EDITORIAL

Por Gabriela Stoppelman

 

El aire huye de la acritud en los surcos sobre la piel. Así, rodeado por un sofoco, el rostro anda tenso, plano  y yace solito, sin acuerdo del resto del cuerpo. La meseta es un tablón largo, como todos los años que el hombre ha vivido. De  tanto en tanto, el tipo canturrea algo y la madera del tablón cruje un poco, sin quebrarse del todo. No hay nada parecido a la música en el vacío alrededor del hombre. Ni nada parecido a la resistencia en la continuidad de la madera. Han vivido así por mucho tiempo, sin necesidad de justificaciones ni reclamos de consuelo. Eso sí, con los años, el vacío que contornea el rostro se ha vuelto un foso donde van a caer todas las alturas, todos los desniveles, todos los bucles del tiempo resistentes a la meseta. El hombre ni los mira. La tarea de eliminarlos le corresponde a sus puños. Ni bien una audacia se acerca, la tritura hasta astillas. Y luego las deja escurrir en asfixia, sofoco adentro.

editorial hastío 1      Y nadie se alarma, porque alrededor de esta escena no se escucha un solo quejido, ni un solo lamento. El polvillo de alturas simplemente cae, con un fondo de canturreo sin ángel, dentro de lo irrespirable. Este hombre jamás detiene su cantinela. Puede vivir rodeado de vacío, puede vivir incluso dentro del vacío, puede permitirse zonas irrespirables, mantener su existencia dentro de lo invivible, pero es incapaz de silencio.

Sin embargo, a no confundir esta planicie con la paz. Hay ciertas cosas que el rostro del hombre no tolera y no se priva de expresar: los desniveles y las vueltas carnero en el crecimiento de los niños lo exasperan. Las insolencias del deseo femenino y el temple de la poesía lo irritan a tal punto, que el cuerpo se le contrae hasta acercarse peligrosamente al rostro. Si no fuera por el vacío alrededor de su cara, el cuello terminaría por encajar las dos partes y alguna alteridad modificaría la indolencia del tablón. De todos modos, estos momentos de ira nunca van más allá del foso, ni exponen sus irregularidades dentro del mundo. Son pequeñas hilachas del hastío que ayudan a  alimentar el estado de meseta, simulacros de ímpetu para atenuar el drama.

Reynaldo Velázquez Zebadúa, "Yacente", 1992.
Reynaldo Velázquez Zebadúa, “Yacente”, 1992.

El asunto es tan sin color, que incluso  la palabra erotismo se les niega a los roces suaves – y casi inevitables-  entre las partes del hombre y la madera. La palabra rutina tampoco se entrega dentro de este escenario. Argumenta, con justicia, que ciertas repeticiones funcionan como un imán para atraer  la variedad. En cambio, sobre turbio lienzo, el único cambio lo da el juego de lo inevitable: la erosión y la decadencia.

Y el rechazo avanza y no se limita a las palabras. Ni la muerte se entusiasma con tanta desidia. A ella le gustan los banquetes: las potencias que corren los bordes de su silueta hacia los otros, los garabatos que desafían la hegemonía de las letras, las disonancias que repican entre dos armonías achanchadas. No, no, no.  El perfil plano no seduce ni a la parca.

Ahora bien: si, entre palabras, los conceptos y las grandes instancias, la cosa no encuentra mucho eco, entre los hombres pasa. Zafa. Como quien dice: ni fú ni fá. Si el insecto de Kafka zafó, si “El Rinoceronte” de Ionesco- hasta un punto- la llevó, si  los hombres con quimeras a cuestas de Baudelaire la remontaron, por qué imaginar que un hombre quebrado y simplemente llano iría a armar un gran revuelo.

Es cierto que a algunos la figura les genera un rechacito. Un poco de miedo, un poco de espejo. Sucede que- por una cosa u otra- por acá y por allá, se han comenzado a ver  tablones y vacíos que andan como a la espera. No se apilan. Se suelen ver solos: un tablón bien aislado del otro, un vacío bien lejos del otro. Lo de ellos es el llano. Y hasta una altura hecha de sí mismos podría arrojarlos a un indeseable vértigo. Por otro lado, el aislamiento los vuelve ideales para todas las otras variedades de vacíos, que ya se sabe: son zonas agrias e irrespirables del espacio, pero con mucho más prensa que los llenos.

 

Annette Barceló.
Annette Barceló.

Así que, señoras y señores, vacíos y mesetas están disponibles. Por eso, no falta la ocasión en que alguno pasa y- ya que estamos- se  tira para una siestita: “Porque  el trabajo detestable, el matrimonio que agobia, los amigos que se enrancian y yo que sólo puedo tirar la pelota afuera”

Y no va que, cuando se levanta, el siestero ya avanza con el tablón a cuestas. Siempre, claro, en la ilusión de que por fin ha conseguido algo que lo sostenga, cuando es la madera quien lo acuesta.

Y, tal vez, el tipo ande así- llano y sin gracia- sostenido por el murmullo de fondo de una cantinela sin música, por la ira sin voz de una constante queja o por una ilusión sin vuelo que, a falta de un deseo con agallas, apueste a una  deidad extraordinaria. Como todo ser supremo, su culto viene pegado a una profecía:

“Aquel a quien el hastío empuje hasta el hastío y confíe en que el hastío quiebre lo que él no ha quebrado, un tablón como recompensa le será dado, sin gracia, sin mérito, sin hado.”

De  tanto en tanto, un tipo canturrea su destino. Y la madera del tablón cruje un poco, sin quebrarse del todo. No hay nada parecido a la música en el vacío alrededor del hombre. Ni nada parecido a la resistencia en la continuidad de la madera.

De tanto en tanto, entonces, también el

silencio, también la canción.

Lázaro Hurtado Atienza, "El Hastío"
Lázaro Hurtado Atienza, “El Hastío”




PACHAMAMA CARTONERA

El hastío: Entrevista a Liliana Herrero.

Liliana Herrero - Ph Pablo Astudillo para wordpressEntrevista: Isabel D´Amico, Magdalena Mirazo, Nora Lomberg, Lourdes Landeira, Víctor Dupont

Edición: Gabriela Stoppelman

 Llevo mi sombra alerta sobre la escama del agua abierta/ Y en el reposo vertiginoso del espinel/ Sueño que alzo la proa y subo a la luna en la canoa/ Y allí descanso hecha un remanso mi propia piel”,  Oración del remanso.

Oración del remanso     

Nocturna, noche bien arriba y raíz muy a tiro, se despereza los tedios y sale a juntar restos de la luz. Apenas se atreve un instante, cuando un timbre del viento le advierte sobre una niebla aterida. Ha estado ahí, en un rincón de la noche, durante un tiempo incalculable. Tanta insistencia de mitos acerca de su inconsistencia, terminó por adoptar la forma de un rincón medio emparchado, entre el deseo como locura y las curvas de la memoria. Ella la levanta y la sostiene de borde, como quien ofrece paso a un breve insecto, en la cornisa de su mano. La niebla, entonces, desentumece su tiempo de guarida y le circula los contornos. Mientras tanto, la otra le canta chiquitito, un acorde mínimo atrás de otro, una piedra minúscula sobre otra, hasta alcanzar el montículo, la ofrenda. Así la chaya es un acto de reciprocidad, donde una da de comer entre cuerdas que se rozan, mientras la otra le agita el aire para curarla de malas mudeces. Y así van, acompañándose, canturreo y filigrana, a cartonear la tierra. La Pacha no es ni suelo, ni territorio ni naturaleza, sino todas esas cosas juntas más vertientes y manantiales y cicatrices en un grano de la voz. Y la niebla no tiene un pelo de fantasma. Más bien anda con esa elegancia de las rayaduras, con ese misterio de valles entre pliegues de rugosidades. ¿Y qué rebuscan, tanto andar? Para empezar, a cada paso, dejan una marca para el siguiente caminante, habilitan  pausas en los ritmos futuros y las durezas de los próximos caminos. Así, a puro juego entre el pasado y la noche que no cede, mientras conversan el atajo que les funda la marcha, recolectan. Por supuesto, descartan el fulgor y la basura. Más bien se inclinan por una nota de más o de una menos, descolgada quién sabe de qué pentagrama y hace cuánto. No perdonan hilachas de sílabas, ni vocales a medio a decir, varadas a media altura, entre el aliento y la palabra.  A los silencios y a todos los parientes de lo inaprensible se los llevan sin vacilar. Los reservan para el descanso, para el tiempo en que la Pacha incita a la niebla hacia su palma y la guarda acunada en un puño. Entonces, comienzan los susurros del río, los parloteos de las esquinas, las tonadas ambulantes del subte, las cadencias en el don y en la furia en los amantes, los diálogos cotidianos de la cacerola con las pretensiones de la hornalla. Como hechos a medida, las voces y las cosas, los mundos y los seres acuerdan en un panteísmo provisorio, más por el lado de la belleza que de pesadas verdades. Y, es justo en este tiempo, entreverada en la comunión de raíces y picos, donde el viento se atreve en una confesión. Escuchen.

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Luis Felipe Noé, En la maraña.

CONFESIÓN DEL VIENTO

“Era un fantasma ese viento,/ tejió sus babas el diablo,/ iba quebrado de culpas/ y no consigue evitarlo/ (…)/ Le pregunté por las chapas/ del techo de los de abajo/ dijo: “el hombre ha de luchar/ para conseguir los clavos / en vez de hincarse a rezar/ para olvidar sus quebrantos/o de sentarse a esperar/ regalos eleccionarios/ Me sorprendió la respuesta/ pero no quise atajarlo,/ pues cuando lleva razón/ vaya, ¡quién quiere pararlo!/ El viento me confió cosas/ que siempre llevo conmigo,/ que siempre llevo conmigo”

En la selección de tus canciones hay dos o tres figuras que aparecen mucho. Una es la del viento y otra, la de las sombras. Encontramos muchas imágenes vinculadas a lo fantasmático, muy poco consistentes en lo material pero que afectan mucho.

No creo que sean fantasmáticas, son reales en el sentido de la facticidad. El viento existe, ¿no? Aparte es un procedimiento que aparece mucho en las letras del folklore, ahí está muy presente la idea de mímesis: lo mismo que le acontece a la naturaleza le acontece al alma humana. O ese hecho físico, como en el caso del viento, tiene la capacidad de confesarnos cosas. Hay un panteísmo, casi te diría, en las letras del folklore. Por ejemplo en “Chañarcito” se ve muy claro: “Chañarcito, chañarcito que tantas espinas tienes/ igual a mi corazón entre espinas te sostienes”. Lo que le pasa al chañar le pasa al alma humana. Por eso este disco se llama así, “Igual a mi corazón. Yo no sé si tengo esa idea de unidad entre la subjetividad –digamos del alma humana– y la naturaleza, pero me gusta pensar así. Una especie de cierta inclinación que yo tengo hacia el romanticismo como corriente literaria, poética, filosófica. En ese caso, me funcionaría como una especie de acusación a la ciencia, por haber roto esa unidad. Pero no tengo una concepción ecologista, ¿eh? Sí tengo la idea de que hay políticas, en este momento de extraordinaria globalización del mundo, en que ya no hay territorios, no hay memorias singulares, sino una especie de sujeto visual. También tengo una denuncia y participo en denuncias en relación a Monsanto, por ejemplo. Eso no me transforma en ecologista. El ecologismo no es algo que me convenza como concepción. Hay que pensar la política para pensar la ecología. No me parece que se pueda pensar simplemente “Salvemos a las ballenas”, me parece de una inocencia escandalosa.

 Y, también, de cierto conservadurismo.

Sí, de cierto conservadurismo… Volviendo al “viento”, te decía que el folklore tiene muchas letras que marcan un deseo de restituir una especie de armonía entre el hombre y la naturaleza. Un deseo tal vez imposible, y eso a mí me gusta: sostener un deseo por lo imposible. En el caso de “Confesión del viento” tiene música de Juan y el autor es el poeta pampeano, Roberto Yacomuzzi: “El viento me confió cosas que siempre llevo conmigo”. Es una idea muy linda. Después, Juan le sugirió algo muy interesante: y es que ciertas palabras están puestas como una especie de modelo para armar, dispersas en el resto del texto. En realidad es un remedo de uno de los grandes poemas de la canción popular latinoamericana, “Construcción”, de Chico Buarque, un hallazgo enorme de Chico. La construcción refiere a la obra donde trabaja ese obrero que cae y muere en el paseo público y la gente sigue como si nada. A su vez, el poema es una construcción. Chico para mí es uno de los poetas más importantes latinoamericanos de la canción popular.

Los ejes de mi carreta     

“Porque no engraso los ejes/ me llaman abandonao/ Porque no engraso los ejes/ me llaman abandonao/ si a mí me gusta que suenen/ pa’ que los quiero engrasar”

 ¿Cuáles son los recursos poéticos que más te seducen?

 Estos, armar y desarmar. Son los que más me estimulan. Y si no están en el poema, lo hago yo.

¿Con la voz, con el cuerpo…?

Con la letra también. La versión mía de “Los ejes de mi carreta” está toda cortada. Y entonces el sentido cambia. En “Los ejes de mi carreta”, él dice “Porque no engraso los ejes…” Yo lo canto tal cual es. Y, en la segunda parte, sustraigo algunas palabras, lo cual hace que el sentido cambie absolutamente. Alguien lo repondrá. Es más fácil hacerlo en temas muy conocidos: “me llaman abandonao, por qué…”,  por ejemplo, y no digo “porque no engraso los ejes”.

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Luis Scafati, Cartonero.

 

Y ahí conversás con todos.

Claro que converso. Sobre todo, con los autores. Por eso es tan importante, porque es una reposición de la memoria y la memoria no se repone sin más. Se repone en un diálogo tenso con el autor, digamos. Eso es una tensión extraordinaria. La tensión es, para mí, la figura más importante del arte.

¿Y tu recurso es el silencio?

Muchísimo.

También, tus manos. Hablás mucho con tus manos.

Todo es voz, hasta las manos. La voz es una de las grandes metáforas de la cultura. Cuando se habla de Gardel, se dice “La voz”. La voz de los que no tienen voz, por ejemplo. Creo que no es lo mismo la voz que el canto, la voz tiene una rugosidad… Barthes escribe “El grano de la voz”. Ese grano es, para mí, una memoria musical, poética y política. Si no hubiese ese grano, caeríamos en la espantosa denominación de world music.

Hay allí un punto de identidad…

Un punto de territorio, de memoria musical poética, política e histórica, con tensiones. Con todos los pliegues que esto significa. No es que yo canto y la identidad se captura en su esencia completamente. Siempre hay grietas. No hay una captura inmediata de las cosas.

Yo Vengo A Ofrecer Mi Corazón     

“Y uniré las puntas de un mismo lazo,/ Y me iré tranquila, me iré despacio,/ Y te daré todo y me darás algo…/ Algo que me alivie un poco más./ Cuando no haya nadie cerca o lejos/ Yo vengo a ofrecer mi corazón/ Cuando los satélites no alcancen/ Yo vengo a ofrecer mi corazón…”

¿Qué relación habría entre este grano de la voz y tu concepción de lo popular?

Lo popular es una palabra tan compleja… Prefiero pensar la idea de lo popular como una especie de aluvión libre y creativo. Eso es una construcción. Si hay esa construcción política y cultural, es probable que alguna vez tengamos esas formas de lo popular. Lo popular no conservador, digamos. Esas características de lo popular a veces son magníficas para pensar otras cosas y a veces, obstáculos para lo mismo. Creo que eso es el peronismo: máxima posibilidad y máximo obstáculo.

Ahí está la tensión que decías antes. Vos en muchas declaraciones asociás lo popular a las crisis, a la grieta, a la ruptura. Y recién hablabas de un territorio que no es firme, que se mueve. Otra de las figuras que vimos mucho en tus textos es la cornisa, los bordes. Y pensaba si las figuras cornisa, las  grietas y el grano de la voz no estarán asociadas.

Creo que sí. Sí. La idea que tengo es que hay una especie de condición del arte que es, me parece, cierta libertad y creatividad. Para eso hay que saber producir una ruptura con el pasado sin olvidarlo. Es pese a uno que el pasado está. El pasado no es nada si no es interrogado por el presente. Es una tensión, palabra que prefiero a la dialéctica. Esta supone una síntesis y no es lo que yo propongo. Yo propongo sostener una tensión. Es como sostener una pregunta o sostener un riesgo o sostener un abismo.

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Luis Felipe Noé, El juego político.

 

Claro, me refería a una dialéctica más a lo Nietzsche y Heráclito, que a lo Hegel.

Sí, en eso estoy más cerca. O de Benjamin. Me interesa más eso que pensarlo en términos dialécticos. Porque si no, hablarías de superación. Y el arte no va a ningún lado, no tiene futuro. No hay progreso en el arte.

¿Pero se puede suponer, entonces, que el arte es un presente en el que se reinventa el pasado?

El arte está siempre dando vueltas sobre las mismas cosas. Tal vez la obra de un autor sea una sola. Y, después, lo que siguió haciendo más adelante son vueltas sobre aquello que pudo pensar una vez. Lo dice Orson Welles claramente: “No soy artista, no me veo a mí mismo como un profesional. Soy básicamente un aventurero”. Pero volviendo a la pregunta, sí. Aunque la relación entre pasado y presente es muy compleja, llena de pliegues. Cómo pensar la música anterior, cómo pensar en el tiempo. Me parece que la fórmula puede ser que el presente no sea nada si no interroga al pasado, pero el pasado no es nada si no es interrogado por el presente. Si en el pasado estuviera todo y todo estuviera acabado y terminado allí, se transforma en un mito. Y el mito te devora. Tampoco estoy pensando en la idea de algo superador en el sentido de la dialéctica: porque, si no, te diría con todo atrevimiento, que la versión mía de “Los ejes de mi carreta” es mejor que la versión de Yupanqui.  Eso no es así. Es tan poderosa esa obra que permite una interrogación nueva. Distinta, en todo caso. Y estoy hablando como intérprete. Es lo que soy. Yo no soy compositora que es otra cosa, otro plano.

Pero hacés una lectura de las letras.

Bueno, si a esa interpretación, le quieren llamar una interpretación creadora o compositiva, están en su derecho. Yo creo que para componer tenés que ser un buen lápiz.

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Luis Felipe Noé

 

Pero también hay todo un trabajo creativo en la instrumentación, en los timbres…

Sí, sí. En los timbres. Para mí eso es fundamental. La música tiene muchas posibilidades tímbricas. Vos trazás un horizonte sonoro, que es un poco previo pero se va armando también. Uno tiene una idea, va apareciendo y va corroborando algún que otro deseo sonoro. En el caso de “Imposible”, el último disco, es un disco completamente acústico, con muchos graves. Martín sólo usa el clarón, que es el clarinete bajo. Pedro Rossi sólo toca la guitarra criolla y de siete cuerdas, que tiene una nota grave muy interesante. Ariel no toca el bajo eléctrico, sino el contrabajo para poder usar el arco. Es casi un grupo de cámara. Un sonido que yo busqué, así como he hecho discos con máquina de ritmo, guitarra eléctrica sangrante y gritos. Voy cambiando. Depende de lo que necesite o de lo que me pida el corazón. Uno nunca sabe qué pide el corazón, pero va buscando en ese armado y el sonido va apareciendo. Igual, a la hora de que suenen las cosas… Uno puede tener una idea, pero a veces te pasás meses en eso y no aparece.

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Luis Felipe Noé, Diálogo natural.

 NUEVA

Nueva     

“Voy a tener que escribir algo/ Viento en luna y sentir, largo/ Sin lamento oscuridad, llega/
Líneas son las de un Mustafá, ciego/ Reencarna y eternidad, deja/ Sin saliendo lo que fue, era/ Que prolija quiere y lleva/ En su alma una pasión, plena.” 

 Lo de la idea sonora nos quedó el otro día de una entrevista con el Pollo Raffo.

Él es un gran lápiz. El Pollo es un músico bárbaro. Me pasó una cosa muy linda con él. Me acuerdo que habíamos estado peleando por esta cosa más administrativa de la vida, como la creación de la Ley nacional de la música, el Instituto nacional de la música y eso. Entonces, tuvimos que ir un grupo de gente a exponer al Congreso. En un momento me tocó hablar a mí, hablé con tranquilidad al principio y luego fui subiendo el tono. Terminé con una sentencia, de esas que por ahí te salen bien. Mucho tiempo después, un año más o menos, fui a La Plata a ver una vez más “La ciudad ausente”, la ópera de Gerardo Gandini. Me lo encuentro allí al Pollo. Él no se acordaba de lo que yo había dicho en aquella oportunidad en el Congreso, pero sí me dijo que hasta lo podía escribir en una partitura, es decir que yo había hecho un procedimiento musical. Empecé con un pianissimmo y fui hacia un fortissimo y después terminar en….. Es muy interesante eso. Me alegró mucho eso… Claro, él estaba de acuerdo con lo que yo decía, pero más allá de eso, lo pensó musicalmente, lo cual me encantó porque ese pensamiento musical, en diseño melódico, en un ritmo, es algo que te persigue todo el tiempo. A veces vas caminando y vas pensando qué ritmo vas haciendo al caminar, si estamos en un cuatro, en un seis por ocho… O los sonidos. A veces toco un timbre y pienso qué nota es.

Bueno, él hablaba de significancias instrumentales. Algunos sentidos que se dan solamente de esa manera musical. ¿Existe esa significancia con la voz, esos sentidos a los cuales se puede acceder como si la voz fuera un territorio de sentidos propios?

La voz piensa incluso, aunque no lo sepa. Estoy absolutamente convencida de eso.

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Luis Scafati.

Raffo también nos decía que hacía como cartoneo musical. ¿Vos capturás sonidos que escuchás?

A mí me gusta la idea del cartoneo también. En el teatro también. Es el teatro de Mauricio Kartun. 

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Aunque lo uso poco y más allá de lo doloroso, me resulta muy interesante ver y también sería interesante poder grabar las voces de quienes piden en el subte.

Combo Carioca(0)     

Son distintas tonalidades y están dichas en distintos ritmos

Violetta baratita     

como una especie de rap, pero dicho de otro modo. Grabarlo y luego armar una base y poder cantar sobre eso sería muy interesante.

Valderrama     

¿Así piensa la voz, de esa manera?

Creo que la voz piensa una memoria, porque sino serían voces sin territorio, donde daría lo mismo que cantaran en un lugar que en otro, que pertenecieran a un lugar que a otro. Cuando digo territorio, digo memoria…

Tema del hombre solo     

“De las tres rosas rojas queda una chamuscada/ Ya que han muerto las otras no sirve de nada/ El de las flores soy yo/ El sentimental/ Ruleta rusa andante/ Gatillando el celular/ Como un disco rayado, / Como un árbol moribundo/ Tema del hombre solo, / Cargando el mundo/ A cambio de qué/ A cambio de qué quisiera/ Un poco más / A cambio de qué/ Un poco más” 

Lo van a velar en el teatro Vera. Nini Flores. Un infarto a los 50 años. Un gran músico. Gran, gran músico de chamamé. Rudy y Nini Flores son dos músicos correntinos, muy amigos con Juan Falú. Un infarto, un tipo de cincuenta años.

También estos tiempos no ayudan….

El Nini estaba sin trabajo. Mucho dolor, mucha gente mal…

Nosotros hacemos números conceptuales. Este número es el del hastío. ¿Qué cosas te hastían?

La necedad.

Lo mismo contestó el Pollo Raffo.

La necedad me subleva. El no poder escuchar. Otras cosas, también. La infelicidad de nuestros pueblos me produce un hartazgo enorme. Más que hastío, es una infelicidad. No sé si podríamos homologarlos.  No percibir el mal que se hace o el bien que se puede hacer. Pero es tremenda la necedad, ese no poder escuchar, no tener la apertura para pensar.

¿Y cómo se combate eso?

Y, no sé…. Yo me retiro, me retiro. No soy paciente. Este es también un rasgo de la necedad… Pero yo me retiro. A veces doy batalla pero mal.

Pero los necios votan…

Sí. En la música circulan de un modo escandaloso.

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“Si yo le pregunto al mundo,/ el mundo me ha de engañar./ Cada cual cree que no cambia,/ y que cambian los demás. /Y paso las madrugadas,/ buscando un rato de luz./ Por qué la noche es tan larga/ ¡guitarra, dímelo tú!”

Recién hablabas de pensar con la voz. Uno de tus territorios es también la filosofía. ¿Cuál sería la diferencia entre estos dos pensamientos?

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Luis Felipe Noé, Paisaje.

Cuando hablamos de música, hacemos una especie de filosofía de bolsillo. Una pequeña filosofía de bolsillo. Armar y desarmar, insistir, resistir, desistir… Son todas formas de la música. Yo creo que el pensamiento tiene una estructura musical. Ensimismado, a veces; otras, exteriorizado. Son formas de la filosofía también. Son pensamientos sobre lo inaprensible del mundo, formas de pensar las formas funambulescas que a veces adquiere la vida. Esos son los grandes temas. De la filosofía y de la música, también. De la condición humana, en todo caso. A mí me parece que la música tiene algo ahí para decir. O, al menos, diría que esa pregunta está como formulación previa a una composición o a una interpretación. Me parece, pero no es un sistema. Cuando yo daba Filosofía, enseñaba los sistemas filosóficos. Pero también enseñaba a leer. Porque leer es escribir, así como escuchar música es componer. No se puede hacer música sin escuchar, hay que estudiar también. Recuerdo cuando íbamos al cine con David Viñas y él se enojaba si un buen director alargaba la película un poco más de lo deseable. Él gritaba en el cine, “Bueno, viejo. ¡Eso ya me lo contaste!” Cuando los cines se llenaban, claro. Me parece genial. Hay cosas que ya te las contaron. Entonces, para saber qué es lo que ya se ha hecho hay que estudiar. Un ejemplo: uno no puede cantar como si no hubiera cantado Mercedes Sosa. Aunque ella sabía de mí es que yo estaba dispuesta a pelearme con ella,  lo peor que podía hacer era cantar como ella, pero tampoco cantar como si ella no hubiera cantado. La tensión entre lo hecho y lo por hacer.

Y el deseo, ¿cómo funciona acá?

Ahí está, puesto como locura. Hay que amasar un estilo que uno no sabe ni cómo es. Yo me pasé años imitando a Mercedes. Y por suerte me recosté en una grande. ¡Mirá si me hubiera recostado en Violetta! Estábamos perdidos. Me recosté en ella, en Billy Holliday, en Janis Joplin, en grandes cantores. Que después haya hecho otra cosa es otra cosa. Como es otra cosa que esa otra cosa resultara interesante. Pero me parece que si uno oye a esas grandes cantoras, hay que dar batalla contra eso. Hay que romper la fascinación, después de escuchar a quienes nos gustan. Ahí el hecho caníbal del mito. El mito es absolutamente caníbal, te devora.

Me parece que vos ya venías con el bagaje de la interrogadora. No es fácil darse cuenta que, recostándose en un gran artista, uno puede -a su vez- armar una nueva pregunta sobre una canción o un modo de cantar.

Igual me fui dando cuenta de a poco. Yo recién ahora puedo balbucear algo sobre lo que hago, algo que me ayude a seguir pensando. Yo tenía curiosidades, no lo tenía planeado. Es muy difícil ser contemporáneo de uno mismo. Yo le debo mucho de esto a mi padre. Él me hizo escuchar música clásica y yo, en esa fantasía del mundo infantil que es maravilloso y libre, percibía algunas cosas. Después fui a estudiar el piano con una profesora de mi pueblo y todo eso fue muy enriquecedor para mí.

A puro fierro     

“Me quedo con ustedes/ Así no muero, así no muero/ Con un golpe de fragua/ La vida vuelve, la vida vuelve” 

 ¿Sigue funcionando lo lúdico?

¡Claro! Con pena, no sirve. Hay que jugar y hay que jugarse, porque uno va por la cornisa jugándose, arriesgándose y, al mismo tiempo, eso es un juego. Y de ahí puede surgir una idea, incluso equivocada. Eso es muy importante para mí. Un desvío que se cruzó, salió de otro modo y resulta más interesante que lo que estabas haciendo. Por eso el ensayo es importante, es una comunidad. Yo trabajo con compañeros. Entonces, puedo tener la última palabra, si querés, pero no tengo la idea verticalista de la cantante acompañada por músicos.

Eso es una construcción y es una posición ideológica también…

Para mí, sí. Intento romper esas formas más jerárquicas que están en la política, en las instituciones, en el mercado… No es un problema de la música, es un problema del capitalismo. Por eso, al armar el escenario, armo en herradura, es muy raro que yo vaya adelante y los músicos atrás. Y, además, fijate la expresión: los músicos, como si yo no lo fuese…

Aparte, si la voz piensa, los instrumentos también.

Luis Felipe Nóe
Luis Felipe Noé

La música es una extraordinaria conversación que se da in situ, digamos. Y, en ese hecho sonoro, puede aparecer una novedad, hay que estar muy alerta.

¿Y qué cosa distinta sucede allí con respecto a una conversación con palabras?

Es un  poco técnico, pero por ahí venís con un tema en que hay momentos  donde entra el arco y Ariel justo no alcanza el arco porque se le cayó, suponte. Entonces, lo toca con los dedos y es otra sonoridad, nos reímos, apareció otra cosa. Es una preciosa e infinita conversación.

Pensaba en cuando decías que habías trabajado un año y medio en un disco hasta encontrar el sonido. Eso se graba pero, después -en cada vivo- se reinventa.

Claro, hoy es otra cosa. Este disco, por ejemplo, salió hace tres meses, pero hoy es otra cosa. El otro día, cuando hicimos el Ópera, vino a vernos el sonidista que lo grabó. Cuando terminó el concierto, nos proponía que grabáramos otro, porque en vivo ya sonaba otro disco. Es otra música, está tratada de otro modo. Son tantos los factores que intervienen en el hacer de la música…. Es como la vida de las personas, no es un espacio privilegiado la música, es sólo el lugar que uno elige para pensar algo de las cosas del mundo.

Pero tiene su singularidad.

La tiene. Y tiene su gramática también. Eso es muy importante y yo agradezco mucho que mi padre me haya enviado a estudiar. Yo no sé escribir, pero leo muy a primera vista. Es cierto que la música es mucho más que una partitura, pero si la tenés y la leés, mejor.

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Meditazione 2, Pettoruti .

 

Habías hablado de David Viñas, que gritaba en el cine. Y también nombraste a Janis, que también gritaba. Y me viene el sapucay a la cabeza. ¿Qué relación hay entre el grito y la voz en lo que vos hacés?

Bueno, el grito es importante en la voz. Todos estos temas ya están tratados en la filosofía. Aristóteles dice que la errrrre fluye. Y María Elena, con su cuatrimotorrrrrr, también hacía fluir el sonido. El grito es muy liberador. Pero también el tono de este último disco, completamente ensimismado, es una necesidad que yo tenía. Quería austeridad y memoria. Estoy cantando muy chiquitito e, incluso, en tonalidades más bajas que en otra oportunidad.

Todas las referentes cantoras que diste fueron femeninas.

Bueno, yo soy una mujer, ¿no?

Sí. Pero podrías tomar variante de voces masculinas, por ejemplo…

Tres cantores fundamentales: Steve Wonder, Milton y el negro Rada. Otro al que le llamaban “la voz”: Frank Sinatra.  Barbra Streisand. A mí me gusta más la rugosidad, el swing. Nombré mujeres porque las escuchaba mucho a ellas. El Negro Rada es un cantor increíble, por ejemplo.

Estos que nombrás, ¿tienen mucha técnica o hay más que nada interpretación?

El Negro Rada no sé si tiene técnica. Hay alcohol, cigarrillos e intuición musical extraordinaria. A Milton no lo conozco personalmente, pero supongo que sí tiene su técnica.

¿Vos trabajás mucho en eso?

Yo no canto sin hacer ejercicios. Primero, porque soy fumadora y segundo porque te daña las cuerdas el cantar sin ejercicios previos. Pensá en la voz de Cristina, tiene una rayadura y esto es porque rozan sus cuerdas. Es probable que haya un nódulo. No es mi caso, pero hay personas que hablan así, con una rayadura. A Horacio, después de la diálisis, le aparece esa rayadura en la voz. Evidentemente la diálisis que es el traspaso durante tres horas de la sangre por el cuerpo produce una disfonía, una modificación del sonido.

Liliana Herrero - Se me va la voz     

“Ay, se me va la voz/ Se me va la voz/ todas las cosa se me van/ (…) Todas las cosas volverán”

¿Y si un día no pudieras cantar?

Me ha pasado. Y he salido adelante. Los problemas que he tenido arriba de un escenario los he declarado ahí. No puedo continuar en la simulación, no me interesa tampoco. Con Juan inventamos un proyecto hermoso que se llamó “La música interior”.

Ver Nota: “La música interior”

El primer concierto que se hizo, el primer experimento de eso, fue en un Congreso de Cultura,  donde  participaron todos los músicos que nosotros elegimos, venidos de distintos lugares. Esto era en Corrientes y teníamos dos días para armar distintos ensambles y cruzar a Resistencia para hacer el concierto, que era larguísimo. Lo cierto es que yo trabajé con ciertas características de obsesividades que tengo. Juan es mucho menos obsesivo y, por la noche, salía de guitarreada, con lo cual se levantaba tarde cuando nosotros ya estábamos hacía rato trabajando. Yo me ponía cada vez más nerviosa, aunque no con Juan, porque él no cantaba. Pero yo sí, entonces tenía que tener más cuidado. Cuando llegó el día del concierto, estaba completamente disfónica. Todos estaban preocupados, yo tenía que cantar. Salí y hablé: Esta no es mi voz, sin embargo,  también es mía, porque yo quería venir acá a sostener una memoria. Y, para sostener una memoria, hay que enronquecer, porque la memoria tiene muchos pliegues… Voy a cantar hasta donde pueda. Y de los temas que me tocaban hacer a mí, hice dos. No podía seguir cantando. Fue muy hermoso. Con este material se hizo una película que empieza así, con esas palabras mías. Al final, cerrábamos Juan y yo. Yo, sentada junto a él, y él me cantaba a mí. Y ahí él agrega que se siente responsable porque se había ido de joda todas las noches. Fue muy hermoso. Pero, bueno, cuando esas cosas pasan, yo prefiero blanquear, me cuesta sostener la simulación. He parado temas en un concierto porque nos hemos equivocado todos. Explico lo que pasó y arrancamos de nuevo.

Una vez, en la Biblioteca Nacional, pasó eso con un monólogo de Analía Couseyro. Por alguna razón, empezó mal y dijo: ¿Empezamos de nuevo?

Yo hubiera hecho lo mismo, es una gran actriz. Después, hay otras cosas que ocurren en la música. Yo siempre prefiero parar si veo que no se va a acomodar. Cuando un tema me gusta mucho y sale bien, digo “Hagámoslo de nuevo”. La gente celebra eso, pero yo lo haría igual de nuevo aunque la gente no lo celebre.

Es una provocación a la noción de error, donde el error siempre es algo a castigar o algo a disimular.

Todos esos problemas son problemas del mercado, de la industria discográfica, de la forma estereotipada de los sonidos estandarizados de la televisión. A mí me preocupa muchísimo eso. Me hastía la necedad y esa domesticación del oído que hacen el mercado y los medios. Esa alianza es una bomba de tiempo. Pascal Quignard ha escrito un libro muy interesante sobre la historia del oído. Nosotros cada vez oímos menos y, al aumentar la forma de la tecnología, el sonido se comprime cada vez más y cada vez escuchamos menos agudos, menos graves y más medios. La tecnología última provoca, en mí y en muchas personas, la máxima nostalgia sobre los días anteriores. Vos ponés un disco en una bandeja y después ponés un mp3. En el segundo caso estás con un sonido absolutamente comprimido. Eso provoca en nuestro oído una disminución extraordinaria de la audición.

¿Cómo atenta eso contra la formación sensible de los chicos?

 Sí. Eso y el relato de los dibujos animados y todo lo demás… Yo lo veo en mis nietos. Es una batalla, porque mi nieta mayor lee mucho pero tiene también el deseo de jugar en la computadora con esos juegos; o de ver los relatos…

Que constituyen pensamiento…

Sin duda. Pero, al mismo tiempo, como hay una base de lecturas grandes e importantes, han pasado cosas muy graciosas. Cuando vienen de Rosario, yo siempre les leo algo antes de dormir, pero por ahí se olvidan de traerse sus libros y justo no tengo nada… Entonces digo: Vamos a leer Conrad. Pero a mí me parece que es tan hermoso que el entendimiento y la comprensión de las cosas tenga tantos planos; que, aunque no haya un relato infantil, la comprensión exista. Es maravilloso.




POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS

El Hastío: Entrevista con Juan “Pollo” Raffo.

Entrevista: Mariano Botto, Gabriela Stoppelman
Fotografía: Santiago Resnik
Edición: Gabriela Stoppelman

“¡Llegó el momento! Voy, la campana me invita. ¡No la escuches, Duncan, porque es el tañido que te llama al cielo o al infierno!”, Macbeth, William Shakespeare.

 

Foto Torres
Campana – Torres

Pero vuelvo al tema. Doce del mediodía, pleno diciembre, un sol que rajaba la tierra, un calor infernal, los pajaritos que se caían muertos al piso por la canícula, se venían en banda y se desnucaban contra la vereda… y el Gordo ahí, che, con el traje de lana gruesa, barba y bigote, sacudiendo una campana de papel maché o algo así y dándoles caramelos a los chicos que se juntaban para verlo.”,

Roberto Fontanarrosa, “Y te digo más…”

 

Inesperadamente, una negra se cuela debajo de una gran copa invertida y de bronce. Con suma precaución, la nota ha estado allí durante mucho tiempo, a la espera del instante justo. El bronce acaba de enfriarse después de una larga temporada de intenciones al fuego. Es, entonces, el momento ideal. Vuelta badajo, la negra despierta una conmoción de partes que se codean, se empujan y se reubican. El contrapeso se endereza en su horizontal, el hombro mira de reojo al pie y al medio pie para que la curva sea la necesaria. El tercio y el medio afinan con el asa. Cuando dan con el tono justo, el labio la nombra: campana. A partir de este bautismo, ella será la mejor aliada y la más peligrosa enemiga de todas las cronologías. Obligada a  la hora del Ángelus, no tardará en hacer alianzas con ciertos demonios. Así, convocará a las batallas, será el botín de guerra de los vencedores, se volverá metal contante y sonante, obscenidad sin consuelo en las manos de viudas y huérfanos. Habrá que tener cuidado cuando llame a la oración, porque toda sintaxis tiene sus grietas. De ese modo, ella se colará entre los sitios desguarecidos del idioma y se volverá verbo- campanear, mirar atentamente-; se atreverá con incómodos personajes- el campana, el que cuida la trampa, quien alerta la llegada del peligro-; se meterá sin permiso en los decires del habla coloquial, a medio camino entre metáfora y picardía- “oír campanas y no saber dónde”- y hasta se atreverá en el cine y en la leyenda. Hay una muy popular entre los chilenos: cuentan las voces de por allí que, al intentar transportar la campana de Rere a Concepción, la carreta- tirada por varias yuntas de bueyes -en un momento se detuvo y ya no hubo fuerza capaz de sacarla de su estancamiento. Sólo la decisión de llevarla otra vez a Rere logró que el bronce, conmovido por la ilusión de la vuelta, relajara su materia. Para el regreso, con una sola yunta de bueyes fue suficiente. Y así como la campana de Rere suena en y “a” Rere, la campana de la iglesia de Flores suena en y “a” Flores. Es un sacudón de sonido que atraviesa las “rejas protectoras” alrededor de la plaza, se escabulle entre las copas de los árboles, cruza Yerbal, sube cuatro pisos y elige dónde, cómo y cuándo reclamar pentagrama. Información de buena fuente indica que no va a moverse  de ahí hasta lograr su objetivo.

Yerbal     

                                                               “Yo creo que uno no muta de ser, va sumando capas. Ninguno se olvida de quién era de niño o de joven.”,

Juan Raffo

La mañana es el sonido suave que se superpone a la ciudad, la ventana va sobre la luz diurna e ilumina todo lo a la vez: una bandeja de sándwiches de miga, una línea de tiempo en diplomas enmarcados sobre una pared, un plato de facturas, una camiseta de Boca con la firma del Diego, una isla de teclados,  un monitor y un hueco en el centro para que las manos giren en manecillas, ajusten segundos, minutos, ritmos, pausas,  dónde  cabe la palabra, dónde cabe el sonido, cuándo el silencio y cuándo el acorde, qué puede el verso y qué la melodía. ¿A qué hora suena la campana de la iglesia? 

 Sos de Boca y de Flores, ¿cuál es tu equipo barrial?

Toda una tradición en la  familia de hinchas de River-hinchas de Boca. Somos del barrio de la Boca y, sin embargo, mi abuelo era el socio número diez, creo, de River. Había una tradición familiar en la cual, entre hermanos de distintos clubes, o sea de Boca o de River, colonizaban al primogénito del hermano para el club contrario.  La conversión del primogénito. pollobocaHasta ahora va favorecido Boca en un 90%. Y con mi hijo establecí esa bajada de línea que es la más inocua de las bajadas de línea posibles con un hijo. En un momento, él era chiquito –tendía diez años-, fuimos a la cancha de River porque yo tocaba con Los Piojos y se presentaba un disco. Había una canción que se había grabado con un coro de chicos en el que cantaba mi hijo, así que esa noche él iba a cantar. Fuimos a la prueba de sonido para acostumbrarlo un poco a la situación (sesenta metros de boca de escenario…). Entonces, él vio el club y dijo: ¡Che, qué lindo club! Sasasa, sarasasasa… De repente había un Scalextric gigante y cosas así y el pibe estaba deslumbrado. Así que yo le dije algo de lo que me arrepiento: “Mirá, los tres tipos más hijos de puta que hubo en el país fueron Videla, Massera y Agosti. Los tres eran de River”. ¡Fue un último recurso! Una carta potentísima, en todo caso.

¿Esa, en esa remera enmarcada, es la firma de Diego?

La circunstancia es que yo lo dirigí grabando, cantando en un disco producido por el Tano Piero para la UNICEF, sobre los derechos de los chicos. Yo fui de arreglador en una canción de Miguel Cantilo, ” El derecho a jugar”. En un momento apareció la noticia de que venía Diego a grabar. Él había terminado con el Sevilla y no había vuelto a Boca aún. Año 93, por ahí. Cuando terminó la grabación estaba todo el equipo de filmación y grabación con camisetas de la Selección para que él las firme y yo le pedí que me firme ésta, de Boca. La firmó con marcador azul. Tengo dos cosas cholulas, una es ésa y otra, la foto con George Martin. Esta última tiene treinta años. Era en Berklee, se graduaba un amigo mío y Martín había sido el orador en la ceremonia de graduación. Él y Dizzy Gillespie entregaban los diplomas. En el hall, a la salida, estaban todos los graduados sacándose fotos. De repente, veo que pasa Martín por el costadito, se iba.  Una amiga fotógrafa que vivía en Boston estaba haciendo las fotos de los graduados y le pedí que me hiciera estas.

 EXTRAMUROS

              

  “En cada disco siempre hay algo que falta. Voy a hacer en éste lo que falta. Lo terminás. Y  sigue faltando algo”.

Juan “Pollo”Raffo, en la presentación de “Brindis”, su último disco.

La palabra toca de oído  una melodía vocal y consonante. En lo que omite, deja pasar un sonido, la forma en que el aliento rompe el muro del vacío. Y, así- exterior, extranjero y sin invitación previa -el aliento pone a todo en alerta. El sonido se monta entonces sobre la palabra. Jinete y caballo atraviesan las rejas de la plaza, van derechito hacia Rivadavia, se paran frente al campanario y no la ven. No saben nada de los tiempos del badajo y del bronce, nada sobre campanarios y torres. La altura no se deja llamar ni con palabras ni con compases. ¿Quién le enseña al campanero las simetrías del cuerpo y el sonido?, ¿cuánto hay de timbre y cuánto de imagen en cada tañido?

Y nada, che. Acá, de cuatro, tres somos del barrio y uno es asiduo visitante. Y nadie tiene el menor recuerdo de a qué hora ni en qué día la escuchó sonar por última vez.

Algo que nos llamó la atención el día de la presentación de tu último disco fue que te acercaste y  una de las primeras cosas que nos dijiste fue: “yo hago solo música instrumental, canciones no compongo desde que era muy joven”. Y, después, escuchamos todo un concierto donde la palabra  era como la continuación de la música, todo muy comentado por vos y tus músicos.

Afortunadamente. Porque hago letras espantosas.

Pero tenés una relación muy placentera con el lenguaje.

Bueno, soy docente, me la paso hablando hace treinta años. He desarrollado el poder exponer.

¿Y por qué no el escribir?

Porque es otro tipo de disciplina. Igual he escrito textos. Hago notas escritas- a desgano -cuando me mandan preguntas, por ejemplo. Entonces ahí tengo que editar, con lo cual uno está en situación más de escritor que de improvisador, a diferencia de lo que sucede en una charla. Sobre todo cuando te hacen en la misma época preguntas parecidas, tenés que editar… He escrito textos académicos, tengo algo publicado en Oxford University Press, con Laura Cambra, una amiga escritora. El trabajo está publicado dentro de un libro sobre música y cultura joven en Latinoamérica, compilado por Pablo Vila.

Pablo Vila.

Es un artículo sobre el acercamiento al tango de la generación de los sub 40. En realidad, Laura escribió y yo aporté la parte técnico-musical e hice el trabajo de campo con ella, las entrevistas con gente que conozco. Pero es arduo escribir… A mí me cuesta mucho, incluso, escribir música. En este momento, estoy con un proyecto que es un concierto el 23 de Septiembre con la Orquesta Filiberto, toda música mía. Estaré yo al piano y Martín Rur en  el saxo, más la orquesta. Estoy escribiendo eso y es terrible. Es música que conozco, claro, pero es duro. ¡¡No entran todos los instrumentos de una orquesta en la pantalla!! Te sentís como al mirar por el ojo de la cerradura, digamos. La técnica vieja, en papel, era otra cosa.

Escribir con palabras también es duro…

Recuerdo en la época de estudiante, previo a las computadoras, tenías que entregar obras para orquesta o para grupos grandes. Eran partituras copiadas a mano.  Por ahí, terminaba el arreglo en la noche para tocarlo a la mañana siguiente. Entonces, a las cinco de la madrugada, me encintaba la lapicera en la mano que ya tenía completamente dormida; era  la única manera de sostener la lapicera hasta terminar el arreglo. Así que sí. He escrito.

Jalons, Iannis Xelaquis - Ediciones Salabert
Jalons, Iannis Xelaquis – Ediciones Salabert

 

Las palabras, en tu producción, aparecen en los títulos y en lo que decís en los conciertos.

Yo tengo una limitación con las traducciones. Vos tenés noción exactamente de lo que alguien escribió si leés en el idioma original. Así, la música de las palabras se vuelve interesante, antes que su significado. Es lo que pasa en la poesía y en las letras de canciones. Los letristas de canciones que más me gustan son tipos que hacen de eso la razón del asunto, Caetano o Paul Simon.

¿Leés poesía?

Poco, pero me parece que tiene que ver con que no le agarro exactamente el… No la leo bien.

Es raro ¿no?, porque la poesía es como el límite entre el lenguaje hablado y la música.

No recuerdo qué poeta fue que, cuando alguien le propuso ponerle música a un poema suyo, contestó: Ya tiene.

El gran personaje de la poesía es el ritmo. ¿Leés ficción?

Sí, pero menos de lo que quisiera.

¿Qué leés de ficción?

Me acuerdo más de los climas que de lo concreto de la historia o del texto. Leí mucha ficción latinoamericana: Fuentes, García Márquez, Vargas Llosa. También argentinos: Dolina, Soriano, Fontanarrosa, Feinmann, Borges.  Yo siento una relación muy  interesante: casi todos usan lenguaje elaborado sobre materiales plebeyos. Eso puedo relacionarlo con”Música de Flores”. Es evidente que esos tipos leyeron mucho y encontraron. Me parece que me atrajo la manera en que escriben. De grande, empecé a enterarme de que muchas cosas no existen. Me parece genial lo apócrifo, como en Borges.

¿Eso puede existir en la música?

No estoy muy seguro. Habría que tener la certeza de qué no es apócrifo. Tal vez, ficcionar ciertas tradiciones. Hay un vals de Tchaikovsky, muy gracioso, al que le falta una pata. En vez de estar escrito en un compás de tres tiempos, como todos los valses, alterna uno de tres y uno de dos.

Vals al que le falta una pata

 Eso sería apócrifo. Cuando laburas con pies métricos raros, podés hacer que una secuencia de cinco pulsos suene orgánica, como pasa con: (Toca el tema de “Misión Imposible”, luego “Take Five” y cierra con “Money”, de Pink Floyd). Acá hay dos variantes. La misma situación no convencional puede estar disimulada o explícita, como en falsa escuadra. No está ni bien ni mal, son dos maneras de diferentes. “Take Five” fluye, “Misión imposible”, también. “Money”, no tanto. Esa podría ser  una situación apócrifa de la música. Ahora, volviendo a la lectura, leo muchos libros sobre música. Hay una frase que, como muchas frases conocidas , no se sabe quién la dijo y se la atribuyen a varios: Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura. En cambio, en cuanto a la escritura de libros sobre música, la pregunta sería,  ¿para qué escriben los que escriben sobre música? Pues para la gente que lee libros sobre música. Leo generalmente libros sobre música escritos por no-músicos o por escritores que practican música en forma amateur.

Casa movida -  elpesonuestro.com
Casa movida – elpesonuestro.com

 De escuchas…

De escuchas, que tienen una gran ventaja: tienen tiempo para escuchar. No están componiendo. Hay tres o cuatro personas que son escuchadores profesionales y tipos con elementos de crítica muy interesantes. Además, son tipos que se corren un poco de su gusto personal.  Para mí, son como una especie de guía.

 

LA POLISÉMICA

Lo personal serían las proporciones de combinación”, Juan “Pollo” Raffo

En un punto, la cosa se pone tensa. Las palabras y los sonidos se niegan a representar nada y, simplemente, se presentan, aparecen, insisten en fragmentos que resuenan al pasar, en memorias borroneadas. Hay que atender, rechazar, seleccionar, descartar, reducirse a lo indispensable y perder. Y, entonces, tal vez sucede el color de las proporciones justas. O, al menos, un matiz- uno más audaz que el resto -se aproxima a lo indecible.
Ahora, la campana de la iglesia de Flores, ni mú.      


Y cuando hablás de tus anotaciones, de estos fragmentos que recogés como modo compositivo… ¿Qué son? Porque los escritores juntamos frases, textos.

Fragmentos musicales. No hay textos salvo los títulos (tengo todo un banco de ellos). Es anécdota recurrente de todos los compositores el tener un papelito o un pentagrama a mano o, en estos tiempos, un grabador.

¿Nunca retazos de palabras o imágenes?

Los títulos, nomás.  Algo que dijo alguien en la calle o algo escuchado al pasar rápidamente se convierte en título. El título es la primera cara de la pieza. Es más, hay un momento histórico en que eso pasa. En el fin del siglo XIX, en el romanticismo, las composiciones dejan de llamarse Sonata Nº 4 para pasar a titularse “Preludio a la siesta de un fauno”, por ejemplo. Aunque hay antecedentes de eso, como en  sinfonías de Beethoven que tienen título: La Sexta, conocida como “La Pastoral”, a la que el mismo compositor subtituló “Escenas de la vida campestre”.

¿Los títulos son una lectura tuya de la cosa instrumental?

Muchas veces, sí. Pero es asociación libre por completo. Aunque no tendría que funcionar como una adivinanza. A propósito, mirá, este es el texto de Dolina para  mi  primer disco.

“El pensador de Flores Manuel Mandeb sostenía que la música no le gusta a casi nadie. Conforme a su criterio, lo que verdaderamente atrae a las multitudes son las circunstancias anexas a ella: la poesía, la danza, la teatralidad; pero también el aspecto de los cantantes, sus romances, sus trajes, las doctrinas que parecen auspiciar, el público que asiste a los recitales, el diseño de las tapas de los discos, las luces de colores, etcétera. Una somera inspección de la vida musical argentina no nos deja tan lejos de la idea de Mandeb: la música no se vende sola. Siempre existe una guarnición, un agregado, una extorsión que garantiza el entusiasmo que no necesita oídos. Con idéntico pesimismo, Eduard Hanslick sostuvo en el siglo XIX que la música carecía de toda alusión, que no representaba nada, que no aspiraba a recordarnos un lago, un dragón o una mariposa, sino que se trataba de una estructura combinatoria cuya disposición lógica producía emociones. Fue un duro golpe para quienes creían en la música programática, aquella en la que cada escala, cada acorde, representaba alguna entidad o algún hecho del mundo real. Cuando alguien no alcanzaba a conmoverse con el discurso estrictamente musical se le explicaba que los timbales eran cañones, que los contrabajos señalaban el avance de las tropas napoleónicas, que los bronces saludaban la victoria de Borodino. Y el incompetente, satisfecho con esta elucidación, se quedaba con la idea de que la música era una especie de adivinanza sonora. Este disco se abstiene de todo chantaje. Sus virtudes son estrictamente musicales. El fervor y la poesía figuran aquí como cualidades que ayudan al artista a realizar su música, pero en ningún caso la sustituyen. El Pollo Raffo maneja con indudable solvencia los elementos del jazz y de la música contemporánea pero ha conseguido, sin renunciar a ninguna de sus maestrías, sumarse a la tradición musical argentina. Ser un compositor argentino no es cosa que se acredite con la libreta de enrolamiento. Es necesario reconocer padres y abuelos, tanto sea para aceptar su legado como para modificarlo o aún rechazarlo. Desde esta superflua columna adjunta, me apresuro a adivinar que este disco correrá mejor suerte entre los que quieren oír, que en la sorda cadena de consumo de la industria.”

Ahí tenés a un tipo que escribe sobre la música y maneja la situación desde un lugar interno. Es más, yo no me enteré qué carajo iba a escribir hasta que  me entregó el prólogo ese. Leí la primera línea y me dije: “Okey, esto es todo lo que quiero”.

La poesía también se maneja, un poco, por asociaciones, no representa ni a los timbales ni a las tropas de Napoleón. Hay tensiones entre lenguajes.

Seguro. A lo que iba es que, en realidad, en cuanto a las imágenes que puede disparar la música, no es tan directa la cosa. Hay un ejercicio que hago en mis clases de composición. La partitura es una línea de puntos. Vos tenés una relación bastante similar en espacio y tiempo. Los elementos que duran lo mismo tienen más o menos la misma medida en el espacio. La música tiene mucho más que ver con la arquitectura que con el teatro, el cine, o con cualquier otro tipo de disciplina, por varias razones y, esa línea de tiempo es una de ellas. Las notas son alturas a través del tiempo. Los elementos que vos manejás son el rango de la melodía, o sea, el espacio entre lo más grave y lo más agudo y el diseño general. Con una melodía de rango mínimo y un recorrido medio predecible, tenés una canción de determinadas características. Los himnos no son así, tienen cierta amplitud de rango y un recorrido audaz que hacen funcionar otro tipo de emoción. No tenés un himno predecible. Vos cuando lo cantás sentís que el cuerpo está como timoneado. A eso voy. Vuelvo al ejercicio: agarrás un dibujo, un diseño, el diagrama de ventas, la red de subte, cualquier cosa que sea una línea y, mediante una cuadrícula, podés ponerle notas y ritmo. Obtenés una línea melódica. Vos tenés que hacer música con eso. Después, hay otro aspecto muy importante del laburo de compositor que es con qué lo acompañás, cómo lo distribuís rítmicamente. Otro ejercicio es el de las fechas de cumpleaños. Vos podés derivar notas de números. Tenés cinco personas y, por lo tanto, cinco fechas de cumpleaños, que te dan quince números que se pueden traducir en quince notas. Esas quince notas serían el punto de partida.

Inconnu, Iannis Xelaquis
Inconnu, Iannis Xelaquis

 

¿Usás mucho en tu composición ese tipo de juegos?

Sí, es lo que te saca de hacer siempre lo mismo. Otro ejercicio: hacer escuchar a los estudiantes un tema, específicamente, “A Remark you made”, de Joe Zauinul , grabada por Weather Report, en el disco “Heavy Weather”, de 1977.

“A Remark you made”

 Ese tema tiene cuatro instrumentos, donde  la batería está un poco más en el fondo, pero el bajo, el saxo y el piano tienen técnicamente roles muy definidos. Entonces, el ejercicio es que los estudiantes lo escuchen e imaginen una situación dramática, donde cada instrumento es un  personaje. Dependiendo del tiempo, se define quién y cómo es cada personaje. Luego, hay que ver qué pasa con ese conflicto y cómo se resuelve. Eso lo hice durante durante añares. Jamás obtuve algo repetido. A veces ponés ciertos límites, por ejemplo, que la situación tiene tres personas en un ambiente cerrado. La cárcel o un naufragio.

OPERACIÓN REPIQUE

¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?

¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?  Ningún hombre es una isla entera por sí mismo

John Donne, “Las campanas doblan por ti”

Antes de Hemingway, ¿las campanas repicaban, sonaban, “daban” la hora o ya “doblaban”?  Habría que escribir una  historia de estos tañidos. Porque, desde antiguo, el repique del badajo contra el metal quiebra la sucesión en dos, reclama una suspensión de lo habitual, desacomoda todas las simetrías, curva las rectas, instala la anomalía y pone la atención del lado del ruedo. Allí donde se ve la costura gruesa y el resto que nos queda. Doblan las campanas, porque también duplican las temporalidades. Es momento de la excepción y también son las doce y cuarto de un viernes más.
Todas doblan, salvo la de Flores en nuestra presencia, claro está. 

Foto: Ana Pérez Herrera
Foto: Ana Pérez Herrera

¿Existe una significación a la cual la música pueda acceder y a la que no accede ningún otro tipo de lenguaje? Vos hablabas de significación instrumental, ¿qué es eso?

En general, como en cualquier cuestión dramática, vos podes generar una expectativa de resolución hacia un punto anticipado por el oyente y que, al final, no ocurre.

Eso te interesa mucho a vos, ¿no? El desvío, “A mí me gusta, como oyente, la música que te propone algo y se va para otro lado”, decías por ahí.

Tal cual, es así. Eso también pasa con los guiones. El paralelo con la situación dramática del teatro o del cine, más  que con la literatura, es que el manejo del tiempo real está en manos del autor. Eso no pasa en la literatura. De ahí, mi problema con la poesía: si la escucho leída, la disfruto mucho más que si la leo yo. Alguien entrenado en lo que sería el tiempo real de eso seguramente va a ser más expresivo que mi propia voz  leyéndolo. Y, dependiendo del tiempo y las ganas que tenga, puedo llegar a leerlo como un aviso clasificado.

 La poesía no tiene un tiempo real. Reclama que  le pongas una voz, ahí viene la dificultad, porque la puntuación es muy personal. Para leer un poema hay que laburar

 Indudablemente. Pero volviendo a lo del tiempo real, en dramaturgia, vos tenés algún tipo de conflicto, varios- calculo yo que nunca escribí ficción -hay algún tipo de promesa de resolución de conflicto y, en algún momento, esa promesa se va retrasando o cumpliendo parcialmente hasta que se resuelve, o no. Lo más importante es cuándo. Por ejemplo, en situaciones obvias: la chica y el chico se van a encontrar, eso va a ocurrir porque estás viendo una comedia romántica de Hugh Grant, no puede no pasar. Ahora, cuándo y cómo, no sabés.

En una letra que escribiste de muy joven decís: “una serpiente sube por tus piernas, llevando mil duendes”.

¿Es terrible, viste?

Anisotropia - Orproject
Anisotropia – Orproject


Claro, y habla exactamente de esto que me decís. ¿Componiendo también te pasa lo del desvío?

Claro, eso es bastante normal en la composición musical.

Le ponés atención al momento de desvío.

Sí, mirá. Uno siempre puede visibilizar la resolución. Una nota cantada puede entrar en la escala, pero puede no producir un cambio significativo, a menos que las demás notas que suenan al mismo tiempo (la armonía)  así lo determinen. Ahí es donde la composición entra para hacer de ese giro algo más.  La melodía es la correcta, pero lo que está por debajo, no. Es el equivalente a una coma,  a un punto seguido, un  punto aparte. Muy recomendable, para ver, una charla TED, con Benjamin Zander, un director de orquesta británico. El objeto de la charla es la  apreciación de música clásica. Como buena charla yankee, es entretenida, como primera cosa, punto uno. Pero, sobre todo, refiere a  lo que hablábamos antes: a cómo lograr una estructura de combinaciones lógicas que producen emoción.

Charla de Benjamin Zander

¿Y romper la lógica?

Para romper la lógica, tenés que plantearla antes,  poner al oyente en expectativa.

 ¿Y de dónde sale esa necesidad de romper la lógica?

Si no, es aburridísimo. Volviendo a esta charla TED, hay una imagen que es muy buena, que el tipo habla de Hamlet y pregunta al público: “Cuando se entera de que su tío mató a su padre, ¿por qué no va y lo mata?” Y señala que los críticos dicen: “será por indeciso”, “complejo de Edipo”, “tiene miedo” y Zander responde: “No, no va y lo mata porque sino se termina la obra”, tiene que haber conflicto.

Yo me refería a desvíos como una bocina, un grito, esas cosas que se cruzan cuando estás componiendo, sonidos que te disparen algo.

No, no me pasa. O andá a saber qué tipo de cosas me disparen algo. Hay una melodía del carillón de la Iglesia de Flores que está esperando, como hace diez años, que la use en algún momento. Trabajo todos los días casi enfrente de la iglesia y ahí está esa campana que me tira motivos. Parece medio la de “Encuentros cercanos”: “pa-ri-tu-ti” ¡Cómo no la voy a usar! Es un regalo del señor, literalmente.

THE SOUL THAT SINGS

“Repica con los tacones/ El tablado zalamera,/ Como si la tabla fuera/Tablado de corazones.” ,

José Martí, “El alma trémula y sola”

Habilidades del eco, estrategia de las sobras, siempre hay un resto suspendido de lo dicho, un reborde en la caligrafía de lo escrito. Una carretilla avanza sombre el empedrado que aún resiste en una calle cercana de Flores. Junta lo que otros descartan, mientras otros  descartan de tanto que han juntado. El traqueteo de las ruedas puede ser una ilusión o un deseo. No importa, las palabras no se adhieren a los sonidos: van por vías paralelas, les salen al cruce, se combinan. Pero, en lo singular, unas y otros se sienten solos e insuficientes. Y, entonces, ¿qué es de verdad lo que hay para decir?, ¿cuál es el lenguaje con el que buscar?   

Puede sonar inverosímil, pero de tanto desear, alguna arquitectura torció su eje y un atisbo de repique llega desde el campanario de la iglesia de Flores.

Eso sí, es imposible saber qué hora es.

RAFFO-BRINDIS-CD-COVER-1030x1026

Y hablando de esto de los descartes, vos insistís en varias entrevistas en que, a veces, es bueno atender a lo que uno descartó.

No, ahí me refiero a  una cosa más técnica, de métodos de composición. A ver: es interesante la diversidad de ideas iniciales, el instrumento como una limitación, el instrumento es la entrada a la música. Ahora, en determinado punto, el instrumento es un límite, porque uno piensa “todo” a partir del instrumento. Por ejemplo, al escribir acordes en el pizarrón, en clase, pasa que alguien dice “pero yo eso, con la guitarra, no lo puedo tocar”. ¡Y no! Con una flauta, tampoco podrías, porque sólo se puede tocar de una nota por vez. Si entra en el rango de mi instrumento, existe; si no entra, no existe. O, como me pasó a mí, hasta los 18 años no escuchaba músicas o grupos que no incluyeran a un tecladista. Entonces, me estaba perdiendo de Led Zeppelin, ¡era un pelotudo! Igual, en todo proceso de  desarrollo de un músico, hay un click muy importante, aunque a algunos nunca les pasó y eso es lo que diferencia a ambos tipos de músico: en un momento, uno deja de ser  un guitarrista, un violinista, un pianista y pasa a ser un músico que toca el piano, la guitarra, el violín. Es como la diferencia entre los que juegan a la pelota y los que juegan al fútbol. Dos tipos claramente identificables.

Como quien redacta y quien escribe.

Perdón, ¿cuál es la diferencia?

Redactar es poner palabras sobre el papel de forma organizada, respetando una gramática que te enseñaron. Y escribir es dar a ver: mechar, un poco de mundo, un poco de retrato, un poco de acción y así sucesivamente. Desde el lugar del músico sería  saber cómo utilizar toda la orquesta, no sólo un instrumento que marque la melodía.

La prueba sería ver el resultado en quien lo escucha. Porque puede pasar que cosas que a vos o a mí nos parecen espantosamente mecánicas,  a otra persona lo emocionen genuinamente hasta las lágrimas, entonces ¿quién tiene la opinión correcta?

En cuanto a la emoción, ambos.

Con respecto a lo del descarte o las ideas que quedan en el tintero, el punto es que vos tenés una idea inicial, un par de notas, una mínima idea rítmica. Lo interesante es  juntar fragmentos derivados de eso: asociaciones libres, improvisaciones sobre esa mínima idea. Voy a no racionalizar tanto y sólo guardar fragmentos de esa improvisación que me parezcan significativos, a ser lo suficientemente metódico como para no ejercer un juicio de valor inmediato, “No, esto es una grasada, lo descarto”. Seguramente esas ideas anteriores sirvan para resolver otra melodía. Es el  cartoneo de material. Uno va juntando. Uno nunca sabe en qué momento puede servir algo. Y también ahí es donde la música se asemeja a la arquitectura: una canción es una estructura. El arquitecto trabaja sobre el espacio; el músico, sobre el tiempo. Una introducción es más corta que una estrofa, por la misma razón que un vestíbulo es mucho más chico que un living, sirve para cosas distintas. O un interludio, que funciona como un pasillo: no es para quedarse, es un lugar de paso. Y, obviamente, hay estándares,  hay fórmulas que se sabe de antemano que funcionan.Lo interesante es conocer esos estándares, para usarlos o para romperlos  cuando sea necesario. Chick Corea es un ejemplo muy interesante, lo uso mucho en clase. El tipo puede utilizar el mismo recurso de otro compositor, de cualquier tipo de tradición, -jazz, música clásica, lo que sea-, pero parece como si pensara: ¿cómo puedo hacer yo para aportar algún tipo de visión más personal? Por ejemplo, un segmento que se supone debe durar determinado tiempo, en vez de ejecutarlo tal cual, lo estira al doble o lo reduce a la mitad. O, para decirlo de otro modo, hace que algo que debería doblar a la derecha doble a la izquierda. Entonces, es el mismo recurso, pero aplicado de otra manera. Una cuestión de prueba.

¿Esto es una lectura que vos haces?, ¿una forma de producir sentido?

¡Claro! Como pasa con los esquemas de dramaturgia. Los establecieron los griegos y son muy pocos. Hollywood tiene sus clichés de definición, uno sabe que “El Rey León” de Disney es Hamlet con leones.

 

 

Cicatriz     

“Hay palabras que esperan y nadie las toma. /Solas ahí en silencio florido.”

Juan Gelman, “La pretensión”

Y eso que llega, al principio, parece la pequeña marca de una antigua pisada, el sitio donde un tejido se defendió del mundo, la escritura en trazos, anterior a la gramática, anterior a cualquier abecedario. ¿Tiene forma animal o simplemente araña?, ¿se curva porque no puede con las rectas o porque no las tolera?


Como arreglador, ¿también se puede pensar  que hacés lecturas?, ¿qué es un arreglador?

El arreglo es un tipo de disciplina que se pone más en evidencia a partir de la grabación de la música. En otros momentos, lo más parecido a un arreglo son las variaciones sobre temas ajenos. Es hasta como un ejercicio de canchereo, se empieza tocando al pie de la letra y progresivamente se va deformando y transformando en algo más. Rodolfo Alchourrón tiene una definición muy precisa de lo que es el arreglo musical: organización y orquestación del material.

 ¿Pero vos podrías agarrar algo que haya arreglado Beethoven y volver a arreglarlo?

Si, mal seguramente. Pero nunca me interesó hacerlo.

 ¿Y cuando te traen una canción y vos le agregas una pequeña orquesta?

 Eso es un trabajo, te llega porque tal vez quien compuso eso no sabe o no puede, por la misma razón que uno llama al plomero, no lo podes hacer vos mismo.

Ah, mirá, yo tenía la idea de que un arreglador era quien hacia una versión distinta.

También puede ser. Pero va más por la parte de organización y orquestación, se pone un poco técnica la cosa. Una canción normalmente tiene dos partes y cada estrofa dura 30 segundos. Entonces, ¿cómo haces una canción de cinco minutos? Repetir, agregar fragmentos que conectan, cambiar la orquestación. Ese es el laburo del arreglador. Así como el del productor, como sucede en el cine, es el de ser responsable por el producto final como un todo. En los últimos años, lo que más estuve haciendo es incorporar secciones orquestales a músicas que ya están escritas. Me viene una melodía o canción en guitarra y necesitan que sea traspasada a más instrumentos. El material es de quien lo compuso, yo aporto solamente con esta organización y orquestación. También me llaman para agarrar canciones ya grabadas y agregar y dirigir secciones orquestales, esto ya sería más un laburo de decoración, no tan estructural, depende del espacio que te den. Solamente trabajo con la versión final grabada para arreglar, no con un crudo.

¿Cómo trabajás la densidad o lo que quiere el músico específicamente?

Bueno, para eso me junto con los músicos y charlamos como si yo fuese el médico. Les pregunto “¿qué querés?”  Hablamos de situaciones, sensaciones o referencias concretas: me gusta tal o cual disco. O me dicen que la sensación es de “una tormenta en medio del mar”; Okey, buscamos los clichés que generan esas imágenes, a partir de la idea de la música de película. Cañones y timbales.

Al viento - Anónimo
Al viento – Anónimo

 

Ahí sí entra el uso de la palabra.

Exacto, pero cuando el pedido se pone muy subjetivo, a eso le rajo. Por ejemplo “yo quiero que el arreglo suene a angustia índigo” okey, cagamos. Y lo que no queremos es hacer más de dos intentos para que salga el arreglo, entonces les pregunto “¿qué es para vos una angustia índigo?”. Tarea para el hogar, traeme diez canciones que para vos sean angustia índigo.

 Tus títulos son un buen ejemplo para responder a pedidos como esos. Por ejemplo, en las recurrencias a cosas que se difuminan: huellas, ecos, restos, pequeños cosas: “las filigranas”, “las cicatrices”, “figurita”.

Figurita” es una gata bautizada como Figurita. Eso es otro chiste aparte, porque tanto “Figurita” como “Steel Candombe”, que es otro nombre de gato, son piezas en forma de gato.

 ¿Qué es una pieza en forma de gato?

Forma de gato, no en relación al ritmo , sino a la estructura. La danza folklórica argentina es una danza de coreografía fija: la cantidad de compases y los cambios son los mismos en todas. Si aprendes a bailar un gato, aprendes a bailar todos los gatos; lo mismo con la zamba. Cuando los folkloristas dicen hay “aire de gato” o “aire de zamba” es que está el ritmo, pero no está la estructura, no está la forma y no se puede bailar. Porque los nuevos cambios van en contra de las danzas preestablecidas por las estructuras principales. Aparte, pasa que ciertas formas, como el gato,  tienen una cosa medio asimétrica, en lugar de laburar sobre estructuras pares, como la mayoría de las canciones pop, cuyas frases musicales se agrupan de a cuatro, laburan sobre grupos de tres, como el blues. Son tres grandes bloques que, a la vez, tienen líneas de texto que se corresponden con líneas musicales que son tres frases. La segunda frase es una ampliación de la premisa de la primera y la tercera concluye.

Esto para mi es una fuente muy interesante de envases vacíos para llenar. Una estructura de probada eficacia durante los años. Sería como una parodia de la estructura original. Ese es, literalmente, un ejercicio de composición: crear una pieza tomando determinadas estructuras con un contenido que no necesariamente tenga que ver en lo estilístico con esa tradición. Alguna razón hay para que ese tipo de estructuras simétricas terminen siendo clásicas.

¿Razón, como cuál?

 Y… andá a saber. Puede ser parte de la naturaleza.

Sí, pero hay un montón de cosas que damos por sentadas, como el comienzo del universo ligado a nuestro comienzo… Vaya a saber.

Mi punto es que es bastante lógico: a partir de una cosa concreta, corporal, la cultura  humana valora la simetría.

Y a  su vez la tentación por lo asimétrico. Artaud pedía la revolución fisiológica. Terminar con ciertas simetrías. Pensar, por lo menos, otras.

 

 

Filigrana     

“una mirada desde la alcantarilla/puede ser una visión del mundo/la rebelión consiste en mirar una rosa/hasta pulverizarse los ojos”,

Alejandra Pizarnik

Entonces, una nota se cuela debajo de una copa invertida de bronce y dobla, se duplica, repica, no pide por nadie, Don Hemingway. Simplemente sucede, entre las simetrías y los desvíos, entre los descartes y las adiciones. Se instala como una suspensión de todo lo que se repite sin vuelo y  eriza la tersura hasta de las pieles más encremadas. Una nota metida a badajo, es capaz hasta de fugarse de la campana y animarse a andar suelta por los rincones.
pollo4descargaY una nota suelta por los rincones es capar de sumarse a otra, capas superpuestas, pero siempre con niño en base, que tocar es casi como un juego y así, como quien no quiere la cosa, la pregunta se reformula, se difumina y, por fin. se entiende- en un tiempo otro, en un sitio otro- qué cuernos quiere la campana de Flores. Dobla y dobla la apuesta: ¿qué es lo que hay para decir?, ¿y cómo? 
¿Existe desde lo musical alguna idea que se pueda vincular a lo poético?

Existe un tipo de concepto que se llama poema sinfónico. No sé si es un rótulo puesto por los compositores o por quién. No sabría definir lo poético desde un punto de vista no literal.

Algo, dentro de la música, que sea un plus. Algo inasible.

Bueno, la música es inasible. En cuanto a  las letras de las canciones, ellas son una disciplina aparte. Yo tuve la suerte de trabajar con letristas increíbles. Me ha pasado con Miguel Cantilo, con quien hicimos una ópera, y me impresionó su manejo del lenguaje. Hay un manual de Miguel, editado por el INAMU  (Instituto Nacional de la Música), sobre la escritura de las letras de canciones en castellano. Las letras, en nuestro idioma, tienen una tradición gigante: el Siglo de Oro, y demás. Miguel es un tipo que tiene un potencial expresivo tal, que se mantiene con una sílaba menos, con una línea aquí u otra por allá… Con otros, no podés cambiar nada sin que sientan que se les pierde algo. En ese plano lo siento muy parecido a mí en mi trabajo con lo musical.

Cuando doy clases, recomiendo escuchar música, ver cine; de otra manera no se puede narrar. ¿Vos que les recomendás a tus alumnos?

Todo. Tendrían que leer ficción, poesía. No es que le aportará algo concreto o puntual, pero incorporar elementos estéticos y estructurales de otras disciplinas es como tocar muchos instrumentos o jugar muchos deportes.

Es la alacena más llena.

Es como los que juegan a algún deporte y juegan bien a todos. Su cuerpo y su cerebro se acomodan rápidamente a las nuevas reglas. Sucede por estar  expuesto a eso. Me he encontrado con gente en el campo de las letras que es increíble la música que escucha. Hay más deficiencia de ese lado que del otro. Si leen ciertos libros y ven ciertas obras de teatro, ciertas películas, no pueden escuchar ciertas cosas.

También puede pasar al revés. Cómo puede  escuchar tal cosa y leer tal otra…

Es posible, pero yo lo he visto como constante, sobre todo, en contacto con el mundo académico.

En una nota dijiste que si todo el mundo tocara un instrumento, la masa crítica sería más grande.

Seguro. ¿Por qué se juega bien al fútbol en la Argentina? Porque cualquiera juega. Ojo, cualquier persona juega al fútbol pero, si va al entrenamiento de la tercera de All Boys, no puede ni parar un pase. Unos juegan al fútbol y otros a la pelota. Ahora, el hecho de practicarlo hace que la posibilidad de criticar, analizar y disfrutar sea más potente.

¿Qué aporta la formación musical en las escuelas? Porque, en general, música es hora libre…

Hay políticas de Estado que favorecen mucho eso. Por ejemplo: en mi clase de música latinoamericana en la Universidad de Nueva York (NYU),  siempre convoco a la aerofonista, Nuria Martínez. Una de las primeras veces vino con sicus  construidos con caños de PVC. Ahí me enteré que es una política pública en Bolivia para difundir el sicus y la música del altiplano en las escuelas. Claro, las cañas se rompen, el PVC no.

¿Y qué aporta la sensibilidad a la música en la formación?

Una es la desacralización: tocar un instrumento no es algo medio mágico. Eso me enerva y es lo  peor para la música. Un montón de chantas se han sumado y se muestran al mundo como si fueran tocados por la varita mágica. Y mucha gente compra ese discurso. También se engancha de la diferente vara entre lo literario y lo musical. ¿Por qué la literatura va a “Cultura” y la música a “Espectáculos”? Con ese criterio, un tipo que toca un  instrumento, seguro no leyó nada. Es uno que toca la guitarrita y pierde el tiempo: dos escalones más arriba que un monito amaestrado. Sin embargo, alguien que escribe trescientas páginas: es un capo. Pareciera que, en la música, cuesta más ver la noción de trabajo. Como dice Barenboim: el mundo sería más feliz si todos tocaran un valsecito. O si cada quien no dijera “esto no es para mí”. Hay gente que se auto tilda de ser sorda musicalmente. Años atrás, haciendo un master de composición en Nueva York, cursé una materia sobre diseño de sonido, donde se trataba sobre la fineza del oído humano en relación a la supervivencia. Es probable que el individuo prehistórico reconociera el rugido del león en el momento en que el león abriera la boca. Si lo hacía, se salvaba. Si lo reconocía después, ya era tarde. Si uno puede oír muchas cosas y situaciones, en definitiva, tiene oído. De chico tenía la idea al revés: la música es cosa para profesionales. Fue Donvi, el papá de Lito y Liliana Vitale, quien me dio el concepto de que,  para los músicos, sería mucho mejor que todos tocaran instrumentos, así todos  podrían apreciar mejor la música. Ahí redondeé la idea de que la música, al igual que los deportes, se puede hacer en forma amateur. En cambio, un cirujano no puede operar un cerebro de forma amateur.

Apreciación Musical - Maria Antonia Palacios
Apreciación Musical – Maria Antonia Palacios

POSLUDIO

Bueno, te vamos a enviar la entrevista para que la leas antes de publicarla.

Mirá, en mis discos yo no voy a las mezclas o voy poco.  Mis discos se los mando a mi amigo César Silva para que haga las mezclas y después él me llama y yo escucho lo que hizo. Puede llegar a haber, son sutilezas, como que dos instrumentos estén haciendo cosas similares y él no sepa si la proporción debe ser uno a uno o tal debe sobresalir. Y esas son las cosas que yo chequeo después y corregimos.  Imaginate, si tengo ese tipo de desprendimiento con mis discos…, ¡el que tendré con una entrevista! Yo creo que hay que llamar a la gente que labura bien y no romperle las pelotas.

¿Qué cosas te hastían?

Pocas cosas me producen hastío, soy bastante rutinario. La necedad me produce hastío. La imposibilidad de replantearse lo que uno tiene como verdades absolutas. Lo naturalizado: esto es así porque es así. Eso me hastía: la instalación de todos nosotros en situaciones de no revisión de los propios conceptos.  Tampoco propongo contra eso el  cuestionarse todo, si cebás mate con la derecha o con la izquierda, por ejemplo. Ahora, en lo musical, me hastía la visión cliché del músico como monito amaestrado… me pasó hace poco de ir a una imprenta para buscar la tapa de los discos. Hice una cita a las nueve de la mañana en Munro y, claro, el chabón de la imprenta con súper buena onda me hace el comentario de: “Bueno, a las nueve de la mañana para un músico…” Y yo le dije que arranco a las siete de la mañana todos los días. “Claro, pero porque seguro no laburás de la música…” Y, bueno, imaginate el aprovechamiento de eso por los “Pomelos” del mundo, como diría Capussotto.

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PORQUE TODAVÍA, EL CARACOL Y LA TORTUGA

El Hastío: Conversación con Virginia Croatto sobre su documental, “La Guardería”
Entrevista: Mariana Dosso, Lourdes Landeira
Edición: Lourdes Landeira, Mariana Dosso

Cuando buscamos explicaciones sobre el pasado, ese pasado sucede otra vez. Y, en el transcurrir de la vivencia a su relato – algunas veces en silencio, otras a viva voz -, los recuerdos se nutren y despojan de nuevas significaciones. Desparpajo de la memoria: imágenes, olores, sabores se resisten a ser argumentados y solo se sienten intactos fuera del tiempo. Como en el País de Nunca Jamás, donde los niños no crecen, esas sensaciones permanecen inmutables aun si quien las vivió a los cinco hoy ande por los cuarenta. Una tortuga gigante, un cangrejo azul entre los arbustos no están en discusión, tienen la fuerza de verdad incuestionable. Lo demás, se puede construir. Para eso hay grabaciones, fotos, anécdotas. Sin embargo, la emoción intrínseca a cada momento es intransferible. Individual (el ruido de la cocina de la casa de mi abuela) o grupal (el olor a recreo minutos antes de sonar el timbre). Por eso, si esa tortuga y ese cangrejo se sintieron vagones de un tren colectivo, un lazo invisible los une aún después de haber sido desacoplados. Contar el deseo infantil de ser grande para “inventar una súper máquina que devuelva la vida” cuando la muerte habitaba lo cotidiano, sigue quebrando la voz, hoy, cuando no parece haber ideales por los que jugarla.

Reino del revés mediante (¿qué cara va de qué lado?), el camino fue de la isla donde la verdad resultó amparo y puente al país añorado, donde la mentira y el silencio eran la coraza protectora. “Llegué y nadie tenía idea de una revolución; eso no existía y no se podía hablar”. El silencio, que también tiene sus trampas, renombra para decir. Entonces,“triangulito” quería decir Cuba, a la gente se la llamaba “señor y señora”, no “compañera y compañero”, “círculo” significaba escuela y “el poncho” era de Salta, no montonero.

Al país de las maravillas en el que la felicidad estaba en lo colectivo, la justicia y la igualdad, lo sucedió Antígona con su tragedia – no se puede enterrar a los muertos que el tirano desapareció-. Claro:  no fue magia, sino trabajo del equipo de antropología forense y perseverancia de familiares. Los restos todavía se buscan, se encuentran y se entierran. Y la historia se guarda y se sigue documentando.

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ENSAYO SOBRE LOS SUEÑOS

“Tres veces en la noche / sonaron las campanas / mientras mi Infancia /
recorría / tierras extrañas”. (*)

Nos acercamos a tu documental para indagar acerca de las alternativas de crianza por fuera de la familia tradicional. Te proponemos comenzar por el lugar de “lo colectivo” en tu experiencia.

Cuando vos me contabas un poco la idea… lo primero a decir es que la guardería fue pensada en un contexto donde el ideal era la cosa más colectiva. Había un intento por borrar la barrera de lo individual. Lo digo y, al mismo tiempo, me contradigo, porque la familia era algo muy fuerte. Ahora está más desarmada la idea de una familia tradicional. En los 70, se dio una ruptura en lo ideológico, pero en otras cosas no rompieron tanto. Les costó mucho salir de cierta moralidad, de cierta concepción tradicional de pareja, de familia. Tal vez se modificó la moralidad católica por el deber de la cosa más revolucionaria. Sin embargo, había una marca muy fuerte lo que “debería ser”, la cosa más “superyoica”: cómo criar, cómo ser pareja.

La moral revolucionaria, de alguna manera, ocupó el lugar que dejó vacante la moral religiosa, ¿se sustituyó un mandato por otro?

Sí, totalmente. Sobre todo, en el mundo más peronista, montonero, FARC, FAP. Me parece que el mundo más marxista tenía otras características. Pero, muchas veces, también venían de familias muy tradicionales. Es verdad que, en muchos de esos casos, no había una tradición tan católica, sí alguna cosa más de mandato. Pienso esto que vos decís, de las parejas y la crianza, en muchos casos, eso también estalló por los aires. Era un ideal. A veces, se cuenta, que se castigaba a algún compañero porque había tenido una aventura con otra. Con una moral distinta, o no tan distinta en ese punto. Distinto, más en término de lo ideológico en lo social y muy parecida en esas cosas.

En un momento en que la maternidad era mucho más temprana que ahora….

Sí. Y creo que también hubo un ideal casi indiscutible de traer hijos al mundo. Al mismo tiempo que se arriesgaba la vida. Parece contradictorio. Nosotros éramos tres, mi hermano mayor, mi hermanita que falleció y yo. Mi mamá me decía:“con tu papá habíamos pensado tener otro hijo más”. En pleno 78, 79, en una época muy avanzada de la dictadura y con mi papá militando muy activamente. Y ellos lo seguían pensando. Esto en la peli lo dice Estela, en ese momento, no había esa contradicción que ahora aparece muy clara. En general, era más colectiva la crianza, en el sentido de que las abuelas se dedicaban a los nietos, algunas familias vivían con sus padres o muy cerca de ellos. Yo soy hija de la primera generación en donde las mujeres salieron masivamente a trabajar. Mi abuela la ayudaba a mi mamá a cuidar a mi hermano. Cuando yo tuve a mis hijos, mi vieja no me podía ayudar de la misma manera, porque seguía trabajando. Me ayudaba, pero no le podía dejar a los pibes todos los días.

Antes había una red.

Una red barrial, familiar y otra manera de criar. Yo creo que eso ahora se sostiene en clases sociales más bajas, quizás, de familias de países limítrofes que, cuando vienen a trabajar acá, dejan sus hijos al cuidado de otro familiar. No lo puedo decir con mucho fundamento, pero da la sensación de que esa crianza – que una mujer se pueda venir a otro país a conseguir trabajo para sobrevivir y a los hijos los críe otra madre, sin que eso sea un horror- está más naturalizada que en las clases medias, donde se piensa distinto. Yo creo que en los 70 se mantenía esa red. Entonces es como raro, una cosa comenzaba a romperse, mientras se mantenía esa red. Ahora no la hay tanto; por la mujer y su vida, tanto laboral como personal. Mi suegra no trabaja y hace otras cosas.

No está a disposición del cuidado.

Claro, no va de suyo que su rol sea ese.

¿Cuántos hijos tenés y de qué edades?

Tengo dos. Palomita, casi 10, y Felipito, de 7.

EN LA QUIETUD DEL JUEGO

“Porque todavía / todavía mi Infancia / viene a buscarme” (*)

¿A qué edad estuviste en Cuba, en la guardería?

Yo nací un mes después del Golpe. Creo que, desde que nací, la familia estuvo “yirando”. Un poco internamente y un poco afuera. Íbamos y veníamos. Porque la situación y la responsabilidad de mi viejo era esa. Mi mamá también militaba. Pero, en función de mi hermanita- tenía Síndrome de Down -, de mi hermano y de mí, mi mamá se quedó más al cuidado nuestro y mi viejo seguía militando más activamente. Muchas veces salía solo y muchas veces salía con nosotros del país. La última vez que entró, bah, que entramos, en abril del 79, fue con “la contraofensiva”. A él lo matan en septiembre. Ahí es cuando nos vamos más definitivamente, con mi vieja, a Cuba, donde surge la guardería. Yo estuve entre los 3 avanzados y hasta casi los 8.

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A diferencia de los otros chicos, vos estabas con tu mamá. ¿Eso hizo particular tu vivencia en la guardería?

Es raro. En términos personales, yo no tengo nada muy cerrado. Te digo esto como mañana te podría estar diciendo otra cosa. Mi mamá no cumplió el rol de “mamá” y, en ese sentido, en algún punto lo padecí. Yo siento que padecí esa no familia nuclear al mismo tiempo que reivindico la situación de la guardería. Paradojal. Habrá tenido efecto sobre mí. Pero sí, ella estaba. Hay algo ahí, fuera de discusión. Yo tengo muy marcado un recuerdo: un día ella me va a buscar a la escuela y me dice “¿Sabés qué día es hoy? Tu cumpleaños”. “¿Cómo, mi cumpleaños?” Eso también era vivir colectivamente. Una vez al mes se festejaban los cumpleaños de todos. En una familia nuclear no es así. Si es tu cumpleaños, lo sabés una semana antes, la familia está organizando el cumpleaños, la torta.

¿Cuántos años cumplías?

No me acuerdo. Me acuerdo que me golpeó no darme cuenta de que era mi cumpleaños, debería ser medio grande. 

¿Se propiciaban lo íntimo, lo individual durante el día? En la película, eso aparece solo a la noche.

Si alguien necesitaba una atención más personalizada, se hacía el intento, aunque no siempre se podía. Entre tantos pares, hay alguna cosa que se regula; al mismo tiempo que se pierde se gana. A mi vieja, alguna vez le pagaron vacaciones (a las cuidadoras le pagaban). En los casi cuatro años que estuvimos ahí, alguna vez nos fuimos solos de vacaciones, con mi vieja, unos siete días. Cuando íbamos a ver a mis abuelos, en general, viajábamos a México. La organización lo apoyaba. Esos son mis momentos más marcados. También el tema de la siesta, que en Cuba es medio una ley. A mí no me gustaba y no lo hacía. No sólo yo, algunas más, y era un bardo. Entonces, como a mí me gustaba mucho leer, mi vieja me traía libros. Esas son las cosas más personales que recuerdo, pero que ella estuviera ahí, claramente, era una tranquilidad. Mi historia, para mal o para bien, estaba resuelta. Mi padre estaba muerto y mi mamá estaba ahí. Con otros pibes, pasaba que no se sabía.

 

RONDA CON ADULTOS

“con un galope en las piernas / y en sus labios” (*)

En los testimonios algo se repite y enfatiza: “nosotros no decidimos”. En realidad, los niños no deciden dónde, cómo y con quién vivir. Sin embargo, el “no decidir” aparecía como una recriminación específica. ¿Reflexionaste sobre eso?

Yo creo que dentro de la película conviven dos discursos. Los más armados son los de Mariana y Amor, las más grandes. Había más reflexión ahí. A otros, los incluí por eso de lo más puro de la fragmentación de la memoria. Había en la película una pregunta muy fuerte, que tal vez no aparece,  pero la atraviesa: ¿para qué contar esto? Amor me decía mucho: “¿a quién le va a interesar”. A muchos nos surgía el: “si nuestros padres hicieron “lo bueno” o “lo malo”, digamos, para ponerlos en términos extremos -nunca es así-, ¿qué tenemos para decir nosotros si no fue nuestra decisión?” Yo decía que había que contar nuestra experiencia más allá de la decisión. Mariana, contrariamente a lo que le pasaba a Amor, se sentía militante montonera, con 12, 13 años. Es interesante, la vivencia en dos extremos: una, “yo no tengo nada que contar, fui pasivamente ahí”, por decirlo de alguna manera. Y la otra, al revés, “me dejaron ahí y yo quería estar más activamente”.

Y Amor, al final, pregunta “¿por qué me llevan de los abuelos y no me dejan en la guardería”? Vuelve a recriminar y a apropiarse del sentido de los padres.

Sí, totalmente. Además, yo estoy de acuerdo con lo que decís, el otro día me encontré con una amiga, hija de desaparecidos. Ella le recriminaba a sus viejos y a su vez me decía: “yo me voy a comer todas las noches afuera –su trabajo un poco es así- en ese sentido yo elijo mi vida y no la de los pibes”. Es interesante llevar la pregunta sobre “la decisión” a la actualidad. Me parece que lo que hay ahí es la pregunta por la posibilidad de morirse, o que te pasara algo a vos. Es verdad que nosotros decidimos sobre nuestros hijos. Pero nuestros padres decidían sobre una cosa más extrema y ahí donde se cuela la pregunta. Igual me parece interesante poderla desarmar, esto nos pasa un poco a todos, o le pasa a todos los hijos con respecto a sus padres.

El niño no decide. Pero, sobre lo que va viviendo, va decidiendo qué hace, cómo lo transita. Y eso es parte de su identidad.

images (2)Sí, totalmente. Y ahí lo colectivo está presente: cuando le dicen a Amor que estar en la casa de un compañero es como estar en tu casa, ahí se expresa la comunión. Yo creo que eso estalla luego por el nivel de la derrota. Un día, mi tía paterna- nada que ver ideológicamente- me contó: “yo le dije a tu papá, tenés tres hijos, dejate de joder”, y mi papá le decía: “si me pasa algo, los compañeros se van a hacer cargo”. En la mayoría de los casos no sucedió; en algunas familias, sí… pero no sucedió como ellos pensaban. Porque la magnitud de lo que pasó los superó realmente.

La moral y la familia pesaron mucho.

Sí. Yo creo que hoy también, aunque escondidas en un discurso más abierto.

COFRE DE PALABRAS

“Cuando anda por ciudades / para que no la vea la gente, / mi Infancia / se disimula en el demoníaco aire”.(*)

En relación al discurso, vos decías que en las entrevistas se colaba la pregunta del por qué contar. Y, cuando volvieron al país, en democracia, la censura continuó para ustedes, no podían hablar. Tenían un “diccionario propio”. La película, ¿traspasa ese “diccionario propio” al colectivo?

Para mí, la vuelta- lo cuento siempre- es lo más novedoso. Una productora me decía todo el tiempo:“tenés la película en la cabeza” y, para mí, nada más lejos. Estaba como en un abismo, no sentía que la tenía en la cabeza. Me llevó muchos años hacerla, por distintos motivos e inhibiciones. Sí sabía qué cosas, ideológicamente, quería contar y, por suerte, fueron surgiendo en la película. Pero lo que más me explotó en la cara fue la vuelta.

¿Esto les pasó a todos?

Yo hice una pregunta sobre su magnitud, algo que tal vez no habíamos compartido nunca entre nosotros: charlar de cómo y qué brava fue la vuelta. Los silencios, los ocultamientos, las desmentiras, verdades no dichas. Con respecto a la peli, me preguntaba qué contar y qué no. Porque “la contraofensiva” fue una operación oculta, no muy discutida pero sí muy cuestionada. Por un lado con razón y, por otro,no. Porque se repite… como loro, sin cuestionar, alguien dice: “esa locura”  y otros repiten: “esa locura”. Otro tema para mí era cuánto explicar, lo que vos decís del diccionario. ¿Cuánto digo? Yo no quería negar la lucha armada. Sin embargo, no me quería explayar en eso, sentía que no era el tema de la película. Hay pinceladas que se agarran o no. Yo no me explayo y eso puede ser criticado por poca profundidad, pero tampoco lo niego. Ni hablo de los desaparecidos en términos de que iban a la villa y daban clases; muchos estaban vinculados a la lucha armada y habían elegido entrar al país armados. Tomo pedacitos de universo en la peli. Pensé mucho si poner un texto explicativo al principio. Hasta que, en un momento, dije “bueno que se entienda lo que se entienda”. Supongamos que lo ve alguien chino, “¿se entiende algo de lo que pasó?”

Cuando yo salí de ver la película, me pregunté eso: si un chino ve la película, ¿qué piensa?

images (1)Lo de poner un texto explicativo al principio era decir desde dónde mirar, para el exterior y yo no lo pensé para el exterior. Ayer me llamó mi vieja para sugerirme que mueva la película en el mercado exterior y le dije, “mami, yo ya la mandé a muchos festivales y, en general, no entró”. Yo creo que hay películas con otras urgencias, que capturan más la atención en este momento. Y un poco, quizás, porque no se termina de entender. Era difícil y decidí no sobreabundar en información ni poner ningún cartel inicial. Me parece mucho más interesante la apertura del niño hablando del zurdo sordo que “esto fue de los militantes…”

 

EMOCIONES PERDIDAS EN EL IDIOMA MATERNO

“Porque ella es muy linda / muy suave y muy frágil / y tiene miedo / de las gentes grandes” (*)

Haber rescatado la mirada de los niños- como vos lo hiciste –es muy enriquecedor. En particular, en el convivir con la intensidad de la vida y la muerte en lo cotidiano. ¿Cómo cambia esa percepción con los años?

Me pregunto cuánta carga de angustia había en ese mundo de nuestros viejos y si nosotros lo tomábamos o no. En algún punto, era nuestro universo. Estaba claro qué pasaba. Además, hay que imaginarse que la guardería es del ´79 y ya habían pasado varios años de la dictadura. Éramos todos hijos de militantes de “la contraofensiva”. Una de las cosas que no se entienden, quizás, cuando hablan de la “locura” de “la contraofensiva” es que uno se encontraba con militantes que en el 76 estaban en España y, de repente, deciden entrar; no eran militantes, como mi viejo, que nunca dejó. No podría…, creo que no podría decirte ahí cómo lo vivíamos. Sí que era muy natural, sin que eso signifique que no nos angustiase. Pero, bueno, “esto te toca vivir”.

¿Dejó de ser “natural” en algún momento?

Quizás cuando vinimos acá, eso empezó a ser lo raro. Pero, en el proceso de entrar en HIJOS- no todos los chicos de la guardería entraron -, a mí me parecía similar, en algún punto, a la guardería, porque volvías a hablar en el mismo idioma. No eras el raro del grupo, eras el normal, digamos. Estabas ahí y a todos les pasaba lo mismo, más, menos. En todo el período del medio, salimos de una realidad y entramos en otra. Y algunos, no fue mi caso, vivieron mucho tiempo en grupos más “ghetos”, más allá que iban a las escuelas comunes, se reunían entre gente que, más o menos, podía comprender lo que te había pasado. Cuando yo empecé terapia, a los 12, 13, 14…, mi vieja me dijo que quería buscar una psicóloga que entendiera nuestra historia. En ese entonces, no lo entendí, con el tiempo, sí. Era estar con alguien con algún código en común. Hay dos o tres historias medios bravas de la guardería que yo decidí no contarlas ahí, vinculadas a eso, a las secuelas que te quedan.

Igual, yo no lo decía en términos negativos o de secuela, al contrario, en cómo un niño puede relativizar la vida y la muerte diferente a los adultos. No desde la angustia y del peso. También con la comunicación hay una mirada distinta. Al principio, el encuentro entre el adulto y el niño se da en el mismo tiempo y luego, a través de un casete, una carta. Es un encuentro a destiempo que no deja de ser un encuentro. Te disloca el tiempo, el espacio y un poco la vida y la muerte, ¿no?

Si…

MECERSE EN LA VERDAD

“Me viene a buscar / a mi cuarto de sueños” (*)

El documental puede aparecer como un puente entre distintos tiempos. La utilización de dibujos, animaciones, filmaciones de Argentina y de La Habana de antes y de ahora. Los testimonios resaltan el hecho de que  en la guardería, les decían siempre la verdad- quizás como amparo frente a la posible sensación de abandono – y, paradojalmente, la mentira fue lo que sostuvo el regreso. ¿Cómo jugó eso para ustedes?

Estoy pensando…yo creo igual que hay una cosa de la verdad que esa generación rompe un poco. Mi abuelo materno era “cana”, “cana progre”, radical  que ayudó al gobierno de Perón en esto de la legalidad. Entonces, un cana como de “la otra época”, le sale una hija medio “terrorista”, ellos no se hablaban, imagínate. Mi abuela tuvo otra relación. Incluso, cuando pasó lo de mi hermana, hubo una cosa de la familia, de acompañar en algunos momentos, pero se rompió. Yo lo pienso mucho con el tema de la adopción. Es una generación que empieza a no sostener algunos discursos de los padres, en términos de lo que hablábamos al principio, de la hipocresía de algunas cosas. A pesar de la moralidad, se separan, tienen otro compañero. Y ¿qué decirle a los chicos? Es cierto que la verdad, en la guardería, fue como un amparo ante otro abandono, quizás peor, el de la mentira. Podría haber habido otro discurso, “están de viaje”, que también calmaba ansiedad, sin embargo, era mentira. Me parece que es una generación que empieza a decir la verdad, no sé por qué me resuena mucho el tema de la adopción, como si hubiera cambiado un paradigma, es el momento en que se empieza a pensar a los pibes como sujetos de derechos, aunque todavía no con ese nombre. Cuando a mi papá lo matan, mi mamá no me lo cuenta ese mismo momento. Yo era muy chiquita y hablaba y teníamos que salir del país. Sí se lo cuenta a mi hermano , casi hasta demasiado rápido, te diría. También es verdad que sentían que estaban haciendo lo correcto.

La verdad, también como mandato.

Claro, exacto. Algo así.

Al principio hablabas de los ideales, en ese contexto, contarte que tu papá falleció en función de la lucha, es contarte algo “valioso”

Totalmente, sí, tenías que estar orgullosa. Es un poco como vos decís, la verdad era dura pero, al mismo tiempo, un orgullo. Ahí un poco el paradigma del sacrificio, del dar la vida. Ahora está en discusión: ¿porqué idea vale la pena que des tu vida? Antes estaba muy presente. No sólo desde lo católico, podríamos pensarlo desde San Martín en adelante. Y después, a la vuelta, la mentira, como si la hubiéramos cambiado de lugar. Mi vieja me decía “no cuenten”. Yo siempre me rebelé mucho… la  cumplí, la cumplía a rajatabla, pero no me gustaba que mi vieja me rompiera las bolas con eso. Mi hermano, creo, en un momento, empezó a hablar sin autorización materna. Una vez nos fuimos de vacaciones a San Bernardo y mi vieja me dijo “contales, si total no los vas a ver más”. El planteo era que no te iba a traer consecuencias. Además, era verdad. Yo iba a la escuela con el hijo de un conocido de mi viejo y, en un acto, no la saludó a mi mamá. No recuerdo el nombre del chico, pero claramente el hombre se alejó de mi vieja por quiénes éramos, digamos, por lo que mi viejo había hecho. Ayer me contaba una mamá de una desaparecida que fue a comprar el pan. Un tipo que era del Pro le empezó a gritar “terrorista”, ella fue militante también. Yo decía, ¡“año 2016”! Quedó muy asustada, vive sola en Parque Chacabuco. Eso estaba muy presente, que no la pasáramos mal, digamos. Alguna gente no podía zafar, en ese sentido fui una privilegiada. Yo creo que había algunos apellidos que iban a cualquier lado y eran “luces de neón”, ¿no?

ANDAMIOS DE PAPEL

“y me cuenta / que con una hoja de palmera / navega los mares / como atraviesa las selvas / deslizándose por los árboles” (*)

Me gustaría volver sobre tu idea de la adopción y la relación con HIJOS, identidad y sangre.

 Yo tengo muchos primos adoptados. A todos ellos les dijeron la verdad. Yo tengo varios amigos adoptados, no de mi edad, entre 8 y 10 años más, y a ninguno le dijeron la verdad. La sensación  es que algo más generacional. Habría que pensarlo un poco más. Mis primos son todos de tíos distintos, hasta de clases sociales distintas y ahí hay una decisión: todos saben, todos supieron siempre. Y mis amigos más grandes, es re loco, saben y no le dicen nada a los viejos para no molestarlos. Por lo que me preguntabas sobre la sangre, es todo un tema lo de Abuelas. Por un lado, es un laburo re interesante y a la vez es complicado porque se apoya en lo biológico. Pero son casos de robo. Y es verdad que, en el objetivo primario de encontrar a los pibes, el discurso de la biología es el más penetrante.

Otra vez el peso del discurso.

Me parece que habría que pensarlo. También con este discurso de “todas y todos”, uno trata de acompañar desde el lugar más “progre” posible. Pero hay algo que se intenta borrar, algunas barreras. Yo creo que hay que trabajar en la crianza más allá de lo biológico, pero tampoco se puede negar que la biología tiene un peso. Yo me parezco a mi vieja, para bien o para mal, ahí hay que trabajar de otra manera. No se puede decir: “no hay mujeres y varones”.DSCF6971

Nuestra subjetividad está formada en esa cultura, entonces hay que hacerse cargo de esa historia común, no es sencillo cambiar de cuajo.

Y a veces es como un ideal, muy grande,  de “todo se construye”…

¿Este podría ser un momento de quiebre? Por ejemplo, por las mujeres que deciden tener hijos de donantes anónimos. La cuestión de identidad y subjetividad se irá reconstruyendo y la idea de la familia tradicional se irá modificando.

A mí, este discurso me parece súper interesante. Lo que me parece peligroso es lo de borrar. Lo estoy pensando, eso de negar algunas cosas de base. Hay que relativizar, problematizar, la biología  no es todo, pero tampoco es cierto que no importa. Y también, hay algo de los rituales que está bueno. Sino, todo es lo mismo. La modernidad plantea algo de eso y eso implica perder algo.

El ritual retoma lo colectivo.

En cierta construcción de discurso parece que, para abrir el mundo, hay que borrar. Algo así me pasa y sigo pensando. Que haya como un norte, para después deshacerlo. Cuando no hay un norte, es el caos. Una ley está para cumplirla o para transgredirla. Pero hay algo con los discursos de derechos ahora, que por un lado están buenísimos y por otro, no se pueden cuestionar, porque si lo haces, son un “facho”.

¿Otro mandato?

Creo que hoy estamos parados muy en el paradigma de los derechos, sólo los derechos. “Yo tengo el derecho”, la gente grita por la calle y vos decís “no sé a quién se lo estás diciendo”. Todo el mundo está en una cosa muy querellante y muy complicada para mi gusto. “Tengo derecho”, está bien, tenés derecho, todos tenemos derecho, pero hay un lugar donde ¿cómo lo acompañamos con la otra parte, la de la responsabilidad, para que todos tengamos derecho?

Para que no sea un reclamo de un derecho individual.

Exacto, hay una cosa muy así. Y un derecho a todo. Me parece que, en la generación de nuestros viejos, estaba mucho más ligado esto de ser parte de un colectivo, ser parte de un proyecto, creer en algo,  y la responsabilidad estaba compartida, más allá de las diferencias sociales. Creo que era una riqueza de esa época que después se perdió.

QUIÉN AUTORIZA A QUIÉN

“Después / entre lloriqueos me cuenta, / sentada sobre mis rodillas” (*)

Volviendo a“La Guardería” y a los modos de nombrar, la he leído y escuchado, en distintos medios, como película, como documental, como audiovisual. ¿Qué diferencia hay entre estas categorías y qué es para vos?

El documental siempre se considera un género menor, entonces, la pregunta de cajón es: ¿es una película o un documental? Yo reivindico al documental. Lo que pasa es que, a priori, uno tiene la sensación de que va a hacer un esfuerzo viendo un documental. En la ficción,te dejás llevar, por lo menos a mí me pasa eso. Yo tengo un amigo, también  “hijo”, a quien conocí en el cine. Él me insistía con que tenía que hacer una ficción.  Yo le decía: “te regalo la historia, te ayudo a hacer la película, pero hacela vos, porque yo no puedo actuar esto”.

Se cuela otra vez el tema de la verdad y la mentira, o cómo construir verdad, porque la ficción también puede construir verdad.

(…)

En cuanto al armado de la historia, ¿cuáles fueron las decisiones estéticas y políticas que tomaste? Por ejemplo, algo muy claro en ese sentido es que los nombres de quién era quién aparecieron recién al final.

Política, sí lo de los nombres. Por esa cosa más maniqueísta sobre Montoneros y sobre la historia, aun cuando la gente quizá no supiera los apellidos, iban a decir: “¿este el hijo de quién es?” Me parecía que era darles un lugar más autónomo, y que su relato te conmoviera o no, te gustara o no, fuese en función de él y no de “hijo de”. Linaje de montonero, digamos. Después, la decisión de hablar de la lucha armada, la decisión de hablar de “la contraofensiva”, de no licuar eso.

¿Y estéticas?

Estoy pensando, el tema de cómo aparecer yo misma fue una decisión entre estética y narrativa. Todo el tiempo sentía que tenía el mandato de hacerla en primera persona, porque es como se vienen haciendo los documentales ahora: el giro subjetivo, le dicen. Pero yo no me sentía cómoda en ese relato y tengo un cuestionamiento sobre ese modo de contar. Creo que casi te pone en un lugar donde el otro no te puede cuestionar, es tan subjetivo de donde vos hablás, tan particular. Se dicen cosas que son personales como si fueran una verdad colectiva. Además, yo quería que hubiera risa. Nosotros, tenemos un humor muy negro en general, de hecho algunas cosas no puse porque me parecía que no se iba a entender para afuera, pero Ana habla de los muertitos, ¿viste?

El tema de los “autorizados” a hablar de ciertas cuestiones que, por complicadas y contradictorias, solo las pueden narrar quienes vivieron la experiencia. Tal vez es cuestión de tiempo, que la historia empiece a habilitar a otros.

Yo creo que ni siquiera hay que esperarlo mucho. Porque mi mamá siempre dice que de este lado queda mucha gente herida de guerra, hay mucha locura en estas cosas. Como una sensación de que acá está tu territorio y los demás no se pueden meter tanto. Y me parece que ahí no tenemos razón y no hay que darnos mucha bola en ese sentido. Justo leía un libro que se llama “Una muchacha muy bella”, de Julián López. Me gustó, es raro porque una amiga mía me dijo: “no es hijo”. ¡Muy bien! Porque decimos: “esto le pasó a la sociedad, le pasó a todo el mundo, no solo a nosotros” y después nosotros tenemos un discurso muy endogámico en ese sentido.

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PASOS EN EL VACÍO

“que un niño casi la atropella,/con su bicicleta / y cómo en un río, una anguila / la azotó con su cola eléctrica.”(*)

 

Para retomar el tema del lenguaje, en algún testimonio, explican que en la guardería no se hablaba de desaparecidos, sino de caídos. Y alguien hablaba del caído como una representación de un pozo, de un abismo. ¿Cómo fue esa reconfiguración del lenguaje: pasar del caído al desaparecido?

Me parece que es muy particular. La palabra quebrado, caído, lo chuparon, por supuesto las tengo. Pero no sé si no estaba la palabra desaparecido. Para Amor no estaba. No se acuerda de la palabra desaparecido y se acuerda de la palabra caído. Y ambas tenían la misma connotación. Lo que sí es verdad es que, cuando decían desaparecidos, uno como chico no terminaba de entender. Yo tuve suerte en ese sentido, a mi viejo lo mataron, no hay esa fantasía. Si bien en algún momento todos estuvimos igual, porque hay un rato hasta que lo mataron, hasta que apareció. Debe haber sido muy tortuoso para todos los pibes vivir todo ese momento de incertidumbre sobre qué le pasó a sus viejos posterior a la caída.

Y la imaginación, que llena ese vacío

Totalmente. Yo a veces siento que los fantasmas son peores que la realidad. En este caso no se puede decir eso porque es probable que la realidad haya sido terrible. Pero saber te permite, en algunas ocasiones, hacer un cierto cierre. Miguel lo dice: “si está desaparecida, ¿por qué no puede aparecer?” Yo no lo viví en términos personales, sí de mis amigos, y es una de las mayores crueldades, casi como Antígona. No poder enterrar el cuerpo es terrible. Hace poco apareció el cuerpo de la mamá de un amigo en Tucumán. 40 años después aparece el cuerpo y te mueve el planeta, ¡increíble!

Hoy convive la continuidad de esa búsqueda con otros discursos que intentan el borrón y cuenta nueva. Y sucede la agresión a la mamá de tu amiga que contaste antes. ¿Tenés alguna reflexión sobre esto?

Yo creo que han dejado libres los demonios. Desde que ganaron, se palpa, como sin ley. Porque vos podés estar en contra de la guerrilla, estar en contra de lo que hicieron los Montoneros, pero está claro que si los represores hicieron lo que hicieron tienen que estar presos. Si vos pensás que no tienen que estar presos- que es un poco lo que está pasando ahora, que los están mandando a  las casas- empieza a circular- otra vez -el “no hicieron las cosas mal, hicieron lo que había que hacer”. Y no sabés cómo a mucha gente la penetra. Yo tengo un quilombo con una vecina- vive debajo de mi casa – y nos odia por un tema de una obra. Pero ¿sabés qué?, ahora me manda mensajitos todos los días, porque mis pibes caminan a las 9 de la noche y hacen mucho ruido, yo tengo una casa vieja , ¿qué querés que haga? Y pienso:“¿ahora me mandás mensajitos todos los días?” Porque la casa sigue siendo la misma. Es como si hubieran estado conteniendo bronca, odio, y ahora…

VECINOS
Carlos Alonso “Malas costumbres”, 1963

Decían que el kirchnerismo era revanchista y esto es una cosa de revanchismo increíble. Hay algo de eso, ¿no? Los tiros en las unidades básicas, algunas cosas que no pasaban al revés. El kirchnerismo no lo hacía con el PRO, o con los radicales. Esta cosa de los discursos trastocados, ¿no? Porque ellos dicen una cosa, pero la realidad es que dicen que el diálogo no existía, y no digo que hubiera, pero tampoco había episodios de violencia como hay ahora. Te bajan de un tren por mostrar un cartel…

Se intenta construir una subjetividad bastante complicada con esto de declarar como verdad algo que se palpa fácilmente como mentira. El famoso sinceramiento. ¿Crees que se percibe el absurdo?

Yo creo que la gente está tratando de vivir y no ve que estas cosas están pasando, nosotros lo vemos, pero yo no sé si se nota mucho socialmente.

ESPIRAL DE LA IDENTIDAD

“Mi Amor, entonces / le cura las heridas” (*)

 Ya que volvimos al 2016, en la crianza de tus hijos, ¿hay algo de nostalgia de algo más colectivo para ellos?

Sí, un poco sí. Yo siento que hay una cosa medio superyoica igual, que tienen que ser buenos, que tienen que compartir. Viste, la cosa medio de los 70. Ahora no tanto, pero me pasa de decir “me gustaría que tengan más esa cosa de comunidad”,  que tengan más lugar de juego. Mis hijos nunca fueron a Cuba. Y siempre digo “tenemos que ir a Cuba”, y es un lugar raro, porque yo siempre pienso en irme unos días sola y que ellos se vengan después con Nacho. Y también está la sensación de no querer meterles las cosas por la ventana.

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¿Y qué presencia tiene esto en ellos? ¿Está en tu relato?

