CONVERSACIÓN CON MARÍA NEGRONI, LA NIÑA (PARTE I)

Viaje alrededor de un punto: Conversación con María Negroni

Entrevista: Víctor Dupont, Federico Barea, Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira
Desgrabación: Federico Barea
Edición: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira
Fotografía: Santiago Resnik

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LA NIÑA

(PARTE I)

                            “Algo nos empuja sin pausa, nos tiende un puente que es también muralla”

                            “Hace falta mucha infancia”

        

Cuando ella llegó, veníamos de un viaje largo, lento e intenso. De tanto jugar con citas, habíamos logrado tender algunos puentes. De libro a libro, de María Negroni, se desplegaban pistas de autitos, muñecas de trenzas largas, sueños de santas, anunciaciones de ausencias, cajitas llenas de miniaturas. Desperfectos. Juguetes rotos. Voluptuosos pedacitos de fugas, amores feroces, trozos “de alfabetos llenos de dudas”. Fisuras. Plegarias. Un boleto de calesita. Un poema.

De tanto en tanto, los puentes se nos quebraban. Increíblemente, lográbamos rearmarlos con vacíos, silencios, faltas. “(…) pensar es adivinar. (…) lo importante, ahora, es cuidar el vacío (ninguna pasión, ningún plan de viaje, ningún apego a una cosa concreta), mezclar lo ruin, lo erótico, lo culto y hallar una forma que estribe en la ausencia de forma. ¿Será posible?

Inmediatamente, María ofreció sus ojos al juego. María Negroni llegó con mucha mirada. La jugaba alrededor de la mesa, como quien intenta conocer al resto de los jugadores, pasándoles las fichas, las cartas, las cifras. Había, en la mirada, un recorte de tarde de domingo en Buenos Aires,  un reclamo para que abrieran los gimnasios y las bibliotecas, para que la ciudad se desperezara por fin de su calma chicha, de su modorra de fin de semana, y se pusiera a ritmo de juego.

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Es preciso encapsular el secreto, rodearlo de silencio, cristalizarlo en un relicario. Es preciso también que el relámpago (…) invente su mansión privada, íntima, donde el objeto hallado reverbere en su propia red de constelaciones. “

LA INFANCIA DEL VACÍO

La idea es ir tirando un poquito los temas y ver cómo podemos conversar  sobre  el  “Viaje alrededor de un punto”.  El primer asunto que nos pareció relevante,  en la lectura de tus libros, es la importancia del fragmento, el trozo, lo que falta, lo inepto. Esa presencia de una exaltación de la falla, de la carencia que, paradójicamente, da la posibilidad de acceder al todo. Y ahí está la posibilidad de vincular tus temas al nuestro, podríamos decir en este caso “viaje alrededor de una miniatura”, o “viaje alrededor de un pedazo de algo”, poesía.

Sí, también podríamos hablar de viaje alrededor del vacío, ¿no? Es otra manera de decirlo, que como dije alguna vez es algo lleno. No sé, se me ocurre decir que, por suerte, hay una grieta entre el mundo y el lenguaje. O sea, el lenguaje no alcanza. El significante siempre es menor a lo que puede referir. Entonces, digamos, en la falla o imposibilidad de abarcar, se abre una grieta, que no se puede llenar, nunca. Por un lado, entonces, hay un fracaso en la tentativa de nombrar. Pero, por otro, se  puede ver de una manera positiva, porque esa insatisfacción vuelve a relanzar el deseo, que es lo que lleva a querer decir. Yo lo vería  como una especie de fracaso, no sé si decir eficaz o feliz, ¿no? Pienso en Sísifo, yo veo la figura del poeta como Sísifo,  alguien que arrastra la piedra, llega y- en el momento en que la deposita- se le vuelve a caer. Por eso no existe en realidad, para mí, la figura del poeta. Poeta se es solamente en el momento en el que estás subiendo la piedra. Ni antes de subirla, ni cuando se te cayó. Ahí estás en el desierto. Ahora, la cuestión del fragmento y los trozos, eso no sé muy bien cómo podría explicarlo. Me parece, a ver, que todas las obras de arte, todas crean miniaturas de mundos. Los poemas son microcosmos. Como decía Baudelaire, el poema es  un sueño de piedra. De piedra, quiere decir que puede ser bellísimo, horrible, espantoso, lo que fuere, pero de piedra. Hay una tensión ahí entre el arte y la vida. Pero crear ese tipo de mundos autónomos nos da una ilusión de control, nos permite huir por un momento, de la fugacidad, de lo efímero de la existencia.

Pero, la experiencia, la no cotidiana, la que no está sometida al cambio permanente, es el punto hacia el cual el poema fuga, aunque  hay  una relación ambigua con la cotidianeidad.

Claro, por supuesto, como decía Gelman: El poema es la ceniza que cae del pucho, el pucho siendo la vida ¿no? O sea, sí, obviamente que esa tensión está; sin ese magma no hay arte tampoco.

¿Hay  una diferencia entre experiencia y experiencia poética, o la experiencia poética sería como una experiencia en sí misma?

Es una pregunta muy difícil. Yo creo que hay una tensión entre estos dos tipos de experiencia. La experiencia poética, que es parte de la vida, es una clase de experiencia. Pero yo creo que no es lo mismo escribir que vivir.

¿Qué se entendería por experiencia? “En ese espacio, a salvo del contacto con la experiencia, algo maxiimiza las posibilida de ver” En este sentido, me parece que la experiencia a veces es vista, en tu obra, no sé si como algo negativo, pero sí como algo que obstaculiza, cuando uno está metido ahí adentro, el contacto con alguna otra cosa.

No, me parece que, la experiencia no es negativa. La experiencia es parte de… Sin la experiencia no hay nada. O sea, la experiencia es lo que tenemos que atravesar todos. La experiencia es el viaje. No hay poema, ni literatura, ni arte, sin la vida. Yo no estoy oponiendo por un lado la experiencia y por otro lado la escritura .Eso sería una falsa dicotomía. Ahora bien, como decía Clarice Lispector escribir es horrible, es dificilísimo.

Claro, una tensión pero no de opuestos.

No de opuestos, no. No podría existir la poesía si no hubiera la experiencia. Ahora, de ahí a creer que la poesía puede “salvar” (ente comillas), que puedo, como decía Pizarnik, escribir el cuerpo del poema con mi cuerpo…. Un flujo hay,sí, pero como se probó en el caso de ella, no logró fundirse en el poema, no lo pudo hacer, aunque era su deseo..También los surrealistas, intentaron borrar las fronteras entre el arte y la vida, sin lograrlo. No soy muy optimista en este tema.

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ANUNCIAR LA CRIATURA                     

                                                                             “La realidad es un ansia infinita”

¿Habría algo de esas tensiones en “La anunciación”? Me refiero al planteo de la acción revolucionaria y, en cierto sentido, de la imposibilidad de la acción revolucionaria del poema   

Sí, la Anunciación es como una especie de tsunami de tensiones. Si te fijas, todo está ya en la dedicatoria del libro (A “Humboldt” que acaso sigue vivo en las palabras no escritas). Plasmar el poema sería una especie de escritura del adiós. Uno se despide, de cierta manera, expulsa esa experiencia que vivió, la transforma en otra cosa. A su vez, esa experiencia te expulsa, porque todo lo que está ahí ya no te pertenece .El libro es una especie de ente, de criatura, si querés.

Te iba a preguntar por eso de quedar afuera, eso quizás tiene que ver con un tipo de vacío, una relación con el vacío que vos mencionás una y otra vez, acá y en “El sueño de Úrsula”.

Sí, bueno, antes de pasar a Úrsula, quería decir.., otra cosa. La cuestión de la relación entre la escritura y la realidad, en especial la política. La posibilidad de actuar sobre la política

En “La anunciación” hay un momento en que se dice algo así: “no me gustan las palabras grandilocuentes, ni las palabras solemnes”. ¿Cómo ves la relación entre literatura y política?

Depende de si mirás la literatura como una cosa utilitaria. La literatura no es utilitaria,  tiene que ver con otra cosa, con una especie de búsqueda que se hace a través del lenguaje. El lenguaje es un medio y lo que hace, es una cosa mucho más sutil. La escritura desmonta las maneras convencionales de mirar la realidad, la desmonta, la desarma. Entonces, echa por tierra cualquier posibilidad de pensamiento autoritario, sin fisuras. Y, cuando digo autoritario, no me refiero solamente al discurso político, sino a cualquier discurso porque todo es político, todo, el discurso íntimo también lo es. por supuesto.. El discurso que dice “esto es así”, asertivo, es autoritario. Venga de donde venga. Por eso, el poeta en general, o la poesía, nunca tiene un lugar. Hay casos extraordinarias… el de los poetas románticos alemanes, por ejemplo, que son revolucionarios mientras dura el camino a la revolución. Que tiene que ver con el cambio, con el desmontar. Y cuando el poder se instala, se quedan afuera. Inevitablemente. Claro. Y después está la cuestión de lo que vos decías, Fede, de los discursos claramente políticos. Yo creo que son aquellos discursos válidos en la medida en que provienen de algún ser, de un poeta que esté atravesado por la necesidad de ese discurso. Gelman es un caso, por ejemplo, pero hay muchísimos más.. Yo no creo en aquellos que  dicen “ah, voy a escribir un poema político” sino en los que no pueden no escribirlo.

Claro, del mismo modo en que por ahí un enamorado no puede no escribir en relación a esa pasión amorosa. Porque hay una absoluta necesidad.

Absolutamente. No es que uno decide voy a escribir un poema de amor. Si no siento nada por nadie, no va a funcionar. O cuando la gente te dice “Ah, tengo una historia buenísima, te la cuento, vos escribíla” Claro, es imposible. (Risas)

 

ÚRSULA: JUEGOS DE LA MEMORIA

                                                               Si no deja de tocarme –pienso–, abrirá en mí una distancia, un abismo presuntuoso (como el que aparta a una piedra de sí misma). Acabaré tratando de robarle una forma, de inventar un sentido, de decir lo que no debe decirse –bajo ningún pretexto– en palabras. Me perderé.”

El sueño de Úrsula, de Carpaccio, intervenido
El sueño de Úrsula, de Carpaccio, intervenido

 

Quería volver con Úrsula

Sí, volvé.

“El viaje desconcierta, destruye, purifica, en espera del desconocimiento mayor. La revelación de lo que fuimos antes de la memoria”

Bueno eso tiene que ver con lo real con mayúsculas. Es decir, con lo insondable de la existencia. Lo que esta antes de la memoria, incluso antes de haber nacido, antes de estar en este mundo. No me acuerdo cómo es la frase pero la idea es que el  viaje, la vida, con suerte, va purificando. Purifica en el sentido de que va dejando capas, va entendiendo, va complejizando las preguntas que se hace. Desconcierta, purifica y permite volver a eso que existía antes de la memoria. No la memoria que tiene que ver con la vida chiquita, con el pequeño yo, con esto que somos en este momento. Me parece que hay una cosa mucho más grande, ¿no? Que estuvo, está y estará. Y la relación de eso con lo innombrable…Si logramos entender algo, tal vez podamos volver a eso que está antes de la memoria, antes de nuestro nacimiento histórico.

Hablabas, en algún lugar, no recuerdo en cuál de una profecía retrospectiva.

Ah, sí. De la escritura. Esto me pasó. Comprobar  que la escritura  más rápido que yo. Por lo menos, que yo. Entonces, escribo cosas y no sé exactamente qué estoy diciendo. Y muchas veces se  me ha probado, como hacia atrás, que yo sabía algo sin saberlo.

¿Tiene que ver, acaso, con eso que vos llamás epistemología de la ignorancia o de no saber?

Mmmm… no, no tiene que ver con eso. Aunque la idea de que la poesía es una epistemología del no saber me interesa. No como una ciencia del conocimiento sino como la ciencia de ir hacia la ignorancia. Y otra vez la misma idea: desmontar, desarmar…  volver. Volver a lo que no sabemos. Una de las cosas sobre las que yo insisto en mis talleres de escritura es que, en realidad, se escribe desde lo que uno no sabe, no de lo que sabe.

Se saben después. Muchos empiezan a escribir creyendo que los mueve  un argumento o una imagen. Y menos mal, porque eso alivia. Si partís de que vas a buscar lo que no sabés,

Pero es eso, la verdad es eso. Toma un tiempo, pero hay que decirlo, ¿no?

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JUEGOS DE NIÑA ALQUIMISTA: DE IMANES, ATRACTORES Y COAGULANTES.

                               “Prestar mucha atención (la vida es una tarea ardua y maravillosa). Y no olvidar que el lenguaje es uno de nuestros dones más paradójicos, porque eso mismo que nos limita a veces como una jaula puede, a condición de que se lo haga bailar y sufrir y emocionarse, revelar por un instante, efímero y eterno, lo que no puede decirse. Nada más importa. La poesía es una lucha contra las palabras y su fracaso es espléndido.” 

 

Bueno, en ese sentido, en esas imágenes -disparadores. Por ejemplo, en “El sonido y la furia”, de Faulkner. Él escribe a partir de la imagen de una nena, de las bragas de una nena subida a una escalera, mientras recolecta una manzana;  o en el poema de William Carlos Williams, del carro de manzanas. A fin de cuentas yo no sé si es antes el poema o la imagen… O como vos hacés en “Elegía a Joseph Cornell”,justamente. Lady Godiva en miniatura, la niña esa del caballo blanco, con el pelo largo,  vos decís que es una imagen que, de alguna forma, cuando la ves, sentís que precede y antecede. Que está también, no sé, como que ya existía en tu imaginario y, cuando la viste, fue “tac”, como un coagulante.

Claro, sí, hay mucho de eso.

Pero hay una consciencia muy clara cuando se repite, aunque no se repita igual, cuando esa coagulación sucede. Después, ya el traslado al papel es otra cosa.

Pero, a ver. Sí, vamos a tomar el caso de “Cornell”, que es muy interesante en cuanto a su gestación. En realidad, en uno de mis viajes a Buenos Aires, yo me reuní con un galerista, Jorge Mara, que tenía un proyecto de armar una colección… que nunca se hizo, no existió… Pero mi libro sí. Como me lo propuso, yo lo hice. El me había dicho: “voy a invitar a distintos escritores para que elijan una imagen,”. Creo que Edgardo Cozarinsky, también invitado, eligió una fotografía de su abuela. Elegías una imagen y, a partir de eso, había que escribir algo, un ensayo. Entonces yo dije: “bueno, voy a pensar” y me  fui. Eso era, no sé qué año, pero ponele 2010, más o menos. Entonces, ahí se me ocurrió, porque a mí Cornell  siempre me fascinó. Dije, primero, voy a trabajar sobre una caja. Y le escribo a este hombre y me dice “fantástico”. Bueno, entonces, yo empecé. Y ahí digo ¿y si en vez de escribir sobre una caja escribo sobre un fotograma de uno de sus films? Porque el cine de él es menos conocido que las cajas. Entonces volví a ver las películas, entre ellas una que se llama “La trilogía de los niños” y me fasciné de nuevo. Pero no es que yo primero tenía la imagen. De hecho lo primero que escribí fue un párrafo sobre la caída de las torres gemelas porque el día que me senté a escribir era el 11 de septiembre del 2011, o sea 10 años después de la caída de Las Torres. Entonces, hice un dibujito de las torres (lo tengo ahí)  con los cuerpos cayendo. Y empecé como si fuera un diario. Y me fui al cine. Ahí vi la imagen. ¿Entienden lo que digo? No es que empecé con la imagen… Termino el libro, vengo a Buenos Aires y se lo doy a Mara. Entonces él lo lee y me dice “Ay, María, muy hermoso esto, pero es un libro de poesía, no es un ensayo¨. Decidí entonces buscar otro editor. Y así fue.

En alguna entrevista, ya no sé dónde,  hablabas  del atractor; que cuando uno está escribiendo todo sirve. Uno está  capturado por ese imán y después todo empieza a encajar. A girar alrededor del punto.

Es verdad. Sí, es como una cosa magnética. El asunto es llegar a la captura primero, después todo empieza a girar en torno a ese punto como si hubiera un imán.

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LA NIÑA ABRE LA PUERTA PARA IR A LA FIESTA MARAVILLOSA

                                               “El arte –pareciera sugerir Cornell- siempre lee un libro interior que habla de la ciudad del alma. En esa ciudad hay cosas de lo más curiosas: magias de circo, fiestas de Halloween, travesuras, parques cubiertos de nieve, palomas sobre estatuas ecuestres, y hasta bustos de Mozart que observan todo desde una vidriera en Mulbery Street. Hay también, en ciertas conjunciones o geografías temporales, una luz secreta que hace coincidir la maravilla con el laberinto que la esconde. Entonces el libro se cierra, la ciudad sueña, el centro desaparece. Queda el mundo, esa visión inasible, aterradora, magnífica.“

Y también salir.

Y también salir. Salir es más fácil

¿Sí? Porque, ¿cómo se termina un libro? ¿Cómo lo cortas? Cornell podría haber seguido….

Podría, pero uno tiene la sensación de que ya está. Incluso lo podés seguir, pero es como si fuera la resaca de un río.

Como si el “atractor” caducara después…

Claro, sí. Se termina. Los libros se terminan, me parece. El final se impone.

Y por ejemplo, con un trabajo apabullante como el ensayo. En tu caso con Alejandra Pizarnik, cuando tenés tanto caudal de información más la obra completa, ¿cómo hacer el recorte?

Bueno, Fede, a vos te pasó con Cortázar Y a mí con Pizarnik. Uno entra en el mundo de ese escritor y llega un momento en que se harta.

Ah, claro. Y ahí salís.

Ahí salís por hartazgo.

Tal cual. No quise decirlo yo, lo ha dicho él.

¿Cómo logras ver que es hasta ahí?

También en la vida pasa; por ejemplo, viví en Nueva York muchos años. Me pasé 10 años absolutamente enamorada de esa ciudad .Me  costó un matrimonio, porque el que era mi marido en ese momento se quería ir desde el día uno. Y a mí no me sacabas, era como si hubiera llegado a la fiesta más maravillosa. No quise saber nada. Y yo tenía algunos argumentos de por qué teníamos que quedarnos y los peleé. Hasta que él después, como a los 10 años, me dijo “basta”.  Y se volvió. Pero quiero decir…  yo me quedé diez años más. Y después de esos 10 años, dije, “ya está”. Y lo volvería a hacer todo exactamente igual. Todo, desde el primer momento, todo. Incluido el sufrimiento amoroso.

Es como una filigrana. Cuando una etapa de la vida o un libro terminan, hay una especie de “filigranita” que uno puede seguir, ¿no?, algo que permanece más allá.

Es cierto. Pero eso se va. Se va (es una metáfora un poco extraña), como un virus, a ver, vos te enfermaste, te curas, pero te quedó un pequeño virus que, digamos, muta. Entonces, eso vuelve a encontrar una forma y hacés otro libro, pero vinculado al anterior. O sea, se va uniendo, aunque vos no lo quieras. Es como “a pesar de…”. Toda obra es una unidad. Nadie se escapa de las obsesiones que tiene, entonces las explora de distintas maneras,  incluso, desde distintos géneros.

Cambian los atractores.

Claro, pero el núcleo es el mismo. Ahí habría una pregunta, para la que no tengo respuesta. Y es, ¿cuándo se agotan esas obsesiones?

La poética es un poco lo que se sostiene.

Claro, pero lo que quiero decir es que por ahí podría llegar un momento en el que uno se transformara, como Sánchez. Digo, el de Néstor Sánchez es un caso como el de Rimbaud,los dos se van, se van de la escritura.

No hay más poema, no hay más escritura.

No. Ya está.

 

JUEGOS DE ALTO RIESGO

                                               “La verdad dibuja una red”

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El sueño de Úrsula, de Carpaccio, intervenido

 

                                              

No había leído “El sueño de Úrsula”. Lo empecé para descansar un poco de la lectura de poesía. Y encontré ahí tanto de eso de lo que quería descansar. Y empecé a escribir poesía de nuevo, yo misma. Y te lo agradezco. Pero ahí me encontré con Pinnosa…

Pinnosa (Spinoza), en la novela.

¿Alguna casualidad?

Alguna casualidad. Y decía acá una frase “cualquier cosa que hagas estará bien, no en el sentido de la perfección claro, sino bien como está bien vivir. No existe un sitio único en la cabeza de las cosas, existe sólo en nuestro vagar confuso y ciego hacia la luz. La verdad dibuja una red…” Bueno, ese dibujo de la verdad, esa filigrana de la que estábamos hablando, ¿no?, es una verdad que se vincula con todo lo otro. Digo, con lo innombrable, con el vacío, con la nada. Acá es como que me había coagulado en la lectura, toda tu obra. En esta frase. En esa frasea del dibujo de la verdad.

Bueno. Y además está eso otro, también, ahora que lo leíste, pensaba que ahí también se dibuja una red… y la red atrapa. Se penetra. Porque la imagen que tengo es que esa red se atraviesa. Es como que ahí está todo, incluso la verdad, Por eso Pinnosa dice: Penetrala. Metete adentro y si puedes, pasa al otro lado.

¿Y si no podés?

Y si no podés, bueno. Pero por lo menos la penetraste. Hiciste el intento.

Riesgos

Sí, claro.

 

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PINNOSA SU GRADO DE POTENCIA

 

“Mi nombre le llegó como al invitación a un naufragio”

 

Es muy lindo lo que decís de Spinoza. Porque ese es el personaje más sabio en la novela. Pinnosa, como la maestra espiritual.

Y que la saca de quicio también.

Sí, claro, claro.

Tanto afirmar la vida…

Sí, es como una monja. Es como Spinoza. Pero vos sabés que esos nombres son los nombres reales en la leyenda. Porque la leyenda está escrita.

Ah, qué casualidad.

En la realidad, las vírgenes que acompañaban a Úrsula se llamaban así: Saulae, Cordula, Pinnosa, etc.

Nombre judío le toco a esta Virgen.

Y sí, esos eran los nombres que tenían. Ese sí que fue un viaje,  Úrsula para mí fue un verdadero viaje.

 ¿Y en cuanto a los lectores? Porque hay mucho trabajo en el lenguaje, muy de la poesía. La frase quebrada, la aproximación a la metáfora. Que requiere una exigencia, no la del lector común.

Bueno, pero de eso no me puedo preocupar yo…

No, no.

Si me preocupo por eso, no escribo.

.

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UN ÁNGEL CON UNA PLUMA

“toda navegación instaura/el río que la lleva”

Bueno, yo había escrito el libro anterior, “El viaje de la noche”. Y ahí, cuando estaba escribiendo ese libro hice un viaje a Venecia. Entonces, en la Academia de Venecia, descubrí el ciclo de Úrsula pintado por Carpaccio, donde está esa imagen que figura en la tapa del libro.Un detalle. Pero en el cuadro grande, que es enorme, como todo este espacio… aparece por la puerta una especie de cono de luz y un ángel con una pluma para escribir en la mano. Como si fuera una anunciación de la escritura. Y ella está así, dormida y tiene esa borla que dice: “infantia”. Es como la nena de “Cornell”. Entonces, por supuesto, salí del museo y me compré la postal. Y me la traje. Mientras terminaba el otro libro averiguo quién era esta Úrsula. Porque el cuadro se llamaba “El sueño de Úrsula”. Ahí comenzó un viaje de investigación, donde descubro que es una leyenda, la leyenda aurea que escribió Voragine en el Medioevo.   

Lo interesante es que en un primer momento decidí titular  a mi libro de sueños,  “El sueño de Úrsula¨. Pero justo el día en que estaba terminando de preparar el manuscrito para el editor, dejo a mi familia comiendo y me voy a escribir un mini prólogo para explicar cómo se conecta Ursula con los sueños.

Claro, “ustedes coman”.

Tal cual, me voy al escritorio y escribo dos párrafos. Cuento quién era Úrsula. Y ahí pienso: un momento. Yo no puedo regalar… esta  historia maravillosa. Tengo que escribir algo con esto. Aparte, viste que está todo el tema de la independencia, la autonomía de la mujer versus el amor, el viaje, todo eso… Entonces, volví a la cena familiar, frustrada, porque, dije: ahora tengo un libro sin título y un título sin libro.

Claro, no querías ni lavar los platos.(Risas)

Exacto… Entonces, presenté un proyecto a la Beca Guggenheim proponiendo escribir un poema sinfónico, a voces. Ese era el proyecto original. Una especie de poema polifónico con cada una de las vírgenes diciendo algo. Pero se me fue de las manos. Entonces, lo terminé y lo mandé al Premio Planeta. ¿Se acuerdan de eso?

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 DE POLIFONÍAS Y CONCURSOS

No hay, me dije, para un artista, más deber que evitar lo unívoco y recordar que lo bello es una especie dentro de lo raro.”

Ese fue el año que lo ganó Piglia con “Plata quemada”. Yo quedé segunda y tercero salió Pablo De Santis. En el jurado había varias personas; estaba Roa Bastos, Tomás Eloy Martínez, Mario Benedetti y María Esther de Miguel. Me dieron el segundo premio. Yo no me lo esperaba. Yo no soy novelista, en primer lugar.  Estaba feliz de la vida. Después me entero por Eloy Martínez, que: hubo una discusión a muerte con mi libro. Me cuenta que Benedetti dijo que no había podido pasar de la página cincuenta”

(Risas)Y que Roa Bastos le  contestó: “Pero Benedetti, sus problemas de lectura no pueden determinar si un libro vale la pena o no.”

Bueno, con lo cual, se inclinó la balanza. Y así salió. Ahora, entonces, como ganó ese premio que fue medio escandaloso porque coincidió con todo ese quilombo, el libro tuvo lectores. Se hizo una segunda edición y la verdad es que todas las devoluciones que tuve fueron muy hermosas.

Es una apuesta  polifónica.  Hay que llevar tantas primeras, todas juntas. En poesía uno lo imagina todavía más sencillo.  Pero en un texto de prosa…

Fue muy lindo escribirlo porque ese viaje me permitió compenetrarme en ese mundo, totalmente y en la vida de esas mujeres.

¿Cuánto tiempo tardaste para escribir eso?

No me acuerdo, pero fue mucho. Sí, sí. Hice el viaje, a Alemania con la beca Guggenheim. Maravilloso. Remonté el Rhin y llegué como las vírgenes a Roma.

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* Ilustraciones de Henry Darger “Niñas”

 




CONVERSACIÓN CON MARÍA NEGRONI, LA NIÑA (PARTE II)

Viaje alrededor de un punto: Conversación con María Negroni

Entrevista: Víctor Dupont, Federico Barea, Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira
Desgrabación: Federico Barea
Edición: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira
Fotografía: Santiago Resnik

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LA NIÑA (PARTE II)

                   “A lo mejor la belleza no es más que  una inminencia, una tristeza que no cuaja en nada. Y por eso deslumbra como el fracaso”

 

 

 EL PLENO JUEGO DEL CAOS Y LA NOCHE

“La primera vez que morí fue sin testigos: el ángel con el que peleaba era yo misma. (…)  sin saber que las fronteras no existen y toda fuga es ilusoria. (…) La próxima vez te desertaré sobre la boca.”

Pensaba en la insubordinación y en lo femenino. Y  en la posibilidad de salir de esa red, ¿no?, de no subordinarse ni siquiera a la red. Y esto estaría del lado de lo femenino más allá de que sea mujer o varón.

La verdad es que me he pasado la vida pensando en este tipo de cosas. Me parece que no es fácil. No es fácil escribir (punto). Y no es fácil para una mujer. Pero tiene que ver más bien con cuestiones de recepción de la obra, con cómo se “recepciona” la obra de la mujer. Y también tiene que ver con lo del famoso cuarto propio, todo eso… que todas las mujeres que nos precedieron en la escritura conocieron muy bien. Bueno, ese es un nivel. Pero después ya hay otro nivel. Que es, yo pienso, no sé si me equivoco, pero yo pienso que lo que escribe es siempre lo femenino. En los hombres también. Eso es más allá de los géneros (masculino y femenino). Lo femenino, que es en realidad lo oscuro, la noche, lo insubordinado, el cuerpo, el deseo, la sexualidad, eso es lo que escribe siempre. Por definición.

Me gustó.

Gracias.

Está muy bien, está muy bien. Claro.

(Quedamos pensando) 

 
ENTREVISTADORES NIÑOS Qué lindos son los silencios en las charlas. Qué bueno cuando decir no es un imperativo. Cuando se puede bajar la mirada, perderla y suspender las palabras sin dejar de pensar Qué lindo es esquivar lo imperioso, extenderse en el tiempo, dilatar, rodear la falta como a un tesoro. Viaje alrededor de un punto. El hombre al momento que se sienta a escribir tiene que entrar en contacto con esa parte suya que yo llamo lo femenino, como principio.

 Que está vinculado con el juego, con la capacidad…

También, claro. Es todo lo que no es racional, diurno, ordenado; es caos, el juego del caos.

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EL POEMA CONTINÚA A LA NIÑA, LA NIÑA CONTINÚA AL POEMA

                                                                              ¿hay quien des-haga/

        ojitos para abajo /

                   como huyendo?

 

 

Y  la infancia…

Claro, la infancia. El arte, la poesía siempre pensé es la continuación de la infancia por otros medios. En algún lado, lo dije… la escritura es eso, como volver a jugar. En realidad estás jugando con el lenguaje.

Con una buena dosis de inmadurez.

O como decía Schulz “madurar hacia la infancia”. Eso es muy profundo.

Claro, yo lo pensaba en relación a la profecía retrospectiva. Me había quedado pensando antes cuando vos lo decías y hacías como los movimientos con las manos, sobre la mesa. Cuando tengo un punto y giro alrededor de él, hay distintas formas en las que puedo girar: en espiral, o dentro de la red, o puedo volver al punto. Hay más  énfasis en el movimiento que en el llegar. 

Llegar no existe. La quietud no existe. No es que uno este en el centro. Tampoco se aleja en la espiral. La espiral hace esto… no te alejás. La espiral siempre vuelve, un poquito más arriba, o más abajo. Pero el círculo es siempre es el mismo, va girando siempre…

No como los espirales de los mosquitos.

(Risas)Claro. Vuelve a pasar siempre por el mismo lugar sólo que un poquito más arriba o más abajo.

Es como un remolino.

Algo así..

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FUGAS Y ESPIRALES

 

Tampoco yo pierdo la calma/ (huye el tiempo/por el labio/ de una magnolia)”

 

Una vez, en una clase hiciste un dibujo de una espiral para ilustrar los ensayos de Paz y los de Borges, ¿no?

No. A ver ¿tienen un lápiz?

No me puedo acordar…Sí, yo había dicho… Mal alumno.

Sí, mal alumno, no se acuerda. Aunque mis dibujos son muy malos. Pero lo que estaba diciendo es: (dibuja en una hoja de cuaderno escolar, ”Gloria”, tapa blanda) esto es Paz y esto es Borges Paz tiene una forma de pensar donde él parte de un punto, argumenta hacia un lado y hacia el otro. Después te dice “no, esto en realidad se puede pensar de otro modo. Y después “no, pero esto en realidad es así y esto así” (etc…) Entonces cuando termina el ensayo de Octavio Paz, el pasó por distintas ideas, cuestionó, fue, vino, pero termina como que algo se vuelve a cerrar. Y yo decía que el ensayo de Borges es así: O sea, que no hay… no lo podés como cerrar.

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Ocatvio Paz y Borges

 

No hay cierre.

No hay cierre. Bueno, ¿esto a qué venía?

A la espiral…

Ah, no lo que decía es que… Sí, no es una espiral tampoco. Lo de Borges no es una espiral. Es una fuga. Se fue. Te deja ahí colgando.

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 UNA SEGUNDA INFANCIA

¿se puede aún / cuerdaflojar / el tiempo?

                              

Lo de la infancia igual me remite a la idea de que la diferencia es que  no hay como una consciencia. Para mí, supongo, porque en la infancia uno vive o  está viviendo, pero  no se ve, no sabe. Porque te meten en un colegio, te mandan a una colonia…

¿No sería que planteas el viaje como una segunda infancia?

Sí, el viaje instaura, junto con el asombro, una suerte de segunda infancia. Luego, al escribir, comienza otra especie de viaje, más reflexivo. Viaje y reflexión al mismo tiempo. Esa es la gran paradoja, la gran contradicción . De algún modo, al sentarte a a escribir, el viaje ya paró. Hay otra experiencia, igual, de otro plano, de otra cosa, pero el viaje se corta. No podés ir y escribir al mismo tiempo. No sé cómo explicarlo mejor.

Bueno pero ahí empieza otro viaje.

Otro viaje. En tu memoria, un viaje para adentro. En cambio la infancia no… la infancia sería  como el viaje puro, diría, algo así.

Yo tuve una experiencia con Milena, con mi hija. Muy curiosa. Cuando ella era chiquita y le pasaba algo que consideraba importante, agarraba un cuaderno y se ponía a escribir con lo que ella llamaba la escritura de rulitosos. Eran sólo rulitos. Pero sólo cuando le había pasado algo importante. Por eso pensaba en lo que vos decís de la infancia, se trata de una infancia muy primordial, ¿no?

Uno no sabe, en realidad, la verdad es que no tenemos memoria de la infancia real. De lo que sentíamos.

Pero de alguna forma, tanto la deconstrucción del lenguaje – o sea, del aparato lingüístico-gramatical- como también  la sintaxis,  te puede llevar en un viaje interior hacia la infancia. Justamente, al momento previo a tener todo el aparato. Siempre el viaje es en contra.

 Claro…. Y lo importante sería agregar que no es un problema de tema. Porque, incluso si el tema parece ¨adulto¨, en realidad el poeta es siempre un niño que está jugando con el lenguaje. Es propio de esa audacia, ¿no? El mezclar y retorcer al lenguaje como a un trapo. Como un trapo

darger 11

CANTO Y OBSESIONES 

Se parte  sin entender  por qué. O, más bien, en su vagar inmóvil, de cautiverio en cautiverio, extraviado el rostro oscilante de la noche…                                                                

                ¿Cómo trabajás las distintas primeras?, ¿cómo se trabaja musicalmente ese tejido de las voces?  Hay muchas músicas, muchas entonaciones. ¿Cómo las obsesiones van proponiendo distintas músicas?

La respuesta está en la pregunta. Cada obsesión tiene su  música. Y uno, con suerte, puede identificarla. Lo mismo cuando se escribe un libro de poemas. Lo que une al libro no es ni el tema de los poemas, ni de qué se trata, ni… no sé. Lo único que hay es una música. Una música  como cortina,  más abajo de lo que se dice. Ahora, no sé cómo contestarte más allá de eso.

Está bien. Es una respuesta eso. No saber.

Sí, sí. Me parece que las obsesiones también están vinculadas entre sí. Entonces llevar así, a cada una con su música, es como tenerlas bastante controladas.

Por ejemplo: ¿determinada obsesión está ligada a la forma del poeta? O determinada serie de obsesiones están ligadas a la forma de la novela… o ¿no? ¿Todas mezcladas?

Esa es la parte donde entra el inconsciente. Un día por ahí te diste cuenta de que hay algo que se repite y que podés reconocerlo.

Claro …Si podés,odés, retrospectivamente, observar o registrar que a cierto tipo de obsesiones les corresponden algunas formas específicas?

No sé. La verdad que no sé, Pavese dice que si ésta es la obsesión(x), y ésta es la forma (y), cuando la obsesión encuentra la forma que le corresponde,  nace el libro. Y dice que  todo lo que se escribe de aquí hasta acá (segmento remarcado en negro) es… aproximativo… e imperfecto. Porque aun la obsesión no ha dado con su forma. Y todo lo que se escribe de aquí, para acá, (zona O) también es imperfecto. Al encontrar su forma, la obsesión empieza a morir. Esto tiene que ver con lo que hablamos del final del libro. Entonces él dice: hay que saber identificar ese momento para saber cuándo hay que parar.

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El oficio del poeta, de Pavese

 

Entonces uno empieza a hacer esto… A tratar de encontrar forma para tu obsesión y, a veces, cuando la encontrás, te decís: es esto, quiero hacer esto así. Como cuando yo contaba lo de “Cornell”,  llegó un momento en que vi la forma; después, no al comienzo. Al principio hice los edificios esos cayéndose y después, recién cuando vi la nena, pensé: Voy a usar este motivo como eje y voy a hacer girar todo a su alrededor..

 

UNA ÉPICA DE MUJER

                                                               Nadie sabe/que sabe un cuerpo/a la hora de perderse”

 

 

La cuestión del género es difícil también, aquello que impacta ¿dónde terminará? Se necesitará una novela, se necesitará

Pero eso yo no lo pienso así. Porque no me interesan los géneros. A mí,  cuando leo un libro, me gusta o no me gusta. No es un problema de si es una novela…

Pero en cuanto a la extensión, de golpe Úrsula es un planteo…

Bueno, pero es porque había mucho para decir ahí.

Con otro aliento, soplando de otra manera.

 Además te voy a decir otra cosa que nunca he dicho,  “Úrsula” viene hablando de la escritura de la mujer. Había escrito “Islandia” antes, una reescritura de las sagas islandesas. La épica, como todos saben bien, es masculina. El héroe, el viajero es un hombre. La épica, además, es un género fundamental, fue el género fundacional, tiene que ver con los orígenes.Allí se plantean cuatro o cinco cuestiones cruciales: el coraje, la muerte, la vida, el amor. Entonces, una de las cosas que a mí me preocupaban era, ¿Por qué no hay épicas femeninas? La única épica, pseudo-épica, que conozco, es una de la poeta norteamericana H. D., novia de Ezra  Pound. Escribió un libro, “Helena en Egipto”. Es un libro de poemas. Muy hermoso,  yo lo  traduje. Pero no es una épica en un sentido estricto. Hay una protagonista, mujer, tiene cierta unidad el libro pero los poemas no alcanzan a constituir un relato épico. Entonces yo pensé: ¿cómo sería una épica de una mujer? Y eso es lo que intenté hacer. No sé por qué les estoy contando esto…

Por el tema de los géneros…

 Ah…, claro, entonces,  lo que yo  buscaba, era escribir una epopeya, sí, un viaje. Digamos, con una mujer protagonista. ¿Y cuáles serían los conflictos? Intenté, no sé si lo logré, enfrentarla  con esas preguntas fundamentales: el sentido de la existencia, del yo, la relación con la tierra,  con el origen, con la búsqueda de la verdad, con la muerte, el coraje, el amor.

 

La niña María se fue a jugar al cine. Nosotros nos subimos a un auto. Primero fue el silencio. Luego, la espiral, la deriva. Entonces, che, no le preguntamos lo de la ira y las pasiones tristes, ¿no? “Con cierta precaución, como si diera  a luz la enfermedad que la aquejaba. La lujuria de la ira, pensé”. No le preguntamos del naufragio tampoco, “todos los náufragos sucumben a la compulsión lingüística: se desviven por nombrar”, cómo nos olvidamos. Y tampoco “¿por qué la ausencia es voluptuosa?”.  Al final, estuvimos como dos horas y es como si no le hubiéramos preguntado nada, ¿no?

Silencio. Hermoso silencio.

De ninguna manera. Lo que no se dijo juega con lo dicho, mientras paladeamos el sabor de después. Seguimos alrededor del juego de la niña.

La quietud no existe.

Y María va.

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* Ilustraciones de Henry Darger “Niñas”

 




TURISTAS, EXILIADOS Y PEREGRINOS

 Viaje alrededor de un punto: un texto de Luis Sagasti

Por Luis Sagasti

(ALGUNAS NOTAS)

Existe un límite personal e impreciso en cualquier distancia recorrida que al franquearlo, quedamos algo así como escindidos: el cuerpo puede, a su manera, continuar camino; la cabeza, de ningún modo. No deberíamos detenernos a pensar en qué momento ocurre eso, sino en el lugar del espacio donde acontece.

Cuál es ese punto del mar que nos haceunnamed (1) volver sino aquel donde la costa ha desaparecido. Es un punto fijo, allá lejos ocupa el lugar de otro, ahora allí bajo el bote, oculto bajo el bote;

la tierra dejada atrás que no podemos pisar

allí en el agua.

Es un elástico la imagen que busco: algo se estira hasta donde la fuerza que altera su forma original lo permite. Llegado un punto, agotada la fuerza, digo, el regreso es inevitable.

Turistas, peregrinos y exiliados: tres formas de viaje inmóvil. La costa en proa aun en alta mar.

La mirada fija en Compostela, el andar como forma de plegaria. No es de buen peregrino encontrar Santiago allí donde a uno hospedan; eso es de buen cristiano, de sabio.

Un salmo en cada paso.

Leo el diario de peregrinación de Werner Herzog, Del caminar sobre hielo. En 1974, en un otoño de lluvia y nieve, Herzog marchó de Munich a París, con la absoluta convicción de que
unnamed (7)ese gesto salvaría la vida de la crítica Lotte Eisner muy enferma en Montparnasse. No sabemos si ella constituía una obsesión en su andar: las observaciones y reflexiones de su libro son maravillosas, pero la ignoran. Solo en una página Herzog se pregunta si seguirá viva. Entonces nos preguntamos si eso es en verdad el diario de un peregrino.

¿Y si Lotte Eisner hubiera sabido de la marcha de Herzog? ¿No hubiera sido ella la viajera inmóvil, con la cabeza puesta en el paso del otro, día a día, mientras éste se desplaza detenido en cada instante de nieve?

Una catedral llega un día a Paris en busca de su departamento.

Una corriente de Lemmings por la columna vertebral: necesitamos abandonar la comodidad de nuestra figura cada tanto, ser otro ampliado, ir más allá como los gritos góspel, cuando ya no hay palabras que expresen lo que se siente. Entonces viajamos.

Pero no todo viajero es flexible. Quiero decir, no todos tienen la elasticidad para adecuarse a nuevos recipientes. La condición del agua es inevitable para sacar un pasaporte, unnamedconseguir una visa. Los gobiernos deberían hacer algo al respecto y evitar así esa cosa tan molesta como son los turistas.

Creen tener la condición del elástico pero no más salir del barrio, regresan a la seguridad del hogar; en verdad los turistas no quieren viajar, si por ellos fueran se quedarían siempre en casa. Nunca los mueve un impulso interno sino las circunstancias sociales, de clase o como quiera llamárselas.

Ser turista implica, de entrada, no tener ninguna intención de disolverse en la experiencia, de estar fuera, salirse de sí, abandonarse a lo que uno no es. Ir más allá de la longitud del elástico. Ser lemming en serio y lanzarse al abismo sabiendo que todo ese asunto del suicidio es una puta leyenda de un programa de Disney.

Para el turista lo más importante es el regreso, constatar ante amigos lo que ya se sabía sin haber traspasado la puerta de calle.

Sin moverse de su escritorio, Newton comprendió cómo funciona el universo; otro genio el del turista, quien sin manzanas golpeando en su mollera se pega una vuelta por Europa para corroborar lo que él ya conocía desde el living.

Punto inmóvil alojado en el exacto centro de las emociones. Habitantes del centro inmóvil del mundo, los turistas. Verdaderos ciudadanos del mundo: su ciudad es el mundo.

viajero 4Ciertos lugares subsisten gracias a la producción social de turistas. Nada hay detrás de lo que se ve, solo turistas en pose.

El reloj cucú gigante de Carlos Paz. Ajeno a cualquier geografía. No se trata de un no-lugar sino de un no-objeto.

Como los canales de Venecia en Las Vegas.

Los flashes sacan color a las pinturas y las fachadas hasta quitarles la pátina y transformarlas ya sin luz propia a ojos del turista en un no-objeto.

Notre Dame. Mil Vietnams.

Sólo es único lo que el turismo replica.

El turista no busca conocer sino reconocer en tresunnamed (9) dimensiones lo que ha visto antes en dos; hacerlo objeto de captura, regresarlo cuanto antes a la planicie inmóvil de una foto o de una filmación que difícilmente miré más de una vez.

Viajeros y turistas suelen compartir carruaje. Los primeros son muy callados, y esa es una manera de diferenciarlos.

Los bifes que se van a comer cuando regresen: un mantra cada tres cuadras, aun frente al Puente de los Suspiros.

 

Leer Clarín todos los días de Helsinki.

Un cuñado de mi abuelo, el tío José, panzón de bigote sobre labio, una boca que nunca callaba porque de todo tenía una opinión contundente iba a Italia al menos cada dos años. A veces llevaba fideos Manera, para enseñarles a comer pasta a sus parientes de Calabria. De veras escribo.

Leer Clarín todos los días de Estocolmo.

Un verdadero blue el exilio de Ovidio; confinado al límite del mundo escribe en sus “Tristezas”:

unnamed (8)Cuando me asalta el tristísimo recuerdo de aquella noche en la que viví mi último instante en la ciudad, cuando recuerdo la noche en que abandoné todo lo que amaba, todavía hoy una lágrima se desliza desde mis ojos.

 

Sin poder regresar a la Rumania donde se sabía parte de una generación, Mircea Eliade, una vez terminada la Segunda Guerra, se exilia en Paris donde escribe El mito del eterno retorno. De allí a la universidad de Chicago. Nunca pudo regresar a Bucarest. Sus exhaustivos libros de investigación los escribía con la mitad izquierda del cerebro en un cómodo francés, en inglés, en alemán. Sus novelas, invariablemente, en rumano.

Y no podía soñar en otro idioma sino en el de la infancia.

 

Osip Mandelshtam desterrado en Siberia.

Sin creer en el milagro de la resurrección

paseábamos  nosotros por el camposanto.

—¿Sabes? Esta tierra me trae recuerdos

de aquellas colinas.

 

Naidezhda, su mujer, con la cabeza puesta en los poemas inéditos de su marido, aprendidos de memoria hasta que aclare, vaga por las ciudades pequeñas de Rusia, trabajando de lo que sea, para no ser reconocida.

Aprendidos de memoria hasta que aclare.unnamed (6)

Los versos de Osip Mandelshtam.

 

Y no olvidar traer un recuerdo de Mar del Plata.

Y de Santiago de Compostela.

 

 

 

 

 

 

 




UNA EXTENSIÓN ENORME, ENTRE LA CAMA Y EL BAÑO

Viaje alrededor de un punto: Postales de una vejez

Por Gabriela Stoppelman

UNA EXTENSIÓN ENORME, ENTRE LA CAMA Y EL BAÑO

 

  1. En la antesala de la entre noche, se despierta con su cuerpo de hace diez años aún firme, ostentoso y de pie. El día húmedo y solo, tan solo como la habitación, donde la luz todavía no se anima y donde solo se huelen los perfumes de las sábanas,  las ropas y las palabras de la cuidadora. Por un instante, es esa otra. Y como esa otra se incorpora. La cadera se resiente ante el movimiento. La mano derecha grita en una punzada, porque la caída de la noche anterior ha amanecido junto a ella. Tiene seis puntos en la sien izquierda y un corte en la derecha. Ahí, en la derecha, la memoria dibuja en una línea el modo en que cayó de la cama,  dormida, hace quién sabe cuántas madrugadas. El cálculo del tiempo se le complica. El tedio y la quietud han desfasado su ritmo del ritmo de las horas.  Lenta transcurre, lenta recibe al mundo, como a una avalancha de advertencias.

