EL MORRÓN Y UNA TÍA COMUNISTA

El azar: entrevista a “Los auténticos recalientes”, Adrián Stoppelman y Alejandro Sanz.

Entrevista: Estela Colángelo, Isabel D´Amico, Gabriela Stoppelman, Verónica Pérez Lambrecht, Pablo Soprano, Esteban Massa
Edición: Esteban Massa, Gabriela Stoppelman
Fotografía: Ana Blayer, Milena Penstop

 

Inventé una tabla, Tatita (…). De uno a diez, en escalafón exacto. Escala morfológica, ¿entiende?: forma tamaño y peso en un solo guarismo (…). De punto siete para abajo, los elimino y quemo las semillas. Sólo morrón Excelsior”
“Terrenal”, Mauricio Kartún 

“Dice Julito que este soldadito de plomo que tiene en la mano recibió un balazo en la nuca y cuando estaba en el suelo vino una serpiente y le mordió la pierna.”
“Julito I”, Jaime Sabines

 

Rojo en su cajoncito de exposición en la vereda. Brillante, cuando el sol le pega de lleno. Más opaco, si la mirada alcanza el precio. La tía maravilla se indigna. Hay algo en este juego del capitalito que no está bien. Mira fijo el cartel de tres cifras, una mirada aguda, con certero poder persuasivo sobre los números. La piel del pimiento se frunce ante esos ojos de lince y hasta parece torcer su eje hacia el cajón de los amarillos, como quien dice, “no se indigne, Doña, esos están más baratos”. Pero la tía persevera. No le va a dar tregua hasta lograr sacarle una vergüenza que, de rojo, lo ponga colorado. El morrón, más temeroso que ante un pulgón o ante una araña blanca, se contrae hacia sus nervaduras, esas líneas blancas de escritura amarga, donde el cuchillo se daría el gusto sin demoras, salvo que aparezca a tiempo el rescate de un buen relleno. La tía lleva las dos manos a la cintura, está dispuesta a esperar su turno y cantarle las cuarenta al morrón que, si no depone su soberbia de mercancía de lujo, deberá exponerse a las consecuencias. La tía es de armas tomar. Si te ve jugar con soldaditos, rápidamente te fisura las certezas sobre quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si tiene que salvar un texto, es capaz de cavarte un hoyo en el fondo del jardín, antes de abandonar un libro al fuego. En tanto la mujer se afirma en su postura de combate, el morroncito comienza a verla con otros pigmentos. Le gustaría decirle alguna cosa amable, algunas líneas con aroma a condimento noble, algo que reclame una música, el buen ritmo de una tía iluminada. Le gustaría sacarle una sonrisa, despejarle el miedo, ser capaz de condimentarla con un hechizo tumba muros, de adobarla naturalmente, sin demasiado esmero. “Señora, ¿qué va a llevar?” “Morrones, no”.

Mientras la verdulera se ocupa de pesar un kilo de alguna excusa, la tía manotea al desconcertado morroncito junto al cartel del precio y, por lo bajo, le explica al prisionero que no se trata de un robo, sino de rebeldía distributiva. El tipo se siente bien dentro de la bolsa, por fin una vida fuera de la rutina de mostrarse y venderse, mostrarse y cocinarse. Le dan ganas de rimar alguna letra con cierta melodía conocida. Le dan ganas de invitar a la tía maravilla a que se atreva y le darle la voz y algunos acordes. Le da ganas de componer un tiempo sano, de carcajadas y encuentros. En la casa Ale Sanz juega con un amiguito, Adrián Stoppelman. Forman un dúo aceitadísimo que no se confunde los bandos ni se ofrece fácilmente a las perversas trampas del capitalito. La tía los mira conversar, satisfecha. Escúchenlos.

Edward Weston

 

AMPLIACIÓN MODULADA

“Cree en Dios, pero también cree que la radio funciona porque tiene personitas adentro”
Woody Allen

¿Cómo compatibilizan el trabajo, entre la urgencia que reclama la información y el bajar un cambio que se necesita para pensarla?