Sí, está. Con Paloma, la más grande, tuve más charlas, sabe mucho de muy chiquita. El más chico también, preguntó menos al principio y ahora pregunta más, sabe. Y, además, todos mis amigos están atravesados por esta historia, es una cosa que pasa ahí. “Anita, que vivó conmigo en Cuba”. O “ le pasó lo mismo que al abuelo”, esas cosas. Están en términos muy “malos y buenos”, por ahora, pero ya se complejizará un poco.

Sobre el cómo nombrar, “guardería” tiene una connotación negativa, como de depósito de niños. ¿Por qué y cómo elegiste ese nombre?

Porque era como le decíamos. Igual, intenté cambiarle el nombre, porque es un nombre que no dice mucho. En un momento, me sugirieron “El cangrejo azul ”.  A mí me gustó mucho, un tiempo me copó la idea, y después pensé que tampoco te dice mucho en términos de contenido. Porque yo quería tratar de que se abriera lo más posible, de hecho, se abrió más de lo imaginado. Pero también tiene un público cautivo y estaba bueno no sacarle la identidad. Mi mamá, que es psicóloga y trabajó mucho tiempo en educación, cada vez que va a algún lado lo aclara: “le decíamos así”.

LO LINEAL ENTUMECE

“porque con su presencia / mi cuarto de sueños / se convierte en un Valle de Vida”.(*)

Como el tema de este número de la revista es el hastío, viene la pregunta obligada: ¿qué te hastía?

Los vecinos. Mirá, esto de lo que pasó ayer, del tipo este que le gritaba a la madre de mi amiga, eso me pone loca. Yo siento que entiendo lo que pasa con los 70, pero nosotros no andamos por la vida así. Esa situación de intolerancia de los que dicen que no lo son. Y, además, la imposibilidad de tratar de entender un poco, algo. Porque yo trato de ponerme en la cabeza, de complejizar, de pensar que pasó de este lado de la historia para que se diga “terroristas”, para que todavía en el imaginario popular sean unos tipos que ponían bombas. Pero, del otro lado, hay una especie de vocación por no complejizar el asunto. Yo no creo que sea posible amigarnos, pero si queremos, por lo menos tratar de crecer, tratemos de complejizar un poco. Más vale que hay límites, no estoy diciendo que me voy a hacer amiga de Etchecolatz, no estoy diciendo “mire, Etchecolatz, que usted puede comprender por qué estamos tan enojados”. Si te robaste 200 pibes, o sos la Pando, no. Los discursos lineales, cuadrados, desdibujan las cosas. En principio eso. Quizás, también me hastía algo del discurso de los 70, lo muy superyoico y la cosa muy reivindicativa. No, me retracto, porque me gusta que mi hijo reivindique como heroicista ese discurso. El  “como yo lo viví, como yo fui” es un poco narciso. La gente que solo quiere relatar que en los 70 estuvo todo bien, eso de la generación de los militantes me hincha un poco.

Además de la realización de “La Guardería”, estás muy involucrada en una causa judicial. ¿Querés contar sobre eso?

De la causa, sí, más que todo porque fue una causa demorada, supongo que es de las que más tardaron en aparecer, por toda esta carga que tiene “la contraofensiva”. Lo bueno ahí es el reencuentro con tus familiares, el rearmado del tejido; eso a mí me parece lo más interesante. En lo personal, me encantaría que metan presos a algunos, porque hay algo de lo simbólico ahí, cuando estén condenados no hay discusión, están condenados. Pero la verdad es que, aunque laburo para eso, me interesa mucho más todo lo que pasa en el medio, el reencontrarme con hijos, con historias, con gente que no sabe. En algún lado es algo que me da mucho placer. Te encontrás con los hijos de los que fueron los compañeros de tus viejos, te encontrás con cosas en común. Las vueltas de la historia, no hubo el propósito de ser amigos, algunos no estuvieron en la guardería y, sin embargo, nos encontramos. Es lo más lindo.

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La añoranza de lpaís del Nunca Jamás.

Hay una tarea que te une con otros pibes más allá de la tarea de lo que hay que hacer. Hay un lazo. Hay gente a la que conoces, el hijo de alguien, tomás un café y no lo ves más; pero hay una construcción de relación. Y algo del tejido se recompone, lo quebraron tanto, y sin embargo, vos te reencontrás y tenés ahí algo para armar. Hay una chica que reencontré ahora, que nunca se acercó a la causa, que yo ya le había escrito y no me había dado mucha bola, y a mí me produce una felicidad que es inexplicable, porque la piba va a ser testigo, es más, ni siquiera va a ser querellante, es más, lo va a dudar, lo va a pensar, y yo me acerqué a una amiga del papá, y hay algo de ese proceso que a mí me interesa. Así lo vivo, tomo una cuestión activa ahí.

¿Tu militancia fue siempre en Hijos?

Yo milité siempre, porque una cosa que sí me pasó (después con los años y con terapia lo fui resolviendo) pero al principio me sentí muy identificada con los 70, obviamente. Y ahora me interesa mucho pero desde un lugar más alejado. Empecé a militar a los 13 años medio a escondidas de mi mamá, que tenía miedo y decía que esperara un poco. Y yo me metí de cajón, obvio, y milité en la UES, después ganó justó el menemismo, y eso estalló por los aires. Después tuve un grupo de militantes, de pibes que eran de la UES, o eran del PC, en Quilmes, un grupo que se llama La Cofradía, siempre estuve en alguna cosa, nunca demasiado partidaria. Después estuve en el Frepaso, más partidariamente, y sí, ahora en el kirchnerismo, aunque en verdad no milito en ninguna unidad básica. Ahora empieza a ser más difícil definir qué es militancia. Antes, la militancia era o territorial, o estudiantil. Soy medio saltimbanqui; me gustaría la cosa más orgánica. Tengo un lado muy orgánico y otro en que me cuestan mucho esas estructuras. Los discursos a veces son un poco lineales, igual creo que hay que pasar por arriba de eso, y poder estar en un grupo, porque es lindo estar en un colectivo.

¿En lo orgánico te enfrentas a  la dificultad de complejizar el pensamiento, eso que te hastía?

Exactamente. Pero si no lo hacés, te quedás en una cosa medio de soledad. Mis amigos todos militan, o todos participan, pero hay algo como si te faltara enraizar. Mi marido tiene más resuelto eso, no le interesa mucho militaren un lugar determinado. Y no le trae tanto conflicto, a mí me da la cosa más concreta, más femenina digo yo, a pesar de los géneros. Pero yo necesito algo más concreto, militar en empresas recuperadas, me gusta tener el pie ahí en el barrio, o en alguna cosa.

“¡Mi Infancia, mi Infancia! / Con un galope en sus piernas / todavía viene a buscarme”. (*)

(*) Poema completo de Osvaldo Lamborghini. Parte de sus versos son apertura del documental.




EL ALEPH HORROR SHOW

El hastío: Entrevista a Leandro Santoro

Entrevista: Lourdes Landeira, Luisa Luchetta, Gabriela Stoppelman

Desgrabación: Víctor Dupont

Edición: Gabriela Stoppelman

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Según versiones abundantes, en el origen hubo una inquietud de lenguaje. Un viento, una ráfaga, un huracán sobrevoló el caos. Algo así como un largo desperezo de los dioses, hastiados de soledad o de ausencias. En ese primer aliento, estaba toda la sintaxis y toda la gramática del universo. Un punto nodal, un ovillo de silencio, cuya madeja aún se recrea a medida que se desentraña. No importa si fue una gran explosión o una voltereta del tiempo. En ese confín de las cosas, un ritmo, una inspiración madre echó a andar los transcursos y las extensiones. Y, manías de lo indecible, permaneció mezclada en cada frase y en cada impotencia del verbo. Algunos le dicen “lo siniestro”, otros “lo horroroso”, algunos lo ligan a la poesía y otros a la música. En todos los casos, lo indecible no es el pasado ni la impotencia de lo dicho, sino un pliegue simultáneo a todo decir.

Algunos relatos de la tradición judía cuentan que, allá por los comienzos, dios convocó a todas las letras del alfabeto hebreo y, a cada una, le asignó cierta inauguración. La cosa no fue sencilla. De entrada nomás, se armó una discusión bárbara, porque a algunas no les cayó nada bien tener que ser inicial del mal o de la locura. Pero, hasta para crear el mundo, alguien tiene que hacerse cargo del trabajo sucio. Dios intentó calmar a las piqueteras, explicándoles que, en el idioma hebreo, cada letra es también una cifra, mucho más misteriosa que un número. Sin embargo, no hubo caso y el tole tole fue brutal, al punto que dios andaba un poco arrepentido de haber pasado del caos al orden, vistos los primeros resultados. En medio de todo este desbarajuste, la única que permaneció callada y a un costado fue la aleph. No se abalanzó para tener un lugar en la creación ni en la repartija. En extremo discreta y silenciosa, se hizo a un lado, con la potencia de quien no necesita un puesto para tener presencia. Así que el Génesis – bereishit- empezó nomás con la Bet (bé) y no con la aleph. La aleph, mientras tanto, calladita y como quien no quiere la cosa, comenzó a sugerir su propia historia. Su forma más moderna la muestra con una barra transversal que separa dos vacíos. En el extremo superior de uno y en el inferior de otro, una pequeña grampa parece sostener lo mudo y lo eludido, por arriba y por abajo. La aleph es muda. Sólo si se le agregan ciertos puntitos se transforma en vocal. Pero ella misma es pura potencia, un puro sugerir en un mínimo cuerpo. Curiosamente, la barra transversal sola es una ve (Vav) y las dos grampitas son dos “i” (iud), pero el conjunto es lo impronunciable, lo originario, lo inasible. Parece que la aleph es descendiente de una letra fenicia que tenía la forma de una cabeza de toro. El tiempo y las distorsiones, rompieron las formas, y los cuernos migraron en sentidos opuestos. Hay quienes dicen que uno quedó como el agua superior -húmeda y divina- y otro quedó como el agua inferior, seca y humana. En el medio, el firmamento, que parte las aguas en un tajo, en una cicatriz donde van caer todos los intentos por hacerse con lo impronunciable. Más cerca estamos de lo húmedo y lo alto, más solos y secos nos sentimos en la superficie. La unidad se escapa. Y, en esa fuga, se ofrece. De igual modo en que Leandro Santoro le huye al aleph, mientras su mismo apellido lo regresa al origen, una y otra vez.

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Aleph fenicia.

POLÍTICA, IDEA Y VALOR: UN ALEPH PARA EL DISCURSO

                                                         “Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato, empieza aquí, mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca?”(*)

Julio Woscoboinik, ADN.
Julio Woscoboinik, ADN.

 

En una entrevista decís: “Tenemos que dejar de dar testimonio para dar batalla por el poder”. ¿Qué función cumplen los usos del lenguaje en esa batalla por el poder? ¿Te preocupás por eso?  

Claro. El lenguaje y la producción de símbolos son las dos claves para articular el pensamiento político. Hay muchos tipos que trabajan contra la política -desde la antipolítica- básicamente, los grupos concentrados de medios, los que formatean y moldean el sentido común. Es clave poner en cuestionamiento esa construcción de lenguaje. Si no, siempre estamos sujetos a las reglas de juego del marketing. Cuando vos vas a hacer campaña electoral, te plantean que tenés que ser delgado. La imagen termina siendo más importante que el contenido del discurso. Por otro lado, cuando uno consigue cierta precisión a la hora de articular las palabras, genera mucho más efecto en la cabeza del otro y utiliza mejor el tiempo. Muchas veces nosotros trabajamos en desarmar la estructura de razonamientos que sostiene quien te entrevista o quien polemiza con vos (un militante, un dirigente) para, después, poder reconstruir el espíritu de lo que se está planteando con otros conceptos, con otras palabras…

Cuando uno escucha a los militantes políticos, hay una repetición de códigos, de frases. Y vos sos un referente de un movimiento. Y, en tus intervenciones, insistís mucho con la necesidad de aportar nuevos elementos en todos los ámbitos ¿Cuál es el reservorio de palabras nuevas, de gramáticas nuevas, de sintaxis nuevas que proponen?, ¿leen ficción?, ¿se ocupan de otras lecturas que no sean estrictamente políticas?

Yo hoy no leo ficción. Hoy leo economía y estoy obligado a entender una ciencia que no domino. Sí leí ficción de pibe e inspira. Yo no busco la fuente de inspiración cotidiana en los libros de literatura o de poesía porque no tengo tiempo, sí lo tengo presente. Lo que hago es prestarle atención al debate de “Podemos”, de España. Me parece que los gallegos tienen habilidad para transmitir en pocas palabras muchas ideas. En cambio, una de las características de la dirigencia argentina es que los tipos te tiran cinco mil palabras y no te dicen nada. Presto atención, también, a Umberto Eco… Algunos le dan bola a Zizek, yo creo que la complica… Otra cosa que sucede en la tele, por ejemplo, es que se trata de simplificar lo complejo. Muchas veces nosotros hacemos lo mismo: le damos valor a la problematización de los temas, pero con herramientas que sean accesibles. Sin olvidar, claro, que nuestro objetivo es generar crisis en el sentido común y en la forma de analizar las cosas. Existen, en este orden, tres niveles: por un lado, tenés las políticas; después, las ideas (que dan coherencia); y, por último, los valores. Yo trato de discutir esos tres planos. El asunto es desarrollar mucho sentido en pocas palabras, al revés de lo que hago yo ahora…

EL GRADO ALEPH DE LA ANGUSTIA                          

             “Si todos los lugares de la Tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.”

Acerca del asunto del lenguaje como problemática, ¿se trabaja a nivel interno en la militancia?

 Intento que mi grupo político lo haga, pero es muy difícil.

¿Cómo se puede subvertir el sentido común sin una crisis en el lenguaje personal? En tu caso, en una mesa redonda, hablaste de la poesía de Palo Pandolfo y de los dibujos de Rocambole. Decías que sus trabajos te conmueven siempre por identificación, ¿no pensaste que ciertas producciones podrían conmover por diferencia, que eso sería una verdadera crisis?

Yo parezco más inteligente y culto de lo que soy.

Bueno… Igual, tenemos tiempo para la respuesta. Podés quedarte callado y pensamos juntos.

Hay cosas, por ejemplo, de las artes plásticas que me interesan. El caso del surrealismo… Pero eso fue en mi adolescencia. Después dediqué menos tiempo a las emociones y más a las ideas porque, en la lógica de la competencia, ganan más la racionalidad y la velocidad. Me preocupa ganar en velocidad. El punto es que, para encontrar la diferencia y la conmoción en la diferencia, tenés que buscar. Y yo no encuentro muchos estímulos para eso. Además, me pasa que cuando trabajo sobre el lenguaje no pienso en mí, sino en los demás. Pienso, en verdad, en conmover al otro. En ese momento, mi sensibilidad, es secundaria.

Pablo Picasso, still life with a bulls head book and candle range, 1938.
Pablo Picasso, still life with a bulls head book and candle range, 1938.

En un momento, planteás la necesidad de encontrar un cruce entre las emociones y las ideas…. ¿Cómo lograr eso sin crisis personal en ambos aspectos?

Últimamente lo que hago es releer y escucharme a mí mismo. Y me angustia tener más información de la que pueda transmitir. Mirá, a mí me pasa, por ejemplo que, cuando encuentro el Aleph, me desespero. Siento que ese punto, donde se sintetiza todo, no lo voy a poder transmitir. Y voy a vivir con la angustia de saber que es así y no lo voy a poder decir .

Vos usás recursos poéticos, evidentemente no te das cuenta. Por ejemplo, cuando hablás de “los anillos del macrismo”. Y el lenguaje poético tiene el poder de generar crisis en el sentido común. Tiene el poder de la síntesis. Pero ahora decís que, cuando llegás a la síntesis, no se la podés transmitir al otro.

Yo soy como un guerrero. Pienso en términos de arsenales teóricos. A ver qué me va a servir para cada batalla. Uso mucho facebook para eso. Armo tres ideas, las sintetizo, las pongo en un posteo y, pum, las tiro. A veces, cuando tengo el arsenal cargado y no puedo disparar esas balas, me angustio. ¡Hay cosas que la gente debería saber! Y, cuando no encuentro el espacio para decirlo, siento que voy a morir de angustia. En esas instancias, te juro que prefiero no saber. Hasta te diría que muchas veces prefiero no ser tan inteligente porque, si llegara a darse la situación de que supiera mucho más, terminaría siendo arrogante, soberbio y me terminaría aislando. Eso le pasa a muchos tipos de gran lucidez. Se convierten en ermitaños, mandan a la mierda a la gente.

Pero vos tenés muchos espacios. Sos docente…

Sí… Pero lo que yo quiero es que esto llegue masivamente. Ahí tengo soberbia intelectual… A ver, yo doy clase en la cárcel, “Sociedad y Estado”. No sé, creo que la cárcel está cada día más utilitaria. La gente va al CUD porque necesita beneficios, no encuentro tipos que disfruten del conocimiento…

Bueno, tampoco podemos pedirles que, encima de estar presos, tengan ganas….

Yo me siento más libre en la radio que en la docencia para hablar. Siento que la mejor versión de mí está en la radio. O cuando me peleo, en la tele.

CORRE, ALEPH, CORRE

                                                                “Bajé con rapidez, harto de sus palabras insustanciales. El sótano, apenas más ancho que la escalera, tenía mucho de pozo”

Por otro lado, vos hacés una crítica de la urgencia. Decís que todo debe ser inmediato…

Esto parte de una autocrítica. Nosotros tenemos que militar la duda. Y eso es poner en crisis nuestras propias ideas.

Pero, ¿cómo hacés para lograr eso si no te quedás solo un rato y no pensás?

Lo hago cuando duermo, cuando me baño, cuando manejo… Me sucede. Pero no lo manejo…

Ahí está el Aleph.

Pero…¿sabés qué? Me gusta el poder de cambiar las cosas. Poder “para”, no poder sobre alguien… Bueno, en verdad me gustaría tener los dos.

¿Cómo sería tener poder?

En política te pasa muchas veces que estás bancando a uno, que es más boludo que vos. Y, además, desaprovecha lo que hace. Desaprovecha ese poder. Yo suelo ser, en ese sentido, respetuoso. Si el tipo está “en primera”, es por algo. Si hay un compañero que le puede ir mejor que a mí, lo acompaño. En eso, soy cero envidioso… A ver, siento que no tengo la legitimidad política para provocar la crisis que me gustaría provocar… Por ejemplo, en la tele, te llaman para pelearte. Y yo, ahí, no puedo generar silencio porque me roban la palabra.  

Bueno, pero en la radio sí tenés el silencio.

Claro. Fuera de las radios comerciales, me llaman muchas otras y ahí se logra el silencio. Aunque es difícil también, porque generás un silencio de 10 minutos y el efecto se pierde.

¿No generará otro efecto?

A ver. Vos, por ejemplo, estás en un programa de tele, oís a un tipo que lo poco que dice lo magnifica. ¡La puta que lo parió! ¿Por qué ocurre todo esto? ¡Porque tiene una posición de poder! Algo similar ocurre con la estética. Por ejemplo, si sos lindo l se considera que tenés cosas más interesantes que decir que si sos fulero. Cuando Lousteau o Prat Gay hablan de economía, son buenos. Cuando hablan de política no son tan buenos, ¿por qué todos actúan como si fuera siempre maravilloso lo que dicen?

Eco era feísimo y sin embargo…

Sí, por la venta de “El nombre de la rosa”.

Jozami…

Pero yo no soy ni un intelectual ni un político profesional ni un cientista…

A ver, a lo que a nosotros nos interesa llegar es a esto: ¿qué se le ofrece a la militancia de silencio, de contrapartida a la urgencia?, ¿qué novedades barajan? Vos sos muy vehemente. Hablás igual que Alfonsín… con los mismos gestos, la misma severidad…

Eso habla de mi inseguridad. No es mi fortaleza … Por ejemplo, mañana voy a la tele. Y me dije: voy con la remera de Red Hot Chili Peppers a ver qué onda. ¿La gente va a entender eso? ¿Va a entender que intento desacartonar la política? El tema es: si me equivoco, desaparezco. Mirá: el salto electoral del PO es cuando se destrotskiza estéticamente. Hasta fue una discusión. Altamira decía: mi viejo era un obrero pero, cuando iba al cine, se empilchaba bien. Y el tipo empezó a vestirse bien. En el PO entendieron que había que englobar todo: lo estético, lo ético, lo político. Hacer más amigable, ¡más consumible, la puta que lo parió!, porque los chabones transformaron mucho el discurso del Partido Obrero. No… yo no tengo poder suficiente para generar esas rupturas con el asunto de la imagen.

¿En qué lugar deberías estar?

Para experimentar, debería estar en un lugar institucional. Experimentar no es sólo cómo te vestís. Por ejemplo, puede implicar cuestionar al tipo que te pregunta. Yo siempre acepto los términos de todos los que me preguntan.

¿No creés que has logrado modificaciones en grupos de menos gente? En los lugares donde te movés, lo habrás logrado…

Sí, obvio que sí. Incluso algunos amigos veo que escriben como yo. Eso sí.

Vos decís que el pensamiento crítico no puede ser urgente ni veloz…

Cuando mejor me va es cuando, en el debate cotidiano, yo tiro cosas rápido que me costaron horas reflexionar.

Péndulo Aleph.
Péndulo Aleph.

 

¿Dónde están esas horas?

Es que no lo controlo. Termino con ustedes, voy a comprar milanesas y me pasa. Ayer, un compañero habló de la ilusión de la clase obrera, escuché mil veces eso y, sin embargo, me disparó varias de ideas. Pero, en el caso de la tele, hay tres reglas: vos tenés que ser entretenido, rápido y fuerte. En ese formato, yo meto cosas que a mí me costaron mucho. Cada concepto lo paro como un hijo. Lo someto a controversia. Parece que improviso, pero no. Voy a la caja de herramientas y me digo: este concepto sirve. Lo tiro y gané la discusión. Lo tiro rápido, pero es la consecuencia de haberlo masticado mucho. Soy rumiante en el pensamiento.

ROCK´N ALEPH O LOS SOCIOS DEL SILENCIO                                                       

           “(…) dijo que para terminar el poema le era indispensable la casa, pues en un ángulo del sótano había un Aleph”  

¿Hay una modificación del televidente?

Yo trabajo en mí como producto. Yo tengo la cabeza divida en dos. En la mitad izquierda, están mis ideas, mis valores, mis emociones. En la mitad derecha, está el resto. Entiendo los códigos de la política. Durante muchos años conviví con dirigentes que aceptaban que fuera parte de su organización a pesar de que mi discurso socavara su legitimidad. A ver, nosotros somos como el under del rock en la política. Entonces, ¿cómo logramos, sin ser comerciales, ser masivos? No por el éxito ni por la difusión de mi figura, si no para poder cambiar las cosa.

Pero lo cultura del rock trajo, para producir eso, novedades. Palabras nuevas. Nuevas estéticas. Eso es lo que uno no ve en los dirigentes políticos: hablan igual, repiten las mismas consignas… Por eso nos llamó la atención cuando dijiste “lo poético de Palo”. ¿Qué es lo poético para vos?

(SILENCIO)

La gente no te valora por lo que sos, sino por lo que creen que sos. Para la mayoría de la gente, no soy nada. No tengo identidad. Yo todavía no puedo ser yo.

¿Y si no llegás a ser? ¿Dónde vas a poner toda esta potencia?

No sé. En otro, si lo encontrara…

¿Y lo poético?

Lo poético te obliga a relacionar y a pensar. Por eso es difícil. La gente quiere que pienses y relaciones por ella. La gente quiere confirmar lo que ya pensaban. Pero, para todo eso, tenés que tener poder. Tenés que tener poder para meter lo poético.

¿Víctor Hugo, por ejemplo?

¡Lo logra porque tiene una posición de poder!

Yo no estaría tan segura de eso… También hay poetas. Miguel Ángel Bustos, por ejemplo. No lo conocía nadie y hoy hablamos de él.

Muchas veces el arte es de nicho. Entonces, si te encerrás en un costado,…. La cuestión en política es llegar a ser masivo, no por vanidad personal, sino porque la única manera de cambiar el mundo es llegar a muchos. Ni siquiera por una cuestión del rating en sí mismo. Es por lo que eso te permite. Pero, a ver, a Víctor Hugo no le importa el rating. Víctor Hugo es el erotismo, Navarro es la pornografía.

Sin embargo, cuando lo entrevistamos, Navarro se emocionó tres veces al hablar de la poesía.

No lo juzgo, eh. Nosotros necesitamos un Navarro pornográfico. Eso habla de un momento social. No se puede construir un discurso político sobre la poesía, pero tenés que sacarlo cuando sea necesario. Es como un golpe.

Pero, ¿de dónde lo sacás si no lo recopilás?

Si yo tuviera una visión más estética, más poética y más armónica, no podría vivir. Porque, ¿qué hago con todo eso?

¿Alejarte del aleph es un como un modo de supervivencia?

¿Vieron el video de la ética que hice? 300 mil personas lo vieron.

Sin embargo, el video más sustancioso, el que verdaderamente nos hizo pensar es el que subiste con Rocambole y Palo.

¿Sabés qué hice? Mirá, yo soy pobre. Mi mamá se ganó el bingo acumulado en el 2003 y con eso se compró un departamento. Toda la vida la peleé. Y, de golpe, veo que tipos que tienen brutos autos y esos son honestos… Esto que está pasando es increíble. Me di cuenta de algo. Yo veía que verdaderos bandidos pasaban por tipos honestos y yo, que vivo como el que está detrás de la pantalla, soy lo peor. Entonces hice la lista de cuántos chorros tienen. Pero me dije: acá no está la diferencia. La diferencia está en los cientos de miles como yo, que les debe pasar lo mismo. La diferencia es esa, la entendí y lo armé como si fuera un tema de rock. A los pibes les digo que nosotros tenemos que ser una banda de rock, proponemos doce temas y armamos un discurso. Tiene que haber un hit. Cuando está, lo agarramos y lo reproducimos por todos los medios que podamos. Entonces, fui al acto y lo hice así, la pegué. Llegué a Buenos Aires y armamos tres videos.

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Pablo Picasso, cráneo de toro, frutas y jarrón, 1939.

¿Vos querés decir que la eficiencia por sobre la calidad?

Sí. Pero hacelo…

¿Y no te quema el bocho pensar todo el tiempo en este asunto de eficiencia?

Sí, pero le encontré la vuelta… ¿Sabés qué es lo que me conmueve del kirchnerismo? La gente. A mí me cambió el ver mucha gente que sentía como yo, que pensaba como yo y amaban a Cristina y a Néstor.

Ganó la emoción y no la razón.

Y la razón también, porque para transformar la sociedad se necesita de la razón. Con los radicales que quedábamos, no íbamos a ningún lado… Lo que yo digo es: este proyecto político se define por el concepto de militante integral, por el tipo que entrega su vida a esto, a un proyecto que lo trasciende.

La política tiene que ver con la capacidad de malestar, que conmueve, genera crisis, rompe. La capacidad destructiva y creativa como parte de un mismo proceso dialéctico de construcción de la realidad; para permitirnos soñar el colectivo”. Esa es una definición de poesía.

Siempre hago una metáfora del rock y de la poesía. Eso lo improvisé, no lo pensé. Eso eran, para mí, “Los redondos”. Todo esto es el Indio. Agitar el corazón es eso.

EL ANTIALEPH: UN VACÍO DELGADÍSIMO                 

                     “(…) el espejo universal de Merlín, “redondo y hueco y semejante a un mundo de vidrio”

 ¿La lucha entonces se da entre un discurso dominante evangélico norteamericano del tipo “sí se puede” y otro discurso que parece sonar antiguo? ¿Cuál es el nuevo discurso?

Hoy no hay un nuevo discurso. Hoy hay vacío. Este modelo político tiene que fracasar por lo económico y lo social para que la angustia genere un nuevo discurso. Para que la gente se pregunte qué pasó. Un fenómeno increíble, por ejemplo, es María Eugenia Vidal. Yo la veo y digo: esta chica es una imbécil. No dice nada. ¡No lo puedo creer!

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Ana Venegas.

 

¿No hay una estética de la identificación? Se viste con el jean, “casual”…

Claro, olvidate. Pero lo primero que le dijeron fue bajá sesenta kilos y los bajó. (http://www.girabsas.com/nota/14510-el-sorprendente-cambio-de-look-de-maria-eugenia-vidal-con-el-paso-del-tiempo/) Bajó sesenta kilos. Pesaba más de cien…

 ¿No hay en Vidal una estética de la mansedumbre? Sería lo que propone la ultraderecha, que seamos mansos. Y que hay gente que se identificó con eso.

Nosotros tenemos que buscar una identificación contra la mansedumbre. Yo soy como Cristina. Ayer mi hija me decía: “papá, estás enojado”. Y sí, estoy enojado.

Ahora no estás enojado. En lo que se ofrece a los demás, también es necesaria cierta tranquilidad…

Nosotros necesitamos construir, aunque parezca un oxímoron, una normalidad revolucionaria. No se puede estar todo el tiempo exacerbado, agitando, con peleas trascendentes. Uno de los desgastes de los procesos nacionales y populares es que le proponen a la gente democracias muy intensas. O eras militante o eras un garca y vendepatria. Pero hay que saber regularlo.

¿Es esa una de las diferencias entre el radicalismo y el kirchnerismo? El kircherismo tendría más militancia…

 No, no. Alfonsín tenía militancia. De hecho, Alfonsín era más militante que Cristina. Cuando termina en julio del 89 se dedica a recorrer todos los pueblos de la Argentina. Era la mezcla de Néstor y Cristina. Hacía todo el trabajo: recorría el país, escribía, pensaba. El primer alfonsinismo era parecido a La Cámpora, hasta les decían los Montoneros de Alfonsín. Después, ocurrió que había mejor calidad humana en los militantes, en La Cámpora. Paradójicamente, eran muchos más inteligentes los dirigentes de La Coordinadora que los de La Cámpora. Los últimos son más pasionales con el proyecto y los primeros, más refinados intelectualmente y más proclives a venderse.

LA PODEROSA ORFANDAD DEL ALEPH                    

                                         “-¡La casa de mis padres, mi casa, la vieja casa inveterada de la calle Garay! – repitió, quizá olvidando su pesar en la melodía. No me resultó muy difícil compartir su congoja. Ya cumplidos los cuarenta años, todo cambio es un símbolo detectable del pasaje del tiempo.”

¿No hay mucho pudor con las pasiones últimamente?

Nos estigmatizaron con el infantilismo. Una de las cosas que más me sacudieron en lo personal, cuando empecé a hablar en ámbitos kirchneristas, es que podía decir lo mismo que en mi adolescencia, pero en vez de putearme me aplaudían. Alfonsín vivía entre utopía y quimera, entonces te decían quimérico, te acusaban de que padecías infantilismo. Y, en ámbitos kirchneristas, es muy distinto…

¿Alguna vez te sentís huérfano con tu pensamiento?

Sí, claro. Me siento huérfano en el sentido de no encontrar una vuelta mayor. Alfonsín. La ausencia de Raúl… Los que fuimos amigos de él nos sentimos huérfanos. La formación personal de Alfonsín empieza con el teatro. Él era asmático… Entonces, leía mucho, encerrado… A mí me pasa que no quiero saber. Porque si sé más, me muero…

¡Igual te vas a morir y yo también! Y probablemente no sea de una sobredosis de sabiduría.

Es la angustia de decir qué hago con todo esto.

Si Alfonsín, que es como tu padre, pudo usar otras herramientas de lenguaje. ¿Por qué vos no? ¿Cómo dar nuevas palabras a quienes las esperan? ¿Cómo darles un nuevo lenguaje a los que se aburren de cuando pelean o discuten en C5N?

Volvemos al tema de la plataforma: yo no tengo ese poder.

¡MALDITO, ALEPH BENDITO!                 

                                           “Los místicos, en análogo trance prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y las circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.)”

El tema de esta revista es el hastío. ¿Qué cosas te hastían?

El concepto del egoísmo. La superficialidad. La berretada. La mezcla de soberbia e ignorancia.

¿No hay berretada en C5N cuando discuten?

Sí, pero yo quiero estar…

¿Alguna vez decís no?

Sí, muy pocas veces. Y es muy perverso esto. Vos vas a lugares donde sabés que te van a hacer mierda y vas igual…

 ¿Sos religioso?

Sí…

Porque hay una sensación de misión en todo esto…

Es más: tengo formación cristiana, salesiana. Ahora reniego de muchas cosas… Pero estoy trabajando mucho sobre el “dar hasta que duela”, la idea de trascendencia. La idea de que hacemos algo que nos trasciende. Sabemos que si mañana nos cagamos muriendo, un hermano va a levantar nuestra bandera.

Una idea de sacrificio.

De sacrificio permanente. Una de las cosas que más me hastían es perder el tiempo. Y lo hago siempre.

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Gustave Caillebotte, Calf head and ox tongue.

 

¡Es para frenar el Aleph!

La claridad también enceguece. ¿Y si hago tanto sacrificio y no llego?

Te ponés una meta muy alta, casi te garantizás la frustración. Tiene que haber un plan B.

Bueno, yo vengo del fracaso. No vengo de una infancia feliz. Mis viejos no son profesionales… Muy raro. No me formaron para ser presidente, como le pasa a muchos. Yo salí como salí.

Si no llegaras donde querés, ¿qué harías?

Divertirme. Provocar. Uno busca el afecto… Yo creo que soy una buena persona. Y la mayoría de la gente que llega al poder son hijos de puta. Igual, si Dios existe, no puede ser que no le de oportunidad a tipos como yo.

También está la posibilidad que Dios no exista o que no coincida con tus deseos.

Bueno, es que no puedo vivir con esa duda.

Venir de una familia que no te educó para presidente no es, necesariamente, un fracaso.

Tampoco sé si el poder es para mí. El otro día me pegaron en La Nación, salió una nota que decía hay adoctrinamiento de jóvenes por parte de La Cámpora. Mucha gente me llamó para decirme “che, te están investigando”. En un momento yo me decía no sé si me lo banco. Te tiran mierda gratis.

Hay algo del valor del sacrificio que habría que reverlo. Porque la verdad es: o juremos con gloria vivir. Eso habría que repensarlo de algo potente para la vida.

Ojo, yo tengo una visión un poco cínica. Yo creo en la trascendencia, pero también en la banalidad. Si sale, sale… si no sale, no sale. Es lo que me gusta. Hay una cosa de juego, es importante lo lúdico. Estoy todo el tiempo con el tablero, las fichas…

El niño: el dios que baila de Nietzsche.

Me divierte. Las notas, el quilombo…

Si llegás, ¿cuál es el lugar de máximo poder que te gustaría?

Me interesa la batalla cultural. Yo soy entretenido, pero no interesante. Y lo que hay que tener acá es representación, no que te digan que sos copado. Me dicen: tenés un futuro bárbaro. Loco, tengo cuarenta años. Basta con el futuro. Te bajan el precio. ¡Hace 27 años que hago política y me dicen lo mismo!

¿Con qué te relajás?

Con el sexo.

¿Pornográfico o erótico?

Con los dos.

 

LA ALEPH: UNA BARRADURA ENTRE DOS VACÍOS

                  “En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.”

 

¿Escribís?

En Facebook. En mis post.

¿Y no sentís otro tiempo ahí?

Sí, de hecho, cuando vengo con un ritmo de lectura soy mucho más potente. Otra cosa que no menciono, bueno, son mis hijas. Y mis amigos. La tertulia, el escabio. El morfar con amigos.

El Aleph del morfi.

Los amigotes. Ese tema. A mí me causa mucha gracia el grotesco. Toda esa cosa insólita me relaja.

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Anartistas entrevistando a Leando Santoro.

 

 

(*) Todos los epígrafes corresponden a “El Aleph”, de Jorge Luis Borges.

 




RONDAS Y BRUMAS

El hastío: Entrevista a Martín Sabbatella.

Entrevista: Adriana Valletta, Luisa Luchetta, Víctor Dupont, Isabel D’Amico, Germán Cavallero

Edición: Germán Cavallero

“No hay en la historia, en la vida social, nada que sea fijo, rígido, definitivo. Y no lo habrá jamás. Nuevas verdades acrecientan el tesoro del conocimiento, nuevas necesidades, siempre superiores, son generadas por las nuevas condiciones de vida, nuevas curiosidades intelectuales y morales empujan el espíritu y lo obligan a renovarse, a innovar las formas lingüísticas de expresión…” (A. Gramsci*)

SIN MOJONES

Porque no hay puntos de llegada. No hay puntos. En todo caso comas, o puntos suspensivos, como ladrillos: continuidad que deviene en continuidades.

Si la palabra se detuviese al borde del camino. Si llegara a cualquier punto a resignar su lava. Y soltara su cuchara de albañil. Y ya no circulara en rondas para refundarse y hacerse fortaleza. Si quedara ahí. Aplastada en un punto final. A la vera de la historia. Impugnada. Estática. Sin refrendarse a sí misma, como boca de multitudes en prodigioso bostezo y cierre. Si la palabra no urdiera su plan de cadáver exquisito, sobre las sombras de la vida y no saltara desde su propio vientre, para patear el horizonte hacia delante. Si la palabra se confinara y cayera en el reducto fatal de la poca palabra. Y en un silencio aterrador entregara su argamasa. Su líquido y arena, su abrazo de luchas. Si eso ocurriera no habría alquimia del verbo posible. Ya no podría formar cuerpo en multitud.

Pero no hay puntos de llegada. No hay puntos. En todo caso un devenir de la lengua colectiva, empujado por las conquistas sociales. Fortalezas para insistir. Persistencias para andar.

ROMPAMOS EL CERCO

¿Qué es para vos el hastío y que es lo que te provoca hastío?

El hastío es algo muy particular, por lo menos, lo que yo entiendo por hastío, es una sensación de algo que te abruma, una cuestión de pesadez.

Al mismo tiempo es vivible el hastío.

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William Turner, “Snowstorm”.

Sí, en realidad, vivimos y convivimos con un montón de sensaciones: te atraviesan, te emocionan, te conmueven, te gustan, no te gustan, que deseás tener, que no. Pero, digo, el hastío, que ustedes intentan pensar, escribir, estudiar, a mí me da una cosa más de pesadez, algo que te abruma, que no es bronca.

Es una sensación distinta. Me imaginaba cuántas veces tuve sensación de hastío, no sé si tuve muchas sensaciones de hastío.

Una cuerda que tensiona, pero que no se corta…

Sí… he tenido sensaciones de dolor, sensaciones de bronca, impotencia.  Pero el hastío, quizá nunca me había puesto a pensarlo, de hecho, es la primera vez. Si recuerdo, estos últimos meses, o estos días, por ejemplo, lo que pasó con Hebe, que, por supuesto, incluye bronca, impotencia, dolor. Pero, al mismo tiempo, como es Hebe, te genera fuerza. Si alguien está bajoneado, desanimado, basta un segundo con Hebe para curarse de eso. Todo el mundo sabe que este jueves se cumplen dos mil rondas de las Madres, todo el mundo sabe que los jueves, a las tres de la tarde, la Plaza de Mayo, desde hace dos mil jueves, es un símbolo de libertad, de lucha por la igualdad, de democracia, de monumento a la dignidad. Y una orden de allanamiento, orden de detención e infantería, a las tres de la tarde, un jueves previo a cumplir dos mil rondas, hay un montón de sensaciones dando vueltas, emocionales, y otras más racionales, pero no me da una sensación de hastío sino de decir… ¿cómo puede ser?

También se instala que todo es lo mismo, que no hay diferenciación. Por ejemplo, el ataque que sufriste el domingo en Santiago del Estero… 

Pero no usaría la palabra hastío, no me genera hastío. Te da bronca, te parece injusto, pero el hastío lo vinculo más a algo que te abruma. Algo que te dice: ¿Qué es eso? Como un signo de pregunta muy fuerte, ¿cómo puede ser? Porque, quizá, es algo que no tendría que suceder, pero que rompe lo explicable, lo racional también de algunas cosas. Lo del domingo te lo puedo explicar. Sé exactamente lo que pasa, me da bronca, me da impotencia, pero no hastío. A decir verdad, no tengo tantas posibilidades de hastiarme.

Bueno, esa es una respuesta también…

Ahora de bronca, impotencia, dolor…. De eso sí colecciono, como todos.

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Casimiro González, “Newspaper”.

La gente  que recibe un exceso de información como forma de censura, y que está enajenada y un poco hastiada de la política…

Pero eso sí. Puede ser que se busque construir que haya una sociedad hastiada, desanimada, descreída. Eso es así. Hay toda una construcción para tener una democracia de baja o nula intensidad, una construcción simbólica, cultural, que hace que, en esa interpelación a la sociedad, en esa búsqueda terminemos hastiados o desanimados o no creyendo más.

POCA PALABRA

En estos últimos doce años, en términos de Laclau, se radicalizó la democracia. ¿Qué te parece que se ganó a favor de la democratización de la palabra?

Mezclemos entonces las dos cosas y rompamos un poco el cerco del hastío. Hay un debate y hay construcciones simbólicas, disputa por el sentido, por la opinión pública. Y, en ese marco, sí, hay una estrategia: éste es un gobierno para pocos, que necesita poca palabra, poca participación, poca política, poca esperanza, pocas ideas, poco de todo, para que funcione. Y, entonces, necesitás una sociedad que deje de creer, que se resigne, que piense que los derechos no son derechos, que las cosas que tuvo fueron un error, algo equivocado, que eso es para otros, porque si creés que no te corresponden determinadas cosas o el derecho a determinadas cosas, dejás de pelear por eso. Se ha expresado brutalmente en el gas: si, con un sueldo medio podés ir de vacaciones, comprar un celular o un plasma o si eso le corresponde a otros sectores…

Dejás de pelear por algo y ya no parás: no te corresponde ir a la escuela o ir a la universidad si no tenés familia con dinero…

Flexibilización laboral…

Bueno, sí, todo un mecanismo. Y, como lo opuesto a lo que vivimos en los doce años y medio: la política en el centro de la escena pública como protagonista de las transformaciones, a favor de esas mayorías populares y volviendo a poner, también en la escena, el debate de ideas. Ésta, en cambio, necesita construir una idea de poca palabra, de poca participación, poca esperanza, poco protagonismo. La política degradada, asociada a porquería, a algo que no conviene meterse. Que la militancia es sinónimo de vagos, ñoquis, corruptos, delincuentes. O sea, algo que no convoque, para que, en todo caso, la política también quede en pocas manos. Y, cuando hay poca política, la política deja de mediar a favor del pueblo, en contra de los intereses corporativos, por lo tanto, vuelve a estar subordinada a esos intereses económicos concentrados. En todo caso, la radicalización de la democracia, en términos de Laclau, de Chantal… también la derecha ataca porque quiere asociar a eso que estamos planteando la grieta, la discusión, el conflicto… Ahora, ellos construyen el discurso de la democracia consensual vacía donde, teóricamente, todos nos podemos dar la mano en una suerte de ronda de felicidad. Como si todos pudiéramos estar absolutamente de acuerdo en todo y todos queremos lo mismo. ¿Por qué nos peleamos si todos queremos la felicidad? Claro que es una pregunta – que si todos queremos la felicidad, ¿por qué nos peleamos?-, en algún punto decís, ¿para qué? Pasa que es mentira que todos queremos lo mismo. Porque es cierto que una sociedad tiene intereses contrapuestos: o defendés los intereses de las mayorías populares o defendés los intereses de los grupos concentrados económicos. La verdad que la democracia más profunda, más intensa, más potente es la democracia que no niega los conflictos que existen y la puja de intereses que hay en una sociedad: es la que resuelve democráticamente esos conflictos. La otra es una suerte de democracia consensual vacía que, en nombre de la “gobernabilidad”, no toca nada -en realidad es la gobernabilidad del status quo, es dejar las cosas como están, un grupo chiquito manejando todo y las mayorías mirando desde afuera de la ventana-.

PATEAR EL HORIZONTE HACIA DELANTE

En relación al lenguaje, ¿qué respuestas hay o habría? ¿Hay que construir un nuevo lenguaje, deconstruir uno viejo? Porque se hizo, durante doce años, una construcción fuerte de lenguaje. Y, sin embargo…

Hay cosas que nos faltaron hacer. Hay cosas que no supimos cómo hacer. Hay cosas por repensar cómo hacer. Hay cosas que se hicieron y muchas. La Argentina no es la misma hoy que al 24 de mayo del 2003. El proceso político que vivió la Argentina estos doce años y medio fue de profundas transformaciones y a veces no le damos la valoración adecuada. Porque, como perdimos, nos preguntamos qué se hizo. Ahora es cierto. Perdimos. Y hay que repensar cómo volver. Y cómo volver mejores. Y volver mejores no me parece un dato menor… En estos doce años y medio se construyó una gran parte de la sociedad que comparte el núcleo de ideas, principios y valores que ordenaron las políticas públicas. ¿Quiénes acompañaban estas ideas que gobernaron estos años, el 24 de mayo de 2003? Muchos menos de los que acompañamos hoy. En términos de crecimiento, si se quiere, de consciencia, de incorporar como propios determinados valores, yo creo que hemos crecido y mucho. El kirchnerismo fue un fenónemo que interpeló a la sociedad, que corrió la frontera de lo posible, que fue por más, ante una sociedad que no le demandaba eso. El sistema político, no solamente que no le demandaba las transformaciones que se pusieron en marcha, sino que las sufrió. Porque, si fuera por el sistema político, en su conjunto, el kirchnerismo ni siquiera hubiera nacido, si se hubiese sabido para qué nacía.

Como una fuerza autónoma…

Lo que quiero decir es que no había una demanda social de transformación… la agenda del kirchnerismo surgió de la interpelación, del propio Néstor Kirchner, a la sociedad. Yo creo que, hay una cosa que nosotros no tuvimos del todo clara: la fuerza que la derecha tiene, en esta batalla cultural y en esta construcción de sentido y en la disputa del sentido, de la opinión pública…

simbólica…

… sí, de los símbolos, de construir, si se quiere, esa hegemonía, en términos más gramscianos.Y, también, la presencia brutal del partido judicial y del partido mediático como herramientas. Nosotros – digo nosotros como proceso histórico-, porque no es nuevo pelear contra eso: contra una derecha, que siempre fue en la Argentina, profundamente liberal, en términos económicos, y profundamente autoritaria y conservadora en términos políticos, y que utilizaba el partido militar y que era durísimo, y que pasamos los peores años de nuestra historia, con esa lógica…. Pero la derecha atendida por sus dueños sin colonizar partidos populares o sin partido militar, directamente ellos en el gobierno, con el partido judicial, con el partido mediático, esa trama oscura, es un elemento nuevo, inédito, en términos históricos. Y si ahora uno mira la película, quizás, más fácil, las reformas que se dieron, las transformaciones que se generaron, tendrían que traer, como dijo Cristina, un resguardo, institucional y constitucional más potente para que, la garantía de continuidad de esas transformaciones, tenga, por lo menos jerarquía o rango constitucional. ¿Qué significa esto? Que vos tenés que construir mayorías especiales o consensos más amplios para poder retroceder sobre los pasos dados positivamente. Porque nosotros perdimos la elección, sacamos un poquito menos que la mitad, ellos sacaron un poco más que la mitad, tienen derecho a gobernar, y están gobernando -y está muy bien-, nos toca ser oposición, pero es cierto que la diferencia es un punto, un punto y medio y, en general, pensar que el país puede retroceder brutalmente o hacer exactamente lo contrario a lo que se hacía por un punto de diferencia… Ahí me parece que hay un tema de autocrítica. Hoy, los que creemos en el rol del Estado, en el valor de lo público, en la construcción de una sociedad de derechos, políticos, sociales, culturales, económicos, para todos y todas, sabemos que no se garantiza si no hay un Estado presente, como garante de esos derechos, somos muchos y muchas, y somos más que el 24 de mayo de 2003, por lo tanto yo creo que el kirchnerismo, además de las transformaciones que hizo estos doce años y medio, también elevó, si se quiere, el número, o construyó un mayor consenso social sobre las ideas mismas que ordenaron las políticas de estos años. El piso, el lugar donde estamos parados hoy, en términos de la valoración que tiene la sociedad sobre estas ideas, son más que las que eran el 24 de mayo de 2003.  El kirchnerismo parió esto, que la memoria social positiva va a ir creciendo, a mi entender, con la inevitable comparación entre lo que estamos viviendo y lo que vivíamos antes de estos ocho meses…

Por contraste…

Porque la memoria social está más fresca también, porque los días más felices de la Argentina no están hace sesenta años, están hace ocho meses, lo que permite hacer un balance más concreto.

NEOCOLONIA LINGÜÍSTICA

Murió la verdad Goya sepia
Francisco de Goya, “Murió la verdad” (grabado 79).

En este pasaje que vos marcás –evidente a nivel histórico– de la alianza de los sectores liberales con los militares, con las FFAA, hacia una nueva alianza entre el partido judicial, el partido mediático, etc., ¿qué operaciones de lenguaje advertís?

Yo no soy un especialista en el tema. Está claro que hay un discurso, una palabra pública de la derecha que cambia, que intenta adaptarse a este nuevo esquema, si se quiere, a una suerte de neocolonialismo –porque tiene que ver con lo mismo–, hecho con las novedades del presente. Y entonces, sí, obviamente, es difícil construir con las mismas palabras, las mismas categorías… Ellos continúan con los mismos objetivos de siempre: vienen a saquear a la patria, a saquear el pueblo, quieren quedarse con lo que es de todos. Después es cierto que la campaña de Macri fue muy clara en eso: intentó expresar modernidad, expresar una derecha democrática, entre comillas, porque, rápidamente, cuando los pinchás, les sale su ADN autoritario. Pero también hay una idea de que ellos expresan una suerte de “normalidad”, que es una palabra…

Normalidad, previsibilidad…

Por eso te digo, como si ellos expresaran la normalidad, la previsibilidad. Ellos son lo que se tiene que ser. ¿Y nosotros? ¿Qué seríamos? Los anormales, los violentos, los tipos, como que no entendieron el mundo. Porque es la lógica del mercado, la lógica de la contabilidad empresarial. ¿Qué buscan? La verdad que no se puede pensar si vale solamente la contabilidad empresarial; a mí me preocupa que todo el mundo pueda, en cualquier rincón de la Argentina, si tiene frío, prender la estufa.

Pero la verdadera pesada herencia es otra. Y tiene sus frases, sus imanes de lenguaje. El “no te metas”, el “son unos negros”. “Es todo lo mismo”. “Los políticos son corruptos”. Creo que esta batalla cultural no se ha ganado… Vuelve.

No sé si hay un momento donde las cosas tengan un punto de llegada… No creo en el desarrollo objetivo de la historia, donde se termina todo y somos felices…. Hay una puja, una tensión permanente, donde ellos quieren construir una cosa y nosotros queremos construir otra. Existimos “ellos” y “nosotros”. Ellos hablan de grieta, de división de la familia, que la abuela no puede traer los ñoquis en paz porque todos se pelean. A ver, para “nosotros” y para “ellos” no hay acuerdo posible. La torta es una sola. Y distribuir la riqueza es sacar de un lado y poner en el otro. Cuando le sacás a “ellos”, es para repartirla entre “nosotros” y eso no les cae bien. En esa lógica, ellos construyen un sentido. Pero que vuelva ese discurso no significa que se haya perdido. ¿Desde dónde partís? ¿Cuántos hoy son receptores de ese discurso y cuántos no? Por supuesto, que está en disputa y por supuesto que podemos ser minoría en esa batalla. Los decretos se cambian por decretos, la ley se cambia con otra ley, aun si hubiésemos logrado rango constitucional, si ellos no hubiesen tenido una mayoría especial, también la Constitución se cambia con una reforma constitucional. Lo que no cambia un decreto, ni una ley, ni nada es la construcción de la consciencia, irreversible de verdad -porque también está en disputa, no hay nada estático-, esos valores adquiridos, el posicionamiento en términos valóricos, desde dónde mirás la historia, el presente y el futuro; es ese diálogo que vos hacés con lo que pasa, desde las cosas que vas incorporando… Ahí crecimos mucho. No es tan fácil, hoy, decirle a la sociedad que el Estado tiene que correrse brutalmente. Por supuesto que ellos quieren eso. Pretenden que todo es mercancía y todo funciona en términos de mercado, de ganancia y lo que no da ganancia no se puede hacer.  .

ALQUIMIA DEL VERBO

                       “…mientras que una locura desenfrenada aplasta / y convierte en mantillo humeante a mil hombres; / ¡pobres muertos!, sumidos en estío, en la yerba, / en tu gozo, Natura, que santa los creaste…”,                                                                                                                                                                               Arthur Rimbaud**

¿Qué recursos de lenguaje se plantean para aquella gente que se fue tras el canto de sirenas del discurso de Cambiemos?

Ayer lo decía Cristina en la villa 31, en Urbana TV, tenemos que generar mecanismos para abrir la cabeza, ser capaces de decodificar, para recibir lo que están emitiendo, es parte de esta discusión, entender desde la comunicación, con todas las herramientas comunicacionales, con todas las expresiones del lenguaje, que no son las que conocíamos hace unos años. Nuevos medios, tecnología…

Incluso en las calles, hasta del graffiti.

Con distintas expresiones culturales, del lenguaje, de la palabra. Eso también ha pasado en distintas oportunidades: lo que surge como ruptura después puede ser absorbido por el pensamiento más conservador. Lo que digo es, por supuesto que tenemos que estar preocupados y ocupados en esto. Perdimos y, ¿por qué? Nos ganaron en el discurso, se apropiaron de cosas nuestras. Hubo una estrategia, la gente votó para estar mejor, no para estar peor. Tampoco hay que enojarse con esa realidad. Nadie vota para estar peor. En todo caso tenés un grupo de tipos que votan conscientes de que vienen a hacer determinadas cosas. Puede ser, el símbolo quizás, la sociedad Rural, el otro día, aplaudiendo a Macri, que no aplauden a un presidente, aplauden a un socio. Incluso los especuladores financieros o banqueros que se han enriquecido, en estos siete u ocho meses, muchísimo… Al mismo tiempo que se perdió poder adquisitivo del salario en los sectores populares, trabajadores, sectores medios, pequeños productores, empresarios, comerciantes… Y ahí está el “nosotros” y “ellos”. Un “nosotros”, pueblo, para decirlo de alguna manera, todos los días yendo para atrás, en un “ellos”, grupos concentrados, corporativos, minorías, elite, como lo quieras llamar, cada vez mejor. Los que se benefician no logran construir mayorías, tienen que romper sus fronteras, y, en algunos casos, ceder algo de lo que les gustaría también llevarse; o ceden materialmente o construyen consensos en términos simbólicos, en términos de una idea que te hace estar en un lugar aun sin que vos, lo puedas ver materialmente como beneficio. El ejemplo con las retenciones del campo fue claro, ¡cómo puede ser que muchas personas salieron a bancar a los grupos concentrados del campo, sin saber lo que era la soja más que por una milanesa! Bueno, es una construcción, vos creés que si a ellos les va bien, te va ir bien a vos, pero es una teoría que ya sabemos que es mentira, que eso no derrama, que si les va bien a ellos, es a ellos y punto. Que para que le vaya bien a las mayorías, a los sectores populares, tiene que haber consumo popular -ese círculo virtuoso: demanda, producción, inversión, trabajo-, si vos creés que el éxito de la economía tiene que ver con que nadie quede afuera y no con que algunos se enriquezcan. Bueno, todas esas son las discusiones que entran en tensión. Ahora, ¿cómo construir, cómo reconstruir? Yo creo que el desafío es eso: hacer un balance cotidiano con la sociedad sobre cómo vivías y cómo vivís. Y desarticular ese discurso que te quiere convencer de que éste es un camino inevitable, que no hay otra posibilidad, y que vos tenés que hacer un esfuerzo ahora, o por lo que hicimos mal nosotros antes o el esfuerzo necesario para un futuro de bienestar que en algún momento vendrá. Entonces  hacés el sacrificio porque nosotros dejamos un desastre o estás dispuesto a hacer un sacrificio por el futuro de tu hijo, porque lo que viene va ser mejor. Y en realidad, es una construcción que es mentira. Los partidos políticos son una parte de la sociedad, con determinadas ideas, desde donde se interpela a la misma sociedad para construir mayorías, y, en general, hay una parte de la sociedad , ahí en el medio, que está en disputa hacia la construcción de las mayorías circunstanciales. Bueno, me parece que en esa disputa, en esa interpelación, el gran desafío nuestro -del pensamiento nacional, popular y democrático en el siglo XXI que, por lo tanto, tiene un rol histórico, defender las mayorías populares–, es reconstruir una nueva mayoría que permita recuperar el rumbo de la Argentina en pos de un proyecto de crecimiento con inclusión para un futuro de todas y todos y no para una parte.

foto tomada en foz do iguazu abril 2016
Foto tomada en Foz do Iguaçu, Brasil, abril 2016.

FORMAR CUERPO EN MULTITUD

¿Te sabés un buen orador? ¿En dónde te sentís más cómodo como orador, en un debate o en una charla?