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    Tres pares de zapatos, Vincent Van Gogh
  2. Se abren los postigos. El cuerpo de hace diez años se descorre con las sombras. En sólo un instante, no queda nada más de él. Ahora restan esta fragilidad llena de remiendos, la memoria y ese saber que le encandila la mirada junto a luz del pasillo: ya no maneja su cuerpo. El cuerpo se ha puesto libre para nada, libre para ya no poder, libre a costa de haberla dejado prisionera en su saber. Sabe qué no puede y nada puede con eso que sabe. La tristeza de una libertad inútil la conoce. Dosificada en insinuaciones, la probó en el cansancio después del trabajo, cuando los billetes le habilitaban un bienestar para el que rara vez tenía tiempo; la probó en el pago de cuotas y objetos para sus hijos, mientras las crías se desviaban de sus sueños y sus torpezas; la probó en la viudez temprana, cuando libre del fastidio y la siempre presencia del mismo hombre, comenzó a extrañarlo sin consuelo. Lenta transcurría. Lenta, salvo para  advertirse-impiadosa: esto es la vejez.

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    Zapatos, Vincent Van Gogh
  3. Esta es su vejez. Esta es la vejez. Esta es toda la vejez del mundo, porque no se puede pretender que- en medio de este entumecimiento tenso, hundida en esta irritación sin fuga- una comprenda que hay otros modos, porque hubieron otras vidas y cada quien envejece como vivió. Qué rápido mueven la lengua los recitadores de aforismos. Rápidos, como fuera del círculo tramposo de aquello que transcurre. Aliados incondicionales de la velocidad, tal vez les toque a ellos una vejez breve, una lentitud corta, un extinguirse súbito. Pero ahora el mundo es esta extensión enorme que hay entre el borde de la cama y el baño. La cuidadora me alza de las axilas. Si ella me suelta, no puedo nada más. Y tengo que ir al baño, a kilómetros de mis posibilidades. Quisiera empujarla, dejarme caer encima de mi vejez y volver a dormirme, aunque sea sobre el piso. Tal vez haya dejado pausado el sueño de anoche, tal vez otro golpe me devuelva al cuerpo que tuve hace diez años. Cosa de no creer, cuando me levanté lo tenía firme, ostentoso, de pie. Y ahora arrastro una pierna y la otra. La cuidadora me conversa para hacerme el trayecto más ameno. Ella no sabe, no puede saber- en su joven velocidad- lo largo e inconsolable de este viaje. Ojalá hubiese comprado algo a algún vendedor de aforismos. Una vejez jovial, la abuelita que juega con los nietos después de la cena y se apaga, imperceptible, en el medio de la noche. Ahora este es todo el universo.  A quién se le habrá ocurrido poner el baño tan pero tan lejos.

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    Foto Carolina Díeguez
  4. La danza inmóvil de un punto de luz incandescente sobre un charco de sangre. Un hermoso charco de sangre para que la incandescencia dance en su centro, fija en medio de un escenario rojo, la luz gira lenta, gira la lentitud sobre sí y para los otros. Ella dio media vuelta y se apagó durante una fracción incalculable. Una nada que la dejó en  platea, frente a luz que la baila inmóvil. La luz se apagó con ella. Juntas, en esta flojedad de ya no tenerse, titilamos. Luciérnaga unísona: la luz y la vejez, apagaron y prendieron solo por un instante. La luz ahora danza su flema rígida sobre el centro de un charco. La vejez se pregunta a deshora, ¿cómo es que estoy sobre el piso? Alguien aprieta un paño contra su sien. Un hilo de sangre llega hasta la boca y le recuerda que ese es el gusto de los vivos por dentro. Qué escándalo de  ambulancias y enfermeras sobrevendrá a la danza.  Qué audacia quieta la  danza  de esta luz.

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    Foto Carolina Díeguez
  5. El doctor dice que no va a doler, tengo un corte muy profundo y apenas toca la arteria. Son unas puntaditas y se vuelve a casa. Un rocío de anestesia me cierra los ojos a la luz y al sueño. Quedo así, a mitad de camino. No voy a poder avanzar ni aunque quiera porque la cuidadora no está y el tiempo es capaz de volver a tumbarme. Es increíble cómo me mantengo en pie solita, acá, detrás de mis párpados. Soy tan leve que puedo deshacerme del dolor. La familia está afuera de la habitación, afuera de los párpados, afuera de mi tiempo. Eso es la compañía: esa manera de estar de los otros siempre afuera, ese afuera que arrasa toda estancia en una lejanía extensísima, como el trayecto entre el borde de mi cama y el baño. ¿Hay baño entre la luz y el sueño? Porque, a mi edad, yo no puedo ir a ninguna parte donde no haya baño. ¿Sabe, doctor? Me despierto seis veces durante la noche para ir al baño. Seis viajes de ida y seis de vuelta, solo para no hacerme encima. Recuerdo cuando eso le pasaba a mi madre. El olor a orín en su habitación me daba un poco de náuseas. Hacía tanto pis mientras se extinguía, que el pis se había vuelto una presencia más poderosa que ella misma. ¿Cómo oleré en este cuerpo? ¡Qué vergüenza, con el doctor presente, obligado a mis hedores por deber profesional! Será por eso que siento a todos tan lejos: apesto y me demoro. Una combinación intolerable para los urgentes. Pero yo misma a mí misma no me huelo. Menos en este entre estar debajo de mis párpados, en esta meseta blanca donde me sostengo sobre un bastón sin urgencias; justo mientras mis piernas no son más que el pilar de mi tronco y mi tronco se anima a mirar adelante, hacia la tanta meseta blanca, muchísima blancura, justo en el lugar exacto, donde antes estaba el futuro.

    Un par de botas, Vincent Van Gogh
  6. Cuando mi hija era chica, leí en “Mafalda” una tira donde Felipe se miraba en un charco con la ilusión de que, al seguir camino, algo de su imagen permaneciera en la superficie del agua. Ese era un gesto que repetía de Miguelito. Pero, a  diferencia de lo que ocurriera con su amigo, cuando Felipe retomó el paso sobre la vereda, se atravesó un auto y le salpicó gran parte de su reflejo del agua sobre su propia cara. Felipe quedó paralizado. Ese no era el remate de la tira, pero ahora sólo retengo la imagen inmóvil del rostro de Felipe contra el propio Felipe. Ya no podía continuar el camino. Así, eclipsado por sí mismo, había en el asombro de no verse una intensidad tan poderosa que le impedía toda marcha. Como una muerte lúcida, o un instante antes de la muerte, donde la muy cínica se presentase, “y, al final de tanta intriga, ésta soy yo, tan poderosa y tan quieta”. Todo se podía reducir, entonces, a eso: a mirarse dentro de un charco y no verse porque el líquido, en su espesura, se devoró su fuerza de espejo. La tristeza de la imagen no dejaba sentir que uno respiraba, pero la respiración misma se había acelerado en un vértigo troglodita y masticaba sin piedad todo tiempo entre inspiraciones.  En esa urgencia detenida, se viaja. Entre palmo y palmo de territorio, no hay demarcación ni nombre. Entre palabra y palabra, huyen  los silencios. Los sonidos se amontonan  Una nota, en su tensión de fuga, de pronto, se rompe. Y comienza a caer. Caían así las mandarinas que había en mi casa de infancia en Basavilbaso. Ahora no recuerdo haber visto jamás el instante en que se desprendía ni tampoco el momento en que llegaban al suelo. Pero el trayecto, sí. Una suma de puntos quietos entre la altura y mi mano, una insurrección de la potencia contra los apuros, contra las derivas no elegidas, contra las lentitudes a destiempo.
  7. Los enfermeros y la cuidadora ya me deben haber alzado del piso. Ninguno advierte el modo en que la fruta se posa suave sobre mi mano.  Yo tampoco lo advierto del todo. Se siente apenas húmedo y lejano, aquí: en la antesala rota de mi cuerpo niño.

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    Foto Carolina Díeguez




EL COSMONAUTA DE LA CHINA EN BUENOS AIRES

Viaje alrededor de un punto: Conversación con Esteban Ierardo

Por Melisa Ortner, Karina Caputo y Gabriela Stoppelman.

Entrevista: Melisa Ortner, Gabriela Stoppelman, Karina Caputo
Desgrabación y edición: Melisa Ortner
Fotografía: Milena Penstop

TESEO TE INVITA A PASEAR POR EL LABERINTO

Kuitka - Everything- tenica mixta - 4 partes 305x160cm cada una 2004
Kuitka – Everything- tenica mixta – 4 partes 305x160cm cada una 2004

Esteban Ierardo es Licenciado en Filosofía, además de autor de numerosos ensayos. Lo conocí hace un par de años, en mi paso por la Facultad de Ciencias Sociales, donde dictaba clases de “Principales Corrientes de Pensamiento Contemporáneo” y de “Historia del Arte”.
Desde la primera vez, me sorprendió su manera de hablar, su humor tímido mientras tomaba lista y su pasión irremediable por enseñar. Se pasaba las dos horas hablando sin parar. Pero todos estábamos absolutamente atentos porque sus modos hacían de sus clases una charla amena. Entonces, mientras el tiempo transcurría en los relojes, también atravesaba- intenso- nuestros cuerpos. Por esas épocas, él comenzaba con una actividad extracurricular bastante interesante: convocaba a sus alumnos y a cualquier interesado a participar de sus caminatas por la ciudad. Las citas consistían en reunir a un grupo en determinado punto de Buenos Aires y, desde allí-el gran paseador- con el único equipaje de su memoria, comenzaba el recorrido por el laberinto de los relatos. Desplegaba entonces los puntos de un mapa tejido con historias y lo deshacía en palabras. Monumentos, calles, edificios históricos, leyendas urbanas formaban la trama que urdía la melodía.
Esteban aún convoca a esta actividad. Este moderno Teseo* se calza su micrófono vincha y, como si fuera un principito aterrizado de otra galaxia, apunta la mirada sobre lo que tantas veces no miramos.
Por supuesto que, al momento de pensar a quién podía entrevistar para el primer número de “El Anartista”, no pensé en otro. ¿Quién sino Esteban, ese maestro entusiasta, el hombre inquieto por la Filosofía, el Arte, la Mitología y la Literatura? Quién si no él para otorgar una mirada duchampiana. Así como el readymade**de Duchamp despojaba a un producto de la industria de su sentido habitual, así Ierardo despejaba de puntos de vista cotidianos, a todas las miradas. No tenía dudas: aceptaría la cita. Me dijo: “nos vemos el viernes a las cinco en el bar de Santa Fe y Uriburu, el moderno, el de enfrente a uno más antiguo llamado “Los Molinos”.
Teseo me invitaba a encontrarnos en un bar sin nombre, pero con una cualidad, “el moderno”. Era propio de él: sus paseos rondan siempre, al nombrar, aquello que no podrá ser nombrado jamás.
Nos reunimos un rato antes con los “punteos” de temas a tocar en una mano, y un manojo de ganas, en la otra. Gabriela, Karina y Milena -la encargada de sacar las fotos- ya estaban, cuando llegué, en la planta alta del bar. Esteban apareció puntualmente, con una mirada extrañada, una mirada de quien ha llegado al bar de la cualidad indicada, pero no termina de encontrarse en el sitio por él mismo convenido. Se quedó inmóvil por unos segundos, hasta que bajé a recibirlo y enseguida me reconoció. Con total simpatía, me saludó y dejó atrás todo extrañamiento. Entendí: ningún lugar tiene nombre, hasta que sus cualidades lo bautizan. Nosotros éramos las cualidades. Comenzamos, entonces, a andar la palabra.
Lejos de la calma inicial, el cuerpo de Esteban parecía combatir la quietud, como Teseo ante un minotauro imaginado. Aun sentado, su cuerpo acompañaba, móvil, la conversación. Traía en su mano un libro sobre China, que llamaba la atención por su cantidad astronómica de hojas. ¿Cómo era posible leer semejante mamotreto en un viaje en colectivo? El objeto de hojas infinitas quedó ahí, sobre la mesa, al lado del café con crema, que se enfriaba rápidamente. No se daba el tiempo para hablar con cuerpo y memoria y, a la vez, ocuparse del cafecito. El minotauro aguarda.

 

Kuitka -Sin titulo - acrilico sobre lienzo - 193x298.2cm - 1990
Kuitka -Sin titulo – acrilico sobre lienzo – 193×298.2cm – 1990

UN CUENTO CHINO

Kuitca - Theredlist - Zurich -2002
Kuitca – Theredlist – Zurich -2002

El término taikonauta es un neologismo formado a partir del término chino 太空 (tàikōng, espacio) y del griego ναύτης (nautes, navegante), en semejanza con astronauta y cosmonauta, que derivan del griego. La palabra oficial china para un astronauta es 宇航員 (yǔhángyuán), pero el término taikonauta fue propuesto por Chiew Lee Yih, en mayo de 1998 en Internet. Y se aceptó rápidamente en el mundo anglosajón.
Enseguida me pregunto si, en alguna de las hojas de ese libraco gigante, se menciona esa palabra. El astronauta. Unos tipos especiales de astronautas, los autonautas. De esos en quienes se transforman Cortázar y Carol Dunlop en su viaje atemporal entre París y Marsella: “Los autonautas de la cosmopista”. Es que, si de viajeros se trata, Esteban comienza por convocar en la charla al gran cronopio: Justamente, Cortázar tiene un libro, lo escribió con su esposa y habla de cómo quisieron hacer una vez un viaje por la ruta, percibiendo, escribiendo y haciendo un diario, con paradas vividas no como un tiempo ni un espacio muerto. En esos lugares hay entonces un espacio lleno de detalles, de diversidad, de vida, de gente, de costumbres. Justamente ese es un ejemplo de viaje y no de traslado.
Mientras el libro grande de oriente escucha, Esteban retoma el asunto de la “cualidad” del bar donde nos encontramos, pero en ese entonces vinculada al hombre:
Sucede que el hombre moderno confunde su mayor capacidad de traslado. Para el hombre del siglo XVII, ir a la China, era una aventura realizable pero sumamente difícil. En cambio, ahora, para hacer un viaje largo te metés en un avión -si sabés soportarlo un día y medio – y te bajás en Beijing. Es decir, algo impensable para el hombre del Siglo XVII. Por lo tanto, esa mayor capacidad de traslado, vía tecnología aérea, te lleva a una ilusión: el hombre moderno cree que tiene una mayor experiencia de viaje, pero en realidad tiene mayor capacidad de traslado.

Tal vez Esteban haya viajado alguna vez a la China sin haberse tomado un avión. Quizás simplemente se sumergió entre las páginas amarillentas de su libro, al que lleva como abrigo en su mano y luego pone sobre la mesa. Seguro, viajó dentro de su casa sin moverse más allá de la puerta. El viaje, para él, depende enteramente de una actitud. O, por decirlo de otro modo, de una cualidad: esa que nada tiene que ver con el moverse, porque cuando uno se traslada lo hace con los ojos cerrados, no percibe. Es típico de la gente que viaja en colectivo mirando por la ventanilla. Parece que miran todo el tiempo un punto ciego, están como en tiempo muerto. De esto es lo que se dio cuenta Cortázar (…) Buscar símbolos es parte del viaje; estar abiertos a la percepción en lugar de un tránsito indiferente.
Sin duda, el hablar particular de Ierardo tiene una cualidad: mostrar las mesetas, las alturas y las sinuosidades del viaje con sus inflexiones y sus gestos. El hombre en viaje y su libro quieto hipnotizan nuestra atención de viajeras, en este espacio paralelo a las rutas, uno que va del centro porteño a oriente en un segundo. Mientras tanto, el gran título, “China”, es una advertencia sobre la mesa del bar.

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UN ASTRONAUTA EN PLENO BAR MODERNO

Lo mira con un interés tal, que yo me pregunto cómo hacen los astronautas para vivir así en esta tierra, tomar café frío, leer libros sobre China y mantener la atención, todo a la vez. Esteban, el gran perceptor, como tantos otros autonautas de las cosmopistas, vive en la permanente búsqueda.

“Esta autopista paralela que buscamos sólo existe acaso en la imaginación de quienes sueñan con ella; pero, si existe (…), no sólo comporta un espacio físico diferente, sino también otro tiempo. Cosmonautas de la autopista, a la manera de los viajeros interplanetarios que observan de lejos el rápido envejecimiento de aquellos que siguen sometidos a las leyes del tiempo terrestre, ¿qué vamos a descubrir al entrar en un ritmo de camellos después de tantos viajes en avión, metro, tren? (…)”***

En la voz de Esteban viaja un eco de la voz de Julio, de “aquellos que no siguen sólo sometidos a las leyes del tiempo terrestre”: El hombre urbano está encerrado en su propio egoísmo, en sus problemas, en sus propias necesidades inmediatas. Y, con esto, hago una descripción de la vida cotidiana. Tendencias culturales, se trata de tendencias culturales, aclara una y otra vez Ierardo. Y sigue en su tendencia.
La supervivencia es cada vez más dura. Es comprensible. Pero también la cultura moderna hace que el hombre esté encerrado en la ciudad, aunque vaya de vacaciones a la naturaleza. En la cultura urbana, el acceso del hombrea la vida siempre está mediatizado por nuestro acceso a la tecnología, por las comunicaciones, por internet.
En su discurrir los tiempos que nos corren, Ierardo -siempre con su libro de China expectante al lado de la taza de café- reflexiona sobre la relación entre el hombre y la naturaleza. Su pensar va a saltos en el espacio, de acá para allá, como si el territorio tuviera la extensión de un mapa o la simpleza de una rayuela sobre la vereda de un barrio: En comparación con aquella que las culturas antiguas tenían, hoy el hombre está encerrado y, por lo tanto, no tiene sensibilidad para algo más grande, que es el planeta, el universo, los procesos naturales. El hombre antiguo, el del mito, perseguía las cosas (el cielo, la tierra, el agua), como naturaleza cargada de vida. Iba más allá de un lugar de descanso. Claro…, siempre hay lugar para las excepciones. Por lo tanto, lo sagrado se vincula con ese viaje que el hombre moderno puede hacer por los libros, por su propia experiencia con la naturaleza, al explorar el bosque o el mar o visitar pueblos. De ese modo puede rehacer su enseñanza, distinta a la que hemos recibió por un primera educación.

 

EL HOMBRE EN LA LUNA

Lou Beach
Lou Beach

Me sigue llamando la atención ese término chino, al astronauta, que se vincula- una y otra vez- en el imaginario, con la luna y con sus supuestos habitantes. Resulta, por arte de la cualidad de su viaje, que este Teseo moderno también da un salto hacia el gran satélite a la hora de hablar de los poetas antiguos: Yo creo que aun un poeta urbano tiene un anhelo de nostalgia de la poesía perdida, la poesía de las culturas antiguas. Esos poemas en los cuales, por ejemplo, cuando digo “luna”, me estoy uniendo con la luna, con toda su fuerza. La poesía como forma de celebración de la vida más grande de las cosas y de unión con la naturaleza, con el universo.
Pero, a no desesperar, como ya lo dijo Teseo, siempre habrá un espacio para lo sagrado en el mundo de la urbe, en cualquier espacio. Así, reafirma: El poeta, aun urbano, inconscientemente vive la nostalgia de esa poesía como forma de celebración y encuentro con la naturaleza, con los secretos de la vida, con los secretos de la muerte, con una idea más trascendente, en su expresión más pura. Creo que aun la poesía del poeta urbano tiene anhelo, sed, nostalgia inconsciente de ese encuentro por la palabra con una dimensión más grande de la realidad. Borges hablaba todo el tiempo de eso, de que el poeta moderno está buscando volver a esa potencia perdida de las palabras, donde ellas no son simplemente para comunicar, sino que constituyen una forma de reencuentro con una espiritualidad y una unión con las cosas más grandes de la vida.
Parece ser, entonces, que los recursos de la poesía- como las metáforas- son la manera de unir elementos aparentemente dispares. El hombre está en la luna y a la vez en el bar. Y eso es maravilloso.

 

UN FLÂNEUR EN BUENOS AIRES

“Por el viejo suburbio donde en chabolas cuelgan/las persianas, abrigo de secretas lujurias/ cuando el sol cruel golpea con redoblados tiros /sobre el campo y ciudad, tejados y trigales/ en mi esgrima fantástica voy solo a ejercitarme/ oliendo en los rincones el azar de la rima/ tropezando en palabras como en el pavimento/ chocándome con versos largamente soñados”****.

Lou Beach
Lou Beach

El fragmento pertenece a un pasaje de “Las flores del mal”, de Charles Baudelaire, él mismo un “flâneur”, un paseante solitario, el mirón de la ciudad moderna. El recorrido del flâneur no coincide con el del resto de la multitud. Lo que para el transeúnte es un camino predeterminado, para el flâneur es un laberinto que cambia de forma con cada paso, o con cada golpe de vista: Baudelaire fue testigo de los grandes cambios arquitectónicos de París, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando París deja de ser una ciudad con restos medievales- con sus calles breves- para convertirse en la ciudad moderna de los bulevares, de las calles amplias. Esa transformación edilicia fue de la mano de un aumento de la población y así se transformó en una típica sociedad de masas: velocidad y vértigo. Pero Baudelaire, como era poeta, estaba en la transición: él había conocido la otra París, la más tranquila. Y, de alguna forma, quería preservar la ciudad para que no se convirtiera en algo híper ordenado y fácilmente consumible, como una mercancía. Quería que el caminar por la ciudad pudiera ser una experiencia de encuentro con lo desconocido y con lo inesperado; que, por ejemplo, doblar en una esquina te pudiera seguir deparando la experiencia sencilla de deslumbrarte por algo nuevo en el paisaje urbano. Es decir, la ciudad- al nivel material de la visión de las calles- es una suerte de sorpresa. La cuestión está en alimentar una actitud espiritual abierta a lo desconocido. En la rutina, no hay lugar para el descubrimiento de lo distinto, para una expansión del conocimiento de la sensibilidad. Bueno, a Baudelaire le preocupaban las dos cosas. Que la ciudad no se convirtiera en algo del conocimiento rutinario. ¿Cómo caminamos, generalmente, la ciudad? Para ir al trabajo, para ir al estudio, para descansar. “Para” algo, y en ese “para algo” repetimos trayectorias. Y, en esa repetición de trayectorias, no permitimos que la ciudad sea una fuente de lo desconocido. Eso hace que uno pueda vivir en una ciudad ochenta años y no la conozca, su vida ha sido la repetición de rutinas.

Ahora bien, ¿cuál es la posibilidad que permitiría salir de la mera repetición de los traslados en la ciudad, siempre orientados a algún fin? Se puede, dice el cosmonauta. Si bien, para Esteban, mucha gente sólo se vale de lo pragmático y de lo útil, también hay muchas otras sensibilidades en juego: en el encuentro entre amigos, en el encuentro amoroso, en el valor de la belleza: Claro, hay una sensibilidad dormida- o también puede ser una actitud consciente- y eso es lo que humildemente yo busco promover en estas caminatas: ser consciente de esa otra forma de caminar dentro de la propia ciudad: viajar y no trasladarse. Valorizar el ámbito privado, valorizar el trato con los vecinos. Uno busca promover un viaje intenso, donde pone a la percepción sin necesidad de hacer un viaje a miles de kilómetros de distancia. La idea es centrarse en lo cercano: Las fachadas de las casas, los grafitis, los espacios públicos no son simplemente lo que parecen ser, también pueden ocultar otros significados simbólicos y, en ese caso, hay que percibirlo como a una mezcla de lo que uno intuye y lo que uno lee de la historia de ese lugar. El estilo artístico de una fachada de una casa admite esa lectura paralela, donde se alimenta tu percepción invisible de un significado simbólico intangible. Es una percepción mediatizada por el estudio. Por ahí, después del estudio, te asombra algo que antes te resultaba indiferente.

Siempre hay posibilidad de convertirse en un flâneur en los términos en que Baudelaire y también Borges lo plantearon: Vos, nosotros, según nuestros intereses por alguna variedad artística- sólo a partir de viajar (y no trasladarse) dentro de Monserrat, por ejemplo- podemos encontrarnos con material para un poema, para un cuento, para un ensayo. Acá no hay un determinismo del tipo” si querés viajar, tenés que ir a Europa”. Estamos hablando de llegar a lugares cotidianos de otra manera, espacios que son estímulo, esos que no se agotan en significados evidentes.
Sin duda, la idea de los paseos busca el goce, en la esperanza de que el viaje intenso es posible mediante la construcción de actitudes que incluyan al paisaje urbano como a un paseante más, como a un igual a nosotros; uno que va con nosotros, mientras nosotros lo andamos. La cuestión está en no conformarse, sino construir sentidos y riquezas o trasfondos que están ahí, pero hay que buscarlos con una actitud activa.

 

EL HOMBRE GLORIOSO

Diane Arbus
Diane Arbus

(…) Y mientras dura mi incertidumbre /invito a la luna /a fulgurar en mis cabellos/con sus rayos de plata (…) En el poema de Ierardo “¿Dónde encontraré la gloria?”, el texto agrega:
(…) Dime, dime entonces: ¿dónde encontraré la gloria? / ¿Dónde, dónde me bañaré en sangre de dragones? (…) Tal vez, en su libro mágico -objeto expectante y testigo hasta el final de nuestra charla- se mencione algo sobre esos animales mitológicos y legendarios de la China. Repite, entre sus versos: ¿Dónde está la gloria?/ ¿Dónde podré encontrarla?/ Sólo en los libros /de fatigada historia / hallo las batallas / donde defender la honra (…).
Sucede que el viajero explorador y la gloria viven una relación peculiar: Pero en el explorador no sólo late la expansión. También puede ser afectado por una retracción, por el yo que se vuelve sobre sí mismo en busca de afirmación y reconocimiento. El explorador puede ser víctima de la ilusión del ego triunfante. La tentación narcisista. A veces, la pasión por el viajar lejos y salir de sí, del propio país, de la propia historia, encubre el deseo de ser nombre aclamado. Así como el éxito, la esclavitud del éxito. ¿Y la gloria, entonces?: La gloria tiene un plus moral, es como un deseo de realizarse aportando algo valioso, en sí mismo, para la humanidad; mientras que el éxito es como una hazaña para apropiármela en términos de fortalecimiento de mi ego, del aplauso y del narcisismo personal. Un poco ahí está la diferencia entre la gloria – una idea generosa- y el éxito, el deseo de ser alabado.

La tacita de café-vacía hace rato- junto al paso de las agujas del reloj nos daban indicios distintos de cómo había transcurrido el tiempo, por lo menos, por dos vías. Fieles compañeros, Esteban y su gran libro, se despedían del encuentro. El mamotreto en sus manos, el testigo de una conversación incentivadora y amena. Los astronautas y los dragones se presentaron entre nosotros, para instalar una súper potencia de palabras, dentro de la urgencia y el apuro de la ciudad, una esperanza a lo desconocido.

Ierardo se iba lentamente del bar moderno de nombre desconocido. Continuaba su viaje, en dirección a la vereda de enfrente, donde se encontraba ese otro bar, “Los molinos”, como los que bien saben girar alrededor de un punto, como los viajes intensos, de esos que tanto nos apasionan.

*Teseo y el Minotauro
Al llegar a Creta, la princesa Ariadna se enamoró de él y propuso a Teseo ayudarlo a derrotar al Minotauro, a cambio de que se la llevara con él de vuelta a Atenas y la convirtiera en su esposa. Teseo aceptó.
La ayuda de Ariadna consistió en dar a Teseo un ovillo de hilo que este ató por uno de los extremos a la puerta del laberinto. Otra versión indica que la ayuda de Ariadna consistió en una corona que emitía un resplandor y que le había dado Dioniso, como regalo de boda; o bien que podría ser la misma corona que le había regalado Anfítrite durante el viaje a Creta.
Así, Teseo entró en el laberinto hasta encontrarse con el Minotauro, al que dio muerte a puñetazos. A continuación, recogió el hilo y así pudo salir del laberinto. De inmediato y acompañado por el resto de atenienses y por Ariadna, embarcó de vuelta a Atenas, tras hundir los barcos cretenses para impedir una posible persecución.

 

**El término “arte encontrado” –más comúnmente “objeto encontrado” (en francés objettrouvé; en inglés, found art o ready-made)– describe el arte realizado mediante el uso de objetos que normalmente no se consideran artísticos. Estos objetos, sin ocultar su origen no artístico, son modificados y resignificados. Así constituyen lo que se llama un “readymade”.Marcel Duchamp fue su creador, a principios del siglo XX.

 


***Fragmento de “Los autonautas de la cosmopista”, de Julio Cortázar.


****Fragmento de “Las flores del mal”, de Charles Baudelaire.




PAÍS DEL MONTE

Viaje alrededor de un punto: conversación con Edgar Morisoli

Por Josefina Bravo y Patricia Bailoff.

Entrevista por: Patricia Bailoff y Josefina Bravo
Desgrabación y edición: Josefina Bravo
Fotografías: Patricia Bailoff y Josefina Bravo

“¿Se trata de una tierra solitaria? ¿Se trata de una tierra de solitarios?- Cortemos por lo sano:
aquí el diario vivir sabe a denuedo
para los más,
y el espacio alucina con incontables leguas de aparente silencio.”

Viaje alrededor de un punto, movimiento quieto o que aparenta ser quieto por su apenas visible movilidad. Lenta, pero intensa. Como el leve temblor de las hojas de un árbol que –desde lejos- parece inmutable frente a la brisa de verano.
Desde la huella del camino, se ve una colina y, sobre ella, un árbol solo.
Así, desde lejos, hay un árbol quieto frente a la brisa de verano. Pero si nos acercamos a la robustez de su sombra, podemos observar cómo tiembla cada una de sus hojitas. Y ese leve temblor, apenas visible de cerca -que aparenta no ser y no contribuir a nada- produce el sonido en la brisa de verano.
Desde lejos, escuchamos la brisa y vemos un árbol quieto. Desde cerca, el movimiento imperceptible –el movimiento quieto- de las hojas, tienen un sentido: la música del viento.
Por esos rumbos anduvo la conversación con Morisoli, charla enredada a una trama, de la que no era posible encontrar principio o fin. Lo único palpable y cierto fue la trama en sí, esos hilos enredados que, al centro, se apretujaban en un nudo cerrado. Y, ese centro,-desde lejos- también parecía un punto.

TODA COMARCA ES UNIVERSO

comarca
Grabado de Dini Calderón, “Toda comarca es universo…”

comarca

 

A esa cita la ilustró muy lindo “Dini Calderón”. “Un guanaco de plata entra en la noche”. Ahí queda resuelta para mí, toda la cháchara esa del regionalismo, el nacionalismo. Todo eso que se ha escrito tanto y se ha escrito tanto inútilmente, estee… Yo lo resuelvo con esa frase: “Toda comarca es universo”. Ahí se acabó la discusión sobre lo regional, lo no regional. Lo que interesa es lo auténtico. Y, en la medida en que sea auténtico, va a ser universal.

¿Y cuál es la relación entre lo micro y lo macro?

Bueno, en la misma expresión anterior está la respuesta. Cuando se está mirando lo micro, se está mirando simultáneamente lo macro, porque es una parte. Todo es una gran trama, ¿no es cierto? La trama del universo, la trama de la vida. De modo que no hay un elemento aislado, por más aislado que pueda parecer. Porque a veces impresiona como tal. Culturas que se han mantenido, un poco insulares, sin contacto, cuando uno las profundiza y llega a la sustancia de esa cultura, se da cuenta de que son valores universales. Es un poco, un tema -no sé si te saco de tus pautas- que yo he tratado de explicar a través de dos conceptos: el de “tema” y el de “motivo” (chupa un mate). Yo creo que los temas del poeta, los temas de la poesía, son muchos, pueden llegar a ser muchísimos, pero no son infinitos. Y cada creador tiene un ramillete de temas, un manojo de temas, sus obsesiones o sus pasiones o sus sueños o sus nostalgias, a los que siempre vuelve. Pero vuelve con otro abordaje. Esa diferencia de abordaje es el motivo. Los motivos, sí, seguramente van a ser infinitos. Pero los temas, no. Yo me he dado cuenta, incluso -ahora que estoy un poco en una etapa de balance- en mi propia escritura. Buscando dos poemas muy distantes: uno de “Solar del Viento”, mi segundo libro, que se llama “Fábula de Villagra”; y otro, de un libro mucho más reciente, “Última rosa, última trinchera”, que se llama “Viaje del encomendero”. Aparentemente, son dos cosas muy distintas. Una ubicada acá en La Pampa, en la segunda mitad del siglo XVIII, que es el viaje -mitad histórico y mitad legendario- de Pedro de Villagra a la sierra de Lihuel Calel. Y el otro, ubicado en la Patagonia Sur. Sin embargo, aunque el motivo sea distinto, los personajes sean distintos y el ámbito no sea el mismo, el tema -en el fondo- no es Villagra ni es Simón de Alcazaba. El tema es la tragedia de la ambición humana, abordada desde distintos episodios.
Por eso digo, los temas para cada poeta no son infinitos, aunque puedan ser muchos. Desde un arranque impensado, con un abordaje diferente, se está -en realidad- orbitando en torno a un tema. Y esos temas son el núcleo –ya te dije- de pasiones o de obsesiones o de sueños o de quimeras incluso, de cada creador. Y esos temas, ¿qué son? Son los temas universales del corazón humano, no hay otros, los temas profundos de cada creador.

YA SON MIS HUESOS ESTAS BARDAS

Se puede ver en su poesía la visión panteísta. Eso que decía: la gran trama, lo micro, lo macro; que somos parte de algo mucho más grande y por eso hay que respetar todo, para también respetarnos.

Exacto. Esa es mi forma de sentir. Y, a partir de ese sentir, mi forma de pensar. Porque hay dos caminos y uno recorre los dos. Del pensamiento al sentimiento o viceversa, ¿eh? Hay cosas que primero se sienten y después se conceptúan o se razonan.

Y así es el poema, ¿no? Uno, cuando escribe, todavía no sabe bien de qué viene la cosa…

(Edgar se ríe) Mirá, parece que hubieras estado leyendo algo sumamente nuevo. Te voy a leer tres líneas, porque lo acabás de decir vos misma (risas). Es increíble. Este es un libro inédito que se llama “Quinto Cuadrante / Papeles del trovero”. “Cuando surge un poema, nadie sabe y, menos el poeta, a dónde se dirigen esos pasos errantes de la emoción, a dónde se remontan esas alas intrépidas, a qué expiación de la conciencia rinden su tributo de canto”.

Usted también habla de una conciencia enterrada. ¿Le parece que es parte de eso? Esto de cómo surge en uno el primer sentimiento, eso que lo lleva a escribir…

Esa conciencia enterrada es no solamente la de uno, la de quien escribe. Hay una conciencia enterrada de pueblos, de comunidades y, acá, en La Pampa, este… eso hace, sobre todo, al pasado indígena, que está tan vivo porque los paisanos andan entre nosotros. Constituyen casi un 25% de la población, entre los que tienen asumida su condición indígena y los que no se animan a asumirla. Pero esa es una presencia cotidiana y más, en las áreas de la provincia que son -un poco- la tierra del corazón para mí. Es decir, el oeste y el sur. Ahí hay una conciencia enterrada, que aflora en -los que yo llamo- mis maestros paisanos, que me enseñaron tanto. Maestros iletrados, de los cuales aprendí tanto como de los maestros letrados, ¿no es cierto? Pero aprendí distintas cosas. Lo que me enseñaron unos no me lo enseñaron los otros. Y, estee… por ambos uno va percibiendo esa conciencia enterrada, que no es solamente la individual, hay una conciencia enterrada de tipo social, comunitario.

Y eso se siente… cuando habla de estos maestros iletrados, ¿habla de la gente que pertenece a la tierra?

Ese es un poema que está dedicado a un hombre del este. Debe ser del último libro… (busca “Porfiada Luz”) “A un hombre del este”. Acá le dice el poema al hombre del este: “Hombre del este, si hasta aquí has llegado / con vocación de arraigo, bienvenido / seas. Ya que ni azar, ni ardid, ni algún embrollo / de notaría o bufete, sino un límpido empeño, / puso al fin en tus manos / esta legua olvidada. / En cambio, no podrías / hablar de pertenencia, / porque esta tierra pertenece a otros / que pertenecen a la tierra.” Eso es cierto.

tapa
Grabado de Dini Calderón, “Hojita de sombra e´toro…”

 

¿ORO NEGRO? -¡SI ES EL GUANO DEL DIABLO!

Leo otra cita: “Antes de antes, / el ser nacía del estar, la tarde / puestera fue un silente rumiar del tiempo, una sabiduría / de confines, y un sencillo existir.”

Bueno, ese es el gran contraste que se vive desde hace unos cuantos años, porque empezó hace medio siglo, pero se fue acentuando con una intensidad creciente y con una celeridad creciente. Es el drama que se vive en Colonia 25 de Mayo, entre el mundo pastoril y el mundo del petróleo. A eso alude ese poema del cual vos sacaste esa cita.
Yo conocí -cuando llegué a La Pampa en el 56- un 25 de Mayo pastoril y chacarero. En el valle estaban las chacras bajo riego y, arriba de la barda, en la planicie, en la meseta, estaba la actividad pastoril de los puestos. Excepto una persona, un español, don Daniel Martín, nadie vivía de la chacra. Todos tenían su principal sustento económico en la majada o en los animales que tenían arriba de la barda, en la planicie. La chacra era la huerta para la subsistencia, sombra, las alamedas que daban madera, porque el álamo tolera hasta cinco cortes sucesivos, vuelve a dar su fuste.

“El monte es volvedor”…

Sí… (Edgar sonríe). Bueno, esa era la vida de la gente. Excepto la de Don Daniel Martin, un español de Ávila, castellano, de Ávila de los caballeros. Él sí vivía de la chacra. Cuando precisaba carne, llenaba un carro con papas y zapallos y se iba a Puelén y lo traía cargado de chivitos. Los ponía en un corral y con eso iba comiendo la familia. Ese era el único chacarero propiamente dicho. No tenía hacienda, no tenía puesto, no tenía animales de crianza. Los demás tenían una economía mixta. Pero era una existencia modesta. Una existencia armónica, confortable, aunque modesta. No veías en ninguna vivienda algo que pudieras calificar de lujo, ¿no es cierto? Ni nada parecido. Había muy pocos vehículos, muy muy pocos vehículos. En cambio, ahora se ha generado un quiebre de la sociedad y dos mundos. Dos mundos completamente distintos y, en alguna medida, opuestos. Y, al estar opuestos, están en conflicto.
El peón raso en el petróleo, el peón raso, gana $18000 por mes, de bolsillo. Y, en el pueblo, está la maestra, la enfermera del hospital, el agente de policía, el empleado público de la Municipalidad, con otro nivel de ingresos completamente distinto. Eso ha traído un quiebre en la sociedad. Y esos dos sectores opuestos, están, en algunos aspectos, en un verdadero conflicto.

SI EL SUR EXISTE ESTÁ EN TU CANTO

Quería hablar un poco de la escritura, en relación a lo que veníamos hablando del poema. Le leo una cita de ese poema tan lindo del monte, en que se vuelve monte: “Desnudo, yazgo / sin memoria de mí”. “Perdido, solo, / y sin embargo en medio de radiantes presencias”.

Bueno, “Salmo bagual” fue el deslumbramiento de la realidad pampeana. Yo venía de otro paisaje, de otro mundo, muy distinto. De un pueblito agrario del sur de Santa Fe, el sector que se llama Pago de los Arroyos, ubicado entre el río Carcarañá y el arroyo del Medio, el límite con la provincia de Bs. As. Está sobre la línea férrea que une Rosario con Pergamino, Provincia de Bs. As. En ese trayecto, Rosario a Pergamino, cuando se trazó la línea, había un solo lugar poblado que se llamaba -se llama, porque existe aún- Carmen del Sauce. Era el pueblo hispano criollo pre-inmigratorio. Un pueblito muy viejo, esteee… Con todos los hechos, los elementos típicos de un pueblo de esa antigüedad: la casa de posta, ¿no es cierto? El mangrullo… Bueno, sin embargo, el ferrocarril, que obligadamente tenía que pasar por ahí -porque era el único lugar poblado entre Rosario y Pergamino- recibió una oferta de los dueños de los campos próximos: la familia Acebal. Ellos incluso costearon la mayor inversión de una curva muy grande. Y, a media legua -tan solo- de Carmen del Sauce, en medio del campo, apareció una estación. Una estación sola que llevaba el nombre de los dueños del campo: Acebal.
Ese fue el pueblo en que nací yo. Después, en torno a la estación -porque ahí se embarcaba el cereal, ahí llegaban todos los elementos- fue creciendo un pueblo nuevo. Y Carmen del Sauce quedó convertido casi en el suburbio pobre de Acebal. Todavía están separados por una lonja de campo.
Y Carmen del Sauce recobra vida un día al año: el día de la patrona, de la Virgen del Carmen; que congrega muchos fieles, hay mucha actividad, esteee… Esa es la historia de Acebal: un pueblo creado por el ferrocarril y por la inmigración. Bueno, yo venía de allí, donde todos los chacareros eran arrendatarios de la familia Acebal. Nadie era propietario. Las condiciones de arriendo eran bastante leoninas, bastante duras. Al principio, eran cuatro años de trigo, dejar alfalfado el campo y a la calle.
Se establecía una participación, pero apenas para vivir. Cuando los ponían en la calle, estaban otra vez, una mano atrás y otra adelante. Un senador radical, por Santa Fe, Ricardo Caballero, en el Congreso de la Nación, denunció esos contratos. Incluso, en algunos de ellos, le asignaban al arrendatario el carácter jurídico de transeúnte. Ni siquiera ocupante, transeúnte. A un transeúnte lo podés echar porque, ¿qué derecho tiene?¿No es cierto?
Y, con esa espada de Damocles, estaban -durante cuatro años- hasta dejar el quinto con la chacra alfalfada. Y, entonces, a los Acebal les iba quedando gratis el campo alfalfado, para avanzar con hacienda.
Y, de aquella realidad chacarera, de pueblo chico, llegué acá y me encontré con el monte, con el río, con la actividad pastoril, con grandes extensiones donde había una familia o, a lo sumo, un puestero, a cargo de una legua de campo que era lo habitual. O sea, 2.500 hectáreas. Allá, en las chacras, no se usaba la hectárea sino la cuadra, esa era la unidad de medida, la cuadra cuadrada. Las chacras eran de treinta cuadras, cuarenta. Había alguna chacra grande, que tenía cincuenta cuadras, ¿no es cierto? Que eran poco más de cincuenta hectáreas, serían sesenta. Así que, ver un hombre a cargo de 2.500 hectáreas de monte era otra realidad completamente distinta. Y el monte y el río (casi susurra). Esteee… todo eso fue un impacto muy grande. Y, después, la gente, otra cultura…

Y antes de venir para acá, ¿escribía?

Sí, yo antes de venir para acá escribía muy mal, muy mal. Lo que yo escribía obedecía a la ley del espejo. Es decir, era el reflejo de mis lecturas. Y esas lecturas eran caóticas, para cualquier rumbo. En algún momento, me sobrevinieron grandes empachos, por no decir indigestiones. Grandes empachos -para usar un término bien doméstico- de literatura francesa simbolista: Mallarmé, Valéry… Esteeee… (tose) Bueno, a lo mejor eso es natural. Yo –incluso- llegué a publicar algo de eso, en publicaciones que he dejado fuera de mi obra. Mi obra empieza con “Salmo bagual”. Entre “Cuatro cantatas” –así se llamaba aquella publicación- y “Salmo bagual”, hay diez años. Pero, en esos diez años, ocurrió en mi vida un acontecimiento decisivo. Decisivo en lo personal, en lo espiritual, en lo literario, en todos los aspectos; que fue mi encuentro con Margarita Monges. Ese encuentro se produjo, aproximadamente, en el año 1948. Margarita fue mi profesora de inglés. Yo me enamoré perdidamente de mi profesora de inglés.

UNA TUPIDA TRAMA -COMO EL PUYO- ME DEFIENDE, Y ESA TRAMA ES DE AMOR

Con las exigencias de la universidad, se me hacía muy difícil estudiar inglés en un instituto. De modo que pensé en la posibilidad de una profesora particular, lo cual me iba a ofrecer cierta flexibilidad. Si un día no podía ir porque tenía un “parcial”, en el instituto no podía pedir que me corrieran la clase. Entonces, donde yo estudiaba inglés, que era la Cultural Inglesa de Rosario, averigüé si había alguna profesora que recibiera alumnos particulares. Y me indicaron a Margarita. (Tose) Bueno, le hablé a ver si quería tomar un alumno particular, comenzamos las clases de inglés, hasta que, bueno, las cosas tomaron otro rumbo muy distinto, ¿no es cierto?
Llegó un día en el que Don Juan Silvano Monges, mi suegro, un paisano, apareció con el servicio de mate y, con esa franqueza propia del hombre de campo, me dijo: “Edgar, ¿si dejamos las clases de inglés?” (risas de todos). “Porque –dice- evidentemente ya ustedes están en otra cosa” (risas). Y así fue, de una forma muy sencilla y muy linda…. Yo los quise mucho a ambos, a los padres de Margarita.
La conocí entre el 48 y el 49 y nos casamos en el 52. Vivimos 60 años juntos. Esteeee… Margarita tenía una enorme cultura poética (tose). Era profesora de lenguas vivas. Y, aunque especialmente se dedicaba al inglés, también manejaba el francés y el portugués de Brasil. Y, sobre todo, además de la cultura, tenía un instinto muy agudo, muy fino, para distinguir lo auténtico.
Entonces, de ella aprendí una sola lección, pero la mayor de las lecciones. Que, más que en escribir, en la etapa en que yo estaba, era en descubrir mi propia voz. Que una vez que yo descubriera mi propia voz, al margen de que el texto producido fuera malo, regular o bueno, eso no interesaba, ese era el camino. Porque si iba a llegar a algo, iba a llegar por ese camino, el de la propia voz, no por el otro que era la ley del espejo.
Bueno, ese encuentro con Margarita y nuestro casamiento posterior fue un acontecimiento decisivo en mi vida y en mi poesía. Y es el que marca esos diez años de silencio anteriores a “Salmo bagual”. Ya en “Salmo bagual”, al margen de su valor o desvalor, la voz es la mía. Y eso es para mí lo importante.
Ese cambio es fundamental. El encuentro con ella y con su sabiduría literaria. Ella manejaba a los grandes autores de la lengua inglesa con una vivencia interior propia, ajena al discurso académico. Incluso, con ella -después- descubrimos facetas inesperadas de algunos poetas.
Por ejemplo, alguna faceta del Whitman, que en general se ignora o, por lo menos, no se hace mucho hincapié. El Whitman que en general nos transmiten es el de “Song of myself”, “El canto a mí mismo”. Es decir, una exaltación del individuo, una exaltación del pionero, de la figura del pionero, del “American dream”, o sea, el sueño americano. Y resulta que hay otro Whitman, que yo lo descubrí con ella. Uno de los críticos más acerbos de los aspectos oscuros de la vida norteamericana. Tiene un libro que se llama “Democratic vistas”, o sea, “Perspectivas democráticas”, en castellano, muy poco conocido acá. Bueno, con ella fuimos así, descubriendo cosas juntos. Y, bueno, fue hermoso.

