Máquina "Bomba" de Alan Turing
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EL CUERPO: Sobre Alan Mathison Turing, padre de la informática

Por Noemí Pomi

LA MÁQUINA, EN SALITA VERDE

En Chatrapur, India, por entonces, dependiente de la corona británica, trasncurrió la infancia de Alan. En esos tiempos, su padre Julius Mathison Turing, era miembro del cuerpo de funcionarios británicos en la colonia. Él y su esposa, Ethel Sara Stoney, querían que su hijo naciera en el Reino Unido. Por eso regresaron a Paddington, Londres, donde nació Alan Mathison el 23 de junio de 1912. El cruce de los genes Turing-Stoney dio a luz un ser humano que, desde muy pequeño, mostró un gran interés por los números, por los rompecabezas y por la lectura: se cuenta que aprendió solo a leer en tres semanas. ¿Cuánto habrán barajado los genes Turing – Stoney, una y otra vez entre: divisiones, sumas, restas, raíces, potencias y múltiplos infinitos para dar un genio matemático como Alan? ¿Cuánto fue herencia?, ¿cuánto, determinación del medio y cuánto, deseo propio? En aquellos años no existían estudios que permitieran determinar esos porcentajes. Tal vez, desde pequeñín, comenzó a trabajarse la que sería una de sus frases más famosas:

“En vez de intentar producir un programa que simule la mente adulta, ¿por qué no tratar de producir uno que simule la mente del niño? Si esta se sometiera entonces a un curso educativo adecuado, se obtendría el cerebro de adulto” (1)

Foto del pasaporte de Alan Turing a los 16 años
Foto del pasaporte de Alan Turing a los 16 años

 

UNA DE CAL Y OTRA DE ARENA

Y Alan dio el presente en el Colegio “St. Michael” cuando tenía seis años. Conocimiento y experimentación y la venia de sus padres, hicieron que, a los ocho años, diseñara un pequeño laboratorio de química en su casa. Sus profesores se percataron enseguida de la genialidad de Turing. No obstante su capacidad, la carrera escolar estuvo marcada por sus aptitudes, por su facilidad en matemáticas y, por su carácter inconformista que le llevaba a seguir sus propias ideas y a apartarse del rígido -e ilógico, según su parecer- sistema educativo.

“Supuestamente, el cerebro humano es algo parecido a una libreta que se adquiere en la papelería: muy poco mecanismo y muchas hojas en blanco” (1).

 

DIOS HA MUERTO

Alan recorría alrededor de 90 kilómetros para ir a la escuela. Con este dato es fácil entender cómo, además de científico, fue un atleta notable, de rango casi olímpico. Con catorce años, sus días comenzaron a correr en el internado de Sherborne, Dorset. Entre libros y experimentos, nació una estrecha amistad con Chistopher Morcom, un compañero un poco mayor que él, un chico más pequeño y delgado de lo normal para esa edad. Ambos compartían su pasión por la ciencia. También Christopher era un alumno bien considerado y premiado por los profesores. Y el primero en tomar a Alan y a sus ideas muy en serio. Para Turing, aquello fue un espaldarazo, una inyección de autoestima, la razón por la que comenzó a comunicar a Christopher sus proyectos y teorías sin miedo a que no fueran comprendidas. Y las confidencias permitieron estrechar lazos entre ambos, obviamente en la escuela, pusieron el grito en el cielo. Christopher fue el primer gran amor de Alan. Mala pasada le jugó la vida a Turing con el deterioro en la salud de Morcom. Él, tras beber leche de alguna vaca infectada, contrajo tuberculosis bovina. La muerte ocurrida repentinamente el 13 de febrero de 1930, no solo se llevó el cuerpo de Christopher, sino también destrozó la fe religiosa de Turing y se volvió ateo. A partir de ese acontecimiento, se obsesionó por comprender los procesos mentales del ser humano, quería entender qué había pasado con la mente de Christopher tras su muerte. Jaqueado por el dolor, de manera casi obsesiva, Alan empezó a estudiar obras que hablaran sobre ello en todas las áreas posibles: biología, metafísica, filosofía, lógica, matemática. Así fue cómo llegó a su primera visión de “la mente como una máquina artificial inteligente”, algo que podría replicarse mediante la matemática.

