DESDE EL FONDO DE LA HISTORIA

Ausencias: sobre despojos
Por Liliana Franchi

 

UNA MOCHILA DE TIEMPO

ausencia de amorHay ausencias que duelen prolongada y finitamente. Otras se instalan, duelen tanto que marcan la cara, marchás con ellas a lo largo de la vida y más allá. Algunas son esperadas y, de a poco, pierden su rol, te permiten sobrellevar nostalgias. Otras irrumpen incomprensibles en brutalidad, feroces, salidas de todo encuadre y significado. Son diferentes porque te perforan. Te aseguro que caminarás con ellas sobren tus espaldas, como si llevaras una mochila llena de tiempo insoportable.

Sabemos de estas cuestiones. Nos percatamos de ellas cuando las noches tardan en hacerse días, cuando la luz del sol demora en divisar tu alma o viceversa. ”Eso” lastima hasta la inmovilidad, hasta la cuasi locura, si la hubiera. Es el desasosiego constante, la razón de todos los tormentos de un corazón fragmentado. El dolor a punto de la imprudencia y el desvarío.

Vengo desde el fondo de la historia, vengo a contar otra historia, vengo porque sobreviví, porque logré resignificar, salir de la hoguera y ser fuego.

La ausencia -sin nombres, sin destino, sin presagios- dura como la roca misma, pero es versátil a ser demolida hasta polvo. La crueldad fue insolente, quizás, porque le hicimos frente en lucha. Apelamos a la agonía, al dolor, a las dudas, aunque solo se impuso la certeza de percibir una ausencia sin retorno. Muchas lunas fueron testigos. Quedamos a la vera del camino, en luto eterno. Nosotras, las viudas, las amantes, las compañeras con la prohibición del olvido y con los despojos de una carencia brutal e irracional.

Ilusos de aquellos que creen que, al cortar la flor en pleno vuelo, detienen la salida de una nueva.

 

MEMORIA EN ACTO: PARA LUIS MARÍA

Éramos jóvenes y apasionados, imaginábamos que podríamos cambiar algunas cosas. En plenos setenta, los sueños se plasmaron en militancia, es decir, en recuperar ideas hacia una equidad más noble para con el otro, en reivindicar propuestas hacia aquellos que más lo necesitaban en todos los órdenes.

El corazón era el valor de cada compañero y compañera en esta lucha por la restauración de nuestros derechos y por el afianzamiento de una vida más proporcionada. Todos éramos y somos merecedores de tales logros.

mejor-la-ausenciaDecidimos, entonces, ir por ese corazón. Mi compañero, en la facultad, donde daba clase. Y yo, en el barrio. Trabajábamos duro para poder sostener nuestro hogar y hacernos el tiempo para participar hacia aquellos que tenían poco, tan poco que la sonrisa se les desdibujaba en mueca grotesca. Con sólidos ideales, persistentes, a sabiendas de los obstáculos que atravesaríamos, comenzamos la laboriosa lucha. Amábamos cuanto construíamos. Las noches cálidas nos encontraban en la organización de algún festival, peña, o huelga de hambre, a favor de las metas previstas.

Y estábamos todos, cada uno aportaba un pedacito de cielo al otro. Uno metido en el otro y miles en uno. Pensábamos que nunca se acabaría, que sería una contienda larga, pero le dábamos batalla. Corrían los años y éramos felices con lo que habíamos decidido, nos fortalecía, haciéndonos grandes y victoriosos.

Ahora recuerdo una escena: llovía intensamente mientras, en un televisor en blanco y negro, escuchábamos: “Comunicado número uno”, de la junta militar que había desplazado el gobierno de derecho. El lamentable e impune “Proceso de Reorganización Nacional”. Entonces nos miramos, pensamos que esto entorpecería el trabajo de militancia. De ahí en más, debíamos ser sigilosos, hábiles para poder continuar con nuestras actividades. Y así fue, desde aquel 24 de marzo de 1976.

¿Dónde estaban los compañeros que no lográbamos ubicar?, ¿se refugiaban?, ¿perdían nuestros contactos para protegernos? Lentamente, nos fuimos percatando: ya no se registraban en ninguna parte. Tal vez los habían “chupado”, como decíamos, o estarían en otros lugares, resguardándose del enemigo que logró ser bestial.

Lo cierto es que jamás pensamos el genocidio que se avecinaba. Sin embargo, sucedía a lo largo y lo ancho de todas nuestras esperanzas y vidas. Casi sin rumbo pero firmes, seguimos adelante, exponiéndonos lo necesario y en busca de aquel que, envuelto en una bandera, solía caminar junto a nosotros,

y al Negrito con ojos aceitunas

y a Pepe,

también a Laura.

A Luis María se lo llevaron un 11 de febrero de 1977, de su lugar de trabajo: la veterinaria que habíamos logrado instalar juntos. Sufrí el desconsuelo de no tenerlo más. Jamás perdonaré ya no poder recordar su voz. Seguiré hasta mi último aliento reivindicándolo y llevándolo como bandera.

No perdono a la muerte enamorada

No perdono a la vida desatenta

No perdono a la tierra ni a la nada

Quiero mirar la tierra hasta encontrarte

Y besarte la noble calavera

Y desamordazarte y regresarte…”

Mujer solaAsí, con las palabras de Miguel Hernández, hablar uno de tantos recordatorios que colocamos en cada calle, año tras año, cada niño, cada madre, cada abuela, cada hijo.

El 24 de mayo de 1977 fue asesinado y arrojado con otros compañeros en la puerta del cementerio de Monte Grande. Fue durante un supuesto enfrentamiento, como solían justificar.

 

EL FUEGO DE TUS OJOS

No me arrepiento de nada. Soy fuego, llama, pasión, también suelo ser luz, brasa y lumbre tibia. No me apago, voy al calor del mismo y enciendo desesperanzas, alumbro la vida que nos dejaron, bautizo la tierra con apenas algunas lágrimas que me quedaron. Soy fuego lento y amigo, dormito al calor del mismo, me levanto como la siembra cada mañana. Es verdad: ya no tengo tu voz, pero sí tus ojos clavados en los míos como la última mañana en que partiste sin volver. Sujeto, apretaditas contra mi pecho, algunas fotos viejas que nos dejaron, en un hogar vacío y devastado, arrasado por el odio. Los juzgo y me libero, los persigo y, en tu nombre como en el de tantos otros, me hago líder.

No envejezco, porque al igual que vos nos fuimos jóvenes. Nos dejaron con vida para contar esta historia, la nuestra, la de muchos. Mientras estemos de pie, seguimos de frente sin claudicaciones, gritamos, reivindicamos, sentimos y amamos esta lucha que heredamos. Y, en el mientras tanto, sin vencernos, somos lo que han hecho de nosotros. Elegimos un camino, lo sostenemos porque en él confiamos, sabemos que en algún lugar cercano y en cierto momento mediato los recuperaremos.

Tal vez sean pájaros de libre vuelo, nubes anchas de finas curvas, árboles añosos que cobijan campos, o lluvias intensas en inviernos fríos. No importa, siempre volverás a mí.

No se llevaron mi sonrisa ni mi fortaleza, no lo lograron. Tu retoño es mujer hoy día, lleva tu misma sangre, reclama a la par, con tus mismos ojos, con idénticas manos. Sembraste lucha, sangre y vida.

A veces te extraño tanto, que debo pensarte para que regreses, aunque sea un instante. Y así nos juntamos por las noches, de tanto en tanto, de luna en luna, de sueño en sueño.

-mujer-de-fuego

 

 

 

 

 

 

 

 

 




RETAZOS DE SELVA ENMARAÑADA

Rituales: sobre la dificultad de instalarse en la escritura.
Por Viviana García Arribas

BOTELLA AL MAR (*)

Madre selva - Alfonso Cuenca- Huerta
Madre selva – Alfonso Cuenca Huerta

Me levanto temprano. La luz diurna recién comienza a deslizarse sobre la baranda del balcón. La lluvia de la noche perló los mosaicos del piso, pero el sol todavía no llega a arrancarles un destello. No puedo empezar el día sin mi café. Lleno con agua la cafetera y pongo el polvo perfumado en el filtro. Ya puedo palpitar el desayuno: una fruta y una tostada para acompañar la bebida caliente. Mientras la alquimia se produce, recojo la ropa limpia que la noche anterior -en una verdadera demostración de habilidad doméstica- saqué del tendedero, ante la posible presencia de chubascos. Un leve borboteo me lo indica: el café está listo. Enciendo la radio y me siento frente al cielo ya celeste. Las noticias desbordan del aparato: el dólar en alza, no hay acuerdo de precios, se perfilan algunas candidaturas anodinas para las próximas elecciones presidenciales. Lavo la taza y algún cubierto. Tengo que comenzar a escribir la nota para El Anartista. Mejor, primero me baño.

