ESPERANZA ROJA

La orfandad: sobre la película “Mediterránea”

Por Pablo Arahuete

              

FUEGO EN EL MAR

La esperanza roja destella. Se suspende, tambalea: están en el mar, en algún lado. No saben muy bien dónde. Son ellos, los que esperan descubrir algún horizonte, pero nada se ve ni lejos ni cerca. Y, de golpe, la posibilidad: tal vez en esa bruma, en ese mar desconocido, alguien los mire. Alguien salga a socorrerlos y a conocer sus historias. Todos tienen algo para contar. Son tan parecidos y tan diferentes al mismo tiempo. Primero, pasan por Argelia, después, vaya a saber qué. Algunos vienen de Burkina Faso, donde el mar ni siquiera existe, salvo en la pantalla de una computadora o en esa ventana televisada. Ellos buscan, escapan, anhelan, entre la bruma y la distancia que se hace desierto en el agua.

La esperanza es roja, difusa, fugaz, intermitente como el silencio en el desierto cuando lo cruzan. Son víctimas de la desesperación. Algunos no llegarán nunca a contar su historia, flotarán a la luz de la luna. Quizás, alguien los vea antes de hundirse en el abismo del Mediterráneo. ¿A quién le importa quiénes son? Los llaman refugiados pero, ¿Dónde está el refugio?

                                      

Imagen de "Mediterránea"
Imagen de “Mediterránea”

 

ATRAVESAR EL VIENTO, SIN DOCUMENTOS

El protagonista de esta historia se llama Ayiva. Un juego de palabras podría caberle perfectamente: Ayiva, Va ayi. Allí, a ese lugar para tener un mejor futuro que le permita enviarle dinero a su pequeña hija en Burkina Faso. El peso del consumismo, el objeto que marca la diferencia. Ella espera un reproductor de mp3 para  escuchar su música, esa que globaliza, también una música que acerca. Ayiva trata de acomodarse en una Italia que mira con desdén a los inmigrantes. En su camino hay gente buena y mala, sin excepciones se cumple esa regla. En esta película italiana que habla de los refugiados, de quienes llegan o escapan, subyace también -desde el entorno- la falta de memoria de un pueblo que hizo de la inmigración parte de su desarrollo, mientras muchos de los habitantes de ese país sin esperanza buscaban en América lo mismo que hoy ansían quienes se atreven al Mediterráneo, a la intemperie: una orfandad de tierra y de identidad. El desierto abruma. Sobran la arena y la carencia. Es duro atravesar el viento de la codicia cuando sopla y lastima desde la inescrupulosidad de quienes cobran peaje o venden zapatillas, como aquel que ofrece un tesoro en medio de la arena quemante: hambre caliente, ardorosas ganas de llegar a ese suelo soñado. Ayiva, sin documentos ni dinero, trata de acomodarse en los resquicios. Lo sabe: no sobra espacio. No hay espacio en el barco. Bolsas de arpillera separan los cuerpos. Cuerpos sin identidad a la deriva, mujeres, niños, jóvenes en perpetua búsqueda. Y la esperanza roja que destella en la noche.

Hay costumbres que se llevan como el nombre. Se enfrentan con el otro. Con la mirada desdeñosa. Con esa constante pérdida de todo. Caer en la violencia es mucho más fácil cuando viene de arriba. Por eso, la esperanza roja de la bengala, en un segundo se transforma en una bomba molotov. Así estalla en las calles de la Italia asediada por la policía en su enfrentamiento con los africanos. Recuperar el orden por sobre todas las cosas: entre los autos que se incendian, los vidrios que se astillan y los cuerpos que caen en medio del ruido y el caos. Ya no hay tiempo para acomodar las cosas en un mundo donde nada cabe, como en aquel barco que divisa la bengala roja de la desesperanza y continúa su rumbo entre lamentos en idiomas inentendibles.

De este modo, la violencia crece con el mismo ímpetu de las olas que tumban, que hacen tambalear cuando se trata solamente de defender una identidad en un territorio ajeno, de imponer una cultura en un gheto dentro de otro gheto. Problemas viejos en un mundo sin soluciones nuevas.

 

Fuoco a mare
Fuoco a mare

 

PAPELERA DE RECICLAJE

El cine ha explorado tangencialmente  la problemática de los refugiados. Por lo general, fueron mucho más contundentes los documentales -como “Fuoco di mare”- que las ficciones. Y  “Mediterránea” (2015) va en sintonía. Porque, si bien se trata de una ficción, tiene mucho de documental. Y esto es un mérito de su director italoamericano, Jonás Carpignano. Una cámara testigo, que no juzga, acompaña a Ayiva en su derrotero desde Burkina Faso, su resistencia, a delinquir para adaptarse a la precarización laboral como recolector de naranjas, y a la interacción con sus pares, algunos en la intentona del atajo para conseguir mucho más rápido las cosas. También, el opus de Jonas Carpignano -muy bien recibido en Cannes- refleja la solidaridad de unos pocos italianos que hacen visible la problemática, mientras el Estado sigue ausente y los políticos arengan discursos reaccionarios o hipócritas, según los colores de la veleta política. Paradojas de un mundo que no ve qué tiene a su alrededor y produce pobreza.

 

 A Ciambra
A Ciambra

EL AUTO ROBADO

Dicen que fue Martín Scorsese quien entusiasmó a Jonás Carpignano, director de “Mediterránea”, a firmar su segunda película “A Ciambra” (2017). Esta película comienza con un nexo directo con “Mediterránea”: el protagonista, en esta ocasión, es un niño, Pío, quien ya había tomado contacto y vínculo con Ayiva en su encuentro azaroso por las calles de Calabria. Calles dominadas por la impronta gitana, cuna de Pío, sus hermanos y su familia, quienes  no se alejan de la delincuencia como método de supervivencia. Todo ese nexo estalla de una manera contundente. La marginalidad los atraviesa. Pío encuentra un referente en el honesto y trabajador Ayiva. Aunque, desde su llegada de Burkina Faso, su situación no ha cambiado demasiado, tampoco las malas compañías con los que debe lidiar para llegar a un acuerdo de convivencia entre pares y aliviar la soledad y el desarraigo. En ambas películas, la delincuencia es un mecanismo de supervivencia, al que Pío aporta la mirada del niño que juega a ser ladrón. Y en el juego, toma por las astas la vida a fuerza de carisma y arrojo disfrazado de valentía.

Por su parte si bien es evidente que el prejuicio contra los africanos es aprendido desde la cuna, también están las charlas de su abuela, la risa compartida, el gesto afectuoso de una negra maternal, orfandades en el niño que crece a los golpes como el africano que abandona su propia tierra: de golpe, también huérfano de todo. La Italia rica no amamanta, escupe a sus hijos y siembra odio a cada segundo.

Cuenta Carpignano que, en un viaje a Calabria para firmar un corto, le robaron el auto. Uno de los ladrones formaba parte de una comunidad de gitanos. En ese sitio conoció a Pío Amato, un chico de doce años que lo conmovió por su historia. Pío se acercó a pedirle un cigarrillo con una compostura increíble y, a partir de allí, surgió una amistad que aún perdura. Hay algo de Pío en Ayiva. Ambos son huérfanos, en un medio hostil. Ambos tratan de sobrevivir y aprender día a día en esa Italia que segrega. Por eso el Mediterráneo, la esperanza roja, y tantas historias que se terminan diluyendo en la aventura de esa supervivencia.

Se entienden. No hace falta ser italianos o africanos. No hace falta absolutamente nada.

 

Jonas Carpignano, director
Jonas Carpignano, director




LAS LÁGRIMAS DE NELIO

NGÜMAN(1)

Dice “El cordillerano” de Bariloche que la luna está en su apogeo cuando logra su mayor distancia con la tierra. A nivel del cielo, las ventajas de la lejanía no resultan novedad. “El secreto del infinito es la distancia”, titilan todas las noches las estrellas.

Hace poco hubo una luna llena sobre el Nahuel Huapi que interpelaba a todas las cortinas: ninguna se atrevió a permanecer cerrada. “Cuyen”(2) estaba tan a mano y, sin embargo, tan distante. Desde esa posición, su luz goteaba escritura sobre la superficie del agua. Y, entonces, recordé las lágrimas de Nelio. Nelio trabaja en un hotel de Bariloche, en la zona de Mitre “alpina”, allí donde la calle empinada le recuerda al caminante las formas primeras del terreno bajo el asfalto.

El día en que conversé con él por primera vez no había sido muy bueno para mí. Furiosa, entré a la recepción del hotel.

-¿Cómo le va?- me siguió Nelio con la voz, mientras mis pies iban a los trancos hacia el ascensor.

Vaya a saber qué vértice de toda la tarde le conté. Segura estoy de haberle mencionado el puesto vacío, donde Santiago Maldonado solía armar su espacio de tatuajes. Sin dudas, le hablé del kiosquero de enfrente quien, aparte de cobrarte todo al doble que en el súper, opinaba que Rafael Nahuel era un conocido delincuente de la zona, ¿y qué hacía con los mapuches?, ¿eh?, ¿eh?

Nelio refugió su mirada en el celular, como hacemos muchos cuando queremos darnos un tiempo para reponernos del estupor o la sorpresa. Eso creí que hacía. Pero, de inmediato, levantó los ojos y dijo:

editorial2, comunidad las huaytekas-Yo le agradezco, no es común escuchar estas palabras. Yo soy mapuche. Me acaban de comunicar que, en mi comunidad hubo un incendio intencional…y no es cierto lo que se dice de nosotros, que somos terroristas y todo eso….perdóneme…

Entonces, las lágrimas de Nelio lavaron toda la suciedad de la tarde.

NEWEN(3)

¿Perdonar? Yo no podía más que agradecer haber estado ahí cuando el “Yo soy mapuche” le encendió sus profundísimos ojos negros. Bien adentro del color, volví a ver la espesura del bosque húmedo, la hidalguía de los coihues, las lengas esbeltas mecidas la sol, las canoas antiguas surcar el vientre de un idioma, aferradas al agua clara de los rápidos, volví al agua turbia donde los ríos se amansan, vi con vergüenza la potencia de ritos que sólo fui capaz de observar con curiosidad judeo-cristiana, vi el caserío pobre de una comunidad serena, plantada en lucha con la misma tozudez y anchura de las raíces reptílicas desplegadas sobre la tierra en el bosque de arrayanes.

No podía más que agradecer y no pude. Por eso escribo estas líneas. Para decir que, dentro de las lágrimas de Nelio, mucho antes de que lo anunciara “El Cordillerano”, la luna estaba en su apogeo. Lejana, a la mejor distancia para los ojos, bien cerca de la auténtica voz de la tierra que, por supuesto, tamborileaba en mapudungun(4).

POSDATA: LA MACHI TERESA

Machi Teresa
Machi Teresa

Me escribe Nelio:

“Esa es la machi Teresa… ese año que vino se hizo una gran ceremonia en el Lago Mascardi. Ahí dijo que en ese lugar había mucho newen y que ahí se iba a levantar una machi-  Eso fue por el año 94 creo.”

¿Newen?

“Lago Mascardi es donde mataron a Rafael Nahuel”

¿Newen?

“Fuerza, energía”

¿Machi?

“Chamán. Pero me resulta raro decirle chaman a una machi”

(Mi mamá se llama Teresa. Ella soñó que me tendría, antes de saber que estaba embarazada de mí. No quería más hijos. Pero yo me colé en el sueño y prepoteé la vida: Newen)

 

ATARDECER DE UN DÍA AGITADO

Pero, ¿qué había sucedido ese día antes de conversar con Nelio?

La conocida excursión “circuito chico” por la ciudad de Bariloche terminó por resultar para mí un auténtico corto circuito. Por tercera vez me tocaba viajar con el guía “M”. Durante tres recorridos soporté mal su falsa simpatía, su falsa mirada apolítica, sus comentarios falsamente neutros y sus ojitos celestes punzantes, orgullosísimos de su origen germano.

A ver: ¿cómo decirlo?  Aparte de facho “mal velado”, “M” era trivial. Por un lado, salpicaba el recorrido de frasecitas: “La Gendarmería hace patria”, “Aquí veraneó el presidente Mauricio Macri”, “en este cementerio de montañistas hay enterrada gente y también militares (sic)”, “…el patriotismo del Perito Moreno…”. Bueno,  en este último caso, “M” tuvo un traspié, porque una señora de 83 años de La Plata le señaló  que, hacía poco, el Museo de su ciudad había regresado al pueblo mapuche el cuerpo de Margarita. El mismo cuerpo que el patriota había llevado al museo como “objeto” de exposición. Ante este comentario, “M” reaccionó como buen facho mal velado, mezcla de lanzallamita maquillado con modales de gente bien. “M” dejó pasar el comentario, como quien no se opone a la disidencia pero tampoco la estimula. Dio por sentado el consenso de la mayoría del pasaje e, incluso, parecía dispuesto a soportar una mínima crispación, siempre y cuando, él mismo nunca se permitiera encabritarse. Una vez sorteado el bache, ya no me acuerdo en qué orden ni en qué excursión, “M” arremetió con su discurso “apolítico”: ¡Aquí se fabricó el ARSAT! En este proyecto no tuvo que ver ningún presidente. Sólo la excelencia de los científicos de Río Negro”, “Aquí está la estancia de la familia Jones…Smith, Lewis, 800 hectáreas, muchas hectáreas” “…Acá pasamos por una reserva mapuche, dos hectáreas donde ellos pueden vivir”… Bueno, a esa altura empecé a lamentarme por no haber hecho el curso de manejo, para evitarme la pena de mancillar lagos y montañas con el cotorreo suavecito y como de quien no quiere la cosa de “M”. Por supuesto, en una pausa del camino y, al costado del resto de los turistas, intenté explicarle que la construcción del ARSAT fue una decisión política, donde el Estado Nacional había decidido ser cliente del instituto de Río Negro. Y que también fue una decisión política rifar los satélites, como lo había hecho el presidente ese, que veranea muy seguido -pero muy seguido- en un distinguido lugar cercano a La Angostura. “M” desvió la charla hacia la urgencia de regresar a la combi, segundo mecanismo propio de facho ya desvelado y sin argumentos -desviar hacia cuestiones prácticas e imperiosas-. El primer mecanismo es el de las interjecciones “ahá”, “mmm”, que a veces se sustituyen directamente por silencios, en una burda imitación de instante reflexivo.

El combate estaba planteado. Su versión de la historia, esa que debía contar como información neutra, incluía los greatest hits de la zona relacionados con nombres ingleses, alemanes y suizos, matizados con el toque exótico de algún Lonco mapuche. De todas maneras, “M” cuidaba su trabajo de guía y, hasta último momento, intentó -sin deponer ni una de sus bajadas de líneas- tender un puente hacia mí. Al regresar a la combi, después del paso por la feria del Bolsón, me preguntó si me había gustado.

-Sí, lo más conmovedor es el puesto donde solía armar su espacio de tatuaje Santiago Maldonado.

-Ah – dijo, de regreso a su estrategia número uno.

Estaba claro que  el caso Maldonado no formaba parte de “su” historia del lugar. Menos, si involucraba a un defensor de mapuches, anarco, tatuador, hippie quien, como toda persona de bien comprende, se murió simplemente ahogado, mientras probaba si podía sobrevivir con montones de kilos de ropa, mientras la Gendarmería protegía su experimento, justo desde atrás.

Todo lo anterior hubiera bastado para arruinarme el día. Pero el paisaje era abrumadoramente bello y así el mundo visible se cortaba en dos, en otra versión de la famosa grieta. De un lado, el silencio cómplice de los pasajeros de la combi. Del otro, restos volcánicos, cumbres nevadas, glaciares tiznados de tiempos remotos, refugios en la roca, donde los ecos eran pura intimidad del lenguaje replegada sobre sí, frases de lenguas originarias traspiradas de caza y territorio.

editorial 4, MaiténTraté, entonces, de concentrar mi mirada en los reflejos de los lagos, en las arquitecturas crispadas e irregulares de algunas cumbres, en las formas que una explosión lejana había tallado en la roca. Pero, como si el ninguneo político hubiera sido poco, llegó entonces el remate. Alentado por la mayoría del pasaje, “M” comenzó a contar historias de Ovnis y apariciones: un corte de luz  había precedido el “darse a ver” de  un objeto luminoso detrás del avión de Jorge Polanco (nos sugirió chequear la información en Google, porque “este hecho no lo vivió cualquiera, Polanco era un experimentado piloto”), un objeto luminoso en el camino, que el mismo “M” había visto, un duende –azul…¿un pitufo?- que había empujado a una amiga de “M”. Y “M” le creía a su amiga, ¿eh? No pude aguantar comentar por lo bajo -la combi era muy pequeña- que, cuando uno  habla del “duende” de alguien, se refiere a su gracia o a su encanto. Evidentemente, los duendes del Nahuel Huapi eran de otro tipo, venían a joder nomás, a empujarte cuando contemplabas el paisaje. A pedirte, tal vez, que dejaras de perder el tiempo en cosas inútiles y volvieras a producir algo rentable para Jones, o Smith o Weiss.

Sin embargo, esto no termina aquí. El punto culminante del show fue cuando “M”- envalentonado por el ardor de la audiencia- señaló un punto sobre el horizonte, donde  él veía una luz “extraña”.

-¡Sí, sí!, yo la veo – coreaba el pasaje.

Como a esa altura mi actitud hacia “M” distaba de ser objetiva, miré a mi hija Milena, en busca de auxilio. Ninguna de las dos veíamos sobre el sitio “hechizado” más que un vulgar efecto del sol. La conclusión fue simple: o uno es capaz de ver el lugar donde Santiago Maldonado armaba su puesto de trabajo o es capaz de admirar los objetos voladores no identificados de “M”. Las dos cosas son incompatibles.

Acá debo hacer una aclaración. Como dije antes, “M” resultó ser mi guía durante tres excursiones. En qué trayecto largó cada uno de sus exabruptos políticos no tiene importancia ni haré ningún esfuerzo por recordarlo. Sí vale la pena destacar que el relato del OVNI lo repitió dos veces. Al final del viaje al Bolsón y al final del Circuito chico. Soy capaz de escuchar creencias, sueños, inventos y experiencias que yo  jamás he experimentado de muchas personas. Trabajo en talleres literarios y gran parte de lo más jugoso de mi trabajo proviene de aquello singular que cada quien recorta de su tiempo y de sus formas. Pero, en el contexto del despliegue escenográfico de “M”, la repetición de la anécdota del OVNI solo sirvió para desbordarme.

Bajé como una tromba y fui hasta la agencia de excursiones a exigir a los gritos que me garantizaran la ausencia de esta especie de Fabio Zerpa patagónico en el siguiente paseo. Eso o que me devolvieran el dinero. El muchacho que atendía, con modos extremadamente cuidados, me dijo que se ocuparía. Bajó el tono, trató de tranquilizarme, como quien amansa una fiera o busca una estrategia para manejar a una clienta loca. Es increíble la cantidad de hipocresías cotidianas que atravesamos cuando el negocio está de por medio. A veces me imagino cómo se desbordarían ciertas personas si un duende, por ejemplo, los despojara súbita e involuntariamente de su disfraz de intereses. Si lo pienso un instante, mejor que los pitufos sigan a los empujones, que motivos para irritaciones ya tenemos bastantes.

Camino al hotel, puteaba y me decía: ¿si la gente es capaz de ver Ovnis donde el sol atardece, cómo no van a creer en las mentiras de la prensa, condimentadas  con aromatizantes artificiales parecidos a cierta verdad, que ostentan la letras de los trompeteados titulares?

ALUMCO(4)

editorial 1unnamedAlicura: piedra blanca como leche refleja en los charcos un texto que no puedo leer. Vibra la tierra, acomoda sus articulaciones viejas y rejuvenece en el amanecer: esa aparición diaria, bien de este mundo, que se nos oculta detrás de las obligaciones y el cansancio cotidiano. Pretendemos leer la luz del presente en la superficie de un café con leche, cada vez más oscuro, cada vez más opaco, y solo vemos las cifras del ABL, el aumento de la luz, las cargas cotidianas.

De pronto llueve  a mitad del camino hacia el subte y entonces se forman cunetas súbitas, pequeñas reservas de lluvia entre las baldosas rotas, espejos de agua sucia en las heridas del asfalto. Buscamos leer y algo se traba. Hay una esquina dura en las certezas de nuestro alfabeto, un callo patético que no puede traducir más allá de la propia biografía, de la propia biblioteca. A veces desesperamos en simbologías forzadas y así nos volvemos más sordos y más ciegos que nunca.