AS: La forma en que trabajamos toma muchos caminos. A Ale se le ocurre algo, me lo manda y, si sobre eso se me dispara una idea, le damos para adelante. Si no, queda ahí, pendiente. Si la idea se me ocurre a mí primero, le consulto si es factible. Porque yo me puedo imaginar un tema con 17 voces, pero eso le demandaría a Ale muchísimo laburo. Por otro lado, en relación a la pregunta, la actualidad tiene un componente clave: la canción tiene que durar. No podemos hacer un esfuerzo sobre un tema que no se sostiene en el tiempo. Hay que tratar de amortizar el trabajo.

Edward Weston

Ale: En cuanto a lo que preguntaban sobre la actualidad, aunque nadie me lo pida, yo veo las noticias y hago una canción. Mi catarsis es el humor. La bronca la canalizo así. Me gusta el desafío. Por ejemplo, Adrián me dice que tiene una letra para hacer algo con la música de una canción de Village People y yo me entusiasmo, lo hago rápidamente. Cuando tengo más tiempo, preparo las voces, batería, bajo, toco la guitarra. Cuando es más urgente, buscamos algún Midi, es decir, recurrimos a sonidos de audio ya hechos.

AS: Hay algo que Ale no va a decir, pero muchos de los que hacen canciones de actualidad -no somos los únicos-, suenan horrible. Porque lo hacen sobre una pista, cantan en vivo. El trabajo de Ale es increíble. Es de una calidad que supera a cualquiera, el resto no busca esa excelencia.

Ustedes usan músicas de distintos orígenes, muchas veces, trabajan con temas reconocibles por quienes ya tenemos algunos años. ¿Qué ocurre con el público joven, en relación a los “Los auténticos recalientes”?

Ale: Yo tengo hijos grandes, de 20 y 25, y entiendo la mitad de lo que les gusta. Ellos, un tercio de lo que me gusta a mí. Miren, les cuento una anécdota: me gusta hacer canciones que ‘Los Chalchaleros’ hubieran cantado. Un día, armé una que pretendía ser un homenaje de ellos a ‘Tan biónica’. A mis hijos les gustó, pero no tenían idea quiénes eran ‘Los Chalchaleros’. Me costó mucho cantarla, tuve que estudiar bastante. También sucede que, cuando hay tiempo, podemos abordar algo más moderno. Si tengo que hacer un rap, me cuesta. Por lo tanto, buscamos trabajar sobre lo que conocemos. Y lo que hacemos va dirigido a nuestro público. Víctor Hugo, por ejemplo, tiene un target, no creo que lo escuchen muchos adolescentes.

AS: Es el target AM, los pibes no la escuchan, salvo estudiantes de periodismo.

 

EL GRANO DEL HUMOR

“¿Cabe el humor en la música?”
Frank Zappa

El tema de este número es el azar. ¿Cómo influye el azar en sus trabajos? En el que hacen juntos y en el de cada uno en particular…

Ale: Adrián escribe una letra con su estructura, con su forma de hacer humor, que siempre me gustó. Ahí viene el azar de mi parte. Él me deja lugares para que yo diga cosas. Está el cantante principal y aparecen otros personajes, que agregan pequeñas intervenciones. Eso se da al azar. Yo digo lo que se me ocurre, lo charlamos, vemos si queda o si surge alguna otra cosa sobre esa idea original de Adrián.

AS: ¡Ya que se me ocurra algo es por azar! ¡Hace dos semanas que no se me ocurre nada! En realidad, tengo una idea, pero no se la mando, porque es complejísima. Bueno, ya que lo tengo a mano, lo digo: tengo ganas de hacer un “We are the world” con los ricos: “Salvémoslos y que no paguen impuestos”. No le quiero tirar el fardo de hacer un tema que incluya seis voces. Todo esto lo hacemos gratuitamente, eso también es el azar.

Biblioteca roja

Ale: Miren, yo tengo amigos que hacen aeromodelismo, gastan mucha plata y les da placer. Bueno, a mí me da placer esto, y no gasto plata. Probemos con “We are the world”, dale. Con Cindy Lauper voy a estar un poco complicado, canta muy aguda, muy finita, la rubia


We are the ricos – Los Auténticos Recalientes

Lo teatral aparece mucho en sus canciones. Hay personajes, dichos, susurros. ¿Esto es azaroso o es una búsqueda?

Ale: Es parte del juego, nos divierten esos personajes.

