Ultraviolento: Sobre “Epecuén” -laguna sagrada- y sus restos de escamas crónicas.

Por Verónica Pérez Lambrecht

 

ESPEJITO, ESPEJITO

1985. 10 de noviembre. Tras meses de intensas lluvias, resistencia a las inclemencias de la naturaleza y luchas de poder, el terraplén cedió su contención en la madrugada. Lo que vino después es una historia conocida, al menos, por quienes la vivimos de cerca.

Al oeste de la provincia de Buenos Aires se engarzan, como piedras preciosas, seis lagunas cuyo destino es nacer y morir en tierra. No fluyen al mar como los ríos, pero se alimentan una de la otra, mientras simulan una cascada. La cuenca endorreica lleva el nombre de Sistema de las Encadenadas del Oeste: Laguna Alsina, Laguna Cochicó, Laguna del Monte, Laguna del Venado, Laguna La Paraguaya y Laguna Epecuén. Este último espejo de agua, manso y de aroma astringente, recibe, además, los aportes de otras lagunas y de varios arroyos, que bajan de las sierras del sistema de Ventania y provocan la constante oscilación del nivel de sus aguas. Tierras de la pampa húmeda, coronadas con los sistemas de Tandilia y Ventania, de escasa pendiente hacia el mar.

reflejo y realidad. Patricia C. Bonjour

Así, ubicada en el fondo de una depresión, la laguna sólo disminuye su nivel de agua al evaporarse. Hiperhalina. En porcentaje, tiene diez veces más sal que el mar, cantidad sólo comparable con las aguas del Mar Muerto, ubicado entre Israel y Jordania. Por supuesto, no prospera la vida animal dentro de ella. Probablemente, sea un “residuo” de océano, que permaneció allí cuando las aguas escurrieron, durante la era glaciar.

 

EN EL DIARIO HABLABAN DE TI

Existen períodos de lluvias intensas seguidos por sequías. Los originarios los conocían y respetaban esta naturaleza. En tanto, nuestra civilización montó pueblos y sembró campos sin considerar este factor, estudiado desde antaño por el antropólogo Florentino Ameghino. La provincia debería tener una infraestructura hidráulica tal que, en una etapa, acumule aguas y, en la siguiente, disponga de ellas. Sería prudente, también, evitar montar pueblos donde un día arrasarían las aguas.

Así relata Roberto Hugo Laspiur, en la contratapa de su libro “Cien días en la Inundación de Epecuén. Crónica de una criminal inacción”: “‘El panorama es realmente dantesco. La situación es verdaderamente crítica en toda la Cuenca’, manifestaba el ministro Castro, mientras sobrevolaba la zona con el gobernador Armendariz.”. Y continúa: “El diputado Hirtz (actual intendente, 2015-2019) declaraba en ‘La Prensa’: ‘El caudal de agua que ingresa en la laguna Alsina es de tan tremenda magnitud que los técnicos de la Dirección de Hidráulica no se animan a estimarla por no entrar en gruesos equívocos. Lagunas y campos aledaños son una misma cosa y la vista se pierde dentro de una inacabable masa de agua. No se visualiza solución alguna a tan tremendo problema, como lo es el incontrolado avance de las aguas que no reconocen freno alguno, no obstante los esfuerzos sobrehumanos que se realizan para contenerlas”.

paseo de verano. Archivo HAP
paseo de verano. Archivo HAP

alguna vez fue pileta. Patricia C. Bonjour
alguna vez fue pileta. Patricia C. Bonjour

Roberto H. Laspiur narra las circunstancias en las que se formó la “Comisión Representativa de las Fuerzas Vivas e Instituciones de Carhué y Epecuén”. Hombres y mujeres debieron luchar para trascender la más dura destrucción vivida, ponerse en pie y continuar, ante la abulia de los gobiernos que no supieron estar a la altura del desastre.

