TONALIDADES

La lucha: entrevista a Gustavo Campana.

Entrevista: Verónica Pérez Lambrecht, Lourdes Landeira, Estela Colángelo, Pablo Soprano, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

 

“Yo soy una mujer árabe de color/ y nosotras venimos en todas/ las tonalidades de la ira./ Lo único que mi abuelo siempre quiso hacer/ era levantarse al amanecer,/ mirar a mi abuela arrodillarse y rezar en un pueblo/ escondido entre Jaffa y Haifa./ Mi madre nació bajo un olivo / en la tierra que dicen que ya no es mía./ Pero cruzaré sus barreras,/ sus locos muros del apartheid,/ y volveré a mi hogar./ Yo soy una mujer árabe de color/ y nosotras venimos en todas/ las tonalidades de la ira.”
“Las tonalidades de la ira”, Rafeef Ziadah, poeta palestina


La historia tiñe, impregna, tizna los cursos de los hombres. A aquel que baja del barco en el año 1939, le ilumina el aire a tajos del exilio, con una promesa del horizonte. En cambio, ahí va otro, interceptado a fuego y noche, justo en la esquina de marzo del ’76, con todas las luchas a medio andar y con la vida apenas despuntada en el color. Y qué decir de ese padre, el de la memoria eclipsada por la textura de “un pulovercito porque estaba fresco”, el día en que los milicos vinieron a llevarse a su hijo y él no pudo más que esa pincelada ceniza, sin pigmento, sin consuelo. Y vean cómo refulge la paleta urgente de una Evita a quien ya pisaban las sombras, pero bien atrincherada en el poema, en la impronta que hacía circular el derecho y el revés de la palabra por los caminos sinuosos del frágil cuerpo.

Y, también, a contramano, los hombres impregnan, tiznan, tiñen el curso de la historia. Quién no atesora el eco grave y aún húmedo del cuerpo muerto de su hermano, en la voz de Sergio Maldonado. Cómo detener el reverbero en las manos de la madre de Rafael Nahuel, al restregarse una contra otra, una contra otra y sin pausa, la pena marchita y desguarnecida.

O más de barrio, quién pudiera simplemente darse una duchita de olvido, cuando la vecina de la cuadra, con la mirada tendida en un limbo de indefensos, te cuenta que la Gendarmería, después de tomar la casa donde está el PH que es su vivienda, aprovechó su ausencia para saquear sus cosas. O aquella otra piba de enfrente, esa que hace cuatro años laburaba de sol a sombra en el estudio jurídico de sus sueños, después de remar una carrera, entre poca plata y poco tiempo. Qué desajuste de bronca y carencia atiza el calor de este diciembre, cuando la vecina frunce el ceño de dolor, porque le lastiman los pies los viejos zapatos gastados. Y es así. Puro azar y conciencia. Pasar por ahí, en el momento exacto en que alguno, cualquiera, reclama el refugio de un oyente, de un cómplice, de un apremio de la voz en el deseo. Y no ser solo testigo, sino tendernos como puente, como esa porción de insistencia humana, que sólo toma color entre los otros.

Antonio Seguí.
Antonio Seguí.

Porque no es solo el verano lo que suda en el asfalto de estas ciudades. Hay hilachas de biografías ya gastadas, goteos del sueño, momentos donde -de tanto transparentarnos y oscurecernos- por fin y, de cuando en cuando, coagula el color indefinible de una verdad. Una verdad de aquí y de ahora, como un don del tiempo después de tanta porfía al caminar. En esas zonas de tonalidades muy vivas, donde el verso jinetea la palabra, conversa con vena entusiasta y generosa, Gustavo Campana.

 

 

SACAPUNTAS POLIFÓNICO

“¡Pájaro! Yo solo duermo en los rincones a donde llegan los cantos ajenos las voces de los desconocidos y los juramentos de esos mártires hechizados por la ternura de lo imprevisto/ donde nunca se posa el buitre ambiguo de la costumbre/ lejos de la vajilla entre las estatuas mojadas por el mar”
“Escena de tormenta”, Enrique Molina

Nos llamó la atención que, tanto en el radio documental “Funes, el memorioso”, como en tus textos, trabajas con distintas voces, hacés conversar diferentes autores entre sí e invitás a intervenir a distintos lectores, ¿qué aporta esa polifonía al sentido de las palabras?

Nosotros hacemos, sobre todo, un laburo radial. Los libros son una extensión de ese trabajo, una radio de papel. “Funes” es un documental de una hora que, en más de trescientos capítulos, no falló nunca. La estética la armó Gustavo Eimon y nosotros la alimentamos, llenamos los casilleros. El programa tiene un formato que incluye tres armas: guión, piezas de archivo y si es posible -según el tiempo histórico del relato-, la palabra de los protagonistas. Por supuesto, la pieza de archivo tiene un valor inestimable para redondear esto. A ver, yo puedo leer cien veces la arenga de Chacabuco, hasta puedo imaginarla después de ver a Rodrigo De La Serna en la película “Revolución”, pero no tengo forma de llegar al dato real: ¿cómo fue, dónde el tipo se calentó, en qué momento metió tal o cual inflexión de voz? Desde la década del ’30, el archivo sonoro ya es muy completo. Y a partir de los ’50, el formato audiovisual se incorporó a través de los noticieros cinematográficos. Ver el gesto del protagonista, su lenguaje corporal, cierra el rompecabezas. En el capítulo que recorre el menemismo arrancamos con el final anticipado de Alfonsín que, ante las cámaras, decía el Preámbulo de la Constitución, como en la campaña del ’83. Pero, en la última cadena, tose, su fraseo es frágil, le pasa de todo. Es una versión desdibujada de él mismo. En la transcripción escrita de esa lectura, seguramente, no figurará entre paréntesis que tose, que se pone nervioso. El preámbulo, que era el momento del estallido popular en cada acto, esa noche fue un vía crucis. Tener que entregar anticipadamente el poder era algo que no se perdonaba, ser incapaz de cumplir con el valor simbólico de un civil entregándole la banda y el bastón, a otro civil, lo tomaba como un fracaso.

Gustavo Campana. Fotografía: Diego  Grispo.
Gustavo Campana. Fotografía: Diego Grispo.

Pero en relación a esto de la polifonía, que me preguntabas, en 2013 hicimos un laburo con la “Zamba de Vargas”, que tiene que ver con la batalla del Pozo de Vargas, una de las últimas victorias unitarias sobre los federales. Cantada por “Los Chalchaleros”, que representan a la oligarquía salteña, a los cuervos, como los Saravia, es una marcha altiva, es la victoria a paso redoblado. Ahora, cuando la escuchás por el “Dúo Salteño” y el piano del Cuchi Leguizamón, ves la derrota federal. Es un lamento. La misma música y la misma letra. Pero hay un dato político indisimulable, detrás de esas notables diferencias. Esto es lo que nosotros hacemos permanentemente, sacarle punta a esos detalles de archivo.

Es interesante esto que decís de la tonalidad, ¿se da también al hablar? Una misma frase dicha con la tonalidad de Víctor Hugo o con la tonalidad de alguno de TN no significa lo mismo.

Sí. Obvio. Uno encuentra en muchas palabras un signo de hipocresía y de cinismo que, en otros intérpretes, se transforma en música.

¿Cómo resolvés eso en la escritura?

Con giros, con metáforas. León Felipe, en “Por qué habla tan alto el español” dice: “Tenemos los españoles la garganta destemplada y en carne viva. Hablamos a grito herido y estamos desentonados para siempre, para siempre porque tres veces, tres veces, tres veces tuvimos que desgañitarnos en la historia hasta desgarrarnos la laringe.” Cualquier persona diría, “los españoles gritan”. El tipo pudo haber dicho “gritamos y nadie nos escuchó” Y se podía haber ido a su casa tranquilamente, pero optó por la belleza.

Ahí está la poesía, ¿qué te aporta a vos lo poético?

Ernesto Bertani.
Ernesto Bertani.

Lo poético es esencial, es Víctor Jara al armar la teatralidad de Quilapayún, cuando decía, “vamos a decir las cosas más crueles pero siempre con poesía, nada de panfletos. Nuestra obligación es decirlo con poesía”. Eso tiene un valor agregado, que por algún lado entra. ¡Y cuando se queda, no se va nunca más…! Por otro lado, rescato a los hombres y mujeres de la historia que hablan con el tono justo y la palabra justa. Son un montón, pero yo me quedo siempre con Evita. La poesía que hay en “con las cenizas de los traidores haremos la patria de los humildes”, “yo los he visto marearse por las alturas. Dirigentes obreros entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas monedas”. En “Mi mensaje” tiene una madurez política tremenda. Hay, digamos, varias Evitas. La primera es muy radial, su palabra era guion puro. La segunda empieza a soltarse y la tercera es la revolución.

Y ante la inminencia de la muerte.

Está dejando un testamento político.

 

LEÍDO EN TU CICATRIZ DE NACIMIENTO

“Un niño y un cuchillo, enamorados carne y hierro, buscan en el alma la selva que los salve./ Aromas y llantos boca de hielo sobre cicatriz de pureza. Irá a devorar temblores irá/ la tierra alzandomares./ Sueño del niño que muere en su Casa de Silencio en el cielo del espanto, hierba de/ tristeza amor de nadie.”
“Casa de silencio”, Miguel Ángel Bustos
  

El lenguaje de muchos periodistas y funcionarios no sólo no tiene poesía, sino que la esquiva, como si fuera una veleidad estética o una estupidez simplemente embellecedora, ¿por qué creés que pasa esto?

Antonio Seguí.
Antonio Seguí.

Creo que la poesía solamente la puede abordar aquel que tiene algo que defender. La derecha solo es custodio de privilegios, en la Argentina y en el resto del mundo. ¿A qué fueron a la Plaza de Macri, el 7 de diciembre? En el final de un mandato, uno iría en función de los hechos políticos que supuestamente cambiaron para mejor tu vida. Eso fue la Plaza del 9 de diciembre de 2015. Pero, ¿qué le fueron a agradecer a Cambiemos? Deuda externa que hipotecó a cuatro o cinco generaciones de argentinos, desocupación de dos dígitos, muerte de la industria nacional, la baja de las jubilaciones con la reforma provisional, la entrega de soberanía, la transferencia de recursos… Vuelta de tuerca a un dato muy polémico.
Estoy convencido: no existen intelectuales de derecha. Porque si un intelectual es el tipo que profundiza sobre la vida, sobre el ser y sobre el hombre, ¿puede existir uno que defienda la teoría del derrame, el hambre, la marginalidad? Rozitchner, por ejemplo, fue un farsante, un tipo que, con jueguitos de palabras bastante primarios, eludió decir aquello que, ante el sufrimiento de sus semejantes, un intelectual tiene la obligación de decir…

No usan la poesía, pero usan la metáfora.

Bueno, eso es muy de burócratas. El que nos sorprendió últimamente fue Lacunza, con “el termotanque está lleno de agua caliente, pero la gente tiene frío” y “el remo fiscal fue más rápido que el monetario.”

La metáfora fue usada hasta por los nazis. El uso del lenguaje poético para hacerlo antipoético no es novedoso.

Ernesto Bertani.
Ernesto Bertani.

John William Cooke planteaba que las oligarquías se apoderan de los diccionarios. Te afanan palabras o, a muchas otras, les cambian el sentido. Nos pasa con la palabra patria. Nos alejamos de esas cinco letras durante muchos años, por su sonoridad castrense, a lo largo de tantas dictaduras. Pero puede tener otra musicalidad, como en Marechal: “la patria es un dolor que no tiene bautismo”. ¿A ver si patria, soberanía e independencia, son palabras que les pertenecen a ellos?

Vos sabés que en Alemania tuvieron que cambiar la palabra, porque Vaterland quedó asociada al nazismo, no la podía pronunciar nadie. Entonces introdujeron una palabra femenina, Heimat, que quiere decir hogar.

Bueno, tuvimos un presidente que el 10 de diciembre de 2015 no juró por la patria, por primera vez en la historia argentina. Soy trabajador de Radio Nacional y me tocó presentar esa cadena y cerrarla. Tengo el honor de haber subrayado el dato en esa transmisión. Pocas horas después, charlamos con Luis Juez, por la 750. Le pregunté acerca de esto y me dijo: “Ehhh… tanto lío por una palabrita”. Ahh… Mirá vos. Cuando hablamos de patria, también nombramos a la “Patria grande”, por lo tanto, a través de una palabra, planteamos un sueño colectivo que tiene doscientos nueve años. Tiene que ver con lo cultural, con los valores sociales, políticos, con los derechos, con la soberanía del subsuelo, con enfrentar a nuestra marca de nacimiento, que es el imperialismo. Nosotros hemos nacido después de una colonia de tres siglos, a su vez, colonizados por tipos que venían de ser dominados siete siglos por los árabes. Fue casi una venganza de su pérdida de identidad durante tanto tiempo. España salió de esa locura y a los diez minutos, se puso en marcha para conquistar América. Entonces, vamos a cargar con el duelo entre el proyecto de país y el modelo de colonia, por los siglos de los siglos.

