Por Adriana Valletta

La Celebración sobre el Cacique Calfucurá, de Álvaro Yunque

 EL PUERTO DE LA VOZ

No es novedad que la historia varía según quién la relata. Las fuentes alteran las investigaciones y los hechos. El puerto desde donde se emprende el viaje empuja su variación y destino. Partamos, entonces, de la voz.  La voz  de los habitantes originarios fue la menos oída. En cambio, otra voz cobró preeminencia.  En el caparazón de la palabra “indios” ya se delataban las intenciones no dichas. Estas tierras no eran las Indias. Pero  sus habitantes serían tratados como una extensión del territorio, como algo a conquistar junto a la tierra y a sus riquezas. Llegaran donde llegaran, iban con la espada y la cruz.

HACIA EL ORIGEN

Indios, una voz  indica: “en dios”. Indios: también de indigentes. Indios: de la India. Espesura de voces  que ahoga otros tonos, primarios y preexistentes.

Indios, una entre tantas voces que toman el sitio de historiadoras.  Divergencias. Falsos testimonios. Ficciones que trazan fisonomía del indio de América. Voces que, aparte de narrar, dibujan rostros de los habitantes originarios con entrecejos fruncidos. Otros, por el contrario, hablan de hombres de frente amplia y lisa. En todos estos casos, la fisonomía es cargada con rasgos de carencias: “incultos, incivilizados, faltos de humanidad, salvajes”.  Y el asunto no se queda en las caras.  Algunas voces avanzan. Los pintan sucios, holgazanes, afectos a las bebidas, abandonados, pestilentes, amorales e infieles. Uno de ellos es el Coronel Manuel Pueyrredón, “El toldo es un cuadrado bajo, apenas de la altura de un hombre de poca estatura: el indio pampa es muy bajo…”

En el otro extremo, crónicas de la época y algunas investigaciones  los pintan con una belleza física singular, considerablemente  altos, dotados de fuerza, resistencia,  voluntad y amor indoblegables por su tierra, la naturaleza y sus mujeres. Yunque cita al Capitán Inglés Bond Head, quien vio a los indígenas a principios del siglo XIX: “Son los más hermosos hombres que han existido en el ambiente que los rodea…Es imposible pasar por las regiones de América sin respetar y admirar a los prójimos que allí fueron colocados por el Omnipotente…Los indios son de admirar mucho como nación militar y su sistema de pelear es más noble y perfecto en su índole que el de cualquier nación del mundo”. 

Diferentes tiempos,  mismos argumentos, entrelazan la historia. Ni hoy ni ayer han variado esas tendencias. Periodistas. Investigadores. Historiadores. Todos o  muchos, encolumnados detrás del viento de turno.

image huevo 1VELA AZUL

Leer a Álvaro Yunque es la oportunidad de rescatar los timbres de aquellas voces clausuradas por el Imperio. Millones de voces  en la oscuridad de ese océano amarillo: la Pampa. Y ahí, como vela Azul, el “Calfucurá” de Yunque irradia luz. Precisamente, al hacer intervenir  voces contrapuestas,  alumbrará los claroscuros. De modo que  Calfucurá se nos planta ante los ojos: espalda amplia como su pecho a contra muerte. En pie, se alza durante 40 años o más, hasta que la noche lo acunó como “El Cacique de las Pampas”. Él: Piedra Azul. Él: Calfucurá. Su nombre se talló  imborrable, en su lengua originaria araucana: calvú: azul y curá: Piedra. Esta piedra iluminaba con hechos y  con ideas, con las que el cacique de las Pampas no  se cansó de ofrecer a su gente tiempos de paz ni de ganarle batallas a Rosas- aunque en ocasiones fue su aliado, aunque no un aliado seguro, porque “en el fondo –dice Yunque- a pesar de sus alianzas no dejará de ver nunca que éste va hacia la extinción de su raza”.  Contrastes.

Dice Yunque: “El joven cacique araucano hace su ingreso en Las Pampas, llegando desde el otro lado de los Andes el mismo año en que Rosas sube a su segundo gobierno. También coincide ese año la muerte del Cacique Yanquetruz, indómito indio Ranquel. El poder de Calfucurá irá más allá del año 1852, año en que sucede la caía de Rosas. Durante los años que van desde 1835 hasta 1852, el señor de Buenos Aires y el Señor de Las Pampas, se respetan mutuamente. Después de 1852 El Gran Cacique mantendrá por veinte años en jaque a los ejércitos huincas, hasta su muerte en 1873.

