MI DÍA

El olvido: Sobre las dificultades al momento de querer escribir.

Por Sol Bonavoglia

EL CULO CUADRADO

sol1Ya van tres semanas y cuatro madrugadas que no puedo hacer lo que amo, no encuentro las ganas y, por más que quiera, no puedo conseguirlo. Prendo la computadora y me clavo una hora y media sentada, miro la página en blanco de Word, sin poder escribir siquiera una palabra. Cuando ya  el culo está hecho un cuadrado, me voy a dormir y me pregunto: ¿Qué carajo estoy haciendo con mi vida? Me acuesto, cierro los ojos y espero a que sea otro día, que sea “MI día”. Y poder, finalmente, escribir.

Cuando me despierto, todo sigue igual, no siento nada especial, sigo sin poder inspirarme.

-Aún sin ganas -me digo en voz alta.

Y, antes de seguir lamentándome, escucho un ruido en mi comedor. Y yo estaba sola.

NADIE ESTÁ SOLO

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-Ya no, querida. -me dice un señor con traje, sentado en mi sillón. Me presento. Me estrecha la mano, yo no entiendo nada.

-Mucho gusto, soy Ganas.

-Eeeh…

-¿Qué? ¿No querías estar con Ganas? -dice otro tipo, mientras sale de mi cocina y mastica una manzana.

Ganas asiente, dándole la razón. Pero ya veo que estás con Aburrimiento… Entonces, el otro asiente y yo me quedo petrificada, mirándolos.

-Entonces… ¿ustedes son Ganas y Aburrimiento? Ellos vuelven a afirmar. -Ehh, a lo que me refiero es al sentimiento ganas, quiero tener ganas, no a estar con un tipo que se llama Ganas.

Ganas y Aburrimiento se ríen.

-Empezá a sentirlo en serio. -me responden al mismo tiempo.

-Pero no puedo.

-Sí que podes. Ponele ganas. – dice y se empieza a reír con Aburrimiento.

EL TRÍO DINÁMICO

EDUARDO KINGMAN RIOFRIO. (Ecuadorean, 1913-1997). Arpista, 1963.
EDUARDO KINGMAN RIOFRIO. (Ecuadorean, 1913-1997). Arpista, 1963.

Yo alzo una ceja y los miro con enojo.

-Ah, pero ustedes son unos pelotudos.

Y, de repente, cuando pienso que esto no puede ser más loco, alguien sale del baño y se acerca a nosotros.

-¡Mala Onda! –dicen, mientras saludan a la mujer que se une a nosotros.

-¿Mala Onda? -pregunto mientras la veo. -¿Qué carajo…? ¿Por qué estabas en mi baño?

Ella no me responde hasta que pasan como treinta segundos y se acomoda en una silla.

-¿Es necesario responder a eso?

Yo niego con la cabeza.

-¿Qué haces en mi casa?

Ella suelta una carcajada.

-Estoy en tu casa desde que tenés cinco años.

Debe ser por eso que soy tan ortiva.

-Entonces, Mala Onda esta acá porque… bueno, ¿soy mala onda? -Ellos asienten. ¿Aburrimiento, ¿lo mismo?, ¿y Ganas?

-No podía evitar tus llamadas, la verdad es que estás tan acomodada en Aburrimiento, que yo acá sobro.

LA QUE FALTABA

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Y amaga con irse, pero yo le pido por favor que se quede y que me haga sentir las ganas. Quiero escribir, solo necesito las ganas.

-No puedo ayudar en nada, eso lo hacés vos, intentá buscar la inspiración. ¡Ah, Inspiración!

Y alguien me toca la puerta de casa. Al abrirla, hay otra mujer.

-¿Alguien me llamó?

Se saludan entre todos y yo sigo sin creer lo qué sucede, aunque necesito las ganas, así que no digo nada.

-¿Inspiración, no? -Ella ni se inmuta. -Te necesito, necesito inspiración.

Se queda en silencio, mira a los otros y se ríen todos juntos.

-¿Inspiración? -responde entre risas. -Soy el Olvido.

-¿El qué? -pregunto confundida- ¿qué hace acá?

-El Olvido, nena. Te lo acabo de decir, ¿ya te olvidaste?

Y, entre las risas bobas de los otros, se me ocurre algo.

-Haceme olvidar del aburrimiento.

El aburrimiento levanta una ceja y niega.

-¿Por qué, te aburriste de mí?