Sin embargo la gente no se altera demasiado por este problema de las palabras. Y, menos, por lo de la patria. Pero, cuando las feministas intentaron cambiar una letra a las palabras, se armó un quilombo bárbaro. ¿Por qué creés que esto es así?

Porque esas discusiones están esperando un disparador, que las saque a la cancha. Y, cuando no aparece con claridad, se enganchan de la excusa más tonta. Al iniciarse el “Foro de la Segunda Independencia” que hizo el kirchnerismo, en julio de 2015 en Tucumán, “La Gaceta” decía en tapa, algo así como “Los porteños nos quieren robar la independencia”. “La Gaceta” no estaba preocupada, ni lo está hoy, por ninguna independencia, pero buscaba detonantes para parir discusiones nuevas y no los encontraban. Fijate lo que pasó con Cristina y su alegato en Comodoro Py: durante muchos meses se ocupó de la presentación de su libro y, salvo días como el de “pindonga y cuchuflito”, nunca hubo tela para cortar. Sin embargo, en Comodoro Py dijo lo que tenía que decir, con la palabra justa y con el tono, a veces más justo que algunas palabras. Rápidamente saltaron:“regresó el autoritarismo”. Como no pueden discutir modelos económicos, como no pueden decir de frente que están en contra de la distribución de la riqueza y de los derechos laborales, buscan alternativas que, a ellos y ante su público, les den resultado. ¿Por qué? Porque tienen el 95% de los medios. De otra manera, sería imposible. Para mí no hay otra razón. El otro día charlaba con algunos compañeros acerca la cantidad de votos que sacó Macri ahora y en 2015 y apareció Pichetto. Bueno, en 1973 Pichetto serviría café en una reunión política, porque ideológicamente no podría ni entrar a una Unidad Básica. Macri hubiera obtenido el 2% de los votos con la Nueva Fuerza de Chamizo-Ondarts, el voto más caro de la historia política argentina. Ese era otro país, había alcanzado un nivel de discusión política muy alto.

Gustavo Campana. Fotografía: Diego  Grispo.
Gustavo Campana. Fotografía: Diego Grispo.

Para los jóvenes que nacieron en este contexto, entender que la Argentina fue muy distinta, es algo complejo. Nuestra obligación es poner de pie la verdad histórica y contar que hubo momentos de mucha luz, que el campo nacional y popular dio más de una vuelta olímpica. El año pasado, en una jornada gloriosa, nos fuimos con Víctor Hugo a dar tres charlas a Córdoba, en el mismo día. Ciento y pico de kilómetros entre charla y charla en camioneta. La última era en Córdoba Capital y la pregunta sin respuesta era ¿qué auditorio nos íbamos a encontrar allí? Cuando llegamos, había doscientas personas en un parque, que mirando en pantalla gigante la charla que, en el salón, iban a presenciar otras trescientas. En un pasaje del relato, me faltó pararme arriba de la silla para hablar de Tosco, Atilio López y Obregón Cano. Un compañero levantó la mano y dijo: “Bueno, ¿pero cómo llegamos del Cordobazo a la Córdoba del presente?”. “Estar medio entrenado para las metáforas me permitió decir que, entre la Córdoba de Tosco, López y Obregón Cano y la provincia del presente, está La Perla”. En cualquier lugar del país, lo único que hay que hacer es cambiar el nombre del campo de concentración. Puede ser la Esma, el Campito, el Banco, Olimpo, Orletti, la Escuelita de Famaillá, la de Bahía Blanca. El terrorismo de Estado es el comienzo de la construcción de dos o tres generaciones, -como diría Bertolt Brecht, de analfabetos políticos. Durante doce años se activó el pensamiento crítico de la mano del revisionismo, pero desde Papel Prensa para acá, ellos construyeron esas dos o tres generaciones de deshistoriados y, por lo tanto, desclasados: no saben de dónde vienen, no se pueden referenciar en sus tradiciones políticas y sociales, no se pueden referenciar en la foto del abuelo en el taller, no se pueden referenciar en la foto del viejo en la fábrica, no se reconocen ellos mismos cuando se miran al espejo y, como en muchos casos, hace un rato largo que no vienen por el barrio. Todo esto nos pasa.

¿Cómo se revierte eso?

Antonio Seguí. "Con el agua al cuello".
Antonio Seguí. “Con el agua al cuello”.

En el caso de los medios, es complejo. La batalla que podemos dar inmediatamente es la recuperación de los medios públicos… Odiaban a Zamba, porque era revisionismo para pibes de escuela primaria y generaba que los chicos hablaran de Savio, de Carrillo, que hicieran colas el 25 de mayo de 2015 para buscar la pechera de los Granaderos o el trajecito de Juana Azurduy.

Una amiga mía me decía “mi nena no tiene por qué estar viendo esas cosas a esa edad”.

Claro. Pero puede ir al colegio para escuchar la fakenews más grande de la Argentina, que fue la historia mitrista, y no hay problema…

 

UN DÍA, UN HOMBRE Y UN REPUESTO RIVADAVIA

 Yo callaré algún día; pero antes habré dicho/
que el hombre que camina por la calle es mi hermano,/ que estoy en donde está/ la mujer de atributos vegetales./ Nadie, con mi enemiga, me condene/ como a una isla inerte entre los mares”
Rosario Castellanos
  

Me quedaron dos cosas, trataré de fusionarlas. Antes hablaste de lo que les falta a los intelectuales de ellos. Podríamos decir que, sin poesía no hay intelectualidad…

Y profundidad….

Y profundidad, bien. ¿Y qué nos falta a nosotros?, ¿qué dificultades tenemos de este lado con el lenguaje? Porque también hay que aceptar que ellos ganaron con una estrategia de lenguaje elemental, muy básica, casi con palabras globo, vacías, y no supimos qué oponer, ¿qué tenemos que revisar urgente ahí?

Gustavo Campana. Fotografía: Diego  Grispo.
Gustavo Campana. Fotografía: Diego Grispo.

Lo primero que tenemos que decir, al hacer este tipo de balances, es que nosotros podemos haber cometido un error, diez, mil errores, ¿quieren un millón de errores? Yo lo firmo. Pero hay que terminar de entenderlo: nunca vienen por nuestros errores, siempre vienen por nuestros aciertos, siempre. Es interesante el caso de Radio Nacional que, en diciembre de 2015, estaba cuarta en audiencia. ¡No es un dato menor para una radio que no medía! Después de la segunda vuelta electoral, con mis compañeros de Radio Nacional nos decíamos: bueno, supongamos que el problema era solamente nuestro, que no supimos llegar, que no comunicamos bien. Imaginemos que hubiéramos podido contar con los mejores técnicos en lingüística -pero con los mejores del planeta, eh- diez, cien o mil técnicos. ¿A dónde hubiéramos podido hablar? ¡No teníamos medios para empardar el nivel de fuego del enemigo! Salvo Página/12, Tiempo Argentino, Radio Nacional… La 750 en ese momento estaba muy lejos de ser lo que representa en el presente. Es una radio que muchos descubrieron con la llegada de Víctor Hugo, Dolina y otros compañeros, hace cuatro años. Sin embargo, nosotros hace diez que estamos en la 750. ¿A quién le hablábamos? Mirá, hay una foto que nos emocionó mucho. En la primera marcha que se hizo al Congreso por la Ley de Medios, a fines de diciembre de 2015, apareció un señor con una hoja repuesto Rivadavia, que decía: “Escuche la 750”. Nunca habíamos visto eso. Algo estaba pasando, pero llegar ahí nos había costado cinco años. La gran cantidad de oyentes que hoy me habla de “Funes” comenzó cuando muchos se mudaron de radio y lo descubrieron, pero existía desde 2011.

¿Pensaste a “Funes” para Encuentro?

No, pero podría ser. La verdad es que tardamos un montón en armar esta propuesta de “Funes” teatral, porque no le encontrábamos la vuelta a cómo subir el programa a un escenario. Para transformar un radio documental en audiovisual, habría que pensar en cómo ponerle imágenes a los relatos que ya están hechos. Sería un gran cierre para el ciclo porque, después de 300 capítulos, cuesta encontrar un tema que no hayamos tocado.

¿Y qué te suma el libro?

Ernesto Bertani.
Ernesto Bertani.

El primer libro de “Funes” compila diez capítulos.  Son historias del peronismo, que van del año ‘43 a 1956.

¿Y qué te da la escritura que no te de hacer el programa?

Bueno, los capítulos son el guion desarrollado, el bruto completo del guion. Para llegar a una hora de programa, seleccionamos más o menos cincuenta minutos y siempre queda mucho material afuera. Eso generó entregas que son de dos, tres y hasta de cinco programas.

¿Y como experiencia personal? Digo, no es lo mismo pensar en voz alta que pensar para escribir.

No, claro. El guion “Funes” requiere ser un ciclo grabado, para poder tener edición y postproducción. Porque, además, mientras estamos en la construcción, el programa sigue creciendo y se ensancha.

Implica, de tu parte, una memoria de archivo tremenda.

El armado del archivo te entrena para resolver con rapidez, pero a su vez genera un problema porque el único que tiene ese diálogo con el material sos vos.

 

NO ENTENDISTE NADA, BOLUDO

                                   Pájaros. Atraviesan lluvias y países en el error de los imanes y los vientos, pájaros que volaban entre la ira y la luz./ Vuelven incomprensibles bajo leyes de vértigo y olvido.”
“Aún”, Antonio Gamoneda

Tenés una manera muy particular de leer el archivo, que es la de hacer puentes. En general, esos puentes marcan repeticiones. ¿Cómo afectan esas repeticiones la capacidad de rebelión o el espíritu contestatario de la gente?

Para mí la historia no es un capricho circular. Sucede que todas las batallas están inconclusas y nosotros volvemos a pelear por aquello que pelearon nuestros viejos, nuestros abuelos y nuestros bisabuelos. En cuanto a políticas de Estado en Argentina, la historia está repleta de revoluciones, contrarrevoluciones, marchas, contramarchas, flujos y contraflujos. La rueda no para. Ahora, volvemos a lo que decíamos antes sobre cómo se instala el neoliberalismo y por qué se repite: el voto universal y secreto fue una puñalada en el corazón de la oligarquía. Yrigoyen ganó en 1916. Alvear, en 1922. Después, Yrigoyen repitió en 1928: tres elecciones seguidas de mandatos de seis años. En 1930, los tipos se cansaron y generaron el primer golpe de Estado. Vino la Década Infame con fraude patriótico y, luego, se instaló en la historia el primer peronismo. En nueve años se produjo el cambio de la matriz económica con la creación de la industria nacional. Construcción de oleoductos, gasoductos, represas hidroeléctricas, altos hornos, sueño de la energía nuclear, industria pesada, el Rastrojero, el astillero Río Santiago, la fábrica militar de aviones de Córdoba. Nació un país nuevo, el de la fábrica y el del obrero industrial. Se diversificó el viejo monopolio agrícolo-ganadero. Fue una declaración de guerra. Una explosión a través de la inversión estatal. Las obras planificadas por Ramón Carrillo fueron la locomotora en Salud. En Educación y viviendas populares, la inversión fue similar. Todo eso, junto con la palabra “derechos”, resultó algo que la derecha no pudo digerir. ¿Y cómo se rompió esa matriz económica? Con más de seiscientos kilos de explosivos sobre la Plaza de Mayo, en junio de 1955. Trescientos muertos y cuatro mil heridos. No encontraron otra forma de quebrar al proyecto de país. La distribución de la riqueza se mostraba indestructible y se había convertido en sinónimo de democracia. Los tipos no podían soportar un salario obrero sólido, firme. Para la oligarquía, que un trabajador que antes comía carne una vez por mes, lo hiciera tres o cuatro días por semana resultaba insoportable. Así se achicaba el stock exportador y la Sociedad Rural no te lo iban a permitir.

Antonio Seguí.
Antonio Seguí.

Ni que las sirvientas fueran a la misma peluquería que las señoras.