Y escribiendo juntos…

Y escribiendo juntos. Aunque Margarita mantuvo siempre la identidad de su voz, absolutamente autónoma con respecto a lo que escribo yo. Absolutamente autónoma. Yo, a lo mejor, te estoy robando tiempo con mis digresiones. Yo soy un poco el rey de la digresión. Esteee… Cuando vimos que los dos escribíamos y los dos escribíamos poesía, yo tuve presente un caso: el de Libertad Demitrópulos.
Libertad Demitrópulos, que ahora es más conocida como novelista, ¿no es cierto? “Río de las concojas”, “La flor de hierro”, etc. Libertad Demitrópulos es una gran poeta. Cuando ella era jovencita y vivía todavía en Jujuy, en un ingenio que se llama Ledesma, publicó un libro maravilloso que se llama “Muerte, animal y perfume”. Pero después se puso de novia con otro gran poeta: Joaquín Giannuzzi. Y, cuando se puso de novia con Joaquín Giannuzzi, no sé si por separar las aguas o cómo, dejó de escribir poesía. Le dejó el reino de la poesía a Giannuzzi. Él también escribió un poema cuando la conoció a ella y lo llevó para conocer la familia. Escribió un gran poema que se llama “Ledesma”. Es la impresión de un porteño que llega a Ledesma, el paisaje que para ella era su ámbito natural. De modo que es muy distinto el Ledesma de Joaquín Giannuzzi, que el Ledesma de “Muerte, animal y perfume”. Pero ella alguna vez lo dijo, no quiso invadir el terreno de la poesía, dejárselo a Joaquín. Y yo temía ese conflicto con Margarita, pero no, ella siguió su camino, fiel a su voz. Ella que me había enseñado el secreto de la voz propia, siempre siguió fiel a su voz propia. Publicó cinco libros en vida, dos de poesía, dos de narrativa y uno mixto, que tiene poesía y narrativa. Pero es otra voz, otro mundo.

Otros temas…

Son otros temas. Yo me alegro de que haya sucedido así, ¿no? De que nadie haya interferido.

OFICIO DE PALABRA ESTREMECIDA

Cada uno tiene sus horarios en que viene el poema o en que puede llegar a venir, además del trabajo, ¿cómo se coordinaban eso?

Bueno, (tose) ninguno de los dos nació en cuna de oro, o sea que, desde muy chicos, trabajamos. Yo empecé a trabajar a los 14 años, casi un niño (tose). Trabajé toda mi vida, hasta que me jubilé en el año 1992. Margarita, igual. Ella hizo el magisterio en un colegio religioso, el María Auxiliadora. Salió de allí y, bueno, había dos alternativas: ponerse a buscar trabajo de maestra -empezar a trabajar- o la posibilidad de hacer un estudio superior. Pero para eso la familia no tenía recursos. Entonces, se presentó a una beca de la carrera de Lenguas Vivas y la ganó. Y así pudo estudiar el Profesorado Superior de Lenguas Vivas. Bueno, así que, trabajábamos los dos.
Los horarios para escribir había que inventarlos. Había que inventarlos a costa del ocio, a costa del descanso, a costa de la pasión creadora, ¿no es cierto? De la vocación, que es realmente algo dominante, ¿no? Y así escribíamos, cada uno tenía sus momentitos, sus horarios. Ella tenía, por lo general, una elaboración silenciosa -muy larga- de los textos. A tal punto que, cuando empezaba a volcarlos, ya estaban casi listos. Yo, en cambio, los elaboraba a través de la escritura. A través de la propia escritura. Son dos características muy distintas.

¿Y sigue siendo así?

Bueno, mi tiempo de escritura ahora -con este problema de salud- ha cambiado mucho, es solamente la tarde. El 80% de ese tiempo de escritura lo hago a mano. Inicialmente, el texto nace a mano, manuscrito. Después, cuando ese manuscrito llega a un estado de ilegibilidad, me veo obligado a pasarlo. Trabajo con unas máquinas de escribir, que me acompañan desde hace mucho tiempo. A una de ellas, la Remington, está dedicado uno de mis libros. El libro que se llama “Última Rosa, última trinchera”. Allá está, la pueden visualizar.

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foto de Josefina Bravo

Esa es modelo 53. Me la enviaron de regalo mis padres a 25 de Mayo, en el año 1957. Mi padre la compró usada, pero con poco uso. Después, como la Remington no tiene nada de portátil -vamos a decirlo así- se me volvió muy pesada y Margarita me regaló esta Olivetti, que es realmente portátil. Porque, además, hay una diferencia fundamental: la Remington es de acero; la Olivetti es de aluminio. Son dos metales muy distintos, ¿no es cierto? El aluminio es mucho más liviano que el acero…

Nota asociada: DEDICATORIA

¿Todavía la usa?

Sí, sí, en este momento está a la espera de un arreglo porque se ha trabado el mecanismo que cambia el color de las cintas. Y, como yo uso bastante la alternancia de tipografía, la cursiva y otras cosas, necesito la cinta de dos colores.

¿Y a la computadora la usa, Edgar?

La uso a veces cuando un texto está definitivo. Ya ahí lo paso a la computadora. No soy un adicto a la computadora. Me es útil, me ha sido útil, sobre todo, en algunos temas de investigación. No la uso como medio de comunicación. Sigo prefiriendo el teléfono o la vía postal.

Así que el proceso de los poemas es: primero, escrito a mano; después, pasan por la máquina de escribir y, luego, van a la computadora.

Sí, en general, no soy yo el que pasa a computadora. En general, el que pasa en computadora es Cacho Evangelista, mi editor. En el próximo libro que va a salir este año: “Una vida no basta”, van a ir dos textos sueltos. Uno, como señalador, es un poema que me escribió mi nieto Juan Galo -que más que un poema, es casi un reportaje en verso-. Se llama “Cinco preguntas a un poeta”. Esto va a ir de señalador pero, además, va otro texto suelto que alude al proceso.

Ir y venir, Morisoli - Ir y Venir, Morisoli     

Esa es la historia de mis textos. Decenas, a veces muchas decenas de veces, van y vienen a lo largo de semanas, meses y años. A “El Mito en Armas” tardé cuatro años en elaborarlo. Durante cuatro años, desde el pasaje Pringles a calle Tulipanes, iban y venían los textos.

“Mirar de nuevo, / decir de nuevo con palabra cierta, / vívida por vivida, / transparente, / con la no usada luz que vio el poeta (…) Un desafío.”

“El aire se serena y viste de hermosura y luz no usada, Salinas cuando suena la música extremada por vuestra sabia mano, gobernada”. Esos versos son de Fray Luis de León a su amigo Salinas, que era un organista ciego. Ese poema es hermoso y esa imagen de Fray Luis: “La luz no usada” es maravillosa. “El aire… el aire se serena y viste de hermosura y luz no usada” cuando él toca la música. Y es la luz no usada que usa Fray Luis.

Cada uno -mirando un mismo paisaje- se va a sentir más convocado por algo…

No sólo cada uno, uno mismo a lo largo de la vida, de distintos momentos de la vida. Uno no es el mismo, ¿no es cierto? A los 25 años, cuando yo llegué al Colorado, que ahora, a los 85, sesenta años después. De modo que, el mismo paisaje, para mí es distinto, porque yo he cambiado. A parte de lo que haya podido cambiar el paisaje.

PALABRA DE HONOR, Y HONOR DE LA PALABRA POESÍA

¿Cuál es su relación con la poesía contemporánea? Con la vanguardia, la experimentación…

Bueno, en el país hay dos cánones. Yo soy reacio a todo canon, pero reconozco que hay dos. Un canon metropolitano, que se supone nacional, se auto-supone nacional. Y un canon de una poesía de la Argentina interior que, si no ha tenido acceso a una vía editorial porteña, no existe. De los pampeanos, ¿cuáles han trascendido? Los que tuvieron acceso a una vía editorial metropolitana: Horacio Armani, de Trenel; Juan Carlos Bustriazo Ortiz; Olga Orozco. Además, residieron en Buenos Aires. En el caso de Armani y Olga Orozco, residieron en el área metropolitana. Pero los demás, incluso muchos que publicaron también en Buenos Aires, son ignorados, como si ambos cánones fueran opuestos y, en realidad, deben ser sumados, para que la poesía argentina de toda su riqueza. La riqueza es la suma de los dos cánones, no son opuestos. Incluso, muchas veces, las más asombrosas anticipaciones se han dado en el interior.
Esteee… planteado eso con respecto a los cánones de la poesía argentina, he seguido la poesía universal, bastante. Primero, en las literaturas europeas, pero después en las literaturas del ex mundo colonial, que despertaron con tanta fuerza a partir de la crisis del colonialismo. En África, en Asia, en América Antillana, América del Caribe (tose). Esa poesía la he seguido mucho. Suponete, Aimé Césaire, el poeta de la Martinica, que escribe en francés. Pero también poetas africanos. Poetas de algunos estados insulares, como Madagascar. Yo me asomé a ellos a través de poesía oral recogida en esos lugares. Pero, después, yendo a las promociones más recientes, me encontré con la poesía escrita. Tienen, en general, la dificultad de que uno accede a través de la traducción. Y la traducción, para la poesía, no siempre es un puente que se atraviesa fácilmente. A veces, hay dificultades y, a veces, el puente se rompe. O, por lo menos, vacila.
Después, sigo la poesía de algunas provincias. Entre Ríos hace una poesía que me ha fascinado siempre, desde los clásicos poetas entrerrianos más conocidos: Juan L. Ortiz, Carlos Mastronardi, Alfredo Veiravé, Amaro Villanueva, Juan José Manauta. Hasta otros, mucho más nuevos, como Miguel Ángel Federik, de Villaguay -que te lo recomiendo- un extraordinario poeta.
Villaguay está allá arriba, casi donde nace el Gualeguay. Por eso, a veces, les he dicho yo en chiste a los entrerrianos, que el río Gualeguay es el meridiano poético de la provincia. Porque incluso Juan L. Ortiz, vivió una parte muy importante de su vida -la segunda infancia y la adolescencia- en Villaguay y hay un poema de él que se llama”Villaguay”, que comienza con esta pregunta: ”¿En dónde estará mi corazón al fin?”. Esteee… a él se lo identifica con Puerto Ruiz, que es el puerto de Gualeguay, y con Gualeguay. Pero se ve que esa etapa río arriba, ya en la selva de Montiel- que es donde está Villaguay- fue trascendente para él, no sólo importante. Porque ese poema repite dos o tres veces ese interrogante: “¿En dónde está mi corazón al fin?” Él no está seguro dónde está su corazón. Bueno… esa la sigo mucho.
También sigo a poetas cordobeses. Hugo Francisco Rivella, un salteño de Rosario de La Frontera, que vive en Córdoba hace muchos años. Antes pasaba por acá con mucha frecuencia, porque estaba de novio en Darregueira, provincia de Bs. As. Y, entonces, esto quedaba en el corredor, ¿no es cierto? Me visitaba a mí, después lo visitaba a Guillermo Herzel, en Guatraché. Y, de Guatraché, Darregueira está ahí nomás. Bueno, finalmente se casó con la novia de Darregueira, ahora viven en Córdoba. Es muy buen poeta, muy buen poeta. Hugo Francisco Rivella. Está cubierto de premios. Pero para mí los premios están… eh, bueno, tienen su importancia, pero en primer lugar está la obra. Porque podría no estar premiada, estar totalmente ignorada y su valor sería el mismo. Cuántos años estuvo totalmente ignorada la obra de Bustriazo, hasta que el grupo Alpataco le sacó su primer libro: “Las elegías de la piedra que canta”. Y todavía sigue inédita el 80% de su obra. Y eso no le quita valor. El valor está en la obra en sí. Bueno, no obstante, Rivella ha sido distinguido en España, en México, en Ecuador, en muchísimas partes. Es un buen poeta, muy buen poeta. Con menos premios, Frederik.

Bueno, lo último que voy a preguntar es qué le sugiere el tema de la revista: viaje alrededor de un punto o el movimiento quieto.

Ese punto quieto está en el recuerdo, está en la nostalgia. Hay un verso por allí en uno de esos libros que dice: “La nostalgia es la sombra de un amor”. Bueno, y ese es el punto quieto. Puede ser un lugar, puede ser un afecto, una persona, puede ser un momento, un momento en la vida de uno. Pero todos los itinerarios, vayan por donde vayan, cruzan en algún momento por ese punto. Cruzan y vuelven a cruzar por ese punto. Es un imán. Como diría Lezama Lima, “Fragmentos a su imán”. Hay un libro de Lezama Lima que se llama así. Es decir, todos los fragmentos de momentos vitales, de recuerdos, de intentos de expresión, como puede ser una escritura, esos fragmentos finalmente son convocados por un imán, por ese punto. Creo que el título del libro de Lezama Lima es la mejor definición: “Fragmentos a su imán”. Como una orden, ¿no es cierto? Dada a los fragmentos: fragmentos, vayan a su imán.

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foto de Josefina Bravo

QUIERO RETRUCO: DE VUELTA AL PUNTO

Unos días después de la entrevista, Patricia me pasó un recado de Edgar.

Decile a Josefina, con respecto a la pregunta del punto que, en mi libro “Tabla del náufrago”, en el poema “Cuaderno de bitácora”, en la página 115, hay un verso que expresa lo siguiente: “Todos los derroteros en algún punto / pasan por el ojo de aguja / del corazón.”

Nota: el título y los subtítulos de la entrevista (menos el último) corresponden a citas de los libros de Morisoli.




ZIG ZAG

Viaje alrededor de un punto:  Viaje alrededor de mi cuarto, de De Maistre a Borges.

Por Lourdes Landeira

Laberintos IV.   Aguafuerte
Mabel Rubli, “Laberintos IV”. Aguafuerte, aguatinta y acuarela

 

He visto, como el griego, las urbes de los hombres,

los trabajos, los días de varia luz, el hambre;

no corrijo los hechos, no falseo los nombres,

pero el voyage  que narro, es … autour de ma chambre.

 

La estrofa pertenece al poema “La Tierra” y su autor es el Carlos Argentino Daneri,  en “El Aleph”, de Jorge Luis Borges.  Allí el Borges narrador la elige, a pesar de considerarla tan mala como a otras de las muchas escritas por el primo hermano de Beatriz Viterbo, la muerta a cuya memoria se había consagrado. Sobre el último verso, dice el cuento: “el cuarto, francamente bilingüe, me asegura el apoyo incondicional de todo espíritu sensible a los desenfadados envites de la facecia”.

 

El viaje alrededor de mi cuarto, (voyage autour de ma chambre) escrito en 1794, por Xavier  de Maistre, es la facecia.  Se trata de un viaje sin más objeto que el de reparar en lo cotidiano,  descubrir el mundo, no con grandes epopeyas ni expediciones, sino con una mirada nueva sobre lo más cercano. De Maistre lo concibió durante los cuarenta y dos días de arresto domiciliario que sufrió en la primavera de 1790.

 

“Mi habitación está situada a cuarenta y cinco grados de latitud, según las medidas del padre Beccaria; su dirección es de levante a poniente, formando un largo cuadrado de treinta y seis pies de lado, que roza la muralla. Mi viaje contendrá sin embargo más; pues la atravesaré a menudo a lo largo y ancho, o bien en diagonal, sin seguir ni regla ni método alguno. Incluso haré zigzags  recorreré todas las líneas posibles en geometría si la necesidad así lo exige.”

 

Difícil saber cuántas de esas líneas serían posibles y necesarias, más difícil aun, intentar enumerarlas. Si bien ya la matemática se ocupó de demostrarlo: no todo lo que parece es. Y así se supo: los números infinitos tienen unas extrañas cualidades, entre ellas, la de que el todo no es necesariamente mayor que las partes. De esa manera, pensar el infinito sigue siendo complicado. Dónde situarse, adentro o afuera, de qué borde, hacia qué finitud. Pero la frontera hoy está demarcada por el viaje y en ella se coló la matemática. Por eso, para ir alojándonos, creo apropiado acercar al  matemático alemán David Hilbert (1862 – 1943), quien  ideó la paradoja del hotel más grande del mundo. Uno con infinitas habitaciones. Y para que la administración no se le complicara, puso como condición a sus infinitos huéspedes el estar dispuestos a mudarse de cuarto cada vez que se les requiriera. Así, cuando el hotel estaba completo y llegaba un nuevo invitado, sólo debía solicitar a todos los alojados  mudarse al número de habitación siguiente al que ocupaban en ese momento. De esa forma, la número uno siempre estaría disponible para el recién llegado.

 

Entonces, Borges vio el Aleph y supo que “el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito”.  Y escribió lo que vio en el “inconcebible universo” en finitas líneas precedidas de una advertencia.

 

“En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces, ninguno me asombró tanto como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré”.

 

Ese punto que todo lo contiene, ese núcleo de todas las partes no tiene circunferencia, no hay sucesión de puntos a su alrededor que lo bordeen.  Ya de Maistre se había confrontado con la cuestión de los límites durante su encierro forzado en su cuarto. Por eso, cuando lo liberaron de esa supuesta atadura escribió:

 

“Hoy es cuando ciertas personas, de que dependo, pretenden volverme a mi libertad, ¡como si me la hubiesen quitado! como si estuviese en su poder el arrebatármela un solo instante, e impedirme recorrer a mi albedrío el vasto espacio siempre abierto delante de mí. Ellos me han privado recorrer una ciudad, un punto; pero me han dejado el universo entero: la inmensidad y la eternidad están a mis órdenes. (…) ¿Es acaso para castigarme que se me había desterrado en mi cuarto?, ¿en esta comarca deliciosa, que encierra todos los bienes y todas las riquezas del mundo? Tanto valdría desterrar un ratón en un granero.”

 

Lejos de  un juego de encontrar las diferencias o las semejanzas, se impone pasar lista a las huellas de algunas de las afamadas obsesiones de Borges en el viaje de De Maistre. Hay un espacio creado, intervalos de siglos y de instantes; páginas impresas con letras, tinta fija sobre papel. Sin embargo, esa condición estanca no impide mover las palabras y formar textos nuevos, ir y venir de unos ojos a otros, de las manos que los pensaron y de su representación. Distancia tan cercana y abismal a la vez.

 

Ya dijo Borges que “la candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió” él notó, con dolor,  el cambio en los avisos de cigarrillos de las carteleras de Constitución. “Comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad”.

También de Maistre tiene un muerto entrañable en el viaje por su cuarto; no es una mujer, sino un amigo de cuya pérdida, dice, nunca se consolará, a pesar de que todo a su alrededor continúe andando.

Los árboles se cubren de hojas y entrelacen sus ramos; los pájaros cantan debajo de su ramaje; las moscas zumban entre las flores; todo respira el gozo y la vida en la estancia de la muerte”.

 

Seguramente, no es necesario abundar en citas para reconocer que si hablamos del doble, del laberinto, del espejo y del tiempo, tenemos que hablar de Borges y Borges tiene que hablar. Y sí, como es ya evidente a esta altura, también De Maistre dijo lo suyo en su viaje.

 

La habitación, a diferencia del sótano, ocupaba un lugar central de la casa y, además, tenía ventana al exterior. Sin embargo, a De Maistre no le interesó atravesarla ni considerar ese recorte al afuera. Por el contrario, eligió recorrer los cuadros  en las paredes para disertar sobre el mundo a través de sus pinturas. Su perspectiva está signada en su butaca o en su cama, “lecho que nos ve nacer y nos ve morir”; así, el desplazamiento entre épocas y lugares confluye en su mirada.

 

“Desde la expedición de los Argonautas hasta la asamblea de los Notables; desde el más hondo de los infiernos hasta la última estrella fija más allá de la vía láctea, hasta los confines del universo, hasta las puertas del caos, he ahí el vasto campo en que me paseo por lo largo y lo ancho, y todo con comodidad; porque el tiempo  no me falta más que el espacio”

 

Mientras la Beatriz de Borges era mujer y era niña y Carlos Argento podía ser, además, un loco: “basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados”, De Maistre confesó haber recibido “lecciones de filosofía y humanidad de su criado y de su perra” y elaboró su teoría del alma y de la bestia (“se percibe a simple vista que el hombre es doble”) hasta el punto de poner a conversar a sus dos criaturas heterogéneas.

 

“La agitación de la más noble parte mí mismo se comunicaba con la otra, y esta a su vez obraba poderosamente en mi alma. Había llegado enteramente a un estado difícil de describir, cuando en fin mi alma, sea por sagacidad, sea por casualidad, encontró la manera de librarse de las gasas que le sofocaban. Ignoro si halló una abertura, o si advirtió sencillamente levantarlas, lo que parece más natural; el hecho es que encontró la salida del laberinto.

 

            Pero, claro, ya lo sabemos por Borges; ni siquiera el Aleph es único: seguro hay o hubo otro y el del sótano de Daneri podría, incluso, haber sido falso. Ese en el que interminables ojos se buscaban en Borges – como si él hubiera sido un espejo – al tiempo en que  veía todos los espejos del planeta – sin reflejarse -. De Maistre, por su parte, luego de recorrer el mundo entre sus paredes, llegó al cuadro capaz de desmerecer, según sus palabras, aun a las obras inmortales de la Escuela de Italia; en él encontró a  “la naturaleza admirablemente copiada”. Hablaba, sí, de un espejo, como de una obra maestra,  aunque, agregó:

 

 “el amor propio introduce su prisma engañador entre nosotros y nuestra imagen y nos presenta una divinidad”

 

La distancia entre el 1790 – de uno – y el 1949 – del otro – podría pensarse como insalvable. Imposibles de acortar los kilómetros entre Buenos Aires y Saboya. O no. Quizás solo haga falta mirar desde algún cierto punto, acostados sobre el piso con la vista fija en el decimonono escalón del  sótano sin que la humildosa almohada se eleve ni siquiera un centímetro. ¿Acaso no sabemos ya lo relativo de nuestra mirada? Pero, claro, si tanto costó saber que la tierra no es el centro del universo y que los planetas no giran a su /nuestro  alrededor; si tanto trabajo dio abandonar el círculo perfecto para poder pensar la elipse, mucho más trabajoso – ¿o liberador? – debe ser pensar en infinitos universos paralelos coexistiéndonos.  O en este universo que se expande sin que lo percibamos, con galaxias (la nuestra – la via láctea – entre millones de otras) cada vez más lejos unas de otras. Que alguna vez estuvieron más cerca, ¿cuánto?  Todo, en ese minuto cero en el que comienza el tiempo, en ese minuto cero en el que concluirá. Mientras tanto, seguimos reinando en absoluta minoría frente a insectos y bacterias, sin decirlo en voz muy alta, para que las puertas de los cielos no se abran para expulsarnos como a Satanás.

 

Cuando las espaciosas y triples puertas de los infiernos se abrieron de repente delante de él de par a par, y la profunda hoya de la nada y de la noche pereció a sus pies con todo su horror, recorrió con ojo intrépido el sombrío imperio del caos; y sin vacilar, extendiendo sus vastas alas, que hubieran podido cubrir un ejército entero, se precipitó en el abismo.” (Xavier De Maistre)

 

(Jorge Luis Borges) “… vi la circulación de mi sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi el Aleph en la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.”

Lab y entrepuertas XIII web (2)
Carolina Diéguez,”Laberintos y entrepuertas XIII”. Fotograbado

Nota RelacionadaJOYA (alguna vez, taxi)

 

big bang

 




CARTOGRAFÍAS DE LA NADA

Viaje alrededor de un punto: Sobre la instalación y el libro de artista, “Buenos Aires Tour”

Por Carolina Diéguez

 BUSCANDO A WALLY

Una tarde gris de calor sofocante. Buenos Aires, Casa de la cultura de Buenos Aires.  Sin oficina propia, terminé mi trabajo  en un espacio prestado y lleno de gente. Alguien me dijo:

– Andá a dar una vuelta.

Bajé los tres pisos que me separaban del subsuelo. Me dispuse a recorrer la última muestra allí montada. De todo el recorrido, sólo recuerdo una maravillosa obra para perderse y abstraerse del tiempo: “Buenos Aires Tour.”

La obra fue realizada por Jorge Macchi (artista visual) en colaboración con María Negroni (textos) y Edgardo Rudnitzky (sonidos).

01 - Buenos Aires Tour - Instalacion - Dimesiones variables vista gral.2003
01 – Buenos Aires Tour – Jorge Macchi. En Colaboración con Edgardo Rudnitzky (sonidos) y María Negroni (textos). Instalación – dimensiones variables. Vista gral. 2 de la exposición en la Galería Distrito 4, Madrid, España, 2003

 

“Buenos Aires tour” consta de 8 itinerarios que reproducen la trama de un vidrio roto sobre el plano de la ciudad de Buenos Aires. La rotura del vidrio estructuró el viaje. A lo largo de esas 8 líneas o recorridos por la ciudad, se eligieron “x” puntos de interés sobre los que la “guía” proporciona información escrita, fotográfica y sonora. Los 46 puntos elegidos dentro de esos itinerarios coinciden con cruces de calles y avenidas importantes.

02 - Buenos Aires Tour - Instalacion 2003 - Cruces y encuentros 02
02 – Buenos Aires Tour – Jorge Macchi. En Colaboración con Edgardo Rudnitzky (sonidos) y María Negroni (textos). Instalación – dimensiones variables. Vista de algunos de lso “46 puntos” del tour que coinciden con cruces de calles y avenidas importantes, en la Galería Distrito 4, Madrid, España, 2003

 

PUNTOS “X” DEL TOUR

La obra es simultáneamente libro – objeto e instalación. En la sala hay:

  1. Un gran mapa desplegado sobre la mesa;
  2. Un libro que contiene la “guía” donde se desarrollan los “x” puntos del Tour, a través de los textos de María N. y las imágenes de Jorge M.
  3. “el mapa” con los itinerarios;
  4. Un CD-ROM con los materiales encontrados y con los elaborados para la guía permiten establecer links o conexiones entre diferentes puntos, a través de imágenes repetidas en la ciudad.

También hay una serie de “postales” de fotografías, “postales” reproducciones de objetos hallados por ahí: una plancha de estampillas y la copia facsimilar de un cuaderno encontrado. Aunque, seguro, me estoy olvidando de algo; es parte del movimiento de esta obra: lo perdido que hace hueco en la mirada.
La obra fue realizada en 2003 y expuesta en diversas salas y museos, con  modos y dimensiones diferentes, de acuerdo al espacio.

BELLAS E INÚTILES

El libro tiene la forma de una guía turística. Junto a los demás objetos, estaba expuesto en una mesa vitrina. Detrás, una pantalla; al costado, un mousse y unos auriculares; en algún punto, un proyector; sobre la pantalla: un mapa y 8 itinerarios. El espectador – participante debía tomar el mousse y elegir la ruta. Desde allí, quieto frente a la pantalla, elegía el recorrido. Lo andaba y desandaba a su gusto y sin moverse… Bellas cartografías inútiles para recorrer y repetir recorridos que jamás serán iguales.
Durante un mes visité la muestra varias veces a la semana; quietita y absorta frente a la pantalla, elegí un tour diferente en cada caso y, por supuesto, los repetí. Aun así, cada recorrido fue siempre diferente.

03 - Buenos Aires Tour - Instalacion 2003 - Mapa 02
03 – Buenos Aires Tour – Jorge Macchi. En Colaboración con Edgardo Rudnitzky (sonidos) y María Negroni (textos). Instalación. Vista de una mapa expuesto en la Galería Distrito 4, Madrid, España, 2003

 

LEER-OÍR-MIRAR

Las imágenes, los sonidos y textos del tour  permiten conectar los puntos y seguir los itinerarios propuestos o saltar de uno a otro y vagar sin más pretensión; abandonarse a un sonido, a una frase o al recuerdo suscitado por alguna imagen.

Para transitar de este modo, el desplazamiento puede quedar de lado. No es necesario tomar un avión o un micro, no es necesario dejar la silla del escritorio, pero sí hace falta alguna forma de movimiento.  La transformación exigida toca puntos que se vinculan directamente con el corazón de la poética de Negroni. “Escribir es un riesgo (…) el viajero busca signos como quien busca su figura en la figura de la ausencia…

La falta, el fragmento, la falla, la ausencia; reivindicados, resignificados como posibilidad y no como defecto: “la cicatriz puede ser todo el cielo[1]“toda despedida es promesa/ así el confín que dice nunca / y es el comienzo…[2]

04 - Buenos Aires Tour - Instalacion 2003 - Negroni Syllable.pg
04 – Buenos Aires Tour – Jorge Macchi. En Colaboración con Edgardo Rudnitzky (sonidos) y María Negroni (textos). Instalación. Vista del cuaderno encontrado en uno de los puntos del tour junto a un fragmento de María Negroni, Galería Distrito 4, Madrid, España, 2003

Pero acá laten dos corazones. El de la poética de Macchi  está hecho con vidrio. Un corazón de vidrio y a pedazos. Una poética de la transparencia, de la fragilidad. ¿Por qué tanta cosa rota? Un gesto duchampiano sobrevuela el lugar. Romper como imperativo –primer imperativo– para no caer en el hastío. La plenitud puede ser una meta; pero, ¿y después? La carencia siempre tiene después. Lo bueno de no llegar es lo bueno del vidrio roto: incompleto, transparente, posible, diferido hacia tantos horizontes como el tiempo de la vida dé. ¿Cuál es el tiempo de una rotura? No el del romperse, sino el tiempo de algo roto, ya roto. Un tiempo que dibuja lo que no está, lo que estuvo, lo que podría estar de ahora en más. Una forma de lo que nunca jamás no. Un tiempo de la falta que ostenta su potencia.

“Tanto para la recolección del material como para la posterior elaboración (…) [Macchi propuso] una serie de pautas: no informar, no ilustrar, poner el énfasis en lo provisorio. Así la guía se torna un objeto absolutamente “inútil…”[3]

05 - Buenos Aires Tour -Cruces y obj encontrados
05 – Buenos Aires Tour – Jorge Macchi. En Colaboración con Edgardo Rudnitzky (sonidos) y María Negroni (textos). Instalación. Vista de 2 naipes hallados en distintos cruces de calles de Bs. As., Galería Distrito 4, Madrid, España, 2003

Esta instalación es una propuesta que hubiera dejado chocho a Baudelaire. Baudelaire no está, así que cada uno de nosotros está invitado a constituirse en un nuevo Baudelaire. Un flâneur sin París, un flâneur del vidrio y la palabra.

“Se parte, sin entender por qué. O más bien, en su vagar inmóvil, de cautiverio en cautiverio, extraviado el rostro oscilante de la noche…”[4]

06 - Buenos Aires Tour - Instalacion 2003 - Fotografias recorrido 5
06 – Buenos Aires Tour – Jorge Macchi. En Colaboración con Edgardo Rudnitzky (sonidos) y María Negroni (textos). Instalación. Fotografía de “la línesa 5”, uno de los recorridos posibles del tour, Galería Distrito 4, Madrid, España, 2003

La instalación  intenta ocupar un espacio. La obra habita el espacio. Es en función de un espacio y de un “otro”: un participante que la recorre, se involucra y le devuelve una mirada. Las instalaciones nos instan más a una situación de espacio que de lugar. Y nosotros ocupamos el mismo espacio que la instalación; un espacio que nos modifica y, también-cómo no- modifica el lugar donde estamos.

EL LIBRO DE ARTISTA: UNA ENCRUCIJADA

De la instalación al libro, hay mucho más que un cambio de formato o técnica. Hay un cambio en la posición del artista y un cambio en la producción que, indefectiblemente, determina un cambio en quien contempla y recorre la obra. Dos producciones así requieren  espacios diferentes. El espacio exterior (aunque sea dentro de una galería) de la instalación y el espacio íntimo del libro de artista.

07 - Buenos Aires Tour
07 – Buenos Aires Tour – Jorge Macchi. En Colaboración con Edgardo Rudnitzky (sonidos) y María Negroni (textos) – Libro-objeto 15,5 x 21,5 x 6,5 cm.

El libro de artista se constituye en el cruce de diversas prácticas. Se podría pensar al libro como un dispositivo que trama palabras e imágenes, calidades táctiles. Y, también, como tejido que genera vínculos.

Un relato, una construcción sensible cercana a la noción de SIMULACRO.

El libro es intimista. Obliga a cierto recogimiento, a una mirada más detenida. Porque el libro simula una historia, una narrativa que puede no tener. Palabra e imagen forman una propuesta distinta a la  pintura o a la fotografía. No requiere siquiera la mirada habitual del que lee sino una quietud, una intensidad en el cruce de estos dos caminos.

El libro es “Una organización singular de atributos particulares” que da por resultado ese objeto único que es (…) la obra de arte, (la) narración-objeto (…) [esa narración que] es un mundo propio, un verdadero cosmos dentro de otro…”[5]

Buenos Aires Tour resulta una o varias formas posibles de leer la ciudad.

08 - Buenos Aires Tour - Instalacion 2003 - red de subtes
Buenos Aires Tour – Instalacion 2003 – red de subtes

“En un libro no hay nada que entender, pero mucho por utilizar. No hay nada que interpretar ni significar, sino mucho por experimentar” [6]

 

 

[1]NEGRONI, M. (2002): La Ineptitud. Córdoba, Argentina, Ed. Alción.

[2]Ibíd. P.49

[3] MACCHI, J.: Taller de imágenes. Cartografías inútiles. En: http://tramas.flacso.org.ar/recursos/imagenes/cartografias-inutiles?volver=483

[4] NEGRONI, M.:El Viaje de la noche, Ed.Lumen

[5] SAER, J.JOSÉ: La Narración-objeto, Ed. Seix Barral

[6] DELEUZE, G. Y F. GUATTARI (1980):Rizoma, Valencia, Pretextos.

 




PRUEBA ESCRITA

Por el Profesor H. H. Liporacce.

400-3

FÍSICA Y MATEMÁTICA

Usted se dirige en automóvil de Buenos Aires a Bahía Blanca (distancia 688 km) a una velocidad constante de 255 km por hora. ¿Adónde va a parar luego de la primera curva?

Usted se dirige en automóvil de Buenos Aires a Bahía Blanca (distancia 688 km) a una velocidad constante de 35 km. por hora. ¿Qué espera para cambiar de auto?

Usted se dirige de Bahía Blanca a Marte (distancia 384 millones de km). ¿Dónde se le acaba la nafta?

Prolongue una recta hasta el infinito. Puede utilizar otra hoja.

¿Se siente mal cuando demora demasiado en resolver un problema cuya incógnita es la velocidad?

ETOLOGÍA

Un profesor se encuentra en su laboratorio con un gorila que mide 2,08 metros y pesa 211 kilos y está comiendo bananas. A la vez, en el mismo laboratorio, hay un violín y una partitura de Mendelsohn. Se trata de estudiar la sublimación animal a través del arte. Suponga que el profesor le arrebata los plátanos al simio y lo mira desafiante. ¿Alcanzará a ejecutar la melodía?

FILOSOFÍA Y RELIGIÓN

Si el pan es la carne de Cristo, ¿los grisines son los huesos?

Marque con una cruz el principal símbolo del Cristianismo

¿Cuánto tiempo debe mantenerse una variable para ser reconocida como tal?

Establezca la regla que rige las excepciones. ¿Tiene esta su excepción?

Trabajo práctico. Tenga una experiencia mística. Coméntela en tercera persona omnipresente

¿Quién fue el último Papa cristiano?

Explique las razones por las cuales Leonardo da Vinci no fue invitado a La Última Cena.

Trabajo práctico: realice un gráfico de La Consagración de la Primavera  teniendo en cuenta que una negra es igual a dos corcheas y que Igor Stravinsky era ruso.

 HISTORIA Y GEOGRAFÍA

El alfabeto chino consta de ochenta y cinco mil signos. Considere la suerte de los taquígrafos.

¿Cuáles serían los límites de Polonia si se encontrara en África?

Comente la Campaña al Desierto del General Roca utilizando el menor número de malas palabras posible.

 




EN BUSCA DE LAS PEPAS PERDIDAS

Viaje alrededor de un punto: Sobre Conrado Asselborn, el último buscador de oro.

Por Marcela Castro Dassen.

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Conrado Asselborn

 

NI UN ALMA, CHE. SALVO PINGÜINOS

Desierto patagónico, inhóspito, una región del mundo enamorada del viento, el acantilado de Cabo Vírgenes.
Miles de pingüinos dominan el Estrecho, se protegen en la mata negra donde alumbran sus crías, caminan incansables en largas hileras ordenadas hacia el mar – ida y vuelta – en busca de alimentos. Los cormoranes y las gaviotas vuelan al acecho, esperan la distracción de los adultos.
La playa es pedregosa, la inmensidad asusta. Grises y pardos dominan, algún árbol deforme resiste la desventura de haber nacido justo allí.
Muy pegadas a la tierra, algunas flores lilas y moradas se animan a asomarse apenas, desafiantes del clima, tironeadas por los cielos teñidos de nubes multicolores
El faro y los restos de un rancho de chapa morada, del último buscador de oro, Conrado Asselborn.

SOLO, SOLO, SOLITO Y SOLO

¿Qué hace decidir al ser humano a elegir la más extrema de las soledades? Tal vez, las más hostiles circunstancias naturales le resultan más llevaderas que la humanidad; tal vez.
En mi memoria de niña, siempre fue viejo. La piel ajada por el viento; la mirada azul profundo, en contraste con la voz clara.
Algunas tardes de verano recorríamos los más de 100 km de ripio – en un auto medio desvencijado- con mi padre y mi hermano, armados del equipo de pesca. Y allí estaba el viejo, con una lata y una tanza.
Frente al mar, en silencio, esperaba al róbalo, su futura cena. Mi padre le entregaba un paquete de yerba. Al atardecer, sin golpear la puerta, los tres nos sentábamos – sobre el único banco- a disfrutar de unos “cimarrones”.

EEEEEEEEN GUARDIA. EEEEEEEN CANA

Supe que el “viejo loco de Cabo Vírgenes” era hijo de un ruso, de las orillas del Volga, de algún pueblo de la interminable cuenca.Y que había nacido en Diamante, Entre Ríos.
Solo supe lo que él quería contar y lo que dejaba ver. Una piel de zorro tendida, algunos víveres canjeados por aquellas pepitas de oro. Jamás nos atrevimos a preguntarle.
Lejos estaba Don Conrado de parecerse a un abuelito tierno. Hosco, mal arriado, respetuoso sólo de quien lo respetaba.
Cuenta la historia que vino del litoral a los 20 años, enrolado en el ejército, con la esperanza de que su destino fuera Tierra del Fuego. Terminó en el paraje “El zurdo”, cerca de la cordillera. Se batió a duelo vaya a saber por qué y luego pasó unos años en el penal de Ushuaia, por homicidio.
Más dudas que certezas. Simplemente eligió la soledad.

PEPITAS BURLONAS

El oro nos trasciende, dura siglos. Con su vitalidad oculta, permanece, se burla de nuestra ilusa existencia. Cada pepa encontrada es un hito, una señal del absurdo.
La suma de los días entre un encuentro y otro es mero pretexto para ese instante de plenitud. Tozudez de aceptar el desafío de la vida, la búsqueda de la riqueza sin objeto alguno.
Cada hallazgo es anotado prolijamente en un viejo cuaderno, como una sucesión de partidas de nacimiento de hijos jamás nacidos. Al igual que una carta de amor, un regalo, como si cada pepita de oro tuviera una significancia trascendente.
Desprenderse de todo y de todos, desafiante. Y atesorando.

A OSCURAS Y SIN LINTERNA

Cuentan que, al principio, venía al pueblo de tanto en tanto, a cambiar alguna pepa por comida en el almacén de Adrover. Y después, no sé.
Intento imaginar el transcurso de sus días junto al faro, en un rancho sin casi nada, con esa única luz sobre el rumbo a los navegantes. Despertó cada mañana contra el viento gélido del sur más sur. Eso, por más de 40 años, con escasas 7 horas de luz en invierno y sobradas cinco horas de oscuridad en verano. Con la arena cernida del amanecer, en busca del brillo, pescaba al atardecer. Una sucesión de momentos todos iguales, interrumpidos por algún luminoso instante.

PEPITO PISTOLERO

Mostraba, crudo e irreverente, el oro del ser, lo que nos iguala.
Yo me volví adulta y el viejo seguía igual de viejo a mis ojos.
La colonia de pingüinos, seguía allí. También el faro, el rancho, la inmensidad del Estrecho.
Las preguntas me venían desde lejos, de otros tiempos, de la remota infancia: el mar borroso, los ojos húmedos.
42 años con todos sus días y sus noches de soledad. Conrado eligió la vida ysu muerte. Con la misma arma que cazaba zorros, una tarde cualquiera se disparó.
Y vaya a saber por qué, una calle de mi ciudad lleva su nombre.

Links sugeridos:

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2003/10/19/culturadiario/CULT-03.html

http://lomasysugente.com.ar/2008/enero5/lindahisto.html

http://www.eldiariodelfindelmundo.com/noticias/leer/36171/esto-paso-en-nuestra-region-un-ermitano-cazador-de-zorros-se-suicida-en-cabo-virgenes.html




ATAJOS

Viaje alrededor de un punto: Sobre caminos y descansos.

Por Cecilia Illia.

CAMINOS I

Había escuchado hablar del camino de Santiago. La huella en la piedra hacía temblar a su imaginación. ¿Cuántos kilómetros presentes en esa marca inmóvil? Llegar exhausto, con el dolor latente en cada músculo, con mil anécdotas servidas al borde de su rostro y apoyar la mano en ese cúmulo de manos, pasar a formar parte de ese grupo multiplicado hacia un pasado tan remoto.

La historia, los pasos perdidos en el horizonte, la meta, lo que queda atrás.

Entonces quiso investigar otros caminos. El del Inca, por ejemplo. Una escalera interminable labrada en la montaña con paciencia. Surcos en los huesos de la tierra. Vitales. Vivientes.

Después descubrió un relato de un camino trazado en el mar.

Un camino trazado en el mar. Eso logró que su mente adquiriera un estado efervescente. Las huellas en el agua, una percepción tan sutil. Casi religiosa. Como Cristo con sus sandalias rozando la superficie espejada ante los ojos atónitos de sus seguidores. Aunque este camino no era milagroso, era la reconstrucción del recorrido de unos hombres que partieron de Asia y llegaron al norte de América por el estrecho de Bering. Un camino tal vez endurecido por el frío, entre islas de hielo y canoas improvisadas.

¿Qué podrían buscar?

¿Qué los empujaría hacia adelante?

Se puso esa impaciencia imaginada. Digamos que se la calzó. Sintió cómo su mirada buscaba el horizonte y sus pies hervían por alejarse y alcanzarse una y otra vez.

A kilómetros de tan exóticos caminos, divisó -con la dificultad propia de cualquier ciudad- un horizonte tal vez demasiado próximo, y soltó sus pies a la deriva.

 

atajos 1

DESCANSO I

LAS ISLAS DEL HIELO

El remo empuja el agua helada, además de movernos, brinda un poco de calor a nuestros cuerpos ateridos. Si bien el aire parece tan diáfano como el de una mañana de sol, no contamos con sus rayos para amortiguar el frío.

Bloques de hielo nos visitan, intermitentes. Algunos grandes como buques; otros, pequeños patos impasibles.

Querría estirar las piernas, saltar sin miramientos, caminar un rato.

A lo lejos, se puede ver el horizonte quebrado por una fina línea blanca. El tumulto oscuro por debajo, el gris plomo y en flamas, por encima. Propongo que nos dirijamos hacia ella, tal vez sean las famosas islas de hielo.

Imagino enormes módulos aglutinados con destellos azules. Pienso cómo podría impactar sobre ellos nuestro calor humano. Deshacerse entre sollozos.

Gotas locas surcarían sus paredes crudas.

Al menos, podríamos tomar un descanso. Cortar bloques y apilarlos para construir un refugio. Construir calores, caricias, confianzas.

Descansar del movimiento de las olas, del viento inalterable, de decidir el rumbo. Hasta embobarnos en la cara de la luna.

Permanecer en esas formidables murallas de fragilidad perenne, burlar al tiempo e insistir.

atajos 2  CAMINOS II

Lo lindo de los caminos es la sorpresa. Las encrucijadas, por ejemplo. No había pensado en eso. Vengo tan entretenida, disfruto del sol suave de la mañana, el canto de los zorzales y, de pronto, tres opciones se presentan así como así.

No tengo un mapa, el objetivo no está a la vista; así que, debo elegir.

Lo lógico hubiera sido encontrarme con un cartel. Una flecha en cada dirección con el destino anticipado. O, por lo menos, un dibujo alegórico, una letra, una marca de algún caminante anterior. Pero no. Los tres caminos se muestran escandalosamente al desnudo.

Ya sé que antes lo mencioné como algo lindo, aunque me retracto. Es lo peor del caminar. Tener que elegir sin referencias. Una verdadera locura.

Si uno pudiera elevarse entre las alas de cualquier pajarraco y, desde las nubes, mirar a la distancia; entonces sí, sería razonable. Pero, en esta orfandad de signos, me niego a decidir qué dirección tomar.

De este modo, sólo me queda detenerme. Afincarme en la encrucijada, construirme un presente, acicalar el terreno.

Miro  alrededor, es un lindo lugar. Con esas tres aberturas como tres promesas. Podría cada mañana imaginar qué destinos esconden. Evaluar el declive, la tendencia a curvarse. También la temperatura. Es increíble cómo puede cambiar la temperatura con solo moverse unos metros.