“‘La Nación’ informaba que la Dirección de Hidráulica intentó en vano una medición con instrumentos específicos. ‘Los medidores revientan por la excesiva presión del líquido. Esta circunstancia torna impredecible la altura que finalmente alcanzarán las aguas de Epecuén y conforma un factor de incertidumbre que se une a la lógica angustia que experimentan los habitantes de Carhué, que intuyen una posibilidad de riesgo cuanto mayor resulte la altura del nivel del lago’ (…) La ruta 65, que hacía de terraplén estaba al límite del descontrol total. El agua la superaba (…), con un caudal de ochenta centímetros sobre el pavimento. Las catorce compuertas estaban abiertas. Si se rompía la ruta (…) No quedaría nada.”

En efecto, el texto citado manifiesta el claro descontrol de la cuenca y más allá. La expresión ‘estar a la buena de Dios’ era sin duda la más certera.

todas tus ruinas. HAP
todas tus ruinas. HAP

En el mismo libro, Laspiur cita una entrevista realizada por el Centro de residentes carhuenses en La Plata, a Oscar “Chiche” Bonjour (1986), una persona emblemática en la zona, evacuado de Epecuén, a quien su liderazgo en la lucha por ambos pueblos lo llevó a ganar la intendencia durante los años posteriores (1995-1996, hasta su muerte). Chiche no tenía un pasado involucrado con la política. A primer concejal, llegó por su compromiso con la sociedad y de la mano del partido peronista, en oposición al partido radical, que había gobernado históricamente la zona, incluso en el desventurado 1985.

“Carhué tenía una gran industria sin chimenea que era Epecuén. Nosotros recibíamos las divisas de una gran masa de turistas que era volcada casi con exclusividad en los comercios de Carhué y la zona. Eso se perdió para siempre. En la parte social daba trabajo a mucha gente de la zona, que trabajaban algunos durante la temporada y otros todo el año. Es decir, había mucha gente que dependía y vivía del turismo de Epecuén. En este momento la situación social es gravísima, los evacuados sacaron lo más indispensable o lo que pudieron y Carhué debió albergar a más de mil personas. Fue difícil. Muchas personas se alojaron en colegios, en casas de familia, otros en corralones, en galpones.Tristeza en aquellos que vimos perderse bajo las aguas el sacrificio de nuestras vidas, las cosas más queridas y la de las generaciones anteriores. La masa de agua que avanza sobre Carhué y la cota de 98,60 que ha manifestado el Director de Hidráulica, hace que la gente se sienta aterrada. Esta cota vale si no llueve. Esto trae como consecuencia que la gente de Carhué ha paralizado ya las obras; quien construía ya no lo hace, quien pensaba agrandar su negocio no lo agranda, todo el comercio está paralizado. Vale decir que la situación actual de Carhué requiere el inmediato apoyo político de parte de la Provincia para solucionar su espada de Damocles, el problema aguas arriba. Por otro lado, se presenta el problema de la ausencia de cloacas y al estar la napa freática tan alta se hunden las calles y veredas, las casas se rajan, se aflojan los cimientos, se hunden los sanitarios. Es decir, estamos viviendo una realidad que no reflejan los diarios, ni los noticieros, es como si nosotros viviéramos en un mundo aparte. Sin embargo, se hace hincapié en el problema de Guaminí, como si el mismo fuera más grave. Hace unos días el Ministro de Acción Social el Dr. Pablo Pintos manifestó que el problema no era tan grave; yo quisiera preguntarle si la gente que perdió el sacrificio de 35 años de trabajo no es grave. Si mil personas que han perdido todo lo que tienen en la vida no es grave, porque si el problema es la densidad de población, en Epecuén ha sido evacuado el cien por ciento de la población. En el año 1983 el Gobernador nos visitó en campaña proselitista, manifestando que las inundaciones de las Lagunas Encadenadas lo tenía ya resuelto porque tenía los técnicos y los medios para buscarle una solución. Lamentablemente, pasaron dos años que hubieran sido quizás suficientes para llegar a corregir el problema o por lo menos para llegar a paliar la emergencia de Epecuén. Después de que Epecuén se inundó, el Director de Defensa Civil de la Provincia de Buenos Aires manifestó en el Palacio Municipal, que al día siguiente se cerrarían en Sauce Corto las compuertas que entraban a la Laguna Alsina. Le pregunté si era necesario haber inundado Epecuén para cerrar las compuertas. Porque si la provincia le dio el apoyo político a Hidráulica, ¿cómo ninguno de los ingenieros de Hidráulica sabían realmente que Epecuén a la larga se inundaba y que Carhué corría peligro? Estimo que una persona que no tenga conocimientos de ingeniería hidráulica se puede equivocar, pero un ingeniero hidráulico dividiendo los kilómetros cuadrados que tiene la cuenca del Salado y los de la Cuenca de las Encadenadas y que en definitiva las lagunas aguas arriba son receptoras de tránsito y que Epecuén y Carhué son los últimos destinatarios sin poder evacuar las aguas, ellos como ingenieros hidráulicos no ignoraban que el peligro era gravísimo. La solución debe ser tomada de la Laguna Alsina hacia el Salado y no de la Laguna Alsina hacia Carhué donde no tenemos salida a ninguna parte.La diferencia es sideral con los inundados en el resto de la Provincia. Por lo general, la mayoría de los pueblos que se inundan son receptores de tránsito; el agua viene de arriba y va escurriendo hacia el mar arrasando viviendas, campos, ganados, evacuan las familias, pero ocho o diez días después vuelve a la normalidad, las familias retornan a sus hogares. Yo perdí mi hogar y en este momento debo tener un metro sesenta de agua y de acuerdo a la cota anunciada voy a tener tres metros. Estimo que voy a tener entre diez y treinta años para volver a mi hogar y la diferencia es sideral. Un campesino que le invade el agua del lago Epecuén va a perder su campo por treinta o cuarenta años hasta que se lave el salitre. Aquí hay gente que va a quedar en la calle, gente que ahora se encuentra con que no tiene nada; pero no tiene nada no por siete días como en los otros lugares sino que no tienen nada de aquí para adelante y quizá de por vida. Hay gente con cincuenta o sesenta años. Se encuentra con que tiene que empezar de nuevo sin fuerzas, sin medios y sin ganas de vivir. 