Yo milito desde los 13 años, tengo 46, hace 33 años. Me siento cómodo, no sé si es la palabra, a mí me gusta militar, la militancia surge de la bronca por las cosas que están mal, de los sueños, de los ideales, de las ganas de cambiar el mundo, las utopías. Al margen de que todos militamos por una cuestión de ideales, de sensibilidad, de compromiso, a mí me gusta hacerlo, me gusta militar, hacer política, me parece una actividad de las más nobles, no es solamente el sacrifico. Más allá de todas las dificultades, los momentos duros, horribles, tensos, complejos, las tristezas, las alegrías, las derrotas, las victorias, -todo eso va junto en la mochila-, no sé si la palabra es “cómodo”, pero me siento bien militando. Ahora vos me preguntás: ¿qué te gusta más? Estar en un acto, hacer un discurso, estar en una reunión de compañeros… En general la militancia tiene también esta cosa de compartir entre compañeros y compañeras, que construye vínculos muy fuertes, donde hay una cosa con el otro que quizás, no es ni tu familia, ni tu amigo de toda la vida, sin embargo hay un vínculo, una relación por la que estás dispuesto a poner el cuerpo sin límites por el que milita con vos, hay algo fuerte ahí que hace a esto de los proyectos colectivos… En estos días estuve en Clorinda, en un barrio, con unos compañeros, comiendo chorizo a la noche, algo extraordinario; o el acto multitudinario en el parque Saavedra, o después una marcha o una reunión hasta las cuatro de la mañana para ver qué hacemos con tal cosa…

Se puede decir que la militancia está atravesada por lo emocional.

Sí, yo creo que la política tiene mucho de emocional, de pasional, de sentimientos, de sensaciones, por supuesto que tiene mucho también de ideas, de racionalidad. Los proyectos populares tienen ese anclaje profundo en nuestra historia, en nuestra identidad, en nuestras raíces, en ese ida y vuelta de la historia con la carga del presente. La relación de Cristina con el pueblo es una relación de amor, como también hay una parte que expresa un odio brutal. Pero el odio pertenece más a los proyectos de pocos, a los proyectos de la derecha, de los que expresan el odio de sentir que pierden privilegios. Como decía Jauretche: la alegría está del lado nuestro porque es la alegría de ser parte de un proyecto que amplía y recupera derechos y la bronca está del lado de ellos que son los que sienten que pierden privilegios. Las ideas y la pasión, y las relaciones, y la cosa no explicable en términos racionales, todo lo explicable racionalmente, todo lo que está escrito, que se cree que está bien hecho, y en algún dogma, en algún lado escrito que va a ser así, en general, no funciona ni funcionó.

CADÁVER EXQUISITO

¿Tenés alguna relación con la escritura? ¿Escribís, te gusta escribir?

Poco, tengo poco tiempo, lo que escribo está vinculado más a discursos o documentos o posiciones políticas. Eso es lo que más escribo.

¿Ficción, poesía?

No, no, de chico, hice algunas de esas cosas.

¿Leés algo de ficción, novela?

Si estoy relajado -que cuesta-, de vacaciones, sí, llevo una pilita de libros… si no, leo más ensayos políticos, historia. Y después, en la acción política, en la militancia, para sentar posiciones, a veces llevás ese debate político al papel, a la escritura, para circular una posición. No solamente yo, sino un equipo de compañeras y compañeros, como una escritura colectiva, sobre algunas cosas que vamos definiendo, de análisis o definiendo hacer.

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Henri Matisse, “la danza” (1909).

¿Creés que hay un lenguaje de la militancia?

Me parece que hay un lenguaje de todos los grupos. En todos los grupos hay un lenguaje, una característica, un lenguaje de determinados mundos. Y hay un lenguaje de la militancia y hay códigos y cosas de la militancia política en general y después también submundos de determinadas ideas de esa política, de esa militancia. Yo creo que es bastante natural,  pero tiene su riesgo también porque  el lenguaje en la militancia tiene que permitir romper esas fronteras y que no se encierre. Entonces, existe. Parte de la búsqueda tiene que ser que eso no te cerque.

¿Es una estrategia a trabajar?

Es una preocupación permanente de la militancia política que tiene vocación de mayoría, de la respuesta popular, que cree en la democracia como espacio y límite de la política, donde no basta tener la razón, sino que tenés que construir mayoría, tenés que convencer, por lo tanto, el lenguaje es fundamental, básicamente, y para hacerlo sencillo, porque vos no podés hablar hacia adentro.

En el fondo, aun cuando todos los hombres del mundo fueran razonables, siempre existiría además la posibilidad de atravesar el mundo de nuestros signos, el mundo de nuestras palabras, de nuestro lenguaje, de enturbiar su sentido más familiar y, por el mero y maravilloso fluir de unas cuantas palabras que se entrechocan, poner el mundo al revés.” (Michel Foucault***)

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Notas:

*Antonio Gramsci, Escritos sobre el lenguaje, La lengua única y el esperanto, pág. 58, Eduntref, Argentina, 2013.

**Arthur Rimbaud, El mal (fragmento), http://ciudadseva.com/texto/el-mal-2/

***Michel Foucault, La gran extranjera, El lenguaje como locurapágs. 53 y 54, Siglo Veintuno Editores Argentinos, 2015.

 

 

 

 




GOTEAR EL ÁMBAR

El Hastío: entrevista a Héctor Abad Faciolince

Entrevista: Lourdes Landeira, Viviana García Arribas, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman, Víctor Dupont

 “Pero tu luna, qué grito tan alto sobre los álamos; /qué hemisferio de hielo líquido te envuelve los bosques, /tu voz perdida, tu sombra que huye con un clavel, /y el clavel con su esqueleto de ámbar, perfumado de nieve. / ¡Cielo! ¡Cielo! Mi cielo muerto, con su isla de cieno/ en la garganta.”

“Si el olvido es agua”, Ricardo Molinari

 

Todo se inicia siempre después del comienzo y con una herida. Esta vez, fue hace 30.000 años, en Hannover, Alemania, donde dicen que se ha encontrado la más antigua pieza de ámbar trabajada por el hombre. Se me ocurre imaginar que la cosa había comenzado así: hace  30 millones de años, alguna furia mal digerida no pudo resistirse e hizo un tajo en la corteza. El árbol, entonces, defendió sus formas y exudó la resina. Las primeras gotas se despabilaron de golpe, al primer roce con una ráfaga que justo cruzó su andar por la zona. Ráfaga y gota se desconocieron, como dos extraños sorprendidos entre torpezas y suspicacias, propias de los enredos en cualquier origen. Sin embargo, no había tiempo para estrategias y mediciones. La gota fue más rápida y envolvió a la ráfaga en su vientre. Recién nacida y ya vuelta madre, decidió  anidar para siempre. Dejar ver la cría a través, traslucir, pero nunca dar a luz. facio6a

A partir de ahí, todo fue camino de lecturas. ¿En qué  punto y con qué derecho la resina interrumpió el curso de la ráfaga?, ¿de dónde venía ya hacia dónde se dirigía el viento que perdió una de sus lonjas, en ese apuro por siempre avanzar y avanzar?, ¿cuánta mutilación y cuánta vida se entrelazaban en esa captura?, ¿cuánta arbitrariedad y cuánta audacia había en su poesía?

Inclusiones paradojales. Una gota de resina y mucho tiempo tornan la ligereza y la agilidad de una escama de viento, en un núcleo semi duro, que sólo puede moverse si alguien intenta contar su historia. Y, bueno, pasaron los años de a millones, hasta toparse por ahí al caminante de Hannover, quien no pudo resistir el desafío. Vaya a saber con qué lenguaje y con qué herramienta el hombre superpuso su tacto y su memoria sobre la ráfaga envuelta en ámbar. Con sólo eso, comenzó a cocerse el hojaldre: capa sobre capa, lectura sobre lectura, se echó a andar el misterio. Mucho después, los griegos- que no se han perdido una-, le dieron una etimología: al notar el temblor de las resinas madres en contacto con los objetos, la nombraron “elektron”: “la que flota en el mar” (pero jamás se hunde), la que te pone los pelos de punta, la casi mínima partícula subatómica del lenguaje, que te permite comenzar a contar.

Y, luego, ámbar.

Por lo menos, desde ahí desovilla la poderosa prosa de Héctor Abad Faciolince. Gotea desde un tajo en la corteza, desde un garabato inesperado en la monotonía de las cosas, desde un pasillo angosto en las curvas del devenir.

 

ALCALOIDE EN GOTAS

  “Por eso el poeta que consigue combinar varias palabras en una frase perfecta, siente un antiguo goce animal. La razón lleva las riendas de la prosa, que apunta a afectar nuestras facultades intelectuales; la poesía lleva las riendas sueltas (o carece de ellas, se monta a pelo en la yegua no domada del instinto verbal) y nunca sabemos a dónde nos puede conducir.”

                                                                             “Testamento involuntario”

Nos interesó el prólogo de tu libro de poemas, donde decís que la poesía es el género literario que más leés y el que más temés también. ¿Qué temés de la poesía?

(Silencio.)

faciolince1Es muy fácil ser mal poeta. Es, incluso, lo más común. Desde que la poesía abandonó ciertas características formales -que eran filtros para los poetas, por las dificultades técnicas a las que debían someterse quienes lo intentaban-, es más fácil engañarse con que cualquiera es poeta. De hecho, los “poetas” crecen como la maleza. Siempre he creído que en aquel dicho, “de poeta y de loco todos tenemos un poco”,  lo que hay es una locura generalizada: todos se creen poetas. Quienes somos poetas espontáneos somos, en general, malos poetas. Los grandes poetas intentan oponerse al mal poeta que todos llevamos dentro. Pero el mal poeta que llevamos dentro se nos sale muy fácil. Incluso grandes escritores, muy buenos prosistas y novelistas, el mismo Roberto Bolaño, cuando se mete a hacer poesía, hace malos poemas. Porque la poesía es el género más difícil. La poesía es el alcaloide de la literatura. En un país que produce tantos alcaloides, como Colombia, la poesía produce el alcaloide del lenguaje. Y, en ese sentido, le temo porque fácilmente caes en algo que no es poesía, caes en la prosa, en la cursilería, en el sentimentalismo, en el ensayo. Y la poesía, tal como la entiendo, tiene algo musical, irracional. Muy hondo. Es la comunicación con lo que nos hace más humanos. Y con las partes más profundas y oscuras del lenguaje. Le temo, entonces, porque en la poesía afloran las cosas más dolorosas, íntimas. Pero también pueden ser las más cursis, las más tontas, las más ridículas. Se trata de un temor doble: al mal poeta y a que el poeta que finalmente brota descubra algo muy doloroso. Y lo que digo en ese prólogo es que, por esa experiencia temprana del suicidio de mi mejor amigo en la adolescencia, la poesía te conecta con algo que puede ser muy íntimo y quizá te convenza de que no vale la pena seguir viviendo.

¿Cuándo decidís que la narrativa no alcanza y hace falta el poema?

Creo que en la poesía no se toman decisiones. Es lo más alejado de la voluntad. El poema llega. Por eso, los buenos poetas tienen fama de vagos e inútiles. Porque ellos no pueden estar en un horario de oficina trabajando en sus poemas, ellos tienen que estar ahí, hasta que la poesía llega, en el momento menos pensado. Los grandes poetas son grandes caminantes. Borges, por ejemplo, o Dante o Machado. Los tres fueron grandes caminantes, y también Whitman, Lope, Goethe.

¡Pero Borges, durante gran parte de su vida, no trabajó!

Bueno, trabajó un poquito, leyó mucho.Tengan en cuenta que era ciego, es decir, inválido para muchos trabajos. Tenía derecho. Era vago, en cierto sentido, él mismo decía que era un haragán. Pero caminaba, estaba atento a lo que le leían, dictaba, pensaba, daba una conferencia y una entrevista tras otra. Esto de dar entrevistas es mucho trabajo. Pero la poesía no pasa por la disciplina del hombre laborioso. Creo que se pueden escribir cuentos o novelas con disciplina: sentándose todos los días, adiestrándose en el oficio. Hay que aprender ciertas mañas de la poesía, hay que leer poesía, hay que aprender los ritmos de la lengua castellana, hay que fijarse cuáles son las reglas de la eufonía de nuestro idioma. Cada idioma tiene reglas de su propia musicalidad. Pero eso no basta para escribir buena poesía pues el poema llega, espontáneamente. Entonces, uno es simplemente como una antena. Espera la llegada del poema y lo transcribe: por eso Borges decía que él era copista, redactor, y que cualquiera podía ser (de repente) el transcriptor de un gran verso que estaba en el aire.

 

OFICIO DE CARRETILLERO: OÍR EL ÁMBAR

 tomo mi desayuno /y sin saber por qué /mi pensamiento, /mi silencio se abisma /en la palabra sin. /Sin plato, sin taza, sin mesa, sin mantel. /Por supuesto sin ti. /Quedo yo solo, ayuno, /con esta poesía, y en silencio, /ensimismado en la palabra sin. /Silba como una espada, /desvaneciendo todo lo que toca: /Sin, sin, sin, sin, sin, sin.”,

                                  “Testamento involuntario”

¿Y no hay algún modo de buscar? Vos, en alguna de tus citas, decías que a veces algunas palabras se te imponen. Mencionabas la palabra “sin, sin, sin”. ¿Vos no creés que, a pesar de que uno esté caminando y parezca ocioso,  uno está buscando? Nosotros entrevistamos a dos músicos y ellos decían que, para componer, tenían un método de cartoneo. ¿No hay un poco de cartoneo del material en la poesía?

facio3gotas de ámbar,  foto,silvia de LuqueAquí les decimos “carretilleros” a los cartoneros. Recogen cosas y hacen un trabajo de recicladores. En lo que creo es en el silencio, la soledad, las caminatas solitarias. El bajar la guardia, el bajar las defensas produce algo bueno. El poema puede aparecer dentro de ti. Con frases, con sonidos, con un sonsonete que se repite… Me ocurre, sobre todo, cuando estoy en un país donde no hablo la lengua y no entiendo qué dicen. Y hay una necesidad de comunicación y esa necesidad produce un lenguaje, un lenguaje dentro de mí. En la lengua que domino o me domina. Lo del cartoneo me pasa más en las novelas, durante su elaboración. Toda mi experiencia del mundo: las conversaciones, mis amigos, las comidas, la música de los conciertos, todo eso viene a afectar la novela. Filtro ese material, lo cuelo, y lo que me sirve aparece, luego, en el texto. Ahí sí me siento un reciclador, un cartonero. En la poesía, me siento más ensimismado. Cuando estuve conversando con Nicanor Parra ,lo que él me dijo sobre su forma de ser poeta se me parecía más a lo que yo hago para escribir mis novelas. Que es parar la oreja, oír, tener antenas gigantescas en los oídos. Es verdad que mucha gente tiene hallazgos lingüísticos, sonoros, frases que dicen mucho, incluso visualmente. Pero eso me sirve para la prosa. Para la poesía, siento que es una comunicación dentro de mí.

Como si fuera más musical que conceptual.

Sí. Porque la prosa tiene más que ver con la razón, con los conectores lógicos, con causas y efectos, con la narración, con el orden de una historia, con la manera en la que voy dosificando una información. La poesía es pura condensación. Condensación de sentidos, de sonidos, un alcaloide. Algo que llega a lo más puro. Es muy difícil, los más grandes poetas lo logran: un mecanismo de la más pura condensación de frases, de sonidos. Llena de alusiones. Decir muchísimo más de lo que está escrito y hacer que el lector caiga en una especie de éxtasis, del ensueño del que tanto hablan los buenos lectores de poesía…

Como un Big Bang. Una contracción…

Un aleph.

 

EL GRADO CERO DEL ÁMBAR

 “Al mismo tiempo que coronamos la cumbre aparece el sendero de huellas y la primera malla de seguridad. No se puede seguir. Bordeando la malla, sin pisar el sendero de huellas (los guardias revisan que no haya marcas cada cierto tiempo), se puede llegar hasta otro alto en la sierra, y desde allí se alcanza a vislumbrar el llano grande de Paradiso, la torre de la abadía de Cristales, la autopista de seis carriles que baja al altiplano, el verde de los bosques, las primeras casas campestres, (…)”.

                                                                                                                                            “Angosta”

¿Cómo aparece lo poético -no la poesía- en tu narrativa?

facio10Por un lado, robo muchos versos. Robo versos ajenos. Algunos muy conocidos, incluso no los pongo entre comillas. A veces, al final de una novela, agradezco a los poetas vivos y muertos y pido perdón por haberme apropiado de algunos de sus hallazgos verbales. Cioran decía que a él no le gustaba la poesía así como no le gustaban los terrones de azúcar. A él le gustaba la poesía disuelta en prosa. Cuando yo no publicaba poemas, trataba de disolver la poesía en la prosa. Ese es un mecanismo que los buenos prosistas usan. Y es legítimo. Pero a mí también me gustan los terrones de azúcar, la poesía no disuelta, la poesía pura. Ahí disiento con Cioran. Al contrario, los que destilan demasiada poesía en la prosa y, en cada frase, hacen un aforismo o un verso, ¡eso es insostenible! No existe un lector con una concentración tan larga para poder soportar una novela repleta de poesía. Si recargas una novela entera con poesía, el lector explota.

¿Qué es un exceso de literatura en una novela?

A veces lo que quisiera sería regresar al grado cero de lo literario. Como somos sociedades y culturas que han nadado en el fenómeno literario durante siglos, a veces nos volvemos muy autorreferenciales. Escritores que escriben para escritores. Como hemos leído- y como muchos son académicos,- la literatura se vuelve un juego de iniciados. Y esa literatura no me interesa. A mí me interesa una literatura auténtica en la que los iniciados puedan descubrir cosas que otros lectores no, pero que ese otro lector pueda entender muy bien y pueda meterse en la historia sin un exceso de juegos y de artificios. Los artificios están más para complacer a una audiencia especializada, que para contar algo que tenga importancia o merezca la pena ser contado. Me refiero a eso, a cierta endogamia de los escritores que se relacionan sólo con otros escritores o con profesores de literatura y se olvidan del mundo, de que hay muchas otras cosas. Yo no leo sólo literatura, leo divulgación científica, ensayos, historia, periodismo, cosas que no son ficción. Leo todo lo que se me pasa por delante. Y ese contacto con otras disciplinas es bueno. Y también, con la gente común. Cuando termino una novela, me gusta entregársela a lectores no especializados, que gozan mucho leyendo y tienen apuntes más espontáneos y tranquilos que los especialistas. Yo estuve en la academia y estuve a punto de cruzar ese umbral y de volverme un especialista en el teatro de Lope de Vega. Pero renuncié a ese camino por amor a la literatura, por amor a las historias. Y ese amor a las historias no me acerca más al estudio metódico. Yo me formé en escuelas narratológicas, en los formalistas rusos, en estudios muy, muy serios y concienzudos en literatura. Pero llegué a saturarme a tal punto, que hoy leo mi tesis sobre Cabrera Infante, desde un punto de vista formalista y narratológico, y no la entiendo.

 

AL PIE DEL ÁMBAR (O ENTRE PARÉNTESIS)

 “(Aquí debo abrir otro paréntesis: fuera de los papeles de Davanzati, hubo un periodo en que me interesé también por sus desperdicios, y más aún, por los desperdicios de toda la casa, es decir de las señoritas Montoya, del doctor Molina –los míos, por sabidos, me interesaban menos- y los de mi escritor. Era curioso, era como un rastro, un pedazo descartado de la vida de todos ellos, pero un pedazo elocuente de lo que iban siendo, del pausado o disparatado transcurso de sus días. Davanzati tiraba su basura –salvo los papeles escritos, que seguramente vaciaba de su papelera- empacada en pequeñas bolsas de mercado, que empecé a abrir; (…) Contar lo que hallaba en las bolsas de las señoritas Montoyas, me aburre; en realidad, después de un par de semanas jamás volví a abrirles sus luctuosas bolsas, idénticas siempre y con un olor acre a incienso y mirra. Y en cuanto a los restos de mi escritor, ya les dije lo que solía comer y beber –una botella de vino cada dos días, una de ron o brandy a la semana-, pan francés, costras de queso, restos de grasa de jamón serrano, una hoja marchita de lechuga…, en  fin, ya dejemos este paréntesis aquí)”,

“Basura”

A vos te interesa más, tomando tus propias palabras, lo que los académicos entenderían como “basura”, los restos… Aparecen muchísimos en toda tu obra. No sólo en lo conceptual, sino los usos que hacés de muchos espacios. Lugares no muy prestigiosos, como notas al pie o los paréntesis.

No soy muy consciente de los mecanismos con que trabajo. Los restos y la basurafacio11ambar-insectos_816x544 tienen que ver, en la escritura, con lo que vale la pena y lo que no vale la pena. Y, sin embargo, en lo que uno abandona, en la duda, en el titubeo, en el intento de ponerse en las faldas de la lectora, ahí me nace el paréntesis. La lectora tendrá esa objeción, yo le contesto entre paréntesis. Entonces, el paréntesis, el inciso, la aclaración, lo aparentemente inútil se me vuelve imprescindible. Es casi un diálogo con quien me lee. Le digo “esto que yo desecharía te lo voy a decir, porque lo que tú estás pensando, yo también lo estoy pensando”. Yo traté de recoger todo este tipo de material en un libro que se llama “Basura”. También porque el libro anterior se llamaba “Fragmentos de amor furtivo” y les pareció muy frívolo a los críticos y a los académicos, muy poco elaborado. Entonces, hice un juego metaliterario y escribí un libro que pudiera gustarles más a los profesores. Fue una especie de venganza. Y decidí hacerla con toda mi basura, con todos mis cajones. Encontré ese esquema que me regaló un amigo, la anécdota de un vecino de un productor de cine que vivía en Madrid. Un día el vecino encontró un guión del productor, Querejeta, desechado en la basura.  Luego, iba siempre al cubo de la basura a ver si encontraba otro guion. Ahí estaba el embrión de la historia: alguien que busca en la basura de otro la inspiración desechada. ¿Quién no hubiera querido escarbar en la basura de García Márquez y encontrar los desechos de “Cien años de soledad”? O tantos papeles, borradores… A lo mejor, ahí había unas claves, unos secretos. En lo que uno no muestra o esconde, se cuelan temores, intimidades, cosas reveladoras. Pero, al mismo tiempo, el escritor que no corrige, en general, es un mal escritor. Yo concibo la literatura como un trabajo lento, de corrección, de quitar restos. Pero como me cuesta tanto quitar lo inútil, quizá por eso aparezca tanta basurita, tanto paréntesis, tantos incisos.

Nuestro señalamiento marcaba algo al revés. En las notas al pie de “Angosta” no hay elementos prescindibles. Aparte, el paréntesis y la nota al pie son como un monoambiente, una casita especial que vos le das al texto, donde el texto se destaca. Ahí hay una inversión de la lógica habitual. Ciertas cuestiones centrales de tu poética están en las notas al pie de “Angosta”. Por ejemplo, los retratos y las biografías de los personajes…

Se supone que, en la novela clásica, cuando aparece el personaje, uno hace el retrato del personaje. En vez de hacer eso, ¡tac!, lo mandé a la nota. Y eso me divirtió. Como en el cine o en el teatro, que se puede describir brevemente cómo es un personaje. Entonces, lo caracterizas, le pones la edad, la estatura, los vicios… Es un juego que en “Angosta” funciona. Y los paréntesis. Es que hay paréntesis de muchos tipos. Uso mucho el paréntesis, sí… No sé…

La página con una nota al pie tan alta y el texto arriba da como esta figura de capas superpuestas. Que también es la figura de “Angosta”, estos círculos concéntricos, como una milhojas… Y esa figura aparece también en el resto de tu obra: distintas capas de dimensiones de realidad: “la imaginación como filtro de lo vivido”, “la escritura como una manera de vivir más intensamente lo que se vivió”, la lluvia del texto que también llueve afuera… Fuera de tus narradores, ¿vos tenés esa mirada de lo real, como si fueran círculos concéntricos de dimensiones de realidad?

(Silencio profundo.)

Lo que tengo es mucha dificultad de ser muy consciente de mis procedimientos.Yo no sé bien… yo… yo… sé que, cuando trabajo, escribo muy rápido, soy muy buen mecanógrafo y, entonces, no tengo que desechar casi nada de la mente. Todo lo puedo ir aglutinando y superponiendo en capas. Y después debo echar mucho machete y borrador para que esa cantidad de capas, de asociaciones simultáneas,  funcionen. Y también tengo cierta confianza poética en que, si algo se asocia, es porque tiene algún sentido o podría tenerlo. Pero, cuando echo machete, no puedo quitarlo todo. Y aparecen ahí esas capas o círculos concéntricos. Como obsesiones que vuelven, reaparecen. Y son imágenes casi oníricas. Tengo una memoria tan mala…. Y, encima, trato de escribir con la memoria. Mi memoria crea, sola, con restos diurnos. Para decirlo en términos psicoanalistas -que no me interesan mucho-, pero, tratándose de Argentina…,

¡No! ¡Hay lugares en Argentina en que no funciona el psicoanálisis como un rey!

Yo tuve mi período psicoanalítico con una psicoanalista argentina, canónica, judía, que vivió aquí en el exilio…

La psicoanalista, si no es judía y argentina, no es canónica.

Fue desde los 18 hasta los 21 años. Y luego me curé de eso. Así como del catolicismo, a uno le quedan residuos, restos de la locura de ambas religiones: el catolicismo, el psicoanálisis…

 

EL ÁMBAR QUE SEREMOS

              “Mi padre era doctor y olía a limpio. /Me gustaba el recuerdo de su olor /sobre la almohada/ (…)/Por la mañana amaba/ las huellas de sus pies en las baldosas /y los rollitos de los calcetines /dejados en el suelo /y sus muchas corbatas en el clóset /tras el frasco de agua de colonia, Roger Gallet, que alguna vez regué. /(…) / Yo tocaba tambor en su barriga /y desde sus rodillas /en las lentas mañanas del domingo/rodaba piernas abajo por las espinillas. / Mi padre vacunaba por las selvas, /daba horas y horas y más horas de clase /en la universidad y también en las cárceles, /participaba en marchas de protesta /empuñando con furia sus pañuelos blancos /y publicaba artículos en los periódicos /diciendo el nombre de los torturadores, /«capitán tal, sargento hijo de tal», /denunciando secuestros, /asesinatos y desapariciones. /Yo lo quería tanto que, de niño, /había decidido morir si él se moría. /No lo cumplí de grande, hace unos años, /cuando no se murió sino que lo mataron. /Aunque era manso, /tal vez porque era manso lo mataron. /(…)era manso y valiente porque estaba en peligro y no sentía miedo /y su única arma eran las teclas /de una Olivetti azul /o el azul de la tinta de un bolígrafo. /(…) /Nunca entendimos que lo hubieran matado /ni que el traje con sangre /que me entregaron en el anfiteatro /pudiera ser su traje con su sangre. /¡Nunca sangre tan roja entre mis dedos! /Había en los bolsillos un poema de Borges, «Epitafio», /una lista de muerte con su nombre, /y una bala incrustada /en el forro del cuello. /La bala fue una de las seis que lo mataron /y no la conservamos; /los nombres de la lista /fueron siendo borrados,/ en los meses siguientes, /por los asesinos. /El poema decía: /«Ya somos el olvido que seremos». /Y es verdad. A veces lo olvidamos. /Yo voy a recordarlo el día que me muera.”,

“Memento”, Caracas, febrero de 1999

 facio2ámbar en chiapasaEl judaísmo, la academia…

Todas las religiones del siglo XX a uno le dejan las huellas.

Vos sabés que, cuando me mandaste tu libro de poemas, algunas sospechas que teníamos se confirmaron, de ciertas cuestiones aparecidas en tu narrativa encuentran una gran condensación en tus poemas. Por ejemplo, el modo en que el pasado deja huellas en los objetos… Como si las huellas de la mesa tuvieran la memoria de tu padre o, al tomar un florero, estuviera la huella de una antigua lluvia o del sudor. Los cuerpos se impregnan en los objetos para poder pasar. ¿Sos consciente de cómo la memoria queda pegada a los objetos?

Muy consciente no soy, pero soy un acumulador de cosas. No tiro nada a la basura. Voy mucho a anticuarios y compro objetos que no tienen mucho sentido. Últimamente, tengo la obsesión del ámbar. Y el ámbar es eso donde queda un insecto, una rana. Tengo un pedazo de ámbar bellísimo con una especie de escorpión o de alacrán adentro. Eso queda preservado en una gota de resina de pino, durante decenas de millones de años. Bajo la arena, eso se guardó perfectamente. Eso me fascina.

Una metáfora muy poderosa de la memoria. De sus huellas.

Casi todas mis novelas han surgido primero en forma de poemas. Ese poema de mi padre lo escribí en Caracas en el 2003, o antes, ahí podría estar el resumen de “Todo el olvido que seremos”. Y hay un poema sobre mis hermanas y la relación con la finca. O el poema del trópico, que anuncia lo que va a ser “La oculta”. Creo que aparece primero en esa forma decantada, en esa forma alcaloide de la memoria para que luego yo lo pueda hacer explotar. Es como si el poema fuera una gota de ámbar también. Un ámbar que conserva algo antiguo y, a partir de ahí, permite hacer una reconstrucción más extensa y contada de todo. Por ejemplo, en el poema “Memento” está todo “El olvido que seremos”. Luego, lo quise más claro, más largo… Pero del poema salta una chispa, un electrón, como decían los griegos, y esa chispa enciende la novela.

 

 LA INFANCIA DE UNA GOTA

 “Vive tu tristeza, pálpala, deshójala entre tus ojos, mójala con lágrimas, envuélvela en gritos
o en silencio, cópiala en cuadernos, apúntala en tu cuerpo, apúntala en los poros de tu piel. Pues
sólo si no te defiendes huirá, a ratos, a otro sitio que no sea el centro de tu dolor íntimo.”,

                                       “Tratado culinario para mujeres tristes”

facio5aJusto nombraste “El olvido que seremos”.  Allí decís que, a cualquier garabato que hicieras, tu padre lo consideraba escritura.  Y tu obra muestra esa génesis: a partir de un garabato, un resto, una huella deshilvana y anda ¿Todavía hacés garabatos?

Sí, sí. Aquí hay un baúl lleno de garabatos

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Yo hago y hago garabatos, esto está lleno de notas, de cuadernos, hay centenares. Aquí está todo. En cada una de estas libretas hay montones de ideas inconexas, siempre llevo cuadernos por todos lados.  Primero, nace en cuadernos feos o bonitos. Y tienen garabatos, por supuesto. Y tienen imágenes, dibujos, ellos me permiten pensar en cómo puedo organizar el espacio. Luego del garabato, empieza a desarrollarse la historia. La novela nueva se llamaba “El centro”, ahora el título es más complejo: “Tal vez el centro”. 

Es como el grado cero el garabato. Como si, a partir de ese centro, de ese aleph, se desarrollara la narratividad.

La idea es muy gráfica, visual. Hay un círculo y hay un centro. Es el centro de la ciudad, el centro de tu cuerpo, el centro de tu vida. El centro queda más o menos entre el ombligo y los genitales. Recuerdo poemas sobre el centro, recuerdo la dorada medianía. Hay un montón de asociaciones. Recuerdo el centro en el espectro político. Este es uno de los temas de la novela. Pero una novela tiene que contar algo. Aparte, tiene que haber música,  no se me puede olvidar. Le ando preguntando a la gente “para ti, ¿cómo es el centro? ¿Cómo debe ser el centro?”. El urbanismo del centro, por ejemplo, y escribo ensayos sobre centros de las ciudades. Y hablo con gente que anda en bicicleta…

Es como un centro móvil. Por ejemplo, “Angosta” tiene un centro desplazándose. Salvo el del ombligo, difícil de mover, parece que el centro se desplaza, por eso es inasible.

En las ciudades modernas, el centro se desplaza. Se abandona el centro cuando se pierde. Y es lo que pasa en “Angosta”. En cada barrio se produce una especie de centro, donde muchos caminos confluyen. En esta nueva novela, hay una “Angosta” todavía no partida en tres zonas, en tres grupos, en tres climas…

 El grado cero de “Angosta”.

Creo que me faltaba el embrión de “Angosta”, “Angosta” apenas en desarrollo. Es decir, anunciar por qué “Angosta” llega ser “Angosta”, a través de una historia, a través de alguien que dirige un teatro en el centro.

 

CENTRO AL ÁMBAR

 De repente,  cuando menos lo esperan, en plena oscuridad y cuando todos duermen, menos él, el oscuro silencio se vuelve un diluvio de relámpagos. Con el ruido y la luz todo se aturde y todo se ilumina.”,

“El amanecer de un marido”

Justo hablás de centro y nosotros tenemos marcados la cuestión de los núcleos duros. Escuchá esta cita: “La última mancha de tinta en la página izquierda era, simplemente, la inicial de su nombre. No su nombre completo ni su firma, sólo una letra en mayúscula y la tercera del abecedario.” En otra parte, dice: “Convertirse en otro es siempre una ilusión.” En otra parte: “El joven parece suspendido en esa eternidad que tiene la belleza, la cual sigue siendo siempre lo que es a pesar de las modas y los años.” ¿Hay un núcleo duro? ¿Hay un centro en la subjetividad interna y colectiva que sea inamovible?

(Silencio)

facio8No sé si lo hay, pero sí lo busco. Trato de encontrar ese núcleo duro que, quizá, no exista. Hay una imagen muy bonita en Peer Gynt, de Ibsen, la de  quitar las capas de la cebolla buscando el centro, la semilla. Y, en el centro de la cebolla, no hay nada. A veces, en la vida uno busca y busca y sucede como con la cebolla. Pero, en otras ocasiones, ocurre como con el mango, como el melocotón, donde sí hay algo adentro, duro, un núcleo donde se protege el ADN. Todo eso que vuelve a la tierra- por ejemplo, la semilla del melocotón-permite la sobrevivencia. Cuando caiga al suelo, lo que envuelve lo esencial es solo azúcar que le permite al núcleo sobrevivir, nutrirse mientras llueve, mientras encuentra tierra fértil.

¿Es deseable que haya un núcleo duro? ¿No sería un “más allá de eso no se puede ir”?

No sé si es deseable. Pero uno no puede buscar las cosas porque sean deseables,  la pregunta es si existen o no. Vos mencionabas antes el Big Bang, y a mí me parece que esa teoría es demasiado bonita para ser cierta pero, a lo mejor, pese a su belleza que parece inventada, es cierta. Es casi como religioso, todo estaba reducido a un punto infinitesimal antes del tiempo y del espacio y todo apunta hacia allá. A mí un poco me decepciona, yo preferiría una historia del universo más caótica, con más azar y sin un principio o un comienzo. Sin embargo, a pesar de que la imagen o la metáfora me decepcionen, quizá sea así.

Es parecido al proceso de la escritura…

Yo busco mucho si hay en nosotros algo puramente biológico que determine nuestra manera de pensar, de ser, que nos arrastre, que sean las riendas que nos llevan, nos dirigen sin darnos cuenta, una negación de la voluntad y del libre albedrío… Yo busco esas riendas y sería decepcionante encontrarlas. Pero, si existen, existen. No lo sé.

 

LLUVIA DE ÁMBAR O EL HASTÍO ENCAPSULADO

“No hay receta posible: ni los amores ocasionales, o cantos de sirena, que al cabo de los meses nos dejan sin cuerpo y sin aliento. Ni los semi-privados de libertad aparente, donde cada cual conserva su independencia, pero ni esta misma nos resguarda del tedio ni de la desconfianza. Ni el matrimonio calculado, puro contrato económico de conveniencia, que acaba siendo una cadena perpetua. Ni la compañera perfecta, diosa ideal que encierra en sí todas las virtudes físicas y mentales, pero que ni aun en tal caso es inmune al desgaste de los siete años (para las diosas inmortales siete años no son nada, pero a Ulises le parecen largos como la vida entera)”.

                                                                                   “Las formas de la pereza”

En uno de tus cuentos, del “Amanecer de un marido”, hablás sobre un escáner de los pensamientos. Y el narrador, mediante reflexiones, llega a una situación en la que, lo único que le queda a la literatura- como núcleo duro, digamos- son el amor y las pasiones.

Sin embargo, es mucho. Porque los seres humanos somos máquinas para detectar mentiras; para saber, por ejemplo, cuándo ustedes tres son interlocutoras mías sinceras, interesadas, concentradas en esta conversación. Y, a la vez, ustedes están viendo en mí, en mi manera de hablar, en mis gestos, qué hay de autenticidad, qué hay de pose. Luego, sacarán sus propias conclusiones. Y, en las relaciones de uno, con gente que apenas conoce, uno está con esa mirada un poco desconfiada siempre al comienzo. Por eso las relaciones amorosas ya de confianza, de tranquilidad, son tan agradables, uno baja la guardia. Y, cuando esa persona habla, piensa que lo que está diciendo, cada palabra, reproduce lo que está pensando. Y esa es una de las maravillas de una relación de convivencia. Uno pasa un largo período tratando de ver si esa persona a tu lado  sí es lo que es. Si dice, por ejemplo, que es muy honesta y justa, pero trata pésimamente al camarero, entonces lo que dice no tiene nada que ver con lo que actúa. En cambio, si vemos una correspondencia entre la manera de contarse y lo que hace, entonces, bajamos la guardia… Uno, en las novelas, trata de entender estas cosas.

Sin embargo, cuando uno baja la guardia y hay confianza y todo es explícito, ahí, el peligro es el tedio. El aburrimiento que también es una figura que aparece en tus textos. Y, para ir cerrando, este número de la revista tiene como tema el hastío. ¿Qué cosas te hastían?

Tengo un ensayo muy largo que se llama “Las formas de la pereza”, es el primero de un libro de ensayos. Me obsesioné mucho, leí muchísimas novelas y ensayos sobre el tema del hastío,  del aburrimiento, de la inactividad, del ocio. Palabras que tienen un campo semántico familiar. Tiene que ver con la experiencia de mi primer matrimonio. Yo no me he casado, pero me fui a vivir con la madre de mis hijos, a los 22 años. Y era la perfecta confianza. Y ella la perfecta bondad. Y todo lo que ella hacía estaba bien. Y no peleábamos ni discutíamos. Yo no me podía ir de esa relación. No tenía motivos para irme. Pero era desesperante…

¡Me imagino! Una meseta…

Era el yugo de la bondad, de la confianza y de la tolerancia. Eso crea unos barrotes de gran tamaño. Era imposible de romper para mí. Ese ensayo era el intento de entender el aburrimiento y el hastío en el bienestar. Porque, cuando uno está muy pobre y tiene que salir a luchar por su alimento o siente dolor o angustia, no  hay hastío. Es una condición del bienestar. Las sociedades que mejor están, se hastían más. Quienes están buscando darle de comer a sus hijos, no se aburren. Sufren, luchan, putean, roban, pero no se aburren, no tienen tiempo de aburrirse.

Una cosa que decís vinculada a los matrimonios “De mis dos esposas aprendí que se puede querer a una mujer y amar a otra sin sufrir el pavor de la bigamia”. Si el matrimonio es el hastío, ¿la bigamia no es mucho trabajo?

Eso que escribí no es verdad. Es un mal chiste. Ahí se me salió el mal poeta que llevo adentro, es decir, la insinceridad, la falta de pensamiento serio. La bigamia no es ninguna solución. Viví, por un tiempo muy breve, una especie de bigamia y creo que es devastadora para uno y para las otras, y no sirve para salir del tedio. O tal vez sirva para salir del tedio, pero provoca cosas más devastadoras que el tedio, aunque habría que añadir aquí también un paréntesis: (casi siempre).




DE SATÉLITES Y PLANETAS

El hastío: Sobre la monogamia.

Por Lourdes Landeira

 “El hastío es un vértigo, pero un vértigo tranquilo, monótono; es la revelación de la insignificancia universal. La paradoja de mi naturaleza es la de que siento pasión por la existencia, pero al mismo tiempo todos mis pensamientos son hostiles a la vida. He sufrido fundamentalmente de tedio. La palabra francesa que designa eso es absolutamente intraducible: cafard (desánimo). Tengo cafard. Nada puede hacerse contra eso. Tiene que pasar por sí solo.”

 Emile Cioran

 

NUBES EN COMBUSTIÓN

Como todas esas cosas en que nos adentramos sin percibirlo, la monogamia –al menos en estos tiempos y en el mundo occidental– parece ser el modo natural, único, de relación amorosa entre las personas. La familia nuclear conviviente y reproductora de vida. Uf, qué mal suena reproductora de vida. Tendré que volver sobre eso más adelante. Por ahora me quedo con lo amoroso y me pregunto cuánto hay de antinatural en que dos personas decidan ligar sus vidas en lo afectivo, sexual, económico, social y la mar en coche hasta que la muerte los separe. O quizá esto sea cierto y solo la muerte sea capaz de separarlas. No la de “que en paz descanse” sino esa otra, la de “que en el tedio sobreviva”.

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Natural –antinatural: seres humanos inmersos en una cultura, sea cual sea–, ¿puede haber un “anti” de lo inexistente? Si hasta la lluvia, la ácida o cualquiera de sus variantes, está mediada por la intervención del hombre (parece que en esto las mujeres no tenemos responsabilidad), cualquier viento que nos alcance viene empujado por las artes del cielo y de la tierra. ¿Cómo pensar el amor? Sí, hablo de pensar el amor, porque lo sentimos (más allá de la elección género-sexo que hagamos) de acuerdo a las pautas espacio-temporales que nos tocan en suerte o en desgracia, según con qué ojo acatemos o nos rebelemos. Cuánto de combustión de carbón y cuánto de nube de algodón (rimado o no) hay en esos ojos y en ese sentimiento, por ahora, no se puede medir. Por eso, ante lo inexplicable, recurrimos a la magia. Y sí, hay algo más allá y más acá de la atracción entre las personas. Ahí está la gracia. Ahí está eso por lo cual escribimos. Lo inalcanzable que perseguimos y nos persigue. Como nuestra sombra que, por turnos, nos precede o nos sucede. Como las calderas que alimentamos para calentarnos y en su interacción con el agua a veces nos salpican y otras nos inundan. Ahora bien, entre el amor y la familia, han pasado muchas y grandes tormentas. Las formas no monógamas (poligamia, poliandria, hordas y clanes) pertenecen al pasado primitivo (obvio, nos creemos evolucionados). Reconocemos en ellas la relación con los sultanatos, con el nomadismo, con la caza y la recolección y los correspondientes etcéteras. Sin embargo, nos es más difícil vincular cuán funcional al capital, al trabajo y al patriarcado es nuestro modelo de familia. Como siempre, lo más efectivo en términos de imposiciones es aquello que logra desprenderse de sus causas y así “naturalizarse”.

HUMEAN LAS CHIMENEAS

Ya en 1885, Engels, en El origen de la  familia, la propiedad privada y el estado, se ocupó de lo que nos sigue ocupando.

“El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada y, en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos, abolida (…) La monogamia no aparece de ninguna manera en la historia como una reconciliación entre el hombre y la mujer.”

Para que haya reconciliación, tiene que haber habido una pelea previa. Reconciliación, ¡qué palabra! Tan polifónica ella. Suena a dos amantes que renuevan sus pasiones o que, al menos, lo intentan. Lindo, ¿no? Suena a la teoría de los dos demonios que pretende congeniar a los genocidas con sus víctimas. Feo, ¿no? En cuanto al hombre y a la mujer, se trata de dar pelea, pero, a diferencia de otras batallas, para que no haya vencedores ni vencidos. Qué lindo slogan. ¿Utópico les parece? Lejos de banalizar el asunto, lo cierto es que las mujeres venimos dando batalla con la pretensión de que cada paso propio hacia adelante no implique un paso atrás de otro. La famosa equidad, como ya sabemos, no es lo mismo que igualdad.

Otra gran palabra en la anterior cita de Engels: abolida. Pueden pensar sus connotaciones con la invisibilización sistemática de las mujeres. Y, en eso, hay que coincidir con él: el sistema patriarcal de dominación del hombre sobre las mujeres sigue vigente, en su época y en la nuestra.
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Desde que a la mujer se le asignó la gestión del cuidado y del hogar y al hombre, el rol de proveedor y encargado de los asuntos públicos, mucha agua ha corrido bajo el río y mucho capital ha sido acumulado bajo tierra y volado, intangible, por aires y redes. Así divididas las cosas, el estado liberal se libera en pos de la libertad individual (ojalá fuera solo una especie de trabalenguas, pero no), a costa del trabajo gratuito de la mujer que limpia, cocina, atiende enfermos y, fundamentalmente, procrea y reproduce la fuerza de trabajo necesaria para que el capital pueda crecer sin límites (aunque el agua está escasa y cara en estos días: ¿rebeldía natural frente a lo antinatural de la obscena acumulación?).

Guerras y píldoras anticonceptivas mediante, las mujeres rompieron barreras y cruzaron el umbral. Sin embargo, aún cobran menos que los hombres por igual trabajo, las reuniones de “padres” de las escuelas siguen pobladas por mayoría de “madres” y la moral imperante juzga más condenable la infidelidad femenina que la masculina. Y como nada ni nadie nace de un repollo, esto también tiene una explicación. Los seres humanos somos mortales. Pero, ¡oh, qué problema!, del otro lado no se nos acepta con la carga de nuestros bienes materiales que, sin familia nuclear y mujer fiel, quedarían huérfanos al perecer quien los poseían. Ahora bien,  tranquilos, solos los hijos legítimos heredarán la riqueza o la pobreza. Contra viento y marea, todo pareció quedar bien ordenadito.

CRIANZA CONSTELADA

Trasvasados hoy algunos contornos, un espacio de roles compartidos –padres que cambian pañales, mujeres que no quieren ser madres, científicos que clonan ovejas– sitúa a la reproducción y crianza en un lugar central de la escena. ¿Por qué? Porque conviven múltiples discursos en constelación alrededor de la familia tipo.

Entre ellos, la práctica del divorcio, desde ya hace muchos años instaló la idea de las familias ensambladas: el típico lugar común de los tuyos, los míos y los nuestros. Un nuevo mandato, quizá, de permear la ilusión de frontera entre los de afuera y los de adentro, a través de la integración de  hijas e hijos “prestados”. ¿Les parece fea la expresión “prestado”? Sepan que no es de mi invención, la escuché recientemente como alternativa a “viene con: mochila, paquete, carga” y otras lindas expresiones no eufemísticas de ensamblado. También, porque entre quienes deciden criar (mientras la procreación poco a poco intenta deshacerse de la categoría de mandato) se multiplican las opciones. Sin pareja, únicamente como proyecto de pareja, con pareja pero sin que uno de sus integrantes se involucre por haber  manifestado de antemano su no compromiso con la mater/paternidad. Y siguen las variantes. Incluso, hay quienes deciden que su pareja sea el padre/madre de sus hijo/as, aunque sepan que no es la persona con quien quiere compartir el resto de su vida, sino una parte de ella.

Además, porque la ciencia –nuevo dios todopoderoso– sin gracia del espíritu santo, apareció en la intimidad del sagrado hogar para decir: “tú sí puedes”. Suena mal, ¿verdad? Connota a “sí se puede” pero no olvidemos que, aunque quieran borrar la historia, excepto la de la “reciente pesada herencia”, la potencia de ser tiene siglos y es nuestra. Perdón por el paréntesis, vuelvo. Hoy, bancos de semen, vientres alquilados, el amigo dispuesto a poner la “semillita” como dios manda o con jeringa, hacen posible familias –por elección (las impuestas por abandono de uno de los miembros que había jurado amor eterno son otra cosa)– de uno, dos o tres padres/madres gracias a algún entrecruzamiento de genes y biología. Por supuesto, esto abre nuevos paradigmas respecto a la identidad y su relación con lo innato y lo adquirido. Pero eso es harina de otro costal y no quiero, acá, multiplicar ramificaciones.
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Así las cosas, sin las redes de contención de tías, abuelas y vecinas dispuestas a ofrecer su fuerza de trabajo por “vocación” para cuidar niños, enfermos y ancianos,  las tareas se tercerizan y, a las jerarquías entre los hombres, se suman las jerarquías entre las mujeres. En el medio, la infancia: cada vez más signada por el reloj que por el juego.

Si fuera este un momento de transición, ¿hacia dónde conduciría? ¿Cuál sería el próximo paradigma? Quizá no uno que sustituya una moral hegemónica por otra. Quizá, la monogamia llegue a ser una opción y no un destino. Claro que la elección de un momento puede no mantenerse en el tiempo y, entonces, si dios ha muerto, ¿quién y cómo los cría?

Imaginar otras formas de distribuir el cuidado parece necesitar del quiebre de las estructuras familiares imperantes, cruzar el umbral de lo público y lo privado, de lo individual y lo colectivo. Habrá que ver qué dicen “el capital” y el “estado” al respecto.

VIENTOS Y VERBOS

Puertas adentro, sin hacer distinción entre ricos y pobres, los celos- como el viento- cambian de velocidad para ser brisa o tormenta, según la  fluctuación del amor al desamor que los protagonice. Ráfagas de recurrente amenaza a las parejas monógamas, al ideal de exclusividad y al carácter posesivo del amor.
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Ahora bien, poco a poco, hubo quienes comenzaron a preguntarse por qué, si se podía amar a más de un hijo, a dos abuelas, a tres tías, a cuatro primos, sólo podía amarse a una pareja, al menos a una por vez. Y, cuando aparecía una atracción por alguien más había que elegir: reprimir el sentimiento o ser infiel, una persona u otra. Una telecomedia de hace casi veinte años, ponía en la pantalla de los hogares argentinos a un Guillermo Francella que amaba “genuinamente”, al mismo tiempo, a dos mujeres. La diversión estaba en los enredos del personaje para mantener a sus dos amores. Separados, claro, sin que una supiese de la otra. No recuerdo, no sé si alguna vez supe, cómo terminó esa ficción. Lo cierto es que en la realidad comenzaron a circular nombres: poliamor, amor libre, polículas, núcleos afectivos, agamia, anarquía relacional. Y lo que tiene nombre, existe. Con o sin convivencia, matrimonio mediante o fuera de la categoría de “pareja”, con o sin reglas, las formas de amor no monogámicas empiezan a ser una alternativa. Y quizás ahí esté la novedad, en la posibilidad de pensar y tener distintos tipos de relaciones.

DESORBITADOS

La lucha por la conquista del espacio, durante la Guerra Fría, vio nacer a los satélites artificiales para orbitar alrededor de los planetas. Su condición de no naturales incluyó un tiempo de vida útil específico. Una vez cumplido su ciclo, la altura de su órbita los convierte en basura espacial o los regresa, desintegrados, a la atmósfera.

La pregunta hoy es, dentro del artificio relacional, cuánto de satelitales y cuánto de planetarias serán estas nuevas categorías que constelan alrededor de la monogamia. Con los vehículos enviados al espacio por las grandes potencias con pretensión de hegemonía, convive hoy el Arsat –primer satélite geoestacionario argentino–. Desde allí –lugar de los cielos– transporta a los hogares –hábitat de nuestras familias– señales de televisión e Internet. Si la supremacía del vínculo nuclear abrirá la puerta para salir a jugar y volver íntegra a casa o si esos nuevos nombres se harán canal de comunicación y alternancia frente al ideal amoroso de la pareja de dos, eso está por verse. También, cuánto se tejerá de red: esos de hilos entrecruzados, con huecos por donde respiran las individualidades. También, cuánto será interpelada la noción de propiedad, herencia, crianza, si los adentros tienen tantos afueras constitutivos y si el Arsat ya no es política pública sino negocio de privados. Entre estos y otros interrogantes hablan las narraciones.
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 “Elegir el poliamor no significa que automáticamente apretás un botón y tus celos se esfuman. Lo que sí significa es que intentamos entender el porqué de las inseguridades que sentimos.(…) Mis dos relaciones ocasionalmente tienen problemas como tendría cualquier relación, pero en este punto esos problemas ya no se basan en que seamos tres. Tengo el mismo tipo de discusiones y desacuerdos con mis parejas que tiene la gente monógama: cuando yo estoy susceptible y me siento herida por algo; cuando algunx está estresadx y tiene actitudes cortantes; cuando empezamos una pelea absurda sin ningún motivo.”  

El textual es solo un fragmento de lo que escribe Angi Becker Stevens, en www.amorlibre.org. Su familia se compone de su marido, la hija de ambos y su novio (de Angi, no de la hija). Pronto van a comprar una casa más grande, para convivir. Los cuatro.

SIN GRAVEDAD

Si cuesta pensar una relación de tres, sepamos que la cosa no termina ahí. Hay convivencias múltiples. Me pregunto, por ejemplo, qué pasaría si el novio de Angi se enamorara de otra persona. ¿La llevaría a vivir a la misma casa? Entonces, el marido de Angi y la novia del novio de Angi, ¿serían monógamos con parejas poliamorosas? O quizás ellos tengan otras relaciones “declaradas” en el núcleo conviviente, pero con cama afuera. Y siguen las opciones y crecen los y las hijas.
Gravity
“De pequeño vivía con mi padre, mi madre, el compañero de mi madre y, durante una temporada, la compañera del compañero de mi madre. Mi madre podía  llegar a tener hasta cuatro compañeros a la vez. Papá también tenía sus compañeras, así que me crié en una red interconectada de adultos que mantenían relaciones no excluyentes pero con compromisos que podían prolongarse durante años, incluso décadas (…) El hecho de que hubiera más adultos de lo normal en casa se traducía en más amor y apoyo y más ojos que velaran por nosotros.(…) Crecer en ese crisol contribuyó a ampliar mi perspectiva del mundo y a forjar mi personalidad (…) Los buenos padres lo son sin importar el número. Por suerte, los míos eran increíbles. Tampoco creo que las relaciones poliamorosas sean mejores que las monógamas. Sencillamente, son distintas, pero me gustaría que no estuvieran tan estigmatizadas (…) Pasamos gran parte de la vida sufriendo y luchando; el resto es amor y buena pizza. Para un fragmento de tiempo cósmico que pasamos en este diminuto grano de arena que llamamos Tierra, ¿no podemos sencillamente aceptar que el amor es amor, ya sea entre razas, entre personas del mismo sexo o entre más de dos individuos? La discriminación del amor es una enfermedad del corazón, y para contraerla ya tenemos la pizza.”

En este caso, quien dice es Benedict Smith, su relato se puede leer completo en la revista “Vice”, bajo el título “Crecí en una familia poliamorosa”.

EL COMETA H

Hasta que la muerte los separe o el tedio los sobreviva, dije al principio. Y retomo. Los celos, ya mencionados como elemento amenazante de variadas intensidades, manifiestan inseguridad, temor a la pérdida, inminencia de vacío. ¿Qué cosa podría querer la otra parte que fuera para ésta imposible de dar?

La novedad.

Si bien somos seres dinámicos, cambiantes, hay rutinas que se instalan en las parejas como esqueleto. Al igual que los huesos, las costumbres pueden ser duras y blandas y tener variadas formas y funciones. Los huesos, restos inertes tras la descomposición del cadáver, son tan vitales como cualquier órgano, desde el nacimiento hasta la muerte. Si en el medio se instala el tedio y perece el deseo, la fractura –como ausencia omnipotente– impone su presencia. Entre la amputación y la prótesis juegan las variantes de amor, sexo y despojo.
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“Yo sé que el sexo, muchas veces, no es otra cosa que el disfraz del amor, su horrible máscara, y no tiendo a confundirlos, porque yo sé que uno puede sentirse enamorado porque desea solamente. Claro que a veces he pensado también que quizás es el amor lo que disfraza al sexo, o más aún, porque su disfraz no es grotesco sino ameno, el amor vestido de gala, dominguero, del sexo, lleno de todos los aditamentos que han inventado durante siglos los poetas, de todas las melodías, canciones, bailes, colores y galanterías ideadas durante siglos por los innumerables amantes de los tiempos presentes y de los tiempos idos”.

Esto le hace decir Héctor Abad Faciolince al protagonista de uno de los cuentos de El amanecer de un marido. En el cuaderno previo a su suicidio, la esposa lo acusa de ser como un cohete de la Nasa. “Como el Apolo, que mientras va ascendiendo a toda velocidad hacia el cielo, hacia los límites de la atmósfera, hacia la luna, se va despojando de los pedazos que lo ayudaron a subir.”

El amor libre, ¿será libre de qué? Quizás de cambiar de ropa para esquivarle el bulto al hastío.

Como los cometas alrededor del sol, cuando el “cafard” se instala en las parejas, trae cola.

GALÁCTICA

Aquí no sé cómo seguir. Voy a valerme de las palabras, compañeras múltiples e insustituibles.