Una vez que el agua de la ducha se llevó la modorra de la mañana, pienso: ¿sobre qué escribir? “Sobre una mesa”, respondería Dalmiro Sáenz (1). Más allá de los juegos de palabras, reflexiono acerca de los motivos que me llevaron a la escritura. Por un lado, esto de escribir no es un juego. Por otro, combina -en un cóctel fuera de toda competencia- cuotas de disfrute y sufrimiento, presentes en cualquier actividad lúdica. ¿A quién podría interesarle esto que me pasa? ¿Qué podría escribir que no haya sido escrito por otro, antes y mejor? Para Roland Barthes, el placer del lector no garantiza mi placer en la escritura. Debo buscar a ese lector y esa búsqueda crea un lugar de goce. “No es la “persona” del otro la que necesito sino el espacio: la posibilidad de una dialéctica del deseo, de una imprevisión del goce: que las cartas no estén echadas sino que haya juego todavía”. (2)

Entonces, debo transitar una zona de obstáculos. Extenso desierto, selva enmarañada, montaña inaccesible, entre mi idea y su concreción hay un abismo de errores, intentos fallidos, avances y repliegues.

LAS ARMAS SECRETAS (*)

Lluvia vapor y velocidad - J. William Turner
Lluvia vapor y velocidad – J. William Turner

Pasa un rato y tengo ganas de tomar un té. Me lo preparo y lo llevo al escritorio. La taza humea detrás de la pantalla y la transforma en una locomotora que puja por recorrer un monte escarpado. Busco desesperada esa frase que me permita poner los motores en marcha. Acumulo algunos saberes, busco datos que me impulsen, perfilo una estrategia -una forma- para mi nota. Me duelen las muñecas y las rodillas. Sin dudas, se escribe con todo el cuerpo. Me levanto de la silla, doy una vuelta por el departamento, mientras espero que el líquido se enfríe un poco. Miro los libros desordenadamente ordenados en la biblioteca. Pienso: ¿cuánto de todo esto está contenido en mis textos? Noe Jitrik sostiene que toda escritura es reescritura: lo leído obra como una materia prima o un fondo de cocción -si se me acepta la metáfora culinaria-, donde se cuecen todos los elementos que darán lugar a una nueva obra. Nada se inventa sino a partir de retazos, jugados en el acto de escribir. Esta idea del lector empedernido que deviene escritor es también una trampa para los pobres mortales que nos aventuramos por los caminos de la escritura. Si comparo mi obra con Borges o Cortázar, jamás voy a superar la inmovilidad: es una vara demasiado alta para medirse. Por otra parte, de ellos conozco el producto terminado. ¿Cuántas dudas los asaltaron? ¿cuánta incertidumbre?, ¿cuántas veces releyeron y corrigieron?, ¿cuánto decantó lo aprendido, las experiencias vividas, las lecturas? Nunca podré saberlo.

Otra idea interesante en Jitrik es la de la construcción del futuro lector mediante la utilización de algunos adjetivos o el ordenamiento de las palabras -así como la música que esas palabras orquestan- para privilegiar algunos fragmentos por sobre otros o enfatizar algún pasaje: “una suerte de estrategia cuyos alcances serían la reducción de la “interpretación” por parte del lector” (3). Esa construcción también me libera del deber de gustarle al lector. Escribo lo mío y me abro hacia ese lector que está ahí, ¿a la espera? Sin dudas, el lector también busca encontrarse en las palabras leídas.

DESHORAS (*)

Padre e hijo contemplando la sombra de un día - Roberto Aizenberg
Padre e hijo contemplando la sombra de un día – Roberto Aizenberg

Salgo a dar una vuelta virtual. Veo algunas buenas fotografías publicadas en la web –otras, no tanto-, ingreso a las redes, comparto los anuncios de la revista, me distraigo con los comentarios de algunos grupos. Cuando quiero acordarme, ya pasó media mañana y sigo en veremos con la nota.

De pronto, algo me recuerda a Virginia Woolf: “El pensamiento -para darle un nombre más orgulloso del que merecía- había hundido su línea en la corriente. Oscilaba, minuto tras minuto, de un punto a otro entre los reflejos y los yuyos, dejándose levantar y hundir por el agua, hasta -ustedes ya conocen el tironcito- la brusca aglomeración de una idea en la punta del aparejo, y después la subida cautelosa y la cuidadosa atraccción”. (4) Así como un pescador tira su línea y saca un pez, yo hurgo en mi pensamiento ante el atisbo de una idea mínima, insignificante, desde donde arrancar con la escritura. El juego ahora parece haber mutado en deporte, el deporte es competitivo y yo nunca fui competitiva… Creo que la metáfora de la pesca no funciona para mí. Aunque, tal vez, sí me confunda. Por otro lado, pienso en Jesús y sus apóstoles pescadores de almas. El recuerdo de antiguas creencias me hace recular y refugiarme otra vez en la quietud.

¡Había imaginado tantos enfoques! Busqué bibliografía, pregunté, investigué. Releí autores que ya son verdaderos amigos. Articulé argumentos, tomé notas, perfilé modos de expresar mejor las ideas. Indefectiblemente, fracasé.

Es mediodía. Mejor, me preparo el almuerzo.

LEJANA (*)

Megalithic tomb in Autumn - Caspar David Friedrich
Megalithic tomb in Autumn – Caspar David Friedrich

Cada vez me sucede lo mismo: escribo en mi mente, barajo distintas formas de abordar el tema hasta encontrar la más adecuada, sueño que todo va a quedar perfecto. El resultado es siempre notablemente inferior a mi ambición. Una vez escrito y enviado a la redacción de la revista, el texto deja de pertenecerme. Cuando lo vuelvo a leer, luego de pasado un tiempo, con mi autoexigencia en el olvido, me parece mejor que ni bien salido de mi computadora. Como si otro u otra lo hubiera escrito. En realidad, como si una otra narradora hubiera habitado en mí. Me pregunto: ¿el texto adquiere su propia autonomía una vez que lo dejo partir? El acto de escribir me hace mostrarme, ejercer una entrega que quizá no esté tan dispuesta a conceder. Por eso, tal vez, me repliegue y demore el momento mientras preparo café, almuerzo o arreglo las plantas.

En esta etapa de mi vida, nada me hace más feliz que escribir. Mi deseo es claro. Pero, indefectiblemente, doy cien mil vueltas antes de jugarlo. Antepongo infinitas obligaciones, invento numerosos rituales: el café, el silencio, el espacio. Sin embargo, una vez que comienzo, no puedo parar, aunque no escriba. ¿No será toda aquella demora es, en realidad, puro precalentamiento? Se trata de poner el deseo en acción y, para hacerlo, necesito pasar por esa zona escarpada de búsqueda. Encontrar la frase que opere de dínamo y, luego, hallar una cadencia, un ritmo que organice el texto. Eso sí: una vez que lo encuentro…¡Eureka! El motor se carga y, mientras transcurre la escritura -pueden ser dos o tres días-, no hago otra cosa que pensar en ella y ansío encontrarme con las palabras. Como cuando era pequeña y jugaba esos juegos interminables, que nos preparan para vivir. Una vez que me instalo en el goce de escribir, se disipan las dudas y desaparecen los aplazamientos.

FINAL DEL JUEGO (*)

Ya es tarde y debo entregar la nota, que parece estar terminada. Como aquel poema de Lope de Vega, que describe la estructura de un soneto en forma de… soneto (5), mi nota salió de mis tribulaciones a la hora de escribir.

Me consuela saber que no soy un caso único. Hay, en general, una resistencia para instalar el ritual de la escritura. Falta de tiempo, insuficiencia de espacio, familia por atender, resistencia, miedo. Se buscan millones de excusas, con tal de no ponerse a escribir, a pesar del profundo deseo de hacerlo. Pero, justamente, el ejercicio del deseo resulta una de las actitudes más difíciles. Anteponer la obligación siempre desplaza del eje la posibilidad de elegir, de hacer algo sin libreto y, por supuesto, de equivocarse.

A pesar de todo, articular un proyecto nos pone en acción. Da el puntapié inicial a ese juego que puede transformarse en el resultado final de un nuevo rito: dedicarse, todos los días, a elaborar unas cuantas líneas. Corregir, releer, volver a la escritura. Al fin de cuentas, estamos dentro de una aventura que solo concluirá cuando termine nuestro plan. O nuestra vida.