Yo pongo los ojos en blanco y espero una respuesta del olvido.

-No.

Al escuchar la respuesta negativa, me rindo. Dejo caer la cabeza en mis manos y, al levantarla, no hay nadie más que yo. Confundida, miro para todos lados, hasta que una mujer aparece frente a mí. ¿Quién es esta?  Como si leyera mis pensamientos, dice:

-Soy la escritura. Y una vez que entro yo, ni el Aburrimiento, ni la Mala Onda, ni las Ganas, ni el Olvido, tienen qué hacer.

-¿Y por qué?

-Porque soy lo único que sentís en serio y, aunque no tengas las ganas, te aburras, o lo que fuere, yo voy a estar ahí.

Y desaparece.

No puedo olvidarme que fui capaz de sacarme a toda esa mufa de encima. Si lo hice una vez, lo puedo volver a hacer.

sol4 Tomás Saraceno




VIDAS DE PERROS

El cuidado del otro: Sobre el maltrato de animales

Por Sol Bonavoglia

FRAU HIGIENE

ESCENA 1:

sol2-Muy lindo el perrito. – Y ella asentía con la cabeza y con una sonrisa.

Todos los días lo llevaba a caminar para que el animal hiciera sus necesidades. La higiene era fundamental. Cuidar su espacio íntimo, casi un mandato divino.

-Dale, Reinaldo, tengo que ir a ver “Intrusos”. -Murmuraba para sus adentros, mientras le sonreía a la gente que pasaba por el lugar.

Cuando las necesidades del perrito estaban satisfechas, la señora daba media vuelta y seguía su camino. Bueno, no por mucho. Porque el perro se aferraba a su lugar, con la mirada clavada en el piso, en una especie de capricho visual que rompía el delicado equilibrio de la doña.  Entonces ella perdía los estribos, tiraba de la correa sin piedad hasta lastimar el cuello del animal. No le importaba un carajo de nada en ese momento. Tenía una enorme capacidad de olvidar algunos preceptos divinos, si el deseo la tironeaba hacia un programa de televisión. Ya no le importaba la gente que pasaba. El perro, inmóvil.

-¡Dale, perro de mierda! ¿Qué te pasa? –

El perro, inmóvil.

Intentó una vez más. Tiró de la correa.

El pero, inmóvil.

-Bueno, listo, me cansaste-  Y, entonces, ningún precepto divino fue capaz de detenerla. Le zampó al perro un golpazo en la cabeza. Como era de esperar, el perro: inmóvil. Rígido. Impasible.

Mientras tanto, quienes por ahí pasaban aprovechaban el espectáculo gratuito. El morbo no vacila y deja todas sus labores y obligaciones si de ver un show como este se trata. La mujer, meta golpe. El perro, inmóvil. El público, obediente, jamás se corrió de su posición espectadora. Generoso, ni se acercó a la escena. Eso sí, agradeció el show con risas y sarcasmos varios.

Se sabe que la letra con sangre entra. Y si se trata de un perro, será letra en idioma perro. Así que de tanto pegarle, al final, con la cabeza gacha y sin ganas, el perro depuso su inmovilidad y siguió a su ama. ¡Qué lindo es cuidar una mascota!

CONSEJO VENDO, PARA MÍ NO TENGO

ESCENA 2

solnuevadescargaClaudio caminaba. Lucía orgulloso su remera de “GreenPeace”, por las calles de su barrio. Mientras iba a una convención sobre el medio ambiente, un perro de la calle no dejaba de seguirlo. Al principio, esperó que el perro se cansara. En un punto, se hartó. Hacía quince minutos que el animal no cedía. Entonces, miró al perro, y el perro lo miró a él, con la lengua para afuera y meta mover la cola. Claudio frunció el ceño y agregó:

-No me sigas más-

Conceptualmente y, en idioma perro, el animal comprendió que debía insistir en lo que ya estaba. Claudio no quería ni podía darse el lujo de llegar tarde. Cinco minutos después, el perro seguía atrás de él, entonces con una rama de árbol en la boca. Dos minutos después, aún seguía. Cuatro minutos más y aún ahí.  En eso, el hombre tuvo una iluminación. La forma del contenedor de basura a su costado resultó como una revelación de dioses.

-Ahora me vas a dejar de romper las bolas-

De un manotazo, el animal fue a parar dentro del profundo vientre del contenedor. Satisfecho, Claudio se sacudió de fastidio su remera de “Greenpeace”  y marchó a destino, con una sonrisa en la cara.

