ECOS DE RÍO BREVE

Claroscuros: entrevista a Jorge Alemán

Entrevista: Nora Lomberg, Estela Colángelo, Lourdes Landeira, Adriana Valletta, Pablo Soprano, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

 

El fragmento de Heráclito, “No se entra dos veces en el mismo río”, y aun la variante radical de uno de sus discípulos “Nadie entra nunca en ningún río”, podría admitir, para la circunstancia, una versión más adecuada: cada uno trata de entrar, infructuoso, como en un sueño, en su propio río.
“El río sin orillas”, Juan José Saer

Eran apenas dos gotas de sudor, caídas al pasar, desde la altura de algún caminante. Pero, en el sueño, se nombraban “ríos”. Entre ambas, un vado, un pasadizo, un abismo cónico que se angostaba hacia el fondo de la escena, hasta pinchar con su vértice más extremo el ocaso. Desde una de las márgenes, un hombre tentaba el vacío, como quien prueba la temperatura del agua, para ver si compone con la audacia de su cuerpo. Un pie y otro pie y no había forma de saber nada, ni de la profundidad ni del riesgo que implicaba zambullirse dentro de ese hueco. Apenas podían verse -y muy al fondo- trazas de una lengua, hacía mucho disuelta en pedacitos: por allá, el timbre de una voz. Más lejos, el eco de una silueta al desperezarse. Y no va que, tanto poner un piecito y otro, el hombre pierde el equilibrio y cae. Toca algo como un suelo del vacío y escucha una carcajada desde otro fondo más al fondo. Y otra más, desde otro fondo más al fondo del fondo. Aun así, avanza, se opone a la resistencia de una masa viscosa que impregna su andar de ausencias, memorias, astillitas de desconsuelos y pedazos de algún desencuentro chamuscado en alguna orilla del tiempo. Así, obstinado en un transcurrir fuera de la cronología y por el fuerte impulso de su entusiasmo, llega a la otra margen. Estira los brazos, como a la espera de una bienvenida, pero solo logra que el resto de su cuerpo lo acompañe hacia la inminente orilla. Río, le dicen a esta brevedad. Y sonríe. No le parece para nada extraño no hundirse en el vientre de esa gota. Por el contrario, se incorpora. Por un instante, vacila bíblicamente con mirar atrás. Sin embargo, no hay versículo que lo detenga y gira. Detrás, ve unas sombras boquear dentro del gran vado. Dispersas en el imponente cono, se agitan brazos y piernas que no encuentran ni un matiz de la voz para pedir auxilio. Mientras tanto, en la otra margen, en la línea de origen, hay una agitación de retrocesos y huidas lejos de la seducción del hueco. El hombre se entristece, pero no cede. Se sacude un poco el agua breve del vacío y avanza. Hacia adelante, la gota crece junto a su andar. Y escribe: “No saber”, “Capitalismo” “El río incurable”. El río, le dicen. El río breve. Entonces, despierta. Despierta en la zona difusa donde aún resuena un eco. Justo ahí, entre mundos, lo encontramos a Jorge Alemán. 

 

TEMPRANAMENTE, EN ROCK MAYOR

 

                                                           “¿Por qué no indagar la cicatriz fundante/ y entonces aun derrotado/ dejar ver aquel instante/ ese lugar que nunca va a ser vencido/ aquella acción que prepara su venida inminente” (1)

 

Al leer tu libro de poemas “No saber”, nos interesaron las referencias a otras experiencias en el tiempo: “hacia otro tiempo de tu sexo”, “el instante antes del saber”, ¿qué experiencia del tiempo te da la poesía?

Turner.
Turner.

Nunca escribo un poema que me exprese a mí. Cuando las personas me llaman y me preguntan qué me está pasando porque leyeron algún poema que puse en mi muro, tengo que explicar que no tiene que ver conmigo. Eso sería catarsis o intentar hacer laborterapia. Desde muy joven -entre los dieciocho y los veintitrés años publiqué varios libros de poemas- la poesía me interesa como aquello que apunta precisamente al no saber. En cuanto al tiempo, pienso en el exilio. Yo me fui a los veinticinco años. No tenía ninguna gana de irme, soy alguien que jamás hubiera decidido irse a vivir afuera. Como todos los porteños, hubiera hecho algún viaje a Europa, pero jamás me hubiera instalado lejos. En mi caso, fue un gran desgarramiento, pero traté de no dejarme influir por la nostalgia, más dado que tengo una cierta naturaleza melancólica. Por lo tanto, me introduje bastante en España, debo ser una de las personas argentinas más vinculada a ese país. Pero también es cierto que, al irme, se produjo una fisura, un corte, donde ese transcurso cronológico, presente en la vida de todo el mundo, se alteró. En primer lugar, porque pertenecía a una generación en la que ya había muerto mucha gente. Por eso, al lado de otros que tenían mi misma edad, yo era una persona bastante mayor. De hecho, al poco tiempo de llegar, ya tuve alumnos en Madrid y ellos no se representaban que yo tuviera veinticinco años. También, el estar fuera de mi país me obligó -o fue mi deseo- a revisar todo lo que había ocurrido. Había sido algo tremendo, habían muerto asesinadas un montón de criaturas, muy jóvenes. Así que, a partir de allí, fui tempranamente muy mayor. Actualmente, debo hacer todo un esfuerzo para entender a la gente de cuarenta o cuarenta y cinco años, que es un poco adolescente, como se estila ahora. Y, para volver a la pregunta y en relación a mis textos, veo que ustedes tienen la amabilidad de haber leído algunos libros míos: tengan en cuenta que todo lo que he escrito en ellos ya estaba dicho en aquella época, no he hecho otra cosa que volver, una y otra vez, sobre lo que había ocurrido. Europa me dio nuevos horizontes y nuevas perspectivas, pero ese corte temporal me dejó muy marcado. Todo lo que he trabajado en mis libros, tanto en la poesía como en ensayo, está relacionado de algún modo con lo que sucedió en ese tiempo. No de un modo directo ni testimonial, no escribí directamente nunca sobre los desaparecidos ni sobre el exilio o sobre los fenómenos políticos de aquel entonces.

Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.
Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.

Sin embargo, mi horizonte está absolutamente atravesado por trazas de aquello, marcas que hay que descifrar muy sutilmente. Yo era profesor ayudante en la Cátedra “Aspectos psicológicos de la organización social”. En el año 1975, desapareció su titular y, luego, comenzaron a desaparecer más compañeros. En el fondo, mi izquierda lacaniana, ya estaba allí en aquel entonces. El asunto de cómo articular el problema del sujeto con las experiencias colectivas -una articulación dificilísima donde hay demasiados obstáculos en el medio- había surgido ya en mi juventud argentina. Por otro lado, aparte de mi vejez prematura, tengo una juventud permanente, porque soy del rocanrol de aquella época. Mi primer trabajo en Argentina fue de periodista de rock. Y aún sigo considerándome alguien relacionado con ese espíritu, con lo cual tengo sesenta y ocho años, pero no me siento muy bien con las personas de esa edad, a no ser que mantengan también este pacto secreto con el rocanrol. Por suerte, siempre encuentro a alguien.

Como Alberto Fernández.

Ah, sí. Con él comparto la amistad con Nebbia, a quien conocí cuando era periodista de rock. Y tuve el honor de que Lito me hiciera un tema instrumental “Un alemán en Madrid”.

 

ENTRE MUNDOS

 

                                   “el hombre que busca/ algún día tiembla ente el claro del umbral/ y al final sabe que su cuerpo es negociado/ en todos los idiomas/ ¿sabrá advertir qué nudo de tiempo y sombra lo salvará de la pura pérdida?” (1)

 

Pensaba también en la poesía como en lo sintético, en la contracción de espacios y tiempos, en la presencia de mucha intensidad en poco espacio.

Roberto Matta.
Roberto Matta.

En los dos últimos libros he tratado de no fastidiar al lector -ni a mí mismo- con textos largos. El poema es una captura, un intento de salir a pescar en algún río extraño algo que no se sabe qué es. Un poema sólo cobra su relieve si se confronta con lo imposible de decir. He tratado entonces de ir a lo breve. Ya rara vez escribo un poema largo. Trato de que tenga que ver con mi ritmo de ese momento. Hay una vinculación muy estrecha entre el ritmo poético, la visión y lo que trato de capturar por lengua. A diferencia -grande, por cierto- de mis poemas juveniles, trato de escribir con el menor ejercicio literario, no me prodigo con grandes metáforas, sino busco que el texto esté condensado. En España hay una literatura muy frondosa, con toda la tradición del Siglo de Oro y una profunda efervescencia retórica, para decirlo de algún modo. He ido a contrapelo de todo eso, siempre en el intento de estar en el límite de lo que se puede decir a medias.

Hablando de decir a medias, otra figura que aparece mucho en tus poemas es lo difuminado: las sombras, los humos, las cosas evanescentes.

El exilio provoca en uno un ejercicio rememorante en el que hay mucha difuminación. A pesar de que vengo mucho acá, muchas de las cosas que pienso de Argentina entran en un filtro muy especial y ya no son como eran, ni como son actualmente. Son como pantallazos, como trazos, pinceladas de un cuadro que ya no existe ni tengo pretensión que exista. No tengo con eso decepción alguna. Igual, escucho con paciencia a muchos argentinos que viven allá que me cuentan algunas cosas de Argentina que son absolutamente inverosímiles, pero entiendo que hace mucho que no vienen y demás. Yo voy y vengo, tengo ya esa práctica, en la cual España también está difuminada en mi cabeza. También -y esto es importante- debo decirte que yo nunca renuncié a mi extranjería, no me adapté porque no me fue necesario. Hice y hago muchas cosas en España, estoy muy vinculado, pero soy un argentino que vive en España. Nadie sabe cuánto tiempo llevo. Los taxistas se sorprenden cuando les indico el recorrido exacto de las calles, por ejemplo. Las conozco muy bien y, a la vez, no formo parte del paisaje, aunque llevo cuarenta y dos años allá. Estoy siempre en una frontera, un lugar que está entre España y Argentina, entre el psicoanálisis y la política, entre la poesía y el pensamiento, habito ese espacio fronterizo.

Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.
Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.

 

UNA MINA SIN COACH

 

                                   “Los poetas parten/ el horizonte se extingue/ queda el tiempo sin palabras” (1)


Hablabas de lo irrepresentable que aparece en la poesía. ¿Cuál es para vos la chance de emancipación que hay en el ejercicio de lo poético, más allá del poema?

Yo tuve una relación de lectura muy importante con Heidegger, un pensador con el que no tengo nada que ver en lo personal ni al que me hubiera gustado conocer. Hace poco tuve un sueño muy curioso con él y lo escribí en mi muro. Era un Heidegger entrerriano, que hablaba muy cordialmente conmigo. Bueno, pero viene a propósito de lo que me preguntan, porque Heidegger otorga una condición eidética a la poesía. Él plantea que la historia del pensamiento es una historia fracasada porque la filosofía ha quedado reemplazada y capturada por la metafísica. Y ve que la única posibilidad de salir de eso y volver a habitar la tierra, de un modo distinto a cómo la técnica indica que debemos habitarla, es la poesía. O, en realidad, todo lo que tenga que ver con el arte.

Sueño con Heidegger en Entre Ríos. Estoy en un bar de pueblo y entra Heidegger, es extraño lo que ocurre, nunca me gustó, nunca tuve deseo de conocerlo, pero este Heidegger es jovial y cercano, no tiene su bigotito nazi y tiene ganas de hablar. Del nudo entre filosofía, locura y escritura. De los cuadernos negros y de la estupidez antisemita, del rigor de su pensar y del modo en que esto pasa a su vida íntima, del decir poético en la mujer que hay en él, de la proximidad lejana entre dios y el goce femenino. Se puede hablar de casi todo, incluso se suma un amigo de su juventud e inexplicablemente me encuentro hablando del genio incomparable del fútbol. Luego llega una supuesta hija, también dotada de una gran simpatía. Sale el famoso diálogo con el japonés y, dándome importancia frente a la señorita, lo comparo con los diálogos platónicos. Súbitamente ella decide hacer una selfie, pienso en una foto con Heidegger como una bomba en Facebook, maldiciones y alabanzas… Pero concluye el click de la selfie y todo termina aunque el sueño continúa. De nuevo recuerdo que Heidegger murió en el ’76 y no sé quiénes son estos dos hombres y esta mujer. Siguen en mi sueño hablando entre ellos, ahora sí en lengua extranjera y yo estoy ya muy lejos, más que lejos, en otro mundo…. En el que despierto cerca del río incurable.

Orlando Flavio Cortés, ilustración al sueño de Jorge Alemán.
Orlando Flavio Cortés, ilustración al sueño de Jorge Alemán.


¿Y para vos?

También. Creo que la poesía es el lugar primordial. Ni la pintura ni el cine ni el teatro podrían ser lo que son, si no hubiera sido por lo poético. Y lo político, tampoco. Lo poético es la única posibilidad de emancipar al lenguaje de su uso instrumental. Si se borra la intención poética, el lenguaje queda reducido -ahora más que nunca- al coach, al marketing, etcétera. No hay gurú de la poesía ni marketing de la poesía.

Hemos entrevistado a varios políticos y, salvo contadísimas excepciones, ningunean a la poesía.

Es un problema que suelo hablar con mi amiga Liliana Herrero y con Horacio González. Pocos políticos casan con lo poético. Pero Heidegger sí se propuso que la política estuviera enlazada a la poesía, sólo que lo intentó con el nacional socialismo. El problema es que quien piensa a lo grande se equivoca a lo grande. Modestamente, intento que, si está en mis manos, la poesía aparezca ligada a lo político.

 

DESPUNTAR EL SUEÑO

 

                                   “Juro que subí hasta tu palabra” (1)


Pensaba en lo que señalabas en “Capitalismo”, sobre los artefactos intrascendentes:
se diferencian de las estructuras trascendentales porque sus aparejos teóricos se usan para captar la singularidad del caso que aparece en el orden general”.

Cai Gou Quiang.
Cai Gou Quiang.

Eso proviene una lectura que hicimos de Heidegger con mi amigo Sergio Larriera. Para diferenciarnos de las estructuras trascendentales kantianas, inventamos esto de los artefactos intrascendentes. Nos hemos dedicado –él, sobre todo- a leer a los escritores ininteligibles, a aquellos que no se dejan leer tan fácilmente a través del sentido.

¿Por ejemplo?

Está el caso paradigmático de Joyce, pero acá tenemos a nuestros ilegibles: Macedonio Fernández, por ejemplo. Además, todo gran escritor tiene un núcleo de ilegibilidad. Saer, a quien admiro especialmente, escribe momentos en los que te preguntás de qué está hablando. En “El entenado”, cuando pensás que solo habla un hombre que fue arrojado al mundo caníbal de los nativos de América en la conquista, de golpe, aparece la pulsión de muerte.

Es el claroscuro.

Luisa Gonzalez.
Luisa Gonzalez.

Todos los poetas tienen que tener ese núcleo. Macedonio con “El museo de la novela de la Eterna”. En el caso de Borges, él sería la cura de Macedonio y de esa ilegibilidad. Pero también Borges, a pesar de su transparencia lexical y su impecable ejercicio gramatical, tiene momentos así.

¿Has escrito ficción aparte de la poesía?

No. Pero ahora, después del sueño con Heidegger en Entre Ríos, tengo ganas de escribir algunas viñetas de ese estilo. Unos microrrelatos que sean un poco inclasificables.

 

 GOTEAR LA MUERTE

 

                                   “Ahora lo sabe/ En su robusto jardín/ bajo los calmos algarrobos/ florece el miedo del río/ y los asesinos ya preparan su fiesta” (1)

 

¿Cómo te llevás con lo ilegible de otros?

Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.
Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.

Bueno. Es ilegible, pero encuentra en mí una cámara de ecos. Yo soy beatlemaníaco. Gané un concurso compitiendo con el máximo crítico musical de España. Se trataba de poner medio segundo un tema y reconocerlo. Este tipo no pudo, pero yo sí: en medio segundo te puedo decir qué tema es, quién lo canta y en qué disco está. Los escuché por primera vez a los doce años. No entendía las letras, claro. Y, sin embargo, sus temas me tocaban. Por esos tiempos, venía escuchando mucho a los rockeros: Elvis, Jerry Lee Lewis, Bill Halley, a todos. Me acuerdo que fui a “La Casa del Disco”, que estaba en Callao y Córdoba, donde probabas el disco con una púa. Como éramos clientes -mi hermano y yo, teníamos un carnet del lugar- nos avisaban de las novedades e íbamos. La primera vez que escuchamos a Los Beatles levitamos, como San Juan de la Cruz y Santa Teresa. Con esas letras en inglés hacíamos nuestras propias cavilaciones. Yo no sabía de qué hablaban, pero así me relacionaba con aquello ilegible.

Las resonancias son también una manera de leer, de producir sentido.

Las resonancias están relacionadas con las primeras marcas de la lengua sobre el cuerpo. Es decir, cuando uno es arrojado al mundo, hay una serie de servidores de la lengua, parentales que te pinchan, te besan, te abrazan y, fundamentalmente, te hablan sin que entiendas nada. Ese momento es comienzo de la resonancia.

Y de lo poético.

Lo poético es un intento de trabajar con esa materia. Cosa que los poetas, a veces, no saben.

Entrevistamos a Carlos Lousto, un científico que probó una de las consecuencias de las teorías de Einstein. Según él, la ciencia afirma que está en condiciones de escuchar el sonido del Big Bang, esos ecos de lo primero.

Cai-Guo-Qiang.
Cai-Guo-Qiang.

Soy indiferente a todo eso. Me resulta mucho más atractivo pensar que, en el horizonte cristiano, dios tuvo un hijo al que hizo morir. Porque hay que hacer una gran prestidigitación para contar que mandaste a tu hijo a la muerte y que la gente te crea y te quiera. Y la encarnación: no hay historia del arte sin la encarnación. Todo lo que vayamos a ver a cualquier museo del mundo no es más que juegos con la encarnación. Eso me resulta más enigmático e interesante para desentrañar que la física, la teoría de cuerdas y demás. Puede haber ocurrido cualquier cosa, qué sé yo. Mirá. Yo, que no fui siquiera bautizado, pienso en la gran energía simbólica que tiene esa figura. Una vez, cuando Jacques Alain Miller y yo éramos amigos, me pidió que lo acompañara al Museo del Prado. En un momento me pregunté si él se daba cuenta que hacía una hora que no veíamos otra cosa que cruces. Me parece que el gran éxito de esa escena es lo que no termina de morir. No que murió y resucitó. La verdadera potencia es que sangra para siempre, no termina de morir. Y, si ves los núcleos, las estructuras emancipatorias, siempre apelan a esa figura del que no termina de morir, sea Guevara o Eva Perón, es eso que no va a cesar nunca.

 

SE HACE SOLO

 

                                               “No sabe es Uno que sabe/ pero lleva tal silencio en el espanto de la frente/ que parece haber estado a solas con el Amor” (1)


Nombrás lo incesante como un vacío, como algo indispensable de asumir para cualquier movimiento colectivo.

Vos me lo señalabas en las preguntas y citas que mandase. Fijate el nombre de la propuesta de Fernández – Fernández, “Frente para Todos”. Pero la totalidad es imposible, nunca ese “todos” es idéntico a todos. Así que hay que buscar un exterior constitutivo. Por lo tanto, el todo se desconcreta y en el todo surge un vacío. Hay que decidir cuál es el vacío. Si no, el todo no funciona. Hay que hacer como si fuera una totalidad, fingirlo. Pero ni el FMI ni los bancos ni el señor Macri ni la financialización del mundo están dentro del todo. Hacemos como si fuera un todo, aunque ese todo es tan necesario como imposible.

¿Y cómo se ofrece eso a la gente?, ¿cómo iríamos a proponerle, “miren, como sociedad tenemos que aceptar nuestro vacío”?

Esa operación se hace sola, está en la estructura de la lengua.

Pero parece que con el FMI hay que negociar, ¿está del todo afuera?

Es que el afuera es para negociar. Dado que no hay ningún lugar hacia el cual disparar, si yo digo que la única salida es por las armas, inmediatamente, tengo que decir que renuncio a ellas, porque no voy a dispararle a Amazon o a Google. Eso fue en los ’70.

En “Capitalismo…” aparece la idea del ideal como trampa de la completud, de lo universal que nos incluye a todos como trampa. ¿Cuáles son, hoy y aquí, los universales más tramposos?

Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.
Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.

Es complicado. A la Argentina no le gustan los universales, se define más bien sintiéndose diferente a todos, le gusta la idea de que no es comparable a nada. Cosa que, en algún aspecto, es interesante porque hay un montón de cosas particulares de este país que lo hacen incomparable a otro. Y hay también días en que uno se levanta y tiene ganas de que fuera comparable a algo, que tuviera la misma rutina, la misma armazón institucional que otros países “normales”. Hay una maldición china que dice “Ojalá te toquen tiempos interesantes”. Y otra, gitana o árabe, es “Ojalá te enamores”. Uno a veces tendría ganas de que fueran menos interesantes estos tiempos o de no enamorarse tanto. Ese universal de ser diferentes, el “aquí es así”, es el más tramposo, creo. La última vez que fui a la cancha de Boca hubo como cuarenta y cinco minutos de gases lacrimógenos. “Aquí es así”, me dijo alguien. Bueno, si aquí es así, no vengo más. En España voy a ver fútbol, me siento y miro el partido, no voy a un combate del que no sé si voy a salir vivo. Creo que el argentino, por su propia constitución estructural, por lo que los inmigrantes hicieron con nuestra lengua o, mejor dicho, por cómo hicieron nuestra legua, oscila entre sentirse universal como los europeos -muy distintos al resto de los latinoamericanos- y el efecto contrario, el ser únicos y distintos. Hay que saber transitar por todo eso…

 

AGUANTE EL SUELO NATAL

 

                                               “Qué importan los hombres/ las tareas o algunos tiempos/ si fue en castilla/ tierra que nadie eligió/ donde el silencio ganó sobre su carne” (1)

¿Una idea emancipatoria no debería ocuparse de estos universales inmanentes como los que nos han vendido, de “entrar al mundo” y otros más que prendieron acá?

De acuerdo. Pero, ¿qué podríamos proponer que no implique un gran sacrificio colectivo?

¿Desde el lenguaje, por ejemplo?

García Uriburu.
García Uriburu.

Bueno, en eso Argentina ha hecho cosas extraordinarias: tiene una literatura increíble, ha inventado el tango, tiene grandes poetas. Donde verdaderamente tiene un vasallaje grave es en el ensayo. Todo se autoriza si cae bien a un otro europeo. Escribís algo en un libro y eso va a tardar nomás unos meses para que lo descubra algún europeo para poderlo citar. Eso es una lástima.

¿Y en el habla cotidiana, la que usamos para pensar con los otros? Algo que pueda producir un corte, una grieta. Porque a la literatura hay que acceder… Comentabas por allí que el capitalismo se lo chupa todo, todo lo convierte en mercancía.

Creo que al lenguaje, no. Eso es lo único que impide que el crimen sea perfecto. Se han apropiado de los cuerpos con el lenguaje, pero no han podido apropiarse del lenguaje mismo. Si yo soy solo el resultado de las relaciones de poder, ¿qué posibilidades tengo? El suelo natal del sujeto es la lengua. Bueno, la lengua llega una millonésima de segundos antes que el poder. Si no, no hay posibilidades de pensar siquiera un proyecto de emancipación. Es mi disputa con los foucaultianos: “Ustedes piensan que el poder nos ha construido de los pies a la cabeza y que somos nada más que el resultado de”. Pero entonces, ¿cuál sería el punto de separación?, ¿con qué recursos contaríamos para separarnos del planteo de poder?

¿O sea que tu izquierda lacaniana sería poética?

Sí. Totalmente. Tiene que seguir la figura desde un contraste muy poético.

¿La poesía podría ser el nexo entre la política y el psicoanálisis?

A mi fórmula “soledad común”, la veo como uno de los puentes posibles entre psicoanálisis y política. Y es una fórmula poética, porque se trata de que lo más singular, lo que sería irrepetible de cada uno, lo que no va a volver en ningún otro, es lo que tenemos en común. No tenemos en común ser de Boca o pertenecer al mismo pueblo. El común más material que tenemos es nuestra singularidad. Esa idea, de no hacer una separación del singular por un lado y el universal por el otro, ha surgido de la poesía.

¿Si aceptáramos esa soledad común nos bancaríamos mejor la de la falta de compañía?

Espero que sí.

Habría que repensar la felicidad.

No pertenece a mi vocabulario esta palabra.

Bueno, pongamos intensidad, entusiasmo. Potencia nos gusta a nosotros.

A mí me gusta entusiasmo. ¿Potencia para qué?

Disponer de la potencia que uno es para ser, para vincularse…

La potencia solo proviene de la imposibilidad. Los que creen que la potencia surge de una especie de fuerza original, están condenados a la impotencia. Hay potencia en la medida en que uno acepte lo imposible. Si se trata de una relación con otro, es el modo en que vas a compartir con ese otro lo que hay de imposible entre ambos. El modo de volver potente una historia con alguien es compartir ese imposible. Es la única forma que yo conozco de estar al lado de alguien, cuando aceptamos negociar esa imposibilidad, cuando no intentamos borrarla.

 

LA INSISTENCIA DEL RÍO

 

                                   “Son tantos los ríos que bajan y parecen sanos/ en sus árboles/ y sin embargo fueron trazados en el sueño del crimen” (1)

En algún momento de tu libro “Capitalismo”, discutías con cierto spinozismo. No vemos contraposiciones muy extremas entre la propuesta de Spinoza, cada uno es un grado singular de potencia, y ese vacío estructural que vos planteás. La potencia compone relaciones, sale hacia los otros, entonces, algo le falta. ¿Vos ves diferencias?

Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.
Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.

Depende con qué spinoziano. Con Diego Tatián, por ejemplo, no. Los spinozianos de Europa son deleuzianos, votan en blanco, están esperando todo el tiempo que la multitud se expanda, les parece mal “Podemos”, les parece mal el kirchnerismo, todo lo que tome la forma del Estado es un insulto a la potencia para ellos. Ese tipo de spinozismo que está esperando que llegue algún día el devenir, yo no lo puedo aceptar. Me parece un nuevo tipo de liberalismo: el no comprometerse con nada. En el caso de Negri es un delirio, es creer que va a haber unas redes de cooperación provocadas por internet y la tecnología y que van a formar un común que se le va a escapar al capitalismo. No se escapa un carajo. Va a terminar todo el mundo atrapado. Como eso de que las niñas les dicen a los padres “quiero ser trans” y los padres progres les dicen “Bueno, muy bien ¿cómo te querés llamar? Te buscamos un nombre de hombre” “No. Entendieron mal”, dice ella, “Quiero ser trans mala, que mi cuerpo lo entierren y que mi cerebro quede conectado al espacio digital”. Esto es ahora. Entonces, ahí yo tengo un debate con el aceleracionismo. No me parece la idea de que va a haber algo liberador en la manera en que se coopera, como si hubiera una potencia original común, que el amo trata de controlar, pero que algún día va a irrumpir.

Implicaría una espera pasiva ¿no?

Sí, lo es. Estos se van de vacaciones cada vez que hay que votar. Yo no espero nada, aguardo como dice Lacan: Yo insisto.

 

¡NO ENCANDILEN, CHE!

 

                                   “No puedo escribir/ la palabra llega siempre rota/ ¿Pero usted la escucha?” (1)

¿Cómo ves el fenómeno de Cristina y su conexión con la gente?

A mí me encanta. Sé que desilusiono mucho a todos estos tilingos liberales que ven que uno está abducido, hipnotizado. Yo me emociono, me pongo a llorar y después no siento haber sufrido una alienación ni que yo me haya quedado desposeído de mí mismo. A mí me emociona y me parece increíble, esto no lo puedo fabricar con un coach, esto es mitología que perdura, es una secuencia histórica que ya no se puede fabricar en ningún laboratorio. No es como el otro, Macri, que sólo tiene para decir una serie de palabras huecas. Entonces, hay una secuencia que no han logrado desconectar: el 17 de octubre, Evita, Cristina, eso es un mito. A mí me emociona. Me parece una estupidez cuando dicen “ahí perdés tu singularidad, dejás de ser quien sos, quedás hipnotizado”.

Dejar de ser puede ser una especie de libertad también.

García Uriburu.
García Uriburu.

Sí. Ayer estaba en camino a dar una charla y una amiga me hizo escuchar a Cristina y me emocioné en el taxi. ¿Y qué? Si me emociono cuando escucho a Gardel o cuando cantan flamenco. A la vez me gusta que tenga alguna operatividad esa dimensión mitológica, en esas secuencias históricas, a las que todavía siento puras y exclusivamente pertenecientes a un orden no generado en los algoritmos. Y ojo, no sé si tendrán verdadera operatividad, por ahí vemos que el aparato de poder puede más que esto. Hace unos años atrás, hubiéramos dicho que, con el malestar que hay aquí, es seguro que el macrismo no gana las elecciones. Pero ahora hay tal intervención de los dispositivos del poder sobre la subjetividad, que la gente no se mueve más por el bien, sino por la pulsión de muerte. Entonces, por ejemplo, los ingleses hacen el Brexit. Ninguna de las cosas que pasan últimamente muestra que la gente se mueva por sus propios intereses. O, si lo hacen, hay que redefinir la palabra interés, que estaría entonces más allá del principio del placer, sería un interés más bien ligado a la pulsión de muerte o algún nuevo tipo de maldad, como “Mirá, con tal de destruirte, soy capaz de destruirme a mí mismo”.

Decías que no sabemos cómo va a salir esto, que todo es sin garantías. El epígrafe de tu libro es una cita de Hannah Arendt: “Pero una ganancia sí nos queda. La mera persistencia”.

Es de un poema muy breve de ella, con el que me sentí absolutamente reconocido. No estoy esperando ningún resultado ni que esto se cumpla, pero no puedo dejar de seguir insistiendo.

Nuestro tema en este número de la revista es “Claroscuros”. ¿Cómo te resuena esa palabra?