The Dream - Henri Rousseau
The Dream – Henri Rousseau

(1) Yo también fui un espermatozoide, Dalmiro Sáenz.
(2) El placer del texto, Roland Barthes
(3) La lectura como actividad, Noe Jitrik
(4) Un cuarto propio, Virginia Woolf
(5) Soneto, Lope de Vega
(*) Julio Cortázar, cuentos.




EN EL FUGAZ RESPLANDOR DE UN OJO QUE RECUERDA

Rituales: sobre un romance con Cinefilia.
Por Pablo Arahuete

A PRIMERA VISTA

Destello 1Fue algo fugaz y una chispa. Y, a partir de la chispa, la certidumbre de que algo pasaba. El flechazo con Cinefilia no podía ser en otro lugar que en un cine. Entre los rostros y la gente, la vi por primera vez en la sala. Desde ese entonces, la busco cada vez que me hago el distraído o trato de soportar, porque Cinefilia es una buena consejera y, de vez en cuando, ayuda. Ahora que lo pienso y la pienso, veo el ritual, un ritual entre luces y sombras. Y me pongo a pensar que nunca busqué una definición de qué es el cine. Pretendo no hacerlo porque, para mí, Cinefilia y el cine van de la mano. Tampoco creo que con Cinefilia sueñe, aunque estoy seguro que me desacoplo y escapo a la propuesta que Cinefilia me da. Me dejo llevar por el encanto de lo fugaz, no es otra cosa que eso. Lo fugaz tiene su encanto cuando se piensa en que todo termina alguna vez. De ahí, a lo intenso, hay un pequeño paso.

EL ESPEJO DEL TIEMPO

Entre tantos rituales que atraviesan este camino, el del cine es el que practico sin pensar. Es tal vez ese misterio de la memoria, del tiempo que no es tiempo o del espacio que se reconstruye en la mirada. Porque una pantalla es también un ojo que nos ve, además de verlo nosotros. Es el espejo donde a veces nos queremos ver. Cinefilia me entiende, no me hace preguntas. Ella no piensa tanto, porque también coquetea con lo fugaz. Yo la busco entre recuerdos y trato de convertirla en palabra para darle un cuerpo que no tiene. Cinefilia no necesita un cuerpo para ser. De vez en cuando, yo tampoco lo necesito.

LA AUTONOMÍA DE UN GLOBO ROJO

El globo rojo
El globo rojo

No sé si el cine es la verdad en veinticuatro fotogramas por segundo. Para mí, la verdad es eso en el momento en que lo veo y deja de serlo cuando se apagan las luces. Pero, con Cinefilia desentumezco el músculo quieto. Y puedo practicar el ritual de verme, la posibilidad de viajar en el espacio sin tocar el piso. Pero tampoco hablo de tocar el cielo. Este ritual implica avanzar hacia atrás, hacia adelante, es ir a un costado o al otro en un mismo lugar, en un punto.

Cinefilia estaba presente el día en que me asombré, al ver en una pantalla a una persona de otro color. Y también cuando me convencí de que un globo rojo tenía autonomía, que podía interactuar con un niño y ser un globo rojo igual. Antes de Cinefilia, era algo mecánico, porque el ritual consistía en correr una manivela de plástico con fotografías o dibujos fijos y darle velocidad para imprimirle movimiento. No era lo mismo. Como tampoco esas proyecciones en la pared de mi casa de las películas súper 8 que se podían conseguir: una parte de “La Guerra de las Galaxias”, una película de “Cupido Motorizado”, y así entregarse a esa magia en casa, con gente, con amigos y con Cinefilia, siempre la gran compañía.

LA GESTA DE UN GORRIÓN

Sala de cine 1Para Cinefilia el tiempo no pasó, para mí sí. Tiene aroma a cine viejo, a espacio habitado por pares de rostros y ojos candentes. De vez en cuando aparece y, entonces, la memoria se vuelve pantalla y la pantalla, incierta aventura, y la aventura -por más incierta que resulte- es la gesta de un gorrión pequeño que aletea frente a la corriente de aire, empecinado en hacerla retroceder. Volar en un mismo espacio y lugar, no recuerdo haber visto esa imagen tan nítida desde mis primeras conquistas a la par de Cinefilia. Sentirse conquistador era una de las motivaciones que me llevaban a buscarla siempre y no necesariamente en el mismo lugar.

FANTASÍA VUELTA HORIZONTE

Ojo en la mano.En el fugaz resplandor de un ojo que recuerda, encuentro a Cinefilia, mi ritual personal. Nunca cambió ese chispazo que mueve lo inmóvil, que toca lo intangible y que, sin necesidad de olfato, huele más que esa memoria de jardines con flores multicolores o paisajes solamente para la contemplación. La imagen, desde su quietud, contempla lo que no se ve. En la pantalla hay un centro y, en cada costado, un misterio. No hay pasado de un lado ni futuro del otro lado. Ambos son la misma cosa.

Hubo un tiempo en que Cinefilia me desafió a mutar de piel y a salir del espectador al protagonista. Generosa fantasía que se volvió horizonte, como cuando ese globo rojo escapaba de las piedras que terminaron por desinflarlo. En el protagonismo hubo riesgo, igual que en esas películas de final incierto, aunque la pícara y azarosa suerte liberara la expectativa del “continuará”… Y vaya si continúa porque, aunque haya pasado el tiempo de aventuras, la pasión por “Cinefilia” aletea, late, soporta y vive para reencontrarse con resplandores. Resplandores fugaces pero intensos al fin, como cada fotograma de una imagen fija o de un ojo que recuerda. Así, se hace palabra o se impregna en un instante entre la luz y la sombra, sin espectadores que lo miren y en una sala llena de recuerdos.

Dream




EL ECO

Rituales: sobre el doblaje

Por Héctor Lontrato

TRAZOS DE SALIVA

Alguien dicta. Cierro los ojos y apoyo los dedos sobre el teclado, como me enseñaron en la Academia Pitman. El golpeteo es firme, sin mirar sobre las Underwood o Lexicon 80. Mano derecha: A-S-D-F. Mano izquierda: J-K-L-Ñ. Hacia arriba y abajo. Entre sombras, los sonidos conducen, se hacen dueños de nuestras emociones con la suavidad de una brisa. Y la voz marca su presencia ineludible. Es acto, espejo, sueño y fantasma.
¿Se puede vivir sólo de imágenes y quedar atragantado de emociones, de sentimientos de alegría y dolor, de amores, pasiones futboleras o broncas frente a la injusticia? ¿Cómo hubiera creado Jorge Luis Borges a “El Otro”? Por más cavilaciones que emprendiera, sin su voz, no hubiera mantenido aquel onírico encuentro con su alter ego, en noche de vigilia.
La voz a veces se hace eco. Y esos sonidos, por momentos, nos parecen ajenos. Pero, al final, nos acostumbramos. Se nos representan como hologramas, dibujos que vienen de las entrañas. Voz alzada y trazos de saliva para definir con precisión estricta contornos y detalles.

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SOMBRAS NADA MÁS

En el Siglo XIX, Adelebert Von Chamisso había cuestionado el valor de la sombra y el rechazo de algunos sectores de la sociedad al imperio del dinero, como único patrón moral de la humanidad. Dice en “La Maravillosa Historia de Peter Schlemihl”: “La sombra, quisiera preguntar, qué es eso,/tal como tantas veces a mí me preguntaron,/y cómo es que este mundo tan bellaco/no deja de tenerle sublime estimación./Han amanecido diecinueve mil días sobre nuestras cabezas/trayéndonos sabiduría, / y nosotros, que hemos dado a ser las sombras,/vemos a los seres como sombras desfigurarse”.
Chamisso anima a su personaje, lo alienta, y le escribe: “Sobre esto estamos bien de acuerdo, Schlemihl/Sigamos el camino y que todo siga como antes; el mundo no nos preocupa mucho, pues lo que cuenta es ser fieles a nosotros mismos,/estamos ya más cerca de nuestra meta/y por más que unos rían y los otros regañen,/al cabo de todas las tormentas, en el puerto, /y sin que nadie nos moleste, dormiremos/un sueño tranquilo”.
Las sombras constituyen en el cine una herramienta narrativa para habilitar el conjunto de imágenes y sonidos que le dan las principales características al perfil de un personaje: sensibilidad, valor, temple, capacidad de amar.
Con la llegada del sonido, en 1927, el séptimo arte experimentó un cimbronazo. Muchos cineastas se resistieron, entre ellos, Charles Chaplin: “Soy enemigo, simplemente, del “cine con palabras”. Con palabras de sobra. Lo cual es muy distinto. ¿Me pregunta usted por qué? ¡Ah, amigo mío, es muy sencillo: al mundo le sobran las palabras y le faltan sensaciones! El mundo quiere hoy silencios poéticos –y fructíferos–, y le dan ruidosas cencerradas”.
Por entonces, un desencantado Chaplin bramaba: “El mundo actual no tiene bastante con que todos los ciudadanos se hayan uniformado externamente; quiere vestirlos también, interiormente, con un ropaje único. O, cuando más, con trajes de bazar hechos en serie”.
Al igual que Chamisso, el creador de “Tiempos Modernos” se resistía a las imposiciones del mercado y a la tiranía de su moral sólo ligada a lo monetario.
Otra polémica se suscitó años más tarde, cuando los empresarios cinematográficos norteamericanos vieron amenazado el negocio por las barreras que imponía la lengua. Los puristas se opusieron al subtitulado, porque empastaba o ensuciaba la pantalla. Lejos de esa preocupación, los dueños de Holywood se alarmaron porque los espectadores de América latina no estaban de acuerdo con el nuevo formato y eso atentaba contra sus ganancias.
Entonces se presentó la opción del doblaje, la reinterpretación, una reescritura a través de la voz. A partir de 1930, hicieron punta franceses y españoles, pero los de la Península Ibérica fueron quienes se plantaron con mayor firmeza, leyes y regulaciones.

