ULTRAVIOLENTO:  sobre Kurt Lutman.

Por Nicolás Estanislao

 

¿Qué estrella cae sin que nadie la mire?

William Faulkner

 

 

GOL DE MEMORIA

Imaginate una tarde soleada, corre marzo del año 2000, preámbulo incierto de aquel lamentable después. Las tribunas se van colmando sin prisa pero sin pausa, los colores a contra sol, bien definidos. El viento sopla entre el bullicio, se hacen canción las conversaciones, los gritos y las esperanzas. Siempre, las esperanzas. Presentes.

Se arma la fiesta. Los trapos se arriman a los alambrados. Niños en brazos, niños a cococho, niños corriendo como si el mundo fuera ese lugar maravilloso. El sol se filtra, entre nubes de un otoño tempranero.

Hay un partido de reserva, la vieja reserva, el momento de la previa, de mirar mientras se acomodan los saludos, las bienvenidas, los últimos hasta luego. El espacio único y silencioso donde se empiezan a definir, a configurar, las potenciales gemas: valores futuros que pondrán a salvo- solo por un momento-todo el medio circundante. También es  tiempo para recuperar guerreros lesionados y ganar confianza de lo por venir.

Imaginá de nuevo. Cerrá los ojos. Figurá el contexto. Cambio de milenio, la pelota sigue rodando inexorablemente. Hay un mundo detrás, hay vidas por delante. Las pasiones del hincha, aun y a pesar de todo, no fueron fracturadas. Cerquita, seguían aquellos años de terror. Los años de impunidad y de muchas mentiras.

Kurt, un pibe bien de barrio, del Azcuénaga. Como salido de un personaje de Corín Tellado. Eligió no olvidar. Eligió la dignidad a modo de gol. Más tarde se brindará por sus compañeros, por sus pasiones, por su territorio. Habitante de un medio difícil- por momentos hostil, que no siempre reconoce la verdadera nobleza del jugador, la dignidad del laburante de pelotas- Kurt tiene la oportunidad única y maravillosa de hacer un gol: único dios verdadero.

DE LOS QUE JUEGAN CON EL CORAZÓN EN LA MANO.

Jugada, toque, gol y festejo alocado. Siempre se merece festejo. El fútbol, ese arte de la postergación, de la angustia que provoca el fracaso. Se busca durante 90 minutos o más ese momento total, que quizás nunca llegará.

Es entonces: Kurt se levanta la camiseta rojinegra, transpirada de lucha. Debajo, como tatuada en el pecho bien inflado, tiene otra camiseta, blanca con letras bien negras. Y la ofrece al mundo:

“Cárcel a Videla y a todos los milicos”

 

En voz de Kurt “…fuimos viendo que no solamente es importante la camiseta de arriba, sino también la que llevamos abajo, porque uno tiene un montón de cosas para decir”.


Kurt-Lutman

 

 VOCES CALLADAS

 “Todo este universo se compone de contrarios y se concierta de desconciertos”

(Aldo Pellegrini)

 

En la esquina de la segunda fila de plateas, un hombre se indigna, menea la cabeza, busca alguna explicación a lo sucedido. El pasado, todavía muy presente.

Un poco más arriba, un pibe joven, de rulos, festeja con euforia el mismo entusiasmo de Kurt. Se unen en puños levantados. Se unen en cada pase de gol, en cada esperanza derramada. Otros, fuera de sí, miran en silencio, incrédulos, sin comprender mucho, o quizás, sin querer entender. Callan los signos del tiempo, del pasado cobarde.

Y, así, – entre tanto- se ofrece un partido de fútbol: hinchas y socios siguen ingresando, unos suben, otros bajan entre el gentío, van por las escaleras pintadas, se oye un murmullo inusual para un partido de reserva.

“El rulo” apura el paso. Se asoma entre algunas cabezas en busca de alguna explicación. En ese instante, otro -que se acomoda en la platea de siempre- lo codea: “viste, ¿viste? Qué fenómeno este Kurt.” Y, con la pelota ya en la red, el mundo, su mundo queda inmortalizado.

Arriba de todo, al costado, y contra la pared de la tribuna que toma su forma de domingo por la tarde (separa los gritos, los saltos, los bombos del mundo irreal), hay uno sentado codo a codo con su abuelo. El abuelo ofrece la cara al sol de marzo, ese sol cálido y compañero. Ese sol de fútbol por la tarde. “El Ville”  lo ve todo, lo siente todo. Mientras mira de reojo a su abuelo, las dudas lo invaden como cuchillos filosos en medio de la noche. Pensó en la sombra de su padre. La incertidumbre se apoderó de su cuerpo, de su pasado, de su identidad.  La violencia sutil, silenciosa de no saber, otra vez se presenta en ese único y delicado pase a la red.

