¿HAY VIDA MÁS ALLÁ DEL PENTAGRAMA?

 Por Víctor Dupont

 La celebración: Una lectura de “El arte de la fuga”, de Luis Sagasti y Ana Sanz Durán

MÁS ACÁ DEL LIBRO-CONSTELACIÓN

Mucho se dijo sobre la condición de objeto de un libro. Su propiedad de cosa parece indiscutible y lo vemos disuelto en la orfandad típica de todas las cosas. Pero el “libro-objeto” está en un borde de convención. Supone que quienes lo crean se toman libertades imposibles para otros formatos. También, su uso ha marcado una historia entre las intervenciones surrealistas y, finalmente, en las intenciones didácticas de las maestras de “artesanal y técnica” de las escuelas.

El libro-objeto, en verdad, propone una luz distinta para mirar. Un ángulo más visual que gráfico. Un plano, en vez de un mapa.

La propuesta de Sagasti y Ana Sanz Durán abre la celebración de lenguajes. Un bello ejercicio donde acuarelas y relatos poéticos danzan. Danzan, pues el canto resultante, la música, es una musa fundamental en Luis Sagasti.

Fuga. La fuga remite a su primera novela-constelación “El canon de Leipzig” y resuena también en la siguiente, “Bellas artes”.

Sabemos, el templo sagastiano se mueve ahí y más todavía. Hay en su escritura un culto al viejo Quadrivium. Lo hemos visto al hombre en sus recitales de música y literatura junto al guitarrista Pedro Rossi, donde  lee relatos breves en torno a las estrellas, lindas variaciones sobre astronomía acumuladas y rescatadas de su otra novela-constelación, “Maelstrom” (reseña también hecha en esta revista, http://www.elanartista.com.ar/del-rompecabezas-al-remolino-y-viceversa/).

IMAGEN 1CÁIDOS DEL PENTAGRAMA

“El arte de la fuga”, este libro-objeto, retoma esa zona de su escritura que tensa  en el microrrelato poético. Como si hubiera dejado de lado las hebras de anécdotas, escenas, personajes “verosímiles”, enigmas y demás artesanías de la novela para escribir climas, instantes y poesía. Aunque tenemos una pequeña trama:

Arnaldo y Ludmila, el coronel Pigafetta, Blas y Blus, son figuras musicales que escapan del pentagrama antes de que la orquesta las ejecute. En esa peripecia, estas criaturas se hunden en los resquicios de las obras clásicas y podrían, si se las indagara, responder si hay vida más allá de la partitura.

Por su parte, Ana Sanz Durán, la encargada de las acuarelas, trenza imágenes alrededor de las letras: las ilustraciones son delicadas y, a su vez, tienen una unión de bucles. Vemos compuestos de animales, elementos, instrumentos, sombrero, plumas. Pero llama la atención una curiosa insistencia en las formas anilladas, en los espirales (otra recurrencia en la obra de Sagasti), los rizos, los caracoles. Poéticas de la trenza o de los nudos. Acuarelas para enroscar. Los dibujos flotan en las hojas, pero suelen anudarse – a veces- en los propios cuerpos ilustrados: una serpiente con cabeza de tucán y cola de caracol (¿o caracol-tucán?), un saxo con boca de pájaro carpintero. En ocasiones,  se enroscan con el paisaje del fondo: arbolitos trenzados con las serpientes-pájaro en sus colas de caracol. En la sección “Coda”, en la página izquierda, vemos anudarse al fin a los objetos con trazo rugoso y libre. Allí, ente trenzas depuradas, rizos, tubérculos, hay una palita irónica y tierna, único objeto que reconocemos.

IMAGEN 2HUÉRFANO POTENTE

Este libro participa de la poderosa orfandad del aire y su vibración, con el intenso y levísimo estrato del sonido.

En música, los sonidos tienen duraciones. Las famosas figuras y su correspondiente silencio. En “el arte de la fuga” las figuras, en cambio, son personajes. Y suscitan narraciones. Esos personajes llevan las virtudes y las velocidades de su convención. Así, se humanizan y las criaturas con nombres no musicales se sonorizan (las comillas indican la frontera disonante entre humano y sonido). El resultado es una partitura o poema con olor a fuga:

“La figura blanca les indicó que, si querían ver mejor, debían dirigirse / a la izquierda, más cerca de la clave de sol. / Y que luego debían desplazarse a otro ritmo. / Lejos de las lágrimas. / Las figuras de los compases que habían quedado fuera jalaron con fuerza / y Arnaldo y sus amigos se despegaron de inmediato. / Se acercaron todo lo que pudieron a la clave de sol, la bruma se despejaba, / el suave rocío iba quedando atrás. Doblaron hacia / la derecha. De nuevo, Ludmila encabezaba la marcha a paso acelerado. / Por encima de sus cabezas se formó un desordenado arcoíris. / Música de un optimismo agresivo, muy contagiosa, / fue acercándose a ellos.”

Este relato poético condensa, quizá, los hilos temáticos más intensos y la entonación más reconocible del libro:

Las figuras como personajes. Los personajes como figuras. La música, antropomorfizada. El problema del espacio, del pentagrama, del blanco (“El arte de la fuga” sabe de los blancos en las páginas). El lugar donde se ubica el sonido, la zona de la letra, el ritmo de los versos o de la prosa o la rítmica melódica.

Lo gráfico.

Lo visual.

Lo sonoro (El libro viene con un CD).

La última sección, “Coda”, da una pista acerca de la cocina de este libro. A la izquierda de la página escrita, la voz “seria”, consigna fragmentos de biografías de grandes músicos que resuenan en los relatos y en las ilustraciones. A la derecha, la segunda voz, la “cómica”, cuenta anécdotas que merecen nuestra atención. (Lo sabemos. Finalmente,tenemos una fuga donde se suma la tercera voz, la acuarela.)

Para terminar, según el señor Sagasti, “Parece que Chopin tenía olor a pata.”  

Y aparece también el eco perdiéndose en el espacio sideral, donde el silencio no tiene fin.

“El pentagrama se estaba terminando. Detrás de la barra final se abría un abismo. Y justo antes de que la ola los alcanzara, lograron saltar. Sissi quedó colgada de una mano, pendiendo del abismo cuando el tsunami se detuvo. Un silencio abrupto se formó. Como si nunca hubiera pasado nada. Y de improviso, un gran acorde de Mi mayor que nadie vio llegar tomó a Sissi del brazo y se la llevó consigo. Nadie quiso mirar. El eco del acorde se fue alejando más y más por el espacio sideral, como si no tuviera fin.”

BACH

Fuga a tres voces:

Preludio número 3, interpretado por Horacio Lavandera:

REFERENCIA DE IMÁGENES

IMAGEN 1 Euterpe, Diosa de la música.

IMAGEN 2 Fuga, por Kandisky

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