casablanca

VOZ-CUERPO

Los recuerdos hablan raro de pronto. Se entreveran con el hoy y los autitos de plástico se convierten en feroces trampas. En la cocina, los oídos se preparan para el rampante ingreso de la sirena de ese tren color marrón que iba de Lanús al centro. Patitas cortas para subir con esfuerzo y ojitos abiertos a mirar todo los posible. Emociones sin control en camino al cine “Los Ángeles”, donde daban las pelis de Disney. Vagoncitos chocados y fuelles que se hacían re chiquitos. Pinocho y su larga nariz nos esperaba.
El muñeco me hablaba raro, no como a los pibes del barrio. Pero así era Pinocho. Hasta que comencé a ver películas en la Cinemateca Argentina, después de los veinte, para mí, todos los actores hablaban en ese castellano diferente, hasta Humprey Bogart cuando, en “Casablanca”, le decía a Louis Armstrong, “tócala de nuevo Sam”.
La voz se imbricaba con la imagen y la hacía suya. Ya no sería más sólo acción. La voz daba golpes, abrazos, saltos, besos. Era una voz-cuerpo que torcía sutilmente las marcas del guión con pequeños gestos, inflexiones leves y la inconfundible identidad del silencio.
Con el paso del tiempo, vinieron los subtítulos y el sonido original que nos sometía a culturas del primer mundo sin resistencia alguna. Cierta rebeldía alimentada de antiimperialismo ineficaz nos llevó a creer que de nada servía conocer la lengua del imperio. Ellos siguieron con su plan de dominación y nosotros no entendimos ni un carajo.
Ahhh… y no fue que en nuestra rebeldía surgió el interés por aprender el portugués de los brasileños o el guaraní de los paraguayos. Muchos no queríamos ser penetrados por el imperialismo, pero tampoco nos dejamos contaminar de la cultura de los pueblos de América Latina.

POLÉMICAS

Esas voces raras se instalaron en mi cabeza y así dieron la verdadera forma a los actores de películas y series. Ya sé, ahora me van a decir que los doblajes alteran la obra de arte, que lo mejor es ver las películas el idioma original. Ahí replico: ¿Y qué pasa con la imagen empastada? ¿Qué hacemos con los chicos o los viejos que no pueden leer tan rápido, o con los analfabetos, o con quienes tienen problemas de visión?
A favor o en contra, nadie puede negar que el doblaje es un arte donde, en algunos casos, la voz se transforma en cuerpo. No hay manera de separarlos. ¡Andá a decirle a un niño pequeño o a un joven que mire a “Los Simpson” en inglés! La mayoría prefiere la versión en español, que incluye la voz del jujeño – cordobés Sebastián Llapur, quien personifica al payaso “Krusty” y trabaja, desde hace más treinta años, en una productora de México, la Meca del doblaje en la lengua del Cervantes.

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RICKY

Junto a “Pinocho”, “Bambi “y “Dumbo” fueron los primeros globos de ensayo de la industria norteamericana del cine, temerosa frente a recaudaciones que se desmoronaban porque el público latino no aceptaba la inserción de los subtítulos sobre las imágenes.
Por entonces, los actores argentinos estaban poco interesados en poner sus voces en otros cuerpos, más aun, con la certeza del pleno empleo que les proporcionaba la época de oro del cine nacional. Pasaron dos décadas hasta que, en 1960, surgió la Ley de Doblaje y comenzaron a proyectarse en la TV algunas series habladas en español, como “Yo quiero a Lucy”.
El virus ya había sido inoculado, sólo era cuestión de tiempo para que el “dubbing” se instalara con mayor fuerza a partir de los´80 y abriera paso a una fuente de trabajo muy importante para actores y locutores. Actualmente, existen en la Argentina 15 estudios de doblaje que brindan ocupación a 300 doblajistas. Los más jóvenes se recibieron en el ISER.
Entre quienes supieron aprovechar esa veta artística esta Ricky.
Una suave risa acompaña cada tanto su fraseo perfecto, como si la felicidad por lo que hace quisiera aparecer en primera escena. Sus ojos titilan cuando habla del doblaje: es su pasión, la forma en la que el actor que lleva adentro se realiza.
Ricardo Alanis cuenta sobre cómo, hace más de treinta años, hizo sus primeros doblajes de algunas frases de personajes secundarios. Le costó acostumbrarse a hablar en “neutro”. Se grababa con cinta abierta, en esos aparatos enormes, y estaban todos los actores de una escena al mismo tiempo. Era como el radioteatro, cara a cara, voz a voz, con palabras enlazadas.
“Estoy convencido: la calidad artística es superior y más rica cuando trabajaban varios actores juntos. El actor tiene otra disposición al estar con un compañero”.

 

EN SINCRO

El ingreso al estudio de doblaje tiene aspecto de organismo público. Un sistema de seguridad con tarjeta electrónica pone una barrera rígida, pero no para Ricky. Es su ámbito natural: saluda a la recepcionista y se cruza en el camino con dos ex alumnos. Camina unos pasos más y se disparan elogios y comentarios ácidos entre viejos compañeros actores y doblajistas.
Prendemos el grabador para una charla donde no hay roles. Preguntas y opiniones se cruzan, los argumentos se plantan y las historias se resisten al orden. Ricky recuerda la vida en La Pampa y los juegos en la estación de tren donde su padre era el Jefe.
Lorenzo Quintero marcó su vida a fuego. Lo formó en la actuación y le enseñó cómo moverse en el escenario multidimensional del circo. Fue así que representó a Juan Moreira en una gira por todo el país. “Como nací en el campo, la veta del gauchesco siempre me resultó fácil”, dice. Después vendrán algunos papeles en “Bairoletto”, en “La Noche de los lápices” y en “Sur”. Pero nunca hubiera imaginado que la decisión de doblar sus actuaciones en el cine le traería aparejada una carrera diferente.

foto doblaje estudio 1

POSEÍDO

Ricky describe su debut como protagonista de doblaje en “Hook” y no puede evitar que, por un instante, el personaje lo posea. Cada vez que menciona uno de los papeles que representó, proyecta una escena a través de su voz.
Sus primeros tiempos en el doblaje habían sido duros: trabajaba un taxi que le prestaba su suegro “Mis compañeros se cagaban de risa porque estacionaba el taxi, grababa y seguía levantando pasajeros”. Pero, a partir, de “Peter Pan” su vida cambió: “Le dije a mi compañera: ahora sí vamos a vivir de este laburo”.
Los pasillos conducen a pequeños boxes donde se graba. La relación con el operador es directa e interactiva. El actor se posiciona en un atril y tiene a la vista un display, donde observa la escena a interpretar. El espacio está insonorizado y los micrófonos son tan sensibles, que registran hasta el crujir de las panzas. Detrás del vidrio, el editor observa atentamente, mira planillas y los gráficos de sonido: “Vos tenés que poner la voz a un personaje en otro idioma y estás obligado a copiar su forma de decir, su interpretación, su modo de hablar, sus pausas, sus tartamudeos, sus gritos, su risa, su llanto. Y todo en sincro, es decir: empezás y terminás con él”.

BORGES EL OTRO

El OTRO

En sus primeros pasos, Ricky recurría a herramientas que lo ayudaran a componer el personaje, más aun si se trataba de un protagónico. A veces necesitaba un saco, un sombrero o una espada de plástico. De manera inversa a “La rosa púrpura del Cairo”, donde Woody Allen sale de la pantalla, nuestro doblajista se teletransporta entre píxeles.
Sin embargo, a la hora de rituales, pesan mucho más los juegos de infancia en la estación de Henry Bell -un pueblo a 35 kilómetros de Chivilcoy- donde entre caballos, vacas y grandes galpones no dejaba de admirar a su padre, cuando transmitía por un enorme el telégrafo.
Para Ricky esos recuerdos no se pueden pasar a “neutro”, porque las emociones no lo son. Resulta imposible doblar esas escaramuzas de guerra con rifles de aire comprimido agazapado sobre las bolsas de trigo o las carreras con la yegua a campo abierto.

