DE SATÉLITES Y PLANETAS

El hastío: Sobre la monogamia.

Por Lourdes Landeira

 “El hastío es un vértigo, pero un vértigo tranquilo, monótono; es la revelación de la insignificancia universal. La paradoja de mi naturaleza es la de que siento pasión por la existencia, pero al mismo tiempo todos mis pensamientos son hostiles a la vida. He sufrido fundamentalmente de tedio. La palabra francesa que designa eso es absolutamente intraducible: cafard (desánimo). Tengo cafard. Nada puede hacerse contra eso. Tiene que pasar por sí solo.”

 Emile Cioran

 

NUBES EN COMBUSTIÓN

Como todas esas cosas en que nos adentramos sin percibirlo, la monogamia –al menos en estos tiempos y en el mundo occidental– parece ser el modo natural, único, de relación amorosa entre las personas. La familia nuclear conviviente y reproductora de vida. Uf, qué mal suena reproductora de vida. Tendré que volver sobre eso más adelante. Por ahora me quedo con lo amoroso y me pregunto cuánto hay de antinatural en que dos personas decidan ligar sus vidas en lo afectivo, sexual, económico, social y la mar en coche hasta que la muerte los separe. O quizá esto sea cierto y solo la muerte sea capaz de separarlas. No la de “que en paz descanse” sino esa otra, la de “que en el tedio sobreviva”.

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Natural –antinatural: seres humanos inmersos en una cultura, sea cual sea–, ¿puede haber un “anti” de lo inexistente? Si hasta la lluvia, la ácida o cualquiera de sus variantes, está mediada por la intervención del hombre (parece que en esto las mujeres no tenemos responsabilidad), cualquier viento que nos alcance viene empujado por las artes del cielo y de la tierra. ¿Cómo pensar el amor? Sí, hablo de pensar el amor, porque lo sentimos (más allá de la elección género-sexo que hagamos) de acuerdo a las pautas espacio-temporales que nos tocan en suerte o en desgracia, según con qué ojo acatemos o nos rebelemos. Cuánto de combustión de carbón y cuánto de nube de algodón (rimado o no) hay en esos ojos y en ese sentimiento, por ahora, no se puede medir. Por eso, ante lo inexplicable, recurrimos a la magia. Y sí, hay algo más allá y más acá de la atracción entre las personas. Ahí está la gracia. Ahí está eso por lo cual escribimos. Lo inalcanzable que perseguimos y nos persigue. Como nuestra sombra que, por turnos, nos precede o nos sucede. Como las calderas que alimentamos para calentarnos y en su interacción con el agua a veces nos salpican y otras nos inundan. Ahora bien, entre el amor y la familia, han pasado muchas y grandes tormentas. Las formas no monógamas (poligamia, poliandria, hordas y clanes) pertenecen al pasado primitivo (obvio, nos creemos evolucionados). Reconocemos en ellas la relación con los sultanatos, con el nomadismo, con la caza y la recolección y los correspondientes etcéteras. Sin embargo, nos es más difícil vincular cuán funcional al capital, al trabajo y al patriarcado es nuestro modelo de familia. Como siempre, lo más efectivo en términos de imposiciones es aquello que logra desprenderse de sus causas y así “naturalizarse”.

HUMEAN LAS CHIMENEAS

Ya en 1885, Engels, en El origen de la  familia, la propiedad privada y el estado, se ocupó de lo que nos sigue ocupando.

“El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada y, en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos, abolida (…) La monogamia no aparece de ninguna manera en la historia como una reconciliación entre el hombre y la mujer.”

Para que haya reconciliación, tiene que haber habido una pelea previa. Reconciliación, ¡qué palabra! Tan polifónica ella. Suena a dos amantes que renuevan sus pasiones o que, al menos, lo intentan. Lindo, ¿no? Suena a la teoría de los dos demonios que pretende congeniar a los genocidas con sus víctimas. Feo, ¿no? En cuanto al hombre y a la mujer, se trata de dar pelea, pero, a diferencia de otras batallas, para que no haya vencedores ni vencidos. Qué lindo slogan. ¿Utópico les parece? Lejos de banalizar el asunto, lo cierto es que las mujeres venimos dando batalla con la pretensión de que cada paso propio hacia adelante no implique un paso atrás de otro. La famosa equidad, como ya sabemos, no es lo mismo que igualdad.

Otra gran palabra en la anterior cita de Engels: abolida. Pueden pensar sus connotaciones con la invisibilización sistemática de las mujeres. Y, en eso, hay que coincidir con él: el sistema patriarcal de dominación del hombre sobre las mujeres sigue vigente, en su época y en la nuestra.
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Desde que a la mujer se le asignó la gestión del cuidado y del hogar y al hombre, el rol de proveedor y encargado de los asuntos públicos, mucha agua ha corrido bajo el río y mucho capital ha sido acumulado bajo tierra y volado, intangible, por aires y redes. Así divididas las cosas, el estado liberal se libera en pos de la libertad individual (ojalá fuera solo una especie de trabalenguas, pero no), a costa del trabajo gratuito de la mujer que limpia, cocina, atiende enfermos y, fundamentalmente, procrea y reproduce la fuerza de trabajo necesaria para que el capital pueda crecer sin límites (aunque el agua está escasa y cara en estos días: ¿rebeldía natural frente a lo antinatural de la obscena acumulación?).

Guerras y píldoras anticonceptivas mediante, las mujeres rompieron barreras y cruzaron el umbral. Sin embargo, aún cobran menos que los hombres por igual trabajo, las reuniones de “padres” de las escuelas siguen pobladas por mayoría de “madres” y la moral imperante juzga más condenable la infidelidad femenina que la masculina. Y como nada ni nadie nace de un repollo, esto también tiene una explicación. Los seres humanos somos mortales. Pero, ¡oh, qué problema!, del otro lado no se nos acepta con la carga de nuestros bienes materiales que, sin familia nuclear y mujer fiel, quedarían huérfanos al perecer quien los poseían. Ahora bien,  tranquilos, solos los hijos legítimos heredarán la riqueza o la pobreza. Contra viento y marea, todo pareció quedar bien ordenadito.

CRIANZA CONSTELADA

Trasvasados hoy algunos contornos, un espacio de roles compartidos –padres que cambian pañales, mujeres que no quieren ser madres, científicos que clonan ovejas– sitúa a la reproducción y crianza en un lugar central de la escena. ¿Por qué? Porque conviven múltiples discursos en constelación alrededor de la familia tipo.

Entre ellos, la práctica del divorcio, desde ya hace muchos años instaló la idea de las familias ensambladas: el típico lugar común de los tuyos, los míos y los nuestros. Un nuevo mandato, quizá, de permear la ilusión de frontera entre los de afuera y los de adentro, a través de la integración de  hijas e hijos “prestados”. ¿Les parece fea la expresión “prestado”? Sepan que no es de mi invención, la escuché recientemente como alternativa a “viene con: mochila, paquete, carga” y otras lindas expresiones no eufemísticas de ensamblado. También, porque entre quienes deciden criar (mientras la procreación poco a poco intenta deshacerse de la categoría de mandato) se multiplican las opciones. Sin pareja, únicamente como proyecto de pareja, con pareja pero sin que uno de sus integrantes se involucre por haber  manifestado de antemano su no compromiso con la mater/paternidad. Y siguen las variantes. Incluso, hay quienes deciden que su pareja sea el padre/madre de sus hijo/as, aunque sepan que no es la persona con quien quiere compartir el resto de su vida, sino una parte de ella.

Además, porque la ciencia –nuevo dios todopoderoso– sin gracia del espíritu santo, apareció en la intimidad del sagrado hogar para decir: “tú sí puedes”. Suena mal, ¿verdad? Connota a “sí se puede” pero no olvidemos que, aunque quieran borrar la historia, excepto la de la “reciente pesada herencia”, la potencia de ser tiene siglos y es nuestra. Perdón por el paréntesis, vuelvo. Hoy, bancos de semen, vientres alquilados, el amigo dispuesto a poner la “semillita” como dios manda o con jeringa, hacen posible familias –por elección (las impuestas por abandono de uno de los miembros que había jurado amor eterno son otra cosa)– de uno, dos o tres padres/madres gracias a algún entrecruzamiento de genes y biología. Por supuesto, esto abre nuevos paradigmas respecto a la identidad y su relación con lo innato y lo adquirido. Pero eso es harina de otro costal y no quiero, acá, multiplicar ramificaciones.
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Así las cosas, sin las redes de contención de tías, abuelas y vecinas dispuestas a ofrecer su fuerza de trabajo por “vocación” para cuidar niños, enfermos y ancianos,  las tareas se tercerizan y, a las jerarquías entre los hombres, se suman las jerarquías entre las mujeres. En el medio, la infancia: cada vez más signada por el reloj que por el juego.

Si fuera este un momento de transición, ¿hacia dónde conduciría? ¿Cuál sería el próximo paradigma? Quizá no uno que sustituya una moral hegemónica por otra. Quizá, la monogamia llegue a ser una opción y no un destino. Claro que la elección de un momento puede no mantenerse en el tiempo y, entonces, si dios ha muerto, ¿quién y cómo los cría?

Imaginar otras formas de distribuir el cuidado parece necesitar del quiebre de las estructuras familiares imperantes, cruzar el umbral de lo público y lo privado, de lo individual y lo colectivo. Habrá que ver qué dicen “el capital” y el “estado” al respecto.

VIENTOS Y VERBOS

Puertas adentro, sin hacer distinción entre ricos y pobres, los celos- como el viento- cambian de velocidad para ser brisa o tormenta, según la  fluctuación del amor al desamor que los protagonice. Ráfagas de recurrente amenaza a las parejas monógamas, al ideal de exclusividad y al carácter posesivo del amor.
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Ahora bien, poco a poco, hubo quienes comenzaron a preguntarse por qué, si se podía amar a más de un hijo, a dos abuelas, a tres tías, a cuatro primos, sólo podía amarse a una pareja, al menos a una por vez. Y, cuando aparecía una atracción por alguien más había que elegir: reprimir el sentimiento o ser infiel, una persona u otra. Una telecomedia de hace casi veinte años, ponía en la pantalla de los hogares argentinos a un Guillermo Francella que amaba “genuinamente”, al mismo tiempo, a dos mujeres. La diversión estaba en los enredos del personaje para mantener a sus dos amores. Separados, claro, sin que una supiese de la otra. No recuerdo, no sé si alguna vez supe, cómo terminó esa ficción. Lo cierto es que en la realidad comenzaron a circular nombres: poliamor, amor libre, polículas, núcleos afectivos, agamia, anarquía relacional. Y lo que tiene nombre, existe. Con o sin convivencia, matrimonio mediante o fuera de la categoría de “pareja”, con o sin reglas, las formas de amor no monogámicas empiezan a ser una alternativa. Y quizás ahí esté la novedad, en la posibilidad de pensar y tener distintos tipos de relaciones.

DESORBITADOS

La lucha por la conquista del espacio, durante la Guerra Fría, vio nacer a los satélites artificiales para orbitar alrededor de los planetas. Su condición de no naturales incluyó un tiempo de vida útil específico. Una vez cumplido su ciclo, la altura de su órbita los convierte en basura espacial o los regresa, desintegrados, a la atmósfera.

La pregunta hoy es, dentro del artificio relacional, cuánto de satelitales y cuánto de planetarias serán estas nuevas categorías que constelan alrededor de la monogamia. Con los vehículos enviados al espacio por las grandes potencias con pretensión de hegemonía, convive hoy el Arsat –primer satélite geoestacionario argentino–. Desde allí –lugar de los cielos– transporta a los hogares –hábitat de nuestras familias– señales de televisión e Internet. Si la supremacía del vínculo nuclear abrirá la puerta para salir a jugar y volver íntegra a casa o si esos nuevos nombres se harán canal de comunicación y alternancia frente al ideal amoroso de la pareja de dos, eso está por verse. También, cuánto se tejerá de red: esos de hilos entrecruzados, con huecos por donde respiran las individualidades. También, cuánto será interpelada la noción de propiedad, herencia, crianza, si los adentros tienen tantos afueras constitutivos y si el Arsat ya no es política pública sino negocio de privados. Entre estos y otros interrogantes hablan las narraciones.
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 “Elegir el poliamor no significa que automáticamente apretás un botón y tus celos se esfuman. Lo que sí significa es que intentamos entender el porqué de las inseguridades que sentimos.(…) Mis dos relaciones ocasionalmente tienen problemas como tendría cualquier relación, pero en este punto esos problemas ya no se basan en que seamos tres. Tengo el mismo tipo de discusiones y desacuerdos con mis parejas que tiene la gente monógama: cuando yo estoy susceptible y me siento herida por algo; cuando algunx está estresadx y tiene actitudes cortantes; cuando empezamos una pelea absurda sin ningún motivo.”  

El textual es solo un fragmento de lo que escribe Angi Becker Stevens, en www.amorlibre.org. Su familia se compone de su marido, la hija de ambos y su novio (de Angi, no de la hija). Pronto van a comprar una casa más grande, para convivir. Los cuatro.

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Si cuesta pensar una relación de tres, sepamos que la cosa no termina ahí. Hay convivencias múltiples. Me pregunto, por ejemplo, qué pasaría si el novio de Angi se enamorara de otra persona. ¿La llevaría a vivir a la misma casa? Entonces, el marido de Angi y la novia del novio de Angi, ¿serían monógamos con parejas poliamorosas? O quizás ellos tengan otras relaciones “declaradas” en el núcleo conviviente, pero con cama afuera. Y siguen las opciones y crecen los y las hijas.
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“De pequeño vivía con mi padre, mi madre, el compañero de mi madre y, durante una temporada, la compañera del compañero de mi madre. Mi madre podía  llegar a tener hasta cuatro compañeros a la vez. Papá también tenía sus compañeras, así que me crié en una red interconectada de adultos que mantenían relaciones no excluyentes pero con compromisos que podían prolongarse durante años, incluso décadas (…) El hecho de que hubiera más adultos de lo normal en casa se traducía en más amor y apoyo y más ojos que velaran por nosotros.(…) Crecer en ese crisol contribuyó a ampliar mi perspectiva del mundo y a forjar mi personalidad (…) Los buenos padres lo son sin importar el número. Por suerte, los míos eran increíbles. Tampoco creo que las relaciones poliamorosas sean mejores que las monógamas. Sencillamente, son distintas, pero me gustaría que no estuvieran tan estigmatizadas (…) Pasamos gran parte de la vida sufriendo y luchando; el resto es amor y buena pizza. Para un fragmento de tiempo cósmico que pasamos en este diminuto grano de arena que llamamos Tierra, ¿no podemos sencillamente aceptar que el amor es amor, ya sea entre razas, entre personas del mismo sexo o entre más de dos individuos? La discriminación del amor es una enfermedad del corazón, y para contraerla ya tenemos la pizza.”

En este caso, quien dice es Benedict Smith, su relato se puede leer completo en la revista “Vice”, bajo el título “Crecí en una familia poliamorosa”.

EL COMETA H

Hasta que la muerte los separe o el tedio los sobreviva, dije al principio. Y retomo. Los celos, ya mencionados como elemento amenazante de variadas intensidades, manifiestan inseguridad, temor a la pérdida, inminencia de vacío. ¿Qué cosa podría querer la otra parte que fuera para ésta imposible de dar?

La novedad.

Si bien somos seres dinámicos, cambiantes, hay rutinas que se instalan en las parejas como esqueleto. Al igual que los huesos, las costumbres pueden ser duras y blandas y tener variadas formas y funciones. Los huesos, restos inertes tras la descomposición del cadáver, son tan vitales como cualquier órgano, desde el nacimiento hasta la muerte. Si en el medio se instala el tedio y perece el deseo, la fractura –como ausencia omnipotente– impone su presencia. Entre la amputación y la prótesis juegan las variantes de amor, sexo y despojo.
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“Yo sé que el sexo, muchas veces, no es otra cosa que el disfraz del amor, su horrible máscara, y no tiendo a confundirlos, porque yo sé que uno puede sentirse enamorado porque desea solamente. Claro que a veces he pensado también que quizás es el amor lo que disfraza al sexo, o más aún, porque su disfraz no es grotesco sino ameno, el amor vestido de gala, dominguero, del sexo, lleno de todos los aditamentos que han inventado durante siglos los poetas, de todas las melodías, canciones, bailes, colores y galanterías ideadas durante siglos por los innumerables amantes de los tiempos presentes y de los tiempos idos”.

Esto le hace decir Héctor Abad Faciolince al protagonista de uno de los cuentos de El amanecer de un marido. En el cuaderno previo a su suicidio, la esposa lo acusa de ser como un cohete de la Nasa. “Como el Apolo, que mientras va ascendiendo a toda velocidad hacia el cielo, hacia los límites de la atmósfera, hacia la luna, se va despojando de los pedazos que lo ayudaron a subir.”

El amor libre, ¿será libre de qué? Quizás de cambiar de ropa para esquivarle el bulto al hastío.

Como los cometas alrededor del sol, cuando el “cafard” se instala en las parejas, trae cola.

GALÁCTICA

Aquí no sé cómo seguir. Voy a valerme de las palabras, compañeras múltiples e insustituibles.

“Mono”, además de esos simpáticos animalitos de los que venimos, es “uno” de algo y muchas cosas más. Busquemos por ahí a ver qué aparece. “¡Qué mona estás!”, expresión usada (actualmente casi en desuso) para decirle a una que está linda. “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, dicho popular para expresar que por más que las feas se disfracen, seguirán siendo feas. Entonces, ¿en qué quedamos? “Mona”, ¿es la linda o la fea? Sí, otra vez el lenguaje y sus trampas. Yo me quedo con las dos y le doy uso según la ocasión. (esa tendencia a la rima, siempre ahí, como sombra acosadora, inseparable; ¿será la búsqueda de armonía, de continuidad de sonido, de perseguir lo antedicho sin transformarlo?)  Ahora pienso en otra palabra: monoambiente; desde hace un tiempito, el furor de la construcción. La industria inmobiliaria, intermediadora entre nosotros y nuestros hogares, edifica departamentos pensados para una sola persona: no se precisa ir de la cama al living, todo está en el mismo lugar. Solo para el baño queda reservada la obligada puerta divisoria. Que si alguien nos visita vea nuestra cama (hecha o deshecha) está muy bien, pero hacer públicas nuestras deposiciones ante eventuales visitas, no, eso no va. Demasiado “natural” para mostrarlo; hacerlo en público lo reservamos a los perversos y a los primitivos (recuerdan que nos consideramos evolucionados, ¿no?, y además, bien sanitos que estamos). Lejos de cambiar pareja exclusiva por pareja ampliada, estos “monos” estarían diciendo: sin pareja. La preposición coló la falta en el discurso. Aunque “sin” es también prefijo de sincronía y sincronía es concordancia. Lo sabía, me meto con las palabras y todo se complejiza. ¿Les pasa igual? Y así, en asociación libre, escribo ahora: “¡Qué mona estás con ese mono!”. En este caso, la linda o la fea, no está con ningún primate ni con ningún señor lindo o feo; está vestida con un enterito; en mi frase “mono” es la expresión moderna para denominar una prenda única. Lo viejo y lo nuevo se mezclaron en mi exclamación y la cola, ahora, viene del lado de lo “entero”. Entonces, la mixtura; el vacío de la falta y la cubierta que la disimula. En el medio, innombrado en toda su intensidad, el deseo como sol y sombra (cantado, aunque no lo veamos siempre está. Y si alguno falta –sol, sombra, deseo–, estamos en problemas). Lo sabía, me meto con las palabras y todo se simplifica. ¿Les pasa igual?
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Ahora voy con “gamia”, que es sufijo y por eso viene después. Tiene una variante, también sufijo, gamo/a. Y ahora me entero, tiene función como prefijo; la encontré en ‘gamopétalo” y se refiere a los pétalos de la flor soldados entre sí (por unidos, no por servir a ningún ejército). Tiene su antónimo: dialipétala. Según dónde se consulte, quiere decir “separados” o “libres”. Ya me pregunté antes, ¿libres de qué?, y en este caso me respondo que debe ser libres de estar pegoteados todo el tiempo, porque en definitiva, están unidos al mismo tallo. Creo haber encontrado la pregunta. Más allá de los medios de producción, las leyes del mercado, los sistemas de dominación del hombre por el hombre (¿dónde están las mujeres?). ¿Cuál es el tallo que une a las palabras que hoy nos ocuparon –monogamia, poligamia, agamia–, si es que existe?

El tallo; voy en su búsqueda y pienso: quizás nuestra ilusión de ‘‘enteritos”  nos hace pensar que podemos vestir nuestra soledad existencial (sombra inseparable) con otro/a “no enterito” que se ilusiona con lo mismo. No hace falta citar acá la tan repetida cita de Lacán: amar es dar lo que no se tiene a quien no es. ¿Cómo saberlo y aun así seguir queriendo? Cioran habló de la paradoja de su pasión por la existencia frente a la revelación de la insignificancia universal; unió vértigo (movimiento) con tranquilidad (quietud) para hablar de su tedio ineludible. Cuando no hay palabra que sintetice, nos apropiamos de varias, no para repetirlas, para darles nuevo sentido. Entonces, hastío: vértigo tranquilo. Ahora, ¿cómo que nada puede hacerse contra eso? Más acá de los medios de producción, las leyes del mercado, los sistemas de dominación del hombre por el hombre (sí, ya lo dije, ¿dónde están las mujeres?), insistimos en ataviar nuestras formas de relacionarnos porque buscamos esa inalcanzable a la que queremos llegar. Y como no hay “palabra compañera” que nos haga un té cuando llegamos con frío y sed a nuestra morada, intentamos encontrar que nos lo haga otro/a. O que uno que caliente el agua, otro deje reposar la infusión y otro nos los sirva. Habrá que ver qué dice la industria inmobiliaria, el capital, el individualismo sobre esto. Algo parecido creo haberme preguntado más arriba. Les deseo tengan el deseo de buscar respuestas. Como más les guste.

Héctor Abad Faciolince, el escritor colombiano entrevistado en este número pensó acerca del matrimonio ideal y lo escribió. Pueden leerlo acá: El matrimonio ideal 




REVERBERANCIAS Y LUCIÉRNAGAS

La celebración: Entrevista a Leila Guerriero

Entrevista: Lourdes Landeira, Viviana García Arribas, Gabriela Stoppelman

Edición: Viviana García Arribas, Gabriela Stoppelman

Foto de Portada: Diego Sampere 

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 Instalación: Christian Boltanski

Tal vez, la luz sea uno de los personajes más esquivos y presentes en las escrituras de todos los tiempos. Hay de las primigenias, que nacen mundos, y de las brumosas, capaces de borrarlos de un plumazo. Hay de las que se encienden por adherencias, huérfanas que solo salen de lo oscuro en la estrechez del abrazo. Y hay las de potencia autónoma, solitarias que únicamente brillan en su refugio inverso, entre sombras y repliegues.

Y también está la parentela de la luz. En el azogue de las iluminaciones, viven los resplandores enfermos: primos que siempre pensamos lejanos, coquetean de costadito con la muerte, mientras la esquivan. De frente, el espejo no escatima detalles: donde escribe la biografía de lo velado, multiplica la confusión de lo perdido.

Sin embargo, siempre irrumpe un pasillo, donde los tantos parecen quedar claros. Un umbral que no indistingue lo real de lo ilusorio. Una franja, libre de apagones, donde los contrastes no nacen de la luz, sino que la imprimen. Así, sobre el papel, la claridad viene siempre parida en sonido.

Por esa zona avanzan los textos de Leila Guerriero, en titilar y reverberancia. El titilar da una escritura luciérnaga, que aprovecha el espacio entre luz y oscuridad para encontrar el tono donde pintar, filmar y fotografiar al mismo tiempo. “Luciferina” se llama la sustancia que permite estos claroscuros a los gusanos de luz. Luciferina, el jugo que rezuman los “frutos extraños” de Leila.  

La reverberancia, en cambio, refiere a la mezcla, a la adición entre un sonido y su reflejo. No es el eco, no es un resto. Tiene que ver con la profundidad. A mayor reverberancia, mayor sensación de lejanía: “(…) esa materia frágil que- como los huracanes, como las mejores tormentas- solo puede contemplarse a la distancia.”

CANÍBAL LECTOR                     

               “Yo, lo confieso, le debo mi educación en periodismo al periodismo bien hecho que hicieron los demás: canibalizándolos, me inventé mi voz y mi manera.” (“Zona de obras”)

En un momento decís “los lectores severos nunca fuimos multitud” ¿Qué es un lector severo?

Creo que la pregunta es, ¿quién lee el tipo de periodismo que requiere un poquito más de paciencia? Leen, primero, los mismos periodistas o estudiantes de periodismo. Por obligación a veces, pobres, porque les enchufan estas cosas. Y después está el otro lector, el que yo llamo lector severo, un lector más sofisticado. Me refiero al que puede leer Anna Karenina, Madame Bovary, a Richard Ford, alguien que probablemente tenga una biblioteca, que lee ensayo, poesía… Ese tipo de lector no es la multitud.

También hablás de “canibalismo” al hablar de vos como lectora, canibalizar recursos para escribir, que es otra manera de leer, ¿no?

Es que yo creo que todo el mundo que escribe hace eso. Inevitablemente, cuando vas leyendo, cuando pasás por la prosa de otros, algo de esa prosa te queda pegado. A veces, al leer en perspectiva tu propio trabajo, descubrís de una manera muy clara de dónde vino ese recurso. A mí me ha pasado: ver que tal recurso que uso viene de Scott Fitzgerald, por ejemplo; o de Lorrie Moore, o de Alejandra Costamagna, una autora chilena que me encanta. Se te van quedando cosas…

Una herencia como la de los padres, que sólo reconocés después…

Tal cual. Y no es intencional. En el cine, veo esas intenciones de manera más clara. De pronto, en una escena de una película que no me parece necesariamente magistral, veo cómo, en lugar de ir hacia adelante, la historia va hacia atrás. Y digo: qué bueno sería poder hacer esta estructura en un texto, ¿habrá manera? O mantener al lector durante tres páginas sin que sepa qué cuernos sucede o para dónde va la cosa, como a veces te pasa en alguna película. Creo que el cine tiene más que ver con eso, con la idea de la estructura. Pero en los libros se van quedando pegadas otras cosas de otros textos, climas, atmósferas…

ESCRIBIR LA LUZ

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Foto: Christian Boltanski       

        “No es grande: cuatro por cuatro apenas, y una ventana por la que entra una luz grumosa, celeste. El techo es alto. Las paredes blancas, sin mucho esmero. El piso de madera está cubierto por diarios y, sobre los diarios, hay un suéter a rayas –roto- , un zapato retorcido como una lengua rígida, algunas medias. Todo lo demás son huesos.”(1) (“La voz de los huesos”, “Frutos extraños”)

(…) un río de sustancia radiactiva- o unos cuantos párrafos retráctiles: viscosos.” (“Música y periodismo”, “Frutos extraños”)

En tus textos encontramos mucho la recurrencia de la luz y de lo viscoso…

La palabra “viscoso” aparece con mucha fuerza en tres textos escritos a lo largo unos dos o tres años. Después, dejé de usarla por completo porque me pareció que era un recurso, un adjetivo más, como un tic, digamos; o que no estaba encontrando otra manera de decir lo mismo –lo cual siempre es alarmante-. Aparecen otros adjetivos ligados a ese, como “brumoso” por ejemplo, relacionado con la luz. Creo que uno a veces necesita establecer un contraste entre algo potencialmente agradable y algo que tenga una pincelada más enfermiza. La luz que entra en la primera escena de la crónica sobre los forenses (1), esa luz brumosa, enrarecida, como de hospital, de alguna forma sirve para establecer un guiño: es luz, pero es una luz enfermiza. Los adjetivos sirven para que entre la mirada propia sin poner una opinión explícita. Vos ponés “viscoso” y estás opinando algo, aunque no estés diciendo “me parece que es horrible”.

Darle un juicio de valor al adjetivo.

Exacto. Entonces, a mí me gusta ser un narrador un poco distante del objeto que narro, y el uso de adjetivos me sirve mucho para eso. Casi todas mis crónicas, salvo las que son crónicas de viaje, están escritas en tercera persona, con lo cual la mirada y la intromisión del autor son claras y están ahí todo el tiempo. Por otra parte, escribir no es diferente a hacer un documental o a pintar o a hacer fotografía. Vos imprimís la luz en un texto como imprimís la luz en la fotografía. La luz te sirve para hacer contrastes entre el adentro y el afuera. Por ejemplo, el perfil de Aurora Venturini transcurre todo el tiempo dentro de su casa y ella aparece como un animal dispuesto a saltar en cualquier momento. Y termina con una llamarada de luz de sol, una especie de apagón inverso: salimos de esa oscuridad de la cueva y, de pronto, la cámara sube y te encontrás con la luz externa. Además, el afuera  es otra cosa que a ella le era extraña y, probablemente, ella sonara extraña para ese mundo. Pero también eso tiene un sentido. Marca un contraste entre la vida de esta mujer, completamente entregada a la escritura, a la literatura, una mujer que una vez encontró una araña, la criaba y decía que hablaba con ella.

LUZ DE DOBLE FILO

            Ruben Sotera

Foto: Ruben Sotera

                  “Estos textos rizan una y otra vez el rizo de preguntas sin respuesta – he sentido la misma pulsión, las ganas tensas, morbosas, de permanecer en ese lugar donde cualquier movimiento en falso podría derrumbarlo todo, conteniendo el deseo de hundir los dedos como garfios en el corazón de esa materia frágil que- como los huracanes, como las mejores tormentas- solo puede contemplarse a la distancia” (“Zona de obras”)

Y hablando de cuestiones viscosas, ¿cómo te llevás con  la “forma pregunta”? Nosotros a veces sentimos que, en las entrevistas, es mejor proponer temas para conversar, que la pregunta. Por más que la pongamos de una manera amable, siempre delata una intención de sonsacar al otro.

Bueno, se trata de eso, de que el otro te cuente. Lo que pasa es que hay distintos tipos de preguntas y distintos tipos de entrevistas. No es lo mismo entrevistar a un ministro acusado de robar plata, que a un presidente en ejercicio, a un escritor o a un señor que tiene un puestito en la calle. No porque sean de niveles intelectuales distintos, sino por el tipo de preguntas que hacés. A un político sospechado de corrupción, en algún momento, tenés que hacerle algún tipo de pregunta necesariamente confrontativa, incluso, en tono cortés.

¿Pero vos elegís tus entrevistados para no tener que hacer ese tipo de cosas?

Sí y no. No soy una periodista que esté sondeando temas vinculados con determinadas cuestiones álgidas. Sí he entrevistado gente difícil: asesinos, asesinas -como Graciela Aguirre, que había matado a su marido a cuchilladas-, tipos sospechados de todo tipo de matufias, y también entrevisté a personas presas en cárceles. Anduve por la Isla Maciel haciendo crónicas entre banditas de pibes que se dedicaban al secuestro, al afano… Los temas que me interesan son súper diversos. Desde los más culturales hasta estos que son marginales y también, asuntos que suceden entre las clases altas y sofisticadas. Los temas no siempre son elegidos por mí. A veces hay encargos, como lo fue el perfil de Roberto Arlt, que es de esas cosas que te encantan, pero que te las propone un editor. Y, en el fondo, cuando uno dice que sí a algo, también está eligiendo. Muchas veces me han propuesto perfiles de determinadas personas- como Maradona o Messi o la presidenta Cristina Fernández- y he dicho que no, porque sé que no voy a tener acceso a esa gente. El límite es ese también. Si la persona está viva yo necesito tener un buen acceso. No una buena relación, un buen acceso que me permita ver su vida en primer plano. Si no, me sentiría muy extraña. Es como querer meterte en la vida de alguien que no quiere que lo hagas. Y creo que, en el fondo, uno pone el ojo en ciertas cosas porque quiere decir algo de uno. Algo que tiene que ver con sus intereses, con los rechazos, con sus ideas políticas, sociales. La nota de los forenses, por ejemplo, no tiene una sola opinión. No aparezco yo diciendo “yo pienso que los milicos, tal cosa”, sin embargo, cualquiera que lea la nota se dará cuenta de qué es lo que puedo pensar. Es una voz opinante en ese sentido, mucho más opinante que la voz que aparece en algunos perfiles como el que hice hace poco sobre Gustavo Grobocopatel. Es un empresario. Le dicen “El rey de la soja”. Generó un método de siembra y cosecha de soja que es muy controvertido. Bueno, en mi perfil, no hay una postura tan clara como, “lo que hace este hombre es fantástico o es pésimo”. Y me parece saludable eso. Supongo que lo que te mueve al elegir es una curiosidad de algo que no llegás a comprender del todo y que, por algún motivo, conecta con tus inquietudes sociales, culturales y políticas.

 Tim Noble y Sue Webster - Fotografias de Esculturas realizdas basura doméstica chatarra y animales disecados

 Kiss of death-Tim Noble & Sue Webster

MALABARES DE LA LUZ

                                                                   El cartel del supermercado latía como una inmensa branquia. Los tomates titilaban como linternas rojas. Y Ale- inmerso en su mundo de cuatro ciudades- volvía a ser, como siempre, un desconocido. El hombre que me vende la comida.” (“El amigo chino”, “Frutos extraños”)

                                “Si cada texto está afinado en un tono, yo quiero pensar que “Los suicidas del fin del mundo” está afinado en el sonido del viento” (“Tan fantástico como la ficción”, “Zona de obras”)

Marcás mucho la tendencia de la crónica latinoamericana hacia lo trágico y, en eso, señalás tu decisión de ocuparte también de estos seres que están todos los días alrededor de nosotros, que afectan permanentemente nuestra existencia, pero a quienes nadie les da una cámara. ¿Qué función cumple la escritura en el “dar espacio”?

Sí. Creo que desinvisibilizar es una función importante de la escritura periodística. También puede serlo de la escritura de ficción, por supuesto, pero me parece que la escritura periodística es, en parte, movida por eso. Y no sólo visibilizar gente anónima. Me parece que una mirada en primer plano sobre algo muy cotidiano, visto como si fuera la primera vez, también es una función del periodismo. Me parece que visibilizar no quiere decir sólo sacar a la luz cosas oscuras u ocultas de todo el espectro social, sino también hacerle pensar a alguien algo que no había pensado de esa manera.

Como cuando investigás el malambo, en “Una historia sencilla”.

Tal cual. Eso estaba ahí, a cuatrocientos kilómetros de acá y nadie lo había contado.

¿Alguna vez pensaste o asociaste esto de visibilizar a lo poético?

No.

Vos manejás el lenguaje poético. ¿Qué es lo poético para vos?

Acabo de leer un libro fantástico, de Matías Rivas, un poeta chileno que a mí me encanta. Su último libro de poemas tenía un titulo fenomenal: “Tragedias oportunas”. Y claro, terminás de leerlo  y salís como electrificado. Es muy potente el trabajo que hace un poeta con el idioma. Y cada vez que leo poesía de la que me gusta, siento que el trabajo que hacen los poetas con la lengua es casi como el de malabaristas sin red, mientras que todos los demás chapoteamos en el barro. Yo tomo muchos recursos de la poesía. Me parece que la prosa a veces necesita de cierta lírica para alzarse. En “Una historia sencilla”, el libro sobre el malambo, hay instancias, que debían ser pocas, porque iban a ser muy explosivas, muy alzadas respecto del resto. Por ejemplo, las descripciones de los bailes. Estas partes del texto están basadas en la lírica lorquiana, digamos. Claramente, hay algo ahí que tiene que ver con la luna y los gitanos y la cosa de la sangre. Yo me acuerdo que terminé esos párrafos y salí a correr y me iba recitando los fragmentos de “La luna bajó a la fragua, con su polizón de nardos” y, qué sé yo, volvía y seguía escribiendo.

 Christian Boltanski - Le theatre dómbres 1984-1997 Le theatre dómbres-Christian Boltanski 

Para vos el tono es muy importante.

Sí, el tono. Piglia tiene grandes reflexiones respecto de eso. En “Los diarios de Emilio Renzi” se puede ver cómo el tono termina siendo el todo, en definitiva. Sí. Todo texto tiene que tener, si funciona bien, una música de fondo. Por supuesto, hay algo que es el estilo y es muy difícil separar una cosa de la otra. Pero ese estilo no puede ser tan rígido como para que todos los textos suenen igual. Yo intento que cada texto tenga su propia banda de sonido. El trabajo con las palabras es también un trabajo auditivo.

¿Y el tema te determina el tono?

Sin duda. El texto de los forenses, por ejemplo, no tiene casi adjetivos, es muy parco. Incluso la forma en la que, al principio, los huesos son tocados por Patricia Bernardi, casi como si fueran cosas por las que se siente afecto, cariño.  Y después se describe a los esqueletos como criaturas marinas. No hay nada del orden de lo terrible, lo macabro. Eso es una búsqueda consciente, dejar fuera de campo todo lo que tenga que ver con el horror. ¿Por qué? Porque los forenses no agarran un hueso y dicen: ¡Ahhhh! ¡Este hueso…!

Eso diría uno…

Claro. Y lo que tenés que mostrar es lo que les pasa a ellos, no lo que te pasa a vos con eso. Ese texto es muy parco porque no tenía sentido recargar una situación tan horrorosa con más tragedia todavía. El tono que se busca es un tono casi monocorde. De hecho, hasta se borra el tiempo, se borran los lugares. Se dice: hoy es martes pero es igual, hoy es miércoles pero es igual. Después, en otros textos, como en el de Nicanor Parra, necesitaba reflejar un contexto más volcánico, el señor de pelo blanco parado contra las rocas negras del Océano Pacífico. Estás hablando de un poeta, un poeta que es una rabia viva, bueno… ahí, para tratar de ser un buen vehículo de eso que te pareció que viste, tenés que usar algo mucho más expresivo. Cuando describís a un bailarín de malambo, para que el lector entienda la potencia de ese baile- que no es tacatá-tacatá como lo veíamos en los bailes del 25 de Mayo en el colegio- necesitás cargar esa prosa de algo que contagie en el lector esa potencia. Porque si establecés un texto muy parco, muy chato, muy monocorde, el tipo no va a terminar sacudido por la emoción.

¡Qué trabajo!, ¿no? Hay ahí como una generosidad, un correrte para dar el tono justo

O de egoísmo, porque en el fondo lo que querés es que te quede bien.

¿Sólo eso? ¿Cómo harías para que te quede bien sin la generosidad de darle el lugar al otro?

Es que eso de darle el lugar al otro está en la base del oficio. Siempre estás contando historias de otro. El periodista no le importa a nadie, digamos. Salvo que te pidan un texto autorreferencial sobre tu relación con tu padre, o con el tabaco o con el café con leche. O una crónica de viaje.

Pero no es muy usual ver este espacio que se le da al otro.

Cuando están las cosas bien hechas, debe ser así. Creo que los buenos periodistas van por ese lado: Martín Caparrós, Gabriela Wiener, que es peruana y hace un trabajo estupendo con la primera persona. Creo que ese movimiento de ponerse en el lugar del otro, de ser otro, como decía Tomás Eloy Martínez, está en la base del periodismo. Ahora, eso de correrte para lograr el tono creo que, en el fondo, tiene que ver con el ego, con querer que el texto te quede bien, con hacer todas las operaciones necesarias para que el texto quede como querés que quede.

Uno se corre, pero no se va.

Claro. Creo que escribir implica un ego muy importante. Uno lo puede tener concientizado, domado, pero se trata de traer algo al mundo que no existía, que no estaba antes de que vos te pusieras a escribirlo. Es como pintar un cuadro, un acto de egomanía completa. Traer algo al mundo.

 Carolina Dieguez

Carolina Dieguez 

¡LADRAN, SANCHO!: AFINEMOS LA LUZ DE LO REAL

 

                “No sé dónde ni cómo escuché por primera vez la palabra bovarismo. Una definición a mano alzada permitiría repetir con Wikipedia que el bovarismo es el “estado de insatisfacción de una persona, producido por el contraste entre sus ilusiones y la realidad, que suele frustrarlas”(“El bovarismo, dos mujeres y un pueblo de La Pampa”, “Zona de obras”)

¿Eso de agregar algo al mundo no será lo que de la escritura se mete entre las ilusiones y lo real?   

El bovarismo es una cosa siniestra. Siempre me pareció muy pernicioso, muy despreciable. El error de paralaje entre el deseo y lo real. Me parece que el bovarismo no habla de ilusión, sino de una completa pérdida de la generosidad, porque esta mujer arrastra a toda su familia a un desastre completo, con estas ideas locas… me parece que en este sentido la ilusión de Don Quijote es mucho más saludable. En principio, se hace daño a sí mismo y es casi un utopista. Madame Bovary no es una utopista, es una mujer, que…, bueno, bueno, no se fija en gastos, digamos, le caga la vida a su marido, tiene una hija y la deja ahí tirada… Una persona con un divorcio entre el acto y la consecuencia.

Igual, hay una brecha entre la ilusión y lo real, sin llegar a ese estado de la Madame…

Sí, vivimos negociando todo el tiempo entre lo posible y el deseo. Y ahí pintan cosas terribles como la frustración y todo eso. Y uno tiene la fortuna de haber reducido un poco el espacio. Yo creo que no por nada me dedico a escribir historias, entre comillas, reales. Reales en cuanto a lo que yo veo. Yo tengo un sentido de la realidad muy fuerte. No soy un ser con pajaritos en la cabeza. Siempre tengo un mapa de mil posibilidades, en la vida cotidiana, incluso.

Lo que no significa sin vuelo.

En absoluto, pero tengo los pies bien plantados en la tierra. Y tengo, además, una veta, no controladora, pero sí muy previsora, ante un panorama, cual fuere. No sé, me voy a entrevistar a un tipo a Saavedra y me planteo la posibilidad de que no esté, de que me vaya a quedar sin pilas en el grabador y no haya un kiosco cerca y entonces, llevo pilas, ese tipo de cosas hago. Cuidado, cuidado, cuidado. O sea, no veo nada encomiable en esta cosa que suele verse como: “Ay, él es un cabeza hueca, pero es tan bueno” La gente suele justificar esta irresponsabilidad en cierto desdén por establecer una relación con el mundo en la que todos, más o menos, compartimos responsabilidades. Y yo no me tengo que hacer cargo de las voladuras de cada uno.

 Joseph Cornell

 Mille nuits-Denise Deschênes

EL ÍNTIMO REFLEJO DE LO SINGULAR

                                                              Para mi padre que me entrenó en el rudo oficio de las distancias largas” (Epígrafe de “Zona de Obras”)

Tomando la historia del Malambo, por ejemplo, cuando terminás el libro, ¿te desvinculás por completo del entrevistado?, ¿con el tema?

Sí. Con el tema sí. Muy difícilmente vuelva a escribir algo sobre el festival de malambo. Pero con la gente –con Rodolfo (campeón de malambo, protagonista de “Una historia sencilla”), en este caso- a veces, sigo en contacto. Rodolfo vino a casa en marzo, tomamos el té con él y su hijo Benicio. Me interesa de verdad la vida de él y de su mujer Miriam, me interesa el trabajo que hace y trato de darle una mano. Pero no me pasa con todo el mundo. Y con algunos de los forenses también.

Hay algo extraño en esto que nosotros llamamos “género literario de la entrevista”. Estamos conversando con vos y, quizás, nunca más nos volvamos a ver.

En realidad, la entrevista es antinatural. Larissa MacFarquhar, periodista en “The New Yorker” dice: para un perfil, vos le preguntás a una persona cosas que socialmente sólo está permitido preguntarle a alguien en una cita amorosa. Y es verdad. Y otra cosa interesante que ella dice: después de hacer los perfiles -Larissa pasa mucho tiempo con la gente-, los lee, los publica y, después, muchas veces la gente la invita a almorzar o a tomar un café. Y ella trata de esquivar esa circunstancia, porque sabe que siempre es una desilusión para el otro. No son amigos. Obviamente que puede haber una corriente cargada de simpatía, de interés, de curiosidad. Pero la instancia de la escritura funciona con un fuerte desapego. Pocas veces el flujo continúa y está bien que sea así. Si no, uno tendría un millón de amigos, como Roberto Carlos.

Claro. Y yo destaco el momento de la entrevista, y también el momento del después, sobre todo para el que edita, porque en ese después nosotros seguiremos con vos aunque te vayas.

Para mí es un momento sumamente natural. Es raro, claro. Alguien extraño te está contando cosas de su vida que por ahí nunca le contó a nadie.

Y a su vez, nosotras venimos con unos saberes previos que no tienen que ver con vos estrictamente, si no con tu escritura.

Sí, es una sensación extraña.

No sé si en algún otro tipo de actividad se genera algo con estas particularidades.

Bueno, sí. En situaciones horribles como un juicio, por ejemplo, donde te hacen preguntas. Pero eso es más inquisitivo. O en el psicoanálisis. Creo que si te analizás ahí aparece algo, pero es completamente diferente. Además, si hacés un análisis largo, no te vas del analista a las dos semanas. Pero sí, la entrevista es una cosa rara. Se parece mucho al trabajo que hacen los etnólogos y los antropólogos en terreno. Cuando recaban información para reconstruir las formas de vida de un lugar, las entrevistas que hacen son muy parecidas a las entrevistas que hacemos los periodistas. Esa cosa de ir muy atrás y ver de dónde vienen las costumbres para tratar de entender un mecanismo social. Eso es muy, muy parecido.

 Christian Boltanski  - les ombresles ombres, 7 bougies-Christian Boltanski

QUE NO TE ECLIPSE PEROGRULLO

                                    “Perogrullo es, más que nunca, un dios poderoso, incuestionable” (“Frutos extraños”)

Hay unas características que vos marcás de tu pareja que son valentía, elegancia, serenidad y coraje. ¿Cómo se verían estas características en la escritura, si es que las podemos trasladar?

Creo que todo eso lo veo, si pienso en los autores que a mí me gustan. En la literatura de ficción, tenés un cuento de Lorrie Moore que se llama “Esta es la única clase de gente que hay aquí: balbuceo canónico”. Es un cuento sobre un bebé con cáncer, aparentemente escrito a partir de una experiencia propia. Para escribir eso hace falta coraje y hace falta elegancia, porque si no lo escribís de manera elegante, puede llegar a ser puro morbo, del principio al fin. Empieza con una escena feroz, la madre descubre materia fecal con sangre del bebé en el pañal, siguen las consultas con el oncólogo, la expresión del niño, el cuerpo del niño. Esto está puesto de una manera terrible y es un cuento muy elegante, muy corajudo, no sé si es sereno. Creo que no se lo puede escribir ni leer en estado de serenidad porque es muy evidente la fragilidad del cuerpo, en este caso, un bebé. Es terrible la situación de no poder intercambiar el cuerpo con esa persona. Creo que esas son las cosas que yo busco cuando escribo.

¿Una potencia serena?

Serenidad para contar una situación terrible. A mí me dan mucho repelús las prosas que se ocupan de realidades espeluznantes de manera espeluznante o de una manera pietista, digamos: “¡Ay! ¡Pobre, esta gente…!”. Creo que es mejor algo descarnado. Lo otro ya lo sabemos: pobre gente pobre, digamos. No hay nada nuevo. Contame algo que no sepa, algo que me mueva a hacer otra cosa. Y, después, creo que todo esto tiene que ver con buscar un lenguaje elegante pero potente. La elegancia está en tratar de trabajar en contra del lugar común, en contra de la certidumbre, del perogrullo. Para mí es la batalla contra el lugar común desde la mirada y desde la escritura, tratar de no mirar como miran todos, hacer una lectura más oblicua y no reduccionista. Y esto termina siendo potente, elegante y sofisticado.

 Christian  Boltanski  01

 Instalación – Christian Boltnaski

EN LOS BORDES DE LA LUZ              

                                                  “Pero lo que te traía a la realidad era lo asociado. Lo asociado. -Los juguetes. (“La voz de los huesos”, “Frutos extraños”)

En la nota de los antropólogos hablabas de “lo asociado”. Lo vinculé con esto que decías de la mirada oblicua, no mirar el centro de la mesa sino a los lados…

Hay dos cosas: Primero, lo asociado podría llegar a vincularse con el tipo de personas y el tipo de historias que yo cuento. Si hay algo que tienen en común, es que nunca son historias del centro o, si lo son, están tomadas tres años después de que hayan estado en el centro. Por ejemplo, el perfil de María Luján Rey, la mamá que perdió a su hijo, Lucas, en el choque de trenes de Once. Murió aplastado y lo encontraron como tres días después. A mí me interesó esa mujer desde el minuto uno en que la vi en televisión. Yo pensaba: a esta mujer le pasaron, en tres días, las peores cosas que le pueden pasar a un ser humano en una vida: el hijo desaparecido, la incertidumbre, la búsqueda infructuosa, la desesperación, el ninguneo por parte del Estado, la policía que le decía que el hijo podía haberse escapado con una novia, el ver la alegría de la gente que encontraba a sus familiares vivos en los hospitales, mientras ella seguía buscando. Y, finalmente, que te devuelvan a tu hijo muerto y todas las preguntas que eso genera: ¿Estuvimos en algún momento a tiempo de encontrarlo y salvarlo? ¿Se murió ahí porque no lo buscaron bien? ¿Habrá sobrevivido horas? Y la culpa que puede generar saber el sufrimiento de un hijo a pesar de saber que uno hizo todo lo posible. Aparentemente, el chico murió por el impacto, pero igual… Eran todas preguntas que a mí me aparecieron en el momento, aunque fui a buscar a María Luján dos años después y ahí hice su perfil. Otro: Palito Ortega. Un tipo que tuvo su esplendor en los sesenta y yo le hice un perfil hace dos años. Las historias de Homero Alsina Thevenet, claramente un actor secundario. Fogwill, un escritor importante pero no central, digamos. Laborde: no es Cosquín, es Laborde. Corrido del centro, en la periferia. Esa periferia puede estar en las clases muy altas, también. Me interesa eso: lo que no es Maradona, lo que no es Vicky Xipolitakis, lo que no es la trama de la corrupción. Por otro lado, en los escenarios concretos, creo que lo asociado tiene que ver con algo que los periodistas llamamos los detalles significativos. Bioy decía que la vida entra por los detalles. Creo que, si vos escribís una crónica, el desafío es llevar al lector a eso que vos viste. Cuando yo voy a ver al gigante González a Catamarca o cuando voy a ver a Homero Thevenet, en su casa de Montevideo, o cuando voy a ver a los forenses a su pozo, o cuando voy a Las Heras -el pueblo de los suicidas- en la crónica, conviven siempre dos tiempos: el pasado y el presente. Del futuro, no podemos saber. En general, ese tiempo presente es el que el cronista comparte con la gente, pero lo que uno va a contar es algo que sucedió en el pasado. El lector tiene que sentir que esa historia pasó, que tuvo principio, medio y final. Vos tenés que dar el sentido de cancelación, para que el lector pueda entender esta burbuja en la que conviven dos tiempos. Es claro el caso de los juguetes en el foso de los forenses, esas cosas en sí hablan de la realidad. Por ejemplo, en una crónica que no se publicó nunca, hay un perfil de una chica transexual en Córdoba. Yo pasé como una semana en la casa de la familia y, en un momento, me di cuenta de que muchas de las puertas de la casa tenían abajo como un cuadradito roto y emparchado. Y se me dio por preguntar qué era. La hija menor me contó: habían tenido que poner parches, por las patadas que daba el padre a las puertas, en sus ataques de furia. Eso me abrió otra cantidad de cosas para explorar, buscar huellas de la gente en las cosas y en el espacio. En algunos casos, por ejemplo, el viento en “Los suicidas de Las Heras”, es también una cosa asociada. La gente no se suicida porque hay viento pero, de alguna forma, suena como algo enloquecedor que, además, estaba en el discurso de ellos, el viento como una especie de amenaza, de destierro…. Bueno, a veces un detalle significativo sirve para construir la música de fondo y el sentido del texto.

 Manazanapunk

Pensaba en la tapa de “Frutos Extraños”, en cómo podríamos asociar la imagen a tu manera de escribir,  unir partes y formar un todo después.

Sí, es muy linda. Yo la llamo mi manzanita punk, me la propuso la editorial y, apenas la vi, dije que sí. Creo que tiene muchas cosas interesantes. Primero, esta cosa un poco salvaje, un poco furiosa, como anárquica, de ir contra el sistema de lo políticamente correcto en la escritura, contra el lugar común. Por eso me gusta que los alfileres unen, pero son a la vez muy agresivos, porque lastiman. El alfiler de gancho es, también, un elemento completamente popular para reparar algo indefectiblemente roto. Y, a su vez, hay una cosa ortopédica, de unión de dos cosas que no quieren estar juntas. Y, a veces, esto pasa en los textos. Por ejemplo, en el texto del gigante, cuando  dice: “para mí la altura nunca fue un problema” y viene su mejor amiga, la enana, y agrega “Para Jorge la altura siempre fue un problema”. Eso de juntar dos cosas que no encajan, la versión de la persona y la de otro, que viene de afuera y dice: “No, pará, no es así”.

“PLIC”: EL SALTO DE LA LUZ

          “Por cosas como ésas me gusta la realidad: porque si uno permanece allí el tiempo suficiente, antes o después ella se ofrece, generosa, y nos premia con la flor jugosa del azar.” (“Tan fantástico como la ficción”, “Zona de obras”)

De muy chica, ¿escribías ficción?

Sí, como todo el mundo que empieza a escribir. Y mirá: pasa algo raro. A mí me llama la atención cómo los periodistas jóvenes o la gente a la que uno le da clase tiene una carencia de lectura terrible y, aun así, quiere escribir. Es raro eso, ¿cómo sin leer se te ocurre escribir? Hay algo ahí que no comprendo. Y digo que no comprendo porque yo, seguramente, quiero escribir porque alguna vez empecé a leer y una tiene esa cosa egomaníaca de: “yo lo voy a hacer mejor”. Horrible, ridículo. ¡Mejor que Cortázar! Pero creo que hay algo ahí, uno quiere superar a su maestro. Matar al padre, si querés. Me acuerdo cuando leí “Pedro Páramo”, de Rulfo y también “Crónicas Marcianas” y “El país de Octubre”, de Bradbury… este ejercicio que te hace la lectura, te captura, te saca del mundo y aprendés a meterte en una cápsula. Y, en algún momento, ¡Plic! Pegás el salto al otro lado y ese salto te lleva a escribir ficción. Cuando yo empecé, las cosas que escribía eran casi de ciencia ficción. En un cuaderno Rivadavia, escribí una especie de novela inspirada en un novelista francés muy de moda en esos años: René Barjavel, el autor de “Los caminos a Katmandú” y “La noche de los tiempos”. “La noche de los tiempos” es una historia de un mundo sumergido, desde donde extraterrestres secuestran a gente de la tierra. ¡Y yo escribí  un plagio a Barjavel! y también poemas, poemas de amor y con rima. Eran horrorosos, pero bueno…

¿No sentís nunca la necesidad de inventar?

No, me parece mala praxis. Si sos periodista, no inventás ¿Cómo vas a inventar? La materia prima con la que uno trabaja es la realidad. Ponele que en algún momento haya estado en Laborde, con un día fantástico, de sol, pero que a mi narración le conviniera mucho que fuera un día gris. Eso está mal, no lo podés hacer.

¿Pero inventar una historia a partir de recortes de la realidad?

No tengo la vocación de hacer eso. Lo que digo es que, dentro de lo que yo escribo, no me pasa. Si en algún momento me planteara hacer, con esa materia prima real, una cosa literaria, la tornaría en una novela.

A eso íbamos.

Bueno, con “Los suicidas del fin del mundo”, alguien me sugirió que escribiera una novela. Y a mí me pareció absurdo. Era ridículo… hay novelistas que trabajan con mucha investigación. Vargas Llosa se fue al Congo para escribir una historia. No tiene la obligación de hacerlo, pero es su decisión. El punto es el pacto de lectura con el lector. Si vos le decís “Esta historia que le voy a contar es real” y le empezás a meter chorros de ficción, lo estás engañando. Ahora, ponerme en mi escritorio a inventar un cuento, no, no.

¿Y escribir algo sin argumento?

¿Cómo sería eso?

Un poema.

No, no. Poemas escribí hasta los veinte, más o menos. Escribo columnas de opinión y otras, en “El País”, que son -en la forma y en el fondo- muy parecidas a un poema. Hablan de cuestiones relacionadas con la universalidad de la miseria humana, el amor, la pérdida… Pero verdaderamente, no es una forma de la que yo sienta la necesidad. Siento que lo que hago me sirve para decir lo que quiero decir. No digo que no lo vaya hacer nunca en la vida, sino que ahora no me siento con esa sensación. Desde que hago periodismo, no volví a sentir la necesidad de meterme con la ficción. Y eso también se relaciona con que pertenezco a una generación de periodistas que no ve a la ficción como aquello que la legitima, no ve en la ficción el rito de pasaje para transformarte en un escritor, digamos, serio. Me parece que todos los escritores de generaciones anteriores, hasta Tomás Eloy Martínez, ponen en la ficción el lugar de legitimación. De hecho, Walsh se murió rabiando por no poder volver a escribir novelas. Tenía una obra increíble, con sólo el “Diario”, sin “¿Quién mató a Rosendo?” ni “Operación Masacre”, estaba hecho. Él entregó hasta la vida en el oficio periodístico y, cuando leés el “Diario”, pensás ¿por qué tanto reconcomerse con no poder terminar esa novela?

Son necesidades distintas y una le quedó insatisfecha.