En su camino, le vino un recuerdo de la tarde anterior: “Ayer vi cómo una señora le pegaba a su perrito porque el animal no se movía del lugar… Un asco, cómo puede existir esa gente. Son unos hijos de puta”.

LOS MAREADOS

ESCENA TRES

-A ver, Lolo, ¡una vueltita! -le decía la mujer al animal, mientras sostenía un hueso en la mano. El perro lo miraba y se acercaba para agarrarlo.

-¡No, primero la vueltita!

El animal giraba la cabeza para un costado.

-¡Vuel-ti-ta! –Exclamaba el tipo, mostrándole el hueso. – ¡Dale, tarado!

Lolo miraba “la carnada” el hueso y después a ella, como suplicándole que se lo diera.

-¡No, primero la vueltita!

Todo tenía un límite. Lo agarró de la cola y lo hizo girar como quien centrifuga la ropa a mano, ante la incapacidad de la máquina para hacerlo. El universo se volvió una nube de fantasmas para Lolo. Cuando el tornado pasó, Lolito se retiró cabizbajo hacia un rincón. Después solo fue cuestión de esperar el momento. El tarascón en la pierna fue tan profundo, que la pobre mujer debió entretenerse varios días en el sanatorio. Cada vez que le iban a dar una inyección en la cola, el médico le decía: A ver, señora, ¡una vueltita!

HABÍA UNA VEZ, UN CIRCO

sol3ESCENA 4:

Camino, intento no ser derribada o pisada por el cuerpo del elefante. Al animal, ahora lo obligan a levantar las patas. El peso de todo su cuerpazo hace un esfuerzo contra toda su naturaleza y lo intenta. Yo me paro sobre su trompa y veo sus ojos la búsqueda de una fugar. ¿Cómo lo ayudo? Soy chiquitita, apenas me veo, quiero decirle que estoy para él, que voy a intentar ayudarlo. Mientras pienso estas cosas, llega el primer latigazo contra el elefante. Y la risa. ¿De qué se ríen? Me niego a dejar que esto siga así… Intento hablarle al pobre animal, pero no me escucha, está muy ocupado en su dolor.

-Vamos a lograr salir de esto, amigo. -Le aseguro. Aunque sé que no me escucha ni me entiende.

Me bajo de su cuerpo, esquivo las pisoteadas, salgo del lugar. Veo a un perro, pienso que puede llegar a ser un aliado.  Atado a un fierro, por una correa, el perro debe tener la suficiente furia y humillación como para unirse a la lucha. Me acerco, le explico un plan para sacar al pobre elefante del lugar y combatir por la libertad de todos. Por cómo me mira,  creo que me entiende. Sí, estoy segura. Entonces, parpadea y espero una respuesta. Lo único que obtengo es un:

– ¡Ayyy!- lastimoso, en idioma perro, en idioma carne, en idioma dolor.

-¡Uh, Samuel! -Le grita uno de los humanos. -¡Dejá de comer bichos, asqueroso!

LA TRIPLE TRAMPA

sol6aESCENA 5:

Dicen que en las puertas del infierno estaba el cancerbero. Este perro de tres cabezas aseguraba que los muertos no pudieran salir ni los vivos entrar desde y hacia inframundo. ¿Pero y si todos hubiéramos vivido en una mentira? ¿Si la “bestia animal” que todos aseguraban que aquel era hubiera sido tan solo un simple humano? Es decir, ¿por qué para ser monstruo debe tener fisonomía canina?

-Les puedo asegurar, ¡es un humano disfrazado de perro! Exclamó Alberto, todos los muertos lo observaban.

-¡Imposible! -Dijo Elvio, mientras negaba con la cabeza. -Yo lo vi, todos lo vimos, es un perro.

Algunos le daban la razón, otros dudaban.

-Está bien, te apuesto mi reencarnación a que es un humano disfrazado de perro.

El otro aceptó, segurísimo de que se trataba de un perro de tres cabezas. Eran las ocho de la mañana, la hora en la que casi ni había delivery de muertes. Y el cancerbero se tomaba un descanso.

-Te juro, es un humano.

