DEPORTIVO PRONÓSTICOS FÚTBOL CLUB

El azar: sobre el Prode, Racing de Córdoba y la incredibilidad de ganar.
Por Nicolás Estanislao Sada

 

“La gente tiene miedo de reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control” 

Woody Allen

 

El domingo se disfraza en gris de invierno y con lluvia de fondo. Se suman el cansancio del encierro, esta insoportable sensación ininterrumpida de tiempo suspendido, el exceso de teletrabajo, las entrevistas que preparar. Pero, cuando la tarde se rompe en noche profunda, mensaje de Wasup.

Hola, Nico. ¿Viste Prode?

Luisito, querido, no sé de qué me estás hablando.

Rápido de reflejos: Te paso el link. (acompañado con emoji de giñada de ojo)

Con el link en la pantalla, y sin saber hacia dónde me llevaría este mundo de interconexiones, caí en el documental: “Prode”*. Este muy buen trabajo cuenta la famosa historia de uno de los equipos más populares de la  provincia cordobesa: Racing de Córdoba. El plantel profesional jugará una boleta del antiguo Prode, sí: el juego de azar más popular entre los fanáticos del fútbol creado allá por los años `70. Esto ocurrió el 6 de mayo de 1984, día en el que el Racing cordobés jugaba por el torneo Metropolitano.

Y, por esos ribetes insólitos del destino, el partido  entre cordobeses y porteños sería, precisamente, el último de la fecha. El último de un domingo no cualquiera.

Ganar o no el Prode dependía de los propios jugadores, los mismos que habían completado previamente la boleta junto a otros integrantes del club. El pozo estimado de la apuesta deportiva era de 1.7 millones de dólares, suma acumulada de un pozo que había quedado vacante.

La historia es conocida aunque hay que destacar algunos puntos que hacen cinematográfico el propio desenlace. Por supuesto, recomiendo enfáticamente que vean el documental. Pero voy al gran trámite del partido: fue complicado y cuesta abajo para la “Academia” serrana. Tampoco adelanto nada si digo que el 2 a 1 que estampó el fino, talentoso y de exquisita pegada, Roberto Gasparini, fue un grito que hizo saltar la banca de sus vidas.

 

 

 

 

 

CUANDO LA REALIDAD SUPERA A LA FICCIÓN

 “el fútbol es un juego de errores”

Johan Cruyff

 

No solo faltaban poco menos de 5 minutos para que finalizara el partido y para hacerlo mucho mas cinematográfico, sino que el gol resultó de una factura rara veces vista por cualquiera que haya desandado distintas canchas de fútbol argento.

Tiro libre para el conjunto, dirigido por el histórico Pedro Marchetta, gran protagonista del documental. Gasparini, figura, “10”, capitán, elegante, la acomodó. Tomó carrera y le pegó a colocar, casi al ras del piso. Un tiro débil, confuso, sin riesgo aparente. La pelota pegó justo en la línea del área chica y se elevó cual sapito en el rio. Los duendes oportunos del azar no siempre cruel, hicieron que la pelota pasara por sobre la cabeza de un desorientado Ferrero: GOL.

Afuera, delirio en las tribunas, la gente del Barrio Nueva Italia, invadida por un triunfo importantísimo. Adentro, los jugadores descontrolados pedían que el partido terminase en ese mismo instante. Imaginemos esos minutos finales. Con ese triunfo 13 de 13 en la boleta, millonarios por horas.

 

JUGAMOS COMO NUNCA, PERDIMOS COMO SIEMPRE

 Cuando la suerte qu’es grela
Fayando y fayando
Te largue para’o
Cuando estés bien en la vía
Sin rumbo, desespera’o

Enrique Santos Discépolo

El azar rodea al fútbol desde su inicio. Todos sabemos que los comienzos de torneos se organizan base a los sorteos previos. Claro, pero puede fallar, como fue el caso del sorteo por los 32avos de final de Copa Argentino, que había determinado el cruce del superclásico del ascenso: All Boys – Nueva Chicago. Sin embargo las autoridades encargadas de la “seguridad” no podían garantizar “seguridad”. Se prohibió y se modificaron los cruces: Futbol Argento en estado puro.

Aún se respeta el ritual del sorteo previo al comienzo del partido -moneda en el aire- que dictaminará quién saca primero. Incluso, hasta existieron pasajes de rondas en mundiales que se dirimieron por el simple volar de la moneda en el aire de lo imprevisto. Todos estos apuntes significan tirar botellas al mar un domingo gris de invierno y con tormenta de fondo.

GANADOS POR PERDIDOS

¿Qué es ganar?

Modesto “Tito” Vázquez

Dicen que a más cultura futbolística menos aciertos en el prode. Así, el indómito juego, entreverado con el azar y con otros múltiples factores, se convierte en enemigo de las regularidades estadísticas y en actor importante en la historia del fútbol. ¿Qué  no podemos controlar? ¿Se esconde algo en las orillas de todo?

Claro, existen instancias aleatorias y decisivas. Una pena máxima desperdiciada, un inoportuno y desafortunado gol en contra, un resbalón fortuito del arquero cuando salía a cortar un centro, una mano voluntaria pero que el árbitro no vio, o un “fuera de juego” mal señalado por el juez de línea pueden ser elementos suficientes para decidir el resultado de un partido y echar por tierra todas las predicciones previas.

Ojo, todo ese poder incontrolable es aún capaz de conmover a las audiencias, siempre susceptibles de belleza. Así entiendo que lo imprevisible es la relación más auténtica del fútbol con la vida cotidiana, se impregna de aquello que pensamos, experimentamos, sufrimos de forma intensa. De ese modo, tanto la vida como el fútbol necesitan de una poética que nos salve quizás –más allá de todo destino azaroso- de no caer en la tentación del olvido.

El fútbol es un mosaico de atmósferas. La derrota, el triunfo, lo sublime y lo trágico conviven antes, durante y sobre todo después de cada partido. Y en el caso que narra el documental “Prode” se configuró de manera singular: este equipo entró en la historia grande de la épica azarosa jamás vista, ganó por partida doble y sin usar el famoso doble* *

Ganó mucho más que un partido de fútbol,  venció a la propia suerte –siempre esquiva– que, sin dudas, tendrá su registro de manera única e irrepetible en la memoria colectiva de la época. También, por supuesto, la suerte, les tenía guardado para el final de su repertorio, una última jugada. Horas después de celebrar la faena lograda, los jugadores se enteraron del monto que cada uno se llevaría al bolsillo. Como hubo muchos otros ganadores que compraron boletas de esperanzas –instancia que nadie había contemplado– el gran premio obtenido no les alcanzaría ni para el postre del asado. Pero, como quién dice por ahí, quién te quita lo bailado.

 

 

*Documental dirigido por Mauro Beccaría; Guion: Juan Pablo Cossutta. Duración: 63 minutos.

**Doble en el prode: se puede apostar abonando doble, dos resultados sobre los tres posibles.




A ORILLAS DE UNA LÍNEA DE CAL

La queja: sobre largar todo y mandarse a mudar.
Por Nicolas Estanislao Sada

 

 “la costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas”
Oliverio Girondo

 

PUNK ROCK “FÜTBOL”

Escribir sobre fútbol equivale a recrear de otro modo lo que los espectadores – los hinchas- ya conocen. ¿Quién, con la posibilidad de asistir a un estadio, desea que le cuenten el partido? No, no es esa la función de la palabra. Ningún libro descubrirá quién fue Diego A. Maradona, Johan Cruyff o José Santos “Pepe” Romero. Eso habita en la mente del hincha. O, en el anecdótico imaginario.

O, incluso, en el murmullo inexorable de la tribuna.

El raro misterio de las palabras consiste en darle valor y emoción a lo que ya sabíamos.

El fútbol es la parte predecible de nuestra vida. No estamos seguros de encontrar tiempo para ir al dentista o ir a lavar el auto después de trabajar todo el día, o a visitar algún pariente de los más cercanos. Pero sabemos, con estratégica anticipación, a qué hora o dónde nos encontraremos para la comida previa a la cancha.

El fútbol, decía, puede ser predecible. El resto de la vida, en general, no. Y es ahí donde las cosas se desencajan.

En esta crónica,  voy a intentar vincular  la estrecha relación entre la “queja” – tema de este número –  el fútbol y- un poco- la filosofía. Por supuesto, voy a referirme al fútbol menos convencional de todos. El fútbol de las orillas. El fútbol refugio. Ese que desarticula hasta la propia matriz y desafía lo establecido.

Y a la queja, en cuanto motora: esa, de pase hacia adelante. No la queja ocasional, la queja por la queja misma en cuanto un gol que no fue, o aquella por una expulsión mal convalidada.

 

PIRATAS DE LAS ORILLAS GERMANAS

“Hells bells”
Canción de AD/DC con que ingresa el equipo al estadio

 

Años 80: Volker Ippig, el cancerbero, el abanderado de la revolución que transformó al Sankt Pauli Futbol Club en una gran referencia del fútbol a contracorriente.

Me detengo brevemente para narrar el contexto.

Sankt Pauli es un pequeño club con sede en San Pauli, el barrio del puerto de Hamburgo. El club cuenta con muchísimas particularidades, entre ellas, el haberse convertido en el primer equipo alemán en prohibir oficialmente los cánticos racistas y las banderas neonazis en su estadio. Excepto fascistas y racistas, todo el mundo es bienvenido en las tribunas de Millernto Stadiumsr: punkis, okupas, anarcos, ultras, aficionados venidos desde todos los confines del mapa, hinchas de cualquier raza o religión. Y mujeres, sobre todo, mujeres. No en vano es el equipo europeo que cuenta con mayor presencia femenina en su estadio. Los estadios existen para jugar a la magia. El mundo, para vivirla. Y el Sankt Pauli los aglomera.

Volker Ippig, arquero y okupa en el barrio. Contracultural. Durante diez temporadas militó y revolucionó al equipo pirata. Incluso logró el ascenso en la temporada 1988/1989: acontecimiento total en la vida del pequeño barrio obrero.

 

TROTABUNDES

Ippig, arquero titular y protagonista de una transformación, descubrió que su compromiso social y su particular forma de entender la vida condujeron su carrera futbolística hacia senderos insospechados.

Así, en el año 1983: sin previo aviso, decidió dejar provisionalmente el fútbol profesional para trabajar como voluntario en una guardería de niños discapacitados«Estaba disgustado con el fútbol. Estaba cansado de perder mi tiempo pateando un balón. Quería vivir nuevas experiencias. La gente pensó que era una locura desaprovechar una oportunidad única en el Sankt Pauli»

 

Para Ipping, Sankt Pauli era su lugar en el mundo. Pero su corazón- como él mismo admitió hace unos años- latía hacia el lado izquierdo. Así que, a mediados de los 80, decidió volver a anteponer su compromiso social a su carrera deportiva y se alistó en una brigada de trabajo voluntario en la Nicaragua sandinista, país que acababa de vivir sus primeras elecciones democráticas, tras el derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza Debayle.

 

 

PUÑOS BIEN ABIERTOS

Volker regresó a Hamburgo después de colaborar en la construcción de un hospital en la Nicaragua sandinista, pero las cosas no fueron nada fáciles. «Nicaragua me había cambiado. Los nicaragüenses tenían menos dinero que los alemanes, pero eran mucho más felices y vivían mucho más relajados que nosotros. Sentía que ya no encajaba en el mundo del fútbol. Me había acostumbrado a ser libre, a ser independiente. Salí del Sankt Pauli y volví a Lensahn, con mis padres. Ya no entendía el mundo. Ya no me entendía a mí mismo. Todo era contradicciones, estaba deprimido. Al final, pensé: ‘Volveré a intentar disfrutar del fútbol, volveré empezar de cero’. El fútbol me salvó»

El fútbol es la expresión impensada de un deporte colectivo. En su concepción habita el submundo arquero: precisión en el detalle, fuerza de piernas, exceso de atención, conquista de lo imposible, descolgar con las manos bien abiertas cualquier angustia – en forma de centro – que llegue a su solitaria posición.

 

NOTIFICACIÓN SIN DOBLE CHECK AZUL

Desde que me topé con las diferentes lecturas de Ipping, no hago otra cosa que darle vuelta al asunto para encontrar cómo conectarme con él, cómo echar andar algunos sabuesos 2.0. Pero la empresa no es nada sencilla.

La fe no se pierde cuando la osadía es grande. Y, mientras leo, construyo y narro la nota, entrada la madrugada de un domingo en cuarentena, pispeo de reojo si me llega alguna notificación de contacto con el amigo portero alemán.

La posibilidad última de una cosa siempre puede alterar la realidad en forma inexplicable. Esto no significa que la magia sea parte de la lógica.

También, luego de escribir algunas otras crónicas, donde precisamente se presentan arqueros, ver por ejemplo: El olvido hecho pelota – pienso ahora, que el arquero es un gran solitario de la contienda, dispone de más tiempo para la reflexión, por eso suele, quizás, ser un intelectual – uno que lee entre líneas – el excéntrico del equipo. Ningún arquero es ajeno a su vida interior, orilleada adentro de la inmensidad tras la línea de cal.

En este caso, Volker y sus concretas formas de vivir me llevan a Diógenes de Sinope – lo expresa mejor que yo – filósofo griego perteneciente a la escuela cínica. Su idea de libertad consistía en tener una vida natural e independiente a los lujos de la sociedad. Según él, la virtud es el soberano bien. Pero, ¿qué es la virtud? Aquella que comprende: los honores y las riquezas son falsos bienes, trampas a despreciar. El principio de su filosofía consiste en renunciar en todos los ámbitos a lo convencional y oponer a ello su naturaleza. El sabio debe tender a liberarse de sus deseos y reducir al mínimo sus necesidades.

Así es, somos un fragmento en el camino, somos pasiones imaginarias, la queja quizás nos esclavice, nos paralice, pero su superación, en forma de protesta, como experiencia de potencia creativa, nos moviliza a romper, a salir al juego de toda la cancha. Los antihéroes no suelen aparecer en las fotos y, menos, contestar mensajes. Pero, para siempre, quedan  en el registro singular de quienes amamos tanto el tempestivo grito de gol como la palabra justa.

 




HIMNOS DE MI CORAZÓN

La confianza: sobre la acción colectiva de cantar canciones de cancha.

Por Nico Sada

 “Somos figuras de una fábula”

JORGE LUIS BORGES

 

 “OTRA VEZ EN PRIMERA VAN A VER A PAPÁ” (reza una canción)

Las canciones retumban cuando estamos cerca de la cancha. Los platillos y bombos exponen su potencia. El barrio descansa en partes, en otras no. La plaza del barrio se completa de pibes. Las vallas irreales, en las inmediaciones de la cancha, nos separan de la vuelta de la esquina y tenemos que dar todo un giro innecesario para poder entrar. No hay hinchada visitante.

Estamos adentro y veo como Valen ya ingresa a puro canto, agitando los brazos, es un momento único que resuelve todo los males.

Las canciones de cancha tienen ese íntimo no se qué, poseen por un lado la particularidad de ser poco elaboradas y una copia de copia de un original que muchas veces ni sabemos cuales es su origen, pero también por otro, demuestran una minuciosa complejidad de variedad de música y rima destacándose además, por su perfecto contenido que son dignas de obtener un premio grammy.

Las temáticas que aparecen en el discurso de la hinchada no tienen que ver estrictamente con el deporte, sino que de forma frecuente asocian a lo futbolístico cuestiones ideológicas muy diversas, como la política, el sexo, el poder, la discriminación (racial, religiosa, nacionalista) y determinadas valoraciones éticas y morales.

 

espectaculo. BLOG DE RICKY

El fútbol, como sabemos, es un deporte con una amplia convocatoria. Y la masculinidad al palo. En su libro “Cuestión de Pelotas”, Pablo Alabarces sostiene que ” es el mayor fenómeno de la comunicación de masas en el mundo” y “una de las prácticas de identificación más fuerte de los sectores populares en la mayoría de los países de Latinoamérica”.  En la Argentina, en torno al fútbol, se configura una parte importante de la identidad,  el rito de los sábados a la tarde –  es el caso de mis hijos y el mío  –  dónde se forjó como un hábito de concreta pertenencia, así como también se forjó en el interminable e inabarcable cancionero tribunero.

 

¡CANTEN AMARGOS!

 Me voy a principios de siglo XX, cuando nacieron, quizás, las canciones de cancha. Es un mito que se va reconfigurando a medida que pasan los años. Al principio fueron de aliento muy simple y hasta burlón, si se quiere, cuando los “leemos” con la mirada de hoy. Tenían la clara intención de dar ánimo a su equipo.

Como es el ejemplo de Kurt Lutman ex jugador, todoterreno y leproso hasta la médula, cuando le consulté y al instante, sin dudar me respondió:

“veni, veni, canta conmigo que un amigo vas a encontrar / que de la mano, del loco Bielsa todos la vuelta vamos a dar.” Año 90/91/92 de su glorioso Ñuls.

Con el correr de los tiempos, los trapos y los goles, las canciones se complejizaron en sentimientos de amor, odio, tristeza, alegrías. También de desolación y del anhelo de que mañana, “si ponemos ma`huevo”  vamos a estar mejor.  Recordándole incluso a los jugadores que por supuesto la camiseta es más importante que ellos mismos.

Luego, también, aparecieron alusiones de actualidad política, (marchas) cuestiones sociales, todo se construyó en un cuerpo de expresión ideológica típica del futbol, con sus propios códigos, limites y territorios de referencia.  La música se convierte entonces en amarga anatomía del silencio. Existen melodías que van mutando en tiempos, goles, glorias y derrotas de quienes las invoquen, superando así hasta las propias rivalidades.

Le consulté sobre el tema a Agustín Lucas, ex jugador de fútbol y poeta, uruguayo y comprometido con la causa, con una vasta trayectoria en el fobal charrúa, por alguna canción de cuando él era protagonista. Rápidamente,  se le vino a la mente aquella que cantaba justamente cuando jugó acá, en el ascenso argento para “Comu”:

“y dale alegría / alegría a mi corazón / lo único que te pido es salir campeón. Tenes que cambiar la bici por un papel / tenes que fumarte un porro por los carté. Ya vas a ver a todos los pibes juntos drogándose”

Como dijo el antrCanciones de canchaopólogo francés, Christian Bromberger“el fútbol como una fiesta, una guerra simbólica y una guerra materializada. El fútbol como espejo de la sociedad, como productor de realidades sociales”

 

 

NO ES MÚSICA PARA MIS OÍDOS

 “… a veces el fútbol es una alegría que duele…”

Eduardo Galeano

 

 

“la concha de tu madre All boys/ la concha de tu madre all boys/ le vamos a quemar floresta/la reputa madre que los re parió…”

Este preciso repertorio se configura dentro un menú de opciones adaptadas según quiénes sean los emisores de tamaña melodía. Incluso cabe destacar que esta canción en particular trascendió a la tribuna para convertirse en un “amuleto” de íntima liberación personal fuera de la propia cancha. Traspasó de manera impensada las fronteras del tablón más genuino.

 

Pero, ahora bien, ¿hay algo más miserable y violento que meters23-a001 IMAGEN jOSE MASSAROLIe con la vieja y con el barrio? ¿Quemarlo, aunque sea de forma figurada, con la gente adentro o afuera? ¿Existen límites posibles para cantar esta canción? ¿Se canta a los ojos sometidos a la humillación de la desigualdad y de la impotencia? ¿Quién te dio tanta confianza para cantar eso?

La intertextualidad del cancionero incluye a una amplísima gama de insultos en forma de canción del momento, relacionados con la identidad social, o la posición socioeconómica marginal.

¿Qué agrega a la descalificación  y a la humillación, que sea colectiva y cantada? Entiendo que son canciones de tribuna y que existen diferentes versiones. (Admito, que soy hincha de All boys, pero intentaré que esto no pese en la crónica, sé que no lo voy a lograr) Pero en el medio existe un mundo: fútbol.

Le pido testimonio sobre este tema a Leonardo “tiki tiki” Di Lorenzo, quien además de jugador baluarte e ídolo de Temperley, es un futbolista comprometido con causas sociales y políticas. Me dice: “Hola Nico! ¿Cómo estás?  No sé si tengo alguna que me haya impactado. Tengo relación con las canciones de San Lorenzo en los ’90. Cuando iba a la cancha con mi viejo y mi hermano. Las que más me gustaron siempre fueron las espontáneas contra el rival. En esa época que iban visitantes a todos lados. Los idas y vueltas de los entretiempos eran maravillosos. Después, las mejores para mí, siempre fueron las dedicadas a Huracán”

Gracias a la respuesta de Leo, se me vino como torbellino un recuerdo maravilloso: cancha de Racing, cuando All boys disfrutaba de las prodigiosas mieles de la Primera y se entonó durante todo el entretiempo y de manera ininterrumpida. Cabe destacar que sucedió en el contexto de un partido  liquidado 3 – 0 abajo, fue una liberación , el resultado potenció reventar a puro canto. (Están los videos en la fuente inagotable que es Youtube… busquen y disfruten)

 Blanco y Negro yo te sigo yo te quiero / sos la droga que yo no puedo dejar / de chiquito me enseñaron a quererte / y que nunca en las mala hay que fallar…

Sabés que van pasando los años/ no importa los resultados/ yo te sigo adonde vas /porque a la banda de Floresta/no le importa una mierda si perdes o si ganas/ por eso te vengo a alentar / la banda quiere festejar y todos juntos vamo a dar la vuelta!!

Es una canción bien reconocida del rock argento, es una canción que tiene un sentido de pertenencia total con la primera infancia y cuando el sentimiento se fogonea desde chiquito, será para siempre. Y así fue. Puedo dar fe. Sobre todo porque es una canción que permite subir en intensidad entre una repetición y otra. Y así va ganado en emociones que la hacen única e inolvidable. Los entretiempos se configuran como un tiempo virtuoso en sí mismos.