salitre que envuelve. Patricia C. Bonjour
salitre que envuelve. Patricia C. Bonjour

 

BURBUJAS EN EL SUELO

Tenía menos de 10 años. En esa época, en el colegio, jugábamos a la bolita en el patio con tinglado. Marcábamos el opi en algunos agujeros que oficiaban de geiser sin vapor, por la presión que ejercía el agua desde abajo y hacía saltar a las bolitas por los aires. Era divertido. También nos conmocionaba, asustaba y maravillaba ver el suelo hundido en medio del salón de actos, donde formaba una burbujeante laguna de barro.

amenaza y furia. Patricia C. Bonjour
amenaza y furia. Patricia C. Bonjour

Esa tarde nos arrodillamos todos a pedir que dejara de llover. No lo olvido más. Estaba en cuarto grado. Iba a un colegio de monjas, así que teníamos el rezo como primer escudo. Rezábamos y llorábamos. La lluvia no paraba nunca. Mamá nos buscó a mí, a mi hermano y tal vez a algún otro. El auto era una canoa al estilo Venecia. El agua ocupaba todo el ancho de la calle y casi todas las calles. Ese fue el último día de clases. No sé qué día exactamente, pero cerca de aquel 10 de noviembre. Mi casa estaba -y aún está- en una cota alta, a 107 m IGM.