Dice el Google que el mapudungun es una lengua ágrafa, es decir, sin escritura. Por tanto, hay que afinar el oído para leerla, caminarla con la piel dispuesta por sus territorios, olfatearla en la vegetación y en la montaña, probarla en el agua de correntada y  en la quietud de alguna orilla. Y si es por los ojos, deseducarlos, obligarlos al estrabismo si es necesario, enfocarlos para que nos den una pista de cómo continuar la lucha rodeados de enemigos obscenos, millonarios que cercan lagos, empresarios prepotentes que hoy se levantan con lo que ellos llaman una buena idea, y denuncian a la comunidad por el robo de unos caballos. Mañana, con otra ideíta. organizan un incendio. Otro día, un robo. Cómo mantener la lucha inteligente, organizada, cuando el desequilibrio de fuerzas es tan enorme. Nuestro David patagónico  es mapuche y enfrenta a un Goliat poderosísimo. Y, aunque parezca poco, hay algo que Goliat no sabe. Y es leer en los reflejos del agua, en los temblores de la tierra. No son símbolos que cada quien interpreta a su antojo según su pequeña biografía. Es un texto que late orgulloso de su propia sintaxis. Tal vez solo sea posible leerlo en comunidad. No así como ahora vamos: cada quien, un huérfano descosido del mundo. Hay ahí una potencia que somos todos nosotros, porque se trata justamente de lo que nos falta.

La próxima lluvia estaré más atenta. Por ahora, apenas despunta una escritura que   comenzó en estos días, dentro de las lágrimas de Nelio.

 

(1) Lágrima
(2) Luna
(3) Fuerza o energía
(4) Reflejo en el agua

 




LA LEY DE LOS PÁRAMOS

La orfandad: sobre la obra de teatro “Alta rusticidad”

Por Cecilia Miano

 

RÚSTICO POR DOQUIER

Santa Rosa, capital de La Pampa, abre las puertas de un espacio cultural, Centro de Artes, para que la obra “Alta rusticidad” tome cuerpo. El barrio tranquilo, más allá del centro, ubica la escena- casi por descuido- enfrente de una pintoresca iglesia. Los edificios vecinos susurran guiños de bienvenida, los autos se arriman a la vereda sin mucho artilugio.

Hacia el salón, el pasillo de entrada es atravesado por un cartel de anuncio:

“HOY ALTA RUSTICIDAD 20:30HS”

Los andares se desvían un poco hasta el pasto, porque en La Pampa el césped es raro, la sequía se inserta en los tallos, los vuelve duros y casi amarillentos. Los pocos pasos hasta la entrada anuncian la escena con luces blancas, muchas. Todos los integrantes del elenco esperan al público con júbilo tranquilo, los destellos son reales, los abrazos se sienten. Las sillas dispuestas se ocupan muy rápidamente.

 

AL SERVICIO DEL ARTE

La obra propone una comedia no tan tradicional de títeres, un teatro diferente con historias del oeste pampeano, sin su río, con todo el paisaje devenido en pobre y desértica tierra. Con añoranzas de lo que fue, el territorio se ha convertido en un lugar casi inhóspito donde se encuentran la poesía, el humor en modos propios del sentir de esta zona.

Oskar Kokoshka
Oskar Kokoshka

 

 

CANTO RODADO

El canto rodado es una buena metáfora de La Pampa: gastado por el paso de un tiempo de aguas, hoy rueda por la llanura sin mucho rumbo, en magnífica orfandad, de vez en cuando, el viento lo lleva un poco, pero su existencia es su ser piedra dispuesta al ruedo. Ahora es apenas tocado por el viento, que se apiada de su raíz y sin destino apenas lo alienta hacia un incierto futuro.

Así con metáforas y poética al alcance de la mano nace esta obra original desde la voz de un poema de un escritor pampeano, Morisoli.

CRECER ES RESISTIR (Edgar Morisoli)

“Si usted no conoce el Sur, / no sabe lo que es el viento.” J. R. Nervi

Norte y pampero, grandes bramadores,
se disputan por turno los caminos del cielo
desde Agosto hasta Octubre,
y cuando ambos se toman un resuello
suele llegar el zonda, tropeando cardosrrusos con su largo arreador de
polvo y pena.

(La gente de esta tierra, desde los viejos días,
tejió canciones para el viento:
lo invocó, lo celebró, lo conjuró, supo escuchar su
errante
confesión hecha brisa o hecha ráfaga,
y hasta rogó a Watsíltsum, la giradora arcaica,
para que detuviese su cósmico bramido)

Aquí tan sólo crece
lo que resiste, lo que ha incorporado
el código genético del viento a sus raíces
desde que fue semilla. Sólo crece
si es par del viento, si es rival del viento,
si es hermano de viento.

Vieja ley de los páramos, crecer es resistir. 

Objetos animados, leyendas que toman cuerpo en objetos armados con carros de mercado para el ganado vacuno, bidón de agua para el sapo; el despliegue logra trenzar los cuerpos de las actrices que dibujan en atuendos negros, luchas con voces en castellano y en ranquel.

El personaje principal de esta historia es el viento, aire particular en La Pampa, que muta de identidad y de nombres según dónde sople el ánimo: NORTE, PAMPERO, ZONDA Y SUR. Parece raro, pero el efecto de sostener las fuerzas  de    su    furia es lo que deja fortalecidos a los habitantes de este páramo. Esa es su magia.

THEO JANSEN
Theo Jansen

Desde los primeros tiempos, el viento despliega una especie de código genético de resistencias varias: manso o colérico conecta a los todos seres para que sean sus pares, sus enemigos o sus hermanos. Opaca toda fuerza, como un dios pagano, impregna a su paso las cosas y las cautiva. Los verdaderos huérfanos de esta zona son aquellos a los que el viento no ha atravesado, aquellos no impregnados de su ímpetu en la semilla. Esos quedan por fuera del combate, el desafío es atravesar tempestades para encontrar el ser verdadero, cuando el origen no los ha tocado.

 

AIRES DE VIENTO

El páramo crece gracias a la fuerza impartida por esta energía en movimiento. El agua aplaca la furia, si el padre viento no sopla la resistencia se hace más cruel, la rusticidad impregna el alma. Lo primario se vuelve torpe, áspero a la vista, amarillo al oído, polvoriento al olfato, invisible al tacto, solo aparece cuando la tierra levanta vuelo para decir, en palabras de viento, que algo muy  propio de sequías atraviesa este lugar. En plegaria infinita los seres responden con resistencia.

Theo Jansen
Theo Jansen

Este viento todopoderoso levanta la obra de teatro. Pero sumado a lo poco convencional de los títeres en escena, la noción de teatro se amplía a territorio donde la acción se vive en sonidos, movimientos y muecas para mostrar los gritos de la tierra seca, donde la supervivencia casi sin agua aún puede ser posible. Las añoranzas de tiempos pasados tornan lo infértil del páramo en un puño cerrado hacia el futuro.

 

HABLEMOS DE VERDAD COMO LA TIERRA26784674919_2e3d966b94_b

Los personajes no son ni tierra ni viento, entre ellos y con ellos, porque los seres envueltos en ráfagas ventean sus inciertos destinos en el paso sobre la tierra. Encuentran lugares únicos porque los fundan, se enredan con el paisaje y pasan inadvertidos hasta que un escenario los vuelve acción.

La danza de arena… Purum kuyúm…

Antiguos pobladores… Kuivi Keché…

El caldén…. Witrú…

Las torta fritas… kokel…

El avestruz… Choike….

El agua… Có…

El Río Atuel… Leuvú Antuel….

Los sonidos resuenan sin fin dentro del idioma, así acunan el sentido en las palabras con memoria, se abrazan para cambiar el curso de la sed, en los embates de la rusticidad.

Así como el viento sopla, la tierra se reseca, las voces persisten y se hacen poesía.

La historia se narra y el viento sopla luchas, de esas añejas.

Por aquí ha pasado “Alta rusticidad”

GUILLERMO FDEZ

 




¿RESPONSABLES INSCRIPTOS?

La orfandad: Sobre “Crónica de un niño solo”, Leonardo Favio.

Por Patricia Tombetta

 

¿DE QUÉ HABLAMOS? 

Sevan Banksy foto 1gún el diccionario de la Real Academia española, orfandad significa, en su tercera acepción, falta de ayuda, favor o valimiento en que una persona se encuentra.

– No me lleve, señor, por favor, yo no hice nada.

Es la voz de un niño, tirado en la calle, suplicándole a un policía para que lo deje estar, para poder continuar con su juego. Así termina la primera película de Leonardo Favio: “Crónica de un niño solo” (1964).

Sensible y empático al sentir popular en sus más mínimas expresiones, en cada una de sus películas, hebras ocultas que componen el espíritu de nuestra cultura. Una cultura escondida y, justamente por eso, nunca olvidada. Nadie tuvo que explicar jamás quiénes eran los héroes de sus historias, aunque hiciera rato largo que no pensábamos en ellos.

Fuad Jorge Jury (1938), verdadero nombre de Leonardo Favio, nació en un barrio humilde de la provincia de Mendoza, en la localidad de Las Catitas. Muy temprano en su vida sufrió el abandono del padre y quedó con su madre y dos hermanos. Las condiciones propiciaron que pasara varios años en internados y alguna corta estadía en la cárcel.

En una entrevista hecha por Roberto Quirno, a cuento de su ópera prima, el director responde que, si bien siempre hay algo de autobiográfico en las obras de un autor, su pasaje por el internado no se parece a la del protagonista del film. Poli, así se llama el personaje, está ubicado en una época muy distinta la que a él le tocó vivir. Favio aclara que, durante el peronismo, los internados fueron muy diferentes: él no padeció tales malos tratos ni humillaciones. En cambio, jugaba con sus compañeros y hasta aprendió música.

 

¿QUIÉN ES EL MUERTO?

La orfandad da cuenta del estado en que se encuentra una persona y su contracara es quién o quienes la dejaron huérfana. Si bien una primera acepción podría ser la muerte de uno o los dos progenitores. Hay, sin embargo, otra vuelta y esa es la que, a mi entender, nos muestra la película. Madres y padres muertos sociales, desechos de un sistema político de larga antigüedad en nuestro país –y no sólo-, interrumpido por algunas políticas sociales, muy pocas veces, en nuestra historia.

Enormes espacios, escaleras entrecruzadas y sombras gigantescas de celadores entre los chicos, dan comienzo a la película. En la primera parte muestra los padecimientos y las posiciones de pseudo-adultos asumidas por los niños: castigos recibidos, peleas, cigarrillos, besos a mujeres en tapas de revistas (hermosa, Mónica Vitti). No todos son huérfanos de padre/madre, aunque sí pobres.

– ¿El dinero es madre?

Pedram Yazdani foto 2

Donald Winnicott, psicoanalista inglés, hizo un excelente desarrollo acerca de la segunda oportunidad que puede resultar la sociedad para los chicos cuyas familias no han podido cumplir con una crianza temprana lo suficientemente buena. Por estas latitudes y hasta donde mi lectura ha podido alcanzar, la infancia humilde –inmigrante o no, según época- no cuenta con esa segunda oportunidad y, por si fuera poco, encuentra a la justicia penal peligrosamente cerca. De esta manera no sólo la sociedad no asume el papel de contener a sus desgraciados eslabones, sino que los somete a la cárcel.

Hay lugares de los que no se vuelve, sobre todo, si la puerta estuvo siempre cerrada.

 

LOS CÍRCULOS DEL INFIERNO

– Ahí está Poli. ¿No le vas a pegar?- Incita un niño a otro, mientras fuman en la cama antes de irse a dormir.

– Decile que lo agarrás mañana- insiste.

– Mañana te rompo la cara- el niño, con impostura.

Al día siguiente, en el baño, el joven instigador organiza la pelea entre los niños que responden sin muchas ganas y ningún odio. Muestran una valentía que dista mucho de sentir. Estos cuasi-hombres sólo cuentan con la enseñanza y la contención recibida en la calle y sufrida por celadores más indiferente que enojados: miradas distraídas, conversaciones apenas interrumpidas ante los pedidos de los chicos, vigilancia sobre cuerpos, orden y limpieza.

Escuché, hace ya algún tiempo, a Julio Maier, especialista en derecho procesal penal. Daba algunas precisiones acerca del lugar marginal que debe ocupar el derecho penal en la vida de una sociedad. Las penas como último recurso en la solución de problemas entre personas. De allí a preguntarme por los pobres y la tutela, desde el nacimiento, que padecen por parte del sector “justicia”, hubo un solo paso. ¿Cuántos círculos de cuidado deben fallar para quedar ubicados en ese lugar? ¿Cuántas orfandades hacen falta para ser culpables?

The face of Christ.  Fidelio Ponce de León foto 3

Largas tomas en silencio sobre detalles (barrotes, ventanas, el río) juegan con nuestra mirada, corren y descorren velos incómodos. Cortinas en movimiento dejan ver algo insoportable para, luego, taparlo dejándonos con las ganas. Así capta Favio, casi en su justa medida, la posibilidad del ojo frente al corazón. Batalla donde cualquier exceso anulará, hasta hacer desaparecer, a uno de los dos. Entonces, nos convertiremos en responsables no inscriptos y libres propinadores de orfandades. Algo muy parecido a estar muertos. Porque si huérfano, según el diccionario, es: una persona menor de edad a quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, en este caso, los muertos para estos chicos seríamos los sujetos sociales. Sujetos conformados a quienes nos desaparecieron los ojos o el sentir.

 

UN RATITO AL SOL

Luego de ser detenido por pegarle un puñetazo a uno de estos celadores, Poli logra escapar y volver al barrio. Un caserío humilde, antes llamados villas de emergencia. Allí, sólo aparece la voz en off de su madre, se la escucha con aceptación sin alegría ni fastidio. Apenas una breve toma de un hombre borracho, quien parece vivir en su casa. De todos modos, por momentos, el personaje retoma algo de niño, se encuentra con un amiguito, hace un mandado a su madre, van al río, charlan y Poli se baña y nada como todos los chicos de por ahí. Desnudo y echado al sol, por un rato todo parece andar bien.

Una marca recorre la película en las conversaciones de los chicos: una impostada valentía con la que parecen enfrentar las dificultades. Hasta que, en esa tarde de río, un grupo de chicos viola al amigo de Poli. Él no consigue hacer nada para defenderlo, antes bien, se esconde. Gritos desgarrados escapan de su garganta y muerde la indefensión. Una cara que estos niños, ni nadie, ansían enfrentar jamás. Un sentimiento crudo y mucho más desnudo que su cuerpito. Una cáscara caída de una costra hecha de ensayos nunca estrenados, nunca mirados. Un público fantasma espera sin pulso los finales anunciados.

Imagen The Wall foto 4Al final, un instante de juego con un caballo muestra a Poli como cualquier otro niño del imaginario. Y es allí, en pleno juego cuando lo encuentra el policía y se lo lleva. Justo allí, punto de encuentro entre alguien vaciado de abrazos y el tentáculo policial. Una escena desnuda y brutal nos cuenta de qué hablamos aunque no siempre existan los responsables inscriptos dispuestos a estar un poco más vivos.

 

 




EL POZO Y EL PENDULO

La orfandad: sobre la muerte de los padres.
Por Diego Soria

 

SE ABRE LA PUERTA

¿Quién la abre?

Ferdinand Hodler, The Dying Valentine Gode-Darel  January 24, 1915.En algún momento, nos empujan a ese lugar, es un espacio conocido, demasiado conocido. Así nace la sospecha: quizás vivimos allí siempre y tan solo nos damos cuenta después del empujón más explícito. No queremos dejar de ser, no queremos que los demás dejen de ser, sin embargo, el lugar de nuestra caída es un lago donde hay que flotar o perecer durante un tiempo incierto. Así vista, la orfandad parece un castigo pergeñado desde el principio. Imaginemos una nada, desde la cual llegamos sin pedirlo, sin llenar formularios, sin levantar la mano. Sólo nacemos a este mundo que, normal y poéticamente, nos es hostil. Nacemos y agarrate, porque nos empezamos a ir al segundo de haber llegado. Llegamos sin pedirlo, vivimos las orfandades y nos vamos en cualquier instante a quien sabe dónde.

¿DÓNDE HAY UNA RESPUESTA?

No hace falta la ausencia para que la orfandad se presente en el cuerpo. Cuántos la sienten con la frente apoyada contra el vidrio de una ventana, en la multitud exultante que invade las calles. Tal vez, una de las ausencias más significativas. Puestos a hacer pie en este mundo, se tiene en los padres el mayor consuelo. Uno trabaja en función de complacencias que no siempre son recompensadas o, peor, son ellos quienes se complacen en nosotros, en busca de una respuesta a sus cuestionamientos. Así, nos encontramos más de una vez a mitad del desierto, pensamos qué hacer. Y ellos, pasmados, esperan que les demos un sentido a una vida que sostienen hace más tiempo que nosotros. Eso, en Oswaldo Guayasamín Terneurael mejor de los casos. Puede ser que sostener una vida en este mundo sea mucho precio a pagar y resulte en el abandono, en una orfandad prematura, que llevará una vida entera tratar de entender. Son apenas posibilidades de un milagro, de una ilusión incompleta, embotellada y lanzada al mar.

DECADENCIA DE LOS QUERIDOS

Existe una orfandad hija de la decadencia, propia del tiempo que va menoscabando la integridad de los cuerpos queridos y de los nuestros. Muchas veces, una enfermedad nos obliga a pasar horas para realizar trámites, que luego serán rechazados por algún burócrata. En las guardias de los hospitales hay un montón de espera amontonada en los rincones, en sillones vencidos de tanta expectativa y esperanza perdida. En esos sitios aguardamos, atentos, un gesto o una mirada en los queridos, una señal que nos diga: aún hay una chispa de otros tiempos, una maldita esperanza a la cual aferrarse: uno, primero, y el querido, después. Porque es así, aunque nos mintamos. La paciencia se pone a prueba en las charlas con los médicos, nos han robado el cuerpo enfermo y ahora explican que el tío no volverá a remontar barriletes en el baldío de la calle Cabildo. Nos invade una orfandad distinta, comienza a ser difícil de superar, la resignación puede ser la moneda de cambio entre la tristeza y la decadencia del cuerpo amado. Se achica el espacio, las reflexiones caen despeñadas hasta el más profundo precipicio.

VÉRTIGO

Cuando sobreviene la ausencia e ingresamos de golpe en la orfandad, nos sentimos en una rara mezcla de alivio por el cuerpo sufriente que ya no lo es y un vértigo desde los pies hasta la cabeza, un mareo de abismo. Aunque siempre supimos que alguna vez nos enfrentaríamos con ese sinsabor, lo tanteamos con el borde de los dedos, como el preso del “Pozo y el péndulo”, de Allan Poe, padecemos el frío de las paredes húmedas. Queman las miradas de los otros, se multiplican a la espera de que hagamos un movimiento. Vos tanteas el borde de algo que está ahí y no podés dilucidar. Mientras, pensamos hacia dónde correr: si a los abrazos mentirosos que dan un consuelo, o seguir tanteando el piso frío. Es una ausencia total, con la fuerza de un agujero negro que no deja escapar a nada, u6BEn espacio donde las palabras no alcanzan, mientras se huye hasta que las piernas no soportan y se adormecen con nosotros adentro: solo se puede esperar, en el silencio, que el despertar traiga un poco de alivio.

Pero el alivio tarda en llegar. La orfandad nos deja un sentimiento de cuenta final, sin alguien a quien tributar triunfos y fracasos. Aunque también, como una paradoja, queda un vacío abierto a muchas formas de ocuparlo. No simplemente de llenarlo, eso sería repetir la historia, ¡no! Hablamos de una manera de revelarse contra lo finito, burlarnos del reloj confiado en su victoria final. Es una batalla perdida, lo sabemos, sin embargo, hay caballeros que fueron contra mollinos de vientos y aún hoy son parodia de la locura o de la sabiduría. Quien escribe, quizás en este preciso instante, lucha a brazo a brazo partido, tan solo armado de estas palabras. Resisto a la orfandad para honrar esos momentos de amor que nos regalan un beso de inmortalidad.

EL ÚLTIMO GOL

Papá fue una de esas personas que no podía ser sin hacer, eso era un poco incómodo para mí, como hijo. Su andar enérgico por la casa marcaba el pulso, señalaba las tareas. Yo quería escuchar a Boca en Radio Continental, donde Víctor Hugo recitaba: “el Riachuelo y el Plata podrán mezclar sus aguas ahí cerca, pero River y Boca… no se mezclan”, aunque los pasos de papá resonaban lo inevitable, tarde o temprano, me iba a llamar para que lo ayudara y, de paso, enseñarme algo de albañilería o electricidad o cosas útiles para la vida. CuLos torturadores en la tierraando eso sucedía, sabía que no iba a escuchar radio. Imaginar las evoluciones de Batistuta en el campo de River podía volverse un riesgo semejante a estar parado en un andamio o en el alero de casa. Impaciencia de técnico de fútbol, sí, eso tenía de futbolero papá: a la hora de trabajar, carecía de movimientos sutiles para trabajos fino. No, no era lo suyo, sus manos grandes, huesudas, secas, llenas de cicatrices, se movían impulsadas por una electricidad. Entonces, las tareas junto a él podían durar hasta la noche, o más si hacía falta. Qué fastidio.