Otra situación que se desprende del testimonio de Leo, es precisamente la ausencia de visitantes. Instancia que se naturalizó también con el paso del tiempo; el odio, la bronca hoy se exorciza simplemente cantándole al viento. No hay destinatario real de aquellas injusticias que se suceden dentro del campo de juego. (Pero no me quiero desviar; fantástica hebra que será re hilada alguna próxima crónica)

El fútbol no es solo fútbol. Acontecimiento que excede a veintidós tipos detrás de una pelota que va y viene, también es familia, amigos, conocidos de tribuna, ritual religioso de cada fin de semana. Donde asistimos con esa íntima y absoluta confianza de que todo estará bien y de saber que, al menos, la rutina de la vida no nos dolerá tanto.

Con los mismos valores e intensidades que seguramente tengan los de enfrente, o incluso el lateral derecho que quiere llegar al fondo a tirar ese centro épico que termine en la cabeza del (9) para abrazarnos todos en ese grito de gol. Porque el fútbol también existe cuando existen más abrazos.

 UNA CANCIÓN DESESPERADA

Así, el fútbol se configura como el arte de la postergación, de la angustia que provoca el fracaso, trasciende como un péndulo, va y viene, atraviesa las fronteras simbólicas, inicia, además – un grito que lo vincula con la eternidad más absoluta – una pulsión plena y trascendental que aparece, desaparece y se evidencia en el momento preciso según del lado de la tribuna que te encontrás.

Pero así y todo, aunque  la realidad del juego se desvanezca al momento de abrir las gargantas, esas primeras estrofas evidencian que permanecemos encerrados de manera ilusoria en el interior de una gran ficción, con el objetivo primordial de salvarnos, al menos, la tarde. De esa manera, la naturalización “folklórica” actual de cada canto colectivo tribunero cancela todo pensamiento crítico, da lugar a la convivencia profunda del sentimiento irracional y racional por partes iguales.

Escribo, mientras canto para adentro, – no puedo ser ajeno –  una y otra vez esa canción desesperada, hoy el fútbol también entró en esta cuarentena distópica, como heridas que flotan en el aire, entre revoluciones de encierros.

Ante todo esto, canto, canto esa canción de cancha para esquivar la realidad, para suspender el tiempo, canto para sentirme cerca de ese lugar feliz, ese lugar repleto de incertidumbres, de abrazos, donde el infame mundo exterior pareciera detenerse –al menos – durante esos indispensables `90 y pico de minutos.




PAREN LAS ROTATIVAS

La confianza: sobre la gesta uruguaya en Brasil 1950.
Por Esteban Massa

 

En lo que Tabares dijo y no dijo percibí el agreste sabor de lo que se llama artiguismo: la conciencia (tal vez incontrovertible) de que el Uruguay es más elemental que nuestro país y, por ende, más bravo.”
Jorge Luis Borges, “La otra muerte

 

CAZAFANTASMAS

Confiar en la inexistencia de fantasmas cercanos es, al menos, un gesto de soberbia urbana. Y por qué no, de ingenuidad. Zancadores de sueños, impedidores seriales de ideas fugaces y tsunamis de piedras, se nos interponen camino a la digna subsistencia. Viven en nosotros, se desarrollan con intercambios eléctricos en nuestro cerebro, toman forma y así se vuelven parte del diccionario psiquiátrico: miedo, angustia, depresión, ansiedad, etcéteras varios.

Difícilmente los fantasmas de antaño se asemejen a los actuales.

La Segunda Guerra Mundial evitó la continuidad de los mundiales de fútbol que se realizaban, cada 4 años y desde 1930. Ese año Uruguay, dueño de casa, venció al equipo argentino, por 4 a 2 en la final. Luego, Italia, en 1934; y Francia, en 1938. Y lo demás resultó el devenir del caos y la muerte inexorable.

Brasil sería el anfitrión en 1950 del primer evento mundialista de la postguerra. Y allá fue el “Negro Jefe”. Despojado de fantasmas, confiado en sus fuerzas, ingenuo, soberbio, líder, fundamentalista de utopías.

 

PIES DESARROPADOS

Foto 1
Obdulio Varela

Obdulio Jacinto Muiños Varela nació en Montevideo un 20 de septiembre de 1917. Apenas asomó su conciencia, se hizo llamar Obdulio Varela, en honor y gratitud a su madre Juana, negra y lavandera. Y en olvido a su padre, ausente sin aviso. Descalzo en las cuatro estaciones, pies bajo escarcha o adoquines de fuego, el niño de apenas ocho años vendía diarios en esquinas, bares y puertas de hoteles. Además, jugaba a la pelota. Era centre half (según la lengua de los piratas inventores del fútbol), o centrojá (según los designios de la lengua rioplatense). Juana, entretanto, se encorvaba en la tabla para que los pesos recibidos a cambio calmasen barrigas crujientes.

Obdulio debutó como profesional en 1937 en “Wanderers”, de Montevideo. Luego de seis años, pasó al popular “Peñarol”, donde se desempeñó hasta su retiro, en 1955.

Con la camiseta de Peñarol
Con la camiseta de Peñarol

 

VOLCÁN ENJAULADO

Río de Janeiro preparaba la fiesta con la culminación de una obra arquitectónica colosal, un cráter de fuego, un volcán invertido por el que Julio Verne hubiese imaginado el viaje al centro de la tierra: El Maracaná.

El día: 16 de julio. El evento: la final del Mundial de Fútbol que enfrentaba al superpoderoso Brasil con el humilde seleccionado uruguayo. David contra Goliat. Con el empate, Brasil hubiera sido el campeón. Las tribunas del cráter, a tope. Desde allí, rugían más de doscientas mil bocas. Ambiente de fiesta anticipada, olores a victoria contundente, banderas, fuegos artificiales en silencio de expectación, cientos de palomas enjauladas para echar vuelo al término de la función.

Estadio Maracaná, 1950
Estadio Maracaná, 1950

Los dirigentes de la Asociación del Fútbol Uruguayo juntaron a los jugadores: “Ya han cumplido en llegar hasta acá. Jueguen con guante blanco, y traten de no comerse más de cuatro goles“.

Los pandilleros uruguayos temblaban, condenados a una muerte anunciada. En el túnel, camino al campo, el Negro Jefe les habló como a discípulos: “No piensen en toda esa gente. No miren para arriba. El partido se juega abajo. Los de afuera son de palo. En el campo seremos once contra once. Esto se gana con los huevos en la punta de los botines“. Y, respecto al mensaje de la dirigencia, con los ojos vidriosos y el corazón en la mano les dijo: “Cumplidos, cumplidos, solo si somos campeones”.

Minuto dos del segundo tiempo: gol de Brasil. Obdulio toma el balón en sus manos y encara al árbitro.

– Fue orsai- le dice, con firmeza y ceño fruncido.

El árbitro inglés pide un intérprete. Los minutos corren. El tiempo es oro. Obdulio, sabio y calculador, en medio de la tormenta, pone pausa y piensa, se refugia bajo el techo de chapa de un bar cualquiera de Montevideo y espera que el chaparrón se diluya.

Minuto 17: empata Uruguay. Desborde de Ghiggia, centro y, de primera, la empalma Schiaffino para ponerla arriba y que suenen los piolines de la red. Y él, quién si no, miró a los suyos y gritó: “Los de afuera son de palo. ¡Vamo´ arriba La Celeste!”

Lo que sigue es la épica, un ensayo escrito en blanco y negro sobre la fe, la confianza en las propias fuerzas, las limitaciones autoimpuestas, el autoboicot. Los de afuera son de palo remite a las miles de almas que estaban en contra, pero también a los fantasmas propios. Esos que el gurí descalzo, con los diarios bajo el brazo y la celeste en el pecho, espantó a pura arenga.

 

FINAL DEL JUEGO

Minuto 34: Obdulio abre para Alcides Ghiggia, que se va por la derecha, entra al área y le da fuerte al primer palo. ¡Gol de Uruguay, nomá! Y es el final del juego, luego de nueve minutos de incertidumbre y garra charrúa.

Alcides Ghiggia arranca el festejo
Alcides Ghiggia arranca el festejo

Ese final que da comienzo a un inmenso ritual fúnebre, a la desaparición de fuegos artificiales, a miles de palomas que no saldrían de sus jaulas. No hubo ceremonia de premiación, el Negro Jefe le arrancó a Jules Rimet (capo de la F.I.F.A.) la copa a la salida del campo. La epopeya más impactante de la historia del fútbol de selecciones nacionales se había consumado y tenía su nombre: El Maracanazo.

 

ANÉCDOTAS, MÚSICA, INMORTALIDAD

“Bueno como nadie, rebelde como ninguno, cuando le pregunto – ¿fue difícil jugar ante 200.000 brasileños?- Dice: No, no, horrible fue cuando era pibe en el Barrio de La Teja, y descalzo, en invierno, salía a vender diarios“.

Dalton Rosas Riolfo, periodista uruguayo.

 

JAIME ROOS “Cuando juega Uruguay”

 

Vamo’

Vamo’ arriba la celeste

Vamo’

Desde el Cerro a Bella Unión

Vamo’

Como dice el Negro Jefe

Los de afuera son de palo

Que comience la función

 

Obdulio abrió apenas la puerta que lo invitaba a participar de la historia grande. Se asomó e hizo suyos los brazos del Cristo Redentor, se cobijó en ellos para trepar hasta la cima y susurrarle al oído: “Los de afuera, los de afuera son de palo, carajo”.

 

EDUARDO GALEANO: RECUERDOS


 




EN OBRA

La decisión: sobre trabajar para el fútbol.
Por Nicolás Estanislao

 

“No me acuerdo por qué, pero un día escribí un poema y lo envié a un periódico, y lo publicaron. La decisión de ese equipo de redacción selló mi destino”
Ryszard Kapuściński

 

FEO, SUCIO Y DESCONOCIDO

Domingo a la tardecita, cae el sol de refilón en la ventana que da a mi cuarto. Las estelas de luces dibujan en silencio. Entre los insomnios de la semana pasada y el colapso de una pequeña reforma en casa, asumo la decisión de escribir. De escribir sobre aquello que sucede en la última categoría del ascenso la “D”. Categoría amateur, toda -pero toda- a pulmón. Donde habitan el sentido de la otra orilla. Donde están los que buscan ese refugio frente a la intemperie.

Tengo fuentes de primera mano que la habitan, desde adentro -un DT- totalmente comprometido con la causa, con los que bancan el mostrador; y, desde afuera, pero muy cerca, un grupo de periodistas apasionados que cubren el ascenso, con la misma pasión de quienes vamos a él desde las tribunas.

Decía recién que estoy en obra. Y estar en obra no es cosa sencilla, es entablar una relación con un mundo sucio, duro, desparejo, rugoso y totalmente desconocido. Es reencontrarse con la ansiedad, con el chequear la aplicación del teléfono para saber (querer) que no llueva. Y rezar que los precios no suban más en esta coyuntura siempre enemiga de cualquier tipo de aventura.

Como toda obra, hay laburantes, obreros del ladrillo, del cemento y la arena, de levantar paredes. De miradas perdidas. Iguales a esos obreros de la “D”, que “labran” dentro de un rectángulo, pocas veces semejante a un verde césped, (yo también) se animan a levantar paredes como recurso genuino para llegar al arco rival. O para llegar a fin de mes.

 obreros en viga

“las ligaduras sueltas que dejan cicatrices invisibles…”
Los trabajos de la poesía. Enrique Molina.

 

 HAY UN JUGADOR QUE OBRA

La construcción y el fútbol, ahora que lo veo de primera mano, tienen muchísimo en común. Obrar, romper, organizarse cada uno en su lugar dentro del espacio a trabajar, para volver a construir, crear, cuidar, complementarse con el laburante de al lado.

Toda esta íntima trama de hilos que se enhebran, se juntan en las manos curtidas de Alan y Seba por la mañana y, en los pies, por la tarde. Ambos son pibes de veinte algunas hiladas de pared, pero parecen veteranos de la mezcla. Son laburantes diferentes e iguales a tantos otros.

Alan y Seba son obreros y jugadores de fútbol de Centro Español, equipo histórico de la última división del fútbol argentino. Cabe destacar que en la última división, la quinta esencia del fútbol argento, militan equipos como “Club Social y Deportivo Central Ballester”, mítico club que late en el corazón del ascenso más profundo; club, que supo homenajear a los fusilados de José León Suarez, inmortalizados por Rodolfo Walsh, en su inolvidable y necesaria “Operación Masacre”: “- Hay un fusilado que vive”.
 

“Desde los arrabales del silencio…”
Amelia Biaggioni

 

ANDAMIOS DE FÚTBOL 

Lejos de los flashes, de los reportajes, de las marcas consolidadas a nivel mundial, del negocio, del predominio del producto – show – por encima de los propios protagonistas, donde se crean espectadores en lugar de hinchas, existen tipos como Sebastián y Alan, que hacen de la infra “D” lo más parecido posible a los contornos de la vida.

Sobre todo hoy, cuando les toca convivir desde las orillas, contra todo olvido, con una hipermediatización que explotó durante el estruendoso desembarco de Diego A. Maradona para revolucionar, en este caso, la Ciudad de La Plata.

A Sebastián el fútbol no le dio muchas oportunidades. La vida, tampoco. Y tanto en el fútbol como en la vida las cosas no siempre salen como uno quiere. Quizás sea la historia de los desencuentros, pero él no le afloja ni a la cuchara de albañil, ni a las pasadas en espacio reducido. Es un volante mixto por derecha, potente, sabe manejar las dos piernas y tiene mucha visión de juego. Puede jugar de carrilero, tanto de extremo como de interior. De ida y vuelta y de un sacrificio como pocos. Desde chico, tuvo que superar diversos obstáculos que le han impedido llegar más allá.

Alan, petiso con cara de vago, de atorrante -como se le dice en el barrio-, es muy rápido y paradójicamente hace muchos goles de cabeza, un poco porque lo descuidan por la estatura, otra porque es muy bicho para saltar y ganar de arriba. Hay que saltar siempre. Pibes bien de potrero, humildes, de barrios orilleros, siempre con sus sonrisas dibujadas en forma de gol.

 

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“… no teman a los errores. No hay ninguno.”
Miles Davis

GOL DE CLASE

Seba y Alan saben que, quizás, llevan las de perder. Hacen malabares para ganarse el mango, para ganarse un lugar en el 11 inicial, pero se aferran a su inexplicable pasión: correr detrás de una pelota. Lo hacen con orgullo, compromiso y excesiva dedicación. El fútbol para ellos trasciende los noventa minutos. Muchas veces todo, o casi todo, nace de un deseo. Cualquier actividad que se realiza habitualmente y por gusto, es decir, cualquier afición, suele encontrar ahí su origen, tras un impedimento.

Contaba Eduardo Galeano que se inclinó por la literatura el día que el balón se le negó definitivamente: si escribía, haría con las manos lo que nunca fue capaz de hacer con los pies. Chambón irremediable, vergüenza de las canchas”, reflexionaba el uruguayo, en “El fútbol a sol y sombra”: “yo no tenía más remedio que pedir a las palabras lo que la pelota, tan deseada, me había negado”.

El fútbol, en tanto fenómeno de masas, también exige un relato particular. Nos habita en lo cotidiano. Nos contiene entre conflicto y belleza. Pero solo adquiere valor, si lo narramos más allá de una jugada, de una estadística. En definitiva, más allá del rectángulo verde.

Así, la pelota se detiene en ese eterno instante y sobrevive en la palabra. Sin relato de los hechos, quizás el fútbol la división “D”, Seba, Alan y su querido Centro Social y Recreativo Español estarían condenados a esfumarse en un triste olvido.

 

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ÍNTIMO REFUGIO DE DECIDIRNOS

Y así es como tenemos la decisión como respuesta, y cuidado, “decisión” se diferencia de elegir, porque elegir es hacerlo entre opciones que crearon otros. Decidir es crear una opción. Una realidad independiente. Es una forma de obra permanente, la casa existe, es habitable pero al reformarla, sin dudas, se transforma en otro espacio, y nosotros quizás nos transformamos en otras personas.

Un poema está escrito, un fragmentario está escrito, esta nota está escrita, pero al reescribirla en la realidad concreta del momento, configura una historia singular, se transforma en otra entidad, y uno se transforma en otra entidad, no solo porque nos fuguemos del deber, sino porque las transformaciones nos atraviesan. Todos al final del camino vamos a terminar transformados dónde sea que vayamos, y ahí no hay decisión que valga, pero sí, es un acto de comprometida decisión cuando uno se funde a fuego, como escribir, reescribir y obrar, entre aquellas palabras que no pueden sostenerse por sí mismas, sin los andamios del argumento, como hacen Sebastián y Alan cuando deciden la opción de pase al compañero mejor ubicado, o la cantidad de agua que necesita la mezcla, o cuando deciden que el futuro está en sus manos y también por supuesto en sus propios pies.




GOL, UNA FUGA FALLIDA

Claroscuros: sobre el corto realizado por la Secretaria Nacional del deporte de Uruguay: “Justo y Nico”, Una historia más allá de los colores.

Por Nicolás Estanislao

 

UN ÁNGEL PARA TU SOLEDAD

 

“procurar ser

una buena mancha de tinta

algo que difuminó mi dedo

 quedó impreso en una libreta”

Eduardo Lalo

 

“No hay escape, allí donde vayamos nos persigue todo lo que somos”, escribió Leila Guerriero en su crónica, “Poesía no”. La escribió allá por julio de 2016. Hoy, tres años después y también en julio, comienzo esta crónica. Destinos del transcurrir indomable. Acá estoy, presento batalla a lo que soy, entre confines poéticos, el desamparo y el amor por los colores de siempre.

En eso, mi amigo Hernán comparte en el grupo de wasap el video de “Justo & Nico”, al tiempo que estoy sumergido en la lectura de poemas del poeta, ensayista, periodista cultural puertorriqueño, Ángel Darío Carrero (1)

A Carrero lo citó, en más de una oportunidad, Eduardo Lalo: otro poeta, narrador y artista plástico caribeño. Lo cita desde su prodigiosa admiración y desde su más entrañable amistad. Esta sucesión de ventanas que se abren y se multiplican en forma de páginas, me recuerda a “A salto de mata”, de Paul Auster, donde nos reconocemos repletos de reseñas, contenidos, laberintos, de esa deriva propia de esta era universal, donde el imperativo es que parezca que sabemos de todo.

 

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LOS COLORES BORDEAN EL VACÍO

“soy un relato de tu ausencia”. 

Ángel Darío Carrero

 

Escribo sobre “Justo & Nico” (2) no solo para conocerlos, sino para reconocerme, para interpelarme. La historia me abordó en un momento de intensas búsquedas, ¿qué quiero? ¿Para qué escribo? ¿Cuáles son las luces y sombras qué me transforman, que me atraviesan? ¿Qué es eso de la paternidad y todas sus torpezas?

A veces, incluso pienso, que la escritura es para mí solo una coartada para librarme del propio proceso de la vida. Como una búsqueda cartográfica de los recuerdos, los sentidos, búsqueda incesante, en el vacío imperceptible de la hoja escrita. Y es allí donde se da la lucha.

 

JUSTICIA POÉTICA

 

           “El fútbol es una parte fundamental de la realidad, siempre me pareció muy indígnante que la historia oficial ignorara esa parte de la memoria colectiva que es el fútbol en países como los nuestros.”

Eduardo Galeano (Cerrado por fútbol)

 

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Vuelvo a la nota y a su idea inicial. Vamos al país vecino, Uruguay. Específicamente, a Montevideo, al histórico barrio: Villa del Cerro, punto de encuentro del segundo clásico más viejo del fútbol oriental. Es allí donde se configura el cortometraje, en dolor hecho poesía, esperanza y -por qué no- canto rebelde.

Justo, fanático de Cerro. Fanático de toda la vida. Tan fanático, que asocia a Nicolás al club, cuando el bebé tenía apenas 72 horas de vida. Como todo fanático de pura cepa e irrecuperable. Pero, por esos ribetes del impredecible destino, Nico terminó como hincha rabioso de Rampla, acérrimo clásico rival de Cerro. El clásico, por supuesto, lo atraviesa todo. “Es la vida, tampoco le podía decir nada”, confiesa Justo entre suspiros.

Al volver de Maldonado, después de un partido que Rampla había disputado en Atenas, Nico murió en un accidente. Justo, la fatalidad. La vida también es un accidente que duele.

Así, el corto recupera una historia auténtica, potente, impresionante, una historia tan sencilla y tan noble como el inexorable amor de un padre hacia un hijo. Tan noble como ese abrazo trunco en cada grito de gol.

La historia nace de una decisión irracional que sacude a cualquiera: la transformación profunda del ideal furioso del traspaso generacional de la pasión por los colores, esa pasión se reconfigura en un reencuentro íntimo en cada partido de fútbol.

¿Cómo seguir sin desplomarse cuando se han perdido felicidad, amor, justicia, futuro?  La respuesta será siempre imparcial e imperfecta. Aun con los retazos de vida escindida entre lo visible y lo oculto. Aun con sensaciones confusas, pero con el claro desafío de salir a vivir por ese grito de gol: así va Justo. Va por un grito de gol que recuerde a Nico todo en un milisegundo. Se trata de dar vuelta la historia, de hacerle una gambeta al destino. Se trata, simplemente, de vivir a través de la memoria: fútbol.

 

Imagen, extraída de Bundeslupen.com
Imagen extraída de Bundeslumpen.com

 

HUELLAS  SIN LABIOS

“El poeta es capaz de fracturar la realidad aparente para captar lo que está más allá del simulacro”

 Roberto Juarroz

 

En su poema: “Descomposición de la huella”, Ángel Darío Carrero desata  sus amarras, desafía los límites en forma de versos:

“El límite del desamparo

posa en frialdad quebradiza/

del vaso / que acompaña el abandono/

las huellas dibujadas/

sobre el cristal/ no forman labios”

 

La huella se dibuja, siempre. La huella suspendida  ya no en el pasto o en el cemento de una tribuna o en la memoria de un alambrado, sino en una transparencia. O, por ejemplo, en ese aire que reverbera cada vez que el padre va a ver a su novedoso Rampla Junior. Nunca dejará de ser hincha de Cerro pero, como dice el corto:”ahora también es hincha de su hijo” y grita para Rampla, con una pasión intacta. Amor esquivo a las palabras, también inexorable. Los colores se trasmutan en recuerdos. Un corazón transformado en un claroscuro.