Podría tomar nota de cada referencia. Cantidad de arbustos por metro cuadrado, zonas con sombra, zonas con sol, aumento o merma de la distribución de los hormigueros. Cantidad de veces que la zona es sobrevolada por caranchos. Así, tras un estudio exhaustivo, tendría un informe pormenorizado que dejaría a la vera del camino para ayuda de futuros caminantes. Tras evaluar los datos, los sopesaría- detenidamente- y reemprendería el rumbo, ya sin sorpresas, con el corazón oprimido por dejar atrás ese presente fecundo y promisorio que me dio tantos datos y satisfacciones.

Podría, sí.

Aunque también podría dejarme llevar por los instintos. Tomar la primera dirección que se me ocurriese y probar suerte. Después de todo, siempre puedo volver atrás. Entonces, cada paso sería un descubrimiento. Los ojos alerta dispuestos a lo nuevo, en el sentido más radical de la palabra. El impacto de cada chispa de sol, de cada estrella titilante.

Encontrar un arroyo, un barranco peligroso, una altura infranqueable.

También podría volver sobre mis pasos. Regresar a algún punto seguro y preguntar. Subirme al árbol más alto y mirar a lo lejos. Dormir bien profundo y soñar la dirección correcta.

¡El mejor! Tirar una moneda y disfrutar un rato la extraña belleza de las encrucijadas.

CAMINOS III

Primero lo mira a los ojos. Redondos, transparentes. Quiere leer en ellos, ¿también tendrá miedo?

Bueno, miedo no, inquietud. Tensión, turbación. Eso, turbación.

Adivina en su pelaje las manchas oscuras que se dibujarán tras el esfuerzo.

Tienen por delante un camino diferente.

Traba un pie en el estribo, volea el otro hasta el reverso. Ese costado escondido, aunque supuesto. Acomoda el cuerpo, lo balancea un poco hasta encontrar el punto adecuado y levanta la mirada.

La mirada.

El camino.

Las sienes le hormiguean. Querría no tener que hacerlo, pero siente la presión. Los ojos clavados en su espalda lo empujan adelante.

Sin embargo, querría no tener que hacerlo.

¿Acaso no es su decisión?

¿Volver sobre sus pasos?

Aceptar que lo pensó mejor, que tal vez había tomado una decisión apresurada, confundido por el deseo de perdurar. En la admiración de los otros, en la suya propia.

La luz de la luna produce una extraña sombra tras la copa de los árboles. El viento del amanecer hace que la extraña sombra baile. Un presentimiento de futuras oscuridades lo acicatea.

Golpea los talones contra el vientre de su compañero. Dirige su mirada y las riendas hacia un punto entre la penumbra y comienza su recorrido seguro de su destino.

 

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DESCANSO II

LA HUELLA EN LA PIEDRA

Parece que hace un millón de años existió un humano, quien dejó una huella que se fosilizó. Tal cosa fue encontrada en agosto de 2007 cerca del oasis de Siwa, en el oeste de Egipto. No es el único caso conocido. Existen por lo menos tres más debidamente documentados. Cabe imaginar que miles de huellas fosilizadas permanecen escondidas a la espera de ser libradas.

Se necesita más que suerte para dejar una huella en la piedra. Es algo que en la actual sociedad de consumo ya no se ve.

Sin embargo, los dibujos y las esculturas en la arena son un digno homenaje a aquellos antiguos destinos humanos. Provenientes de culturas insulares, resultó una forma de comunicación más allá de la lengua para informar, ilustrar, avisar o recibir a visitantes ocasionales.

A veces, nada representa mejor algo que todo lo contrario.

 

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CAMINOS IV

Caminar con una cesta en la cabeza. Con los brazos encadenados con otros –por lo menos cuatro- en forma de bloque humano. Cazando mariposas. Con temor a los espíritus.

Trotar. Galopar. Correr.

Internarse en las llagas de la tierra. En los tubérculos de la montaña.

Remontar los ríos hasta sus orígenes. Encontrar la salida.

Sembrar laberintos, cosechar dificultades.

Subir escaleras. Caer desde lo más profundo. Tender una cuerda infinita que aprenda a cambiar de tamaño cuando sea necesario. Colgarse de ella como si fuera una tirolesa.

Volar en globo, en ala delta, en paraguas.

Planear las copas de los árboles. Señalizar las lianas y trepar como una oruga rampante.

Resbalar por los médanos nocturnos. Excavar. Penetrar. Ahondar.

Saltar entre las piedras de los arroyos. Construir puentes. Trenzar fibras resistentes gracias a sus convicciones.

Nadar. Remar. Navegar.

Abrazar las raíces de la tierra. Marcar nuestros pasos.

Si resultara posible, dejar alguna huella.

 

DESCANSO III

FOSILIZACIÓN

El proceso que debe ocurrir para que un resto se fosilice es extremadamente raro. Bueno, quiero decir, poco frecuente. Es necesario que precipiten minerales en todos los vacíos, por pequeños que sean. Sulfatos, sulfuros, silicatos, fosfatos, óxidos de hierro de relleno en intersticios insospechados. Una pequeña omisión  y todo el asunto se hace humo.  El futuro fósil, ya sea una hoja o un fémur de tiranosaurio, debe quedar atrapado en una tela inorgánica, ser empujado hacia el interior de la corteza de la tierra y resistir todos los procesos biológicos que intentarán llevarlo hacia el destino común de toda la vida.

Ni hablar cuando de una huella se trata.

Lograr fosilizar una huella pliega el tiempo de una manera insólita.

Por otro lado, ¿habrá alguna relación entre el instante que rodea la producción de la huella y su destino –el destino de la huella-?

Ya que podríamos estar hablando de la pisada de un ser humano que acaba de perder su amor. O de uno que por fin encontró la manera de conservar el fuego o, mejor aún, de uno que solía dormirse tras mirar fijamente a los pájaros con la esperanza de soñarse con alas.

Sería difícil imaginar que tan variadas actividades no influyan en el destino de las marcas que producen.

¿Podríamos pensar en la dimensión ética de las pisadas?

Una tarde de comienzos de otoño, atrapa a un hombre de hace veinte mil años en una disyuntiva. Se detiene a pensar entre los arbustos si acaso será posible atravesar esa montaña. La ha visto mantenerse sobre el horizonte desde que tiene memoria. En numerosas ocasiones, se ha preguntado qué esconde. Sin embargo, el respeto a lo inconmensurable lo detiene.

Ella es tan majestuosa, tan inmutable.

Sus pies se hunden un poco sobre la tierra cuando tensa sus músculos e imagina su travesía. Sus pies transmiten a la tierra la inquietud y el deseo de aventurarse.

La tierra quiere beberse el deseo del hombre.

La tierra llama a todos sus sulfatos, sulfuros, silicatos y óxidos de hierro.

La tierra lo invita a atravesarla.

Quiere retenerlo como cualquier loca enamorada.

CAMINOS V

Hace años sueña con este momento. Primero, sólo se trataba de un fantaseo. Con el tiempo, fue adquiriendo sustancia. Pasó a ser un proyecto. De esos que se postergan hasta disolverse.

Pero no. Él no lo dejaría pasar. Finalmente tomó las riendas.

Siente la inquietud en su cuerpo. Cada latido consiste el tiempo. Una promesa por delante, montones de días que empujan por detrás.

Hace rato  peina canas. Siempre tuvo el pelo rebelde, pero los blancos más. Los blancos figuran salir escapados, electrizados, tal vez hasta sorprendidos. Eso ha logrado conservar, la capacidad de sorpresa. Todavía la vida no lo aburre. Muchas veces lo deja perplejo y disgustado, pero aburrido no.

Le costó animarse a empezar solo. Eso fue lo más difícil. Porque caminos emprendió muchos, pero siempre eran algo así como una negociación. Para ir con otros, aceptaba cambiar un poco el itinerario, un poco las condiciones, un poco el transporte. Esta vez va a cumplir lo que siempre soñó. Pero va a hacerlo solo.

Escucha los ruidos cotidianos, piensa si los extrañará. El vecino de arriba que siempre arrastra los muebles. El perrito de la del primero. La acelerada del 38 que pasa por la puerta de su casa. El noticiero de Continental que acompaña el mate de todas sus mañanas. Una radio podría llevar. El mate, sin dudas. Es que debe reducir el peso, a su edad no se puede llevar mucha carga.

Ya bastante  lleva puesta. ¿Cómo podría alivianarla?

Espera que el equipo no le falle. Eso también lo inquieta.

Sus amigos piensan: éstas son cosas que se hacen a los veinte años. Su hermano también se lo dijo. “¿Enloqueciste, viejo? A nuestra edad estamos para hoteles de cinco estrellas.”

Toda la vida esperando el momento oportuno.

Qué locura.

DESCANSO IV

El viento se hace oír de varias maneras. Silba. Sacude las ramas de los árboles. Golpea cuanto trapo encuentra a su paso. Papapa papá. Una puerta. Un cartel entre remolinos.

El hombre, entrado en años -piel curtida, pelo blanco-, se mueve con lentitud. Contrasta con el afuera. El tiempo parece pesarle en el cuerpo. Despacio, pero con  precisión, sus manos desarman el tambor de una pistola. Extrae una a una cada bala. Las apoya con cuidado sobre su única parte plana -paradas e inestables, con un extraño brillo cobrizo-. Trabaja sobre una mesa pegada a la ventana. Los nubarrones  comienzan a posicionarse en el cielo y, por momentos, lo dejan sin luz. Busca una pequeña lámpara de mesa para iluminar su tarea.

El viento arrecia minuto a minuto. Vuelan ramas, tiemblan los vidrios de las ventanas.

El hombre acaricia cada pieza de la pistola. La frota con un aceite especial, tal vez un poco rancio. Tiene sus años, como el hombre. La última vez que lo usó fue tanto tiempo atrás. Casi se había olvidado de la existencia de ese legado. Porque era una arma familiar, de esas que se pasan de generación en generación casi como una amenaza. Como un poder brutal, como una herida.

Recuerda la primera vez que la vio en el armario de su padre. La sorpresa, el temor, las preguntas. Preguntas que, por supuesto, nunca formuló. Ni siquiera para sí mismo. Sólo vagas dudas sin palabras. Espinas mudas.

Nunca tuvo buena puntería. No es que se hubiese dedicado a tirar, pero su puntería se puso a prueba en los dardos y en la vida. A él le parecía un don natural. Están los que “donde ponen el ojo ponen la bala” y los otros. Y a esta altura no le queda más remedio que concluir su pertenencia a los otros.

Corre la silla, se acerca a la ventana. Deja la pistola sobre la mesa, desarmada, sin alma.

Puede ver el mar. Hermoso privilegio. Las olas crecen y se deshacen en espuma furiosa. Una violencia sublime. Puede sentir los golpes del agua turbulenta. Rabia. Arrebato. Las

nubes se confunden en el horizonte con los tonos plomizos del agua. El viento domina todo el paisaje.

Los pájaros, retirados de la escena, serían un lindo detalle. Dispuestos a enfrentar la adversidad.

Pero no, a veces hay que aceptar que la batalla está perdida. Ojo, no es fácil. Le vienen voces diversas de distintos momentos de su vida. “Hay que lucharla, viejo”, “vos elegís la fácil, retirarte y listo”, “no te des por vencido ni aun vencido”. Qué va a ser fácil.

Camina despacio hasta la cocina, pone a calentar agua. Tiene frío. ¿Cómo podría enfrentarse a toda esa pasión terrenal? La fuerza del mar, los bríos del viento.

Mira la pava titilante sobre el fuego, luego gira la cabeza hacia el pequeño cuadro iluminado por la  lámpara de mesa. Las balas erectas. La pistola deshojada. El recuadro de la ventana con una pintura tormentosa. Se prepara un té y sueña con una balsa alada.

CAMINOS VI

La piedra escribe música en el agua cuando se deja abrazar en sus confines.

La cordura de la huella engaña al tiempo que ríe complaciente.

Mientras tanto, el amor descansa en todas sus marcas.




CRÓNICAS DE UN VIGILADOR

Viaje alrededor de un punto: sobre vigiladores y porterías.

Por Roberto Aguilar

CRÓNICAS DE UN VIGILADOR

Si estos apuntes llegan a ver la luz, salidos desde la mesa de esta portería- en donde un guardia de seguridad hace de cuidador de llaves, psicólogo, monitorista, enfermero y por último portero- quiero que vos, lector miserable, burgués de la vida sana, los grandes pasatiempos y dueño de tu tiempo libre, te sientas tan incómodo como un estúpido chico o chica bien escurrida de una playa con una gran agua viva bajo tu pie.  Y a vos, hermano de la pobreza, de la desesperanza, paria de los trabajos miserables, mi abrazo fraternal y el guiño de un camarada que te dice: a pesar de todo, se puede. A pesar de todas las humillaciones, se pueden dignificar estas labores con la mano hundida entre la mierda, pisoteada hasta que salga una palabra. Se puede mejorar esa bosta y quién sabe sobre qué rincón de cualquier mesa- la de tu casa, la del trabajo, la de esta sucia oficina en donde los cables de luz, teléfono, videos, cuelgan por fuera de las paredes- puede que en algún momento el milagro se haga y crezca una flor al lado del pisapapeles, en los muros o por la puerta aparezca la madreselva rastrera con los mensajes de todas las viejas o viejos tristes, jóvenes desesperados, soretes arrogantes y demás chinches de la humanidad.

 

fotosnotaroberto

 

Alrededor de tu insignificante punto en el mundo, verás pasar muchísima gente. Y, de pronto, cuando prestés atención, le des el oído a todo paseante cerca de vos, una flor exótica, asombrosa, nacerá de la roña, como los bebes de la placenta y de la sangre magullada; una rosa que será, por un instante, cuando alcés la cabeza entre las manos, tu más intensa alegría. Entonces pasarás a ser la envidia de todas las lagartijas baratas de la felicidad. Dejarás de ser un abandonado trabajador como yo y tornarás en un coleccionista de historias, de voces y sombras revolcadas sobre y debajo del suelo, al igual que los muertos en las tumbas de todo tipo. Un coleccionista salvaje de la violencia real, de la vida a punto de ser pura ficción. Entonces, con todo el derecho a gritar que no estás más solo, en la sensatez hecha delirio por las voces agolpadas en tu mente, te cagarás de risa. Te darás cuenta: tu trabajo interminable de horas y horas vegetativas vale tanto o más que cualquier otro de nombradía. ¡Pero, atentti!, cuando tu compañero o compañera,fascista e incrédulo, dentro y fuera del laburo, te pregunte- con la cara de asco de un profesional a un vago o vaga clavada sobre el asiento de portera-recaudadora de relatos: ‘¿de qué lado estás?’, vos, Juanita Pérez, Salvador Gaviota u Hoja Negra, con todas las caras de los desgraciados, le contestarás a ese sorete: ‘con la babosa, con la serpiente sobre todas las medianeras, contra los límites, sobre la raya de tu culo inerte’.

UNA MONTAÑA SOBRE MI MESA

No soy Alejandra. No soy Pizarnik. Hasta en el silencio me balanceo sobre una letra de ruido. Salto a otra. Juego a hacer una palabra. Cuando ya está escrita a medias, hago el sueño de una nota. Entonces grito sobre la hoja inmóvil. En el desierto, no soy de arena. Soy el viento que hace la piedra. Ni siquiera breve, más bien el reverso de una historia terminada. Soy la piedra viajera contra tu frente.

Aúllan los lobos en la noche. Estoy desprotegido, desnudo, con toda la ropa de las historias por venir. Estoy entre sus garras. Sus dientes me destrozan. Viajo por el hambre de sus entrañas. Conozco cada partícula de crueldad. Hiroshima nunca estuvo tan cerca.

¿Quién puede describir mi confusión? Creo que soy otro u otra. Me han encadenado a la locura del progreso. Pero tengo estos dedos tan afilados, tan vueltos cuchillos. Limo el hierro, las asperezas de la demencia en la razón. No cuento los días. Agrego más horas para mi libertad total. Mientras tanto, sigo en mi confusión: limo y mato cada vestigio de lo que no soy. ¿Pero quién soy? ¿Hacia dónde voy?

Estoy inmóvil. Petrificado. Tengo ataques de pánico. Mi nuca transpira como nunca. Lloro de terror por el mundo. Alguien viene desde atrás y me desata. Me ordena: ‘¡Pendejo, a trabajar!’ Mientras tanto, no me muevo. Giro alrededor de un punto.

La clara desazón, sensación de nunca haber sido amado en toda la historia de lo que fui: pájaro, vela de un barco, cometa, estrella fugaz, hombre sin alas, mujer sin talón, sirena. Por eso escribo, escribo sin parar, escribo con llanto, con ruido.

Tengo sobre mi mesa una constelación de cosas. Es decir: miles de papeles desordenados, remedios, maquinitas de afeitar, papel higiénico, paquetes de arroz, té- muchos saquitos de té- libros, desodorantes resecos, azúcar desparramada sobre el teclado, un trapo de gamuza sin usar…  Todas estas cosas forman una montaña. A veces se desmorona. Se desplazan hasta el mouse unos auriculares, el estuche vacío de mis anteojos o alguna lapicera. Quieren decir algo: ¿Sobre su abandono? No, me agradecen el haberlos resucitados. Me besan las manos, me acarician. ¡Son tan pegadizos! Están celosas de las chicas que busco por internet. Pero nunca nada. Sólo esas cositas. Entonces, no tengo más que corresponderles con alguna palabra sobre el teclado, alguna piedra, más tierra o más polvo sobre este enorme caos. A veces la humedad hace el milagro de crecer un hongo sobre la montaña. Y, de pronto, venida de no sé qué mundo, aparece una florcita salvaje sobre la mesa. Una florcita tan diminuta y huidiza como la lagaña de un pájaro, tan hermosa como el vuelo de un colibrí, tan vigilante como el reflejo de mi cara sobre la pantalla de la compu, tan congelada como la imagen de una cámara, loca como algún plasma dañado, en cortocircuito.

 

EN LO COTIDIANO

Por el momento, lector de las porquerías de este mundo, dejo estos pensamientos para entrar en los lugares cotidianos, en las palabras cotidianas. En este país que nos aplasta todos los días. Voy a escribir, sin respiro, sin aire del exterior, historias cortas. Cortas como un pedo y largas como su olor.

LAS VOCES DE HOJA NEGRA

Hoja Negra a su celu Sony W395: ‘Probando… 1, 2, 3, 4. Ahora sí. Puede hablar. Preséntese’.

‘Escuche, ‘Hoja Negra’: Soy Vladimiro. Me conocían como ojo de vidrio. Esto parece un chamuyo, pero es así. Usted, para ser portero de esta fábrica, tuvo que pasar por mí. Yo fui su filtro. Yo le di el ok al cabezón para que se quedara, ¿sabe? Por un momento, acepto confesar en su grabadora porque me cae simpático. ¿Qué me preguntaba? Ah, sí. Yo mandé al frente a todos los que pude. Eran estudiantes de derecho. Subversivos. ¡Qué gracioso! Cumplía la misma función que ahora. Era portero de noche. Como ahora. Su relevo ‘Hoja negra’. Su relevo. Todos tenemos relevo; más los muertos, ¿no? La taquería me tenía sin cuidado. Estaban con nosotros. Era simple. Pegaba un tubazo y el grupo de tareas estaba en la casa de ellos. Mire que simple, Hoja negra. Mire que simple. No necesitaba ir a los sótanos para confirmar que estaban allí. Ponía la oreja en el tubo, como en una vitrola y los oía. Los escuchaba gritar desde la oficinita de la facu. ¡Y cómo gritaban, Hoja negra! ¡Cómo gritaban! Eran truenos en la noche. Despedazaban sus gargantas como bebes de pecho abandonados por su madres. Entonces avisaba a mis superiores que todo ok. Ve, yo no necesito ir a ningún lado. Ni cuando era joven lo hacía. Desde que se inventaron los tubos ya no es necesario. Usted, con su celular, lo puede comprobar. Quédese quieto y lo peor del mundo le vendrá encima. Y, ahora, con mis setenta años, sigo con mi trabajo, aunque menos heavy. No me arrepiento de nada. Una llamada al cabezón y puedo echar a quien me plazca. Usted es un triste vigilador. ¿Sabe a cuántos de sus jefecitos les di el olivo? Sí, a esos que les dicen supervisores. Y eso que trabajo de noche, fuera del mundo. Pero la noche no se hizo para soñar o dormir. Se hizo para estar atento, vigilante como usted. Detestable como usted. La noche es un viaje sin retorno para muchos, ¿sabe? Pero usted, Hoja Negra, me cae simpático. Me cae simpático.

Clik, gracias –Hoja Negra, a su celular y a su relevo de la noche.

Clik. –Hoja Negra enciende el grabador de su celu al tiempo que lo esconde en su bolsillo.

-Hola, ¿cómo está la Portería? ¿Cómo estás, Negri?- Entra Karina Bontempino, la subjefa de Recursos Humanos, y saluda a Hoja Negra.

-Todo bien. ¿Y vos?

– No tan bien – contesta Karina muy triste, con los ojos cargados de lágrimas

-¿Qué pasó?

-¿A vos te parece que el hijo de puta de mi jefe no tenga los huevos suficientes para separar a la harpía de su buche del lugar en que trabajo? Hoy me peleé otra vez. Casi nos agarramos de los pelos -suelta una lágrima- ¡No puedo más, no puedo más! Disculpame. Creerás que estoy rayada –ríe con la sonrisa más mentirosa- Por culpa de ella perdí a mi hijo. Estaba de tres meses. Mi novio, que vive en EE.UU, mandó semen para que me quedara embarazada. Nos vimos en persona muy pocas veces, pero nos amamos. Yo siempre fui allá para verlo.  Chateamos todos los días. ¡Y ahora esto! Estamos destrozados. Johnny me dijo que tuviera paciencia, que me iba a enviar más semen el próximo semestre. Pero, ¿sabés una cosa?, durante estos días no se conectó como siempre. Temo perderlo. ¡Tengo 41 años! ¡No puedo esperar más! El daño es enorme. Estoy sin él, sin mi hijo. ¡Qué más me puede pasar! Sólo me queda llegar a un acuerdo con mi jefe por la liquidación final e irme. Pero quiero que mi hijo nazca acá. Que sea de esta tierra. No, no me voy a ir. Si él no quiere venir, voy a adoptar. No voy a viajar allá. Seguiré peleando con esa harpía y con mi jefe. Pero eso sí: novios de acá, no quiero. Dos veces me abandonaron sobre el altar. ¡Me dejaron clavada! ¿Podés creer? Seré madre soltera. Ya está decidido. Voy a elegir al bebé más enfermo, al más abandonado del mundo. Romperé con el falso mundo de internet, con las bestias de este país y seré otra persona. Pero no me iré a ningún lado. Me quedaré entre medio de estas hienas. Trabajaré como siempre y lucharé. La fuerza me vendrá por la alegría conseguida durante la crianza de mi hijo. Juntos, nos cuidaremos. Yo ahora a él, él más tarde a mí. Lucharemos juntos, solos, parados, hundidos en el barro de este lugar perdido, sin destino alguno. Total, el cielo de esta ciudad es tan negro como el de cualquier otro lugar. No hay donde ir. No hay estrellas que seguir. Los aviones son y serán siempre títeres de fuego en el espacio.

-Plac – Karina enjuga sus lágrimas con el dorso de una de sus manos y cierra la puerta. Se va.

-Clik – Hoja Negra apaga su celular y agacha la cabeza. Escucha al tiempo a través de los vidrios blindados de la ventana. Afuera, la tormenta es infernal en el mediodía oscuro como la noche, pero adentro apenas se escucha un suave ulular de ráfagas salvajes. La hora queda suspendida en la voz ausente de Karina.

PEQUEÑAS DELICIAS DE UNA TARDE A PLENO SOL

Una tarde a pleno sol, Hoja Negra salió de la Portería y dejó en reemplazo de sus funciones a su compañero escopetero. Entró en la enfermería enfrente de la oficina y saludó a Juana, la vieja enfermera de la fábrica textil. El guardia se sentó sobre un banco y esperó a que Juana se acercara. La enfermera vino con el tensiómetro. Hoja Negra sacó el grabador y lo puso sobre una camilla al lado de su banco. Entonces Juana accedió a contar su historia, mientras atendió al vigilador.

-1, 2, 3, 4…puede comenzar, Doña- le dijo Hoja Negra a la enfermera.

Bien, querido. Fue hace muchos años, cuando apenas existían las obras sociales o las ART y los seguros de vida corrían por su ausencia. Acá hubo un incendio muy grande, justo bien enfrente de nosotros, en tejeduría. Había muchísima gente allí. Estaban hacinados. Sí, sí, mientras mucha gente huía de las llamas, tuve que salir corriendo a socorrer a los heridos que se tiraban desesperados al suelo. Los bomberos tardaron en llegar. Cuando lo hicieron, encontraron una decena de muertos contra las máquinas tejedoras. Fue un infierno, querido. Nunca había vivido algo así. Hice lo que pude. A algunos los salvé de perder sus brazos, sus piernas, pero en otros, la desfiguración por el fuego fue terrible. No tenían cara. Eran zombis a ciegas y a grito pelado por los pasillos. Esta fábrica siempre fue insegura. Muchas personas se habían caído en los pozos donde van los fluidos químicos hacia las cloacas de la calle. Murieron en el acto. Desde aquel entonces, las cosas cambiaron aquí. Si tenés la oportunidad de trabajar de noche, muchos operarios viejos y nuevos te contarán acerca de la aparición de almas en pena durante la noche o madrugada en los lugares donde pasó el incendio. Yo misma fui testigo de uno, cuando me tuve que quedar un turno nocturno. Al ir a atender a un hombre con baja presión, lo vi. Era mi hijo, su fantasma. Me extendía sus brazos. Abría su boca llena de dolor y caminaba por los pasillos oscuros. Pero para él no había espacio ni tiempo. Traspasó las paredes y me vino a abrazar con su pelo largo y lacio. Yo me quedé quieta, lo esperé y lo contuve todo lo que pude entre mis brazos. Pero él, hecho de niebla, pasó mi cuerpo en forma lenta rumboadonde había muerto y donde habían estado los conos de hilos coloreados que nos separaban durante aquella noche infinita. Ese era su mundo. Esa era y es su eternidad. Ese era, entonces, mi muchacho. Es como la pulga que espera y de pronto encuentra su lugar. Cae sobre la piel llena de sangre y, si nadie la molesta, se queda a vivir allí para siempre. Entonces, todo se detuvo para él, en aquel momento. Él vivía en aquella noche de fuego. Por alguna razón, aquel momento se detuvo en el tiempo. Aquel lugar de infierno nunca se fue, siempre está cerca de él, siempre está acá. Cuando traspasó mi cuerpo, sentí mis brazos y piernas arder. Comprendí que él vivía para siempre en otra dimensión. En la dimensión del dolor. Sé que vas creer que estoy loca. Pero eso fue lo que me pasó aquí, mi querido guardia de seguridad. Nada puedo cambiar. Nada puedo cambiar de ese mundo, ni de este tampoco. Está tan estático como la misma muerte.

Hoja Negra apagó el grabador. La enfermera le dijo que estaba con la presión muy baja y que se cuidara. Le dio unas sales. Hoja Negra se levantó, la besó muy fuerte en la mejilla y le dijo:

-Le creo, señora.

-Gracias, querido. Estoy muy vieja y todos me creen loca.

-Yo no, señora.

Hoja Negra salió al pasillo poblado de rejas alrededor de la Portería. Respiró profundo y miró al cielo, a los resplandores del sol hasta quedarse ciego. Cerró los ojos con fuerza. De golpe, los volvió a abrir. Un montón de estrellitas saltarinas y ruidosas poblaron el contorno de sus ojos, el contorno del mundo. Estaba de vuelta en el medio de la noche.

Un cuervo en la terraza

 ¿Cómo va tu lectura, despreciable fisgón? ¿Sigue tu culo aplastado y girante a los cuatro puntos cardinales? De mi parte, lamento decirte que ya no tengo Portería. ¿Pero quién la necesita? ¿Quién necesita una casa? Me tengo a mí mismo y con eso basta. Y en las noches de lluvia, ¿cómo vas a hacer?, me preguntarás. Pues, con una chapa en la cabeza, me alcanza. Después de todo, vuelvo a mi cubículo, a la cucha del perro, como vos decís, al más solitario de los laburos. Te digo: un vigilador, por lo general, siempre está solo. Ahora me toca a mí. No hay nadie, nadie, nadie. ¡Adiós, gente anclada en las olas interminables de cemento! ¡Adiós, Portería! ¡Adiós, Karina! ¡Enfermera, adiós! ¡Bienvenido sol de la luna! ¡Luna de todas las galaxias! ¿Pero, qué te pasó? ¿Cómo llegaste allí? Me preguntarás de nuevo, incrédulo lector. Pues yo te digo que, antes de irte, abras tus orejas como las alas del cuervo traidor y sobrevueles este desierto. Sobrevolá mi cuerpo y, con garras afiladas, tomá cada pedazo de todo lo que te voy a decir. Pero todavía no lo devorés. Escuchá, por un momento. Girá tu cuello negro y elástico. Escuchá:

 

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Después de un gran incendio en la fábrica, un periodista subió por una escalera de bomberos hasta el techo sano que quedó de la Planta y se dirigió hacia mi garita de vigilancia, instalada en el medio de los escombros. Lo recibí con las piernas extendidas sobre un banquito al aire libre bajo el sol del mediodía, mientras el resto de mi cuerpo estaba hundido en una sillita dentro de mi casilla. El periodista se acuclilló y extendió su grabador cerca de mi boca.Transcribo ahora, punto a punto, con mi memoria de grabador, la entrevista que me hizo:

(Click del grabador del periodista).-Dígame, ¿usted era el portero de la empresa?

-Sí.

-¿Cómo se inició el fuego?

-Fue en la Portería, debajo de este techo. Se lo advertí a la gerencia. Se los dije: ‘Estos cables sueltos no pueden estar así. Cualquier inspección seria de la municipalidad les cerrará la fábrica. Pero, bueno, todos conocemos lo que sucede: Algo de dinero bajo la mesa y aquí no pasó nada… Fue durante la noche. El viaje del cometa Halley resultóun poroto al lado de lo que ocurrió aquí. Por suerte pude zafar del infierno de la Portería. Llamé a los bomberos y a la policía. Aunque no hubo tiempo. Murieron muchos y…

– Disculpe que lo interrumpa, ¿qué es ese listado pegado en la puerta de su garita?

-Parece una burla, ¿no? Fijesé (así venía conjugando su voz propia, ¿no?). Tome nota. Saque foto. Es el listado de los que cumplían años en marzo. Me lo entregaron antes del incendio. Los que yo marqué en azul son quienes no estaban más en la fábrica: los pensionados por invalidez, los enfermos terminales, los jubilados y los muertos hace varios años atrás. Sin embargo, estaban en el listado. ¿Qué le parece? ¡Y estos! Todos los que están marcados en rojo son los muertos por el fuego de este incendio. Ironía. ¡Gran ironía!

(Click de la cámara de foto). – ¿No le preocupa perder el empleo después de esta declaración?-

-No. Me importa un bledo.

-Usted se quemó mucho en la cara y en los brazos, parece, parece…

-Dígalo, Sr. Periodista. Dígalo. Una hoja negra, ¿no? Una hoja negra bamboleada por el viento caliente, entre brazos caídos, piernas colgantes y cuerpos traspasados por los fierros derrumbados desde los techos; y, sobre todo, voces, gritos salidos de una gran olla hirviente del infierno. ¿Quién se los comerá? Usted, Sr. Periodista, y toda la lacra de la humanidad… Sí, don Cuervo, una hoja negra. ¡Vamos! ¡Dígalo!

-Bueno, no me insulte. Usted lo dijo, yo no…Bien, gracias por darme algo del tiempo de su trabajo.

-¡No! Mi tiempo libre dirá. Ahora custodio a los fiambres de este cementerio y todas sus pertenencias. Es por el seguro, ¿sabe? Alguien lo tiene que hacer. Alguien tiene que estar. Alguien se tiene que ocupar de ellos, ¿no? Y también tomo nota de este sol muerto de la galaxia. ¿Lo ve? ¿Lo ve? ¡Se ve tan radiante! Y espero a la noche, espero la caída de alguna estrella plateada…

Clack del grabador del periodista

 

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DESPEDIDA DE HOJA NEGRA BAJO EL RESPLANDOR DE LAS ESTRELLAS

 

Click.’ Uno, dos, tres… probando. ¡Volví, querida oscuridad! ¡Volví Hoja Negra! ¡Volví!’

‘El periodista apagó el grabador y se levantó. Miró, a lo largo y a lo ancho desde aquella terraza, toda la devastación de lo que fue un gran edificio viejo de la industria textil. Me dio la mano y bajó por la escalera de los bomberos. Yo nunca me levanté de la silla. Entonces, si hubo una silla, debió haber habido una mesa. Y si hubo una mesa, también una lapicera y papel, ¿no, lector? Pues aquí estoy, vivito y coleando frente a vos, bajo las estrellas con miradas de fuego. Todavía con mucho veneno por destilar y poco que guardar. Sin embargo, no me queda demasiada noche por recorrer: me duelen los brazos, la piel me arde, estoy cansado, tengo sueño. En otro umbral, será. Gracias por tu tiempo vivo. Gracias por ser la vela encendida sobre lo que escribo. Eso es todo amigos’. Clack.

 

Notas relacionadas:Noches LargasReunión de voces alocadas.

 

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1. En la ambulancia. Un operario con ACV va rumbo a la clínica. Mientras el gerente de Recursos humanos le dice al  de Producción, casi en sus oídos, (click):

2.Cartel en la puerta principal de acceso a tejeduría, click:

3La imagen de Aristóteles pegada  en todas las oficinas de administración y en el salón principal también, click

4.‘Federico Eichelberger. Fundador de I.N.Tex Ar. Fundador del infierno. 5 de Enero de 1945. Más abajo: Bienvenido a Auschwitz.

5.Dicho del supervisor a sus vigiladores. Dicho del jefe a sus subordinados

 




DE CÓMO “PARA ELISA” CANTA UN PRADO DE LANA

Viaje alrededor de un punto: Sobre el tiempo de la memoria involuntaria y otras irrupciones.

Por Lourdes Cabrera

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Hélène Barrier

 

No hay alegría que dure en el caso deun trabajo así, de cualquier trabajo. Porque siempre hay que ir a otra parte. Hay que vestirse de nuevo para salir de viaje“.
Arnaldo Calveyra, durante su visita al Malba, mayo de 2014

DE CÓMO “PARA ELISA” CANTA UN PRADO DE LANA
FOTOS DEL AZAR

Pero, entre partida y partida, hay un tiempo que parece estanco, inmóvil, un tiempo de estar entre dos tiempos. Un modo en que los minutos se amontonan y no transcurren. Cada día nos levantamos dispuestos a soportar la cronología, a la espera de algo extraordinario. Mejor que a la espera, a la búsqueda. Sabemos: el asunto termina, tiene fecha de vencimiento, hay un viaje final; de ese sí, mucho no sabemos.

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Rocío Coppola, de la serie “organismos”

Hablemos entonces del viaje no final: de la parte importante que se desparrama en anécdotas, historias y recuerdos ante las memorias de quienes nos andan cerca y entre las evocaciones de quienes, por pura casualidad- un día- se han cruzado con nosotros.

¿Nunca te pasó de grabar, para siempre, la imagen de un desconocido que simplemente pasó a tu lado sin hacer nada especial?  ¿Qué extraños parentescos nos unen con esas fotos del azar?
Son instantáneas. Vuelven en sonidos e imágenes: irrupciones, ramalazos de luz indetenibles. Algún obsesivo intentará explicarlas por medio de asociaciones, apelará, tal vez, al psicoanálisis. Pero no: su gracia está en permanecer con los puentes semi rotos entre nosotros y ella. Intensidades, perplejidades, viajes cortitos. Y siempre alrededor de la insistencia de algo parecido a un recuerdo; uno que se entrelaza y dispara viajes con olfato, gusto, oído y tacto. Fotos del azar: el choque mágico de imágenes y cuerpos, en el caldo de la cotidianeidad.

LA MARAVILLA

Hay jingles, propagandas, melodías de fondo que se adhieren, inapelables, a la memoria.. Así pegoteadas irrumpen, cuando quieren, entre las desatenciones de la rutina. No vienen a señalar nada, no indican nada, no se asocian necesariamente con nada. Su modo de ser es irrumpir, venir.

Tengo pasta de buena cocinera, mucha pasta, buena pasta. Y por eso me luzco en la cocina, con Glutina, con Glutina
Mi vida y la “Glutina” no forman pareja. ¿Por qué viene la cantinela hacia mí? Para qué pregunto, me digo al instante,  si, de verdad, no me importa por qué. Me asombra que venga, me asombra la insistencia con que lo hace.  Ese modo de volver a ocupar un espacio breve, como de un trayectito de mi cuerpo y mi memoria: ese viaje intenso alrededor de una recurrencia.
Algo parecido me pasa con “Para Elisa”.

Richard Clayderman - Para Elisa...(Beethoven)     

Mabel Rubli - El hilo de Ariadna III - Litografía,2001
Mabel Rubli – El hilo de Ariadna III – Litografía,2001

En este caso sé por qué. Y saber no ayuda en nada. Fue la primera melodía que tocó mi hijo en el piano. Pero no hablo de excusas ni de asociaciones. Quisiera investigar, aunque no fuera posible, el mecanismo de esa irrupción.

¿Cómo meterse dentro de ese no transcurso, donde,como desde la boca de un volcán, una repetición acomete?

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Hélène Barrier

Hay algo de irritante en esa voluntad que decide sin consultarnos y vive dentro de nosotros. Como un inquilino. No, mejor: un okupa; uno que ha tomado por asalto decisiones que no le competen. Aunque haya  algo delicioso en ese volver del pasado, arrellanándose sin pudor en el presente.
La famosa magdalena de Proust dio el puntapié inicial-no a la vivencia sino a la reflexión- sobre eso que él llamaba la memoria involuntaria.
Fijate vos, la lana. Vaya a saber qué asunto oscuro había entre la niña que fui y las ovejas. El extraño romance continúa, ahora,  con la mujer que soy. El olor de la lana cruda es una textura que se huele, una consistencia táctil en la nariz, una sinestesia para el cuerpo. Debo confesarlo: solía acercarme al puerto para no perderme la presencia de los barcos llenos de ovejas. Cada loco…Esto no tiene retorno. Aunque sí, interés.
Y el olor de la vainilla.  El olor de la vainilla instala un prado dentro de mí. Es un territorio que se incorpora al de mi cuerpo y lo arrasa. No hay medida del tiempo. Es un fulgurar. Lo arrasa y luego el cuerpo se rearma en lo habitual. Un viaje concentrado que, sin embargo, en su no ser mensurable- en su brevedad- incluye una transformación. Algo cambia, irremediablemente, después de cada prado, de cada ráfaga de olor a vainilla.
La lana huele a vainilla. El prado canturrea “Glutina” “Glutina”. Y la melodía del piano une los fulgores. Fotos del azar. Traslados en círculo. La insistencia en su mecanismo de la maravilla.

VOLVER AL PUNTO DE PARTIDA

Hay un momento en que todo lo excepcional cede al transcurso. Otra vez nos vestimos y nos largamos hacia las costumbres y las formas de los otros, de otros lugares. El traslado es lineal, aunque serpentee un poco: uno va como quien avanza. Pero, en eso, un reloj indica que debemos pegar la vuelta. Volver ya no es lineal: ahora  un trazo ondula el camino. Regresar al punto de partida se hace torbellino. ¿Es el punto de partida el que ya no se parece a símismo?¿Somos los transformados? Se dice que todo cambia o puede cambiar. Aunque, de verdad, estas frases no tranquilizan. Abandonarse al movimiento natural de la vida no tiene ninguna gracia.Volvemos sin volver, nos sentimos en un breve exilio, sin patria. Hasta que logramos reacomodarnos. Esa extranjería bella y dolorosa irrumpe como el olor, como el jingle, como  la imagen del pasado instalada en el presente. Una sensación de no estar, de no pertenecer, de falta de suelo debajo de los pies. Y, aun así, gozosa.

Rocio Coppola - otros tejidos
Rocío Coppola, de la serie “otros tejidos”

 

 

 




ADIÓS AL LENGUAJE

Viaje alrededor de un punto: Sobre “Adiós al lenguaje”, de Jean-Luc Godard

Por Víctor Dupont y Virginia Saavedra.

QUIÉN DIJO QUÉ ES DIFÍCIL: SINOPSIS FIRMADA POR EL DIRECTOR

La idea es simple. Una mujer casada y un hombre soltero se conocen. Se aman, discuten, los puñetazos vuelan. Un perro está entre la ciudad y el campo. Las estaciones pasan. El hombre y la mujer se reencuentran. El perro se encuentra a sí mismo, entre los dos. El otro está en uno. El uno está en el otro. Y son tres. El marido lo echa todo a perder. Una segunda película comienza. Igual que la primera. Y a la vez, no. De la carrera humana pasamos a la metáfora. Termina en ladridos. Y un bebé llora.

Firma: Godard.

 PUNTO: EL VIAJE

No es metafórico: en la película un punto blanco viaja alrededor de una pantalla negra.

Al principio, se nos informa: en el año 1933 se inventa la tele. Las mismas letras indican: año en el cual Hitler llega al poder.

Hay, también, ni bien comienza el film, viajes alrededor de otros puntos -ahora sí, metáfora mediante-: alrededor de bosques, alrededor de cielos, alrededor de habitaciones, de lluvias, de puertos.

Una pareja se traslada por distintas escenas cotidianas. Un viaje gira alrededor del cuerpo del otro.  El perro- como otro punto- viaja, zigzaguea por un paisaje de naturaleza. El punto -de vista- es siempre el mismo: el vacío del lente de una cámara, el eterno ojo fisgón del cine, el husmeador incansable: Godard.

Corte.

BLANCO SOBRE NEGRO

Un punto blanco viaja alrededor de una pantalla negra.

Lo visible no se enuncia, pero hay violencia.

¿Habrá algún vínculo entre fabricar imágenes, fabricar guerras, fabricar muertes o recorrer jardines? ¿Habrá alguna continuidad invisible entre un televisor, sus fulgores, las siluetas de realidad que (des)dibuja y una procesión de uniformados al proclamar bombardeos desde aviones?

Godard no reflexiona con palabras, aunque lo hace: cita a filósofos, pensadores, poetas. Y lo hace con fruición.

Corte.

INTERRUMPIR ES SALUD

Lo audible se oye con interrupciones.

Godard no narra nada, aunque lo hace: una pareja dialoga, coge y caga. Un perro camina, mueve la cola y no mira -aunque lo hace- porque no hay desnudez en la naturaleza.

Lo decible enmudece en lo visible.

Godard reflexiona con imágenes, narra con cortes, fractura con sonidos: provoca rimas en secuencias, acciones en los sonidos, acordes en lo narrativo.

Se trata de pintar lo que no vemos, porque no vemos nada.

De contar lo que no pasó, porque no hay lenguaje.

Adiós al lenguaje.

Capítulo uno: La naturaleza.

Capítulo dos: La metáfora.

Capítulo tres: La memoria histórica.

EL MONO PREHISTÓRICO, EL PROBRE HUERFANITO

No es metafórico: en la película, un punto blanco viaja alrededor de una pantalla negra, dos veces. Quizá tres.

El procedimiento es el de las secuencias que se repiten y soplan ecos (oh, belleza de la nouvellevague). Por eso -ahora sí, metáfora mediante- el punto podrá ser la luna, la flor en el agua, el bosque, la guerra, la palabra.

El punto -de vista- podría resultar así: el lenguaje – irradiación solar infinita desde vaya a saber qué mono prehistórico- rodea al mundo con su orfandad, lo quema con su luz espectral, lo agrieta. En 1933 las imágenes vinieron a propagarse como peste y hemos perdido, todavía, más inocencias. Entonces sí, la cosa es clara: no vemos nada.Por si algo faltaba, la tele lo vino a mostrar. Parió la abuela y habrá que agujerear y pujar la tela, distorsionar los colores, mirar como miran los perros: sin desnudez. No la hay. Oh, manzanas de Magritte, floreros de Cézzane, orejas de Van Gogh.

 

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UNO MÁS UNO, TRES

Escribió Deleuze en relación a la obra de Foucault: Existe disyunción entre hablar y ver, entre lo visible y lo enunciable: lo que se ve nunca aparece en lo que se dice, y a la inversa. La conjunción es imposible por dos razones: el enunciado tiene su propio objeto correlativo (…); pero lo visible tampoco es un sentido mudo (…).  Por eso no debe extrañarnos que los ejemplos más complejos de la disyunción hablar-ver aparezcan en el cine.

Que la palabra sea ciega y la visión muda es una forma de resumir otro axioma godardiano: lo que se ve nunca aparece en lo que se dice; lo que se dice, jamás en lo que se ve.

Las arquitecturas sonoras y visuales son disyuntivas.

No es más que un corolario de la regla básica del montaje, ya descubierta por los rusos antes de 1933: 1 + 1 = 3.

El 3 – la imagen mental – es el punto que no se ve entre dos imágenes, el enunciado propio del espectador.

 

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LA HINCHADA TE SALUDA

También hay otro 3: el punto de convergencia entre el sonido que fuga con la imagen. El silencioso murmullo abismal de la platea. Nuestros ecos imposibles. El montaje es un arte de desdoblamientos, de fugas, de ecos. En este sentido, Godard tampoco hace su películacon banda sonora, aunque sí: las partituras clásicas más sublimes cruzan prácticamente cada secuencia, pero hacen guerra con lo que se ve y con lo que se dice.

Porque 1 + 1 = 3.

Porque “Adiós al lenguaje”.

Porque Adiós al lenguaje no piensa ni dice, pero habla: de la guerra, del amor, del arte, del siglo XX.

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PUNTO Y COMA: EL QUE NADA NARRÓ SE EMBROMA 

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¿Qué es narrar? Cuestionar la narración, sospechar de ella, redireccionarla: armar una zona de breves, fugaces y discontinuos puntos narrativos.

Pero, está bien, si nos esforzamos, tal vez algunos relatos centrales haya.

Una pareja charla sobre la igualdad de género. El hombre comenta: sólo en la mierda, en el excremento, hay igualdad. Sólo en la desolación hay igualdad. En la desnudez, también. Entre diálogos filosóficos y rumiares eróticos, la danza de los ritos de la pareja resulta siempre la misma: cagar, coger, hablar, ver (casi siempre, un televisor de fondo emite imágenes en blanco y negro, es decir: otra vez el balbuceo de un habla muda, lo visual duplicado en tensión).

ENTRE LA CONSTELACIÓN DEL PERRO Y LA OTRA

También hay un perro, que entró a la casa de la pareja. Antes o después conocemos su historia: llegó allí tras divagar entre bosques, bajo cielos tormentosos o claros, tras ver pudrirse las aguas, tras empaparse su mirada de lo líquido de las piedras, tras vagar por una naturaleza devastada.