Lo miraron, escondidos detrás de unos cráneos apilados que lo rodeaban. Estuvieron quince minutos con los ojos calvados sobre las tres cabezas caninas. Elvio no paraba de repetirle a Alberto “te lo dije”. Mientras discutían en susurros, para que el tenebroso monstruo no los descubriera, el supuesto animal se sacaba las tres máscaras y dejaba al descubierto su monstruosidad humana.




ME DIJO QUE TE DIGA QUE LE DIJERON

El lado B:

Por Sol Bonavoglia

MALOS AUGURIOS

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-¡Can Cerbero de mierda! Ahora va a venir a romperme las bolas el pelotudo de Zeus. -Le gritó Hades a su mascota de tres cabezas. -¿Cómo te vas echar ese flor de sorete? ¡Encima que te traigo…!

Antes de que le pudiera seguir gritando a su pobre mascota, que yacía en el piso con la cabeza baja hacia su amo, Hermes pasó a la sala y lo interrumpió.

-¡Uh! -Dijo tapándose la nariz. -¿Qué es ese olor a mierda?

Hades se dirigió a su mascota con una mirada asesina. Esa mirada, en el dios de los muertos, no augura nada muy beneficioso.

-¿Qué venís a hacer acá, vos? Tenía que encontrarme con mi hermano, no con la paloma mensajera de los dioses.

El mensajero lo miró con un aire ofendido.

-Me dijo Apolo que te dijera que le dijo Poseidón, que Zeus le dijo que no va a poder venir hoy.

Hades se quedó unos segundos buscándole sentido a las palabras de Hermes.

-Eh… ¿Qué?

-¡Que Zeus no va a poder venir hoy! -Y se fue.

SEÑALADOR PARA “DIARIO DE UNA PASIÓN”

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El resto de los dioses hacía lo de siempre. Hasta que algo se interpuso. Dioniso, Apolo y Hefesto dejaron el alcohol y los cigarrillos de lado. Afrodita dejó en pausa el “Diario de una pasión”. Poseidón detuvo su charla motivadora con su pez. Ares y Atenea concluyeron su discusión sobre quién de ellos dos tenía más conocimiento en batallas. Hera detuvo las organizaciones del matrimonio de dos dioses menores. Y Artemisa dio por acabada su práctica con el arco.

-¿Quién se cagó?- lanzó por fin Apolo.

Todos miraron a Hermes salir de la sala de Zeus, donde se encontraban Hades y su mascota.

-Está Hades acá, con su mascota de mierda. Literalmente de mierda, ¿huelen eso? Es el soruyo gigante que se mandó el perro ese.

Todos hicieron mueca de asco y el Olimpo se hundió en murmullos.

-¿Qué pasa acá? -Gritó Zeus al ver a todos alterados.

-¿Qué hace el adoptado olor a culo acá? ¡Encima, con el perro ese, que anda con cagadera! -Le dijo Poseidón a su hermano.

El dios del rayo no entendía nada. Bueno, nadie entendía nada.

-¿Yo no te dije que le dijeras a Apolo que le diga a Hermes que le diga a Hades que estoy ocupado para verlo hoy?

Hermes asintió.

-Sí, yo le dije, pero se ve que no se fue.

FUISTE, ALPISTE

Zeus marchó hacia donde se encontraba su hermano, se fulminaron mutuamente con la mirada.

-Hoy estoy ocupado como para verte y tener esa reunión chota. Limpiá lo que hizo tu perro y andate. Hades negó con la cabeza, se cruzó de brazos y se sentó sobre el sillón.

-Cómo me evitas, ¿eh?. -Le contestó, mientras acariciaba a su mascota. -Hicimos un trato, no te acobardes.

Zeus golpeó la pared con bronca y se quedó mirando al suelo por unos segundos.

-Era un juego, pelotudo de mierda, un jueguito nomás.

-¡No! Vos lo dijiste, si yo ganaba, me quedaba con toda esta belleza. -Dijo refiriéndose al Olimpo. -Si yo perdía, te debía dar un billón de dracmas. Perdiste, boludo, entregá el Olimpo.

Mientras los dos hermanos discutían, el resto de los dioses estaba con la oreja pegada a la puerta.

-¡No, no puede ser! -Gritaba Hefesto-Si Hades se queda con el Olimpo, es tan hijo de puta…, ¡que nos va a prohibir el faso!

Apolo y Dioniso soltaron un grito de terror.

-¡Esto va a ser una dictadura! ¡El fin del Olimpo! -Dijo Afrodita, mientras se agarraba la cabeza.