Sí, totalmente. Pero también hay una presión de la generación. Me parece que, en ese sentido, los periodistas somos ahora un poco más libres. Hay periodistas que hacen ficción, hay los que no. Y quien hace ficción no la hace para que alguien lo valide. Si me pongo a pensar, trato más con gente del mundo de la ficción que del periodismo. Tengo un solo amigo cercano periodista, y muchos más que son poetas. El cuerpo de lectura que yo transito tiene mucho más que ver con lo que ellos transitan, viven, escriben y leen que con el mundo periodístico.

 thomas Demand - Destellos fragmento

Destellos fragmento-Tomas Demand 

ALTA COSTURA

                             Porque no tengo fe en esas crónicas que no tengan fe en lo que son: una forma de arte” (“¿Dónde estaba yo cuando escribí esto?”, “Zona de obras”)

¿Juntás restos de lecturas, frases que te parecen poderosas?

No como elementos descolgados, pero sí recorto todo el tiempo cosas para ideas de columnas o para perfiles. De pronto, noticias, diarios. Me digo: a ver cómo estas tres noticias que salieron hoy en la tapa del diario- una de Japón, otra de Argentina y otra de Italia- están unidas por algo. Y someto el asunto a preguntas, y me pregunto si no estaré siendo arbitraria al unir esas tres cosas de tal manera… en el fondo es también un pensamiento un poco ensayístico.

Usás los alfileres…

Sí, eso. Pero que sean alfileres lo menos ortopédicos posibles. Que no se note la costura. Como editora, un trabajo que hago mucho, me fijo mucho en la costura. Cuando noto que alguien está forzando algo para hacerlo encajar en su tesis, me molesta, me siento muy irritada. Entonces, lo marco.

¿Te gusta dar clases?

Sí, doy muchas clases. Editar es un poco eso también. Son espacios donde se articula un pensamiento que una tenía medio difuso, medio desconectado.

O sea que ahí hay una relación parecida a la entrevista.

Sí, ayudás a personas a llegar a un lugar y, por ahí, después no los ves más.

¿Y correr?

A mí me gusta esto de correr, no necesitás nada más que vos, tu cuerpo y un par de zapatillas. Corro en cualquier lado por acá, por Chacarita. No me gusta correr por parques. Cuando voy de viaje, llevo mis zapatillas, pongo un pie afuera del hotel y corro. Además, al correr, se me ocurren muchas cosas para escribir. Luego, es un ejercicio de aguante como la escritura, de prescindencia como la escritura, tenés que prescindir de todo con la única meta de llegar. Tiene el mismo sentido y sinsentido que la escritura: corrés para terminar de correr, escribís para terminar de escribir. Es igual de cansador, de agotador, de solitario. No me gusta correr con nadie, ni con Diego, mi pareja. Es también aislarse del mundo, corrés más con la cabeza que con el cuerpo. Hay días en que salís a correr y ya sabés que todo va a estar mal, que vas a estar asfixiado desde el minuto uno al minuto cuarenta y cinco. Lo puede hacer cualquiera, no necesitás tener un caballo de cuarenta y cinco mil dólares, ni una cancha ni un avión a chorro, nada. Es muy físico, como la escritura. Nada más que zapatillas. Escribir podés escribir, incluso a mano. También, como la escritura, parece sencillo pero no lo es. El tema es la permanencia. Cualquiera escribe una carta de amor, pero no cualquiera sostiene la escritura durante veinticinco años. Y el correr es lo mismo. Podés correr el colectivo pero eso no te transforma en corredor.

De lo que leímos, parece que el momento en que más celebrás es cuando terminás de escribir. De todos modos, hay como un goce en el medio…

Sí. Las últimas instancias de la escritura siempre son muy gratas. Al principio, es como una tarea de resistencia. Después del cuarto o quinto día de escritura, empieza a aparecer el monstruo, empieza a abrir los ojos. Creo que uno lo hace todo por eso, ¿no? por entender que está surgiendo algo que se parece cada vez más a lo que quisiste hacer.

 Fotografia de la pelicula Corre Lola corre de Tom Tykwer.




ISLA EN LA ORILLA DE TUS MANOS

La celebración: entrevista a la escritora portuguesa Dulce María Cardoso

  ManoVerde

                                              Entrevista y edición: Gabriela Stoppelman

                                              Traducción: Lourdes Landeira, Marcela Molina

El agua llega justo hasta ahí y se retrae. La mano, ese archipiélago de cinco islas separadas por vacíos, no cede. Levanta la marea, por frustración o por entusiasmo, y redobla la lectura. Ahora las yemas son el mar que llega hasta la orilla de otros textos. En “campo de sangre”, de Dulce María Cardoso, encuentra  una ronda de cuatro mujeres que ventean sus cuerpos para alcanzar a un hombre- acantilado, de punta muy filosa. El tipo alguna vez soñó que era una bahía, pero se quebró del continente, de cabo a cabo. Desde entonces, no hace más que soplar correntadas que terminan en desencuentros y en engaños consentidos. La muerte y el deliro le circundan su frágil contorno. Un polvo amarillento torna rojizo y preanuncia el último tedio. Sin embargo, queda flotante entre la superficie y el fondo, porque lo profundo lo rechaza y el cielo le queda grande.

          Después, la lectura prueba pisar tierra en “El retorno”. La mirada también es un doble islote que busca un punto entre la colonia y la metrópoli, entre Angola y Portugal. Y ahí advierte que la fantasía del regreso camina detrás de su propia huella sin nunca alcanzarla. En eso se parece al archipiélago de la mano, con el tacto siempre un paso atrás de su propia orilla. El cauce no pasa de ahí hasta que un día, al cerrar el puño, siente un sudor arenoso y un rumor de agua reinventada. Entonces se desborda y escribe. En la franja de mar que se atreve entre sus vacíos, la mano arranca con silencio, se aferra a barandas carcomidas, enciende una luz tenue, pone a ritmo una luz turbia y planta el cuerpo de la letra. Entonces, en el litoral de la lectura, escribe.

ENTRE ISLAS DE NOCHE

 “Es necesario inventar todo muy bien para que la voz nunca falle, es un trabajo arduo hacer que todos los hechos coincidan, un trabajo minucioso que no admite errores, un trapecista sin red, el peligro estaba en todas partes” (*)

 dulce 3

  Los silencios de la mesa familiar en “El retorno” y los silencios entre Eva y el protagonista de “Campo de sangre” irrumpen en el hastío y en el terror cotidiano como una intensidad que delata la paz armada del rito. En “Campo de sangre”, el paso de un cortejo va tan sin palabras, que casi elude la muerte” la mancha negra avanzaba hacia la iglesia todas las casas le cerraron la puerta a la muerta, los hombres caminaban con los sombreros en las manos a pesar del sol, jadeaban desesperados en el camino escarpado”(…)“al regresar al banco, pasé junto al muerto con el Cuerpo de Dios pegado en el paladar, descubrí una santa que nunca había visto”: Siempre me interesaron los rituales colectivos o individuales. Pienso que es en la repetición donde damos la debida importancia a las cosas. Un hecho, un acto que nos habita, podrá nunca haber existido, precisamos de la confirmación. Por otro lado, los rituales- los religiosos o los laicos- tienen siempre que ver con una continuidad. A mí me interesa esa idea: siendo siempre los mismos, estamos siempre cambiando. En los rituales, prende siempre la repetición de uno mismo y lo que hay en nosotros siempre tan fugaz. Por eso las celebraciones que toman ese sentido repetitivo tienen que ver con mi idea del pasado. Por tanto, celebrar también es repetir.

Viaje fantasma o El hombre barco-Salvador Dalí
Viaje fantasma o El hombre barco-Salvador Dalí

Intentamos ser los mismos ya siendo otros. Y, bueno, en cuanto al silencio, él también está en muchos rituales. El silencio es terrible. Hasta puede ser una señal de extremo confort. No hay mejor intimidad que estar con alguien en silencio, si el silencio no es pesado, si no es un cuerpo. Pero también es verdad que el silencio es una negativa a llegar al otro. Somos, de hecho, inviolables. El lenguaje cumple con la totalidad de nuestra aproximación al otro, con nuestra manera de ver el mundo y ver al otro. Y, por lo tanto, si voluntariamente nos remitimos al silencio, estamos agrediendo al otro. Estamos diciendo: no quiero que llegues hasta mí, no quiero llegar hasta ti. Y, de ahí, las  situaciones de conflicto, como  la de Eva y su ex marido o la mesa de “El retorno”, que se preparaba para abandonar un país, para perder un tipo de vida, el silencio está ahí. Y ahí es el sitio donde el rompiente sobre la roca simula ser una desventura del azar. Total, es de noche en la isla, ¿quién va a encolerizarse por travesuras del viento? Entre la noche no dicha y el peso del silencio, los náufragos sostienen la superficie del mar.

EN EL PRINCIPIO FUE UNA ISLA

“¿No os acordáis del pasado/ni caéis en la cuenta de  lo antiguo?/ Pues bien, he aquí que yo lo renuevo: ya está en marcha, ¿no lo reconocéis? /Pongo en el desierto un camino” Is, 43, 18-19 (Un epígrafe de “Campo de sangre”)

Una inmensa isla sobre un mar de nada no podía ni siquiera sentirse sola, porque la soledad aún no se había inventado. Era una gran oportunidad para aprovechar el tiempo y ponerse a leer, pero tampoco había tiempo ni libros. Así que no resultaba urgente ni despejar las tinieblas ni acomodar el caos, ni ninguna de esas cosas que suelen hacer los dioses en los orígenes. Había que fabricar una biblioteca. De ahí salió el tiempo, una masa inmensa que- no más nacida- se fracturó en mínimas islitas. Entre parte y parte, quedaron transcursos fuera de mundo, un aire extranjero, una inminencia de lo hostil. Una leve atmósfera Camus. Cantos de libros, orillas de las lecturas: Sinceramente yo no sé responder si los epígrafes bíblicos construyen una historia en paralelo a la novela. La Biblia fue de extrema importancia para mí. Me interesaba que en “Campo de sangre”, en “ese cementerio para extranjeros” estuviese presente, más como un sentido metafórico de lo que es la vida. Por tanto, aproveché lo  aprovechable de la Biblia para esta novela, con una lectura meramente literaria y cultural. El hecho de que mi personaje esté fuera de la ética y pueda referenciarse con “El extranjero” de Camus… sí, en cierta manera, hay la misma indiferencia. Pero yo pienso que hay la misma indiferencia en todas las personas que se apartan de las rutinas, de las repeticiones. En verdad,  somos programadas desde muy temprano para etapa: ir a la escuela, hacer un curso, casarse, tener hijos, trabajar. Evidentemente, todo esto nos da una identidad en lo social que acaba por ser nuestra identidad, acabamos por moldearnos a ella. Pero, cuando se sale de esa rutina, ¿qué sucede? El hombre de “Campo de sangre” mató. El personaje de Camus mató. Uno por motivos pasionales, el otro no. Pienso que ambos personajes podrían ser ligeramente equiparables. Pero es en la diferencia donde se atisba una chance:  Si mañana será un día diferente como sugiere  el final de araña y mosca, pues no sé qué decir “(Él) no hace nada más que observar a la mosca y a la araña y esperar el día en que en que una mosca consiga liberarse de la tela, ganarle a la araña”. Creo que podrá ser diferente, si queda algo que pueda ser diferente,  porque la inercia provoca el no cambio. Todos los cambios son asustadores. Cada pedacito del tiempo fracturado se encuadernó entre dos porciones de silencio.  Esos fueron los patriarcas de la escritura. Después, mucho después, el agua los hizo andar.

ASPAVIENTO ISLEÑO

La piel como flan casero resecado y las arrugas como caminitos de canela”.

“El hombre fuerte puso el auto en punto muerto y escupió ruidosamente por la ventanilla la sequedad de la tarde que se alojaba en su garganta”.

Tenía que conectarse con un continente y a la vez fundarlo. Tenía que decidir si sería isla volcánica, arrecife coralino o si se atrevería a ser de esas que se incrustan en el canal de un río. Río, lava o coral, todo demandaba inauguraciones. Necesitaba un gesto, un abanico de gestos, ¿pero hacia dónde?, ¿pero hacia quién?: Los gestos tienen mucha importancia. Casi toda la comunicación con el otro se agota en el lenguaje. Esto tal vez sea el mayor castigo para nuestra especie. Los otros animales no hablan, es decir, no tienen un lenguaje tan elaborado, se comunican de modo completamente diferente. Nosotros estamos condenados a un lenguaje  muy insuficiente para decir lo que realmente sentimos  o pensamos. Sin embargo, está este artificio, esta idea  de que es suficiente  y más que suficiente. Si así fuera, no se entendería la soledad  en nosotros. Los gestos completan la comunicación con los otros. Por eso un gesto, una mirada puede significar más que una larga conversación. Y si de charlas hablamos, “Campo de sangre” conversa mucho con y sobre  miradas. “(las cuatro mujeres) esperan en silencio sin saber qué hacer con las manos y con los ojos (…) Los ojos, que ellas lo saben, solamente descansarán cuando estén cerrados” (…)La ex mujer dice que nadie pudo ver todo sin ser igualmente culpable”. Si así es, ¿todo “dios” es culpable? La verdad es esa, cada vez vemos, tenemos que actuar en conformidad con lo que vemos. Si sabemos de una injusticia, por ejemplo, y no hacemos nada respecto a lo visto, solo el simple hecho de haberlo visto- nuestra inacción- ya provoca culpa. De alguna manera, tenemos responsabilidad sobre lo que vemos.  Si todo dios es culpable, sí, será, evidentemente. Eso si la culpa también fuera interesante cuando habla dios. Pero no, pienso que no, la culpa casi exclusivamente nos la inventamos los humanos. Mientras la isla primera se perdía en cavilaciones, el tiempo se le colaba por las fronteras. Y tanto la agigantó, que no pudo más y se llenó de culpa. Ya eran tres en el archipiélago del origen: isla, tiempo y culpa. Detrás de todo, se agitaba un rumor de biblioteca.

 dulce2QUIROMANCIA ORILLERA

 “Las manos tienen tantas líneas donde se pueden perder, la línea de la vida, la del corazón y la de la salud, una cicatriz, líneas paralelas, perpendiculares, una encrucijada, la quemadura del horno, las uñas quebradas”

“Entrecerró el ojo izquierdo, así una mosca gusanera podía ser una mariposa verde, los sentidos son tan insensatos que debe ser por eso que los hombres perdieron la fe”

simulacro de la noche-Salvador Dalí
Simulacro de la noche – Salvador Dalí

Tanto vagar y casi sin decidirlo, la enorme isla empezó a narrar su cuerpo. El comienzo de la narración iba siempre sobre los talones del comienzo de su tiempo. Donde era posible el roce entre esos dos despuntes, algo de poesía destellaba. Y, como “nadie sabe lo que un cuerpo puede” (1), la isla- igual que el tiempo- se deshizo en quebraduras. Vuelta archipiélago, las manos fueron refugio de huellas, asomó el dolor entre las partes, mostró su rostro la insensatez de los sentidos. Y, entre todo eso, alguna voz apuntó la palabra libertad: Sí, todos los cuerpos narran cosas, con sus marcas cuentas historias. Salgo a la calle y cualquier persona que me mire podrá saber cosas mías a través de mi cuerpo. Por tanto, sí, los cuerpos cuentan historias. Ya los textos de las manos y eso de leer las líneas de las manos, aunque no tengo estudios acerca de eso, me gusta pensar que sí, que por el lado lúdico, estas tentativas humanas intentan anticipar el futuro y combatir este miedo de lo que nos espera. Y por eso en mis novelas están tantas veces estos juegos con el futuro. Porque nada más asustador que lo desconocido el futuro; por mucho que sepamos dónde estamos hoy, ahora, nunca podremos saber qué va a acontecer durante  el próximo minuto. Y eso es atemorizador. Ahora, vuelvo al cuerpo y a los sentidos. Los sentidos son la manera más espontánea de aprender la realidad, la forma más inmediata, como el nombre lo indica, del sentir. Pero la libertad tiene necesariamente que ver con el pensamiento, porque la libertad y la persona son construcciones humanas. Porque todo, el modo en que nos organizamos en términos sociales, nos aparta de esa idea de libertad, de esa idea mítica del hombre salvaje que corre libre, sin obligaciones. La vida nos lleva a la existencia de una economía, lleva a que la libertad sea muy comprometida y que existan verdaderamente esclavos. Por tanto la libertad política, social y la afectiva son conquistas y por eso tienen que ser necesariamente pensadas, y más que pensadas tienen que ser disputadas, batalladas. Sin embargo, los sentidos no son una hipótesis de la libertad. Por el contrario, creo que los sentidos son engañadores y contribuyen muchas veces a la no libertad. La biblioteca de fondo acomodó sus huecos. Tenía que moverse para no verlo todo, para no caer en la trampa de lo divino.

JADEOS ENTRE MAR Y TIERRA

                        “Le estaba agradecido por haberlo tratado a pesar de las uñas de perro…le curaron al herida pero no le cortaron las uñas, no les interesaron como enfermedad incurable, la médica le sonrió nuevamente y él tuvo lástima de ser lo que las uñas denunciaban, el enfermo se acotó en la camilla para mostrar el dolor que lo mordía y él se alejó casi llorando, fue por poco que no lloró, fue por muy poco.”

En el estreno de sus manos, la isla  probó el puñetazo, los ademanes, el saludo y la caricia. En esos juegos andaba, cuando descubrió el pulso: un latido con ritmo propio, bien proclive a cambiar con el viento. Entonces, la isla creó los vientos. Cuando yo escribo, no estoy preocupada  por el ritmo que la novela va a tener. Sucede  que el ritmo es elegido naturalmente con lo que yo tengo para decir. Nunca pensé: “ahora voy a hacer aquí un capítulo más largo”, “ahora uno más corto”.  Claro que hay diferencias de ritmos. Cuando en la novela cuento la escena acerca de cortar un pie es distinto a cuando describo un paisaje.  Por otro lado, la alternancia de otros discursos separados por comas me da rapidez. Gana más rapidez, pero no es una cosa intencional,  aparece en la escritura así. En cuanto al cuerpo y lo que el cuerpo argumenta, eso  sí.

dulce 8annette_messager_mes_troph_es_1987_2Nosotros somos animales muy resistentes y nuestros cuerpos experimentan el dolor de una forma para mí inimaginable. Lo sé por experiencia propia. Por lo tanto, de alguna manera, me fascina esa resistencia al dolor. Especialmente cuando percibí que, por ejemplo, en situación de peligro, nuestros cuerpos pasan a ver en blanco y negro para economizar energía. Eso para mí es fascinante. El dolor extremo provoca desmayo para evitar la posterior memoria del dolor, porque sería insoportable vivir la realidad con esa memoria y el miedo de que se repitiese el episodio. Y los vientos se animaron en los vacíos entre los dedos, probaron las distintas honduras de los vacíos, barrieron la memoria y acomodaron las cicatrices. Prometieron volver pronto, antes de irse hacia los confines. Allí depositaron la memoria del dolor. Lejos, pero dentro del mundo. Como quien guarda un tesoro peligroso, entre dos libros de la biblioteca.

ALBAS Y CREPÚSCULOS

 La lámpara de los cristales apagada, sólo las lámparas opacas de la pared y la luz que proyecta el televisor iluminan mínimamente  a los que están cerca de esos focos, el pelo de Goretti azulado, la cara de Francisco cadavérica, el señor Campos con redondeles de luz en las orejas”.

           “(…) pero los ojos opacos no muestran sorpresa ni enojo, los ojos opacos muestran apenas la ruina de esperar”.               

                 Ya vuelta archipiélago y con sus manos a la obra, la isla vio el nacimiento de la luz entre sus dedos.  Fue un resplandor opaco, una sustancia membranosa que se extendía entre isla e isla. Un caldo diluido de estrella: De hecho, me gusta la luz turbia, me gusta la luz velada, tensa; pero también tiene que ver con lo metafórico,  porque la luz turbia oculta, encubre, por tanto no es tan cruel como la luz blanca, por ejemplo. Por eso en esta novela está tantas veces esta luz, porque los personajes son más disimulados, tienen secretos, son distantes. Y la luz cae pesada, como tedio denso, como secuaz de toda urgencia. Sobre el tedio, el tedio es terrible, nosotros nos aburrimos mucho, por eso  estamos siempre, siempre quejándonos de que nos falta tiempo,  pero aun así incrementamos actividades, actividades, actividades  para estar siempre ocupados. Yo creo que, a pesar de ser esencialmente contemplativos por naturaleza, nos deshabituamos y contemplar pasó a ser algo  terrible, terriblemente aburrido. Pensar para muchos también es aburrido porque no lo hacemos  tanto y  estamos frenéticamente ocupados en movernos. Los tiempos modernos son tiempos de extrema ocupación porque dejamos de estar con  nuestro pensar. Una cosa es movernos para caminar y ahí sí se pude dar el pensamiento, y  otra cosa es movernos para mil actividades, normalmente en grupo  por ejemplo, en el gimnasio. Ahí se trata de otra cosa, de una huida. Y puede sonar increíble: aunque no hubo un contorno de isla igual al otro, ni un pasaje entre dos parecido a otro, en esta infancia de las cosas, siempre alguna pequeña se quejaba porque se aburría. Ahí, había que ponerse a escribir nuevas cosas, a rebuscar alguna cita entre los libros de la biblioteca o a reinventar el juego de la luz,  para que nunca se atreviera a amanecer de la misma forma.

ISLAS PIRATAS

  “Le pedía perdón frecuentemente, lo que desagradaba a Eva, pues sabía que esa era la forma que él tenía para poder hacer siempre lo que quería”

 

Entre islas I-Carolina Diéguez
Entre islas I-Carolina Diéguez

       Era de esperarse: siembra hastío y cosecharás riñas. Primero, tímidamente- como quien, al inaugurar el primer daño, inaugura también el pudor con que lo ejecuta- comenzaron las rencillas. Luego la cosa se puso espesa. Las pequeñas contra las medianas, las poderosas contra las frágiles, las astutas contra las ambiciosas. Pero las peores de todas eran las reincidentes. Donde encontraban la disculpa, la gastaban hasta el fin de todas las creaciones. Hubo una que pidió tantos indultos y repitió tantas veces las mismas patrañas que, cuando pidió perdón por última vez, hasta las grandes religiones ya se habían cansado de vender indulgencias: Mi manera de pedir perdón a alguien por un comportamiento no digno es no repetir. Nuestros usos del lenguaje  nos permiten esta idea de que  si pedimos verbalmente perdón, estamos perdonados definitivamente. La iglesia católica también contribuyó a esta mal formación social. Y, por tanto, es de hecho una manipulación. Si no pensamos en no repetir la actitud, no repetir la ofensa, lo hacemos  sólo para apaciguar al otro, para que el otro continúe apreciándonos, que es de lo que se trata.  En la cortesía, en cambio, no hay manipulación. La cortesía es una manera de relacionarnos porque somos humanos y porque tenemos que vivir en conjunto. Quiero decir, evidentemente, podemos utilizar las reglas de cortesía para manipular, podemos todo, pero no veo una relación directa. Con toda amabilidad, el archipiélago se debatió entre la mano que se estrecha y la que esconde.

EN EL ESPACIO DE UN NOMBRE

“-¿Cómo será vivir en una isla?/ Tiene que ser como cualquier otro lugar/-(…)/Una isla debe tener una cosa diferente. / -Tengo mucha dificultad para pensar el mundo redondo (…) pienso más fácil en el mundo en forma de rectángulo.”

 “Le agradezco a Dulce María Loynaz  la definición de isla”

      Una isla, entonces, no era ni refugio ni aislamiento. Sólo un cierto modo de balancearse entre el peligro y la apuesta. Una isla, entonces, era el espacio donde el deseo jugaba a las escondidas con lo real. A lo real, por supuesto, siempre le tocaba contar. Cuando lo real se daba vuelta, solía no encontrar al deseo. Pero, muy de tanto en tanto, la cuenta terminaba con la cifra de un nombre.: Dulce María Loynaz  es una poeta cubana  a quien  nunca conocí, nunca tuve relación personal con ella, salvo a través de la lectura, que es una relación muy íntima. Pero un día leí una entrevista a ella, donde decía que tenía pena de morir porque perdería el nombre. Solo después de esa entrevista tan extraña, me enteré que ella no se llamaba Dulce María: había elegido ese nombre como la virgen Dulce María. Entonces yo no tenía publicada ni una sola línea y prometí que, cuando publicase, habría siempre algo de Dulce María Loynaz en mi trabajo. De ese modo, no sucedería lo que ella tanto temía: perder su nombre. Evidentemente, me gustaban sus textos. Pero hay en la imagen de la isla la referencia a una estrechez, aun límite, también al deseo de superarlo.  En el límite el deseo y lo real, entre las expectativas y realidad, siempre hay esta diferencia. Y a veces, es un camino enorme, vinculado al espacio de frustraciones que todos tenemos que tener para aprender a hacer, a generar cosas. Por eso nuestro actuar es tan doloroso, porque nos enseña ese espacio de frustración en que nada pasa como nosotros pensamos y deseamos. Hay que aprender a lidiar con esa diferencia entre lo real y el deseo. Si la isla es lo contrario al refugio o por el contrario, no me gustaría ser impertinente, sólo sé que con ese dolor brinco. No sé qué puede significar la isla para quien vive allí o para cada uno de nosotros. Sé que es diferente a un continente, sé que los isleños, las personas que nacieron en las islas, tienen un comportamiento diferente debido al espacio. Ahora, yo nunca viví en una isla, soy muy curiosa respecto a las islas, pero no sé. Y a veces las islas se cansaban de jugar a las escondidas. Entonces esperaban a que el atardecer les devolviera la luz de los comienzos y reinventaban los juegos.

¿NINGÚN HOMBRE ES UN ISLA?

Nunca se sabe cuándo comenzamos a quedar iguales a los que…a los que nos desagradan.”

“la dueña de la pensión le tenía miedo a la locura que resonaba en la caja de la escalera y la aproximaba al purgatorio”

Y así  llegaron el ajedrez, las damas y los juegos de cartas: “el truco” y  “El culo sucio” fueron los más exitosos. Por aquella época se vio que no era nada sencillo eso de que una isla fuera peón y la otra reina, que una fuera dama y otra alfil, que una tuviera la orilla con caracoles limpios y otra, el patio trasero lleno de desperdicios. Para entonces, los archipiélagos eran un montón y, entre islas y continentes, se desplegaba una infinidad de plataformas, rampas y escaleras. Así y todo, no hubo arquitectura capaz de impedir los vacíos y las fracturas. Mucho menos, las soledades. Siempre algo inasible “resonaba en  la caja de la escalera”: Los otros son quienes nos dan gran parte de identidad, nosotros somos como los otros nos ven  y también a través de los otros podemos tener idea  de lo que somos, son importantísimos en la definición del yo. Ser muchos, ser una multitud, y por lo tanto que haya muchos otros de nosotros, esa es una idea. Pero no me refería a eso. Lo que me gusta más pensar es cómo la vida de los otros nos forman, cómo la mirada de los otros nos cambia. Y es verdad que nunca sabemos cuándo comenzamos a ser  igual que aquellos que nos desagradan.  Ahora, los otros son también un tribunal, por tanto, muchas veces huimos de quienes somos o de lo que sentimos para  agradar a los otros, porque somos animales sociales y necesitamos pertenecer. ¿Y la relación de la maldad con los otros? “La maldad es un sentimiento que no necesita de los otros para existir, puede morir en nosotros”  Sí, la  maldad que no necesita de los otros es toda maldad que tenemos en nosotros mismos y que  cometemos sobre los otros Esa maldad que tiene que ser cometida sobre otro, evidentemente, precisa de otro. Parece evidente. Normalmente el otro tiene el poder de reacción, defensa, es otro ser humano en igualdad de fuerza, pero también podemos ser muy malos y ejercer la maldad sobre aquellos que no tiene poder de respuesta y aparece la maldad más seria. Y por eso intento ser vegana, esto es, intento en mi vida no causar sufrimiento alguno que pueda ser evitado aun sobre aquellos que no tienen derecho a respuesta. Los otros animales no tienen derecho respuesta. Vuelvo al tema de los “otros”, pero humanos. En “Campo de sangre” hay una pregunta que regresa una y otra vez:” ¿De qué se ríen las mujeres?” De qué se ríen las mujeres: las mujeres se ríen de todo, como los hombres. No creo que en la risa haya diferencia. Ahora, las mujeres tienen un tipo de maldad, al menos estadísticamente, que los hombres no tienen, más premeditada. En mi formación de derecho, cuando yo era estudiante, leí en derecho criminal que las mujeres matan de forma diferente, por ejemplo, con veneno. Los hombres matan al calor de una discusión. El hecho de que las mujeres maten de forma diferente, tal pueda decir que se ríen de forma diferente. Hacen todo de forma diferente. Y en los vanos, en los corredores, en los pasillos y en los entreveros de vegetación y telas de araña, se mezclaban los ecos de las risas con los gemidos, las distancias con los sofocos. Y, aunque se escribían libros a rolete, ninguna isla te sabía decir qué había sido de aquella primera biblioteca.  Hacia el origen, las manos se entumecían, llegaba la enfermedad y las moscas, como presagio, revoloteaban la sangre. Hacia el horizonte, en cambio, las manos se desperezaban de letra muerta. La luz continuaba turbia. Y el paso de cada quien seguía sin poder avanzar más allá de la orilla de su mano.

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CAMPO DE AGUA. EL REGRESO

“Fijó los ojos y suspendió la respiración para que nadie se diera cuenta de que robaba tan fácilmente la belleza de aquel cuerpo”

“La belleza no se deja recordar, pide que se la mire constantemente”

“La muerte deja que la miren posada en el centro del auto (…) y se tapa con paños con galones dorados, así ataviada los que se cruzan con ella incluso la ignoran, nadie le teme, nadie grita, allí va un muerto, los autos de la muerte no tienen urgencia, tampoco prioridad, transportan lo definitivo y lo infinito”

Y, entre tanto juego, apareció “Ella”. Mientras todos se entretenían con los simulacros de eternidades, aprovechó y se llevó varias piezas y jugadores. La miraban sin verla del todo, la buscaban sin querer encontrarla, la describieron bella y obscena, seductora, atractiva y repugnante. Su espectáculo era, de cualquier modo, la caracola más misteriosa de la playa, la pieza faltante en el rompecabezas de las constelaciones, el paso más acá o más allá que destila toda palabra. La moneda oculta en la fuga de los cuerpos hacia otros cuerpos. El tono inaudible de cualquier pena: Yo no sé relacionar la muerte con la belleza. No sé ver belleza en la muerte, a no ser que en una manera específica de morir tal vez haya cierta belleza, una forma apaciguada, digamos. Pero ahora sé que la muerte es uno de los temas para escribir. De este lado, en la civilización occidental, hacemos todo para esconder la muerte – la muerte no es parte de nuestro día a día- los rituales de muerte son escondidos siempre que se pueda. Ser mortales explica toda nuestra angustia, toda nuestra prisa, toda nuestra urgencia. En mis textos hay también otro tipo de muertes, no solo físicas. Sí, es eso. Y el agua, que otra vez llega justo hasta ahí, hasta la orilla. Y se retrae.

(*) Todas las citas pertenecen a  textos de Dulce María Cardoso.

(1) Baruj Spinoza

 

 

 

 

 

 




A FLOR DE TIERRA

La Celebración: Sobre “Niketche”. Una historia de poligamia, de Paulina Chiziane.

Por Lourdes Landeira

“Quiero ser un grano de arena al viento y bailar mi niketche al sonido de las flautas de todas las brisas”.

 OIGO UNOS PASOS SUAVES EN MI SILENCIO

Sarah Moon. Si una piedra es separada del suelo – la tierra – con la ayuda de la mano de un niño, comienza una danza curva de elevación en el aire. Según la sinuosidad de la brisa o del viento, puede acompañar cauces de ríos andados una y otra vez por ella misma, por alguna o por muchas de sus congéneres. O puede quebrar el trayecto, interrumpir el silencio de la mañana con un estallido, romper un cristal y sonar como bomba, mina explotada, fuego. Entonces,  al celebrar  su canción, el universo pondrá a circular sus elementos. Así, las estrellas podrán tocar tierra firme y algún “superhombre”, vaciado de sus poderes artificiales, soltado al vacío, en lugar de caer,  volará hacia “algún infierno sin fin”.

El niño de la mano es el hijo; el vacío de hombre, el padre. Entre ellos, una mujer, que no fue nombrada. Pero su no escritura no implica su ausencia, solo habla de la invisibilidad y la mudez impuesta por siglos de cultura y tradiciones. Por eso, debo decirlo ya, sin más demora: el movimiento giratorio, el temblor que traspasa cuerpos y los habita transitoriamente (y ya sabemos que ninguna materia es la misma luego de una sacudida) es promovido –en este caso-  por Rami, la protagonista de “Niketche. Una historia de poligamia”, de la escritora mozambiqueña, Paulina Chiziane.

TU PASADO SON SÓLO MÁRGENES DE UN RÍO REVUELTO

Roger Dautais. KerpenhirMozambique, república desde 1975, año en que se independizó de Portugal – su colonizador desde 1505- está dividida por un río, el Zambeze. Antes de formar un delta y desembocar en el océano Índico, el río es interrumpido por numerosos rápidos y cascadas. Claro que el Zambeze no es exclusivo, pasea y comparte sus aguas con varios vecinos – Zambia, Angola, El Congo, NamibiaZimbabue-; sin embargo, por sus intermitencias solo es bien navegado a partir de una ciudad mozambiqueña. ¿Qué puede esperarse de un río – morada de camarones y mariscos –además del fluir de su curso? Sí, claro, su desborde, la inundación de la tierra con la que se bordean mutuamente, el quiebre de las fronteras, la rebeldía silenciosa que cuando grita es capaz de derribar cualquier represa.

“Las culturas son fronteras invisibles que construyen las murallas de este mundo”.

HISTORIAS DE HOGUERA (fragmento de la novela)Miro a mi madre. Dios mío, cómo llora. ¿Será mi caso lo que inspira tanta tristeza?—¿Qué pasa, madre?—Tu voz me recuerda a mi hermana, la fallecida.—¿Cuál de ellas, madre?

—La mayor. No la conociste. Murió antes de tu nacimiento.

—Ya me has hablado de ella. ¿De qué murió?

—Por culpa de una molleja de gallina.

—¿Sí?

—La molleja es para los maridos, para los yernos, ya lo sabes.

Me cuenta toda la historia.

—Era domingo y mi hermana preparó la cena. Había gallina. Preparó la molleja cuidadosamente y la guardó en una vasija. Vino el gato y se la comió. El marido regresó y preguntó: ¿y la molleja? Ella se lo contó. Fue inútil. El hombre lo consideró una falta de respeto y la golpeó brutalmente. Vuelve a casa de tu madre para que te eduque, le dijo. ¡Ahora! Ella estaba tan afligida que perdió la noción del peligro y se puso en marcha en el silencio de la noche. Eran cerca de diez kilómetros hasta el hogar paterno. Cayó en las garras de un leopardo en la sabana lejana. Murió en la flor de la vida por culpa de una idiotez. Murió ella y vivió el gato.

Las lágrimas de mi madre brillan al sol como cristales y reflejan los colores del arco iris. En el pecho de mi madre hay un puñal de plata con manchas de sangre. Un volcán eterno. Todo por culpa de una molleja de gallina, un simple recolector de granos de arena. Una insignificante musculatura dentro de un ave. Que no llena ni la palma de la mano. Que no mata el hambre ni de un gato. La historia me penetra como si fuera mi propia historia, que Dios me ayude, también soy una mujer. Recuerdo a mi profesora de amor y comprendo el fantástico mensaje de tiranía oculto dentro de la molleja de gallina. Ninguna mujer tiene un hogar en esta tierra. La mujer está de paso, no merece tierra. La mujer es paja de coco tirada a la basura. La mujer es su propia enemiga, se inventa problemas que la matan. La mujer es culpable, pone el universo al revés, por eso puede morir por culpa de una molleja de gallina.

—Madre, ¿por qué no me habías contado antes esta historia?

—Para que tu mundo fuera de colores. Para que no tuvieras pesadillas en tus sueños.

La historia tiene sobre mí un efecto terapéutico, mi dolor se vuelve insignificante. Una amargura tapando otra amargura. Un amor curando el dolor de otro amor. ¡Ay, madre, gracias por contarme esta historia! Ahora puedo ver que no soy la única que sufre y que en el mundo hay problemas mucho más graves que el mío.

—Madre, ¿cómo reaccionaron las mujeres ante este caso?

—Obedeciendo al pie de la letra todos los caprichos de los hombres, era la única estrategia de nuestra existencia.

—¿Y cómo era papá?

—¿No le conoces? ¿No has oído la respuesta que te ha dado a tus problemas?

Madres, mujeres. Invisibles, pero presentes. Aliento de silencio que da la luz al mundo. Estrellas brillando en el cielo, ofuscadas por nubes malditas. Almas que sufren en la sombra del cielo. El cofre lacrado, escondido en este viejo corazón, hoy se ha abierto un poco, para revelar el canto de las generaciones. Mujeres de ayer, de hoy y de mañana, cantando la misma sinfonía, sin esperanza de cambios.

HAY UN RÍO ROJO Y CORRE POR EL ASFALTO

Lucha de imágenes (Bilderstreit), 1980Paulina Chiziane, contadora de historias inspiradas alrededor de la hoguera, fue la primera mujer en publicar una novela (Balada de amor al viento) en Mozambique. Ese territorio que, por su ubicación- dicen- podría ser el lugar origen y principio del humano moderno. El mismo que hoy está poblado de minas (dos millones, dicen), resabios imborrables de los quince años de guerra civil, posteriores a la independencia. Ocultas, calladas, invisibles a muy poca profundidad, casi a flor de tierra, amenazan con estallar, quebrar el aire, torcer el sentido del viento y de las aves en vuelo. “Entre as pernas da mulher, correm os caminhos do mundo. Dya Kasembe, escritora angolana” es el epígrafe que Chiziane eligió para otra de sus novelas, El alegre canto de la perdiz. ¿Qué es eso entre las piernas de la mujer? Si no se puede nombrar, si no se puede escribir, se dibuja su silencio en el texto. “La … es fantástica. Habla todas las lenguas del mundo sin hablar ninguna. Es el cielo y la tierra en nuestro interior. ¡Ay, si las … pudieran hablar! Nos contarían historias del licacho, el cuchillo de castidad, de ablación, de orgías macondes, senas, nyanjas, de violación, de castración, de manipulación, de abandono, de muerte. Si pudiera hablar nos diría porque llora lágrimas de sangre en cada ciclo”.

LA ORQUESTA EN SINTONÍA

Sarah Moon. The Red ThreadY si hay balada, si hay canto, ¿puede no conjugarse el baile? Entonces, Niketche: “La danza del sol y de la luna, la danza del viento y de la lluvia, la danza de la creación. Una danza que mueve, que calienta. Que inmoviliza el cuerpo y hace volar el alma”. Imposible no temblar y que el temblor no transborde, no haga girar a veces en vértigo, otras en locura, algunas más en llanto que aprende a elevarse y transformar. Rivales frente a un espejo que las interpela y solidariza, cinco mujeres tienen a un mismo hombre como marido.

 VARIACIONES TEXTUALES SOBRE EL “TENER”– Esta mujer ha luchado por amor y ha acabado con dolor. Apuntó con el dedo al aire y dijo que era suyo el pájaro en vuelo.– ¿Qué significa la palabra tuyo cuando se trata de un hombre?– Julieta me revela una verdad más cáustica que una capa de veneno. Tener es uno de los muchos espejismos de la existencia, porque el ser humano nace y muere con las manos vacías. Todo lo que creemos tener nos lo presta la vida durante un tiempo.– Tuyo es lo que transportas contigo, en tu vientre, en tu estómago. Este hombre, cuando está conmigo es mío, cuando está contigo es tuyo.

– No soy posesiva. Vengo de una tierra en la que la solidaridad no tiene fronteras. Prestas al marido a tu mejor amiga para que hagan un hijo con la misma facilidad con que se presta una cuchara de madera. El sexo es un vaso de agua para matar la sed, el pan de cada día, precioso e imprescindible como el aire que respiramos. Si ya compartimos un marido, compartir un amante es todavía más fácil.

– Aunque no lo acepte, mi realidad ésta. Ya vivo en la poligamia.

– El verbo tener es mágico. Insufla en el alma poder y fuerza. Si yo conjugo: no tengo, la fuerza se va y el alma se vacía.

Voces, versiones, miradas de distintas mujeres que comparten un hombre, “mi Tony”, al decir de Rami, la primera esposa, la legítima. La que creía vivir en un hogar monógamo y un día descubrió que su familia se había vuelto polígama. “La unidad se ha roto en mil pedazos. Tony se ha multiplicado”. ¿Podrá un cristal repetirse en tantas partes como el cuerpo de Cristo convertido en hostia para todo aquel que lo quiera tragar? ¿Podrá un hombre, solo por el hecho de serlo – y tener el dinero suficiente- (también entre los hombres hay jerarquías) reinar con su cuerpo distintas familias?

 “Las mujeres son huérfanas. Están solas en el mundo. Tienen padre pero no tienen madre. Tienen Dios pero no tienen Diosa. Están solas en el mundo en el medio del fuego. ¡Ay, si nosotras tuviéramos una diosa celestial! Dios mío, libera a la diosa – si es que existe – para que nos muestre la cara sólo por un segundo”.

 LAS PALABRAS SON BALAS FATALES

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En un país con población mayoritariamente bantú, según las estadísticas de nuestro mundo occidental: el 8% de las personas profesan religiones de origen étnico, el 18% son ateos y los demás se dividen entre católicos, protestantes, evangélicos y musulmanes. También, de acuerdo a la enciclopedia más consultada de este lado del mundo, además del poeta José Craveirinha, consagrado por el premio Camões, las referencias literarias del país son Mia Couto y Paulina Chiziane. Mia Couto, blanco nacido en Mozambique, de padres portugueses, da cuenta de un lado de la historia. Cuando su familia intentó regresar a Oporto, a él le faltaba la sensación de infinito de África, ese lugar en donde se aprecia el silencio, donde no hay un límite claro entre la identidad animal y la humana y en el que ninguna de sus lenguas tiene una palabra para naturaleza porque no hay separación entre sociedad, cultura y naturaleza. A Paulina Chiziane ya la conocemos, de ella y de una de sus novela venimos hablando, contadora de historias, negra y feminista. Rami, su protagonista, pertenece a una familia católica que, sin embargo, no deja de reproducir las creencias y practicar los rituales trasmitidos de generación en generación. Sobre todo, aquellos que contribuyen a perpetuar el sometimiento de la mujer a la dominación incuestionable del hombre. Las aguas se mezclan, sopla algún viento oportuno y se aviva un fuego callado que, entonces, aletea en bandada. Más allá del horizonte; mucho más.

Tracy templeton. Untitled from the suite Impressions La única verdad es la realidad (1), dijo alguien de por acá; imposible desconocerlo. La vida de Rami pasa de ser un río muerto a ser ella misma el río cuando decide dar batalla. “Explotar el viento y traer de vuelta el fuego a mi lecho, hoy quiero existir”, enuncia y hace. Porque la realidad, verdad inasible, puede aceptarse sin más o lanzar la primera piedra para empezar a pecar. Mujer no se nace, se hace; conceptualizó alguien más, también imposible de ignorar. Rami conoce la frase y la menciona en sus disquisiciones aunque, recuerda haberla escuchado, pero no dónde ni quién la dijo. “El colonizado está ciego. Destruye lo suyo, asimila lo ajeno, no es capaz de verse su propio ombligo.

Entre inhalaciones y exhalaciones, se suspira, se introduce y se expulsa, a veces en forma de vómito, a veces en náusea vertiginosa que se termina por deglutir; o no. “El viento corre fresco, pero la habitación es cálida. ¿De dónde viene todo ese calor? Ah, es el calor de la transpiración. Es el fuego del enfado que se escapa del cuerpo humano”.

Para verse el ombligo, si de eso se trata, nada mejor que desnudarse y pararse frente al espejo, el de cristal y azogue y el de carne, hueso y alma, las rivales. “Todas las mujeres son gemelas, solitarias, sin auroras ni primaveras, buscamos el tesoro en minas y explotadas, agotadas,  acabamos por ser fantasmas en las ruinas de nuestros sueños”.

 Río Paraná – Estación Espacial Internacional - 9 de abril de 2011Ahí el río comienza a cambiar su cauce, cuando las rivales comienzan a reflejarse unas en otras; en lo que son, en lo que fueron, en lo que quisieron o quieren ser. Como ese espejo que deforma y devuelve una imagen irreconocible, la de la otra lacrada dentro de sí misma, el alma de la piedra que se quiere manifestar, hacer visible.

Lo personal es político, dice otra máxima por aquí muy conocida. Casi al final de la novela, aparece expresamente escrita la frase reivindicación de derechos. Primera vez dicha, sin embargo, en cada letra construida, mixturada. Y, en cada río revuelto, vuelta a nacer. Repetida en lo sucesivo en rebeldía e insumisión, en la libertad de escoger entre la cruz y el calvario, en querer escribir bien, en quererlo todo. Entonces tartamudean, escuchan las corrientes feministas que modifican la faz de la tierra y dialogan.

“Ay como me apetece sentir el silencio de mi habla. Primero me salen ronquidos. Diptongos. Sílabas muertas. Cierro los ojos, cuando los abro, mis palabras suenan como ráfagas compactas, demoledoras. Es el comienzo de la tormenta”.

LA CANCIÓN SALE DE MI GARGANTA COMO UN PROYECTIL

Sarah Moon.villa_adrienne  2“Cada una de nosotras es una rama desprendida, una hoja muerta, a merced del viento. Somos cinco. Unámonos en un haz y formemos una mano. Cada una será un dedo, y las grandes líneas de la mano, la vida, el corazón, la suerte, el destino y el amor. No estaremos tan desprotegidas y podremos llevar el timón de la vida y trazar su destino”.

Ser río, entonces, pero un río nuevo, compuesto de fragmentos de ritos ancestrales, tambores incesantes, colores múltiples de reinas africanas bien abastecidas de amor y comida, ecos europeos, secretos de amor y de vida, secretos de amor y de muerte.

“Recoger los pedazos y esculpir un monumento amasado de lágrimas y darle lustre para que refleje los rayos de todos los soles del universo”.

 Cuando las mujeres comienzan a hablar, la palabra circula y los cuerpos hacen círculos; todas a la misma distancia de un punto central, ese que las hermana en historias de incontables violencias, ahora puestas a ser contadas, ese que las hace únicas, cada una en un lugar de la ronda. Las rivales comenzaron disputándose un mismo hombre y terminan por ver en él nada más que una carga y, por tanto, lo quieren entregar. “Un marido te da una cucharada de gusto y un océano de disgustos”. Ellas lo saben, el mundo está en permanente cambio, “cambia en silencio” y  Tony sigue sin enterarse, se convierte en prisionero mientras ellas conquistan y se adueñan de su libertad. “La engañada que engaña al engañador y resurge de sus cenizas con una victoria del tamaño del mundo”.

En el hogar de Rami, allí donde se hicieron cómplices para repartirse los fragmentos de ese hombre, ahora, allí, se deshacen de sus frustraciones; en el mismo lugar en el que se entrelazaron en un solo círculo de luces y sombras, una pirámide de cinco mujeres se invitan mutuamente a partir, a bailar nuevas rondas. El verbo, entonces, empieza a conjugarse. El silencio, tantas veces violento y violentado, toma su turno, le toca romperse y ser quien se multiplica, quien irrumpe el otro lado del espejo y cambia la voz, abre la piedra y muestra su alma.

“Desnudez. Desnudez malvada, desnudez sagrada. Desnudez que mata, desnudez que encanta. Desnudez inspirando vuelos maravillosos y catástrofes apocalípticas. La desnudez de la mujer es juan-doffo-substancia-fugitivauna bendición, una maldición, protección. ¡Ay, madre África, madre desnuda!  ¿Cómo puede la desnudez de tus hijas ser más escandalosa que la tuya, madre África?”.

CELEBRO OTRO DESPERTAR

“Quiero ponerme encima de todos los colores de la naturaleza. Hoy quiero ser azul como el mar. Quiero ser el horizonte donde los ojos cansados se inspiran y los desesperados descansan. Quiero ser el mar donde los ríos desembocan”.

Por supuesto, la tierra se mueve y rota sus elementos. Cuando un silencio se rompe, algo más debe suceder, quizás, o necesariamente, algo tenga que morir. Le toca, en este caso a Tony, “su valor se ha roto”; la rueda giró y él tiembla mientras muestra su “perfil inédito de marido llorón”.

“Veo las lenguas de fuego devorándole el alma aterrorizada de miedo de las desgracias de mañana”, dice Rami al tiempo que preanuncia cadáveres, cuerpos muertos en vida. Como lo fue ella y tantas. Como lo será él: bajo las sábanas; ante la ceguera de los perpetuadores de falsas creencias enunciadas como verdades irrefutables, aun a costa de la vida de sus propios fieles; quizás, porque aún quieren creer que el sol gira alrededor de la tierra. Cuando intente la salvación a través de la esposa original, quien, como todo lo primario, está perdido. “Solo el amor tiene la fuerza de la unión. Tony y yo, dos ríos, dos líneas paralelas, nos volvimos uno solo, a lo largo del recorrido. Ahora llegamos al estuario y dividimos nuestros caminos. De nuevo somos dos, cada uno corriendo libre, en dirección al mar de aguas profundas”.

Juan_Doffo_-_De_la_serie_Rio_de_fuegoLas aguas se mezclan: lo dulce del río y lo salado del mar se funden. Y, por un instante eterno, se confunden. En ese tiempo espacio, fuego, aire, agua y tierra trastocan sus saberes para que lo subterráneo se erice en la piel, para que lo tatuado en el cuerpo  precipite la multiplicación del cristal y la garganta cante su danza ritual. Sin desconocer el cauce del que viene. Pero ese baile no se repite, continuador de lo viejo, se incorpora a su próxima fragmentación. Retazos de sus venas desprenden arenas escurridas. Y hacen lugar al vuelo final.

“Nos abrazamos un buen rato, oyendo la voz de Dios ordenando truenos, rayos, aguas, en el acto de la creación. Éramos barro fundido en una sola montaña, él Adán y yo la serpiente; al borde del pecado original. Intenta arrancar de mí una gota de amor, una palabra de reconciliación. Su boca reseca se pega a la mía en un beso divino. Dios mío, soy poderosa, siento que puedo salvarle de esta caída. Decir sí y rescatarlo. Decir no y perderlo. Sus brazos caen como un fardo. Se queda unos minutos interminables contemplando el vacío. Es como una isla de fuego en medio del agua. Le suelto. No se cae, sino que vuela sobre el abismo, directo al corazón del desierto, al infierno sin fin”.

Los subtítulos y entrecomillados pertenecen a la novela Niketche. Una historia de poligamia.

(1) Frase atribuida a Aristóteles y hecha propia por el presidente Perón en Argentina en defensa de su obra de gobierno, a mediados del siglo XX. Para él, solo lo tangible tenía status de realidad.

 




ASOMADO SOBRE EL MUNDO, EN ALFÉIZAR FRÁGIL

Desamor: Entrevista a Gonçalo Tavares

                        “ASOMADO SOBRE EL MUNDO, EN ALFÉIZAR FRÁGIL” (*)

Entrevista: Lourdes Landeira, Gabriela Stoppelman

Edición: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira

Traducción: Marcela Molina  

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Calvino no estaba delante de una mera alteración de las sustancias, había allí una voluntad, una fuerte voluntad, que se diría muñida de músculos frágiles. Y esa voluntad insuficiente venía del sol, el sol quería abrir los libros, su luz se concentraba  con toda la potencia en la tapa del libro porque lo quería abrir”, “El Barrio”  

“La casa donde uno vive, lo sabemos, es otra parte del cuerpo; la ropa, ésa, la casa más próxima”, “Historias falsas”

BITÁCORA DE UN LECTOR DE TAVARES

Desde el borde, rodea la silueta. Va por un lado del rectángulo hasta el hombro de la mesa y dobla.  Sobre el lomo del mueble, están dispersos los libros. Ya los ha leído a todos y, aun así, siente que recién empieza a leer. Los libros advierten algo ineficaz en la velocidad del merodeo. Un aire al país de las maravillas se enrarece:    

-¿Pasó el conejo por aquí hace cuántas lunas?

– Fue hace tanto, Alicia, que el giro lo puso justo detrás de vos.

Las agujas del reloj andan enloquecidas. Y el conejo está tan satisfecho de no haberla encontrado, que Alicia decide esconderse en ovillo debajo de su sombra.

Y, entonces, el lector ralenta el paso. Recién ahí, comienzan a titilar frente a él algunas líneas de poética, en forma de hilachas e interrogantes. El lector no puede recordar argumentos ni transcursos. Se aferra a la palabra que falta. Se sostiene de una idea ahuecada. Intenta digerir la estela de una frase. En el tracto de otras sintaxis, ¿en qué se descomponen las cadencias?  

En eso anda el lector, cuando ve a las palabras tomar una forma en el aire; ellas, que jamás han abierto la boca. Caja negra, betún para abrir fisuras y agujeros. Los textos de Tavares invitan a otra experiencia del tiempo: Palabras literalmente pegadas a las manos. Personajes que te acercan un horizonte, a la vez que el horizonte se escabulle. Y eso sí: nunca estar tan cerca como para no faltarse. ¿El luto iba delante o detrás del dolor? La última caída, ¿compensa qué ascenso y a qué altura? ¿O es esta la música de la simetría, la forma impar de ese derrumbe, eso que los vivos nombramos “muerte”?

El lector se detiene. Algo extraño ha sucedido: la mesa se ha estrechado, los libros se han amontonado o ambas cosas. Por algún artilugio de la mirada- una disidencia del idioma, un pariente del abismo, un condimento irregular en la superficie- la orfandad de cada libro aislado hace organismo con el resto de las orfandades. Las partes se engarzan sin fijeza y sin cronología. No se trata de una masa ni de un conjunto. La entidad invierte los roles: ahora es ella- desde sus contornos- la que otea al lector. El equilibrio es precario y frágil, porque los mapas refundan el barrio de la lectura en filamentos de azufre, memorias entumecidas en las manos,  ensayos de vejeces bajo el chorro de agua helada y enfermedades inversas. De cielo a tierra, todas las cifras borroneadas. Telegrama de nadie. Urgencia de nadie. Tos de tizas entre los huecos de las líneas. ¿Esa desfigura era tu casa?

Ningún lugar, ningún sitio. Sólo esa estrechez enorme, mientras se extiende la mirada.

Es inquietante este modo de leer: como si faltaran minutos para morir y todavía no hubieras decidido qué cocinar para la cena de esta noche.

Después sucede algo, con frecuencia demasiado cotidiano. Un peso enorme en un cajón vacío termina derramándose, espalda arriba. Simplemente, busca no morir. Puñados de tierra blanca en el entierro del papel. Es la palabra quien empuña la pala.  Precisa en consistencias, tiene todas las manías de un fantasma. Una vez elige un velo- un tanto ofrece, un tanto retira- y otra se reescribe, dos veces invisible.

Es ahí donde los textos de Tavares incomodan e interpelan: “Mi perseguidor pasó por aquí hace mucho tiempo”… Por aquí, ¿dónde? Vuelve el aire a Alicia, ya desovillada. En estos tránsitos, el conejo ya no se atreve con sus urgencias. La mesa estrecha a la altura de la ventana se lee como un alféizar, donde apenas se hace pie.  Así, asomado, el barrio se hace mundo y el mundo se contrae en una mirada.  De esta sístole y esta diástole, queda un resto gozoso:          

                 “Y lo que se olvida es paisaje”.

                 

el barrio de los señores- sin el tituloOTEAR A CONTRA CARAVANA

                                                       “A veces Lenz ve en la enfermedad un encuentro fortuito con un transeúnte que, después de un choque fuerte, deja en nuestras manos, distraído, una flor negra. Y cuando finalmente nos levantamos para devolvérsela, ya el transeúnte, éste, apurado, ha desaparecido”, “Aprender a rezar en la era de la técnica”                               

 

¿Cuánta oscilación de ambigüedad y certeza se requiere para escribir? ¿Y para fugar?

La ambigüedad no es algo que se planifique como se planifica una ciudad. La ambigüedad es la energía inicial del hombre, quien intenta hablar o escribir para reducirla, pero falla. Escribimos porque queremos disminuir la incerteza. Llegamos, al final, a una incerteza más clara. O, al menos, a una incerteza más rica, más fecunda. Una ambigüedad que requiere y convoca a la inteligencia de los otros. He ahí un buen resultado.

 ¿Qué hacer ante las trampas del lenguaje?: ¿combatirlas?, ¿enmarcarlas en alguna forma conocida?, ¿dejarse engañar?

El lenguaje común- el  de la calle, el de café- es un lenguaje en forma de caravana; lenguaje que une palabras como carruajes. Palabras unidas a otras, previsibles; un sustantivo  llama de inmediato a un verbo muy conocido de ese sustantivo y así continúan. Son los llamados lugares comunes, de comunidad, lugares más que conocidos. Allí se encuentran siempre las mismas palabras. Esa es la gran trampa general de la lengua: que socialmente se piense que las palabras viven juntas. Pero no, cada palabra es un ser orgánico, disponible para juntarse a cualquier otra palabra. Disponibilidad absoluta, disponibilidad amorosa de las palabras que solo es posible porque antes se quebraron los lazos fijos entre ellas, aquellos lugares comunes. Rimbaud decía que la poesía era “un encuentro extraño entre palabras”; me parece muy sensata esa definición.  