Afuera no se escuchaba nada. Pero, como en mi barrio la mayoría hinchaba por River, pensaba: “iremos ganando, el mutismo de los enemigos rojiblancos es todo un signo”. Entonces, papá me llamaba la atención sobre la gotita de aire, contenida entre dos rayas en el agua de un nivel. Las manos de papá y mis ojos que imaginan, en la gota, el balón lanzado por Giunta para un Batistuta que entra sólo, dispara su cañón, infla la red y enmudece al rival.

No entendí nunca de dónde vino el odio de papá por el fútbol, creo imaginar una respuesta en mi fanatismo por el Boca de Tabárez, Batistuta, Latorre, Giunta… la Bombonera, esa explosión auriazul y la marea de gente superpuesta, aplastada hasta formar una masa uniforme, un músculo y un solo grito: ¡Goollll!

– ¡Bah! ¡Patas duras! – decía papá, más grande, más rezongón y seguía su camino tras un breve paso frente a la pantalla de la tele. Y algo de razón tenía, alguien que ya no era Batistuta se ponía la nueve de Boca y la revoleaba hasta la tercera bandeja, luego se agachaba, ajustaba los cordones del botín o se acomodaba la canillera, como quien señala al culpable de tan párvulo remate. En la radio, Víctor Hugo no dejaba de dar en el clavo: “el remate se va, se va, se va… y entonces la gente se empuja para salir de la Bombonera”

Yo fui un habitante del desengaño entre el fútbol y la pasión, pero lo disimulaba y lo disimulo hoy cuando veo un partido invadido de cámaras, sponsors y futbolistas estrellas de cine. Papá lo supo siempre, quizás, nunca me lo dijo directamente para no romper mi fanática pompa llamada Boca Juniors. Por ahí sus pasos redoblantes en la casa buscaban llamar mi atención sobre otros heroísmos. Tal vez, su vozarrón no lo supo decir de la misma manera que esas manos huesudas no han sabido acariciar.

FINAL DEL PARTIDO

Papá se fue, se dejó ir. El tiempo último obligó a su cuerpo a un estatismo impensado en él. Sus herramientas se acallaron en el galpón y ese mutismo de tuercas, llaves y herramientas ahora es una herenciapapa ruidosa.

La última vez que le vi gritar un gol fue en Italia 90. Recuerdo la tele en un rincón del cuarto, mi hermana, con un mes de vida, dormía en una cama pequeña. Papá se revolvía en su silla y puteaba. El Brasil de ese año le daba un paseo a la selección de Bilardo y parecía sentenciada nuestra salida del Mundial. Remates desde afuera, los palos del arco que esa tarde jugaron para nosotros. Tal vez, entonces, hayamos gastado toda la buena fortuna que se pueda tener en un juego. Yo estaba enmudecido y quieto, papá se levantaba en cada avance brasileño y reculaba con toda torpeza sobre la silla, se sentaba en el borde y se inclinaba.

Mi hermanita duerme impasible cuando Maradona recibe en la mitad de la cancha, pasa a un brasileño, y a otro, y a otro más, los amarillos desesperan, sale a encimarlo y, justo antes de caer, da un pase memorable para Caniggia que espera solo en la izquierda, papá intuye que algo puede pasar, los músculos de las piernas se contraen, los puños se empiezan a cerrar, los dos inclinamos los cuerpos como si cayéramos con Maradona y le damos el último impulso a la pelota. Mi hermanita duerme, impasible, Caniggia recibe, elude al arquero, Víctor Hugo dice que Maradona es Gardel y… ¡Ta tatata, Goollll! Papá salta, grita con el puño cerrado, mi hermanita llora del susto, del grito que la arranca de un sueño y, al mismo tiempo, alimenta el de una nueva final del mundo, la última vez que le vi gritar un gol.

MAMÁ

Al entrar al “campito” donde ahora hay una escuela, antes había una manzana libre, como muchas en el barrio. Una diagonal marrón hacía de bisectriz entre los ángulos de la cuadra. Marrón, de tanto ir y venir. A los costados, el pastito corto nunca dejó de ser verde. Mamá iba adelante, yo me había portado mal, por dios que no me acuerdo qué hice, pero estaba enojada, no me hablaba mientras caminábamos esas cuadras hasta casa, aunque sí lo hacía con otra mamá que desandaba el mismo camino. Yo no sabía cómo “tantearla” para saber de qué iba la cosa: si de un reto o algo más. Entonces hablé, acoté algo en esa charla de adultos y mamá giró sobre su eje, se inclinó hacia mí. Y yo me achicaba cada vez más detrás de el portafolios de cuero, “en casa vamos a arreglar”, dijo entre dientes. Luego retomó su marcha y su sonrisa con la otra madre. Ahí tuve la certeza: lo iba a pasar mal.

Qué sé yo por qué el primer recumama3erdo de vos, mamá, es este, ahora que te acabas de ir para siempre. Podría decir que ayer te abracé, te di un beso grande y vos me mirabas con esos ojos marrones azulados, como les pasa a todos los ojos de tu familia cuando llegan a esta edad. No podías decir nada, apenas nuestro código de ojos abiertos y cerrados de sí/no.

Tengo puesta la última camisa que me hiciste, la azul, mangas cortas, mirá que hace tanto me la cosiste y aún dura, porque elegías lo mejor, hasta que la enfermedad te quitó el pulso fino para parchar mis pantalones. Eran tiempos en que te gustaba jugar de manos conmigo, de a ratos, eras un hermano, hasta pateábamos la pelota en el comedor, ¿recordás? Hablábamos de eso hace unos días, de madrugada, en una de esas noches que pasábamos medio despiertos, medio dormidos. ¿Te acordás cuando fuimos a Salta? Con poquitos años, entendí que mi ADN estaba conformado de ríos y cerros, nunca de mar,  al que conociste de grande. Y, como era de esperarse, no te gustó demasiado. Las patas en el río, allá en San Lorenzo, donde me caí cerro abajo y me salvó mi tío que se fue también hace unos años, con esos ojos que vos tenías. La noche esa en que nos metimos en una iglesia donde se casaba alguien que no teníamos ni idea, pero te metiste igual y me arrastraste, ¡Ay, mamá! ¿Quién tiene recuerdos así? De pescado envuelto en papel de diario del tribuno, o de surcar la noche sobre la moto de mi tía por las calles de Salta. Y el desengaño… cuando conocí Mendoza, me pareció que no había cosa más bonita, que Salta la linda no tiene nada que hacer al lado de Mendoza la hermosa. Hoy me abriga Córdoba. Me acuerdo cuando tus ojos eran marrones todavía y se abrían enormes porque yo discutía con la monja sobre dios, que dios no existía y que los dinosaurios y que el cura de la escuela era un loco borrachín y todo eso. Vos te enojabas porque iba temprano a la escuela en bici, en especial, los días de niebla, aceleraba sin pensar, pedaleaba la larguísima entrada hasta el fondo y zigzagueaba las columnas de la galería ”Vas a despertar a las monjas”, me decías.

Los dos nos hicimos más viejos y, con el tiempo, nos fuimos amigando con el silencio, nos conocimos bien, como esos jugadores que juegan de memoria, no hacía falta que habláramos, y, casi siempre me hacías la “segunda” con papá. Me acuerdo aquella vez que te acompañé a votar, lejos, ¿te acordás? Caminamos y mama2pasamos aquella avenida, al fondo del barrio. Te caíste sin razón y luego vinieron otras caídas, las juntas médicas, los remedios experimentales y todo eso a lo que le sumabas fe, mientras, poco a poco, te marchitabas. Ayer, mamá, hablábamos sin hablar, sin saber que era la última vez, te mostraba en el celular lo grande y destrozón que estaba Zeke, “el perro” y que Alex está por empezar la primaria. Tomaste un poco de agua mientras hacíamos como que hablábamos. Vos apenas con tu código de ojos y el ceño fruncido, a veces, de algún dolor callado por obligación: Vos, tan consciente, y uno tan afuera, dale jugar a adivinar. ¿qué será que tiene?, tal vez acierte y se salve, uno siempre se miente. Ayer te di un abrazo y beso grande en la frente, siempre lo hice. Más, este último tiempo, ¿sabes? Uno se miente, pero, en lo íntimo, cree que ese saludo puede ser el último. Y, sin saberlo, te dejé, hasta que el teléfono sonó esta mañana, el nombre de mi hermana en la pantalla, la noticia, la pausa, el silencio. Y el recuerdo vivo, a la inversa de la muerte que saquea, se resiste, comienza la memoria de hijo, con angustia de madre. Te quiero, mamá ¿Nos encontraremos?, ¿será cierto? No sé. Pero, mientras tanto, no te he de olvidar nunca. Hoy empieza mi vida de huérfano, mi tiempo de honrar, de agradecerte y no lamentarme más de lo que no fue. Solo orgulloso de haber tenido a mi mamá, a doña Mary, mami, má.

Te quiero, Diego.

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REY DE BARRIO

La orfandad: sobre Pappo

Por Néstor Grossi

 

PALABRAS MENOS

«Supimos de la existencia de Pappo a través de la recomendación de Héctor Pomo Lorenzo, ambos eran amigos y vecinos. A Pomo ya lo habíamos integrado a Los Abuelos de la Nada. Era impresionante, hacía los solos de Clapton y Hendrix con una criolla desvencijada; lo más notable de Pappo es que practicaba y practicaba, y sin formación previa podía reproducir cualquier solo de guitarra».
Pipo Lernoud.
Pappo debe ser el mejor guitarrista blanco de blues del mundo”
B.B King.
“Aguante, Pappo, la concha de tu madre, puto.”
El Cuervo.

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Con eso alcanza. No creo en la biografías, así que no voy a contarles la historia del chico malo del rock, ni de cómo un pibe de barrio que quería ser el mejor guitarrista de blues de la Argentina llegó al Madison Square Garden para ser ungido por el rey de reyes. No vamos a hablar de Pappo: el tema somos nosotros, los huerfanitos de una generación que siempre estuvo perdida.

 

VOLUMEN UNO

 

0004596931Me repito, siempre lo hago, y al carajo una vez más: sí, “la Renga en el ojo del Huracán” fue la última fiesta rocanrolera. Y Pappo estuvo ahí, despidiéndose en casa de sus mejores alumnos ante un público cosechado por más de treinta años. Veintiséis días después, la desgracia caía sobre el barrio de Once: “Cromañón” sellaba la muerte de 194 personas y de las ideologías en el mundo de un rock agonizante desde la década pasada. Todo había terminado el 25 de febrero del 2005, en un estúpido y confuso episodio automovilístico que le costó la vida a nuestro rey de la guitarra.untitled_54-9 En menos de tres meses, el rock había muerto para siempre en Buenos Aires. Aquel viejo cadáver que apenas latía, desde los setenta, dejó de respirar al mismo tiempo que Norberto Aníbal Napolitano.
Pappo fue el Unificador, el Hegemón de todas las tribus rockeras argentinas. Sin saberlo, resultó quizás, el creador del rock barrial, quien puso la distorsión en todas las guitarras porteñas, quien le abrió las puertas a bandas como “V8” y “Los Violadores”. Sin Norberto Napolitano, nuestro rock se hubiese parecido al del resto de Latinoamérica, muy semejante a lo que es hoy en día: un montón de nada.

 

RUEDAS DE METAL

 

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Después del de Perón, la segunda vuelta de Pappo fue el regreso más esperado. Volvía con disco nuevo y al mando de una banda heavy yanki: “The Widowmakers” (los hacedores de viudas). Para finales de diciembre, hicieron cinco shows en “Satisfaction”. La banda soporte fue “Hermética”, que era la revelación del momento en el mundo metalero. Imperdible. El 30 de diciembre de 1989, el heavy del Parque, el Innombrable y yo compramos una caja de Termidor en el quiosco de Rosario y Av. La Plata, le metimos tres Lexotas y nos subimos al 86 con destino al mismo lugar donde, exactamente un año atrás, me habían llevado detenido por primera vez en un recital de los Redondos.

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“Satisfaction” fue uno de los primeros cines en perder sus butacas para convertirse en algo que bien podía ser un boliche o una sala para conciertos. Resultó un aviso al resto de los cines barriales, que caerían ante el rock y los evangelistas y ante toda esa sabrosa mierda que traerían los noventas.
Después del demoledor show de “Hermética” y del Termidor recargado, me separé de mis amigos. Esa noche, quedamos tan puestos que cada cual se fue para su lado sin importarle una mierda de nada.

Alguien me invitó a fumar.

Alguien me convidó un trago.

Y entonces se apagaron las luces. Y el “dale, Pappo” estalló por todos los rincones. La banda abrió con la clásica zapada de introducción, a la que le siguieron dos temas de “Riff” pegados, más el hit de los “Widowmakers”. Recién ahí, veinte minutos después de haber salido al escenario, Pappo paró para intentar presentar a la banda. Pero, no: cuando abrió la boca, se echó dos eructos bien largos frente al micrófono y lanzó los acordes de “Macadam 3, 2, 1, 0″ (nombre del primer asfalto, que aceleró el ritmo de las ciudades, con el advenimiento de los autos).

riff81 Era la versión que más me gustaba de Pappo, la pesada, la heavy rockera. Fue una noche plagada de temas de Riff, que terminó con “Sucio y desprolijo”, lo único de Pappo’s Blues que se escuchó esa noche. Me había quedado con las ganas de “El hombre suburbano”, tema con el que aprendí a tocar la viola después de haberle dicho a mi profe de guitarra “Beatles, no”. Obvio, quería rockanrol pesado.

Salí de “Satisfaction” y busqué a los pibes entre la gente. Mientras me hartaba de esperarlos, solo una cosa daba vueltas por mi estúpida y drogada cabeza: ¿Skay o Stuka?, ¿quién iría a ocupar el segundo lugar? Creo que hasta llegar a la Ugis del centro, y empujar “una media” con una Brahma, no podría contestar.

 

QUE SEA ROCK

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Y, aunque el Rey había vuelto, lo de los “Widowmakers” no funcionó. La gente quería a “Riff”, quería a “Pappo’s Blues” y no a una banda californiana. Pappo siempre había estado en el momento y en el lugar indicado, si de rock hablamos. Ese 1989, no sólo salió el disco de “The Widowmakers”. También fue el año en que los “Guns and Roses” aparecieron para salvar el mundo del rock con “Apettite for destruccion”. No me extraña que el Carpo haya estado justo en ese momento de la historia en Los Ángeles. Pappo siempre volvía de sus viajes como un gran padre cargado de regalos. Así fue que, de su estadía en Londres, regresó decidido a cambiar la escena rockera de este país, que hasta el momento tenía a Seru Giran como banda rockera. Entonces, junto a Vitico, en 1980, formaron la mejor banda de rock que dio esta nación.

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“Riff” había llegado para re fundar el rock nacional. “Widowmakers” pasó sin pena ni gloria, aunque sonaban de puta madre. Pero la gente no estaba preparada y, además, no hacían falta. A comienzo de los noventas había toda una nueva movida metalera. Pappo sólo debía ocupar el trono y gobernar, no tenía opción: se acercaba la era del rock barrial, levantado a imagen y semejanza de él. Llegaba el momento en que todas las tribus rockeras de Buenos Aires se unirían, y había un solo músico argentino que los punks, los metaleros, los rokeros y los jipis respetaban por igual.

Los noventas estaban ahí, a la espera del Carpo, para festejar los diez años de “Riff”, en Obras.

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VOLUMEN OCHOOCHO

pappo-042-091973-23x31No me acuerdo qué hacía yo el día en que murió Pappo. Era fin de semana y yo volvía con Claudita a casa. Destapamos un vino y metimos una vela adentro de la copa. Brindamos por el Carpo y bebimos. No lo podíamos creer, dos meses atrás, lo habíamos visto tocar con “La Renga” en Huracán. Lloramos a Pappo, lloramos a los 194 pibes de “Cromañón”, nosotros habíamos estado ahí una semana antes de la tragedia, en el recital de “Intoxicados”. Y si no fuimos la noche del drama fue porque habíamos visto a la banda del desastre en los “8km por el Sida” y el cantante nos había parecido un idiota egocéntrico…

El último gran show de Pappo fue con Riff en un Cosquín Rock “que no les dio el escenario central”. Días después, el accidente.2269-bbkingpappo
Sobre la muerte del Carpo se dijeron muchas cosas. Los huerfanitos nos conformábamos con un “murió en su ley”. Algunos decían que el tipo había manejado re loco por la ruta, que chocó al intentar pasarle algo al otro que venía con él. Hasta que salió el libro de Marchi, en el 2011, y el hijo de Pappo lo tildó de pasquín amarillista. Entonces, Luciano Napolitano contó qué había pasado esa noche. El hijo no podía saber qué le había pasado por la cabeza a su padre, se quedó con la duda: si el Viejo había hecho esa maniobra para meterse un cabaret de la ruta o si quería retomar por donde venían para cambiarse de ropa: estaba en pantalones cortos y mocasines cuando el Renault Clío lo arrolló. La muerte es así, siempre nos sorprende de una manera estúpida y ridícula.

Pasaron trece años de la muerte de Pappo. Y nada. No apareció ni siquiera una copia barata. El espíritu rockero murió por completo. Sin ideologías es imposible transmitir ninguna cosa. El rock sólo funcionó cuando fue herramienta: letras y banderas. Cuando había un rey.

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Aunque todo siempre se repite, el rock nunca volverá a ser un fenómeno social; “Cromañón” arrancó del rulo cíclico de la historia un momento que no volverá a repetirse. Ya hay toda una generación que creció sin rocanrol, sin dios del fútbol ni rey de la guitarra. Huérfanos de plástico, criados en un Buenos Aires con gorra y celular.

Hey, hey, mai mai, el rocanrol no volverá jamás.

 

ARCHIVO ROCKANROLLERO: BONUS TRACK

Tres discos esenciales para descargar, ni lo duden. Que sea rock.

 

 

 

 




LUZ DE COMECHINGONES

La orfandad: Sobre el cementerio de Alpa Corral (“Corral de piedra”, en quechua).

Por Ana Blayer

                “Amo tenderme junto a los muertos para medirme a mí mismo”

              “Memorias de Adriano”, Marguerite Yourcenar

 

TANTEAR AL SOL

Un jueves, el sol de mayo comenzaba a caer cuando mi padre murió: “la vida incluye la muerte”, dije para mis adentros, como el día a la noche.

 

Fin de semana largo, ¿dónde ir esos días de semana santa? Las sierras cordobesas fueron el destino final del viaje. Alpa Corral, un pueblito pequeño frente al inmenso paredón de los Comechingones, los antiguos que dieron vida y muerte a esa región. Allí se dirigieron.

Tras el largo viaje, la noche estrellada y diáfana, salieron a buscar un lugar donde cenar. Un par de horas más tarde, el cansancio los había vencido, cerraron sus ojos hasta la mañana siguiente, cuando el sol los invitaba ir al río, caminar por el pueblo, mirar la arquitectura, los rostros de los pobladores, por cierto, escasos.

 

GENEALOGÍAS DEL SOL

Ese viernes santo cercana la hora del crepúsculo, salieron por la calle de eucaliptos. A apenas a unos pasos de su hospedaje -una pequeña y bonita cabaña-, divisaron un arco de hormigón blanco y una reja baja. Una de las puertas estaba sin candado la abrieron. Sin volver a cerrarla, el silencio de ese lugar los acompañó a recorrer el cementerio del pueblo. Algunas bóvedas con diseño clásico moderno lucían placas en bronce, fotografías de frente y otras de tres cuartos perfil. Bisabuelos, abuelos, padres e hijos, hijos, padres, abuelos y bisabuelos se repetían en apellidos, genealogías que estimulaban las ligaduras: este es hermano de y aquella estuvo casada con. Allí estaban toditos los Sosa, los Villegas, los Rodríguez…

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LA LUZ DE LOS ANTIGUOS

Caminaron esas callecitas de tierra y baldosas entre bóvedas y nichos. La sorpresa fue hacia el final donde, la bordear el bajo tapial, fueron sorprendidos por “los antiguos”. Algunos montículos de tierra revuelta acompañados por cruces de hierro bien aferradas al suelo.20180331_172155 Otras cruces incrustadas en la tierra, semejantes a rosas de los vientos. Eran ellos, los antiguos, quienes custodiaban ese camposanto.