Un día le preguntaron al Colorado Ramos dónde había nacido el antiperonismo y él dijo “En las peluquerías de Barrio Norte”. Le pidieron una respuesta más académica y planteó que esa definición era la más técnica de todas. Porque, “cuando las dueñas de casa se dieron cuenta de que sus sirvientas se cortaban el pelo en la misma peluquería que ellas, nació el antiperonismo”. Por otra parte, sumale al bombardeo de la Plaza y a los fusilamientos del ’56, el decreto 4161: “no lo podés nombrar, vas en cana”. Casi veinte años de exilio. Así. Argentina ingresa al Fondo Monetario en 1957, fruto del golpe del ‘55. O sea, ingresamos a esto que hoy llamamos neoliberalismo. Ese encadenamiento de hechos fue el prólogo de los Chicago Boys, que aparecieron en Chile y por primera vez, en 1973. Por lo tanto, del ‘55 al ’73, reinó algo parecido a lo que luego llamamos “neoliberalismo”. En ese momento empezaron a resonar apellidos como Alsogaray, Krieger Vasena, Pastore, Martínez de Hoz, los Aleman, que fueron funcionarios de Onganía, Levingston y Lanusse. Desde mayo del ‘73 hasta mediados del 74, con la nacionalización de la economía a través de Gelbard y el Pacto Social, aparecieron cifras de distribución de la riqueza similares a las del ’50. Pero el golpe de Estado de 1976 vino para cambiar la matriz económica. Hombres de verde mataron por orden del poder económico, que siempre es el poder real. Recuerdo un cuentito que, alguna vez, contó al aire Santiago Varela, en Radio Nacional. Se llamaba “Pinta de garca” y hablaba de dos primos en Villa Urquiza, que recordaban cómo era aquel tiempo de la “Plata dulce” y la “Patria financiera”. Y hablaban de una tía, que, en los mediodías y con el changuito de la feria, iba a meterse a cualquier casa de cambio a comprar dólares u oro mexicano. Uno de los primos dijo “¿Vos te acordás de esa época?” El otro contestó: “Sí, sí. Claro que me acuerdo. La tía se compró un televisor.”; “No, dos televisores. Bueno, ¿quién era el flaco orejudo que tenía el poder?” ;“Videla”, contestó. “No, boludo, no entendiste nada… El poder era del otro, no de Videla”. El poder era Martínez de Hoz, que murió en el Kavanagh, en su casa, mientras Videla murió en el inodoro del baño de su celda. Esa es la diferencia.

Pero, ¿cómo afecta todo esto al espíritu de rebelión?, ¿qué miedo se instala con estas repeticiones? Uno quiere luchas que te den vida, no que te la saquen…

Ernesto Bertani.
Ernesto Bertani.

La palabra miedo ya quedó corta. A partir del terrorismo de Estado, el miedo se convirtió en terror y, entonces, el escenario es mucho más complejo. Por eso pongo como punto inicial de este tiempo el 24 de marzo de 1976, con el valor agregado de la palabra desaparecido. No alcanzamos a observar la dimensión de esa tragedia. Me acuerdo que, antes de presentar el informe del “Nunca Más”, la Conadep hizo un programa en Canal 13, que siempre recomiendo mirar. En formato audio está en el Conadep de “Funes”. Tróccoli, ministro del Interior de Alfonsín, en la apertura del programa y para definir la teoría de los dos demonios, dijo cosas que no hubiera dicho ni siquiera Videla. Pero eso se grabó después que hablaron todos los familiares, entonces, nadie lo pudo contradecir. En ese grupo, estaba el padre de Pablo Fernández Meijide. Esto me toca muy de cerca, porque estudié en el Nacional y Comercial de Vicente López. Yo estaba en primer año en 1976. Tenemos veinticinco compañeros desaparecidos. Nuestra “Noche de los lápices” fue el 23 de octubre. Entre los compañeros que se llevaron ese día, estaba Pablo, de diecisiete añitos, del turno mañana. En ese programa, su papá dijo algo que llevaré en mi corazón mientras viva. Contó que vinieron dos tipos de civil, se presentaron como canas y plantearon que iban a llevarse a su hijo para cumplir con un interrogatorio de rutina. Entonces, el padre de Pablo señaló: “¿Me esperan un minuto?”. Y fue al cuarto de su hijo y volvió con un pulovercito, porque había refrescado. En el programa, el padre de Pablo declara: “Yo no hice nada, no hice nada. Fui a la pieza a buscar un pullover porque estaba fresco”. ¿Cómo continúa la vida después de eso? No sé…, no tengo idea. Por eso hoy es tan importante la memoria.

 

NEGOCIOS SON NEGOCIOS

                                               Tristes guerras/ si no es amor la empresa./ Tristes, tristes./ Tristes armas/ si no son las palabras./ Tristes, tristes./ Tristes hombres/ si no mueren de amores./ Tristes, tristes.”
“Tristes guerras”, Miguel Hernández
  

A propósito de este tema de los desaparecidos, en este número, entrevistamos a Sara Rus, Madre de Plaza de Mayo y sobreviviente de Auschwitz. Ella nos marcaba una cuestión que, en mi familia, es histórica: la famosa relación de Perón con los nazis. Sara entró prácticamente clandestina a Argentina. Según ella, porque a los judíos no los dejaban entrar en el ’48. Pero, después, paradójicamente, su marido le mandó una carta a Evita y ella intercedió y trajo a Sara y a su esposo a Buenos Aires. ¿Qué hay de esto de la relación de Perón con los jerarcas nazis desde tu lectura?

Gustavo Campana. Fotografía: Diego  Grispo.
Gustavo Campana. Fotografía: Diego Grispo.

Hemos trabajado mucho esto en un “Funes”, dedicado a Lothar Hermann, el judío alemán que descubrió a Adolf Eichmann en Olivos, una historia muy larga.

El de la casa de la calle Garibaldi.

Bueno, la investigación nos lleva a que la casa de la calle Garibaldi no estaba habitada por Eichmann, sino por su mujer y sus hijos. No fue secuestrado allí, sino en Puente Saavedra. Este es un laburo de la periodista alemana Gaby Weber, con la familia Hermann. Y lo divulgamos en 2011. Hubo una presentación pública en el cine York de Olivos, donde nació la historia. En 2013, el gobierno israelí reconoció que Lothar Hermann fue quien descubrió a Eichmann. Ahora, ¿cuándo se lo llevan para condenarlo a la horca en Israel? En mayo del ’60. ¿Cuándo lo descubrió Lothar? En 1950. ¿Por qué pasaron diez años? Cuando él tuvo la certeza de que era Eichmann, empezó a cartearse con un fiscal de Frankfurt y otro de Tel Aviv. Escribió toneladas de cartas para pedir que lo vinieran a buscar. El gran trabajo que hizo Gaby -gracias a quien la causa de los desaparecidos de la Mercedes Benz siempre se mantuvo viva- fue encontrar documentación sobre la Central Atómica de Dimona, que es la primera del Estado de Israel. Ben Gurión quería tener una central atómica, para plantarse ante el mundo árabe. Entonces, le fue a pedir dólares a Estados Unidos y no se los dieron. Pidió financiación a la Unión Soviética y tampoco. El único país que quedaba era Alemania. Así, Ben Gurión pactó con Adenauer la construcción de la central atómica. Entre los documentos de esta investigación, está el pago de los primeros doscientos millones de marcos para esa construcción ¿A cambio de qué? De no perseguir más nazis, por un tiempo. En ese momento, Lothar Hermann empezó con sus denuncias. Pero, para volver a tu pregunta sobre la relación de Perón con los nazis, la Segunda Guerra Mundial comenzó cuando en Argentina gobernaba la década infame, por lo tanto, fue Castillo quien primero se negó a participar del conflicto. No fue Perón. Justo, Roca hijo y compañía encabezaron los gobiernos más anglófilos de nuestra historia. En el pacto Roca-Runciman, nosotros le dimos todo a Inglaterra, a cambio de que nos siguieran comprando la misma cantidad de carne que nos compraban hasta ese momento. Todo quiere decir: ferrocarriles, el transporte urbano, la creación del Banco Central… En ese momento, se produjo una discusión enorme entre Estados Unidos e Inglaterra, ¿cuál tendría que ser el rol de Argentina durante la guerra? Washington quería que América Latina se sumara a los aliados, como había sucedido con Brasil. En Italia están enterrados centenares de brasileños. Inglaterra decía “Brasil sí, Argentina no”. Estados Unidos decía “Los dos”. Pero Londres retrucaba: “No podemos poner en guerra al país que nos va a dar de comer”. Cuando terminó la Guerra, Perón transformó a Inglaterra y a Estados Unidos en países deudores de Argentina, por todos los servicios que se les habían brindado a esos dos países. Muy bien, tenía razón Churchill, si no había alimentos argentinos, era imposible. Bueno en este contexto, Eichmann llegó al país como Ricardo Clement. ¿Quién daba esos pasaportes? El Vaticano y la Cruz Roja. ¿Quién indicaba el destino de los nazis? Estados Unidos. ¿Cómo se llamaba el tipo que puso al hombre en la luna con el Apolo 11?

Gustavo Campana con el Anartista. Fotografía: Diego  Grispo.
Gustavo Campana con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

Von Braun, la gran promesa científica de Hitler. Gaby Weber tiene una frase que para mí es de cabecera “Estados Unidos entendió que, en la segunda guerra mundial, para combatir al nazismo, nada mejor que el comunismo. Pero, para combatir al comunismo en la Guerra Fría, nada mejor que los nazis”. Eichmann hizo una denuncia cuando vino a Buenos Aires. La cosa fue así. Un agente de la CIA disfrazado de escritor se había llevado decenas de rollos de cinta en los cuales Eichmann decía: “¿dicen que yo soy un asesino? El gobierno de Adenauer está lleno de nazis”. Así, el “Estado de bienestar” fue un método de control social para impedir el ingreso del comunismo en Europa. Temían que se repitiera en otros países la experiencia italiana, con el Partido Comunista más grande de todo el continente. Desde ese momento, Estados Unidos tiene bases militares en casi toda Europa, un territorio que naturalizó la ocupación. Y, en cuanto a la construcción de sentido, ¿dónde hizo la colimba Elvis Presley? En Alemania. Esa es la imagen del pibe americano más exitoso, mientras hace la colimba frente al Muro. ¿Y qué se trajo con él de regreso? A Priscila, su esposa, una alemana de diecisiete años. Por supuesto, nadie le pasó factura por la menor. Mientras que, a Jerry Lee Lewis, lo masacraron porque se fue de gira a Inglaterra con otra menor de edad. Pero a este pibe había que cuidarlo, era un símbolo en plena guerra fría.

¿Y Perón?

Mucho antes de Perón, Coronel Suárez estaba repleta de nazis sobrevivientes del Graf Spee, igual que Villa General Belgrano, en Córdoba. Los dos submarinos que ingresaron por la Patagonia, contaron con el visto bueno de Estados Unidos que, ante las elecciones del ’46, generaron el mito para establecer una discusión lineal sobre Perón y el nazismo. Lo que sí se puede afirmar es que no hubo una sola gota de antisemitismo en el primer peronismo. Incluso, hubo muchos funcionarios judíos en el Gobierno y ninguna política de persecución a la comunidad.

 

SOÑAR A LARGO PLAZO

“¡Oh noche!/ Van creciendo los arroyos/ que en el sueño desembocan”
“Insomnio 2”, Marina Tzvetáiava
                                                               

Por suerte o por desgracia, no sé, tengo mucho antiperonista alrededor y todos hablan del fascismo peronista.

Ernesto Bertani.
Ernesto Bertani.

Bueno, esa fue una construcción liderada por Braden. Estados Unidos se había quedado con las llaves de América latina, el viejo reino económico, heredado de Inglaterra. Al único lugar al que no pudo entrar por una década, fue a Argentina. ¿Y por qué? Venían con un proyecto absolutamente imperialista y mandaron a su embajador a que se pusiera al frente de la oposición: la Unión Democrática con el radicalismo, el PC, el Partido Socialista y los conservadores: todos contra el peronismo. ¿Qué hizo Braden? En Buenos Aires, reprodujo la lucha del bien contra el mal: los aliados vs el Eje. La libertad contra el fascismo.

Una de las cosas que Spinoza recomendaba, en su “Tratado Político” y para mejorar algunos de los sistemas políticos de su época, eran las milicias populares. El tema se reinstala en este momento de golpes de Estado en América Latina. ¿Te parece muy delirante esa idea?

Para la Argentina del presente, es inviable. No solo porque la paz se transformó en un tesoro de este continente, sino también por el peso simbólico que tienen en este país las consecuencias de la lucha armada de los ‘70…

Esas eran guerrillas clandestinas.

Después del bombardeo a la Plaza, nosotros pasamos de tener un ejército popular, a tener Fuerzas Armadas liberales. El poder, a partir del 55, tuvo como horizonte West Point. La doctrina de la Seguridad Nacional, la que indica que la hipótesis de conflicto más compleja es el enemigo interno, desdibujó el rol de las fuerzas armadas que, se suponen, son custodios de la soberanía.

¿Habría que desliberalizar al ejército?

Como primera medida. No queda otra.

Pero los riesgos son ahora. Y eso lleva tiempo.

Antonio Seguí.
Antonio Seguí.

Tan cierto como que la experiencia del kirchnerismo en el manejo de las fuerzas armadas y de la seguridad indica que, con los mismos hombres y distintas órdenes, obtenemos otros resultados. Se cambiaron los planes de estudio, se introdujo derechos humanos y eso fue lo primero que eliminó el macrismo. Gran parte de los profesores civiles fueron cesanteados y regresaron a las escuelas de guerra, se trataba de milicos que habían sido dados de baja por su escaso compromiso democrático. La Gendarmería que terminó con la vida de Santiago Maldonado es la misma que manejó el kirchnerismo. La Prefectura que asesinó a Rafael Nahuel es la misma que condujo el kirchnerismo… Ahora, Alberto Fernández buscó a un hombre con enorme experiencia como es Rossi, para volver a ese camino.