Es lo que hay que mantener. Creo que el error de la Ilustración fue el iluminar todo. Esto es lo que ha realizado la técnica y yo me quedo con lo que trataron tanto María Zambrano como Heidegger: el claroscuro. Por un lado, es claro, está en el medio del bosque. Y, por el otro, los árboles hacen que la luz esté filtrada. Yo estoy con el respetar el juego de la luz y la sombra. Es la dislocación y la frontera. Es más: la verdad nunca es iluminar la cosa, porque eso eclipsa. Hay una conversación bastante interesante, entre Heidegger y su mujer con respecto a esto: en el volumen “Alma mía” –que incluye cuarenta años de correspondencia con Elfride-, ella le hace escenas de celos al profesor venerable, porque parece ser que el tipo con sus discípulas “escuchaba más voces que lo llamaban” de la que tendría que haber escuchado. Pero él no le respondía nada. Cuando ella le decía “Porque con la profesora Arendt…” él contestaba “Allí donde mora el ser, adviene…”. El tipo seguía con su filosofía, como si el asunto no hubiera sido con él. Bueno, esta estrategia, si uno la pudiera copiar… Pero hay un momento en que ella se pone muy frenética con una serie de profesoras, no solo con Hannah Arendt. Ella le hace una escena de celos, pero resulta que el hijo que han tenido juntos, Herman, en realidad lo tuvo ella con un médico del que Elfriede se había enamorado. Y Heidegger, en los distintos ataques de celos, nunca le había dicho, “bueno, pero vos tuviste un hijo con Fulano”. Y sólo esa vez él le dice que amar a otra persona no es saber lo que hace la otra persona ni a dónde va ni qué hará, sino preservar en esa persona aquello que debe mantenerse en el ocultamiento. Así fue mi sí con respecto a Heidegger.

Bueno. Es un gran placer entrevistarte.

Ha sido sorprendente el reportaje. Me esperaba otra cosa. Normalmente me preguntan solo sobre política, sobre el Frente para Todos y esas cosas. Esto fue más poético. Muy agradable para mí. Se los agradezco.

Jorge Alemán con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Jorge Alemán con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 

(1) Todos los epígrafes corresponden al libro de poemas “No saber”, de Jorge Alemán

 

 




CALLEJEAR MURMULLOS

Ausencias: Entrevista a Victoria Polti, antropóloga y música

Edición y entrevista: Nora Lomberg

 

 

Suenan las ideas o, mejor dicho, crujen las palabras. Y, entonces, se agigantan. Pasa que el constante pensar aturde por momentos, aunque a veces hay remansos o treguas. Por ejemplo, cuando resuenan el motor  de un auto, un ladrido a lo lejos o gritos de niñeces en pleno juego. Hilachas de los días, pasitos cortos y en puntitas de pie: así nos hablan la calle o tus manos o el plato sucio  dentro de la bacha. Hay que sacar a pasear el sonido, dejarlo que impregne las baldosas, que haga reverberar las huellas digitales de la voz. No importa el nombre del emisor, sólo se trata de esparcir marcas, de suspirar nuestro tiempo, de no escatimar la palabra. Cada frase, cada acorde, cada silbido atesorado por un cuenco o un recinto puede convertirse en un fósil, una pista para que el futuro desperece la historia. Por ejemplo: hay una niña que grita, su concierto es un juego de piedritas que dibujan un camino a su destino inquieto, tinenti, o rayuela. Niñeces potentes, torbellinos sin conciencia ni mapas calcados, con huellas que trazan recorridos, y, en el revoleo, la piedrita agiganta la alegría. La tetera de porcelana, la farolera tropezó, chocan sus manitas con otras y encantan fantasías. Sólo tiempos fabulosos vendrán y, en ese salto te adivinan el futuro, el cielo es nuestra tierra. Recién ahí, una mirilla entre dos viejos sonidos se atreverá a mirarnos de frente, a callejear otra vez el mundo, a regresarles consistencias a las biografías con las que estamos en deuda. En eso de abrir la mirilla, anda Victoria Polti.

CORCHEAS

“Oía de vez en cuando el sonido de las palabras, y notaba la diferencia. Porque las palabras que había oído hasta entonces, hasta entonces lo supe, no tenían ningún sonido, no sonaban; se sentían; pero sin sonido, como las que se oyen durante los sueños.”

“Pedro Páramo”, Juan Rulfo.

 

¿Qué es la antropología del sonido?

A través de los sonidos, se pueden conocer los contextos sociales, no sólo sus músicas si no los sonidos de la vida cotidiana.

Entonces, ¿podemos escuchar las diferentes formas de vivir?

Las expresiones musicales, los paisajes sonoros o auralidades, las oralidades narrativas y los sonidos del cuerpo forman parte de lo que denominamos “espacios sonoros”: tramas de identidad, memoria y relaciones. La escucha es una forma de interpretar mundo social. Las sociedades suenan y de sus prácticas sonoras podemos “escuchar” las formas con las que nos comunicamos, situaciones de control social, relaciones de poder, expresiones políticas e incluso cómo nos vinculamos de manera afectiva, recreativa, lúdica o estética.

¿Una misma fuente sonora es percibida de la misma forma  por todos quienes la escuchan?

La irrupción de una fuente sonora, como una bocina, la caída de un plato o un grito son eventos acústicos. Podemos analizarlos en relación a su amplitud, frecuencia, latencia, duración. Pero la percepción de cualquier fuente sonora es subjetiva y está mediada por la cultura: la manera en que vemos, olemos o escuchamos no es una libre determinación, sino producto de diversos factores que la condicionan. Por lo tanto, una misma fuente sonora puede ser percibida de manera distinta por dos o más sujetos, o inclusive por un mismo sujeto en dos momentos distintos. Por ejemplo, un canto de cancha gritado en la cancha puede ser percibido como un “sonido” agradable, pero si esta fuente sonora irrumpe de madrugada mientras dormimos, seguramente, se perciba como un “ruido”.

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En relación a este factor subjetivo, ¿qué es una biografía sonora? ¿Qué se puede leer en los sonidos que no se pueda leer en las biografías tradicionales?

Bueno, llamo biografía sonora a aquel repertorio de sonidos producidos, escuchados y practicados por un sujeto a lo largo de su vida. Así como cada persona le da sentido a sus experiencias, también lo hace en relación a los sonidos. Por ejemplo, supongamos que una determinada persona nace y transcurre su niñez a la vera de un río. Ya de adulta, se va a vivir a la ciudad. Y, en algún otro momento, viaja a un lugar donde suena un río. Ante ese sonido, puede evocar momentos de su niñez.

¿Eso es la memoria sonora?

Yo entiendo por memoria sonora una configuración experiencial compleja que cada sujeto construye para dar sentido a su pasado, a través de los sonidos que percibe, excediendo el hecho físico en sí mismo. De esta manera el sujeto performa su biografía sonora y construye aspectos significativos de la memoria tanto individual como colectiva. De esta manera, podemos hablar de las memorias o de memoria plural: es decir procesual, diversa, múltiple, y atravesada por relaciones de poder. Además esto guarda relación con los valores que cada sociedad tenga en cuanto a su concepción del tiempo y del espacio, las cuales son culturalmente variables e históricamente construidas.

 

 

 

 

FUSA

“La música es la vida emocional de la mayoría de la gente”.

Leonard Cohen, poeta y cantautor

 

Hace unos años publicaste un trabajo sobre memoria sonora con sobrevivientes del ex centro clandestino de detención, “El Atlético”. ¿Podés contarnos un poco sobre este trabajo de investigación?

Sí, lo que publiqué forma parte de un proyecto más amplio, que se hizo desde la Universidad Nacional de Lanús, bajo la dirección de Raúl Minsburg. En aquel momento trabajamos con entrevistas facilitadas por el “Instituto Espacio para la Memoria” y otras realizadas a sobrevivientes del ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio “El Atlético” (CCDTyE). Era notable la aparición constante de eventos sonoros en los distintos relatos. Esto es así porque quienes ingresaban a estos centros inmediatamente eran tabicados (les vendaban los ojos) y, al no poder ver, se valían de la escucha para comprender el entorno. Como sabemos, la dictadura cívico-militar de 1976 llevó adelante un plan sistemático que operó territorialmente por zonas y sub-zonas, a través de “grupos de tareas”, los centros clandestinos de detención y el recurso del secuestro y desaparición forzada de personas. Los centros clandestinos de detención tuvieron distintas funciones: además de la aplicación de tormentos, fueron lugares de exterminio, maternidades clandestinas, lugares de acopio de bienes materiales de secuestrados y centros operativos de Inteligencia, entre otras.

¿Dónde funcionaba el Atlético?

De febrero a diciembre de 1977, funcionó en un sótano acondicionado para ese fin. Era un edificio en Avenida Colón, entre San Juan y Cochabamba, perteneciente al Servicio de Aprovisionamiento y Talleres de División Administrativa de la Policía Federal. Al año fue demolido y, sobre sus escombros, se construyó la autopista 25 de Mayo, una de las dos realizadas por la última dictadura cívico-militar. A partir de abril de 2002 comenzaron las obras de excavación,  primera iniciativa de arqueología urbana relacionada con la memoria de los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado en la Ciudad de Buenos Aires. 

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¿Pasó mucha gente por el Atlético?

Y, por el “Club Atlético” pasaron alrededor de 1.500 detenidos, de los cuales la mayoría aún están desaparecidos. Ingresaban en vehículos particulares, tabicados y luego eran llevados a una oficina donde se les retiraban los efectos personales. Después, los bajaban al sótano donde había 41 celdas separadas en dos sectores, tres salas de tortura (denominadas por los torturadores, quirófanos), baños, la enfermería, la sala de guardia, tres celdas individuales y la “leonera” (lugar donde se concentraban a los detenidos). La fuerza a cargo de este espacio era la Policía Federal, aunque había detenidos que dependían de otras fuerzas, como quienes estaban en la ESMA, Campo de Mayo y Vesubio. Cuando el “Club Atlético” fue demolido, los detenidos fueron llevados provisoriamente al ex CCDTyE “El Banco” (Camino de Cintura y Autopista Ricchieri, Provincia de Buenos Aires), hasta que se terminó de acondicionar el ex CCDTyE “Olimpo”. Estos tres centros conformaron, en adelante, el “circuito ABO” (“Atlético”- “Banco”- “Olimpo”). Así las cosas, algunas fuentes sonoras permitieron hallar relaciones entre la ubicación espacial, la presencia de otros detenidos-desaparecidos y datos contextuales que aportaban características propias de este ámbito, como máquinas de escribir, gritos, mirillas, candados, puertas de metal, golpes, rejas, y pisadas entre otros sonidos.

Por ejemplo, ¿qué sonidos se escuchaban?

Entre todo el material, se destacan por lo menos tres huellas sonoras significativas, a partir de las cuales se ha podido reconstruir el espacio, la ubicación y la referencia del paso de otros detenidos desparecidos: el primer evento es el sonido de una pelotita de ping-pong, al rebotar contra una mesa y las voces que acompañaban el contexto de juego, que pertenecían a los mismos torturadores. Otro evento sonoro clave son los gritos de una hinchada de fútbol, mientras pasaba por la calle. Según testimonios de sobrevivientes, desde la enfermería, se escuchaba el ruido de los vehículos y el paso de la hinchada de Boca. Esto, repetido en varios testimonios permitió dar la ubicación espacial, en algunos casos, y la  temporal en otros. El tercer evento sonoro es uno o varios casette/s con los discursos de Hitler.  Por otro lado, el sonido de un carro donde transportaban lo que era el “desayuno”, los jarritos de metal y las cucharas, las llaves y candados, las cadenas del propio detenido desparecido o las de otros podían indicar la hora del traslado al baño. En muchos casos se recuerda el sonido del coche donde era trasladado en una primera instancia el detenido y, en algunos otros, el sonido de coches que llevaban a otros. Sumada a la prohibición del habla, la risa, y el llanto, la irrupción del “grito” se transformaba en “una tortura permanente.”

En especial, parte de esos sonidos lo constituyeron aquellos asociados a la instancia de tortura: el uso del agua como intentos de ahogo, las cadenas, el sonido del metal de la mesa donde eran ubicados los cuerpos de los detenidos y el sonido de la picana. También el llanto o las voces de los hijos irrumpieron posteriormente en la vida cotidiana de quienes han sobrevivido.

Escuchar lo silenciado, como política. Anotar lo impronunciable. Lo que ha sido amordazado.

No quiero dejar de mencionar la voz humana, tanto la de los represores como las de otros detenidos desaparecidos. Muchos recuerdan timbres de voces singulares, por algún tipo de afinidad o porque eran personas conocidas. Y, por supuesto, es conocido el uso de un código tipo morse golpes contra la pared para comunicarse con la celda contigua.

 Desde el punto de vista de la tecnología de la escucha, la vigilancia asociada a la censura tomó el lugar de la escucha, de la administración de lo que dice, del momento para hacerlo y, fundamentalmente, del silencio y del grito. En estos espacios el sonido del otro se convertía en una doble tortura (tanto el sonido de la presencia del torturador como del otro torturado). La frase “el silencio es salud”, funcionaba a modo de panóptico: un gran emisor de ruido y a la vez un gran radar capaz de escucharlo todo. Tanto el sonido como la escucha son potencialmente armas de poder.

¿Qué valor se les dio a estas escuchas?

Son interticios que han permitido relacionar espacios, otras personas, la propia presencia, ausencias, tiempos, situaciones, recuerdos, actos, imposiciones, pequeños actos de supervivencia, ruidos, estados de ánimo, y reconstruir a través de la memoria sonora una matriz de subjetividad que siempre conlleva la tensión entre lo individual biográfico/autobiográfico- y lo plural.

 

SEMIFUSA

La arquitectura es una música de piedras y la música, una arquitectura de sonidos”.

Ludwig Van Beethoven

 

Yendo a otros aspectos sonoros, ¿qué sucede con el silencio?

El silencio también es subjetivo. En los años 50, John Cage, uno de los compositores más influyentes del siglo XX -y a quien debemos preguntas y exploraciones fundantes en torno al sonido- quiso experimentar el silencio encerrándose en una cámara anecoica, que es una sala acústica donde se disminuye al máximo cualquier propagación de sonido. Allí pudo distinguir claramente un sonido alto y otro bajo. El técnico le explicó entonces que el sonido “alto” correspondía al funcionamiento de su sistema nervioso y el sonido “bajo” a su circulación sanguínea. De esta forma Cage concluye que el silencio no existe.  Más que “no existir”, el silencio existe en la medida en que determinados sujetos, en circunstancias o contextos particulares, le asignan ese significado. Prueba de esto son las denominadas “marchas del silencio”. En realidad este “silencio” es político: frente a la práctica del ruido, del grito, de los bombos y los cantos de otras marchas, se  opone el silencio como forma de reforzar la protesta. Simbólicamente es muy fuerte. 

En relación al ruido, ¿podemos decir que todo ruido es contaminación acústica?

Las acústicas en los contextos urbanos donde vivimos hoy están hiper-sonorizadas. De hecho, el siglo XX estuvo marcado por un proceso de fuerte sonorización de la vida cotidiana sobre todo en las metrópolis. Las nuevas tecnologías potenciaron las frecuencias, pero también se multiplicaron los dispositivos de escucha. Cuando se impuso el tocadiscos, una práctica habitual era juntarse en grupo para escuchar un disco. Hoy se escucha en dispositivos individuales como celulares o mp3, mp4, o mp5, en el auto, en las casas, en los locales, en los medios de transporte, en los centros comerciales, en los supermercados. 

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Recién nombraste la identidad sonora, ¿qué es?

El sonido puede cumplir diferentes funciones. Una de ellas es la de contribuir a determinar la identidad de un objeto, producto, lugar o práctica. El sonido de un motor, la forma en que se tocan las bocinas de los autos, el murmullo en las calles, el sonido de las plazas y el conjunto de estas sonoridades de manera general en un contexto determinado puede contribuir de manera significativa a la identidad sonora de dichos objetos. Esta identidad también informa sobre una época. En la ciudad de Buenos Aires, la Plaza de Mayo fue inaugurada en 1580. A partir de ese año en adelante, este emplazamiento fue terreno baldío, plaza, capilla, ranchos, templo de San Ignacio –de los jesuitas-, escuela, cochera de gobernadores y virreyes, caballeriza, mercado y, a partir del 1800, la Recova de la Carne que va a permanecer hasta fines del siglo XIX. Si bien no se cuenta con registros sonoros de aquella época, podemos reconstruirlos. Hoy escuchamos en la Plaza una banda sonora bien distinta. Pero hace 200 o 300 años atrás podemos aventurar que la banda sonora era otra: caballos en vez de autos, relinches en vez de bocinas,  gritos (sobre todo en la época de mercado y Recova), animales (gallinas, vacas), la marcha de las milicias, las campanas de la iglesia o templo según la época.

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Y, a propósito de esta circulación por un espacio, ¿qué es un paseo sonoro?

Desde la antropología tradicionalmente se trabaja con etnografías, es decir ensayos escritos acerca de la experiencia que el investigador sostiene en un campo determinado. Este campo puede pertenecer a otra cultura o puede ser parte de la propia cultura del investigador. Un paseo sonoro consiste en hacer un recorrido por un determinado lugar, con foco en la escucha de los sonidos. A través de un paseo sonoro se pueden intercambiar las diferentes percepciones de quienes lo realizan, y realizar en el mismo momento grabaciones.  El análisis de estos paseos sonoros tanto como el resto de material aural nos permite realizar una narración descriptiva, analítica e interpretativa de los sonidos de estos espacios y su relación con las prácticas cotidianas en dichos contextos. A este documento lo denominamos etnografía sonora. Por otra parte, nos interesa desarrollar también otra herramienta de producción etnográfica, que hemos denominado etnofonía, y es básicamente un documental sonoro. Una de las etnofonías, realizada con el equipo de Antropología del Sonido de la UBA tuvo  el objetivo de describir y analizar el espacio sonoro de los subterráneos en la Ciudad de Buenos Aires. Otra, ha sido la reconstrucción del espacio del Hotel Bauen en tanto fábrica recuperada a partir del recorrido de sus trabajadores. Y una tercera, la reconstrucción socio-espacial del barrio de Flores a partir de entrevistas y reconocimiento auditivo de vecinos, trabajadores y transeúntes.

 

¿Por qué la búsqueda a través del sonido?

Uno de los puntos de partida de estas búsquedas sonoras es el hecho de reconocer que en Occidente y en la ciencia en particular hay una primacía de la imagen por encima del oído. Hablamos de “imágenes”, “enfoques”, “miradas”, “perspectivas”, “puntos de vista”, o “foco” para explicar, interpretar o describir diferentes aspectos del mundo social inclusive aquellos referidos a eventos sonoros, como por ejemplo “ir a ver a un grupo musical”.

El siglo XX de hecho fue un siglo donde lo que se disputó fue la imposición de determinadas voces por encima de otras, no sólo fue un siglo de imperialismos, división de territorios y guerras, lo fue también de ruidos y de constitución de hegemonías a través del sonido. Suzanne Cusick por ejemplo nos habla sobre el uso de la música como tortura por ejemplo cuando irrumpieron tropas de los Estados Unidos en Panamá utilizando música a altísimo volumen con el fin de hacer rendir al entonces presidente de Panamá Manuel Noriega, y del “bombardeo acústico” como una práctica estándar en los campos de batalla en Irak.

En este sentido, pareciera que lo mejor que nos puede pasar es pensar el siglo XXI a partir de la necesidad de escuchar más que gritar. Escuchar nuestros entornos, escuchar a los otros, necesitamos una escucha reciclada, ecológica y de género.

Es un momento delicado en el que el poder económico detenta los radares desde donde instalan discursos xenófobos, patriarcales y consumistas. Son estos los radares y los “canales” que debemos apagar para poder escuchar las voces en red, las voces del vecino, del compañero, de la pareja, de los hijos, del que necesita, del que sabe.

REDONDAS

“Correr —tengo esa impresión— ayuda a memorizar discursos y cosas similares.

Mientras te desplazas con tus piernas puedes ordenar mentalmente las palabras de un modo casi inconsciente. Sopesas el ritmo del texto y evocas el sonido de las palabras.“ 

Haruki Murakami

 

¿Qué estas investigando actualmente?

En este momento estoy trabajando en sono-artivismo, fusionando el campo performático, el musical y el académico y explorando un abordaje de la escucha y la producción sonora de género, es decir, formas singulares, de ser y estar, de escuchar y producir cuyo punto de partida es la experiencia a través del género. Es un momento muy particular, muy movilizante y para las mujeres en particular, muy restituyente y reparador poder decir, sonar y esucharnos. 

Desde el Equipo de Antropología del Cuerpo y la Performance de la UBA bajo la dirección de Silvia Citro, una de las líneas de trabajo es la de restituir el sonido como lugar de conocimiento pero ligado al cuerpo y a las emociones. Tomamos la idea de escucha como experiencia senso-emotivo-corporal. En noviembre dictamos un taller (“Interculturalidad, performance y corporalidad en las prácticas musicales”) para músicos, en la Facultad de Música de la UNAM, en México, y los resultados fueron muy alentadores. En este momento estamos escribiendo y sistematizando las experiencias porque nos dimos cuenta que el alcance superó las expectativas con las que planteamos los contenidos y la metodología.

La otra propuesta sobre la que estamos trabajando desde el equipo es la de “Performance Investigación”. Y es justamente transformar las etnografías, es decir aquellos textos que circulan de manera limitada en ámbitos académicos en performance que den cuenta desde lo artístico y creativo, desde el cuerpo y desde la escucha nuevas formas de saber, de hacer, de sentir y de comunicar.

Performance sonora decolonial sobre las resonancias de las violencias, la porosidad de las fronteras y los tránsitos de y desde el cuerpo a través del sonido

Victoria Polti Antropóloga y música.  Es doctoranda en Antropología Social (UBA) y docente en el Conservatorio Municipal Manuel De Falla y profesorados artísticos del GCBA. Dirigió y participó de proyectos de investigación en la UBA, UNLa y IIET sobre antropología del sonido, performance, corporalidad, improvisación musical y nuevas estéticas musicales. Recibió la Beca del FNA y apoyo del Fondo Metropolitano de las Artes. Coordinó simposios sobre Música y Sonido en congresos nacionales y participó en congresos internacionales en Suiza, Brasil, Chile, Uruguay, México, Tailandia y Cuba entre otros. Como música grabó en una decena de discos y compuso la música para la obra de danza contemporánea “Unos varios des-variando” bajo la dirección de la coreógrafa Roxana Grinstein. Actualmente es integrante del Equipo de Antropología del Cuerpo y la Perfomance de la UBA, la Red Latinoamericana de Antropología de y desde los cuerpos, la IASPM-AL (Asociación Internacional de Estudios de la Música Popular, Rama Latinoamericana) y la ICTM (International Council for Traditional Music). Del 9 al 15 de junio participó del Encuentro del Hemispheric Institute of Performance and Politics (New York of University) como performer e investigadora en la UNAM (Universidad Autónoma de México) en la que presentó la performance sonora decolonial “Ruidos” sobre las resonancias de las violencias, la porosidad de las fronteras y los tránsitos de y desde el cuerpo. El 27 de junio a las 18 hs. participará de la Jornada organizada por la UNTREF “Otras escuchas: escuchas de género” como conferencista junto a la artista italiana Anna Raimondo, Sede Posgrados del Centro Cultural Borges, Caba. Será en el marco de la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de América del Sur.

 

 

 

 

 




LA MECHA O LA LLAMA

Rituales: Entrevista a Karina Downie, responsable de la librería “Ritualitos”

Entrevista y edición: Nora Lomberg

 “y aferrándome de su mano pude aprender que una tarde puede durar una eternidad” Marta Gómez

Fuego sin fósforos. Manos de niñes sobre las páginas que hojean la eternidad. Un dibujo, colores fuertes, un pliegue en las palabras, un ruedo, un fleco.

Algo comienza a arder. Otro capítulo y ya el fuego es otra cosa. El despertador sacude la modorra de la cama. Una inquietud de llamas aparece en el agua. Cuadro tras cuadro, avanza el invierno. Y el viento, entonces, también foguea. Arriba y abajo son dimensiones intercambiables. A veces la leña es encendida por el fuego y no al revés. Porque jugar es la aventura del tacto que huele y del oído que murmura un secreto a este gusto por encender fogatas dentro de cualquier lenguaje. ¿Quién es la mecha y quién, la llama, en este desafío? Hay páginas que transcurren en el desierto y arropan como nido. Otras caminan sobre el hielo pero entibian el alma. Imposible aferrarse a la lógica del deber y las rutinas. Niñes de ojos atentos, miradas que hacen crujir la leña del tiempo.

HABITAR EL LIBRO

Tristecita que se me sale del alma a mí, intentando pintar recuerdos de otro color”
Marta Gómez

¿Siempre trabajaste de librera?

Hice muchísimas cosas, empecé a los 13 años, limpiaba en una peletería en San Isidro, cuidé niñes y casas y fui cajera de supermercado cuando no existían las lectoras de códigos de barras, ni los códigos de barras. También laburé en “PumperNic” hice teatro y fotografía. Un buen día empecé a militar y luego a trabajar en Madres de Plaza de Mayo. Ese fue el inicio de una etapa maravillosa. Todo por hacer: la UPMPM, el departamento de audiovisuales, la prensa, y luego me metí de lleno en la construcción de “Ediciones Madres de Plaza de Mayo”. A mis 44 años mucha agua pasó bajo el puente. Feminista, madre y lesbiana son tres palabras que le dan sentido hoy a mi existencia.

¿Qué te gusta de tu oficio?

De a poco, forjé mi quehacer. Nunca tuve “vocación” por nada más que por hacer algo que me emocione. Y como nací en un hogar pobre, ese “hacer” siempre tuvo que estar ligado a conseguir el mango. Desde muy chica, los libros fueron mi refugio, podría pensar que los libros “me salvaron la vida”. Me gusta hoy decir que soy librera, aunque a la figura del “librerx” tradicional no le arrimo el bochín siquiera. Sí me gusta el oficio que me reinventé, porque me permite hacer muchas cosas, mucho más allá de recomendar los libros que me emocionan y quiero compartir, difundir, multiplicar.

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¿Qué incluye este espacio, “Ritualitos”? ¿De dónde surge ese nombre?

“Ritualitos” es una librería especializada en literatura para niñes de todas las edades, también se pueden encontrar con juguetes y músicas que, de alguna manera, complementan la propuesta de ofrecer herramientas para habitar este mundo. Pareciera que nombrar las cosas, las personas y los proyectos es algo que me cuesta un montón, no fue fácil elegir. Con una maternidad múltiple y reciente, venía pensando nombres que pudiesen contener una idea de tribu, rituales, de ese reinventarse cuando todo se cae y una se aferra a esas pequeñas cosas simples que le dan sentido a seguir en pie. Un día una amiga me acercó la canción de Marta Gómez “Ritualitos” y todo, en ese momento, cuadró.
Paradójicamente, aunque es algo muy propio de este oficio, recordar citas y nombres no es mi fuerte. Umberto Eco, en “El nombre de la rosa”, habla de cómo nos nombramos y qué sentido le ponemos a ese nombrar. ”Ritualitos” va tomando forma y contenido en su camino, colectivamente, en el hacer cotidiano.

BELLOS Y URGENTES

El silencio de algún amigo me hizo aprender a escuchar lo que las palabras jamás dirán”
Marta Gómez

¿Cómo seleccionás el material en “Ritualitos”?

Esta es una característica que va marcando una diferencia sustancial con el resto de librerías. A esto me refería en un principio con la identificación del oficio. Generalmente, las librerías tienen una impronta forjada por el mercado. Es la manera tradicional de ejercer el oficio, reciben las novedades y, en base a lo disponible, en el mejor de los casos, seleccionan temáticas que les son afines. “Ritualitos” es diferente, no esperamos que nos llegue nada y, de hecho, la sola ubicación geográfica -al límite de Caba- hace de esta metodología un imposible. Salimos a buscar aquellos títulos de las temáticas que elegimos: feminismos, géneros, diversidad, emociones. También nos interesa todo lo abarcable por la ESI, derechos humanos, y material producido por proyectos autogestivos, colectivo y militantes para niñes de todas las edades. La misión de “Ritualitos” no es únicamente vender libros, sino -desde la periferia de la ciudad- acercar textos que nos gusta nombrar como “los libros más bellos y urgentes”.

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La uniformidad no es el camino para que la lengua que compartimos se mantenga viva”, dice Andruetto, ¿qué pensas? ¿Cómo se puede llevar este concepto a la práctica en una librería?

Absolutamente de acuerdo con La Andruetto, y es una marca fundante en nuestra librería, desde que iniciamos, tímidamente, con una valijita, en las ferias. Una anécdota que me gusta contar, y que al día de hoy se mantiene vigente, sucede en la Feria de Mataderos. Vale aclarar que es un espacio por demás tradicional, popular y al que difícilmente llegue algo que escape de lo ofrecido en el mercado. Bueno, a esa feria asistimos regularmente cada domingo desde hace unos siete años.
Cuando ahí nos piden libros de “Gaturro”, no sólo les respondemos que no tenemos, sino que además les contamos el porqué no tenemos. Y esto es, deslegitimar la uniformidad del lenguaje y mensaje que, erróneamente, se cree debe ocupar la literatura para las infancias. Casi anecdótico resulta el hecho, ya conocido por todes, del reiterado e impune plagio que el autor representa. Además, el mensaje que a las niñeces se cree debe llegar, es legitimador de un lenguaje y discurso que es posible desterrar de la oferta para niñes -que ni siquiera debiera ser llamada literaria-.

MAGIA RITUALERA

Ritualitos que tiene uno para vivir, para seguir cantando bajo este sol”
Marta Gómez

Te he visto narrar en forma oral las historias de los libros que vendés, ¿qué pasa en esos encuentros?

Pasa, justamente, que todos y cada uno de los libros de la oferta ritualera son parte de su identidad. De alguna manera, esos textos conmueven a este ser anarco y emocional, reflejan un sentir, un deseo, una búsqueda, un interrogante, una manera de ver o cuestionar un sistema. Tal vez no recuerde une sole autore, pero los textos, las ideas, las historias que narran me han conmovido y es eso mismo lo que quiero transmitir: la emoción de descubrir un texto que ponga en juego la construcción de un mundo habitable. La literatura nos acerca a la esencia de lo vivido por alguien, a entender lo universal desde las particularidades de una historia. Necesito compartir esa emoción, me maravilla el brillo en la mirada del otre cuando sucede la magia.

¿Qué es un libro para une niñe?

Un libro para une niñe no es otra cosa que un libro. La literatura como parte de una cultura formadora de representaciones sociales, de opinión y de legitimación participa en la construcción de la subjetividad del niñe y, entonces, desde ese preciso lugar, cualquier texto que represente una otredad respecto del discurso dominante es una herramienta potentísima. Es la posibilidad de ser quien se quiera ser. Es magia posible.

La tele está colmada por la estética de Disney…

Todo lo que no sea Disney es una propuesta válida o, al menos, a ser tenida en cuenta, porque cuestiona el discurso dominante.

 

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NO DESCUBRIMOS LA PÓLVORA

Musiquita que se me sale del alma a mí”
Marta Gómez

¿Cómo elegís los talleres?