“Mono”, además de esos simpáticos animalitos de los que venimos, es “uno” de algo y muchas cosas más. Busquemos por ahí a ver qué aparece. “¡Qué mona estás!”, expresión usada (actualmente casi en desuso) para decirle a una que está linda. “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, dicho popular para expresar que por más que las feas se disfracen, seguirán siendo feas. Entonces, ¿en qué quedamos? “Mona”, ¿es la linda o la fea? Sí, otra vez el lenguaje y sus trampas. Yo me quedo con las dos y le doy uso según la ocasión. (esa tendencia a la rima, siempre ahí, como sombra acosadora, inseparable; ¿será la búsqueda de armonía, de continuidad de sonido, de perseguir lo antedicho sin transformarlo?)  Ahora pienso en otra palabra: monoambiente; desde hace un tiempito, el furor de la construcción. La industria inmobiliaria, intermediadora entre nosotros y nuestros hogares, edifica departamentos pensados para una sola persona: no se precisa ir de la cama al living, todo está en el mismo lugar. Solo para el baño queda reservada la obligada puerta divisoria. Que si alguien nos visita vea nuestra cama (hecha o deshecha) está muy bien, pero hacer públicas nuestras deposiciones ante eventuales visitas, no, eso no va. Demasiado “natural” para mostrarlo; hacerlo en público lo reservamos a los perversos y a los primitivos (recuerdan que nos consideramos evolucionados, ¿no?, y además, bien sanitos que estamos). Lejos de cambiar pareja exclusiva por pareja ampliada, estos “monos” estarían diciendo: sin pareja. La preposición coló la falta en el discurso. Aunque “sin” es también prefijo de sincronía y sincronía es concordancia. Lo sabía, me meto con las palabras y todo se complejiza. ¿Les pasa igual? Y así, en asociación libre, escribo ahora: “¡Qué mona estás con ese mono!”. En este caso, la linda o la fea, no está con ningún primate ni con ningún señor lindo o feo; está vestida con un enterito; en mi frase “mono” es la expresión moderna para denominar una prenda única. Lo viejo y lo nuevo se mezclaron en mi exclamación y la cola, ahora, viene del lado de lo “entero”. Entonces, la mixtura; el vacío de la falta y la cubierta que la disimula. En el medio, innombrado en toda su intensidad, el deseo como sol y sombra (cantado, aunque no lo veamos siempre está. Y si alguno falta –sol, sombra, deseo–, estamos en problemas). Lo sabía, me meto con las palabras y todo se simplifica. ¿Les pasa igual?
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Ahora voy con “gamia”, que es sufijo y por eso viene después. Tiene una variante, también sufijo, gamo/a. Y ahora me entero, tiene función como prefijo; la encontré en ‘gamopétalo” y se refiere a los pétalos de la flor soldados entre sí (por unidos, no por servir a ningún ejército). Tiene su antónimo: dialipétala. Según dónde se consulte, quiere decir “separados” o “libres”. Ya me pregunté antes, ¿libres de qué?, y en este caso me respondo que debe ser libres de estar pegoteados todo el tiempo, porque en definitiva, están unidos al mismo tallo. Creo haber encontrado la pregunta. Más allá de los medios de producción, las leyes del mercado, los sistemas de dominación del hombre por el hombre (¿dónde están las mujeres?). ¿Cuál es el tallo que une a las palabras que hoy nos ocuparon –monogamia, poligamia, agamia–, si es que existe?

El tallo; voy en su búsqueda y pienso: quizás nuestra ilusión de ‘‘enteritos”  nos hace pensar que podemos vestir nuestra soledad existencial (sombra inseparable) con otro/a “no enterito” que se ilusiona con lo mismo. No hace falta citar acá la tan repetida cita de Lacán: amar es dar lo que no se tiene a quien no es. ¿Cómo saberlo y aun así seguir queriendo? Cioran habló de la paradoja de su pasión por la existencia frente a la revelación de la insignificancia universal; unió vértigo (movimiento) con tranquilidad (quietud) para hablar de su tedio ineludible. Cuando no hay palabra que sintetice, nos apropiamos de varias, no para repetirlas, para darles nuevo sentido. Entonces, hastío: vértigo tranquilo. Ahora, ¿cómo que nada puede hacerse contra eso? Más acá de los medios de producción, las leyes del mercado, los sistemas de dominación del hombre por el hombre (sí, ya lo dije, ¿dónde están las mujeres?), insistimos en ataviar nuestras formas de relacionarnos porque buscamos esa inalcanzable a la que queremos llegar. Y como no hay “palabra compañera” que nos haga un té cuando llegamos con frío y sed a nuestra morada, intentamos encontrar que nos lo haga otro/a. O que uno que caliente el agua, otro deje reposar la infusión y otro nos los sirva. Habrá que ver qué dice la industria inmobiliaria, el capital, el individualismo sobre esto. Algo parecido creo haberme preguntado más arriba. Les deseo tengan el deseo de buscar respuestas. Como más les guste.

Héctor Abad Faciolince, el escritor colombiano entrevistado en este número pensó acerca del matrimonio ideal y lo escribió. Pueden leerlo acá: El matrimonio ideal 




CRÓNICA DE UN ATARDECER DISTINTO

El Hastío: sobre un recital de Liliana Herrero

Por Magdalena Mirazo

UN ALIVIO ROJO

“¡Qué linda música!”, dice Liliana Herrero, la noche del 4 de agosto en el teatro El Picadero. “En este día, solo podía aliviarme un poco, cantando.”

También, ante el fallido intento por detener, a la hora de la ronda de las Madres, a Hebe de Bonafini, la música cerró el puño. Así, el alivio fue rojo. Anteojos rojos para encender las letras y zapatos rojos para guiar los pasos. Una pollera superpuesta al pantalón entrevera meneos de la voz y el resto del cuerpo, en cada canción.

En ese ambiente cordial, de buenos anfitriones, en una preciosa sala repleta de nosotros –los espectadores- y de ellos –los cuatro músicos, sucede el concierto. Tocan Pedro Rossi- en guitarra- Martín Pantyrer- en bajo- y Mario Gusso, en percusión.

Así, se larga el tiempo singular de la música. El tiempo, un asunto sobre el cual Liliana ha vuelto en más de una ocasión. De hecho, de su último disco, Imposible, dice “es un ensayo sobre el tiempo, la verificación de que nada regresa del mismo modo, un imposible que no paraliza sino que transforma”. Y si de transformar se trata, la presencia de esta cantora y sus músicos transforma el espacio ni bien se encienden luces, voces y acordes.

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¡QUÉ NO VA A LLEGAR AL MAR!

Y entonces el folclore argentino y el uruguayo, “me gusta el este, yo quiero ir hacia el este” comenta Liliana, no se hacen esperar. Trae, por ejemplo, “Brillantina de agua”, de la uruguaya Ana Prada, y nos canta:

   Una chalana deriva/ en las curvas del rio Queguay/ la orilla le irá mostrando/ que rumbo tomar./ Brillantina de agua/ rompe en el roquedal/ corre corre…

Ellos están sentados en forma de herradura en el escenario, el lugar es compacto y los vemos muy de cerca. Se miran, se entienden y nosotros empezamos a sentirnos barcaza en el rio que fluye, con las primeras estrofas de la canción. Tranquilos o inquietos según la correntada. Nos sujetamos a la madera y se nos meten las humedades y los ruidos de cada uno de nuestros ríos.

Montecito guacho/ sordo de trinar.

Hasta podemos levantar los brazos y rozar las hojitas, el verdecito de la infancia.

Sólo por el sauce/ se deja acariciar./Brillantina de agua/ rompe en el roquedal/ corre corre corre…

Para enterarnos, finalmente, en el lamento de su voz, de la desdicha del río:

Será que me enseña a escuchar/ el dolor que lleva adentro/ será que me obliga a contar/ que no va a llegar al mar.

Muchas de las letras en el repertorio de Herrero presentan esta recurrencia a elementos del mundo que despliegan su hablar (como quien dice, “su cantar”) ante nosotros. Es cuestión de poner bien el oído. La mímesis ”una identidad entre el canto y la naturaleza” dice, ofrece a nuestra disposición el lenguaje de las geografías. Mundo y hombre se abrazan en la letra de estos temas. Podría decirse que le da una mirada plástica al tema “la música se parece a una especie de tela en la que se pinta”.

LINTERNAS SOBRE LAS RUINAS

Antes de escuchar “La noche”, del sanjuanino Buenaventura Luna, nos llega la voz de Liliana que cuenta, construye a Luna como personaje, lo inviste de biografía: “locutor, teórico del folclore, fundador de grupo “La cuadrilla de Huachipampa” y peronista de los años‘40”. “La noche” forma parte de “Imposible”, su última grabación. Pero algo se hace posible en este disco: por primera vez, incluye un tema de este cantautor. Y, aunque ella nos invite a buscar la versión original, ya no será lo mismo leer el poema después de haber escuchado su interpretación. El desgarro de los versos se tamizó a través del grano de su voz. Al sacarle el estribillo y ligar las cuartetas, hace otra lectura. Versiona y refunda la poética, en combinación con los instrumentos, todos graves en este trabajo. Ella misma lo afirma “Éste es un disco nocturno”.

El video de este tema se filmó en Córdoba, en el estudio de Hugo Abeta, artista plástico: “hizo una obra enorme, entrás subiendo una escalera y desde arriba las ves: son las ruinas de una biblioteca. Es una maqueta gigante basada en fotografías de archivos encontrados de la represión de Stroessner en el Paraguay. Cuando hicimos las fotos con Nora Lezano nos puso en la oscuridad total y nos iluminó con linternas. Cuando está la noche, está el imposible”. 

PALABRAS FÁCILES

Entre un tema y otro, Liliana nos conversa. Ubica cada canción en su origen, su contexto, su paisaje y las condimenta con las ideas de su trabajo a través de los años. Comparte e insiste “cada vez pienso más en la música como una pintura, y como un espacio, que se expande”. Por un instante, olvidamos nuestro pasado reciente para oscilar entre la belleza de la poesía y la ingravidez de los sonidos. Las palabras de cada autor enraízan, nos penetran y nos proporcionan un goce enorme.

El repertorio transita el río, las quebradas y lame varias veces el litoral rioplatense. También pespuntea la ideología o simplemente: “A veces, canto una canción por una frase”, como en este caso, en “Garzas Viajeras”-de Aníbal Sampayo, sanducero, además:

   Hay un barquito que se hamaca sin cesar/ varias muchachas navegando por placer/ y allá a lo lejos canoa de pescadores son signo de sinsabores/ qué distinto atardecer.

Y, por unos segundos, levanta un ala y vemos su intimidad familiar, “Me dijo mi nieta, un día, para una charla que quería que diera en su escuela: vos hacé un resumen, con palabras fáciles, como si tuvieras que hablar en la casa de los pescadores de que distinto atardecer.

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Siguió la “Chaya de la albahaca” del Cuchi Leguizamón y Armando Tejada Gómez: “¿la canté bajo, no? Porque no tengo ninguna armonía cuando canto la chaya -dice- sólo percusión.”

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Otra vez ingresa el concepto de temporalidad, con esta versión más corta, con otro orden de las estrofas en “La casa de al lado”, de Fernando Cabrera. Allí el autor muestra a la eternidad “como la coexistencia de todas las épocas al mismo tiempo, en el mismo instante”, y estruja un poco más el trapo que ya tenemos en las manos. Porque la hebra de la eventualidad se enredó también en nuestra ropa y, desde allí, cae otra gota.

LA ESTRELLA DE BELÉN

   “Si me voy volveré/ porque Catamarca me crece en la sangre…” “La Catamarqueña”, de Manuel J Castilla y Eduardo Falú, “sigo con la cuarteta, no voy al estribillo, lo dejo para el final. Quiero que vaya creciendo, no la interrumpo, la dejo andar.(…)Y me hago dos preguntas: cómo se puede hacer andar y cómo puedo cantar sobre un lugar que no conozco.”

No queremos irnos. Solamente vivir esto, escuchar cómo cada palabra es sostenida por una nota. No hay hambre, no hay cansancio del día trabajado y, por un rato, se anestesió la rabia del presente político. Hasta que, al salir, nos raspe otra vez la realidad. Pero falta aún, queda algo más de música y metáfora.

En el cordaje de un arpa,/viejo telar milagrero/teje en la noche un arpero/ zambitas que han de llevar un cantar/hasta el cielo”: “Carita Morena”, de Raúl Juárez, “es la primera zamba que me enseñó mi padre allá en Entre Ríos.”

MEJOR QUE LO IMPOSIBLE, LO INESPERADO

Quizás, demasiado rígido el concepto para almas tan sutiles. Es más fácil pensarlo como lo contrario a lo posible -por lo menos- en un determinado momento, en el hoy.

Y sin embargo, esta vidala de Juan Carlos Franco da nombre al disco.

Viendo pasar una nube/ le dije ¡ay, llévame!/ tan alto como tú subes/ y se alejaba diciendo:/ ¡Imposible!, ¡Imposible!/Viendo brillar una estrella/ le dije ¡ay, quiéreme!/ como la nube eres bella/ la estrella brilló diciendo:/ ¡Imposible!, ¡Imposible!/¿Para qué quiero mis ojos?/ ¿Mi ojos para sirven?/ Mis ojos, si se enamoran/ y se apasionan viditay/ De imposibles/ De imposibles/ De imposibles…

Aquí, lo escrito por el lápiz de la historia forma parte del relato: “El teniente Juan Carlos Franco fue el defensor oficial asignado al anarquista Severino Di Giovanni al momento de su detención. Su proceder le costaría a Franco su baja del ejército, encarcelamiento y destierro.”

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No hay un punto cero de la historia –opina-, los gobernantes que piensan así se equivocan”, y como su disco que pretende ser “un viaje posible de la memoria al presente” explica que “toda esta memoria nos está esperando: es como si yo quisiera cantar sin pensar que hubieran cantado Mercedes Sosa o Billie Holiday!” 

A MI TIERRA SAN JAVIER

Tiene un recuerdo, emotivo, para Raimundo Ongaro (dirigente del sindicato gráfico, fallecido el 1 de agosto de este año), “un luchador, un creyente y un gran hombre. En 1968 o ’69, siendo muy jovencita, le canté esta canción en la CGT de la calle Córdoba de Rosario. La canté temblando, porque además, era muy buen mozo”.

   timbó, laurel, curupí/ no he de morir sin volver/ y he de volver a morir/ en tus costas, San Javier. (Del santafecino, Julio Migno).

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LA IDEA RECURRENTE

Vino boyando en el tiempo/ de un río largo/ y se fue quedando/ despacio…/Lleva el lucero dormido/ sus ojos lacios/ ya no pierde el tiempo soñando…/Junto al fogón islero/ me va contando/ de sus vacas perdidas/ de peones olvidados/ de crecidas …/ de taperas … / y de pájaros…

   “Para mí debió decir: “Vino boyando en el río de un tiempo largo…”, Chacho Müller, en este “Tiempo del río largo”. Y agrega, a nuestro pesar, “estamos perfectos, pero no sabemos qué hora es. Hay actores, trabajadores de la cultura que vienen después de nosotros.”

 BUENA VIDA PARA TODOS

La despedida es corta, después de la hora y media compartida. Momento de fotos para el recuerdo y el testimonio. Final de fiesta.

“Buena vida para todos”, nos desea.

   Empiezan a sonar los acordes de “El tiempo está después”, nuevamente Fernando Cabrera.

Un día nos encontraremos en otro carnaval.

 




PIEDRA LIBRE

El Hastío: Sobre “la Oculta”, de Héctor Abad Faciolince

Por Cecilia Miano

LA BATALLA POR LAS PREGUNTAS

El tiempo sin tiempo, como si la vida unademagiaporfavor-epub-pdf-ebook-libro-la-oculta-hector-abad-faciolince-alfaguara-2015-portadapasara por otro lado, de modo que cada hastiado se declare incapaz de acrecentar nuestros sentidos. Allí quedan afuera preguntas como:¿qué hago con mi vida?, ¿hacia dónde voy?, ¿puedo cambiar de rumbo? Su lugar lo ocuparían otros interrogantes: ¿qué cenamos?, ¿cuánto es la factura del gas?, ¿va a llover? Cuestiones no desdeñables, pero que no justifican el desplazamiento de las otras.

 

LA ESTANCIA “LO IRRELEVANTE”

descarga (1)El enlace de palabras para poder contar sentimientos encontrados es un juego de escapes. En zona de lo irrelevante, el tiempo que no corre, solo pasa, aparece la imagen de una estancia: “La Oculta”, de Héctor Abad Faciolione, es una novela autobiográfica. El texto propone solaces de recuerdos colombianos hilvanados en huellas, donde las sombras se despiertan para cargar el tiempo de acechos, como si todos los horizontes se pusieran de acuerdo para resplandecer con el mismo ardor. Y eso solo para sostener el suspenso de la inercia ajena, la de esos otros y la de todos los empeñados en seguir el vaivén de certezas desperdigadas en objetos. Horizontes llenos de preguntas y respuestas.

En “La Oculta”, las montañas delimitan los detalles que cuentan la historia, en pequeñas mañas con las que solemos encontrarnos a diario: un recuerdo, un objeto, una añoranza toman el protagonismo suficiente  para lograr el acercamiento perfecto a los  tres hermanos: Eva, Pilar y Antonio. Ellos, en primera persona, se atreven a ser únicos, a no tener pretextos a la hora de decir, de sentir y de hacer

Simple comienzo, se muere Anita, la madre.

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DESOCULTADA

“La Oculta , sobre la mesa de luz, ilumina las preguntas entrañables. Las cuela entre la cena y la lluvia. Y las trenza. La lectura me tiene en un recule gozoso. Llega despacio, con personajes que hacen espejo con retazos de mi biografía, con fragmentos que me extrañan

Ricardo Cárdenas artista antioqueño.
Ricardo Cárdenas artista antioqueño.

Faciolince , en “La Oculta”, pone cada instante de tiempo en cada porción de objeto circundante. Reinstala, así, las preguntas en el tacto. Son esas preguntas dispuestas a hacer una declaración de herederos sobre jarrones y alfombras, sobre sombras y recuerdos. Por eso, este texto me desordena y me vuelve a ordenar, me muestra y me esconde a la vez. Despierta en mí  “Una Oculta” y teje biografías que, en el tiempo de la cronología, jamás se han cruzado.

 

LA TIERRA HABLA

Los muertos no hablan, los muertos no sienten, a los muertos no les importa que los vean desnudos, pálidos, demacrados, en el peor momento de su vida, por decirlo así. O quizá haya un momento aún peor, bajo tierra”: En esta novela, la muerte  toma cuerpo. Se la interroga y se la hace interactuar en los personajes, les toca el cuerpo a los vivos mientras descargaviven. Y no solo cuerpos toca la muy brava. No se priva de dejar sus huellas en los espacios: en una especie de vuelta, la estancia aflora por entre las montañas para participar a los que ya no están. Así es capaz de atravesar límites conocidos y volverse personaje. Tierra y muerte, muertos y tierra conviven.

 

(Cuaderno secreto de una lectora: Me pregunto casi todos los días por la vida, nunca me pregunto sobre la muerte porque la supongo un momento de alta intensidad, de encuentros atrasados, de palabras sin decir, de andar de otro modo de ida siempre. ¿Qué será, allá, bajo la tierra?, ¿cómo serán los encuentros sin cuerpos, sin bocas para decir, sólo con luz, para iluminar las miradas de recuerdos perdidos en fotos o en memorias?)

Cesar del Valle
Cesar del Valle

Evidentemente, la resistencia a dejar la tierra persiste intensamente en la estirpe que habita “La Oculta”. Antonio, por sobre todos, es el más necesitado de guardar la historia en palabras. Sus ansias por materializar estos recuerdos remiten a sus necesidades más básicas: dejar una herencia, dar cuenta de lo ocurrido antes de él y después de su propia muerte.

Eva, en cambio, se conecta de otro modo con su padre ya ausente: “Leer una novela ya leída y subrayada por mi papá era como volver a conversar con él a través de la historia del libro; era como si lo estuviéramos leyendo y comentando juntos en la finca, como habíamos hecho muchas veces en la vida, de una hamaca a otra, por las tardes, o en el cuarto de ellos, que había sido el mismo de los abuelitos, o en el comedor, durante tantos almuerzos de la tarde. A veces me detenía en la lectura para pensar en la historia e imaginarme las situaciones de lo que estaba leyendo.”

Huellas para Antonio, para Eva y también para Pilar. La necesidad de encontrar los timbres en esas voces apagadas para evocarlas con sutiles tonos de memoria fresca, de recuerdos calientes. Claro, aunque no sea tan fácil de aceptar para Pilar: “Pero la mamá de la abuelita, o el papá del petroglifos-lasbuseticas-495x347abuelito, que nunca los conocí, y ni siquiera sé qué cara tenían o cómo se llamaban, esos ya no me importan nada. Y de ahí para atrás mucho menos, pues están requetemuertos y requeteolvidados.(…)A lo mejor algo de ellos sigue vivo en mí, pero como no sé qué es, ya no me importa. Será heredado, pero ahora es mío, y listo.”

A su vez, esa tierra que forma parte del refugio familiar es también el lugar común de encuentros entre pasado y presente: cuestiones caprichosas de ayer y de hoy,  de mochilas cargadas en rústicas maneras de interpretar el futuro.

EVA:

Bastaba que yo llegara a La Oculta para sentir algo especial, como una euforia por dentro, mezclada con serenidad, una alegría tranquila, una compenetración con las montañas, con los ruidos, con los infinitos colores de las flores y las frutas, con la brisa que subía del río, con el agua oscura del lago, con el canto de los pájaros al amanecer, con la luz intermitente de los cocuyos y el llamado del currucutú por la noche, con el chirrido de las chicharras al mediodía, con el vuelo de las garzas, de las loras y de las mariposas, con el lejano zumbido de las abejas recorriendo las flores del café, con los mugidos y el olor de los animales en el establo, con los colores increíbles de las guacamayas, con las plumas irisadas de las soledades, con el sonido de las hojas de teca cuando caían al sendero de tierra, con el bochorno de la tarde y la frescura llena de rocío de la mañana.”
ANTONIO:

“Recordar es como un abrazo que se les da a los fantasmas que hicieron posible nuestra vida aquí. Han pasado tantas cosas en esta tierra, en esta casa grande, blanca y roja, rodeada de agua y de verdor. Verde, verde en todos los tonos, inmensas montañas verdes, y la oscuridad del agua del lago donde no se refleja el cielo azul y blanco, hacia arriba, sino las peñas negras y verdes que parecen más altas que el cielo, y que suben hacia Jericó, el pueblo donde nacieron mi papá y mis abuelos y mis bisabuelos, los dueños de esta finca, los que la abrieron tumbando selva, moviendo piedras y quemando monte, que antes era lo único que había aquí desde el principio del mundo.”

PILAR:

Vivo aquí con él desde hace casi diez años, con mi marido, mi único amor, mi primer novio, el único, mi único hombre.

También él tiene su manera de ser silencioso. A él lo beso y lo muerdo y lo pruebo todavía, pero ni aun sabiendo a qué sabe entiendo bien por qué lo quiero tanto. No sé a qué sabrán otros hombres, porque a Alberto es al único que yo he probado, pero deben de saber parecido, seguramente, así como todas las tierras del mundo se parecen. Pero esta es la mía, y la que más me gusta, así como Alberto es mi hombre, mío y solo mío, y yo de él solamente.”

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EL HASTÍO DE LO IGUAL

La lectura activa sus ruedas y acecha a la torpe y despreocupada rutina. Ella anda resolviendo, – el gerundio denota la no conclusión de la acción-, como si nunca tuviese fin, como si ella se propusiera ocupar todos los espacios de la acción. Tal como enuncié al comienzo, esas preguntas sencillas nunca encuentran el tiempo suficiente para entrar en escena. Esa escena hoy la quiero disfrazar de proezas cumplidas con sueños planificados. Tal como Eva en “La Oculta”: “Aunque después no volví a querer nunca como antes a La Oculta, y ahora quiera venderla definitivamente, reconozco que el paisaje de esa región es el que más me conmueve de todos los que he visto en el mundo, y que vaya donde vaya lo llevo conmigo. No se me olvida. Quizá no sea el más bonito, puede haber mejores, más amenos o menos dramáticos, pero es el paisaje que tengo metido en la cabeza. El paisaje que le iluminaba la cara a mi papá cada vez que llegábamos a la finca. Una vez, estando allá con él sentados en la misma hamaca, mirando juntos el lago y las montañas, me di cuenta de que ese sitio, esa tarde, con esa luz, en ese momento y en esa compañía, sí era el lugar más hermoso del mundo. Y es algo que he vuelto a sentir otras veces allá, en instantes luminosos que solo se parecen al éxtasis que se siente en ocasiones con ciertos cuadros y con cierta música,

(Cuaderno secreto de una lectora: Cuando el hastío se quiebra todo comienza de otra manera. La oculta no es la muerte. La oculta es la más explícita. La oculta es la perra rutina)

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NÓMADES DEL VIENTO

El hastío: Sobre cómo combatir una farsa en la selva.

Por Anne Diestro Reátegui y Víctor Dupont
Fotografía: Anne Diestro Reátegui

MIRADA SELVA

1Los ojos de los hombres los llevaron hacia lugares inesperados. Será eso o el silbido de un demonio, no menos terrorífico que el hastío de la quietud muda.

La historia empezó así. Dos cuerpos se entreveraron en ríos, árboles, rutas, ciudades. Guiados por el azar, llegaron a la Selva de Junín. En la zona central de Perú, este territorio estuvo – hace una parva de siglos – habitado por nativos de diferentes etnias. Nombrémoslas: Amueshas (Yánesha), Simirinchi (Piro), Nomatsiguenga, Cakinti y Campa, que son los Asháninkas. Los últimos, desde el año 1200, han desarrollado una red comercial entre la sierra y la selva del Perú.

Los anartistas llegaron a esta zona, como los españoles en 1635: con la brújula de oro y sin mapa. La diferencia fue que los españoles formaron una misión, llamada San Buenaventura Kimiri, cerca de La Merced. Los anartistas -menos productivos- se preocuparon por observar, tomar nota y escribir poemas en la orilla del río.

Corría -o trotaba o cabalgaba- el año 1740, bajo el dominio descalzo de los franciscanos. Diosito occidental se camuflaba en la naturaleza y dirigía la sinfonía de silbidos de los árboles, del viento y los demonios. Los bosques silenciosos, apenas habitados por tribus crecidas a la orilla del río Perené y de las montañas de Chanchamayo. Por esos pagos, fertilidad de tierras, trabajo de nativos y viveza de conquistadores daban frutos para la peste milenaria, esa actividad de baja estofa llamada comercio.

200 años más tarde, la situación no ha cambiado tanto. El comercio cultural se abrocha el seguro de su seudo misticismo, para acercarnos a un plano que ya conocemos. Los ojos anartistas traspasaron una de esas tribus.

Pero no apresuremos la historia. El cuento caerá en breve.

REBELIÓN EN LA MONTAÑA

En el siglo XIX, la reacción de los indios de la selva central se basó en oponerse a un modelo evangelizador que chocaba con estilo. Los aborígenes de la montaña eran semi nómades. Caza, pesca, recolección y formas superficiales de agricultura eran la combinetta perfecta para subsistir. La implantación de pueblos o “reducciones” emprendida por los franciscanos alteraba violentamente su orden de vida.

Más tarde, en 1827 – con la intención del Gobierno por abrir caminos y establecer haciendas que produjeran aguardiente y hoja de coca para las comarcas mineras – , se construyó el fuerte San Ramón. Los enfrentamientos siguieron hasta la llegada de una expedición, al mando del Coronel Pereira. Lo mismo de siempre: se trataba de conquistar los territorios nativos. Los habitantes originarios, tras nuevas batallas, fueron replegados. Se instalaron en la orilla de los ríos.

PAMPA MICHI, LA CEJA DE LA SELVA

Tenemos una memoria histórica, personajes, un comienzo, un nudo y un desenlace. ¿Será correcto adelantar que hay una zona  de hastío, de puesta en escena, incluso en una comunidad que vive, todavía, de la caza y de la pesca? ¿Habremos visto bien?

IMG_20160708_112008634_HDRA 18 kilómetros de La Merced, en la ceja de la selva -a veces hemos creído que ceja hacía referencia a la mirada, pero no, la ceja es la entrada a la selva peruana-, ahí está la comunidad de Pampa Michi. El recibimiento a los turistas resulta simpático. Hasta parece un ritual. Basta que bajen algunas personas de una moto o de un auto y ya va el primer cruce de miradas de la tribu. Civilizada, claro. Ahí se envían señales para definir quién va a recibir a los visitantes, según el orden de llegada. ¡Claro, los nativos se turnan! Se acercan con la ropa tradicional, la Cushma, y las caras delineadas con achiote. Siempre importa la cantidad de líneas en sus rostros. Denotan un valor jerárquico y hacen referencia a sus distintas actividades: pesca o caza.

A los anartistas los recibió un tal Leonardo junto con sus amigos (nativos). Ellos afirmaban su descendencia ashánica, mientras imponían probar aguardiente de la región. Pronto, la cerveza. Y, un rato después, un círculo de deseos: más cerveza, más comida, más excesos. Todo, a cambio de un par de historias interesantes. Bastó levantar la mirada y ver, en la misma comunidad, puestitos con artesanías, anuncios para fotografiarse con una boa, tragos del lugar y rondas musicales con bailes y ritmos “típicos”.

Preguntaron acerca del nombre. Pampa Michi. Se les refirió la confusa historia de su fundación, en 1978. A la ceja de la selva, llegó un “gringo”, un tal “Michael”, que fundó una comunidad y se esmeró en plasmar las costumbres de los ashánicas. Comenzó con tres familias. Y hoy son más de 30, con 500 habitantes. Por aquellos tiempos, ni los mismos nativos podían pronunciar el nombre de su jefe, por lo cual empezaron a decirle “Michi”.

Entonces, tema resuelto: ¡Bienvenidos a Pampa Michi!

EL BOSQUE

Leonardo, amable, ofreció ser el guía. Su bondad nativa sugirió que se compartieran unas “chelas” (cervezas) a cambio de sus sugerencias. Así se fue la primera mañana y su tarde, en un mirador rodeado de árboles, bebidas y un sol quemante. Cada uno de los “Pampas” con sus celulares de última generación, sus relatos peregrinos y la escucha atenta de los anartistas.

 

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SE ABRE TELÓN DE LA FARSA

Entonces, vino la primera luz de extrañeza en la historia. Uno de los nativos comentó que había sido parte del ejército peruano. Narración de alto impacto. Minutos antes, todos afirmaban su íntimo vínculo con la comunidad, desde niños. Es decir, nunca habrían salido de la tribu y trabajaban ahí para dale un valor agregado a su cultura. Pero, ¿será que el alcohol lo hizo hablar de más? ¿Por qué?

Porque también afirmó que su inclusión en la tribu era reciente.

EL BOSQUE II

A una hora prudente y con menos calor, todos bajaron para dar una caminata. Leonardo sugirió a los viajeros acampar cerca de la tribu. Pero los anartistas eligieron la orilla del río. Caminaron -con algún que otro trago del lugar en mano – unos tres kilómetros entre piedras y pendientes que se complicaban más ante la decisión de ir descalzos. Comienzo de una entrada. Un diálogo. Inicio de una conversación muda entre los ojos de los viajeros y las hojas, las volutas del agua, la espesura del bosque. En la selva -eso se dirá después- los elementos tienen dueño. Y hablan.

Los oídos, al ritmo de las piernas, se prestaban a ser conversados. Pájaros, viento, rumores. El empuje tranquilo del atardecer y la oscuridad que abría un cielo nuevo para los anartistas. Las estrellas, ahí. La ilusión de la distancia máxima en la palma de las manos. O de las pupilas. El cielo cada vez más cerca de las manos, el río más potente de acuerdo a cómo iba pasando el tiempo.

Los cuerpos enfriados pedían fuego. Pedían acampar. Pedían el lenguaje de la noche, entumecidos de frío. Algún sonido por ahí, una pregunta, una respuesta.

IMG_20160708_191319771SE ANUNCIA EL MISTERIO

Un silbido misterioso entre los árboles.

Aparición del demonio de la selva. El Tunche.

 

VUELVE BOSQUE

El acampe fue un éxito.

Al anochecer, uno de los anartistas creyó oír o ver hablar a las formas del fuego de la fogata donde comerían. Entre la cuidadosa farsa de Leonardo -el “guía”, que empezaba a mostrar la hilacha-, alguien contó la leyenda de un demonio oculto en la selva.

INTERRUPTUS 1

POEMA ANARTISTA IMPROVISADO A LA ORILLA DEL RÍO

Los bordes en los pies besan la fuerza en el agua
Nadie vive ya, menos que ver o sólo nadar
Perdidos en el sonido de la noche y sumergidos
Por el pájaro-niño cuidados como el demonio
El temor se ha ido
La casa es este pedazo de tierra que abriga nuestros pies y nuestras manos trenzadas de viento
En el agua anochece el tiempo
En nuestro pecho, nace la noche

 El poema en las sombras
en el río, la caricia de una danza
con el señor sol besándonos el pecho
Nace de muerte la noche
al frío del pájaro niño
la casa en el pecho
del río
somos silbido
el giro del vientito
a la vuelta de una voluta muerta
por nacer
en el pecho del tiempo

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MISTERIO TUNCHE

Leonardo – el acompañante – se empezaba a mostrar extraño luego de la primera noche de campamento. Ningún anartista entendió y tampoco mostró interés. Sólo repetía, amablemente, si los viajeros contaban con una parte del dinero necesario en concepto de “guía” (no sólo de cervezas vive el Michi).

Uno de los nativos comentó sobre un lugar llamado “El Banano”. Al parecer, era una fiesta en la zona de Santa Ana. Los anartistas, jamás reacios a dichos convites, aceptaron la invitación. El llamado a descubrir qué verían, cómo eran las celebraciones en ciudades pequeñas, los rostros, los cuerpos, el baile, la música y, sin duda, tal  como en todo el Perú, la bebida. Quizá lo más importante.

Leonardo se negó a acompañar. Quedó al “cuidado de la carpa”.

En “El Banano”, se vivió una fiesta. Fiesta envuelta en propagada, como la peste del comercio: el reggaetón. Saltitos, gritos y un invento de baile por parte del anartista inútil y creativo que nombró a la danza -nada autóctona- como “el baile de la boa”.

IMAGEN 5Do you speak english?, Le preguntaron a la anartista mujer. Ella afirmó su peruanidad al grito de “salud” y chocó su vaso. La mujer de la pregunta insistía: Si eres peruana, deberías bailar así. Una danza sumamente “heteropatriarcal” (dijo uno de los viajeros, en estado de total ebriedad). La anartista peruana, con su raíz incaica intachable, tristemente agregó que sus pies desconocían esos pasos. El anartista inútil y globalizado prendió su cuerpo y enseñó cómo era moverlo junto al sonido de la música de moda.

Los nativos olvidaron su Cushma y se entregaron. Comentaban que ahí también estaban otras “nativas”, curiosamente vestidas como cualquier no lugareño. Y más cervezas. El círculo del alcohol se volvió un sinfín de lenguas, de labios, de saliva. Todos bebían. Cinco horas. Y las volutas de humo. Y la fragilidad del cuerpo entre cuerpos. El sudor, el punto y la línea, Pachacutec con la Vírgen María, la serpiente chamánica y el libre comercio, Europa y Estados Unidos y América precolombina unidos en un solo grito: ¡más cerveza!

Esa noche, antes de llegar a la fiesta, un hombre (ya se hablará de él) advirtió sobre El Tunche. El demonio de la selva. Rondaba.

¿Escuchan? Uno de los anartistas -el inútil- copió el tono y repitió el sonido mediante un silbidito. El hombre se asustó. No vuelvas a hacerlo. Si llamas al Tunche, pensará que te burlas y podría perderte. Es un demonio muy peligroso. Hay que tener cuidado para no encontrarlo porque luego te desaparece. Se lleva tu cuerpo.

Silencio.

Volvamos a la fiesta. El asunto estaba en transformación. Los anartistas querían irse. Hicieron dedo y una moto los llevó hasta la tribu. Desde ahí les tocaba caminar seis kilómetros, entre piedras y oscuridad. No tenían linterna. No tenían batería en el celular. La luna era su única guía. La luna volvía junto a las estrellas a intentar acercarlos a su carpa. Una, dos. Tres vueltas. Caminaban sin reloj. Sólo el sonido de río abría luces y brújulas. Quizá no estaban del todo perdidos.

Camino de piedras rodeado de árboles.

¿Dónde estamos?

Si escuchamos el río es porque nuestra dirección no está mal.
¿Y el riachuelo?

¿No era por aquí?

No, dijo ella. Dar la vuelta, volver y buscar el riachuelo. Camino importante para llegar al campamento. Cada vez más frío. La luna se apagaba y más oscuridad. Un sonido. Un silbido.

¡El Tunche! El demonio de la selva.

Ninguno lo nombró, pero ahí estaba. La caminata entre esas piedras era cada vez mayor y la cercanía a la bestia, también. Ninguno tuvo miedo. Tras un extenso meditar, los tiritares de las pieles sugirieron que el malvado ser, el temido monstruo, en verdad los guiaba y protegía. El frío, los silbidos incesantes y la oscuridad mantuvieron a los viajeros en medio del bosque. Los anartistas decidieron recostarse y esperar la mañana. La luz daría la ubicación. Ni el río ni la luna ni el demonio los abandonaron. Ellos fueron los guías de una noche de penumbra y misterio. Los cuerpos abrazados por el frío. Los cuerpos trémulos. Los cuerpos recostados en la tierra del bosque. A la expectativa de no despertar o ser devorados.

Al amanecer, el anartista inútil abrió los ojos, levantó su cuerpo y gritó: ¡La carpa está ahí!

El extravío no era tal. La oscuridad fue la clave de la confusión, pero el horizonte estaba a pasos.

5Corrieron a la carpa.

Leonardo, el guía falso, los vio llegar y los trató como a fantasmas. Ningún saludo. La sensación  de irrealidad pesaba sobre el cuerpo de los viajeros.

Ropa, abrigo, el abrazo y el sueño protegido.

El hombre del cual hablaremos a continuación interpretó estos avatares así: Esa noche hubo peligro, pero sus amuletos endemoniados los encaminaron. Esa noche la potencia del cuerpo los llevó como intuición a su horizonte.

El río, su gran compañero, los abrazó cuando despertaron. Agradecieron estar vivos. Por eso a la mañana siguiente se les ocurrió beber agua del río. Así es el bautizo de la selva.

EL HOMBRE DE LA MONTAÑA

Fuera de las noches, los días en Pampa Michi pretendían circular entre venta de recuerdos y círculos de simulación de fiesta. Música y bailes de la selva cuidadosamente preparados para solaz de turistas “aventureros”. Tras algunos días, la farsa era más evidente. Los anartistas preguntaron sobre ritos, historia, leyenda. Y los simpáticos nativos, con sus libretos que a duras penas representaban esperables fantasías.

Y, por suerte, apareció el hombre. El hombre anunciado letras arriba.

Bajo un árbol que daba unas naranjas riquísimas, este nativo de piel cetrina y voz suavísima largó una conversación. Decía conocer las montañas. Los anartistas, otra vez, abrieron sus oídos. Y prepararon, de a poco, una red de preguntas.

A la orilla del río, una conversación mutaría, inesperada, a una entrevista. Así, los viajeros serían pescadores de relatos, de una memoria viva. La red estaba casi lista.

Tiramos la atarraya, empezó la cacería:

Plantas medicinales, cerros, plantas medicinales, río, ayahuasca, plantas medicinales. Plantas medicinales, ayahuasca, cerros, plantas medicinales, río, ayahuasca, plantas medicinales.

El círculo, la red.

Tres seres humanos en el bosque.

La pesca.

Tres seres humanos y el río en el relato de sus rocas.

La red.

El círculo.

LA PESCA HABLADA

Su nombre: Héctor. Tenía sus manos curtidas, su piel oscura. Sus rasgos trazaban los planos de sus antepasados, así como el aliento de su memoria. Los ojos rasgados iban, serenos y alegres, con su sonrisa siempre en despliegue. Héctor, el hombre de la montaña, hablaba en una velocidad inexplicable, lenta o rápida. Pero tenía el horizonte claro, la iluminación en las palabras nos abrigaba en la apertura de la noche.

La charla transcurrió mientras la anartista más hábil preparaba el fuego y el otro anartista, el inútil, preguntaba o buscaba leña, infructuosamente.

Las primeras preguntas se orientaron hacia el aprendizaje de curar heridas corporales.

Héctor explicó que él quería conocer cómo podía hacerlo. Y su tío sabía. A Héctor le habían picado un brazo, nos contó: Sí, te dan, ¿cómo se llama? dieta, y eso por 3 meses. Llegué pue´, con mi cushmita así. “Pasa, sobrino”, me dijo mi tío. Chocita pue´, pura choza era su casa, ahora tú le miras y casita material noble. Antes no. Ya. “¿A ver?” – dice mi tío. Soplaba y soplaba, me sopló, siempre mirando los cerros, veía y veía. “Ah, te han hecho eso porque tú trabajas en las chacras y haces artesanías”. “¿Cómo?”, le dije. “Hay una chica que está de tu lado…” ¡Ya me imaginaba! “Pero vas a salir bien”, me chupó el brazo. Una chupada, dos chupadas, al día siguiente, sanito mi brazo. Lo que estaba así, hinchado.

El tío sopló y curó. Usó tabaco y la concentración de su mirada. Sin embargo, no cualquiera puede aprender a hacer curaciones. Héctor explicó la importancia de una dieta especial y el conocimiento de los efectos de las hierbas medicinales. Un procedimiento experimental. Se completa con la palabra de las plantas.

¿Acaso hablaban?

Héctor: Las plantas conversan, pue´. Tú puedes estar ahorita avanzando aquí y alguien te habla… ¡No le hagas caso! Miras así y puedes perder tu… Así es cuando te revelan eso, aprendes muchas cosas. Hasta te dicen en tu sueño: ¿Esta hierba para qué era? Diabetes. Mira de mí, yo me he caído del alto, nosotros como costumbre tenemos de vivir como Tarzán. Con mi hermano jugando a la mancha, ¡poh!, se cayó.“Toc al toc”, me pusieron ese bejuco chuncho y me dijeron “así vas a dormir”, me dice mi abuelito, al día siguiente ni lo había movido y mi brazo se parchó solo.

Tras las últimas palabras sobre la curación, cayó un silencio en la casi noche.

El fuego de la fogata ya estaba a punto. La anartista hábil empezó la preparación de un pescado.IMG_20160709_190943773

Y las palabras volvieron a lanzar la red.

¿Y el río?

Héctor miró las llamas o las volutas del agua. Contó que el río trae bendición, si uno se puede quedar así, tranquilo, trae bendición. Tú puedes sacar tu atarraya y pescar 15 pescados.

¿Se le conversa al río?

Sí, él te está escuchando. ¡Todo tiene dueño!

Héctor siguió con su palabra de viento.

Héctor, el hombre selva     

 

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INTERRUPTUS 2

POEMA II ANARTISTA A LA ORILLA DEL RÍO

Somos como el río
dijo, la piedra
crece del hambre
un pie un hombre
a la orilla de sus uñas
la danza de las sombras

 el agua
no es de cielo
a pura tierra
la mano tocada
somos como el río
en la piedra
por el hambre
por la piedra

el relámpago
el pie del relámpago
el hambre de la mano
la lámina del ojo
el agua no es del cielo del río

 El hambre, sed de río
Piedra muerta dos de río abierta
Hombre piensa no río

En el día
De noche
Río piedra camina
Dentro hombre ave
Corta viento río abierto
Cielo brilla
Manos perlas viven
Poema nace
Poeta muerto
Es el río abierto

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EL FIN DE LA FARSA
Y LOS ANIMALES EN EL FUEGO

El último día de la estadía fue revelador en muchos aspectos. Pero, en lo que atañe a la farsa, se trató de una confirmación para los anartistas. Leonardo, el amigo, había extremado un comportamiento huraño. Y los signos de la farsa eran muy claros: cada baile, cada recepción a los turistas, cada paseo.Todo estaba cronometrado. Y, ni bien los viajeros se corrieron de ese esquema, los signos de rechazo de muchos nativos fueron contundentes. Sobre todo, con el susodicho Leonardo, que había desaparecido y nada se sabía de él aquella mañana del último día, luego de pagarle “la voluntad” que nos pedía. Desapareció, como los demás nativos. Entonces, ¿era el dinero lo único que les importaba?

Los anartistas hicieron su mochila y, despacito, emprendieron el camino de las piedras y se alejaron del río. Saludaron a la tribu, cada vez más abstracta.

El sol era ardiente, definitivo.

Mientras hicieron dedo, la memoria de los días se agolpó y les habló como el agua, les conversó como los árboles o tal cual el Tunche silbó en la oscuridad.

Entonces, apareció el recuerdo del fuego.

Las formas que el fuego, durante un atardecer, había sugerido en su vértigo. El fuego con su plano de llamas nómades, sus figuras y sus revelaciones alentadas por el viento.

Entonces, la voz de Héctor, el hombre de la montaña, volvió a susurrar a los viajeros. Aunque, entonces, desde un pasado muy cerquita. Y, ya irremediablemente distante, Héctor contaba sobre los animales muertos que las sombras del fuego creaban.

Se trata de una revelación. Como cuando quieres aprender, idéntico a los sueños.

Dragones. Serpientes. Calaveras.

La naturaleza habla. Esos animales son sus guardaespaldas.

Dan fuerza.

¿Animales de poder, según el chamanismo?

La voz de Héctor seguía…

Fuerza. Fuerza.

Repetía Héctor, el hombre de la montaña.

8

 

 

 

 

CUSCO O LA REBELIÓN MINÚSCULA

El dúo anartista, en pleno auge de sus facultades, también recorrió la ciudad de Cusco. Ni vale la pena salir de ahí -que es un museo abierto- para pagar por “ver”. A la maravilla vestida de capital, los autores de esta nota no entraron. Machu Picchu quedó muy lejos. Ni siquiera pudieron asistir a las otras maravillas: Ollantaytambo, Pisac, Sacyauhuaman, entre otras. Obligaban a pagar una entrada para todas, aun si la intención es, por ejemplo, visitar sólo una.

En el manual del buen turista, el lector encontrará adjetivos de sobra. Los anartistas añaden: la sensación hermosa que te abriga cuando te prohíben tocar las piedras sagradas, besarte o emborracharte en San Blas; los masajes para invitarte, con delicadeza, a consumir putas con la mística incaica: “Do you like a massage?

Cusco tiene una obscenidad sin remedio. Se recomienda al buen viajero cometer algunos actos simbólicos contra esta organización de la desidia y este sistema de prohibiciones.

Por ejemplo:

  1. Cuídese de invocar a los gritos el nombre de Atahualpa mientras toca las piedras sagradas de muchas paredes.
  2. No se desaliente ante los improperios de quienes se lo impidan. Las autoridades de Cusco tienen la peregrina idea de que incluso las piedras son de su propiedad.
  3. Beba vino y celebre la altura mientras camina. El abrigo del alcohol en la noche es más conmovedor que entrar a un bar donde asalta música pestilente.
  4. Deje los tours y no piense que los recuerdos puedan venderse.
  5. Tómese un “calientito” por la mañana, mientras los rayos salientes le abren los ojos. Ante el frío, dicha bebida es una grata compañía.
  6. Pida prestado un baño, si bebe por San Blas. Sólo asegúrese que no sea “El Museo de Coca”, ahí te cobran un sol por cumplir el deseo de expulsión.
  7. Duerma en el piso, sienta el sol frente a usted y no tenga miedo de lo que las autoridades puedan decir, a lo mucho los mandarán a la chacra.
  8. Métase a una fiesta patronal, viva la energía de las personas, se vive mejor cuando es en comunidad y con una banda al lado.

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ANARCHICOS

El Hastío: sobre caprichos, gente en la calle y robar el tiempo

Por Milena Penstop

HACERSE AMIGO DEL TIEMPO

NO ME HAGA CAPRICHITO

ANARCHICO1aPara empezar, me hastían los castigos. Pero peor que los castigos son los castiguitos, que son esos retos que te dan algunos maestros por cosas injustas. ¡Pobrecitos! Ellos piensan que el reto nos va a convencer de que su enojo es justo. Podemos asustarnos, despreciarlos, pero nos damos cuenta cuando ellos confunden un capricho con la justicia. Eso me hastía: los caprichos. Los propios y los ajenos. Los propios porque, aunque me dé cuenta de cómo de encaprichada estoy, no puedo salir. Es muy difícil pedir perdón cuando uno está enojado. Así que yo, del capricho, salgo con tiempo.

¡Pero el capricho de los que tienen más autoridad que nosotros es lo más hastiante de todo! Porque a ellos ni con tiempo se les pasa.

TIEMPO A CHORROS

anarchicos2aOtra cosa que me hastía -¡no me molesta, me hastía!- es cuando alguien se compromete a hacer una parte de un trabajo y, a último momento, dice que no pudo. Pero no es que le pasa una vez. Le pasa un montón de veces. Y está tranquilo porque sabe que otros lo cubren. Es como si se robaran tu tiempo que es algo que, encima, nunca te van a devolver. Hay una historia que me contaron, que me recuerda esto de robar tiempo. En el mundo de “Momo” todos depositaban tiempo en un banco, menos esta niña que quiere su tiempo para jugar. ¡Es raro!, el tiempo no es una cosa, pero se puede robar, perder, usar como si lo fuera. En cambio, cuando uno juega o hace cosas que le gustan el tiempo ya no es una cosa, uno ni lo toma en cuenta aunque ahí esté.anarchicostresa3438986210_10

¿EN QUÉ ORDEN RESUELVEN LAS COSAS?

Últimamente, veo más gente que vive en la calle, que hace unos meses. Y pienso, por un lado, qué suerte que yo tengo cama, comida y casa; por otro lado, ¿cómo es posible que otros no lo tengan? Está claro que eso no nos hastía, porque lo seguimos permitiendo. Es imposible que no haya modo de resolver eso. Los adultos dicen que es un tema complicado. Seguro la complicamos, no puedo creer que seamos incapaces hasta de arreglar eso ¿Qué está primero que ese tema?

ROMPER EL HASTÍO

¿Y qué es lo que me saca del hastío? Reírme con mis amigas, sentirme acompañada, los abrazos y los chocolates.

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MEDITACIONES EN EL CHIQUERO

El Hastío: sobre la seguridad y sus inseguras calles
Por Víctor Dupont

LA GRIPE DE LOS CHANCHOS
(O LA CONSTRUCCIÓN PERFECTA)

Hace algunos años, el inefable rabino Bergman [1] exigía cambiar la letra del Himno Nacional. En lugar del grito de “libertad, libertad, libertad”, mejor incorporar la palabra “seguridad”.

¡Seguridad! ¡Seguridad!

Por la misma época, era idéntico el grito de “la gente” en las calles. Cacerolas en mano y un ritmo que no resultaba del todo eficaz. Los caceroleros no podían componer una multitud sonora como el Señor manda. Cada cual tocaba una partitura diferente. Digamos, cumbia por un lado, tanguito o marcha fúnebre por otro. No es así en América Latina. Las masas enojadas suenan realmente bien en Brasil -lamento ser obvio-, donde los instrumentos domésticos interpretan casi batucadas.

Cuando los cacerolos salieron a las calles, la melodía mediática sonaba un poco diferente a hoy. El lenguaje no pivoteaba acerca del sinceramiento de los tomates. No se hacía polemizar a los cortes de carne. No existían túneles con luces a la salida. El aceite no tenía temor a dormir en las góndolas. Proliferaban, en cambio, las canciones del miedo ¡y cómo!: el miedo de “la gente” a andar por “la calle”; el miedo a “que te maten”; “te roben”; el miedo a “llevar el celular a la vista”.

Por las noches, Buenos Aires era un desierto. Y, en las madrugadas, caminar por Corrientes parecía desolador.

La embestida mediática surtía efectos y consumaba una construcción de años y años y años, que incluyó algunos hits inolvidables como la paranoia de la gripe porcina [2], los barbijos en los colectivos, las propiedades enrejadas, la multiplicación de la vigilancia y el proyecto de acabar con las plazas libres al atardecer. En el 2004 – año fundacional a este respecto – Juan Carlos Blumberg empezaba una serie de marchas por la muerte de su hijo. En una de aquellas manifestaciones, el rabino arriba mencionado sugirió el cambio en la letra del Himno. Por su parte, las proclamas de Justicia y Seguridad iban aceitadas con pedidos, con proyectos de ley para endurecer las penas a los presos, castigar con más firmeza y bajar la edad de imputabilidad. Es decir, avanzar – con cuidado, pero con certidumbre – sobre los derechos y las garantías de los juzgados y multiplicar a la policía como las flores en los jardines. Aquel 1 de abril, Blumberg llegaba junto con 150 mil personas a presentar al Congreso sus proyectos. Nacía, así, el segurismo[3]: doctrina de “sentido común” según la cual el principal problema es- no puedo evitar redundancia- la seguridad de los argentinos. Más específicamente, y para ser fieles a las enumeraciones caóticas de los ideólogos de esta corriente, digamos que se trata de combatir a la delincuencia callejera, a los punguistas, a los chorros que “nos matan”, a los limpiavidrios, a los manteros, a los villeros. Etcétera.

Seguridad. Seguridad. Seguridad.

Pero esa palabrita…

 

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A SUS SERVICIOS, SEÑOR MONSTRUO
(O HIJOS DEL MIEDO)

 

“El miedo a la opresión dispone al hombre a anticipar o a buscar ayuda de la sociedad: pues no hay otra manera por la cual el hombre pueda asegurar su vida y su libertad”.

                                                                                                Hobbes, “Leviatán”

Hobbes reflexiona en distintos pasajes sobre la noción de seguridad en el estado de naturaleza. Música archisabida, apenas recordemos sus motivos principales: sin ninguna mediación, viviríamos en una guerra permanente (Bellum omnium contra omnes). Se hace así necesario un conjunto de artificios de una fuerza superior e instrumentada, para controlar la furia y la crueldad de los lobos humanoides (Homo hominis lupus).

El Estado sería ese artificio con mayúscula. El Estado, la intermediación mejor.

El Leviatán es ese pacto a partir del cual abandonaríamos nuestra libertad absoluta (de matar, violar, robar, etc.).

Uno de los efectos principales del contrato sería la obtención de la seguridad. Lo interesante es pensar acá un tema que preocupa a muchos teóricos: las pasiones y su geometría. En “El Leviatán”, tenemos dos pasiones básicas. Deseo y aversión. Cuando se encuentran juntas y liberadas, todos somos poseídos por ellas. Pasamos de un objeto a otro, tal cual la canción de Prodan y su verso “no sé lo que quiero, pero lo quiero ya”. Conquista, siempre, quien tiene la fuerza.

Para Hobbes, la vida humana sin la administración de un poder – aparte de solitaria y abismal – sería peligrosa. Parece basar esta idea en tres presupuestos. “Primero, la condición natural del hombre tendiente al deseo constante de poder; segundo, el derecho que tiene por naturaleza a poseer todas las cosas; y tercero, su igualdad natural de poder”.[4]

Contra el deseo, contra la aversión, deben levantarse la razón y la justicia. Hobbes se ampara en una antropología que nos liga a una sed insaciable de poder tras poder, sólo detenida con la muerte. De ese lado, en esa zona, se despliega el Derecho Natural. Escribe: “El Derecho Natural, que los escritores comúnmente llaman jus naturale, es la libertad que cada hombre tiene de usar su propio poder como él lo quiera, para la preservación de su propia naturaleza; esto quiere decir, de su propia vida; y, consecuentemente, de hacer cualquier cosa que en su propio juicio conciba como medio más idóneo.”

Por ello, esta reserva de violencia múltiplemente dispersa debe concentrarse, monopolizarse, para salir de semejante peligro. El Estado político implica también, en parte, una renuncia a nuestra libertad. Aceptamos tácitamente que somos despiadados, crueles, bélicos. Y por eso sentimos temor, “inseguridad”. Para Hobbes, es obvio que el Estado no surge como el acuerdo de una buena voluntad mutua. Surge por miedo. La desconfianza que nos produce el otro nos permite anticiparnos (palabra importante) a su poder. Por lo tanto, “y por esta desconfianza de uno con otro, no hay manera tan razonable de que el hombre se asegure a sí mismo, como la anticipación; esto es, por fuerza o por estratagemas, dominar a todas las personas que pueda, hasta que él no vea ningún otro poder tan grande como para ponerlo en peligro: y esto no es más de lo que nuestra propia conservación requiere y es generalmente permitido”.

Sólo con este leviatán se garantiza lo que el rabino Bergman y Blumberg pedían: seguridad.

 

ERA NECESARIO HASTA QUE LLEGÓ EL PULIDOR DE LENTES
(O LA COMEDIA DE LOS TRISTES)

Spinoza ha leído mucho a Hobbes. Y se ha diferenciado, también, muchísimo. Entre otras cosas, no le da tanta importancia a la seguridad. En su Ética, Spinoza pone un particular énfasis en desarrollar una etología de las pasiones tristes. Veamos algunas cuestiones acerca de esta “geometría humana” y de sus representantes estrella.

Existen hombres, por oficio, dedicados a entristecernos. Damos la bienvenida a la trinidad moralista: El esclavo, el tirano, el sacerdote. El sacerdote, el esclavo, el tirano. Primos. Hermanos. Cómplices en la degradación. Cada uno de ellos se mueve en círculo. Spinoza: “El gran secreto del régimen monárquico, su interés profundo, consiste en engañar a los hombres disfrazando con el nombre de religión el temor con el que se les quiere meter en cintura; de modo que luchen por su servidumbre.”