 

ÁNGEL EN MOVIMIENTO

No había flores frescas, salvo unos ramitos de plástico deteriorados por el paso del tiempo. Tampoco se veían seres vivos que limpiaran o quitaran algún yuyo, ni visitantes de esos muertitos.

20180331_172656Apenas unos pocos pinos altos, un ángel blanco con aire de estar en movimiento y una lánguida mirada hacia la entrada de esa necrópolis. Un estático querubín daba la bienvenida a lo eterno.

 

 

 

EL NEGATIVO DE LA LUZ

Siguieron en busca de apellidos y fechas. En algunas fotos se veían rostros sonrientes, a la espera de un reencuentro con los deudos. Esa foto que mira desde la lápida lo intenta, pero cada vez se distancia más de la imagen de la vida. Como si ella misma, la fotografía, fuera el puente que el muerto atraviesa lentamente para alejarse de esta dimensión y, a su vez, nunca ausentarse del todo. Irse y permanecer, magia de fotografía. Magia inversa, también: la imagen da muerte a esa muerte. Intacta -no en su consistencia sino en su aura- a lo largo de los años, es la memoria gráfica que resiste a la completa falta.

Más muertos que vivos habitan en Alpa Corral. El silencio del lugar, el mismo que guarda el pueblo.

 

QUIERO SER LUZ Y QUEDARME

El sol comenzó a esconderse detrás de las sierras, un airecito fresco y agradable los acompañó hasta la puerta que, por cábala -inconscientemente encubierta-, habían dejado sin cerrar.20180331_172118

El día dio lugar a la noche, donde algunas estrellas empezaron a tomar parte de la escena. Todos tenemos un muertito alojado en una estrella. Siempre es esa, la que vemos brillar con más luz.




EL SINIESTRO CUARTO TIEMPO

La Orfandad: Sobre el libro “Maten al rugbier, la historia detrás de los 20 desaparecidos de La Plata Rugby Club”, de Claudio Gómez.
De Luisa Luchetta

 

OTRA VEZ SERÁ

Idas y vueltas, el vértigo diario. Intentamos un encuentro con el autor del libro, pero fue imposible coordinar una fecha. Sabemos que Claudio Gómez es periodista, trabaja en Editorial Perfil y es profesor de la escuela TEA.

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En las primeras páginas de su libro hace referencia a una nota de Gustavo Veiga, periodista del Página 12, que lo conmovió. La nota narra la historia de Raúl Barandarián, ex jugador de La Plata Rugby Club y ex compañero de los militantes desaparecidos.

A partir de la lectura sobe Barandarián, Claudio Gómez escribe una nota en Perfil, publicada un 24 de marzo, de 2006. Pero le sabe a poco. Se obsesiona con el tema, comienza a adentrarse en las historias, entrevista a familiares, amigos, ex militantes, durante dos años. Al principio, solo se sabía de diecisiete rugbiers desaparecidos. Su investigación amplió, de manera dolorosa y reivindicativa, el número a veinte.

rugbier 3TSUNAMI

A medida que avanza, el autor no puede menos que hacer una referencia histórica de aquellos años. Quizá se haya quedado corto. ¿Cómo explicar el estado de ebullición del pensamiento político en los jóvenes de los años sesenta, setenta? La Guerra fría, Cuba, el Mayo Francés, el pensamiento innovador de los filósofos, en especial, franceses. Vietnam, los movimientos pacifistas en Estados Unidos, Nixon, Kissinger. El patio trasero. Los No Alineados. China acercándose a Occidente. La URSS. El Tercer Mundo. El partido justicialista proscripto, la dictadura militar que trata de resolver enfrentamientos internos dentro de sus fuerzas armadas.

Obra de León Ferrari
León Ferrari

Nos contentamos con las circunstancias locales, que poco explican acerca de la barbarie ejecutada por cuarentones o cincuentones (y algunos más añosos) sobre jóvenes menores de veintitantos años, bañados en las aguas de los sueños más nobles de un ser humano, la sociedad fraterna, el amor que solo se da si consideramos al otro como igual.

Esos señores, políticos, militares, sacerdotes ¿se sintieron tan frágiles como para afirmar que los recursos que el Estado nacional disponía no servían? ¿Por qué Italia pudo enfrentar a las Brigadas Rojas con la ley y nosotros no?

No tengo las respuestas, ¿alguien las tiene? Seguramente habrá tantas como encuestados. Todo pasó delante de los ojos, entre indiferentes y asombrados, de los argentinos que iban al trabajo todos los días, leían “La Prensa”, “La nación”, “Clarín” a la mañana o “La Razón”, a la tardecita, cenaban en familia, veían televisión desde el sofá, mientras la señora de la casa preparaba alguna receta de Doña Petrona. Ciega, eternamente, nuestra clase media.

CONTRA LA SIESTA BURGUESA

En el sitio oficial de San Isidro Club encuentro una nota: “El rugby como escuela de vida”, cuyo autor es José María Posse y cita como fuente a Tucumán Rugby Club. En la misma aparecen palabras de Carlos “Veco” Villegas sobre la práctica del juego: “El rugby hace un culto del juego en equipo, entonces uno aprende a vivir en función de los demás, uno aprende a sentir más placer en dar que en recibir, uno aprende a sacrificarse, aun a riesgo de su propio físico, pues el interés máximo en la cancha es el equipo”.

Obra de León Ferrari
León Ferrari

Luego del partido, llega el Tercer Tiempo, donde ambos equipos se agradecen la oportunidad de haber jugado y se comparte algo de comer y beber, como modo de relacionarse entre los jugadores rivales y las autoridades.

Por otro lado, el espíritu del rugby carga muchos apellidos patricios, nombres de calles, dinero, muy alejado del fútbol, cuyo origen estuvo en los potreros de los barrios humildes. Por ello nos llama la atención que muchachos de clase media -estudiantes universitarios, en su mayoría-, hayan entregado su vida a sus ideales tan alejados de la siesta burguesa nacional.

A modo de ejemplos, resumiré dos casos de los veinte que figuran en el libro de Claudio Gómez.

LA CAJA AZUL

Hernán Rocca, 21 años de edad, fue secuestrado en la puerta de su casa un Jueves Santo de 1975. Estudiaba Medicina en la Universidad Nacional de La Plata. Militaba en la Juventud Peronista. Jugaba al rugby en La Plata Rugby Club -LPRC-. Una vecina, a quien un policía le comunicó el asesinato de Hernán, dio aviso a la familia. El cuerpo aparece acribillado: veintiún balazos, cerca del auto de su padre, en las afueras de La Plata.

Hernán Rocca
Hernán Rocca

Hernán formó parte del equipo que logró el ascenso del LPRC, en 1972.

Luego del asesinato, los integrantes de la familia vivieron su duelo como pudieron: el padre, se retiró al campo. La madre se quedó en La Plata con la hija más pequeña. Su otra hermana estaba casada y Marcelo, el hermano mayor de 23 años, se exilió en España. Este último militaba en el ERP, pero no participó en la lucha armada.

En el velorio, su compañero en el LPRC, Santiago Sánchez Viamonte dijo no sin dolor “Ahora sí, ahora que mataron a Hernán, vamos a militar con más razón”.

Su hermana Araceli atesora en una caja azul un diario personal con recortes de notas sobre el LPRC, un casete, donde Hernán canta canciones dedicadas a una ex novia y un sobre que, a su vez, guarda el cinturón de cuero blanco que llevaba Hernán el día de su asesinato. Allí se ven perforaciones de bala y manchas de sangre.

Una caja azul guarda el alma de Hernán, inmortal.

NO ME VERÁN ARRODILLADO

La familia Bettini, de las más tradicionales y ricas de La Plata, fue arrasada. Marcelo Bettini, de veintiún años, fue el primero en caer. Jugó en LPRC hasta los dieciocho años, luego comenzó a estudiar Derecho y militó en la JUP y Montoneros. Hacía trabajo social en barrios carenciados. Una noche de 1976, se encontró con un amigo, Luis Bearzi, y fueron acorralados. Luis murió por los balazos y Marcelo tomó una pastilla de cianuro: “a mí ni en pedo me van a tener”, le había dicho a un compañero de militancia.

Antonio, padre de Marcelo, un conocido abogado de La Plata, buscó a su hijo. Al no tener noticias ni datos de sus contactos, su yerno -Jorge Devoto-, de veintinueve años, teniente de fragata retirado, llamó a sus relaciones en la fuerza. Finalmente, encontraron el cuerpo de Marcelo enterrado como NN en el cementerio de La Plata.

Al regreso de un viaje a Mar del Plata, pocos meses después de lo sucedido, la familia se enteró del secuestro de su chofer. Un jefe policial, conocido de la familia, les dijo que preguntaran en la delegación La Plata.

Antonio y su yerno Jorge se presentaron en la Delegación, desde donde los mandaron a la Comisaría 1°. Desde allí los enviaron a la Unidad Regional de La Plata, de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Antes de llegar los secuestraron. Luego liberaron a Jorge Devoto. Antonio aún está desaparecido. Su secuestro fue el 18 de marzo de 1977.

Esa misma noche allanaron el departamento de Devoto y robaron todo lo que pudieron. Muerto su cuñado, secuestrados su suegro y el chofer de la familia, Jorge se hizo cargo de la búsqueda. Se contactó con conocidos de la fuerza, en quienes confiaba. Un primo hermano, capitán de corbeta, gestionó una reunión en el Edificio Libertad en Buenos Aires.

Jorge Devoto fue tirado al Rio de la Plata consciente, según lo confesado por Adolfo Scilingo, ante el juez español Baltazar Garzón.

Marta Bettini, esposa de Jorge, y su madre -Marta del Carmen- deciden irse del país. Dejan a la abuela de setenta y siete años (no era previsible pensar que algo le pudiera suceder). Finalmente se establecieron en España. Reclamaron a Monseñor Plaza, al Cardenal Primatesta, al Nuncio apostólico, Pío Laghi, a los Papas Pablo VI y Juan Pablo II. La iglesia los abandonó.

En la quinta de fin de semana de la familia Bettini fusilaron a dos personas y saquearon la propiedad. Y como si esto hubiera sido poco, a un año de la muerte de Marcelo, secuestraron a la abuela María Mercedes Hourquebie de Francese. La golpearon con saña. Fue enterrada como NN en el cementerio de Avellaneda.

Marta Bettini de Devoto Foto: Página 12
Marta Bettini de Devoto
Foto: Página 12

 

 

 




EL OTRO EN UNO MISMO

La orfandad: Entrevista a Nelio Acuña, de la comunidad “las Huaytekas”.

Entrevista y edición: Gabriela Stoppelman

El aguilucho de pecho blanco agitó las alas, miró de frente y comenzó el sueño.  Desde la inquietud del aleteo respondieron la cautela del bosque, la templanza de la montaña y la audacia del río. Fundidos en el fondo de un mismo ojo, cada cual nació a su mirada, pregnado en el matiz del otro. El pecho del ave sostuvo el color en las cimas nevadas de las montañas. En su despliegue, las alas dieron amplitud a la bifurcación de dos afluentes. Y la frondosidad de los árboles repitió en cada gota de rocío el rumor del agua recién desperezada. Fueron tiempos de siempre comenzar, cuando duendes y mitos no debían dar explicaciones ni cuidarse de ser encerrados en palabras como “superstición” o fantasía”. Tiempos de lenguas primeras, de cuerpos flexibles a la voz de la tierra. Comienzos en deshielos impetuosos y fracturas resueltas, de siluetas inquietarse por ensayarse dentro de todas las formas. Mientras tanto, la infinitud del sueño siempre recomenzado se reía un poco del modo en que se sucedían los días, en filita prolija, unos detrás de otros, y torcía los modos de los transcursos en ilusiones, desencantos y contiendas. La anciana y el anciano, la joven y el jovencito, necesitaron no más de cuatro pulsaciones para latir en todo lo que existía. Las cuatro pulsaciones dieron el tono y la melodía subía a pecho abierto, blanco, como página ofrecida al poema.

Después, mucho después, llegó la estocada. La furia oscura de los blancos pisoteó el cuerpo del aguilucho hasta dejarlo tendido al pie de la vigilia. Seguros de haberlo liquidado, fueron por los ríos, por las montañas y por los bosques. Sordos al aleteo del ave, que aún reverberaba en el paisaje, no hicieron más que diezmar aquello que, por soñado, resistía en su unidad.

Cuando la noche de la furia se fue a dormir, después de asegurarse el metal de todos los candados, un sonido persistente agitó las alas y abrió, muy amplio, el pecho. A sueño intacto, el animal ofrecía la página en blanco para escribir versos de los huérfanos en vilo, la cadencia en lucha de los despojados. “Ver al otro en uno mismo”, repetía la voz anciana. Y junto a la comunidad las Huaytecas, comenzamos a rescribir el poema.

Isabella Binimelis.
Isabella Binimelis.

 

CONSENSUAR  EL HORIZONTE

 

Merecedoras del rumor en Chezungun/…Inakayal …lonko …piwke/  en remolinos/ hasta aquietar la espera/ del fondo azul/ recortó sus figuras y las traigo/ desde antes y hasta el horizonte/ Antiñir/ Cayupán/ Anay hermanas.”
Liliana Ancalao, “Esperando a Inacayal”

¿Cuál es la aspiración de máxima de ustedes? ¿La independencia?, ¿la autonomía?

Creo que no hay una aspiración máxima como comunidad, ni siquiera como pueblo. Hay algunos que tienen de aspiración máxima la independencia. Y otros, la autonomía. Otros, más allá de esos dos conceptos, somos de la idea de que la aspiración máxima es poder vivir tranquilos en nuestros territorios sin que nos estén acorralando los terratenientes y sin estar limitados por las leyes impuestas del estado. Hay quienes quieren ser reconocidos y tener un título de propiedad de la tierra para saber que, aunque se mueran, sus hijos van a poder heredar el fruto de toda la lucha. Y hay quienes no quieren saber nada de los títulos de propiedad: la tierra la vamos a usar más allá de cualquier papel que diga a quién le pertenece. Creo que la aspiración de máxima colectiva termina por ser el consenso entre esas ideas. Además, siempre se tiene en cuenta el entorno y las relaciones políticas con quienes gobiernan y con otras comunidades, para elegir qué camino vamos a tomar para avanzar. Con esto me refiero a que, hace unos años atrás, hasta nos dábamos el lujo de reunirnos a debatir y a soñar con una reforma agraria integral como objetivo de máxima. Y hoy en día los debates son menos, más acotados y se resumen, básicamente, en idear estrategias para continuar la lucha sin que nos maten a todos. Pero, como pueblo, hemos salido de cosas peores, así que no se va aflojar.

 

 DICHO SOBRE UN AGUILUCHO DE PECHO BLANCO

 

                    “entiendo la poesía no como el ave/ sino como el vuelo”
David Aniñir, “Arte Peotika”

Originalmente de tradición oral, el pueblo mapuche es guardián de sus palabras. Muchas tienen una enorme capacidad de síntesis, que es un rasgo de lo poético (Bariloche: hombres que viven detrás de la montaña). ¿Qué es para ustedes lo poético?

Para nosotros lo poético es una palabra nomás, pero tenemos en cuenta que gran parte de nuestras tradiciones tienen mucho de poético. En los parlamentos se vive eso: somos un pueblo que le da mucha importancia a lo oral y a lo espiritual. Entonces, cuando nos juntamos muchos mapuche a parlamentar, te podes encontrar excelentes oradores que pueden poner en una sola intervención muchísimas emociones, hablan al mismo tiempo de política, espiritualidad y de historias épicas de luchas de nuestros antepasados.

Archivo fotográfico: Nelio Acuña.
Archivo fotográfico: Nelio Acuña.

 

Esa manera de hablar, se podría considerar poética. También la música tiene mucho de eso, la música tradicional (taiel y ullkantun) no está escrita y cada ullkantufe (cantante) tiene su propia impronta para hacer más linda su canción. O cada tailkera (no conozco palabra para nombrar a quien hace taiel, puede ser machi o pillancushe o ñaña que son quienes lo hacen) también van haciendo lindo su taiel o kempen. También hay muchos relatos (epew) y hasta el pentukun, que es la forma de presentarse, tiene mucho de espiritualidad, porque uno se presenta diciendo cómo se llama (pinguen) y de dónde viene (kupalme). Muchos, a su vez, cuentan de su kempen (algo así como el apellido, más profundo -el de mi familia es el ñanco, que es el aguilucho de pecho blanco-) y su tuwun: hablar y contar de su familia y de sus antepasados. Muchos ven esto poético, pero es bastante normal. Creo que decirle a esto poético, sería una forma de describir la tradición según la mirada de los no mapuche. Más allá de esto, hay muchos poetas mapuche y cada vez hay más músicos que hacen fusión de música contemporánea con música cultural mapuche (en ngulumapu hay raperos muy buenos y de este lado, se van más para el rock).

 

AL PULSO DEL MÁS SABIO

 

“El viento transmite el sonido de las hojas/ trepando la roca./ Es la voz de un indómito pueblo/ por miles de estrellas protegida.”
Rayen Kvyeh

¿Cuál es la posición de las mujeres en su comunidad?

Primero, aclaro por las dudas, que el pueblo mapuche se organiza por comunidades y cada comunidad es independiente de las demás. En la gran mayoría, las mujeres tienen un rol muy importante culturalmente pero, a la hora de las decisiones políticas, las toman los hombres nomás. En nuestra comunidad las mujeres son las que tienen más peso en las decisiones. No se trata de una cuestión sexista, se va dando en cada comunidad diferente. Se considera lonko, a quien es capaz de proponer las ideas más sabias, más allá de si es hombre o mujer. Aunque en algunas comunidades son más machistas y han perdido un poco el sentido de la palabra lonko -como el/la más sabi@- para transformarlo en un jefe indio, que se adapta mejor a la idea de cacique, traída de afuera.

Moira Millán nos habló de poligamia y androgamia en algunas comunidades y de una enorme libertad en lo sexual. ¿Qué opinan?

En realidad no hay ningún dogma establecido en el pueblo. Entonces, cada comunidad se ha ido adaptando en ese sentido. Nosotros somos más monógamos y no vemos bien el que el hombre ande con muchas mujeres, así como tampoco vemos bien que las mujeres anden con muchos hombres. Lo que se ve bien es que cada uno tenga una pareja por vez. Y, si no te gusta tu pareja, no están mal vistas las separaciones y que cada uno busque otra pareja. Históricamente, tampoco hay nada establecido. Hay lugares donde estaba bien que el pretendiente acordara con el padre de la novia una dote para poder casarse. Y, si no tenía capital, se la robaba. Muchos lo tomaron como parte de la cultura y hasta lo reivindican así. También sé que hubo lonkos que tenían varias mujeres. Pero, como decía antes, al no haber una forma establecida, se puede decir que era y es bastante libre el asunto. Ahora, no hace mucho tiempo, había una comunidad por acá cerca de Bariloche, de la que se decía que era una comunidad poligámica y lo reivindicaban así. Obviamente fueron y siguen siendo objeto de burla por todos los demás mapuche, no tanto por lo sexual, sino más bien porque somos de creer que reivindicarnos como pueblo va en cosas más importantes que con quién o con cuántos practicamos sexo.

Santos Chávez.
Santos Chávez.

 

UN ADN ESPIRITUAL O EL LATIDO DE TODO LO VIVIENTE

 

En este suelo habitan las estrellas/ En este cielo canta el agua/ de la imaginación
Más allá de las nubes que surgen/ de estas aguas y estos suelos/ nos sueñan los antepasados
Su espíritu -dicen- es la luna llena/ El silencio su corazón que late.”
Elicura Chihuailaf, “En este suelo habitan las estrellas”
 

También nos dijo que el “newen” viene con cada quien y hace de cada quien algo singular que se descubre tempranamente en la infancia. ¿Cuándo lo advirtieron? Cuéntennos sus casos particulares.

Es bastante complicado explicarlo (hasta no sabría decirte si está bien formulada la pregunta). Es muy complejo, porque newen es como energía (similar a lo que los chinos le dicen chi, por lo que entiendo) pero a nivel espiritual. Y cada ser y cada lugar tiene su newen. Entonces, una persona tiene newen, pero una planta también lo tiene y un bosque y un río y las montañas y los menukos y todo lo que nos rodea. Hay newen más fuerte que otros y cada lugar es “gobernado” (no sé qué palabra ponerle) por un newen que es más importante o más fuerte que los demás. Por ejemplo, acá, en Bariloche, y en toda esta zona, sería el Lago Nahuel Huapi el newen más importante. Allá en las huaytekas está el bosque de huaytekas y la xengxengmahuida, una montaña del lugar. Y en la zona de cushamen (que es donde lo mataron a Santiago Maldonado) el newen más importante es el weytoro (es un remolino que se llama así, porque remolino en mapudungun se dice meulen).