Así como la librería, los talleres han ido forjando su identidad, desde el primero que iniciamos -con Mónica Zinna, “Cuentos jugados”, donde nos propusimos poner en juego cuentos prohibidos por la dictadura- hasta la actualidad. Hoy es un clásico para acercar a las niñeces textos reconocidos o no, que plantean formas de jugar, representar, encontrarse de otra manera con la literatura para les más peques, hasta propuestas que se corren del lugar común de otres talleres: taller de armado de muñecos, con Ludmila Baéz, de “Juguemos Juanitx”, que crea belleza y amor con materiales de descarte textil; Origami, con Laura Romero, de “Jugando en Papel”; Artes visuales, con Andrea Angrisani; Construcción de Fanzines, con Gisela Ahumada; “Huerta Orgánica”, con les chiques de “Proyecto Amapola”; Libros Pop Up con Lili Leguizamón; Cocina con Daniela Lusem. Seguro me olvido de varios, la propuesta es siempre aprender y abrir la mente y el corazón a la creación libre y colectiva, a la magia del hacer juntes, libres de doctrinas o disciplinamientos estancos.

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¿Cómo se van incorporando les niñes a las cuestiones de género? ¿Surgen estos temas en los talleres?

Las niñeces no se incorporan, nosotres debiéramos corrernos del adultocentrismo imperante y escucharles, atenderles, prestarles mucha, mucha atención. Abandonar la idea de que somos les adultes quienes tenemos que enseñarles algo. Con “las cuestiones de género” somos nosotres quienes tenemos que aprender todo, lo “natural” no es el patriarcado, el machismo, la misoginia, la lesbotransbifobia. Las niñeces nos están diciendo que hicimos todo, todo mal. Nosotres no descubrimos la pólvora, elles vinieron a encender la mecha.

Ritualitos queda en Pieres 103, Liniers, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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QUÉ BONDI

Rituales: sobre rutas cotidianas.

Por Nora Lomberg

CAPICÚA

Mi padre se sabía los recorridos de todas las líneas de colectivos de la Ciudad. Cuando le conté que había conseguido mi primer trabajo, me estampó un:
-Te deja el 152 a tres cuadras.
Creo que esa manera de cartografiar la vida lo completaba: su geografía era en bondi. Se esforzaba por estar al tanto de los cambios de recorrido, incluso, de los distintos ramales, aunque no los manejaba tan finamente. Era todo un caballero: ofrecía el asiento a mujeres y ancianos y gustaba de saludar al chofer e intercambiar novedades, ya fuera el clima o cuestiones específicas de calles o paradas.

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BOLETOS

A decir verdad, a coleccionista de boletos no llegaba. Pero, a veces, intervenía la suerte:-Hoy me saqué capicúa- Y mostraba el boleto en la cena familiar, mientras sus hijas peleábamos por el trofeo.Tampoco se privaba de hacer humor con los nombres de las calles, y ni hablar de su dominio de las estaciones de subtes. Solía regalarnos sus guías y mapas de la ciudad actualizadas anualmente. Pero, preguntarle era más divertido.-¿Que me deja en Corrientes y Medrano?- Ahí se mostraba en su salsa. Te decía cuántas cuadras caminar y el horario de llegada. Era un Gps adelantado.

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COLECTIVO

“Viaje en colectivo” era el nombre del juego, inventado a instancias de mi hija. No sé como lograba transformar su camita en un ómnibus.
-¿En qué parada baja? ¿Tocó el timbre? ¿Qué asiento va a ocupar? ¿Quiere que le avise en la Avenida Gaona?”
Cosas así le divertían. Reía con poco.

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DESTINO

Al anochecer, lo recuerdo en el sillón del comedor. Sólo él lo usaba, porque mi madre nos tenía prohibido disfrutarlo. Cerraba los ojos, y se entregaba a las penumbras. Decía que pensaba cosas, ¿un poco de infinito? ¿O simplemente dormía? En esa plenitud del silencio, a mí me gustaba tocarle la oreja, y a él hacerme cosquillas. Era callado y su mano grande me enseñó a cruzar la avenida Córdoba.
Sus sueños en un maletín, viajaban cada mañana hasta el centro.
Recién al jubilarse aprendió a usar la computadora. Hacía planos. Dibujaba lugares, trazaba caminos.
Pero igual le era fiel a su Spica, que bajo la almohada cada noche lo acunaba como musa orillera.
En sus últimos días, ya internado, seguía con el tema:
-¿Viniste en el 103? ¿Dónde estacionaste el auto?
Yo le contaba detalles, como un nuevo guiño en el semáforo de la calle Laguna. Y él sonreía.

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METÁFORAS

Cómo resuenan esas voces que, en incesante metáfora, ayudan a ver más claros nuestros días. El pasado está vivo en el corazón. Talismanes de la memoria mutilada, esas pequeñeces cotidianas que no se jubilan deshilan recuerdos y apuran el derecho a soñar que, alguna vez, será capicúa nuestra suerte.

 

 

 




EL SILENCIO, AUTOBIOGRAFÍA NO AUTORIZADA

La sospecha: Entrevista a Miss Bolivia

Entrevista: Nora Lomberg, Gabriela Stoppelman
Edición: Nora Lomberg, Gabriela Stoppelman

 


GÉNESIS

Desde el vientre ya me aturdían. Por eso, mientras me probaba distintas formas, me ejercitaba en colarme entre dos latidos, en impregnarme en un soplo de aire o en adherirme a una corriente de sangre hacia algún rincón. Por extraño que parezca, siempre amé los sonidos de mi madre. Sin embargo, mi origen es confuso. Algunos dicen que me gestó una palabra, otros opinan que soy el resquicio que brotó entre otras dos. Yo -recordar, lo que se dice recordar- no recuerdo nada. Pero mi materia es escurridiza y pregnante, por eso me tizno de huellas en cualquier camino. Así que algunos ecos de mi origen me resuenan más que otros. Y, aunque esas leves marcas no alcancen para afirmar un comienzo, son suficientes para hacerme pariente de la grafía y de la canción. Soy de la genealogía de los vacíos encerrados entre las siluetas de las letras. Soy del linaje que espacia términos y amaneceres, que escancia el blanco entre dos párrafos o abre abismos elocuentes entre un verso y su portavoz. Sin duda, hago familia con las cadencias. Más que todo, con las que se pretenden firmes y después decaen hacia una mínima filigrana de sonido, cuando el canto apaga la luz. En fin, quiero decir que no importan tanto mi instante cero ni mi instante uno, porque es en los segmentos curvos del tiempo, donde me aquerencio mejor. De mi infancia, recuerdo los modos de tristeza, cuando las sombras de ciertas frases se llenaban de ausencia y malos presagios. Pero también la alegría al romper de un tajo la soberbia de un verbo, al juntarme con cifras y garabatos para inventar el lenguaje nuevamente y ser esa banda cautelosa de interjecciones y puntos, donde no había espacio para ningún héroe, para ningún abandonador. Un día, tan acostumbrado a ser apenas visible, sucedió lo inesperado: alguien me leyó. Yo ya había pasado las pruebas de los espejos, el desafío desnudo de las grabaciones y hasta me había casi visto en los bordes de algún olor. Aunque leído, ser leído, eso sí no me había ocurrido nunca.

Xul Solar. "Tú y yo" Acuarela sobre papel, 1923.
Xul Solar. “Tú y yo” Acuarela sobre papel, 1923.

 

UNA INFANCIA

“A veces la infancia es más larga que la vida”
Ana María Matute

Sin fanfarronería, sé que muchos me prefieren. Por distintos motivos, claro. Algunos, por acallamiento: tan acostumbrados a acumular, amontonan hasta lo que no se dice. A veces el tiempo de ausentarse del sonido vuelve traición y cobardía lo que en un comienzo fue mera omisión. Pero están también los otros, seres intensos y a la vez pausados, donde la intrepidez de la frase nunca le gana al cuidado del otro. Esos hablan con pasos suaves. Antes de lanzarse, leen el mapa de cicatrices y hundimientos del rostro. Atienden al cuerpo, al modo en que los hombros se repliegan ante la inminencia de una palabra bala y a la forma en que los ojos se expenden ante una palabra abuela. “Prefiero el silencio”. ¿Qué se puede leer en el silencio?, ¿en qué potencia ‘el silencio’ tu palabra, tu música? El silencio es una de las figuras musicales que más me gusta y me resulta ultra revolucionaria. Lo aprendí de chica, cuando leí sobre una obra de Cage, íntegramente conformada por silencios. Estoy harta de la sobreestimulación a la que nos encontramos sometidxs en esta era digital. Lo provocador y revolucionario, para mí, es el silencio. El silencio es poder elegir. El silencio es ser capitana de mi propio barco. Yo tuve una infancia marinera. Un poco balbuceaba, un poco retenía los bordes de mi futura consistencia. Era más bien de andar solo, en un barco discreto, que apenas conversaba con el murmullo del mar. Barco sin papel, sin timón y sin bandera, un día atisbé el horizonte. Entonces, sí, me erguí entre dos graves, acepté del viento algunas alteraciones y, por fin, fui capitán. Aunque eso ya es otro capítulo. 

 

PRIMEROS MIEDOS

“Me dan miedo esas grandes palabras que nos hacen tan infelices”
James Joyce

Sipo Limataien.
Sipo Limataien.

Yo no sé si el espacio entre esas dos notas era muy estrecho o fue mi propio cuerpo el que se contrajo hasta casi la nada. Yo no sé si tiene razón la Pizarnik, y el silencio es eso que se produce entre dos palabras o la posta la escribe Miguel Ángel Bustos: “Escribe mientras sea posible. Escribe cuando sea posible. Ama el silencio.” Lo cierto es que ya perdí el rumbo de quién soy. Así, un poco desasido en escritura y otro poco en frases musicales, sospecho de todas las afirmaciones leídas más allá de un tiempo y un cuadrante. Quiero confiar. Amo a los seres que confían, porque con su letra tienden puentes. Pero a veces me tironea el miedo y otras, hasta el odio. Y siento que, salvo retirarme, esta cinchada entre lo que quieren de mí, lo que sentencian y lo que callan es la arena donde puedo disputar mi tiempo. Dice tu libro: “Lo opuesto al amor no es el odio. Lo opuesto al amor es el miedo”. Entonces, ¿quien siente miedo no ama?, ¿no hay miedo en el amor? La verdad, no sabría decirte. Yo tampoco sé qué decir. Por eso callo. Y eso que no es mi mejor estilo, a pesar de que todas las desconfianzas me rodean. No soy un simulacro donde se esconden las segundas intenciones, ni un recreo para pasar propaganda entre dos episodios del sonido. Me pienso, me piensan. A veces caigo en manos anartistas, me inmiscuyo en algunas de sus preguntas. Como esta: El tema de nuestro número es “la sospecha”. Pensamos que la suspicacia -como sospecha de mala intención permanente del otro- es un modo de vincularnos que le viene muy bien al capitalismo. ¿Qué opinás? ¿Cómo vinculás la confianza con la lucha contra el miedo? Me resulta demasiado compleja la pregunta. Paso a la siguiente. Gracias. Si lo sabré yo, no es nada fácil hablar a la distancia, por mail, con los cuerpos ausentes, desprovistos de gestos y de reciprocidades. Se hace lo que se puede. A mí también me resulta compleja la pregunta. Pero sigo en la búsqueda.

Gloria Abellán Romero.
Gloria Abellán Romero.

 

LOS AÑOS DEL AMOR

 “Usted no sabe cómo yo valoro su sencillo coraje de quererme.”
Mario Benedetti

Y caí, ya no recuerdo a qué edad, pero caí como chorlito en eso de que no hay amor sin espinas. Y salí todo arañado y maltrecho. No entendí, no entiendo aún por qué esa inquietud tan colorida que intenta estrechar a los otros linda, tan coquetamente, con el dolor y el daño. No entendí, no acepté que ese fuera el único modo. Y me puse tan gris que, de tanto fruncir mi tristeza, el silencio crecido que yo ya era, casi comenzó a gritar. ¿Cómo sostenerse en el amor verbo sin conceder ante el amor merca? ¿No es de algún modo pendular?

Micahel Cheval. "Sonando silencio".
Micahel Cheval. “Sonando silencio”.

El amor que pretendo es del orden del verbo, en constante movimiento. A ese amor apunto y trabajo arduamente para poder practicarlo. El amor merca insiste porque somos sujetos permeables al sistema que nos dicta cómo amar, mediante guiones tóxicos, apoyados en dispositivos como la literatura, la tradición, la televisión y ciertas formas de psicoanálisis. El amor merca es el amor romántico, heteropatriarcal, cisbinario. Eso es falopa. Tóxica. El trabajo al que apunto es de deconstrucción de ese paradigma de amor, para romper las cadenas del romanticismo. Ese amor donde existen sujetos activos y objetos pasivos, el cortejo tóxico de la conquista, la monogamia obligatoria, la pareja romántica junto con la familia, la fábrica, la escuela, la cárcel y la iglesia. Todo eso es merca. El laburo liberador sería hacer un detox, una rehabilitación de eso y volver a escribir el amor de forma incesante, un amor que pulsa de manera constante. Una pulsación constante, como un jadeo en la letra que busca el mejor desvío para respirarse otra. Como un valle en la música, que ha comenzado a cansarse de la prepotencia de los picos. O ese modo de releer la inquietud en clave del otro. De sostener el temblor y no la mueca. El curso del detalle, más que la grandiosidad de la historia. Ojalá podamos. Ojalá.

 

GRANDES AMORES

            “(…) y queremos sanar, lo que es una manera de querer vivir”
Marguerite Yourcenar, “Memorias de Adriano”

Gregory Colbert
Gregory Colbert.

Ya era yo un adulto que no renunciaba a su niño, cuando descubrí mi incapacidad de ausencia. Donde yo me presentaba, había una falta y una presencia. Donde no me presentaba, me llevaban de los pelos. Y algo más. Me costó muchos transcursos comprender lo singular de mi tiempo. ¿Tictaqueaba yo en blancos?, ¿ mi medida era la pausa o el recomienzo?, ¿cómo podía mi materia ser aliento en el poema, años o kilómetros en la elipsis entre dos párrafos, huellas de biografía en la escucha y océanos donde van confluir las notas, en el fraseo musical?
¿Qué de singular tiene la escritura, con respecto a la música o al psicoanálisis, para abordar las cuestiones que te importan?
La escritura me permite realizar el recorte del segmento del mundo que quiero abordar. Son distintos circuitos o registros, pero muy similares en su potencial para el abordaje crítico y la proliferación significante. Cada registro tiene su magia y sus particularidadesEn la psicología y en la música hay un vínculo con el lenguaje que excede la de la mera comunicación, ¿cómo te vinculás con lo poético en cada uno de ellos? ¿Qué es lo poético para vos? Creo en el exceso de significación donde se halla la potencia. Ese exceso es lo poético para mí. No comparto el paradigma psicológico o psicoanalítico que se construye desde la cosmovisión estructuralista de “la falta”, sí creo en la dinámica excesiva. La psicología que se articula desde el paradigma de “la falta” es falocéntrica y cisbinaria, al servicio de un sistema de dominación. Por eso me encuentro a gran distancia de esa concepción y la producción significante es poética per se. La música tiene esa misma dinámica para mí. No me resulta pertinente separarlos, son distintas expresiones de la misma dinámica.

Una conmoción de lenguaje. El pecho que se cierra, la piel que se estira, el torso que busca un punto sin niebla en la desmesura. La mano que lucha el tacto de las palabras, una luz que no encandile, una sombra ajena a todo hastío.


UN TIPO MADURO, EN UN MUNDO VERDE

“Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”
William Shakespeare

Un día fui padre. Los hijos de este silencio supieron no ser a mi imagen y semejanza. Eso sí, igual que su viejo, detestaron a los retiradores de palabra, a los perversos que, con gesto incólume, pueden desvalijarte el aliento y la voz en un mismo instante. Intentaron no juntarse con los nuevos conspiradores, esquivaron el aire comprimido de la falsa alegría y no quisieron aplastarse con el deber de ser siempre los más originales. Tampoco cayeron en esa de arruinarse la poca libertad de los días con ningún imperativo de transgresión. No, con todas sus flaquezas, con todas sus impotencias, no se disfrazaron con golpes de efecto ni se maquillaron del color de las mayorías. Igual, los hijos de este silencio heredaron de su padre el gusto de preguntar: ¿Qué es ser miserable para vos? ¿Qué es ser berreta? La miseria es negar la subjetividad del otro. La avaricia, el canutismo, la acumulación, el totalitarismo ante la pluralidad infinita de formas.

Pepe Espaliú. Sin título (Tres jaulas), 1992.
Pepe Espaliú. Sin título (Tres jaulas), 1992.

Con un padre leído desde tan pequeño, los pibes no podían sino salir ávidos lectores: “Siempre odié/Lo tibio¿Cuáles son las tibiezas más insoportables para vos en estos tiempos? Cuando en el libro hablo de lo tibio, realmente hablo de lo tibio, de la comida tibia, de temperatura tibia. No me gusta que me sirvan carne, pasta, pollo o arroz o lo que sea, tibio. Me da arcadas. Me gusta la comida caliente. Ahora bien, lo tibio como forma de ser en el mundo también supongo que me da arcadas. La dinámica del cagón, de quien habita su zona de confort y se caga en su alrededor que provoca empatía, o sororidad, y prefiere mirar para adentro o para adelante sin afectarse por el mundo. Eso es tibio y no me gusta.

En otra parte de tu libro, dice “El soretismo no se cura en análisis. ¿Podrás desarrollarnos un poco a qué llamás soretismo? Realmente no tengo mucho para desarrollar al respecto. El soretismo es “ser sorete” y creo que está escrito de modo accesible y en lenguaje universal. El sorete es sorete, por más que resulte tautológico.

Bueno, al respecto yo tengo algo para decir. Silencio sorete es el que sabe que una palabra podría salvar una vida y, aun así, la niega. Silencio sorete es la impostura de la palabra que promete y no da. Una especie de histeria de la letra, difícil de aplacar. El silencio sorete es el que sólo sabe de restas y descuentos, nunca de dones ni de ese simple dar un poco más, por las dudas que no alcance.

Salvador Dalí. "Atomicus Recreation" de Karl Taylor
Salvador Dalí. “Atomicus Recreation” de Karl Taylor.

 

GEÓGRAFO DE MÍ

Somos desconocidos para nosotros mismos”
Nietzsche, prólogo a “La genealogía de la moral”

A veces vuelvo al origen de lo incierto y me pierdo en mis propias rutas. Mamá Palabra decía que eso me pasaba por querer abarcarlas todas. A mis otras mamás, en cambio, siempre les resultó un alivio mi modo tan deseante. Lo único que las preocupaba era que me regodeara en el puro sinsentido. Padre, seguro que no tuve. Ni me dejó, ni se murió, ni se borró. No tuve. Con las múltiples versiones de mi nacimiento y las multiplicadas renacidas a lo largo de mi vida, mi orfandad nunca fue de vínculos, aunque sí, de mundo. Extraño y extrañado. Impuesto y descompuesto, usado en la saliva ácida de los peores y atorado en las condiciones precarias de muchos buenos, hoy puedo decir que yo mismo dibujé mi territorio, aunque sus bordes sean difusos y sus fronteras, frágiles. “Soy el mapa mis deseos y mis enfermedades” ¿Podés pensar tu biografía como una cartografía? Sí. A veces un mapa, a veces una cartografía. No me decido. Pero creo que todos somos eso: el mapa de nuestros deseos y nuestras enfermedades. Cuando pienso por qué vamos a terapia, la respuesta es que vamos a sanar los síntomas y enfermedades que nos trazó el capitalismo, y hay que volver a escribir, a trazar otras cartografías para poder retornar a la propia subjetividad (es utópico, pero es un buen norte).

Miss Bolivia. Tapa de libro.
Miss Bolivia. Tapa de libro.

Esta es la tapa de tu libro, con un cuerpo escrito

¿Qué tiene el lenguaje del cuerpo que no tengan las palabras? El síntoma.

Silencio. Mi cuerpo se escribe con lo indecible.

 

 

 

 

 

VIEJOS SON LOS TRAPOS

“Que la mujer del futuro, no sea el hombre que estamos dejando atrás.”
Rita Segato

Estoy grande, sí. Soy el abuelo silencio. Mi memoria es este género hecho con todos los entrepliegues de la tela del lenguaje. Soy el ruedo, en lo que aún no. El puño, de la voz que pesa en los hombros. El pespunte de los días quebrados de las cronologías, por obra de los desaparecedores y los alentadores del desierto. Soy el ojal por donde los ojos de los ausentes aún pueden curiosear nuestras vidas. Soy el desafiador de la muerte, porque ya me doy por muerto, desde que empecé a vivir. Y, aunque sospeches de mí, al verme tan magro y consumido, yo cuento y yo canto, para que nada falte, tan solo por no decir.

“Canto para no morir / Y eso que odio a los ratis de la lengua, a los ratis en general. ¿Quiénes son los ratis de la lengua? Uf, un inmenso abanico, que va desde la RAE hasta los soretes que critican, niegan y se resisten a la potencia del lenguaje inclusivo.

Shhh, esta biografía no está autorizada. Es sólo una metáfora, un modo de vivir.

¿Qué modo de pensar te aporta la metáfora? A veces, la metáfora es un privilegio. Otras veces es un exceso negador de la realidad. A veces hay que llamar a las cosas por su nombre. A veces hay que decir “femicidio”, “violación”, “empalamiento”, “basta”, “estoy harta”, en esos casos, la metáfora sería una ornamentación que resta. Mi escritura es metralleta.

Miss Bolivia.
Miss Bolivia.




CRUCIGRAMA DE BARRIO

La sospecha: Sobre anécdotas de barrio.
Por Nora Lomberg

 

TODO AL CINCO

Tiene sus cosas la vida de barrio, casas bajitas, calles con ventanas, puertas con mirillas y ropas coloridas en las alturas. Yo lo recorro cada día en busca de consejos y sabidurías, difíciles de hallar en los libros.

Son ruidosas las calles, aunque pase sólo una línea de colectivo, que alcanza y sobra para despabilar al más dormido. Pibites en bicicleta, viejes de andar cansino, repartidores y barrenderos. Algunes otres buscan tesoros entre desechos de cartón y ramas sueltas.

20181219_112359Del Geriátrico, conozco a Doña Clotilde, ceño fruncido y pitillo en mano. Es diminuta y aduendada. Siempre con bolsas que cuelgan de su andador, pasa a la mañana y a veces por la tarde, pero no saluda. Fija la mirada en sus pasos, toma café sobre la “Avenida Mucha Gente”. Mientras, hace crucigramas en el bolichón: un restaurante de alegres mediodías y mozo con dedo gordo dentro del plato. Allí la aprecian a Doña Clotilde. Si está libre, ella elige la mesa que da a la ventana, pero casi nunca mira hacia afuera. Absorta en la magia de las letras que bailan su milonga, cuando descubre la palabra de cinco letras que encaja, se ríe sola. El mozo, de chaqueta raída, se acerca y la felicita. Se contagian la sonrisa. Los demás nos miramos con un gesto cómplice y generoso.

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PERRADAS

Al dar la vuelta por la calle Pedregullo hay una pintada:

SI NO HAY AMOR, ENTONCES QUE NO HAYA NADA, ALMA MÍA, NO VAS A REGATEAR.

Me saluda la señora de la otra esquina, la del pasaje Recoveco, quien tiene un perro de tamaño generoso que gusta orinar las puertas. Se dice que dueña y can duermen en la misma cama. El sodero parece haberlos visto. Ella es bastante peluda y el perro huele a perfume de mujer.

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EL CANTERO

Nosotras quisimos construir un cantero en la vereda de la calle Zarpada, bien grande, que nos permitiera sembrar una huerta. Pero se nos fue la mano y parece una pileta de natación. Yo me di cuenta de las sonrisas burlonas de los de enfrente, cuando plantamos nuestro árbol diminuto, que regamos cada mañana. Y es que somos así, en estos tiempos que corren, nos gusta complacernos.

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ESQUINAZO

– ¿Se enteró lo que pasó en la esquina Despelote?

– Cuente, cuente- dice María, la abuela del pibito de la bici violeta.

– Parece que ya venían los ánimos caldeados entre el colectivero del interno 52 de la línea 720 y el fletero. Cada vez que el fletero quiere sacar el camión, el bondi dobla con todo y siempre están por chocar. Ayer se caldearon los nervios con esto de Boca y River, se gritaron feo, se bajó el colectivero y se agarraron a trompadas. Tuvo que venir la policía a separarlos.

– Ahh sí, algo me contó Pocho, el chapista.

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FUMATA

Zunilda trabaja por horas en la casa de una doctora de Pami y también limpia el consultorio. Es en la otra cuadra, en la esquina de Luminosa y Sombras. Cada tanto, Zunilda sale a la puerta a fumar porro. Ayer la vi cómo saludaba animosamente a los pacientes, que cada vez son más y más. Ella es la esposa de uno de los que juegan apuestas a las carreras de caballos en el local de quinielas de la calle “Olvidame para Siempre”, eso lo sé porque me lo dijo el diariero.

 

APARICIONES

Se dice que, cada tanto, hay aparecidos por el barrio. Una especie de Enano, comenta el Zapatero. El mes pasado lo han visto caminar por Vericuetos. Usa traje y corbata y una barba larga hasta el piso.

Duende

 

POLÍTICA

Las calles y las veredas presentan desvíos, tal vez desvaríos. Algún imprevisto estremece nuestra mirada y nos pone en conflicto. Instantáneas que nos invitan a navegar incoherencias. Actos que fungen como llamadas. Aullidos, sombras o murmullos que surcan las veredas nos ayudan a descubrir pasadizos al amor, durante un lunes lleno de tiempo. Interrupciones inquietantes, entre nuestras emociones cotidianas. Este territorio cuenta lo que pasa. Se escuchan sus silencios.

Nocalles dejo de ilusionarme con que, un día, Luminosa y Sombra por fin abandonen sus ánimos de intersectarse y marchen juntas hacia la Avenida Mucha Gente. Que allí surja la silueta del Enano. El tipito se negará a ser líder. Y, cuando estemos dispuestos a que “Olvidame para Siempre” torne sin regreso en un gran Boulevard de la Memoria, entonces ya no necesitaremos duendes que nos guíen. Después de todo, el barrio es nuestro territorio. Desde allí, multiplicaremos y trazaremos –otra vez- una Patria.

 

 




A LA BANQUINA

Lo inesperado: Manual de desgracias cotidianas.
Por Nora Lomberg

CAÍDA LIBRE
I

Las cosas se me caen o tienen vida propia. Es natural que los objetos se dejen ir. Por ejemplo, una birome -que bien podría estar en la cartuchera donde duerme-, de pronto, se hace ver entre los utensilios de cocina. Burla así toda lógica y recuerdo de sus últimos movimientos.

¿Cómo fue a parar allí? ¿Será que algunas lapiceras vuelan? Cuando pasan esas cosas, se me dibuja una mueca que evoluciona a veces hasta sonrisa, aunque me complique la mañana o, inclusive, el día completo.

II

Ayer, sin ir más lejos, llegué al consultorio donde trabajo y no tenía las llaves. Las había sacado en pos de un orden en el que no vivo. Al guardarlas, le erré a la cartera, se las puse a otra persona. Ese día gasté mi energía en estrategias para:
sobrevivir,
ubicar al portero,
explicarle el problema,
llamar a un colega para que me prestase su llave,
viajar a buscarla,
llegar tarde a atender justo a ese paciente con trastornos obsesivos, que esperaba ansioso, dele mirar su reloj, en la puerta.

III

O cuando, con mi hija, íbamos contentas a ver una película en el shopping y, mientras le hablaba, tropecé y caí bajo un árbol enano. Tirada en el suelo, atribuí esa caída a una mala suerte intrínseca, que me lleva a complicar las cosas.

60495c48-9bc3-4e57-8999-445f8f0ff456                “La caída de los ángeles rebeldes”, Brueghel

Ese día ya había confundido a una persona del trabajo con una compañera del club y me la pasé meta darle lata sobre un negocio de raquetas, hasta que la señora me presentó cara de “no soy esa a la que te referís”.

IV

Padezco de una rinosinusitis. El nombre es raro. Y más aun lo es el problema. Nunca sé cuándo van a empezar a gotearme los ojos y/o la nariz. Ocurre de repente, como ahora, que cae la gota sobre el teclado. Lo cierto es que suele suceder en momentos de lo más incómodos, como cuando firmé la escritura de la casa y

TAC

cayó la gota sobre la firma del escribano. Cómo olvidar su mirada inquisidora. Está claro: las lágrimas son menos incómodas socialmente. Pero, cuando sucede el goteo, debo responder si me pasa algo, argumentar algún porqué.

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V

No puedo olvidar los zuecos que lucí en aquella conferencia durante un congreso internacional. Esperaba mi turno para subir al escenario y exponer, cuando una doctora de renombre en Colombia, mientras contemplaba mis medias de nylon rotas, me preguntó si en ese momento los zapatos en Argentina se usaban así, con la suela despegada.

eyJ0eXAiOiJKV1QiLCJhbGciOiJIUzI1NiJ9.eyJpbSI6WyJcL2FydHdvcmtcL2ltYWdlRmlsZVwvemFwYXRvcy12YW4tZ29naC5qcGciLCJyZXNpemUsNTAwIl19.vI5vvRweub8-tdjoCx9OgrF_2-JH3yfcO5EZsfoRGD0

“Un par de zapatos”, Vincent  Van Gogh

VI

Las veces que pregunté por personas muertas o desconocidas para mi interlocutor, mejor no las cuento, sería una nota interminable.

VI

A la hora de elegir amigues, me he rodeado de gente como yo, que olvida las llaves del lado de afuera de la puerta, o deja puesta en el cajero la tarjeta.
El otro día, por ejemplo, fui a escuchar a una cantante. En medio de un solo fabuloso del pianista, se cortó la luz. Me sentí a gusto, en ese momento, es parte de mi condición saber sobrevivir a las curvas y a los desatinos.

Debo aclararlo: los días en que me pasan cosas tienen una seguidilla de inconvenientes, que se encadenan lejos de mi voluntad.

VII

No siempre los tomo por el lado del humor. Muchas veces llego a deprimirme de tal forma, que prefiero no salir de mi casa. Una vez, en la ruta 14, al regresar de las vacaciones, me paró la policía de Entre Ríos. Me había olvidado de encender las luces del auto y eso estaba por arruinarme el día cuando, de pronto, el agente bigote largo y casco negro visibilizó a mi hija en el asiento trasero y pidió su documentación. En ese momento, me di cuenta: había olvidado el DNI y empecé a sacar otras cosas: carnet de obra social, de gimnasia, de natación, fotos de cuando era bebita y, de ahora, en la escuela. Nada le venía bien. ¡Qué cosa el inconformismo de las autoridades!

-Va a tener que quedar demorada, señora.
-¡Yo no me quedo señor!

Mi hijita se incorporó y le gritó:

-Usted está haciendo enojar a mi mamá-. Acto seguido, la niña se puso a llorar a los gritos.
– Circule, señora, vaya, pero no puede salir de su casa sin documentos.
– ¡Ah, no! ¡Ahora usted va a calmar a mi hija!, ¡hágase cargo, agente!

