El Desaliento: Sobre dioses y mitos griegos.

Por Sol Bonavoglia

EL KINDER DE LOS DIOSES GRIEGOS

SOL1gaLas cosas en el Olimpo no siempre fueron lo que todos imaginaban, es decir, los famosísimos dioses griegos… no eran tan griegos después de todo.

-¡Dale, boludo! ¿Me estás jodiendo? ¿Cómo vas a cobrar falta? ¡Es un metegol! -gritó Apolo a su compañero de… ¿aventuras?

Artemisa, diosa de la caza, estaba más que harta con esas discusiones innecesarias e inmaduras. No se le ocurrió nada mejor que sacar de su carcaj una flecha y apuntar al centro de la mesa del juego. No tardó más de un segundo en soltarla y dejarla justo donde tenía en mente, interrumpiendo a los dos dioses.

-¡Eh! -exclamó Dioniso al mismo tiempo que saltaba del susto -.¿Qué le pasa a la loca de tu hermana? -preguntó a su gran amigo, Apolo, ignorando la presencia de la diosa.

-¿Qué me pasa querés saber, pelotudo?

Se cruzó de brazos y se mordió la lengua, preparaba en mente todo lo que le iba a decir.

-¿Se pueden calmar? – soltó Apolo, mientras atendía a cómo los otros dos se fulminaban con la mirada-. Si quieren ódiense, pero no en mi presencia, me ponen re incómodo -murmuró y miró a su amigo-. ¿En qué estábamos? ¡Ah, sí! Ni en pedo vas a cobrar falta por estar tomándote un vino cuando te metía un gol, bancátela.

Y siguieron meta discutir por el mismo tema hasta quién sabe cuándo… Artemisa no lo sabía, porque se alejó de ellos lo más rápido posible. ¿Qué tan importante es un partido de metegol para llegar a ese punto? Hay muchísimas cosas más urgentes por las cuales discutir.

-¡La re putísima madre que te re mil parió! ¡Te voy a matar, gil! -escuchó la voz de Ares unos metros más allá.

Artemisa siguió la voz del dios y llegó a destino.

-¿Cómo me vas a romper la Play? ¿Quién te crees que sos?, ¿Nemo?

-¡Te dije que no me dijeras Nemo, inútil! Estás todo el día con la Play, jugando a esas mierdas de guerra. ¡Cuando te nombran dios de la guerra no se supone que es para esto!

-¡Y cuando sos nombrado dios del mar no es para que te la pases leyendo Moby Dick!

Poseidón se quedó unos segundos en silencio, con los brazos cruzados y una expresión de ofensa.

-¡Por lo menos leo, no como vos! -Y salió de la sala.

La diosa no podía creerlo, todo el tiempo era así, ¿en qué se habían convertido?

Desilusionada por las actitudes de los dioses, caminaba por el Olimpo sola, hasta que chocó con alguien.

-Uh, la puta madre -murmuró Afrodita cuando tropezó con la diosa.

A la diosa del amor se le cayeron unas cosas. Comida.

-¿A quién vas a alimentar con todo esto? -Se habían caído montones de caramelos, chocolates, pochoclos.

-Son para mí.

Y se largó sin decirle una palabra más. Artemisa no estaba tan seguido en el Olimpo, pasaba la mayor parte de su tiempo entre mortales. Cada vez que ella regresaba, las cosas se volvían más raras, es decir, los dioses más ignorantes.

Podría pasar Zeus desnudo a su lado, cantando el arroz con leche mientras hacía la coreografía de “Thriller”, y no le habría sorprendido en absoluto. Solo de la más sabia de todas no esperaba ninguna de esas actitudes, de Atenea: Ella no podía fallarle.

-¡Atenea! -dijo emocionada al verla, aunque la sabia ni la miró-.¿Qué haces?

Atenea levantó la vista de su celular y se quedó mirándola.

-No me digas, ¿vos también? -dijo en tono preocupado. Se sentó al lado de ella.

Atenea suspiró y rió.

-Acabo de perder en un juego mental de mortales. -Y soltó una carcajada aun más fuerte-. Atenea, diosa de la sabiduría, ¡pierde en un juego de mierda! ¡Un juego de mierda hecho para la mente humana!

-Para la mente mortal -La intentó consolar con palmaditas en la espalda-. Che, ¿vos sabés qué hacía Afrodita con tanta comida?

-¿No sabés? -Artemisa negó con la cabeza-. Es adicta a Netflix, a las películas de amor. Creo que vio “Titanic” más de cinco veces en todo el día –contestó Atenea.

La diosa de la caza alzó una ceja sin entender que quería decir.

-No deja de ver películas románticas. Vive encerrada y a base de comida de mierda. Como los mortales.

Cuando se despidió de Atenea, una duda no la dejaba ni pensar. ¿Cómo era que Afrodita pagaba la cuenta de Netflix? ¿La factura venía al Olimpo?

PÓKER DE “ASES”

SOL2

-Dale, el que gana se queda con todo el Olimpo. ¿Qué te pasa, gila, tenés miedo? –dijo Zeus a Hera, que pasaba por al lado de Artemisa–. ¿Otro partidito de póker, eh?

–Cállate, tarado, dejá los jueguitos y parate de mano a ver si te la bancás, capo.

–Ah, dale, diosa del matrimonio. ¿Qué vas a hacer para derrotarme? ¿Ponerme un vestido de novia?

Hera, más que ofendida, le escupió en la cara. Sí, Hera le escupió la cara a Zeus.

–¿Y vos qué carajo vas a hacerme, dios del cielo? ¿Tirarme una nube en la cabeza?

Artemisa los miró como si hubieran estado locos… Bueno, estaban locos.