 

QUIETUD NECIA

 

                                                          “Las banderas son cartas de amor que todos leen”                                                      Agustín Lucas (Tapones de fierro)

 

Imagen de Fernando Moran, extraida del libro Cenizas. (cuentos de fútbol uruguayo)
Imagen de Fernando Moran, extraída del libro: Cenizas. (cuentos de fútbol uruguayo)

 

No hay razón lógica para que el fútbol nunca nos deje de atrapar (aunque, confieso: cada vez me atrapa menos desde el juego, motivos sobran) sobre todo, cuando nos representa desde los bordes, desde las orillas que lo nutren, que lo hacen único e irrepetible, noble y genuino. Cuando nos arrebata del hastío de padecer. Así, como en la vida, el fútbol tiene la generosa y enigmática capacidad de aliviarnos el pesar sin ninguna razón aparente. Hace de ese pequeño momento, un mundo real, posible, que se inmortalizará para toda la vida. Como un poema. Como un verso.

“bastará una quietud necia

para que la tierra estalle

y se rearme

en la combinación

de siete nuevos días

los mismos que ya fijan

el cuadrilátero de la distancia”

Así, el fútbol, muchas veces señalado –cómodamente- como la primera y última causa de todos los males, como el culpable de la ignorancia, y de resignación de las masas populares, se presenta, también, virtuoso, liberador, salvaje, símbolo, expresión inquebrantable del silencio compartido. Del silencio capaz de iluminarlo todo. En los escuetos poemas de Ángel Darío Carrero, esculpidos en el mismo silencio que lo atraviesa a Justo, cuando tiene la mirada perdida más allá del horizonte. La sencillez se da, no como inmediatez; es solo resultado de un arduo proceso de depuración y despojamiento. Así le sucede a Justo, el hueco es rodeado por la potencia, como hace el poema con el vacío de la vida.

Así avanza Justo, desde los contornos, cada vez que pisa la tribuna, y se acomoda adonde siempre iba su hijo, cuelga una porción de él en forma de bandera: “NICO SIEMPRE PRESENTE”

 

  • Ángel Darío Carrero (1965-2015) fue uno de los más destacados poetas y escritores de la generación del ochenta del Caribe contemporáneo. Publicó los libros de poemas Llama del agua (2001) y Perseguido por la luz (2008), y tradujo del alemán Inquietud de la huella. Las monedas místicas de Angelus Silesius (2013) entre otra obras.

 

 

 

 




CON “V” DE VENDRAME, DE VICENZA, DE VAGABUNDO, DE VICTORIA.

La sospecha: Sobre Ezio Vendrame, el poeta que odiaba el fútbol.
Por Nicolás Estanislao

 

“No son los del domingo, sino los del resto de días los que han disfrutado de mi talento. Para los del domingo, las migajas”.

 

LA LOCURA ES LA REVOLUCIÓN PERMANENTE EN LA VIDA DE UNA PERSONA

 “En mi locura he hallado libertad y seguridad; la seguridad de no ser comprendido…”

El loco (Khalil Gibran)

Así de claro entendía el fútbol Ezio (1947), las leyendas cuentan que fue un jugador enorme, distinto, elegante y crack. Pero, como todo crack que no fue, evidencia un costado rebelde, creativo, provocador. De carácter indomable.

Su recorrido fue desde equipos de Serie A hasta equipos de la Serie C, siempre con la misma locura. Apenas anotó un solo gol en la liga italiana.  No jugó en ningún “grande”, pero su historia lo hace tan grande aun.

De esos personajes sacados de los modos habituales de su tiempo y de su contexto, que sintieron el universo fútbol de otra manera.

De origen pobre, Ezio sucumbió su infancia en distintos orfanatos, por decisión de sus propios padres, a causa de mucho más que la falta de recursos. En aquellos institutos forjó el carácter que lo marcó para toda su vida.

 

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LA “SORBONA”

Fuera del fútbol de élite las crónicas del momento narran la siguiente anécdota: Mientras Ezio jugaba en la serie “C” para el Padova, se arrepintió de aceptar un soborno en la mismísima mitad de un partido. Además de romper el pacto con un gol olímpico, le quiso dar emoción a un resultado ya acordado y agarró la pelota, esquivó a todo quien se le interpuso por delante – como el Diego en el ’86 solo que en dirección opuesta a la de él – sean compañeros o no, hizo un amago de tiro ante su propio arquero, dio media vuelta y salió para el otro arco: “Al final del partido me dijeron que un tifoso, con ese gesto final, había muerto”, explica, al recordar como se sentía en deuda con sus aficionados y, por lo tanto, sin ningún remordimiento de conciencia.

“Yo deduje que si un enfermo del corazón había decidido venir a verme, muy probablemente se quería suicidar”

Así es como entendió primero la vida y luego el modo de ganársela. De medias bajas, andar extravagante, hippie de los ’70 barba tupida y cargado de “victorias accidentales”, Ezio colgó los botines a los 34 pirulos. Entonces, alquiló una casa en el campo y comenzó a darle forma a su propia vida. A su vida de verdad. Publicó sus anécdotas y diversos poemarios.

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NÁUFRAGOS EN LO INFINITO

Rodeado de vacíos, de incertidumbres extravagantes. Tal vez así lo habrá sentido Ezio a lo largo de su extraordinaria carrera, rodeado por una realidad poco accesible, escurridiza y orquestada a toda hora y en todo momento sin contemplación.

En el medio de todo este montaje de altísimo rendimiento, operaban -y aun operan- enigmáticos procesos de sublimación. La lengua se reconfigura, de pronto, en mirada activa: surge, así la singularidad de la expresión. Entonces la cosa “fútbol” aparece, a pesar de todo, con un cierto poder de producir sentido.

Así, creemos ver el fútbol. “Ver”, en el sentido estricto de la completa acción visual, donde la mirada escucha, la visión habla un itinerario que se atreve hasta los bordes.

Sin embargo, la sucesión de acontecimientos surgen sin dejarnos espacios, ni lucidez para detenernos en el instante y se empeña en diseñar nuestras emociones con formas sutiles y despóticas.

Todo “creemos” verlo de modo real, pero la asfixia ante el torbellino mediático, la vociferación constante de miserias, nos deja sin resquicios en la conciencia. Aún, de esa forma, sobrevivimos aturdidos, náufragos en el océano infinito de la saturación.

 

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CARTOGRAFÍA DE LOS SENTIDOS

Resulta claro: quienes dirigen los destinos del fútbol no están ni cerca relacionados con ese “no sé qué” intimo pasional que despierta ir a la cancha; ese indescriptible olor a pastito verde recién cortado, o tierra, según las divisiones políticas, los movimientos del arquero, la forma de correr de los líneas, la reacción desencajada de algún vitalicio indignado y, por supuesto, la mirada cómplice entre los amigos de tribuna cuando algo no funciona bien.

Vendrame señala, con el nombre que le da a uno de sus libros, “Se mi mandi en tribuns, godo” (“Si me mandas a las gradas, disfruto”). Si el fútbol es un espejo de la sociedad, hoy este presente es su mejor reflejo. Cuanto más bizarra la escena, más cercana se pretende. Puentes rotos hacia rituales ajenos, completamente extranjeros a la sensibilidad del universo futbolero.

Hoy la representación simbólica del fútbol perdió poder, ante un colectivo cada vez mas asqueado, sumido en un verdadero manifiesto de la sospecha. Sospechas de: corrupción, ineptitud, millonadas de acá para allá, ineficacia, abusos, manejo espurio de la información, oprobios, muertes. Así y todo, en estado de sospecha permanente, vamos al futbol como zombis, mientras alimentamos -inconscientes o no- a toda una maquinaria mórbida empeñada en reproducir mierda, pura mierda. Con una línea de 4 bien marcada, nos resguardamos en la confianza –como bien muy escaso– que no tiene espacio concreto dentro del fútbol actual. Así, el deseo se posterga de forma constante, se vuelve un futuro que no excita nada.

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LA SUBLEVACIÓN DE LA MEMORIA

  “… creo que hay plantar cara a este mundo apantallado y cultivar un arte de la supervivencia sustentado en lo cotidiano” Antón Patiño

 

Lejos, lejísimo, quedaron aquellas tardes de sol, de sábado de ascenso o de domingo de primera, cuando íbamos a la cancha en familia. Lejos, los abrazos de gol con los amigos de tribuna, el sentido de la identidad, las mágicas gambetas entre suspiros y lluvias. Y, sobre todo, el inexorable amor por los colores de siempre. La realidad es demasiado compleja. Una porción de esa realidad nos habita y atraviesa desde el fútbol y todo se transforma en un delirio exultante. Por eso, urge despojar toda mirada de la certeza. Saber fehacientemente que lo visto es un mínimo resquicio de lo que, en silencio, se deja ver. Siempre habrá otra cosa, otra instancia, otra secuencia reconfigurada. La “realidad” del fútbol se encuentra continuamente detrás de nuevas cortinas a arrancar…

El verdadero caso del fútbol sin fútbol quedó impreso en las páginas escritas con los pies curtidos de Ezio Vendrame.

Sospecho que -sin conocerlo y al encontrarlo entre lecturas, imágenes, recuerdos, y amparándome, sin dudas, en todos sus desarreglos poéticos- ya lo quiero mucho mucho.

 

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CONTRA NADIE

La orfandad: Entrevista y nota sobre el partido de fútbol entre Chile – URSS, 1973.

Por Nicolás Estanislao

 

El “Chino” o “El rey del metro cuadrado” fue uno de los grandes referentes de la historia de fútbol Chileno. Habilidoso, veloz de movimientos, salvaje goleador. Ganador serial de títulos, hombre récord. A fuerza de goles, coraje y carisma, desafió a todo régimen. Como delantero, fue un tenaz defensor de sus ideas, colores y banderas.

¿Cómo fueron cambiando tus lecturas de ese partido con el tiempo?

 ¿Mis lecturas con el tiempo? Siempre tienen que ver con que nos hicieron hacer partícipes del teatro de lo absurdo, nos hicieron jugar un partido avalado por la FIFA, en un campo de concentración, en donde se denigró, humilló, torturó y violó los derechos humanos de muchos ciudadanos y amigos cercanos. Entre ellos, el periodista deportivo Vladimiro Mímica y el jugador Hugo Lepe, mundialista de 1962.

¿Qué sentiste al salir a jugar un partido sin rival?

Vergüenza, incertidumbre, me pregunté si era necesario.

¿El contexto político les daba más miedo que indignación o al revés?

Mucho miedo, yo nunca he sido de tomar armas. Me asusta ver armas, creo en el diálogo, en la expresión libre de ideas, en una convivencia sin violencia. También sentí indignación por la ruptura través de la vía armada de un gobierno democráticamente elegido por el pueblo: un golpe de estado no es la vía correcta 


¿En algún momento pensaste en no salir?

Dudé, si bien era consciente de que estábamos haciendo el ridículo a nivel mundial, salí igual, ya que las selecciones juegan por la gente y no por el Presidente de turno, en este caso, ¡DICTADOR!

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¿Qué se dijeron -si se dijeron algo- en el vestuario antes y después del partido?

Nunca hablamos de eso, los que estaban jugando en Chile, por miedo, y los que venían  de afuera, por no compartir los ideales del Presidente Salvador Allende. Fuimos muy pocos los que nos atrevimos a alzar la voz.

¿Cuándo comenzaste a hablar libremente sobre este el tema?

Libremente, siempre. Y ya se hizo público desde los años 90, cuando vuelve la pseudo-democracia, ya que antes siempre fui censurado.

 ¿Podrías pensar alguna cuestión tan absurda como ésta en el fútbol contemporáneo?

Sí, la FIFA se ha encargado de avalar muchas situaciones anómalas, como la nuestra del partido con URSS, algunas sucedieron durante guerra de los Balcanes y otras durante conflictos armados en África.

Hace un par de años grabamos junto a Eric Cantona un documental que se llamó:

 “LOS REBELDES DEL FÚTBOL“ trató sobre estos temas fútbol/política/golpes de estado. En ese documental participé junto a otros grandes jugadores, como Sócrates (Brasil) Didier Drogba (Costa de Marfil) Makloufi (Argelia) Pasick (Bosnia). Lo pasamos por muchas ciudades de Europa, algunas de Sudamérica, pero curiosamente acá en Chile y Argentina lo  vetaron.

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¿Cuáles son las lacras del fútbol actual?

El fútbol negocio, los dirigentes que solo quieren figurar, los que están por retribución y no por convicción, los que no entienden el fútbol como un deporte de integración social, como una herramienta de cultura y pasión.

 ¿Cómo creer en el fútbol profesional?

Los futbolistas siempre lo hemos sido, el problema es la clase dirigencial, esto es como la política, la política en sí es muy bonita, el problema son los políticos.

 

¿Nunca pensaste en escribir acerca de este episodio?

Escribí un libro de cuentos mezclado con vivencias, pero sobre esto no escribí. Esta vivencia la cuento en las charlas que doy por todo Chile y en distintos países que he sido invitado (universidades, colegios). Es necesario contar estas historias para que nunca más vuelvan a ocurrir.

¿Alguna vez te sentiste solo con la carga de estos recuerdos?

Estos recuerdos viven a diario en mi memoria y trato de contarlo cada vez que me preguntan. De esta manera, evitamos que las nuevas generaciones cometan los mismos errores y nefastos horrores.

***

Saludos a todos los amigos del Anartista, espero alguna vez compartir con ustedes en persona todas estas vivencias.
Un abrazo fraterno y el mejor de los éxitos con este número y con los que vendrán.     

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Carlos Humberto Caszely Garrido.

AL FONDO DE LA RED

 


El partido más triste de la historia

21 Noviembre 

“En 1973, Chile era un país prisionero de la dictadura
militar, y el Estadio Nacional se había convertido en campo
de concentración y en cámara de torturas.

La selección chilena iba a disputar, contra la Unión
Soviética, un partido decisivo para clasificar a la Copa del Mundo.

La dictadura de Pinochet decidió que el partido debía
disputarse en el Estadio Nacional, sí o sí.

Los presos que el estadio encerraba fueron trasladados de
apuro y las máximas autoridades del fútbol mundial
inspeccionaron la cancha, césped impecable, y dieron su bendición.

La selección soviética se negó a jugar.
Asistieron dieciocho mil entusiastas, que pagaron entrada y
ovacionaron el gol que Francisco Valdés metió en el arco vacío.

La selección chilena jugó contra nadie.”

Fragmento de “Cerrado por fútbol”, Eduardo Galeano

 

El fútbol es una parte de la realidad, la historia oficial popular en la memoria colectiva.  En cada una de las tribunas, se comparten euforias y tristezas con conocidos, desconocidos, aparecidos que quizás nunca se conozcan, pero con quienes se logra, de manera fugaz, una profunda comunión en la pasión de cada sábado por la tarde.

El juego se propone como un sistema de signos que codifica experiencias y significados. Permite leer desde ese lugar el propio lenguaje de la vida. Así, habilita relatos, con eje en el hombre y en sus alrededores. De ese modo, se hace literatura.

Y también, de ese modo, en noviembre de este año se cumplirán 45 años de aquel “partido”, partido a la mitad, donde la selección chilena jugó contra nadie. Si nadie. No hubo ataque, ni defensa, ni centros, ni caños. Mucho menos, gambetas. Solo un gol insolente y sin festejo, una victoria sin gloria.

La historia, siempre revoltosa, marcaba que la vieja Unión Soviética debía jugar contra “la roja” por el repechaje. Ese partido daría el último lugar para completar el cuadro mundial de Alemania ´74. En el medio, el infierno: golpe de estado a manos de Augusto José Ramón Pinochet Ugarte, el servicio de inteligencia yanqui, denuncias del Kremlin y un partido que nunca se jugó.

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Atrincherado, murió el presidente socialista Salvador Allende a manos de militares.  Quedó un país sumergido en detenciones, desapariciones y muertes. La sangre cubría las calles de un convulsionado país. Los disparos, y las detenciones no detuvieron la organización del siniestro partido que nunca se jugó.  Algo así  jamás había sucedido. En el Estadio Nacional de Chile, en el barrio de Ñuñoa, se montó un inesperado, pero no menos nefasto, centro de detención clandestino de personas. El fútbol se manchaba de sangre como nunca. Las paredes del Estadio Nacional transpiraban frío, gritos de dolor, soledad y desesperación por cada uno de los oscuros pasillos internos. La derrota, presente por goleada.

 

TESTIMONIOS A UN TOQUE  – ESTADIO DE SITIO

Gregorio Mena Barrales era gobernador de la localidad de Puente Alto –vecina a Santiago– por el Partido socialista, cuando fue detenido y trasladado al Estadio. Años después él relató: “Todos los días dejaban libres a veinte, cincuenta personas (…) Los llamaban por los altavoces. Los encuestaban. Les obligaban a firmar un documento declarando ‘no haber recibido malos tratos en el Estadio’ (aunque algunos aún lucieran muestras de las torturas y los golpes). Todos firmaban, era el precio que había que pagar. Muchos volvieron a caer (nadie es libre en una dictadura y menos, en una como la chilena). La mayoría de ellos se incorporaba a la lucha clandestina. Todos esperábamos oír nuestro nombre alguna vez en las ‘Listas de Libertad’, era lógico y legítimo. No éramos culpables de otra cosa que la de ser defensores de legitimidad constitucional. Sin embargo, cerca de mil quinientos nunca fuimos llamados. Con el correr de los días, las graderías se fueron despoblando: muchos libres, otros asesinados en las noches y un par de suicidas…”.

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Cuando los detenidos llegaban el Estadio Nacional, eran trasladados a las escotillas, pasillos oscuros que daban al recinto, donde se apretujaban 200 a 300 personas que buscaban pasar el hambre y protegerse del frío. También los camarines, espacios externos y duchas fueron utilizados como territorios para cualquier tipo de vejámenes, torturas y detenciones. Otro de los camarines fue conocido como “el callejón de la muerte” por las brutales torturas que ahí se infligían a los detenidos.

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La salvaje dictadura también se llevaba, respectivamente por asesinato y por desgaste, a Víctor Jara y a Pablo Neruda. El fútbol parecía lo de menos por entonces. Una selección chilena conducida por Luis Álamos debía enfrentar a su par soviética, selección de un país, que había sido aliado hasta pocos meses antes del golpe.

UNIÓN RECONTRA POPULAR

Quiero mencionar un par de cosas sobre dos aspectos deportivos y sociales íntimamente ligados. Una es sobre el Colo Colo del ´73, un equipo que, más allá de sus enormes virtudes futbolísticas, fue una expresión real de lo popular, en el contexto de los conflictos internos que azotaban al país. Este equipo convocaba verdaderas multitudes. El cuadro albo también paralizaba al país, pero para hacerlo hablar, cantar y bailar en el sentido estrictamente feliz de los términos.

Ese clima de ebullición popular no pasó desapercibido, los militares asesorados por la CIA, deseosos allá y acá de concretar cuanto antes el golpe contra Allende. Una prueba para  comprender qué generaba aquel equipo, cuál era su enraizamiento en núcleos importantes de la sociedad chilena y  qué tensaba más allá del fútbol la da el periodista Luis Urrutia ´O Nell, en su libro: “Colo Colo 1973, el equipo que retrasó el golpe”

“Si Colo Colo no hubiese andado tan bien en la Copa Libertadores, convocando 80 mil personas tan frecuentemente, el golpe se hubiese producido antes. Los asesores estadounidenses que percibieron toda esta efervescencia popular como un escollo para una intervención militar, desde un punto de vista estratégico, pensaron que era mejor esperar un mejor momento. Colo Colo pierde la copa la primera semana de junio y tres semanas después se produce el “Tancazo”. En agosto, Colo Colo se viste de rojo y pasa a ser la Selección, con 10 jugadores titulares en el equipo, para definir con Perú la clasificación al Mundial de Alemania. Chile elimina a Perú y un mes después se produce el golpe

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                                                    “El fútbol es el reino de la lealtad ejercida al aire libre”                                                                          (Gramsci)

 

CÓMO RUEDAN LAS PALABRAS

La pelota deambula huérfana de caricias, absorta, a puros golpes, se sufre un golpe afuera, también adentro. La mortifican con el desencanto profundo del mal pase. Ella lo siente, no entiende ese juego. Para el absurdo no hay límite. Sin concesiones, ella gira cargada de penas entre todos. Entra en juego esa “ilusión”, estimulo visual sustitutivo que busca reemplazar la experiencia real de jugar fútbol.

En resumidas cuentas: no se quería jugar, se quería creer que se jugaba. Y, desde el fútbol, se buscó salir de esa zona de penurias deliberadas con pases vacíos de razón, de juego, de astucia, de gracia y de alegría.

La libertad y espontaneidad con la que se juega, entra dentro del marco de un conjunto de reglas preestablecidas, al punto que la transgresión de esas se supone el final del propio juego. Y así fue como quisieron pasar por alto, o para bajo, pero de manera vil, que la “redonda” sea sinónimo de libertad, de familia, construye siempre ligadura en cada una de las vueltas que pega. Cuando no existe testimonio de esa bella danza que se desparrama coqueta sobre el mundo, cuando no hay tensión, no hay adversarios, no hay vida. Definitivamente, es un partido muerto, con arco sin arquero, con pases huérfanos, al vacío. Un vacío  doliente. Vacíos de vida. Como ese gol huérfano que nadie gritó ni gritará nunca, esa inexorable pulsión de vida, se derrama, muere. Desligada la situación del gol, el fútbol es también una alegría en llaga.

Y, sin embargo… lo que se calla es el relato testigo, el que justamente había que resguardar, por razones de moral, de espíritu deportivo, de amor incondicional, mas allá de que perteneciera a su espacio intimo.