 

EL FRÍO NO PERDONA

                                                Mi cabeza para nacer cruza el fuego del mundo pero con una serpentina de agua helada en la memoria. Y le pido socorro.”
“Tengo la cabeza vendada”, Héctor VielTemperley (1978)

El tema de este número Anartista es la lucha, ¿cuáles son las luchas más urgentes en el ámbito de la cultura?

Como primera cuestión, venimos pidiéndole a muchos compañeros comunicadores que, en este tipo de situaciones, no hay que dejar nuestros sueños en la puerta de un set de televisión, de un estudio de radio o de la redacción de un diario. ¿Se pagan costos por eso? Sí, claro. Y hay que estar dispuestos a pagarlos. El poder te invita a que vos seas parte del discurso oficial, con silencio cómplice o como operador desembozado. Bueno, está en cada decisión personal bancar los costos o ser comparsa. Lo segundo es desterrar una palabra que le ha hecho mucho daño al periodismo: objetividad. Todos somos exclusivamente subjetivos. Pero, periodísticamente, hay un dato mucho más fuerte que la supuesta objetividad, y es la honestidad profesional. Este objeto donde sirvo agua es una copa y no podrá ser otra cosa que eso: una copa. Yo discuto sobre sus propiedades, pero nunca puedo decir que esto es un florero. Nunca. Hemos tenido mucha gente que, en los últimos años, nos dijo que esto era un florero. Si la matriz periodística hubiera estado diversificada, Macri no hubiera podido ser ni candidato. Sólo con conocer su prontuario, hubieras entendido que estabas votando a un contrabandista culpable ante dos jueces y salvado por la mayoría automática menemista. En el pasado, están guardados todos los secretos del presente y del futuro. Si yo sé quién es ese tipo, no lo voy votar. Recordemos el caso de las cloacas de Morón, el contrato más terrible de la historia de la República Argentina donde, si los frentistas no pagaban, Macri se quedaba con sus casas y, ante cualquier incumplimiento del municipio, se hacía de terrenos fiscales. ¿Quién terminó preso y destituido? Rousselot, no Macri. ¿Y quién es el concejal que arma la comisión investigadora y encuentra todos estos ilícitos por los cuales Rousselot termina destituido y preso? Sabbatella. ¿Quién es la voz de la bancada radical que apoya el proyecto de Macri? Margarita Stolbizer. Ya está. Si vos manejás la historia, manejás el presente y el futuro.

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Gustavo Campana. Fotografía: Diego Grispo.

Esto mismo puede verse con un ejemplo de la segunda guerra mundial. Hitler debió haber sabido lo que le había pasado a Napoleón y, por esa experiencia, era claro que no podía llegar a Moscú por tierra y en invierno. Tenés que tener un ego muy grande para decir “Napoleón no pudo, yo sí”. La verdad es que, a pesar del tiempo pasado entre Napoleón y Hitler, el frío era el mismo. Con el mismo criterio, en Argentina, el neoliberalismo repitió la misma receta tres veces en cuarenta y tres años. Tengo cincuenta y siete, lo viví como adolescente, después con hijos chiquitos y ahora, veterano. ¿Cómo no voy a saber que apertura indiscriminada de importaciones significa la muerte de la industria nacional?, ¿cómo no voy a saber que el endeudamiento externo alocado hipoteca tres o cuatro generaciones de argentinos?, ¿cómo no voy a saber que la patria financiera implica que cuarenta y cinco millones de tipos subsidian a doscientos apellidos en la fuga de divisas? Lo hizo Martínez de Hoz, lo volvió a hacer Cavallo, ¿por qué otra vez? Ahí está el analfabetismo político. “Dale tiempo”. ¿A quién? Si me pedís que le dé tiempo es porque no sabés quién es. La familia Macri tiene, de Cacciatore para acá, cuarenta años de actuación en la vida política argentina. ¿Qué más necesitás? El analfabetismo político va a ponerte en el lugar de decir “No sé quiénes son”.

Es una lucha urgente terminar con el analfabetismo político.

Sin duda.

 

 UN SOMELLIER DE DATOS

                                    una barca de pino nos ha traído/ unos huesos
un botón/ unos clavos oxidados/ un anillo de oro/ y la duda de un nombre fosforescente/ que se hunde, borroso,/ en la falsa transparencia del tiempo.”

De “Crónicas de muertes dudosas”, Bruno Di Benedetto
  

Decías que lo primero es recuperar los medios de comunicación nacionales.

Lo primero es buscar que cambie un poquito la matriz, ni siquiera cincuenta y cincuenta. Dejame el sesenta, solo con eso, no habría forma de que estos tipos puedan gobernar un mes.

¿Cómo llegamos a eso?

Antonio Seguí.
Antonio Seguí.

Una de las cosas que dijo Alberto es que hay que poner de pie a los medios públicos. Radio Nacional son cuarenta y nueve radios. Hay mucho trabajo que hacer.

Me refería a que esas cuarenta y nueve radios ya estuvieron de nuestro lado y, aun así,… ¿qué tipo de sujeto construimos que consume el discurso del momento, sin poder pensarlo o distinguir? Ahí tenemos otro problema: ni el peronismo ni el gobierno liberal estimulan otro sujeto que no sea básicamente consumidor.

Bueno, hay que establecer pautas nuevas sobre la base de esa experiencia. Y, como eje dinamizador de la economía, bancar al consuno interno y no al consumismo. Mientras sigamos viviendo en el código capitalista, la calidad de vida de cada uno está en poder acceder a un proyecto de vida digno y, hasta nuevo aviso, a eso se accede con guita en el bolsillo, no hay otro camino.

Y con un lugar para el deseo, no solo para la necesidad.

Claro. Que es lo que, además, ellos nunca podrán matar. Utilizo mucho más la palabra deseo que utopía. Solemos enamorarnos de la utopía, como de aquel dato inalcanzable, que nos empuja a seguir. Y yo estoy convencido: más de una vez, el campo nacional y popular agarró de la solapa a la utopía, la sentó de prepo y la convirtió en realidad. ¿Acaso no era utópico pensar en las ocho horas de laburo, cuando ese sueño nos costó ochocientos cadáveres en la Semana Trágica? Esa es una de tantas utopías convertidas en realidad. Vengo de una familia laburante, soy el primero de todos ellos que terminó la secundaria. El otro día, se cumplieron setenta años de la gratuidad universitaria y, al aire, charlábamos acerca de dos cosas. Primero: ese logro es una enorme victoria del peronismo y se engarza con la Reforma del 18. Treinta años después, tuvimos la gratuidad. Segundo, le pregunté a Víctor Hugo si él me podía decir cuándo se funda la Facultad de Derecho de la UBA. “No sé, de principios de siglo, de la oligarquía”, me dijo. “No, la hizo el peronismo”, le contesté. “¿Cómo, el peronismo?”. Y sí, la hizo el peronismo, porque antes funcionaba en lo que hoy es la Facultad de Arquitectura.

Es impresionante el placer que te dan los datos.

¡Ah, sí! Mirá, en la última reunión con compañeros de ex secundaria, yo ya estaba podrido: cada cosa que decía, no era así para ellos. “Pero la puta madre, ¿ustedes de qué trabajan? Visitador médico, dijo uno. Empleado, dijo el otro. ¿Yo soy periodista y soy el que no sabe? Vamos a hacer una cosa: ¿hay una notebook?” Catorce había. “Traé una. Ustedes van a manejar la notebook y van a buscar en cualquier fuente lo que yo digo, a ver si miento o no. Ahora, van a pasar algunas cosas. Van a descubrir que son unos pelotudos de cincuenta y pico de años. Les estoy avisando. También va a surgir el hecho de ‘yo le hice votar a mi hijo al tipo que lo dejó sin laburo, al hijo de puta que dejó sin remedios a mi abuelo…’ Ustedes fueron, eh. Yo se los digo porque los quiero, en otro lugar no lo diría”. Éramos diez, ponele. Primera discusión: “Sí, tiene razón Campana”, fuente: Clarín. Segunda: “Sí, tiene razón Campana”, fuente: La Nación. Tercera: “Sí, tiene razón Campana”, fuente: Perfil. En el medio de la cuarta discusión, se escuchó a uno que dijo: “¿Si hablamos de fútbol?”. “Sí, es lo mejor que nos puede pasar”.

Gustavo Campana con El Anartista. Fotografía: Diego  Grispo.
Gustavo Campana con El Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 

 




ESCÁNDALO ALREDEDOR DEL VACÍO

La decisión: entrevista al plástico Daniel Santoro y al filósofo Julián Fava

Entrevista: Estela Colángelo, Lourdes Landeira, Pablo Soprano, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

 

 “Lo que ama en la luz/el estremecimiento que la hiela/es el deseo de la noche”
“Lo arcangélico”, Georges Bataille

 

Montada en una hormiguita venía la noche, muy descorrida, muy a telón abierto. Andaba sin otro plan que el don de la luz a la hora justa del amanecer. Mientras tanto, se solazaba: por acá, en la intermitencia de alguna estrella; por allá, en el modo de una nebulosa al amortajar lo antiguo, el eco de una explosión. Así de vastas las cosas, no había alboroto ni exigencias en el tañido de campanas.  El espacio no era ni deuda ni  saldo, aunque sí disputa, aliento y contorsiones.

De ese modo galopaba la noche, sin más mérito que el horizonte, cuando- de una zancada- el tiempo se partió en tres.  Primero hubo un redoble de ausencias, infancias mal mimadas, platos esforzados al borde de las mesas, libros gastados en repeticiones baratas, lujos bien gozados, obsecuencias del mero lujo, rapacidad en los montones, hiel y lucha en las carencias.

Después fue el drama de las horas descosiéndose en hilachas, las jornadas de largo sudor labrado sin excesos, la fiesta enmarcada bien lejos de  los bosques,  el denuedo de un gigante entre la abigarrada arboleda y, al final, la silueta de un hombre en la altura de un árbol, la pequeña huella en un surco, la alborada de un resplandor.

Daniel Santoro. "Libro de las horas".
Daniel Santoro. “Libro de las horas”.

Y  entonces llegó la tercera estación, la del estruendo. Un badajo obstinado repicó tres formas del origen y, en reverbero sin soberbia, la noche sonó en la noche hasta apostar su cabeza. Todo terminó en revuelo en la zona de los perfumes y las prendas finas, porque las mesas elegían el menú y la forma de los platos, los libros oreaban al sol sus acritudes, el odio pisaba el ruedo del odiado y en el revuelco se indistinguía quién vestía de etiqueta y a quién se le terminaba la maña de etiquetar.

Y tanto transcurrir del bullicio, al fin se avistó un espacio: una enorme estela desgranada de las primeras personas o un respiro entre tinieblas ofuscadas. Y, entonces, una hormiga, una  hormiga formidable montó la luz y estremeció la hidalguía de la noche.

Ya de tarde, bien tarde, los bordes de los días se deseaban. Y, al llegar la entrenoche, para qué te cuento la batahola desatada alrededor del vacío.

Una orilla.

Un poema.  

Un escándalo.

                        

JINETE SOLITARIO MONTADO A UN NOMBRE


“La hormiga es un centauro en su mundo de dragón.”
Ezra Pound , canto LXXXI

                       

Entre tu obra, algunos cuentan una escena, parecen cuadros-prosa  y, en otros, hay elementos a asociar para producir sentido, como en poema.

Cuadros narrativa                                       Cuadros poema (vacío ideológico)

 

Daniel Santoro. "Naufragio frente a las costas de Chapadmala"  y "Vacío ideológico"
Daniel Santoro. “Naufragio frente a las costas de Chapadmala” (izquierda), “Vacío ideológico” (derecha)

Santoro: Sí. La metáfora del avión es bastante clara. El centro vacío y las dos alas son un poco el lugar de la conducción. La estructura del movimiento peronista, o cualquier estructura que se organiza para encarar un objetivo político-militar, se articula en torno a una conducción. Las dos alas aluden al esquema básico que describe Perón en la “Actualización doctrinaria”: siempre la conducción tiene que articular las dos alas y estas deben articularse sin discutir. Como finalmente muchas veces ocurre que discuten, se cae el avión. Ahora, en cuanto a la poesía, es un género que a mí me inspira mucho, empezando por Borges y su “Poema conjetural”. También me inspira el “Poema de la física”, de Marechal. Luego,  el “Canto LXXXI”, de Ezra Pound, es clave para mí. El poema plantea una teoría de la creación artística.  Está recitado  por Pasolini en un video muy conmovedor.

 


Hay una frase que se repite: “depón tu vanidad”. “Eres una urraca hinchada al sol, no distingues el ala de la cola, mitad blanca, mitad negra” Y, sobre el final retoma el tema, “Haber golpeado con decencia para que algún tonto abriera, eso no es vanidad. Aquí el error está todo en lo no hecho. El error está en la timidez que vaciló”. Eso es tremendo. Resume todo y ahí es donde queda atrapado Pasolini también. Si creés que sos algo, tenés que defender un honor, un prestigio, una historia, todas cuestiones que te hacen vacilar ante el acto creador, que es un hecho concreto. Es interesante también para recordarte la  idea de que estás solo. Ya lo dijo Ringo Bonavena a su modo: “Cuando subís al ring, te sacan hasta el banquito. Quedás sólo frente al desafío y lo único que podés hacer es golpear.” Ese es el acto creador.

