Por Víctor Dupont

Abuso: sobre abusos en el lenguaje

¿DÓNDE ESTÁS, METÁFORA MÍA?

En una de esas FM de rock sonó, inesperada, la voz de un joven Spinetta: “El vino entibia sueños al jadear / desde su boca de verdeado dulzor”. Me sorprendió la coincidencia: en la preparación de  entrevistas para este número,  conversamos sobre la falta de metáforas en la televisión, en la radio y en la gráfica, de modo particular.

Y, de golpe, el ramillete de estrofas spinetteanas, una atrás de la otra: el mar en su descanso, el licor y sus carcajadas, los tigres de la lluvia, las luces rojas y verdes del amor.

En fin, ¿tiene mala prensa la metáfora?, nos preguntamos algunos ociosos redactores.

Eduardo Aliverti nos advirtió sobre su abuso. En la entrevista de este número confesó su procedimiento: si detecta más de tres metáforas en la redacción de sus editoriales, elimina una. Suena lógico restringir su uso cuando se quiere comunicar.

Un fantasma acecha nuestro sentido común: el uso poético del lenguaje dificulta su uso informativo. Los ociosos de la redacción también fuimos asaltados por esta extraña tesis. ¿Qué mejor tentativa encontramos si no la retórica de las noticias mismas? Hagamos la prueba. Ensayemos con el estado del tiempo:

Bruscamente la tarde ha caído.
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.
O, también, podemos decir, respecto de las “precipitaciones”:

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

No parece un recurso muy eficaz para la velocidad cotidiana. Necesitamos saber sólo si llueve o lloverá. Y rápido. No queremos más vueltas. No se destina tiempo a poetizar sobre el clima. Mejor, dejarlo para otras cosas. ¿Qué cosas?, usted se preguntará. ¡La poesía lo ha gritado infinitas veces! No hay temas políticamente correctos en su lengua. No se trata de decir complejo lo que puede decirse simplemente, sino de aprovechar un tema, excederlo en sus argumentos. (Volveremos a esto.) Para informarnos sobre lluvias y tormentas, bastante confundidos ya estamos con los ripios de los pronósticos.

Sin embargo, los versos “La lluvia es una cosa / que sin duda sucede en el pasado”  es una construcción ambigua en sentidos: ¿Ha llovido? ¿Va a llover cuando vuelva de trabajar?

La lengua metafórica confunde a la información, parece.

¿Es así, realmente? Que tenga mala prensa, ¿le quita poder? Quizá cierto periodismo use las metáforas y no esté tan dispuesto a confesarlo.

Antes de responder estas cuestiones, daremos un recorrido por el universo de la metáfora. Y abriremos el juego a otras muchísimas y más variadas preguntas.

 

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A PROPÓSITO DE LA METÁFORA

Como siempre, había una vez… Aristóteles. En su “Poética” define a la metáfora como el acto de dar nombre a una cosa que, en realidad, pertenece a otra. Dicha transferencia puede ser de género a especie o de especie a género. En el primer caso, podemos pensar en el ejemplo “Mi nave está detenida”, donde estar “anclado” es una manera de estar “detenido”. En el segundo caso -de especie a género-  podemos decir “Ulises ha llevado a cabo miles de bellas acciones” donde “miles” significa “muchas”. Es posible que la teoría sobre la metáfora de Aristóteles haya sido considerada la más prototípica.

Después, cuando Cicerón hizo su célebre canon de retórica, la metáfora fue a parar a los recursos de elocutio u ornato. Cicerón compara el armado de un discurso al de una casa…

-En verdad, este Cicerón…-opina irreverente la directora de la revista, mientras lee este artículo – no entendía nada: ya la metáfora había desbordado el lenguaje. Si no, recordá que Platón raja a los poetas de la ciudad ideal. ¿Y por qué los raja? ¿Qué te pensás?

Quise intelectualizar.

-Los raja porque, según escribió, la poesía inflama las pasiones y no es verdadera. Platón dice que él no valora nada en mayor medida que la verdad.Por eso, al diseñar el Estado Ideal, elige admitir alguna poesía que no es verdadera y excluir alguna que lo es. Pero, si es la verdad y sólo ella la que fortalece la parte racional del alma y todavía favorece el desarrollo de la justicia en el individuo y, por consecuencia, en el Estado, parece muy loco que…

-Los raja porque los griegos entendían que la metáfora excedía, desbordaba y revelaba y rebelaba al lenguaje, pibe. Cicerón intentó captar o someter la metáfora a lo discursivo. Igual, para los poetas eso no es posible. Mucho antes los sofistas, en ese punto, la tenían más clara: el discurso es un arma de combate. Qué casa ni ocho cuartos…

Volvamos.

