

– ¡No vuelvas!- le había dicho el padre.

Es que la realidad era tan fuerte. Como Patricia dijo en su presentación: “No había lugar a donde volver”.

caminos sin destino. Patricia C. Bonjour
caminos sin destino. Patricia C. Bonjour

Entonces, tomé aire y le pregunté a Regina cómo hacía para poder soportar aquello. Me miró de reojo y agregó:

– ¡Meditación!-.

la araña no deja de tejer. Patricia C. Bonjour
la araña no deja de tejer. Patricia C. Bonjour

 

LA REIVINDICACIÓN DE LAS AGUAS

Las aguas de la laguna son curativas, lo fueron y lo serán. La pequeña ciudad de Carhué se levantó de la muerte de la Villa Epecuén y ayudó a sus habitantes a sobrevivir la desgracia. Todos quedamos diezmados. Pudimos sentirlo de manera diferente, pero ninguno resultó exento.

Alguna vez escuché que era el “Carhué-trophic”, imposible de transitar, lleno de pozos y arruinado por completo. Las casas cargadas de humedad por la impregnación de las napas. ¡Y ese olor a salitre!

Durante los años de mi carrera de grado noté cómo, poco a poco, la ciudad se reconstruyó. En cierto sentido los habitantes del pueblo la refundaron, acogieron a los habitantes de la Villa y los hicieron parte -aunque percibo que muchos se han sentido ajenos-. Arreglaron sus casas, sus calles y, entre indemnizaciones y otras yerbas, levantaron nuevos hoteles y spa. Ahora es un destino turístico acogedor.

La economía de Carhué se basa en un modelo agrícola-ganadero. En tanto que, históricamente, el turismo estaba en Epecuén. La inundación trajo con las aguas una reestructuración de esa economía, un mix entre ambas, aunque en menor medida, la turística. En la actualidad cuenta con aproximadamente 1.000 plazas. Es importante destacar que persiste el inconveniente: el nivel de las aguas es fluctuante y hay que reacondicionar todos los años los espacios públicos aledaños a la laguna.

los flaméricos. HAP
los flaméricos. HAP

Además de curativas, en el verano de 2017, las aguas adquirieron fama por obtener el Record Guinnes al sostener, sin accesorios, 1.941 personas a flote y tomadas de la mano por más de 2 minutos.

Las aguas te flotan.

Las aguas te curan.

Aunque no todos tenemos tanta suerte.

Y Epecuén, como dice mi amiga Regina:

– ¡Epecuén habla solo!-.

duerme mi Epecuén. HAP
duerme mi Epecuén. HAP

 

[1] Francisco Salamone, arquitecto e ingeniero italiano, quien durante los años 1936 y 1940 sella una fuerte impronta arquitectónica en los pueblos de la provincia de Buenos Aires. Son característicos los mataderos, edificios municipales y portales de cementerios.

[2] http://www.produccion-animal.com.ar/temas_historia/125-LAGO_EPECUEN.pdf

Foto de portada por Juan José Stork: FOTOMONTAJES

 




MENOS TU VIENTRE

Sobre Ultraviolento

Por Alicia Lapidus

DAR LA PALABRA

Roxana, cara redonda, ojos claros, esperanza de mirada. Abdomen grande activo de pataditas pequeñas. Empezó el trabajo de parto. El bebé era muy grande, debía ser una cesárea. Así fue. Tranquilo, nació un hermoso niño de cuatro kilos. Nos sentíamos toda felicidad. Globos celestes adornaban la habitación. El camino estaba trazado. Tres días en el sanatorio y, a casa, a criar al chiquito.

Pero lo esperado no siempre ocurre. Al segundo día, la panza de la mamá había crecido, dolía, no podía ni moverse. Ella doliente y yo, su médica, con una negrura que se instalaba en mi pecho. Los abuelos y el marido esperaban que mi palabra curase. Yo no tenía esa palabra. Lo que tenía y pronuncié fue “Síndrome de Ogilvie”, tras lo cual, bendita Wikipedia, saqué mi celular y les entregué la explicación en silencio.

ultraviolento 2

El cuadro era grave y muy raro. Ocurre una vez, cada 1500 a 2000 nacimientos. El intestino, paralizado sin causa conocida, se iba inflando. Los riesgos, enormes. La perforación, una peritonitis. Si no resolvíamos la situación, la muerte podía llegar con un 50% de posibilidades. ¿Cómo soportar el modo en que se trastoca el sentido en esos momentos? ¿Cómo pasar de los globos celestes a la vivencia de muerte tan cercana? ¿Cómo hacemos todos- paciente, familia y yo misma- para enfrentar esta abrupta, dolorosa y absurda situación?

UNA LÁGRIMA, UN INSTANTE

Hay tiempos para llorar y otros para actuar. No podíamos detenernos en preguntas. La velocidad de la acción era fundamental. Tomografía, suero, sondas varias. Endoscopía para vaciar el aire. Y el rezo, religioso de algunos; ateo, de otros. Todos juntos para que el rebelde intestino se decidiera a funcionar. Los médicos de la familia y los del sanatorio estuvieron presentes. Algunos, extraordinarios, apoyaban a Roxana. Y a mí. Otros, a quienes ni vale la pena mencionar. En cada pasillo, profesionales que apenas me suelen saludar, me preguntaban: ¿cómo está tu paciente? Y ella, estoica, sólo en un instante, dejó salir una lágrima. Estuve horas a su lado, acariciándola. “Todo va a ir bien”, “hay que darle tiempo”, “qué hermoso el bebé”. Mientras, Roxana- entre dolores y angustias- trataba de darle el pecho a su chiquito. Jeringuitas con leche la suplieron por unos días. No podía ni abrazarlo del padecimiento de su vientre hinchado.

Ultraviolento 1

 

PODER EL LLANTO

Un día sin comer nada, la panza que iba y venía. Un poco se ablandaba, un poco se hinchaba.

Lo relativo de la felicidad se manifiesta en la alegría desmesurada frente a un ruido abdominal o un gas evacuado. ¿Suena raro? Pues no lo es. Lo normal y cotidiano, en situación de falta, se vuelve primordial.

Segundo día sin comer y con las sondas en su lugar. Parecía que iba “zafando”. El peligro seguía ahí, en la puerta de la habitación, como un fantasma a la espera de un descuido, una distracción. Pero, de a poco, se alejaba de la cama.

Nadie se distrajo, nadie aflojó. Al tercer día, Roxana empezó a tomar agua y la toleró. Al cuarto día, Roxana me llamó a las seis de la mañana. Se sentía más hinchada, más dolorida. Lloraba por primera vez. Corrí a verla. Era nada más que un pequeño pasito atrás, podría decir, esperable. Y un paso adelante para ella que, finalmente, podía llorar la injusticia de su vientre.

Al cuarto día, un puré de calabaza se convirtió en un manjar y un helado de limón, en una fiesta. Ya se ausentaban las sondas. Ya el abdomen empezaba a tocar los ruidos intestinales: música maravillosa para los cirujanos. Cumplíamos una semana de la cesárea. Ese puré esperaba desde hacía cinco días…

La nube opresiva de mi pecho empezaba a disolverse. El peligro ya había llegado a la salida. Cada vez más lejos.

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LO QUE CUENTAN LAS ENTRAÑAS

Con Roxana, comenzamos a charlar de otras cosas. El tiempo de las lágrimas había llegado. No le hablé de lo peor que hubiera podido ser. No era necesario. Lo intuyó. Lo sintió en sus entrañas. Yo no podía imaginar cómo es ir a tener un bebé y que la muerte te roce; que, en vez de deditos cálidos, te acaricien esos dedos helados de la parca. Y a mí, obstetra, me toca seguir adelante, hacer partos y cesáreas como si nunca fuera a pasar nada malo, apostar a que -con la ciencia y la humanidad- alcanza.

Mañana Roxana se va a casa. Con su bebé y su cuerpo íntegro. Hoy nos abrazamos durante un largo rato. Lloramos un poquito, también.

Y ustedes, lectores, si todavía se preguntan qué relación tiene esto con lo ultraviolento, pregúntenle a Roxana.




AÚLLAN, SANCHO

Ultraviolento: sobre domesticaciones y otras heridas.

Por Lourdes Landeira

Una mano se desliza sobre un lomo más o menos peludo. La acción –encantadora-  se repite. Es un perro acariciado. El animal no puede devolver el mismo gesto. A cambio, mueve la cola y, cuando se le permite, usa la lengua para recorrer un cachete: lo lame. Algunas veces, ambos seres se abrazan en desigualdad de condiciones. El perro, se dice, es el mejor amigo del hombre. ¿Será el hombre el mejor amigo del perro? Según cuenta la historia, el lobo se habría convertido en perro por propia voluntad. Cuánta violencia habrá implicado tal metamorfosis, me pregunto en silencio. Acción genética y, mucho tiempo mediante, el animal de dientes carniceros mutó al de hocico acortado. La manipulación humana se ocupó de marcar la diferencia, la mayoría de las razas son de los últimos cien años. Persiste la caricia como posibilidad de representación de la frontera de acercamiento entre el ser humano y el animal domesticado. Para mantener las distancias.

ITINERANCIAS

Hace algunos años visité Esquel y, después de hacer los paseos tradicionales –el cerro, la trochita, el té gales –, decidí hacer frente al frío y salir a caminar. En la oficina de turismo me habían hablado de un sendero por donde se podía subir a un cerro a pie. Una amiga local me preguntó: ¿y no te dijeron que tuvieras cuidado con los perros? No, dije yo. ¿Por qué? Muy discreta, movió su cabeza y me contó que, en algunas zonas, había grupos de perros poco amigables. Me sorprendió ese temor en ella, pero, discreta yo también, no dije nada y salí. En el ascenso crucé a un perro que me miró fijo y recordé el rezo de mi infancia. Decían las abuelas que, si en la calle se te acercaba un perro, tenías que repetir para tus adentros: ay, San Roque, que este perro no me mire ni me toque. Ese, el de la subida al cerro, ya me había mirado, pero no me tocó. Dio media vuelta y se internó en el paisaje. Cuando bajé, lo recordé y me asombré al pensar que prefería no volver a encontrarlo. Y ahí quedó la anécdota, si es que llegó a serlo.tumblr_ngy48waRW21qdrgo9o1_500

En otro viaje, a Ushuaia en este caso, también hice los paseos típicos. La excursión al parque nacional paró para el almuerzo en un restaurante que, además de sus comidas típicas, tiene como atractivo un criadero de perros. Entré y no me gustó lo que vi. Cada uno sentado frente a su cucha, amarrado a ella por una soga. Entré al refugio y el encargado del lugar me contó que ofrecían paseos en trineos. Es decir, estaba frente a perros trabajadores. No, dije. La tracción a sangre no me va. Intentó convencerme de que los perros disfrutaban lo que hacían. Indagué un poco y supe que para eso los entrenaban, para hacer fuerza, para correr. Y, claro, a eso respondían. Me permití dudar de que eso fuera equiparable al disfrute. Me contó cuánta comida diaria les daba y supe que su vida útil iba desde el año hasta los diez. Qué hacen después con ellos, pregunté, preocupada por la fuerza de perro desempleado. Me dijo, y parecía convencido, que en algunos casos les buscaban un hogar de adopción y en otros los dejaban libres, en la montaña. Ninguna de las dos situaciones me parecía viable. Otra vez, ahí quedó la anécdota, si es que llegó a serlo.

RADICACIONES

Poco tiempo después leí un titular, mejor dicho, antes que eso vi una imagen en un diario local de la capital fueguina. Era una mujer hospitalizada por heridas en todo el cuerpo, fundamentalmente, en las piernas y en el cráneo. Había sido atacada por una jauría de perros. Entonces, presté atención y leí la nota. Algunos datos y no mucho más. Lo cierto es que el debate comenzó.
El municipio declaró la emergencia socioambiental. Empecé a interesarme más. ¿Por un caso? Bueno, no. Resulta que se habla de 400 casos de mordeduras por año atendidas en los hospitales. Rápidamente se comenzó a hablar de la aparición de perros envenenados. Los funcionarios dijeron que no eso no era cierto, que se respeta la condición de ciudad no eutanásica de Ushuaia. Que la eutanasia no es una medida de control de la población canina. Que alentaban la tenencia responsable y, de paso, iban a aumentar el presupuesto a zoonosis a fin de proveer recursos para la castración y el aumento de caniles. Que estaban en la búsqueda de los perros atacantes y que ya habían capturado a tres. Que luego de evaluarlos decidirían si podían ser dados en adopción.

Claro, recordé a mi amiga de Esquel y al señor del refugio que intentó convencerme de la felicidad canina.

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El problema, aparentemente, se repite año tras año. No todos los días con la gravedad del caso de la señora internada, que trascendió las fronteras locales y colocó el tema en el calor de los grandes medios nacionales. Quienes tampoco dijeron demasiado, más allá de la espectacularidad de las heridas. Los fueguinos dicen que mucha gente abandona a los animales; que, en las épocas menos frías del año, lo perros se van a vivir a las montañas y comen conejos. Pero, cuando empieza el invierno, llegan a buscar comida a la ciudad. Es común ver  comida para perros en las veredas. Es común ver perros sueltos en la ciudad. En muchos casos van en grupo, no me gusta decir jauría. ¿Lo serán? Algunos se quejan de quienes los alimentan, otros no quieren que pasen hambre. No me queda claro si por solidaridad o para no ser atacados por quienes sufren la falta de alimento.

DOMESTICACIONES

Las anécdotas, si alguna vez lo habían sido, dejaron de serlo. El término salvaje me rondaba y con él vino otro, domesticación. Resulta que el perro es “amigo” del hombre desde hace más de 15.000 años. Por supuesto, también en eso hay versiones. Estudios más recientes dicen que podríamos hablar de 40.000 años. Cuando los años son tantos, las dimensiones se pierden. En este caso, una u otra situación nos  coloca en la nómade era de piedra del paleolítico o en el comienzo del sedentarismo neolítico. Encontré por ahí una referencia al perro como: “el lobo que mueve la cola al ver a un ser humano”. Claro, el lobo es su ancestro. Y dicen, también, que el lobo se habría convertido en perro por propia voluntad, por el interés que le generaban los desechos humanos como alimento. Así y todo, se supone que fue muy extenso el tiempo que llevó el acostumbramiento mutuo y la disminución y posterior desaparición de la distancia de huida. Sin embargo, un perro abandonado, puede asilvestrarse – tal el término que se usa- en pocos meses.

Estudio-Cajas_550Domesticar implica someter y reducir,  hacer que una población –animal- se adapte al cautiverio, que sea dócil y manipulable. Requiere exterminar sus formas salvajes –las que viven en libertad-. Al inicio del proceso, conviven perro y lobo. Quien usa y controla a otros seres vivos pretende el aniquilamiento de los rasgos ancestrales de la población controlada. El objetivo es lograr que esos seres pierdan la capacidad de sobrevivir en estado libre. El proceso conlleva sus propios pasos; además de la ya mencionada desaparición de la distancia de huida (ese momento en que el temor provoca el espanto), es preciso pasar por la ampliación del tiempo entre captura y muerte. Cuando el hombre cazaba para comer, mataba a su presa en el acto. Al comenzar a utilizarla para otros fines, se amplió el tiempo de convivencia. Hoy, además de los que tiran trineos cargados de turistas, hay otra clase de perros trabajadores: cuidan rebaños, son guardianes de negocios y viviendas, hacen tareas policiales, son rescatistas, lazarillos y hasta terapistas. Los lobos actuales no serían los mismos lobos que dieron origen a los perros. Esos, podrían estar extintos.

TRANSGRESIONES

El acercamiento inicial habría sido de mutuo interés. Los perros ayudaban a los hombres a cuidar los poblados y colaboraban en la caza de otros animales. Los hombres los protegían de otros depredadores y los alimentaban con sus sobras. Sin embargo, la violencia sobreviene una y otra vez en la acción del desecho. Entonces, el recorrido a la inversa es muy veloz. La conducta va hacia sus orígenes, a los tiempos pretéritos. Los perros habrían soportado todo del hombre, menos el abandono.FRANK AUERBACH II

Como hace miles de años –ya no importa cuántos- los lobos se acercaron al hombre para comer sus restos. Hoy, en los centros de esquí de Ushuaia es común ver zorros de cara amigable pedir comida a los visitantes, a una distancia muy corta. La respuesta favorable es desalentada. Se pide, de forma, expresa, que no se los alimente. Es que hace dos o tres mil años que se dejó de domesticar animales. Ya no se los busca para hacerlos más parecidos a los humanos. Ni para sacrificarlos. La manipulación puede prescindir de ellos.




CRISOL

Ultraviolento: Entrevista a Carlos Polimeni

Entrevista: Noemí B. Pomi, Néstor Grossi, Adriana Valletta, Gabriela Stoppelman.

Edición: Gabriela Stoppelman

 

En un hoyo en la tierra /enterré todos los acentos /de mi lengua natal /ahí yacen como agujas de pino /que juntaron las hormigas puede que un día /
el llanto vacilante /de otro viajero los encienda /y así, con su abrigo y consuelo /oiga toda la noche la verdad
como una canción de cuna
.”

      “Palabras migrantes”, Paul Celan

 

Con la luz más temprana, ni bien escuche el cri cri del primer grillo, ponga el atanor al sol. Así, a fuego tibio y bajito (las voces no admiten ningún arrebato), comience a colocar los ingredientes. No respete a rajatabla la cantinela de viejos tratados ni de prestigiosos recetarios, pero tampoco deseche por completo la potencia de esos textos. Cada quien pone el alma a cocerse con lo que puede y tiene. No olvide lo indispensable: fragmentos de memorias cantadas vueltas escrituras, grafías melodiosas impregnadas en el paisaje, la altura de la montaña y el riff de una guitarra eléctrica. Cuando todo esté dentro, condimente con silencio. No puede faltar el silencio. Atesórelo al pie de cada una de sus infancias, defiéndalo entre la multitud de la avenida, acúnelo en el contorno del rostro de sus niños. Ya a punto, bien macerado en los días, anímelo adentro del crisol. El recipiente avanza al paso de lo cotidiano. No lo aísle de las horas, pero elija para él un paisaje a salvo de los ritmos monótonos y de la pura alharaca. Pasado el tiempo de la siesta, verá que el fuego levanta en multicolores (no se apresure en euforias, las voces rechazan ese tipo de urgencias). Es nomás el momento en que los vapores arcoirisean, escriben en el aire los tonos que restan después de las lluvias de crisol. Y así, bien desplegada la paleta a lo largo de la tarde, llega la noche y se abre paso el nigredo (no se atormente, no todo lo oscuro es muerte). El espectáculo entonces se vuelve fascinante: desde muy adentro de las sombras, comenzará el deshilvane de trazos. Primero serán apenas letras, luego hilachas de frases. Cuando el pulso de la letra tome ímpetu, no lo detendrán ni modismos ni soportes. Si es de vuelo y de canto: sea. Si es sobre la hoja y de cuento: sea. Urbana y pueblerina, de trecho corto y de rumbo largo, chacarereante o rockera, en verso o en prosa, la letra trasmutada se hace voz. Entonces, sí. Estamos en el aire: escribe o cuenta o canta Carlos Polimeni.

David Teniers
David Teniers

 

LAS PUERTITAS DE LA SEÑORA VOZ

“Quien la oye caer ha recobrado /El tiempo en que la suerte venturosa /Le reveló una flor llamada rosa/Y el curioso color del colorado. /Esta lluvia que ciega los cristales/Alegrará en perdidos arrabales/Las negras uvas de una parra en cierto/Patio que ya no existe. /La mojada tarde me trae la voz, / la voz deseada, /De mi padre que vuelve y que no ha muerto.”

                                “La lluvia”, Jorge Luis Borges

¿Qué diferencia tiene “la escritura radial” con la otra?

Primero, tiene una diferencia con la radio en general. El tiempo que lleva desarrollar una idea en radio convierte a una editorial en una cosa larga, compleja para la atención. Es una aspiración diferente: que la radio no sea solamente un instante que pasa. Cuando sea posible, creo que algún día publicaré un libro con las mejores editoriales. Algunas de ellas han sido escritas previamente, siempre en el mismo día, temprano por la mañana. Otras son apuntes que hilvano al aire y algunas son improvisaciones al aire sobre temas que antes estudio. La idea de “Escrito en el aire” proviene de un libro sobre mi laburo en radio que escribió la periodista María Pita Romero. Parte de la tesis que indica que la radio puede ser una forma de escritura, en mi caso una modesta aspiración literaria o ensayística. Cuido mucho el tema de utilizar al aire un lenguaje plural pero preciso, que respete la lengua castellana y conozca las diferentes puntuaciones y el valor de la conjugación de los verbos, cosa no tan frecuente en radio. Hoy más que nunca la radio está llena de gente que no piensa con una estructura que contemple los dos puntos, la coma, que conjuga mal los verbos. Yo valoro el respeto al castellano. Tal vez, porque estudié Letras, o porque soy un lector empedernido. Puede ser que nunca haya notado mucho la diferencia entre escribir y hablar. Al desgrabarlos, aprendí de mucha gente -como de Abelardo Castillo o de Jorge Luis Borges- que hay una forma de escritura en la oralidad, sobre todo en generaciones que han ido desapareciendo: hay que escuchar lo que es la lengua cuando la usan Atahualpa Yupanqui o el Cuchi Leguizamón. Tipos que no lanzaban palabras al aire. Que sabían jugar con ellas, como Hugo Guerrero Marthineitz o Antonio Carrizo.

Hay también una incorporación de elementos teatrales, como en la editorial de Cortázar, donde su voz aparece mezclada con otros sonidos como un instrumento en un conjunto.

La radio es un espectáculo sonoro, pienso. Estoy haciendo eso todos los días y preparando los textos para un espectáculo que se va a llamar “Voces”. Será un café concert de radio con cena incluida. Dos horas de voces que me habitan y dos horas para comer con el público. Todo lo que está bien… junto.

¿Por qué el plural “Voces”?

Boris Margo -  Pensamientos de la alquimia
Boris Margo -
Pensamientos de la alquimia

Uno está habitado por voces. Muchas de las mías son voces de escritores que leí y escuché en discos o grabaciones, como Gelman, Cortázar, Borges, García Márquez, Galeano, Tejada Gómez, Nicolás Guillén, Bioy Casares. Al leerlos, no puedo despegarme de las voces que consumí como escuchador de discos. Trabajando en radio intento que, si voy a hablar de Cortázar, aparezca su voz o una música vinculada a esa voz. Un espectáculo auditivo. Me parece absurdo hablar de Violeta o de Nicanor Parra sin que aparezcan sus voces. Lo que uno hace con las posibilidades de la técnica es aportar un poquito de suspenso para que aparezca esa voz.

Y cuando no tenés la voz, ¿es posible construirla?

Bueno, con Tolstoi, te puede pasar que la voz no esté. Pero trato de trabajar en radio con autores de los que hay un registro de audio, aunque hay algunos que prefiero decirlos antes que poner su voz. Un caso es Neruda. Es fea su voz, está por debajo de la calidad de su obra. A otros, uno queda como un estúpido cuando los dice, como en el caso de Galeano o Juan Gelman. Creo que, en Argentina, muy tempranamente, hubo escritores que aprendieron el valor de dejar su voz grabada. Muchas veces fue la voz grabada del escritor la que condujo a su obra. En los ’60 y ’70, yo vivía en Mendoza en una casa con muchísimos libros y discos. Mis padres eran profesores. En mi niñez, en un estante de una biblioteca en el living que estaba a la altura de mi cabeza, destacaba toda la obra publicada de Jean Paul Sartre, pero para mí eso era álgebra. Hasta que un día escuché una canción de Luis Alberto Spinetta que decía “¡Ah! Si pudiera, si ella quisiera abrirse del ser y la nada, tal vez podría ver que su dios está en la adolescencia” y la cabeza conectó elementos que hasta ahí estaban separados. “El Ser y la Nada” de Sartre empezó a tener que ver conmigo mismo, a pesar de que siempre lo había tenido a mano, ahí, en la biblioteca del living. Por Paco Ibáñez conocí a un montón de escritores antes de estudiarlos en la facultad, y otros que nunca se enseñan. “El fantasma de Canterville” fue para mí antes una canción de Charly García que un texto de Oscar Wilde. Creo que muchísima gente en Argentina conoció a Antonio Machado o a Miguel Hernández por Serrat. Hay un montón de ejemplos de apertura mental del público a partir de una cosa mencionada en una canción, que a uno lo lleva a investigar detrás de eso. Castaneda, a través de Spinetta, es un ejemplo. La música popular tomada por el público con la idea de “las puertas de la percepción”, como pregonaba TheDoors, en la línea de Los Beatles.

 

DESNUDA DE CANTO                                   

Y hay otra y otra arremetida grande / por una palabra, por tocar / o por un poquito de sangre”

                                    Sylvia Plath, “Lady Lazarus”

En un momento decís que Spinetta y Miguel Abuelo pueden ser considerados poetas. Como lector ¿qué le exigís a una letra y qué a un poema?

Juan Gris - Guitarra y cartas
Juan Gris – Guitarra y cartas

Bueno, eso puede ser una opinión. Hay algunas letras de Charly que tienen, sin lugar a dudas, estatura poética. Algunas de Iván Noble, Palo Pandolfo, Javier Martínez, por nombrar solo algunos, las tienen también. En el gran cancionero argentino pasa también con los textos que fuera de las academias escribieron Homero Manzi, Cátulo Castillo, Homero Expósito, Enrique Cadícamo, Alfredo Le Pera, Enrique Santos Discépolo, Hamlet Lima Quintana, Tejada Gómez, Manuel J. Castilla, Ariel Petrocelli, entre otros. Momentos poéticos, producto de inspiraciones poéticas, años ocultos de trajinar los clásicos para escribir luego historias de tres minutos destinadas al público de masas. Hijos de familias capaces de bautizar a sus hijos como Hamlet, Homero, Cátulo, Virgilio que crean el corpus central de la canción argentina. Creo que, cuando uno logra independizar las letras de las músicas y ver lo que esa obra está diciendo, podés llegar a captar la aspiración de todos esos señores de las letras que no escribieron para la gente de Letras. “La bengala perdida” y “Los libros de la buena memoria”, de Luis, son extraordinarios como textos. Al margen de su obra musical, que es la cresta de una ola, pero ni en broma la ola entera. Spinetta publicó un libro de poemas, “Guitarra negra”. O sea que en él había un poeta o, al menos, un intento de poeta, además del músico. Miguel Abuelo era claramente un poeta. Era un performer, un rapsoda, eso se ve en sus presentaciones en vivo, en el aliento de sus temas.

Vos sos un gran escuchador.

Me siento habitado por esas voces, que he escuchado y escucho. Está en mi voz. Están en mi memoria, como en la memoria de muchos otros. A mí muchos se me fueron alojando en el cerebro sin haber intentado nunca aprenderlos, “Lo fatal” de Rubén Darío, por ejemplo: “Dichoso el árbol que es apenas sensitivo y más la piedra dura porque esa ya no siente…” Me lo sé de memoria ¿y por qué? Quizás porque había una canción de Gian Franco Pagliaro que musicalizó ese poema y, con música, las cosas se quedan más fáciles. A lo mejor, sé un montón de cosas cultas porque las aprendí a través de las canciones. Memoricé a Neruda a través de Víctor Heredia. Y el viaje con Neruda, que conocía de mucho antes, continuó para siempre con esa bagaje.

 

VOCES TEJIDAS A PUNTO INFANCIA

                                    De todo queda un poco. / No mucho: de una canilla / cae esta gota absurda, / mitad sal, mitad alcohol, / salta esta pata de rana, / este vidrio de reloj partido en mil esperanzas, / este cuello de cisne, / este secreto infantil…”

                                    “Residuo”, Carlos Drummond de Andrade

Cuando en tus libros te ocupás de Luca o de Tarragó RosAcaso que hoy Tarragó hable mucho por lo mucho que se calló en la infancia triste, hacés mucho hincapié en lo que oyeron o no oyeron en su infancia, como herencia rectora de las búsquedas. También, en el epígrafe de “Bailando sobre escombros “, leímos: “Solo cuando entiendes la lengua de un hombre, entiendes sus pensamientos xokonoschtetl, quien tiene raíces muy profundas y se alimenta de ellas”. Y una dedicatoria tuya dice: “A la memoria de mis padres, Perla y Dante: sus bibliotecas y su discoteca llenaron mi infancia de mundos que no caben en el mundo”

Los psicoanalistas sostienen que la formación de la personalidad está relacionada con los primeros años de vida. Yo nací en el ’58 y crecí en Mendoza, en los ’60, con una mamá y un papá muy activos, con un mundo cultural efervescente y con muchos matices. Luego, en los años de plomo, ese mundo fue un refugio muy importante: todos nos quedábamos dentro de las casas -o de la conciencia, de alguna manera- porque la calle era peligrosa. Cuando era ya universitario venían a comer a mi casa compañeros de la Facultad y decían “¡Ah, pero qué vivo! ¡Ahora entiendo…!” Miraban los discos y los libros. Era como vivir en un centro cultural. Era haber partido con cierta ventaja de formación, estar al tanto desde siempre de personajes y movimientos interesantes.

Juan Gris - El libro abierto
Juan Gris – El libro abierto

Quizás por eso en tus programas la música y la palabra se entretejen tanto.

Sí. Para mí, una clave de la inteligencia, fuera de la adaptación a los cambios, es que te lleve a relacionar cosas que parecerían distantes entre sí. Es posible que ese territorio de la infancia, hasta terminar el secundario, digamos, sea para cualquiera -igual en las artes plásticas o el mundo de las artes en general-, un reservorio al que uno vuelve. En mi caso, vuelvo evocándolo, seguramente, pero lo amplío y lo adapto.

Llama la atención que, en el caso de Tarragó, señalás lo que no escuchó, lo que se calló en la infancia, aquello que no se dijo.