BundesLumpen
                                              BundesLumpen

Como si esa inmensa red de miradas que habitan en las canchas pudiera mantener unido al mundo y no lo dejará caer, los inframundos se superponen, se reconocen, se evidencian sutiles, siguen su cauce, entre la aceptación, la sorpresa y la desdicha. Ya nada será igual, la decisión está tomada.

 

 

Cárcel a Videla y todos los milicos”

Gritó su remera blanca con letras negras, pegada al pecho en tiempos de gol. Y para siempre.

 

TODOS ATRÁS Y KURT DE 9

 

“llegó como un gorrión hizo la cola de la vida 

le dieron un modelo de corazón que no se usaba…”

(Roberto J. Santoro)

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Kurt Lutman hizo las inferiores y debutó en Primera en el club de su pasión, Newells Old Boys de Rosario. También pasó por Godoy Cruz de Mendoza y Huracán de Corrientes, además de formar parte del seleccionado Sub 17 en 1993. Sin embargo, quizás se lo recuerde más por algunas de sus acciones sin pelota. Por ejemplo, enfrentó al presidente del equipo rosarino, Eduardo López.  Aquel 20 de marzo del 2000 lo bajaron a reserva, como castigo: adoctrinamiento singular a su incesante rebeldía.

Hoy Kurt sabe que, en el ambiente del fútbol, fue un distinto, pero no siempre lo enfatiza: “somos muchos más de los que muchas veces los grandes medios quieren mostrar; el jugador de futbol siente y ejecuta como puede y somos bichos nobles. Algunos habremos encontrado algún lugar de militancia (Lutman lo hizo en H.I.J.O.S.), o alguna forma más armadita, pero en general cuando, por lo menos en Rosario, la cosa se pone fulera y se necesita una mano o hacer un partido a beneficio por alguien que está mal o por alguna fecha histórica, la monada levanta la mano al toque(…)al fútbol hay que disputarlo  porque es nuestro, no se lo pueden quedar ellos, les vamos a ganar… o a empatar”

 

Kurt, además de todo y contra todos eligió decir lo indecible. Ofrecerles voz singular a esos potreros del barrio, a esas derrotas dolorosas. A la militancia. A sonreír entre mates compañeros. A esas gambetas irreverentes. A los espacios vacíos. A los goles imposibles. A esa música que baja desde la tribuna.

En relación al gol que festejó, mientras pedía cárcel para el genocida Videla, Lutman recordó: “en realidad eso ya se había hecho; lo mío fue en el 2000, pero un año antes Mauro Javier Amato lo había hecho en Atlético de Tucumán mientras Antonio Domingo Bussi era gobernador; en ese marco se levantó la camiseta y peló una remera de las Madres ¿Cómo no lo iba a hacer yo en Rosario que el gobernador no era genocida?. Nosotros fuimos copiando y mirando a los más grandes, 500 años de historia, 500 años de resistencia y en el futbol también pasa, fuimos copiando a los más grandes y fuimos viendo que no solamente es importante la camiseta de arriba sino también la que llevamos abajo, porque uno tiene un montón de cosas para decir”.

 

OJOS BIEN ABIERTOS

Lutman nació en 1976 y, durante los 7 años de dictadura, estuvo sin documentos, porque a sus padres no les aceptaban el nombre elegido para él: no se aceptaban nombres extranjeros. Sí se aceptaban multinacionales extranjeras, sí aceptaban que viniera la Shell y desguazara, pero no que un paisano se llamase con un nombre raro. Hasta hace poco, yo sentía que esto del nombre y el documento era un detalle más, pero siento que me marcó. Y, a la hora de poder escribir, tomo como uno de los tantos ejes que hay en el futbol y en la vida, el de lo que fue la dictadura, de lo que fue la fecha donde nuestra camada estaba naciendo y simultáneamente los compañeros, los militantes, los de los ’70, andaban corriendo por las calles, jugándose la educación, la salud pública para nosotros, que estábamos naciendo en ese instante. Así que pelar una camiseta en una cancha es un pequeñísimo homenaje que uno puede hacer para devolver algo de todo lo que hicieron los compañeros que pusieron el cuerpo”

 

Represion

Y si de poner el cuerpo se trata, en relación a eso, el tiempo instaló versiones. Dicen que se fue, dicen que está, pero todos coinciden en que siempre volverá. Y así se presenta, mientras reescribe el pasado, reconfigura los registros de la historia, los fantasmas de la violencia. Vino a buscar el olor del mundo que perdimos. Sabe que el pasado quiere desligarse de sí mismo, mientras opera con gran desdicha. Por eso, mientras el pasado quiere esconder lo no dicho, hay gritos “Lutman” desde el propio corazón que retumban más fuerte entre los ecos contrapuestos del tiempo.

Gritos- necesidad, gritos-trazos. Ese trazo que se completa en cada una de las miradas, ese trazo que sigue el curso del nervio óptico y avanza, en cada párrafo visto o leído a tono firme. Y así y en cada domingo, sus ojos serán los más abiertos.

Simplemente Kurt
                      Simplemente Kurt

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