Entonces, en cada zona, las ceremonias y todo lo espiritual va cambiando porque se hacen según lo que va dictando el newen del lugar o los ancestros de cada familia, que se ponen en contacto por sueños (serían los pulonko o los punewen). Y, cada comunidad, se identifica por su contacto con los elementos físicos y espirituales del entorno. Después, cada familia y cada individuo tienen su kempen, algo así como el newen con el que se identifican o los protege. Antiguamente, esto definía la identidad de los individuos. Pero, después de la invasión, pasaron a ser simples apellidos que se heredaban. Eso, en algunos casos. En otros, se heredaban como apellido los nombres propios, aún hay apellidos de ese tipo. Como ya dije, en mi familia es el ñanco, el aguilucho de pecho blanco, muy relacionado en lo espiritual a la medicina y a la predicción del futuro (se dice que si vas a salir, te cruzas un ñanco y te muestra el pecho blanco, vas a tener buen camino. Y, si te da la espalda, mejor volvete, porque te va a ir mal). Está el caso de Rafael Nahuel, por ejemplo. El Nahuel es el tigre (creo que es el yaguareté que, en algún momento, llegaba hasta estas zonas, pero después quedo reducido al norte nomas). El Nahuel está relacionado a la sabiduría y a la lucha. También hay otros apellidos como wenuleo que, en traducción literal, sería “río del cielo” pero wenuleo es como se le dice a la vía láctea (que se ve como un río que cruza el cielo).

Isabella Binimelis
Isabella Binimelis.

Después, cada persona tiene newen para alguna posición en la sociedad. Por ejemplo, una persona que tiene pewmas (sueños) muy nítidos y predictivos del futuro, se dice que tiene newen de pewmatufe y tiene que desarrollarlo. Alguien con cualidades curativas puede ser que tenga newen de machi. Alguien que es sabio, inteligente y fuerte puede que tenga newen de lonko. Por todo esto, la palabra newen abarca muchísimo y es difícil de explicar qué es. Es bastante acotada y superficial mi explicación pero, si alguna vez tenés la oportunidad y las ganas de hacerlo, tendrías que consultarlo con algún machi o ngepin (traducción literal: dueño del conocimiento. Es una autoridad espiritual y filosófica mapuche, que se dedica a entender y a explicar el mundo).

 

EL DEVENIR DE UNA LENGUA

 

                                   “La lluvia me habla/ con frescura/ me mira desde el suelo empapado/ luego se desliza por mi espíritu/ hasta el otro lado del tiempo.”
Lionel Lienlaf, “Desde la lluvia” 

¿Cómo es el equilibrio entre el idioma y las pautas del “mundo argentino” y el idioma y las pautas del mundo mapuche?

Fotografía de tapa del CD "Canción apra dormir a un niño" de Beatriz Pichi Malén.
Fotografía de tapa del CD “Canción para dormir a un niño” de Beatriz Pichi Malén.

Creo que en el “mundo argentino” hay palabras para todo, lo que lo hace bastante frío. O se habla de política o se habla de religión, o se habla de una forma porque estás en un lugar y se habla de otra forma, en otro. Pero, en el mundo mapuche, está todo tan relacionado que no se puede hablar de política sin hablar de espiritualidad y no se puede hablar de historia sin hablar de política. Todo es más amplio en cuanto al lenguaje y hay palabras que no tienen traducción literal porque pierden el sentido. Entonces, más allá de que se esté hablando en castellano, las palabras mapuche van y vienen, porque no hay otra forma de decirlas. Por ejemplo, de la palabra peñi, la traducción al español es hermano, pero la traducción literal es pen -“mirar o ver”- y ñi -“uno mismo”-, entonces sería como “ver al otro en uno mismo”, que podría traducirse como camarada, con el agregado sanguíneo de pertenencia a un mismo pueblo.

No hay equivalente de la machi en nuestras sociedades, ¿qué nos perdemos?

Sería el equivalente a un médico pero que no solo te cura enfermedades físicas si no también espirituales, lo hace con música, plantas medicinales y consultando a los pu lonko (espíritus antiguos) que tampoco hace solamente curaciones si no que también es guía espiritual de una comunidad y lleva adelante los nguillatun de la comunidad.

Entre la medicina tradicional y la ancestral, a la hora de una afección grave, ¿a cuál recurren?

Depende la dolencia. Cuando te quebrás un brazo, por ejemplo, al médico del hospital. Por dolencias espirituales, se va a ver un/a machi. Pero ponele que a un mapuche le duela la panza, va a ver a un médico al hospital y éste le receta remedios. El/la mapuche llega a la casa y opta por tomar algún té de yuyos medicinales, porque sabe que le va a hacer mejor que los remedios. O, en todo caso, complementan una cosa con la otra. Hay muy pocos que recurren a la machi para toda dolencia. La gran mayoría, en casos de cuestiones graves –cáncer, por ejemplo- complementan: van al médico pero igual le dan importancia a la medicina tradicional mapuche.

Francisco Veloso. "Pewma"
Francisco Veloso. “Pewma”


NI UN LADRILLO MÁS EN LA PARED

 

                        A Juanito Ancapán Mascareño/ el profesor de dibujo le ha pedido/ que llene una página con los medios de locomoción/ existentes en el mundo moderno./ Juanito Ancapán pasa una tarde entera/ pensando en trenes que no ha visto/ y en camionetas 4X4 que no conoce.
Entonces dibuja un caballo de hermosa grupa/ y pelaje hermoso, / con un sol en las espaldas.
Al día siguiente la clase entera/ es una estampida, un galope alzado/ de caballos sanos, de relámpagos niños.”
José Teiguel, “Los pasos del sol”

¿Cuál es el grado de involucramiento en la lucha de los miembros de tu comunidad? ¿Se da igual en hombres y mujeres?

Hay más empuje por parte de las mujeres en todo sentido.

La educación mapuche y la educación oficial ¿en qué coinciden, en qué chocan?

Casi no coinciden en nada y chocan en casi todo, ya que la educación mapuche es oral y, principalmente, desde la práctica y la oficial es más bien desde la teoría y escrita. Nosotros le damos importancia a las dos y tratamos de que se complementen un poco, porque sabemos que necesitamos gente mapuche capacitada para dar la lucha. Con esto siempre se da el ejemplo de Lautaro que, en los cuarteles del ejército, aprendió a usar el caballo, para después enseñarles a los mapuche a usar el caballo para dar la batalla. En su momento, encaramos para que la educación oficial sea intercultural y conseguimos que, en la escuela de la comunidad, se dé interculturalidad. No se aplica de la manera ideal, pero ha sido un avance muy lindo. Ahora los nenes no mapuche entienden mejor a sus compañeritos mapuche y hay más aceptación por parte de ambos. Sobre todo, si tenés en cuenta que la escuela antes castigaba a los mapuche por indios y los catalogaba como incapaces de aprender. Eso generó miles de prejuicios que siguen vigentes hoy y han calado tan hondo, que hasta los mismos mapuche se sienten incapaces de ciertas cosas, como estudiar en universidades o dedicarse a trabajos que siempre están reservados para los blancos. Igualmente, hay muchos mapuche que prefieren que sus hijos no vayan a la escuela porque es un órgano adoctrinador y homogeneizador que hace perder la identidad mapuche. Los chicos la tienen que recuperar principalmente en ambientes mapuche. A mí eso no me gusta, porque así recuperemos toda nuestra cultura, si no tenemos gente que sepa leer y escribir, nos van a cagar como lo hicieron siempre.

 

LO QUE DIJO UN ANCIANO EN LOS SUEÑOS

 

También con mi abuelo compartimos muchas noches a/ la intemperie/ Largos silencios, largos relatos que nos/ hablaban del origen de la gente/ nuestra/ del primer espíritu mapuche arrojado desde/ el Azul/ De las almas que colgaban en el infinito/ como estrellas/ Nos enseñaba los caminos del cielo, sus ríos/ sus señales/ Cada primavera lo veía portando flores en sus orejas y en la solapa de su vestón/ o caminando descalzo sobre el rocío de la mañana/ También lo recuerdo cabalgando bajo la lluvia/ torrencial de un invierno entre bosques enormes”
Meli Wixan Mapu, 
“Sueño azul”

¿Qué es la política para ustedes?

La política es parte fundamental de nuestras vidas, es algo bastante desarrollado en el pueblo mapuche. Los parlamentos se hicieron siempre y la búsqueda de consenso permanente es una de las cualidades de nuestro pueblo. Con esto se busca el “kiñerakizuam”, que es “un solo pensamiento”, una de las herramientas políticas más fuertes que tenemos. Significa que estamos todos dentro del mismo pensamiento no importa dónde estemos (a veces con diferentes interpretaciones y con nuestras diferencias también). Pero el ideal es ese, es la única forma que tenemos de avanzar como pueblo.

CaiCai-Vilu y TrenTren-Vilu -cosmogonia mapuche-.
CaiCai-Vilu y TrenTren-Vilu -cosmogonía mapuche-.

Leyendas, mitos y creencias, ¿cuánto influyen en sus vidas cotidianas?

Las leyendas no tanto, pero hay mitos a los que sí se les da importancia. Y creencias, también. En lo cotidiano, en lo más cotidiano, está el tema de los sueños. Se cree mucho en eso. Siempre que nos encontramos, nos contamos los sueños. Cuando era chico, yo veía esto re-normal, pero después me di cuenta: no en todas las casas se hace eso. Es más, se le de tanta importancia a los sueños, que te podes encontrar con debates políticos donde se tienen que definir cuestiones de mucha importancia. Ahí, habla uno y pone sus argumentos, otro habla con otros argumentos y habla un tercero que cuenta un sueño vinculado a la cuestión que se debate. Y ese sueño es totalmente válido en la discusión. Y hasta tiene más peso que los demás argumentos. Con los sueños también se definen fechas para ceremonias o cosas a realizar. En lo personal, por ejemplo, tuve sueños donde un anciano me enseñaba a hacer poesía. Puedo decir que realmente aprendí a hacer poesía, pero es mi deuda ponerme a escribirla. Otro caso: yo sabía que iba a ser papá, pero todavía no le había contado a nadie. Un día vino mi mamá y me contó que había soñado que yo iba a ser papá. Ella soñó con cada uno de sus nietos antes de enterarse que iba a ser abuela.

Después, la mitología está muy presente. En los kofkeche todos creen (duendes). El mito del cuero es algo que todos te lo aseguran que existe. Es una criatura serpentina. La gente  nacida y criada por estas zonas tiene mucho cuidado de no dejar nenes chiquitos solos cerca de los lagos y ríos porque el cuero se los lleva. No sólo la gente mapuche… gente no mapuche también. Después, hay otros menos conocidos como el toro del agua y las serpientes gigantes. Sirenas también, pero menos difundido, también lo que te contaba anteriormente acerca de que si el ñanco te da la espalda vas a tener mal camino son cuestiones bastante presentes. 

Además y también dentro de las creencias, siguen muy vigentes las medicinas naturales, los yuyos del campo para curarse, o la carne de puma. Dicen que, si comes carne de puma, después te agarra una enfermedad mortal y larga y tardás mucho tiempo, pasas por mucho sufrimiento para terminar de morir.

 

VIAJAR DE NOCHE

 

“En la pupila de un ave/ llega el sol a mi ventana.”
Omar Huenuqueo, “Alegría”

¿Qué es el espíritu para un mapuche?

Espíritu, püllu, es muy similar a la concepción occidental del término, nada más que los animales y las cosas como lagos y montañas también lo tienen, ahí igual sería más cercano a lo que es un newen. El espíritu de las personas está con ellas, pero viaja cuando dormimos. Por eso se les da tanta importancia a los sueños, porque son otros mundos y otros lugares en este mismo mundo que conocemos. Podés soñar con un lugar donde nunca estuviste, no lo conociste, pero ese lugar existe y lo conociste en sueños.

Maximilian Baeuchle. "Sueños imposibles"
Maximilian Baeuchle. “Sueños imposibles”

O soñar con gente que ya no está pero sus espíritus nos visitan y nos aconsejan o nos enseñan cómo hacer ciertas cosas o cómo actuar ante determinadas circunstancias. Mirá, en otro sueño que tuve, el mismo abuelo que me enseñó poesía me decía que iba a morir alguien muy importante. Yo pensé que iba a ser algún anciano. Menos de una semana después, lo mataron a Rafa Nawel.

¿Hay algún concepto de dios?, ¿y de lo sagrado?

Vuelvo a lo mismo, depende la comunidad. Hay comunidades que fueron más evangelizadas que otras y le hacen rogativas a futa chao (gran padre) o a ngenechen (el dueño de la gente o creador) o también a elchen chao (sería como el padre de todo, para darle una traducción). Pero esos son conceptos que se usaron como herramienta para evangelizar.

Por otro lado, tenemos elchen ñuque y elchen chao (la madre y el padre de todo, siempre se nombre primero a elchen ñuque). Y sí está presente la familia divina: la anciana y el anciano, la joven y el joven (kushepapay, fuxa chao, ullchazomo y wechewentru -siempre se nombra primero a la anciana-). En todo están los cuatro: en las montañas y en los lagos y en la wenumapu (cielo), en el wall mapu (tierra), en el sol, en el menuko, en el bosque. Cada uno tiene su anciana, su anciano, su mujer joven y su hombre joven y es lo que los conforma.
 

 HUÉRFANOS EN LUCHA

 

“Criaremos wakas y ovejas,/ sembraremos trigo/ junto a las palabras./ Secaremos changle/ junto a/ los miedos./ En otros valles,/ en otras tierras./ Nuestros hijos/ buscarán el voki,/ trenzarán nuevos sueños.”
Maribel Mora 

¿Qué cosas se consensuan en comunidad y cuáles quedan en manos de decisiones individuales?

Lo que concierne a toda la comunidad se decide entre todos y lo que concierne a uno mismo lo decide uno mismo. Nadie puede tomar una decisión que afecte a todos por sí solo. En el territorio de la comunidad hay cuatro lof, que serían cuatro familias grandes (como clanes), formadas por varias familias. Cada lof está en un lugar diferente y hay límites entre nosotros mismos. Cada lof, en su territorio, hace lo que se decide entre todos y buscarán la forma más conveniente para decidirlo. En el territorio de mi familia, la última palabra la tiene mi abuela en relación a la parte que no se perdió nunca. Y en relación a la parte de territorio que se recuperó (estamos en litigio hace unos años) la última palabra la tiene mi mamá. Después, hay decisiones que abarcan a las 4 lof y ahí sí nos juntamos, por lo menos uno de cada familia, a decidir qué hacer.

Este número de El Anartista trata sobre la orfandad. ¿De qué se sienten huérfanos?

Creo que quedamos huérfanos de nuestra propia historia, nos la arrebataron y es una lucha constante recuperarla. Estamos huérfanos de identidad: cuando nos robaron la historia, nos robaron nuestra propia identidad y nuestro orgullo. El pueblo mapuche es muy grande y somos muchísimos, pero hoy en día no somos tantos quienes nos reconocemos como tales y nos afirmamos como mapuche recuperando nuestras ceremonias, nuestra historia, nuestra cultura.

En los barrios de Bariloche, en los barrios pobres, la gran mayoría son mapuche, pero no muchos se reconocen indígenas. Y todavía son menos quienes, reconociéndose, vayan a los kamarukos. Es una lucha de todos los días volver a despertar un poquito el espíritu de lucha que vive en ellos. Y ahora, con este gobierno asesino, menos que menos.

Comunidad “las Huaytekas”
Comunidad “las Huaytekas”




HUÉRFANOS TEMPORARIOS, NUNCA VENCIDOS

La orfandad: Sobre la saga “Harry Potter” de J. K. Rowling.

Por Milena Penstop

 

UNA LECHUZA INSISTENTE

Voy a hablarles de la historia de Harry Potter. Él, al igual que sus padres, era un mago, aunque lo supo recién a los once años. ¿Cómo es que tardó tanto tiempo? Bueno, resulta que la infancia de Harry no fue nada fácil. Para empezar, cuando él tenía un año, Voldemort, uno de los magos más poderosos y tenebrosos de la historia, mató a sus padres la noche de Halloween de 1981. Para seguir, Harry quedó bajo la tutela de sus tíos, quienes odiaban la magia y todo lo relacionado con ella, hasta el punto de odiar a Harry. Así que creció en a puro desprecio, en todo momento y en todo lugar. Trataba de tener amigos pero su primo, un chico de contextura muy grande, amenazaba a cualquiera que se le acercara, para lograr hacerle la vida imposible. Aunque Harry se fe acostumbrando a estar solo, siempre sentía un poco de tristeza al pensar en cómo habría sido su vida con una familia real, con padres que lo quisieran, amigos, e incluso hermanos.

Asesinato de la madre de Harry.
Asesinato de la madre de Harry.

Un día Harry recibió una carta de patitas de una lechuza. Harry no sabía que él era hijo de magos, pero en Hogwarts –la escuela de magia- sí sabían que él era heredero de magos. La carta informaba que el “descendiente” había sido aceptado en esa escuela. Cuando sus tíos vieron esa carta se la sacaron sin darle explicaciones y la destrozaron. Pero ni la carta ni la lechuza se amedrentaron. Los días posteriores, las cartas comenzaron a llegar en cantidad. Nadie se quedaba inmóvil en Hogwarts cuando una notificación de ingreso a la escuela no recibía respuesta. Luego de muchos intentos por deshacerse de las cartas, sus tíos agravaron la situación. Los llevaron a él y a su primo a un lugar lejano de donde vivían. ¡A ver si la distancia y el tiempo cansaban a la lechucita insistente!

 

ESTA NOCHE TE HACÉS HÉROE

La noche en que llegaron a la casa, en una isla donde los tíos dejaron a Harry y a su primo, un semi-gigante llamado Hagrid entró a la fuerza, a grito pelado que reclamaba por Harry. Hagrid le devolvió a nuestro huérfano la historia de sus verdaderos orígenes: ese era el relato que contenía la carta tan perseguida por sus “parientes”. Así se entero cómo habían muerto sus padres y también que él mismo era un mago.

Harry su familia, un deseo.
Harry, su familia, un deseo.

Desde ese día Harry fue adentrándose cada vez más en el mundo de la magia, hizo muchos amigos y aprendió muchos trucos hasta que, en su último año en la escuela de magia, partió en un viaje con sus dos mejores amigos para vencer al asesino de sus padres, de su padrino, del director Dumbledore -quien siempre lo había ayudado- y también el responsable de la muerte de muchas de las personas por las que Harry sentía tenía mucho cariño. A pesar de no haber crecido de la mejor manera, Harry, libre de resentimientos, terminó convirtiéndose en el héroe del mundo mágico.

 

CINDERELLA POTTER

Como dije antes, Harry no llevó una vida muy buena los once primeros años. Pero al recuperar su historia, también se hizo con unos cuántos manguitos, al descubrir que sus padres le habían dejado una herencia considerablemente grande. ¿Por qué cosa curiosa necesitó la autora de este libro hacer que su héroe viniera de la clase alta? ¡Vaya uno a saber! Lo cierto es que la magia sacó a Harry de la miseria de una vida llena de mentiras y secretos. Y la herencia lo sacó de cualquier posible miseria material. Por eso la historia de Harry me recuerda el caso de “La Cenicienta”, quien perdió a sus padres cuando era chica y fue obligada a vivir con su madrastra y hermanastras, despreciadoras profesionales, que odiaban a Cenicienta por su gran belleza. Ahora, claro, en el caso de Harry dijimos que podía hacer magia. Bueno, la Cenicienta no podía hacer magia pero, gracias a su hada madrina, pudo asistir al baile con un gran aspecto -aparte de su belleza natural-, conquistar al príncipe, casarse con él y terminar siendo una mujer rica y apoderada.

Mirá vos lo similares que pueden ser algunas historias de ficción donde se toca el tema de la orfandad. Tampoco quiere decir que estas historias sean malas, de hecho, a mí me encanta Harry Potter, y la Cenicienta fue una película que vi mucho de chica. Solo digo que, en historias muy conocidas por gente de todas las edades, se resuelven situaciones muy graves -como las que atraviesa un huérfano- de maneras maravillosas. Lamentablemente, no sucede lo mismo  en la realidad. Ni hablar de que no podemos resolver nada con magia, porque la lechucita no nos ha elegido para hacernos llegar la carta. Pero, aparte de la imposibilidad de resolver la vida con trucos, los huérfanos de este mundo, en general, no son herederos de fortunas. Con suerte, con mucha suerte, pueden llegar a tener una familia que los quiera y los eduque. La orfandad debe ser una soledad horrible pero, como en todo, no es lo mismo quedar huérfano pobre que quedar huérfano rico.