Yunque pinta un Calfucurá  que pone no solo coraje al frente de los huincas, sino toda su  caudalosa inteligencia y arte oratoria- que sólo pueden provenir de un espíritu reflexivo- para unir a las diferentes tribus de las tierras Pampeanas. : “No ganó combates sólo a punta de lanza. Fue también estratega (…) Calfucurá, eximio diplomático, no confió como el aventurero corso, demasiado en la fuerza.”.

Calfucurá Sabe usar tanto las táctica del hecho, como la táctica del pensamiento: cede o avanza, haciendo promesas, o fingiendo creer en promesas: “En su lucha contra hombres más adelantados, quizás el mayor enemigo de los inferiores se halla en su incapacidad de unirse.(…) Sólo Calfucurá logró, en dos decisivas oportunidades, confederar a las tribus separadas y aún enemigas, dispersadas en aquella enorme extensión (…)” 

TIERRAS  AUDIBLES

imag.huevo 2 Entre los campos pampeanos,  la figura del Gran Cacique se alza,  armado –  aún más que con excelso dominio de boleadoras y lanza – de una reconocida y envidiable “oratoria”, celada hasta por el más  educado de los europeos.  El conquistador avanzará a través del  paisaje vasto y lo diezmará. El objetivo principal del blanco “huinca” es la tierra y su artimaña certera, la tergiversación de la palabra, la mentira y el engaño. Al no poder derrotar a la gente de Calfucurá  con   argucias y patrañas, los “huinca” agregarán la pólvora mezclada con dádivas. La batalla buscaba el robo de las tierras y de cultura. Ir contra  aquello que  “teñía de sonidos”, que los conquistadores no comprendían ni se  interesaban en comprender: cantos, oraciones, leyendas, música y poesía.  Querían vaciar a estas poblaciones no solo de gritos de malones sino de todo “audible” que remitiera  a tierra, a madre. La batalla cultural tiene ahí sus raíces. Gozosos y vanidosos  de sus artes guerreras, los “huincas” subestiman al dueño de las tierras de las Pampas. Si los conquistadores contaban con- ardides – del lenguaje, “el indio” los sorprendería con –artilugios- impensados para los europeos.  Pero  la voz de Calfucurá se hará escuchar. Yunque cita al respecto a  Ercilla: “Las  “razones” van desarrollándose, lenta, machacadamente”. Y agrega: “Ser orador, entre los indios pampas, era como ser guerrero, una cualidad para aspirar a cacique”

Entre las voces a escuchar suena “Auca”.  En quichua, rebelde, libre, alzado. La palabra se engarza como joya en el alma de Gran Cacique. El vínculo entre potencia y vocabulario no se le escapa a Juan María Gutierrez: “Lo primero que ha de llamar la atención es la conclusión que guarda la lengua araucana con el carácter moral y físico de los hombres que la emplean, robustos, reflexivos, pacientes, bravos e indómitos”

Canta  una canción aborigen  la siguiente proclama:

“Esta es, hermanos, nuestra tierra pampa,

No es la tierra estrecha. La tierra es bien ancha.

Por muchos que quieran a todos alcanza”…

EL REDESCUBRIMIENTO

Según Yunque, el cacique sabía desviar intenciones con palabras.  El Francés imag. 3 araucanosAugusto Guinnard, cumplió función de secretario, por ahí en 1859. De su voz nos llega lo siguiente:(…) Después de haber galopado el día entero llegué, cuando caía la noche, al campo de Calfucurá, “Piedra Azul”. (…) Nada, al llegar, me hizo adivinar cuál entre los indios que tenía por delante podría ser el Gran Cacique (…..) Sólo cuando dirigió la palabra a los otros para darles órdenes reconocí al jefe por el sonido de su aire imperioso.”.