El señor no sabía qué hacer, pero intentó con un “no te pongas así, nena, ahora las dejo ir a casa”. Incluso, le dio a la nena varios caramelos y le prestó su casco, hasta lograr calmarla.

Nos pasan cosas así.

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VIII

La situación se agrava con los viajes. Preparar un bolso puede desestabilizarme por completo. He llegado a cargar, en verano, ocho pares de medias, camperas de abrigo y a olvidarme el traje de baño. Llevo cosas inútiles y realizo listados interminables que incluyen pilas, alargues, almohadas (no me gustan ni las muy blandas ni las muy duras), ropa de vestir, como pantalones negros y zapatos acharolados. Lo increíble es que luego sólo uso una remera y un pantalón, porque voy a sitios alejados de restaurantes o bares nocturnos. Cargar esa valija, aunque tenga rueditas, es un incordio. Me pasó este invierno: fui a San Antonio de Areco, un fin de semana. La cosa anduvo con tan mala suerte, que rompí una de las ruedas, en el intento por subir unos pocos escalones hasta el cuarto. Tuve que pedir ayuda y dedicar parte del fin de semana a un arreglo provisorio.

Ni hablar de la torpeza al servirme el desayuno, largas mesas de manjares que me sirvo con gula imposible de transportar. Cuántas veces el flan o el queso terminaron en el piso. Y cuántas otras provoqué el resbalón de una señora por haber perdido el control de la manteca.

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IX

El problema es que no escarmiento y quiero hacerme la canchera. Me gustaría tirar para arriba un maní y abrir la boca, sin que me pegue siquiera en los labios. Soy de las que tropiezan con la misma piedra y así tengo las rodillas y los codos.

LA REENCAUSADA

Lo inesperado se hace ver en esa zona de equívocos intrincados. Retazos, estallidos que parlotean  bordes, en los pasadizos de mis días. Soy hablada por ellos y me dejan indefensa. Podría llamarlos apariciones violentas. Crujidos secretos, meollos, que emergen esporádicamente, en esos intervalos.

Hay en lo inconsciente una opacidad indescifrable. Memoria y penumbras.

Estamos tramados por palabras extraviadas, mudas, impensadas. Equívocos que nos llevan a ninguna parte, relatos agujereados. Entreveros.

Ando así, entonces, desenganchada, con grietas y sin sostén. Me rearmo en el acto de solucionar los fallidos, de recuperar la llave, de disculparme por no haber recordado algo. Allí, en el momento de la reparación, en el “me caigo y me levanto cotidiano”, la cosa vuelve a su cauce y sale el sol para mí. ¡Pero cómo cuesta!
¿Dejaré algún día de ser extranjera de mí?




HABLAN

El cuerpo: Sobre el lenguaje de los cuerpos.
Por Nora Lomberg

 

SORORAS

Son tantas que es imposible no verlas: coloridas, pintadas de verde en los párpados, en los rostros, en las uñas, entre los cabellos. Con carteles, pancartas y pañuelos. Son “las sororas”, movimiento de las mujeres en Argentina. No se parecen unas a otras, vienen de partidos políticos diferentes, de clases sociales diferentes y de historias diferentes. Se juntaron en las calles, en los encuentros, en los colegios, en las universidades y en la lucha. La última vez que se encontraron fue por la legalización del aborto. Son las “ni una menos”, las “nos queremos vivas”, las “el patriarcado se va a caer”. Se dan abrazos largos, con los ojos bien cerrados.

“Revolución feminista
¿Le gusta a usted, le gusta a usted?
Y ahora que estamos juntas,
Y ahora que sí nos ven
Abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer
Y arriba el feminismo, que va a vencer, que va a vencer.”

Hay amor por la vida, por la libertad de los cuerpos. Cuerpos insumisos, insurrectos, impuros. Presentes y activos. En la sororidad se trama hermandad, confianza, fidelidad, apoyo y mujeres valientes:

“Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar.”

Cantan y bailan. Pañuelean de verde las calles.

  

ESTADO MURGA

Mami, ¿puedo ir a la murga?
Pero, hija, falta mucho para el carnaval.
No importa, má. Amo la murga.

Hay ternura y alegría en los cuerpos que saltan, giran y piruetean. Y ella, mi hija, de pronto, se desborda, se eleva en risa y entra en estado murga, mágicamente, se une a otros cuerpos en ritmo, sonidos, poesía y repiques. La fiesta de la calle, del barrio, de la escuela. No se pierde, se identifica, se amasa a sí misma. Y yo la veo así, asomarse, tan otra. Su cuerpo indócil desafía, alumbra tramas y cuestiona viejas fijezas.

Murguerita
Murguerita

 

ROPAJES Y ESPESURAS

En pleno verano, Aníbal llega al Centro de día con polera y campera. Expone su desmesura. Él padece esquizofrenia y su relación con el cuerpo es caprichosa. No acepta quitarse el abrigo. Está bien así. Dice que se levantó muy temprano y hacía frío. Ya van 32 grados y aún el abrigo lo envuelve en una espesura que narra su cuerpo. Aníbal vive un largo invierno.

Dos días después, lo trae un short. Y lo acompañan remera y ojotas. Anda de mirada sonriente, menos espesa. La palabra señala y marca. Agujerea el cuerpo.

                              

MARCAS

tatuajesSilvia se acaba de tatuar un delfín en su hombro. Dice haber pagado una buena cantidad de dinero por ello. Porta su marca, la muestra. Inclusive, en pleno frío, exhibe en manga corta su relato. Fue después de separase de Juan -separarse es una forma de decir, porque Juan siempre fue casado-. Promesas más, promesas menos estuvieron así varios años y una hija. Para olvidar es necesario recordar. Y así Silvia oferta su presente a un pasado amoroso. Memoria y olvido. Y ya que hablamos de memoria y olvido, de esa otra mujer se trata: la escritura, la que une el cuerpo con la palabra. Somos escritos por el cuerpo, o narrados. Escribimos cuerpos. Cuerpos con huellas que inscriben una pertenencia. Escritura que transforma ese brazo en un objeto de diseño, erótico, pero también en un objeto de singularidad: cuerpo tatuado que busca decir, dar a ver un enigma. Provocar una pregunta, un interés. El cuerpo es ahora espacio de proyección de imágenes, donde Silvia  se reconoce, se identifica.

 

CUERPE A TIERRA

El cuerpo es siempre en construcción, un más allá de lo biológicamente dado. En su invención han intervenido innumerables trazas, lazos, lugares, deseos, dolores, ausencias. Así, todo cuerpo porta el haber atravesado un trabajoso camino. Y, en ese andar, encuentra su diseño. Por otra parte, cada sujeto tiene una particular relación con su cuerpo. Como sea, el cuerpo es una realidad, una disputa, una encarnadura, una morada. Tiene torsiones, gestos, pliegues, reversos y constantes transformaciones. Repito: la escritura une el cuerpo con la palabra. Lo habla. Y digo hablar, como quien marcha entre silencios. Seres hechos de silencio… Pero, ¡cómo hablan los cuerpos!

Dalí

 

 

 

 

 




RONDAR EL BARRIO

La orfandad: sobre cicatrices
Por Nora Lomberg

LOS OJOS DEL BARRIO

 

Tarde cálida. El viernes 16 de marzo cambia la rutina de Floresta, un barrio bullicioso, en el oeste de la ciudad. Unos cientos, reunidos en la esquina de Rivadavia y San Nicolás, nos disponemos a marchar y a hacer Memoria en acto, por las calles, como todos los años.
Calles que cuentan historias y fantasmas.
Liturgia de vecinos y militantes en pasos cortos, “a donde vayan, los iremos a buscar”.
Doblamos en Venancio Flores. Al 3519 funcionaba, durante la última dictadura militar, el Centro Clandestino de Detención y Exterminio, Automotores Orletti. Un taller mecánico, transformado en un espacio de tormentos, frente a la estación Floresta. 300 personas fueron secuestradas y torturadas ahí.
Se ven casas bajas y comercios. Sus habitantes, en la puerta, en silencio, testigos de nuestro paso. Todos, los nosotros y los otros. Todos, en la calle. Me pregunto si, por entonces, sus padres o sus abuelos habrán escuchado algo, si alguna unión de sospecha y coraje o de sospecha y miedo dio un paso adelante o hacia atrás del horror. Tal vez, alguna señora, con su changuito y al ir de compras, escuchó el llanto de esa muchacha, Ana, que murió con un tiro en la panza, embarazada de 9 meses. Tanto horror, en pocas cuadras. Un hombre, el de la carnicería, aplaude y saluda. Es un hombre bajito, lo conozco, tiene buena carne y sé que le fía a los conocidos. ¿Sabrá algo? ¿Recordará gritos, pedidos de auxilio? Por su lado, la señora de la casa de altos baja sus persianas de sopetón. Conozco a sus hijas, van a la escuela privada “Gente Nueva”. Y, por si esto fuera poco, otras ventanas de reojo desconfían con un “váyanse de acá”. Desde otro ángulo, los de la pensión -la mayoría extranjeros- son los más sorprendidos. Sacan fotos con sus celulares. A decir verdad, eso lo hacen casi todos. Incluso, cuando nos dirigimos a la calle Corro, un taxista de enojosos bocinazos por la Avenida Rivadavia, nos empieza a filmar. Y eso molesta. No es la única incomodidad por la zona.

Nuestro canto retumba.
Duelen los silencios.
Calles de piedra,
cordones altos,
veredas con rayitas.
Madres.

 

CUMPLIR LA MUERTE

La potencia del caminar ya habla a pasos de la casa de Vicky Walsh. “El verdadero cementerio es la memoria”, escribió su padre, quien usaba la máquina de escribir como un arma. “A escribir o morir”. Cuánta orfandad compartida.
Victoria, 26 años. Era su cumpleaños el día de su muerte. “Una muerte gloriosamente suya”, escribió Rodolfo Walsh. Todavía me tiemblan las piernas. Desde el escenario, su hermana Patricia recuerda que ella y otro compañero se matan en la terraza, “ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir”. Una lúcida muerte. “Libertad fatal”, dice María Moreno. Su pequeña beba estaba abajo, sentadita en una cama. Sola, entre tanta muerte.


La Avenida Corro, empedrado testigo. Una chica en bicicleta se anima y pregunta. ¿Qué es esta marcha, señora? Por los desaparecidos del barrio, le digo. Ah, sí, le voy a avisar a mi mamá, ¿yo puedo ir con ustedes? Se suma contenta y, a mí, me viene el nudo en la garganta otra vez.
Se hace silencio. De pronto, levantamos la vista y miramos hacia la terraza.

Hacéte nube o viento
hacéte manjar para los militantes,
inspiración para pueblo sin rumbo
querida, Victoria Walsh.

El Necio- Silvio Rodriguez (2013)

 

LA FE DE LOS CAÍDOS

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Ahora ya somos muchos y apretados. Una misteriosa fuerza nos hace seguir. Veo a la piba de la bicicleta, está con otras dos, y me sonríen. Ella me señala a una señora que porta una bandera Argentina, su madre, intuyo. Este barrio está pregnado de huellas con largas cicatrices. No sé ya cuál es el rumbo, pero seguimos. Cajaravilla y Medina, nuestros cuerpos son cartografía de poder en esta placita, diminuta, en ausencia de las monjas francesas desaparecidas. El comando anti-orfandad debió instar a reponer su placa, luego de ser vandalizada. El embajador de Francia tuvo que intervenir para defender sus nombres en la plazoleta.

“Dios puso en mí una semilla
de inquietud por mis hermanos
que tienen los mismos derechos
porque dios hizo la tierra para todos.
El puso en mí las ganas de compartir
lo poquito mío como lo hizo Cristo”.
Alice Domon

 

HACIA EL OLIMPO


Dicen que le pusieron “El Olimpo” porque en ese espeluznante mundo y, mientras sometían con los más crueles vejámenes a personas inocentes, los milicos se sentían dioses.
Una pareja de ancianos y un grupo de perros cuchichean en la esquina de Olivera. Es evidente, que nos esperan quiero hablar, quiero decirles algo como “Memoria, Verdad, Justicia”. Pero cuando pasamos a su lado, no me sale. Es por este nudo otra vez.
Finalmente, les pregunto
– ¿Falta mucho para “El Olimpo”?
– Dos cuadras, señora

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Desde una ventana escucho aplausos, los conozco, son los padres de una compañera de mi hija eso me anima aun más. En la vereda de enfrente se han juntado unos niños. Juegan con los volantes caídos que habíamos echado a volar. No arrastramos tristezas, caminamos y la gente nos reconoce, sabe que cantamos contra el olvido y acompaña nuestro paso.

“Ni olvido ni perdón”

Y que retumbe
Tumbe la muerte
Y que retumbe, tumbe, retumbe.

Me fui sola, tranquila, caminé hacia casa. Unos vecinos en la esquina me dicen que me vieron en la marcha y me hacen “chau” con la mano.




FOGATA EN EL VIENTRE DE LA BALLENA

Deseantes: sobre la posverdad
Por Nora Lomberg

MENTIRIZADAMENTE

Nos construyen una memoria vaciada de contenido. Nos inoculan certezas en episodios.Compartimos creencias y estereotipos, se nos da por repetir cien veces una falacia hasta que se transforma en verdad. “Si mentís, te va a crecer la nariz”, nos decían. Las palabras se han vuelto globos, vaciedades capaces de significar a gusto del consumidor. La advertencia sobre la nariz ya no vale. Pobre, Pinocho se queda sin castigo y sin historia. La ballena nos devora, ¿hacia dónde nos conduce, ocultos en su vientre? ¿Qué ocultan estas falsedades? Algo hay en la mira, no es por el simple gusto de mentir. No son Angelitos en disputa por el poder.

Versiones falsas del mundo, del cotidiano andar: nos inventan escenas, conflictos, hechos. “Mapuches terroristas”, una mentira institucionalizada.

Así, la posverdad es una forma de dominación, una ofensiva contra los mutantes mentirizados. Las palabras se derrumban, se divorcian de su contexto. Ahora mismo nos transforman en acusados.Y quedamos indefensos, a la intemperie. Nadie está a salvo.

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LA LUNA EN TU CARA

El neoliberalismo transforma ciudadanos en meros consumidores, objetos de deseo del “Otro Mediático devorador”. Somos pensados por los objetos que construyen día a día un sujeto neoliberal. Hoy, desear es costoso, disruptor, tiene que ver con lo velado, en contraposición a la feria constante de lo que se nos ofrece deseable.

¿Qué tan libre es nuestro deseo si, de movida, se impone qué es lindo, qué es feo? Cómo deben ser un cuerpo, una pareja, una casa. Un twiter de Tinelli vale más que un libro de filosofía. La ley del mercado es la ley del éxito. Nos desnudamos en un panóptico digital, con nuestro propio consentimiento. Plagamos de fotos el universo, las enviamos al infinito mediático. Todo queda ahí.

Se me hace que deberíamos andar un poco más insatisfechos, más flacos de objetos. Se me ocurre que deberíamos portar deseos inalcanzables, como ver la luna en tu cara, por ejemplo.

Estar más incompletos de capitalismo, de ellos.

Desanudar sus telarañas.

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IRRUPCIÓN DE LAS PALABRAS


¿Qué podrá ayudarnos con tanto desespero?, ¿con esta oscuridad del lenguaje y palabras cansadas? EL TIEMPO, NO. Que nos dé envión la literatura y nos arrime al humor, a la poesía. Dejarse escribir y buscar intervalos en el territorio de palabras.

Reinventarnos en una épica subjetiva y poética. Tomar las riendas de las palabras, hacerles piquete, reconquistarlas. Narrar con horizonte la sumatoria de ausencias. Hablar, por ejemplo, de los días por venir, sin los objetos como protagonistas.

– Amores, amigos, amores: ¡un paso adelante! Hacer, como Pinocho, una buena fogata en el vientre de la ballena. Y que nos expulse hacia un mundo mejor. “Sacar la cabeza para respirar, frenético de ahogo”, decía Julio Cortázar.

 

 

 




PANTANO

Ultraviolento: sobre una realidad que agobia.

Por Nora Lomberg

1-UN DÍA CON EL AUTO
Voy a hacerme una tomografía. Me apura la vesícula y duele entre noticias: cerraron otra fábrica y hay un corte de calles en la esquina de Gascón y Córdoba, precisamente hacia donde me dirijo. Me maquillo en los semáforos. Para que me apure, el conductor de atrás hace luces, le revienta que me pinte los labios.Y, cuando en una esquina me sobrepasa, grita:
– ¡Boluda!- mientras acompaña con el infaltable dedito fuck you.
Me río por dentro. No sé por qué se enfurecen así. Arremeto con el delineador.
Sigue la radio, entre espasmos: parece que desaparecieron a un muchacho, en El Bolsón.
Pienso en qué calle doblar, no tengo margen de tiempo para un corte, un colectivero me cierra el paso y me toca la puerta del lado derecho.
– “No te hice nada, MAMÁ”-.
Se raja y no logro anotar su número de chapa ni su interno. Me bajo, miro la abolladura. Empiezo a sentir calor, a pesar de los tres grados y el viento.  Sigo, falta poco, el rouge con rojo furia se me corre de la comisura de los labios en un volantazo, cuando una moto me toca el espejito.
– Pelotudo- le grito sin razonar.
Desganadamente, aprieto el acelerador de una realidad que agobia. Qué habrá pasado con ese muchacho, pienso. Recuerdo esos días en el sur, la feria artesanal de la que hablan. Estuve ahí.
Pongo las balizas y un auto me ocupa el lugar, siento la furia, me duele el cuerpo, mientras entro a la playa de estacionamiento, cincuenta la hora. Pero llego a tiempo, presento mis papeles para el estudio, la señorita me indica que tengo una hora de demora. Le explico: estoy sin comer desde anoche. No me mira ni me escucha.Goza de su ventaja. Así es su juego, su adhesión a la causa. Me atiende un médico desganado, sin rostro: pase, acuéstese, gire a la derecha, ahora a la izquierda, no me gustan sus riñones, hágase ver. Quiero salirme, revelarme al final del periplo y esperar por un cielo mejor.

2- SANTIAGO MALDONADO: UNA ORFANDAD DE FUTURO
1 de Agosto.
Nos habita su ausencia en los bolsillos de sueños, tatuajes de rostros tristes, cielos repletos de humo, sonidos metaleros. Falta Santiago en las calles del Bolsón de los Cerros, allá, en el sur de las utopías, en los tatuajes y murales que proclaman silencios. Está desaparecido, no extraviado, ni ahogado, padecemos una orfandad de futuro, una sentencia. Su amigo Ariel lo buscó por la feria, lo llamó y le respondieron botas.
Falta a la mañana. En la ciudad, suena el despertador y no hay noticias. ¿Acaso importa qué día es?, ¿qué hora es? ¡Qué haremos con esta ausencia! Falta al mediodía entre churrascos con ensalada, paradas de subte, colectiveros malhumorados. Falta, mientras escribo estas líneas con dolor en el pecho, con lágrimas de espanto, otra vez un joven, -y solidario y hombro con hombro-.
Te estamos buscando, compañerito, en las miradas silenciosas, entre las barbas de tantos pibes que andan por ahí. Vos en ellos, ellos en vos.

3- ALELÍ
A Susana le pega el marido, el padre de sus hijos. Tiene miedo, baja la cabeza y sigue.
-Si lo denuncio, yo sé que me va a matar. Doctora, aguanto por ellos, esos niños de mirada traviesa que corretean el día. Juan no era así, empezó a ponerse malo cuando lo echaron de la empresa, hace tiempo ya. Se hizo remisero, en el barrio de enfrente. Ahí no hay buena junta, yo lo sé por mi primo, que se lo cruza por las tardes. Se emborrachan ahí y no sé qué más toma. Pero siempre anda enojado. Si no le gusta lo que cocino, me da un cintazo. Si me llaman de la escuela por Federico, me grita y me insulta, me dice puta, boluda. La más chiquita todavía se hace encima y le tiene miedo.
-¿Adónde nos vamos a ir nosotros, Doctora?-, me dice en la entrevista.- No sé qué puedo hacer, en la comisaría lo conocen todos. Le van a contar si lo denuncio. Yo lo que necesito es que me ayuden con Federico, porque le pega a los chicos en la escuela.

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4-NOS PEGAN

Somos pegados desde el fondo de nuestra historia. Ese apedreo nos viene de lejos. Cada uno con la medida de su tiempo, así aprendemos a leer nuestra hora y la de nuestros objetos. Entonces, llegan temprano o tarde. Cuántas veces danzan los malos tratos junto a las utopías, los golpes con los gritos de libertad. Con el horizonte fijo en lo que vendrá, se nos pierde el hoy en miras del mañana. Tal vez se trate de habitar el día de otra manera, de estallar emancipaciones cotidianas,  de hacer diferencias con los minutos. Al fin y al cabo, este pantano espeso es la vida, no una línea recta.

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Salvador Dalí. La persistencia de la Memoria. 1931

 

 



CURA A LOMO DE ELEFANTE

El cuidado del otro: Entrevista a Eduardo de la Serna

Entrevista: Nora Lomberg, Luisa Luchetta, Gabriela Stoppelman.

Edición: Gabriela Stoppelman

                                                           “Un elefante se balanceaba / sobre la tela de una araña, / como veía que resistía / fue a llamar a un camarada / Dos elefantes se balanceaban / sobre la tela de una araña, / como veían que resistían / fueron a llamar a un camarada / Tres elefantes…”

James Locker, canción infantil         

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            Suena y el hombre no lo escucha. Es un “barrito” que ondea el aire y repta por el barro. Allí transcurre, se apura en curvas, avanza al ras y llega al pie del camarada. Ha recorrido distancias enormes para trazar un sonido que es puente y mensaje a la vez. Muy lejos, la manada está expectante. Sabe que la piel de los fundamentos es sensible a los barritos. Sabe que, cuando la cuerda se tensa lo suficiente, la piel membranosa tirita de lenguaje. Y, entonces, la frase es pura canción. Cuentan que el asunto sucede así: cuando la pata del elefante recibe “el toque” de sonido, algo en la inmensidad del cuerpo le reclama compartir. Entonces, lo que había comenzado como mensaje se hace acorde y frase y sube por todo el contorno del enorme animal. Llegado a la trompa, se vuelve aroma. Llegado a los grandes pabellones, calor. En el hueso resuena a hierro. En el lomo, a cielo de agosto. Y, a propósito, cierta mitología de Vietnam cuenta que Cielo de agosto es una deidad, algo así como una energía sagrada, responsable de la creación de los elefantes. Así que, en Vietnam, con los paquidermos no se jode. En India, menos. Parece que, cuando el creador abrió el huevo cósmico, el huevo venía con sorpresa grande, como los “Kinder” de pascuas. De allí salieron varios elefantes, algunos de los cuales se dispersaron por el planeta para sostenerlo sobre sus lomos. Al principio eran alados, pero la mala suerte los hizo cruzarse con un yogui que los maldijo y los dejó a pata, aunque no sin vuelo. Porque si en algo coinciden todas los relatos de muchas culturas es que son animales con una gran sensibilidad al duelo, con una fuerte actitud solidaria con el resto de la manada, inclinados a la compasión, a la adopción y a estar dispuestos al rescate de cualquier camarada en peligro.  Como si su larga trompa fuera, en verdad, una auténtica metáfora de su tendencia hacia los otros, es justo allí donde su poderosa sensibilidad distingue formas y texturas. También desde allí se emiten los barritos: distintos sonidos para distintas emociones. El oído del hombre no logra escuchar algunas de esas frecuencias. Pero algunos se montan a lomo de elefante para hacer el intento. Hay algo intenso en ese sonido, algo parecido a lo sagrado, parecido a lo indecible, parecido a todas las resonancias de lo divino que del suelo suben al cielo. Y viceversa. Uno de esos hombres es Eduardo de la Serna.

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LIBROS CON CURA DE FONDO

“Por esa misma llanura / en horas de desaliento / Así te miro pasar / Y cuántas veces te grito / Hazme un sitio en tu montura / Y llévame a tu lugar. / Ponme a la grupa contigo, caballero del honor / Ponme a la grupa contigo y llévame a ser contigo, contigo pastor. “

                                                               “Don Quijote”, Joan Manuel Serrat

¿Te gusta este nuevo lugar?  ¿Vos lo pediste y te lo otorgaron sin más?

Sí, este lugar es más pobre que el anterior. Cuanto más pobre, mejor. Los curas de Quilmes somos de los que queremos estar en el lugar de los más pobres. También pasa que, en la parroquia donde estaba antes, cerca del centro de Solano -siempre en Quilmes- ya llevaba trece años. Entonces, bueno, creo que un cura, al cabo de mucho tiempo en una parroquia, termina transformándose en una especie de “patrón de estancia”. Como un capanga: “Acá mando yo, decido yo” La gente va y le pregunta al cura antes de hacer las cosas…

¿Podemos filmar algo?

Lo que quieras. Te sugiero que no filmes allí adentro, porque es lo que en hebreo se dice “tóhu va-vóhu”: caos y confusión. En guaraní dicen “emboyeré”

Tenés muchos libros, ¿dónde escribís?

Aquí nomás por ahora, mientras me estoy acomodando. Cuando me mandaron acá, les expliqué que mis libros no iban a entrar. Acá había un cuartito de tres y medio por tres metros. Y, por ahí, otro igual. No me entraban de ninguna manera los libros. Entonces, el obispado hizo toda una parte nueva para mis libros.

Impresionante.

Sí. Para que veas que no me mandaron de castigo.

Vienen los libros y, atrás, de la Serna.

Sí, el cura viene después. El cura es el que está detrás, lo que sobra. En fin, por ahora estoy intentando acomodar todo. Hoy acabo de comprar tablas para hacer unos estantes y ponerlos.

¿Qué lee un sacerdote?

Un sacerdote puede leer cualquier cosa. Yo soy profesor de Biblia y el ochenta por ciento de mis libros son sobre Biblia. De eso, el sesenta por ciento deben ser protestantes.

¿Leés ficción?

Soy muy poco lector, lo cual es raro… Bueno, yo soy un tipo raro. No me gusta leer ficción salvo alguna cosa muy especial. Leo sobre lo que me interesa: política y Biblia. Tampoco tengo memoria para los números, pero las citas bíblicas me salen así, “ta ta ta ta…”

VERSERO A TRES VOCES

                                                        “Golpe a golpe/ verso a verso”

                                            “Cantares”,  Serrat, en base a letra de Antonio Machado.

Max Ernst
Max Ernst

 ¿Y poesía? Porque escribís poesía.

No escribo poesía. Soy versero. Una vez, un español muy fanático de Santa Teresa y uno de los que más saben sobre ella, me dijo: Teresa no era poeta. Poeta era Juan de la Cruz. Teresa versificaba.

¿Y cuándo necesitás el verso?

No te sé decir. Pero, de golpe, me doy cuenta de que tengo que usarlo. En el blog tengo un montón de versos por las pascuas, por navidad y demás. Pero los versos que encontraron ustedes son sobre Santa Teresita, sobre la cual yo hice mi tesis doctoral. Y es raro, Santa Teresita se ocupa ella misma de boicotearse. Es muy infantil, una típica francesa del 1900, de un romanticismo dulzón muy empalagoso. Sin embargo, si uno logra romper el empalago, se encuentra con mucha densidad. Mi tesis doctoral la hice sobre Biblia, Santa Teresita y Teología de la Liberación. Puse en diálogo los tres asuntos. Es más, la tesis se llama “Diálogo entre la Biblia y Teresa de Lisieux: preguntas desde América Latina.” ¿Y qué decía? Que la Teología de la Liberación dice de sí misma fundamentalmente cuatro cosas: que es una teología centrada en el reino, una teología desde el lugar del pobre, una teología martirial y una teología profética. Teresa de Lisieux coincide con estas cuatro cosas

Ajá. Tres voces que coinciden pero que aparentemente no.

¡Claro! Nadie diría que Teresa de Lisieux tiene algo que ver con la Teología de la Liberación, obviamente.

Aunque vos decís que no sos poeta, recurrís -de tanto en tanto- a recursos de la poesía dentro de tu prosa.

Claro, pero yo soy un negado para la metáfora. Como soy un neurótico de libro y por eso puedo ser un buen biblista -en cuanto a mirar el detalle, la coma, esto y aquello-, me cuesta la metáfora porque no puedo entender que un vidrio llore, por ejemplo. No, los vidrios no lloran.

Sin embargo, cuando ponés adentro de una flor el don, por ejemplo, construís una imagen poética. No va de suyo que la flor tenga un don. Vos des- significás la flor y recargándola de otra cosa. Eso es una metáfora.

Vamos a aclarar una cosa. Yo le tengo respeto reverencial a todo lo que es arte. Es más, no leo poesía porque no la entiendo. Sé que es una herejía, porque a la poesía no hay que entenderla sino disfrutarla. Pero como me pasa por el tamiz del “no la entiendo”, me trabo ahí…

Wu Guanzhong
Wu Guanzhong

¡ARRE!

                        Quiero escarbar la tierra con los dientes / quiero apartar la tierra parte a parte / a dentelladas secas y calientes. / Quiero mirar la tierra hasta encontrarte / y besarte la noble calavera / desamordazarte y regresarte.” 

                                                            “Elegía”,  Miguel Hernández

Centrémonos, entonces, en lo poético y no en la poesía. En un momento mencionás la metáfora de un caballo desbocado

Bueno, a ver. El tema es que, en toda la historia de la iglesia- sobre todo a partir del siglo IV, cuando triunfa el platonismo-  esa imagen del hombre como una mezcla entre ángel y bestia  afirma que si triunfa el ángel -es decir, el alma- la persona será una santa. Y, si triunfa la bestia -que generalmente es el cuerpo y por eso el pecado sexual pasa a ser “el pecado”- esa persona será casi diabólica. El caballo desbocado muestra cómo triunfa el cuerpo sobre el alma.  Los que no somos platónicos y no nos manejamos con esos criterios -porque en la Biblia el platonismo no entra- somos más libres en esas cosas. Aunque no en otras.

 ¿Cuál es la potencia que otorga la imagen a tu discurso o a tu escritura? Vos las usás mucho. En tu blog hay muchísimas.

 Creo que la imagen es fundamental. El pueblo no es abstracto, no se mueve con abstracciones. Se guía con imágenes: le decís revolver la basura y lo entiende. Le decís Hambre y pasa a ser una abstracción. O si no, te sale Duran Barba y dice que él vio “hambre en la India”,  que acá no hay gente muriéndose en las calles como en la India. Además, me parece que la imagen permite otro juego. No te olvides que el hebreo es muy poco concreto. Una palabra puede querer decir diez cosas distintas. Como profesor de Biblia tuve que estudiar hebreo y me encontré con todo ese tipo de cosas que a uno le permiten otro juego. Así que me siento mucho más cómodo en el uso de la imagen que en el uso de las abstracciones, sobre todo porque el pueblo -que en ese sentido es mucho más hebreo que griego, lo cual celebro- en sus expresiones y en el mismo refranero popular usa las metáforas. El pajarito en mano y los cien volando ¿es una abstracción? No, de ninguna manera. Es una metáfora que refleja una abstracción.