 

HUÉRFANOS CARA Y CECA

Ahora, bien. Harry no es el único huérfano de la saga Harry Potter. El otro es el mismísimo Voldemort. Antes de auto-llamarse ”Lord Voldemort”, el malvado se hacía llamar como lo había nombrado su madre en honor a su padre, Tom Ryddle.

Voldemort y Harry adolescentes.
Voldemort y Harry adolescentes.

Tom fue concebido por efecto de una poción de amor que  su madre había dado a su padre. Él creía que, por eso no tenía la capacidad de amar. Abandono por su padre incluso antes de su nacimiento y muerta su madre, al poco tiempo de haber llegado a este mundo por la depresión que le causó el abandono de su marido, Voldemort creció en un orfanato. A ese orfanato no llegó ninguna lechucita. Sí llegó, quien en ese momento era profesor de Hogwarts, Albus Dumbledore. Igual que a Harry, a Voldemort le llegó el momento de conocer su destino: también él era un mago. Desde que lo supo, no pudo más que pensar en tomar venganza. Con un conocimiento ya muy avanzado de las artes oscuras, dividió su alma en seis para así ser inmortal. Con el transcurso del tiempo, adquirió más y más poder hasta convertirse en uno de los magos más poderosos y temibles de la historia. Mientras esto ocurría, reunió un ejército a cuyos miembros hacía llamar mortífagos. Los mortífagos lo seguían en su tarea de “limpiar” el mundo mágico. Es decir: lograr que sólo hubiera magos de “sangre pura”. Voldemort estaba obsesionado con la pureza de la sangre: sólo quería magos que  descendieran de varias generaciones de familias en las que solo había magos. Si algo detestaba era a los magos hijos de muggles -gente sin magia o sangres sucias para ellos-, a los magos “mestizos” -uno de sus padres es muggle y el otro es mago- y también a los “traidores a la sangre”, a quienes les daba igual su tipo de sangre y se juntaban con cualquiera. En el caso de los padres de Harry, su padre era un “traidor a la sangre”, y su madre era una “sangre sucia, hija de muggles”, por lo que estaban en la lista negra que tenía Voldemort: había que matarlos. Sangre pura, como querían los nazis, por eso mataban a los judíos, a los gitanos, a los homosexuales. Por eso mataron a toda la familia de mi abuelo y de mi abuela patena.

Y como la traición no falta nunca en las historias de poder, a pesar de  toda la protección con que se intentó cubrir a los padres de Harry, un “amigo” los entregó. El 31 de octubre de 1981 los padres de Harry murieron a manos de Voldemort y dejaron así huérfano a un niño de un año.

 

VOLDEMORTS AUTÓCTONOS

Una última cosita: como dije antes, la reacción de Voldemort, al hecho de haber sido abandonado y a su orfandad, fue comenzar a hacer mierda el mundo, algo que pasa acá en Argentina con el presidente Mauricio Macri. La diferencia entre ellos es que Macri no fue huérfano, creció con muchos lujos, e igualmente está haciendo mierda este país al quitarnos derechos, bienestar y la ilusión de seguir en el camino de conquistar una mejor vida para todos. Ahora tenemos que ocuparnos de ver cómo volver a conseguir lo que ya teníamos, lo que él deshizo en tan poco tiempo, sólo para favorecer a la clase más alta. Nos dejó huérfanos de muchas conquistas, pero no resentidos, pero no vencidos. A Voldemort lo derrotó Harry, el héroe del mundo mágico, pero acá los héroes debemos ser nosotros y no a esperar que venga alguien más a hacerlo.

No dejemos que haya más Voldemorts en este mundo.

Luchemos por nuestros derechos y nuestra libertad.

Voldemort divide su alma.
Voldemort divide su alma.

 




CONTRA NADIE

La orfandad: Entrevista y nota sobre el partido de fútbol entre Chile – URSS, 1973.

Por Nicolás Estanislao

 

El “Chino” o “El rey del metro cuadrado” fue uno de los grandes referentes de la historia de fútbol Chileno. Habilidoso, veloz de movimientos, salvaje goleador. Ganador serial de títulos, hombre récord. A fuerza de goles, coraje y carisma, desafió a todo régimen. Como delantero, fue un tenaz defensor de sus ideas, colores y banderas.

¿Cómo fueron cambiando tus lecturas de ese partido con el tiempo?

 ¿Mis lecturas con el tiempo? Siempre tienen que ver con que nos hicieron hacer partícipes del teatro de lo absurdo, nos hicieron jugar un partido avalado por la FIFA, en un campo de concentración, en donde se denigró, humilló, torturó y violó los derechos humanos de muchos ciudadanos y amigos cercanos. Entre ellos, el periodista deportivo Vladimiro Mímica y el jugador Hugo Lepe, mundialista de 1962.

¿Qué sentiste al salir a jugar un partido sin rival?

Vergüenza, incertidumbre, me pregunté si era necesario.

¿El contexto político les daba más miedo que indignación o al revés?

Mucho miedo, yo nunca he sido de tomar armas. Me asusta ver armas, creo en el diálogo, en la expresión libre de ideas, en una convivencia sin violencia. También sentí indignación por la ruptura través de la vía armada de un gobierno democráticamente elegido por el pueblo: un golpe de estado no es la vía correcta 


¿En algún momento pensaste en no salir?

Dudé, si bien era consciente de que estábamos haciendo el ridículo a nivel mundial, salí igual, ya que las selecciones juegan por la gente y no por el Presidente de turno, en este caso, ¡DICTADOR!

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¿Qué se dijeron -si se dijeron algo- en el vestuario antes y después del partido?

Nunca hablamos de eso, los que estaban jugando en Chile, por miedo, y los que venían  de afuera, por no compartir los ideales del Presidente Salvador Allende. Fuimos muy pocos los que nos atrevimos a alzar la voz.

¿Cuándo comenzaste a hablar libremente sobre este el tema?

Libremente, siempre. Y ya se hizo público desde los años 90, cuando vuelve la pseudo-democracia, ya que antes siempre fui censurado.

 ¿Podrías pensar alguna cuestión tan absurda como ésta en el fútbol contemporáneo?

Sí, la FIFA se ha encargado de avalar muchas situaciones anómalas, como la nuestra del partido con URSS, algunas sucedieron durante guerra de los Balcanes y otras durante conflictos armados en África.

Hace un par de años grabamos junto a Eric Cantona un documental que se llamó:

 “LOS REBELDES DEL FÚTBOL“ trató sobre estos temas fútbol/política/golpes de estado. En ese documental participé junto a otros grandes jugadores, como Sócrates (Brasil) Didier Drogba (Costa de Marfil) Makloufi (Argelia) Pasick (Bosnia). Lo pasamos por muchas ciudades de Europa, algunas de Sudamérica, pero curiosamente acá en Chile y Argentina lo  vetaron.

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¿Cuáles son las lacras del fútbol actual?

El fútbol negocio, los dirigentes que solo quieren figurar, los que están por retribución y no por convicción, los que no entienden el fútbol como un deporte de integración social, como una herramienta de cultura y pasión.

 ¿Cómo creer en el fútbol profesional?

Los futbolistas siempre lo hemos sido, el problema es la clase dirigencial, esto es como la política, la política en sí es muy bonita, el problema son los políticos.

 

¿Nunca pensaste en escribir acerca de este episodio?

Escribí un libro de cuentos mezclado con vivencias, pero sobre esto no escribí. Esta vivencia la cuento en las charlas que doy por todo Chile y en distintos países que he sido invitado (universidades, colegios). Es necesario contar estas historias para que nunca más vuelvan a ocurrir.

¿Alguna vez te sentiste solo con la carga de estos recuerdos?

Estos recuerdos viven a diario en mi memoria y trato de contarlo cada vez que me preguntan. De esta manera, evitamos que las nuevas generaciones cometan los mismos errores y nefastos horrores.

***

Saludos a todos los amigos del Anartista, espero alguna vez compartir con ustedes en persona todas estas vivencias.
Un abrazo fraterno y el mejor de los éxitos con este número y con los que vendrán.     

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Carlos Humberto Caszely Garrido.

AL FONDO DE LA RED

 


El partido más triste de la historia

21 Noviembre 

“En 1973, Chile era un país prisionero de la dictadura
militar, y el Estadio Nacional se había convertido en campo
de concentración y en cámara de torturas.

La selección chilena iba a disputar, contra la Unión
Soviética, un partido decisivo para clasificar a la Copa del Mundo.

La dictadura de Pinochet decidió que el partido debía
disputarse en el Estadio Nacional, sí o sí.

Los presos que el estadio encerraba fueron trasladados de
apuro y las máximas autoridades del fútbol mundial
inspeccionaron la cancha, césped impecable, y dieron su bendición.

La selección soviética se negó a jugar.
Asistieron dieciocho mil entusiastas, que pagaron entrada y
ovacionaron el gol que Francisco Valdés metió en el arco vacío.

La selección chilena jugó contra nadie.”

Fragmento de “Cerrado por fútbol”, Eduardo Galeano

 

El fútbol es una parte de la realidad, la historia oficial popular en la memoria colectiva.  En cada una de las tribunas, se comparten euforias y tristezas con conocidos, desconocidos, aparecidos que quizás nunca se conozcan, pero con quienes se logra, de manera fugaz, una profunda comunión en la pasión de cada sábado por la tarde.

El juego se propone como un sistema de signos que codifica experiencias y significados. Permite leer desde ese lugar el propio lenguaje de la vida. Así, habilita relatos, con eje en el hombre y en sus alrededores. De ese modo, se hace literatura.

Y también, de ese modo, en noviembre de este año se cumplirán 45 años de aquel “partido”, partido a la mitad, donde la selección chilena jugó contra nadie. Si nadie. No hubo ataque, ni defensa, ni centros, ni caños. Mucho menos, gambetas. Solo un gol insolente y sin festejo, una victoria sin gloria.

La historia, siempre revoltosa, marcaba que la vieja Unión Soviética debía jugar contra “la roja” por el repechaje. Ese partido daría el último lugar para completar el cuadro mundial de Alemania ´74. En el medio, el infierno: golpe de estado a manos de Augusto José Ramón Pinochet Ugarte, el servicio de inteligencia yanqui, denuncias del Kremlin y un partido que nunca se jugó.

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Atrincherado, murió el presidente socialista Salvador Allende a manos de militares.  Quedó un país sumergido en detenciones, desapariciones y muertes. La sangre cubría las calles de un convulsionado país. Los disparos, y las detenciones no detuvieron la organización del siniestro partido que nunca se jugó.  Algo así  jamás había sucedido. En el Estadio Nacional de Chile, en el barrio de Ñuñoa, se montó un inesperado, pero no menos nefasto, centro de detención clandestino de personas. El fútbol se manchaba de sangre como nunca. Las paredes del Estadio Nacional transpiraban frío, gritos de dolor, soledad y desesperación por cada uno de los oscuros pasillos internos. La derrota, presente por goleada.

 

TESTIMONIOS A UN TOQUE  – ESTADIO DE SITIO

Gregorio Mena Barrales era gobernador de la localidad de Puente Alto –vecina a Santiago– por el Partido socialista, cuando fue detenido y trasladado al Estadio. Años después él relató: “Todos los días dejaban libres a veinte, cincuenta personas (…) Los llamaban por los altavoces. Los encuestaban. Les obligaban a firmar un documento declarando ‘no haber recibido malos tratos en el Estadio’ (aunque algunos aún lucieran muestras de las torturas y los golpes). Todos firmaban, era el precio que había que pagar. Muchos volvieron a caer (nadie es libre en una dictadura y menos, en una como la chilena). La mayoría de ellos se incorporaba a la lucha clandestina. Todos esperábamos oír nuestro nombre alguna vez en las ‘Listas de Libertad’, era lógico y legítimo. No éramos culpables de otra cosa que la de ser defensores de legitimidad constitucional. Sin embargo, cerca de mil quinientos nunca fuimos llamados. Con el correr de los días, las graderías se fueron despoblando: muchos libres, otros asesinados en las noches y un par de suicidas…”.

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Cuando los detenidos llegaban el Estadio Nacional, eran trasladados a las escotillas, pasillos oscuros que daban al recinto, donde se apretujaban 200 a 300 personas que buscaban pasar el hambre y protegerse del frío. También los camarines, espacios externos y duchas fueron utilizados como territorios para cualquier tipo de vejámenes, torturas y detenciones. Otro de los camarines fue conocido como “el callejón de la muerte” por las brutales torturas que ahí se infligían a los detenidos.

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La salvaje dictadura también se llevaba, respectivamente por asesinato y por desgaste, a Víctor Jara y a Pablo Neruda. El fútbol parecía lo de menos por entonces. Una selección chilena conducida por Luis Álamos debía enfrentar a su par soviética, selección de un país, que había sido aliado hasta pocos meses antes del golpe.

UNIÓN RECONTRA POPULAR

Quiero mencionar un par de cosas sobre dos aspectos deportivos y sociales íntimamente ligados. Una es sobre el Colo Colo del ´73, un equipo que, más allá de sus enormes virtudes futbolísticas, fue una expresión real de lo popular, en el contexto de los conflictos internos que azotaban al país. Este equipo convocaba verdaderas multitudes. El cuadro albo también paralizaba al país, pero para hacerlo hablar, cantar y bailar en el sentido estrictamente feliz de los términos.

Ese clima de ebullición popular no pasó desapercibido, los militares asesorados por la CIA, deseosos allá y acá de concretar cuanto antes el golpe contra Allende. Una prueba para  comprender qué generaba aquel equipo, cuál era su enraizamiento en núcleos importantes de la sociedad chilena y  qué tensaba más allá del fútbol la da el periodista Luis Urrutia ´O Nell, en su libro: “Colo Colo 1973, el equipo que retrasó el golpe”

“Si Colo Colo no hubiese andado tan bien en la Copa Libertadores, convocando 80 mil personas tan frecuentemente, el golpe se hubiese producido antes. Los asesores estadounidenses que percibieron toda esta efervescencia popular como un escollo para una intervención militar, desde un punto de vista estratégico, pensaron que era mejor esperar un mejor momento. Colo Colo pierde la copa la primera semana de junio y tres semanas después se produce el “Tancazo”. En agosto, Colo Colo se viste de rojo y pasa a ser la Selección, con 10 jugadores titulares en el equipo, para definir con Perú la clasificación al Mundial de Alemania. Chile elimina a Perú y un mes después se produce el golpe

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                                                    “El fútbol es el reino de la lealtad ejercida al aire libre”                                                                          (Gramsci)

 

CÓMO RUEDAN LAS PALABRAS

La pelota deambula huérfana de caricias, absorta, a puros golpes, se sufre un golpe afuera, también adentro. La mortifican con el desencanto profundo del mal pase. Ella lo siente, no entiende ese juego. Para el absurdo no hay límite. Sin concesiones, ella gira cargada de penas entre todos. Entra en juego esa “ilusión”, estimulo visual sustitutivo que busca reemplazar la experiencia real de jugar fútbol.

En resumidas cuentas: no se quería jugar, se quería creer que se jugaba. Y, desde el fútbol, se buscó salir de esa zona de penurias deliberadas con pases vacíos de razón, de juego, de astucia, de gracia y de alegría.

La libertad y espontaneidad con la que se juega, entra dentro del marco de un conjunto de reglas preestablecidas, al punto que la transgresión de esas se supone el final del propio juego. Y así fue como quisieron pasar por alto, o para bajo, pero de manera vil, que la “redonda” sea sinónimo de libertad, de familia, construye siempre ligadura en cada una de las vueltas que pega. Cuando no existe testimonio de esa bella danza que se desparrama coqueta sobre el mundo, cuando no hay tensión, no hay adversarios, no hay vida. Definitivamente, es un partido muerto, con arco sin arquero, con pases huérfanos, al vacío. Un vacío  doliente. Vacíos de vida. Como ese gol huérfano que nadie gritó ni gritará nunca, esa inexorable pulsión de vida, se derrama, muere. Desligada la situación del gol, el fútbol es también una alegría en llaga.

Y, sin embargo… lo que se calla es el relato testigo, el que justamente había que resguardar, por razones de moral, de espíritu deportivo, de amor incondicional, mas allá de que perteneciera a su espacio intimo.

Y desde su posición privilegiada –la pelota– en un pie a pie sin sentido, como reflejo de una ciudad sitiada donde el silencio convivía con las palabras a medias, el rumor, las mentiras, los gritos callados de gol, todo se convirtió en el terror más grande de los últimos tiempos.

 

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         “Nos buscamos en la felicidad pero nos encontramos en la desgracia” 

(Henri Bataille)

 

NUNCA MÁS

image006Tras una larga lucha, encabezada por distintas organizaciones de derechos humanos, especialmente por el Regional Metropolitano de ex Prisioneras y Prisioneros Políticos, el estadio nacional fue declarado Monumento Histórico el 20 de octubre del 2003. El monumento incluía  siete sitios de protección especial para recordar lo sucedido. En el año 2010 se readecuó el recinto y  quedó un pequeño sector con graderías antiguas, el memorial “Escotilla 8”, cercado y demarcado y  visible para quienes están cerca del sector, pues en ese lugar nadie puede sentarse.

Existen además otros seis espacios de memoria al interior del estadio: el memorial acceso Grecia, Camarín norte piscina, Camarín Nº 3, Memorial puerta oriente, Camino de la memoria, Caracolas y Túnel  http://www.estadionacionalmemorianacional.cl/

 

 Memoria

 

Video del Gol más triste de la historia:

https://www.youtube.com/watch?v=ZEw__sGI4zk

La Selección chilena participó en el Mundial de Alemania `74 y se despidió sin ganar ningún partido. Tampoco consiguió victorias en sus dos participaciones siguientes, España ’82 y Francia ’98. Y ahora, en el próximo Rusia 2018, paradójicamente y como una gambeta incierta del destino, tampoco será partícipe de la fiesta.




MILHOJAS DE SIMULACIONES

La orfandad: Sobre “Sudores de niña virgen”.

Por Julieta Strasberg y Gabriela Stoppelman

 

SUDORES AFICHE

EL SUCESO DE LA FALTA

¿Alguna vez han visto a un aplauso retirarse, renunciar al final de la puesta, dejar en su lugar un hueco donde reverbera el contorno de uno, de tantos cadáveres? ¿Alguna vez han sentido el titilar de un reflector, su eclipse sobre las miradas de los espectadores, su imperativo: vuélvase hacia usted mismo, abandone esta sala por un instante, sólo regrese cuando pueda atisbar el contorno de algunas ausencias?

Eso sucede en la puesta en escena de “Sudores de niña virgen”, de Darío Bonheur. En un tiempo plagado de narcisismos engordados con medios hegemónicos y altisonancias de todo tipo, María Nydia Ursi Ducó, Paloma Santos y Julio Pallares salen de escena con los últimos ecos del texto.

Cuando las luces de la sala se prenden, el vacío en el escenario todavía es patente. Algunas miradas se inquietan, reclaman el tradicional saludo a los actores. Otras buscan consuelo, alguna voltereta de la ficción, algún rescate de último momento -como quien dice-, sobre los títulos, para revivir a ese personaje triturado por la trata. Pero nada sucede allí más que lo que falta.

ENSAYO CON GENERAL

ballet-dark-3189782_960_720Bonheur y Ursi Ducó, los directores, aprietan el texto hasta un borde. Tal vez allí, en esa cornisa estrecha, es donde siempre aparece lo teatral. Porque los cuerpos hacen equilibrio, caen, se abisman, se vuelven palabra. Un gesto, una insinuación, una luz bastan. Lo que vemos, ¿es un ensayo teatral? ¿Acaso un exhibición de danza? ¿O un juego? Un director y su asistente montan una escena que se transforma a lo largo de la obra: entre juego y juego, se sugiere en escena la imaginería del prostíbulo, la madama y el cafishio. Así, superpuestos en la angostura, los mundos se pisan, se enredan, se desploman, se imbrincan. Sin embargo, montar una escena no es hacer teatro. ¿Cuántas manifestaciones de nuestras vidas montan una escena sin fundar realidad?, ¿cuántas lo hacen sin poner en jaque el prestigioso modelo de la enceguecida vigilia?