Los planos de esta “geometría” son escarpados. Los puntos confluyen de manera compleja: se reúne lo infinito del deseo con el desconcierto del ánimo. Se nota una intersección rectora entre el tirano y el esclavo. Por más que vocifere alegría, el tirano necesita de la tristeza de espíritu[5]; los ánimos tristes, por su parte, necesitan de la tiranía para propagarse. La intersección, la unión es el común odio por la vida. Música muy conocida por Nietzsche, cuando desarrolla las tres figuras principales de la llamada “mala conciencia”: culpa, venganza, resentimiento. Resentimiento, venganza, culpa. Otra vez los círculos. El hombre resentido inocula culpa para juzgar. Juzga sólo para vengarse. Rebaja a los hombres, les recuerda sus pecados, sus miserias. Incluso cuando se ríe, ríe con malicia y puede patalear en sus comedias mientras grita la humanidad es culpable. Spinoza escribe: “Y los que saben desanimar en lugar de fortificar los espíritus se hacen tan insoportables para sí mismos como para los demás. Por esta razón muchos prefirieron vivir entre las bestias a hacerlo entre los hombres. De igual modo, los niños y adolescentes, que no pueden sobrellevar con firmeza de ánimo las represiones paternas, se refugian en el oficio militar, prefiriendo las dificultades de la guerra y la autoridad de un tirano a las comodidades domésticas y las amonestaciones paternas, y aceptan cualquier carga con tal de vengarse de sus padres…”.[6]

El moralista -esclavo, tirano, sacerdote- envenena la vida con las categorías de Bien y de Mal. Pone todo en términos de castigo, de recompensa, de mérito y responsabilidades. Las pasiones tristes, así, se encadenan. Comenzamos por la tristeza misma, después sigue el odio, la aversión, la burla, el temor, la desesperación, la piedad, la indignación, la envidia, la humildad, el arrepentimiento, la abyección, la vergüenza, el pesar, la cólera, la venganza, la crueldad… [7] Y acá tenemos que ubicar, también, a la seguridad. Como parte de esa coda de tristeza que le permite al esclavo soportar su odio y propagarlo; de la misma manera que el tirano envenena para soportar su esclavitud [8] y esclavizar; de la misma manera que el sacerdote -o rabino- culpa al alma para dominar; del mismo modo que el padre de familia castiga y recompensa para gobernar a sus hijos.

Spinoza refuta a Hobbes en algo central. La verdadera ciudad debe proponer a los ciudadanos el amor a la libertad y no esperanzas de recompensa ni seguridad de sus bienes.

Pese al rabino Bergman y a su mentalidad sacerdotal, los autores de nuestro Himno prefirieron la filiación libertaria.

Para la música patriótica nacional, Spinoza afina mejor que Hobbes.

 

UN HIPPIE ENTRE SPINOZA Y FOUCAULT
(Y SIGUE LA MÚSICA)

 (…) Los magos, los acróbatas, los clowns / mueven los hilos con habilidad. /¿Pero no es el terror a la soledad / lo que hacen los payasos / uno rojo, otro blanco / y a los viejos romper la voz para cantar?
“Oye hijo: las cosas están de este modo, / una radio en mi cuarto me lo dice todo”. ¡No preguntes más! / Tenés sábados, hembras y televisores. / Tenés días para dar aún sin los pantalones.
¡No preguntes más! / Siempre el mismo terror a la soledad / me hizo esperar en vano / que me dieras tu mano, / cuando el sol me viene a buscar / a llevar mis sueños al justo lugar. 

Otro que afinó con Spinoza -aun sin leerlo- es el joven Charlie García (de quien ya hemos hablado en esta revista:http://www.elanartista.com.ar/2016/04/30/el-lecturista-5/).

Hay una canción, de 1974. Instituciones.

Y, justamente, quizá lo más sugestivo de esta letra sea una hipótesis acerca de cómo se instrumenta esa red de poderes. Charlie usa dos palabras claves: terror (ese capítulo final del miedo). Y soledad. El terror a la soledad pone en funcionamiento la maquinaria. Magos, acróbatas y clowns. Todos mueven los hilos con habilidad. Mientras, los “viejos” rompen la voz para cantar (¿su desesperación?, ¿su resentimiento?). Metáforas posibles: los represores -fuerzas de seguridad-, los jueces -justicia-, los dirigentes -Estado-, los curas -religión-. Toditos ellos, seres que se desplazan, en su circo demencial, llenos de terror. Y aterrorizan. Claro, también sus instituciones nos protegen. A precios altísimos. Nos protegen, sí: diagraman nuestro tiempo, nos hacen útiles.

Nos dan seguridad.

El personaje de esta canción espera nuestra mano. Espera en vano. El pánico a la soledad sostiene la comodidad de este hastío. Y no nos animamos a seguir su llamado. El llamado del tema podría formularse así: vayamos hacia donde el sol nos viene a buscar, a llevar los sueños al justo lugar. Lejos del circo, lejos de los payasos, de los asesinos, de los moralistas.

Lejos, y cerquita, está el sol.

Y la soledad está cerquita de la edad del sol (¿por qué tanto terror, entonces?).

Oíd mortales a este hippie y dadle vuestra mano.

 

 

EL DISPOSITIVO DE SEGURIDAD

A lo largo de los años ´70, Foucault desarrolló un cuerpo teórico extenso en torno a los dispositivos de poder. En “Vigilar y castigar” (1975), describe la formación y el funcionamiento de lo disciplinario: ejercicio del poder que tiene por objeto los cuerpos individuales. La disciplina intenta hacer a nuestros cuerpos – según el célebre axioma – políticamente dóciles y económicamente provechosos. En el capítulo final de “La voluntad de saber” (1976), después de haber analizado la sexualidad, Foucault describe otra forma de ejercicio del poder que también tiene por objeto al cuerpo. Aclara, sin embargo, que no se trata del cuerpo individual. Se tratará, ahora, de la especie. Del cuerpo colectivo. La población (¿la gente?).

Foucault entonces anunciaba la biopolítica.

La formación de una biopolítica marca el umbral de una política de la vida biológica. Si con Aristóteles éramos animalitos vivos y capaces justamente de política, para Foucault el hombre moderno es un animal cuya política tiene como finalidad su ser viviente. El cuerpo de la población. En este cruce singular se inserta lo mortal. El Estado dispone de una red que administra la existencia y la muerte (mediante estadísticas, controles de natalidad, fronteras, medicalización, textos de higiene y buenas costumbres, instrucción cívica, reformas demográficas, jurídicas, poder punitivo, etc.). El racismo moderno, biologicista o estatizante, cruza este umbral y despliega una tanapolítica, instrumentada con las herramientas de esta maquinaria.

En criollo: se apilan los cadáveres.

Y el siglo XX, así, cuenta con 40 millones de cadáveres entre las manos estatales, el goteo del hambre, la miseria, la danza del capital y las enfermedades. Números mayores que los fallecidos en guerras.

Cuando Foucault dicta su curso recopilado en el libro “Seguridad, territorio y población”, suma el análisis del dispositivo de seguridad. Ahí se completa el estudio de la biopolítica. Las tres primeras lecciones describen los conceptos nucleares de “medio” -urbano-, “población” y “normalización”.

Expresiones como “caso, riesgo, peligro y crisis”, a partir del siglo XVII, serán utilizadas para reducir “las normalidades más desfavorables”. Se tratará de establecer una política de seguridad en base a una distinción entre lo normal y lo anormal, por un lado. Por otra parte, se efectuará a partir de una relación de obediencia entre la voluntad del soberano y la de los sometidos. Importa que se haga necesaria e inevitable la intervención de quien gobierna. Así las cosas, la población (o la gente) irá a ser parte de un entramado conjunto entre “dinámica del poder de Estado y del soberano”.

Pero, ¿cómo?

De base, con la incorporación de los seres vivos al régimen general. Se añade el aceite de los mecanismos de control autoritario.

El papel que cumple la población en este nuevo contexto forja un novedoso fenómeno social: la aparición del “género humano” o la “especie humana” (expresiones tan caras al iluminismo). Caerán sobre este emergente colectivo las exigencias políticas de los “mecanismos de seguridad-población-gobierno”.

En relación a la historia de los dispositivos de poder, una cosita: como bien recuerda Edgardo Castro, Foucault nunca sostuvo una total sustitución de los dispositivos de soberanía por los disciplinarios y de éstos por los de seguridad. No hay una época antigua de la soberanía (Rey, Palacio, Monarquía), otra moderna de las disciplinas (Escuela, Fábrica, Cárceles, Manicomios) y la actual, inserta en la seguridad y en la biopolítica.

Lo que tendríamos, hoy, por ejemplo, es un triángulo de soberanía, disciplina y seguridad (añadiría Deleuze; y control).

Lo que cambiaría, según cada época, es el vértice dominante.

No está de más recordar que el ejercicio del dispositivo jamás se realiza sin resistencia. Nada, incluso este engendro, resulta inevitable o fatal.

 

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LLEGAMOS AL INFIERNO: SEGURIDAD Y ENEMIGO

Extraño. La palabra seguridad tiene una excelente prensa. Por ejemplo, ni bien la escribimos en Google, leemos: vial, social, “e higiene”, nacional, informática, jurídica.

La primera definición, en el diccionario al que me tira esta deriva, equipara la seguridad a la ausencia de riesgo o de peligro.

De pronto, al pasar, recuerdo a muchas personas queridas, espetándome: “no me das seguridad”. Y yo mismo algunas veces, también: “no me hacés sentir seguro”.

Lo cierto es que no sólo la filosofía podría invitarnos a mirar este asunto con desconfianza. La historia de los últimos cuarenta años parece evidenciar más sospechas.

Para reformularlas, podemos pasar un ratito por el infierno y nombrar a La doctrina de la seguridad nacional.

El cuento lo conocemos. Estados Unidos, alarmado por la amenaza comunista, se dispone a dar cátedra a los países de América Latina para garantizar el orden interno. Promueve la toma del poder en manos de las fuerzas armadas. Para ello, durante cuarenta años adoctrina a militares en las llamadas técnicas de contrainsurgencia. La sede, Panamá (ejem). El lugar de enseñanza: La escuela de las Américas.

Por ejemplo, se enseña a torturar, a secuestrar, a desaparecer, a combatir militarmente.

Toda amenaza a la Seguridad Nacional de EE. UU, en cualquier parte del mundo, implica una acción favorable a la Unión Soviética. Y hay que parar la expansión del comunismo, como sea. Los ciudadanos del mundo, sin distinción alguna, son potencialmente amenazas (otra vez la idea de peligrosidad). Para ello, no sólo se implementan estas aberraciones, sino que crecen los mecanismos de control.

Se logra garantizar la seguridad, con el precio de océanos de sangre. Estados Unidos auspicia, interviene y ordena su plan a través de las diversas dictaduras latinoamericanas: Augusto Pinochet en Chile (1973-1990); Alfredo Stroessner en Paraguay (1954-1989); Videla y compañía en Argentina (1976-1983); Juan María Bordaberry, en Uruguay (1973-1985); el general Hugo Banzer en Bolivia (1971-1978); la dinastía de los Somozas en Nicaragua; los gobiernos de El Salvador durante los años más atroces de su guerra civil; el gobierno colombiano de Julio César Turbay Ayala, con su “Estatuto de Seguridad” (1978-1982). La represión de todos estos gobiernos es conjugada, definitivamente, con el Plan Cóndor en Sudamérica y con Operación Charlie en Centroamérica.

Así operan los dispositivos. Así se mueve el imperio ante los “peligros” o las acciones contra su propia “seguridad”.

 

CAÍDA Y ASCENSO DEL ENEMIGO

Muerto el comunismo en la época de los ´90, el triunfo del neoliberalismo se proclama como asegurado. Felices tiempos donde Fukuyama describe la danza del último hombre. Felices días en los cuales Sabina pide que pongan marihuana en la pipa de la paz, y la guerra del golfo no sucede. Días con un peronismo de convertibilidad, donde la clase media argentina compra licuadoras y viaja a Miami.

La humanidad libre. La civilización. La especie sapiens por fin salta la dialéctica histórica y vive un tiempo natural.

Sin embargo, en el 2001 caen las Torres Gemelas. Un novedoso dispositivo se inaugura para garantizar la seguridad contra los nuevos terroristas (también se llamaba terroristas a los comunistas). La “humanidad” inaugura otra vez un enemigo. El fundamentalismo islámico.

Se intervienen con más fuerza los aeropuertos. Se profundiza en los sistemas informáticos. Se perfeccionan los limbos electrónicos. Se perfila y ahonda el proyecto de los Estados policiales. Y mucho más. El ex presidente Bush declara el estado de excepción permanente, gestosegún Agamben – que eleva al imperio americano y a Occidente a la cúspide del totalitarismo moderno. El beneplácito para detener indefinidamente a cualquier sospechoso de actividad terrorista se permite violar la persona jurídica de los individuos. Como broche de oro, consagra esta excepcionalidad en un medio normativo de la biopolítica.

Todo, con el épico relanzamiento de la industria bélica y con la celebración de las guerras del siglo incipiente.

Este movimiento, este resurgir de la bestia, va acompañado de una reforma comunicacional en el mundo.

Así florece la televisión que miraban nuestros cacerolos. Nuestros cacerolos, hoy, amigos del partido del rabino.

La televisión de aquellos años no era nada inocente.
Es más, no ha cambiado en su esencia hoy día.
Volvemos, así, al principio de esta nota.

 

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Zaffaroni nos habla sobre la existencia de una criminología paralela a la académica: la mediática.

En principio, por “criminología” podemos entender al conjunto de discursos sobre la cuestión penal.[9]

La tele ha desplegado una serie de saberes bastardos sobre el asunto, y ello tiene una profunda raíz en lo que estamos desarrollando. Veamos algunos puntos para completar qué hay, hoy, detrás de los personajes de la seguridad. Entremos al universo de la criminología mediática.

Según Zaffaroni, dicha criminología crea la realidad de un mundo de personas decentes, frente a una masa de criminales. Así configura un ellos (“chorros”, “negros”), separado del resto de la sociedad – nosotros -por ser un conjunto aborrecible. Las imágenes de la tele tematizan, imparables, sobre este ellos amenazador.

Por ejemplo, el pibe de un barrio pobre que fuma porro en una esquina en cualquier momento puede hacer lo mismo que otro pibe pobre que, “dicen”, mató a una “abuela”. Por las dudas, por seguridad, convendría separar de nosotros (los decentes, la gente) a ese fumón. Aunque mejor sería eliminarlo.

A fuerza de repeticiones, de bombardeos visuales, de chantajes emocionales, de indignación ante asuntos aberrantes mil veces transmitidos; a fuerza de reiterar los impulsos vindicativos de las víctimas de robos, se estimula la construcción de la frontera donde ellos son los “delincuentes”, “asesinos”, “hijos de puta” y nosotros- todos- las víctimas dignas incapaces de caminar en paz.

Cuando se lo identifica, la acción que sugiere este discurso en su paroxismo sólo tiene una palabra para resumirse: matar. Matarlos. ¿O no son un gasto para el Estado? ¿Ir a la cárcel? ¿Mantenerlos con nuestros impuestos?

El que mata debe morir, dijo la bestia televisa celebérrima.

La muerte es un tema fundamental en los medios. Y, para datarla, este lenguaje extrae sus palabras de la otra cara del mismo proceso: lo bélico. Voces como “enfrentamiento” y “aniquilación” proliferan. Sin embargo, a veces se encubren con el tono cacofónico sugerido por la retórica del estereotipo; el “abatido” tenía un “frondoso prontuario”, “cuantiosos antecedentes”, “actitud sospechosa”. La criminología mediática naturaliza las muertes. Sobre todo, las que ocurren en el interior de las comisarías, los fusilamientos, el gatillo fácil y las masacres de los actuales operativos armados contra el narcotráfico en las villas.

La seguridad es la respuesta discursiva a los problemas que señala esta lógica. Y la traducción implica música archisabida: endurecimiento de los castigos; baja edad en la baja de imputabilidad; creencia en la eficacia absoluta de lo penal.

Mano dura.

La criminalidad mediática nos llama a consumir la industria de la seguridad. Hace muy poquito se debatió sobre linchamientos a ladrones. ¿Y la justicia por mano propia? Estimularlos impulsos vindicativos resulta una clave no menor en este proceso. En ese cambalache, se nos insta a reclamar un dispositivo que, en última instancia, oculta el amordazamiento y el control sobre un objeto insospechado. Nosotros mismos. El proyecto de implementar un Estado policial está más vivo que nunca. Y avanza, imparable, hora tras hora, segundo sobre segundo, en los medios. Avanza, también, en la actual dirigencia, que decidió hacer de este discurso una declaración de principios.

 

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EN LA UTOPÍA DEL RABINO Y DEL RUBIO

Desde aquel 2004, desde aquella dupla Bergman y Blumberg, pasó mucha agua debajo del puente. Ya enumeramos un tendal de dislates. Desde la idea de cambiar el Himno hasta los barbijos en tiempos de gripe porcina, desde declaraciones fascistas hasta la creación del Ministerio de Seguridad (en tiempos de Cristina).

Hoy hemos cosechado los primeros frutos de nuestro miedo.

A partir del triunfo del macrismo, la utopía de nuestra dupla ve sus primeros frutos.

El grito de seguridad ha sido oído.
Y la mano dura acaricia nuestras pelotas.
Tendremos que resistir. Aunque a muchos sectores no les guste la palabrita.
Resistir. Como se ha hecho siempre frente a los dispositivos.
Como corresponde ante cada paso del poder.

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POSDATA: ¿Y NOSOTROS?

El telón de fondo de la seguridad esconde, al descorrerlo, un asunto que se ha deslizado por acá, pero digámoslo con todas las letras.

Hablamos de El otro.
¿Qué hacemos con el otro?
Nuestros tiempos liberales lanzan la voz.
¡Tolerancia!

Como ha dicho el filósofo Zizek, la paradoja primera de la tolerancia es que, para funcionar, exige quitarle al otro su condición más traumática y alejarlo lo mejor posible de nosotros.
El mejor vecino es el que no te cruzás.
Hoy en día, nuestro modo de ser con la otredad es un juego de distancias. El otro “diferente” – mediante el embudo de la tolerancia – se convierte en café sin cafeína, en sal sin sodio, en cerveza sin alcohol, en sexo sin penetración. Si podemos llevar ese modelo a nuestras amistades o a nuestros amores o a nuestra familia -descafeinarlos-, se nos promete la paz y la armonía anheladas.
Las distancias se profundizan, ni bien el otro se convierte en más “otro” y atenta contra nuestra seguridad. Ahí lo vemos peligroso. Para él construimos muros, circulamos policías, reforzamos fronteras y fantaseamos con un mundo sin su oscura presencia.
Después, tenemos un otro más lejano, aunque todavía cerquita: el otro “inútil”, “improductivo”. Un pobre infeliz que enloqueció, por ejemplo. Un turro que cometió un delito menor. Un anciano que tuvo la indecencia de llegar a viejo. A “ese” lo encerramos, lisa y llanamente. Tendrá  condena por su crimen; o por vivir demasiado.
Pero quizá lleguemos muchísimo más lejos y encontremos un otro atroz. El opuesto a nosotros. Un otro – capaz de reventarnos, de destruirnos, de volarnos, violarnos y saquearnos. Para él, nuestro mundo tolerante suele usar una vieja palabra griega. El “bárbaro”. El nuevo enemigo. El “fundamentalista”. Ahí, entonces, nada de miramientos. En él, la tolerancia toca su límite y completa el círculo: al vecino o al amigo o al familiar se lo descafeína, al peligroso se lo cerca, al loco o al criminal se lo encierra; al fundamentalista se lo liquida. Así funciona la tolerancia en nuestro mundo tolerante. Así se funda, sostenida en su premisa opuesta y en su paradoja definitiva. La aniquilación del último otro de la cadena.
Sin embargo, queda un “otro” final. Uno cuyo rostro monstruoso no advertimos mientras más lejos miremos. Se trata del otro que nos envía el reflejo del espejo. Estaba en nosotros mismos desde el principio. Y, si lo miramos bien, advertimos con pavor, las huellas y los parecidos. Alegoría de pesadilla, las máscaras se multiplican y, en esa vislumbre, somos el loco, el criminal, el viejo, el peligroso. El fundamentalista.
Contra ese rayo cegador no hay distancia posible. Cuando llamamos a la policía de los espejos y queremos salvarnos del atolladero, los gritos de los otros que somos y matamos nos ensordecen y persiguen hasta el fin.

Ahí, no hay seguridad posible.

 

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NOTAS

 

[1]Hoy y sin chistar, el mismo rabino comparte un espacio político que alberga neonazis.

2 También podemos recordar al llamado guasón del Pro. El actual alcalde porteño, Rodríguez Larreta. Él padeció esta cómica y disparatada enfermedad.

3 La expresión pertenece al escritor Martín Caparrós.

4 “La Noción de Seguridad en Thomas Hobbes”. Ángela Arbeláez Herrera.  Disponible en: https://revistas.upb.edu.co/index.php/derecho/article/viewFile/281/236

5 Spinoza entendía por alegría el aumento de nuestro grado de potencia. Al contrario, la tristeza era su disminución. Nietzsche,  por su parte, escribió en el Anticristo: ¿Qué es lo bueno? Todo lo que eleva en el hombre el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo. (…) ¿Qué es lo malo? Todo lo que proviene de la debilidad. (…) ¿Qué es la felicidad? El sentimiento de lo que acrecente el poder; el sentimiento de haber superado una resistencia.

6Ética IV,  Apéndice, 13. Spinoza.

7Fragmento del capítulo 3 del texto “Spinoza: Filosofía práctica”., Gilles Deleuze. Disponible en https://danzandoconpolygethes.wordpress.com/2014/05/22/3-desvalorizacion-de-todas-las-pasiones-tristesen-beneficio-de-la-alegria-spinoza-ateo/

8 No es una paradoja. Tenemos dos caminos para entender por qué los tiranos son, en el fondo, siervos. Nietzsche dividía a los hombres, de todos los tiempos, en libres y esclavos. Quien disponía de las tres cuartas partes de su día era libre. El resto, fuera funcionario, empleado o erudito, al no ser dueño de la jornada, caía en el terreno del esclavo. El otro camino puedo resultar más experimental, si nos animamos. Miremos las caras de los tiranos y preguntémonos si no los agobia la tristeza infinita de la esclavitud (el mismo método lo podemos aplicar a nosotros: ¿Qué vemos en el espejo ¿Y en el espejo específico de nuestros días?).

9 “La palabra de los muertos”. Eugenio Zaffaroni. Ediar: Buenos Aires, 2011.




CON LA LLUVIA, NO

El hastío: sobre el humor social.

Por Germán Cavallero

LLUEVE SOBRE MOJADO

Ya la lluvia no es lo que era. La encerraron en una torre. Invadieron la tierra de la poesía y la secuestraron. Encarcelada y revestida de intereses que no son de lluvia, perdimos su rostro. Ya nadie llueve, como en la escritura de Saramago: “el universo murmura bajo la lluvia, Dios mío, qué dulce y suave tristeza, y que no nos falte nunca, ni siquiera en las horas de alegría”.1

Norma Bessouet, “El otro abrazo”, óleo sobre lienzo, 1987.

Ya, nadie: fuimos inundados. Horadados. Tanto por los desmontes de bosques nativos como por la tecnología militar que calienta la ionosfera para inducir lluvias; o por los grandes medios de comunicación: propician masas de nubes pestilentes para descargar el veneno que nos licúa por dentro y nos hace tronar hasta por las narices.

¿Qué culpa tiene la lluvia? Se apropiaron de su identidad, de sus cualidades, pero quienes conocimos su verdadero rostro iremos a rescatarla.

LA GRAMÁTICA DE LA LLUVIA

Llover es un verbo impersonal. Cuando lo conjugo en la primera persona, de inmediato, nace una metáfora: “Yo lluevo”. Entonces pienso que si lluevo es porque llevo lluvia. Pero llevar lluvia produce amontonamiento de consonantes. Y si agrego: “llovido, lluevo al llevar lluvia”, tanta “doble ele” que suena “ye” provocará el hastío de quien lee/oye. No importa. Las doble eles no mojan y hace no mucho tiempo -no sé precisar cuánto-, oír llover no era nada que se pareciera al hastío. Bastaba con acercarse a la ventana y ver correr la lluvia, con su frenesí de letras líquidas,  náufragas e insistentes. Voy a reclamar esa manía de la lluvia sobre la abnegación del vidrio. Voy a gritar por qué “llover”, de ser un verbo impersonal, pasó a una intención deliberada de repicar donde duele. Voy a hacer camino en un intento por liberarla; limaré sus excesivos y artificiales acentos para que vuelva a ser filigrana celestial. Arrumacos líquidos en las ventanas: aquello que nunca dejaremos de ser.

Llueve. Ya gotea. Hermoso momento, para un paréntesis musical:

SINFONÍA VINDICADORA

Beethoven se retira al campo y compone su sinfonía nº 6, Pastoral. El movimiento, “La Tormenta” recrea, a través de la orquesta, una acumulación progresiva de nubes, hasta estallar en truenos y relámpagos. Narrada por timbales y trombones exaltados, cuerdas y maderas como vientos iracundos, llega a su fin con geniales destellos de composición: las cuerdas, a lo lejos, reproducen algún chaparrón rezagado; es el eco de la tormenta que huye hacia otros cielos hasta que una flauta anuncia la llegada del sol con una escala mayor ascendente. Toda una victoria sobre la desazón y la desesperanza. También en la 5ta. y en la 9na., los golpes de la fatalidad que llama a la puerta, o la necesidad de una humanidad hermanada, respectivamente, encuentran resolución romántica y triunfal.

caótica
Pielbetún Compañía de Teatro, LA FLOR DEL PANTANO: “Caótica invoca la tormenta”.

ALIMENTO DE LOS CAMPOS

En tiempos remotos, también conjurábamos los fenómenos meteorológicos, las malas cosechas, las pingües cacerías. En la pronunciación de la palabra mágica, en los trazos de tierra pigmentada sobre la piedra se interpelaba al blindaje cósmico. Y nos descargábamos archivos de lluvia, o mares de sequía como castigo, de acuerdo al humor celestial. Buscábamos en la ciencia del rito la bonanza divina y, así, toda la sed de las siembras era cubierta por la caridad de dioses, a quienes pagábamos con oraciones y sacrificios.

NUBES (DE POLEN)

En el musical, “La Flor del Pantano”2, una diosa llamada Caótica se alimenta de la tristeza, de rencor y de  miedos. ¡Es que su amante es el hastío! Su hermano Caos ha sido derrotado por el Orden, hace millones de años. Pero dejó, en el corazón de esta diosa que reside en la densidad de la selva paranaense, una huella persistente. Caótica canta:

Nubes tiemblen como ayer, / todas juntas a crecer. / Humo, bruma y soledad: / ¡armen una fortaleza en sombras!

Por cada pelea, mezquindad humana, se le inflama el pecho y crece su ambición de volver a ese estado informe y originario de las cosas, a través de un plan macabro: endurecer todas las aguas y convertir al mundo en una piedra.

Lo que ella ignora es su propio revés, su otra cara. Lo ignora hasta el momento final, cuando -luego de enfrentarse a una niña musical, a un cíclope flautista y a un abejorro- se transforma en una imponente flor del pantano.

En un acto único y esforzado, la realidad abrumadora es transformada por el colectivo de personajes en beneficio de todxs. “Los números cierran con la gente adentro”.

¡El hastío ha sido exterminado! Pero, ¿qué razón, móvil, se puede leer entre líneas?: ¿la restauración de un equilibrio cósmico? ¿La inexorabilidad de los destinos? ¿O una estrategia precisa de sortear los obstáculos al rescate de un bien común?

ETERNAUTA
H. G. Oesterheld / F. S. López, El Eternauta: “La nevada Mortal sobre Buenos Aires”.

CONQUISTA CLIMÁTICA

Es un hecho: el clon de la lluvia salió del laboratorio. Sus puños de tormenta golpean como un Frankenstein gigante, resentido. Porque hoy la lluvia puede ser inducida. Hasta se especula con que algunos terremotos -el de Haití, por ejemplo-, también. Cambiamos la oración y el rito por la manipulación de iones. ¡Aprendimos a calentar la ionosfera para producir lluvias!3; a conducir el castigo divino y a dirigirlo al territorio enemigo. Sin embargo, estamos a tiempo de volver sobre esos pasos. De poner seco sobre mojado. Indagar en la piedra aquellos milenarios ojos de sorpresa, para que nos digan cómo leer el mapa de la verdadera lluvia e ir tras sus manos mecedoras. Y dar con su morada de fértiles insectos y arrullos aguerridos.

NI UN PASO ATRÁS

En el planeta Venus no deja de llover durante semanas, meses, años. Los venusinos viven en el mar y, cada tanto, salen a robar carne humana que maceran en el fondo del agua. La locura de los hombres que llegaron a ese planeta es el preámbulo de la propia muerte. Nada pueden hacer frente a la horadación de la lluvia. Ya las plantas perdieron el verde y ellos, los sentidos. Pero no la esperanza de alcanzar la “cúpula amarilla”, donde reside un sol flotante, luminoso y cálido. Los últimos sobrevivientes de la misión se arrastran sobre sus pies, las brújulas desmagnetizadas por tormentas eléctricas los conducen al comienzo de su fatigado camino. Y así transitan, en círculos de hastío, próximos a la muerte. No sé si Ray Bradbury conoció relatos de nuestra América originaria: “La serpiente que robó la noche”4 provoca una zozobra similar al de su cuento “La Lluvia”. Cuando una serpiente roba la noche, los mundurukús padecen el sol sin tregua: sequía, hambre, imposibilidad de dormir, de conciliar el sueño. Pero en este caso un hastío seco. Abrasador. Calcinante.

Sentido ausente, 2011, óleo sobre tela,
Ana Eckell, “Sentido ausente”, 2011, óleo sobre tela, 1,80 x 2 m.

“PERIODISMO DE GUERRA”

El linchamiento mediático de figuras públicas -que atentan contra determinados intereses- construye un imaginario social llamado a conquistar la ética desde la justicia propia, desde el escarnio público. Alimento organizado que se cuela las 24 hs. del día por la boca de una sociedad con angustia oral. Salta desde los medios hegemónicos, montado en una cuchara, como avioncito amistoso en HD, y, luego de franquear lo más preciado de su audiencia, el pensamiento crítico, sedimenta y lo desplaza. Es un tornado en cuenta gotas, un reguero de pólvora que genera hipnosis colectiva, adormecimiento de la razón, odio. Su efecto es previsible: estalla en acciones violentas. Su modus operandi: el hastío. Nudo de barbarie sistemática de un aparato que, como Caótica, crece con la desazón, la incertidumbre y la miseria humana. Busca sumergirnos en un no-lugar entre la ficción y la realidad: los bordes se funden, perdemos la orientación y ya no sabemos ni quiénes somos, ni dónde estamos: si en el planeta Venus, cuya única salvación es la “cúpula amarilla”, o en la aldea global de los mudurukús, como deslucidos e indignos hidalgos contra molinos de calor y hastío.

Raquel Forner, “Mutantes alienados II”, 1974, óleo s/tela, 160 x 130 cm.

SER LA NUEVA LLUVIA

¿Nos reducirán a cenizas? ¿Cambiarán nuestro rostro? Dependerá de la resistencia colectiva, tan creativa como la espontaneidad de la lluvia: allí asoma el mundo de los desposeídos y se torna constelación de voces nuevas, siempre fundantes. Porque busca en escenarios hostiles, en las peores de las adversidades, escurrirse, viabilizar, organizar una salida. Modeló quilombos, conformó “cabildos de negros” y hoy la sabemos de nuestro lado. Resistencia colectiva. Siempre renovada lluvia.

Por eso decimos “con la lluvia, no”.

Ella crepitaba poemas en el oído de la tinta y vertebraba corcheas en el camino de las partituras. Era la más acabada condición del reposo, la tristeza dentro de la alegría, metáfora perfecta, insurrecta, lo inasible de lo apenas visible. Y, en estos últimos años recuperamos su rostro, la volvimos más compañera que nunca. Si las moléculas de agua hermanadas sufren al tener que separarse para siempre por el hervor que las divide, no cuentan con que vuelvan a unirse en vapores nuevos. Y volver es exhibir con orgullo nuestros rasgos de furibunda agua. Aunque nos proscriban, organizaremos el trueno en la gesta del vendaval. Colados en todas las rendijas. Puestos a permeabilizar cerrojos y a humedecer con la palabra profunda y libertaria. En eso estamos. A los pies de la torre donde encarcelaron la lluvia. A punto de sitiar los muros. De penetrar las piedras hasta rescatar a nuestra compañera. La que nos enseñó a mirar a los ojos. Llovidos ojos de llevar lluvia.

Notas:

1 JOSÉ SARAMAGO, La Historia del Cerco de Lisboa, pág. 137, Punto de Lectura, SL, Madrid, España, 2008.

2 LA FLOR DEL PANTANO: musical infantil de la compañía Pielbetún Teatro.

3 El proyecto HAARP (del inglés High Frequency Active Auroral Research Program, Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia) es una investigación financiada por la Fuerza Aérea de los EEUU, la Marina y la Universidad de Alaska para “entender, simular y controlar los procesos ionosféricos que podrían cambiar el funcionamiento de las comunicaciones y sistemas de vigilancia”.

El Haarp (considerado, entre otras funciones, como una “máquina de crear terremotos”), es un calentador de la ionosfera, y actúa sobre ella como la antena más poderosa que jamás haya existido.

http://www.atilioboron.com.ar/2010/02/el-investigador-robinson-salazar-de-la.html

http://truthnetmedia.com/truth-news-lluvia-con-ayuda-de-bacterias/

4 Leyenda mundurukú (Estado de Pará, Brasil), Relatos de la América Originaria, Ediciones Continente, Buenos Aires, 2010.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




EL BAILARÍN DEL PANAL

El Hastío: sobre el combate entre Sonny Liston y Cassius Clay

Por Noemí B. Pomi


HISTORIAS ANTIGUAS

Johnny Tocco abrió el gimnasio, allá por 1950. Lo hizo en abierto desafío a su futuro. Quizás, por esa pasión por el boxeo, nacida entre los ecos de las historias contadas por su abuelo. En Italia, el viejo Tocco se enfrentaba con jóvenes de pueblos vecinos. Y sí: había que defender lo poco ganado y los puños eran un elemento decisivo. Ese antecedente despertó su interés. Investigación va e investigación viene, para Tocco la vida y el boxeo se transformaron en una misma cosa. Esta pasión que hereda el nieto de los relatos de su abuelo es, sin embargo, bien antigua. Ya hay registros de combates, desde los tiempos de la civilización minoica. Y, de ahí, su ruta.

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Púgiles de Akrotiri (1500 aC) Isla Santorini

 

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Jarrón con imágenes de Box (500 a C.)

 

ENTRE DUNAS Y ARENAS

A Johnny se lo sabía rudo, combatiente, terco. Había apostado todo a aquel viejo patio de ferrocarril rodeado de dunas y arenas. Por ese entonces, no podía sospechar que, por sus instalaciones, pasarían las personalidades más famosas, en busca de boxeadores espectaculares. La fama del lugar comenzó con los entrenamientos de Sonny Liston.

 

UN FANFARRÓN, 7 A 1

El 25 de febrero de 1964, en el Convention Hall, de Miami Beach, Florida, todos los reflectores apuntaban hacia el cuadrilátero encordado. Expectativa general, preocupación en los organizadores. El promotor, William B. Mac Donald, en contacto permanente con las boleterías. El 50 % de las butacas vendidas solo le permitían cubrir gastos. Para obtener ganancias, debía jugarse y apostar por segunda vez al fanfarrón de carácter volátil y lenguaje callejero de Louisville, Kentucky. Vaya si tenía que arriesgar, los números daban 7 a 1, a favor del campeón.

 

DONACIÓN AL ZOO

Como era habitual en los instantes previos a la pelea, los contendientes, los entrenadores, los médicos personales y el árbitro ocupaban todo el ring.
Pero este no era un combate más. Se ponía en juego la corona mundial. El campeón, considerado casi imbatible, arriesgaba su cetro frente a un principiante de 22 años, provocador y ganador del oro en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960.
A decir verdad, el campeonato comenzó a disputarse varios días antes. El retador habíaIMÁGEN  IV ABEJA tenido el atrevimiento de plantear una guerra psicológica. Llamó a Liston “oso feo”. “Si hasta huele como un oso”, dijo. “¡Después de que lo faje, lo voy a donar al zoológico!”, y amenazó con darle una golpiza. En su provocación, llegó a presentarse en los jardines de la casa del campeón, con un frasco de miel para que Sonny se alimentara. El show mediático empezaba a calentar motores, los periodistas siguieron sus acciones como moscas al panal. En el pesaje, nuevas chicanas, furia en unos ojos y mirada socarrona, en otros.

 

UN DETALLE COLOR SANGRE

Deporte agresivo y dramático, el box requiere determinadas condiciones físicas. A su vez, disciplina, belleza, técnica, dinamismo y plástica son todas condiciones muy difíciles de reunir en una sola persona. Pero esa noche, los mejores atributos se lucieron juntos sobre el ring. Hasta el más mínimo detalle se cuidó en los dos camarines. Conjunción perfecta en vendas y guantes: unas mimaron dedos y muñecas y los otros protegieron de los golpes contundentes. Coquillas y suspensores: bien ubicados. Y, por supuesto, los botines de media caña. Ah y, a último momento, el protector bucal.
El campeón, Charles “Sonny” Liston, rodeado por Jack Nylon, su entrenador y por su médico personal. El desafiante, Cassius Marcellus Clay, asistido por Angelo Mirena – alias Angelo Dundee – y el deportólogo, Ferdie Pacheco. Un detalle, los guantes del retador eran color sangre.
Concentración máxima. Los instantes previos fueron eternos.

IMAGEN III

DE MARIPOSAS Y ABEJAS

Sonó la campana y, a la orden de ‘¡Box!’, del árbitro Barney Felix, los dos gladiadores, frente a frente. El tiempo comenzó su danza en ese cronómetro que activaba su cuenta: cada tres minutos, uno de descanso. El conteo se reiniciaría quince veces, por tratarse de un título mundial. Eso, a menos que un knock out o alguna otra definición tempestuosa lo resolviera antes.
En el primer asalto pareció concretarse aquello prometido por el retador, “voy a flotar como una mariposa y a picar como una abeja”. Bailó frente al campeón. En ocasiones, con la guardia baja, exhibía técnica, movilidad y -quizás- una muestra de sus recursos mentales: temple, seguridad y firmeza. El campeón, desconcertado -enfurecido- marró algunos de sus golpes famosamente letales.

IMAGEN IV MIGUEL FERREIRÓS
Miguel Ferreirós


MALOS MUCHACHOS

En el rincón del todavía titular de la corona, las palabras del entrenador no lograron alejarlo del Estado de Arkansas, ni de su niñez, como recolector de algodón, al igual que lo había sido su padre. No aprendió a leer ni a escribir, aunque sí a reconocer los billetes de dólares. Cuando sus padres se separaron, él se fue a vivir a Missouri con su madre y sus hermanos. Al principio tenía un empleo honrado, pero con un sueldo miserable. A los 16 años, se juntó con los peores chicos del barrio y se dedicaron a asaltar a mano armada los negocios del lugar.

El timbrazo lo volvió a la realidad, enfrente estaba esa abeja pedante que picaba sin cesar. El round transcurrió sin mayores sobresaltos, con las mismas características que el anterior.

 

PIÑAS EN EL NOMBRE DEL PADRE

Vuelto a la esquina y otra vez a Missouri: iba al colegio, donde tenía que aguantar las burlas de sus compañeros por ser analfabeto y de gran estatura. En 1950, cae preso en la penitenciaría del Estado de Missouri. Allí conoció al sacerdote católico de la prisión, el padre Alois Stevenson, director de deportes de dicho penal. Fue él quien lo llevó al gimnasio y guió sus primeros pasos en el pugilismo. Del cura, dijo Sonny: “Fue el primer hombre que habló conmigo en lugar de darme órdenes”. Nadie lo ayudó más por él que el padre Stevenson: le ofreció albergue en su casa y, además, lo contactó con dos hombres del mundo del boxeo. También hizo sesiones de sparring en la cárcel con un peso pesado local de cierto prestigio. Después, llegó el padrinazgo de la mafia. A todo lo anterior se sumaron sus condiciones y talla: 1.85 mts y 99.700 grs.  y la contundencia de sus golpes. Así se proyectó al reinado de la categoría máxima. Reunía los títulos de la Asociación Mundial de Boxeo y del Consejo Mundial.

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Boxeo-arte-chatarra

 

VENTANAS AL FUTURO

El relator se estremeció en el tercer round: el campeón estaba roto cerca de ambos ojos y en la nariz. Al llegar a la esquina, ungüentos para ocultar el sangrado. Y esa vuelta al pasado que lo perseguía. Los inicios de su carrera y su esfuerzo en perfeccionar cada vez más ese cuerpo dotado de una fuerza descomunal. Ventanas al futuro fueron los agujeros abiertos a golpes de martillo en el gran neumático conservado como testimonio en el gimnasio de Johnny Tocco. No reparaba en el tiempo que dedicaba a los entrenamientos. Bien sabía Sonny: de ello dependía su futuro.

IMÁGEN  .... Combate de boxeo de Aharkey-George Wesley Bellows
Combate de boxeo de Aharkey-George Wesley Bellows

 

DANZAR EL FARO

Al finalizar el cuarto asalto, Cassius lagrimeaba sin cesar. Se quejaba porque no podía ver. Abría y cerraba sus ojos en busca de luz. Su entrenador lavó su cara repetidas veces con abundante agua y le aconsejó mantener a su contrincante a una distancia prudencial. Los ungüentos del campeón obturaron sus heridas y también la visión del contrincante. Con la vista tan corta, uno de sus brazos se arriesgaba a amortiguar los golpes, los giros y los contra giros. Así, sin rendición, se alejaba de la sombra. En ese momento de ceguera, la danza fue su faro.

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Jean Michel Basquiat. Período Neoexpresionismo, 1982, Arte Abstracto

Los dos rounds siguientes tuvieron las mismas características: el retador recargado exhibía agilidad y pasos de ballet desconocidos en la categoría. La abeja picaba y picaba sin cesar. Despliegue de contundencia, rapidez de rayo, cabeza erguida, izquierda derecha, una y otra vez. El público, enardecido, presenció una danza contundente y maravillosa. El bailarín también sabía que, en esa coreografía, le iba su porvenir.

TRISTE RESÚMEN

En el minuto de descanso entre el sexto y el séptimo round, el antes poderoso e imbatible hombre de los puños más dañinos, calculó todo. De continuar en esa tesitura, seguro mordería la frialdad de la temida alfombra. Sonny era un boxeador tan oscuro como los bajos fondos de los cuales provenía. Ni el haber sido encumbrado por personajes non santos lo salvaría de soportar cómo quienes tanto lo alababan le darían la espalda.
Hay en el deporte alta competencia una idea triunfalista que se asocia a todas las ideas del progreso y que se basa en una experiencia del tiempo lineal, en donde siempre el presente puede superar al pasado y el futuro al presente. Sonny lo sabía.
El hastío se impuso, no importó ya más nada, la tensión entre su pasado de gloria y su presente triste se resumió en su presente triste. Al igual que una mariposa, la toalla emprendió su vuelo final.

IMAGEN VII Arte con clavos”
“Arte con clavos”

 

EL ESTRATEGA
En la otra esquina del cuadrilátero, el knock out técnico no sorprendió al joven. Él había preparado una estrategia magistral y alocada para aquella época. Entendía que la distracción mental previa del contrario sería vital para lograr la confusión. Lo había hartado, ofuscado y sacado de sí y eso se evidenció el día del match. Más allá de la casualidad o causalidad, esto deja ver otra chance: una realidad paralela confirmó que, en los momentos de mayor presión, la potencia se manifiesta. No obstante saberse el mejor, en medio del cuadrilátero, continuó su danza, a la que agregó el canto. ¡Soy el mejor! ¡Soy el mejor! ¡Sacudí al mundo!
Está claro que el tiempo de la historia no va derecho al horizonte, a veces hace rizos, a veces lo mejor y lo más moderno queda atrás. Aunque en el caso de Cassius, estamos ante un quiebre que sí, inauguró una nueva época. Los recursos usados durante mucho tiempo se agotan y lo nuevo encarna. Eso fue Clay.
Aun sin aquella estrategia, las condiciones del nuevo campeón quedaron para siempre en la historia del Convention Hall de Miami Beach, Florida. Un bailarín comenzó a ser leyenda en el más rudo de los deporte.

IMÁGERN VIII SALVADOR DALÍ, NIÑO GEOPOLÍTICO OBSERVANDO EL NACIMIENTO DEL HOMBRE NUEVO, 1943
Salvador Dalí, 1943. Niño geopolítico observando el nacimiento del hombre nuevo.




REBELIÓN DE LA MATERIA

El hastío: Sobre el cuerpo.

Por Anne Diestro Reátegui

Hay que rebelarse y destruir el cuerpo para que el hombre pueda rehacerlo –el cuerpo-, vale decir, el mundo”. Antonin Artaud. [i]

EN EL PRINCIPIO FUE UN ESPEJO ROTO

¡Las veces que quisimos romper nuestros cuerpos cansados, tirados como sábanas en la cama! Miras el reloj y parece que el tiempo no pasa. Rompes en grito y, dentro del sonido, suena un adiós a la desidia. En los otros, ves los mismos cuerpos desintegrados, casi, casi muertos. Podríamos jugarnos e iniciar un ejercicio imaginario:

Un espejo de frente. Un martillo. Una mano que toca el asa y tira adelante. El espejo roto. Muchas astillas de reflejo en el suelo. Reflejo desorganizado. El lenguaje de la ruptura. ¡Podemos empezar!

EL FIN DE LA POSE

Antonin Artaud, el creador del teatro de la crueldad,  pone una cámara ante nuestros ojos para señalar que el cuerpo debería ser organismo fundamental: cuerpo-unidad, creada y recreada una y otra vez. Singular y múltiple, al mismo tiempo. Territorio de la infinitud en los signos.  Sin cuerpo, solo queda ausencia. Y este cuerpo maltrecho hace frente a la rebelión y a la ruptura: “Re-hacer cuerpo: permitir que las modulaciones de los enclaves corporales no naufraguen en las orillas de la identidad”.[ii] Así, expulsar hasta de nuestros contornos toda pose literaria. Nuestros pies, dedos, piernas y brazos hablan. Somos poesía en cuerpo caminante a diario, lenguaje que hace silencio si algún órgano disfunciona.

CUERPO CRUEL

Pero, ¿qué es eso del teatro de la crueldad?
Crueldad implica poner en escena una fuerza tan intensa como el hambre, pero no que no simbolice el hambre. Y cabe recalcarlo: para Artaud, el arte no es simbólico ¿Por qué? Porque no hay modelo. A eso nos refería su idea de la revolución fisiológica: nuestro cuerpo está en estado dinámico, en un constante deformarse y reconstituirse, ¿por qué no decidir un poco hacia dónde?

Nietzsche decía que todo lo que se conserva se muere. Artaud, entre otros puntos, focaliza esta problemática en el cuerpo, la totalidad. Sin cuerpo no existe nada.

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Antonin Artaud y Samuel Beckett.

Aquí clausuramos el modelo imitativo de la representación. En Artaud –repito– no existe modelo, ni siquiera una copia, todo siempre es otro. Ser vanguardista es trabajar en la inmanencia. Coherente con tal idea,  Antonin no ensayaba. Organizaba texto, iluminación, música, sonidos. Pero “el organismo completo” de la obra se daba en el aquí y ahora de cada vez. La idea hace resonancia con el “Je est un autre” de Rimbaud, el poder ser absolutamente modernos no implica una cuestión de originalidad, sino una dirección “originaria”. Alquimia, trasformación: del cuerpo, de la palabra. Aquí dejamos de “re-presentar” para enfocarnos en la “pre-sentación”.

Nadie sabe lo que el cuerpo puede” –Baruch Spinoza.

CLAUSURA DEL LENGUAJE VERBAL

“El lenguaje es un acto que se insinúa como un mecanismo más”[iii]. Para Artaud, lo verbal está apartado de forma semiótica del cuerpo, no existe relación de imagen-cuerpo, por ser éste de una autonomía inigualable, de la cual habría que hacerse cargo. No estar sometido a los automatismos del cuerpo, sino disponerlo de él con autonomía: “El organismo humano es escandalosamente ineficaz… ¿por qué no podría haber un sólo orificio polivalente para la alimentación y la defecación? Se podría obturar la boca y la nariz, rellenar el estómago y abrir directamente en los pulmones un agujero de ventilación, así tenía que haber sido desde un principio”.

“¿Cómo hacerse un cuerpo sin órganos?”, Gilles Deleuze y Félix Guattari.

ROMPAMOS ESTE CUERPO

Autorretrato, Artaud 1972.
Autorretrato, Artaud 1972.

La escena se rompe. Decimos adiós al diálogo, al discurso. Ilustrarlo ya no es una escena, dice Jacques Derrida, en el “Antonin Artaud o la clausura de la representación”. ¿Entonces? En el teatro cruel, la palabra es una enfermedad. ¿Qué hacer?: derribar el texto como único gesto, ése es el triunfo de la puesta. Es claro, que la lucha de Artaud no va contra cualquier palabra. Ataca, sobre todo, a la palabra como moneda de cambio, como herramienta de la supuesta comunicación. La palabra poética resuena, genera polisemia. Y, aunque aún ésta es expulsada de estas primeras tentativas de renovar el teatro, sigue teniendo para el poeta un valor diferente, recuperable, dentro de su mundo. Las palabras han sido cómplices indefensas, durante siglos, en la dicotomía cuerpo-alma. Pero, ¿qué es esto del alma? Me convierto en escéptica y la cuestiono. Acá lo real es esta materia viva con la que escribo, que me permite caminar, romperme. Entonces, podríamos cambiar incluso la concepción de la dialéctica académica del siglo XIX. Digámoslo de esta manera: en vez de cuerpo-alma, hablemos de la dialéctica del cuerpo, cuerpo-cuerpo.

Dibujo de Antonin, 1942.
Dibujo de Antonin, 1946.

Nuestros cuerpos dialogan, ¿el alma lo hace? ¿Qué es el alma? ¿El lugar donde se desarrolla la fuerza de la vida?, ¿dónde se desarrollan los esfuerzos vitales? Que alguien me diga cómo y cuándo la ve, por ahí, si salimos por un café con ese alma carismática y perdida. Los muertos, por ejemplo, ¿tienen alma?  Con esto no afirmo una abolición de la dialéctica, pero sí una igualdad entre estos elementos: los cuerpos. Con esto, tampoco niego la existencia de una potencia presente en la materialidad de nuestros órganos. Si hay alma, entonces, está entrelazada, incluida: cuerpo adentro.

TRANSFORMACIÓN DE MATERIAL

Recibimos afecciones de otros cuerpos que nos deforman y transforman. ¡Claro! Nietzsche tenía razón, hasta podría  gritar: ¡EUREKA! Si el devenir es constante, no existe una esencia. O, dicho de otro modo, no hay más esencia que el devenir. Pero volvamos a Nietzsche, todo lo que se conserva se muere. Entonces, digamos: para evitar cargar muertos en su cuerpo, Artaud aplicó en su teatro de la crueldad una idea de puesta en escena de un organismo fundamental (originario, no original, repito) para experimentar este cuerpo. Mancharlo, romperlo, exponerlo y condensar las sensaciones.

DIÁLOGO DE CUERPO

Así seas un ermitaño, el cuerpo dialoga con todo. El mundo nos envía vectores, la luz, el frío, la memoria, el deseo, los muebles, los otros cuerpos. Las afectaciones provocan una interacción, no existe el hombre aislado y solo: “Una sensación de ardor quemante en los miembros, músculos contraídos y candentes, la sensación de estar vidriado y frágil, un miedo, una retracción ante el ruido y el movimiento… Una fatiga central y destructiva, una especie de fatiga mortal… una fatiga de nacimiento de mundo, la sensación de cargar un cuerpo, un increíble sentimiento de fragilidad que se transforma en dolor partiente…” -Descripción de un estado físico, El ombligo de los Limbos- Antonin Artaud.

El teatro de la crueldad no incluye parlamentos, pero sí gritos, onomatopeyas, además implica el fin del concepto de “una obra leída procura más goce que una obra representada”. Hay un dolor de no poder decir fuera de las palabras: “Sufro una espantosa enfermedad del espíritu. Mi pensamiento me abandona en todos los grados”, decía Artaud, al saber que su cuerpo estaba entrelazado con su espíritu. Al querer acabar con la dualidad cartesiana –pienso, luego existo–, Artaud retruca: “mi yo pensante se duplica para asegurar un yo existente”. Aquí el espíritu no es más que la ruptura del pensamiento del yo, con el cuerpo pasado por la alquimia.

Spinoza, por su parte, decía que el hombre es extensión y pensamiento, ambos, en el mismo orden de importancia. Según el filósofo judío, todo conocimiento inicia por el cuerpo. Recibimos imágenes, establecemos relaciones con la razón, pero la verdad inmanente le corresponde a la intuición. Y hay que decirlo: la inmanente es la única verdad posible. Y su posibilidad comienza por la información que el cuerpo recibe del mundo. Así es como la enfermedad vendría de afuera: en ese caso, las afecciones recibidas son tan tristes que rompen la composición entre algunas de nuestras partes. En el extremo, si toda la composición se desarma, está la muerte. Por su lado, Artaud opinaba que la enfermedad del espíritu venía desde el pensamiento.

AUTOBIOGRAFÍA DEL CUERPO

Dibujo, Antonin Artaud.
Dibujo, Antonin Artaud.

La insistencia de Antonin por probar su cuerpo lo impulsó someterse a diferentes tipos de experiencias: desde la poesía, el consumo de peyote con los tarahumara hasta el electroshock. Dentro del mismo mundo del teatro, tampoco se privó: el teatro de Bali, teatro oriental y el teatro japonés lo ayudaron a desarraigar de las durezas del teatro aristotélico.

El viaje a México buscaba, entre otras cosas, la exposición del cuerpo ante el rito: tomar el peyote entre los lugareños, entre los guardianes del ritual, por el respeto milenario a las plantas sagradas.

Luego vino el viaje a Irlanda, bastón en mano,  el “supuesto” bastón de san Patricio. De ahí en más, todo parecía ir irremediablemente barranca abajo. Deportación y nueve años de encierro. Pero, al salir, un repique de textos memorables: “Van Gogh o el suicidado por la sociedad”, “Heliogábalo o el anarquista coronado”. Finalmente, el cáncer, la bestia antipoética: “Un animal me come por dentro”.

 

Firma Artaud.
Firma Artaud.

 

[i] Antonin Artaud, textos.

[ii] Antonin Artaud, textos.

 




LUZ, CÁMARA, CUMBIA

El Hastío: sobre el film “Inseparables” de Marcos Carnevale

Por Adriana Valletta

EL HILO INVISIBLE

Cuando la piedad enferma, asoma una opción un poco irritante para el sentido común. Ese será el intersticio por donde se cuele Felipe, un adinerado burgués, cuadriplégimageico. Su cuerpo ya no reacciona ni ante el agua hirviente, pero del padecer no ser priva. Entre vacilación y apuesta, la muerte no termina por ser un camino posible. Sólo resta encontrar el mejor asistente. En ese estado, Felipe encara una selección de personal. Busca un encuentro singular, uno que no admita reglas establecidas. Y será el deseo un hilado invisible y fuerte.
Un entramado contra el desamparo. Iván (Tito) y Felipe se constituirán en dos maestros del atajo y, si el cuero da, no se privarán del vuelo. Las lujosas paredes de la mansión necesitan una zona de pintura descascarada, una humedad que altere lo pulcro y lo simplemente útil.

 

PICA LA CARNADA

Tito está entre dos nombres. Iván, el hombre de la casa, el guardián de la familia que lo espera, e Ivancito: la infancia en Lugano cuando, incapaz de pronunciar correctamente, decía de sí mismo “ivantito”. Tito, entonces: lo pronunciable. Es decir, un hombre que no es dueño de la vida que quisiera tener ni de su cuerpo. Así y todo, en la incompletud del deseo, conserva la frescura. Cuando a punto de caer, se mueve hacia otras zonas, se aleja de su barrio. Entre changa y changa, un día cae de ayudante de jardinero en lo de Felipe. Un giro de la cabeza y el dueño de casa se encontrará con la estampa. En exteriores, hay una discusión, un agite de brazos y palabras en medio del hastío de la mansión. En esa escena- casi un cuadro, contenido por el marco de la ventana-, pica la carnada. Una luz titula en los ojos y repica en la luminosidad del jardín. Hay que retener esa silueta, allí “hay un posible”. Entre tantos candidatos que llegan con abultados currículums, la mirada de Felipe va hacia ese afuera, que es adentro de su propia casa. Se inquieta. Se desentumece de enfermedad. Se ilusiona con “un posible”

 

MARCAR LA COREO

El jardín de Felipe es para Tito un Lugano con lujos: hierbas y flores únicas. Pero Tito no lo puede ver de entrada. Algo en la ira lo encandila. Pide el dinero adeudado por su trabajo en el jardín y “quiere pegarse el raje”. No tolerará maltratos. Explota con ímpetu frente a las injusticias del “capo jardineri”. Felipe juega entonces su mejor carta. Es un riesgo: justo lo que un cuerpo sesgado reclama, alguna audacia para desperezarse el imagetedio. Ahora hay que esperar los encastres. Un asistente tiene que acompasarse con los ritmos del otro. Un cuerpo tiene que esforzar su limitación a la respiración del asistente. La coreografía comienza.