AS: Una canción por sí sola puede no ser nada. No me pasa con Ale. Pero hay algo que otros músicos no entienden, y es que una canción de humor no necesita una gran introducción instrumental, hay que ir al grano. Introducciones largas están bien para los Rolling Stones, para Deep Purple, ahí viene bien un riff de guitarra. Yo necesito que la letra se entienda, es un tema técnico que Ale comprende y hace muy bien. Y luego hay un puente inevitable que yo tengo que llenar con humor. Es humor, no es una canción.

Alejandro Sanz. Fotografía, Ana Blayer

Ale: Agrego un detalle. Si a algún amigo músico yo le pido algo para embellecer un trabajo humorístico, lo piensa como canción. Por otra parte, como te decíamos antes, los temas que tocamos caducan en 7 días. Después, la noticia ya pasó. Muchos músicos no entienden que el tema no va a ir a un disco, que el formato es una columna radial y muere rápidamente o queda para el archivo.

 

GUIÓN Y CUENTA NUEVA

Si quieres alcanzar la sabiduría, ¡empieza a correr ya!”
Roberto Fontanarrosa

¿Cómo trabajan con lo azaroso de los cambios de clima social?

AS: La vida es azarosa, todo es azar. Al comer chocolate, se me rompió una muela. Y eso yo no lo tenía previsto. Y, menos, las 25 lucas que me salió el arreglo.

Ale: Tomo ese ejemplo. Si yo me río de la muela de él, en ese momento, a él le va a dar bronca. Pero, si espero una semana, una vez que se la arregló, seguro se va a reír. El humor puede abordar la tragedia, pero tiene que pasar el tiempo. Es difícil reírse hoy de la policía bonaerense. El humor no solo es risa, sirve también para mostrar una visión de la realidad. Aparte, con respecto a lo que viene de los medios, es difícil competir. Vidal pidió una nueva oportunidad para hacer, si puede, un buen gobierno en la Provincia. ¡Hay que hacer humor después de eso!

 
Viva Techint y Vicentin – Los Auténticos Recalientes

En ese grotesco, sus canciones ¿pueden favorecen a esos personajes?

Alexander Rodchenkof

AS: No, a nuestras letras nunca las van a asimilar como algo favorable. Claramente, son una sátira. No hay duda por dónde van nuestras canciones. Si hacemos un tema de Aranguren, seguro que no le va a gustar nada. No va a contarle a la familia, ‘mira, me hicieron un tema’. En relación a esto, les cuento una anécdota: yo trabajé en ‘Kanal K’, que era un programa hecho con muñecos basados en personajes de la realidad. Un día los políticos empezaron a venir al programa. No sabíamos cómo iban a reaccionar, se enfrentaban a sus caricaturas. Pero vaya sorpresa, estaban todos fascinados, enloquecidos. En una oportunidad, el que confeccionaba los muñecos le pidió a Roberto Galán que le enviara una foto para hacer un muñeco de él. Obviamente, entonces no había internet. Galán nos mandó una carta documento en la que nos prohibía terminantemente usar su imagen. Lo hicimos igual, y salió el muñeco al aire. Luego, llegó un telegrama de Roberto: ‘Gracias, muchachos’.

Ale: Nuestros temas siempre tienen una vueltita de pelea, de chicana. No es un humor tranquilo.

En tu caso, Ale, muy apoyado en la imitación…

Ale: Pero no siempre es imitación. Miren, una de las cosas más graciosas que armamos con Adrián fue cuando hicimos cantar a Gardel “La gallina turuleca”. No lo saco tan bien a Gardel, pero es un trabajo de mucha edición. Yo lo hago sonar de la época, es verosímil. En el humor es importante ser creíble, eso te da un plus. En relación a la imitación, agrego una anécdota: a mí me gustó siempre Serrat. Un día lo empecé a imitar. Confieso que me sale parecido, sobre todo el Serrat de ahora, el joven Serrat no tanto. Bueno, hice un tema. Al escucharlo, había gente que decía que habían contratado a Serrat para cantar, nos confundían. Por otro lado, una vez me pasó que, en el programa de Víctor Hugo, escuché que pasaban un tema de ‘Los Chalcha’. Y resultó -oh, sorpresa-, que era yo. ¡Me lo creí yo mismo!

AS: Es cierto, uno se olvida de mucho material que alguna vez hizo. Por otra parte, hay cosas sin terminar. Yo cuido más las cosas que él, tengo todo archivado.