–¿Están apostando el Olimpo? ¿Ustedes están locos?

Los dos se dieron vuelta hacia Artemisa, con la misma expresión, con la misma pose. En otra situación, hubiera reído.

–Solo somos nosotros dos –Le contestó Zeus, restándole importancia al asunto.

–A veces se suman Dioniso y Apolo. Otras, Hefesto, pero… –murmuró Hera. Y Zeus casi la mata con la mirada.

La diosa de la caza se sentía avergonzada.

–¿Cómo? ¿Y apuestan el Olimpo con esos? ¡Están locos! ¡Si Dioniso les gana ni se imaginan qué podría hacer!

La otra diosa rió.

–Bueno, una vez se lo quedó. Pero, tranquila, lo recuperamos enseguida. –añadió al ver la expresión en su rostro. –Dale, Arte, no seas tan ortiva, reíte un poco. Siempre ganamos Zeus o yo -dijo Hera.

Y se fue a la mierda.

UN AMIGO DE HIERRO

SOL3. dIONISO–¡Misa! Tanto tiempo, amiga. ¿Cómo estás, che? –dijo Hefesto con una sonrisa. Algo quería.

–¿Qué paso? ¿Qué hiciste? –Le dijo preocupada Arte, mientras miraba a su alrededor para ver qué quilombo había hecho.

–Bueno, mirá, no es tan grave. No te asustes –aunque ya era un poco tarde-. Estábamos boludeando con tu hermano y Dioniso, así, lo más bien…

Ya se preparaba para lo que iba a escuchar.

–Y prendimos fuego todo, boluda -Hefesto puso cara de hierro.

–¿Qué? ¿Cómo? –dijo Arte lo más tranquila que pudo-. ¿Qué cagada se habían mandado?

–Solo queríamos fumar un porrito, no era nuestra intención… Si alguien groso nos llega a ver, nos echan del Olimpo más o menos, ¿qué decís? No sabemos a quién pedirle ayuda.

Ella negó con la cabeza.

–A mí no me metan, ni lo piensen. Arréglenlo solitos.

El Olimpo se había descontrolado, los dioses estaban increíblemente pelotudos. Estúpidos, modernizados, eran como… humanos.

A Hermes se lo podía ver pura lágrima. Se acerco a él.

–Eu, ¿qué te pasa?

–Mis llantas favoritas… –dijo entre sollozos-. Se me rompieron por boludear.

–¿Eh?

–Mis zapatillas, las de alas –contestó. Apenas se entendía a causa de su llanto-. Estábamos con los pibes haciendo la propaganda de “Red Bull”, ya sabés, la de “Red Bull te da alas”, ¿la conocés?  –Asintió con la cabeza. –Y, bueno, quisieron ponerse mis llantas favoritas, las más rápidas, las que tienen mi cara en la plantilla y mi nombre en los cordones… –Sollozó y se secó los mocos con la manga de su camisa.

–Pero… ¿seguís siendo el mensajero de los dioses, no?

No sabía cómo consolarlo, ni siquiera lo tocaba porque… bueno, quién sabe dónde más se pudo haber secado los mocos.

–No, me da vergüenza… Al único que le puedo mandar mensajes es al nuevo grupo de música, “The Ninfa Stones”… Por el Olimpwitter. –Y se largó a llorar mucho más fuerte.

Después de pensar unos segundos, Artemisa tuvo una idea. Hermes debería ayudarla para llevarla a cabo. Necesitaba mandarles el mismo mensaje a todos los dioses del Olimpo. Básicamente, la idea era reunirlos para poder hablarles sobre el asunto, dejar la ignorancia de lado y ponerse a trabajar. Hermes accedió a ayudarla y, en cuanto los dioses se reunieron, ella se paró sobre una tarima en frente de todos.

–Em… ¿hola? –Apolo la abucheó-. Gracias, hermano. Ahora, eh… ¿por qué son así? ¿Por qué, Poseidón, en vez de leer Moby Dick, no ayudás a salvar a las ballenas? Atenea, ¿por qué en vez de intentar demostrar tu sabiduría a una aplicación de celular, no se la demostrás al mundo real? ¿Por qué en vez de  apostar el Olimpo -no voy a dar nombres…-? Ayuden a… no sé, a los mortales, quizás.

Todos rieron.

–¿Los mortales? ¡Ja! No solo dicen que somos “mitos”, si no que nos llaman “dioses griegos” –dijo Hefesto, ofendido-. ¡Somos más argentinos que el mate! Es más… ¡yo inventé el mate!

Muchos le dieron la razón.

SOL4OrestesBouguereau– ¡Unas vacaciones en Grecia nos hicieron griegos! –exclamó Apolo-. Aunque no voy a negar que fueron unas buenas vacaciones… Ahí inventamos la selfie.

Los murmullos se adueñaron del lugar, Artemisa usó su arco por segunda vez en el día para que le prestaran atención.

– ¡Hay cosas más importantes que hacer! Dejen de preocuparse por asuntos tan sin sentido. Odian a los mortales pero usan sus productos, ¿eh? ¡Manga de hipócritas! Y no solo eso, si no que se comportan como tales. Explíquenme qué clase de dioses son. Estúpidos, ignorantes… ¡nefastos! Están hechos unos inútiles.

Y dicho esto, todos abandonaron la sala. Aunque Artemisa les volvía a insistir con lo mismo todas las semanas, los dioses no le daban mucha bola. Sin embargo, algo habían progresado. En fin, los inventos humanos son adictivos hasta para los dioses grie… argentinos. Y, a veces, no son tan buenos para la salud.

Uy, parece que la factura de Netflix de verdad llegó al Olimpo.

SOL5

 

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