Y desde su posición privilegiada –la pelota– en un pie a pie sin sentido, como reflejo de una ciudad sitiada donde el silencio convivía con las palabras a medias, el rumor, las mentiras, los gritos callados de gol, todo se convirtió en el terror más grande de los últimos tiempos.

 

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         “Nos buscamos en la felicidad pero nos encontramos en la desgracia” 

(Henri Bataille)

 

NUNCA MÁS

image006Tras una larga lucha, encabezada por distintas organizaciones de derechos humanos, especialmente por el Regional Metropolitano de ex Prisioneras y Prisioneros Políticos, el estadio nacional fue declarado Monumento Histórico el 20 de octubre del 2003. El monumento incluía  siete sitios de protección especial para recordar lo sucedido. En el año 2010 se readecuó el recinto y  quedó un pequeño sector con graderías antiguas, el memorial “Escotilla 8”, cercado y demarcado y  visible para quienes están cerca del sector, pues en ese lugar nadie puede sentarse.

Existen además otros seis espacios de memoria al interior del estadio: el memorial acceso Grecia, Camarín norte piscina, Camarín Nº 3, Memorial puerta oriente, Camino de la memoria, Caracolas y Túnel  http://www.estadionacionalmemorianacional.cl/

 

 Memoria

 

Video del Gol más triste de la historia:

https://www.youtube.com/watch?v=ZEw__sGI4zk

La Selección chilena participó en el Mundial de Alemania `74 y se despidió sin ganar ningún partido. Tampoco consiguió victorias en sus dos participaciones siguientes, España ’82 y Francia ’98. Y ahora, en el próximo Rusia 2018, paradójicamente y como una gambeta incierta del destino, tampoco será partícipe de la fiesta.




EL DESOVILLANTE

Reflexiones acerca de la miseria: Entrevista al Ruso Verea.

                                                           Entrevista: Nicolás Sada, Gabriela Stoppelman

                                                           Edición: Nicolás Sada, Gabriela Stoppelman

                                                             Fotografía: Diego Grispo

 

“He oído que el contar de muchos años y muchos años tendrían que atestiguar un cambio. La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo.”   

                                                                                                           Dylan Thomas

 

Desovillalo, desovillalo hasta que se deshaga el último rayo del sol. Y que la voz abierta venga con la noche, acurrucada dentro de la pequeña Spica de la abuela. Que entonces la voz se expanda firme y con peso. Y que luego se entrevere a la noche con los primeros acordes de “A song for Jeffrey”. Quién sabe cuándo fue que ese ovillo se escurrió del tacto de una tía, o de la mirada de una madre. Y tan sólo por andar comenzó a pavonearse en filiaciones. Ya de movida ató 118 cabos de parientes, hizo punto cruz en el paisaje del sur y punto nido en ecos de la tía Nélida. No se privó de ascensos delirantes, atajadas inolvidables, fantasías en diagonal orientadas siempre al calado del horizonte, a la permanente tarde que no quiere ser sin luz. Pero no vaya a creer que es cosa fácil ser ovillo obstinado en desenvolturas. Entre los tramposos y los pícaros, se cuela la gambeta del servicio, esquiva el tacle miserable de los acumuladores de lana- esos que nunca ni un solo pulóver- y se hace cargo de encender los nombres de las letras- Bioy, Cioran, Macedonio- en los territorios de la música. No se detiene y, con una finta casi imperceptible, infiltra cadencias inesperadas en la solemnidad de algunas letras. El ser del ovillo es dejar de ser, mientras desenrolla la delgadez de su materia, hace una pausa, gira, levanta la cabeza al desnudo y busca al compañero mejor ubicado, pero la superficie pinta difícil para el juego, la marca es férrea entre máscaras ásperas y superpuestas, ¿dónde está el compañero para repartir el corazón de la lechuga?, ¿y el verde que rueda el alimento en la luz de la tarde? dónde,  un latir al unísono, dónde, ahora que el ovillo es prácticamente una ínfima línea, letra extendida en voz, en música y, en la profundidad del área, aquella enorme bola que soñaba ser pulóver en la cesta de la tía es ya una fina hebrita con ganas de marcar el ritmo de la Spica, está en la línea de gol, se perfila para el remate de su vida, “ovillo, hoy te convertís en héroe”, sin vacilar, con su pierna más hábil, tensa el deseo de gol, erguido, saca el imponente zurdazo. Y, en una volada inolvidable, ataja con dedos de acero el Ruso Verea.

 

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CAMAROTE VIP EN EL TITANIC

                                  

Nunca se me había ocurrido en todos los años de cárcel que la liberación era algo que podía conjugarse en singular.”

                                   Miguel Benasayag, “La vida es una herida absurda”

 

Te cuento que nosotros no somos periodistas, somos un grupo de lectores y escritores. La idea es mandarte esta entrevista editada para que la revises.

Me parece tremendamente respetuoso. Por lo general, cuando doy notas, parto de la confianza. Así es como me criaron. El tema es que hoy hay una búsqueda de títulos, por lo que las ediciones oscilan todo el tiempo entre la buena y la mala leche. Creo que lo importante es cómo se llega a algunas cosas. A lo largo del tiempo uno va eligiendo con quién habla y con quién no, más allá de que tengas más o menos cosas en común.

Ahora tenemos mucho cuidado porque las cosas están muy calientes.

Es cuando más tenemos que hablar, el problema es que no nos queremos escuchar. Hace rato que pasa eso de que el otro no quiere conversar con vos sino convencerte. Es como el levantar la voz. Hace tiempo que dejamos de hablarnos, nos gritamos. Y después,- y no sólo en los lugares de privilegio- se ve un súper ego o, una especie de “te lo digo yo”… ¡Puta madre!, ¿desde dónde me está hablando este tipo? A veces pasa con el fútbol, ves la falta de respeto en algunas comunicaciones. Y ni hablemos del error: no te podés equivocar… Te lo traslado a un campo de juego: el que compite conoce al adversario porque no lo transforma en un enemigo. Cuando te convencen de esto último, sos un idiota. El adversario, cuando te gana, te enseña que algo hiciste mal o que es superior. Entonces tenés dos caminos: o mejorás lo que hiciste mal o hacés muchas cosas más para poder lograr alcanzar al que fue superior. Eso acá está roto, porque el “cómo” no importa. Entonces, nos abrazamos a la trampa. La vida es un campo minado, esa cloaca donde no sabés qué hay abajo, mientras no metas la pata…

Hay un punto donde el otro se puede transformar en un enemigo.

Está bien… En nombre del éxito, con rivales de la selección nacional hemos hecho cosas aberrantes en el fútbol. Y eso se vendió como viveza. En nombre del éxito, cualquier cosa. Pero el hijo de puta es un hijo de puta, no es un vivo. Al vivo lo elegís, al hijo de puta, no.

Bueno, a veces lo eligen…

Creo que las opciones son cada vez menores, hay cada vez más hijos de puta de un lado y del otro. Me parece que hace rato dejamos de tener la posibilidad de la representatividad. La democracia usa un muy buen léxico, pero no una buena expresión en el día a día. Es simple, nosotros no tenemos necesidades básicas cubiertas y, en la disputa ideológica, todos perdimos el camino, perdimos todo. Y ya no es el “sálvese quien pueda”, sino llegar a tener el mejor camarote del Titanic. Es adonde arriba aquel que tiene una merma muy grande de todo, que no le molesta ni el semáforo ni qué pasa en el contexto del semáforo y tantísimas otras cosas que son señales desde hace mucho tiempo. Hace veinte o veinticinco años que nos enrejamos, que perdimos la calle, las plazas. Hoy las calles se usan para usarnos, no son nuestras.

 

HASTA LAS MANOS DE AMOR CON LOS CHORROS

 

                                               “Además que el ladrón no gusta de ser preguntado. En cuanto se le pregunta algo, tuerce el gesto como si se encontrara frente a un auxiliar y en el despacho de una comisaría

Roberto Arlt, “Conversaciones de ladrones”,  de “Aguafuertes porteñas”

 

Pensaba en la elección de la AFA. Cuando dijiste “trampa”, “no nos escuchamos”, “la ventaja”, “nadie nos representa democráticamente”,  recordé el famoso empate 38 a 38.

Si vas a querer cambiar lo que ya se institucionalizó como lógico, sos un imbécil. Lo más fácil es que el poder se muestre dejándote entrar primero y luego tirándote abajo del tren. Te explico: Cantero había sido elegido por la gente de Independiente por tres razones. La primera es que la gestión anterior resultó nefasta, se habían recaudado más de cien millones de dólares, se tiró abajo la cancha y se empezó a hacer otra. La reinauguraron tres veces y era un esqueleto. Resultaba tal la vergüenza del hincha de Independiente… A eso hay que agregar que creció allí un personaje nefasto como el Bebote (1). El hincha un día dijo basta y votó a un tipo común que tenía el mejor mensaje. Después- ineptitud más, ineptitud menos-, la realidad es que- metido en este quilombo- el poder lo dejó entrar y lo tiró bajo el tren. Agrego: a Cantero lo hicieron reunir con el Ministro del Interior, Randazzo. Lo hicieron reunir con el Jefe de Gabinete, Abal Medina. Le dijeron que tenía una aceptación pública del 80%, que su futuro estaba en la política. Le prometieron veinte, treinta, cien palos para salvar a Independiente. Y es el presidente del descenso: “con Cantero nos fuimos a la B”. La sensación en el ambiente es que no te podés pelear con la barra porque te vas al descenso. Pero la barra es la institución, la barra es ese “38 a 38”, el barrabravismo estaba en la dirigencia.

¿Y cómo salís de ese círculo en el que a Cantero se lo comen los leones y el hincha después va y vota a Moyano?

¿Por qué el hincha de Independiente votó a Comparada (2)? Porque era el empresario joven, adinerado, que supuestamente nos iba a salvar. Es el recomendado, puesto por el mismo Grondona. Comparada era el joven empresario con el que Matilde Menéndez pasó sus vacaciones en Centroamérica, en el Caribe. Cholo Comparada, su padre, era socio de Barrionuevo y de Grondona en temas de seguros y sepelios. Hay que marcar esto. El juego del poder es hacerte sentir todo el tiempo que ellos lo tienen. Desde afuera, hablar del poder es facilísimo.

Pasa que nosotros, como ciudadanos, tenemos una formación política lamentable, al punto que no podemos identificar al enemigo. La persona más sabia de mi barrio es mi verdulera, que me dijo: “Obrero no vota patrón”. Todo el resto del barrio, con más formación, escuela, universidad, no podía identificar eso y están ahora llorando por los rincones por las facturas de los servicios. No vieron al enemigo. El enemigo es el que busca tu extinción, quiere que no tengas lo que tenías, que la pases mal. De ahí en más, tendremos un montón de adversarios. No tenemos que tener miedo a ser violentos por decir la palabra “enemigo”.

Cierto. Yo te hablaba del fútbol. Te lo llevo a la vida. El enemigo es el que miente. El mayor enemigo sos vos si te enamorás de los ladrones. Pero ahí viene otra cosa que no es sólo de formación. Construida como está hoy, la vida es la entrega por la entrega misma y la sumisión por la sumisión misma, porque avanzan sobre vos infinidad de obligaciones y cada vez menos posibilidades de derechos. Y te guste o no te guste, tu vieja abrió las patas y apareciste. Y las luchas son muy grandes en lo que parece pequeño y es lo más grande: tu familia, vos mismo, tu entorno y, después, el conjunto. Y en el conjunto entra a tallar algo más terrible, que es el poder. Se somete al poder la destrucción de lo que vos creés que podés construir colectivamente. Porque, en esa construcción colectiva, el poder te deja afuera. Y otra vez volvemos a mirarnos todos y decirnos “¿Qué somos?, ¿una pandilla de boludos? ¿No nos dimos cuenta que este tipo nos cagaba?”. Y nos volvieron a cagar y nos volvieron a entregar. Entonces, las falsas izquierdas allanan el camino de las más crueles derechas. Hay una construcción durísima vinculada con todo lo que amolda al entramado que sostiene al poder. Y la idea de la revolución, que es fabulosa, está sustentada en la continuidad de la vieja expresión “la revolución permanente”. Y si la revolución es permanente, tu juego con los demás es entregar el poder y que aparezca otro. El problema es que no todos tienen la misma capacidad. Y ahí es donde el de mayor capacidad desestabiliza al de menor capacidad y ya dejamos de ser compañeros. Es hermosamente contradictorio, sería fabuloso que esto se discutiera entre las cabezas que podrían ayudar a resolverlo. El problema es que no lo queremos discutir. Y volvemos a ese otro lugar, donde se acomodaron quienes pueden llegar a pensar en hacerlo mejor y se dedican a cagarnos.

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DE TRAMPAS SOMOS

 

La desgracia constituye la trampa de todo lo que respira; pero sus modalidades han evolucionado: han compuesto esa sucesión de apariencias irreductibles a cada instante a creer que es el primero en sufrir”  

Emile Cioran, “Supremacía de lo adjetivo”, “Breviario de la podredumbre”

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En muchas entrevistas que te hicieron el tema de “la trampa” y “la viveza” aparece una y otra vez.

Es un gran dedo en el culo que le meto al hincha argentino, porque estoy harto.

Pero no sólo en el fútbol. Citás un hermoso cuento de Bradbury que es “Un hombre cuidadoso muere”.

https://solocienciaficcion.blogspot.com.ar/2007/08/un-hombre-cuidadoso-muere-ray-bradbury.html

Allí, al tipo- un hemofílico- lo viven trampeando. Y hoy parece que todo el tiempo nos estamos defendiendo, que ocultamos nuestra parte débil para que no nos destruyan y no queda espacio para la ofensiva. ¿No hay ahí también una trampa?

Puede ser. Yo me lo planteo con mi vida, desde lo más humilde y remoto. Cuando entré al medio, lo hice como un ex futbolista y como un tipo que llegaba a conducir un programa de rock, de heavy metal, con el espíritu de que fuera divertido. Porque notaba una solemnidad tremenda en el medio. Nosotros mirábamos por arriba del hombro al guitarrista a ver cómo tocaba, y yo no toco una nota. Evaluábamos eso: qué actitud tenía o no tenía, quién era músico de verdad; quién, de mentira… Entonces, en la Rock & Pop, que a esa hora no medía un carajo, yo pensaba cómo hacer para que resultara un programa divertido. Bueno, le quité solemnidad y pasé a ser un vendido.

¿Hubo algo de revolución ahí?

¿Sabés? La revolución más grande de todas es que, dos años después, a las nueve de la mañana, sonaban Motorhead o Sepultura. Eso era el gran triunfo. Mirá, la primera vez que puse “Sepultura” en el “Heavy Rock & Pop”, los metaleros tradicionales decían “Eso es una pelea de perros, no es música”. Tres años después, “Sepultura” metió cuatro Obras. Y un padre vino y me dijo: “Soy de Purple, Ruso, de las melodías, de Richie Blackmore, de Ian Gillan, de la voz, del chabón que se tira el pelo atrás y tiene una estética. Soy de eso y vengo con mi hijo que está muerto por estos tipos… ¿Querés que te diga una cosa, Ruso? Me rompieron el culo”. Esto era lo maravilloso, porque eso era la “Heavy”. Ahí es donde está lo otro: hasta dónde el adiestramiento termina teniendo un fin, un logro y una sustancia desde donde dar. Cuando yo aparecí en los medios, era el tipo que venía de estudiar Derecho, de jugar al fútbol. Vi que el medio era una cosa de locos, que se masacraban. Me terminé yendo prácticamente de todos lados. Del único lado que no me hubiera ido, me echaron. Cuando ESPN me ofreció “Hablemos de fútbol”, me sentaron en una mesa de un restaurant y me dijeron: “Ruso, esto es así. Víctor Hugo se va y nosotros tenemos que rodear a Perfumo. Va a estar el Polaco Caimi para toda la cosa periodística, el Rulo Taquini que va a ser el conductor, un gran dador de cartas, y vamos a seguir agregando gente. Pero, de entrada, necesitamos una voz pesada, la tuya. El problema es que te tenés que disfrazar, de saco y camisa.” En esa época ya no tenía pelo, pero había llegado a tenerlo bien largo… Le pregunté si aceptar el traje implicaba que, después, tenía que aceptar el “de eso no se habla”. Me contestó: “Venimos a buscar al Ruso Verea. Si yo te digo eso, te vas. ¿Te creés que no averiguamos que ya te fuiste de todos lados? Te fuiste de América cuando tenías el cuarto sueldo más alto y recién empezabas en los medios…”. Yo, en América, comentaba los tres partidos de la B Nacional. Se armó un programa que se llamó “El pelotazo”, donde estaban Menotti y Bonadeo padre. Un día, mi viejo me sentó frente al televisor blanco y negro, donde mostraban a Bonadeo padre y me dijo: “Mirá esto. Estos son los monos que dicen cosas. Estos son los que están formados. Mirá, habla y no repite una palabra. Con un francés, habla en francés; con un inglés, en inglés; con un alemán, en alemán…”. Mi viejo era un obrero, tenía sólo la primaria. Mi vieja era mucho más “gillette” que mi viejo: si no la sabías manejar, te cortaba.

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A SONG FOR NÉLIDA

 

                                             No veo lo que no quiero ver, / no escuchas lo que no digo, / No seré lo que yo no quiero ser. / Sigo mi camino.” 

                               “A song for Jeffrey”, Jethro Tull

 

Nosotros reivindicamos a tu tía Nélida.

Ella es la que me incentivó el tema del arte. La que, de nene, me hizo conocer personajes.

Contás que el primer tema de rock que te impactó fue de Jethro Tull, “A song for Jeffrey” .

Me mató, me hizo mierda. Yo escuchaba desde Roberto Carlos hasta Carlos Bisso y su “Conexión 5”; desde “Cano y los Bulldogs” a “Pintura Fresca”. Eso sonaba en la radio a mis once años. Y no te olvides que vengo de una familia, donde mis viejos bailaban el tango, mi abuela venía con el mate en la mano y, cuando pasaba frente a la radio, se quedaba cantando un tango y se olvidaba del mate, se colgaba. A mi casa siempre vino mucha gente: miércoles, Copa Libertadores, televisor blanco y negro. “Pirucha, hoy juega River por la Libertadores” “¿Y? ¿Qué pasa, Tito?” “Nada, Pirucha… ¿Hacemos un asadito?” Tito tenía una tienda a media cuadra de casa. “Está la parrilla, Tito. No me preguntés. Hablá con Berto, compren la carne y decime cuántos son que yo preparo las ensaladas”. Esto era mi casa. En el medio de todo esto, mi tía y un padrino: Juan Perono de “Calderas Perono”, que competían contra las calderas Galimberti. Otro personaje imparable. Pero volvamos a mi tía. Hay algo que me pasa cuando escucho “A song for Jerffrey”, que es como el amor. Algo muy difícil de explicar. El día que sepa por qué me enamoré de mi mujer me tengo que ir de su lado.

Cuando leemos tu trayectoria, nos parece que hacés lo mismo que tu tía. A los pibes que sintonizaban la radio para escuchar rock les hablabas de Artaud. Metías un montón de literatura en un ámbito que es para otra cosa, igual que tu tía.

Bueno, en una gran parte soy mi tía. En otra, mi vieja. Y, también, otra parte grande viene de mi papá. Sostengo con mi espalda- más allá de la plata- un montón de cosas del esquema familiar. Y mi viejo era eso. Tengo un gran legado familiar. Lo he visto a mi viejo hablando con mi vieja por lo bajo, diciéndole: “Me acaban de cagar tres categorías porque no me subo a los camiones”. Yo era un nene. Después supe qué significaba no subirse a los camiones. Y mi vieja decía: “Y lo que es peor, si supieran que no somos ni gorilas ni antiperonistas”.

¿Todo eso recordás?

Como si fuera hoy. Mis dos abuelas: La paterna, Dominica Tomasa, era una señora toda de negro, nariz aguileña y muy rigurosa en algunos temas. Ella preparaba el café. Y yo hoy lo preparo como lo hacía ella, con el filtro de tela en el que se ponen unas cuatro cucharadas de café, un chorro de agua fría para no quemarlo y, después, va el agua hirviente. Primero en el centro y después alrededor. Mi mujer se caga de la risa porque está la cafetera al lado. Pero para mí el café tiene que ser así. Claro que no soy muy cafetero. Sólo con el café con leche, cuando lo tomo. No soy de esos del pocillo. Mirá, cuando empecé a tener mucha notoriedad, mi viejo ya tenía complicaciones con el Alzheimer. Muy joven, sesenta y poquito de años. Entonces íbamos juntos a la cancha y me paraba la gente, me pedían autógrafos, se querían sacar una foto conmigo. Y mi viejo preguntaba por qué hacían eso. Mi mamá le decía “¿Viste que el otro día lo vimos por televisión?”. Un día, cuando mi papá ya había muerto, mi vieja me dijo: “¡Si tu papá estuviese vivo y pudiera sentir el orgullo que yo siento!… Cuando hago un trámite, digo mi nombre y me preguntan si tengo algo que ver con el Ruso Verea…”. Eso es muy fuerte, tiene que ver con algo clave: que ellos se sintieran orgullosos de mí. Yo me siento muy orgulloso de mis viejos. Mi vieja daba inyecciones y no cobró nunca un peso. Mi viejo se levantaba a las cuatro de la mañana para ir a laburar. Y, si había que poner una inyección a las dos de la mañana. Él ponía el despertador a esa hora y cruzaba la calle con mi vieja para acompañarla, estuviera inundada la calle o no, porque nosotros vivíamos en Gerli, que se inundó durante muchísimo tiempo, culpa de los políticos que no hacen las cosas que hay que hacer. Claro, mientras te piden todo el tiempo que vos construyas y toda la bola. He visto a mi viejo cruzar con las botas de lluvia para ayudar a los de enfrente a levantar los muebles. Todo eso es muy fuerte en mí.

La vocación de servicio y la generosidad con el otro.

Todo el tiempo, como la casa abierta. Hoy ya no la tengo porque vivo en un departamento, en Wilde. Pero soy de provocar cosas todo el tiempo, comidas y eso.