Una idea surgida seguramente en las charlas con él. Hacen más de veinticinco años de eso. Tarragó es la única persona a la que escuché decir: “Dicen que la infancia fue una época feliz. Yo no fui feliz en mi infancia”. Y creo que el de Luca es un caso parecido. Era un ser que cargaba una infelicidad familiar muy grande, pese a que los dos crecieron en contextos muy diferente. Uno, hijo de un pobre chamamecero, y el otro, de un rico anticuario.

Y, sin embargo, en los dos se lee una orfandad.

Sí. Pero debe ser como un temperamento físico. Lo mismo se podría decir de Charly o de Borges, o de Bukowski o de Gabriel García Márquez.

Sí, pero cada uno tiene su tracción singular de esa orfandad. 

En “Bailando sobre los escombros” hay un capítulo que dice: “Si el mundo fuera feliz, el rock no existiría”. Creo que, si el mundo fuera feliz, no existiría la manifestación artística en general. Estaríamos todos en praderas, masticando flores, mirando pasar las ovejas y tocaríamos el laúd. Casi nadie tendría muchas cosas interesantes que decir. Al mundo le sobrarían Van Gogh y Rimbaud.

No corremos ese peligro por ahora.

No, claro. El arte, en general, expresa, además de buscar la belleza de las formas, un intento de corregir el mundo, una disconformidad con lo que ya existe, el dolor de la existencia.

 

LLANTO A MÍ MISMA

                                                           ¿Por qué lloras? Mejor dame la mano / y prométeme volver en un sueño. / Tú y yo somos un monte de dolor. / En esta tierra tú y yo jamás nos encontraremos. / Si pudieras tan sólo enviarme a medianoche / por medio de las estrellas tu recuerdo. “

                                                                                                          Ana Ajmátova

¿Y qué disconformidad singular expresa el rock?

Xul Solar
Xul Solar

Alguien, en una ciudad, enchufa una guitarra eléctrica y empieza a meter barullo, a meter distorsión, a pegarle a unos parches. Eso no ocurre en el paisaje bucólico del campo, ocurre en las ciudades, entre bocinas, humo, sirenas, el cemento caliente… El rock, la música eléctrica, es una expresión de una disconformidad esencial y urbana. Cuando el rock sale de la ciudad se convierte en otras cosas. Y llegó desde los campos a las ciudades a partir de la electrificación. La música negra, original en los Estados Unidos, la música de los esclavos en las plantaciones que, después del laburo, cantaban canciones de tristeza o canciones de amor está arriba en la cadena del ADN. Esos negros, luego de la liberación de los esclavos, empiezan a ir a las ciudades y conocen la electricidad, los instrumentos, empiezan a relacionarse con el mundo blanco y así nace el blues eléctrico, de recorrido paralelo al jazz, más sofisticado. Después de esa línea de evolución surge el rythm and blues, es decir la combinación del blues con la música bailable de los colonos llegados de Europa. Y, después de ahí, salta el rock. Es una secuencia que se extiende durante muchos años. Pero el dolor, la tristeza, la disconformidad o el desamor han generado más creación artística que la alegría y la beatitud. Una vez escuché un diálogo entre Charly y Fito. Fito dijo: “Me separé y estoy como el orto.” “Aprovechá y hacé un disco”, le replicó Charly. Si uno piensa en los mejores discos de los ochenta de García, de Spinetta y de Páez fueron hechos después de peleas y separaciones: “Privé” después del fin de Jade, “Ciudad de pobres corazones” luego del asesinato de una familia. En Piano bar cuando escuchás “Por favor no hagas promesas sobre el bidet, por favor no me abras más las cartas”, está tácita la novia brasileña de Charly, Zoca. La bronca, el odio, el dolor, la venganza, la incerteza, como temas de composición, crean empatía. El jueves pasado vino Lila Downs a la radio y pusimos un bolero trágico, cantado por ella. Le pregunté si podía cantar con ella misma. Se puso los auriculares y, escuchándose, no pudo ni hablar. Lloró y lloró tres minutos. Tuve que terminar la nota porque vi que no podía seguir. El audio le pegaba a ella como público, de tal modo que no podía más que llorar.

Juan Gris -Still Life with a Guitar
Juan Gris -Still Life with a Guitar

 

 

INDIO CON PANTALONES LEVIS QUE HABLA FRANCÉS                                               

                          “Vuélveme amargo. / Cuéntame entre las almendras.”

                                                                       “Cuenta las almendras”, Paul Celan

Muchos de los personajes de los que te ocupas se acercan a la etiqueta “maldito”

Lo maldito siempre me pareció interesantísimo. Me gustan más los perdedores que los ganadores, los malditos que los benditos y lo oscuro que lo muy claro.

Sin embargo, más que el carácter “reventado” de los personajes parece que te interesa mucho marcar la riqueza de la mezcla.

Es que, en el caso de que existan cosas puras -lo cual es toda una discusión- creo que lo único interesante de nuestra cultura es el mestizaje. Yo tengo un apellido del sur de Italia, cara de indio, hablo castellano, uso pantalones Levis y estudié francés. Soy mestizo. Lo único relevante de mí es mi mestizaje cultural. Vengo de una familia con abuelos vasco-franceses, italianos, españoles e indios. Mi abuelo, Ireneo Salinas tocaba la guitarra criolla y era nieto de un cacique de San Luis, de las salinas, seguro. Mi abuelo, descendiente de italianos del sur, tocaba el bandoneón era un sentimental tanguero. Mi papá, primera generación de universitarios, escuchaba bossa nova y jazz moderno. Yo crecí en un mundo en el que todo era mestizo, en Guaymallén, nombre de un cacique huarpe de Mendoza. Hay un texto de Nicolás Guillén que dice “¿has probado tú el agua pura? Mierda segura” Lo escuché en un disco también. El agua pura es el agua destilada, sin gusto a nada. El agua tiene que tener un gusto. Todo lo lindo y emocionante nuestro es mezcla. “Tu sangre es roja, la mía también. Creo no me equivoco, algo tendremos que ver. Somos indios latinos con guitarra eléctrica y comunicados a través de internet”, dice una gran canción de Pity Álvarez. Es una buena pintura de la cultura argentina. Fijate, a nuestra cultura se la relaciona con el tango. Tango es una palabra africana, como tantas otras que usamos sin saberlo. Además, ya existe en el flamenco una forma que se llama tango. El máximo cantante sería Gardel, un francés. Y el instrumento que nos representa es el bandoneón, que sólo se fabricó en Alemania, originalmente. Lo cantamos en castellano, la lengua de nuestros conquistadores. Lo valoramos cuando fue bendecido en París y New York. Somos mestizos por donde nos miren. Folklore no es una palabra argentina, sino anglosajona, quiere decir: el acervo del pueblo. El instrumento con que tocan la mayoría de los folkloristas es… la guitarra española…

Hemos tenido muchos debates con muchos entrevistados sobre un tema que planteás en varios de tus libros con tus biografiados: lo extranjerizante. Para algunos pareciera que la única música nacional posible es la reactiva, la que se defiende del otro. Para otros, cualquier influencia no deja de ser propia.

Xul Solar
Xul Solar

El mestizaje, la mezcla de elementos, define nuestro aporte cultural. Lo que pasa es que, en las grandes ciudades argentinas, una parte de la cultura oficial mira a Europa o Estados Unidos como meca o utopía y rechaza lo propio por grasa. Se ha creado un desfasaje muy grande que se ve en la belleza, en cualquier canon que busquemos. Nuestras clases altas, su dominio de la comunicación y cierto espíritu colonial que sobrevuela han hecho que si en la puerta de este café, está la palabra “Exit”, nos parezca normal. Pero, si eso mismo estuviese escrito en mapuche o guaraní, no sólo no comprenderíamos, sino que nos parecería excéntrico, aquí en Palermo Viejo, el barrio de los compadritos de Borges. A un porcentaje alto de la gente culta de Argentina le parece excéntrico o incluso inculto que alguien hable guaraní. Pero que lo haga en una lengua europea es re cool. Hay un problema de no reconocer y de mirarse en un espejo equivocado. Por mi trabajo he podido viajar a unos cuarenta países. La verdad es que, cuando uno entra en Europa, es un sudaca. En España, sos de un lugar que colonizaron. En Francia, sos de un lugar exótico y simpático. En Alemania, de un lugar donde no te quieren. Siempre sos un sudaca. Y la diferencia entre un uruguayo y un argentino es algo que comprenden solamente un uruguayo y un argentino. Es como si alguien nos dijera a nosotros: “Yo no soy de Nigeria, soy de Gabón”. Para nosotros es lo mismo: es un negro de África. Bueno, para ellos nosotros somos unos indios de Sudamérica. Ahora, en lugar de tener orgullo por la identidad muchas veces nos da culpa, pena o vergüenza. Tenemos nostalgia de una pureza ajena. Hay un productor argentino de cine que había conseguido una plata para hacer un película que finalmente rodó en África y así entró en contacto con muchos cineastas africanos. Sus pares le contaban que conseguían mucha plata europea para hacer películas en África, pero solamente si tenían jirafas, elefantes o leones. Imaginate una reunión con los productores europeos. “¿Vos querés filmar un drama psicológico que transcurre en Túnez?”. “Si, eso quiero”. “¿Hay jirafas?”. “No.” “Entonces, no hay plata.”. “Esto es una historia de amor que transcurre en las afueras de El Cairo.”.”¿Hay camellos, hay pirámides?”. “No”. “Entonces, no hay plata.” Al público europeo no le importa África si no hay safaris y leones. El mundo espera que vos te comportes según el estereotipo. Mercedes Sosa tenía un contacto con un empresario de Alemania Oriental, que realizaba un famoso festival de la canción política. Allí Mercedes cantó “Gracias a la vida” con Joan Baez, por ejemplo, antes de la caída del Muro de Berlín. Un día le dice el empresario a Mercedes, “si un año usted no viniera, ¿a quién puedo contratar de Argentina, que sea bueno y que nos pueda gustar a los alemanes?” “A León Gieco”, le dijo Mercedes. “Ah, ¿y cómo es?”. “Es como Bob Dylan pero en castellano”. “No”, le dijo el tipo, “si quiero a Bob Dylan traigo a Bob Dylan”. Mercedes se dio cuenta en el acto que había metido la pata y contraatacó: “No, no. Es como Bob Dylan de aspecto, pero en realidad es un folclorista rubio que toca ritmos folclóricos argentinos”. “Lo contrato”, dijo el empresario. Y lo contrató nomás. Mercedes vino y le dijo a Gieco: “Leoncito, arme una banda con bombo, bandoneón y mucho quilombo y meta sikus, que lo van a contratar”. Durante años, León tocó con esa banda, porque así conseguía laburo en Alemania, Australia y muchos otros lugares, con un público que no quiere un Bob Dylan, quiere un gaucho. Ahora, si nosotros asumimos que, dentro de eso, ese gaucho puede ser un montón de cosas más que un gaucho, y no nos da vergüenza, a lo mejor, entendemos más cómo nos miran. Ya que a los argentinos nos preocupa mucho más como nos miran que como somos.

Remedios Varo
Remedios Varo

 

 

COCA COLA NO SIEMPRE REFRESCA MEJOR

“La poesía debe ser hecha por todos”,

     Lautréamont

                                      

Todo un tema, porque si lo nuestro es el mestizaje ¿dónde queda lo originario? 

Es que lo originario es también mestizo a esta altura. Yo he pasado el solsticio de invierno con la comunidad mapuche en San Martín de los Andes y muchos de esos mapuches llegan en moto, con sus teléfonos celulares inteligentes, sus tablets y hablando castellano. Conservan su espíritu ancestral y sus ritos, pero viven en este mundo y con él interactúan. Sin embargo, lograron una histórica resolución judicial mundial, por la cual no hay internet en mapuche, para preservar la lengua. Pero me ha pasado de estar en una reservación qom, donde todos andan vestidos de calle y te dicen “¿querés una foto? Nos ponemos la ropa de los pueblos originarios y te cobramos por la foto.” Creo que es inteligente también no vivir en la era medieval, cuando tenés acceso a la tecnología. No como esas sectas de Estados Unidos que viven sin luz eléctrica porque creen que la electricidad es el demonio.

A veces, para preservarse es mejor abrirse que cerrarse.

Roberto Matta
Roberto Matta

Las dos cosas. Es combinar qué debe estar cerrado y qué abierto. No es lo mismo la colonización que la combinación. Colonización es que te hagan la cabeza. Otra cosa es el rechazo a la tecnología y al progreso, en base a un fundamentalismo sin lugar. Somos mestizos porque en nosotros conviven un montón de cosas, entre ellas la aceptación de los nuevos tiempos con el reconocimiento del pasado. Te colonizaron cuando vos ya ni te das cuenta que estás colonizado, esa es la verdadera colonización. Mis hijos fueron educados, en parte, con “Cartoon Network”. Cuando vamos a comer los varones pueden decir “Quiero nachos con frijoles y guacamole”. El otro día mi hijo Luca me preguntó: “¿Te gustaban las canicas cuando eras chico?”. “¡Bolitas, qué canicas!”, le dije. Eso te da una muestra de cómo, sin darte cuenta, estás en un proceso en el cual la colonización es tan suave que ni se nota. No es malo en sí que te guste el guacamole, al contrario, es conocimiento de otra cultura, pero tapan lo propio. Los pibes no comen lo propio sino lo ajeno. Sus padres festejan una Navidad Blanca con un Papa Noel vestido con los colores de Coca Cola. Halloween es más importante que la Pachamama.

Es curioso que estemos hablando de mestizaje, de alquimias y transformaciones y nos citaste en un bar que se llama “Crisol”.

 

 

PAISAJE QUE CANTA, PAISAJE QUE CALLA

 

                                                                       “con charcos de almejas y garzas como / clérigos / la mañana hacía señas / con el rezo del agua y el grito de gaviotas y cornejas / y el golpeteo de los botes en el muro tramado / por las redes, / para que yo me levantara / es ese instante / en el pueblo dormido todavía y empezara a caminar.”

                                    Dylan Thomas, “Poema de octubre”

Uno de los elementos que incluís al narrar la vida de los personajes que biografiás son los paisajes, para vos parecen ser muy importantes.

Mirá qué interesante. No lo había registrado… Te puedo decir que sí, creo en el determinismo geográfico. Creo que los microclimas, el medio ambiente, las cosas que uno ve, te determinan en buena parte.

 

¿Y las calles?

Xul Solar
Xul Solar

Me gustan las calles, será por eso. Creo que si crecimos en la pampa, al lado del mar o en el Caribe, eso nos condiciona temperamentos y, también, visiones de la vida. Si miramos el mapa de la cultura universal veremos que, en un puñado de kilómetros, nacieron Einstein, Marx, Freud, Nietzsche, Kant, Beethoven, Mozart, Bach, Goethe y siguen y siguen las firmas. Un lugar donde hace frío diez meses al año. La gente está encerrada en las casas. Piensan, filosofan, escriben. Esas mismas gentes, nacidas en el Caribe americano, hubiesen hecho obra por otro lado: tocarían los timbales, comerían ceviche, pintarían aldeas selváticas. En el Caribe no hay experiencias registradas de filósofos metafísicos de resonancia mundial o músicos abstractos de nivel internacional, quizás porque la vida es tan linda y tan simple que la gente vive diferente. Para interrumpir el silencio del frío y la montaña, hay que tener algo que decir. Si no lo tenés te quedás callado. ¿Por qué un porteño habla a los gritos? Porque en la ciudad hay ruidos, música, gente que pasa, pasan los colectivos. No nos escuchamos, entonces, hablamos mucho y muy fuerte. Pero vos estás con un jujeño, y puede estar una hora sin hablar. No es que esté enojado, es que no tienen nada que decir para interrumpir el silencio. El silencio es mucho más importante que las palabras.

¿Y el silencio para vos?

Soy de al lado de la montaña, de una montaña muy grande, impresionante. Cuando estás a su lado, te dan ganas de pintarla, de fotografiarla, de retratarla, de subirla y de mirarla. La montaña te hace voyeur, o trepador. En mi caso, miro, veo, saco conclusiones, ese es mi temperamento. Soy de ahí pero también viví la mitad de mi vida acá. Me porteñicé. En esto también soy un mestizo. Allá soy un porteño y acá no soy un porteño. Un patagónico te dice: “Vamos acá cerca”. ¿Y cuánto es acá cerca? Setecientos kilómetros. Bueno, hay un determinismo de ánimo y hasta hay uno físico. Los mejores corredores del mundo, de esas carreras de 42 kilómetros, las maratones son de lugares donde había que ir a buscar el agua y el agua quedaba lejos. Los mejores velocistas provienen de zonas en las que si no corrías, te comía el león. Las estrellas deportivas jamaiquinas de hoy son descendientes de esclavos que venían de África. Los barcos con esclavos hacían la primera parada técnica en Jamaica y luego seguían a Estados Unidos. En Jamaica, los dueños ingleses de las haciendas se quedaban con los mejores, los más rápidos, los más altos, los más esbeltos y, de ahí, salieron los tatarabuelos de los que hoy son los hombres y mujeres más veloces de todos los tiempos. La enorme mayoría de los mejores corredores de 100, 200 y 400 metros son jamaiquinos desde hace años. Y de los diez mejores tiempos de la historia de las maratones, ocho son de atletas de Kenia y dos de corredores de Etiopía. Miren el mapa y los desiertos.

Miguel Ángel Estrella nos contó de un género musical que se llama “tumba africana”, en el que los negros de Cuba, descendientes de los esclavos africanos, tocan música africana mientras bailan vestidos de cortesanos franceses.

Todos los géneros musicales más lindos de América Latina son producto del mestizaje entre los esclavos, su música negra y los blancos. Ya hablamos del tango y el blues. También la bossa nova, la habanera, la chacarera, el candombe, América completa es mestiza en ese sentido.

Europa también es mestiza.

Sí, otros mestizajes: los anglos con los sajones, por ejemplo. Lo que pasa es que, en el temperamento anglosajón, no hay -al menos que nosotros podamos advertir desde acá- un desprecio de unos por los otros. Acá sí, el desprecio del blanco sobre el negro, por el indio… El intento de supremacías blancas le ha traído muchos problemas a este mundo.

 

 

NO ES UN PÁJARO, NO ES UN AVIÓN: ES CHARLY

                        

            Toda una primavera de alondras en una nube enrollada”

                                               Dylan Thomas

¿Tendrá algo que ver el mestizaje en deponer la primera persona y hablar en tercera en tus textos?

Me daba vergüenza escribir “yo”. Como vengo del periodismo, la palabra “yo” me parece demasiado autorreferencial, por eso trato de no escribir en primera persona. Es un ejercicio que puede parecer raro o impostado… Comunicación implica la existencia de gente que necesita saber y la existencia de cosas que contar. El comunicador debe tratar de desaparecer y ser el nexo entre ambos elementos. Intento conectar y el yo me suena intrusivo.

Igual está tu mirada.

polimeni7845d0ae94d6d01d634e90ce971d66a1c--modern-art-art-artSí. Michael Moore o Lanata hacen documentales con ellos delante de la cámara: “Estoy aquí ,en la puerta de la General Motors”. A mucha gente le encanta. A mí me hace ruido: correte, mostralo y que tu voz quede en off. Ahora escribí un libro que va a publicar en octubre Planeta. “El día que Charly saltó (y otras crónicas salvajes del rock)”. Son un puñado de crónicas personales con historias y momentos de Spinetta, Charly, Fito, Calamaro, Abuelo, Federico Moura, León Gieco. Ahí utilizo un poco más la primera persona. El día que Charly se tiró fue una rareza. Él acababa de dar un recital en Mendoza, un sábado por la noche. En Mendoza y en Córdoba siempre hubo problemas con Charly. Para algunas ciudades del interior Charly es un porteño insoportable. Una vez, la justicia de Mendoza lo internó, incluso lo ataron, le pegaron, lo filmaron como a un animal salvaje. Él ha tenido un comportamiento muy raro y el público también lo ha tenido con él. Ese día en que se tiró era la Fiesta de la Vendimia, marzo del año 2000. El gobierno de Mendoza me había invitado a ir tres días gratis: viernes, sábado y domingo. Simultáneamente, había un programa de recitales llamado “Argentina en vivo” del gobierno de la Nación. Era una serie en la que Mercedes cantó en el límite con Bolivia; Divididos, en Tierra del Fuego; Gieco, en El Dorado, el límite con Brasil; Cerati, en San Rafael; Diego Torres, en Bariloche. Charly tocó en Mendoza capital, con Mercedes Sosa de invitada, todo bien. Yo estaba de casualidad alojado en el mismo hotel, en el tercer piso. Allí, Charly había escrito, quince años atrás, “Demoliendo hoteles”, una vez que él había roto todo ese hotel. Bueno, el recital terminó a la una de la mañana y yo me fui a comer con unos amigos al centro de Mendoza. Vino María Gabriela Epumer, que era amiga mía y tocaba con Charly, y se sentó a comer con nosotros. Charly terminó tocando el piano en un barcito a las tres de la mañana, para cincuenta tipos borrachos que le pedían “Canción para mi muerte”. Como a las cinco, una señora pasada de copas le dijo: “Eh, agreta, no tocaste lo que te pedí”. Y Charly le contestó: “¡Toqué cuatro horas gratis, toqué!”. Un tipo que estaba con la señora le tiró a Charly un vaso. Charly lo esquivó. Uno que estaba con Charly le dio un sillazo en la cabeza al acompañante. El resultado fue que Charly se fue a dormir y la dama y su compañero fueron a la comisaría a hacer una denuncia contra él por agresión física. La policía fue a buscarlo, lo detuvo, lo metió en la Penitenciaría. Le hicieron una causa. Quedó detenido, a espera del pago de una fianza, en la habitación. Un escándalo. Yo llegué a las tres de la mañana al hotel. En el pasillo, el violinista que tocaba con él me encaró: “¿Carlos Polimeni?”. “Sí”, dije yo. “Hace tres horas que te estoy esperando, pasó todo esto y Charly quiere hablar con vos”. Yo tenía a esa altura una relación de veinte años con Charly, así que le dije: “Decile a Charly que yo me voy a dormir”. “No, no, me va la vida en esto. Charly necesita que le grabes una nota contando lo que pasó y responsabilizando al gobierno de esto, porque el gobierno lo trajo y ahora no lo protege, lo llamó a De la Rúa y no lo atiende…”.“Mirá, flaco, no tengo ni grabador”. “No te preocupes, tenemos todo”. “¿Sabés qué pasa? Yo no soy empleado de Charly García. Estoy acá pasando el fin de semana”.“Pero yo sí soy su empleado. Te pido por favor”. “Bueno, está bien. Tenés razón.” Voy. Estaba Charly y alrededor un mundo inenarrable. Y Charly, enloquecido: “Me tienen preso acá. Ahora me voy a tirar por esa ventana, me voy a matar y la culpa la va a tener el gobierno, son todos unos hijos de puta”. Bueno, le grabé una entrevista de una hora y media en la que decía: “Si cuando me tiro de acá, me mato, este es mi testamento”. Me fui a dormir. Eran las seis de la mañana. A las doce del mediodía, me desperté. Yo era Jefe de Espectáculos de Página12 y tenía esa entrevista grabada. Era lunes a la mañana. Me fui a

Boris Margo - L'encre des fees
Boris Margo – L’encre des fees

escribir a una oficina. La televisión estaba todo el tiempo con “Charly, incidente en Mendoza y qué se yo…” En ese tiempo, Darío Lopérfido estaba todavía del lado de los buenos. Lo llamo al celular, él estaba en la Casa Rosada y me atiende. Me pregunta por María Gabriela Epumer y le digo que había estado con ella hasta las cuatro de la mañana y estaba bien. Le cuento que tengo esa entrevista explosiva con Charly donde lo puteaba a él, a de la Rúa, al gobierno, hablaba bien de Menem, y lo insto a ayudarlo al flaco.

¿De Menem?

Sí, porque cuando lo llamaron a Menem en medio de ese quilombo, los atendió. Los escuchó y pidió que le pasaran con el sargento que estaba en la puerta de la habitación. Le pasaron y Menem le dijo al sargento: “Carlitos es un buen chico, déjenlo tranquilo ¿quién es el juez de la causa?”. Y así… Finalmente le dije a aquel Darío: “Mirá, te aviso porque si pasa algo grave, va a ser un problema para todos”. “¿Qué grave puede pasar?”, me respondió algo cínicamente. “Charly está amenazando con tirarse por la ventana”, le comenté. “Pará, pará…¡Charly se tiró recién por la ventana y cayó en una pileta!. Está vivo, lo estoy viendo por la tele” ¿Qué pasaba? El Hotel Aconcagua alojaba por entonces también al ministro del Interior de Argentina, que era un mendocino, Alberto Flamarique. El tipo había citado a una conferencia de prensa a los medios nacionales, en el primer piso del hotel, para hablar de la economía argentina. Cuando vienen los periodistas, prenden las cámaras, está a punto de empezar la conferencia y, por la ventana, pasa Charly García volando. Un camarógrafo, que llegaba tarde a la conferencia de prensa y venía armando la cámara, se encuentra con Charly en plena caída y filma la secuencia. Eso era lo que Lopérfido estaba viendo por tele, casi en vivo, cuando yo lo llamé. Bueno, subí a verlo y Charly estaba ya en su habitación. Él no sabía que la pileta estaba casi vacía cuando se tiró. El piletero estaba vaciando la pileta porque era lunes. Al ver a Charly, le pidió que no se tirase. Se tiró, claro. Cuando lo llevaron la demencial noche anterior a la penitenciaría le hicieron entintar los dedos, ese trámite feo. Él le dijo al comisario que no lo haría porque él era Charly García. El comisario le respondió: “Vos sos uno más”; “No, yo no soy uno más, yo soy un genio, soy Charly García”; “No, aquí sos uno más”. Cuando se tiró, Charly terminó declarando: “¿Vieron que yo no soy uno más?” Era un gesto de valentía, en su lógica. De chico, en Moreno, en una quinta de sus padres, con una pileta que tenía al lado una casilla, Charly ya se tiraba de trampolines escarpados. En el piso del hotel de Mendoza donde estaba, había un tentempié del gato Silvestre. Antes de tirarse, Charly tiró ese tentempié a ver para qué lado caía. Luego, tiró una caja con compacts y vio para dónde caía. En base a eso calculó y después se tiró él. Fue un gesto desafiante.

 

VOCES A FLOR DE PIEL                                              

            Vuelve siempre y tómame en la noche, / cuando los labios y la piel recuerdan…”

                                                           “Vuelve”, Constantin Kavafis

Vos destacabas antes que ese coqueteo con la muerte pareciera no estar asociado al suicidio, sino a un desafío. 

Claro. Luca, por ejemplo, esperaba la muerte. Charly, no. Hoy Charly tiene una vida muy limitada, aunque en lo musical está bien. Siempre estamos esperando sus canciones, creo.

Vuelvo a un tema que ya comentamos, ¿cómo diferenciarías a los malditos del reviente?

Hay un parentesco entre los malditos y los reventados. Volvemos a la infancia, la felicidad y la no felicidad, los padres, la sociedad… De Charly y de Luca, no se puede decir nada que no hayan dicho ellos en sus canciones. Pero, en el ’55, Charly tenía cuatro años, hijo de un matrimonio de clase media alta. El papá era empresario y la mamá, productora de televisión. Los padres se fueron a Europa en un viaje larguísimo de tres meses y dejaron a los dos hijos al cuidado de la sirvienta, las tías y demás. Se fueron mintiendo que volverían pronto. A los cinco días de irse sus padres, Charly tuvo un ataque de bronca que le decoloró la piel entera en un cuadro o enfermedad que se llama vitíligo, un ataque en la piel de bronca y de odio. Creo que, de ahí en adelante, él vivió siempre enojado, sobre todo, con la madre. Entonces siempre fue el chico díscolo, rebelde… Charly es un rebelde, pero uno que siempre quiso ser una estrella de rock, lo cual es una maldición. Llegar al conocimiento a través de los excesos. Luca ya sabía qué era eso. Luca tenía un problema grave con el padre y Charly, con la madre. Pero si vas a Michael Jackson, Prince o Madonna, tenés los mismos casos: abusos infantiles, padres dominantes. Axel Rose, Mick Jagger… En ese estereotipo de la estrella de rock, hay siempre una pelea fortísima con la autoridad maternal o paternal que deviene en un encontronazo con los maestros, con el poder, los uniformes, la autoridad y el deber ser. Creo que, más que rebeldes, son personas muy heridas por la vida y canalizan eso en algo artístico.

Y, aun así, eso no lo explica todo. ¿verdad?

Roberto Matta -  Invasion Of The Night
Roberto Matta -
Invasion Of The Night

No, claro. Hay miles de personas con las mismas características que no crean arte. En todo caso estamos hablando de gente con capacidad y desarrollo intelectual o artístico fuerte.

 

VIDRIO MOLIDO DENTRO DE UNA ALBÓNDIGA

                                                           “olas enormes se precipitan sobre las casas / y arrancan los labios / que los pájaros han colocado en las ventanas”

                                                                     Jean Arp 

¿Qué es para vos ultraviolento?