Ale: Lo que pasa es que vos no grabás, yo tengo mucho desperdicio, se me llenan los discos rígidos y borro hasta lo que no tengo que borrar.

AS: Por ejemplo, el otro día, no recuerdo por qué, hablando sobre el miedo, me acordé de algo absurdo hecho con Ale y acerca de ese tema. Está sin terminar. Pero incluía personajes muy viejos, no iba a funcionar. Con esto digo que recurrimos al archivo cada tanto y analizamos si puede funcionar o no.

Ale: ¿Te acordás la de la conversación de Sabina con la mujer, para ver quién devolvía el VHS al video club?

AS: Sí, claro. No hay más VHS, no hay más video club. ¡Es que nosotros laburamos juntos hace mucho tiempo! Nos conocimos cuando no recuerdo quién nos convocó para un supuesto programa de Landriscina. Iba a estar ‘El trío Laurel’, del que formaba parte Ale, y yo iba a escribir con alguien más. Desde entonces, quedó la onda.

Ale: Faltan guionistas en los medios, por ejemplo en la radio. Con el ‘Trío Laurel’ queríamos hacer humor y no nos resultaba fácil conseguir buenos textos. Es sencillo: cuantos más guionistas tenés, todo se enriquece. Los ‘Les Luthier’ eran unos capos, pero fueron a hablar con Fontanarrosa para enriquecer sus guiones, eso no es casual. Por todo esto, cuando lo conocí a Adrián, lo empecé a perseguir. Desde entonces, hasta hoy, somos amigos.

Rodchenko

 

COLLAGE HUMOR SHOW

“El hombre que no puede visualizar un caballo al galope sobre un tomate es un idiota.”
André Breton

Es muy fácil hacer esta entrevista, no hay que preguntar nada, la hacen entre ustedes, como un espectáculo.

AS: ¿Si quieren les cuento por qué nos llamamos ‘Los Auténticos Recalientes’, cerramos y nos vamos a dormir la siesta?

Todavía no, en un ratito. Adrián, te escuchamos decir en radio: ‘Los Auténticos Recalientes son…Ale Sanz’…

Ale: Tenés que decir Ale y Sanz. Así, al menos, son dos.

AS: A ver, los anartistas escriben y tienen un sueño sobre la revista, quieren que las notas salgan de una determinada manera. A veces sale y otras no. Woody Allen dice que nunca hizo su mejor película. Y uno se pregunta, ¿cómo es eso, después de tanto laburo? Para mí, que no sé de música, tener a Ale es ver lo que yo no puedo hacer. Yo le paso un material y él lo transforma en lo más parecido a lo que imaginé, e incluso lo mejora. Ver concretado tu sueño y que suene como querés es mágico.

Ale: Realmente somos un equipo, a mí me gusta cómo está armado lo que él me manda y me entusiasma trabajar e ir arreglando cosas. Juntos llevamos muchas horas de vuelo, por eso funcionamos. ¿Te acordás del dúo que íbamos a hacer, “Comidians”?

Adrián Stoppelman. Fotografía, Ana Blayer.

AS: Sí, tengo todo el material. Es más, te voy a dar una primicia. ‘Los Auténticos Recalientes’ van a existir en la realidad.

Ale: ¿Van a tocar? ¡Muy bien! Me encanta la primicia.

AS: Sí, estoy en tratativas para que ‘Los auténticos recalientes’ sean stremeados. Es un mundo virtual.

Bueno, ahora que van a salir streameados, vamos a poder ver en nuestros dispositivos cómo ustedes trabajan con ese collage de materiales que, por ahora, solo escuchamos. Usan elementos de cine, de literatura, leyendas. A su vez, en lo musical, mezclan ritmos. Entre todo eso, a veces, aparecen poemas. Más allá de la forma poema, ¿qué es lo poético para ustedes?

Ale: Al humor no lo vínculo con lo poético. Lo veo en la música. En los temas de Sabina, por ejemplo. Pero un humor poético, no. No veo que humor y poesía sean compañeros de pieza.

AS: Ridiculizar a un personaje nefasto en una canción me parece un acto de justicia poética. El humor debe tener una poética. Pero es difícil no vincular lo poético con el poema

Naturaleza muerta con azucarero y pimientos rojos, Renoir

Por eso preguntamos sobre lo poético, no sobre el poema. Una cara, un encuentro o un bello morrón en la verdulería pueden ser poéticos.