 

UN GRITO DESPLEGADO

                                                          “El perro puede ser visto como música equilibrada (armonía de la palabra) debido a sus cuatro patas (como una mesa orgánica). Pero si al perro se le corta una de las patas nuestra vida se altera, y sangra todo, como quien es traicionado por una mujer o por la muerte de su padre”,  “agua, perro, caballo, cabeza”

                          “¿Qué le llega a un pájaro de tu júbilo?”, “Viaje a la India”

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¿Hay un padre y un verdugo para cada siglo?

Hay muchos, muchísimos. En cada hombre existe la potencia de la protección y la potencia de la amenazas. Hoy, ahora, ¿querés amenazar o proteger? Estamos siempre por responder a esa pregunta. Y, cuando no respondemos, es porque estamos en la fase neutra, indiferente. No quiero proteger ni amenazar, quiero sentarme, este es el estado del ser humano.

 

¿El grito es un recurso contra la incomodidad y el dolor? ¿Y el griterío? ¿Y el silencio  absoluto?

 El grito es el lenguaje en estado indiferenciado. El dolor existe antes que las palabras. El dolor intenta civilizarse, aprender una gramática y una sintaxis. Y muchas veces es esto: se escribe un libro porque se intenta ablandar un dolor, desplegar un grito como si fuera un paño muy doblado. Si desplegás ciertos gritos, encontrás una narrativa, una historia. Concentrá la narrativa y encontrarás un grito. La civilización del grito es, a pesar de todo, más amenazadora que la civilización de la historia, de la narrativa. Contar una historia es una manera de humanizar la violencia y la desesperación que sentimos. Es un modo de calmarnos. No grites, te voy a contar una historia. Un escritor, muchas veces, actúa como si fuese su propia madre, la madre que intenta que el hijo no piense demasiado en aquello que lo asusta. “No grites, no temas, no te asustes”: te voy a contar una historia. Muchas veces, esto es lo que un escritor se dice a sí mismo.

En el movimiento pendular entre dos opuestos, complementarios o no, ¿qué valor introduce un cromosoma de más, una trisomía? ¿De qué lado está la poesía, si es que está de alguno?

 La poesía es una diferencia en el lenguaje. No es un cromosoma de más o de menos, es una alteración radical del punto de vista del hombre sobre las palabras. Las palabras, en la poesía, dejan de estar al servicio de la ciudad y pasan a estar al servicio de algo que antecede a la polis, antecede a la política. Es; también, una vuelta los orígenes.

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HACÉ EL FAVOR, NO TE CALMES.

                                   “Cada pregunta tiene siempre dos salidas. Y cada salida tiene siempre dos preguntas/ La buena salida es aquella que comienza algo. Y cada salida es una entrada”, “Blaise Pascal”, incluido en el libro “Biblioteca”.                                         

 En “Breves notas sobre las conexiones”   la voz de quien arma el texto se une a la de las poetas y se lee como “un mapa de lecturas”. Mapa de lecturas como en “El Barrio” o “En Los señores”, ¿siempre la cartografía?  ¿Qué forma particular de organización dan los mapas?

Un mapa es una forma visual de decir: quedate tranquilo, nosotros civilizamos el espacio, nosotros le enseñamos a la naturaleza lo que debe hacer. Mapas de espacio: aquí montaña; más allá, agua. Es evidente que la gran ambición humana es tener mapas de tiempo y no de espacio. Un mapa del día de hoy, un mapa del día de mañana. El mapa nos da la ilusión de que dominamos la naturaleza, de que la clasificamos. Pero, no. La principal energía de la naturaleza es el tiempo y nosotros no conseguimos dominar el tiempo. Me gusta mucho la cartografía, pero la cartografía delirante. La cartografía, de alguna manera, es calma. Sin embargo, a mí me gusta la idea de una que sea ambigua, una cartografía casi de los misterios, que anuncie una necesidad de cambios de quien tenga el mapa en la mano.

De tus textos se desprende que hay cosas que no deben tener un nombre, cosas de las que es mejor ignorar el nombre y cosas cuyo nombre es inalcanzable. Conversemos sobre esto.

 El nombre que damos a las cosas es una forma de calmarnos, de tranquilizarnos. Es el sonido, el nombre, lo que permite hablar de lo que no está presente. El diccionario es una especie de rollo exhaustivo, de trabalenguas infantil, de  disculpa fastidiosa, semejante a las disculpas sin sentido que calman. Cálmate, recibe este diccionario –el mundo no es tan imprevisible.Ferrari-Leon_Cuadro-Escrito_1964

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OTRO FAVOR, NO TE ACOMODES

                                               “Las cajas son tantas que nadie les da importancia. Puede estar ahí una persona, hasta la que amas, pero no la ves. Ya no producen efecto. Pasas por ellas centenares de veces”, “Jerusalén”

 ¿La comprensión está más del lado de la luz o de la oscuridad?

 La comprensión está más del otro lado. Está más del lado de los ojos. Muchas veces, sombra y luz son apenas una emisión de nuestra atención, de nuestros ojos. Si quiero ver, si estoy atento, ilumino. Si no quiero ver, si estoy distraído, si no estoy atento, oscurezco. Un hombre muy atento y perseverante, si tiene ese objetivo, consigue encontrar un alfiler en un cuarto oscuro.

Fuera de la posibilidad de rondar infinitas mentiras, ¿qué espacio queda para alguna verdad?

 Una única verdad es tan peligrosa como una única mentira. Lo que salva al mundo de una violencia central es la existencia de muchas verdades en disputa o, si queremos, de muchas mentiras en disputa. Multiplicar las hipótesis de salvación, multiplicar las hipótesis de verdad. Cambiar de punto de vista es casi un presupuesto de la escritura, escribir es obligarnos  a mirar para otro lado y solo podemos mirar para otro lado si cambiamos nuestra posición de observador. Dejamos de estar en una posición, abandonamos una posición normal, común e intentamos encontrar una posición rara. De alguna manera, escribir es consecuencia de una mirada poco común  y de una posición extraña del cuerpo. Encontrar nuestra posición individual para mirar las cosas parece esencial en la escritura.

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EL CUERPO QUE VA CON EL CUERPO

                                                                              “Los ojos en el tedio, cuando ya nada hay para ver (cuando lo visible es apenas una repetición) se vuelven diabólicos.”, “Breves notas sobre las conexiones

Otra recurrencia en tus textos son las repeticiones, a veces vinculadas al hastío y a veces a la chance.  La sorpresa y el ritual.

Era interesante ritualizar la sorpresa. Un conjunto de procedimientos fijos que, al fin, nos llevaran a arribar a una sorpresa. Muchas veces, el arte adicto a la sorpresa funciona así. Ya estamos a la espera de que aparezca la sorpresa y eso elimina su fuerza y su intensidad intelectual y emocional. Me gusta mucho una frase de Ludwig Wittgenstein: “Si le decimos a alguien que cuando llegue a su casa va a tener una sorpresa y él llega a su casa y no tiene la sorpresa, estará sorprendido” Es eso.

¿Cuál es tu visión sobre las irrupciones que advienen y sobre las que, de algún modo, se buscan- ésas para las cuales uno crea condiciones de posibilidad, digamos, para que tengan dónde aterrizar si andan cerca-?

Siempre mis anotaciones, los pequeños apuntes, son géneros literarios. La pequeña nota en el cuaderno, en el medio de la confusión del día, es una interrupción de lo cotidiano y permite que la literatura entre, invada y rápidamente salga, en un día normal. Creo que la anotación, la nota, es algo que está siempre- en potencia-  en el bolsillo de atrás o en la mochila donde está el cuaderno. Por lo tanto, esa posibilidad de  una invasión por parte de la literatura,  en el cotidiano, durante unos segundos o  unos minutos,  es algo que me agrada mucho. En ese sentido, registro la anotación. En ese haber sido un cuaderno, en ese haber sido un material de la escritura que acompaña al cuerpo y que va con el cuerpo para cada lado que voy.  Podemos estar en una reunión, podemos estar en la calle y, de repente, sacamos el cuaderno de la mochila y escribimos. Esa anotación realmente coloca ese momento cotidiano en otro nivel, lo transforma en algo mucho más fuerte  

 

CUADERNO DE ANOTACIONES  PARA “EL ANARTISTA”


EN LA ENTRADA DE UN ENTRESUEÑO

Pensar una voz que no salga de las manos ni de la cabeza ni del delirio. Una voz que sale cuando estamos cerca de adormecernos.

 

POESÍA Y PROSA

Poesía, potencia de concentración. Prosa, potencia que se extiende, que abre los brazos.

 

LA POÉTICA DE LAS DISTANCIAS

Lo humano es esto: cuando queremos algo que está lejos, esa persona va a andar por la calle y sentir que alguien está mirando fijamente su nuca. Gira y no hay nadie.

 

LA DELICADEZA Y LA FUERZA

Delicadeza, la fuerza de los verdaderamente fuertes. La fuerza es presentida, es anunciada, es recordada. No precisa y sí actualizada.

Fuerza, la debilidad que no tiene otro tiempo, sino el presente. Tiene que ser fuerte ahora, porque no tiene memoria ni promesa.

 

MÚLTIPLE Y PRECISO

Como velocidad de quien no quiere caer, tan distinta de la velocidad de quien no quiere avanzar”, “Breves notas sobre las conexiones”

“Ser exacto destruye”, “Breves notas sobre las conexiones

 

Hablemos de las distintas calidades de velocidad; de la velocidad fuera de  su concepto de magnitud, de las velocidades no concertadas y de las inmovilidades.

Me gusta la idea de que hay muchas velocidades, infinitas velocidades – más lento, más rápido, 100 km por hora, 1000 por hora. Pero solo hay una inmovilidad. No se puede estar inmóvil de una manera más rápida o de una manera más lenta. La inmovilidad tiene una velocidad fija, que es cero. La  inmovilidad exige más precisión que la movilidad. Tenemos muchas formas de movernos, muchas velocidades, pero una única inmovilidad. Entrenar la inmovilidad es entrenar una forma de precisión.

 

TRAZOS EN FUGA

             “Una idea no tiene lado derecho ni izquierdo. No tiene peso o volumen, forma o color. Una idea tiene segundos, o minutos, a veces horas, o días enteros, meses. Una idea no es curva ni es una recta.”, “Breves notas sobre las conexiones”

Los gráficos y los dibujos aparecen mucho en tu obra. ¿Son pausas a lo verbal?, ¿son desesperaciones para llegar donde la palabra no alcanza?

Dibujo y escritura son dos formas de pensamiento, pensamos escribiendo y pensamos dibujando; pensamos dibujando o escribiendo números. Es común, en todo esto, el trazo, el trazo es la forma que los humanos tienen para manifestar su pensamiento. Por lo tanto, yo no distingo mucho escritura y dibujo, la escritura es una forma de dibujo, el dibujo es una forma de escritura. Podemos leer dibujos y, si no dominamos un alfabeto, podemos ver la escritura. Un alfabeto que no dominamos pasa a ser un dibujo, eso es muy claro.

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INCLINAR LA PALABRA

“Una gallina pensaba tanto y era tan culta que ganó una obstrucción interior, dejando de poner huevos. La mataron al día siguiente”, “Los señores”                                                                                                    

La sátira y la ironía, ¿cuándo se hacen necesarias en tus textos?

La ironía es una forma inclinada de hablar, es una forma inclinada de escribir, es no ir directo al asunto. Hacer un desvío es entrar lateralmente a los asuntos y, por lo tanto, la ironía es fundamental en el lenguaje. El lenguaje directo es una especie de lenguaje de los negocios, es un lenguaje cara a cara. El lenguaje irónico permite encontrar otros caminos, caminos secundarios en el lenguaje. Caminos secundarios que se vuelven esenciales, que se vuelven literarios.

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EL TIEMPO, EL GRAN CHEFF

                                  “Ver bien a lo lejos, querido amigo, es una de las grandes cualidades de la memoria, no se trata sólo de ver hacia atrás, sino también de ver al fondo”, “Una niña está perdida en su siglo en busca de su padre”

       

Y en reiteradas entrevistas, marcaste la lentitud del proceso de escritura y, sobre todo, de publicación de tus libros. Conversemos sobre la “maceración” (dejar que el tiempo cocine la comida) y la lentitud como operaciones de la escritura.

Realmente hay algo semejante entre la cocina, el tratamiento de lo orgánico del alimento y el tratamiento del texto. Para mí, texto y alimento, texto y organismo son conceptos  muy próximos. El texto, mientras está siendo hecho, es realmente un organismo. Cuando está publicado, es una manera fija de ese organismo. Claro que podemos entrar en el libro que ya ha sido publicado y eso exige que el libro siga siendo un organismo. Pero, para mí, la publicación  es el final del proceso del texto. A partir de ahí, el texto pasa a ser público y, tal vez, solo continúe siendo organismo- algo que se transforma- para los lectores. Mi opción de escritura es un método volcado a la lentitud y al el texto, como organismo a lo largo de los años. Yo escribo el  material en bruto en un determinado período. Después abandono, olvido lo que escribí. Pasado un año o dos, vuelvo, corto, corrijo. Un proceso orgánico que deja que el tiempo sea, en parte, cocinero del texto. Ese cocinero- el tiempo-  permite que yo visite ese texto, de tanto en tanto y, con la ayuda de la claridad que él  me va dando, pueda corregir, de un modo que el texto se vuelva  más intenso. De alguna manera, la lentitud  hace ajustes a lo largo de los años previos a publicar. Es una especie de concentración de intensidad. Disminuyo los pasos e intento aumentar la concentración y la intensidad de los ingredientes del texto. Por lo tanto, es un proceso de juicio crítico sobre el texto, que tiene un auxiliar muy importante: el tiempo.  

 

UNA POÉTICA DE LOS RESTOS

 

                                                          “El señor Henri dijo: mi pensamiento se localiza en el espacio que existe, todavía vacío, entre las células y el absintio. Es en ese pequeño espacio, es en ese pequeño resto, que logro pensar”, “Los señores”

Por ahí, en una entrevista, dijiste que tu Breton, tu Valery, tu Calvino se construyen a partir de un “tono”, un eco que te queda de la lectura. ¿Todas las lecturas dejan esos “restos casi auditivos”?

Diría que sí, las lecturas dejan un resto, un murmullo. También lo dejan las artes plásticas, el cine, el teatro y la vida normal de la calle. A mí me gusta mucho andar por la calle y captar una especie de sonido de la ciudad: el sonido de las personas. Esos sonidos y esos restos se transforman en una masa que, más tarde, da origen a los textos. Creo que soy lector cuando estoy atento a las personas y a la forma en la que actúan en la calle. Soy un lector cuando, por ejemplo,  en un café, dejo de leer un libro, me detengo en una pareja de novios que está discutiendo. Cuando los observo, cuando los leo, me transformo en un lector humano y de humanos. Por lo tanto, creo que un escritor continúa siendo un lector aun cuando no está leyendo un libro. Un lector es alguien que intenta  pensar a partir de lo que ve: eso es un lector. Y es con esos ruidos, con  esos vestigios visuales, que se hace a un lector y eso mismo, más tarde, constituye un escritor.sombra

 La poética de los pedazos, los restos (las miniaturas)  es una de las recurrencias en tus textos. Hablemos de la potencia de los detalles.

Sí, claramente soy un entusiasta de los fragmentos, el fragmento es cualquier cosa que anuncia una reducción de tamaño, anuncia que no se va hablar del todo, anuncia que va a quedar mucha cosa afuera. Soy un entusiasta de la idea de que el fragmento, una pequeña parte, el detalle, puede salvar. No creo en la salvación por el todo, sí en una salvación por el detalle, en una salvación mínima, por un minuto, por unas horas. Creo que el detalle salva de una forma menos peligrosa que la totalidad; la totalidad que quiere salvar es una totalidad, muchas veces, peligrosa. Por eso, entre un detalle por una hora que nos calma y nos tranquiliza y una verdad universal que nos quiere tranquilizar, yo opto siempre por el detalle. Esta pequeña ambición del detalle permite que un hombre continúe existiendo debajo del detalle, al lado del detalle. Al contrario, un hombre difícilmente exista debajo o al lado de la totalidad. El detalle permite que un ser humano exista. Es muy interesante, de alguna manera el detalle nos humaniza, permite que el humano continúe siendo humano. Cuando entramos en la totalidad, en la idea de que podemos mirar y comprender todo, en la idea de que hay una teoría general sobre todos los asuntos o una verdad central, cuando entramos en eso, de alguna manera, el ser humano desaparece. Por lo tanto, los detalles son humanos y permiten que los humanos existan.

 

 

LOS NO CRUZADOS

Cópula: dos cosas distintas simulan una conexión que a cada momento está por romperse, hasta el momento en que definitivamente se rompe”,

                                                          “Breves notas sobre las conexiones”

 

El tema de nuestra revista es esta vez el desamor. El desamor y la debilidad. El desamor y el desencuentro. El desamor y el poder. Todas estas trazas aparecen en tus textos. Conversemos sobre el abanico de desamores.

Los desamores son la vida normal y la vida normal está compuesta de desencuentros, de no cruzamientos. Por eso, el amor- el encuentro, el encuentro fuerte, el encuentro intenso- es explosivo, precisamente, por ser algo raro. Creo que la vida es compuesta de 99% de desencuentros y un pequeño porcentaje de encuentros. Si los encuentros fueran mayoría, no lo soportaríamos, sería demasiado intenso.

Valery como flecha

 

 (*) “Viaje a la India”, Gonçalo Tavares.

 

El Anartista agradece la constante, simpatiquísima y amistosa ayuda brindada por Jordi Roca- de la agencia literaria “MertinWitt”  – para la realización de esta entrevista. Gracias a su disponibilidad, casi diaria, esto fue posible.

Por supuesto, cómo no agradecer -con un gran abrazo desde Buenos Aires- el tiempo, la intensidad y la dedicación afectuosa de Gonçalo, quien no escatimó ni prosa ni poesía para contestarnos.

De ida, este trabajo es el fruto de una larga y querídisma lectura de sus libros. Y, de vuelta, es una fiesta de generosidad en la palabra,  inusual en estos tiempos.

(1) Las imágenes marcadas de este modo corresponden a León Ferrari, artista argentino. El resto de las imágenes son ilustraciones del libro “El barrio”, de Gonçalo Tavares.

 




RETAZOS DE INFANCIA

Desamor: Entrevista a Roberto Navarro

Entrevista: Isabel D´Amico, Adriana Valetta, Lourdes Landeira, Santiago Resnik, Víctor Dupont, Gabriela Stoppelman.
Edición: Víctor Dupont, Gabriela Stoppelman.

Zancadillas al tiempo en su prepotencia cronológica.

Celadas tendidas al espacio, lazos que asfixian el tedio de las cifras y las medidas.

La niñez no perdona a nadie. A rebanadas, irrumpe en el medio de la edad  y se sirve, en tu propio plato, porciones de ausencias e incertezas.

Y nadie puede detener la embestida. Ante estos advenimientos niños, ¿qué les queda por hacer a las magras reservas de nuestras consistencias?

Desenraizados, devenimos frágiles y, a la vez, potentes.navarro7DSCN2793

Es entonces cuando -si se atreven- entran en juego las palabras. Distantes y sedientas, ellas bucean en busca de una sintaxis.

Así: desasidas de los transcursos y de las economías.

Así: huérfanas tras nuevas filiaciones.

Así, enredadas en la columna de una frase y en el encuentro de un tono, las infancias refundan el lenguaje.

Justo ahí, en la encrucijada: donde en el nombre del niño que fuimos le hablamos a nuestro niño futuro; justito ahí, pudimos conversar con Roberto Navarro.

 

 FRAGMENTOS HUÉRFANOS BUSCAN A SU NIÑO

“Tres años estuve (…) sin circundar el río ni echar mis canciones en la playa, cuando viene el viento del sur y arrastra esas voces que de balde uno intenta, pero no puede olvidar”

Libertad Demitrópulos, “Río de las congojas”.

 

El otro domingo comentaste: “Mi viejo decía que hasta el agua te van a cobrar”. ¿Cómo operan esos recortes de memoria de infancia en tu trabajo?

 Son experiencias que uno lleva a todos lados. No creo que pueda dividir cuando estudio, cuando trabajo o cuando como un asado con mis amigos. Mi historia la llevo adentro.  Ahora, como uno es un periodista y se da cuenta de que eso sirve navarro3descargapara trabajar, lo usa. Además, mi viejo murió  hace seis, siete años.  Cuando murió mi madre, el año pasado, me trajo bastante la memoria de mi padre. Aunque tenga 56 años, sigo sintiendo que me quedé huérfano. Uno es un huérfano. Yo hablo mucho de mis padres. Estoy en una etapa de mi vida donde cobró mucha importancia su presencia. Yo empecé haciendo economía. Empecé grande a estudiar… Y, de política, bueno, la vida me llevó a hablar de política. Mis orígenes están ligados a lo que digo en política. En la esquina de la casa en que nací, había una villa, “La paloma”, en el Talar de Pacheco. Yo me crié ahí, jugué a la pelota con los chicos de la villa. Mi viejo era un operario de la fábrica Alpargatas, era delegado, peronista.  Todo eso lo tengo ligado, lo llevo a todos lados.

¿No te sentís un poco huérfano en la tele, en la soledad de ser el único periodista de la oposición en pantalla?

Sí, claro, porque es una carga muy grande. Igual, es un error dejar a una o dos personas solas para defender una mirada que, aparentemente, representa a la mitad de la población. Eso hace que se concentre toda la tensión en quienes quedamos. Pero hay una situación de soledad. Por ejemplo, en el lugar donde yo trabajo, en el programa anterior, hay un periodista que dice “ruta del dinero K”, una frase que se inventó para generar una demonización. Eso se dice ahí, donde yo tengo que sentarme durante los siguientes cinco minutos. Imaginate, cómo no sentirse solo.

EL CAZADOR DE RETAZOS

He tendido cuerdas de campanario a campanario; guirnaldas de ventana a ventana; cadenas de oro de estrella a estrella, y bailo.”
Arthur Rimbaud.


O sea que vos sos un poco un cazador de retazos de lenguaje. Lo que escuchás al entrar, lo que te queda de tu padre…

Cuando converso con cualquier persona o miro una película, me digo: “Mirá lo que dijo” y lo anoto; o algo que escucho en la calle, a veces lo grabo con el celular…

 Un cazador de retazos.

Por suerte ahora volvió Cristina. Entonces, se busca gente que piense parecido y que ande caminando por la calle. Creo que la gente sufrió cierta orfandad de Cristina durante estos meses. Fundamentalmente, por la agresividad de las medidas del nuevo gobierno. Se sienten agredidos y no la tienen a ella, que tiene ese rol un poco de “madre”, que aconseja… Pero, bueno, ya volvió.

A vos, este lugar, ¿te da poder como potencia o te resulta una carga de responsabilidad?

 No, por momentos. Mirá, ¡yo disfruto tanto de mi trabajo! Cada vez más… Y hay momentos donde va todo en contra, porque no tener apoyo político de nadie te hace sentir mal. Pero después, cuando te enterás que te vio mucha gente, o hubo 214.000 twits en una hora, te gusta.

 Vos tenés muchos modos de violar la pantalla. Esta segunda persona que usás, “que no te tomen por boludo”. O cuando escribís: “Usted está en un país donde los medios hegemónicos son opositores”, “Usted ve…” etc. Usás todo el tiempo un narrador en segunda, ¿sos consciente de esto?

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 No, yo fui a estudiar periodismo en TEA, como mucha gente. Y, después, cada uno encuentra su propia cadencia, su propia voz, igual que los escritores. Supongo que eso sale, se moldea y la recepción del público ayuda. Yo miro los videos de hace 15 años y cambio, reflexiono a partir de lo que veo. Aparecí por primera vez en la tele en un programa que se llamaba P y E. Y, un día, un productor, Claudio Martínez, que era el gerente de América TV me llamó y me dijo: “Quiero que vengas por tu verborragia”, qué sé yo… Eso se ve que ya estaba en mí. Respecto de cómo hablo, mirá, yo no podría hablar así si no hubiera sentido que ya entré a la casa del televidente.

Ahí, ya no sos huérfano.

 ¡No, claro! La gente que te abraza te saca bastante de la orfandad. En algún momento, quizá cuando empecé a hablar de “lo que te cobraban en el súper”, en alguno de esos momentos yo pasé a la sala de la gente. Vos fijate que hay periodistas que siguen poniéndose nerviosos en la cámara o se fijan en el twitter a ver si gustó o no lo que dijeron… Y lo cambian. Y vos en tu casa no decís lo que la gente quiere oír.

  “DOCTOR”, ACTOR, POETA: ARTE POR PARTE

           “Una sensación de quemadura ácida en los miembros,
músculos retorcidos e incendiados,
el sentimiento de ser un vidrio frágil

“Descripción de un estado físico”, Antonin Artaud



Esta puesta en escena que desplegás en el estudio, ¿es espontánea o elaborada?

 Hubo una época en la que empecé a levantar la voz y hasta yo mismo me sorprendí. Ayer me enojé y tenía la voz muy baja.

 Claro, ahora parecés el hermano de Navarro …

 Debe haber una veta… Yo voy una vez por semana al teatro. Y, muchas de las veces cuando termina la obra, me digo: “cómo me gustaría ser actor”. ¡Los admiro tanto a los actores! Ahora, no fue un plan… Cuando yo empecé a enojarme  por ciertas cosas fue espontáneo, pero vi que a la gente le gustó. Pero, no sé dónde empieza y dónde termina. Acá, por ejemplo, en mi oficina, a veces me reúno con los chicos y empiezo a hablar más fuerte, con más ademanes y me dicen: “Pará, pará, estás en la oficina”. Ya entré en esa cadencia, porque hay una pasión en todo el país. Y eso hace que yo esté hablando así, con ese énfasis. Y ya no lo pienso más, se ve que es mi forma de expresión… Yo hablaba mucho cuando era muy chico. A los 13, era delegado del colegio; a los 15, era delegado de básquet en la Sociedad de Fomento, donde había gente de 25. Siempre hablé mucho. Seguí el colegio industrial y no entendía nada. Hablaba, hablaba, hablaba. El “doctor,” me decían. Me gustaban la literatura y la poesía.

¿Nunca pensaste en los recursos de ficción para lo que vos escribís?

 A mí me gustaría tener otras vidas para ser actor y escritor. Yo tenía una Pyme hasta los 35 años. La vendí. Entonces me dije: “Bueno, sigo letras o periodismo”. Y seguí periodismo. De vez en cuando, escribo una pavadita…

¿Cuentos, poemas?

 Cuentos y poemas, sí. Pero voy a necesitar mucho tiempo para sacarme el pudor y la vergüenza para publicar. Y alguna vez he cruzado eso que escribo de ficción en mis editoriales. Igual, no digo nada.

  ROBERTO SHAKESPEARE. BORGES.AR

 “¿Y no he intentado acaso pronunciar hacia atrás todos/  los alfabetos de la muerte?/¿No era ese tu triunfo en las tinieblas, poesía? /Cada palabra a imagen de otra luz, a semejanza de/ otro abismo, /cada una con su cortejo de constelaciones, con su nido de víboras, /pero dispuesta a tejer y a destejer desde su propio  costado el universo/y a prescindir de mí hasta el último nudo.”

Olga Orozco, “En el final era el verbo”


¿Y el modo de conversar de tus distintas voces? Usás un narrador y una cita. Alternás narrador con cita. Y eso a nosotros nos recordaba el diálogo que tenés con los zócalos, en la tele…

 Ah… Yo no lo había encadenado. Simplemente, cuando escribo, quiero que esté el navarro1descargaprotagonista. A mí me gusta dar la voz. Yo di tantas discusiones con mi maestro, Alfredo Zaiat, que me decía: “Dale, Shakespeare, terminá la nota de una vez y dejá de escribir”. ¡Claro, con los puntos, las comas! Y yo: “Borges me marcó la puntuación”.

 

¿Pero te interesa, en particular, la sintaxis?

 Sí, sí. No es que sepa mucho.

¿No creés que vienen por nuestra gramática?

 ¡Vienen por todo! Parecen los españoles cuando destruían las cosas de los incas. Quieren destruir todo vestigio. ¡Tampoco los sobreestimen! Ellos tienen ciertas cosas que saben que deben romper. Algunos íconos, por ejemplo, por eso el tipo bailó en el balcón para desmitificarlo. Cuando empezaron, tenían cierta organización. Ahora, los lleva el viento.

 Rudy, por ejemplo, decía: Los tomates ahora se sinceran, no aumentan. En este sentido lo decíamos.

 Mirá, lo de sinceramiento lo escuchás en Ecuador, en Bolivia. Esa es una bajada que implicaría: todo lo que pasó en estos años fue mentira. Esas vacaciones que te tomaste, ese autito que te compraste, todo eso fue mentira. Pero la única mentira se arma cuando vos pediste prestado y vivís de prestado con deudas. En este caso fue al revés porque, en estos últimos años, algunos países como el nuestro se desendeudaron. Hay cierta parte del lenguaje que baja desde muy arriba, desde el norte, que supera a estos muchachos… ¡Yo no los respeto nada! Aunque en algún lugar obtienen resultados.

 

 TAN LEJOS, TAN CERCA

            “No para el hombre altanero/apartado de la enfurecida luna/yo escribo en páginas de mar/salpicadas, ni para altivos muertos/con sus salmos y ruiseñores sino/para los amantes, sus brazos/rodeando las penas de los siglos, /que no elogian ni pagan ni notan mi oficio o mi arte.”

“En mi oficio o arte sombrío”, Dylan Thomas.

¿No habrá cierto pudor en los periodistas con los recursos literarios?

 Bueno, los periodistas tenemos distintos estilos. La verdad que hay pocos economistas que hablen como yo. Me acuerdo cuando Mercedes Sosa se estaba por morir, dijo que se estaba muriendo y no había logrado llegar al pueblo. Yo la amaba. Y siempre pensaba: cómo se hace para que te salude el muchacho que está levantando la basura, el trapito, ¿cómo se llega a ellos? Pienso en cómo llegar ellos.

 Y hablando de llegadas, ¿cómo hacés para llevar la frialdad de la economía a las personas? ¿Cómo hacer para que las cifras conmuevan?

 No es que la gente entienda todo. Pero en vez de decir “la fuga de divisas”, o palabras como “PBI”, uno puede hablar con un lenguaje cotidiano. Decir “no te alcanza para el alquiler”, o explicar que antes le podías dar al chico para un alfajor y ahora te lo gastás en el alquiler, en el súper o en cualquier otra cosa. Al fin y al cabo, la economía es eso. Yo digo: si en  un país donde se produce alimento para 450 millones de personas, no le podemos dar de comer a 40 millones, bueno, hay un mal economista. Y eso lo entiende la gente. Si vos hablás como hablás en tu casa, te van a entender. Vos fíjate: la mayoría de los periodistas no dicen eso. Si vos pensás lo que van a pensar todos, te paralizás.

 Pareciera que vos reaccionás paradojalmente a la censura. Mientras más te censuran, más gritás.

 Ayer me pasó. Me dijeron que estaban cortando la señal de Cablevisión en todos lados, no se te escucha. Sigo y me lo vuelven a decir. Y ahí me enojé. Yo creo que la censura termina enojándome. Y entonces dejo salir lo que siento. El otro día tenía los ojos brillosos por el informe de los comedores… Pero ahora también. No puedo hablar de eso sin… ¿Me entendés? Me dicen, “actuaste para la gente”… ¡Y no!


Dijiste que fue un hito en tu carrera, porque nunca habías hecho ese tipo de notas.

 Son lugares  que yo no quiero volver a tocar.

¡Qué transmutación, no! Este lugar que ocupás…

 Es que debo hablar de cosas que estaban lejos de mí. Porque uno es progresista, pero vive acá. Mirá, me pareció increíble que un muchacho de la calle me dijo: “Yo te veo”, me abrazaba y yo no creí que me viera, pero me repetía las cosas de mi programa. Y me abrazaba, tenía mucho olor a alcohol en todo el cuerpo y yo estaba lejos de todas esas cosas.

¿Volviste a acercarte a tu infancia?

 Claro, vos un día te alejás. Sos un progresista arriba de un auto. Te alejás de los pobres que defendés.

RETAZOS DE AUSENCIAS Y CERTEZAS

               “Gran cosa es mirar los árboles de bosque. Uno aprende a distinguir su especiería propia que se saca por el grosor, por el olor que esparcen o por su jugo o sequedad, por su copudez, y a todos, por su persevero en la mismidad de árbol”,

Libertad Demitrópulos, “Río de las congojas”


Como si le dieras lugar a lo ausente. Vos le das mucho lugar a lo ausente, de las noticias que no están. ¿Cuál es la potencia de lo ausente?

 ¿Cómo hacés con eso? ¿Cómo hacés para ver lo que no escriben? Alguien tiene que marcar lo que falta. Es muy raro lo que pasa… Creo que va a cambiar. No hay forma de que la mitad de la población no tenga representación en los medios. Es peligroso eso. Hasta la dictadura dejaba la revista “Humor”.

¿Cómo hacés vos con tus fuentes? ¿No hay un acto de fe en confiar en ellas?

 Hay mucha gente detrás de eso que se ve.

Pero aún chequeada, la certeza no está nunca.

 ¡En la vida! Bueno, pero uno tiene un olfato. Hay cosas que uno sabe si pueden ser ciertas o mentira.

  EN EL NOMBRE DEL NIÑO QUE FUI

                                     “Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.”

Alejandra Pizarnik


 ¿Qué elegís para lo oral y qué, para lo escrito?

 Yo tengo material como para tres libros. Pero no tengo tiempo para escribir. En cambio, en la tele, buen: llego, me maquillan y estoy. Es más fácil. Yo quisiera escribir. Uno siempre escribe mejor de lo que habla. Podés reescribir.

¿Qué relación encontrás entre el discurso y la pasión?

 Creo que primero es la pasión.

¿Qué entendés por pasión?

 Intento decir esa construcción que hice con mi vida.


navarro6carmen_imbachPorque pasionar es sufrir, etimológicamente.

 Y… mirá, ¡cuatro divorcios tengo!


¿Y el desamor?

 Lo que veo es que vuelve la indiferencia, que es un modo del desamor. Eso está volviendo a la sociedad, qué rápido vuelve, ¿no? Cuatro meses…


Pero vivís como escenas de película del desamor. Los chicos hambrientos. Los desocupados.

 Eso entra. Yo todo eso lo vi. Lo vi cuando era chico. La pobreza. Por eso lo siento. Por eso me sensibiliza.

 Esa sensibilidad se hace potencia a la hora de conectarte con tu público.

 Yo creo que estuvo siempre. Pero no es fácil hablarle a una fría cámara que está ahí. Tardás en sacar todo lo que tenés…

 ¿Creés que el niño que fuiste está ahí, cuando hablás frente a cámara?

 Sí. Ahora estoy pensando mucho en mi niño. Son momentos, retazos. Creo que tardé en darme cuenta de que era pobre. Pero hay cositas, ¿viste? Por ejemplo, A mi mamá, que yo le decía “comé, comé”, y ella que no, que no, “no tengo hambre”. Ahí algo uno sentía.

 Una última pregunta. Parafraseando el lapsus de Macri: ¿en qué te gustaría hacer lo mínimo posible?

 Ser lo menos indiferente posible. Como dice el tema de León…

Ya no sos indiferente.

No quiero no sufrir. No me lo propongo.

¿Cómo trabaja lo poético en vos?

 Ayer volví a ver “La sociedad de los poetas muertos”. Una película de gran belleza. Una de las cosas que me pasa ahora es que me sacan de la belleza… La belleza de lo simple, caminar un rato por los lagos de Palermo, disfrutar del arte. No tengo tiempo. Y no hay mucha belleza en la política.

¿Y no te entristece un poco, tanta información y tan poca belleza?

 Sí, sí… ¡En cuanto se vaya Macri voy a tomarme tiempo para la belleza!




MAR A DOBLE CUERPO

Por Lourdes Landeira

Desamor: Conversación con Sonia Santoro

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 Como su oráculo doméstico había previsto, Ulises estaba condenado a no regresar a Ítaca durante veinte años. Al salir de Troya erró de un lado a otro del Mediterráneo y tuvo muchas aventuras con sirenas, brujas y monstruos. Cuando llegó a Ítaca, se encontró su palacio invadido por los pretendientes de Penélope, deseosos de usurpar su trono casándose con la reina. Pero ella conseguía retrasar su destino insistiendo en que no se casaría hasta que hubiera concluido de tejer su propia mortaja, y cada noche deshacía lo que había tejido el día anterior. Con la ayuda de su hijo Telémaco, Ulises mató a los pretendientes y después vivió felizmente con Penélope”. La cita pertenece a La canción de Troya, de la australiana Coleen Mc Cullough. En la novela, la escritora reescribe la guerra como canción narrada por distintas voces. Ahora bien, ¿qué hubiera pasado si en lugar de Ulises la viajera hubiese sido Penélope? Las narraciones por venir, ¿serían otros mares, otros tejidos? Ítaca, pasado y futuro de Ulises, permaneció con él mientras atravesaba mares, muertes e intrigas. Y Penélope tejió y destejió su trama, en su lugar. Como viaje trascendido, es lectura recurrente e impone también reescrituras. No como repetición, pero sí como búsqueda, pregunta actual sobre el pasado que puede modificar el futuro. Pregunta que no condena: escucha y conversa, nadar un mar de dificultades, sin antiparras (pero con gafas violetas); va munida de cuadernos de colores en los que ensaya la palabra, sus silencios y sus ausencias. Y vuelve a partir. Encuentro acompañado. La entrevistadora entrevistada en su cocina abre la puerta para que Penélope salga a jugar.

PUERTO NÚMERO UNO: MACERAR Y DAR DE NUEVO (el agua y el aceite)

La conmemoración – el 8 de marzo – del Día Internacional de la Mujer fue el disparador para invitarte a conversar. En ese marco, ¿qué rol juega la palabra en la carga y el vacío de sentido?

Este año hice una nota sobre los discursos que aparecen sin relación a ese día, ni a su origen ni a lo que propone: la defensa y la lucha por los derechos de las mujeres. Sin embargo, se usa como en general se usa a las mujeres, para vender cualquier cosa y hacer promociones de todo tipo. Un discurso que remite a lo más arcaico del ser femenino; justamente, lo que quiere deconstruir esta conmemoración. Al mismo tiempo, ese hacer convive con los discursos más militantes, los del feminismo y de quienes vienen trabajando estos temas. Estamos en un mundo complejo.

Ayer, en la presentación de tu último libro, “Periodismo con G”, hablaste de la importancia de lo colectivo, de estar acompañada, de estar en red. En su reciente visita, Michelle Obama dio un discurso a jóvenes estudiantes. Allí puso en juego varios temas de la agenda feminista, (excluyendo otros, por supuesto) en un marco voluntarista casi como el sueño americano: “con tu esfuerzo lo vas  a lograr”. En la convivencia de los discursos, ¿cómo juega la apropiación que hacen algunos sectores de las reivindicaciones de la militancia?

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 No solo se adueñan; también arraigan en viejos ideales o imaginarios. Ahora, se me ocurre relacionarlo con esta cosa de los inmigrantes, de esforzarte y superarte para lograr con trabajo lo deseado. Y pienso que yo tengo algo de eso metido adentro y mucha gente, me parece, lo tiene. Por eso, desde algún lugar, pega: esforzate, que vas a ascender, a destacarte, a cambiar de situación socio económica.¿Y qué pienso de eso? Por un lado, creo mucho en las personas que inspiran. Así que, si ella, aun con ese discurso, logra inspirar a niñas y a mujeres, es válido. Más allá de lo que traiga detrás. Pero también pienso en lo peligroso de quedarnos solo con eso y borrar la idea de que nada se consigue de manera aislada. Tal vez una mujer pueda conseguir ganar igual que un varón en su trabajo, pero eso no va a hacer a un cambio general y a un cambio global. Sin embargo, tampoco me gusta pensar -ni es lo que les digo a mis hijos-  que no vale la pena el esfuerzo, porque igual no depende de vos. Es complejo, pero tenemos que convivir con estos discursos contrapuestos. Creo en distintas respuestas de distintos actores. Entonces, hay que apostar al esfuerzo y saber que no todo depende de vos. Porque ese discurso termina siendo culpabilizador: “uh, no hice lo suficiente, por eso no lo logré”. La cosa es cómo entramar lo individual con lo colectivo.

PUERTO NÚMERO DOS: MOVER LA ESTANTERÍA (¿quién pone la mesa?)

 ¿Habría que hacer cambios en el lenguaje para producir cambios?

Es uno de los temas más complicados, me parece, de modificar. Desde que nacemos, está ahí la importancia del lenguaje, de las primeras palabras y de cómo esas primeras palabras y formas nos constituyen. Para mí,  cuando tuve a mis hijos, fue muy fuerte darme cuenta que ellos no tienen el masculino genérico incorporado: se los incorporamos como sociedad. Hasta el jardín, ellos ponían en duda esa categoría y tendían a feminizar las palabras. El lenguaje nos condiciona y está condicionado por la sociedad. Es importante pero difícil trabajar en eso. Tenemos que pensar todo el tiempo de qué manera incorporarlo sin que suene forzado. Yo no tengo una postura activista al choque. Me interesa más generar algún tipo de cambio que vaya decantando. Quizás es iluso, pero es mi idea. Hace diez años yo decía cosas que ahora me hacen ruido. Entonces, sí, hay que trabajar en eso y mucho desde lo personal.  

Pensaba en que habitamos un mundo patriarcal y hablamos de la lengua madre. En los últimos años hubo avances en leyes sobre los derechos de las mujeres y sobre violencia de género, sobre la violencia simbólica que se impone básicamente desde el lenguaje.  Vos escribiste un libro sobre cocina, un libro sobre tu propia maternidad. ¿Cómo se llega a lo cotidiano?

No sé, ese es el desafío para quienes hacemos comunicación. Es la tarea diaria. Primero hay que lograr un equilibrio personal y, después- de alguna manera- lo vas bajando. Primero hay que lograr incorporar algunas herramientas: qué decís, cómo lo aplicas. Pero, una vez incorporado, te sale.  Es la metáfora de las gafas violetas, una vez que te las pones, ves todo con esa perspectiva. Igual, el desafío más grande para mí es la familia. Cambiar las estructuras familiares. No sé cómo se hace, es muy difícil, pero ahí está el desafío.

¿Qué sería un cambio de las estructuras familiares?

lour3descargaYo creo que todo sigue recayendo mucho en las mujeres: las tareas de cuidado, todo, todo, todo. Aun entre quienes nos consideramos feministas y tenemos conciencia del tema, es difícil. También cambiar, correrse de ese lugar de “yo lo controlo todo acá, soy la que organizo” y así todos tienen que hacer referencia a vos. Es un rol en el que nos ponemos muchas mujeres, por distintos motivos; un rol que te da cierto poder y  hay que saberlo abandonar. A veces no lo logramos, aunque queremos, porque existe toda una sociedad en contra, que alimenta ese rol.

Alimenta que tu poder pase por ahí…

Y sí, pero eso implica un desgaste, un agotamiento para las mujeres. Sobre todo, para las mujeres que también trabajan afuera. Es un tironeo que existe siempre.

PUERTO NÚMERO TRES: MADRES HAY MUCHAS SOLAS (tanto ruido y pocas nueces)

En relación a la maternidad, también conviven discursos – viejos y nuevos- que, con la propuesta de la vuelta a lo natural (parto, lactancia, crianza), imponen nuevos mandatos y nuevos tironeos, ¿lo ves así?

Sí. Y el efecto recae fundamentalmente en las mujeres. Hay una vuelta atrás, hacia la imagen de la mujer en la casa. Pero lo “natural” significa mucho trabajo. Incluso, hay quienes plantean el fracaso del feminismo, porque- dicen- al final, las mujeres están trabajando más que antes. Vuelta atrás. Para qué voy a salir a trabajar afuera si al final estoy mejor en mi casa haciendo mermelada. Y tampoco eso es real. ¿Quiénes lo pueden hacer? Un número muy pequeño de mujeres. Pero, además, lo plantean como si eso fuera la maternidad ideal.

¿Una trampa regresiva en un discurso que se dice progresista?

Estos discursos pueden ser peligrosos en la medida en que es más trabajo para las mujeres. Nada tiene que ser obligado. El tema es si la opción es libre, aunque llegar a definir eso es todo un asunto. La cosa es poder elegir y que la elección se aproxime lo máximo posible a  algo verdadero. Elegir la manera de parir, de criar, de lo que sea, es el eje para mí de la liberación femenina, en los términos más antiguos, si se quiere. Además, yo estoy convencida: las mujeres que no generan dinero en este mundo, llega un momento en que ya no podrían cambiar, aunque quisieran. No encuentran la manera de hacer otra vida porque no tiene recursos propios. Lo ves todo el tiempo con las mujeres víctimas de violencia, que se quedan por la cuestión económica. Yo  también trabajo en la Defensoría del Pueblo, allí llegan muchas mujeres que dicen: lo que necesito es un trabajo. Y sí, pero no es tan fácil para muchas mujeres acceder a un trabajo. En este mundo, necesitamos generar dinero. Eso hace a parte de nuestra autonomía.

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Vos decías antes que la libertad estaba en que la mujer pudiera elegir si hacer mermelada o ir a trabajar afuera. Y me pregunto, para que la elección fuera libre, ¿no tendría que también estar la posibilidad de que el hombre pudiera elegir hacer mermelada?

Es cierto, pero siempre la mujer está en peor situación que los hombres. Aun cuando el hombre esté en una mala situación. Porque hay un montón de categorías que nos discriminan. Pero sí, el cambio es mucho más profundo y más amplio.

PUERTO NÚMERO CUATRO: METÁFORA Y METONIMIA (silencio: aquí no hay gato por liebre)

Antes hablaste de la metáfora feminista de las gafas violetas, ¿cómo te llevas con su uso en la escritura periodística?

Yo no uso en el periodismo mucha metáfora, por la velocidad  con que tiene que salir. Estoy formateada en que hay que contar los hechos y ya. Quizás, recurro más a contar una historia, aunque sea cortita. Introducir un tema a través de un testimonio, no citando, pero sí contando. Yo, además, tengo otros libros de ficción, no publicados. Entonces, hay dos compartimentos separados, no sé si está bueno, pero tampoco sé si hay receta. Es como me va saliendo. Me parece que el tema es escribir bien. Si lográs incorporar metáfora y todo lo que más puedas para hacer más interesante la lectura, mucho mejor. A una nota, no le doy tanto tiempo como a un texto de ficción.

¿De qué tratan tus ficciones?

Cuando escribí el libro de la maternidad, noté que me hizo muy bien, me puse a escribir cuentos y tengo un libro armado (ver enlace al final de la nota). Ahora estoy escribiendo infantil. Trabajé una novela durante varios años. Ojalá la pueda publicar. Me divirtió mucho hacerlo. En el fondo, pienso- o pensaba- que, si  escribís, podes escribir cualquier cosa. Así se me ocurrió hacer una historia y la escribí, pero me faltaba algo. Entonces fui con mi novela a un taller de literatura infantil, durante todo el año pasado. No es fácil escribir para chicos. Tenés que disponer de una serie de recursos e imaginarios específicos. Tenés que evaluar qué les hace gracia, a qué le puede remitir cada cosa. Podés recurrir a tu propia infancia, pero no alcanza. Vos tenés tus recuerdos. Pero no todo lo que funcionaba en tu infancia funciona ahora, necesitás aggiornarte.  

La infancia aparece como tema recurrente. Ayer, en tu presentación, hablaste de tu amor por los libros e hiciste referencia a una anécdota de cuando eras niña y te encerraste en el placar con un libro “inmenso” de tapa azul. Quizás no era “tan grande”, pensás ahora. En “Un día me convertí en la madre que aborrecía” hablas del mar: el de tu infancia en letra itálica; y el de adulta, en letra normal. ¿Qué aporta al texto la diferencia de tipografía?

La itálica está usada para el pasado, para los recuerdos, para diferenciar. Creo que el cuerpo de la letra habla. A veces nos olvidamos de eso. No solo el cuerpo, sino el uso del espacio, de la página. Lo pienso en los twitter, en tan pocos caracteres, hay gente que escribe dejando espacios, como si fuera un poema. Y, por supuesto, te llega de otra manera, lo ves más. Todo juega y comunica.

 

¿El silencio habla del límite del lenguaje?

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En poesía se usa mucho, yo no soy lectora de poesía, pero hay gente que lo maneja muy bien. En las entrevistas, los silencios son muy importantes para que el otro hable.

 

La elipsis de tiempo entre los mares: ¿sería una forma del silencio, un efecto poético en tu texto?

No lo pensé, puede ser. Tiene que ver con cómo se construye nuestro estar en el mundo, ¿no? Todo el tiempo está ahí, como separada y remarcada la presencia del pasado en el presente. En la vida, todo el tiempo el pasado se nos aparece. Una cosa remite siempre a muchas otras cosas o a un momento.

¿Pesan más aquellas olas, aquellos libros?

Sí, puede ser. El otro día, en una reunión de primas, contaban cosas de cuando éramos chicas que yo no me acordaba. Es tremendo ver cómo nuestra memoria selecciona. Sí, en la infancia hay cosas que nos quedan muy marcadas. Pero la mayoría es olvido, silencio. No somos Funes. La mayoría son silencios.

PUERTO NÚMERO CINCO: MODIFICAR Y TODO MÁS (hacia la infancia nutricia)

Respecto a las voces y los silencios en las entrevistas, ¿qué libertades te tomas al escribir un testimonio?

Antes intervenía mucho más al momento de la escritura. Ahora, cada vez disfruto más de la conversación, del diálogo. Antes movía las preguntas y respuestas, reescribía, glosaba. Ahora, si puedo, respeto la entrevista como salió, con su diálogo. Me gusta mucho más, me parece más verdadera. Una pregunta remite a otra, vas para adelante y para atrás y el lector puede seguir el hilo de pensamiento de quien pregunta y de quien responde. Ahora estoy publicando solo en Página 12, sobre todo, las entrevistas que salen en la sección diálogos. Es muy larga, solo hay que hacerle un encabezado y en un recuadro hablar un poco de a quién entrevistaste. Esa extensión te da la posibilidad de hacerlo y me gusta. Aunque sea una ficción, pero lo es con menos intervención.

En la introducción a “Periodismo con G”, hablás de los hilos invisibles en la entrevista. Yo traje algunas palabras que se repiten en tu obra. La cocina y la comida, el trascender, lo sagrado, la mirada, la transformación, el cambio, el sentido de las palabras, lo que se escurre, lo que se adhiere, el mar, el amor al libro, el proceso, la enumeración, lo colectivo, ¿ves un atravesamiento de estos temas en tu escritura?

No sé, supongo que sí, porque aun cuando el trabajo fuera- a pedido- siempre intento   involucrarme y dar lo mejor de mí. Siempre está tu punto de vista, tus intereses. “Cocina Sagrada. Cómo nutrir el cuerpo y el espíritu” es un libro que no se me ocurrió a mí,  me lo encargaron. Yo nunca lo cito, porque pareciera que para mí tiene menor valor. Sin embargo, las palabras que rescataste sí tienen que ver conmigo. Siempre hay una búsqueda de lo trascendente, de que la vida no puede ser esta vida ordinaria, tiene que haber otra cosa que nos conmueva. Y eso también aparece en la entrevista. Lo digo en el libro y te lo decía antes. Disfruto mucho, cada vez más, el encuentro con la otra persona, el momento, más allá de lo que escriba después. Con algunas personas se da un encuentro mágico, no sé cómo llamarlo. Después el mar; el agua es para mí muy importante, me gusta el agua.

El libro que mencionabas ayer era enorme y azul como el mar.

Mirá, sí, es cierto. El agua me hace bien.

En el prólogo de “Periodismo con G” terminás con una metáfora sobre el océano: “Palabras que son océanos por los que se deslizan, hunden y reflotan más allá de estas entrevistas pensadas individualmente pero resignificadas en conjunto”

Ahora que vos me le decís, en mi página web, tengo una frase del poema Ítaca, de Constantino Cavafis. Es un poema sobre el viaje de Ulises por el mar. La novela infantil que terminé de escribir no podría decir que es una reescritura, tiene que ver con el viaje de Ulises; solo que quien viaja y hace todo un camino por el mar es Penélope. Y tiene que ver con eso que vos dijiste de la transformación. Me parece importante poder cambiar, no puede ser que así como llegamos nos vayamos. No, no puede ser. A veces, no sé, cambiamos y no nos damos cuenta. Y hay cosas que queremos cambiar y no podemos y estamos toda la vida intentándolo.

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“Ruega que tu camino sea largo, que innumerables sean las mañanas de verano que (¡con cuánta delicia!) llegues a puertos descubiertos por vez primera” ITACA – Constantino Kavafis

 

¿El proceso de la escritura puede ser un espacio donde repensarse?

Yo pienso mucho mejor cuando escribo. Muchas cosas las entiendo recién cuando las escribo.

En mi recorrido de lectura de tus libros, primero fue el libro de la cocina y continué con “Sin nosotras se les acabó la fiesta”. Me sorprendió que comienza con… milanesas: “este libro se gestó en un restaurante del Bajo de la ciudad de Buenos Aires, al calor de unas milanesas de pescado fritas que devoramos con pasión”. En “Cocina…”, decís: “cuando los alimentos llegan a la mesa, mucho más que los ingredientes de las recetas ha pasado y se ha mezclado”. ¿Podrías estar hablando de los libros?

Sí, bueno, ayer mi intervención tuvo que ver con contar un poco eso. Todo lo que hizo posible que este libro llegara a nivel exterior. Por supuesto, a nivel interior hay mucha actividad y movimiento.

Ingredientes que se mezclan y dan otra cosa…

Sí, claro. En el libro de la cocina, hay muchas metáforas. Sigo teniendo algunos libros de esa época. Yo, a veces,  en eso soy un desastre, se me quema la comida, estoy en otra y hago todo mal. Todo al revés del libro. A veces, intento comer un poco mejor y me dedico a pensar lo que como. Leí muchos libros para escribir ese libro. Y me quedó uno de macrobiótica que todavía sigo usando bastante. Cada vez me dedico más. El tema es hacerlo cuando te surge y te dan ganas de hacerlo, como te decía antes, que no que sea una obligación.

PUERTO NÚMERO SEIS: MANO A MANO (coco y vinagre: mezcla de amor y pasión)

Hablaste de las ganas y pensé en la pasión. Los libros te enamoran, te apasionan. ¿Ahí estaría lo trascendente?

No sé si es ahí o si es solo ahí. Tampoco sé si todos los libros son trascendentes. Hay libros, como personas, que te parten la cabeza, esos son los trascendentes. A mí, el último libro que me partió la cabeza es “El cuaderno dorado” de Doris Lessing. Es impresionante. Tiene que ver con escribir, llevar diarios, cuadernos. Yo escribo, tengo muchos cuadernos. Hago homeopatía y ellos te hacen muchas preguntas y tenés que llevar una historia de la enfermedad en sentido amplio; del estado de salud, si se quiere, de cómo te sentís, cómo estás. En el mío, tengo eso, y de todo: sueños, y hasta un libro que recorté del suplemento y quiero comprarme.  De mis hijos, de cada uno, un librito. Ahora empecé uno de mi perra. Ella tiene un problema con la piel y no termina de curarse. La llevo un veterinario que mezcla alopatía y homeopatía. Pero estoy cansada, me puse a buscar en internet y hoy compré aceite de coco, porque leí que es bueno para la piel. Voy a empezar a darle una cucharadita por día, total, mal no le puede hacer. Hice también un preparado para afuera, con mezcla de vinagre y té verde. Me perdí…

Hablábamos de tus cuadernos.

Ah, sí, yo tengo libros de todo, libretitas donde voy escribiendo.

¿Te gusta escribir a mano?

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Ahí sí. A veces me da fiaca, pero en eso sí lo hago y me gusta. La ficción la escribo con la notebook. La otra, la computadora de escritorio,  es como más seria, más trabajo.

 

 

Te cito: “este es un proceso en el que estamos implicadas de cuerpo y palabras”; “hacemos todo esto mientras buscamos modificar nuestro lenguaje, ya que es bastante masculino desde su concepción”…

Mirá vos, me tengo que releer.

Entrelazar cuerpo y palabra, letra itálica con normal. El cuerpo de la letra y cómo se entrelazan forma y contenido en la escritura. Recursos. En “Sin nosotras se les acabó la fiesta” utilizas la metáfora de Cupido. “Un proceso que no deje de incluir el placer de leer buenas historias, que de eso está hecho el buen periodismo. Casi tanto como de corazones atravesados por un sinfín de Cupidos.”

No me acuerdo de nada. Pero tiene que ver con la pasión.

Nuestro número, esta vez es sobre el desamor. ¿Qué es para vos el desamor?

Me suena al descuido, a hacer las cosas así nomás. En relación a las personas y también en relación al trabajo, a un texto. Y a veces lo hacemos. En este momento pienso, no sé, que tal vez he descuidado a algunas personas. Como que el amor hay que demostrarlo y a veces en eso no es suficiente con saber que se quiere.

PUERTO NÚMERO SIETE: MUJERES AL FIN (sopesar los alimentos: cuando la balanza se dobla)

¿Qué hace falta para hacer entrevista con perspectiva de género, más allá de ser hombre o mujer?