El siguiente recuerdo que tengo es viajar en tren para ayudar y volver con la gente de Epecuén, atiborrada de cosas. También guardo un recuerdo no muy santo, pero que cuenta de mi inocencia de entonces: yo quería que el agua nos llegara, así nos íbamos a vivir a Córdoba. Yo se lo decía con mucha soltura a Sarita, una evacuada, y ella me contestaba con amor:

– No es lindo lo que decís…

Sarita y Horacio fueron a vivir a casa. Mamá les preparó una habitación. Como manifestara Chiche, el pueblo ofreció casas y las escuelas se convirtieron en un regadero de colchones. Ellos eran dos jubilados, a quienes la tragedia convirtió en la más hermosa familia que nos pudiéramos haber imaginado.

Sarita era concertista de piano. Llegó a Epecuén unos años antes con un reuma que le había agarrotado los dedos. Fue tan bueno y saludable el cambio que se quedaron, compraron una casita y varios amigos los siguieron. La tarde en que la desgracia les llevó a casa, ella no pudo encontrar mayor sorpresa cuando se abrió la puerta. Casi sin aliento atinó a decir:

– Un piano.- Mi hermana estudiaba en el conservatorio desde hacía años. Pero mi hermano y yo fuimos bendecidos con la mejor maestra: Sarita.

Tardaron un mes en salir de la habitación que mamá les había asignado. Pasaron nueve meses con nosotros y, a pesar de que ellos habían perdido una hija de 20 años y eran candidatos firmes a ser nuestros abuelos putativos, jamás les dijimos ‘abuelos’. Horacio y yo teníamos debilidad el uno por el otro. Él se fue primero, ella llegó casi a los 90 y aprendió a manejar a sus 83.

 

BENDITAS LÁGRIMAS: LAGUNA SAGRADA

Epecuén se llama la hermosa india, hija del jefe de la tribu. A la entrada de la carpa del jefe, se apiñan los caciques para un conciliábulo: quien en las próximas peleas demuestre más valor será el guerrero que acopiará el mayor botín y el elegido dueño de la sin par doncella.

Ese día llega y las tribus rivales huyen acobardadas ante el empuje de un solo hombre: Carhué, el joven ungido en la lucha bravía, para unirse a la divina Epecuén. Ella se siente deslumbrada. Se aman, se adoran, se idolatran.

Pero pocos días antes del casamiento, una circunstancia inesperada trunca las ilusiones: el hermoso Carhué contrae una extraña dolencia que reduce su organismo a una inmovilidad absoluta, a un cuerpo sin voluntad, al borde de la muerte. Ella, percatada de su infortunio, corre en la noche a campo traviesa hasta caer desfallecida. Llora, llora mucho. Las lágrimas fluyen abundantes. Tan abundantes que, poco a poco, semejan un delgado manantial. Y, al fin, de Epecuén no queda nada. Sólo una pequeña laguna de lágrimas. El dolor ha convertido al lugar en esa cuenca de ternura acuosa, tal vez, su alma convertida en lágrimas, nada más que lágrimas.

el sol en la espuma. Patricia C. Bonjour
el sol en la espuma. Patricia C. Bonjour

Enterado Carhué de la desaparición de su amada, pide a gritos a sus amigos que lo lleven por los verdes prados en su búsqueda. Después de un largo peregrinar por las llanuras pampeanas, se detienen ante una laguna de linfas claras. Carhué cree percibir una voz dulcísima que lo llama. Se emociona, ordena que le ayuden a entrar en la laguna: el milagro es inmediato. Carhué sale de la laguna, sano, vigoroso, ágil.

¡Bendito seas poder del amor, emanación divina! El amor ha creado, sobre el corazón destrozado de una virgen, esa laguna sagrada para bien de los dolientes.

Epecuén está bendito por el sacrificio. Prodigio suyo es el milagro de curar todos los dolores.