 En ese sentido, en el Antiguo Testamento,  hay como una condena con la imagen. Y funcionó: fijate que no hubo pintores judíos hasta el siglo XIX, no se animaban porque la imagen visual no era algo que se ofreciera como un posible. Fuera de la posible ascendencia judía de Rembrandt, el primero que aparece ni siquiera hace pintura, hace vitraux; Chagall. Sin embargo, la Biblia está llena de imágenes.

 No había pintores pero había poetas.

 Sí, pero los poetas trabajan con imágenes verbales que remiten a lo visual pero no son concretamente visuales.

 De acuerdo.

 

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Cartago- elefante

ALTA FIDELIDAD

                                                                                   “A ese amor. /A ese pájaro dorado/que alza vuelo/y parte/el cielo en dos /rondando el sol y el pecado. /A ese amor/caprichoso y libertario/sin silencios que le hagan callar/ni jaulas para enjaularlo.” 

                                                                       “A ese pájaro dorado”, Joan Manuel Serrat

 ¿Cómo se da en el cristianismo que vos practicás esta contradicción entre lo abstracto y lo concreto?

Por ejemplo: No existe el adulterio. En todo caso, hay un adúltero. Y ese adúltero es totalmente distinto a otro adúltero por sus circunstancias, por las cosas que le pasaron, por las cosas que le pasaron a la otra parte. Mirá, hay un teólogo español que hablaba de la necesidad de deshelenizar al cristianismo porque, en algunas cosas, el cristianismo parecía más seguidor de Platón y Aristóteles que de Jesús o de la Biblia hebrea. Y ponía algunos casos concretos: el tema del poder, de la belleza, de la verdad… Todos temas que son totalmente distintos en el mundo bíblico antiguo y el nuevo, es decir biblia judía y biblia cristiana. Cuando triunfa el mundo griego, a partir del siglo III,  se empiezan a usar sus categorías metafísicas. La verdad pasa a ser conforme a las cosas, conforme a la realidad… En cambio para el mundo bíblico la verdad es la fidelidad, la lealtad. La lealtad a la cosa, a la persona, a Dios. Dios es verdadero, por lo tanto no puede contradecirse a sí mismo.

 ¿Qué es para vos la lealtad?

No sé si se puede diferenciar lealtad de fidelidad. Pero creo que tiene que ver con la persona, con una militancia a favor del otro. Creo que el amor es militancia. No puedo entenderlo como algo light, meramente como un sentimiento más. Una militancia en favor del otro y también para Dios. Creo que hay una militancia en favor del bien para el otro, que el amor tiene que ver con buscar el bien del otro. A veces uno se puede equivocar, por supuesto.

En lo que vos planteás hay una cosa de generosidad, de don que no espera nada. Es un amor absolutamente generoso que no suele funcionar del todo en las relaciones humanas. Puede ser que no espere nada, pero es difícil sostener un amor que no reciba nada.

 Sí. Es un tema complicadísimo inclusive a nivel teológico, sobre todo, porque para quienes creemos en la Teología de la Liberación, como expresión necesaria para hablar de Dios, la característica de ese Dios es la gratuidad. Es el Dios que gratuitamente se da y gratuitamente no espera. Obviamente, hay un encuentro de amor. Juan de la Cruz va a decir “el amor con amor se paga”, pero el don está ahí, en el “me doy, te doy”.

Pero ¿y si circula para un solo lado? Uno puede entender que Dios no necesita y por eso también da generosamente. En cambio, entre dos seres humanos no funciona así…

 Lo que pasa es que habría que ver cómo se van dando las cosas. A lo mejor algo puede ser más lento. Estoy de acuerdo que tiene que haber un ida y vuelta, de alguna manera. Está claro que el bebé no te va a dar casi nada más que una sonrisa

TÚ, TÚ.           

“Las palabras primordiales no significan cosas, sino que indican relaciones. Las palabras primordiales no expresan algo que pudiera existir independientemente de ellas, sino que, una vez dichas, dan lugar a la existencia.”                                                                                                                                  Martin Buber

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Cartago, batalla de elefantes, pinturas de soldados, Ernest Descals.

Nuestro tema en este número del Anartista es “El cuidado del otro”. Nos preguntábamos quién es el otro y, en un límite, encontramos que si el otro quiere liquidarme yo ya no soy un otro para él, ya no hay dos. ¿Podemos hablar todavía de un otro?

Bueno, es un otro. Un otro que más vale tenerlo lejos, en todo caso. No es un otro al cual yo quiera tender, al menos, por ahora. O a lo mejor quiera tender para ver si ve otras cosas, si mira con otros ojos, si descubre otras realidades… Pero creo que es un otro. En palabras de un judío muy serio de este siglo, Martin Buber, es un otro pero no es un tú

¿No es un semejante, digamos?

El tema del semejante es complicado. Los indígenas zapatistas dicen “No queremos que nos respeten por ser iguales, queremos que nos respetan por ser distintos” No quiero ser un semejante. Quiero ser un tú para el otro. Si podemos ser un nosotros, mejor.

Hablemos de política. En ese plano, un otro opuesto, quien para existir necesita que yo desaparezca, o que determinada clase social padezca, ¿puede ese ser considerado un otro o es el enemigo?

Jesús habla del amor al enemigo. Yo creo que él intenta quebrar el espiral de la violencia por el medio, partirlo al eje. Eso, cuando el enemigo se transforma por lo menos en un otro, alguien al cual vos no le deseás su mal, su muerte, su desaparición, la cosa cambia. Está claro que en política es un tema complicado, porque creo que hay que distinguir la política teórica o ideal de la política práctica. Personalmente, cuando escucho a algunos sectores muy ilustrados que te piden “Pero fíjate qué pasaba en el gobierno anterior con esto de acá y con esto de allá”, me digo, bueno, la política es barro también y el barro ensucia. Si vos querés una política químicamente pura nos encontramos con un problema. Más allá de que para mí Scioli fuera un desastre, no es lo mismo que Macri. Volviendo al tema, yo creo en una política en la cual pudiéramos sentarnos y dialogar con el adversario, el enemigo, inclusive con el que quiere mi desaparición. Ahora, en la práctica muchos de estos sectores van a hacer lo posible para la desaparición de los pobres, por ejemplo, y yo no quiero desaparezcan. Yo quiero que dejen de ser pobres, que es distinto. Entonces voy a hacer lo posible para que ese tipo no gane. No para que desaparezca del planeta. Pero si Macri se va a jugar al jardín de infantes con Antonia por veinticinco años más y desaparece del horizonte político, yo sería un poquito feliz.

Pero todos ellos están ahí y simulan un diálogo que, de verdad, no ofrecen. Nos está faltando una estrategia del lenguaje. Estamos hablando mucho y al pedo en lugares donde no se produce pensamiento ni se dialoga nada. Me pregunto si ese es un otro en términos de que hay dos.

En algunos casos no se puede dialogar. Y si no se puede, hacé tu vida y yo hago la mía. Yo me metí de cura para no bailar. Y es como el tango el diálogo, se baila de a dos. O como sucede en la pelea. Si él me quiere eliminar y yo no tengo ganas de ser eliminado, él gobernará y yo resistiré con los medios que tengo. Y trataré de que sean siempre lícitos. Que ellos utilicen sistemáticamente la mentira no me habilita a mí a mentir. A ver, yo podría ir a un programa de televisión y exigirles que me digan, por ejemplo: ¿qué pasó con los cinco chicos que aparecieron muertos en el CEAMSE? No pasó anda en el CEAMSE. Yo sé que es mentira. Pero me reservaría decir que es mentira para después. Entonces, estaría actuando como ellos. Es lo que  hacen ellos continuamente “Bajó la inflación, subió la construcción”. Todo mentira. Pero su mentira no habilita a la mía. Un sabio sirio decía “Son nuestros enemigos, no nuestros maestros”.

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EL MAL Y EL MALO

                                                                       “Se gastan más de lo que tienen en coleccionar/espías, listas negras y arsenales; /resulta bochornoso verles fanfarronear/a ver quién es el que la tiene más grande. /Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz, /juegan con cosas que no tienen repuesto/y la culpa es del otro si algo les sale mal. /Entre esos tipos y yo hay algo personal.”

                                                                  “Algo personal”, Joan Manuel Serrat

¿Te cabe la palabra enemigo? A muchos curas y rabinos les da como escozor.

Personalmente no quiero sentir a nadie como enemigo, pero lo hemos hablado con algunos curas: este tipo me provoca odio, lo cual me asusta porque no soy un tipo de odiar. Pero veo una foto de Macri y siento que saca lo peor de mí. Despierta cosas perversas, que solamente generó en mí Videla. Lo que pasa es que no creo que desear el mal sea malo. Hay gente que viene a confesarse porque sintió odio. ¿Y? ¿Cuál es el problema? Es lo mismo que decir que sentiste amor por los negritos del África. ¿Qué hiciste por los negritos del África? ¿No hiciste nada? Entonces qué me importa lo que sentiste.

¿Qué es el mal?, ¿el daño voluntario?

A ver. Puede ser objetivo y no necesariamente voluntario, porque lo padece el otro también. En las víctimas de un terremoto hay una situación mala que nos debería sacar hacia afuera, a hacer algo, pero obviamente no hay un ejecutor. Hay situaciones en las que hay ejecutores del mal. Cinco cuartas partes del país estaban de paro y Macri dice: “Qué lindo que es estar aquí trabajando”. Se burla de los pobres sistemáticamente, le importan nada. Creo que ahí hay una situación donde alguien no está alentando algo bueno. El mal hay que atacarlo de raíz, lo que no quiere decir que hay que atacar al malo de raíz.

Y las personas que creyeron o creen en ese mal, o que ese mal los potencia, ¿son personas a las que también hay que cuidar, son el otro?, ¿son odiantes?

Una vez Carlos Mugica, en un reportaje que le hizo Urtizberea en “El pueblo quiere saber”, dijo que quería luchar para que no hubiera opresores ni oprimidos, por amor al oprimido, porque al oprimido le hace mal que lo oprima. Y, también, por amor al opresor, porque al opresor le hace mal oprimirme. Creo que hay algo de eso. Está claro que a una persona que busca su propio bienestar a costa del otro, sin importarle el otro o pisando a otros, eso le hace mal. Lo sepa o no lo sepa, lo quiera o no lo quiera. Si un empresario, cree que está bueno pisar gente para escalar, yo voy a hacer lo posible para que no pise gente. Yo tengo que tomar una posición como humano, más allá de mi condición de cristiano. Ahora, si un tipo tiene ganas de ganarse la grande y ganar millones con eso, que lo haga. Es un problema de él, yo no lo quisiera para mí, si hay algo que nunca me interesó es la guita.

La Teología de la Liberación y la Teología del Pueblo ¿son una subjetivación respecto de tomar posición en relación a estas cosas?

Aclaremos un punto. La Teología de la Liberación nace en América Latina en el 70, en varios lados a la vez, lo cual era un síntoma de que algo se estaba gestando. Originalmente, venía de Europa, de Francia y Bélgica. Allá, era más bien la teología del desarrollo, de la esperanza. El planteo de la Teología de la Liberación  no va tanto por el tema del desarrollo. Nace en el contexto de la Teoría de la Dependencia, es decir “Liberación o dependencia”, que era el slogan típico de los ’70. Curiosamente, uno de los padres de la teoría de la dependencia fue Enrique Cardoso, sociólogo, que después terminó siendo presidente de Brasil y amigo de Menem. La  Teología de la Liberación se plantea de entrada como un acto segundo, es decir: primero hay una respuesta desde la fe, praxis de la liberación. Ahora, está claro que la experiencia de la liberación va a ser distinta de acuerdo a la opresión en cada lugar. Veamos: hoy, la experiencia de la liberación del afrodescendiente en Argentina va a ser muy limitada porque, en general, ya los matamos a todos. No hay una lucha de liberación por el afro acá como la hay en Brasil. La política de liberación de los indígenas de Guatemala o Bolivia no va a ser la que hay en Uruguay, donde la población indígena está también bastante diezmada o eliminada. Entonces, cada región ha tenido sus propias experiencias de liberación desde las cuales pensar. Y ahí viene el tema del pueblo. En Argentina, a partir del peronismo, la experiencia del pueblo resultó una categoría positiva para pensar la liberación. No quiere decir que sea una teología peronista, más allá de que la categoría tiene connotaciones peronistas. En mi tesis doctoral yo dije que iba a pensar la Teología de la Liberación desde el lugar del pobre -como lo llama Gustavo Gutiérrez-, con mucha cercanía a la Teología del Pueblo, pero pensando primero desde el lugar del pobre.

17B

TRES MUJERES SALVADAS CONTRA NATURA

                                               “La mujer que yo quiero, no necesita bañarse cada noche en agua bendita”                                                                   

“La mujer que yo quiero”, Joan Manuel Serrat

Hablando de minorías y mayorías, como el afro y el peronismo ¿hay espacio en la Iglesia, en la Teología de la Liberación para minorías como los gays, los divorciados, etc.?

Está claro que cualquier situación donde hay un colectivo oprimido, por microscópico que sea, ahí hay que estar. En la iglesia no hay -y dudo que la vaya a haber por ahora- una actitud de apertura y diálogo profundo y serio con minorías o colectivos como divorciados o lgbtxq. No se puede no tener una actitud de cercanía y diálogo, aunque después podamos estar o no de acuerdo. El año pasado fui a la marcha de lgtb (todavía no era q). Pasé a saludar. Me vieron algunos de los organizadores, me reconocieron y se acercaron. Uno de ellos me pregunta “¿Vos no creés que Jesús estaría acá? Le dije: “Mirá, yo no soy el delegado de Jesús, pero creo que si el colectivo lgbt es un grupo discriminado y rechazado, Jesús estaría acá”

Respuesta diplomática. Muy bien.

Mirá, cuando le conté a un amigo que había ido a la marcha, me dio: “Ah, por fin saliste del closet!” Lo dijo en broma, pero no es un tema que me escandalice. Si me dijeran que Jesús era gay, no se me caería ningún anillo. No tengo anillos, de todos modos.

¿Estos acercamientos te producen algún enfrentamiento con la posición oficial de la iglesia?

Mirá, yo estuve en la televisión hablando sobre el matrimonio igualitario. El obispo me cuestionó y yo lo desafié a que me citara una sola vez en la que yo hubiera dicho que estaba de acuerdo con el matrimonio igualitario. Yo lo que dije fue que el planteo que hacen los obispos no sirve para nada. Pusieron diez planteos y son todos falsos: “Ley natural” ¿qué es la ley natural? En las actas del proceso de Juana de Arco  figura uno de los motivos principales por los que la condenan y la matan: Se vestía de varón. Y la ley natural dice que no te podés vestir de varón. Ustedes tres, así vestidas con pantalones, irían a la hoguera. Felipe II quiso desviar el río Tajo y la Inquisición se lo prohibió porque la ley natural hacía que el Tajo tenía que pasar por donde pasaba y porque si Dios hubiera querido canales, Dios los hubiera hecho.

¿Y por qué no te echa el obispo?

Es que yo doy argumentos teológicos. Argumento desde la fe. Estábamos, en un programa de TN, un pastor, una asesora de la Conferencia Episcopal para estos temas estaba Darío Sztajnszrajber y yo. El pastor dijo que no podía haber matrimonio igualitario porque el mandamiento dice “Honrar padre y madre”(Éxodo”). A ver: la lectura fundamentalista está condenada por la iglesia. Entonces, los obispos no me pueden decir a mí que “Dios los creó varón y mujer” porque esa es una lectura fundamentalista del libro del Génesis. Hay un documento firmado por Ratzinger y por Juan Pablo II -no por Gustavo Gutiérrez- que habla de todas las lecturas de la Biblia, incluidas la Teología de la Liberación y la feminista. La única que condena es la lectura fundamentalista porque es un suicidio del pensamiento. Lo dice así. Un documento maravilloso.

UN BAUTISMO DIFÍCIL

                       “Cuando pronuncias mi nombre, parece que me vuelvan a bautizar”                                                                                “Blues en sol”, Joan Manuel Serrat

¿Por qué esta necesidad de conformar un grupo de curas llamado de Opción por los pobres?

 En septiembre del ’67, se había publicado un manifiesto de dieciocho obispos del Tercer Mundo que hacen una lectura muy interesante: hablan del socialismo como de la expresión más acabada del cristianismo. Un grupo de doscientos setenta curas de Argentina manda una adhesión y luego se suman ciento y pico más. Después la mitad de esos casi cuatrocientos curas se empezaron a juntar y ahí nace el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. En época de dictadura siempre  todos están de acuerdo en hablar por los presos políticos, hablar en contra de la tortura, en contra de la guerra de Vietnam. Cuando empieza a acercarse la democracia,  algunos pensaban que el peronismo era la alternativa, otros pensaban que el socialismo, otros más en el marxismo y ahí empezaron las tensiones que terminaron con el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en el 73. En el 74, tienen un amago de conciliación para juntarse y hablar de las cosas que los unían. Lo matan a Carlos Mugica y listo, no se juntan más. La cosa estaba muy complicada. Triple A, dictadura. Recién en el año 86 se juntaron viejos curas del Tercer Mundo  e invitaron a los curas jóvenes. Yo en ese entonces todavía lo era, estaba recién ordenado. Yo había sido seminarista de Buenos Aires durante la dictadura. Después de cinco años de pedirle al cardenal ir a una villa y tener tiempo para el estudio y de que él me mandara a barrios cada vez más oligarcas con cada vez menos tiempo para el estudio, le dije que me quería ir a Quilmes con Novak. Me vine entonces acá y Novak me dio un barrio pobre y tiempo para estudiar. Entonces empezó un grupo, pero los viejos curas del Tercer Mundo habían quedado muy heridos y no querían que el grupo se conformara como movimiento, no querían que tuviera nombre. Con el tiempo, quedó Grupo de Curas en la Opción por los Pobres que, como nombre es horrible, pero expresaba que en la “irrealidad” de la Iglesia argentina la opción por los pobres no era una opción. Lo divertido es que nos preguntan por qué hacemos la opción por los pobres. La opción por los pobres la hizo Jesús, les decimos nosotros. Por lo tanto es a los otros a quienes les tienen que preguntar: ¿por qué no hacen la opción que hizo Jesús? Desde ese entonces nos venimos reuniendo. Hasta hace poco hablábamos de los pobres y empezaban las discusiones pero ahora con Francisco -eso tengo que reconocérselo- hablás de los pobres y parecés eclesiástico, parecés papal. He dado muchos años clases en Bogotá. Hablaba de los pobres y a la gente se le ponían los pelos de punta. Ahora dicen “Claro, como dice el Papa.” Y no: Es como dice Jesús, a ver si se entiende. Jesús es” un poco” más importante que el Papa.

RABINA DE ARMAS TOMAR

                         “Una mujer desnuda y en lo oscuro/es una vocación para las manos/para los labios es casi un destino/y para el corazón un despilfarro/una mujer desnuda es un enigma/y siempre es una fiesta descifrarlo.”

             “Una mujer desnuda y en lo oscuro”, Joan Manuel Serrat  canta a Mario Benedetti

En el libro “De Jesús a la gran Iglesia” hablás de una cantidad de lecturas posibles ¿qué es para vos una buena lectura?

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Es evidente que judíos y cristianos leemos la Biblia de un modo muy distinto. Yo estaba en una reunión con el rabino Daniel Goldman y le comenté que me iba temprano porque me esperaban para comer mariscos. Le dije: “No sabés lo que te perdés ¿cómo podés no comer mariscos? Además ustedes deberían poder comerlos, porque lo que dice la Torá es que no se pueden comer peces con escamas y estos no son peces”. Y él me dijo: “Sí, pero los rabinos del medioevo los interpretaron como insectos y no se puede comer insectos”. Entonces, yo: “Pará, si la Torá dice que se puede comer langosta”. “Sí, pero los rabinos del medioevo a la langosta la interpretaron como ave”.  O sea, es más importante el Talmud, la tradición oral, que la  Torá.

Por la diáspora.

Sí, y también por el triunfo del fariseísmo y por mil cosas que son absolutamente razonables y comprensibles. Por eso te digo: leemos distinto. Lo entiendo, lo respeto, lo valoro, pero no tengo esa lectura. Por otra parte, el rabino Goldman es un tipazo y es interesantísima la rabina que está con él. Un día voy a la sinagoga y en un momento predicó ella y dijo: “¿por qué queda impura la mujer después del parto? Rabí Fulano dice tal cosa, rabí Mengano dice tal otra. Pero rabí Zutano dice que la mujer queda impura para que no se la crea, porque nunca nadie estuvo tan cerca de Dios.” Me pareció maravilloso”

AY,  LA CASA NO ESTÁ EN ORDEN

“¡Oh, no eres tú mi cantar no puedo cantar, ni quiero a este Jesús del madero sino al que anduvo en la mar!”

                                                      “La Saeta”; Serrat versiona a Antonio Machado

Códice etíope cristiano copto
Códice etíope cristiano copto

¿Cómo leés vos? Porque hemos visto que Pablo dijo algo un poco misógino y…

No dijo nada misógino. En la Biblia hebrea, “hermano”, además del hermano biológico, es una categoría absolutamente teológica. El hermano es el miembro pleno del pueblo. No existe la palabra “hermana” entendida teológicamente en toda la Biblia hebrea. El primero que usa la palabra hermana es Pablo. Yo leo el texto bíblico como teología. Mi pregunta es ¿qué es lo que está diciendo Dios? Y creo que para entender lo que Dios decía hay que entender el lenguaje, el género literario, el contexto histórico, socio político, cultural y antropológico. Por qué un autor decide poner en verso algo o por qué usa un lenguaje apocalíptico o por qué usa una profecía o por qué elige inventar el género literario evangelio

Eso es un análisis del lenguaje. El problema es cuando metemos en el texto algo que no está en él. Te cito de tu libro: “Pablo da gracias a Dios por haber nacido judío y no pagano, libre y no esclavo, varón y no mujer. Entonces Pablo está diciendo que los obstáculos para encontrarse con Dios que tienen los paganos, las mujeres y los esclavos quedan diluidos en el bautismo, que nos hace a todos uno en Cristo”

Pablo dice “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, varón ni mujer” con lo cual está diciendo algo referido a la oración típica del judío, que era “Te doy gracias Señor por haber nacido judío y no pagano, libre y no esclavo, varón y no mujer”. La mujer no tenía acceso al templo, el pagano no tenía acceso al templo y el esclavo tampoco, aunque no tanto por ser impuro sino por ser esclavo. Lo que dice Pablo es que los que antes no tenían acceso  al encuentro con Dios, ahora lo tienen a partir del bautismo.

Después, eso de que “de la mujer se espera ahora pleno silencio, no habla en público, su rol es más doméstico que político”. La idea de que eso no es de Pablo, que seguro hay ahí una intervención de otros, ¿hay trolls en la Biblia?

Había trolls en el Nuevo Testamento. Está lleno de manos diversas. El tema era que en la “Carta a los Corintios” Pablo había dicho expresamente, en la asamblea, la mujer puede participar. Va a hablar con la cabeza cubierta, no con velo, pero puede participar igual que el varón. Pero a fines del siglo I, cuando la Iglesia se empieza a estructurar, se encuentra con que ese texto perjudica al modelo donde la mujer tiene que estar subordinada al varón. Es el “modelo de la casa” de Platón, Aristóteles, Séneca, Cicerón.

¿Ese modelo permanece?

No sé si permanece, porque era la casa como la mini ciudad. El “amo de casa” era el que tenía sometidos a los hijos, a la mujer y a los esclavos. Por eso,  un discípulo anónimo de Pablo va a decir “Mujeres sométanse a los maridos, hijos sométanse a su padre, esclavos sométanse a su amo” Cuando la Iglesia está estructurada, a la “Carta a los Corintios”  le  metieron un texto como para acomodar el rol de la mujer, que no pareciera demasiado liberal, pero inspirado en Timoteo, discípulo de Pablo. Para volver a lo de la lectura, yo trato siempre de ubicar  una palabra, una expresión, en su contexto. El otro día di una charla con Victoria Montenegro en la Universidad Jauretche. Yo decía que en la Biblia la verdad no es algo intelectual, es algo que se vive, que se practica. Alguno me dirá que la Biblia dice: “conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. ¡Pero no se olviden que para el mundo judío conocer es algo activo, tan activo que puede llegar a ser sexual!

¡HOUSTON, QUÉ PROBLEMÓN!

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¿Y por qué los curas no se casan?

¡Ah, bueno! ¡Yo hablaba del sentido bíblico de la expresión “conocer”! Creo que en la historia hay mil motivos varios. El principal tiene que ver con Platón. ¡Platón nos hizo mierda! El primer código de derecho canónico,  a  fines del siglo III, va a decir que “es de desear que la pareja que se casa no tenga relaciones sexuales el día que se casa”. Como si la relación sexual manchara la gracia sacramental. Eso mismo se aplicó también al clero. Pero, claro, antiguamente los curas a veces celebraban cuatro misas en su vida. Que el día que vas a celebrar misa no tengas sexo era comprensible. Pero si vas a celebrar misa todos los días: Houston, tenemos un problema. Entonces el modelo del monje, que venía desde el siglo III, empieza a crecer mucho. La vida del monje empieza a ser una especie de martirio incruento. Vive solo, aislado del mundo… Pero, si ese va a ser el modelo, tenemos un problema. Si yo me caso y le digo a mi mujer que nunca vamos a tener relaciones sexuales porque voy a dar misa todos los días, me va a decir que me busque otra. Creo que el celibato tiene un sentido muy interesante. Pero, para que ese sentido se valore, tiene que ser optativo. Yo conozco curas célibes, curas con pareja  homo y con pareja hetero, conozco curas felices y otros infelices en todas esas situaciones. No me parece que ese tenga que ser el tema principal. Creo que debería ser optativo, sobre todo, porque el signo, para ser tal, tiene que significar. Así no significa nada. Esto se debate en la iglesia pero, como decía Carlos Mugica, los que toman las decisiones son un grupo de viejos a los cuales ya no se les para.

¿Cuándo decidiste ser cura?

Mirá, mis viejos eran gorilas pero había mucho respeto. Cuando yo iba al secundario, en 4° año, dije que iría a trabajar a la villa 31 y me lo respetaron. Fui tres veces por semana, llegaba a casa a las diez de la noche y en casa era bien visto. Claro, cuando hablábamos de política discutíamos mucho, pero me respetaban la decisión. Por otro lado, yo era – y sigo siendo- absoluta y desequilibradamente fanático de los animales, sobre todo, de los grandes. El sueño de mi vida era subirme a un elefante. Cuando lo hice, en el zoológico de Luján, con el fotoshop, borré al tipo que manejaba al elefante. Yo quería ser veterinario. Pero, después de la experiencia en la 31 con Mugica, me dije: “Yo no puedo dedicar mi vida a los animales después de esto”. Pensé en ser médico, pero ni en pedo. La sangre no puedo ni verla. Entonces, ¿sociología? No. Cura.

¿Siempre creíste en Dios?

Sí. Mi familia era religiosa. No fanáticos. Eran abiertos. Si mirás el diario La Nación de los años setenta, en las fotos de las primeras misas con guitarra, la ves a mi vieja.

Una gorila hippie.

Eran gorilas, pero más bien porque eran antiperonistas. Siempre creí en Dios y eso me fue amable. No he tenido crisis con eso. Tengo un Dios cercano, amigable.

¿Cómo compite el catolicismo con el marketing de los grupos evangélicos, con sus canciones?

Por un lado creo que muchos grupos pentecostales -y algunos católicos también- tienen montado un espectáculo. Muchas canciones de los grupos pentecostales han entrado en la iglesia católica romana y lo lamento porque en su enorme mayoría hablan del yo, nunca de un nosotros. Son todas canciones de intimidad, de yo y Dios. Y yo creo en un pueblo. Por eso quería proponer este año una profundización en todos los ámbitos de la diócesis con el tema de los grandes místicos, para que no me vengan con que eso es espiritualidad. Hacer encuentros -pienso en dieciocho de ellos- desde los místicos del Viejo Testamento, los profetas, Jesús, Pablo, Teresa y  terminar ese ciclo con una mística judía de la recontra hostia, Etty Hillesum,  asesinada en Auschwitz: es impresionante lo de ella.

ALMORZANDO CON JESÚS: HOY NOS ACOMPAÑAN, SAMARITANOS Y PUBLICANOS.

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Anselmi-Christ_and_Woman_of_Samaria

Hablando de no poder salir del yo, en tus textos  aparece mucho la pregunta del por qué a determinada gente le da bronca que otro tenga lo mismo que ellos o que haya gente que se ocupe de cuidar a los que menos tienen.

Como yo creo que el amor es una salida hacia el otro, no puedo entender que la medida sea el yo. Cuando uno escuchaba a los tipos que ahora dicen “Yo ya no puedo ir a Francia, ¿cómo voy a ir a Francia si ahora el portero puede ir a Francia?”, entonces se van a Vietnam o a Indonesia. Creo que  hay personas que tienen  esa idea “Yo no me puedo juntar con esta gente”. Yo sostengo que Jesús no se murió, a Jesús lo asesinaron. Y uno de los motivos fue porque él propone una secta restauracionista, en el sentido de que somos todos hermanos.  A él lo combaten porque se sienta a comer con publicanos.

Propone una ruptura de los hábitos de la época.

Sí, y esa ruptura era volver a lo que debería ser desde siempre. Por eso digo, restaurar un pueblo de hermanos. Y, si somos hermanos, comemos juntos ¿no? En la lectura platónica, la muerte de Jesús es la que nos salva porque el sufrimiento nos salva.

Y no estás de acuerdo con eso.

Claro que no. En todo caso, lo que da la vida es el amor que lo lleva a la muerte. Jesús va a decir “Somos hermanos de los publicanos, somos hermanos de los samaritanos” Entonces ¿qué le dicen? “Si vos decís que yo soy hermano de un samaritano, te voy a bajar todos los dientes”. .-Bueno, bajame todos los dientes, pero somos hermanos de los samaritanos. “No digas eso porque te mato”. “Vos matame, pero sos hermano de un publicano” Ahora, qué pasa si Jesús, cuando lo están por clavar en la cruz, dice: “Negociemos. Hermanos de los samaritanos sí, de los publicanos no.” Ya está. No lo mataban. Pero ahí tenés la lealtad, la fidelidad de Jesús al proyecto de Dios hasta el final. Es ese amor, esa fidelidad de Jesús la que nos salva, no el sufrimiento. El sufrimiento es Pilatos, que es un hijo de puta.