También hay poesía fuera del poema…

Daniel Santoro. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Santoro. Fotografía: Diego Grispo.

S: Claro. Y en otras artes. Justamente, te iba a nombrar otra gran obra que tengo siempre en la cabeza y es “Andrei Rublev”, de Tarkovski. Seguramente Tarkovski habrá leído a Pound y lo expone en el final de la película.  Al principio de la película Andrei vacila ante un desafío: tiene que pintar la iglesia mayor de Moscú. Él entra, y esa iglesia está toda en blanco, como un gran lienzo gigantesco. Él es el mejor pintor de íconos y por eso lo contratan. Sin embargo, ahí le agarra una crisis total y, abrumado, huye. Anda por bosques oscuros, conoce brujas, asiste a las peores matanzas, descubre los peores sufrimientos de la humanidad. Al llegar al final de su itinerario, se encuentra con un chiquito de quince años, el hijo de un fundidor de campanas de plata. Pegan buena onda y Andrei empieza como a apadrinarlo. Cuando llega el momento de fundir la campana para aquella iglesia, que debía ser la mejor campana de plata, había muerto el padre y entonces el cargo queda vacante. El chico pelea con el contratista, con el enviado del Zar, y alega que él conoce el secreto del oficio y que va a hacer la campana. Andrei Rublev desanima al chico para evitar que se meta en graves problemas. Pero el pibe insiste tanto, que el enviado del zar le dice “Bueno, está bien. Vamos a poner todos los medios del Imperio para que la puedas hacer. Pero si te sale mal, te jugás la cabeza.” El pibe se la juega, no duda en ningún momento. Andrei está asustadísimo. Le ponen centenares de personas a su disposición, porque tienen que armar una aldea en torno a los hornos que, a su vez, deben fabricar. Algo muy complicado. Entonces, se ven unas tomas geniales, inspiradas en los cuadros de El Bosco. Obviamente,  el pibe no tiene la menor idea de lo que tiene que hacer. En un momento, está caminando cuando se larga una tormenta terrible al borde del río y él se cae por un barranco. Mientras cae, se agarra del suelo y mete su mano en la arcilla. Se da cuenta que esa es la arcilla que necesitan y grita “Es acá, es acá”. Bueno, allí cortan todo un

Daniel Santoro. "Descamisado emboscado".
Daniel Santoro. “Descamisado emboscado”.

bosque, arman casillas y hacen los hornos de barro con esa arcilla. Un trabajo febril. Andrei asiste a esa manifestación de energía creadora hasta lograr hacer la colada de plata, una cuestión complejísima. Finalmente tienen que abrir la  campana y ver si suena. Viene el zar y toda la comitiva,  una toma impresionante, centenares de personas. El pibe está todo embarrado y hace abrir el molde. Está la campana reluciente, la levantan con una grúa, empieza a moverse el badajo, todo el mundo expectante.  Y, antes incluso de tocarla, se empieza a sentir un sonido. La campana al final suena bárbaro. El zar y los suyos se van  a caballo y ni lo felicitan al pibe. Sólo había salvado la cabeza. Entonces el chico se pone a llorar en los brazos de Andrei Rublev, que le dice: “¿pero qué pasa? Si salió todo bien…” “Sí, pero lo que pasa es que  mi viejo nunca me dio el secreto de las campanas de plata”. Así y todo, el pibe lo logró, no vaciló en ningún momento. Lacan podría analizar eso muy bien: el pibe se montó sobre el nombre del padre y pudo hacer una campana de plata, más grande que todas las que el padre había fundido.

Había que jugarse la cabeza.

D: Exacto. Y es lo que pasa realmente, uno siempre se juega la cabeza, ¿no?

ESFERAS CALENTITAS EN EL CRISOL

                                   “Entonces mi corazón lleno de idolatría se despierta temblando/
como el que sueña que la sombra entra en él y su adorable carne/ se licúa a un son lento y dulzón, poblado de flotantes animales y neblinas, /y pasa la yema de sus dedos por sus cejas, comprueba de nuevo/sus labios y mira una vez más sus desiertas rodillas, /acariciando en torno sus riquezas, sin penetrar su secreto,
mientras corren los grandes días sobre la tierra inmutable.”
“Las cosas y el delirio mientras corren los grandes días”, Enrique Molina

 

Se entiende el incentivo del consumo. Pero, insisto, después de la década k, pasó lo que pasó, entonces ¿qué hay que oponer a eso?, ¿qué otro exceso, aparte del deseo universal globalizado? Vos, Julián, hablabas de pensar una filosofía argentina, de no ser sólo los glosadores del deseo universal de una filosofía europea, ¿eso se puede disputar en tu ámbito?  ¿Y, en la pintura, Daniel?

Daniel Santoro. "Libro de  las horas".
Daniel Santoro. “Libro de las horas”.

D: Sí, hasta cierto punto, no es tan fácil. Caemos en zonas resbaladizas y oscuras como qué es el arte nacional y popular, una discusión que yo detesto. Generalmente, pasa que una cierta cantidad de mediocres que han caído en la cadena de la envidia y el resentimiento reclaman el banquito que le sacaron a Bonavena: “Yo soy un artista nacional y popular y rechazo todo el arte de elite”. Desde el punto de vista artístico, trabajar como núcleo de mi producción el tema del peronismo y la cultura nacional es un desafío que me impuse. Se generó algo, pude inventar eso, mi propio mundo, pero al mismo tiempo soy muy tributario de todo lo que sucede, no es que inventé “una propia forma de pintar”.

J: La creación artística y el pensamiento filosófico son esferas que se complementan. Pensar una filosofía argentina no implica renunciar al gran texto de occidente, pero el desafío es utilizar de un modo herético toda esa tradición para pensar desde lo que nos cuesta pensar que es el presente, el peronismo, todas las pasiones que nos atraviesan. Ese es un punto poliético de la creación artística y la filosófica.  Pero me parece que el tema del deseo vinculado con el consumo tiene que ver con la realización inmediata de uno en la sociedad. En una sociedad capitalista, ninguno de los filósofos de Occidente, o locales o latinoamericanos, pertenecen a las clases populares, ninguno. Pueden construir una filosofía latinoamericanista o lo que fuere porque tienen el tiempo para dedicarse a leer y a pensar, porque tienen las cuatro comidas diarias aseguradas.

Mínimo, clase media.

Julián Fava. Fotografía: Diego Grispo.
Julián Fava. Fotografía: Diego Grispo.

J: Mínimo, mínimo. De ahí para arriba. Son como ámbitos diferentes pero que se tocan, porque el goce uno lo tramita comprándose una Ferrari u otro auto que puede, o el saco que puede. Eso es el orden de la inmediatez que nos plantea esta sociedad consumista, capitalista.  Ahora, lo que perturba del peronismo es que habilita sujetos deseantes de bienes de consumo que están destinados a otra clase, a otro lugar de pertenencia, casi por definición, porque un negro gozando en Punta del Este va a desentonar.

Claro, sin embargo, muchísimos sujetos que fueron habilitados a otra cosa terminaron votando a la derecha, ¿qué faltó ahí? No alcanzó el escándalo de que el no habilitado consumiera.

J: Claramente, no alcanzó. Los cambios culturales son muy profundos y la lógica del consumo es la de la inmediatez. Suele generar lazos sociales del orden de la competencia y de la acumulación. En cuatro años, el gobierno de Macri intentó derribar todo vínculo social solidario, todo lazo vinculado con algo que no fuera la competencia, el individualismo, el egoísmo y la acumulación. No pudo terminar de dar el golpe que quería, aunque las condiciones estaban.

QUÉ TREN QUÉ TREN

                                   Pero el sueño se detiene un instante desgarrador en otro
mundo/y canta como la luz, más desierta que el tiempo.”
“Preludios”, Cintio Vitier


¿Y cuándo el escándalo se vuelve espectáculo?

Daniel Santoro. "El sueño de la casa propia".
Daniel Santoro. “El sueño de la casa propia”.

D: Bueno, el quilombo es cómo se frena ese goce capitalista que es un goce sin corte. Lacan refiere también a eso: el discurso capitalista es una perversión del discurso del amo, y nadie lo puede interrumpir. Se empieza con el Peugeot 403, sigue por 404 y, mientras haya números, va a haber siempre otro Peugeot. Es un consumo que siempre tiene que ver con la muerte. Si el tren sale de Retiro y llega sin paradas a Nueva York, el viaje es larguísimo y muy angustiante: uno no sabe dónde está, cuánto faltará. En cambio, si ponés un montón de estaciones, cada etapa es vivible de una manera predeterminada y previsible. Entonces, si hay Peugeot 403 y va a haber 404, uno puede recortar una etapa en la vida: son cinco o seis años que tuviste ese 403, otro cinco o seis años que vas a tener el 404, después el 505, y así. Mi hermano murió con el 408, creo. Yo veo un Peugeot y veo el final de mi hermano. Eso deja una huella, como un trauma. El goce capitalista tiene que ver con eso de generar etapas en la vida, que no sea una vida lanzada a la incerteza total. ¡Porque un día se aparece el Peugeot 1000 y cagaste! Esos objetos se convierten en estaciones vitales y, entonces, uno puede pensar “todavía no”. ¿Quién puede meterse ahí a poner un freno? ¿Por qué convirtieron a Guillermo Moreno en el gran demonio? Porque, en un momento, no dejó entrar una Barbie, creo, tuvo un gesto de querer poner un palo en la rueda al giro del goce capitalista. Y eso no se puede tocar porque afectás la vida de la gente. La gente se siente mancillada, le estás quitando parte de un goce vital “¿cómo no va a entrar la Barbie?, ¿qué hago con mi vida?” Lo estás afectando en su temor a la muerte.

En una época creía que ofreciendo condiciones para escribir, para pensar, para pintar, a gente que no las había tenido , uno -que nació en otro ámbito- podía, de tanto en tanto, lograr que parte de ese deseo de la inmediatez se usara en otra cosa. Me di cuenta que, sin ser inútil, uno no puede empardar la inmediatez del consumo. Pero aún creo que si en la inmediatez solo hay consumo estamos sonados

Daniel Santoro. "El mozo".
Daniel Santoro. “El mozo”.

D: Tomando eso y volviendo a la pregunta anterior, el giro es perpetuo, ¿a dónde termina? Tendrá un final, muchos dicen que el capitalismo se lleva puesto al mundo y que, si queda algo, será una tierra arrasada. El comunismo intentó ser un freno en ese sentido, con el tema de descubrir la necesidad y dejar de lado el deseo. Y entonces: vos necesitás setecientos gramos de proteínas, pero tantos otros gritarán: “no, yo quiero choripán”. Por un lado, si mantenés los setecientos gramos de proteínas, podés hacer algo, en primer lugar, porque hay para todos. Gandhi lo decía: en el mundo hay lugar para todos, pero no para la codicia de todos. Podríamos decir que el mundo da para todos, pero no para los deseos de todos. Ahora, ¿se puede hacer eso sin caer en el fracaso de los socialismos reales? El peronismo nunca se metió con la historia de los socialismos porque nunca fue atrás de las necesidades. Esa es una salvaguarda del peronismo, que es garantía de felicidad. ¿Por qué Pichetto dice “son comunistas, te van a sacar tu segunda casa”? Está diciendo que “les van a restringir el goce”. Agita un fantasma que no es peronista sino comunista. Pichetto es un peronista devenido antiperonista, un peronista del otro lado de la membrana. Conoce perfectamente, sabe que decir “comunista” tiene una relevancia enorme, que no es la misma relevancia que decirle a alguien neoliberal.

DON PLAN

                                   “la certeza de su escondida raíz/ha plantado silencio en la noche; /el agitarse de su frondosa cabeza/donó su melodía a las olas”
“Los dos árboles”, William Butler Yeats

 

Decías,  Julián, que el macrismo vino a romper los lazos solidarios, ¿cuáles eran estos lazos?

Daniel Santoro. "Verano en la ciudad infantil".
Daniel Santoro. “Verano en la ciudad infantil”.

J: Creo que el kirchnerismo habilitó memorias que, hasta entonces, no estaban habilitadas desde el Estado. La política de “memoria, verdad y justicia” habilita un vínculo con el pasado. Yo hice la secundaria en los ’90 y, en ese entonces, la distancia con los ’70 era la misma que con la época de Sarmiento, más o menos. El kirchnerismo hace u lazo entre  ese pasado y el presente. Es un vínculo que es del orden de lo emancipatorio, no de lo instrumental. Como sea, el kirchnerismo tuvo unas cuantas otras políticas: recuperar las jubilaciones con un régimen solidario, otorgar un conjunto de becas- desde la primaria hasta el Progresar- todo vinculado a pensar un horizonte más allá del consumo inmediato. Podías estudiar, en el conurbano, tenías universidades creadas por el kirchnerismo. Cuando pensás  la educación como un derecho y no como una mercancía, habilitás ese tipo de sensibilidades. Claro, junto con esa sensibilidad está la del consumo, las dos cosas están  presentes. Y ahí aparecen las complejidades y los problemas de los que hablábamos recién.