Te tiene que atravesar Cupido e inocularte un malestar por la situación de desigualdad que hay en nuestra sociedad. Si te picó ese bichito, de ahí en adelante, todo puede ser. Tiene que ver con una transformación personal y, después, una búsqueda. Ir formándote, leyendo, haciendo algo más académico, haciendo activismo, participando en organizaciones. La cosa es ir metiéndote en qué es esto del feminismo, de la perspectiva; tiene que haber un interés.

Una de las cosas que siempre te escuché decir es que la perspectiva se puede aplicar a cualquier tema, más allá de la agenda de mujeres . En el libro, ponés como ejemplo la pregunta  que le harías a un sociólogo: ¿por qué el cuerpo de las mujeres es el más exigido? ¿A qué te referís con la pregunta?

Es que se le exige muchas cosas al cuerpo de la mujer. El modelo de belleza es muy exigente, estar delgada, linda. En las publicidades, en los programas de cualquier tipo, en la calle. A un hombre con canas se le dice “qué bien te sientan”. Para una mujer, no es tan fácil lucir canas.

Sobre la elección de entrevistadas (si bien en el libro hay varones y mujeres) y temas, decís que- en algunos casos- te sentís bien con la discriminación positiva. ¿Jugas ahí algún balance?

lou1penelopeAl principio, me molestaba que lo importante para hacer una nota era que fuera a mujeres. Después, entendí que tiene que ver con años de postergaciones. Entonces, lo veo como una manera de equilibrar eso. Pienso que la perspectiva de género se vincula con la mayor visibilidad de las mujeres y con denunciar las desigualdades.  Básicamente, son esas dos cosas, atravesadas, por supuesto, por las otras variables, como la edad, la orientación sexual, el nivel socioeconómico. Ahí te aparecen otros sub-problemas.

Volviendo al cuerpo de las mujeres, ¿por qué crees que no se logra avanzar con una ley de interrupción voluntaria de embarazo?

Bueno, todo es muy complejo. Hay muchos intereses, la Iglesia, claro, pero no solo eso. Otros discursos tradicionales también juegan, en el sentido de seguir limitando las decisiones de las mujeres, aun sobre sus cuerpos. Además, ahora, me parece que incluso hay una renovación del discurso más tradicional, que viene con eso de la vuelta a casa que hablábamos antes. ¡No terminamos todavía de salir, que ya tenemos que volver! Hay estructuras que no se cambiaron. La justicia es una estructura de poder muy patriarcal, jerárquica y anquilosada. Poderosa. Entonces es difícil, los actores a enfrentar son muy fuertes. Y siempre están las viejas ideas, los imaginarios incorporados, que tienen que ver con el rol tan importante de ser madres, como único rol importante – trascendente-. Entonces, cómo vas a osar escapar a ese rol y quitar la vida que es como el valor más fuerte. Son muchas cosas.

Hablas de desigualdades y hay un amplio universo que acepta el aborto en determinados casos (violación, por ejemplo). Y, así, se adueña del poder de jerarquizar “vidas”. Las que se pueden interrumpir y las que no. En el discurso se naturaliza la hipocresía.

Es un tema muy delicado, porque a todo el mundo le duele. Son dilemas morales, a nadie le hace gracia interrumpir un embarazo. Lamentablemente, no estamos en condiciones de avanzar en eso. Hoy me llegó una noticia relacionada al protocolo de interrupción de embarazo no punible. Es tan compleja y son tantos los vericuetos de la justicia que te pueden poner trabas, que parecen infinitos. La información es tan compleja, que aunque estés involucrada en el tema, te cuesta entender. Mientras no cambie la justicia, creo que vamos a estar complicados y complicadas.

Hablas de cambio y, así como “Las palabras tienen sexo”, el lenguaje tiene vida y cambia a través de los tiempos. Algo de esto decías sobre tu escritura de la novela infantil. Recordar tu infancia no era suficiente como recurso, porque el lenguaje de la infancia de hoy es diferente. Pensaba en el poder: de la justicia, de las estructuras. ¿El lenguaje tiene poder de cambio para romper en esas estructuras?

No va solo, no puede solo. No es solo el lenguaje. Pero tampoco es antes ni es después. Porque, a veces, se dice que hay muchos otros problemas de que ocuparse antes de cambiar el lenguaje. Yo creo que viene al mismo tiempo. Es algo que tiene que venir desde muchos lugares: estructuras, organizaciones, movimientos, hasta llegar a todos los ámbitos. Quien sabe de salud lo trabajará desde su práctica, lo mismo que debe suceder en cualquier actividad.

Pero sea cual sea el ámbito, siempre estará atravesado por el lenguaje.

Sí, pero quienes tienen que ocuparse más son quienes  lo “manejan” más profesionalmente. El periodismo, las universidades, las carreras de comunicación. En esos ámbitos tendría que estar la vanguardia para que se vayan permeando transversalmente todos los temas.

PUERTO NÚMERO OCHO: MUCHO GUSTO (y panza llena)

Hay una palabra que dijiste ayer y que también leí en alguno de tus textos: el capricho; ¿qué es el capricho para vos?

Y… darse un gusto. Es como algo más infantil, decir: bueno, esto lo hago porque quiero, porque se me ocurrió. Me dieron ganas de hacer este libro, busqué la manera de lograrlo, puse las entrevistas que quise y lo hice como quise. Digamos que ese para mí es el lugar del capricho, el del gusto.

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¿Interviniste las entrevistas?

No, no son tal cual. Dejé la parte de pregunta respuesta igual, con apenas algún retoque o aclaración que me pareció necesaria por lo coyuntural. Pero, en cada una, hice un perfil más desarrollado, donde cuento algunas infidencias, intimidades, algo de la cocina de la entrevista

Se coló la cocina.

Sí, otra vez (risas).

Decís que, cuando vas a una entrevista, llevás preguntas, vas viendo cómo sale el recorrido y te reservas una para el final: ¿quiere agregar algo más? Antes de preguntarte eso, me gustaría saber cómo manejas el tema de la oralidad y la escritura. En las entrevistas tuteás a la gente, pero, a la hora de escribir, lo hacés de “usted”.

No me gusta cómo queda, me parece muy confianzudo, informal. Capaz que es un vicio porque alguna vez, en el diario, me dijeron  que tenía que hacerlo así. Bueno, eso también es un capricho. No tiene mucha explicación.

Entonces, ¿querés agregar algo más?

No, creo que hablamos bastante.

“Escribir acerca de uno mismo equivale a escribir acerca de los otros (…) romper a través de lo personal lo subjetivo, convirtiendo lo personal en general, como en verdad siempre hace la vida transformando en algo mucho más amplio una experiencia privada, o así lo cree uno cuando es aún niño: “me estoy enamorando”, “siento esta o aquella emoción” o “estoy pensando tal o cual cosa”… Creer, en definitiva, no es más que comprender que todo el mundo comparte la única e increíble experiencia propia.”

Doris Lessing, “El cuaderno dorado”

 

“DEBERES”, un cuento inédito de Sonia Santoro. En 2012 obtuvo una Mención de Honor en el Primer Concurso Internacional de Cuentos “Hontanar” de la Editorial Cervantes Publishing. Leélo acá




AY, MATRIA MÍA

Por Lourdes Landeira

Desamor: Sobre la lengua, madre.

 

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La palabra no existe en el diccionario; sin embargo, suena y se cuece en sentidos de artes y de telares. Y el telar es tejido y el tejido es ronda de mujeres que crean matria. Es ahí cuando y donde se posibilita el tránsito de la vivencia individual a la colectiva. Con hijas e hijos camino a lo primordial que nos trasvasa, porque lo perdido no está muerto y las lenguas tampoco. Por el contrario, nos habitan y nos componen. Elegirlas en nuestro decir cotidiano (el lenguaje, ese productor y reproductor de ideología) es nuestra posibilidad de reconquista, con las manos en la olla, entre la opacidad y la transparencia.

 CONSENTIDOS

PRIMERO FUE EL VERBO, CON SU LENGUA

La pregunta sobre el origen  atraviesa a todos los seres con conciencia de muerte. Nos cruzan, por supuesto, muchas otras cosas: entre ellas, las teorías. Todos escuchamos la historia de Adán y Eva, del árbol, el relato de la manzana y  la expulsión, las desventuras de Caín y Abel y siguen los cuentos. Hay también quienes creen que la naturaleza creó al hombre para poder pensarse a sí misma. Para otros, el cocinar nuestros propios alimentos nos hizo dar el paso evolutivo hacia esto que hoy somos. Como consecuencia –respecto a nuestros remotos antepasados-  se nos ha achicado la mandíbula y, con ello, la potencia de la masticación. Al procesar la comida, la hacemos más blanda, fácil de tragar, aunque no siempre, de digerir.

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Quedan planteadas las dicotomías, adentro o afuera del paraíso. Los buenos y los malos. Cultura y naturaleza. Crudo y cocido, más allá del jamón y más acá de nuestro accionar.

¿Y la lengua? La usamos para hablar y también para degustar. Por ella pasan nuestras palabras y por ella pasan los alimentos. Entonces, la madre -o quien cumpla su rol- deviene principio de interpretación de nuestros sonidos, nuestros modos de nombrar y decir el universo y también, de procesar nuestro alimento.

LENGUA A LA CARTA

¿Y la lengua? Según dicen, los niños nacidos en familias bilingües tardan más en comenzar a hablar. Quizás, porque el comienzo fragmentado, un decir organizado en dos, atrasa la integración al entorno antes de caer en las trampas de la comunicación. Es solo una cuestión de tiempo, un poco antes, un tanto después,  -con una o más madres lenguas- sucumbiremos ante el reconocimiento de nuestras faltas y comenzaremos a rellenar: nuestras intemperies con idiomas y nuestras entrañas con múltiples (sin) sabores.

Ahora, a medida que nuestra mandíbula comenzó a decrecer, nuestro cerebro comenzó a crecer en potencia. Y se impuso, por supuesto, nutrirlo. Para eso, cada época ha dispuesto un menú de dispositivos de alimentación con pretensiones hegemónicas, enfrentado por voces disonantes que desde espacios minoritarios los fueron fagocitando para hacer lugar a otros, por un rato, nuevos.  A costa de vida, no de obras.

Hoy más que nunca, globalización mediante, intentamos aplicar recetarios  con iguales resultados de unas a otras personas y comunidades. Comprobamos, cada vez, matices y confrontaciones, gustos y disgustos. El conductismo: a igual estímulo corresponde igual respuesta, solo sirve para animales de laboratorio. En el mundo real, funcionan otras leyes. O no.

CON LENGUA Y SIN ADÁN

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Y, para volver al principio de este deambular, se diversifica la pregunta: ¿quién fue el primer hablante?, ¿qué y cómo lo dijo, a quién, con qué ritmo, cómo sonó? Se impone la aceptación: como el paraíso, la lengua madre está perdida. Pero, así como la nostalgia puede ser feliz y no tiene por qué implicar tristeza, aceptar no debe -necesariamente- resultar en resignación; puede ser búsqueda y motor de cambio. Para eso, para acercarnos a la naturaleza disipada, quizás se deba desnaturalizar la banalidad, el vacío del “sentido común”: el menos común de los sentidos. El mayor logro de un dispositivo de control es la naturalización de los hechos, es decir, desproveer una consecuencia de su causa, hacerla esencial. Y contra lo esencia no se puede ir, según popularizó la frase “hecha” por el sentido común.  Claro, por fortuna, el contrasentido está alerta. Madre no hay una sola y la matria es el mejor lugar para habitar, ese espacio del lenguaje desprovisto de padre proveedor, lugar donde familiar voces y digerirnos en cuerpo y alma (sin dicotomía  platónica). Contra el desamor.

 

JE SUIS DEL 49

solo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes

NÚMEROS INCIERTOS

Por mi parte, nací en el siglo pasado, un día 3, de un mes 5, de un año: 1966. Escribo en este  abril de 2016 (acá me adelanto, todavía es marzo, pero esto lo escribo para abril). Voy a morir en algún instante de este siglo que desconozco e insisto en ignorar. Tendrá fecha, día, hora, año, minuto. Será otra cifra (otro misterio a descifrar) en la que dejaré de ser tránsito entre esos dos puntos de aliento y desaliento. Entonces, de mi enredado amores y desamores  brotará  musguito en la piedra, ay sí, sí, sí.

¿Y el 49? No es un año, no es una edad, es otra clase de número: porcentaje;  sirve para definir relaciones de cantidades. Cuántos de cada cien se ubican en una fracción de un pretendido todo. A veces, las cifras son inabarcables por inmensas; otras, se exhiben para ocultar lo que nombran; su pronunciamiento aniquila lo pronunciado. El índice de pobreza e indigencia, ¿qué tiene para decir sobre las personas de carne y hueso muertas de hambre? El número – ficción – de la devaluación ¿cómo representa a quienes perdieron los umbrales de supervivencia, si lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el más claro proceder ni el más ancho pensamiento?

raices creciendo en aceras cemento asfalto

¿Y el 49? En verdad, es 48,60, fracción que, por proximidad, se convierte en 49, más cercana del otro entero, el  48. Es doce millones ciento noventa y ocho mil cuatrocientas cuarenta y una personas mayores de edad y de ciudadanía argentina; ellas se pronunciaron en contra de la opresión que implica entregar la política a los mercados, quitarle humanidad, desamorarla.  ¿Al desamor le dijo sí el 51 (exactamente el  51,40? Doce millones novecientos tres mil trescientos uno es la cantidad. Las consecuencias serán para los cuarenta millones ciento diecisiete mil noventa y seis habitantes del país, según el censo del año 2010. Es seguro que alguno más debe haber hoy por acá. La inmigración le viene ganando a la emigración y los nacimientos, a las muertes. Por ahora. Es decir: quienes eligieron la opción innombrable son, para continuar con los cálculos, el 32, 16% (me animo, esta vez a poner el famoso símbolo porcentual). ¡Cuánta fragilidad ante la  las mayorías que son – en verdad- minoría! Mi paso retrocedido, cuando el de ustedes avanza.

 

DESCIFRAR EL AIRE LIBRE

Ante el desconcierto, el 49 salió a las calles, a las plazas, se hizo placa, negra o roja, aun con lenguas prestadas. Primero dijo “je suis”, enseguida notó que no le calzaba muy bien, le molestaba y se preguntó por qué no decirlo en otro idioma. ¿Cómo se dice “yo soy” en Siria? Más fácil en portugués, “eu sou” (aunque faltaba un rato para eso). Entre miradas, abrazos, reencuentros de 2001 y pasto húmedo, corrió alguna lágrima, impávida, y la garganta se manifestó; ¡vamos a volver!, coreó. En lengua española, que finalmente también es prestada; cómo saber cuál es la lengua  madre, su sonido primario. Imposible, ya se dijo: está perdido. Entonces, con sus restos y sus versiones, mientras sea para plantar amores (sí, con rima y todo), bienvenido sea el idioma que sea. Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra.

Sucedió entonces que muchos del 49 coincidían en lo que no,  pero no era tan seguro que compartieran todo lo que sí. Y las preguntas regresaron. ¿Volver? Unos dijeron: “nunca nos fuimos”; otros, que nunca habían estado. ¿Dónde, de qué lado? No hay ciencia ni conciencia que explique cómo se sostiene un mundo ante el escándalo –otra vez los porcentajes que todo velan–: el 51% de la riqueza planetaria es retenida por el 1% de la humanidad. ¿Para qué querrán tanto de Nada? No hay cómo responder a que la mayor parte de los del 51 eligieron en contra de sí mismos. Quizás, porque más riesgoso que las lenguas prestadas son las ideologías impuestas con cuentagotas, día tras día, vida tras muerte. ¿Entonces? A revolver la olla y seguir cocinando, que la comida chatarra no me cae nada bien. Eso es lo que yo siento en este instante fecundo.

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Por eso, más que del 49, estoy siendo del 99 planetario: ese es mi lado, sea cual sea el número. Y fijo pensamiento en placa para que ninguna placa se me haga pensamiento; al menos, hasta que el QEPD me llegue. Mientras, iré cambiando láminas. Sí, cambiando,  sin miedo a la palabra, porque es de mi vereda, aunque nos haya sido robada. Violeta, hacia sus diecisiete, cambia y se multiplica; es flor, es color, es mujer, es nombre, es revolucionar.

De par en par la ventana/se abrió como por encanto,
entró el amor con su manto/como una tibia mañana;
al son de su bella diana/hizo brotar el jazmín,
volando cual serafín,/al cielo le puso aretes
y mis años en diecisiete/los convirtió el querubín.

Nota: Toda la cursiva corresponde a Volver a los 17 de Violeta Parra.

DINOSAURIOS VIVOS

CANTARES

Sonido primario, dije antes, y me vuelvo a preguntar: ¿de dónde viene el sonido de la voz humana? Me responde una versión, nuevos misterios y cifras, una teoría. Dice que compartimos con los pájaros la parte melódica de nuestra lengua. “Un total de 55 genes muestran un patrón similar en la actividad del cerebro de los seres humanos y de aquellas aves capaces de aprender nuevas vocalizaciones y de reordenar los sonidos más básicos de su canto para transmitir distintos significados. Sin embargo, la parte pragmática (que es la portadora del contenido del discurso) de nuestro lenguaje habría derivado de nuestros ancestros primates no humanos; y ambas capacidades (melódica y pragmática) se habrían fundido en algún momento de los últimos 100.000 años de evolución, para dar lugar a la forma del lenguaje humano, y con ello al origen de las diferentes lenguas (idiomas) que han sido creados por los seres humanos”, dice la famosa Wiki-enciclopedia que dice un estudio de Sabrina Engesser.

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Otra vez hombre (genérico que pretende esconder a la mujer) y naturaleza, forma  y contenido. Y sonó el pájaro; quien al parecer algo tiene para decir sobre el origen.

DICEN DE MÍ

Ave, pájaro,  paseriforme según la denominación científica. Descendientes de los dinosaurios carnívoros de la era jurásica, se diversifican hoy en más de diez mil especies. Loros repetidores, palomas mensajeras. Chorlitos y gansos.

Hay quienes sostienen que, cuando un cazador derriba a un chorlito, sus compañeros bajan a tierra a ver qué pasó con el caído y, así, se ponen en el blanco de su acechador. Cabeza de chorlito, dicen algunas voces para referirse a quienes tienen “poca” cabeza.

Los gansos vuelan en V para optimizar la energía y distribuirla en cooperación con el grupo. Un pájaro va adelante; con su movimiento produce el aire que ayuda a quien va detrás. Cuando se cansa, intercambian lugares y equilibran fuerzas. Sos un ganso, dicen algunas voces para referirse a quien consideran tonto.

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Me pregunto por los sordos, los de nacimiento, con su de identidad  en ritmos de plena soledad interior, luego compartida en fluir de gesticulación, con un sentido menos. Y los otros, que redoblan  esfuerzos para decir.

Me pregunto por los sordos, los culturales, parlantes torpes para oír al dinosaurio en cada pájaro, tan poco chorlitos, tan poco gansos. Repiten recetas, ingredientes, soberbias. Homocentristas, sin sentidos.  ¿Es el amor un sentido; es posible sentirlo sin sentidos?  ¿Es el sinsentido parte?

JUGUEMOS EN EL BOSQUE

Pero yo quería hablar de arte y de telares; para amorar. Las preguntas se multiplican el lenguaje y sus voces, recurso insoslayable donde buscar respuestas para hacer más preguntas. Y el amor como lugar para morar las matrias, tejer un nido entrelazado de voces con nombres y sonidos propios.

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¿Qué se necesita para abrir la puerta y no tropezar?

“No hacen falta alas / para ser más bellos / basta el buen sentido /del amor inmenso/ no hacen falta alas /para alzar el vuelo” (Silvio Rodríguez,  “No hacen falta alas”)

Si me caigo, ¿cómo me levanto antes de que llegue el coronel?

“Nos cayeron encima cuando las desavenencias ya habían sido limadas, cuando ya nos habíamos peleado con el lenguaje y habíamos jugado con él y nos habíamos revolcado y hasta chapoteado en las palabras como en tiempos preverbales, y para festejarlo bailábamos como locas meneando la cintura.” (Luis Valenzuela, “El Mañana”)

¿Y si soy patadura?

“Lo que has vivido te deja una melodía en el interior del pecho, esa es la que a través del relato nos esforzamos en escuchar. Se trata de escribir este sonido con los medios propios del lenguaje. Esto implica recortes y aproximaciones. Podamos para desnudar la confusión que se ha apoderado de nosotros.” (Amelie Nothomb, “La nostalgia feliz”)

¿Cuántas cuentas se pierden a la luz de un farol?

“Durante demasiados años he vivido expuesto a la luz cruda de la lengua argentina como para no padecer quemaduras en la piel. Porque la luz de la lengua es como un rayo químico. Esa luz clara, el agua purísima de la lengua materna, mata a los hombres que se exponen a ella. Las manchas en la piel fueron la prueba de mis pactos alquímicos con la llama secreta del lenguaje nacional. Esa luz es como el oro. La luz de la de la lengua destila el oro de la poesía. (…) Es el espacio pleno, es el desierto, es la intemperie sin fin, como dijo el poeta, y es ahí, señores, donde pienso perderme.” (Ricardo Piglia, “Una vista”, en “Los diarios de Emilio Renzi”)

¿Alguien tiene una receta para alzar mi bandera y seguir aun cuando me quiebre?

“En la Mente sentí una Hendidura- / Como si el Cerebro se me hubiera partido- / Traté de componerlo- Costura con Costura- / Pero no conseguí que coincidieran”.(…) / “La Mente vive del Corazón / Como cualquier Parásito- / Si aquél está lleno de Carne /La Mente engorda” (Emily Dickinson, “Oblicuidad de la luz (95 poemas)”)

Si al subir la escalera me faltan amarras, ¿es válido  traducir para contar?

“No se trata del respeto por la lengua, de cada una de las lenguas, ni del respeto del sentido, sino de una concepción del sentido que trata a las palabras como términos cuyos espectros semánticos se cruzan e intersectan sin tener en cuenta que esas palabras designan significantes, y que lo que fue estropeado, si no suprimido, no es lo que puede traslucirse de la belleza de la lengua, sino nada menos que el pensamiento que sostiene el cuerpo textual (pensamiento no conceptual, como efectuado por el texto, del que es indiscernible)”  (Elise Guidoni, “El amor cuidará de sí”)

Puede complicarse, si las rodillas flaquean ¿qué hacer antes de que toquen el piso?

“Duermo, sueño, miento mucho. Se ha desvanecido la forma pajaril. Me han expulsado la poderosa forma pajaril y su amplio despliegue en la ciudad. Después de tanto esfuerzo he perdido el hilo razonable de los nombres y se han desbandado todas mis historias. Sangro, miento mucho. (Diamela Eltit, “Vaca sagrada”)

Para que las cuentas me salgan bien

“Recojo el hielo a la deriva de los poros congelados  / luego con buena voluntad y mucha miel haré un helado / no le daré, no le daré al mentiroso y al cobarde / repartiré, repartiré sólo al que ama y al que arde” (Silvio Rodríguez, “No hacen falta alas”)




TRAMAS DE JARDÍN

Los anormales: Entrevista a Pedro Brieger

 Entrevista: Lourdes Landeira, Mariana Dosso, Adriana Valetta, Gabriela Stoppelman, Víctor Dupont, Fabio Faes, Germán Cavallero.          

Edición: Gabriela Stoppelman.                

Pedro Brieger nota Mi bobe tejía punto atrás. “Es el único punto que recuerda mientras avanza”, decía. Las agujas chirriaban entre sus manos con mucha historia, al tiempo que su sillón de mimbre- el trono para el tejido-  imitaba la dirección del punto.

La escritura y la conversación de Pedro Brieger  siguen  el movimiento de aquellas agujas de tejer. Vuelve al origen- el padre en Dresden, la madre y a su cuaderno con pequeñas memorias cotidianas, la etimología que desenmascara las operaciones sobre el lenguaje, las fuentes que lavan las manipulaciones en la información- y, a la vez, avanza hacia el futuro. Para adelante, teje en lo imprevisible, en la sorpresa, en el efecto impensado de un punto fuera de norma, que desorganiza la disciplina de la trama.

El punto atrás es una maravilla de memoria sin nostalgia. En las hilachas de los mitos caídos, refunda el relato. Mientras siembra bifurcaciones en los senderos de la lana, se encuentra con su pariente- el punto cadena- para que las lecturas de la historia puedan regar los frutos del presente y separar la flor de la hojarasca.

Y, entre premura y premura, la palabra llega a un jardín.

Porque, aunque en la vida todo no se pueda, entre dos puntos urgentes, siempre se abre una mirilla. Por esa especie de ojal del tiempo, se cuelan otras imágenes: la mirada descansa en una señora que riega la vereda con una manguera, los celulares caen por infinitos inodoros, un poema se esconde entre papeles olvidados, un cuento se hace promesa y una pila de cuadernos de notas desperezan el presente con sus memorias.

Extraños capullos, esos que retoñan fuera de trama. Miren con atención: ahora mismo brotan- por acá y por allá- entre las figuras del jardín.

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SEMILLAS CON SORPRESA

 Una de las cosas que más nos interesó, entre las recurrencias de tu escritura, es la noción de trama, la idea de entretejido.

 ¿La trama de la Asamblea de Palermo Viejo?

No, de ésa no leímos nada…

Claro, ésa se llama, justamente, “la trama”. Ah, ¡los agarré!

La noción de trama, ¿tiene que ver con tu escritura?

No lo sé, sería muy fácil para mí decir, “sí, claro, por supuesto”. No lo sé, no lo puedo responder, nunca me lo puse a pensar. Tal vez tiene que ver con otra cuestión. Y es que, si bien soy sociólogo, hace mucho tiempo pienso que no puede haber conocimientos estancos: los sociólogos son sociólogos, los politólogos politólogos, los historiadores historiadores. Por eso incorporé muchas cosas de la antropología, de la historia. Yo me formé en diferentes etapas, en diferentes universidades. Con el correr del tiempo, me fui dando cuenta de que todo estaba entrelazado. Mis libros tratan siempre de estar hilvanados, más que por un corte social, por un corte histórico. De hecho, “Las 100 preguntas y respuestas sobre el conflicto palestino-israelí” tienen esa característica: parten del presente, van al pasado para llegar otra vez al presente. Pero nunca lo pensé desde la escritura.

 Así como lo dijiste, es un cuento, es circular como un cuento,…

 Yo escribí cuentos en una época. Fui premiado y todo. A principios de la década del noventa, fui muy prolífico en ficción. Surgió de la nada. Yo vivía en Colegiales, en Zabala y Zapiola. Y tenía el rito, en el verano, de salir, comprar el diario, comprar facturas e ir a una plaza a tomar mate y a escuchar la radio. Todos los días hacía eso. Para mí era  muy placentero. Una mañana, había una chica baldeando con una manguera en la mano. Y no sé por qué me inspiré y llegué a casa y escribí un cuento. Y no sé cómo empezaron a brotar cuentos por todos lados, cosa que a mí nunca se me había cruzado por la cabeza. Y escribí, fui bastante prolífico. Lo presenté en alguna que otra editorial, pero no me dieron mucha bola. Pero están ahí…

 Leer: “EL RITO”   

Nunca los editaste…

 No, no, salvo alguno que presenté en un concurso y recibió una mención. Pero nunca fue publicado. Los tengo a todos. Es más, uno sería muy actual, porque se llama “La doble M”.

 Leer “LA DOBLE EME” 

Y el que recibió el premio, ¿qué nombre tiene?

 Creo que era “Siglo XX” , algo así. En una época, me gustaba mucho jugar con las sorpresas al escribir cuentos. Me gustaba jugar con el efecto. Como lector, los cuentos que tienen sorpresa son los que a mí también me atrapan. Pero nunca pensé en el tema de cómo era mi escritura…Yo, cero formación en letras. Además, salvo por la lectura, la ficción nunca me había atraído. Empecé alguna que otra novela que, por otras circunstancias, no seguí. Alguna todavía la podría retomar, pero no se puede todo en la vida.

 Leer SIGLO XX”

 VOCES  DE RAÍZ

 Sin embargo hay algunas reflexiones en las introducciones de algunos libros. Decís, “un libro se compone de muchas voces y manos”.

 Sí.

 ¿A qué viene esa noción de coralidad?, ¿cómo es que se escribe un libro con muchas voces y manos? Incluso, libros que no sean los de entrevistas…

 Vos te referís al último y, justamente, es un libro con muchas voces porque es un libro de entrevistas. Y muchas manos, porque mucha gente me fue ayudando desde diferentes lugares.

¿Pero no es siempre así? ¿Aunque no sea de entrevistas?

No, no es siempre así, porque hay libros que son más fruto del trabajo intelectual, con menos interacción con gente. A ver, sí a través de la lectura, por supuesto, nada es estrictamente original.

 Son las voces de los textos.

Pero son las voces de los textos, sí, es verdad. Lo que pasa que no es lo mismo. Si bien un texto te hace reflexionar, no es lo mismo el ida y vuelta con alguien que te tira algo y te hace pensar y, entonces, decís: “ah, esto no lo había pensado”.

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 ESPECIES IMPREVISIBLES

 Asociada a la sorpresa de la que hablabas hace un rato, en tus escritos encontramos reiteradamente referencias al  “misterio”. Por ejemplo, en relación a los movimientos populares.

 No sé si es una característica, no lo tengo estudiado, pero creo que bien merecería un estudio. En los últimos años, y tal vez desde la caída del muro de Berlín como fecha simbólica, han surgido muchos movimientos populares, cuya aparición no podían prever ni los politólogos, ni los historiadores, ni los sociólogos, ni los científicos políticos. Nadie imaginó la caída del muro de Berlín. Y menos de la manera cómo se dio. Nadie imaginó la desaparición de la Unión Soviética de la manera en que se dio. Yo escribí un libro que se llama “Los últimos días de la URSS”, donde ni siquiera hago alusión, porque no recuerdo haberlo planteado, a esto de la sorpresa.

 Ese libro tiene algo de ficción o, por lo menos, de relato. Muestra recursos de ficción. Está estructurado de cierta manera…

 Eso lo pueden decir ustedes. Yo no tengo la capacidad para decirlo.

 Siguiendo el relato, te referías a la cuestión de “nadie lo esperaba”, estabas en ese punto…

Sí, yo no sé si hay un punto de inflexión ahí, pero nadie preveía la desaparición de la Unión Soviética. Planteé ese libro porque, yendo para atrás, en mi propio estudio de lo que era la Unión Soviética, se preveían algunas líneas. Y se dio algo que nadie esperaba, nadie- pero nadie-: ni la CIA, ni la KGB, ni las grandes cabezas. También  puedo mencionar varios casos, donde incluso participé. Como, en la Argentina, el 19 de diciembre de 2001: nadie imaginó, previamente, a miles de personas que saldrían a la calle con cacerolas…

 ¿La “Primavera árabe” tampoco era imaginable?

 Absolutamente, para nada. A mí no me gusta utilizar la expresión “Primavera”, me parece  más periodística que política. Y, a veces, el periodismo juega con palabras que no dicen mucho. Pero, justamente, nadie preveía esa salida masiva a las calles. En el último libro sobre España, a los doce entrevistados les hice la misma pregunta sobre el 15M. Y nadie lo preveía. Uno puede decir “los estallidos sociales a veces son imprevistos”, sí, es verdad, algunos más que otros. Podés decir, también: desde el análisis, estaban dadas las condiciones objetivas. Y eso a mí me fascina, me parece que le da a la vida una riqueza y un misterio…Por lo novedoso, nadie preveía un Kirchner, no uno con esas características…

  MALEZA POÉTICA

¿Alguna vez asociaste esa riqueza o ese misterio al concepto de lo poético?

 No.

 Como un exceso de sentido, ¿jamás?

 No, yo cero con la poesía. Nunca me atrajo…

Con lo poético, no con la poesía, con un exceso de sentido…

 ¿Qué es “lo poético”?

 ¡Eso que acabás de decir!le da a la vida una riqueza y un misterio, por lo novedoso, porque nadie puede prever que surja algo así”.

 También escribí unos poemas en una época, pero ni los debo tener porque no… ¿Qué es, entonces, lo poético?

Esa riqueza, ese exceso de sentido, eso inasible que surge de pronto en la trama de esos textos o de esos sucesos…

No sé…

Cuando elegís un tema de escritura, a la hora de contar, ¿hay una puja entre lo literario-ficcional y lo concreto de los hechos a narrar?, ¿o hay un fluir espontáneo?

 Una combinación de las dos cosas: hay un fluir espontáneo, pero a veces busco algo de un relato un poquito más “poético”. Igual, siento que no estoy a la altura, me cuesta mucho “florearme”. Como, por ejemplo, sucede en esos libros que en las primeras páginas empiezan narrando un minuto, un segundo; esa capacidad de describir, no sé, la caída del sol o un punto en una mesa, esa capacidad de hacerlo en cuatro páginas. Yo no puedo, a lo sumo, me da para dos líneas. Nunca hice un taller de literatura y siento que no  me da para eso.

¿Te gustaría?

 Sí, pero no se puede todo en la vida. (…) no sé. Sí, me encantaría, me gusta mucho escribir y podría ser bastante más prolífico. De hecho, esa novela…, cada tanto digo, “la quiero retomar”. Y mi cabeza está en otras cosas.

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 HERBARIOS DE FAMILIA

 Vos hablas -me llamó la atención- de tus cuadernos de notas.

Sí.

“Mis atesorados cuadernos de notas me ayudaron a recordar momentos no integrados en mis artículos”. Ahí hay otro tejido entre la escritura privada y la escritura pública. Lo recordé recién, cuando decías que tenés cajoneada la novela como un texto que puede volver…

Y eso también tiene que ver con  mi poca memoria, yo soy muy desmemoriado. La gente no me cree, pero soy terriblemente desmemoriado.

Pero ese “tesoro” de los cuadernos, ¿es simplemente una ayuda-memoria?

 No empezó así. Mis viejos viajaron en el ´66 a EEUU y a Europa. Y mi mamá escribió un cuaderno de notas, sin tener nada que ver con la literatura ni nada que se le acercara. Ahí contaba dónde había estado, pegaba un sobrecito de azúcar, una florcita, cosas por el estilo. Y, en un viaje, no sé por qué, se me ocurrió empezar a hacer algo similar. Y empecé a pegar las servilletas, el boleto del subte; y a escribir bastante lo que yo iba haciendo; incluso, lo más minucioso, hasta lo que había comido. Me gusta mucho la comida, se habrán dado cuenta por algunos de los textos…

Así termina “Cien preguntas…”

Claro. Y en la radio juego con el personaje del que come mucho, cosa que es verdad…Pero te decía: yo iba anotando absolutamente todo. En los últimos tiempos, me cansé y la tecnología me fue sacando de eso. Al empezar a estar conectado por Internet, en los viajes, ya le dedicaba menos tiempo a escribir en el cuaderno. También le dedicaba más y más a conectarme con mi pareja y a otras cosas. El cuaderno se empezó a convertir en un lastre, ya no tenía tiempo. Hasta que tomé la decisión de dejar de escribir cuadernos. Salvo que viaje a un lugar muy raro donde, en una de ésas, lo llevo. Pero sí es verdad que los tengo todos guardados. El día que yo me muera, ¡las cosas que van a tirar en mi casa van a ser increíbles!, ¡acumulé tantas porquerías! Una de las porquerías serán esos cuadernos que, tal cual los agarren, irán directo al tacho de basura.

 O no, pensaba  si la escritura de ficción, los cuentos, el encantamiento por escribir una novela y los cuadernos pueden ser para vos una alternativa a las limitaciones del lenguaje periodístico.

 No me animaría a teorizar tanto.

 ¿Nunca te satura recibir tanta información?

 Sí, claro.

… y tener que documentar…

Ramonet habla de la nueva forma de censura, justamente, de la sobreabundancia de información. Es imposible procesar. Es más: cosas que pasaron hace dos días te parece que pasaron hace una semana y cosas que pasaron hace una semana te parece que pasaron hace un mes.

 Y, en medio de tanta información, ¿la escritura aún es placentera?

 Sí, a mí me gusta mucho escribir, me gustaría escribir más. Pero mi trabajo central hoy es hacer radio y televisión. De hecho, con el nuevo portal que tengo, NODAL, una vez cada dos o tres semanas, trato de escribir un artículo sencillo, simplemente porque me gusta, quiero escribir. Pero los tiempos no dan. Yo necesitaría días de cuarenta y ocho horas, semanas de veinticuatro días y años de ochenta y cuatro meses.

 Pero igual la escritura forma parte de tu trabajo y es ahí donde preguntaba, ¿a veces no es muy  policial esta cosa de tener que informar…? Si no quisieras que la escritura pudiera exceder la información.

 Ustedes me hacen preguntas que yo nunca me hice, no tengo respuestas. Sería muy fácil decir: “sí, por supuesto, claro”.

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UNA BOTÁNICA SIN LATINISMOS

 ¿Te planteás las diferencias que hay en el lenguaje de la radio, el de la  televisión y en la escritura misma?, ¿o te surge naturalmente manejarte en estos registros diferentes?

 Me es muy natural y esas formas  tienen un hilo conductor. No sé si surgió por mi vocación docente, me gusta mucho dar clases, aunque no lo hago tanto como quisiera porque no me da el tiempo. Durante diez años, di clases en TEA y tuve que dejar porque entré a trabajar en la tele. Yo sigo manteniendo una materia en Sociales, sólo el teórico, no lo quiero dejar. Pero vuelvo a la pregunta: lo que hay en común en todo lo que hago y que ha sido para mí una obsesión es llegar al gran público con un lenguaje sencillo. Una de las cosas que la gente me dice es que soy muy claro, muy didáctico. Yo escuchaba en un informativo de radio, donde decían: “las tropas yugoslavas tomaron la colina – un nombre raro-, cerca de la ciudad –de nombre raro- y el general –de nombre raro- decidió hacer no sé qué.” Yo escuchaba esos informativos indescifrables. La gente ni sabe dónde queda Yugoslavia y le dan tres nombres que nadie sabe qué son.

Vos te ocupás mucho del origen de los nombres, de la etimología: qué es “Al-Qaeda”, qué es “talibán”, qué es la “Jihad”…

 Justamente, para que la gente pueda desmenuzar conceptos. Ahí, creo que la formación académica es muy importante. Ustedes marcaron lo de “fundamentalismo”, que lo explico en uno de mis libros. Lo hago para contrarrestar la simplificación de colegas, escritores y de quienes han vulgarizado esta profesión, que hablan de cualquier cosa sin tener idea. Sí, siempre me interesa mucho poder llegar al origen de las cosas que, además, es lo que permite entender un fenómeno.

¿Y cómo hace tu escritura para  destejer esa simplificación de otros?

  Explicándolo  de la misma manera que hablo. No me resulta difícil. Además, aprendí mecanografía en la adolescencia, así que escribo con todos los dedos y no miro el teclado. Cuando escribo, yo siento que las palabras fluyen. No sé si alguno de ustedes también escribe así. Lo hacía con la Olivetti también: miro directamente y fluye.

 Esto de la  rigurosidad académica de los términos, ¿asumís un rol político en eso, en esta disputa simbólica por los términos?

Sí, sin lugar a dudas. Uno de los primeros textos que me iluminó, aún antes de empezar a estudiar sociología, en el 73, fue un libro escrito por un sociólogo brasileño, que vive ahora en Francia, Michael Löwy. Es sobre la objetividad en las ciencias sociales. Me impactó mucho cuando dijo: “no hay objetividad en las ciencias sociales”. Efectivamente, lo fui descubriendo. Y, claro, esto es un pensamiento político.                                                           

¿Sentís que das herramientas a los sectores populares también? ¿Cómo se apropian de esa disputa simbólica? 

A mí me pone muy contento cuando me para gente muy sencilla en la calle- cuidacoches, recolectores de cartones, kiosqueros,  un policía-. Para mí es la prueba de que no hablo solamente para un grupo de elegidos. Por supuesto, hay cosas que se les escaparán. Porque está claro, uno tiene un lenguaje.

 Como a los elegidos, también se les escapan las cosas…

Sí, por supuesto. Tanta capacitación, tanto conocimiento y se les escapa lo más obvio.

Pero, vuelvo. Para mí lo importante era hablar para el gran público. Creo que la masividad de la televisión, la continuidad – voy por mi doceavo año en la tv pública- y el haber instalado la política internacional en la televisión todas las noches, me ayudó a bajar esos conflictos difíciles de entender, a algo sencillo. Muchas veces, en entrevistas, sé que doy muchos nombres y datos. No importa que retengan todo, tengo que darlos.

 EL ÁRBOL NO DEJA VER EL BOSQUE

 En muchos de los asuntos de los que vos te ocupas aparecen caracteres ficcionales de la realidad. Como que Al Qaeda no es el movimiento que se dice que es, no es la organización centralizada que se dice que es. Y, sin embargo, se lo persigue. Como si fuera una situación de novela, como si estuvieran persiguiendo a algo que no existe.

 No sé qué decir.

 Decís de Al Qaeda: “Es muy probable que, como organización operativa, nunca haya existido;  que se trate de una corriente influida por todo lo que Bin Laden representa”. Hablas de la presencia real o imaginaria de Al Qaeda; de la máquina de la muerte formidablemente moderna de Estados Unidos como espectáculo”. Son todos recursos  de escritura que dan a ver a la política como  espectáculo.

 Es que se la muestra como un espectáculo. Esos bombardeos que ves por televisión- lucecitas de colores-  no te permiten interpretar qué hay, no ves muertos. Bueno, está el texto de Jean Baudrillard “La Guerra del Golfo no ha existido.” Creo que es eso,  la política está mediatizada por el espectáculo.

 Simulacro.

 Sí, efectivamente. Y  tienen mucho que ver con la masividad cultural de los Estados Unidos, con su modelo del marketing político que se ha importado. No viene de Tailandia, ni de la India ni de Mozambique. La cultura estadounidense nos ha impregnado. Somos parte de eso, nos guste o no. Siempre digo que odio la violencia. Si  tengo un altercado con alguien en la calle, prefiero pasar por cagón e irme. Hace más de 40 años que no me agarro a piñas y lo evitaría por todas las formas. Ahora, me encantan las películas de Schwarzenegger y las películas de acción y  violencia, ¡me encantan! No es que haya una contradicción. Una cosa es una visión de mundo y la otra cosa es poder disfrutar de algo que ha impregnado mi vida. Pero soy consciente de eso, yo sé distinguir. Cuando veo la película de  Schwarzenegger, no soy un sociólogo analizando; disfruto. Y me encanta “Terminator” y todas ésas y las puedo ver muchas veces. Sin embargo, soy incapaz de pegarle a alguien.

 Yo me refería más que al espectáculo visual, al espectáculo del lenguaje, en general. Me llamó mucho la atención esto que vos marcás de que llamaron a un tipo, al que hacía los discursos para el presidente norteamericano, para que buscara una frase y poder  vincular a Sadam Hussein  con Al Qaeda. Cómo se construye la realidad, ¡que contraten a un tipo para buscar una frase!

 Sí, hay muchos ejemplos de manipulaciones mediáticas que yo cuento en mis libros.

 Vos citaste una frase “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. Dijiste: esta frase crea el mito a partir del cual se genera todo un movimiento y una realidad,  ¿cuánto poder tiene  una frase para crear la realidad?

 Qué buena pregunta. Mirá, en algunas circunstancias, son poderosísimas Yo me fui a vivir a Israel a los 18 años,  en el ’73. Una de las primeras cosas que a mí me shockeó fue esta frase. Por circunstancias fortuitas, yo caí en una granja colectiva que- justamente- había sido antes un poblado árabe. Ahí todavía había casas que habían pertenecido a aquellos que fueron echados de su lugar. Entonces, el asunto pasó por algo que yo vi en la realidad, no por algo teórico.

 ¿Algo que leíste en la realidad?

Leí en la realidad algo que era parte de un mito fundacional y chocaba con lo que yo estaba viendo. En el momento no tuve la capacidad para analizarlo, pero sí para verlo. Lo primero fue el shock, la caída de un mito. Como les  pasó a muchos comunistas soviéticos cuando, de repente, descubrieron que eso no era el paraíso. Entonces, se quedaron sin historia porque todo lo que habían creído por décadas era una gran farsa y no tenían de dónde agarrarse. En cuanto al mito, yo tengo un texto, escrito  hace varios años, “La década del mito neoliberal”. Tomo como base un libro de un sociólogo chileno, Tomás Moulian, en el ’95 o ’96, él escribió “Chile, actual anatomía de un mito”, un libro excelente. Él explica y deconstruye muy bien cómo los militares armaron el mito de Chile potencia.

 ¿Ahí la escritura tiene una función en deconstruir el mito?

 Claro, absolutamente.

  Porque el mito es más que una ficción, casi una mentira…

Claro, bueno, yo en el texto me puse a analizar qué era un mito para poder deconstruirlo bien.

 ¿Hay un campo semántico que vincula mito y mentira también?

  Sí, por supuesto, construyeron una gran mentira, pero tuvieron una gran habilidad para construirla y para que los otros la siguieran repitiendo hasta el día de hoy.

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 SHERLOCK GARDINER

 Haces un poco de detective cuando pones esas doscientas y pico de veces en las que Clarín escribe la palabra “fundamentalismo”. Hasta las contaste.

Creo que tiene que ver con la rigurosidad y lo metódico. Para demostrar lo incorrecto de algo o lo correcto de lo otro, bueno, ir y buscar cuántas veces dijeron esto, cuántas utilizaron lo otro. Alguien podrá estar de acuerdo o no con lo que yo digo, pero nadie podrá decir que no soy riguroso. Por lo general, cuando digo algo, está chequeado. No me han agarrado, que yo sepa, ni una vez, con un dato falso o incorrecto. A veces se me pasan algunos y me mortifico enormemente, trato incluso de corregirlo después.

 Al menos, en Occidente, en los países influidos por la cultura norteamericana,  solamente usar la palabra fundamentalismo contribuyó a la estigmatización…

 Sí, es fundamental. En otras cosas, también. Cuando vos decís que la presidenta es bipolar, estás trabajando en muchos sentidos. Nelson Castro no hace un análisis médico de la presidenta porque no es su médico. Y, si fuera su médico, no lo revelaría, por una cuestión ética. Cuando decís algo tan fuerte, ni más ni menos que de la  Presidenta de la Nación, sabés que eso puede ser repetido. Nelson Castro conoce el  poder de fuego que tiene. Después, en cualquier charla de café, la gente te tira que la Presidenta es bipolar y tal vez ni sabe qué significa la palabra.

 Es la trama del lenguaje de lo simbólico y de lo real. Vos vas al dato rígido y objetivo y, a la vez,  tenés esa otra percepción de ver a alguien baldeando la vereda y poder hacer una lectura sobre eso. A lo mejor, te resguardas en ese dato duro, pero hay implícita una mirada mucho más sensible.

Otra vez, yo no puedo responder porque son cosas que nunca me he planteado, ustedes me miran desde afuera. Yo, no.

 FICCIUS DESACTUALIZATIS

¿Hay en vos, como periodista, algún pudor con la metáfora o  con el lenguaje poético al escribir?

No sé qué contestar porque no tengo la mínima idea. ¿Qué sería el pudor?

Algo así como censurarte: esto mejor no lo pongo porque complica, esto es demasiado cursi, esto no es del palo del periodismo, así no se escribe una nota, este no es el lenguaje que corresponde.

No sé. No tengo la formación que tienen ustedes, entonces, no puedo ver todas esas cosas que yo podría decir que me salen de manera “natural”, sin elaborar. He leído mucho, pero nunca he estudiado sobre la escritura.

Y, como lector, ¿qué te pasa cuando advertís estos recursos en el periodismo?,

 ¿crees que ese tipo de lenguaje agrega a una nota periodística?

 En algunos casos sí

¿En qué casos?

Habría que ver cada caso concreto.

Por ejemplo, en el caso de lo que se llama el Nuevo Periodismo,  que trabaja disponiendo, dando a ver una situación más que informando, como hacen Cristian Alarcón, Leila Guerriero…

Lamentablemente, no los tengo leídos. Uno de los problemas, con el trabajo y la saturación de la información, es la poca posibilidad de leer. En realidad, uno se la pasa leyendo. Y siente que hay tanto para leer, que es inabarcable. A mí me calmó un poco un pequeño texto que leí hace un tiempo, de Umberto Eco, en el que contaba los libros que él no había leído. Entonces, yo estoy salvado, me dije. Si él no pudo leer todo…. Yo perdí el gusto de la lectura de ficción. La gente, cuando se va de vacaciones, se lleva un libro.  Lo último que yo quiero llevar es un libro. Igual, llevo. Además, ahora uno lee en más dispositivos, estás leyendo todo el tiempo, no paras de leer. Estoy desactualizado con las lecturas de ficción.

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 SAMUELILLO O EL JARDÍN DE LAS DELICIAS

 Para armar un clima de época, ¿no recurrís a la ficción?

Sí, sí, estoy pensando en el libro de España. Ese libro se hizo muy rápido, entonces, no me daba tiempo para ponerme a leer algo de Almudena Grandes o alguna que otra novela sobre el franquismo.

.Vos  insistís mucho en  “estoy apurado”, “es urgente”, “no tengo tiempo”. Cómo se puede pensar a esa velocidad…

 Conocen el libro “¿Por qué corre Samuelillo?”

No…

 Me lo recomendó mi analista, hace muchos años.

Vamos a ir a tu analista.

Samuelillo es  alguien que no puede parar, corre todo el tiempo y no para, no para, no para.

 Marcas la urgencia como un hecho incontrastable ¿Cómo se puede pensar y disfrutar del pensamiento? ¿Cómo se puede pensar tan rápido?

 No lo sé. Yo disfruto mucho de la vida. Y, por suerte, hago prácticamente todas las cosas que me gustan. A mí me gustan las plantas. Tengo un jardín en pleno Palermo Hollywood, como se lo llama hoy. Para mí es un placer maravilloso ir todos los días, varias veces por día. Además, soy hiperquinético, no puedo estar sentado… Y una de las cosas que me dan mucho placer, cuando me levanto, es ir a ver las plantas, tocarlas, cultivarlas, plantar semillas y ver cómo crecen, traer semillas de todos lados. Ustedes están mucho en contacto con gente como yo. Me lo imagino, por las entrevistas que hicieron. Este trabajo es difícil hacerlo sin pasión. Hoy, con los dispositivos tecnológicos, tenemos una ventaja que es una desventaja a la vez, porque quedamos atrapados.

 Es más accesible la información, pero también hay más caudal…

 Es una locura, claro, te convierte en un esclavo ¿Cómo puede ser que a tanta gente se le caiga el celular en el inodoro? Me incluyo… ¿Qué pasa que gran parte de la población  lleva le celular al baño? Hay una dependencia. Yo también lo llevo a  todos lados y estoy pendiente de la información. Mi trabajo y mi vida personal están permanentemente entremezclados. Ni siquiera soy como un médico, que termina de operar y vuelve a casa. Sigo, no paro, soy consciente de eso.

 ¿Nunca te angustia esa velocidad?

 A veces, cuando tengo que hacer demasiadas cosas, siempre tengo demasiadas cosas…, pero también lo disfruto mucho. Una entrevista es parte del trabajo, aunque también es parte del placer. Hay un correr muy placentero. Pero la sobreinformación y la cantidad de dispositivos que nos conectan es otro asunto. Hace poco viajé a España y mi pareja viajó después. Contamos 6 o7 dispositivos que teníamos para comunicarnos instantáneamente… Alucinante. Nos viene fantástico, porque podés mandar mensajes desde diferentes vías.

 Es imposible estar solo, imposible la ausencia…

 A mí no me gusta la palabra soledad, me parece que estar solo no es lo mismo que estar en soledad. Tiene que ver más con estar solo.

 Como con las plantas…

Tengo mucho contacto con las plantas, varias veces voy a ver cuál creció, qué cortar, qué retocar…

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 PLAGUICIDAS O BARBARIE

 Una pregunta, cambiando un poco de tema. ¿Es posible hoy pensar que el Islam para occidente ocupa el lugar que el comunismo dejó vacío, en tanto enemigo? ¿O es demasiado simplificado?

 No… Yo creo que es verdad. De hecho, yo creo que lo escribí en el ´95 y es actual,  el Islam se ha convertido en el gran enemigo de Occidente. En realidad, más que el Islam, es el tema del “otro”, del “diferente”. Cuando pienso en el “Otro” como diferente, pienso mucho en Europa: Francia, Reino Unido, Alemania, España. Europa, hoy, no es lo mismo que hace 100 años. Alguien que vivió hace 100 años, que se despertara hoy, no podría creer ver en Europa tantos negros, musulmanes, indios, pakistaníes, rumanos, de todo. Creo que es lo que explica el crecimiento de la extrema derecha en Francia. Justamente, el rechazo hacia el otro. La pureza de la raza, que es algo increíble y no lo dicen de esta manera, porque remite al nazismo, pero se trata de la pureza del francés. El idioma francés que habla alguien de origen árabe es diferente al de los blancos de tradición francesa de toda la vida. Cuando uno va a una panadería a comprar pan y sale la empleada blanca, típica francesa, y dice “Bonjour”  (con un acento), lo dice diferente de alguien de origen árabe o musulmán. Es una “R” general, fuerte y con diferentes cadencias, no es esa “R” arrastrada, gutural. A Francia, por múltiples razones, llegaron oleadas migratorias de “otros” y no se lo bancaron. No se bancaban, ya en el año ´98, que la selección francesa tuviera varios negros  de origen árabe. Son cosas que el francés parisino puro no se  banca. De la misma manera que un alemán, con muchas generaciones de alemanes rubios atrás, no se banca que aparezca un negro alemán y le diga “yo soy tan alemán como vos”. Bueno, todo esto fue un prolegómeno, para decir que gran parte de esos “otros” son musulmanes, gran parte de estos negros son musulmanes. Los pakis que llegan a Londres son 99 por ciento musulmanes; una parte de los indios que llegan son musulmanes; algunos, desde las Antillas, son musulmanes; los del norte y  centro de África, también son musulmanes. Sumado a eso, la existencia de organizaciones político- militares que apelan a la violencia y que son musulmanas: Al Qaeda y todas las otras que están apareciendo.

 La historia no soporta que quede vacío ese lugar del otro.

 Y no… Además, el problema con el otro lo tienen todos. Un judío creyente no puede creer que un cristiano crea esa taradez de la resurrección de Cristo. Un cristiano creyente no puede creer que un judío crea en el Mesías. Son como diálogos cruzados, donde no hay escucha. Esto es parte de la historia de la humanidad.  Pero, en relación al tema del “otro”, a mí me gusta una figura que usa Samuel Hamilton. Dice que una persona tiene múltiples identidades, múltiples sombreros: yo soy hombre, hincha de River, periodista, escritor y me saco y me pongo el sombrero, dependiendo de la circunstancia. Entonces, tengo múltiples sombreros. Para mí, un hincha de Boca es un otro, una mujer es un otro y puedo hacer miles de etcéteras. No tengo problema con eso. A ver, por supuesto que hay situaciones de polarización política donde uno sí tiene un problema con eso.

¿Crees que muchos dirigentes de USA y Europa piensan que en Islam hay un 99 % de pensamiento “irracional” y religioso y que eso implica un juicio y una manera política de encarar el conflicto?

 Sí, claro. Tiene que ver con la otredad y la presunta superioridad intelectual del mundo Occidental. No hace mucho tiempo cortaban cabezas en Indochina, hacían postales con cabezas clavadas en palos por parte de Francia. Después del exterminio en América, los  campos de concentración y los crematorios, los europeos no tienen autoridad moral para hablar de civilización o barbarie. Sé perfectamente qué es eso. En mi familia, somos descendientes de judíos alemanes.

MI PLANTA DE NARANJA CHOMSKY

Como periodista, nos intriga saber cómo confías en que determinada información  la podes reproducir como verdadera. ¿Es casi como un acto de fe, o de confianza?

 Muy difícil, circula demasiado  por las redes y se chequea muy poco. Pero, en el periodismo, uno construye referencias a las que respeta. Yo sé que Chomsky va a ser muy riguroso con los datos, entonces, más allá del análisis, si él me da un dato, yo le creo. Tengo esos referentes contados con una mano.

¿O sea que la verdad es algo muy esquivo en todo esto?

Sí. Hace poco, en Israel, 3 policías habían baleado a una mujer palestina y un diario Israelí, Haaretz, que para mí es el más confiable, dijo que la mujer había muerto. La mujer no murió y yo dije que había muerto. Después, en otra nota al día siguiente, pusieron que estaba gravemente herida. Y yo me mortifiqué por haber dado un dato que no era correcto. Para mí sigue siendo algo muy importante, tiene que ver con la credibilidad. También en NODAL, la agencia que manejo. He formado a la gente que trabaja ahí para chequear, buscar y asegurarse de la información. Siempre ir a la fuente, no confiar y ser muy cuidadosos. Pasa que, muchas veces, los diarios ponen como textual algo que no es, lo ponen incluso entre comillas. Por ejemplo, cuando citan textual de un discurso ante la ONU hay que poner el discurso entero, ir al original. A veces, incluso, la versión taquigráfica que se da previamente no coincide exactamente con lo que se dijo, porque hay presidentes o presidentas que después se van de ese discurso. Pasaba especialmente con Cristina.

 FLOR DE FILÓSOFO

 Una cosita más, ¿qué te enseñó Spinoza?

A no llorar ni reír, sino a comprender, a pensar.

 ¿Racional, causa – efecto?