ALL YOU NEED IS LOVE

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¿Qué  se pierde un ateo?

No lo sé. Tengo amigos ateos que antes eran cristianos y nos divertimos y nos peleamos a muerte. Éramos de grupos cristianos y ellos se tuvieron que exiliar en la dictadura. Cuando volvieron, tenían un odio a la iglesia que, en muchos casos, los llevó a negar a Dios, lo cual no me animo a cuestionarles ni tengo ningún derecho a hacerlo porque los que se exiliaron y estuvieron al borde de la muerte fueron ellos. Muchos usan la palabra Dios de acuerdo a lo que diccionario dice que Dios es. Yo me refiero en concreto a lo creo que Dios dice que él es en la Biblia. El padre. Padre de los hermanos que antiguamente eran sólo los judíos y que, a partir de Pablo, son todos: judíos, mujeres, paganos y esclavos. Las dos parábolas donde Jesús pone a Dios como padre, es un padre al que no le dan pelota. No es un padre patriarcal y autoritario. Es un padre que respeta la libertad del otro que, en todo caso, lo quiere seducir y no imponérsele. Vos me preguntabas cómo me aguantan en la iglesia. A mí no me van a agarrar fácil. Soy un tipo que lee, soy un tipo preparado y los obispos, en general, no. Yo me remito a Dios, no a la iglesia. Emilio Mignone en su libro “Iglesia y dictadura” dice: “los obispos argentinos  que no cuentan la lectura entre sus hábitos”. Aunque algunos, como el de La Plata, leen y mucho. Pero eso sí, leen mal. Yo creo que Dios le da un sentido positivo, alegre y festivo a mi vida en particular. No vivo la entrega con angustia.

Spinoza negaba la idea de un dios padre. Proponía un dios horizontal, donde creador y criatura estaban en un mismo plano. Somos un grado de la potencia divina. Si nos hacemos con esa potencia, tendremos una vida alegre, intensa.

Claro. Yo no creo que los cristianos seamos los únicos tipos felices del mundo. Además está lleno de cristianos infelices. Nadie que sea incapaz de amar puede ser feliz. Si sos capaz de amar hasta el final, tenés todo para ser feliz. Eso me lo revela Dios. Otro lo cree en otra cosa. Si sos capaz de amar nos estamos encontrando en todo aunque le pongamos otro nombre.

YO VIVÍA EN EL BOSQUE MUY CONTENTO

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¿Tuviste miedo por tu vida alguna vez?

Yo soy medio bestia. Así como creo que la ignorancia se combate leyendo, la intolerancia se combate viajando. Entonces, cuando tengo un poco de guita, la guardo para viajar. Cuando viajo suelo ir a lugares complicados, pero miedo no tengo. En 2015 yo estaba dando clases en Bogotá, Colombia, y me fui a Tumaco. Ese año la ciudad más violenta del mundo había sido San Pedro Sula (Honduras) con doscientos treinta y seis asesinatos cada cien mil habitantes en el año. Tumaco había tenido trescientos sesenta pero no figuraba en las estadísticas porque tiene sólo cien mil habitantes. Yo quise ir y ver. Por supuesto, con los curas, tampoco soy un suicida. Para que te des una idea del ambiente, los curas estaban preparando catequesis de primera comunión para los chicos ¿se te ocurre algo más inocente? Tema de la semana: Honrar padre y madre. Más inocente todavía: ¿qué es honrar padre y madre? “Bueno, los chicos tienen que obedecer a sus papás.” ¿Y siempre tienen que obedecer a sus papás? “Nooo, si el papá es un sicario y le pide que lo acompañe a matar, no tiene que ir.” Primera comunión de niños. A esos lugares voy.

¿Nunca necesitás un contrapeso, una pausa?

Eso es una pausa. Yo hago silencio cuando me siento a escribir, eso a mí me relaja. Ahora estuve en el sur de Chile, donde hay unos despelotes muy serios con los que, aparentemente, serían un grupo de mapuches. Un párroco tenía una parroquia con una iglesia y nueve capillas. Quemaron siete, la iglesia mayor y seis capillas. Incineradas. ¿Cómo no voy a ir a ver? Miedo tuve cuando en la dictadura me siguieron. Todos mis amigos desaparecieron o se exiliaron. Yo fui un día a visitar a una amiga y un tipo me siguió por la calle y me siguió para que lo vea. Yo pensé: Me toca a mí. Ahí fui a hablar con el rector del seminario, donde era más difícil que tocaran a nadie. Quizás porque el cardenal era cómplice, pero eso es aparte.

¿Qué te aporta la escritura que otros lenguajes no?

Yo soy muy oso. Me gusta mucho estar solo. Si hoy los curas pudieran casarse, les diría que conmigo no cuenten. Mirá, en el grupo  de jóvenes  en que yo estaba, que estaba mi vieja y todo, había un boletín mensual en el que escribía quien quería. A mí me gustaba escribir, tenía dieciséis años. Tenía una amiga -todos creían que éramos novios, pero no- a la que le comenté que me había dado cuenta que todos quienes escribían citaban los evangelios, y que a Pablo no lo citaba nadie. Raro. Voy a escribir sobre Pablo. Entonces lo leí, lo leí y lo leí. Sigo amigo de Pablo, soy profesor de Pablo, doy clases de Pablo en la facultad, el día que esté desconforme con lo que hice, me dedicaré a Isaías. Yo siento que comunico cuando escribo, me comunico también. Me parece que es una tarea importante del cura. Quiero pensar y ayudar a pensar. Eso para mí es un desafío. No me interesa que digan que lo que hago está bueno. Me interesa interrogarme sobre si sirve o no sirve lo que digo, que lo discutamos, que lo pensemos. A veces empiezo a escribir por bronca. Como soy un fanático de Serrat y él dice que lo de las musas es una mentira, no me animaría a decir inspiración. Escribo porque me gusta, porque creo que no lo hago mal, porque hay mucha gente que me lo agradece y le sirve. El blog que tengo lo abrí a instancia de algunos profesores en la Facultad y a raíz también de una ira que tuve con un cura que predicó estupideces en Bogotá. Un tipo que predicó la parte del evangelio en que Jesús dice “He venido a anunciar el Evangelio a los pobres”, explicando que, para la Biblia, ¡los pobres somos todos! Bueno, al final de la misa un hombre se paró y habló: “Yo quiero decirles que soy un desplazado”, dijo, con toda la terrible significación que eso tiene en Colombia.  Dos tipos de la parroquia lo agarraron y lo echaron. Es decir, que los pobres son todos menos los pobres. Ahí monté en cólera -que es un caballo desbocado- y me puse a escribir en el blog.

 

NI CON PLATÓN,  NI EN GRIEGO

¿Cómo procurás que lo que escribís y luego vas a decir en las homilías sea comprendido por tus feligreses?

En principio, no les hablo en griego en la misa. Parto de que el texto dice tal cosa y a eso debería responder desde la fe, pero la realidad nos dice esto otro y a la realidad, para cambiarla, hay que responderle desde la praxis. Yo no doy una clase en la homilía. Un texto del Evangelio me parece que ilumina tal realidad y profundizo sobre ese texto. Podés profundizar desde el evangelio. Siempre hay un tema.  Cuando es Semana santa, ¡mirá si no tenés para hablar de los crucificados actuales!

DEN SALA

¿Qué texto te parece que ilumina la prisión de Milagro Sala?

Mirá, yo fui a visitar a mi hermana  en San Isidro. Un grupo de curas  me invitó y les sugerí que dijeran un texto de Isaías: “He venido a anunciar el evangelio a los pobres, a liberar a los cautivos y esto es lo que se ha cumplido hoy” Esto es lo que Jesús quiere. Obviamente, hay que trabajar para esa situación. Estoy indignado porque hay una foto en Facebook y en YouTube de eso y uno de  los curas es más o menos parecido a otro cura de Paraná, que fue abusador de seminaristas: “Cura abusador celebrando misa por Milagro Sala”, dicen. Estoy indignado. Es un amigo y a un amigo no se lo toca. Otra: Tengo un amigo que era cura en Santiago del Estero. El antiguo obispo de ahí era del Opus. Nosotros hicimos una declaración diciendo que el episcopado había sido cómplice de la dictadura cívico-eclesiástico-militar y el obispo lo echó. Yo entré a pegarle al obispo, le mandaba cartas, mails, le dije barbaridades que si las lees te darían vergüenza ajena. En un momento el tipo cito a Escrivá de Balaguer: “Sean perfectos como Dios es perfecto”. Entonces le escribí: “No me voy a meter en todo lo que está diciendo” (por supuesto que sí me metí) pero me voy a detener solamente en esto: Yo le dije a usted que era un ignorante y que no sabía nada de la Biblia. Estoy dispuesto a retractarme en todos los lados donde yo escribí y pedir perdón e irme de retiro diez años, si usted me muestra en qué parte del evangelio de San Lucas está el texto que acaba de decir. Pero no lo va a encontrar porque no está en San Lucas. Y no está en San Lucas porque usted es un ignorante que no sabe nada de Biblia.

Acá decís “Si consideramos válida para tiempos de Jesús la legislación que la Mishná señala, deberemos decir que el juicio de Jesús fue totalmente ilegal o que los evangelios añadieron dramatismo a un hecho ya de por sí grave”. Cómo no pensar en Milagro.

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Lo que planteo ahí es que, como la Mishná es confusa en sus fechas, entonces no es claro si, en la legislación, el juicio nocturno estaba prohibido en tiempos de Jesús. Si es así, incurrieron en una ilegalidad. No podemos saberlo. Totalmente de acuerdo en que el juicio a Milagro es oscuro. Sin ánimo de comparar, a Jesús lo meten en cana y ya estaba decidida la sentencia antes de empezar el juicio. Se buscan testigos falsos, se hace un juicio nocturno, por todos los medios se intenta encontrar argumentos para condenarlo porque ya estaba decidido que este tipo merecía la muerte. En ese sentido, sin duda que es muy parecido. Por otra parte, la historia de la humanidad está repleta de juicios injustos.

Biblioteca de Eduardo de la Serna
Biblioteca de Eduardo de la Serna




FUERTES VIENTOS

El cuidado del otro: sobre fragilidades.
Por Nora Lomberg

LA ETERNIDAD, HOY

La citó la maestra, es por su nieto menor, el Seba. El pibe no escribe en el cuaderno y ya está en tercero.
Tampoco habla bien, señora.
(Ella esconde sus manos, ya agrietadas y eso que recién cumplió 36. Las pone bajo su blusa. Baja la mirada y, en silencio, observa los zapatos de la señorita Silvia, bien lustrados, uñas pintadas y un delantal blanco con volados en cuello y bolsillos. Esos días ha llovido y el barro sostiene las zapatillas de María).
Lo que le digo, señora, es que si ustedes no lo ayudan en casa, yo no puedo.
¡Y qué va a hacer! Somos así, un poco duros nosotros. Ninguno estudiamos. Además él es de poco hablar.
(Seguro ya sabe que su padre está preso, piensa, mientras le pone sonido al suspiro. Todavía le falta tanto trabajo al día. María precisa vender empanadas, para poder ir mañana al Penal, cocinar y llevarle al Juanjo cosas ricas. Aparte tiene que llamar otra vez a ese abogado que nunca dice nada. Se toca el cabello, ya con alguna que otra cana, y se acomoda en la silla. Es una mujer buena y luminosa.)
Desde la ventana, se ve la infancia correr el recreo en el patio. Y dos perros, echados al sol. Irrumpe el Seba y se abraza a su abuela, a puro llanto. María lo besa y lo carga en su falda. Se quedan así.
Deberían consultar a una psicopedagoga, insiste la maestra.
(Silvia tiene la sensación de que ninguna cosa va a cambiar. Sostiene esas palabras con una mirada curiosa, la toca, le sonríe al niño. Piensa: tal vez no sea el momento. Tal vez, más adelante. No sabe cómo seguir. Pero persiste. No hay lugar para más debilidades.)
La respuesta no llega. Para María la eternidad es hoy.
Podrían preguntar en el hospitalito, creo que había una Licenciada.
(Las palabras de la maestra le impactan en el ánimo y en las ganas de acostarse a dormir. Pero se rescata, se reincorpora, se levanta de la silla.)
-Están dando el almuerzo, mijo, vaya- le dice La María al Sebas.

 

EL CIELO, A ESCONDIDAS

¿Este es el cielo que soñamos?
Hace 8 y 10 años que corren y el otoño amarillo cruje bajo sus pies. Hay un horizonte del que ellos escapan. Urgente, el más grande lo empuja con un grito. Mi mirada corre con ellos, me quedo tiesa, con la llave del auto en la mano, paradita, invisible en la ciudad a esa hora temprana. El contenedor de basura los llama. A upa, el pequeño arrastra al más grande hacia las profundidades. La basura abre su boca para devorarlos. Pero igual la habitan, se hacen lugar. Dos policías, más lentos que los pibes, danzan su búsqueda delante de mí.
Y gira que gira la plaza, los árboles, el cielo neblinoso, el olor a lavandina de las veredas, el frío mañanero, el futuro arrojado a la basura.
La mujer policía se acerca y me consulta por los niños, habían robado, parece, un celular. No los vi, acabo de estacionar, señalo el auto con la llave en mi mano. Inquietud y riesgo. Giro la cabeza y cierro la puerta, la luz matinal me ve correr las calles sin conciencia. Cómplice silenciosa de la escondida, empezó mi día.
¿Es este el sueño que cielamos?

NOSOTROS, LOS OTROS

Me enfermé                Cuidate

Estoy sola                                        Te extraño

¡Hasta siempre!                        No te mueras nunca

                         Hacé la tuya                                                   Sé feliz

 

nora1 francis picabia, The cacodelic Eye L´Oeil

Somos hablados en la era de la liquidez. ¿Pero qué nos habla? Se han diluido los saludos en la mera inconsistencia. Se han vuelto la guarida del enemigo.
¿Todo se va por el contenedor? O, para tomarnos unos mates tan siquiera, ¿quedará alguna temporalidad que no sea solo transcurrir? ¿Hay una vida offline? ¿Qué pasó con la mano amiga, la esquina con los vecinos, las interminables llamadas por teléfono (ese aparato con cable)?
Contá conmigo, che,                                          te espero,                                                         venite

                                             y lo charlamos.

El otro día, en la escuela, no supe qué decirle a una abuela. O, tal vez, no me animé a poner palabras incómodas a sus días, a escupirle un “su nieto no va a poder aprender”. Justo, entonces, sentí su tristeza en mi cuerpo y no pude seguir. Así, las palabras son como lazos, con firuletes, puntos y comas. Saborearlas, desarmarlas, darlas vuelta como si fueran guantes y dejar de apretujarlas contra la pantalla.
Por eso: tiene que haber una manera otra de habitarnos. Más intensa y permanente. La lentitud a modo de contracultura. Y, como plantea Donald Winnicot, debemos crear lo dado. Dejar nuestra marca o, más bien, marcar el camino. Mover la roca de la imposibilidad hacia un “lo quiero así y me levanto”. ¿Qué es el cuidado del otro en estos contextos?
¿Frías mañanas indiferentes?,
¿palabras huecas del amor?
Inventemos un fuerte viento a favor, que nos arranque los emoticones en un instante.
Y después te cuento.




JUGADAS

El Lado B: Entrevista a Mónica Santino.

Entrevista: Nora Lomberg, Anne Diestro Reátegui, Gabriela Stoppelman

Edición: Nora Lomberg

La vio venir. El sol se abalanzaba sobre la cancha, derramado en lluvias de luz, entre nube y nube. El tiro de esquina era la última chance de empatar el partido contra un rival muy difícil y añoso. Siglos y siglos de no pasar la pelota. Enormes extensiones de tiempo, meta arrellanarse en la cancha, sin que atisbaran siquiera las mínimas condiciones para que una mujer le reclamara el balón. Pero, mientras el otro se jactaba del enorme palacio donde acomodaba su victoria, un pique latía. Palpitaba bajito, era apenas una caricia sobre el pasto. En eso, el silbato autorizó el corner. La vio venir. Tenía el cuadro de la escena casi pintado en la retina. La posición del resto de sus compañeras, el cono de sombra sobre la hinchada detrás del arco, el hueco entre los defensores donde escabullirse. Y, aunque el escenario estaba tan claro, no subestimó a su rival. Durante los pocos instantes en que la pelota tardó en llegar hasta su cabeza, su memoria le proyectó- a toda velocidad- retazos del manual del prepotente, subrayados del libro del desprecio, apéndices de la enciclopedia del insulto. “Cuando terminen de discutir, por ahí aprenden a jugar”, “¿vos te viste en el espejo?”, “¿viste cómo te quedan los botines? La vio venir en esa curva que una franja del sol tomó de la cintura. Y así, entre la luz y comba, la oportunidad llegó hasta ella en giro de baile. Llegó en un ceñirse de la lucha al deseo, en un arco que le contaba toda la historia que fue necesario patear para quedar habilitada y en posición clarísima de gol. Un arco retorcido y lleno de espirales le susurró – una a una y en tan poco tiempo- la cantidad de ilusiones que debieron irse al vestuario sin pisar la cancha, la inmensidad de tarjetas rojas recibidas por tantas, sin haber jugado ni un un solo minuto, las columnas de amarillas tatuadas en las mitradas de cuántas hinchadas de lo adverso. La vio venir. Así, entre danza y relato. La pelota y ella se encontraron en el momento exacto, justo después de que las otras le armaran la precisa coreografía: los contornos cómplices del cuerpo colectivo. El pique latía desde hacía tanto tiempo. Sólo hacía falta abrir la historia con el pase indicado para que el leve latido se volviera estruendoso grito de gol. La vio venir. Entonces, Mónica Santino cabeceó.

LA ALEGRÍA NO ES SOLO BRASILERA

Vimos la película “Mujeres Con Pelotas”, tomamos algunas notas e hicimos algunas lecturas…
Queremos otra película para este momento, yo vi un documental de Carlinhos Brown, donde plasma la experiencia de Candeal, en Bahía, Brasil. Él armó una ciudad cultural en un barrio muy vulnerado y el documental gira alrededor de ese asunto. Yo me imagino una película así, con muy poca presencia nuestra y la voz de las pibas por delante de todo. Hicimos un festival, ahí había algunas compañeras con cámara y se iba a editar. Desde “La Nuestra”, organizamos el “Primer Festival Latinoamericano de Fútbol Femenino y Derechos de las Mujeres” -largo el nombre, ¿no?-. Fue del 25 al 28. No existen las casualidades, pero justo coincidió con el día internacional de la lucha contra toda forma de violencia hacia las mujeres.


Y eso también enmarcó desde qué lugar nosotras hablamos de fútbol y derechos. Desde La Nuestra y el cuerpo técnico, Juliana Román Lozano, María José Figueroa, Natalia Laclau, trabajamos muchísimo todo el año. La idea original era más larga y con más equipos, pero fue lo que pudimos hacer. Hubo que remar absolutamente con todo, hasta para conseguir la última cosita. El festival se desarrolló bajo el lema “Mi Juego, Mi Revolución”. En el torneo, participaron 8 equipos, de Provincia de Buenos Aires, de Córdoba, unas compañeras brasileñas, alemanas e inglesas, también algunas norteamericanas, que vinieron en rol de entrenadoras. A la par de los torneos, hicimos talleres y espacios de reflexión.

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¿Son todos equipos de lugares marginales?

No. Había un equipo de Zárate, un equipo de Laprida (club deportivo Barracas), un equipo de Córdoba, de Chile, de Colombia, las chicas de Villa Martelli- del Programa del Centro de la Mujer, donde yo trabajo hace un montón de años- y de la Villa 31. Como dije antes, estaba también el equipo que era como una mezcla entre Europa y Brasil. Ellas forman parte del Guerreiras proyect.

Es muy interesante porque las jugadoras brasileñas que pasaron por la selección se convierten en embajadoras del fútbol. Recorren Brasil, cuentan cuánto les costó jugar al fútbol. Hablan sobre cómo empezar a crear una cultura de mujeres en relación a este deporte. Las brasileñas juegan tremendamente bien y la mejor jugadora del mundo es brasileña. Pero todo eso no se compara con el desarrollo que el fútbol de varones tiene en Brasil, esa diferencia es muy similar a lo que pasa acá.

DE LA MANO DEL ABUELO, LA VUELTA VAMO´A DAR

¿Y cómo se te ocurrió a vos ser entrenadora de fútbol? Porque no es lo mismo jugar que conducir a los otros en su deseo de jugar.

La idea comenzó a armarse cuando logré jugar en AFA, ya de grande, a los 31. Entonces, empecé a entrenar con un grupo que se juntaba en Capital a las órdenes de un entrenador que se lo tomaba en serio, no de costado. No decía, “total son minas”. Era Cristian Lovrincevich . Aún trabaja en fútbol, no femenino ya. Con él, entramos a AFA, conformamos un grupo y jugamos para All Boys. Toda esa experiencia de asistir a su forma de entrenar me fue dando la idea de que podía ser entrenadora. Me parece que un poco, pasó estrictamente por lo deportivo, pero también por la militancia. Para nosotras el fútbol es militancia, por lo menos, en este momento histórico del fútbol de mujeres, es así. Entonces, si cada una, al dejar de jugar, se convierte en entrenadora, multiplica, ayuda a que no se caiga y a que las más chicas vean que en algunos lugares hay mujeres vinculadas con la toma de decisiones, con cómo se conforma un equipo, con decidir en qué lugar te paras a pelearlo. Lo mismo que pasa en la dirección técnica tendría que pasar en la faz dirigencial.

Es muy interesante cómo usás al fútbol como metáfora para explicar cuestiones extra futbolísticas.

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Sí, pero eso es de siempre. Yo empecé a jugar desde muy muy chiquita, vengo de una familia muy muy futbolera. La salida de los domingos era ir a Vélez. Mi abuelo, mi viejo, todos eran de Vélez. Entonces era una época en que la familia entera iba a la cancha, ahora eso se perdió, encima no se puede ir cuando jugás de visitante y otros montones de cosas que cambiaron. Pero, en esa época, todos los domingos, ibas a ver a Vélez a otra cancha y era una manera de aprender sobre los barrios, de sociabilizarte. Mi familia- muy fanática- tenía la particularidad de que íbamos a almorzar al club. Abríamos el club y cerrábamos el club, porque mi abuelo se iba cuando la última discusión sobre el partido terminaba. Yo era muy chica, iba de la mano de él, tenía 4, 5, 6 años y eso fue lo que aprendí. A mí me encantó. A mi hermano, hasta por ahí. Y a mi hermana, nada. Entonces, a medida que fue pasando el tiempo, esas ganas hicieron que tratara de jugar todo lo posible. Aprendí cosas vinculadas a lo colectivo, a cómo se puede transformar algo. En el barrio, entre todas juntábamos la plata para comprar una pelota de goma. Las cuestiones que tienen que ver con lo organizativo arrancaron ahí. Siempre pensábamos como un grupo. Lo mismo que te pasa en la cancha. Si vos no le podés pasar la pelota a una compañera, difícilmente puedas avanzar y meter un gol. Vos sola no vas a ningún lado. Y lo empezás a aprender así, yo creo que el deporte -y el fútbol, en particular- en ese punto, es maravilloso. Después eso trasladarlo al barrio, cuando las pibas conquistan la cancha, conquistan un horario para jugar en un lugar donde prácticamente no podían entrar. Las canchas son los espacios públicos más importantes en los barrios. Digamos, esa línea de cal se respeta, puede haber ocho millones de necesidades, pero nunca se va a construir una casa en una cancha de fútbol. Se construye para arriba, para los costados, pero en la cancha de fútbol, no. Y hay 5 o 6 canchas dentro de la villa 31, quizás más, todas respetadísimas y todas con una lógica organizativa. Que una mujer gane lugar, cobre visibilidad en ese espacio público tiene para nosotras un carácter político y de cambio.

BANDERAS DE MI CORAZÓN

La cancha la ganaron, sin embargo, vos insistís en la idea “pelear la cancha”.

Y, a medida que fuimos cada vez más y por la convicción de quedarnos plantadas ahí los mismos días y a la misma hora pasara lo que pasara, eso generó una costumbre que, al día de hoy, la tenemos que seguir peleando, pero ya nos conocen.

¿Pelear la cancha funcionó como metáfora ideológica con las pibas?

Claro, claro. La mayoría nació en la mitad de los noventa o más para acá. Entonces, son generaciones que han vivido la falta de laburo, padres destruidos por no poder sostener lugares. En ellas, la cuestión de lo colectivo estaba completamente perdida. Digamos que eras vos y te salvabas vos y nada más. Todo este proceso ayudó a volver a creer en la transformación colectiva. Nosotras creemos que la dictadura militar y los noventa arrasaron los barrios y el tejido social. Ahora estamos otra vez en peligro de que eso vuelva a ocurrir. Parece increíble decirlo, pero es así. Por aquellos años, la solidaridad y la ayuda al otro se cambiaron por sospecha, suspicacia- qué es lo que me quiere sacar, qué quiere de mí-. La mayoría de las pibas traía eso. Entonces se trata de ganar un terreno a partir de la práctica de un deporte. Para las mujeres todavía tiene aun más significancia, porque las pibas- desde muy chiquitas- están acostumbradas a hacer tarea de adultas: cuidar a los otros pibes, cuando no a los de la cuadra, a los propios y en edad muy temprana. La maternidad es el único fin en sí mismo para ellas. Montones de cosas, como el derecho al juego y a cómo se distribuye el tiempo están completamente vedadas. Recuperar un rato, solamente para jugar no sé si las va a convertir en futbolistas, pero es un espacio para ser con otras, un espacio de grupo donde la palabra se vuelve a recuperar entre pares.

Qué interesante, porque el espacio por excelencia de un barrio es la cancha. Y es gratis. Agarrás una pelota y vas a jugar. Y que justo ese espacio esté vedado para las mujeres…

Y, digamos que no está habilitado. No hay un cartel que dice “prohibido jugar”, pero hay un montón de cuestiones en el orden de lo simbólico. Por ejemplo, “no, porque tengo que ir a cocinar”. Los pibes largan la mochila del colegio y van a jugar y están el día entero y, cuando son varones más grandes, vienen de laburar y juegan partidos por plata. Digamos, entra otra lógica: las chicas no juegan. Entonces, el derecho al juego, en esa dimensión, no es algo trivial, no es “voy a jugar un rato”. Constituye un derecho que se amplía a montones de otras cosas. Nuestra experiencia de nueve años de laburo sostenido en el barrio busca la conformación de un grupo parado en sus derechos, que empieza a mirar la vida de otra manera. Algo que se pudo transformar en el barrio es que algunas logren que el compañero varón se quede a cuidar al bebé, mientras ellas juegan a la pelota, eso era impensado.

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DAR CUERPO A LA PALABRA

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Dana Rosiger

 

Es muy impresionante porque se traslada a la lucha de clases: lo que la clase media hace con la clase baja lo hacen los hombres con las mujeres: privarlas de pasar el límite de la supervivencia, del derecho al placer…

Y sí, después hacés esa lectura. Digamos, afuera de los barrios, en otras clases sociales, las mujeres no jugamos nunca más. Jugás en el colegio y, después, si perteneces al alto rendimiento y tenés la suerte de practicar un deporte, seguís. Pero eso es otra cosa, es el entrenamiento por logros deportivos más ir al gimnasio para estar más flaca, no tiene nada que ver con jugar.

Los hombres juegan, los hombres se juntan en un grupete y se van a la cancha, es para ellos como una ceremonia, un momento de descanso. Me parece que la noción de juego tiene que ver con lo que nosotros hacemos. Escribir, por ejemplo, es la posibilidad de perder el tiempo, entre comillas.

Exacto. Cuando pensamos el laburo, cuando nos sentamos a escribirlo, pedimos ayuda a un colectivo que se llama COCOIN, María José Berardi, Jimena Aón, Emiliano Martinez Royano, que después se ocupó del espacio grupal. Nosotras entrenamos esas dos veces por semana, pero también hay un lugar de grupo y las compañeras, acertadamente, habían dividido la cuestión en varios ejes: los cuerpos, los vínculos, el territorio y el lenguaje. La idea es pensar cómo están atravesados los cuerpos de las mujeres en ese ideario, cómo te bajan línea sobre el modo en que tenés que lucir. Los decires: que si jugas a la pelota vas a parecerte a un varón, vas a tener un cuerpo de varón. Y también se conversa sobre cómo empodera, cómo libera, poder decidir “yo tengo el cuerpo que quiero”. El movimiento histórico de mujeres va en la misma línea. Cuando hablamos de la legalización del aborto, tiene que ver con nuestros cuerpos y sobre qué discursos los atraviesan. En lo que nosotras proponemos, las pibas empiezan a armar una historia con pares, donde la palabra cobra otro poder, el territorio que se gana es la cancha y los vínculos entre nosotras. Cómo desbaratar la noción de que juntas no podemos hacer nada porque somos todas brujas, nos envidiamos, somos un desastre, la frase “poné una mina y se arma quilombo”. Cuestiones que muchas veces repetimos nosotras, como “todas las futbolistas son lesbianas, hacen un deporte de hombres, quieren ser tipos, por lo tanto, son lesbianas”,..

“Callate, gila, que es ley” decía una chica en la película…

Ah, eso era una piba lesbiana, defendiéndose de una burla, mientras le recordaba a la otra que el matrimonio igualitario ya era ley .

¿Ustedes escribieron esta experiencia?

Empezamos a escribir, a hacer un recorrido con estas compañeras que entraron a trabajar con nosotras en el 2014. Es un grupo que se armó a partir de los encuentros nacionales de mujeres, son psicólogas, educadoras populares, trabajadoras sociales. La idea era sistematizar la práctica. Ellas hicieron un esbozo. Digamos, hay un laburo hecho pero es cortito y tendríamos que darle una vuelta de tuerca más y sumar lo que pasó ahora en el festival, eso fue muy poderoso.

¿Las jugadoras escriben?

No, no se sientan a escribir con papel. Ese colectivo de compañeras del que les hablaba levanta lo que las pibas dicen.

Qué interesante sería que pudieran incorporar eso.

Hay unas chicas de la carrera de trabajo social que hicieron una tesis y me la trajeron hace dos días a casa. Me tengo que sentar a leerla porque debe ser muy interesante. Creo que se sacaron un nueve. Escriben sobre el deporte de mujeres en los barrios, de qué cosa se podría armar a partir de esas experiencias.

A LAVAR LOS PLATOS

En un momento de la película, los hombres dicen que el fútbol femenino es otro deporte. Es curioso porque eso no se dice del básquet femenino, ni del vóley femenino, ni de la natación femenina, ¿qué de singular los toca cuando las mujeres se apropian del fútbol?