Todos se volvieron locos, hasta que Atenea y Artemisa los callaron.

-¿Piensan que Zeus va a dejar que Hades se quede con esto, así como así? –Dijo Atenea con los brazos cruzados, mientras fruncía el ceño.

-Y si fuera de esa manera, ¿ustedes piensan que Hades nos va a dejar a nosotros en el Olimpo cuando quede a su cargo? -Artemisa miró a todos los dioses y alzó las cejas.-¡Nos va a echar a la mierda!

Y volvieron a ponerse locos, entre gritos y corridas por todas partes, agarrándose la cabeza y comiéndose las uñas. Hasta que se abrieron las puertas de la sala y Zeus salió con expresión de enojo.

OTRA VEZ, SOPA

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-¡Eh! ¿Qué pasa acá?

Todos se silenciaron. Lo miraron a Zeus con enojo, algunos ni lo miraron. Estaban ofendidos, se sentían traicionados.

-¿Otra vez apostaste el Olimpo? -Le dijo Artemisa. -¿Otra vez con el póker de mierda? ¡Te fuiste al carajo, Zeus! ¡Al carajo te fuiste!

Todos la apoyaban, Zeus se sentía avergonzado, asintió dándole la razón a la diosa de la caza.

-Lo voy a solucionar ¡Qué sé yo! Esperen. Ténganme fe. – Miró a cada uno. Ellos lo miraban con bronca, nadie le creía. -En serio, che. ¡Se los juro, eh! Ya lo voy a mandar al inframundo de vuelta a ese salame.

El grupo le dio la espalda y volvió a lo suyo, excepto Poseidón.

-Gracias por creer en mí, hermano. -Le dedicó una sonrisa y el dios del mar se rio.

-¡Ja! ¿En vos? No, no creo un choto, solo voy a limpiar el sorete ese que tenés en la sala, no se aguanta más el olor.

A SALVAR EL RANCHO

-Tenemos que hacer algo, no podemos dejar que Hades se quede con nuestro rancho. –Dijo Apolo.

El resto de los dioses se encontraba en una habitación vacía, usada para las reuniones.

-¡Le quemo todo si se llega a quedar acá, eh! ¡Le quemo todo! -Dijo Hefesto. Apolo y Dioniso le festejaron la idea.

-¡Basta de boludeces! -Los interrumpió Atenea. -No recurramos a la violencia. Aparte, no estemos tan seguros de perder el Olimpo. No tengo dudas: Zeus va a hacer algo. Ya van a ver.

-Yo no estaría tan tranquila, ¡apostó el Olimpo! La pelotudez de este llega a niveles insuperables.

Apolo bufó.

-¡Dale, Arte! Estás re negativa, guacha, ¿sabés qué te falta a vos?

Su hermana puso su peor cara.

-No digas asquerosidades- murmuró y él rio.

Poseidón entro a la habitación, todas las miradas se dirigieron a él.

-¿Ya estamos sin Olimpo? -Él negó. -¿Estamos a punto? -Se rascó la nuca y frunció el ceño.

-Y… no sé. Pero tengo una idea.

Todos pusieron su atención en él y en su idea.

LOS HERMANOS SEAN UNIDOS…

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-Entonces… -Dijo Hera. -¿Hay algo como Greenpeace en nuestro mundo? ¿Lo podemos denunciar y mandarlo al Tártaro por tratar mal al Can Cerbero…? -Todos se quedaron en silencio por unos segundos. -¡Qué copado! -La diosa sonrió con emoción.

-Sí, pero tampoco quiero ser tan cruel con Hades, después de todo, es mi hermano. -Dijo Poseidón y lo miraron en silencio. -¡Naa! ¡Que se pudra en el Tártaro ese conchudo!

Aplaudieron y festejaron. Hermes fue rapidísimo a contarle a Zeus, él abandonó a su hermano y se reunió con los otros dioses.

-¡Ah! ¡Fuertísimo! ¡Le va a re caber! -Les dijo con una sonrisa de oreja a oreja, chocó el puño con su hermano y llamaron al Greenpeace de los dioses.

-Hola, ehhh… ¿Greenpeace? -dijo Poseidón por teléfono. -Mirá, tenemos a un loco acá, que maltrata a su perrito, le decimos que pare y no para, ¡no para, eh! ¡Esta desquiciado! ¿Si tenemos pruebas? Eh… -Tapó el teléfono y se dirigió a los dioses. -¿Tenemos pruebas? -Hermes asintió. –Sí, sí, tenemos pruebas. ¡Está en casa el loco, te lo levamos ahora! ¿Dirección? El monte Olimpo. -Y le cortaron el teléfono.