 

LA SAL DE LA VIDA

Por los años ’30, Epecuén era un destino turístico a la altura de Mar del Plata, a tan sólo 550 km de la Ciudad de Buenos Aires. Desde entonces, no dejó de crecer. La población estable rondaba las 1.200 personas. Hacia la década del ’70 recibía 25.000 turistas durante la época veraniega, contaba con 6.000 plazas hoteleras declaradas y 250 establecimientos comerciales.

la llegada-la partida. Patricia C. Bonjour
la llegada-la partida. Patricia C. Bonjour

Sus aguas, reconocidas mundialmente por sus propiedades curativas, cobraron una altísima fama. Embellecido por sus rojizos atardeceres, sus espacios verdes, sus colonias de flamencos rosados, sus paseos, su arquitectura salamónica [1] y por un magnífico complejo termal. Un verdadero paraíso.

al revés. HAP
al revés. HAP

A su vera, los turistas y lugareños han vivido experiencias inolvidables. El fango de la famosa salina húmeda, las termas construidas con sus aguas y los simples baños en el remanso han obrado prodigios. “‘No es un milagro. Estudios realizados desde 1896 explican que la altísima condensación de minerales en conjunto con la gran salinidad producen efectos ciertos en el organismo’, decían en aquel entonces, los profesionales que recomendaban bañarse en las salinas aguas del lago Epecuén” [2].

los árboles con sus dedos atrapan el sol. Patricia C. Bonjour
los árboles con sus dedos atrapan el sol. Patricia C. Bonjour

Sus aguas se han aprovechado para combatir la depresión, afecciones reumáticas y de piel y agotamiento psicofísico.

 

CRÓNICAS COLATERALES

Aquellos hechos y leyendas son conocidos por muchos de quienes hemos habitado esos lares y por algunos cuantos visitantes. La que sigue, en cambio, es la crónica de mi amiga, Ema Regina Doorich, quien no sólo sobrevivió la inundación, sino que -a partir del 10 noviembre del ’85- se cargó encima una psoriasis pustulosa generalizada, enfermedad psicosomática de la piel que se hizo crónica.

Aquel día se trasladaron con su familia a una zona más alta, a una quinta en las afueras de la Villa. Llegaron a Carhué, a 8 km de lo que era Epecuén, para el inicio de clases del año siguiente, marzo del ’86, momento en que apareció la enfermedad. La biopsia data de julio de ese año. En rigor de verdad, desde los 3 meses, tenía tenues problemas de piel tratados como alergias. Pero todos coinciden en que las aguas, como una caja de Pandora, desataron más de una tragedia.

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

Regina era paciente del Dr. Enzo Gasparri quien, al primer brote masivo, la llevó en su auto al Hospital de Niños de La Plata. Allí la medicaron sin mayor certeza de cuál era la enfermedad y la enviaron de regreso a casa. La medicación, lejos de mejorar, empeoró el cuadro, por lo que fue trasladada de urgencia al Hospital Regional Penna, de Bahía Blanca. Regina llegó entrada la noche, acompañada por Enzo. Cuando la recibieron en la guardia, tenía la ropa interior incrustada en la piel. Los enfermeros se la cortaron con una tijera:

– ¿Con qué se quemó esta nena?

 

EXPERIMENTAL

Hacía frío. Pasó allí el Día del Niño de ese año. Al principio la trataron con gasas furacinadas y corticoides. Luego de unos meses, comenzaron a medicarla con una droga en etapa experimental, acitretina, un tipo de retinoide. Desde aquel momento, es médico de Regina el Dr. Oscar Álvarez, eminencia a nivel nacional en dermatología. El nuevo medicamento presentaba efectos secundarios, como caída de uñas y de cabello. Fue tratada allí, en sus recurrentes ataques, hasta que los médicos decidieron no continuar con ese medicamento a prueba y derivarla al Hospital Garrahan de Buenos Aires. Con los años, al mejorar sus efectos adversos, la droga cambió su nombre comercial. Entonces Regina pudo retomar ese tratamiento, que continúa hasta el presente.

desgarro en el tiempo. Patricia C. Bonjour
desgarro en el tiempo. Patricia C. Bonjour

 

UN LIBRO DE ANECDOTARIOS

– No tengo registro de cuándo me enfermé, no tengo consciencia de cómo llegué, me acuerdo de cuando me despegaron de la cama, a partir de ahí… ¡Cómo es la cabeza, no!- me dice, con una integridad que me pasma, a pesar de los años que la conozco.

