AL ROJO VIVO

Ausencias: sobre el clásico de fútbol en Salliqueló.

Por Cecilia Miano

 

CANCHA NUNCA ESTADIO

Más verde por acá
Más verde por acá

En Salliqueló, casi desde su fundación, los clubes aparecieron como los pobladores, como al descuido, sin pensar mucho. Llegaron desde distintos países y se resistieron al impacto de vivir en la pampa árida, casi sin nada. Así, primero apareció el Club Newbery y, poco después, el Atlético Cecil A. Robert. Desde ese entonces, sus colores visten el pueblo pero, por sobre todas las cosas, visten la cancha de fútbol. Digo cancha, claro, porque acá nadie usa la palabra estadio…

Los jugadores, en general, son los chicos del pueblo que, casi como si lo heredaran en el código genético pertenecen al rojo o al verde, dos mundos en paralelo.

Los newberistas son los hinchas que contaron con los socios más adinerados del pueblo, aunque el club se construyó con el esfuerzo de quienes pusieron su trabajo para recaudar fondos en pos de mucho que se propusieron. El sello de los verdes es el esplendor. Les gusta sentir que es el club donde todo se puede. Verdes son los roberistas, los luchadores por definición. El club es un lujo hecho, también, con el esfuerzo de todos los socios. El amor es camiseta, pertenencia y eso hace crecer las instalaciones y las pasiones.

 

MAGOS ROJOS

Siempre en festejo
Siempre en festejo

Y ya que hablamos de pasiones, vamos al asunto hinchadas. En los rojos, el color de la camiseta se cuela y se hace sangre, un sentido más de vida. La cancha es un ejemplo de esfuerzo a pulmón. Y, cuando los pulmones se cansan, las maquinarias hacen lo suyo. El césped, los vestuarios, la sede social, el gimnasio, las fotos inundan de memoria el presente y lo hacen desear.

Y cómo no mencionar la fiesta del día de los reyes magos, que este club organiza hace más de treinta años. Allí, los monarcas llegan en caballos, con trajes de ensueño y un pesebre viviente. Por supuesto, entregan regalos. Todos en el pueblo esperan y celebran en la cancha. La fiesta es tan masiva, que ningún niño se queda sin recibir un golazo de ilusión.

 

GALERÍA VERDE

Por su parte, el espíritu de los newberistas consiste en estar siempre en lo más alto. Ellos son de los que rivalizan con orgullo y sin miedo. Lo atestigua la galería de trofeos y recuerdos fotográficos, en el hall de acceso al salón de fiestas. El magnífico salón desprende verde y blanco desde el piso. La vista asciende desde ahí hasta el escenario, vestido con la prestancia de un altivo telón, siempre dispuesto a la fiesta

 

LA ESCUELA DE LA CANCHA

Sólo con pasión
Sólo con pasión

El plantel de fútbol siempre ha sido lo más importante en los dos clubes. Es la disciplina más destacada, la más seguida y, en los últimos años, crece cada vez más el fútbol femenino, sobre todo, en el Robert.

Las canchas están separadas por dos cuadras, donde se emplazan los colegios más importantes del pueblo. Es decir, que a la pasión por educar atraviesa cuatro cuadras mágicas.

El encuentro más importante en el campo es el clásico: Newbery-Robert, o, al revés, según el tinte de la mano que lo escriba. Más allá del lugar de cada equipo en la tabla de posiciones, el orgullo de ganar un clásico importa casi más que el campeonato.

El sábado juegan las categorías inferiores para dejar el domingo como plato fuerte. Ahora, el domingo se prepara desde mucho antes que empiece el partido. Los contrincantes se encuentran en la cancha después de compartir asado el viernes y, el día de la contienda, el madrugón es para hacer la previa al partido conformados como equipo. Pero, ¡atenti!: El Newbery puede salir campeón. El Robert quiere ganar para salvar el orgullo de todos los clásicos. La cancha es la del verde, con su césped – alfombra mágica, inusitada para el mes de junio. Abre la jornada futbolera el Senior, un equipo con jugadores de más de 39 años que despuntan las ganas de jugar en una categoría hecha a medida. El físico, la cabeza, los compañeros, los sonidos de recuerdos, las piernas listas para los toques y los golpes, la ropa dispuesta a acompañar el movimiento con destreza pero, por sobre todo, con corazón.