Curioso es que el mismo Cicerón compara -escribía arriba -el armado de un discurso con el de una casa (se trata de una metáfora, en especial una analogía): hacen falta los materiales (inventio), después un plano para saber dónde ponerlos y cómo unirlos (dispositio); luego hay que hacerla habitable, cómoda y agradable, con muebles y adornos (elocutio). En este caso, la metáfora sería parte de un arsenal para hacer más vistosa y seductora la casa de un discurso.

En el “Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje” -de Ducrot y Todorov- la metáfora pertenece a la patria vasta de la polisemia. De una casa a una patria, tenemos un avance. “El proceso metafórico parece (…) una de las características más importantes del lenguaje humano, hecho que con frecuencia ha inducido a filósofos y lingüistas a ver en ella el origen del lenguaje mismo.” (…) “Cuando utilizamos una metáfora, hay dos ideas de cosas diferentes que actúan juntamente, contenidas en una palabra o una expresión única, y el sentido es el resultante de esta interacción. (…) Esta teoría se basa sobre la idea (…) de que la palabra no tiene sentidos fijos y mutuamente exclusivos, sino un nudo semántico potencial que se realiza en cada contexto. La metáfora pierde entonces especificidad y no es más que un caso, entre otros, de la polisemia”.

Un modelo interesante también lo encontramos en la vida cotidiana. Lakoff& Johnson, en su libro “Metáforas de la vida cotidiana”, postulan que nuestro sistema conceptual está formado y determinado por metáforas. Los conceptos ponen orden en lo observado; entonces, muchas veces pensamos por medio de metáforas. Este texto propone la idea de la discusión como guerra. Defendemos nuestras posiciones y atacamos las de nuestro adversario con estrategias bélicas. “Lo que decís es indefendible” o “no me ataques así”. Vencedor y vencido, en su desfiguración guerrera, ordenan no sólo nuestras palabras, sino la actuación de nuestros cuerpos, la propia retórica de nuestros gestos que se disponen a discutir en batalla.

Como vemos,  ser adorno de la casa del discurso no alcanza para hablar de la metáfora. Se trata de una protagonista de nuestro propio mapa mental y físico.

UN CATÁLOGO

Uno de los tantos desvelos de Borges fue la idea de una cantidad mensurable de metáforas. En una de las seis conferencias dadas en Harvard, entre 1967 y 1968, Borges se interna en este asunto. Allí comenta: “Supongo que podemos aceptar el muy prudente cálculo de diez mil (metáforas). Seguro que existen más de diez mil hormigas, diez mil hombres, diez mil esperanzas, temores o pesadillas en el mundo. Pero si aceptamos el número de diez mil, y si pensamos que todas las metáforas son la unión de dos cosas distintas, entonces, en caso de que tuviéramos tiempo, podríamos elaborar una casi increíble suma de metáforas posibles.”

            Una de las tareas de la conferencia es elaborar alguna de esas sumas. Borges describirá modelos, patrones de metáforas. Examinemos una serie grata a nuestra arbitrariedad.

  • Los ojos de las estrellas. Un verso: “las estrellas miran hacia abajo”. Esto podría ser terrible. Nos hace pensar -según Borges- en generaciones y generaciones que se fatigan mientras las estrellas contemplan con sublime indiferencia. (Recordemos a Gardel y su canto: “Bajo el burlón mirar de las estrellas / que, con indiferencia, hoy me ven volver”).
  • El tiempo es un río. Otro modelo memorable, proveniente quizá de Heráclito. Borges también detecta una lógica de terror en este modelo, porque primero pensamos en el fluir del río -así lo consigna-, en las gotas de agua como ser diferente, y luego caemos en la cuenta de que nosotros somos el río, somos tan fugitivos como el río.
  • Mujeres y flores. Ejemplo tan trillado. En la conferencia se analiza el ejemplo en Weirof Hermiston, de Robert Louis Stevenson. Cuenta Stevenson cómo su héroe va a la iglesia, en Escocia, donde ve a una chica preciosa, según se nos hace saber. Sabemos que el héroe está a punto de enamorarse de ella. La mira y, entonces, se pregunta si existe un alma inmortal dentro de esa figura bellísima, o si sólo es un animal del color de las flores. Y la brutalidad de la palabra “animal” queda destruida, sin duda, por “el color de las flores”.
  • La vida como sueño. Fuera de los emblemáticos casos de Shakespeare o Calderón, tenemos a un chino, ejemplo típicamente borgeano.El filósofo Soñó que era una mariposa y, al despertar, no sabía si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre. Cuánta delicadeza. Borges dice: “Primero, porque empieza con un sueño, y, luego, cuando Chuang Tzu despierta, su vida sigue teniendo algo de sueño. Y, segundo, porque, con una especie de casi milagrosa felicidad, el filósofo ha elegido el animal adecuado. Si hubiera dicho «Chuang Tzu soñó que era un tigre» sería insustancial. Una mariposa tiene algo de delicado y evanescente. Si fuéramos sueños, para sugerirlo fielmente necesitaríamos una mariposa y no un tigre. Si Chuang Tzu hubiera soñado que era un mecanógrafo, no hubiera acertado en absoluto. O una ballena: tampoco sería un acierto. Creo que eligió exactamente la palabra precisa para lo que se proponía decir.”
  • Muerte y sueño. Siempre que un griego las dice, tenemos la data más vieja. Homero escribió “sueño, hierro de la muerte”. Así, se ponen en juego dos ideas: la de la muerte como sueño, claro, pero también la sensación de tratarse de un sueño de metal duro, inexorable, cruel. Dormir perpetuo e inquebrantable.
  • La batalla y el fuego. Otra vez arranca con Homero. En la Ilíada encontramos la imagen de una batalla que resplandece como un incendio. Borges seguirá la genealogía de este dispositivo metafórico –sobre todo, con sus predilectos- los anglosajones- y el obligado pase por Escandinavia-. Pero desviemos su lectura un instante: la batalla y el fuego no sólo son modelos metafóricos de la literatura.Nietzsche -el protagonista de nuestro próximo apartado-entendió al conocimiento humano como efecto de los instintos. Y precisa: se trata de un “resplandor que brota del choque entre dos espadas”. La batalla resplandece de incendio en Homero; los instintos chocan sus espadas y el fulgor de su lucha torna en conocimiento. La familia resulta la misma. Por último, Foucault -metáfora de Nietzsche, por qué no- tomará la retórica bélica de su troesma para analizar el poder en términos de estrategias, puntos, tácticas.