Un tema de “Los Violadores…”. También, me llama la atención que una parte importante de la sociedad argentina se haya dado cuenta recién ahora de los ultraviolentos de clase que están en el poder. Acá hay una visión de la clase alta y de los ricos en Argentina, una visión que está en el corazón del gobierno de Macri y sus alrededores. Ellos, hasta acá, nunca habían gobernado sino a través de otros o cogobernaron, como con Menem y con la dictadura. Ahora, por primera vez, lo hacen de un modo simbólico ultraviolento. Todo eso en un proceso que se enmascaró como se enmascara el vidrio molido dentro de una albóndiga que come un gato y después desgarra sus tripas. Acá hubo un gran enmascaramiento de cuál era el verdadero plan de ejercicio del poder. Y, ahora, casi dos años después va quedando más o menos claro: ellos piensan que a la Argentina le sobran veinte millones de personas y quieren gobernar, como en otros países de América Latina, para veinte millones y los otros veinte que se jodan, que subsistan… Creo que el plan es el intento de una reescritura de la historia argentina y es mucho más ambicioso de lo que uno ve. Al sector que ha salido perdiendo en el relato de la historia -por ser cómplice de las dictaduras, los genocidios y el entreguismo- enarbola hoy una narrativa propia. El ministro Bullrich te dice que va a haber otra conquista del desierto, como si aquella hubiera sido muy buena. Y luego desparece Santiago Maldonado por apoyar la causa mapuche. Se despliega un plan completo ideológico para discutir de vuelta todo: la conquista del desierto, la Patagonia Rebelde, el peronismo, los ’70, la dictadura. Todo en un país que, si es diferente al resto de América Latina, es porque la Generación del 80, con Sarmiento a la cabeza, pensó en la educación laica, gratuita y obligatoria y en la salud pública como pilares de una sociedad. Si fuera por los muchachos que están ahora, Sarmiento era un zurdo. Para ellos está claro que quien pueda pagar merece salud y educación y el que no, que se joda como en Chile o Brasil…

También ahí hay una operación de lenguaje exitosa que no encuentra nada muy talentoso ni muy bien pensado que se le oponga.

Roberto Matta - La vida allende la  muerte
Roberto Matta – La vida allende la muerte

Porque, en estos tiempos, en que gobernaron otros sectores, la derecha tuvo espacio para recargarse y renovarse, aprovechando el repliegue. Estados Unidos modificó su política respecto de América Latina, ya no quiere golpes de Estado sangrientos, que le traen problemas a todo el mundo, sino gobiernos amigos-socios. Ya no cree que el problema sea acabar con los subversivos, sino dominar los medios de comunicación. La llamada batalla cultural, en términos de Antonio Gramsci, fue ganada ampliamente por Estados Unidos, que, a través del cine, la televisión, la música y la moda, impuso en este continente valores culturales foráneos como propios. Después de este período turbulento de más o menos quince años en que triunfaron los sectores diferentes en las sociedades de siempre -Lula, Dilma, Evo, el Frente Amplio, Bachelet, Chávez, Maduro, Correa, y el kirchnerismo en Argentina- la derecha latinoamericana tomó nuevos impulsos: es moderna, es tecnológica, es de redes sociales, tiene dinero, no es sangrientamente genocida, tiene discurso nuevo, tiene semiólogos, semióticos, publicistas y su intento final, insisto, es reescribir la historia completa. Hay que pensar las particularidades de la Argentina, en que el ciclo del principio de milenio se dio de la mano del peronismo. En el peronismo hay una idea general de que el estado debe estar a favor de los trabajadores pero también un culto por los empresarios nacionales. Es una expresión de nuestro mestizaje también. Argentina es un país con características especiales: mucho más culto, mejor educado, con mayor salud y mejor alimentado que el resto de América Latina, con mayor poder de su sociedad de salir a la calle, más sindicalizado y combativo. Esa fue la base sobre la que se avanzó tanto en lo simbólico, en una era en que una porción de la sociedad se sintió en sintonía con América Latina. Una sintonía en diversidad, si se quiere. La derecha en el continente, en cambio, no tiene diversidad: en todas partes es muy parecida entre sí. Usa el mismo libreto y tiene los mismos guionistas. Hace las mismas acusaciones y tiene los mismos miedos y privilegios. Cuando ves los trajes de Macri, Enrique Peña Nieto, Sebastián Pineda, Lacalle, Capriles, Michel Temer, los peinados de sus mujeres hermosas, los discursos escritos por sus publicistas son todos parecidos. Son familias. Los derechosos no usan ropa roja ni llamativa, usan colores tenues, blancos, celestes, beige, marrones. Hay un patrón en los discursos, en los aspectos y en las campañas, mientras del otro lado reina la disparidad. Los presidentes del período anterior parecían la Armada Brancaleone: una mujer con cartera europea en Argentina; un indio que no habla bien castellano en Bolivia; un viejo con aspecto de topo en Uruguay; una mujer con apellido francés en Chile; un economista ortodoxo, convertido en traidor de su clase en Ecuador; un obrero metalúrgico con un dedo menos en Brasil; un militar nacionalista en Venezuela. Un conglomerado que parece armado para una publicidad de Benetton pero que irrita en serio al Poder Real, Todo eso junto fue mucho al lado de estos otros tipos, que son todos iguales: todos lectores de Vargas Llosa, formados en universidades privadas, todos con postgrados en inglés. Si hay un invento que esta época disparó es que la comunicación de masas ha logrado pobres que aman a los ricos. Y les perdonan a ellos la corrupción que no les perdonan a los gobiernos populares. Pero es un proceso muy pensado desde el Norte. Hasta las telenovelas han sido un campo de batalla, pregunten sino en Brasil a los televidentes de O Globo. O miren Canal 13 en la Argentina. La batalla cultural es una expresión que patentó Gramsci en Italia y que usó la izquierda en todo el mundo, pero fue la derecha quien mejor y antes la llevó a cabo. Y de este estado de cosas no se sale fácil. Se sale sólo con sufrimiento. Se sale -como decía Churchill- con sangre, con sudor y con lágrimas, no con buenos modales.

 

FIEBRE EN LA MOCHILA                                                        

Revuelo de silencios aromados. / Estrellas-pájaros de fuego / dichosos de infinito.”

                                               “DespertarJacobo Fijman

Vuelven las conexiones: como antes con voces y palabras, silencios y sonidos, ahora, los colores de las ropas, las lecturas de los presidentes ¿cómo asociás esa manera de lectura con lo poético que tanto aparece referenciado en tu obra?, ¿escribís poesía?

No. Escribí de joven, pero no escribo poesía. Por otra parte, creo que la poesía es una mirada diferente sobre el mundo de lo real, es ver la armonía, la belleza, la disonancia que están y generalmente no vemos. La mirada del poeta es la que encuentra, en esa pared, que podría ser sólo una pared de ladrillos, un universo. Creo que lo poético está ahí. Hay que escuchar, ver, y después hay que poder decir, pronunciar. Eso tiene que ser carne de uno, algo que va de adentro hacia afuera. A los músicos suelo preguntarles dónde está la música. Si está afuera y el músico es una antena que la capta, o si está adentro y el músico la saca con sus instrumento. O si es todo eso junto. No sé muy bien cómo es con la poesía. A veces me parece que está en las cosas, a la espera del ojo que mire y cuente. Y otras veces creo que está dentro de las personas. No me preocupa, como lector. Pero adquirí el hábito de intentar retener lo que me gusta, tal vez de tanto repetirlo para mí. Quizás la culpa la tuvieron los profesores del secundario, que me hacían aprender de memoria. El placer por retener buenos textos es como una fiebre. Como que te guste jugar al fútbol o cocinar y vas por ahí con eso en la vida: una fiebre que se apodera de vos en algún momento, de la que sos víctima y de la que disfrutás también, pero que se queda a vivir por siempre. Yo odiaba estudiar de memoria, pero así aprendí Quevedo, Garcilaso, Góngora, el Cantar del Mío Cid. Eso me dio un método, una forma de cultivar la asimilación que me fue dejando un sedimento. Mientras más crezco en edad, ese sedimento es más importante. Un cargamento que llevo conmigo que, por otra parte, me permite decir cosas a través de otros.

Darle la voz a otros…

Claro y, además, cuando uno le da la voz a otros elige de esos otros, que ya no son tan otros, algo que a uno lo representa en algún punto o que está tan bien dicho, que sería imposible decirlo mejor. Una vez me invitaron a un espectáculo de teatro surrealista y dije de memoria un poema de Neruda que se de memoria… porque lo aprendí musicalizado por Víctor Heredia. La semana pasada, releyendo una biografía de Neruda, me enteré cuándo y por qué lo había escrito, en 1923. El libro se llama “Crepusculario”. Muy joven, él vivía, en Santiago de Chile, en una pensión para estudiantes, sin un peso, flaquísimo. El sol caía a la tarde en la ventana balcón donde él se sentaba a escribir. Era un espectáculo privado e intenso. Mirando ese momento fue que escribió: “Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza del cielo se abre como una boca de muerto. Tiene mi corazón un llanto de princesa olvidada en el fondo de un palacio vacío…” Bueno, creo que no se puede decir mejor eso.

¿Podrías no escribir más? 

No, no podría. Ni podría dejar de escribir en el aire, ni podría repetir esas fórmulas de los programas de radio. El que no se da cuenta, puede repetir toda la vida y estar feliz con eso, para mí es como una guitarra desafinada. Escucho eso y me digo ¿pero de verdad este tipo está diciendo “qué tal, cómo les va, buen día” convencido de que eso es importante? Para mí, hay otras cosas que decir, otras formas de hacerlo.

¿Y no extrañás al poema que escribías hace treinta años?

No. Vivo con eso. En mi dieta diaria, hay horas de canciones, de lectura, de poesía, de ensayos, de revistas, de películas, de recuerdos y eso es un viaje infinito. Hoy sé que Van Gogh miraba por la ventana del sanatorio donde lo habían internado, eso que después pintó. Y creo entender el sentido final de esa obra. Eso es para siempre y, dentro de veinte años, a lo mejor entenderé otra parte.

Para el final, te leo el final de “Bailando sobre los escombros”: “Endurecerse pero en el fondo, si es posible, no perder la ternura. Influir sobre aquellos que te influyeron en un proceso que no es circular sino inteligente”

polimeni1donum_dei12_XVIIwParece que los tiempos como estos llevan a pensar que la historia es circular. Borges desarrolló toda una obra sobre el concepto del tiempo circular: los laberintos, los espejos, temas centrales de la humanidad. Creía que las épocas vuelven, que la lluvia es siempre la misma, que la luna es la misma siempre: “Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:los astros y los hombres vuelven cíclicamente; los átomos fatales repetirán la urgente Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.” Es una idea poética por excelencia pero falaz, porque la historia demuestra que las cosas progresan, se retrocede porque se avanzó. Para mí es como un mar que no trae siempre lo mismo a la orilla. Además de las circularidades, que son muchas y son muy atractivas, hay pasos hacia adelante, si no pregúntenle a una mujer, a un negro, o a un enfermo. El ser humano vive cada vez más tiempo en parte porque existen los antibióticos. Un chico de diez años hoy tiene mayores conocimientos de cultura general que un sabio del siglo XV. Creo que la historia avanza y progresa y que, a veces, cuando estamos muy tristes y muy decepcionados, nos parece que todo es circular y que siempre vuelve. Es una idea mágica muy linda, pero es mucho mejor la metáfora del río de Heráclito. El río no es nunca el mismo y uno tampoco lo es. El rio  cambia, nosotros también. Pero se mueve. Todo se mueve: la única certez es el cambio.

Polimeni




CRUELDAD EN UN CONSORCIO MUY RESPETABLE

Ultraviolento: Sobre consorcios y suicidas.

Por: Luisa Luchetta

EL 5TO. “C”

Ella toma el ascensor a la mañana sin temor a que se caiga/ baja en el quinto piso y toca con dos golpes/ a la puerta “C”/ se abre y entra Mariel”
“Mariel y el capitán”, Sui Generis

 

Campo di grano con corvi (1890) V.Van Gogh
Campo di grano con corvi (1890)
V.Van Gogh

TANGO, MATES Y VINO

El supermercado chino tiene buenos precios en vinos y whiskys. Así que el hombre compró las botellas que la bolsa del “Día” podía aguantar. Salió y encendió el segundo cigarrillo de la mañana. Su espalda gibada por los años junto a las rodillas algo flexionadas le provocaban un doloroso caminar sobre sus inflamados pies. De tal modo que los pantalones, surgidos como manantial desde la descolorida y sudada camisa, se arrugaban perezosos sobre el suelo de la avenida.

Su mujer seguía bajo la ducha cuando él llegó. Lentamente, llenó la pava, la puso sobre la hornalla y, mientras cebaba el mate, le vino a la memoria un tango. “… Vieja, fané y descangallada, la vi una madrugada…”. Pensó, con media sonrisa, que jamás la vería así, siempre sería joven para él, su piel durazno en la memoria, nunca una imagen cuarteada.

Ella salió, dijo que a trabajar, pero no él le creyó. ¿Por qué se había perfumado y puesto los zapatos de taco que usaba para las reuniones familiares? Le pareció excesivo el maquillaje y la remera tan ajustada… Buscó en la cajita de madera pintada de azul algo de dinero. “Se llevó plata… ,¿en qué había gastado los trescientos pesos de ayer?”

Le gustaba fumar un cigarrillo asomado al balcón del aireluz. Miraba el techo sucio del supermercado chino, los balcones ajenos, los patios de la planta baja del edificio. “Las viejas chotas del consorcio otra vez aumentaron las expensas, la puta que las parió”.

LA ÚLTIMA CENA 

Su jubilación no era nada del otro mundo. Los remedios que le recetaba el psiquiatra ya no tenían descuento. Menos mal que la pendeja lo bancaba. “¿Por qué no se van todos a la reverendísima mierda de la concha de la puta madre?”.

Preparó un guiso de lentejas, como le gustaba a él, bien picante. Acompañaron la comida con vino y cigarrillos. ¿Cómo empezó la discusión? Primero fue un insulto, luego otro y otro más.

La silla terminó en el piso.
Un cachetazo.
Un empujón.
La botella vacía dio contra la pared, de manera que las chorreaduras simulaban lágrimas de sangre.
La situación ya se tornaba inaguantable. Otra vez, otra.
Basta.
“La perra se va a acordar siempre de mí. Hija de puta.”

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EL GRITO

“¡Mi marido se tiró! ¡Ayuda!” Una voz, ángel insomne, le responde: “¡Está bien, calmate!”
Muchos, despertados por la gritería, aún hoy recuerdan el ruido del golpe al dar sobre el patio del vecino de la planta baja. Ruido extraño, fantasmal. Les costará olvidar el sonido del cierre de la bolsa plástica interrumpido por las secas voces de los policías.

 

LA BÚSQUEDA 

¿Existe la sinrazón?

Día 3 después del suceso. En el ascensor. El diálogo que se reproduce a continuación es casi copia fiel del  que de verdad ocurrió. Todos los eventos aquí narrados sucedieron en el barrio de Caballito. Los recursos utilizados en la presente narración y los omniscientes son aquí el único aporte que realizó la ficción. Pero vamos entonces a disfrutar esta “bella” charla.

– ¿Se enteró lo del 5to.C ?
– Sí, claro, mi hijo escuchó todo.
– Le gustaba el vino al tipo.
– No creo haberlo visto nunca antes, no sé quién es.
– Era un viejo, la mujer es mucho más joven. Antes era gordita, últimamente adelgazó mucho.
– Ya llegamos. Buen día.

Fin. Notable biografía. Concisa y pertinente, adecuada a los tiempos de los ascensores.

Grabado alemán del siglo XVI
Grabado alemán del siglo XVI

 

RUBIAS DE NEW YORK ( Fe de errata: en vez de New York debe decir Caballito)

La tintura amarilla es acompañada de reflejos, planchita, manos y pedicuría. Estúpidos comentarios de la clienta referidos a sí misma, invención de éxitos, ensalzado de familia, viajes al exterior y demás. Oídos llenos de cansancio los de la peluquera, gestos- tantos-: no tienen más remedio que incorporar algo de esa “información” para mantener el negocio a flote.

Después de esta postal, podría ir la siguiente: Peggy y Betty se reúnen en el palier, como de casualidad, aunque estaban buscándose desde que el vecino de la planta baja reclamó la reparación del techo de policarbonato que el “tipo del 5to. le rompió al lanzarse desde la ventana de su departamento”.

Obra de la serie Chismosas Martha Jiménez ( Cuba)
Obra de la serie Chismosas
Martha Jiménez ( Cuba)

Ambas pertenecen al Consejo de Administración.

– ¡Qué descaro! Tener techo de policarbonato es ilegal. No puede reclamar ninguna cosa.
– A mí me parece que la mujer de él tiene que hacerse cargo. Si lo agarraba a tiempo, no rompía nada.
– Encima, vino la policía, qué vergüenza…
– No hay que pagarle ni un peso a nadie. Al contrario, nos deberían pagar este disgusto.
– Tengo una filtración en el pasillo al lado del baño. Es una mancha amarilla, como un globo.
– ¿Ya llamaste al administrador? Yo hice que me pintaran el departamento entero, sólo por una manchita parecida.
– Sí, claro. Ya elegí el color.
– ¿Te veo en la fiesta de la parroquia?
– Por supuesto, voy a la peluquería y llevo dos bolsas grandes de basura – se las pedí al encargado- llenas de ropa que ya no usamos.
– ¡Divino! Hay que dar para recibir. La virgencita nos guía y nos acompaña.
Todo vuelve, gracias a Dios.
Nos vemos.

Para terminar, quiero contarles una escena que, en principio, parecería descolgada de la historia del consorcio. Nuestros ojos han comenzado, peligrosamente, a acostumbrarse a las familias sin techo que habitan en nuestras calles, a los niños que buscan comida entre la basura.
Sin embargo, a las claras, algo se ha impregnado en nuestra subjetividad, que casi es solo intra y ya no intersubjetividad. Los otros son un estorbo. Un estorbo que, mientras se mantenga dentro de la disciplina esperada, podemos tolerar, con la nariz llena de frunces. Pero que no se les ocurra ensuciarnos con suicidios o reclamos de mayor bienestar. Que no se les ocurra protegerse del sol, la lluvia o simplemente sentarse en la estación del metrobús, sin hacer la cola correspondiente a la espera del colectivo justamente donde no hay techo. Que no se les ocurra ver a la embarazada que reclama un asiento en el tren o la intolerable presencia de un niño discapacitado. Así, podría continuar con la enumeración hasta el infinito (hay escenas por demás absurdas). No existe fin en nuestra capacidad para ver la aguja en la paja ajena.

 

 




LA VUELTA DE LOS DINOSAURIOS

Anartista Juvenil

Ultraviolento: sobre Santiago Maldonado

Por Milena Penstop

Los amigos del barrio pueden desaparecer, pero los dinosaurios van a desaparecer”

                                                               Charly  García

CUIDADO SÍ, MIEDO NO

No es la primera vez que escucho la palabra “desaparecido”. Por suerte, voy a una escuela donde, desde los primeros años de la primaria, se habla mucho sobre este tema. Es una militancia para no olvidar. Pero acá viene la cosa. Si hablamos de defender la memoria, significa que los desaparecidos son una cuestión del pasado. Sin embargo, no. Otra vez, la foto de un militante -Santiago Maldonado-, que apoya los ideales del pueblo mapuche, aparece en la televisión y en los medios y hace regresar los fantasmas del miedo, de las familias rotas, de las madres tristes.

Ahora tengo 13 años. Dentro de poco, voy a tener la misma edad que muchos de quienes desaparecieron desde 1976. Aun así, pienso que ya mismo me podría pasar lo mismo que a Santiago. O se podrían llevar a algunos de mis compañeros. Incluso, a amigas que conozco desde el jardín y ya participan del centro de estudiantes en sus escuelas. Miedo, sí, me da. Soy muy cuidadosa y no lo converso, salvo con gente con la que tengo mucha confianza. Pero, cuando puedo, no me callo. Y varias veces al día me aparece la foto de Santiago. Pienso que, de alguna manera, pensarlo puede ayudar a que él sepa que lo estamos buscando.

TESTIGO DESPROTEGIDO  

Ayer me llegó un video al teléfono. Ahí se escuchaba la voz de Ariel Garzi, amigo de Santiago Maldonado. Él llamo a Santiago a su celular, un día después de su desaparición. Alguien atendió esa llamada durante 22 segundos. Esto lo dijo Ariel ante el juez de la causa. El juez decidió declararlo testigo protegido, para cuidarlo. Sin embargo, cuando habló sobre este tema en el Senado, la ministra Patricia Bullrich dio el nombre completo de Ariel, el de su padre y su antiguo domicilio. Es decir, ahora no solo hay un desaparecido, sino que también hay un amigo del desaparecido en peligro. Por no hablar de todos los mapuches de esa y otras zonas quienes, si siempre sienten que pueden ser agredidos, ahora más. Esto me hace acordar a lo que vimos en la escuela sobre las listas negras: como una cadena de gente que, por ser amiga o por estar en una libreta de teléfonos, quedaba marcada y podía ser perseguida.

 

 

 

LAS CARAS TRISTES DE LAS MADRES Y LAS ABUELAS.

Me acuerdo de la entrevista de “El Anartista” a Estela de Carlotto. Ella, en un momento, dijo que por las noches escuchaba ruidos. Al final de la entrevista yo le pregunté si no pensaba que esas voces eran de Laura, su hija. Y ella me dijo: “Por supuesto que sí”. ¿Cómo podrá sentirse, después de tantos años de lucha, al escuchar que la ministra casi reacciona de la misma manera que los funcionarios de la dictadura, cuando las Madres y las Abuelas iban a pedir por sus hijos y nietos? ¿Cómo podrá sentirse Taty, de cuyo hijo solo le quedan unos poemas que encontró después de que se lo llevaron? Para ellas debe ser algo así como que les llevan a sus hijos devuelta. Pero ahora no están solas, todos nosotros estamos con ellas. Como prueba de esto, va esta imagen de lo que contestaron chicos y chicas de tercer año, a quienes las autoridades de la Ciudad les tomaron una prueba para “evaluar a la educación pública”.

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OTRA CAMPAÑA AL DESIERTO.

Es increíble que muchísima gente, en vez de indignarse por la desaparición de Santiago, acuse a los mapuches de ser desde un grupo antidemocrático hasta un grupo terrorista. Parece que no fue suficiente con robarles las tierras, obligarlos a adoptar la cultura de los “blancos” y perseguirlos constantemente. Parece que la “Campaña al desierto” todavía no hubiese terminado y estuvieran decididos a no dejar ni un solo mapuche vivo, con tal de llevar adelante sus negocios.

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APARICIÓN CON VIDA DE SANTIAGO MALDONADO




BIEN PEGADA AL CORAZÓN

ULTRAVIOLENTO:  sobre Kurt Lutman.

Por Nicolás Estanislao

 

¿Qué estrella cae sin que nadie la mire?

William Faulkner

 

 

GOL DE MEMORIA

Imaginate una tarde soleada, corre marzo del año 2000, preámbulo incierto de aquel lamentable después. Las tribunas se van colmando sin prisa pero sin pausa, los colores a contra sol, bien definidos. El viento sopla entre el bullicio, se hacen canción las conversaciones, los gritos y las esperanzas. Siempre, las esperanzas. Presentes.

Se arma la fiesta. Los trapos se arriman a los alambrados. Niños en brazos, niños a cococho, niños corriendo como si el mundo fuera ese lugar maravilloso. El sol se filtra, entre nubes de un otoño tempranero.

Hay un partido de reserva, la vieja reserva, el momento de la previa, de mirar mientras se acomodan los saludos, las bienvenidas, los últimos hasta luego. El espacio único y silencioso donde se empiezan a definir, a configurar, las potenciales gemas: valores futuros que pondrán a salvo- solo por un momento-todo el medio circundante. También es  tiempo para recuperar guerreros lesionados y ganar confianza de lo por venir.

Imaginá de nuevo. Cerrá los ojos. Figurá el contexto. Cambio de milenio, la pelota sigue rodando inexorablemente. Hay un mundo detrás, hay vidas por delante. Las pasiones del hincha, aun y a pesar de todo, no fueron fracturadas. Cerquita, seguían aquellos años de terror. Los años de impunidad y de muchas mentiras.

Kurt, un pibe bien de barrio, del Azcuénaga. Como salido de un personaje de Corín Tellado. Eligió no olvidar. Eligió la dignidad a modo de gol. Más tarde se brindará por sus compañeros, por sus pasiones, por su territorio. Habitante de un medio difícil- por momentos hostil, que no siempre reconoce la verdadera nobleza del jugador, la dignidad del laburante de pelotas- Kurt tiene la oportunidad única y maravillosa de hacer un gol: único dios verdadero.

DE LOS QUE JUEGAN CON EL CORAZÓN EN LA MANO.

Jugada, toque, gol y festejo alocado. Siempre se merece festejo. El fútbol, ese arte de la postergación, de la angustia que provoca el fracaso. Se busca durante 90 minutos o más ese momento total, que quizás nunca llegará.

Es entonces: Kurt se levanta la camiseta rojinegra, transpirada de lucha. Debajo, como tatuada en el pecho bien inflado, tiene otra camiseta, blanca con letras bien negras. Y la ofrece al mundo:

“Cárcel a Videla y a todos los milicos”

 

En voz de Kurt “…fuimos viendo que no solamente es importante la camiseta de arriba, sino también la que llevamos abajo, porque uno tiene un montón de cosas para decir”.


Kurt-Lutman

 

 VOCES CALLADAS

 “Todo este universo se compone de contrarios y se concierta de desconciertos”

(Aldo Pellegrini)

 

En la esquina de la segunda fila de plateas, un hombre se indigna, menea la cabeza, busca alguna explicación a lo sucedido. El pasado, todavía muy presente.

Un poco más arriba, un pibe joven, de rulos, festeja con euforia el mismo entusiasmo de Kurt. Se unen en puños levantados. Se unen en cada pase de gol, en cada esperanza derramada. Otros, fuera de sí, miran en silencio, incrédulos, sin comprender mucho, o quizás, sin querer entender. Callan los signos del tiempo, del pasado cobarde.

Y, así, – entre tanto- se ofrece un partido de fútbol: hinchas y socios siguen ingresando, unos suben, otros bajan entre el gentío, van por las escaleras pintadas, se oye un murmullo inusual para un partido de reserva.

“El rulo” apura el paso. Se asoma entre algunas cabezas en busca de alguna explicación. En ese instante, otro -que se acomoda en la platea de siempre- lo codea: “viste, ¿viste? Qué fenómeno este Kurt.” Y, con la pelota ya en la red, el mundo, su mundo queda inmortalizado.

Arriba de todo, al costado, y contra la pared de la tribuna que toma su forma de domingo por la tarde (separa los gritos, los saltos, los bombos del mundo irreal), hay uno sentado codo a codo con su abuelo. El abuelo ofrece la cara al sol de marzo, ese sol cálido y compañero. Ese sol de fútbol por la tarde. “El Ville”  lo ve todo, lo siente todo. Mientras mira de reojo a su abuelo, las dudas lo invaden como cuchillos filosos en medio de la noche. Pensó en la sombra de su padre. La incertidumbre se apoderó de su cuerpo, de su pasado, de su identidad.  La violencia sutil, silenciosa de no saber, otra vez se presenta en ese único y delicado pase a la red.

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                                              BundesLumpen

Como si esa inmensa red de miradas que habitan en las canchas pudiera mantener unido al mundo y no lo dejará caer, los inframundos se superponen, se reconocen, se evidencian sutiles, siguen su cauce, entre la aceptación, la sorpresa y la desdicha. Ya nada será igual, la decisión está tomada.

 

 

Cárcel a Videla y todos los milicos”

Gritó su remera blanca con letras negras, pegada al pecho en tiempos de gol. Y para siempre.

 

TODOS ATRÁS Y KURT DE 9

 

“llegó como un gorrión hizo la cola de la vida 

le dieron un modelo de corazón que no se usaba…”

(Roberto J. Santoro)

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Kurt Lutman hizo las inferiores y debutó en Primera en el club de su pasión, Newells Old Boys de Rosario. También pasó por Godoy Cruz de Mendoza y Huracán de Corrientes, además de formar parte del seleccionado Sub 17 en 1993. Sin embargo, quizás se lo recuerde más por algunas de sus acciones sin pelota. Por ejemplo, enfrentó al presidente del equipo rosarino, Eduardo López.  Aquel 20 de marzo del 2000 lo bajaron a reserva, como castigo: adoctrinamiento singular a su incesante rebeldía.

Hoy Kurt sabe que, en el ambiente del fútbol, fue un distinto, pero no siempre lo enfatiza: “somos muchos más de los que muchas veces los grandes medios quieren mostrar; el jugador de futbol siente y ejecuta como puede y somos bichos nobles. Algunos habremos encontrado algún lugar de militancia (Lutman lo hizo en H.I.J.O.S.), o alguna forma más armadita, pero en general cuando, por lo menos en Rosario, la cosa se pone fulera y se necesita una mano o hacer un partido a beneficio por alguien que está mal o por alguna fecha histórica, la monada levanta la mano al toque(…)al fútbol hay que disputarlo  porque es nuestro, no se lo pueden quedar ellos, les vamos a ganar… o a empatar”

 

Kurt, además de todo y contra todos eligió decir lo indecible. Ofrecerles voz singular a esos potreros del barrio, a esas derrotas dolorosas. A la militancia. A sonreír entre mates compañeros. A esas gambetas irreverentes. A los espacios vacíos. A los goles imposibles. A esa música que baja desde la tribuna.

En relación al gol que festejó, mientras pedía cárcel para el genocida Videla, Lutman recordó: “en realidad eso ya se había hecho; lo mío fue en el 2000, pero un año antes Mauro Javier Amato lo había hecho en Atlético de Tucumán mientras Antonio Domingo Bussi era gobernador; en ese marco se levantó la camiseta y peló una remera de las Madres ¿Cómo no lo iba a hacer yo en Rosario que el gobernador no era genocida?. Nosotros fuimos copiando y mirando a los más grandes, 500 años de historia, 500 años de resistencia y en el futbol también pasa, fuimos copiando a los más grandes y fuimos viendo que no solamente es importante la camiseta de arriba sino también la que llevamos abajo, porque uno tiene un montón de cosas para decir”.