 

LA ROJIVERDE

Acceso a la cancha
Acceso a la cancha

La tensión está en el aire. Los autos llegan a la cancha para encontrar un buen lugar en las cocheras, un espacio imaginario, porque no están delimitadas por nada. Pero todos saben dónde estacionar, quiénes serán sus vecinos de cochera y dónde dispondrán las sillas para tomar mate.

La hinchada roja es la más bochinchera, los simpatizantes se destacan por ser intensos en los cantos, hábiles para encontrar rimas y se muestran muy unidos. De visitantes, se ubican en la tribuna -por así decirlo, porque no existen las gradas- del lado izquierdo, visto desde la entrada. Enfrente se ubican los newberistas, muchos autos, mucha bandera verde y blanca.

Los verdes son la hinchada por herencia de quien, de ahora en más, llamaremos “La Novia nueva”. Ella hoy tiene una expectativa diferente, su amor juega el clásico… pero para el rojo. Ella vio el esfuerzo en los entrenamientos, la dieta, las horas previas, el dolor de panza, el sueño liviano, las ganas a pesar del frío. Así las cosas, la tensión del clásico no es nada en comparación con lo que cincha en “La novia nueva”. Una novia puede ser la hinchada en muchos lugares pero, a la hora de un clásico, es difícil pertenecer a un equipo y tener que ir a alentar al contrario.

 

LA RUBIA ES NUESTRA

Paisaje de cancha
Paisaje de cancha

La hora de entrar a la cancha se hace difícil. ¿Dónde es su lugar?, se pregunta “La Nueva novia”. ¿En medio de una hinchada desconocida y amable para el jugador novio o en la comodidad de los verdes? Las cosas, finalmente, las decidió el azar. La entrada la encontró con una pareja de jóvenes conocidos a quienes les pidió ir con ellos en la camioneta. Así llegó ella, a un lugar donde el verde brillaba. Los jugadores rojos se preparan. El silbato anuncia el comienzo del clásico del Senior. La cuestión es que “La Nueva novia” necesita de ayuda para ubicar a su jugador. El “perro”, el hincha más picante del verde, lo ubica, mientras casi relata, al mejor estilo profesional, las jugadas para la novia. El amor por el fútbol hace esas cosas, que el “perro” diga que Roberto juega muy bien a la pelota.

El joven con quien la novia entró a la cancha también hace las veces de relator. Roberto le pegó al 10. Ahora corre por el lateral. El árbitro le sacó una amarilla… y todos los pormenores del partido llegan a oídos de la azorada “Novia nueva”, a modo de diccionario bilingüe: así la novia podrá disfrutar desde la camioneta verde, con los ojos puestos en el 19 del rojo.

Sin embargo, ella sólo miraba a su amore. Las medias coloridas la ayudaban a seguir cada paso. Sin dudas, él juega muy bien. Los comentaristas lo confirman. Y, mientras el partido toma su ritmo, la camioneta preparada para los clásicos se transforma en una especie de fábrica de escenografía futbolera. Los globos verdes se inflan con un compresor y la novia, en su espíritu cooperativo, ayuda en el atado.

El entrenador del verde pasa y saluda con alegría a la Nueva novia, quien le ruega que no anuncie a su novio su ubicación en la cancha. Como si fuera sordo, ni bien ella termina de formular su reclamo, el entrenador corre para gritarle al jugador/novio, que La Novia nueva es del verde, que ya la tiene de su lado y que juegue tranquilo…

 

LA VENDETTA

Todo rojo
Todo rojo

Los globos explotan, los ruidos atraen las miradas de los hinchas verdes y rojos. La Nueva novia se pregunta qué efecto causará en el jugador/novio su posición en la hinchada. Él sabe que ella viene a alentarlo, pero estar en el lado opuesto a su rojo es, por lo menos, raro.