Al final de la conferencia, Borges propone dos conclusiones: “(…) La primera es, por supuesto, que, aunque existan cientos y desde luego miles de metáforas por descubrir, todas podrían remitirse a unos pocos modelos elementales. Pero esto no tiene por qué inquietarnos, pues cada metáfora es diferente: cada vez que usamos el modelo, las variaciones son diferentes. Y la segunda conclusión es que existen metáforas (…) que no podemos remitir a modelos definidos.” 

 

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DIGAMOS LAS COSAS COMO SON

                Una recapitulación nos marca el siguiente camino de la metáfora. Hasta acá se trata de una transferencia en el acto de nombrar, de una mentirosa que inflama pasiones, de un desborde revelador, de un adorno en la casa del discurso, de un territorio vasto en la patria de la polisemia, de una protagonista de nuestras charlas, de una música que promete infinitas combinaciones y sólo tiene diez mil variaciones.

Pero, ¿y si fuera mucho más?

Sólo a un loco se le pudo ocurrir. Con nosotros, un huésped siempre bien recibido: Nietzsche. Para él, no sólo Platón se equivocaba al definir a la metáfora como una mentira, sino -a martillazos – escribió que la verdad misma, esa cortesana, no es más que metáfora.

En 1873, antes que nadie, escribió:

¿Qué es entonces la verdad? Un ejército móvil de metáforas, metonimias, antropomorfismos; en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas, adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, a un pueblo le parecen fijas, canónicas, obligatorias:Las verdades son ilusiones que se han olvidado que lo son, metáforas gastadas cuya virtud sensible se ha deteriorado, monedas que de tan manoseadas han perdido su efigie y ya no sirven como monedas, sino como metal.”

            Multiplicación prodigiosa, la verdad; un ejército de metáforas en movimiento. Tenemos un hermoso incesto entre dos modelos (recordemos el punto 6 de nuestro catálogo).Para Nietzsche, entonces,la verdad es metáfora, pero no se queda ahí: añade movimiento y guerra. Después, suma un carácter ilusorio: la de la moneda gastada, la moneda que perdió su poder.

Permítaseme abusar de la palabra protagonista y jugar entre conceptos e imágenes.

La verdad
enchastrada, preñada de metáforas
ella misma una metáfora
o un ejército
o una moneda sin su efigie
o una ilusión olvidándose de serlo.
(La verdad, otro abuso.)

 

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EL RETORNO Y LOS PÁJAROS

Y un día volvió Perón.

Y, mucho antes, Ulises a su Ítaca. Antes de retornar a nuestras preguntas hablemos precisamente de metáforas de retornos.

Momento de cruzamos con el tango. Él lo cantó de lo lindo a través de la imagen del gorrión.

En el “barrio” podemos oír muchos sonidos: el murmullo del viento, los coros de silbidos, grillos, guitarras. Pero, sobre todo, oímos el sonido de los pájaros. Aquí la lógica de tantos tangos: El pájaro canta como lo hacen los hombres. Y vuela. Emigra del nido, mientras el humano emigra de la casa; el primero vuela, se aleja de los árboles;el segundo parte, se aleja de su barrio.