El siglo XX, a trasluz, se narra poéticamente entre la constelación del perro y la constelación de la pareja. En ese orbitar, podemos preguntarnos qué hemos hecho del amor, humanos. Qué hemos hecho de la tierra. Del amor, metáfora de la guerra, humanos. De la sangre de los cuerpos, metáfora de la guerra. De los bosques, metáfora de la guerra, humanos.

TROMPITO, ENTONCES

El punto entonces viajará en círculos concéntricos de metáforas: viajará la sangre alrededor de la historia, alrededor de la rejilla del baño de los amantes, alrededor del cuerpo torturado. Otra vez: alrededor del siglo, de la música, de la palabra, del silencio.

Y lo literal, también: en la película el punto blanco que viaja por una pantalla negra.

Capítulo uno: La naturaleza.

Capítulo dos: La metáfora.

Capítulo tres: La memoria histórica.       

PUNTO FINAL: SIN PALABRAS

“Mambrú se fue a la guerra / qué dolor qué dolor / qué pena”.

LINKS

– Trailer “Adiós al lenguaje”:

– Acerca del cine de Godard(1):http://cinentransit.com/pensar-entre-imagenes-jean-luc-godard/

–  Acerca del cine de Godard, con interesantes citas del mismo Godard (2): http://www.izquierdadiario.com/Godard-el-cine-piensa

– Acerca del cine de Godard, una perspectiva filosófica (3): http://cfj.filosofia.net/2008/textos/pensar_imagenes.pdf

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

 

DELEUZE, GILLES: “Foucault”. Buenos Aires: Paidós, 2008. Traducción de José Vázquez Pérez.

AMIEL, VICENT: “La estética del montaje”. Madrid: Abada Editores, 2005. Traducción de Monique Perriaux y Vicente Carmona.

GODARD, JEAN-LUC: “Pensar entre imágenes”. Intermedio Ediciones, 2010. Traducción: Natalia Ruíz Martínez / Javier Bassas Vila.




CALAMBRES

Viaje alrededor de un punto: Viaje alrededor de la Estación Retiro.

Por Diego Soria

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Egon Schiele, Crouching Woman with Green Headscarf, Pencil and gouache, 47×31 cm, 1914

 

EN RETIRADA

Retiro: el cartel electrónico titila en la sala de espera. Se diría que con desdén, si no fuera tan sólo luces y cables. De un lado, anuncia la llegada de micros desde lugares lejanos y no tanto. Yo qué sé, quizás apenas eso conjetura mi ignorancia.

¿Dónde queda Chapaleufú?

Louis Bourgeois - Arch of Hysteria - 1993
Louis Bourgeois – Arch of Hysteria – 1993

La otra mitad del cartel acapara las miradas, las “partidas”. Sin descanso, los leds dibujan los nombres deseados: “Mar del Plata”, “Pinamar”, “San Bernardo”. Una voz en off acompaña con los nombre de las plataformas correspondientes. Cuando ella anuncia, los pasajeros corren hacia los micros, llevan tablas de surf, bolsos y valijas; familias imposibles bracean sin parar el mar de gente que espera, como yo, el escape engañoso a ningún lado: Córdoba.

Aprieto mi guitarra entre las piernas para no quedarme dormido.Pienso en los últimos momentos de un viaje que comenzó hace meses y hoy termina. Termina al empezar: sé que encontraré a mis amigos, el paisaje estará donde siempre y la ruta nueve será una lotería de doscientos kilómetros. Me esperan algunas miserias y también alegrías. Pero, sobre todo, me tratarán bien, me tratarán bien.

Mi cabeza se bambolea. La tentación de dormir está tan al alcance de la mano, que me asusta la idea de despertar sin mi guitarra, esa amante inexplicable.

EL IMPOSIBLE ROMANCE DE BEN 10 Y BARBIE

Egon Schiele- Mujer con pañuelo amarillo
Egon Schiele- Mujer con pañuelo amarillo

¿Qué llevan esas valijas tan pesadas? Los pasajeros arrastran sus cosas, presurosos; un coro de “rueditas”se superpone en tonos graves para familias enteras: un padre al borde del colapso encabeza la fila; detrás, la mujer dice cosas como – ¿Cerramos la llave del gas? A Papá no le importa-. Ella está de vacaciones o, al menos, lo cree mientras busca la plataforma con ojos desorbitados. Más atrás, los hijos-Agus y Santi- llevan mochilitas de Ben 10 y Barbie. Santi no sabe qué cosa es Mar de las Pampas; tampoco le interesa. Papá le dijo que allá reina la paz y el mar es tranquilo, pero él prefiere patear la mochila de su hermana y entonces Agus grita y Mamá sosiega a Santi, con un sacudón  de  brazo. Papá grita: -¡Ahí está, plataforma veinticuatro! Y todos corren en fila en tono de “rueditas”, más enérgica y agudamente.

ECHE VEINTE CENTAVOS EN LA RANURA SI QUIERE VER LA VIDA  COLOR DE ROSA

Una señora mayor se sienta junto a mí y pone monedas dentro de una de las pequeñas pantallas de televisión junto a los asientos. Las monedas de veinticinco centavos caen de a una desde sus dedos arrugados, mientras una chica mira detenidamente el quiosco de libros y revistas.

¡Documentos! – exige el gendarme a un muchacho.

-Yo no hice nada… – dice él, con la cadencia de quien está harto de repetirlo. Su boca entreabierta  también parece entreabrirse el blanco de sus ojos. El gendarme es muy alto. Su grito es muy alto. Ahora, abre las piernas como si demarcara un territorio. Vuelve a exigir:

-¡Documentos! -otro gendarme se acerca a la escena.

La señora junto a mí sigue absorta en su operación frente a la pantalla diminuta, es una televisión cara. Perdí la cuenta de la cantidad de monedas que lleva colocadas en la ranura.

BOLSÓN-PARÍS-NEW YORK

Egon-Schiele-Paintings-2
Egon-Schiele-Paintings-2

Llega un micro Chevallier desde el Bolsón: lo dice el cartel y lo veo estacionar. Bajan los pasajeros con cara de cansancio. Un hombre de guardapolvo descarga las valijas a cambio de propinas quese niegan a salir de algunos bolsillos. El coro de rueditas vuelve a cantar, pero en tonos menores. Los rostros son la máscara de la decepción, como si segundos antes de bajar aún esperaran encontrar otra ciudad, otro asfalto, otros edificios; quizás, una montaña o una playa abandonada. Y ante tanto deseo, la respuesta es la misma aflicción. La estafa se repite, el escape se devela como la fantasía pasajera, tras la que se corre, como se corre tras otras.

La longitud del pasillo los expele a la calle ruidosa, se cruzan con quienes vienen en sentido opuesto, divertidos, en pos de… quienes vuelven, quizás con piadosa indulgencia, se dejan sumergir en la ciudad.

-¡Abrí el bolso! – dice el segundo gendarme. El muchacho parece el único detenido en el tiempo, no va a ningún lado, no espera a nadie ni tiene encomienda que le dé entidad. Dice:

–No hice nada… -sin ganas. El bolsito se abre ahora entre las manos del muchacho y la vieja opera los mínimos botones junto a la pantalla. Los dedos se ven huesudos y largos, juegan junto con los ojos que se achinan mientras escrutan canal tras canal. En cada pulsión ella pasa de estar en París a cazar elefantes con grupo de burgueses en el Serengueti o a perseguir delincuentes en Nueva York.

QUÉ LINDO CUANDO NOS PROTEGEN

Egon Schiele - Sitting Feminine Act
Egon Schiele – Sitting Feminine Act

Una bolsa de pan, un pantalón Adidas gastado, una gorra  caen al suelo; caen, uno a uno, desde las manos del gendarme quien, de espaldas a mí, se ve  verde, verdísimo; como su compañero, quien ahora obliga al muchacho a ponerse  de espaldas, palmas sobre la pared del baño Entonces, lo palpa de armas.

El muchacho: silencio. Un silencio que se repliega en un tiempo otro, una resistencia al tiempo del abuso, al tiempo hostil de las manos ajenas que investigan porque se arrogan potestad instantánea sobre su cuerpo. Algunos pasajeros se detienen y comentan lo bien que  hace la Gendarmería su trabajo. Después, continúan a paso vivo.

LOS CALAMBRES DE LA ESPERA

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Egon Schiele, Crouching Woman with Green Headscarf, Pencil and gouache, 47×31 cm, 1914

Tiene calambres la espera, aun dentro de toda aquella teatralidad a cielo abierto, las piernas avisan que duermen. La sala tortura bajo el cartel de leds. Muevo el cuerpo dormido, la guitarra se agita un poco, como un bebé dormido.

Alzo la mirada, mientras despierto a los músculos. En eso, advierto al gendarme: camina el pasillo junto al resto de los pasajeros. Busco entre la gente a aquel muchacho de la bolsa de pan y lo encuentro, justo antes de cruzar la entrada vidriada por la que le han sugerido que se fuera. Otro gendarme le indica la salida. El gesto ampuloso del gendarme se despliega en el tiempo y en el aire, como para dejar bien a las claras quién es la mínima persona y quién el uniformado personaje. El muchacho ahora sí grita algo desde la vereda. El tiempo está de su lado. Cómplice, silencia el texto y solo permite el gesto del grito. Afuera, entrelos taxis, la furia en silencio va con el bolsito a cuestas.

GUITARRA, VAS A LLORAR

Vuelvo la vista sobre el estuche de la guitarra; tengo ganas de tocar, pero todo es bullicio y los cantos se han reservado a las valijas rodantes.

Parada frente al quiosco, bajo un colchón de pelo, una chica delgada aún, aprieta los labios y enfoca los ojos sobre las tapas de los libros, como si en algún momento pudiera llegar a leerlos. El quiosquero lo sospecha. Ya está inquieto como todo vendedor, pero ella insiste en su estrategia de hipnosis. La señora, a mi lado, escucha las noticias de última hora. La guitarra ya me es una molestia. También sé que el cartel pronto informará el número deplataforma de mi partida.

-¿Es bueno este libro? –inquiere la chica. ¡Al fin!, piensa el quiosquero.

– Es muy bueno ese… es el último de John Greene, todo el mundo lo lleva –agrega. Ella duda instante, mira las revistas que cuentan dónde veranean las estrellas.

– También tenés toda la serie de los Juegos del Hambre –se esfuerza el quiosquero en ofrecer otras opciones.

-Me llevo e+este-, dice la chica justo cuando parecía que iba a desistir.”La novena revelación…”- las últimas palabras las dice ya con el libro en lamano, como si de verdad la revelación hubiese sucedido.

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FrancisBacon, Study for a nude, 198×137 cm, 1951

-Es muy buen libro ése… lo lleva todo el mundo…, son doscientos pesos –se apresura el vendedor antes de que ella se arrepienta. Pero cómo sería eso posible. ¡Si todo el mundo lleva esos libros!

Me recuesto, me concentro en el cartel. En cualquier momento se anunciará mi partida a Córdoba. Imagino los abrazos, los amigos, el campo y, quizás, un asado de cabrito a cambio de unas melodías, ¡sí que es barata la carne! Pienso.

Miro por última vez a la señora junto a mí. Está concentrada en la pantalla que denuncia, en letras enormes, un escándalo: un periodista habla de impunidad, de ciclo cumplido.

Entonces, por primera vez en toda la tarde, me mira y me dice:

-Es la Yegua.

Las piernas responden de a poco, me alzo, cargo la guitarra en mi hombro y camino entre la multitud, esquivo a los gendarmes, me toca la plataforma veinticuatro. Desde donde estoy hasta donde debo ir hay un espacio mensurable. El tiempo que tarde en recorrerlo depende de los ecos: ¡Documento!…pero si todo el mundo lleva esos libros….¡Documentos!…pero si todo el mundo.  Apuro el paso. El tiempo, cualquier tiempo, también puede acalambrarse.

 

 

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Especial Agradecimiento a Carolina Dieguez por las imágenes que ilustran esta nota.

 

 

 




ATLAS PARA VIAJEROS PERPLEJOS

Viaje alrededor de un punto: Sobre la perplejidad

Por Mario Ricca

Atlas para Viajeros Perplejos

 I.  Check in – Pasajeros bote 001 “El Anartista 2.0”

 Tiempo: sedienta tardecita de enero. Lugar: living de la casa de Gaby Stoppelman, allí donde Flores se abre en Floresta. Evento: primer cónclave del equipo de “El Anartista – Generación 2.0”. Atmósfera: excitación contenida, nervios, treintitantos presentes intentan el juego de juntar caras desconocidas con nombres y textos, conocidos solo a través de facebook y el e-mail. Expectativas con mate, recuerdos con factura, descubrimientos con gaseosa.

De repente, ¡TIC TIC TIC! (ruido de batuta).

Todas las miradas a la cabecera. Gaby, directora y alma Mater del proyecto:

-Gracias a todos por venir, en pleno enero, con este calor.

Gaby es la única que conoce a la mayoría por su cara y a todos, por su “voz escrita”: los textos.

-Sin embargo, la idea es que “El Anartista” sea para nosotros un espacio de gratificación, del placer de escribir. La mayoría no participó de la experiencia del  primer Anartista, no conocieron los sinsabores de hacer una revista de papel. Dichosos de ustedes: en esta nueva época, la tecnología puede ahorrarnos muchos sacrificios. Valoren este espacio y disfruten de la posibilidad de escribir y publicar lo que escriben. Hagamos un único sacrificio,  el del esfuerzo personal por la buena escritura y el compromiso por poner el cuerpo a la función de cada uno, para que “El Anartista II” sea viable.

Semejante declaración de principios dio lugar a algunos cuchicheos.

-¡Ah! Una cosita más: para aquellos que pensaban que este trabajo es una experiencia democrática, tengo malas noticias. Para que vayan teniendo (con perdón del gerundio), ahí va la “bajada de línea Nro. 1”:

-El tema de “El Anartista” Nº1 (versión digital), será viaje alrededor de un punto”. ¿Algún problema?

Ni siquiera se escuchaban grillos que atenuaran el silencio.

-Repito: ¿Algún problema? ¿Eéééééhh?

-¡Noooooo! ¿Por qué? Está bien clarito.

Las expresiones de casi todas las caras presentes tenían algo en común: perplejidad. Eso me hizo pensar que, en realidad, si existiera una “leche materna” de los escritores, un ingrediente esencial de ese alimento temprano sería, precisamente,  la perplejidad. Con una mano en el corazón: ¿nunca se quedaron perplejos frente a la página en blanco?

Muy astuta nuestra directora, pensé. En lugar del remanido tópico de la página en blanco, para inaugurar esta nueva época de El Anartista, ella saca de la galera el viaje alrededor de un punto. Con su aura de inimputable, nos cambia el eje del tópico, pero nos deja la misma perplejidad. En fin, yo ya tengo el cuero duro; pero este grupo de chicos/as tan llenos de ilusiones me da ternura: no saben lo que les espera, ignoran que el viaje alrededor de un punto es un viaje de ida.

Cuando, al promediar la reunión, Gaby dijo que pensáramos temas con el leit motiv del “viaje alrededor de un punto”, se me ocurrió el mío (en caso de obtener el beneplácito de la directora): la perplejidad.

 

Stroubadour.wordpress.com

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Ojodigital.com “como canicas en un laberinto” 2007

 II.  De rondas y reflejos

No tenemos, para comenzar nuestro viaje alrededor de un punto, ni plano, ni pasaje, ni siquiera una brújula. Tampoco, la mínima prudencia necesaria. Entonces, daremos un primer paso con una osada afirmación:

Todo viaje desde un lugar a otro del mundo es un viaje alrededor de un punto.

(¡Ssshhhhhhhhh!,  no digas que yo te lo dije: el punto es el centro de la Tierra).

Caramba, damos un paso y ya estamos perplejos: ¿de qué nos sirve la consigna  si cualquier viaje la cumple? Para evitar esta trampa “geocéntrica”, hagamos como Galileo, una revolución: rescatemos nuestro punto de giro del centro de la Tierra y acerquémoslo a nosotros a una mínima distancia.

Por ejemplo, si lo traemos desde lo profundo hasta los lindes de un jardín, ese punto podría marcar el comienzo de un viaje por senderos que se bifurcan. La figura que se genera es la multiplicación de encrucijadas, el laberinto arborescente.

Si el punto cayera en medio de la selva, quizás el tour consistiría en recorrer una serie de ruinas circulares; si las coordenadas nos dejaran en la Creta mítica, en una de esas, exploraríamos con terror la casa de Asterión. En estos ejemplos, la imagen es la del laberinto clásico concéntrico.

(Guardemos en nuestra mochila los planos de estos laberintos; podrían sernos útiles “en algún punto” del viaje).

Si el pivote está en una cabaña en la espesura, puede que el viaje consista en ser testigos de la conjura de una pareja y su continuidad: la carrera del hombre armado hasta una casa en el claro del bosque, donde apuñalará al lector de un relato sobre amantes que planean “el” crimen en una cabaña. Aquí, la estructura reproducida por el movimiento de punto es una cinta de Möbius, donde el plano de la ficción y el de lo real son uno y el mismo.

Es posible poner el punto sobre la superficie de un plano. Si ese plano es un espejo victoriano, la viajera puede ser una niña, perpleja a causa de un conejo que observa preocupado su reloj de bolsillo, pues va muy demorado. (El tiempo, la otra dimensión del viaje, que también estrujaremos). En este caso, operaría  la figura del universo paralelo.

 

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es.wikipedia.org

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librodenotas.com

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ztfnews.wordpress.com La banda de Moebius de Adam Pekalski

III. El entusiasmo y la quietud

En realidad, no somos originales: Gilles Deleuze, dispuesto a construir un diccionario de palabras con la ayuda de Claire Parnet, eligió para el capítulo de la “V”, la palabra “viaje”. Y el filósofo irá mucho más lejos en esto de retorcer las dimensiones. Desafiará al tiempo con su “lentitud” y al espacio propondrá reemplazarlo por  “intensidades”. En sus palabras:

“Claire Parnet:

                               -¿Y tu odio a los viajes está vinculado a tu lentitud natural?

Gilles Deleuze:

                              -No, porque uno concibe viajes muy lentos. Sí; en todo caso, no tengo necesidad de moverme. Yo…todas las intensidades que tengo son inmóviles, ¿sabés?: las intensidades se distribuyen en el espacio o bien en otros sistemas, pero no necesariamente en el espacio exterior. Así que, para qué ir a buscar esas emociones, (…) si están a mi alcance, con mayor hermosura, en sistemas inmóviles, como la música o la filosofía. Con ello quiero decir que hay una geomúsica, hay una geofilosofía, son países  profundos. Y además son mis países, ¿sí?”

 

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blogs.20minutos.es Borges y su biblioteca de Babel

 

IV. Afectados y perplejos

La inventiva deleuziana nos ha dejado en el territorio de “Geofilosofía”. Aprovechamos el viaje para estrujar la trama del espacio-tiempo e ir en busca de Maimónides, (médico, rabino y teólogo judió de al-Andalus, en la Edad Media) y su “Guía de Perplejos”.

La obra estaba destinada a asistir a quien se aventuraba por los senderos del pensamiento y se hallaba, de pronto, frente una figura paradigmática: la encrucijada (Y).

Representa la condición del desconcertado, paralizado, oprimido en su ánimo por tener que optar entre dos caminos, ambos aparentemente válidos. Es el perplejo, sujeto moral que requerirá de la filosofía para la resolución del dilema. Y la perplejidad será estado de tensión entre esos dos polos, equilibrio inestable en el que no es posible permanecer, por eso debe ser abandonado.

Seguimos la exposición de Javier Muguerza, filósofo español contemporáneo, para quien el panorama de la filosofía actual ofrece dos salidas alternativas: la ética discursiva  sugiere la herramienta del consenso, y el neoaristotelismo  propone un retorno a la eticidad comunitaria. Frente a estos legados del racionalismo, existe una tercera vía, la de los posmodernos,  interesados por lo otro de la razón, (naturaleza, cuerpo, fantasía, deseo,…)

Para Muguerza, hay paralelismos entre el antiguo Maimónides y el moderno Habermas: éste también ofrece una guía para perplejos (aunque los llamará afectados). La diferencia es que el primero habla en nombre de la fe y el segundo lo hace desde la razón. Habermas confía en la idea regulativa del consenso racional, aplicado a una crítica de las instituciones vigentes. Los afectados por una norma dialogan sobre sus consecuencias y efectos, alcanzan consenso acerca de su aprobación o rechazo y, así, se sobreponen a la perplejidad.

Los neoaristotélicos  postulan un reemplazo de la ética del individuo por una supuesta eticidad comunitaria, basada en la concepción aristotélica de naturaleza humana, en la cual estaría impresa- a modo de genoma- lo que al hombre conviene como especie, su bien y su télos o finalidad. Esto evitaría a los hombre la incertidumbre moral, la perplejidad, pero con menoscabo de su independencia.

En cuanto al escepticismo posmoderno, una imagen que propone Muguerza es muy ilustrativa: ya nadie confía en los ideales de la razón ilustrada, por ejemplo, en “el progreso del conocimiento humano ha de comportar un progreso moral de la humanidad”. Después de horrores como Auschwitz o Hiroshima, es imposible ser modernos o racionalistas sin alta dosis de perplejidad. Pero esto no implica necesariamente una apuesta a lo irracional: bastará con reconocer la auténtica potencia de la razón, que es limitada, frágil.

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dantezaragoza.com Las Artes de Piranesi

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revistaafuera.com

 

V. Una razón con minúsculas

Frente a estas corrientes, Muguerza expone su propuesta: ni dogmatismo ni escepticismo: racionalismo autocrítico. Desde la perplejidad, escribe: “La perplejidad no es tan solo, como creo, un signo de los tiempos que vivimos, sino también y en cualquier tiempo, un acicate insustituible de la reflexión filosófica: el asombro que hizo pensar a los filósofos de la antigüedad (…) La perplejidad es tensión entre la ignorancia y la certeza. No es ni dogmatismo ni escepticismo, podemos decir que es el único padecimiento filosófico capaz de inmunizarnos contra ambas formas de intolerancia”.

Muguerza admite que “la ética es un círculo en expansión, de manera que todo disenso es aceptable si contribuye a la ampliación, y nunca a la reducción, de dicho círculo, mediante el reconocimiento de nuevos derechos, etc.”

Dejamos al altamente recomendable Muguerza con un ejemplo paradigmático de perplejidad: es la tensión producida al preguntarse qué es prioritario, si el consenso o el disenso. El consenso hace referencia a la universalidad; el disenso, a la autonomía de cada sujeto para decir que no. Como aclara Muguerza, “la disensión es siempre individual y nace de una decisión tomada en solitario(…) desde el interior de una conciencia disidente”.

Estas últimas reflexiones nos recuerdan al protagonista de un célebre relato breve de Melville: “Bartleby, el escribiente”.

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VI. Bartleby, el disidente

 

“No cambio las biografías de todos los demás escribientes por unos cuantos pasajes de la vida de Bartleby (…) No creo que existan materiales para una biografía completa de este hombre. Lo que es una pérdida irreparable para la literatura”.

         Son palabras casi iniciales de la historia, narrada por quien fuera su patrón y copista legal, dueño de un estudio neoyorquino. Él mismo describe, más adelante, al personaje:

“En respuesta a mi anuncio, un muchacho impasible se plantó una mañana en el vestíbulo de mi oficina (…) Todavía puedo ver esa figura: pálida y pulcra, respetable hasta inspirar compasión, con un aire irremediable de desamparo… Era Bartleby (…) Al principio, Bartleby hacía una cantidad extraordinaria de trabajo. Hacía turno doble, copiaba a la luz del día y a la luz de las velas. Y yo hubiese estado encantado de su aplicación si su laboriosidad hubiese sido alegre. Pero escribía en silencio, pálida, mecánicamente.

Más tarde, el notario relata el episodio de su “perplejidad inaugural” con Bartleby: “Fue, creo, al tercer día de su estancia conmigo (…) recurrí, de pronto, a Bartleby. Con prisa, y esperando naturalmente respuesta inmediata (…) alargué la mano derecha con la copia y le expliqué brevemente lo que quería que hiciera: revisar conmigo el papelito (…) Bartleby, con una voz singularmente suave y firme, replicó:

-Preferiría no hacerlo

Esperé sentado en completo silencio, rehaciéndome del asombro…” 

Al principio, sólo esporádicamente recurrirá Bartleby a su “fórmula”, (en palabras de Deleuze). Pero ateniéndose siempre a las normas del decoro y la buena educación, el escribiente profundizará su radical desafío a los presupuestos  del  lenguaje, esos acuerdos básicos que hacen posible la vida social y laboral.

Llegará el día en que Bartleby extenderá su preferencia negativa a toda tarea: decide no escribir más en absoluto. El tono de comedia desopilante que inspiran los primeros episodios  derivará hacia el drama, vivido por el lector a través del calvario moral  que recorre el alma del narrador. Descubrimos a un patrón de inusual sensibilidad, profundamente afectado por la fragilidad y cortesía de quien desconoce por completo su autoridad. El patrón es un auténtico perplejo, necesitado hasta la desesperación de una guía que le devuelva el sosiego.

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planetamancha.blogspot.com Bartleby el escribiente

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forumclinic.org Eric Dinyer.jpg

 

 

 

 

 

 

 

 

VII. El viaje de Bartleby

La desventura moral del notario es la contracara del sacrificio de Bartleby: la transparencia con que expone su dolor contrasta con la oscuridad que nos atrapa al intentar imaginar cómo funciona la cabeza de Bartleby. El escribiente no padece de perplejidad alguna: no vacila para preferir no, aunque tales opciones lo conduzcan a su autodestrucción.

Pero hay en el escribiente sin escritura otra condición que debe interesarnos; lo descubrimos, otra vez, en la memoria de su patrón:

“Rememoré los apacibles misterios que había notado en el hombre. Recordé que jamás hablaba, salvo para responder (…) que, durante períodos prolongados permanecía en pie, asomado a la pálida ventana de detrás del biombo y mirando el muro ciego de ladrillos (…) que nunca iba, que yo supiera, a ninguna parte; que nunca salía a pasear.”

En otra parte, la confesión de las dudas que atormentan al notario se mezclan con las imágenes de un Bartleby, cada vez más tomado por el  “prefiero no”, extendido ahora a su capacidad de movimiento:

“¿Qué hago? ¿Qué debo hacer, en conciencia, con este hombre, o más bien fantasma? Por mucho, que hagas, no se moverá. Entonces, deben tomarse medidas  extraordinarias. ¿Cuáles? Seguro no vas a hacer que la policía lo saque encadenado y confiar su palidez inocente a la cárcel. ¿Y con qué acusación ibas a hacerlo? ¿Por vagabundo? ¡Esta sí que es buena! Vagabundo, viajero, él, que se niega a moverse. Precisamente porque se niega a ser un vagabundo, intentas acusarlo de vagabundeo. Demasiado absurdo…”

Bartleby, viajero en un punto, pasajero inmóvil.

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elcuadernonegroarf.blogspot.com

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Bibl.: MELVILLE H., Bartleby, el escribiente y DELEUZE G., Bartleby o la fórmula, en Preferiría no hacerlo, PRE-TEXTOS- MUGUERZA J., Desde la perplejidad, ensayos sobre ética, razón y diálogo, FCE México 1990.- J.C. SIURANA. Perplejidad. Pag.Web.

 

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                                                                                                

 

 

 

 

 

 

 




LA NUEVA AGENCIA

 

 

Viaje al rededor de un punto: La música.

CD Textualmente  (2001)

Leo Maslíah

leo-masliah

 

PA / EPSA 17474

La nueva agencia - La nueva Agencia.     




SAQUEOS, CACHI A CACHI

Viaje alrededor de un punto: La ciudad de Cachi y otros saqueos.

Por Isabel D’Amico

 CONFESIONES DE INVIERNO

Julio 2004

Comenzaba a sentirse el frío.

El Cóndor de Aerolíneas Argentinas mostraba sus huesos, sólo eso  le había dejado el grupo Marsans.

No fui un testigo silencioso de todo lo que ellos se robaban. No quise. No pude serlo. Por suerte, no nací para cipayo.

En julio de ese mismo año (poco antes que la nueva versión colonizadora de españoles cortara mi lengua) viajé a Salta.

Roberto -mi marido – y yo trabajábamos en la línea de bandera. Los beneficios delos empleados de las compañías aéreas  son muchos; en Aerolíneas Argentinas, teníamos pasajes vacacionales  gratis y diez por ciento el resto del año, para “volar a donde querés”.

Aunque, eso sí, todo está sujeto a espacio. Ser “sublo” es, a pesar de tus ganas de viajar, de tus planes precisos, de tu economía- también precisa- a veces, te quedás en el aeropuerto a la espera : tal vez viajarás un día, dos, una semana después de lo planeado. El placer de volar también está en no saber si   vas a volar.

Preparamos dos bolsos, los llenamos de todo lo necesario: fundamentalmente alivio. La valija la dejamos en casa y allí ordenamos los desengaños, las traiciones- muchas y bien ajustadas-: como quien estrangula la desazón con un gran elástico fijador de prendas.

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A BRILLAR, MI AMOR

El avión partió de Aeroparque a las  y la ruta, tal cual lo había anticipado el comandante, se mostró apacible. Tan suave como la palma de mi marido junto a la mía. Después de más de una hora cuarenta de vuelo  encendieron los carteles indicadores de  ajustar el cinturón de seguridad. Roberto soltó mi mano y simuló tomar los controles del vuelo; yo miraba por la ventanilla.

– No vamos a hacer una aproximación instrumental- me dijo –, es una mañana brillante.

Iniciamos prematuramente descenso hacia el Valle de Lerma y, allí, Roberto me mostró el Dique General Belgrano, embalse principal del complejo Cabra Corral.

“Sobre la izquierda, sobrevolamos la ciudad de Coronel Moldes para luego seguir el cauce del río Arias; teniendo de frente, la ciudad de Salta. Nos desviamos a la izquierda para una aproximación visual al Aeropuerto.”

Tocamos la pista como expertos patinadores de hielo. El impacto levantó un polvo suave y despertó una bruma.

En el aeropuerto de Salta nos esperaba Enrique, un amigo de Roberto, quien nos llevó a su casa de fin de semana en la localidad de San Lorenzo. Allí dejamos nuestras pertenencias y corrimos a la ciudad.

Al día siguiente, nos levantamos muy temprano para ir a Chicoana. Allí se celebra la Fiesta Nacional del tamal, una comida tradicional de harina de maíz, rellena con carne, papas y huevos envueltos en chala. Típica del norte, como las empanadas.

VIENTOS DESCONTROLADOS

– Elegí: Iruya o Cachi

No sé por qué no dudé: elegí Cachi.

El pueblo se esconde a más de ciento cincuenta kilómetros de la ciudad de Salta. Para llegar,  manejamos casi tres horas por un camino de montaña,  sinuoso y desierto. De tanto en tanto, se veía  a algún pastor con sus ovejas, oscurito él, solito él, olvidado.

Entre choza y choza, el viento, (pincel descontrolado) empolvaba- adentro y afuera- cada piedra pegada noblemente por un barro fiel.

¿Cómo hallaron todo esto?, nos preguntábamos.

La Iglesia no abría sus puertas ni miraba hacia la plaza: el Museo Antropológico era el que lo  hacía.

Nos detuvimos ante una sonora marcha que imitaba el trote del caballo e invitaba a los alumnos del pueblo a practicar para el desfile del siguiente 9 de Julio. La música también envolvía a la plaza; junto al placer del lugar sin tiempo, bien desplegado para turistas y otros.

Me tenté con los ajíes secados al sol y triturados. Ese sería el olor de los indios, pensé por un momento. Los imaginaba en su ambiente mientras caminaba hacia el museo para saber algo más de sus costumbres.

Ajustadas en la cintura, dos viejas collas vestían gruesas polleras; telas y ponchos  cruzaban sus cuerpos como wiphala. Con un click de mi máquina, se escondieron. Para proteger sus almas.

Entramos al museo. Las piedras ovaladas dispuestas en montículos, desordenadas, mostraban dibujos: los indios sabían pintar con distinguidas texturas. En esos diseños percibí, complacida, su espíritu “libero”.

Seguí. Frente a las  vitrinas las vasijas adornadas con pájaros bien alados – muy alados- y con exóticas guardas, señalaban cuidado, delicadeza. Me animé, entonces, hacia su etapa de recolectores y cazadores y admiré su plena etapa de agricultura. Hasta allí todo parecía tener un orden natural o, al menos, su orden.

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TRISTEZA NÃO TEM FIN

Leo: Período hispano- indígena

EN ESTA ETAPA DE TRANSICIÓN, HUBO UNA APARENTE DECADENCIA CULTURAL DEBIDO AL AVASALLAMIENTO PRODUCIDO POR UNA CULTURA FORÁNEA DE CARÁCTER DESTRUCTIVA E IRREVERSIBLE.

LA POBLACIÓN AUTÓCTONA SE VIO DESPOJADA DE SUS TIERRAS, SIENDO OBLIGADA A TRABAJAR EN CONDICIONES QUE LLEGARON AL TRATO INHUMANO.SE PROHIBIERON EL USO DEL QUICHUA Y EL CULTO A LAS DIVINIDADES LOCALES. LA ALFARERÍA MUESTRA UNA MANIFIESTA PÉRDIDA DE CALIDAD,TANTO EN LA TÉCNICA DE COCCIÓN COMO EN SU DECORACIÓN.

 Avanzo en el tiempo. ¿Avanzo? ¿Avanza el tiempo? En  lo que simula un recorrido, las vasijas se tornan más frágiles Y lo que fue pájaro torna en líneas  de débiles trazos, incapaces de llegar a paralelas. Ellas chocan involuntariamente, se desvanecen, de tanto en tanto, en rectas y en fuga.

Ya no siento su vuelo. Ese espíritu que me hizo sonreír por un instante, se desgarra ahogado de pena.

Las almas, allí atadas, se ofenden por mi compasión. Un trazo frágil aumenta el matiz de su color ante mis ojos. No me permite la simple piedad.

-¡Chst! ¡Chst!, el trazo me llama. ¡Chst! Chst! el trazo, bajito, me avisa: a pesar de todo, siguen hablando.

UN CACHI DE PENA

Regresamos a Buenos Aires, tres días después La pena de Cachi vino conmigo. Aunque, de verdad, no supe nunca si la traje o la llevé. O si las dos estábamos destinadas a padecer, a pesar de los siglos, al mismo verdugo.

 

 Isabel D´Amico.Comisario de abordo de Aerolíneas Argentinas – Delegada del sector durante quince años -Secretaria General Adjunta de la Asociación Argentina de Aeronavegantes – Período 2001/2003Perseguida y despedida el 7 de diciembre del 2004 por el grupo español Marsans -



EL DYLAN THOMAS, DE ANDY GODDART

Viaje alrededor de un punto: Sobre “Incendian las estrellas”, de Andy Goddart

Por Pablo Arahuete

EL GALÉS EN LLAMAS

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Una extraña ha venido
a compartir mi cuarto en esta casa que anda mal de la cabeza,
una muchacha loca como los pájaros,

traba la puerta de la noche con sus brazos, sus plumas.
Ceñida en la cama revuelta
alucina con nubes en esta casa a prueba de cielos,

hasta alucina con sus pasos este cuarto de pesadilla.
libre como los muertos
o cabalga los mares imaginarios del pabellón de hombres.

Ha llegado posesa
la que admite la alucinante luz a través del muro saltarín,
posesa por los cielos

ella duerme en el canal estrecho, hasta camina el polvo,
hasta desvaría a gusto
sobre las mesas del manicomio adelgazadas por mis lágrimas.

Y tomado por la luz de sus brazos, al fin, mi Dios, al fin
puedo yo de verdad
soportar la primera visión que incendia las estrellas.

                                                 Amor en el hospicio, Dylan Thomas.

 

  Palabras cazadas infraganti sobre el celuloide

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Dylan Thomas y su mujer Caitlin Macnamara

Huye Dylan Thomas, igual que sus versos despojados, en un viaje temerario. Su mística y su sombra intentan atrapar palabras sobre el celuloide; tratande hacerla carne en la imagen inmortal de Incendia las estrellas, título original Set Fire To TheStars (2014), una rara avis del cine británico del debutante Andy Goddard, donde el Frodo de Peter Jackson -a partir de la imaginación de J.R. Tolkien- el imperturbable Elijah Wood se pone en la piel del crítico literario John M. Brinning. Así,acompaña en una serie de recitales por los Estados Unidosal poeta galés en su último viaje, antes de encontrarse en la más absoluta pobreza -, cara a cara con la muerte. Eso fuea los prematuros 39 años, el 9 de noviembre de 1953, en el hospital St. Vincent’s de Nueva York.Tras haberlo encontrado inconsciente en el bar Caballo Blanco, luego de haber ingerido 18 vasos de whiskey y batir, de esa manera, sus propios records, tal como lo recuerdan quienes escucharon sus últimas palabras: “he bebido 18 vasos de whiskey, creo que es todo un record (hip)”.

 

Respecto a su muerte, también existe una versión fundamentada acerca del error médico: haber confundido un coma alcohólico con un coma diabético y administrarle una dosis de cortisona y morfina. Tal vez, el poema que encabeza este revoltijo de ideas y palabras alcance para comprender la tristeza y la opresión que marcaba una de las coordenadas del intenso itinerario de Dylan Thomas y su poética. Esos trazos de sentido, desparramados en la películay en fragmentos de sus más célebres textos, encuentran- en el blanco y negro de la imagen- un apartado particularmente sensible; aspecto estético de claroscuro para desnudar la luz y la oscuridad de su propia personalidad.El cine se hermana, así, con el lenguaje poético, sin necesidad de artificios ni colores.

BORRACHO, DESPROLIJO Y GENIAL

Viaje intenso: no necesariamente se corresponde con el derrotero geográfico, con las paradas obligadas en universidades norteamericanas- Yale o Harvard-, donde un grupo de académicos contempla, atónito, la prosa descarnada y potente de este desalineado, más próximo a un borracho que a un intelectual; de éste,capaz de conmover o de llevar al extremo los límites del buen gusto cuando, en una tertuSet-Fire-To-The-Stars-still-3lia highclass, inventa poemas con rimas asociadas a las vaginas y al semen. A velocidad frenética, para que toda la audiencia juzgue su acto, derrama su vómito trasgresor, producto de su inestabilidad emocional y su despojo de toda cortesía, ante un auditorio hipócrita. En palabras del propio Thomas en Ni hubo tiempo: “…como el fantasma sin corazón es el único ileso, así el ciego es quien ve mejor”.

Las mujeres, el alcohol y las historias de terror- también las de marineros en las costas galesas- que tanto seducían al maldito Dylan Marlais Thomas, muestran su vulnerabilidad ante el dolor de la pérdida o su propio karma, ahogado en versos, -igual que su primera novia e hija, muertas (¿en accidente?) en 1931, una herida para el escritor y periodista jamás cicatrizada- en noches de insomnio.

EL BRAVO GALÉS DE OJOS SALTONES

El film no transita, afortunadamente, por ningún rumbo de la biopic edulcorada, no lava las impurezas de un hombre imperfecto para acomodarlas al pedestal de los intocables; en cambio, trasciende sus propios horizontes, en términos narrativos, cuando todo recae en la convivencia, para nada amable, entre los literatosDylan y Brinning.Por supuesto, el galés de ojos saltones y voz tremebunda, mucho más interesante que su acompañante académico, quien no puede ocultar su mirada contemplativa y su descontento al ver al ídolo de las palabras tan abatido por la vida: esa dispersión de intensidades, no hechade palabras, precisamente, sino de silencios, angustias y frustraciones en perpetuo desencuentro.

EL VIAJE SILENCIOSO

Dylan actor real
Iquierda a derecha: Dylan Thomas y Celyn Jones interpretando a Dylan Thomas en “Set fire to the stars” (2014)

Un viaje silencioso, en la prosa desbocada y a la vez elegante, mueve las estructuras del formalismo, abraza al surrealismo y destroza los claustros donde los libros acumulan nombres ilustres, con frases muertas desde las ruinas. ¿Qué luz se desliza entre los claustros? ¿Quién la puede observar? Dylan Thomas la busca, pero no la ve;la persigue en cada segundolúcido y borracho de su periplo íntimo y brutal. Y lo que más teme es no encontrarla jamás. Quizás la respuesta, cuando es interpelado por su acompañante sobreel por qué y para quién escribe, sea esa brújula inaccesible para llegar a buen destino. Una frase acuñada por el propio poeta reza: “la poesía debe ser tan orgiástica y orgánica como la cópula, divisoria y unificadora, personal pero no privada, propagando al individuo en la masa y a la masa en el individuo”.

NO TE SALVAN NI LOS BOMBEROS

Un cambio en el ojo advierte a tiempo la ceguera hasta el hueso; y el útero incorpora una muerte mientras surge la vida”.  Un cambio en los climas del corazón, Dylan Thomas.

 

Vivir es viajar en puntos.También es morir:todos los días, la muy perra dibuja un tracito de nuestra final ausencia. En definitiva, el viaje renace las intensidades de la thomas tumbavida y de la muerte, por ejemplo, en el cine. En ese caso, evoca e inmortaliza a este poeta poco visitado por el séptimo arte.“Incendia las estrellas”, una películaque seguramente nunca encuentre cabida en el terreno comercial. Un fuego nada complaciente, inextinguible: Junto a la frase más contundente de unos de sus poemas más elogiados, completa el círculo o- como le gustaba al gales bohemio- el arco entre la vida y la muerte:

No entres dócilmente en esa buena noche,
la vejez debería arder y delirar al final del día
rabia, rabia contra la luz que muere”
.

No entres dócilmente en esa buena noche, Dylan Thomas




PERO EL SOL ESTÁ ECLIPSADO POR LA LUNA

Viaje alrededor de un punto: el viaje de Pink Floyd alrededor de Syd Barrett.

Por Santiago Resnik

 “ECHADO SOBRE EL BRUMOSO ROCÍO, SENTADO EN UN UNICORNIO, SIN MIEDO. VOS NO PODÉS VERME, PERO YO SÍ   (*1)

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Arte de Syd Barrett y su viaje psicodelico

Así recitaba la mente que, ya a comienzos de 1967, tenía en sus manos las estridencias del rock clásico, la lisergia impregnada en los versos y la punzante locura instrumental, fundadora del rock psicodélico. Esa, que marcaría el viaje de una década.
En Londres,la banda más mencionada del Reino Unido, aquel Pink Floyd– a dos semanas de firmar su primer contrato con la monstruosa EMI-, era el canal catártico de su líder fundador, Syd Barrett. A lo largo de los años, la banda –ya sin su fundador-siempre encontraría su eje en el viaje alrededor de este “Gaitero en las puertas del amanecer”.
The Piper At The Gates Of Down” fue su primer álbum y, excepto por el track “Take Up Thy Stethoscope And Walk“, compuesto por Roger Waters, el resto  sería un monólogo del “Diamante Loco”, Barrett. Sólo seis meses más tarde, esta lisergia y los viajes interestelares propuestos en el disco comenzarían a calar profundo en la mente de su creador, en una empinada caída hacia la locura. A mediados del año siguiente y en plena gira, la banda (Mason, Wright y Waters) decidió dejar a un costado al genio psicodélico (en gran medida por su consumo kamikaze de LSD,que sólo acentuó su estado mental), para sumar en sus filas a un compañero  de la universidad de Cambridge: David Gilmour.
                “Esta es una historia sobre una chica que conocí. A ella no le gustaban mis canciones y eso me ponía triste, ella decía: “una gran banda es mucho mejor que vos””, de esta forma abría Syd su desgarrador primer disco solista, “The Madcap Laughs” (La loca tapa ríe). Esto fue en el año 70, Syd fue cautelosamente guiado por su ex compañero y amigo David Gilmour hasta la edición final del disco. Además, ese mismo año se editaría –con la misma fórmula- “Barret”, el segundo y último disco de Syd. A partir de este paso, la demencia lo llevó a aislarse de manera casi hermética en el sótano de la casa de su madre, en Cambridge, hasta su muerte: “Espero que ella ahora me hable y hasta me deje agarrar su mano para olvidar a esa vieja banda”.

“NADIE ME CANTA CANCIONES DE CUNA, NADIE ME CIERRA LOS OJOS. ABRO LAS VENTANAS DE PAR EN PAR Y TE LLAMO A TRAVÉS DE LOS CIELOS”. (*2)

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Arte con tapas de Pink Floyd (de izquierda a derecha): “Atom Heart Mother”, arte inédita, “Dark Side Of The Moon”, “Wish You Were Here”, “The Wall” y “Animals”

El viaje que embarca Pink Floyd a lo largo de los 70 lo deposita entre las glorias más eternas de la música. Pero, ¿hasta dónde hubiesen llegado sin pasar el trago agrio, la lisergia de su prócer fundador? Lo cierto es que Waters, Gilmour y compañía tenían lo mejor de sus carreras reservado para ese momento. “Meddle” (1971): ecos en la oscuridad piden por su creador; “Obscured By Clouds” (1972) y“Dark Side Of The Moon”(1973), donde esos recuerdos se zambullen en gritos, dentro del pegajoso océano de la locura:“Y si la represa se adelanta años al estallar/ y si no hay lugar en lo alto de la montaña/ y si también tu cabeza explotara con oscuros presentimientos, te veré del lado oscuro de la luna”. Tal vez “Animals” (1977) se abre del abanico de honores que la banda le entregó a Syd Barrett, pero aparece allí una nueva/vieja faceta: la visión crítica de Barrett sobre la sociedad, ahora apunta a las crudas condiciones sociopolíticas y  a la decadencia del nuevo mundo industrializado.

Floyd “Lo tan sorprendente de las canciones de Syd era que, a través de la yuxtaposición extravagante  y  loca de ideas y palabras, había una comprensión poderosa de la humanidad. Eran canciones humanas en su quintaescencia. Y eso es lo que siempre intenté lograr”, reconoció Roger Waters, tras repasar la obra completa de la banda a fines de los años 80.
Pero sólo dos álbumes pintaron de la manera más literal posible el viaje floydiano: “Wish You Were Here” (Deseo que estés aquí – 1975) donde, sin pelos en la lengua, Waters y Gilmour  dijeron todo lo que  extrañaban a Syd. Incluso, el track “Shine On You Crazy Diamond” (Sigue Brillando Diamante Loco) sería el gran homenaje:

Recuerdo cuando eras niño y brillabas como el sol (…)
Ahora hay unamirada en tus ojos, como agujeros negros en el cielo (…)
Te agarraron en el cruce de fuegos entre tu niñez y el estrellato (…)

Descubres el secreto muy temprano,
y le lloras a la luna
Siguebrillando diamante loco”

Y, al final de la década, en 1979, Roger Waters- en forma casi monologal (como Syd, en “Piper…”)- daría la pincelada final con la obra conceptual  “The Wall”: música y película  que viaja a través de la vida del ficticio perturbado músico, Pink Floyd. Allí, los paralelos con el creador del nombre están claros por demás.