 Sí, como una de las variables. Pasa que, ante un hecho, uno se sacude y es difícil parar la pelota para tratar de comprender. Es paradójico. Eso lo discutía mucho con Cardozo, el periodista fallecido, él era muy cartesiano también. Y yo le decía que para poder entender el Islam había que dejar de lado el pensamiento cartesiano. Vivo en una contradicción, soy muy racional. Y soy no creyente, por razones obvias. Pero la mayoría de la población mundial cree en algo que no tiene que ver con lo racional. Y yo soy muy respetuoso de eso. No es fácil para mí.

 Spinoza decía que el único modo de llegar a la verdad- siempre inmanente- era la intuición, que no es lo que nosotros entendemos por intuición.

  Sí, pero él también era religioso, vivía en un contexto, en una época en que  el 99 % era religioso. Para mí, el pensamiento racional  es una guía, incluso para tratar de comprender a gente que cree en la Pachamama.  A mí  me cuesta mucho entender el pensamiento religioso, mágico.

 ¿Sería algo así como no acusar de superstición a todo aquello que no entre dentro de la lógica, causa – efecto?

 Yo trato de hacerlo, tengo mis prejuicios. El pensamiento racional también es prejuicioso, parte de la base de que lo otro no existe, ahí hay una soberbia intelectual.

– Nota:  “El Anartista agradece a Pedro Brieger el envío de los tres cuentos que se publican junto a esta nota”

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ANIMA MUNDI

Los anormales: Entrevista a Pablo Ramos

Entrevista: Isabel D´Amico, Lourdes Landeira, Mariano Botto, Gabriela Stoppelman

Edición: Mariano Botto, Gabriela Stoppelman, Isabel D´Amico

Hay que tener cuidado con la luna, con su prestigio sin grieta, con sus mareas imprevistas, con su farol insomne, aún durante la vigilia del sol. Mejor lavarse en lluvia, dejar que lo uniforme se agriete en goteras; mejor forzar al hastío y a las repeticiones a curarse  bajo el agua. Y, así, húmedos de luz propia, tentar esos bucles donde el tiempo pierde la línea y  empieza a bifurcar intensidades y giros. Entonces, el espacio no será solo un lugar donde estar, sino que haremos familia con él.

 La casa de Pablo Ramos se circula al compás de su dueño. Uno imagina una correspondencia entre los objetos traídos del cementerio, un marco de puerta a medio pulir- “Lentamente, lo hago“, dijo, “porque no tengo apuro“-, un retrato de bebé sobre la pared – “a este bebé, con mi novia de entonces, en Colombia, lo encontramos en la basura. Lo adoptamos, un año vivió, pero la llevamos bien“- y la escritura que asoma de una página, desde el carrete de su máquina de escribir.

 Algo como “nada hay en las estrellas que no esté en las huellas de tu pies”, decía aquella vieja mirada del mundo, la de las correspondencias universales. El viejo hermetismo, ya en Egipto, hablaba del “gran animal que nos respira“, “el anima mundi“. Cada uno de nosotros sería una parte dinámica de esa totalidad. Y cada ritmo de nuestra respiración obligaría a la gran bestia a reacomodar el aire de sus pulmones, a cada  desvío singular.

 El espacio, Pablo y su escritura responden a esa figura. Al menos, en el rato en que estuvimos, parecían tenderse cuerdas entre sus palabras, nuestras lecturas y los objetos de la casa. Pablo abre cajones, toma objetos, muestra una pila de libros de temáticas no muy afines, obligados a hacer familia sobre su escritorio. Mientras recorremos, se cumple el círculo áureo de la palabra: leer, escribir, conversar. Una sombra roja se extiende desde la cocina y busca encontrarse con algún eco en el patio. La sombra se extiende y el eco se contrae. Como en la escritura de Pablo Ramos, la desmesura y la medida se religan.

La tripa está toda ahí: las muertes indecibles, el sabor rancio de los adioses malogrados, el futuro como un guiño, el barrio como un abrazo, como una muestra en miniatura del gran pulpo incierto que es esta enorme ciudad.

Anima Mundi. Nadie se queda afuera.

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 EL BELLO DESENCAJE DE LAS PARTES

 El gran animal siempre tiene desajustes. Un órgano malogrado por la tristeza, un latido alterado por un azar imprevisto. Cuesta  rearmar la circulación y el paso en esta carrera de obstáculos. Nada de romanticismos tardíos. Ahí donde una parte se traslapa sobre otra, ahí donde se abre un inesperado vacío, la escritura se vuelve necesaria, imperiosa. También, esquiva y asimétrica.  Dentro de  esa disonancia, escribe Pablo Ramos. Estaba a punto de entregar mi nuevo  libro para impresión y me di cuenta de que no me gustaba nada. Nunca me había pasado. Es un libro necesario, claro. Jamás escribo nada que me propongan. Pero entendí por qué no me gustó y lo rescaté a tiempo y ahora sí me gusta. Sus manos urgentes se toman, se acomodan los anillos, se quitan pellejitos, impacientes- ellas también- por hablar, por agregar. Entre el vuelo de partituras, le preguntamos por la música. Ramos se levanta en busca de un café y vuelve. Cuando atraviesa el patiecito, seguramente, algo le susurran las plantas, algo familiar que, tal vez, repita o transforme. Los sonidos, más que la música circulan por sus textos como comodines, cubren todas las funciones, ocupan todos los espacios:

DSC03018Mi hijo toca de todo, violín, guitarra. Tiene oído absoluto. Ganó una beca en Berkeley y se va a Estados unidos a estudiar. Desde los seis años, los sonidos… Soy consciente de mi extremada miopía. De chico, tenía problemas para ver. Me daba vergüenza  y le prestaba mucha atención al oído. Tal vez, venga de ahí. Si bien soy bastante buen músico, compongo canciones, puedo distinguir intervalos, escalas, tengo un oído relativo. No soy consciente de eso que ves en mis textos. Pero me lo han dicho mucho. Suena el teléfono. Parece que vendí un libro infantil afuera. Empecé a escribir para mi hija Antonia, de dos años. Escribí un libro de poemas para chicos de cuatro años. Lo poético se cuela en la narrativa de Ramos, como viento suave entre las plantas: en torsiones de sentido, potencia el rumbo de argumento. No sólo los hace a través el sonido. Los textos de Ramos vienen con iluminador. Hay luces que titilan, otras encandilanEs que lo poético lo meto en las canciones. O, quizás, en la narrativa, que tiene determinada poesía, que es muy cruda, muy bruta. En cuanto a la luz, puede que sea mi educación mística. Yo hice un año y medio de seminario. Cada vez que me va mal en el amor, me cuestiono si no debería meterme de cura. Ahora estoy leyendo un libro sobre  los esenios. Mi biblioteca está cargada de mística. Alguien me dijo que yo inventé el realismo místico. Volver a la comunión, a  ciertos valores,  el ser católico… Es el grave conflicto de mi personaje y el mío también.

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 CON EL LECTOR, ADENTRO

Religar, desde la etimología y desde el cuerpo. Que el texto sea el imán, el atractor implacable, que no deja alrededores sin invitar. Como si el gran animal no fuera más que una enorme invitación a un gran bar, que no deja de expandirse, a medida que incluye nuevos parroquianos: Ayer volví al blog (http://laarquitecturadelamentira.blogspot.com.ar ) que había abandonado. Es un medio que parece antiguo pero me sirve mucho para los alumnos. Y publiqué unas frases de John Cheever, uno de los escritores que termino de leer y lo siento al lado, le daría un abrazo. Me pasa con pocos escritores. Trato de que mi literatura tenga esa calidez  e incluya al lector de esa manera, que lo trate de igual a igual. En mis personajes, Gabriel es un poco soberbio. El lector lo identifica como un perdedor o alguien que está cacareando, porque padece una situación, pero no lo odia. Es odiable, pero no lo hacés. Por momentos es muy ácido, ácido más allá de lo que él puede soportar. Decías que “cada vez que me va mal en el amor me quiero hacer cura”. En tus textos tal vez parezca “la cura” como el puente hacia los  otros: El gran significante es el sonido que tienen las palabras. Como decía Lacan, “las palabras tienen un más allá de las palabras” Siempre busco ese más allá. Por ejemplo: Gabriel usó la palabra “mierda” toda la ley de la ferocidad.  En un párrafo dice:” Yo no sabía bien cómo seguir una historia. Escribí la palabra «mierda» un montón de veces.  Pensé que alguna vez iba a escribir un libro que contuviera en sus páginas cien veces la palabra mierda. Una vez escribí la oración de la serenidad páginas y páginas sin parar. La diferencia es que había sido a mano alzada. No era la primera vez que probaba sentir lo que yo suponía que tiene que sentir un escritor cuando escribe. No era la primera vez que el hecho de escribir me desilusionaba. Pero la simple idea del tiquitaca de una máquina tenía algo. Me imaginaba como un autista de la maquinita. Escribir para no pensar en nada. ¿Había una vez qué? Escribir porque una vez hubo algo y ahora no hay nada. Escribir porque una vez es un tiempo muy lejano en el tiempo. Porque no es esta vez, es aquélla. Porque se fue para siempre, porque me convertí en un borracho melancólico, la categoría de boludo más deprimente en la que uno se puede convertir.” Y es increíble, el texto dice la palabra mierda 99 veces.

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FRONTERA ADENTRO: EMPODERAR LAS MANOS

El ademán es la puesta en escena del alma. Pero sin teatralidad. El ademán dice, mientras la palabra intenta. Pero hay cruces, donde cuerpo y palabra se juntan, se potencian. Y ahí ya no importa ni la prolijidad ni el adjetivo ni el maquillaje literario. Habla la fuerza. Como quien dice: el deseo, la cruda motivación. ”Eso” decía el anartista Duchamp: lo indecible. O lo divino. Gabriel es la fuerza de dios en hebreo:DSC03014

Claro, es el segundo arcángel en la jerarquía. El libro que sale ahora es de crónicas. Gabriel y Alejandro son los nombres de mis hermanos. Escribo sin entender y, mientras lo hago, parece que voy entendiendo. Es sorprendente lo que me pasa, por eso tardo tanto en publicar. Este año pensé que no había escrito nada y tengo casi mil páginas en máquina de escribir. La escritura refleja  este momento en que lo vuelco, ya no soy más aquel personaje. Golpea con el índice la mesa. Sus manos decididas se expresan con certezas. El grabador salta, sus manos liberan la urgencia a pura seguridad. Ya es otra cosa, ahí empiezo a entender. No se escribe con la cabeza, se escribe con las manos. Es una cuestión más física. La cabeza entra después, cuando uno lee lo escrito. Hay una pulsión que sale de uno. El libro que va a salir es de crónicas.  Saqué los diarios personales- eran las partes que no me habían gustado- y le dije al editor que iba a escribir cuatro crónicas más. En la primera escribí ocho páginas y me trabé. Entonces, ¿qué hago? No empiezo de nuevo hasta llegar a esto que siento, dejo un espacio en blanco y sigo desde ese lugar. Al principio está todo inconexo. Después, veo qué hago con la unión, las comas, con el conector que falta. No me importa. Considero al estilo literario una consecuencia, la frontera exterior de la frontera literaria. El lenguaje como una consecuencia de algo que me pasa a mí. No la herramienta que me conduce a lo que me pasa. Es raro pensarlo. Pero, si uno entiende y escribe desde el personaje, se acortan los caminos. Cuando vienen los alumnos parece un taller más lacaniano que literario. Todo el mundo lee el diario personal del conflicto causado por eso que trae. Si no lee el diario que antecede al trabajo, no lee el trabajo. No me interesa el trabajo en sí. Me interesa explorar en la motivación. Vuelvo a Rilke con “Las cartas a un joven poeta”. O a Sartre, cuando dice que en la motivación está el verdadero valor de la obra de arte. Cuando uno se pone en escritor empieza a enmarcar, a ponerle adjetivos. Cuando algo duele realmente, no le pone adjetivos, ni inventa metáforas, apenas si lo nombra. Con la premisa “donde fracasa el que escribe triunfa la novela”, “donde alguien se traba, yo me quedo”. Y comienzo a explorar por qué  se frenó  ahí.

CRUZAR LA CALLE, A TEMPO.

 Dijo que, cuando la escritura no viene de manera sucesiva, deja un hueco y sigue, no se aferra a la cronología. El tiempo espacializado – el pasado, atrás; el presente, acá, el futuro, adelante- es la modalidad hegemónica del tiempo. Pero la escritura de Pablo Ramos no marcha. El texto camina, se curva, cruza, corta. Es en las temporalidades- y no en el tiempo- donde lo entrañable y lo posible se religan: Sí, “La ley…” es muy agustiniano. Yo soy un gran lector de San Agustín, Santa Teresa. San Agustín habla del pasado-presente, presente-presente y futuro- presente, nada en el tiempo agustiniano sucede sino en el presente. Eso lo decía en el siglo III. Por eso, cuando escribo, “cruzo la calle”, lo hago porque es volver a vivir algo. El otro día, un tipo de la Sorbona vino a ajustar unas cosas de la traducción. Era un especialista en San Agustín. El tipo me hablaba de palabras en griego y no me podía creer que yo no sabía nada de griego. También le llamaba la atención  que alguien pudiera entender el tiempo agustiniano de esa manera. Bueno, le dije, entiéndalo por el lado místico, entonces.

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Hablás de mística y te ocupás del lenguaje: La introducción al Evangelio según San Juan dice: “En el principio fue el verbo y el verbo era junto a él”. La retórica, la inventaron para expresar cosas inexpresables. El miedo hizo que inventaran la retórica, el miedo a Dios. Quien quiera que haya escrito ese Evangelio, tenía tanto miedo de ofender a la Santísima Trinidad, que le dio cuarenta mil vueltas e inventó la retórica perfecta. Es perfecta. Casi poesía, esa aproximación a lo inexpresable. Claro, en el principio era el verbo, el verbo era junto a dios, él era el principio junto a dios. Tiene que torcer los órdenes de jerarquía, porque no queda otra que nombrar a alguien primero. La  escritura es sucesiva, no admite la simultaneidad. Entonces, el tipo inventó esa forma. La necesidad genera el lenguaje y, sin embargo, somos sujetos del lenguaje. Nacemos con un nombre: Pablo. Sólo me cambié el apellido por el de mi mamá. Desde chico no uso el apellido de mi papá.

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 UNA BANDA DE APÓSTOLES

Spinoza proponía a Dios como a una sustancia única con infinitos atributos. Por decir este tipo de cosas, lo excomulgaron y lo maldijeron; a él, a sus hijos y no me acuerdo si llegaron hasta sus tataranietos. Para quienes editamos esta entrevista, Spinoza es como un pariente. Lo sentimos a nuestro lado, como Pablo Ramos a John Cheever. Estamos seguros- desde la comunión de almas, no desde las certezas- que  a Baruj le hubiese encantado esta  metáfora de Pablo: una banda de amigos, infinitos atributos de un alma, también múltiple: A los trece años, me fui de mi casa. Me engancharon y volví a escapar a los quince. Me volvieron a enganchar y  ahí fui a vivir con mi abuelo y no escapé más.  Me llevaba mal con mi papá porque yo era muy callejero- como mi hijo- muy libre desde chico. La banda tiene todos los personajes, como estados del alma ¿no? ClaroSucedieron en mi vida muchos estados del alma, pero están completados con los atributos del personaje principal. Los de la banda son como apóstoles. Cada uno, con una virtud que es a su vez su defecto, su inutilidad. Por ejemplo, la ignorancia de “el Percha”  también es inocencia. Un estado de gracia permanente. Vamos a ver qué les parece cuando estrenen la película sobre  “El origen de la tristeza. Recién hablabas del origen en la Biblia y de otro lugar primero, el  que hay en “El origen de la tristeza”,  donde la tristeza es una cuestión, más que un estado de ánimo. Claro, es como la expulsión del paraíso. La tristeza, casi existencialEs muy potente, no es muy triste.Sí. Muy buena lectura. Es el fin de la infancia o la muerte.

DSC03013¿Se puede llegar ahí?

Yo comparo “El origen…” con la manera en que escribí esta novela, la manera en que me decidí a hacerlo. Si bien escribía de chic, siempre sentía que escribir me sacaba tiempo para leer, que es lo que más me gusta. No sé cuántos libros leo al mismo tiempo. Cuando ganó Alfonsín, no se sabía la que se venía y salieron a matar gente, como a Bulacio. Ahí matan a mi amigo, al Tumbeta. En Sarandí, nos juntábamos en la esquina. Ese día, en la esquina, estaba mi hermano, yo no.  A un cana, “jugando” a la ruleta rusa, se le escapa un tiro y le vuela la cabeza. A mi hermano le gatilla en joda, pero no se da cuenta que tenía una bala y al Tumbeta lo mata. La impotencia fue tan grande que me puse a escribir “El origen de la tristeza”. ¿Pero de qué manera escribo?: describiendo primero cómo era ese lugar. Mucha gente piensa que el conurbano, la esquina o la pobreza eran lo que son ahora. Y nada que ver, esa era una esquina donde se escuchaba “Yes”, ahí me enseñaron qué era “Pescado Rabioso”, “Artaud”. Había tres libros y mucha gente que pensaba, era una esquina completamente distinta. No había droga. La puerta de mi casa  en Sarandí tenía picaporte del lado de afuera. De hecho, a esa puerta hubo que agregarle otra chapa porque jamás tuvo cerradura. Toda mi infancia fue así. Ahora, cambió todo. Seguramente la droga tuvo mucho que ver. Pero también, la alienación, la lumpenización y la criminalización de la clase trabajadora. Para el almuerzo no faltaba nada, era la mesa de un rey. Y de ahí llegamos a ver, en la época de la dictadura, el mate cocido en el plato. Lo inventó mi mamá, cuando mi papá estuvo preso un año. Mi vieja iba a limpiar casas ¿De quién, en esa zona? En ese momento, con mi hermano, dejamos la escuela y  laburamos bobinando motores de barcos, en el Dock Sud.  Nos pagaban medio salario a cada uno, porque éramos chicos. Pero hacíamos el bobinado de un adulto, ¿eh? Esa era la patria que ahora, en estos cuatro años, se van a encargar de retrasar hasta ese lugar. Entonces, cuando viste lo anterior y ves lo efímero, lo fugaz que puede ser la seguridad. ¿Qué es la seguridad para la clase trabajadora? Cuando hablan de inseguridad, ¿quién habla?  La clase media y, de ahí, para arriba. La que está más segura… Cuando hablan de juventud, es un término muy burgués. ¿Qué es la juventud? Yo no sé qué es la juventud, ¡si trabajé a los nueve años! No podía ni abrir la mano. La tendinitis que tengo hoy la arrastro de bobinar motores para que mi mamá no limpiara casas. La juventud, la infancia son todos términos que no significan nada o significan mucho. Mis hijos la tienen, gracias a Dios.  Mi hijo tiene dieciocho años y, cuando me dicen, ¿no sería bueno que trabajara? Yo les digo: no. Que no labure hasta los treinta. Que haga la facultad a los veinticinco años, por suerte, se la puedo garpar  y no sabe qué es el trabajo. Yo, contento. El trabajo claro que es digno, pero a esa edad…  Se trastoca mucho la mirada de la realidad. Las realidades son psicológicas, no son realidades reales. La única verdad es la realidad, es una frase bastante fea de Perón, es la frase de un milico. Porque la realidad es bastante diferente para cada quien. Por lo menos, múltiple. Es personal no es psicológica

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GRANADAS DE SANGRE: EL OTRO ÁRBOL DEL EDÉN

 Entre las correspondencias universales hay pasillos, corredores donde vida y muerte circulan, se enredan, se pelean, se rechazan y seducen. No, como opuestos complementarios.  Son dos formas, dos rutas paralelas- entre otras tantas posibles- que a veces se muestran con ropas muy similares. La presencia de la muerte en tus escenarios es muy particular. Vos hacés descripciones de un mundo de los muertos muy parecido al mundo de los vivos: Sí. Está inspirado en la idea latinoamericana de la muerte. Yo viajé mucho por Latinoamérica y por el interior del país. Nosotros, los porteños, tenemos una relación muy europea con los muertos. Si vas a Salta, hasta “se come” con los muertos. O el día de los muertos, en México, que también  se festeja acá en el norte argentino. Y, sin embargo, en los cementerios, se ve la vida como una maqueta. Las clases sociales; las bóvedas, en relación a las tumbas. El cementerio de Avellaneda está inspirado en el de la Chacarita, que es uno de los más grandes de Latinoamérica. Yo entraba siempre. Bajábamos del subte, entrábamos por el costado y salíamos por la puerta principal. Y llevaba a mis hijos a ver a Celedonio Flores, a Sandrini,  a Alfonsina Storni. Los paseaba por ahí. Hay un árbol de granadas en el medio, se las hacía comer. Les decía que estaba alimentado con la sangre de los muertos. A veces, se ponían  a llorar y, a veces, se la bancaban. Entrás, hacés veinte metros y hay un silencio … Claro, hay paredes tremendas con cajones, paredes rellenas de fiambres, ese sánguche de pared que va a aislando el sonido. Es bellísimo el cementerio de la Chacarita.  Claro, si obviás los nichos y el crematorio, que es una visión espantosa, omnipresente, parece un horno de Auschwitz. Es medio raro que sigan cremando gente en plena capital, ¿no? Pero el cementerio es una fuerza muy presente y la cuestión de la contaminación, también.  Lo sé por  haber nacido a metros de Villa Inflamable, en Dock Sud, a dos kilómetros de ahí, donde está el ochenta por ciento de los casos de leucemia infantil del país. ¿Será una casualidad o será la Shell?  La muerte está por todos lados. La planta de carbón que se usa para generar energía, una chimenea enorme que larga humo y fuego: es la central costanera. Te puede parecer progreso, pero en mi personaje da terror, como la luna. La luna es tremenda en tus textos, es un elemento completamente resignificado respecto a los sentidos habituales que se le dan. Da asco, sí. El tipo que mira la luna es un boludo distraído. Yo tengo esa bipolaridad de quien quiso ser cura, después  funda el Partido obrero trotskista en Avellaneda y después no es ni cura, ni peronista, que es lo que mi viejo quiso que fuera. ¿Te reconciliaste con tu padre? No sé si me reconcilié, entendí muchas cosas cuando fui padre y acá estoy en esta casa. La reformé toda, aquella parte no la toqué. Toda la terraza estaba muy mal, porque esta casa llueve por todos lados. Con lo que gané en con un premio, me dediqué a construir un poco, abrí un jardín.

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LAVAR EL ALMA: LLUVIA ROJA

El rojo es una recurrencia en los  textos de Pablo Ramos. Como la luna y la lluvia, también el color fue pasado por el crisol alquímico. Y se volvió otro. La luna, perdió su halo romántico. El rojo, libre de su furia habitual, se separó del diablo y toda esa imaginería infernal. Se volvió potencia y puño cerrado: Sí, hay algo de la sangre, de la lealtad, del proletariado, en la bandera comunista. Hay algo de lo terrenal, es una frecuencia muy baja. También me gusta el violeta, el amarillo, soy una persona de los colores. Al contrario de la luna que tiene su cosa nefastita, la lluvia sí es lavadora: Debe ser la frase de Spinetta: “la lluvia borra toda la maldad y lava todas las heridas del alma”. Siempre me gustó  tanto esa canción. Cada vez que llueve, me siento bien. Cada vez que hay goteras… ¡en esta casa hay goteras! Vino tantas veces el albañil, gasté tanta plata en eso. Pero, sin embargo, la casa es como yo, pese a tener cien años… Tengo 49, pero caminé tanto, me siento como con tres vidas. ¿Cómo te llevás con tu vejez futura? Nuestra cultura es muy despectiva con la vejez. Es un tema que hablamos con Liliana Bodoc. La vejez, la decadencia: Yo pienso en un futuro eterno, en un paraíso, no un lugar de acá, terrenal con las dolencias. Emanuel Swedemborg,  en “Del cielo y el infierno” dice que el paraíso es aquello que vos imagines con fuerza. Que no hay ni cielo ni infierno. El día que te mueras vas a ir hacia esa imaginación tuya. Las personas infernales, que conspiran y matan, todo el tiempo imaginan eso y esa va a ser su eternidad: conspiración y de muerte. Ahora, si pienso en una persona eterna, no pienso en un joven. Qué sentido tiene eternizarse con 25 años, si uno entiende nada. No quisiera volver a esa edad. Uno sí envidia la energía física. Pero, en un mundo donde la energía física no contara, qué importaría la edad. La juventud es un término que en la eternidad queda aplastado. Yo estoy en una edad buena, donde logré organizar un lugar, un refugio. No creo en las escenografías, la casa tiene que ser algo más hondo. Yo tengo otros hijos pero convivo con Gabriel, que es mi compañero desde muy chico. Circulamos en la noche como si el otro no existiera. Estoy en un momento bueno. Creo que todo lo que escribí es un precalentamiento de algo que quiero escribir, que empecé a entender. El último libro del precalentamiento es el que va a salir ahora. Después, habrá un libro donde Gabriel no esté tan presente. Este libro que va a salir sucede en una mansión oculta en Flores Sur, donde los gitanos compraron todas las casas de una manzana. Pero, adentro, tienen un universo propio de mujeres. Todos, salvo dos gitanos. Quizás ahí pude expresar un poco mi atemporalidad. No me siento ni viejo, ni joven. Repito:la cuestión física no es un problema. Cuando me fui a Alemania, tuve que hacerme un chequeo general. Me dije: ¡me van a encontrar desde hepatitis hasta sida! Y no me encontraron nada. Inclusive, un riñón que no me funcionaba se reactivó sólo.  

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 HISTORIA BUSCA NARRADOR

Hay una cifra mutante que  traza filiaciones. Libros con autores, azares con cuerpos, melodías con memorias, imágenes con encarnaciones. La cifra es muy sutil. A veces se cuela en pequeñas introducciones, en notas al pie. O en un epígrafe. En general, en los epígrafes podemos leer un mapa de tus lecturas: libros y asuntos que te importan. Como si, en esas zonas previas al texto, vos aparecieras como lector de tu escritura. Marqué a Lispector…  Sí, Donleavy también, acá se lee mucho por mí. Todos los que leen “Cuento de Hadas en Nueva York”, lo leen por mí, lo fomenté yo.  Y también escritores que conocí. Lo más lindo que me pasó en la vida fue que Paul Auster leyó la “Ley de la ferocidad” en francés. Yo estaba en Alemania, por una beca, y me mandó a llamar. Mirá lo que pasó. Yo me fui en tren desde Berlín a Francia y se metieron

DSC03003 unos traficantes de heroína en el camarote. Casi voy preso. Solo supe decir  “Ich spreche kein Deutsch” (no hablo alemán). Tenía pasaporte diplomático, por  la beca, así que fui asistido por el embajador en Francia, Guillermo Nielsen, con quien quedé re amigo y llegué. Cuando le conté lo que me pasó, Paul Auster me dijo: “Estas cosas les pasan a los que pueden contarlas“. Imaginate. De  leer “La invención de la soledad” solo, en una pensión, a conocerlo personalmente… Antes de llegar me tomé dos whiskies, cuando lo vi, me tomé otros dos. Saqué una foto de pedo. Ahora, también me pasa con otros que nos son famosos. Los chicos del barrio creen que la aventura de los vinos existió. Yo no soy muy futbolero, me gusta más la Fórmula Uno, pero ellos se fueron a ver Arsenal-Bolivia, en Bolivia.  Viajaron cuatro días en micro, mientras leían en voz alta “La ley de la ferocidad“. Perdió Arsenal y no tenían hotel. Y volvieron leyendo el libro. Desde que yo los escribo, eso les dio una identidad, son distintos a los demás. ¿ Vos crees que la escritura realmente funda realidad, la produce? Es más realidad que cualquier realidad. Es impresionante lo que pasa. Es lo que dice Lispector: “Crear no es imaginación, es correr el gran riesgo de poseer la realidad”. Todo lo que escribo me pasó o va a pasando.Uno cree que es una broma, pero sin embargo es el principio del verbo. El libro más sagrado de la Cábala judía se llama “Sefer a Yetzirá“, “El libro de la Creación“: tiene treinta páginas y cien comentarios. En ese libro se dice que Dios creó al mundo,con la palabra, la escritura y el número. Lo que tienen en común es la cifra. Sí. Sin embargo, hay diferencias. La oralidad es uso, en cambio las palabras escritas forman un sistema. Cuando ese sistema funciona, el único engranaje que falta- la llave- la tiene el lector. Por eso es importantísimo escribir, imprimir y leer.Si fabricas un beso, ¿qué es un beso? ¿Cuántos besos tenemos nosotros, para dar o dados?. Ni para dar ni dados, sin embargo, todos. Solamente falta quien nos bese, esa persona tiene la llave del beso: sólo en ese momento existe el beso. En la literatura, también. En el momento que alguien abre un libro y empieza a leer, tiene la llave exacta que transforma esa escritura en un sistema en movimiento. Pero también hay una mirada que busca. Vos provocas el advenimiento de estas cosas, sobre todo, con las mujeres, que empiezan en afiches del taller de tu viejo y terminan encarnadas, como Andrea… Fui criado entre mujeres, los hombres no existieron en mi vida. Ahora visito a mi tía que está en un geriátrico, donde hay un montón de viejas. ¡Para mí es el paraíso!, que me cocinen, me reten, me protesten. Me siento cómodo. En cambio, con las figuras masculinas… mi abuelo era un pollerudo. La figura fuerte fue mi tío Beto. Mi abuelo lloró mucho cuando se fue mi abuela a Italia. Ella era una gran bailarina, se quedó en Italia y se enganchó un conde. Murió a los 96 años. A los 90 se quebró la cadera y salió del sanatorio y yo le llevé unas chatitas.  “Chatitas, a tu madre, que es ama de casa“, me dijo. A los 90 le festejamos el cumpleaños y ella te llevaba para bailar el tango, aunque simulaba que vos la llevabas a ella. Cuando le pregunté por qué lo había dejado al abuelo, me contestó que ella quería conocer el mundo. Era preciosa, un monumento de tana y una bailarina increíble. Pero, vuelvo a mi abuelo: porque yo lo acompañaba a cantar tango los jueves, los viernes y los sábados, desde los cuatro años. Me gusta el tango. Como letristas, mis preferidos son Cadícamo, Celedonio Flores, un capo.”Mano a mano” lo escribió cuando tenía 16 años.  Cuando los muchacho se ponían en pedo, acá, en la parrilla de la esquina, hacían una competencia: jugaban a engancharme con un tango que yo no conociera. Rara vez me enganchaban en una.

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EL ENCUENTRO ENTRE UNA DÓLAR ENROSCADO Y UNA ESTAMPITA DE LA VIRGEN 

Hay que tener cuidado con la luna, con su prestigio sin grieta, con sus mareas imprevistas, con su farol insomne, aún durante la vigilia del sol. Mejor lavarse en lluvia, dejar que lo uniforme se agriete en goteras; mejor forzar al hastío y a las repeticiones a curarse  bajo el agua. Y, en una de esas, en el inestable territorio de lo imprevisto, se da el encuentro. La cifra habla. El gran animal respira a ritmo. Refunda las asimetrías. Entrelaza una banda de cómplices y la llama “lama”. Un rebautismo de mundo, en la lengua del barrio. Un poema que respira. O un gran animal que escribe.  Anima Mundi. O las innumerables formas de una melodía infinita. ¡Qué loco que tengas tanta afinidad con la música y la palabra y no te haya dado por el poema! Escribo, pero soy malo. Lo pongo en las letras de las canciones.Hay un poema en el blog, “Perros rabiosos”. Lo leí entre los rockeros, pero no me parece bueno. Yo escribo poemas de amor, pero me avergüenzo mucho.Decías que, cuando tus alumnos encuentran una traba, vos insistís ahí. ¿Y para vos? Pero es una traba de género. Cuando uno narra, la traba psicológica es otra cosa. Yo creo en los poemas, me ofrecieron publicarlos un montón de veces. Pero, como mi hijo mayor es muy buen poeta, no me parece publicarlos. Ya bastante tiene con tener un padre escritor, a quien  le va relativamente bien, ya es un Karma para él. ¿Cómo te llevas con la popularidad? Yo no me doy cuenta, cuando me dicen que “El origen de la tristeza”vendió 50.000 libros, “La Ley de la Ferocidad”, 20.000 , no lo puedo creer. ¿Qué pasaría, al revés? Me sentiría triste, si te va mal, no te da tranquilidad. Sí  logro separarme, no ponerme en un lugar arriba de mis alumnos. El “nombre“ te obliga a que mi próximo libro esté a la altura. No publiqué un libro malo. La prosa de”El camino de la luna” me parece superior a los otros, entendí mejor el cuento.”En cinco minutos levántate, María” me parece superior a las otras tres novelas. Siento que me enfrento a una aventura nueva del lenguaje cada vez, si no no tiene sentido para mí, son libros necesarios para mí. Fijate, en mi próximo libro  de crónicas- son relatos, en realidad- hay un poema, “Litio”, una medicación que me hizo mucho daño. También escribí un libro de poemas farmacológicos, uno con cada una de las medicaciones que me dieron. Tengo nueve internaciones psiquiátricas. Un día, no daba más, fui hasta la capilla de Luján caminando, me traje un rosario y empecé a rezar. Hace un año que no consumo. Agarré toda esa medicación.- se las voy a mostrar, las tengo guardada en una bolsa-… Tiene que haber alternativas. (Muestra que adentro de la bolsa tiene un billete de un dólar enroscado,“recuerdo de la última línea de cocaína“ y una estampita de la virgen de Lourdes.)  

DSC03001Todo esto no va más. Bien, no estoy. Pero el día que no estoy bien, me pongo a llorar, me encierro. Hay momentos en que es difícil estar conmigo. Tengo dos psiquiatras extraordinarios. Hay que entender que existe la bipolaridad y me causó muchos problemas. Pablo, mi terapeuta me dijo: Es una enfermedad ficticia con síntomas reales. Es muy difícil de diagnosticar. Podes tomar la medicación y aplicar la terapia cognitiva, que estoy haciendo ahora. Yo voy todos los días al psiquiatra. Es el tipo al que se le suicidó Juan Castro. Yo no soy suicida, soy católico, nunca tuve la necesidad de destruirme. Qué es la adicción, qué es la necesidad de consumir. ¿Cómo la definís? Es un gran estado de ansiedad. En este estado yo no puedo escribir nada. Drogado, tampoco. Después de todo eso, devastado, me arrastro hasta la máquina de escribir y escribo. Me gusta mucho la máquina de escribir, es interesante que la hoja se vaya llenando. La saco, la leo, pongo una página al lado de la otra. También escribo en computadora, pero lo imprimo inmediatamente, porque me desconcentra mucho, me pierdo en la pantalla.  Cada libro lo escribí con una máquina de escribir diferente.  Yo tendría una máquina de escribir si fuera escritor. También se puede escribir a mano, pero, claro, uno no imagina cómo se escribe el “Quijote“ a mano. “Guerra y Paz“, ¿conocen la anécdota? Tolstoi la escribió a mano. Él fumaba un habano, fue a buscar un cognac y le pidió a la sirvienta que encendiera el hogar. Al regresar. la sirvienta había encendido la hoguera con la obra. Dudó: o mataba a la sirvienta o se ponía a escribir otra vez. Quizás le debamos a la sirvienta la verdadera obra, superior a la primera.

(*) Extracto de “La ley de la ferocidad”

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“CAPAZ QUE TAMBIÉN SOY LOCO”

Por Florencia Paz Landeira y Lourdes Landeira

Los anormales: Sobre la visita a la chacra del ex presidente uruguayo, José Pepe Mujica

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“Las plantas siempre dicen algo. Su color, su postura, nos hablan, hay que saber entender. A veces digo que soy un poco panteísta y la gente me mira como si fuera loco. Y sí, capaz que también soy loco.” (1)

 

Bajo la sombra de un árbol, descansa un hombre. Recostado contra un banco de hierro y coloridas tapas de botella, parece enraizarse en la tierra, donde se apoyan sus pies. Bien plantado, conoce la lengua potente de las plantas, aquella que para la mayoría pasa por silencio inerte. De gorra, pantalón de jogging, camisa y zapatillas desatadas, mira su casa, a pocos metros, cual refugio inalcanzable. ¿Descansa el hombre?

Frente a él, en diagonal, una mujer de ojos cálidos, pelo blanco y media sonrisa. Desgrana habas y las reserva en una bolsa de nylon. Las vainas, caídas sobre la tierra, dibujan una cadencia eterna. La mujer y el hombre, solos, comparten tardes con algunos perros y gatos. Ella lo observa, su mirada devela  una comprensión inconmensurable, como crecidos de la misma raíz. Y basta una palabra, aun  la más trivial, para ablandar su ceño fruncido. El hombre y la mujer, ¿están solos?

Tenemos claro que hay que pensar sencillamente en vivir como pobres, para nosotros, quien lucha por la igualdad tiene que tener claro que hay que vivir en la igualdad de los más y no para algún día, porque aprendimos en todos estos años que la dureza con nosotros mismos es la mejor fuente de ternura para los demás.

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La escena invita a la sospecha. ¿Qué hay en esa mirada anhelante, ceño fruncido, lengua aguda?

Es que acá ya no se puede vivir, me voy a tener que ir, no hay paz, no tenemos tranquilidad. Todos los días, todos los días aparece gente en la entrada como quien viene a ver los monitos en el zoológico. Y algunos se instalan, pasan la noche, no hay respeto.

Pepe es como la mugre, lo conoce todo el mundo”, juega uno de los encargados de la seguridad. Es que el “Pepe” Mujica no tiene descanso y, en su casa, – la nombrada chacra –, él y Lucía Topolansky nunca están solos. A metros de ese banco y ese árbol, tras un no siempre acatado cartel de “PARE”, llegan personas a diario, desde la ruta. Vienen por una foto, una dedicatoria en un libro, una entrevista o, simplemente, por una charla. A los visitantes, los suele recibir alguno de los guardias de la seguridad presidencial – hombres de su confianza – que lo acompañaron durante su mandato y hoy se turnan de a uno para continuar la tarea que ya parece inclaudicable. “En este momento, está ocupado”; “Justo acaba de bajar a trabajar al campo”; “Está descansando”; “Ahora viene a recibirlos”; “No está”: distintas resoluciones a los azarosos intentos de tener, al menos, un encuentro cuerpo a cuerpo con el presidente más popular en la historia uruguaya y al que se le adjudican hazañas como el de “haber cambiado la forma de hacer política”.

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No tengo que olvidar. Y no es fácil para un cerebro carcomido de rejas (…). Estamos reaprendiendo, porque hasta la tumba se reaprende.

 

Parece simple, pero es inaudito. A tan solo minutos en auto, desde el centro de Montevideo, se llega a Rincón del Cerro. Y, allí, hasta la puerta de la casa del ex presidente y la actual senadora. Y aun en el menos afortunado de los intentos se logra un diálogo amable con uno de los guardias. Es que, otra vez, acá poco  se  parece a lo esperable. La casa es una chacra, con un generoso lote arado. Sobre buena parte del terreno se alza un enorme galpón en el que Mujica fundó, en marzo de 2015, una escuela agraria deUTU, Universidad del Trabajo del Uruguay, conocida también como Consejo de Educación Técnica Profesional. El encargado de la seguridad de la escuela habla de los gurises, como si él fuera uno de los maestros, mientras Pablo-de la seguridad presidencial- arma ventanas para las aulas, en sus ratos libres. Acá no hay tuyo o mío, hay un nuestro implícito y encarnado. Pablo dice que, el 1º de marzo de 2010, “asumimos el mando con él”.

Yo les recuerdo, muchachos, que la pasión no justifica la miseria… la miseria del alma. Nacimos para luchar por la igualdad y por el sueño de un hombre, si no nuevo, mejor.

– Con Lucía estuvimos ocupados intentando cambiar el mundo y se nos pasó el tiempo de tener hijos. Y ahora estamos llenos de gurises, acá, en la escuela. Son chicos que capaz no terminan el liceo, porque es un sistema que no los contiene, que los expulsa. Y acá les ofrecemos contención y una formación en oficios. Ahora tenemos unos 65 en total, un poco menos de nenas que de varones. Pero, con la obra que estamos haciendo en el galpón, vamos a poder recibir chiquilines de todo el país y ya hay una cantidad de nuevos anotados.

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La escuela se puso en marcha gracias a numerosas donaciones a través de la Fundación Purificación, a la que pertenecen el “Pepe”, Lucía y otros militantes del MPP (Movimiento de Participación Popular, que integra el Frente Amplio). La propia fundación donó el terreno. La escuela tiene una huerta, un gallinero y están por armar un sector de carpintería. En el terreno de la chacra de Mujica, los gurises hacen sus prácticas, “para que aprendan a trabajar la tierra”. Las aulas de la escuela fueron realizadas a partir de contenedores donados, previamente dispuestos con equipos de aire acondicionado  y ventanas, también hechas a partir de lo que fueron las mamparas de las duchas de un hotel y la madera cedida por una fábrica de vidrio.

Días atrás, hizo una visita Rubén “el Negro” Rada y tuvieron una jornada de percusión. “Uno de los chicos que se venía portando medio mal se enganchó, así que ahora le estamos haciendo un tambor”, nos cuenta Luis, uno de los que trabaja en la seguridad  contratada para la UTU. Cuando habla de los chicos, mueve la cabeza como quien reniega, sin poder disimular la sonrisa cómplice que le ablanda el rostro. Luis es del Departamento de Artigas, al norte de Uruguay. Lo conoció al “Pepe” en un acto político, cuando el que sería futuro presidente visitó su ciudad.  En un asado compartido se generó el vínculo que cambiaría la hoja de ruta de Luis.

FOTO 5Queremos además, y perdonen por la incoherencia, no es fácil ser coherente con la emoción que ustedes representan, con tantos años de trillo en esos calabozos, con tanta soledad encima… No es fácil, perdonen las limitaciones, hilvanar lo que teníamos que decir, hay mucho, mucho, mucho, mucho…

Pablo tiene la piel curtida por el sol. Es alto, flaco, usa jean y una remera de algodón. Va con el mate a cuestas pero “está siempre frío, entre que voy y vengo, no le doy continuidad”. Hasta hace algunos años, era preparador de autos de carrera. Antes, claro, de integrarse a la seguridad presidencial de Mujica. “En tres meses tuve que aprender todo, fue muy intenso el entrenamiento, tanto acá en Uruguay como también en el extranjero”. La voz se apaga un instante,  nuestras miradas se encuentran en el espacio indecible. El momento pasó y el dialogo se restituye; para explicar el salto hay que ir a la raíz. El padre de Pablo, Dilermondo do Reis, es el más antiguo amigo del “Pepe”; se criaron juntos en Paso de la Arena, no muy lejos de la actual chacra. Compañeros de escuela, su amistad, aunque se inició por cercanía, se fortaleció por la pasión compartida por el ciclismo y  supo esquivar a las diferencias políticas. “El Nene” – como lo llama Mujica – luego montó un taller de bicicletas que aún conserva. Con el mismo empeño, ha guardado fotos y la estampita de la comunión de Mujica, titulada premonitoriamente “Hacia la cumbre”. En esa amistad, Pablo encontró un tío. Disfruta relatar las visitas, de la mano de su padre,  a la casa de la infancia de Pepe; una imagen aún lo estremece: “Me acuerdo de ir a su casa y que esté su madre sentada al piano, con el pelo gris, abundante y suelto a ambos lados de la cara,  tocando una melodía que no identifico pero todavía puedo escuchar”.

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Y como si el paso de preparador de autos de carrera a seguridad presidencial no fuera lo suficientemente abismal, el “Pepe” no se destaca por acatar lo protocolar: “Se te escapa, se te sale de la línea siempre, no le podés despegar el ojo porque lo perdés. Y la responsabilidad es nuestra. Hemos tenido cada agarrada que ni te cuento. Pero igual siempre gana él”, confiesa Pablo con una sonrisa entrañable y la mirada perdida en el suelo. Y en su tarea han tenido que lidiar con comitivas extranjeras que, cuando están de visita en el país, son responsabilidad de la seguridad presidencial uruguaya. “La más brava fue la de Venezuela, eran unos tipos gigantes que te ponían el cuerpo para mandar ellos. Pero no funciona así. Acá mandamos nosotros. Igual Chávez fue el más profesional, muy fácil para trabajar, no como el ‘Pepe’”.

Aparte del día a día, a Pablo le cambió la mirada; tiene, lo que se dice, “otra cabeza”. “Ya no puedo mirar a la gente de la forma en que lo hacía antes, estoy pensando qué hay más allá, qué se oculta. Estoy siempre estudiando a las personas. Es algo que se va a quedar conmigo”.

Las cosas que en la política sean verdaderamente gravitantes, que no se puedan explicar con sencillez, no son tan importantes.

El estado de alerta enunciado se contrapone al entorno que lo enmarca: verde, tierra, plantas, piares de pájaros, el cojeo de una perra rescatada de un accidente en la ruta, una gallina que se queja desde el fondo, la huerta y su reclamo de atención, el espacio de predio que albergará a conejas y conejos (“a uno de los gurises le gustan y le vamos a armar la conejera para el año próximo”). Y el galpón a construir, con más aulas, elementos de la futura carpintería, inodoros donados, regalos recibidos por el ex presidente (entre ellos, su rostro tallado a mano, en piedra, por los internos de la unidad de reclusos del  Vilardebó, un hospital psiquiátrico de Montevideo). Pablo le pone el cuerpo a todo. Se multiplica, igual que los inscriptos a la escuela (“lo que queremos es que los gurises se queden trabajando la tierra; si de 400 salvamos a 200, felices, había dicho Luis minutos antes”) entre el ejercicio de custodio, anfitrión, vecino; cigarrillo y mate de por medio. Quizás él también aprendió a escuchar el grito de las hormigas y las arañas.

Como Pepe, muchos años atrás, en el pozo del aljibe en el que pasó dos de los trece años que fue rehén de la última dictadura sufrida por el Uruguay (1972 – 1985). Allí pudo comprobar que “basta con  acercar las hormigas al oído para escuchar sus gritos”.  Haber sido rehén significó, además de aislamiento, la amenaza permanente: “estás condenado  a muerte. Cualquier atentado que se produzca afuera vamos a limpiarte. Y vos sabés que eso es muy fácil porque se simula una fuga y ya está”, sentenció en aquel entonces un mayor de la época a uno de los compañeros de Mujica; para describir la situación de ellos, los nueve dirigentes tupamaros elegidos como garantía.

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Por eso los sacaron del penal de Libertad; sí, en el Uruguay pasan esas cosas, hay un Arroyo Seco, un Cerro Chato y un penal de Libertad (por la ciudad en la que está ubicado). Las contradicciones, el silencio aturdido de gritos inaudibles, la muerte golpeando la puerta a cada instante hicieron que el lenguaje, una vez recobrada la calle, fuera urgente. Los compañeros de estos y aquellos tiempos recuerdan que, en los primeros encuentros políticos, apenas reestablecida la democracia, se notaba claramente quiénes habían padecido cárcel, porque su modo de hablar era directo, preciso; desnudo, quizás, ante la intemperie.

No venimos a llorar nuestros dolores ni nuestras penas, simplemente, a dejar bien clarito que el puñado de viejos que van quedando tiene nítidamente claro que apenas es un palito, que debe funcionar par que la colmena se aglomere en rededor: lo esencial no es el palito, sino la colmena.

Mujica se enciende cuando habla de la escuela y del proyecto de crecimiento.

– Ya tenemos el mástil y la bandera para colocar, pero antes vamos a terminar la obra, es lo más importante”

Mientras lo dice, mira al horizonte atravesado entre sus ocres verdes y las habas de Lucía.  Escoltado por perros y gatos que van y vienen los senderos de la chacra y la mirada atenta de Pablo, que nos enfocó siempre- cuando nos tomó las fotos y cuando no- Pepe se interna campo adentro. Dice no estar para entrevistas. Una vasta vegetación lo espera para conversar. Y allá va. Entre nosotros. A trazar la historia.

“El lápiz imprimió una disciplina en mi cabeza. El ejercicio de escribir disciplinó mi cerebro. Así me saqué la enfermedad de encima”(3)

 

(1)    Del prólogo de Pepe Mujica. De Presidente a Tupamaro, de María Esther Gilio

(2)    Los resaltados corresponden a fragmentos del discurso de José Mujica, el 26 de marzo de 1985 – apenas 11 días después de haber sido liberado-  ante una multitud reunida en el Platense Patín Club de Montevideo.

(3)    De la entrevista para Le Monde Diplomatique, por Martía Esther Gilio




GOLEMLAND

Los anormales: Entrevista a Sergio Langer

 

Entrevista: Lourdes Landeira, Gabriela Stoppelman, Diego Soria

                                         Edición: Gabriela Stoppelman, Diego Soria.

 Dibujo

Sediento de saber lo que Dios sabe,/Judá León se dio a permutaciones/de letras y a complejas variaciones/y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,/la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,/sobre un muñeco que con torpes manos/labró, para enseñarle los arcanos/de las Letras, del Tiempo y del Espacio./(…) El rabí le explicaba el universo/”esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga.”/y logró, al cabo de años, que el perverso/barriera bien o mal la sinagoga./Tal vez hubo un error en la grafía/o en la articulación del Sacro Nombre;/a pesar de tan alta hechicería,/no aprendió a hablar el aprendiz de hombre./Sus ojos, menos de hombre que de perro/y harto menos de perro que de cosa,/seguían al rabí por la dudosa/penumbra de las piezas del encierro./Algo anormal y tosco hubo en el Golem,/ya que a su paso el gato del rabino/se escondía. (Ese gato no está en Scholem/pero, a través del tiempo, lo adivino.)
El Golem, Jorge Luis Borges

Puestos a enmendar errores, habría que reescribir el Génesis y sustituir “En el principio fue el Verbo” por “en el principio, fue la falla”. Después, vino la risa. Veamos: algo no andaba bien con los primeros experimentos de Jehová. Tomó aliento y coraje, sopló sobre el caos, separó el cielo de la tierra, la luz de las tinieblas y todo lo que ya se sabe. Hasta ahí, la creación marchaba.  libroEl asunto se complicó, cuando Dios debió crear al ser humano. Algunas lenguas audaces de la tradición judía cuentan que el primer hombre- pobre- nació con dos problemitas. El más grave era que no tenía lenguaje. Hecho de barro- de una tierra muy marrón rojiza, mezclada con agua- se las tuvo que arreglar a pura mímica para poder comunicarse. Tampoco es que tuviera un gran inconveniente porque, en esos tiempos, aún no había con quién hablar. El lío más grande se le armaba con su padre. A Jehová no le gustaba nada el mudito y juraba- a  grito pelado, por el Edén- que lo iba a liquidar, que el futuro Abraham- dispuesto a matar a su hijo por indicación divina- sería un poroto al lado de su furia. El Golem, que así se llamaba el hombrecito de barro, se escondía por los atajos del Edén, como un niño que jugara a las escondidas con su padre. Y se reía y se reía, porque su papá le parecía horroroso, pero el mundo, divertidísimo. Sin embargo, un día el padre lo agarró. No de la oreja, sino de la frente. Como bien se sabe, Jehová- ya desde los comienzos- tenía una obsesión tremenda con dejar marcas en los seres. Más adelante, se le ocurriría lo de cortar prepucios. Pero, por los comienzos del Universo, la idea fue más simple. Sobre la frente del Golem, había inscrito la palabra verdad: Emet. La palabra empezaba con la alef, una letra muda que es, a su vez, la primera  del alfabeto hebreo. En un pase de poesía perversa, Dios retiró la alef de la frente del Golem. Y entonces quedó la palabra Met: muerto. Al sacar la letra muda- al sacar la letra origen- reventó al mudito.

A partir de entonces, la historia se complicó mucho. Las sucesivas generaciones, envalentonadas con la leyenda, no cejaron en intentar construir un Golem. Al rabino Lew de Praga no le salió muy bien. Peor que el de Jehová, éste no servía ni para barrer la sinagoga. Sin embargo, el fantasma de aquel primero, del patriarca de todos los Golem, seguía su ronda por el mundo. Algunos dicen que aún hoy se ocupa de traer alivio durante las tragedias. De ese modo, rondaba los guettos, durante la Segunda Guerra Mundial. Y hoy no le deben faltar ocupaciones. Otros, en las antípodas, opinan que el Golem ayuda a transformar el horror en risa. Entre el dolor y la carcajada, fundan un mundo: Golemland. Entre estos últimos podríamos ubicar a Sergio Langer.

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EL GOLEM SE LEE LA FRENTE

(Rebelado contra su padre, el golem busca su imagen en la superficie del agua. El espejo lo difumina. Entonces, se dibuja: en el trazo coquetea la muerte. Y una verdad, a carcajadas.) 

 El humor tiene esa cosa… esquiva

Hay humor que a unos le parece horrible y a otros les encanta. Y nunca  sabes,  siempre estás en el límite.

LANGER¿Vos siempre hiciste humor, nada más que humor?

Humor gráfico.

Nos preguntábamos  por la restricción. Cuando uno escribe una novela, puede escribir una dramática, humorística. Pero vos elegiste el género y el tono.

Yo siempre dibujé ese humor, humor satírico. A medida que va pasando el tiempo, se acentúa más la elección.

¿Y nunca te queda algún material que no encaje en el humor, que reclame  alguna cuestión más dramática, incluso dentro de la historieta?

En este libro ( “Judíos”) hay material que no tiene que ver con el humor gráfico estrictamente. Hay de todo: historieta, humor gráfico, historieta clásica, hay dibujo porque sí, hay bocetos. Eso le da un valor agregado. Mucha gente dice que es un caos, otras que está bueno eso.

Nosotros no dibujamos, lo nuestro es la palabra. Y la historieta maneja los dos registros  Nos preguntábamos, al ponerte a trabajar, ¿qué va para dibujo y qué va para texto?

No sé,  a medida que yo voy laburando, los años me van dando una especie de caja negra que no sé cómo funciona…

¿Nunca probaste invertir? Aquello que naturalmente sale para dibujo pasarlo al texto y el texto al dibujo

No, para un dibujante eso es difícil. Podés, como desafío, trabajar con la mano izquierda. Ahí,  la tipografía parece la de un chico. Una vez, con un psicoanalista, lo vimos: vos tenés dos manos, me dijo. Probá con la izquierda a ver qué pasa. Salían cosas menos controladas. Pero, con el texto, no sé… A mí me costó bastante escribir el prólogo de “Judíos”, aunque me gustó. A veces me llaman para hacer el prólogo a un colega… y digo: ¡Me matás si me pedís que escriba! Yo no soy escritor… Te lo dibujo, si querés.

Sin embargo, la historieta tiene una parte que es textual…

Sí…, no sé qué respuesta darte. Yo creo que hay mucho que surge y hay mucho trabajo previo. En la historieta de “Mamá Pierri”, por ejemplo. Quiero dibujar al hijo de mamá Pierri en una situación, me obsesiono con eso. Todo lo que hago después lo hago alrededor de esa situación. Supongamos: el hijo de mamá Pierri consigue trabajo en la ESMA con sus amigos kirchneristas. Mamá Pierri es re-nazi. Entonces, ahí me permito, a través de ella, decir todo lo que dice la derecha extrema sobre la ESMA.tumblr_nprhixxZdE1uy6abzo1_500

 Primero nace la imagen.

 La imagen o la situación.

Y nace gráfica…

 Gráfica. Nace así. Imagino que el nene quiere trabajar en la cocina de la ESMA. A partir de ahí, desarrollo la historieta, nada más que con la excusa de esa situación. Después, el nene se anota en los talleres de cocina de Hebe de Bonafini, ¿entendés? Hebe de Bonafini canta “Que los ricos coman mierda” ¿viste la canción? Es una cosa muy grotesca.

Pero hay un discurrir textual ahí. La imagen llama al texto y el texto llama a la imagen…

 Pero es una cosa totalmente subordinada a esas imágenes que yo quiero contar. Si lo escribo, no tiene gracia.

 ¿Nunca escribiste un relato?

 No, no lo descarto. A veces digo ¡epa! ¡Cuánto texto en esta historieta! Y, bueno, de pronto el texto empieza a invadir lo gráfico, bienvenido sea. Pero no es que quiera escribir una novela como Maitena que, en un momento, colgó los dibujos y se dedicó  a la narrativa.

 Ganó el texto sobre dibujo.

Ella lo tenía claro, se puso las pilas con eso. No es mi caso en este momento.

tumblr_nps9yaHzH21uy6abzo1_500Una de las mayores dificultades de alguien que escribe es mechar el cuerpo y los mundos con palabras, problemas que vos no tenés porque eso lo pone el dibujo.

 CÓDIGO GOLEM

(Se trata de ser, como diría una mala canción, sin perder la cabeza. Aun cuando el tiempo quiera desandar lo recorrido. ¿Y cómo leer en la grieta entre el dibujo y la palabra?)

 En una entrevista, vos decías que hay que saber leer una historieta, es decir hay gente que toma un montón de cosas literales, que recorta fuera de contexto. ¿Qué hay que saber? ¿Qué entrenamiento hay que tener? ¿Cómo se encara la lectura de una historieta a diferencia de la lectura de un cuento?

 Para poder abordar el humor que yo hago tenés que tener una apertura mental. Si vos lees literalmente lo que dice Mamá Pierri, podés pensar que soy un nazi o un neonazi. Yo no puedo hacerme cargo de eso. Yo me hago cargo de mi trabajo. Espero que el tipo que lo mire maneje mínimamente los códigos de la historieta.

¿Cuáles son los códigos de la historieta?