D: Sobre el tema de  “la Ciudad Infantil”, fijate que hay una foto que tomamos de un folleto muy difundido en su momento, donde están los chicos aprendiendo a hacer trámites bancarios y otros hacen de empleados bancarios. El Banco era el gran edificio de la Ciudad Infantil.

J: Una suerte de creación de pequeños burgueses.

Daniel Santoro y  Julián Fava Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Santoro y Julián Fava Fotografía: Diego Grispo.

Mi hija me pedía que la llevara al Abasto y dejé de llevarla cuando vi que en el “Museo de los Niños”, después de pasar por el jueguito de Mac Donald, le enseñaban a usar una tarjeta de débito. Me pareció espantoso. Puede que en la época de Evita tuviera otro sentido.

D: Eso lo hubiera hecho Evita hoy en “la Ciudad Infantil”. Pero ella estaba democratizando de una manera absoluta el goce, incluso salvajemente, pero en el sentido de felicidad: el más pobre va a hacer lo mismo que el chico rico cuando sea grande.

Está. Ahí el pobre consume como el rico. ¿Y la fase siguiente a eso?

Daniel Santoro. "Árbol justicialista".
Daniel Santoro. “Árbol justicialista”.

D: Un interrogante enorme. Hay un gran quilombo. Pero, mientras tanto, los chicos van a ser felices y no van a envidiar. Van a ser privilegiados en ese tema.

Pero van a multiplicar la insatisfacción propia del consumidor, de todo consumidor que siempre quiere más.

Claro. Para eso el peronismo no tiene respuesta, por eso tiene la posibilidad de ser combatido por el hecho del exceso. Cuando se pone todo el poder del Estado en brindar la felicidad inmediata que significa “la Ciudad Infantil” y un montón de otros hechos, hay una doble cara. Por un lado, está Perón el planificador, con la posibilidad de expandir la economía con los planes quinquenales y que esto tenga -a lo largo del tiempo- un desarrollo y, por otro lado, está el gasto del don, el de Eva Perón, al gastar todo lo que sea para una felicidad por la vía rápida, pero esta tiene como consecuencia generar un sujeto consumidor.

J: Coincido con lo que decís pero, finalmente, en varias décadas, no hubo ninguna generación de adultos que no haya tenido una infancia sin carencias. Porque esto es un proyecto también desmedido y, como decimos en el libro, hay una suerte de redistribución destinal de las propias biografías de los sujetos, de los niños y niñas que pasaron por “la Ciudad Infantil”. Tanto en “La Comunidad Organizada” como en “el Proyecto Argentino”, Perón habla todo el tiempo desde una conciencia por las cuestiones del medio ambiente. Me imagino que, en la Argentina de 1974, se cagarían de risa cuando el tipo hablaba del problema del agua, por ejemplo. Claro “¿Cómo va a hablar de los recursos naturales si acá estamos con la revolución, con la lucha armada?” Efectivamente, hay un intento de corrección de las malas consecuencias que traería un goce ilimitado. Y eso aparece en un cuadro de Daniel que nosotros analizamos en el libro.

Daniel Santoro1. "La felicida del pueblo".
Daniel Santoro1. “La felicida del pueblo”.

 

Vos decís, corregir para evitar algo sacrificial.

J: Eso, porque en este cuadro, “La felicidad del pueblo”, está la unidad básica de la sociedad, que es la familia. Atrás, está la arcadia de la sociedad racionalista con el auto cero kilómetro. Por otro lado, la niña jura sobre “La razón de mi vida” y están Eva protectora, ya en el cielo -todos tienen el crespón negro-, las sidras, el pan dulce… Pero  la figura del hijo entregándole el título a la madre y todos reunidos en el interior de un hogar es una figura que recupera lo más propio o genuino de la comunidad frente a la sociedad. Por eso Perón insistía tanto con las organizaciones libres del pueblo, porque uno puede decir que un sindicato- la UES, o la organización que fuere- construye horizontes que no son los  del individuo librado a su propio juego. Y esto no es menor porque, ¿a quiénes se atacó en estos años de macrismo? A los sindicatos, porque el sindicato te ofrece un horizonte colectivo. Vos te vas de vacaciones a lugares buenísimos que tiene el sindicato y tenés el consumo reorientado a una lógica compartida, no individual. Pensemos, en el mismo sentido, al movimiento feminista, al ambientalista y a otros. .

Daniel Santoro. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Santoro. Fotografía: Diego Grispo.

D: Es la experiencia del logro colectivo

Antes de ayer entrevistamos a Rodolfo Mederos. Él nos comentaba que es de una familia obrera y había recibido ese imperativo de superación de clase: tenía que ser profesional. Estudió hasta cuarto año biología, pero un día Piazzolla lo invitó a tocar. Cuando terminaron el concierto, salieron a la calle y pasaron por Exactas. Él miró la facultad y le dijo a Piazzolla “¿Y qué hago con la biología?” Astor le contestó: “Bueno, dejá la biología para los biólogos. Vos sos músico”. Mederos cuenta que, en ese momento, miró el edificio y sintió que su padre lo perdonaba. Ese mandato de llegar a ser un profesional, entonces, no siempre lleva a la felicidad ni a satisfacer el deseo. Puede ir exactamente en contra.

D: Y sí.

PUNTO ADENTRO, PUNTO AFUERA

 

                                   “La vida se crea como una cuerda, dice la madre. Hay que trenzarla hasta que los hilos entre los dedos dejen de distinguirse.”
“Trilogía de Mozambique”, Mia Couto

 

Hablando de los cuadros,  me llamaron mucho la atención dos máquinas de coser. Una del 2006, donde se ve el mundo de afuera, a través de una ventana. En la de 2014, sin embargo, desapareció la ventana.

Daniel Santoro. "La máquina de coser" (izquierda), "Escolástica peronista" (derecha).
Daniel Santoro. “La máquina de coser” (izquierda), “Escolástica peronista” (derecha).

D: Sí. La ventana ahí es solamente un efecto de luz. No veo una metáfora. En la pared hay un retrato de Eva porque esa máquina fue provista por la Fundación y significaba la posibilidad del ascenso social. Fue el caso de mi vieja, se la dieron y con eso hizo una gran diferencia: desde entonces pudo coser vestidos de novia y demás. Hay otra máquina de coser que a mí me gusta especialmente.

Daniel Santoro. "Luto"
Daniel Santoro. “Luto”

Ahí se cose una cinta de luto que, al mismo tiempo, es una cinta de Moebius. Allí hay una ventana y, afuera, asoma una melancolía sobre las instituciones que permanecen como estructuras del peronismo: la Fundación y la CGT, los dos grandes generadores de esa nueva sociabilidad.

J: Y la Universidad Obrera nacional que, después del 55, fue la UTN.

D: Claro. Ahora, el goce capitalista, en la versión neoliberal, en primer lugar, mata el amor. Hace salvaje a la gente porque intenta que cada uno realice un goce autista y personal, encima, favorecido por los dispositivos  y sus formas de comunicación en aislamiento. En cambio, un goce que surge o es impulsado por una organización gremial o social de cualquier tipo siempre está referido al otro o con el límite del otro, ese es el lazo amoroso: cuando hay un límite, cuando sabemos que podemos dañar y que también podemos esperar algo del otro. Esa relación se establece a partir de formas orgánicas, porque si no, no quedaría nada. Uno puede pensar en las grandes empresas que, en su momento, generaban sociabilidad, generaban ciudades: Quilmes, las grandes textiles que generaron pueblos o zonas que llevan sus nombres. El neoliberalismo ataca eso también, o sea, la empresa se disuelve como entidad, cada uno queda “a disposición” y trabaja para una empresa que está en cualquier lugar del mundo desde su propia casa. No hay lazo social ni siquiera a través del trabajo. Entonces, claro, los gremios no tendrían sentido. Eso es aislar al humano y generar una forma de goce obsceno que no encuentra ningún límite. Es la muerte del lazo amoroso.

El lazo amoroso implica que el otro no es apropiable. Antes se lo apropiaban, ahora ni siquiera eso, lo aíslan, como vos decís.

D: Exacto. Al generar ese aislamiento, se genera también la ilusión de que no hay límites.

Daniel Santoro. "Mantel de hule".
Daniel Santoro. “Mantel de hule”.

J: Esas formulaciones actuales, con eso de que vos sos tu propio jefe y no hay nadie que te controle, mantiene a la  persona las veinticuatro horas trabajando en la casa, conectada y controlada por el dispositivo.

D: El otro día pasaron un informe sobre cómo había evolucionado el trabajo. Ahí se veía que la mayoría de la gente prefería no tener sede corporativa. Las minas van a la casa de una de las empleadas, digamos, que está trabajando en su cocina y con su laptop, para una gran empresa. La entrevistan: ¿“Está todo bien?”, “Sí, yo trabajo aquí, no tengo ninguna queja, en absoluto” La cámara baja un poquito más y muestra que la chica está embarazadísima “¿Vas a tener familia?” “Sí, yo creo que mañana o pasado mañana ya va a venir, pero estoy trabajando. Y, después, cuando tenga familia, voy a seguir trabajando, no voy a parar porque no hace falta, total estoy cómoda acá en mi casa”. O sea, ya eliminaron la licencia por maternidad, ¡y la chica contenta!

Daniel Santoro. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Santoro. Fotografía: Diego Grispo.

Se trata de borrar el límite de lo público, lo recreativo y lo laboral. Estos nuevos espacios tienden a eso. Por eso me llamó la atención  que desapareció la ventana en el cuadro de la máquina de coser del 2014, me parecía que esa máquina de coser estaba más encerrada ahora.

D: Claro. Es una buena observación también. Tiene que ver con esta historia de que una chica vea con felicidad el poder trabajar en la casa y no parar.  Ahora, ¿cómo es la relación con otro empleado? No hay. Entonces, ¿qué funciona en ese vacío? Los fantasmas, todos los que uno pueda imaginarse: “El otro va a trabajar más que yo, el otro me está cagando”.  Así, se arma una competencia con ese otro desconocido. Por esa competencia, no va a tomar más licencias de nada, va a terminar por no dormir si es necesario. Pero si al otro le ves la cara, lo empezás a conocer, por ahí, es un buen tipo.

 EL ROSTRO DE UN BILLETE

                                   “Un día, un hombre joven compuso este canto: “Salí de una mujer y me encontré frente a la muerte. ¿Dónde se pierde mi alma por la noche? ¿En qué mundo reside? Resulta pues que hay un rostro que nunca vi, que me persigue. ¿Por qué vuelvo a ver ese rostro que no conozco?”.

“Historia de los caballos”, Pascal Quignard

 

En relación a esto, me había quedado pensando en el tema del exceso y la cultura y, sobre todo, en el lenguaje, ¿desde qué lugar planteamos la desmesura del lenguaje?

Daniel Santoro. "Mamá de Juanito Laguna dormida en parque de ruinas ideológicas".
Daniel Santoro. “Mamá de Juanito Laguna dormida en parque de ruinas ideológicas”.

D: Es un tema. Cuando decimos los excesos, ¿Por qué el peronismo es tan pródigo en relatos urbanos, en realidad, producto de fantasmas? Digo fantasmas, en términos de fantasía y también de amenaza. Nosotros trabajamos con Francis Estrada, en un ciclo de televisión que se llamó “Proyecto Aluvión”, ocho capítulos sobre los lugares más oscuros del peronismo. Esos fantasmas son de una riqueza tal que dio, incluso, para estudios, como el libro de Marie Langer, sobre el mito del niño asado, que tiene que ver con uno de los mitos básicos que analiza Freud, que es el ser engullido. El peronismo se engulle, literalmente, a los chicos. Es el viejo mito del ogro transformado, en este relato, en la figura de una mucama peronista a la que sus patrones, una pareja de Barrio Norte, en el año 1956, le dejan el chiquito. Cuando vuelven, ella lo había cocinado y se los sirve en la mesa a los patrones. El fantasma tiene la capacidad de construir escenas de violencia inconmensurable.

Cosas de negros, dirían

D: Claro, de negros que son capaces de estas cosas. La eliminación física es un efecto literal de los fantasmas. Podés llegar a las cosas más tremendas a través de la fantasía.

Alemán nos decía que el neoliberalismo puede apropiarse de todo, menos del lenguaje.

D: Sí. Es otra de las cuestiones. Cuando uno se pone a hablar en lacanés, construye todo otro mundo. Habrá que ver si no se apropian del lenguaje. El tema es la subjetividad. Uno tiene una forma de entrar en el lenguaje, una forma de goce sexual y una forma de la muerte. Son las tres formas inapropiables relacionadas con el goce, pero no es el caso del goce social, que tiene que ver con lo que veníamos hablando antes. Ponés a dos lacanianos a hablar de goce y no se van a poner de acuerdo jamás.

Creo que se refería a lo poético como efecto de sentido.

Jualián Fava. Fotografía: Diego Grispo.
Jualián Fava. Fotografía: Diego Grispo.