“VAMOS, DELIRANTE, POSEEDOR DE LA VISIÓN, VAMOS PINTOR, GAITERO, PRISIONERO, A BRILLAR” (*3)

barrett   Sólo un par de veces más fue visto en público Syd Barrett, “asustado por las sombras, nocturnas y expuestas, ante la luz”. Fue a mediados de los 70. Él aseguró no recordar nada, ninguna banda, ningún tema, ninguna gira. Sumido en la oscuridad- no está claro si por un cáncer pancreático o por una diabetes que lo acosó toda su vida- el 7 de julio de 2006, Roger Keith Barrett dejó este plano para unirse al flujo que toda su vida lo atormentó.

Todo lo que es ahora
todo lo que ya no está
todo lo por venir
y todo bajo el sol en sintonía
pero el sol está eclipsado por la luna”

Eclipse – Pink Floyd, DarkSide Of The Moon

 

(*1): Flaming – The Piper at the Gates of Down – Pink Floyd, Syd Barrett – 1968 (*2): Echoes – Meddle – Pink Floyd – 1971
(*3): Shine On You Crazy Diamond – Wish You Were Here – Pink Floyd – 1975




ÁRBOL QUE VIAJA

Viaje alrededor de un punto: Música, sobre el Mono Fontana.

Por Mariano Botto

Mono Fontana x Anita Kalikies 2

Como la voz fascinante de olas al romper en la orilla: compleja y sutil, profunda e inatrapable, así es la música del Mono Fontana.
Un grillo pliega el silencio y el canto de una melodía avanza, no vuelve sobre sus pasos, teje el aire hasta atraparlo. La voz de un bebé se cuela entre sonidos de percusión y algunos ruidos dispersos; comienza su primer disco, “Ciruelo” (1998):
“Como el ciruelo, el paradigma de la acción es vencido por su propio peso. El crecimiento es lento pero el desprendimiento sucede en un instante.”
Tenía ganas de entrevistarlo para escribir esta nota. Pensaba: de sólo estar un rato con él, obtendría mucho de lo que quiero escribir. Pasaron los días y no alcancé a formular ni media docena de preguntas anecdóticas, ninguna que abordara su viaje musical. Puse uno de sus dos discos y aparecieron todas las respuestas; también desaparecieron las palabras y las pocas preguntas. Por esto, empecé a desandar los recuerdos de cuando lo conocí y estudié con él. Entonces, volvieron retazos de algunas entrevistas encontradas por la web.
“Yo comencé a tocar la batería a los 10 años, también la viola. Y entonces, con mucho esfuerzo,
armé un tono de la viola en el piano. Ponía un dedo y después otro. No sabía ni el nombre de las teclas. Cuando venían los demás yo tocaba solamente ese tono. Sabía cómo y cuándo usarlo, pero no sabía cómo desarmarlo. Estuve así un año y medio. Con una cartulina me armé un teclado y puse los nombres de las notas, cosa que si iba a la casa de otro y había un piano yo tenía mi cartulina y sabía dónde estaba el do. Era como Braille. Así fui aprendiendo.”
Cuesta encontrar músicos con los que el Mono Fontana no haya tocado, sólo para citar las puntas de su estrella: Nito Mestre, Dino Saluzi, Horacio Larumbe, Divididos. Recibió elogios de Herbie Hancock y Alphonso Johnson (Weather Report) a Spinetta, quien solía llamarlo como “El teacher”, “La usina”, “la NASA”.

Para Juan Carlos “Mono” Fontana de Luis Alberto Spinetta:
“Si el espacio creado entre un hombre y un instrumento musical en parte galaxia, en parte piel de cercanía se reuniera como los elementos que componen un imán, además, tuviese el don más puro, entonces todos nosotros estaríamos de una u otra forma escuchando dentro del corazón
del Mono.”

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LA CIUDAD MONO

La ciudad incendia el silencio en la avenida. El tránsito, un dragón de hierro, ruge y se mueve a la velocidad de un mundo muy diferente, visto desde el pasaje donde vive el Mono. Vivió siempre allí, a excepción de unos pocos años en que se mudó al centro:
“(…) Estaba arriba de unos tipos que vendían alarmas y estéreos, y escuchaban cumbia todo el día.”

Una calle al borde de Villa Devoto se angosta y la ciudad toma un respiro. Ningún cartel se anima a entrar en el pasaje, el crujir de hojas secas al abrirse la puerta quita las últimas capas de ruido, en el patio florece el silencio. El sol entra por el fondo. Una luz tenue y cálida, un teclado de frente y el aroma de un hornillo reciben a los visitantes tras la primera celosía. Un mundo donde la prepotencia del ruido, la música comercial y los lugares comunes se desvanecen en el silencio acogedor; una pausa atenta y viva, como el instante previo a tocar, cuando primero absorbe el cielo y luego lanza el primer sonido.
“Me compré dos discos que fueron para mí importantísimos. La Cuarta Sinfonía de Charles Ives la compré porque en la tapa había un monito que tocaba la batería con la mano izquierda igual que yo. Me volví loco. No sabía ni de qué era ese disco. Y ese mismo día me compré también un disco de Bill Evans en Montreaux, que dice Bill Evans escrito en cursiva. Yo estudiaba caligrafía en el colegio, y dije: Uy, esa letra es como la mía. Por eso lo compré. Soy el resultado de todas esas casualidades”.
La música del Mono logra pulverizar las palabras. Las nueve obras de su primer disco huyen de las definiciones o de determinado estilo musical. Emprenden un mono fontana -foto 2viaje de múltiples sonidos; desde los elaborados – con gran cuidado – con su sintetizador hasta otros grabados por el propio músico: ladridos de perros, bocinas de auto, ritmos casi tribales, voces en idiomas que desconozco, ambulancias, el torno de un dentista, la voz de Hitchcock. La música viaja por un camino sinuoso e impredecible; sin embargo, en manos del Mono, es imposible perderse.
“Es lo que tiene la música que yo hago. Es toda una cosa. Desde chico, cuando toco no escucho solamente la música; escucho también el fondo, lo que está alrededor”. “Si pudieras ver eso en una imagen es algo terrible: la mina recitando algo de no sé qué poeta francés, gente vendiendo cosas y la gotera. Y eso me afecta cuando voy a tocar. Tengo todos los sonidos separados, y según los ordene me van a sugerir cosas distintas”. En otros temas pueden filtrarse, entre grillos y diálogos de películas, los primeros compases de La consagración de la Primavera de Stravinsky, por ejemplo. Me gusta que se escuche mi música como si se estuviera viendo una especie de película, pero la película no está.”

VIAJE DE MONO SIMULTÁNEO

El estado natural de la música es el viaje por el tiempo. Él agrega sonidos, texturas, colores y atmósferas. Se balancea por el ritmo y juega, la música fluye. Allí se suceden varios viajes simultáneos: el propio de la música, su posición en el escenario (siempre de costado, como invitando al público a que lo acompañe) el de los sonidos y el toque particular: la caída de cada nota – de cuerpo entero – en la intensidad del momento justo. Su manera de hacer música retrata diversos paisajes, tal vez tan variados como las personas que lo escuchan. El Mono muestra el mundo, no lo impone, comanda la nave por la profundidad y cada uno elige su destino.
En su modo de tocar está la nota justa en el momento perfecto con la dinámica y rítmica de un sonido que encaja exacto entre silencios. Un engranaje tan aceitado parece andar solo.

EL MONO SE DIVIERTE

“(…)Tocaba con el ciclo “trasnoche Aurora Grundig” Daba igual si pasaban una película de Sandrini o de Hitchcock, lo que yo hacía era bajarle el volumen a la tele y tocaba mirando, tratando de hacer con lo poquito que sabía en ese entonces alguna música que tuviera que ver con las imágenes. 20 años después, hice lo mismo en el MALBA. Es un tipo de improvisación muy piola.”
En el escenario o en la docencia, se divierte:
“(…)lo hago en mi casa con pelis o cosas que tengo y con algunos alumnos míos, también. Les digo: “OK, vos hacé tal personaje y yo aquel”, luego le asignamos a cada personaje algún motivo musical determinado. Miramos y reaccionamos. Es lo mismo que pasa cuando vos tocás con otro músico, él toca y vos reaccionas, se genera una especie de diálogo musical.”

La música coquetea con lo incidental: la textura de sonidos, las grabacionesque se disparan, la carencia de estribillos. Pero no, el contenido de su obra navega tanto en la cresta de la ola como en la profundidad del mar. Las armonías se suceden acompañadas por los sonidos; no son sólo texturas, llevan en sí valijas repletas de emociones.

MÚSICA VIVA

Verlo tocar en vivo es una experiencia mística. De los conciertos la audiencia no se va tarareando una melodía pegadiza; no hay en ella deseos de agradar. Luego de escucharlo persisten el eco del universo musical y la certeza de haber presenciado una obra artística genuina. Su desinterés por el exitismo se escucha a cada nota, sólo le preocupa tocar y siempre agradece en público a quienes le abren las puertas, ya sea un pub reconocido del circuito del jazz o algún centro cultural de barrio.

“Me siento en la misma situación de los primeros músicos de la historia. No tengo que fijarme si me hicieron las fotos de prensa, si hay un manager o un representante. Hago música porque quiero, no porque tengo que hacerla. No tengo ninguna presión de nada… es una carrera solista sin presiones. Creo que lo que hice siempre fue desde el lugar más honesto posible.”

Las bateas, nerviosas, se preguntan: ¿Dónde ponemos su disco? ¿Jazz, World Music? Pero es agua, salpica, es fresca y no se la puede retener por mucho tiempo, se cuela por cualquier grieta, se evapora, tiene su propio camino. La creatividad lleva la velocidad de la vida y los nombres que determinan el arte, la lentitud de la historia.
“No puedo estar en un solo lugar. Soy como Zelig. Soy más bien una degeneración. Me fascinan los Beatles, los Carpenters, Bernard Herrmann, el tipo que escribía la música de las películas de Hitchcock. Soy un poco como la tapa de Sgt. Pepper’s”.

SALIR O NO SALIR

“Se trata de salir quedándose adentro”
Gilles Deleuze.

Al Mono no le gusta viajar en avión y no sale de gira a pesar de haber tenido oportunidades hasta con Spinetta. Tampoco acepta actuales propuestas para viajar a Japón, donde sus discos se venden.
“La verdad es que dejé de tocar con Spinetta porque les tengo terror a los aviones. Es más, una vez lo clavé en una gira… sólo pensar en tomar uno, me provoca fobia.”
Sí participó del unplugged que realizó Spinetta en Estados Unidos:

“(…) Ese concierto estuvo bárbaro (unplugged) para mostrar la obra a mucha gente que no conocía las cosas que hacia Luis, el poder mostrar que –aparte de otros artistas estaba lo que hacían Charly o Luis; tipos que hacen una música muy especial que no tiene nada que ver ni con modas ni nada… Y por otro lado, en lo personal, fue todo un desafío ya que, hasta hoy, tengo problemas para viajar en avión; y lo hice por dos razones: una, por mi esposa, ya que viajamos juntos –entonces, el decirme: “bueno, me animo y lo hago, me pase lo que me pase”, y la otra por mi amistad con Luis, de seguirlo aunque me costara ir ahí, como diciéndole “no te preocupes, de alguna manera, llegaré…”…” Era una situación muy complicada ya que no podía seguir tocando debido a este problema, es más, ahora estoy tocando de nuevo con él y pasó que cuando fueron a Chile, yo no fui. Por eso tengo esa especie de “golden card”, como decir, bueno, “si no puedo, no puedo”; con la banca de Luis, su bendición, de que no lo haga si no puedo. Este es un tema que estoy laburando, lo estoy tratando. Después del unplugged no viajé más. Si en ese momento lo hice fue debido a que era muy bueno tocar esa música en ese lugar, para otros oídos. Además, coincidimos con otros músicos. Encontrarnos ahí con Franzetti, tocar algunas zapadas con Pappo, fuera de los ensayos típicos.”

CRIBAR EL VIAJE

Años después de su primer disco aparece el segundo y, hasta ahora, el último: “Cribas”.
“Es como un filtro… y le puse así al disco porque desde Ciruelo” hasta hoy acumulé y desarrollé una gran cantidad de cosas. El material inédito que descarté no tenía nada que ver con el que grabé, pero fue necesario. Pasó un montón de tiempo hasta que dije ‘quiero que quede esto”.
Es un disco grabado a piano, solo con algunas intervenciones: la de una mujer que lee un poema en francés, goteras, 146sonidos urbanos, agitadas respiraciones. En “Cribas” el viaje es sonoro: nunca se vuelve al mismo lugar y, en caso de regresar, quien lo escucha se transforma. No se confirman sitios ni juicios, no se adquieren experiencias para el arcón de los recuerdos. Por el contrario, se entra por la grieta del verbo “viajar” donde la música abre interrogantes y, desde allí, se elevan los sentimientos que toman el sonido como la punta de ovillo de un universo de sucesos cruzados.
“Cribas” da otro pliegue sobre el silencio. Y en cada pliegue introduce las notas de una relación directa de viaje y raíz. ¿Quién puede decir luego de mirar un árbol durante unos minutos que el propio árbol no viaja? ¿Quién puede decir que una persona que recorre el mundo en primera clase es un gran viajero?
Entre la vastedad disparada de sonidos y notas musicales, se produce el encuentro. Un encuentro verdadero en el silencio y la atención. Público y músico van en distintas direcciones y se encuentran allí, en la raíz del árbol: en un idioma emotivo, complejo y preciso.

MONO EN EL BALCÓN

No fue necesario ir a entrevistarlo; en mi viaje por la memoria estaban las respuestas y en la grabación de mi primer disco de “El Balcón” estuvo sellada su impronta.
Lo invitamos. Queríamos que el Mono Fontana tocase sobre un poema que yo musicalicé: “Noche y campo”, de Amelia Biagioni. El tema ya estaba grabado. La presencia del Mono tambaleó y, a último momento, confirmó que lo haría. Osqui Amante -técnico de sonido- a un lado; Carla Cecche y yo, al otro. Hizo pasar el tema dos veces, parado frente a su teclado. Luego se sentó, pidió bajo volumen y comenzó a grabar su parte, por completo desconocida para nosotros.
Primero tocó unas notas, hasta un poco después de que el tema se desvaneciera. Volvió a pasarlo. Construyó un sonido superior, mientras anticipaba las notas grabadas en la toma previa y, en una tercera pasada, les pintó una estela. Luego hubo otras pasadas con acordes y una última, con piano. Como cuando un artesano pule su pieza, sin descuidar los lugares imperceptibles. Cada pliegue sumaba a esa totalidad, de allí se destacaba, tal vez, el pico de una nota superior sostenida por cimientos tan consistentes como luminosos.

La voz del Mono, extraída de:
• “No tengo presiones de ningún tipo” 28/01/07 Cultura y espectáculos-Página 12-Cristian Vitale
• IMPROVISANDO INSPIRACION, Entrevista al Mono Fontana 22/08/11 Secuencia inicial
• “Colores que pintan historias y canciones” 06/ 2010 Sinestesiajazz.blogspot.com.ar




LA PRIMERA VEZ

Viaje alrededor de un punto: Sobre un vendedor de ceviche y sus tiempo

Por Anne Diestro

BAUTISMO

Pasar tantos años por el mismo lugar y ver al hombre de sombrero saludarte como si nunca antes. Siempre igual. Baja la cabeza y pronuncia las palabras que conoces de memoria. Un día te das cuenta, eso sucede, siempre.  Entonces, la pregunta  nace  y funda el misterio.

Tenía 11 años cuando pisé por primera vez el mercadillo de San Roque, algunos lo conocen también como “La paradita”. En Lima sucede seguido; los lugares pueden ser llamados de acuerdo a la acción de un grupo de personas. Un hombre con aspecto de pescador y sombrero rojo ( parece de caucho), bata blanca, manos curtidas por el limón ( se le ven arrugadas)¿cuánto llevará aquí? Nace una sonrisa del grupo de las sinceras Es amable verlo desde la esquina donde siempre me siento. “¿Qué se va llevar, niña? ¿Qué le sirvo?” Lo recuerdo tanto porque a mis 11 años jamás había visto a un sombrero  tapar una mirada.

Cuando eres niña los ojos se llenan de muchas preguntas sin contestar.

Caminé desde la entrada de “La paradita” hasta leer “El tiburón erótico”. El nombre venía acompañado con la imagen de una sirena al lado de un tiburón. Él la perseguía; quizá  quería ser su novio (conjeturas de  niña).

LA META DE LOS 10 SOLES

Es como ver una bolsa blanca en tu paso todos los días y nunca levantarla para saber si contiene algo dentro, o si tiene algún agujero. Es sólo parte de tu vida y no te das cuenta de eso.

Salía del colegio a las 2:30 pm y llegaba a casa a las 3:30; una hora de camino desde mi escuela. Guardaba semanalmente 10 soles para ir a comer un ceviche los viernes, como premio por ir al colegio y no quedarme dormida. Podría resultar absurdo, pero fue una motivación.

Se notó muy cómodo cuando me acerqué para proponerle una entrevista, no era la primera vez que le hacían una. Ha salido en varias ocasiones por televisión abierta, junto a toda la exquisitez del lugar. Me cuenta, además, que en Lima no conocemos aún el mejor ceviche; ese está en su región: Huacho.
Se añaden naranja “agria”, culantro y ají morado, conocido como“arnaucho”. Especias particulares en un plato conceptual.

De muy pequeño estudiaba en Huacho, antes se tomaba  caldo de machete, le sacaban toda la carnecita y lo dejaban en la olla. Entonces, junto a mi primo, empezamos a preparar ceviche con esa carnecita del pescado”. Su primera cercanía al plato bandera del Perú fue a los doce años. Cincuenta  años después, el juego de niños sería una vocación.

Cuando tenía veinticuatro años vine a Lima y comencé a trabajar, pero no en ceviche. Mi tío era gerente de una fábrica de papel higiénico; entonces, empecé a trabajar ahí casi 2 años. Luego me fui a trabajar a un mercado, cuando la carne argentina se compraba mucho porque la nuestra estaba en veda, en la época de Velasco. Ahí conocí a mi esposa y me vine a vivir a San Gabriel”.

El tiburón está parado frente a mí, me explica paso por paso lo que vivió e hizo al llegar a la capital. Huacho no es un lugar alejado, está al norte de Lima, a tres horas en bus y dos en auto. Se lo conoce también como el norte chico, donde guardan las playas más hermosas del litoral.

Yo soy el rey de la guitarra”, me dice entusiasmado. Levanta un poco el sombrero con la cabeza y, por primera vez, veo cómo le brillan los ojos. “Toco perfectamente la guitarra, ¿has escuchado a Compay quinto? Así toco yo”. Cuánta seguridad, el quiebre de su voz en la pregunta me hace pensar que debí saberlo. “Acá no tocan bien, los grupos chicheros son muy simplecitos”  dice; a mí me gustaría tener una guitarra en este momento y ver la solidez de sus acordes, pero sigo la conversación.

El  asunto vuelve al tema central, su paso de Huacho a Lima. Pero, como todo regreso, este es otra historia.

POLIFACÉTICO

 

Trabajé once años en el pesquero de Lima, vivía en San Gabriel, ya tenía 3 hijos y uno de ellos tuvo un accidente. Dejé de trabajar en Lima porque yo quiero mucho a mis hijos, mi esposa vendía comida y yo empecé a vender pescado. Desde esa época, 1981, trabajo en este lugar”. Este lugar es San Roque, donde ahora el sol cambia a través de los agujeros del techo. Este rojo  pinta desde arriba, entra junto algunos rayosos naranjas y marca a algunos vendedores mientras de otros,  pasa de largo..

Familias enteras vienen hasta este mercadillo a diario; desayunan, almuerzan, comen algo de la selva oriental, compran dvd´s de nuevos estrenos, algún ceviche, plátano maduro, comida para el gato o perro, un traje de baño para el fin del verano, flotadores, un pescado para acompañar o una flor para encantar a la esposa.

Esta es la diversidad en San Roque.

 

Más de treinta años dale preparar ceviche por las tardes. En las noches, ensaya con su grupo de músicos; él es la primera guitarra. Tocó con íconos musicales en la época de los ochenta, como “Chacalón y la nueva crema”.

 

Una mujer interrumpe nuestra conversación. Pide que le prepare 2 ceviches de pescado para llevar.  El tiburón me mira no queriéndome dejar sola por un momento, yo le digo que siga la marcha, lo esperaré.

 

Mucha gente pasa por esta esquina, en el cruce  con un puesto de comida de la selva y otro de música nueva y dvd´s de películas. Se escuchan variasvoces con el mismo grito:“¡Tiburón!”; otros le hacen una seña. Algunos, como yo,  apenas lo saludan y se sientan para pedir al instante. Aunque no es necesario hacerlo, una mirada de complicidad, una risa pequeña o algo tan sencillo como “lo de siempre” es suficiente para dar inicio al ritual.  Los gestos, en esta esquina,  se paladean mejor que las palabras.

 

COMER EN CÍRCULO

Yo no necesito probar el ceviche, ya sé qué cantidad poner en cada plato”.

Así es como lo hace. Seamos gráficos:
Una mujer se acerca a pedirle un plato de ceviche. El Tiburón saca un plato hondo, sumerge su cucharón en el plato principal de los pescados cortados, saca una porción y lo posiciona en círculo en el plato a servir. Toma un poco de culantro con los dedos, lo tira en la montaña de pescado trozado, hace lo mismo con el ají limo- en pedazos muy pequeños -; el plato es tricolor y quedan muchas ganas de ver qué sucederá.Tiburón voltea a la derecha, agarra 5 limones verdes muy grandes, el cuchillo es bastante filoso, lo pone encima del limón y cae sin parpadear. Se escucha un “pam” del cuchillo en la tabla de picar. Trae el exprimidor, pone las rodajas y, en cuestión de segundos, cae un chorro de limón. Corta un poco más la cebolla desmenuzada al lado del pescado y acompaña el plato. Ahora le toca a la sal: llueve blanca sobre el pescado. Gira en círculo con una cuchara hasta que se mezcle todo. Ya puedes comerlo, siempre en círculo.

 

Mis clientes son los mismos”.

 

Más de treinta años de preparar ceviche hacen que tu memoria funcione cada vez mejor. Recordar quién es tu cliente, qué le gusta; con mucho picante, o casi nada, cebolla o no, conchas negras o pescado. Él dice reconocer a cada uno de ellos y saberde casi todos quienes pasan por ahí. Como los que llegan desde el Callao hasta San Roque o, a veces, también desde Chorrillos.

 

Le pregunto por su sombrero. Me dice que es para dar honor a su tierra.En Huacho muchos trabajan con sombrero de caucho y él hace lo mismo pero en la capital.

Su mirada no ha vuelto a ser misteriosa para mí, me digo mientras lo veo preparar el último ceviche de conchas negras, antes de volver a Buenos Aires.

 

LOS EXPERTOS

 

Hay que ser muy escrupuloso en dos reglas únicas: no hay pescado malo para un buen ceviche, siempre y cuando esté fresco; el pescado congelado no sirve para el ceviche. A partir de ahí, tienes el noventa por ciento logrado. La segunda regla es exprimir los limones al momento y no  exprimirlos mucho. No exprimir la parte blanca porque emite un sabor amargo. Además, colocarle una rodajita de ají limo, el primo hermano del chile habanero, y tiene que frotarlo porque eso pica bastante”, dice Gastón Acurio, el master chef de Perú, quien llevó al auge a la comida peruana.

 

A diario, llegan 50 personas a comer en “El Tiburón”. Los fines de semana el número se dobla. Algunos,  ceviche de pescado. Otros, con conchas negras.

¿Por qué,“el Tiburón”?
Porque el sabor es el mismo hace diez años”.

Es la voz de Dora Nicolay, una comensal que viene desde el sur de surco a comer algunos días a la semana: compra algunos para llevar y uno para devorarse al instante. El sabor es lo que no se pierde con “El Tiburón”.

 

|             “Su secreto, sal en cantidad, y el limón recién exprimido. 30 segundos, lo más simple, lo más sencillo, lo más rico”, agrega la voz de otro habitué del lugar, Javier Wong.

 

SEGUIR EN CÍRCULO

Sigo en el círculo, mi punto es el mismo. Once años puede ser un mismo día, depende de qué tan consciente seas de lo que sucede. Como tomar esa bolsa y verla de pronto, saber de sus agujeros y soplar sobre ellos.

Ver al Tiburón, hablar con él y entender más de lo que imaginé creer.

Músico, padre, cocinero, artista, huachano; ir en círculo hasta saber más sobre una imagen acústica que, hasta cierto momento, se reducía al hombre del mejor plato, el que muchos desean pero no tantos prueban.

Así, Caminar hasta el punto donde encontrás siempre lo mismo te pone frente a atajos y desvíos .Hoy y siempre el círculo parece quieto, porque se mueve.

 

 

Videografía:

 




ME LO LLEVO

Viaje alrededor de un punto: Viaje alrededor del tiempo de un parto

Por Alicia Lapidus

Cuando el tiempo llega, su modo de transcurrir no es el de una simple conclusión de una espera. Llegar es una desembocadura ancha que se aproxima- ansiosa- a la palabra “ya”.

nuevo lapidus
Soft Watch at the Moment of Explosion by Salvador Dali

 

YA ES TIEMPO

Empieza a preparar el bolso. Dos camisones, cinco bombachas – vas a necesitar unas cuántas- cepillo de dientes, de pelo, gomitas para atarlo, dentífrico, algún cosmético-vas a tener visitas-. Ahora le toca a él. Un pijama, un calzoncillo –total volvés a bañarte y cambiarte- cepillo de dientes, poco más. Y, ahora, para esa tercera persona, ese ser nebuloso, esa cosa extraña: todos le dicen que será suya, pero todavía no es más que un cuerpo enorme y barrigón. Para ese bebé desconocido: una muda para salir del sanatorio y una avalancha de fantasías.

Pasan los días y el bolso la observa desde el sillón; mientras, ella deambula. Sin saber qué hacer, espera, suspira y – muchas veces – protesta silenciosa. El tiempo es lento, perpetuo, eterno. Así transcurre. Puede suceder en cualquier instante, pero parece que jamás ocurrirá.

Cuando un discípulo le preguntó a Siddhartha Gautama, el Buda, qué era el tiempo, él le contestó: “No tengo ningún tiempo. No existe el tiempo. El tiempo es sólo la conciencia individual de cada persona de lo largo y de lo corto, eso es todo.”

– Vamos, ya es hora- le digo y lo sacudo, suave, en la cama. Se gira y sin abrir los ojos, pregunta – ¿hora de qué?- No sé, pero creo que me debería revisar.

Él no entiende. Vive otra realidad. Su cuerpo no cambió. Para él, la paternidad es una idea, un pensamiento, un futuro. Para ella es un presente interminable hecho carne. En general, le cuesta entender en qué se convirtió la mujer independiente, valiente, serena. Ahora es un perpetuo cúmulo de emociones, lágrimas, quejas y miedos. Él no entiende qué le pasa en este cuerpo, cada vez más desconocido. No entiende cómo puede estar exultante de felicidad y, al mismo tiempo, angustiada por un futuro incierto. No entiende esta invasión corporal que la enorgullece y la espanta. Este soñar de ternuras y de pesadillas.

Lapidus 3

Lo espera, vestida. Cada tanto frunce el ceño y jadea como le enseñó la partera. Él acelera, se viste a los saltos, agarra el bolso. La quiere abrazar, pero ella- ahora- no puede albergarlo; no tiene espacio. Necesita llegar al sanatorio para ser protegida.

Paula, la partera, me está esperando. A ella la abrazo y me dejo abrazar. Me revisa, no me gustan esos dedos intrusivos y no sé si quiero escuchar su “ya está, empezó el viaje”, o “volvé a casa, no pasa nada”. Mientras me revisa, le miro la cara en busca de alguna pista. Ella asiente con la cabeza y da el primero de sus incontables veredictos. Estoy con tres centímetros. Mi marido, mi amor, a quien puedo volver a tomar, sonríe. Viene, ya viene. Estamos de parto.

Otra contracción, más fuerte, le tuerce la mirada. Se para, se sienta, camina. Lo busca, pero no encuentra alivio. Cuando pasa la contracción, se acomoda un cabello rebelde; lo vuelve a la gomita. Siente el vértigo de un sube y baja. Dolor, calma, dolor. Horas, minutos, segundos se miden en contracciones, se cuentan en dolor. El tiempo no trascurre en el dolor. El cuerpo es tiempo que contrae y contrae.

¿Falta mucho? Sí, falta mucho. Mi madre también pasó por esto y miles de millones de otras mujeres. ¿Por qué? No creo en Dios, así que maldigo a la naturaleza infame y machista. Otra contracción y no pienso más. Esta vez me abrazo a mi marido; parados, de costado, somos dos amantes que no alcanzan a unirse. La panza nos separa y al mismo tiempo nos conecta. Paula está sentada en el borde de la cama y me alienta. Lo estás haciendo muy bien. Yo no hago nada, lo hace mi cuerpo y yo aguanto. No grito, me quejo en un lamento prolongado.

Llega mi médica. Ahora, estoy totalmente cuidada. Puedo dejar transcurrir esto. Nada nos va a pasar a los tres. Me entrego.

Lapidus 4

De nuevo acostarse para la intrusión digital. Está con cinco. La médica la felicita, porque ya puede recibir la peridural. La llevan a la sala donde nacerá su hijo.

No entiendo, ahora no puedo entender cómo de este dolor vendrá un hijo. Yo no soy madre. Sólo soy una mujer; me muerdo la boca para no gritar. Perdí el sentido del tiempo. No sé si hace una hora o diez que estoy así. Pregunto. Se miran entre sí, tienen que mirar el reloj para saber. Ellos caminan a mi ritmo, sin compás Las cuatro de la mañana. Pasaron  tres horas. Me duelen las piernas de caminar y las manos de apretar. No puedo pensar en el hijo, solamente espero al anestesista.

Lapidus 2

Entra en la sala de partos con cara invencible: el salvador. Lo saludo como a un dios pagano. Él, el dueño de mi alivio, lo sé. La peridural es en la espalda. Me acuerdo: cuando era chica, los niños mayores nos aterrorizaban con la mentira de que la próxima vacuna era en la espalda. Ahora no me importa dónde, que me la den ya.

Cinco minutos después de la analgesia, se le relaja la frente y,en un acto de la mejor magia, recupera la sonrisa. Acostada, busca la mano del marido. Se reconcilia. El bebé hace un movimiento en la panza y ella empieza a pensar en él. Por primera vez, puede preguntarse si estará cómodo, qué sentirá en este momento y, sobre todo, cómo será.Otra espera se inicia, falta parir y no sabe cómo es eso, cómo se hace. Le dicen que descanse, hay que tener paciencia. El espacio se elonga, se dilata, se estira, se congela. La espera no es, parece, un modo del tiempo sino del espacio. Una enorme antesala, sin fronteras.

Paula atenúa las luces y yo, agotada, me hundo en un limbo. No estoy dormida, tampoco despierta. Las voces llegan, lejanas, hablan de sus propias cosas. Por un momento, estoy en mi mundo. Mi marido me acaricia la frente. Soy feliz. Perdida en mi entresueño, el tiempo transcurre incansable. Hablan, me hablan, me revisan, me ponen para la derecha, para la izquierda. El monitor de los latidos del bebé suena rítmico: tac, tac, tac.

Ya es tiempo -es nuestro -anuncia la médica. Como un acto teatral muy ensayado, todos se ponen en movimiento, cada uno sabe su parte y la cumple. Se mueven sin chocarse. Hablan en susurros. La ubican en posición de parto. La felicitan.

Acá estoy, sin vergüenza. Todo me transmite la emoción de estar llegando. Ahora sí, mi panza es un bebé. En un acto milagroso, una desaparecerá y  dará paso al otro.  Voy a verlo, voy a conocerlo. Mi marido me besa. Me admira, dice.

 

Pujo. No alcanza. Pujá más fuerte. En la siguiente pujo más fuerte. No, no alcanza, pujá poniendo la vida. Me da miedo, no quiero poner la vida y no quiero que el bebé me rompa. Mi médica adivina; sale perfecto, dale que quiere salir. Pongo todo y no puedo parar de pujar. Lo siento salir: una cabeza enorme y la médica, mirá. Veo un bebé, sucio de sangre, terminando de salir de adentro de mío. Llora. Es todo tan vertiginoso, siento alivio y emoción a la vez. Mi marido llora, yo también. Me lo ponen sobre la panza, ahora vacía y lo abrazo. No me importa la sangre, no me importa nada. Lloro miles de horas de angustias y sueños, lloro miedos presentes y futuros. Lloro, también, por la desaparición de mi bebé-panza.

Lapidus 5

Ya bañado y vestido, me lo devuelven. Lo miro. Es un extraño. Pequeño, lindo, entrañable y extraño. No puedo reconocer al de mi panza, pero me encanta. Quisiera decir algo como “me lo quedo”. Pero quienes festejan en la sala de partos no lo podrían entender. La extrañeza, como la espera, tiene carácter de espacio. Una trenza de espacio y tiempo, donde uno está ausente – un instante- y presente, al siguiente tramo. Disolverse y dejar de ser. E, inmediatamente, reconstituirse como otra. No hay tiempo, la oruga debe mutar a mariposa, rápidamente.

 

Soy madre, tengo a mi hijo en brazos. Mi marido nos abraza a los dos. Llegamos al final y empezamos un nuevo, profundo e interminable viaje.

 

 




BAILAORA

Viaje alrededor de un punto: Tiempos de Flamenco.

Por Mariana Dosso

Taconea la rima
en dedos y cuerdas de a parejas
los brazos agitan viejos pesares,
Ay, la música hecha cuerpo
Y las piernas
Y los tacos de caderas por el aire.

 

DE ESPALDAS AL PÚBLICO

Suelta, mi niña, las penas. En cada taconeo entierra el dolor de su pueblo, de un barrio de gitanos acorralado en “Las Tres Mil Viviendas”. Alza sus brazos, da un giro imperceptible, mueve sus muñecas y -con ella- se lleva sus dedos al cielo. Pide a su dios que esta noche la convoquen. Por la pobreza los padres abatidos ansían mucho: un hijo futbolista o un artista de flamenco consagrado. Los residentes del barrio más populoso de gitanos de Sevilla son rechazados en los puestos laborales, aunque son los más anhelados en las fiestas de la ciudad.
Cante jondo, oscuro, trágico, lamento de centurias de un pueblo nómade, acosado por los males de la Inquisición y del Franquismo. Gritos, entrañas del dolor se entremezclan con un “Ala” de alegría, de soltura. Alquimizan sensaciones en los tablaos: cafés cantantes, lugares de tertulias burguesas, vueltos espacios de bulerías y de tangos.
Mi niña… tan mujer y tan pequeña, lleva en su mochila la falda que consiguió su hermana, un par de zapatos un tanto gastados y una blusa que tal vez le traerá suerte. Los aros y los collares de un falso oro, puestos. Esperó a su tío de madrugada. Le insistió para que se sentara en el sillón con su guitarra y le suplicó que tocara tientos. Comenzó a bailar. Su cuerpo improvisó los mejores pasos. Al rato, se levantó su madre con una bata bordó desteñida. Empezaron las palmas. Precisas, suaves, musicales. Sus zapatos despegan, vuelan, aterrizan, ¿será su noche mañana?

CAMPESINA ERRANTE

El origen del pueblo gitano y de la palabra flamenco es incierto como el punto medio de un viaje. “Campesino errante”, dirán algunos estudiosos, del árabe “Felah-Mengus”.
Así, a tientas, una mujer comenzó su viaje, sólo por el deseo de interrumpir su rutina. Lloraba junto con el cante en el tablao. Tenía una intuición: sus exigencias se irían al agitar sus palmas y concentrar su fuerza en el vientre. Aprendió que su cuerpo podía girar en varios tiempos, que podía fragmentarlo y potenciar su armonía, voltear la cabeza hacia donde su destino la esperara. Del hobby pasó al trabajo. Feliz, circuló por los escenarios de su ciudad. Dejó sus estudios y trocó sus actividades anteriores por ser profesora de baile. La seducía girar alrededor de su identidad y descubrir puntos en común con una mujer gitana: apasionada, ciclotímica, simplemente alegre.
El cante es algo sincero o, al decir del poeta Manuel Machado,: “Las coplas no se escriben: se cantan y se sienten. Nacen del corazón, no de la inteligencia y están hechas más de gritos que de palabras.”
Si, en los tiempos remotos, su pueblo se asentaba en su flamenco, en los tiempos presentes, su familia se asienta en uno de los barrios más populares de España. Su padre- de changas- y sus dos hermanos alternan entre las esquinas y el departamento. Apenas cruza a su hermana por la noche, exhausta por cansancios acumulados.
El baile libera y da forma. Lo racional no es convocado. Lugar de escape y construcción por excelencia. En el escenario se corre de su ego, de sus circunstancias. Y, de repente, es otra. Meses de creación, trabajo e intercambios entre los artistas asoman en el escenario. Aparece la bailaora, quien pone toda su existencia al ritmo del cajón. A veces, el viaje se interrumpe en las clases. La mente se enciende y, conduce, – a la vez – hacia: los pasos a enseñar, la comida de la noche, el encuentro con un amigo, la letra de la próxima presentación; hasta que estaciona en: “ahora les pido que redoblen los pasos en el mismo compás”.
Su tío se ganó el lugar: el “talentoso” de la familia. Sus dedos vuelan en la guitarra. El golpeteo marcó el compás desde sus primeros pasos. De su mano, recorrió todos los tablaos a su alcance. Sus emociones más escondidas pueden despertarse en los diferentes palos o ritmos. Desconsuelos en una soleá o alegría, en una bulería.
En su última obra llevaba un vestido azul aterciopelado hasta el cuello. Un baile lúgubre, pesadote, agudo. El ahogo del vestido le aprisionaba el alma. Por unos momentos, el baile dejó de darle aire. La presión gitana la empalidecía. Guitarra, cajón y el convite a la seguidilla de taconeos para rematar en un ritmo vertiginoso. En los últimos golpes de sus pies sepultó la imitación y decidió ser ella misma en el flamenco. Con el tiempo, se amarró a su experiencia de vida, se desafió en los bailes que la atraían y se atrevió a interpretarlos desde sus raíces payas.

foto bailaora

 

LA LUNA EN UN TABLAO: PALMAS SORDAS Y SECAS

La madre se levanta temprano. Descuelga las ollas de la pared y prepara el almuerzo del mediodía. Pega algunos gritos para que la tropa se levante. Mientras sus hijos revolotean entre sus sábanas, ya limpió el piso del comedor y de la cocina. Los dos varones encuentran el desayuno sobre la mesa. Al levantar las tazas vacías, su madre los saluda con su bolso lleno de perfumes para vender. La bailaora lava los platos. En voz baja, le comenta a su madre la posibilidad de presentarse esa noche en uno de los tablaos de Sevilla. La mujer frunce el seño al recordar las palabras de su marido “esta niña es buena, muy buena, ni se te ocurra que baile por fuera de nuestras reuniones familiares”.
Ambas bailan. Cada presentación es una vuelta más alrededor de su identidad. La enriquecen, la transforman, se divierten. Interrumpen el viaje y lo retoman. Bailan ese mismo tiento desde hace años, pero son otras. Pasan por el mismo lugar, ahora desde otro ángulo. Ya no son las mismas. Viajes dentro del viaje. Pisan una y otra vez las huellas, su intuición del baile como liberación, en esta vuelta, con sus contradicciones. El pesar, el cumplimiento, la imitación giran. Todo depende de las emociones: dónde eligen zarpar, qué mares navegar y cuándo amarrar.

ENCANTOS VUELTOS CENTROS

Dicen que el viaje, sin mutación geográfica alguna, es más auténtico. En un viaje tradicional, se puede abundar en descripciones del paisaje, en las costumbres, las comidas, los sonidos, sin que nada interpele la mirada. En los viajes sin traslado, la transformaciónes el centro en la experiencia de viajar.
Las personas están obstinadas en emprender dos tipos de viajes: los que vuelven siempre al centro, al mismo centro. Lo refuerzan. Lo comprueban. O lo transforman. Y están los que buscan o crean centros a cada instante: una huída infinita de la realidad sospechada. Ambos viajes, peregrinos, reclaman variadas sensaciones y son merodeados por el miedo a la rutina.

 

Catalina Gutiérrez, bailaora.
Mujer apasionada por el baile. La motivación por bailar la acompañó desde niña. Aunque su familia no la incentivaba, le dio libertad para que tomara sus clases. Comenzó con las de danza clásica. De adolescente, exploró en el jazz y en el baile contemporáneo. El flamenco apareció a sus 24 años, cuando cursaba sus últimas materias de la Licenciatura en Letras de la UBA. Participó de cursos regulares e intensivos con destacadas personalidades de Argentina y de España. En 2010, viajó a este último país para profundizar su técnica y conocer más de cerca la cultura flamenca. Se presentó en varios tablaos de Buenos Aires y de otras ciudades argentinas. Creó y dirigió dos obras junto con otros artistas: “Entre las penas florece flamenco” y “Canciones para Manila”. Talentosos músicos y cantaores formaron parte de estas propuestas. Catalina ha brindado su testimonio como bailaora para la presente nota.

 

Raíces y búsquedas
¿Quién dice si tal bailaora tiene raíces gitanas? ¿Quiénes son convocadas a un escenario? El baile es “conectarse con lo instintivo. No importa de dónde sos.” Todo el tiempo está el riesgo de la imitación. Los recursos tecnológicos disponibles son un incentivo a la copia: ver videos e identificar pasos, coreografías, atuendos, accesorios, ritmos, modas. La que emprende un viaje está convencida: el camino no es por emulación, sino por la creatividad y por la forma de interpretar. Quien traspasa la imagen prototípica de los artistas gitanos y se interesa por su cultura e historia, descubre a un pueblo marginado, vivo y cambiante: hombres y mujeres que trabajan para su sustento y sueñan de madrugada. Han renunciado al nomadismo y toman las pautas culturales de donde residen. Los porteños se atribuyen el “somos los mejores y más vivos”. En México, en cambio, son más serviles, “mande”, responden ante un saludo. Las actuales “top del flamenco” no son gitanas. ¿Será que estas mujeres se nutrieron de las familias flamencas? ¿Será que las posibilidades de unas y de otras se distancian cada vez más? En cambio, en el cante y en la guitarra, la sangre gitana pisa fuerte.

 

Orígenes del flamenco
El flamenco surgió entre las culturas gitanas y las de los pueblos de Andalucía, durante el último tercio del siglo XVIII. Primero nació el cante: el baile se terminó de formar en los cafés cantantes. Las letras conocidas son en castellano y algunas suman palabras del caló, la lengua de los gitanos.
Un grupo de artistas e intelectuales, encabezado por Manuel de Falla y Federico García Lorca, promovió el “Concurso de Cante Jondo de Granada”, en junio de 1922, motivados por recuperar la “pureza” del cante flamenco y sus estilos más primogénitos. Afloró una contradicción: los participantes no podían ser profesionales. Sin embargo, ellos eran quienes conocían estilos oídos esporádicamente. El concurso fue realizado una sola vez y bastó como mojón en la historia del flamenco.
Al finalizar la segunda guerra mundial, varios de los pueblos abrieron sus puertas al turismo. Los ingresos de los artistas flamencos se acrecentaron al ver la oportunidad de bailar para extranjeros. Al tiempo, aparecieron los primeros tablaos en las ciudades.
El ritmo acelerado de la creación y difusión contemporáneas está en contraposición al andar del flamenco: lento, donde acuden cantes de varias geografías, parsimonioso, colmado de larga historia.

 

 

Fotografías: Gentileza de Catalina Gutiérrez.

Película documental “Polígono Sur”: Música flamenca, cultura gitana, diferentes generaciones en el barrio popular de “Las Tres Mil Viviendas” de Sevilla.

http://www.catalinaflamenco.blogspot.com.ar/:
En este sitio se encuentra la biografía y las obras de la bailaora y varios links de artistas contemporáneos.




EN TRÁNSITO

Viaje alrededor de un punto: Sobre heterónimos, curas en el aire y extrañas matemáticas. Los “Aleph” de un viaje quieto

Por Lourdes Landeira

BATIME EL RECORD

Me gusta viajar. O, al menos, eso creo. Aunque no siempre implique desplazamiento físico o echar a andar la imaginación, el viaje no se lleva bien con la quietud. Implica, necesariamente, alguna forma de  movimiento – con o sin cuenta kilómetro – en líneas rectas, zigzagueantes, en círculos no siempre perfectos.  A veces hacia un punto fijo; otras, fijados en un punto o quizás sin puntos ni comas. Lo  cierto es que debe transformar.  Quizás allí se encuentre el  eje: en la transmutación o, al menos,  en su posibilidad. De ese viaje hablo, del que nos cambia de lugar, aun cuando no nos trasladamos; el viaje que supera el binomio quietud – movimiento.

El vértigo de una caída en parapente, la turbulencia del rafting de curso rápido; la pulverización de una flor ante la mirada, instantes adormecidos, cuerpos que retornan en ebullición.

Cierto es también que, para algunos, no hay vuelta. Como el caso del cura brasilero: él le puso carne a su afán;  de hacer el bien, dicen. Quería juntar dinero para los camioneros – ¿sabrán ellos qué es viajar? Tantas horas, tantas vidas, miradas atentas a las rutas, mercancías transportadas de origen a destino, sin sosiego. Luego de ese andar continuo, estáticos en el volante, ¿podrán ser otros fuera de la cabina? El cura, por ellos, encontró el modo de darle  forma a su intención de ayudar. Se propuso batir algún record de permanencia en el aire. Atado a mil globos de cumpleaños, se lanzó al todo y a la nada, provisto de un GPS que no sabía usar. Los vientos lo manipularon a su antojo y un remolcador encontró su cadáver tan lejos de donde había partido y tan igual a como salió. Más de dos meses después.

FIJATE CÓMO ES EL MUNDO, SI NO HAY REVÉS

En este  mundo que se pretende sin revés, la propiedad rige desde todos los puntos cardinales. Vayan cuatro lugares para referenciar la intrascendencia y dar batalla a la Rosa de los vientos. El preciado dinero es el premio a quienes logran ir más allá, llegar más lejos en algo, aunque más no sea coleccionar aspiradoras. Como es el caso del hombre británico que tiene 322, pero no le gusta limpiar. Con ellas, entró al famoso libro a plasmar su insignificancia.