El gorrión se va. Aunque vuelva al barrio tras quemar sus alas en el centro. Vuelve de la farra en pleno vuelo. Canta. El tango propone una simbiosis entre pájaro y hombre. La figura híbrida del cantor.Y cierta forma de canturrear el género tiene dejos pajariles, trinos, coloraturas avícolas. Y otras maneras, cansadas, con mucho aire,quejas de pájaros viejos.

Los gorriones aprenden a cantar desde la cuna, como los chicos. “Mi canto de cuna / fue un canto de sapos, / nací como el ave / sabiendo cantar.”  

Ahora, ¿qué pájaro es la mujer?  El canto hace de la pebeta, calandria.Y, sobre todo, alondra. “Tal vez allá en la infancia, su voz de alondra…”La alondra simboliza los sueños de las pebetas:“Pebetas de barrio con sueños de alondra.”

¿Qué soñarán las alondras?

El gorrión no sólo es patrimonio del tango. El flaco Spinetta cantó a su “muchacha” y le puso voz de gorrión. Mezcló el atributo masculino del macho con la voz de una mujer. Un gesto hermano de la voz de alondra, en Manzi, pero entre la suavidad y la fuerza, la potencia de una criatura poética distinta.

Se trata de la misma familia de metáforas.
El pájaro vuela para irse al centro. Baja del cielo para volver.
Lleva su canto y el río del tiempo.
Como algún día lo hizo Ulises en Ítaca, como una noche el General por Ezeiza: el gorrión retorna.

Sin embargo,se trata de un abuso de metáforas.No hay vuelta. La calesita lucha en círculos con nuestra infancia; y el tiempo, a pesar del tango y de las sortijas, se pierde en flechas al futuro.

Los pájaros (son) perdidos.

 

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AHORA SÍ: EL RETORNO Y LAS SOSPECHAS SE CONFIRMAN

Volvamos a las preguntas iniciales:¿Tiene mala prensa la metáfora en los medios de comunicación?

Respondamos. Tal vez. También preguntamos: que tenga mala prensa, ¿le quita su poder?

El uso de las metáforas, subrepticio. Casi inconfesado. Entre tanta pulcritud y limpieza retórica, como una amante sucia, la metáfora persigue al periodismo.

En un curioso texto que encontramos por casualidad en la red – de nombre “El lenguaje metafórico en la cobertura periodística sobre el golf” – hallamos la confirmación de nuestras sospechas: la metáfora cunde en el periodismo. Y sobre todo en el deportivo.

Los autores de este ensayo realizan un rastreo por distintas competencias y consignan los siguientes cruces entre un deporte y un respectivo campo semántico:

  • El fútbol como guerra, arte y transporte;
  • El tenis como guerra, religión y naturaleza;
  • El básquet como danza, pugilato y guerra;
  • El Jockey como guerra y transporte…

Etcétera. La clasificación sigue.

La conclusión: el denominador común es la guerra. Al menos, así lo ve sin querer el periodismo. El texto, sin embargo, apunta una diferencia; en el caso del golf, la metáfora suele virar hacia el arte.

Si forzamos un poquito, podemos decir que el periodismo ve al deporte entre la guerra y el arte.

DE ÚLTIMA

Dejamos al lector que haga sus propios rastreos en el mundo del periodismo (algunas pistas: ¿cómo metaforizan los medios a la política? ¿Y al espectáculo?

victor6¿Y a la economía? ¿Y a la gastronomía? ¿Y a la cultura?).

Pero consignamos, mediante el ejemplo del periodismo deportivo,una cuestión: La metáfora no sólo tiene mala prensa. La metáfora, silenciosa, ejerce su poder por donde menos se la espera. Más arriba la vimos: tímida  pero poderosa, ella hurga en la ficción de la verdad, en la casa del discurso, en las mentiras, en la vidavictormiró El-cuerpo-de-mi-morena cotidiana, en los mapas mentales, en las canciones. En el periodismo. En el uso informativo del lenguaje.

No ha sido casualidad habernos cruzado tantas veces con la imagen de la guerra.

La metáfora, luchadora desde los primeros balbuceos humanos. Al fin de cuentas, ¿quién está tan seguro de que quisimos comunicar? ¿Y si fuera todo al revés? ¿Si se habló para huir, para jugar, encantar o desviar? ¿Si se habló para nombrar una cosa en lugar de otra?

Inhóspita, de golpe y a partir del poeta arrepentido -Platón-, muchísimos le retacean casa, patria, terruño; pero las huestes de la metáfora siempre chocan, resplandecen y refulgen contra el bosque profano de las palabras.

 

 

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