 

OJOS BIEN ABIERTOS

Lutman nació en 1976 y, durante los 7 años de dictadura, estuvo sin documentos, porque a sus padres no les aceptaban el nombre elegido para él: no se aceptaban nombres extranjeros. Sí se aceptaban multinacionales extranjeras, sí aceptaban que viniera la Shell y desguazara, pero no que un paisano se llamase con un nombre raro. Hasta hace poco, yo sentía que esto del nombre y el documento era un detalle más, pero siento que me marcó. Y, a la hora de poder escribir, tomo como uno de los tantos ejes que hay en el futbol y en la vida, el de lo que fue la dictadura, de lo que fue la fecha donde nuestra camada estaba naciendo y simultáneamente los compañeros, los militantes, los de los ’70, andaban corriendo por las calles, jugándose la educación, la salud pública para nosotros, que estábamos naciendo en ese instante. Así que pelar una camiseta en una cancha es un pequeñísimo homenaje que uno puede hacer para devolver algo de todo lo que hicieron los compañeros que pusieron el cuerpo”

 

Represion

Y si de poner el cuerpo se trata, en relación a eso, el tiempo instaló versiones. Dicen que se fue, dicen que está, pero todos coinciden en que siempre volverá. Y así se presenta, mientras reescribe el pasado, reconfigura los registros de la historia, los fantasmas de la violencia. Vino a buscar el olor del mundo que perdimos. Sabe que el pasado quiere desligarse de sí mismo, mientras opera con gran desdicha. Por eso, mientras el pasado quiere esconder lo no dicho, hay gritos “Lutman” desde el propio corazón que retumban más fuerte entre los ecos contrapuestos del tiempo.

Gritos- necesidad, gritos-trazos. Ese trazo que se completa en cada una de las miradas, ese trazo que sigue el curso del nervio óptico y avanza, en cada párrafo visto o leído a tono firme. Y así y en cada domingo, sus ojos serán los más abiertos.

Simplemente Kurt
                      Simplemente Kurt




COSA E´ MANDINGA

Ultraviolento: Sobre el match Karpov-Korchnoi

Por Horacio Intorre

ME RÍO A LA DISTANCIA

Es 1978, estamos en Baguio, Filipinas. El match entre los rusos Anatoly Karpov, entonces campeón del mundo de ajedrez, y Viktor Korchnoi dio lugar a numerosas controversias. Para empezar, Korchnoi era considerado por muchos un traidor a su patria, por haber desertado en 1976 de la Unión Soviética. Sumado a esto, otros condimentos “picantes” que rodearon al encuentro hicieron que el ajedrez quedara en segundo lugar, eclipsado por intrigas, espías, poder mental, amenazas y agresiones.

Para los amantes del juego de las 64 casillas, esto fue un verdadero bochorno, algo muy triste, donde la caballerosidad y el respeto estuvieron ausentes. Aunque, a la distancia, algunos sucesos durante la disputa no dejan de resultar graciosos.

SE VIENE

Quihoracio1definitivaimagesen aquí escribe, amante del ajedrez, imagina. Todo aquello que la información no da estimula el imaginario. Por las fotos existentes, es claro que el auditorio estaba colmado de aficionados, ansiosos y entusiastas, quienes deseaban ver en acción inmediata a los grandes gladiadores. En el ambiente se podía respirar un aire de guerra fría y angustia. El escenario lucía impecablemente iluminado. Arriba, solitario, el tablero de ajedrez, cómodo y prestigioso, sobre la mesa reluciente. Algunos espectadores movían sus pies nerviosamente y las voces cuchicheaban las cuerdas de la tensión para aliviar la atmósfera. En eso, las autoridades pidieron silencio: hizo su aparición, Karpov, recibido con grandes aplausos, por espacio de varios minutos. Se sentó frente el tablero y entró en estado de concentración absoluta. A los pocos minutos, hizo lo propio Korchnoi, también  recibido con entusiasmo por el público.

El ansiado match había comenzado.

horacio 2final_Karpov-y-Korchnoi-en-la-Final-de-Candidatos-de-1978EL SHOW EXTRA-AJEDRECÍSTICO

Korchnoi se quejó airadamente ante el árbitro por la presencia, en una butaca muy cercana a los jugadores, del parapsicólogo de Karpov. Adujo que aquel influía sobre su concentración, mediante el envío de mensajes telepáticos, tales como: “eres un traidor”, “no puedes vencer a Karpov”, y cosas por estilo.

horacio3finaldescargaComprenderá el lector, que esto fue incomprobable. Y la cosa fue subiendo en decibles. Korchnoi se enojó mucho y, con gestos airados, advirtió al árbitro:

-Si ese sujeto no se retira, yo mismo lo sacaré-

Esto puso nervioso a Karpov pues, mientras la discusión continuaba, su reloj era el que estaba corriendo. Ante semejante desbarajuste, se decidió que el parapsicólogo se sentara en las últimas filas del auditorio. Y la partida continuó.

horacio4finalOTRA QUE OSOS YOGUIS

Ni tibio ni perezoso, Korchnoi convocó al recinto a un par de yoguis, con el fin de contrarrestar las nefastas influencias mentales del siniestro parapsicólogo. Ambos yoguis se sentaron en las butacas, cerca del escenario. Comenzaron a meditar, mientras sus túnicas casi rozaban el aire respirado por los contendientes. Entonces, fue el grupo que acompañaba al campeón el que se quejó. La acusación era grave.

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– Esos dos disfrazados con túnicas, están procesados por asesinato, en Filipinas, ¡lindo ambiente para una partida de ajedrez!, ¿no?

Korchnoi minimizó el hecho, -qué otra le quedaba-. Dijo que, en realidad, las imputaciones formaban parte de una persecución religiosa. Los yoguis eran nomás “un par de dulces personas”.

Dulces o salados, ambas túnicas fueron expulsadas del país.

ME TOMO CINCO MINUTOS, ME TOMO UN YOGURT

Pero no sehoraciofinal6Korchnoi yoga(1) relaje, querido lector. Luego de lo anterior, un nuevo incidente tuvo lugar. A Karpov y cada tanto, le servían un vaso con yogurt durante las partidas. Korchnoi detuvo nuevamente el encuentro, alterado porque los vasos de los que bebía su rival eran de distinto color, y aquello tenía tufillo a una especie de código secreto que advertía a Karpov si estaba en mejor posición, o si debía buscar las tablas.

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Además, exigió que le trajeran siempre el vaso del mismo tono. Y, si por algún motivo, se cambiaba el color, el árbitro y su entrenador debían avisarle a él, antes. Al parecer, Korchnoi sospechaba que se trataba del nuevo código secreto de la KGB. Supongo que, a esta altura, los EEUU estaban muy preocupados. A partir de ese momento, Karpov recibió su bebida siempre en un vaso del mismo color.

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LENTES ESPEJADOS

En una partida, Korchnoi apareció luciendo unos grandes lentes espejados. Karpov se quejó nuevamente, pues decía que los lentes reflejaban las luces del escenario y  le molestaban. Se iniciaron, así, nuevas conversaciones por el tema.

 

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Korchnoi dijo que los usaba porque le molestaba que Karpov lo mirara fijo a los ojos mientras jugaba. La controversia se zanjó y Korchnoi pudo seguir con sus grandes lentes espejados a cuestas. Pero la sangre en el ojo continuaría su curso.

PATADITAS BAJO LA MESA

Como dos señoras que, una a la otra, se propinaran pataditas por debajo de la mesa, estos dos niños grandes lo hacían, hasta que el árbitro les llamó la atención y debieron disimular sus infancias maduras, restringidos y con los dientes rechinantes, dentro de un recato que no se correspondía con sus estados de ánimo.

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NEGATIVA A LA CEREMONIA

Karpov ganaba 4-1. Korchnoi estaba deprimido ya que, con seis victorias, el otro se proclamaría ganador. Pero, para sorpresa del mundo entero, Korchnoi emparejó el match, 5-5. Como en un quiero retruco, Karpov se impuso después de tres meses de enfrentamiento. El match era al mejor de 6 partidas y las tablas no se contabilizaban. Se jugaron más de treinta partidas. A medida que los enfrentamientos avanzaban, los nervios de Korchnoi estaban destrozados: Karpov era mucho más joven y resistente. Korchnoi renunció, no aceptaba la contienda como válida, razón por la cual, no sólo no asistió a la ceremonia de consagración, sino que renunció al premio que le correspondía.

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Así las cosas, este encuentro entre dos de los mejores jugadores de ajedrez de la historia, lamentablemente, es recordado por todo lo que lo rodeó: intrigas, amenazas y paranoia. Korchnoi pensaba que, si ganaba el trofeo mundial, lo iban a asesinar. Si sus sospechas eran válidas, menos mal que perdió. Para rematar el asunto, en el mundillo del ajedrez se comentaba que algunos jugadores -colaboracionistas del régimen- fueron a menos frente a Karpov. La violencia estuvo al borde de la ultraviolencia. Pero la sangre no llegó al Volga.

 

Bibliografía:

“El antiajedrez”, Viktor Korchnoi




RODAR LAS RAÍCES

Ultraviolento: sobre Gino Bartali, “Il Ginattaccio”

Por Noemí B. Pomi

LEER EL SUELO
Ese verano, en el hemisferio norte, las gaviotas, las palomas y los gorriones tenían un comportamiento extraño. Con la rapidez que aparecían, se ausentaban. Los graznidos, los trinos y hasta los ladridos de los perros eran diferentes. Los italianos no pudieron determinar a qué obedecía tal conducta, aunque sospechaban que algo se traían. Para quienes hunden sus raíces en su suelo de origen, la naturaleza es un libro pasible de ser leído. Leamos:
“El 18 de julio de 1914, en la región de la Toscana, ciudad de Florencia, pueblo de Ponte a Ema, nació un niño. Hijo de los granjeros Torello Bartali y Giulia Sizzzi, era el tercero de los cuatro vástagos del matrimonio. A él lo llamaron Gino. La alegría de aquel día de cielo azul intenso pronto se cubrió de un smog desconocido, preocupante. Poco después, el 28 de julio de 1914, en Europa estalló la Primera Guerra Mundial. El monstruo que habían presentido los animales se despertó. Al conflicto se le conocen detonantes, pero los enfrentamientos obedecieron a planos estrictamente económicos-políticos. Además de las fuertes rivalidades coloniales, las potencias industriales lucharon entre sí por conseguir mercados para sus productos y retenerlos. Italia formó parte del conflicto y muchos de sus habitantes se verían sometidos a las atrocidades y consecuencias de esa y de la siguiente guerra mundial. Tal, el caso de los pequeños Bartali”.

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Gino Bartali

CON VIENTO A FAVOR

El empobrecimiento generado por la guerra golpeó, sobre todo, a los más frágiles. De ese modo, los niños, desde edades tempranas, debían contribuir al hogar con algún ingreso. Así sucedió con Gino. A él le tocó trabajar en un taller de reparación de bicicletas. Silencioso, concentrado y apetente de conocimientos, el chiquilín era ágil en armar y detectar las fallas de los rodados. El dueño, conforme con el trabajo de su dependiente, le regaló una bicicleta y lo alentó a competir. ¿Qué características habrá visto aquel hombre en el jovencito para impulsarlo hacia el ciclismo? A partir de entonces, sin importarle las condiciones climáticas, con su bici, Gino se integró a las escarpadas carreteras de la región. Allí nacieron sus sueños.

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Bicicleta de Gino Bartali

SIN RIVAL

Fuerza, tenacidad, carácter y un corazón compasivo circulaban las rutas en Gino. Corría el año 1936 cuando alcanzó una de sus metas, quizás la más significativa, “Il giro d´Italia”. En esa época, junto al fervor del pueblo italiano, se asociaron a su nombre una cantidad de calificativos: “el ciclista alado”, “el ángel volador” y “el hombre bala”. Cuando la carretera se empinaba, los músculos de acero de Bartali no encontraban rival, el calor y el polvo no secaban su garganta, por el contrario, parecían actuar como pulmotores en el etrusco.(a)

“Gino Bartali hizo acto de presencia en el Giro de 1936, con 22 años. Con el invencible equipo Legnano sorprendió a todos imponiéndose en la clasificación general final al veterano Giovanni Valetti. Fue un comienzo precoz, realmente precoz. Con 23 se presenta en Milán, esta vez, no solo ganó con amplio margen sino que llevó todo el peso de la carrera, erigiéndose sin discusión como la figura ciclista del país. Tras su paso seguro y elegante, van los pasos de una Italia muy compleja, a caballo entre lo conservador y lo nacionalista, hija de la alianza de poder entre la media y alta burguesía y el nuevo corazón fascista”.

Dino Buzzati (1).

PUCHO, VINO Y A PEDALEAR

Gustaba el vino tinto en las comidas y de algún que otro pucho entre etapa y etapa, algo impensable en el mundo de alta competición tan solo unos años después”. Comentario realizado en “Il Corriere della Sera” por Dino Buzzati.

Gino-Bartali

En su Toscana, entre colinas y macizos montañosos, pedaleo tras pedaleo el sol y el aire despejaban sus pensamientos. Se impuso nuevas metas, debía salir a probarse en otro país: fue directo al vecino Tour de Francia. Sabía de antemano que la carrera no era sencilla, todo italiano deseaba vencer en tierra gala. Pero, para correr en ese país, debía renunciar al Giro d´ Italia. Gino se decidió por Francia. Hasta entonces muchos italianos habían quedado en el camino, sólo uno había vencido, Ottavio Botecchia.

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Karina Galli, Perfil de bicicletas sobre óleos

En el silencio de los senderos, los fuegos de los vientos cálidos o el frío de los Alpes lo impulsaban. Con la fuerza y con la tenacidad propia de sus antepasados, se impuso fantásticamente en el Tour. Para finales de 1938, toda Italia estaba rendida a sus ruedas, enamorada de su forma de correr, armónica y perseverante.

Si saltamos en el tiempo, podríamos decir que, por aquellos años, era el Maradona del ciclismo en Italia. El sol resplandecía para “Il Ginattaccio”, mientras tanto unas golondrinas oscuras sobrevolaban el cielo azul de Italia. Para entonces, Hitler elucubraba sus planes.

salvador-dalí el-enigma-de-hitler- 1936           “El enigma de Hitler”, Salvador Dalí

Sin embargo, los éxitos no le hicieron olvidar sus orígenes y, en la medida de sus posibilidades, donde había una necesidad, Gino daba el presente. Su ferviente cristianismo le valió el sobrenombre de “El Beato”.

CORREO CON NOMBRE PROPIO

Carrera profesional extensa como pocas, su bici rodó entre los años 1935 y 1954. Las aves negras de la Segunda Guerra Mundial no consiguieron detenerlo. En ese lapso, bajo viento, lluvia o nieve, los músculos de acero, la mente despejada y su corazón generoso rodaron las rutas, como piedras que se deslizan por despeñaderos. Por entonces, los macizos montañosos y las colinas invadidos de sombras y heridas también albergaban sueños. Su vestimenta siempre identificada con su apellido. La marca del “campionissimo” era el salvoconducto que conseguía saludos de los soldados italianos. Y, así, bajo la apariencia de simples entrenamientos, llevaba los papeles de un lado a otro. Era imposible sospecharlo en aquellos años de extrema violencia: que, en el cuadro de su bici, uno de los grandes mitos del deporte italiano- el hombre que había conseguido darle a Mussolini el tan anhelado Tour de Francia en 1938,- ocultaba la documentación para sacar del país a más de ochocientos judíos italianos. De otro modo, el destino de esos seres hubiera sido algún horno crematorio. El dolor ajeno se hizo carne en “el hombre bala” y consiguió salvar de las garras hitlerianas a centenares de humanos, Bartali fue el correo perfecto, pero no actuó solo: en los conventos y monasterios la luz reinaba. Giorgio Nissim, (2) apoyado por varios arzobispos, se dedicaba a elaborar los pasaportes para salvar vidas. El periódico “Pagine Ebraiche”, ha puesto de manifiesto que, en el sótano de su casa, “el ciclista alado” ocultó a una familia judía hasta el fin de la guerra.

Muchos años después una filósofa francesa sostendría “La vida entera es riesgo. Vivir sin asumir riesgos no es realmente vivir, es estar medio vivo, bajo anestesia espiritual”. Anne Dufourmantelle (3).

PEDALEAR LA GUERRA

“El bien se hace, pero no se dice. Algunas medallas se llevan en el alma y no en la chaqueta”. Gino Bartali

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Pablo Picasso , Guernica, 1937

Terminada la guerra, aquellos entrenamientos kilométricos de los años 1943 y 1944 sirvieron al “beato” Bartali para su carrera deportiva: con 32 años, pudo ganar -en 1946- el Giro y- en 1948- el Tour. Con 34 fue capaz de imponerse en el Tour de Francia en una demostración colosal en la montaña.

CUENTA LA HISTORIA…

En julio de 1948 el líder comunista Palmiro Togliatti (4) se debatía entre la vida y la muerte, víctima de un disparo en el cuello. Bartali se hallaba en el Tour y recibió una llamada de auxilio del primer ministro Alcide de Gasperi, viejo amigo de la Acción Católica. “Gino, ayúdanos, Italia se halla al borde de la insurrección, una gesta tuya nos ayudaría mucho”.

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Gino Bartali aferrado a su bicicleta en medio de la nieve

Bajo una copiosa nevada, Gino se enfrentaba a los Alpes y, aunque era un trepador fenomenal, 20 minutos lo separaban de Louison Bobet. De Cannes a Briançon, por el Izoard, se impuso y la noticia se conoció en plena y tumultuosa reunión de la Cámara de Diputados. En momentos de gran desconcierto una voz se alzó: “Bartali ha conquistado la etapa y es el nuevo líder”.
Después, ganó el tramo Aix-les-Bains. Y, el de en Lausana, venció otra vez. De ese modo, líder con ventaja, el Tour lo tenía prácticamente en el bolsillo. Años más tarde Giulio Andreotti (5) reflexionaba, “decir que se evitó la guerra civil por una victoria en el Tour de Francia es sin duda excesivo, pero es indudable que Bartali contribuyó a aliviar las tensiones”. Cuando Togliatti se despertó tras una operación en el cráneo, sus primeras palabras fueron: “¿Qué ha hecho Bartali?”

JUSTO ENTRE LAS NACIONES

Cuando tenemos que hacer frente a un peligro, hay una incitación muy fuerte a pasar a la acción, a sacrificarse” Anne Dufourmantelle (3)

Aquellos períodos violentos en los que el “ángel volador” iba acompañado por vuelos rasantes, solo trascendieron cuando falleció. Gino nunca contó nada a nadie. Su historia secreta de solidaridad y caridad se destapó con su muerte. Ahí se lo reconoció en forma póstuma, fue declarado por el Yad Vashem, el memorial oficial israelí de las víctimas del holocausto, “Justo entre las naciones”, el reconocimiento a los no judíos que arriesgaron su vida por salvar la vida de judíos durante la persecución nazi.

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SOLO UN CICLISTA

En su carrera, Gino consiguió 91 victorias. Venció dos veces el Tour de Francia (en 1938 y 1948) y tres veces el Giro d’ Italia (1936, 1937 y 1948), ayudó a cientos de personas, unió a Italia en su pasión por las dos ruedas, evitó una guerra civil. Todo y nada más que con la fuerza de sus piernas, una bicicleta y un corazón generoso.
Por sus extraordinarios méritos deportivos, “Il Ginattaccio” fue nombrado “Cavaliere de Gran Croce OMRI” (Caballero de la Gran Cruz al Mérito de la República de Italia).

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Gino Bartali, ganador en Milán del Giro d’Italia julio de 1946“

Yo quiero que me recuerden por mis logros deportivos. Los héroes reales son otros, aquellos que sufrieron en su alma, su corazón, su espíritu, su mente, por los seres queridos. Ellos son los héroes reales. Yo soy solo un ciclista“. Gino Bartali

La hospitalidad se ofrece o no se ofrece al perseguido, al extranjero, en definitiva al otro. En tiempos violentos a judíos perseguidos por su condición religiosa, “el ángel volador” ofreció sus rutas y hospitalidad. Las colocó en el centro de su interés, ofreció su amor al otro. Fue una respuesta rápida, una nueva y emergente forma de sensibilidad que transmitió seguridad y amparo al perseguido.
En suma, “Un acto de hospitalidad no puede ser considerado sino un acto poético”. Jacques Derrida (6)

El elemento principal dentro de las acciones violentas es el uso de la fuerza tanto física como psicológica, en contra de las víctimas, para el logro de objetivos prefijados.
A través de la historia la ultraviolencia condenó a millones de seres humanos al hambre, a enfermedades, al éxodo, a la muerte. Basta con tener en cuenta que, solo en la segunda gran guerra, murieron setenta millones de personas. Sin mencionar las secuelas de invalideces físicas y psicológicas padecidas por hombres, simples convidados de piedra en las decisiones de los poderosos. Miles ya se lo han preguntado. En esa carrera desenfrenada, es claro que se anteponen intereses político-económicos a los intereses de la humanidad. Está claro que este asunto parece no estar en nuestras manos, que sólo los líderes parecen poder decidir sobre asuntos tan fundantes de la economía contemporánea. Más allá de que muchos de esos líderes son elegidos por nosotros, sabemos que el sistema electivo deja muchas veces los deseos de los votantes lejos de las promesas, las posibilidades o los talentos de los votados. Hay quienes, como Gino Bartali, no se hacen tanto planteo de a quién le compete detener a los monstruos. Y se cargan su aporte a los hombres. Y los llevan sin hacer cuentas, si es o no posible, si tiene o no sentido. El sentido es salir al cruce, pedealear y pedalear hasta que el deseo de muchos pedalee. Y, entonces, no seremos quienes siempre estamos en manos de nuestros representantes, sino que seremos quienes se presentan. Presentes, donde el mundo duele.

(1) Buzzati Dino, (1906- 1972), novelista, escritor y periodista italiano, autor de crónicas sobre ciclismo en el Corriere de la Sera.
(2) Nissim Giorgio, (1908 -1976), animador principal de la red clandestina “Delasen” medalla de oro de la República Italiana al valor civil por la salvación de judíos en la Segunda Guerra Mundial.
(3) Dufourmantelle Anne (1964 – 1917) filósofa, psicoanalista, editora y columnista del diario “Liberation”

(4) Togliatti Palmiro (1893 – 1964), político italiano, Secretario General del Partido Comunista Italiano desde 1927 hasta su muerte.
(5) Andreotti Julio (1919 – 2013) político y periodista italiano. Fue Presidente del Consejo de Ministros de Italia en diferentes gobiernos y fue también uno de los máximos exponentes del partido Demócrata Cristiano.
(6) Derrida Jacques (1930 – 2004 ) pensador y filósofo francés.

 




EL BOTÍN MÁS PRECIADO

Ultraviolento: sobre la película “El incendio” (Argentina/2015) de Juan Schnitman.

Por Pablo E. Arahuete

SOMBRAS A LA LUZ

En un principio, sólo un juego de manos.Cada réplica corta el aire. El aliento escapa,  la exhalación comunica algo. El otro no es otro, es un cuerpo sin forma, una amenaza, que vocifera,  que balbucea desamor. La mirada muta con cada ademán y el roce suprime todo tipo de cariño. Ahora es un tajo invisible: no sólo corta el aire, lacera la piel.

Ellos son una pareja o, por lo menos, dos que alguna vez pudieron entenderse en sus diferencias, construir una vida o un proyecto.Un departamento más grande y quién dice,  tal vez en unos años, una familia. ¿Cuándo dejaron de ser? Ninguno lo sabe. Lo sienten, lo perciben en el ademán autómata de la caricia no correspondida. Lo sufren desde adentro y, cuando algo de eso sale a la luz, todo se ve opaco.

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Los rostros se difuminan, la mueca y el dolor dominan el ambiente. El aire, un botín que no se quiere compartir. El otro estorba en el espacio viciado. La réplica se vuelve roce, el roce golpe, el golpe dolor, el dolor angustia y la angustia otro golpe y el aire: el botín más preciado.

PALABRAS CHISPEAN UN FUEGO

La violencia es un lenguaje aprendido o  un recuerdo impregnado, latente: nadie está exento de  huellas violentas en el pasado. Lo violento a veces irrumpe o regresa por sorpresa y esa es la clave de una película argentina, “El incendio”, estrenada en 2015. El film de Juan Schnitman tuvo una importante acogida en festivales internacionales y llamó la atención de muchos públicos.  La película expone, en un relato íntimo y dramático, las aristas invisibles de un vínculo  de pareja tóxico,  atravesado por la violencia psicológica, física e institucional.

Quizá, su título no haga otra cosa que enfatizar la consecuencia de múltiples causas, una chispa emocional que toma contacto con algo más denso y se convierte en fuego, crece y destruye todo lo que encuentra en su entorno. Su director, Juan Schnitman, encontró el espacio ideal en la intimidad de Lucía y  Marcelo, roles interpretados por la actriz Pilar Gamboa y el actor  Juan Barberini. Ambos, capaces de transmitir la intensidad de un vínculo de dependencia y odio a la vez, que comienza a mostrar sus primeras alertas en discusiones banales, en intercambios de insultos mutuos, al verse frustrada una operación inmobiliaria. Sin embargo, más allá de las rencillas de carácter doméstico y los pases de factura entre Lucía y Marcelo, de esas agresiones verbales a las físicas -y lógicamente, a la fuerza del más violento sobre el débil- apenas hay un paso.

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Y UN DÍA SE NUBLÓ

En 24 horas de convivencia y bajo una atmósfera asfixiante, las microexpresiones de violencia crecen en intensidad y riesgo,  buscan escapar de esas cuatro paredes o escabullirse, al menos, al paso del llanto contenido.No hay lugar para llorar, no hay objetos para romper en un ambiente donde todo está embalado.

La opresión y el agobio resaltan desde la puesta en escena, donde cobra un protagonismo particular el interior del departamento. Pero, también, desde los planos secuencia que acompañan el gradual avance de las situaciones dramáticas y permiten una continuidad temporal donde ambos actores crecen exponencialmente en sus interpretaciones.

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La cámara encimada y subordinada a las acciones, más que a la búsqueda estética del mejor encuadre o plano, es una herramienta eficaz para conectar al espectador con las sensaciones, la visceralidad en un primer plano y la fragilidad emocional en un segundo plano.

Pero si la violencia es un lenguaje que se aprende, se podría especular que el origen se encuentra en el afuera. El adentro es un reflejo. Y, en este caso en particular, tanto Marcelo como Lucía cargan la violencia laboral, el maltrato de superiores, así como las frustraciones internas por hacer una tarea que no los satisface ni enriquece.

En un principio es un juego de manos y después uno dice basta. El aire, un botín que no se comparte.

Mañana, tal vez sea distinto…

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MANUAL DE MUJERES Y MUJERES DE MANUAL

Ultraviolento: sobre la ultraviolencia y las mujeres en la historia.

Por Cecilia Miano

EL ANCHO UMBRAL

Brujas, manipuladoras, madrazas, atrevidas, putas, maestras. Lector, haga el ejercicio de poner estos adjetivos en masculino; no existen, se usan poco o encuentran otro sentido. imagesEsto es porque las mujeres cuentan con un universo propio -para bien y para mal-. Pero siempre, dentro de aquello que todas pudieran tener en común, hay alguna destacada por cierta singularidad en la  potencia  para provocar reacciones en el resto. En contadas ocasiones, esto transforma realidades. Fundamentalistas, confrontadoras seriales, lógicas, matemáticas y tantas otras hacen saltar al género femenino más allá del tímido umbral de la expresión única, irrepetible y propia. Y aún más, redoblan la apuesta de ensanchar el umbral y transformarlo en una casa.

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DAMAS Y TABLEROS

El lenguaje se encarga de restituir historias, de confrontar realidades y hacer surgir sentires. Hace unos días, la situación que voy a contarles se impregnó de este modo vital de las palabras: la sorpresa asustó desde sus pliegues y asomó como si las costuras de la lógica se hubiesen abierto. Pocos días atrás me enfrenté con una señora, el resultado debería ser olvidable. El caso es el siguiente: los espacios físicos en una escuela suelen ser esca-

descarga (1)sos, pero en la que habito deben ser inventados. La necesidad de un salón de clases para un grupo de secundaria de la Escuela Especial -que articula con el mismo nivel de nuestra escuela- busca desesperadamente su propio universo. Desde hace casi dos años funciona en la biblioteca escolar, por eso, la vida de clase es interrumpida con visitas inesperadas, con mudanzas por una hora a distintos espacios y muchas otras incomodidades. Así surgió la campaña en busca de un lugar propio. Reuniones con autoridades de todos los colores no encontraron ninguna solución. En esta encerrona, los dimes y diretes ante la búsqueda de una rápida alternativa exponen la justicia en el argumento de cada actor. Se sabe: los lugares no se expanden con solo desearlos, como si la fuerza de la necesidad construyera paredes por arte de magia, de la noche a la mañana. Por el otro lado, está la resistencia al cambio, sumada a que quienes  exigen lo nuevo no pueden redondear propuestas. Entonces, los lugares amables se tornan hostiles, los vaivenes dejan de tener ritmo y se transforman en desorden. El problema sube de nivel, explota, por así decirlo, cuando el primario –al que pertenezco- acepta, por el lapso de treinta minutos, el desalojo de la sala de maestros. Como directora asumo la mala idea de la propuesta. Rápidamente quiero salvar mi error y reclamo otra solución. El tono de la símil charla tiñe de un intenso violeta mi cara. Es en ese momento cuando la señora de la palabra seca y filosa me adjudica palabras como “Esto es un capricho. No tenés la mente tan abierta como parecía. No puedo creer este reclamo de vos. Pensé que el tema estaba solucionado. Los chicos están primero. Las maestras sólo toman mate en su sala. Las docentes deberían pasar más tiempo en tu dirección para que charlen con vos de sus prácticas.”  Todas frases ajenas a la realidad de mis parlamentos, ajenas a la concepción que tengo de los niños, de los docentes y de la educación. El violeta se vuelve agua, el agua amarga cuela por los rincones de la escuela que espera soluciones. La sensación es que, no importa qué hubiera dicho yo, ella no entablaba un diálogo, sino un combate donde esperaba poder asestar el golpe de su imprecación. A las armas no las construye ni las elige durante la charla, las trae desde antes. A decir verdad,1200px-Chess_piece_-_Black_queen no conversa, blande su espada, casi sola, contra mi imagen tajeada en el aire. El látigo de la traición provocó la furia de lo inesperado. Tal vez, la falta de un diálogo verdadero ayudó al caos y  derrumbó toda posibilidad de resolución. Entonces, el problema tomó cuerpo y creció  sin pedir permiso. Lo violento quedó atrapado entre la ausencia y la cobardía, sin salida. El golpe de las palabras fue seco, las frases comenzaron a entretenerse solas, el diálogo se guardó para otra ocasión. Sólo quedó un palabrear, una disputa de poder sin demasiado sentido.