Por si algo hubiera faltado, tenía resistencia a las aspirinas. Con fuertes dolores de cabeza, la abuela Ema le hacía hacer control mental para disiparlos. ¿Cuántos años? Apenas unos 13. Le llevaba torta escondida en la cartera, porque no podía comer cualquier cosa. Pero, al fin y al cabo, era una nena y algún mimo prohibido también necesitaba.

 

PIEL DE BEBÉ

1990. Fue amor a primera vista. Nos topamos en la puerta de 2do año. Primer día. No recuerdo por qué se cambió de colegio, pero ahí estaba. Ahí estábamos. Nos sentamos juntas y comenzamos a estudiar y a “yirar”. Teníamos un grupo diminuto de amigas, porque tampoco éramos muchos. Transitábamos una pre-adolescencia sana y divertida.

Cualquier eventualidad le implicaba un shock. No tardó en somatizar, probablemente, el cambio de escuela. Ya le había pasado antes. Entonces, la catarata de información me empezó a llegar sin pedir permiso. La cabeza se me llenó con sus anécdotas y, como si las hubiese vivido con ella, las recuerdo a casi todas. El cuerpo sufrió una metamorfosis de llagas, no se podía mover y yacía en la cama. Yo le acercaba la tarea, estudiábamos como se podía. La vida seguía, nada nos haría detener. A veces, llegaba para cuando estaba recibiendo su baño de inmersión. Entonces, Teresa, la mamá -siempre absolutamente presente-, me daba el paño con maicena para que se lo pasara y así arrastrara sus cascaritas. Sentía miedo de lastimarla. La bañaba con toda la ternura de la que era capaz a mis 14 años. Era un proceso intenso, que sellaba nuestra amistad, sin duda. Creo que en algún momento se convirtió en rutina. De a poquito, su piel se descamaba. Y nos mirábamos y nos reíamos. Ella, como podía. Cuando ya había pasado por todas las etapas, le quedaba “piel de bebé”, rosada y suave. Daba impresión tocarla, pero lo peor ya se había ido.

huellas en la playa. Patricia C. Bonjour
huellas en la playa. Patricia C. Bonjour

¡Si habremos llorado!

– A veces siento que pago culpas que no son mías, no hice nada, ¿por qué tengo que vivir esto?-.

Y vuelta otra vez. Pasamos así el día del amigo, alguna internación en Bahía Blanca. Y los 15. Todas las fotos de mi cumple tienen la cara rosada de Regina, recién salida de un cuadro. Recuerdo algún viaje en el camión de Dori, así le decíamos a su padre. Esa vez, tardamos una eternidad. Caía la última helada de noviembre. Llegué y no sentía las piernas, pero le daban el alta a Regina. Era imposible perderme el ir a buscarla.

 

DE OTRO MUNDO

Con el tiempo y la droga ya aprobada, logró salir de aquellos cuadros repetitivos a tan corto plazo. Nos recibimos. Estudiamos cada una en ciudades diferentes. Nos distanciamos porque la existencia tiene también de eso.

Volví a verla en una habitación de la maternidad, después de dar a luz a su hijo. Para hacerlo, había tenido que dejar su medicación por un año y también durante el embarazo. Con el cuerpo esculpido completamente por escamas pustulosas y la sonrisa colándose en su mirada, al verme, dijo:

– Siempre estás en mis peores momentos-.

No lo creo… más bien siento que pude haber estado más y no lo hice.

salitre que penetra. Patricia C. Bonjour
salitre que penetra. Patricia C. Bonjour

La vida luego no fue precisamente generosa con mi amiga Regina. Como escapada de otro mundo, ha conseguido una dignidad, una templanza y una entereza que a muchos valientes sacaría varios cuerpos de ventaja.