Sin embargo, para poder mirar primero hay que nombrar qué se ve: una niña baila al compás del director. Baila descalza, pero no logra hacer pie en sus meneos. Los brazos parecen pender del torso. Algo en las articulaciones la emparenta con una muñequita de caja de música, siempre en el ocaso de la cuerda, siempre desvaneciéndose.

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Mientras la niña muestra, intenta, se prueba el movimiento en su cuerpo y no termina de hallar el talle, hay otra que le acomoda el pelo, la asiste. Disciplinadamente tierna, la otra es una máscara sin fisuras. Como todo rostro de una pieza, repite y repite la urgencia de sus labores hasta devenir de madre en madama, hasta agotar la raíz de la palabra y dejarla a puro desvientre. Del ensayo de teatro solo queda una puesta en escena. Simulación, no simulacro. Dice Gilles Deleuze que el simulacro puede pensarse como aquella copia que se ha alejado tanto del original, que ya en nada se le parece. Así, el simulacro es a la vez el hijo más libre de  herencia y el punto culminante de un parricidio. No hay modelos a seguir, hay que fundar el tiempo, presentarlo otra vez, como en los primeros gateos del mundo. Lejos de Don Deleuze, anda la simulación. La muy pretenciosa cree en la capacidad reproductiva de los espejos, cree que la  escena más lograda es aquella que mejor imita al original. “Sudores de niña virgen” monta el simulacro para denunciar la simulación. Todo se disfraza de ensayo. Todo es un ensayo perpetuo: sudores, devaneos de niña que nunca saldrá a escena, siempre relegada a las alcobas de la clandestinidad.

¿Y qué, de la vida? Ay, Don Deleuze, hacemos lo que podemos: a veces simulacreamos y a veces simulamos. A veces alguien te pasa letra, te quiere obligar a esa letra, mientras los lacayos sirven pociones con esencias de leches maternizadas. La propia letra se pasa de punto. entreverada en el guiso de los otros. Y otras veces -tan pocas, entre tantas veces- te sacás del fuego, magullada y casi del todo disuelta en jugos sin nutrientes. Y repetís como un mantra: “Todo el mundo es un escenario y nosotros somos los actores”, como decía Shakespeare. Ahí, al borde del fraseo, nace tu propia letra. Para la niña, en cambio, no habrá chance ni de un trazo de un deseo aliado a su nombre. Todo será un girar sin danza, un danzar sin vuelta y sin retorno. La caída de un texto en el completo silencio.

IN- JUGADOS

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La obra entera se pretende juego. Y, si vamos a jugar, lo haremos desde la base. Si logramos que el adversario no tenga donde pararse, si logramos dejarlo a pata, lo habremos vencido. Así, el director toma un zapatito celeste y, mordazmente risueño, desafía a la niña mientras se lo arroja a la otra actriz.

“¿Y Maribel qué quiere hacer?”.

Ellos se juegan los restos de infancia de la niña: ella se aferra a sus zapatitos. Sabe que la desnudez completa del pie puede ser el fin. Pero aun si lograse retenerlo, ¿cómo sobreviviría, así, tan impar? Ella es con su zapatito. Y, como el calzado,  tan solita, está perdida.

Los celestitos, esos quiero,

los más lindos,

los que me regalaste aquel día, madre.

Celestitos, celestitos… Esos quiero.

¿Dónde están mis zapatitos?

¿Dónde están madre,

por Dios, qué haré?”

 Sudores de niña virgenAlgo ciela en el color del zapato, aunque al tono no le alcanza el matiz para llegar a firmamento. “¿Así que la niñita pretende seguir jugando?”, pregunta el director. Y, entonces, el juego se acaba y una orfandad sin alivio  consterna los cuerpos y se alía con las voces de las madres huérfanas de hijas secuestradas. Allí no hay lugar más que para tácticas y estrategias entre la madama y el horror. Aquí todo se desjuega hacia la frontera marcial de la manipulación:

“Regla número uno, el silencio siempre ayuda,

Regla número dos, las preguntas no

Regla número tres, todo empieza otra vez”. 

 

LOS DARK INGALLS

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Mamá, papá y la nena. O la obscenidad de la pura ley sin filiación posible. Los personajes incumplen una función paterna – materna, para borrar un origen, para sustraer una identidad: “basta con tu padre, tu padre te abandonó”. Si no tenés padre o madre, solo te queda “nosotros”.  Hijos robados por las tutelas del vacío, ventanas ausentes que no dan a ninguna fuga. Reclamos sordos rebotan entre las paredes sin fin de un cuarto sin dirección:

Por favor, Papá, vení a buscarme”

Su padre se fugó en un barco”, repica el monstruoso director. “Papá, papá” como un Job de prostíbulo, se repite el bíblico reclamo: ¿por qué me abandonaste? Y sólo ausencias,  a modo de toda respuesta.

En la siguiente escena Maribel está muy enferma, con fiebre, ha pasado algún tiempo. Está en el piso, permanece en posición fetal. La Madama que no desconoce la situación y el estado de la chica se acerca, casi en tono contemplativo, maternal, acercándole calma, silencio.”

Todo el trabajo del diseño de escenografía y de vestuario de la obra, de Alejandro Mateo, destaca la ausencia y la orfandad en una apretada síntesis de elementos simbólicos: la tela celeste, la pila de zapatos, el escenario despojado y la obscena elegancia de vestuario en medio del horror. La iluminación, justa y acotada, tensa la escena y oprime. Una creación de Lucas Orchessi.

DESCORDADOS

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“¿Todavía buscás tus zapatitos celestes?”

La montaña de zapatos (¿te acordás del despojo, del espectro del pie en la horma contraída por el tiempo sin pasos?,¿te acordás de Auschwitz?). Zapatos arrastrados, una maraña de zapatos fracturados de su andar, tacos sin la elegancia de mujeres por tanto tiempo ausentes, mujeres que aún fantasmean sobre las plantillas expuestas a un cielo sin clemencia. La niña se acuesta sobre esos fantasmas. Hace familia con todas quienes la han precedido en esa muerte descalza. ¿Cuántas? ¿Quiénes? ¿Cuándo? Ausencias arrojadas a la cara del espectador.

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(¿Te acordás de los zapatos al borde del río Danubio, donde las tropas nazis fusilaban y arrojaban muertes descalzas al río?, ¿te acordás de Cromañón, ese pendular descabezado de zapatillas huérfanas de cuerpos?, ¿te acordás?, ¿te acordás? ¡No es posible tanto desacuerdo!)

Giorgio Agamben (1998) afirma: “un ser que fuese radicalmente privado de toda identidad representable sería para el Estado absolutamente irrelevante. Esto es cuanto tiene que esconder, en nuestra cultura, el dogma hipócrita de la vida nuda y las vacuas declaraciones sobre los derechos del hombre“. ¿Qué derechos tienen esas mujeres? ¿Cuál es el derecho de Maribel, despojada aun de su más pequeña posesión? Ella, todas, arrojadas a una nuda vida son reducidas a un mero cuerpo biológico.

“Hermosa, mi niña hermosa,

Serás esta noche la novedad,

Serás la estrella y serás quimera”.

EN BUSCA DE  LO SAGRADO PERDIDO

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El Director declama: “He aquí Maribel, en una habitación, pequeña tal vez, aunque no demasiado, oscura tal vez, lo necesario”. Allí no hay nada de lo visible, todo se intuye o está insinuado. Sin embargo, las manos de la madama despliegan ventanas invisibles por donde asomarse sin salida. Por allí, se les habla a los fantasmas, a los ausentes. Ventanas sin marcos dan a ninguna calle. O zapatos sin cuerpos van a ningún camino. ¿Y contra quién van palabras? Contra el sonidista o el iluminador, o Dios mismo, al increar este desmundo.

O, de otro modo, por esas ventanas invisibles se asoman un despótico Dios y todas sus metáforas: las instituciones, la red de trata como comercio, la mujer como objeto, los medios de comunicación, nuestra miradas de espectadores quietos, inmóviles, testigos mudos de la tragedia.

No busques ya viejos zapatos,

cientos mejores compraré,

de mil colores,

los que quieras traeré.”

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Pero esta puesta no es sólo de ventanas invisibles, sino también de rincones. Allí se oculta, sin desaparecer, la madama. O se muestra y se expone detrás de una columna. O intenta mezclarse con los espectadores, una más en las gradas del público. Mujer al acecho: trama, maquina y se camufla. Un vestido rosa brillante le sofistica la silueta y un peinado recogido le esplendorea el rostro. Clase alta en lo más bajo de la ética. Ropas y coqueterías: otros escondites de mera entregadora.

La habitación repleta.

La ventana entreabierta.

Los sueños rotos.

Tiene todos los sueños rotos.

Tiene todos sus sueños rotos”.

 

CELESTE A MARES

Michael Jastremski. cielo

Celestitos, celestitos… Esos quiero”. Los zapatitos celestes son el cielo caído a los pies de una ausencia. Una tela muy celeste los continúa, es un velo que muestra y sugiere, un río donde ahogarse, un lecho, una mortaja donde la niña descansa y se prepara.

Basta de sueños tontos,

Basta de insensatez.

Ya he dicho, es medianoche

Y la cama sin tender”.

Como río, la tela se pliega en cursos sin destino. Todos los océanos se retiran. Se contraen en estertores todas las desembocaduras. Finalmente, queda el lecho seco, una orilla desaguada llena de cicatrices. Vida huérfana escurrida hacia las cloacas de la ciudad inversa, hacia su último vientre, bajo tierra.

“Descansa en paz, niña…”

Y todo vuelve a empezar…

Éste es el nuevo sistema de esclavitud del siglo XXI señores y señoras, sépanlo”.

REINA MATE

Poner en escena no es hacer teatro.

Ponen en escena los noticieros, cuando despliegan sin pudores su fábula blanca de pobreza conveniente y palabras devastadas.

Ponen en escena las propagandas, cuando el jabón baja espuma elimina sin dejar rastros de suciedades ausentes.

Ponen en escena los niños, cuando berrean sus caprichos o investigan el mundo sin pudores.

Ponen en escena los amantes desesperados, las astillas del abandono, los huérfanos de texto y de mundo. Todos ellos aún balbucean un buen día detrás de sus últimas hilachas de amanecer.

Ponen y sacan de escena quienes miran detrás de ventanas invisibles el tablero de los siempre esquivos trebejos. Intentan disciplinarlos con tacles a los peones o con jaques a la reina. Pero nunca consiguen la victoria completa. Porque, aparte de los ponedores en escena, siempre está el teatro. De ese lado está “Sudores de niña virgen”. Un placer doliente, para no perdérselo.

Esta obra conmueve cada viernes, a las 21 horas, en el Abasto Social Club (Yatay 666 – CABA) y fue declarada de interés por la Ratt Internacional.

Referencia: Agamben, G. (1998) Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida. Valencia: Pre–Textos.




DE LEJOS

La orfandad: Entrevista a Sergio Bizzio

Entrevista: Lourdes Landeira, Alicia Lapidus, Viviana García Arribas, Gabriela Stoppelman

Edición: Gabriela Stoppelman

 

                                    “A medida que fue descubriendo la casa por adentro, recordó sorprendido cuánto más chica de lo que era en realidad le había parecido mirándola desde afuera. Y no porque estuviera sobrecargada de muebles y de objetos, si no por la sencilla razón de que desde afuera podía abarcarla de un vistazo, algo que era imposible hacer desde adentro.”                                               “Rabia”

 

Te digo, a veces pasa al revés. Entrás, no importa dónde, y las cosas son mucho más amplias, más complicadas o más esquivas de lo imaginado. Pero, a ver. Cuando digo entrás, digo entrás con la mejor intención. Entrás para ver de cerca. Por ahí no te invitaron. Por ahí a los de adentro no les importa qué ni cómo mirás. Pero ese es tu oficio. Tu práctica. Le dirán teoría, sobreinterpretación, se fastidiarán,  podrán incluso preguntarse si era necesario dejarte la puerta abierta. No presupongas. No es lindo eso. Entrá nomás y leé. El espacio está lleno de nadas. Muy nutricias, muy de esas que te dan ganas de seguir con la lectura. No importa si los pies y el piso donde pisás no se corresponden demasiado entre sí. Mirá qué encontré: Nada otra vez. La segunda nada confirmó a la primera con el mismo impulso con que lo arrastraba a la siguiente (…) en una ciudad tan grande, al borde de la última nada.” O esta otra: “Me quedé pensando en eso. Pero qué difícil es pensar en un lugar donde no se mueve nada.” Y no va que te acostumbrás a las nadas, cuando comienzan las irrupciones: La noche me agarró de golpe al salir del monte. De hecho, miré hacia atrás y el monte conservaba todavía una buena dosis de luz, como si la hubiera embolsado.”  Y a las irrupciones siguen las interrupciones. Como si fuera poco, aparecen los tiempos que avanzan sin sumarte y te dejan lejos, muy lejos: Se quedó quieto, congelado en un presente que avanzaba sin llevarlo” “Por lo que el velo había caído sin borrar en su arrastre las semejanzas ni resaltar las diferencias. Podía decirse que el velo, más que caer, se había disuelto.” Vos seguí, no viniste acá a agradar, sino a leer, Sin duda, pensaba Tom, Saupol no era fruto del azar sino de un lector, de un único lector (un ser con labios y órganos internos) capaz de provocar una avalancha en la pendiente de la nada”.  Y, si te cruzan los fantasmas, dales charla: “el  fantasma quería ser fantasma. En cualquier lugar donde se hubiese ocultado, cada vez que Rosa trabajaba en la mansarda, él (religiosamente) le daba la espalda, como en un fengshui”. Puede pasar, sí. Entraste, pero aun así te sentís lejos: La isla entera ponía a cada instante en primer plano lo que sentía, o lo que no sentía; no había forma de escapar”. En eso, te inquieta un aleteo. Todavía hay pájaros que no aprendieron y caen fulminados.  No podés pedir permiso ni considerar una audacia entretejer  imágenes que, de un cuarto a otro, se reclaman punto cruz, punto atrás o hasta sueltan el punto.

Después, claro, en un momento salís, te vas. Ya estás lejos y el espacio te sigue en pregnancias, ecos.  ¡Pero, vamos!, te hiciste un lindo paseo, achicaste un poco ciertas distancias. Vení, arrimate más cerca y te cuento cómo anduvimos por algunos libros de Sergio Bizzio.

 

Dreamspace reloaded
Dreamspace reloaded

VOCALES

La entrevista a Sergio Bizzio se hizo por mail. Le enviamos preguntas y temas para conversar, en base a fragmentos de lecturas de sus libros. En el envío, los libros fueron identificados por colores.

Negro: Rabia

Rojo: Realidad

Verde: Diez  días en Re

Azul: El escritor comido

Naranja: Un amor para toda la vida

Violeta: Mi vida en Huel

 

¿Esta marca de los títulos de mis novelas con colores tiene por casualidad algo que ver con el poema “Vocales, de Rimbaud?

Rabia, negro; moscas zumbadoras en torno de lo hediondo y cruel.

Realidad, rojo; salivazo sangriento, risa de bellos labios en cólera.

Diez días en Re, verde; paz de las praderas, paz de las arrugas del sabio.

El escritor comido, azul; silencio atravesado por mundos, por ángeles.

Mi vida en Huel, violeta; ¡oh la Omega, violeta destello de sus ojos!

Los Elefantes - Salvador Dalí
Los Elefantes – Salvador Dalí

 

NADA PARA LEER

Se acostó en el agua y bebió y comió mirándose una herida recién descubierta por encima del ombligo. No le dolía; era un tajo (ya seco) de cinco centímetros de largo, en forma de boomerang, rodeado de pelos.”

“El escritor comido”

 

De “El escritor comido”: “Su nariz había desaparecido casi por completo, pero su olfato se había agudizado. La frente era un mapa de cicatrices en el que su perspicacia latía con la fuerza de una red de contactos internacionales de primer nivel. Sus labios, más rosados ahora que eran insensibles, se abrían sólo para dar en el clavo” ¿Se pueden leer las heridas y las cicatrices?

No, no hay ninguna posibilidad de leer cicatrices y heridas. Son cicatrices y heridas, no metáforas, y más que nada imágenes. Ustedes lo subrayan: “Un tajo ya seco de cinco centímetros de largo, en forma de boomerang, rodeado de pelos”. ¿No es hermoso? Yo creo que sí, y un poco repugnante también. Un paisaje mudo en miniatura.

En “El escritor comido” hay rostros implantados sobre rostros antes heridos. ¿Cuál es la relación del injerto con la cicatriz?

Si no recuerdo mal, la amante de Mauro Saupol, el protagonista de “El escritor comido”, tiene un accidente de auto, sale despedida por el parabrisas y se queda sin cara después de arrastrarla por el pavimento. Saupol le paga una operación de reconstrucción. Acá la relación del injerto con la cicatriz es puramente estética. Pero Saupol, que además de ser un caradura también ha perdido la cara, en su caso por las dentelladas que le dieron unos caníbales de los que fue prisionero, se somete a un trasplante completo. ¿Quién que haya

 Wall, Zoltan Toth
Wall, Zoltan Toth

tenido la desgracia de perder la cara no querría recuperarla, o ponerse otra? Ahí hace su aparición el doble sentido, porque Saupol nunca quiso ser el que es. A Saupol lo único que le importa es cómo lo ven. No le importa su obra, sino la imagen de sí mismo que su obra proyecta en los demás. No hay un accidente que lo impulse en una sola dirección, como a su amante. Hay zigzagueos conscientes a un lado y a otro a fin de recoger en el camino cualquier cosa que lo haga parecer mejor de lo que es. Como escritor, está dispuesto a cualquier  “injerto” con tal de gustar.

 

MIRÁ VOS

              “Mirá vos lo que puede hacer un paraguas –comentó uno en voz baja. –No, qué paraguas; fue el chiste –le  contestó el otro–. Hay que saber a quién cargás. Este María sin paraguas es peligroso igual. Tengo siempre presente algo que decía Epicteto… ¿Sabés quién es Epicteto?”

“Rabia”

En el habla de tus personajes  recurre  la palabra inoportuna, desubicada, que no toma en cuenta al interlocutor, ¿en la palabra escrita (el lector puede ser cualquiera) esto se salva?

Sí, a veces los personajes dicen cosas inoportunas y desubicadas. A mí eso no me molesta en lo más mínimo, al contrario.

¿Y el  malentendido?: “No quise decir… –dijo. Rosa se dio vuelta y lo miró. Lo miró seria, callada. –Que no quise… –repitió José María. A veces le daba mucho trabajo hacerse entender”

Es un arte de lo habitual. ¿Dónde no hay malentendido?

 

HABLAR DE NADA

 “Escuchaba con toda claridad el tic tac de mi mente en blanco”

                                                                 “Mi vida en Huel”

 

Denis Olivier
Denis Olivier

Otra cosa que nos llamó mucho la atención, es la referencia frecuente a “voces” que no se escuchan o entienden, que son simplemente sonidos, susurros, gruñidos, risas, formas sin contenidos verbales. ¿Qué potencia encontrás en esos lenguajes no verbales?

Ninguna en particular. Como vos decís, son simplemente sonidos, risas y susurros.

En “Realidad” leemos “— ¿Viste? Un día de libertad. —Igual, nena, yo, me parece, la verdad, entre nosotras, te digo… Largo silencio. — ¿Qué? —No sé, nada, no me hagas caso —dijo Romi. Volvió a apoyar la espalda en la reposera, mordisqueándose una uña. — ¿Cómo nos irá después? Afuera, digo — dijo. — ¿En qué sentido? —La vida. ¿Te imaginás? —Uh —dijo Pau.” Y en “Un amor para toda la vida”: “Hablábamos de nada, éramos expertos en eso.” Estos blablableos  exasperantes, ¿cuál es su relación con lo que no se puede decir y con lo que no hay para decir?

Nada, es una reproducción del habla cotidiana. Si escucháramos realmente lo que decimos cada día, también nos resultaría exasperante. ¿No pasaría lo mismo si fuéramos precisos, equilibrados, profundos, y dijéramos siempre lo estrictamente justo y necesario?

Nuestro número del Anartista tiene como tema “la orfandad”. ¿Qué tipo de orfandad  padecen algunas palabras (los diálogos vacíos, las indecibles?