Pero no hay tiempo para especulaciones. El hechizo de la fuerza roja llega hasta ella. En un movimiento ágil, se toca los ojos -primero el izquierdo, luego el derecho- y… algo tenían esos globos o algo hay suspendido en el aire o vaya saber qué. La cuestión es que, en menos de dos minutos, los ojos claros de la novia se nublaron con lágrimas espontáneas. El dolor se presentó tan agudo, que el “perro” debió acompañarla hasta una canilla para lavarse. La cancha ahora se ve borrosa. Su amor, con el 19 en la camiseta, se pierde.

Por suerte, el entretiempo parece dar un respiro. Una vecina de cochera la llama y, entre la conversación, aparece el rojo en los ojos de la novia. Los globos, el césped y las banderas colgadas no pudieron con su afán por mostrar cuál es su verdadero amore: la irritación es roja. Para colmo, un tiempo más, y serán los verdes los ganadores. Y ella, ni un poquito colorada, salvo por alergia feroz, una revancha del color que recién se aliviará con los días, para permitirle escribir esta nota.

Un clásico es un encuentro, como el que, cada dos meses, propone el anartista.

 

 

 

 

 

 




RECUPERAR EL ENCUENTRO CON OTRAS LÍNEAS

Rituales: sobre los encuentros amorosos y  otras hierbas.

RECUPERAR EL ENCUENTRO CON OTRAS LÍNEAS

Por Ceci Miano

DE BLANCO Y NEGRO HABLO

VLADIMIR KUSH
VLADIMIR KUSH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las historias de amor suelen comprender la secuencia del encuentro y el desarrollo de un romance donde el tiempo deja sostener los compases, se comprende en una época señalada por la música melódica, la ropa de moda, los detalles melosos, las miradas pausadas o las manos entrelazadas. También podemos pensar en siluetas a contraluz…

RENÉ MAGRITE. LOS AMANTES
RENÉ MAGRITE. LOS AMANTES

Paremos con tanta dulzura.

Las historias de amor de hoy, las reales, se desatan de modos impensados. Para alguien como yo, de casi cincuenta años, lo conocido ya no encaja con lo actual. El boliche bailable dejó sus marcas sólo en la memoria prodigiosa de quienes lo recordamos. Las pasaditas, -pasar en auto por la casa de quien nos gusta muchas veces a lo largo del día- , habituales en los pueblos como el mío, dejaron de existir. No sé si por el costo del combustible o por el progreso, por llamarlo de algún modo.

Podría seguir con la lista de encuentros de antaño, aunque me niegue a aceptar el demasiado rápido paso del tiempo. La memoria es un relato que se narra como si fuese hoy, pero no… La plaza del pueblo era el lugar de encuentro para poder mirar tranquilos a cualquiera que estuviese a nuestro alcance, mirar lo no esperado siempre fue inusual, las parejas se armaban de acuerdo a los cánones de belleza, donde se incluía la edad, la altura, el físico, la clase social, el barrio. Todo esto parece de ciencia ficción, pero era así. Por aquellos tiempos las ilusiones se pegaban en los jeans ajustados con apretones de cintura, hasta que el calce causara estragos en los chicos adecuados, los demás quedaban al margen de las esperanzas.

Las miradas en la plaza eran el primer momento de encuentro. Lo puedo decir porque era de las adolescentes que frecuentaba ese espacio de magia amorosa. La edad me dio otro panorama de las cosas y pude descubrir que hubo muchísimos adolescentes que nunca, jamás iban a la plaza en el horario de la tardecita, era un espacio exclusivo para algunos.

ALEX HALL
ALEX HALL

La ley del pueblo.

Los que no se acercaban a la plaza en el horario del mate y las miradas, lo hacían de noche, muy tarde, generalmente llegaban en motos muy ruidosas o en grupos de amigos, casi siempre todos varones. Los policías rondaban al acecho de los chicos malos que osaban venir al centro con sus desmadres.

Parece que algunas cosas cambiaron… otras siguen igual.

 

ENREDADA

Hubiese sido bueno que alguien me lo hubiese advertido, porque los consejos de estar en un sitio de citas one line para mí resultaron inimaginables. Los mensajes en papel, lo sé perfectamente,  no van más. Pero de ahí a pensar que tengo que avisar en un perfil que estoy disponible y en busca de un candidato hay mucho trecho.