Claro que “el libro de la insignificancia” es otra cosa y, en él, Kundera pasea su condición desde el célebre urinario de Stalin. ¿Será todo cuestión de perspectivas? Por supuesto que también es de otra índole el afán de coleccionar de Joseph Cornell,  quien al morir dejó en su sótano miles de cajas catalogadas con el material acopiado en años. Sobre las cajas, dice María Negroni en su Elegía: “… van, si se quiere, más allá del altar privado, inaugurando un ciclo laberíntico que deja vagar lo imaginario, en su versión más serial.” Debo decidir dónde poner la luz plena, qué ocultar en la incandescencia, abrir un rayo por las dudas.

 

M.C.Escher, "Espirales". Xilografía, 1953.
M.C.Escher, “Espirales”. Xilografía, 1953.

 

VENITE A PASEAR, SIN  EL AUTO DE PAPÁ

Es que me cuesta decidir adónde ir, en qué viajar. Los aviones son seguros pero, en los últimos tiempos, se pierden bastante en sus cajas negras; los micros se accidentan con frecuencia, aunque ofrecen a algunos la posibilidad de sobrevivir. El barco es para mí solo un viaje de ida. El tren, ese es mi medio de transporte. Ahí estoy segura, aunque sus destinos son tan escasos y sus horarios tan incómodos. No, mejor no. Me entrego a la velocidad del avión y añoro el andar nocturno en la butaca de un micro de larga distancia. Es mi espacio de confort. Ahí estoy, en verdad, en tránsito; ahí me transformo. Mientras, exploro la cajita de supervivencia (¿notaron que muchos servicios ya no la dan?); alfajor, mini galletitas saborizadas, un jugo natural, no por venir directo de la fruta – de hecho, nunca estuvo ni cerca de una naranja, solo sabe de la esencia que la imita – sino natural por falta de frío. Ahora quisiera haber optado por el avión y que una azafata  me preguntara qué quiero tomar. Así, creo tener opciones. No me está cayendo bien la merienda fuera de hora

“La idea de viajar me provoca náuseas… El tedio de lo constantemente nuevo, el tedio de descubrir, bajo la falsa diferencia de las cosas y de las ideas, la perenne identidad de todo, la semejanza absoluta entre la mezquita, el templo y la iglesia, la igualdad de la cabaña y del castillo, el mismo cuerpo que es rey vestido y salvaje desnudo, la eterna concordancia de la vida consigo misma, el estancamiento de todo lo que, vivo sólo por moverse, está  pasando.”, dice, en “El Libro del desasosiego”, un heterónimo de Pessoa.

Intento acomodar las piernas y reubico el apoya cabeza sin desatarme del cinturón. Debería haber comprado esos coloridos almohadones de viaje que venden en todas las ferias de la ciudad. De todos modos, lo voy a conseguir en mi destino, estoy segura. La promoción del lugar  lo decía: iba a sentirme como en casa. La verdad,  si mi deseo fuera sentirme como en casa, ahí me quedaría: quiero, justamente,  sentirme de otro modo. Pero el concepto del mundo global llegó al turismo y entonces sus impulsores prometen reproducir lo que nos debe gustar  a donde  vayamos. No soy turista, ni hegemónica – si alguna deidad hay, por favor, “que nunca lo sea”-.

HACEME LA CUENTA

Quizás por eso me cuesta orientarme y no ubico bien los puntos cardinales; en cambio, deambulo por la cinta de Moebius, intercambiando afueras y adentros que no lo son. Claro, solo logro ver la cinta desde sus orillas artísticas; sus propiedades matemáticas no consiguen decirme nada.

 

Tampoco entiendo demasiado la importancia en esa materia – la de la matemática – de la rotación de un cuerpo sólido alrededor de un punto fijo, pero sé que su investigación le valió a Sofía Kovalévskaya un premio de la Academia de ciencias de Paris en el año 1888. Sin embargo, recuerdo que el estudio incluía al tiempo como a una variable compleja  y a los componentes de la velocidad y de la aceleración como sus funciones meromorfas. O algo parecido a eso. Por si algún desprevenido no lo sabe, las funciones meromorfas no admiten singularidades no aisladas ni singularidades aisladas esenciales (matemáticos, por favor, abstenerse o ser benevolentes). O mejor aún  encontrar, como la tal Sofía , que las ciencias pueden viajar junto a la música y la poesía y que sus razonamientos puede influir en las fantasías y abrir mundos inaccesibles. Incluso alrededor de un punto fijo y las rotaciones que lo circundan. Y que ese viaje nos salve de dictadores, como quienes en días nefastos prohibieron la enseñanza de la teoría de los conjuntos, por lo subversivo de sus grupos y estructuras. Apoyo el Aleph en mis rodillas y vuelvo a mirar por la ventanilla.

“Los paisajes son repeticiones. En un simple viaje en tren inútil y angustiadamente entre la distracción ante el paisaje y la distracción ante el libro que me entretendría si yo fuese otro. Tengo de la vida una náusea vaga, y el movimiento me la acentúa. Únicamente no hay tedio en los paisajes que no existen, en los libros que nunca he de leer”, seguía el Soares de Pessoa

 

M.C.Escher – Collage de fragmentos de Metamorphosis, 1940 - 1967
M.C.Escher – Collage de fragmentos de Metamorphosis, 1940 – 1967

               

UNA COSA MÁS, NO TE PIERDAS MOLVANIA

En mi caso, estoy pronta a vacacionar en un hotel de existencia dudosa. A diferencia de Molvania, ese país ficcional que solo se puede recorrer en las páginas de una guía de viajes, publicitado como: “Molvania. Un destino ideal: un lugar al que hay que ir. Un lugar al que no se llega nunca. Porque Molvania no existe”. La cita la tomé del libro de Bernd Stiegler, La quietud en movimiento. Una breve historia cultural de los viajes en y alrededor del cuarto. También ahí encontré la recomendación para mis cinco días en el Vue des Alpes. Tengo reservada la habitación 301 y guardo celosamente el código de acceso que, dentro de algunas semanas, (poco después de mi regreso de este presente deambular) me abrirá la puerta al mundo renderizado, donde, según prometen, no estaré obligada a comunicarme con otros. Es más, advierten que puedo no encontrar a nadie allí.

The site where the Hotel Vue des Alpes is being built has been developed and constructed on a PC pentium III with various 3D programmes since March 2000The guests of Vue des Alpes are accommodated in nine comfortable single/double rooms of 13.5m2 each. Each room has a great terrace guaranteeing a view on the spectacular mountain panorama and the lake. A stately dining hall on the ground floor and a snug lounge bar to socialise in is at the visitors disposal.As the guests will arrive by internet there are no plans for garages nor parking places.

Los creadores de semejante maravilla  no son arquitectos sino artistas y la estadía virtual es gratis. Por lo que entendí en mi rudimentaria comprensión de la lengua inglesa, no se espera de nosotros una contribución monetaria sino nuestra participación como parte de ese desarrollo que ya cuenta con el aval y la premiación de varias voces autorizadas a juzgar el arte. Por mi lado, lo recorreré con la visión de una simple caminadora. Volviendo a Stiegler, llamó “Cercana lejanía” al capítulo de su libro que dedicó al Vue des Alpes. Por esto de cómo Internet acerca lo lejano al mismo tiempo en que  el contacto fundamental entre los seres humanos se localiza en la yema de sus dedos puestos sobre algún dispositivo globalizador. Paradojas.

El micro acaba de estacionar y veo la terminal desierta desde el marco de mi ventanilla. Un perro mueve la cola sin despegarse de su colchón de tierra seca. La puerta se abrió; solo me resta incorporarme y bajar. Compruebo que el celular tenga buena señal y que no haya encendidas luces de alerta en alguna de en sus múltiples ventanas. Solo después lo suelto en el bolsillo externo de mi cartera, para tenerlo a mano por si se ilumina. Aprovecho a verificar que el papelito en que anoté la dirección de mis huéspedes esté pronto a salir en mi ayuda si me pierdo.  Serán solo tres días de intervalo. Antes de volver a mi cuarto a mecerme en la mecedora que no tengo.

“Una u otra vez he ido, siempre oprimido, siempre poniendo solamente el pie en tierra cuando estoy de vuelta”, concluyo con el heterónimo.

Baudelaire-fuera2

 

 

   




VIRAR LA MUERTE

Viaje alrededor de un punto: sobre orugas, crisálidas y mariposas.

Por Patricia Tombetta

LA NEGRA CON PUNTOS ROJOS
Vos sabés cuánto me cuestan las cosas y, en algunas, es cierto, ya me tengo calada. La sorpresa y mi espera.
Así se dan, sin más, y yo digo – o decía-: tengo dos tiempos muy separados. El de enterarme y el de comprenderlas.
Lo que sucedió el viernes fue distinto.
Claro, primero fue la sorpresa, pero el segundo momento parecía no llegar. Empecé dando vueltas por la casa. Largas vueltas que comenzaron a saberme a cortos viajes. Regaba las plantas, reparaba en la falta de envases adecuados para harina de algarroba o nueces, buscaba los ingredientes para un postre, prometía ordenar la biblioteca y, de buenas a primeras- entre tantos rodeos-, una sombra se cruzó, fugaz. Me gustaría decirte que un relámpago había cegado mis ojos y me dejaba parpadeante en el vacío. Suena mejor. Pero no. Era una masa oscura y equivocaba mi camino, te juro. El libro de turno por poco aterriza en la heladera y acomodé obsesivamente la cocina cuando sólo había ido por un vaso de agua.
Una oscuridad titilante, el negativo del flash.
En una de las vueltas de ese enrejado de caminos, me la encontré: una oruga negra con radiantes puntos púrpuras a lo largo de su carnoso y esbelto cuerpo. Sobre todo, esbelto. Debería haberme impactado su belleza. Sabés: soy bastante afecta a quedar obnubilada por las linduras. Cualquier porquería hermosa es capaz de torcer mis convicciones. Aunque no ese instante. Recuerdo haberme preguntado a dónde iría y la olvidé. Creo que me viste: di vueltas y vueltas hasta quedarme dormida a cualquier hora y poco.

MUTAR A CAPULLO

Al día siguiente, el trabajo hizo su obra de ilusionista: saber quién era y hacia dónde iba, vos viste cómo soy con mi profesión. Estaba soleado, un poco tórrido, y por la tarde había retomado mis entreverados senderos; te juro, no sabía qué buscaba y entonces percibí esa eterna dirección sin sentido: la limpieza de un vidrio quizá chorreado demás. Increíble, no era un pegoteo cualquiera, la oruga del día anterior estaba adherida mediante delicados hilos que yo confundí con una ansiada mancha.
No sé cuánto tiempo pasó. Yo continuaba a la deriva y ella supo mutar a capullo. Quedé embargada y – sospecho algún exceso – en los días siguientes casi no hice más que observarla. Con la lupa, cuando le daba el sol, saqué fotos, a la luz de la luna.
Las marcas de un sendero suelen tranquilizarnos, ni siquiera importa mucho hacia dónde lleve. Será porque dan la pauta de que alguien anduvo por allí y, si se nos da la real gana o si lo necesitamos, nosotros podríamos andarlo. Seríamos capaces de encontrar algún problemita, si se bifurca. Aun así, son posibilidades ya fabricadas. Es una pavada, ya lo sé, me lo dijiste muchas veces. Debo ser más miedosa que esa oruga; ella será mariposa para parir otra oruga, se posará cada vez en lugares diferentes. Se mueve tan tranquila, con esa sabiduría propia de la ignorancia.

NÁCAR BLANCO Y PUNTOS DORADOS

A los gritos te llamé cuando la descubrí en sus cuitas. Su tamaño se había reducido y sus colores habían mutado, de aquel negro y rojo furia, a nácar blanco y puntos dorados a lo largo de su pequeño caparazón.
Cuando murió mi padre, lloraba en el auto, en los cortos viajes del día, de aquí para allá. Las lágrimas fueron gastándose hasta que, en un momento indeterminado, me bajé otra; había mudado el alegre velo de vida eterna para quedarme con dos pequeñas cicatrices en el medio de los ojos. No me dolió. Incluso la piel de los bordes pareció algo más dura, curtida. Y un cierto vértigo me acompaña desde entonces. Nada importante. Como sea, nunca más lloré en el auto.
A las vueltas sin sentido se les añadieron algunos libros pendientes. Leía toda una tarde o hasta altas horas de la noche. El sueño no me auxiliaba, insomnio heredero de otras metamorfosis. Inútil alerta, como si por la noche yo pudiera dar con la solución de algo o batallar contra fantasmas que sé diurnos. Mientras tanto, en cualquiera de las vueltas de ese viaje por adentro de mi casa, percibía los cambios más nimios del capullo. Mantuve el dorado tan firme que llegué a sospechar si la transformación no estaría virando hacia su muerte: una alhaja. Pero levísimos cambios de estructura destruyeron mi ilusión: iba a poseerla para siempre.

ALETEAR CERCA

La búsqueda de un capullo puede confundirse con la muerte aunque, a veces, sea sólo un rinconcito donde poder volcar amarguras sin salpicar a nadie.Ya sé, no se vive eternamente, qué pavada, no pienso eso y lo sabés. Me llevó muchos años ese segundo momento: comprender la muerte de mis padres. Viejos, claro.
No sabía por qué te llamaba a la terraza esa tarde de calor insoportable. A vos no te gusta subir y yo estaba encerrada en una bellísima novela de Husdvet. Pero te llamé y no llegaste a pronunciar ni tres palabras, cuando me deshice en lágrimas ante la convicción de que no estoy dispuesta a soportar, como si se tratara de pura voluntad, una soledad definitiva instalándose de a poco. Motas de nada a lo largo de mi cuerpo, agujeros dorados que verás y veré aparecer sin remedio. Fue tu mirada, te juro, ella me devolvió el reflejo de aquello que había evitado durante tantos días, durante tantos viajes en vacuos y necesarios círculos.
Una promesa inconcebible.
Casi nada cambió desde entonces, excepto saber que, si vos andas cerca, podremos completar la metamorfosis de la oruga.
Por cierto, la crisálida amaneció de un intenso marrón oscuro, casi quemado. Una fuerza poderosa se adivinaba a punto de reventar, pero yo tenía que irme. A media mañana se te develó, a vos, la magia de su primer vuelo.
Yo continúo a la espera. Por suerte, andás cerca.




GIRAR EN TROMPO

Viaje alrededor de un punto: de orfandades, adopciones y otros viajes morosos.

Por Francisco Famá

KAFKA, UN POROTO

Héctor López, semana por medio, concurría a la ciudad de Mercedes. Allí había cursado la primaria, entre finales de los cincuenta y principio de los sesenta.
Desde que abrían los Tribunales, Héctor López ocupaba su tiempo de oficina en oficina, de secretaría en secretaría, hasta la hora de cierre. El gentío nunca lo dejaba ver la luz natural, a través de los amplios vidrios en los grandes ventanales.
Aquel día en especial, terminó antes. Cuando ganó la calle y antes de llegar a su auto, entró a un bar. Humeante café frente a él, sobre la mesa de media mañana. El ventanal a la calle le mostraba la película: mujeres que apuraban a sus niños, escuelas que apuraban con los horarios, taxis que apuraban a colectivos y el apuro de colectivos que prepoteaban a los peatones.
De pronto, un recuerdo irrumpió en medio de su diálogo con la moza. La urgencia se coló dentro del bar y apuró la indicación de un domicilio desde los labios de la mujer.

LA GONZÁLEZ

Mientras caminaba, López jugaba a identificar los rostros locales del barrio de los visitantes. En ese juego, se entretenía mientras sus pies lo llevaban hacia el domicilio indicado. Como quien no quiere ceder a la emoción inminente, pero tampoco está dispuesto a evitarla del todo. López juega y avanza. El viaje, sin embargo, es más lento que sus pasos.
-Sí, ¿quién es?- preguntó una voz de mujer, mientras abría el postigo de la puerta.
Se le parecía, pero no era.
La hija de la González se le parecía tanto que en un momento López perdió la noción del tiempo y estuvo dispuesto a aceptarlo: mientras él envejecía, a su antigua maestra le había dado por rejuvenecer.
Disimuló, sin embargo, frente a la joven. Y aceptó la información que aquella daba. Era nomás la hija de Alicia González, quien se encontraba de viaje en Luján. Pero Héctor no se iba a ir con las manos vacías. En un breve diálogo, consiguió un dato. No el que había ido a buscar, sino otro. Otra celadora, la Elena Páez, vivía a dos casas de allí.

MEMORIAS DE UNA MALHUMORADA

Mientras se dirigía a lo de la celadora, Héctor, comenzó a recortar algunos recuerdos de la infancia y los transformó en fotos. Es decir, no los dejó transcurrir, los inmovilizó. Pero, de golpe, las fotos- quietas- comenzaron a parlotear. Era la González, incorregible, meta hablar y hablar:
“Pórtense bien, no quiero llegar a mi casa y darle el pecho a mi niña con los nervios como me los ponen ustedes. Si le pasa algo a mi beba, vengo y los mato.
Lo que sigue es una anécdota, parte del currículum heroico de Héctor López. Tan comentado fue el asunto entre familiares y amigos, que el propio López ya no sabe cuánto de todo es verdad y cuánto fue imaginado. Pero algo así parece que le contestó a la González:
“Mire, señora, antes de que usted cumpla con su promesa, pida licencia”
Contrariamente a lo esperado, la mujer no estalló en esos excesos de autoridad en que suelen estallar las celadoras, sobre todo, si se llaman “La González”. La mujer, apenas si se atrevió a indicarle al chico que se retirase. Al día siguiente, la celadora se ausentó y no volvió hasta seis meses después.

ELENA PÁEZ, RECARGADA

La ex celadora abrió sus setenta años aproximados, todos juntos, y lo hizo pasar a López directo al comedor. Los ojos de la mujer se posaron en toda la anatomía de Héctor. Sonrió. Le cebó unos mates y dejó que los recuerdos, ida y vuelta, fueran delante y detrás de las preguntas, de costados y al margen del olvido. Después, se despachó:
-Me hubiera gustado ver crecer a algún chico más allá del sexto grado –decía, mientras miraba una página de un álbum de fotos, de cuando ella trabajaba en el Hogar Escuela.
En el sepia de las fotos, Héctor reconoció el lugar, pero a nadie retratado.
-Nunca me casé; cuidé de mi madre. Después, con la muerte de mi padre, ella quedó muy sensible. Mis hermanos, cinco en total, todos viven aquí en la ciudad. Yo soy la más chica.
Mientras la mujer hablaba, mantenía los brazos a los lados del álbum, como si ella misma hubiese querido inmovilizarse, transformarse en una foto. Pese a la quietud de su cuerpo, sus palabras delataban una enorme agitación. Ya no estaba ahí. A cada palabra, la Páez se trasladaba muy lejos en la tristeza, sin dar un solo paso.

DISCRIMINADA POR EDAD

Héctor se encargó del mate. Cebar, agregar azúcar, alcanzar el mate eran los únicos movimientos de la escena. Y todos le correspondían a López. Ella seguía inmutable, en su viaje inmenso alrededor de una imagen que parecía muy dolorosa.
– Mamá hablaba poco, se puso contenta cuando le insinué la posibilidad de adoptar a uno de los niños del Hogar.

Las instancias que construyen un “huérfano” son muy variadas. La gran mayoría comienza con una ausencia y termina en hospitales públicos o en casa cuna. Allí conviven, abandonados de todo origen: desde el nacimiento, de pocos meses y hasta los cinco años. De no conseguir la adopción, los niños se distribuyen en institutos para menores, asilos y hogares. La mayoría, sin documentación.

Las adopciones se pueden tramitar desde los distintos institutos o desde la casa cuna. En los años en que se sitúa esta crónica, la mayoría de los Hogares eran administrados por curas y monjas. La tarea del orden y el manejo de los niños estaba en manos de celadoras, monjas, sacerdotes y maestras. Dentro de las instalaciones también hay un grupo de médicos y enfermeros.

 -Yo no lo decía en serio, hasta que un día se me cruzó un pequeño diablillo, rubio, de ojos claros. Me gustó cuando una vez lo reté y me miró con tanta dulzura en sus ojos, juro que tuve que disimular la emoción. Hasta allí había visto a tantos posibles niños para adoptar. Nadie me había conmovido tanto. Ya había averiguado con las otras celadoras y empleados que tenían contacto con él. A todos los miraba con odio. Hice los trámites para adoptarlo y los familiares no quisieron. Los asistentes sociales insistían: yo ya no tenía edad para mantener a un niño. Todos a quienes intenté adoptar andaban entre nueve, diez y once años. Aquel tenía diez. Después que rechazaron mi pedido de adopción, me jubilé. Y, al muy poco tiempo, falleció mamá.

Fotografía: Viviana Macías, “Cuna”. Alambre tejido, hierro.

CURIOSEAR TIENE SUS RIESGOS

Por alguna razón, López prolongó la conversación. La mujer salió de su quietud y comenzó a moverse, lentamente, sobre su silla. Como si huir del pasado le hubiera costado. En ese momento, López pensó que él y ella eran dos huérfanos, uno frente a otro, sin poder hacer demasiado para constituir familia. Como en un acto de desesperación, él reabrió la charla para tender un puente entre los dos.
Entonces, ella se largó a contar que muchos novios no había tenido, algunos nomás, por esas cosas de antes, que sin mamá no me voy a tu casa y si el tipo venía acá, mamá no se movía. Bue, el asunto es que el tiempo pasó y los novios también. Una vez, uno, sin embargo, casi cae. Ahí fue donde le nació la idea de adoptar.
En un silencio de la Páez se fugó un modo muy gris de su desazón: se fugó también la ilusión de una familia, la soledad desnudada de futuro, de una mujer que hablaba sin confesarse y sin intimidad.

LAS FOTOS DE EGRESADOS

La Paéz tenía fotos de conjunto de casi todos los años en que trabajó en el Hogar. A quienes ella consideraba inolvidables, los redondeaba con un círculo rojo. A “los sabandijas”, nadie podía desterrarlos de la memoria, “de ellos jamás me olvidaré”. Los otros, sin marcar, eran olvidables

Video: Fragmento de la película “Smoke”, dirigida por Wayne Wang y Paul Auster.

GUARDA CON LAS FOTOS

Héctor López miró con mucha atención cada una de las imágenes pegadas en la cartulina, por ambos lados. En una de ellas se detuvo, vio y reconoció algunas caras. Dio vuelta la página y allí se halló. Se alegró al ver que él mismo estaba redondeado con lápiz rojo.
-¿Se encontró?- dijo Elena desde el marco de la puerta a la cocina.
-Sí, qué feliz me hace verme. –busco la mirada de ella.
-Venga que almorzamos.
En el almuerzo, de tanto en tanto, López intentaba moverla hacia el tema de la adopción. Durante el café, Héctor aprovechó para volver sobre el álbum. Sus manos y sus pies fueron casi solos. Una insistencia quieta, constante, urgente le ordenaba volver al álbum. Las manos y los pies estaban cerca, aunque no habían dado en el blanco.

TIBIO, CALIENTE, MUY CALIENTE

. “Abrí el libro ese”, pareció indicar el movimiento de cabeza de la mujer. En la primera hoja, deslumbraba la imagen de un Héctor de diez años parado delante de ella. Ella, con sus manos apoyadas sobre los hombros del muchacho.
López hojeó como apurado por resolver un enigma. En la última página, sobre un papel escrito a mano alzada, leyó la nota:

“Las autoridades rechazan el pedido de adopción y alegan que la señora Páez se encuentra inhabilitada para cumplir las funciones de madre, bla, bla bla”
Allí, con membrete, estaba redactado el rechazo. Elena Páez no podía adoptar a Héctor López.
Miraron el tiempo transcurrir en los ojos nublados. Y, después, la vida continuó.

 

Galería de fotos: Viviana Macías, Serie de las Palabras. Piezas realizadas entre 2003-2004 (expuestas en Areatec de abril a julio de 2011).




APRENDER A BARRER DE NUEVO Y DE NUEVO

Viaje alrededor de un punto: Cómo amasar, vender empanadas y otros menesteres, con una sola mano

Por Noemí B. Pomi

SE VENDEN EMPANADAS MAS BIOGRAFÍAS

En  Mendoza capital vive Hilda Marini. Desde hace treinta años, vende empanadas que ella misma hace. También hace treinta años, ocurrió aquello.

Consumidora habitual de sus exquisiteces, un día mi curiosidad tuvo tanta hambre de empanadas como de historias. El diálogo con Hilda surgió al pasar, como quien admite: no se puede vender empanadas sin agregarle un poco de  biografía.

Criada en una casa de campo cerca de Villa Mercedes,  San Luis, a los dieciséis años emigró en busca de trabajo.  Su familiaera una multitud de catorce hermanos, más los padres. Para entonces, ya se había convertido en una expulsora de pájaros con alas extendidas en busca de horizontes. Menuda, de ojos claros; nadie sospechó que ese gorrión migrante alcanzaría la altura de un cóndor.  En plena adolescencia consiguió trabajo en una envasadora de conservas.

 

LA MATRIARCA DE LOS PÁJAROS

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Pájaro, Joan Miró

Primero fue aprendiz y, cuando tuvo experiencia en el manejo de la máquina, se convirtió en operaria. Quizás un exceso de confianza- o porque las cosas cuando tienen que suceder, suceden nomás-un día el mecanismo arrastró su mano derecha. Su hemisferio izquierdo era el dominante, eso la convertía en diestra. Ya no más la máquina. La muy atrevida le asestó varias amputaciones a la vez. Con la mano derecha se fueron la habilidad de ponerse los ruleros, la chance delpulgar hacia arriba en señal de aprobación y otros tantos ademanes, considerados, hasta entonces, equipaje permanente de su vida.

PÁJAROS EN EL AIRE

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Mesa, Alberto Giacometti

Por ambas,corre el rojo que les da vida, sus huesos son iguales. Pájaros, sus alas acarician, levantan pulgares, se peinan, cocinan.Los giros resultan precisos, espontáneos, se complementan. Con corrientes adversas, pueden seguir ascendiendo  hasta alcanzaralturas insospechadas. El hemisferio cerebral predominante determina en forma inversa el uso de cada una.A veces,deben ser reeducadas.

 

Miraba a todas las manos ostentadas de a pares. Claro, ellas podían lo que ella una vez pudo. Y qué hacer con ese no poder. . ¡Que no le vinieran con la adversidad a la matriarca! A la lucha.

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Manos amantes, Augut Rodin

ADAPTARSE SÍ O SÍ

Tenía solo dieciocho años y una ausencia. Ah, y un dolor. Entonces, no se entregó. Uno usa lo que tiene y ella se decidió a poner a tono  su mano menos hábil. ¿Conocería la frase de Sartre?  “Si nos cortan una pierna no tenemos menos libertad, tenemos otra libertad”.O tal vez estaba convencida de la sentencia de Nietzsche,“Quien tiene algo por qué vivir es capaz de enfrentar todos los comos”.

 

LA ESCOBA NO ME VA A GANAR

Al tiempo, apoyaba la escoba en la parte interna del antebrazo, así reaprendió a barrer. Para escurrir ropa, la colgaba y la retorcía;también  utilizaba su ala ausente y hacía  presión con la ausencia para trozar piezas. Al muñón derecho parecían haberle crecido dedos, tanto que él se convirtió en la mano faltante. Con lacicatriz llegó la prótesis, pero – a esa altura -tuvosolo fines  estéticos.

Louis Bourgeois

 

LA REVOLUCIÓN NO DESCANSA NUNCA

Era renuente a pensar en esas cosas. Mientras se duchaba, el espejo reflejaba el antebrazo por la mitad.No se amilanó: coqueta,reinició sus tanteos con los otros. Y tanteo va…

Máscara, Camile Claudel, por Rodin.

 

 

…tanteo viene, la sorprendió un joven de ojos retintos y mirar profundo.  El “te amo” llegó rápido.  Su mano  torpe fue capaz de acariciar y  alcanzó para abrazar con fuerza incontenible. En tres años llegaron sus dos hijas. Por entonces, los pañales descartables no estaban a su alcance. Sus hijitas rodaron sobre telas que debían ser ajustadas con cintas y volvió el ingenio de una paloma quebrada. Decidida a salir adelante, reinventó el método de cómo poner el pañal. Mano izquierda y dientes los ataron.  Se decía: si Rene Lavand puede hacer magia, yo también.Con el tiempo se  enteró de una técnica llamada Ta Tap vinculada con la guitarra: consiste en golpear con fuerza las cuerdas, rasguearlas con el meñique- o arañarlas- y realizar acordes, melodía y ritmo con una sola mano. 

¡TÉCNICA PARA CAMBIAR PAÑALES  CON LA MANO IZQUIERDA!

Se extienden los pañales, el bebé en medio de las telas, se levanta el pañal de gasa hasta rodear la cintura y luego se repite el movimiento con el chiripá. Las cintas sujetan el conjunto, se atan con la mano izquierda y los  dientes.

 Mientras contaba su historia, docenas y docenas de empanadas y pasteles salían sin cesar:

  • OTRA VEZ, APRENDER A BARRER

Un paréntesis pareció eterno. Cuando mi esposo partió, la vida volvió a amputarme, se llevó la mitad de mi cuerpo.

Era un hombre atento, tenía sentido del humor ycariño a mano tendida. Lindo, alegre, a veces me ponía celosa, entonces medecía; “Petisa, en mi  mundo solo caben tres mujeres.”

Devastada, con los trámites de la pensión – entonces eran eternos – y sin recursos, temí enloquecer. La cama  enorme, la noche inmensa, el llanto largo. Y, después, caer rendida. El sueño clausura cualquier agonía.

Otra vez aprendí a barrer. Tenía a las dos nenas, nada para vacilar.Ahí comencé, vendiendo en la calle;éramos dos canastos repletos de mercaderías, una sombra blancaguiada por dos ángeles y un lucero.

 

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María Ibáñez

 

  •  CONQUISTAR TERRITORIO

Las tapitas de empanadas no necesitaban agua en los bordes para el repulgue. El llanto no paraba, la mano y el muñón, tampoco. No podía darme el lujo del paro,  pero nadie me quitaba el derecho a la lágrima. Empanadas lloradas. Entre tanto, las nenas comían en la escuela y, al regreso, como un equipo, salíamos las tres a vender. Años fatigados de recorrer el barrio, con el peso de los canastos, la liviandad del vacío, al regreso.Cuando las empanadas y los pasteles se acreditaron comenzamos a vender en la plaza.Las tres de rigurosos guardapolvos blancos.Hasta que pudimos comprar este local.

PAREDÓN Y DESPUÉS

Las nenas heredaron la mirada alegre del padre y el tesón y la audacia de la madre. La tristeza es patrimonio de toda la familia. Pero la casa está toda barridita.

Cuando la tarde se recuesta en las montañas y nacen estrellas en el cielo mendocino, Hilda mira a través de la ventana y habla con cada uno de los luceros como si fueran sus amados ojos retintos.Con el tiempo, comprendió que está dispuesta a  utilizar la escoba tantas  veces como sean necesarias.

¡Se puede tocar la guitarra con una  sola mano! La técnica Ta Tap creada por el músico chileno Andrés Godoy consiste  en golpear con fuerza sus cuerdas, rasguearlas con el meñique o arañarlas, y  realizar acordes, melodía y ritmo con una sola mano.

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Juan Gris

 




GENEALOGÍA DE UN GEMIDO

Viaje alrededor de un punto: Sobre abandonos y orfandades.

Por Juan Carlos Pedot

“El grito” de Edvard Munch

Hay vidas que circulan por otras líneas del tiempo, desde el comienzo nomás. El reparto de condiciones y posibilidades marca el ritmo de otro reloj, a veces más rápido otras, más lento. Pero jamás coincide con la hora que dan en la radio y en la televisión. Es el tiempo del abandono, de la ira, de la desesperación, de la orfandad gestándose entre sábanas atormentadas; el tiempo donde el futuro se escuece de terror ante lo estrecho del espacio que le dejan para desplazarse y el pasado se contrae, abatido, en busca de una oportunidad para empezar de nuevo. No son temporalidades de otro planeta. El extrañamiento no es la extranjería. Afuera no queda nadie. Pero, en los bordes, ¿quién maneja el alocado reloj en los tiempos de los bordes?

EL ARCÁNGEL GABRIEL

Gabriel parecía un ser de otro planeta. Más bien, un niño de otro planeta. Su madre lo parió en el Equiza, de González Catán, cuando tenía 16 años. Llegó sola al hospital en la mayor de las ausencias, aterrada. Se acercó a la guardia como una accidentada cuya familia no se hubiera enterado, todavía, de lo sucedido. Nunca supimos si verdaderamente tenía familia, porque nadie se arrimó a preguntar por ella. Primerizamente dolorida, la vida en su vientre exigía nacer. A la madre le quedaban dos chances: dar a luz o mudarse, como se decía en mi barrio, para cuidar la imagen. En ambos casos, incomodaría a propios y a extraños y lograría el regocijo de pocos. La vida, sin embargo, declaraba en silencio – “aquí estoy yo”. En su imperiosidad por nacer, parecía responsable de cumplir un sino.
¿DOMICILIO?: EL HOSPITAL DONDE NACÍ

Al nacer, sus signos vitales se ajustaban a todos los estándares normales de un neonato sano. Succionó ferozmente apenas le arrimaron de forma generosa la teta.
Desde la primera hora de vida conocí a Gabriel y, en reiteradas oportunidades y debido a mi trabajo de técnico de laboratorio-, tuve que hacerle análisis. Eso hasta que su caso me resultó muy familiar. Cada niño es un imán, no hay un modo de atraer tan particular como el de los chicos: de alguna manera, se transforman en el centro de un grupo social. Ellos manejan el discurrir de un tiempo y nosotros bailamos a su son.


ÉRAMOS POCOS Y CAYÓ LA JUSTICIA

Todo el personal de neonatología esperaba, más que la aparición del padre -en muchos de estos casos no sucede-, la presencia de la supuesta familia de la mamá. Hubiera sido un alivio para un personal recargado de tareas. A los tres días del parto, la muchacha se escapó sin dejar rastro y sin siquiera encargar el bebé a nadie. A la buena de Dios, Gabriel contaba con un ente intangible que lo protegía y que velaría por su suerte: el servicio programó tareas inéditas para esta neo- maternidad. Tareas que, por aquel momento, se cumplirían hasta que se necesitara, sin plazo determinado. Sobre estas improvisaciones, para encarajinar mejor la cosa, cayó la justicia.


CADA QUIEN SE ARMA LA FAMILIA QUE PUEDE

El bebé era precioso y quienes lo atendían se encariñaban con él, al punto que alguna que otra enfermera se lo quiso llevar a su casa. Desde la dirección del hospital, se instruyeron órdenes precisas sobre la vigilancia y atención de tan particular paciente. Ya se conocían anteriores intentos de robo de bebés. La parentela solía ser la responsable de denunciar cualquier sospecha. Pero acá parentela, no había. No más familia que el personal. Entonces, en este caso, el personal alertaba al personal. En los cambios de turnos o de guardias, corría la pregunta a boca de jarro: ¿cómo está Gabriel?
De a poco, todo el hospital giraba alrededor de la suerte de ese niño. Así pasó el cumple mes primero y varios cumplemeses. Nadie reclamaba. Gabriel, por todo domicilio, tenía un nosocomio y, por expectativa de resolución- de un horizonte- , sólo la lentitud de la justicia. La Chela, la enfermera más experimentada con niños- madre de varios con distintos hombres-, apadrinaba a Gabriel. Era la más preocupada. Si lo hubieran ofrecido en adopción, ella hubiese sido la primera en anotarse.

HAY ALGUIEN QUE IMPORTA

La Chela aplicaba en su diario trajinar el tan mentado “yo es otro”. Le brotaba del cuerpo como una tumoración de la solidaridad. Lo mezquino no calaba en sus registros. Parecía una mujer de otro tiempo, pero no del pasado, una mujer del futuro.Siempre supo que Gabriel no le sería dado en adopción, pero aun así se hizo a cargo. Hay ciertos rasgos épicos, fragmentos de la noción de heroína romántica, en quien sabe que su deseo no será satisfecho y, sin embargo, actúa como si la lucha misma pudiera generar condiciones para que las autoridades “concededoras” de la satisfacción de los deseos cambien de opinión.
Pasado un mes y medio, Gabriel rebosaba salud. Como si los eventos del abandono hubieran transcurrido por un túnel, por otra dimensión temporal ajena a su cuerpo. Qué extraño el insondable tiempo de los bebés: la mirada aparentemente perdida y la exploración del mundo del recién arribado parecen inaugurar con sus ojos cada rincón del mundo. La epifanía renovada no era el don de Gabriel. Apenas apuraba un gemido cuando tenía hambre. El verso “el que no llora no mama” se desvanecía de sentido en los alrededores de este crío. Todo el cuerpo de auxiliares sabía que el llamado de Gabriel no respondía ni los modos generales de los niños abandonados. Un débil gemido, un germen de voz provenía casi de un tiempo anterior a la gestación, de un tiempo primordial donde todo pudo haberse elegido de otro modo. La debilidad del gemido era el reclamo de una chance. Había equipo. Y el equipo comprendía ese extraño idioma surgido de un vacío, de un hueco del tiempo y sus demandas.

EL CARRUSEL DE PERSONAS

En sus largos ocho meses en neonatología un sinnúmero de voces giraba alrededor de Gabriel. Los tres turnos diarios del personal de limpieza, de enfermería, del personal médico y de otros que se arrimaban constituyeron la familia temporal. Una ronda para que el huérfano no advirtiera de golpe toda su orfandad.
Los neurólogos pediatras de Capital Federal no daban pie con bola. El pibe, sordo no era. Mudo, tampoco. Su frágil gemido eludía cualquier respuesta en los exámenes practicados. Entonces, obligados a dar respuestas, los especialistas largaron algo así como que el niño no se identificaba con nadie porque los turnos del personal lo tenían mareado en ese carrusel de voces y rostros.La apreciación no necesitaba estudios previos en neurología, el mote de especialistas los dejaba al borde del discurso obvio y absurdo. Y Gabriel gemía, con un gemido tan débil que perforaba los tímpanos.

EL SINSENTIDO DE LAS CIFRAS

No había solución en el caso de Gabriel, era imposible quedarse a vivir toda la vida en una incubadora. La justicia no permitía que nadie se hiciera cargo de la situación. Al neonatólogo se le ocurrió entonces buscar a la madre:
Hay que encontrar a la madre – gritó en un arranque de lucidez.
No resultaba tarea fácil: el domicilio que había dado era falso y no había referido trabajo alguno.. Pero el sensible neonatólogo se las ingenió y, en unos quince días, se apareció con la joven muchacha. Ella se llevó al niño con el compromiso de traerlo, después de un mes, para control. Quince días, un mes. Cifras que perdían su consistencia de cantidad y mezclaban el alivio y la desazón por la suerte de Gabriel. Y ese gemido, como embajador de un destino trágico.

LA PARENTELA DE UN GEMIDO

Dos meses después. Interior, clínica.
El personal se apiñaba, como ante la inminencia de la salida de una estrella del espectáculo. Las tías y tíos adoptivos se arrimaron en una nueva ronda. Gabriel estaba bien cuidado, había engordado y- ante el asombro de todos- ya no emitía el débil gemido. Con casi un año, balbuceaba “mamá”, “tata”, y algo que nadie entendía:
– “Miyaaa” –
Según la madre, el grito era un modo imperativo de “Miraá”
En los ojos de Chela vimos un camino para entender el sentido de “miyaaaa”. Miyaaa era pariente de un silencio muy hondo y el amigo de un grito sordo. Era el modo en que el origen se cuela entre las palabras para indicar que, allá lejos, donde el vacío reina, el reparto de las condiciones sigue siendo muy injusto.

PAREDÓN Y DESPUÉS

Y después vinieron cuatro años, donde la imagen de Gabriel fue sólo una nebulosa que flotaba en los pasillos, mezclada con el recuerdo y el eco de aquel grito: “Miyaaa”, “Miyaa”. Cada tanto- tres o cuatro veces en todo este tiempo- la nebulosa tomaba consistencia. La muchacha aparecía con el niño. Pero ya no se trataba del rebosante niño que nos incitaba a entender el sentido oculto de sus balbuceos. Gabriel se deterioraba. El arcángel perdía pluma de sus alas y ya apenas remontaba vuelo. La última que lo vimos estaba desnutrido, con la mirada gris y llena de tristeza.
Un día, el pasillo entero se llenó de un rumor. Gabriel había muerto. Fuera del hospital. Pero era como si de verdad hubiese ocurrido dentro.
Aún hoy, ya jubilado, cuando- de tanto en tanto- vuelvo de visita al hospital, creo escuchar por los recovecos del lugar aquel grito: “Miya”, “miyaa”. El grito del ángel caído que una vez más me recuerda.
El reparto, hay que revisar el reparto de las oportunidades.




UN SIGLO DE VIAJE

Viaje alrededor de un punto: “Alicia” “La máquina del tiempo” y otros trayectos de lectura. Desde la infancia.

Por Viviana García Arribas

Hierba roja

COORDENADAS

El punto de partida está en mi vida.

Siempre

Buscarlo en otra parte sería engañarme. Ese día del niño y mis nueve años a punto de cumplirse inauguran la aventura. Mi mamá me regala mi primer libro. El primero con  palabras. Cuál, no importa. Ese me abrió los ojos y la cabeza. Fue el inicio de infinitos viajes en el silencio de la siesta, de noches sin dormir para leer un capítulo más. Y otro. Y otro.

Se me instaló esa sed insaciable. La intención de abarcar todo y de leerlo todo. Deseo, desafío y  atractivo de lo irrealizable. Porque, ¿no es el lector un aventurero? El sillón de lectura (o lMáquina del tiempoa silla, el piso, la cama) se transforma en  plataforma de despegue, puente de mando, cohete interplanetario, ágora de Atenas o selva africana. Basta con observar la mirada de quien levanta en ese momento los ojos de un libro. ¿Un poco perdida, tal vez? La expresión, somnolienta, fuera de foco, ese tentar salir del túnel. No entiende qué le dicen. No escucha. No ve más allá. La costumbre de leer me encerró en mi mundo y me regaló otros, infinitos. Necesité de mi espacio en soledad. El silencio, el retiro del cuerpo y de la mente me acurrucaron en realidades distintas. La mirada vuela, los límites desaparecen. El precio, tal vez, el aislamiento: el niño que lee se retrae y se aleja del resto.

LOS TRIPULANTES

Algunos libros me acompañan desde el principio. Otros los descubrí hace un tiempo o todavía no se me cruzaron. De todos ellos, tres se encadenan y conversan a lo largo de casi un siglo. AliciaNo son excluyentes, pero establecen una carrera de postas en la que, cada uno, dialoga con el anterior y da pie para el siguiente. Alicia (1) no sabe para qué sirve un libro si no tiene diálogos ni grabados. Claro que esto lo piensa cuando empieza a sentirse cansadísima de estar sentada en un margen, al lado de su hermana. El Viajero a través del tiempo (2), uno de esos hombres demasiado inteligentes para ser creídos llega, al final de su viaje, a un tiempo en el que ya no quedan historias que contar. Wolf (3), un hombre del siglo XX y de la posguerra, inventa una máquina para matar sus recuerdos y, en consecuencia, morir. En “Alicia” todo es exuberante, desafío a la lógica y subversión del orden. El Viajero, y luego Wolf, si bien viven sus aventuras más allá de toda imaginación, instalan la idea del fin de las historias.

 

LA PARTIDA

Estamos escapando siempre del momento presente, y por eso el Viajero construye su máquina. El presente, como tal, no existe, no es, siquiera, un segundo. ¿Es la vida un  perpetuo desplazamiento hacia el futuro? ¿Es el presente o el pasado el que se nos aparece cuando leemos?  El pasado, el presente y el futuro, se encierran en cada  página. Otra realidad se  ofrece, casi tangible, como el libro mismo. El tiempo real se detiene. Se nos impone otra lógica. El caos y la angustia ceden. El viaje se inicia, entonces, con la luz parpadeante de una lámpara. El viajero, ilumina el oscuro corredor que desemboca en el laboratorio. Quienes escuchan su relato, en cambio, se mantienen en las sombras.

Conejo

 

El Conejo, al grito de: ¡Dios mío! Voy a llegar tarde, se mete en la madriguera y Alicia lo sigue. Una caída interminable  en un pozo de paredes llenas de armarios y de anaqueles de libros. El fin de la caída es el inicio de una explosión de los hábitos narrativos. Si bien hay animales que hablan, lo que aquí aparece no tiene el contenido moral de la fábula. Pese a todas las peripecias, los inconvenientes, los personajes insólitos, Alicia nunca tiene miedo, parece adaptarse perfectamente a ese mundo patas arriba. Y, aun, desafía a la autoridad con su ¡Pamplinas!, lanzado a la reina de espadas. Su caída es, entonces, un alumbramiento.

Alicia es pura  curiosidad y el Viajero apuesta al futuro de los hombres. Wolf perfila un héroe contemporáneo: los motivos de su invento son egoístas. Aprovecha el momento para construir su máquina y va en busca de un pasado que desea olvidar. En el recorrido, pone en cuestión la familia, la escuela y el amor. Él también recorre los túneles de la ciudad subterránea, donde encuentra al negro que baila en una caverna iluminada por la luz del sol. Éste es su único momento de goce.

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ALGUNAS PERIPECIAS

 Cuando leo, pongo en juego todo mi cuerpo.

 Me acomodo en un sillón, pliego las piernas sobre el asiento, me acurruco como quien busca protección, trato de conseguir un poco de silencio alrededor. A veces, el cuerpo se rebela y me traiciona: dolores y contracturas me torturan. ¿Será un castigo por el placer?

 Insisto en buscar en estos libros las huellas de mi propia existencia. En los tres, el cuerpo aparece como protagonista. Me habré cambiado en otra… era yo la misma esta mañana¿no acabo de hacerme mayor? El cuerpo de Alicia crece y se achica al compás de su hambre… o de su curiosidad. A veces, esos cambios físicos le sirven para adaptarse, aunque también le causan inconvenientes: cuando tuvo el tamaño adecuado, la llave se le hizo inaccesible… me es imposible salir, porque no quepo por la puerta… rozó la tribuna de los jurados con el borde de la falda, derribándolos a todos… Su cuerpo está en constante cambio.

viajede alicia

 El Viajero describe las sensaciones  de la navegación como  extremadamente desagradables. Se experimenta un sentimiento parecido al que se tiene en las montañas rusas zigzagueantes… y la misma sospecha de inminente aplastamiento. Incluso, cuando vuelve, su cuerpo muestra las huellas de la aventura: cortes, magulladuras, un pie lastimado. En el mundo del futuro se encuentra con que el hombre… se había diferenciado en dos animales distintos: unos, bellos y delicados en la superficie. Y otros, pálidos y repugnantes en las profundidades.