AS: ¡El precio del morrón es poético!

La admiración que se tienen mutuamente, ¿es poética?

AS: Lo que ocurre es que él no sabe que, en el fondo, lo odio…

Ale: Peleamos contra enormes molinos magnéticos. Hacemos una catarsis poética, eso sí.

Con el humor, ¿es posible hacer pensar a una clase que va en contra de sí misma?

AS: No, es imposible, no escuchan. Hace poco fue ‘trending topic’ Dolina, si ya lo putean a él, ¡qué queda para nosotros!

Ale: Cuando trabajaba con Cynthia García creé un personaje que era el representante de la OVAPRO -Organización de arrepentidos del PRO-. El tipo quería a Macri, pero buscaba cambiar, no se sentía representado. Sin embargo, eso que buscaba no implicaba una lucidez con respecto a la realidad. Nuestro humor es humor político y se ubica de un lado de las cosas.

AS: Además, sacando a Nik, los desafío a que me nombren a un humorista de derecha, en Argentina. No hay, no tienen de qué reírse. No incluyo ahí a los imitadores….

Ale: Es que los imitadores no son humoristas, son imitadores. Si yo fuera un gran imitador y me contrataran para estafar gente por teléfono, aunque sea gracioso, nunca seré un humorista.

AS: Es más, en radio Mitre hay un imitador. Si se detienen a escuchar verán que no hace humor político. Parece humor político, pero está disfrazado. El tipo habla como Moyano, y lo hace bien, pero no hace un chiste de Moyano sobre los camioneros. Cuenta chistes. Un imitador es una parodia. La sátira, en cambio, es sobre una imagen de poder. Nosotros hacemos una sátira sobre un personaje del poder o sobre la realidad o sobre costumbres de la vida cotidiana. Ahora, ¿acerca de qué van a satirizar los que están del otro lado, salvo de políticos? 

 

FISURAS CONTINUAS

“Cuando el niño era niño/ era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y no soy tú?/ ¿Por qué estoy aquí y por qué no allá?/ ¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio?/ ¿Acaso la vida bajo el sol es tan solo un sueño?/ Lo que veo oigo y huelo,/ ¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?”
“Cuando el niño era niño”, Peter Handke

¿Cuándo fue la primera vez en sus vidas que advirtieron que debían ubicarse de un lado de la grieta?

Ale: Mi vieja tenía cuatro hermanas. La más chica estudiaba medicina en Rosario y, en los ´70, pertenecía al Partido Comunista. ¡Era mi tía maravillosa! Yo lo comprendí un día, mientras jugaba a los soldaditos sobre la mesa de costura de mi abuela materna. Tenía dos bandos de soldaditos. Por un lado, estaban los americanos. Por el otro, los rusos y los alemanes. Como en la serie ‘Combate’, que daban en la tele por entonces. Cuando jugaba con mis soldaditos, los rusos y los alemanes siempre perdían. Ganaban los míos, los americanos. Un viernes llegó mi tía y me vio jugar. Yo le expliqué que ganaban los americanos porque eran los buenos. Y ella me dijo: ‘No, esos no son los buenos’. Esa frase me cambió la vida, pude ver las cosas de otra manera. Esa fue la primera fisurita. Después, la música me ubicó en el lugar que debía estar. Eso se los debo a Paco Ibáñez, a Serrat y a otros. Yo tomé un partido musical. Yo no sabía que era peronista hasta que un día me di cuenta. Por suerte.

“Other Situations”, Lilana Porter, SCAD Museum of Art 2017. Photography by Dylan Wilson.

¡Qué lujo una tía así para entender las cosas a tan temprana edad! Vinculado a eso, la palabra revolución ¿qué significa para vos hoy?

Edward Weston

Ale: Mi tía enterraba libros en la casa, era brava. En relación a la palabra revolución, creo que no hemos llegado a la primera parte imprescindible para un verdadero cambio, que es la evolución. La revolución tiene que ver con la mejora, con una cierta carga de idealismo que terminó en experiencias muy duras para los que las proponían. Una virtud de la izquierda de los ´70 fue la poesía, los artistas que le ponían blandura a la dureza trágica de la muerte. Me encanta, me mata lo poético de las revoluciones. Espero que la otra parte, no.