 

EL UNDER FRENTE AL MAR

El mar. La silla de ruedas frente al mar. El mar puede ser la esperanza para un suicidio perfecto, o el paisaje testigo de la posibilidad del amor venidero. Ahí va la narración con el encuentro entre lo pequeño con lo inmenso; entre lo que no puede moverse y lo que no puede dejar de moverse. Si al comienzo de la película Tito se presenta enmarcado en una ventana, en el discurrir de la historia, él será la bisagra: el nexo con los espacios abiertos, con los traslados y hasta con la ilusión de la mujer y del amor. A la vida no se la burla, pero la risa es la posibilidad de esquivar sus estrecheces. ¿Por qué no bailar cumbia con orquesta de cámara de fondo? Si un empleado para cada tarea y toda la funcionalidad bien programada son “lo clásico”, el mundano, desordenado, caótico asistente es el “under“ con perfumes y colores propios, que socava todo estilo.

 

SALIVA DE ACUARELA

Si Felipe entra en ritmo de “Cumbia”, el sacudón no es menor para Tito. Hay en el mundo Felipe tentaciones, puntos de seducción y ensaladas de criterios. ¿40.ooo dólares por un garabato al que llaman arte? “Eso” que otros llaman “pintura” permite hacer guita. Tito interpreta un cuadro, literalmente, como quien toma una tonada majena y le pone su propio arreglo. ¿Será verdad el “dime quién eres y te diré si es arte”? Tito solo tiene un nombre fallido. Pero Felipe se interpone entre ambos mundos, como marchand. Y así, por el puente de lo imposible, el dinero se desvía – por una vez- más hacia la cumbia que hacia Vivaldi. La saliva, mezclada con acuarelas y témperas, por fin cotiza.

 

PENSAR EN ESTRIDENCIAS

Felipe desea con cartas a una mujer que no conoce. Si el puente entre mundo de la pintura y Tito fue gestión de Felipe, el puente entre lo epistolar y el cuerpo de mujer real será Tito. ¿Cómo un cuerpo que sólo conserva un refugio de zona erógena en las orejas, un cuerpo al que asaltan pesadillas de dolor nocturno, podría ilusionarse con el amor?, ¿cómo, un cuerpo que depende de un asistente, igual que un niño de una madre, puede atreverse a romper el marco de lo escrito y pasar a la vigilia de lo real? El pibe de Lugano piensa en temblores, despliega el consuelo en exabruptos y construye condiciones para que algunos eventos impensados sean posibles. A su vez, el millonario Felipe le ofrecerá, en un modo de paternidad inesperada, hasta juguetes: Tito podrá conducir un auto que ni en sus mejores sueños hubiese soñado tocar, mientras “papá Felipe” irá dejando de lado todo coqueteo con el suicidio, a cambio de algo mucho mejor que al esperanza. la potencia de existir.

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EL BOMBÓN ASESINO

El pibe de Lugano es un atrevido. Como nació de una imagen capturada dentro del contorno de una ventana, no deja de romper marcos. No se achica cuando le tiene que poner los puntos al “patrón”, con respecto a los caprichitos de su malcriada hija. No le tiembla el pulso para “avanzar” a la rubia infartante que trabaja en la mansión. No se anda con chiquitas, si se trata de alentar a la impecable secretaria personal de Felipe a imageabandonar las meras golosinas de los postres y a avanzar sobre su deseo del hombre que la ronda. No para. Sólo se detendrá, una vez más, frente al mar. Ahí, el paso de baile es el retiro. Entonces, Felipe queda solo, empujado por Tito al encuentro de la mujer que sólo deseaba entre cartas. Y no tan solo. Tito está detrás de un enorme ventanal con vista a la playa. Lo inmenso le impacta la mirada. Tito se aleja. E, increíblemente, este ventanal no tiene marco. Es pura amplitud abierta al deseo.

Cumbia con orquesta de cámara. Inseparables.

 




EL LECTURISTA

EL PATRIARCA DE LOS TAJOS

DE LO IMPENSABLE A LO INDECIBLE (O CÓMO ENCONTRAR EL ALETEO DE UNA MARIPOSA)




MORDER LA CARNADA

El Hastío: Sobre las dietas
Por Alicia Lapidus

SUBIR O BAJAR, ESA ES LA CUESTIÓN

El anhelo fatiga nuestros días. Buscamos en cada rincón aquello que nos complete: la felicidad envasada en un objeto, la caricia que nos devuelva el sentido. ¿Hasta dónde esta vida cotidiana, esta vida de ciudad nos puede ofrecer lo que necesitamos? ¿O es que deambulamos sin rumbo, trastabillando contra nuestros deseos? ¿Quién decide nuestros sueños? ¿Cómo se construyen los anhelos?Dieta 1

La imagen que vemos en el espejo no se parece, ni un poco, a las modelos que siempre sonríen desde las revistas o la televisión. Esa delgadez hasta la anorexia, que puede garantizarnos la pareja, el trabajo, e, incluso, la felicidad. Esos kilos abandonados a su suerte son los culpables de todas nuestras desgracias. Ahí comienza la búsqueda tras el soñado cuerpo joven, delgado y “saludable”.

Por suerte siempre, hay soluciones mágicas:

“Cuando se trata de ser Sexy para siempre, la suplementación es clave. Después de todo, su cuerpo es una máquina. Manteniéndolo limpio, abastecimiento con petróleo de alta calidad y combustible y asegurándose de que todo está bajo control funcionando sin problemas, puede asegurarse de que será agradable, altamente funcional y hermoso durante muchos años por venir”

https://mikaela10.wordpress.com/2015/08/14/glutation-el-antioxidante-milagro/

Promesa de juventud perpetua, de control del tiempo, de convertir nuestro cuerpo en lo que siempre hemos anhelado. Nos prendemos a estas ofertas como seres desahuciados. Aceptamos que toda la vida hemos vivido en envases de plástico y desechamos la modernidad.

Pero…, ¿qué hay detrás de las dietas?

SOMOS LO QUE COMEMOS

El dinero mueve el mundo, eso lo sabemos perfectamente. Y el negocio del sobrepeso involucra dietas, consultas, fármacos y milagros. En una sociedad que privilegia la imagen, la búsqueda de ella se carga de deseo y presión.

Con sólo mirar alrededor, nos damos cuenta: existe una asociación entre gordura y pobreza, gordura y suciedad. Algunos humanos cargan esos kilos que nosotros evitamos y, además, llevan a cuestas sus nutriciones carenciadas y sus miserias. Los guisos al hambre, el lomo a la riqueza. Nunca el príncipe es gordo, ni la heredera obesa. Cada quien en su estrato con su peso.

En una publicación en internet sobre “Negocios rentables”, un artículo se llama: “El mundo de las dietas, un negocio “redondo” “. Vale la pena detenerse a mirar lo que proponen:

http://negocios-rentables.com/el-mundo-de-las-dietas-un-negocio-redondo/

  1. Viandas light: una de las razones por las que muchas personas no adelgazan, es porque tienen que ponerse a cocinar recetas complicadas, con ingredientes que no conocen o poco atractivas. Diseña una carta de platos bajas calorías y tentadores para llevar a domicilio o para que los clientes los pasen a buscar en la pausa de la oficina.image1(2)
  2. Centro deportivo para bajar de peso: no se trata de un gimnasio, sino de un lugar especialmente pensado para quienes desean reducir kilos y hacer amigos. Es fundamental el apoyo de los compañeros en el proceso. Ofrece cintas de caminar, clases de yoga, bailes livianos y asesoramiento en nutrición.
  3. Compraventa de maquinaria deportiva: los consumidores con sobrepeso que no quieren ir al gimnasio, eligen ejercitarse en casa con bicicletas fijas, cintas de caminar, elípticos. Dedícate a comprar al por mayor y revender a buen precio estos artículos.
  4. Blog de dietas: una modalidad muy exitosa es crear una plataforma virtual con consejos para adelgazar, dietas, ejercicios. Si consigues buen tráfico, ganarás dinero con la publicidad.
  5. Franquicia de productos dietarios: averigua qué opciones hay en tu ciudad para instalar una franquicia de suplementos, vitaminas, tés herbales y toda clase de artículos para la vida sana y el descenso de peso.
  6. Coaching de estilo de vida: si sabes hablar en público y tienes conocimientos sobre el tema (o estás dispuesto a formarte) puedes brindar seminarios y minicursos estimulantes para mejorar la calidad de vida, bajar de peso e incrementar la autoestima.
  7. Personal trainer: a quienes les dé vergüenza ir hasta el gimnasio o no tengan voluntad para entrenar, les vendrá bien un profesor particular que conozca sus necesidades y tenga paciencia para acompañarlo en su propio ritmo.
  8. Servicio de búsqueda de parejas: los gorditos/as suelen sufrir discriminación y encuentran dificultades para formar una pareja. Crea una red de socialización y servicios especiales con citas en igualdad de condiciones.

Todo esto ya existe (a excepción- cree esta redactora- del servicio de búsqueda de pareja). Pero nunca lo hemos visto tan crudamente explicitado como negocio. Entonces, ¿no se trata de nuestra elección de vida natural? ¿Somos tan “libres” cuando hacemos nuestras elecciones? ¿Quién gana y quién pierde en este juego de “cuerpos perfectos”?image1(1)

En “La República” de España, en 2012 apareció un artículo que muestra con crudeza los extremos de un negocio que nos asombra. http://gastronomiaycia.republica.com/2012/02/23/el-negocio-de-adelgazar-es-conseguir-que-vuelvas-a-engordar/

“La salud es un negocio, y como explican aquí, el negocio de adelgazar es conseguir que vuelvas a engordar. Mirad en vuestro entorno, ¿cuántas personas están constantemente a dieta?, se ha creado una dependencia que es de la que se quieren aprovechar todos los que prometen adelgazar fácil y rápidamente. Una de las últimas alarmas saltó con el método de la Clínica Planas, que personalmente, y disculpadnos si ofendemos a alguien, nos parece descerebrado, aplicar nutrición enteral, la forma de alimentación a la que se someten pacientes que por alguna patología no pueden ingerir alimentos. La alimentación por vía enteral se realiza a través de una sonda nasogástrica, conectada al exterior (puede ser de forma discontinua o continua, en el caso de la dieta enteral Planas es continua) con una bolsa de alimentación que debe contener los nutrientes básicos necesarios, este preparado va a parar directamente a uno de los tramos del sistema digestivo, así no hay energía extra que se acumule en forma de grasa, es más, el organismo deberá recurrir a las reservas para nutrirse, y así se produce la pérdida de peso.”

Horrorosos titulares inundaban los periódicos: “La Clínica Planas presenta un método pionero para adelgazar“. La imagen de una persona que porta una sonda introducida por la nariz y conectada a una bolsa de alimentación, lo que evoca es ver a una persona enferma, algo muy lejano a lo que puede evocar ver a una persona con diez kilos de más. Volvamos a hablar de dinero, el precio de este tratamiento cuesta entre 3.000 y 5.000 euros.

En un blog, “Vivir al máximo”, https://viviralmaximo.net/dietas/, nos muestran, con cierto humor, la realidad de vivir inmerso en una dieta:

“Hace aproximadamente un par de años, fui a Barcelona a visitar a mi buen amigo Marcos. Cuando llegué a su piso en la Barceloneta, dejé la mochila, nos dimos el abrazo de rigor, y le sugerí que nos fuésemos a tomar una cerveza por el barrio para ponernos al día. “Lo siento mucho, Ángel, pero no puedo beber cerveza”, me respondió. “Es que estoy en la fase crucero.” No tenía noticias de que Marcos se hubiese metido a marinero, así que le pregunté sorprendido que qué narices era eso de la fase crucero. “Es la segunda fase de la dieta Dukan”, me explicó. “Sólo puedo comer proteínas y verduras en días alternos, y una ración diaria de productos lácteos. Nada de carbohidratos ni alcohol”. Durante la semana que estuve en su casa, vi como Marcos iba a tiendas especiales a comprar salvado de avena, palitos de surimi y unos fideos chinos rarísimos que según él “estaban permitidos”. Vi también como cocinaba todas las noches al llegar del trabajo y preparaba tuppers para el día siguiente, y como en su restaurante favorito se pedía una hamburguesa sin pan. No calculé cuantas horas de su vida invirtió en tareas relacionadas con el método Dukan, pero fueron bastantes. ¡Y eso sin contar el tiempo pensando en ello!”

Y, como esa anécdota, podemos encontrar miles. La dieta ortomolecular, la macrobiótica, la “paleo”, la Atkins y muchas  más. Lo que todas de algún modo comparten es que violentan el modo de vida, obligan a vivir para ellas y aumentan el gasto en alimentación exponencialmente. Algunas- además- son riesgosas: suprimen productos esenciales. Es decir, se baja de peso por desnutrición.dieta 2

También, todas ellas, sólo pueden llevarse a cabo por un tiempo, lo que conduce a un anhelo mayor de recuperar aquellos alimentos prohibidos, al dar por terminada la dieta, y…vuelta a engordar.

Pero volvamos a las promesas: allí, la retórica de la publicidad. Esta crea metáforas que invaden el sentido común. Delgadez por belleza, verdes prados por salud, juventud por poder y otros.

Francisco García García (GARCÍA GARCÍA, F. (2005): «Una aproximación a la historia de la retórica», en Revista Icono 14, número 5, Retórica) considera que “en el centro de toda la discusión sobre la retórica está la convicción de que las palabras significan; tienen la capacidad de referenciar el mundo y de inventarlo; de decir en sentido recto y figurado; de decir la verdad y de mentir; de evadirse y comprometerse; de generar confiabilidad y desconfianza. De lo que no cabe duda es de su eficacia para comunicar, convencer, persuadir, argumentar y de expresar estéticamente. Visto así, la retórica es, como tantas veces se ha dicho, un instrumento comunicativo muy poderoso en las manos de los hombres. Y quien dice del discurso verbal, dice de todo tipo de discurso, ya sea verbal, audiovisual o digital; de función, ya sea informativo, histórico, ficcional, didáctico, publicitario; de medio comunicativo; de género; o de formato.”

Y la publicidad se basa, sin dudas, en el principio de que “más vale lo que parece verdad que lo que es verdad”. La verdad no creíble no es aceptada. Y lo que vende se vuelve “verdad” a través de las imágenes. El discurso  inventa el objeto. El deseo lo acoge y le da realidad. Y el deseo de todo ser humano transita hacia le felicidad, sea cuál sea el medio para alcanzarla. Quizás, no la conseguimos por esos 5 kilos de más o por no tener los suficientes músculos o nuestra sonrisa no es tan luminosa.

En esta búsqueda permanente y a ciegas de un mejor vivir, ahí están ellas, las dietas milagrosas que nos salvarán de una existencia infeliz.

Money-on-hook

TODOS MUERDEN LA CARNADA

Los malentendidos, las ocultaciones y las distorsiones son la carnada perfecta. El sueño que nos pone en una dieta de palabras, en una dieta de ideas. En esta monotonía de lo inalcanzable, de lo inasible, todo enflaquece. Sumergidos en la liviandad de las metas, consumimos todo aquello que nos aleje de la angustia de las ideas. Así, hasta el lenguaje adelgaza. Es imposible llegar al hastío porque, cuando nos arrimamos a ese borde, él resulta rápidamente sustituido por otra pulsión desdentada de pensamiento. El lenguaje no trasmite contenidos, sólo se subsume a las imágenes de satisfacción.

Recién, cuando comenzamos a concebir qué existe detrás de nuestras elecciones, nos volvemos un poco más libres. Y también, no podemos negarlo, un poco más escépticos.

 




MATCH POINT

El Hastío: sobre “El jardín de los Finzi Contini”, libro de Giorgio Bassani, film de Vittorio de Sica.

Por Luisa Luchetta

A LAS NIÑAS LES GUSTA LLORAR

No recuerdo cuándo vi por televisión “Ladrón de bicicletas”, de Vittorio de Sica.  Tampoco sé cuándo se estrenó en Buenos Aires “El jardín de los Finzi Contini”. Sólo saber que la dirigía el gran Vittorio me llenaba de expectativa. Me veo frente al espejo, muy maquillada, con un gorro de lana hasta los ojos, que disimulaba -creía- mi minoría de edad. Eran años de censura y control. Años de hastío. Miedo y represión. Cuando entregué la entrada, miré disimuladamente hacia el piso y pasé.

Para mí, a los 13 o 14 años, aquélla era sólo una película de amor. No entendía aún las sutilezas de las palabras ni de las imágenes. Además, sólo sabía de Mussolini y de Franco, por las historias que mi papá contaba acerca de las peleas en los bares de Avenida de Mayo entre pro y anti fascistas, entre republicanos y falangistas. Demasiados “istas” para los 13 años. La palabra comunista apareció más tarde.

EL CARNET, NI LOCO

Una ciudad de Italia, Ferrara. Una calle, Corso Ercole I. Una pequeña colectividad judía. Benito Mussolini omnipresente. Era muy útil pertenecer al partido. Así que, en 1933, cuando el Duce decidió aumentar el número de afiliados, muchos ferrarenses pidieron su carnet.luisa1escorpion_rana  Tres años después, Benito Mussolini apoyaría la política expansiva de Alemania. El escorpión picaba a la rana que lo salvaba. Asomaba la traición del Duce al pueblo italiano que llevaría a la destrucción, a la guerra.

Esos son el tiempo y el mundo de la película. El film se basa en la novela homónima de Giorgio Bassani (1916 – 2000), cuyo texto se ocupa especialmente de la comunidad judía, burguesa y adinerada. El film comienza con la llegada de un grupo de tenistas a la casa de los Finzi Contini. Familia rica y terrateniente de Ferrara, vista con recelo por el resto de la comunidad judía debido a varios motivos. Primero, el padre de familia no había aceptado el carnet del partido fascista, mientras que el resto de la burguesía judía sí lo había hecho. Segundo, los Finzi IMG_2197Contini asistían a una sinagoga española, de la cual hacían uso exclusivo. Por otra parte, vivían en un hermético aislamiento social. Sus hijos, Alberto y Micol, sólo salían para dar exámenes anuales en la escuela. No tenían contacto con otros niños.

El contexto era complejo: en 1936, Mussolini se acerca cada vez más a Hitler, obsesionado contra el comunismo. Juntos, envían apoyo a Francisco Franco, contra la República. En 1938, el Duce promulga las “Leyes raciales”: el acceso al empleo, la inscripción de niños judíos en las escuelas públicas, el emplear a no judíos, el ejercicio de la abogacía o del periodismo, entre otros asuntos, estaban vedados. En este punto, y gracias a los alcahuetes de siempre, el club de tenis de Ferrara decide expulsar a los socios judíos.IMG_2181

 

LA VIDA, EN CAPAS

Los jóvenes Alberto y Micol aprovechan la situación para escapar de su vida solitaria y aburrida. Así, invitan a los expulsados del club a jugar en la cancha de tenis de su mansión: un pequeño sacudón al casi eterno hastío en el que vivían. Es un grupo de jugadores heterogéneo. Allí se destaca Giampiero Malnate, quien trabaja como químico en una fábrica de goma sintética. Antifascista y comunista. Sin ser explícito, se nota la atracción que Alberto Finzi Contini tiene hacia él. Un amor no correspondido.

La invitación es aceptada. Llegado el día, se abren las puertas y allí están: la calma y el aroma del extenso jardín, donde exóticas especies de árboles se mezclan con la vegetación del lugar. La sensación es de eternidad, de seguridad e infinito. El sol atraviesa con Sin títulodificultad los pequeños espacios en la frondosidad de los árboles e ilumina en gotas de diamante los senderos.

UNA EMPLEADA DE LA COLE

Giorgio, protagonista y narrador de la historia, desde la niñez, está enamorado de Micol Finzi Contini, a quien ha visto de lejos, en la sinagoga. El muchacho parece no tomar verdadera dimensión de qué ocurre en la Italia por estos años, al igual que le sucede a gran parte de la sociedad de Ferrara. Los mayores -preocupados y absortos: inmóviles- han confiado en el fascismo, han vivido recostados en el confort de su vida burguesa durante años, sin mayor temor al comunismo, protegidos bajo el ala protectora de Benito Mussolini.

Mientras los jóvenes parecen no tener el impulso a ningún compromiso, los adultos se ocupan de buscar personal judío para reemplazar a la empleada doméstica quien, luego de muchos años, se quedará sin trabajo. Se va de la casa de los judíos por las leyes del Duce. Aun así se siente orgullosa de pertenecer a la “raza italiana”. De ese modo, el devenir en el hastío anestesia los intentos colectivos por frenar el genocidio que se avecina. Las leyes raciales son el primer paso. Sólo Giampiero Malnate, el único del grupo de tenis que tiene un trabajo formal, milanés y ajeno a la sociedad ferrarense puede ver: “…en el fondo, el fascismo no había sido más que la enfermedad imprevista e inexplicable que ataca a traición a un organismo sano”.

JULIETA HUYE DE ROMEO

Otra vez, los efectos de la política racial favorecen a Giorgio. Por su condición de judío, él ya no es bienvenido en la biblioteca de Ferrara, donde solía conseguir los textos para su tesis. Así y todo, es invitado por el padre de Micol a utilizar los ejemplares de su magnífica biblioteca personal. Micol no está, pero siente su presencia. Ella ha huido a otra ciudad con el pretexto de estudiar. Aunque su verdadero motivo es escapar de Giorgio y de su familia. Giorgio la busca, la extraña. El estudio y el amor consumen todos sus días. Sin embargo, el destino de los personajes depende del juego de alianzas y estrategias políticas, de un mundo donde no hay Micol ni Giorgio, solo números sin nombre.

A pesar de las botas y las balas que atruenan en el exterior, las oportunidades se siguen abriendo para Giorgio. Alberto, el hermano de Micol, lo invita a participar de las reuniones con Giampiero Malnate. Giorgio compite en conocimientos con él. Los celos, la envidia y una mutua admiración los enfrentan en las largas y acaloradas charlas en la habitación de Alberto, quien sólo observa y defiende a su amigo Giampi. Estas reuniones se transforman en un campo de combate ideológico. De a poco, Giorgio comienza a ver otra realidad. La política europea empieza a quedarse sin palabras. La guerra.

Todos contra Rusia. Todos contra todos. En el medio, las poblaciones. Poblaciones luisa2descargahastiadas de una vida que no contempla sus necesidades. Cualquier discurso contra un sector, a causa de su desasosiego, cualquier promesa de honores tendrá territorio fértil. El miedo de los poderosos a perder sus privilegios actuará en la estrategia de manipulación de unos cuantos locos en la Europa de aquellos años.

Y parece que aún siguen amparados en el disfraz del buen ciudadano del siglo XXI.

EPÍLOGO

Alberto muere enfermo en 1942. Micol, sus padres y su abuela son detenidos en 1943.  Luego, vendrán el campo de concentración de Fossoli y Alemania. Malnate se alista en el Cuerpo italiano de expedición a Rusia, en 1941. Esa formación la crea Mussolini, para combatir en Rusia en apoyo a Hitler. La suerte no está con él: Malnate nunca vuelve.

Campo de concentración de Fossoli
Campo de concentración de Fossoli

Extraño viraje para un autoproclamado antifascista.

De ese modo, nos queda por un lado, la novela, por otro, la realidad. Giorgio Bassani estudia literatura en la Universidad de Bologna, donde se recibe en 1939, a pesar de las leyes raciales. En ese mismo año se convierte en activista político en clandestinidad. Luego de vivir en Florencia, se radica en Roma. Durante su vida, escribirá varios textos sobre Ferrara. La ciudad irá con él en su escritura.

ÚLTIMO GAME

El reloj no muestra la hora ni el cronómetro marca el avance de los segundos ni de sus milésimas. En el hastío no hay noción de tiempo. El espacio se reduce hasta ocupar el sí mismo, que -a su vez- se arruga y empequeñece. Está claro que hay modos de manipular las coordenadas en las cuales duramos y transcurrimos.

El enorme aburrimiento, la pesadez y vacío en el que algunos quieren hacernos vivir es ominoso. Y nosotros, vencidos en nuestra autoestima, dejamos que ellos se apropien de nuestros cuerpos y de nuestras mentes. Una vez, soslayamos lo abominable de la guerra. Otra vez, “no nos metemos en política”, nos repantigamos en el “todo es lo mismo”, ponemos un almohadón en la frase hecha: “al final, son todos chorros”. Y es así: por siglos, los tanques, los grupos económicos, las leyes raciales de todo orden se llevan los premios. Allí vamos, con la mirada baja como si, en un último lamento, le pidiéramos a ella que se encienda y nos dé algo de sol, ya que hasta eso hemos perdido.

¿Hay algo más hastiado que vivir en una burbuja dentro de un contexto explosivo?

Si en un comienzo la luz se deja ver entre la frondosidad de los árboles e ilusiona a los amantes, la guerra que se avecina les robará la tibieza de sus cuerpos y su estilo de vida. Habrá que reinventar el tiempo, agrietarlo. La rana avanza, a cada paso del escorpión, en un combate interminable.




CASA MUTANTE

El Hastío: Sobre Pokemones y duendes.

Por Josefina Bravo

MONSTRUOS DE BOLSILLO

La palabra Pokemon es la contracción, en inglés, de otras dos palabras: Pocket y Monster, es decir, monstruo de bolsillo. Los Pokemones son criaturas ficticias, inspiradas en animales reales, criaturas mitológicas, cosas inanimadas y legendarias. Los hay de tierra, de agua, de fuego, de hierba, voladores, eléctricos, luchadores. Son dieciocho tipos y cada uno tiene poderes y características relacionadas con el elemento que les da vida. Muchos de ellos son adorables y coloridos, aunque también los hay oscuros y siniestros.
¿Por qué, monstruos de bolsillo? Porque pueden ser capturados dentro de una Pokebola. Esto sucedía en los dibujitos animados de Pokemon y, ahora, en Pokemon Go, el primer videojuego de aventura que se juega con realidad aumentada. Es decir, se juega en el mundo real, pero visto a través de un dispositivo tecnológico que permite agregar elementos virtuales. De esta manera, se crea una realidad mixta en tiempo real, una realidad aumentada.

LA PRIMERA CASA

Los duendes son criaturas mitológicas fantásticas, parecidas a los humanos, de menos de un metro de estatura, piel verdosa y orejas largas y en punta. Según su etimología, “duen de casa” o “duar de la casa”, duende es “dueño de casa” o bien “el que habita, el habitante”. Todo duende tiene un hogar: una casa, un árbol, un arbusto. Y hace travesuras, juega bromas o da pelea a quienes se atreven a usurpar, dañar o -simplemente- pasar por su territorio. Son protectores natos de la naturaleza, los bosques y los hogares. Y su vida transcurre en zonas interdimensionales y atemporales, invisibles a los hombres comunes y corrientes.
Tener duende es estar conectado con nuestra primera casa: el cuerpo. Percibirnos nos permite relacionarnos con el afuera de una manera más dúctil y amable,BANO (1) ser lo suficientemente sensibles y estar atentos para –en ciertas ocasiones- notar a lo excepcional irrumpir en lo cotidiano: escuchar el picoteo dentro de un huevo, hasta el advenimiento del pequeño pico, una cabecita de ojos cerrados y un par de alas, donde el tiempo crecerá plumas.

JUGUEMOS EN EL BOSQUE

Se descarga la aplicación del juego en un celular inteligente y se usa la ubicación real del sujeto y la cámara del dispositivo. En el teléfono, aparece un mapa de la ciudad con la posición del individuo. A medida que va circulando por la ciudad, el rastreador de Pokemon le avisa al jugador si puede haber alguno cerca. En ese momento, hay que encender la cámara del teléfono y enfocar distintos puntos del mundo real para tratar de identificar al Pokemon. Una vez que se lo ve, se utilizan distintas técnicas de captura.

Así, los jugadores de Pokemon Go andan sus ciudades a través de dispositivos tecnológicos. Transitan la realidad mixta, tan pendientes a lo virtual, que se pierden lo que sucede a su alrededor.

FILA

 

 

 

 

 

 

 UN INCANSABLE ANDAR

Una vez que satisface las necesidades básicas, el hombre siempre desea algo más. El deseo es un duende escurridizo que nos juega bromas y se escabulle una y otra vez, cuando caminamos hacia su risa. A veces, casi lo rozamos con la yema de los dedos, sentimos su perfume o nos vuela el cabello al pasar: perlitas para combatir el hastío.
La cosa siempre es desequilibrada, uno desea más de lo que puede, necesariamente. Pero lo que tenemos del deseo es su potencia. Siempre nos queda crear condiciones de posibilidad para materializarlo. Si no las creamos, si el deseo es cada vez mayor y la posibilidad de alcanzarlo cada vez menor, entonces llega la frustración: una meseta gris, donde el hastío vuelve iguales los días.
Así, para no transcurrir en días sin gracia, es necesario hacerse del duende (o, al menos, intentarlo). CALANPara ello, el movimiento: un andar y desandar ideas, un explorar caminos, trepar, bucear o subir escaleras y poder ver, así sea por un instante, la oreja puntuda del duende.

 

PICA PERO NO ES UN PEZ

Venimos a un mundo construido por otros. Estamos dentro de una cultura, hablamos un idioma, vivimos en una comunidad, crecemos dentro de una familia y cargamos con saberes y significados transmitidos de generaciones en generaciones.

FLAMENc

Muchos desearon antes que nosotros. Algunos cumplieron sueños, otros se frustraron.

La cultura capitalista nos carga de “deseos” antes de que tengamos la capacidad de razonar sobre ellos: tener una casa, un trabajo, una familia, un auto, ser contador, “doctor en” o exitoso en algo.

Tanto mandato social, tanto deseo dando vuelta, tanto duende que juega por ahí; se vuelve difícil identificar al propio. Fácil es ir por pista equivocada y hacerse con el deseo ajeno.
Pero el desafío no termina ahí, una vez que sabemos por dónde viene el asunto y el deseo late fuerte, caemos en la cuenta de que las exigencias sociales demandan la mayor parte de nuestro tiempo y dejan, apenas, un pequeño sobrante para ocuparnos de nuestro deseo.
12719638_10208971171062848_2456789141714842038_o El desequilibrio de fuerzas es tal que la lucha puede ser devastadora. A veces, uno cede y se debilita la fuerza deseante, sobre todo, cuando no tenemos buenos resultados. Por eso, hay que tener mucho coraje para proteger al deseo, cuidarlo: que no sea conquistado por las determinaciones de afuera.

NI ACÁ NI ALLÁ

Tomar las riendas de la vida, aventurarse por rumbos desconocidos con el impulso de cumplir un deseo implica tomar riesgos. Abandonar la meseta gris no es tan fácil. Porque, aunque tremendamente aburrida y hastiante, la meseta también es cómoda, conocida y, además, seguir en ella no demanda ningún esfuerzo: uno simplemente transcurre.
Es tan sencillo quedarse en la meseta a sufrir las injusticias, las mentiras y el odio. Tan elemental, caer en el infinito túnel de la tristeza y en la ebriedad de la frustración. Más fácil que evadirse entre estupefacientes y virtualidad.
A su vez, resulta tan difícil insistir en el camino al deseo.

 

 




LA PILETA Y LA MATRIARCA TITILAN

El Hastío: Sobre La ciénaga de Lucrecia Martel.

Por Pablo E. Arahuete

HIELO SUCIO

El sopor no se escucha. Las moscas sobrevuelan, pero nadie las ve. Es otro día como tantos, un cielo plomizo, un irritante quejido de los vasos, el hielito en el fondo, y siempre… copas a medio llenar. El sopor se presiente tal vez desde los cuerpos transpirados o en los pasos a desgano alrededor de una pileta sucia, rodeada por gente sucia. La matriarca, desde su reposera, aleja cualquier contacto. Vocifera, masculla pasado y presente. Quizá, un tiempo anhelado de juventud  se le escapa de los dedos o se retuerce en huesos rígidos de tanto arrastre e inercia. Y que el trabajo pesado lo hagan los otros. En definitiva, el derecho a la reposera se gana por constancia. Pero eso no alcanza en el reinado de los vagos, el hielito no llega y no queda otra que salir del confort de la reposera y ponerse a trabajar. Son muchos pasos hasta la meta y el mareo nubla. La pileta sigue ahí, quieta, sucia, expectante. El sopor también pero nadie lo escucha…

DISPAREN AL HIELITO

Un disparo desde lo lejos, dirección incierta. Un disparo para herir mortalmente al letargo. El hielito se derrite y el tiempo pasa. El calor ya es parte del aire, irrespirable. A la sombra todo se hace más apacible y, de repente. alguien advierte. Se despatarró la matriarca. Nadie la levanta.

El hastío 1El sopor no se escucha. El golpe seco de los vasos y del cuerpo contra el piso, tampoco se oyó. La postal del desgano, frente a la quietud. La pileta y la matriarca, desnudas, inútiles, vulnerables, sucias. El lodo, la sangre, el barro espeso en el bosque. No se huelen. Los vidrios incrustados en la piel requieren precisión quirúrgica. En la minuciosa extracción  de los pedacitos se esconde el deseo de que no salgan; de que se incrusten aun más adentro. No hay lugar para milagros. La matriarca refunfuña, retoma y todo vuelve a la normalidad.

LAS HIJAS DEL HIELO

Persevera y reposarás, parece ser el mandato a un puñado de hijas que también actúan por inercia. Padecen aquel sopor mudo. Herederas de la decadencia y seguramente de los próximos lustros: presente y futuro imperturbables, sus hijas honran el legado. Ese hastío de la mirada no tiene escapatoria, aunque el espacio sea amplio. En lo profundo del bosque, la libertad coquetea con el peligro o con las balas rasantes en un juego de niños, cruel y natural a la vez. En el bosque, las vacas se ahogan en el fango y la metáfora también se hunde con ellas. No hay nada más cobarde que una  pretendida segunda lectura para intelectualizar aquello que no se quiere ver. ¿Y qué es lo que no se quiere ver?: el hastío.

LA MIRADA MUSTIA

Tomar cualquier película de Lucrecia Martel implica, entre otras cosas, enfrentarse al hastío de la mirada. La directora salteña propone  un cambio en el foco de la percepción habitual del cine: que los sonidos superen a las imágenes. En los diálogos se define la partitura musical por la que transita cada uno de los planos. No hay silencio o, por lo menos, no se percibe porque aun en los tiempos muertos existen frecuencias sonoras, que atraviesan y trascienden la pantalla. Cada palabra dicha responde a un mecanismo sutil, donde nada está librado al azar.

En una charla telefónica -donde le describen las diferencias entre el vestuario y los precios en un mercado de Bolivia, fiel a la práctica de cruzar la frontera para comprar más barato-, dice Taly, interpretada por Mercedes Morán:
– ¿Tienen muchos colores los vestidos?

Y, ante la respuesta afirmativa del otro lado del teléfono, sentencia:
– Colorinche. No te lo podés poner.

CARNAVALEAR

Minutos más tarde, un neologismo rompe la monotonía de las palabras. Un verbo, “carnavalear” parece disolver el hastío ¿Qué es carnavalear? Lo que hace la servidumbre cuando sale del círculo del poder y de la dialéctica amo- esclavo. Carnavalear es el ejercicio inaudito de la desobediencia al no atender el teléfono o no hacer los quehaceres de la casona descuidada. Porque son unas chinitas carnavaleras, vocifera Mecha: matriarca de mecha corta para el insulto y la descalificación de su empleada doméstica. El derecho a carnavalear también es de clase.

Pero si carnavalear es cuestión de clase, no sucede así con el sexo. En “La ciénaga”, en la intimidad de los cuartos, en el cuchicheo de la tarde cuando las moscas irrumpen a la siesta o simplemente en juegos de manos y otras partes del cuerpo, el sexo se dispersa entre todos.

THELMA Y LOUISE, VERSIÓN NORTEÑA

Nada funciona en la casa disfuncional. Los relojes titilan y el tiempo del hastío es eterno. Las lámparas pierden luminosidad, pero en la penumbra de los cuartos es puro decaer. El golpeteo en el foquito es igual de intrascendente que la luz mustia. Es más importante el hielito porque la matriarca está seca. La piel ajada, las cremas no hacen milagros, aunque afuera se espere a una Virgen Milagrosa.

Y aquí viene un punto: La superstición es la ilusión de  grieta contra el hastío, es la incertidumbre que motoriza la voluntad. Es la fuga. ¿Hacia dónde? Tal vez  a Bolivia en un viaje con pretexto de comprar útiles. Taly y Mecha se transforman en dos Thelma y Louise, a la salteña. Fuga del machismo, a pesar del matriarcado singular, en esa casona donde nada funciona. Lo mismo en Salta que en Nevada, da igual el modelo de auto o el estado de las carreteras, porque la fuga persigue el mismo horizonte. El salto al vacío es la afrenta contra el hastío y, entonces. el deseo emerge entre el fango.

Pero el presagio y la tragedia y los cuentos macabros y la religión y los mandatos y los propios fantasmas salen de la ciénaga, cortan el aire y todo vuelve a un mismo lugar.

“La cienaga”, de Lucrecia Martel, película completa

https://www.youtube.com/watch?v=I8WD0Nc9sBY




INTERSTICIOS

El Hastío: sobre Gritos y Rebeldías.

Por Nora Lomberg

MINGA TE DECLARO

Otra jornada sin novedad. Y van como seis meses. Nada de alegrías, ni mejoras. Puro acontecer, del día a la noche y así. Mirar el reloj cada tanto y ver saltar  unos minutos resecos de nada. ¿Cuánto tiempo es para siempre?

                   Penar el hambre, penar la ausencia, penar derechos.

El hastío busca su hiancia, una hendidura por donde avanzar, por donde armar un mapa, un territorio, un horizonte y transformarse. Pienso esto mientras revuelvo un té de hierbas. Y prendo  la tele.
De repente, algo acontece. Alerta en el televisor, letras rojas. El mal siempre al acecho de su hora.
Hebe, la madre Mayor. La Superiora de Plaza de Mayo le pone un límite a la desmesura de tanto desespero. La quieren llevar detenida, pero se juntó  tanta gente para defenderla -pañuelos blancos urgentes, colores y banderas, cánticos y gritos- que ella, desquiciada como dicen, avanzó con la camioneta por la vereda, burló a la policía y se fue a Su Plaza, hacia la ceremonia de todos los jueves.

MADRES MUCHAS
“No voy a declarar, estoy jugada”. Provoca a la justicia, la deja en jaque; la justicia balbucea, recula. Este pañuelo no es una tela, Señor Juez, es el marco de un rostro y de un montón de ideas.
Y ahora, aquello que pugnaba por salir, se empieza a colar por la ranura, rebeldía se llama: “No Pasarán”.
La calle comienza a incomodarse.

PAÑUELOS

 

¿QUERÉS SABER MI NOMBRE?

Ronda, la de la infancia, la de dar vueltas de la mano; Siluetas, mirarse a los ojos, reconocerse y reír como nunca antes; 2.000 jueves, el amor es un riesgo, como elegirte, como escribir. ¡Y ni hablar de esos calurosos abrazos de la calle, dueños de la Plaza!
Nada más delicioso que verlas con sus pañuelos, fuerza interior y arrugas. “Madres de la Plaza, el Pueblo las Abraza”. Una bandera con las fotos. El camino siempre es largo. Sus pies arrastran meses y años. Alzamos todos juntos la cabeza,
30.000 desaparecidos ¡PRESENTES!” ¿Dónde están?
- ¿Tu nombre?
-Militante.

RONDA

GRITO DE PIE

Enruidados en bocinazos y banderas, salimos a las calles. Bullanga de baldosas, pisadas, bombos y cornetas. Murmullos en las veredas y gritos en las esquinas. La gente sale y dice las cosas como son. No podemos pagar las tarifas. Vecinos indignados. Familias que pintan banderas y consignas. Darse a ver, hacerse oír y provocar.
Hablarle al soberano, gritar para no sucumbir, mientras late de rabia el corazón.
Como Federico García Lorca: “tengo en mi pecho un grito siempre puesto de pie.”

BERNI
Berni, Manifestación,1934, temple s/arpillera

AMARNOS EN LA CALLE

Alan Badiou dice que el amor es la posibilidad de asistir al nacimiento del mundo, de construirlo desde un punto de vista descentrado. Un, digamos, fuera de sí. Hay entonces otra temporalidad, una manera diferente de durar en la vida. Experimentar algo distinto a la conciencia solitaria.
Arriesgarse. Hacer lazo e inventar juntos palabras nuevas. Encontrarnos para decir: “así no se hacen las cosas”. Con música, con colores, con pintadas, con cuerpos dentro del baile. El amor es un acontecimiento y una potencia.
Ellos no soportan que los pueblos sean felices, porque así te pareces a los ricos”, dijo Hebe.
Si amenazan al amor, tendrán más y del bueno.
Hagamos  el amor,  entonces, en las calles, colectivamente. Amor de primavera. Y, en invierno, amor también.

el levantamiento, Diego Rivera
El Levantamiento,Diego Rivera, 1931




SÍNDROME DE ZAPPING AGUDO

El Hastío: Sobre operaciones mediáticas

Por Juan Pepe Carvalho

El hombre se hastía por pequeño, por mezquino, por pusilánime”
Federico Nietzsche

PLATO DEL DÍA: SAPOS

En mi memoria biográfica, el término se aplicaba a una relación directa con la comida, “tengo ganas de comer hasta el hastío”, “siento un hastío increíble, no quiero tocar ni un bocado por un tiempo”; o, también, “qué hastío este encierro”. Es decir que, en mis recuerdos, la cosa avanza entre la comilona y los callejones sin salidas.pep3

El tiempo transcurre y renueva los hastíos. Lo gastronómico ya está a salvo. Sin embargo, han aparecido nuevas clausuras, muy vinculadas a las digestiones. Se trata del tremendo problema de comer sapos. Si, como dicen los nutricionistas, “somos lo que comemos”, entonces, la posibilidad de eludir a los batracios en la ingesta depende del “dime dónde te informas y te diré que piensas”. El hombre consume información. Engulle como gran devorador y, sin sutilezas, va perdiendo el gusto.

 

UNA PANZADA DE VACÍO

Si comparamos los títulos de la misma noticia entre distintos diarios, veremos que determinado personaje público o popular puede ser un corrupto o un pobre hombre engañado por las circunstancias, según la pluma que lo trace. La muerte de un fiscal puede pasar del suicidio a un asesinato sin pruebas, sin vacilar. Las versiones más desopilantes se escriben con la contundencia de certezas. Los títulos de algunos medios dan por segura una denuncia que aún no fue comprobada ni tratada por un fiscal y, por supuesto, no la vio ningún juez. No importa si, luego, el copete de la misma noticia pone en duda el título o si la nota finalmente lo niega. La lectura satura hasta el agobio. El horizonte de esta información que desinforma no pretende más que una confusión destinada a obturar el juicio crítico. Empuja hasta el tedio en que muchos se dejan más impactar que informar. Las afecciones que lleguen con más fuerzas serán las que se impongan como verdad. No son ideas, son flechas. El que más tiene y el que más tira, funda lo real según sus intereses.

 

MENÚ VIEJO

pepe1pic_dm_rEstas operaciones mediáticas no son nuevas. Hace más de cuarenta años, un suceso político sacudió a la sociedad: “la noche de los bastones largos”.  Se trató, nada más y nada menos, que de la usurpación de la autonomía universitaria por parte de la dictadura militar de Onganía: gobierno de facto que resultó un fuerte precedente del golpe militar del 76. ¿Sabe, usted, estimado lector, cómo titularon los diarios de la época este hecho?:

Las fuerzas de seguridad desalojaron las facultades tomadas por los estudiantes, profesores y ex estudiantes”.

Casualmente, las tomas se hacían para evitar la ruptura de la legalidad y la autonomía universitaria. “La noche de los bastones largos” significó, finalmente, el avasallamiento de la autoridad de las facultades, la destrucción de bibliotecas acusadas de marxistas y la huida, lejos del país, de gran cantidad de científicos.

Ya en la dictadura de Videla y compañía, esta manera de informar tuvo otros ejemplos. El diario de la trompetita informaba:

En un VIOLENTO tiroteo las fuerzas de seguridad abatieron a cinco delincuente subversivos”.

Otro periódico no se quedaba atrás:

Diario noticias:

Aparecieron cinco personas muertas a balazos en el predio de una playa de estacionamiento en San Telmo. Los Muertos son obreros de la Metalúrgica Burato que, desde hace un mes, viene soportando un conflicto sindical”. Pero no fue un enfrentamiento armado y en esa época existieron mil casos. Objetivo: confundir, engañar.

Hacía una semana, los familiares habían denunciado la desaparición de las víctimas, luego de salir de sus trabajos. Jamás los volvieron a ver. Los cuerpos aparecieron fusilados contra un paredón.

 

 

PLATO PRINCIPAL Y POSTRE, HASTA VOMITAR

Nisman, los Kirchner, el tarifazo, crisis energética, “sí, se puede”, hastiarte hastapep4lautaro Lozzia1p
morir, se puede. ¿te gusta el anís? Tomate medio litro de anís, refugiados, bombas en plena ciudad, un número de muertos cuyos ceros se pierden entre dos toques al botón del control remoto, Del Potro y la garra, fuerte litigio por la separación de bienes de una diva decadente, Pokemon Go avanza, una inundación en algún lugar del mundo, el mapa de la nación se desdibuja, el planisferio también, Pokemon 20; quien lo persigue, cero, cerraron el Bingo de Flores, liberaron a Belén, Milagro Sala sigue presa, Milagro Sala sigue presa, Milagro Sala sigue presa.

 

LA SOBREMESA

Como para muestra basta un botón, dejemos que hablen las imágenes. Veamos cómo informó Clarín y cómo Página 12, acerca de la represión a los jubilados. Nada más les sugiero poner atención en la foto elegida por cada matutino. En el caso de Clarín, la foto parece destacar la actitud ofensiva y casi patotera de la jubilada.

tapa clarin

 

En cambio, Página 12 informa se la muestra defendiéndose de los escudos policiales.

nota pagina

Agentes de la Policía Federal y la Prefectura avanzaron con carros hidrantes contra un grupo de integrantes del Movimiento Independiente de Jubilados y de la Corriente Clasista y Combativa (CCC) que marchaban sobre el Puente Pueyrredón, en reclamo de un incremento en los haberes mayor al 14,6 dispuesto por el gobierno de Mauricio Macri.”


TIRO AL BLANCO

Hastiado, desesperado, angustiado. Llego a casa luego de una jornada de flechazospepe2a contradictorios que me usan de blanco y pretenden dejarme en blanco. Prendo la TV, intento cambiar mi humor, ¿y qué veo?: las noticias de un canal, que es del mismo dueño del diario que me confunde. Cambio. Llega el turno del fútbol. Dentro de poco, mucha gente será internada con “síndrome del zapping agudo”. ¿Zafaré? Clavo en un partido. Ninguno de los equipos que juegan es mi preferido. Pero sigo a la pelota en una especie de ping pong mental, con la sola idea de bajar mi nivel de hastío. Algo me inquieta. Es un recuerdo. Hasta hace poco, el fútbol era gratis, ahora el mismo dueño del diario y de la tv que intenta venderme sapos se apoderó de las trasmisiones del deporte más popular del país. Es decir, si quiero evitar el bombardeo de noticias, tengo que pagar. El hartazgo y el tedio patean penales en mis venas y arterias. Intento el último recurso mediático, también entro a las redes sociales y paso a ser un periodista más que llena los portales con ideas y propuestas. Y, también hastiado de tanta mediocridad, el último eslabón termina proponiendo y haciendo suya la propuesta de los medios controlados. En este contexto, la opción más inteligente es ir hacia la biblioteca y dejar que Cortázar y su pluma iluminen un poco los huecos oscuros de la realidad mediática.




MANIJA AL ABISMO

El Hastío: Conversación con Feller Fellini, cantante y compositor de “Manijas”.

Por Santiago Resnik

Feller tapaCuerpo, alma y mente pocas veces -casi nunca- operan en sintonía. Hablar de un “estar arriba de un escenario” o de la distancia a los otros, es el lugar común: las miradas ajenas, la exposición. Sin embargo, también está el misterio nacido con esa distancia entre el cuerpo y el alma- mente: las melodías de las palabras hacen levitar, los demás desaparecen, el cuerpo retumba, la mente se calla por un rato y el todo vibra fuerte.

Bajo las tablas, componer y escribir achican esas distancias. Encarnan las dudas y acercan a quienes acuerdan. Pero lo innegable es el abismo: por  pequeño que sea, vaya si se hace sentir, a la vez que empuja a la creación. Ese abismo llena la carga necesaria de miedos para romper con el hastío y dar el coraje que ponga rumbo a lo singular. La distancia por sí sola tenderá a ensancharse, siempre. Lo único que salva es amar esa extrañeza en cuerpo propio y escribir el hastío diario, exorcizarlo. Quizás sea esa la mejor medicina contra las disonancias entre cuerpo, alma y mente. Cuando la distancia se ensancha, el arte, la escritura y la música angostan.

 

UN DESARREGLO EN LAS SOMBRAS

“Daría igual adivinarte / o andar corriendo por ahí. / Como un misterio que camina lento, / besás mis culpas y salís(…) Sería estúpido ignorarte, / total, ya sé, vos preguntás por mí./ Desarreglada se te arruina el pelo,/ tu velo es mi souvenir.”(*)


En tus letras aparece mucho la distancia con los otros. La imposibilidad de un encuentro completo. Las sombras, imágenes en los espejos, nunca el cuerpo del otro aparece en toda su consistencia. La sombra, lo que no tiene consistencia, ¿es la del otro o la de quien busca?

La distancia con los otros es algo que siento mucho… esa imposibilidad de unsombra-faro encuentro completo es porque muy pocas veces se da, yo lo tengo demasiado presente. A veces soy yo el que hace ese encuentro imposible. Es tan poco común que, cuando sucede, no sé qué hacer. La sombra es la propia… de la que no me puedo despegar. A la del otro la sentí mucho en mi infancia, con mi padre: esa era enorme… sentir que cada paso que das, está siendo medido. Por suerte, a los 18, me pude alejar de eso y, con los años, me la pude sacar. A veces, en la actualidad, siento que viene por detrás, que me toca el hombro. Percibo su peso en mi espalda, presiento  que va a decirme algo, pero trato de encontrarle otro sentido a las cosas, para no enloquecer y poder volver de vez en vez.


Baruch Spinoza decía que “nadie sabe lo que un cuerpo puede”, ¿para vos tu propio cuerpo es un misterio?, ¿cuál es tu relación con tu cuerpo al tocar? ¿Qué cosa singular tiene la experiencia de cantar en tu propio cuerpo? Singular, porque que te pasa solo cantando. Liliana Herrero dijo: “la voz piensa”, ¿qué opinas?

¿Estuviste hablando con mi familia para hacerme las preguntas? Jajaja. Sospecharía de mi psicóloga si alguna vez hubiese tenido una. Para mí, mi cuerpo fue y es un misterio. Es algo que desconozco un día y, a la noche siguiente, es todo mío. El problema (como siempre) es cuando interviene mi cabeza.Cuando se mete entre cuerpo y alma, al momento de replantearme cosas. Me recrimina. Me desconecta. Me hace mal.Cantar me salvó de las peores depresiones. A pesar del daño que siempre le hice a mi voz, ella me sacó, me liberó. No sé muy bien cómo lo hago, ya que no tuve mucho entrenamiento vocal, pero siento cómo me hace levitar, cómo resuena en mi cuerpo, cuándo me hace cosquillas, cuándo va a llegar o no, a esa nota…A veces le pido perdón por no tratarla como se merece. Pero, al cantar, siento que me está diciendo ¨ ojo, no debería decírtelo, aunque me encanta¨ jaja,.. Somos parecidos.

 

Trepan por el paredón. (suben) / Miran por el paredón. (ven) /
Trepan por el paredón. (caen) / Trampeando a su cuerpo dominan el miedo.
Quema, arde, pero no duele tanto. / Sólo sangra dejando rastros del camino(…)

¡Hijos del viento!
Se van mudando para el centro.
¡Hijos del viento!
Sigue Monsanto y yo a esta mierda no la entiendo.
(**)

 

SACUDIR LA DISTANCIA

20160829_221900La noción de distancia también aparece como falta: “me falta un botón, me sobran mil razones”.  ¿La armonía  es un objetivo alcanzable o un horizonte, una dirección ideal?

Esa frase es de ¨Dos de copas¨, del segundo disco, El portal. La armonía me parece aburrida, casi inexistente. El desequilibrio me gusta más, lo inestable. Aunque el caos, confieso, es peligroso. Creo que estar en armonía no genera un espíritu investigativo. Preferís quedarte ahí, no ir a un lugar que te incomode. No lo sé… es algo  que, con los años, voy a variar…. Ahora la inestabilidad me atrae. Me duele, pero me aprovecho de ella. Quizás, en 10 años, pida a gritos llegar a ese estado de armonía…

 

Y dije al llegar la primavera, / No continúes oculto en los coloreados árboles,
Dulcemente sacude tu cabeza / Con la espuma de floreados mares.
Y tú te alzaste de las profundidades de la hierba
Que susurraba con el viento y lloraba,
Diciendo que deberías dejar pasar los gélidos mares,
Buscando tus pétalos que todavía dormían.
Al Espíritu de la Primavera, Dylan Thomas


En tus canciones hay muchas referencias a elementos teatrales “se corren las cortinas cual telón (…) luces psicodélicas se encienden para despedirnos o encontrarnos” ¿Lo montado y lo real, se mezclan para vos?, ¿ficción y realidad son continuas?

Dos De Copas – Manijas

Manijas - Dos de copas     

En “Dos de copas” estoy hablando, con la letra y con la música, de una relación. La primera frase que mencionás tiene que ver con lo que hablábamos antes sobre el cuerpo y la segunda es una imagen muy recurrente en mi vida. (risas) Soy miope. Muy miope. Y algo divertido que siempre hago es sacarme los anteojos de noche en una avenida. Y esos colores… ¡uf!, es esa sensación a la que me llevó esa compañera que tuve. Es una canción sin estribillo y pasa por diferentes climas, que van con la letra, que van con la pareja. Y se va con la relación podrida, pero con ese riff épico diciéndote que tenías que hacerlo, que fue hermoso, lo bueno y lo malo. Es alguien que va a estar presente toda tu vida. Cómo mezclo imágenes y colores en una canción, me permite ficcionar la realidad y pasar entre mundos por un rato, jugar con eso.


ESA LUZ EXTRAÑA

 

Todo, todo,/ todo cambia. / De la luna la luz límpida /l a luz de perla se apaga.
El perfume de las rosas / muere en las dormidas auras.
Los senderos se oscurecen.
(…) Todo se apaga y extingue / menos tus hondas miradas.

¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
Y sólo veo entre sombras / aquellos ojos brillantes, /¡oh mi amada!
Todo, todo, / todo cambia.
A Elena, – Edgar Allan Poe


Hay cantidad de referencias a lo que se escurre y escapa:
Ay, la vida pasa frente a vos, Ay, la ola te alcanza, te arrastra y te hunde” (La luz extraña),“dónde está tu nombre/ojos/voz” (Isabella).

(El nombre Isabella resuena a las mujeres de Poe; ¿hay algo de eso?)

Lo femenino aparece como INALCANZABLE en las canciones; “Rogilda me deja”, “sin poder ahogarme ni en tus ojos.”¿Qué es lo femenino inalcanzable? Fuera de las mujeres, ¿dónde encontrar lo femenino?, ¿en la música? “La luz extraña“ es una canción que habla de lo que se le escapa y se le escurre a muchos en la vida. Hacer lo que uno realmente siente y quiere. Está dedicada a ese administrativo sentado nueve horas en su laburo, muriéndose de ganas por hacer de su vida otra cosa. Para decirle que la vida pasa frente a él. Que “el clic del tiempo no retrocede y lo que quisiste ser nunca te supo esperar”… Me gusta mucho Poe, ella tiene un poco de él. Y, con ella, juego mucho en la ficción y en lo real, con su locura, con en el amor que ella tiene por su cuerpo. En las sombras. En mis miedos…

 ¿Qué es la magia para vos?, “abre senderos de magia antes de irte” (Isabella)

Esa frase me lleva a lo que sentía por la magia cuando era chico, que lo racional no estaba tan presente; que la ciencia no me importaba. Que, si practicaba, un día esa taza de café en la mesa iba a moverse hasta mis manos. Volar…, ¿nunca soñaste con eso? Yo sí. Una vez, veía un barco debajo de mí… y caía en picada rozando el agua del mar… fue hermoso.

 

LA PALABRA JUSTA

Todo se derrumba en el mejor concierto./ En la palabra justa en el mejor momento.
Todo lo que quise se transforma / y se desarma con el tiempo.

Decime qué hacés, decime qué vas a hacer.
Si vienen a golpear, si vienen a comprar tu alma.
No sé…si vos…pero…ya no creo en nada. / No sé…si él…pero…ya no creo en nada.

Valium Gorila(***)

El tema de este número de la revista es “El Hastío”: ¿qué cosas te hastían?, puede ser puesto como dos variables. Como PUNTO DE QUIEBRE, hasta acá llegas, de ahí se cambia, basta de todo esto que hastía. Y en vez del quiebrereloj hay una meseta, se llega a lo más insoportable y se buscan excusas para quedarse ahí, ejercicio de negación.

