Por Paola Braslavsky

Los anormales: Entrevista a la fotógrafa Meg Gaiger

LAS HEBRAS DE UNA FOTO

Aunque actualmente trabajo, a diario, con pacientes con trastornos alimentarios, me impresiona esta foto de la niña con las tijeras ¿Tenía una meta precisa o fue azaroso el resultado?

Estuve trabajando con el concepto de “outsideinfluences” (influencias externas). Lo hice por un largo tiempo, antes de comenzar. Por entonces, tenía conceptos para cada tópico en mi mente. Todo basado en la manera en que los medios hablan de los efectos de ellos mismos sobre los niños. Siempre me pareció hipócrita su manera de promover productos de salud, estilos de ropa, formas de cuerpo, qué perfumes usar, cómo lucir. Pero, al mismo tiempo, ellos también promueven ser “uno mismo”, abrazando el tú “real”. Es muy confuso para la mayor parte de los adultos, ni hablemos de los niños.

 Acuerdo con usted. ¿Qué más nos puede decir acerca del proceso de producción?

 Mi hija y yo hemos trabajado juntas desde que ella es muy joven. Es algo que le encantaba hacer y, con el paso de los años, ella se transformó  en modelo y actriz con su propio derecho. Actuar le ha dado una actitud muy madura hacia el mundo, agarra conceptos, emociones e ideas muy, muy bien. Y siempre  ha estado llena de sus propias preguntas y conceptos. Un día llegó a mi casa llorando. Una de sus amigas había sido atormentada hasta las lágrimas, le habían dicho “gorda”. Mi hija se metió para frenar este ataque. Cuando llegó, aún estaba agitada y triste por lo sucedido. Nos sentamos y hablamos por largo, largo rato, sobre los porqués del “bullying”. Cómo se sienten justificados, cómo es creado un “bully” y por qué. Nuestros pensamientos finales fueron que, mientras tan a menudo se trate de encajar en el ideal, el “bullying” seguirá existiendo. Solo con no ser como el ideal alcanza. Yo, desde niña, tuve alopecia. Siendo calva a los 8 años, el “bullying” fue un hecho de todos los días para mí. Pero volviendo a mi hija, el tema surgió un día y, desde entonces, cada tanto, nos sentábamos y hablábamos para que ella pudiera hablar sobre cómo se sentía. Ella quería hacer algo al respecto. Le pregunté si le interesaba fotografiar algunos de mis conceptos junto a mí; con todos los aportes que ella quisiera. El set de fotos de la moda, con las tijeras, se basó en algo que una amiga mía me había dicho hacía muchos años. Dijo que “quería cortárselo todo”.  A pesar de ser una de las personas más maravillosas que conozco, el cuerpo le molestaba hasta ese punto.

Mi hija y yo decidimos fusionar las ideas, llevar mis conceptos previos y utilizarlos para crear algunos sets de imágenes. Sus palabras fueron: “Si esto implica que una mamá le pueda hablar a su hijo sobre esto, vale la pena hacerlo”. Como dije, tiene una buena cabeza.

 Cuando llegamos a las fotografías en sí, ella se involucró mucho. Elegimos los tonos cian para el set de la moda, porque parecían clínicos, semejantes a un quirófano pero lavado, opaco. La imagen que se viralizó fue una del set; en otras, su gesto era más enojado, más confrontativo, pero la imagen con su cabeza gacha- quizás el anonimato- fue lo que hizo que esa foto precisamente se viralizara. Algo que ninguna de las dos esperábamos, dado que se trataba de un proyecto personal. Yo hago esto como un hobbie.

Justamente, mirando la enorme producción que presenta en su galería, percibí – en esta foto en particular- un fuerte sentido.

Hicimos cuatro sets, cada uno basado en varios aspectos. “Celebridades”, “Bullying televisivo que lleva a la violencia y depresión” y el set de moda con las tijeras. Habíamos planeado hacer varias más y todavía haremos otras en el futuro. Aún no está dicha la última palabra.

Muchas gracias, ha sido un gusto escucharla.

Esta foto es arte puro. El arte viene acá a expresar lo que las palabras no llegan a asir. Ojalá estemos a su altura y podamos renovar nuestros interrogantes, nuestros modos de hacer, sentir y hablar. A eso apunto y por eso mi necesidad de conocerla y de que la conocieran los lectores.