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Quería volver a esto del legado y la pertenencia. Ver cómo eso choca con la lógica del fútbol: sentís que pertenecés a tu barrio y amás esa camiseta por sobre todo, pero pueden comprarte del equipo del otro barrio, por ejemplo.

Hay algo interesante ahí: es el mundo que nos avanzó a nosotros y tenemos que comprenderlo. Antes, al barrio se le daba toda una cosa. Pero en el barrio hay, como en todos lados, un montón de hijos de puta, de sinvergüenzas, de buena gente, hay de todo. El tema es dónde se mueve uno. Una vez yo paraba en una esquina donde había gente que contaba qué hacía con una de las señoras más grandes del barrio, con una peluquera. Yo tenía trece años, con iniciaciones sexuales pura y exclusivamente manuales. Un día le dije a mi viejo: “Están hablando de tal cosa”, y mi viejo: “Te estás juntando con pelotudos, de las mujeres no se habla así, Ruso”.

 

DEPORTIVO SOCIAL VEREA

 

          “El prejuicio extrafutbolístico hacia el fútbol disminuyó y eso es, al mismo tiempo, una buena noticia y una mala noticia. Es producto de la fuerza de legitimación del fútbol a toda costa. El fútbol tomó una dimensión social tan enorme que es muy difícil vivir de espaldas a lo que significa”

                     Eduardo Sacheri, entrevista para “El Enganche”, por Ariel Scher

 

Leí por ahí que eran ciento dieciocho en tu familia. Y se juntaban todos. 

Bueno, eso es otro quilombo de parte de mi vieja. Ojalá hoy, con todo lo que hay de redes sociales, se pudiera construir algo como en aquellos encuentros. Nunca éramos los ciento dieciocho, porque siempre la familia se pelea. Pero, volviendo al barrio, lo que uno hace es jugar con los que tiene ganas de jugar. Un día pegás el salto de calidad. Puede pasarte con tu hijo, si lo llevás a jugar al fútbol. A esa edad no se le puede romper el hecho lúdico. Y ahí está tu intervención. Tu hijo tiene que seguir yendo a jugar. Donde vaya sólo para ganar, se lo comieron los hijos de puta. Después, está la otra: aun yendo a jugar y mostrando más condiciones que otros, seguramente, van a aparecer quienes le digan “Escuchame, ¿venís a jugar para “Parque”? Te damos una luca por partido”. El nene va a pasar a ser un sostén en la familia y a llevar a casa, el sábado o el domingo, lo que el padre no gana en la semana. A eso sigue lo otro, el mundo que nos rodea, la tentación. Con sesenta años, a mí me bombardean todos los días. Me mandan publicidad desde una campera hasta propaganda de un auto. Ante ese bombardeo, es muy factible que a tu hijo vengan y le digan “Me enteré que querías las zapatillas de Palermo. Tomá”. Eso hoy está, no digo que sea irrefrenable, pero está. Después, existe la competencia. Los padres siempre trasladaron sus frustraciones y postergaciones en los chicos. Pero hay algo mucho más terrible: hoy el padre pierde el rol de padre y asume el rol de hincha de su hijo. Y, como tal, es un energúmeno que se reputea con otro padre, con el entrenador y con el árbitro y queda absolutamente roto todo lo que rodea a ese pibe. Entonces, ese pibe vive llorando o acongojado o vive la felicidad de la Copa: “ganamos”, porque el éxito es todo. Esa copa la tengo y un día me acuesto con catorce copas y lleno de obligaciones y digo “No quiero más esto, ¿y ahora qué?”. Porque, cuando vos tenés condiciones y crecés y las seguís teniendo, la cosa se empareja cada vez más. Hay gente que no está preparada para el salto de calidad y hay otros que lo encuentran un tiempo después. Por eso los dejan libres en un lado y terminan apareciendo en otro.

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Esto de la competencia incentivada institucionalmente se ve en las escuelas, con las clases de gimnasia, matemáticas o lo que sea. El error está castigado y no es un lugar de aprendizaje.

Tal cual. Pasa en los entrenamientos, en ese patético creer que si reprimís, enseñás algo. Cuando yo entrenaba era así. Y, si vos lo discutías, te hacían callar la boca. Ese “callate la boca” estaba también en tu casa, pero ante algunas otras razones. Y es una condena que yo no viví tanto. Para volver a lo que planteabas de la pertenencia, creo que hoy, para el tipo que quiere hacer un deporte o cualquier otra cosa, la clave es su preparación. Pasa con el periodismo, por ejemplo: a mí me están llamando para dar charlas en escuelas de periodismo, en universidades. Yo no me preparé para esto. “Pero Ruso, los pibes hablan de vos, sos una referencia.” Entonces, lo primero que hago es decirles que yo no me preparé, que me enfrento a esto de dar charlas con muchísimo temor y muchísima humildad. Y no se los digo para quedar bien, sino porque supongo que en ellos debe haber una llama encendida para querer ser periodistas, que por eso se preparan. Yo primero me encontré con la posibilidad de conducir un programa, era una aventura, iba a poder pasar la música que amaba, entre muchas otras cosas. A tal punto, que el primer día puse un blues en un programa de heavy metal. Entonces, cuando doy charlas, les digo a los pibes: “Me imagino que en ustedes debe haber una fuerza sagrada, ¿o quieren ser famosos?”.

 

NIÑO ENVUELTO EN JAMÓN CRUDO, JAMÁS

 

“En cuanto a este fracaso en el escribir, se debe a esta rareza de no poder escribir seguido, sin pensar en nada. Si yo hubiera pensado antes de escribir, lo que tampoco es oportuno, apenas se notaría. Mas el lector me descubre pensando mientras escribo, nota estos intervalos de silencio y ya comprende que soy un pobre diablo- lo que sería preferible que no se advirtiera tan pronto” 

Macedonio Fernández

 

¿Vos escribís?

No. Bueno, algunas cosas hay… Pero, mirá, todos los separadores de la “Heavy Rock & Pop” son míos. Escribí algo más, como “Ya las nubes no cargan agua, llevan radioactividad”, aunque siempre cosas para la radio. Pero vuelvo a lo que estábamos conversando: me parece que la mayor pertenencia parte de uno y uno es quien tiene que largarla y provocarla. Les digo a los pibes: “¿Cómo se enfrentan a un secretario de redacción que les dice: “Escribí como un hincha”? ¿Qué hacen?, ¿van a escribir como un hincha? Díganle: “Contrate a Di Zeo, viejo. Llamelo al Bebote. No me contrate a mí. Ayúdeme. Yo me preparé, pensé en ser mejor. Déjeme escribir cincuenta líneas. Corríjame, sacúdame. Pero que sean mis cincuenta líneas.” Pero hoy está la entrega. Vos llegás a tu casa y decís: “Me echaron” y la respuesta es “¿Qué hiciste?”. Nunca, “ ¿por qué?”. Y vos: “Lo que hice es decirle a uno que no, porque me pidió que escribiera como un hincha…” “¡Es un boludo! ¡Tuvimos un boludo!”. Puedo agradecer al “Frigorífico 266” porque pone plata en nuestro programa, va a estar la picada presente, atrás está el banner, no soy tan pelotudo. Ahora, si me tengo que envolver en un jamón crudo o ponerme un collar de salamines o longanizas, no puedo. No. No puedo. Bueno… por treinta, el culo es tuyo. Por cien, el culo es de ellos. Y, entre treinta y cien, la diferencia es cómo querés vivir. Todo esto, que es bastante complicado, me tocó de grande. Si te toca de pibe, es lo mismo que yo digo: no puedo hacer ningún juicio de valor sobre la juventud y la adolescencia.

En las antípodas de esto, recién hablabas de que no podés explicar por qué estás enamorado de tu mujer. ¿Ese indecible lo podrías asociar con lo poético?

Es que yo tengo un quilombo muy grande con las letras. Me ofertan hacer libros desde hace veinte años y no quiero. Tipos como Macedonio escriben libros, no yo. Tampoco he leído todo Macedonio ni todo Borges, pero creo que no puedo escribir un libro. Hay tipos que te dicen: “Saqué un libro” ¡La puta que te parió!, ¿te animaste a sacar un libro? Vos me preguntás sobre lo poético. Yo terminé bien el secundario, no me llevé ninguna materia, todo fenómeno, fui un alumno no ejemplar, pero del que decían: “Este no es ningún pelotudo”. Y, cuando empecé a transcurrir, empecé a leer cada vez más. Después, suceden otras cosas: en los lugares donde parás, viene uno y te dice “¿Leíste a José Sbarra?” “No”. Y uno va y trata de conseguir el librito.

Lo poético es para nosotros lo que genera una conmoción en el lenguaje.

Creo que tengo una manera de decir. Que me formé y crecí con eso. En la “Heavy Rock & Pop” había gente que no podía creer que yo no escribiese lo que decía cuando arrancaba los programas. Después, pasan cosas con gente que me conoce mucho. El tipo que produce programas de fútbol, me dice: “Ruso, la verdad, volví del laburo a la noche y me metiste en una obligación de, a las cero horas, poner “Radio Cantilo” y la puta madre que te parió. Me subo al auto, y digo “Esperá que está el Ruso”. Y no me pierdo esos cinco, siete u ocho minutos que hablás vos hasta que ponés un tema…”. Y ese tema ya no es como en la “Heavy”, cuando yo buscaba que la canción explotara. Ahora pongo otras cosas. Cuando dejé de hacer la “Heavy” me dije que eso ya no lo haría más. Porque en mi casa también viví mucho el hecho nostálgico. El tango es re-nostálgico. Y los metaleros, los rockeros, también lo somos. Yo no quería saber nada de eso. Se nos murió Malcolm Young de ACDC, ¿qué hacemos? ¿el homenaje típico?, ¡no! Yo arranqué con un tema de ACDC, pero sin hablar de lo que fue Malcolm Young. Hablé de lo que creí que tenía que hablar y, cuando terminé, dije: “Ah, uno de los nuestros se fue para arriba. Si lo dejan enchufar, convierte al cielo en un infierno”. Y salió ACDC.

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EL JUEGO DESCOMUNAL: EL ROSTRO AL DESNUDO

 

 “sólo hay ajenidad y te hago señas y alguna vez hay flores o espesura de sol qué lejos estoy dentro de mí nunca te dije: soy un infinito enmascarado de hueso corre corre búscate suelta a los dioses por el rastro corre corre engéndrate suelta a las furias por el rastro”

                              Susana Thenon, de “La mirada imposible”

 

Volvemos a la poesía. El lenguaje poético lo usás, por ejemplo, cuando comentás un caño de Riquelme. Mirá si los políticos pudieran romper un poco las rigideces con un poco de vuelo poético….

Creo que el político deja de ser él y se somete a su entorno. Y que, cuando crece y se transforma en alguien con ciertas posibilidades, pasa a ser pura y exclusivamente el objeto manejado por todo un contexto que juega el juego del poder para adiestrarlo y que el tipo siga sometiéndose a ese juego. A eso, sumale los dineros que se mueven.

Eso se da en el deporte, en la música y en todos los niveles.

No te enojes. Pero, cuando Messi engancha para adentro, no lo hace porque Guardiola le dijo lo que tenía que hacer. Eso es de él, es instintivo. Cuando tira la pared con Di María y este se la devuelve, en el medio del quilombo de que quedábamos afuera del Mundial y todo lo demás, Messi levanta el cuerpo y salta porque sabe que, cuando le pegue- cara externa, bien de rastrón- la pelota no se levanta, sabe que los arqueros van a levantar los pies. Entonces, si le pega en un pie, mala leche. Pero si no, va a ser mucho más fácil que le pase por abajo. ¿Por qué al Papu Gómez, el arquero de Perú, le tapa la pelota? Primero, porque baja la cabeza. Segundo, porque patea a lo que venga. Este hijo de puta de Messi, a doscientos por hora, levantó el cuerpo, tenía todo calculado y le metió un rastrón abajo. Pero eso no lo explica nadie. ¿Y sabés por qué? Porque no es el Diego, no nos sacó campeones del mundo, no putea a los himnos rivales, ¿me entendés?

En una entrevista decías: queremos la epopeya del Diego, tenemos el orgullo de tener a Maradona y a Messi y no los podemos disfrutar.

No podemos, porque Messi tenía que ser Falucho. Porque acá no lo vimos. No lo puteamos ni con Newell’s ni con Central, ni con Boca ni con River, nada. Se envolvió en la bandera y cayó barranca abajo. Tuvo un montón de actos heroicos: transformó equipos de mierda en selecciones competitivas, puso entrenadores cagones en lugares de privilegio. Pero ahora tiene que ser San Martín. Eso también lo vivimos con los políticos, el problema es que los políticos se la terminan creyendo.

Se les pega la máscara en la cara.

El hábito hace esa norma y ellos creen que esa norma es lo que se debe hacer. Porque, cuando te sacás la máscara, jugás al poder desde el peor de los lugares posibles: mostrás. Y no sé si toda la gente tiene ganas de ver eso que mostrás. Me acuerdo la cara de todos, en mi casa, cuando salió la denuncia contra Fontana, porque le había pegado a la Tiraboschi: “Fontana, ¡no puede ser!”. Otra cosa: La gente te dice “Maestro”. Y yo no tengo ninguna vocación didáctica. La otra es “Genio” y, que yo sepa, mamá abrió las patitas, no me frotaron para salir de una lámpara. Y así un millón de cosas que vos podés terminar consumiéndotelas.

A veces, viendo algún que otro programa de “periodismo deportivo”, tengo la sensación de que ya no sienten ni esa insoportable máscara.

Es que los periodistas deportivos creen que el deporte es importante porque ellos lo cuentan y que los partidos son lindos porque ellos los relatan. Y algo peor: si ellos no hablan de vos, vos no sos nadie. Pero, bueno, el periodismo deportivo tiene, como todo mundo, sus cosas. Entonces no podés planteártelo desde otro lugar que no sea ante la derrota, la destrucción, no la construcción. Y, ante el éxito, el “todo lo puede”. Y ante el “todo lo puede”, tengo que buscar algún quilombo. ¿Y cuál es algún quilombo? El que a mí me guste. Entonces, me cae mejor este que aquel. Y por ahí este lo que hace es plantearse un montón de cosas que otros no se plantean.

Y así estamos, cavándonos la fosa. Porque eso sucede de igual forma en lo social.

Sí. Nosotros no tenemos la más mínima idea del quilombo que se va a armar, dentro de tres o cuatro años, en el fútbol argentino. Dejá de lado el endeudamiento, que vamos a estar en default otra vez dentro de diez años; dejá de lado todo lo que ya sabemos que va a pasar. Ni la más mínima idea tenemos.

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OVILLO  JAPONÉS

 

ya comprendo la verdad / estalla en mis deseos / y en mis desdichas / en mis desencuentros / en mis desequilibrios / en mis delirios / ya comprendo la verdad / ahora
a buscar la vida”

                             Alejandra Pizarnik, “Solamente”

 

Vos solés decir que el rock es un sonido, a partir del cual se construye toda una cosa. Que, cuando uno escucha el Artaud de Spinetta, hay que ir a buscar quién era Artaud. Es como desovillar a partir de un punto, descubrir toda una biblioteca a partir de un disco, ¿reconocés ese movimiento en lo que hacés?

Sí. Ahora que me lo decís, me doy cuenta que me planteo eso todo el tiempo cuando hago radio. Construyo sobre algo y me meto en ese desovillar, que es mi vida semanal. “Radio Ruido” es eso. No es mi ego y yo solo al aire. Soy yo al aire dentro del ovillo de quilombos que es mi propia vida. Y, en el medio de ese quilombo, en el medio de mis fantasías, tengo ganas de poner música. Me siento muy cómodo de esa manera. Pero esto del desovillar me parece muy importante.

Y está también el azar.

Claro. Yo vendía discos, jugaba al fútbol y hacía un montón de otras cosas. Jamás en mi vida pensé en hacer un programa. Y, de golpe, vienen y me dicen “¿Te animás a producir y musicalizar un programa?”. Y,  a las 48 horas, me ofrecen salir al aire.  Fue una aventura en un momento de mi vida, justo cuando dejaba la aventura del fútbol. Yo no viví la frustración de dejar el fútbol, me la fue dando el cuerpo y mi limitación futbolística, digamos. Sufrí cuando el Japonés vino y me dijo que se había acabado, que yo era un Fiat 1500: seis de familia, tres adelante, tres atrás y las valijas en el techo. “Cuando vas a Mar del Plata, pará en Dolores, bajate, estirá las piernas, la gente va al baño, cómanse un sandwichito, cargá nafta de vuelta, mirá el aceite y hacé los doscientos y pico de kilómetros que faltan. Si querés todo de un tirón, se te funde el coche”.

Tenés que escribir eso.

 “Japo, no me podés decir esto”, le dije. “Daría la mitad de mi vida por un partido de fútbol. Me condenás al buzo gris, el diario bajo el brazo y a caminar en la plaza, a jugar a las bochas. Me quiero matar…” “Las rodillas no te dan más, Ruso”, me dijo.

Pero encontraste otra pasión.

Te repito, no me siento frustrado. Pero no te das una idea de qué es un partido de fútbol para mí: lo previo, llegar, el nivel de concentración, las cosas que pasan en el entorno. Todo el tiempo estás en frente de improntas, de azares, es un juego descomunal. Y, de golpe, aparece algo como una respuesta que me dio mi viejo. Yo había tapado un mano a mano, decisivo para el partido. Cuando llegué a casa, cenamos y mi viejo me dijo: “¡Qué pelota tapaste! ¿Sabés lo que decía la gente?: ¿Viste cómo le tiró todo el cuerpo?, le tapó todo el arco. ¡Un fenómeno Verea!”.  Me lo contaba orgulloso. Le dije: “Papá, tuve un culo bárbaro. Me tiré para el otro lado creyendo que lo iba a tirar cruzado. Él pateó para este, me pegó en la punta del pie y se fue al córner”. Mi viejo me miró y me dijo “Por qué no te vas a la puta que te parió”.  Un partido te somete a esas cosas todo el tiempo. Al minuto de juego, te equivocaste, te hicieron un gol y vas perdiendo 1 a 0. Y, atrás, durante cuarenta y cinco minutos, tenés la condena total porque la gente vive en una crueldad que, encima, disfruta.

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 LEER EL HUECO

 

 “Ladeados por el viento íbamos, / caminábamos para inclinarnos / sobre la zanja y la oquedad.”

                                           Paul Celan, “Tenebrae”

 

Lo que contabas del error y del perder uno a cero sucede como en la escritura. La diferencia es la velocidad. La escritura es lenta, podés volver sobre lo hecho, enmendar, no está el público puteándote. Pero el azar y lo inesperado tienen que ver con la escritura.

El fútbol es muy cruel.

El fútbol tiene sus ritmos, sus tonos, es orquestado…

Sí, pero nunca lo vi como un hecho artístico. Las variantes de ritmo marcan que un equipo juegue bien, toque bien, suene bien, para seguir con tu juego de palabras. Pero la realidad es que yo, como baterista, no enfrento a otra cosa que a mi capacidad y a mi creatividad. En un partido de fútbol, me someto a esas dos cosas, pero también a rivales que van a hacer todo lo posible para que yo no pueda. Esa es la gran diferencia, tengo un adversario, un rival con quien tengo un contacto físico, muchas veces perverso- como en los foules tácticos-, que son cosas que muchas veces discuto con los árbitros. Un foul táctico termina siendo tramposo para el juego. Y no es una trampa legalmente, pero ahora hacés un foul vos, después yo, después él. Y todo para pararlo a un tercero. Y nadie va amonestado porque le metimos una patada cada uno. Y él se comió cinco.

Como periodista, desde afuera digamos, ¿vos podés ver hoy ese ritmo en el relato, corriéndote del lugar de la locura?

En esa mesa de ahí enfrente, en este bar, estábamos el profe Pellegrini, el Gringo Cingolari, Della Paolera y yo viendo River-Lanús. Acá había seis personas más. Hay algunas cosas no vinculadas con ver lo que no ven los demás, pero el haber jugado te permite otra mirada. Te das cuenta adónde va la pelota, si se la van a sacar al otro. Y le gritás: “¿Pero no te das cuenta que te la van a sacar? ¡Girá para atrás!”. Sin embargo, al tipo le dijeron que fuera para adelante. Si gira para atrás, aparece la condena. Y, por otro lado, está el relator: “La tiene Víctor y vuelve a tocar, y la tiene María, y María para el Ruso, y el Ruso para María, y María para Pepe, ¡me aburro!”. Ah, ¿te aburrís? ¡Andá al cine, pelotudo! Yo no quiero tu juicio en relación a cómo te sentís. A mí contame qué está pasando, no digas más nada, flaco. Eso es ruido, no es música. Hay momentos en que ves al jugador y pensás “Está buscando un aliado”. Y nadie se da cuenta de eso, pero vos sí. Hay momentos en que le decís al 2: “No me la des, porque hoy soy un desastre, erro todo lo que me tirés”. O bien viene el 10 y te dice “Ruso, vos le pegás bien a la pelota. Cuando cortes un centro o agarres la bola, buscame en el hueco donde estoy y tirámela. De ahí, nos movemos”. El tipo estaba en el hueco y, después, todo depende de tu capacidad de hacérsela llegar. Pero ese tipo de situaciones tienen que ver con una complicidad, con una técnica individual y con un estado de equipo. Esa composición es maravillosa. Ahora, lo explicás así y la gente no tiene ganas de escuchar eso porque está habituada a Marcelo Araujo. El relato de televisión es un relato radial, por eso los británicos son lo que son. Mirá un partido de Inglaterra relatado por un inglés. “Watson….(pausa) John Collins… (Pausa)…. Oh…..! Fantastic!”, agrega él a lo que vos ya viste. Acá te dicen: “Cambia de frente con la izquierda, ¡qué pelota que le puso!”. No, no. Acá no necesitamos el adjetivo calificativo, acá decimos: “¿Viste lo que dijo Víctor Hugo?”. Víctor Hugo hace más lindo el gol de Maradona. Ponelo en silencio y nos paramos todos. Nosotros cuatro, sordos, vemos el gol de Maradona y no paramos de abrazarnos. No le quito ningún mérito, ¿se entiende? Y, después está la cosa de la viveza, donde vos necesitás que el relator sea cómplice tuyo y vos cómplice del relator: “Me contaron que Cristiano Ronaldo se desgarró” “¿Se desgarró Ronaldito? ¡Qué alegría! ¿El próximo partido no juega, no?” ¿Cómo te vas a alegrar de que se desgarró un tipo? “Pero va a ser rival nuestro” “¿Ah, sí? ¿Y por qué entonces no le matamos toda la familia a los contrarios?”. Yo tenía entrenadores que nos decían: “El 9 nos viene a sacar la leche de nuestros hijos”.