Wolf sufre consecuencias parecidas a las del viajero durante el viaje al pasado. Necesita cerrar los ojos  para no vomitar y aferrarse con fuerza a los barrotes de la jaula, que también sangran.

 viajero del tiempo

LA VUELTA

 Llega el final y todo vuelve a la normalidad. Alicia despierta de su sueño. El Viajero desaparece y el cuerpo de Wolf yace sin vida sobre la hierba roja. Los mundos alrededor se desvanecen. El tiempo se transforma otra vez en una sucesión de instantes. Posiblemente, haya caído la tarde o esté a punto de amanecer.

¿Yo? Me desperezo, estiro las piernas, miro  en torno.

 Ya sé. Me voy a buscar otro libro…

 

(1) “Alicia en el País de las Maravillas”, Lewis Carroll, 1865

(2) “La Máquina del Tiempo”, H. G. Wells, 1895

(3) “L’Herbe rouge”, Boris Vian, 1950

 

 

Vínculos sugeridos

LABERINTO

 

  1. WHO

http://es.wikipedia.org/wiki/Doctor_Who

http://www.doctorwho.tv/

 




LA REBELDÍA DE UNA CÉLULA

Por José Pepe Carvalho

Viaje alrededor de un punto: al borde del quirófano y después.

MI UNICORNIO AZUL AYER SE ME PERDIÓ

Jason de Caires Taylor, The listener, underwater sculpture Depth 5m, Punta Nizuc (México).
Jason de Caires Taylor, The listener, underwater sculpture Depth 5m, Punta Nizuc (México).

En mi vida, nunca una enfermedad importante, dijo el tipo. Eso sí, tenía una hinchazón cada día más visible en el temporal derecho. Jamás se había preocupado por meterse en esos túneles del pensamiento. ¿Qué pasaría si mañana te anunciaran que te queda poco, viejo? Le parecía que esa era una cuestión de tremendistas, gente con mucho tiempo para darle el gusto al miedo. Pero, cuando un apurado tiene una secretaria, el apurado marcha en dos tiempos. La resultante es un punto intermedio entre su urgencia y el control de la ansiedad de ella. Un punto quieto entre ambos, un tiempo imposible de medir para los dos, porque los relojes apurados y los de la atenuadora fallan. Entonces, ella lo largó:
-¿Qué le pasó, jefe?, ¿se golpeó en la frente?
El tipo apurado es siempre un negador profesional. No tanto por ser un miedoso que posterga sus terrores para el fin de semana, sino porque temer insume mucho tiempo y eso es exactamente lo que él no tiene.
-No, no, siempre tengo así hinchado.
– Ah, raro, yo nunca lo había notado de esa manera. Hágase ver, ¿quiere?

HASTA EL VIEJO HOSPITAL DE LOS MUÑECOS, LLEGÓ EL POBRE PINOCHO MALHERIDO

El viejo médico prestó atención:
-De chico, ¿no recuerda algún golpe fuerte en esa zona?
Cuando a un tipo le preguntan por la memoria, la propia memoria entra en interrogación. ¿Qué relato cuenta esa inventora sobre cada quién? ¿A dónde atesora los recortes del pasado? ¿En qué hornalla los pone al fuego del presente? ¿Cómo es?: ni bien ella se pone a urdir una trama, ¿todo el futuro tiembla en el horizonte?

En este caso, la memoria del tipo se puso a divagar acerca de sus jóvenes años en el béisbol. Claro, no le daba para andar inventando el recuerdo de un golpe en un partido. Así que, como el tiempo del médico también era apurado, los intentos de la memoria fueron sacudidos por un pragmatismo sin piedad.

NUNCA ES TRISTE LA VERDAD, LO QUE NO TIENE ES REMEDIO.

-Bueno, habrá que hacer estudios para ver bien qué pasa. Primero, una tomografía computada.

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Es un meninghioma, una célula de la meninges se súper desarrolló,  de una manera tan extraña… Sencillo hubiera sido que creciera sobre la zona más blanda del cerebro, pero no. La muy rebelde se incrustó dentro del hueso temporal derecho, – que es hueco, – y ahí comenzó a crecer, desordenadamente.
Un tumor cancerígeno. Eso es. No duele, no molesta. Es una hinchazón: tiempo hecho un globo en su hueso temporal. Y hay que operar.

A LOS BOTES

Orlan, Seventh Surgery Performance, entitled Omnipresence, 21 de noviembre de 1993. Smile of  Delight (Sourire de Plaisir). Cibachrome in diasec mount, 43 ¼ x 65”.
Orlan, Seventh Surgery Performance, entitled Omnipresence, 21 de noviembre de 1993. Smile of Delight (Sourire de Plaisir). Cibachrome in diasec mount, 43 ¼ x 65”.

El tipo ocupaba, en ese momento, la presidencia de una Obra Social concursada desde hacía 5 años; estaba en pleno proceso de su salvación y recuperación. A partir de ese momento, pasó a pelear en dos frentes, en dos tiempos. Un tiempo nervioso y a sablazo limpio contra los socios, que preferían robar todo lo posible a remontar la entidad. Ese era un tiempo oportunista: parecía transcurrir a las corridas, y aprovecharse de la hinchazón del tiempo en su frente. El otro tiempo, uno ralentado por el miedo y el extrañamiento: el del advenimiento de una cirugía.
El equipo médico le explicó: Serán nueve horas de operación, como un viaje a Europa, no existen más riesgos de vida que los caprichos de la anestesia. Como si le hubiesen dicho: el avión es seguro, salvo que se caiga.

EL VIAJAR ES UN PLACER, QUE NOS PUEDE SUCEDER…

Ya internado, llegó el momento del embarque. La camilla, vos y la luz penetrante, te vas durmiendo, contás de uno a cien. En nueve, ya estás en pleno vuelo.
– Doctor, me duelen los brazos. Doctor…, me duelen mucho los brazos.
Un dolor anestesiado.
Un dolor en sueños. Un dolor imposible. El Doctor después dirá que el tipo no pudo haber sentido ningún dolor. No sé en qué materia estudian los médicos acerca de los padecimientos que los pacientes no “pueden haber sentido”. Pero, el Doctor dirá lo que no pudo haberle sucedido al paciente con tanta autoridad que el tipo empezará a sentir culpa por el dolor que de verdad sintió. Se abre una grieta insalvable entre los dos. La autoridad del médico transcurre en el tiempo de la flecha, la certeza, la imposición. El tiempo del paciente se repliega a un punto, se contrae al espacio de un cuerpo hecho dolor.

LA CASA ESTÁ EN ORDEN

Jason de Caires Taylor. “Viccisitudes”, underwater sculpture - Depth 5m - Grenada, West Indies.
Jason de Caires Taylor. “Viccisitudes”, underwater sculpture – Depth 5m – Grenada, West Indies.

El aterrizaje ha sido impecable. Al tipo le cuesta bastante abrir los ojos y reconocer los perfiles del espacio, la consistencia y el pulso del tiempo de los otros. La luz, por allá, y el aire por sobre cuanta cosa existe. Todo tan habitual y tan extraño. Su compañera, a su lado, lleva en su rostro las peores nueve horas de espera de su vida. El tipo pregunta si tenía cabeza.
-¿Cómo, si tenés cabeza?
– Sí, no la siento, te pregunto si arriba- sien la azotea- desde donde hablo, hay una cabeza. Y si hay una, me gustaría saber si es la mía, la de antes.
-Parecés la momia. Pero debajo de las vendas  hay una cabeza. Es evidente, incluso, que es la tuya.-
-¿Y no sabés si pagaron los cheques en la Obra Social?
– Te acaban de sacar un cuarto de cráneo. La falta de ese cuarto te debe hacer preguntar esas boludeces.
De pronto, la rebeldía del deber pone la memoria en funcionamiento. Debajo de la venda todo se inunda con la idea de que, al otro día, vendrán al sanatorio los del trabajo, porque el tipo deberá firmar un acta importante ante un escribano para continuar la recuperación de la Obra Social. Algunas veces, los psicofármacos, sin ser inteligentes, son prescriptos de modo inteligente. En cuanto la compañera del tipo le anuncia al médico que el hombre está preocupado por el trabajo, el médico indica el sedante. No es el mismo que sabe acerca de los dolores que un paciente no puede sentir. Es uno que, directamente, prohíbe las ideas que un paciente no puede tener. Por algo es paciente, que tenga paciencia. Y si se le permite la licencia de una “s” que sea también pasivo.

LA REBELIÓN SOFOCADA

Rembrandt , La lección de anatomía del doctor Nicolaes Tulp, Óleo sobre lienzo, 1632.
Rembrandt , La lección de anatomía del doctor Nicolaes Tulp, Óleo sobre lienzo, 1632

Pero el transcurrir no es pasivo. Algo continúa en torbellino en los días del tipo. Un hueco entre dos instantes, donde la muerte de un ser querido perforó la línea del tiempo; muertos nuevos y viejos fracturan la cronología, como si odiaran las líneas rectas. Otras rebeldías en medio de las noches- y a veces en mitad del día- agitan al cuerpo entero contra las traiciones y las desilusiones y los sueños anegados, sumergidos, entre dos instantes.
Pero también el torbellino tiene esa parte amable del viento. La que mece, la que anuncia. La forma del deseo y del porvenir, en ráfagas rebeldes, también es un modo en que el tiempo resiste la muerte de los otros, la locura, la enfermedad.

 

 




SER TIEMPO

Viaje alrededor de un punto: Sobre la eternidad.

Por Gabriela Ramos

Somos tiempo. Santiago Caruso
Somos tiempo. Santiago Caruso

UNA PLAYA EN EL TREN A CONSTITUCIÓN. O VICEVERSA

Estoy en la playa: hay una caracola en la orilla, espléndida, rojiza con tonos rosados. Hermética, durísima, magnífica. Me detengo en el espiral. Pienso en la perfección, en el orden, en el número, en la armonía, en la proporción; cánones de la infinitud de su belleza. Deslizo mi dedo desde el centro, lo acaricio. Desde el punto central indefinidamente podrá crecer cada vuelta con un ángulo idéntico.
La playa está vacía. Levanto la caracola con cuidado, la aprieto contra mi oreja: hay un sonido misterioso, casi irreal. Pareciera que el tiempo se detiene. Una experiencia lejana se hace carne en mí. Una sensación extraña. Recuerdo estar en el tren que va de La Plata a Constitución y ver a un hombre muerto al costado de los rieles. Fue la primera vez que sentí una sensación de durezas en mi cuerpo, como si mi carne fuera demasiado tensa: entre ese cuerpo y el mío había un lazo inquebrantable, una telaraña rígida pegada a los cuerpos, como si la distancia entre la infinitud de la muerte de ese hombre y la perennidad de mi vida tejieran, en la noche, un contraste velado: esa transparencia pegajosa, el metal del tren y los rieles. ¿Qué significa esa imagen? ¿Qué sentido tiene recordar eso en esta playa que se extiende más atrás de los pinos?

LA ETERNIDAD EN UNA CARACOLA

Joseph Mallord William Turner
Joseph Mallord William Turner

Eternidad de la muerte. Finitud de mi vida. Tan irreal como el sonido de la caracola. Miro otra vez la caracola. Perfecta. Pero finita. El viento, el agua, la lluvia la irán corroyendo. Estoy embebida en esa playa plena de colores y sonidos: las olas caen brutalmente y cierro los ojos, el viento me envuelve. Quiero estar ahí, me siento poderosa. Pienso en el deseo. Para el psicoanálisis es metonímico. Y. por eso, nunca termina: infinita metamorfosis. Siempre se transformará en otra cosa: Somos tiempo. Como el imago, último estadio del desarrollo de un insecto, tengo la sensación de que la muerte se hace carne en mí, como el caparazón de un insecto. Etapas. Nacimiento, desarrollo, final. Sin embargo, esa potencia inmensa me mantiene como una columna erecta. Inmóvil. Viril. El mundo gira, el cosmos está en plena transformación. Y ahí, la caracola, la inmensidad, la grandiosidad y ahí quieto, como un megalito, mi deseo: plena potencia, lazo entre mi vida y esa playa desierta y un caracol que detiene el tiempo en su perfección. Sé que voy a morir, pero la música del mar me eterniza, me hace fuerte. Somos uno. Me extiendo, con alas, con aletas de una fibra suave y acaricio con la punta de mis dedos la espuma del mar, la triste condicionalidad.

LA ETERNIDAD, EN UN GRANO DE POLEN

Desde la playa hice el viaje en micro, la vuelta por la rotonda: la playa quedaba lejos, el bosque de pinos clavaba sus copas en el cielo plomizo. Pero la esfinge de esa playa estaba en mí.
Llegué a las once de la mañana. Llevo la caracola en mi bolso. Aún admiro su esplendor. Nunca la ciudad viajó tan rápido alrededor mío. La unidad parece haberse fragmentado. La telaraña en mi cuerpo, como un fulgor, un destello de intensidad, una pequeña porción de polen se pega a la tela. Tal vez esa sea yo, así de pequeñita. Será la porosidad de la caracola, tan débil. Luego, arena.

 

 




LA DUCHA

Viaje alrededor de un punto: sobre el cuerpo.

Por Ricardo Varela

LEJANOS RINCONES DE MI CUERPO.

Como todos días, a las siete de la mañana, se meten en la ducha. Él y su cuerpo.
De eso voy a hablar, del dolor del cuerpo. De un cuerpo que a veces no parece mío. O, tal vez, hable de otra cosa y tome como excusa al cuerpo. Hace mucho tiempo lo llevo conmigo, en algún rincón estático dentro de mis contornos. Me habita. Los rincones de mi cuerpo siempre fueron espacios vedados a mí mismo.
¿Por qué enferma y duele con una independencia que yo jamás pude tener?
Si bien el futuro se enturbia en el cuerpo que duele, algo resulta paradójico: después se siente nostalgia de ese cuerpo. Claro, el dolor, al menos, permitía viajar alrededor de un punto.

“Arból gris”, Mondrian

 

ES MÍO, MÍO, MÍO.

El viento, sin tregua. La lluvia impide escucharnos. Caminamos bajo la tormenta hasta llegar a casa. Una ducha caliente nos reanimó; a mi cuerpo y a mí. El agua nos restituye esa noción de alivio que vuelve a amanecer la fantasía.
La lluvia descongela, nos regresa de ese mundo de la noche… de los sueños. Reintegra la conciencia del cuerpo para enfrentar al mundo exterior, a la rutina, al hastío.
Hay encuentros como duchas, emparentan con la tibieza. Otros, también paralizan, son agua helada. Y existen los desencuentros, sin ninguna temperatura: como si uno estuviera seco y ya no pudiera mojarse.
El cuerpo nos pertenece. ¿Sí? Y si nos pertenece, ¿por qué se orienta hacia los otros sin nuestra autorización?
¿Por qué nos induce a la mentira con el propio cuerpo? Sin embargo, es la única acción posible en este momento. Lo prefiere a no hacer nada. Más lo avergüenza el hastío, estar paralizado, someterse a la intrascendencia absoluta. Por eso va a mentir.

FLOR DE VIDA.

¿Cómo formar cuerpo con ella? He abrigado su cuerpo. Estaba distante. Sus brazos extendidos, parece dormida.
Ella tiene tantas bailarinas a su lado. Pero andar a pura amenaza, con esa danza que advierte la inminencia de la muerte sin darla, es demasiado. Pobrecita. ¡Y encima vivir de eso!
Nada envidiable esa vida abyecta. Sin fronteras, ella baila alrededor de sí misma.

“Shibbolet”, Doris Salcedo.

 

ES DE ELLA, DE ELLA, DE ELLA.

¿Cuál es el cuerpo del amor? Como en un grupo de ballet en las sombras, esa sensación de corrimiento anticipa la aparición de los cuerpos. Ellos dejan una huella y se marchan.
Un recorrido azaroso, imágenes inconexas se hilan con espontaneidad y rondan. Nos rondan con belleza. Aunque también, con espasmos en el abdomen. Se instalan al modo de una memoria dentro del cansancio de los brazos.
A un cuerpo privado de amor, expuesto a la soledad, solo le queda la ilusión. Roza el corazón a distancia y se aparta de la ligereza de la carne.
Ha dejado de ducharse, no se quiere despertar. Y así va. No es que esté sucio, ni siquiera huele mal, simplemente, no piensa descongelarse. Flota en el agua. A un cuerpo solo, no más le resta buscar. El punto es: no tiene voluntad. ¿Quién tiene la voluntad del cuerpo, esa que lo priva de ir en la dirección de su deseo, de su falta, de su ausencia? ¿Cómo es que esa voluntad- antes nuestra- ahora nos vive como lo haría un enemigo interno?, ¿cómo, de pronto, juega para el otro equipo?

Muro de Berlín

 

LA CASA EN EL CUERPO.

Más adentro de los enemigos internos, el cuerpo alberga una zona agrietada, una rajadura. Y, cuando la enfermedad se instala, la voluntad se va, la ilusión no alcanza; el cuerpo mismo parece orientarse hacia esa cicatriz. Y, aunque parezca una tragedia, esa cicatriz tan intensa es también una posibilidad. La chance: ir hacia esa cicatriz, andar dentro de la grieta para salir.
El asunto es riesgoso, sí. Cuando uno va hacia ella, puede que se abra la rajadura más de lo necesario. Y que se quiebre.
Pero, mientras no se quiebra, uno acopia estrategias contra el miedo. El juego del señor miedo viene así: si el tipo te agarra solo, se ocupa de instalarte en la idea de que, en “tu lamentable circunstancia” sólo resta el consuelo de la ilusión. El tipito alimenta y alimenta el fantasma: “¡mirá si se te quiebra la rajadura, mirá si se te quiebra y se te viene encima! Así, a pura amenaza, el señor miedo apuesta a que el náufrago nunca cambiará la ilusión por el deseo de buscar. Y de ese modo va el asunto.

Yo tengo en la pared una rajadura. Y se ha instalado un espejo entre mi cuerpo y ella. Más atrás de la soledad, más atrás de la ilusión, de la no-búsqueda, yo tengo una pared rajada. Ella es implacable. Mi cuerpo, también.
Soñé que se desmoronaba toda la casa. Debo haber exorcizado el derrumbe en el sueño. Me doy la última ducha, escribo en la pared adentro de la grieta. Y cierro la nota.




UN VIAJE POR EL RÍO

Viaje alrededor de un punto: Un viaje por el río.

Por Virginia Saavedra

Entre-Ríos

CAE LA TARDE

En un viaje por el río, la tarde cae apenas  en una línea  sutil del horizonte. La quietud  en el vaivén del agua va en los ojos y,  durante todo el trayecto, el río suena con viento a proa de rostro. ¿Este viaje comienza? ¿Termina?

Entre un reflejo y otro, comienzo y final, pasado y futuro, atardecer y amanecer se confunden.

Puedo detenerme en ese espacio de tiempo, entre una luz y otra, entre una sombra y otra… -¿puedo? No soy capaz de retenerlo, pero sí de fantasear en una pausa-. La tarde no para, sin embargo.

Uno a uno, los ecos de otras tardes- de otros viajes en el río- aparecen para acompañarme. El bote sigue su trayecto, el pensamiento regresa a otros días. El viaje continúa y yo me detengo en rostros diferentes. ¿Cuántas veces hice hoy este mismo viaje? Avanzo.

¿Cuántas veces hice este mismo viaje?

RioUruguay

EN QUIETUD INTENSA

El cielo está sobre el río. Dentro del río, el bote flota sobre una nube, el remo hunde profundo el vaivén del agua. Miro y pienso- con cada huella de río- por siempre y para siempre, como cada día: la partida frente a la orilla nunca antecede a la llegada a sus espaldas.

Y el río suena:

 

Cuando el río suena, transcurre. Sin embargo, en la memoria, algún eco parece fijo, congelado en el recuerdo, como foto de sonidos. Risas y voces vienen a mi encuentro desde el río, por el río. Es la infancia la que habla, la voz de quien fui alguna vez llamándome. Pregunta y me pregunto, ¿soy yo quien vuelve? ¿Es este río el mismo de ayer, que me lleva hacia donde fui alguna vez? Pregunto.

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Subo al bote, ¿me llevan o llevo? Quién traslada a quién en este viaje. ¿Me muevo? ¿Viajo?   Yo sé que no, pero veo que sí.

El río- siempre igual pero distinto- recorre un largo viaje desde su inicio en el sur de Brasil hasta llegar a estas orillas. Siempre igual, pero distinto.

Cada encuentro en la orilla, cada vez que miro, ¿es idéntico el paisaje? Detalles sutiles aparecen para relatar un mínimo cambio. Imágenes conocidas, luego de la sorpresa, vienen a restaurar la calma. Cada vez igual, cada vez  diferente.

El paisaje se mueve en la tarde, en el recuerdo, desde un bote que ya es uno con el río.

¿QUÉ ES SER RÍO?

El descanso, la tranquilidad.  El misterio que, aun con los años, no alcanzamos.

RioUruguay (1)

La incertidumbre de reparar en todo cambio.

Es el borde, el límite que nos separa, mientras ofrece una orilla.

Es donde jugamos, pero también  donde no se hace pie.

Postales de un transcurso. Un álbum de infancia.

Río.

Que te lleven.

 

 

 




AMIGOS SON LOS AMIGOS

Viaje alrededor de un punto: Sobre los “amigos” del Facebook.

Por Luisa Luchetta

FACE DEL DOMINGO

Los domingos por la tarde, después de la modorra del almuerzo, se despliega ese tiempo expectante, particularmente nuboso, gris, aunque sea verano y el sol hierva el agua de los cuerpos. Por suerte, hay muchos recursos para soslayar esta melancolía mohosa. Facebook es uno de los preferidos.

Es este un espacio intangible donde recibimos comentarios de apenas conocidos, en el mejor de los casos. En este, ¿lugar?, tendemos a mostrarnos buenos, alegres, chispeantes. Sin pudor dejamos allí constancia de la ideología de entre casa – entre TV y mates-. En este despliegue basamos las verdades absolutas en las que creemos, el amor por los animales (siempre cae bien) y nuestra fe ecléctica, colmada de frases que algún gurú o escritor espiritual pensó “por y para nosotros”, los “amigos”. Pendientes de la mirada del otro, del “amigo”.
Sí, señores, hasta nuestros padres, jefes, compañeros de oficina, restaurantes y pizzerías son ahora “amigos”.
Tanta impostura puede inducir al desesperado intento de buscar afanosamente a aquellos amigos que el tiempo ha llevado por otros lugares. Vaya a saber si el formato de las redes sociales, si la banalidad contagiosa de los otros, o la mera curiosidad bien alimentada nos empujan a mirar por la mirilla de historias que hace tiempo han dejado de ser parte de nuestro presente. Hemos vivido sin saber nada de esa gente por años. Pero una vez que son “amigos”, no podemos ceder a la tentación de husmear en sus vidas.

LOS CAMPANELLI, OUT

Nada mejor para esto que un domingo a la tarde. Nada peor.
Quien no ha encontrado a aquel amiguito con el que jugaba en la plaza, o a aquel con quien compartíamos el mismo banco en la escuela, ahora transformado en una bola de grasa en la foto de las últimas vacaciones, en short, ojotas y canas (o quizás un peluquín anaranjado). El espejo nos muestra que no hemos cambiado tanto, solo unos kilitos de más, pero no tanto.

“Estamos mejor que él”.

O que ella:

Volvemos frente a la pantalla bastante reconfortados. Pensamos en “solicitar amistad”. ¿Se acordará de mí? ¿Que nos motiva? ¿El amor?, ¿el amor a quién: al ” amigo” o a nosotros mismos, a nuestro pasado? Quizás esperar que al otro le haya ido peor sea una tontería porque, ¿alguien expone solo sus fracasos, sus tristezas?
Por un pase de magia, por efecto de un “hechizo de amistad” deja de ser importante si al candidato a amigo le interesa de nosotros. Con que se acuerde, levemente incluso, basta. Pensar que algunos se han desgañitado el cerebro para reflexionar acerca de la amistad como si se tratara de un verdadero puente- incluso más poderoso que el amor- hacia los otros. Para ir muy lejos, Platón parece haber sido un tipo que tenía un millón de amigos, casi el sueño realizado de Roberto Carlos. Pero en “Lisis o de la amistad” decía algunas cosas provocadoras:
“ — Dime, pues, Menexenes, cuando un hombre ama a otro, ¿cuál de los dos se hace amigo del otro? ¿El que ama se hace amigo de la persona amada, o la persona amada se hace amigo del que ama, o no hay entre ellos ninguna diferencia?
— Ninguna a mis ojos- respondió.
— ¿Qué quieres decir con eso? ¿Ambos son amigos, cuando sólo el uno de ellos ama al otro?
— Sí, a mi parecer.
— ¿Pero no puede suceder que el hombre que ama a otro no sea correspondido?
— Verdaderamente sí.
— Y asimismo que sea aborrecido, como se cuenta de aquellos amantes que se creen aborrecidos por las personas que aman. Entre los más apasionados, ¡cuántos hay que no se creen correspondidos, y cuántos que se creen aborrecidos por esos mismos! ¿no es verdad? dime.
— Es muy cierto, dijo.
(…)
— Y bien, ¿cuál de los dos es el amigo? ¿Es el hombre que ama a otro, sea o no correspondido, y si cabe aborrecido? ¿Es el hombre que es amado?, ¿o bien no es, ni el uno, ni el otro, puesto que no se aman ambos recíprocamente?
— Ni el uno, ni el otro, a mi parecer.
— Pero (…) después de haber sostenido que si uno de los dos amase al otro, ambos eran amigos, decimos ahora que no hay amigos allí donde la amistad no es recíproca.
— En efecto, estamos a punto de contradecirnos.
— Así, aquel que no corresponde o no paga amistad con amistad no es amigo de la persona que le ama.
— Así parece.
— Por consiguiente, no son amigos de los caballos aquellos que no se ven correspondidos por los caballos, como no lo son de las codornices, ni de los perros, ni del vino, ni de la gimnasia, ni tampoco de la sabiduría, a menos que la sabiduría les corresponda con su amor; y así, aunque cada uno de ellos ame todas estas cosas, no por eso es su amigo. Pero entonces falta a la verdad el poeta que ha dicho:
«Dichoso aquel que tiene por amigos sus hijos, caballos ligeros para las carreras, perros para la caza y un hospedaje en países lejanos.»

LA LIEBRE Y ROBERTO CARLOS


Y el filósofo Derrida hablaba directamente de políticas de la amistad y citaba Florián de Ocampo, historiador español y cronista de Carlos I, allá, por el siglo XVI:

“Una liebre de buen carácter quería tener muchos amigos. ¡Muchos! me diréis que eso es un asunto difícil: Ya uno solo es cosa rara en este país. Estoy de acuerdo, pero mi liebre tenía esta manía. Y no sabía que Aristóteles les decía a los jóvenes griegos admitidos en su escuela: «Amigos míos, no hay amigos». […)(La liebre] Complaciente, solícita, siempre llena de celo, quería hacer de todos y cada uno un amigo fiel, y se creía querida porque ella los amaba”. (Florián de Ocampo)

La amistad como toma y daca. Pagar la amistad con amistad. Si hablamos en términos económicos, para compartir una amistad, las partes deberían invertir de sí si desean que se sostenga el encuentro en el tiempo. En este caso se requieren otros espacios además de Facebook. Pero es tal la necesidad de llenar vacíos de tiempo gris, que necesitamos alguien (quien sea) que nos reconozca. Nos exponemos y exponemos a otros a la vidriera pública, entre esas desesperaciones calladas. Todo es vanidad, querer tener un millón de amigos también lo es.

ANOCHECER DE UN DÍA INCAPAZ DE AGITARSE

Anochecer del domingo: preparamos la ropa para el lunes, cenamos algo liviano. Sobre la almohada viajamos a otro tiempo, inventamos otras vidas, buscamos hasta la nada, hasta el no recuerdo de aquellos días transcurridos entre imaginación y juego. Así vamos, con el deseo de que se mantengan así, sin grasa, ni tintura ni peluquín.




VIAJE ALREDEDOR DE UNA LÍNEA DE SOL

Viaje alrededor de un punto: Sobre la infancia.

Por: Magdalena Mirazo.

 FOTOS EN LA MEMORIA

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Un verde claro, lindo, disperso en baldosas de granito hasta media altura de la pared y por todo el piso del comedor diario.

No sé por qué lo habrían hecho así. Supongo, por tanto chico dando vueltas.

La cosa es que ahí se comía en la casa de mis abuelos maternos. La mesa era larga, de madera oscura llena de marcas. Ahora estaba contra una de las paredes y ellos comían uno en cada punta.

Sentada en el medio,  a veces yo almorzaba con ellos.

Mi abuela servía la sopa: bastante espesa, del color intenso de la verdura, con unos fideos largos, redondos y macizos. Humeante. En unos platos hondos blancos de loza gruesa, con una guarda breve labrada en el perímetro.

Con la cuchara sopera,  abollada por la costumbre, se golpeaba la galleta marinera hasta partirla como granizo para agregársela al caldo espeso.

Suena hoy, en la frente, ese ruido como recuerdo de la infancia.

 

SONIDOS EN LA MEMORIA

Verano en el club. Mi hermano y yo salimos de la pileta. Es chiquito y flaco, se le ven las costillitas, se ríe, no es mucho menor que yo, persol3o me inspira ternura. La mallita y él tienen piel de gallina.

Las pisadas se evaporan en el borde rojo y nos queman los pies. Corremos.

Mi papá nos espera en el sector de las mesas donde el cemento se hace pasto. Suena el río y la panza con hambre.

Recuerdo el viento y las hojas del álamo plateado que dejan ver su blanco. Una al lado de la otra en sus copas globosas tapando el sol. Tiemblan como nosotros.

Destapamos el termo con el caldo con papas que mamá nos preparó como vianda. No hay conciencia de las hamburguesas del bar. Esa sopa austera y caliente, comida bajo el murmullo de los árboles, me devuelve al paladar el sabor de un tiempo de felicidad.

 

UNA LÍNEA EN LA PARED DEL PATIO

sol6 Comienza el otoño y la luz ya se ha puesto a otoñar.  Aunque el color haga de las suyas con la lluvia de hojas que caen en mi vereda y me permita pisarlas o las amontone en los cordones; aunque la temperatura nos entibie el cuerpo antes ardido, tendremos que esperar por las mañanas brillantes en las que lo primero es abrir las ventanas para dejar entrar al aire.

Como cuando éramos chicos y, en la casa donde vivíamos, flanqueada por dos casas altas, las estaciones se diferenciaban por la línea que el sol trazaba en una de las paredes del patio. Mi mamá nos había enseñado a ver bajar, día a día, ese triángulo luminoso que marcaba el fin del invierno y la llegada de la primavera. Esperábamos con la alegría con que se espera la llegada de un pariente querido. Eso, hasta que el sol llenaba casi todo nuestro territorio infantil de baldosas y diciembre.

El tiempo de la felicidad a causa del sol se mezclaba con el tiempo ansioso de la Navidad y el misterio de Los Reyes. Tal vez también con el jugar afuera, descalzos y con una palangana llena de agua.

El patio era testigo de todo, los tiempos distintos lo atravesaban como diagonales en la pared.

Ahora, yo me he vuelto patio, y el tiempo lo atesoro dentro de mí.

Piso la huella, doblo y guardo con cuidado la melancolía. Voy al encuentro del  horizonte que se transforma en pared, donde baja un rayo de sol. A veces me le atrevo y escribo.

Entonces, soy caja que se destapa como alivio en los días grises y deja salir el deseo incumplido. Ojalá lo agarre la línea de luz de la pared y el piso de baldosas comience a moverse debajo de todos mis fundamentos.

El deseo ha huido lejos. Ahora yo tendré que estar a su ritmo.

¡A lo que hemos llegado!, tengo que salir corriendo tras él.




COMPÁS DE ALERTA

Viaje alrededor de un punto: el femicidio.

Por Lourdes Landeira

COMPÁS DE ALERTA

Es la muerte de muerte de una mujer, asesinada por ser mujer. La frase se repite, por ser mujer, pero el concepto, ¿se llega a aprehender? ¿O queda como punto vacío, letra de discurso?

Con disfraces variados, del tipo violencia doméstica, crimen pasional o emoción violenta; las palabras- repetidas- desinforman. Es falso. El crimen de una mujer a manos de un hombre (en general de su entorno íntimo) no tiene vinculación con el arrebato ni la conmoción de un momento.

Por el contrario, es el desenlace – trágico y repetido – de ciclos espiralados con núcleo en el sistema de dominación patriarcal. La pasión no mata; mata el machismo. Y el punto, único- casi desdibujado- intenta volverse invisible, no quiere ser descubierto: el sentido de propiedad de la mitad de la población (los varones) que se creen dueños y señores de la otra mitad (las mujeres). Serás mía o de nadie.

Círculos cada vez más violentos, separados entre sí por periodos de calma cada vez más cortos.

Primero, violencia simbólica y sus variantes: subestimación, críticas reiteradas, alejamiento de los lugares de pertenencia, censura. No servís para nada, cállate, qué sabés vos, con esa pollera pareces una puta, andá a lavar los platos.

Después, toma cuerpo y es un empujón, un brazo apretado, un ojo negro.

Entonces, sobreviene el arrepentimiento, el llanto, la declaración de amor, la promesa. No quise hacerlo, no va a volver a pasar, te necesito, me volví loco, yo te amo.

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Y volver a empezar. No servís, cállate, no sabés, sos una puta, lavá los platos.

 

Más alto, más fuerte, más rápido. Como basura.

 

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PERFORMANCE 2015

Cada vez más lejos de su origen: de ahí su eficacia. Las excusas (lo provocó, lo puso celoso) ¿Cómo se puede justificar el nefasto “por algo será” cuando, durante el año 2014 murieron por esta causa 277 mujeres y niñas?, ¿cómo, cuando  esas muertes suman 1808 casos, si se cuentan los últimos 7 años? (*) Sí, sucede casi todos los días.

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Baleadas. Apuñaladas. Golpeadas. Estranguladas. Ahorcadas. Incineradas. Asfixiadas. Degolladas. Por traumatismos. Ahogadas. Por hacha y machete. Descuartizadas. Por inanición. Por sobredosis de Insulina.

¿Cuándo comenzó ese viaje? No tengo respuesta para eso. Pero sí sé que no se detiene, se renueva y persiste. Con la eficacia de separarse de su origen, de borrar el punto de partida del que emerge y mata.

Como basura.

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Esa, la de la bolsa, soy yo. Y si no hubiera sido una performance, y si no lo hubiéramos hecho por todas ellas, si de verdad yo terminara en una bolsa como tantas otras…

…por esta cultura de la violación en la que vivimos, la gente correría a investigar mi pasado, mis relaciones, buscar fotos que puedan servir como justificativo al por qué alguien puede hacer esto. Que en lugar de culpar al abusador, nos culpa a nosotras, nos condena.

Dentro de la bolsa fui Melina, fui Ángeles, fui Paula, fui Sonia, fui María Soledad, Houria Moumni y Cassandre Bouvier, y tantas otras que corrieron con la misma suerte…

A diferencia de ellas, a mí me levantaron del suelo y me sacaron de la bolsa, una amiga me dio un abrazo de resurrección y me dijo que todo iba a estar bien. Paula Telis nos ayudó a ser ellas, nos dio este lugar y el poder de representarlas, de defenderlas, de tener por una vez a alguien en su lugar y a su favor, y tuve un grupo de compañeras que “sufrieron” en su bolsa a mi par, gracias, las quiero. Si tocan a una, nos tocan a todas. Ni una más”.

 

La foto es de una performance del 2014. Los fragmentos de texto corresponden a una publicación, en Facebook, de una adolescente: Lara Zabala. La pueden buscar.

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Para las mujeres, no es la calle el espacio de inseguridad; lo es el espacio íntimo. Por eso, el slogan de las primeras feministas: “lo privado es público” sigue siendo tan acertado como el primer día. Ellas comenzaron a desandar senderos, a trazar las líneas que unen cada cruz en el perímetro del círculo con su centro. Entonces, con la punta del compás colocada en el núcleo, pusieron otro cuerpo a la superficie y dibujaron tangentes.

Si la espiral de la violencia es posible, es porque hay otra, la del silencio, que la acompaña y la habilita. Es la que naturaliza, la que desprovee de causas a las consecuencias y dice: es natural, es esencial. Pero no, no hay naturaleza ni esencia. Hay cultura aprendida, hay un viaje direccionado a sostener una enorme injusticia; que se puede desandar, desaprender con otro viaje; uno con infinitos puntos equidistantes.

Hay otras voces y otros círculos, otras redes y otras direcciones. Las que rompen los límites y amplían fronteras. Las que dibujan nuevas formas.

¿Qué boleto sacás?

(*) Datos de  La Casa del Encuentro. La Casa del Encuentro es una asociación civil fundada en el año 2003 con el propósito de trabajar por los derechos humanos de las mujeres, niñas, niños y adolescentes. Ante la falta de datos oficiales, desde el 2008 elabora, cada año, un Informe de Femicidios en Argentina.

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LA MAL EDUCADA

Viaje alrededor de un punto: sobre muertos y preguntas banales.

Por Cecilia Miano

La carne feroz , Francis Bacon
La carne feroz , Francis Bacon

DE TRIVIALIDADES EN LOS SALUDOS

Hace no tanto, el tiempo de la cortesía desinteresada, el espacio de los modales- de la urbanidad- necesitaba del encuentro de dos cuerpos. Las redes sociales son el territorio donde el saludo encuentra su caldo más amplio. Y también, el menos nutritivo. El “Cómo te va”, las más de las veces no se interesa por cómo te va. Y, menos aun, el “qué es de tu vida”. Porque si esa pregunta se moviera de verdad por interés, implicaría un don de tiempo del interlocutor que la rapidez y la banalidad con que se lanza, no permiten. Encima, internet agrega en tipografía lo que falta en corazón: stickers, corazoncitos, negritas y resaltadores de toda clase amplían el vacío de una frase dicha como una concesión: la curiosidad no me deja quedarme callado pero, de verdad, no se te ocurra tomarte mucho tiempo para rondar tu dolor ni tu entusiasmo.
“¿QUÉ ES DE TU VIDA, CECI?”… las letras en mayúscula se desprenden de la pantalla, un mensaje de skype.
Domingo al mediodía, abro mi computadora, apurada, porque me he perdido mucho en este letargo espantoso de reposar. En el apuro por ver, las mayúsculas- para denotar el entusiasmo de mi compañera, a quien hace años no veo- se mueven en piruetas. Pienso también rápido: qué será de mi vida. El instinto me sugiere una respuesta:” bien”, como al pasar, no le voy a contar mis penas, mis pequeñas alegrías, mis decepciones. Tanto menos en un mensaje. Elijo no escribir nada por ahora. Pero las letras quedan pegadas, se regocijan en mi mente para recodarme, la vida está en curso.

UN ESPACIO FIJO EN EL TIEMPO

Veinticinco años desde la detención en el tiempo. Parece mucho, pues para mí es nada. Ayer a la mañana, al despertarme, abruptamente mi vida- en algún sentido- se detuvo. Una tragedia, un drama eterno: mi hermano está muerto.
En ese momento, las escenas pasan lentas. Lo curioso es que los años osan seguir su curso, los relojes marchan, la gente camina, yo misma corro todo el tiempo, juego con él, me desparramo en el día incansable, pero algo no viene conmigo. O, mejor dicho, algo se quedó allá.
La secuencia es muerte, vida, lucha, carrera. Planteo un comienzo desde la muerte, ahí donde el tiempo de otro no anda más. Las palabras se pierden como las voces, los movimientos se alejan y las fotos se acercan en un ejercicio difícil. A partir de esto, la vida, la lucha y la carrera se acoplan en un plan sin mucho movimiento, en un curso estático de secuencias deshilvanadas, de mensajes inconclusos y en un soñar que la voluntad lo puede todo.
Lo más inconcebible en el tiempo de la muerte del otro es la continuidad de nuestra propia vida. Que el otro se haya quedado fuera de tiempo- sin tiempo, eternamente detenido- y uno obligado a trascurrir y a la la intensidad de una falta, que se ahonda en los instantes, los perfora, los hiere sin matarlos. Tiempo herido sin esperanza de muerte: el duelo comienza.

ASTUCIAS DEL COLOR

¿Cómo pasa el tiempo? Mis idas y vueltas son tan aceleradas en el cuerpo que, en mis recuerdos, se pierden, se confunden. Se esfuman.
La ausencia de los primeros tiempos se vuelve áspera. Son tantas las faltas que el equipaje lleva a la rastra el dolor. Falta por acá, falta ahora, falta, falta, falta.
La amputación es tan tangible, como muda de palabras. Contornos tampoco toma. Si así sucediera, con gusto la dibujaría. Aunque imagino colores vibrantes en manchas sin sentido, figuras exóticas, formas abstractas que buscan eso, eso. Lo que ya no es y está.
No todo es gris. No todo es rojo.
Los matices aparecen siempre. Hay una conspiración del matiz que elude el centro. Y el centro se mueve como un trompo. Insaciable.
¿Quién se hace cargo de este descolor?
Se sigue, las mañanas llegan, los proyectos se acomodan, las nubes se cargan de violetas, la pava y el mate se vuelven indispensables. Sigo. Comparto los momentos de entusiasmo con él. En noches de insomnio, nunca lo pienso.
Entre estas desesperaciones, aparece la furia, siempre acompañada de otros personajes. Ella irrumpe, avasalla todo, se planta sin miedo. Con el tiempo- bastante tiempo según cuenta la memoria- nos hicimos amigas. Y hoy podemos caminar juntas. Pero la furia es una devoradora del color. Y mi tiempo se ralenta para no dejarle a ella todo el festín. La furia es servidora de la muerte, a veces.
– ¿Color preferido?, ¿una comida? Tu signo es…
-Negro, rojo, gris, blanco, violeta. Ceci, ¿cuál es tu color preferido?
Mi mamá me contaba que, cuando era muy chiquita, decía el amarillo.
Mi mamá tampoco anda por este lado.
Para rescatarme, te digo “el amarillo”: de sol, de pollito, de sala del jardín, de Ceci chiquita y grande. De lo que pinta mi vida hoy. El amarillo en oriente es luto. Y, en mi imaginario, luz. Cuando lo ausente ronda, no sé por dónde amanezco.
Pero lo que me anochece antes de tiempo son las preguntas que hieren en banalidad.

 Princesa, Francis Bacon
Princesa, Francis Bacon

SALUDOS A LA FAMILIA

Cuando una familia sufre la muerte de uno de los suyos, todos quieren ayudar en la impotencia. ¿Qué modo del pensar se ajusta a la ausencia de un hermano de 16 años que estaba y ya no está? La razón se niega, la intuición se retuerce, el cuerpo está aterido.
En un primer momento, la anestesia del espanto colabora a no darse cuenta. Las palabras llegan sordas. Recuerdo mejor los gestos de consuelo. Pero, cuando el tiempo hace de las suyas y el “de afuera” considera finalizado el duelo, llega lo impensado. La pérdida de la pérdida en mirada de los otros, te deja en la intemperie. Tu dolor está solo dentro del cuerpo, pero no es tuyo. Viaja dentro de los contornos de tu silueta, casi sin moverse. Se deposita en cuevas inaccesibles para la voluntad y para el coraje. Tu dolor no es tuyo, vos sos propiedad del dolor.

¿QUÉ ES DEL MUERTO, ENTRE EL ATÚN Y LA MAYONESA?
– Y la familia, che ¿todo bien?
Una pregunta lanzada en medio del supermercado, junto a la góndola de las mayonesas y enfrente de las latas de atún, resuena como una ostentación de la eternidad frente al tiempo enfantasmado del deudo.
– No hay mal que por bien no venga…
Imaginaba José Saramago en “El año de la muerte de Ricardo Reis” que, así como tardamos nueve meses en nacer, nos lleva nueve meses terminar de morir. Durante ese tiempo, enfantasmamos. El fantasma es el vivo sin consistencia, es la muerte sin consistencia, es la advertencia de la incompletud en todo, aún en aquella vida arrogante, que se garantiza la existencia por el mero hecho de respirar
– No hay mal que…
Una señora colgó sobre mi rostro esta frase, al verme más flaca, después de la muerte de Sebastián. Fue en el almacén. En estos casos, el refranero- a diferencia de la simple banalidad de la cortesía-resuena casi como un insulto. Porque el refrán es una máxima inapelable, que une a todos los duelos en uno, como si cualquier muerto diera lo mismo y afectara de igual manera. Si algo le falta a nuestra falta es que nuestro muerto se transforme meramente en uno más. El fantasma mismo debe quedarse paralizado ante semejante audacia. El fantasma es la figura inmóvil que traslada su modo de dejar de ser entre los vivos. Ese traslado es un viaje. Ni sin contrario. Fuera de viaje, el fantasma es también el modo en que los otros esquivan la densidad de un muerto concreto y la diluyen en la muerte, en general.

LA RETAHíLA SIN FIN

¿Qué contás? Mejor, ¿no? Sí, se ve que sí. Es cuestión de tiempo nomás. Te iba a preguntar si necesitabas algo, pero te veo tan bien, che. Sos fuerte, saldrás de esta.
Todas las que se te ocurran, todas las que te hicieron sin mirarte a los ojos, todas las que dejaron caer por descuido de la mala costumbre de intentar o, mejor dicho, de querer hacerte creer que la ausencia infinita es trivialmente “acompañable”.
Las sin sentido, las obvias, las anónimas, las desaprensivas, las feamente piadosas, las lastimosamente inútiles. Solo de costado se arriman. Y no tienen el don de desaparecer, porque nunca completaron nada, como una aparición
“Todo pasa”…, menos el reino de lo banal.
La buena educación tiene en el saludo su aporía, un rincón en donde el adjetivo “buena” hace entrar en crisis al prestigioso sustantivo. Educado es, quizás, el hombre que mira su ausencia. Sin miedo a pegotearse el cuerpo con ese dolor tan pegajoso, que el tiempo no lo lleva.
Entiendo, el dolor viaja inmenso alrededor de mi pequeño cuerpo. Soy para él un punto, no un referente. Un blanco, no un objetivo.
La presencia es tan infinita como la ausencia. Y muevo al dolor.
Los colores siguen su ronda porque, mientras haya matiz, la muerte no va a instalarse, el viaje seguirá su curso.
Y la gente preguntará, siempre.