Pensé en ponerme un nombre falso y una foto falsa, sólo para sentir el juego de seducir o ser abordada, invitada, mirada. Nada me gusta. Dudo mucho. Me da miedo. Supongo salir a la calle e imaginar todas las miradas sobre mi hombro, sólo porque estoy en busca de conocer a alguien.

Hace un tiempo una amiga me dijo: “si no estás en las redes no existís”. Para alguien como yo,  no habituada a navegar en este mundo, es un fracaso anticipado.

VLADIMIR KUSH
VLADIMIR KUSH

La disposición no ayuda cuando se cree que lo que hacemos es falso. La desconfianza, la falta de conocimientos técnicos para resolver estos encuentros virtuales me dejan completamente afuera de la carrera de enamorarme con la ayuda de las redes.

Esto me resulta hasta gracioso, porque creo que como decía mi abuela, “cayó en sus redes”, así se decía antes de la era de la tecnología, como si hubiesen advertido el fin de los encuentros casuales, el fin de las miradas a la pasada, el amor a primera vista, la esperanza de recibir un llamado al teléfono fijo entre otros encuentros que hoy son muy raros o poco frecuentes.

LOS DIENTES NUNCA SON TAN BLANCOS COMO EN LAS FOTOS

El problema es que algunos creemos en los encuentros, esos reales. Las fotos con filtros, los fondos pensados con detalle, la luz potente y todo lo referente a la imagen me resuena artificial y es tan habitual como falso, según mi mirada.  Los encuentros se realizan con mensajes en redes sociales, las marcas son tan sutiles como los “me gusta” en una foto. Es difícil ponerse a tono cuando uno no tiene ni idea de los códigos.

Pero la charla con hijos enseña, deberán ser al pasar, sin demostrar mucho interés por los adultos porque la parte de enseñar a navegar en este lenguaje de encuentros se dificulta si el hijo o hija se dan cuenta de nuestra necesidad, ahí se abstienen de dar cátedra, para ellos es natural, les resulta artificial explicarlo, imagino que será como explicar lo cotidiano, se hace innecesario, absurdo.

UNA VUELTA DE TUERCA

En este tema de los encuentros amorosos modernos el ritual se vuelve diferente. Las visitas a las redes sociales, ya sean para encuentros amorosos o para mirar del acontecer de los demás, se vuelven más cercanas para mí a medida que el ejercicio del uso me habilita a sentirme con más confianza.

Me planteo si mis prejuicios con respecto a los encuentros virtuales son tan malos como me lo planteé hace un tiempo. Ahora vislumbro un dejo de verdad pura cuando un hombre o una mujer se hacen cargo de su soledad, se vuelven más confiados en que sus encuentros con la premisa de resolver algo de la vida de cada uno sin careta. Estoy solo/a y quiero conocer a alguien. Por supuesto que en los perfiles se verá lo mejor de cada uno, que las fotos o comentarios serán pensados con atención para atraer. ¿Acaso no pasa lo mismo cuando conocemos a alguien?, queremos impresionar bien siempre, no queremos que nuestros lados flacos se vean en el primer minuto. Damos gambetas y seleccionamos palabras, perfiles y miradas hasta que nos sale la espontaneidad, esa que solo asoma cuando estamos felices, cuando alcanzamos la confianza en lo que sentimos sin importar nada más.

SAROLTA BAN
SAROLTA BAN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desandar el camino propuesto por mis inseguridades se plantean hoy una nueva expectativa. La de dejar de ser como debo ser y ser tal cual soy.

OTRA VUELTA DE LA VIDA

Pareciera que los rituales de hoy no son tan sofisticados como los antiguos, eso lo digo yo. El alcance de las redes es tan masivo que hoy contactar a alguien no amerita grandes saberes. El perfil permite que la persona que busca tenga la posibilidad de hacer un comentario, mandar un sticker o compartir un comentario sugestivo. Los estilos siguen siendo infinitos, las oportunidades se sumaron a las ya conocidas y no creo que podemos distinguir entre lo antiguo y lo moderno.