 Los códigos de la historieta son haber leído historieta de Sin título-1chiquito y saber de qué va eso. Y, por ahí, conocer los autores contemporáneos… Aunque, no sé, te digo esto y al mismo tiempo dudo, porque si no este libro tendría que ser solamente para especialistas y no lo es. Me decía un tipo el otro día que le iba a regalar este libro a la vieja, judía de 80 años . La tipa pasó la guerra, es sobreviviente, mi vieja también era sobreviviente. Como yo la conocía a la vieja, tomamos el té y qué se yo… si ahora el tipo le da el libro tal vez desanda todo el camino ese y, probablemente, vea cosas que le causen rechazo, porque yo mismo sé que hay cosas que generan rechazo. Mirá, en la revista “Mongolia”, en  España, salió un dibujo mío- en  página  grande- que se llama “Isis Christmas” Están los tipos poniendo cabezas en el árbol de navidad. A mí también me da rechazo eso, pero lo hago porque lo tengo que hacer.

Hay un interesante recorrido histórico como collage en el libro. ¿Vos lo armaste? ¿Hubo una concepción cronológica?

 Yo lo armé para que haya un poco de todo, pero que tenga un criterio de organización,  un sentido.

 Como narrativo…

 Que haya una continuidad, que lo primero sea  “La vida es bella”, que es  historieta. Después, que haya algo más liviano. Me llevó mucho tiempo pensar el orden. Me ayudó mucho mi socio, Rubén Mira. Con él hacemos “La Nelly”, en Clarín. Yo dibujo y él hace el guion. Él  es escritor.

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 Antes dijiste  sobre lo de Isis Christmas, aunque genere rechazo, “tengo que hacerlo” ¿Qué tipo de “tengo” es ese?

 Dios quiere que yo haga ese dibujo ¡Ah no, Mahoma! ¡No! Yo me cuestioné varias veces. Cuando fue lo Charlie Hebdo… más allá de todas las visiones conspirativas, ¿qué pasa?, ¿cómo fue?, ¿Qué? ¿Cómo? La realidad es que entraron a una redacción como la de la revista “Barcelona” y mataron gente. …Lo hago porque me sale, si no tendría que dedicarme a otra cosa.

EL GOLEM HORROR SHOWtumblr_nps9ajm2Oi1uy6abzo1_500 (1)

 (El Golem  era sucio, perdía parte de su materia por el jardín del Edén. Una especie de Shrek primitivo,  provocaba horror y espanto. Hasta que alguien le contuvo las pérdidas en una silueta dibujada. Desde entonces se hizo souvenir y enigma. Su frente recordaba que no es chiste, un día uno se muere de verdad)

 En tus trabajos hay una recurrencia con el horror. Si uno tuviera que hacer una reseña sobre este libro, es un libro muy trágico, casi todo el humor está rondado tragedias y un dolor enorme. Por eso te preguntaba si nunca te dio por escribir o dibujar más hacia el drama.

 No, creo que la única manera de abordar lo dramático es desde el dibujo que es lo que más me gusta y desde el humor. Es mi historia.

 Más cerca, no.

 ¿Cómo?

 Porque hay una idea medio teórica de que el humor es tomar distancia de las cosas, ¿es así?,  ¿o es acercarse de otra manera?

 Es acercarse de otra manera y es tomar distancia. Hacer el chiste éste del arbolito, con un tipo subido a la escalera poniendo las cabezas, es tomar distancia de ese horror y es acercarse al mismo tiempo. Pero hay gente que dice, ¿cómo puede este tipo hacer humor con esto? Es una mierda, es un insensible. De hecho, facebook les dijo a los pibes estos que, si no lo sacaban, les cerraban la cuenta. Y una revista no puede prescindir de Facebook hoy. Entonces lo taparon y pusieron “Esta página fue censurada por facebook”. En el papel, salió.  Es cierto lo que decís vos, es una manera de tomar distancia y al mismo tiempo de acercarse, es un ida y vuelta. De chiquito, me comí toda la historia de otro, de mi vieja, del profesor de acordeón, de la muerte de mi viejo, tuve cosas trágicas. La idea es que no lo pensé, no es que digo: “me voy a dedicar al humor porque me permite resolver mi angustia”. A mí salió así y me salvó.

tumblr_nps9u53f0c1uy6abzo1_500¿Te salvó?

 Sí, me salvó de volverme loco, porque dibujo para no laburar, ja, ja. Al mismo tiempo no tengo patrones, bueno, sí está bien, laburo para Clarín.

 ¡Flor de patrón!

 ¡Pero yo trabajo con libertad en Clarín! Bueno, estuve ocho años en la contratapa, arriba. El diario apostó por un espacio muy importante. Y, de un día para otro, me mandaron para adentro. Fue en el momento de mayor virulencia del conflicto con el gobierno, esa tira la querían adentro, no ahí. Mucha gente- y nosotros mismos- se sorprendió por el cambio…. Pero vuelvo a la pregunta: yo no lo busqué,  el humor me buscó a mí y me salvó de volverme loco, quizás… no sé.

Estoy un poco loco, pero por suerte es una locura que  se puede sacar a pasear. En el humor podes decir lo que querés. Yo soy un gran observador, me interesa mucho lo político. El haberme juntado con Rubén Mira me permitió dar un salto kilométrico, porque yo soy más bien una especie de anarco sindicalista y el “Colo” es un anarco liberal. “El Colo” es el hijo de Jesús Mira, el primer diputado comunista. Viene de una familia progre y, al mismo tiempo, es un gran aborrecedor de todo lo progre como algo instalado, porque conoce muy bien el paño. A mí me sorprendió todo eso de él, la ironía con la que venía, la cosa festiva. Yo era más duro, más de bajar línea con el humor, sin perder de vista que lo más importante es hacer reír, no bajar línea. Porque si bajás línea ¡cagaste! No me gusta. Aparte, en el ejercicio literario más importante que hice en mi vida- el prólogo de “Judíos”-, me ayudo el “Colo”. Yo se lo di, y él me dijo: déjame que te haga un par de toques, son truquitos nada más. Es como que sacó un texto que estaba bajito y me subió, me lo armó.

 UN GOLEM DE PELUCHEtumblr_nprhfmHxhE1uy6abzo1_1280

(El Golem tenía esa ternura triste, de quien pone en el rostro y en el ademán todo lo que se la ha quitado como palabra. Pero un día habló. Y lo que dijo sabía a tierra)

 Dentro del humor, ¿la ternura tiene cabida en algún momento ?

 Voy a tomar una frase que dijo Liniers: “la ternura es transgresora” A mí no me parece, pero bueno…

Nos referimos en términos de versatilidad, porque un tono es el irónico, pero el humor debiera poder tener todos los tonos….

 Digamos que la ternura no es lo mío… A veces, puede ser,… Eso no quiere decir que yo no sea un tipo tierno. Simplemente, nunca me cuestioné eso. Al contrario, en el humor, cuanto peor, mejor.

¿Y la belleza?

 ¿La belleza? Yo siempre le aclaro a la gente: la belleza está en mi mujer, en mi hija, en mis amigos, en las chicas que van por la calle o en las cosas lindas de la vida. Capaz que, en un punto, después de un recorrido, empiece a dibujar jazmines y picaflores. El libro creo que tiene ternura, porque yo tengo ternura, el que quiere la va encontrar, el que lo perciba lo va a percibir: en el tío Iasha, y además,  en el prólogo, hay ternura. En mi mundo sí hay ternura, ¡nunca me habían preguntado esto! Me voy aponer a llorar… (risas)

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LA  GOLEM- RABIA

(Un viejo refrán Golem:

No deje su rabia sin saciar, sin marchar,

sin catalizar antes de que la muerte lo consuma.)

 Leyendo el libro, llama la atención el trazo grueso… ¿cómo llegaste a ese estilo?

 ¿Cómo llegué a ese estilo? Hay muchos tipos que dibujan y me mandan su trabajo ¿Qué te parece?,  me dicen. Yo, a veces, puedo vislumbrar que tal dibujante tiene un “estilo”. Hay un 90% de dibujantes que tienen un estilo- digamos- universal, como quien escribe una novela a la moda, con un estilo establecido.

Nosotros le decimos “una voz propia”.

 Sí, eso. Si uno tiene una pasión y le gusta, lo puede ir descubriendo. No sé cómo llegás, llegás dibujando, así como podes llegar escribiendo. Yo creo que tenía una llamita a la que estuve alimentando. A los quince años, copias- Fontanarrosa, Quino, Caloi-, salvo que seas un Mozart. Es común ver en talleres de dibujo a pibes que son unas bestias. ¡Hasta querés que les pase algo porque te van a sacar el laburo! (risas) ¡Y cada vez hay más! En mi familia, no me motivaron. Y eso, quizás, trabajó como una motivación. Capaz que si yo no hubiera tenido al profesor de acordeón con esa cosa negra no hubiera hecho el humor que hago.

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 Nos llamó la atención que vos fuiste al Rambam (Instituto modelo argentino hebreo), esa es una escuela con una impronta muy fuerte…

 No sé. A veces fantaseo con que si, en esa época, yo hubiera ido a una escuela pública, hubiera sido más rabioso, hubiera podido sacar la bestia que tenía adentro.

 Es que tu trazo es rabioso.

 Claro, bueno, capaz yo quisiera ser más rabioso en mi vida y soy un tipo normal. Entonces, la rabia sale en los dibujos.

¿Cuáles son las cosas que te provocan rabia?

 Y… que te quieran someter… quien sea ¿eh? Tal vez estás en la cola de un banco y te somete el empleado, el portero… Yo siempre me detuve en esos personajes, no con el poder, ahí arriba. En la cotidianidad. En esa vieja horrible, que está en la calle, y hace cortar un plátano porque le da alergia a ella. Incluso, situaciones injustas a las que uno es sometido de chiquito. Por mi sensibilidad las percibía y no podía defenderme: el profesor de acordeón que me puteaba y me gritaba, la operación de amígdala. Te llevan un día, te meten una máscara…  Que hayan matado a mi viejo me daba rabia, primero aparece la rabia que tapa esa angustia, ¿viste? Pero, vuelvo a la pregunta: básicamente, me dan furia esas cosas cotidianas que a cualquier otro le chupan un huevo, o que un tipo pase y te deje un sorete en la vereda.tumblr_npsad3bcm41uy6abzo1_1280

Aquí podés ver Satanicos -Leer-

GOLEMS, EN LA CASA DE AL LADO

(Lamento del Golem, después de una clase de acordeón: Esos regalos que no esperás, que no pedís,

Como Hannah en una misa,

Como un Herr Professor que marcha en 4/4,tumblr_npsa8jQTWs1uy6abzo1_500

En su ghetto particular.)

 ¿Qué dibujantes te gustaban?

 De adolescente, me gustaban Quino, Fontanarrosa, Caloi. Después, de un poco más grande, Jorge Sanzol, Kalondi, Tabaré, Grondona White, y a medida que fui creciendo empecé a conocer tipos de afuera, Robert Crumb, Art  Spiegelman. A Spiegelman lo conocí en Nueva York, donde viví durante un año.

Y en lo textual, ¿sos lector?

 Soy lector. De chico, mi primera lectura fue “El gran proceso a Eichmann” (risas)

¿Y tu tía era Hannah Arendt? (risas)

 No, pero me hubiera gustado ¡Te imaginas a los once años leyendo la “Banalidad del mal”! Ese es un chiste que no lo hice pero me hubiera gustado.

Para el próximo libro…

 Espero que el libro haga su camino, otro tomo II, ya no…

 “Goim” se tendría que llamar.

 Con Palomo, un dibujante chileno mayor que yo- a quien siempre admiré-, hice un libro que se lama “Satánicos”. El libro lo editó “Contracultura”, una editorial independiente. Fue en Perú, en el 2013. La editorial apostó por un librazo muy rabioso, que ridiculiza al grotesco establishment de la Iglesia católica. “Satánicos” salió justo cuando nombraron al Papa Francisco… Pero, retomando el tema de las lecturas, te cuento. Yo tenía un vecino que vivía con su madre. El padre no vivía y la vieja era también sobreviviente del Holocausto, húngara: la Sra Honisch. Cuando vino la guerra de los seis días, el pibe se fue como voluntario a Israel y nos dejó el acordeón, con el profesor de acordeón y varios ejemplares de “Bomba, el niño de la selva”, de la colección de Robin Hood. ¡Me encantó, me leí todos los libros de “Bomba”! Eso me abrió la puerta. Después leí “Sandokán”, de  Emilio Salgari, leí Julio Verne. Leía, leía, leía.

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POETIC-GOLEM

(Versos Golem: El ruedo del muerto: mitad verdad, mitad silueta. Como se buscan la figura y la palabra, en eterno desencuentro)

  ¿Leíste poesía alguna vez?

 No… pero…

 ¡Todos tienen un pero con la poesía!

 Lo que hice fue parodiar la poesía establecida, en una historieta que se llamaba “Trópico de cáncer”. Pero la poesía es un género que me gusta y respeto, aunque reconozco que no soy metódico. Hay una poesía que me gusta mucho, de un autor cordobés que publicó bastante. Se llama Oscar Smith. Me llamó la atención que mi hija, a los dieciocho años, empezara  a leer poesía.

También, vinculado a la poesía, está Lucio Greco.

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Él escribió unos poemas que tienen que ver mucho con lo político y los reunió en un libro que se llama “Década Zombie”. Me pidió que yo le hiciera un dibujo. Lo hice y después me copé, le hice más dibujos y le hice el título de la tapa, porque coincidimos en una poética… Él recita con un micrófono, con dos tipos que tocan  la guitarra, muy de sótano punk. La gráfica es la mía. Ahí  tenés,… tengo una pata poética. Lucio, por ejemplo, la hace a Evita comiéndole la concha a Cristina. Llevado a la poesía, a mí me precio muy bueno.

 Podría ser muy pertubador…

 ¡Es perturbador! Un día para la “Barcelona” entregué uno de los dibujos que hice para él. Era uno de Cristina Kirchner, que venía de la Patagonia matando gorilas a troche y moche. En uno de los dibujos, se ve a Cristina con un sable y sosteniendo una cabeza de gorila. Lo titulé “Volveremos, Cristina 2019” ¡y lo mandé!… ¡Me querían matar! Otros se coparon. Los cristinistas, los que están muy metidos y besan su foto… ¡Bien! y otros cristinistas me decían: “el dibujo de Cristina no colabora para una imagen positiva de ella, porque la ponés muy violenta y abona el discurso de la derecha, ¿Por qué no lo hiciste a Macri con un pobre…?” Yo no distribuyo ondas positivas, hago humor gráfico.

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 LA PALETA GOLEM

 (¿De qué color era el principio del mundo? De un color tan primario, que apenas se distinguía la verdad de la muerte)

 Al principio hablaste de los límites y el humor siempre está en el límite…

 Yo creo que lo que marca los límites del humor, para mí, es el horror. Al horror no le pedís que se le ponga límites, ¿por qué se los vas a pedir al humor? Para mí el humor es la contracara del horror. Y, en cuanto a los límites, es relativo. Mirá, del teatro, me gusta el género que aborda Carlos Belloso o el que hacían “Los Melli” porque están en sintonía con la poética, con lo que a mí me preocupa de lo opresivo. Ellos se vestían como las juventudes hitlerianas, terminaban cada rutina con un “Buenas noches, Argentinien” Cuando los vi en el Parakultural ¡quedé loco! Cuando Carlos Belloso apareció haciendo Mamá Pierri, en la presentación de mi libro, yo pensaba: ¡Ay, chicos! Él lo llevó a lo teatral de acuerdo a su cabeza. El tipo es una bestia haciendo Mamá Pierri, ¡es peor que lo que ves en mis dibujos! 

 Es que hay una poética en tu trabajo. Recurrencias que producen sentido. Una, ya lo dijimos, es el trazo grueso. Y también un ritmo más similar a lo poético que a lo narrativo, justamente, porque armado  como un collage, el libro no presenta una continuidad argumental,  aunque sí otras continuidades. Por ejemplo, la aparición del color. De golpe, aparecen como manchas de color.

 Tenía claro que la tapa sería ser blanca, amarilla y negra. Y, después, tenía muchos dibujos hechos que, al ponerlos en el libro, armaban un “cachivache”, había mucho color. Entonces, decidí ir a una cosa más minimalista y poner tres colores, azul, rojo y  amarillo. Salvo los retratos, hechos a lápiz, en general,  el color aparece en toques para resaltar. Y, en otros casos, es arbitrario.

 

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SÚPER WIESENTAHL (UN GOLEM DE INFANCIA)

(Cuando Dios lo deshizo, el fantasma del Golem fue tras su padre. Aún hoy, de tanto en tanto, se ve la sombra de un viejo cansado, perseguida por una estela muda)

Sobre Wiesenthal, ¿sigue siendo hoy en día un tipo que vos admirás?

 Sí, es una fascinación, yo lo llevo al nivel de un justiciero. 11722367_10205732534286595_5108312642709992759_oEn mis aventuras más fabulosas, participaba en el secuestro de Eichmann. Yo tenía un gran odio, a mí que no me vengan a decir que el odio no colabora…El odio es un sentimiento humano, vos lo traducís y lo metabolizas, pero no podes sacarte el odio. Por otro lado, está lo de trabajar con defectos físicos. Yo hice cosas con la mano de Scioli, pero con un sentido político. Y uno se tiene que hacer cargo de eso. El mismo Scioli lo usó como caballito de batalla. Hice al pelado con bigotes, que aparece en la masacre de Ezeiza,  en vez de con un fusil, con el brazo de Scioli. Para mí es un momento bárbaro, era la derecha blandiendo la mano de Scioli. El humor para mí  es  mezclar cosas que están sueltas, no solamente hacer algo gracioso con globitos.

Así se hace un poema, con recortes.

 Bueno, es un poema entonces.

Claro que sí, no tiene que ser trágico. Pero volvamos a  Wiesenthal. El caso de él, es comprensible, estuvo en un campo. Pero pensar la actitud de vivir en función de enemigo…

 Es que un súper héroe es un personaje de ficción. Puede haber un súper héroe, cuyo único motivo sea vivir en función del odio para hace el bien,  para hacer el mal. Yo no les pido a esos súper héroes positivismo. 

 

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UN GOLEM INVOLUNTARIO

(Sin buscarse, se encontraron en el bar Rayuela,

parece un ironía, una irreverencia,

pero ahí, en el cielo, se rozan verdad y  muerte)

 ¿Y el Golem?

 El Golem es un recurso, es una imagen, no es más que eso.

Pero, casualmente, vos decís que cuando concebís algo predomina primero el dibujo sobre la palabra, y el golem era el hombre “falladito” porque no tenía lenguaje, era pura imagen. Salvo la palabra verdad, en su frente-  אמת (Emeth). Los dibujos tuyos del Golem vienen sin palabra, pensamos que era voluntario.

 Te voy a confesar algo,  nunca me imaginé que iba a poder llenar un libro con una temática judía, sin hacer humor judío tradicional. En un momento tenía que buscar recursos ligados a lo judío y dije: “El Golem”. Lo usé como una imagen, ni siquiera estoy empapado de cómo fue su historia.

 Lo curioso es que estuvimos hablando toda la entrevista de la verdad y la muerte. De los horrores de la historia iluminados a luz del humor, del límite entre lo hipócrita y lo horroroso.

 Pero fíjate que, hablando de súper héroes, el Golem lo es. Lo crea un tipo que quiere defender a su comunidad, un tipo que tiene súper poderes. Digamos: el rabino Lew. De hecho, yo tomo el tema de otro súper héroe: Superman. Superman es creado por un guionista del barrio de Brooklyn, de familia judía. Cuando se va a destruir el planeta Kripton, lo meten en un cohete y lo lanzan para que se salve. Y a Moisés lo meten en una canastita a orillas del Nilo. Los dos son rescatados, los dos caen en mundos ajenos y los dos tienen súper poderes. Los tipos construyeron el personaje con intención, no fue inconsciente.

grupal final

 

 

 

 

 




YENDO DE LA CAMA AL LIVING

Por Lourdes Landeira y Florencia Paz Landeira

Anormales: Sobre Pauline Zkerra, prostituta indignada y consejera de Barcelona.

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Cuando la conocí, en una primavera porteña de hace muchos años – más de veinte –, Paula andaba las calles de Buenos Aires. Rodeada de amigos y, en general, con una sonrisa a medio guardar que soltaba ante cualquier gesto cómplice. Y esa luz: sombra bajo el rostro alerta, por si tocaba pelear, ¿viste?

Cuando la visité en Barcelona, en el 2010, me invitó a su casa okupa – previa consulta a sus compañeros –. Seguía siendo Paula, algo más rubia, un tanto más delgada, muy segura en su caminar y en su saltar los molinetes para no pagar el subte. Yo nunca lo había hecho, pero al lado de ella me salió tan natural. Sus amigas la llamaban Pauline y ella brillaba, mientras me mostraba el barrio. Algunas noches, con más o menos nubes, salía. ¿Vale?

Cuando conversé con ella en la semana preelectoral argentina 2015, se corrieron todos los velos y me dijo: “Es una explosión de vida, una luminosidad, a veces me siento tan feliz, que siento luz”. Bonito, ¿no? Es Pauline Zkerra, consejera del distrito Ciudad Vieja de Barcelona. Ciutat Vella, en catalán.

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Cómo no pensar en cuánto nombran los nombres: a veces para dar identidad, a veces para estigmatizar. ¿Qué divergencia o avenencia habrá entre puta y trabajadora sexual? O entre activista y okupa, entre inmigrante e ilegal, entre ciudadana y desocupada, entre feminista y femenina, entre indignada y política. Entre Paula y Pauline.

ENTRE LA RAMBLA Y LA ASAMBLEA

¿Cómo llegaste a ocupar el lugar en el que hoy estás?

Mi cargo es consejera en el distrito centro de Barcelona, que ocupa cuatro barrios, el Raval, el Casc-antic, el Gotic, el Barceloneta, ¿vale? Es donde está el puerto, las ramblas de Raval, el ayuntamiento, donde van todos los turistas; es la zona más potente, el distrito más centralizado, por decirlo de alguna manera. Hasta ahora el cargo era ocupado por personas elegidas a dedo por los partidos políticos. Esta vez, a raíz de las demandas al estado español, después del 15 M, salieron, pues, reclamos desde el pueblo, que no estaba contento con cómo se están perdiendo derechos sociales en España y en toda Europa. Se dice que se sale de la  crisis, pero es mentira. Aprovecho a decir que Mauricio Macri apoyó la campaña de Mariano Rajoy, quien metió a España en la crisis de derechos sociales, no solo económicos. Porque la gente  piensa que el derecho social y humano se gana de un día para el otro y no es así; es muy difícil de conseguir y, a veces, tan fácil de derrumbar.

FOTO 3¿Qué sucede en España en esa materia?

Rajoy ha sumido al país en una crisis absoluta. A tal punto que ahora una ley que dice que viene a cuidar a las personas, prohíbe el derecho a la manifestación y el hacer fotos a los policías cuando están asesinando. En lo que es mi especialidad, el trabajo sexual, la ley dice que cuida a las trabajadoras sexuales; entonces, prohíbe el consumo del trabajo sexual, porque lo considera la esclavitud del siglo XXI y enuncia que se va a castigar a los clientes. Pero dos artículos más abajo, esta ley mordaza dice que la trabajadora sexual, que no cese en su trabajo cuando un policía se lo indique, recibirá una advertencia. Si hay una segunda vez, se le hace a la mujer una multa de 500 euros; si una compañera se enfrenta al funcionario de turno por tercera vez, la multa es de 10.500 euros. Es decir, que una mujer puede deber- en un día- 11.000 euros al estado español. Y esa es la manera en que ellos quieren acabar con la esclavitud. Con el cliente, nada; nunca jamás se castiga al hombre. Lo mismo pasaba en Argentina con los edictos policiales en alguna época; yo los sufrí, la policía decía que no te perjudicaba, pero la que iba a la cárcel era una, las violadas, maltratadas, humilladas: las trabajadoras sexuales. Estas leyes, en muchos países, avalan los asesinatos hacia las trabajadoras sexuales, sobre todo, contra las mujeres, las que más sufrimos la violencia institucional.

No terminaste de contar cómo llegaste a ocupar tu cargo de consejera.

Estoy en un partido que es independentista,  la CUP (Candidatura de Unión Popular). Se diferencia de los otros partidos por ser anticapitalista y anti patriarcal. Ahora, estamos intentando que realmente sea feminista. Ellos invitaron a participar a los movimientos sociales, organizados a raíz de la crisis. “Prostitutas indignadas”, el colectivo al que pertenezco, es anterior a la crisis. Nosotras veníamos peleando contra la ordenanza cívica que intenta marcar cómo una persona debe comportarse para ser correctamente cívica. Y dice que las trabajadoras sexuales no pueden negociar en las calles. Queremos regularizar el trabajo sexual. Hicimos una movida muy fuerte en todo el mundo y por eso nos ofrecieron a nosotras una candidatura. En nuestro colectivo, se decidió en asamblea que fuese yo en la lista, porque soy la más feminista, políticamente hablando. Se hizo una reunión, se invitó a los cuatro barrios a llevar sus candidaturas y a defenderlas. Y aquí estoy. Soy la única de nosotras, pero no significa que estoy sola, solo soy la cara visible; sin ellas, mis compañeras, no soy nada. Es un poderío de mujeres en el que estoy arropadísima.

FOTO 4

¿Cómo fue hacer campaña política?

Al principio me costaron los encuentros, pero siempre dije y digo que soy trabajadora sexual. A la gente del barrio le encanta, me paran por la calle, me hacen preguntas. Ahora, hay otra gente que me ha cuestionado que vaya diciendo que soy puta. Me pasó en un programa de radio: el conductor me dijo que él era cojo y no iba diciéndolo por todos lados. Claro, le dije yo, pero vas diciendo que eres conductor de radio y esa es tu profesión. Y mi profesión es ser puta y esto es lo que digo. Y si tú tienes un problema con la palabra puta, pues es tu problema. Da miedo, pero no paraliza, el miedo te lo trabajas un poquito. Lo que más tengo es el hablar con mis compañeras. Ellas me pagaron la campaña. Era trabajar o hacer la campaña. No es cuestión de que los partidos te paguen la militancia, pero sí de que se revea, que se solventen tus gastos. Trabajo con los militantes de base, que no cobran nada y no estoy de acuerdo con eso, porque significa que solo puede hacer política quien tiene recursos económicos. La CUP triplicó los votos en mi distrito. Fue todo un logro.

DENTRO DEL RECINTO (¿LUCES?, NO)

¿Qué implica ejercer el cargo?

Es mucho trabajo y mucha responsabilidad. Y está también el miedo: a lo que no sabes, a no estar al nivel de la confianza de la gente que ha apostado por ti, a no lograr un cambio real, a que todo el esfuerzo por lo que se ha peleado todos estos años caiga en saco roto. Mi partido es nuevo, no éramos políticos, somos personas de la calle que ahora somos políticas. No conocemos todas las herramientas, todas las leyes, estamos aprendiendo. Los que sí son políticos profesionales usan esto a su favor. Te doy un ejemplo: hubo un debate sobre si luces sí o luces no para la navidad. Para mí, la respuesta era muy simple: luces no. Ese dinero se puede invertir en guarderías, comida, lo que sea, ayuda para la gente que no tiene dónde vivir, porque los bancos que lucraron durante dos décadas ahora expulsan a los que no pueden pagar la cuota. Muy simple: luces, no. En cambio, los políticos con experiencia hacen grandes discursos sobre por qué poner las luces. Es una pérdida de tiempo, yo soy simple, no académica; y la gente lo agradece y mucho, la simplicidad y también el compromiso.

 

Hablemos de feminismo.

Antes te decía que soy la más feminista de mi espacio. El temFOTO 5a es que las otras compañeras no se asumían como feministas, por sentirse rechazadas por el feminismo institucional. Entonces, ha surgido el feminismo de las trabajadoras sexuales, que se inscribe en los nuevos feminismos. El feminismo institucional aparece como un concepto escrito pero, en verdad, tiene que ser un proceso. Necesitamos, hombres y mujeres, asumir qué significa el feminismo y entender que no hay un solo feminismo. Las mujeres musulmanas pueden tener uno, las lesbianas, otro; las heterosexuales, otro; otro, las amas de casa y, por supuesto, nosotras, el de las trabajadoras sexuales. Se trata del análisis de la sociedad machista en la que vivimos y en pensar cómo queremos revertir esa situación. Eso es lo que intentamos hacer. Una cosa es lo políticamente correcto en todo el mundo. Somos iguales, tal y Pascual pero- de hecho- en nuestro partido, que se define anti patriarcal, estamos haciendo un protocolo para evitar agresiones machistas.

¿Y lo femenino?

El ser femenina y el disfrutar de serlo, para mí, es un poder; por más que sea una construcción cultural, lo tengo, lo disfruto, lo vivo y me gusta. Es una cosa que reivindico mucho, en cada acto social que hago soy exageradamente femme; no porque seas femme eres tonta, o te tienen que faltar el respeto o estás provocando a alguien. Creo que habría que darle más valor a la femineidad y no tanto a las masculinidades, que ya lo tienen. En general, las mujeres que han llegado al poder son muy FOTO 6masculinas. Y no creo que sean valores a resaltar. Sí lo son el cuidado, el cariño, el respeto, la atención; eso hay que poner en alza. El vestido de la asunción me salió muy caro, pero no fue casual, una mujer femenina no tiene que vestirse de modo simple. No, esa es una de mis reivindicaciones. Y le hago mucho hincapié. La ropa es el juego con que nos divertimos los adultos, ya está, nada más, no por eso te tienen que violar, ni que tocar, ni que decirte nada.

EN LA SALA DEL TRABAJO

¿Qué pelea dan las putas indignadas como colectivo?

En la CUP creamos el programa sobre trabajo sexual; por primera vez, se hace un programa donde se habla de anticapitalismo en la prostitución. Decimos que no queremos trabajar para terceros. Pero, en caso de que una mujer trabaje para un tercero, ella tiene que tener más beneficios económicos que el empresario. Invitamos también a la reflexión de la dignidad del trabajo, entendemos que- en esta sociedad- no existe un trabajo digno, sino que hay explotación a tutti pleni, a todo el mundo. Siempre que damos una charla, un discurso, preguntamos: ¿Tú te sientes digno en tu trabajo, crees que te están valorando? Y claro, la gente empieza a reflexionar. Nosotras tampoco decimos que es el mejor trabajo del mundo. Yo misma, no sé qué hubiera hecho si hubiera tenido otras oportunidades, otra realidad. Pero no puede pasar que una mujer como yo, que llevo trabajando más de treinta años, no tenga derecho a nada porque he sido prostituta y mi trabajo no está reconocido. Quizá, en una sociedad más justa, donde hombres y mujeres tengamos las mismas oportunidades, las trabajadoras sexuales replantearemos si la prostitución es válida. Entendemos que es patriarcal, pero no es verdad que el abolicionismo solucione la realidad de las trabajadoras sexuales, sino que ayuda a aumentar el estigma de lo que significa ser puta en esta sociedad. Y nos castiga, nos empuja a la clandestinidad y nos deja más vulnerables. Si nuestro trabajo estuviera regulado, podríamos acceder a derechos que hoy no tenemos. Las abolicionistas invisibilizan nuestra capacidad de decisión.

¿Cuál es el estigma de ser puta?

Ser puta está muy mal visto. Eso viene junto a que todo lo relacionado a la feminidad y a la sensualidad de la mujer tiene que ser castigado. Se avanza en todo el mundo sobre derechos del colectivo lgbtiq (lesbianas, gays, bisexuFOTO 7ales, trans, intersex, queer), pero el aborto está prohibido. Que una mujer se apodere de su sexualidad está prohibido. Nos castigan porque tenemos la capacidad de utilizar nuestros genitales, nos hacen ver cómo víctimas, y no es tan así. Cuando un hombre está frente a una trabajadora sexual, él se siente vulnerable, tiene que pagar por un deseo construido socialmente como incontrolable. Esto nos da un poder económico: cobrar un dinero por algo que ellos están deseando, nuestras vaginas, nuestros culos, nuestras bocas.

Las abolicionistas suelen decir que si la prostitución fuera una profesión, entonces, estaría en la oferta posible para las niñas a la hora de elegir trabajo.

Yo he sido trabajadora sexual desde los 13 años, por supuesto, no es lo aconsejable, pero a mí me salvó la vida. Aun así, tenemos que evitar que niños y niñas tengan que hacer trabajo sexual. A otras les ha costado la vida, claro. Hay que tener, una vez más, una red de cuidados reales. Si después, ya adulta, tiene que apuntar para el trabajo sexual, que sea en las mejores condiciones posibles. Muchas mujeres eligen ser trabajadoras sexuales. Es el famoso tema del mientras tanto, qué hacer hasta que haya una sociedad sin condiciones de violencias y maltratos. El estigma hace que los hombres crean que las putas somos menos que nada, por eso se sienten con derecho a matarnos. Y esto en la prensa no sale.

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¿España tiene un índice alto de femicidios?

Sí. Y muchas chicas jóvenes parecen estar más relajadas, menos alertas, se olvidan todo lo que hemos sufrido nosotras para lograr el status social que tenemos las mujeres hoy. Permiten que los novios les controlen el móvil. Creen que el amor es de fidelidad absoluta, posesión, yo soy tuya. No sé si fallamos las madres en trasmitir, si es algo propio de la adolescencia. Y los hombres siguen imitando el modelo de lo que es ser hombre, dominador. Entonces, hay que trabajar con ellos y con ellas en que las mujeres no son su posesión. Los asesinatos son una expresión de la construcción social del eres mía o de nadie. No sé cómo es aquí, pero en España, cuando un hombre mata a una mujer, intentan sacarse el muerto de encima. Dicen: hombre de origen rumano mató, o latinoamericano. Si yo matase a alguien, dirían: nacionalizada española de origen argentina. Si es una violenta, es que no es de nuestra cultura. Eso me jode.

A LA INTEMPERIE CON COBIJO

Tu vida cambió radicalmente con esta nueva función, tenés un sueldo todos los meses, un trabajo al que ir todos los días, ¿cómo lo vivís?

Tengo mucho más trabajo y poco tiempo libre. La gente te para por la calle para proponerte cosas, tú tienes que llevarlo a tu partido, después al distrito. Que si las casas están deterioradas, que si creamos una cooperativa de trabajadores del mismo distrito para que hagan reformas; aquí juega mucho el tema de la gentrificación que expulsa a los antiguos vecinos europeos para que el barrio sea más blanco, más rico (como acá pasa en San Telmo). Los vecinos se organizan para combatirlo. Ya participaba en los movimientos sociales, pero ahora estoy más comprometida como consejera en las demandas de la gente, como que no se aprueben más hoteles, que el dinero del turismo se vea en la ciudad, que el turismo sea más respetuoso y no tan invasivo. Se ha perdido la familiaridad de la gente que vive en estos barrios. Y el dinero solo beneficia a los empresarios. Nosotras apostamos al negocio de proximidad, entre otras cosas. Suena muy bonito tener un sueldo todos los meses, pero también es un compromiso desde la mañana hasta la noche durante todos los días. Es una responsabilidad muy grande de la que estoy encantada y lo voy a hacer lo mejor posible. Y mucho más que eso, que soy una tía que aprende muy rápido.

FOTO 9Trabajo, compromiso, responsabilidades, ¿hay una contrapartida?

Cobrar un sueldo me da una seguridad, a corto plazo, porque es por cuatro años, nada más. Toda mi vida me sentí frustrada y culpable por ser trabajadora sexual; eso me hizo perder mi capacidad de fuerza, todo lo que aprendí, mi profesionalidad, perdí el tiempo buscando una solución y una salida de la prostitución. Cuando me empoderé en el trabajo sexual era grande, tenía 30 años. Podría seguir trabajando aun (tengo 44), de hecho, las que más cobran son las mayores, que son profesionales. Pero luego tuve un accidente y no pude seguir trabajando. Vale, trabajaba muy esporádicamente y me empobrecí muchísimo. Si yo ahora estuviera bien físicamente, con este sentimiento de libertad y empoderamiento que tengo, creo que es mucho mejor ser puta que ser política. Trabajaría en mi profesión y me financiaría yo misma el activismo, es lo que hacen mis compañeras. Si la prostitución estuviera reconocida y yo pudiera parar y cobrar el paro- el subsidio-, como se dice aquí…  Claro que este trabajo me da otros beneficios, yo podría pedir un préstamo, por ejemplo. De todas formas, me gustaría volver a trabajar en el sexo, con toda la experiencia  que he adquirido, con el empoderamiento, con la idea política que tengo ahora. Seguramente, lo voy a hacer después de estos 4 años.

¿En qué otra acción concreta estás embarcada?

Estamos intentando una acción con la huelga de mujeres internacional (strike women, como golpe para el estado) para participar en visibilizar las tareas no reconocidas de la mujer. Por el reconocimiento económico desde los estados de las tareas del cuidado. El sistema capitalista ha basado tosas sus estructuras en el trabajo invisibilizado de las mujeres. Se construyó el trabajo como natural, pero ha sido impuesto. Se derrumbaría la sociedad si cobráramos por nuestro trabajo. No pueden sostenerse las jerarquías del trabajo, ¿por qué una arquitecta tiene que cobrar más que un ama de casa? Las estructuras del trabajo son clasistas. Es tan necesaria una mujer que limpia un edificio como una que lo proyecta. En Europa las tareas del cuidado están relegadas a los inmigrantes, mayormente. No ven como profesiones la limpieza y el cuidado. No debería haber status.

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¿Ser inmigrante no fue un condicionamiento para tu candidatura?

No, tengo ciudadanía argentina y española. En general, no me he sentido discriminada porque soy blanquita. Y, en mi partido, la CUP, en ningún momento se hizo diferencia. Barcelona reúne muchas culturas y muchos países. Hay un argentino regidor, un puesto mucho más importante que el mío. Había gente que ni sabía que yo era argentina. Además, como partido independentista, se considera que todas las personas, no importa de dónde vengamos, somos parte constructora de un nuevo país, una nueva nación; entonces yo soy catalana, soy barcelonesa, soy parte de esto, porque lo estoy construyendo. Esa es la visión de mi partido. No luchamos solo porque sea independiente Cataluña, también por un país diferente, socialmente más igual. La CUP quiere salir de esta comunidad europea racista y clasista, entonces, si vamos a ser parte de Europa, que sea de una más justa. Es lo que anhelamos.

EL LUGAR DE LA LENGUA, CON O SIN NORMA (HABLO TODO EN FEMENINO)

¿Hablas catalán?

Yo soy barcelonesa. No puedo decir que soy catalana, porque no hablo el idioma. Lo entiendo y tengo metidas algunas palabras del cotidiano. Pero mi trabajo es en catalán. Los plenarios, las reuniones son en catalán, entonces, claro que lo entiendo. Como Barcelona es bilingüe, hasta que me metí en la parte institucional, no tuve la necesidad de hablarlo. Ahora todo el mundo me habla en catalán, por la normalización de la lengua, que le dicen. Yo dejé muy claro que no iba a hablar en catalán, ellos dicen que se va a dar con el tiempo. En algunas décadas será única lengua y todo el mundo lo hablará. Y, vamos, yo terminaré hablando catalán.

¿Utilizan lenguaje inclusivo en los plenarios?

El lenguaje inclusivo es un aburrimiento, pero entiendo que es un proceso. Ahora hablo todo en femenino. En los plenos del distrito, generalizo todo en femenino, entonces digo, todas nosotras las consejeras, aunque haya consejeros. En la asamblea de las trabajadoras sexuales, todos los documentos los redactamos en femenino. Porque creemos que es una manera de empoderamiento. El lenguaje es importante. También usamos mucho la palabra puta, para quitarle el estigma. Un amigo nos contó la versión de que la palabra puta significa, en una de sus acepciones, pensadoras. Dice que, en la antigüedad, cuando secuestraban a las griegas o a las romanas, se llevaban a las mujeres más guapas y las de clases más altas y con mayor instrucción, mujeres que podían tener un debate político e intelectual. Las hacían esclavas y los hombres que la sometían decían: ten cuidado con esta porque es una puta. Eso significaba que era una pensadora y que podía comerle el coco al tío. Es una definición que, más allá de lo que tenga de cierto, a mí me encanta, la hago mía.

¿Qué normas rompiste y qué normas te gustaría romper?

Llegué a Europa hace 15 años, quería conocer el movimiento okupa. A los 15 días fui a una reunión anarco-feminista y me invitaron a vivir a una okupa, me encontré con una artesana que había conocido en Uruguay y me fui a vivir con ella. Para mí fue terrible, porque no estaba nada acostumbrada, fue un shock, la gente se vestía todo igual, todp de negro. Toda mi vida rompí las normas. Tú puedes romper todo, pero si más o menos encajas en el esteFOTO 11reotipo, es una herramienta, lamentable pero real. Yo pasaba fácil por las fronteras, por una actitud que se lee, gestos de empoderamiento que me dieron el ser argentina y los movimientos sociales por los que pasé. Pero la migración no fue una de las cosas que a mí me tocó negativamente. Romper la idea de vergüenza de ser una trabajadora sexual ha sido la ruptura más grande de todas las que he tenido. Sentirme poderosa ante los hombres, caminar segura, sintiéndome sexual, sexy, pero empoderada. La explosión de mi femineidad, pero una con poder, no con una mirada de soy para que vosotros me consumais, sino soy yo la que estoy caminando aquí. Mis novios me tienen miedo, mis amantes, los que se meten conmigo a la cama, también mis clientes. Quieren que yo esté a gusto, se preocupan por eso, porque desprendo la seguridad del proceso de aprendizaje de la vida y los años.

VOY EN AVIÓN

¿Y para el futuro?

Estoy ilusionada con esta nueva etapa y con las posibilidades que se me abren. Quiero lograr la regularización del trabajo sexual. Es algo que la sociedad le debe a las mujeres, el reconocimiento al trabajo y la caída del estigma. Como también luchar contra los mandatos opresivos. Tú tienes que ser guapa lo justo, femenina lo justo, inteligente en exceso, multifacética, excelente profesional, tener tiempo para atender a tus hijos, limpiar tu casa. Y debes ser sexualmente orgásmica. Pues ahora si no te corres, si no tienes un orgasmo, pues ya no eres independiente, ya no te conoces el cuerpo. Aceptar que tenemos nuestros tiempos, que cada una hace lo que puede.  A mí me toca vivir en esta sociedad como mujer y defiendo lo que me toca. Reivindico los valores de la femineidad como positivo. Joder, hay que amar, hay que cuidar, hay que estar ahí al lado, hay que construir.

¿Y el amor de pareja?

Me he enamorado muchas veces, pero siempre he dicho que estoy enamorada de todos mis amigos, amor profundo, conexión con esas personas, hombres, mujeres, o lo que fueran que a mí me han dado la fuerza. Allá y aquí también. Fui amada muchas veces y espero que me siga pasando. No tengo perspectiva de pareja, quiero volver a sentir el gusanito del amor; si tengo un novio no quiero vivir con él, tenerlo cerca sí. Tendría que ser algo muy perfecto, con dos habitaciones grandes y separadas. Compartir también debe ser bonito. Los hombres que me han tocado tienen miedo a decir que no les gusta mi trabajo, y claro, al final de la relación me han hecho saber que mi trabajo importaba y era una de las cosas determinantes.INSERTAR FOTO 12

¿Sueños por cumplir?

Mi sueño sería vivir medio año aquí y medio año en Europa. Echo mucho de menos el país, aunque cada vez me siento más lejana. Esta es la primera vez que me he perdido en esta ciudad que conocía como la palma de mi mano. Yo creo que siempre que tenga la posibilidad (porque es muy caro ir y venir) voy a volver a Buenos Aires. Pero también extraño mis cosas en Barcelona, mi espacio. Apuesto a estar un poco allá y un poco allá. No tengo cargas familiares ni ambiciones de consumo; me gusta ponerme guapa, eso sí es verdad. También es una explosión de vida, una luminosidad, a veces me siento tan feliz, que siento luz.




EDIFICAR LO IMPRONUNCIABLE

Los anormales: Sobre “la catedral de los negros”, de Marcial Gala

Por Lourdes Landeira

Marcial Gala

 TEXTUAL

LO QUE EL TIGRE NO PUEDE

 

 

La conversación con  Gala fue, claro, fragmentada. Comenzógala5descarga  en el pedacito etéreo de una red social, continuó ante una mesa, café porteño mediante, se prolongó en cámara lenta, en una ida y vuelta de preguntas y respuestas en correos electrónicos a la isla. Casi como si, al igual que la catedral, las palabras se negaran a concluir y presionaran para multiplicarse. La voz directa y concisa, en este caso, es la de Marcial Gala, quien recibió por La catedral de los Negros el Premio Alejo Carpentier de Novela 2012.

¿Hay relación entre la maldad y las letras?

Mucha, Sade- el divino marqués- se preguntaba qué era el mal, si no era más que nada una especie de malentendido.  Kafka, por otra parte, decía que lo bueno resultaba desconsolador. Todo eso se puede reafirmar en la frase del Fausto de Goethe, cuando Mefistófeles afirma: soy parte de esa fuerza que queriendo hacer el mal hace continuamente el bien.

¿Es posible cambiar a “los malos”? En ese caso, ¿por qué caminos?

¿Cambiar? Nadie cambia, recuerda siempre que el tigre no puede destrigarse pero el hombre sí puede deshumanizarse.

¿El daño voluntario es irreparable; algún daño es reparable?

La vida nos va dejando cicatrices, es una condición insoslayable de la existencia en un mundo donde la única ley incuestionable es la ley de la entropía; o sea, donde todo tiende al fin, al desbarajuste final.

¿Hay algún valor positivo en la mentira?

La mentira muchas veces es algo que sazona la vida, que la hace más potable, más digna de ser vivida; sin la ilusión, que es una especie de arte, la vida sería  mucho más aburrida, más plana.

 “Gelatina” el hermano menor; “mermelada de frambuesa” (sub apodo) del Grillo. ¿Encierran estos sobrenombres idea de debilidad o de lo falto de forma?

Debilidad, por la suavidad que implican esas palabras.

La hermana (la que se “salva”) no tiene apodo. ¿Por qué? Más aún, después de emigrar y “triunfar”, se cambia el nombre. ¿Nombre e identidad se pierden al mismo tiempo?

En realidad, la identidad no se pierde, es algo tan inherente a nosotros mismos como el aire que respiramos. No se pierde, pero sí se enmascara. Y también muchas veces le huimos a nuestra propia identidad; o lo que es peor intentamos desconocerla ¿es posible sin embargo escapar a la mera certidumbre de lo que somos?

Los aparecidos y fantasmas hablan a través de otros; las “víctimas” (los padres) hablan por lo que otros reproducen de ellos. ¿Hay jerarquía en la elección de las voces directas?

Es buena esta pregunta, yo creo que toda novela tiene algo que podríamos llamar una arquitectura secreta, en cierto sentido, desconocida para el mismo escritor. Y esas leyes secretas muchas veces determinan la forma, la manera y la jerarquía de los distintos narradores. Un escritor que piensa en la técnica es un escritor muerto, decía Faulkner y  tiene razón.

Las palabras tienen un peso propio, ¿también hay soledad en esas mismas palabras?

Las palabras condenan al autor a la existencia; también y paradójicamente, a esconderse detrás de sus creaciones, que es una manera de disiparse en ellas.

Pienso en Berta (escritora) y en Rogelio (arquitecto) como tus “alter egos”. ¿Lo son?

Sí, tal vez un poco pero el hombre es tan complicado y lleno de facetas como un prisma y somos uno y muchos a la vez.

¿Hay posibilidad de fuga en el arte, o el arte posibilita el no fugar?

Bueno, no sé, la verdad, eso depende de nuestra peculiar interpretación del arte.

La elección de lo coral como estructura de la novela ¿se relaciona con la idea de accesibilidad, de la necesidad de “entrar” por varios lugares?

Sí, se relaciona con la construcción de un espacio coral y existencial donde quepa el hombre con toda su diversidad.

¿Cuál es el valor –si lo tiene- de lo fragmentario en el arte? Específicamente en tus áreas de incumbencia: la arquitectura, la escritura y la fotografía.

El mundo es, por su propia esencia, fragmentario. Y nuestra percepción de él es más fragmentada aun, no hay manera de escapar a esa certeza, en fin, imagínate que- a pesar de todo- sigue sin crearse una teoría que unifique la física cósmica.

¿Cuál es el límite de lo tolerable, de lo habitable? ¿Qué produce desborde y qué produce contorno?

Lo tolerable es infinito, basta saber a qué distancia de nuestra sien está la pistola con que nos apuntan para descubrir cuanto podemos tolerar.

 

EL AZUL ES EL MAR Y EL MAR ES TODO DE CUBA

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¿La locura es un modo de desbordar? ¿Y la escritura? ¿Y la arquitectura?

De la locura sé bastante poco, la verdad. En cuanto al arte en general, sí es un modo de acercarse y a la vez alejarse de los límites.

¿El misterio y el enigma son necesarios para construir creencia?

Pienso que sí, pienso que sin el misterio la vida y por tanto la esencia pierden mucho de sal.

¿Cuál es el sentido del canibalismo en la novela? Entre cabezas cortadas, transportadas; dientes que mastican carne humana; bocas que tienen cosas, que se abren y dicen.

No lo sé, la literatura tiene mucho de sorpresa para el propio creador, el día que lo sepamos todo sobre ella perderá su encanto.

¿Hay una música pre textual en el canto de los pájaros? ¿Qué sentido tiene el azul en el texto?

El azul es el mar y el mar es el todo de Cuba.

¿Reconoces un homenaje a Martí en la inclusión de estos elementos?

Sí, Martí es el ser que yo más admiro, tal vez después y junto a algunos otros.

¿De qué son huérfanos los personajes, el pueblo, la catedral, los pájaros y los colores?

De amor.

Racismo y sexualidad aparecen en forma recurrente como un modo de estar dentro o fuera de algún borde. ¿La escritura es un modo de borrar ese umbral?

No, la literatura reafirma ese umbral pero le da la posibilidad al otro de reconocerse.

¿Qué otras fronteras y formas de pertenencia – exclusión te gustaría resaltar de la novela?

Muchas, la exclusión sexual por ejemplo.

¿Hay un tiempo circular, eterno, que atraviesa la historia?

Si lo hay, es el tiempo de las pesadillas. La novela es contar la historia de Cuba en forma de pesadilla, la novela es un vislumbre del mesianismo político y religioso cubano.

¿Los vivos, los muertos y el futuro confluyen en el texto?

Sí que confluyen, de una manera dialéctica y mágica también.

¿Se puede hablar de una “identidad” cubana contemporánea? La idea del “hombre nuevo” incluye y excluye en igual medida. En tal caso, ¿qué incluye y qué excluye?

Bueno sí, claro que se puede hablar de una identidad cubana, aunque no estoy muy seguro de lo que incluye y, en cuanto a excluir, yo no soy nadie para decir qué es o qué excluye. Por otro lado la idea del hombre nuevo me parece tan terrible que es mejor no hablar de ella.

¿Cómo se es escritor en Cuba?

No sé, es  algo bueno y malo a la vez, difícil pero muy gratificante. Y también un imposible que se realiza.

En el espacio vacío de lo inconcluso – como la Catedral de tu ficción y la Primera Central Electronuclear de Juraguá- ¿qué lugar ocupan los sueños?

Un lugar especial, sin sueños no hay posibilidad de ser.

PRETEXTO

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Toda música resuena aún antes de ser una idea. Ella es previa al sonido, incluso, previa a la  cabeza que la compone y ejecuta Y un día, entre todas las posibles que preanunciaba el aliento, ella suena mediada por el texto.  Una de sus modalidades es sonar con aleteo y trino de pájaro. En la novela de Marcial Gala los pájaros habitan el cielo de un aire sumergido, quizás el pozo donde cimentar una promesa  y una melodía previa. El coro no es de ángeles, es de ritmos y de piares, primero; de contra voces superpuestas en altos y bajos, después. De silencios, también. Sin embargo, los ángeles conviven: con las aves constructoras de nidos, con las voraces depredadoras, en los sueños con cuerpo, en los anhelos de aparecidos. Intermediarios entre el cielo y la tierra, ellos intentan cumplir su mandato. Pero algunos, tan alejados están del reino de las alturas, que adelgazaron su color – ¡el azul queda tan lejos! -o perdieron sus alas. Entonces, la palabra se fragmenta.  La catedral, ladrillo tras ladrillo, maza, machete y cortaplumas, mezcla el polvo. Y las piedras, hasta entonces inertes, absorben el sudor de sus obreros y danzan con impulso propio. La vida  y su rumor la ocupan y la vuelven un lugar inhabitable. Sinfonía inconclusa de un coro que sigue soñando. Las cabezas, cementadas o no a sus cuerpos, danzan su propio idioma entre dientes, a veces celdas (rejas de pájaros enjaulados) a veces pasadizos (de andares a tientas y siniestras). La música repiquetea cráneos, irrespeta leyes para excederse. Y, de cada derrumbe, con cada escombro, escribe una nueva partitura y la trunca ante lo impronunciable. Exige más que una voz humana. Por eso el coro se compone y la estructura – incordiosa- persiste.  Entre el sonido y las palabras siempre hay un desfasaje. En la disyunción crecen el sentido, la ausencia, la orfandad. Desde allí, emerge, una catedral inusual. Arquitectura inhabitable que, de pronto, se llena de voces.

CONTEXTO

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Antes de que el libro se alojara en mi cabeza, cuando apenas lo tuve en mis manos, ya otras voces me lo habían referido y la biblioteca se hizo escuchar.

Cómo olvidar a Pedro Páramo y su Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”. Y así, de ese modo tan simple, dejar instalado el tiempo y la orfandad; “vine” como modo haber llegado y de continuar ahí, tiempo sin fin de una búsqueda sin fin.

En el amplio territorio del Pelourinho, hombres y mujeres enseñan y estudian. Universidad vasta y variada, se extiende y ramifica y llega a todos los lugares en los que hombres y mujeres trabajan los metales y las maderas, utilizan hierbas y raíces, mezclan ritmos, pasos de danza y sangres. Al mezclarse, crearon un color y un sonido, una imagen nueva, original, inicia Jorge Amado su “Tienda de los milagros”.

De otro estante asomó Truman Capote con su “A sangre fría”: El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman “allá”. Fronteras del adentro y del afuera, del más acá, de los unos y los otros. Fronteras de creencias e identidades.

Entonces, llegó el tiempo de Marcial Gala y su “Catedral de los Negros”. Gala, además de narrador y poeta, es arquitecto. Emigró desde la Habana (ciudad en la que nació en 1965) a la ciudad de Cienfuegos (escenario en el que transcurre la novela).

Allí supo de un crimen  sucedido en la ciudad de Camagüey. Un padrino del palo (una de las religiones de origen africano) recomendó a dos hermanos cómo curar el sida  contraído por uno de ellos: debían hacer un sacrificio que involucrara la sangre de sus familiares más cercanos; los padres. Instalado el parricidio, Gala pensó en escribirlo al modo de Capote pero, luego, más que ir tras la reconstrucción de un hecho, quiso engrandecerlo con ficción. Para eso, lo compuso en voces.

Ese territorio soñó tener la Primera Central Electronuclear de Juraguá. El proyecto, huérfano de protección especial, se convirtió en un monumento a la nada: como la ficción de “Catedral de los Negros”, nunca terminó de construirse el edificio. La esperanza de ver crecer algo donde había vacío; de elevarse cuando todo mengua, de estar, a pesar de todo. La novela sí, erigió su estructura y se materializó.

Adorno es crimen, dijo un gran arquitecto, y esa fue mi premisa”

Ya las bibliotecas estaban cruzadas, el castillo y la taberna de Ítalo Calvino echaron los naipes y las voces de “La Catedral de los negros” se impusieron como puerta de múltiples entradas.

“Se puede acceder al interior del templo por varios lugares. El concepto es la accesibilidad, el permitir, el templo es como una mano abierta para que todos la estrechen”

 

ANDAMIAJE

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El tiempo circular transita la novela; quizás porque, como dice el epígrafe de José Lezama Lima, Cuba tiene sus catedrales en el futuro. Y, en ese andar, hay reglas propias para la negritud.

“En realidad éramos unos inocentes, aunque ya desde entonces no teníamos futuro”.

Los modos de anclar en el espacio flotante entre la vida y la muerte, de sujetarse en algún desborde con el recurso que se tenga a mano. Con un narrador multiplicado en voces y alter egos de Gala diseminados, entre otros, en  la Berta escritora y el Rogelio arquitecto, ambos amarrados a la isla. Un narrador que sabe de la nostalgia por la Cubita de quienes emigraron. La Cuba épica de una revolución viva reafirmada en los héroes de todos los tiempos, en un Martí quien, en su momento,

“parece que no era tan famoso como ahora que hasta por la sopa la sacan y no puedes encender ni la tele porque siempre hay alguien que dice “como dijo el apóstol”, y vaya resulta cansón”

La palabra observa, testimonia y canta con ritmos a veces inaudibles. Como la cabeza, nunca es una. Se mueve junto con los ojos y expulsa, aun cuando calla, esa mezcla de cerebro y entrañas para construir versiones de verdad (mentiras y engaños incluidos) y de memoria (entre olvidos y recuerdos).

No faltarán los muertos, la exuberancia, el exceso, la identidad perdida en el modo de nombrarse.