Yo creo que es como la iglesia católica, ¿viste? Imaginate que una mujer pueda ser Papa, tiene una impronta masculina tan, tan fuerte, que se arma como una cofradía de varones. Tocás ahí y se sienten como amenazados, es su propiedad. Como si dijeran “este es un terreno nuestro donde ustedes no pueden entrar”. Mirá, hace muy poco, en el grupo de familias donde mi hija va al jardín, los padres varones decían “vamos a jugar al fútbol”. Todos más o menos están enterados de lo que yo hago. Y yo quería jugar. Primero, me dijeron que dirigiera. Y yo dije: no, yo quiero jugar. Al final de un cumpleaños, un papá dijo: “bueno, vamos a ponemos de acuerdo rápido porque somos varones. Las mujeres tardan más”. Imaginate, un par de nosotras le saltamos a la yugular. La cuestión es que pasaron como dos o tres meses y no se organizó ningún partido. Justo ayer le fui a decir,” che, ¿no era que los varones organizan más rápido?” “No, lo que pasa es que te pusimos a vos en el grupo y se armó quilombo”…, todo en el terreno del chiste claro. Entonces, cuando opinás de fútbol tampoco les gusta. Saber de fútbol es algo muy relativo, es un deporte que permanentemente cambia, siempre hay una incógnita de cómo tal o cual jugador va a jugar. Los varones relacionan saber de fútbol con que citaste dos o tres equipos de memoria o te acordaste de una jugada del año 74 en tal cancha. Y ahí se quedan mirándote. Pero, en realidad, son datos históricos, cualquier fanático o no, puede leerlos. Mirá, me acuerdo esa parte de “El secreto de sus ojos”, cuando Francella dice: “no se cambia de equipo” y recita. Ahí se dan cuenta quién podría ser el asesino. Siguen la pista de cómo el tipo, en una carta, cita a todo un equipo de Racing. Esa parte de la película es muy buena, porque es nuestra cultura. ¿Y a qué iba? A que ganarse el respeto por acordarse cómo formaba Vélez el año 71, me parece que no tiene que ver. Esa es la forma con la que los tipos se manejan. Ocurre cuando a la selección argentina le va mal y son todos directores técnicos y opinan y hablan.

Uno de los muchachos en el documental manifiesta que “El fútbol no es un deporte sencillo, no es para mujeres”. El mito es que ellos tienen más fuerza física pero no que son más complejos ¿De dónde sale esa idea?

Yo creo que esa idea sale de pensar que biológicamente los hombres tienen una superioridad con respecto a nosotras. Si cuando nacés, te tiran una pelota dentro de la cuna solo por ser varón y todos los incentivos tienen que ver con mover las piernas, saltar, correr mientras que a nosotras nos regalan el juego de cocina, la escobita, nos prohíben jugar a la pelota y dicen que no podemos hacerlo porque podemos lastimarnos una rodilla. Si lo vemos así, claro, el fútbol es un deporte complejo. Es difícil tomar decisiones con los pies y cambiar de estrategia en décimas de segundo. No tenés que mirar la pelota, tenés que mirar dónde están parados los demás. Cuando empezás a practicarlo a una edad temprana lo aprendés. Tiene millones de cosas que están relacionadas con la calle y la libertad, lo puede aprender una mujer o un varón en las mismas condiciones. Ahora, si alguien te dice que no podés, no vas a poder. Conozco a más de una piba que les pintaría la cara a más de uno que diga que sabe de fútbol porque son hombres. Hay hombres que sufren porque los obligan a jugar, y claro, como no saben jugar los mandan al arco o los tratan peyorativamente de “maricón”. Hay un libro llamado Fútbol dinámica de lo impensado de Dante Panzeri, habla sobre la complejidad del fútbol y lo compara con el caos del tránsito. Dice puntualmente que cuando jugás a la pelota es porque le escapás al quilombo, porque buscás los espacios. Pasa lo mismo para manejar, si vos estás en una calle embotellada pero tenés esa capacidad de abrirte para salir. El fútbol es igual. Leer el partido antes que la pelota llegue a tus pies y saber dónde están parados tus compañeros, muy pocos jugadores tienen esa habilidad. Ese libro hay que leerlo porque está escrito en los 60’, Dante Panzeri fue siempre muy revulsivo, nadie lo quería. Se murió en el 78. Ese libro está muy bueno y hay pocos jugadores con esa habilidad. Creo que el último fue Riquelme. Los sabiondos del fútbol lo llenaron de adjetivos: pecho frío, lento. Pero Riquelme es un tipo que juega más rápido que los demás. El fútbol no es correr, es pensar con los pies, con todo el cuerpo.

Camille Claudel, la escultora, eligió realizar una actividad que no se consideraba femenina en su época y terminó recluida en un manicomio por la propia madre. Además era la amante de Rodin y él no soportaba esa competencia, de hecho si vas al Museo de Bellas Artes hay más de cinco obras de Rodin y solo una de Camille. Entonces, ¿qué cambió hoy en día para una mujer que se decide hacer algo que es considerado muy masculino? Antes terminaba encerrada, ¿qué metáfora tenemos hoy como castigo?

Hay castigos que no tienen que ver con el encierro pero que sí te condenan de alguna manera. Hoy tenemos a los medios de comunicación y las redes sociales. Se me ocurre pensar en Cristina Fernández, a ella sin ser feminista, ¿cuántas veces la atravesó la violencia de género? Con el lugar importantísimo que ocupó. Se puede disentir con su idea política, pero ¿qué ropa se pone? El 80% de la crítica tienen que ver con esa condena. Si buscás páginas anticristina la mirada está puesta desde ese lugar. A mí me duele, más allá que pueda estar parada desde la misma posición política, puedo entender que alguien puede discutirla, pero no así. Creo que dentro de 30 o 40 años vamos a decir que fuimos contemporáneos de alguien muy importante, quizá de la talla de Eva Perón.

Y a vos, como entrenadora, ¿cómo te vuelve el castigo?

Todo el tiempo tenemos que estar validando lo que somos. No es lo mismo que llegue un varón y pegue cuatro gritos, es distinto. Entonces ese lugar lo tenés que estar validando permanentemente. Sobretodo porque es mi laburo y no es un hobby.
Pero ¿no sería auto discriminación? Es decir, ¿se tiene que insistir para que sepan que a pesar de ser mujer podés hacerlo?
No, no creo que sea auto discriminación, porque lo vivís y lo sentís. Uno lo percibe desde el lugar de la queja, intentás cambiarlo todo el tiempo y para mí, haberlo convertido en un laburo es el logro. Soy empleada de la municipalidad de Vicente López, contratada como Directora Técnica, en la Villa 31 también soy Directora Técnica y cuando hacía el curso me decían que era un hobby, o que estaba loca por el fútbol. Y esto no es un pasatiempo, es mi vocación. La batalla va por ahí, la violencia de género es simbólica y pasa todos los días. Estar corriéndote desde ese lugar es lo que nosotras pensamos cambiar. Para nosotras es un orgullo que nuestro cuerpo técnico esté conformado por mujeres, todas pasamos por el fútbol en una u otra instancia. Nuestra batalla es poner en agenda el juego y el derecho al juego. El tiempo, el ocio y qué hacemos las mujeres con eso. Lo estamos logrando, vamos por el tercer encuentro de mujeres en el que ponemos como actividad el fútbol y muchas compañeras feministas lo están tomando como un campo nuevo, algo renovador para seguir hablando de las mismas luchas.

Mi juego, mi revolución, ¿se refieren a eso?

Sí. Es la lectura política de lo que pasó en la Villa 31 y cómo trasciende. La militancia de un grupo de pibas, abre la posibilidad de articular con otros grupos. Además es político porque cambian costumbres, hay un empoderamiento de normas, nos adueñamos de la palabra. Todo eso queremos expandirlo de la Villa 31 a otros barrios.

FINAL DEL CUENTO

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Dana Rosiger

¿Cuál es la diferencia entre el juego y el deporte?

Yo creo que a jugador profesional de fútbol no son muchos los que llegan, nada más que un grupo de elegidos. Y lo sufren, yo creo que lo sufren, es una angustia infernal y una presión muy poco soportable. Y que no tiene nada que ver a cuando eran chiquitos y jugaban a la pelota. No es lo mismo y es muy impresionante cuando ese modelo llega hasta a los más chiquitos. Vos recorrés un torneo infantil y ves pibes con cara de angustia. Salen en fila india del partido, van atrás del director técnico con la cabeza agachada. Seguramente, en el vestuario los cagan a pedos o hay un padre, colgado del alambrado que grita barbaridades. Eso es muy común, lo podés ver cualquier fin de semana en una liga de fútbol infantil. Y para mí eso roza la explotación. Eso es terrible, eso les pasa a los varones, a los que tienen habilitado jugar. A mí me llamaba la atención que las chicas se quejaban de que no podían profesionalizarse. Pero, si se profesionalizaran, terminarían como los hombres, sería el “final del juego”. Yo creo que jugar al fútbol es una vocación. Hay pibas que nacieron para jugar a la pelota. Imagínate viviendo del deporte que te gusta… es muy lindo pensarlo. Yo creo que nosotras estamos en un momento divino, a años luz de la profesionalización. Tendría que haber muchos cambios culturales para eso. Un partido de mujeres tendría que llenar una cancha y ahí es donde empiezan a aparecer los intereses.

O desear un futuro que no termine en lo mismo que le pasó a los hombres.

Cuando esos intereses entran a ser prioritarios, es muy complicado, fijate ahora la catarata de cadenas de corrupción de los mayores dirigentes del fútbol mundial, la muerte de Grondona los dejo a todos al descubierto, es muy impresionante eso. El avión que se acaba de caer, es responsabilidad de la Conmebol y sin embargo los dirigentes fueron a llorar al funeral y las víctimas son los jugadores de fútbol. ¿Quién les devuelve la vida a esos jugadores?, es una locura, la selección argentina viajó en ese avión un poquito antes, sólo las piernas de Messi valen cuatro veces más que el avión. Es muy impresionante y no hay una renovación en eso, no sé cómo se cambia, pero es una cuestión estructural y es muy difícil. Nosotras de todo eso estamos muy lejos, la FIFA tiene intenciones de desarrollar el fútbol femenino porque le encontraron la veta comercial, eso es lo que pasa en otros países.

¿Y que harían ahí, ante esa propuesta?

Y ahí no sé cómo mantener cierto espíritu que tenga que ver con el juego, no lo sé, igual falta muchísimo para que en Argentina llenemos una cancha con un partido de fútbol de mujeres, falta para eso, mientras no genere ingresos no es un problema.

Pero eso se construye, si ellos toman la decisión de difundirlo hasta que se llene la cancha, van a lograrlo

Ojala pudiéramos conservar el amateurismo o esa manera de vivir el deporte y sentir el fútbol así. Lo que nosotras tenemos ahora son grupos de amigas, mucho esfuerzo por entrenar y montontes de cosas que están del lado del sacrificio o de la invisibilidad. En ese mundo deportivo, hay montones de cosas que nosotras ganamos que son muy importantes. Ahora me parece que debemos luchar para que las más chiquitas tengan acceso al deporte más rápido, pensar en clubes propios, donde pueda haber divisiones inferiores y un crecimiento, es una etapa histórica para dedicarnos a eso y también conseguir que haya más mujeres con conciencia de género en el deporte, en los lugares donde se toman decisiones. No alcanza con poner a una mujer que “ es la esposa de” y termina siendo peor que un hombre.

Recién hablabas de sacrificio, me pareció muy interesante en la película, cuando mostraban que practican en esa cancha lastimadora

Claro, ahora cambió, desde el 2010 tenemos un sintético, con un alambre alrededor. Y con el proyecto de urbanización de la villa es posible que haya una nueva obra y se mejore.

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Pero vos no te quejabas, eso me llamó la atención. Pensábamos si hacen un trabajo para revertir la queja, que es tan paralizante.

Si hay algo que nosotras aprendimos en el barrio, tiene que ver con esa conexión con lo vital, arreglarte con muy poco para que la realidad sea menos dura. Nosotras detestamos cuando nos encaran por el lado de qué buenas que son por lo que hacen, porque no es bondad, ni madre Teresa de Calcuta, ni asistencialismo, ni nada. Es ir a ejercer un derecho con sujetas de derechos que son las pibas. Nosotras estamos a la par y aprendemos de ellas como ellas de nosotras y lo que se arma, es un tuco que el viejo feminismo y el movimiento de mujeres sostienen: la horizontalidad y cómo nos emponderamos unas a otras. Nosotras aprendimos un montón. Decidimos hacer el curso de entrenadoras a partir de eso, a estas pibas hay que darles más cosas y para eso voy a estudiar. Ellas a la vez se hicieron dueñas de un lugar del barrio que les pertenece ejerciendo derechos, me parece que eso es muy distinto a hacer un campeonato, sacarme una foto y soy la mejor entrenadora del mundo, me vuelvo a mi casa y la piba está en el mismo lugar, digamos. A veces el deporte ahí es una línea muy finita para ciertos discursos de derecha, fascista, “te saco de la calle” y yo no te saco de la calle, voy a transformar la realidad. Pero el lugar existe, sino eso es muy peligroso y no es lo que nosotras queremos, el crecimiento es justamente a la par y es lo que nos hace poderosas como colectivo.

PELOTAZOS

Es importante entender que el lenguaje escrito y hablado tiene un gran valor. Nosotras tuvimos mucha suerte de participar este año en un proyecto hermoso. La idea fue de un jugador de fútbol: reunió a 24 jugadores a escribir cuentos sobre este deporte. El libro se llama Pelota de papel. No solo hay jugadores sino también directores técnicos. Es interesante ver cómo personalidades como Aimar, Cavenaghi, Sorín, escribieron cuentos relacionados con sus experiencias y algunos también ficcionados. Ahí te das cuenta que la tienen clara.

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Pelota de papel distinguido en la ciudad de buenos aires declarado de interés social y cultural

 

Hablando de cuentos de jugadores, Soriano y sus libros, ¿esa épica del fútbol te moviliza?

Sí, por supuesto. Hay literatura del fútbol que es hermosa. Nosotras participamos en Pelotas de papel y contamos historias de cuando las chicas de la Villa 31 viajaron a Berlín.

Trajimos algunas citas de autores, ¿nos decís cómo te rebotan? Passolini dice que el goleador es siempre el mejor poeta del año.

El gol es el mejor momento del fútbol. Es el momento donde lograste lo que buscabas. El tipo que le da el último toque a la pelota antes de que entre al arco es el privilegiado, pero detrás de eso hubo toda una construcción. Si lo comparás a cómo se construye una película, quizás tiene mucho que ver el proceso y el recorrido. El gol no es una casualidad o algo que se da porque sí. Pasa entre muchos y el goleador es el tipo que tiene un sentido de oportunidad. Palermo era así. Todos los goles de Palermo son como de película, el que hizo para la selección argentina en el 2010 fue así: vino como un centro de derecha a izquierda y él estaba parado ahí. Maradona se tira al piso para festejar y él se queda parado en plena lluvia. Es una construcción colectiva pero hubo un tipo que lo supo hacer.

Una cita de Albert Camus dice “La pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga”.

Es como la vida. Son todas situaciones de juego que nos hace estar preparados. A veces pareciera que algo tiene que ver con el azar porque no sabes cómo va ocurrir, una especie de mente fría para aprovecharlo a tu favor.

¿A qué te suena el lado B?

Pareciera como si lo que está por el lado A es lo más importante, pero el lado B es importantísimo. Si no hay B no hay A. El lado B es lo que nosotras hacemos, el día a día, estar, acompañar, hablar. Quizá sea lo más costoso. Pero si no hay B no hay A. Son como las patas, al menos lo que nosotros hacemos es eso. Como si vos armaras un partido o un entrenamiento, son montones de cosas que no saltan a la luz porque es la parte de atrás del disco, pero es completamente necesaria. Todo siempre depende del lado B, pero lo que vende está del lado A. En Pelota de Papel participaron jugadores uruguayos, no son los más conocidos. Uno de ellos se llama Agustín Lucas, va a fichar en un club de la tercera categoría uruguaya, el club Albión que tiene más de 125 años de historia y es uno de los más viejos en Uruguay. Él y dos compañeros más, escribieron un libro llamado El lado B y hablan de fútbol. Ellos también participaron en Pelota de Papel. Ahora se viene la segunda edición del libro, la primera parte fue un gran éxito, se vendió tremendamente bien, todo lo que se recaudó pasó para la Fundación Sí. Todos los cuentos tienen un prólogo y una ilustración. Es hermoso.

Hay una referencia sobre el fútbol en un libro escrito por Gabriel Lerman que dice: “El fútbol, dijo Martín Ferro, es una pantalla que le otorga prestigio a una ceremonia desnuda que se jugó en la infancia”.

La infancia es una ceremonia que reúne lo mejor de ser niño o niña. Una especie de enseñanza permanente para ser mejor. Se transforma en otra cosa cuando crecés, pero reivindicar esa ceremonia cuando volvés a jugar es lo más hermoso que tiene el deporte. Es la reedición de la infancia en cualquier momento de la vida. El juego tiene que ver con eso, con tratar todo el tiempo de ser mejor. No solo en lo deportivo, sino en todo lo que significa ser un colectivo. Tiene una repercusión cultural tan grande que hace que barrios enteros se identifiquen. Boedo está lleno de murales de un grupo llamado Grupo Artístico de Boedo con fotos de San Lorenzo antiguo. Cada mural tiene una historia. La gente se para y le cuenta a los niños quién es la persona del mural. Es una celebración del fútbol permanente. Siempre hay un más allá, la cancha se agranda y entramos todos. Al fútbol puede jugar cualquiera, Maradona era petiso y tirando a gordito, Messi es re chiquito. Todos pueden jugar.

¿Vos escribís?

Escribí cuentos para Pelota de Papel, apoyándome en las compañeras.

Usas muchas metáforas para hablar.

Me gusta mucho.

Escribir es también reeditar la infancia, un juego.

Sí, ¿no? Es también jugar.

¿Qué es lo poético para vos?

Volvemos al fútbol. Hay jugadas que tienen que ver con lo poético. Expresar o contar con palabras eso que es intangible. La poesía tiene ese poder. Describir con palabras lo indecible. El fútbol muchas veces tiene instancias que tienen que ver con eso. En el mundial del 2006, al primer gol de Argentina lo hace Saviola. Y Riquelme pone una pelota entre la línea de defensores al lugar donde iba Saviola porque sabía que iba poner la pelota ahí. Eso es poesía pura. Son formas de juego que tienen que ver con la capacidad de síntesis para poder realizar algo.

Eso sonó a cómo un verso funciona en el poema. Tiene ritmo como el fútbol.

Sí. Hay otro libro donde también participamos y habla de Riquelme. Se llama El caño más bello del mundo de Diego Tomási. Él quiere rescatar a Riquelme por encima de la opinión. Plantea una tesis sobre si hay una forma Riquelmiana de entender el fútbol. Mete frases de música, del tiempo, todo combinado, así como Riquelme jugaba. Hay una manera de ver el fútbol muy interesante, rescatándolo de todos los adjetivos que conocemos.

¿Y mujeres?

Hay que ver a Marta Vieira Da Silva, jugadora de Brasil. Tiene 5 balones de oro. La poesía intentaría explicarla por ahí, si es que tiene alguna explicación. A veces un pase es más lindo que un gol.

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Mónica Santino




PACHAMAMA CARTONERA

El hastío: Entrevista a Liliana Herrero.

Liliana Herrero - Ph Pablo Astudillo para wordpressEntrevista: Isabel D´Amico, Magdalena Mirazo, Nora Lomberg, Lourdes Landeira, Víctor Dupont

Edición: Gabriela Stoppelman

 Llevo mi sombra alerta sobre la escama del agua abierta/ Y en el reposo vertiginoso del espinel/ Sueño que alzo la proa y subo a la luna en la canoa/ Y allí descanso hecha un remanso mi propia piel”,  Oración del remanso.

Oración del remanso     

Nocturna, noche bien arriba y raíz muy a tiro, se despereza los tedios y sale a juntar restos de la luz. Apenas se atreve un instante, cuando un timbre del viento le advierte sobre una niebla aterida. Ha estado ahí, en un rincón de la noche, durante un tiempo incalculable. Tanta insistencia de mitos acerca de su inconsistencia, terminó por adoptar la forma de un rincón medio emparchado, entre el deseo como locura y las curvas de la memoria. Ella la levanta y la sostiene de borde, como quien ofrece paso a un breve insecto, en la cornisa de su mano. La niebla, entonces, desentumece su tiempo de guarida y le circula los contornos. Mientras tanto, la otra le canta chiquitito, un acorde mínimo atrás de otro, una piedra minúscula sobre otra, hasta alcanzar el montículo, la ofrenda. Así la chaya es un acto de reciprocidad, donde una da de comer entre cuerdas que se rozan, mientras la otra le agita el aire para curarla de malas mudeces. Y así van, acompañándose, canturreo y filigrana, a cartonear la tierra. La Pacha no es ni suelo, ni territorio ni naturaleza, sino todas esas cosas juntas más vertientes y manantiales y cicatrices en un grano de la voz. Y la niebla no tiene un pelo de fantasma. Más bien anda con esa elegancia de las rayaduras, con ese misterio de valles entre pliegues de rugosidades. ¿Y qué rebuscan, tanto andar? Para empezar, a cada paso, dejan una marca para el siguiente caminante, habilitan  pausas en los ritmos futuros y las durezas de los próximos caminos. Así, a puro juego entre el pasado y la noche que no cede, mientras conversan el atajo que les funda la marcha, recolectan. Por supuesto, descartan el fulgor y la basura. Más bien se inclinan por una nota de más o de una menos, descolgada quién sabe de qué pentagrama y hace cuánto. No perdonan hilachas de sílabas, ni vocales a medio a decir, varadas a media altura, entre el aliento y la palabra.  A los silencios y a todos los parientes de lo inaprensible se los llevan sin vacilar. Los reservan para el descanso, para el tiempo en que la Pacha incita a la niebla hacia su palma y la guarda acunada en un puño. Entonces, comienzan los susurros del río, los parloteos de las esquinas, las tonadas ambulantes del subte, las cadencias en el don y en la furia en los amantes, los diálogos cotidianos de la cacerola con las pretensiones de la hornalla. Como hechos a medida, las voces y las cosas, los mundos y los seres acuerdan en un panteísmo provisorio, más por el lado de la belleza que de pesadas verdades. Y, es justo en este tiempo, entreverada en la comunión de raíces y picos, donde el viento se atreve en una confesión. Escuchen.

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Luis Felipe Noé, En la maraña.

CONFESIÓN DEL VIENTO

“Era un fantasma ese viento,/ tejió sus babas el diablo,/ iba quebrado de culpas/ y no consigue evitarlo/ (…)/ Le pregunté por las chapas/ del techo de los de abajo/ dijo: “el hombre ha de luchar/ para conseguir los clavos / en vez de hincarse a rezar/ para olvidar sus quebrantos/o de sentarse a esperar/ regalos eleccionarios/ Me sorprendió la respuesta/ pero no quise atajarlo,/ pues cuando lleva razón/ vaya, ¡quién quiere pararlo!/ El viento me confió cosas/ que siempre llevo conmigo,/ que siempre llevo conmigo”

En la selección de tus canciones hay dos o tres figuras que aparecen mucho. Una es la del viento y otra, la de las sombras. Encontramos muchas imágenes vinculadas a lo fantasmático, muy poco consistentes en lo material pero que afectan mucho.

No creo que sean fantasmáticas, son reales en el sentido de la facticidad. El viento existe, ¿no? Aparte es un procedimiento que aparece mucho en las letras del folklore, ahí está muy presente la idea de mímesis: lo mismo que le acontece a la naturaleza le acontece al alma humana. O ese hecho físico, como en el caso del viento, tiene la capacidad de confesarnos cosas. Hay un panteísmo, casi te diría, en las letras del folklore. Por ejemplo en “Chañarcito” se ve muy claro: “Chañarcito, chañarcito que tantas espinas tienes/ igual a mi corazón entre espinas te sostienes”. Lo que le pasa al chañar le pasa al alma humana. Por eso este disco se llama así, “Igual a mi corazón. Yo no sé si tengo esa idea de unidad entre la subjetividad –digamos del alma humana– y la naturaleza, pero me gusta pensar así. Una especie de cierta inclinación que yo tengo hacia el romanticismo como corriente literaria, poética, filosófica. En ese caso, me funcionaría como una especie de acusación a la ciencia, por haber roto esa unidad. Pero no tengo una concepción ecologista, ¿eh? Sí tengo la idea de que hay políticas, en este momento de extraordinaria globalización del mundo, en que ya no hay territorios, no hay memorias singulares, sino una especie de sujeto visual. También tengo una denuncia y participo en denuncias en relación a Monsanto, por ejemplo. Eso no me transforma en ecologista. El ecologismo no es algo que me convenza como concepción. Hay que pensar la política para pensar la ecología. No me parece que se pueda pensar simplemente “Salvemos a las ballenas”, me parece de una inocencia escandalosa.

 Y, también, de cierto conservadurismo.

Sí, de cierto conservadurismo… Volviendo al “viento”, te decía que el folklore tiene muchas letras que marcan un deseo de restituir una especie de armonía entre el hombre y la naturaleza. Un deseo tal vez imposible, y eso a mí me gusta: sostener un deseo por lo imposible. En el caso de “Confesión del viento” tiene música de Juan y el autor es el poeta pampeano, Roberto Yacomuzzi: “El viento me confió cosas que siempre llevo conmigo”. Es una idea muy linda. Después, Juan le sugirió algo muy interesante: y es que ciertas palabras están puestas como una especie de modelo para armar, dispersas en el resto del texto. En realidad es un remedo de uno de los grandes poemas de la canción popular latinoamericana, “Construcción”, de Chico Buarque, un hallazgo enorme de Chico. La construcción refiere a la obra donde trabaja ese obrero que cae y muere en el paseo público y la gente sigue como si nada. A su vez, el poema es una construcción. Chico para mí es uno de los poetas más importantes latinoamericanos de la canción popular.

Los ejes de mi carreta     

“Porque no engraso los ejes/ me llaman abandonao/ Porque no engraso los ejes/ me llaman abandonao/ si a mí me gusta que suenen/ pa’ que los quiero engrasar”

 ¿Cuáles son los recursos poéticos que más te seducen?

 Estos, armar y desarmar. Son los que más me estimulan. Y si no están en el poema, lo hago yo.

¿Con la voz, con el cuerpo…?

Con la letra también. La versión mía de “Los ejes de mi carreta” está toda cortada. Y entonces el sentido cambia. En “Los ejes de mi carreta”, él dice “Porque no engraso los ejes…” Yo lo canto tal cual es. Y, en la segunda parte, sustraigo algunas palabras, lo cual hace que el sentido cambie absolutamente. Alguien lo repondrá. Es más fácil hacerlo en temas muy conocidos: “me llaman abandonao, por qué…”,  por ejemplo, y no digo “porque no engraso los ejes”.

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Luis Scafati, Cartonero.

 

Y ahí conversás con todos.

Claro que converso. Sobre todo, con los autores. Por eso es tan importante, porque es una reposición de la memoria y la memoria no se repone sin más. Se repone en un diálogo tenso con el autor, digamos. Eso es una tensión extraordinaria. La tensión es, para mí, la figura más importante del arte.

¿Y tu recurso es el silencio?

Muchísimo.

También, tus manos. Hablás mucho con tus manos.

Todo es voz, hasta las manos. La voz es una de las grandes metáforas de la cultura. Cuando se habla de Gardel, se dice “La voz”. La voz de los que no tienen voz, por ejemplo. Creo que no es lo mismo la voz que el canto, la voz tiene una rugosidad… Barthes escribe “El grano de la voz”. Ese grano es, para mí, una memoria musical, poética y política. Si no hubiese ese grano, caeríamos en la espantosa denominación de world music.

Hay allí un punto de identidad…

Un punto de territorio, de memoria musical poética, política e histórica, con tensiones. Con todos los pliegues que esto significa. No es que yo canto y la identidad se captura en su esencia completamente. Siempre hay grietas. No hay una captura inmediata de las cosas.

Yo Vengo A Ofrecer Mi Corazón     

“Y uniré las puntas de un mismo lazo,/ Y me iré tranquila, me iré despacio,/ Y te daré todo y me darás algo…/ Algo que me alivie un poco más./ Cuando no haya nadie cerca o lejos/ Yo vengo a ofrecer mi corazón/ Cuando los satélites no alcancen/ Yo vengo a ofrecer mi corazón…”

¿Qué relación habría entre este grano de la voz y tu concepción de lo popular?

Lo popular es una palabra tan compleja… Prefiero pensar la idea de lo popular como una especie de aluvión libre y creativo. Eso es una construcción. Si hay esa construcción política y cultural, es probable que alguna vez tengamos esas formas de lo popular. Lo popular no conservador, digamos. Esas características de lo popular a veces son magníficas para pensar otras cosas y a veces, obstáculos para lo mismo. Creo que eso es el peronismo: máxima posibilidad y máximo obstáculo.

Ahí está la tensión que decías antes. Vos en muchas declaraciones asociás lo popular a las crisis, a la grieta, a la ruptura. Y recién hablabas de un territorio que no es firme, que se mueve. Otra de las figuras que vimos mucho en tus textos es la cornisa, los bordes. Y pensaba si las figuras cornisa, las  grietas y el grano de la voz no estarán asociadas.

Creo que sí. Sí. La idea que tengo es que hay una especie de condición del arte que es, me parece, cierta libertad y creatividad. Para eso hay que saber producir una ruptura con el pasado sin olvidarlo. Es pese a uno que el pasado está. El pasado no es nada si no es interrogado por el presente. Es una tensión, palabra que prefiero a la dialéctica. Esta supone una síntesis y no es lo que yo propongo. Yo propongo sostener una tensión. Es como sostener una pregunta o sostener un riesgo o sostener un abismo.

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Luis Felipe Noé, El juego político.

 

Claro, me refería a una dialéctica más a lo Nietzsche y Heráclito, que a lo Hegel.

Sí, en eso estoy más cerca. O de Benjamin. Me interesa más eso que pensarlo en términos dialécticos. Porque si no, hablarías de superación. Y el arte no va a ningún lado, no tiene futuro. No hay progreso en el arte.

¿Pero se puede suponer, entonces, que el arte es un presente en el que se reinventa el pasado?

