Ultraviolento: sobre una realidad que agobia.

Por Nora Lomberg

1-UN DÍA CON EL AUTO
Voy a hacerme una tomografía. Me apura la vesícula y duele entre noticias: cerraron otra fábrica y hay un corte de calles en la esquina de Gascón y Córdoba, precisamente hacia donde me dirijo. Me maquillo en los semáforos. Para que me apure, el conductor de atrás hace luces, le revienta que me pinte los labios.Y, cuando en una esquina me sobrepasa, grita:
– ¡Boluda!- mientras acompaña con el infaltable dedito fuck you.
Me río por dentro. No sé por qué se enfurecen así. Arremeto con el delineador.
Sigue la radio, entre espasmos: parece que desaparecieron a un muchacho, en El Bolsón.
Pienso en qué calle doblar, no tengo margen de tiempo para un corte, un colectivero me cierra el paso y me toca la puerta del lado derecho.
– “No te hice nada, MAMÁ”-.
Se raja y no logro anotar su número de chapa ni su interno. Me bajo, miro la abolladura. Empiezo a sentir calor, a pesar de los tres grados y el viento.  Sigo, falta poco, el rouge con rojo furia se me corre de la comisura de los labios en un volantazo, cuando una moto me toca el espejito.
– Pelotudo- le grito sin razonar.
Desganadamente, aprieto el acelerador de una realidad que agobia. Qué habrá pasado con ese muchacho, pienso. Recuerdo esos días en el sur, la feria artesanal de la que hablan. Estuve ahí.
Pongo las balizas y un auto me ocupa el lugar, siento la furia, me duele el cuerpo, mientras entro a la playa de estacionamiento, cincuenta la hora. Pero llego a tiempo, presento mis papeles para el estudio, la señorita me indica que tengo una hora de demora. Le explico: estoy sin comer desde anoche. No me mira ni me escucha.Goza de su ventaja. Así es su juego, su adhesión a la causa. Me atiende un médico desganado, sin rostro: pase, acuéstese, gire a la derecha, ahora a la izquierda, no me gustan sus riñones, hágase ver. Quiero salirme, revelarme al final del periplo y esperar por un cielo mejor.

2- SANTIAGO MALDONADO: UNA ORFANDAD DE FUTURO
1 de Agosto.
Nos habita su ausencia en los bolsillos de sueños, tatuajes de rostros tristes, cielos repletos de humo, sonidos metaleros. Falta Santiago en las calles del Bolsón de los Cerros, allá, en el sur de las utopías, en los tatuajes y murales que proclaman silencios. Está desaparecido, no extraviado, ni ahogado, padecemos una orfandad de futuro, una sentencia. Su amigo Ariel lo buscó por la feria, lo llamó y le respondieron botas.
Falta a la mañana. En la ciudad, suena el despertador y no hay noticias. ¿Acaso importa qué día es?, ¿qué hora es? ¡Qué haremos con esta ausencia! Falta al mediodía entre churrascos con ensalada, paradas de subte, colectiveros malhumorados. Falta, mientras escribo estas líneas con dolor en el pecho, con lágrimas de espanto, otra vez un joven, -y solidario y hombro con hombro-.
Te estamos buscando, compañerito, en las miradas silenciosas, entre las barbas de tantos pibes que andan por ahí. Vos en ellos, ellos en vos.

3- ALELÍ
A Susana le pega el marido, el padre de sus hijos. Tiene miedo, baja la cabeza y sigue.
-Si lo denuncio, yo sé que me va a matar. Doctora, aguanto por ellos, esos niños de mirada traviesa que corretean el día. Juan no era así, empezó a ponerse malo cuando lo echaron de la empresa, hace tiempo ya. Se hizo remisero, en el barrio de enfrente. Ahí no hay buena junta, yo lo sé por mi primo, que se lo cruza por las tardes. Se emborrachan ahí y no sé qué más toma. Pero siempre anda enojado. Si no le gusta lo que cocino, me da un cintazo. Si me llaman de la escuela por Federico, me grita y me insulta, me dice puta, boluda. La más chiquita todavía se hace encima y le tiene miedo.
-¿Adónde nos vamos a ir nosotros, Doctora?-, me dice en la entrevista.- No sé qué puedo hacer, en la comisaría lo conocen todos. Le van a contar si lo denuncio. Yo lo que necesito es que me ayuden con Federico, porque le pega a los chicos en la escuela.

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4-NOS PEGAN

Somos pegados desde el fondo de nuestra historia. Ese apedreo nos viene de lejos. Cada uno con la medida de su tiempo, así aprendemos a leer nuestra hora y la de nuestros objetos. Entonces, llegan temprano o tarde. Cuántas veces danzan los malos tratos junto a las utopías, los golpes con los gritos de libertad. Con el horizonte fijo en lo que vendrá, se nos pierde el hoy en miras del mañana. Tal vez se trate de habitar el día de otra manera, de estallar emancipaciones cotidianas,  de hacer diferencias con los minutos. Al fin y al cabo, este pantano espeso es la vida, no una línea recta.

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Salvador Dalí. La persistencia de la Memoria. 1931

 

 

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