HENRY BELL

DE REGRESO

Con esas imágenes, nuestro doblajista me invita una vez más a subir a ese tren de chapa y asientos de madera. Ese que me llevó a ver a “Pinocho”, una experiencia única que recordaré por siempre. Los cachetes inflados por el viento y la mirada atenta a todo lo que se presentaba. El mundo estaba ahí para que lo descubriera: los escalones altos, la alegría de ida, el sueño de vuelta. y el eco de esas voces raras, mitad español neutro y mitad rioplatense, cobijadas bajo la sombra de ese otro que fui, con quien, a diferencia de Borges, no tuve aún la oportunidad de sentarme a conversar en un banco de plaza.




¿TAMBIÉN YO ESTOY?

Rituales: sobre la escuela

Por Estela Colángelo

PÚBLICOS, LAICOS, GRATUITOS Y OBLIGATORIOS

esteli33f9e37f345ad05497899621f348862c9Guardapolvos escritos. Huevos y harina a la salida. Ceremonias de graduación. Ejemplos que nos permiten afirmar: desde el lactario a la tesis doctoral, la educación convive con la ritualidad y los símbolos, como aspectos funcionales de la estructura social y como medios de comprensión del mundo humano.

Toda educación es iniciación, admisión o entrada a un mundo sagrado. Sagrado al igual que nacer, parir, cazar, términos atravesados por múltiples dimensiones. Apertura y ambigüedad.

En el caso de la escuela, a los seis años, a la edad de los dientes flojos y sin saberlo, el niño va a terminar de desarrollar y a dejar la infancia en la escuela primaria.

 

MANTEADAS ERAN LAS DE ANTES

En los años 90 y a comienzos del 2000, en escuelas populares de los distritos 3° y 6° de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, participé de lo que Van Gennep llamó ritos de paso: pasajes de un estado a otro.

Por un lado, cuando un estudiante de magisterio está en la última etapa de su formación, se hace cargo del grado y se lo nombra residente. Una vez transitado con éxito el último obstáculo, los niños de la escuela, formados en dos filas enfrentadas, solían esperar a que pasara el/la residente, quien atravesaba el centro para que las manos pequeñas “le dieran la manteada”: golpear las distintas partes del cuerpo del maestro cubiertas con el delantal blanco. Ritual de iniciación, el estudiante pasa a ser maestro.

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MANTEADITA ÚLTIMA

Lo anterior, para hablar de comienzos. Si nos enfocamos en finales, en su último día de trabajo, los maestros del distrito escolar 3° bajan la bandera y se someten al mismo ritual que al comienzo. Sólo que, al pasar por el centro de las filas, reciben caricias, besos, apretones de manos. Al final y ya en la puerta, los niños esperan con un enorme ramo de flores. El pasaje ahora es de maestro en actividad a maestro jubilado.

En el medio, los rituales cotidianos.

YA AMANECIÓ

despierta mi bien despierta/mira que ya amaneció/ya los pajarillos cantan/ la luna ya se metió”

Letra de “Las mañanitas”, de Eduardo Magallanes/Kiko Campos

esteli150480333Comienza el día, la puerta se abre diez minutos antes. El maestro de turno y la autoridad máxima reciben a los niños. Las mochilas se dispersan por el suelo, al igual que sus dueños. Los chicos conversan, se saludan. Los maestros hacen lo propio: circula el último mate de los tempraneros, mini anticipo de los recreos. La autoridad, atenta al personal que llegará tarde o pidió licencia. La secretaria, pronta a solicitar suplente. Se preparan abanderado y escoltas de todos los grados y se acercan al cofre donde está la bandera, mientras un maestro acompaña. Puntual, suena el timbre. Espontánea, la fila se extiende, en tanto la puerta permanece abierta, al cuidado de la portera. Los acompañantes adultos participan del saludo a la bandera. En este punto, las propuestas cambian con el tiempo: se recita la “Oración a la Bandera”, de Francisco Luis Bernárdez, se canta. Si alguna efeméride reclama la memoria, se pondrán palabras o canciones. Después, al aula, a tomar asistencia, a controlar la tarea y a preguntar qué le pasó al que llegó tarde o sin guardapolvo.

DETRÁS DE CADA RITUAL, UN MITO

esteli5verLos rituales dan certidumbre y consolidan cierto sentido del orden. Permiten apropiarse de la cultura, socializar, producir subjetividades, construir significados, interactuar con el universo simbólico cultural para no quedar huérfanos de imágenes. Los actos escolares tienen su aporte en todo este asunto. Distintas investigaciones analizan cómo tratar estos contenidos en la institución. Cada escuela tendrá su estilo -su matriz- ya que es el momento cuando toda la escuela se muestra.

Como siempre, hay cuestiones formales a cumplir: las banderas de ceremonia, el himno nacional, el himno a San Martín, a Sarmiento, a las Malvinas y las palabras alusivas. Si las dice algún alumno, despierta sorpresa y sonrisas; si le toca a séptimo, ¡preparate!, ¡no la terminan nunca! La de primero te cansa con tanto “chiquis” y “papis”. Si es el turno de la bibliotecaria, la hará corta, con palabras “perfumadas”. A Bernardino, por ejemplo, no le sale la erre y la elle como a nosotros porque es correntino, habla lindo.

La segunda parte, la informal, es la gran responsable de descubrir vocaciones: orquestas, cantores, amantes de la poesía y del teatro entre los propios alumnos o acompañados de artistas populares, siempre solidarios con la Escuela Pública.

Como la niña y la maestra que fui, confieso que los actos escolares eran mi adoración. Así traté de buscar sentidos compartidos en los símbolos. Recuerdo haber comprado un chal con tejidos en relieve, con los colores de nuestra bandera.

-Este es un trapo celeste y blanco- dije.

-Esta es la Bandera -y mostré una flamante-. ¿Cuál es la diferencia?

Las respuestas no se hicieron esperar entre auxiliares de portería, maestros, niños y sus familiares.

-La bandera es un trapo que representa las cosas buenas- dijo un adulto.

-¿También yo estoy?- preguntó una niña extranjera.

-Sí, te elegimos mejor compañera- le contestaron.

Alguien ponía sobre la tela a nuestras Islas Malvinas, al abuelo muerto, a las Madres, a las Abuelas, a los paisajes, al barrio.

Luego vino la Promesa de Lealtad con el chocolate con churros y regalos a los de 4to. grado.

MATARON ROBARON Y NO HUYERON

Profundo dolor siento cuando veo que mucha de nuestra argentinidad ha sido asociada a la dictadura militar o al nacionalismo, siempre escrito con z. Unos y otros no dudan en usar indumentaria con símbolos extranjeros. En este sentido, es como si lo único que nos uniera fuera el fútbol, el “oh, oh, oh, oh…” de las estrofas del himno o la exhibición de banderas.

Digo profundo dolor, porque creo que este sentimiento de no pertenencia autoriza el despojo de territorios, de historias, de creencias de verdaderas raíces, de desconocimiento de pueblos originarios.

Así sucedió con el traspaso de los servicios educativos de la dictadura a las provincias y a municipios y con la Ley Federal de Educación del menemismo. La Ley 1420 entregaba las herencias vacantes al Ministerio de Educación. Llegué a ser partícipe de la entrega de un departamento a una madre que alquilaba y no podía ya cumplir con el contrato. En aquel momento, y a cambio, debió pagar dos accesibles meses de expensas. Si alguna vez se hubiese cumplido con el financiamiento expresado en la Ley 1420, el estado de la educación no sería deplorable.

También podríamos recordar que, cuando la Ciudad de Buenos Aires era Distrito Federal, se construyeron emblemáticos edificios con fondos de todas las provincias, ya que la Capital recibía impuestos de las empresas residentes. Así sucedió con el hoy vendido Mercado del Plata -luego edificio del Plata-, contiguo al Obelisco. Del igual modo, van con los hospitales: el centro de rehabilitación emplazado en el barrio de Belgrano, el Clínicas. No se privan, por supuesto, de cargar contra los palacios gubernamentales: Bolívar 1, ex intendencia sede del gobernador de Buenos Aires, o el ex edificio de la Prensa, ya ofrecidos a compradores internacionales, ni contra otros tantos hoy en peligro de convertirse en negocios inmobiliarios.