AS: Nacha Guevara tradujo una canción de un cantante americano, Tom Lehrer, ‘El ejército de la nueva canción’. Ahí cuenta que, durante la guerra civil española, si bien Franco ganó la guerra, a ellos, los artistas, no les ganó. Las canciones están como un símbolo:

Adrián, ¿cómo fue en tu caso?

Pareja ve el trabajo de Edward Weston.

AS: Es bueno ver lo que uno hizo para darse cuenta de que estuvo siempre del mismo lado. Yo empecé profesionalmente en ‘La noticia Rebelde’, nada gorila. Luego vino ‘Kanal K’, anti menemismo a full, nos echaron, nos censuraron. La grieta arrancó en el 2008. Creo que, por intuición, siempre estuve del lado de la grieta en el que estoy ahora. Yo no soy peronista ni lo seré. Yo voy con las ideas en las que creo. Por ejemplo, la de una sociedad más justa. Por otra parte, trabajo con Víctor Hugo desde los´90. Hubiera sido imposible trabajar tantos años con alguien si pensáramos de manera opuesta. Lo llevo a lo cotidiano: ¿Cómo podrían vivir en pareja un K con uno del Pro? ¡Salvo que me hables de dos masoquistas complementarios!

 

RECLAME, DISPUTE

“¡Inventé el color de las vocales! -A negra, E blanca, I roja, O azul, U verde-. Reglamenté la forma y el movimiento de cada consonante y me vanagloriaba de inventar, con ritmos instintivos, un verbo poético accesible, cualquier día, a todos los sentidos. Me reservaba la traducción. Al principio fue un estudio. Yo escribía silencios, noches, anotaba lo inexpresable. Fijaba vértigos”.
“Alquimia del verbo”, Arthur Rimbaud

¿Cómo se llevan con el  feminismo?

Ale: ¡Bieeeeeen, muy bien! Estoy a favor. Es una ola y estamos en el pico fuerte del reclamo histórico. Y, como todo reclamo, tiene exageraciones, pero ya se acomodará. Mi pedido es que podamos discutir personas, somos eso, y todos deben tener el mismo derecho.

AS: Es con todes…

¿Qué pasa con el “todes”?

Ale: Yo estoy a favor del feminismo, pero no del todes ni de la e ni de la x, me cuesta mucho. Lo intento, pero no me sale natural. Lo valido, pero es tan rica la dinámica de la lengua española, que ya se acomodará a esta inclusión.

AS: Yo voy a agregar polémica, creo que lo del lenguaje inclusivo es un fenómeno urbano. Si vas a un pueblo del interior, nadie usa el lenguaje inclusivo.

Casi todos los fenómenos revolucionarios, en el último tiempo, empiezan en las ciudades. Quizá no hemos dado en el blanco, pero todo intento de conquistar poder implica conquistar el lenguaje. El macrismo es un ejemplo de eso, con sus palabras globo, su ‘pobreza cero’, bien que nos empaquetaron.

Ale: La pelea es por lo simbólico, ahí también entra el lenguaje. Si el poder se igualara entre hombres y mujeres, el lenguaje podría permanecer como está. Si todas y todos ganásemos lo mismo, si tuviésemos los mismos derechos, tal vez el lenguaje no necesitaría ser cambiado. Hoy el lenguaje es el arma de la pelea.

 

ESOS RAROS SILENCIOS NUEVOS

“Así como en el fondo de la música/ brota una nota que mientras vibra crece y se adelgaza/ hasta que en otra música enmudece,/ brota del fondo del silencio otro silencio,/ aguda torre, espada/ y sube y crece y nos suspende/ y mientras sube caen recuerdos, esperanzas/ las pequeñas mentiras y las grandes,/ y queremos gritar y en la garganta se desvanece el grito:/ desembocamos al silencio/ en donde los silencios enmudecen”
Octavio Paz

¿Qué les sucede cuando, al trabajar, del otro lado faltan la risa y el aplauso, como en la radio?