En esta partida, casi todas somos mujeres quienes, tal como en un juego de ajedrez, consideramos que terminar en tablas es pérdida para todos. Por eso, las damas dejamos el trono y decidimos batallar. Las batallas son sonoras, los atropellos indican movimientos violentos y dejan huellas. Acá las voces se acallan, las pausas se vuelven días y la solución, parte de otro frente. Debo destacar, como todos sabemos, que en toda batalla hay pérdidas y esta no fue la excepción: pérdidas que se perciben rápidamente y limages (1)as otras, que devienen con el tiempo.

 

¿MUJERES ERAN LAS DE ANTES?

En la antigüedad las mujeres tuvieron menos cartel que los varones. En las familias su rol images (3)solía limitarse a las cuestiones domésticas. Después de ciertas lecturas, presiento que, aun si en términos estadísticos lo anterior es cierto, siempre hubo excepciones.  Por ejemplo Pigna en su libro “Mujeres tenían que serrelata “Otro papel de las mujeres de entonces, no siempre recordado, fue el de «agentes de inteligencia» de sus parientes varones, a veces con fervor patriótico, otras como resultado de la «natural lealtad» de familia. En una sociedad cruzada por las facciones políticas, las esposas de los «próceres» —que entonces eran, simplemente, hombres de la elite dedicados a la «cosa pública»— eran parte de ese mundillo donde Mariquita Sánchez, Anita de Riglos, «la gata Saturnina» (apodo cruel dado, por su flacura y sus uñas afiladas, a Doña Saturnina de Otálora y Riveros, esposa de Cornelio Saavedra) o «la Andaluza» (Carmencita Quintanilla, esposa de Alvear, nacida en Cádiz), entre otras damas distinguidas, hacían circular noticias, rumores, verdades e infundios que pudiesen beneficiar a los suyos y perjudicar a los ajenos. En muchos casos, las víctimas preferidas de la difamación eran otras congéneres, lo que en tiempos donde las barreras entre lo público y lo privado eran ambiguas servía también a fines políticos. El rumor, fuese cierto o inventado, de las infidelidades de las esposas de oficiales destinados al f44981273_21477891rente era moneda corriente.”

¿Serán hoy más que entonces? Las condiciones, sin ser óptimas, han mejorado. Pero el coraje no es algo que dependa exclusivamente de las condiciones. Dejo este interrogante colgado y  doy otro salto en el tiempo.

 

ESCUELA DE MUJERES

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Las mujeres más feamente peligrosas, las que ejercen la misma impunidad del poder que cuestionan de los hombres, no son las únicas ni la mayoría y se contraponen a otras. A lo largo del relato de la historia, las páginas se llenan de héroes masculinos y las mujeres -muchas veces- sólo están para apoyar a esos hombres todopoderosos. Con el correr del tiempo y  sus relecturas, el cambio de foco pudo rescatar a algunas inolvidables, que marcaron por sí mismas el paso de los acontecimientos. Las que rompieron el molde, las poderosas de espíritu capaces de salir de lo acotadamente esperado para ellas y conquistar sus convicciones. Solas o acompañadas, pero con una certeza: el solo intento de sus acciones cambiaría la realidad de su época.

Las maestras quienes, de la mano de Sarmiento, importaron las bases de un sueño grande, en su mayoría eran mujeres: jóvenes, solteras, soñadoras, altruistas, atrevidas y convencidas de extender el paisaje de muchos, por medio de su aporte. Las ideas impulsan puntadas de acción y así otros pueden ejercer destinos más amplios. A los veinticinco años, Mary Gorman fue la primera docente norteamericana en llegar al país. Según los planes de Sarmiento, su destino sería San Juan. Sin embargo, Mary pudo acceder a su cargo cuando Sarmiento fue presidente. Más nombres para retratar la hazaña son  Mary Graham, Florence y Sarah Atkinson, Clara Gillies, Sarah Harrison, Cora Hill, Amy Wade, Martha Graham, Charles y Clara Armstrong entre muchas otras, quienes debían contar -además, de su formación en las ciencias de la educación- con un excelente estado físico y mental para soportar las inclemencias de la vida en estas tierras, por entonces bastante inhóspitas.

¿Cómo habrán sonado sus nombres en los argentinos?, ¿cómo habrán sonado los aromas, los paisajes, las bebidas autóctonas en ellas? En este caso las barreras de lo imposible para la época fueron corridas, los títulos florecieron en bandejas de saberes novedosos hacia ambas partes: para los argentinos y para las maestras norteamericanas. ¿Y antes de la llegada de los europeos a nuestras tierras?, ¿qué pasaba con las mujeres?

MUJERES DE LA COLONIA

Las mujeres de la colonia sufrieron traiciones eternas, tal vez como las actuales pero con distintos colores. Originaria del sur de México, Malinalli, más conocida por la historia como Malinche, es una de las más famosas referentes femeninas de la primera parte del siglo XVI. Su vida es una muestra de brutalidad extrema. Su destino fueron la desdicha y los amores desencontrados en su corazón. Hija de caciques, su vida se encorva con la muerte de su padre. Fue entonces quedescarga (3) su madre, vuelta a casar y vuelta a ser madre -esta vez de un varón- decidió vender a su primogénita a un cacique llamado Huatley, de Tabasco. Huatley, tras un encuentro con los europeos, la entregó junto a otras doncellas en parte de pago para una alianza de paz, que también incluía algunas monedas de oro y mantas a Hernán Cortés. El desamor mostrado por el europeo se advierte desde en las pálidas palabras usadas para describirla. Así, la historia aparece tímida en boca de testigos que documentaron la no historia de amor. La Malinche, que oficiaba de intérprete y de amante del “conquistador”, practicaba un amor genuino y fiel hacia él, con quien tuvo un hijo, llamado Martín en honor a su padre. Cortés, “en muestra de sus sentimientos hacia ella”, la obsequió a Alonso Hernández Portocarrero Y esto no quedó aquí: cuando todos pronosticaron que, después de enviudar él, finalmente se casaría con la Malinche, la hizo casar con un colaborador llamado Juan Jaramillo. Así fueron los días de la Malinche, de tropiezos familiares, amorosos e históricos ya que, además, sus propios compatriotas la tildaron de traidora por su amor a Cortés. La viruela la llevó pronto, con sólo veintisiete años, pero su huella es recordada eternamente.

MUEJERES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Como si la historia hiciera un rulo hacia atrás, si pensamos en el uso de los adjetivos que citaba al comienzo esta nota, ahora se actualizan y ajustan a las realidades de lo cotidiano de muchas de nosotras: mujeres del siglo XXI, embarradas en la lucha por no ser ultraviolentadas, de formas más sutiles o más típicas de esta era. Hoy vemos ultraviolencias (sí, podemos llamarlas así, porque el esfuerzo que implica ir contra lo anquilosado, durante tantos siglos, implica quebrar, violentar lo violento instituido) que son caminos, intentos de romper para crear algo nuevo, para liberar, para dar más fuerza, para recuperar.compos. mujeres

Es importante aclarar que no se pretende con el desarrollo de estas líneas pensar en mujeres mejores o peores, destacar el antes o el ahora como contrapuntos. Pretendo dar una vuelta, junto al lector,  por la historia de todos y por la propia para testimoniimages (2)ar, solo a través de algunos ejemplos, la violencia ejercida hacia el género. Quiero hacerlo, desde una perspectiva de concepciones históricas, y nunca desde un fundamentalismo feminista que no comparto. Pintar paisajes con historia siempre abre otros lienzos posibles.




DIARIO ÍNTIMO DE LA INFANCIA

Ultraviolento: Entrevista a Felipe Pigna.

Producción: Cecilia Miano, Lourdes Landeira, Anne Diestro, Noemí B. Pomi, Viviana García Arribas; Luisa Luchetta, Gabriela Stoppelman

                               Entrevista: Gabriela Stoppelman, Juan pepe Carvalho

                               Edición: Gabriela Stoppelman

               No pregunto por las glorias ni las nieves, /quiero saber dónde se van juntando /las golondrinas muertas, /adónde van las cajas de fósforos usadas. /Por grande que sea el mundo /hay los recortes de uñas, las pelusas, /los sobres fatigados, las pestañas que caen. / ¿Adónde van las nieblas, la borra del café, /los almanaques de otro tiempo?”

                                                                        Julio Cortázar, “El interrogador”

 Querido diario:

Yo empecé hace muy poquito. Yo soy siempre la que estoy empezando desde hace muy poquito. Por eso me ves tan frágil, por eso me ves tan impaciente de horizonte.  Ya de movida nomás, me falta un poco de abrazo. Debe ser por eso que, en cuanto puedo, me pongo a escribir. No me gusta quejarme como una huerfanita que se relame en sus ausencias.  Pero a veces  la cosa se me pone difícil hasta para salir a jugar.  Me pasó hoy mismo: ¡si te digo que casi me pierdo dentro de la rayuela! Alguno, por odio o por omisión, invirtió  el sentido de la piedra. Y, mientras yo me obstinaba  en ir de la tierra al cielo, algo obligaba a la piedra a ir del cielo a la tierra. Digamos que, cada vez que yo intentaba remontar vuelo, alguna fuerza me tiraba al piso de un hondazo… La piedra no tiene nada que ver, por supuesto que no. Nunca sería tan ingenua como para echarle la culpa a los objetos. Ellos son incapaces de tanta saña y de tanta envidia. Por el contrario, cuando me siento sola y no tengo con quién conversar, los objetos se vuelven mis compañeros. Están tan impregnados de huellas y señales, que me llevaría cuadernos y cuadernos desovillarte todo lo que aprendo al leerlos. En cuanto a los responsables de querer cortarme las alas, sé muy bien quiénes son. Soy incipiente pero nada boba.  Aunque ellos se empeñen en confundirme gato con ratones, poemas con liviandades, madrecitas con figurones, a mí no me engañan. Debe ser que tengo la mirada muy nueva y eso me permite ver  bastante claro. ¡Es tan lindo mirar todo el camino posible! Ya sé, ya sé,  ¿pensás que no veo cómo llenan la ruta de ripio, cómo vuelven montaña la llanura, cómo  se emborrachan con los ríos, sólo para no compartir el agua con el resto?  Igual, yo me obligo a mirar. Si vieras: bien atendido, es increíble  cómo se multiplica el trayecto, cómo se ofrece, tan generoso en atajos, rodeos, rastros y caminos paralelos.  Así se da, como si fuera una mamita cariñosa, toda extendida de brazos, toda abierta de manos y de mimos, toda repleta de paisaje  entre las rutas de los dedos.  Y, cuando esto sucede,  ahí sí que me pongo poderosa. Pequeña, recién venida, apimpollada de mundos posibles, pipona de futuros. Y decí que empecé hace muy poquito. Que siempre estoy como recién amanecida. Debe ser por eso que tanto me quieren la negra Remedios; debe ser por eso que tanto me cuida La Malinche. Bueno, de estos asuntos converso a veces con Felipe Pigna.  Escuchá las cosas que me dijo.  Yo, mientras, sigo buscando una pista, otro vientre donde inaugurar nuevos días. Hasta mañana, querido diario.  Gracias por la escritura.

RAYUELÍSIMO

                                                               “Has sabido/con cada poro de la piel sabido/que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón/había que tirarlos/había que llorarlos/había que inventarlos otra vez.”

                                                       Julio Cortázar, ”Para leer en forma interrogativa”

 

Nos llama mucho la atención la cantidad de recursos teatrales que usás para escribir, más se lee un dar a ver que un informar. Por ejemplo, en el libro de Belgrano; “Acatando la estricta etiqueta «real», esa noche la flamante pareja y un selecto grupo de veinte miembros de la realeza permitieron que los demás seis mil aristocráticos invitados los vieran comer. Fuera del palacio, la gran mayoría del «pueblo llano» también ayunaba, eso sí, involuntariamente y no precisamente por razones de protocolo sino para pagar con su miseria esa y otras tantas fiestas cortesanas” ¿Qué te aportan esos recursos teatrales?

René Margritte
René Margritte

Yo creo de forma visual. Me gusta el cine y, quizá,  eso venga de ahí. Cada vez que leo, me gusta que todo me quede claro. La escenografía, por ejemplo. Todo tiene que ver con un momento. En la historia es muy importante que la gente entienda un hecho a lo más  parecido que pudo ser.  

A veces escribís en presente. Eso vuelve contemporáneos al lector y a lo que lee.

Sí, un presente histórico. Es muy demandado ese modo de escribir cuando hago documental. Entonces, de hacer guiones de documentales, me queda el vicio del  presente histórico. 

¿Y lo poético? Lo digo por ejemplo en el modo en que elegís metonimias, como el vino, un elemento, un recorte, a través del cual se puede contar toda la historia, ¿lo considerás al escribir?

No soy muy poeta, pero me encanta la poesía. Aparecen secuelas sin proponérmelo.

Vos escribís en un borde literario, ¿no te parece?

Sí, se me va un poco la pluma con eso. Es que me gusta que me lean. Jamás escribí para la crítica.

Tu popularidad, decís, te dio cierto compromiso. Creo que, más allá de los recursos que usas o lo que la crítica diga, se lee una intención de acercamiento…

Absolutamente, es mi obsesión digamos. Por eso estoy en todas las redes y me importa mucho saber qué piensa la gente. Hace poco creé una aplicación para el teléfono y me sirve para poder socializar. Todos los días publico una nota para aquellos que no puedan comprar mis libros. Y me obsesiona que sea entendible. Creo que elque no sabe dar se pierde de mucho. 

 TOY STORY

                                   “Cuando el impulso de jugar repentinamente invade a un adulto, pero esto no significa recaída en la infancia. Por supuesto jugar siempre supone una liberación. Al jugar los niños rodeados de un mundo de gigantes, crean uno pequeño que es el adecuado para ellos; en cambio el adulto, rodeado por la amenaza de lo real le quita horror al mundo, haciendo de él una copia reducida”

                                               Walter Benjamin, “Sobre los juguetes”

Volviendo un poco a los recursos literarios. Vos desovillas la historia a partir, por ejemplo, de objetos, donde el tiempo impregnó huellas.  Es como si hicieras hablar a los objetos…pigna9

Sí, siempre llego a las casas de antigüedades. Lamentablemente, me voy dando cuenta que muchos pueblos no tienen ninguna, hay otros donde hay excesos de esas casas. No compro grandes cosas, pero sí objetos donde puedo leer. Me encanta tenerlos, pero no como una cuestión fetichista, sobre todo, porque también son objetos de uso. Por ejemplo, me encantan las lapiceras, soy fanático de las “Lamy”, unas lapiceras de pluma que se desplazan hermosamente. Siempre tengo a mano dos o tres porque las necesito, llamalo “TOC” si querés, pero las necesito.

La metonimia, la metáfora, ¿qué aportarían a la escritura de la historia? 

Hay muchos recursos que utilizo porque tienen que ver con pasarla bien. Me divierte mucho titular, por ejemplo. A la gente le gusta, a mí me divierte. Es lo último que hago en un libro, pongo algunos subtítulos para que no se me escapen. Pero, luego de todas las correcciones, la última costura del libro es cuando pongo los subtítulos. Me permito ahí alguna ironía o sugerencias de lectura de lo que viene.

Los subtítulos también funcionan como una lectura propia de lo que acabás de escribir, ¿no?

También. Todo el tiempo quiero dejar claro a la gente que el historiador no es un cronista. Uno tiene todo el derecho de opinar sobre lo que está escribiendo. Es la función del historiador: tiene que opinar. Quizás ahí aparezca lo poético, como vos lo decís. Me gusta mucho escribir. Me gusta la escritura. No me banco un libro que sea solo de historia.

¿La idea de manual?

Matt Dixon
Matt Dixon

No me gusta la idea del manual, lo academicista, lo insoportable  que aburre y no aporta nada más allá de lo que ya estaba dicho. También crecí y soy parte de la generación del setenta. Si bien era chico en los sesenta, había una mirada muy crítica, cortazariana, a lo Mafalda. Todo puede tener un doble sentido. Una doble mirada.

¿Ahí está lo poético?

Ahí puede estar. Soy cortazariano.

 

 

NUNCA ME TACHES LA DOBLE

 “Se apoyará, primero, los brazos estirados, las palmas de las manos contra la pared. Respirará hondo y acompasadamente varias veces, hasta que el frío de la pared le llegue. Cerrará los ojos, no mucho tiempo. Sentirá entonces, penetrándole, un reposo húmedo. Será la tristeza. Algo tibio. Intimo, casi fraterno. Decididamente poético. Eso. Poético”

                                                                    Roberto Fontanarrosa, “Defensa de la derrota”

La continuidad de realidades.

Siempre puede haber otra realidad. Lo vinculo con mi artista plástico favorito, René Magritte. Siempre ve “otra cosa” donde vos no ves. Y el último que conocí, quien también veía siempre otra realidad fue el negro Fontanarrosa.  Me siento un deudor de su literatura, de sus cómics, de la genialidad del doble sentido y del poder ver lo que no se vería nunca, de no haber sido por él. Una anécdota, de las tantas que tengo con Fontanarrosa,  es de cuando empezó  a formarse  el proyecto de “La historieta argentina”, que hubiera sido extraordinario hacerlo con él, pero lo hice luego sin él. En esa época yo le  hacía la prensa a Menchi Sábat. Me costó mucho convencerlo para que fuera  a hacer la tapa de los personajes de la revista “Gente”, porque era la tapa de los personajes del año. Lo convencí, fuimos y ahí estaba “El negro” Fontanarrosa.  Era el momento de furor de “Los Simpsons” y había un nene con una careta de Homero. Entonces, Fontanarrosa dijo: “pobre pibe”. Le pregunté  por qué había dicho eso y me dijo: “imaginate que les cuente a los compañeros que salió en la tapa de Gente”. A un ser normal eso no se le ocurre: esa velocidad, esa mirada. Eso me fascina de ciertas personas, la posibilidad de ver lo que otros no ven.

Troche
Troche

Ver “lo otro”, pensaba en la idea del doble, la doble realidad

En el caso de la historia siempre hay, por lo menos, dos realidades. Eso es especialmente muy divertido en estos momentos, donde las redes sociales te demandan todo el tiempo la otra parte. Siempre te relaman por lo “lo no dicho”. Llega un punto en el que ya no contesto, pero esa actitud implica la suposición de que vos estás ocultando algo, que no querés decir algo porque sos cómplice de alguna cosa. Ya es insoportable lo que está pasando con la grieta o como carajos se llame. Para mí no existe la grieta. 

Con respecto a eso,  al comienzo de  “Mitos 5” decís: “Hay un discurso, difundido hasta el cansancio, que repite sin las explicaciones pertinentes que el peronismo dividió en dos a la sociedad argentina, y que esa fue la «razón» del golpe cívico-militar de 1955. El argumento parecería basarse en la falsa premisa de que en nuestra belicosa sociedad, marcada por más de sesenta años de guerra civil, antes del peronismo hubiese reinado la concordia, con una autoridad basada en la equidad y la justicia. Este concepto es de una falsedad evidente, pero debo reconocer que ha sido bien transmitido a lo largo de generaciones y ha logrado eludir el filtro de la racionalidad histórica.”

Sí, eso me pareció importante y lo planteé en la introducción de mitos V. La división argentina es histórica y viene de hace muchos años atrás. Y, además, el autoritarismo no fue planteado por los sectores populares. Históricamente, fue iniciado por el poder y con salvajismo. Matanzas de pueblos originarios, los fusilamientos de la Patagonia, los forestales, el antisemitismo. Todo eso lo hizo la derecha que siempre estuvo en el poder. De alguna manera, se las arregló para permanecer-, no digo en los gobiernos-, digo en el poder.

 

¿Qué tiene de particular la historia argentina con respecto a esto? Uno ha escuchado esta línea divisoria en otros países

Primero es bueno decir que no tiene nada de particular. Es importante decirlo porque luego nos creemos el ombligo del mundo y nos sentimos diferentes.

¿Y decir que el peronismo  introduce a esa supuesta grieta sería una manera de hacer a esa historia especial?

Yo creo que el peronismo es especial. La especialidad argentina podría ser el peronismo. Una especialidad que podríamos compartir, en cierto punto, con Cárdenas- en México- pero con derivaciones distintas. Hay una originalidad, pero tampoco nos convierte en tan especiales. Mirá ahora lo que pasa. Creo que está muy mal que la gente deje de hablarse  por política, es horrendo. No ir a un asado porque no pensás lo mismo que tal o cual… salvo que estés hablando con el enemigo. Con el enemigo no se discute. pigna10descarga

¿No hay un pudor últimamente en decir esa palabra? ¿El enemigo?

Hay y también está mal usada. En política democrática, la palabra puede ser adversario y, en economía, puede hablarse ser enemistades manifiestas.

Partimos de la idea  de que el enemigo es el que busca tu destrucción.

El neoliberalismo es el enemigo del pueblo. Es un enemigo declarado, sabemos que no va dar resultados. La baja de sueldos, de derechos laborales, está claro que quiere la muerte de la clase pasiva. Lo dijo prácticamente la señora corrupta del fondo monetario, Christine Largarde, es increíble la cantidad de supervivencia de viejos que tenemos y, por lo tanto, no tiene sentido gastar más plata en pensiones. Ellos son enemigos de la humanidad. La guerra está declarada hace rato.

Es guerra.

Por supuesto, es guerra.

 EL GATO O EL RATÓN                                                        

Las meditaciones del filósofo y distraído pueden hacer pensar en un mundo mental cerrado sobre si mismo, como aquí un fumador es prisionero de su propia pipa.”

                                                           René Magritte, “Escritos” 

 Vos hablás mucho en las entrevistas televisivas sobre saber escuchar al otro. En relación de lo que decías recién, el enemigo sería entonces el extremo, donde no hay otro

Y no, ya no tiene sentido. Y no porque hay un enojo muy grande. Primero: con un criminal de lesa humanidad, ¿de qué vas hablar, qué va a intercambiar? No quiere decir que no me encantaría entrevistarlo, lo he hecho, pero eso es otra cosa, es un trabajo.Yo entrevisté al más grande criminal de lesa humanidad. Le ganamos un juicio junto a Osvaldo Bayer, fue en dos oportunidades. Le ganamos dos juicios en base a la verdad. El tipo decía que ellos no se habían apropiado de millones de hectáreas de la Patagonia. También, me hubiera encantado entrevistar  a Videla, estuve muy cerca de hacerlo. Tengo un cuento pendiente con el que fue el confesor de Videla.

¿Escribís ficción?

Para mí solamente. El confesor de Videla me parecía un personaje fascinante, muy interesante.

¿Y cuándo necesitás la ficción?  

Cuando me supera la realidad. También escribí un cuento cuando entrevisté a  uno de lso responsables de la Dictadura, el cuento se llama “El mejor enemigo”. Fue muy fuerte porque estaba entrevistando a un tipo que tenía que ver con la desaparición de mis amigos. Para mí, era mucho, mucho más fuerte que ver a un Díaz Bessone. Siempre me pareció más terrible el lugar del tipo que da órdenes desde la economía. pigan11images

Aparentemente,  y desde la mirada general,  lo económico es visto como menos violento, ¿no?

Sí, es el mismo caso de los Krupp, en Alemania y eso que él fue un tipo que se declaró inocente. Entonces, volviendo a lo de conversar con el enemigo, te decía que, cuando se dan, son laburos periodísticos. De todas maneras, esos trabajos no son gratuitos para el cuerpo. Pero ¿un diálogo?, ¿qué sentido tiene?, ¿nos vamos a poner de acuerdo? Claro que no.

VERDAD O CONSECUENCIA

« Ningún objeto se halla tan ligado a su nombre como para no aceptar otro que le convenga mejor. »

René Magritte, “Escritos”

 Vos trabajás con datos de textos literarios, ¿cómo se puede tomar data de textos literarios cuando a veces la ficción contradice lo que pasa en la realidad?  Por ejemplo, el caso de Lucía Miranda: “En el clima de violencia de la Conquista es curioso que surgiera un arquetipo literario que invertía los roles de lo que estaba ocurriendo en la realidad. Mientras en sus malocas los españoles violaban y se llevaban cautivas a las americanas, en una de las primeras muestras literarias coloniales, La Argentina manuscrita de Ruy Díaz de Guzmán, aparece por primera vez su contrafigura: la cautiva «blanca», objeto del deseo de los malones indígenas, en el personaje de Lucía Miranda. Si bien la obra de Díaz de Guzmán no empezó a circular sino hacia 1836, el mito era conocido en tiempos coloniales y fue incluido en obras de los jesuitas Nicolás del Techo, Pedro Lozano y José Guevara, y se convirtió en tema literario.”

René Magritte - L´Ellipse
René Magritte – L´Ellipse

Es una gran mentira lo de Lucía Miranda. Es una leyenda fundacional de la Argentina donde, evidentemente, la maldad está puesta en el indio salvaje y no en el conquistador. Por supuesto, pasando por alto toda la matanza previa que hizo el marido de Lucia Miranda. Lo curioso es que el propio Dean Funes lo desmiente y es el fundador de la derecha argentina. En este caso, él dice que eso es una falsedad, no hay nada que compruebe la realidad de esa versión.

Es decir, la literatura como fuente puede servir en tanto parte, ¿cierto?

Primero, está claro que es literatura. Puede ser verdad o no, nadie puede culpar a Shakespeare.

Con los documentos históricos, ¿no pasa también que su información puede ser verdadera o no?

Depende de qué documento. Por supuesto, todos los documentos son objetables. Los documentos históricos que pueden no ser ciertos son los de  la prensa.

¿Los relatos históricos?

Joan Miró - Mujer ante el sol
Joan Miró – Mujer ante el sol

También, por eso es importante el cotejo de fuente. Pero, bueno, en  el relato del poder generalmente, siempre hay maldad del indio, una indolencia donde el indio merece la esclavitud y todo lo malo que le pasa. Y también hay otros relatos, como los de Bartolomé de las Casas, que es la antítesis y la exageración. Por eso es importante cotejar, hasta donde uno pueda, son 500 años desde todo aquello, es muy difícil. Y  también te pueden quedar dudas. Igual, volviendo a la literatura, lo que me parece genial allí es lo que te decía al principio, el escenario, el contexto. Nadie te puede contar mejor la Inglaterra de la Revolución Industrial que Dickens. Es extraordinario cómo Shakespeare nos habla de la monarquía. No casualmente nuestros tres últimos biografiados-  San Martín, Belgrano y Moreno- eran lectores de Shakespeare. Y si él está presente fue porque el tipo criticó a la monarquía. Estamos hablando de un autor del siglo XVII, ya entonces el tipo baja a la monarquía del pedestal y la sitúa en un lugar miserable. Entonces, a  toda la gente que trabajaba en contra de la monarquía, los textos de Shakespeare les venían genial. 

 DEL CIELO A LA TIERRA

Cosas que me pasaron durante la infancia me están sucediendo recién ahora.”
                                                           Arnaldo Calveyra

Recién hablabas de Belgrano, Moreno y San Martín, como lectores de Shakespeare. Al leer tus libros nos llamó mucho la atención la afición literaria de muchos de los personajes que vos tomás,  especialmente, el que leyeran poesía San Martín, incluso Evita…

Claro, Evita tenía la peña de los poemas.

¿Con qué relacionarías la afición de la poesía de estos personajes? No sé si existe algún personaje histórico actual que tenga vínculos con la poesía…

Estamos en una miseria intelectual política importante, que no tiene ninguna justificación.

 Quizás Alfonsín fue el último gran lector. Un poco Cristina. Pero la poesía es un género bastante ninguneado…

Eso tiene que ver con el momento. En el siglo XIX eran pre románticos o románticos y la poesía era un elemento fundamental. En el caso de Evita, era una mujer extremadamente sensible, sin instrucción, de una gran inteligencia, una mujer brillante, pero no en términos burgueses. pigna7

Leímos en tus textos que ella se refería a sí misma y a Perón así:Evita recordaría: Nos casamos porque nos quisimos y nos quisimos porque queríamos la misma cosa. De distinta manera los dos habíamos deseado hacer lo mismo: él sabiendo bien lo que quería hacer, yo, por sólo presentirlo; él, con la inteligencia; yo, con el corazón; él, preparado para la lucha; yo, dispuesta a todo sin saber nada; él culto y yo sencilla; él, enorme, y yo, pequeña; él, maestro, y yo, alumna. Él, la figura y yo la sombra. ¡Él, seguro de sí mismo, y yo, únicamente segura de él!”, como si se hubiera tratado de La Maga y Traveler.

Ella misma se ponía por abajo, pero creo que era consciente de su extraordinaria inteligencia.

¿Y la intensidad? Casualmente estos personajes que se vinculan con la poesía son muy intensos. No sé si encontraría un personaje actual de esa intensidad.

Le tienen miedo a la intensidad. La intensidad te lleva a sentir, entonces, se llenan de coraza y evitan hacerlo.

¿Se podrá hacer política con esa intensidad hoy en día?

Creo que es difícil. Uno ve una gran pobreza intelectual, este tema de la poesía ni siquiera entraría en discusión. A mí me pasa, a veces, que me cruzo con alguno y lo primero que hacen es descalificarte. Como que uno es un romántico o que es imperativo bajar a lo que ellos consideran realidad.

 VAMO´LOS PIBES

                                                                              ¿No eran ustedes las hojas de todos los árboles?, lentamente volvían, ¿su esperar paciente en todas las caras? ¿No eran ustedes las hojas caídas de todos los árboles?