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MÍSERABLE  CORAZÓN DE  LECHUGA

                       

            “¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed, / hasta aquí el agua?”

                                                           “Límites”, Juan Gelman

 

El tema de esta revista es “reflexiones acerca de la miseria”. ¿Quién es un miserable para vos?

Para mí la situación más miserable es la del hombre y el poder. Hablo del sujeto sin género, que juega poder, eso es lo más asqueroso y miserable. Yo tuve una parrilla. Un día venía de entrenar, serían las tres de la tarde, y me senté a comer algo. Los empleados estaban por comer y le pedí a uno una ensalada y un pedacito de vacío, ni media porción. Me trajo la ensalada y, mientras tanto, también se sirvieron ellos. Miré y mi ensalada era una ensalada. La de él, tenía el corazón de la lechuga. Yo no quiero que por ser el dueño de la parrilla me den el corazón de la lechuga pero, la puta que te parió, repartámosla. Comí, no dije nada. En un momento lo llamé y le pregunté a él solo, sin que escucharan los demás, si hacía eso mismo con los clientes, “Uh, no me di cuenta” “No, no tenés que darte cuenta. Lo que te estoy diciendo es que puedo comprar tres paquetes más de lechuga y te comés los tres corazones, pero quiero que entiendas…”. Bueno, otro tipo con poder, con el poder del dueño, actuaría de otra manera. Y esto me lo enseñó mi vieja manejando las cosas en casa. Mi viejo era más de gritar, aunque terminaba por ser un fuego que se apagaba rápidamente, se iba a laburar al fondo de casa.


ABRIR LA PALABRA

                                  

Escúchalas / sumarse / las palabras a las palabras sin palabra /
los pasos a los pasos / uno a uno”

                                                                          Samuel Beckett, “Letanías”

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¿Qué espacios quedan para descargar algo?

La masificación podemos discutirla. La descarga, no sé. Porque escuchás cosas como “Bueno, yo pago la entrada, tengo derecho a putear”. No, flaco, vos pagás una entrada para ver un partido de fútbol, no para putear ni para escupir. Mirá, cuando fui a encontrarme con managers ingleses, porque yo quería ser manager, me dijeron: “Nosotros tenemos tres o cuatro estructuras difíciles de explicar al mundo. La primera es que somos entrenadores, pero tenemos quienes entrenan por nosotros. Somos directores técnicos- porque uno decide qué equipo sale a jugar y uno es quien pone la cara en la cancha como manager general-, aunque también manejamos el presupuesto. La comisión directiva le dice que, para este año, debe generar treinta palos. Entonces, el objetivo, con treinta palos, es de la mitad de la tabla para abajo. Con cien palos, de la mitad de la tabla para arriba. Con trescientos palos, campeones o una copa. En ese lugar- me decía el tipo- yo me siento a arreglar el número con el futbolista al que le voy a exigir, al que lo voy a poner y a sacar. Esto es muy difícil porque ustedes no se mueven así, allá. Pero para eso hay también una Federación que avala un montón de cosas que ustedes allá tampoco tienen: “¿No te cerraron los números? Vas a la Cuarta División”. Otra cosa me agregó: “Acá los hooligans eran desdentados, borrachos de pub en una lucha de pertenencia. En el momento más tremendo de la desindustrialización inglesa,- con Tatcher de por medio-, el National Front y varios partidos de derecha- ultras- los tomaron como fuerzas de choque para jugar el peor de los juegos contra jamaiquinos, pakistaníes, hindúes, la mano de obra barata que necesitaba Inglaterra. Quedaban afuera ellos. Pero ninguno limpiaba el inodoro. Ahora, puestos en el fútbol, vinieron los quilombos, tuvieron dos matanzas. Se reunieron para ver qué hacer. Sacárselos de encima. No hubo vínculo de esto con la política. Acá, en Argentina, es todo lo contrario: a Cabezas lo mataron barras bravas junto a lo más granado del empresariado, lo más granado de la política y lo más granado de la policía. Veintipico de años después, a Mariano Ferreyra lo mataron barras bravas junto a lo más granado del sindicalismo, junto a lo más granado de la política y a lo más granado de la policía. Allá eso no estaba. Me lo dijo Bobby Robson: después del Mundial ’86, cuando Argentina ganó con el gol con la mano, lo encontraron a Bobby en México, en un bar, con un whisky con hielo en la mano, dijo: “A mí sólo me ganan con un gol hecho con la mano”. Para seguir con lo de los hooligans, después ellos hicieron lo que hacen los ingleses con este tipo de cosas. Decidieron: los hoolligans no pueden entrar a la cancha, tienen que ir a la comisaría, tienen que estar en sus casas. Cuando juega la selección de visitante, los hoolligans van, porque queremos que queden presos en otros lados”.

En la última entrevista que diste dijiste “El fútbol argentino necesita una revolución”.

No tienen huevos en el fútbol para hacer una revolución. Y, muchísimo menos, desde el estamento FIFA que, estatutariamente, tiene una cosa más perversa que todo lo imaginable. Entonces, vos estás sometido a sus reglas. La realidad es que acá hay un juego de poder brutal. Los equipos grandes son del poder. Los aun más chicos empiezan a ser de los poderes aleatorios y serviles y los equipos más chicos son o de las barras o de la política, a nivel intendencia, gubernamental o todo lo demás. Aparte, no hay cabeza. Don Julio era una cabeza, era lo más perverso del mundo y lo peor que te podía pasar, pero era una cabeza. Hoy sólo tenés urgencias. Y ahí es otra vez donde no se conduce, donde el juego del poder es lo más perverso. Miren, vamos a ser buenos sin que nadie se ofenda: cuando Don Julio rompe el contrato con “Torneos” y se une con “Fútbol para Todos” (FPT) a la política, al Estado, con la plata del Estado, el camino era uno sólo: el Estado controlador. Es decir, la plata bajaba. Cuando empezó el FPT, los clubes debían más de quinientos millones de pesos. Cuando terminó, después de repartir once mil millones, los clubes debían más de dos mil. Después, discutamos cómo usan la plata nuestra, que se la roban, que se la llevan a campañas políticas, que no está dentro del plan del 1% para los jubilados. No la usan, la meten toda en una bolsa y la distribuyen de otra manera. Y ahí tenemos otra discusión. Pero a ellos no los controlaron, les dieron la guita y los usaron como contra-propaganda y el vínculo con lo nacional y popular lo llevaron a los peores lugares porque arengaron a las barras, porque permitieron que armaran ONGs. Así los subieron a un lugar de privilegio: viajaban gratis, se cagaban en la justicia, en la policía y en todo. De lo peor…


Pasó algo parecido con ciertas universidades.

Cuando yo dije en una charla “La Universidad es inmaculada”, me miraban: “¿Por qué? ¿Te molesta la aparición política de la Universidad?” No, querido, la aparición política de la Universidad no me molesta. Ahora, si esa aparición política es para que la Universidad se transforme en un gueto de embanderamiento, no. La Universidad es inmaculada. Y también es inmaculada en cuanto a que vos no podés tercerizar contratos por la Universidad para lavar dinero o para aprovecharte de los laburantes a los que decís defender. Y no vamos a entrar en el juego por el cual el amor enceguece y el odio obnubila. Seamos de una vez por todas más o menos críticos y empecemos a mirarnos y ver un lugar de construcción. El 80% de nuestra pampa está inundada porque los dueños de la tierra hacen lo que se les canta las pelotas. Bueno, ahí hay un país y un país es un Estado. Todo tiene que tener un plan. ¿Y cuál era el plan? “Nos conviene la recaudación, nos convienen los commodities, bueno, saqueen todo”. Pero, flaco, mirá que los montes chupan el agua. Cuando empiece a llover, sin los montes, se nos va a inundar todo. “Dejame que, con la recaudación, hago cualquier cosa, no me importa nada”. Entonces el poder es Monsanto y los socios, la Barrik Gold y los socios, Chevron y los socios. Y, en el medio de todo ese juego, aparecen estos monos que nos gobiernan y te los tenés que comer, como si uno fuese un ser civilizado y tuviera que seguir siéndolo en pos de la democracia. Este es el juego perverso de siempre. Entonces, mirá qué nos pasa ahora. Si querés, discutimos la política de derechos humanos. Ahora, la política de derechos humanos es inviolable. ¡Estamos discutiendo la cantidad de desaparecidos! Hay un punto en que esto es decididamente re-loco. Yo siento hartazgo. No puedo… No es que no tenga energía. Pero, ¿qué me van a venir a decir? Yo no tengo toda la verdad, pero hay algunos lugares donde me voy a plantar y te voy a pelear hasta mañana. Encima, la gente responde desde la crueldad perversa y desde la ignorancia absoluta. Eso nos expone a todos. Creo que somos mucho más que eso, pero hoy ese es un lugar al cual fuimos y nadie se ruboriza ni se condena a sí mismo. Yo creo que no vamos poder arreglar el mundo ya, pero tendríamos que tener estas charlas todos los días, como en los viejos bares, donde Bioy, Borges, Macedonio- y otros con menos altura intelectual quizás- discutían cosas muy grandes. El discurso también es un acto inmaculado. Y el acto, antes del discurso, es tres veces inmaculado. ¿Y sabés por qué? Porque la norma es otra y todo el mundo está esperando tu quiebre. Esta es la típica cosa del barrio: “¿Qué hablás de mí, te miraste el culo?” Entonces, yo tengo el culo bien limpio y te lo voy a mostrar de acá hasta el final. En la política, los únicos cambios tras los cuales irá la masa tienen que ver con eso. El problema es que después se enamoran y caen rápidamente en el populismo y te hacen jugar el peor de los juegos desde su propio amor y se cae en esa cosa difusa entre lo popular y populismo. Y ahí vienen los otros grandes intereses y te hacen mierda.

 

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BONUS TRACK

Hoy nos contó una anécdota el esposo de una alumna que te encontró en un restaurant al que entraron unos chorros…

Ah, en el “Malevo”. Terminé hablando con los chorros. Les dije: “Tómensela, loco. Hace veinte minutos que nos están robando, va a venir la cana y se va armar un quilombo bárbaro acá…”. Bueno, uno de ellos me pegó con el fierro. No me lastimó ni nada, pero me dijo: “Loco, no me manejés el afano, la concha de tu madre”. Yo me saqué la alianza. Y Cristina, mi mujer, también. Tiré la billetera debajo de la mesa y dejé unos mangos arriba. Pero, lo que es peor ¡los del restaurant nos cobraron! Porque era el único que conservaba la billetera…

 

(1) Pablo Alejandro Álvarez, barra brava de Independiente.

(2) Comparada: Julio Comparada fue presidente de Independiente y uno de los testaferros de Grondona, partícipe de una estafa al PAMI a través de “El Surco” y de la mano del ex interventor del PAMI, Víctor Alderete.




PASE AL VACÍO

Deseantes: sobre las prohibiciones y deseos en el fútbol.
Por Nicolás Estanislao

“Si mi poesía no ayuda a cambiar la sociedad, no sirve para nada…”
Roberto Santoro

PERRO NUNCA GATO

Desde el lugar más remoto. Ese, ahí, al costadito. Ese que no se logra ver nunca. Desde ese lugar, es de donde intento escribir de manera sencilla, una historia mínima. Mi historia. Familiar. Barrial. Mundial. O lo digo de otro modo: la historia de no sé cuánto he amado. El amor, claro, trajo los hijos, pero ellos son la misma y otra historia. Hay perros, nunca gatos. No sé por qué. Hay gritos de gol furiosos y mucha amargura, también. Hay alambrados y trapos. Por otra parte y más allá de lo que hay, puedo muy bien con lo que falta, con la soledad. Siempre despacio, con encuentros y desencuentros. Tal vez esta distancia sea nomás una excéntrica historia, que se enoja, se desdibuja, se ofrece y se retira. Ayer, domingo, me refugié entre libros. Todavía tengo un poco de domingo entre las manos. Lo toco, lo leo (es tan tocable el domingo) después acomodo los libros y el contacto con ellos excede a la propia lectura.

Resulta que debía comenzar una nota para la revista, pero estaba lejos. Me distraje. Algo que sucede a menudo, hasta que las imágenes comienzan a dispararse solas, mezcla de azar y búsqueda. Y ahí me reencuentro con lo sutil. A veces, eso se manifiesta como un desdibujado horizonte. O, por ejemplo, en una cifra. En meses, cumplo 40, entre rutinas, búsquedas insólitas, laburos innecesarios, sufrimientos futboleros… pero eso sí, señores, asados de todo tipo y de toca clase. Con la banda de siempre. Con la de antes y, también, claro, la de ahora. Y así me pierdo, como si le humo del asado no me permitiera hacer foco. ¿Me pierdo o regreso? Volvamos al tema central (¿central?).

TANTO POR DECIR

¿Para qué? Escribo en pleno horario laboral. Me acompaña Cerati de fondo, quizás, un modo de que me acompañes vos. A Gustavo Cerati lo empecé a escuchar mucho más, de grande. Por alguna conexión letra/música tiempo/espacio, esta música achicó distancias. Seguí de cerca la tremenda forma de irse su vida y eso me marcó en algún lugar íntimo, pero inaprehensible.

El pasado lo reinvento. Guardo muy pocos recuerdos, no por elección, sino por capacidad de memoria. O, quizás, por selección. Conocí islas, nortes y sures. Caminos, valles y montañas. Nieves y mares. Ojos y ojazos. Como los de ella, que los veo entre constantes parpadeos. Siempre. A través de esa mirada, regreso a la imagen en el espejo y veo mundos e inframundos de proezas y secretos. Y, al instante, ya no los veo más desde el azogue, algo pica, driblea. El fútbol también tiene sus secretos mejor guardados, poderosos, que permiten persistir en el silencio oculto de una vida hostil.

Disculpen, pero me fui otra vez por ahí. Me subí al oscilar perpetuo de ese péndulo oculto que a todos nos atraviesa. Nos lleva y nos devuelve.

De inmediato, irrumpe el despertador a las 6.50 AM y todo vuelve para atrás. Mientras, intento algún verso que alivie, al tiempo que mi hijo mayor me exige dinero para su baile de la primavera. Y el otro entre risas mañaneras vocifera que recordó o soñó o quien sabe que tiene evaluación de lengua. La suerte está echada, la mañana rodando. No sé a dónde iré con todo esto, pero lo interesante acá es cargar la mochila de palabras y bordear el destino invisible. Completarlo de viajes. Los viajes, devenir fáctico de mis desequilibrios. Me fascinan, me asustan, me paralizan. Así, subido a una corriente difícil de describir.

EN LA CIUDAD DE LA FURIA

“Escribir es la manera más profunda de leer la vida”, dice por ahí Francisco Umbral. Ahora que esto se re configuró como nota, y ya que hablaba de viajar vamos a la República de Mali.  Específicamente – TIMBUKTU – una ciudad cercana al Río Niger, en los confines de la zona fértil del Sudán, cargada de dinastías, apogeos e historia. Es un punto de encuentro entre al África Occidental, las poblaciones nómadas bereberes y los árabes del norte. Allí, todo está prohibido. Es en este contexto que se desarrolla Timbuktu (2014), dirigida por Abderrahmane Sissako, nacido en Mauritania. El film oscila entre el compromiso propio del documental y la recreación simbólica desde el campo de la ficción, donde la crueldad es llaga propia de paranoicos, el dolor humano es poesía de denuncia y la esperanza, un canto rebelde.

No se trata de una historia de guerras o de aventuras de carácter lineal ni de un relato de la vida real, sino de una serie de cuadros, a modo de pequeñas historias interconectadas, que nos acerca a las terribles circunstancias. Las situaciones se desatan cuando un grupo de fanáticos armados se cree dueño de las vidas de los pobladores. La tensión se desarrolla en torno a sus presencias. Prohibir la música, el fútbol, la belleza natural de las mujeres.

http://https://www.youtube.com/watch?v=KcSjhWdzsLs

También, se captura la belleza que provoca el vértigo implacable de los cuerpos deslizándose en secuencias infinitas por la cancha de arenas, dándole por consiguiente composición final al acto sutil de un partido de fútbol. Un partido jugado con una pelota diferente: la imaginación.

La necesidad física y psíquica de jugar es una manifestación de la incapacidad humana de soportar las formas cotidianas de repetición y los sistemas cerrados que no ofrecen ninguna posibilidad de cambio inmediato.

Ante ello se desata el deseo de libertad, de crear, de ser feliz. A veces creo que su contrario es la frustración. Pero, en cuanto estoy por patentar mi convencimiento, desde bien  adentro de la frustración, sale un ejército de deseantes, sin nada que perder, y que se reinventan en cada pase, en cada corrida en busca del espacio vacío, en cada grito callado de gol. En cada letra que se derrama frágil pero resoluta. Precisamente en ese partido sutil invisible contra la vida. Contra la historia. Contra la prohibición.

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Cuántos mundos caben, cuántas vidas se entremezclan en el ínfimo transitar silencioso de las horas y los días. En el ínfimo arte de colgar las banderas y esperar que lo mejor suceda. Las diferencias son todas. Las necesidades se camuflan, las carencias se evidencian. Las verdades únicas e irrebatibles explotan en cada una de las gargantas arrugadas de desolación: GOL.

DESTROZAR EL SILENCIO

La nota tenía una dirección, pero un acontecimiento desvió el rumbo, vale la aclaración.

Dos equipos del ascenso más profundo- del ascenso más orillero-, no quieren callarse ante el olvido. Jugadores de Centro Español y Liniers salieron a la cancha con una bandera que gritaba:

¡Basta de jugar día de semana, ¡el jugador  “D” ascenso trabaja!

jugadores de centro español y liniers

El fútbol es más que un juego; es un sistema de signos que codifica experiencias y significados. Permite leer desde ese lugar el propio lenguaje de la vida. Así, el fútbol habilita relatos, con eje en el hombre y en todo lo que lo rodea y se hace literatura. Y así es como  un martes cualquiera de lluvia, la tormenta y el amor por la pelota se presentan por igual. Se complementan, se naturalizan.

Todo sucede, no olvidemos, en el contexto del sátiro slogan: “Ascenso Unido,” que catapultara a la hoy nueva dirigencia a hacerse cargo de los viejos nuevos rumbos del fútbol argento. El peso de representatividad que pregonaba la unión de fuerzas de los equipos del Ascenso barrería de un plumazo a los poderosos de “Primera” línea. Y así como en un cuento de hadas, el tan golpeado ascenso tendría el lugar que tanto se merece.

Los jugadores quizás pensaron que tener mejores celulares, mejores botines, también los habilitaría a jugar los mejores días: los sábados por la tarde.

La idea es: allí donde reina la prohibición, jugar cuándo y cómo se pueda será un triunfo. Pero allí donde no reina la prohibición, se exigirá jugar en un buen día, en un día posible dentro de la realidad del jugador y el espectador. Todo para dejar en claro que la ilusión de gol no se apagará mientras haya un compañero a quien pasársela redondita, para que vuele rasante al último toque a la red.

Las preguntas se desatan como gambetas para adelante, endemoniadas maniobras en búsqueda del mejor compañero.

¿Por qué prohíben el fútbol en aquel país inmensamente lejano para nosotros?

¿Quieren diferenciarse de las barbaries de Occidente?

¿Por qué no se puede jugar el ascenso como el ascenso se define por su histórica condición: sábados a la tarde?

¿Qué tiene acá o allá de peligroso el fútbol? ¿ la prohibición de jugarlo, de que asistan visitantes, que no se puedan llevar banderas es más poderoso que el deseo de vivir el espectáculo a destajo? Como antes, como debería ser siempre.

potrero atardecer

No conozco muchos héroes de renombre importante, pero sí héroes anónimos, que intentan cambiar desde su pequeña trinchera su modo de vivir. Y en los bajos, en las orillas, al borde de los ojos cansados, en el conurbano profundo o en el África más retrasada, más oculta, más golpeada, en silencio, pelean en la “clandestinidad” de jugar al fútbol. Cuando fuere, cuando se necesite. Porque jugarlo es concreta necesidad de placer.

Aún con la vida escindida entre una superficie visible y una aérea oculta. Aún con sensaciones confusas, pero siempre con el desafío diario de salir a vivir por ese grito de gol; sea acá en el ascenso o allá en el África el acto central de dar vuelta la historia se basa en simplemente jugar al fútbol.

Y desde ahí, desde ese costadito, bordecito casi olvidado, intento construir las historias que nos suceden, y así soñar despierto con un pasado-presente-futuro inmediato existente y real, que permita el desborde del deseo constante y latente, de ir más allá de la vida ordinaria.

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BIEN PEGADA AL CORAZÓN

ULTRAVIOLENTO:  sobre Kurt Lutman.

Por Nicolás Estanislao

 

¿Qué estrella cae sin que nadie la mire?

William Faulkner

 

 

GOL DE MEMORIA

Imaginate una tarde soleada, corre marzo del año 2000, preámbulo incierto de aquel lamentable después. Las tribunas se van colmando sin prisa pero sin pausa, los colores a contra sol, bien definidos. El viento sopla entre el bullicio, se hacen canción las conversaciones, los gritos y las esperanzas. Siempre, las esperanzas. Presentes.