Ni la patria, otra cuando se la mira desde adentro, otra cuando se la añora desde afuera; otra siempre, inasible. En las fronteras de los hombres – y los pájaros –  ancestros y utopías comparten el mismo espacio, el mismo aire, el mismo azul. Igual que las palabras de los vivos y de los aparecidos, quienes insisten en intervenir los cuerpos de un mundo, el mismo mundo que los expulsó y los contiene. Un territorio para leer y donde ser leído.

Ni faltarán el homenaje a otras lecturas (Marguerite Yourcemar – La Iliada – Elsa Pound – Bukowski. Fuentovejuna).

¿Qué otra cosa se puede hacer con una cabeza, además de cortarla? Colmarla de ansias, de letras, de sueños repetidos y de una boca para sonar.

 

ENTONCES, FUE EL ARTE

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Entre los pliegues de la provocación:

“La tenía cogida con todo lo que viniera de Oriente, y cuando me dijeron que eran de por allá, fui a contemplar la mudada, sobre todo para soltar alguna que otra puyita y ver si a la nueva vecina le daba por brincar y decirme algo, y se supiera al momento que eran de orilla

En los bordes de la locura:

“No como al hermano que se nota que está ido de mente

Bajo el ala de las creencias:

“El camagüeyano  desayunaba, almorzaba y comía Jesucristo, siempre lo tenía en la boca”

Con el dolor de la violencia:

Yo la oía gritar: ¡Arturo, suéltalo, Arturo, por favor, ya es suficiente! Eso era a veces, pues por lo general solo sentía un ruido sordo que era como si alguien sacudiera una alfombra, eso y los gemidos del muchacho

Y la orfandad:

De la madre hay muy poco que decir”

Con su misterio:

“algo se escondía detrás de ese cristianismo del que alardeaban los padres”

Las identidades mutantes:

“La Lupe, tu hijo es travesti, le decían, maricón”. Claro que no es verdad –le aseguraba yo- Soy un hombre, lo mío es el arte, me pinto y me visto de mujer porque lo mío es el arte”

Hay – siempre- modos de narrarse, provocarse amparos, hacerse un nombre, escapar de la marginación. Aunque algunas veces – no siempre- cueste la muerte.

“Así fue como se me escapó la vida a los treinta y un años de mi edad (…) todo por culpa de un aire acondicionado que, bien mirado, ni siquiera me hacía falta, pues en mi casa se sobraban los ventiladores, solo que mi mamá insistió”

Otras, se la puede ensoñar

“Me van a matar, al menos eso piensan, pero a lo mejor me vuelvo insecto o pájaro chiquito, me vuelvo zunzún, escapo por la ventana antes de que me inyecten el primer fluido que es el que duele, el que te pone a dormir, al menos eso dice el gordo de mi guardián”

Tal vez, resignarse, como Berta ante la insistencia del muerto que la perseguía

Si te me sigues apareciendo tendré que acostumbrarme, como a la menstruación”

O cantar, como el Grillo. Le habían el puesto ese apodo porque, comentaban, de su boca salía frambuesa; lo que soltaba por esa boca era mucho.

a veces se quedaba parado mirando al sol, olvidado del mundo, llegaba hasta babearse, y flaco y largo como era parecía una cosa mala, una garza prieta queriendo volar sin alas. ¿Grillo?, lo llamaba yo, pues esas cosas de él me daban miedo, y entonces empezaba a cantar y aquello era el acabose.

Quizás pintarse contra mandato

“Ella estudiaba pintura en la academia de arte de la ciudad, la “Benny Moré”, era la única negra que estudiaba eso; en música y danza sí estaba el petróleo que hacía olas”

O mejor, en la búsqueda de lo impronunciable, escribirse.

Poesía – dijeron ellas, Vamos a aprender poesía –y entonces descubrí que la poesía también se aprende.”

Berta:

“Jugábamos a las palabras, ahora recuerdo, pronunciábamos una y era como si el vocablo permaneciera en el aire hasta que decíamos otra y entonces estallaba como una pompa de jabón. Jugábamos a las palabras.

Eran niñas con agua y colores

“Es una forma de acercarse a lo poético, decía el maestro Ian, y nosotras, Araceli y yo, nos llevábamos las palabras hasta el muelle frente al mar, la parte de Cienfuegos que más nos gustaba, y allí continuábamos el juego. Lapislázuli, decía yo, y Araceli me respondía con la palabra transparencia”

Eran niñas, amantes y amigas

Jugábamos a las palabras, y Prince a veces venía con nosotros, pero no jugaba. Con el mar parecía bastarle. Se quedaba lelo mirando a lo lejos, parecía viejo entonces, de una vejez  que nos trascendía, una vejez ancestral. No era feliz, por eso quizás sus poemas eran tan buenos. Nosotras sí éramos felices. No podíamos evitar ser felices. Estábamos enamoradas. Jugábamos a las palabras”

Prince:

Entonces quedó todo como un poema inconcluso, como algo que se apaga y no podemos impedirlo, no podemos, entonces quedó todo.

 POSFACIO

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En su paso por Buenos Aires, el escritor firmó contrato con Corregidor para la edición de su próxima novela, “Un extraño pájaro de ala azul”. (Sí, una vez más, los pájaros, las alas, el azul, el otro). Habrá que esperar algunos meses para saber qué dicen, qué sonido producen, esta vez, las letras. Para el mientras tanto, un fragmento que Marcial Gala seleccionó especialmente para El Anartista.

“Irse a un sitio donde nadie te conoce, un sitio donde puedes dejar atrás tu pasado de ladrona y prostituta, donde no tienes que mirar asustada cuando vas a un restaurante por miedo a que alguien suelte una indiscreción y él pueda saber que además de ladrona fuiste fletera. Irse huyendo de la Habana, recoger lo imprescindible, dejar los muebles que tu abuela trajo de Polonia, mucho antes de que Hitler ocupara el país y empezara a masacrar al pueblo judío, dejar atrás los cuadros de marcos de madera plateada, la vajilla estilo imperio, las sabanas de hilo de Holanda, dejar atrás los cubiertos con anagrama, las tres enciclopedias británicas, la cama con baldaquino, dejar atrás las seis vitrinas llenas de una cristalería que nunca se usa, donar el piano en el que tocó Lecuona. Dejar atrás, dejar atrás. Confiar en el proceso revolucionario que, según alegan los dirigentes, te lo va a dar todo gratis. Creer que con los salarios de ellos dos y el cargo que él ocupa todo va a cambiar. Decírselo al niño que ya tiene edad de entender esas cosas, el niño al que le asusta el mar, decirle que ahora vivirá frente al océano. Ir con el niño al cementerio, pararlo frente a la inmensa bóveda con el mármol recargado de ángeles donde descansa la familia alicantina- polaca y luego llevarlo ante la humilde tumba del padre. Detenerlo frente a la lápida de granito en la cual ella puso sólo la palabra “poeta” y abrazarlo muy fuerte para que luego el niño deposite la flor amarilla y se despida de su padre por siempre jamás porque para qué visitar a los muertos, por qué irlos a ver si ellos no se enteran.

Adiós-   susurró Crazy Horse a la salida del cementerio de Colón, cuando ya se iba para Varadero con su flamante esposo y su hijo de alargada cara triste”.

 

 

 

 




CUANDO ELLA SE FUE

Por Lourdes Landeira

Anormales: Sobre Diana Sacayán

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De cerca, nadie es normal. La frase se escribe en grafitis callejeros, en adornos artesanales, en muros virtuales. Para desmenuzarla, claro, hace falta más que una lupa. Ante todo, y junto con el ojo, se debe poner cuerpo y entrañas.  Tan distante y tan contiguo como cada quien y sus circunstancias se lo permitan, estaría el otro.  O uno mismo.

Pero volvamos a nuestro inicio: si nadie, tampoco yo. Y si ni yo ni nadie, ¿dónde queda el otro? Quizás, en el universo de las palabras, del lenguaje como único territorio habitable.  Gran lugar desde donde continuar para llegar a normal: ser dentro de la norma,  ser como esa norma espera y manda. O no.

Las cartas están echadas: no hay yo, no hay otro, no hay norma. Sí hay nombres y cuerpos que se miran, se dicen. Se afectan y potencian en sus relaciones con distintos grados de celebración de la diversidad o de marginación de lo desconocido. Hasta la muerte. Del otro.

Así llegamos al nombre propio: Diana Amancay Sacayán, asesinada un fin de semana de octubre porteño, en su departamento del barrio de Flores. En el año 2015, de un país con ley de matrimonio igualitario, pionero en una ley de identidad de género, considerada de avanzada internacional en cuanto a reconocimiento de derechos.

La ley, la norma, ella y los otros, nosotros. (Ella, claro, lo hubiera escrito en lenguaje inclusivo, no en masculino genérico)

Por eso, antes que a mí, escuchémosla en voz directa.

 “Cuando yo me vaya

Cuando yo me vaya no quiero gente de luto.
Quiero muchos colores, bebidas y abundante comida; Esa que de niñ* me hacía falta.

Cuando yo me vaya no aceptaré críticas;
más razonable y serio sería que me las hagan en vida.

Cuando yo me vaya desearía una montaña de flores…
Esa que l*s mil amores por los que he sufrido nunca supieron regalarme

Cuando yo me vaya no quiero farsantes en mi despedida;
quiero a mis travas queridas, a mi barrio lumpen a mis herman*s de la calle, de la vida y de la lucha..

Cuando yo me vaya sé que en algunas cuantas conciencias habré dejado la humilde enseñanza de la resistencia trava, sudaca, originaria.

Cuando yo me vaya quiero una despedida sin cruces; tod*s saben sobre mi atea militancia

Y sin machos fachos porque también; saben sobre mi pertenencia  feminista.

Cuando yo me vaya espero haber hecho un pequeño aporte a la lucha por un mundo sin desigualdad de género, ni de clase

Cuando yo, esta humilde trava se vaya; No me habré muerto… simplemente me iré a besarles los pies a la Pacha Mama.”

Amancay Diana Sacayan,
Domingo 11 de mayo de 2014.

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No sé por qué Diana escribió esto, algo más de un año antes de morir. Quizás,  sabía el riesgo de vivir una identidad que no se corresponde con la socialmente esperada.  Porque las marginaciones se multiplican en violencias y exclusiones. Contra eso peleó y se convirtió en dirigente de MAL (Movimiento antidiscriminatorio de Liberación).  Peleó todas las peleas, en todos los ámbitos, en cada espacio que transitó. Vista de cerca, Diana era cálida y afectuosa, simpática, tan normal, tan anormal.

Haber subvertido órdenes tuvo también sus victorias. La última la celebró  menos de un mes antes de su asesinato. Así lo dijo la noticia del 17 de setiembre de 2015

LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES YA TIENE CUPO LABORAL TRANS.

 En un hecho histórico y en una provincia que supo tener como común denominador políticas represivas, hoy la comunidad travesti, transexual y transgénero obtuvo una de las demandas más importantes de su agenda ya que la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires convirtió en ley el CUPO LABORAL PARA PERSONAS TRANS. El proyecto instituye un cupo de al menos el 1% para personas trans en los puestos de trabajo creados por la Administración Pública Provincial, el segundo empleador del país, lo que la convierte en la iniciativa más importante posterior a la aprobación de la Ley de Identidad de Género.

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 El proyecto fue elaborado e impulsado por Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL), Conurbanos Por La Diversidad- Jóvenes Por La Diversidad y Emiliano Litardo, de Abogadxs por los derechos sexuales y presentado por la Diputada del Frente para la Victoria Karina Nazabal.

Amancay Diana Sacayán expresó: “Que el Estado Nacional nos haya permitido ser parte de la creación de las políticas públicas de empleo nos allanó el camino para llegar a este debate que nos permite gozar del derecho genuino al trabajo. Hoy es un día histórico, lleno de emociones, alegrías y en el que la democracia está de fiesta.”

Creemos firmemente que tod*s l*s ciudadan*s deben gozar de los derechos universales, entre los cuales se encuentra el derecho al trabajo, uno de los fundamentales. Pero también estas acciones son un claro y contundente mensaje a los discursos reglamentaristas en materia de prostitución ya que a esto se comprometió la Argentina cuando firmó protocolos de derechos humanos en 1.949 y convirtieron a la Argentina en el primer país abolicionista. Estamos generando posibilidades para una población en la que el 90% vive de la prostitución, cumpliendo esto luego de 63 años en el marco del proyecto nacional y popular.

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Ella había ido al parlamento y, al volver, –feliz-  fue agredida por un barrendero en Constitución;  en el barrio, no en la carta magna. La policía la detuvo; a ella, no al agresor. Y el hecho le costó forcejeos y unas horas de cárcel. Unas más, después de tantas. El triunfo, de todos modos, ya no podía ser borrado, la ley estaba escrita.

Y, si de escribir se trata, además de la inscripción de la lucha en el cuerpo y del cuerpo en la lucha, participó en la escritura de dos libros:

  • “La gesta del nombre propio” (informe sobre la situación de la comunidad travesti en la Argentina) del año 2005. En el inicio, Diana Maffía reconoce que, en muchos casos, quienes lucharon por el reconocimiento de sus derechos no están para ejercerlos. El nombre Diana Sacayán no era uno del listado de las ausentes. Su foto estaba entre las activistas  y su palabra era parte de la conciencia que insiste desde la organización colectiva: Más que con mi acto individual tiene que ver con la actitud de denunciar.

 

  • “Cumbia, copeteo y lágrimas” (informe nacional sobre la situación de las travestis, transexuales y transgéneros), del año 2007. El título hace referencia a los tres momentos que las compiladoras identifican como el ciclo vital. Cumbia, por celebración; copeteo, por el brindis; lágrimas, por la mezcla de añoranza y alcohol que entreteje la alegría con las historias del dolor. Sacayán, en el capítulo “Abandono de persona” escribió sobre la importancia de poner un granito de arena para el difícil trabajo de sensibilización de las instituciones; sobre el querer hacer sus propios destinos: uno que está muy lejos de aquel que dicen las estadísticas; uno al que queremos construir y reconstruir desde nuestras propias historias, desde nuestras propias experiencias. El prólogo habla de 592 amigas – de entre 21 y 43 años- fallecidas en cinco años. Su nombre estaba entre quienes escribían la historia, no en el listado de las muertes.

 Es noviembre de 2015. Como todos los años desde hace muchos, la marcha del orgullo LGBTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, intersex  queer) llenó la Plaza de Mayo y marchó hacia el Congreso. Diana se agigantó en marioneta de cartón. Tan anormalmente bella como siempre. Dos normales, acusados de la puñalada que la envió a los pies de la Pachamama, están procesados por su homicidio.

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“Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas si yo sabré expresárselo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los padecimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, que haber nacido poeta, y yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguno culpa mía. Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. — Perdón por el juego de palabras. YO es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín, ¡y mofa contra los inconscientes, que pontifican sobre lo que ignoran por completo!” Arthur Rimbaud

 

 

 




OCIO, BENDITO OCIO

El abuso: Del trabajo y del padecimiento, por los siglos de los siglos

 

OCIO, BENDITO OCIO

Por Lourdes Landeira

La precarización laboral no afecta sólo a los trabajadores desocupados, sino que también produce un sufrimiento intenso en quienes tienen un trabajo estable. Junto al miedo a la pérdida laboral se produce una intensificación del trabajo con su aumento de carga y padecimiento. Sin embargo, son preocupantes los altos niveles de sometimiento y la neutralización de la movilización colectiva contra ese sufrimiento impuesto por el capitalismo mundializado” (1)

 

Dicen la malas – o buenas- lenguas  que Marx se refería a su yerno como “nuestro negrito”. Paul Lafargue, además de haber nacido en Cuba y haberse casado con la hija del gran Karl, fue un teórico de la lucha por la conquista del tiempo libre. Dicen las mismas – u otras-  lenguas que la obra de todo escritor tiene una dedicatoria aludida, más allá de los formales agradecimientos explícitos. Si no lo creen, pueden consultar a una autoridad de la nación, Eugenio Raúl Zaffaroni (recientemente elegido juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos) que, en el Anartista Nro 2, dijo: “uno escribe con algunas figuras, aunque no le dedique la obra a alguien, siempre hay alguna imagen. Hay una imagen rectora, buena. Y  a veces hay una imagen de algún hijo de puta, ahí en frente”.  Quizás, quien le dio entidad a la plusvalía y la puso a trabajar en concepto, por los siglos de los siglos, sin amén (aunque sí, yo creo) haya sido el buen rector, uno de los dedicados ocultos de El derecho a la pereza, el libro de “su negrito”. Es probable  también que, entre las imágenes inspiradoras de Paul, hayan estado sus abuelos – ambos franceses- , su abuela materna – mulata de Santo Domingo- y su abuela paterna, aborigen cubana. Además, por supuesto, de las clases trabajadoras y la perezosa burguesía condenada a consumir más y más para asegurar a los obreros el trabajo de producir sus bienes,

Info
“Solo en el siglo XVI las palabras trabajo y trabajar (derivadas del siniestro tripalium, instrumento de tortura, especie de cepo) llegan a reemplazar a los términos obrar o laborar. Este cambio terminológico acompaña de hecho un cambio social. La llegada del trabajo asalariado comienza a prefigurar una nueva modalidad: el no-trabajo. El reposo se transforma en el tiempo necesario para la reconstitución de la fuerza de trabajo: es decir, recuperar energías para seguir trabajando”. (2)

Si para Borges los sinónimos no existían, para Cortázar las definiciones no eran más que aproximaciones. La evidencia, en la siguiente muestra de la policía de la lengua:

 

Info
Plusvalía.

  1. f.Acrecentamiento del valor de una cosa por causas extrínsecas a ella.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

 

Por “causas extrínsecas a ella”: léase, entre nosotros, el tiempo y la energía que los trabajadores invierten y gastan sin que les sea retribuido y  lo condenan a una constante pérdida.  No importa cuánto –más o menos – cobren . Siempre, el plus se ocupa de multiplicar la ganancia de los capitalistas. Entonces, extracción de plusvalía: el salario, que nunca llega a representar el trabajo invertido, hace a la acumulación del capital, característico del sistema; fetichismo del salario: la mercancía oculta, no permite ver las relaciones sociales detrás del intercambio, cosifica las relaciones de producción, no se intercambian cosas, sino relaciones de explotación.

Por eso, para no perdernos en los eufemismos de la academia, mejor volver a las fuentes y releer qué decía Marx en sus manuscritos de 1844:

 

“¿En qué consiste, entonces, la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es “externo” al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, “trabajo forzado”. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que, tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo, se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo. En último término, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, que no le pertenece; en que cuando está en él no se pertenece a sí mismo, sino a otro. (…) Pertenece a otro, es la pérdida de sí mismo.”

 

Y, entonces, me pregunto: ¿cuándo toca abrir la puerta para salir a jugar? Yo, como el Osías de la gran María Elena, quiero tiempo, pero tiempo no apurado. Nada de consignas del tipo “de casa al trabajo y del trabajo a casa”. En el medio, antes y después, reclamo ese tiempo que quiero suelto y no enjaulado, adentro de un despertador. Quizás así, me vaya por algún oeste y por muchos estes, a todavía no sé dónde.

“La moral capitalista, mezquina parodia de la moral cristiana, castiga con una solemne maldición la carne del trabajador; su ideal consiste en reducir las necesidades del productor a un mínimo, en sofocar sus goces y sus pasiones y en condenarle a desempeñar el papel de máquina, de la cual se exprime trabajo sin tregua ni discreción”.(*)

brujas

 

Claro, esto no siempre fue así, aunque lamentablemente lo siga siendo. Muchas brujas han sido quemadas en la hoguera, aunque- por fortuna- los humos de sus alquimias aún insistan en arder. El fuego, siempre el fuego. También ese fue el destino de la primera máquina de tejer, a principios del siglo XVI. A ella- a la máquina- la quemaron en la plaza pública; a su inventor, lo estrangularon en un calabozo. Una entrevistada de este número Anartista, Marta Dillon, en conversación en su casa, alrededor de la mesa que comparte ambiente con su impactante biblioteca, propuso una imagen motivadora: el círculo de mujeres tejedoras. Se tejen bufandas, relatos, identidades; tiempos comprimidos y descomprimidos. ¿Será cierto aquello de que todo tiene que ver con todo? ¿Será que aquellos escritos de Lafargue, de allá por el 1880, tendrán algo que decir a este 2015 que nos consume?

 

“La fuerza física y la inteligencia del obrero, reemplazadas por la máquina, permitieron a los industriales, para disminuir los gastos de producción, reemplazar el trabajo de los hombres por el de las mujeres y el de las mujeres, por el de los niños. ¡Mientras, los jefes de la burguesía son tan cínicos como para acusarnos a nosotros , internacionales, de destruir la familia, cuando es esa misma burguesía la que, para ganar unos cuartos, ha destruido la familia obrera, arrojando a la mujer y al niño al infierno de la fábrica”.(*)

 

CIUDADANOS 12/06/2015 12:00

El trabajo infantil afecta a 168 millones de niños en el mundo

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TRABAJO INFANTIL. Según la OIT, 168 millones de niños trabajan, de los cuales 120 millones tienen entre 5 y 14 años (AP) http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/el-trabajo-infantil-afecta-168-millones-de-ninos-en-el-mundo

Día Internacional del trabajo doméstico: eso que llaman amor

julio 22 2015

La raíz de la desigualdad

La naturalización del trabajo doméstico es un gran pilar de sostenimiento del sistema capitalista. La feminista Silvia Federici,, quien recientemente visitó nuestro país, va más allá afirmando que, a través del trabajo doméstico, también se controla el cuerpo de las mujeres. La familia es una forma que el sistema capitalista encontró para hacer trabajar a las mujeres para que reproduzcan su fuerza de trabajo obrero, para obligarlas a reproducir trabajadores. Incluso afirma que “el capital y el Estado delegan en el trabajador el poder de controlar y golpear las mujeres si no cumplen con esa función”.

¿Cómo es posible esto? Según Federici debido a que se lo confunde con amor: “El capitalismo también se ha apropiado y ha manipulado la búsqueda de amor, de afectividad y de solidaridad entre todos los seres humanos; lo han deformado, usándolo como una medida para extraer trabajo no pagado. Por eso yo escribí que eso que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado”.

Diana Maffía también vincula en su artículo “Los desafíos actuales del feminismo” al trabajo doméstico con el sistema capitalista: “El capitalismo es un sistema que se apoya en la sobreexplotación de las mujeres, en el trabajo doméstico. Si realmente, fuera considerada la reproducción de la fuerza de trabajo, si cuantificáramos este trabajo y tuviéramos que pagarlo, el capitalismo estalla”.

http://notas.org.ar/2015/07/22/dia-internacional-trabajo-domestico-eso-que-llaman-amor/

“… se deduce que una revolución puede hacer desaparecer la miseria del pueblo de la noche a la mañana, miseria que los burgueses- por razones particulares- suponen eterna”.(*)

“Jehová, el dios barbudo y áspero, dio a sus seguidores el máximo ejemplo de la pereza ideal: después de seis días de trabajo, se entregó al reposo por toda la eternidad” (*)

“Te ganarás el pan con el sudor de frente”, condena el génesis. Mientras, los judíos que viven en la diáspora son castigados con dos días de descanso, uno para reponer fuerza de trabajo y otro para padecer el estar fuera de Israel. De sufrir parece que se trata. ¿Será la religión el opio de los pueblos?

Adelantándose cien años al propio Guizot, se abona en Londres la manía por el trabajo, también como forma de frenar las pasiones del hombre. “Cuando más trabajen mis pueblos, menos vicios tendrán – escribía Napoleón, desde Osterode- . Yo soy la autoridad y estaría dispuesto a ordenar que el domingo, pasada la hora del servicio divino, se reabrieran los negocios y volvieran los obreros a su trabajo. Con la consigna de erradicar la pereza y doblegar los sentimientos de altivez e independencia que ella engendra, el autor del Ensayo sobre la Industria propuso encerrar a los pobres en “casas ideales de trabajo”, o mejor en “casas de terror, en las cuales sería forzoso trabajar catorce horas diarias; de modo que, descontando el tiempo de las comidas, quedarían siempre doce horas de trabajo llenas y enteras”(*)

Cuánto tienen para decir los niños muertos en talleres clandestinos, sus voces acalladas por el fuego de la precariedad, sin abuela que les cuente historias en  camisón; porque las camas, como las máquinas, están siempre calientes y las personas que las ocupan rotan de unas a otras sus cuerpos. Así, la mercancía va. Cuánto gritan desde las vidrieras de las grandes marcas, que no descansan misas ni templos para honrar al dios consumo a elevadísimos precios- de lunes a lunes – en esta tierra sin cielo, plagada de infierno.

01.05.201513:02

DÍA DEL TRABAJADOR

El trabajo esclavo representa la mitad de las víctimas de la trata de personas

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La problemática de la trata de personas explotadas laboralmente volvió a ser agenda pública tras la muerte de dos niños de 7 y 10 años en un taller clandestino del barrio porteño de Flores, quienes quedaron atrapados en las llamas mientras dormían en un ambiente en donde- según el relato de vecinos- funcionaba un taller clandestino de confección de ropa.
Si bien la esclavitud y el trabajo forzoso fueron progresivamente abolidos a nivel nacional, desde hace casi 100 años, actualmente, existen nuevas formas de reducción a la servidumbre. Por lo que, de acuerdo a lo señalado por la Dirección de Rescate dependiente de la cartera conducida por Julio Alak, se relaciona con transformaciones económicas y políticas del sistema capitalista y la consolidación del modelo “neoliberal”.

http://www.telam.com.ar/notas/201505/103583-el-trabajo-esclavo-representa-la-mitad-de-las-victimas-de-la-trata-de-personas-informe-ministerio-de-justicia.html

 

“Dicen que nuestro siglo es el del trabajo. Y tienen razón, es el siglo del dolor, de la miseria y de la corrupción.”(*)

Así son nuestros TIEMPOS MODERNOS

“Los obreros acudían por millares al silbido de las máquinas. Un gran número, cinco mil sobre diecisiete mil, estaban obligados, por lo caro de los alquileres, a habitar en los villorios cercanos – asegura Villermé-. Algunos vivían a dos leguas y hasta a dos leguas y cuarto de la fábrica donde trabajaban. (…) El resultado es que llegan por la noche a sus casas, agobiados por la necesidad de dormir y que, al día siguiente, sin estar completamente reposados, tienen que levantarse para encontrarse puntualmente en la fábrica a la hora de la apertura” (*)

“Crisis industriales y periodos de sobre trabajo se suceden sin remedio, arrastran consigo la huelga forzosa y la miseria sin salida, que conduce la bancarrota” (*)

Cualquier palabra es insuficiente cuando los ojos saben y la piel siente, vibra, se eriza de memoria.

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 “Infinitas como  parecen, estas miserias individuales y sociales desaparecerán como las hienas y los chacales al acercarse el león, cuando el proletariado diga: yo lo quiero. Pero, para que llegue a la conciencia de su fuerza, es necesario que el proletariado pisotee los prejuicios de la moral cristiana, económica y librepensadora; es necesario que vuelva a sus instintos naturales, que proclame los derechos a la pereza, mil y mil veces más nobles y más sagrados que los tísicos derechos del hombre, concebidos por los abogados metafísicos de la revolución burguesa; que se empeñe en no trabajar más de tres horas diarias, holgando y gozando en el resto del día y de la noche” (*)

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“Ante semejantes reclamos, capaces de aniquilar el goce y la pereza de la burguesía, los capitalistas no podían contestar más que con la represión feroz. Pero, aunque han podido aquietar las aguas de esta maniática marea humana, no por eso han ahogado o, en la sangre de sus matanzas gigantescas, la absurda idea del proletariado de querer imponer el trabajo  a las clases ociosas y panzudas; y, sólo con el fin de alejar este peligro, la burguesía se rodea de pretorianos, polizontes, magistrados y  carceleros entretenidos en una improductividad laboriosa. Ya no se pueden tener ilusiones sobre el carácter de los ejércitos modernos; no son mantenidos permanentemente más que para reprimir al enemigo interno” (*)

 

Todas las palabras son imprescindibles. Cuando el horror está latente,  no se puede mirar de reojo. Ni callar. Ni olvidar.

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“En nuestro régimen de pereza, para matar el tiempo que nos mata segundo a segundo, habrá espectáculos y representaciones teatrales de todas clases. Es éste un trabajo adecuado a nuestros legisladores, quienes, organizados en cuadrillas, irán por las ferias y los villorios dando representaciones legislativas” (*)

Mientras nuestra democracia representativa de cada día no alcanza y el pan y circo no nos convocan, estamos quienes seguimos trabajando en la grieta, en la búsqueda del intersticio, para saltar la trampa y, al menos, intentar escribirla.

Como contó en un momento otra entrevistada Anartista, María Negroni : “Un amigo me dijo una vez que yo respondía a los obstáculos con la “prepotencia del trabajo”. Lo tomé como un elogio. Hoy ya no pienso ni trabajo así. Soy más lenta. Espero que la escritura llegue, se me imponga. Esperar es dificilísimo. Implica tolerar la ceguera, saber que ciertos fracasos son imprescindibles, que los verdaderos poemas, los necesarios, se hacen solos como se hace sola la vida”. Por mi parte, insisto con María Elena Walsh y repito: “quiero tiempo, pero tiempo no apurado, tiempo de jugar que es el mejor, por favor, me lo dan suelto y no enjaulado, adentro de un despertador”  En cuanto a Paul Lafargue y a su esposa, el tiempo y la vida de ambos terminaron- por decisión premeditada- a los sesenta y nueve años. Desde un día de shabat hacia el descanso eterno. Según Antonio Tulián: “Al llegar a esa edad preparan cuidadosamente la distribución de sus bienes: ocupándose tanto de la suerte de su doméstica y del jardinero, como del perro Nino. (…) Así, un sábado de noviembre de 1911, después de haber pasado la tarde en un cine de París y de haber saboreado unos pasteles, vuelven a su casa en una zona casi campestre de Draveil y se acuestan para no amanecer…”

1- De “El sufrimiento en el trabajo”, de Christophe Dejours

2- Antonio Tulián – Prólogo a “El derecho a la pereza”, de Paul Lafargue

(*) Paul Lafargue – El derecho a la pereza

 

 

 




DE LOCOS Y POETAS (ARQUEOLOGÍA DE UN CINEASTA)

La Velocidad: Conversación con Sergio Wolf

Entrevista: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira y Viviana García Arribas

Edición: Viviana García Arribas

 A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

(Jorge L. Borges – ARTE POÉTICA)

 

El atractor no es la cosa, es como Ada. Ni fue tu gran pasión el tango, ni el cielo, pero hay atractor por algo…

Son los personajes que se salen…  del plano social convencional.

¿Vos llamarías lo poético a eso?

No uso esa palabra.

¿Para nada?

Sí, cuando leo poesía.

Y qué es eso de lo poético cuando leés poesía

Uh, no sé…

Porque hay  algo de eso en tus películas. Vos hablás de eso todo el tiempo…

* * *

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ESCENA 1: INTERIOR, TARDE, UNA LIBRERÍA DE PALERMO

Convocamos a Sergio Wolf para hablar de sus dos documentales “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”, codirigido con Lorena Muñoz, y “El color que cayó del cielo”. El encuentro es en uno de esos lugares que a veces se descubren en Buenos Aires: una librería-café, en el corazón de Palermo. Las inquisidoras llegamos temprano, elegimos una mesa cercana a los anaqueles hinchados de libros, nos instalamos, comenzamos a barajar las posibles preguntas, fantaseamos reacciones. Sergio llega con paso rápido, como siempre, su infaltable bolso colgado del hombro, sonríe, nos saluda, se sienta. El lugar brinda el marco ideal: poco ruido, música suave, gente tranquila. Se nos arma un clima de charla cómodo y distendido.

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ESCENA 2: EN BUSCA DE LA ESMERALDA PERDIDA

Cassidy, el científico, uno de los personajes de “El color que cayó del cielo”, dice en un  momento que  lo enorgullece más “entender las dimensiones originales del cráter” que la piedra misma. Esto nos hace pensar en las huellas, imprescindibles para cualquier búsqueda. Decidimos comenzar la entrevista por ahí.

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En realidad yo siempre me conecto con algo de la historia, y también es cierto, me seducen mucho las historias que no están muy contadas. Es más, cuando empiezo alguna película  someto la historia como a sparrings. La cuento mucho. Viste que, en general, los cineastas tienden a ser más bien canutos, encubren, no cuentan: “estoy haciendo algo… todavía no sé qué es…” Yo hago al revés. En el caso de la película de Ada había siempre como un recuerdo muy difuso, muy vago. A mí  me seducía que no hubiera una biografía, un libro, una película, etcétera. 

Creo mucho en la idea de la excavación. No sé si la huella tiene debajo un meteorito. Creo que hay algo a buscar en esa profundización, si querés, de la huella, de la pista, de la parte del meteorito que asoma. La búsqueda es ese cavar donde uno nunca encuentra exactamente lo que busca,  encuentra otras cosas además de lo que busca y, en el caso particular del documental -al menos como yo lo entiendo- uno también se encuentra a uno. La paradoja del documental, de cierto tipo del documental,  es que uno se cuenta a través de sus personajes, más allá de que yo pueda narrar en primera persona.

 

 ESCENA 3: EL TIEMPO RECOBRADO

El tiempo y sus volteretas. A veces, transcurre por un carril, firme y derechito, en su línea perfecta. Otras se retuerce como un trapo viejo y desordena cronologías y causalidades. Y hay otras, cuando irrumpe en luz y estallido: como una piedra que cae del cielo. El desafío del tiempo nos mete de lleno en el tema de la velocidad.

 

En el caso de “El Color que cayó del cielo” la seducción más grande tenía  que ver con el tiempo -que siempre es un desafío en el documental- y en el caso de “Ada…”el reto era el mismo. Uno no llega con la historia completa. Uno llega a la vida del personaje cuando llega. Yo empecé la película en Córdoba, filmándola a ella. Empecé el documental en el viaje hacia ella y después reconstruí ese viaje. Sabíamos que íbamos a utilizar el  archivo de películas argentinas, sabíamos que iba a ser una historia cronológica. Después, la cronología es imposible de construir porque siempre te faltan cosas. Yo diría, más que las huellas, en el documental, te conduce  la falta de huellas.

 

La sustitución es un recurso audaz y repetido en los documentales de Wolf. Usa fragmentos de películas del cine argentino de la época como recurso para reconstruir, por ejemplo, escenas de la vida de Ada Falcón. La sustitución, sin embargo, parece no tapar el hueco, por el contrario,  casi lo destaca.  Finas sustituciones realzan la potencia de lo que falta.

 

En una ficción vos escribís y le decís a un tipo “conseguime una casa que tenga cuatro ventanas- El tipo busca y te encuentra una casa. No será igual que la que te imaginaste, pero es una casa. En el documental, no. Tenés que inventarlo o buscar a ver si existe. Yo había hecho una investigación sobre “Sucesos Argentinos”, una beca del Fondo Nacional de  las Artes. Conocía muy bien todo ese material. Cuando empecé a trabajar con lo de Ada, no quise usar ese material porque me daba… sociología. Necesitaba algo que tuviera más que ver con lo ficcional y eso me lo iba a dar el cine blanco y negro. Copia mejor, copia peor, en fin, no importa. Nunca es la cosa plana de “Sucesos Argentinos”. En realidad, se trata de inventar un modo de representación que solo puede existir para esa película. Cuando se habla del género documental es un oxímoron. No existe el género documental. No podría existir…

ojos

Una de las historias más atractivas de “El color que cayó del cielo” es el intento de robo del meteorito “Chaco”, llevado adelante por Haag, un aventurero norteamericano, que conserva en su poder una filmación del momento en el que extraen el meteorito. Ante la falta de ese material, Sergio utiliza una película  con otra situación similar para sustituirla. Como  en “Yo no sé qué me han hecho tus ojos” las huellas de una caída sobre un hueco destacan, gracias a aquello que podría ocultarlas.

 

Cuando llegó el momento del montaje de “El color que cayó del cielo”, en la escena de la extracción y el robo del meteorito, dijimos: “ese material Haag no nos lo va a vender, ¿qué hacemos?” Y ahí apareció la idea de la sustitución. Estaba claro que iba a ser una especie de truco que se devela casi de inmediato, pero igual creíamos que iba a funcionar. La sustitución, en realidad, tiene que ver con los modos de representación que uno encuentra para contar lo que uno quiere.

En el caso de “Ada”, lo único que existe es la situación de entrevista, todo lo otro es algo que ocurrió hace mucho tiempo. La carencia era central. : “¿La foto de Ada con los ojos verdes? No hay, ¿la película muda? No hay”. En un momento dijimos hay que filmar esto, esta es la búsqueda de la película que, además, tenía que ver con construir lo que no está. Es un poco lo que yo decía: en el documental uno llega tarde, siempre se llega tarde.

 

ESCENA 4: LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS

No estoy convencido de que la de “Ada” sea una caída. Es su modo, como buena leonina, de evitar la pérdida del protagonismo. Ella congela el tiempo y queda ahí, todo el mundo la recuerda ahí. No la recuerdan vieja ni decadente. Congela el tiempo y congela su imagen. Yo creo que la reclusión no es una caída, es su estrategia intuitiva de vencer el tiempo. Deja de cantar porque ya no tenía la voz de antes. En un momento, yo le pregunto, una por una, por todas las cantantes. ¡Las cosas que decía! ¡Barbaridades! “¿Libertad Lamarque?, ¿Amanda Ledesma? ¡Ay, por favor! No me preguntes por esas mujeres… ¿Nelly Omar? Ah, sí. Ella, sí”. Pero no lo decía por senil. Ella estaba por encima de todas.

Cuando ella no reconoce su propia voz, cómo saber qué escucha ella. Estaba medio sorda, pero como todos los sordos, ¿cómo sabés cuánto escuchan? Quiero decir, cuánto escuchaba, cuánto quería escuchar, cuánto de lo que escucha no le gusta, cuánto es el recuerdo distorsionado de cómo cantaba.  Pero eso tiene de increíble esa escena. Son cosas que no se podrían guionar.

Hay una situación muy parecida  en una de las últimas intervenciones que tuvo Haag. Es un momento en el que yo lo siento y le pregunto por Cassidy  y él dice: “Yo hubiera querido ser como Cassidy. Fue mi héroe, fue mi mentor”.  El montajista, que odiaba a Haag, me decía: “es lo que vos querés escuchar”. Y yo pensaba, ¿por qué no puedo pensar que imaginó otro destino para él y después se convirtió en un  chorro? Tampoco un chorro, qué sé yo. Un tipo que vende lo que puede, típico self made man americano,  se inventó a sí mismo, e inventó un negocio..  Es una discusión que para mí dice mucho sobre el estatuto ambiguo del documental  y es como cuando Ada dice “no recuerdo”. ¿No recuerdo porque no quiero recordar?, ¿no recuerdo porque estoy senil, porque de ese tipo no voy a hablar?… Polisémico. Ese “no recuerdo” es igual que la frase de Haag. Son momentos que te regala lo real. Vos lo buscás. Habilidad, suerte, lo que fuere. Más allá de que hay una puesta en escena. Yo lo senté a Haag al lado de los meteoritos  y le pregunté específicamente sobre Cassidy. Pero yo no sabía qué iba a contestar.  Para mí cambia de expresión, habla de otra manera. Está más cansado, está al final de la entrevista, le bajó la anfetamina, no sé qué.  A mí, como guionista, nunca se me hubiera ocurrido escribir una línea que tuviera el poder de sentidos que tiene eso.

IMAGEN 5 van_gogh NOCHE ESTRELLADAESCENA 5: ATRACCIÓN FATAL

Haag tiene la brillantez del tipo de aventuras. La lectura de que él es un comerciante que vende meteoritos es una lectura, para mí, superficial sobre el personaje. Hay una escena que a mí me gusta mucho donde dice “estas son mis piedras, esta es mi colección, no son para vender“. Si él fuera un  mercader, él vende todo. Yo creo que en esa idea hay una relación con lo último que decía Cassidy. Sí, soy un mercader, pero no soy solo un mercader. Hay algo más. Es como cuando él me dice “esto es priceless”. Más allá de que lo quiera retener, hay algo que lo enlaza con los otros. Es como Cassidy, cuando le pregunto por el Mesón de Fierro, le brillan los ojos y dice “no lo encontré…” y uno piensa, pero vos sos un científico, a vos qué te importa el Mesón de Fierro. Es una leyenda, no existió, estalló por el aire. Pero, en el fondo, le brillan los ojos como si dijera me hubiera gustado…

 

Hay algo que va por encima”, salta por encima del interés y de los nombres. Paradójicamente, es algo que viene desde muy profundo. Como un meteorito que cayera de abajo para arriba. Algo innombrable en la pasión de cada quien: un retro meteorito.

 

Es que hay algo ahí que está relacionado con los meteoritos, una zona como de personaje medio Herzog -el documental está claramente influenciado por Herzog. Ojalá me saliera un plano como los suyos- una especie de Herzog menesteroso- el sueño de ellos va por encima de la plata y para mí en Haag también está eso, cuando me dice “estos no son para vender”. Hay algo loco en esos personajes: el contacto  con ese otro mundo. Un día me levanté a la mañana, salíamos temprano, me levanté a las 6.30 o 7 de la mañana a desayunar.  El “Chaco” estaba enfrente de donde nosotros dormíamos. Salgo y lo veo al fotógrafo al lado del meteorito. Mira… toca… Le digo, “¿qué hacés?”,  “Es la primera vez en mi vida que estoy con algo que no pertenece a este mundo” y ahí uno se da cuenta de la parte loca. Algo de eso quedó cuando yo pongo cineastas como parte de la cadena de locos. Yo contaba alrededor de qué andaba mi película,” meteoritos”, y la gente me miraba como quien dice” ¿a vos qué te importa todo esto?

Por eso a mí me cuesta pensar a Haag como un mercader, porque el meteorito es como el océano de Solaris, es un depositario de deseos. El meteorito no es nada. Es una piedra de mierda, colorada, ni siquiera es linda, no es lustrosa, no es elegante, es fea, tiene una forma rara, ni siquiera es simpática Un chico no se detendría delante de eso, no tiene ninguna fascinación. Es opaca, es una piedra y, sin embargo, hay algo que los tipos ponen en eso. Y a mí me importa qué les pasa a las personas con eso.

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ESCENA 6: UN MALDITO POLICÍA

El azar siempre mete la cola. Y  es ahí donde se nota más cómo la causalidad se queda corta. ¿Por qué Chaparro, un cabo de frontera, se niega  a recibir una coima para permitir que Haag se haga con el botín de su meteorito? ¿Qué ponía el cabo -más allá de su posible imperativo de honestidad- en la piedra?, ¿qué piedra preciosa hay en el centro de todo desafío?

 

Cassidy habla de la huella científica y Haag habla del sueño. El que tiene el sueño es Haag. Digo, un sueño estrábico, distorsionado, mal llevado, no tanto del ladrón en sí mismo. Cuando él dice “lo volvería a intentar” no es el afán de lucro. Él juega un personaje doble ahí. Primero dice “yo tengo American Express, tengo Mastercard, ¿querés comprar?”, pero hay un momento, al final, cuando dice “vos estás con el Chaco, yo no puedo volver, ¿vos me lo traés? Me desafía. Para mí no es el sueño de la guita -de hecho, probablemente, también lo sea- pero hay algo de “me fracasó… yo tuve un sueño y era perfecto  y estaba todo bien” Y ahí entra el azar -que es también el documental- y es por qué ese cabo de la frontera dijo que no. Nadie entiende hoy eso. 

Toda la escena es de un nivel de demencia… Enero, deben hacer 60 grados, la ruta, un tipo, un meteorito. Seguí, llevátelo y, de pronto, el tipo dice no. Un poco como Ada. Cambia un curso. Para mí, ahí está el cine. En esos momentos de giro donde aparece un personaje. El tipo se constituyó como héroe, afirmó su lugar arquetípico, como lo hizo Cassidy y como Haag afirmó el suyo.  Ese cabo se va a morir, se va a ir a la tumba con el secreto. Nunca lo va a decir. Ni a su mujer le va a contar la verdad de que pasó, por qué ese tipo dijo que no.

Yo los veo como personajes. De hecho, creo en la idea el casting en el documental, me vivo peleando con los documentalistas. Digo, ¿no se dan cuenta que este tipo habla feo, que no es divertido, que el helecho al lado, no? De Chaparro me gustan los silencios. “Era verano… hacía calor…” Hay alguien que te va a contar algo. Para mí, eso es un personaje. Alguien que tiene un rasgo, que me dan ganas de escucharlo, de verlo. Haag es el opuesto. Es un personaje magnético. Pero ahí era un problema también,  porque te come la película…

 

ESCENA 7: MALÓN

La película tenía, desde un principio, de algún modo,  la organización que tiene. Fue muy difícil sostener esa organización en la práctica, porque hubo cosas que no salieron como yo esperaba o como había imaginado. Eso es algo lógico en caso el documental.

 

Lo que irrumpe en fundaciones, a veces toma la forma de un relato. Se presenta como sorpresa, se despliega como desafío y toma consistencia como mito. En la encrucijada, entre lo que  no funciona, lo imprevisto y la mirada, puede fundarse la narración.

 

Siempre hubo un mito de origen. Para mí, existía un mito de origen. Pero, finalmente, cuando encuentro los relatos de los mocovíes es tarde y no existían completos. En un momento conocemos a un tipo que es un antropólogo de La Plata. Un tipo genial, que hacía un enganche entre una cosa esotérica y antropológica y a mí eso me interesó. Este antropólogo les había llevado sus leyendas a los mocovíes. Él había encontrado un libro, una recopilación de los indios. Lo tipos vivían en otra cosa y este, puso carbón, puso carbón, puso carbón  y, en un  momento, tiró la carne. Es muy interesante el hecho de que ellos recuperaran su pasado gracias a un antropólogo que les recordó quiénes eran.

Hasta ese momento yo buscaba indios viejos que me contaran  leyendas. Mi cabeza etnocéntrica de porteño buscaba al viejo cacique que me contara la leyenda y lo único que encontraba eran “sindicalistas” que reclamaban tierras. Finalmente, aparece la película. Dije, bueno, es la película.  Y, en la película, aparecía el mito, aparecía todo. Llegamos a filmar con  él y su comunidad en una localidad que se llama San Lorenzo. Hubo que llevarlos a la laguna pero eso, finalmente, no quedó.  Sí quedó la película, la representación de ellos que se filman a sí mismos. Ellos filman su historia y no yo, la historia de ellos. Eso es central en el documental. Es un gran tema la cuestión de filmar a otro. Un otro en sentido cultural y también en el sentido antropológico. Un otro, otro. Y cómo se filma eso. A mí, nunca me había pasado.

Había un peligro y es que, en la película, ellos se representaban a  sí mismos, a sus antepasados, con un imaginario de película de ficción de los blancos. Había que tener mucho cuidado con lo que se ponía para que no quedaran en una zona ridícula.

Finalmente,  siempre termino filmando personajes mirando películas. Como Cassidy cuando mira sus archivos… Como Ada…

 

ESCENA  8: VOLVER AL FUTURO

El gran tema del documental es cuándo termina. El marco narrativo siempre me acota. No soy una persona que filma todo el tiempo, muchas horas. No entiendo mucho cómo es eso. Yo siempre parto de una zona narrativa. El marco narrativo te acota hasta dónde filmar o dónde no. Hay pruebas que uno hace y fracasan. En “El Color que cayó del Cielo” iba a aparecer un indio viejo que me iba a contar y no apareció. En el caso de Ada también, finalmente fue la muerte. Yo no filmo tanto material y hay momentos en los que no sé qué más filmar, no se me ocurre más. Lo que se me ocurrió ya lo hice. La película está ahí. Después los montajistas me putean…

No son mis historias, son las historias de otros. Yo soy un apropiador. Son los recuerdos de otros. Después es otra cuestión qué zonas  mías reconozco en lo que filmo. Sí creo que la relación  del documental con  la memoria es evidente. Uno filma, no para hacer una contribución a la memoria, no desde el lugar social de “esto es muy importante para el futuro de la sociedad”, sino para evitar que eso se pierda. Atrapar algo antes de que desaparezca. Yo creo más en eso, que el documental debería tender más hacia eso. Nunca entendí por qué tanta gente quiere hacer biografías de Rodolfo Walsh o de Marechal o de Piazzola. Están tan contados esos personajes… ¿Para qué hacer una película sobre eso? Cuando uno conecta con un relato, con una historia, hay algo que aparece, algo que sube. El año pasado. un tipo del Festival de Viena -un tipo que elige muy pocas películas argentinas – me dijo que la mía le había parecido la más argentina de todas las que había visto. Más allá del elogio, me gusta pensar que uno no intenta contar la Argentina, que el propio peso de esa historia va a hacer emerger todo lo otro.

Lo que ocurre en una función de teatro es puro presente, está destinado a desaparecer. Es ontológico. Solo desaparece. Por eso hay tantos problemas con ciertos grandes autores teatrales, incluso habiendo sido filmados. Se los llevó el tiempo. Estará alojado en algún lugar de nuestra memoria. Eso, que es el karma del teatro, es también su supervivencia. Su supervivencia y  su pervivencia. Forzando un poco la idea, el cine es como recordar filmando antes de que se produzca el olvido, antes de que el olvido lo arrase todo. Es la materialidad de congelar el tiempo,  dejarlo inmóvil.

Se trata de cómo te apropiás de esa vida, de ese relato, de ese mundo, de ese lugar,  y de qué manera esa apropiación termina devolviéndote -como el poema ese de Borges, maravilloso- cómo se descubre uno en eso, qué hay de uno en eso…

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CORTEN

La charla termina. En su transcurso, nos olvidamos del lugar y, también, de que no éramos los únicos  ahí. Sergio se va. Antes, nos pregunta si sabemos cómo llegar hasta Boedo. En mi memoria resuena el eco de un enfrentamiento: Florida y Boedo. Solo basta reemplazar el primero por Borges, una de las figuras determinantes de ese grupo. Le recomendamos un taxi. La ciudad parece seguir dividida entre el norte y el sur.

Nosotras nos quedamos un rato, mientras levantamos nuestros papeles y comentamos la entrevista. Cuando estamos por salir, se nos acerca un hombre que, nos enteramos en ese momento, había compartido nuestra charla.

– Disculpen, pero, me muero de curiosidad ¿Quién era?

Un director de cine.

Un loco.

¿Un poeta?

 




CONVERSACIÓN CON MARÍA NEGRONI, LA NIÑA (PARTE I)

Viaje alrededor de un punto: Conversación con María Negroni

Entrevista: Víctor Dupont, Federico Barea, Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira
Desgrabación: Federico Barea
Edición: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira
Fotografía: Santiago Resnik

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LA NIÑA

(PARTE I)

                            “Algo nos empuja sin pausa, nos tiende un puente que es también muralla”

                            “Hace falta mucha infancia”

        

Cuando ella llegó, veníamos de un viaje largo, lento e intenso. De tanto jugar con citas, habíamos logrado tender algunos puentes. De libro a libro, de María Negroni, se desplegaban pistas de autitos, muñecas de trenzas largas, sueños de santas, anunciaciones de ausencias, cajitas llenas de miniaturas. Desperfectos. Juguetes rotos. Voluptuosos pedacitos de fugas, amores feroces, trozos “de alfabetos llenos de dudas”. Fisuras. Plegarias. Un boleto de calesita. Un poema.

De tanto en tanto, los puentes se nos quebraban. Increíblemente, lográbamos rearmarlos con vacíos, silencios, faltas. “(…) pensar es adivinar. (…) lo importante, ahora, es cuidar el vacío (ninguna pasión, ningún plan de viaje, ningún apego a una cosa concreta), mezclar lo ruin, lo erótico, lo culto y hallar una forma que estribe en la ausencia de forma. ¿Será posible?

Inmediatamente, María ofreció sus ojos al juego. María Negroni llegó con mucha mirada. La jugaba alrededor de la mesa, como quien intenta conocer al resto de los jugadores, pasándoles las fichas, las cartas, las cifras. Había, en la mirada, un recorte de tarde de domingo en Buenos Aires,  un reclamo para que abrieran los gimnasios y las bibliotecas, para que la ciudad se desperezara por fin de su calma chicha, de su modorra de fin de semana, y se pusiera a ritmo de juego.

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Es preciso encapsular el secreto, rodearlo de silencio, cristalizarlo en un relicario. Es preciso también que el relámpago (…) invente su mansión privada, íntima, donde el objeto hallado reverbere en su propia red de constelaciones. “

LA INFANCIA DEL VACÍO

La idea es ir tirando un poquito los temas y ver cómo podemos conversar  sobre  el  “Viaje alrededor de un punto”.  El primer asunto que nos pareció relevante,  en la lectura de tus libros, es la importancia del fragmento, el trozo, lo que falta, lo inepto. Esa presencia de una exaltación de la falla, de la carencia que, paradójicamente, da la posibilidad de acceder al todo. Y ahí está la posibilidad de vincular tus temas al nuestro, podríamos decir en este caso “viaje alrededor de una miniatura”, o “viaje alrededor de un pedazo de algo”, poesía.

Sí, también podríamos hablar de viaje alrededor del vacío, ¿no? Es otra manera de decirlo, que como dije alguna vez es algo lleno. No sé, se me ocurre decir que, por suerte, hay una grieta entre el mundo y el lenguaje. O sea, el lenguaje no alcanza. El significante siempre es menor a lo que puede referir. Entonces, digamos, en la falla o imposibilidad de abarcar, se abre una grieta, que no se puede llenar, nunca. Por un lado, entonces, hay un fracaso en la tentativa de nombrar. Pero, por otro, se  puede ver de una manera positiva, porque esa insatisfacción vuelve a relanzar el deseo, que es lo que lleva a querer decir. Yo lo vería  como una especie de fracaso, no sé si decir eficaz o feliz, ¿no? Pienso en Sísifo, yo veo la figura del poeta como Sísifo,  alguien que arrastra la piedra, llega y- en el momento en que la deposita- se le vuelve a caer. Por eso no existe en realidad, para mí, la figura del poeta. Poeta se es solamente en el momento en el que estás subiendo la piedra. Ni antes de subirla, ni cuando se te cayó. Ahí estás en el desierto. Ahora, la cuestión del fragmento y los trozos, eso no sé muy bien cómo podría explicarlo. Me parece, a ver, que todas las obras de arte, todas crean miniaturas de mundos. Los poemas son microcosmos. Como decía Baudelaire, el poema es  un sueño de piedra. De piedra, quiere decir que puede ser bellísimo, horrible, espantoso, lo que fuere, pero de piedra. Hay una tensión ahí entre el arte y la vida. Pero crear ese tipo de mundos autónomos nos da una ilusión de control, nos permite huir por un momento, de la fugacidad, de lo efímero de la existencia.

Pero, la experiencia, la no cotidiana, la que no está sometida al cambio permanente, es el punto hacia el cual el poema fuga, aunque  hay  una relación ambigua con la cotidianeidad.

Claro, por supuesto, como decía Gelman: El poema es la ceniza que cae del pucho, el pucho siendo la vida ¿no? O sea, sí, obviamente que esa tensión está; sin ese magma no hay arte tampoco.

¿Hay  una diferencia entre experiencia y experiencia poética, o la experiencia poética sería como una experiencia en sí misma?

Es una pregunta muy difícil. Yo creo que hay una tensión entre estos dos tipos de experiencia. La experiencia poética, que es parte de la vida, es una clase de experiencia. Pero yo creo que no es lo mismo escribir que vivir.

¿Qué se entendería por experiencia? “En ese espacio, a salvo del contacto con la experiencia, algo maxiimiza las posibilida de ver” En este sentido, me parece que la experiencia a veces es vista, en tu obra, no sé si como algo negativo, pero sí como algo que obstaculiza, cuando uno está metido ahí adentro, el contacto con alguna otra cosa.

No, me parece que, la experiencia no es negativa. La experiencia es parte de… Sin la experiencia no hay nada. O sea, la experiencia es lo que tenemos que atravesar todos. La experiencia es el viaje. No hay poema, ni literatura, ni arte, sin la vida. Yo no estoy oponiendo por un lado la experiencia y por otro lado la escritura .Eso sería una falsa dicotomía. Ahora bien, como decía Clarice Lispector escribir es horrible, es dificilísimo.

Claro, una tensión pero no de opuestos.

No de opuestos, no. No podría existir la poesía si no hubiera la experiencia. Ahora, de ahí a creer que la poesía puede “salvar” (ente comillas), que puedo, como decía Pizarnik, escribir el cuerpo del poema con mi cuerpo…. Un flujo hay,sí, pero como se probó en el caso de ella, no logró fundirse en el poema, no lo pudo hacer, aunque era su deseo..También los surrealistas, intentaron borrar las fronteras entre el arte y la vida, sin lograrlo. No soy muy optimista en este tema.

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ANUNCIAR LA CRIATURA                     

                                                                             “La realidad es un ansia infinita”

¿Habría algo de esas tensiones en “La anunciación”? Me refiero al planteo de la acción revolucionaria y, en cierto sentido, de la imposibilidad de la acción revolucionaria del poema   

Sí, la Anunciación es como una especie de tsunami de tensiones. Si te fijas, todo está ya en la dedicatoria del libro (A “Humboldt” que acaso sigue vivo en las palabras no escritas). Plasmar el poema sería una especie de escritura del adiós. Uno se despide, de cierta manera, expulsa esa experiencia que vivió, la transforma en otra cosa. A su vez, esa experiencia te expulsa, porque todo lo que está ahí ya no te pertenece .El libro es una especie de ente, de criatura, si querés.

Te iba a preguntar por eso de quedar afuera, eso quizás tiene que ver con un tipo de vacío, una relación con el vacío que vos mencionás una y otra vez, acá y en “El sueño de Úrsula”.

