DEDICATORIA

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DEDICATORIA

Éste es mi homenaje a una vieja máquina de escribir, con la cual, precisamente, esbozo ahora supropia y pequeña historia.

Se trata de una “Remington”, modelo 1953. Regalo de mis padres, la recibí en Colonia 25 de Mayo a fines del otoño de 1957. Es un respetable armatoste no-portátil, totalmente metálico. Cuando llegó a mis manos, era aún más imponente, montada sobre un grueso tablero de pinotea y protegida (casi diría: blindada), por una gran carcasa igualmente metálica, con manija. Tan sólo moverla de un lado para otro de la casa implicaba -y sigue implicando-, un saludable ejercicio.

Largo fue su viaje desde Rosario de Santa Fe hasta las riberas del Colorado, a donde finalmente arribó, tras sucesivos trasbordos, en la mensajería de Linaza, que prestaba el servicio de pasajeros y encomiendas entre General Acha y una vasta zona del Suroeste pampeano (y a la cual, popularmente, conocíamos como “La Chancha”), mezclada con las bolsas de galletas de San Pedro y las sacas del correo.

Toda la familia quedó asombrada y deslumbrada frente al contundente obsequio, muestra no sólo del cariño sino también de un esfuerzo económico de mis padres, modestos maestros de escuela.

Margarita y los dos hijos, entonces muy pequeños, la recibieron con respetuosa admiración, aunque  los niños tenían entonces, a no dudarlo, otros motivos de mayor y mejor interés: sus juguetes, el paisaje de barda y río, los animalitos, los primeros amigos.

La “Remington” anduvo después por Toay… Santa Rosa… nuevamente Colonia 25 de Mayo… otra vez Santa Rosa… por tercera vez 25 de Mayo… en fin, mis avatares, un poco al ritmo de los avatares del país. Cuarenta y ocho años más tarde, me sigue acompañando, si bien junto a otras algo más modernas, regalo de mi esposa y mi hermana.

Aunque escribo a mano, luego paso a máquina esos primeros borradores y sobre ellos trabajo hasta lograr -cuando lo consigo-, el texto deseado. Por alguna razón misteriosa, para ciertos temas en mí recurrentes, para algunos poemas o prosas particulares, prefiero y busco a la veterana

“Remington”… ¿Será porque con ella escribí 10 libros de poesía, desde “SALMO BAGUAL” hasta las recopiladas en “OBRA CALLADA”? ¿Será porque luchó contra la arena de los campamentos, que atascaba periódicamente su mecanismo y esmerilaba sus teclas? ¿O será porque custodia, en secreto, la cuita de los textos no logrados y el luminoso hallazgo de la expresión justa o feliz?

A la vieja “Remington” dedico este libro.” (Hoja suelta del libro: “Última Rosa, última trinchera”, Ediciones Pitanguá, Santa Rosa, 2005.)

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foto de Patricia Bailoff