-¿Y? -Dijo Afrodita.

-Me mandaron a la mierda. -Le respondió, mientras fruncía el ceño.

-¡Ahhhh! -Gritó Hermes. -¡Que lío! Te di el número del Greenpeace de los mortales. – y entre risas, les acercó el número correcto.

-Tenemos que mantenerlo acá, ahora vienen.

Se abrieron las puertas y alguien avanzó.

-¿Mantener a quién? -Dijo Hades y todos entraron en pánico.

-¡A Ricardo! -Gritó Apolo. -¡Ricardo Fort!

-Ahh -Le contestó, no tenía ni idea de quién se hablaba, aunque tampoco le despertaba ningún interés. -Alguien quiere pasar, Zeus. ¿A quién invitaste a la partuza?

EPÍLOGO SIN GLORIA

Cuando Zeus y Hades se largaron, todas las miradas fueron hacia Apolo.

-¿Quién es Ricardo Fort?

-Qué sé yo, leí en Twitter sobre él, le dicen “El comandante”. Tiempo después, se llevaron a Hades. Todos festejaron y el pobre Can Cerbero se quedó del lado del “poder”. Hicieron una fiesta, donde no faltó el vino de Dioniso. Cuando la fiesta llegó a su fin, Poseidón recordó algo.

-¿Y ahora… qué pasará con el inframundo?

Cada uno de los dioses abrió los ojos como platos.

-Uhhhhhhhhhhhh. -Dijeron todos a la vez.

El lado B del universo había sido desatendido y acechaba como amenaza. (Continuará)

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NO VOY A DAR NOMBRES

El Desaliento: Sobre dioses y mitos griegos.

Por Sol Bonavoglia

EL KINDER DE LOS DIOSES GRIEGOS

SOL1gaLas cosas en el Olimpo no siempre fueron lo que todos imaginaban, es decir, los famosísimos dioses griegos… no eran tan griegos después de todo.

-¡Dale, boludo! ¿Me estás jodiendo? ¿Cómo vas a cobrar falta? ¡Es un metegol! -gritó Apolo a su compañero de… ¿aventuras?

Artemisa, diosa de la caza, estaba más que harta con esas discusiones innecesarias e inmaduras. No se le ocurrió nada mejor que sacar de su carcaj una flecha y apuntar al centro de la mesa del juego. No tardó más de un segundo en soltarla y dejarla justo donde tenía en mente, interrumpiendo a los dos dioses.

-¡Eh! -exclamó Dioniso al mismo tiempo que saltaba del susto -.¿Qué le pasa a la loca de tu hermana? -preguntó a su gran amigo, Apolo, ignorando la presencia de la diosa.

-¿Qué me pasa querés saber, pelotudo?

Se cruzó de brazos y se mordió la lengua, preparaba en mente todo lo que le iba a decir.

-¿Se pueden calmar? – soltó Apolo, mientras atendía a cómo los otros dos se fulminaban con la mirada-. Si quieren ódiense, pero no en mi presencia, me ponen re incómodo -murmuró y miró a su amigo-. ¿En qué estábamos? ¡Ah, sí! Ni en pedo vas a cobrar falta por estar tomándote un vino cuando te metía un gol, bancátela.

Y siguieron meta discutir por el mismo tema hasta quién sabe cuándo… Artemisa no lo sabía, porque se alejó de ellos lo más rápido posible. ¿Qué tan importante es un partido de metegol para llegar a ese punto? Hay muchísimas cosas más urgentes por las cuales discutir.

-¡La re putísima madre que te re mil parió! ¡Te voy a matar, gil! -escuchó la voz de Ares unos metros más allá.

Artemisa siguió la voz del dios y llegó a destino.

-¿Cómo me vas a romper la Play? ¿Quién te crees que sos?, ¿Nemo?

-¡Te dije que no me dijeras Nemo, inútil! Estás todo el día con la Play, jugando a esas mierdas de guerra. ¡Cuando te nombran dios de la guerra no se supone que es para esto!

-¡Y cuando sos nombrado dios del mar no es para que te la pases leyendo Moby Dick!

Poseidón se quedó unos segundos en silencio, con los brazos cruzados y una expresión de ofensa.