 

RELIQUIAS CRÓNICAS 

Alguna vez, cuando las aguas bajaron, también Regina se animó a volver y ver las reliquias de su pueblo. Y no fueron los únicos restos: la violencia de las pústulas se hizo carne crónica. Los episodios severos dejaron de tener alta frecuencia. Pero desde entonces las llagas agreden su cuerpo: en la panza, la espalda, las extremidades, el rosado rostro.

salitre y tierra. Patricia C. Bonjour
salitre y tierra. Patricia C. Bonjour

 

SIN RETORNO

Estábamos juntas en la presentación del libro de Patricia Bonjour. Pat fue nuestra profesora de Lengua y Literatura y una gran líder durante parte de nuestra adolescencia. Hija de Chiche y oriunda de Epecuén, presentaba su libro de poesía existencial y fotografía “Palabra y Vida”. Fue una celebración muy emotiva, por lo que sentimos por ella y porque el dolor de la desaparición de Epecuén siempre hace ósmosis en nuestras almas. Patricia estaba estudiando en Buenos Aires aquel 10 de noviembre.

– ¡No vuelvas!- le había dicho el padre.

Es que la realidad era tan fuerte. Como Patricia dijo en su presentación: “No había lugar a donde volver”.

caminos sin destino. Patricia C. Bonjour
caminos sin destino. Patricia C. Bonjour

Entonces, tomé aire y le pregunté a Regina cómo hacía para poder soportar aquello. Me miró de reojo y agregó:

– ¡Meditación!-.

la araña no deja de tejer. Patricia C. Bonjour
la araña no deja de tejer. Patricia C. Bonjour

 

LA REIVINDICACIÓN DE LAS AGUAS

Las aguas de la laguna son curativas, lo fueron y lo serán. La pequeña ciudad de Carhué se levantó de la muerte de la Villa Epecuén y ayudó a sus habitantes a sobrevivir la desgracia. Todos quedamos diezmados. Pudimos sentirlo de manera diferente, pero ninguno resultó exento.

Alguna vez escuché que era el “Carhué-trophic”, imposible de transitar, lleno de pozos y arruinado por completo. Las casas cargadas de humedad por la impregnación de las napas. ¡Y ese olor a salitre!

Durante los años de mi carrera de grado noté cómo, poco a poco, la ciudad se reconstruyó. En cierto sentido los habitantes del pueblo la refundaron, acogieron a los habitantes de la Villa y los hicieron parte -aunque percibo que muchos se han sentido ajenos-. Arreglaron sus casas, sus calles y, entre indemnizaciones y otras yerbas, levantaron nuevos hoteles y spa. Ahora es un destino turístico acogedor.

La economía de Carhué se basa en un modelo agrícola-ganadero. En tanto que, históricamente, el turismo estaba en Epecuén. La inundación trajo con las aguas una reestructuración de esa economía, un mix entre ambas, aunque en menor medida, la turística. En la actualidad cuenta con aproximadamente 1.000 plazas. Es importante destacar que persiste el inconveniente: el nivel de las aguas es fluctuante y hay que reacondicionar todos los años los espacios públicos aledaños a la laguna.

los flaméricos. HAP
los flaméricos. HAP

Además de curativas, en el verano de 2017, las aguas adquirieron fama por obtener el Record Guinnes al sostener, sin accesorios, 1.941 personas a flote y tomadas de la mano por más de 2 minutos.

Las aguas te flotan.

Las aguas te curan.

Aunque no todos tenemos tanta suerte.

Y Epecuén, como dice mi amiga Regina:

– ¡Epecuén habla solo!-.

duerme mi Epecuén. HAP
duerme mi Epecuén. HAP

 

[1] Francisco Salamone, arquitecto e ingeniero italiano, quien durante los años 1936 y 1940 sella una fuerte impronta arquitectónica en los pueblos de la provincia de Buenos Aires. Son característicos los mataderos, edificios municipales y portales de cementerios.

[2] http://www.produccion-animal.com.ar/temas_historia/125-LAGO_EPECUEN.pdf

Foto de portada por Juan José Stork: FOTOMONTAJES

 

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