Cuando el encuentro se provoca es igual en todos los tiempos.

Los rituales del amor siempre aparecen en el estómago, con dolor o mariposas, eso es universal y atemporal.

MICHAEL SUMMER
MICHAEL SUMMER

 




VIENTO DE ARENA FINA

La sospecha: Sobre chismes de pueblo.
Por Ceci Miano

 

SOSPECHA SIEMPRE, ESA ES LA LEY PUEBLERINA

COLORLa vida en el pueblo puede ser una aventura. Antes de ayer, pasé por la esquina de la panadería. Entonces y sin disimulo, dos señoras -de esas que siempre andan con una abultada bolsa de mandados y pueden manejar en clave el acontecer del pueblo- me  abordaron, específicamente, para descargar sobre mí todas las novedades sobre tema romances, engaños y otras yerbas de esta índole. Conozco el pueblo. Sé cómo reaccionar. En el relato del chisme, la sospecha no es una alternativa: se aseveran detalles y el narrador se asegura de hablar como si hubiera sido testigo de cada beso robado, de cada mirada furtiva. Las palabras tropiezan por la ansiedad en sostener la atención y el suspenso.

Así, el discurso a media lengua encierra la noticia del momento. La noticia del momento no es cualquier novedad, tiene características propias. Sus protagonistas son los mejores si resultan los menos esperados. Escuchar decir que alguien “anda” con otro es más excitante, si la combinación de la pareja resulta insólita: casados sin sospecha, señoras de disimulo enterrado hasta en las uñas, jovencitas ingenuas con amplias billeteras,  advenedizos que se llevan a la más codiciada. En fin, la alquimia parece no tener límite en nuestro pueblo.

Magritte, René
Magritte, René

OTRA QUE MARCEL MARCEAU

El sol acompaña la charla. Al pasar por la esquina, los conductores y hasta sus autos saben de qué se trata la escena. Incluso la vegetación sabe de qué viene la cosa: porque las muecas ajustadas, las cejas levantadas, las manos en movimiento de grandilocuencia, el bajar la mirada -como si la vergüenza fuese posible en medio de la charla- componen una escenografía insospechable. Por no hablar de las infaltables risas que, para el bien de muchos, ratifican lo espantoso de los “otros”, más allá de  ninguna verdad.

¿QUÉ SE CUENTA?

EstPhoto Manipulations by Thomas Barbéya costumbre popular hace de mi pueblo un tipo particular de pueblo rural. Los rumores  condimentan el quehacer cotidiano. En cualquier reunión, la pregunta para romper el hielo es: “¿qué se cuenta?”. Y está claro que nadie pregunta por el dólar o por el G20. Se trata de ir al corazón de la intimidad de muchos, de hacer de nuestra vida una tormenta de sospechas que, a su vez, nos transforme en el grupito de quienes saben, de los que tienen el tesoro, solo compartido entre pares chismofílicos.

Vivimos envueltos en el viento de arena fina que transforma a los protagonistas de las supuestas historias de verdad en presos de sus dudosas acciones, aunque jamás se hayan asomado siquiera al umbral de esas aventuras. La verdad mutada en detalle menor deja en primer plano el tener tema de conversación, el tener el saber más amplio, ancho y largo que el otro, el no permitir que la galera mágica fabricadora de noticias se detenga. La fábrica no descansa ni en verano ni de noche.

LA VERDAD, A LA VUELTA DE LA ESQUINA

El chisme es la sospecha más buscada -sí, buscada, porque muchos de los vecinos se encuentran en la categoría  “veedores  de chismes” o en la de “acechadores, a  tiempo completo, de  los movimientos pueblerinos”. La intensidad se ha vuelto solo un modo de vivir bajo un manto de sospecha permanente.

QUÉ LINDA TE QUEDA LA ESCOBA

A veces los mejores chismes son los que no se saben, los que se esconden entre mensajes de miradas que nadie ve.

Ella barre las hojas de los plátanos añejos, los dorados y crujientes símbolos del otoño son el anzuelo para atraer al señor juguetón. Él, en su camioneta de vidrios negros, pasa varias veces por la calle, sólo para deleitarse con el vaivén de la escoba, que agita la barredora oficial de la cuadra. Los mensajes llegan minutos después. El más simbólico es “!Qué linda te queda la escoba!” y saca una sonrisa espontánea. ¿Es chiste?