Se arma la fiesta. Los trapos se arriman a los alambrados. Niños en brazos, niños a cococho, niños corriendo como si el mundo fuera ese lugar maravilloso. El sol se filtra, entre nubes de un otoño tempranero.

Hay un partido de reserva, la vieja reserva, el momento de la previa, de mirar mientras se acomodan los saludos, las bienvenidas, los últimos hasta luego. El espacio único y silencioso donde se empiezan a definir, a configurar, las potenciales gemas: valores futuros que pondrán a salvo- solo por un momento-todo el medio circundante. También es  tiempo para recuperar guerreros lesionados y ganar confianza de lo por venir.

Imaginá de nuevo. Cerrá los ojos. Figurá el contexto. Cambio de milenio, la pelota sigue rodando inexorablemente. Hay un mundo detrás, hay vidas por delante. Las pasiones del hincha, aun y a pesar de todo, no fueron fracturadas. Cerquita, seguían aquellos años de terror. Los años de impunidad y de muchas mentiras.

Kurt, un pibe bien de barrio, del Azcuénaga. Como salido de un personaje de Corín Tellado. Eligió no olvidar. Eligió la dignidad a modo de gol. Más tarde se brindará por sus compañeros, por sus pasiones, por su territorio. Habitante de un medio difícil- por momentos hostil, que no siempre reconoce la verdadera nobleza del jugador, la dignidad del laburante de pelotas- Kurt tiene la oportunidad única y maravillosa de hacer un gol: único dios verdadero.

DE LOS QUE JUEGAN CON EL CORAZÓN EN LA MANO.

Jugada, toque, gol y festejo alocado. Siempre se merece festejo. El fútbol, ese arte de la postergación, de la angustia que provoca el fracaso. Se busca durante 90 minutos o más ese momento total, que quizás nunca llegará.

Es entonces: Kurt se levanta la camiseta rojinegra, transpirada de lucha. Debajo, como tatuada en el pecho bien inflado, tiene otra camiseta, blanca con letras bien negras. Y la ofrece al mundo:

[stextbox id=’info’]“Cárcel a Videla y a todos los milicos”[/stextbox]

 

En voz de Kurt “…fuimos viendo que no solamente es importante la camiseta de arriba, sino también la que llevamos abajo, porque uno tiene un montón de cosas para decir”.


Kurt-Lutman

 

 VOCES CALLADAS

 “Todo este universo se compone de contrarios y se concierta de desconciertos”

(Aldo Pellegrini)

 

En la esquina de la segunda fila de plateas, un hombre se indigna, menea la cabeza, busca alguna explicación a lo sucedido. El pasado, todavía muy presente.

Un poco más arriba, un pibe joven, de rulos, festeja con euforia el mismo entusiasmo de Kurt. Se unen en puños levantados. Se unen en cada pase de gol, en cada esperanza derramada. Otros, fuera de sí, miran en silencio, incrédulos, sin comprender mucho, o quizás, sin querer entender. Callan los signos del tiempo, del pasado cobarde.

Y, así, – entre tanto- se ofrece un partido de fútbol: hinchas y socios siguen ingresando, unos suben, otros bajan entre el gentío, van por las escaleras pintadas, se oye un murmullo inusual para un partido de reserva.

“El rulo” apura el paso. Se asoma entre algunas cabezas en busca de alguna explicación. En ese instante, otro -que se acomoda en la platea de siempre- lo codea: “viste, ¿viste? Qué fenómeno este Kurt.” Y, con la pelota ya en la red, el mundo, su mundo queda inmortalizado.

Arriba de todo, al costado, y contra la pared de la tribuna que toma su forma de domingo por la tarde (separa los gritos, los saltos, los bombos del mundo irreal), hay uno sentado codo a codo con su abuelo. El abuelo ofrece la cara al sol de marzo, ese sol cálido y compañero. Ese sol de fútbol por la tarde. “El Ville”  lo ve todo, lo siente todo. Mientras mira de reojo a su abuelo, las dudas lo invaden como cuchillos filosos en medio de la noche. Pensó en la sombra de su padre. La incertidumbre se apoderó de su cuerpo, de su pasado, de su identidad.  La violencia sutil, silenciosa de no saber, otra vez se presenta en ese único y delicado pase a la red.

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                                              BundesLumpen

Como si esa inmensa red de miradas que habitan en las canchas pudiera mantener unido al mundo y no lo dejará caer, los inframundos se superponen, se reconocen, se evidencian sutiles, siguen su cauce, entre la aceptación, la sorpresa y la desdicha. Ya nada será igual, la decisión está tomada.

 

 

Cárcel a Videla y todos los milicos”

Gritó su remera blanca con letras negras, pegada al pecho en tiempos de gol. Y para siempre.

 

TODOS ATRÁS Y KURT DE 9

 

“llegó como un gorrión hizo la cola de la vida 

le dieron un modelo de corazón que no se usaba…”

(Roberto J. Santoro)

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Kurt Lutman hizo las inferiores y debutó en Primera en el club de su pasión, Newells Old Boys de Rosario. También pasó por Godoy Cruz de Mendoza y Huracán de Corrientes, además de formar parte del seleccionado Sub 17 en 1993. Sin embargo, quizás se lo recuerde más por algunas de sus acciones sin pelota. Por ejemplo, enfrentó al presidente del equipo rosarino, Eduardo López.  Aquel 20 de marzo del 2000 lo bajaron a reserva, como castigo: adoctrinamiento singular a su incesante rebeldía.

Hoy Kurt sabe que, en el ambiente del fútbol, fue un distinto, pero no siempre lo enfatiza: “somos muchos más de los que muchas veces los grandes medios quieren mostrar; el jugador de futbol siente y ejecuta como puede y somos bichos nobles. Algunos habremos encontrado algún lugar de militancia (Lutman lo hizo en H.I.J.O.S.), o alguna forma más armadita, pero en general cuando, por lo menos en Rosario, la cosa se pone fulera y se necesita una mano o hacer un partido a beneficio por alguien que está mal o por alguna fecha histórica, la monada levanta la mano al toque(…)al fútbol hay que disputarlo  porque es nuestro, no se lo pueden quedar ellos, les vamos a ganar… o a empatar”

 

Kurt, además de todo y contra todos eligió decir lo indecible. Ofrecerles voz singular a esos potreros del barrio, a esas derrotas dolorosas. A la militancia. A sonreír entre mates compañeros. A esas gambetas irreverentes. A los espacios vacíos. A los goles imposibles. A esa música que baja desde la tribuna.

[stextbox id=’info’]En relación al gol que festejó, mientras pedía cárcel para el genocida Videla, Lutman recordó: “en realidad eso ya se había hecho; lo mío fue en el 2000, pero un año antes Mauro Javier Amato lo había hecho en Atlético de Tucumán mientras Antonio Domingo Bussi era gobernador; en ese marco se levantó la camiseta y peló una remera de las Madres ¿Cómo no lo iba a hacer yo en Rosario que el gobernador no era genocida?. Nosotros fuimos copiando y mirando a los más grandes, 500 años de historia, 500 años de resistencia y en el futbol también pasa, fuimos copiando a los más grandes y fuimos viendo que no solamente es importante la camiseta de arriba sino también la que llevamos abajo, porque uno tiene un montón de cosas para decir”.[/stextbox]

 

OJOS BIEN ABIERTOS

Lutman nació en 1976 y, durante los 7 años de dictadura, estuvo sin documentos, porque a sus padres no les aceptaban el nombre elegido para él: no se aceptaban nombres extranjeros. Sí se aceptaban multinacionales extranjeras, sí aceptaban que viniera la Shell y desguazara, pero no que un paisano se llamase con un nombre raro. Hasta hace poco, yo sentía que esto del nombre y el documento era un detalle más, pero siento que me marcó. Y, a la hora de poder escribir, tomo como uno de los tantos ejes que hay en el futbol y en la vida, el de lo que fue la dictadura, de lo que fue la fecha donde nuestra camada estaba naciendo y simultáneamente los compañeros, los militantes, los de los ’70, andaban corriendo por las calles, jugándose la educación, la salud pública para nosotros, que estábamos naciendo en ese instante. Así que pelar una camiseta en una cancha es un pequeñísimo homenaje que uno puede hacer para devolver algo de todo lo que hicieron los compañeros que pusieron el cuerpo”

 

Represion

Y si de poner el cuerpo se trata, en relación a eso, el tiempo instaló versiones. Dicen que se fue, dicen que está, pero todos coinciden en que siempre volverá. Y así se presenta, mientras reescribe el pasado, reconfigura los registros de la historia, los fantasmas de la violencia. Vino a buscar el olor del mundo que perdimos. Sabe que el pasado quiere desligarse de sí mismo, mientras opera con gran desdicha. Por eso, mientras el pasado quiere esconder lo no dicho, hay gritos “Lutman” desde el propio corazón que retumban más fuerte entre los ecos contrapuestos del tiempo.

Gritos- necesidad, gritos-trazos. Ese trazo que se completa en cada una de las miradas, ese trazo que sigue el curso del nervio óptico y avanza, en cada párrafo visto o leído a tono firme. Y así y en cada domingo, sus ojos serán los más abiertos.

Simplemente Kurt
                      Simplemente Kurt




JUGADAS

El Lado B: Entrevista a Mónica Santino.

Entrevista: Nora Lomberg, Anne Diestro Reátegui, Gabriela Stoppelman

Edición: Nora Lomberg

La vio venir. El sol se abalanzaba sobre la cancha, derramado en lluvias de luz, entre nube y nube. El tiro de esquina era la última chance de empatar el partido contra un rival muy difícil y añoso. Siglos y siglos de no pasar la pelota. Enormes extensiones de tiempo, meta arrellanarse en la cancha, sin que atisbaran siquiera las mínimas condiciones para que una mujer le reclamara el balón. Pero, mientras el otro se jactaba del enorme palacio donde acomodaba su victoria, un pique latía. Palpitaba bajito, era apenas una caricia sobre el pasto. En eso, el silbato autorizó el corner. La vio venir. Tenía el cuadro de la escena casi pintado en la retina. La posición del resto de sus compañeras, el cono de sombra sobre la hinchada detrás del arco, el hueco entre los defensores donde escabullirse. Y, aunque el escenario estaba tan claro, no subestimó a su rival. Durante los pocos instantes en que la pelota tardó en llegar hasta su cabeza, su memoria le proyectó- a toda velocidad- retazos del manual del prepotente, subrayados del libro del desprecio, apéndices de la enciclopedia del insulto. “Cuando terminen de discutir, por ahí aprenden a jugar”, “¿vos te viste en el espejo?”, “¿viste cómo te quedan los botines? La vio venir en esa curva que una franja del sol tomó de la cintura. Y así, entre la luz y comba, la oportunidad llegó hasta ella en giro de baile. Llegó en un ceñirse de la lucha al deseo, en un arco que le contaba toda la historia que fue necesario patear para quedar habilitada y en posición clarísima de gol. Un arco retorcido y lleno de espirales le susurró – una a una y en tan poco tiempo- la cantidad de ilusiones que debieron irse al vestuario sin pisar la cancha, la inmensidad de tarjetas rojas recibidas por tantas, sin haber jugado ni un un solo minuto, las columnas de amarillas tatuadas en las mitradas de cuántas hinchadas de lo adverso. La vio venir. Así, entre danza y relato. La pelota y ella se encontraron en el momento exacto, justo después de que las otras le armaran la precisa coreografía: los contornos cómplices del cuerpo colectivo. El pique latía desde hacía tanto tiempo. Sólo hacía falta abrir la historia con el pase indicado para que el leve latido se volviera estruendoso grito de gol. La vio venir. Entonces, Mónica Santino cabeceó.

LA ALEGRÍA NO ES SOLO BRASILERA

Vimos la película “Mujeres Con Pelotas”, tomamos algunas notas e hicimos algunas lecturas…
Queremos otra película para este momento, yo vi un documental de Carlinhos Brown, donde plasma la experiencia de Candeal, en Bahía, Brasil. Él armó una ciudad cultural en un barrio muy vulnerado y el documental gira alrededor de ese asunto. Yo me imagino una película así, con muy poca presencia nuestra y la voz de las pibas por delante de todo. Hicimos un festival, ahí había algunas compañeras con cámara y se iba a editar. Desde “La Nuestra”, organizamos el “Primer Festival Latinoamericano de Fútbol Femenino y Derechos de las Mujeres” -largo el nombre, ¿no?-. Fue del 25 al 28. No existen las casualidades, pero justo coincidió con el día internacional de la lucha contra toda forma de violencia hacia las mujeres.


Y eso también enmarcó desde qué lugar nosotras hablamos de fútbol y derechos. Desde La Nuestra y el cuerpo técnico, Juliana Román Lozano, María José Figueroa, Natalia Laclau, trabajamos muchísimo todo el año. La idea original era más larga y con más equipos, pero fue lo que pudimos hacer. Hubo que remar absolutamente con todo, hasta para conseguir la última cosita. El festival se desarrolló bajo el lema “Mi Juego, Mi Revolución”. En el torneo, participaron 8 equipos, de Provincia de Buenos Aires, de Córdoba, unas compañeras brasileñas, alemanas e inglesas, también algunas norteamericanas, que vinieron en rol de entrenadoras. A la par de los torneos, hicimos talleres y espacios de reflexión.

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¿Son todos equipos de lugares marginales?

No. Había un equipo de Zárate, un equipo de Laprida (club deportivo Barracas), un equipo de Córdoba, de Chile, de Colombia, las chicas de Villa Martelli- del Programa del Centro de la Mujer, donde yo trabajo hace un montón de años- y de la Villa 31. Como dije antes, estaba también el equipo que era como una mezcla entre Europa y Brasil. Ellas forman parte del Guerreiras proyect.

Es muy interesante porque las jugadoras brasileñas que pasaron por la selección se convierten en embajadoras del fútbol. Recorren Brasil, cuentan cuánto les costó jugar al fútbol. Hablan sobre cómo empezar a crear una cultura de mujeres en relación a este deporte. Las brasileñas juegan tremendamente bien y la mejor jugadora del mundo es brasileña. Pero todo eso no se compara con el desarrollo que el fútbol de varones tiene en Brasil, esa diferencia es muy similar a lo que pasa acá.

DE LA MANO DEL ABUELO, LA VUELTA VAMO´A DAR

¿Y cómo se te ocurrió a vos ser entrenadora de fútbol? Porque no es lo mismo jugar que conducir a los otros en su deseo de jugar.

La idea comenzó a armarse cuando logré jugar en AFA, ya de grande, a los 31. Entonces, empecé a entrenar con un grupo que se juntaba en Capital a las órdenes de un entrenador que se lo tomaba en serio, no de costado. No decía, “total son minas”. Era Cristian Lovrincevich . Aún trabaja en fútbol, no femenino ya. Con él, entramos a AFA, conformamos un grupo y jugamos para All Boys. Toda esa experiencia de asistir a su forma de entrenar me fue dando la idea de que podía ser entrenadora. Me parece que un poco, pasó estrictamente por lo deportivo, pero también por la militancia. Para nosotras el fútbol es militancia, por lo menos, en este momento histórico del fútbol de mujeres, es así. Entonces, si cada una, al dejar de jugar, se convierte en entrenadora, multiplica, ayuda a que no se caiga y a que las más chicas vean que en algunos lugares hay mujeres vinculadas con la toma de decisiones, con cómo se conforma un equipo, con decidir en qué lugar te paras a pelearlo. Lo mismo que pasa en la dirección técnica tendría que pasar en la faz dirigencial.

Es muy interesante cómo usás al fútbol como metáfora para explicar cuestiones extra futbolísticas.

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Sí, pero eso es de siempre. Yo empecé a jugar desde muy muy chiquita, vengo de una familia muy muy futbolera. La salida de los domingos era ir a Vélez. Mi abuelo, mi viejo, todos eran de Vélez. Entonces era una época en que la familia entera iba a la cancha, ahora eso se perdió, encima no se puede ir cuando jugás de visitante y otros montones de cosas que cambiaron. Pero, en esa época, todos los domingos, ibas a ver a Vélez a otra cancha y era una manera de aprender sobre los barrios, de sociabilizarte. Mi familia- muy fanática- tenía la particularidad de que íbamos a almorzar al club. Abríamos el club y cerrábamos el club, porque mi abuelo se iba cuando la última discusión sobre el partido terminaba. Yo era muy chica, iba de la mano de él, tenía 4, 5, 6 años y eso fue lo que aprendí. A mí me encantó. A mi hermano, hasta por ahí. Y a mi hermana, nada. Entonces, a medida que fue pasando el tiempo, esas ganas hicieron que tratara de jugar todo lo posible. Aprendí cosas vinculadas a lo colectivo, a cómo se puede transformar algo. En el barrio, entre todas juntábamos la plata para comprar una pelota de goma. Las cuestiones que tienen que ver con lo organizativo arrancaron ahí. Siempre pensábamos como un grupo. Lo mismo que te pasa en la cancha. Si vos no le podés pasar la pelota a una compañera, difícilmente puedas avanzar y meter un gol. Vos sola no vas a ningún lado. Y lo empezás a aprender así, yo creo que el deporte -y el fútbol, en particular- en ese punto, es maravilloso. Después eso trasladarlo al barrio, cuando las pibas conquistan la cancha, conquistan un horario para jugar en un lugar donde prácticamente no podían entrar. Las canchas son los espacios públicos más importantes en los barrios. Digamos, esa línea de cal se respeta, puede haber ocho millones de necesidades, pero nunca se va a construir una casa en una cancha de fútbol. Se construye para arriba, para los costados, pero en la cancha de fútbol, no. Y hay 5 o 6 canchas dentro de la villa 31, quizás más, todas respetadísimas y todas con una lógica organizativa. Que una mujer gane lugar, cobre visibilidad en ese espacio público tiene para nosotras un carácter político y de cambio.

BANDERAS DE MI CORAZÓN

La cancha la ganaron, sin embargo, vos insistís en la idea “pelear la cancha”.

Y, a medida que fuimos cada vez más y por la convicción de quedarnos plantadas ahí los mismos días y a la misma hora pasara lo que pasara, eso generó una costumbre que, al día de hoy, la tenemos que seguir peleando, pero ya nos conocen.

¿Pelear la cancha funcionó como metáfora ideológica con las pibas?

Claro, claro. La mayoría nació en la mitad de los noventa o más para acá. Entonces, son generaciones que han vivido la falta de laburo, padres destruidos por no poder sostener lugares. En ellas, la cuestión de lo colectivo estaba completamente perdida. Digamos que eras vos y te salvabas vos y nada más. Todo este proceso ayudó a volver a creer en la transformación colectiva. Nosotras creemos que la dictadura militar y los noventa arrasaron los barrios y el tejido social. Ahora estamos otra vez en peligro de que eso vuelva a ocurrir. Parece increíble decirlo, pero es así. Por aquellos años, la solidaridad y la ayuda al otro se cambiaron por sospecha, suspicacia- qué es lo que me quiere sacar, qué quiere de mí-. La mayoría de las pibas traía eso. Entonces se trata de ganar un terreno a partir de la práctica de un deporte. Para las mujeres todavía tiene aun más significancia, porque las pibas- desde muy chiquitas- están acostumbradas a hacer tarea de adultas: cuidar a los otros pibes, cuando no a los de la cuadra, a los propios y en edad muy temprana. La maternidad es el único fin en sí mismo para ellas. Montones de cosas, como el derecho al juego y a cómo se distribuye el tiempo están completamente vedadas. Recuperar un rato, solamente para jugar no sé si las va a convertir en futbolistas, pero es un espacio para ser con otras, un espacio de grupo donde la palabra se vuelve a recuperar entre pares.

Qué interesante, porque el espacio por excelencia de un barrio es la cancha. Y es gratis. Agarrás una pelota y vas a jugar. Y que justo ese espacio esté vedado para las mujeres…

Y, digamos que no está habilitado. No hay un cartel que dice “prohibido jugar”, pero hay un montón de cuestiones en el orden de lo simbólico. Por ejemplo, “no, porque tengo que ir a cocinar”. Los pibes largan la mochila del colegio y van a jugar y están el día entero y, cuando son varones más grandes, vienen de laburar y juegan partidos por plata. Digamos, entra otra lógica: las chicas no juegan. Entonces, el derecho al juego, en esa dimensión, no es algo trivial, no es “voy a jugar un rato”. Constituye un derecho que se amplía a montones de otras cosas. Nuestra experiencia de nueve años de laburo sostenido en el barrio busca la conformación de un grupo parado en sus derechos, que empieza a mirar la vida de otra manera. Algo que se pudo transformar en el barrio es que algunas logren que el compañero varón se quede a cuidar al bebé, mientras ellas juegan a la pelota, eso era impensado.

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DAR CUERPO A LA PALABRA

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Dana Rosiger

 

Es muy impresionante porque se traslada a la lucha de clases: lo que la clase media hace con la clase baja lo hacen los hombres con las mujeres: privarlas de pasar el límite de la supervivencia, del derecho al placer…

Y sí, después hacés esa lectura. Digamos, afuera de los barrios, en otras clases sociales, las mujeres no jugamos nunca más. Jugás en el colegio y, después, si perteneces al alto rendimiento y tenés la suerte de practicar un deporte, seguís. Pero eso es otra cosa, es el entrenamiento por logros deportivos más ir al gimnasio para estar más flaca, no tiene nada que ver con jugar.

Los hombres juegan, los hombres se juntan en un grupete y se van a la cancha, es para ellos como una ceremonia, un momento de descanso. Me parece que la noción de juego tiene que ver con lo que nosotros hacemos. Escribir, por ejemplo, es la posibilidad de perder el tiempo, entre comillas.

