La Celebración: Sobre la potencia de los abrazos.

Por Nicolás Estanislao

 Pongámonos los zapatos, la camisa listada,
el traje azul aunque ya brillen los codos,
pongámonos los fuegos de bengala y de
artificio,
pongámonos vino y cerveza entre el cuello
y los pies,
porque debidamente debemos celebrar
este número inmenso que costó tanto tiempo,
tantos años y días,  en paquetes tantas horas, tantos millones de minutos,
vamos a celebrar.        

(Pablo Neruda)

TREMENDA BATALLA, RELOADED

nico6hands-old-youngPara muchos, la realidad pasó inadvertida. Todo fue veloz, inusitado. Sin saber muy bien cómo llegamos hasta acá. Insoportable por momentos; sin fin, en otros. Delicada y poco piadosa. Heroico, el punto final. La meta fue inexpugnable hasta para el más atrevido. Las imágenes se sucedían desmedidas. Construían huella de vivido.

Estábamos con Valentín, mi hijo mayor- de 8 -. Sus ojos, se agigantaban, parecían salirse de la cara. Alucinado, lo miraba todo. Sus manos, dibujaban resultados en el aire. Mi voz era un temblor en cada grito. Él, yo, todos bajo un inmenso cielo de otoño.

La cita: otra vez un domingo por la tarde, que no quería hacerse noche. El frío, presente. El calor también recorría cada una de las venas. Éramos los mismos de siempre, y más, de eso no hay duda. El escenario, los ricos contra los pobres. Los grandes impolutos contra los pequeños aventurados. Los que lo tienen y tuvieron todo, contra los que no lo tendrán nunca.

LEVEN ANCLAS

nico1 (1)El horizonte se recorta en el cielo, las altísimas paredes se levantan por encima de toda perspectiva. Inmensas luces desde las alturas. No existe ciudad, no existe el mundo, el círculo de expectantes encierra y emerge como en una isla apartada de la vida, de la historia, del destino. Así, una población ha roto  vínculo con la familia y el deber. Como si todo se hubiera borrado de la memoria: el pasado y la propia existencia con nombres propios, domicilios y oficios se reducen a entes enfervorizados de irresponsable pasión.

 “Ocurre que la realidad es superior a los sueños. En vez de pedir “déjame soñar”, se debería decir: “déjame mirar”. Juega uno a vivir. (Jaime Sabines)

 Allí abajo se sacudía, se desplegaba, se atrevía un partido de fútbol. Sí, un partido de fútbol. En realidad, más que eso. Era el partido de fútbol. El local, el dueño de casa y la historia. El desmedido River Plate recibió al proletario y envalentonado All Boys, del porteño barrio de Floresta.

El desenlace, cinematográfico. Ya en tiempo de descuento, esa corrida del “22” inolvidable. El once blanco y negro (ese día de azul alternativo) estampó un rotundo triunfo. Memorable barriada. De esas que se celebrarán por el resto de la historia.

NO PASARÁN

Esa pasión que hierve; que entra en combustión con fuerzas integradas. Todo, al límite del delirio más genuino. Permitido. La disposición de la potencia, al servicio de la propia alegría.

nico50074173f-5ff9-46d7-90ae-4f16832ad109Al amparo, en el aquel inmenso rincón detrás del arco, establecimos una especie de barrera humana de miles. Por acá, nadie va a volver a pasar. Es una decisión, un hecho. Conexión real entre campo, cielo y destino.

ENTRE TIEMPOS. ENTRE VIENTOS.

Fin del primer acto. Descanso. Secuencia y después. Desarrollo riguroso de control parental. Estudio técnico de la situación. Estiramos las almas. El frío, presente. En un mayo que siempre nos caerá de buenas, nos dedicamos a distraer la tensión de horas, de días… de meses… la charla calienta las manos. Murmullo constante de esperanza y tambor, organizado en un perfecto desorden.

ABRAZO DE MÚLTIPLE VÍA

nico3El abrazo 2003A todo o nada. Con el sufrimiento  de tantas veces, claro está; ese sufrimiento que se incrusta en medio de la garganta. Que atrapa. Tensa. Nada resultaba muy poco y, sin embargo, aparecía un todo. Y con esa banda lo fuimos a buscar. La magia, por fin, se apoderó de la realidad. El grito se desplegó infernal. Se multiplicó en cada rincón de aquella desbordada tribuna. Las caras desencajadas, concierto de abrazos sin tregua, el canto con los puños bien cerrados, en dirección al cielo. Piedras lanzadas al vacío, íbamos hacia otros, entre montoneras de abrazos acorazonados. Una marea de abrazos, en un sinfín,  una fantástica cinta de Moëbius

nico6 La diferencia en todas sus formas. Presente de reencuentro total, equipaje añorado. Lejos, bien lejos y en sobrevuelo de la  noche, los miedos. Reencuentro con el club, con el barrio, con los amigos, con los que no pudieron estar. Pero, sobre todo, el reencuentro se completa en el abrazo atrapado en el cuerpo de mi hijo. Nos fundimos en ese interminable abrazo de gol, ese abrazo, que todo lo puede, lo ahuyenta. Ese abrazo mundo.

De espectador a protagonista. Imborrable. El alma nos hervía de pasión, de historia, de generaciones. De ebriedad. No fue una celebración más, sino una en su apoteótico sentido. La celebración que interrumpe la rutina, el pesar, que saca de prepo el hastío cronológico de la vida.

Como dice el poeta por ahí…

 “y la vida, un día, recobró su inexorable sentido…”

nico7La existencia de los cuerpos tumbados en medio del infinito fue la clara demostración de una utopía materializada. Real y concreta. Nos metimos dentro, por una ínfima puerta cargada de luz. Hicimos que el mundo fuera más tolerable. Y así, entrelazados, nos desparramamos sobre los fríos escalones de cemento, de cara a un cielo monumental repleto de estrellas, atreviéndose en constelaciones de infinitos colores, en medio de un griterío ensordecedor. En aquel inolvidable entrevero descorchamos alegrías, guardadas con la noche, ahí, de fondo.                                                                                                         Y la noche, de fondo, aún se derrama única en la inmensidad de los tiempos.

 

 

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