Creer o no, ese comentario  fue el comienzo de un romance de años, de besos encerrados en el celular, de encuentros virtuales, de acercamientos entre fotos y mensajes sin mucha palabra. Tiempo después,  cuando los cuerpos ya hacía tiempo se habían estrechado por primera vez,  la escoba se olvidó y las hojas cayeron otra vez en la vereda.

René Magritte. Los amantes
René Magritte. Los amantes

SEPARACIÓN DE BIENES

En los pueblos, los matrimonios también tienen desavenencias. Como se imaginarán, este dato no es ni requiere ser el resultado de una investigación profunda hecha especialmente para esta publicación. Para tener esta certeza sólo hacen falta ojos. Los maridos y las esposas se pelean, algunos se engañan, otros -en cambio- se dejan de mirar. Hubo unos, vecinos de mi casa, funcionaban como un par de extraños en el mismo domicilio: entraban y salían de manera tan independiente, que ni los chismosos los registraban como pareja.

Las separaciones también son parte del cotidiano paisaje pueblerino, el porcentaje varía de acuerdo a la época histórica.

Salvador Dalí. Gala Placidia. Galatea de esferas, 1952.
Salvador Dalí. Gala Placidia. Galatea de esferas, 1952.

Y, entre hastíos y rupturas, llega la anécdota. Cuentan que, muchos años atrás, un matrimonio con alguno de estos problemitas decidió separarse. Mejor dicho, la esposa planteó la situación al marido, quien reaccionó de manera, mínimo, poco habitual. Dicen que el hombre, luego de escuchar a su esposa anoticiarlo de la separación y reclamarle la división de los bienes -cincuenta por ciento para cada uno- dijo que sí, sin vacilar. Más rápido que un bombero, el casi ex marido buscó entre sus pertenencias la motosierra y, al grito de “¿quéres la mitad de la heladera?, ¿mesa?, ¿ropero?… cortó cada bien ganancial exactamente por la mitad. Una vez que los destrozos estuvieron concluidos, la separación resultó menos que una mera formalidad.

¿ESTAMOS TODOS…?

Además de los chismes, existen los dichos pueblerinos. Por ejemplo, cuentan que un señor de apellido Menossi, tenía muchos hijos, en aquellos tiempos, cuando no había televisión. Por entonces, la única diversión semanal era la salida al pueblo. Desde el casco del campo, hasta la tranquera, para casi todos, había más de un kilómetro. Según el relato, cada vez que Don Menossi salía en su auto Ford exclamaba:

- ¿Estamos todos?…

Tal vez temía olvidar a uno de sus tantos hijos, o vaya a saber si no se trataba de un mero hábito. La cuestión es que un día, al lanzar su habitual pregunta y mirar a su derecha, quien faltaba era su esposa: la mujer había quedado en la tranquera con tanta furia, que aún se siente en el aire del pueblo su rechinar de dientes recorrer los años de esta historia, que nunca pasa de moda.

Muchos en mi pueblo hemos crecido con el dicho: “¿Estamos todos?, dijo Menossi y se olvidó a la mujer.”

EL ROMANCE MENOS PENSADO

Una noche se fueron juntos, nadie pensó mal, como suele ocurrir en los pueblos. Resultaba impensado que ellos pudiesen “tener algo”.

La mujer pensante y “un hombre-despelote”. No, imposible.

Mientras tanto el marido cornudo comenzaba a supurar por la herida. La herida hizo un reventón justo durante la fiesta de cumpleaños número quince de su hija. Tristemente, la hija quedó como rehén de su propio padre. Las cosas ocurrieron así: la fiesta  estaba en sus últimos preparativos  cuando, en la casa, comenzaron a sonar música de insultos y muecas de angustia. Ese día al marido lo azotaban dos fantasmas: su propio dolor y el sufrimiento al pensar en los chismes del pueblo. Así, sin poder ver, sentir y actuar con lo propio, el hombre tomó prestado el traje de lo periférico. El desastre no merece ni una línea de relato. Queda en el lector construirlo a gusto. Como lo haga, siempre será menos grave que como resultó en la realidad.