J:  La disputa es, claramente, por el lenguaje. Ellos vinieron a correr el horizonte de lo que se podía decir y, para correrlo, habilitaron prácticas del orden de la violencia física. El lenguaje opera como garante de lo que se puede hacer. Llevado al extremo, es la ministra de seguridad al decir que el que quiera andar armado, que lo haga. Si uno piensa en cómo se configuró el macrismo,  ve que clausuró el pasado. Porque, al decir de uno de sus ideólogos, hijo de un prestigioso filósofo ya fallecido, el pasado es un lugar lleno de muertos, eso es terrible. Por eso pretendieron avanzar con la aplicación del 2×1 para los genocidas y todo tipo de atropellos a las Madres, a las Abuelas, a la memoria

D: El chico este. ¿cómo se llama?, Peña. Dijo “por primera vez los billetes no tienen impresa gente muerta”. Entonces lo que hay es una nueva naturaleza, un nuevo comienzo, la ilusión de todo es posible. Y te ponen los animalitos

No hay un mito fundante…

J: Se clausura ese mito.

D: se olvida absolutamente toda la herencia simbólica.

J: Y las fechas patrias. Macri dice cualquier cosa en una  fecha patria.

Daniel Santoro. "Descamisado gigante dormido".
Daniel Santoro. “Descamisado gigante dormido”.

D: Sí. Ahora, para mí, sería un gran error si volviéramos melancólicamente a los próceres en los billetes. Creo que sería un retroceso que hablaría muy mal de nuestras posibilidades, ahí hay que hacer una apuesta nueva. Yo pondría gente de la cultura. Billetes con Borges, con Piazzola, con la Negra Sosa, con Pizarnik. El billete es muy pregnante como objeto, muy visual.  A nosotros nos perturbó mucho el tema de los animalitos, volvieron intrascendentes a los billetes. Si ponemos gente de la cultura, ¿quién puede estar en contra de un billete dedicado a Borges, a Gardel, a Piazzola, a la Negra Sosa?

J: Nadie va a querer ser una moneda.

D: Incluso haría una compulsa pública para ver quién de la gente de la cultura debería estar en los billetes. Eso nos constituye mucho, dice mucho de nosotros el poder visualizarnos en gente de la cultura.

¿En qué otro lugar, que no sea un billete, podríamos poner a circular a Pizarnik, a Borges?

D: ¿Por qué no un billete?

Pizarnik es poeta, la poesía no comulga mucho con la mercancía. No me imagino a Osvaldo Bayer en un billete.

J: En el que tenía a Roca, podría ser.

UN RAP PARA LO PENDIENTE

 

                               “Como dos sentimientos que se separan, límpido/mostrándole al cielo sus abismos.”
Raúl Zurita


A veces no termino de comprender cierta inquina del peronismo con la izquierda. No sé qué se gana con eso, en vez de propiciar un encuentro. Con la parte de la izquierda que se pueda.

Daniel Santoro. "Centauro descamisado y casa de Victoria Ocampo palatina".
Daniel Santoro. “Centauro descamisado y casa de Victoria Ocampo palatina”.

J: Totalmente. Es una tragedia de la historia argentina.

Y, aparte, una deuda. Realmente se potenciarían un montón de cosas.

J: Absolutamente. Hay un peronismo monádico que se solaza con no atreverse a pensar a partir de Marx o de Spinoza o de quien fuere. Es terrible, es como una cerrazón.

Casi un resentimiento.

J: Totalmente.

 

 Quedará para el futuro. Y, hablando de eso, ¿cómo ven lo que viene?

J: Yo estoy muy esperanzado. Me sorprendió el triunfo. Había hecho varias apuestas y las gané todas porque era  yo daba siete puntos de ventaja  y era el más audaz. Con siete ya era feliz, así que con este resultado, imaginate. Pero creo que habla de la reunificación del peronismo en esas memorias que, a pesar de todo, persisten y no desaparecen solo por la crisis económica. ¿Ustedes vieron el video en el que hay dos pibes de la calle que se ponen a rapear en el subte? Dicen: “porque los derechos que no tenemos, antes con Cristina los teníamos”. Esos pibes vivieron en la calle con Cristina y viven en las calle con Macri. Pero hay una memoria de que, cuando llegue el peronismo, vendrá una vida mejor. Cómo esa memoria anida en esos pibes es un misterio, pero está. A mí me abre la esperanza de que, con todas las limitaciones que habrá, con el país devastado, se configure algo del orden de lo político que vuelva a poner al peronismo en escena. Incluso, con todas las complejidades que eso trae con muchos sectores de la sociedad que el peronismo fue perdiendo, sobre todo, durante los últimos años de Cristina. Eso llevó en parte, creo yo, a la derrota electoral.

TRIPLE CARAMBOLA

                                          “Nunca decepcionado, no por falta de decepción, sino porque la decepción es siempre insuficiente”

“La escritura del desastre”, Maurice Blanchot

 

Vuelvo al tema del debate con la izquierda. El tema es que, cuando el peronismo debate con la izquierda, esa izquierda se hace peronista.

Daniel Santoro. "El descamisado gigante expulsado de la ciudad".
Daniel Santoro. “El descamisado gigante expulsado de la ciudad”.

J: Claro.

¿Importaría el nombre de esa nueva unión? En un momento del libro, Daniel, deslizás “peronismo o como quieran llamarlo”.

D: Es así. Viste que el sistema social de votación tiene tres tercios, el del medio es siempre el más problemático, está flotando, va para un lado, va para el otro. Creo que el peronismo copia eso de la sociedad y también tiene tres tercios. El problema siempre se resuelve primero en los tres tercios del peronismo y, después, en los tres tercios sociales o del común. Cuando el peronismo logra saldar esas dificultades, el tercio del medio es el tercio peronista con el que nosotros nos identificamos mucho: Gioja, los PJ, el sindicalismo en general, ese núcleo que está siempre ahí. No tiene mayores dificultades identitarias, digamos. Después, están los otros dos tercios: la izquierda y la derecha. La izquierda  siempre es muy dinámica y plantea conflictos igual que la derecha. Derrama para un lado y también derrama para el otro. Ahí es donde están las emisiones, sería la parte del Estroncio 90, un elemento radiactivo, que emite personajes: la Bullrich y Pichetto son personajes emitidos desde los bordes de esos dos tercios. Cuando está amarrado por una articulación con un centro más o menos sólido, eso funciona e inmediatamente coloniza a todo el sistema social de votación, es inevitable. Ahora, cuando está en conflicto y no puede articularse, se divide inevitablemente y perdés la posibilidad de articular nuevamente.

Esto que decís de los tres tercios se dio a partir del kirchnerismo, porque con Menem no había una izquierda fuerte.

Daniel Santoro. "Centauro descamisado con cautiva".
Daniel Santoro. “Centauro descamisado con cautiva”.

D: Claro, y fijate qué interesante la maniobra de Cristina. Ella, aunque tenía su anclaje fundamental en ese lado izquierdo, no ocupó el centro del dispositivo, que es fundamental, tal como lo explicó Perón. Ella no ejercía la conducción y, cuando se corrió, produjo un vacío que ordenó todo el espacio. El corrimiento de ella es ese vacío que se necesitaba para que todo empezara a girar y a ordenarse. Entonces hizo como una carambola a tres bandas: apareció Masa y ¡pin! salió despedido Pichetto.

 

Mejor que no esté.

D: No, no. Nunca es mejor. Es más, después de las elecciones, yo tendría una charla muy profunda con Pichetto, porque si no, se pega un cuetazo, ¿eh? Ojo con Pichetto, es un ser melancólico en serio. Yo lo trataría muy bien y le ofrecería un puesto en la Corte, sin ninguna duda. El tipo ideal. Decime un tipo más adecuado para la Corte Suprema de Justicia que Pichetto. No lo vas a encontrar. Él siempre necesita un amo. Él perdió el amo y ¿qué hizo?, se lo inventó. Se inventó un amo que no existe, Macri. Pichetto es el tipo más leal cuando lo tenés a tu servicio, lo ponés en la Corte y no vas a tener un problema nunca.

Un esclavo de la deuda…Un futuro Bonadío.

D: Cuando Pichetto tiene un amo claro, va. No tiene problemas. No hay que desperdiciarlo. Y es un compañero peronista, no jodan con eso. Es un compañero peronista en uso de licencia. Créanme, la misericordia siempre garpa. Vamos a necesitar, incluso, a Pichetto. Los tiempos que vienen no son para joder, eh. Es un mes y medio, dos meses que tenemos para  hacer algo en serio. Porque, después, lo que los otros no hicieron hasta ahora lo van a hacer a los dos meses con nuestro gobierno. Y vamos a tener que lidiar con eso. Entonces, mejor tenerlo a Pichetto y a todos de este lado.

 Daniel Santoro . Fotografía: Diego Grispo.

 

DEJAR ESPACIO

 “Yo trepaba la pendiente/y me detenía frente a esa boca, una oquedad donde el viento se huracanaba, / y escuchaba murmullos, palabras que se formaban  a medias/  y luego, sin decir nada, se diluían. /Nunca hubo una frase clara. La boca/como un oráculo piadoso/trababa sus propias frases ante el niño: / lo sé ahora/y le agradezco la vida ciega.” 

“La boca”, José Watanabe


Bueno, nos queda una pregunta. Este número de la revista  gira alrededor del tema “la decisión”. Lo pensamos diferente a la elección, donde siempre las opciones las crea otro. ¿en qué sienten ustedes que pueden decidir?

Daniel Santoro. "Naufrgaio frente a las costas de chapadmala".
Daniel Santoro. “Naufrgaio frente a las costas de chapadmala”.

D: Sólo en el arte, sólo en la obra. No hay otro lugar. Y, con conocimiento, ojo. Hay una libertad, pero dentro de una estructura que uno también se genera con el tiempo. Por supuesto, existen iluminaciones también, suceden. Eso es milagroso, tiene que ver con cierta fortuna y con cierta actitud mental también. En nuestro libro, “Peronismo”, tenemos un capítulo sobre la meditación. Siempre hay formas de meditación en torno a la obra. Ese vacío de la conducción es también un arte. Perón hablaba de eso, decía que hay que tener el óleo sagrado de Samuel, que sería la capacidad de poder visualizarlo y cumplir la obra. Ese arte funciona con un alejamiento, un vacío, un dejar un espacio, un posponerte  a vos y transitar la angustia. Porque, a veces, durante mucho tiempo no pasa nada. Y no sé si uno se banca eso. Siempre está la lógica capitalista de la producción, de invertir tiempo.

Julián Fava. Fotografía: Diego Grispo.
Julián Fava. Fotografía: Diego Grispo.

J: El pensamiento es un horizonte en el que, en el mejor de los casos, uno podría decidir, pero siempre a partir de lo que ya está. Ser consciente de que uno está decidiendo a partir de opciones que uno no ha elegido es parte de la decisión. Después, no sé cuán soberano soy.

La mezcla siempre da otra cosa.

J: Sí. Quizás ahí haya algo de la soberanía. Como decía Bataille, no es que morir sea odioso, pero vivir servilmente sí lo es. Quizás allí haya algo del orden de lo emancipatorio, porque creo que la decisión, en un punto, tiene que ver con el bautismo, con el dejar de ser uno, dejar un estado para pasar a otro estado. En la política, cuando un político decide efectivamente una medida, las cosas cambian. Si el político es responsable, sostendrá eso y argumentará acerca de eso. Pensar las decisiones en profundidad, desde el punto de vista filosófico, es una cuestión que toca lo más íntimo del ser humano. Yo fui padre hace cuatro meses. A partir de ahora, las decisiones ya son otras siempre. Pero no sólo en la vida cotidiana, en todos los ámbitos, también en el pensamiento y la filosofía. Porque, del decidir tener una hija, que nazca, vivir el sexo, el embarazo, el parto y la crianza de niños pequeños- de todo esto- nadie dice la verdad. No hay manual, no escuela que enseñe a vivir, como decía Charly, y ahí las decisiones pasan a ser radicalmente otras.

 Daniel Santoro  y  Julián Fava con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Daniel Santoro y Julián Fava con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 

 

         




EL PERPETUO MOVIMIENTO

Claroscuros: sobre la casa de los padres de Perón, en el barrio de Flores.

Por Eugenia Casetta Buenanueva

 

A LOS BOTES

Hay 1589 textos sobre Juan Domingo Perón  y 1712 textos sobre Evita. Se puede concluir, entonces, una tentación imperiosa a escribir alrededor de la luz y la oscuridad irradiadas por ambos. Aunque intenten disimularlos con cifras y fórmulas político- económicas, estos textos siempre son volúmenes importantes de escritura empeñada en aprehender algo tan común, tan profundo, como el odio y el amor humano. Difícil entonces, intentar algo novedoso. A pesar de la repetición inevitable, uno se deja mecer por las suaves e intensas olas de peronismo y, bajo su lumbre, comienza a garabatear sensaciones. Como ríos centelleantes en primavera, a favor o en contra, se embarcan en el mundo de las palabras para llegar al puerto Perón. O al de Eva Duarte de Perón. Ni hablar de esa vana ambición de algunos, ese intento de interpretar el peronismo, como si hubiera algún modo de explicar sin falta, la naturaleza de la conducta humana. Así de vasto y complejo es este movimiento político. Por eso, yo también me sumo a remar.