-¡Por lo menos leo, no como vos! -Y salió de la sala.

La diosa no podía creerlo, todo el tiempo era así, ¿en qué se habían convertido?

Desilusionada por las actitudes de los dioses, caminaba por el Olimpo sola, hasta que chocó con alguien.

-Uh, la puta madre -murmuró Afrodita cuando tropezó con la diosa.

A la diosa del amor se le cayeron unas cosas. Comida.

-¿A quién vas a alimentar con todo esto? -Se habían caído montones de caramelos, chocolates, pochoclos.

-Son para mí.

Y se largó sin decirle una palabra más. Artemisa no estaba tan seguido en el Olimpo, pasaba la mayor parte de su tiempo entre mortales. Cada vez que ella regresaba, las cosas se volvían más raras, es decir, los dioses más ignorantes.

Podría pasar Zeus desnudo a su lado, cantando el arroz con leche mientras hacía la coreografía de “Thriller”, y no le habría sorprendido en absoluto. Solo de la más sabia de todas no esperaba ninguna de esas actitudes, de Atenea: Ella no podía fallarle.

-¡Atenea! -dijo emocionada al verla, aunque la sabia ni la miró-.¿Qué haces?

Atenea levantó la vista de su celular y se quedó mirándola.

-No me digas, ¿vos también? -dijo en tono preocupado. Se sentó al lado de ella.

Atenea suspiró y rió.

-Acabo de perder en un juego mental de mortales. -Y soltó una carcajada aun más fuerte-. Atenea, diosa de la sabiduría, ¡pierde en un juego de mierda! ¡Un juego de mierda hecho para la mente humana!

-Para la mente mortal -La intentó consolar con palmaditas en la espalda-. Che, ¿vos sabés qué hacía Afrodita con tanta comida?

-¿No sabés? -Artemisa negó con la cabeza-. Es adicta a Netflix, a las películas de amor. Creo que vio “Titanic” más de cinco veces en todo el día –contestó Atenea.

La diosa de la caza alzó una ceja sin entender que quería decir.

-No deja de ver películas románticas. Vive encerrada y a base de comida de mierda. Como los mortales.

Cuando se despidió de Atenea, una duda no la dejaba ni pensar. ¿Cómo era que Afrodita pagaba la cuenta de Netflix? ¿La factura venía al Olimpo?

PÓKER DE “ASES”

SOL2

-Dale, el que gana se queda con todo el Olimpo. ¿Qué te pasa, gila, tenés miedo? –dijo Zeus a Hera, que pasaba por al lado de Artemisa–. ¿Otro partidito de póker, eh?

–Cállate, tarado, dejá los jueguitos y parate de mano a ver si te la bancás, capo.

–Ah, dale, diosa del matrimonio. ¿Qué vas a hacer para derrotarme? ¿Ponerme un vestido de novia?

Hera, más que ofendida, le escupió en la cara. Sí, Hera le escupió la cara a Zeus.

–¿Y vos qué carajo vas a hacerme, dios del cielo? ¿Tirarme una nube en la cabeza?

Artemisa los miró como si hubieran estado locos… Bueno, estaban locos.

–¿Están apostando el Olimpo? ¿Ustedes están locos?

Los dos se dieron vuelta hacia Artemisa, con la misma expresión, con la misma pose. En otra situación, hubiera reído.

–Solo somos nosotros dos –Le contestó Zeus, restándole importancia al asunto.

–A veces se suman Dioniso y Apolo. Otras, Hefesto, pero… –murmuró Hera. Y Zeus casi la mata con la mirada.

La diosa de la caza se sentía avergonzada.

–¿Cómo? ¿Y apuestan el Olimpo con esos? ¡Están locos! ¡Si Dioniso les gana ni se imaginan qué podría hacer!

La otra diosa rió.

–Bueno, una vez se lo quedó. Pero, tranquila, lo recuperamos enseguida. –añadió al ver la expresión en su rostro. –Dale, Arte, no seas tan ortiva, reíte un poco. Siempre ganamos Zeus o yo -dijo Hera.

Y se fue a la mierda.

UN AMIGO DE HIERRO

SOL3. dIONISO–¡Misa! Tanto tiempo, amiga. ¿Cómo estás, che? –dijo Hefesto con una sonrisa. Algo quería.

–¿Qué paso? ¿Qué hiciste? –Le dijo preocupada Arte, mientras miraba a su alrededor para ver qué quilombo había hecho.