“Mis recuerdos más vívidos de Chris son casi siempre de las cosas tan amables que me decía” (1).

Rembrant, San Mateo y el ángel, 1661
Rembrant, San Mateo y el ángel, 1661

 

PREMIOS Y PALOS

El concepto de educación de los profesores de Sherbone hacía énfasis en los clásicos de la literatura, no en vano se había refundado en 1550 como King’s Eduard School, una escuela de gramática gratuita para niños locales. Pero la inclinación natural de Turing era hacia las matemáticas y las ciencias. En la escuela de Sherbone, ganó la mayor parte de los premios matemáticos y también realizó experimentos químicos por su cuenta, contra la opinión del profesorado, que tildó a Turing de ambicioso. Y -cuando no- apareció doña envidia, quien lo condenó por su “independencia de criterio”. A pesar de ello, Alan continuó profundizando los estudios que realmente le gustaban y llegó a resolver problemas muy avanzados para sus 15 años, sin ni siquiera haber estudiado aún cálculo elemental.

Pero se sabe: en la vida todo tiene un costo, alejarse de los clásicos literarios le significó a Alan suspender varias veces los finales y en lugar de entrar al Trinity College, su elección inicial, tuvo que conformarse con la King’s, aunque ambas pertenecían a la órbita de Cambridge.

 

A TODA VELOCIDAD

Con el título de matemático bajo el brazo, Alan, se trasladó a la Universidad estadounidense de Princeton, donde trabajó y profundizó sus estudios con el lógico A. Church y el matemático, Godfrey Harold Hardy. De esa época data la conexión de la lógica formal con sistemas mecánicos. Así pudo demostrar, en el campo de la computación, lo que Gödel había demostrado en el campo de la lógica: que existían problemas que no eran computables por una máquina ideal. La incertidumbre de si la verdad puede ser capturada por un sistema formal fue una constante en el pensamiento de nuestro personaje.
Con el estreno de su Doctorado en Princeton (1938) introdujo el concepto de hipercomputación, que permitían el estudio de los problemas para los cuales aún no existía una solución algorítmica. Veamos que es un algoritmo: es un grupo finito de operaciones organizadas de manera lógica y ordenada que permite solucionar un determinado problema. El término suele ser señalado como el número fijo de pasos necesarios para transformar información de entrada (un problema) en una salida (su solución).

 

TANTO VA EL CÁNTARO A LA FUENTE

Con 24 años, Alan Turing ya había completado su mayor contribución a las matemáticas: la triple correspondencia entre instrucciones lógicas, mente y máquina. A este terceto, se lo denominó la Máquina de Turing, pilar de la computación. Fue tal la importancia de su descubrimiento que se propuso denominar turingenieros, a quienes quisieran aplicarse al estudio de esta rama de la ciencia.

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“Aunque nuestra visión hacia adelante es muy corta, podemos damos cuenta: hay mucho por hacer” (1)

 

HIPERCOMPUTACIÓN
“Un hombre provisto de papel, lápiz y goma, y con sujeción a una disciplina estricta, es en efecto una máquina de Turing universal”. (1).

 

EN ESTADO LATENTE

El término criptografía procede del griego. Hace referencia a “criptos” oculto y “grafe” escritura. Literalmente, la criptografía significa “escritura oculta”. Turing también estudió criptología, disciplina que le permitió descifrar códigos. A finales de la primera guerra mundial el ingeniero alemán Arthur Scherbius había creado la máquina “Enigma”. El corazón del mecanismo era el cifrado rotatorio, permitía usarla tanto para cifrar como para descifrar mensajes.