                                                                 Arnaldo Calveyra

 

 Es curioso, la emoción la tiene cualquiera, pero la emoción intensa no, ¿qué decimos de la poesía?

La emoción para mí es fundamental. Y las cosas que me mueven tienen que ver con lo emotivo. Si voy a un comedor, me mueve lo emotivo. De hecho, hay gente que va solo porque le gusta escuchar, uno se da cuenta por cómo hablan. Hay todo un regodeo en su escucha. Ahí Lacan se haría un festín. En algún momento, el escuchante va desapareciendo y se produce una desconexión total  entre el escucha y el escuchante. A mí me pasa al revés, me gusta mucho que la gente entienda lo que digo. No concibo una charla en la que no me sienta entendido y no la concibo porque me parece un acto disfuncional.

Lo que vos decís me vuelve a llevar al ámbito teatral y la forma que tenés para llevarlo también a los programas de televisión. Es un medio complicado, que a vos te hizo popular, pero pareciera que tu límite está donde aparece el espectáculo…

Todavía no me animé a eso. Sí asesoré obras, participé en el guion de “Mujeres tenían que ser”, fue una linda experiencia.

Pero eso es detrás de la obra.

Quizás lo más cercano sería lo que hacemos con Darío Sztajnszrajber en teatros, tenemos una especie de diálogos, cumplimos roles. Me gusta y me siento en condiciones de hacer un espectáculo de stand up histórico, pero todavía no se me ocurrió. Yo meto mucho humor en mis charlas, sin hacer un monólogo ni mucho menos.

Joan Miró
Joan Miró

Y ese es otro recurso de poesía,  igual que el humor, la poesía desplaza el sentido.

A mí me gusta y la gente me agradece. La ironía ayuda a fijar ciertos conceptos.

Además, tenés el apoyo de gente joven, muchos pibes te siguen.

Eso es lo que más disfruto, eso sí me encanta, me llena de emoción. Hace poco estuve en Independiente y, al recibirme, los pibes gritaban mi nombre. Pibes de tercero a quinto año. Y el vínculo con los chicos me encanta, es muy especial. Mis historietas últimamente están siendo adoptadas en muchos colegios.

 

En una entrevista que vimos en internet, vos contás una anécdota donde un chico dice que, para ser como San Martín,  él tendría que hacer algo grande, como cruzar Los Andes. Y otro le contesta: no, con ser honesto alcanzaría…

Sí, eso fue increíble, porque el otro le responde con una explicación sobre un concepto de ejemplaridad, que no es sinonimia ni imitación, un concepto basado en los valores que San Martín expresa. Los pibes son geniales, un público hermoso y muy reflexivo. Me gustan mucho las charlas en aulas, los grupos menores son interesantes. Aunque a las editoriales no les convenga, el vínculo es otro. Les sirve más a ellos y eso es indispensable. Las preguntas de los chicos son geniales, lo preocupante es el abandono.20728023_10213737365493569_4927730568170153429_n

¿Abandono?

Sí, el de los padres.Vos te das cuenta que nadie les da bola, les dan una tablet, se los sacan de encima, es impresionante, porque los están perdiendo.

¿No te parece que este modo de docencia es una paternidad instantánea?

Sí, absolutamente. Me gusta mucho ser padre, me cambió mucho mi mirada hacia la infancia, ves a un pibe en la calle y te pega distinto. Hay una frase de John Lennon, que la conocí antes de ser padre, “Padre, yo siempre te necesité a ti pero tú nunca me necesitaste a mí”. Es esta idea de un padre proveedor que no disfruta de su paternidad. O sea, vos no necesitás a tu hijo, él solo te necesita a vos, ¿cómo no vas a necesitar a tus hijos? Pero el modelo capitalista es el del padre proveedor, ¿no?

 

 ¿ME HACÉS EL RUEDO, MÁ?

“Nadie, claro, se dio cuenta de lo que ocurría entre Michel y yo. Me quedé todavía un rato y me fui sin volver a verlo. Nos seguiremos encontrando aquí y allá, pero si no es así ya no importa. La figura se cerró anoche, eso que llaman azar juntó otra vez tanta baraja dispersa y nos dio nuestro instante perfecto fuera del tiempo idiota de la ciudad y las citas a término y la lógica bien educada. Ahora ya nada importa, realmente; anoche fuimos tres, anoche lo vimos junto a nosotros desde el otro lado.”

           “Desde el otro lado”, Julio Cortázar                               

Hace un rato vos hablabas de abandono y, en nuestra lectura, nosotros señalamos una cantidad de personajes históricos, sobre quienes vos marcás la condición de hijo natural. No solo Evita, el caso más conocido, también Perón y otros. Es notable cómo todos ellos refieren a su necesidad de padres. Y cómo eso no los quebró, al contrario, dieron vuelta esa falta en fuerza. No es fácil encontrar escritura sobre la infancia de personajes históricos.

Y es que no se suele hablar de eso. Justamente, la infancia es la gran negada de la historia ¿no? Una historia de la infancia, para eso estoy juntando material. Lo de Francois Dolto es muy interesante, pero no aborda mucho la historia, va por el lado psicoanalítico. Habla sí de la historia de la niñez, de cómo el niño era propiedad de los padres hasta entrado el siglo XX. También es interesante lo que pasa a nivel del Código Penal, cuando los padres podían matar a los hijos, los famosos filicidios, eso era así hasta  entrado el siglo XX. Y la infancia de los próceres me interesa en cuanto tiene que ver con su vida posterior.

Y cómo han dado vuelta del lado del ruedo orfandades y abandonos…

René Magritte - La voix du sang
René Magritte – La voix du sang

Me parece extraordinariamente interesante la actitud de San Martín con Merceditas. Porque, siendo él un varón de comienzos del siglo XIX, la pudo haber dejado con su abuela, pero se la llevó con él. Eso no lo convierte en un hombre perfecto, el vínculo con su mujer fue siempre muy complicado, se vieron poco y él le era infiel, tenía otra vida en el Perú. De todas maneras y sin ningún ánimo de justificación, eso era muy común en ese momento. Lo que no era común es que un padre se llevara a su hija, cuando había todo un contexto lleno de justificaciones para que un hombre se fuera y la dejara sin problemas. Y se lleva a la piba, incluso, peleándose con su suegra, ¿curioso, no? Más allá de San Martín, las que instalan la cuestión de la infancia son las anarquistas y las socialistas. Son ellas las que lo inician, los varones socialistas no hablan sobre los derechos del niño. Después, aparece en la literatura obrera. 

Si reclamaban un derecho ponían en evidencia la falta, vuelve la idea del abandono de los niños…

Y de los adolescentes, ¡ni qué decir! Tengo mucho público adolescente, me quedo hablando mucho con ellos y la necesidad de escucha de esos chicos es tremenda. ¡No te imaginás las cosas tan interesantes que tienen para decir y nadie los escucha, no tienen un espacio!

Digamos que el psicoanálisis no cubre todo.

Claro, aparte, hay ciertos sectores donde el psicoanálisis no existe. Hay una ausencia de escucha muy fuerte. Es impresionante cuando se te quedan esperando luego de una charla, tienen una  mirada muy distinta a la nuestra.

 AY, MADRECITA PERDIDA, MADRECITA VUELVE A CASA                                    

Amarillentos papeles/Te pintan con otra laya. /Pero son veinte millones/Que te llamamos: hermana…/Sobre las aguas australes/Planean gaviotas blancas. /Dura piedra enternecida/Por la sagrada esperanza. /Ay, hermanita perdida. 
Hermanita: vuelve a casa.”

“Hermanita perdida”, Atahualpa Yupanqui

Retomando el tema de mujeres, vos haces un rescate de ciertos nombres que debieron haber figurado en la historia y desaparecieron. Nos interesó mucho la historia de la mujer que iba con Belgrano.

María Remedios del Valle. Cuando yo escribí ese libro, me interesó poner un subtítulo donde quedara claro saber de qué mujeres estábamos hablando. Rebeldes, incorrectas y luchadoras: a mí me interesaba hablar de ellas. La negra Remedios fue una mujer argentina y acompañó a Belgrano en toda su campaña, una mujer a quien intentaron fusilar, luego se escapó, volvió. Una heroína extraordinaria, de tal modo que sus compañeros la llamaban “Madre de la patria”. Después de todas las campañas, quedó en la miseria, pidiendo limosna. Y ahí la encontró  el general Viamonte, quien fue su compañero en el ejército del Norte. Él pidió para ella una pensión y reclamó que fuera declarada madre de la patria, hecho que ocurrió en 1827. pigna2

Pero eso se perdió.

Se  perdió cuando el mitrismo reescribió la historia y Argentina se perfiló como un país de blancos, en relación a la inmigración. Parecía un mal antecedente tener una madre de la patria negra, entonces, se la corrió de la historia.

Con respecto a mujeres mal valoradas, el desamor es otra figura  de la que vos te ocupás en tus textos por, ejemplo, en la historia de La Malinche.

Me dolió mucho lo de La Malinche. Estuve en México investigando y es una gran injusticia cómo ella quedó con la imagen de una traidora. México es un país muy machista y decir “qué padre” es un elogio y “me vale madre” es como decir “me importa un carajo”, tienen una relación con la mujer bastante despectiva.

 SAINT OMISOR AVENUE

                                                               “Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.”

                                               Alejandra Pizarnik       

 ¿Hay algo en común en el desamor de la historia o el desamor es particular en cada época?

Está muy presente la idea de la ingratitud. Y eso es tan frecuente entre hombres como entre mujeres: no se admira, no se agradece. Solo partamos de los programas de chimentos, ahí vemos lo peor del ser humano, siempre es envidia y nunca admiración. Para mí eso es odio, no es amor. También destrucción y resentimiento.

Pensaba en Moreno o en estos personajes a los que los llegaron a destruir, un poco porque eran peligrosos pero también, por envidia.

20664660_10213737364973556_3253146326999861021_n¿Vos conocés el caso de Saavedra? Saavedra lo decía explícitamente. Él decía que Moreno le tenía envidia. Pero, ¿qué le podría envidiar Moreno a Saavedra? Saavedra decía que Moreno era un hombre movilizado por la envidia, un siniestro, un terrorista, un demonio.

 

 

El tema de este número es “ultraviolento”, ¿qué sería para vos lo “ultraviolento”?

Me parece que ultraviolento es el modo en cómo está la sociedad argentina en este momento. Implica a todos los odiadores seriales, ¿no? Creo que donde está el odio de clases, hay ultraviolencia.

Hay violencias más sutiles que no son consideradas como tales…

La violencia del Estado siempre es sutil. La violencia cotidiana del Estado, a la cual nos vamos resignando.

Vos que sos tan lector de cornisas, ¿qué pasa con la violencia en las  omisiones?

Las omisiones son un asesinato. Son una manera de matar, son peores que la mentira, en algún punto.

Pero creo que la omisión no tiene tan mal prestigio, ¿no te parece?

No, porque puede mostrarse como un olvido, pero es una forma de asesinar. Tanta gente omitiendo en nuestra historia, o ninguneada.  Te das cuenta que nada es casual en el mundo de la palabra. Básicamente, no hay inocencia en el lenguaje, entonces si vos nombrás a Rivadavia como la calle más larga, ya señalás toda una decisión en nombrar y no nombrar.

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ROMANCERO DE GOLONDRINA

Ultraviolento: Entrevista a  Miguel Ángel Estrella

Entrevista: Mariana Dosso, Anne Diestro, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman, Mariana Dosso

Caminito del indio,/ sendero coya/ sembrado de piedras./ Caminito del indio/que junta el valle/con las estrellas.

“Camino del Indio”, Atahualpa Yupanqui

Nashem, astro del cielo. “Estrella” han elegido los funcionarios de migraciones en la Argentina. Por cierto es que Nashem- apellido de su abuelo paterno, abre al misterio del universo. Quién sino los astros del cielo nos palpitan ese enigma. Tal vez las conversaciones de Miguel Ángel se acercan también a ese mundo sin respuestas “tradicionales”. Charlas con su Jesusito, con Marta -su amada esposa- con la voz madre, con una voz maestra en intuiciones, con otra experta en precisión técnica y una más, dada a ajustar detalles del espíritu. Miguel elige el anecdotario, esquiva teorizar, prefiere las escenas, dar a ver,  poner en juego a entrevistadores- y aquí también con los lectores- y conmover con pulsos cotidianos.

Así, constela sonidos, forma, nombre y palabras. Pero también las hace estallar en plenitud y densidad, escurridizas, inaprensibles. Del vientre de la palabra- más allá de toda madre, incluso- nace lo poético. Desde allí reclama, piano adentro y, entonces, asciende la música. Sube la mano, baja el dedo índice, acaricia la mesa como a una tecla más. El tacto está conmovido de vida densa, lleno de niños que anecdotean la música, de hombres simples que enriquecen la armonía con su lejana voz, muertos queridos, quienes desde los retratos, aplauden la insistencia de la vida. El aire se pone rico, con una densidad que no pesa. El latido, sin desestimarla, le saca el pecho a la técnica que, admirada, se rinde a sus manos. Estamos lejos de los vaivenes del trabajo matutino o del cansancio de la noche, del amor vuelto deseo y tan dentro de ellos, como el misterio del universo dentro del pulsar de cada estrella.

Y cuando el astro está en lo más alto, una altura todavía más arriba, se desoculta. Por allí revolotea un romance entre sonido y palabra. Escuchen con atención qué se dice. Escuchen.

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 LA PIEL DEL PIANO

 “me pasea los dedos por la piel y me dibuja/ en el espacio, en vilo, hasta que el beso/ se posa curvo y recurrente/ para que a fuego lento empiece/ la danza cadenciosa de la hoguera/ tejiéndose en ráfagas, en hélices,/ ir y venir de un huracán de humo.”

“El breve amor”, Julio Cortázar

Hay aquí un romance. El piano del fondo respira profundo el aire que durante tantos años le quitó la tumba. Goza cada sorbo de libertad, a pulmón lleno. Mientras en eso anda, se le escapa un suspiro hacia el piano de adelante, que se despereza, como si jugara a una cierta indiferencia inicial. Entonces, el otro arremete desde una montaña de libros, fotos y papeles que sostiene sobre su lomo, se alía a los marcos de los portarretratos, a las letras de viejas escrituras, al papel nuevo y al papel amarillento. Y, ente todos, se ofrecen como un cielo. Titilan un cielo de entrecasa para que el piano de adelante conceda y diga. Y él o ella (hay pianos “ella”) concede toda la partitura de su piel, en luz y sonido.

Este piano me lo regaló una amiga. Yo iba a estudiar a su casa, en Ginebra, vivía cerca de un lago.  Estaba enferma, me llamaba a su cama y me decía “Estoy como si tuviera quince años, enamorada”. Ella tenía ochenta. Yo, treinta. Cuando se murió, yo no estaba en París, así que fue mi hijo. Él la quería mucho. Mi hija Paula, también. Mi hijo tenía aventuras con una nieta de ella. ¡No perdonaba ni una mi hijo Javier!

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¿Ese es otro piano?

Sí. Ese es un piano que yo reencontré en Montevideo. Me lo habían robado los milicos junto con todo lo que había en la casa. El piano tenía un afinador, que era amigo mío. Entonces, durante mis años de prisión, él y algunos alumnos míos de Montevideo, le seguían la pista. Los milicos lo habían enterrado en un lugar en construcción, como para venderlo algún día. Así como escuchan, enterrado, sí. Así que, cuando volvió la democracia a Uruguay, allá por el ’85, me escribió el afinador: “Tu piano está intacto, pero tenés que venir a buscarlo vos”. Era en tiempos de Alfonsín. Un día me encontré al canciller Dante Caputo en un avión y le dije que necesitaba que me diera una mano. “Te doy las dos”, me dijo, extendiéndome ambas palmas. “En Uruguay está mi piano, el que me afanaron los milicos y lo extraño. Tiene un sonido hermoso”. “Lo vas a tener dentro de muy poquito”, me contestó. Y me lo trajo. Lo mandó vía Leonardo Franco, un diplomático amigo que venía a la Argentina. Historias.

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Fotografía Anne Diestro

Cada piano tiene un sonido único, ¿no?

Ahora, este que me regaló mi amiga tiene un sonido extraño. Pobrecito, está todo desdentado como estaba mi amiga, la dueña del piano, en sus últimos tiempos. Desde que volví, estoy llamando al afinador para que venga a colocar los marfiles.

Miguel Ángel Estrella: Estudios y preludios (Chopin) | La Ballena Azul

DESTELLOS DIVINOS                                  

                        Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al    margen de la vida.”

Antonin Artaud

 De pronto, la sala invita a los cuerpos. Dentro de una esfera inesperada de luz, bailan Dinu y Nadie. A su lado, se enciende otro círculo para Miguel y Marta. No hay música de tocadiscos,  y los pianos están ahora ocupados con su intercambio de murmullos. Pero los pies agitan las cuerdas del silencio y, entonces, los acordes suenan a cada roce de las suelas contra el parquet. Giran alrededor del sonido. Hasta ser ellos mismos música. Giran intensamente, hasta que un círculo toca la circunferencia del otro. Son dos pares de estrellas binarias que, en la danza, constelan.

 ¿Los milicos te soltaron en el  ’80?

 Sí, me habían secuestrado en el ’77. Al día siguiente, Nadia Boulanger(1) hizo el primer comité por mi liberación. Ella estaba ya yéndose de este mundo, pero me quería a montones. Fue una historia bella cómo yo entré en su vida: un golpe de Estado fue a meterme en su existencia.

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Es una cosa llamativa, cómo vos la admiraste tanto siempre y ella terminó constituyéndose en la líder de tu salvación.

Mi mujer nació en la otra cuadra de esta casa. Como no teníamos guita, mis suegros nos dieron la parte de arriba, que eran dos habitaciones. También nos hicieron una cocinita en un rincón y compartíamos un baño, abajo. En esas dos piezas, testigos de un amor fulminante, de ese estar todo el día deseándonos el uno al otro, la música de fondo era Nadia Boulanger, a dos pianos, con mi pianista preferido: Dinu Lipatti, un rumano maravilloso, un poeta del piano. Después, los dos empezamos a tomar clases con Luisa Sorín, que vivía en Caballito. Ella había trabajado con Nadia cosas esenciales que nos las transmitió. Ahí, los dos empezamos a soñar con Nadia Boulanger. Uno de nuestros maestros acá era un líder de la dimensión de Nadia Boulanger, pero sólo en lo intelectual: Erwin Leuster, un tipo de la judería austríaca que había estudiado, nada menos, con Arnold Schöenberg y nos transmitió todo ese saber. Schöenberg amaba a Bach y se incrustó en el arquitecto Bach, en cómo construía Bach: un campesino dotado de una iluminación espiritual fantástica porque vivía improvisando y se le ocurrían melodías todo el tiempo. Entonces, Leuster aportó un componente: para mí la música es una inspiración divina. Seas o no religioso tiene que ver con algo muy grande que, de pronto, te envía. Mirá, hace dos años me invitaron a la inmensa Universidad de Lyon para inaugurar la Sala, una  parte de la Universidad que antes había sido una cárcel, donde yo había tocado el piano diez años atrás para los presos. A manera de símbolo, para inaugurarla, querían que fuera otra vez yo. Así que me pidieron una obra específica de Chopin: la “Sonata fúnebre”. Entonces hice una revisión de esa sonata que, en otros tiempos, yo había tocado mucho y hasta ganado premios con ella- aquí y en el extranjero-. En esta revisión me encontré con otra obra. Es decir, la fuente era la misma, las notas eran las mismas, pero la intensidad tenía otra cosa. Empecé a hurgar, a mí me gusta mucho la correspondencia de los compositores. En este caso,  la de la mujer que vivía con Chopin, George Sand, una mina fascinante, colega de ustedes. Creo que era sesenta kilos de hormonas, una mina que se vestía de hombre. En una de sus notas, ella decía que esta “Sonata Fúnebre” la había escrito Chopin a los 29 años; que la obsesión con la muerte le traía pesadillas terribles durante las cuales gritaba salvajemente. Ella “sabía, sentía que en su vida no había esperanzas”. Chopin era tuberculoso y, en esa época, no había penicilina. Murió a los treinta y nueve años. Ahí está esa figura de Chopin enfermo, pero también del Chopin tremendo poeta del piano…

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DESTELLAR, ENTRE DOS AMBIENTES

 “Iba en un paso rítmico y felino/ a avances dulces, ágiles o rudos, / con algo de animal y de divino,/  la bailarina de los pies desnudos.”

“La bailarina de los pies desnudos”, Rubén Darío

Ponele, dos piecitas nomás, como de acá hasta allá, hasta unas pocas veces el ancho que alcanza el máximo de amplitud de mi abrazo. Ponele, ese breve espacio y todo el universo dentro. Ponele que no hay gran cosa para comer, ni para beber. Pero en este recorte de tiempo, la vida late un banquete. Si hasta aún se escucha el tintinear de copas, el sonido metálico del cuchillo contra la mesa, el modo en que el tenedor se hundía entre el ovillo de los fideos. Cómo se impregna la memoria en el sonido. Cómo toca el sonido el compás de la memoria.

¿Qué es la poesía en la música?

Es darle un vuelo divino a la música. Chopin era religioso al igual que Liszt. Beethoven, también, de otro modo. Pero, mirá, George Sand había sido amante de Liszt, tuvo muchos amantes, muy elegidos. Es una linda historia que me hace quererlo mucho a Liszt. De adolescente, yo ponía a Lizt al costado, como uno que tocaba maravillosamente el piano y nada más: Liszt era el pianista de moda en toda Europa, vivía en París, en un castillo que aún existe- hoy es la embajada de Polonia. George Sand organizaba sesiones de poesía y de música donde, entre otras cosas, tocaba Liszt. Ella invitaba a la gente encumbrada a escuchar a su marido, música  y poemas. El que en realidad estaba en el piano era Chopin, no Liszt. Y todo a oscuras. Sólo las minas son capaces de inventar estas cosas. Ustedes tienen una intuición, ven cosas que nosotros no. Cosas que se nos escapan.

estrella11delichon-urbica (1)En mi vida con mi mujer, Marta, la he visto tantas veces razonar con esa intuición. Te voy a contar algo que pasó con mi hermana Antonia, que estaba estudiando para ser monja. Antonia, una mujer muy bella, con unos ojazos verdes, muy árabe, aunque no lo es, Marta era como una hermana. Marta, embarazada de Paula, estaba en un momento de su formación vocal fuerte, que prometía mucho. La habían elegido como una de las mejores voces argentinas. Digamos, los mercaderes querían armar una pareja ideal con nosotros. Éramos jóvenes, lindos, teníamos talento. Y Antonia quería ser monja. Entonces Marta le dijo: “Antonia, a los dieciocho años, no te podés encerrar en un convento, no conocés la vida todavía. Mirá, yo tengo que parir y seguir cantando. Vení a ayudarme dos años”. Para Antonia, Marta era una mina que veía más lejos que ella. Los dos teníamos alumnos. Entre ellos había un muchacho, Ricardo, de zona sur,  pobre, loco por el piano y por la música. Obrero de Clarín, se había llegado a comprar un piano. No eran todavía los tiempos de Magnetto. Un día, Ricardo estaba tomando clase y Antonia pasó con Paula bebita en brazos. Recordá que vivíamos en dos piezas. El piano estaba por un lado, el chico tocaba en su clase y, por allá, había una cocinita. Entonces, Marta sorprendió un sonrojamiento del varón al piano. Ricardo vio pasar esos ojazos de Antonia y se puso rojo como tu pullover. ¿Cómo vio eso ella? A mí se me hubiera pasado de largo. Cuando Antonia salió de aquella pieza y levantó la vista para ver a quien tocaba, también marta detectó lo que yo no veía. Terminada la clase dijo: “Ricardo, nunca te invitamos a comer. Es la una y no hay nada más que fideos y un café. Ya sabés que andamos justitos con los gastos”. Él, tímido: “No, no quiero molestar”. Entonces, Marta: “Ricardo, hace un año y medio que estudiás conmigo, ¿por qué la maestra y el alumno no van a almorzar juntos? Están mi marido y mi cuñada. Sacate esa timidez de encima, muchacho”. Así que se sacó su timidez. La cocinita era mínima, entraba una mesita chica, ahí estábamos los cuatro. El rojo de los dos seguía imperturbable. Cuando terminó el almuerzo -y acá viene la historia- Marta le dijo a Ricardo: “Antonia no conoce Buenos Aires. Vos que la conocés de memoria, ¿por qué no la llevás a dar una vuelta, al Teatro Colón, sé que no no te perdés ni una función, ¡con lo que te gusta la música!, llevala a Plaza San Martín, qué se yo. Mostrale un poco a esta chica que viene del norte. Y de ahí, hasta que, hace pocos meses Ricardo murió, Antonia y él fueron como novios. Ella no entró al convento, aunque sigue con su fe inquebrantable. Se casaron, tuvieron hijos, tienen nietos, vivieron acá cuarenta años, en la casa de abajo.

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Fotografía Anne Diestro

TE CUENTO UN ÁNGEL, ¿DALE?

“El alma que entra allí debe ir desnuda/ temblando de deseo y fiebre santa/ sobre cardo heridor y/espina aguda:/ así sueña, así vibra y así canta.”

“Yo soy aquel”, Rubén Darío

Bueno, a ver, contame, contame de ese aleteo a ras de la tierra, de esa forma en que lo angelical se vuelve mate y palabra a tiempo, amistad en el vino, música tocada, café de por medio. Contame el modo en que las voces orbitan el planeta siempre solitario de un hombre, pero también decí cómo esa coreografía de los otros alrededor de tu propia sombra compone la más bella partitura de cuerpos entrelazados. Filiaciones del dolor, del tiempo y la alegría, ángeles que intermedian entre la altura y los pozos y nos religan, de raíz.

Desde que llegamos nos hablás de mujeres. Nadia Boulanger, organizó el primer comité por tu liberación. Marta, tu esposa, con quien formabas un dúo voz instrumento. En otras entrevistas has nombrado a tu madre y sus consejos: “no hay que andar con herrumbre en el alma”. Evita, que parece haberte enseñado que cada cual puede elegir su destino. Milagro Sala: después del recital que diste allá, muchos de los presentes comentaron que era la primera vez en su vida que escuchaban en vivo a un pianista interpretando a Chopin, Mozart, Yupanqui y Villoldo, entre otros autores. “Milagro representa el coraje de esas hembras que ha parido nuestra tierra como Evita, Cristina, como tantas que son odiadas por burdos personajes de la historia de hoy”. Todas, de algún modo, están vinculadas a la liberación. Conversemos.

Sí. Pero también hay un hombre allí, que es Yves Haguenauer, de la judería parisina. ¿Cómo lo conocí? En París, Nadia había sido para Marta y para mí como nuestra madre. Aún muy enferma,  llamaba todos los días a los médicos para ver cómo iba el tratamiento del cáncer y si mi mujer se iba a salvar. En un momento, a Marta le entra una desesperación por ver a sus hijos, pero los médicos pensaban que era peligroso un viaje a Buenos Aires. Aun así, me decían que la podían recauchutar para que los viera, porque estaba muy desesperada, soñaba, gritaba dormida… Marta era una madraza. Entonces, la recauchutan y me advierten que, en el siguiente mes, no le podía pasar nada. Podía viajar y abrazar a los chicos, pero después debía volver. Nunca más volvió. Ahora bien, yo había ganado una beca del British Council, entonces me tenía que a ir a Londres a hacer un curso. Antes de irme, Nadia me pidió que tocara, donde ella daba un curso de verano. Me dijo: “Después del concierto voy a hacer una cena e invitaré a una pareja interesante: Los Haguenauer. Son judíos, muy inteligentes, muy lectores. Él ha sido prisionero del nazismo, se escapó siete veces, pero siempre lo encontraron y lo llevaron de vuelta. Ellos van a estar sentados a tu lado en la cena”. Bueno, di el concierto y en la cena estaban Yves y su mujer, Martina. En esa cena nos enamoramos. Me decían que nunca habían escuchado tocar a Beethoven como lo hacía yo en el piano. Me llevaron a casa, al día siguiente, al aeropuerto, y ahí nació una amistad. Les conté mi angustia  por la enfermedad de Marta y la posibilidad de que muriera. Bueno, me fui a Londres y allí me habló César Civita, el dueño de Editorial Abril. Civita nos amaba a los dos, nos decía: “Ustedes son una pareja como nunca he visto y agradezco al cielo haberlos conocido”. Yo le decía “¿No estarás enamorado de mi mujer, no?” Y él: “La verdad es que los ojos de Marta son perturbadores”… Bueno, entonces me llamó por teléfono a Londres y me dijo: Miguel Ángel, respirá hondo y tranquilo, no pasa nada grave, está todo controlado, pero Marta está hospitalizada”.  Y era que ella, con tal desesperación de mostrar al mundo entero a sus dos hijos, que eran los más lindos del mundo, salía para todos lados con ellos. Se agarró una gripe tremenda, mucho más fuerte que las habituales, todo eso en contradicción con el tratamiento que venían haciéndole en Francia, en fin… “Te mandé un pasaje Londres-Buenos Aires. Vení. Es muy necesaria tu presencia porque vos sos el hombre de su vida”. Retiré el pasaje y me vine a Buenos Aires. La vi en el hospital Tornú. Marta parecía María Callas, estaba bárbara. La hija de Civita iba todas las mañanas a peinarla y a maquillarla. Entonces entró un médico y dijo “¿Qué es esto, va a cantar Carmen?”

estrella29525163ec0ff931f84223423edaaa791¿Nunca pensaste en escribir esta y otras historias?