Tal vez, si rescatásemos los rituales escolares, si la valentía y la solidaridad nos uniera, podríamos comenzar a organizarnos para la defensa del patrimonio simbólico y material, reunidos alrededor de un fogón, de una mesa donde circule mate, torta frita y pastelitos, a la espera de que tiempos mejores nos devuelvan el asado.

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BUSCÁ TU VERDE

Rituales: sobre la lucha (incluye el testimonio de Amanda Cruz).
Por Liliana Franchi

 

A TONO CON EL FUTURO

Paisaje con verde - Guillermo Conte
Paisaje con verde – Guillermo Conte

Siempre mirá al verde”, tal vez porque, en sí mismo, significa aquello que circula en el imaginario. Propio o colectvo. Quizás la esperanza, el sostén o simplemente perderte en campos verdes, que atravesamos al escapar de la ira de quienes apenas conocemos sus nombres. Esos, los despiadados, los vacíos de amor hacia los otros, los capaces de arrancarte a pedazos el corazón, de decapitarte para que ya no pienses ni puedas formular explícitamente pensamiento alguno.

Buscá tu verde, seguilo, sin decaer, ni arrepentirte, sin cabida a remordimientos o arrepentimientos. Verde como tus ojos, como los caminos a la Puna, como el mar en días fríos, como los árboles. Verde Alhambra, con senderos retorcidos donde se esconde un futuro.

 

QUÉ TRANCO

La lucha también es verde, produce cambios, mitiga el dolor y las ausencias, aliviana las heridas. Causa un efecto de moderación sobre los golpes, deja huella y esboza una lánguida satisfacción. Quienes vivimos con el ritual de la lucha, nos levantamos a cada paso. Nosotros los luchadores, los asignados, los enarbolados, los odiados y queridos, los combatidos y combatientes. Se trata de elegir una vida con sentido. Mientras nos ahoga una desesperanza, a veces prolongada, habitamos la espera activa y sigilosa del momento digno de una recuperación, de aquel sueño postergado, impensado. Se acerca el ritual, galopa a tranco fuerte, dilatado en la espera. Lo vemos aparecer. Así, de a poco, la utopía tuvo figura humana, de grito ensordecedor, de mano firme, de verde intenso.

 

El agua caía por la pared de piedra, se iluminaba de norte a sur en la noche oscura y fría. Una mano tocó el agua y quedó tiesa e inmóvil, la noche fue testigo. Se avecina nuestro ritual.

 

ESA MUJER

Intervención lumínica - Guggenheim
Intervención lumínica – Guggenheim

Subida en el techo de su casa, que antes albergara a toda su crianza, aquella triste mujer fue vista una y otra vez, ocupada en su tejido. Ni sus hijos pudieron hacerla bajar. Por las noches, se abrigaba con la luna. De día, tejía. Se unía al cielo con un pedacito de nube que colgaba solitaria del pico más alto del tejado. Lánguida y discreta, corajuda de constancia y paciencia, iluminaba a veces los caminos opacos. Decidió observar desde lo alto y de bien lejos a un mundo acosador. Simulaba ser feliz, como si eso hubiera podido lograrse tan solo por estar cansada de tanto momento terrenal. De todos modos, en las alturas, tenía lo necesario para soñar. Cada atardecer con la caída del sol, tornaba en un gris marengo que, viraba al oro brillante por las mañanas.

Una mujer como esta ya tuvo la tierra, de pie y plantada, pareciera ya hora de volar. Con su lana tejía alas, blancas y victoriosas, hora tras hora sin descanso.

Por la ventana se ha visto una silueta fina subirse a las montañas. Iba envuelta en un vellón espeso, descalza y sin apuro. Esa sombra nubló mi vista unos instantes y robó unos puntos al paño que tejieran a destajo mis cansadas manos. Un punto a lo lejos alcanzaba una estrella. Seguía dale entrelazar hilos con la concentración flotante, cuando alguien quiso robarle una ilusión. Desde lo alto se ven diferentes las cosas, tal vez subiera en algún momento a las tejas más cercanas. Aún no logro terminar mis alas.

Volar, tejer, sostenerse en el tiempo, animarse a más, salirse de uno mismo para ser otros, adentrarse para volver a ser. Nunca más se la vio rondar lunas, cuando el ritual perforó y honró la tierra.

 

HASTA EL GRITO, SIEMPRE

Con un contentamiento único, sentada en aquel almohadón naranja, rodeada con calidez extrema, Amanda se mezcla con el sol tibiecito que entra por el balcón. Su delgadez es una sombra que adorna la pared frontal, muchos diarios, folletos y libros, en su debido orden sobre la mesa y a punto de ser ojeados. Los mates convocan a más, casi sin preguntas, comienza una exposición sostenida con voz firme. Sus manos hablaban a la par.

“’Negrita, siempre mirá el verde’ me decía, y nunca dejé de hacerlo. Se sucedieron años de proyectos, prósperos en expectativas, ávidos de amigos. Empezamos a buscar un significado para aquellos que tan solo nos tenían a nosotros. Inmediatamente, apareció el espacio para poder cumplir con esos sueños. Éramos muchos y parecía que todos nos pertenecíamos en cada uno. Laboriosa meta habíamos emprendido para cambiar el futuro.”

Creíamos en un bienestar más gentil para quienes menos tienen, creíamos en socializar homogéneamente, en sentirnos libres de poder hacerlo, seguros de lograrlo. Sin embargo, el zarpazo feroz del salvaje nos sorprendió. El arrebatamiento, el genocidio brutal convirtió los hogares en hogueras, las calles en campos minados, persecuciones, caminos inimaginables de sobrevivencia frente a la barbarie. Todo era confuso, por inesperado y cruel, devastador y perverso. ¿Cuánto había de locura y cuánto de realidad? Se mezclaban todos los límites con el infortunio de lo vivido. La mezquindad y la atrocidad fueron las principales protagonistas.”

Silencio en verde - Ramón Juan
Silencio en verde – Ramón Juan

Y así quedamos solas, Juanita y yo. Deambulábamos por lugares impensados y aquel limbo obscuro nos sobresaltaba y nos protegía, día a día. Es difícil asegurarlo. Largos años de incertidumbre y dolor, austeras sonrisas, muy poco para observar y menos para compartir. ¡Cuánta desdicha sentir la vida como una tragedia permanente, como profundo desasosiego de llegar al otro amanecer!”

Cuando me lo permitieron, recordé: ‘siempre mirá el verde’. Me preguntaba ¿hacia dónde podría dirigir mis ojos para verlo?”

Sobrevivir también es luchar, pero se necesitaba más, mucho más para resignificar el desconsuelo y la tristeza. Cuando empezamos a sentir la necesidad de combatir el horror, en ese preciso momento, nació el ritual. Esa fortaleza, que se engendra en las entrañas mismas, que se levanta como bandera, que se agiganta junto a los otros, se multiplica. El abrazo reparador de algún encuentro que nos trae lo que fue, y a algunos más. Justo en ese punto, nace un verde intenso, esmeralda, que me recuerda a sus ojos. Por sobre la controversia entre la muerte y la vida, se avizora nuevamente el ritual que nos traerá vientos de transformaciones. Si bien ya no somos los mismos, en esencia, lo seremos. Seguiremos y seguiremos hasta que un grito de triunfo se escuche.”

 

UN ECO A LO LEJOS

Esta mujer potente, de convicciones férreas, quien no concibe la vida sin hacerle frente, ha dejado de lado las angustias, poniéndose al hombro cada batalla. Se fortalece en el pensar que somos-con-los-otros, logra reírse de sí misma y deja huellas de aliento permanente.

No hay peor desazón que el silencio impuesto día tras día. Esa inquietud constante para salvaguardarnos.

La noche había comenzado su andar ceremonioso cuando, a lo lejos, escuchamos un eco que balbuceaba nombres: Amanda, José, Juan, Pedro, María, Sofía…

Ella es espada y caricia, ventarrón y sosiego, incomoda con su fortaleza, contiene con su historia, contagia lucha.

Rosa verde, Guillermo Utrera
Rosa verde, Guillermo Utrera

 

 




OTROS MUNDOS POSIBLES

Rituales: sobre la ceguera a los colores.
Por Eduardo Garea

 

UN HECHO INESPERADO

¿Qué ocurriría si el hombre perdiera la capacidad de ver los colores? Esta pregunta es para mí una motivación constante. En principio, no tan sencilla de responder porque, de inmediato, surgen incontables respuestas desde distintos ángulos.