Lo comunitario invadió lo personal, como manto de niebla. Puede ser que algunos se salven de semejante estigma, pero el mal está enquistado en la mayoría. El escándalo expandió estruendos, que aún pululan por los rincones.

UN SOPLIDO DE ILUSIÓN

El surrealismo y el sueño, 8 de octubre 2013 – 12 enero 2014, Museo de Arte Thyssen-Bornemisza, Madrid
El surrealismo y el sueño, 8 de octubre 2013 – 12 enero 2014, Museo de Arte Thyssen-Bornemisza, Madrid

Vivir en un pueblo chico implica vivir en comunidad. Tal como en una familia ampliada, lo propio se vuelve grupal. Saber no siempre es poder, a veces el poder lo dan las convicciones de vivir en paz, sin ruidos internos que despierten los susurros de los chismes. Como sea, los chismes motorizan los mates de los encuentros, siembran las macetas de la maledicencia, hacen de preámbulo a conversaciones más graves o de epílogo a palabras muy sufrientes.

Y, a veces, tan solo a veces, tuercen en una curva y son un pequeño brote, desde el cual puede surgir alguno de los afluentes de la solidaridad




PUNTO DE EQUILIBRIO

Deseantes: sobre equilibristas.

Por Cecilia Miano

EQUILIBRIO INESTABLE

Vivir en equilibrio.

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Equilibre-parfait-zen-wallpaper

Escuchamos tantos discursos donde el equilibrio es un fin, sinónimo de éxito. Si te desbandás, si te inclinás un poco de más hacia uno de los lados, serás castigada con frustración. Y no es que me guste andar tumbada o siempre a punto de caerme. Creo en un equilibrio como un horizonte, algo que nos hace caminar en medio de un campo lleno de obstáculos, remansos y desafíos. Este movimiento nos acerca también al vacío, al abismo de no saber qué viene, a no respetar la propuesta y seguir. A desequilibrar para lograr la trepada y también la caída. Los escasos momentos en que el equilibrio cobra estabilidad son sólo eso, instantes para volver a romperla y desafiar de nuevo: al aire, al suelo, a la vida.images

DÍCESE DE

Equilibrista: Persona que practica ejercicios para mantenerse en equilibrio o mantener objetos en equilibrio, en especial, si se dedica a ello profesionalmente en el circo u otro espectáculo público. A través de múltiples ensayos, ellos consiguen desarrollar al máximo los reflejos del cuerpo. En sentido figurado es alguien que puede controlar los desbordes: “un verdadero equilibrista de la diplomacia”.

VIVIR EN LAS ALTURAS

Un lugar de encuentro cotidiano es el supermercado. Marta se mueve despacio, su bolsa sabe dónde ir. Las campanitas colgadas de la puerta anuncian su llegada, las palabras encuentran huecos y se filtran con el discurso repetido. La bolsa cobra cuerpo con las papas, las frutas al fondo y el arroz de hoy, que es de tamaño chico. Marta levanta su vista y todos los días se encuentra con las fotos de la pared posterior: son viejas, algunas han perdido el brillo, pero la luz de la mañana abanica los recuerdos. La mente se desdobla porque, ante memorias tan parecidas, el hilo del relato familiar se pierde un poco. En el frente del mostrador, el anuncio cambia su enfoque.

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Las letras del anuncio pretenden llenar la vista de imágenes que se intuyen, a Marta la propuesta se le queda entre las arrugas. La foto que surge en su mente es ahora la de una bailarina musculosa, llena de fuerza, con determinación, colgada de una tela color furia. La idea se retuerce entre las esquinas de la memoria, ¿es ella?21751820_823953911114906_6567058332807033222_n