 

FLORES PARA PERÓN

Un recorte, una noticia soslayada dentro del fragor Nacional. “Inauguran una muestra de arte en la casa donde vivieron los padres de Perón”.  La dirección señalada está a escasos 900 metros de mi casa. Tomé la bici y volé hacia allí. G. Laferrere 3259. En la primera visita sólo me recibió un árbol vetusto, testigo seguro de la visitas de Perón a sus padres, ya mayores. Los contadores de historias barriales afirman que, en el baldío pegado a esta vivienda, hasta hubo una suerte de club para los pibes del barrio, con pelotas y otros enseres indispensables a tal fin. Y, aquí, un dato llamativo: esos elementos fueron provistos por el mismísimo Perón. Por aquel entonces, Juan Domingo era un joven cadete militar. Por supuesto, con el tiempo, ese pequeño club futbolero llevó el nombre de ” Juan Domingo Perón”.  Así esas calles anchas, de cielo frondoso, ese caserío de fingida alcurnia, ante el primer gesto populista del General “oscurece” la vista de mucho gorilaje. Tal vez, ha de ser este el motivo por el cual esta pequeña epopeya entre unos pibes sin balón y Juan Domingo Sosa resultó celosamente escondida. Juan Domingo Sosa, sí. Ese fue su nombre durante los primeros años de vida, “hijo natural”, o sea, “ilegítimo”. Y vaya si le marcó el destino esta mancha infligida por los ejércitos de la moral. ¿Habrá sido ese el germen de sus designios políticos? ¿O quizás todo comenzó en otra anécdota, al cobijar en la casa familiar patagónica, a un indígena? Sin pilchas pero digno y orgulloso de su identidad, según palabras de Don Tomás Perón.

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A VOTAR, MI AMOR

Don Perón y Doña Sosa envejecieron en la casona de la calle Laferrere, en Flores, mientras recibían las visitas atronadoras y futboleras de su hijo cadete. Ni se imaginaron los sentimientos que provocaría, años más tarde, este muchacho de gesto adusto, o con una sonrisa presta a conquistar el mundo. Mirá vos: el ex cadete, vuelto teniente, coronel, secretario de trabajo y presidente de la Nación. Si es por inducir sentires, un campeón. Por ejemplo, a mi abuelo Buenanueva, orgulloso trabajador de YPF, peronista por agradecimiento y convicción, lo impulsó a cortar y arrojar el DNI de mi abuela, que se negaba a votar a Perón. El abuelo no se quedó ahí: también arrojó el colchón matrimonial. Como un acto definitivo, no iba a ser el esposo de alguien incapaz de amar a Perón o a Evita.

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Así, entre memorias de mi propia familia, finalmente, ingresé a la casa. En el salón de arte hay una penumbra, al parecer eterna. No importa si es noche o mediodía, los claroscuros permanecen estáticos y se pueden respirar en las fotografías blanco y negro del salón. Perón y Gatica, Perón y jugadores de fútbol, un corredor de autos y Perón. El costado más deportivo del General es un juego de sombras por toda la galería. En el rincón más iluminado está Eva Duarte, que patea una pelota. Pero estos no son los únicos sentimientos que merodean esta casa de Flores. Tanto recelo a responder al timbre, sólo indica que el temor se coló entre las sombras y permanece oculto en el atardecer de las ventanas.

 

NO ME DESLUMBRÓ JAMÁS LA GRANDEZA

Otro reducto para palpar los sentimientos que provoca el peronismo es el museo Evita. Este espacio decidió iluminar el corazón del barrio de Palermo con una casa para madres solteras. Según las damas de Palermo, estas ignominiosas debían quedar ocultas bajo las sombras de sus pecados. La ex actriz prefirió darles una casa de pasillos oscuros, gracias al terciopelo denso de las cortinas, y comedores amplios plenos de sol, vajilla gruesa, cacerolas metálicas que juegan con los reflejos solares. Yo seguí un haz de luz que reposaba sobre la mesa de grueso algarrobo. La toqué, por un instante, hice mía la sensación de aquellas jóvenes desgraciadas, al transitar cotidianamente el lujo que creyeron inalcanzable. En eso, volví a escuchar a la jovencísima guía. Sus palabras fluían como estribillos enamorados. Sus ojos irradiaban luz. Era claro que amaba a Eva. Uno avanza y el salón más iluminado es el de juegos. No existen sombras. Sólo juguetes, costosísimos en esa época, impensables para el hijo del obrero. Más aun, para hijos ilegítimos. Y, sí: ella deslumbró a algunos luz y otros quedaron allí, inmersos en la oscuridad del odio hacia Evita. El célebre “viva el cáncer” y otras barrabasadas son oscuridad también palpable, un sentir vivo y envolvente. La aman, la odian.

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DECIME QUE SE SIENTE

Una pregunta me acosó durante días. Yo la dejé en libertad, a ver si, así, me tiraba una punta de respuesta. ¿Qué te hace sentir el peronismo? No, ¿qué pensás? No, ¿qué es? Si no, ¿qué te hace sentir el peronismo? Salpiqué con la pregunta a diferentes personas. Nicolás, 55 años, psicólogo social, milita desde los 13 años. Él me dijo: “Me hace sentir sujeto, no objeto. Protagonista. Siento felicidad y angustia; pertenencia a la historia, siento la capacidad de hacer síntesis entre el sentir y el pensamiento, en definitiva, esa es para mí la esencia del peronismo. Mariana, 57 años, es arquitecta. Orgullosa bonaerense, declara: “Me hace sentir felicidad, me siento acompañada. Es una hermandad única, una fiesta, es abrazarse, ser parte de un colectivo. Ser peronista y bonaerense es sentir un doble abrazo colectivo”. Catalina, 12 años, estudiante: “El peronismo me hace sentir felicidad, porque todo es más barato, todos pueden comprar zapatillas y comida”. Lucrecia, 33 años, trabajadora privada pampeana: “Siento orgullo. Honor de pertenecer. Me hace sentir comprometida con los demás. Siento esa rebeldía contra la injusticia establecida y la necesidad y la angustia de los explotados, aunque yo nunca lo haya sido. Siento amor”. Agustín 41 años, asesor, hijo de un militante montonero desaparecido: “Por ejemplo, vos vas en el tren entre mujeres y hombres trabajadores y eso te hace sentir parte del pueblo. El peronismo nos iguala a todas y todos. Me siento parte de la historia de sus luchas, incluso desde antes del peronismo, ya que el movimiento toma las luchas anteriores y las reivindica. Me hace sentir parte del futuro, ya que el peronismo nos guía para salvar la patria.” María, 67 años, jubilada, ex militante de la contraofensiva montonera: su respuesta fue un silencio ensordecedor. Entonces, recordé que el 1 de mayo de 1974 ella salió de la plaza, echada por el General, junto a miles de compañeros. Siento que al balcón de la Rosada, sólo llegó la sombra de Perón ese día. La plaza dejó un claro, donde antes estaban los Montoneros.

montoneros en la plaza

A partir de allí, quedamos en la penumbra de la clandestinidad. Mis primeros años transcurrieron bajo la sombra de Eva y de un Perón populista. Fueron meses plagados de ecos de felicidad y me dejaron la luz suficiente para atravesar la oscuridad que sobrevendría luego. Y acá, en Flores, esta silenciosa casa/galería de arte me remite a la semilla misma del peronismo. Entre sus penumbras luminosas, nos deja entrever más secretos por descubrir, instantes nimios de lejano presente. Instantes nimios pero reveladores, cautivadores. Un pasado fulgurante que ilumina y guía hacia el horizonte.




JUNTO AL OTRO

Claroscuros: Sobre el cierre de campaña Fernández-Fernández.

Por Alicia Lapidus

 

VIAJE AL RÍO

Era mi primera vez, mi debut. Nunca fui a un cierre de campaña. Mi ser siempre se mantuvo “apolítico” hasta que la realidad despertó al compromiso. Esta vez, acompañé, sin ser militante, con la curiosidad de quien jamás se involucró y cree que la mira “de afuera”.

A Rosario, pues. Salimos el día anterior para llegar tranquilos y dormir la noche previa. Había que estar descansados. El entretenimiento en la ruta, plagada de camiones, era contar cuántos carteles veíamos del “Frente de Todos” y cuántos de “Juntos por el Cambio”. Si eso era alguna mágica medida, ganaríamos.

 

LA COLUMNA

La cita, a las 14:30. El sol radiante y tibio anunciaba una bella jornada. Los que saben de dichos populares decían: “es un día peronista”. Llegamos a la plaza, de donde partiría la columna de la agrupación con la que íbamos. El sonido de los bombos y los cantos nos guió al encuentro. Yo buscaba los micros por los alrededores y, nada, sólo gente, mucha.

Entre esa multitud, corría una alegría contenida. Todavía escéptica, indagaba: ¿dónde dan el chori y la coca?, tan mencionados en el imaginario de muchos. No, ni por asomo. A un costado, dos mujeres vendían pastelitos hechos en sus casas para ganar un dinero, tan esquivo en los últimos tiempos.

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Foto de Alicia Lapidus

Nos mezclamos a medias, desde un lado de la columna que empezaba a marchar. Otra vez, mientras recordaba nuestra Plaza de Mayo, miraba alrededor para encontrar los camiones antidisturbios, la policía: ni señales. La gente caminaba ordenada, entre cantos y risas, al son de los infaltables bombos y de alguna trompeta que le daba música a la letra. Al llegar a una esquina, los organizadores miraban si venía un auto o un colectivo y detenían el derrame de personas con sólo su voz de alto.

 

LA PATRIA ES EL CHORI

Ya en los alrededores, comenzó a aparecer el folklore típico. Mucho más ordenado y lindo que en nuestra ciudad, en Rosario, en el parque del Monumento a la Bandera, los puestitos de venta de choripanes se alineaban con techitos de color, como en una feria artesanal. Del otro lado del caminito que transitábamos, los infaltables vendedores de remeras, divididos a la perfección entre quienes vendían estampas alusivas a Néstor, Cristina, Alberto y, más allá, las de la Patria Grande Latinoamericana. Salpicados en el medio, los vendedores de banderitas, banderas, gorros, como si hubiera sido un partido del mundial.

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Fotos Alicia Lapidus 

La columna fue a buscar su ubicación frente al escenario. Nos separamos de ella para vagabundear entre los presentes. De nuevo, yo- escéptica- buscaba, pero ni un micro ni choris de regalo. Si los querías, los tenías que comprar.Tampoco se veía policía.

 

CHORIPAN Y RÍO

Nos arrimamos hacia el río, donde había más aire y menos concentración de personas. Chicos, parejas, grupos de amigos sentados en el pasto compartían sándwiches, bizcochitos y mate.

No pude evitarlo, el perfume de las parrillas me llevó derecho al choripán que disfruté sin remordimientos. Cumplida mi necesidad de disfrutar tamaña delicia, volvimos a arrimarnos.

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Foto Alicia Lapidus

 

La tarde se diluía en el cielo, pero no el entusiasmo en la tierra. Desde los parlantes venía música y las pantallas entretenían con videoclips de artistas nacionales. Aunque no hacía falta, la concurrencia se animaba a sí misma. El escenario estaba montado en paneles que se iluminaban mientras caía el sol.  Cada vez llegaban más. Se condensaba la multitud. De pronto, un grupo empezaba con un cántico y  contagiaba al resto. Si alguien quería pasar o ubicarse, le hacían lugar sin problemas. Bastaba un “permiso” para que se abriera la multitud. Todo era “por favor” y “gracias”.

 

 

MAGIA POPULAR

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Algo mágico había en ese atardecer, algo que recorría a todos los asistentes como un abrazo etéreo, un calor que entibiaba el invierno, una mística de estar y ser con el otro. Todo era alegría expectante.

Después de varias horas de espera, sin que nadie desertara, comenzó el acto. Una electricidad se desparramó entre todos los asistentes y los cantos crecieron. El momento de Cristina fue el más emotivo. Yo miraba las caras cuando ella hablaba. Vi el llanto de tantas y la mirada nublada de tantos hombres, todo eso junto, no lo vi nunca. Eran lágrimas de agradecer, de esperar, de admirar. Después, Alberto. Con la fenomenal transmisión de poder recibida, empezó el canto tribunero: “se siente, se siente Alberto presidente”- Era más que una esperanza, era una promesa de lealtad que la multitud le brindaba.

Cae la noche y hace frío. Ni el calor de los cuerpos cercanos lo mitiga, pero cada participante se siente abrigado por el deseo, por la intensidad de lo vivido.

La ceremonia peronista se realiza. Las pasiones transforman la experiencia en rito que se reedita en cada encuentro. La mezcla de la esperanza con el temor los mueve a juntarse, para transformar con esa chispa. Algo más queda de esa noche, el encuentro con el otro.

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Foto Alicia Lapidus