Siempre fui de tener puntos de quiebre. De romper con eso que me causaba hastío. La rutina me hastía, es algo increíblemente pesado y de lo cual es muy difícil salir… o darse cuenta de que entraste de nuevo. Sea componiendo, viajando, laburando como un carnero. Todo en un momento es rutinario y no hace bien. Pero estar atento a lo que es y lo que no es rutinario, ¿es rutinario…?, ¿no ves? Me hastía sólo pensar en ella.


¿Cómo equilibrar el tiempo entre disfrutar lo que hacen otros (escuchar otras bandas, absorber conceptos nuevos) y el tiempo de meterte en el esfuerzo de componer vos mismo?

No soy una persona equilibrada. Generalmente estoy componiendo y me enrosco con algo, dejo todo, no escucho música en todo el día. Al otro día me tomo como un laburo escuchar bandas emergentes, porque quiero saber en qué andan. Y quizás vuelvo a 1930, con alguna obra académica y me quedo en las sonoridades. Y después escucho a la banda más comercial que conozca y de todos absorbo algo.Ya sea en producción, en máquinas que usen, en laburos de armonía o en melodía. Pero quizás ese día no me di cuenta de eso.

Barthes diferenciaba el placer, del goce. El placer es la satisfacción completa de cierto deseo, el goce siempre implica una mezcla de satisfacción e insatisfacción, ¿cómo juegan placer y goce en la composición de tus letras? La lectura es placer, el goce sería la escritura?

El goce al escribir es lo que siento. Me gana siempre la insatisfacción, tengo poca concentración (como Homero). Prefiero las melodías, si vamos al punto de comodidad. Creo que le tengo mucho respeto a la escritura.

 

(*1) Zarpando en un lío, El Porta (2014), Manijas
(*2) Hijos del viento, El Portal (2014), Manijas
(*3) Valium Gorila, Valium Gorila (2016), Manijas




LA ARAÑA

El Hastío: sobre Gego, artista plástica venezolana

Por Carolina Diéguez

“Sin saber por qué, deteníanse moviendo los brazos desnudos y

delgados; ella vivía a la orilla de las cosas”[1]


LA LÍNEA Y EL GARABATO: UN AMOR DIFÍCIL

Un amor de Gego , recuerda el cuento infantil de Norton Juster “El punto y la línea: Un romance en las matemáticas básicas”. (Ver cuento animado al final de la nota). Allí, el punto cae rendido a los pies de la línea, cuando ella descubre su propio potencial para crear curvas, ángulos e infinidad de formas geométricas. Gego abre el juego y el diálogo entre aparentes rivales: la línea recta y la serpentina.

Gego. Dibujo y Tinta sobre Papel
Gego. Dibujo y Tinta sobre Papel

LA GRAN EPIFANÍA

Gego, nacida en Alemania, emigra a Venezuela y decide ser venezolana. Egresada de la Escuela Técnica de Stuttgart, donde estudió ingeniería y arquitectura, se interesó en  explorar mundos abstractos, matemáticos, estructuras y, fundamentalmente, en las posibilidades del espacio. Heredera del constructivismo y del cinetismo, se abre hacia lo geométrico para desarrollar una abstracción cada vez más orgánica.

Gego.

Su gran epifanía se produce luego de su segundo matrimonio con un dibujante y escultor lituano, considerado uno de los padres del diseño en Venezuela. Entonces, comienza a explorar el dibujo, la pintura y el grabado. La línea se vuelve protagonista, insiste y juega en busca de ahondar la relación entre el espacio, las redes, los volúmenes y los vacíos.

 BAJEN AL VOLUMEN

Definida innumerables veces como una sucesión de puntos, la línea es, para Gertrud G. un elemento de juego; la lucha contra el hastío de las formas repetidas, contra la idea de que el volumen de un cuerpo debe pesar más que el vacío alrededor. En  una presentación en el Tamarind Institute[2], ella dice: “descubrí el encanto de la línea por sí misma, la línea en el espacio como la línea dibujada sobre una superficie, y la nada entre las líneas y el destello cuando se cruzan, cuando son interrumpidas, cuando son de un color o tipo diferente. Descubrí que a veces el entrelíneas es tan importante como la línea en sí misma.”

Gego. Dibujo sobre papel.

 Gego busca tornar visible lo invisible”. Su trabajo oscila entre el plano y el espacio: va de sus obras bidimensionales en papel a sus construcciones en tres dimensiones. Y, entre ambas, sus “Dibujos sin papel”, realizados con alambres de acero, tubos de cobre pintados, resortes y canutillos metálicos, varillas, cables de aluminio, pastel y tinta.

imagen 04 - Gego. Dibujo - Dibujo sin papel y Reticulárea
Gego. Dibujo – Dibujo sin papel y Reticulárea

Gego reflexiona un espacio “entre”. Un espacio ocupado por redes y líneas de alambre que supone más vacíos que llenos. Ese hueco, ese pasadizo vacío, es un “negativo” del lleno ocupado por los cuerpos. Entonces, las sombras adquieren una dimensión intermedia, fundamental en la concepción de esta artista.

Gego. Dibujos sin papel
Gego. Dibujos sin papel

Su gran búsqueda: la transparencia. Ese espacio  intermedio entre y bajo las líneas.

Líneas paralelas, cruzadas, entrelazadas hacen eco sobre el fondo. A veces, blanco; otras, transparente. Recortan el vacío.

La línea y su doble abren el juego: dar y ocultar. Un oscilar que invita a sostener la mirada “entre”. El hueco es también veladura y grita (a dúo con Paul Klee): El arte no reproduce lo visible. Lo hace visible.

Y las líneas se multiplican una y otra vez sobre el papel o sin él. Gego insiste y difiere: “No hay peligro para mí de quedarme estancada porque, con cada línea que dibujo, cientos de ellas esperan por ser dibujadas…”

Imagen 06 - Gego. Tejedura 89.21
Gego. Tejedura 89.21

En sus “Tejeduras” vuelve al plano para jugar con la trama y la urdimbre, ya sea que utilice: papel o hilo. Desarma fotografías para componer otras imágenes más abstractas. De tanto en tanto, alguna referencia permanece en su nueva trama.

 CONTRA LA SOLIDEZ

En sus escritos, ella define su obra y a sí misma. “Sabidura 1: Relaciones de línea creadas ni de la realidad de ver ni de la realidad de saber”

Sus líneas crecen sobre el plano y fuera de él en un entramado etéreo contra la teoría: “Esculturas: formas tridimensionales / de material macizo / ¡Nunca lo que yo hago![3] ironiza sobre la definición de escultura.

Imagen 07 - Gego. Chorro Nº 9. 1971
Gego. Chorro Nº 9. 1971

Quizá Gego como C. Lispector esté “… intentando captar la cuarta dimensión del instante… [quiera apoderarse] del “es” de la cosa. Esos instantes que transcurren en el aire que respiro, como fuegos artificiales, estallan mudos en el espacio. Quiero poseer los átomos del tiempo…” [4]

Y, en esa trama de líneas que tejen espacio y tiempo, late  “la presencia de una lejanía por cercana que esta pueda hallarse”.[5]

 MILHOJAS DE HUECOS

Un vez más, la línea se multiplica y desborda. Contra la definición de una forma precisa o un límite: se tensa, se ondula, cruza y entreteje como una tela de araña. SusReticuláreas” evidencian la fragilidad de lo sólido. Un tejido de varillas de acero suspendidas del techo, de cuyas aristas se sujetan cuadrados y triángulos. Formas elementales, de donde penden más líneas. Entrecruzamientos, aire y luz construyen el espacio. No hay un centro ni puntos fijos; sólo pequeños nodos de tensión que nunca cierran las formas.

Imagen 08 - Gego junto a su Reticulárea en 1980.
Gego junto a su Reticulárea en 1980.

La línea diáfana se expande orgánicamente en sus estructuras modulares. El sistema de enlace es perfecto y sólido, a pesar de la ingravidez. El entrecruzamiento feroz crece, seduce y atrae como una trampa. Los huecos se multiplican, la luz y el vacío se vuelven protagonistas.

Espacios de perspectivas múltiples invitan a recorrerlos, a adentrarse entre los huecos, y mezclarse entre las sombras, para conectarnos con otra sensorialidad y vivencia del espacio.

Imagen 09- Gego. Reticuláreas
Gego. Reticuláreas

Entonces, ¿por qué no pensar el vacío como una presencia en lugar de pensarlo como ausencia? Un tema ya trabajado por la poesía visual, al que Gego vuelve desde su arte.
El ejercicio poético es una resistencia contra todo hastío. Es siempre la escritura o el trazo que va por los intersticios y desarma así la gramática de los contornos, de los lenguajes y de las palabras. Donde lo poético aparece, el hastío se repliega. Esto no quiere decir que haya sido definitivamente vencido. Por eso, los vacíos; por eso, los huecos y las transparencias de Gego son siempre puntos de inicio: focos desde los cuales combatir todas las posibles mesetas de tedio y del hartazgo.

[1] LISPECTOR, Clarice.”La Araña”. Ed Corregidor, Bs. AS., 2010, p. 39.

[2] Tamarind Institute: Estudio litográfico  creado en Los Ángeles, en 1960. Jugó un papel importante en la reactivación de la técnica de la litografía en los Estados Unidos y sigue proporcionando  formación profesional

[3]  HUIZI, Elena y MANRIQUE, Josefina, eds. “Sabiduras y otros textos de Gego.” International Center for the Arts of Fine Arts, Houston & Fundación Gego, Caracas; 2005, p.129

[4] LISPECTOR, Clarice. Op.cit.

[5] BENJAMIN, Walter.




CUATRO ENTIERROS, UN MISMO CUERPO

El hastío: Sobre Pablo Neruda.

Por Isabel D’Amico

QUIASTOLITA

Tal vez no viví en mí mismo, tal vez viví la vida de los otros

“Mi vida es una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta

Quizás tu colección olvidó mostrar una quiastolita, piedra mágica que, entre sus propiedades, facilita viajar fuera del cuerpo. A veces, vivir intensamente pareciera vivir otras vidas.

Foto 1

Isla Negra -27 Abril de 2016

Todas te esperábamos ansiosas, La Medusa, Guillermina, la sirena Victoria, María Rapa Nui, la Venus Cabalgante y yo, tu pequeña María Celeste. Te sabemos complacido de regreso a tu tumba. Es curioso, la duda de tu muerte te empujó de nuevo a la vida. Y, a pesar de tus deseos, no estabas en condiciones de resistirte. Muchos años antes lo supiste, tu lugar en el mundo era en esta casa, un poco barco, un poco tren, con la mirada al océano, aun bajo tierra.

Foto 2Tres años fueron necesarios para cumplir la ceremonia del cuarto entierro. Años alejado de tus pipas, de los escarabajos inquietos, del bar pintado con botellas de colores sedientas, de las mujeres sepias y sensuales, pegadas en el baño de hombres. Te esperaron el tablón donde escribías- puerta de algún barco hundido- el lomo de los caracoles en la entrada, incrustados sobre el cemento, dispuestos en espiral de caricias para las plantas de los pies amigos. La colección de mariposas en vuelo, los hemisferios, las copas y las tazas, el caballo gigante de madera de la infancia, el ventanal devorador de soles donde acostaste tu cama. Y, en especial, Mathilde.

Y la Campana.

Pero ya estás de vuelta, Pablo, aunque la duda acerca del accionar cívico militar puja en la memoria de la verdad.


YO ACUSO

Todos tus mascarones guiamos el regreso a la tierra de la Isla Negra, que no es isla ni es negra.

Estabas enfermo, pero no para morir. Entonces, te enteraste del asalto militar a “La Moneda”. Fue un aluvión de colores sin pigmento, de grises y desfiguras: la ráfaga de metralleta que recibió tu amigo, los detenidos, la dolorosa derrota de la izquierda, cuya causa compartiste desde joven. Esa noche dormiste con una fiebre muy alta. El médico le recomendó a Mathilde que te trasladara a Santiago.

Siendo cónsul, recorriste los países más recónditos, pero la Guerra Civil española marcó tu compromiso político y social. Como senador, en el 45, luchaste sin descanso contra la  la miseria. Después de pronunciar un discurso en el Senado – “Yo Acuso”,- te desterraron por algunos años, en un eco casi calcado del Caso Dreyfus. Te involucraste a pleno con el Partido Comunista de Chile. Y tanto creció tu participación que, en 1970, te nombraron candidato a la presidencia. En principio aceptaste, pero preferiste renunciar a favor de tu amigo Salvador Allende. Era la primera vez que un partido comunista accedía democráticamente a la presidencia de un país latinoamericano. Te designaron embajador de Francia. Y aun en medio de la agitación diplomática, tu obra literaria cabalgaba a la par de las obligaciones políticas. Incansable, montabas tus letras en espíritus libres. Numerosos, los reconocimientos literarios se sucedieron hasta obtener el premio Nobel.


LA PRISA DE TU ADIÓS

Dos semanas después del golpe, el 23 de Septiembre de 1973, llegó tu muerte. Mientras estabas internado en la clínica, el embajador de México te transmitió la invitación del presidente para recibirte en su país, como lo había hecho con decenas de refugiados, entre ellos, familiares de Allende. Tus  valijas y las de Mathilde estaban dispuestas en la embajada, todo se encaminaba al exilio, pero jamás viajaron.

Un médico solicitó a Araya, tu chofer, que saliera a comprar un medicamento. Sin embargo, unos carabineros lo siguieron y le propinaron una paliza antes de abandonarlo en una comisaría. Finalmente, lo llevaron al Estadio Nacional, donde fue torturado. Él aseguró que los militares te inyectaron una sustancia letal en la clínica.

Foto 3

El velatorio fue en tu casa de Santiago,“ La Chascona”. El patio de entrada estaba inundado, el jardín lleno de escombros, papeles, libros quemados y vidrios rotos. Sin luz dentro de la casa, la despedida fue alumbrada a velas. Los militares habían allanado el lugar días antes. Algunos dijeron que solo te adornaron con dos rosas blancas que parecían haber sido cortadas de prisa. Pinochet no pudo frenar a la gente agolpada en tu funeral, no hicieron falta más rosas, el perfume de tu pueblo te coronó.

Fuiste enterrado en el mausoleo de la familia de Adriana Dittborn, pero las hermanas de la escritora pidieron el traslado. Y el 7 de mayo de 1974, a menos de un año de tu primer funeral, te llevaron a un discreto nicho en el mismo cementerio.
Con la vuelta de la democracia a Chile, en 1992, tu cuerpo y el de Mathilde fueron exhumados de sus tumbas en el Cementerio General y trasladados a Isla Negra. Así se cumplió el deseo de los dos.

En 2013 te llevaron de nuevo, con el propósito de determinar las causas de tu muerte. Tres años pasaron, tres tediosos años, lejos de la tumba elegida, del descanso en paz.


TINTA ROJA

Dicen no haber encontrado nada. Conociéndolos, la duda tiene certeza, con o sin jeringa buscaron envenenar tu tinta.

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera “. Qué extrañas formas toma la prestigiosa estación cuando un cuerpo  busca su singular territorio. Qué extraño agite de raíces y de cimientos será necesario para que aprendamos a dejar morir a cada quien en su ley.

Foto 4

Sobre el banco del hastío, se sientan las muertes sin consuelo. Todas buscan descansar al fin, en tachos, fosas o ancladas en el mar. Siguen ocultas, boquean el deseo de ocultar sus restos en otro lugar. Los  verdugos, viejos vivos, trenzan el secreto con la desmemoria. Pero, en sus lenguas, laten los nombres que los ahogarán.

En otro banco, en el reverso del hastío también hay voces: de hijos, de madres. Acompañan, acarician con angustia, aunque nunca abandonan. Un sueño colectivo hace eco, allá y acá: pide un solo desentierro. Uno solo, nada más.

Fuentes consultadas:Monografía de MatíasPavesi – B.B.C Mundo -El Heraldo de Concordia-Telesur – El Patagónico




ENTRE ECOS, GESTOS Y VOCES

El Hastío: Sobre las letras de Gabo Ferro.

Por Nicolás Sada

 “Bien detrás de tus párpados verás la Libertad,
no esa fantasía que se hamaca entre su bien y entre su mal.”

Llevado por la admiración, por la poesía, por la sensibilidad, por la precisa construcción de identidades múltiples, empecé a perseguir las huellas cantadas de Gabo. Nos llegamos inexorablemente, con solo cruzar un par de avenidas que nos atraviesan, desde el otro lado de lo invisible, donde el sonido ocupa su preciso espacio.

susurrosMezclado con silencios que dibujan imágenes, siempre hay un lugar, entre los bordes de cada letra escrita.

“Siempre es un camino perdido, un lobo medio dormido y dormido, diez pasos adelante y diez atrás, un cansancio sin inspiración, una puesta de sol en el oído. Los dos ojos dormidos siempre.

Los poemas– canciones de Gabo Ferro tienen su propia música en las letras. Mística y decisión. Quedarme con algunos y dejar otros a un lado, por esta nota, no fue una tarea sencilla. Tuve que perder, es decir, elegir. Pero si, tal vez esta sea la primera de una serie muy larga de lecturas sobre la poética de este compositor.


LO QUE NO SE PUEDE DECIR

Quizá todo el misterio de la poesía de Gabo radique en cómo traslada al cuerpo de la letra la inconfundible textura de su voz.

“No me abraces esta vez.
Alejate si querés saber…”

¿Cómo captar lo indecible en texturas? La primera respuesta va contra toda lógica. Se trata de tomar distancia para acercarse. Walter Benjamin decía que, “el aura” presente en una foto puede definirse como  la presencia de una lejanía por cercana que se encuentre. Ese aura está como textura propia de lenguaje en las letras de Gabo Ferro.

Desatemos paredes y que suba el techo más alto que el sol.
Giremos a tiempo juntos para que nunca salga la luna
ni se venga la niebla, ni las sombras, ni la bruma.

… es que no puedo, no quiero, no puedo, no quiero, no puedo hablar.
Voy a entregarme a tu mirada, solo a tus ojos nomás.
Lo que no se puede decir, se muestra.”

2016-retazosHay, entonces, un modo de lenguaje que no habla, pero que da a ver: “muestra”. La atmósfera se construye entre las palabras. O ente las palabras y los sonidos. Al borde del ritmo.  Aunque es siempre un lenguaje de intersticios. A ese modo de significar se acerca la palabra texturas. En Gabo Ferro, son pliegues de una tela que, en cada onda y al tacto, parecen  dar diferentes rugosidades, matices de sonido y de concepto, poesía colada e impregnada entre el ruedo, los puños y los bolsillos. Si hay algo que Gabo logra con su música es interpelar a quien se acerca a  probar ese extraordinario “tacto”…

 “me voy de mi cuerpo y te dejo mi voz”

Según Bataille, el erotismo se define como aquello que se retira y se ofrece a la vez. Es decir, hay erotismo, cuando hay falta. Si el cuerpo se retira, la voz vibra en toda su “textura”. Si la voz calla, el cuerpo canta. Y, si de cantar se trata, en los versos de sus canciones, Gabo enmarca su voz con una instrumentación minimalista, donde las guitarras acústicas, el piano y alguna percusión incidental ofrecen la coloratura perfecta para sus composiciones. Un retazo de tela más se superpone a la trama. Ahora, en forma de armado musical.

SOY TODO LO QUE RECUERDO

La falta y la presencia no dejan de oscilar en estas letras-poemas como una constante búsqueda, como una construcción del recuerdo. Construcción necesaria para un armado en forma de tapiz, que se escabulle por los recovecos de la memoria. Los pliegues se van sumando en silencio. Gabo, con delicadeza, los compone en música. Nos rodea con un recorrido a través del tiempo, con una fuerza efectiva y  real. Toda esa presencia puede leerse en el caudal su voz.

 “Soy todo lo que recuerdo y vos todo lo que has olvidado;
yo me muevo entre las cosas, vos entre fantasmas cansados…”

SOLTÁ

 

 “que nadie llore a no ser que sea felicidad,
que nadie haga canciones, ni libros, ni dibujos,
ni pinturas cargadas con emociones “inconvenientes”…”

arte_huichol“Inconveniente”: o demasiado presente o demasiado ausente, así se expone la tensión, se rompe lo que falta, lo que se necesita, desaparece de ese modo el aura, no hay distancia. Todo es pura explícita consistencia. Parece entonces que el ”entre”, donde se despliegan las texturas de Ferro, es lo poético que se va trenzando a puro ir y venir con cada una de las palabras y sus sonidos. Ese trenzado se evidencia en el disgusto con cierta forma del mundo, en el malestar de vivir en el hastío, en el cansancio de haber vivido, aun siendo otro. No es solo lo vacío de las cosas, de sus heridas, de las tristezas, es el peso del ayer y de otro mañana por venir. Ese adentro, ese afuera, esa constante. Todo ese dolor que no se puede representar, que inquieta, arde y consume. Entonces: ¡soltá!

“Pie adelante, pie atrás,
caminás y volvés al comienzo,
tu laberinto es sólo un camino con nervio
Si soltás vas a ver que no hay más
que todo esto que vemos,
las cosas son sinceras nos miente el argumento
Traicioná de una vez al dolor
Compañeros así son enemigos buenos
¡Soltá el dolor!”

Confieso: se me descolgaron lagrimones. Pero, por favor, no se lo digan a nadie. La magnitud de esta letra-manifiesto, contestación irreverente al dolor no es otra cosa que la sublime generosidad de un artista. Vibran cada una de las estrofas, que se potencian y se superponen en un coro de voces propias, para sanar la herida que no cierra. Llorá, pero nunca olvides.

Como menciona Diana Bellesi, en un pasaje del prólogo a Costurera carpintero”: “esta herida encontrará paradójicamente su sutura en “soltá”… liberando todo el dolor posible.” “Soltá” es una de esas canciones que ofrece,  en vibraciones, en cada pliegue, romper todos esos mundos imposibles. Para resistir, cada mañana, cada noche, cada día, toda la vida. ¡Para soltar, carajo!

 
VOLVER ES VOLVER

Teje sus propios jardines, impregnados de mundos: Pizarnik, Idea Vilariño y la propia Bellesi. Con la profunda libertad de entrar y salir, pero a pura confusión. Para sentirse más vivo aún y  rodear su propio presente.

 “Afuera,
afuera solo el mundo,
puro aire para brujas y un tiempo que está y se fue.

Así,
con vértigo y vacío,
con mi cuerpo que es mío no me faltará nada
porque yo me iré como el humo al aire
que no podrá volver,
me haré un tornado dulce, un perfume, una piel,
seré mi propia madre y así voy a aprender
que irse es volver a volver
y a volver
y a volver
y a volver.”

petalo arteEntonces, desde incertidumbres tan centrales como la felicidad, la oscuridad, la tempestad, el destino trágico de las cosas, deja para el final del álbum -que no será cualquier final- otro momento tan íntimo y melancólico: “Volver a volver”. Allí, abre una mirilla para entrever un eterno retorno de lo que vendrá. Allí, desafía al destino, entre ese majestuoso:

 “tanto frío, que no puedo más que arder”

Este verso completa en retazos el enorme espacio por donde transita, entre el vértigo y el vacío. Es ahí donde las cartas se muestran: las banderas que se levantan son las de la militancia. Hay futuros después de la primera noche de ausencia, de la primera noche de los fantasmas. Y, si existe ese futuro, es porque él mismo lo crea, nos los crea.

Y a volver. Y que vuelvas nomás, te estaremos esperando. Siempre.

Desde Gabo, continúo: como reflejo de un trovador incansable.  A través  de sus canciones, siempre urgentes, descarnadas por momentos y repletas de amor en otras. Pero, eso sí, jamás sin intensidad.

 “llorá bien, abrí los ojos y después seguí bailando…”

Entre silencios establezco una conexión secreta, en  clave de arpegio hacia una2016-distorsion verdad. Aunque sea,  una verdad que sirva para aquí y ahora. Luego, buscaré otra. Son estas radiografías del alma que exorcizan miedos y abren la huella, al borde de un hermoso precipicio.

Y así, por fin, cuando la poesía se cuela, se filtra plena, el hastío sucumbe. La repetición del afuera trastabilla y cada matiz se vuelve una pequeña diferencia. Una necesaria diferencia. La insistencia insiste para encarar el cambio, trastocarlo todo. De esa manera, la insistencia se contrapone a la costumbre, que repite y se repite para permanecer siempre igual: inmóvil, sin audacia.




EL CUENTO DE LA BUENA BUENA PIPA

El Hastío: Una propuesta para no seguir

Por Patricia Tombetta

SI TE TIENDEN UNA MANO

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¿Cómo escribir sobre aquello que se padece sin remedio?, ¿cómo arrojarlo sobre un papel blanco -cual piojo- para verlo moverse, averiguar sobre sus gustos, inferir sus movimientos, sus saltos, sus pelos y señales? O, aunque más no sea, ¿cómo jugar con él hasta tener una tímida sensación de haberlo visto fuera, parido un rato?

Darle vueltas al hastío es subirse a una calesita que gira en la cabeza. No hay modo de bajarse. Pero no exageremos y acudamos a los filósofos, que para eso están. Ellos, encantados de hacernos de guía y colocar una distancia entre la mano que se desliza y alguna pasión que la gobierna, la disloca o la paraliza.

LAS SOMBRAS

En su Alegoría de la caverna, libro VII de “La República”, Platón expone en forma de diálogo la situación del hombre con respecto al conocimiento. Hace figurar a Glaucón, su interlocutor, el fondo de una caverna donde yacen hombres atados desde niños. La imposibilidad de movimiento les deja como única opción mirar una pared y percibir las sombras de las cosas reales detrás. Dichas sombras son proyectadas por un fuego. Hay, además, personas y sonidos dispuestos para este fin. A la manera de un teatro de títeres, los actores y las cosas, en este caso se muestran como siluetas. La salida de la caverna, dolorosa y difícil, representa el camino hacia el conocimiento y el sol, ícono del bien supremo. Si este primer hombre que ha logrado salir volviera a buscar a los otros, estos reaccionarían tomándolo por loco ante sus relatos y podrían llegar a matarlo si aquel insistiera en la empresa de sacarlos de allí.

¿Quién quiere dolor en los ojos o abrupta pérdida de certezas?

Contemplar las sombras de las cosas, convengamos, permite una distancia con las cosas mismas un tanto tranquilizadora. También, hasta más bella. ¿Qué tanto? hastio foto 2

El gusto por el circo romano, el teatro actual o cualquier espectáculo callejero puede haber tenido su raíz en algo por el estilo. Maravillosos momento que,  gracias a las bonanzas de la identificación, podemos padecer, matar, enamorarnos, llorar, odiar y vivenciar infinitas emociones sin perjuicio alguno. Casi como un juego, una suerte de fantaseo cuyo material lo aporta otro con mucho o poco talento. En principio, parecería que sólo debemos permanecer quietos y atender. El esfuerzo lo hicieron por nosotros.

¿LOBO ESTÁ?

De las sombras a los reflejos no hay mucha distancia. Siempre se tratará de imágenes de las cosas y no de las cosas mismas. Escapar del aburrimiento, del dolor,de la angustia – o como queramos llamarle- no es cuestión de la modernidad, aunque cierta exageración nos coloca en otro lugar de la evolución.

El paralelismo entre la caverna planteada por Platón y los seres frente al televisor no fue una ocurrencia muy original que digamos. La cuestión es que aquí no  vamos a ocuparnos del arduo camino hacia la luz, sino de aquello que sostiene a los seres frente a una pantalla, cualquiera sea. Seres nacidos sin cadenas, poco a poco o muy de golpe, acaban encandilados por imágenes (o sombras que, para Platón, serían lo mismo) en su estadía por la tierra.

Tal vez, fuera de conseguir y asegurar la vivienda y el sustento diario, la vida no se presente tan clara. Y elegir cómo transcurrir por ella no es para cualquiera.

Una frutillita para compartir: la palabra alemana que designa aburrimiento es Langeweiley hace referencia a largo tiempo, a un “mientras” extendido.

Nadie está en contra del entretenimiento, es fantástico incluso. Ese transcurrir concentrado fuera de sí y con una buena cuota de placer. Juegos, teatro, películas, tv, tv, tv, sólo por citar las diversiones más frecuentes. La cuestión radica en la confusión. Cuando aquello que sucede en la tele es tomado por real o cuando, por no haber sido mostrado, se pretende que no sucedió.

hastio foto 3Ya nos había hablado Freud de la importancia  del fantaseo en el adulto, que viene a sustituir al  juego del niño. Ambas actividades también interponen una distancia necesaria entre aquello que es verdad y lo “de mentira”. Y, de alguna manera, preparan al ser para la vida. Ahora: qué sucedería si los niños confundieran el juego con la realidad o si  el juego no tuviera límites. Un perpetuo jugar como en Pinocho y el país de los juguetes. Un desquicio de tiempo suspendido que no culmina en plus de entretenimiento.

De niña, después de la euforia que me producía un lugar así, siempre terminaba preocupándome por quién haría la comida o qué pasaría si se enfermaban. En fin, las coordenadas culturales ya estaban en funciones. De cualquier manera bien lo sabemos: para que el juego sea tal necesita sus límites, como cualquier otra actividad. La pérdida de estos nos creará problemas. Un salir y entrar, un perder para ganar, unos toques al vacío para buscar algo o encontrar. Después de todo el aburrimiento podría no ser más que una desesperación encubierta y, en lugar de enfrentarla, se puede evadir in perpetuum hasta encontrar otra desesperación.

Un círculo que, de perfecto, nada.

Y de cuento, menos.

Un perro mordiéndose la cola resultaría gracioso, si no fuera por la desesperación del animal. Un poco de compasión.


HACER GAMBETAS

Continuemos con el esfuerzo que el piojo se resiste.

Por el lado del conocimiento oriental y – más específicamente- del budismo, nos llega el concepto de Nirvana. Este designa un estado en el que se detiene la actividad mental y se alcanza una liberación espiritual completa. Pero no tan rápido. Dicha detención sería el corolario de un gran trabajo, mediante el cual se llegaría a dicha elevación. Por lo tanto, no confundir con cualquier parate en el pensamiento.

El psicoanálisis también toma el concepto de nirvana para designar la tendencia del aparato psíquico a la reducción o supresión de la tensión de excitación interna con el fin de mantener un equilibrio que tendería a cero. Claro que, por acá, Freud llega a la pulsión de muerte. Y mejor no apresurarse, porque aquello que nos inquieta es cómo jugaremos el partido y los obstáculos que, cada vez más, nuestra querida evolución coloca al alcance de la mano. Obstáculos placenteros que van desde la intención de detener cualquier búsqueda, hasta “venderte” otra realidad que sólo pide apretar un botón.

A esta altura es seguro ponerse a pensar en “Un mundo feliz”,de Aldous Huxley. Por lo menos, aquellos que lo leyeron. Pero, desde aquí, vamos a continuar por el lado de la filosofía. Y, ya que hablamos del nirvana, bien haremos en seguir con A. Shopenhauer, quien introdujo este concepto en occidente. Pensador de profundo pesimismo (no confundir con pesimismo profundo) elabora algunas propuestas con el fin de evitar el dolor de la existencia que me gustaría compartir:

-La contemplación de la obra de arte como acto desinteresado, fundamento de su estética. Cuestión más o menos asegurada si nos esforzamos en estirar un poco la concepción de arte. Extendiéndola a cualquier basura entretenida desinteresadamente contemplada. El interés sería de otros y, también por ese lado, estaríamos a salvo.

-La autonegación del yo, asimilable a una especie de nirvana, mediante una vida ascética. Con un poco de suerte la cantidad de horas amamantados por alguna pantalla podrían fabricar una estética de ascetismo. Un poco engañoso.

Por último:

-La práctica de la compasión, piedra angular de su ética. Esta presenta algún desafío interesante si no se reduce a la ligera expresión ante algún relato del noticiero de la noche del tipo: “Ay, pobrecito”.

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Seamos serios y admitamos que esta última propuesta nos coloca directamente en relación con el otro y va en contra de la masiva premisa “quédate sentado, todo llegará hasta ti”. A no ser que te conformes con la petición de firmas vía internet por nobles causas.

La calesita, lejos de invitarnos a jugar, podría dar vueltas cada vez más rápido y cierta náusea podría ganarte la partida. Por no hablar de que la única vida en tu cabeza sea una colonia de piojos.




¡AY, PAÍS!

 

 

 

 

El hastío: La hipocresía de la amistad empresaria y sus cortesanos.

 

 

Por Ricardo Varela.

 

 

 

EL BLANQUEO DE CONCIENCIAS.

 

¿Existe camaradería en las empresas? Con la mercancía más pútrida posible, con su inmaterialidad, con eso trabajan los supuestos amigos. Esa misma inmaterialidad  sostiene el engaño entre ellos.  No son laderos que se estrechan en un abrazo: son cómplices en producir ganancias y beneficios. Todo se maneja en el orden de las lealtades y las traiciones, como en la mafia misma.

Hastiante.

Y, a pesar de lo falaz del espectáculo, una parte de la burguesía capitalista intenta lavar sus conciencias, al enarbolar cierta ideología con un tufillo que parece decir: “somos gente buena a nuestro estilo”

 

 

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ALLÁ LEJOS Y HACE TIEMPO.

 

La primera fundación de Buenos Aires (1536) estuvo en manos de Pedro de Mendoza. Ante el asedio de los portugueses, él resultó el primer adelantado para robar. Llegó en busca de las posesiones de la corona española. Dicho sea de paso, Pedro de Mendoza no la pasó nada bien con la reacción de los querandíes, que le dieron pa´ que tuviera hasta sacárselo de encima. Ya, desde entonces, la fiesta ha sido para unos pocos. La finalidad fue beneficiar a las minorías acomodadas. Y, aunque parezca sorprendente, esa expedición contaba entre sus tripulantes con Jacobo Welser, miembro de una familia de banqueros de Augsburgo, Alemania. Desde entonces, la historia anduvo a los saltos, hasta dar de frente con la segunda fundación, las invasiones inglesas, el mayo “nuestro”. A finales del siglo XVIII, principios del XIX, llegó al poder el general Julio A. Roca y, con él, la consolidación del modelo agro-exportador y el modelo político conservador, basado en el fraude electoral y en la exclusión de las mayorías de la vida política. Por si esto hubiera sido poco, cuarenta años después, irrumpió Juan Domingo Perón con sus reivindicaciones sociales. El corolario: “la Libertadora”. La cosa no quedó ahí. Saltamos otra vez y nos topamos con la dictadura sangrienta entre 1976 y 1983,  apoyada por los grupos económicos nacionales y extranjeros, financiados por los organismos internacionales de crédito, como el FMI y el Banco Mundial. Más o menos democracia…y siempre los poderosos, dele  marcar el pulso de este país.

“Este país” es una frase acuñada por muchos de nosotros, como si no nos perteneciera o no constituyera nuestra historia. Como si nos costara sentirnos parte de su cuerpo y de su territorio porque nos derrotaron, nos cercenaron, nos robaron una identidad que tanto cuesta restablecer. ¿La identidad se habrá convertido en un sueño que se torna pesadilla? Quizás, por eso añoramos lo que nunca tuvimos.

 

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POR LA CAGADA SE CONOCE AL PÁJARO: DEL DICHO AL HECHO.

 

En su libro “El Pibe”, que retrata una gran parte de la vida del presidente Mau, Gabriela Cerrutti  relata la anécdota de un empleado de la residencia de Olivos. Textual, “aquí, cambian los presidentes, los ministros, los secretarios, eso sí, las visitas son siempre las mismas”.

En el gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín, para citar algunos de los episodios vividos desde el retorno de la democracia, allá por el año 1983, hubo dos decisiones políticas que distanciaron al gobierno de la ciudadanía: Las leyes de Obediencia Debida y El Punto Final ponían límite y cierre, a los juicios por la represión sangrienta.

El contexto internacional no era favorable. La guerra fría, la llegada de Ronald Reagan a los Estados Unidos y sus medidas económicas de libre mercado sentaban las bases para lo que se dio en llamar la economía neo-liberal. El secretario de comercio del gobierno radical, Ricardo Mazzorín, protagonizó el conocido episodio de “los pollos de Mazzorín”. Corría el año 1988, las grandes multinacionales del rubro – Cargill entre ellas-, estaban interesadas en mantener los precios altos. Para ello organizaron un look out, un paro de patronales. Con una inflación elevada y con la intención de bajar los precios, el funcionario decidió importar 38.000 toneladas de pollo congelado de Hungría, Venezuela y Brasil, que fueron depositadas en frigoríficos con un costo para el Estado. De ese total importado, alrededor de un 20% no pudo ser vendido, y se puso en mal estado. Las multinacionales, en connivencia con la oposición política y los medios, urdieron un plan para desestabilizar al gobierno. Se dijo que toneladas de pollos eran transportadas en camiones y descargados en el Cinturón Ecológico. Se comprobó que un movilero, presionado por las autoridades del canal, se vio obligado a comprar y enterrar en el lugar pollos adquiridos en un comercio de la localidad de San Martín. La imagen fue contundente. La oposición política sacó provecho de la situación. El inefable ucedeísta, Alberto Albamonte, se paseaba por la Plaza de Mayo disfrazado de “pollito”. Así, llegó a decir que los pollos venían de Chernobyl, la ciudad ucraniana donde ocurrió el mayor desastre nuclear de la historia.

Mientras tanto, Ronald Reagan y Margaret Teacher encarnaban un liberalismo duro, en simultáneo con la caída del bloque comunista. Se creó el Consenso de Washington,  un programa de origen privado, ligado al Fondo Monetario y el Banco Mundial. Desregulación, privatización, ajuste, apertura financiera, todo eso llegó a América latina y a los países de Europa del Este.

 

 

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MENEM LO HIZO.

 

Y como si hubiera sidoa poco: Menem. La traición no se hizo esperar. A los días de asumir, el salariazo y la revolución productiva, que tanto había pregonado en la campaña electoral, quedaron en la nada. El individualismo, el disfrute de los bienes conseguidos con total indiferencia por la situación de las mayorías pasó a ser visto con empatía. El rico y famoso tiene derecho a la impunidad. La dupla Carlos Menem – Domingo Cavallo es la continuadora de las políticas llevadas adelante por Videla – Martínez de Hoz. Logró modificar un modelo inclusivo que hizo de la Argentina, a mediados del siglo pasado, la sociedad más integrada y equitativa de toda Latinoamérica, con niveles compatibles a los países europeos. En boca de José Alfredo Martínez de Hoz, “El menemismo completó la tarea iniciada por los militares”. Esto nos exime de mayores comentarios.

En lo político, también tomó dos decisiones irreconciliables con la población. El 28 de diciembre de 1989, día de los inocentes, firmó el segundo indulto ampliado, que incluía a todos los militares no considerados en las leyes de Obediencia Debida y El Punto Final. También firmó un decreto que restringió el derecho de huelga. Eligió el 17 de octubre de 1990 para hacerlo, el día de mayor legitimidad para los trabajadores y ante la inminencia de un paro general.

 

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LAS TRAICIONES: NUNCA SE ACABAN

 

Y, entre traiciones y decepciones, llegamos a estos días, cuando un economista estrella del  gobierno de M.M., Javier González Fraga, nos dice que era una ilusión la mejora del poder adquisitivo conseguido por los trabajadores, que no era posible vivir dignamente del salario. Su lógica supone que el acceso a los bienes y servicios está reservado a las clases altas de la sociedad: son lugares de pertenencia exclusiva. La lucha de clases nunca se acaba.

Una última traición, o algo así, la de Ricardo Gil Lavedra, el ex camarista, uno de los jueces que juzgó a las Juntas Militares en el año 1985. Las cosas cambian y hoy,  el hombre ha devenido en abogado de la vicepresidenta Gabriela Michetti quien, amparada por los medios, no puede salir de la bolsa de guita. De aquel admirado por muchos, a este gil, Lavedra.

 

LA ÑATA CONTRA EL VIDRIO

 

“Este país” es todas estas trazas de la historia, con sus desfalcos y frustraciones. Quizás estemos otra vez frente a esa etapa en la cual se nos quiso convencer de que entrábamos al primer mundo. O que, incluso, ya formábamos parte de él. Bebidas, frutas, verduras de lugares remotos y no tanto cubren las góndolas de los supermercados, llenan así el hambre de objetos, contornean la ilusión de mitigar el vacío. Ya lo vivimos: esas migajas colisionaban con el verdadero festín que disfrutaban otros mientras- como una plaga de langostas hambrientas-, arrasaban con todo. Son los mismos defraudadores de guante blanco, ellos siempre encuentran explicaciones técnicas e igualmente descaradas, con discursos vacuos, donde abunda el globoludismo, la pobreza cero y el reencuentro de los argentinos.

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Es el consumo ostensible de que hablaba Thorstein Bunde Veblen(1) en su libro -Teoría de la clase ociosa-, “La ostentación insolente de la capacidad de gasto de la burguesía, que constituía su signo de distinción”. Y,  en determinadas situaciones, cuenta con la aquiescencia de los sectores medios, con quienes conforma un colectivo variopinto que confunde tener con ser.

¿Por qué el hastío no hace estallar la tolerancia a la eterna rapacidad de un grupo humano al que nada le alcanza para saciarse?

 

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EL HORIZONTE NO ES UTÓPICO. RESISTIR Y PELEAR

Eduardo Galeano hace una referencia interesante sobre las utopías. En el episodio intervino un amigo suyo, el cineasta argentino Fernando Birri. Mientras participaban de una conferencia conjunta en Cartagena de Indias, Colombia, preguntado para qué servía la utopía, el cineasta contestó de manera magistral, “esta es una pregunta que yo me hago todos los días. Y suelo pensar que la utopía está en el horizonte y, entonces, si yo ando diez pasos, la utopía se aleja diez pasos, y si yo ando veinte pasos, la utopía se coloca veinte pasos más allá; por mucho que yo camine, nunca, nunca la alcanzaré.” Entonces, la utopía sirve para caminar.

Quizás, exista un ejemplo capaz de esa idea – fuerza del cineasta. El de una isla, Cuba, de 111.000 km2, con apenas 11.000.000 de habitantes que, a 150 km del monstruo, resiste. Acaricia sus contornos, roza sus labios utópicos y resiste.

En una reciente entrevista, Liliana Herrero( filósofa- cantante) manifestó: “Son tiempos en los que la grieta tiene mala fama, sin embargo, es allí por dónde hay que transitar. Recorrerla. La grieta nos hará libres. En la totalidad encontraremos sujeción: jamás contención. La totalidad atrapa y nos impide pensar.”

Dedico esta nota, con ironía, a aquellos que sufren de solo pensar cómo los “mersas” pueden colapsarlo todo. Y desde luego, para esos “mersas” y sus luchas por no dejarse avasallar jamás.

¡Hay País!

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(1) Thorstein Bunde Veblen, (Cato, Wisconsin, 30 de julio de 1857- palo alto San Francisco, California, 3 de agosto de 1929) fue un sociólogo y economista estadounidense. Fue fundador, junto con John R. Commons, de la escuela institucionalista norteamericana y, más generalmente, de la corriente institucionalista en las ciencias sociales. Su fama se debe a libros como “La teoría de la clase ociosa” y “La teoría de la empresa económica”, en los que critica de forma apasionada la evolución de la sociedad y la economía de su país.

 

 

 

 




CUANDO LOS PUENTES CAEN

El Hastío: Sobre la muerte.

Por Néstor Grossi

EL CÍRCULO MALDITO

En algún lugar leí que el hastío es una tristeza sin amor. Todo bien. Pero, ¿qué mierda es el amor? y lo más importante, ¿quién dijo semejante pavada?
Mientras tanto, tenemos frascos llenos de marihuana, botellas de vino acumuladas y la ilusión que se nos muere entre las manos; entonces, comenzamos a soportarlo todo. Si del odio al amor hay un paso, ese puente se llama hastío.


SOLO Y MAL ACOMPAÑADO

1151-istock-000007737926xsmall-s-Llegó un momento en que ya no podía caretearle a la vida nada. No me molestaba perder a los amigos que me habían quedado porque siempre fueron de paso. Para colmo, venía de una relación espantosa con una mujer hermosísima, nunca iba a poder comprometerme con alguien de verdad. No podía vivir con otro ser bajo mi techo. Dormir con la misma persona más de dos noches seguidas se me hacía insoportable: amarla sí, eso, eso puedo. Pero nada más.
Desterré el mito de la amistad.
Arranqué el amor de mi vida, no había otra forma de atravesar el camino. Eso que yo buscaba solo se encontraba en las películas y en la narrativa, nada más. Así que, en ese terreno, iría a buscarlo. Yo tenía una historia que terminar, mi primera novela: “Hasta las estrellas”. Una novela futurista en tiempos de pos guerra y una historia de amor del carajo entre una oficial del ejército, un cadete y una adolescente que había llegado a cantar a la ciudad. Toda la historia sucede bajo un clima de tensión militar entre dos estados, que obliga a nuestro héroe, Luca, a robar un arma al ejército para, después, traicionar a su propio estado y tener que cerrar ese triángulo de una forma fatal.
Entonces, elegí la soledad, elegí dedicarle mi vida por completo a la escritura. No me interesaba otra cosa. Ya había creado un mundo, tenía un equipo de personajes que esperaban todos los días sentados en el banco a que yo apoyara mi maldito culo en nuestro escritorio y los pusiera en acción. Había invertido tantos años en esa historia, que soñaba verla terminada.
Sí, no había tiempo para nada y no vi a nadie más.
Escribía. Me levantaba y me acostaba pensando en mi historia. De seis y media a cuatro de la tarde, atendía un bar sobre la colectora en Gral. Paz. Después de las dos, me ponía a beber y llegaba puesto a mi casa desesperado por llegar a Ciudad Central y encontrarme con Luca, Erika, Marzia y Rahiz.
Por aquel entonces, mi concepto de la escritura era escapar a la realidad, simplemente me drogaba con ella.
A los 35 años, descubrí que nunca había estado lúcido y centrado como a los 20. La vida no apestaba de la misma manera, pero seguía siendo una mierda. Tampoco volvería a tomar una postura punk, ya estaba crecidito para eso y tenía un arma letal: había aprendido algo solo, como escribidor, sin la ayuda de nadie: la historia de fondo no importaba, solo era un recurso para llevar el paso del tiempo.
Entonces empecé a escribir de verdad.


HIJO DE PUTA

Una tarde, mi vieja dijo que tenía que hablarme:segunda cadera, tardaría más tiempo enPicsArt_08-20-02.22.12-1 recuperarse. En paralelo a la operación, su enfermedad avanzaba y ya se sabía que la invalidez era el final. Me pidió que dejara de trabajar, me ofreció mantenerme y pagarme el profesorado de literatura en el que me había anotado para justificar mi vida de escritor.
¿Mantenerme?, ¿para qué? Si, de todos modos, le hacía las compras y la llevaba al médico cuando lo necesitaba. Para la recuperación, la obra social le enviaba un enfermero diurno. De noche la cuidaría yo, como la primera vez. Pero no, ella quería compañía, quería algo que nunca le había podido dar. Empecé a visitarla dos veces por día, a la mañana y a última hora de la tarde. Yo no era la clase de hijo que se sienta a comer o tomar mate con su madre. Apenas si hablábamos del país o de Boca. Para ser hijo único, era bastante especial, o como decía ella: era un mal hijo y nada más. Un hijo de puta.
Abandoné el profesorado, sólo necesitaba hacer billete y escribir. Tarde o temprano iba a hacerlo, además, otra no me quedaba. Yo estaba ahí, vivía a unos metros de la casa de mi vieja.
Recibí la Navidad del 2010 con mi madre recién operada de su primera cadera, fue una de las peores que recuerdo. Los dos solos, ella y su pierna levantada brindando frente al televisor, mientras daban las doce en el mundo. Sin embargo, hubo una navidad todavía más terrible: la del 2011, la última que pasé con mi vieja a pesar de vivir tan sólo a unos metros de su casa. Y, hasta el día de hoy, ya no festejo nada más.
Ese mismo año el rock me dijo basta… entonces comencé el descenso.


Y ENTONCES EL MUNDO TERMINÓ EN FLORES

Como a comienzos de siglo, bebía de la noche a la mañana, podía emborracharme hasta dos veces por día y me armaba uno por hora o cada vez que me hartaba del tabaco. Y escribía, sólo me paraba de mala gana para ver si mi vieja necesitaba algo. Llegaba a escribir hasta diez horas diarias. Estaba a un paso de terminar mi novela, no iba a frenar justo en ese momento.
Sin darme cuenta, perdí de a poco la noción del tiempo, mi parámetro eran los jueves, día en que iba a ver a mi puntero, aunque el frasco estuviera lleno. Muy colgado; tanto, que casi pierdo mi cumpleaños 40.
Necesitaba aire. Necesitaba coger y empezar a tomar un poco de agua. Una cosa era elegir la soledad y otra muy distinta dejar que la puta vida te absorbiera hasta sentir asco por todo. Algo no estaba funcionando.
Cuando terminé “Hasta las estrellas” empecé a salir otra vez. No tenía que ir muy lejos, el mundo del rock se reducía al barrio de Flores. Los viernes y sábados salía a escuchar bandas under ( bueno, “indie”, el under ya no existía). Nunca me costó acercarme a una mujer en un boliche o en cualquier situación, simplemente las había estado evitando. Pero ya me sentía listo para volver a buscar.
Agité hasta que el rock me jubiló, dos veces. Y, una de esas dos, casi pierdo la vida de la forma más idiota. La noche en que tocaron las Pelotas, por primera vez después de la muerte de Sokol, fue en Ciudad del rock, en el estadio de tenis. Llegué tan ebrio y tan drogado que no me gustó la platea alta que me habían conseguido. La lógica indicaba que había lugar en el campo todavía, simplemente, tenía que saltar. Y eso hice, aunque no tuve en cuenta que estaba casi a la altura de un segundo piso. Caí en un techo, de ahí al pasillo de acceso al campo. Dos monos gigantes de seguridad se me abalanzaron, la fuerza del alcohol me levantó y corrí hacia el campo mezclándome con la gente. Encendí uno y busqué un vendedor de cerveza por sobre las cabezas.
Salí peor de lo que entré…me equivoque de puerta y de camino, terminé en la villa de Soldati tomando merca y birra en un kioskito ventana con gente desconocida. Estaba claro: esa noche era inmortal. La luna brillaba gigante y blanca sobre un cielo cruzado de antenas y de cables. De fondo, comenzaba a sonar el rallador de una cumbia que crecía entre las paredes de ese reino de ladrillos huecos y anunciaba que el único muerto era el rock, que yo volvería sano y salvo.
Que la vida me tenía reservado algo peor.


EL VERDADERO ORIGEN DE LA TRISTEZA

Tardé un par de cachetazos en entender que, para la obra social, no era negocio invertir en15406-944-550 una persona de la edad de mi vieja y con una artrosis reumatoidea que ya le había tomado casi todo el cuerpo. Entonces, comprendí que, después de la operación, la cosa no terminaba para mí. Ni para ella, pobrecita.
A partir de aquel día, comencé a vivir con la muerte respirándome en la nuca. Se siente. Uno sabe que está ahí, es como un vacío. Es la que cierra el triángulo mientras el cuidador y el enfermo luchan cada batalla. Ella es la única cuerda en una relación tan enfermiza. Sólo quien haya cuidado una persona hasta verla morir puede saber de qué hablo. Mi madre peleó contra la invalidez hasta el final. Se recuperaba de las operaciones como Palermo ante las gallinas, pero de esta última no zafó así nomás. Aunque podía pararse y moverse con ayuda de un andador, ya necesitaba asistencia para todo.
Yo sabía qué era el encierro y estar sometido. Me rompía el alma pensar que tenía que meterla en un geriátrico. El mundo se convirtió en un infierno, todos los días volvieron a ser iguales y el tiempo corría diferente. De nuevo, no me quedaba otra que escribir. Y eso hice mientras la relación de dependencia con mi madre se volvía insoportable, con visitas largas que terminaban en discusiones por pavadas. A medida que pasaban los días, ella perdía movilidad, pero no se entregaba. Sentía el dolor del mundo sobre sus huesos, pero, mientras le quedase un gramo de fuerza, se esforzaría para pararse…dos años después, intentando levantarse de la cama sin ayuda, se cayó por última vez.
Pasó casi tres semanas internada, ni se le corrieron las prótesis, ni se rompió ningún hueso, increíblemente resistió el golpe en las piernas. Pero el de la cabeza, no. Además, traía un Alzheimer que aún no se había manifestado y entonces se precipitó, por el golpe: las horas que pasó a los gritos hasta que los bomberos llegaron, mientras yo estaba fisurado en mi departamento a unos metros de su casa, resultaron letales. Los días que siguieron fueron de un terror que no estoy capacitado para contar.
Todavía recuerdo la mirada de mi vieja cuando el Alzheimer le ganó en el último round: sus ojos se transformaron en los de una nena, era ella pero a los doce. Vovió a sonreír. Esa fue la última vez que conversamos. Después, la escuché agonizar durante días, hasta que los médicos me pusieron en lugar de Dios: tenía que decidir yo si vivía o moría, había que desconectarla. Fue la decisión más difícil de mi vida. Pero ya no soportaba verla sufrir.
Me recuerdo parado en la puerta de una clínica en Ciudad Evita, acompañado por cinco perros que andaban en banda y se tiraban ahí nomás, a mi pies. No lloraba, me fumaba un porro en la puerta sin que me importara un carajo: en unas horas más, vería a dos tipos de grafa azul que empujarían el cajón de mi vieja, mientras el cura de un cementerio privado me diría que, desde el cielo, ella me lo iba a perdonar todo. Estaba claro, mi vieja no perdonaría jamás.
Por primera vez me sentí solo en el mundo de verdad. Soy huérfano, pensé.
No la lloré nunca, ni siquiera la primera navidad que pasé solo veinte días después de su muerte. Ni tiempo tuve. Me habían quedado deudas, estaba sin laburo y con una casa para alquilar. Durante un buen tiempo, la seguí puteando hasta que alquilé la casa. Cuando más o menos acomodé algo, me puse a escribir, tenía que encontrar un nuevo narrador. Un día, la soñé y me desperté agitado. Soñé que discutía con ella. Esa mañana la nombré, después de dos meses, volví a llamarla en voz alta…grité su nombre. Esa ausencia de respuesta me knoqueó por primera vez.
Dejé de leer. Solo escribía, buscaba una historia nueva; algo real, no una novela futurista, mucho menos una de amor. Había llegado el momento de escribir de verdad, de meterme en las historias.


EL ESCRIBIDOR

Empecé a beber más y a fumar como un condenado. Sabía que no quería volver a aislarme del mundo, menos cuando volvía a ser libre. Hice todo lo posible por no morir de tristeza, pero caí en una depresión silenciosa, de la cual no fui consciente hasta que saqué la cuenta del tiempo que llevaba sin bañarme. Cuando logré pagarme la vida, me puse a escribir de verdad. Esa historia de rock en los 90, en el parque Centenario me daba un nuevo narrador: era mi primer texto realista y en primera persona.
Después de siglos, algo me motivaba. También comencé a escribir una sección de comics en esta revista. Sólo tenía que esperar mi momento. Fue en el tercer número, “el abuso”, cuando estrené mi narrador. Yo sabía algo del tema. Cuando terminé de escribir “Centenario Blues” sentí algo que imagino se llama felicidad. Encendí “Uno” y abrí el freezer. Lo había logrado. Me clavé media lata frente a la heladera y, mientras fumaba el porro más gordo que pude armar, saqué de la caja el calefón eléctrico que había comprado, lo coloqué y me quedé escuchando a La Renga” mientras el agua se calentaba. Después de seis meses me di un baño como un verdadero cabrón y cristiano.
Las dos notas de comics y Centenario las escribí totalmente sucio y pasado. ”Centenario” me salvó la vida, fue la antesala del final de un ciclo. Me habían leído todos mis amigos, me llegaron comentarios de gente ni conocida. Pero, de todos, el mensaje que terminó de levantarme fue el de una compañera de la primaria, una de esas personas que guardo en una cajita de sándalo. No podía pedir más.
13895250_1782387738646509_3133311827864400122_nSin embargo, lo que más disfruté fue la jugada planeada: faltaban dos días para entregar y el relato no explotaba. Entonces se me ocurrió utilizar el primer recurso de aspirante a novelista: la historia de amor, eso faltaba. Agradecí al cielo ser un lector de basura y, en unas cuántas imágenes que meché en el lugar justo, en el momento indicado, encendí el texto. Fue eso, Ella, la Rubia salvó la historia. Y, como le debía una, escribí “Centenario not dead”, el relato de un amor adolescente. Por el momento, de lo publicado, es mi preferido.
Esas dos historias fueron botellas arrojadas al mar. A veces pienso que fue la Rubia, pero al otro lado de ese mar, el mensaje fue recibido.
Entonces el Escribidor Negro conoció a la Lectora Blanca.


EL JUICIO DEL GANSO

Quizás, el estúpido que dijo que el hastío es una tristeza sin amor tenía razón. Y, aunque sigo sin saber qué carajo es el amor, ahora sé de cuál y qué clase hace falta para atravesar ese puente, ese hastío que puede hacerse un infierno de hielo al andar. Es un amor del que uno no puede apropiarse; un amor que nace y renace del deseo, que explota en un big bang cuando cogemos sin pensarnos, solo necesitándonos, y sin más dependencia que ese segundo de silencio, cuando muero en tu espalda.