El arte está siempre dando vueltas sobre las mismas cosas. Tal vez la obra de un autor sea una sola. Y, después, lo que siguió haciendo más adelante son vueltas sobre aquello que pudo pensar una vez. Lo dice Orson Welles claramente: “No soy artista, no me veo a mí mismo como un profesional. Soy básicamente un aventurero”. Pero volviendo a la pregunta, sí. Aunque la relación entre pasado y presente es muy compleja, llena de pliegues. Cómo pensar la música anterior, cómo pensar en el tiempo. Me parece que la fórmula puede ser que el presente no sea nada si no interroga al pasado, pero el pasado no es nada si no es interrogado por el presente. Si en el pasado estuviera todo y todo estuviera acabado y terminado allí, se transforma en un mito. Y el mito te devora. Tampoco estoy pensando en la idea de algo superador en el sentido de la dialéctica: porque, si no, te diría con todo atrevimiento, que la versión mía de “Los ejes de mi carreta” es mejor que la versión de Yupanqui.  Eso no es así. Es tan poderosa esa obra que permite una interrogación nueva. Distinta, en todo caso. Y estoy hablando como intérprete. Es lo que soy. Yo no soy compositora que es otra cosa, otro plano.

Pero hacés una lectura de las letras.

Bueno, si a esa interpretación, le quieren llamar una interpretación creadora o compositiva, están en su derecho. Yo creo que para componer tenés que ser un buen lápiz.

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Luis Felipe Noé

 

Pero también hay todo un trabajo creativo en la instrumentación, en los timbres…

Sí, sí. En los timbres. Para mí eso es fundamental. La música tiene muchas posibilidades tímbricas. Vos trazás un horizonte sonoro, que es un poco previo pero se va armando también. Uno tiene una idea, va apareciendo y va corroborando algún que otro deseo sonoro. En el caso de “Imposible”, el último disco, es un disco completamente acústico, con muchos graves. Martín sólo usa el clarón, que es el clarinete bajo. Pedro Rossi sólo toca la guitarra criolla y de siete cuerdas, que tiene una nota grave muy interesante. Ariel no toca el bajo eléctrico, sino el contrabajo para poder usar el arco. Es casi un grupo de cámara. Un sonido que yo busqué, así como he hecho discos con máquina de ritmo, guitarra eléctrica sangrante y gritos. Voy cambiando. Depende de lo que necesite o de lo que me pida el corazón. Uno nunca sabe qué pide el corazón, pero va buscando en ese armado y el sonido va apareciendo. Igual, a la hora de que suenen las cosas… Uno puede tener una idea, pero a veces te pasás meses en eso y no aparece.

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Luis Felipe Noé, Diálogo natural.

 NUEVA

Nueva     

“Voy a tener que escribir algo/ Viento en luna y sentir, largo/ Sin lamento oscuridad, llega/
Líneas son las de un Mustafá, ciego/ Reencarna y eternidad, deja/ Sin saliendo lo que fue, era/ Que prolija quiere y lleva/ En su alma una pasión, plena.” 

 Lo de la idea sonora nos quedó el otro día de una entrevista con el Pollo Raffo.

Él es un gran lápiz. El Pollo es un músico bárbaro. Me pasó una cosa muy linda con él. Me acuerdo que habíamos estado peleando por esta cosa más administrativa de la vida, como la creación de la Ley nacional de la música, el Instituto nacional de la música y eso. Entonces, tuvimos que ir un grupo de gente a exponer al Congreso. En un momento me tocó hablar a mí, hablé con tranquilidad al principio y luego fui subiendo el tono. Terminé con una sentencia, de esas que por ahí te salen bien. Mucho tiempo después, un año más o menos, fui a La Plata a ver una vez más “La ciudad ausente”, la ópera de Gerardo Gandini. Me lo encuentro allí al Pollo. Él no se acordaba de lo que yo había dicho en aquella oportunidad en el Congreso, pero sí me dijo que hasta lo podía escribir en una partitura, es decir que yo había hecho un procedimiento musical. Empecé con un pianissimmo y fui hacia un fortissimo y después terminar en….. Es muy interesante eso. Me alegró mucho eso… Claro, él estaba de acuerdo con lo que yo decía, pero más allá de eso, lo pensó musicalmente, lo cual me encantó porque ese pensamiento musical, en diseño melódico, en un ritmo, es algo que te persigue todo el tiempo. A veces vas caminando y vas pensando qué ritmo vas haciendo al caminar, si estamos en un cuatro, en un seis por ocho… O los sonidos. A veces toco un timbre y pienso qué nota es.

Bueno, él hablaba de significancias instrumentales. Algunos sentidos que se dan solamente de esa manera musical. ¿Existe esa significancia con la voz, esos sentidos a los cuales se puede acceder como si la voz fuera un territorio de sentidos propios?

La voz piensa incluso, aunque no lo sepa. Estoy absolutamente convencida de eso.

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Luis Scafati.

Raffo también nos decía que hacía como cartoneo musical. ¿Vos capturás sonidos que escuchás?

A mí me gusta la idea del cartoneo también. En el teatro también. Es el teatro de Mauricio Kartun. 

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Aunque lo uso poco y más allá de lo doloroso, me resulta muy interesante ver y también sería interesante poder grabar las voces de quienes piden en el subte.

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Son distintas tonalidades y están dichas en distintos ritmos

Violetta baratita     

como una especie de rap, pero dicho de otro modo. Grabarlo y luego armar una base y poder cantar sobre eso sería muy interesante.

Valderrama     

¿Así piensa la voz, de esa manera?

Creo que la voz piensa una memoria, porque sino serían voces sin territorio, donde daría lo mismo que cantaran en un lugar que en otro, que pertenecieran a un lugar que a otro. Cuando digo territorio, digo memoria…

Tema del hombre solo     

“De las tres rosas rojas queda una chamuscada/ Ya que han muerto las otras no sirve de nada/ El de las flores soy yo/ El sentimental/ Ruleta rusa andante/ Gatillando el celular/ Como un disco rayado, / Como un árbol moribundo/ Tema del hombre solo, / Cargando el mundo/ A cambio de qué/ A cambio de qué quisiera/ Un poco más / A cambio de qué/ Un poco más” 

Lo van a velar en el teatro Vera. Nini Flores. Un infarto a los 50 años. Un gran músico. Gran, gran músico de chamamé. Rudy y Nini Flores son dos músicos correntinos, muy amigos con Juan Falú. Un infarto, un tipo de cincuenta años.

También estos tiempos no ayudan….

El Nini estaba sin trabajo. Mucho dolor, mucha gente mal…

Nosotros hacemos números conceptuales. Este número es el del hastío. ¿Qué cosas te hastían?

La necedad.

Lo mismo contestó el Pollo Raffo.

La necedad me subleva. El no poder escuchar. Otras cosas, también. La infelicidad de nuestros pueblos me produce un hartazgo enorme. Más que hastío, es una infelicidad. No sé si podríamos homologarlos.  No percibir el mal que se hace o el bien que se puede hacer. Pero es tremenda la necedad, ese no poder escuchar, no tener la apertura para pensar.

¿Y cómo se combate eso?

Y, no sé…. Yo me retiro, me retiro. No soy paciente. Este es también un rasgo de la necedad… Pero yo me retiro. A veces doy batalla pero mal.

Pero los necios votan…

Sí. En la música circulan de un modo escandaloso.

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“Si yo le pregunto al mundo,/ el mundo me ha de engañar./ Cada cual cree que no cambia,/ y que cambian los demás. /Y paso las madrugadas,/ buscando un rato de luz./ Por qué la noche es tan larga/ ¡guitarra, dímelo tú!”

Recién hablabas de pensar con la voz. Uno de tus territorios es también la filosofía. ¿Cuál sería la diferencia entre estos dos pensamientos?

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Luis Felipe Noé, Paisaje.

Cuando hablamos de música, hacemos una especie de filosofía de bolsillo. Una pequeña filosofía de bolsillo. Armar y desarmar, insistir, resistir, desistir… Son todas formas de la música. Yo creo que el pensamiento tiene una estructura musical. Ensimismado, a veces; otras, exteriorizado. Son formas de la filosofía también. Son pensamientos sobre lo inaprensible del mundo, formas de pensar las formas funambulescas que a veces adquiere la vida. Esos son los grandes temas. De la filosofía y de la música, también. De la condición humana, en todo caso. A mí me parece que la música tiene algo ahí para decir. O, al menos, diría que esa pregunta está como formulación previa a una composición o a una interpretación. Me parece, pero no es un sistema. Cuando yo daba Filosofía, enseñaba los sistemas filosóficos. Pero también enseñaba a leer. Porque leer es escribir, así como escuchar música es componer. No se puede hacer música sin escuchar, hay que estudiar también. Recuerdo cuando íbamos al cine con David Viñas y él se enojaba si un buen director alargaba la película un poco más de lo deseable. Él gritaba en el cine, “Bueno, viejo. ¡Eso ya me lo contaste!” Cuando los cines se llenaban, claro. Me parece genial. Hay cosas que ya te las contaron. Entonces, para saber qué es lo que ya se ha hecho hay que estudiar. Un ejemplo: uno no puede cantar como si no hubiera cantado Mercedes Sosa. Aunque ella sabía de mí es que yo estaba dispuesta a pelearme con ella,  lo peor que podía hacer era cantar como ella, pero tampoco cantar como si ella no hubiera cantado. La tensión entre lo hecho y lo por hacer.

Y el deseo, ¿cómo funciona acá?

Ahí está, puesto como locura. Hay que amasar un estilo que uno no sabe ni cómo es. Yo me pasé años imitando a Mercedes. Y por suerte me recosté en una grande. ¡Mirá si me hubiera recostado en Violetta! Estábamos perdidos. Me recosté en ella, en Billy Holliday, en Janis Joplin, en grandes cantores. Que después haya hecho otra cosa es otra cosa. Como es otra cosa que esa otra cosa resultara interesante. Pero me parece que si uno oye a esas grandes cantoras, hay que dar batalla contra eso. Hay que romper la fascinación, después de escuchar a quienes nos gustan. Ahí el hecho caníbal del mito. El mito es absolutamente caníbal, te devora.

Me parece que vos ya venías con el bagaje de la interrogadora. No es fácil darse cuenta que, recostándose en un gran artista, uno puede -a su vez- armar una nueva pregunta sobre una canción o un modo de cantar.

Igual me fui dando cuenta de a poco. Yo recién ahora puedo balbucear algo sobre lo que hago, algo que me ayude a seguir pensando. Yo tenía curiosidades, no lo tenía planeado. Es muy difícil ser contemporáneo de uno mismo. Yo le debo mucho de esto a mi padre. Él me hizo escuchar música clásica y yo, en esa fantasía del mundo infantil que es maravilloso y libre, percibía algunas cosas. Después fui a estudiar el piano con una profesora de mi pueblo y todo eso fue muy enriquecedor para mí.

A puro fierro     

“Me quedo con ustedes/ Así no muero, así no muero/ Con un golpe de fragua/ La vida vuelve, la vida vuelve” 

 ¿Sigue funcionando lo lúdico?

¡Claro! Con pena, no sirve. Hay que jugar y hay que jugarse, porque uno va por la cornisa jugándose, arriesgándose y, al mismo tiempo, eso es un juego. Y de ahí puede surgir una idea, incluso equivocada. Eso es muy importante para mí. Un desvío que se cruzó, salió de otro modo y resulta más interesante que lo que estabas haciendo. Por eso el ensayo es importante, es una comunidad. Yo trabajo con compañeros. Entonces, puedo tener la última palabra, si querés, pero no tengo la idea verticalista de la cantante acompañada por músicos.

Eso es una construcción y es una posición ideológica también…

Para mí, sí. Intento romper esas formas más jerárquicas que están en la política, en las instituciones, en el mercado… No es un problema de la música, es un problema del capitalismo. Por eso, al armar el escenario, armo en herradura, es muy raro que yo vaya adelante y los músicos atrás. Y, además, fijate la expresión: los músicos, como si yo no lo fuese…

Aparte, si la voz piensa, los instrumentos también.

Luis Felipe Nóe
Luis Felipe Noé

La música es una extraordinaria conversación que se da in situ, digamos. Y, en ese hecho sonoro, puede aparecer una novedad, hay que estar muy alerta.

¿Y qué cosa distinta sucede allí con respecto a una conversación con palabras?

Es un  poco técnico, pero por ahí venís con un tema en que hay momentos  donde entra el arco y Ariel justo no alcanza el arco porque se le cayó, suponte. Entonces, lo toca con los dedos y es otra sonoridad, nos reímos, apareció otra cosa. Es una preciosa e infinita conversación.

Pensaba en cuando decías que habías trabajado un año y medio en un disco hasta encontrar el sonido. Eso se graba pero, después -en cada vivo- se reinventa.

Claro, hoy es otra cosa. Este disco, por ejemplo, salió hace tres meses, pero hoy es otra cosa. El otro día, cuando hicimos el Ópera, vino a vernos el sonidista que lo grabó. Cuando terminó el concierto, nos proponía que grabáramos otro, porque en vivo ya sonaba otro disco. Es otra música, está tratada de otro modo. Son tantos los factores que intervienen en el hacer de la música…. Es como la vida de las personas, no es un espacio privilegiado la música, es sólo el lugar que uno elige para pensar algo de las cosas del mundo.

Pero tiene su singularidad.

La tiene. Y tiene su gramática también. Eso es muy importante y yo agradezco mucho que mi padre me haya enviado a estudiar. Yo no sé escribir, pero leo muy a primera vista. Es cierto que la música es mucho más que una partitura, pero si la tenés y la leés, mejor.

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Meditazione 2, Pettoruti .

 

Habías hablado de David Viñas, que gritaba en el cine. Y también nombraste a Janis, que también gritaba. Y me viene el sapucay a la cabeza. ¿Qué relación hay entre el grito y la voz en lo que vos hacés?

Bueno, el grito es importante en la voz. Todos estos temas ya están tratados en la filosofía. Aristóteles dice que la errrrre fluye. Y María Elena, con su cuatrimotorrrrrr, también hacía fluir el sonido. El grito es muy liberador. Pero también el tono de este último disco, completamente ensimismado, es una necesidad que yo tenía. Quería austeridad y memoria. Estoy cantando muy chiquitito e, incluso, en tonalidades más bajas que en otra oportunidad.

Todas las referentes cantoras que diste fueron femeninas.

Bueno, yo soy una mujer, ¿no?

Sí. Pero podrías tomar variante de voces masculinas, por ejemplo…

Tres cantores fundamentales: Steve Wonder, Milton y el negro Rada. Otro al que le llamaban “la voz”: Frank Sinatra.  Barbra Streisand. A mí me gusta más la rugosidad, el swing. Nombré mujeres porque las escuchaba mucho a ellas. El Negro Rada es un cantor increíble, por ejemplo.

Estos que nombrás, ¿tienen mucha técnica o hay más que nada interpretación?

El Negro Rada no sé si tiene técnica. Hay alcohol, cigarrillos e intuición musical extraordinaria. A Milton no lo conozco personalmente, pero supongo que sí tiene su técnica.

¿Vos trabajás mucho en eso?

Yo no canto sin hacer ejercicios. Primero, porque soy fumadora y segundo porque te daña las cuerdas el cantar sin ejercicios previos. Pensá en la voz de Cristina, tiene una rayadura y esto es porque rozan sus cuerdas. Es probable que haya un nódulo. No es mi caso, pero hay personas que hablan así, con una rayadura. A Horacio, después de la diálisis, le aparece esa rayadura en la voz. Evidentemente la diálisis que es el traspaso durante tres horas de la sangre por el cuerpo produce una disfonía, una modificación del sonido.

Liliana Herrero - Se me va la voz     

“Ay, se me va la voz/ Se me va la voz/ todas las cosa se me van/ (…) Todas las cosas volverán”

¿Y si un día no pudieras cantar?

Me ha pasado. Y he salido adelante. Los problemas que he tenido arriba de un escenario los he declarado ahí. No puedo continuar en la simulación, no me interesa tampoco. Con Juan inventamos un proyecto hermoso que se llamó “La música interior”.

Ver Nota: “La música interior”

El primer concierto que se hizo, el primer experimento de eso, fue en un Congreso de Cultura,  donde  participaron todos los músicos que nosotros elegimos, venidos de distintos lugares. Esto era en Corrientes y teníamos dos días para armar distintos ensambles y cruzar a Resistencia para hacer el concierto, que era larguísimo. Lo cierto es que yo trabajé con ciertas características de obsesividades que tengo. Juan es mucho menos obsesivo y, por la noche, salía de guitarreada, con lo cual se levantaba tarde cuando nosotros ya estábamos hacía rato trabajando. Yo me ponía cada vez más nerviosa, aunque no con Juan, porque él no cantaba. Pero yo sí, entonces tenía que tener más cuidado. Cuando llegó el día del concierto, estaba completamente disfónica. Todos estaban preocupados, yo tenía que cantar. Salí y hablé: Esta no es mi voz, sin embargo,  también es mía, porque yo quería venir acá a sostener una memoria. Y, para sostener una memoria, hay que enronquecer, porque la memoria tiene muchos pliegues… Voy a cantar hasta donde pueda. Y de los temas que me tocaban hacer a mí, hice dos. No podía seguir cantando. Fue muy hermoso. Con este material se hizo una película que empieza así, con esas palabras mías. Al final, cerrábamos Juan y yo. Yo, sentada junto a él, y él me cantaba a mí. Y ahí él agrega que se siente responsable porque se había ido de joda todas las noches. Fue muy hermoso. Pero, bueno, cuando esas cosas pasan, yo prefiero blanquear, me cuesta sostener la simulación. He parado temas en un concierto porque nos hemos equivocado todos. Explico lo que pasó y arrancamos de nuevo.

Una vez, en la Biblioteca Nacional, pasó eso con un monólogo de Analía Couseyro. Por alguna razón, empezó mal y dijo: ¿Empezamos de nuevo?

Yo hubiera hecho lo mismo, es una gran actriz. Después, hay otras cosas que ocurren en la música. Yo siempre prefiero parar si veo que no se va a acomodar. Cuando un tema me gusta mucho y sale bien, digo “Hagámoslo de nuevo”. La gente celebra eso, pero yo lo haría igual de nuevo aunque la gente no lo celebre.

Es una provocación a la noción de error, donde el error siempre es algo a castigar o algo a disimular.

Todos esos problemas son problemas del mercado, de la industria discográfica, de la forma estereotipada de los sonidos estandarizados de la televisión. A mí me preocupa muchísimo eso. Me hastía la necedad y esa domesticación del oído que hacen el mercado y los medios. Esa alianza es una bomba de tiempo. Pascal Quignard ha escrito un libro muy interesante sobre la historia del oído. Nosotros cada vez oímos menos y, al aumentar la forma de la tecnología, el sonido se comprime cada vez más y cada vez escuchamos menos agudos, menos graves y más medios. La tecnología última provoca, en mí y en muchas personas, la máxima nostalgia sobre los días anteriores. Vos ponés un disco en una bandeja y después ponés un mp3. En el segundo caso estás con un sonido absolutamente comprimido. Eso provoca en nuestro oído una disminución extraordinaria de la audición.

¿Cómo atenta eso contra la formación sensible de los chicos?

 Sí. Eso y el relato de los dibujos animados y todo lo demás… Yo lo veo en mis nietos. Es una batalla, porque mi nieta mayor lee mucho pero tiene también el deseo de jugar en la computadora con esos juegos; o de ver los relatos…

Que constituyen pensamiento…

Sin duda. Pero, al mismo tiempo, como hay una base de lecturas grandes e importantes, han pasado cosas muy graciosas. Cuando vienen de Rosario, yo siempre les leo algo antes de dormir, pero por ahí se olvidan de traerse sus libros y justo no tengo nada… Entonces digo: Vamos a leer Conrad. Pero a mí me parece que es tan hermoso que el entendimiento y la comprensión de las cosas tenga tantos planos; que, aunque no haya un relato infantil, la comprensión exista. Es maravilloso.




INTERSTICIOS

El Hastío: sobre Gritos y Rebeldías.

Por Nora Lomberg

MINGA TE DECLARO

Otra jornada sin novedad. Y van como seis meses. Nada de alegrías, ni mejoras. Puro acontecer, del día a la noche y así. Mirar el reloj cada tanto y ver saltar  unos minutos resecos de nada. ¿Cuánto tiempo es para siempre?

                   Penar el hambre, penar la ausencia, penar derechos.

El hastío busca su hiancia, una hendidura por donde avanzar, por donde armar un mapa, un territorio, un horizonte y transformarse. Pienso esto mientras revuelvo un té de hierbas. Y prendo  la tele.
De repente, algo acontece. Alerta en el televisor, letras rojas. El mal siempre al acecho de su hora.
Hebe, la madre Mayor. La Superiora de Plaza de Mayo le pone un límite a la desmesura de tanto desespero. La quieren llevar detenida, pero se juntó  tanta gente para defenderla -pañuelos blancos urgentes, colores y banderas, cánticos y gritos- que ella, desquiciada como dicen, avanzó con la camioneta por la vereda, burló a la policía y se fue a Su Plaza, hacia la ceremonia de todos los jueves.

MADRES MUCHAS
“No voy a declarar, estoy jugada”. Provoca a la justicia, la deja en jaque; la justicia balbucea, recula. Este pañuelo no es una tela, Señor Juez, es el marco de un rostro y de un montón de ideas.
Y ahora, aquello que pugnaba por salir, se empieza a colar por la ranura, rebeldía se llama: “No Pasarán”.
La calle comienza a incomodarse.

PAÑUELOS

 

¿QUERÉS SABER MI NOMBRE?

Ronda, la de la infancia, la de dar vueltas de la mano; Siluetas, mirarse a los ojos, reconocerse y reír como nunca antes; 2.000 jueves, el amor es un riesgo, como elegirte, como escribir. ¡Y ni hablar de esos calurosos abrazos de la calle, dueños de la Plaza!
Nada más delicioso que verlas con sus pañuelos, fuerza interior y arrugas. “Madres de la Plaza, el Pueblo las Abraza”. Una bandera con las fotos. El camino siempre es largo. Sus pies arrastran meses y años. Alzamos todos juntos la cabeza,
30.000 desaparecidos ¡PRESENTES!” ¿Dónde están?
- ¿Tu nombre?
-Militante.

RONDA

GRITO DE PIE

Enruidados en bocinazos y banderas, salimos a las calles. Bullanga de baldosas, pisadas, bombos y cornetas. Murmullos en las veredas y gritos en las esquinas. La gente sale y dice las cosas como son. No podemos pagar las tarifas. Vecinos indignados. Familias que pintan banderas y consignas. Darse a ver, hacerse oír y provocar.
Hablarle al soberano, gritar para no sucumbir, mientras late de rabia el corazón.
Como Federico García Lorca: “tengo en mi pecho un grito siempre puesto de pie.”

BERNI
Berni, Manifestación,1934, temple s/arpillera

AMARNOS EN LA CALLE

Alan Badiou dice que el amor es la posibilidad de asistir al nacimiento del mundo, de construirlo desde un punto de vista descentrado. Un, digamos, fuera de sí. Hay entonces otra temporalidad, una manera diferente de durar en la vida. Experimentar algo distinto a la conciencia solitaria.
Arriesgarse. Hacer lazo e inventar juntos palabras nuevas. Encontrarnos para decir: “así no se hacen las cosas”. Con música, con colores, con pintadas, con cuerpos dentro del baile. El amor es un acontecimiento y una potencia.
Ellos no soportan que los pueblos sean felices, porque así te pareces a los ricos”, dijo Hebe.
Si amenazan al amor, tendrán más y del bueno.
Hagamos  el amor,  entonces, en las calles, colectivamente. Amor de primavera. Y, en invierno, amor también.

el levantamiento, Diego Rivera
El Levantamiento,Diego Rivera, 1931




LA ALTURA DE LAS TORRES

La Celebración: Sobre el Trabajo

Por Nora Lomberg

HABÍA UNA VEZ

Una vez tuve un trabajo en el que era feliz. Eso lo sé porque mayormente reía. No era un trabajo sencillo, pero almorzábamos todos los días. La cosa transcurría en una unidad sanitaria enclavada en un barrio humilde de Merlo, en la Provincia de Buenos Aires. Conocimos a los vecinos, fuimos a sus casas y ellos empezaron a venir. ¡Un gentío! Se atendía, se curaba, se organizaba y se comía. Tan bien se comía, que empezamos a invitar gente. A veces a alguna vecina con novedades, otras a un político o a un cura, a una autoridad del Municipio o del Ministerio.

CUESTIÓN DE RISA

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Le Déjeuner des Canotiers – Pierre-Auguste Renoir (1881)

María, la trabajadora de limpieza, era la encargada de las compras y casi siempre de  cocinar, “Estar aquí me hace feliz”, decía. Venía  contenta todas las mañanas desde el asentamiento cercano a la ruta, dejaba a sus niños en la escuela y llegaba  a puro canto: Rodrigo le gustaba. Baldeaba y cantaba. La psicóloga era la especialista en ñoquis; el odontólogo, en churrascos y el médico generalista, en milanesas. Los almuerzos comenzaron a trascender, vinieron estudiantes de medicina y residentes.

La mesa cada vez, más amplia.

Algunas vecinas traían sus guisos para compartir. La cuestión era la risa.  La risa antes que derrumbarse. La risa  y el buen humor de María que nos sublevan aún hoy, después de tantos años.  Preparábamos temarios diversos para provocar discusiones. Celebrábamos la aventura de los encuentros. Nos inventamos una identidad, las de la salita Las Torres.  Un espacio colectivo, de unión entre juego y trabajo. En esos almuerzos, construimos  un modo de pensar la salud, la enfermedad, la solidaridad  y la alegría de trabajar y soñar por un mundo mejor y posible. Hicimos política.

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Reir – Bob Salo

EL CUORE DEL BARRIO

A sabiendas, moldeamos una nueva identidad barrial. La salita ya era el corazón de nuestro territorio. Ahí se hacían las asambleas. Se organizó un torneo de fútbol, se empezaron a juntar las mujeres, se armó un grupo de teatro, que recorría festivales en otros barrios, en fin, se derramaron libertades  hasta que el asunto nos desbordó.

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DESAMPAROS

Amartya Sen sostiene que  la calidad de vida de una persona no depende meramente de su ingreso personal, sino de diversas condiciones físicas y sociales. Nacemos tan indefensos, tan condenados al desamparo. Los lugares de trabajo son núcleos subjetivantes, un modo de ser en el mundo.

¿Es lo mismo ser un empleado que un trabajador?

¿Cómo producir  sujetos capaces de luchar contra las condiciones que limitan su vida?  La apuesta  es inventar espacios que desplieguen  otras condiciones de subjetividad.

Darle la palabra a los silenciados, hacer visible a los invisibles. Tan visibles, como el cielito alto de Las Torres.

LO OMINOSO

EL SEÑOR FELPUDO

Su jefe se limpia los zapatos en su espalda,  pisa sobre su  blanca camisa y él permanece inmóvil.  Si el trabajo es fuente de identidad y creador de subjetividades, entonces, este señor es un felpudo. Ha sido colonizado. Ni sufre ni está contento, es un simple  felpudo. Un objeto de uso. No mira para arriba, no tiene la altura de Las Torres.  El corto que comparto, se ocupa  de ocultar la rebeldía del señor LÁMPARA, como bonustrack. Sin embargo, sucede, se filtra al fin. Hay un más allá. El señor lámpara hace su intento,  y avanza a escribir su propio destino.

Que así sea para cada uno  de nosotros. Amar y trabajar como en Las Torres de María.




LINEAS DE FUGA

Por Nora Lomberg

Desamor: sobre los otros y las otras.

MENDIGOS

El pasado 15 de marzo, hinchas del PSV de Holanda, bebían  bajo el sol, en las terrazas de la Plaza Mayor. Era la previa al partido contra el Atlético de Madrid. Desde las mesas, comenzaron a arrojar monedas a unas mujeres- mendigas rumanas –  al compás de

“no crucéis la frontera”

Risas burlonas y muchos impiadosos filmaban, mientras ellas -de rodillas- recogían moneditas. Algún visitante los increpó y, finalmente, la policía retiró a las mendigas. Esa plaza tomó la palabra y gritó cómo se obliga a los excluidos a dejar su dignidad en el piso. Es un espacio político, un escenario para el espectáculo canallesco. El circo romano. No hay inocencia posible después de estas imágenes que denuncian  el horror social, el

“no vengan a Europa”.

La misma Europa de los pogroms y los campos de concentración; la misma de la sangre inquisitorial y la de  los nacionalismos que dejaron al mapa hecho un rompecabezas, apenas sostenido entre sus piezas. La misma, che. ¿La misma?

https://youtu.be/x8GN5HE-1ZU

MONSTRUOS VIRALIZADOS

-¿Existen los monstruos, mami?-

-No, hija, no existen- somos los padres, pensé.

La categoría monstruo, de algún modo, justificaría estos horrorosos actos. Pero no son tales. Son hombres  de carne y hueso y  dan vergüenza. A los monstruos, Foucault los piensa como fenómenos extremos, en el punto límite, donde se derrumba la ley. Seres vistos como excepcionales por su rareza, por su carácter de curiosidad de feria. Una mixtura entre lo imposible y lo prohibido. Un ser mitad 916679minotaurushombre y mitad bestia.

Hoy estamos ante otro espectáculo: la monstruosidad se banaliza, se amplía y se hace cotidiana. Se divierten en la Plaza Mayor. Es un grito de socorro  el que  debería haberse viralizado y apenas nos llega en ecos que reclaman. Tal vez, porque son voces de exiliados,  desplazados, expulsados, migrantes forzosos; en fin, exilios en vida. Los elegidos por el poder versus los expulsados a la vida indigna, ese es el partido que se juega. Así llegan las nuevas lógicas de expulsión: expulsados al abismo, expulsados de los espacios de vida. No hay lugar para los indeseables, no pueden estar en una plaza europea, como los hinchas holandeses. Deben habitar el no lugar.

 

LA NUDA VIDA

Agamben la llama “nuda vida”. El campo de concentración crea un territorio que no es ni vida ni muerte, una vida que ya no es la vida del resto de los mortales. De moneditashecho, ni siquiera matar es exactamente dar muerte. Para Agamben,  esta “nuda vida” es la verdadera condición terrible de la política moderna.

¿Y qué será de nuestros recientes despedidos? ¿Qué dará inclusión, ahora, a  quienes estaban con la certeza del ingreso mensual y con la libertad de afiliarse a un sindicato o a un partido político y ya no? ¿Adónde irán a parar? ¿Al abismo de esta nuda vida? ¿A transformarse en nadies? ¿A transitar los sumideros de la vergüenza y la pérdida de sus dignidades?

 

LA PLAZA

Tal vez haya un modo distinto de habitar  “La Plaza”: una y otra vez levantamos la voz y nos negamos a arrodillarnos por unos pocos pesos.

Tplaza llena 2al vez haya otros modos de decir y no de callar, de exigir y no de pedir.

Así fue con las Madres y las Abuelas y así va ocurriendo con los Despedidos. Este partido apenas comienza. En cambio, ya finalizó el del equipo holandés, que perdió y se quedó fuera de la Champions League. Y yo escribo esta nota a modo de grito, para trazar algunas líneas de fuga, como  Deleuze, quien de intersticios la sabía lunga.