Cuando, en septiembre de 1939, Inglaterra declaró la guerra a Alemania, Turing dejó sus trabajos para dedicarse en exclusiva al desbloqueo de los mensajes cifrados alemanes. En secreto, comenzó a trabajar en el departamento británico de criptoanalítica. Los Nazis contaban con “Enigma”, cuyo código -en apariencia- era inquebrantable. Los militares ingleses se daban de bruces una y otra vez contra las ordenes emitidas por ese mecanismo, sin poder descifrarlas. La cerrazón los abrumaba. Cuando recurrieron a su cantera de científicos, los ingleses dieron el gran salto cualitativo. Turing y otros estudiosos pusieron manos a la obra y crearon una máquina aplicada a una deducción lógica capaz de descifrar, de un pequeño fragmento, un texto entero. Había nacido la “Bomba”. Desde 1939 a 1942, Alan Turing y sus compañeros derrotaron todos los patrones alemanes de la máquina “Enigma”. Conocer cuándo y dónde se ordenaban los bombardeos a Inglaterra y organizar la defensa, permitió contrarrestar los ataques alemanes. El conflicto bélico se acortó en dos o tres años y con ello se evitó, no solo la muerte de millones de personas, sino también el remanente de cuerpos con discapacidades físicas y psíquicas. Los contemporáneos de Alan no conocieron su aporte científico a la solución del conflicto, esos avances estaban cerrados bajo siete llaves, formaban parte del alto secreto de Estado.

Réplica de una máquina "Bomba" de Alan Turing
Réplica de una máquina “Bomba” de Alan Turing

La actividad aplicada en el desarrollo de la Bomba, permitió a Alan tomar contacto con la electrónica a gran escala. Y sí, el momento de Turing había llegado, para “construir un cerebro” como él mismo confesó a Donald Bayley. La hora de poner en marcha la máquina universal y en definitiva de homenajear a los patrones mentales de Christopher Morcom. Alan retomaba impulso, gracias a Chris.

“Las máquinas me sorprenden con mucha frecuencia” (1).

Arte Fractal
Arte Fractal

“El razonamiento matemático puede considerarse más bien esquemáticamente como el ejercicio de una combinación de dos instalaciones, que podemos llamar la intuición y el ingenio” (1).

 

A LA DELANTERA

La vida de Turing, al igual que el pensamiento binario, parecía una oscilación entre dos instancias: el secreto y las contradicciones. Su homosexualidad y la necesidad de ocultarla. Tener acceso a material confidencial y no poder comentarlo. El deber y la libertad, la honestidad y lo oculto, la guerra del pasado y el espíritu del futuro en continuo choque. Turing vislumbraba que la liberación y la modernidad habrían de llegar, pero él ya estaba jugado. Como siempre, un paso delante de su tiempo.

 

CUERPO ATREVIDO

De alguna manera todo comienza, aún imperceptible para tantos de los contemporáneos de ese origen. Veamos qué tipo de singular de hombre resultó Alan Turing. Casi en el anonimato, se animó a darles a las matemáticas una aplicación lejana al uso cuantitativo y a utilizar sus conocimientos científicos en el desencriptado de la máquina “Enigma”. Así, contribuyó a acortar la guerra en, al menos, dos años. Y, con ello, salvó de la muerte a millones de personas. Para dimensionar su tarea, es buen ejercicio evaluar la cantidad de víctimas de la bomba atómica arrojada en Hiroshima, que diezmó a su población en alrededor de 140.000 almas. Tener presente este dato, ilumina en cuánto la ciencia pudo contribuir al rescate de la vida. Asunto que, en general, no es resaltado. Por el contrario, siempre se destaca el modo en que el conocimiento ayudó a la muerte. No sería exagerado concluir que, una vez más, la tragedia vendió mucho más que la salvación. Siempre hay cuerpos atrevidos, que componen territorio con el resto y dignifican con su don a toda la humanidad.

(1) Alan Turing:( Londres, 1921 – 1954): Matemático, lógico, científico de la computación, criptógrafo, filósofo, maratoniano y corredor de ultra distancia.

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1 Comentario

  1. Como siempre Noe, amo ese maravilloso don tuyo para dejar que la literatura se mezcle con la historia y llevarlo de una manera armoniosa a un texto íntegro y placentero. Siempre nos dejas un nuevo saber . ¡Felicitaciones!

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