CON MAR DE FONDO

Los acróbatas son personas disciplinadas para el control del cuerpo. En el aire, la vida es particular. Los escalones se construyen en la fuerza de los músculos. La mente se prepara para las piruetas que el cuerpo ejecuta con precisión. Las nenas son las más propensas a este tipo de disciplina, lo observo en el ensayo general del sábado 16. Todas las luces se disponen en colores cálidos. La luz principal destaca la figura ahora completa de la equilibrista, mientras las telas cuelgan desde la altura mayor del techo de la escena y los colores se funden con la imagen de fondo del escenario: en este caso, un mar. La danza completa el cuadro, las manos se muestran etéreas, los dedos forman arcos y curvas muy trabajadas. Estoy en la primera fila y los detalles son maravillosos. Cuando el foco de mi vista se amplía, el cuerpo parece no tener peso. Como si la elevación fuese natural, como si los trucos no forzaran a los músculos y el placer en el rostro fuese cosa de todos los días. La música cierra el círculo, los sonidos envuelven la escena al ritmo del viento. Mi propia respiración se corta ante la inversión de la cabeza. Miro las manos y, al mismo tiempo, las puntas de los pies.  Una línea muy pura hace al espectador suspenderse en ese vuelo, que ya no parece ajeno.

 

El piso de los acróbatas encuentra otro espesor: la tela cae sin prisa desde la altura mayor, los tonos se encuentran con cuerpos armados de trajes elásticos, suben con maestría, las piernas se hinchan, la cabeza queda abajo, las manos parecen mariposas. Ensayan caídas y nudos inexplicables.3 (2)

TREPAR ES ETERNO

Sin pedir autorización, la imagen se cuela entre las palabras. Las transiciones entre piso y cielo son musicales, las indicaciones de antes ahora proponen seguridad en cada acto del espectáculo. El escenario del “Cine Teatro Sociedad Italiana de Salliqueló” hoy se vistió de equilibristas. El cuerpo de equilibristas en tela es numeroso. Gabriela, quien comanda la batuta, construye la sintonía con tonos de voz pausada. Desde su cuerpo propone el don  con piruetas gráciles, con detalles sutiles de trepadas y caídas, de equilibrios inestables y de gestos de placer. El espectáculo es soñado y puesto en acto de manera segura. La música envuelve los músculos, la idea de naturalidad es ensayada. La gracia está presente en cada detalle.

EQUILIBRISTAS, MALABARISTAS Y OTROS ISTAS.

Resiliencia: es la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir, para proyectar el futuro. En ocasiones, las circunstancias difíciles o los traumas permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes, pero hasta ese momento el individuo los desconocía.

Sharon-Salzberg
Sharon-Salzberg

En la acrobacia con telas, el género se estira en fusión perfecta con el cuerpo ¿Cuántas batallas han tenido que atravesar los equilibristas para llegar a semejante armonía? Seguramente, muchas. Habrán pasado por esos combates donde los segundos se eternizan cuando algo no resulta lo esperado, los movimientos se aletargan cuando gana la frustración. Sin embargo, durante el espectáculo, estas luchas se esconden entre los movimientos certeros, el escape de un nudo se vuelve gracia, las caídas ensayadas se perciben sin miedos.

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Durante un poco más de una hora el espectáculo  del cuerpo, los sueños y la determinación de cada artista asumen el riesgo. Es en vivo. No importa cuántos ensayos hayan hecho. Cuando hay que poner el cuerpo, la certeza se queda en camarines. Pero lo incierto no es flojera. Una afirmación, una contundencia de la vida, de pronto, toma al cuerpo que tanto tiempo ha trabajado, más que para triunfar, para convocar la potencia de un deseo como este. Así, el acróbata da vuelta la ecuación: ahora la quietud y la seguridad no son las metas. El vacío no es el enemigo. Ahora el paso más allá del suelo conocido es la intensidad de un movimiento que concentra toda la vida. Y luego habrá tiempo para desbandes. Y, después, otra vez, nuevos pasos. Equilibristas: penduladores de textos que se escriben en el aire para que el espectador lea. Del mismo modo en que la escritura intenta dar cuenta de lo innombrable, apostar a desmontar toda idea de lo permanente y descubrir piruetas tan impensadas, que necesiten ser fundadas en el vacío para poder ser.

Emilio Mariño. Equilibrio no espacio I
Emilio Mariño. Equilibrio no espacio I