Al respecto, Yunque nos acerca  variadas voces, entre ella tanto las de Ulloa o Pauw, como de D’Orbigny  quien escribía: “Hemos oído cien veces a esos hombres tratados de brutos, arengar a los suyos horas enteras sin vacilar un solo instante. Sus entonaciones son de lo más variada y sucesivamente enternecen o exaltan a su auditorio”

La batalla del huinca consistía también en que  las noticias se plagaran de “tonos brutales y se vaciaran de tonos tiernos  o exaltados”, propios del buen ánimo y convicción sin vacilaciones, que solo la inteligencia del corazón y un gran espíritu puede hablar.  De ese modo, los “huincas” se adjudicarían  la conquista en nombre de la civilización. Unos sonidos se privilegiarían en desmedro de otras sonoridades. Reencontrarlos las voces olvidadas, quizá sea nuestra tarea,  el  re descubrimiento de América. D’Orbigny: “ Negaron a lo Aborígenes de América, así tomados en bloque, las facultades del intelecto. Les adjudicaron esterilidad de espíritu, sin conocer sus leyendas, tradiciones, mitologías, poemas y otras galas de imaginación”.

La naturaleza es aliada de los indios, porque ellos saben hacerla su aliada. Así la música es la de los sonidos que la tierra provee. Para fabricar instrumentos usan el pelo y el cuero de sus animales y para  sus poemas y canciones, sus voces. De su folklore, si bien se sabe  poco, algo se conoció.  Hernán Deibe en su libro: Canciones de los indios Pampas, en el que adapta ideas poéticas, se puede oír:
                                                                Canción de Amor

Ahora soy grande

Hermana

Tú también ya eres grande

Y antes no lo era,

Tú también ya eres grande

Y antes no lo eras

 LLANURA, LA PELOTAS.

No hay posibilidad de despojar a un gran orador de su gran espíritu.  Sin embargo, lo han intentado. Así como trataron de despojarlos de todo indicio de belleza, no dudaron en presentar a la Pampa sin su variada riqueza, sin su discontinuidad y bellos contrastes.

Anular voces y contrastes no es sólo una cuestión de diferentes perspectivas. Se trata, muchas veces,  de una plaga de errores usada como armamento huinca, mezclada con la pólvora. Si no cómo es comprensible  el olvido de la etimología de Pampa: en quechua, significa “campo abierto”. “Esto –  dice Yunque- daría la idea de extensión uniforme y monótona. Nada más erróneo.” Las tierras que llamaron Pampa iban desde el Plata y el Atlántico, hasta los Andes. Y desde el sur de Mendoza hasta el Río Colorado en la Patagonia.  ¡No eran uniformes ni solo una vasta llanura!  Eso solo lo vieron quienes jamás  se alejaron de las costas. Los conquistadores. Protesta Lucio Víctor Mansilla “Los que hoy han hecho la pintura de la pampa suponiéndola  en toda inmensidad una vasta llanura, ¡en qué errores descriptivos han incurrido! Poetas y hombres de ciencia se han equivocado. El paisaje ideal de la Pampa, que yo llamaría para ser más exactos Pampas, en plural, y el paisaje real son dos perspectivas totalmente distintas” .

Walt Whitman, primer poeta extranjero y célebre que se asomó a La Pampa, esbozó atónito frente a sus maravillas:

¡Qué pincel podrá pintarlas

sin deslucir sus belleza!

¡Que lengua humana alabarlas!

Y esta palabra también la rescata Yunque. Su mérito, entonces, es acercarnos a lo no uniforme, a la variedad de voces encontradas, sin temor a los claroscuros: “Calfulcurá será  en la epopeya de las Pampas el nombre indio de más sonoro eco”

image4 araucanosIgnacio Garmendia,  levanta este responso a Calfucurá. “La memoria de éste indio extraordinario que en otro teatro más vasto y culminante y con otra educación profesional en  sus instintos guerreros, pudo irradiar los imag 5 piedrasfulgores del genio, no ha de morir. Inmortal será como Viriato, Hernán o Lautaro.

Rodeado de sus mujeres, D de sus hijos y de sus guerreros, Calfucurá muere el 3 de Junio de 1873. Su voz llega hasta nuestros días, para todo el que  quiera prestarle oído.

NOTA

Según la tradición, Calfucurá nació al oeste de los Andes en Llaima, en el Ngulu Mapu; sin embargo, otra versión sitúa su nacimiento entre Pitrufquén y el lago Colico, también en el actual territorio chileno.

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