Exacto. Cuando pensamos el laburo, cuando nos sentamos a escribirlo, pedimos ayuda a un colectivo que se llama COCOIN, María José Berardi, Jimena Aón, Emiliano Martinez Royano, que después se ocupó del espacio grupal. Nosotras entrenamos esas dos veces por semana, pero también hay un lugar de grupo y las compañeras, acertadamente, habían dividido la cuestión en varios ejes: los cuerpos, los vínculos, el territorio y el lenguaje. La idea es pensar cómo están atravesados los cuerpos de las mujeres en ese ideario, cómo te bajan línea sobre el modo en que tenés que lucir. Los decires: que si jugas a la pelota vas a parecerte a un varón, vas a tener un cuerpo de varón. Y también se conversa sobre cómo empodera, cómo libera, poder decidir “yo tengo el cuerpo que quiero”. El movimiento histórico de mujeres va en la misma línea. Cuando hablamos de la legalización del aborto, tiene que ver con nuestros cuerpos y sobre qué discursos los atraviesan. En lo que nosotras proponemos, las pibas empiezan a armar una historia con pares, donde la palabra cobra otro poder, el territorio que se gana es la cancha y los vínculos entre nosotras. Cómo desbaratar la noción de que juntas no podemos hacer nada porque somos todas brujas, nos envidiamos, somos un desastre, la frase “poné una mina y se arma quilombo”. Cuestiones que muchas veces repetimos nosotras, como “todas las futbolistas son lesbianas, hacen un deporte de hombres, quieren ser tipos, por lo tanto, son lesbianas”,..

“Callate, gila, que es ley” decía una chica en la película…

Ah, eso era una piba lesbiana, defendiéndose de una burla, mientras le recordaba a la otra que el matrimonio igualitario ya era ley .

¿Ustedes escribieron esta experiencia?

Empezamos a escribir, a hacer un recorrido con estas compañeras que entraron a trabajar con nosotras en el 2014. Es un grupo que se armó a partir de los encuentros nacionales de mujeres, son psicólogas, educadoras populares, trabajadoras sociales. La idea era sistematizar la práctica. Ellas hicieron un esbozo. Digamos, hay un laburo hecho pero es cortito y tendríamos que darle una vuelta de tuerca más y sumar lo que pasó ahora en el festival, eso fue muy poderoso.

¿Las jugadoras escriben?

No, no se sientan a escribir con papel. Ese colectivo de compañeras del que les hablaba levanta lo que las pibas dicen.

Qué interesante sería que pudieran incorporar eso.

Hay unas chicas de la carrera de trabajo social que hicieron una tesis y me la trajeron hace dos días a casa. Me tengo que sentar a leerla porque debe ser muy interesante. Creo que se sacaron un nueve. Escriben sobre el deporte de mujeres en los barrios, de qué cosa se podría armar a partir de esas experiencias.

A LAVAR LOS PLATOS

En un momento de la película, los hombres dicen que el fútbol femenino es otro deporte. Es curioso porque eso no se dice del básquet femenino, ni del vóley femenino, ni de la natación femenina, ¿qué de singular los toca cuando las mujeres se apropian del fútbol?

Yo creo que es como la iglesia católica, ¿viste? Imaginate que una mujer pueda ser Papa, tiene una impronta masculina tan, tan fuerte, que se arma como una cofradía de varones. Tocás ahí y se sienten como amenazados, es su propiedad. Como si dijeran “este es un terreno nuestro donde ustedes no pueden entrar”. Mirá, hace muy poco, en el grupo de familias donde mi hija va al jardín, los padres varones decían “vamos a jugar al fútbol”. Todos más o menos están enterados de lo que yo hago. Y yo quería jugar. Primero, me dijeron que dirigiera. Y yo dije: no, yo quiero jugar. Al final de un cumpleaños, un papá dijo: “bueno, vamos a ponemos de acuerdo rápido porque somos varones. Las mujeres tardan más”. Imaginate, un par de nosotras le saltamos a la yugular. La cuestión es que pasaron como dos o tres meses y no se organizó ningún partido. Justo ayer le fui a decir,” che, ¿no era que los varones organizan más rápido?” “No, lo que pasa es que te pusimos a vos en el grupo y se armó quilombo”…, todo en el terreno del chiste claro. Entonces, cuando opinás de fútbol tampoco les gusta. Saber de fútbol es algo muy relativo, es un deporte que permanentemente cambia, siempre hay una incógnita de cómo tal o cual jugador va a jugar. Los varones relacionan saber de fútbol con que citaste dos o tres equipos de memoria o te acordaste de una jugada del año 74 en tal cancha. Y ahí se quedan mirándote. Pero, en realidad, son datos históricos, cualquier fanático o no, puede leerlos. Mirá, me acuerdo esa parte de “El secreto de sus ojos”, cuando Francella dice: “no se cambia de equipo” y recita. Ahí se dan cuenta quién podría ser el asesino. Siguen la pista de cómo el tipo, en una carta, cita a todo un equipo de Racing. Esa parte de la película es muy buena, porque es nuestra cultura. ¿Y a qué iba? A que ganarse el respeto por acordarse cómo formaba Vélez el año 71, me parece que no tiene que ver. Esa es la forma con la que los tipos se manejan. Ocurre cuando a la selección argentina le va mal y son todos directores técnicos y opinan y hablan.

Uno de los muchachos en el documental manifiesta que “El fútbol no es un deporte sencillo, no es para mujeres”. El mito es que ellos tienen más fuerza física pero no que son más complejos ¿De dónde sale esa idea?

Yo creo que esa idea sale de pensar que biológicamente los hombres tienen una superioridad con respecto a nosotras. Si cuando nacés, te tiran una pelota dentro de la cuna solo por ser varón y todos los incentivos tienen que ver con mover las piernas, saltar, correr mientras que a nosotras nos regalan el juego de cocina, la escobita, nos prohíben jugar a la pelota y dicen que no podemos hacerlo porque podemos lastimarnos una rodilla. Si lo vemos así, claro, el fútbol es un deporte complejo. Es difícil tomar decisiones con los pies y cambiar de estrategia en décimas de segundo. No tenés que mirar la pelota, tenés que mirar dónde están parados los demás. Cuando empezás a practicarlo a una edad temprana lo aprendés. Tiene millones de cosas que están relacionadas con la calle y la libertad, lo puede aprender una mujer o un varón en las mismas condiciones. Ahora, si alguien te dice que no podés, no vas a poder. Conozco a más de una piba que les pintaría la cara a más de uno que diga que sabe de fútbol porque son hombres. Hay hombres que sufren porque los obligan a jugar, y claro, como no saben jugar los mandan al arco o los tratan peyorativamente de “maricón”. Hay un libro llamado Fútbol dinámica de lo impensado de Dante Panzeri, habla sobre la complejidad del fútbol y lo compara con el caos del tránsito. Dice puntualmente que cuando jugás a la pelota es porque le escapás al quilombo, porque buscás los espacios. Pasa lo mismo para manejar, si vos estás en una calle embotellada pero tenés esa capacidad de abrirte para salir. El fútbol es igual. Leer el partido antes que la pelota llegue a tus pies y saber dónde están parados tus compañeros, muy pocos jugadores tienen esa habilidad. Ese libro hay que leerlo porque está escrito en los 60’, Dante Panzeri fue siempre muy revulsivo, nadie lo quería. Se murió en el 78. Ese libro está muy bueno y hay pocos jugadores con esa habilidad. Creo que el último fue Riquelme. Los sabiondos del fútbol lo llenaron de adjetivos: pecho frío, lento. Pero Riquelme es un tipo que juega más rápido que los demás. El fútbol no es correr, es pensar con los pies, con todo el cuerpo.

Camille Claudel, la escultora, eligió realizar una actividad que no se consideraba femenina en su época y terminó recluida en un manicomio por la propia madre. Además era la amante de Rodin y él no soportaba esa competencia, de hecho si vas al Museo de Bellas Artes hay más de cinco obras de Rodin y solo una de Camille. Entonces, ¿qué cambió hoy en día para una mujer que se decide hacer algo que es considerado muy masculino? Antes terminaba encerrada, ¿qué metáfora tenemos hoy como castigo?

Hay castigos que no tienen que ver con el encierro pero que sí te condenan de alguna manera. Hoy tenemos a los medios de comunicación y las redes sociales. Se me ocurre pensar en Cristina Fernández, a ella sin ser feminista, ¿cuántas veces la atravesó la violencia de género? Con el lugar importantísimo que ocupó. Se puede disentir con su idea política, pero ¿qué ropa se pone? El 80% de la crítica tienen que ver con esa condena. Si buscás páginas anticristina la mirada está puesta desde ese lugar. A mí me duele, más allá que pueda estar parada desde la misma posición política, puedo entender que alguien puede discutirla, pero no así. Creo que dentro de 30 o 40 años vamos a decir que fuimos contemporáneos de alguien muy importante, quizá de la talla de Eva Perón.

Y a vos, como entrenadora, ¿cómo te vuelve el castigo?

Todo el tiempo tenemos que estar validando lo que somos. No es lo mismo que llegue un varón y pegue cuatro gritos, es distinto. Entonces ese lugar lo tenés que estar validando permanentemente. Sobretodo porque es mi laburo y no es un hobby.
Pero ¿no sería auto discriminación? Es decir, ¿se tiene que insistir para que sepan que a pesar de ser mujer podés hacerlo?
No, no creo que sea auto discriminación, porque lo vivís y lo sentís. Uno lo percibe desde el lugar de la queja, intentás cambiarlo todo el tiempo y para mí, haberlo convertido en un laburo es el logro. Soy empleada de la municipalidad de Vicente López, contratada como Directora Técnica, en la Villa 31 también soy Directora Técnica y cuando hacía el curso me decían que era un hobby, o que estaba loca por el fútbol. Y esto no es un pasatiempo, es mi vocación. La batalla va por ahí, la violencia de género es simbólica y pasa todos los días. Estar corriéndote desde ese lugar es lo que nosotras pensamos cambiar. Para nosotras es un orgullo que nuestro cuerpo técnico esté conformado por mujeres, todas pasamos por el fútbol en una u otra instancia. Nuestra batalla es poner en agenda el juego y el derecho al juego. El tiempo, el ocio y qué hacemos las mujeres con eso. Lo estamos logrando, vamos por el tercer encuentro de mujeres en el que ponemos como actividad el fútbol y muchas compañeras feministas lo están tomando como un campo nuevo, algo renovador para seguir hablando de las mismas luchas.

Mi juego, mi revolución, ¿se refieren a eso?

Sí. Es la lectura política de lo que pasó en la Villa 31 y cómo trasciende. La militancia de un grupo de pibas, abre la posibilidad de articular con otros grupos. Además es político porque cambian costumbres, hay un empoderamiento de normas, nos adueñamos de la palabra. Todo eso queremos expandirlo de la Villa 31 a otros barrios.

FINAL DEL CUENTO

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Dana Rosiger

¿Cuál es la diferencia entre el juego y el deporte?

Yo creo que a jugador profesional de fútbol no son muchos los que llegan, nada más que un grupo de elegidos. Y lo sufren, yo creo que lo sufren, es una angustia infernal y una presión muy poco soportable. Y que no tiene nada que ver a cuando eran chiquitos y jugaban a la pelota. No es lo mismo y es muy impresionante cuando ese modelo llega hasta a los más chiquitos. Vos recorrés un torneo infantil y ves pibes con cara de angustia. Salen en fila india del partido, van atrás del director técnico con la cabeza agachada. Seguramente, en el vestuario los cagan a pedos o hay un padre, colgado del alambrado que grita barbaridades. Eso es muy común, lo podés ver cualquier fin de semana en una liga de fútbol infantil. Y para mí eso roza la explotación. Eso es terrible, eso les pasa a los varones, a los que tienen habilitado jugar. A mí me llamaba la atención que las chicas se quejaban de que no podían profesionalizarse. Pero, si se profesionalizaran, terminarían como los hombres, sería el “final del juego”. Yo creo que jugar al fútbol es una vocación. Hay pibas que nacieron para jugar a la pelota. Imagínate viviendo del deporte que te gusta… es muy lindo pensarlo. Yo creo que nosotras estamos en un momento divino, a años luz de la profesionalización. Tendría que haber muchos cambios culturales para eso. Un partido de mujeres tendría que llenar una cancha y ahí es donde empiezan a aparecer los intereses.

O desear un futuro que no termine en lo mismo que le pasó a los hombres.

Cuando esos intereses entran a ser prioritarios, es muy complicado, fijate ahora la catarata de cadenas de corrupción de los mayores dirigentes del fútbol mundial, la muerte de Grondona los dejo a todos al descubierto, es muy impresionante eso. El avión que se acaba de caer, es responsabilidad de la Conmebol y sin embargo los dirigentes fueron a llorar al funeral y las víctimas son los jugadores de fútbol. ¿Quién les devuelve la vida a esos jugadores?, es una locura, la selección argentina viajó en ese avión un poquito antes, sólo las piernas de Messi valen cuatro veces más que el avión. Es muy impresionante y no hay una renovación en eso, no sé cómo se cambia, pero es una cuestión estructural y es muy difícil. Nosotras de todo eso estamos muy lejos, la FIFA tiene intenciones de desarrollar el fútbol femenino porque le encontraron la veta comercial, eso es lo que pasa en otros países.

¿Y que harían ahí, ante esa propuesta?

Y ahí no sé cómo mantener cierto espíritu que tenga que ver con el juego, no lo sé, igual falta muchísimo para que en Argentina llenemos una cancha con un partido de fútbol de mujeres, falta para eso, mientras no genere ingresos no es un problema.

Pero eso se construye, si ellos toman la decisión de difundirlo hasta que se llene la cancha, van a lograrlo

Ojala pudiéramos conservar el amateurismo o esa manera de vivir el deporte y sentir el fútbol así. Lo que nosotras tenemos ahora son grupos de amigas, mucho esfuerzo por entrenar y montontes de cosas que están del lado del sacrificio o de la invisibilidad. En ese mundo deportivo, hay montones de cosas que nosotras ganamos que son muy importantes. Ahora me parece que debemos luchar para que las más chiquitas tengan acceso al deporte más rápido, pensar en clubes propios, donde pueda haber divisiones inferiores y un crecimiento, es una etapa histórica para dedicarnos a eso y también conseguir que haya más mujeres con conciencia de género en el deporte, en los lugares donde se toman decisiones. No alcanza con poner a una mujer que “ es la esposa de” y termina siendo peor que un hombre.

Recién hablabas de sacrificio, me pareció muy interesante en la película, cuando mostraban que practican en esa cancha lastimadora

Claro, ahora cambió, desde el 2010 tenemos un sintético, con un alambre alrededor. Y con el proyecto de urbanización de la villa es posible que haya una nueva obra y se mejore.

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Sub.Coop

 

Pero vos no te quejabas, eso me llamó la atención. Pensábamos si hacen un trabajo para revertir la queja, que es tan paralizante.

Si hay algo que nosotras aprendimos en el barrio, tiene que ver con esa conexión con lo vital, arreglarte con muy poco para que la realidad sea menos dura. Nosotras detestamos cuando nos encaran por el lado de qué buenas que son por lo que hacen, porque no es bondad, ni madre Teresa de Calcuta, ni asistencialismo, ni nada. Es ir a ejercer un derecho con sujetas de derechos que son las pibas. Nosotras estamos a la par y aprendemos de ellas como ellas de nosotras y lo que se arma, es un tuco que el viejo feminismo y el movimiento de mujeres sostienen: la horizontalidad y cómo nos emponderamos unas a otras. Nosotras aprendimos un montón. Decidimos hacer el curso de entrenadoras a partir de eso, a estas pibas hay que darles más cosas y para eso voy a estudiar. Ellas a la vez se hicieron dueñas de un lugar del barrio que les pertenece ejerciendo derechos, me parece que eso es muy distinto a hacer un campeonato, sacarme una foto y soy la mejor entrenadora del mundo, me vuelvo a mi casa y la piba está en el mismo lugar, digamos. A veces el deporte ahí es una línea muy finita para ciertos discursos de derecha, fascista, “te saco de la calle” y yo no te saco de la calle, voy a transformar la realidad. Pero el lugar existe, sino eso es muy peligroso y no es lo que nosotras queremos, el crecimiento es justamente a la par y es lo que nos hace poderosas como colectivo.

PELOTAZOS

Es importante entender que el lenguaje escrito y hablado tiene un gran valor. Nosotras tuvimos mucha suerte de participar este año en un proyecto hermoso. La idea fue de un jugador de fútbol: reunió a 24 jugadores a escribir cuentos sobre este deporte. El libro se llama Pelota de papel. No solo hay jugadores sino también directores técnicos. Es interesante ver cómo personalidades como Aimar, Cavenaghi, Sorín, escribieron cuentos relacionados con sus experiencias y algunos también ficcionados. Ahí te das cuenta que la tienen clara.

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Pelota de papel distinguido en la ciudad de buenos aires declarado de interés social y cultural

 

Hablando de cuentos de jugadores, Soriano y sus libros, ¿esa épica del fútbol te moviliza?

Sí, por supuesto. Hay literatura del fútbol que es hermosa. Nosotras participamos en Pelotas de papel y contamos historias de cuando las chicas de la Villa 31 viajaron a Berlín.

Trajimos algunas citas de autores, ¿nos decís cómo te rebotan? Passolini dice que el goleador es siempre el mejor poeta del año.

El gol es el mejor momento del fútbol. Es el momento donde lograste lo que buscabas. El tipo que le da el último toque a la pelota antes de que entre al arco es el privilegiado, pero detrás de eso hubo toda una construcción. Si lo comparás a cómo se construye una película, quizás tiene mucho que ver el proceso y el recorrido. El gol no es una casualidad o algo que se da porque sí. Pasa entre muchos y el goleador es el tipo que tiene un sentido de oportunidad. Palermo era así. Todos los goles de Palermo son como de película, el que hizo para la selección argentina en el 2010 fue así: vino como un centro de derecha a izquierda y él estaba parado ahí. Maradona se tira al piso para festejar y él se queda parado en plena lluvia. Es una construcción colectiva pero hubo un tipo que lo supo hacer.

Una cita de Albert Camus dice “La pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga”.

Es como la vida. Son todas situaciones de juego que nos hace estar preparados. A veces pareciera que algo tiene que ver con el azar porque no sabes cómo va ocurrir, una especie de mente fría para aprovecharlo a tu favor.

¿A qué te suena el lado B?

Pareciera como si lo que está por el lado A es lo más importante, pero el lado B es importantísimo. Si no hay B no hay A. El lado B es lo que nosotras hacemos, el día a día, estar, acompañar, hablar. Quizá sea lo más costoso. Pero si no hay B no hay A. Son como las patas, al menos lo que nosotros hacemos es eso. Como si vos armaras un partido o un entrenamiento, son montones de cosas que no saltan a la luz porque es la parte de atrás del disco, pero es completamente necesaria. Todo siempre depende del lado B, pero lo que vende está del lado A. En Pelota de Papel participaron jugadores uruguayos, no son los más conocidos. Uno de ellos se llama Agustín Lucas, va a fichar en un club de la tercera categoría uruguaya, el club Albión que tiene más de 125 años de historia y es uno de los más viejos en Uruguay. Él y dos compañeros más, escribieron un libro llamado El lado B y hablan de fútbol. Ellos también participaron en Pelota de Papel. Ahora se viene la segunda edición del libro, la primera parte fue un gran éxito, se vendió tremendamente bien, todo lo que se recaudó pasó para la Fundación Sí. Todos los cuentos tienen un prólogo y una ilustración. Es hermoso.

Hay una referencia sobre el fútbol en un libro escrito por Gabriel Lerman que dice: “El fútbol, dijo Martín Ferro, es una pantalla que le otorga prestigio a una ceremonia desnuda que se jugó en la infancia”.

La infancia es una ceremonia que reúne lo mejor de ser niño o niña. Una especie de enseñanza permanente para ser mejor. Se transforma en otra cosa cuando crecés, pero reivindicar esa ceremonia cuando volvés a jugar es lo más hermoso que tiene el deporte. Es la reedición de la infancia en cualquier momento de la vida. El juego tiene que ver con eso, con tratar todo el tiempo de ser mejor. No solo en lo deportivo, sino en todo lo que significa ser un colectivo. Tiene una repercusión cultural tan grande que hace que barrios enteros se identifiquen. Boedo está lleno de murales de un grupo llamado Grupo Artístico de Boedo con fotos de San Lorenzo antiguo. Cada mural tiene una historia. La gente se para y le cuenta a los niños quién es la persona del mural. Es una celebración del fútbol permanente. Siempre hay un más allá, la cancha se agranda y entramos todos. Al fútbol puede jugar cualquiera, Maradona era petiso y tirando a gordito, Messi es re chiquito. Todos pueden jugar.

¿Vos escribís?

Escribí cuentos para Pelota de Papel, apoyándome en las compañeras.

Usas muchas metáforas para hablar.

Me gusta mucho.

Escribir es también reeditar la infancia, un juego.

Sí, ¿no? Es también jugar.

¿Qué es lo poético para vos?

Volvemos al fútbol. Hay jugadas que tienen que ver con lo poético. Expresar o contar con palabras eso que es intangible. La poesía tiene ese poder. Describir con palabras lo indecible. El fútbol muchas veces tiene instancias que tienen que ver con eso. En el mundial del 2006, al primer gol de Argentina lo hace Saviola. Y Riquelme pone una pelota entre la línea de defensores al lugar donde iba Saviola porque sabía que iba poner la pelota ahí. Eso es poesía pura. Son formas de juego que tienen que ver con la capacidad de síntesis para poder realizar algo.

Eso sonó a cómo un verso funciona en el poema. Tiene ritmo como el fútbol.

Sí. Hay otro libro donde también participamos y habla de Riquelme. Se llama El caño más bello del mundo de Diego Tomási. Él quiere rescatar a Riquelme por encima de la opinión. Plantea una tesis sobre si hay una forma Riquelmiana de entender el fútbol. Mete frases de música, del tiempo, todo combinado, así como Riquelme jugaba. Hay una manera de ver el fútbol muy interesante, rescatándolo de todos los adjetivos que conocemos.

¿Y mujeres?

Hay que ver a Marta Vieira Da Silva, jugadora de Brasil. Tiene 5 balones de oro. La poesía intentaría explicarla por ahí, si es que tiene alguna explicación. A veces un pase es más lindo que un gol.

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Mónica Santino