–Bueno, mirá, no es tan grave. No te asustes –aunque ya era un poco tarde-. Estábamos boludeando con tu hermano y Dioniso, así, lo más bien…

Ya se preparaba para lo que iba a escuchar.

–Y prendimos fuego todo, boluda -Hefesto puso cara de hierro.

–¿Qué? ¿Cómo? –dijo Arte lo más tranquila que pudo-. ¿Qué cagada se habían mandado?

–Solo queríamos fumar un porrito, no era nuestra intención… Si alguien groso nos llega a ver, nos echan del Olimpo más o menos, ¿qué decís? No sabemos a quién pedirle ayuda.

Ella negó con la cabeza.

–A mí no me metan, ni lo piensen. Arréglenlo solitos.

El Olimpo se había descontrolado, los dioses estaban increíblemente pelotudos. Estúpidos, modernizados, eran como… humanos.

A Hermes se lo podía ver pura lágrima. Se acerco a él.

–Eu, ¿qué te pasa?

–Mis llantas favoritas… –dijo entre sollozos-. Se me rompieron por boludear.

–¿Eh?

–Mis zapatillas, las de alas –contestó. Apenas se entendía a causa de su llanto-. Estábamos con los pibes haciendo la propaganda de “Red Bull”, ya sabés, la de “Red Bull te da alas”, ¿la conocés?  –Asintió con la cabeza. –Y, bueno, quisieron ponerse mis llantas favoritas, las más rápidas, las que tienen mi cara en la plantilla y mi nombre en los cordones… –Sollozó y se secó los mocos con la manga de su camisa.

–Pero… ¿seguís siendo el mensajero de los dioses, no?

No sabía cómo consolarlo, ni siquiera lo tocaba porque… bueno, quién sabe dónde más se pudo haber secado los mocos.

–No, me da vergüenza… Al único que le puedo mandar mensajes es al nuevo grupo de música, “The Ninfa Stones”… Por el Olimpwitter. –Y se largó a llorar mucho más fuerte.

Después de pensar unos segundos, Artemisa tuvo una idea. Hermes debería ayudarla para llevarla a cabo. Necesitaba mandarles el mismo mensaje a todos los dioses del Olimpo. Básicamente, la idea era reunirlos para poder hablarles sobre el asunto, dejar la ignorancia de lado y ponerse a trabajar. Hermes accedió a ayudarla y, en cuanto los dioses se reunieron, ella se paró sobre una tarima en frente de todos.

–Em… ¿hola? –Apolo la abucheó-. Gracias, hermano. Ahora, eh… ¿por qué son así? ¿Por qué, Poseidón, en vez de leer Moby Dick, no ayudás a salvar a las ballenas? Atenea, ¿por qué en vez de intentar demostrar tu sabiduría a una aplicación de celular, no se la demostrás al mundo real? ¿Por qué en vez de  apostar el Olimpo -no voy a dar nombres…-? Ayuden a… no sé, a los mortales, quizás.

Todos rieron.

–¿Los mortales? ¡Ja! No solo dicen que somos “mitos”, si no que nos llaman “dioses griegos” –dijo Hefesto, ofendido-. ¡Somos más argentinos que el mate! Es más… ¡yo inventé el mate!

Muchos le dieron la razón.

SOL4OrestesBouguereau– ¡Unas vacaciones en Grecia nos hicieron griegos! –exclamó Apolo-. Aunque no voy a negar que fueron unas buenas vacaciones… Ahí inventamos la selfie.

Los murmullos se adueñaron del lugar, Artemisa usó su arco por segunda vez en el día para que le prestaran atención.

– ¡Hay cosas más importantes que hacer! Dejen de preocuparse por asuntos tan sin sentido. Odian a los mortales pero usan sus productos, ¿eh? ¡Manga de hipócritas! Y no solo eso, si no que se comportan como tales. Explíquenme qué clase de dioses son. Estúpidos, ignorantes… ¡nefastos! Están hechos unos inútiles.

Y dicho esto, todos abandonaron la sala. Aunque Artemisa les volvía a insistir con lo mismo todas las semanas, los dioses no le daban mucha bola. Sin embargo, algo habían progresado. En fin, los inventos humanos son adictivos hasta para los dioses grie… argentinos. Y, a veces, no son tan buenos para la salud.

Uy, parece que la factura de Netflix de verdad llegó al Olimpo.

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