Sí, bueno, antes de pasar a Úrsula, quería decir.., otra cosa. La cuestión de la relación entre la escritura y la realidad, en especial la política. La posibilidad de actuar sobre la política

En “La anunciación” hay un momento en que se dice algo así: “no me gustan las palabras grandilocuentes, ni las palabras solemnes”. ¿Cómo ves la relación entre literatura y política?

Depende de si mirás la literatura como una cosa utilitaria. La literatura no es utilitaria,  tiene que ver con otra cosa, con una especie de búsqueda que se hace a través del lenguaje. El lenguaje es un medio y lo que hace, es una cosa mucho más sutil. La escritura desmonta las maneras convencionales de mirar la realidad, la desmonta, la desarma. Entonces, echa por tierra cualquier posibilidad de pensamiento autoritario, sin fisuras. Y, cuando digo autoritario, no me refiero solamente al discurso político, sino a cualquier discurso porque todo es político, todo, el discurso íntimo también lo es. por supuesto.. El discurso que dice “esto es así”, asertivo, es autoritario. Venga de donde venga. Por eso, el poeta en general, o la poesía, nunca tiene un lugar. Hay casos extraordinarias… el de los poetas románticos alemanes, por ejemplo, que son revolucionarios mientras dura el camino a la revolución. Que tiene que ver con el cambio, con el desmontar. Y cuando el poder se instala, se quedan afuera. Inevitablemente. Claro. Y después está la cuestión de lo que vos decías, Fede, de los discursos claramente políticos. Yo creo que son aquellos discursos válidos en la medida en que provienen de algún ser, de un poeta que esté atravesado por la necesidad de ese discurso. Gelman es un caso, por ejemplo, pero hay muchísimos más.. Yo no creo en aquellos que  dicen “ah, voy a escribir un poema político” sino en los que no pueden no escribirlo.

Claro, del mismo modo en que por ahí un enamorado no puede no escribir en relación a esa pasión amorosa. Porque hay una absoluta necesidad.

Absolutamente. No es que uno decide voy a escribir un poema de amor. Si no siento nada por nadie, no va a funcionar. O cuando la gente te dice “Ah, tengo una historia buenísima, te la cuento, vos escribíla” Claro, es imposible. (Risas)

 

ÚRSULA: JUEGOS DE LA MEMORIA

                                                               Si no deja de tocarme –pienso–, abrirá en mí una distancia, un abismo presuntuoso (como el que aparta a una piedra de sí misma). Acabaré tratando de robarle una forma, de inventar un sentido, de decir lo que no debe decirse –bajo ningún pretexto– en palabras. Me perderé.”

El sueño de Úrsula, de Carpaccio, intervenido
El sueño de Úrsula, de Carpaccio, intervenido

 

Quería volver con Úrsula

Sí, volvé.

“El viaje desconcierta, destruye, purifica, en espera del desconocimiento mayor. La revelación de lo que fuimos antes de la memoria”

Bueno eso tiene que ver con lo real con mayúsculas. Es decir, con lo insondable de la existencia. Lo que esta antes de la memoria, incluso antes de haber nacido, antes de estar en este mundo. No me acuerdo cómo es la frase pero la idea es que el  viaje, la vida, con suerte, va purificando. Purifica en el sentido de que va dejando capas, va entendiendo, va complejizando las preguntas que se hace. Desconcierta, purifica y permite volver a eso que existía antes de la memoria. No la memoria que tiene que ver con la vida chiquita, con el pequeño yo, con esto que somos en este momento. Me parece que hay una cosa mucho más grande, ¿no? Que estuvo, está y estará. Y la relación de eso con lo innombrable…Si logramos entender algo, tal vez podamos volver a eso que está antes de la memoria, antes de nuestro nacimiento histórico.

Hablabas, en algún lugar, no recuerdo en cuál de una profecía retrospectiva.

Ah, sí. De la escritura. Esto me pasó. Comprobar  que la escritura  más rápido que yo. Por lo menos, que yo. Entonces, escribo cosas y no sé exactamente qué estoy diciendo. Y muchas veces se  me ha probado, como hacia atrás, que yo sabía algo sin saberlo.

¿Tiene que ver, acaso, con eso que vos llamás epistemología de la ignorancia o de no saber?

Mmmm… no, no tiene que ver con eso. Aunque la idea de que la poesía es una epistemología del no saber me interesa. No como una ciencia del conocimiento sino como la ciencia de ir hacia la ignorancia. Y otra vez la misma idea: desmontar, desarmar…  volver. Volver a lo que no sabemos. Una de las cosas sobre las que yo insisto en mis talleres de escritura es que, en realidad, se escribe desde lo que uno no sabe, no de lo que sabe.

Se saben después. Muchos empiezan a escribir creyendo que los mueve  un argumento o una imagen. Y menos mal, porque eso alivia. Si partís de que vas a buscar lo que no sabés,

Pero es eso, la verdad es eso. Toma un tiempo, pero hay que decirlo, ¿no?

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JUEGOS DE NIÑA ALQUIMISTA: DE IMANES, ATRACTORES Y COAGULANTES.

                               “Prestar mucha atención (la vida es una tarea ardua y maravillosa). Y no olvidar que el lenguaje es uno de nuestros dones más paradójicos, porque eso mismo que nos limita a veces como una jaula puede, a condición de que se lo haga bailar y sufrir y emocionarse, revelar por un instante, efímero y eterno, lo que no puede decirse. Nada más importa. La poesía es una lucha contra las palabras y su fracaso es espléndido.” 

 

Bueno, en ese sentido, en esas imágenes -disparadores. Por ejemplo, en “El sonido y la furia”, de Faulkner. Él escribe a partir de la imagen de una nena, de las bragas de una nena subida a una escalera, mientras recolecta una manzana;  o en el poema de William Carlos Williams, del carro de manzanas. A fin de cuentas yo no sé si es antes el poema o la imagen… O como vos hacés en “Elegía a Joseph Cornell”,justamente. Lady Godiva en miniatura, la niña esa del caballo blanco, con el pelo largo,  vos decís que es una imagen que, de alguna forma, cuando la ves, sentís que precede y antecede. Que está también, no sé, como que ya existía en tu imaginario y, cuando la viste, fue “tac”, como un coagulante.

Claro, sí, hay mucho de eso.

Pero hay una consciencia muy clara cuando se repite, aunque no se repita igual, cuando esa coagulación sucede. Después, ya el traslado al papel es otra cosa.

Pero, a ver. Sí, vamos a tomar el caso de “Cornell”, que es muy interesante en cuanto a su gestación. En realidad, en uno de mis viajes a Buenos Aires, yo me reuní con un galerista, Jorge Mara, que tenía un proyecto de armar una colección… que nunca se hizo, no existió… Pero mi libro sí. Como me lo propuso, yo lo hice. El me había dicho: “voy a invitar a distintos escritores para que elijan una imagen,”. Creo que Edgardo Cozarinsky, también invitado, eligió una fotografía de su abuela. Elegías una imagen y, a partir de eso, había que escribir algo, un ensayo. Entonces yo dije: “bueno, voy a pensar” y me  fui. Eso era, no sé qué año, pero ponele 2010, más o menos. Entonces, ahí se me ocurrió, porque a mí Cornell  siempre me fascinó. Dije, primero, voy a trabajar sobre una caja. Y le escribo a este hombre y me dice “fantástico”. Bueno, entonces, yo empecé. Y ahí digo ¿y si en vez de escribir sobre una caja escribo sobre un fotograma de uno de sus films? Porque el cine de él es menos conocido que las cajas. Entonces volví a ver las películas, entre ellas una que se llama “La trilogía de los niños” y me fasciné de nuevo. Pero no es que yo primero tenía la imagen. De hecho lo primero que escribí fue un párrafo sobre la caída de las torres gemelas porque el día que me senté a escribir era el 11 de septiembre del 2011, o sea 10 años después de la caída de Las Torres. Entonces, hice un dibujito de las torres (lo tengo ahí)  con los cuerpos cayendo. Y empecé como si fuera un diario. Y me fui al cine. Ahí vi la imagen. ¿Entienden lo que digo? No es que empecé con la imagen… Termino el libro, vengo a Buenos Aires y se lo doy a Mara. Entonces él lo lee y me dice “Ay, María, muy hermoso esto, pero es un libro de poesía, no es un ensayo¨. Decidí entonces buscar otro editor. Y así fue.

En alguna entrevista, ya no sé dónde,  hablabas  del atractor; que cuando uno está escribiendo todo sirve. Uno está  capturado por ese imán y después todo empieza a encajar. A girar alrededor del punto.

Es verdad. Sí, es como una cosa magnética. El asunto es llegar a la captura primero, después todo empieza a girar en torno a ese punto como si hubiera un imán.

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LA NIÑA ABRE LA PUERTA PARA IR A LA FIESTA MARAVILLOSA

                                               “El arte –pareciera sugerir Cornell- siempre lee un libro interior que habla de la ciudad del alma. En esa ciudad hay cosas de lo más curiosas: magias de circo, fiestas de Halloween, travesuras, parques cubiertos de nieve, palomas sobre estatuas ecuestres, y hasta bustos de Mozart que observan todo desde una vidriera en Mulbery Street. Hay también, en ciertas conjunciones o geografías temporales, una luz secreta que hace coincidir la maravilla con el laberinto que la esconde. Entonces el libro se cierra, la ciudad sueña, el centro desaparece. Queda el mundo, esa visión inasible, aterradora, magnífica.“

Y también salir.

Y también salir. Salir es más fácil

¿Sí? Porque, ¿cómo se termina un libro? ¿Cómo lo cortas? Cornell podría haber seguido….

Podría, pero uno tiene la sensación de que ya está. Incluso lo podés seguir, pero es como si fuera la resaca de un río.

Como si el “atractor” caducara después…

Claro, sí. Se termina. Los libros se terminan, me parece. El final se impone.

Y por ejemplo, con un trabajo apabullante como el ensayo. En tu caso con Alejandra Pizarnik, cuando tenés tanto caudal de información más la obra completa, ¿cómo hacer el recorte?

Bueno, Fede, a vos te pasó con Cortázar Y a mí con Pizarnik. Uno entra en el mundo de ese escritor y llega un momento en que se harta.

Ah, claro. Y ahí salís.

Ahí salís por hartazgo.

Tal cual. No quise decirlo yo, lo ha dicho él.

¿Cómo logras ver que es hasta ahí?

También en la vida pasa; por ejemplo, viví en Nueva York muchos años. Me pasé 10 años absolutamente enamorada de esa ciudad .Me  costó un matrimonio, porque el que era mi marido en ese momento se quería ir desde el día uno. Y a mí no me sacabas, era como si hubiera llegado a la fiesta más maravillosa. No quise saber nada. Y yo tenía algunos argumentos de por qué teníamos que quedarnos y los peleé. Hasta que él después, como a los 10 años, me dijo “basta”.  Y se volvió. Pero quiero decir…  yo me quedé diez años más. Y después de esos 10 años, dije, “ya está”. Y lo volvería a hacer todo exactamente igual. Todo, desde el primer momento, todo. Incluido el sufrimiento amoroso.

Es como una filigrana. Cuando una etapa de la vida o un libro terminan, hay una especie de “filigranita” que uno puede seguir, ¿no?, algo que permanece más allá.

Es cierto. Pero eso se va. Se va (es una metáfora un poco extraña), como un virus, a ver, vos te enfermaste, te curas, pero te quedó un pequeño virus que, digamos, muta. Entonces, eso vuelve a encontrar una forma y hacés otro libro, pero vinculado al anterior. O sea, se va uniendo, aunque vos no lo quieras. Es como “a pesar de…”. Toda obra es una unidad. Nadie se escapa de las obsesiones que tiene, entonces las explora de distintas maneras,  incluso, desde distintos géneros.

Cambian los atractores.

Claro, pero el núcleo es el mismo. Ahí habría una pregunta, para la que no tengo respuesta. Y es, ¿cuándo se agotan esas obsesiones?

La poética es un poco lo que se sostiene.

Claro, pero lo que quiero decir es que por ahí podría llegar un momento en el que uno se transformara, como Sánchez. Digo, el de Néstor Sánchez es un caso como el de Rimbaud,los dos se van, se van de la escritura.

No hay más poema, no hay más escritura.

No. Ya está.

 

JUEGOS DE ALTO RIESGO

                                               “La verdad dibuja una red”

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El sueño de Úrsula, de Carpaccio, intervenido

 

                                              

No había leído “El sueño de Úrsula”. Lo empecé para descansar un poco de la lectura de poesía. Y encontré ahí tanto de eso de lo que quería descansar. Y empecé a escribir poesía de nuevo, yo misma. Y te lo agradezco. Pero ahí me encontré con Pinnosa…

Pinnosa (Spinoza), en la novela.

¿Alguna casualidad?

Alguna casualidad. Y decía acá una frase “cualquier cosa que hagas estará bien, no en el sentido de la perfección claro, sino bien como está bien vivir. No existe un sitio único en la cabeza de las cosas, existe sólo en nuestro vagar confuso y ciego hacia la luz. La verdad dibuja una red…” Bueno, ese dibujo de la verdad, esa filigrana de la que estábamos hablando, ¿no?, es una verdad que se vincula con todo lo otro. Digo, con lo innombrable, con el vacío, con la nada. Acá es como que me había coagulado en la lectura, toda tu obra. En esta frase. En esa frasea del dibujo de la verdad.

Bueno. Y además está eso otro, también, ahora que lo leíste, pensaba que ahí también se dibuja una red… y la red atrapa. Se penetra. Porque la imagen que tengo es que esa red se atraviesa. Es como que ahí está todo, incluso la verdad, Por eso Pinnosa dice: Penetrala. Metete adentro y si puedes, pasa al otro lado.

¿Y si no podés?

Y si no podés, bueno. Pero por lo menos la penetraste. Hiciste el intento.

Riesgos

Sí, claro.

 

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PINNOSA SU GRADO DE POTENCIA

 

“Mi nombre le llegó como al invitación a un naufragio”

 

Es muy lindo lo que decís de Spinoza. Porque ese es el personaje más sabio en la novela. Pinnosa, como la maestra espiritual.

Y que la saca de quicio también.

Sí, claro, claro.

Tanto afirmar la vida…

Sí, es como una monja. Es como Spinoza. Pero vos sabés que esos nombres son los nombres reales en la leyenda. Porque la leyenda está escrita.

Ah, qué casualidad.

En la realidad, las vírgenes que acompañaban a Úrsula se llamaban así: Saulae, Cordula, Pinnosa, etc.

Nombre judío le toco a esta Virgen.

Y sí, esos eran los nombres que tenían. Ese sí que fue un viaje,  Úrsula para mí fue un verdadero viaje.

 ¿Y en cuanto a los lectores? Porque hay mucho trabajo en el lenguaje, muy de la poesía. La frase quebrada, la aproximación a la metáfora. Que requiere una exigencia, no la del lector común.

Bueno, pero de eso no me puedo preocupar yo…

No, no.

Si me preocupo por eso, no escribo.

.

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UN ÁNGEL CON UNA PLUMA

“toda navegación instaura/el río que la lleva”

Bueno, yo había escrito el libro anterior, “El viaje de la noche”. Y ahí, cuando estaba escribiendo ese libro hice un viaje a Venecia. Entonces, en la Academia de Venecia, descubrí el ciclo de Úrsula pintado por Carpaccio, donde está esa imagen que figura en la tapa del libro.Un detalle. Pero en el cuadro grande, que es enorme, como todo este espacio… aparece por la puerta una especie de cono de luz y un ángel con una pluma para escribir en la mano. Como si fuera una anunciación de la escritura. Y ella está así, dormida y tiene esa borla que dice: “infantia”. Es como la nena de “Cornell”. Entonces, por supuesto, salí del museo y me compré la postal. Y me la traje. Mientras terminaba el otro libro averiguo quién era esta Úrsula. Porque el cuadro se llamaba “El sueño de Úrsula”. Ahí comenzó un viaje de investigación, donde descubro que es una leyenda, la leyenda aurea que escribió Voragine en el Medioevo.   

Lo interesante es que en un primer momento decidí titular  a mi libro de sueños,  “El sueño de Úrsula¨. Pero justo el día en que estaba terminando de preparar el manuscrito para el editor, dejo a mi familia comiendo y me voy a escribir un mini prólogo para explicar cómo se conecta Ursula con los sueños.

Claro, “ustedes coman”.

Tal cual, me voy al escritorio y escribo dos párrafos. Cuento quién era Úrsula. Y ahí pienso: un momento. Yo no puedo regalar… esta  historia maravillosa. Tengo que escribir algo con esto. Aparte, viste que está todo el tema de la independencia, la autonomía de la mujer versus el amor, el viaje, todo eso… Entonces, volví a la cena familiar, frustrada, porque, dije: ahora tengo un libro sin título y un título sin libro.

Claro, no querías ni lavar los platos.(Risas)

Exacto… Entonces, presenté un proyecto a la Beca Guggenheim proponiendo escribir un poema sinfónico, a voces. Ese era el proyecto original. Una especie de poema polifónico con cada una de las vírgenes diciendo algo. Pero se me fue de las manos. Entonces, lo terminé y lo mandé al Premio Planeta. ¿Se acuerdan de eso?

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 DE POLIFONÍAS Y CONCURSOS

No hay, me dije, para un artista, más deber que evitar lo unívoco y recordar que lo bello es una especie dentro de lo raro.”

Ese fue el año que lo ganó Piglia con “Plata quemada”. Yo quedé segunda y tercero salió Pablo De Santis. En el jurado había varias personas; estaba Roa Bastos, Tomás Eloy Martínez, Mario Benedetti y María Esther de Miguel. Me dieron el segundo premio. Yo no me lo esperaba. Yo no soy novelista, en primer lugar.  Estaba feliz de la vida. Después me entero por Eloy Martínez, que: hubo una discusión a muerte con mi libro. Me cuenta que Benedetti dijo que no había podido pasar de la página cincuenta”

(Risas)Y que Roa Bastos le  contestó: “Pero Benedetti, sus problemas de lectura no pueden determinar si un libro vale la pena o no.”

Bueno, con lo cual, se inclinó la balanza. Y así salió. Ahora, entonces, como ganó ese premio que fue medio escandaloso porque coincidió con todo ese quilombo, el libro tuvo lectores. Se hizo una segunda edición y la verdad es que todas las devoluciones que tuve fueron muy hermosas.

Es una apuesta  polifónica.  Hay que llevar tantas primeras, todas juntas. En poesía uno lo imagina todavía más sencillo.  Pero en un texto de prosa…

Fue muy lindo escribirlo porque ese viaje me permitió compenetrarme en ese mundo, totalmente y en la vida de esas mujeres.

¿Cuánto tiempo tardaste para escribir eso?

No me acuerdo, pero fue mucho. Sí, sí. Hice el viaje, a Alemania con la beca Guggenheim. Maravilloso. Remonté el Rhin y llegué como las vírgenes a Roma.

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* Ilustraciones de Henry Darger “Niñas”

 




CONVERSACIÓN CON MARÍA NEGRONI, LA NIÑA (PARTE II)

Viaje alrededor de un punto: Conversación con María Negroni

Entrevista: Víctor Dupont, Federico Barea, Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira
Desgrabación: Federico Barea
Edición: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira
Fotografía: Santiago Resnik

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LA NIÑA (PARTE II)

                   “A lo mejor la belleza no es más que  una inminencia, una tristeza que no cuaja en nada. Y por eso deslumbra como el fracaso”

 

 

 EL PLENO JUEGO DEL CAOS Y LA NOCHE

“La primera vez que morí fue sin testigos: el ángel con el que peleaba era yo misma. (…)  sin saber que las fronteras no existen y toda fuga es ilusoria. (…) La próxima vez te desertaré sobre la boca.”

Pensaba en la insubordinación y en lo femenino. Y  en la posibilidad de salir de esa red, ¿no?, de no subordinarse ni siquiera a la red. Y esto estaría del lado de lo femenino más allá de que sea mujer o varón.

La verdad es que me he pasado la vida pensando en este tipo de cosas. Me parece que no es fácil. No es fácil escribir (punto). Y no es fácil para una mujer. Pero tiene que ver más bien con cuestiones de recepción de la obra, con cómo se “recepciona” la obra de la mujer. Y también tiene que ver con lo del famoso cuarto propio, todo eso… que todas las mujeres que nos precedieron en la escritura conocieron muy bien. Bueno, ese es un nivel. Pero después ya hay otro nivel. Que es, yo pienso, no sé si me equivoco, pero yo pienso que lo que escribe es siempre lo femenino. En los hombres también. Eso es más allá de los géneros (masculino y femenino). Lo femenino, que es en realidad lo oscuro, la noche, lo insubordinado, el cuerpo, el deseo, la sexualidad, eso es lo que escribe siempre. Por definición.

Me gustó.

Gracias.

Está muy bien, está muy bien. Claro.

(Quedamos pensando) 

 
ENTREVISTADORES NIÑOS Qué lindos son los silencios en las charlas. Qué bueno cuando decir no es un imperativo. Cuando se puede bajar la mirada, perderla y suspender las palabras sin dejar de pensar Qué lindo es esquivar lo imperioso, extenderse en el tiempo, dilatar, rodear la falta como a un tesoro. Viaje alrededor de un punto. El hombre al momento que se sienta a escribir tiene que entrar en contacto con esa parte suya que yo llamo lo femenino, como principio.

 Que está vinculado con el juego, con la capacidad…

También, claro. Es todo lo que no es racional, diurno, ordenado; es caos, el juego del caos.

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EL POEMA CONTINÚA A LA NIÑA, LA NIÑA CONTINÚA AL POEMA

                                                                              ¿hay quien des-haga/

        ojitos para abajo /

                   como huyendo?

 

 

Y  la infancia…

Claro, la infancia. El arte, la poesía siempre pensé es la continuación de la infancia por otros medios. En algún lado, lo dije… la escritura es eso, como volver a jugar. En realidad estás jugando con el lenguaje.

Con una buena dosis de inmadurez.

O como decía Schulz “madurar hacia la infancia”. Eso es muy profundo.

Claro, yo lo pensaba en relación a la profecía retrospectiva. Me había quedado pensando antes cuando vos lo decías y hacías como los movimientos con las manos, sobre la mesa. Cuando tengo un punto y giro alrededor de él, hay distintas formas en las que puedo girar: en espiral, o dentro de la red, o puedo volver al punto. Hay más  énfasis en el movimiento que en el llegar. 

Llegar no existe. La quietud no existe. No es que uno este en el centro. Tampoco se aleja en la espiral. La espiral hace esto… no te alejás. La espiral siempre vuelve, un poquito más arriba, o más abajo. Pero el círculo es siempre es el mismo, va girando siempre…

No como los espirales de los mosquitos.

(Risas)Claro. Vuelve a pasar siempre por el mismo lugar sólo que un poquito más arriba o más abajo.

Es como un remolino.

Algo así..

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FUGAS Y ESPIRALES

 

Tampoco yo pierdo la calma/ (huye el tiempo/por el labio/ de una magnolia)”

 

Una vez, en una clase hiciste un dibujo de una espiral para ilustrar los ensayos de Paz y los de Borges, ¿no?

No. A ver ¿tienen un lápiz?

No me puedo acordar…Sí, yo había dicho… Mal alumno.

Sí, mal alumno, no se acuerda. Aunque mis dibujos son muy malos. Pero lo que estaba diciendo es: (dibuja en una hoja de cuaderno escolar, ”Gloria”, tapa blanda) esto es Paz y esto es Borges Paz tiene una forma de pensar donde él parte de un punto, argumenta hacia un lado y hacia el otro. Después te dice “no, esto en realidad se puede pensar de otro modo. Y después “no, pero esto en realidad es así y esto así” (etc…) Entonces cuando termina el ensayo de Octavio Paz, el pasó por distintas ideas, cuestionó, fue, vino, pero termina como que algo se vuelve a cerrar. Y yo decía que el ensayo de Borges es así: O sea, que no hay… no lo podés como cerrar.

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Ocatvio Paz y Borges

 

No hay cierre.

No hay cierre. Bueno, ¿esto a qué venía?

A la espiral…

Ah, no lo que decía es que… Sí, no es una espiral tampoco. Lo de Borges no es una espiral. Es una fuga. Se fue. Te deja ahí colgando.

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 UNA SEGUNDA INFANCIA

¿se puede aún / cuerdaflojar / el tiempo?

                              

Lo de la infancia igual me remite a la idea de que la diferencia es que  no hay como una consciencia. Para mí, supongo, porque en la infancia uno vive o  está viviendo, pero  no se ve, no sabe. Porque te meten en un colegio, te mandan a una colonia…

¿No sería que planteas el viaje como una segunda infancia?

Sí, el viaje instaura, junto con el asombro, una suerte de segunda infancia. Luego, al escribir, comienza otra especie de viaje, más reflexivo. Viaje y reflexión al mismo tiempo. Esa es la gran paradoja, la gran contradicción . De algún modo, al sentarte a a escribir, el viaje ya paró. Hay otra experiencia, igual, de otro plano, de otra cosa, pero el viaje se corta. No podés ir y escribir al mismo tiempo. No sé cómo explicarlo mejor.

Bueno pero ahí empieza otro viaje.

Otro viaje. En tu memoria, un viaje para adentro. En cambio la infancia no… la infancia sería  como el viaje puro, diría, algo así.

Yo tuve una experiencia con Milena, con mi hija. Muy curiosa. Cuando ella era chiquita y le pasaba algo que consideraba importante, agarraba un cuaderno y se ponía a escribir con lo que ella llamaba la escritura de rulitosos. Eran sólo rulitos. Pero sólo cuando le había pasado algo importante. Por eso pensaba en lo que vos decís de la infancia, se trata de una infancia muy primordial, ¿no?

Uno no sabe, en realidad, la verdad es que no tenemos memoria de la infancia real. De lo que sentíamos.

Pero de alguna forma, tanto la deconstrucción del lenguaje – o sea, del aparato lingüístico-gramatical- como también  la sintaxis,  te puede llevar en un viaje interior hacia la infancia. Justamente, al momento previo a tener todo el aparato. Siempre el viaje es en contra.

 Claro…. Y lo importante sería agregar que no es un problema de tema. Porque, incluso si el tema parece ¨adulto¨, en realidad el poeta es siempre un niño que está jugando con el lenguaje. Es propio de esa audacia, ¿no? El mezclar y retorcer al lenguaje como a un trapo. Como un trapo

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CANTO Y OBSESIONES 

Se parte  sin entender  por qué. O, más bien, en su vagar inmóvil, de cautiverio en cautiverio, extraviado el rostro oscilante de la noche…                                                                

                ¿Cómo trabajás las distintas primeras?, ¿cómo se trabaja musicalmente ese tejido de las voces?  Hay muchas músicas, muchas entonaciones. ¿Cómo las obsesiones van proponiendo distintas músicas?

La respuesta está en la pregunta. Cada obsesión tiene su  música. Y uno, con suerte, puede identificarla. Lo mismo cuando se escribe un libro de poemas. Lo que une al libro no es ni el tema de los poemas, ni de qué se trata, ni… no sé. Lo único que hay es una música. Una música  como cortina,  más abajo de lo que se dice. Ahora, no sé cómo contestarte más allá de eso.

Está bien. Es una respuesta eso. No saber.

Sí, sí. Me parece que las obsesiones también están vinculadas entre sí. Entonces llevar así, a cada una con su música, es como tenerlas bastante controladas.

Por ejemplo: ¿determinada obsesión está ligada a la forma del poeta? O determinada serie de obsesiones están ligadas a la forma de la novela… o ¿no? ¿Todas mezcladas?

Esa es la parte donde entra el inconsciente. Un día por ahí te diste cuenta de que hay algo que se repite y que podés reconocerlo.

Claro …Si podés,odés, retrospectivamente, observar o registrar que a cierto tipo de obsesiones les corresponden algunas formas específicas?

No sé. La verdad que no sé, Pavese dice que si ésta es la obsesión(x), y ésta es la forma (y), cuando la obsesión encuentra la forma que le corresponde,  nace el libro. Y dice que  todo lo que se escribe de aquí hasta acá (segmento remarcado en negro) es… aproximativo… e imperfecto. Porque aun la obsesión no ha dado con su forma. Y todo lo que se escribe de aquí, para acá, (zona O) también es imperfecto. Al encontrar su forma, la obsesión empieza a morir. Esto tiene que ver con lo que hablamos del final del libro. Entonces él dice: hay que saber identificar ese momento para saber cuándo hay que parar.

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El oficio del poeta, de Pavese

 

Entonces uno empieza a hacer esto… A tratar de encontrar forma para tu obsesión y, a veces, cuando la encontrás, te decís: es esto, quiero hacer esto así. Como cuando yo contaba lo de “Cornell”,  llegó un momento en que vi la forma; después, no al comienzo. Al principio hice los edificios esos cayéndose y después, recién cuando vi la nena, pensé: Voy a usar este motivo como eje y voy a hacer girar todo a su alrededor..

 

UNA ÉPICA DE MUJER

                                                               Nadie sabe/que sabe un cuerpo/a la hora de perderse”

 

 

La cuestión del género es difícil también, aquello que impacta ¿dónde terminará? Se necesitará una novela, se necesitará

Pero eso yo no lo pienso así. Porque no me interesan los géneros. A mí,  cuando leo un libro, me gusta o no me gusta. No es un problema de si es una novela…

Pero en cuanto a la extensión, de golpe Úrsula es un planteo…

Bueno, pero es porque había mucho para decir ahí.

Con otro aliento, soplando de otra manera.

 Además te voy a decir otra cosa que nunca he dicho,  “Úrsula” viene hablando de la escritura de la mujer. Había escrito “Islandia” antes, una reescritura de las sagas islandesas. La épica, como todos saben bien, es masculina. El héroe, el viajero es un hombre. La épica, además, es un género fundamental, fue el género fundacional, tiene que ver con los orígenes.Allí se plantean cuatro o cinco cuestiones cruciales: el coraje, la muerte, la vida, el amor. Entonces, una de las cosas que a mí me preocupaban era, ¿Por qué no hay épicas femeninas? La única épica, pseudo-épica, que conozco, es una de la poeta norteamericana H. D., novia de Ezra  Pound. Escribió un libro, “Helena en Egipto”. Es un libro de poemas. Muy hermoso,  yo lo  traduje. Pero no es una épica en un sentido estricto. Hay una protagonista, mujer, tiene cierta unidad el libro pero los poemas no alcanzan a constituir un relato épico. Entonces yo pensé: ¿cómo sería una épica de una mujer? Y eso es lo que intenté hacer. No sé por qué les estoy contando esto…

Por el tema de los géneros…

 Ah…, claro, entonces,  lo que yo  buscaba, era escribir una epopeya, sí, un viaje. Digamos, con una mujer protagonista. ¿Y cuáles serían los conflictos? Intenté, no sé si lo logré, enfrentarla  con esas preguntas fundamentales: el sentido de la existencia, del yo, la relación con la tierra,  con el origen, con la búsqueda de la verdad, con la muerte, el coraje, el amor.

 

La niña María se fue a jugar al cine. Nosotros nos subimos a un auto. Primero fue el silencio. Luego, la espiral, la deriva. Entonces, che, no le preguntamos lo de la ira y las pasiones tristes, ¿no? “Con cierta precaución, como si diera  a luz la enfermedad que la aquejaba. La lujuria de la ira, pensé”. No le preguntamos del naufragio tampoco, “todos los náufragos sucumben a la compulsión lingüística: se desviven por nombrar”, cómo nos olvidamos. Y tampoco “¿por qué la ausencia es voluptuosa?”.  Al final, estuvimos como dos horas y es como si no le hubiéramos preguntado nada, ¿no?

Silencio. Hermoso silencio.

De ninguna manera. Lo que no se dijo juega con lo dicho, mientras paladeamos el sabor de después. Seguimos alrededor del juego de la niña.

La quietud no existe.

Y María va.

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* Ilustraciones de Henry Darger “Niñas”

 




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Viaje alrededor de un punto:  Viaje alrededor de mi cuarto, de De Maistre a Borges.

Por Lourdes Landeira

Laberintos IV.   Aguafuerte
Mabel Rubli, “Laberintos IV”. Aguafuerte, aguatinta y acuarela

 

He visto, como el griego, las urbes de los hombres,

los trabajos, los días de varia luz, el hambre;

no corrijo los hechos, no falseo los nombres,

pero el voyage  que narro, es … autour de ma chambre.

 

La estrofa pertenece al poema “La Tierra” y su autor es el Carlos Argentino Daneri,  en “El Aleph”, de Jorge Luis Borges.  Allí el Borges narrador la elige, a pesar de considerarla tan mala como a otras de las muchas escritas por el primo hermano de Beatriz Viterbo, la muerta a cuya memoria se había consagrado. Sobre el último verso, dice el cuento: “el cuarto, francamente bilingüe, me asegura el apoyo incondicional de todo espíritu sensible a los desenfadados envites de la facecia”.

 

El viaje alrededor de mi cuarto, (voyage autour de ma chambre) escrito en 1794, por Xavier  de Maistre, es la facecia.  Se trata de un viaje sin más objeto que el de reparar en lo cotidiano,  descubrir el mundo, no con grandes epopeyas ni expediciones, sino con una mirada nueva sobre lo más cercano. De Maistre lo concibió durante los cuarenta y dos días de arresto domiciliario que sufrió en la primavera de 1790.

 

“Mi habitación está situada a cuarenta y cinco grados de latitud, según las medidas del padre Beccaria; su dirección es de levante a poniente, formando un largo cuadrado de treinta y seis pies de lado, que roza la muralla. Mi viaje contendrá sin embargo más; pues la atravesaré a menudo a lo largo y ancho, o bien en diagonal, sin seguir ni regla ni método alguno. Incluso haré zigzags  recorreré todas las líneas posibles en geometría si la necesidad así lo exige.”

 

Difícil saber cuántas de esas líneas serían posibles y necesarias, más difícil aun, intentar enumerarlas. Si bien ya la matemática se ocupó de demostrarlo: no todo lo que parece es. Y así se supo: los números infinitos tienen unas extrañas cualidades, entre ellas, la de que el todo no es necesariamente mayor que las partes. De esa manera, pensar el infinito sigue siendo complicado. Dónde situarse, adentro o afuera, de qué borde, hacia qué finitud. Pero la frontera hoy está demarcada por el viaje y en ella se coló la matemática. Por eso, para ir alojándonos, creo apropiado acercar al  matemático alemán David Hilbert (1862 – 1943), quien  ideó la paradoja del hotel más grande del mundo. Uno con infinitas habitaciones. Y para que la administración no se le complicara, puso como condición a sus infinitos huéspedes el estar dispuestos a mudarse de cuarto cada vez que se les requiriera. Así, cuando el hotel estaba completo y llegaba un nuevo invitado, sólo debía solicitar a todos los alojados  mudarse al número de habitación siguiente al que ocupaban en ese momento. De esa forma, la número uno siempre estaría disponible para el recién llegado.

 

Entonces, Borges vio el Aleph y supo que “el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito”.  Y escribió lo que vio en el “inconcebible universo” en finitas líneas precedidas de una advertencia.

 

“En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces, ninguno me asombró tanto como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré”.

 

Ese punto que todo lo contiene, ese núcleo de todas las partes no tiene circunferencia, no hay sucesión de puntos a su alrededor que lo bordeen.  Ya de Maistre se había confrontado con la cuestión de los límites durante su encierro forzado en su cuarto. Por eso, cuando lo liberaron de esa supuesta atadura escribió:

 

“Hoy es cuando ciertas personas, de que dependo, pretenden volverme a mi libertad, ¡como si me la hubiesen quitado! como si estuviese en su poder el arrebatármela un solo instante, e impedirme recorrer a mi albedrío el vasto espacio siempre abierto delante de mí. Ellos me han privado recorrer una ciudad, un punto; pero me han dejado el universo entero: la inmensidad y la eternidad están a mis órdenes. (…) ¿Es acaso para castigarme que se me había desterrado en mi cuarto?, ¿en esta comarca deliciosa, que encierra todos los bienes y todas las riquezas del mundo? Tanto valdría desterrar un ratón en un granero.”

 

Lejos de  un juego de encontrar las diferencias o las semejanzas, se impone pasar lista a las huellas de algunas de las afamadas obsesiones de Borges en el viaje de De Maistre. Hay un espacio creado, intervalos de siglos y de instantes; páginas impresas con letras, tinta fija sobre papel. Sin embargo, esa condición estanca no impide mover las palabras y formar textos nuevos, ir y venir de unos ojos a otros, de las manos que los pensaron y de su representación. Distancia tan cercana y abismal a la vez.

 

Ya dijo Borges que “la candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió” él notó, con dolor,  el cambio en los avisos de cigarrillos de las carteleras de Constitución. “Comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad”.

También de Maistre tiene un muerto entrañable en el viaje por su cuarto; no es una mujer, sino un amigo de cuya pérdida, dice, nunca se consolará, a pesar de que todo a su alrededor continúe andando.

Los árboles se cubren de hojas y entrelacen sus ramos; los pájaros cantan debajo de su ramaje; las moscas zumban entre las flores; todo respira el gozo y la vida en la estancia de la muerte”.

 

Seguramente, no es necesario abundar en citas para reconocer que si hablamos del doble, del laberinto, del espejo y del tiempo, tenemos que hablar de Borges y Borges tiene que hablar. Y sí, como es ya evidente a esta altura, también De Maistre dijo lo suyo en su viaje.

 

La habitación, a diferencia del sótano, ocupaba un lugar central de la casa y, además, tenía ventana al exterior. Sin embargo, a De Maistre no le interesó atravesarla ni considerar ese recorte al afuera. Por el contrario, eligió recorrer los cuadros  en las paredes para disertar sobre el mundo a través de sus pinturas. Su perspectiva está signada en su butaca o en su cama, “lecho que nos ve nacer y nos ve morir”; así, el desplazamiento entre épocas y lugares confluye en su mirada.

 

“Desde la expedición de los Argonautas hasta la asamblea de los Notables; desde el más hondo de los infiernos hasta la última estrella fija más allá de la vía láctea, hasta los confines del universo, hasta las puertas del caos, he ahí el vasto campo en que me paseo por lo largo y lo ancho, y todo con comodidad; porque el tiempo  no me falta más que el espacio”

 

Mientras la Beatriz de Borges era mujer y era niña y Carlos Argento podía ser, además, un loco: “basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados”, De Maistre confesó haber recibido “lecciones de filosofía y humanidad de su criado y de su perra” y elaboró su teoría del alma y de la bestia (“se percibe a simple vista que el hombre es doble”) hasta el punto de poner a conversar a sus dos criaturas heterogéneas.

 

“La agitación de la más noble parte mí mismo se comunicaba con la otra, y esta a su vez obraba poderosamente en mi alma. Había llegado enteramente a un estado difícil de describir, cuando en fin mi alma, sea por sagacidad, sea por casualidad, encontró la manera de librarse de las gasas que le sofocaban. Ignoro si halló una abertura, o si advirtió sencillamente levantarlas, lo que parece más natural; el hecho es que encontró la salida del laberinto.

 

            Pero, claro, ya lo sabemos por Borges; ni siquiera el Aleph es único: seguro hay o hubo otro y el del sótano de Daneri podría, incluso, haber sido falso. Ese en el que interminables ojos se buscaban en Borges – como si él hubiera sido un espejo – al tiempo en que  veía todos los espejos del planeta – sin reflejarse -. De Maistre, por su parte, luego de recorrer el mundo entre sus paredes, llegó al cuadro capaz de desmerecer, según sus palabras, aun a las obras inmortales de la Escuela de Italia; en él encontró a  “la naturaleza admirablemente copiada”. Hablaba, sí, de un espejo, como de una obra maestra,  aunque, agregó:

 

 “el amor propio introduce su prisma engañador entre nosotros y nuestra imagen y nos presenta una divinidad”

 

La distancia entre el 1790 – de uno – y el 1949 – del otro – podría pensarse como insalvable. Imposibles de acortar los kilómetros entre Buenos Aires y Saboya. O no. Quizás solo haga falta mirar desde algún cierto punto, acostados sobre el piso con la vista fija en el decimonono escalón del  sótano sin que la humildosa almohada se eleve ni siquiera un centímetro. ¿Acaso no sabemos ya lo relativo de nuestra mirada? Pero, claro, si tanto costó saber que la tierra no es el centro del universo y que los planetas no giran a su /nuestro  alrededor; si tanto trabajo dio abandonar el círculo perfecto para poder pensar la elipse, mucho más trabajoso – ¿o liberador? – debe ser pensar en infinitos universos paralelos coexistiéndonos.  O en este universo que se expande sin que lo percibamos, con galaxias (la nuestra – la via láctea – entre millones de otras) cada vez más lejos unas de otras. Que alguna vez estuvieron más cerca, ¿cuánto?  Todo, en ese minuto cero en el que comienza el tiempo, en ese minuto cero en el que concluirá. Mientras tanto, seguimos reinando en absoluta minoría frente a insectos y bacterias, sin decirlo en voz muy alta, para que las puertas de los cielos no se abran para expulsarnos como a Satanás.

 

Cuando las espaciosas y triples puertas de los infiernos se abrieron de repente delante de él de par a par, y la profunda hoya de la nada y de la noche pereció a sus pies con todo su horror, recorrió con ojo intrépido el sombrío imperio del caos; y sin vacilar, extendiendo sus vastas alas, que hubieran podido cubrir un ejército entero, se precipitó en el abismo.” (Xavier De Maistre)

 

(Jorge Luis Borges) “… vi la circulación de mi sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi el Aleph en la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.”

Lab y entrepuertas XIII web (2)
Carolina Diéguez,”Laberintos y entrepuertas XIII”. Fotograbado

Nota RelacionadaJOYA (alguna vez, taxi)

 

big bang

 




EN TRÁNSITO

Viaje alrededor de un punto: Sobre heterónimos, curas en el aire y extrañas matemáticas. Los “Aleph” de un viaje quieto

Por Lourdes Landeira

BATIME EL RECORD

Me gusta viajar. O, al menos, eso creo. Aunque no siempre implique desplazamiento físico o echar a andar la imaginación, el viaje no se lleva bien con la quietud. Implica, necesariamente, alguna forma de  movimiento – con o sin cuenta kilómetro – en líneas rectas, zigzagueantes, en círculos no siempre perfectos.  A veces hacia un punto fijo; otras, fijados en un punto o quizás sin puntos ni comas. Lo  cierto es que debe transformar.  Quizás allí se encuentre el  eje: en la transmutación o, al menos,  en su posibilidad. De ese viaje hablo, del que nos cambia de lugar, aun cuando no nos trasladamos; el viaje que supera el binomio quietud – movimiento.

El vértigo de una caída en parapente, la turbulencia del rafting de curso rápido; la pulverización de una flor ante la mirada, instantes adormecidos, cuerpos que retornan en ebullición.

Cierto es también que, para algunos, no hay vuelta. Como el caso del cura brasilero: él le puso carne a su afán;  de hacer el bien, dicen. Quería juntar dinero para los camioneros – ¿sabrán ellos qué es viajar? Tantas horas, tantas vidas, miradas atentas a las rutas, mercancías transportadas de origen a destino, sin sosiego. Luego de ese andar continuo, estáticos en el volante, ¿podrán ser otros fuera de la cabina? El cura, por ellos, encontró el modo de darle  forma a su intención de ayudar. Se propuso batir algún record de permanencia en el aire. Atado a mil globos de cumpleaños, se lanzó al todo y a la nada, provisto de un GPS que no sabía usar. Los vientos lo manipularon a su antojo y un remolcador encontró su cadáver tan lejos de donde había partido y tan igual a como salió. Más de dos meses después.

FIJATE CÓMO ES EL MUNDO, SI NO HAY REVÉS

En este  mundo que se pretende sin revés, la propiedad rige desde todos los puntos cardinales. Vayan cuatro lugares para referenciar la intrascendencia y dar batalla a la Rosa de los vientos. El preciado dinero es el premio a quienes logran ir más allá, llegar más lejos en algo, aunque más no sea coleccionar aspiradoras. Como es el caso del hombre británico que tiene 322, pero no le gusta limpiar. Con ellas, entró al famoso libro a plasmar su insignificancia.

Claro que “el libro de la insignificancia” es otra cosa y, en él, Kundera pasea su condición desde el célebre urinario de Stalin. ¿Será todo cuestión de perspectivas? Por supuesto que también es de otra índole el afán de coleccionar de Joseph Cornell,  quien al morir dejó en su sótano miles de cajas catalogadas con el material acopiado en años. Sobre las cajas, dice María Negroni en su Elegía: “… van, si se quiere, más allá del altar privado, inaugurando un ciclo laberíntico que deja vagar lo imaginario, en su versión más serial.” Debo decidir dónde poner la luz plena, qué ocultar en la incandescencia, abrir un rayo por las dudas.

 

M.C.Escher, "Espirales". Xilografía, 1953.
M.C.Escher, “Espirales”. Xilografía, 1953.

 

VENITE A PASEAR, SIN  EL AUTO DE PAPÁ

Es que me cuesta decidir adónde ir, en qué viajar. Los aviones son seguros pero, en los últimos tiempos, se pierden bastante en sus cajas negras; los micros se accidentan con frecuencia, aunque ofrecen a algunos la posibilidad de sobrevivir. El barco es para mí solo un viaje de ida. El tren, ese es mi medio de transporte. Ahí estoy segura, aunque sus destinos son tan escasos y sus horarios tan incómodos. No, mejor no. Me entrego a la velocidad del avión y añoro el andar nocturno en la butaca de un micro de larga distancia. Es mi espacio de confort. Ahí estoy, en verdad, en tránsito; ahí me transformo. Mientras, exploro la cajita de supervivencia (¿notaron que muchos servicios ya no la dan?); alfajor, mini galletitas saborizadas, un jugo natural, no por venir directo de la fruta – de hecho, nunca estuvo ni cerca de una naranja, solo sabe de la esencia que la imita – sino natural por falta de frío. Ahora quisiera haber optado por el avión y que una azafata  me preguntara qué quiero tomar. Así, creo tener opciones. No me está cayendo bien la merienda fuera de hora

“La idea de viajar me provoca náuseas… El tedio de lo constantemente nuevo, el tedio de descubrir, bajo la falsa diferencia de las cosas y de las ideas, la perenne identidad de todo, la semejanza absoluta entre la mezquita, el templo y la iglesia, la igualdad de la cabaña y del castillo, el mismo cuerpo que es rey vestido y salvaje desnudo, la eterna concordancia de la vida consigo misma, el estancamiento de todo lo que, vivo sólo por moverse, está  pasando.”, dice, en “El Libro del desasosiego”, un heterónimo de Pessoa.

Intento acomodar las piernas y reubico el apoya cabeza sin desatarme del cinturón. Debería haber comprado esos coloridos almohadones de viaje que venden en todas las ferias de la ciudad. De todos modos, lo voy a conseguir en mi destino, estoy segura. La promoción del lugar  lo decía: iba a sentirme como en casa. La verdad,  si mi deseo fuera sentirme como en casa, ahí me quedaría: quiero, justamente,  sentirme de otro modo. Pero el concepto del mundo global llegó al turismo y entonces sus impulsores prometen reproducir lo que nos debe gustar  a donde  vayamos. No soy turista, ni hegemónica – si alguna deidad hay, por favor, “que nunca lo sea”-.

HACEME LA CUENTA

Quizás por eso me cuesta orientarme y no ubico bien los puntos cardinales; en cambio, deambulo por la cinta de Moebius, intercambiando afueras y adentros que no lo son. Claro, solo logro ver la cinta desde sus orillas artísticas; sus propiedades matemáticas no consiguen decirme nada.

 

Tampoco entiendo demasiado la importancia en esa materia – la de la matemática – de la rotación de un cuerpo sólido alrededor de un punto fijo, pero sé que su investigación le valió a Sofía Kovalévskaya un premio de la Academia de ciencias de Paris en el año 1888. Sin embargo, recuerdo que el estudio incluía al tiempo como a una variable compleja  y a los componentes de la velocidad y de la aceleración como sus funciones meromorfas. O algo parecido a eso. Por si algún desprevenido no lo sabe, las funciones meromorfas no admiten singularidades no aisladas ni singularidades aisladas esenciales (matemáticos, por favor, abstenerse o ser benevolentes). O mejor aún  encontrar, como la tal Sofía , que las ciencias pueden viajar junto a la música y la poesía y que sus razonamientos puede influir en las fantasías y abrir mundos inaccesibles. Incluso alrededor de un punto fijo y las rotaciones que lo circundan. Y que ese viaje nos salve de dictadores, como quienes en días nefastos prohibieron la enseñanza de la teoría de los conjuntos, por lo subversivo de sus grupos y estructuras. Apoyo el Aleph en mis rodillas y vuelvo a mirar por la ventanilla.

“Los paisajes son repeticiones. En un simple viaje en tren inútil y angustiadamente entre la distracción ante el paisaje y la distracción ante el libro que me entretendría si yo fuese otro. Tengo de la vida una náusea vaga, y el movimiento me la acentúa. Únicamente no hay tedio en los paisajes que no existen, en los libros que nunca he de leer”, seguía el Soares de Pessoa

 

M.C.Escher – Collage de fragmentos de Metamorphosis, 1940 - 1967
M.C.Escher – Collage de fragmentos de Metamorphosis, 1940 – 1967

               

UNA COSA MÁS, NO TE PIERDAS MOLVANIA

En mi caso, estoy pronta a vacacionar en un hotel de existencia dudosa. A diferencia de Molvania, ese país ficcional que solo se puede recorrer en las páginas de una guía de viajes, publicitado como: “Molvania. Un destino ideal: un lugar al que hay que ir. Un lugar al que no se llega nunca. Porque Molvania no existe”. La cita la tomé del libro de Bernd Stiegler, La quietud en movimiento. Una breve historia cultural de los viajes en y alrededor del cuarto. También ahí encontré la recomendación para mis cinco días en el Vue des Alpes. Tengo reservada la habitación 301 y guardo celosamente el código de acceso que, dentro de algunas semanas, (poco después de mi regreso de este presente deambular) me abrirá la puerta al mundo renderizado, donde, según prometen, no estaré obligada a comunicarme con otros. Es más, advierten que puedo no encontrar a nadie allí.

The site where the Hotel Vue des Alpes is being built has been developed and constructed on a PC pentium III with various 3D programmes since March 2000The guests of Vue des Alpes are accommodated in nine comfortable single/double rooms of 13.5m2 each. Each room has a great terrace guaranteeing a view on the spectacular mountain panorama and the lake. A stately dining hall on the ground floor and a snug lounge bar to socialise in is at the visitors disposal.As the guests will arrive by internet there are no plans for garages nor parking places.

Los creadores de semejante maravilla  no son arquitectos sino artistas y la estadía virtual es gratis. Por lo que entendí en mi rudimentaria comprensión de la lengua inglesa, no se espera de nosotros una contribución monetaria sino nuestra participación como parte de ese desarrollo que ya cuenta con el aval y la premiación de varias voces autorizadas a juzgar el arte. Por mi lado, lo recorreré con la visión de una simple caminadora. Volviendo a Stiegler, llamó “Cercana lejanía” al capítulo de su libro que dedicó al Vue des Alpes. Por esto de cómo Internet acerca lo lejano al mismo tiempo en que  el contacto fundamental entre los seres humanos se localiza en la yema de sus dedos puestos sobre algún dispositivo globalizador. Paradojas.

El micro acaba de estacionar y veo la terminal desierta desde el marco de mi ventanilla. Un perro mueve la cola sin despegarse de su colchón de tierra seca. La puerta se abrió; solo me resta incorporarme y bajar. Compruebo que el celular tenga buena señal y que no haya encendidas luces de alerta en alguna de en sus múltiples ventanas. Solo después lo suelto en el bolsillo externo de mi cartera, para tenerlo a mano por si se ilumina. Aprovecho a verificar que el papelito en que anoté la dirección de mis huéspedes esté pronto a salir en mi ayuda si me pierdo.  Serán solo tres días de intervalo. Antes de volver a mi cuarto a mecerme en la mecedora que no tengo.

“Una u otra vez he ido, siempre oprimido, siempre poniendo solamente el pie en tierra cuando estoy de vuelta”, concluyo con el heterónimo.

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COMPÁS DE ALERTA

Viaje alrededor de un punto: el femicidio.

Por Lourdes Landeira

COMPÁS DE ALERTA

Es la muerte de muerte de una mujer, asesinada por ser mujer. La frase se repite, por ser mujer, pero el concepto, ¿se llega a aprehender? ¿O queda como punto vacío, letra de discurso?

Con disfraces variados, del tipo violencia doméstica, crimen pasional o emoción violenta; las palabras- repetidas- desinforman. Es falso. El crimen de una mujer a manos de un hombre (en general de su entorno íntimo) no tiene vinculación con el arrebato ni la conmoción de un momento.

Por el contrario, es el desenlace – trágico y repetido – de ciclos espiralados con núcleo en el sistema de dominación patriarcal. La pasión no mata; mata el machismo. Y el punto, único- casi desdibujado- intenta volverse invisible, no quiere ser descubierto: el sentido de propiedad de la mitad de la población (los varones) que se creen dueños y señores de la otra mitad (las mujeres). Serás mía o de nadie.

Círculos cada vez más violentos, separados entre sí por periodos de calma cada vez más cortos.

Primero, violencia simbólica y sus variantes: subestimación, críticas reiteradas, alejamiento de los lugares de pertenencia, censura. No servís para nada, cállate, qué sabés vos, con esa pollera pareces una puta, andá a lavar los platos.

Después, toma cuerpo y es un empujón, un brazo apretado, un ojo negro.

Entonces, sobreviene el arrepentimiento, el llanto, la declaración de amor, la promesa. No quise hacerlo, no va a volver a pasar, te necesito, me volví loco, yo te amo.

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Y volver a empezar. No servís, cállate, no sabés, sos una puta, lavá los platos.

 

Más alto, más fuerte, más rápido. Como basura.

 

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PERFORMANCE 2015

Cada vez más lejos de su origen: de ahí su eficacia. Las excusas (lo provocó, lo puso celoso) ¿Cómo se puede justificar el nefasto “por algo será” cuando, durante el año 2014 murieron por esta causa 277 mujeres y niñas?, ¿cómo, cuando  esas muertes suman 1808 casos, si se cuentan los últimos 7 años? (*) Sí, sucede casi todos los días.

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Baleadas. Apuñaladas. Golpeadas. Estranguladas. Ahorcadas. Incineradas. Asfixiadas. Degolladas. Por traumatismos. Ahogadas. Por hacha y machete. Descuartizadas. Por inanición. Por sobredosis de Insulina.

¿Cuándo comenzó ese viaje? No tengo respuesta para eso. Pero sí sé que no se detiene, se renueva y persiste. Con la eficacia de separarse de su origen, de borrar el punto de partida del que emerge y mata.

Como basura.

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Esa, la de la bolsa, soy yo. Y si no hubiera sido una performance, y si no lo hubiéramos hecho por todas ellas, si de verdad yo terminara en una bolsa como tantas otras…

…por esta cultura de la violación en la que vivimos, la gente correría a investigar mi pasado, mis relaciones, buscar fotos que puedan servir como justificativo al por qué alguien puede hacer esto. Que en lugar de culpar al abusador, nos culpa a nosotras, nos condena.

Dentro de la bolsa fui Melina, fui Ángeles, fui Paula, fui Sonia, fui María Soledad, Houria Moumni y Cassandre Bouvier, y tantas otras que corrieron con la misma suerte…

A diferencia de ellas, a mí me levantaron del suelo y me sacaron de la bolsa, una amiga me dio un abrazo de resurrección y me dijo que todo iba a estar bien. Paula Telis nos ayudó a ser ellas, nos dio este lugar y el poder de representarlas, de defenderlas, de tener por una vez a alguien en su lugar y a su favor, y tuve un grupo de compañeras que “sufrieron” en su bolsa a mi par, gracias, las quiero. Si tocan a una, nos tocan a todas. Ni una más”.

 

La foto es de una performance del 2014. Los fragmentos de texto corresponden a una publicación, en Facebook, de una adolescente: Lara Zabala. La pueden buscar.

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Para las mujeres, no es la calle el espacio de inseguridad; lo es el espacio íntimo. Por eso, el slogan de las primeras feministas: “lo privado es público” sigue siendo tan acertado como el primer día. Ellas comenzaron a desandar senderos, a trazar las líneas que unen cada cruz en el perímetro del círculo con su centro. Entonces, con la punta del compás colocada en el núcleo, pusieron otro cuerpo a la superficie y dibujaron tangentes.

Si la espiral de la violencia es posible, es porque hay otra, la del silencio, que la acompaña y la habilita. Es la que naturaliza, la que desprovee de causas a las consecuencias y dice: es natural, es esencial. Pero no, no hay naturaleza ni esencia. Hay cultura aprendida, hay un viaje direccionado a sostener una enorme injusticia; que se puede desandar, desaprender con otro viaje; uno con infinitos puntos equidistantes.

Hay otras voces y otros círculos, otras redes y otras direcciones. Las que rompen los límites y amplían fronteras. Las que dibujan nuevas formas.

¿Qué boleto sacás?

(*) Datos de  La Casa del Encuentro. La Casa del Encuentro es una asociación civil fundada en el año 2003 con el propósito de trabajar por los derechos humanos de las mujeres, niñas, niños y adolescentes. Ante la falta de datos oficiales, desde el 2008 elabora, cada año, un Informe de Femicidios en Argentina.

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