Liliana Porter

AS: Si la gente no se ríe en un espectáculo, es horrible. Pero en la radio es otra cosa. Ahí la ausencia siempre está. Y en el estudio nadie le presta atención a ese tema, salvo que el programa sea de los humoristas. El conductor y los demás participantes están concentrados en otra cosa. Incluso yo mismo, a veces, pido suspender mi entrada de humor. Por ejemplo, cuando sucedió lo del conflicto con los policías yo pedí que se levantara mi intervención, eso era prioridad. Ahora, cuando ustedes escuchan mi humor por la radio, no se ve la dinámica del resto del programa. Yo suelo mezclar humor con ideas más serias. En el estudio me miran para distinguir si hablo en serio o en joda. Eso me encanta. Víctor Hugo a veces me pregunta si lo que cuento pasó en la realidad o lo inventé.

Y Cynthia García, ¿no es como tu reidora oficial?

AS: No, se escucha una sola risa porque estamos en pandemia. Hay una sola persona en el estudio y yo estoy en mi casa. Por el retorno, casi no la escucho. Nunca le pedí a nadie que se riera de mi humor. Es más, me sirve que no se rían cuando estoy en vivo. Es cierto que hay compañeros más solidarios que, al llegar el momento de humor, apoyan. Pero no se ríen a propósito, se ríen solo si les causa gracia. A veces es gracioso que no se rían y yo poder agregar algo al respecto. ‘Che, ¿no te gustó, no lo entendiste?’ Puedo usar a favor la misma falta de risa. Me pasa, por ejemplo, con Borroni. Él no sabe mucho de rock. Tiro un nombre y él me mira, intrigado…

Alejandro Sanz. Fotografía, Ana Blayer.

Ale: ¡Qué cosa los que saben de rock! Conocen todos los nombres de los miembros de las bandas y hasta dónde tocaban antes. A mí me gusta Serrat, ¡qué sé yo quién toca el piano en la banda cuando él canta!

AS: Ahora, volviendo al tema de la falta de risa, si en vivo la gente no se ríe, estás en un problema. En el streaming es difícil hacer reír, ya que la risa se da por contagio. La risa es señal de que la gente está bien predispuesta. Si al segundo chiste se ríen, ya ganaste. Si no se ríen, hay que remar.

Ale: Lo que ocurre es que en el vivo el público te completa. Yo trabajo con Claudio Gallardou, en teatro. No lo podríamos hacerlo fuera de ese ámbito, falta la gente que va predispuesta a ese tipo de evento. En streaming no hice nada, es muy raro.

AS: Yo lo intenté y lo analicé. Para el humorista, es el peor escenario posible. Un músico puede hacerlo, es interactivo. Pero todo termina siendo un video.

Ale: Sin embargo, hay un componente complejo. Si tocas solo en tu casa, no tenés problema. Pero a la hora de sincronizar, por ejemplo, con un baterista que llega cinco segundos tarde, el tema es un caos.

Aparte del delay, faltan los cuerpos, ¿no?

Ale: Sí. Principalmente el propio cuerpo. Uno está en su casa, está en chancletas. Hoy tenía esta entrevista y dije ¡uy, me tengo que afeitar!

AS: En la tele da mucha gracia ver a los famosos salir por zoom con la cara destruida.

Ale: Hay músicos que, luego de la primera salida por streaming, después de verse y escucharse, no salieron más. Y es lógico, no es lo mismo. En mi living, yo me escucho bárbaro, me veo bien. Pero, después, todo resulta muy reducido, suena feo. ¡Y encima te ves raro! Es horrible, muy complejo.

 

TRATADO CONTRA EL MIEDO RIDDIKULUS

“La risa no es un mal comienzo para la amistad. Y está lejos de ser un mal final.”
Oscar Wilde

La crisis de valores, ¿le quita red o alimento al humor?

Ale: Con ‘El Trío Laurel’ hacíamos un humor muy regional, con los juegos de palabras del hombre de campo. “Vos sí que tenés la cabeza para que el cogote no termine en punta nomás”. Esa filigrana del lenguaje se va cayendo porque el receptor es cada vez más bruto. Usamos menos palabras. Landriscina me dijo una vez: “yo no voy a salir más a actuar, están muy borrachos y no van a escuchar”. Y no salió. Con el ‘Trío…’, de a poco, achicamos los momentos hablados. Y perdimos.

¿Algunos valores se han perdido? ¿No deberíamos celebrar su caída?