No. La cuento muchas veces, no con tantos detalles como con ustedes. Tengo una memoria enorme.  Volviendo a Haguenauer, cuando a mí me preguntan quién me cuidó, porque parezco un hombre muy cuidado, contesto que fue Yves, mi ángel liberador.  En la tortura, yo tenía otros ángeles, no estaba Yves ahí. Él, Martina y su hijo Jean Louis, que era pianista y alumno de Nadia. Ella le dijo que a él le faltaba una cosa y esa cosa era el sonido para tocar Beethoven, que ese sonido se lo podía dar yo. Y es así que Louis vino a estudiar a Buenos Aires con otro chico inglés, también alumno de Nadia.

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Fotografía Anne Diestro

¿Y cómo se enseña un sonido para tocar Beethoven?

Bueno, eso tiene que ver con la densidad de tu vida, con las cosas densas que vos vivís. Podés tocar muy bien el piano y escuchar a diez pianistas que tocan maravillosamente bien y todos tienen sonidos diferentes. El sonido es una cosa que viene de adentro, de las tripas. Ayer escuchaba a un pianista que toca maravillosamente bien pero, como comentaba con Paula- mi hija-, es una lástima que, con semejante posibilidad técnica, no transmite el drama de la gran Sonata Patética de Beethoven. Estaban todas las notas, pero faltaba eso. Paula me decía: “Papá, Horacio es pianísticamente impecable, aunque es joven y no sé si conoce el amor. Esa densidad que te da el amor, el deseo cumplido. No sé si coge, por ejemplo.” En una época yo estudiaba como un animal el piano, diez horas por día. Imposible para los vecinos. Entonces Marta me consiguió cincuenta pianos distribuidos por toda la ciudad: en la Boca, en Haedo, en todos los barrios. Yo trabajaba con el maestro de Marta, Castronovo, de la judería porteña. Y, en un momento, perdí el deseo de tocar. El deseo es como un instinto erótico.

New Pavilion by Renzo Piano in Chateau La Coste

¿Eso fue antes del secuestro?

Sí, tenía veintitrés años. Entonces le dije a mi maestro: “usted sabe que he perdido la alegría de tocar. Ahora ya sé cómo se toca todo en el piano, domino el instrumento pero no tengo esa pulsión erótica con el piano”. Él me dijo: “No, usted -nunca me tuteó- nació para esto, usted es un hombre de escena. Lo que pasa es que su relación conmigo tiene un límite. Yo no le puedo dar más”.

“EL SONIDO, MI PRIMO NACIDO MUY LEJOS”, DIJO LA PALABRA

 “el árbol familiar, su rumor siempre verde contra el vidrio;/ mi infancia, tan cercana,/ en el mismo jardín donde la hierba canta todavía/ y donde tantas veces tu cabeza reposaba/ de pronto junto a mí,/ entre los matorrales de la sombra.”

“Aquí están tus recuerdos”, Olga Orozco

La lejanía es justo esa esquina donde la música se vuelve poema, el poema invita a la frase, la frase coreografea una relato y, cuando la prosa llega al borde, ya estás en la siguiente esquina. Entonces, doblás otra vez y suena la música, toda muy cerca, toda lejanía.

El no tocar, o el dejar de tener la pulsión para tocar, ¿no sería parte del tocar? Como  una pausa que el deseo hace para que las cosas decanten…

 Sí, pero yo estoy pensando constantemente en música y mis oídos registran todo el tiempo si lo que suena es un do sostenido o algo. Entonces, siempre tengo deseos de tocar. Sé cómo pedirle al piano que me dé densidad. Porque una cosa es tocar y otra es sacarlo del piano. Ese do, en el caso de lo que estoy pensando en este momento, que es una Fantasía de Mozart, es del inicio de algo que va a ser muy doloroso. Entonces, tiene que venir de los huevos. El maestro este me decía  “Creo que es el momento de que usted se vaya a Europa. En todo caso tiene que cambiar de maestro”. Mirá qué generosidad la del tipo, porque yo era su mejor alumno, el que ganaba premios, el que le daba lustre. Sintió que habíamos llegado a un límite. Así llegué a Celia, una mujer extraña. Ella me hacía buscar. El asunto de buscar es un desafío, es como la conquista de algo, de una mujer también. Buscar, buscar, buscar. Celia de Bronstein era una musa. No era linda, pero sí bella. Una mujer enorme, siempre vestida de largo., Hablaba como chilena, un español muy depurado. Yo le dije: “Mire señora, yo tengo veintitrés años, soy casado…” Ella: “Sí, sí. Conozco su nombre y sé que ha tenido tal y tal premio.” Entonces le agregué: “Yo puedo tocar todo lo que quiero, pero tengo ganas de ver algunas obras con usted”. “¿Así que usted puede tocar todo lo que quiere?” “Sí,” contesté. “¡Qué pretensión!” Yo pensaba en las sonatas de Beethoven, cosas bravas. Pero ella marcó enseguida la cancha. Me hizo sentar al piano y se sentó a  mi lado. Empecé con una de las obras más trágicas de Mozart, la Fantasía en Do Menor. Mozart no escribió, para clavicordio, nada de esa dimensión patética. Toqué la primera frase. Ella me levantó delicadamente las manos y me dijo: “¿Qué ve usted ahí?”. “Misterio”, dije. Me hizo tocar diez veces y empezó a darme en las pelotas: “¿Cómo es ese misterio?” “Es misterioso, Celia.” “No, no. Pero hay muchas clases de misterios”. Esta clase, sobre una obra que dura catorce minutos, se extendió por tres horas y media. Al final me decía “¿Qué ves tú ahí?” Ya me tuteaba…

 estrellas610374889e0d5b825e3e84c424ef4b38Una relación cargada de sonido y palabra.

Había de las dos cosas. El sonido y la palabra son complementarios, como ustedes dicen. Si no hubiera esa palabra, no habría ese sonido. La palabra te lleva a una convicción y esta se concreta cuando vos sacás el sonido que querías obtener de ahí.

Entonces, ¿en el origen fue la palabra y después el sonido?

Eso no te lo podría definir por el momento. Cuando sea más grande, quizás. La palabra siempre tuvo que ver. Además, en mi relación con el público, la palabra cuenta, la mía y la del público.

Leímos que, cuando vos descubriste lo social, escribías en un diario universitario.

 Sí. Si no pudiera tocar más el piano, escribiría. Me gusta escribir.

Contabas que, después de la tortura, la sensibilidad tardó nueve meses en volver, como un embarazo, agrego yo. En esos momentos no sabías qué iba a pasar en el futuro.

Claro, porque era todo el aparato pianístico: brazo, antebrazo y manos. No sentía nada, absolutamente nada. No sé cómo hubiera sido de no volver esa sensibilidad, porque sin música yo no sé vivir. Es como un vicio vinculado al erotismo, al sonido. Y lo que tiene de diferente a la palabra es que el sonido es más fuerte. El sonido es fruto de algo que viene de muy lejos y que a veces no se puede decir con palabras.

ARIAS DE  SUEÑOS DAR

“Es mi destino/ Piedra y camino/ De un sueño lejano y bello, vi day/ Soy peregrino./ Por más que la dicha busco,/ Vivo penando/ Y       cuando debo quedarme, viday/ Me voy andando./ A veces soy como el río/ Llego cantando/ Y sin que nadie lo sepa, viday/Me voy llorando.”

“Piedra y camino”, Atahualpa Yumpanqui

¿Cuál es la nota justa de un sueño?, ¿cuál, el acorde que tensa el aire en el pasaje del sueño a la vigilia?, ¿qué vigilia  no acompasa el modo de soñar? La memoria se atrinchera en las lindes de entre mundos. Y, aliada a la ensoñación, combate con la espada, el sonido y la palabra. Dicen algunos parroquianos, que el dúo siempre está a punto de dar el batacazo. Luces o sueños, acordes del deseo, siempre en tono mayor.

¿Eso no será lo poético, allí donde no llega la palabra? Me llama mucho la atención la historia de cuando vos diste ese concierto que duró nueve horas y, en un momento en que la gente te pedía que volviera y te querías ir a comer, un hombre te pregunta “¿qué vamos a hacer sin eso?” señalando al piano sin nombrar la música. Eso que sale del piano, algo innombrable.

Claro. Es el misterio de la música. Ellos, los campesinos de los valles Calchaquíes, que estaban ese día, le ponían nombres a las músicas. Fue una experiencia extraordinaria en mi vida. Yo ya era conocido. Fue así: un día me hablan unos chicos cristianos de Tucumán, de trece y catorce años, contándome que  les había gustado lo mío, que había sembrado algo en ellos con mi preocupación social. Así que habían ido a los valles Calchaquíes y querían defender la cultura autóctona calchaquí. Esa fue la base de lo que luego fue “La voz de los sin voz” (2). Me contaban que, en ciudades turísticas, como Cafayate o Tafí del Valle, los comerciantes de la zona querían que las vasijas tuvieran otras formas, con otros colores y figuras más exóticas o con algún erotismo para vender más a los turistas. Ellos consideraban eso como intocable, cualquier cambio lo debían decidir los propios artesanos y artistas calchaquíes. Me pareció hermoso. Por eso fui. No tenían un piano y yo, como era el pianista de moda en ese momento, en cada entrevista que me hacían decía que andaba buscando un piano para los valles Calchaquíes. De pronto, apareció un piano de un rosarino que conocía los Valles, al que le pregunté dónde había que ir a buscarlo. No quiso, lo mandó directamente a la escuelita de El Mollar. Estos chicos que me convocaron no eran pobres, pero tampoco tenían plata para pagarme ni el pasaje. Entonces, fui por las mías. Me esperaban en el aeropuerto para llevarme a los valles. En el camino, me dijeron: “No les dijimos quién sos, porque en Tucumán uno dice Estrella y tiene una resonancia inmediata con el piano. Entonces les dijimos que sos el chango que toca el piano y punto. No dimos ningún nombre, queremos ver qué pasa con la música si ellos no tienen la más puta idea de quién sos”. Me hice cómplice total de eso.

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Fotografía Anne Diestro

Estos chicos estaban yendo mucho más allá de lo que habitualmente va la militancia. Entonces empezó el concierto a las dos de la tarde y terminó como a las once de la noche. No estaba cansado, estaba en estado de seductor.

O sea que hay otra dimensión del tiempo.

Cuando estoy tocando ni  me doy cuenta. Me pasa también en el teatro o en el cine. Cuando algo me copa. También cuando me piden que escriba algo sobre un tema, me lleva mucho tiempo pero me gusta mucho escribir.

¿Hay como una deuda ahí con la escritura? Porque vuelve todo el tiempo, está en los orígenes, en cada anécdota que contás…

Sí, sí. Yo nací en una casa de muchos libros. Mi viejo era poeta y mi vieja una campesina muy letrada. Ella nos educó con Rubén Darío y hasta que se murió podía recitar cien poemas de Rubén de memoria, era su preferido, pero también Neruda, Almafuerte, los poemas de Yupanqui. Todo eso tiene que ver con lo que  fui viviendo después. En la tortura yo escuchaba la voz de Marta. Esa locura, estaba en chupadero donde no veía a nadie, teníamos vendas  muy gruesas y una capucha, todos estábamos desnudos. Colgado de las muñecas, yo oía la voz de Marta cantando un aria de Bach y también, la de mi madre. Por supuesto que yo pensaba “Si los pudiera matar a estos”. Había una mujer que se ensañaba con mi sexo diciéndome “¡Te voy a reventar, te voy a reventar!”. Lo de la venganza a esta mina, de poder estrangularla, iba de suyo.

estrella9imagesDijiste que no podías vivir sin sonido y  que, en el borde de la muerte, estas voces eran el único acercamiento a un lenguaje posible que no te pusiera en riesgo. No podías hablar ni cantar ni tocar, pero ¿quién te privaba de recordar?

Por supuesto. Aparecían voces y yo me concentraba como un hijo de puta, porque era un aria que ella cantaba que es como hablar con Dios. Marta lo cantaba y te ponía los pelos de punta. Esa aria la cantaba Christiane Legrand, que creó los “Swingle Singers”, donde las voces hacían las cuerdas que acompañaban. Entonces, el ejercicio en medio de la tortura era detectar qué tocaban los violines primeros, los segundos, el violoncello y la viola. Un ejercicio mental enorme. Me concentraba tanto que sentía menos los castigos que me propinaban esas bestias. También oía voces, pero que no eran físicas, eran voces interiores. Por ejemplo, Jesús era un personaje muy fuerte en mi vida, como Nadia. Pero es otra cosa. Nadia era una madre en la música y Jesús, cuando yo le digo padre, en la mirada él me dice: “No soy tu padre, soy tu hermano”, me encanta que me diga eso. El Jesús que viaja conmigo es un Jesusito hermoso que conocí en Ucrania. La Unesco me había mandado para una misión Chernobyl en toda la región para ver qué se podía hacer con los artistas para  ayudar a las víctimas. Ahí tuve una relación amorosa con una ucraniana muy bella, psicoanalista. Vivimos tres días juntos. Ella,  en su living, tenía es este Jesús y, en los arrumacos, él me miraba. Yo lo miraba también y eso me interpelaba un poco. Yo le decía: “Papá, esto no es pecado. Vos sabés que no se inventó nada mejor”. La chica era psicoanalista y me contó que me escuchaba hablar dormido, cosa que yo sabía, porque a veces me despierta mi propia voz. Me preguntó si soñaba con la tortura. “No”. “¿Y con la cárcel?”. “Tampoco”. “Pero no me digas que nunca soñaste con la cárcel”. “Sí, una vez soñé”, le dije. Una sola vez. “En la cárcel, teníamos un hábito militante que era contarle a tu compañero de celda tu sueño. Te llevaras bien o mal con él, para hacerlo entrar en ese mundo onírico tuyo. Cosas de los Tupas, reglas fijas. Contar tus sueños y contar tus visitas…

Es otra vez dar la voz.

Sí. Tenías que describir las visitas que tuviste y describir a las mujeres que habías visto. Las visitas eran con un vidrio de por medio. Cada preso, detrás, tenía o un milico con una ametralladora y cada visitante, lo mismo. Hablabas por un teléfono y te grababan las conversaciones. Así que había que contar todo eso, encontrar las palabras para calentarlo a tu compañero de celda y que pudiera hacerse la paja. Naturalmente, la única solución que teníamos era la masturbación, no había casos de homosexualidad, éramos dos mil y pico de tipos. Tenías que aprovechar el momento en que a tu compañero lo sacaban a limpiar los baños para masturbarte.

LAVAME EL ALMA

 “Noble peregrino de los peregrinos,/ que santificastetodos los caminos/ con el paso augusto de tu heroicidad,/ contra las certezas, contra las conciencias/ y contra las leyes y contra las ciencias,/ contra la mentira, contra la verdad…”

“Letanía de Nuestro Señor Don Quijote”, Rubén Darío

Posado en lo remoto y muy cerca a la vez, un ángel recorre las fotos, les conversa a destiempo. Y juega, en los valles calchaquíes, en  Francia, en  China o en Palestina, juega tan niño y con niños a ponerles nombres a lo que suena. Un ángel de piso, Miguel, una estrella al piano salta  la rayuela del misterio.

¿Y qué te sugirió la ucraniana de tu sueño de la prisión?

Ah, sí. Le dije que había soñado una sola vez con la cárcel. En ese sueño entro a la cárcel y por primera, vez veo la entrada desde afuera- porque cuando nos llevaron desde el chupadero íbamos a ciegas, los ojos tapados, capucha, engrillados, en fin-. Nunca había visto la entrada. No había un alma, ni perros ni soldados ni ametralladoras ni presos. Era un campo inmenso. Llego al edificio, subo las escaleras, los cuatro pisos hasta mi celda, la última, la cuarta izquierda. “¿Y ahí no encontraste nada?”, me pregunta la ucraniana. “Nada”, le dije. Entré a mi celda y no había nada. Estaba la mesita empotrada donde yo escribía, pero no había papeles ni nada más. Había  una latita de betún que era mi cenicero. “¿Y a dentro de ese cenicero?”. “Cenizas”, le digo. Ella interpretó que ese pasado para mí ya era cenizas. Que, de algún modo, lo habría tocado en el piano y me saqué así todo eso de adentro. Atahualpa, un gran maestro mío, festejaba siempre su cumpleaños en casa en París. Lo conozco desde que era gurí, era un personaje de la familia. Mi vieja decía sus poemas y yo cantaba todas sus cosas y encontraba en todo eso la poesía, la inspiración de este hombre. Bueno, Atahualpa iba a almorzar los sábados con nosotros. Era todo un ritual. Él llamaba el viernes y les decía a los chicos “Mañana iré a almorzar con ustedes pollito sin sal, que es mi enemiga. Al mediodía estaré allí para que el chango -o sea, yo- me lave el alma”. Llegaba y se sentaba al lado del piano donde yo estaba: “Lavame el alma, changuito, tocame Bach”.

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 Una vez un obrero te dijo que escucharte tocar le quitaba el cansancio.

Sí, una historia hermosa la de don Fernández, de un ingenio de Tucumán. Yo tenía que tocar un 26 de julio en recuerdo de Evita allí. Fui, pero no sabía qué mierda iba a tocar. Era un pianito de cuarto de cola, no eléctrico, cosa que siempre es más saludable, porque al piano normal vos le podés hablar y pedirle ese sonido que buscás.

Qué importante es la conversación para vos. Hablás con tus voces, con tu piano, con Jesús, hablás en tus conciertos…

Bueno, eso es parte de mi Macondo. Hay un mundo que existe y es imaginario. Vuelvo a Don Fernández. Yo me había preparado un programa con Grieg, Chopin, música romántica, piezas cortas, ¿no? Entonces, cuando iba a tocar, aparece un hombrecito de sesenta largos años y se anuncia así: “A mí me dicen Don Fernández. Yo, de música clásica, no sabía nada. Un día llego de trabajar como a las once de la noche a casa. Mi mujer, que es muy cariñosa y tiene que levantarse temprano, me deja la comida al rescoldo y una radio prendida para que no esté solo”. Mirá qué hermosura. Esos detalles en la forma de contar de Don Fernández. Y me agrega: “Y había una música que sonaba, más bien, me molestaba. Pero, cuando terminé de comer, en la radio decían: Acaban de escuchar a Fulano que tocó tal cosa de Juan Sebastián Bach. ¡Eras vos! En ese momento sentí que estaba tranquilo, se me había ido la bronca de la jornada de trabajo.

 estrella2 yacek Yerkad3fcf0ef2eea0160f096c37771444d14Me iba a acostar al lado de mi mujercita todo calentito, pero me quedó esa cosa de Juan Sebastián Bach. ¿Quién será este mozo? Pensaba. Pregunté en el ingenio y nadie lo conocía. Era un tipo bárbaro, parece que es de lo mejor que hay. Se me hizo como una obsesión, creía que era un tucumano de Mataderos, de algún lado de esos. Un día, fui al banco por una gestión y le pregunté al bancario: Disculpe la pregunta, no tiene nada que ver con mi trámite. Dígame, ¿usted conoce un músico de acá, de Tucumán, un chango que se llama Juan Sebastián Bach? ¡Se largó a reír este bancario! No me tome el pelo, le dije. ‘No me río, no. Lo que le quiero decir es que, por supuesto, sé quién fue’ ¿Qué, se ha muerto?  ‘Claro, pero hace siglos, porque vivió en 1700. Vaya a una librería, verá que todo el mundo conoce a Bach’. Yo, primera vez. Entonces leí un libro. Usted sabe que este Juan Sebastián era uno de los nuestros. Si viviera hoy, sería peronista. Era campesino, era cristiano, era laburante, tuvo veinte hijos. Como nosotros, que no tenemos veinte, pero tenemos once o doce. Pero era una vida como la nuestra. Y el laburo que tenía era escribir para que los que íbamos a la iglesia cantáramos las cosas que él escribía, que era música divina. Entonces, eso le quería decir. puesto que hoy recordamos a una mujer que se mató trabajando por nosotros, que nos amó, te pido que nos devuelvas esa música que también es nuestra”. Esas son cosas que te enseña la gente con la palabra. Él dijo “Juan Sebastián Bach era como nosotros…” Yo tendría que reencontrar alguna vez a Don Fernández.

A  PURO MACONDEAR

           “ Yo soy feliz. Bajo el inmenso cielo,/  en el árbol en flor, junto a la poma/  llena de miel, junto al retoño suave/  y húmedo por las gotas de rocío, tengo mi hogar./ Y vuelo/ con mis anhelos de ave,/ del amado árbol mío/  hasta el bosque lejano (…)”

“Ananké”, Rubén Darío

El día en que el Coronel Aureliano Buendía estuvo frente al pelotón de fusilamiento, no podía imaginar que, por un pasillo de realidad paralela, el Doctor Negrete apuraba el viaje de las preguntas.  Seguía el rastro de los pájaros en las voces, pájaros que ni por  asomo estallaban contra las ventanas. Por el contrario, susurran al oídos de los marcos, para que lo real no se viniera abajo, por pura falta de sueños.

Vuelvo a la pregunta, ¿no te dan ganas de escribir estas historias?

Me gusta más contarlas, porque para escribir le tengo que sacar horas al piano. Me encanta escribir, pero me lleva mucho tiempo. Además, lo que escribí un lunes, ya el miércoles es diferente.

¿Y con la música no es así?

Claro, es también así, en más tiempo. Redescubrís y vas cada vez más hondo. Acá hay algo de mágico.


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Hablando de lo mágico, me ibas a contar lo de Macondo. Decías que tus razones de Macondo son tus razones de infancia.

Y que viven hoy. El lugar donde nació mi vieja se llama Vinará. Con mi viejo, decidieron que sus hijos nacieran en una ciudad donde hubiera Universidad y ese lugar era Tucumán. Mi mamá estaba a cien kilómetros de allí, en un caserío, donde no había ni calles. El rancho donde nació mi vieja era un rancho de adobe, que es hoy la casa de Música Esperanza. Yo heredé esa casa y la hice reconstruir. Mi vieja fue un bicho fantástico. Cuando te recitaba a Rubén Darío, lo hacía con un garbo… “El varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el dulce y mínimo Francisco de Asís está con un rudo animal”. Y ahí nos contaba que Francisco quería convencer al lobo y demás. Y, después, cuando aprendimos a leer, lo leíamos en “El Tesoro de la Juventud”, que formaba parte de nuestras lecturas. No eran las historietas. Nosotros leíamos Jorge Amado, lo devorábamos así como a Romain Rolland, que había escrito “Juan Cristóbal: un poco la historia de Beethoven. Y también, “El alma encantada”, la historia de la mujer.

¿Nunca escribiste ficción?

No.

¿Y componés música?

No, mi rubro es la interpretación, esto de jugar con el piano y sentir la materia. Escribir me gusta pero el piano es lo más fuerte en mi necesidad de poesía, de expresar. También esto me viene de Macondo. A la mañana, siempre empiezo tocando Bach. Antes de ayer. era un aniversario del asesinato de Ortega Peña, con quien milité. En el grupo de abogados, yo era músico y me llamaba “el Dr. Negrete”. Yo hacía de  un joven abogado, nexo de Mario Hernández, -uno de los abogados defensores de los presos políticos en aquellos tiempos- y las preguntas que hacían los Montoneros a Perón. Entonces, Mario viajaba y el doctor Negrete- yo, que vivía en París, hablaba a la residencia de Perón y arreglaba para a que Hernández lo viera a Perón. Me tocaba eso, digamos. Y cuando estaba acá, lo mío era dar conciertos en casas donde se juntaba bastante guita. Todo, para que los abogados pudieran viajar a Rawson, a todas las cárceles del país sin distinción de que los presos fueran del ERP, de Montoneros, Descamisados u otras organizaciones. Presos políticos.  A Mario le gustaba ir a la casa, en esas dos piezas que vivíamos. Él era el marido de Bárbara Civita,  la vida de ellos era otro mundo, el mundo de la opulencia. Y, sin embargo, cuando mi vieja se ponía a hablar de Moreno, de Belgrano, de los negros que peleaban con Belgrano, de la batalla de Tucumán, Mario decía: “Qué bárbaro, Bárbara. Estos son amigos. Esta es la gente que tenemos que frecuentar. Esta mujer nos enseña historia”.

A CONTRA HERRUMBE

“Cuando me cansa el camino/  me pongo a mirar p’adentro/ como quien arrima leñas/ al fogón de unos recuerdos.”

“La huella”, Atahualpa Yupanqui

El óxido del alma chamuscado entre las notas. Una pátina, de verbo, otra de sonido. Dar, como un don, la nota.

De todas maneras, esa lucha que tu madre tenía contra el resentimiento, me parece precursora para esos tiempos, esto de no andar con herrumbres en el alma.

Eso era admirable. Desde muy chicos, cuando nos peleábamos con las bolitas o con el fútbol; o, más tarde, cuando nos gustaba la misma chica y éramos rivales los dos hermanos, nos decía: “No acumulen herrumbre en el alma, porque así no se puede ser feliz”.

Vos encontraste cómo sacártela de encima, pero ¿qué te pasa cuando suceden cosas como la propuesta el 2×1?

Tengo herrumbre. A mí hermano le digo “¿Qué es esto, hermano?”. “Boludito”, me dice. “¿No te diste cuenta? ¿Cuántas veces te dije que la vida es un desafío? En este caso, la lucha”. De mí mismo sale esa respuesta, ¿no? Pasa que nos toca esta podredumbre que estamos viviendo hoy y contra esto hay que luchar y no de cualquier manera. Se ha sofisticado mucho la cosa. Tenemos una mina como el “hada buena”, es  una mentirosa serial igual a todos ellos. Dice: “Porque yo amo tanto al pueblo, amo tanto al Gran Buenos Aires y yo quiero la felicidad y esto nos va a llevar tiempo, pero estamos haciéndolo entre todos”. Ellos han encontrado las frases que hay que decir.

Una estrategia verbal. ¿No te parece que nosotros no tenemos una contra estrategia para disputar ahí?

Anoche estuve en un acto donde hablaban algunos candidatos, Mariano Recalde por ejemplo, que es un tipo bastante inteligente y ¿qué mensaje daba él? Que nosotros, ante esta habilidad que tiene el macrismo para vender mentiras, tenemos que hablar de cosas concretas. Porque vamos a ganar, pero nos va a ser difícil.

¿Esto lo tenés conversado con tu Jesús…?

Sí, pero él en esto no me da tanta bola. Anoche, al acostarme lo miré, y me recordó que Mariano tenía razón en lo que decía: “no tenemos que culpar a los que votaron a Macri”. Tenemos que preguntarles cómo se arreglan con los tarifazos.

estrellas7imagesEste número nuestro es la ultra violencia ¿qué sería para vos ultraviolento en este momento?

Que esta gente sigue herrumbrada totalmente en el alma. Un tipo que me gusta de estos tiempos es Bergoglio. Me he reconciliado con el Vaticano. En la lucha aquí y en la lucha para apoyar a los migrantes en Europa, las frases de él me sirven mucho. En Lourdes, tengo una monja amiga, muy linda persona. Me llama por teléfono hace unos meses y me dice que no hay más izquierda en Europa y tenemos que ganar las elecciones: “Negrito, he visto que andás haciendo encuentros con niños de tres, cuatro, cinco años y llegás a hablar de los migrantes con tu piano y con las palabras. Quiero que vengas a Lourdes, te voy a armar un encuentro con chicos de seis a once años”. Voy. En muchas ocasiones, para los encuentros que va a hacer, con cristianos de todos los bordes: protestantes, católicos, jóvenes, estudiantes, me dice: “Te necesito con tu piano y con tu lengua”. Y vamos, ¿no? Hay un sociólogo muy célebre allá. Un tipo al que hombres como Filmus  estudiaron mucho. Tiene noventa y algo de años y es de lo que dicen “No tenemos más izquierda en Europa”. Con él vamos a las Universidades, yo toco el piano y, después, dialogamos con los estudiantes. Conversamos hasta poder meter el tema de los migrantes. Esto es una militancia de los últimos años. ¿Por qué me sirve tanto Bergoglio? Primero, lo conozco. Es de acá, del barrio y era el confesor de mi hermana que no llegó a ser monja. A los chicos (seis a once años) les digo “Yo tengo un año más que ustedes”. Risa general. “¿Por qué se ríen? Tengo un año más que ustedes porque me gusta jugar. En los pueblos originarios aprendí a jugar un juego”. Ahí preguntan: “¿Qué son los pueblos originarios?” Bueno, les cuento de la colonización, de los hijos de puta que llegaron a colonizar- como hoy Estados Unidos nos quiere arrancar el petróleo de Venezuela- todo eso, cosas que me vienen en el momento. Creo que me viene de mi vieja, que buscaba la poesía para enseñarnos algo.

LA CIFRA DEL CAMINO

“Caminito que anduvo/ de sur a norte/ mi raza vieja/ antes que en la montaña la Pachamama se ensombreciera./ Cantando en el cerro/ llorando en el río,/ se agranda en la noche la pena del indio.”

“Camino del indio”, Atahualpa Yupanqui

El 7 es la cifra en que dios puso a descansar le verbo mientras  tocaba el piano y después puso a descansar el piano mientras decía. Y mayo es la cifra de patria nacer.

En este proyecto de “La Voz de los sin voz” nos llamó la atención que varios de los lugares a donde van a buscar la música son lugares donde no hay acceso vehicular, como si ese proyecto abriera el camino para llegar. Por ejemplo, los valles de Jujuy y lo de Bejuco,  la música tumba francesa, que me dejó estupefacta. La Tumba Francesa es una manifestación de música y danza originada en el sincretismo cultural, donde los esclavos tocan música negra pero la bailan vestidos de cortesanos franceses.  La figura de abrir el camino se repite en todos los proyectos que abordás, como el camino grande en Sud América.

El camino del Inca. Yo trabajé mucho en la Unesco para que se considere el camino del Inca como un monumento histórico. Fue el camino más largo de la historia y abarca diferentes culturas, lenguas y creencias. También, estaban las postas, lugares de intercambio entre una etnia y otra, y de arreglos económicos. Néstor Kirchner me estimulaba con esto porque se trataba  de la Patria Grande. Así, con una convicción total, peleé por eso y lo ganamos.

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Y más allá de eso, la figura es como una metáfora de tu trabajo.