Cualquier cosa que diga sobre lo que yo mismo hice no pasa de ser una suposición. No soy de detenerme a rumiar sobre mi propia obra, yo me olvido enseguida de lo que di por concluido y voy a lo que sigue, y creo que hago bien, o que eso funciona bien para mí. En ese sentido podría decir que a mis libros, siguiendo la línea trillada de los libros como hijos, enseguida los dejo huérfanos. Ni siquiera me gusta pensar en ellos. No participo de mesas redondas, ni de festivales, ni de presentaciones, ni de ninguna de todas esas promociones propias del escritor profesional, que es siempre un escritor en venta. Yo no tengo nada que vender. Escribo literatura, no hago libros. El editor es el que hace el libro y por lo tanto el que lo tiene que vender, yo no. Tampoco me gustan los reportajes, aunque ahora estamos haciendo uno. Y no es una política, la política del maldito, que me resulta cómica. Es que no siento que tenga nada que decir aparte de lo que ya dije haciéndolo. Sinceramente, no recuerdo nada relacionado con la orfandad de lo indecible o de los diálogos vacíos en mis novelas. Ustedes mencionan algunos pasajes. Yo los leo y lo que escucho, es como un tintineo de diversión o de felicidad, nada más que eso. 

¿Qué situaciones te dejan huérfano?

¡Cruzo los dedos!

¿Cómo funcionan  tus orfandades  en vos como lector, al elegir lectura?

No puedo evitar que los libros vengan volando hacia mí, diría un Pappo intelectual. Yo leo todo lo que puedo, todo lo que compro y todo lo que cae en mis manos, pero la verdad es que nunca se me ocurrió pensar en el funcionamiento de la orfandad en relación con mis lecturas. Supongo que, cuando abandono un libro, a veces en la primera página, a veces más adelante, lo que hago es dejarlo huérfano, pero ¿cómo saberlo? Habrá otros lectores.

 

SILENCIO CASI TOTAL

 El silencio era total. Lo único que se oía, se oía en la memoria”

                                                                 “El escritor comido”

 

Aún en el desencuentro total, en  el “ya no hay nada para decir” o decirse,  la memoria aún habla con su silencio. ¿Podrías relacionar esto con lo poético?

No, creo que no.

De otro modo ¿qué es lo poético (más allá del poema y el verso) para vos?

Lo poético es un perfumito, generalmente cursi. La poesía es otra cosa.

Bueno,  ¿y qué es la poesía?

Pessoa, Mallarmé, Gambarota, Michaux, Pizarnik, te nombro a los primeros que se me cruzan por la cabeza, la lista es larga.

 

Stranger- Zoltan Toth
Stranger- Zoltan Toth

PROBLEMITAS DE FONDO

                                               “Se ve que la mención del continente le quedó picando, porque horas después de eso me contó a propósito de nada que iba al continente una vez por año “para ver cómo son los hombres que se han equivocado”. Dijo que vos eras uno. ¿Dijo lo mismo de mí cuando era yo la que estaba inconsciente?”

                                                           “Diez días en re”

 

Leemos en “Mi vida en Huel”: “Yo acababa de levantarme. Me acerqué y le dije si no sería mejor cambiar el sueño. -¿En qué sentido? –dijo él. -Trabajar de día y dormir de noche.- ¿Y cuál sería la diferencia? La diferencia era trabajar con luz, por supuesto, pero la pregunta era tan insólita que la respuesta se me escapó

Hay en tus novelas una poesía muy particular, no  hecha de metáforas, si no de momentos de lenguaje como los subrayados arriba, algo así como un extrañamiento del lenguaje, ¿cuándo necesitás lo poético, es decir, estos recursos?

El problema que hay en el fondo de esta pregunta es que supone al escritor como ingeniero. El ingeniero sabe cuándo, cómo y dónde colocar una viga, pero los planos de un escritor no siempre están dibujados de antemano, no siempre se han hecho estudios y cálculos previos. Lo que por otra parte no garantiza nada. A veces incluso hay que temer sus consecuencias. Personalmente, saber adónde voy y qué cosas puedo necesitar en el camino no es algo que me resulte estimulante. Prefiero salir sin rumbo fijo, dejándome llevar y viendo cómo el texto crea sus propias necesidades. Hay una frase de Valery: “Si querés seducirme o sorprenderme, cuidá de que no vea tu mano más claramente que lo que ella traza”. Buen consejo.

Mirá, nunca habíamos pensado en la ingeniería. Sí, en la artesanía, en la cocina, en  oficios que van descubriendo qué necesitan a medida que se hacen. La pregunta apuntaba al durante, no al plan previo. Después de haber escrito tantas novelas, ¿qué tendría de malo tener una lectura de la propia mano? 

Vladimir Kush
Vladimir Kush

De malo, nada. Pero la idea de que el autor pueda revelar no sé qué secretos sobre su propia obra nunca me convenció. Lo que encuentro en los casos de autores que hablan de su obra son “posiciones”. Como decía Barthes: “Parece que lo único que tienen son posiciones, no oficio”. El oficio es ese “durante” que apuntás. Pero volviendo a la ingeniería: si bien yo no tengo un plan previo, a medida que avanzo se va trazando algo así como un plan, lo que resulta siempre bastante tranquilizador, aunque el plan vaya cambiando casi de página en página. Un plan preexistente es lo que no tiene más destino que realizarse, y eso equivale a suponer que todo está dado. Pero no es así. Si fuera así, uno podría leer la novela que todavía no escribió.

La propia mano del escritor mientras escribe, ¿no puede ser un buen texto?

Primero habría que escribirlo. Es una idea. Pero claro, una idea no alcanza, además hay que escribir.

¿Te interesa que se hagan lecturas de tus libros?, ¿preferís que te digan lo bien o lo mal que lo han pasado al leer o que te devuelvan alguna otra mirada?

La verdad es que prefiero que me digan que la pasaron bien y cambiar de tema. Me incomoda, me da pudor. Me gusta un poquitito más hablar de los libros de otros.  

 

DICHO ENTRE COMILLAS

“No, él escribía para que lo encuentren, y la gente se perdía en masa en sus ficciones”

                                                                       “El escritor comido”

Clé d´amour - Vladimir Kush
Clé d´amour – Vladimir Kush

Escribir, ¿encontrarse, perderse o ambas?

A lo mejor las dos cosas, encontrarse y perderse. Se podría hacer un dibujo con esos encuentros y desencuentros. En un libro que me regaló Fogwill encontré una nota de él escrita con lápiz al pie de una página: “La preocupación por dibujar mi existencia me aleja de las Letras, en las cuales tiene, sin embargo, su origen”.

En “El escritor comido” hay tres que llevan el relato: el narrador – protagonista, el biógrafo y representante y el ayudante, el único que, desde niño, se manifestó como tal. ¿Los tres, ninguno o cada uno  son el /los “directores de esta película”?

Como te decía antes, cuando termino algo lo abandono, pero en este caso se me ocurrió que podía reescribir toda la novela en primera persona, en tres capítulos, cada uno de ellos narrado por cada uno de los tres protagonistas principales. Lo deseché por dos razones: porque no me gustaba la idea de lo coral, y porque me dio pereza. ¿Por qué reescribir una novela terminada cuando puedo escribir otra? No tenía ningún sentido. Así que la dejé como estaba y escribí “Borgestein”.

“La chica desechó la oferta con un gesto y, subrayando su preferencia por dialogar en el interior del párrafo, entre comillas, dijo: “No digas que nos conocimos hoy; mi hermana odia que lleve extraños a casa. Decí que fuiste mi profesor de teatro y que hace años que no nos vemos”. . Las voces dentro del lenguaje.  Recuerda a otra entrevistada, Moira Millán, quien nos dijo que  todos los nombres en mapuche incluyen una partícula referida a la tierra, porque cada quien es un modo en que la tierra resuena.

Me gusta esa partícula referida a la tierra. Yo no agregaría nada.

 

SOLOS Y SOLAS CON SU MENTE

El escritorio, donde quedó inmóvil durante unos cuantos minutos. María pensó que las personas que son vistas sin que lo sepan parecen locas

                                               “Rabia”

 

Pier at dusk - Denis Olivier
Pier at dusk – Denis Olivier

Quien mira sin que el otro sepa que mira, comúnmente se dice que está en una situación de poder, ¿está en una situación de poder?

A lo mejor sí, porque el otro no sabe que lo están mirando, y a lo mejor no, porque el que mira lo hace fascinado por el otro. Pero esa no fue nunca la cuestión que me planteaba, sino la idea de que las personas que son vistas sin que lo sepan parecen locas.

¿Por qué parecen locas?

¿Porque están solas con su mente?

Leemos en “El escritor comido”: “Así como había una diferencia entre ellos y los reyes, había una diferencia entre la extensión del río dibujado en el mapa y la extensión del río real; de hecho, no llegaban nunca” ¿Existen distancias infranqueables entre lo real escrito, lo real dibujado, lo real visto?

Claro, una misma cosa escrita y dibujada va a tener necesariamente las diferencias que hay entre la escritura y el dibujo. Pero no veo por qué esa distancia debería ser infranqueable. A veces hay mucho de escritura en el dibujo (los dibujos de Michaux son un buen ejemplo de eso) y mucho de dibujo en la literatura. El dibujo de mi existencia, como decía Fogwill.

Le gustó verla. Sintió que se animaba; su cara se iluminó como si acabara de aspirar una burbuja de aire infantil. Pero había algo en Rosa que no estaba bien… Caminaba despacio, pensativa, con los brazos cruzados” Carlos la vio inclinarse sobre el hombre, que levantó la cabeza. Irina señaló hacia atrás. El hombre la siguió. Era un hombre alto, de cuello ancho, de brazos anchos, de muslos anchos, con una abultada sunga negra que parecía el hocico de un perro.” Había una luz preciosa. Los campos tenían todos la misma comba, como sábanas tendidas una junto a la otra, inflamadas por los gases del suelo; un campo era verde, el otro amarillo, el otro a rayas; otro, visto a la distancia, presentaba complicados dibujos infantiles; otro un bordado…” Mirar desde lejos, ver  surgir y desaparecer las cosas y las personas. Mostrar, como con una cámara que abre la imagen progresivamente. Conversemos

Me gusta que las cosas se vean. Disfruto describiéndolas y deteniéndome en los detalles. El lector al que lo único que le importa es “lo que pasa” puede saltearlas sin ningún problema, ¿quién se lo va a prohibir? Para mí son fundamentales. Las descripciones funcionan como un descanso. Pero también tienen una función estética, son como el lujo de la narración. Los detalles son los que la hacen más auténtica. Y, mientras más inútiles sean los detalles, más auténtico resulta lo real de la narración. Por favor, basta de teoría. 

“No hay nada que uno mire mientras corre que no se parezca a lo que hay al lado. Mientras más rápido vamos, más se parece todo, estarán de acuerdo conmigo en eso. La velocidad hace que la realidad se alise”. En esta cita de “Diez días en re”, hablás de las velocidades de la mirada, ¿cómo modifican las distintas velocidades la lectura y la escritura?

A veces me descubro pensando en otra cosa mientras leo. Quiero decir, completamente ausente de la lectura, que sin embargo sigue adelante. Diría que a velocidad crucero, porque cuando vuelvo a prestar atención han pasado dos páginas, cinco, diez. Ahí no hay modificación de la lectura, hay interrupción o suspensión, por más que haya seguido adelante. Es como acariciar a la mascota mientras se piensa en otra cosa, o como un vidente con un libro en braille entre las manos. En la escritura rápida hay menos reflexión, menos “intelección”, porque la mente va a la par de los dedos y no siempre encuentra una pausa para revisar lo escrito, que es lo que a cada rato encuentra la escritura lenta.     

“Ante el asombro de Irina, el viejito dijo (jactanciosamente, pensó Carlos) que se había entrenado para representar de memoria todo cuanto le había sido dado observar a lo largo de su vida, que no era mucho.” Esto es de “Diez días en Re”. Más arriba citamos un momento donde dice que todo lo que se oía se oía en la memoria. Y también muchos momentos de diálogos que se oyen pero no dicen nada. ¿Podríamos hablar de dos modos de oír propuestos por tus textos?

Si, seguro que sí. Lo que no sé es si me gustaría estar presente.

 

UNA IRONÍA SERIA

Retrato de Olga - Rufino Tamayo
Retrato de Olga – Rufino Tamayo

La escalera de mármol blanco de la entrada principal se derramaba sobre el jardín con tal plasticidad que daba la impresión de haber sido hecha con una manga de repostería. “Qué belleza”, pensó. Se rascó una axila y empezó a decir en voz muy baja “Rosa… Rosita…”, despegando  apenas los labios. Era un llamado… Nunca había hecho una cosa así. Debía de estar enamorándose”. ¿A qué llamarías plasticidad en la escritura?

En un libro de arquitectura leí esa frase sobre “la plasticidad de la escalera” y me apropié del término para describir la escalera de la mansión de los Blinder en mi novela “Rabia”. La idea de plasticidad era un lugar común, pero me sirvió para encontrar una ironía seria: agregué que la escalera entonces “daba la impresión de haber sido hecha con una manga de repostería”. Te darás cuenta de que estoy a un paso de decir que “plasticidad en la escritura” es el nombre de un cumpleañeros cuando se lo escribe en una torta… Plasticidad, flexibilidad, también podría decirse fluidez, la fluidez de cosas concretas, todo eso es característico de la prosa de Nabokov, de Anthony Burgess. Ahí siempre cae todo bien parado. Yo hace bastante que no los leo, pero tengo clarísima la sensación de una escritura en la que la lectura calza como un guante.

“El bar y el restaurante estaban en la planta baja, en un gran salón circular con una decena de mesas circulares y una barra también circular rodeada de banquetas circulares; el constructor parecía haberse empeñado en soplar espirales de todos los tamaños. La luz, detalle que hasta el más improvisado de los ambientadores relacionaría con el espíritu del lugar, era lo único cuadrado, plano”Entonces se levantó uno de esos vientos tubulares que tocan las cosas una por una: el viento alzó del suelo una hoja de diario para abandonarla unos metros más allá, sacudió la copa de un árbol, hizo vibrar un cartel y desapareció a lo lejos. La gente apuró el paso. José María levantó la vista al cielo; había grandes zonas de un azul oscuro cargado de estrellas, pero la tormenta estaba allí, encapsulada en una docena de nubes, todas listas para estallar”  Tomó café con leche y comió un pedazo de melón con forma de sombrilla, ojeando un diario del día anterior”: Tubular, circular, combado, forma de sombrilla, de manga de repostería…

“Tubular” viene de una novela de Dipi Di Paola, “Minga”, donde un personaje muere desnucado por la teja de un techo que arrancó un viento tubular.

 

 DESVIRTUADAS

“Un hombre joven, o relativamente joven, vomitaba en la entrada principal de la mansión. Cerró la ventana y, como si la ventana fuera el obturador de una cámara fotográfica, repasó la imagen grabada en sus retinas: no había duda, era el hombre de la foto única en los portarretratos amontonados en la mesita. El timbre sonaba con insistencia”

                                                “Rabia”

 

Estaba inmóvil junto al aire y luz, con una mejilla casi apoyada sobre una de las paredes de vidrio. Abrió los ojos porque sintió que alguien (algo) lo miraba y la vio.”  Todo había cambiado. Ahora la luz, tanto la luz de la luna como la luz de la mañana, daba de pleno sobre ellos, como si acabaran de salir de un túnel.” ¿La mirada como cámara fotográfica, como cámara cinematográfica, como pincel?

Para mí hay una desvirtuación de la idea de mirada. Mi experiencia me dice que la mirada es lo que se encuentra, lo que está al final, y no tanto algo previo que acomodar en palabras o en imágenes cinematográficas. La mirada es lo que resulta, no lo que nos lleva.  

 

A LA DERIVA

(…) por un instante, se sintió como un náufrago, un Robinson Crusoe rescatando de entre los restos de su embarcación cualquier cosa que pudiera resultarle útil. (…)”

                                                “Rabia”

Denis Olivier
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De pronto, sentí un vacío grande, tan grande que me pareció que toda yo era ese vacío –decía Rita Blinder–. No sé si tiene que ver con la religiosidad, pero es muy probable que sí. Estoy llena de señales de retirada. (…) luchaba apenas por mantener los ojos abiertos: sus pupilas se bamboleaban, flotaban en sus órbitas sin fijarse a nada”: ¿Es verosímil/posible un personaje/persona sin naufragio u orfandad?, ¿cuál es la relación de  esa condición con la posibilidad de contar una historia?

Diría que sí, tanto en la vida como en la literatura. La posibilidad de contar una historia es otro tema. Hay muchísimos ejemplos de escritores que conciben a la literatura como un álgebra, como un modo de poner en evidencia las formas del lenguaje, y para los que la historia es una segunda intención. Ahora bien, la orfandad no tiene por qué ser condición para que una historia o un personaje resulte verosímil. Cuando trabajaba de guionista, el motivo que más escuchaba para rechazar algo era que ese algo “no se daba en la realidad”. Es el sentido más ingenuo del mundo para referirse al verosímil: que “se conforme a la realidad”. Esto vale tanto para la orfandad como para absolutamente todas las cosas que nos pasan en la vida.

 

RE- CORTADO

                                    Lo que sigue es intrascendente y literal, pero también arbitrario: podría narrarse cualquier otra cosa; lo real no tiene fin, excepto si es leído como novela, con lo cual su conclusión tiene que ver más que nada con el ritmo, con el gusto, con el espacio, con la forma o el capricho, como en un trip de realidad”

                                                                       “Realidad”

 

De “Rabia”:“Se puso a mirar hacia afuera. Eso lo tranquilizaba. Cada vez que miraba hacia afuera se sorprendía con el hecho de que en ese recorte de la realidad, como llamaba al exterior, pudiera ver toda la realidad.(…) “bastaba para percibir el ánimo general, al menos el de la clase alta; para entrever el nivel de desempleo, de acuerdo al aumento o disminución de cartoneros y vendedores ambulantes; para conocer los últimos lanzamientos de la industria automotriz; para estar al tanto de las novedades en el mundo de la moda; para saber la hora y la temperatura y hasta para enterarse de algunas actividades en la planta baja: quién entraba, quién salía, si había llegado un nuevo encargo al Disco…” De lejos, desde adentro y recortada, la mirada de la clase alta que se prueba María en sus ojos, sin ser de esa clase. Conversemos.

(…)

¿Cómo sería la mirada de María desde su propia clase?

(…)

Tal vez nadie pueda mirar más que desde recortes, ¿pero cómo elegir los recortes más significativos, más abarcativos?

(…)

¿No hay ninguna sensación o reflexión o afección que te diga, cuando te cruzas o te imaginás un suceso, que pueden ser punta de ovillo para la escritura?

Bueno, todo. Todo aparece como la punta del ovillo de un cuento o de una novela, y es lo mejor que puede pasar. Lo peor es cuando tirás del hilo y no sale nada.

¿Querés  contarnos alguna vinculada con las novelas que leímos?

Not arguing - Zoltan Toth
Not arguing – Zoltan Toth

Sí. Releyendo “El desierto de los tártaros” se me ocurrió “Realidad”. De una frase de Napoleón (“yo hago mis planes con los sueños de mis soldados dormidos”) salió un relato largo que voy a publicar este año. Lo curioso es que el relato no tiene absolutamente nada que ver con la frase que lo originó.

¿Tomás notas?

No.

¿Hacés trabajo de cartoneo, recolección de imágenes y frases, etc.?

Tampoco.

 

DESCOMPRIMIDOS Y POTENCIADOS

“-Está muy rico –dije-. ¿Es pasto? -El mejor de la zona. Y las mejores flores también. Las papas son para acompañar. A veces le pongo un poco de sal, pero me quedé sin provisiones. Me alegra mucho que te guste. Comé un poco más.”

                                                                                   “Mi vida en Huel”

 

El humor, ¿qué equilibra o potencia en tus textos que no son predominantemente humorísticos?

Bueno, no soy yo el que tiene que decirlo, no tengo la balanza ni el temperamento. Lo único que sé es que el humor es algo que se me impone y que no siempre pasa el filtro de la primera corrección. Muchas de las cosas que me hicieron reír a carcajadas mientras escribía no están en el libro publicado. Otras sí, claro. Espero que las mejores. Pero es cierto lo que decís: el humor descomprime o potencia algo, en mi caso lo que es dramático y oscuro.

Para cerrar, ¿considerás un exceso de intelectualización que un escritor se lea a sí mismo?

No. Pero ¿por qué perder el tiempo leyéndose a sí mismo cuando hay tantas cosas maravillosas por ahí?

¿Te da placer -no, en mesas redondas, etc., ya lo dijiste- compartir lecturas e ideas con tus lectores?

Si el lector además es escritor, prefiero hablar de lo que escribe él.

¿Considerás que la pregunta como tal, como interrogación, es lo único que te interesa para una entrevista?

Bueno, yo no creo que la pregunta sea necesariamente más importante que la respuesta. Puede y no puede serlo, no importa. Pero tiene que haber una pregunta, ¿no? Acá hubo muchas.

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