Durante años de labor como colorista de un laboratorio y, luego de desarrollar miles de fórmulas, sucedió una anécdota que me hizo reflexionar sobre el tema. Así, una tarde de verano, un nuevo cliente visitó la planta para elegir, de la tablilla de colores, tres tonos de rojo. Cuando le ofrecí la variedad disponible y, después de una conversación sobre la calidad de los pigmentos, el cliente -de manera muy amable- cedió a que yo seleccionara el producto para sus envases, dado que era daltónico.

EL ISMO DE DALTON

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John Dalton

El daltonismo es una alteración genética descubierta por el matemático y químico, John Dalton. Durante sus investigaciones pudo determinar los distintos grados de pérdida para identificar el rojo, el verde y -en algunos casos- el azul.

Por otra parte, la falta de gama cromática no afecta el desarrollo de los otros sentidos, como ocurre en ciertas cegueras. Es decir, las habilidades motrices no se alteran.

Dentro de la sociedad, el comportamiento de un daltónico no presenta mayores singularidades, pero muchas veces se sienten relegados en algunas tareas puntuales: policías, pilotos de avión, automovilistas, o trabajadores de riesgo tienen obstáculos en zonas donde hay distintas alarmas lumínicas y auditivas. Estas alteraciones condicionan sus vidas.

El asunto toma otra perspectiva cuando un mal genético individual se traslada a un grupo social. Sin embargo, hoy existen territorios, donde una parte importante de la población afectada de una disminución visual logra convivir, junto a otro segmento mayoritario de los nativos llamados “normales”.

LA ÍNSULA ENCANTADA

En una remota isla del Océano Pacífico llamada Pingelap y perteneciente a Los Estados Federados de Micronesia, una serie de acontecimientos poco comunes provocó uno de los misterios más estudiados por los actuales científicos. Este pequeño atolón de 1,8 km cuadrados, cuya población es de alrededor de seiscientos nativos, fue descubierto por Torilio Alonso Salazar, en 1526.

La cantidad de islas diseminadas por el Océano Pacífico y su posterior identificación sólo pueden ser comparadas a los nuevos miembros de la familia astral hallados en actuales exploraciones del sistema planetario. En esta zona del hemisferio, las continuas tormentas y terremotos dejan a su paso un tendal de destrucción.

Se conoce que, en el año 1775, el terrible tifón de Lienkieki arrasó el atolón. La mortandad fue casi total. Sólo sobrevivieron 20 pobladores, incluidos el nahmnawarki (rey hereditario), llamado Mwaneinised y algunos integrantes de la familia real.

SINFONÍA VERDE

La vegetación se extiende sobre un espacio de tierra fértil. Cantidad de cocoteros y pandanes crecen sin intervención alguna del hombre. Otros, cerca de la costa, se inclinan ante los fuertes vientos. Restos de cortezas y hojas aún flotan en la orilla. Se desprende un penetrante vaho que, junto al perlino pescado, da la sensación de habitar en el paraíso perdido. A pocos metros, desde una isla sin caminos, se abre la única plantación del ñame, principal alimento comunitario. En la precaria aldea reina la miseria. Los niños corretean de aquí para allá: varios parpadean intensamente por el efecto del sol abrasador y otros se cubren la cabeza con una tela negra. Parece no haber adultos. Los cerdos blancos y negros son protegidos por el rey nahanmwarki: sólo él puede sacrificar uno para dedicarlo a su divinidad Isoahpahu y calmar la ira de la naturaleza.

Una mítica historia relatada oralmente por un viejo nahnmwarki habla sobre el poderoso dios Isoahpahu, quien regía los destinos de los nativos, hasta la aparición de un dios venido de una isla lejana. El advenedizo separó en dos la isla de Pingelap. En un nuevo combate entre Isoahpahu y el dios extranjero aquel arrojó un manotazo de arena y, así, se crearon las tres islas que forman Pingelap.

LOS SERES DE LA NOCHE

rivieramayablog.comMientras cae el sol, la estampa plomiza del cielo se ahoga en el mar. Durante algunos lánguidos minutos, la esfera dorada se demora un instante antes de ocultarse en las tibias aguas tropicales. Sobre la playa, los pescadores enrollan las redes en un ajetreo silencioso y, más acá, un arponero afila sobre una piedra la hoja de su dardo. Cuatro hombres arrastran una barca. Es un tronco enorme ahuecado: una vara a cada margen permite mantener la estabilidad de la embarcación. La marea baja les ayuda a dar un salto y abordan.

En la noche cerrada se descubre un escenario infinito. La luna, suspendida como un reloj de bolsillo, incrementa la ansiedad de los pecadores. Ellos ven sólo de noche. Es el mejor tiempo para atrapar el atún. El timonel conoce la posición de las estrellas en el firmamento, sabe conducir la canoa a través del Pacífico. Dice: “Los mejores navegantes son aquellos que aprendieron de sus padres. En mi familia, somos todos makun. Nuestra estirpe puede ver el tenue brillo platinado de los peces y cómo se desplaza bajo las aguas el resplandor de sus alas cuando saltan fuera del mar.”

Sobre las olas flotan luciérnagas marinas de un azul encendido. A lo lejos, en la isla de Rongelap, la nieve rosada ilumina el horizonte como un faro artificial, herencia de la lluvia radiactiva.

Los makun captan mejor el resplandor de los objetos. Es la herramienta usada para clasificar su mundo. También perciben los contornos a partir de las diferentes sombras. No conocen los colores. Pero se potencian sus otras sensibilidades sensoriales, de ahí, que pueden identificar las texturas suaves o ásperas, húmedas o secas. Las marcas de las superficies son sellos invaluables. Quizás, el fenómeno de mayor importancia es poder identificar una sustancia transparente: cuando esta es atravesada por un haz de luz, el observador acromático sabe que está en presencia de la traslucidez, una característica diferente, que le permite ver las variantes de un mismo color gris y su diversidad tonal.

CONVIVIR EN PINGELAP

A mediados del siglo XIX, un barco ballenero tuvo una avería al intentar atrapar a una ballena de gran tamaño. Entre los nativos, circula una leyenda y dice que los tripulantes de aquella nave descendieron para abastecerse de agua fresca y fruta. El contacto entre las dos civilizaciones produjo un fatídico hecho contagioso: “la ceguera a los colores”.

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Ortelius – Maris Pacifici 1589

Se sabe que hay un 5 % de la población portadora del gen degenerativo. Los niños de dos años comienzan a parpadear y giran la cabeza ante la luz intensa. Cuando llegan a los tres años, no logran distinguir los detalles ni pequeños objetos a cierta distancia. Al cumplir los cuatro, ya no pueden ver los colores.

Dentro de una inmensa monocromía, entre el follaje verde, pueden identificar distintas variedades de plantas. Pero el asunto se les dificulta si hay una fruta roja o cuando el verde pálido se confunde con el amarillo. En el caso de la banana, recurren a otros medios más sutiles: sienten, huelen y utilizan el gusto.

La mayoría no logra aprender a leer, ya que no pueden ver las palabras en la pizarra.

Existe otro oficio practicado por los maskun, es el tejido de alfombras, en tonos que van del marrón oscuro hasta el púrpura. En la tela, la representación tiene poco contraste cromático. Estos dibujos solo pueden ser vistos por los ciegos del color en un ambiente de escasa luz.

Para poder entender cómo visualizan la realidad en blanco y negro, los colores se agrupan del siguiente modo: para el blanco, se juntan el amarillo y el azul pálido; para el negro, se juntan el rojo y el verde.

VER EN FORMA

Al carecer de la capacidad para identificar colores, los maskun prestan atención a las formas. De ese modo, reproducen los primeros pasos del hombre en el campo de la pintura. Según cita Plinio el Viejo (25-79 d.C), en su obra “Historia Natural”, los egipcios fueron los primeros en inventar, hace 6000 años, la técnica de dibujar los contornos de hombre y animales. La segunda etapa fue pintar en interior de los contornos utilizando un color por vez. Los pigmentos (en general óxidos férricos) aplicados eran los más cercanos al lugar.

¿Es posible que el hombre haya evolucionado en su capacidad visual y esto haya instalado el peso de un nuevo paradigma? Filósofos, científicos y escritores se han interesado en describir la utilidad biológica o la importancia de la visión como ventana al mundo exterior. Pero, creo yo, aún no se ha materializado un estudio más exhaustivo, sólo contamos con buenas investigaciones centradas en temas aislados.

En un estudio científico realizado entre animales se pudo establecer una idea básica para entender los diferentes grados de capacidad visual.

Los acromáticos carecen de la posibilidad de identificar colores y ponen énfasis en las formas.

Los dicromáticos, se cree, se desarrollaron en el paleozoico, tienen dificultad para detectar frutos de colores entre un paisaje verde donde la luminosidad es variada.