Sí. Me acordé de historias viejas, como cuando empecé a armar la orquesta para la paz de Medio Oriente, una misión que me dio la Unesco como Embajador de Buena Voluntad.

 

¿Esto fue con Barenboim?

No, esto fue mucho antes. Me cuesta decirlo, pero yo a Barenboim le escribí sobre el proyecto de la Orquesta para la Paz, tres veces. Nunca me contestó y después salió con su proyecto. Esos son las herrumbres de la sociedad actual, la competencia. Recuerdo que, una vez en la Sorbona, me pidieron hacer un concierto de homenaje a una mujer venida de Grecia. Después que toqué, había una comida. Me tocó un médico, al lado y le conté de mi trabajo como Embajador de Buena Voluntad en la Unesco en Medio Oriente. Le hablé de mi Macondo y le dije que esto me había surgido un 7 de mayo, cumpleaños de Evita: “Evita me tiró esto y ahora me tira la idea de una orquesta para la paz”. Empecé a trabajar. Tenía dos polos que eran mis cuarteles generales: Marruecos y Jordania.

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Piano surrealista, Salvador Dalí

Por ahí anda una foto de Simone Weil, una hermosa mujer a quien yo a veces  reto. Se murió, pero me gusta mirarla todos los días. “Cada vez es más linda tu mirada”, le digo, “¿pero te acordás cómo te enojabas en las reuniones para la orquesta para la paz?”. Decías, incómoda con tu coquetería insoportable, “No podemos comenzar porque no está el embajador de Israel”. Y el embajador de Marruecos me decía: “Tomala con calma, la vamos a domar”.

Lo cual no ocurrió…

No, porque ella sabía que nosotros teníamos razón. El que no sabe ni lo va a saber nunca es Netanyahu. Es, como dice Bergoglio, la gente que no sabe amar. Tiene una relación erótica con la plata. Mirá qué frase, ¿no? El Papa es una figura que se ha vuelto mundial. Él reacciona a estas cosas que yo le cuento en las pocas líneas para no quitarle tiempo. Pero estaba hablando de los chicos. Vuelvo a eso. Les digo: “Yo toco algo y ustedes le ponen un nombre”. Entonces toco un preludio terrible de Chopin, breve. Me doy vuelta y veo dos ojos  llenos de respuestas. Me dirijo a una chica de once años: “¿encontraste un nombre?”. “Sí”, me dijo. “Lo leo en tus ojos ¿Qué nombre le ponés?”. “Grave”, me dijo. Rarísimo. Grave. Porque eso lo puede decir un adulto. Impresionante. Al de al lado: “había pensado en otra palabra, pero esa me gusta más”. Y todos: “Grave, grave”. De pronto un pendejo de seis años me dice: “el Papa es argentino”. “Sí, Messi también y Maradona”. “Dicen que vos sos el Maradona del piano”. No me la creo. “¿Qué te parece a vos el Papa?”.”A mí me gusta y vos me hacés acordar a él. ¿Lo conocés?”.”Sí, somos del mismo barrio, era confesor de mi hermana, hemos estado en manifestaciones juntos… ¿Y a vos qué te parece?”.”A mí me gusta”. “¿Y por qué?”. “Me gusta cuando habla del individualismo”. Claro, la frase de él es “No globalicemos la indiferencia” y el mundo está lleno de indiferencia. Hablemos de eso. La indiferencia es una cosa brutal. Entonces, cada uno de los chicos empezó a dar ejemplos y yo también. En París, una pobre mujer que apenas habla el francés, anda pidiendo por favor,  cómo llegar a un lugar y la gente pasa a su lado y sigue de largo. Eso es la indiferencia. Entonces les hablo de Venezuela: “Yo lo conocí a Chávez y me parece que fue un tipo extraordinario con un amor adentro de la san puta”.

¿Nunca tuviste un amor contradictorio, por alguien que te resultara musicalmente fabuloso y que el encuentro, como personas no se diera?

Estuve enamorado de Marta Argerich y me falló a tres citas.

EL CHAMULLO

“Vuela, vuela, vuela, golondrina,/ vuelve del más allá./ Vuelve desde el fondo de la vida/ sobre la luz,/ cruzando el mar…/ cruzando el mar.”

“La golondrina”, Jaime Dávalos

Desde el comienzo del día, supo que la cosa venía de pájaros. Desde el inicio del encuentro las manos revoloteaban las teclas del aire y lo agitaban engolondrinas. Cuando el encuentro ya haya transcurrido, el romancero seguirá su paso, verso a nota, nota a verso. Para inquietar, siempre, toda la herrumbre de los días. 

Un día me preparan un encuentro para tocar para niños palestinos de un campo en Jordania.  Bueno, voy. Al llegar veo que los adultos están sentados adelante y los niños todos detrás. Pedí que se pusieran al revés. A mí me encanta ver a los chicos, me inspira ver sus ojos. El problema -y lo dije al final del concierto- era que no había niñas, sólo varones. Empiezo a tocar y les pido que luego me digan qué veían allí. Toco una pieza barroca francesa. Pregunto y me dicen que habían visto un pájaro. La pieza se llama “La golondrina”. Otro me dice: “Hay más de uno. A ver, empezá a tocar de vuelta”. Entonces toco la primera frase y el chico me dice: “Esa es ella”. Seguí tocando, y entonces: “Ese es él”.”¿Y cómo es él?” Respuesta: “Hermoso”. Fantástico. Seguimos y vieron “el chamuyo”, cosa que anoté en la partitura para no olvidarlo nunca. Y después, vino el amor; las coqueterías de ella y demás hasta que se volaron. Luego aparece una cosa en tono menor. El mismo tema pero más tristongo. Pregunto: “¿Y acá qué pasó?”. “Está embarazada…” Luego aparecen como ruiditos picarones, digamos, pero apetitosos. “¿Y aquí?”. “Está chupando la teta”. Con el piano me ha tocado vivir cosas enormes, muy fuertes. Pero eso lo aprendí militando con esos cristianos adolescentes que me llevaron al valle calchaquí. Después fue pasando lo mismo en otros lugares y en otras etnias. Y de pronto tocaba algo y un campesino me dice: “Chango, seguí rezando”. Yo soy consciente que rezo cuando toco.


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Pero tenés una noción de lo sagrado muy material.

Claro. Yo a la mañana siempre toco y digo: “Milagro, toco para vos”. Fui a tocar para ella y se puso a llorar: “Es la primera vez que escucho a alguien como vos. Estas lágrimas son de agradecimiento porque pensás en mí”. Palabras que vienen de la música y música que lleva a expresar algo. En China, también. Sobre el mismo preludio al que una chiquita en Francia llamó “Grave”, ellos dijeron “Estabas enojado ahí”. Bueno, hoy a la mañana empecé a tocar esto por buscar una música alegre para el día. Encuentro una partitura donde dice “Esta es ella y este es él. Acá se chamuyan”.

Toca “La golondrina”.

Miguel Ángel Estrella interpreta “La Golondrina” para El Anartista

1 - copia
1-3 - copia (2) Fotografía Anne Diestro

1) Nadia Boulanger (1887- 1979). Mujer parisina, fue compositora, pianista y organista, directora de orquesta, intelectual y profesora.

2)  “La Voz de los sin Voz” busca promover y preservar las expresiones de música, “rituales” y danza que integran el patrimonio cultural de América Latina, dándole voz a su identidad artístico-musical. Se propone documentar aquellos fenómenos que, siendo representativos de tradiciones culturales determinadas, hayan quedado no solamente indocumentados, sino también desconocidos o no valorizados tanto en sus mismas áreas de vigencia como en los centros de consumo económico y cultural de América Latina. http://www.lavozdelossinvoz.gob.ar/

 

 

 

 




HISTORIA DE LA VIEJA Y EL ANTÍDOTO

Ultraviolento: sobre “El Bar”, de Alex de la Iglesia.

Por Carlos Coll

EL DISPARADOR

Reunirse en un bar. Compartir un café, una charla intrascendente.  Algo cotidiano, hasta podría pensarse como una cuestión rutinaria, aburrida, pasatista. ¿No le parece, amig@?Muchas veces nos sentamos, sumergidos en un diario, dentro de nuestras propias reflexiones, sin reparar en el entorno. Sin embargo, puede ocurrir algún hecho que nos saque de ese estado de letargo y nos arrastre hacia límites inesperados. Justamente, la película de Álex de la Iglesia, “El Bar”, es eso, un disparador en nuestra conciencia.

LA SORPRESA

Imaginate: estás tomando un café, el de todos los días. Un estruendo, un tiro, te arranca del ensimismamiento. Gritos. Al levantar la vista, lo ves caer, desplomarse con la cabeza partida en dos, sumergirse en un charco de sangre tibia. Hace un momento, él también saboreaba el cortadito, en la mesa de al lado. La puerta se cierra. Nadie se atreve a salir.  Afuera, la calle se esfuma. Sólo queda el cuerpo recostado. Con vos, un grupo preso del terror. Apoyamos la cara sobre la vidriera. Nos miramos como zombis, sin entender. El cadáver nos desafía desde el suelo lleno de manchas. Una sombra movediza ilumina las dos partes del cráneo. Sí, amig@. Así presenta Axel de la Iglesia, “El Bar”.

“Peste negra en europa”
“Peste negra en europa”

Es sólo el inicio. Los hechos se sucederán de manera vertiginosa. Un desconocido como vos sale a curiosear, a chequear la muerte. Cae de otro disparo certero en la frente. Algo interrumpe la cronología, algo detiene la biografía que pudo ser, algo fractura la continuidad entre vida y muerte. Y te deja del otro lado.

 

ABANDONAR LA VIDRIERA

Es ahí donde todos huimos aterrados de la vidriera. Cualquiera de nosotros podría ser el próximo.

Después del grito, silencio.

Miradas desesperadas. Incertidumbre.

Preguntas sin respuestas.

Mientras tanto, los cadáveres desaparecen. La calle queda desierta. La carne grita, reclama ser conservada. Nos quitamos las máscaras. Ya no somos tan desconocidos. Estamos dentro del cerco.

Sabemos.

No podemos salir.

Limitados y al límite.

Presos. Desde afuera nos intentan eliminar. Nuestros instintos crecen, se descontrolan. Hay que sobrevivir.

Los extremos se alcanzan fácilmente. Solo es cuestión de encontrar un disparador. Axel de la Iglesia lo encuentra. Sí, amigo, aunque estemos en la platea, él se encarga de arrastrarnos dentro del film. Cada uno de nosotros se protege a cualquier costo. Se pierden los núcleos sociales. Sólo quedan hilachas del yo. Para sostenerlas, incluso, hay que eliminar al otro.

¿No te suena, amig@? Sin embargo, te puede pasar al tomar un café. Cuidado, atento. La tenemos ahí, muy cerca.

Violencia - - Violencia - Marco T - Letra Jose Barros     

AL LÍMITE

Ya no somos tan desconocidos.

No, no me mires así. Vos no estás a salvo. Yo, tampoco. Estamos ideados de esta forma. La carne, amig@, recordalo, la carne. No nos han puesto límites. Son sólo programaciones culturales, sociales. Cuando se rompe alguno de los tensores, cruzamos la frontera y nos mostramos tal cual también somos.

Repentinamente, desde  afuera, nos quieren cercar, eliminar. Resultamos peligrosos.  Ellos, por supuesto, con máscaras protectoras. Todos, en el medio del caos.

LA CARNE REACCIONA

"El triunfo de la muerte" - Peter Brueghel, “El Viejo”, 1562
“El triunfo de la muerte” – Peter Brueghel, “El Viejo”, 1562

Nuestras mentes comienzan a aclararse. Alguien había entrado al baño antes del disparo. Aún está allí. Ese debe ser el responsable. Vamos a actuar.

Está allí. Convulsiona, caído contra el inodoro. Espuma en la boca, hinchazón. Las manos agarrotadas sostienen la esperanza. La aguja con el antídoto no le llegó a tiempo, pero quedan otras muestras.

Fijate, son cuatro. Están allí. Como ves, hay que abrir los ojos, amig@, estar atentos. La vida siempre tiene agujeros de luz. ¿Ves?: ¡Vení, salgamos del baño!

EL INGENUO

Apurate, ¿no ves?  Somos portadores del mal. Los de afuera se protegen. ¿Hay los de afuera? Miralos, máscaras. Nosotros debemos desaparecer. Focos de  destrucción, infectados. Hay, en “El bar”, un frasco con cuatro antídotos y sus jeringas. Y somos varios más que cuatro. La muerte nos acorrala. Lo siento, amig@, no alcanza para todos. Alguno se reunirá con “ella”. La tendrá que esperar.

“La muerte y el avaro” – El Bosco
“La muerte y el avaro” – El Bosco

EL AGUJERO- DEPÓSITO

Pero, tranquil@s. Nuestra genética comienza a actuar. Se nos presentan posibles alternativas de escape: El sótano. Tenemos el arma, el revólver del infectado. El poder. Gracias a él, algunos nos atrevemos. Nos encerraremos en el agujero-depósito. Vení, antes de que reaccionen. Nosotros cinco bajaremos. El resto de los visitantes del bar, arriba. A merced de la peste.

Listo, ¿ves? Ya estamos a salvo. Fijate, amig@, desde afuera, los que permanecieron arriba- los que no se atrevieron a lo profundo- son rápidamente eliminados por el fuego: elemento purificador. Lo podemos ver en toda su intensidad sobre la pantalla de Álex. No te lamentes, amig@.  Es lo mejor. Si no, iban a sufrir mucho más.

¿Ves?, de esta zafamos.

Nos quedamos abajo, aislados. No te desesperes,  hay que concentrarse, pensar.

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LA INCREÍBLE Y TRISTE HISTORIA

Solo cuatro muestras y somos cinco. Reaparece la violencia y el antídoto cae por la rejilla. Entonces, nuestra carne vuelve a actuar. Reacciona. Aparece nuestro don de supervivencia. En nuestra búsqueda, las cloacas de la ciudad se ofrecen como un camino.

Imagen violencia5No, no trates en vano de actuar sin pensar. “Ella”, la vieja, dejó caer el antídoto. Ese que nos hubiera permitido escapar de la muerte. Sólo necesitamos recuperarlo. Después, veremos quién se queda fuera. Ahora hay que bajar a través del pequeño agujero para poder encontrar el escape: el antídoto.

LA ÚNICA SALIDA

Amig@: sos el candidato, el más delgado. Te aceitamos, te empujamos, te golpeamos. Inútil. No servís. Tendremos que descartarte. Nadie se atreve, por ahora.

Ella, sí: la bella pasa. Se rasga las caderas, pero pasa. Ahora iremos nosotros. ¿Cómo? La pala. Agrandaremos el agujero. Vamos, a trabajar.

Bien, lo hemos hecho muy bien.

Listo, amig@. Vos, el mismo que no pasaste antes, el último. Apuráte que ella se va con las esperanzas. En nuestra carrera hacia la vida, alguno deberá quedarse. Lo siento, esa es la ley, amig@. ¿Serás vos?

Esto es “El Bar”. Lleva al límite y  empuja a cruzarlo. Ninguno está fuera.

https://www.youtube.com/watch?v=AuehExCNjko 

SORPRESA, LAS PELOTAS

En cada pestañeo.

En cada latido.

Al avanzar el día.

Al arrancar la noche.

              No es necesario  aviso previo.

En la mirada de la sorpresa, la ultraviolencia




MOLAN LAS MOSCAS

Ultraviolento: Sobre los sitios preferidos de las moscas.
Por Ramiro Gallardo
Fotografías: Enrico Rovaletti y Ramiro Gallardo

 

MUJER CON LOS BRAZOS LEVANTADOS
New Kapiri, Zambia, abril de 2001.

03 Mujer con los brazos levantados

Mirá la sombra de esta mujer que se queja: igualita a la tuya. Si entrecierro un poco los ojos, casi que podría dibujarte dentro de ese perfil horizontal con los brazos levantados. Mirá ahora todo lo demás: la palangana, los bidones amarillos, la casa de palos, el chiquito escondido detrás de la madre. ¿Por qué ya no te reconozco? Es lo que me pregunto a cada rato por estas tierras. Y, de tan obvia, la respuesta aburre. De tan obvia, la respuesta no aburre.

CORAZA ANTI JAMBO
Nairobi, Kenia, mayo de 2001

03 coraza anti jambo

Los chicos de la calle son unos jodidos, te parten el alma los muy turros. Hay que hacerse el duro y poner cara de nada. Llegan corriendo para darte un abrazo. ¡Jambo! Clavan sus ojos, mendigan one shilling. Es apenas una moneda, pero vos vas para adelante, te hacés el enojado y seguís y te sentís para la mierda cuando por fin se van.

Algunos son muy persistentes, caminan pegados a tu lado y, si estás distraído, agarran tu mano y no te la sueltan por cuadras y cuadras. Andan así, esquivando piernas y portafolios que vienen contracorriente por la calle. Todos en la suya en esta ciudad de locos llena de chicos que te obligan a tratarlos con indiferencia. Si dejás escapar una mínima mueca de ternura, te sacan la ficha y se acercan a los saltos mientras vos cambiás tu cara por tu mejor orto de cara, sintiéndote víctima de estos niños pesados. Víctima. Pesados.

Hoy volví a ver a aquel pibe. Supongo que era el mismo del otro día, aunque no puedo asegurarlo, no me atrevo a mirarlo. Cobardía. Un segundo fugaz y nos reconocimos. Una foto mutua. Pasos más adelante un tipo cruzaba la calle apoyándose en un pie y en una mano, retorcía su cuerpo, difícil describir su andar. Ahora, mientras escribo en Heshima, típico bar de la esquina- celeste por fuera naranja por dentro-, me acercan la caja de pajitas. Straws. Desde la calle llega una voz agresiva, siempre lamentos en esta ciudad: un viejo con turbante y palo al hombro. No entiendo qué dice, habla en swahili. Nadie le presta atención. Tampoco yo: cuatro días en Nairobi alcanzan para que se te apaguen los sentidos y no escuches más de lo que ves, ciudad superpoblada de gritos, gritos violentos, gritos violentos: y es que tanto dolor termina por partirte en dos, mil, pedazos. Entonces, te cubrís para poder andar sin sentir a estos chicos que te miran en silencio: porque esta violencia ciudad gritos no se oye: salta a la cara y rompe cualquier escudo cada vez que uno de estos ángeles te ve y corre hacia vos y te abraza y te sonríe y junta sus manitos con las tuyas para no despegarlas hasta que le pongas tu mejor peor cara, tu coraza anti-niños, coraza anti-mutilados, anti-enfermedades, anti-miseria, anti-jambo, anti-jambo.

Aunque no funciona. Cada jambo me recorre y estalla y no tengo defensa. Dejarse atravesar, esa tal vez sea la única coraza posible, la única que quiero. La que me protege de escudos, de esos que te impiden escuchar a estas manitos que se te pegan, a las sonrisas que intentan conseguir unos shillings y no saben cuánto me dan cada vez que me quiebran.

CHOCLO QUEMADO
Addis Abeba, Etiopía, junio 2001

03 choclo quemado

Está quemado, no hace falta decirlo. También un poco duro y le falta sal. Ni hablemos de pedir manteca para que se derrita cuando todavía está calentito, imposible por acá… Pero viene servido con sonrisa, ¡es el más tierno de todos los choclos! Los granos son puro néctar, grandes y graciosos y jugosos y sabrosos y todos los “y”. Me encanta, riquísimo: es que estos chicos etíopes cuando te regalan su alegría no se dan cuenta de todo lo que te dan: se creen pobres porque viven en chozas precarias y andan mal vestidos y sus padres no tienen auto o están enfermos o porque comen lo mismo todos los días. Pero son inmensamente ricos. Tienen algo re lindo y, como son generosos, lo comparten con vos y te regalan un poco. Entonces, por un momento, yo también me vuelvo rico, en ese y a cada instante en que recuerdo tantos y tantos regalos que me dio esta tierra negra, cientos de sonrisas que lo transforman todo, que te llegan al alma y que hacen de este el más rico choclo que nunca probé.

Quiero otro…

MUJERES DE CARGA
Etiopía, junio de 2001

03 Mujeres de carga

Miran hacia adelante, por fuera de la foto. Y yo los pongo dentro de este 10 x 15 brillo color diafragma 8 tiempo 60 y me parece que van a quedar así, para siempre. Pero no me refiero a lo estático de una imagen, no. La foto no fija la escena: son estos dos chiquilines que van anticipando los pasos que darán cuando sean grandes. Es ella la que carga. Tal vez mañana la compañía sea otra y el peso diferente, pero seguro ella lo llevará. Es así en esta y en todas las fotos, en Etiopía o en Bolivia, en Addis Abeba o en la Paz: mujeres que, desde chiquitas, ponen la espalda. Mujeres de carga.

MOLAN LAS MOSCAS
Dessie, Etiopía, junio 2001

03 Molan las moscas

Si recorro la sonrisa de uno cualquiera de estos 20 o 25 chiquitos, veo labios veo hoyuelos veo muecas veo dientes escondidos veo piel veo ternura veo moscas, una mosca y otra mosca al lado y al lado de las dos primeras otra mosca, las tres bien juntitas charlan como tres señoras coquetas, seguro hablan de otras moscas, de esa que siempre anda de comisura en comisura o de aquella que revolotea sobre la llaga del labio. Ah, sí, porque me olvidaba: veo llagas veo labios secos veo resquebrajados veo pegajosos veo más moscas. Una mosca camina apenas y por fin reposa en ese huequito acogedor en la unión del labio superior con el labio inferior, parece ser que este lugar es el preferido de las moscas que, aunque parecen encontrarse cómodas en las partes secas, se agolpan en estos lugares tal vez mas calentitos, tal vez en busca de un poco de sombra, aunque para sombra no hay mejor opción que los ojos de este uno cualquiera de estos 20 o 25 chiquitos que en su Mirada guarda sonrisas guarda tristeza guarda ganas de jugar guarda el regalo de su Mirada Linda y fresca guarda moscas, una y otra y otra y otra y muchas más otras que allá abajo en el labio, mejor acá, tenemos sombra, tenemos más espacio para más moscas y tenemos lagaña fresca de lo mejor, no nos falta nada y para colmo estos ojos no pestañean, parecen pegados párpados inmóviles y acogedores para nosotras las moscas y linda vista, che, hasta espejo, me veo reflejada en el vidrio del lente de la cámara de este barbudo que se aproxima a admirar de cerca nuestra belleza mosca, inmejorable panorama, de acá no nos mueve nadie y vengan, vengan, vengan moscas, llegó la moda mosca, Mirada Mosca pero mosca posta, nada de Bono ni moscas en la sopa ni atrás de la oreja y quedate mosca, carpusa, moda mosca posta.




CONTINUIDAD DE LOS LASTRES

Ultraviolento: sobre la flexibilización laboral
Por: Isabel D’Amico

¿QUÉ NOS SUCEDE VIDA MÍA?

Brasil desmecha su flexibilización laboral para toda Latinoamérica. El sistema mundial instala, independientemente al poder político de turno, la aceptación de condiciones de trabajo dignas a indignas, por necesidades del mercado. Como un hechizo, la sumisión ciudadana, en un alto porcentaje, absorbe esa imposición, con la sola promesa de retener su puesto de trabajo. La pintura se amplía y el mundo respira angustia ante la pérdida paulatina de los derechos laborales conquistados.

 

VOCES MELIFLUAS

Amelia Carreras trabajó durante catorce años como telefonista en la ex Entel. En aquella época, para el personal femenino, existía una restricción: querías mantener el puesto, no debías casarte. El engranaje de la nueva tecnología comunicacional reposó en mujeres solteras para la atención de los usuarios. La feminización de la tarea de atender el conmutador aumentó de forma exponencial en la última década del siglo XIX. Las mujeres desplazaron a los varones quienes, en su mayoría, tenían como antecedente la experiencia del servicio telegráfico.

Según el argumento patronal, los abonados preferían la amabilidad de las mujeres. Solo el servicio nocturno quedó reservado a los varones. Las condiciones de trabajo eran duras: control excesivo, ausencia de atributos ergonómicos, para ir al baño debían ser autorizadas. No había, en aquel ritmo, tiempos muertos. Tenían prohibido entablar conversaciones con los abonados. “Distracciones” y “equívocos” eran severamente sancionados, esto sumado, a las bajas remuneraciones.

En este contexto y en 1921, Amelia se casó, pero ocultó su matrimonio en defensa de su fuente de trabajo. El trabajo de telefonista, a través de los años, además de cierto bienestar, la llevó a acceder a una fuente innegable de respetabilidad. Pero el director de la compañía, J.E. Parker, supo de su matrimonio, a través de la denuncia de algunos abonados. La política de la compañía era contundente: Amelia rogó ser transferida a otra central, sin embargo, no fue escuchada. La pérdida de trabajo la expuso a una gran desventura.

Foto 2

 

24 DE AGOSTO DE 1921

Aquel día, Amelia se levantó como siempre, no puso el reloj despertador, ya no debía ponerlo. Tomó un té, en el mismo tazón blanco donde, de tanto en tanto, vertía algunas gotas de lavandina para borrar las sombras de las hebras. Estaba sola, su marido ya había partido al trabajo. Ella no. Por un rato, se sentó en el pequeño patio y quedó envuelta por las paredes recién pintadas con cal. De los dos malvones dispuestos en una esquina, uno solo empujaba por brotar, era el rojo. Luego entró en la habitación matrimonial: de su lado, las sábanas sumaban más pliegues que lisura. No hizo la cama. Frente al pequeño espejo del baño, recogió su pelo y se miró sin verse. Tomó su tapado marrón y salió de su casa rumbo a la calle Libertad al 1100.

Para su habitual almuerzo, J. E. Parker, el director general de la Unión Telefónica, llegó a su casa. Allí lo esperaba Amelia para recriminarle que la hubiera cesanteado. Parker respondió que eso era asunto de su jefe inmediato y que él nada podía hacer. Solo eso. Y se dio vuelta para ingresar a su domicilio. Cuando atravesó la puerta cancel, Amelia se arrojó por atrás con un cuchillo y lo apuñaló en la zona de las costillas.

Del filo del cuchillo solo goteaba sangre. Dicen que, del puñal, violencia y desesperación.

 

NOTICIAS DE VIEJOS MOMENTOS

Por la vida de Parker no hubo que temer, la herida fue superficial y pronto fue dado de alta. La noticia sirvió para abrir un debate sobre el reglamento que impedía a las mujeres casadas trabajar en la compañía. En 1922, la casa matriz, desde Londres, recomendó flexibilizar el criterio. Pero, para la completa finalización de la restricción basada en el estado conyugal, debió esperarse hasta 1935.

 

¿QUÉ PASÓ CONTIGO, NENA?

Amelia recibió una pena de solo ocho meses de prisión domiciliaria. Lo de Parker resultó, aparentemente, una lesión leve. El diario de la época dijo: “Su gesto sobrepasó dramáticamente el límite de la resistencia, pero también a ella misma, conectándola de manera inescindible, sin que para nada se lo propusiera, con una causa colectiva. Su insurgencia, surgida de sus sentimientos individuales, no pudo evitar el lenguaje de la solidaridad. Así, su puñalada hirió de muerte esa regulación abominable que dejaba sin trabajo a las mujeres casadas.”

 

AGOSTO 2017 – COMO UN CUADRO

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El lienzo ya está pintado con los despidos masivos. Con una mano, la desocupación estrangula al despedido; con la otra, tuerce el brazo de quien aún tiene trabajo. El presidente Mauricio Macri, antes de las Paso y ante todos los medios, se ocupó de demonizar a los ” juicios laborales“.” El pobre empresario, la pobre industria, el pobre Estado” parecieran los más indefensos ante el poderoso trabajador quien,”feliz por su despido“, utiliza toda su fuerza legal y técnica para destruir a su empleador. Atacar a los juicios laborales apunta a debilitar a los trabajadores más antiguos y a sus convenios. Cuando un empleado es despedido, la legislación argentina garantiza un pago resarcitorio. Si fuera injustificadamente, los plazos judiciales son más extensos. Si las empresas se liberaran de ese peso, les convendría mucho más contratar a un joven de 20 años o, en su defecto, utilizar esa opción para amedrentar a los empleados más calificados y más antiguos y bajar condiciones y salarios.

Hoy en Argentina, los trabajadores en relación de dependencia, a través de tantos años de lucha, gozamos- entre otros beneficios, dependientes de la profesión u oficio- de: vacaciones, licencias por estudio, maternidad, enfermedad, días de descanso en función de la actividad desarrollada, medio aguinaldo dos veces al año. Para contraponer tantas conquistas, el poder instala la ” meritocracia”: con tu formación, tu empeño, inteligencia y capacidad, podrás jerarquizarte. De todas las luchas laborales, las únicas exitosas han sido las colectivas.

Las empresas quieren ganar dinero, y nosotros, los trabajadores, también. Ambos nos necesitamos. Pero la lucha no es de igual a igual. Ellos tienen los medios de producción y nosotros la necesidad de subsistir. Las relaciones empleado-empleador, jamás han sido de igual a igual

La puñalada de Amelia es una imagen a atender. Un llamado. Un reclamo: nunca está lejos si el individualismo y la sumisión les ganan a la lucha.

El cuento de Cortázar, “Continuidad de los parques”, termina con el puñal en alto, en mano de un personaje de una novela, a punto de asesinar al lector. Una ventana que separaba “la tranquilidad del estudio” del parque,  deja de ser frontera entre espacios y asesta un duro golpe contra los cómodos hábitos de lectura de un  hacendado. Con la entrada de la ficción a su mansión, su poder de mando se desestabiliza. El mayordomo no estaba. La puerta, abierta. Las guardias, caídas. El lastre de la opresión, agonizó, entonces, por el lapso circular de un cuento.

Cualquier semejanza, no es casualidad.

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* Página 12 – 11 de diciembre de 2016 – “La Puñalada de Amelia” Una perla histórica descubierta en los archivos de la ex Entel