AS: Ayer el Papa dijo algo así como: “tener sexo y disfrutar de la comida es algo divino, la moral ha sido muy estricta” …

Ale: Hay valores cuya caída es bueno celebrar, pero otros… Para mí la responsabilidad y el respeto por los tiempos del otro son importantes. Por ejemplo, los operadores técnicos de audio con los que trabajo en radio deben tener un gran compromiso. Si no son responsables, arruinan el trabajo de todos. En muchos ámbitos se deterioró el concepto del semejante. Ahora, ¡estoy de acuerdo con el Papa con lo del sexo y la comida, eh!

AS: Cada uno interpreta los valores y juega con ellos. Por ejemplo, Baby Etchecopar abre su programa con Serrat: “Entre estos tipos y yo hay algo personal” …

Los Auténticos Recalientes con El Anartista. Fotografía, Milena Penstop

Ale: En la película “El nombre de la rosa”, en base al libro de Umberto Eco, hay un monje ciego que cuida un libro, “El tratado de la risa”. La abadía se está quemando y el personaje del investigador le pregunta al monje por qué tanto miedo a la risa. Y el monje le dice: “quien se ríe pierde el miedo”. Y, sin miedo, ninguna sociedad se puede estructurar. De ahí el poder del humor.

AS: En “Harry Potter”, el hechizo ‘Riddikulus’ es algo similar, te permite perder el miedo y salir de la parálisis. La vida es hostil. El mundo, aun sin pandemia, también lo es. Por eso las artes, incluso el muy minimizado arte del humor –y no es un reclamo sindical-, son fundamentales. Respecto al humor, en Hollywood la ceremonia de los Oscar la conduce generalmente un comediante. Ahora, las comedias no ganan el premio mayor. Es raro, invita a pensar.

La tragedia siempre fue más importante históricamente que la comedia. Esos valores inmovilizados y erosionados de sentido podrían caer, ¿no?

Ale: Es cierto, pero yo creo que es difícil hacer buen humor, buena comedia. El stand up logró algo interesante: el tipo que tiene un don hace un buen guion, lo interpreta y te hace pasar un buen momento. Gila contaba una anécdota: durante el franquismo, un tipo estaba frente al pelotón de fusilamiento. Como últimas palabras, dijo: “Ustedes me pueden sacar todo, tierras, bienes, familia, pero no me podrán sacar el cagazo que tengo en este momento”. Los fusiladores se rieron y no lo mataron ese día. Fue al otro día, pero el poder de la risa es incalculable, te amiga.

AS: En EEUU se comprobó que, en cierto momento, la gente se informaba más a través de los humoristas que hacían humor sobre las noticias en programas nocturnos, que en los noticieros tradicionales. Si analizamos a los más grandes standaperos y comediantes americanos, nos daremos cuenta de que son los únicos que realizan críticas concretas al sistema. Hay tres o cuatro, no más. En cambio, en ‘Kanal K’, el muñeco de Chacho Jaroslavsky dijo “carajo” y fue un lío bárbaro. Hoy se dice cualquier cosa, los valores se mueven.

 

FUISTE

No se imaginan lo que hemos disfrutado la producción de esta nota, nos hemos reído mucho. La pasamos muy bien en la preparación, han hablado ustedes, hemos participado poco. La arreglaron ustedes.

AS: Esperen, ¡falta que les diga por qué nos llamamos “Los Auténticos Recalientes”! Miren, hasta el macrismo éramos Ale Sanz y Adrián Stoppelman. Pero Ale trabajaba en una empresa de Estado, le revisaban el twitter, incluso cerró el Facebook…

Ale: Don Lombardi era mi jefe.

AS: Claro, y para evitar poner su nombre nos pusimos “Los auténticos recalientes”. Y no se dieron cuenta. Lo interesante es que recurrimos a ese nombre por un tema de censura, un detalle no menor.

Ale: ¡Éramos como Clark Kent y Superman!

Bueno, dicho esto, queda agregar que, por reglamento, El Anartista envía el material a todos los entrevistados antes de publicarlo. No nos molesta que cambien cosas, tachen, sustituyan…

Ale: Todo lo que dijo Adrián quiero sacarlo.

AS: ¡Yo quiero cambiar una pregunta!

Ale: Yo escucho el audio y lo devuelvo con los pip, pip, pip, con lo que no va.

Los Auténticos Recalientes, Alejandro Sanz y Adrián Stoppelman, con El Anartista. Fotografía, Ana Blayer.