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La lucha: sobre las faltas en los paisajes cotidianos

Por Nicolás Estanislao

 

 

            Escribir: tratar de retener algo meticulosamente,

de conseguir que algo sobreviva: arrancar unas migajas precisas al vacío

que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco,

un rastro, una marca o algunos signos.”

Georges Perec

 LUCHAS DE BONDI, TREN, SUBTE Y A PATA

2020 y acá estamos. Cuando el 2020 sonaba como el futuro, se pensaba que, llegada esa cifra, habría cohetes en todos los barrios, autos voladores y que toda nuestra comida estaría resumida en píldoras como la de los astronautas.

Acá estamos, muy lejos de ser astronautas de barrio, solo sabemos que internet sigue siendo muy lenta, que cada vez es más complejo comprar paltas, que aún nos amargamos por los colores de nuestros clubes, y que los más niños solo demandan una veintena de televisores diferentes, cada una más caros que la anterior.

También, la luz y el gas están cada vez más caros, a la gente todavía le falta comida, trabajo y estallan rebeliones y puebladas. En casi toda América Latina, se reprime a la gente con una saña desmedida. La incógnita en clave 2020 será qué harán con nosotros. O planteada mejor, qué haremos nosotros para no ser sus objetos de manipulación

La lucha no sabe de futuros, nos habita desde siempre. Y ahí están quienes dan pelea días y noches. Los que se levantan a las 5 AM para tomar el primer bondi, luego un tren  y caminar diez cuadras para completar un recorrido que separa norte de sur. Pan de laburo. Esos la luchan con las manos en los bolsillos y unos auriculares bien pegados a los oídos para no sufrir la vida.

 pin de adriana farrugia en Naoto Hattori

“Hay cosas, estoy segura, que no se pueden contar con palabras” 

Verónica Bicecci Gerber

ESCRIBIR LO QUE NUNCA VA A ENCONTRARSE

La lucha se da, también, cuando se cierra la puerta y estamos del lado de adentro, encendemos la PC, dejamos todo y empezamos a tipear. Nos completamos en cada letra, en cada palabra que nos reconstruye en texto. Nos desciframos en la concreta memoria escrita.

Escribir es nuestro gran paréntesis en la vida. Es mi gran desafió para el 2020, más allá  de que aparezcan o no los autos voladores. Como es la última nota del año, pienso en el futuro. Pienso en el futuro al modo de una lucha perpetua. Sin  certezas pero con la convicción de que siempre se debe escribir.

Si de luchas hablamos -las de acá afuera, las de allá afuera y las de más allá afuera- por todos lados, se grita, se pelea, se transpira reivindicación y poesía, hecha de pinceladas suspendidas en el aire. A veces son solo apuntes. Otras veces, miniaturas reducidas a escombros.

 La Casa Encendida - el ojo electrico

           “Los ojos se vuelven terribles al no tener nada para ver”                     

Gonçalo M. Tavares

CRÓNICA DE LO INVISIBLE

Martes 9/12, 23.30 hs de una noche tranquila, a pasitos de que la esperada y verdadera fiesta del pueblo se desate y se resignifique la lucha, me saco las lentes de contacto de un día agitado, como todas las noches, con los cuidados necesarios y la coordinación mecánica de años de experiencia en la materia.

Por esas fatalidades del destino, nunca cierto, siempre incierto, como bala, la lente izquierda sale disparada, más de lo debido, y cae (creo, porque me pareció oír su imperceptible sonido al caer) sobre un piso rasposo, sucio y lleno de escombros. Vaya paradoja, acá no hay mucho para ver, ni podría hacerlo, aún si quisiera.

La tensión, la angustia, la desesperanza se apodera de todo el cuerpo, al momento de saber que una lente de contacto está perdida. No encuentro una descripción concreta, real y creíble que pueda sostener semejante momento. Un frío recorre toda la espalda. El mundo se apaga en la inmensidad de la noche, las sombras se desdibujan en el horizonte inmediato. No hay luces, ni brillos.

A la mañana siguiente, fui de urgencia al centro contactológico, para encargar una nueva lente. La novedad fue que Jorge, mi contactólogo de toda la vida, -pero de toda, sin exagerar- no estaba, “hace 6 meses que ya no viene, está muy enfermo”, sentenció la secretaria con tono sepulcral. El corazón se me partió en dos. Oí mi angustia, las luces del mostrador se me apagaron. Para no quedar como un grandote boludo, contuve como pude las lágrimas que erosionaban mi garganta. En ese instante ya no me interesaba más nada de lentes, ni de líquidos ni de protecciones… solo quería abrazarlo como cada vez que salía de su gabinete.

Por eso escribo hoy, entre sombras y fuera de focos, como lucha, como homenaje y sincero reconocimiento a un tipo que me acompañó en silencio -sin nada a cambio y durante casi 20 años- a soportar con hidalguía este bendito queratocono.

Escribo todo esto, no solo para entender y para intentar reconstruir la secuencia del después, -qué nos sucede cuando tenemos alguna severa discapacidad-, sino también como modo de recodar a Jorge, el de ambo blanco que me salvó la vista y, sin duda, la vida misma.

Horas, meses y años de dedicación profesional, humana y compañera, un tipo noble, honesto, pragmático, metódico, culto. Conversábamos de todo, pero más, de literatura. Entre prueba y contra prueba de lentes, intercambiamos autores, títulos y reflexiones. De fútbol poco, nunca pudo o quiso entender esa pasión desenfrenada de quienes lo habitamos.

Con Jorge, George, (como le decía) crecieron mis hijos. Durante el tiempo en que nos frecuentamos escribí un libro de poemas, empecé otro, lo abandoné, se lo recomendé a amigos, nos separamos con Gise, nos volvimos a juntar, All Boys ascendió a primera, le ganó a Boca, a River, se fue al descenso, crecieron mis angustias, se transformaron mis sueños, se reconstruyeron mis enigmas, todo sucedía al momento íntimo de identificar letras, números y colores en esa impúdico cartel blanco luminoso con letras negras colgado de la pared que cuando se encendía, se convertía en una esfinge devoradora de esperanzas.

 

                                                        “Quien esta vivo y no puede con la vida necesita una mano que aparte un tanto la desesperación que le infunde si destino

KAFKA. Diarios, 19 De octubre de 1921.

 GEOMETRÍA DE VOLVER LA VISTA ATRÁS

Jorge no leerá este texto, ni el deslumbrante 2020 nos encontrará entre manchas, pupilas, y corneas, pero, sin dudas, sabrá al detalle acerca de los días que transcurrí sentado en su cómodo sillón del consultorio. Tiene con él todo lo bien que me hizo. Y, si no, queda la gratitud atesorada en estas palabras. Los ojos se encierran en sus geometrías al final de mí.

 nico Francis Bacon

Un mundo espejo el mundo real a nuestras espaldas, eso se advierte, solo al darse vuelta ¿De qué se trata un espejo reflejado en otro espejo, con nosotros en el medio sin saber hacia dónde ir?

Así, los ojos se abren para evaluar las ausencias. Y de estos paisajes estamos rodeados. No son amigos, no son parientes, no te llaman para tu cumpleaños, no te traen regalos en navidad, pero son determinantes en tu existencia. Los infames, los sin fama, como los llamaba Foucault, seres cuya relevante importancia solo comprendés cuando de un momento a otro, faltan en tu paisaje habitual y te dejan huérfano, contra el rincón de tu propia finitud.

 

 

 nico3052

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