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Meg Gaiger (Harpyimages).

 TENGO UN SUEÑO

Tengo conmigo el video de Martin Luther King, siempre vuelven a mí sus palabras cuando se me impone el “basta”, la necesidad de transformar un trozo, aunque sea, de nuestra realidad. Parte de su discurso, entonces, retorna. Me han dicho que no la parte más célebre. No importa. Allí encuentro una unión entre enunciado y enunciación, como la encuentro en los himnos o en las canciones que “hacen de” himnos en mí.

I have a dream today that my four Little children will one day live in a country where they would not be judged by the colour of their skin but by the content of their character…”.  “I have a dreamtoday…”.

Tengo el sueño de que mis cuatro hijos vivirán en un país donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter. Tengo un sueño hoy

Cada palabra, atornillada a mi cuerpo, es un grito desesperado-esperanzado. Tal vez  ese anudamiento deja huella.

Igual que a las palabras de Luther King, a mí también me urge dejar huellas en la subjetividad de nuestro tiempo. Huellas sin demasiada pretensión. Huellas que digan “no” a la estupidez, a la imposición de una silueta; “no” a una corrección política aplicada a la estética y a la ética. Porque las imposiciones siempre están atentas para intentar un regreso. Y, cuando vuelven, lo hacen más desordenadas, desmoralizantes, indignas, perversas. Y también, más atroces.

Huellas, porque es la manera de agradecer a las pao4descargageneraciones anteriores, a esos que nos enseñaron a hablar, alzaron “a upa”, que en su mirada nos han reconocido.

 

Debo decir que no hace mucho aprendí a disfrutar de la heterogeneidad, de lo dispar, lo anacrónico, lo distónico. Lo amorfo junto con la forma, en tensión, a la par, simultáneamente. Esto es bello hoy para mí. O me causa, me anima. Inspira.

TERMINAL DE ARRIBO

Cuando me llega la foto de Meg Gaiger, se produce una especie de antes y después en mi mundo de preguntas y tareas. Hay, en esa foto, un clivaje. Una síntesis perfecta. Que aborda todo y deja enigma. Y esos rollos. Y esas tijeras- casi canas- y  eso tan evasivo y evidente del terror en esa niña.

La nena tiene una revista en la mano. Tal vez hay todavía quien no se da cuenta: vivir contemplando un mundo ideal –con fotoshop y mensajes falaces incluidos- conspira o atenta. Su naturalización requiere del arte para sacudirlo. Lo frívolo y superfluo se mezcla con lo más genuino del ser humano, de modo tal que se nos hace natural, invisible. No solo que lo esencial es invisible a los ojos. Lo esencial es producto del trabajo persistente, propio, crítico y audaz. Es resultado. El resultado es terminal de arribo, no estaba antes, no es punto de partida. Y los resultados, como los espejos o laberintos de Borges, nunca son definitivos, siempre hay otros a producir.

Esa foto  no deja de dar escalofrío y da a ver qué es la vivencia de todos los días; la vivencia de quien no entra en el modelo de belleza: no es delgado/a o extremadamente delgado/a. Cada vez hay más locura al respecto, locura: atentados contra la forma más o menos, y lo repito- más o menos- humana.

Hoy, no es el único parámetro para saber dónde estamos, qué somos, si somos. Está el de Luther King. Y podemos hacer una lista. Seguro. Pero éste, el de la imagen perfecta, nos camina por encima y es hora de detenernos.

NO BAILAR EN EL VACÍO

Podríamos traer al “ayunador” de Kafka y hacerlo jugar con esta foto. Y al texto de Ionesco, El rinoceronte, como telón de fondo. Si encuentran pao6escargaalguna obra o producción más atinada, usémosla, pero decidámonos a dar un paso y no bailar en el vacío.

Cuando la enfermedad se produce -anorexia, bulimia o algún otro trastorno alimentario- una hora difícil se avecina. Entonces fijemos un tiempo y un espacio para prevenirla. O, al menos, para morigerar sus efectos ¿Qué les parece si, con el permiso de la autora, colocamos  esta foto en nuestras redes sociales, todos a la par, por un momento? Entonces, tal vez la hora de la crítica comience a instaurarse.

 

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