Los frutos pudieron evolucionar de modo tricromático y los monos adaptados a este sistema lograron, incluso, reconocer detalles faciales, estados emocionales y diferencias biológicas.




LAS EVAS DEL FÚTBOL

RITUALES: sobre: el fútbol femenino

Por Pablo Soprano

 

RESISTENCIAS “MACHIRULAS”

Si hay un lugar cargado de rituales, ese es el fútbol. En todos los aspectos: profesional, semiprofesional, amateur, barrial, de potrero. En cualquiera de estos casos, estos ritos generalmente abarcan al mundo masculino. Hoy, en tiempos de lenguajes inclusivos, liberaciones femeninas, luchas y conquistas feministas y la trabajada y flamante profesionalización del fútbol de mujeres dan pie a que ellas sean consideradas parte del ritual. Ya no sólo desde las tribunas, sino también desde adentro, desde el verde césped. Y, a pesar de ciertas resistencias “machirulas”, las mujeres, persistentes, se empoderan dentro del “deporte más popular del mundo”.

Somos testigos de cuánto les cuesta aunque, hace años, los clubes de todas las categorías del fútbol argentino tienen su equipo de primera e inferiores de chicas. Incluso la AFA tiene su seleccionado, que ya ha jugado dos mundiales -2003, 2007-, un campeonato sudamericano -2006-, los JJOO de Pekín en 2008, los Juegos Panamericanos de 2011 y los Sudamericanos de 2014.

No siempre fue así. Si bien los mundiales femeninos se han establecido desde 1991, ha habido experiencias mundialistas previas, como aquella que se celebró en México en 1971.

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La Nación, plantel que viajó a México en 1971

 

LA PREHISTORIA

Imaginémonos por un rato: si hoy las mujeres deben luchar imponerse como futbolistas, cómo habrá sido, allá por el 71. Aunque suene fuerte, quien escribe esta nota no puede dejar de pensar en una palabra, “prehistoria”. La prehistoria del fútbol femenino argentino cargada de épica, drama, datos risueños y de mucho pero mucho coraje contra un mundo no preparado para ver a “22 mujeres correr detrás de una pelotita”.

Como en un freak-show o en un circo de rarezas, en las décadas anteriores a los setenta, había managers y representantes que viajaban al interior del país con mujeres futbolistas. Las buscaban, tal vez, en barrios humildes. Veían en ellas condiciones para el juego, las subían a un micro y las llevaban de gira. Una de las pioneras se enorgullece de dos hechos de aquel entonces: haber jugado en canchas profesionales de once -al contrario de las chicas de ahora, quienes generalmente lo hacen en canchas auxiliares- y de que, “en el ‘70 incluso jugamos un torneo en Independiente que lo transmitió Canal 13. El puntapié inicial lo dio Palito Ortega”. Quien esto cuenta es Gloria “Betty” García, integrante del primer equipo -en sus setenta y pico en la actualidad- que, años más tarde, jugaría el segundo mundial de fútbol femenino en México ’71. De estos grupos de exhibición, saldría el primer equipo argentino.

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Pioneras del Fútbol

 

LAS EVAS” Y LAS “AZTECAS”

La invitación para jugar en tierras aztecas llegó gracias a que, un año antes, las mexicanas habían venido a jugar un partido amistoso en la cancha de Nueva Chicago, en Mataderos, con el arbitraje de Guillermo Nimo. Las nuestras se impusieron por 3 a 2 y cabe destacar que jugaron un tiempo con la camiseta de Chicago y otro, con la de un club llamado “Universitario”. Ese día Nimo expulsó a Betty y a una mexicana, hizo patear dos veces un penal y convalidó un gol de otra pionera y goleadora, Elba Selva. Se recaudaron más de 400.000 pesos y la revista “Así” las llamó “Las Evas del fútbol”. Con este antecedente, nuestras chicas viajaron a México con una menor de 17 años, cuyos padres debieron firmarle el permiso de salida. La chica iba sin puesto definido. Así, a los ponchazos, juntaron 13 futbolistas y emprendieron una verdadera hazaña para el deporte argentino que nuestra historiografía se encargó de ocultar.

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‘Betty’ García, Elba Selva, Lucila Sandoval y Mónica Santino

 

CONTRA TODOS LOS PRONÓSTICOS

Viajaron sin técnico y casi sin dinero. El debut fue en el “Estadio Azteca” desbordante de público. Cayeron ante las anfitrionas, 3 a 1. Marta Soler, la arquera, asegura que las “bombearon” escandalosamente. Tras un rebote, luego de un penal, Eva Lembessi anotó, pero el árbitro anuló el gol porque consideró la jugada ya terminada. Incluso los diarios titularon que su propia selección había despojado del triunfo “a las che”. Norberto Rozas, un argentino residente en México y ex jugador, se ofreció de técnico y las chicas aceptaron porque se venía una parada brava para el segundo encuentro: Inglaterra.

Las inglesas eran enormes y fuertes, pero las nuestras -a base de buen trato del balón y mucho coraje- ganaron 4 a 1, todos goles de nuestra primera goleadora de la historia: Elba Selva. A pesar de la lesión de Angélica Cardozo, las pibas argentinas les dieron “un baile bárbaro”, según palabras de las propias jugadoras. Gracias al triunfo, las chicas ganaron una excursión a Cuernavaca y, como la arquera Marta Soler era cantante semiprofesional, dio un show en un boliche argentino donde cantó boleros y, así, todas/ el equipo se hizo se hicieron de unos pesos.

Consiguieron tal fama que muchos las buscaban para sacarse fotos. Y ellas, pícaras, cobraban autografiándolas como un modo de sumar más dividendos a sus alicaídas finanzas, pues nadie de nuestro fútbol les tendió una mano. Incluso las camisetas celestes y blancas destiñeron al primer lavado: todo se hizo a pulmón.

El último partido fue contra las campeonas del mundo, las dinamarquesas. Las argentinas llegaron en muy mala forma, después de sufrir un accidente en el micro que las llevaba a entrenar. Para colmo, otra lesión: la arquera/cantante con un golpe en la rodilla tuvo que infiltrarse. Esto no evitó la goleada 5-0 de las danesas defensoras del título a las nuestras. Quedaba pelear el tercer puesto con las italianas. Luego de un olvidable viaje en avión lleno de turbulencias, más el obvio cansancio, ocurrió lo inevitable: derrota por 4 a 0 y a pensar la vuelta a casa. Sin embargo, aún no volvieron: fueron invitadas a quedarse una semana más a jugar un amistoso con las locales y se repartieron la recaudación. Eso, sumado a los shows de la arquera, a las fotos autografiadas y a un asado entre argentinos para juntar fondos hizo que no sólo no volvieran. También lograron comprar un FIAT 600 a pagar.

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El Equipo

 

UN GRAN PLANTEL, A PESAR DE TODO

Quedará para la estadística el triunfo de Dinamarca contra México por 3 a 0 y la retención del título mundial. No obstante, nuestras pioneras hicieron un dignísimo papel. Tengamos en cuenta todos los obstáculos, los rebusques para conseguir dinero, la falta de técnico, botines, médico, preparador físico y el nulo apoyo oficial. Apenas, el aporte de la Unión Tranviarios Automotor, donantes de la ropa deportiva. Tampoco fueron provistos por la AFA los lugares para entrenar. Así las cosas, resultaron verdaderas heroínas, a quienes no les faltaron los recursos al momento de afrontar las dificultades.

Vaya el reconocimiento al plantel argentino integrado por estas jugadoras:

Ofelia Feito, María Ponce, Susana Lopreito, MariaFiorelli, Marta Soler, Angélica Cardozo, Zunilda Troncoso, María Cáceres, Virginia Andrade, Betty García, Blanca Bruccoli, Elba Selva y Eva Lembessi. Además de Marta Andrada, Virginia Cataneo, Zulma Gómez y Teresa Suárez.

PRESENTE Y FUTURO DE LAS PIONERAS

Ya en el presente, de la mano de Betty García y de la ex jugadora Lucila Sandoval, muchas de estas pioneras integran el colectivo “Pioneras del Fútbol Argentino”

 Página de Facebook de las “pioneras del fútbol femenino”

En esa agrupación, que reúne jugadoras de todas las épocas, visibilizan la problemática de la mujer dedicada a este deporte.

Un comentarista deportivo -en la actualidad sería tildado de “machirulo”- llegó a decir de ellas: “El fútbol no es para chuchis. Las ves moverse con esa torpeza insuperable. Esto sólo es cosa para varones de pelo en pecho y galladura fuerte”.

Entraron en la historia grande del deporte argentino. Contra todos los pronósticos. Dentro de sus posibilidades, en un momento adverso, defendieron sus derechos como mujeres.

Foto 6 latinta.com.ar